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Cultural

¿Cómo habla el subalterno?

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Una entrevista con Vivek Chibber

Traducción: Pedro Perucca

La teoría poscolonial descarta por su cuenta y riesgo el valor perdurable del universalismo de la Ilustración, volviendo a explicaciones de cuño esencialista.

Está a la venta nuestro octavo número, “Economía Política de la Crisis”. La suscripción a la revista también te garantiza el acceso a material exclusivo en la página.

En las últimas décadas, la teoría poscolonial ha desplazado ampliamente al marxismo como perspectiva dominante entre los intelectuales comprometidos con el proyecto de examinar críticamente la relación entre el mundo occidental y el no occidental. Nacida en el ámbito de las humanidades, la teoría poscolonial ha ido adquiriendo cada vez más influencia en la historia, la antropología y las ciencias sociales. Su rechazo de los universalismos y metanarrativas asociados al pensamiento de la Ilustración encajó con el giro más amplio de la izquierda intelectual durante las décadas de 1980 y 1990.

El nuevo libro de Vivek Chibber, Postcolonial Theory and the Specter of Capital, representa un amplio desafío a muchos de los principios básicos de la teoría poscolonial. Centrándose especialmente en la corriente de la teoría poscolonial conocida como estudios subalternos, Chibber defiende con firmeza por qué podemos —y debemos— conceptualizar el mundo no occidental a través de la misma lente analítica que utilizamos para comprender los acontecimientos en Occidente. Ofrece una defensa sostenida de los enfoques teóricos que hacen hincapié en categorías universales como el capitalismo y la clase. Su obra constituye un alegato a favor de la vigencia del marxismo frente a algunos de sus críticos más mordaces.

Chibber fue entrevistado para Jacobin por Jonah Birch, estudiante de sociología en la Universidad de Nueva York.

JB

En el centro de la teoría poscolonial está la noción de que las categorías occidentales no pueden aplicarse a sociedades poscoloniales como la de India. ¿En qué se basa esta afirmación?

VC

Este es probablemente el argumento más importante de los estudios poscoloniales, y por eso es tan importante abordarlo. En los últimos ciento cincuenta años no ha habido ningún cuerpo de pensamiento realmente prominente asociado a la izquierda que haya insistido en negar el ethos científico y la aplicabilidad de categorías procedentes de la ilustración liberal y la ilustración radical (categorías como capital, democracia, liberalismo, racionalidad y objetividad). Ha habido filósofos que han criticado estas orientaciones, pero rara vez han logrado una tracción significativa en la izquierda. Los teóricos poscoloniales son los primeros en hacerlo.

En realidad, el argumento parte de un supuesto sociológico de fondo: para que las categorías de la economía política y la Ilustración tengan algún valor, el capitalismo debe extenderse por todo el mundo. Esto se llama la «universalización del capital».

El argumento es el siguiente: las categorías universalizadoras asociadas al pensamiento de la Ilustración sólo son tan legítimas como la tendencia universalizadora del capital. Y los teóricos poscoloniales niegan que el capital se haya universalizado de hecho (o, lo que es más importante, que alguna vez pudiera hacerlo a nivel global). Puesto que el capitalismo no se ha universalizado ni puede hacerlo, las categorías que personas como Marx desarrollaron para entender al capitalismo tampoco pueden universalizarse.

Lo que esto significa para la teoría poscolonial es que las partes del globo donde la universalización del capital ha fracasado necesitan generar sus propias categorías locales. Y lo que es más importante, significa que teorías como el marxismo, que intentan utilizar las categorías de la economía política, no sólo son erróneas, sino que son eurocéntricas, y no sólo eurocéntricas, sino que forman parte del impulso colonial e imperial de Occidente. Por lo tanto, están implicadas en el imperialismo. De nuevo, este es un argumento bastante novedoso en la izquierda.

JB

¿Qué le llevó a centrarse en los estudios subalternos como forma de criticar la teoría poscolonial en general?

VC

La teoría poscolonial es un cuerpo de ideas muy difuso. En realidad, procede de los estudios literarios y culturales, donde tuvo su influencia inicial. Luego se amplió a los estudios regionales, la historia y la antropología. Se extendió en esos campos debido a la influencia de la cultura y la teoría cultural a partir de la década de 1980. Así, a finales de los ochenta y principios de los noventa, disciplinas como la historia, la antropología, los estudios sobre Oriente Medio y los estudios sobre el sur de Asia se vieron muy influidas por lo que hoy conocemos como teoría poscolonial.

Para abordar esta teoría, hay que enfrentarse a un problema básico: al ser tan difusa, es difícil precisar cuáles son sus proposiciones centrales, por lo que, en primer lugar, es difícil saber exactamente qué criticar. Además, sus defensores pueden rebatir fácilmente cualquier crítica señalando otros aspectos de la teoría que se te hayan pasado por alto, diciendo que te has centrado en los aspectos equivocados. Por eso tuve que encontrar algunos componentes centrales de la teoría —alguna corriente de teorización dentro de los estudios poscoloniales— que fuera consistente, coherente y muy influyente.

También quería centrarme en aquellas dimensiones de la teoría centradas en la historia, el desarrollo histórico y las estructuras sociales, y no en la crítica literaria. Los estudios subalternos encajan en todos estos moldes: han sido extremadamente influyentes en los estudios sectoriales; son bastante coherentes internamente y se centran en la historia y la estructura social. Como corriente teórica, han sido muy influyentes en parte por su coherencia interna, pero también porque sus principales defensores procedían del marxismo y tenían su base en la India o en distintos lugares del Tercer Mundo. Esto les dio una gran legitimidad y credibilidad como críticos del marxismo y exponentes de una nueva forma de entender el Sur Global. Es gracias a la labor de los subalternistas que estas nociones sobre la universalización fallida del capital y la necesidad de categorías nativas se han hecho respetables.

JB

¿Por qué, según los teóricos de los estudios subalternos, las tendencias universalizadoras del capitalismo fracasaron en el mundo poscolonial? ¿Qué tienen estas sociedades que impidieron el progreso del capitalismo?

VC

Los estudios subalternos ofrecen dos argumentos distintos sobre cómo y por qué se bloqueó el impulso universalizador del capital. Uno de los argumentos procede de Ranajit Guha. Guha sitúa el impulso universalizador del capital en la capacidad de un agente concreto —a saber, la burguesía, la clase capitalista— para derrocar el orden feudal y construir una coalición de clases que incluya no sólo a capitalistas y comerciantes, sino también a obreros y campesinos. Y a través de esta alianza, se supone que el capital erige un nuevo orden político que no sólo es procapitalista en términos de defensa de los derechos de propiedad de los capitalistas sino también liberal, inclusivo y consensual.

Para que el impulso universalizador del capital sea real, dice Guha, debe experimentarse como la emergencia de una clase capitalista que construye un orden consensual y liberal. Este orden sustituye al antiguo régimen y es universalizador en la medida en que expresa los intereses de los capitalistas como intereses universales. El capital, como dice Guha, logra la capacidad de hablar en nombre de toda la sociedad: no sólo es dominante como clase, sino también hegemónico en el sentido de que no necesita utilizar la coerción para mantener su poder.

Así pues, Guha sitúa el impulso universalizador en la construcción de una cultura política incluyente. El punto clave para él es que la burguesía de Occidente fue capaz de lograr ese orden mientras que la burguesía de Oriente fracasó en el intento. En lugar de derrocar al feudalismo hizo algún tipo de pacto con las clases feudales; en lugar de convertirse en una fuerza hegemónica con una amplia coalición interclasista hizo todo lo posible por suprimir la participación de los campesinos y la clase obrera. En lugar de erigir un orden político consensuado e incluyente instauró órdenes políticos muy inestables y bastante autoritarios. Mantuvo la ruptura entre la cultura de clase de los subalternos y la de las élites.

Así, para Guha, mientras que en Occidente la burguesía era capaz de hablar en nombre de todas las clases, en Oriente fracasaba en este objetivo, lo que la convertía en dominante pero no en hegemónica. Esto, a su vez, hizo que la modernidad en las dos partes del mundo sea fundamentalmente diferente al generar dinámicas políticas muy distintas en Oriente y Occidente, y éste es el significado de que el impulso universalizador del capital haya fracasado.

JB

¿Así que su argumento se basa en una afirmación sobre el papel de la burguesía en Occidente y el fracaso de su homóloga en las sociedades poscoloniales?

VC

Para Guha, absolutamente, y el grupo de estudios subalternos acepta estos argumentos, en gran medida sin reservas. Describen la situación —la condición de Oriente— como una condición en la que la burguesía domina pero carece de hegemonía, mientras que Occidente tiene tanto dominio como hegemonía.

Ahora bien, el problema con esto es, como has dicho, que el núcleo del argumento es una cierta descripción de los logros de la burguesía occidental. El argumento, por desgracia, tiene muy poco asidero histórico. Hubo un tiempo, en el siglo XIX y a principios y mediados del XX, en que muchos historiadores aceptaban esta imagen del ascenso de la burguesía en Occidente. En los últimos treinta o cuarenta años, sin embargo, ha sido ampliamente rechazada, incluso entre los marxistas.

Lo extraño es que el libro de Guha y sus artículos fueron escritos como si las críticas a este enfoque nunca se hubieran hecho. Y lo que es aún más extraño es que la profesión histórica —dentro de la cual los estudios subalternos han sido tan influyentes— nunca haya cuestionado este fundamento del proyecto de los estudios subalternos, a pesar de que todos lo reconocen como tal. La burguesía de Occidente nunca se esforzó por alcanzar los objetivos que Guha le atribuye: nunca intentó crear una cultura política incluyente ni representar los intereses de la clase obrera. De hecho, luchó con uñas y dientes contra ellos durante siglos, después de las llamadas revoluciones burguesas. Cuando por fin se lograron esas libertades, fue a través de una lucha muy intensa de los desposeídos, librada contra los héroes de la narrativa de Guha, contra la burguesía. Así que la ironía es que Guha realmente trabaja con una noción increíblemente ingenua, incluso ideológica, de la experiencia occidental. No ve que los capitalistas han sido siempre y en todas partes hostiles a la extensión de los derechos políticos a los trabajadores.

JB

De acuerdo, ése es un argumento sobre la especificidad radical de los mundos colonial y poscolonial. Pero antes has dicho que hay otro…

VC

Sí, el segundo argumento aparece sobre todo en la obra de Dipesh Chakrabarty. Sus dudas sobre la universalización del capital son bastante distintas de las de Guha. Mientras que este sitúa la tendencia universalizadora del capital en la burguesía como agente concreto, Chakrabarty la sitúa en la capacidad del capitalismo para transformar todas las relaciones sociales allí donde va. Y concluye que el capital no pasa esta prueba de universalización porque en Oriente hay varias prácticas culturales, sociales y políticas que no se ajustan a su modelo de cómo deberían ser una cultura y un sistema político capitalistas.

Así que, en su opinión, la prueba para una universalización exitosa del capital es que todas las prácticas sociales deben estar inmersas en la lógica del capital. Nunca especifica claramente cuál es la lógica del capital, pero hay algunos parámetros generales que tiene en mente.

JB

Me parece que se trata de una vara muy alta.

VC

Sí, esa es la cuestión; es una vara imposible. Así que si en la India las prácticas matrimoniales siguen recurriendo a rituales ancestrales, si en África la gente sigue rezando mientras trabaja, ese tipo de prácticas suponen un fracaso de la universalización del capital.

Lo que digo en el libro es que esto es algo extraño: todo lo que la universalización del capital requiere es que la lógica económica del capitalismo se implante en varias partes del mundo y que se reproduzca con éxito a lo largo del tiempo. Por supuesto, esto generará también un cierto grado de cambio cultural y político. Sin embargo, no requiere que todas, ni siquiera la mayoría, de las prácticas culturales de una región se transformen siguiendo algún tipo de línea capitalista identificable.

JB

Este es el argumento teórico que expones en el libro sobre por qué la universalización del capitalismo no requiere borrar toda la diversidad social.

VC

Así es. Una maniobra típica de los teóricos poscoloniales es decir algo así: El marxismo se basa en categorías abstractas y universalizadoras. Pero para que estas categorías tengan tracción, la realidad debería parecerse exactamente a las descripciones abstractas del capital, de los trabajadores, del Estado, etc. Pero, dicen los teóricos poscoloniales, la realidad es mucho más diversa. En algunos países los trabajadores visten ropas muy coloridas y rezan oraciones mientras cumplen sus labores, mientras que los capitalistas consultan a astrólogos. Y esto no se parece en nada a lo que Marx describe en El Capital. Así que debe significar que las categorías de El Capital no son realmente aplicables aquí. El argumento termina siendo que cualquier desviación de la realidad concreta de las descripciones abstractas de la teoría es un problema para la teoría. Pero esto es una tontería más allá de las palabras: significa que no se puede tener teoría. ¿Por qué debería importar si los capitalistas consultan a astrólogos, siempre y cuando su objetivo sea obtener beneficios? Del mismo modo, no importa si los trabajadores rezan en el taller mientras cumplan con su trabajo. Eso es todo lo que exige la teoría. No dice que las diferencias culturales desaparecerán sino que estas diferencias no importan para la expansión del capitalismo, siempre y cuando los agentes obedezcan a las coacciones que las estructuras capitalistas les imponen. En el libro explico esto con bastante detalle.

JB

Gran parte del atractivo de la teoría poscolonial refleja un deseo generalizado de evitar el eurocentrismo y comprender la importancia de las categorías culturales, formas, identidades y demás, específicas de cada lugar: entender a las personas tal y como eran o son, no sólo como abstracciones. Pero me pregunto si también existe un peligro en la forma de entender la especificidad cultural de las sociedades no occidentales y si eso es una forma de esencialismo cultural.

VC

Desde luego, ese es el peligro. Y no es sólo un peligro sino algo en lo que los estudios subalternos y la teoría poscolonial caen constantemente. Se ve con más frecuencia en sus argumentos sobre la agencia social y la resistencia. Está muy bien decir que la gente recurre a las culturas y prácticas locales cuando resisten al capitalismo o a diversos agentes del capital. Pero otra cosa es decir que no hay aspiraciones o intereses universales que la gente pueda tener.

De hecho, una de las cosas que muestro en mi libro es que cuando los historiadores de los estudios subalternos hacen un trabajo empírico sobre la resistencia campesina, muestran con bastante claridad que los campesinos [de la India], actúan más o menos con las mismas aspiraciones y los mismos impulsos que los campesinos occidentales cuando emprenden acciones colectivas. Lo que los diferencia de Occidente son las formas culturales en las que se expresan esas aspiraciones, pero las aspiraciones en sí tienden a ser bastante coherentes.

Y si lo pensamos bien, ¿es realmente descabellado afirmar que los campesinos indios están ansiosos por defender su bienestar, que no les gusta que los manipulen, que les gustaría poder satisfacer ciertas necesidades nutricionales básicas, que cuando ceden las rentas a los terratenientes intentan quedarse con todo lo que pueden porque no quieren renunciar a sus cosechas? A lo largo de los siglos XIX y XX, esto es en realidad de lo que han tratado estas luchas campesinas.

Cuando los teóricos subalternos levantan este gigantesco muro que separa Oriente de Occidente, y cuando insisten en que los agentes occidentales no se mueven por el mismo tipo de preocupaciones que los agentes orientales, lo que están haciendo es respaldar el tipo de esencialismo que las autoridades coloniales utilizaron para justificar sus depredaciones en el siglo XIX. Es el mismo tipo de esencialismo que utilizaban los apologistas militares estadounidenses cuando bombardeaban Vietnam o cuando se adentraban en Oriente Próximo. Nadie en la izquierda puede estar tranquilo con este tipo de argumentos.

JB

Pero, ¿no podría alguien responder diciendo que estás apoyando alguna forma de esencialismo al atribuir una racionalidad común a actores en contextos muy diferentes?

VC

Bueno, no es exactamente esencialismo, pero apoyo la idea de que hay intereses y necesidades comunes en todas las culturas. Hay algunos aspectos de nuestra naturaleza humana que no se construyen culturalmente: están moldeados por la cultura, pero no creados por ella. En mi opinión, aunque existen enormes diferencias culturales entre Oriente y Occidente, también hay una serie de preocupaciones básicas que la gente tiene en común, independientemente de que haya nacido en Egipto, India, Manchester o Nueva York. No son muchas, pero podemos enumerar al menos dos o tres de ellas: hay una preocupación por su bienestar físico, probablemente hay una preocupación por un cierto grado de autonomía y autodeterminación y hay una preocupación por aquellas prácticas que atañen directamente a su bienestar. Esto no es mucho, pero te sorprendería lo lejos que te lleva para explicar transformaciones históricas realmente importantes.

Durante doscientos años, cualquiera que se llamara progresista abrazó este tipo de universalismo. Simplemente se entendía que la razón por la que los trabajadores o los campesinos podían unirse más allá de las fronteras nacionales era que compartían ciertos intereses materiales. Esto está siendo cuestionado por los estudios subalternos, y es bastante sorprendente que tanta gente de izquierdas lo haya aceptado. Es aún más sorprendente que se siga aceptando cuando en los últimos quince o veinte años hemos visto movimientos globales contra el neoliberalismo y contra el capitalismo más allá de las culturas y fronteras nacionales. Sin embargo, en la universidad, atreverse a decir que la gente comparte preocupaciones comunes entre culturas se considera de alguna manera eurocéntrico. Esto demuestra hasta qué punto ha caído la cultura política e intelectual en los últimos veinte años.

JB

Si usted sostiene que el capitalismo no requiere del liberalismo burgués y que la burguesía no desempeñó el papel histórico de liderar esta lucha popular por la democracia en Occidente, ¿cómo explica el hecho de que hayamos conseguido el liberalismo y la democracia en Occidente y no hayamos obtenido esos resultados de la misma manera en gran parte del mundo poscolonial?

VC

Es una gran pregunta. Lo interesante es que cuando Guha escribió su ensayo original anunciando la agenda de los estudios subalternos, atribuyó el fracaso del liberalismo en Oriente al fracaso de su burguesía. Pero también sugirió que existía otra posibilidad histórica, a saber, que el movimiento independentista en la India y otros países coloniales podría haber sido dirigido por las clases populares, que podrían haber empujado las cosas en una dirección diferente y quizás creado un tipo distinto de orden político. Lo menciona y luego lo olvida, y no vuelve a ello en ninguna de sus obras.

De haber tomado este camino más en serio, podría haberlo llevado a una comprensión más precisa de lo que ocurrió en Occidente, y no sólo en Oriente. El hecho es que en Occidente, cuando finalmente surgió lentamente un orden consensuado, democrático e incluyente (en el siglo XIX y principios del XX), no fue un regalo otorgado por los capitalistas. De hecho, fue producto de luchas muy largas y concertadas por parte de trabajadores, agricultores y campesinos. En otras palabras, fue fruto de las luchas desde abajo.

Guha y los subalternos pasan esto totalmente por alto, porque insisten en que el surgimiento del orden liberal fue un logro de los capitalistas. Como lo describen mal en Occidente, diagnostican mal su fracaso en Oriente. En Oriente, atribuyen erróneamente su fracaso a los defectos de la burguesía.

Ahora bien, si se quiere un proyecto de investigación histórica preciso que explique la debilidad de las instituciones democráticas en el Este y su viraje hacia el autoritarismo, la respuesta no tiene que ver con los defectos de la burguesía sino con la debilidad del movimiento obrero y de las organizaciones campesinas, y con los partidos que representan a estas clases. La debilidad de estas fuerzas políticas para imponer algún tipo de disciplina a la clase capitalista es la respuesta a la pregunta que plantean los estudios subalternos. Esa pregunta es: «¿Por qué las culturas políticas del Sur Global son tan diferentes de las del Norte Global?». Ahí es donde deberían fijarse: en la dinámica de las organizaciones populares y los partidos de las organizaciones populares, no en algún fracaso putativo de la clase capitalista, que en Oriente no era más oligárquica y autoritaria de lo que había sido en Occidente.

JB

Usted es obviamente muy crítico con la teoría poscolonial. Pero, ¿no hay algo válido y valioso en su denuncia del orden poscolonial?

VC

Sí, tiene cierto valor, sobre todo si nos fijamos en la obra de Guha. En toda su obra, especialmente en Dominación sin hegemonía. Historia y poder en la India colonial, creo que hay una crítica muy saludable y planea un rechazo general hacia el poder en un país como India. Y eso es una alternativa tremendamente positiva al tipo de historiografía nacionalista que ha estado vigente durante décadas en ese país, donde los líderes del movimiento independentista eran vistos como algo parecido a salvadores. La insistencia de Guha en que este liderazgo no sólo no fue una salvación, sino que de hecho fue responsable de muchas de las deficiencias del orden poscolonial, es digna de elogio y apoyo.

El problema no es su descripción del orden poscolonial; el problema es su diagnóstico de dónde proceden esos fallos y cómo podrían solucionarse. Estoy totalmente de acuerdo con la actitud general de Guha hacia la élite india y sus secuaces. El problema es que su análisis de las causas es tan erróneo que se interpone en el camino de una respuesta y una crítica apropiadas de ese orden.

JB

¿Qué hay de Partha Chatterjee? ¿No ofrece su obra una crítica seria del Estado poscolonial en India?

VC

En algunos aspectos, sí. En un plano puramente descriptivo, la obra de Chatterjee sobre el nacionalismo, al igual que la de Guha, muestra la estrechez de miras de los dirigentes nacionalistas, su fidelidad a los intereses de las élites y su desconfianza hacia la movilización popular. Todo eso es digno de elogio.

El problema, de nuevo, está en el diagnóstico. En el caso de Chatterjee, los fallos del movimiento nacionalista indio son atribuidos al hecho de que sus dirigentes han interiorizado un ethos particular, y éste es el ethos y la orientación que vienen con la modernización y el modernismo. Así, para Chatterjee, el problema de Nehru es que adoptó muy pronto una postura modernizadora respecto a la economía política. En otras palabras, concedió un gran valor al enfoque científico de la industrialización, a la planificación y organización racionales, y esa es la razón principal por la que, para Chatterjee, India se encuentra encerrada en una posición de «sujeción continua» en el orden mundial.

Está bien decir que Nehru se atuvo a un conjunto de intereses estrechos, pero localizar las fuentes profundas de su conservadurismo en su adopción de una visión del mundo modernizadora y científica equivoca gravemente cuál es el problema. Si el problema de la élite poscolonial es que adoptó una visión científica y racional del mundo, surge la pregunta: ¿cómo piensan los teóricos poscoloniales salir de las crisis actuales —no sólo económicas y políticas, sino también medioambientales— si dicen que hay que abandonar la ciencia, la objetividad, la evidencia, la preocupación por el desarrollo?

El planteo de Chatterjee no tiene salida. En mi opinión, el problema con el liderazgo de Nehru y con el del Congreso Nacional Indio, no fue que fueran científicos y modernizadores sino que vincularon su programa a los intereses de las élites indias —de la clase capitalista y de la clase terrateniente— y que abandonaron su compromiso con la movilización popular e intentaron mantener a las clases populares bajo un control muy estricto.

El planteamiento de Chatterjee, aunque tiene los rasgos de una crítica radical, es en realidad bastante conservador, porque localiza a la ciencia y la racionalidad en Occidente y, al hacerlo, describe Oriente de forma muy parecida a como lo hicieron los ideólogos coloniales. También es conservadora porque no nos deja ningún medio por el cual podamos construir un orden más humano y más racional, ya que no importa en qué dirección se intente avanzar —si se intenta salir del capitalismo hacia el socialismo, si se intenta humanizar el capitalismo a través de algún tipo de socialdemocracia, si se intenta mitigar los desastres ambientales a través de un uso más racional de los recursos— todo ello va a requerir las cosas que Chaterjee impugna: ciencia, racionalidad y planificación de algún tipo. Situar estas cosas como origen de la marginación de Oriente no sólo es erróneo sino que creo que también es bastante conservador.

JB

¿Pero no hay nada válido en la crítica que los teóricos poscoloniales hacen del marxismo, así como de otras formas de pensamiento occidental arraigadas en la Ilustración, denunciando su eurocentrismo?

VC

Bueno, tenemos que distinguir entre dos formas de eurocentrismo: una es más bien neutral y benigna, es la que dice que una teoría es eurocéntrica en la medida en que su base probatoria procede en su mayor parte de un estudio de Europa. En este sentido, por supuesto, todas las teorías occidentales que conocemos hasta finales del siglo XIX extraían sus pruebas y datos de Europa de forma abrumadora, porque los estudios y la literatura antropológica e histórica sobre Oriente estaban muy poco desarrollados. En este sentido, eran eurocéntricos. Creo que este tipo de eurocentrismo es natural, aunque conlleve todo tipo de problemas, pero en realidad no se pueden plantear una acusación por ello.

La forma más perniciosa de eurocentrismo —la que persiguen los teóricos postcoloniales— es aquella en la que el conocimiento basado en hechos particulares sobre Occidente se proyecta sobre Oriente y puede resultar engañoso. De hecho, los teóricos poscoloniales han acusado a los teóricos occidentales porque no sólo proyectan ilícitamente sobre Oriente conceptos y categorías que podrían ser inaplicables, sino porque ignoran sistemáticamente pruebas disponibles que podrían generar una teoría mejor.

Si de lo que estamos hablando es de eurocentrismo del segundo tipo, entonces ha habido elementos en la historia del pensamiento marxista que han caído presa de este tipo de eurocentrismo. Sin embargo, si nos fijamos en la historia real del desarrollo de la teoría, esos casos han sido bastante raros.

Desde principios del siglo XX, creo que es correcto decir que el marxismo es quizá la única teoría del cambio histórico procedente de Europa que ha abordado sistemáticamente la especificidad de Oriente. Uno de los hechos más curiosos de los estudios subalternos y la teoría poscolonial es que ignoran esto. Desde la Revolución Rusa de 1905 hasta la Revolución de 1917, pasando por la Revolución China, los movimientos de descolonización africanos y los movimientos guerrilleros en América Latina, todas estas convulsiones sociales generaron intentos de abordar la especificidad del capitalismo en países no europeos.

Se pueden citar varias teorías específicas que surgieron del marxismo y que no sólo abordaban la especificidad del Este sino que negaban explícitamente la teleología y el determinismo que los estudios subalternos afirman que son centrales en el marxismo: la teoría del desarrollo combinado y desigual de Trotsky, la teoría del imperialismo de Lenin, la articulación de los modos de producción, etcétera. Cada una de estas teorías era un reconocimiento de que las sociedades en desarrollo no se parecen a las sociedades europeas.

Así que si se quiere ganar puntos, se puede sacar a colación unos casos aquí y allá de algún tipo de eurocentrismo persistente en el marxismo. Pero si se mira el balance general, no sólo la puntuación global resulta bastante positiva sino que queda mejor parada al compararla con el orientalismo que han resucitado los estudios subalternos. Me parece que el marco más natural para entender la especificidad de Oriente procede del marxismo y de la tradición de la Ilustración, no de la teoría poscolonial.

La contribución duradera de la teoría poscolonial —por lo que será conocida, en mi opinión, si se la recuerda dentro de cincuenta años— será su resurgimiento del esencialismo cultural y su actuación como aval del orientalismo, en lugar de ser un antídoto contra él.

JB

Todo esto nos lleva a preguntarnos por qué la teoría poscolonial ha adquirido tanta importancia en las últimas décadas. De hecho, ¿por qué ha sido capaz de desbancar el tipo de ideas que usted defiende en su libro? Está claro que la teoría poscolonial ha venido a ocupar un espacio que antes ocupaban diversas formas de pensamiento marxista y de influencia marxista, y que ha influido especialmente en grandes franjas de la izquierda intelectual anglófona.

VC

En mi opinión, ese protagonismo se debe estrictamente a razones sociales e históricas sin expresar el valor o la valía de la teoría. Por eso decidí escribir un libro sobre el tema. Creo que la teoría poscolonial alcanzó prominencia por un par de razones. Una es que tras el declive del movimiento obrero y el aplastamiento de la izquierda en los años setenta, no había ningún tipo de teoría prominente en el mundo académico que se centrara en el capitalismo, la clase obrera o la lucha de clases. Mucha gente ha señalado esto: en el ámbito universitario, es poco realista imaginar que cualquier crítica al capitalismo desde una perspectiva de clase vaya a tener mucha vigencia, excepto en períodos en los que hay una agitación social masiva y un levantamiento social.

Así que la pregunta interesante es por qué hay algún tipo de teoría que se llama a sí misma radical, sin ser una teoría anticapitalista clásica. Creo que esto tiene que ver con dos cosas: en primer lugar, con los cambios en las universidades en los últimos treinta años aproximadamente, en los que ya no se las ve como torres de marfil. Hoy son instituciones de masas que se han abierto a grupos que históricamente quedaban afuera: minorías raciales, mujeres, inmigrantes de países en desarrollo. Todos ellos son personas que sufren diversos tipos de opresión, pero no necesariamente explotación de clase. Así que existe, por así decirlo, una base de masas para lo que podríamos llamar estudios sobre la opresión, que es un tipo de radicalismo importante y real. Sin embargo, no se trata de una base muy interesada en cuestiones vinculadas con la lucha de clases o la formación de las clases, el tipo de cosas de las que solían hablar los marxistas.

A esto se suma la trayectoria de la intelectualidad. La generación del 68 no se convirtió en la corriente dominante a medida que envejecía. Aunque algunos querían mantener sus compromisos morales y éticos con el radicalismo, el conjunto de esta generación, como todo el resto, también se apartó del radicalismo clasista. Así que lo que hubo fue un movimiento desde abajo, una especie de demanda estudiantil de teorías centradas en la opresión, y un movimiento desde arriba, con profesores que se ofrecían a suministrarlas. Lo que les hizo converger no fue sólo centrarse en la opresión, sino la eliminación de la opresión y explotación de clases de la historia. Y la teoría poscolonial, debido a su propia escisión del capitalismo y la clase —porque resta importancia a la dinámica de la explotación— encaja muy bien.

JB

¿Qué opina de las perspectivas de la teoría poscolonial? ¿Cree que pronto será eclipsada por la academia y la izquierda?

VC

No, no lo creo. No creo que la teoría poscolonial corra ningún peligro de ser desplazada, al menos en el corto plazo. Las tendencias académicas van y vienen, no por la validez de sus afirmaciones o el valor de sus propuestas sino por su relación con el entorno social y político más amplio. Y la desorganización general de la clase trabajadora y de la izquierda, que creó las condiciones para que floreciera la teoría postcolonial, sigue estando muy presente. Además, la teoría postcolonial cuenta ahora con al menos dos generaciones de académicos que han apostado toda su carrera por ella, que tienen media docena de revistas dedicadas a ella y un ejército de estudiantes de posgrado que persiguen agendas de investigación que surgen de ella. Así, sus intereses materiales están directamente relacionados con el éxito de esta teoría.

Puedes criticarla todo lo que quieras, pero hasta que no tengamos el tipo de movimientos que animaron al marxismo en los primeros años después de la Primera Guerra Mundial, o a finales de los 60 y principios de los 70, no se verá un cambio. De hecho, lo que habrá es una respuesta bastante rápida y despiadada a cualquier crítica que pueda surgir. Mi triste, pero —creo— realista pronóstico es que va a seguir existiendo durante bastante tiempo.

Sobre el entrevistador

Jonah Birch es profesor asistente visitante de sociología en la Universidad Estatal de los Apalaches y editor colaborador en Jacobin Magazine.

Vivek Chibber

Profesor de sociología en la Universidad de Nueva York. Es editor de Catalyst: A Journal of Theory and Strategy.

Publicado en: Cultural, Global, titular2

Resucitar la utopía

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

 Por:  Manuel Carmona Curtido

 

Hace tiempo que la Utopía murió, mataron entre todos y nadie estuvo para salvarla. En un mundo, aparentemente, dominado por los “opuestos”, la muerte de la Utopía provocó el nacimiento de la Distopía.

La Distopía, en su propia definición ya se presenta como una sociedad indeseable, según la RAE significa “Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, y hacia ese futuro es el que parece que vamos caminando de manera global sin frontera que le ponga límite.

El imaginario colectivo está bien nutrido de pasajes distópicos, de ello se ha encargado la literatura contemporánea (1984, Un mundo feliz, La Era de la Supernova…) y la industria cinematográfica (Blade Runner, Guerra Mundial Z, Los juegos del Hambre…) son tantos los títulos que se ambientan en una sociedad distópica que sería imposible nombrarlos a todos.

Parafraseando a Bukowski cuando siempre estás embadurnado en mierda, la gente termina confundiéndote con una mierda, y eso es lo que hemos hecho con el futuro, lo hemos embadurnado tanto de “mierda” que ha perdido cualquier atractivo.

El presente tampoco nos facilita albergar muchas esperanzas de un futuro atractivo; el cambio climático augura la desertización del planeta, catástrofes naturales, etc., la tecnología, que venía a facilitarnos la vida, ha “apresado” a una mayoría de la población a la que, a través de sus pantallas, les muestra, que decir, como vestirse, como relacionarse, cuales son los cánones de “éxito” establecidos y en definitiva como pensar, que viene a ser lo mismo que no pensar.

Importantes intelectuales han avisado y siguen avisando sobre esta situación; Zygmunt Bauman, Noam Chomsky, Byung Chul Han… pero no han pasado de ahí, analizar el mundo en que vivimos, haciendo caso omiso de la máxima que dejara escrita Karl Marx en sus “Tesis sobre Feuebach” donde instaba a dar un paso más en el análisis de la sociedad y plantear caminos para su transformación.

Hubo un tiempo en el que los pensadores reflexionaban sobre cómo construir una sociedad mejor, las obras de Platón, Aristóteles o Tomás Moro, quedaron como prueba del deseo humano por la construcción de un mundo mejor, dejando la impronta de que la construcción del mismo está en manos del ser humano.

Hoy el futuro se plantea como una espada de Damocles que nos caerá encima de un momento a otro.

La naturaleza humana se siente atraída hacia el desastre, tiene especial predilección sobre lo negativo, no solo las malas noticias “venden” más que las buenas noticias, sino que las buenas noticias ni siquiera son noticia, solo hay que ver un telediario para darnos cuenta de esto.

Urge repensar el futuro, revivir la Utopía, dar el valor que realmente tiene el ser humano como constructor social, y volviendo a parafrasear a otro de los “filósofos de la sospecha” dejar de mirar al abismo.

“Cuando miras largo tiempo a un abismo, también este mira dentro de ti” F. Nietzsche

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Bertolt Brecht, poeta

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

 Por: Inhaki Urdanibia

 

«Los testimonios amistosos del mundo se encuentran en los momentos más duros de la existencia: al nacer, al dar el primer paso en la vida y al dar el último, ése que nos saca de la vida. Ese es el programa humanitario mínimo»

                             Walter Benjamin

«Brecht puede constituir una ejemplar piedra de toque para reflexionar, sobre el “empeño” y el “destino” del arte, en precisa confrontación con sus estructuras expresivas»

                            Paolo Chiarini

«Las cinco dificultades se derivan de que es preciso tener el valor de escribir la verdad; la inteligencia de reconocerla; la comprensión del arte para hacerlo útil como arma; el suficiente discernimiento para elegir a aquellos en cuyas manos la verdad sea efectiva; proceder con astucia para difundirla entre muchos»

                             Hans Mayer

Este año, en febrero, se cumplían ciento veinticinco años del nacimiento del poeta novelista (Bertold Brecht, Cartel de las Artes y las Letras) y dramaturgo alemán. Galaxia Gutenberg ha tenido el oportuno detallazo de editar «No pudimos ser amables. Antología poética (1916-1956)» en edición bilingüe de José Luis Gómez Torré. Además de reunir sus poemas publicados, reúne algunos otros que andaban por ahí, y también las canciones que acompañaron sus obras de teatro. El trabajo es exhaustivo y de hondura, con el añadido de La casa en llamas que es un estudio introductorio francamente ubicador y brillante, que sirve para conocer los avatares existenciales, realmente ajetreados del escritor, y para situar los poemas en el contexto de su elaboración, sin dejar de lado las luces para facilitar la interpretación, y tampoco las sombras de una vida de un hombre difícil y de comportamientos, muchas veces, poco presentables y menos recomendables.

Los elogios no faltaron por parte de sus distinguidos amigos: así Walter Benjamin, que fue acogido en casa de Brecht en Dinamarca, le dedicó luminosas páginas en sus Iluminaciones III. Tentativas sobre Bertolt Brecht (Taurus, 1975), en las que treinta páginas están dedicadas a comentarios de los poemas de su amigo; «Brecht es, desde luego, el primer lírico importante que tiene algo que decir acerca del hombre de la ciudad», iluminando la mirada del emigrado, de quien denunciaba el creciente antisemitismo y que interpretando a Lao tsé, recomendaba la ética de la paciencia, y la resistencia, concluyendo el comentario diciendo que «quien quiera someter lo duro, no debe dejar pasar ocasión alguna para ser amable»; tampoco se quedaba atrás Hannah Arendt, quien sus Vidas políticas, dedicaba un ensayo a Brecht del que señala que algún poema suyo, facilitado, precisamente, por Benjamin que tras estar en Dinamarca llevó el poema a París, en 1939, que a ella y el resto de recluidos en el campo bearnés de Gurs, les supuso «muy rápido, como el anuncio de una buena nueva, circuló de boca a oreja- como fuente de consuelo, de paciencia y de resistencia- allá en donde se tenía la máxima necesidad de tales ánimos» [se trataba del poema al que he aludido, La leyenda acerca del origen del libro Tao Te King en el camino de Lao Tse durante su emigración, como aclarase, años después, la autora de Los orígenes del totalitarismo]. «…Dijo el chico: “Que el agua en su debilidad / Vence, al moverse, con el tiempo a la piedra. / A lo duro somete, ya lo ves”».

Si los elogios fueron grandes los nombrados y otros, no faltaron las criticas: por supuesto de los nazis, y en general la derecha al considerarle peligroso comunista, desde el comunismo ortodoxo en el poder, tanto en la URSS como en la RDA, sus obras no eran bien miradas ya que no se plegaban a la doctrina oficial del realismo socialista, sino que buscaba nuevas formas de expresión. Puestos a enumerar gente que mostró antipatía hacia él, o hacía su profesión de poeta, no me resisto a transcribir, aunque se salga algo del tiesto, lo que relata una de sus amantes y colaboradoras, en Una vida con Brecht. Recuerdos de Ruth Berñau (Trotta, 1995): «Brecht fue sometido a interrogatorio [por el Comité de Actividades Antiamericanas] junto con otros dieciocho escritores […] Los “dieciocho” eran tan ricos que pudieron permitirse el lujo de pagarse buenos abogados. Le hicieron un hueco a Brecht como miembro diecinueve del grupo, a pesar de que ninguno de ellos sabía quién era él. Le proporcionaron un abogado que no hubiera podido pagarse nunca de su propio bolsillo. Cuando este abogado se enteró de que Brecht había escrito poesía, renunció a su defensa» (???).

Volviendo a la obra recién editada, no cabe duda de que es digna del mayor aplauso al poner al alcance un aspecto desatendido de su quehacer: así como el teatro y la narrativa ha sido editada prácticamente en su totalidad, su poesía solamente se ha publicado de manera escorada, desde aquel pionero Poemas y canciones, versión de Jesús López Pacheco traducido por Vicente Romano, y publicado por Alianza en su colección Libro de Bolsillo, número 103, en 1968, cuyo centro de gravedad eran los poemas más políticos y/o ideológicos; las otras publicaciones posteriores de sus poemas ha sido parcial y escorada, o dedicada a algún tema determinado, lo que hace que el conocimiento de la poesía de Brecht, de Pirineos abajo, haya sido realmente precaria, hasta el punto de que la cosa ha quedado en citas, siempre las mismas, extraídas de sus poemas: que si ladrones y banqueros, que si los de arriba dicen, o todos o ninguno, que si loada sea la duda, o general tu tanque es más fuerte…muchas de ellas difundidas por músicos varios; siendo el colmo del colmillo, aquello que se señala en el prólogo que señalaba el eximio traductor Miguel Saéz: «A Brecht se le conoció aquí tarde y mal[…] Y no sólo se conoció mal su teatro: alguno recordó con razón que todavía en la actualidad el poema más conocido de Brecht (ese que dice: “Cuando vinieron a buscar a los comunistas…”) no era de Brecht, sino del pastor evangelista Martin Niemöller»; mirando en la red todavía puede verse tal cita como obra de Brecht. Cumple así, como señalo, la publicación de esta antología un papel realmente encomiable, necesario.

El libro abarca toda la producción poética del autor, que escribió lírica desde muy joven hasta su muerte (el 14 de agosto de 1956), pudiéndose ver desde algunas de la canciones que acompañado por su guitarra cantaba en algunos cabarés en los años de la República de Weimar, y los tiempos en los que los versos se veían inmersos en los bajos fondos con sus delincuentes, vagabundos, seres asociales, hombres de negocios, bandidos, perseguidos, hampones y demás, a los momentos en que era el exilio (dieciséis años pasó en diferentes países des 1933 a 1949: Inglaterra, París, Finlandia, Dinamarca, Estados Unidos) y sus motivos, la denuncia de la infame persecución de los judíos, la denuncia de la guerra, sin obviar los poemas de amor, que muchos escribió, pues muchas fueron las mujeres que se sucedieron, o que compartió, en su vida. Somos testigos de los cambios de estilo que va desde el habla popular a maneras más cuidadas de expresión, del mismo modo que vemos muestras de poemas sin rima a otros que la respetan, eso sí siempre con un respeto escrupuloso del ritmo. Se palpan también algunas sombras de su admiración por el budismo, y similares, y referencias bíblicas que se balancean entre la ironía satírica y la herencia familiar recibida…para pasmo de entrevistadores, ante sus preguntas acerca de su libro preferido, el poeta respondió que la Biblia. El Índice, del que ofrezco un resumen, habla por sí solo acerca de la amplitud de la recopilación: Primeros poemas (1916-1925), Los años berlineses (1925-1933), Primeros años de exilio (1933-1938), Los años de guerra (1939-1945), y El regreso (1945-1956).

Versos marcados por los tiempos vividos, que son presentados de forma cronológica, lo que sirve para conocer las variaciones ya nombradas, fruto de las circunstancias, tiempos sombríos, «¡Qué clase de tiempos son estos donde/ Una conversación sobre árboles es un delito» (algunos arces y un ciruelo se cuelan), tiempos en los que la palabra inocente era insensata. Siempre asomando en la lectura la figura de sí mismo, algunas veces de manera explícita y otras solapada, como si de una gran confesión se tratara, por emplear la expresión de Goethe. Una tensión constante, dialéctica, entre lo uno y lo otro y un descarado gusto por la paradoja, salpimentado con atinadas dosis de sorna.

Escritura contracorriente con respecto a las modas y usos de su tiempo, tanto en lo que hace al expresionismo en boga al que atacaba sin piedad, como desmarcándose de las imposiciones de la lengua de madera propia del realismo socialista.

En fin, como dijese Walter Benjamin comentando un poema del autor, «La inhumanidad a la que están condenados no ha podido arrebatarles la cortesía cordial. Lo cual puede justificar la esperanza o la desesperación».

Concluyendo, el traductor al hablar de esta edición, dice que «no ha llegado todavía el tiempo de la amabilidad. Mientras tanto estas poesías».

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared

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Conjeturas sobre el arte de narrar. Italo Calvino, un escritor contra el apuro

06/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Guillermo Saccomanno

Teniendo en cuenta que toda moda es museo, cada tanto, como antídoto releo El libro de los otros de Italo Calvino, su correspondencia con autores entre 1947 y 1981, un período tan largo como fecundo de editor en Einaudi. Al volver sobre este clásico los subrayados me sobrepasan, y como si fueran pocos, marco pasajes nuevos, especialmente los que se refieren a autores todavía crudos, que sólo quieren, más que ser leídos, ser rápidamente afamados y, en la mayoría de los casos, a las semanas, difamados. Pero quienes devienen celebrities pronto son olvido en “la rueda que mueve el mundo”, como cantan “Los espíritus”.

Calvino se toma su tiempo para leer originales y después, en menos de una carilla, explica el porqué de sus aprobaciones, y también el pedido de enmiendas, correcciones o directamente el rechazo del material que llegó a su escritorio. Más que como editor, actúa como crítico literario. Pero nunca en contra de los textos sino que, con sus observaciones, se pone del lado de autor. Calvino, realista en sus orígenes literarios, pegado a la narrativa de posguerra, fue apartándose del realismo y pasando a lo fantástico. Es cierto, nos falta acceder al material que él lee para coincidir o disentir con lo que elogia o rebate, pero siempre desmenuzándolo. Sin embargo, y no es por su sitial de escritor, las cartas de respuesta transmiten no sólo experiencia sino también una sabiduría conciente del significado de derrotas vividas. Es decir, la comprensión al haber pasado el trance del rechazo en que el otro se encuentra. “Yo sigo escribiendo cosas que me rechazan”, contesta en una carta. “Tengo cajones llenos de libros y justamente son los que más trabajo, me cuestan, años y años. Si las reacciones de los primeros lectores no son completamente favorables, no publico. ¿Por qué habría de publicar? Me haría un daño a mí mismo: es un sacrificio, me he esforzado y he esperado, pero sólo debe publicarse lo que uno está seguro de haber realizado, de haber alcanzado lo que quería alcanzar. Tengo dos gruesas novelas en el cajón: una escrita en el 47 al 49, la otra del 49 al 51. Ahora estoy escribiendo otra, también muy trabajosa. ¿Quién sabe si me saldrá bien?” Aquello que impresiona en Calvino, afiliado al PCI, es justamente el no juzgar el material desde la propia ideología y programa sino desde el mismo otro, actitud solidaria poco frecuente tanto en editores como en críticos.

En este tiempo florecen en todas partes – y no aludo sólo a estos pagos -, relatos de tinte autobiográfico, de anecdotario personal, que ingresan en la confesión pequeña y burguesa que ha dado en llamarse “literatura del yo”. A propósito, Calvino le escribe al responsable de una novela: “Autobiografiarse es la operación más difícil, ya nos propongamos la verdad absoluta según el arduo ejemplo de Rousseau, ya escribamos (como hace la mayoría) alguna forma de mistificación (que será siempre un modo de decir la verdad). Si quieres crear una sensación de conmoción, tiene que bastar con lo que sucede, con su incertidumbre. No hace falta sacar a relucir el ‘sentimiento de lo indefinido’”.

En sus cartas, Calvino, a la vez que sienta su posición, no para de dar consejos y recomendaciones que operan más que como un decálogo, como un “ars poetica”. Puede parecer reduccionista, pero en su sencillez hay una concepción de la literatura que es, para él, un “inventarse reglas y después seguirlas. En el lenguaje ocurre lo mismo”, le señala a otro autor. “Eres demasiado indisciplinado, crees que todo viene bien y caes continuamente en réplicas baratas de espíritu chabacano. La literatura se puede hacer con cualquier lenguaje, pero tienes que decidir cuál es tu elección. En el lenguaje que usamos al hablar hay filones diferentes: un escritor lo es cuando logra aislar un filón, una clave estilística y escribe todo en esa clave, o bien dos filones diferentes y quizá contrastados y los mezcla, o tres o más si sabe orquestarlos, pero de todos modos debe saber lo que hace, debe hacer una selección con esa papilla asquerosa que es el bla-bla-bla de la palabra humana. Una selección o una constricción que adquiera un sentido poético”.

Calvino habla con la autoridad que le confiere una concentración minuciosa y obsesiva y, en el prólogo a su legendario y fabuloso Las ciudades invisibles, escribe sobre la laboriosidad que exige la búsqueda de una perfección a la vez narrativa y lírica. La trama de su libro la componen los relatos de las ciudades imposibles que Marco Polo le cuenta a Kublai Kan, emperador de los tártaros, en un mundo que marcha hacia la destrucción y abre una discusión sobre la ciudad moderna, cada vez menos vivible. “El libro nació lentamente, con intervalos a veces largos, como poemas que fui escribiendo, según las más diversas inspiraciones. Cuando escribo procedo por series: tengo muchas carpetas donde meto las páginas escritas, según las ideas que se me pasan por la cabeza, o apuntes de cosas que quisiera escribir”. Las carpetas son innumerables, las hay sobre las estaciones y los sentidos. Calvino lleva consigo a todas partes sus apuntes. “Pero todas estas páginas no constituían todavía un libro: un libro, creo yo, es algo con un principio y un fin, aunque no sea una novela en sentido estricto. Es un espacio donde el lector ha de entrar, dar vueltas, quizás perderse, pero encontrando en cierto momento una salida, o tal vez varias salidas, la posibilidad de dar con un camino para salir. Algunos de ustedes me dirán que esta definición puede servir para una novela con una trama, pero para un libro como éste, que debe leerse como se len los libros de poemas o de ensayos o, como mucho, de cuentos”.

Aunque parezca soberbio, sentar jurisprudencia y arengar en la nada, Calvino es conciente de un peligro de su oficio de editor: “Trabajando en una editorial se le vuelve a uno el corazón de piedra”, anota. “Todos los días recibo cartas de autores que solicitan la publicación de sus obras. Uno termina por no sentir nada, por asumir una máscara de cinismo. Sólo es una máscara, ruego que me crean: yo también soy autor y comprendo lo dolorosa que es la espera”.

A la vez, sobre la fama autoral, piensa como Borges, que esperaba ser recordado con una línea en una enciclopedia futura. Con respecto a aquellos que aspiran con su cosa autobiográfica la popularidad mediática a cualquier precio. Calvino reniega también de las presentaciones de libros y su algarabía fugaz: “La obra lograda puede permitirse borrar al autor. Y el currículum servirá para explicar la obra, no a la inversa. El currículum de Dante sirve para explicar la Divina Comedia, no lo contrario. Shakespeare es sólo sus obras, él si que dio el gran golpe: desaparecer, volatilizarse y dejar en su lugar un “in-folio” desnudo”. Lo que Calvino, tanto lector como autor, solicita a sus pares es un ejercicio arduo de la paciencia que no consiste en otra cosa que frenar el apuro, la ansiedad. A propósito, conviene tener en cuenta también a Borges citando a Coleridge: “La creación de una flor es un trabajo de siglos”. Pero quién, vale preguntarse, en este tiempo donde la instaneidad y la velocidad borran la obra misma, está en condiciones de esta actitud ante el oficio de escribir

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La intolerable indiferencia de la Europa central

06/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Maciek Wiśniewski

Que la literatura tenga un poder enorme es algo esperanzador y en sí mismo digno de aplaudir, salvo, por supuesto, las veces que esto pueda ser una fuente de problemas. Cuando en 1983 Milan Kundera −fallecido hace unas semanas− escribía su famoso ensayo Un occidente secuestrado. La tragedia de la Europa Central (1983), y mediante pura fuerza de la narrativa creaba todo un nuevo mapa y concepto de la región, nadie –su autor incluido− se hubiera imaginado el dolor de cabeza que su visión nos estaría dando décadas más tarde. Para él, la Europa Central –Polonia, Checoslovaquia, Hungría– era el Occidente secuestrado por el Oriente. Al igual que Austria, estos países nunca han sido parte de Europa del Este ni de la cultura bizantina dominada por Rusia. En cambio, eran parte de la gran aventura de la civilización occidental, con su gótico, renacimiento o reforma. En Europa Central, la cultura moderna, subrayaba Kundera, encontró sus mayores impulsos: sicoanálisis, estructuralismo, dodecafonía. La música de Bartók o Janáček. La novela nueva: Kafka, Musil, Broch, Gombrowicz. Si desde 1945 la región estaba bajo el dominio de la URSS, era no sólo en contra de su voluntad, sino su verdadera naturaleza y su código cultural particular. A pesar de que su Europa central era una región en gran parte imaginada, el propósito parecía noble. Pero el argumento identitario y civilizatorio a favor de su singularidad y su liberación del yugo foráneo acabó siendo un legado envenenado. Un huevo de la serpiente.

Allí, donde Kundera hablaba de cómo la civilización totalitaria soviética −en sí misma, una radical negación del Occidente moderno−, amenazaba a la civilización occidental centroeuropea, hoy la extrema derecha populista en Polonia o Hungría cambia soviética por musulmana y sigue hablando básicamente con el mismo lenguaje en sus alegatos xenófobos en contra de los refugiados que invaden a la región, ponen en peligro su identidad cristiana y quieren secuestrar nuestra civilización. En este sentido, los populistas −o los posfascistas, como quería Gáspár Miklós Tamás− centroeuropeos son los precursores de la ola xenófoba que tiene dominado también al propio Occidente, donde las extremas derechas −en Francia, Italia o España− luchan sin cesar por la sobrevivencia de su civilización. En Europa Central, los conceptos que por años formaban parte del vocabulario de la resistencia antisoviética primero mutaron fluidamente en islamofobia y luego de regreso: la invasión rusa a Ucrania, a ojos de muchos, confirmó todas las advertencias de Kundera sobre la voracidad de Rusia y de que la amenaza siempre estaba allí, convirtiéndolo en una suerte de profeta.

Unas décadas después de que en la región la consigna principal era la solidaridad, reinaron el egoísmo y la indiferencia a la suerte de los más desfavorecidos: los migrantes y los refugiados. Los llamados unánimes a derribar los muros fueron sustituidos por las voces de erigir los nuevos, que venían incluso de las mismas bocas que antes denunciaban el Muro de Berlín por tenernos secuestrados del lado malo de la historia. La xenofobia consumió al escritor húngaro György Konrád, un ex disidente y uno de los principales apóstoles de la Europa abierta kunderiana y al Premio Nobel de Literatura húngaro (2002), Imre Kértesz, quien alertaba sobre los peligros de la islamización del continente mediante la migración. Incluso, la eminente filósofa Agnés Heller, en la misma clave de preocupaciones de la extrema derecha −de la que ella no era ninguna partidaria−, apuntaba a los peligros del totalitarismo islamista, el lenguaje sacado tal cual de Kundera y sólo actualizado para el presente. Y si últimamente la guerra en Ucrania dio a los centroeuropeos de nuevo chance ser solidarios, su empatía tenía destinatarios muy particulares y las puertas de la región se abrieron sólo a un tipo de refugiados (blancos y cristianos).

Regresando al poder de la literatura, es de alguna manera consolador que en los últimos años una de las principales villanas del gobierno ultraconservador y antiinmigrante de Ley y Justicia (PiS) en Polonia sea Olga Tokarczuk, una eminente escritora, Premio Nobel de Literatura de 2018. No sólo por sus críticas al régimen autoritario de PiS, sino también por ir excavando las historias heterodoxas e incómodas del pasado plurirreligioso, multiétnico y multilingüe de Polonia, que contradicen la narrativa oficialista de pureza nacional (véase: Los libros de Jacobo o Los corredores). En tiempos de la primacía de la etnicidad, del identitarismo y de la represión migratoria en Europa Central no es difícil de ver cómo estas visiones −que constituyen a la vez un necesario reemplazo a la narrativa kunderiana que trae potencialidad de fomentar el rencor y el racismo−, resulten herejes.

Para su defensa, al formular sus alegatos civilizatorios a fin de arrancar la Europa Central de la zona soviética, Kundera no podía prever cómo la cultura se volvería hoy el principal vehículo para las políticas de odio. Igual ya en los años 80 sus argumentos no sonaban muy progresistas, pero tampoco eran tan hardcore como sus versiones pregonadas por otros escritores centroeuropeos como Czesław Miłosz, otro Premio Nobel de Literatura polaco (1980). Tampoco sabía que sus preciadas naciones pequeñas las estarían usando para convertirse en reaccionarios nidos de egoísmo, particularismo cultural e indiferencia. Desde luego, no era la liberación que él tenía en mente.

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¿Olvidar a Kundera?

06/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Inhaki Urdinibía

 

«Satán, el doble de Dios, mas (como en un espejo) un doble invertido, degradado, falso, irónico, absurdo, un doble que intenta hacerse pasar por su modelo, lo que logra a menudo, y que no cesa por ello de complacerse, Desde entonces, no queda más que una única manera de no poseerme, complacerme también»

                         François Ricard, Posface de La vie est ailleurs

«Para Kundera la novela e el género característico de la democracia el género más estrechamente vinculado a la lucha por la libertad y la igualdad»

                        Richard Rorty, Escritos filosóficos 2

«Pero si el futuro no es para mí un valor, ¿a qué estoy ligado entonces? ¿a Dios? ¿a mi patria? ¿al pueblo? ¿al individuo?

»Mi respuesta es tan ridícula como sincera. No estoy ligado a nada más que el depreciado legado de Cervantes»

                        Milan Kundera, El arte de la novela

Para algunos la respuesta a la pregunta plateada e el título es de una claridad meridiana: no es que haya que olvidarlo sino que hace ya tiempo que está olvidado, ¡vaya! («se puede burlarse de los burgueses pues están muertos desde hace tiempo y no lo saben»). Los motivos esgrimidos es que su anticomunismo rebosaba, defendía la autonomía de la literatura, más en concreto de la novela plegándose a los parámetros de la democracia burguesa, y otros argumentos (?) de semejante pelo.

Juzgo que la cosa es algo más complicada que todo ello, y vamos por partes, no sin antes dejar claro que trop c´est trop y que, tomando prestado a Oscar Wilde, lo contrario del matiz es la barbarie; así pues, no pretenderé en las líneas que siguen postularme como defensor del escritor checo, ya que su obra le defiende sola con abundantes dosis de «cólera generosa» de la que hablase George Orwell.

1) Resulta llamativo que cantidad de escritores del Este europeo, dicho “comunista”, hayan reclamado el derecho de expresarse desde los tiempos iniciales de la revolución de Octubre: ahí están los casos de Bulgakov, Zamiatin o del mismo Maiakovski, Gorki, o fuera de tales pagos, puede verse el caso de Bertolt Brecht que tampoco careció de roces con la autoridad en curso; todos ellos tuvieron sus más y sus menos con la nomenklatura gobernante. Más adelante, y sin pasar lista, pueden nombrarse los casos de Ismaíl Kadaré, Svetlana Alexievitch, Herta Müller, o…el mismo Milan Kundera, que acaba de fallecer. Es de una simplificación palmaria considerar a los nombrados y a otros muchos como traidores, o similares…simplemente ante la falta de libertad de crear y publicar optaron por tomar las de Villadiego, y puestos a elegir entre los dos modelos en liza: capitalismo de Estado teñido de rojo, disfrazado de socialismo o comunismo, y capitalismo sin caretas, se posicionaron con el segundo. Recuerdo, y siento dolor, ante algunas declaraciones del gran novelista albano Kadaré, en un libro de entrevistas, en las que se deshacía en elogios, por ejemplo, sobre Juan Pablo II, la albanesa madre Teresa de Calcuta y otras luminarias del karaoke dominante del capital-parlametarismo que diría Alain Badiou, como el presidente norteamericano Bill Clinton…Es obvio que entre guatemala y guatepeor no optaron por un posible, y deseable, guatemejor. Lo afirmado no les anula como escritores

2) Si ponerse frente al asfixiante poder dominante de los países del este europeo, ha de considerarse como anticomunismo, que vengan los dioses de la revuelta y lo vean. No es cosa de extenderse en el tema, pero desde hacía largo tiempo, casi desde la fundación de dichas repúblicas dichas de democracia popular, que el socialismo brillaba por su ausencia, si es que alguna vez estuvo en marcha; ni por asomo. Dejo de lado aquella afirmación de profecía, cumplida, de Bakunin, mantenida posteriormente en términos similares por Kropotkin y otros, de que socialismo sin libertad es tiranía o cuartel.

3) La literatura sí que posee cierta autonomía y su temática no se reduce, no ha de reducirse al campo de la política, ya que el mundo de las pasiones, los sentimientos y demás son constantes en la historia de los humanos; responde su quehacer al título, y al espíritu, de su primera recopilación poética: El hombre, ese vasto jardín (no está de más inspirándose en Orwell recordar que todos humanos pero unos más humanos que otros). Es en este orden de cosas, que escritores, como el propio Kundera, deslizase sus historias por el amor, el desamor, y las cortapisas, en una polifonía existencial, que se imponen en ciertos contextos en los que el torbellino de la Historia mostraba su rostro más asfixiante y que Kundera utilizaba como telón de fondo y sabido es desde Machado que «la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero» [hace ya siete años dediqué un amplio artículo al escritor checo-francés: “La despedida” de Milan Kundera https://archivo.kaosenlared.net/la-despedida-de-milan-kundera/index.html], no es ningún pecado sino que simplemente la muestra palmaria de que la literatura, como todas obras creativas, no están dominadas, ni deben estarlo, por la centralidad política, siempre que uno no se a un seguidor fiel de las doctrinas de Zjanov o de Mao en sus Conferencias sobre arte y literatura en el foro de Yenan…realismo socialista y/o servir al pueblo como guías .

4) Acudir a sus pretendidos devaneos con la policía secreta en los viejos tiempos (lo cual, dicho sea al pasar, para los defensores del pretendido socialismo de los países del área en vez de una falta debería ser un encomiable servicio) es el mismo recurso, ya gastado por el uso y el abuso, a revisar el pasado, colaborador o militante, de grandes escritores como los de Günther Grass o Krista Wolf, por ejemplo, para hallarles en falta ya que ciñéndose a su escritura no sería fácil emprenderla con ellos algo de esto también se dio con respecto al autor de 1984. Ya en su momento el comportamiento del secretario general, Stalin, usaba el mecanismo de retirar de las fotos de la los tiempos de Octubre a quienes no estaban de acuerdo con él, o buscar traiciones pasadas, para dar a entender que ya se vio desde el principio la carencia de carácter revolucionario de los nombrados, su espíritu timorato…

5) Vistas así las cosas, y observando desde la corrección política, pretendidamente revolucionaria, deberían echarse à la poubelle a numerosos escritores (Louis-Ferdinand Céline, Mario Vargas-Llosa, el también checo Ivan Klima, Jon Mirande, Ernst Jünger, ..), directores de orquesta (Herbert von Karajan, Karl Böhm, Wilhem Fürtwangler…), actores (Yves Montand…), filósofos (Martin Heidegger como buque-insignia de que un gran filosofo puede ser al tiempo un gran… por no hablar del aristocratismo de Platón, o…)…Así, ateniéndose al criterio del compromiso, o su posicionamiento, político como determinante, grandes pagos de la cultura (oigo a alguien clamar ¡burguesa!) serían borrados del mapa, lo que de hecho vendría a ser el cumplimiento de aquel arrojar el bebé con el agua del baño. Recuerdo dos afirmaciones potentes y coincidentes de Victor Moreno y de Alfonso Sastre en las que se venía a plantear una pregunta retórica: ¿puede un idiota / un hijo de puta escribir bien?, refiriéndose al último de los escritores nombrados en al paréntesis dedicado a los escritores, Jünger, y a algún otro.

y 6) Por si fuera poco, algunos tras la descalificación política, recurren a un primario bobarysmo (Madame Bobary c´est moi, decía Flaubert) para hallar cierto machismo rozando la misoginia del escritor en alguna de sus más señeras novelas; es decir, que si un escritor presenta el retrato de un ser infame es que él mismo es un infame; habría que ver su vida y su comportamiento fuera de los libros, a no ser que uno sea un defensor del hapax existencial puro y duro en la senda de Michel Onfray. En las novelas del autor el narrador recurre a distintas máscaras y no siendo posible identificar narrador, protagonista y autor.

El caso es que si no le pillamos por una lado, probamos por el otro y así si no es suficiente una taza le servimos taza y media, vienen a decir los críticos críticos.

Algunas pinceladas sobre el escritor

El pasado 11 de julio fallecía el escritor checo, nacionalizado francés al llegar al gobierno François Mitterand en 198; había llegado a Francia seis años antes, ejerciendo de profesor en distintas facultades. Más tarde, en 1993, abandonó la lengua checa para escribir en francés. Autor de una veintena de obras, en las que dominaba la narrativa si bien también hay teatro y ensayos literarios, saludada con elogios por parte del público lector y por la crítica. Traducido a más de cuarenta lenguas y eterno candidato al Nobel de Literatura.

Su formación musical, cuya huella se deja ver en su escritura, fue completada con estudios de literatura y estética en la universidad de Praga, sin obviar sus estudios en la Academia de cine, en la que cursó tres años.

El mismo año de su publicación, La broma, fue traducida al francés y saludada amén de prefaciada por Louis Aragon(«una de las mejores novelas de nuestro siglo») y Jean-Paul Sartre («la pregunta que plantea Kundera es sumamente radical:¿por qué deberíamos sentir amor por ellos? Sí, ¿por qué? Tal vez podríamos responder a esta pregunta un día, tal vez nunca»); la obra vendió a la carrera más de veinte mil ejemplares, siendo prohibida a continuación al ser considerada por las autoridades demasiado política, y con más contundencia: como la Biblia de la contrarrevolución, la novela no fue autorizada en Praga hasta 1991, poniendo el escritor como condición para su publicación que los derechos de autor se dedicaran para traducir a Céline a la lengua checa. Tres años más tarde vería la luz, El libro de los amores ridículos, en donde abordará algunos de sus temas de preferencia: el amor, la amistad, la fidelidad y la identidad…con presencia de la risa y el humor.

Ya desde hacía tiempo que los servicios secretos seguían su pista. Entró al partido comunista checo a los dieciocho años, siendo expulsado en 1956, para ser readmitido en 1970. Su espíritu contestatario frente a la falta de libertad, hizo que se le despojase de su nacionalidad. A pesar de ello y seguramente impulsado por ciertos sentimientos, cedió en 2020, su biblioteca a su ciudad natal de Brno. La publicación de sus obras no se permitía en Checoslovaquia, a pesar de lo desigual de su temática: así La vida está en otra parte, libro empapado de sensualidad, cuyo epilogo fue escrito por el escritor mexicano Carlos Fuentes que decía «Milan Kundera, el otro K. De Checoslovaquia, no necesita acudir a forma alguna para provocar la extrañeza y la incomodidad con la que Franz Kafka invadió de formas luminosas un mundo que ya existía sin saberlo. Ahora, el mundo de Kafka sabe que existe. Los personajes de Kundera no necesitan amanecer convertidos en insectos porque la historia de Europa central se encargó de demostrarle que un hombre no necesita ser un insecto para ser tratado como un insecto»; el libro que funciona como una matrioska, obtuvo el premio Médicis extranjero 1973. El siguiente fue publicado en 1979, El libro de la risa y el olvido, en el que retrataba la vida de una mujer inmigrante, que rememoraba su pasado, obra en la que ya asomaba uno de sus dispositivos narrativos claves: la unión de los imposibles, lo más serio y lo más frívolo …Todos sus libros circulaban, no obstante, en ediciones clandestinas, samizdat. Luego vendrían El vals de los adioses o La insostenible levedad del ser…y la alargada sombra de una serie de autores abiertamente reivindicados en su El arte de la novela o en sus Los testamentos traicionados, como Cervantes, Kafka, Musil, Gombrowicz, Rabelais, o Diderot, ahí está, con respecto al último nombrado, su Jacques y su amo, pieza teatral. Tampoco evita los diálogos imaginados como el presentado entre Goethe y Hemingway en La inmortalidad en donde el trasfondo era el dominio en el mundo de hoy de la imagen y la tecnología, o en su primera obra en francés, La lentitud, en donde denuncia la superficialidad de la velocidad y el culto de la novedad, o el canto al valor del amor en su La identidad, etc. etc. etc..

Destacan en sus escritos abundantes dosis de desenfado y de humor afilado, muy en concreto en el caso de la crítica al autoritarismo y a la irracionalidad de sus jefes y comisarios, con tintes realmente rabelesianos –influencia que queda netamente clara en su La fiesta de la insignificancia– dejando la página al principio de no-seriedad, y con situaciones chuscas que recuerdan a las aventuras del soldado Svejk de su compatriota Jaroslav Hasek. Posición que defiende al sostener que la novela, avant le roman, ya comienza a asomar en las figuras de Gargantua y Pantagruel cuyo autor ha sido abandonado por los escritores de la posteridad, con lo que el humor y la libertad ha salido perdiendo, la imaginación creadora también, y la pretensión de llegar al común de los mortales, más allá de las élites lectoras. Kundera ve en el autor francés una escritura en la que abundan las fases ocurrentes que inevitablemente provocaban la risa o la sonrisa, los aires libertinos, festivos y hedonistas y la interpelación continua al lector, como implicándole. Todo lo dicho no quita para que siguiendo su senda, Milan Kundera pretenda, y a mi modo de ver consiguiese, relacionar narración y discurso, logrando así que se recuperase la novela como arte. Es obvio que el humor no gusta, en especial a los autoritarios o a quienes detrás de cada historia han de vender alguna idea o ideología. No está de más recordar que Rabelais tuvo serios problemas de manera constante con censuras de diferentes pelaje por su corrosivo humor, por su espíritu desenfadado crítico y por su obscenidad. Creó el escritor renacentista un término, agélastes, para referirse a quienes no saben reírse, que odian lo que no es serio. No es sinónimo pesadez que profundidad, lo segundo es lo defendido en el caso del escritor ahora fallecido, al tiempo que defiende el derecho a la arbitrariedad de sus personajes, lo que hace por momentos que en sus obras el lector se halle pillado en un balanceo entre lo serio y lo no-serio. Principio de incertidumbre y de relatividad al canto, lugar en el que los personajes no están en posesión de la verdad, pura amén, sino que viven y hablan con plena libertad, y no huyen de los posibles diferendos (de différend hablaba Jean-François Lyotard) que sus posturas pudieran originar… por los lindes de cierto Céline, de cierto Gustave Flaubert, el de Bouvard et Pécuchet,…lejos de cualquier espíritu predicador.

Dos textos

En febrero de este mismo año se publicó, editado por Tusquets, «Un Occidente secuestrado» que recoge un par de intervenciones de Milan Kundera: la primera: La literatura y las pequeñas naciones, una conferencias de 1967 pronunciada en el Congreso de Escritores Checoslovacos; la otra, corresponde a un artículo publicado en 1983 en la revista francesa Le Débat, Un Occidente secuestrado o la tragedia de Europa central.

Si Stefan Zweig añoraba el Mundo de ayer, y a otro escritor centropeuropeo, de mitteleuropa, Josef Roth, no le dolían prendas en sus últimos escritos a la hora de echar en falta los tiempos del Imperio, y no pasaré lista, Milan Kundera declara sin ambages su nostalgia por los tiempos pasados, los de la unidad plural del imperio austro-húngaro. Parece que la tonalidad dominante sería la de cualquier tiempo pasado fue mejor.

Dos cosilla de entrada: por una parte, servidor en su candidez pensaba que el título se referiría al secuestro de Europa por parte de los USA; por otra, hay otros que con rapidez propia a la de un cervatillo herido, han convertido el libro en una profecía acerca del laberinto que se vive en el Este de Europa, y más concretamente en Ucrania…Pues la verdad es que el centro de gravedad se sitúa en otro terreno, el de la cultura, o mejor en el de las culturas en plural; unido a esto señala el escritor dos responsabilidades: la una proveniente del gigante ruso que ha impuesto su influencia a algunos países vecinos que fueron añadidos a la esfera soviética al final de la segunda guerra mundial, con la ayuda del ejército rojo en retirada, tras la victoria sobre el nazismo. El dominio centralizador y unificador se plasmó en la asimilación a algunos de dichos países de la escritura cirílica y la iglesia ortodoxa, además de los gustos artísticos, realismo socialista imperando, que asfixiaba la expresión de las literaturas nacionales y sus lenguas y el pretendido carácter eslavo de países con ancestrales escritura latina y creencias católicas. Así se fue consagrando una idea común que al hablar de Centroeuropa los identificaba como países del Este, afines a Rusia. La otra responsable, como deja ver la amalgama recién nombrada, es la propia Europa que se ha desentendido de dichas culturas, europeas, sin tener en cuenta su identidad e importancia propias.

Parte del caso checo, para indicar que nunca ha habido una creencia consolidada de la existencia de una nación checa; aporta algunos datos históricos de esta no-evidencia, e indica el vaivén que se ha producido entre los nacionalistas checos, y su afán de diferenciarse, con el movimiento renacentista en marcha, de otras culturas y lenguas; luchando contra las tendencias provincianas. Se da el caso, no obstante, de que en tal suelo convivían varias lenguas, entre otras el alemán (véase el caso de Franz Kafka que escribía en dicha lengua), subrayando el enorme papel jugado por las traducciones que hacía que se pudiese acceder a obras de otras lenguas al tiempo que las escritas en checo salían de su aislamiento. Llama a tener en cuenta el contexto frente al dominio de lo que él denomina vandalismo: manteniendo que los vándalos no son una banda de ignorantes, analfabetos, sino que los hay muy instruidos, contentos de sí mismos y ocupando una buena posición que se dedican a censurar y dejar fuera de circulación aquello que no les place, por no coincidir con sus postulados. Acude a la célebre sentencia de Voltaire, en carta a Le Mettrie, de que «no estoy de acuerdo con lo que dice, pero lucharé hasta la muerte para que tenga el derecho a decirlo», y compara los procesos que se dieron en corrientes del pensamiento y del arte como el Renacimiento o el Romanticismo, que salieron adelante superando los límites marcados con anterioridad, proponiendo que lo mismo habrá de suceder con la “literatura socialista” que «no adquirirá un sentido positivo hasta que no haya llegado a cabo el mismo franqueamiento liberador». Subraya las diferencias entre el nazismo y el estalinismo: reivindicando el primero un antihumanismo desacomplejado mientras que el segundo procede de la corriente de la Ilustración que más tarde ha abandonado. Concluyendo su conferencia con esta afirmación: «quienquiera que por santurronería, por vandalismo, por incultura o por estrechez de espíritu ponga trabas a la actual proyección cultural estará poniendo trabas a la misma existencia de este pueblo». No cabe duda de que el texto mantenía su plena actualidad participando en el calentamiento de motores, en momentos de ebullición cultural (revistas, jazz, cine…) de la primavera de Praga que se produjo el año siguiente.

El segundo de los textos se inicia con un potente dardo que señala a la actualidad como época cuyo eje es el entretenimiento, sustituyendo este vacío a las épocas pasadas en las que había un eje esencial: en la Edad Media era Cristo –habla de Europa- , más tarde fue la Ilustración con sus ideales de educación, de dominio de la razón, etc.. El eje de su discurso es la defensa de las pequeñas naciones, incluyendo como paradigma a los judíos, y la consideración de los países del Este europeo (Hungría, Polonia, Checoslovaquia, Rumanía, etc., con la excepción de Bulgaria que hereda el alfabeto cirícilo y la religión ortodoxa) como formando parte de Europa, datando el cambio de sentido que se dio en 1945, en que se borraron las claras y distintas relaciones de la herencia de Roma y la de Bizancio. Occidente, Oriente y en medio Centro al que se ha desatendido, olvidando sus creaciones que forman parte de la cultura europea, lo que hace que se le ignore situándolo en un afuera, especie de limbo. Traza la línea de unión entre cultura y pueblo e indica como resulta llamativo que precisamente en el Centro es en donde se han dado revueltas (Hungría, Polonia, Praga…), para tratar de liberarse de las tendencias rusificadoras. Es en este terreno en el que reclama la necesidad que habría de haberse dado de un Estado común de dichos países que respetase la pluralidad de culturas particulares, frente a las tendencias centralizadoras que venían del Este. En este orden de cosas considera la caída del Imperio austro-húngaro como una verdadera desgracia, de la que únicamente se libró, de chiripa, Austria. En esta cerrada defensa de la occidentalidad de dichos países, embiste contra los mitos del mundo eslavo, y del alma eslava que alguna vez algunos críticos se han atrevido a ver en su obra, la de Kundera, lo que hace que el rebote sea mayúsculo, uniéndose al coro de otros rebotados que sostienen que nada tienen que ver co dicha entelequia, así trae a colación a diferentes escritores de la zona, como Josef Conrad, y otros polacos como Witold Gombrowicz y los otros dos mosqueteros: Bruno Schulz y Stanislaw Witkiewicz, trayendo a colación a otros escritores y músicos vieneses como Robert Musil, Herman Broch o el atonal Schoenberg, que ensombrecieron la importancia igualmente debida a Jaroslav Haseck y al también checo Kafka, o a músicos que frente a la atonalidad dodecafónica, siguieron la tradición, en hilo del barroco, como Bela Bartok o Litz, sin obviar a Léos Janacek … lo dicho no quita para que elogie a algunos artistas rusos como Stravinski, que era –según señala- un verdadero compendio de la música rusa y la occidental, o el anteriormente citado, Janacek, que basaba una de sus más destacadas óperas en una obra de Dostoievski, también queda nombrado Rilke cuya patria espiritual era Rusia; nombra igualmente la escuela de Praga, creadora del estructuralismo cuyas indagaciones lingüísticas quedaron igualmente ensombrecidas pos los trabajos del Círculo de Moscú …refiriendo una diferencia que señalaba la poeta rusa Ajmátova a un escritor polaco que se quejaba de la falta de libertad, para señalarle que sus quejas eran pura filfa comparadas con lo que acontecía en Rusia.

El acento queda puesto en la consideración de que «la identidad de un pueblo o de una civilización se refleja y se resume en el conjunto de creaciones espirituales que generalmente se llama “cultura”», e incide con diferentes ejemplos en la unión /fusión /confusión que de da en lo que hace al origen de algunas personalidades de las que es difícil señalar una pertenencia clara como es el caso de Franz Werfel, de Sigmund Freud u otros escritores, pensadores y músicos como Josep Roth, Edmund Husserl, Gustav Mahler, Danilo Kis, etc., etc., etc.; identidades mestizas, supervivencia que hacen que en tales pagos los interrogantes acerca del futuro incierto se plantean con una agudeza que no sucede en otros países europeos asentados en los que no se ha dado un baile de dominios…significativa en este orden de cosas, es aquella frase con la que Alfred Jarry comienza su obra Ubu, rey: en Polonia, es decir en ninguna parte.

Destaca la importancia de los movimientos de creación cultural y artística, con sus revistas de amplias tiradas , en las movilizaciones de Praga en 1968, muestra casos de la permanente censura padecida, y señala que en la actualidad se da en Europa una absoluta banalización de la cultura, que hace que no se den unos valores ni personas, intelectuales, que encarnen una autoridad moral como en otros tiempos (refiere e este orden de osas como la policía secreta entró en casa de un amigo filósofo y se llevó un manuscrito de seiscientos folios; desesperados optaron por dirigirse a Jean-Paul Sartre que intercedió ante las autoridades que acabaron devolviendo el manuscrito a su dueño. Se pregunta Kundera a quién podrían dirigirse en la actualidad; a pesar del agradecimiento al autor de El ser y la nada, le señala como el culpable de la desvirtuación de la literatura por su idea del compromiso. Diré, por otra parte, que el filósofo al que se refiere, era Jan Patocka, que falleció tiempo después en comisaria) …y osa decir que «toda la gran creación centroeuropea, desde principios de nuestro siglo hasta nuestros días, podría entenderse como una larga meditación sobre el posible fin de la humanidad europea»…y si con la destrucción del Imperio, Europa central perdió sus murallas, después de Auschwitz se barrió de su superficie la nación (?) judía…Centroeuropa sigue vivita y coleando como muestran las revueltas referidas, ahora bien si «vivir significa ser mirado por aquellos a los que se ama, Europa central ya no existe …».

Y…

Yo por mi parte, sigo releyendo las novelas de Milan Kundera, afirmando el dicho de Ítalo Calvino de que a los clásicos no se lee sino que se relee, pues siempre ofrecen lecciones de vida, y espacios de libertad…y es que – según Kundera- «el mundo de una única Verdad y el mundo relativamente ambiguo de la novela están hechos de sustancias diferentes […] el hombre llega a ser un individuo precisamente al perder la certeza de la verdad y el acuerdo unánime de los demás. La novela es el paraíso imaginario de los individuos, es el territorio en el que nadie posee la verdad, ni Ana ni Karenina, y en el que todo el mundo tiene el derecho a ser entendido, tanto Ana como Karenina»…no teniendo nadie el derecho de dominar, ya que nadie representa la verdad, el Ser, la idea o el pensat.

                                          + + +

Leo a Kvetoslav Chvatik en su La trama del mundo. Milan Kundera, novelista: «El mundo de la novela de Milan Kundera [,,,] no es un mundo que pretenda ser “fiel imagen” de su medio y de su época, ni es el de la novela social o histórica. Tampoco es el de la novela de confesión, del diario o del documento personal. Es el mundo de la ficción novelesca edificada a partir del original discurso de un narrador que se impone plenamente mediante la fuerza de su imaginación y de su inteligencia. Es el que juega con relato y disfruta dialogando con el autor, es también una meditación que, como en un laberinto, va colocando una serie infinita de espejos. ¿Cuál es el verdadero en esta serie especular de posibles sentidos? Puede que sea la forma acuciante en que se plantea la cuestión, así como la imposibilidad de darle una respuesta unívoca y definitiva, lo que constituye la trama del mundo de las novelas de Kundera, o, por decirlo de un modo más preciso, la base de su estrategia narrativa…».

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De Franz a Franz

30/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Javier Suazo 

Recién nos enteramos de la muerte del destacado economista, filósofo y teólogo alemán, Franz Josef Hinkelammert, ocurrida en la ciudad de San José, Costa Rica.

Franz, como le conocían sus colegas, amigos y alumnos, fue un nombre muy familiar a la Academia Latinoamericana y movimiento popular. Estuvo ligado a la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) como catedrático e investigador, igual fue investigador del Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN); el golpe de Estado contra Salvador Allende lo alejó de aquel país, pero se reconoció también su militancia política en el  Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) fundado en mayo de 1969, integrante de la coalición del gobierno de la Unidad Popular.

Fran J. Hinkelammert analizó la posición y las acciones de la Iglesia Católica Chilena frente al Golpe: 1973-1974, donde destaca su parcialidad en contra del gobierno de Allende y de los pobres que quiere apoyar, manifestada en las acciones, declaraciones y mensajes del Cardenal y del padre Hasbun, vocero del golpe de Estado y la masacre ocurrida por medio del canal 13 de la Televisión de la Universidad Católica.[1]

En Centroamérica, Franz fue el primer director del  Postgrado Centroamericano en Economía y Planificación del Desarrollo (POSCAE), adscrito a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), fundado en 1978, un año antes del triunfo de la Revolución Nicaragüense (julio de 1979)  y la posterior presencia de la “Contra” en territorio hondureño apoyada por el gobierno de Estados Unidos con el fin de derrocar el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua. Posteriormente, se instaló en Costa Rica, siendo profesor de la Maestría Centroamericana en Política Económica con sede en la Universidad Nacional de Heredia. También fue fundador  del Deparmento Ecuménico de Investigaciones (DEI), al cual estuvo ligado la mayor parte del tiempo y donde se encuentran y destacan sus principales investigaciones y libros publicados.

Sus aportes a la teoría del desarrollo son innumerables, como también aquellos que forman parte y complementan la llamada teología de la liberación.

En 1970 publicó el libro  “Subdesarrollo Latinoamericano, un caso de Desarrollo Capitalista”, apoyado por la Escuela de Sociología de la Universidad Católica de Chile y el Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales (ILADES). En el supera aquellas tesis “modernizantes” que consideran el desarrollo como una situación donde hay un uso eficiente de los recursos económicos y mejor absorción de la técnica de producción, como la única manera de enfrentar  los problemas de  la sociedad tradicional, caracterizada por la baja productividad física y del trabajo  y la existencia de creencias,  valores y modelos de conducta que frenan el desarrollo, incluyendo la religión.  Esta sociedad nueva para países latinoamericanos tiene  en menteuna sociedad moderna al estilo europeo,  con diferencias marcadas en lo económico, social, político  y cultural.

Para Franz, el “subdesarrollo es, pues, una situación especial de frustración en la cual un país no quiere ser lo que es mientras no puede convertirse en lo que quiere ser”. Es un concepto incluso muy distante del manejado por teóricos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) con Raúl Prebish a la cabeza y su concepción de Centro- Periferia, pero muy cerca de los aporte de Marini, Do Santos y Bambirra  fundadores de la teoría de la dependencia.

Ya en Centroaméricapública “Dialéctica del Desarrollo Desigual”, por la Editorial Universitaria Centroamericana, donde reafirma sus tesis de la debilidad del estudio del subdesarrollo latinoamericano sin considerar su contraportada: el desarrollo. Para Franz “el subdesarrollo existe en forma de determinadas relaciones estructurales con los centros desarrollados. Se trata de relaciones económicas, tanto como de relaciones políticas, sociales, ideológicas, etc. Por lo tanto, la sociedad subdesarrollada sabe que es subdesarrollada.”[2]

Es una crítica a aquellas concepciones liberales y neoliberales que miran en la libre empresa, comercio libre, la Inversión Extranjera Directa y la importación del conocimiento, técnicas de producción, patrones de consumo y culturales,  la mejor opción que tienen los países subdesarrollados para superar su condición. Incluso, cuestiona los argumentos “desarrollistas” de un rol más protagónico del Estado en coyunturas donde hay evidencia de captura del mismo Estado por empresas transnacionales en asociación con grupos empresariales locales subordinados al capital.

Frente a la crisis de la deuda externa impagable de Latinoamérica, Frank escribió el libro “La Deuda Externa Latinoamericana: El Automatismo de la Deuda[3]”, que acompaño la llamada década perdida de los países en los años 80s, pero cuyo origen se encuentra a inicios de la crisis de los años 70s. Una tesis central lo fue y sigue siendo el “llamado automatismo de la deuda”, donde las nuevas deudas contratadas o a contratar por los países se pagan con nuevos créditos (prestamos de la banca privada y de organismos multilaterales), resultando insuficientes los ingresos captados por el Estado vía impuestos.

Es un mecanismo que opera en forma independiente de las decisiones de los gobiernos y que se profundiza con los programas de estabilización económica y ajuste estructural. En el 2000, con la vigencia de la Estrategia para la Reducción de la Pobreza (ERP), como instrumento de “desarrollo”, según el Banco Mundial y el FMI,  para aquellos países severamente endeudados (Bolivia, Nicaragua, Honduras), destinaron recursos del pago de la deuda al combate de la pobreza, y se pensó que el automatismo era cosa del pasado, pero hoy estamos en un nuevo ciclo de endeudamiento donde los países pagan sus deudas con más créditos (Argentina y Honduras entre otros), aun cuando países como China acepten comprar parte de dichas deudas por ser países que apoyan la política de una sola China.

En conjunto con Henry Mora, publicó “Hacia una Economía para la Vida”, con la Editorial Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) en 2005, considerado un tratado sobre enfoques alternativos para enfrentar los problemas del subdesarrollo y dependencia, pocos visibles en los postulados teóricos y políticas de los modelos neoliberales vigentes en países latinoamericanos (incluyendo ciertos gobiernos tipificados de corte progresistas), donde se consideran una ideología. Hay que potenciar las dos fuentes de valor de la sociedad: trabajo (garantizar reproducción material del trabajador y su familia) y la naturaleza, al servicio de la población y humanidad.

Este libro y sus actualizaciones, debería ser  lectura obligada en las carreras de ciencias sociales de las universidades centroamericanas, y en las facultades de economía  asumido como un enfoque alternativo a las teorías, políticas y prácticas neoliberales, más allá incluso de aquellos enfoques de economía y políticaseconómicas heterodoxas de corte neo keynesiano y estructuralista.

Una de las críticas más completas al pensamiento neoliberal se encuentra en el libro “Critica a la Razón Utópica”, publicado por la editorial del DEI en 1984, que sirvió de texto básico de la clase “Planificación Vrs Mercado” impartida en la primera promoción de la Maestría en Política Económica en la Universidad Nacional  de Heredia, Costa Rica, siendo uno de sus alumnos que llegamos de toda Centroamérica, Dominicana y parte de Latinoamérica a recibir sus enseñanzas.  Destaca su crítica a Hayek, Popper  y Friedman, como los principales exponentes del pensamiento e ideología neoliberal.

Es un pensamiento, según Franz, orientado a  deslegitimar la sociedad socialista profundizando las políticas y prácticas del mercado libre y el conocimiento imperfecto por los ciudadanos (consumidores) de los problemas de la sociedad, o sea contra el conocimiento de la realidad que da la planificación en función de fines establecidos a favor de las mayorías, identificándose previamente los medios.

A finales de los años 90, Franz integró el pensamiento de varios miembros del DEI, docentes y ex/alumnos en la publicación del libro “ El Huracán de la Globalización”(1999) , donde destaca la creciente integración del capital financiero y la generalización de políticas neoliberales, como de sus impactos negativos en la población al aumentar la pobreza, desigualdad, destrucción del medio ambiente y las violaciones de los derechos humanos por gobiernos autoritarios ligados a la hegemonía del capital de los países centrales.

La creación del  DEI en 1976, en conjunto con el teólogo brasileño, Hugo Assmann, como un punto de encuentro y reflexión en investigaciones bíblicas, teológicas y sociales con amplia participación de activistas y ciudadanos involucrados en las enseñanzas teológicas y sabares, pero con una visión crítica del desarrollo y, siguiendo a Marx, contra  la fetichizacion de las relaciones económicas.

Un libro que marcó un punto de partida, lo fue “Las Armas ideológicas de la Muerte, publicado a finales de la década de los 70s, unos años después de la fundación del DEI; también de enseñanza obligatoria y debate critico en los cursos de economía política y sociología marxista de las facultades de ciencias sociales de Latinoamérica.

Sus aportes han sido reconocidos por universidades y centros académicos, pero también por gobiernos progresistas. En Venezuela recibió el premio Libertador, en honor a SimónBolívar, de la mano de Hugo Chávez, por sus aportes al pensamiento crítico latinoamericano. El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) publicó una Antología Esencial de su vida y obra, igual la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA), en 2008, institucionalizó la Catedra de Pensamiento Critico “ Franz Hinkelammert”, que dio paso a la creación del grupo Pensamiento Crítico.  La Universidad Centroamericana “JoséSimeón Cañas”, la UCA en el Salvador, mantiene vivo su pensamiento con la recopilación y divulgación de sus obras y ensayos.

A iniciativa del Dr. Roque Castro de la Maestría en Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAH, se busca desarrollar conversatorios sobre el pensamiento de Franz Hinkelammert, que deben ser apoyadas por las autoridades académicas,  como un reconocimiento al aporte para el estudio del estado de la economía y planificación del desarrollo en la región.

Franz se consideraba un latinoamericano, centroamericano y hondureño más (tiene familia de origen hondureño),  por lo que su pensamiento y aportes a la teoría del desarrollo no debería mantenerse “invisible”. Debería servir de referencia para orientar las políticas públicas y acciones que ejecutan los gobiernos tipificados como progresistas que construyen un modelo socialista democrático.

En el caso de Honduras, en una entrevista a Franz en San José, Costa Rica, le preguntaba cuáles eran los principales desafíos que se enfrentarían en caso que el partido Libertad y Refundación (LIBRE) triunfara y asumiera el poder.

a) Mantener un Estado al servicio de la gente pobre y excluida;

b)  No depredar los recursos naturales;

 c) Apoyar la democracia participativa, generando espacios de dialogo y discusión amplios sobre la base de nuevas ideas para el desarrollo de cambio económico, social y cultural;

d)Fortalecer los sistemas de planificación con el involucramiento de minorías étnicas y demás sectores excluidos

e) Reivindicar  los derechos humanos, incluyendo el derecho a la tierra y alimentación.

 Honduras no ha podido, porque se le ha vedado el espacio (s) para el desarrollo de su gente, tanto desde dentro como de afuera.

Descansa en paz maestro y amigo, tus enseñanzas y aportes a la teoría del desarrollo y pensamiento crítico seguirán vigentes hoy y siempre.

Notas:

[1]Ver el libro “Ideología de Sometimiento”, Educa, Centroamérica, 1977.

[2]Ver Franz Hinkelammert “Dialéctica del Desarrollo Desigual”. Editorial Centroamericana, Colección Aula, 1983,  San José, Costa Rica, 1983, pag.17

[3]Ver Franz Hinkelammert “La Deuda Externa Latinoamericana: El Automatismo de la Deuda”. Editorial, DEI, San José Costa Rica, 1988.

Javier Suazo. Economista hondureño especializado en políticas económicas y relaciones internacionales, con estudios doctorales en ciencias economías.

Publicado en: Cultural, Global, Titular1

FMI, un eufemismo de la política estadounidense

30/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Atilio A. Boron 

El famoso teórico conservador Zbigniew Brzezinski escribió que tanto el FMI, como el Banco Mundial, deben considerarse como extensiones del Departamento del Tesoro y guardianes de los intereses globales de Estados Unidos.

En los últimos tiempos, cualquier análisis sobre la política o la economía argentina no deja de mencionar al FMI como uno de los actores fundamentales, por no decir decisivos, del acontecer nacional. Y su gravitación en el proceso decisorio del Gobierno, de lo que este hace o deja de hacer, amerita con creces ese reconocimiento.

Dado lo anterior cabría preguntarse: ¿Qué es el FMI? La respuesta convencional, a la que acude tanto la prensa hegemónica como, en no pocos casos, los medios alternativos, es que el FMI es un organismo técnico internacional que tiene como misión preservar la estabilidad monetaria de la economía mundial.

Se suele mencionar que esa institución surgió de los famosos acuerdos de Bretton-Woods, una reunión de los delegados de los cuarenta y cuatro países aliados durante la Segunda Guerra Mundial que se celebró en esa localidad de New Hampshire entre el 1º y el 22 de julio de 1944, con el propósito de reconstruir el sistema monetario internacional destruido por la Segunda Guerra Mundial.

Comenzó a funcionar el 27 de diciembre de 1945 con 29 miembros, bajo el liderazgo de Estados Unidos y el acompañamiento, siempre en calidad de obedientes socios, del Reino Unido y Francia. Las potencias del Eje, derrotadas en la guerra, lo harían más tarde. Italia, «amenazada» por un probable triunfo electoral de los comunistas en las elecciones de 1948, ingresó tempranamente al organismo, en 1947; Alemania y Japón recién lo harían en 1952.

La Unión Soviética, consciente de la naturaleza geopolítica de la nueva institución, nunca lo hizo. Sería su estado sucesor, la Federación Rusa, quien lo haría en 1992. La Argentina solo se incorporaría en 1956, luego del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Juan D. Perón en septiembre de 1955.

Este siempre desconfió de las intenciones de la Casa Blanca, y un informe de Antonio Cafiero del año 1949, redactado cuándo se desempeñaba como joven agregado financiero de la embajada argentina en Washington, reforzaba con argumentos muy contundentes los recelos del presidente. Así lo asegura el texto de Mario Rapaport, titulado «El FMI en sus comienzos en la visión de Antonio Cafiero: un documento inédito de 1949», y publicado por Página/12 en octubre de 2014.

De lo anteriormente expuesto se desprende que el FMI es algo mucho más complejo que un inocente y beatífico organismo internacional. La composición de su directorio es de una elocuencia abrumadora. Allí quien manda es sin la menor duda Estados Unidos, que retiene el 16,50% de los votos del directorio, seguido por China, con apenas el 6,04%, Alemania con el 5,31% y Francia y el Reino Unido con 4,03%.

De aquí brotan dos corolarios muy concretos: primero, que dado que para tomar las decisiones más significativas (no las meramente rutinarias) se requiere contar con el 85% de los votos del directorio, Estados Unidos ejerce de hecho un poder dictatorial sobre lo que puede o no puede decidir el FMI, reflejando la correlación internacional de fuerzas existentes en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

En segundo lugar, nótese la abismal desproporción entre la gravitación de las distintas economías del mundo y su representación en el órgano de gobierno del Fondo. Según este organismo, Estados Unidos es, medida en términos de dólares norteamericanos del año 2021, la mayor economía del mundo, con 24.796.076 millones de dólares, seguida por China, con 18.463.130 millones de la misma moneda.

Sin embargo, si la medición se realiza utilizando otro criterio, la paridad de poder adquisitivo, en el 2022 la economía estadounidense representaba el 15,57% del PIB global y China el 18,48%. En cualquier caso, el poder de voto que el gigante asiático tiene en el FMI es de un ínfimo 6,04%, lo que habla de una significativa subestimación de su papel en la economía mundial. Solo Estados Unidos puede modificar esa situación, pero hasta ahora se ha negado obstinadamente a reconciliar la gravitación de China en la economía mundial con «poder de voto» en el directorio del FMI.

Teniendo a la vista las consideraciones precedentes se comprende perfectamente bien las razones por las cuales nada menos que un teórico conservador como Zbigniew Brzezinski advirtiera en uno de sus más célebres libros, El gran tablero mundial, que el FMI, así como el Banco Mundial, deben considerarse como extensiones del Departamento del Tesoro y guardianes de los intereses globales de Estados Unidos.

Por eso, quien desee comprender los complejos meandros de la política y la economía de la Argentina debería comenzar por librar una batalla frontal en contra del uso de eufemismos que ocultan un hecho crucial: que el FMI no es un «organismo internacional» sino un órgano oficioso del Gobierno de Estados Unidos; y que negociar con esa institución es, en realidad, hacerlo con la Casa Blanca; y que las políticas que el supuesto «organismo internacional» adopte en relación con la Argentina (o cualquier otro país) siempre tendrá como criterio ordenador fortalecer la primacía global de Estados Unidos, aún a costa de provocar la debacle de otras naciones.

El gobernante o el político que no comprenda algo tan elemental como esto es un sonámbulo que hará pagar un precio exorbitante a su propio país. O, en el peor de los casos, podría tratarse de un cómplice del imperialismo norteamericano que pretende disimular su actuación refugiándose en el supuesto carácter «técnico», internacional o intergubernamental, del FMI.

Atilio Borón, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Harvard.

Publicado en: Cultural, Economía

Entrevista a Alba Sidera, autora de Fascismo persistente (Escritos Contextatarios, 2023). «Italia va unos años por delante de España en la normalización del fascismo»

30/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Sebastiaan Faber 

En la lucha contra el fascismo, España e Italia han tenido trayectorias históricas, diríase, opuestas. Al fin y al cabo, Benito Mussolini murió fusilado por los partisanos treinta años antes de que Franco falleciera en la cama. Hoy, sin embargo, los dos países son más parecidos de lo que ese dato indicaría. Irónicamente, la misma Italia que derrotó al fascismo en 1945 ha sido pionera en su blanqueamiento, gracias en gran parte a Silvio Berlusconi, el magnate mediático e industrial que entró en política en los años noventa para evitar que el sistema judicial le persiguiera por sus vínculos con la mafia. Berlusconi murió en junio, pero su nefasto legado persiste a todos los niveles –incluido el gobierno nacional, que desde el otoño pasado está en manos de la ultraderechista Giorgia Meloni–.

Esta Italia puede ser un espejo de que lo que le espera a España, nos advierte la periodista Alba Sidera en Fascismo persistente (Escritos Contextatarios, 2023), una versión traducida, condensada y actualizada de su Feixisme persistent (Saldonar, 2020). El libro analiza en detalle el auge de una extrema derecha italiana ya plenamente normalizada en un contexto europeo cada vez más tolerante con las ideas (neo)fascistas. Como escribe Miquel Ramos en el prólogo, Sidera cuenta “cómo fue desvaneciéndose ese supuesto antifascismo de las democracias europeas que nos decían que nos blindaba tras el Holocausto… Ya no asusta el fascismo, y ya no vende la alerta antifascista que algunos políticos de izquierdas tratan de usar como reclamo del voto ante el inexorable avance de la extrema derecha”.

Alba Sidera (Girona, 1979) lleva casi dos décadas en Roma, desde donde hablamos por videoconferencia a mediados de julio en un castellano salpicado de italianismos y algún otro giro en catalán.


Sebastiaan Faber.- La primera edición de su libro salió hace tres años. Lo ocurrido desde entonces en ambos países parece confirmar su idea de que el presente político italiano prefigura el futuro de España. Ahora que la derecha y ultraderecha españolas parecen estar plenamente “italianizadas”, ¿sigue habiendo algo que España pueda aprender de Italia? Quiero decir, ¿ya están a la misma altura?

Alba Sidera.- No creo que lo estén todavía. Se suele decir que Italia es el laboratorio político de Europa. No por manida la expresión deja de ser verdadera. No olvidemos que el propio Steve Bannon, el arquitecto del trumpismo, vino a Italia para seguir la campaña electoral de 2018 nada menos que ¡en la sede de la Lega de Matteo Salvini! Fue Bannon quien quiso que se hiciera el pacto entre Salvini y el Cinco Estrellas de Beppe Grillo, que se hizo realidad. Ahora bien, en ese entonces, Bannon intentó que se sumara también Meloni. Fue ella la que no quiso porque tenía una estrategia más a largo plazo.

Se suele decir que Italia es el laboratorio político de Europa. No por manida la expresión deja de ser verdadera

Sebastiaan Faber.- Y le ha sacado rendimiento: hoy preside el Gobierno.

Alba Sidera.- Exacto. En ese sentido, diría que Italia sigue yendo unos años por delante de España en la normalización del fascismo y de la extrema derecha.

Sebastiaan Faber.- Explica en el libro que, cuando usted llegó a Italia hace casi veinte años, ya le chocó esa normalización, que en ese entonces habría sido impensable en España.

Alba Sidera.- En España, el blanqueamiento del fascismo ha sido mucho más reciente, sobre todo por la irrupción de Vox. Pero también ha influido mucho la coyuntura internacional, que ha visto un desplazamiento masivo hacia la derecha del sentido común político. En Italia comenzó hace tres décadas.

Sebastiaan Faber.- Señala sin tapujos la complicidad de los medios italianos en este proceso, no solo los muchos medios controlados por Silvio Berlusconi, sino también de los medios supuestamente progresistas. Por más obvia que sea esa complicidad, ¿no cree que seguir hablando del papel de los medios, a estas alturas, puede servir como una disculpa para no abordar un análisis político más profundo? ¿Realmente son la raíz del problema?

Alba Sidera.- Para mí su responsabilidad queda fuera de toda duda. Desde los años noventa, Berlusconi fue el gran blanqueador de la extrema derecha. Berlusconi controlaba –y lo sigue haciendo su familia– no solo la casi totalidad de los medios privados en Italia, sino que, una vez que se hizo con el gobierno, también tenía el control de los medios públicos. La RAI de hoy no tiene nada que ver con lo que era antes de su berlusconización. Los medios ayudan a construir los marcos mentales de la ciudadanía, la forma en que la sociedad se percibe a sí misma. Y en Italia, esto ha incluido de forma prominente la persistente banalización de ideas y actitudes fascistas. Del pasado y del presente.

Los medios ayudan a construir los marcos mentales de la ciudadanía, la forma en que la sociedad se percibe a sí misma

Sebastiaan Faber.- Incluidas las ideas, actitudes y políticas de la propia Meloni.

Alba Sidera.- El viernes 14 de julio, cuando Meloni intervino en un mitin de Vox en Valencia, los medios italianos se escandalizaron porque la primera ministra declarase su apoyo a un partido español de ultraderecha. Y es que, en Italia, los medios, también los progresistas, insisten en definir a Meloni ¡como una política moderada! Para los medios italianos, Vox es un partido neofranquista, homófobo, racista; pero son adjetivos que casi ningún periodista se ha atrevido a aplicar a Meloni. Los pocos que sí se han atrevido viven bajo protección policial. Y eso, claro, acaba por distorsionar la percepción de la gente. Como explico en el libro, por ejemplo, en 2019, el 36% de los italianos creían que en su país había veinte millones de extranjeros. Solo había cinco millones. Y aunque el número de delitos en el país lleva diez años disminuyendo, el 78% del electorado cree que ha aumentado. Así es en todo.

Sebastiaan Faber.- Los ejemplos son claros. ¿Pero hay que concluir entonces que gran parte de los que votan a la extrema derecha lo hacen porque están desinformados? En otras palabras, ¿votarían de forma diferente si tuvieran una visión menos distorsionada de su país y del mundo?

Alba Sidera.- Bueno, reconocer la importancia de la manipulación informativa no puede servir de excusa para caer en una especie de paternalismo intelectual. Hay personas que votan a la ultraderecha y que votarían de un modo distinto si conocieran mejor sus programas electorales, pero obviamente también hay otros factores.

Sebastiaan Faber.- En el libro, precisamente, rechaza el cliché de que el fascismo “se cura leyendo y viajando”.

Alba Sidera.- Claro, porque no deja de ser una idea clasista.

Sebastiaan Faber.- También señala que el auge de la ultraderecha europea se fundamenta en una importante labor intelectual que lleva más de medio siglo desarrollándose, empezando con la “nueva derecha” francesa a finales de los años sesenta.

Alba Sidera.- Otro factor muy importante ha sido la responsabilidad de los partidos de izquierda en la desafección de muchos votantes. La respuesta de la socialdemocracia europea a la crisis de 2008 tiene mucho que ver en el hecho de que tantos votantes de la clase trabajadora hoy se sientan huérfanos de partido. Lo más importante que se puede hacer para que la gente no vote a la extrema derecha es hacer políticas que funcionen, que mejoren la vida de la gente. Meloni tuvo la cara dura de decir en el mitin de Vox que la izquierda europea no está al lado de los débiles y que ellos, los “patriotas”, sí lo están. Y esto lo dice cuando lidera un gobierno que, en una de sus primeras medidas, desmanteló la renta de ciudadanía e hizo amnistías fiscales a los más ricos. Evidentemente, si no hubiera tanta desafección política, la extrema derecha no podría sacarle tanto provecho.

Si no hubiera tanta desafección política, la extrema derecha no podría sacarle tanto provecho

Sebastiaan Faber.- Además del análisis histórico del auge de la extrema derecha italiana y europea, su libro también contiene algunos reportajes tremendos, como cuando usted finge ser una simpatizante fascista para entrar a la casa de Mussolini, que se ha convertido en una especie de museo privado. Como lector, me impactaron esos episodios: no deja de escandalizar la naturalidad con que sus interlocutores ensalzan a Mussolini y hasta niegan el Holocausto. Después, sin embargo, me entró la duda: ¿esa fascinación escandalizada no reduce el neofascismo a una especie de espectáculo, impidiendo un análisis más productivo de su popularidad actual?

Alba Sidera.- El propósito de esos episodios es poner a las lectoras en mi lugar para compartir las sorpresas que me he llevado a lo largo de mis años aquí. También pretendo con ellos romper los estereotipos del neofascista como hombre de cabeza rapada.

Sebastiaan Faber.- De hecho, abre el libro con una anécdota llamativa de sus primeros meses en el país: en una cena agradable en casa de amigos de amigos –personas cultas y sensibles con las que resulta compartir gustos musicales y literarios– sus anfitriones mencionan, casi de pasada, que son fascistas, y a mucha honra. Usted se queda de piedra.

Alba Sidera.- Claro; recién llegada de España, me chocó muchísimo esa normalización. Desde entonces, he tenido infinidad de encuentros parecidos. Incluí la anécdota para romper el estereotipo y subrayar que no estamos hablando de personas ignorantes, sino de gente como nosotros.

Sebastiaan Faber.- Si esas mismas personas leyeran su libro, ¿cambiarían de opinión?

Alba Sidera.- Esas precisamente no, no lo creo… (Risas.) Pero la pregunta plantea dos temas de más calado. Primero, si hay que dialogar o no con los fascistas –no digo a nivel interpersonal, que lo he hecho mucho, sino en términos del debate político o parlamentario–. Allí yo creo, como principio político, que no se debe dialogar con ellos. Segundo, es obvio que existen personas muy inteligentes e informadas que se identifican plenamente con el fascismo. Pero también lo es que hay mucha gente que, si no fuera por la constante manipulación informativa, se plantearía las cosas desde otro punto de vista.

Si no fuera por la constante manipulación informativa, se plantearía las cosas desde otro punto de vista

Me acuerdo de mis primeras crónicas del 2013, cuando expliqué el proceso de reconversión que llevó a cabo Matteo Salvini de la mano de Marine Le Pen. Salvini tomó las riendas de la Lega Nord, que era un partido que estaba muy de capa caída, tenía muchos problemas de escándalos públicos de corrupción y estaba muy mal en los sondeos. Los medios italianos decían que Salvini no tenía ningún tipo de futuro. ¿Cómo podía reconvertir un partido autonomista del norte de Italia, que despreciaba abiertamente al sur, en un partido ultranacionalista para todos los italianos? Pues logró hacerlo, gracias a una fuerte maquinaria propagandística, y alcanzó cuotas de popularidad tremendas. Y fueron los mismos medios los que ayudaron a que se olvidara su pasado.

Sebastiaan Faber.- Una forma de pensar en lo que usted llama la “normalización” o “blanqueamiento” de ideas, actitudes, políticas y acciones de la ultraderecha –incluida una violencia verbal y física cada vez más explícita– es que ha ido desapareciendo la idea de que se trata de algo indecente desde un punto de vista moral. Por tanto, también ha desaparecido la vergüenza –propia o ajena, individual o colectiva– que, en años anteriores, aún funcionaba como un dique de contención. En España, ese dique empezó a minarse en los años noventa, con la “derecha sin complejos” de Aznar.

Alba Sidera.- Esa pérdida de complejos es un proceso que me fascina. Pero yo lo enmarcaría en un contexto más internacional. En realidad comienza en Francia, con la Nouvelle Droite de Alain de Benoist, poco después del mayo del 68, cuando los intelectuales de derechas se dieron cuenta de que las ideas de la izquierda eran mucho más atractivas para los jóvenes que las suyas, y empezaron a pensar cómo podían cambiar esto. Se pusieron las pilas. Montaron think tanks con mucho dinero detrás. Estudiaron muy bien al enemigo. De Gramsci y su concepto de hegemonía aprendieron que lo más importante es penetrar en la sociedad y, poco a poco, ir desplazando el marco mental hacia la derecha, ir ampliando el límite de lo que nos parece moralmente aceptable. La estrategia les ha salido muy bien: no es casual que hoy los partidos de extrema derecha crezcan como hongos por todas partes.

Sebastiaan Faber.- Aun así, todavía necesitan usar algo de maquillaje.

Alba Sidera.- Pero cada vez menos. Cuando Berlusconi llegó el poder, promovió una idea que hoy comparte casi toda la derecha italiana: que hubo un fascismo bueno antes de que los malos nazis enredaran a Mussolini y le hicieran participar en cosas que él hubiera hecho, incluidas las leyes raciales que llevaron a centenares de miles de italianos a las cámaras de gas. En este marco, el nazismo todavía se presenta como el mal absoluto. No está bien visto que alguien se autoidentifique como nazi. Pero yo estoy convencida de que quieren conseguir que se erosione incluso este consenso social. Lorenzo Fontana, por ejemplo –un personaje ultracatólico, hoy el segundo de la Lega, el ideólogo de Salvini y el actual presidente del Parlamento italiano–, en 2016, hizo un vídeo en el que daba su apoyo a Amanecer Dorado, el grupo griego que la justicia ha dictaminado que es un grupo criminal neonazi. En su vídeo, Fontana decía que la Lega y Amanecer Dorado compartían los mismos ideales. Ese mismo Fontana, en 2018-19, cuando era ministro de Familia del Gobierno de los grillini de Cinco Estrellas y de la Lega, propuso que la apología del nazismo y del fascismo dejaran de ser un delito en Italia. En su momento fue como un globo sonda para ver cómo reaccionaba la gente.

Sebastiaan Faber.- Pero es la dirección en la que van.

Alba Sidera.- Y cada vez sienten menos necesidad de esconderse. No es casual que Vox lleve en sus filas a Jordi de la Fuente, que es un conocido neonazi. La misma Meloni, en los últimos días de campaña electoral, en un mitin para la militancia, dijo algo así como: “Cuando gobernemos nosotros, acabará esto de que os despidan del trabajo por vuestras ideas, podréis volver a ir con la cabeza bien alta”. Ese es el plan: normalizar el fascismo, que no sea penalizado ni moral ni socialmente. Y a la propia Meloni le ha funcionado. Nunca se ha tenido que retractar de decir que Mussolini ha sido el mejor político de Italia.

Fuente: https://ctxt.es/es/20230701/Politica/43570/Sebastiaan-Faber-Alba-Sidera-fascismo-persistente-libro.htm

Publicado en: Cultural, titular2

Paulo Freire en Paraguay y las terribles consecuencias

30/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Martín Almada  

En 1972 era director del Instituto Juan Bautista Alberdi en la ciudad de San Lorenzo, Paraguay. El centro educativo contaba con 44 profesores, 25 de los cuales compartían conmigo el mensaje de la Iglesia Católica lanzado en la Ciudad de Medellín en 1968 y que se resumía en estas palabras: “La educación en todos sus niveles debe llegar a ser creadora y ha de anticipar un nuevo tipo de sociedad en América Latina».

Pero el momento político que vivía el Paraguay no era precisamente el más propicio para recoger y poner en práctica mensajes de esta naturaleza. En aquel tiempo, y desde 1954, mi país estaba bajo el yugo de la dictadura militar del general Alfredo Stroessner, en la que no cabían experiencias educativas como las que se podían inspirar en el mensaje de Medellín, ni tampoco cabía la experiencia autogestionaria que intentábamos establecer en nuestro Instituto. Un ejemplo de la orientación educativa del gobierno de entonces lo tenemos en el hecho que el Ministerio de Educación, un apéndice de la Honorable Junta de Gobierno del Partido Colorado (ANR), distribuyó en la primera etapa a todas las escuelas de primaria y secundaria borradores del tristemente célebre “Decálogo Anticomunista” (1) en el que se ponía en guardia a todos los maestros contra los supuestos peligros de la ideología marxista.

Conscientes de la situación y de los riesgos que implicaba el desarrollar una pedagogía progresista sin apoyo local, nos vinculamos con una serie de organizaciones pedagógicas nacionales e internacionales como la Asociación de Educadores de San Lorenzo, la Federación de Educadores del Paraguay (FEP), la Universidad Católica y la Confederación Mundial de Profesionales de la Enseñanza,  CMOPE, cuya sede se encontraba en la ciudad suiza de Morges.

Para definir las grandes orientaciones de nuestra futura acción pedagógica nos reunimos en varias jornadas de reflexión un grupo de profesores/as, en su mayoría de creencias cristianas y unidos por una afinidad ideológica progresista en mayor o menor intensidad. Estábamos influidos por el mensaje de Medellín y por los acontecimientos de mayo de 1968 en Francia. Pensábamos ingenuamente que se podía cambiar la institución educativa en un país con sistema de gobierno represivo y retrogrado. Con este objetivo acordamos llevar cabo determinadas acciones tendentes a democratizar nuestro sistema de enseñanza. Esto significaba que la comunidad educativa participase en la toma de decisiones.

Los sanlorenzanos ya no estaban al margen de la escuela a mi cargo. Ellos eran los auténticos protagonistas de la historia.

Con el objetivo de terminar con las viejas prácticas verticalistas y autoritarias, decidimos proceder a un cuestionamiento periódico tanto del   director como de los profesores y estudiantes. El primero era evaluado por sus colegas y los estudiantes en asambleas; los segundos eran evaluados por sus colegas y sus estudiantes y en cuanto a estos, tratamos de habituarlos a prácticas de autocrítica sumamente rigurosa que prepararan luego la autogestión personal y comunitaria. Los estudiantes valoraban las prácticas de sus profesores de acuerdo con una serie de parámetros tales como la competencia,  solidaridad, la capacidad de diálogo, el desarrollo de la imaginación y la creatividad para vincularse con la comunidad, entre diversos ítems.

A esta altura de los acontecimientos, muchos eran los que querían conocer el verdadero rostro del Paraguay en tiempo de dictadura. Varios alumnos y docentes se enjuiciaban entre ellos mismos y a otros. Asumieron su realidad arduamente y nuestra Escuela de San Lorenzo se convirtió en un laboratorio para despertar a los dormidos. La participación en las más variadas acciones se fue ampliando hacia los restantes niveles y llegó incluso hasta el cuarto grado de la educación primaria. Un clima distinto coloreaba su desempeño

Con el método de Paulo Freire fuimos avanzando en la convicción de que era necesario llegar a la hondura misma del problema de la educación. Había que criticar, desmenuzar la cultura transmitida por la escuela para poder recrearla a la luz de nuestros valores. La pregunta fundamental apuntaba hacia la creatividad y el compromiso para el cambio. Y de este modo llegamos a elaborar un instrumento de evaluación al que denominamos “TERMOMETRO ESCOLAR” y al que los estudiantes de secundaria llamaban “COMO ATRAVESAR EL TUNEL DEL TIEMPO”

La aplicación de este instrumento de evaluación iba precedida de un esquema de la historia social y de la estructura de dominación y dependencia de cada estadio. Le seguía una descripción del hombre y su desarrollo bio-psico-social y concluía con la presentación de tres tipos de educadores que derivan de concepciones diferentes del hombre y la educación. Estos educadores correspondían a la escuela “tradicional” ( neoliberal/conservadora), a la simplemente “progresista” y a la “nueva”, abierta, basada en el dialogo, en la facilitación del aprendizaje para la autoconducción personal y social.

Pusimos a prueba este instrumento de evaluación al comienzo con los grados superiores de la Primaria. Su manejo resultaba fácil por su estructura esquemática y permitía detectar la “temperatura” de cada situación en el aula, según su maestro fuese un conductor autoritario, permisivo o democrático. Para el efecto, la evaluación comenzaba trazando, por ejemplo, una raya horizontal cortada por una vertical. Al comienzo de la horizontal colocamos el año en que fue “descubierta” América Latina por los españoles, 1492. Justo en el cruce con la raya vertical colocamos el año de la experiencia, 1971 y en el otro extremo derecho de la raya horizontal, el año 2000.

En el transcurso de una reunión de trabajo, en 1972, con un miembro del Jurado de mi tesis de grado en la Universidad Nacional de La Plata, profesor de Sociología de la Educación Guillermo Savloff, expuse nuestra experiencia paraguaya en el Instituto Alberdi. Savloff me señaló que la marcha de los tiempos no es lineal sino circular ascendente (ciclo histórico) y que la historia  se repite en espirales, las idas y vueltas, las vueltas y revueltas de la vida de los pueblos.La historia personal y colectiva se repite en diferentes momentos . También me aconsejó leer y releer, en la rica biblioteca de la Facultad, al filósofo e historiador italiano Juan Bautista Vico (1668-1744), lo que hice de inmediato. Además, a su recomendación  recurrí al argentino Aníbal Ponce (1898-1938) autor del libro Educación y lucha de clases. Asimismo, me inspiré en las producciones intelectuales del peruano Carlos Mariátegui (1894-1930) y en algunos documentos del proceso de la reforma educativa realizada en Perú en 1970 por el gobierno progresista del general Juan Velasco Alvarado (1910-1977), que además también realizó al mismo tiempo la reforma agraria. Savloff me aconsejó incluir en mi repertorio los Cuadernos de la Cárcel, del político italiano e ideólogo de la educación, Antonio Gramsci, publicados por primera vez entre 1948 y 1951. En su obra Gramsci analiza las dificultades que se plantean en las sociedades avanzadas y cambiantes en las que la clase dominante ejerce no sólo el poder político y militar sino también la hegemonía intelectual y cultural.

Volviendo al Instituto Alberdi, entiendo que el más importante beneficio de nuestra práctica educativa fue, sin duda, el despertar de la conciencia, el conocimiento de la realidad concreta por parte de profesores y alumnos y las riquísimas inferencias que surgían de la circunstancia paraguaya. ¿Dónde estamos? ¿Por qué estamos donde estamos? ¿Cómo vivimos? ¿Que pensamos?, fueron los principales interrogantes.

La discusión llegaba al consenso general: la sociedad en el Paraguay tenía unfuerte rasgo feudal. Las relaciones de poder eran de señor a siervo. La educación oficial reproducía simplemente el sistema dominante (manteniendo el statu quo) y llegamos también a la conclusión de que el combustible de la dictadura era la ignorancia y el miedo, favoreciendo el individualismo/consumismo y la indiferencia.

Pero intuíamos que la dictadura militar llevaba en su seno su propia crisis, su propia destrucción, aunque por el momento impedía acceder a la conciencia social y a la participación. Por otra parte, frenaba el aprendizaje de resolución de los problemas y de la creatividad. Los jóvenes egresan de la escuela a una sociedad para la que no están preparados y sin resolver naturalmente la identidad propia y menos aún la de su tierra.

El empleo del citado “termómetro escolar” se fue generalizando en manos especialmente de educadores sin formación didáctica pero inquietos y abiertos al cambio. Con ellos había una corriente de fácil entendimiento. Con los llamados “profesionales” de la educación en cambio las cosas eran diferentes, no en lo formal, pero si en las actitudes. Los institutos profesionales no trabajan generalmente la pedagogía de las actitudes, más bien privilegian las técnicas curriculares recomendadas por el Banco Interamericano o el Banco Mundial, defensores de los grandes intereses transnacionales y que preconizan siempre una ideología claramente conservadora/neoliberal. Ello hizo que el miedo al cambio condicionara su conducta y los llevara a actuar, directa o indirectamente, siguiendo las orientaciones de estas instituciones internacionales.

Por nuestra parte continuamos adelante con el proyecto. El Lic. Lino Trinidad Sanabria, con un comité de profesores, se encargó de preparar la transformación del establecimiento en una cooperativa de profesores y padres de familia. En ese contexto y con el nuevo clima pedagógico constatábamos con alegría el deseo de aprender que animaba a nuestros estudiantes y, sobre todo, la voluntad de compartir las luchas de nuestro pueblo.

En los pizarrones habíamos escrito el siguiente mensaje:

“El hombre y la sociedad nueva serán el fruto de la solidaridad fraterna, con el pueblo que surge en la convivencia, en el esfuerzo compartido”.

Se rompieron múltiples barreras y se avizoraban nuevos horizontes.

Lógicamente no todos los profesores del Instituto compartían nuestras inquietudes. El llamado “grupo reaccionario stronista”, protestó vivamente  cuando solicité que las hojas de exámenes de ciencias exactas (Aritmética Geometría, Trigonometría, etc.) fueran entregadas a los estudiantes después de las correcciones pertinentes. Argumentaban que tal medida podría ocasionar un grave daño a la autoridad del docente, quien sería controlado tanto por los estudiantes como por sus padres incapaces, según su opinión, de un juicio competente en la materia.

Sabíamos perfectamente el riesgo que estábamos corriendo, pero estábamos convencidos de la justeza de nuestra experiencia y de nuestros sueños. El compromiso de trabajar por nuestra juventud y por nuestra patria, nos impulsaba a seguir la estrella que guiaba nuestros pasos. Teníamos muy en cuenta el mensaje que nos dejó Cervantes: “Cambiar el mundo no es una locura ni utopía sino JUSTICIA”.

Cierto día, en presencia de los estudiantes del 5º curso del Ciclo Bachillerato sección mañana, el joven profesor Roberto León Reyes, graduado en el marco de la educación brasileña pro-militar/dictatorial de la época, me exigió que detuviera urgentemente el proceso de renovación pues según él desembocaría de manera inexorable en el caos total. Sus advertencias no me amedrentaron: la confianza de la mayoría de los padres organizados en el Club de Padres y de los estudiantes organizados en el Centro de Estudiantes del Alberdi era la mejor prueba de que nuestra acción pedagógica respondía a las aspiraciones de la comunidad educativa.

Pero el grupo de recalcitrantes stronistas no cejó en su empeño y denunció en el Ministerio de Educación la “experiencia comunista” que según ellos estábamos desarrollando. Con la denuncia, el entonces ministro al servicio de la policía secreta de Stroessner, Raúl Peña, ordenó mi secuestro y tortura ejemplar. Mi esposa, la educadora Celestina Pérez, quedó detenida en el local escolar Juan Bautista Alberdi, donde sufrió tortura psicológica que le ocasionó la muerte por infarto cardiaco el 5 de diciembre de 1974. La hacían escuchar los gritos y alaridos que yo pronunciaba debido a las torturas que estaba padeciendo en la sala del tormento en Asunción.

Era evidente que nuestra experiencia innovadora estaba condenada. Apuntes, anotaciones, cómputos, datos de la misma, fueron destruidos por la dictadura en la época de la feroz persecución policial/militar que bajo el lema de “Paz y Progreso sin comunismo” el general Alfredo Stroessner desató contra todo lo que podía amenazar el régimen. Recuerdo que cuando llegaron al local escolar el 26 de noviembre de 1974 los “perros rabiosos” me conminaron que les entregara el aparato diabólico/subversivo que supuestamente inventé. Se referían increíblemente al “termómetro escolar”….

La represión de Stroessner terminó por el momento con aquel proyecto innovador e ilusionante, pero más allá de la interpretación científica de aquella memorable experiencia queda la aseveración de Paulo Freire que nosotros hicimos nuestra

“La educación en un acto de amor, por lo tanto, un acto de valor.

No puede temer al debate, al análisis de la realidad,

No puede huir de la discusión creadora, bajo pena de ser una farsa”.

Para el régimen dictatorial yo había cometido diversas faltas gravísimas en los planos político, sindical y pedagógico. Las pruebas más contundentes fueron presentadas al Tribunal Militar en la sala del tormento.  El Tribunal Militar estaba integrado por militares de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, auténtica representación del Plan Cóndor. Dichas pruebas hacían referencia a:

– La experiencia de autogestión educativa en el Instituto Juan Bautista Alberdi, en la perspectiva de la educación liberadora de Paulo Freire.

– La tesis con la que aprobé mi doctorado en Ciencias de la Educación, en la Universidad Nacional de La Plata, en la que sostenía que, por una parte, “en Paraguay la educación cumple el papel legitimador del sistema imperante y está organizada para el subdesarrollo y la dependencia”. Pero de la DEPENDENCIA se pasó hoy a la PRESCINDENCIA, es decir, los pobres producen poco y no consumen casi nada porque son pobres. Paraguay es un simple socio agregado de los países vecinos y países ricos proveyendo de carne y de soja para beneficio exclusivo de la atrasada elite terrateniente y empresarial.

          – Por otra parte, en la tesis denuncié la “primera vigilancia masiva norteamericana, conocida más bien como el Plan Camelot (espionaje socio-político) en 1970” (2)

–  Finalmente había llegado a la conclusión que el marxismo no es un dogma sino un método de pensamiento que se aplica a los problemas sociales en el proceso de la transformación social. Así como Darwin descubrió la ley de la evolución de la naturaleza, Marx descubrió la ley de la evolución de la historia

 – Mas adelante, ya en la cárcel, agravé mi situación al alfabetizar con la metodología de Freire a compañeros prisionerosen el campo de concentración de “Emboscada”. Allí el reloj se detuvo porque la cárcel militar fue diseñada para romper el espíritu y la dignidad humana de cualquier edad. Allí se encontraba conmigo Celeste, mi hija huérfana de 7 años edad que en vez de estar en una escuela pública sufría las penurias de la cárcel con los otros niños y más de 400 prisioneros políticos. El campo estaba a cargo del coronel José Félix Grau, un perro rabioso egresado de la Escuela de las América, Zona del Canal de Panamá.

Las consecuencias personales de todo ello fueron para mi muy duras. Además de la muerte de mi esposa, tuve que soportar torturas,  mas de tres  años de cárcel y mas de 10 de exilio, que pase en  Panamá y  París. En definitiva, había cometido el más terrible crimen contra la tiranía; había colocado una estrella libertaria en el corazón de nuestra juventud estudiosa.

Martín Almada: Premio Nobel Alternativo 2002 (Suecia). Recibió la condecoración francesa Legión de Honor, 2021.

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byjuan

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