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Colombia

Los pasos del 28 de abril al 28 de junio en Cali: Dos meses de resistencia frente a la barbarie

11/07/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por Luis Alfonso Mena S.
 

Un hecho inesperado despertó el miércoles 28 de abril de 2021 las colinas del occidente de la urbe, poblado por condominios de estratos altos a lo largo de la Avenida Circunvalar y lugar de barrios antiguos como San Antonio y El Peñón.

Desde temprano, integrantes de la comunidad Misak estaban ya en el mirador donde por años permaneció la estatua de un homicida que señalaba al océano Pacífico con su mano derecha y de quien en los libros de la historia oficial se afirma que fue el fundador, en 1536, de la ciudad de Cali.

Sin aspavientos, con la sencillez de los hombres y las mujeres originarios que ya lo habían sometido a un proceso decolonial necesario y sentenciado al ostracismo espacial como castigo, procedieron a derribar la estatua de Sebastián de Belalcázar.

El juicio había tenido ocurrencia siete meses atrás en Popayán, cuando el 20 de septiembre de 2020 se le condenó por genocidio, despojo y acaparamiento de tierras y violación de mujeres, en los caminos que recorrió desde Quitó hasta el Valle.

Fue un acto de justicia histórica breve, pero demoledor y contundente; fue un momento de plenitud de la convicción indígena que sancionaba al depredador de las comunidades ancestrales que había pasado casi indemne por el discurrir de los tiempos.

Fueron los instantes del encauzamiento final de la resistencia que ha identificado a los pueblos nativos a lo largo de la vida colombiana, inmersos en la paciencia de quienes saben que el juicio de la historia tarda, pero llega.

Ese momento, que desencadenaría la furia de los nostálgicos de la “conquista” española, se convertiría en un gesto premonitorio e inusitadamente simbólico de los días trepidantes y multitudinarios que se avecinaban para Cali y el Valle del Cauca: el levantamiento de la juventud popular en todo el departamento.

Comenzó ese miércoles –con Sebastián de Belalcázar derrumbado de su pedestal, solo sostenido camino al precipicio por una barra de hierro– una extraordinaria gesta de resistencias de la gente joven jamás pensada por los convocantes del Paro Nacional y, mucho menos, por la apoltronada élite dueña de los destinos de la región, en el poder heredado por los siglos de los siglos, que creyó, ignorante y déspota, que todo volvería a la normalidad al día siguiente, como había ocurrido tantas otras veces.

Fue como si los misak hubieran iniciado el tejido del hilo rebelde y justiciero que seguirían zurciendo miles hasta llegar a Puerto Resistencia, para erigir allí la obra colectiva antítesis del ícono del puñado neocolonial caleño, que hasta a la Fiscalía ha recurrido para someter a los valientes del 28 de abril.

La bala por la espalda

Pero, recorridos 59 días de luchas en las calles y los barrios, el sábado 26 de junio las fuerzas armadas del poder rancio y apolillado quisieron cortar de un tajo aquel hilo multicolor y pluriétnico en una Cali a esas alturas ya terriblemente dolida y ensangrentada, con 46 muertos por balas estatales y paraestatales y con miles de lacerados por la violencia del gobierno de Iván Duque y sus mensajeros del horror.

Ese sábado, también en la madrugada, centenares de policías y militares de camuflado, acompañados de burócratas envalentonados del gobierno local, uno de ellos (el secretario de “Seguridad”, ¡vaya ironía!), con pistola al cinto como en el oeste estadounidense, tuvieron en la mira de fusiles y ametralladoras; de drones y tanquetas; de remolques y retroexcavadoras, el Monumento a la Resistencia: solo esperaban órdenes para demolerlo ese mismo día.

Al comandante de la Policía Metropolitana de Cali, general Juan Carlos León, uno de los jefes del asalto contra Puerto Resistencia, se le notaban las ansías por derrumbar este símbolo de la lucha popular, y lo anunció a quienes lo entrevistaron en los primeros momentos del operativo, seguramente porque así lo tenían previsto quienes planificaron la incursión: militares, policías y funcionarios de la Alcaldía de Jorge Iván Ospina, encabezados por un excoronel, Carlos Javier Soler, el mismo de la pistola al cinto.

El Monumento a la Resistencia no fue elaborado por un artista remunerado y solitario, como ocurre con casi todas las estatuas y obras similares instaladas en plazas y parques, sino construido por una comunidad creativa y solidaria que, en menos de dos meses, quiso hacer imperecedero su homenaje a las víctimas de la nueva barbarie, la cometida por el Estado colombiano entre el 28 de abril y el 28 de junio (y días sucesivos) contra el Paro Nacional de 2021.

Porque la respuesta del gobierno de Iván Duque fue desde el principio la brutalidad: la espada del invasor español, derrumbado por el juicio de la historia en el oeste de las familias adineradas de Cali, fue reemplazada por las pistolas y los fusiles de policías y civiles armados amparados por otros policías; las granadas de gases lacrimógenos y de aturdimiento dirigidas contra los ojos de los manifestantes; las golpizas torturadoras –en público y en celdas–; los chorros de agua azotadores; las balas de goma focalizadas en cabezas y pechos de los que protestan; las violaciones sexuales, las desapariciones, las detenciones arbitrarias: la otra barbarie, la continuidad de la devastación traída por el imperio invasor hace siglos, recalzada.

Puerto Resistencia, como rebautizó la población a un amplio sector antes llamado Puerto Rellena, está compuesto por barrios del suroriente caleño como Villa del Sur, José Holguín Garcés, República de Israel, Unión de Vivienda Popular, La Selva, Mariano Ramos, y en una explanada de acceso a estas comunidades de trabajadores, desempleados y miles y miles de muchachas y muchachos fue forjado el monumento, con las ideas, los planos, la imaginación, los aportes y la fuerza de trabajo de decenas y decenas de seres de los barrios de Cali.

Finalmente, el gobierno local no se atrevió a sostener lo que muy probablemente ya había decidido en secreto: destruir el monumento, convertido en paradigma de la resistencia en Colombia y en América Latina. Echó reversa. Sabía la provocación y la infamia que ello comportaba. No se atrevieron a tanto.

Sin embargo, el paramilitarismo latente en la élite oligárquica de Cali sigue siendo una amenaza, la comunidad del suroriente lo sabe y por eso está presta a defender esa conquista simbólica y políticamente de gran significado en el camino de construcción de fuerza y solidaridad popular.

Emboscada contra la Minga

Parte de la clase empresarial caleña, tradicionalmente excluyente y segregadora, y nada exenta de nexos con capitales mafiosos, sacó las uñas en esta coyuntura, no solo por su racismo grotesco, sino por su afán violento, que usó en el complot preparado contra la minga movilizada por el Comité Regional Indígena del Cauca, Cric, hacia Cali a principios de mayo, y cuya presencia contribuyó a generar un ambiente de seguridad en las manifestaciones populares y en puntos de concentración juvenil.

Al parecer, el actuar solidario y de contribución a la organización comunitaria desarrollado por la minga indígena enardeció los odios de la autodenominada “gente de bien”, luego conocida también como los “camisas blancas”.

Una conjunción de arrogancia de clase e ignorancia supina de la historia hizo que la élite caleña no superara el gesto simbólico del 28 de abril ocurrido con la estatua de Belalcázar, y que sacara a relucir sus peores prevenciones contra los pueblos indígenas, pues no abandona el despotismo y la discriminación ignominiosa que han hecho tristemente célebres a multimillonarias familias de la región.

El domingo 9 de mayo habitantes y dirigentes de Ciudad Jardín y de condominios de su entorno, integrados en la Comuna 22, se complotaron contra la minga que pasaría por la Avenida Cañasgordas ese día, y convirtieron esta zona, una de las más lujosas y exclusivas de Cali, en todo un laboratorio del odio racial y escenario de ataques de secta “blanca” y pudiente contra las comunidades indígenas. Pocos días después, quince cuadras más adelante, ese laboratorio de odio y agresión explotaría contra otra comunidad, la estudiantil.

En horas de la mañana de ese domingo aparecieron por primera vez en los días del Paro los “camisas blancas”, al lado de sus ostentosas camionetas también de color blanco, portando armas de corto y largo alcance, las mismas que blandieron y dispararon a la vista de todos en varios puntos de la Cañasgordas contra la delegación del Cric y sus líderes que se dirigían por esa vía hacia la Universidad del Valle.

Doce integrantes de la minga fueron heridos a balazos por la “gente de bien” de Ciudad Jardín, entre ellos Daniela Soto, lideresa indígena que recibió dos impactos de arma de fuego en su abdomen y permanece en delicada situación salud.

El accionar de los civiles armados se produjo al lado de decenas de policías que los protegían con complicidad cínica, la misma connivencia que se repetiría 19 días después, en el trágico viernes 28 de mayo, cuando la Calle 100 entre carreras 13 y 16, de esta zona también, se vio inundada por los nuevos paramilitares urbanos que, en otra planificada emboscada, esperaron una multitudinaria manifestación de jóvenes procedentes de Siloé para agredirla.

De nuevo el odio racista y de clase se confundía con las ansias de venganza de quienes se presentaban como los redentores del extremo sur rico de Cali, dotados con fusiles y ametralladoras, identificados con camisas blancas (una vez más) y negras, y varios mostrando su afán por cazar muchachos, sedientos de sangre del pueblo, de juventud rebelde.

Se sentían a sus anchas, disparaban en manada, como si la ciudad fuera su particular campo de safari, y detenían estudiantes para golpearlos y humillarlos –como le ocurrió al joven músico de la Universidad del Valle Álvaro Herrera Melo, obligado a autoincriminarse como “vándalo” bajo tortura en una estación de Policía–, antes de dejárselos a los patrulleros de la Fuerza Pública destinados en el lugar, que obraban como mandaderos de los paracos urbanos.

Fue un acto vergonzoso que aún permanece impune, porque contra civiles armados y policías cómplices no hay procesos de ninguna índole que se conozca, y ahora andan de vacaciones.

Meléndea y Yumbo: sangre indígena

El actuar represivo de policías y particulares armados el 28 de mayo, cuando se cumplió el primer mes del Paro Nacional, dejó la terrible cifra de 14 personas asesinadas solo en Cali, varias de ellas jovencitos de Siloé que aparecieron incinerados en un almacén del barrio, y dos muchachos acribillados a balazos en el punto de resistencia de Meléndez, además de otros dos en el espacio de protestas conocido como La Luna.

Uno de los jóvenes asesinados en Meléndez –barriada popular situada en los prolegómenos de la ostentosa Ciudad Jardín, y también muy cerca de la Universidad del Valle– fue Sebastián Jacanamejoy, perteneciente al pueblo inga, quien se hallaba en el lugar brindando solidaridad.

Pereció por disparos de la policía que incursionó en el lugar en horas de la noche, luego de la cacería de ciudadanos protagonizada por los paras urbanos. En el mismo espacio fue asesinado Jhonatan David Basto Goyeneche, estudiante de bachillerato, de 19 años de edad.

La sangre indígena ya había sido derramada antes, el domingo 16 de mayo en Yumbo, la zona industrial más grande del Valle, donde la población padeció horas de terror a manos de la policía, que buscaba infructuosamente derrotar los cuatro puntos de resistencia juvenil surgidos allí.

En esa incursión la policía mató a Jhon Alexander Chagüendo Yotengo, joven de 22 años perteneciente al territorio ancestral nasa Pitayó, de Silvia, Cauca, quien recibió varios impactos de arma de fuego.

Fue una de las 16 personas sacrificadas por el establecimiento en municipios del Valle del Cauca, las que, sumadas a los 46 asesinados en Cali, arrojan la espantable cantidad de 62 muertos a manos del régimen de Duque en el departamento, el 82% de los 75 asesinados en todo el país hasta el 30 de junio en la represión contra el Paro. Una barbarie.

Sangre indígena en Cañasgordas, en Meléndez, en Yumbo… Con ella y con la de tantos otros jóvenes caídos, las élites regionales intentaron romper el hilo que empezó a tejer la comunidad indígena el 28 de abril en las colinas del occidente de Cali, pero no lo lograron.

A pesar de tantos muertos y mutilados, de tantos detenidos y desaparecidos, la barbarie oligárquica no ha podido derrotar la resistencia de la juventud popular.

Publicado en: Colombia

La huelga nacional en Colombia: perspectiva sindical

11/07/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Daniel Hawkins 

 

Durante el pasado mes y medio Colombia ha vivido presa de una agitación social y política sin parangón en el último medio siglo. El 28 de abril comenzó una huelga nacional que ha ocupado las calles y avenidas de más de 600 ciudades de todo el país, una agradable aunque inesperada sorpresa para los dirigentes del comité de huelga y que ha pillado totalmente desprevenido al gobierno nacional, que no esperaba el alcance de la misma y su enorme apoyo popular.

Aunque en sus inicios la huelga estaba relacionada con el descontento popular producido por el proyecto de reforma tributaria propuesto por el gobierno, también supuso el resurgir de las grandes manifestaciones que inundaron Colombia desde noviembre de 2019 hasta febrero de 2020. Pero más que un reflejo espontáneo de la amplia crisis social instalada en Colombia desde hace décadas, el contexto actual presagia una explosión social mucho más profunda, general y trascendental.

Contexto nacional previo a la huelga

La aparición de la pandemia de covid-19 en Colombia al comienzo de marzo de 2020 fue una bendición para el gobierno. Tras cuatro meses de revuelta popular y las mayores manifestaciones de protesta desde la huelga nacional de 1977, la oportunidad de centrar la atención en un “enemigo común” permitió al presidente Iván Duque reforzar su menguante popularidad y fabricar la imagen de un dirigente fuerte y asertivo.

La pandemia y las políticas puestas en marcha para limitar la actividad social y económica sirvieron para que las protestas ya debilitadas perdieran fuelle sin alcanzar victorias políticas concretas, y para que el presidente y su gobierno se sintieran relativamente a salvo. En realidad, el cierre institucional del país abrió la puerta a un golpe de estilo ejecutivo a la democracia, permitiendo gobernar por decreto durante la mayor parte de 2020 sin que el sistema judicial mostrara disconformidad al respecto, y menos aún un Congreso plagado de parlamentarios procedentes de familias dinásticas envueltos en escándalos de corrupción y otros delitos (Reyes Ramírez, 2017).

A medida que el covid-19 acababa con el ya mermado sistema de salud privatizado, dejando a su paso casi 96.000 muertes a 14 de junio de 2021, las iniciativas del gobierno para mitigar el impacto socioeconómico de un año de políticas destinadas a contener la difusión del covid-19 fueron poco entusiastas, por decir algo. Mientras en gran parte del mundo se ponían en marcha paquetes de ayuda a los ciudadanos afectados por las políticas destinadas a contener la pandemia, en Colombia se decidió la estrategia fracasada de antemano de ofrecer ayuda a un pequeño porcentaje de los hogares más afectados mientras se pretendía proteger a las empresas mediante préstamos controlados y diluidos por el sistema bancario. Mientras los niveles de pobreza se disparaban en todo el país, hasta afectar a 21 millones de personas a inicios de 2021, el sistema de mitigación de la pobreza del gobierno, el Fondo de Solidaridad –con una ayuda de apenas 43 dólares al mes– llegaba solo a 2,6 millones de personas.

Cambio de horizonte para la acción política

A inicios de 2021, según los datos del Departamento Nacional de Estadística, el desempleo general llegó al 15%, estando el juvenil mucho más alto, al 23,9% y el desempleo femenino juvenil por encima del 31% –todo ello en un país en el que el trabajo informal supera el 63%, donde solo el 15% de la mano de obra alcanza el salario mensual mínimo legal, y donde el 48% gana incluso menos (Ortiz-Quevedo, 2021: 45). Al final de 2020, la pobreza monetaria había llegado a afectar al 42% de la población y, según un sondeo a escala nacional, cerca del 66% de los encuestados tuvo dificultades para cubrir los gastos de la familia en junio de ese año, mientras el 74% afirmaba que para mejorar la economía era necesario aumentar los impuestos a los ricos.

La respuesta del gobierno fue dar prioridad a la prudencia fiscal y anteponer los intereses de los acreedores internacionales y las agencias de calificación. Como consecuencia de la reforma fiscal aprobada por el Congreso por vía rápida en el auge de las protestas de 2019, así como de la reforma de 2016, que incrementó el impuesto de valor añadido (IVA) del 16% al 19%, el gobierno apoyó en 2019un proyecto de reforma fiscal que mantenía las exenciones y los beneficios a las grandes empresas y a los ciudadanos más ricos. Al mismo tiempo intentó financiar el coste de la respuesta a la pandemia mediante impuestos indirectos, que recaen desproporcionalmente sobre las clases media y trabajadora.

Pero en esta ocasión los colombianos, tan acostumbrados a soportar las adversidades, dijeron no. El presidente, que confiaba en que dicho proyecto de ley fuera aprobado con relativa facilidad por el Congreso, prometió no ceder frente a la presión pública. Pero desde el acuerdo de paz con el grupo guerrillero de las FARC Colombia es una sociedad muy diferente y, a pesar de las reticencias gubernamentales a aplicar  dichos acuerdos, la gente ha salido a las calles en masa para mostrar su oposición a las políticas impopulares, con una energía no vista en decenios. Como último recurso para silenciar la resistencia popular, Duque apareció en la televisión nacional la víspera de las protestas, para pedir a los ciudadanos que se quedaran en casa durante la tercera ola de covid-19. Hubo incluso un tribunal que se atrevió a prohibir las manifestaciones debido al daño que pudieran causar a la salud pública, todo ello en vano.

La primera semana de la huelga nacional superó a cualquiera cosa que el país hubiera visto anteriormente: las calles de todas las ciudades estaban animadas con marchas, bailes, conciertos improvisados y expresiones artísticas de masas como gigantescos murales. También surgieron actos esporádicos de saqueo y vandalismo ante la decisión del gobierno de militarizar todas las ciudades grandes y pequeñas en las que las marchas y actividades de protesta habían mostrado fuerza y persistencia. Esta estrategia de contención seguía pautas bien conocidas: excesiva violencia del Estado frente a manifestantes desarmados, y una aparente colusión de la policía con grupos de civiles armados. Según diversos informes de organizaciones internacionales de derechos humanos, desde el 28 de abril hasta el 31 de mayo murieron 45 personas relacionadas con las protestas y otros 187 civiles fueron heridos, entre un total de 1.248 víctimas de violencia física, incluyendo agresiones sexuales contra mujeres por parte de miembros de las fuerzas armadas, así como 409 desapariciones forzosas (de las cuales 328 han sido “encontradas”).

Frente a tan severa represión, los manifestantes se atrincheraron y ampliaron sus esferas de influencia, levantando cientos de bloqueos por todo el país que lograron ralentizar el comercio y el transporte. Y a pesar de las tácticas violentas del gobierno, a comienzos de junio más de un 74% de la población seguía apoyando la huelga nacional.

Énfasis en la crisis institucional y política

No solo ha fracasado la respuesta del gobierno en forma de militarización del conflicto sino también sus iniciativas para sofocar el descontento mediante vagas promesas. Las actuales protestas han puesto de manifiesto la futilidad del poder político del presidente y de su gobierno, y la respuesta violenta del Estado es el mejor ejemplo de su debilidad y su crisis de legitimidad (Valencia, 2021: 37). A los pocos días del inicio de las protestas se hizo evidente la magnitud de su fuerza. Las manifestaciones obligaron al presidente a retirar del Congreso la propuesta de reforma fiscal y a aceptar la dimisión del tremendamente impopular ministro de finanzas. También sirvieron para abortar la propuesta de reforma sanitaria en el Congreso y, posteriormente, para forzar la dimisión de la canciller de Colombia, coincidiendo con el aumento de la condena internacional al modo en que el gobierno estaba gestionando la huelga.

La lucha en las calles continuó hasta el 11 de junio, encabezada por la juventud del país y por miles de comunidades marginadas y discriminadas, unidas en su oposición a la clase política y gobernante, pero también aparentemente desconectadas de la gestión institucional del movimiento de protesta de manos del Comité Nacional de Huelga. Este comité está compuesto por 20 miembros, principalmente sindicalistas, y una minoría de representantes de diversas asociaciones de transportistas, estudiantes y de la comunidad LGTBI. No obstante, aunque la preparación y lanzamiento de la huelga nacional del 28 de abril tuvo un tremendo éxito, la heterogeneidad, descentralización territorial y liderazgo de la juventud de los subsecuentes movimientos y actos de protesta han demostrado que la huelga ya no está bajo el control de dicho comité. Además, tras el progreso inicial, las negociaciones con el gobierno se atascaron cuando, justo después de la aprobación de un borrador de acuerdo sobre las garantías para las protestas sociales el 26 de mayo, el gobierno se retractó de dicho acuerdo, exigió el levantamiento inmediato de todos los bloqueos y comunicó que no firmaría ningún acuerdo hasta que hubiera un acuerdo global.

El 8 de junio, ante la intransigencia del gobierno, el comité de huelga abandonó formalmente la mesa de negociación, al encontrarse en una posición insostenible, en la tesitura de aceptar el farol de un gobierno carente de capital político y sin autoridad suficiente para poder convencer a los manifestantes discrepantes de todo el país de que pusieran fin a los bloqueos. Las iniciativas del comité para ampliar su base invitando a nuevas voces a unirse a su asamblea han sido notables pero insuficientes, y activistas de vanguardia en diversas ciudades han declarado que este comité no les representa. Según parece, el problema no son tanto las demandas como quiénes son las personas que les representan y cómo lo hacen. Lo que se ha puesto de manifiesto es la brecha generacional entre los manifestantes, principalmente jóvenes que se enfrentan al desempleo, el trabajo informal y la exclusión, y los líderes sindicales de mayor edad que, aunque se oponen con vehemencia a las políticas estatales regresivas y represivas, forman parte del tejido institucional existente, que ha demostrado ser anacrónico en el momento actual de revuelta social.

Tras casi 45 días de protestas y bloqueos la huelga parece haber llegado a su fin, pero el año que tenemos por delante promete estar pleno de agitación política y social. El gobierno, que había intentado aprovechar la pandemia para impulsar más leyes impopulares, especialmente la reforma de las pensiones y la reforma laboral, ha cambiado de planes. No obstante, el presidente Duque está buscando inútilmente recuperar cierta legitimidad al presentar proyectos tomados directamente de la lista de demandas del comité de huelga, especialmente un subsidio de renta básica para familias golpeadas por la pobreza.

El país está expectante, cada vez más dividido por la polarización política fomentada por la necesidad de crear miedo para vender programas de seguridad. Pero las protestas de 2019 y la huelga más reciente han mostrado claramente que en Colombia, tras los acuerdos de paz de 2016, cuando aumentaron la desigualdad extrema y las deficiencias estructurales, sembrar el miedo no basta para sofocar el deseo y la demanda de políticas más concertadas y cambio institucional.

Bibliografía:

Ortiz-Quevedo, CH (2021) ‘Another twist: the greed of the elites in the pandemic’ [en español], Pensar la Resistencia: Mayo del 2021 en Cali y Colombia, Documentos Especiales CIDSE 6.
Reyes Ramírez, E. (2017) ‘Corruption and the Colombian state’, [en español], Dictamen Libre, 21.
Valencia, AG (2021)¿Qué está pasando en Colombia? Power, legitimacy and the social crisis’ [en español], Pensar la Resistencia. Mayo del 2021 en Cali y Colombia. Documentos Especiales CIDSE 6.
Daniel Hawkins es coordinador regional para la construcción sindical de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) en América Latina y el Caribe.

Fuente: https://socialistproject.ca/2021/07/national-strike-in-colombia-trade-union-perspective/#more

Traducido del inglés para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Publicado en: Colombia

El asesinato de un líder indígena eleva a 84 la cifra de líderes sociales asesinados en Colombia en 2021

04/07/2021 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Hispan Tv

 

Autoridades informan del asesinato de otro líder social en el noreste de Colombia, con lo que suman 84 los activistas ejecutados en lo que va de año.

La Defensoría Regional del departamento del Chocó, en el noreste de Colombia, informó el sábado del asesinato del líder social Luis Picasio Carampaima en Santa Catalina de Catrú, municipio de Alto Baudó, a manos de una organización armada irregular.

Ante el asesinato de Picasio se conformó una mesa de protección con participación de los representantes de la Unidad para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas de Colombia, la Gobernación de Chocó y los líderes indígenas.

Por su parte, el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) denunció el homicidio del campesino y reportó que las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) son los responsables de su muerte. Además, comunicó intensos combates, así como la quema de varias viviendas de las comunidades de la zona, que suman unos 2500 habitantes.

“Con Picasio son ya 84 los líderes sociales asesinados en 2021 y suman ya 1200 los muertos desde la firma del acuerdo de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en 2016”, subrayó Indepaz.

El incidente fue reportado después de que el jueves, un informe de la Misión de Verificación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Colombia mostró que, durante los meses de abril, mayo y junio, fueron asesinados 49 líderes defensores y defensoras de derechos humanos y 16 excombatientes.

Asimismo, indicó que, desde el pasado 28 de abril, cuando iniciaron las protestas contra el Gobierno de Iván Duque en Colombia, al menos 54 manifestantes fueron asesinados como consecuencia de la brutal represión de las movilizaciones a manos del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).

Un comunicado publicado el jueves por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) de Colombia advirtió de que el país sudamericano es el segundo del mundo —después de Myanmar— que tiene la tasa de muertes violentas más elevada por día de protesta.

Publicado en: Colombia

Colombia: Del paro indefinido a la comuna popular

20/06/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Carlos Meneses Reyes

 

 

Fuentes: Rebelión

Así como los poetas traspasan el Parnaso, adonde pocos llegan, los analistas del conflicto colombiano vislumbran el desenlace de acontecimientos, sin ser prestidigitador. Un Paro Nacional dirigido acertadamente por el Comité Nacional de Paro (CNP), tras 46 días de intensa actividad, comenzó a reclamar un salto cualitativo en su conducción, debido a un fenómeno de cualificación política. Significa que el impulso de motivación primaria, debido a la negativa por tramitar un pliego de peticiones, presentado hacia 11 meses y no tramitado por desidia del gobierno central, ha cambiado esencialmente como resultado de los acontecimientos.

Planteamiento de la actual situación

El Comité Nacional de Paro sesionó adelantando que daría a conocer variantes, en cuanto al tema de las manifestaciones públicas; la posibilidad de entrar en un cese de esa clase de manifestaciones y lo derroteros a cumplirse, sobre la constante que el Paro Nacional se mantendría, acorde con la posición de instar al gobierno nacional en la continuidad de las conversaciones en miras a negociar el contenido de los reclamos expuestos, truncado por la decisión unilateral de levantarse de la mesa, ante la actitud de pasividad y no interés del gobierno central, en una solución definitiva a la problemática vivida. Corresponde destacar la presencia en el país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDU), instalada en Bogotá DC. Su visita- como factor de referencia- para investigar la violación a los Derechos Humanos durante las jornadas de protesta del Paro Nacional, se constituyó en un lugar al que afluyeron defensores de los Derechos Humanos en todas sus expresiones organizativas, asociaciones de víctimas, de desaparecidos, de activistas, protestantes y manifestantes, en todos los niveles de representación de la sociedad civil; así como escuchado la posición del gobierno, en audiencia con el presidente de la república; del pleno del comité nacional de paro; presentación de los gremios económicos; agregado a la visita a sitios neurálgicos de zonas en Paro y protesta permanente en la Capital y a ciudades de mayor conflictividad. Por lo intenso de las confrontaciones entre manifestantes y la fuerza pública, la visita a Cali, fue de especial interés y atención.

Existe conocimiento y claridad en la opinión nacional e internacional sobre el desarrollo de las jornadas de protesta y la característica de respuesta desmedida de la fuerza pública contra los manifestantes y población civil en general. Se ha divulgado el contenido de más de las 120 peticiones de reclamación, resumidas en treinta temas puntuales de exigencias. De sobra conocido que la chispa que incendio la pradera la constituyó el abusivo proyecto de reforma tributaria con carga en hombros de la clase media y sectores populares; seguido de la infame atribución de beneficio privatizado de malsano ajuste al ya impopular sistema de privatización de la salud. Para la segunda semana de continuidad del paro nacional, esos dos esperpentos de proyectos de ley, fueron retirados del congreso, a ello unido la renuncia del ministro de Hacienda de apellido Carrasquilla; de la ministra de relaciones exteriores de apellido Blum; del consejero nacional de paz de apellido Ceballos. No fue compensado tal desgaste gubernamental por parte de las fuerzas activas del Paro Nacional, como lo calculó el gobierno. Por el contrario, se intensificaron las acciones de protesta a nivel nacional y se alinearon en la lucha activa de las mismas, la protesta de sectores de Transportistas; las consecuentes reclamaciones de la Minga Indígena; la fortaleza de las reclamaciones de los sectores campesinos; medianos y pequeños productores y sobre todo, la vinculación activa de sectores populares en la mayoría de municipios del país, organizándose en las Comunas de las ciudades; en los Barrios y en las Veredas. Es de destacar que en el frente de las barricadas en confrontación, se dio la elevación del factor organizativo de las masas, al crearse los colectivos de LA 1a LINEA por parte de los jóvenes, emulados con la creación de las MADRES DE LA 1ALINEA, creciendo con el acumulado de adherencias y solidaridad por parte de profesionales, contándose con los Abogados, Ingenieros, Médicos, Enfermeros de LA 1a LINEA.

Resultado de la brutalidad policial aplicada por el Escuadrón de la Muerte Policial, Esmad, los jóvenes crearon una forma organizativa llamada LA 1a LINEA. Los muchachos o pelaos de LA 1a Línea, están en la lucha callejera, con cascos, gafas plásticas de seguridad, escudos de lata y plásticos, tapabocas y disponibilidad total. Enfrentan las bombas lacrimógenas y chorros de agua dirigidos a los manifestantes. Orientan a la población alzada. Controlan a saqueadores. Organizan los Bloqueos, evitando la extorsión. Encausan y ayudan. Previenen, orientan, socorren a golpeados, o a sitiados, a quienes ayudan a salir. Participan en las ollas comunitarias, junto con LAS MADRES DE LA 1A LINEA. A esto agregar las iniciativas con apoyos de solidaridad económica, recaudándose significativas sumas de dinero para dotar a los jóvenes de LA 1a LINEA, de cascos y gafas protectoras, tapones protectores de las bombas aturdidoras, asegurarles la alimentación diaria, conceder auxilios monetarios a afectados; constituyéndose en una sumatoria de factores que realzan el valor y reconocimiento en la permanencia de la lucha callejera.

Volviendo al anuncio del CNP, en la base de la Asamblea Nacional de Delegados de organizaciones sociales, políticas, gremiales, juveniles, de minorías, Lgtb, se dieron contradicciones en la toma de decisión del cambio de estrategia de suspender las movilizaciones y en su lugar impulsar un mega concierto para el día 20 de junio de los corrientes y la propuesta de una “campaña pedagógica” para en unión con la academia, presentar un cuerpo de proyectos normativos, al congreso, que abarquen el contenido de las propuestas del pliego presentado al gobierno. Todo esto unido a la concepción que “el Paro sigue… pero se transforma”. De manera que quedó demarcado el área de influencia nacional del CNP y la respuesta de los sectores del país que el mismo no representa y que se traduce en la continuación de la protesta, en distintos puntos de la geografía nacional y en la capital de la república, conforme ha venido sucediendo en más de 45 días de Paro Indefinido.

De lo gremial a lo político

La dirección del Comité de Paro Nacional, no contribuyo a la cualificación política del movimiento nacional de protesta. Tampoco lo hicieron los vectores del movimiento político alternativo y de oposición. La unión en torno a objetivos de las Centrales obreras, superó el infortunio de no convocatoria tradicional, de los últimos años, del movimiento sindical. Gracias a la dinámica de la CUT, con tres directivos y el peso de 500 mil docentes afiliados de Fecode, el sindicalismo con sus centrales obreras, aglutinaron a un amplifico sector de organizaciones a nivel nacional, representadas en un órgano de discusión, como lo fue la Asamblea Nacional de Delegados, re unificados en la presentación de pliegos, en lo esencial reivindicativos. El desarrollo de los enfrentamientos, no solo con la fuerza pública, sino con el conjunto del poder estatal, contribuyó a determinar los alcances de las propuestas, jamás escuchadas ni tenidas en cuenta por lo gubernamental y el empantanamiento de unas conversaciones que no alcanzaron negociación alguna. La parte gubernamental impuso el compás de espera, la dilación, la negación de lo pre acordado, con voluntad manifiesta de no negociar. Ello trajo consigo la imposición de líneas rojas intransigentes, desdiciendo el espíritu de cualquier negociación alternativa y su solución. Por ello, la dirección del Comité Nacional de Paro, decidió, en forma unilateral, levantarse del recinto de reuniones; lo cual desemboco en la tomas de nuevas estrategias y la decisión del gobierno nacional de cerrar nuevamente las puertas de conversación y negociación; anunciando acudir a centenares de mesas concertadas, que mantiene en los lugares de conflictos en todo el país; lo cual no deja de ser sino físico aspavientos.

El papel de la Juventud, ha sido definitivo en el derrotero que agudiza el conflicto político, como uno más de los conflictos existentes en Colombia. Sabido es que los conflictos sociales jamas son superados en las sociedades y Colombia no será la excepción. Siempre existirán los conflictos sociales. Por ello en Colombia no ha habido un “estallido social”. Estamos transitando por un conflicto político y económico de grandes proporciones, cuyos fines y alcances aún están por verse y sopesarse.

Los jóvenes han comprendido y asimilado los alcances y capacidad de sus actividades. Para ellos no existe un programa político a alcanzar. Ellos están por lo inmediato: la defensa del territorio. Pero esta acepción no la circunscriben solo a un terreno o a una superficie terrestre o porción de una región, como a una concepción de ámbito espacial de aspiración; a una cosmovisión de alcances prácticos de la vida, apuntando a imaginarios, como metas logrables. Para ellos, en el imaginario colectivo, la legalidad no les funcionó, ni sirvió. Las vías legales y el dialogo están agotados. Acuden a las acciones de hecho. Por esta razón, la decisión del Comité Nacional de Paro, de recurrir a la presentación de una serie de proyectos de ley que resuman el alcance de sus propuestas de pliego no escuchadas por el ejecutivo, con miras a alcanzar un cuerpo normativo que materialice el alcance de sus aspiraciones, no deja de ser una pifiada y paso en falso ante ellos y el movimiento popular, combativo y de masas. Pareciere que no asimilaren la crudeza de los hechos. La rama del Poder Legislativo y en especial el Congreso (Cámara de Representantes y Senado) ha develado, corrido el velo, como el principal enemigo de las aspiraciones populares. Esto no es anti santanderismo, es físico realismo. Durante las jornadas del 21N de 2.019, impusieron la fatídica reforma tributaria que lleno de gabelas y exenciones a los sectores parasitarios financieros y más pudientes, de la inequitativa sociedad colombiana, cargando sobre los hombros del pueblo las crisis de un modelo neo liberal mundial y latinoamericano, en decadencia. Suplantar la lucha de las masas por el alcance del ejercicio leguleyo ante un senado y cámara de soporte oligárquico, narco estatal mayoritario, deja mucho que desear. Como si con acudir a la Academia y el pulir de técnicas legislativas los proyectos de ley adocenados y adornados, les habilitaran alcance alguno de reivindicaciones. Insólito acudir a los causantes de tantos males populares. A los reformadores, a su favor, de la CP91. Les enrostran que ese mismo órgano legislativo fue el que sepultó los alcances de la previsión y seguridad social de los trabajadores. Acabó con las conquistas laborales y sindicales. Implantó a las mafias blancas el control de la salud al privatizarla. Ferió la cosa pública al sistema financiero parasitario. Recordándoles que aun con el pueblo volcado revolucionariamente en las calles, campos y veredas, durante las jornadas de este Paro Nacional, desde el 28 de abril (28A), continúan en la nefasta función legislativa de sepultar: las aspiraciones de la matrícula cero pesos ($0). El proyecto contra el uso del Franking. Tramitan otra deleznable reforma tributaria, inspirada en los intereses gubernamentales y de su secta, que no partido, de gobierno. Aprueban la reforma a la Procuraduría, cual baluarte burocrático de puestos y favores a funcionarios investigados por corrupción en sonados casos como Odebrecht, Ruta del Sol, Reficar, Ñoño Elías, “volteo de tierras en Cundinamarca, atribuciones de función judicial, enfrentamiento al ordenamiento jurídico de acuerdos internacionales y de  defensa y respeto a los elegidos por voto popular, etc. Eso no tiene presentación diferente a la de la capitulación de la lucha del movimiento popular.

Del paso a seguir

Aunque corresponde a un tema de trasfondo, se prevé la continuidad del paro, con mayor intensidad, tal como lo demuestran las protestas y plantones en diferentes ciudades de país y en especial en Bogotá. Múltiples formas organizativas y de vocería afloran. El uso de instrumentos como los Cabildos Abiertos, está al orden del día y suplantaran los ineficientes consejos municipales en la lluvia de aspiraciones populares y respuestas efectivas locales. El uso- en la práctica-de la revocatoria del mandato a toda la rama legislativa (concejos, asambleas, congreso), ante el no logro de acuerdos con alcance políticos, insidiara en correspondencia al rechazo de presentación o aspiraciones electorales de los mismos. Transcender del simple leguleyismo al logro de la implementación de los Acuerdos de La Habana, como materialización de programas máximos y mínimos a alcanzar el movimiento popular y la lucha de masas. Cada día que transcurra aportara mayores elementos.

Publicado en: Colombia

Algunos logros del estallido social en Colombia

13/06/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Fernando Dorado

 

Hemos caracterizado la formidable movilización social que está en desarrollo en Colombia desde el 28 de abril del corriente año (2021) como un estallido social. Son más de 42 días de marchas, plantones, concentraciones, bloqueos de vías y carreteras de diversa naturaleza e impacto, en donde la constante ha sido la represión violenta y criminal por parte del Estado, y en donde el apoyo de la población ha sido mayoritario y visible.

A pesar que el Comité Nacional de Paro (CNP) conformado por las centrales obreras, sindicatos y otras organizaciones sociales no ha suspendido el movimiento, que La Minga Indígena con sectores campesinos y cocaleros agrupados en torno al “Pacto Social”, y los Jóvenes Rebeldes en proceso de articulación en la Unión de Resistencias, han decido mantener activa la movilización callejera, es evidente que la protesta entró en una fase de agotamiento que no sabemos si en el corto plazo pueda reactivarse o vuelva a brotar más adelante.

Antes de avanzar sobre una evaluación que permita construir algunas lecciones, es necesario reiterar varios aspectos importantes sobre los logros de esta estupenda y entusiasmadora experiencia de lucha social, política y cultural que han protagonizado millones de colombianos, a fin de realizar un análisis que debe ir más allá de los balances puntuales y coyunturales.

Tal evaluación queda pendiente para futuros escritos y debe contener como mínimo una periodización del proceso de lucha con sus antecedentes, la descripción de los actores sociales y políticos protagonistas, el análisis de las actitudes desarrolladas por las fuerzas más organizadas, una caracterización más detallada de lo que llamamos “estallido social”, un balance de las estrategias impulsadas por las organizaciones políticas que influyen en el movimiento social colombiano frente a la estrategia del Estado (y de los diferentes sectores de las castas dominantes), y unas lecciones que sirvan para preparar las fuerzas populares para los nuevos retos que están encima. Todo para alimentar el necesario y fraternal debate.

Los logros

Hay que decir que el estallido social mismo es un gran logro en una sociedad que por vivir en medio de la violencia había caído en una especie de inercia y letargo. El impacto y la duración del movimiento sólo se pueden explicar por el amplio y masivo apoyo que ha tenido de gran parte de la sociedad, aún de aquellos sectores que rechazan algunas formas de lucha como los bloqueos o cierres de vías o carreteras, pero que son conscientes de las causas estructurales que han generado tal grado de inconformidad y protesta.

Se destacan las expresiones artísticas de la juventud que están en el centro de las protestas, que en realidad son verdaderos performances y obras de arte en donde se involucran miles de personas, especialmente jóvenes y mujeres. Ha sido un fenomenal y creativo proceso de encuentro entre diferentes sectores sociales que poco a poco se está profundizando a medida que la solidaridad y apoyo ha requerido de acciones más visibles y decididas.

La forma como los logros políticos y reivindicativos han sido arrancados al gobierno sin necesidad de negociar formalmente -al mejor estilo de lo ocurrido recientemente en Chile- son aspectos a señalar y analizar, por cuanto se corresponden con la potencia del movimiento y con la diversidad y complejidad de los actores comprometidos. Es más, el estallido social alcanzó a acorralar al gobierno y colocarlo en “estado de renuncia”, pero en realidad el grueso de las personas que apoyaban la protesta no estaban interesadas en aventuras insurreccionales.

La reacción violenta del gobierno que ha incluido la acción asesina de la policía y la utilización de civiles armados (paramilitares) y que produjo más de medio centenar de jóvenes protestantes asesinados, no sólo generó una profunda crisis de gobernabilidad en el país hasta el punto de que las castas dominantes recurrieron a la militarización de las regiones y ciudades más movilizadas, sino que, trajo como consecuencia el desenmascaramiento del gobierno a nivel internacional. Ha quedado claro que este gobierno hace parte de un régimen antidemocrático y violador de los derechos humanos.

El mayor logro hasta ahora alcanzado es la conciencia adquirida en el proceso del despliegue de la fuerza popular y algunas nuevas formas de organización que están en pleno surgimiento, como son las Asambleas Populares que están proceso de construcción y organización, y que de lograr consolidarse y hacerse permanentes, podrán constituirse en los gérmenes de un verdadero poder paralelo, expresiones de una efectiva autonomía e independencia política, y en órganos de poder popular que rompan con el control institucional que ha predominado y limitado al movimiento social y político de nuestro país.

Un recorderis pertinente

Este proceso de movilización social y política ha centrado su lucha en enfrentar al Gobierno de Duque (Uribe). No obstante, es necesario entender que estamos frente a un  Régimen criminal y mafioso. Dicho régimen debe ser caracterizado y entendido para poderlo derrotar. Por ello es necesario clarificar las diferencias entre régimen y gobierno.

El régimen político tiene que ver con el carácter del ESTADO que en Colombia es “colonial-capitalista-oligárquico”. El actual gobierno de Uribe-Duque hace parte de ese régimen pero tiene sus particularidades. Ejemplo, tiene diferencias con el gobierno de Santos, así sean mínimas.

A Duque lo controla una alianza mafiosa-terrateniente mientras que el gobierno de Santos era liderado por la oligarquía-capitalista transnacional que acepta a las mafias pero no las quiere al frente del poder político, no por pruritos o valores morales sino por intereses geopolíticos.

Es decir, el régimen político es una formación de tipo estructural-sistémico mientras los gobiernos son grupos de personas que representan clases y sectores de clase (partidos) que gestionan sus intereses desde el aparato de gobierno (responden a intereses particulares y a momentos coyunturales).

Estos aspectos de la naturaleza del Estado debemos estudiarlos más al detalle para no caer en idealismos que frustren más adelante nuestras expectativas. Es necesario, por tanto, entender que, aún si el progresismo colombiano accede al gobierno tendrá que diseñar una estrategia para convivir dentro de ese Régimen Político. Es decir, deberá desarrollar formas de socavarlo y superarlo, o de lo contrario terminaremos en un callejón sin salida.

Ese es el problema que los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina (y Grecia y parcialmente España) se han encontrado y no han podido enfrentar ni resolver. Es un tema a profundizar si no queremos terminar “adornando” el régimen colonial-capitalista-oligárquico con algunas flores progresistas y limitarnos a gestionar el “Estado Heredado” sin hacerle un solo rasguño al Gran Capital (dentro del cual está el capital de las mafias).

La iniciativa que el estallido social acaba de dejar sobre el escenario de lucha es que el pueblo y los jóvenes movilizados deben construir Asambleas Populares (permanentes), o sea, “poderes paralelos” (desde abajo), gobiernos autónomos, formas de organización independiente de la institucionalidad existente, para poder avanzar hacia cambios verdaderamente estructurales.

Es un  asunto que debe debatirse con toda seriedad.

Publicado en: Colombia

La ONG Temblores denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la represión en Colombia

13/06/2021 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: TeleSur

 

«Entregamos las bases de datos de los 41 homicidios y los 69 hechos de lesiones oculares, presuntamente cometidos por la fuerza pública», especifica Temblores.

La Organización No Gubernamental (ONG) Temblores confirmó este domingo que junto al Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), entregó a Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) un informe sobre los hechos de represión perpetrados por la fuerza pública contra manifestaciones colombianos.

«Entregamos las bases de datos de los 41 homicidios y los 69 hechos de lesiones oculares, presuntamente cometidos por la fuerza pública,registrados por la plataforma Grita contra de manifestantes en el marco del Paro Nacional», especificó Temblores.

En su reciente informe, Temblores asevera que de acuerdo a las denuncias en los 44 días de las masivas manifestaciones se reportaron 1.649 detenciones arbitrarias, al menos 346 desapariciones y 41 casos de homicidios, éstos últos presuntamente cometidos por la Policía Nacional.

La ONG también identificó nueve prácticas de violencia por parte de agentes del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), «identificamos el uso indiscriminado de armas de fuego, desproporcionado y desmedido contra los manifestantes», detalló el representante de Temblores, Alejandro Lanz.

Temblores e Indepaz informan que desde el pasado 28 de abril (inicio de las manifestaciones) hasta el 31 de mayo, se suscitaron al menos 184 casos donde la Policía abrió fuego contra los ciudadanos, de los cuales 70 han recibido un impacto directo de bala.

«20 personas han muerto por impacto de armas de fuego activdas presuntamente por la Policía Nacional en el contexto del Paro Nacional (…) 37.7 por ciento de los disparos activados han sido directamente direccionados a los cuerpos de las personas manifestantes», explica el informe.

Pese a las acciones represivas perpetradas por el ESMAD y denuncias de incursión de grupos de civil armados contra la población, los colombianos continúan movilizados exigiendo un cambio de modelo que contribuya al cese de la violencia y a la disminución de las brechas sociales.

Publicado en: Colombia

El informe de la Misión argentina que Duque y sus medios quieren ocultar

06/06/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Luis Alfonso Mena S.

 
La Misión concluyó que el Estado colombiano debe ser investigado porque a través de sus fuerzas de seguridad regulares e irregulares, habría cometido violaciones contra el pueblo colombiano.

Uno de los hechos evidentes de la actual coyuntura en Colombia es la complicidad de la mayoría de los organismos internacionales con el régimen de Iván Duque en la represión ejercida por este contra la juventud y el pueblo en los 38 días del Paro Nacional, tarea en la que cuenta con el respaldo de sus medios masivos de “información”.

El secretario general de la ONU, António Guterres; la alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michell Bachelet; el secretario general de la OEA, Luis Almagro; la Unión Europea, el Parlamento Europeo, entre otros funcionarios e instituciones, no pasan de decir generalidades sobre lo que ocurre en Colombia.

La política de esas instituciones, que debería ser equilibrada y orientada a la defensa de los derechos humanos sin distingos, está absolutamente ideologizada y determinada por posiciones ultraconservadoras, afines a los intereses de Estados Unidos y de los países europeos.

Mientras frente a otras naciones orientadas por políticas diferentes a las de las grandes potencias y monopolios transnacionales las referidas instituciones han actuado de manera obsesiva, en Colombia, ante los graves hechos de uso criminal de la fuerza en la represión de la protesta popular por parte del Estado, esos organismos internacionales han brillado por su paquidermia, unos, y franca ausencia, otros, como es el caso del autodenominado Grupo de Lima.

Incluso la actuación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha sido endeble, timorata, aunque es el único organismo que ha expresado algún asomo de atención a la forma como el Gobierno colombiano ha atacado, con violencia brutal, el Paro Nacional desde su inicio, el 28 de abril.

Todo lo anterior deja en absoluta evidencia el sesgo con el que las instituciones mencionadas actúan en favor de los regímenes de derecha y ultraderecha en América Latina, frente a los cuales miran de soslayo y obran con complicidad cuando violan los derechos humanos y reprimen con sevicia a los pueblos, como lo están haciendo el Gobierno uribista de Iván Duque y su policía.

Misión de solidaridad argentina

Contrastan las posiciones de esas instituciones con las tareas desarrolladas por organizaciones como la Misión Internacional de Solidaridad y Observación de Derechos Humanos, integrada por diversos colectivos argentinos, que acaba de dar a conocer su informe sobre la situación encontrada en Colombia.

La Misión concluyó que “el Estado colombiano debe ser investigado porque en el marco del Paro Nacional y a través de sus fuerzas de seguridad regulares e irregulares, habría desaparecido, asesinado, torturado, abusado, perseguido, amenazado e intimidado a vastos sectores del pueblo colombiano. La represión desatada impidió, limitó y condicionó la participación política, el derecho de reunión y el derecho a la protesta”.

Sostiene, de igual forma, que “el Estado colombiano debe ser investigado por haber desplegado sobre población civil indefensa prácticas inscritas en la lógica bélica, disponiendo para ello de armamento sofisticado y letal y de conductas brutales e inhumanas por parte de sus efectivos”.

Manifiesta, también, que “el Estado colombiano debe ser investigado por haber determinado como enemigo interior a la mayoría de su pueblo, representado por jóvenes de los barrios populares, estudiantes, mujeres y de la comunidad Lgtbiq, trabajadores del campo y la ciudad, indígenas, campesinos, afrodescendientes, líderes y lideresas sociales, defensores y defensoras de derechos humanos, prensa independiente, así como organizaciones de la sociedad civil”.

Agrega que “deberá investigarse al Estado colombiano en referencia a los delitos de lesa humanidad denunciados. Deben acabar las prácticas impropias de un Estado de derecho”.

Y puntualiza: “El pueblo colombiano tiene derecho a la apertura de todas las instancias jurisdiccionales, nacionales e internacionales para obtener la reparación integral, a través de la verdad y la justicia”.

Representantes de las diversas organizaciones reunidas en la Misión Internacional de Solidaridad estuvieron en diferentes ciudades del país documentando los casos de represión, hablando con las víctimas y acopiando testimonios para el documento que dieron a conocer en las últimas horas.

Hicieron parte de la Misión argentina entidades de derechos humanos como Serpaj, Apdh La Matanza, Correpi y Xumec; organizaciones sociales y populares como el Frente Patria Grande, el Frente de Organizaciones en Lucha, el Frente Popular Darío Santillán, el Movimiento Evita, Somos Barrios de Pie; organizaciones gremiales y de la sociedad civil como ATE, CTA-Autónoma y la Asociación Americana de Juristas.

“Se concluyó que era imperioso contribuir al resguardo de la vida y la dignidad humana, garantizar la justicia y la verdad y el cumplimiento de reglamentos, leyes y tratados internacionales en materia de defensa de los Derechos Humanos”, explicaron los integrantes de la Misión.

En Yumbo, “les manda saludes Duque”

Entre otras varias ciudades del país, la Misión estuvo en Cali y Yumbo, en el Valle, y Puerto Tejada, en el norte del Cauca.

Sobre lo encontrado hasta el 3 de junio, fecha de su informe, denuncia que fueron desaparecidas 93 personas, 46 fueron asesinadas en la represión a la movilización social, 240 fueron detenidas y 149 fueron heridas por armas de fuego.

“La situación que vive Cali ha desencadenado daños irreparables sobre la vida, la integridad física y psicológica de la población, profundizados a partir del Decreto 575 del Gobierno nacional, que estableció el toque de queda y la militarización de la ciudad. Otro rasgo característico ha sido la actuación de civiles armados disparando a la par y coordinadamente con las fuerzas públicas”, dice el informe.

El documento indica, igualmente, que “la represión en esta zona adquiere características particulares como la connivencia empresarial con la estructura represiva, llegando las fuerzas de seguridad a utilizar instalaciones comerciales como centros de detención y tortura, así como punto de avituallamiento y cuartel. El escarmiento a la población ha recorrido hitos represivos que van desde las balaceras indiscriminadas con armas largas hasta los asesinatos atroces de personas previamente desaparecidas”.

“Se recibieron denuncias de referentes juveniles, sociales, sindicales, indígenas, afrodescendientes, religiosos, así como periodistas y activistas de derechos humanos, quienes son fuertemente perseguidos, judicializados e investigados bajo la modalidad de espionaje”, expresa más adelante la relatoría.

Asevera que “la Misión ha recogido denuncias provenientes de las comunidades negras donde se enfatiza la dinámica de limpieza social, el despojo territorial forzado y el racismo estructural”.

“Asimismo, cabe mencionar que un aspecto distintivo de esta zona (es) la connivencia empresarial en los hechos represivos, siendo los casos más emblemáticos la empresa Huevos Kike y la Empresa Integral de Empaques”, asegura el documento de los defensores de derechos humanos argentinos.

Y sobre Yumbo, expresa que “se pudo constatar varios homicidios cometidos por las fuerzas de seguridad, entre los que se encuentra el caso de Maicol López Cano”.

“Varios testigos relatan el ingreso al barrio de fuerzas de seguridad disparando balas de plomo, gases y bombas aturdidoras al grito de *‘Les manda saludos Duque’*. Producto de este hecho dos jóvenes perdieron la vida”, revela el informe.

Continuando con Yumbo, manifiesta: “El punto de resistencia de Ecopetrol ha sido público y nacionalmente conocido por ser el sitio desde donde un técnico de la Fiscalía disparó contra 3 manifestantes. En la zona, los organismos de derechos humanos denuncian la existencia de 149 heridos de bala y al menos 6 asesinatos”.

La masacre en Siloé

Sobre el plantón de resistencia de Siloé, en la Comuna 20 de Cali, el informe dice que “en este punto hubo una concentración de mecánicas represivas”, en el marco de las cuales se presentó “la desaparición forzada de una persona golpeado por miembros del Esmad y la policía nacional, encontrándose el cuerpo calcinado al día siguiente frente al (almacén) Dólar City”.

“Este punto de resistencia cuenta a la fecha con los siguientes asesinados por parte de las fuerzas de seguridad: José Emilson Ambuila, Kevin Antonio Agudelo Jiménez, Harold Antonio Rodríguez Mellizo, Daniel Andrés Forero Olave, Nicolás García, Cristhian Arturo Hinojosa Murillo, Nelson González, Andrés Antonio Mejía, Daniel Stiven Sánchez y Michael Andrés Aranda. Se le agregan dos víctimas encontradas en la Vía Cali-Palmira, cuyas identidades son: Gregorio Angelvis Bello Pérez y Carlos Sierra”, denuncia el documento.

Sobre lo ocurrido en Calipso, en el oriente de Cali, la relatoría expresa que “se recibieron denuncias sobre el local de tiendas Éxito utilizado como centro de detención y tortura. A la fecha funciona como centro de avituallamiento y acuartelamiento de la policía, denunciando los manifestantes que el traslado de armas y pertrechos se realizaba en una ambulancia”.

Mentiras mediáticas para silenciar

En la mañana de este viernes 4 de junio, día 37 del Paro Nacional, Julio Sánchez Cristo, director del noticiero de La W Radio, anunció lo que denominó como “una primicia” informativa, “una bomba” periodística que supuestamente demostraría un nuevo complot contra el Gobierno de Duque, aunque hipócritamente repetía que él no buscaba deslegitimar el paro (“a confesión de parte, relevo de pruebas”, dice el viejo axioma jurídico sobre las confesiones no pedidas).

La famosa primicia, para la cual los órganos de “inteligencia” del régimen instrumentalizaron a dos reporteros de Sánchez Cristo, era una conversación casi inaudible de uno de los delegados de la Misión argentina con un líder social de Bogotá en la que el primero le pedía al segundo su concepto sobre la situación del país, y en la que éste argumentaba que si había un golpe de Estado contra el Gobierno de Duque el mismo provendría del uribismo, sector político en el que, se sabe, hay una mayoría ultra recalcitrante interesada en una salida abiertamente fascista.

En eso quedó la “primicia” sobre el supuesto “complot” internacional, ahora argentino, contra el régimen… ¡Qué tal el ridículo de La W! Una conversación personal que no demostraba nada, más allá de que la policía de Duque anda a la caza de cualquier cosa para justificar la persecución a los defensores de derechos humanos, nacionales y/o llegados del exterior, como en este caso.

Ah, pero eso sí, ni una palabra sobre el informe de la Misión argentina, pues las graves denuncias formuladas por esta conjunción de organizaciones no les interesan ni a La W Radio ni a los demás medios de las élites y, por el contrario, buscan silenciarlas, incluso, haciendo filtraciones de supuestos “complots desestabilizadores” que, como el tan anunciado, se desinflan como globos pinchados tan pronto se difunden.

En días anteriores, la misma emisora se había esforzado por darle micrófono al expresidente Andrés Pastrana para que vertiera a través de las ondas hertzianas sus lunáticas y absurdas narrativas en el sentido de que el Gobierno del presidente Maduro de Venezuela “estaría detrás del Paro Nacional y la desestabilización de Colombia”. ¡Otra versión ridícula monumental!

Ya habían dicho lo mismo antes en relación con el Gobierno del presidente Putin de Rusia, pues la extrema derecha colombiana no solamente es cínica y mentirosa, sino que sigue usando sus medios, como La W Radio (para no hablar de otros más oscuros), con el fin de generar matrices de desinformación y echarle la culpa de su arrogancia e ineptitud a los fantasmas que crea.

Cada vez más sectores de la opinión pública creen menos estas matrices de los medios de las clases dominantes, y se orientan fundamentalmente por los espacios alternativos y la comunicación popular en las redes.

A pesar del cerco mediático, el Paro Nacional y la multiplicidad de resistencias juveniles a lo largo y ancho del país siguen su marcha.

Publicado en: AmericaLatina, Colombia

Denuncian el asesinato de cuatro personas por la fuerza pública en Cali, Colombia

06/06/2021 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: TeleSur

 

 

La noche del sábado, habitantes de Cali realizaron un velatón en memoria de los jóvenes asesinados, el cual fue reprimido por el ESMAD.

La Red de Derechos Humanos (DD.HH.) Francisco Javier Ocampo Cepeda denunció este sábado que, como consecuencia de un operativo de las fuerzas de seguridad de Colombia en la suroccidental ciudad de Cali, cuatro jóvenes fueron asesinados y 20 más resultaron heridos.

El operativo combinado entre la Policía Nacional, el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), el Grupo Operativo Especial de Seguridad (GOES) y el Ejército se llevó a cabo el viernes en el punto de resistencia Paso del Comercio, en el marco de las movilizaciones del Paro Nacional que está en marcha desde el 28 de abril pasado.

En un comunicado, el organismo humanitario detalló que el saldo fue de “cuatro jóvenes asesinados por arma de fuego, más de 20 heridos, uno de gravedad, más de quince jóvenes aprehendidos arbitrariamente”.

Asimismo, hubo “detenciones ampliamente ilegales por el uso desmedido de la fuerza, tratos crueles y degradantes a los que fueron sometidos, tres allanamientos arbitrarios, prensa agredida y amenazada, misiones médicas atacadas, desapariciones forzosas y hostigamiento permanente a la comunidad”, subrayó.

La Red de DD.HH., tras dar pormenores de esas acciones represivas, responsabilizó al Gobierno del presidente colombiano Iván Duque “por los sucesos sistemáticos de violación a los derechos humanos en nuestra ciudad y todas las regiones del país que vienen desarrollando el derecho legítimo a la Protesta social”.

Velatón por asesinados

En la noche de este sábado, decenas de miembros de la comunidad de Cali realizaron un velatón por los jóvenes asesinados. Uno de estos velatones se llevó a cabo en el Paso del Comercio, denominado Paso del Aguante, que fue agredido por las fuerzas de seguridad. El otro punto donde la gente colocó veladoras fue en el sector de Loma de la Cruz, donde se rindió homenaje al fallecido Cristian Sánchez.

Usuarios de las redes sociales denunciaron que en ese punto se dio una intervención de elementos del Esmad que dispersaron el velatón.

El usuario identificado como El Pensante de la realidad (@C2605036) externó en un tuit que “en este momento mientras se hacía una velatón por el asesinato de Cristian en la loma de la dignidad de Cali, el SMAD (Scuadrón de Muerte A Domicilio) ataca con gases y bala a los tranquilos habitantes de la Loma”.

“Anoche fueron 5 los muertos en Cali, hoy en medio de una velatón por esos muertos el Esmad y la policía atacan a quienes encienden una vela, y vos me tenés el descaro de decir que la violencia venga de dónde venga es condenable, en serio? Velas contra balas? En serio???”, escribió el usuario Esteban Porras.

Publicado en: Colombia

TODO NUESTRO APOYO INCONDICIONAL AL PUEBLO COLOMBIANO: Resistencia Colombia. Unidad y resistencia

02/06/2021 by maestro 1 comentario

Por Segunda Marquetalia

«como que hay fiesta en el cielo porque está tronando», y aquí en Colombia desde hace 30 días no cesan de tronar los tambores de la lucha convocando las conciencias, despertando el continente. Asistimos al renacer de la esperanza.

Colombia no quiere más un gobierno que piense que solo los ricos tienen derechos, y que no le importa la suerte de los pobres. Lo que estamos viviendo es una verdadera lucha de clases. Y las inmensas multitudes despreciadas y excluidas empiezan a entender que la lucha tiene que ser por un nuevo orden social que garantice el derecho a la paz y el derecho a la vida digna. Que nadie afloje. No tenemos nada que perder que no sean las cadenas que nos oprimen. El momento decisivo es ahora. ¡A la carga!, como en el grito de Gaitán fundido con la ronca voz del pueblo.

El pueblo que puede, está en las calles reclamando sus derechos, mientras que el gobierno se hunde cada vez más y más en el pantano de su desprestigio. El 82 por ciento del país rechaza a Duque y a Uribe, los cabecillas de la tiranía. Objetivamente el pueblo movilizado, puede tumbar y hacer que ruede por el suelo la cabeza del peor gobierno de la historia de Colombia. Para ello cuenta con la fuerza arrolladora de la juventud rebelde, el ejemplo de lucha persistente y de solidaridad de la minga indígena, la ira y gran indignación de los estratos bajos cansados ya del hambre y la exclusión, y cuenta también con la conducción de líderes y lideresas del movimiento social y político con mucho decoro y dispuestos a jugársela toda por Colombia y su gente.

Exijamos la renuncia de Duque a la presidencia, porque físicamente el país no podría soportar un año más de mal gobierno y de ineptitud. Hay que convocar urgentemente a nuevas elecciones. Duque debe entender que su mandato ya fue revocado por el pueblo volcado en las calles, por las marchas y por los cacerolazos del repudio nacional. Que se vaya para que no estorbe el vuelo del país hacia un nuevo horizonte de humanidad.

Esto comenzó con el abuso de la reforma tributaria, y hoy Colombia se parece a Manuela Beltrán arrancando en El Socorro los papeles que anunciaban nuevos impuestos coloniales. Esa fue la chispa que activó la histórica insurrección de los comuneros, capitaneada por el héroe popular, José Antonio Galán.

El gobierno está utilizando el diálogo como una estratagema de engaño para que nada cambie, y así no sirve para nada. El dialogo está estancado por la táctica dilatoria de los voceros de Duque, que espera que el pueblo se canse y se repliegue, mientras desata la artillería mediática dirigida a desmoralizar y desestabilizar la protesta. Qué equivocado está. No nos vengan a dividir entre pacíficos y vándalos, porque no hay peores vándalos que los del gobierno. Y si los pobres protestan con violencia es por el desespero que les produce la injusticia. El problema no se arregla con estratagemas maquiavélicas de negociación que buscan negociar sin ceder o ceder para no cumplir. Que se acabe el engaño. Definitivamente el diálogo debe comenzar con el cumplimiento por parte del Estado, de la obligación constitucional de garantizar la protesta ciudadana, sin represión de la Fuerza Pública, y en este caso, con veeduría internacional.

Tendremos que pensar en la gran marcha nacional de los excluidos, de los maltratados, en la gran marcha de los colombianos por el establecimiento de un nuevo gobierno que escuche sus angustias y trace políticas efectivas para atender las reclamaciones de las pobrerías. El pueblo convertido en fuerza atronadora de raudal, para ser eficaz, debe marchar con una sola bandera que unifique los sueños de todos por un mejor porvenir. Que el objetivo sea la toma del poder, iniciando con la instalación de un nuevo gobierno del pueblo y para el pueblo.

Qué maravilloso es celebrar el 57 aniversario de las FARC bajo el trueno del estallido social que busca una salida política a la crisis con la instauración de un nuevo gobierno de coalición democrática que nos conduzca a las costas del futuro, de la felicidad del pueblo. Y que bueno es recordar en estas circunstancias a nuestros padres fundadores Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, y recordar también a todas las guerrilleras y guerrilleros caídos en combate, desde Isaías Pardo en 1964 hasta Jesús Santrich en 2021. Ellos siguen vivos en la lucha del pueblo. Salud Colombia.

Unidad y Resistencia, VENCEREMOS.

Publicado en: AmericaLatina, Colombia, Titular1

Santiago de Cali ensangrentada

31/05/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Luis Alfonso Mena S.

Se cumplen cinco años del asesinato de Berta Cáceres, luchadora social y defensora de pueblos indígenas en Honduras. ¿Consideras que se haga justicia en el caso cuando falta saber quiénes son los autores intelectuales del crimen?.

El rapero Pablo Hasel está en prisión, condenado por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la monarquía. ¿Considera que este caso va en contra de la libertad de expresión?
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En vídeos de comunicadores alternativos se pudo constatar que los civiles, varios de ellos de camisas blancas, disparaban armas cortas y largas (fusiles) con el mayor desparpajo, a la vista de todos.
Desesperado por la firme resistencia de la juventud, el régimen uribista de Iván Duque anegó en sangre las calles de Cali este viernes 28 de mayo, precisamente el día en que se cumplía un mes de iniciado el Paro Nacional, y dejo 13 personas asesinadas, 98 heridas, 54 de ellas con armas de fuego y 13 jóvenes judicializados.

La agresión comenzó en La Luna, popular sector de la Autopista Sur Oriental, hasta donde llegaron sujetos vestidos de civil que dispararon desde una motocicleta contra un plantón juvenil.

Luego, igualmente en el sector de La Luna, incursionó en motocicleta el detective Fredy Bermúdez Ortiz, policía al servicio del Cuerpo Técnico de Investigación, CTI, de la Fiscalía, quien abrió fuego contra los jóvenes que participaban en un plantón pacífico en el lugar.

Allí, el policía de civil asesinó a Luis Eduardo López Solano, vecino solidario con el Paro que laboraba como celador en los Estudios Takeshima de la Secretaría de Cultura de Cali y era muy apreciado también en la Universidad del Valle.

En la reacción de quienes participaban en el plantón, el atacante disparó en varias oportunidades de nuevo contra los manifestantes y dejó a una persona gravemente herida, identificada como Juan Pablo Cabrera, de 18 años de edad, quien falleció posteriormente.

Al tratar de huir cubriéndose con disparos, el detective Bermúdez Ortiz fue alcanzado por la multitud y pereció en un linchamiento.

Al pistolero le encontraron un carné de integrante de la Armada Nacional, lo mismo que su credencial de funcionario de la Fiscalía.

Tratando de ocultar el modus operandi que se ha generalizado por parte del gobierno de Duque, que utiliza civiles armados (paramilitares) o agentes de la Fuerza Pública sin uniforme en la represión de las protestas en Cali, la Fiscalía dijo que Bermúdez Ortiz se encontraba el viernes de descanso y que simplemente pasaba por el lugar de los hechos.

Una versión contraevidente con el apertrechamiento del individuo, quien tenía pegado a una de sus piernas una cartuchera con dos armas de fuego, una de las cuales descargó completamente en los crímenes cometidos en el lugar antes del linchamiento del que fue víctima por parte de los manifestantes.

Toda la información sobre de este caso fue constatada por defensores de derechos humanos consultados por PERIODISMO LIBRE.

Estas tres muertes ocurrían en momentos en que se iniciaban las grandes movilizaciones populares que desde diferentes puntos de Cali conmemoraban los 30 días del Paro Nacional, iniciado el miércoles 28 de abril de 2021.

Una gran marcha se desplazó desde el plantón de Sameco, en el norte, y llegó al Parque de la Dignidad (Loma de la Cruz), en el centro; otra manifestación se programó para salir de Calipso y dirigirse a Puerto Resistencia, en el oriente, y una más salió al mediodía de Siloé y se concentró en inmediaciones de la Universidad del Valle, en el sur.

El desfile del sur fue masivo y lleno de colorido, pues participaron diversas expresiones artísticas y al final del mismo se realizaba el que se denominó cacerolazo sinfónico, con músicos de la Universidad del Valle.

Estaela de más crímenes

La estela de asesinatos no se detuvo en La Luna, continuó en otros puntos de Cali y, de acuerdo con denuncias formuladas por defensores de derechos humanos, en la oleada de represión oficial en la que intervinieron fuerzas combinadas de civiles y agentes uniformados y sin uniforme, ocurrieron once asesinatos más.

Dos personas muertas en horas de la tarde del oscuro viernes 28 de mayo fueron identificadas como Maicol Andrés Aranda, asesinado con arma de fuego en el barrio Siloé, y Sebastián Jacanamejoy Jansasoy, miembro de la comunidad indígena inga, baleado en el barrio Meléndez.

La tercera persona asesinada fue Jhonatan David Basto Goyeneche, estudiante de bachillerato de 19 años de edad, que, de acuerdo con información entregada por la comunidad a la Red de DD.HH. Francisco Javier Ocampo Cepeda, recibió un impacto de arma de fuego disparado por la policía.

La víctima, que fue ingresada al Hospital Departamental Mario Correa Rengifo, situado en el barrio Los Chorros, había sido remitida desde el sector de Meléndez, en el sur de Cali, donde se mantiene un plantón popular de resistencia que fue atacado por civiles armados y por la policía.

Se conoció, asimismo, que un hombre identificado como Juan Guillermo Bravo Manzanares, de 21 años de edad, había sido asesinado en el sector de Nuevo Latir, oriente de Cali, el jueves 27 de mayo, pero el hecho apenas trascendió el viernes.

El sábado 29 de mayo en horas de la tarde, organizaciones defensoras de derechos humanos informaron que siete personas más habían sido reportadas como asesinadas por la policía de Cali y bandas de matones del régimen de Duque así:

En el sector Paso del Aguante (Paso del Comercio), Carlos Alzate; en La Luna, uno más, de nombre Luis Fernando Castillo; en el Puente de las Mil Luchas (Puente de los Mil Días), una persona sin identificar aún; en el sector La Playa, cerca de Meléndez, dos personas incineradas, una de tez morena y otra que vestía una camiseta amarilla, y en Dollar City, otra persona, al parecer vigilante.

Además, en El Poblado Campestre, municipio de Candelaria, fue asesinado Sebastián Herrera, en el punto de resistencia situado en esta urbanización.

Defensores de derechos humanos consultados por PERIODISMO LIBRE indicaron que la represión oficial del viernes 28 de mayo dejó por lo menos 60 heridos, muchos de los cuales fueron atendidos en los sitios de las protestas.

Por su parte, la Misión de Verificación del Paro, integrada por nueve organizaciones de DD.HH., indicó que la cifra de heridos era de 98 personas, 54 de ellos afectadas por disparos con armas de fuego.

Entre los heridos se encuentran Isan Imbachí, del pueblo yanacona, con un impacto de arma de revólver en su cuerpo y Óscar David Montero Ortiz.

También se conoció que la subsecretaria de DD.HH. de la Alcaldía de Cali, Natali González, fue agredida en inmediaciones de la Calle 16 y que se sigue estigmatizando a los defensores de derechos humanos, de manera especial cuando acuden en representación de los numerosos capturados.

Civiles disparan con amparo policial

El cacerolazo del sur fue interrumpido por el estruendo de los disparos que sujetos de civil, con la protección de la Policía de Cali uniformada, hicieron de manera reiterada contra la multitud.

En vídeos de comunicadores alternativos se pudo constatar que los civiles, varios de ellos de camisas blancas, disparaban armas cortas y largas (fusiles) con el mayor desparpajo, a la vista de todos, parapetados en distintas edificaciones y calles del exclusivo sector de Ciudad Jardín.

La complicidad policial queda en evidencia cuando se observa a uno de los civiles que dispara contra el pueblo ser “reconvenido” amablemente por un agente de la policía que le pone una mano en la espalda y lo aconseja sin sonrojo, y a otro se le ve recargar su arma en medio de policías.

Al atardecer del viernes, hombres y mujeres que transitaban por el sur denunciaban que habitantes de Ciudad Jardín estaban arrebatando los celulares a las personas que los habían grabado disparando.

Buscaban así borrar evidencias al hacer uso ilegal de armas de fuego y al atentar criminalmente contra seres humanos.

Ante el reclamo que varios hacían a agentes de la Policía por su pasividad ante los civiles armados, éstos contestaban con elusivas y cinismo.

La actuación de la Policía de Cali y de pistoleros de civil, que incluso amenazan a periodistas con disparos, como se aprecia en una de las fotografías que acompañan esta crónica, tomada de un video captado en el lugar, debería estar siendo investigada por la Fiscalía y los órganos de control.

Pero no. No pasa nada. Los medios masivos de comunicación tradicionales callan cobardemente, lo ocultan, miran hacia otro lado, con un comportamiento antiético y cómplice pasmoso, esperan el boletín oficial para repetir como robots, se enroscan en su vil función de cancerberos del Estado criminal.

¿Qué responden el alcalde de Cali, la gobernadora del Valle, el comandante de la Policía en la ciudad, el director nacional de esa institución, los ministros de Defensa, del Interior y de Justicia, el “defensor” del Pueblo, la procuradora y el fiscal general de la Nación?

Las escenas de hombres disparando impunemente pistolas y fusiles en las calles del sur de Cali bajo la mirada cómplice y complaciente de decenas de agentes de la Policía deben ser llevadas ante organismos internacionales, ya que todo indica que en Colombia pasarán al campo de la impunidad.

Todo apunta, igualmente, a que la acción de civiles armados contra los manifestantes fue planificada, como ocurrió con la agresión a la minga indígena el domingo 9 de mayo en el mismo sector de Ciudad Jardín, donde también actuaron paramilitares de la zona amparados por la Policía, con total impunidad judicial hasta el momento.

El joven músico torturado

La represión desatada por la policía el viernes en el sur de Cali dejó numerosas violaciones de derechos humanos, entre ellas las cometidas contra el músico y estudiante de la Universidad del Valle Álvaro Herrera Melo.

Defensores de derechos humanos y juristas, como Élmer José Montaña, sostuvieron que el joven se encontraba en grave peligro. “Les pido a las organizaciones de DD.HH. que ayuden en la difusión de esta denuncia. Es urgente. La vida de Álvaro Herrera Melo corre peligro. Está siendo torturado en la estación La María en Cali”, declaró Montaña.

“Que sepa todo el mundo quién es Álvaro Herrera. Necesitamos ayuda para que lo liberen sano y respeten su integridad. Qué vergüenza @IvanDuque que hizo campaña con la bandera de la cultura y ahora permita esta monstruosidad. Su capacidad para violentar a Colombia es ilimitada”, manifestó, por su parte, la destacada cantautora Catalina García, Madame Periné.

El periodista Jesús Abad Colorado escribió: “Liberen sano y salvo a Álvaro Herrera Melo y no lo torturen obligándolo a decir que es un vándalo”.

Precisamente el viernes circuló un video infame en el que el estudiante aparece sin camina, ensangrentado, esposado con las manos atrás y arrojado en el suelo, autoincriminándose, en lo que todo evidencia fue una declaración obtenida bajo tortura, violatoria de la Constitución Política de Colombia, del Código Penal de este país y de todas las normas de derechos humanos en el continente americano y en el mundo.

En el patético video, que deja escuchar a un individuo haciendo un interrogatorio a todas luces amañado, se ve al estudiante respondiendo lo que los carceleros de Ciudad Jardín quieren que diga, con el terror reflejado en su rostro.

Se trata de una “confesión” obtenida bajo presión y tortura que no tendrá ninguna validez ante un estrado judicial, pero que es utilizada por los propagandistas del régimen uribista para infundir terror en la población y para anunciar todo lo que están dispuestos a hacer, y están haciendo, contra la rebeldía juvenil y la protesta social.

Es esta, pues, una nueva violación flagrante de los derechos humanos cometida por los policías del gobierno de Iván Duque, alumno aventajado de Pinochet, Videla, Somoza, Bordaberry y demás dictadores latinoamericanos.

Resulta pertinente referir aquí que, según revelaciones hechas por conocedores de lo que ocurre en el sector de Ciudad Jardín, señoras del área les dan órdenes a los agentes de la estación de La María, como si fueran sus jefes, y les dicen qué hacer con los jóvenes detenidos.

Duque corre a calmar a sus amos

El régimen del uribismo, de Duque y del segmento más arrogante, racista y violento de la derecha colombiana está desesperado porque no ha podido derrotar la resistencia del pueblo vallecaucano en el Paro Nacional, y por eso aúpa a los paramilitares de Ciudad Jardín y de las demás villas del empresariado oligárquico de Cali y de otras áreas del país.

Ese régimen se desprestigia cada vez más, porque la gente no le cree y entonces el llamado subpresidente se enconcha en el núcleo cerrado de la burguesía y los terratenientes que representa.

Sabe que tiene el foco de la comunidad internacional encima y no le será fácil seguir guardando las apariencias, a pesar de los cómplices que tiene afuera.

Con moción de censura contra su ministro de la guerra o sin ella, con declaratoria del estado de conmoción interior o sin ella, Duque desgobierna de manera despótica.

Ya dictó el Decreto No. 575 ordenando, de nuevo, despejar calles, avenidas y carreteras a sangre y fuego y militarizando los departamentos de Valle del Cauca, Cauca, Huila, Nariño, Risaralda, Norte de Santander, Putumayo y Caquetá.

De igual manera, las ciudades de Cali, Buenaventura, Buga, Yumbo y Palmira, en el Valle; Popayán, Pasto, Ipiales, Bucaramanga, Pereira, Madrid, Facatativa y Neiva.

Además, ordena toques de queda, detenciones y demás medidas liberticidas, propias de un régimen dictatorial, con la amenaza de sanciones para aquellos mandatarios que osen no cumplirlas.

Duque se desenmascara como síntoma de su debilidad y lo demuestra el hecho de que, en la visita realizada a Cali en la noche del viernes 28 de mayo, la única zona a la que pudo ir fue al barrio de la oligarquía, Ciudad Jardín, también barrio de la mafia.

De acuerdo con múltiples denuncias, documentos textuales, gráficos y videográficos, fue de ese sector de donde salieron muchos de los que dispararon contra los estudiantes y jóvenes concentrados en la Universidad del Valle, situada en su vecindad.

De esta forma, ante vítores destemplados de los residentes de Ciudad Jardín, sus amos, que lo acogieron en la oscuridad de la noche, Duque deja en evidencia, como si hiciera falta, para quiénes gobierna y por quienes anega en sangre las calles de Cali.

Una decisión perversa que miles y miles de caleños y vallecaucanos repudian, y por eso continuarán en la resistencia y en la desobediencia popular, a pesar de decretos y crímenes oficiales.

Como en la canción de Pablo Milanés, referida a Santiago, la capital de Chile ensangrentada por la dictadura de Augusto Pinochet en 1973, nuestra Santiago de Cali algún día tendrá sus calles liberadas de los crímenes de las oligarquías y “pagarán su culpa los traidores”.

“Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada me detendré a llorar por los ausentes”.

Santiago de Cali, sábado 29 de mayo de 2021.

Publicado en: Colombia

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