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Cultural

Miguel Hernández, la poesía surgida de la tierra

01/11/2010 by Vitalio Deja un comentario

Muchos son los poetas que han dedicado buena parte de su creación a temas sociales o políticos y a alzar la voz contra un mundo injusto. La diferencia, y en cierto modo lo peculiar, que existe entre Miguel Hernández y casi todos los demás, es que él surge de un entorno muy humilde, siendo su desarrollo cultural totalmente autodidacta(“Me llamo barro aunque Miguel me llame”). Estamos ante lo que estrictamente se puede llamar un verdadero “poeta del pueblo”.

Nacido en Orihuela hace 100 años su infancia y juventud está marcada por su trabajo en la tierra llegando incluso a interrumpir sus estudios básicos. Su pasión por la lectura le lleva a conectar con jóvenes de la zona con los que monta algunos talleres literarios. Esos serán sus primeros contactos con la literatura, a la que le dedica muchas horas de su vida siendo un ávido lector. En esos círculos conoce a uno de los personajes claves en su biografía, Ramón Sijé. Es él quien adentra al joven Miguel Hernández en los clásicos, Cervantes, Calderón de la Barca y por encima de todos Góngora marcará su tendencia en un inicio.
Sus primeros poemas los escribe a los 20 años de edad. Como muchas de las personas de la época se va a Madrid en busca de éxito. No consigue resultados satisfactorios y se ve obligado a volver a su pueblo natal. En ningún momento dejará de lado su pasión, la escritura. Será durante su trabajo en una notaria cuando conoce al amor de su vida, Josefina Manresa, e inspiración de muchos de sus poemas más conocidos.
De esta época es el poemario “Perito en lunas”. En él se abordan temas costumbristas junto a declaraciones de amor. El influjo de Luis de Góngora se nota en su forma curtida y algo hermética que disimula lo popular de la temática. Construido con muchas imágenes y sonoridad, el tono dramático que se vislumbrará en toda su obra ya hace acto de aparición. Estos detalles son los que hacen que sea considerado parte de la Generación del 27, aunque por época no debería ser así, su escritura e ideología le llevan a ser encuadrado en dicho grupo.
De su segundo intento en la capital sacará más partido que en el anterior. Por fin consigue ir haciéndose hueco en la vida literaria. Son muchos los escritores con los que entabla amistad (Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre…). Uno de ellos, José Bergamín, es el que le cede un espacio para sus poemas en la revista que por aquel entonces dirige, “Cruz y raya”. Otro de los nombres que será clave en su desarrollo creativo es Pablo Neruda. De él toma su forma de entender el arte de una manera combativa, dejando atrás su poso más costumbrista y religioso.
De todas esas influencias surge “El rayo que no cesa”, uno de los libros esenciales del valenciano. Como anticipo a dicha obra escribió una serie de poemas recopilados bajo el nombre de “El silbo vulnerado”. La vida, el amor y la muerte son los tres elementos que dirigen su creación en ese momento. La mayoría de composiciones son sonetos y pierden algo del “barroquismo” que hasta entonces había sido habitual. Por aquel entonces se desata la guerra civil. Miguel Hernández, que ya por esos momentos se ha acercado a las tesis marxistas no duda en alistarse voluntariamente al ejército republicano. Durante esos años nacen sus dos hijos, el primero de ellos fallecido a los pocos meses. Este hecho, junto a la propia crueldad de la guerra hace que sus siguientes creaciones estén marcados por estos hechos puntuales y por una sensación trágica de la vida.
Durante la contienda bélica escribe dos obras, “Viento del pueblo” y “El hombre que acecha”. La primera de ellas de alto contenido político comprende alguno de sus poemas más conocidos y con mayor carácter reivindicativo (“Vientos del pueblo me llevan” y “El niño yuntero”). Todos ellos reclaman, de manera más o menos directa, la necesidad de luchar por la libertad. “El hombre acecha” recrea una mezcla de sentimientos, por una parte el tono combativo sigue presente pero también aparece un ambiente nostálgico. La guerra queda reflejada desde un punto más intimista.
Es a finales de los años 30, acabada la guerra, cuando viendo el riesgo de continuar en su pueblo decide iniciar la huida hacia Portugal, lugar en el que es detenido y trasladado a las cárceles franquistas. Incluso durante esa situación sigue escribiendo, es entre rejas cuando acaba “Cancionero y Romancero de ausencias”, donde se recogen poemas de los últimos años. La temática hace honor a su título y con una forma más popular mantiene un tono dramático y nostálgico como queda en evidencia en el homenaje a su hijo “Nanas de cebolla”.
Tras pasar por diferentes penales es el 28 de marzo de 1942 cuando fallece en uno de ellos a causa de tuberculosis. Ese día desapareció uno de los representantes más importantes de las letras españolas. El mejor ejemplo de cómo desde la humildad se puede llegar a tener un discurso propio, repleto de sentimiento y lucha.

Publicado en: Cultural, Varios Etiquetado como: la poesía surgida de la tierra, Miguel Hernández

Homenaje a Beirut-1982

30/10/2010 by maestro Deja un comentario

El tiempo avanza 
apoyado en un bastón de huesos de muertos.

El filo del insomnio 
corta el cuello de la noche.

Unos cráneos vierten sangre, 
otros se embriagan y desvarían.

iquest;Puede mancharse el fuego? 
iquest;Puede combarse el aire?

El humo son nubes. 
Las nubes tienen forma de cabeza.

Las letras caídas del cielo 
se imprimen, despedazadas, en la 
[tierra.

El horizonte aconsejó a su hijo, el aire, 
que no saliera hoy.

¿Cómo se puede juntar y cargar 
este fardo de despojos?

¿Cómo es que no se fatigan 
los guijarros del camino?

Ni el propio sol puede iluminar 
este cuerpo que sangra tinieblas.

Días vestidos de polvo 
con facciones de viejo.

Mariposas que se inflaman 
subiendo la escalera del sueño.

Ceniza- príncipe que se sienta 
para recibir homenaje.

Cohete- rey que barre con su cola 
el cuerpo de sus súbditos.

El sol parece decir a su claridad: 
deslumbra mis ojos 
para no ver.

iquest;Acaso la vida es un error 
que el asesinato corrige?

¿Dónde hay un foso lo bastante grande para las 
[lágrimas? 
¿Dónde hay un agujero capaz 
de albergar el alma?

El ser asesina al ser.

¿Esta bóveda celeste no tiene 
otro seno?

¿Por qué es tan obstinada esta rosa? 
No cesa de leerme su amor.

La rosa casi ha olvidado 
cómo alumbrar su perfume.

El día teme al día. 
La noche se oculta de la noche. 
El sol se frota los ojos y suspira- 
No puede creer lo que ve.

Gracias 
al polvo que se mezcla con el humo 
de los incendios y lo mitiga, 
al intervalo entre bomba y bomba, 
a las baldosas que no cesan 
de sostener mis pasos. 
Gracias a la roca que enseña paciencia.

Experimento la borrachera de las explosiones 
la embriaguez del ruido, 
y disparo mi rostro 
por el espacio de las probabilidades.

La luz se extinguió- 
Encenderé el astro de mis sueños.

Tómame, amor 
y abrázame.

Ali Ahmad Said Ester (Adonis)

 

Publicado en: Cultural

20 poemas de amor

30/10/2010 by maestro Deja un comentario

Poema 1 

 Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, 
te pareces al mundo en tu actitud de entrega. 
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava 
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. 
Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros 
y en mí la noche entraba su invasión poderosa. 
Para sobrevivirme te forjé como un arma, 
como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda. 
Pero cae la hora de la venganza, y te amo. 
Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. 
Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! 
Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste! 
Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia. 
Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso! 
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, 
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Poema 2

En su llama mortal la luz te envuelve. 
Absorta, pálida doliente, así situada 
contra las viejas hélices del crepúsculo 
que en torno a ti da vueltas. 
Muda, mi amiga, 
sola en lo solitario de esta hora de muertes 
y llena de las vidas del fuego, 
pura heredera del día destruido. 
Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro. 
De la noche las grandes raíces 
crecen de súbito desde tu alma, 
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas. 
de modo que un pueblo pálido y azul 
de ti recién nacido se alimenta. 
Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava 
círculo que en negro y dorado sucede: 
erguida, trata y logra una creación tan viva 
que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.

Poema 3

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, 
lento juego de luces, campana solitaria, 
crepúsculo cayendo en tus ojos, muñeca, 
caracola terrestre, en ti la tierra canta! 
En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye 
como tú lo desees y hacia donde tú quieras. 
Márcame mi camino en tu arco de esperanza 
y soltaré en delirio mi bandada de flechas. 
En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla 
y tu silencio acosa mis horas perseguidas, 
y eres tú con tus brazos de piedra transparente 
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida. 
Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla 
en el atardecer resonante y muriendo! 
Así en horas profundas sobre los campos he visto 
doblarse las espigas en la boca del viento.

Poema 4

Es la mañana llena de tempestad 
en el corazón del verano. 
Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, 
el viento las sacude con sus viajeras manos. 
Innumerable corazón del viento 
latiendo sobre nuestro silencio enamorado. 
Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, 
como una lengua llena de guerras y de cantos. 
Viento que lleva en rápido robo la hojarasca 
y desvía las flechas latientes de los pájaros. 
Viento que la derriba en ola sin espuma 
y sustancia sin peso, y fuegos inclinado. 
Se rompe y se sumerge su volumen de besos 
combatido en la puerta del viento del verano.

Poema 5

Para que tú me oigas 
mis palabras 
se adelgazan a veces 
como las huellas de las gaviotas en las playas. 
Collar, cascabel ebrio 
para tus manos suaves como las uvas. 
Y las miro lejanas mis palabras. 
Más que mías son tuyas. 
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. 
Ellas trepan así por las paredes húmedas. 
Eres tú la culpable de este juego sangriento. 
Ellas están huyendo de mi guarida oscura. 
Todo lo llenas tú, todo lo llenas. 
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, 
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza. 
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte 
para que tú las oigas como quiero que me oigas. 
El viento de la angustia aún las suele arrastrar. 
Huracanes de sueños aún a veces las tumban 
Escuchas otras voces en mi voz dolorida. 
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas. 
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. 
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. 
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras. 
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. 
Voy haciendo de todas un collar infinito 
para tus blancas manos, suaves como las uvas.

Poema 6

Te recuerdo como eras en el último otoño. 
Eras la boina gris y el corazón en calma. 
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo 
Y las hojas caían en el agua de tu alma. 
Apegada a mis brazos como una enredadera. 
las hojas recogían tu voz lenta y en calma. 
Hoguera de estupor en que mi sed ardía. 
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma. 
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño: 
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa 
hacia donde emigraban mis profundos anhelos 
y caían mis besos alegres como brasas. 
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros. 
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma! 
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos. 
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

Poema 7

INCLINADO en las tardes tiro mis tristes redes 
a tus ojos oceánicos. 
Allí se estira y arde en la más alta hoguera 
mi soledad que da vueltas los brazos como un 
náufrago. 
Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes 
que olean como el mar a la orilla de un faro. 
Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía, 
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. 
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes 
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. 
Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas 
que centellean como mi alma cuando te amo. 
Galopa la noche en su yegua sombría 
desparramando espigas azules sobre el campo.

Poema 8

Abeja blanca zumbas –ebria de miel en mi alma 
y te tuerces en lentas espirales de humo. 
Soy el desesperado, la palabra sin ecos, 
el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. 
Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. 
En mi tierra desierta eres tú la última rosa. 
Ah silenciosa! 
Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. 
Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. 
Tienes ojos profundos donde la noche alea. 
Frescos brazos de flor y regazo de rosa. 
Se parecen tus senos a los caracoles blancos. 
Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. 
Ah silenciosa! 
He aquí la soledad de donde estás ausente. 
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. 
El agua anda descalza por las calles mojadas. 
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. 
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. 
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. 
Ah silenciosa !

Poema 9

Ebrio de trementina y largos besos, 
estival, el velero de las rosas dirijo, 
torcido hacia la muerte del delgado día, 
cimentado en el solido frenesí marino. 
Pálido y amarrado a mi agua devorante 
cruzo en el agrio olor del clima descubierto. 
aún vestido de gris y sonidos amargos, 
y una cimera triste de abandonada espuma. 
Voy, duro de pasiones, montado en mi ola única, 
lunar, solar, ardiente y frío, repentino, 
dormido en la garganta de las afortunadas 
islas blancas y dulces como caderas frescas. 
Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos 
locamente cargado de eléctricas gestiones, 
de modo heroico dividido en sueños 
y embriagadoras rosas practicándose en mí. 
Aguas arriba, en medio de las olas externas, 
tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos 
como un pez infinitamente pegado a mi alma 
rápido y lento en la energía subceleste.

Poema 10

Hemos perdido aún este crepúsculo. 
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas 
mientras la noche azul caía sobre el mundo. 
He visto desde mi ventana 
la fiesta del poniente en los cerros lejanos. 
A veces como una moneda 
se encendía un pedazo de sol entre mis manos. 
Yo te recordaba con el alma apretada 
de esa tristeza que tú me conoces. 
Entonces, dónde estabas? 
Entre qué genes? 
Diciendo qué palabras? 
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe 
cuando me siento triste, y te siento lejana? 
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo, 
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa. 
Siempre, siempre te alejas en las tardes 
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

Poema 11

Casi fuera del cielo ancla entre dos montañas 
la mitad de la luna. 
Girante, errante noche, la cavadora de ojos. 
A ver cuántas estrellas trizadas en la charca. 
Hace una cruz de luto entre mis cejas, huye. 
Fragua de metales azules, noches de las calladas luchas, 
mi corazón da vueltas como un volante loco. 
Niña venida de tan lejos, traída de tan lejos, 
a veces fulgurece su mirada debajo del cielo. 
Quejumbre, tempestad, remolino de furia, 
cruza encima de mi corazón, sin detenerte. 
Viento de los sepulcros acarrea, destroza, dispersa tu raíz soñolienta. 
Desarraiga los grandes árboles al otro lado de ella. 
Pero tú, clara niña, pregunta de humo, espiga. 
Era la que iba formando el viento con hojas iluminadas. 
Detrás de las montañas nocturnas, blanco lirio de incendio, 
allá nada puedo decir! Era hecha de todas las cosas. 
Ansiedad que partiste mi pecho a cuchillazos, 
es hora de seguir otro camino, donde ella no sonría. 
Tempestad que enterró las campanas, turbio revuelo de tormentas 
para qué tocarla ahora, para qué entristecerla. 
Ay seguir el camino que se aleja de todo, 
donde no está atajando la angustia, la muerte, el invierno, 
con sus ojos abiertos entre el rocío.

Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho, 
para tu libertad bastan mis alas. 
Desde mi boca llegará hasta el cielo 
lo que estaba dormido sobre tu alma. 
Es en ti la ilusión de cada día. 
Llegas como el rocío a las corolas. 
Socavas el horizonte con tu ausencia. 
Eternamente en fuga como la ola. 
He dicho que cantabas en el viento 
como los pinos y como los mástiles. 
Como ellos eres alta y taciturna. 
Y entristeces de pronto como un viaje. 
Acogedora como un viejo camino. 
Te pueblan ecos y voces nostálgicas. 
Yo desperté y a veces emigran y huyen 
pájaros que dormían en tu alma.

Poema 13

He ido marcando con cruces de fuego 
el atlas blanco de tu cuerpo. 
Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose. 
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta. 
Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, 
muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. 
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre. 
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal. 
Yo que viví en un puerto desde donde te amaba. 
La soledad cruzada de sueño y de silencio. 
Acorralado entre el mar y la tristeza. 
Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles. 
Entre los labios y la voz, algo se va muriendo. 
Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido. 
Así como las redes no retienen el agua. 
Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando. 
Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces. 
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca. 
oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría. 
Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco. 
Triste ternura mía, qué te haces de repente? 
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío 
mi corazón se cierra como una flor nocturna.

Poema 14

Juegas todos los días con la luz del universo. 
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. 
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto 
como un racimo entre mis manos cada día. 
A nadie te pareces desde que yo te amo. 
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. 
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? 
Ah déjame recordarte como eras entonces cuando aún no existías. 
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. 
El cielo es una red cuajada de peces sombríos. 
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. 
Se desviste la lluvia. 
Pasan huyendo los pájaros. 
El viento. El viento. 
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. 
El temporal arremolina hojas oscuras 
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. 
Tú estás aquí. Ah tú no huyes 
Tú me responderás hasta el último grito. 
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. 
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. 
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, 
y tienes hasta los senos perfumados. 
Mientras el viento triste galopa matando mariposas 
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. 
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, 
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. 
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos 
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. 
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. 
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. 
Hasta te creo dueña del universo. 
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, 
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. 
Quiero hacer contigo 
lo que la primavera hace con los cerezos.

Poema 15

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, 
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. 
Parece que los ojos se te hubieran volado 
y parece que un beso te cerrara la boca. 
Como todas las cosas están llenas de mi alma 
emerges de las cosas, llena del alma mía. 
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, 
y te pareces a la palabra melancolía; 
Me gustas cuando callas y estás como distante. 
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. 
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: 
déjame que me calle con el silencio tuyo. 
Déjame que te hable también con tu silencio 
claro como una lámpara, simple como un anillo. 
Eres como la noche, callada y constelada. 
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. 
Me gustas cuando callas porque estás como ausente. 
Distante y dolorosa como si hubieras muerto. 
Una palabra entonces, una sonrisa bastan. 
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Poema 16

(Paráfrasis a R. Tagore) 
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube 
y tu color y forma son como yo los quiero 
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces 
y viven en tu vida mis infinitos sueños. 
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, 
el agrio vino mío es más dulce en tus labios: 
oh segadora de mi canción de atardecer, 
Cómo te sienten mía mis sueños solitarios! 
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa 
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. 
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo 
estanca como el agua tu mirada nocturna. 
En la red de mi música estás presa, amor mío, 
y mis redes de música son anchas como el cielo. 
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. 
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

Poema 17

Pensando, enredando sombras en la profunda soledad. 
Tú también estás lejos, ah más lejos que nadie. 
Pensando, soltando pájaros, desvaneciendo imágenes, enterrando lámparas. 
Campanario de brumas, qué lejos, allá arriba! 
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombrías, molinero taciturno, 
se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad. 
Tu presencia es ajena, extraña a mí como una cosa. 
Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti. 
Mi vida antes de nadie, mi áspera vida. 
El grito frente al mar, entre las piedras, 
corriendo libre, loco, en el vaho del mar. 
La furia triste, el grito, la soledad del mar. 
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo. 
Tú, mujer, qué eras allí, qué raya, qué varilla 
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora. 
Incendio en el bosque! Arde en cruces azules. 
Arde, arde, llamea, chispea en árboles de luz. 
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio. 
Y mi alma baila herida de virutas de fuego. 
Quién llama? Qué silencio poblado de ecos? 
Hora de la nostalgia, hora de la alegría, hora de la soledad. 
hora mía entre todas! 
Bocina en que el viento pasa cantando. 
Tanta pasión de llanto anudada a mi cuerpo. 
Sacudida de todas las raíces, 
asalto de todas las olas! 
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma. 
Pensando, enterrando lámparas en la profunda soledad. 
Quién eres tú, quién eres?

Poema 18

Aquí te amo. 
En los oscuros pinos se desenreda el viento. 
Fosforece la luna sobre las aguas errantes. 
Andan días iguales persiguiéndose. 
Se descine la niebla en danzantes figuras. 
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. 
A veces una vela. Altas, altas estrellas. 
O la cruz negra de un barco. 
Solo. 
A veces amanezco, y hasta mi alma esta húmeda. 
Suena, resuena el mar lejano. 
Este es un puerto. 
Aquí te amo. 
Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte. 
Te estoy amando aún entre estas frías cosas. 
A veces van mis besos en esos barcos graves, 
que corren por el mar hacia donde no llegan. 
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas. 
son más tristes los muelles cuando atraca la tarde. 
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta. 
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante. 
Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos. 
Pero la noche llega y comienza a cantarme. 
La luna hace girar su rodaje de sueño. 
Me miran con tus ojos las estrellas más grandes. 
Y como yo te amo, los pinos en el viento, 
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Poema 19

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, 
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, 
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos 
y tu boca que tiene la sonrisa del agua. 
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras 
de la negra melena, cuando estiras los brazos. 
Tú juegas con el sol como con un estero 
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos. 
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca. 
Todo de ti me aleja, como del mediodía. 
Eres la delirante juventud de la abeja, 
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga. 
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, 
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. 
Mariposa morena dulce y definitiva, 
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Poema 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. 
El viento de la noche gira en el cielo y canta. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 
Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, 
mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

La Canción Desesperada

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. 
El río anuda al mar su lamento obstinado. 
Abandonado como los muelles en el alba. 
Es la hora de partir, oh abandonado! 
Sobre mi corazón llueven frías corolas. 
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! 
En ti se acumularon las guerras y los vuelos. 
De ti alzaron las alas los pájaros del canto. 
Todo te lo tragaste, como la lejanía. 
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio ! 
Era la alegre hora del asalto y el beso. 
La hora del estupor que ardía como un faro. 
Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, 
turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! 
En la infancia de niebla mi alma alada y herida. 
Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! 
Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. 
Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! 
Hice retroceder la muralla de sombra. 
anduve más allá del deseo y del acto. 
Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, 
a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. 
Como un vaso albergaste la infinita ternura, 
y el infinito olvido te trizó como a un vaso. 
Era la negra, negra soledad de las islas, 
y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. 
Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. 
Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. 
Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme 
en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! 
Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, 
el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. 
Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, 
aún los racimos arden picoteados de pájaros. 
Oh la boca mordida, oh los besados miembros, 
oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. 
Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo 
en que nos anudamos y nos desesperamos. 
Y la ternura, leve como el agua y la harina. 
Y la palabra apenas comenzada en los labios. 
Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, 
y en el cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! 
Oh sentina de escombros, en ti todo caía, 
qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron. 
De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste 
de pie como un marino en la proa de un barco. 
Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. 
Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. 
Pálido buzo ciego, desventurado hondero, 
descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! 
Es la hora de partir, la dura y fría hora 
que la noche sujeta a todo horario. 
El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. 
Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. 
Abandonado como los muelles en el alba. 
Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. 
Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. 
Es la hora de partir. Oh abandonado.

 

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Tinku en wikipedia

01/06/2010 by maestro Deja un comentario

En los últimos años también ha sufrido una tergiversación al ser presentada como una danza folklórica, que rápidamente se hizo muy popular, especialmente en las ciudades y que cada vez se aleja más del origen y significado propio. Este ritual es todavía practicado en las comunidades de la región denominada Norte Potosí, siendo conservado y transmitido de una generación a otra para promover parte de la costumbre ancestral y del patrimonio cultural. El t’inku es originario de la región en que habitan los Laimes y Jucumanis (comunidades quechuas), situada al norte del departamento de Potosí. En este encuentro ritual que se realiza anualmente denominado T’inku se efectúan peleas entre los varones (pero también entre mujeres y niños) de ambas comunidades. Generalmente las peleas deben ser uno contra uno, pero muchas veces el excesivo consumo de chicha lleva a peleas en conjunto, las que pueden causar graves heridas y hasta muerte.

Es practicado como un rito ceremonial mezclándose con la costumbre, filosofía y religión de los indigenas para su devoción mística. Dentro del T’inku obviamente también hay música y danza (las comunidades suelen entrar en marcha tocando los ritmos de Jula-Jula, pero no lo tocan en las ciudades como se comercializa el tinku). Los combatientes entre los que se destacan los “Warakkaku” y “Makhanaku”, quienes se enfrentan cuerpo a cuerpo desarrollando sus diferentes técnicas de pelea varonil en un ambiente guerrero. Según cuenta una leyenda, uno de los combatientes que ha sido vencido debe derramar su sangre con abundancia como un sacrificio u ofrenda, esto, para la Madre Tierra, conocida comúnmente por estas comunidades como la Pachamama, para que en ese año la cosecha sea abundante.

Actualmente la danza del “tinku” se baila en diferentes acontecimientos y festividades de Bolivia y dentro de si misma las peleas sólo se representan como una expresión artística, como son los enfrentamientos y las aglutinaciones en los diversos sistemas de combate (luchasimilar al judo y boxeo, como también a los ejercicios de entrenamiento militar que se practican en los Estados Unidos). Esta representación que se ve en dicha danza, sucede verídicamente en esta región del departamento de Potosí y en algunas localidades andinasprincipalmente dentro del territorio nacional. Durante el combate, dichas comunidades indígenas utilizán también armas típicas tradicionales de los incas como los boleadores, azotes, lazos etc.

Algunos antropólogos creen que la tradición del Tinku equivale a la cultura Moche, donde las tribus vecinas lucharían anualmente. Finalmente el término tinku quiere decir lucha y pelea, como también cita amorosa.

Últimamente las peleas están siendo controladas y vigiladas por un árbitro, algo parecido como sucede en torneos de un Knock Out, dichos arbitros son las autoridades máximas de estas comunidades; el Cacique y el Alcalde Mayor. Quienes por demostración de su don de autoridad y como medio de coerción y obediencia, blanden un látigo contra quienes no observan las reglas previamente acordadas.

El tinku en Macha

Los macha fueron la etnia dominante dentro de la federación de los Qaraqara, este grupo étnico estaba dividido en dos grandes mitades llamadas Alasaya y Majasaya, denominaciones aymaras que significan respectivamente “los de Arriba” y “los de Abajo”. (Tristan Platt, 1988)

Actualmente su territorio se halla circunscrito a la primera sección municipal de la provincia Chayanta del departamento de Potosí. La localidad de Macha (en la época colonial pueblo de indios según las ordenanzas toledanas) esta sobre el camino entre las ciudades deLlallagua, Sucre y Potosí, es cabecera de valle y los idiomas que se habla son el quechua, el castellano y el aimara.

El Tinku se realiza en Macha, los días 3 y 4 de mayo de cada año, aunque también se lleva a efecto en estas fechas en las poblaciones de Ocurí, Pocoata, Chayanta del norte de Potosí

Mientras iba recorriendo el camión —el último tramo— antes de llegar a Macha destacaba nítidamente la torre de la iglesia en el conjunto del pueblo, construida esta en las faldas de los cerros y a orillas de dos ríos, los cuales confluyen para formar el río grande.

Llegamos a Macha con una serie de inquietudes e interrogantes sobre el Tinku, recogidas de las expresiones tanto de vecinos de Llallagua, de los comerciantes que viajaban a Macha, como de los jóvenes que llevaban sus adornos y atuendos para participar en la fiesta.

Era el día 2 de mayo y el arribo de los comunarios al pueblo para la fiesta recién seria el día 3 en la noche. Esto nos permitió tomar contacto con el núcleo de vecinos de Macha, con los comerciantes que llegaban de Llallagua, Oruro, como el caso de las vivanderas provenientes de Colquechaca (centro minero aledaño, en el que se extraía plata y ahora estaño). Ese día se escuchó el sonido de los dinamitazos; un profesor rural nos indico que era la forma en que los comunarios se llamaban para reunirse en sus cabildos, para luego emprender el recorrido hacia el pueblo.

En el ambiente se percibía una tensión disimulada, y las ideas que recibíamos nos iban presentando a los participantes del Tinku como una especie de personajes salvajes que se enfrentaban entre sí, se mataban sin respetar a nadie. Motivo por el cual nuestra primera reacción era de cierta cautela y de evitar acercarnos a ellos, estabamos predispuestos por los juicios valorativos en horas previas que nos hacían temer posibles agresiones.

Cuando empezaron a llegar, la plaza del pueblo se encontraba vacía, los comerciantes apostados en el lado este y norte tenían sus toldos bien cerrados.

Los grupos de comunarios llegaron a la plaza pasada la media noche del día 3 de mayo, primero los Uluchis, luego los Salinas, los Bombori, haciéndose incontables. Cada uno venia en grupos controlados por el Mayura, sus Jilanqus (autoridades tradicionales de los ayllus), Imilla wawas (mujeres solteras, escogidas con anterioridad) y el Alférez o pasante de la fiesta, quienes provistos de chicotes de cuero trenzado les incitaban a bailar gritándoles “tusuychis carajo”.

La música de los jula julas marca el paso de los bailarines que en acompasada danzan formando un círculo en cada esquina y dan vueltas zapateando en el mismo sentido de las manecillas del reloj y viceversa.

Al ingresar a la plaza, pasan por la iglesia y se dirigen a la torre, ahí empezaron a challar y hacer libaciones a la misma gritando “sumaj Tinku” como un augurio de buena suerte. En frente de ellos se habían acomodado cerca de una decena de mujeres que vendían alcohol y singani.

Los primeros enfrentamientos se dan repentinamente y comienza una pelea entre. Al día siguiente nos informamos que en esta primera pelea entre los Uluchi y los Bombori murió un joven de 17 años de Bombori, recién vuelto del cuartel, cuyo padre había muerto en el anterior Tinku en carnavales. El “arreglo” en esta caso consiste en la “paga” de ganado vacuno a los familiares del occiso.

A la mañana siguiente continuó la entrada en tropel por distintas calles con destino a la plaza, el ingreso nunca era individual, sino siempre en grupo y para ello en las inmediaciones del pueblo, en las faldas de los cerros o en el río se reunían los comunarios para prepararse y cambiarse de ropa. En la observación realizada en mayo de 1996, se pudo constatar que ya no solo venían a pie sino que llegaban en camiones de los lugares más alejados, y estos se encontraban estacionados en la afueras del pueblo.

Cada grupo tenía su cruz —se supone que el 3 de mayo se recuerda al señor de la cruz. El que la traía en sus hombros era el pasante de la fiesta.

Es interesante observar la “humanización” de las cruces hechas de madera; en la parte superior llevan una figura del rostro de Cristo vestido con poncho, bufanda y ch’uspa asemejándose a una persona, en algunos casos adornado con chumpis, con banderas blancas, otras cruces llevan sobre la cabeza una pequeña montera de cuero, como si Cristo también vinieran a pelear en el Tinku. Colgaban en la cruz papas, maíz, etc. que representan semillas para la producción agrícola, solo los pasantes que llevan la cruz debían ingresar a la iglesia a escuchar la misa.

En cuanto al Tinku mismo, en las tres esquinas de la plaza había enfrentamientos entre los ayllus de arriba o abajo o entre parcialidades de ayllu.

La pelea —contrariamente a lo que se puede creer— no es una batalla campal de todos contra todos, sino que los enfrentamientos corresponden a un ordenamiento social establecido, los conflictos de dan a nivel de la parcialidad de Alasaya y Majasaya, por ejemplo entre los ayllus de Bombori y Uluchi, y entre parcialidades de “churi” ayllus, por ejemplo Salinas alta con Salinas baja.

El ordenamiento dentro del conflicto no solo se da a nivel macro social, sino a nivel de género y edad, nos solo pelean los varones, sino también las “Imilla wawas” (mujeres solteras), los adolescentes y los niños.

Esta disposición “natural” en el Tinku ahora se halla controlada, por no decir reprimida por la presencia de la policía y los vecinos que organizan su “policía civil”, haciendo que el conflicto se convierta en un espectáculo de box entre los varones, a ver cual de ellos es el vencedor.

En determinados momentos, los vecinos y la policía no pudieron controlar a los bandos enfrentados y es en esos momentos en que el Tinku adquiría su forma más primigenia. La pelea es una batalla entre colectivos sociales, no individuos; la figura es el rapto de un varón del bando opuesto que es arrastrado hacia sus adversarios, al mismo tiempo le quitan sus prendas y atavíos, montera, fajas y le empiezan a “wayqhear” (golpearle entre todos), recibe patadas, puñetes, en eso intervienen sus coetáneos para defenderlo, incluso sus mujeres echándose encima del caído para protegerlo de los golpes con su propio cuerpo sin importarles en algunos casos que tengan un niño en sus espaldas.

Un elemento mortal de la pelea es el uso de piedras —han sido prohibidas con multas económicas— que se usan con hondas o a mano; cuando uno de los grupos empiezan a retroceder y esta siendo vencido, entonces recurre al uso de las piedras equilibrar el conflicto; pudimos observar como llovían las piedras y de que manera evitaban su impacto haciendo piruetas y saltos especialmente los más jóvenes, pero cuando estas hacían impacto en el cuerpo o la cabeza de los comunarios, estos se desplomaban sangrantes sintiéndose la muerte en el ambiente, los heridos eran arrastrados por sus compañeros o su mujer hacia atrás para luego levantarse nuevamente y querer seguir peleando. Los heridos muy pocas veces acuden al médico para que les curen sus heridas.

La juventud demostrada por la fuerza que ostentan durante las pelea, su resistencia o superioridad es símbolo de prestigio. Esto se manifiesta si describimos el enfrentamiento entre dos varones: El primero más joven que insistía en mostrar su fortaleza; el segundo de unos 25 años que no utiliza ninguna protección, no usa montera, ni ñuqus y en las manos, al entrar a la pelea crean gran expectativa entre los participantes por que no encuentra un rival de su talla, sufre golpes y sale sin sangrar, no muestra cansancio; mientras que su rival se retira totalmente ensangrentando. Este vencedor dice a todos: “Ustedes pelean como mujeres”.

Las mujeres, contrariamente a nuestros conceptos occidentalizados o eurocéntricos, no se ocupan precisamente de evitar o detener a sus maridos sino que los incitan para que vayan a pelear haciendo alusión a su hombría, warmi qanki? (“¿acaso eres mujer?”); o en medio de la lluvia de piedras corren con sus hijos en sus espaldas, poniendo en peligro su vida, la de su compañero e incluso la vida de sus hijos, en un desfile de pasiones y furia exacerbada, en el cual la explicación de la relatividad cultural pareciera quedarse corta ante el hecho de que ver la muerte frente a nosotros retrotrayéndonos temores de los más profundo de nuestro inconsciente.

La otra fase del Tinku es el consumo de bebidas alcohólicas, ya sea en las casas de fiesta como también la venta de chicha en la misma plaza, donde se asientan mujeres que ofrecen esta bebida, a cuyos puestos se acercan los lloqallas y las imillas (hombres y mujeres jóvenes) a beber acompañados de sus charangos y entonando canciones alusivas al galanteo, al amor:

Aquí viene una mula (bis) no tiene montura (bis) pobre jovencito, no tiene fortuna (bis)

Acaso toritos llevan corazones Acaso toritos roban corazones toritos se llaman, los engañadores (bis)

Este comercio conlleva todo un juego de relaciones de parentesco y erotismo; algunas de la muchachas que cantan son parientes de las vendedoras de chicha, o sea se convierten en un atractivo para que se acerquen a sus puestos y garanticen una buena clientela.

El aproximarnos a esta realidad, nos conduce a afirmar que esta manifestación de violencia esta sesgada por el consumo de alcohol, que es un elemento vital para la creación de un espacio de encuentro y enfrentamiento entre la vida y la muerte.

Enlaces externos

  • Ritual Del Tinku Frente Al Tinku Folclórico
  • Información sobre el Tinku, fotos, videos y vestimentas
  • La danza del Tinku, el predominio de la fuerza
  • Tinku quiere crear encuentros en los desencuentros, diálogo y convivencia poética entre diferentes, contra el cinismo contemporaneo.
  • Bibliografía recomendada

  • Arnold, Denise. At the heart of the woven dance-floor: the wayñu in Qaqachaka. In: Iberoamericana. Lateinamerika-Spanien-Portugal. 16. Jahrgang, Nr. 3/4 (47/48), Vervuert, Frankfurt, 1992.
  • Arnold, Denise. En el corazón de la plaza tejida. El Wayñu en Qaqachaka. In: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz, 1992.
  • Arnold, Denise. Ensayo sobre los origenes del textil andino. En: Anales de la Reunión Anual de Etnología, MUSEF, La Paz, 2001.
  • Arnold, Denise. López, Ricardo. Jukumarinti sawurinti: El soso-guerrero y la tejedora. Un repertorio literario de lo masculino y lo feminino en los Andes. Universidad Católica Boliviana. Revista número 9 – junio. La Paz, 2001.
  • Arrueta H., Walter. El Tinku. En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz, 1987.
  • Arzáns de Orsúa y Vela, Bartolomé. Relatos de la Villa Imperial de Potosí. Selección, introducción y cronología de Leonardo García Pabón. Plural. La Paz, 2000.
  • Baumann, Max Peter. Julajulas – ein bolivianisches Panflötenspiel und seine Musiker. In: Studia instrumentorum musicae popularis. Band 7, Musikhistoriska Museet, Stockholm, 1981.
  • Baumann, Max Peter. Tinku – zur Fiesta der Begegnung in der Dynamik von Ordnung und Chaos. In: ¡Atención!, Jahrbuch des Österreichischen Lateinamerika-Instituts. Band. 2: Von der realen Magie zum Magischen Realismus. Weltbild und Gesellschaft in Lateinamerika. Hrsg.: Mader, Elke. Dabringer, Maria. Frankfurt, 1999.
  • Corso Cruz, Cristobal. Calendario folklórico y religioso de Potosí. En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz, 1990.
  • Fernández Juárez, Gerardo. Tinku y Taypi: Dos recursos culinarios pertinentes en las ofrendas aymaras a la Pachamama. In: ANTHROPOLOGICA. 11. Jahrgang, Nr. 11. Pontificia Universidad Católica del Perú. Departamento de Ciencias Sociales. Lima, 1994.
  • Flores Aguanta, Willer. Calendario de fiestas tradicionales en los ayllus de la Provincia Bustillo. In: Reunión anual de Etnología 1993. Band 2, Serie Anales de la Reunión Anual de Etnología. MUSEF, La Paz, 1994.
  • Flores Aguanta, Willer. Chullpas en el siglo XXI. (Resúmen histórico del ayllu Chullpa). En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz, 2001.
  • Flores, Willer. López, Jaime. Plicque, Katherine. Lliqllas chayantaka. Textiles en el Norte de Potosí. En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz.

  • Marquez Contreras, Juan Carlos. Vargas Mercado, Oscar Pablo. Tinku: Espacio de encuentro y desencuentro. En: Anales de la Reunión Anual de Etnología, MUSEF, La Paz, 2005.
  • Mendizábal Nuñez, René et al. El Tinku en Macha: Violencia ritual y violencia represiva. Cuadernos de investigación 5. CEPA, Oruro, 1996.
  • Ordoñez Oporto, Luis et al. Primer Simposio Nacional Sobre Revalorización Cultural del Tinku. La Paz, Prod. CIMA, um 2003.
  • Platt, Tristan. Conciencia andina y conciencia proletaria. Qhuyaruna y ayllu en el norte de Potosí. In: HISLA. Revista Latinoamericana de Historia Económica y Social. Band 2. Hrsg.: Bonilla, Heraclio. Pontificia Universidad Católica del Perú. Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1983.
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  • Platt, Tristan. Simon Bolivar, the Sun of Justice and the Amerindian Virgin: Andean Conceptions of the Patria in Nineteenth-Century Potosi. In: Journal of Latin American Studies, Vol. 25, No. 1. (Feb., 1993), pp. 159-185.
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  • Stobart, Henry. Primeros datos sobre la musica campesina del Norte de Potosí. En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz, 1987.
  • Stobart, Henry. The Llama’s Flute: Musical Misunderstandings in the Andes. In: Early Music, Vol. 24, No. 3, Early Music from Around the World. (Aug., 1996), pp. 470-482.

  • Stobart, Henry. Cross, Ian. The Andean Anacrusis? Rhythmic Structure and Perception in Easter Songs of Northern Potosí, Bolivia. In: British Journal of Ethnomusicology, Vol. 9, No. 2. (2000), pp. 63-92.
  • Stobart, Henry. Flourishing Horns and Enchanted Tubers: Music and Potatoes in Highland Bolivia. In: British Journal of Ethnomusicology, Vol. 3. (1994), pp. 35-48.
  • Urrea Bustamante, Fernanda. El tinku como fenómeno y sus manifestaciones duales-antagónicas: Representación y continuidad simbólica del dualismo andino. Diplomarbeit. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Facultad de Filosofía y Educación. Instituto de Música. Valparaíso, 2004.
  • Valeriano T´ula, Emmo. Tinku. Patrimonio Cultural del altiplano central. En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz, 2003
  • Valeriano Thola, Emmo Emigdio. Música y danza de Julajula en Venta y Media. En: Anales de la Reunión anual de etnología. Museo nacional de etnografía y folklore. MUSEF, La Paz
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    ODISEA DEL TIEMPO

    03/05/2002 by maestro Deja un comentario

    El presente articulo tiene por objetivo enseñar (para los que no saben) la existencia de un hermoso libro que compré de segunda mano en Santa Cruz. Titula UNO de Richard Bach.
    Es una obra esencial que trata de viajes en el tiempo. Esencial; primero, porque trata de un viaje mágico novelesco al interior de nosotros mismos, para descubrir ó redescubrir lo bueno y lo malo en nosotros. Segundo; porque, es también una interpretación literaria de un tema muy moderno hoy en día, la física cuántica. Finalmente, simplemente porque el autor es Richard  Bach y con esto, talvéz ya se dice todo.
    Fluimos constantemente en la máquina del tiempo que, incansablemente nos conduce adelante en el tiempo. El mejor de los mundos se puede desarrollar sólo hacia adelante y perfeccionarse. Pero !piensa!… poder volver atrás y esperar la llegada de los españoles o talvéz junto a nuestros antepasados poder platicar con las estrellas.
    ¿Hacia donde vamos? ¿Que es lo que nos lleva adelante? ¿Porque esa sensación de que el tiempo avanza solo adelante? Cualquier dirección que se tome, terminaremos siempre en el palacio de los espejos del tiempo, en donde corremos como perdidos, buscando una salida pero, sólo descubrimos nuestras imágenes deformadas de pequeños hombres. La búsqueda se puede dar toda una vida sin encontrar la verdadera salida. No podemos romper los espejos porque ellos son el tiempo. Desarrollo e Historia son conceptos modernos desde que el hombre camina sobre el hilo rojo, del pasado al futuro.
    ¿Alguien sostuvo alguna vez que Dios creó el tiempo para eternizarse a si mismo? Por una serie de circunstancias ajenas a nuestra inteligencia nos convertimos en esclavos del tiempo. ¿Pero que es el tiempo? ¿ Hay otra pregunta tan trivial como esta?…… El tiempo es aquello que señala el reloj. Lo grave de todo esto es que pronto ya no podremos explicar lo que mide aquel extraño tictac del reloj. Siendo el tiempo una idea central de la física, junto a toda investigación entre otras cosas del nacimiento del Universo, de las manchas negras, etc. Durante milenios despertó el tiempo tantas preguntas como respuestas. ¿Que es lo que nosotros concebimos como el transcurrir del tiempo? talvéz nosotros mismos, y que; el Estado, la Nación, no son más que un puchero de individuos que repiten el mismo ciclo de sus antepasados.
    Prisioneros en la rueda del tiempo, del nacimiento hasta la muerte; a este rodar rendimos honor con el nombre de vida  que es igual a  tiempo. Cuando se pregunta a cualquiera definir el sentido de la vida. ¿Si tiene alguna razón? ¿Como va a terminar? ….. Nos responden con una mirada vacía. ¿Será el tiempo como las aguas de un río que fluyen constantemente? ¿Fluirá siempre adelante a la misma velocidad? Los misterios y las paradojas del tiempo han sido vitales dentro las religiones, el arte y la literatura, en mayor medida que las ciencias naturales. El pensamiento de la eternidad ha tenido que pelear con las ideas del principio y el fin del tiempo. El tiempo cíclico fue marginado por nuestra cultura, por el concepto del tiempo lineal que el cristianismo manejó. Hasta que vino Einstein y revolcó todo, con su descubrimiento de que, no existe ningún tiempo universal absoluto. Ningún único reloj que manipula los latidos del cosmos.
    ¿Quién sabe la existencia de lugares en el universo, en donde el tiempo quizás sea inmovible! En otros lugares talvéz el tiempo se da la vuelta y fluye hacia atrás? ¿Podrá la fragancia de un perfume retornar al frasco de perfume? ¿Cuanto podrá uno retornar en el tiempo?… Creo que esto sería un reto para el físico teórico, es decir: de tratar de encontrar el principio físico que prohiba el retorno en el tiempo. Puesto que el retornar en el tiempo nos enfrenta ante la gran paradoja conocida como “la paradoja del abuelo materno”. Esto implica que; si uno haría un viaje al pasado, hasta antes de su propio nacimiento, y mata a su abuelo materno, entonces él no podría nacer. Esto no sólo va contra la sana razón, está en contra de todo nuestro conocimiento del fluir del tiempo y de que el pasado es decisivo sobre nuestra situación actual.
    La historia se teje de una manera muy intrínseca en el presente, determinando sobre la actualidad y nuestro futuro. Aunque suene como un deseo, todavía estamos ante el hecho de que, aún en los procesos físicos más pequeños, el tiempo fjuye sólo hacia una dirección opuesta. Que sepamos, no existe aún la máquina del tiempo, ni siquiera en teoría que, nos permita regresar a nuestra niñez o más antes por lo tanto, Einstein puede estar tranquilo en su tumba, si es que no se a pegado ya su viajecito allá donde sabemos. Por el momento se evita de la visita de físicos viajantes del tiempo.
    Toda esta historia comenzó después de haber despertado de un sueño, con el corazón galopante. En la hora del amanecer entre la ventana medio abierta descubrí al sol tiempo, queriendo entrar, en un intento de tranquilizarme a mí mismo, me digo: ¿porqué no cerré la ventana?….Qué tonto que soy, pienso en el próximo estado racional!, el tiempo no necesita del sol para existir! Pero, su resplandor no deja de molestar. Después de pensar, no sé en qué, me encuentro de pie con el libro UNO como armamento en mi mano, descubro que la bola resplandeciente es la lámpara que me olvidé apagar. Estoy frente al espejo y me digo temblando, yo quiero saber como me veo en el espejo cuando cierro los ojos. El alma tiene su asiento allá donde el mundo interno y el mundo externo se acarician mutuamente. !Sí! nadie se conoce a sí mismo, si él es sí mismo y no al mismo tiempo también otro.

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    PODCASTS DE DON JUAN

    Don Juan
    Don Juan

    Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

    LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
    byjuan

    Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

    LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
    LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
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    juan
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