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Cultural

Reseña de Prehistoria de la propiedad privada. Implicaciones para la teoría política contemporánea, de Karl Widerquist y Grant S. McCall (Bauplan, 2023). Para ver lo aberrante del capitalismo

27/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jesús Aller

No hay contraste más extraño en este mundo nuestro que el que existe entre la semejanza de las anatomías y fisiologías de los seres humanos y sus diferencias de patrimonio.

Cualquiera puede sospechar que las desigualdades abismales que se observan en este último aspecto no son ni razonables ni beneficiosas para el conjunto de la sociedad, pero lo sorprendente del caso es que han logrado convencernos de que la propiedad privada no sólo es natural, sino incluso sagrada.

¿Es realmente así? La cuestión es ardua, pero un primer punto importante para ir aclarando el panorama es analizar con una perspectiva temporal que incluya la prehistoria, si las formas de propiedad que son dominantes hoy lo fueron también en el pasado. Desde la aportación pionera de Piotr Kropotkin en El apoyo mutuo (1902), muchos se han preocupado de este problema y la bibliografía al respecto es amplia, pero entre los textos dedicados a él hay que destacar uno, recién editado por Bauplan, Prehistoria de la propiedad privada. Implicaciones para la teoría política contemporánea, que pone al día la investigación antropológica e histórica sobre el tema y discute además con rigor diversos aspectos teóricos implicados.

Los autores del volumen son los profesores norteamericanos Karl Widerquist, politólogo y economista, y Grant S. McCall, antropólogo, un equipo muy apropiado para abordar esta cuestión. Su trabajo conjunto dio lugar ya a otro libro anterior: Prehistoric Myths in Modern Political Philosophy (2017), en el que se argumenta hábilmente contra la asunción liberal de que las sociedades de los estados capitalistas son más beneficiosas para las personas que las sociedades pequeñas no estatales.

En su nuevo libro, que ha sido puesto en castellano por Sara Ortega, Widerquist y McCall dedican una primera sección a evaluar la pretensión tan extendida de que la desigualdad es natural e inevitable si no deseamos renunciar a la libertad. La segunda sección estudia si el capitalismo es más respetuoso con la libertad que cualquier otro sistema económico, y la tercera y más extensa, analiza el problema crucial de la propiedad privada por medio de un recorrido a través de la historia humana.

Una aproximación histórica a la desigualdad

El establecimiento de jerarquías y la irrupción de desigualdad en las sociedades puede constatarse desde la prehistoria, y se asienta siempre en una ideología que considera la segregación natural e inevitable, al tiempo que la atribuye a razones variadas, como la superioridad intelectual, moral o genética de la clase alta e incluso el carácter divino de los líderes. Se expresa también en la división una voluntad de recompensar servicios a la sociedad o la idea de que sólo las jerarquías son capaces de mantener la paz.

En las ciencias sociales y la filosofía política contemporáneas, sobrevive la creencia en la desigualdad natural, y muchas veces se la defiende como inevitable y se justifican reglas coercitivas que la mantienen, aunque las explicaciones que se dan sobre el fundamento de las diferencias sociales no resisten un análisis crítico. La dificultad de un estudio teórico de esta cuestión aconseja un repaso del pasado humano en busca de pautas dominantes y esto es lo que hacen Widerquist y McCall.

En este sentido, la evidencia reunida en el libro refuta completamente el carácter inevitable de la desigualdad, al mostrar niveles muy altos de igualdad social, política y económica, tanto en la tenencia de la tierra como en los sistemas de propiedad, en una amplia variedad de sociedades estudiadas por prehistoriadores, historiadores y antropólogos. Se trata de colectividades activas durante períodos de tiempo extremadamente largos y capaces de proteger la libertad de sus individuos al menos tan bien, si no mejor, que las sociedades basadas en derechos de propiedad. Es falaz pues defender la desigualdad en nombre de la libertad.

La libertad de la sociedad capitalista a examen

Domina el pensamiento contemporáneo la idea de que el capitalismo ofrece a los individuos una libertad frente a las imposiciones del resto de la sociedad (libertad negativa) mayor que la que otorga cualquier otro sistema. Sin embargo, hasta el momento esta afirmación no se ha fundado teóricamente de forma consistente, pues se ignoran los múltiples y variados recortes de libertades que impone el régimen basado en la propiedad privada. La dificultad de un análisis teórico que se constata de nuevo en este caso, aconseja otra vez abordar el problema empíricamente.

La construcción del argumentario preciso se plantea en el libro a través de un examen de las economías de diversas sociedades de cazadores-recolectores, con el cual se demuestra que éstas son más consistentes con la libertad negativa que la economía de mercado. Aunque la libertad sin duda es difícil de medir, ésta es mayor en las personas de los pueblos estudiados que en las menos libres de las sociedades capitalistas. De hecho, no existe ninguna forma de coerción o agresión a la que estén sujetos los cazadores-recolectores y de la cual se hayan liberado las clases baja y media de la sociedad capitalista.

El análisis permite concluir por tanto que la economía de mercado, tal como se concibe habitualmente, no ofrece la máxima libertad igualitaria. La supuesta superioridad de las sociedades capitalistas no puede asentarse sobre la afirmación de que promueven la libertad negativa.

La propiedad privada: rara avis en la larga historia de la humanidad

Los autores denominan “hipótesis de la apropiación individual” al conjunto de justificaciones, basadas en supuestos derechos, que tratan de fundamentar los sistemas en los que existe desigualdad. Estas justificaciones reposan sobre el principio de que la propiedad privada es natural y los sistemas de propiedad colectiva tienden a establecerse sólo en casos muy particulares. Se analiza el surgimiento de esta hipótesis en el siglo XVII y cómo su influjo se prolonga hasta convertirse en un supuesto de fondo de la teoría política contemporánea.

Tras evaluar los intentos de asentar los derechos de propiedad privada sobre una base a priori y demostrar su falta de solidez, los autores presentan una serie de evidencias que pueden resolver el problema a través de un recorrido por las diversas etapas de la prehistoria y la historia humanas. En primer lugar, se constata que las sociedades nómadas de cazadores-recolectores se apropiaron de la mayor parte del planeta, pero en contradicción con la hipótesis de la apropiación individual, optaron por no establecer una propiedad privada ni sobre la tierra, que era y es para ellos común, ni sobre alimentos o herramientas, compartidos en muchos casos.

Con el advenimiento del neolítico, se suele considerar que los primeros agricultores instauraron sistemas privados de propiedad sobre la tierra y se utiliza esta suposición para respaldar que la propiedad privada es un desarrollo natural. Sin embargo, la evidencia que se presenta en el libro muestra que no es así, sino que la propiedad privada se originó mucho después que la agricultura. El hecho es que la apropiación individual no juega ningún papel en las comunidades agrícolas más primitivas, que operan a pequeña escala. Lo que se observa en ellas es un sistema comunitario, tanto en el trabajo como en la distribución de la cosecha y nada parecido al sistema de apropiación individual, supuestamente natural.

Al formarse los estados, surgen sistemas de tenencia de la tierra en los que las élites políticas, de reyes o faraones, eran considerados propietarios de toda la extensión de sus reinos y los súbditos tenían diversos derechos de usufructo para la agricultura u otras prácticas. Los comienzos de la propiedad privada individual ocurrieron gradualmente, mucho después de la formación de los estados, y no a través de apropiaciones individuales, sino por la actividad de élites que usaban su poder político para nombrarse a sí mismas o a sus subordinados como propietarios. No obstante, hay que decir que incluso entonces, la propiedad privada de la tierra no se convirtió en el sistema de derechos de propiedad dominante, y esto es cierto tanto para la Edad Antigua como para el Medievo, épocas en las que la agricultura comunal de las aldeas siguió siendo el sistema más frecuente en las sociedades estatales de todo el mundo.

La propiedad privada: regalo envenenado de la Modernidad

Una vez mostrado que la propiedad privada es una rareza a lo largo de la historia humana hasta hace muy poco, la cuestión que se plantea es cómo se extendió por el mundo este sistema que se ha convertido en dominante. Widerquist y McCall analizan los dos procesos que a su juicio son responsables del gran cambio y que operan a partir del siglo XVI: los cercamientos (enclosures), que comenzando en Inglaterra se extienden por Europa occidental e imponen la propiedad individual en el medio rural, y las oleadas de colonos procedentes de este continente que establecieron por todo el orbe derechos de propiedad de la tierra ajenos a las tradiciones locales. Los cercamientos y los movimientos coloniales fueron procesos coercitivos y violentos, pero es importante resaltar que no se limitaron a robar propiedades por todo el mundo, sino que más allá de esto impusieron un nuevo sistema de propiedad privada a personas que hasta entonces habían conocido formas de vida comunales.

La evolución que se ha descrito puede sintetizarse diciendo que los seres humanos que comenzaron a asentarse y practicar la agricultura instauraron sistemas de tenencia de la tierra complejos, pero con un carácter colectivo en muchos casos, y con importantes elementos comunes. De esta forma, la “hipótesis de la apropiación individual” que se ponía a prueba, no sólo no se demuestra, sino que queda refutada. La historia discutida anteriormente indica que el establecimiento de sistemas de propiedad privada implica necesariamente coerción y violencia, con lo que la tesis de que la defensa de la propiedad privada desigual es de alguna manera la defensa de la “libertad natural” carece de base.

Argumentos para salir del laberinto

Prehistoria de la propiedad privada rebate con rigor tres creencias sólidamente asentadas en nuestro mundo sobre el sistema de propiedad privada dominante en él y que sirve de fundamento al sistema capitalista. Se demuestra en primer lugar que la desigualdad no es natural e inevitable y que la igualdad es compatible con la libertad. En segundo lugar, se pone de manifiesto que el capitalismo no es más consistente con la libertad negativa que cualquier otro sistema económico concebible. Por último, se deja claro que el predominio del sistema de propiedad privada es un recién llegado a nuestra historia.

Los que defendemos la vieja consigna de que “Otro mundo es posible” nos sentimos abrumados muchas veces por cómo todo lo que nos rodea parece una demostración palpable de la solidaridad y el apoyo mutuo son entelequias sin conexión con la realidad actual del ser humano. El gran mérito de Karl Widerquist y Grant S. McCall con este libro es dejar claros, para cualquiera sensible a datos y argumentos, dos hechos cruciales sobre la propiedad privada. En primer lugar, que en los doscientos mil años que lleva el Homo sapiens en el planeta ésta no fue hasta hace muy poco la norma dominante que vemos hoy. Y en segundo lugar, que de ninguna manera la apropiación individual constituye una garantía para la libertad, sino más bien todo lo contrario.

Publicado en: Cultural, Economía

Entrevista a Alfredo González-Ruibal, arqueólogo y autor de «Tierra arrasada». «Los primeros en practicar exterminio planificado son los europeos contra los no europeos»

27/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Daniel Galvalizi

El arqueólogo Alfredo González-Ruibal publica ‘Tierra Arrasada’, radiografía de la historia de la violencia humana desde el Paleolítico hasta el siglo XXI. Explica sus orígenes, los genocidios en la expansión colonial, la triste herencia de la Inquisición y por qué Europa es la región más violenta.

En su origen etimológico, la palabra «violencia» deriva del latín vis (fuerza) y latus (participio pasado del verbo ferus, que significaba llevar o transportar). Por tanto, su significado literal es llevar la fuerza a algo o alguien.

En su décimo libro publicado, que tiene nada ni más ni menos que 500 páginas, el doctor en Arqueología e investigador del CSIC Alfredo González-Ruibal hace un pormenorizado estudio sobre la historia de la violencia humana, aquella que comenzó, en clave de un grupo contra otro, hace más de 6.000 años, como mínimo.

Ruibal dedica buena parte de su tiempo profesional a indagar en yacimientos arqueológicos ubicados en los sitios más dispares. Brasil, Italia, Polonia, Sudán, Guinea Ecuatorial, Etiopía, Yibuti, Somalilandia, y el Estado español claro.

En Tierra arrasada (Ed Crítica, 2023) narra cómo la violencia no ha sido habitual en misma intensidad en todas las regiones. Cuenta cómo la África subsahariana, por ejemplo, «está asociada a lo peor cuando fue relativamente pacífica, con dosis mucho más intensas de violencia en Europa». Y en esta entrevista repasa algunos hitos de la historia, como el Holocausto, y la «primera guerra europea» ocurrida en el siglo XIII antes de Cristo.

¿Este libro es una historia sobre la violencia humana? ¿Le ha influido algo escribirlo en un contexto de guerra en Europa?

Quizás deberíamos hablar de zonas donde la violencia ha sido menos habitual porque es verdad que pensamos que la violencia es habitual a lo largo del tiempo y espacio y hay zonas donde lo ha sido menos. Y una de las zonas es África subsahariana, es importante subrayarlo, porque ahora lo asociamos a lo peor y es algo relativamente reciente. África fue un continente relativamente pacífico, en dosis muchas menos intensas desde luego que en Europa.

Conocemos menos los territorios como el Sudeste asiático o la India pero una constante es la guerra entre formaciones políticas. Si comparamos la historia de India con la de Europa, India sigue siendo en términos generales más pacífica hasta el siglo XVI por lo menos. Tuvo momentos de violencia previa, cuando invadieron los mongoles, la propia China, aunque hay menos evidencia de conflicto.

En Europa es cierto que tenemos mucha evidencia de violencia desde momentos muy antiguos pero hay un sesgo de información, tenemos tantísima información que es difícil de comparar con otros lugares. Lo vemos en dos elementos claves. Uno de ellos es que en Europa es donde primero se aplica a la guerra la innovación tecnológica, eso no sucede en otro lado. Y luego está el hecho de la fortificación; en Europa hay tradición de asentamientos fortificados que van desde el IV milenio antes de Cristo hasta finales del siglo XIX. En África subsahariana, por ejemplo, los poblados fortificados son bastante poco habituales.

Entonces, las innovaciones aplicadas a la guerra y las ciudades como máquinas de batalla indican que Europa ha tenido una tradición intensa duradera y fuerte de conflicto armado. A partir de finales del siglo XV ese modo europeo de hacer la guerra se globaliza, se proyecta.

¿Cuál fue la primera gran batalla bélica europea?

Con los datos que tenemos en la mano, la del año 1250 a.C. en el valle del río Tolense (nordeste de Alemania) es el primer gran conflicto europeo. Implicó a comunidades que vivían muy distantes. Quizás hubo otras antes pero esta la pudimos documentar arqueólogicamente. Es la guerra de Troya europea, podría decirse. Involucró a gente que venía de Bohemia, de Escandinavia… A partir de los análisis químicos de isótopos sabemos que vino gente de zonas muy distantes. Coincide con el mapa de la Guerra de los 30 años. Es un enigma por qué se desencadenó ese conflicto, con 4.000 o más personas, y eso lo hace más interesante todavía, porque solo podemos especular

Creo que para esa época en toda la Europa central habían surgido jefaturas, pequeños estados dirigidos por lideres guerreros, carismáticos seguramente, toda la zona estaría fragmentada en pequeños reinos que competían entre sí. Fue un modelo semejante al de la Europa bárbara de después del siglo V, y eso luego abarcaría grandes confederaciones.

Hay cosas que uno asocia a la modernidad, o al menos al último siglo, como las fosas comunes. ¿Cuáles son las más antiguas? ¿Es costumbre ancestral entre enemigos?

Las fosas comunes existen desde hace mucho tiempo. Realmente las que más se parecen a las actuales son las del Neolítico. Hay 10 ó 20 cadáveres, y a partir del Neolítico los tenemos en todos los periodos históricos y en todos los sitios del mundo. Con la modernidad aumentan exponencialmente, están relacionadas con las grandes masacres, con la violencia ideológica que hace que no se respete la vida de los no combatientes y la deshumanización a partir de finales del siglo XIX, que es un riesgo de la violencia.

Antes se le concedía la humanidad al otro, sobre todo antes de la expansión colonial. A finales del XVIII es cuando cuajan las ideologías que todavía tenemos ahora y aparece esa violencia ideológica revolucionaria tanto de izquierdas como de derechas. Y por otro lado tenemos la segunda oleada de expansión colonial a lo largo del siglo XIX, en la que se produce una violencia excesiva, se deshumaniza porque no se considera al otro que sea humano.

¿Es allí, en el pasado más próximo paradójicamente, cuando empieza un estadio más salvaje de violencia?

Violencia salvaje hay desde que hay seres humanos anatómicamente modernos. Huellas de violencia hay desde hace 12.000 años. Pero una cosa es practicarla con el enemigo y otra que le niegues su humanidad. Esto es algo que no sucede hasta tiempos más contemporáneos, no existe en momentos anteriores. Hay pogromos antisemitas en la Edad Media pero incluso en esos momentos se les concedía humanidad.

La realidad es que los genocidios, el exterminio planificado de un ser humano para que no quede ninguno, los primeros en practicarlos son los europeos con los no europeos. Una vez que sucede lo tenemos en otros contextos, como Ruanda, donde probablemente no hubiera existido eso si no hubiera habido colonización. En el sentido más extremo se puede decir que es patente europea esto, lo de no garantizar al otro su humanidad y hacerlo exterminable.

En la historia española se puede considerar que la Inquisición es algo similar…

Sí, en la Inquisición católica está la semilla. Antes de eso está la idea de la limpieza étnica. La idea de que España era para los españoles y que los españoles eran los cristianos viejos. Esas ideas de pureza de sangre y homogeneidad étnica son el germen del genocidio, aunque eso no significa que acabe en genocidio. Más que la Inquisición, se puede decir en el impulso de limpiar étnicamente y religiosamente un país. Como lo que buscaban los nazis, la monarquía hispánica expulsó a los judíos, luego a los musulmanes y sus descendientes, y España se queda teóricamente como país homogéneo.

Y pensar que en el hemiciclo del Congreso de los Diputados hay dos enormes estatuas de los Reyes Católicos…

Teniendo en cuenta cómo se ha educado a la gente en España, el imaginario de los españoles, tiene su lógica porque ahí está el origen de la unificación. Desde la sensibilidad que tenemos otros, asociamos a los Reyes Católicos no solo a la unificación política de las dos coronas sino a la expansión en América, la conquista, el sufrimiento que supuso, y la limpieza étnica y religiosa dentro de España. No serían mis personajes para colocar en el Congreso.

¿La guerra entre colectivos comienza en el IV milenio a.C.?

Sí, lo que entendemos por guerra solo surge en el caso de Europa y es en ese momento cuando empezamos a ver elementos característicos de la guerra frente a otros tipos de violencia colectiva. Guerreros, por ejemplo, que dedican parte de su vida o todo su tiempo a la función militar, con una serie de normas que rigen la conducción de la guerra, espacios para la guerra, santuarios, rituales, en momentos posteriores pueden ser cuarteles, barracones, armas de guerra… Es el elemento definitorio para mí. En el Próximo Oriente quizás sí tendríamos que irnos más atrás, quizás sexto milenio a.C.

¿En la Península Ibérica hay alguna peculiaridad? ¿Y en la zona de Euskal Herria?

De las cosas más interesantes de la Península Ibérica es la aparición de las primeras fortificaciones que se conocen en Europa occidental, poblados con murallas, en el sur de España, anterior a los íberos, fortalezas realmente espectaculares, con talleres de fabricación de puntas de flecha.

Del País Vasco no hay datos elocuentes hasta la Edad de Hierro, siglo IX  a.C.. Es un paisaje fragmentado con muchas fortificaciones, donde tendríamos comunidades que son autónomas independientes unas de otras, pequeños poblados. Hay una frase que me gusta mucho de un historiador que dice que las montañas rechazan la gran historia y es un poco lo que le pasa al País Vasco. Las montañas siempre se les han atragando a los imperios.

En el País Vasco, cerca de Laguardia (Araba), está San Juan Ante Portam Latinam, un sitio interesante, de tres mil años a.C.. Ahí se encontró un sepulcro colectivo, se pensó que había sido una gran masacre, que habían arrasado a una población entera, y no, era un sitio donde habían enterrado a la gente, no era una batalla ni gran masacre, sino una especie de cementerio pero enterrados todos juntos. Teniendo en cuenta dónde estaban, serían protovascos.

La práctica violenta de un grupo contra otro más salvaje que en mi cabeza resuena es tal vez Auschwitz-Birkenau. De su experiencia, ¿cuál es la que más le ha espantado por su sadismo, por la ingeniería del mal?

La verdad es que, al final, de todas las masacres, unas se parecen mucho a las otras. Cualquier masacre donde hayan matado mujeres, ancianos y niños es escalofriante y lo tenemos a lo largo de un periodo muy largo en muchos sitios distintos. Pero nada se acerca nunca al Holocausto. Estuve hace poco en Polonia y luego de haber excavado fosas… eso es indescriptible. Nunca se acaba de entender el horror, es algo que rompe todos los esquemas. El Holocausto rompió con la historia, marcó un antes y un después.

Cuantitativamente se puede decir que la invasión de los mongoles mató a más gente, pero ir a un psiquiátrico y matar a tiros a 1.800 personas, y matar a niños con inyecciones porque eran discapacitados… es difícil encontrar algo parecido a lo de los nazis. Muchas veces se habla del estalinismo, que fue horroroso claro y causó un sufrimiento inimaginable, pero la violencia estalinista encaja en la violencia masiva que hemos visto en otra época, la de los mongoles. Es más comprensible en perspectiva histórica. Lo de los nazis desafía la capacidad de comprensión.

He leído que para usted la arqueología es un ejercicio de compasión. Dígame por qué.

Cuando uno está excavando una fosa común o restos de un poblado destruido, tocas restos de otra vida, es muy difícil no establecer un vinculo con las personas que desaparecieron hace mucho tiempo y que siguen presentes a través de esos objetos. Conectamos con ellas. Nosotros trabajamos directamente con la historia que se puede tocar y es imposible no sentir esa emoción.

Para terminar, ¿cuál es su próximo libro?

El que me gustaría escribir, que no se si será el próximo, es contar el franquismo desde el punto de vista arqueológico. Hay campos de concentración, bases guerrilleras, chabolas, viviendas sociales… pero daré un respiro a los lectores por ahora [sonríe].

Publicado en: Cultural, Titular1

Cinco puntos a tener en cuenta cuando debatimos con la derecha

27/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Matt Mcmanus

 

              Cinco puntos a tener en cuenta cuando debatimos con la derecha… o cómo ganar una discusión de sobremesa.

 

La derecha política moderna empezó siendo una gran queja frente a las poderosas reivindicaciones igualitarias de la Ilustración. Doscientos años más tarde, continúa con sus berrinches.

Pero extrañamente, a pesar de todo su amor por las tradiciones eternas y las jerarquías naturales, los conservadores suelen quedarse sin palabras cuando llega el momento de definir qué significa ser de derecha. Esto se debe, sobre todo, a la vertiginosa variedad de posiciones, tropos y cuestiones de principios que pueblan esa tendencia política.

Mientras Ronald Reagan popularizaba su afirmación de que «el problema es el gobierno», aprobaba leyes que le concedían poderes extraordinarios al Estado para encarcelar a una cantidad sin precedentes de estadounidenses. Populistas de derecha como Jair Bolsonaro denuncian el derrumbe de la civilización cristiana al tiempo que parecen muy poco interesados en el Jesús que planteaba: «En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron». El filósofo conservador inglés Roger Scruton arremete contra la decadencia de los estándares intelectuales y estéticos mientras ensalza al «plebeyo» que acepta obedientemente el deterioro de su calidad de vida.

Estas ambigüedades, que rozan la contradicción, también contribuyen a las dificultades que tiene la izquierda para entender el conservadurismo. De hecho, cierta parte de la izquierda descartó a la derecha por considerarla casi como una cortina de humo ideológica sobre el poder y los prejuicios. Y a veces pareciera creer que, como escribió J. S. Mill, el conservadurismo no es más que «el partido de los estúpidos».

Por más tentador que sea patologizar a la derecha, podría ser peligroso no prestarle suficiente atención. Desde 2016 los movimientos de derecha y de extrema derecha avanzaron sobre el espacio que solían ocupar los partidos liberales centristas, llegando a ocupar el poder en muchos de los Estados más grandes del mundo —de Brasil a la India, pasando por la Rusia de Vladimir Putin y Aleksandr Duguin— o llevando adelante poderosas incursiones en países como Italia, Francia y España.

En estos tiempos de reacción, una de las tareas clave de la izquierda pasa por comprender mejor a nuestros principales rivales y al fin aprender a refutar sus argumentos. Con ese espíritu presentamos a continuación algunas estrategias para lidiar con la derecha. Básicamente, la idea es brindar algunos recursos útiles para las personas de izquierda que quieran aprender a debatir más efectivamente con los conservadores.

1. Necesitamos discutir con la derecha (y ganar) 

El primer motivo por el que las personas de izquierda tenemos que discutir con la derecha es simplemente porque nuestros argumentos y principios están mejor anclados en la realidad. En teoría, deberíamos ganar.

Consideremos el debate fundacional que enfrentó a Edmund Burke, muchas veces considerado como el padrino intelectual del conservadurismo moderno, con sus rivales Thomas Paine y Mary Wollstonecraft. Burke es frecuentemente aclamado por la derecha por su comprensión racional de las «leyes reales» de la historia, lo que le habría permitido anticipar que la Revolución francesa conduciría a excesos y violencias. Menos conocido es el hecho de que buena parte de lo que Burke consideraba como los fundamentos de una «sociedad buena» —sufragio limitado para las «cochinas masas», respeto por los prejuicios establecidos, asociación estrecha entre Iglesia y Estado y prestaciones públicas mínimas para los pobres— fueron completamente (o casi) rechazados por las sociedades modernas. Mientras tanto, los ideales revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad probaron ser tan poderosos que hasta los regímenes autoritarios simulan encarnarlos.

El conservadurismo de Burke desalentaba todo debate crítico respecto de los méritos de las instituciones humanas considerando que lo que denominamos «tradición» es realmente la suma de todos los logros humanos y que cualquier otra cosa implica un salto al vacío. La feminista Wollstonecraft lo tenía calado: «Debemos admirar la pátina de antigüedad y conformarnos con unas costumbres antinaturales, consolidadas por la ignorancia y por un egoísmo equivocado, como frutos sabios de la experiencia: es más, si descubrimos un error nuestros sentimientos deben llevarnos a perdonar, con amor ciego, o con un cariño filial sin principios, los vestigios venerables del pasado». Lo que un hombre llama tradición y costumbre, una mujer lo define como ideología y opresión.

En otros términos, siempre que la derecha nos llame a no cuestionar la autoridad —porque supuestamente está vinculada con prácticas y costumbres tradicionales «más viejas que el tiempo mismo»— tenemos que arrastrarlos a un debate intelectual.

2. El libreto de la derecha es limitado

La derecha existe desde hace siglos y desarrolló una gran variedad de estilos retóricos y argumentativos, que van desde el irracionalismo de Joseph De Maistre al «machismo lógico» de la dark web intelectual. Sin embargo, existen ciertos tropos recurrentes respecto de los que la izquierda debe estar atenta. Muchos de ellos se analizan en el clásico de Albert Hirschman La retórica reaccionaria: Perversidad, futilidad y riesgo.

Hirschman plantea allí que cada vez que confrontaron con movimientos igualitarios, los intelectuales conservadores tendieron a desplegar tres tropos retóricos. Uno es el «argumento de la perversidad», por el que los reaccionarios plantean que el cambio social traerá perversamente consigo unos efectos opuestos a la transformación benévola que se pretende. Este planteo también se conoce como «ley de los contrarios» o de los «efectos no deseados». En otros casos, la derecha política enfatiza la futilidad de cualquier intento de mejorar el mundo. Hirschman agrega que este «argumento de la futilidad» suele ser la objeción más poderosa ya que encuentra cierta afinidad con los análisis de izquierda respecto de las barreras estructurales para el cambio radical. Por último, los pensadores conservadores utilizarán el «argumento del riesgo», denunciando que la lucha por un cambio social igualitario hace peligrar las conquistas del frágil reformismo social existente.

Lo que tienen en común estos tres argumentos es la intención de presentar al derrotismo y la futilidad como sinónimos de realismo. Pero una actitud «realista» respecto de una versión completamente idealizada de la historia no es en absoluto realista.

Hirschman admite que es insostenible la afirmación de que los conservadores siempre están equivocados. Pero su libro muestra que la mayoría de las veces sus planteos son desmentidos por la misma historia. Por ejemplo, analizadas en retrospectiva, las estridentes declaraciones que sostenían que la democracia de masas conllevaría el colapso total de la civilización, no solo parecen elitistas, sino que hasta suenan un poco cómicas.

Yo añadiría un punto a los de Hirschman: la derecha política también ha demostrado sus dotes para apropiarse y rearticular la retórica de izquierda cuando sirve a sus fines. Por ejemplo, cuando quedó claro que la participación política de las masas era inevitable, pudimos ver a los demagogos de la derecha afirmando diestramente que ellos representan la verdadera voz del pueblo contra las decadentes élites progresistas y liberales. Basta con mirar a los movimientos populistas de derecha contemporáneos.

A veces esto puede ir más allá del plagio retórico. En el siglo diecinueve, el conservador Otto von Bismark proscribió al Partido Socialista al tiempo que adoptaba algunas de sus políticas, como la seguridad social. Su justificación estratégica fue que eran necesarias algunas reformas para evitar los cambios más radicales y que el establecimiento de una mínima red de seguridad garantizaría de forma paternalista el apoyo obrero a la clase dominante de los Junker y al monarca.

Hoy, en Europa del Este, los regímenes autoritarios de derecha adoptan medidas «posliberales» que atraen a muchos votantes de la clase trabajadora, como la garantía de prestaciones sociales y otros incentivos para las numerosas familias de «ciudadanos por nacimiento». La izquierda debe mantener la guardia alta cuando esto sucede ya que si no logramos explicar que el bienestar social también depende de la igualdad política y de la democracia, corremos el riesgo de que la derecha nos supere políticamente.

3. Hay ideas de las que la derecha no puede apropiarse

En relación con la democracia, hay algunas cuestiones particulares para las que la derecha carece de contraargumentos convincentes. Una de ellas es precisamente la necesidad de profundizar la democratización de la sociedad. Sucede que la derecha política de todo el mundo está fundamentalmente comprometida con la defensa de la desigualdad y de la disparidad de poder. La democracia universal amenaza ese poder permitiendo que cada persona tenga al menos algo que decir respecto de la forma en que la sociedad debería ser gobernada.

La democracia es un ideal increíblemente poderoso y popular que la izquierda debe reclamar confiadamente como propio. Tampoco debería titubear a la hora de exigir la expansión de la democracia más allá del Estado, hacia dimensiones como las de los lugares de trabajo, la familia y la política internacional.

Defender la democracia también implica enfatizar la conexión entre igualdad política y bienestar social. Como plantean Meagan Day y Micah Uetricht en Bigger than Bernie: How We Can Win Democratic Socialism for our Time [Más grande que Bernie: cómo podemos conquistar un socialismo democrático para nuestra época], uno de los motivos por el que los movimientos socialistas democráticos vacilaron en la historia reciente tiene que ver con haber puesto demasiado énfasis en el bienestar social sin enfrentar lo suficiente la inequidad de poder político que deriva de las desigualdades económicas. Sin dejar de proponer formas básicas de bienestar económico, la izquierda no debería tener miedo de condenar el poder de las élites y de exigir una renovación del proyecto democrático por medio de una redistribución general del poder.

4. Elegir bien las batallas

Nunca deberíamos temerle al debate con las ideas de la derecha y a proponer alternativas. Sin embargo, eso no significa que lo más sabio sea responder a todos los desafíos con los que nos cruzamos. Esto vale sobre todo en esta época posmoderna hiperrealista, en la que la derecha alternativa se volvió particularmente habilidosa cuando se trata de llevar a la izquierda a confrontaciones virtuales (que les garantizan nuevos seguidores y más presencia en las redes sociales). Esta estrategia funciona porque puede ser muy tentador responder críticamente a nuestros ciberenemigos, sobre todo cuando son deliberadamente vulgares y provocadores. Para ser claros: en esos combates no hay nada que ganar y mucho que perder. Es mucho más efectivo para la izquierda afinar la puntería y atacar los cimientos ideológicos de la cosmovisión derechista.

También es importante para los izquierdistas preguntarse estratégicamente cuáles son los debates de los que vale la pena participar en público. Por ejemplo, la derecha suele atacar al socialismo comparándolo con el totalitarismo soviético. Una opción es refutar la tesis de que la Unión Soviética fue de hecho un Estado fundado en el terror. Aunque la derecha tienda a recurrir a una interpretación unilateral de la historia, una defensa apasionada del comunismo soviético —aun cuando sea precisa— no es el tema más urgente en la vida cotidiana de la gente. Quedaremos mucho mejor parados si argumentamos a favor de los méritos de nuestras posiciones actuales y pasamos a la ofensiva contra las convicciones de la derecha.

5. Es demasiado tarde para preocuparse por la audiencia de la derecha

La idea de que muchas veces amplificamos la voz de los intelectuales de derecha cuando discutimos sus argumentos no es del todo errada. Después de todo, no podemos actuar como si cada uno de los trolls y fanáticos que surgen en las redes sociales ameritara un debate serio.

Sin embargo, tenemos que ser honestos con nosotros mismos: existe una nueva camada de intelectuales de derecha que ya tiene una enorme tribuna y no necesita nuestra ayuda. Intelectuales públicamente de derecha como Ben Shapiro y Jordan Peterson en Estados Unidos, Olavo de Carvalho en Brasil y Aleksandr Duguin en Rusia disfrutan de audiencias masivas a nivel mundial. Y muchas veces cuentan con el respaldo de cantidades monumentales de dinero y de poder. Precisamente porque tienen esa enorme tarima —que a veces supera la audiencia de los medios de comunicación mainstream— tenemos que enfrentarlos y tratar de reducir su influencia.

La izquierda puede ganar estas batallas en términos intelectuales porque nuestras ideas, aunque a veces sean más complejas, resultan mucho más persuasivas cuando las exponemos de manera apropiada. Asumir otra cosa implica adoptar una actitud elitista que, a esta altura, es lo último que necesita la izquierda.

TRADUCCIÓN: VALENTÍN HUARTE

MATT MCMANUS

Profesor de ciencias políticas en Whitman College. Es autor de «The Rise of Post-Modern Conservatism and Myth» y coautor de «Mayhem: A Leftist Critique of Jordan Peterson».

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El socialismo puede hacer realidad los derechos liberales

27/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Matt Mcmanus

En el capitalismo, la igualdad formal garantizada por la ley es una farsa. El socialismo democrático puede garantizar derechos liberales tales como la libertad de expresión al tiempo que rompe los desequilibrios de recursos del capitalismo.

Los izquierdistas no son los mayores admiradores de la ley y los tribunales. Pregúntale a un socialista de Estados Unidos qué piensa de la Corte Suprema, y es probable que obtengas un largo discurso sobre cómo los nueve togados han reforzado el poder del capital y respaldado la opresión.

No debería sorprender, por tanto, que muchos socialistas hayan soñado con un mundo sin sistema jurídico. A pesar de su reputación de estatistas, Marx y Engels escribieron sobre la «extinción» del Estado. Puesto que el Estado y el derecho estatista no eran «más que la forma de organización que los burgueses adoptan necesariamente tanto para fines internos como externos, para la garantía mutua de sus propiedades e intereses», desaparecería con el advenimiento de una sociedad sin clases. «El Estado no es “abolido”», escribió Engels en un momento dado, «se marchita».

Sin embargo, nunca se definió bien cómo se «marchitaría» el Estado ni qué lo sustituiría: Engels planteó la hipótesis de que «el gobierno de las personas [sería] sustituido por la administración de las cosas y la dirección de los procesos de producción». Pero, ¿qué pasaría con los conflictos que, en una sociedad sin clases o no, perdurarían y necesitarían ser resueltos? Algunos marxistas insistían en que en el socialismo surgiría un nuevo tipo de persona, liberada del egoísmo de la sociedad capitalista competitiva. No habría necesidad de la ley. Otros argumentaban que el socialismo produciría tal superabundancia de bienes que las bases materiales de la delincuencia desaparecerían junto con los síntomas.

El socialismo realmente existente nunca funcionó así. Los estudiosos debaten si el autoritarismo soviético se definía por un exceso de ley o por una cleptocracia sin ley. Pero cualquiera que fuera su naturaleza fundamental, el estado soviético no se «marchitó» ni dio paso a una sociedad fraternal en la que todos cazaban por la mañana, pescaban por la tarde y filosofaban después de cenar.

Los socialistas democráticos que llegaron al poder en el siglo XX tendían a ser más pragmáticos, y no ocultaban la necesidad del Estado y de la ley mientras trabajaban para democratizar la economía y redistribuir la riqueza. Aun así, a menudo se esforzaban por justificar un concepto de derecho socialista que fuera más allá de la mera aceptación de su necesidad práctica.

Así que cuando apareció el libro de Christine Sypnowich The Concept of Socialist Law en 1990, justo cuando la Unión Soviética se estaba desmembrando, llenó instantáneamente un vacío. Sypnowich, filósofa política que ahora trabaja en la Universidad de Queens (Canadá), argumentó:

Si la ley sigue siendo un marco para mediar en las diferencias individuales o una fuente de retazos de auténtica justicia (…) entonces los socialistas harían bien en plantearse cómo preservarlas y desarrollarlas en una sociedad poscapitalista. El «socialismo existente» ha demostrado la imposibilidad de que el derecho «se marchite»; los conflictos sobrevivirán a las clases y las disputas seguirán necesitando regulación mucho después de la desaparición de las relaciones de mercado burguesas.

La necesidad del derecho socialista

Si el derecho socialista «sobrevivirá a la desaparición de las relaciones de mercado burguesas», ¿en qué fuentes intelectuales debería basarse? Sypnowich, entonces una joven académica influida por el filósofo socialista liberal C. B. Macpherson, se inspiró en gran medida en la tradición liberal de la jurisprudencia analítica.

La filosofía jurídica analítica del siglo XX se dividía entre los teóricos del derecho «natural» y los «positivistas jurídicos». Los teóricos del derecho natural afirmaban que existe una conexión necesaria entre el derecho y la moral, de modo que cualquier sistema jurídico suficientemente «perverso» deja de ser derecho. Pensemos en el sistema jurídico nazi: para el teórico del derecho natural, el derecho fascista no era más que la imposición bruta del terror sin normas ni coherencia, carente de respeto por principios jurídicos básicos como la igualdad ante la ley o la presunción de inocencia.

Por el contrario, los positivistas jurídicos sostenían que no existe una conexión necesaria entre el derecho y la moral (la tesis de la «separación»). Aunque la ley pueda reflejar las opiniones éticas de los legisladores, el concepto de ley es lo suficientemente neutral como para incorporar una amplia gama de posiciones normativas, incluidas muchas que la mayoría de la gente consideraría repugnantes. Según el positivista jurídico, tanto Islandia como la Sudáfrica del apartheid tenían «sistemas jurídicos», aunque uno sea admirable y el otro deplorable. Los críticos a veces acusan al positivismo jurídico de fomentar la obediencia ciega a la ley, ya que sus partidarios no ven ninguna conexión necesaria entre la ley y la justicia. Pero todos los positivistas jurídicos sofisticados insistieron en que el hecho de que existiera un sistema jurídico determinado no es argumento para obedecerlo, y que algo puede ser a la vez lícito e injusto.

Sypnowich sostiene que los socialistas tienen cosas únicas que decir tanto a los positivistas como a los teóricos del derecho natural. La mayoría de los socialistas simpatizarán con la afirmación positivista de que el derecho puede encarnar muchos sistemas morales diferentes sin reflejar una Moral con M mayúscula. Esto está en consonancia con el historicismo de Marx, que (dicho burdamente) subrayaba que la «superestructura» jurídica y la ideología de una época reflejan la «base» de las relaciones económicas de producción. El derecho en una sociedad esclavista se parece mucho al derecho en una sociedad capitalista.

Aun así, Sypnowich señala que todos los socialistas, salvo los más tenazmente «científicos», admitirían que no comparten el compromiso de los positivistas jurídicos con una descripción neutral de la ley o, para el caso, del contenido moral incorporado en un sistema jurídico determinado. Los socialistas son partidarios de la lucha contra la dominación estatal; dondequiera que el sistema legal imponga la opresión, los socialistas se alzarán como críticos ruidosos.

Sin embargo, no basta con criticar: corresponde a los socialistas concebir y construir un sistema jurídico menos dominador y más igualitario que el que existe en el capitalismo, que dirima los conflictos ajustándose a los principios socialistas de justicia.

Hayek, Marx y los derechos socialistas

Afortunadamente, Sypnowich no nos deja con las manos vacías en estos puntos. En una de las secciones más creativas de The Concept of Socialist Law, combina las dimensiones crítica y constructiva de su proyecto mediante un examen de la teoría jurídica de Friedrich Hayek. Hayek —el defensor liberal del capitalismo más sofisticado del siglo XX— argumentó en su obra magna de 1960 Los fundamentos de la libertad que el Estado de Derecho es una idea «metajurídica» que evolucionó a lo largo del tiempo para garantizar las condiciones de las sociedades liberales libres, organizadas por el respeto a la igualdad de derechos de las personas y, fundamentalmente, a los derechos de propiedad. Hayek pensaba que un Estado que no respetara estos derechos liberales clásicos comprometería invariablemente el Estado de derecho al privilegiar los intereses de grupos selectos sobre los derechos de los demás.

Pero, como escribe Sypnowich, esto es exactamente lo que ocurre en el capitalismo. La igualdad jurídica formal que exaltaba Hayek se convierte rápidamente en injusta y cleptocrática en la práctica. Como han documentado observadores de los tribunales como Adam Cohen, Irwin Chemerinsky y Samuel Moyn, el Tribunal Supremo del pasado y del presente ha dictado repetidamente sentencias a favor de los ricos y poderosos: la decisión Dred Scott de 1857, que defendió la esclavitud; el caso Lochner de 1905, que rechazó la reducción de la jornada laboral; y la reciente decisión Dobbs, que hizo retroceder los derechos reproductivos, son sólo la punta de una historia vergonzosa.

Miremos fuera de los tribunales: la asistencia jurídica a los pobres y a la clase trabajadora está tan desbordada y carece de fondos suficientes que se anima a los inocentes a declararse culpables antes que arriesgarse a perder en un juicio; los litigantes de la clase trabajadora están en gran desventaja cuando demandan a las grandes empresas, y a menudo son obligados a firmar contratos que acceden a un arbitraje forzoso que favorece a los intereses de las grandes fortunas. Como teórica, Sypnowich no ofrece muchas soluciones concretas a este abismo entre la retórica liberal clásica y la práctica. Pero insiste en que un sistema jurídico socialista garantizaría que «las intrusiones en la vida del individuo se ajusten a ciertas normas de procedimiento» y «frenen el uso del poder público con fines privados».

Como sugiere su referencia a la protección de los individuos frente a la intrusión, Sypnowich no quiere desechar toda la tradición jurídica liberal, como tampoco lo haría Marx, según argumenta provocativamente. Como es sabido, Marx no veía con buenos ojos los «derechos humanos», pues consideraba que codificaban las normas ideológicas de la sociedad burguesa y concebían a la humanidad como un conjunto de individuos atomizados que necesitaban protección jurídica unos de otros. Pero Sypnowich se hace eco de estudios recientes al señalar que Marx veía los derechos liberales, con todos sus defectos, como un logro histórico que fomentaba nuevos tipos de libertad no disponibles bajo el feudalismo. Para Marx, esto era cualquier cosa menos abstracto: perseguido por la represión estatal durante toda su vida, conoció de primera mano el valor de la libertad de expresión y de reunión.

Sin embargo, Sypnowich cree que debemos reconocer el argumento marxista de que los derechos «no son derechos naturales, presociales, porque la dignidad humana que pretenden proteger se desarrolla en la sociedad y, por tanto, es susceptible de cambios históricos». En otras palabras, los derechos individuales son inherentemente sociales y se garantizan mejor dentro de una sociedad comprometida con dar prioridad a la dignidad y la autonomía individuales.

Uno de los derechos más importantes de los que habla Sypnowich es el «derecho a la expresión política»: en un sistema socialista democrático, «se tendrían en cuenta todos los puntos de vista» y no solo el de los ricos. Este es un punto especialmente importante hoy en día, cuando la riqueza engendra influencia política mientras que la pobreza equivale a ser silenciado. Repensar los derechos a la expresión política no solo en términos de intereses, sino sobre la base solidaria de tener en cuenta «todos los puntos de vista», ayuda a conectar estos derechos con las nociones de libertad social para todos.

Las reflexiones de Sypnowich sobre los derechos son muy provechosas, sobre todo porque rompen algunos binomios convencionales. Sypnowich demuestra que, puesto que todos los derechos son de hecho sociales, la distinción habitual entre derechos «negativos» y «positivos» —los derechos negativos son los que los individuos hacen valer frente al Estado para conservar su autonomía, mientras que los derechos positivos exigen que el Estado actúe para garantizarlos— es, en el mejor de los casos, borrosa. El derecho liberal a un juicio justo carece en gran medida de sentido si el Estado no construye un sistema jurídico justo y no ofrece asistencia jurídica a los litigantes pobres.

Una vez que reconocemos lo borroso de la distinción entre derechos negativos/positivos, se abre la puerta a que los socialistas argumenten que un fundamento mejor para los derechos humanos es aquel que garantiza las cosas que los seres sociales necesitan para maximizar sus capacidades y su dignidad. Esto lleva a la pregunta adicional de si la persona media lleva una vida más libre y digna cuando el sistema jurídico hace cumplir militantemente un derecho expansivo a la propiedad en lugar de, por ejemplo, al agua potable o a la vivienda. Por no hablar de si puede decirse que un sistema jurídico que permite grandes disparidades de riqueza y poder muestra «igual respeto» por los derechos de todos.

Un sistema jurídico más justo

El libro de Sypnowich no es en absoluto exhaustivo, y hay mucho más que decir sobre cómo sería el derecho socialista en la práctica a nivel nacional e internacional. No obstante, The Concept of Socialist Law merece una segunda mirada como joya oculta de finales del siglo XX, repleta hasta el borde de provocaciones e investigaciones perspicaces.

Sypnowich va más allá de la utopía para reflexionar sobre los principios animadores de un sistema judicial auténticamente igualitario. Conservando lo mejor de la tradición liberal (libertad de expresión, libertades civiles, etc.), un sistema jurídico socialista haría añicos, sin embargo, los desequilibrios de recursos del capitalismo, no permitiendo ya que el ideal de igualdad jurídica se estrelle contra la realidad de la desigualdad jurídica. Del mismo modo, la visión de los derechos de «cada hombre, una isla» daría paso a una comprensión de los derechos como necesariamente sociales. Como dice Sypnowich, «los derechos humanos no pueden reducirse, por tanto, a instrumentos de afirmación de la individualidad frente a la incursión de la vida social, ya que la vida social constituye el terreno para el surgimiento de una persona que puede reclamar el respeto de su autonomía por medio de los derechos».

Los socialistas tienen buenas razones para rechazar un Estado todopoderoso. Pero también podemos reconocer lo que el juez Robert Jackson evocó durante los Juicios de Nuremberg: que detener la mano de la venganza y someter nuestros inevitables conflictos a los juicios de un sistema jurídico justo sería un gran tributo que el poder rendiría a la razón.

TRADUCCIÓN: FLORENCIA OROZ

MATT MCMANUS

Profesor de ciencias políticas en Whitman College. Es autor de «The Rise of Post-Modern Conservatism and Myth» y coautor de «Mayhem: A Leftist Critique of Jordan Peterson».

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Reseña de Coherencia cuántica y vida, de Teresa Versyp (2022). Física cuántica para comprender y orientar la conciencia

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jesús Aller  

El paradigma mecanicista que se impuso en física con la modernidad dejaba poco sitio para menudencias como la conciencia o la libertad, que pasaron a convertirse en entelequias alucinatorias, a modo de productos residuales de la todopoderosa materia.

Afortunadamente, el siglo XX trajo nuevos aires a una disciplina que vive hoy una efervescencia teórica y no se abstiene de reivindicar las visiones más antiguas y luminosas del espíritu humano. Algunos textos clásicos como El tao de la física (1975) de Fritjof Capra, Misticismo y física moderna (1980), de Michael Talbot o La totalidad y el orden implicado (1980), de David Bohm exploran estas conexiones.

Hay que reconocer, sin embargo, que la complejidad del asunto hace que se echen en falta obras de divulgación capaces de aunar claridad y rigor y atentas al mismo tiempo a los avances más recientes. Entre los científicos comprometidos en esta prometeica labor, un nombre a destacar es el de la física Teresa Versyp, autora de: La dimensión cuántica, de la física cuántica a la conciencia, de 2005 y ya en su 4ª edición, y Sobrevolando el territorio del Quantum, de 2012. En Coherencia cuántica y vida, publicado en 2022, completa el panorama descrito en sus trabajos anteriores con un recorrido sobre aspectos esenciales del nuevo paradigma, de la biología cuántica al universo multidimensional.

Implicaciones de la nueva física

La primera parte del libro está dedicada al formidable empeño de sintetizar en unas decenas de páginas los postulados básicos de la mecánica cuántica. Acostumbrados a nuestro bienquisto hogar tridimensional, inquieta descubrir que éste esconde en su interior un entramado en el que la lógica más elemental parece haber sido dejada de lado. Resulta que la materia viene a ser una forma de energía, cuya estructura profunda lleva asociada indeterminación e incertidumbre. Además, el observador es esencial en la evolución de los procesos, y en el fondo de todo nos aguarda el misterio del entrelazamiento cuántico, una “comunicación instantánea” entre eventos muy alejados que puede afectar a nubes de miles de átomos, o la no-localidad, que hace posible el teletransporte cuántico.

Se explora después la coherencia cuántica, que recientemente se ha demostrado que existe también en sistemas biológicos. Ésta consiste en un acoplamiento entre las vibraciones de un conjunto de moléculas que comparten la misma función de onda, lo cual puede darse en ámbitos variados, aunque por tiempos muy breves. Se presentan algunos casos. En la fotosíntesis, por ejemplo, las moléculas antena de la clorofila capturan fotones que desprenden electrones, pero sólo se alcanza la alta eficiencia observada en el transporte de la alteración si se considera que ésta viaja hasta el centro de almacenamiento de la energía por un mecanismo cuántico. En el reino animal diversas especies son capaces de captar la orientación del campo magnético terrestre, para lo cual se ha sugerido el papel de una proteína presente en la retina y sensible a este campo. En esto pueden intervenir procesos cuánticos, al igual que en el funcionamiento de los receptores olfativos, en la respiración e incluso en las mutaciones del ADN o en extraños efectos descritos para el ADN no codificante.

El modelo de organismo vivo que emerge de la nueva perspectiva es revolucionariamente novedoso. Un repaso da la biofísica cuántica del agua muestra que este compuesto, omnipresente dentro y fuera de nuestro cuerpo, forma estructuras estables por las interacciones debidas al carácter dipolar de su molécula. Estos “dominios de coherencia” vibran al unísono y son capaces de almacenar información correspondiente a las interacciones con biomoléculas próximas. Se discute el posible rol del agua en la captación de energías cósmicas, y algunas propiedades que se le han atribuido, aún mal entendidas. Se expone también la emisión espontánea de fotones en el rango ultravioleta por parte de los seres vivos, y los estudios y teorías al respecto, que en ocasiones parecen sugerir la existencia a través de esta energía de un sistema de comunicación entre las células.

El problema de la conciencia se ha comenzado a clarificar en tiempos recientes. A partir de los trabajos de John C. Eccles en la década de 1960 y los posteriores de Roger Penrose y Stuart Hameroff, sabemos que en las neuronas operan procesos cuánticos. Para estos últimos autores, la mente realiza la elección indeterminista que genera el subsiguiente estado neuronal por un autocolapso de la función de onda cuyos rasgos esenciales se describen en el libro. Se repasa también la teoría de Karl Pribram según la cual el cerebro utilizaría un sistema de interferencia de ondas para almacenar nuestros recuerdos como un holograma, así como las experiencias que muestran un carácter no-local en la conciencia, con posibles interacciones instantáneas entre cerebros separados miles de kilómetros. Resultan sorprendentes también los efectos que se han comprobado de personas en meditación sobre su propio organismo y su entorno.

Una realidad revolucionaria

Los últimos capítulos están dedicados a presentar un esbozo de la teoría de las Supercuerdas y la teoría M, que persiguen la unificación de las cuatro interacciones existentes, así como de la Relatividad de Einstein. Se describen luego los problemas que plantean la “materia oscura” y la “energía oscura”, y el significado de los agujeros negros y los agujeros de gusano, atajos que conectan con otros universos o regiones distantes del nuestro. Esta base sirve a Versyp para discutir la perspectiva emergente de un revolucionario universo multidimensional, fruto de la ciencia más sofisticada, pero que en su opinión corrobora visiones antiguas del ser humano y su relación con el cosmos, registradas en la mitología y el arte.

Ahondando en esto, el libro concluye con una reflexión personal en la que se exprimen los aspectos tratados para elaborar propuestas capaces de orientar nuestra vida. De esta forma, si hemos atisbado una extraña conexión en la raíz de todo de lo existente, el eje motriz que puede guiarnos no ha de ser otro que una profunda empatía. En una línea acorde con la esencia de la meditación, se propone así que la atención al propio cuerpo y a los ritmos de la naturaleza y el cultivo del desapego han de propiciar la solidaridad que alumbre una nueva visión. Se insiste además en la apertura hacia otras culturas y tradiciones, capaces de enriquecernos más de lo que pensamos.

La física avanza de forma extraordinaria y muchos de sus desarrollos tienen un gran potencial para vislumbrar el significado de procesos tan cruciales como la vida y la conciencia. Es por ello, que trabajos de divulgación claros y rigurosos, como los de Teresa Versyp, resultan imprescindibles. Superar el paradigma mecanicista impreso en nuestras mentes por siglos de ciencia desnortada ha de servir para reelaborar profundamente las nociones sobre el lugar que ocupamos en el cosmos, lo cual a fin de cuentas es la base de todo nuestro actuar.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/. En él puede descargarse ya su último poemario: Los libros muertos.

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Dos formas de ser fascista

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jorge Majfud 

La historia prueba que si el fascismo europeo siempre sufrió de un fuerte complejo de superioridad, el fascismo del Sur global siempre sufrió de un fuerte complejo de inferioridad. Los fascistas europeos y estadounidenses fueron nacionalistas y conservadores, mientras los de África y América latina, desde Porfirio Días, Trujillo, Somoza, Ubico, Pinochet, Videla, Castelo Branco, Mobutu Sese Seko, Blaise Compaoré y varias decenas más fueron liberales (sólo en la economía) y entreguistas.

Siempre llegaron al poder no por una revolución sino por «la mano invisible del mercado», es decir, de la mano visible e invisible de los imperios de turno.

Todos los fascismos, sin embargo, los del Norte y los del Sur, tenían y tienen algo en común: esa docilidad y obediencia incondicional con los de arriba y ese odio sádico e irrecuperable por los de abajo. El fascismo no es una ideología; es un estado mental.

Como los esclavistas negreros del pasado, todos le cantaron a la libertad en los cuarteles, en las iglesias, en los penthouses de las corporaciones y los bancos privados. Todos le cantaron a la libertad de los de arriba, la libertad del selecto club de «la gente de bien» que se abraza a símbolos patrios y canta el himno nacional con la mano en el corazón. Esa misma gente que ama a sus países con pasión y odia a la gente que vive en él –con pasión aún.

Porque el fascismo no es una ideología; es un estado mental y, a veces, se cura con más educación, más cultura y una buena alimentación.

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Separarse del imperio, descolonizar nuestra mente

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ramón Pedregal Casanova 

El doble rasero, la hipocresía y perversidad de quienes pretenden someter al mundo por la fuerza, ha llegado a tal punto que ahora hasta pretenden que su codicia y criminalidad sea vista por el mundo como evidencia de su supuesta magnanimidad y espíritu compasivo. Es así que cometen las más grandes agresiones que resultan en la muerte de centenares, miles o millones de inocentes.

Del libro titulado La Reinvención de la ONU. Propuesta. Prólogo de Ramsey Clark. Autor: Miguel d´Escoto Brockmann. Algunas de sus responsabilidades políticas: Fue Asesor principal en política exterior del Presidente Daniel Ortega Saavedra; Ministro de Asuntos Exteriores de Nicaragua; Presidente de la Asamblea general de Naciones Unidas, y dirigió la denuncia contra EEUU ante la Corte Internacional de Justicia por la agresión a Nicaragua y el bloqueo con minas de los puertos nicaragüenses, consiguiendo que el imperio fuese condenado a pagar una multa millonaria que aún no ha cumplido.

Para el imperialismo es más importante dominar culturalmente que militarmente. La dominación cultural es más flexible , la más eficaz, la menos costosa. Nuestra tarea consiste en descolonizar nuestra mente.

Palabras del revolucionario Thomas Sankara, asesinado por los imperialistas franceses y sus contrarrevolucionarios el 15 de octubre de 1987.

Los días 6 y 9 de agosto de 1945 la capitanía general del ejército imperialista ponía dos cruces más en las casillas de los crímenes de genocidio que habían cometido. La ciudadanía de Hirosima y Nagasaki fue la elegida por el aparato militar del imperio para hacerla desaparecer. Nadie puede negar que los nazis cometieron la barbarie más espantosa en sus campos de exterminio, … pero la población japonesa tiene la prueba de lo que son capaces los militares yanquis, mientras dicen que llevan la “democracia”. Cientos de miles de personas fueron asesinadas en un instante. Han transcurrido casi 80 años de sufrimiento radiactivo y, en el último acto de recuerdo del acto genocida los autores, con la colaboración del gobierno japones, han ignorado su acción y han hablado de Rusia como el peligro causante de las desgracias. ¿Se puede mentir más a la Humanidad entera? Ahí se encierra la historia de la clase dirigente de EEUU, con su gran fábrica de mentiras oculta los exterminios que ha realizado en el territorio que hoy hace suyo, esa terrible historia de aniquilación de los pueblos indígenas, a la que siguieron más de 200 años de guerras dedicados a la invasión hasta llegar al día de hoy, momento en que continúa su guerra de conquista.

Los regímenes que se autotitulan “democráticos” y dicen de si mismos que son la voz de la “opinión pública mundial” apenas alcanzan a tener en sus patios particulares al 20% de la población, y los propietarios del sistema sus capitanes generales no llegan al 1%. Ese exiguo 1% es el financiador de semejante parodia trágica, y en su encubrimiento trabajan los voceros de los medios generales de difusión para que su terror sea normalizado en las mentes y suspenda cualquier duda y deseo de rebelión al respecto. Su trabajo está en que 80% asimile la “verdad” inventada, asuma la doblez política servil, y un estado personal egoísta y huidizo del compromiso social. Es obligación denunciar que los días 6 y 9 de agosto de 1945 el imperialismo yanqui abrió paso al genocidio nuclear, y su historia anterior y posterior se basa en los principios por los que tiró las bombas.

Ahora bien, desde la guerra que encendieron contra Rusia, -empezando por Lugansk y Dombask, una guerra que encargaron a los nazis ucranianos EEUU, la UE, más Inglaterra y Canadá y para ello les contribuyen con miles de millones y armas hasta las prohibidas por la ONU-, su falsedad se ha multiplicado, quizás porque la base de la guerra para el imperio es la ocultación, las medias verdades o, simplemente, el engaño del enemigo y la negación del otro, el insulto al otro, la degradación humana del otro junto con la más férrea censura, tanto informativa, como cultural, social y política, … en busca de colonizar las mentes, como denunciaba Thomas Sankara, y proteger sus intereses.

¿Dónde quedan el entendimiento, la hermandad de clase, la igualdad de derechos y el respeto y la solidaridad, los intereses de los pueblos? Nuestra defensa requiere evitar creernos lo que nos dan con el sello de “opinión pública mundial”, o con la arrogancia propia del racista, como lo prueba la declaración de ese al que se se llama en la calle “el jardinero”, Borrell: “Europa es un jardín y el resto del mundo es una selva”. Expresión racista y clasista que todos los gobernantes “democráticos” refrendan con sus comportamientos. Tampoco ninguno de sus correligionarios imperialistas ha discrepado de la siguiente trato para idiotas del “jardinero” de la UE queriendo engañar, ¿a quién?, sobre la ayuda rusa a África: Al aceptar grano ruso gratis renunciaras a tu independencia. Están intentando revivir la esclavitud en una tierra libre y ponerte de rodillas. Tendrás que elegir entre el hambre y la dignidad humana.

Borrell, el desastrado mental, no tiene límites a la hora de mentir, despreciar al prójimo, o declarar la guerra. Si no fuese porque conocemos al racista, al nazi representante de la UE para el mundo, cualquiera diría que parecen palabras paternalistas de un esclavista. De esto podemos deducir que los imperialistas viven en ese mundo despreciado por los pueblos en general, y en el caso que nos ocupa por los pueblos de África, -Mali, Burkina Faso, Niger-, que se han alzado contra el monstruo que los esclaviza.

Dejo aquí algunos datos que hablan por si solos, y que la banda de los Borrelles no quieren que se conozcan para seguir colonizando nuestras mentes:

Francia roba a 14 países africanos -Benín, Burkina Faso,Costa de Marfil, Guinea, Mali, Níger, Senegal, Togo, Camerún, República Centro Africana, Chad, Congo, Guinea Ecuatorial y Gabón- 500.000.000.000 (quinientos mil millones) de francos, lo que es el 85% de todos sus ingresos, por lo que se ven obligados a pedir prestamos al imperio francés, generando así una deuda que no tiene fin. Otro dato: Todos los intentos de liberación popular han sido cortados en sus colonias, el imperio francés los ha aplastado con golpes de Estado, por lo que en los últimos 50 años ha dado ya 67 golpes de Estado terriblemente sangrientos.

A los de abajo nos queda la obligación de buscar la verdad en fuentes que pongan a la luz la raíz, las trayectorias y los intereses históricos de las partes, para saber en qué lado se recoge el interés por la Humanidad. No olviden las palabras de Miguel D´Escoto, son la mejor arma para luchar contra la colonización mental del imperialismo: El doble rasero, la hipocresía y perversidad de quienes pretenden someter al mundo por la fuerza, ha llegado a tal punto que ahora hasta pretenden que su codicia y criminalidad sea vista por el mundo como evidencia de su supuesta magnanimidad y espíritu compasivo. Es así que cometen las más grandes agresiones que resultan en la muerte de centenares, miles o millones de inocentes.

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y Resistencia; Dietario de Crisis; Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de AMANE. Miembro de la Asociación Europea de Apoyo a los Detenidos Palestinos. Miembro del Frente Antiimperialista Internacionalista e integrante de la Red de Artistas, Intelectuales y Comunicadores Solidarios con Nicaragua y el FSLN

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La lucha de clases global en cinco novelas

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Mark Steven  

 

Desde que la guerra de clases apareció por primera vez en el pensamiento radical las últimas décadas del siglo XVIII, no ha parado de evolucionar a través del intercambio de ideas entre la actividad política y la narrativa literaria, reformulando la acción revolucionaria a través del lenguaje militar. Mi último libro, Class War: A Literary History, explora esta fusión de política y literatura desde la revolución haitiana hasta los Panteras Negras. Pero, ¿qué se puede decir de la lucha de clases y su influencia en la literatura sobre la revolución en el presente actual?

La nuestra es una época en la que la historia de la guerra de clases se transmite a través de la literatura, emergiendo del pasado revolucionario en un momento definido por la muerte del progreso liberal y la proliferación de nuevas crisis y nuevos antagonismos. Este sentido de herencia revolucionaria pertenece a muchas obras contemporáneas, pero se ejemplifica con una agudeza poderosa, aunque caricaturesca, en la inmensa epopeya transhistórica de Thomas Pynchon, Against the Day [Contraluz, en su versión española, Tusquets ed.], que utiliza viajeros que se desplazan desde el futuro (nuestro presente, el de la publicación del libro en 2006) para comparar las luchas actuales con las de principios de siglo en Estados Unidos, que culminaron en la Guerra del Carbón de Colorado, cuando trabajadores fronterizos armados con dinamita se enfrentaron a los Barones del Robo y sus matones de [la Agencia Nacional de Detectives] Pinkerton.

Pero hay algo especialmente distintivo en la literatura contemporánea sobre la guerra de clases y en cómo aborda viejos conflictos en toda su singularidad nacional, regional y cultural. Más que en épocas anteriores, en las que el aumento de la militancia fue acompañado de una eflorescencia literaria –desde Inglaterra a principios del siglo XIX, pasando por Francia durante la Comuna de París, hasta Rusia en la década de 1920 o China en la de 1930–, las novelas actuales sobre la guerra de clases interpretan sus conflictos específicos como parte de una lucha que tiene una base territorial, pero que también se expande internacionalmente.

Los héroes de la novela de Pynchon son conscientes de la expansión del conflicto, la lucha y la organización no sólo más allá de determinado estrato de la sociedad, sino también más allá del Estado-nación. Y así, abandonan un lugar de lucha urbana en dirigible, sabiendo que su lucha no es sólo suya: «Estos viajeros en globo eligieron seguir volando –leemos– libres ahora de las ilusiones políticas que reinaban más que nunca en tierra, solemnemente comprometidos unos con otros, procediendo como si estuvieran bajo un estado de sitio mundial e interminable».

Con una perspectiva igualmente amplia, las siguientes novelas reivindican una solidaridad mundial que trasciende todas las divisiones geopolíticas, y que también entiende la clase como una poderosa fuerza latente junto a las variables de edad, género, geografía, raza y religión. Al mismo tiempo, estas novelas mantienen, en su esencia, la visión de un combate liberador contra los explotadores y los expropiadores.

China Miéville: El consejo de hierro

Este es el último libro de la trilogía Bas-Lag de China Miéville, tres extensas novelas de fantasía oscura ambientadas en lo que el autor describe como «un mundo capitalista de principios de la industria, bastante mugriento y policial». Cuando llegué al tercer libro ya me había enganchado con la ciudad impía que constituye el núcleo de la trilogía, con su geografía arcana y sus monstruosidades de pesadilla, porque el lenguaje de Miéville hace mucho por convertir todo el conjunto en una existencia febril, con un vocabulario que parece tan desmesurado y mutante como la ciudad que describe. Pero este final también es especialmente cautivador en su dramatización de la militancia tal y como la representan y experimentan los personajes individuales y los colectivos en los que se convierten. A través de una geografía fantástica, un variado abanico de antihéroes reforzados por la magia se alzan juntos contra la expansión industrial, el derramamiento de sangre imperial y un sentido de la nación cada vez más fascista. No se me ocurre una narración mejor, más gloriosa y más imaginativa sobre el significado de las obligaciones de la solidaridad de clase en tiempos de conflicto. El lector se sentirá entusiasmado durante el gran motín ferroviario, que recrea la huelga de ferrocarriles de 1877, y tal vez sienta verdadera angustia cuando ese mundo de revuelta se congele repentinamente en el tiempo.

Rachel Kushner: Los lanzallamas

Rachel Kushner sitúa en contexto la beligerancia de los trabajadores italianos durante los infames Años de Plomo. Con una narrativa intergeneracional que se mueve a la velocidad de una motocicleta turboalimentada atravesando salinas, Los lanzallamas abarca desde los primeros años del fascismo europeo, pasando por la extracción de recursos en las selvas de Brasil, hasta el mundo del arte del Nueva York de los setenta y, por último, las calles de Roma en tiempos de revuelta. Su protagonista –una joven de Nevada– se convierte en un prisma a

través del cual se refracta el sistema-mundo moderno en un momento de convulsión transformadora, así como en una perspectiva de género desde la que se vuelve a poner de relieve la opresión de la mujer trabajadora tanto en la fábrica como en el hogar. Y en ese momento electrizante en que la protesta estalla en disturbios, en que el movimiento se convierte en insurrección, la novela de Kushner destaca las acciones de las mujeres oprimidas, convertidas en agentes de la revolución: «Ahora eran las mujeres las que lanzaban las bombas incendiarias. Tiendas de ropa. Unos grandes almacenes. Una tienda de lencería. Subieron por el Corso».

C.A. Davids: Howtobe a Revolucionary

Cómo ser un revolucionario de C. A. Davids toma el título de su libro de una lista de habilidades útiles que su protagonista, Beth, desea aprender de su amiga radical, Kay, una carismática organizadora que podría enseñarle «cómo besar a un chico» tan fácilmente como a “aplicar las lecciones aprendidas de la China comunista a Sudáfrica». Centrada en estas dinámicas interpersonales, ésta es una novela elegíaca sobre los retos de sostener el compromiso político contra las mareas del desencanto: «Después de su partida, nada podía considerarse normal, si es que alguna vez lo había sido. La tristeza no me daba tregua: esperaba bajo mis párpados, vigilaba cuando iba a la escuela, cuando hablaba, respiraba en mi nombre». Esta novela, que transcurre en Shanghái durante el Gran Salto Adelante, en Ciudad del Cabo en la época del Apartheid y en el Harlem de [el escritor] Langston Hughes, explora las conexiones internacionales e intergeneracionales entre viejos revolucionarios de tres continentes, que anhelan un mundo mejor que éste, pero a quienes persigue la derrota. Impregnada de melancolía izquierdista, es una narración que encuentra su camino a través del compromiso inquebrantable con un internacionalismo que exige actos de solidaridad práctica con camaradas conocidos y desconocidos, con los que nos han precedido y con los que vendrán después.

R.F. Kuang, Babel

Enseño literatura en una universidad del suroeste de Inglaterra. El continuo choque cultural que supone hacer esto siendo una inmigrante de clase trabajadora ha alimentado en mí una fascinación crítica por la subcultura estudiantil conocida como dark academia (academia oscura), que parece girar en torno a la lectura de libros viejos, el uso de chaquetas de punto y la inclinación hacia la melancolía otoñal (y que, según la aguda evaluación característica de Amelia Horgan, «es una respuesta a la mercantilización, en particular a las tensiones temporales de la universidad neoliberal»). La tremenda historia alternativa de R. F. Kuang, Babel, se comercializa como una obra de la academia oscura, o al menos esa es la impresión que dan el diseño de su portada y su publicidad, pero es mucho más que eso. Es una crítica enérgica y decolonial de las instituciones de educación superior, de los logros literarios y de todas sus complicidades en la reproducción de la jerarquía de clases y el poder imperial. Al mismo tiempo, combina esa crítica con las acciones históricas de quienes lucharon contra ese sistema, desde los luditas y los cartistas hasta los desposeídos y esclavizados de las periferias del imperio, en China y el Caribe. A medida que la novela progresa hacia su todopoderosa e insurreccional conclusión, el subtítulo del libro se vuelve crucial para saber de qué va todo realmente: «O la necesidad de la violencia: Una historia arcana de la revolución de los traductores de Oxford».

Kim Stanley Robinson, El ministerio del futuro

Si la crisis medioambiental supone una flagrante violencia perpetrada contra los pobres del mundo, un holocausto neoliberal de los desposeídos, la ficción literaria acierta al interpretar el cambio climático como una guerra de clases. En El Ministerio del Futuro, el legendario escritor de ciencia ficción Kim Stanley Robinson utiliza un sentido casi melvilliano de la capacidad para explorar nuestro potencial colectivo de acabar con la acumulación capitalista para salvar la biosfera. La narrativa se refiere a la diversidad de tácticas, desde la reforma legislativa hasta el sabotaje y el asesinato, como «La guerra por la Tierra», y esa guerra se presenta como rotunda y necesariamente internacional, tejiendo orgánicamente cientos de acciones locales en un tapiz global sobre el que el capitalismo dejaría de ser viable. También es una guerra librada por y en nombre de la clase marginada mundial. El primer capítulo, a la vez devastador y catalizador, es una espantosa descripción de una ola de calor masiva que azota la India y mata a millones de personas. Lo que sigue es una proliferación de acciones tanto independientes como interrelacionadas, con objetivos locales pero también de amplio alcance y a menudo simbólicas, cada una orientada hacia la demolición de las relaciones sociales capitalistas con el fin de garantizar un futuro habitable para todos. Cuando se le preguntó si esta novela es «literatura de combate», término con el que Frantz Fanon designa la escritura compuesta bajo la fuerza de la insurgencia decolonial, Robinson sugirió por qué dicha literatura puede ser necesaria, pero también por qué no basta por sí sola. «Va a ser caótico y confuso», afirmó, «y va a durar mientras haya alguien vivo. Tenemos que acostumbrarnos a ello y luchar con eficacia. La literatura de combate puede contribuir a darnos ideas o advertirnos de las repercusiones, pero son las acciones en el mundo real las que cobrarán importancia: leyes, normas, comportamientos.»

Mark Steven es profesor titular de literatura de los siglos XX y XXI en la Universidad de Exeter (Reino Unido). Es autor de Red Modernism: American Poetry and the Spirit of Communism (2017) y Splatter Capital (2017). Su libro más reciente es: ClassWar: a LiteraryHistory.

Libros reseñados:

El consejo de hierro, China Miéville, Ediciones B, 2018

Los lanzallamas, Rachel Kushner, Galaxia Gutemberg, 2014.

Howtobe a Revolucionary, C.A. Davids, Verso, 2022 (no existe edición en castellano)

Babel, R.F. Kuang, Hidra, 2022.

El ministerio del futuro, Km Stanley Robinson, Minotauro, 2021.

 

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

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Hermann Hesse: Siddharta versus alienación laboral vejatoria

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

 Por: Polifermo

 

Cuando el Padre de Todos malvivía sus últimos años, antes de estirar la pata, muchos adolescentes le ignorábamos (aunque nuestros padres le venerasen) ya que en aquella época arrasaba la rebelión contra todo tipo de autoridad, y la mayoría buscaba, por encima de todo, tres cosas: el amor, la amistad y la sabiduría.

¿Podría haber algo más sublime, más hermoso y transformador, desde lo Profundo, que el amor, la amistad y la sabiduría?

Creíamos, ingenuamente, que «esas tres verdades» —que chocaban frontalmente contra el capitalismo, ya sea de izquierdas o derechas, la alineación, los adoctrinamientos, las religiones — eran la base para construir un mundo más habitable en el que los abrazos, besos y el sexo, desintegrarían las bombas atómicas, las fronteras, la competitividad vejatoria, etc., y dejarían KO al materialismo que incrusta de por vida  a gran parte de la humanidad «Bajo las ruedas».

Durante años mis compañeros de viaje buscaron más allá de nuestras fronteras nuevas formas de vida, pues los cambios propuestos por los Hunos y los Otros, lo que incluía, al principio, «la creación de una República Socialista» o un sistema capitalista bajo el ala del águila USA, olían, tras quitar el polvo, al eterno retorno del adagio, tan usado por Hannah Arendt, de «la noria, el burro, el palo y la zanahoria».

Otra parte de «mi generación», cuyos padres eran franquistas o falangistas, en casa maldecía «al enano ensangrentado», pero a la hora de ir a estudiar a la universidad no le hacían asco a «las remesas» enviadas por sus progenitores fascistas, ya que su dinero era bueno para celebrar fiestas con los camaradas, comprar libros prohibidos, o pasarse los veranos al sol leyendo a Karl Marx y a su amigo Engels, entre otros.

En las largas vacaciones veraniegas, los jóvenes rojos, tras tostarse al sol en la playa o la piscina, regresaban hambrientos al hogar donde les esperaba una sabrosa paella de mariscos, maridada con un buen tinto, así como los postres caseros que la adoradora del caudillo había hecho con todo el amor del mundo. En aquellos comedores lo mismo había una cruz en la pared que un retrato o foto del generalísimo. Tras el «lunch» era obligada una siesta hasta la noche y, al salir la luna, más charlas con «el demonio bermellón».

Muy pocos de aquel colectivo se negaron a recibir dinero del facha de la «domus» y, tras dar el portazo, buscarse la vida. Es decir, alternar «el trabajo con el estudio» a fin de terminar la carrera (…) con esfuerzo y sudor propios, esos que elevan la dignidad y consolidan la credibilidad de las convicciones ideológicas.

Solo los comunistas de vieja solera mantuvieron una firme oposición al régimen castrense, por lo que pagaron un alto coste. Los otros, los reconvertidos de la paella de mariscos, acabaron levantando la rosa o cantando el «no nos moverán» en campus universitarios donde ya apenas aparecía la policía.

En la otra orilla, los que creían en el poder de la transformación del amor, la amistad y la sabiduría, viajaban a Oriente o leían libros sobre sabios que apostaban por el crecimiento personal y la liberación física y espiritual. El «establishment» (diestro y zurdo) los empezó a llamar despectivamente hippies (por estar contra todo lo que significase adoctrinamiento) y se hizo lo imposible por enterrarlos vivos.

Muchas escuelas indias te invitaban al viaje interior y a alejarte de «la sociedad podrida que se construía en todo el mundo» a base de explotación, corrupción, esclavización  con trabajos vejatorios, y la subsiguiente destrucción planetaria. Sólo una minoría de los humanos, «los más listos», habían acaparado los mejores trabajos (y los lujos que ello conlleva). Los gobiernos prometían, como algo bueno, «el pleno empleo en las galeras».

Siddhartha huía de ese modelo de sociedad, que muchos critican al tiempo que alimentan, e invitaba a todos los seres humanos a pensar por sí mismos, a escuchar a su dios interior, a romper las cadenas de los adoctrinamientos, a volar en libertad, lejos de las sanguijuelas que te chupan la sangre en las canteras de un sistema inhumano, donde han puesto cara de santo al capataz.

Volvamos al principio. A la ventresca del bonito.

En un pasaje de la obra de H.H. Siddharta le dice a Buda:

Has logrado la liberación a través de las búsquedas que llevaste a cabo en tu propio camino. Sin seguir ninguna doctrina. No dudo que es posible la Iluminación siguiendo los dictados (del Ser Profundo).

Mientras tanto ya han llegado al parlamento los Siete Magníficos de JxCat a recoger sus actas de diputados. Sólo queda, haciendo cábalas, el octavo, Yul Brynner, quien, despojándose la peluca por la canícula, aún duda qué urraca enviará a Myerit. La Historia está en el aire. Ojalá no se haga papilla, y volvamos a la caverna, con una nueva y larga ola de calor que nos deje a todos quemados, a la espera que lluevan cubitos de hielo.

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Testimonio personal. Ernest Mandel (1923-1995) activista internacionalista y revolucionario en pensamiento y acción

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Eric Toussaint

Ernest Mandel fue un activista internacionalista y revolucionario que supo conjugar pensamiento y acción a lo largo de su vida.

A nivel intelectual, su extensa producción teórica, sus numerosos análisis de la situación económica y política, así como sus numerosos artículos influyeron en una importante generación de activistas, estudiantes, investigadores, líderes de organizaciones sindicales, sociales y políticas mucho más allá de la Cuarta Internacional en cuya dirección participaba. Mandel fue un constructor de organizaciones. Dedicó tanta energía a la construcción de la Cuarta Internacional y sus secciones nacionales como a la producción teórico-política. En cuanto a la segunda mitad del siglo XX, Mandel es uno de la veintena de intelectuales marxistas de talla internacional y entre ellos es uno de los pocos capaz de combinar permanentemente la acción y la elaboración intelectual creativa e innovadora, de caminar fuera de senderos trillados. Lo que sigue está escrito como testimonio.

Entre 1971, cuando fui elegido para la dirección de la sección belga de la Cuarta Internacional y hasta su muerte en 1995, estuve en contacto con Ernest Mandel. Los contactos se intensificaron a partir de 1980 cuando fui invitado a participar en la dirección de la Cuarta Internacional, llamada Secretariado Unificado (SU) que se reunía varias veces al año entre 3 y 4 días y el Comité Ejecutivo Internacional (CEI) que se reunía anualmente entre 5 y 6 días. La colaboración se intensificó a partir de 1988 cuando me convertí en miembro del Buró[1], un organismo permanente más pequeño que preparaba las reuniones del Secretariado Unificado y que se reunía al menos dos veces al mes en París. Seguí de cerca los contactos con movimientos sociales y revolucionarios en América Central, particularmente en Nicaragua y El Salvador, y más ampliamente en la región que va desde México hasta Colombia. En los últimos años de la vida de Ernest Mandel, nuestras relaciones se hicieron cada vez más regulares y estrechas, particularmente durante el período de la caída del Muro de Berlín en 1989, el fin de la Unión Soviética en 1991, la celebración del XIII Congreso Mundial de la Cuarta Internacional a principios de 1991 y la preparación y realización del XIV Congreso Mundial en 1995, que se reunió un mes antes de la muerte de Ernest Mandel. Mientras tanto, habíamos realizado juntos una misión en Nicaragua en 1992.

Conocí a Ernest Mandel (1923-1995) en 1970 cuando tenía 16 años. De hecho, fue un poco antes de los 16 años cuando decidí unirme a la Cuarta Internacional (CI), tras la intervención de los trotskistas belgas (la Joven Guardia Socialista y el Partido de los Trabajadores Valones) en una huelga de mineros del carbón en Bélgica, primero en la provincia de Limburg, que está en la parte flamenca del país, luego en la región de Lieja, que está en la parte francófona. Antes de ser miembro de la CI participé activamente en las luchas de la escuela secundaria, en la solidaridad con las huelgas de los trabajadores, en el movimiento contra la guerra de Vietnam, en solidaridad con la lucha de los afrodescendientes por los derechos civiles en los Estados Unidos, en apoyo a la revolución en Cuba,… Ernest Mandel fue uno de los líderes de la sección belga de la CI, también fue uno de los líderes de la CI como tal. Esto no lo sabía cuando decidí unirme a la CI. Creía que, dado lo que habían hecho las y los militantes de la CI en 1968, era en París donde debía ubicarse su dirección. Fue bastante intuitivo. Decidí, con un amigo de la misma edad que yo, hacer autostop a París en junio de 1970 para encontrarme con la CI. La primera noche dormimos bajo las estrellas bajo el Pont Neuf a orillas del Sena. Luego fuimos a conocer a la Liga Comunista. El mismo día, fuimos a París a tocar el timbre de la dirección de la CI, en el n.º 95 de la rue Faubourg Saint Martin. Quien nos abrió la puerta fue Pierre Frank, que había sido secretario de León Trotsky, especialmente durante su exilio en la isla de Prinkipo en Turquía en 1930, quenos recibió con gran entusiasmo. El diálogo con él fue fascinante. Sin duda, el hecho de que dos jóvenes adolescentes se presentaran para unirse a la CI le agradó mucho. No sabíamos que Ernest Mandel era uno de los líderes clave y que estaba en Bruselas y que, por lo tanto, si queríamos reunirnos con la CI, podíamos ir a llamar a su puerta.

Muy pronto nos dimos cuenta de que Ernest Mandel jugaba un papel importante, aunque no fuera, y eso es muy positivo, presentado como «el» líder de la CI. Posteriormente, pude ver por mí mismo que la dirección del CI funcionaba colectivamente. Ernest Mandel nunca afirmó ser su líder a diferencia de otras organizaciones. Nunca lo vi tomar medidas para afirmar algún tipo de liderazgo personal. No buscó beneficiarse de ningún privilegio, de ninguna prioridad a la hora de tomar la palabra. Su influencia fue el resultado de su acción y su contribución al análisis. Por supuesto, es por estar presente con él en más de cien reuniones entre 1970 y 1995 que lo afirmo sin dudar.

Vi a Ernest Mandel por primera vez en noviembre de 1970. Fue uno de los oradores en una importante conferencia por una Europa Roja. Dicha conferencia fue convocada por las organizaciones de la CI y se decía en aquel momento “vinculada al Secretariado Unificado de la CI” porque había varias ramas de la CI o varias organizaciones internacionales reclamando continuidad respecto a la IV Internacional fundada en 1938 con la participación de León Trotsky (ver Daniel Bensaid, Trotskismos, Madrid, 126 páginas, https://www.sylone.org/trotskismos-c2x18173129 ). La CI a la que me uní y de la que Ernest Mandel era un dirigente,  era vista como el “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional”, es decir, era el resultado de la reunificación que tuvo lugar en 1963 entre dos componentes principales de la CI: la mayoría de los militantes de la CI en Europa (animada por el trío Ernest Mandel – Pierre Frank – Livio Maitan) y la sección de los Estados Unidos, el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP)[2]. Estábamos en 1970 y el Secretariado Unificado de la CI había convocado una gran conferencia de dos días por una Europa Roja en Bruselas. Asistieron más de 3.000 jóvenes, venidos de toda Europa, especialmente de Francia[3]. Fue extremadamente inspirador, extremadamente combativo, dejaba entrever los desarrollos revolucionarios en Europa y Ernest Mandel, junto con otros oradores como Alain Krivine [4], el activista pakistaní Tarik Ali que vive en Gran Bretaña, Livio Maitan de Italia, hicieron intervenciones muy combativas y, para alguien como yo que tenía 16 años, todo ello me dio mucha convicción y, al mismo tiempo, fuerza.

También conocí a Ernest Mandel a través de mis lecturas.Como he dicho, me uní a la CI en el verano de 1970 y comencé a leer las obras de Mandel. Antes de eso, había leído varios de sus artículos en el semanario La Gauche, que él había ayudado a fundar en 1956. Lo que me convenció  para adherirme a la CI, a nivel de análisis, además de la práctica y en particular esta intervención de los trotskistas belgas en la huelga de los mineros y en la lucha contra la intervención de los Estados Unidos en Vietnam, fue un texto de Ernest Mandel titulado «El nuevo ascenso de la revolución mundial». Este texto fue adoptado por el IX Congreso Mundial de la IV Internacional realizado en abril de 1969 en Italia. El informe introductorio de este texto de Ernest Mandel está disponible en francés aquí. El texto destacaba la dialéctica de los tres sectores de la revolución mundial. Se tuvo en cuenta lo ocurrido en 1968, es decir lo ocurrido en Francia y que tuvo repercusiones en el resto de Europa, pero también en Checoslovaquia con la Primavera de Praga de 1968 y la ofensiva del Tet de la noche del 30 al 31 de enero de 1968, cuando las y los revolucionarios vietnamitas lograron tomar temporalmente Saigón, la capital del Sur (lo que anticipó la derrota total de Estados Unidos en 1975). Este texto analizó el estado de las luchas y la interconexión entre los tres sectores de la revolución mundial (los países capitalistas más industrializados, los países del bloque del Este y los países del Tercer Mundo). Mayo del 68, el año 1968 y lo ocurrido en 1969-1970 fue la clara demostración de lo que estaba en un texto fundamental de la CI y qué intervención quería tener esta internacional.

Y luego, lo que me influyó mucho en 1970 fue la lectura del Tratado de economía marxista[5]. Devoré la edición en rústica de 4 tomos a fines de 1970, durante las vacaciones escolares de Navidad. Poco después leí con avidez otro libro de Ernest Mandel: La formación del pensamiento económico de Karl Marx, publicado en francés en 1967 por la editorial Maspero. Puede parecer muy temprano, pero hay que decir que leí el Manifiesto Comunista de Marx y Engels cuando tenía 13 años, en 1967, y a partir de ese año comencé a leer varios libros sobre revoluciones y en particular sobre la revolución china, concretamente en 1967 el libro Estrella roja sobre China (escrito en 1937, publicado en francés por Stock en 1964 y prestado de la biblioteca de mi pueblo) y en 1968 China en marcha de Edgar Snow. Al mismo tiempo leí  La China de Mao. El otro comunismo escrito en 1966 por K.S. Karol. Después de incorporarme a la IV Internacional, entre junio y julio de 1971 leí la Historia de la revolución Rusa de León Trotsky. Este libro me impresionó profundamente y me convenció de la enorme capacidad de su autor para analizar los procesos revolucionarios.

En 1971 me impliqué por completo con la nueva sección belga de la CI. En junio de 1970 me había sumado a una organización juvenil llamada Joven Guardia Socialista (JGS), que era una organización dirigida por miembros de la CI y que había roto con el Partido Socialista Belga a fines de 1964 y principios de 1965, cuando la dirección de este último apoyó el fortalecimiento represivo del Estado belga. De 1968 a 1969, la JGS se vio a sí misma como una organización juvenil revolucionaria. Tenía el estatus de organización simpatizante de la IV Internacional. Esta organización había experimentado un desarrollo significativo durante las revueltas juveniles que comenzaron en 1968 y había reclutado a 150 o 200 jóvenes en diferentes ciudades de Bélgica. Activistas que jugaban un papel importante en su entorno, generalmente la Universidad o, como yo, estudiantes de secundaria pero también en la clase trabajadora. Esta organización se encontraba en 1970 en un proceso de fusión con la generación anterior organizada en la Confederación Socialista de Trabajadores (CST). Ernest Mandel, por supuesto, pertenecía a la generación anterior. Nació en 1923, entonces tenía 47 años, no era viejo, pero obviamente para gente joven como yo, de 16 o 17 años, Mandel era un anciano y un representante de la vieja generación. Una generación que había tenido toda una trayectoria de lucha durante la ocupación nazi en 1940-1945 y que luego había militado en una corriente de izquierda dentro del Partido Socialista Belga y su organización juvenil. Así pues, la JGS había entrado en un proceso de fusión con la organización de los mayores, que tenía una presencia significativa de trabajadores y trabajadoras en las fábricas, en particular en mi ciudad, Lieja, en la industria siderúrgica. A finales de 1970 había participado en el último congreso de JGS, que tuvo lugar en Gante y allí se validó la fusión[6]. En mayo de 1971 tuvo lugar el congreso de fusión, en Lieja, uno de los puntos más importantes de implantación de lo que sería la nueva sección  belga de la CI. La Liga  Revolucionaria de las y los trabajadores (LRT) nació así del encuentro de la JGS con la Confederación Socialista de Trabajadores que agrupaba a tres organizaciones: en Valonia, el Partido Obrero Valón, en Bruselas, la Unión de la Izquierda Socialista y Revolutionaire Socialisten en Flandes, con su periódico De Socialistische Stem (que luego se convirtió en Rood). En mayo de 1971 se llevó a cabo el congreso de fusión. Ernest Mandel estuvo activamente presente en este congreso de fusión. Asistieron delegados internacionales como Alain Krivine de la Liga Comunista, sección francesa de la IV y Livio Maitan miembro del secretariado unificado de la IV Internacional y de los Grupos Comunistas Revolucionarios, sección italiana de la IV

Éramos una organización de unas 350 personas(incluso podríamos considerar que éramos casi 500) con una importante implantación obrera industrial y una buena presencia en las universidades flamencas, bruselenses y francófonas, así como en los institutos. Fui elegido miembro del Comité Central,  del cual era el miembro más joven. Todavía no tenía 17 años. Creo que éramos un poco más de 30 miembros en el Comité central. Había trabajadores industriales que se habían unido principalmente después de la gran huelga del invierno de 1960-1961. Hubo compañeros que se habían unido a la IV como Ernest Mandel antes de la Segunda Guerra Mundial y que habían tomado parte en la resistencia anti nazi: Emile Van Ceulen (1916-1987), ex curtidor que se unió a la organización trotskista en 1933 (delegado en 1951 al III Congreso Mundial de la Cuarta Internacional, vicepresidente nacional de la JGS tras haber superado en votos a la corriente proatlantista en 1954, invitado oficial en China por el PCC), René Groslambert, empleado (cofundador de L’Action socialiste en 1935 con Paul-Henri Spaak, cofundador de L’Action socialiste Révolutionnaire en 1936 con Walter Dauge y Léon Lesoil, arrestado en 1940 y deportado a Francia en el campo de Vernet, delegado al 2º Congreso Mundial de la Cuarta Internacional en 1948), Pierre Legrève (1916-2004), miembro de la organización trotskista desde 1933, docente que había sido elegido diputado de la Unión de la Izquierda Socialista de 1965 a 1968, muy activo en el apoyo a la revolución argelina[7] y en solidaridad con las y los presos políticos en Marruecos. Había trabajadoras y trabajadores industriales que desempeñaban un papel clave en la industria del acero en Lieja y en la industria del vidrio cerca de Charleroi y Mons. Había intelectuales de renombre. Junto a Ernest Mandel, estaba, por ejemplo, el jurista Nathan Weinstock, que había publicado en 1969 con la editorial parisina Maspero un libro notable y valiente titulado El sionismo contra Israel. Y el CC que se reunió 15 días, o tres semanas después de este congreso, me eligió para el Buró Político. Menciono esto porque fue en dicho Buró Político donde comencé a conocer directamente a Ernest Mandel y a su compañera, Gisela Scholz (1935-1982), una camarada alemana que jugó un papel importante en la IV Internacional. Mandel tenía en 1971 48 años; su compañera, doce años menor, pertenecía a la generación de la izquierda revolucionaria alemana, era amiga de Rudi Dutscke (1940-1979)[8], conocido como Rudi el Rojo.

En este BP había una serie de jóvenes activistas, en comparación con la generación de Ernest Mandel. En esta joven generación, entre las figuras destacadas, se encontraban Francois Vercammen, Eric Corijn, Denis Horman y Jan Vankerkhoven. Había mujeres que habían superado la cuarentena: la abogada de Lieja, Mathé Lambert, la periodista de Bruselas, Doudou Neyens,… También estaba el médico urólogo Jacques Leemans. François Vercammen (1944-2015) y Eric Corijn (1947- ) eran unos diez años mayores que yo y cuando tienes 17 alguien de 27, es un ‘viejo’. Al igual que Gisela que tenía 36 años era una ‘vieja’ para mí. Así que teníamos un BP y un CC donde había 3 o 4 generaciones políticas diferentes y fue en este BP donde conocí mejor a Ernest Mandel. El Buró Político se reunía todos los sábados en Bruselas. Aprecié no solo su conocimiento histórico y político, su aporte teórico con un libro como el Tratado de Economía Marxista, sino también su comportamiento en un órgano de dirección de una organización en pleno desarrollo, frente a circunstancias de radicalización de capas enteras de la población, en la clase obrera industrial, en los servicios públicos y en la juventud y con métodos radicales de acción.

En la onda de Mayo del 68, las organizaciones de la CI eran capaces de defenderse de la represión policial, y por tanto prepararse para ella. Habíamos desarrollado una capacidad de autodefensa. También estábamos dispuestos, en ocasiones, a participar en acciones dirigidas contra símbolos muy claros del imperialismo, por ejemplo, Estados Unidos y su abominable papel en Vietnam. En 1970 Vietnam estaba bajo los bombardeos americanos, se usaba mucho el napalm pero también tuvimos intervenciones en relación a los símbolos de la dictadura franquista, los símbolos de la junta de coroneles griegos, hablo de 1970, 1971 y por tanto la España franquista estaba muy presente y había una comunidad española, en gran parte constituida por republicanos o hijos de republicanos, que habían salido de España entre 1936 y 1939, víctimas del franquismo y había también una comunidad griega, sobre todo entre los mineros del carbón, y que se opuso al régimen de los coroneles griegos. A fines de la década de 1960, en Argentina, una importante organización guerrillera se había unido a la IV Internacional: el Partido Revolucionario de los Trabajadores- Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), inicialmente conocido como PRT Combatiente (PRT Combatiente). Era una organización muy fuerte que se reclamaba de la Cuarta Internacional al igual que de Guevara y Castro, de las y los revolucionarios vietnamitas y de la revolución china. El principal dirigente del PRT-ERP fue Mario Roberto Santucho (1936-1976). Había estado presente en mayo de 1968 en París y en esta ocasión se había vinculado a la Juventud Comunista Revolucionaria que se convertiría en la Liga Comunista. En el cuarto trimestre de 1972, Mario Roberto Santucho mantuvo un largo encuentro con Ernest Mandel (en su casa de Bruselas), Daniel Bensaïd y Hubert Krivine. Santucho, que se había fugado cuatro meses antes de la prisión de Rawson en la Patagonia, regresaría a Argentina para retomar el liderazgo de la lucha armada[9]. Durante esta reunión, los participantes constataron que existían diferencias importantes sobre la forma de llevar a cabo la lucha armada y en octubre de 1973, el PRT-ERP anunció su separación de la Cuarta Internacional.

Un ejemplo del tipo de acciones en las que participé: en abril de 1970 hubo una gran manifestación en Bruselas para protestar contra la guerra de Vietnam, contra la OTAN y contra el arma atómica. Creo que había de 6 a 7.000 manifestantes y la JGS, la organización juvenil trotskista, había decidido convencer a un sector de esta manifestación de ir más allá del curso oficial de la manifestación, invadir la Estación del Norte en Bruselas y acercarse lo más posible por vía férrea a los edificios donde se encontraba oficinas de la OTAN para denunciar su actividad. En abril de 1970 aún no había cumplido los 16 años y ya participaba en las actividades de la JGS, en particular a raíz de la intervención de esta organización en la lucha de los mineros del carbón. Hay que decir que yo vivía en un pueblo de mineros del carbón, en la región de Lieja. Éramos varios cientos los que participamos en este desbordamiento, tal vez hasta 1000. Al final, no llegamos a los edificios de la OTAN, pero estuvimos muy cerca y cuando salimos de las vías del tren fuimos fuertemente reprimidos por las fuerzas de represión. Mientras ayudaba a otro joven que resultó herido en el hueso de la ceja y estaba perdiendo mucha sangre, fui fuertemente golpeado por la gendarmería y luego arrestado y llevado a una estación de policía. Finalmente, por mi parte, aunque había sido detenido por haber participado en una manifestación no autorizada y fui interrogado durante horas, no fui procesado porque no tenía 16 años en el momento de los hechos. En ese momento, no era posible procesar a un joven menor de 16 años por este tipo de «falta». Escapé de la condena a pesar de que los gendarmes me acusaron de golpear y herir a uno de sus compañeros, lo cual era completamente falso. A mí todo esto me enseñó cómo tratar con la policía cuando ésta me interrogó, me enseñó a tomar una actitud simple: firmar una declaración que decía que no tenía nada que informar. Esto es muy importante para tratar de evitar el enjuiciamiento. Menciono esta experiencia porque, leyendo la biografía[10] de Ernest Mandel, supe que Gisela Scholz, que tenía 35 años en abril de 1970, fue una de las organizadoras de este desbordamiento y de la manifestación contra la guerra de Vietnam y que estaba súper contenta por la capacidad que tuvimos para organizar esta dura acción, aunque lamentablemente no habíamos llegado a las oficinas de la OTAN. Esto es lo que escribió Gisela Scholtz a un compañero de estudios en ese momento comentando una acción similar en Bruselas que había tenido lugar un año antes: “Entonces los caballos, los carros, todo entró en acción. (…) Luchamos como pudimos y estamos orgullosos de haber contado entre nosotros solo algunos heridos. A lo sumo 40 heridos leves y uno grave (…) Dos gendarmes me tiraron por encima de un coche, pero por suerte pude frenar mi caída”[11].

Una anécdota significativa sobre mi relación con Ernest Mandel y los temas de represión y seguridad. En septiembre u octubre de 1973 fui convocado a Bruselas a casa de un antiguo militante de la IV Internacional para responder a preguntas sobre la seguridad de la sección belga. Estuvieron presentes en esta reunión Ernest Mandel y Hubert Krivine, el hermano gemelo de Alain Krivine. ¿Qué ocurría ? Mandel y Krivine me preguntaron si estaba poniendo en peligro a la organización consumiendo y vendiendo drogas. Les dije que no y todo salió muy bien, sin el menor nerviosismo ni tensión.

¿Cómo decidieron Mandel y Krivine convocarme a una reunión en un lugar discreto cuando estaban muy ocupados con cuestiones tan serias como la orientación del PRT-ERP en Argentina, la ilegalización de la Liga Comunista en Francia en junio de 1973, la expansión de la IV Internacional? He aquí mi explicación: desde 1972 estaba en el punto de mira de los servicios policiales belgas. Estaba directamente relacionado con mi participación en la dirección de la LRT. En febrero de 1972, en el salón académico de la Universidad de Lieja, presidí una conferencia de la LRT donde le dimos la palabra a un representante del Ejército Republicano Irlandés (IRA Irish Republican Army) a pesar de la decisión del Ministro de Justicia y Gobierno socialista, Alfons Vranckx[12], de impedirnos hacerlo. La LRT había organizado cinco reuniones en las cinco principales ciudades universitarias y en ninguna de ellas la policía logró arrestar al camarada irlandés que reaparecía al día siguiente en otra ciudad[13]. En Lieja había más de 500 personas. Habíamos logrado evitar el arresto del camarada irlandés a pesar de una impresionante intervención de la policía que por ello se sintió humillada por una pandilla de jóvenes y estaba completamente molesta con nosotros y especialmente conmigo.

En septiembre de 1972, unas semanas después de cumplir 18 años, me citaron en la Policía Judicial de Lieja. El agente de la PJ que me recibió me amenazó con enjuiciarme por la violación de una menor. La acusación no se tenía en pie: yo tenía una relación amorosa con una chica unos meses más joven que yo y manteníamos relaciones sexuales. Cuando llegué a la mayoría de edad, los 18 años, «automáticamente» me convertí en potencialmente culpable de violación de una menor porque una menor no podía dar su consentimiento. Ante mis protestas, el oficial de la PJ me dijo que era el Ministerio Público quien le había pedido que me citara e investigara un caso en mi contra por violación sexual por pertenecer al buró político de la LRT y a la dirección del Socorro Rojo Internacional, considerados como organismos que atentaban contra la seguridad del Estado.

Este oficial afirmó que si colaboraba para dar información confidencial sobre estas dos organizaciones, se retiraría el cargo de violación. Me negué a convertirme en informante y cuando salí de su oficina me amenazó furiosamente y dijo que me arañaría (¡sic!). Al día siguiente la policía fue a la casa de mi hermano, luego a la de mis padres y luego a la de un amigo periodista para intimidarnos. Lo informé en el diario La Gauche del 22 de septiembre de 1972, página 3. Presenté una denuncia por invasión a mi intimidad y la PJ no me volvió a citar. Mis abogados cometieron el error de no pedir una compensación económica, lo que permitió que la fiscalía no diera seguimiento a mi denuncia. A finales de 1972 – principios de 1973 me convertí en líder y portavoz de un movimiento de secundaria muy poderoso. Según cifras policiales, 160.000 estudiantes de secundaria se declararon en huelga y se manifestaron en todo el país contra un plan para hacer el servicio militar a partir de los 18 años. El mismo tipo de medida produjo unos meses después de Bélgica un gran movimiento de protesta en Francia (conocido como el movimiento contra la ley Debré). El gobierno y su Ministro de Defensa Nacional acusaron a la LRT de manipular a estudiantes de secundaria. Dado mi papel en el movimiento junto con otros miembros de la LRT, aumentó la intención de las fuerzas del orden de causarme problemas. En la primavera de 1973 me enteré por un viejo amigo que no tenía nada que ver con la LRT que la policía estaba tratando de denunciarme por tráfico de drogas. Este amigo me reveló que era informante de la policía.

La policía le tenía atrapado por un caso de drogas y amenazó con retirarle los derechos de visita a sus hijos, él me dijo que la policía estaba tratando de hacerle testificar en mi contra. Agregó que durante las detenciones, la policía mostró mi foto a jóvenes capturados por consumo de drogas y detenidos temporalmente en prisión para que me denunciaran como traficante. Dio la casualidad de que un miembro de la LRT era trabajador social y asistía a los interrogatorios en la prisión. Al ver mi foto entre las de los traficantes, realmente pensó que estaba poniendo en peligro a la organización y que tal vez yo mismo era un traficante. Le había pasado la información a la organización sin decírmelo. Por eso tuve que informar a Ernest Mandel y Hubert Krivine. Considero que Ernest y Hubert se portaron muy bien conmigo cuando se dirigían en mi contra acusaciones sin fundamento. Posteriormente, la policía, en particular la BSI (Brigada de Seguridad e Investigación) nuevamente intentó convertirme en informante ofreciéndome darme información confidencial sobre grupos neonazis en mi región con la condición de que diera información sobre la LRT y la Cuarta Internacional. Y luego se dieron por vencidos, pero me mantuvieron en el punto de mira todo el tiempo. Sería demasiado largo resumir varias aventuras posteriores.

Hay que tener en cuenta que el ministro socialista de Justicia Alphons Vrankx estaba resentido con los trotskistas que habían sido expulsados del Partido Socialista Belga en 1965 y sobre todo que, durante viajes a Estados Unidos para estrechar la colaboración entre los servicios de seguridad, había sido convencido por la administración Nixon de que había una conexión entre las organizaciones de extrema izquierda y el narcotráfico.

El Tratado de economía marxista

Realmente es muy importante señalar que su libro El tratado de economía marxista fue una alternativa a los tratados de economía marxista que dominaban el pensamiento “marxista” o “comunista” de la época, es decir, los textos de economía política o los manuales que venían de la Unión Soviética, o que se editaban en Beijing, que eran a la vez dogmáticos y pobres en pensamiento y método.

El Tratado de economía marxista,publicado en francés en 1962, adoptó un planteamiento genético, es decir, recorrió la historia de la humanidad desde las primeras etapas conocidas de la humanidad y trató de ver la evolución de las relaciones humanas y cómo se construye la economía de las distintas sociedades, en los distintos lugares de la humanidad. Está muy claro que, para las y los marxistas críticos, no hay 5 o 6 etapas por las que habrían pasado todas las sociedades, del comunismo primitivo a la sociedad esclavista, luego al feudalismo y la pequeña producción de mercado para llegar al capitalismo y finalmente al socialismo, incluso eventualmente al comunismo. Esta idea de las etapas por las que pasan todas las sociedades es ajena al pensamiento de Marx, que Mandel prolongaba. Esto está claro en las obras de Marx de las décadas de 1850 y 1860, en los Grundrisse y otras obras de Marx, especialmente en su correspondencia de 1881 con Vera Zassoulitch.

La obra de Ernest Mandel es una obra en ruptura crítica respecto a la forma en que se practicaba hasta entonces el marxismo. Obviamente no fue el único, pero no muchos de ellos siguieron el mismo enfoque y como resultado, tuvo un eco muy importante para toda una generación, la generación que me precedió, es decir la generación de los años 1963-1964 a 1968. Yo pertenezco a la generación del 68, una generación que tuvo la suerte de vivir grandes movilizaciones que ponían la revolución de nuevo en la agenda. Esta generación, al igual que otras que la precedieron, se sumergió en el marxismo para tratar de entender la sociedad que nos rodea, para tratar de destruir el capitalismo y construir una sociedad libre de toda forma de opresión. Para destruir el capitalismo, era necesario entender exactamente cómo funcionaba y Ernest Mandel ayudó poderosamente a muchos y muchas militantes en esta dirección. Su Tratado de economía marxista, que en el cuarto volumen contenía un análisis de las sociedades en transición al socialismo, trató de comprender y transmitir la realidad del «socialismo real» y sociedades como la Unión Soviética y Europa del Este, la degeneración de una sociedad en transición al socialismo en una dictadura de la burocracia sin restauración capitalista. En el tercer volumen, trató y logró explicar cómo era la sociedad capitalista de los años 50 y 60, por tanto, la sociedad heredera del período de gran crecimiento económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, presentado como los “Treinta Gloriosos”. Mandel, muestra las características y contradicciones de la sociedad capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, para demostrar que las crisis seguían siendo una constante de la sociedad capitalista y que ésta requería una perspectiva de superación del capitalismo y una salida revolucionaria. Para conocer más sobre el Tratado de economía marxistaen la obra de Mandel, recomiendo leer el Capítulo 5 de la biografía en francés de Ernest Mandel de Jan Willem Stutje, páginas 153 a 169.

Cuando conocí a Ernest Mandel como miembro de la dirección belga en 1971, él estaba enseñando en la Universidad Libre de Berlín, donde iba todas las semanas a dar lecciones ante 1000 estudiantes.[14] Acababa de terminar su tesis doctoral, que escribió y defendió en alemán. Recuerdo muy bien que nos lo anunció con entusiasmo en una reunión del Buró Político de la LRT en el verano de 1971. La edición alemana se publicó en 1972, con el título Spätkapitalismus. Esto dio lugar a un libro publicado en francés en 1976 con el título Le troisième âge capitalisme. Se publico en español en 1979 bajo el titulo El capitalismo tardío por la Editorial ERA. Ernest Mandel estaba en su apogeo intelectual. Tenía muchos contactos, trabajaba mucho, eso lo pudimos constatar. También fue profesor de ciencias políticas en la Vrije Universiteit Brussel (la Universidad Libre de Bruselas, sector de habla holandesa). Trabajaba en términos de lectura, escritura y acción una gran cantidad de horas cada día.

La influencia de Ernest Mandel en los sindicatos

Mandel tenía eco en el mundo sindical, en el mundo laboral y en la juventud estudiantil. En el mundo del trabajo, particularmente en Bélgica, su eco se remonta a la década de 1950, pues fue uno de los estrechos colaboradores de André Renard, el principal dirigente sindical belga del ala radical del sindicalismo en el que se encontraban los militantes socialistas, comunistas, trotskistas, es decir la Federación General del Trabajo de Bélgica (FGTB) que contaba con más de un millón de afiliados. Dos congresos en 1954 y 1956 sobre el tema de Holdings y Democracia Económica introdujeron la idea de reformas de las estructuras anticapitalistas[15]. Mandel fue una de las personas inspiradoras. Para André Renard escribió una gran cantidad de documentos y fue invitado a dar una gran cantidad de conferencias en fábricas, en secciones sindicales, intervenir en congresos sindicales. Tenía una gran habilidad para comunicar cosas aparentemente complicadas de una manera sencilla y comprensible. También tenía la capacidad de tratar de mostrar a su audiencia que era necesario actuar para cambiar la realidad y por eso muy a menudo tomaba ejemplos de cómo actuar como delegación sindical para luchar en una empresa transnacional, qué contactos hacer con trabajadores y trabajadoras de otras sedes de las fábricas, cómo comunicarse, cómo tratar de realizar acciones conjuntas. Y la cuestión de la autoorganización, del control obrero era un elemento absolutamente central[16].

Para Ernest Mandel no se trataba simplemente de explicar el funcionamiento del capitalismo, se trataba de mostrar cómo los trabajadores, a partir de ejemplos concretos y luchas concretas, podían llegar a ser capaces de controlar lo que hacían los patronos, en particular imponiendo la apertura de los libros de cuentas, imponiendo el control de la jornada laboral, imponiendo la reducción del tiempo de trabajo, cuando se recurría a las huelgas, organizándose para que la huelga fuera lo más efectiva posible, para obtener concesiones de los patrones lo más rápido posible. Una huelga puede extenderse como una mancha de aceite, puede conducir a la conquista de derechos importantes para las y los trabajadores, puede llegar hasta una huelga general, o incluso una huelga insurreccional y por eso intervino en las asambleas obreras sobre estos temas. Y, por supuesto, daba cursos de formación a activistas anticapitalistas, a activistas revolucionarios dentro de la LRT, de las secciones de CI. Era un comunicador apasionado, un formador de muy alto nivel. Seguí muchos cursos dados por Mandel y me ayudaron a convertirme en formador. Muchas y muchos activistas recordarán sus cursos, la formación que impartió sobre la revolución alemana, sobre la revolución rusa, sobre qué es una huelga general, cómo pasar de una huelga general a una huelga activa con ocupación, una huelga general que conduzca a la creación de órganos de poder obrero, a partir de las experiencias más avanzadas del Mayo del 68 en Francia, el Mayo rampante en Italia, pero también de la experiencia de los consejos obreros italianos de 1920-21, los consejos húngaros de 1918-19, por supuesto de los soviets de la revolución en Rusia, de los órganos del poder popular u organizaciones de obreros y campesinos en la revolución española de 1936-1938/39. Mandel tenía un conocimiento de la historia de las luchas por la emancipación, no solo de los siglos XIX y XX, sino de la larga historia de la humanidad a escala planetaria, un conocimiento profundo y una voluntad de comunicar a las generaciones más jóvenes lo mejor que se podía aprender de estas experiencias.

Sus escritos sindicales

Ernest Mandel, en relación con el movimiento obrero en su país, Bélgica, y más en general en Europa y en el resto del mundo, estuvo sistemáticamente atento a las luchas que se desarrollaban. Allí intervino. Produjo una enorme cantidad de artículos en el semanario que había fundado con otros activistas anticapitalistas de la izquierda del PS, el periódico La Gauche que creó en 1956 con el apoyo del sindicalista que mencioné antes, André Renard, con quien mantuvo relaciones cada vez más tensas a medida que Renard adoptaba una posición cada vez más moderada. La Gauche «tenía» también una versión en Flandes (Links = la izquierda) en la que también jugó un papel importante. Escribió cientos de artículos y también escribió en muchas revistas en otros idiomas, en periódicos y revistas leídos por sindicalistas y académicos. En Bélgica produjo informes muy importantes para el sindicato FGTB, sobre la estructura del capitalismo en Bélgica, cómo una serie de grandes empresas capitalistas, en particular holdings, controlaban la economía de Bélgica.

Elaboró un folleto de unas sesenta páginas que me parece extremadamente importante titulado «Le socialisme par l’action» (El socialismo por la acción) que fue firmado por André Renard y se distribuyó en decenas de miles de copias, si no cientos de miles de copias. Fue leído por decenas de miles de delegados sindicales en Bélgica y les influyó mucho en la segunda mitad de la década de 1950. También hay que tener en cuenta que, en ese momento, Bélgica había experimentado huelgas muy grandes. En primer lugar, durante la Segunda Guerra Mundial hubo numerosas huelgas en las fábricas y una resistencia armada contra los ocupantes nazis en la que participó el joven Ernest Mandel (lo que le llevó a ser arrestado 3 veces por las autoridades nazis y escapar dos veces). Hubo la huelga general por la república, por la abdicación del rey, en 1950. Hubo una muy importante huelga de mineros en los años 50 a fin de obtener la nacionalización, y una muy importante huelga de las y los trabajadores siderúrgicos y metalúrgicos, por la decimotercera paga. Hubo la huelga general del invierno de 1960-61, con más de un millón de trabajadores y trabajadoras en huelga, en un país de diez millones de habitantes. Él estaba allí como pez en el agua, sus vínculos con el movimiento obrero eran muy estrechos, una de sus prioridades era estimular una dinámica de autoorganización.

Después de 30 años de militancia en condiciones difíciles, la segunda mitad de la década de 1960 marcada por una profunda radicalización de la juventud y de la clase obrera en los países de Europa, la creación en 1971 de la nueva sección belga de la CI, la LRT, que tuvo una influencia real en las fábricas,  Ernest Mandel pudo ver en cierto modo que estas propuestas encontraban una expresión concreta en la práctica del control obrero en varias fábricas importantes de Bélgica, en particular la siderúrgica Cockerill en Lieja y la fábrica de Glaverbel en Gilly, una fábrica de vidrio en la región de Charleroi.

Mandel y la juventud

He indicado la influencia que tuvo en la clase obrera de Bélgica en los años 50 y 60. Esta influencia se extendió a otros países a medida que activistas obreros, hombres y mujeres, y líderes sindicales escuchaban las propuestas de Ernest Mandel en Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña en este momento y más tarde en el estado español y Portugal. También incidió en la juventud estudiantil radicalizada de Alemania con el movimiento estudiantil anticapitalista e internacionalista, SDS[17], uno de cuyos líderes fue Rudi Dutschke, con quien mantuvo estrechas relaciones, desde 1966-1967, es decir antes de mayo del 68. Se casó en 1966 con una de las líderes de este movimiento estudiantil, Gisela Scholz. Y por supuesto tuvo un impacto en los jóvenes trotskistas franceses, incluidos los hermanos gemelos Alain y Hubert Krivine, Daniel Bensaid, Pierre Rousset, Janette Habel, Catherine Samary, Josette Trat y Janine, su hermana gemela, quienes fundaron la Juventudes Comunistas Revolucionarias,  tras su expulsión de la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC) de Francia. Y entonces, en Bélgica, tuvo un impacto en la juventud estudiantil radical, parte de la cual ingresó o lideró la JGS, que se fusionó con la Confederación Socialista de Trabajadores para formar la LRT en mayo de 1971.

En 1971, como indiqué anteriormente, cuando había completado su tesis doctoral en la Universidad Libre de Berlín, se convirtió en profesor en la Universidad Libre de Bruselas, en la sección de habla holandesa, por lo tanto, la Vrije Universiteit Brussel.  Yo estaba viviendo en Lieja. Bajo la presión del movimiento estudiantil y de maestros marxistas progresistas, Mandel fue invitado a dar un curso de economía marxista en la Universidad de Lieja, en 72-73-74, cuando yo mismo comencé a estudiar allí, junto con otros estudiantes de mi generación. Cito entre ellos a Luc, uno de los dos hermanos Dardenne que se convirtieron en cineastas de Lieja de reputación internacional, ya que obtuvieron dos veces la Palma de Oro en Cannes, en particular por la película Rosetta. Luc Dardenne y yo seguimos los cursos impartidos por Ernest Mandel en la Universidad de Lieja.

Ernest Mandel en debate con otros intelectuales marxistas frente a grandes audiencias

Es necesario subrayar el eco de las intervenciones de Ernest Mandel en el período 1967-finales de los años 70. Es importante señalar que EM tuvo al mismo tiempo eco con sus escritos. Debatió con grandes autores marxistas como Perry Anderson, como Ernst Bloch, como Herbert Marcuse, Roman Rosdolsky, Lucien Goldman, como Jean- Paul Sartre. Discutió con grandes historiadores, economistas o filósofos del Partido Comunista Francés como Charlkes Bettelheim, Jean Ellenstein, Louis Althusser en debates públicos. Y, cuando hablaba en ciertas reuniones, cuando se anunciaba su presencia, había, en todo el período entre 1967 y finales de los 70, 1.000, 2.000, 2.500, 3.000 personas escuchándole. Esto fue cierto en Alemania, en 1967-68. Esto volvió a ser cierto en Alemania, de manera muy importante en 1988-89, con debates con líderes comunistas críticos como Gregor Gysi con 3.000 personas, 4.000 personas en Berlín y, si hablamos de la época de mayo del 68, una gran reunión el 9 de mayo, la noche de las barricadas, en París, una reunión organizada por la JCR, con 2.500 personas, un discurso en el 71, para la conmemoración del centenario de la Comuna de París, cerca del cementerio de Père Lachaise, debería haber cerca de 15.000, 20.000 personas; reuniones en Portugal justo después de la Revolución de los Claveles, en 1974-75 con 2.000, 2.500 personas; reuniones en España, a la caída del franquismo, también con 2.000 o 3.000 personas; una gran reunión de la que hablé para la Europa Roja, en noviembre de 1970, en la Universidad Libre de Bruselas, un mitin europeo de la CI, con 3.500 participantes. Mandel fue un orador con un eco de masas en la vanguardia radicalizada y supo hablar tanto a estudiantes como a trabajadores. Hablaba con mucha soltura en alemán, en francés, en holandés, pero tampoco dudaba en hacer discursos en español en España y en América Latina, en portuñol (mezcla de portugués y español) en Portugal, en italiano cuando iba a Italia. Combinó una gran fuerza analítica con una capacidad impresionante para transmitir en las intervenciones públicas un análisis, un mensaje, una energía, y apelar en cada ocasión al anticapitalismo, al internacionalismo, al proyecto emancipador y revolucionario.

La Cuarta Internacional

Ernest Mandel se unió a la CI a la edad dieciséis años, en 1939, justo antes de la guerra. Participó en la resistencia desde el inicio de la ocupación alemana, fue arrestado tres veces por los nazis. Cuando su segundo arresto estaba distribuyendo folletos a los trabajadores del acero, en Lieja, el 29 de marzo de 1944. Fue arrestado por el ejército alemán, llevado a juicio en la prisión de St Léonard en Lieja, condenado a años de trabajos forzados. Tuvo la «suerte» de ser condenado por el ejército alemán como un resistente político y no por la Gestapo. Si hubiera sido condenado por la Gestapo, simplemente habría sido enviado a un campo de exterminio o ejecutado en el acto. Deportado a Alemania a principios de junio de 1944, escapó de uno de los primeros campos en los que fue encarcelado gracias a su capacidad para despertar la simpatía de dos carceleros, ex militantes del partido socialista uno y del PC el otro. Rápidamente fue atrapado y trasladado a diferentes campos. Fue encarcelado sucesivamente en seis campos en la Alemania nazi. Fue liberado en marzo de 1945 por el ejército estadounidense en el campo donde se encontraba. La lista de campos donde estuvo internado se encuentra en los archivos alemanes e incluida en su biografía por Jan Willem Stutje[18].

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Ernest Mandel se convirtió en dirigente de la CI. Participó en la primera conferencia clandestina europea para relanzar la CI, durante la ocupación y antes de su segundo arresto, se reunieron delegados belgas y franceses de la CI en una granja en St Hubert en las Árdenasbelgas en febrero de 1944. Luego participó en el renacimiento de la CI después de la liberación. Allí se convirtió, junto a Michel Pablo, en uno de los líderes más importantes de la CI. Cuando lo liberaron, tenía 23 años. Su papel como líder de la CI en las décadas de 1940 y 1950 hasta principios de la década de 1960 fue muy importante y discreto. Era conocido como economista marxista por la publicación de su Tratado de Economía Marxista, fue fundador del semanario belga francófono La Gauche, fue periodista del diario socialista Le Peuple y luego se convirtió en periodista del diario sindical de la FGTB en Lieja, La Wallonie. Fue a finales de la década de 1960 y tras su exclusión del Partido Socialista Belga a mediados de la década de 1960, en la onda de Mayo del 68, cuando apareció públicamente como líder de la CI y, como tal, dado su papel en el movimiento revolucionario estudiantil y obrero internacional, se le negó el acceso a varios países por parte de diferentes gobiernos, como el gobierno francés que le prohibía el acceso a territorio francés, así como del gobierno de los Estados Unidos, de los gobiernos de Suiza, Alemania y Australia.

En el caso alemán, es especialmente escandaloso ya que había resistido contra el poder nazi, tenía una medalla otorgada por las autoridades alemanas después de la Segunda Guerra Mundial por su participación en la resistencia antinazi, pero se le prohibió entrar en territorio alemán, a pesar de que tenía una tesis doctoral y de que los intelectuales alemanes antinazis, así como, por supuesto, el movimiento estudiantil protestaron contra esta prohibición y exigieron el levantamiento de esta medida. También recuerdo que Ernest Mandel me pidió que hablara en Lieja cuando el canciller socialista alemán Helmut Schmidt fue recibido en la Universidad de Lieja. Quería que yo interviniera para protestar públicamente contra su prohibición de entrar en territorio alemán. Estas prohibiciones no le impidieron cruzar fronteras. Ernest Mandel viajó mucho y, en particular, a pesar de su prohibición en Francia, cruzaba la frontera con mucha regularidad, especialmente recuerdo muy bien, como miles de manifestantes franceses, su llegada a la conmemoración de la Comuna de París, en mayo de 1971, convocada por la Liga Comunista y Lutte Ouvrière. Fácilmente éramos diez o quince mil manifestantes y Ernest Mandel llegó a hablar, desde la parte trasera de una motocicleta, conducida por Hubert Krivine. A veces era detenido por las autoridades francesas, llevado de vuelta a Bélgica y, como cuenta su biógrafo holandés en una ocasión, cuando fue deportado a Bélgica a su llegada al aeropuerto Roissy Charles de Gaulle, un camarada de Bruselas le llevó de vuelta a París el mismo día por una ruta discreta porque había una reunión de la dirección de la CI en París.

Post scriptum:

Después de terminar la redacción de este testimonio recibí el comentario siguiente de parte de Rafael Bernabe,profesor universitario y senador en Puerto Rico: “Cuando hablas de figuras o polémicas con las que Mandel tuvo que ver también se podría incluir la polémica con Martín Nicolaus (traductor al inglés del Grundrisse) sobre el imperialismo americano (publicada en español por Anagrama y también en colección de ERA Ensayos sobre neocapitalismo); la polémica con Baran y Sweezy sobre El capital monopolista (recogida también en Ensayos sobre el neocapitalismo); la polémica con Nicolás Krassó sobre el marxismo de Trotsky, originalmente en New Left Review y luego en español en Cuadernos Pasado y Presente, que fue muy leida; sus reseñas de Solzhenitsin y luego de La alternativa de Rudolf Bahro, también publicadas originalmente en New Left Review. Y claro, las respuestas a los eurocomunistas (Berlinguer, Carrillo, Marchais, Claudin) son brillantes.

3. Yo destacaría que entre El tratado y Capitalismo tardío Mandel insistió en su tesis (contra gente del mainstream y de izquierda) que ni los monopolios, ni las medidas keynesianas o de bienestar, ni la planificación «indicativa», ni la supuesta «economía mixta», ni las instituciones de Bretton Woods, etc. habían permitido ni permitirían al capitalismo superar sus contradicciones fundamentales y que, por tanto, el boom de posguerra llegaría a su fin, como todos los booms anteriores. Con lo cual vendría un ataque renovado a las conquistas de la clase obrera. Un análisis que se comprobó correcto a partir de la crisis generalizada de 1974-75, o poco antes.

4. Pienso que un rasgo distintivo de Mandel fue que evitó dos extremos 1. Los que veían en el boom capitalista de posguerra como una refutación del marxismo y 2. Los que con tal de defender el marxismo negaban la realidad del boom. Contra uno y otro Mandel defendió y desarrolló un marxismo dinámico (ortodoxo, pero no dogmático, diría él) que era capaz de explicar los nuevos desarrollos del capitalismo a partir de sus categorías fundamentales. No había ni que negar la realidad del boom o el capitalismo en su nueva etapa ni que abandonar el análisis marxista. Al contrario, el marxismo podía explicar el primero, tanto su surgimiento como sus límites.

Por supuesto, creo que Mandel confiaba en una respuesta más amplia y enérgica de la clase obrera a la ofensiva patronal… Lo cual después de 1980 o antes no se materializó como era su expectativa… y seguimos en esa lucha

Ahí mis comentarios, en lo que puedan ayudar.

Creo que habría que hacer en algún momento unas obras completas de Mandel, es un legado militante-intelectual impresionante.

Último punto, también me parece admirable su constante disposición hasta el final a dedicar tiempo a redactar textos de iniciación al marxismo, siempre pensando no en los grandes intelectuales sino en los militantes que están comenzando (desde Introducción al marxismo, que círculo mucho en América Latina hasta El lugar del marxismo enla historia, que fue el último y es muy bueno.)”

Notas:

[1]    El Buró de la IV entre 1988 y 1991 estuvo integrado por Ernest Mandel, Livio Maitan, Claude Jacquin, Gilbert Achcar, Janette Habel y Daniel Bensaïd y yo. Penny Duggan estaba presente a todas las reuniones. Después del 13º Congreso Mundial a principios de 1991, formé parte también del nuevo Buró que fue elegido por el Secretariado Unificado. Según las memorias de Livio Maitan, este Buró estaba compuesto por Gilbert Achcar, Janette Habel, Phil Hearse, Claude Jacquin, Livio Maitan, Ernest Mandel, Braulio Moro y yo mismo (ver Livio Maitan, Pour une histoire de la Quatrième Internationale, La Brèche-IIRE, Paris, 2021. 475p.).

[2]    En la reunificación también participaron activistas de América Latina, como el líder indígena y campesino Hugo Blanco (1934-2023) en Perú, quien en el momento del Congreso acababa de ser encarcelado en su país. También hubo activistas muy activos en Bolivia. Sobre el Congreso de Reunificación de la IV Internacional, vert Livio Maitan,   Pour une histoire de la Quatrième Internationale, La Brèche-IIRE, Paris, 2021. 547 pages ISBN 9782955816851  p. 146 à 159. Lire également la revue Quatrième Internationale, Le Congrès de réunification de la Quatrième Internationale, Numéro spécial 3e trimestre 1963, Paris, 72 pages.

[3]    Leer la revista Quatrième Internationale, n°47, janvier 1971, Paris, p. 14 à 20.

[4]    Ver el vídeo de Usul, Ostpolitik realizado para Blast : « ALAIN KRIVINE : LE TROTSKISME PERMANENT »  https://www.youtube.com/watch?v=8Zent93oWko  et lire  dans dictionnaire Maitron https://maitron.fr/spip.php?article136624

[5]    Está disponible en español en https://www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/Mandel2.html

[6]    En el congreso de la JGS de 1970 había apoyado con otras personas una proposición consistente en llamar a la nueva organización Liga Socialista Revolucionaria, en vez de Liga Revolucionaria de los Trabajadores. Sigo convencido de que esto hubiera sido mejor.

[7]    Pierre Le Grève fue objeto de una tentativa de asesinato mediante paquete bomba en el marco de su actividad en favor de la Argelia independiente por la organización La Mano Roja en 1960 directamente ligada a los servicios secretos franceses. Los trotskistas belgas han sido muy activos en el apoyo a la lucha por la independencia de Algeria al final de los 1950 hasta la victoria de la revolución en 1962.

[8]    Rudi Dutschke tuvo numerosos debates públicos con Ernest Mandel ante grandes asambleas en Alemania. Pasó dos semanas en casa de Ernest Mandel y Gisela Sholtz en septiembre de 1968 tras haber sido víctima de un atentado. Ver Jan Willem Stutje, Ernest Mandel Un révolutionnaire dans le siècle, Editions Syllepse, Paris, 2022, 454 pages. P. 278 à 286.

[9]    De estos hechos se informa en la biografía de Mandel de Jan Willem Stutie, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle, Paris, Syllepse, 2022, p. 319.

[10]   Jan Willem Stutje, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle…

[11]   Gisela Scholtz à Ray, 13 mars 1969, Archives Ernest Mandel, dossier 652 cité par Jan Willem Stutje, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle p. 322.

[12]   Ver su retrato en La Gauche del 11 de febrero de 1972, p.2

[13]   Ver el acta de las tres primeras conferencias (500 personas en Lieja, 1500 en Bruselas, 1000 en Lovaina) en La Gauche del 11 de febrero de 1972, p.5 y la entrevista exclusiva de Jerry Lawless (parte 1) p. 4 y 5 y la parte 2 en La Gauche del 18 de febrero de 1972, p. 4 y 5. Hay que señalar que la prensa cotidiana tanto de derechas como de izquierdas había dado un amplio eco a esas conferencias.

[14]   Jan Willem Stutje, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle,  p. 235

[15]   A propósito de las reformas de estructuras neocapitalistas versus anticapitalistas, leer Ernest Mandel, La stratégie des réformes de structure, 1965 http://pinguet.free.fr/mandel1965.pdf

[16]         http://www.ernestmandel.org/new/ecrits/article/controle-ouvrier-et-strategie  et   http://www.ernestmandel.org/new/ecrits/article/autogestion-occupations-d-usines   http://biblioteca.andalucia.ccoo.es:8080/intranet-tmpl/prog/local_repository/documents/15363_8353.pdf

Ver el libro de Ernest Mandel: Control obrero, consejos obreros, autogestión (antología), Ediciones ERA, Mexico, Páginas: 450 p. En este libro, Mandel recopila textos teóricos de Marx, Lenin, Kaustky, Trotsky, Gramsci, Pannekoek, Luxemburgo, Kuron y documentos de experiencias de soviets en Argelia, Alemania, Bolivia, Hungría, Indonesia, Checoslovaquia y Francia en 1968 y otros países, donde restituye a los consejos obreros su función originaria. Reúne un corpus teórico que supera la crítica de la burocratización y sirve de fundamentación del gobierno obrero.
– Análisis de las variedades de participación obrera conocidas como cogestión, autogestión, consejos obreros, derivadas de la experiencia de los soviets rusos de 1917 y del pensamiento de Marx. Tags:autogestion en argelia , autogestion en yugoslavia , autogestion y estado , bolchevismo y control obrero , cogestion, autogestion obrera , comites de huelga , Comuna de Paris , consejos de fabrica en italia , consejos obreros , control obrero en bolivia , gobierno obrero y soviets , mayo de 1968 en francia , méxico , sindicalismo y soviets , soviets , soviets de petesburgo , soviets en china , soviets y comites de fabrica , soviets y postguerra , soviets y revolucion rusa. Temas:consejos obreros y la revolucion hungara, control obrero de la produccion, dictadura del proletariado y soviets, programa de transicion y soviets

[17]   Sozialistischer Deutscher Studentenbund (Unión Socialista Alemana de Estudiantes).

[18]   Jan Willem Stutje, Ernest Mandel… nota 142, p. 79.

En la segunda parte hablaré de la relación de Mandel con la revolución cubana y Che Guevara.

Eric Toussaint es doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Traducido por Alberto Nadal Fernández

Publicado en: Cultural, Global, Titular1

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