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Varios

Tres mitos comunes sobre los bancos

05/03/2013 by Deja un comentario

Por Alejandro Nadal

Existen tres fábulas sobre los bancos y su papel en la economía. La gran mayoría de la gente (y de los economistas) abraza con fervor estos tres mitos que están íntimamente relacionados. El análisis de la economía política del capitalismo exige disipar esta mitología. El primer mito dice que los bancos son unos simples intermediarios entre los ahorradores y los agentes que necesitan recursos adicionales, ya sean inversionistas o consumidores. Según esta idea los bancos reciben en depósito los fondos de los ahorradores para proceder a prestarlos. A los ahorradores les pagan una tasa de interés inferior a la que cobran a los prestatarios y la diferencia constituye la ganancia de los bancos.

Suena lógico pero es falso. La realidad es que los bancos son algo más que simples intermediarios. Entre las actividades de la banca se encuentra la creación monetaria. Para realizar un préstamo los bancos no necesitan que los recursos que van a ser objeto del crédito hayan sido ahorrados con anterioridad.

Normalmente, cuando un banco otorga un préstamo simple y sencillamente abre una cuenta a nombre del prestatario y le adjudica un saldo positivo (por el monto del crédito). En el mismo acto le otorga al receptor del crédito instrumentos de pago, dinero bancario, una chequera o una tarjeta de crédito. Si el prestatario requiere dinero en efectivo (billetes emitidos por el banco central), el banco prestamista lo consigue de sus arcas o lo adquiere del banco central. El banco prestamista no acude a verificar si le quedan recursos de los agentes ahorradores para otorgar un préstamo. No tiene que hacerlo porque el crédito no depende de esos depósitos. Es cierto que hay gente que deposita sus ahorros en bancos privados, pero la captación bancaria no es lo que permite a los bancos realizar préstamos. Para intervenir como prestatario, el banco no tiene más que evaluar el proyecto en el contexto del horizonte económico. Al otorgar el crédito se abre un depósito en el banco: los préstamos crean los depósitos y no al revés, como dice este mito.

El segundo mito está ligado a la idea de que los bancos guardan en reserva parte de los depósitos de los ahorradores para enfrentar una eventual demanda de los depositantes que deseen recuperar sus ahorros. Esta es una variante del mito anterior y está ligada a lo que se ha denominado ‘banca de reserva fraccionaria’ y que se supone funciona como sigue. Si en un banco se depositan cien pesos y dicho banco guarda el 10 por ciento en reserva, puede prestar los otros noventa, que son depositados nuevamente en el mismo o en otro banco. Sobre ese depósito se deben guardar 10 por ciento de reservas, pudiendo volver a prestar 81 pesos y así sucesivamente. Al final de la serie, suponiendo reservas de 10 por ciento, los primeros cien pesos se habrán convertido en mil pesos por el efecto del multiplicador bancario (equivalente al recíproco del coeficiente de reservas que guardan los bancos).

Parece que aquí también se crea dinero de la nada, pero no es así. Hay un depósito anterior a cada préstamo y las reservas imponen un límite a los fondos prestados. Parece lógico, pero el sistema bancario no funciona de este modo: en 2007, antes de la crisis financiera, las reservas de los bancos en Estados Unidos ascendían a 20 mil millones de dólares (mmdd), lo que tendría que haberse acompañado de una oferta monetaria de 200 mmdd si el multiplicador existiera y no de los varios billones (castellanos) que existían en circulación. El multiplicador simplemente no existe como lo demuestran varios trabajos auspiciados por el FMI.

Queda el tercer mito: las reservas. Se piensa que con las reservas el banco central controla la expansión del crédito (y la oferta monetaria), además de establecer un requisito prudencial para eliminar el riesgo de ‘corridas’ contra los bancos. Pero hace mucho que los bancos centrales dejaron de imponer niveles realmente significativos de reservas obligatorias. En muchos países los requerimientos de reservas son cero, y eso incluye Inglaterra, Canadá y México. Esto es quizás el reconocimiento de que en un sistema de creación monetaria endógena el banco central no tiene control sobre la oferta monetaria. Por eso la política del banco central, obsesionada por el control de la inflación, está centrada en el control de la tasa de interés a través de sus operaciones de descuento.

Si un banco necesita reservas al final del día, las puede obtener en el mercado interbancario de corto plazo o directamente del banco central. No es la base monetaria (el dinero de alto poder emitido por el banco central) lo que se necesita para arrancar todo el proceso. La causalidad es la inversa: los créditos bancarios generan la cantidad de dinero de alto poder. Y la razón es que si el banco central no tiene la exclusividad sobre la creación monetaria, no le queda más remedio que proporcionar las reservas que requiere el sistema. El banco central está al servicio de los bancos privados y del capital financiero.

Publicado en: Varios

Transgénicos: crítica a una ciencia indolente

05/03/2013 by Deja un comentario

Viernes 22 de febrero de 2013. Nodo50 

Son tiempos difíciles para la ciencia. Las pseudociencias mercantilizadas inundan las farmacias, los escaparates, los catálogos. La gente no se preocupa por investigar lo que está comprando y todo vale en el mundo de la publicidad: productos milagrosos, homeopatía, ecobolas, pulseras powerbalance… La divulgación científica no es valorada y los amantes de las pseudociencias New Age se cuelan en los espacios científicos, públicos o privados. Gracias a Internet y al inestimable trabajo desinteresado de cientos de profesores, estudiantes y gente que se dedica a la divulgación científica, el acceso a la ciencia está cada día un poco más al alcance de todos. Un gran número de blogs denuncian estos productos y los entramados que aprovechan la ignorancia de la gente para hacer negocio. Podría enumerar cientos de blogs y espacios donde se promueve un enfoque escéptico ante las pseudociencias y las conspiraciones trasnochadas con datos serios y método científico. Soy seguidor de muchos de ellos.

Sin embargo, hoy quiero hablar de la ciencia en sí. De la ciencia que tenemos, de la que podríamos tener y de las diferentes ciencias posibles. La ciencia es ciencia por su método pero no por su objeto. Algunos de estos defensores de la ciencia parecen olvidarse de que la ciencia es un elemento social unido a diferentes aspectos filosóficos, económicos y humanos. Este aspecto, olvidado por muchos, hace que se encumbre la ciencia como fin en sí mismo sin pararse a analizar los objetivos y las consecuencias de la misma. El indigenasimaginario occidental ha elevado el productivismo económico y la tecnología al más elevado de los altares. El productivismo de la modernidad, ha dado paso a un nuevo productivismo postmoderno en el que los científicos no tienen ya porqué plantearse en qué ámbito trabajan ni las razones por las que cayeron en este campo. Mantienen la idea de que el fin de los males de la humanidad es el aumento de la productividad. La ciencia es buena en sí, da igual todo lo demás. Deificando la ciencia “imparcial” y olvidando el contexto en el que ésta se desarrolla. Defienden la ciencia que hacen cada día, sin más. La consideran una ciencia por encima de lo humano, por encima de lo económico, del bien y del mal. Es ciencia porque sigue el método científico, por tanto, es ciencia a defender. No suelen pararse a pensar por qué hay tantos científicos en unos sectores y tan pocos en otros. ¿Los científicos eligen ellos su línea de investigación? Se invierte en unas ciencias y en otras no. ¿Quién decide las prioridades de financiación en el ámbito público y privado y con qué objetivos? Sin financiación y sin beneficios, no hay ciencia en un campo tan rentable para algunos como la agricultura. Es esta ciencia indolente, asocial y erróneamente deificada, la que dedica más fondos para investigar el tratamiento de la calvicie que para la vacuna de la malaria. Aunque algunos se empeñen en negarlo, el sector público no se salva de estos intereses.

Un buen ejemplo de esta ciencia indolente, es el de José Miguel Mulet Salort, un investigador en ingeniería genética, muy respetado en los blogs de divulgación científica en España, que tiene una cruzada abierta contra la agricultura ecológica y en favor de los alimentos transgénicos y su investigación. Es el autor del libro Los alimentos naturales vaya timo. JM Mulet dedica buena parte de su tiempo a desprestigiar, con un lenguaje de dudoso gusto, a organizaciones de todo tipo que se movilicen en contra del desarrollo de los transgénicos o a favor de la agricultura ecológica o tradicional. No se le oirá entrar en muchos análisis económicos o sociales. Todos sus razonamientos son científicos, por tanto definitivos. Este enfoque puramente productivista y etnocéntrico ha marcado la filosofía, la política y la economía de los países capitalistas y también de los países del llamado socialismo real. Es un enfoque todavía muy asumido en occidente y es justamente el que ha servido para la exclusión de millones de personas del sur durante el siglo XX.

Partidarios y detractores de los transgénicos se centran una y otra vez en las discusiones a nivel micro sobre casos y efectos sobre la biodiversidad, sobre la salud humana, el consumo etc. Creo que es un debate interesante pero que hace que se pierda la perspectiva sobre lo que realmente importa. Y esa es justamente la pregunta. ¿Qué es lo que realmente importa y a quién le importa? Como bien analiza Boaventura de Sousa Santos en su Crítica a la razón indolente, la ciencia occidental debe replantearse desde su origen y debe estar marcada por un claro principio de precaución a todos los niveles. No solamente precaución ambiental, sino precaución social, política y económica, teniendo en cuenta el sentir de los pueblos del sur, siempre excluidos por la historia y que no tienen ni voz ni medios para hacerse oír y marcar sus prioridades. Los resultados sociales de la ciencia productivista impulsada por el colonialismo en el sur son desastrosos. Pero hay quien quiere prefiere seguir pensando que nuevos avances científicos van a conseguir un mundo mejor. ¿Mejor para qué? ¿Qué es mejor para quién? Estos investigadores de la ingeniería genética jamás se meten en analizar los efectos sociales del desarrollo productivista de los transgénicos prefieren repetir la santa verdad de que las mejoras productivas de las especies son buenas, y ya está. Da igual quién impone estas “mejoras” en el sur o en la zona rural. El contexto político y económico, y que “los mercados” y las empresas sean las que han conseguido en las últimas décadas el poder de inmponer a los agricultores de todo el mundo sus criterios y su forma de producir a través de acuerdos comerciale sinternacionales, no parece un dato a tener en cuenta para con el desarrollo científico. Los argumentos repetidos ad hominem han sido asumidos por buena parte de los científicos indolentes de occidente: la selección antrópica tampoco es natural, los químicos son naturales, lo natural no existe, lo natural es todo, no hay evidencias… Pero todo por la producción. Eso es un bien incuestionable. ¿La producción de qué y para qué? Se tiene muy claro qué es lo que los países colonizados deben hacer para su “buen” desarrollo. Su análisis se reduce al productivismo puro y duro e insisten en que las mejoras genéticas de las especies pueden salvar al mundo. ¿Salvarlo de quién?

El productivismo lleva fracasando más de un siglo en la lucha contra el hambre y ha sido el principal motor de la exclusión social en el sur. Allá donde llegaron nuestras grandes ideas occidentales de desarrollo, neutrales, científicas y universales, es donde las los excluidos perdieron más. Pero lo peor que perdieron fue la voz. Da igual cómo quieran producir en el sur, nosotros tenemos la clave porque es científica y no puede haber discusión. Sobre todo ahora que los precios son globales. Todo por la producción pero sin el productor. Qué mas da su opinión si nosotros, que tenemos la ciencia, ya pensamos por ellos. ¿Y si ellos prefirieran que la ciencia investigara otros aspectos y no el aumento de la productividad de las especies que marca el mercado global? Si las mejoras productivas no han servido para acabar con los problemas de la gente del sur, ¿Por qué los ingeniron genéticos se apuntan al lobby político-social productivista? Ellos suelen pensar que sus opniones contribuyen al progreso de la ciencia. Sin embargo, en el mundo capitalista en el que vivimos, no hace falta mirar muy lejos para darse cuenta de que la ciencia no existe en sí misma desligada de los intereses productivistas y de las empresas que sacan rentabilidad de estos estudios. Son estas empresas, con Monsanto a la cabeza, las que han conseguido marcar la agenda de desarrollo de los campesinos y campesinas del sur. El señor Mulet, que se considera de izquierdas, se desliga del gran capital con una escueta crítica sobre las patentes, defendiendo que la ciencia es independiente y que se pueden liberar las patentes como se ha hecho en algunos casos. Profundo análisis global éste, que no tiene en cuenta los datos de la situación social “real” de los países en los que el desarrollo de los transgénicos ha creado una verdadera catástrofe social, pero eso no es ciencia, son daños colaterales y prefieren ir a lo micro para el análisis pero a lo macro para desprestigiar a todas las organizaciones que defienden otro modelo productivo. Los objetivos de su ciencia y de sus ataques, es lo criticable. No los argumentos científicos que utilicen para hacerlo. Para ellos la ciencia es ciencia. Y querer frenar el desarrollo de los transgénicos es anti-científico. Es ideología, vaya, y no tiene nada que ver su trabajo. La ciencia debe ser libre a desarrollarse en su caótico porvenir. ¿Es tan caótico y espontáneo este desarrollo? Al fin y al cabo el señor Mulet es eso. Un capitalista de “izquierdas” que analiza sus datos en su despacho sin mezclarse con agricultores negros o indígenas, más que cuando coincide con alguno en una conferencia internacional. Qué casualidad, también estos “representantes” del sur, creen que se puede arreglar el mundo a través de los transgénicos. Esos representantes a los que la “mano invisible” les fleta aviones para que puedan ir a grandes conferencias internacionales…

Al mismo tiempo se dedica a criticar la agricultura ecológica y tradicional con el sencillo argumento de que produce menos. El señor Mulet no termina de entender el por qué la FAO y la ONU impulsan la agricultura ecológica y tradicional porque produce menos y con eso está todo dicho. No sé cómo se explicará el señor Mulet que la organización más grande jamás creada, la Vía Campesina, que representa a más de 500 millones de campesinos y campesinas del mundo y en la que por fin tienen voz los excluidos, defienda la agricultura tradicional y ecológica. ¿Les habrán convencido los enviados de la pseudociencia? ¿Las malvadas ONG’s ecologistas habrán sido capaces de comer el coco a 500 millones de personas? No. Son los olvidados, los sin voz, los excluidos a los que nadie preguntó qué querían hacer con sus vidas. Esa gente que ellos piensan que no saben lo que realmente quieren, esos que están equivocados. Esa gente “subdesarrollada” de la que tanto tiempo se lleva hablando en universidades occidentales para encontrarles un camino y una solución.

Estos 500 millones de campesinos que son despreciados por el lobby transgenetista cada día con sus enfoques, están hartos de las vidas que les vendemos. Se están organizando y luchan contra el productivismo que les es impuesto y contra los tránsgénicos. No luchan contra la ciencia, luchan contra los que les dicen desde sus púlpitos cual debe ser su ciencia y cómo deben desarrollarse, contra los que imponen una forma de entender el mundo. Lo que deben ser y lo que tiene que ser importante para ellos. Están hartos de gente como el señor Mulet que llevan hablando de productividad demasiado tiempo desde sus despachos y que fijan sus críticas sobre los que les defienden.

Este es el verdadero peligro de los científicos indolentes. Son los nuevos Fukuyama de la postmodernidad científica. La ideología ha muerto y nos queda lo único en lo que estaban de acuerdo la OTAN y el pacto de Varsovia: el productivismo. Esta no es mi ciencia, es la ciencia indolente de los sabios de occidente que no serán magufos pero que sustentan, sin saberlo, la barbarie en el mundo y centran sus críticas sobre organizaciones, con mejores o peores argumentos, que luchan por defender a los excluidos. Si su objetivo es ayudar al sur, ya han fracasado de antemano.

Afortunadamente, se están levantando los que nunca tuvieron voz para contarnos lo que son y lo que quieren. Se están organizando. Son ese ente oscuro y desconocido que no entendemos en Europa. Esa gente rara que a veces prefiere “producir” menos. La ciencia que yo defiendo es la ciencia puesta al servicio de los intereses de las personas, de los diferentes intereses que los Mulets no entienden. De los diversos mundos que quieren existir y no les dejamos. Los problemas del sur no van a arreglarse con la ciencia que los Mulets representan, entre otras cosas, porque seguimos sin escuchar a la gente del sur para saber cuáles son sus problemas. Quinientos millones de campesinos están deseando explicarle al señor Mulet por qué prefieren la agricultura tradicional y ecológica a la agricultura productivista que este “divulgador” defiende. Escuchémosles.

Capitán Patagonia

Publicado en: Varios

Todo es falso

05/03/2013 by Deja un comentario

Artículo de Samuel, del blog Quilombo

Es falso que la crisis sea sinónimo de depresión económica, y que esta sea un fenómeno meteorológico pasajero. La recesión es solo el síntoma del pasaje a un nuevo escenario, reflejo de un conflicto político entre quienes queremos vivir bien en sociedad y los que insisten en vivir mejor que los demás a costa de ella.

Es falso que alguien “nos vaya a sacar” de esta crisis. Mucho menos quienes la aprovecharon para forzar la creación de una sociedad más injusta.

Es falso que las deudas haya que pagarlas. No si esto implica la tiranía. No si seguimos sin incluir todos los costes en el balance, especialmente el coste ecológico y social.

Es falso que lo que necesitamos para llevar una vida digna, más allá de la mera supervivencia física, pueda ser deficitario. Los que preconizan esta falacia son los mismos que no ven problema alguno al consumo ilimitado -subvencionado si hace falta- de lo que no es necesario. Si no hay recursos disponibles es por voluntad política.

Es falso que el crédito se haya secado, las empresas hayan cerrado y el desempleo haya aumentado por culpa de un elevado gasto público. Por más veces que nos hayan contado esta mentira, no está de más repetir que es exactamente al revés. Es más, el reciclaje selectivo de la inmensa deuda privada en deuda pública no solo no ha devuelto el crédito sino que representa un auténtico saqueo colectivo.

Es falso que haya una crisis española, una crisis griega, otra portuguesa. Claro que existen particularidades territoriales, pero lo que hay es una crisis europea, que forma parte de otra sistémica cuyo alcance real apenas percibimos. Países en una situación coyuntural favorable pueden verse de pronto afectados por la suerte de los vecinos, por la sequía financiera o por la súbita sed de los poderosos. Las economías bailan al compás del movimiento de los capitales. Pero también de las luchas de sus productores.

Es falso que haya que “cumplir los deberes” que nos impone un ente lejano llamado Bruselas. La principal institución que los promueve es el Consejo, formado por gobiernos como el español.

Es falso que la política sea el problema y que la economía o lo público deban estar libres de influencias políticas. Son precisamente los que se presentaron como gestores y como técnicos los que nos han llevado al desastre. Falta politizar más, pero la política no puede ser reserva de una casta.

Es falso que la corrupción sea solo cosa de dos, el que corrompe y el corrompido. Suele haber terceros que creen beneficiarse de este arreglo, y que votan en consecuencia.

Es falso que la reforma laboral sirva para crear empleo. Su principal objetivo siempre fue disciplinarnos y fomentar la servidumbre voluntaria.

Es falso que el empleo nos haga libres y permita proveer por sí solo a nuestras necesidades básicas. Para la mayoría, el salario necesita compensarse siempre por otras vías: o mediante el gasto público (sanidad, educación), o mediante el crédito, o con una combinación de ambos. El neoliberalismo apostó todo al crédito y acabó provocando la mayor crisis financiera en décadas.

Es falso que el mérito asigne a cada uno en la posición en la que está. La producción es una tarea colectiva: que a muchos no les alcance para vivir ya es un robo.

Es falso que el dolor que nos infligen sea necesario, como afirmó sin sonrojo Mario Draghi en el Congreso de los Diputados. Cuando Draghi dice que la solidaridad consiste en “asegurar que la carga no sea soportada desproporcionadamente por determinados sectores o grupos de personas” se refería a los más ricos.

Es falso que el Banco Central Europeo tenga como principal objetivo “la estabilidad de precios”. La manera en que ha intervenido durante la crisis y las declaraciones de sus presidentes muestran cómo ha servido de instrumento para aplicar una política económica antisocial.

Es falso que la alternativa al “ajuste” sea el crecimiento económico, si por tal entendemos la producción exponencial de bienes y servicios socialmente innecesarios, cuyo valor se apropian unos pocos sin consideración alguna de su coste medioambiental.

Es falso que la crisis económica pruebe que la dominación de clase sea más importante que la de género, racial, que la destrucción ecológica, o viceversa. Se puede y se deben afrontar todas.

Es falso que la izquierda partidaria pueda garantizar por sí sola una alternativa real a la cleptocracia. Las movilizaciones suelen producirse contra la derecha y apagarse tras el acceso al gobierno de fuerzas “progresistas”. Pero es entonces cuando en realidad las movilizaciones deberían ser más potentes y a favor de una agenda común.

Todo es falso, salvo alguna cosa.

La realidad que producen las mentiras.

Lo que vivimos. Todo lo bueno que ya hacemos en común. Y lo que todavía podemos lograr juntos.

Publicado en: Varios

¿Por qué somos tan pocos (los anticapitalistas)?

05/03/2013 by Deja un comentario

Por Juan Pastor

La realidad es injusta. La política busca compensar la injusticia de la realidad con una sociedad justa. El capitalismo, sin embargo, es un sistema injusto (dominación de una mayoría por una minoría, sumisión de los intereses comunes a ciertos intereses privados), que nos lleva a una sociedad injusta, y en ningún momento lo esconde, es más, justifica su injusticia aludiendo a que es reflejo de la naturaleza (ley de la selva, lucha por la supervivencia…). El capitalismo busca el beneficio de unos pocos a costa de la mayoría (que unos pocos vivan muy bien y el resto mal o muy mal). Para ello el capitalismo necesita privatizar: que sea de unos pocos lo que antes era de todos [1]. Así funciona el capitalismo: privatizar los beneficios (por ejemplo, la sanidad) y socializar las pérdidas (por ejemplo, las de los bancos). No es de extrañar que la política (la organización de la polis, es decir, de lo público, lo que es de todos) quede sometida a la economía (la gestión de tu casa, es decir, de lo privado).

¿Por qué seguimos aferrándonos al capitalismo si es un sistema injusto que no para de generar deshechos humanos? ¿Por qué desconfiamos de los políticos pero seguimos confiando en el capitalismo? Si el capitalismo nos lleva a una sociedad injusta, ¿por qué preferimos entonces una sociedad injusta, si ya Rawls nos mostró que lógicamente es preferible una sociedad justa?

Pues porque no somos lógicos sino psicológicos.

La lógica y el sentido común son los grandes problemas de la izquierda anticapitalista, porque no somos lógicos sino psicológicos, y el capitalismo es muy débil lógicamente; pero es casi insuperable psicológicamente, pues es muy difícil luchar contra una ilusión (estar arriba, consumir como los ricos). El éxito del low cost pone de manifiesto que tenemos que gastar menos pero no queremos consumir menos. Es más fácil derrotar una idea que un deseo (triunfar, hacerse rico, ser élite) o un sueño (el sueño americano). Si algo nos ha demostrado el Estado de Bienestar es que el obrero deseaba ser burgués. Al menos vivir como él (la envidia al burgués acaso sea mayor que el orgullo de serlo). Por ello, creo que todo movimiento social contra el capitalismo debe atacar no tanto su “lógica” (acumulación, crecimiento…) como su “psicológica” (mostrar la falacia del “sueño americano”)

Algún día habrá que hablar de la importancia del cine de Hollywood en la interiorización del sueño americano (en la construcción de subjetividades capitalistas). A fin de cuentas, casi nadie se ha leído a Milton Friedman; pero todos hemos visto Pretty Woman. Mientras haya hombres que sueñen ser como Richard Gere (un tipo rico que ha triunfado especulando y despidiendo trabajadores), mujeres que sueñen que se les aparezca un Richard Gere que les salve, o mujeres y hombres dispuestos a hacerle la pelota a quien sea que tenga dinero (espeluznante la escena de los dependientes de una tienda de moda haciéndole la pelota a Julia Roberts), el capitalismo seguirá siendo, para la mayoría de la población, el menos malo de los sistemas políticos. ¿Es este el futuro que quieren algunos para nuestro país, hacerle la pelota a cuanto turista con dinero venga a visitarnos?

En el viejo sistema feudal, dos personas vivían bien, los señores, y el resto, los siervos, luchaban penosamente por sobrevivir. El sistema era inamovible: los hijos de los señores serían los nuevos señores y los hijos de los siervos los nuevos siervos. El comunismo (y el anarquismo) nos propone un mundo justo donde ya no habrá siervos ni señores, lo que es irrefutable lógicamente. El capitalismo, por el contrario, mantiene la injusticia feudal; pero nos promete que esta injusticia puede favorecernos (el sueño americano es una promesa de éxito y ascenso social), pues ahora ya no van a ser dos sino ocho los que van a vivir muy bien, pues es indiscutible que el capitalismo genera riqueza, y alguna de esas nuevas plazas para nuevos ricos puede ser nuestra si nos esforzamos, si somos disciplinados, hacemos sacrificios y trabajamos mucho y bien. La injusticia del capitalismo es su debilidad lógica, así como su gran potencia psicológica: lógicamente es preferible una sociedad justa; pero psicológicamente preferimos una sociedad injusta porque queremos que esa injusticia nos favorezca (queremos vivir muy bien, ser ricos [2]) y, lo que es más importante, creemos que la injusticia nos va a favorecer.

Y lo creemos, entre otras cosas, además de por sesgos psicológicos como la ilusión de invulnerabilidad (¿Quedarme fuera? Eso no me va a suceder a mí) o un “optimismo ilusorio” cara al futuro que rompe el velo de la ignorancia de Rawls, porque nos hemos creído (hemos interiorizado) los grandes mitos, más bien falacias, del capitalismo: el mito de la libertad de mercado (¿cómo podemos hablar de mercado libre en un sistema dominado por monopolios y oligopolios?), el mito de la igualdad (de oportunidades) y, sobre todo, el mito del self-made man, el hombre hecho a sí mismo (el capitalismo no existe sin subjetividades capitalistas). Hablo de ese hombre que se moldea a sí mismo… y solo; un sujeto aislado, abismado en su crecimiento personal; un sujeto asocial y ahistórico que busca solo, en soledad y a partir únicamente de su voluntad individual, crecer y enriquecerse hasta alcanzar la mejor versión de sí mismo. Hablo de un individuo narcisista que, en última instancia, se realiza consumiendo, no sólo productos y servicios sino además experiencias e identidades. Como no puede ser de otra manera, el capitalismo es el terreno en el que más y mejor crecerá este “hombre hecho a sí mismo”; por ejemplo: realizándose en su puesto de trabajo. La contribución de cierta psicología, pensemos en ese género literario que son los libros de autoayuda, a la interiorización de este mito es incuestionable.

El capitalismo se basa en la competición y el beneficio (económico y a corto plazo), conceptos que aparecen ligados: si te esfuerzas, compites y ganas (si triunfas), llegarás a rico. No olvidemos que con el capitalismo ya no hay ricos y pobres sino vencedores y perdedores (losers). Y mientras haya personas que admiren a los triunfadores (empresarios, ladrones, futbolistas), el capitalismo seguirá siendo un muerto que goce de una envidiable salud.

Algún día habrá que hablar del deporte, tan sospechosamente parecido a la vida. En el deporte, como en la vida, uno gana y el resto pierde, y además, como dice la canción de Abba, el ganador se lo lleva todo. Nos dicen que el deporte es una buena manera de educar a los niños. Y es cierto, por su extraordinario parecido con nuestra forma de vida capitalista: la mayoría se quedará por el camino; pero los ganadores ganarán mucho dinero en muy poco tiempo. El deporte es una buena manera de convertir niños solidarios y cooperativos en adultos egoístas y competitivos. El modelo a seguir por nuestros niños es Cristiano Ronaldo, un tipo egoísta, egocéntrico, ególatra… pero, eso sí, extremadamente competitivo; todo un ganador. Esto es lo que necesitamos para salir de la crisis: menos artistas y más deportistas. No creo equivocarme si digo que tipos como José Mouriño o Lance Armstrong, para los que sólo importa ganar, sea como sea, pues el fin justifica los medios, son tan representativos del capitalismo actual como Emilio Botín, Milton Friedman o George Soros.

Todo esto puede ayudar a explicar por qué a menudo los obreros votan a sus enemigos: no quieren pertenecer al club de los obreros, desprecian a los suyos más aún que los propios burgueses (la envidia a los ricos acaso sea más fuerte que el orgullo de serlo). Por eso, mientras haya obreros, o hijos de obreros, que se avergüencen de su condición, mientras el sueño de tantos ciudadanos sea que les toque la lotería para poder vivir como los ricos, a poder ser de las rentas, la muerte del capitalismo seguirá siendo una noticia notablemente exagerada. Una imprescindible solidaridad entre perdedores sólo será posible cuando comencemos, de una vez por todas, a aceptar nuestra derrota, lo que exige dejar de lado engaños del tipo: es sólo una mala racha, una crisis, nunca llovió que no parase…

Los noventa no van a volver. Ni para mí que entonces era guapo y las chicas me miraban por la calle, ni para nadie.

Y si hay alguien que aún cree ingenuamente que somos muchos, incluso mayoría, por el hecho de que las calles se llenen de gente, plantearía lo siguiente… ¿Cuántos de los indignados lo que están en realidad es frustrados porque han sido educados para consumir pero no podrán hacerlo, porque han sido formados para ser élites pero no tendrán un trabajo acorde con su formación, luego no podrán vivir y consumir como habían soñado; porque son gente de clase media que soñaba ser clase alta y se encuentra ante la cada vez más seria posibilidad de convertirse en clase baja? Recuerdo que los indignados no eran antisistema sino ‘arreglasistema’ (No somos antisistema, el sistema es antinosotros), y si estaban indignados era porque no se rescataba al Estado del Bienestar, esa apuesta estratégica para salvar el capitalismo y enfrentar la amenaza soviética. De hecho, siempre he percibido cierta añoranza por los tiempos de bonanza económica anteriores a la crisis. Los jóvenes del Mayo francés no querían ser como sus padres; los jóvenes del Mayo español lo que querían era vivir como los suyos, para lo que necesitaban salvar el capitalismo, reformarlo para poder participar de él. 15m: reinicia el sistema. No se trata de cambiar el sistema capitalista sino de reiniciarlo, pues se ha producido un error del sistema y se han olvidado de invitarnos a la fiesta del consumo, fiesta que llevamos esperando desde niños.

Notas

1. Lo que es de todos no es de nadie y no se gestiona eficientemente, mejor que la propiedad sea privada, así el individuo, que es egoísta, al buscar su propio beneficio lo gestionará mejor, lo que, por la mano invisible del mercado, redundará en el beneficio general.

2. Hablo de los demás, claro, no de mí.

Publicado en: Varios

Túnez, la revuelta permanente

14/02/2013 by Deja un comentario

Artículo de Mireia Termes para la revista L’Accent

El 17 de diciembre de 2012 se conmemoraba el segundo aniversario del inicio de las revueltas en Túnez. Dos años después, la población sigue en la calle manifestándose para poder conseguir una transición realmente democrática.

El 17 de diciembre de 2010, Mohamed Bouazizi se prendía fuego públicamente a sí mismo en un acto de reivindicación y protesta contra la grave situación económica en la que Túnez estaba inmersa. Bouazizi era un joven licenciado en informática pero estaba en el paro debido a las pocas oportunidades que Túnez ofrecía. Poco imaginaba que su acto desencadenaría una avalancha de revueltas que terminaron con la huida del entonces presidente Zine Abidine Ben Ali, que gobernaba el país desde hacía 23 años bajo un régimen autoritario. Y es que Bouazazi sólo fue el detonante de unas causas estructurales que propiciaron las primeras manifestaciones y desencadenaron una revuelta generalizada que además sobrepasó sus fronteras y despertó la sociedad civil de todo el mundo árabe.

La campaña propagandística de Ben Alí se basaba en fomentar el desarrollo del país a través de la formación y la ocupación, pero la realidad era-y es-un elevado número de paro juvenil, un aumento constante de los precios de los alimentos y recursos energéticos y un flagrante desequilibrio entre la zona urbana y rural. A nivel político, además, Túnez se definía como un estado policial bajo un régimen dictatorial con elevados índices de corrupción y represión y un enriquecimiento de una élite. Túnez, no era el único país de la región que reunía todas estas características, así pues, ¿por qué precisamente Túnez fue el pionero de la llamada “Primavera Árabe”? En este sentido, cabe resaltar varios factores: A nivel social, la población demostró una fuerte fraternidad y empatía con Bouazizi, complementada con la pérdida del miedo a la represión. En este contexto, aparecieron actores de diversa procedencia que se solidarizaron con la causa. Sindicatos, activistas o partidos políticos por citar algunos, se unieron para hacer frente común al régimen de Ben Alí. Pero, además, hay que añadir un factor detonante como es la propagación de las redes sociales en Internet. Esta herramienta de difusión de información, capacidad de convocatoria y movilización no tiene límites y el régimen de Ben Alí se vio sobrepasado por la falta de capacidad de control de la red. De este modo, las revueltas llegaron hasta la capital y se extendieron por todo el país.

La revuelta ya era global y lo que había comenzado como unas manifestaciones aisladas y desorganizadas, poco a poco se fueron estructurando a través de sindicatos y grupos estudiantiles, al tiempo que la represión policial era cada vez más dura, tomando un cariz más violento y represivo . Por otra parte, con el objetivo de frenar la difusión de la revuelta, el régimen benalista también censuró las redes sociales de Internet. Pero la revuelta ya había calado y el pueblo tunecino estaba dispuesto a llegar hasta el final. Y el final de Ben Alí llegó el 14 de enero de 2011 cuando el Jefe del Estado Mayor fue destituido por no obedecer la orden de intervenir en las manifestaciones y el ejército se rebeló contra esta destitución. Ben Alí huyó del país y se exilió en Arabia Saudita. Los tunecinos habían visto caer su dictador pero les quedaba todavía enfrentarse a una transición incierta.

La transición está siendo marcada por la inestabilidad y se prevé larga. El gobierno de la Troika, surgido de las elecciones celebradas en octubre de 2011, está formado por el partido Ennahda-partido islamista-, el Congreso para la República-laico de centro-izquierda-y Ettakatol-socialdemócrata-. El objetivo principal de la Troika era el de redactar una Constitución y proclamar nuevas elecciones presidenciales y legislativas en el plazo de un año. Catorce meses después de la formación de la Troika, la Constitución no está preparada, no se han realizado las reformas esperadas y consecuentemente las elecciones no tienen fecha de celebración. Hoy, en Túnez, la gente sigue en la calle. Nuevamente, protestando en contra del gobierno que muchos creen que ha traicionado el espíritu de la revolución.

Un ejemplo es el último caso de las protestas en Siliana, una ciudad en el centro del país, donde el principal sindicato convocó a la población para exigir la dimisión del gobernador local. Hasta ahora, el gobernador no ha sido capaz de mejorar la situación en la región. La manifestación fue duramente reprimida por las autoridades que utilizaron gas lacrimógeno y balas de plomo. El resultado fueron 316 heridos, de los cuales 12 fueron gravemente heridos por la pérdida de un ojo. Los silianos decidieron hacer una marcha hasta la capital, con el lema: “Si él no marcha, lo haremos nosotros”. Finalmente, el gobernador abandonó el cargo-sin dimitir-y ha sido sustituido.

¿Cuáles son los cambios que ha habido después de la revolución? El pesimismo reina en las calles de Túnez y la mayoría responden: ¿Cuál revolución? ¡Aquí no ha cambiado nada! Incluso, algunos se atreven a decir que antes de la revolución estaban mejor, no tanto por nostalgia sino para restablecer el orden social y político. Y es que Túnez se encuentra en una situación de estancamiento.

Túnez actualmente todavía se encuentra en un proceso revolucionario. Y es que los dos años que han pasado desde el inicio de las primeras revueltas no es tiempo suficiente para hacer madurar una democracia. La creación de una cultura democrática está siendo costosa en un país que ha vivido bajo un régimen autoritario desde su independencia de Francia. Aun así, los tunecinos aún esperan los efectos de la revuelta, aspirando a una democracia real y social. Mientras tanto, no se quedan quietos y siguen en la calle reclamando el cambio tan anhelado.

Desde un inicio, el espíritu de la revolución estaba basado en reclamar mejoras económicas y sociales, al exigir derechos civiles y políticos. Las manifestaciones reunían personas de diversos sectores e ideologías, unidas para acabar con Ben Alí. Pero hay quien dice que es más fácil hacer caer a un dictador que construir una democracia y los tunecinos ahora se enfrentan a un gran reto: Construir su propia democracia.

¿Qué papel juega la religión?

Ennahda, el partido islamista moderado, salió vencedor con el 37% de los votos en las elecciones de 2011. Las revueltas no tenían un carácter islamista sino de obtención de la dignidad, pero Ennahda representaba un partido que había estado veinte años en el exilio y los miembros del partido habían sufrido la represión de la dictadura. Tras la caída de Ben Alí, Rachid Ghanouchi, el líder del movimiento, vuelve a Túnez como símbolo de la represión y de la crítica al régimen autoritario.

Este partido, que en árabe significa Renacimiento, basa su ideología en un tendencia islamodemòcrata de conservadurismo moderado. Su objetivo principal tras la revuelta era formar un gobierno de unidad nacional negando la imposición de la Sharia-la ley islámica-aunque un sector del partido no estuviera de acuerdo. También proclama el respeto por los derechos de las mujeres que hasta la actualidad son los más modernos en el mundo árabe.

Las claves de su éxito, pues, son su carácter moderado y su simbología. No obstante, también hay que destacar el debilitamiento de la izquierda tunecina que durante los años noventa se alió con el régimen contra la amenaza islámica y sigue presente con la etiqueta de anti-islamismo a cualquier precio sin un programa político concreto. Además, cabe añadir que la Troika ha superado esta bipolaridad laica-islamista aunque actualmente, está deslegitimada a ojos de la población por su falta de operatividad en esta etapa de transición.

Por otra parte, la reaparición de los Salafistas-seguidores de los ancestros-ha generado debate en el desarrollo de la transición. Tras la caída de Ben Alí y con la obtención de la libertad de expresión, este grupo resurge en forma de violencia pero también tomando el control de ciertas Mezquitas que deberían estar bajo control del Ministerio de Asuntos Religiosos. El salafismo defiende la Sharia, no respeta el laicismo y promueve el niqab entre las mujeres. Sin embargo, en un país donde el laicismo es apreciado por la población, el salafismo es visto como una amenaza presente en la sociedad. En este sentido se establecerán estrategias para garantizar que el salafismo no influencie el futuro del país.

La mujer tunecina

Los derechos de las mujeres en Túnez tradicionalmente han sido los más avanzados en el conjunto del mundo árabe. En Túnez no existe la poligamia y hay derecho al divorcio, el índice de alfabetización es relativamente elevado, forma parte de sindicatos y del ámbito político así como del mundo laboral y existe el derecho al aborto libre. Pero las mujeres han tenido un papel muy activo en la revolución para exigir también una mejora de su condición y de esta manera han logrado tener un papel más activo en la esfera pública, al tiempo que este tema se ha puesto sobre la mesa. Y es que pese a que la situación de la mujer sea más favorable respecto a otros países de la zona, aún queda mucho camino por recorrer.

La sociedad tunecina es claramente patriarcal, los índices de violencia de género son muy elevados llegando hasta el 47% y la representación de la mujer en los diversos sectores sociales y políticos todavía es baja. La idea de la paridad de género sigue siendo motivo de debate en algunos sectores y el rol patriarcal instaurado en muchas organizaciones. Además, durante la época de Ben Alí, la mujer también fue reprimida en muchos aspectos.

El temor está en cómo evolucionará la lucha de la mujer teniendo en cuenta los movimientos islamistas presentes en el país. Sin embargo, el partido mayoritario Ennahda, declaró que apoya a las mujeres. Pero lo que realmente provocó controversia fue el anuncio del contenido del artículo 28 de la nueva Constitución que señalaba que la mujer es complementaria al hombre. Una nueva avalancha de manifestaciones encabezadas por feministas y socialistas logró cambiar el contenido del artículo sustituyendo la complementariedad por la igualdad.

Poco a poco se va avanzando en esta lucha en un país lleno de obstáculos donde la mujer ha tenido un papel fundamental en la revuelta. Sobre todo aquellas que están dentro de partidos políticos-aunque con enormes desventajas-han empezado a hacer más presión para conseguir una ciudadanía plena. Como dice Halima Jeuini, miembro de la organización Femmes Démocrates, debemos estar atentas para que en Túnez no podamos dar marcha atrás.

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Un desafio a la civilizacion que debemos rechazar

24/01/2013 by Deja un comentario

Toni Negri

La intervención francesa en Malí refleja una crisis política que tiende a generalizarse en el África sahariana y subsahariana luego de la “Primavera Árabe” del Magreb. “Se ha puesto de manifiesto el lado peligroso de la Primavera Árabe”, titula el New York Times, y agrega: “tenía razón el coronel Gadafi cuando preveía que si él caía la gente de Bin Laden llegaría por tierra y por mar a ocupar las orillas del Mediterráneo.

Pero, ¿es realmente esto lo que impulsa a rebelarse a los nuevos guerrilleros en los desiertos del Norte de África o es más bien una pobreza cada vez más feroz y la siempre destructiva lógica de los gobiernos de la ex Francáfrica? Las zonas rurales de los países del Sahel han permanecido a su pesar en los últimos años en una profunda situación de miseria, lo que nutre el éxodo poblacional y la desestabilización de las grandes ciudades. Frente a esto las estadísticas macroeconómicas, muestran la existencia de un “falso” desarrollo vinculado a la actual carrera por el extractivismo minero hacia aquellos territorios ricos en tales recursos: Malí, por ejemplo, es el tercer productor mundial de oro, rico en uranio y se prevé que muy rico en hidrocarburos. El yihadismo entra en esos territorios no en razón de su fanatismo y nos los somete sobre la base de la “barbarie terrorista” (como cuentan a la opinión pública occidental) sino porque en esos países continúan disolviéndose las instituciones, debido a su fragilidad económica y civil. Por tal motivo el éxito de los “invasores” que no son tales está casi asegurado.

Malí no es más que otro país del Sahel –los demás también se hallan en parecidas situaciones críticas-, la duda sobre la profundización de la crisis en cada uno de ellos solo depende de algunos elementos casuales que aún contiene el “dominó” recientemente iniciado. En Malí, en una época “escaparate de la democracia”, el gobierno se hallaba desde hacía tiempo en crisis, asfixiado por la corrupción, los repetidos golpes de Estado y la rebelión popular tuareg en el norte. Los tuaregs quieren la independencia de Azawad (vasta región desértica del norte de Malí). Esta revuelta ha encontrado la oportunidad de triunfar porque con la caída del régimen del coronel Gadafi, muchos mercenarios tuaregs han regresado a su país con armas (en grande y sofisticada cantidad) y equipajes (logísticas regionales y alianzas con parte del ejército maliense) tomados. Hay que tener presente que la intervención francesa (y de la OTAN) en Libia produjo en aquel país la implosión de un millar de fracciones locales, ideológicas, étnicas y que después de Gadafi no ha habido ninguna autoridad capaz de ostentar legítima fuerza.

La rebelión armada tuareg ha encontrado además un fuerte y probablemente decisivo apoyo en grupos salafistas y yihadistas que ya en 2002, al terminar la guerra civil argelina, habían instalado las bases de Al Qaida en el Magreb. Desde hace alrededor de diez años estos grupos han venido construyendo (aprovechando la “industria de los secuestros” y del apoyo a los “traficantes” ilegales de ese amplio territorio) bases y redes de apoyo a la guerrilla. El peligro era evidente. Desde hace unos tres o cuatro años está en marcha una cooperación bilateral Francia-EE.UU. para combatir lo que algunos llamaban el “eje Kandahar-Dakar”. Recientemente el New York Times ha revelado que el Departamento de Estado había invertido cerca de 500 millones de dólares en esa región en esa estrategia antiterrorista. Ya a comienzos de 2012, el comando estadounidense AFRICOM debió comprobar que una buena parte de las adiestradas tropas malienses se habían unido a la revolución en el norte del país.

Ahora hemos asistido a la intervención francesa en respuesta al urgente pedido del gobierno de Bamako (mejor dicho de lo que queda) formalmente apoyado por una extensa coalición de países africanos y de gobiernos europeos. Pero la guerra francesa parece que ya puede extenderse como una mancha de aceite a una gran cantidad de países vecinos. Los sucesos argelinos de la última semana, en los que la delicadeza de las intervenciones de aquel gobierno y de su ejército han producido centenares de asesinatos, solo constituye el principio de este amargo desarrollo.

Por ahora, se consuelan la prensa y la opinión pública francesa, no se trata aún de una guerra de usura (como la iraquí o la afgana) cuyos protagonistas se mueven “en medio de las poblaciones“ sino más bien de una guerra clásica en el puro desierto, de posiciones y de movimientos. No tardarán mucho en cambiar las cosas. Podrá resultar fácil a los franceses, junto a las tropas de otros países africanos (que permanecerán bajo el comando francés mientras se mantenga la reticencia estadounidense a tomar parte en el cambio), lograr la victoria en el terreno. Pero luego, ¿cómo gobernar en el desierto una paz que no será tal, frente a una “guerra nómada” que está comenzando, a una histeria frente a eventuales ataques terroristas en la Francia continental y sobre todo frente a la memoria de la vergüenza colonial y del despotismo postcolonial mantenido por la potencia francesa? Pero sobre todo, ¿cómo tener en cuenta –en la situación actual y en la postbélica– aquellos aspectos que nos permitimos llamar “aspectos buenos” de la Primavera Árabe, o mejor dicho de aquella “Primavera Africana” que parecía que comenzaba a apuntar también en el Sahel? Es inútil –y lo decimos por segunda vez– culpar al extremismo de un islamismo salafista radical cuando se está sofocando la única alternativa verdadera que actualmente podría concretarse: la maduración –ya iniciada en esos territorios– de élites jóvenes, democráticas, anticapitalistas. Es necesario atacar las causas socioeconómicas de esta crisis.

Si se escucha a los expertos, estos dicen que para desarrollar un programa de reconstrucción y de desarrollo sería necesario intervenir en estos territorios en los sectores agrícolas, de reforestación, de cría de animales, en el mejoramiento de las rutas y del transporte, el acceso al agua, la promoción de la energía solar y eólica, etc. Y luego habría que relanzar los programas de producción de algodón y de cereales en esas regiones… En síntesis todo, en verdad todo. Finalmente y especialmente “las poblaciones deberían beneficiarse de los ingresos de los réditos procedentes de la minería como son los del oro, primer producto de exportación”.

¿No les parece cómica esta conclusión? Y en la risa no es evidente el cinismo, mínimamente hipócrita, que se desprende de la insistencia en la misma execrable sed de dinero que conduce a nuestros gobiernos liberales a combatir a los terroristas en las despiadadas tierras desérticas del Sahara y del Sahel como bienes a distribuir entre los enemigos (porque resulta bien difícil diferenciarlos de los pobres campesinos o de los proletarios metropolitanos ahora sublevados). Y todavía más, ¿no les parecen lágrimas de cocodrilo -y en Italia todos las confunden- las que lloran nuestros demócratas? ¡Es el pesado fardo de nuestra civilización el que nos empuja a intervenir! ¡Es sacra obligación de la soberanía, ejercida ahora en nombre de Europa! ¡Manténgase atentos a estas estupideces, hasta los EE.UU. han dejado de repetirlas luego de las terribles derrotas en Medio Oriente! Reconozcamos más bien que solo modificando radicalmente nuestra conciencia política, rompiendo radicalmente con formas de gobierno funcionales al capital, podremos volver a orientarnos correctamente. En el marco de la globalización no se puede razonar como lo hacen los Parlamentos de los países de Europa y el Parlamento Europeo, votando hombres y medios a favor de la intervención francesa (y particularmente odiosa ha sido en Estrasburgo la actitud belicosa de los Verdes europeos).

Gilles Keeper -tal vez el mayor experto en temas árabes conocido en Occidente- destaca que “lo que está en juego en Malí es un desafío a la civilización en la época de la globalización. El Sahel es al mismo tiempo la víctima por excelencia y el lugar de la incandescencia”. Añadimos: la resistencia y la guerrilla antiimperialista en aquel desesperado lugar desposeído y devastado constituyen luchas anticapitalistas y no quisiéramos vernos obligados a reconocer que los islámicos tienen razón.

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25 poetas con la España revolucionaria en la Guerra Civil Poesía como un arma

06/11/2010 by Vitalio Deja un comentario

Poesía como un arma, Ocean Sur, 2009, Selección, introducción y notas: Mariano Garrido

En esta selección hay poesías que exaltan la batalla por la libertad, que apuestan al triunfo, que lloran a los caídos o que lamentan el destierro. Poetas que escribieron y tomaron las armas. Poesía que se escribe con la pluma, poesía que se escribe con el plomo. 

Sus páginas incluyen un texto introductorio que defiende la poesía militante y de denuncia como un arma en las luchas de los pueblos frente a la poesía como «arte puro» al margen del devenir histórico.

Reúne obras de notables intelectuales como Miguel Hernández, Pedro Garfias, León Felipe, Antonio Machado, César Vallejo, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, María Luisa Carnelli y Nicolás Guillén, entre otros.

SOBRE EL AUTOR

Mariano Garrido (Buenos Aires, 1978), joven militante de los derechos humanos en Argentina, es docente y maestro de grado. Ha coordinado talleres de literatura para niños y adolescentes y colabora en publicaciones culturales. Es autor de la biografía política Miguel Hernández, publicada por Ocean Sur.

SOBRE LA COLECCIÓN HISTORIAS DESDE ABAJO

Los monopolios de la (in)comunicación recrean día a día la hegemonía de la historia oficial. Hartos de esos discursos globalizados y apologéticos, necesitamos nadar contra la corriente y recuperar la tradición revolucionaria. ¡Basta ya de aplaudir a los vencedores! ¡Basta ya de legitimar lo injustificable! Frente a la historia oficial de las clases dominantes, oponemos una historia radical y desde abajo, una historia desde el ángulo de los masacrados, humillados y desaparecidos.

En cada acontecimiento de la historia contemporánea se esconden la guerra de clases, la lucha entre la dominación y la rebelión; entre el poder, la resistencia y la revolución. Cada documento de cultura es un documento de barbarie. Debajo de la superficie, laten y palpitan las rebeldías de los pueblos sometidos, la voz insurrecta de las clases subalternas, los gritos de guerra de las explotadas y los condenados de la tierra.

Esta colección, de autores jóvenes para un público también joven, pensada para las nuevas generaciones de militantes y activistas, se propone reconstruir esas luchas pasándole a la historia el cepillo a contrapelo. La contrahegemonía es la gran tarea del siglo XXI.

Más información sobre este libro en:http://www.oceansur.com/product/poesia-como-un-arma/

CONTENIDO

Introducción

La poesía como un arma y las razones de esta compilación 

El contexto histórico de la Guerra Civil española 

El alzamiento fascista y la reacción popular

Las incidencias mundiales en la guerra 

El lugar de la cultura en la Guerra Civil

La contienda, el heroísmo popular y los crímenes del franquismo 

Escritores y poetas bajo los bombardeos

La poesía y su difusión 

Con la pluma y con el plomo 

Sobre los autores y textos de esta edición 

Poetas españoles

Antonio Agraz, ¡Aquí Madrid, capital de la tierra! Vengo de cuatro caminos

Rafael Alberti, Defensa de Madrid, defensa de Cataluña, A las Brigadas Internacionales, Galope, 1 de mayo en la España leal de 1938

Vicente Aleixandre, El miliciano desconocido, Oda a los niños de Madrid muertos por la metralla 

Manuel Altolaguirre, ¡Alerta, los madrileños!, Madrid, 1937 

Antonio Aparicio, Fusiles al frente 

José Bergamín, El traidor Franco

Luis Cernuda, A un poeta muerto (F.G.L.) 

León Felipe, Reparto 

José García Pradas, Milicias confederales

Pedro Garfias, Los dinamiteros, Miliciano muerto, Capitán Ximeno 

Juan Gil-Albert, Universidad, Lamentación 

Miguel Hernández, Sentado sobre los muertos, Vientos del pueblo, Jornaleros, 1 de mayo de 1937, Llamo al toro de España

José Herrera, Petere, Cuatro batallones, Entra en Madrid 

Antonio Machado ,El crimen fue en Granada, La primavera, La muerte del niño herido, A Líster, jefe en los ejércitos del Ebro, Miaja 

José Moreno Villa, El hombre del momento, Frente 

Emilio Prados, Ciudad sitiada, Romance del desterrado 

Arturo Serrano Plaja Aquí no llora nadie, Los desterrados 

Lorenzo Varela, Tengo de cantar, La flor de mayo 

Poetas hispanoamericanos

María Luisa Carnelli, Puente de Vallecas 

Raúl González Tuñón, Muerte del poeta, Los escombros, Ci yacet,Los niños muertos

Nicolás Guillén, Angustia tercera, La voz esperanzada 

Vicente Huidobro, Pasionaria

Pablo Neruda, España pobre por culpa de los ricos, Madrid, Explico algunas cosas, Almería 

César Vallejo, Masa, Redoble fúnebre a los escombros de Durango, España, aparta de mí este cáliz 

Álvaro Yunque, Madrigal a las muchachas del frente popular, Espinela 

Anexo

I. Sobre Federico García Lorca, Romance sonámbulo, Romance de la Guardia Civil española, La aurora 

II. Ponencia colectiva 

III. El poeta y el pueblo 

Bibliografía —————-

INTRODUCCIÓN: Entiendo que todo teatro, toda poesía, todo arte, ha de ser, hoy más que nunca, un arma de guerra. De guerra a todos los enemigos del cuerpo y del espíritu que nos acosan, y ahora, en estos momentos de renovación y revolución de tantos valores, más al desnudo y al peligro que nunca. Miguel Hernández, en su nota previa a Teatro en la guerra, 1937 La poesía como un arma y las razones de esta compilación

Existe una vieja y superada discusión en torno al carácter del arte y la poesía. Esta discusión, no por vieja y superada, ha dejado de tener vigencia: ¿debe la poesía ocuparse de temas coyunturales, sociales, políticos? ¿Puede abordar estas temáticas, o tiene que mantenerse «pura», al margen del devenir histórico? Decíamos que esta discusión es vieja y ya debería estar saldada. Pero la propagación constante de muchos argumentos añejos y cientos de veces refutados sigue planteando la necesidad de dar respuesta. Quienes afirman que la poesía debe mantenerse indiferente a los mal llamados temas sociales (todos lo son de algún modo), excluyen con arbitrariedad un tema que es tan propio del hombre como el amor o el deseo de trascendencia: la lucha cotidiana. Para los cultores de la «pureza » en la poesía y en los peldaños más altos del mundo de las letras, la lucha social, lo habitual, resultan temas forzados y artificiales. Existe una visión estereotipada de la poesía que la define como un lenguaje hermético, inaccesible, referido solo a temas metafísicos… Ante esta postura podemos preguntar: ¿por qué algo tan humano como la lucha por la justicia debe permanecer al margen de lo poético? ¿No hay poesía en los cantos heroicos, allá por el origen de las letras, cuando los pueblos forjaron su identidad en una historia y un proyecto comunes? ¿La épica no es poesía? Cabe agregar a estas preguntas, con especial interés para quienes creen que la poesía y la vida deben marchar divorciadas, si lo que realmente les resulta irritante es la relación entre poesía y vida cotidiana. Quizás sea eso, o quizás, el hecho de que esa poesía muchas veces descalificada por la Academia sea portadora de una mirada histórica desde abajo, con una óptica plebeya y no oficial, visión contraria a la que nutría las antiguas épicas. 

Para elaborar la presente antología partimos de la noción elemental de que la poesía, en tanto que actividad humana, tiene sus especificidades: es un modo particular de uso del lenguaje que aspira a una alta valoración estética. Sí, pero nunca deja de ser una actividad humana, de ser palabra, comunicación. Por lo tanto, no permanece al margen de la historia ni del devenir de la sociedad, como tampoco al margen de la evolución específica de su material: el lenguaje. Es decir, que ambos planos forman parte de la composición de la poesía: lo específico, relacionado con el campo del lenguaje; lo general, relativo a su carácter de actividad humana y social. 

En esta selección se hallan reunidos poetas que pusieron su pluma al servicio de la vida: contra el fascismo, por la defensa de la causa popular, y en muchos casos, por la revolución. La palabra, y la poesía en este caso, son devueltas a manos del pueblo. Allí los poetas cantan, a veces con urgencia, a veces con más refinamiento, los problemas acuciantes en tiempos de guerra. Cantan para exaltar al héroe popular (individual o colectivo), para denunciar una injusticia, para lamentarse ante el crimen enemigo o por la ejemplaridad de una gesta del propio bando. Se trata de un ejemplo profundamente visible en el que la palabra poética se ve urgida a tomar partido. Pero aclaramos: la palabra y la poesía, se sepa o no, nunca son ajenas a lo social, nunca son neutrales, siempre encarnan una evaluación ideológica. Incluso cuando callan, incluso por cuanto omiten. 

Por lo tanto, y siguiendo al poeta revolucionario Miguel Hernández, nutre esta compilación la idea de que la poesía es un arma. Y estos poetas la han usado en defensa del pueblo. 

El contexto histórico de la Guerra Civil española. Durante el período que abarca desde julio de 1936 hasta abril de 1939, se desarrolló en territorio ibérico lo que se denominó Guerra Civil española. Esta contienda armada se inició con un alzamiento militar fascista en contra del Gobierno legítimo elegido por el pueblo. Francisco Franco, militar español que se desempeñaba en Islas Canarias, fue uno de los líderes del golpe de Estado contra el Gobierno republicano. España se hallaba entonces en proceso de cambio: un Gobierno compuesto por diversos sectores, entre los que se encontraban socialistas y comunistas, había accedido al poder mediante la conformación de un Frente Popular. Este frente fue el ganador de las elecciones disputadas en febrero de 1936, donde había vencido a una coalición de derecha por casi un millón de votos. En tal situación se encontraba España en 1936, inmersa en importantes reformas que apuntaban a revertir, en parte, la sumamente injusta y desproporcionada tenencia de la tierra que sólo beneficiaba a un puñado de propietarios; combatir el atraso y el oscurantismo que la Iglesia Católica venía propagando de forma milenaria; brindar la enseñanza a su población, en la cual más de un tercio de los adultos no sabían leer ni escribir. Estos intentos de cambio se producían en un país que había experimentado algunas reformas a favor del pueblo durante 1931-1933, con la proclamación de la Segunda República, durante el llamado «bienio reformador». Y en esa misma España, durante 1933-1936, un Gobierno derechista había dado marcha atrás con las conquistas del período anterior, y desatado una cruenta represión hacia el pueblo. Además, todo esto se insertaba en un contexto mundial que, por un lado, asistía al ascenso de la primera revolución triunfante de la clase obrera en la historia: la Revolución Rusa (1917), pero por otro lado, mostraba cómo las clases poseedoras y privilegiadas se preparaban para aplastar con violencia cualquier nuevo avance de las clases postergadas: en Alemania se auspiciaba al Partido Nacionalsocialista en 1920, y en Italia se creaba el Partido Nacional Fascista en 1922, como herramientas para combatir al pueblo y sus corrientes revolucionarias. 

El alzamiento fascista y la reacción popular

Así se enmarcó la guerra que se inició en España el 18 de julio de 1936 con un alzamiento que tenía apoyo intelectual, económico y militar del fascismo y el nazismo ya en el poder en sus países de origen. Fue expresión de la lucha mundial entre el avance de la clase trabajadora y la reacción más virulenta de las clases propietarias: los regímenes dictatoriales de extrema derecha. La variante ibérica del nazismo alemán y del fascismo italiano la representó en gran medida el falangismo español. Por algo de mérito propio y por algo de azar, Francisco Franco fue el máximo líder de este movimiento derechista. 

En el momento de producirse el golpe, es el pueblo español el que muestra decisión para la resistencia. El heterogéneo y caviloso Gobierno republicano no se decidía a convocar a las masas altamente movilizadas con que contaba para combatir a la derecha y su sedición. Pero las organizaciones populares, anarquistas, socialistas y comunistas de distintas vertientes, tomaron en sus manos su defensa y la profundización de sus conquistas contra los enemigos que avanzaban. Aun en ostensible inferioridad técnica y de armamentos, el pueblo y sus dirigentes conformaron las milicias para enfrentarse militarmente a los golpistas. Aunque al principio estaba temeroso de ser desbordado por los obreros y sus organizaciones, el Gobierno republicano pronto debió reconocer a estas milicias y les tuvo que brindar armas y su reconocimiento. Era la Guerra Civil, el punto más álgido de la lucha de clases que, como sintetizaron Gramsci y muchos otros teóricos del marxismo, no puede dirimirse sino en el plano político-militar. 

Las incidencias mundiales en la guerra

Ante el escenario del conflicto español, el mundo miraba expectante los resultados. Italia y Alemania apostaban por la expansión de sus aliados falangistas en la lucha contra lo que para ellos era el «peligro rojo». Su apuesta se cristalizó en la intervención de la aviación alemana, que trasladó a España a catorce mil soldados de Franco varados en Marruecos en el momento de la invasión golpista del mes de julio, y que realizó infinidad de bombardeos a su favor; se materializó también en el suministro de treinta mil cuadros militares alemanes para el combate e instrucción de los facciosos, incluida la nefasta Legión Cóndor; en el aporte de ciento veinte mil soldados italianos; en la llegada permanente de armamentos, tanques, municiones y empréstitos. Además de estos aliados, los autodenominados «nacionales» contaron con la ayuda que provenía desde Portugal, donde la dictadura de Salazar brindaba un claro apoyo logístico, o la que emanaba del Vaticano, que en 1937, y faltando dos años aún para que terminase la guerra, ya reconocía ante el mundo como Gobierno legítimo de España al de los militares golpistas. 

Por su parte, el heterogéneo bando «republicano», que contaba entre sus filas con liberales y burgueses antifascistas y con anarquistas, comunistas y socialistas de distintas corrientes, también recibió ayuda. En menor volumen que los fascistas, los Gobiernos de México y la Unión Soviética brindaron una imprescindible asistencia material, económica y militar, entre la que cabe destacar la presencia de tres mil cuadros militares soviéticos. Pero fue la ayuda de los pueblos del mundo la que demostró en qué medida el destino de toda la clase obrera se jugaba en ese conflicto. La asistencia de las organizaciones de trabajadores de todo el planeta no se hizo esperar. Con gran sacrificio llegaron a España por diversos medios donaciones en ropa, dinero y alimentos. Y lo más importante: cuarenta mil voluntarios que fueron a dar su vida combatiendo contra el fascismo en las denominadas Brigadas Internacionales. Este hecho de coraje y solidaridad de pueblo a pueblo quedó reflejado en centenares de poemas y canciones en homenaje a esos héroes anónimos que, en las brigadas, dejaron su vida por la causa revolucionaria. 

En cuanto a los Gobiernos de Inglaterra y Francia, las llamadas potencias «democráticas», se declararon neutrales en la disputa desde el Comité de no Intervención. Pero esa neutralidad se parecía mucho al apoyo tácito hacia el nazi-fascismo: mientras desde el citado comité se impelía a la Unión Soviética a morigerar su ayuda a la República, se hacía la vista gorda ante el desembozado apoyo de Italia y Alemania a los golpistas. 

El lugar de la cultura en la Guerra Civil

Para quienes defendían la causa popular, el papel de la cultura en la Guerra Civil española fue trascendental, no sólo como herramienta para el combate, sino como parte de una concepción de ser humano diametralmente opuesta a la de los enemigos. Ya con la Segunda República se había iniciado en España un conjunto de medidas para democratizar el acceso al conocimiento y a las producciones artísticas y científicas. Las Misiones Pedagógicas, emprendimiento llevado a cabo desde 1931, habían permitido acercar piezas de la cultura universal y española a los campesinos y trabajadores de distintas regiones postergadas de la Península. En estas tareas participaron docentes, artistas e intelectuales, entre los que se encontraron Antonio Machado y Miguel Hernández, por citar solo a dos figuras. De la mano de estas tareas surgieron grupos como La Barraca, que difundió de manera renovada el teatro clásico español por distintos pueblos. Allí participó como director el ilustre poeta granadino Federico García Lorca, uno de los primeros intelectuales asesinados por el franquismo. 

Con el triunfo del Frente Popular trataba de imponerse la concepción de que un ser humano debía tener pleno desarrollo de sus capacidades, y que el acceso a la cultura universal era un derecho. Esas nociones alimentaron la política cultural que aun durante los peores momentos de la contienda jamás dejó de tener como preocupación la elevación intelectual del pueblo y de los combatientes. En las trincheras y sus alrededores había múltiples actividades educativas para los momentos en que no se peleaba en el frente: representación de obras teatrales, recitado de poemas, trabajo en aulas para alfabetizar a quienes lo necesitasen, creación de bibliotecas, confección de periódicos locales. Grupos como «Teatro para el Frente», o el dirigido por María Teresa León, «Las Guerrillas del Teatro», tuvieron una notable importancia en la democratización de la cultura durante todo el conflicto. «Guerra al analfabetismo. El gobierno antifascista ha presupuestado 10 millones de pesetas para combatirlo», dice un afiche que el Ministerio de Instrucción Pública y la U.G.T. (Central Sindical de los socialistas) difundían en 1937. Así, en el bando popular se luchaba en dos frentes paralelos: contra el fascismo y contra la postergación cultural, herencia del influjo oscurantista sobre España. 

La contienda, el heroísmo popular y los crímenes del franquismo

Durante los dos primeros meses de la guerra se registraron alrededor de cincuenta mil muertos. Por sí solo, este dato resume lo encarnizado de la batalla. Múltiples enfrentamientos frontales; cargas de infantería repelidas con armas precarias o con herramientas de labranza; bombardeos sobre poblaciones civiles; combates cuerpo a cuerpo, casa por casa; ejecuciones a granel. En todo este sangriento panorama el pueblo llevó la peor parte. La aviación fascista se caracterizó por su ensañamiento con la población civil durante este conflicto. Estos hechos de bestialidad de la derecha estaban meticulosamente concebidos: se orientaban a minar la moral del pueblo para debilitar su resistencia. Las crónicas de la guerra testimonian que, en noviembre de 1936, Madrid recibía un promedio de dos mil obuses por hora. La barbarie reaccionaria quedará también inmortalizada en el fusilamiento de Federico García Lorca, tantas veces cantada por los poetas del mundo, consternados ante su asesinato. Se añade a este hecho otro que es un buen exponente de la moral del bando «nacionalista»: el 17 de abril de 1937, la ciudad de Guernica es arrasada por bombas incendiarias que provienen del aire. La Legión Cóndor alemana experimentaba sus métodos de exterminio, que pronto pondría en práctica y a mayor escala sobre países europeos vecinos. El resultado: más de dos mil setecientos civiles muertos o mutilados por la aviación nazi. 

La crueldad en la guerra fue una constante de la que el pueblo no quedó al margen. En más de una ocasión, el ejército popular que reemplazó a las milicias debió disuadir a civiles para evitar los fieros linchamientos que se producían contra los enemigos, seculares explotadores y opresores de toda laya. Incluso en casos tan extremos como el de esta guerra, la diferencia en el ejercicio de la violencia debía ser marcado. La violencia revolucionaria estaba regida por otros códigos morales que excluían la tortura y la violación, prácticas sistemáticas en el bando nacionalista. Además, estaba orientada por intereses diametralmente opuestos a los de los fascistas. Es erróneo y falaz igualar el uso de una violencia que busca la liberación y la independencia de un pueblo con otra que desea aterrorizar, humillar y subyugar al prójimo. 

Si bien el pueblo padeció las bombas y contribuyó con la mayor parte del casi medio millón de muertos en esa guerra, también dejó escritas páginas de heroísmo. Sucesos que pronto entraron en la épica popular, esa que tanto molesta a ciertos poetas refinados, se sucedieron con regular presencia durante el combate: la toma del Cuartel de la Montaña, que atestado de militares sediciosos y falangistas fue conquistado por el pueblo mal armado pero decidido; la incansable defensa de Madrid, ciudad que Franco había presumido ocupar en pocos días y a la que le llevó casi tres años entrar; el cruce del río Ebro, acción con la que se puso en jaque transitoriamente a posiciones de los facciosos basándose en la estrategia y la osadía. 

En España el pueblo peleó decididamente, padeció limitaciones técnicas ante la monstruosa maquinaria bélica del nazismo y del fascismo, y en esa desigual pelea debió enfrentarse además a dolorosas divisiones en su seno; finalmente sufrió una dura derrota militar. Soportó la inclemencia de la dictadura triunfante, con sus cárceles y sus pelotones de fusilamiento; sus persecuciones y destierros. Pero antes dejó escrita una página heroica que los poetas cantaron. 

Escritores y poetas bajo los bombardeos

Julio de 1937; fue este un año de pelea en condiciones desventajosas para el pueblo, pero repleto de gestas memorables. Un pueblo en guerra que pelea en el frente y también en la retaguardia, donde soporta las privaciones y los bombardeos. En medio de ese panorama, en Madrid se pueden encontrar diecinueve salas de teatro y nueve cines funcionando; algo similar ocurre en Barcelona, donde las salas de cine que mantienen su actividad son cerca de cincuenta. En estas se pueden ver películas de guerra del cine soviético, pero también comedias de los Hermanos Marx. También allí circulan periódicos y revistas, muchos de ellos editados ahora por los obreros sin patronos, como también se leen publicaciones en el frente de batalla. Esas publicaciones de la época en el bando popular se cuentan en más de quinientas, y a las de los partidos y sindicatos de cada región se añadían las de las brigadas, que solían tener una propia. Fue en ese mismo año cuando, tal como estaba proyectado desde antes de la guerra, se realizó en España el 11no. Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Desde principios hasta mediados de julio, decenas de intelectuales de todo el mundo se reunieron en Barcelona, Madrid y Valencia, pese a los bombardeos fascistas. Allí se realizaron ponencias sobre el papel del arte y de los intelectuales que aun hoy son en extremo revolucionarias. Algunos de los que asistieron y presentaron trabajos fueron los franceses Julien Benda, André Malraux, Tristan Tzara y Louis Aragon; los alemanes Bertolt Brecht y Theodor Balk; el inglés Stephen Spender; los soviéticos Ilya Ehrenburg y Alexis Tolstoi; el estadounidense Langston Hughes; el mexicano José Mancisidor; los cubanos Nicolás Guillén y Juan Marinello; el peruano César Vallejo; el chileno Pablo Neruda; el argentino Raúl González Muñón, y los locales María Teresa León y Antonio Machado. Así cobraba fuerza el apoyo de los intelectuales hacia España, y hacia la representación local de su sector: la Alianza de Intelectuales Antifascistas. 

Al mencionado desarrollo, que como veremos más adelante incluyó en gran medida la poesía, podemos sumar la caracterización del fascismo como enemigo del arte y la cultura. Esta respuesta ante el avance embrutecedor del nazismo y el fascismo ya se atisbaba desde momentos previos en el movimiento de intelectuales. Así lo definían los escritores:

 

 

[…] esta lucha pone en juego la cultura, y con ella la libertad, la independencia, la dignidad humana, condiciones de toda creación. […] Ayudar a los españoles contra el fascismo es querer el éxito de este pueblo […] y es querer además que con esta victoria sean salvados el destino humano de la cultura, la libertad y la independencia de todos los hombres y de todos los pueblos. [Citado en L. M. Schneider: Inteligencia y Guerra Civil Española.]

Esto declaraban en octubre de 1936, entre otros, José Bergamín y Rafael Alberti como miembros del Secretariado de la entonces Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. La quema de libros, los campos de concentración y la persecución a intelectuales, prácticas luego repetidas por las dictaduras proyanquis en toda América, hacían enormes méritos para que se considerase a los nazis y fascistas como enemigos del arte y la cultura. De manera análoga, los republicanos tenían el deber de defenderla. 

La poesía y su difusión

La producción poética durante el conflicto tuvo rasgos sobresalientes. Por un lado, decenas de poetas consagrados de España y de todo el mundo produjeron composiciones en homenaje a la República y sus héroes y en contra del fascismo. Por otro, se produjo el fenómeno de que soldados, campesinos, obreros y escritores anónimos se volcaran masivamente a expresarse en verso. Ocurría entonces aquello de los soldados vueltos poetas y los poetas vueltos soldados que comentara, entre otros, Antonio Machado. Así, se cuentan en cerca de veinte mil los poemas impresos durante la contienda desde el bando popular. Muchas veces se publicaban en periódicos locales, en revistas o en simples hojas volantes. Otras, formaban parte de antologías. 

Dentro de la enorme tradición poética de la España contemporánea no se pueden obviar al menos estas tres publicaciones que en diversos formatos difundieron la poesía, las letras y la cultura. La revista literaria Octubre fue la primera publicación del estilo identificada de lleno con la izquierda (1933, fundada por Rafael Alberti). La segunda fue El Mono Azul, surgida de la sección española de los intelectuales antifascistas (1936, también creada por Rafael Alberti en compañía de José Bergamín). Luego aparecióHora de España, vinculada a un espectro más amplio de la cultura (1937, con Antonio Sánchez Barbudo y Manuel Altolaguirre, entre otros, como responsables). 

En cuanto a la edición de antologías, proliferaron varias, la mayoría romanceros. Esta forma popular y tradicional fue la más empleada en las composiciones de la época. La musicalidad del romance y sus ocho sílabas por verso, su ritmo y su arraigo en el pueblo, su visión plebeya y su herencia centenaria, lo hicieron la forma más recurrente. Además, la estructura narrativa que muchas veces se despliega en este tipo de poemas permitía que se escribieran lo que según Alberti eran verdaderos partes de guerra en verso. Se destacan en este género los libros Poesía de Guerra (Madrid, 1936); el Romancero de la Guerra Civil (Madrid, 1936) editado por M. Altolaguirre, que recopiló treinta y cinco composiciones de veinte autores; el Romancero General de la Guerra de España(Madrid-Valencia, 1937) que editó Emilio Prados con más de trescientas composiciones; o la antología de ese mismo año que editó Hora de España: Poetas en la España Leal. Cabe preguntarse por el bando fascista, o «nacional», como se autoproclamaba. Pocos, poquísimos poetas cantaron a ese sector: Manuel Machado, hermano de Antonio; Gerardo Diego; Dionisio Ridruejo; Leopoldo Panero; Luis Felipe Vivanco, entre otros. Con distintos grados de adhesión y énfasis, estos últimos pusieron su pluma al servicio del fran quismo, de la España dictatorial, y en muchos casos hasta ensalzaron la figura del propio Franco. Pero poco se puede hablar de poesía en el fascismo. Como dijera al respecto Rafael Alberti en su prólogo al Romancero General de la Guerra Española reeditado en Buenos Aires durante 1944:

De aquella España, de aquel pueblo español enmudecido hay testimonios tristísimos, pero no canciones. El privilegio de haber enriquecido elRomancero pertenece íntegramente a la España republicana.

Con la pluma y con el plomo ¿Cabe el tono aséptico cuando una España crea poetas y otra los asesina? ¿Debe ser neutral la poesía? ¿Puede serlo? Creemos que en todos los casos la respuesta es negativa. Por eso en esta selección hay poesías que exaltan la batalla por la libertad, que apuestan al triunfo, que lloran a los caídos o que lamentan el destierro. Poetas que escribieron y que tomaron las armas. Poesía que se escribe con la pluma; poesía que se escribe con el plomo. Decía el cubano Juan Marinello que durante la Guerra Civil, entre una y otra labor, los escritores habían preferido ser hombres. Podemos agregar que esa era la única forma de poder seguir siendo escritores. La poesía revolucionaria, tanto en la Guerra Civil española como en cualquier contexto, posee la importancia que le brinda su potencial: el ser una elevada manifestación estética forjadora de conciencia. No cabe aquí aquello del desmerecimiento que degrada a una obra acusándola de panfletaria: un panfleto también puede ser una obra de arte, y una aristocrática versificación puede disputarse el lugar con los desechos. El arte revolucionario es arte porque posee un trabajo estético sobre su material, además de su perfil liberador. Surge desde una visión de mundo opuesta a la que apuntala la sociedad dividida en clases, pero su meta no es la propaganda. Decían los intelectuales reunidos en Valencia en 1937 en su ponencia colectiva: «en tanto que la propaganda vale para propagar algo que nos importa, nos importa la propaganda […] sin olvidar que el fin no es, ni puede ser, el camino que conduce a él».

Probablemente la Guerra Civil española y su poesía revolucionaria sean elementos dignos de ser conocidos por su sola importancia para España y el mundo, por su trascendencia. Pero además de su carácter específico, se pone de relieve su ejemplaridad. La vigencia de la Guerra Civil española radica en que las luchas y los intereses en juego en aquel episodio siguen expresándose en distintos escenarios; la actualidad de este conflicto armado perdura álgido, sobre todo en el plano ideológico. En el mundo, los sectores que en ella se enfrentaron no han resuelto aún sus conflictos. 

Por eso, a más de setenta años de aquella defensa heroica que aglutinaba a los sectores revolucionarios, la Guerra Civil continúa siendo cardinal, y su poesía sigue siendo un arma. 

Sobre los autores y textos de esta edición Los poetas aquí seleccionados son preferentemente españoles; se halla luego una breve sección de poetas hispanoamericanos. Por cuestiones relacionadas con la extensión y propósitos, muchísimos buenos escritores han quedado al margen de esta antología, hecho que se enmarca en las limitaciones propias de todo recorte. Pero lo que puede afirmarse con plena certeza es que aquellos que sí forman parte de la selección son de los mejores. Del vasto repertorio vinculado con la guerra se incorporaron al libro poetas relacionados con tres de las llamadas Generaciones literarias: la del 98, como es el caso de Antonio Machado; la del 27, como es exponente Rafael Alberti; la del 36, como se asocia a Miguel Hernández. No fueron incluidos en cambio muchos excelentes poetas vinculados personal o temáticamente con la contienda, dado que sus desarrollos literarios fueron posteriores. Tal es el caso de Blas de Otero, Marcos Ana, Jesús López Pacheco, Luis Alberto Quesada, o Gabriel Celaya, Ángela Figuera Aymerich y José Agustín Goytisolo, por ejemplo. Así también, varios poetas consecuentemente republicanos que mantuvieron una postura estética refinada y que colocaron al margen de la contienda su obra tampoco fueron incorporados; es el caso de los cultores de la «poesía pura» Luis Salinas y Juan Ramón Jiménez. Fue excluido del cuerpo central de la antología, en rigor a ser fieles a los criterios de selección, el extraordinario poeta Federico García Lorca. Pese a nuestra admiración hacia su obra, debemos señalar que no encontraremos en ésta un solo verso que se refiera temáticamente a esta guerra: su aciago asesinato no le permitió abordar la contienda. No obstante, en reconocimiento a su imprescindible labor literaria, y en homenaje a su noble actitud en la defensa y difusión de la cultura, forma parte del anexo una selección de poemas de su autoría. 

Con fines prácticos, se incluye al pie de cada poema el lugar de publicación original, o bien el volumen más accesible para localizarlo en la actualidad. De esta forma, quien desee profundizar el conocimiento sobre la obra de los poetas citados tendrá un punto de referencia de fácil acceso. 

Por último, cabe expresar que esta modesta compilación intenta ser, además de una herramienta, un homenaje a todos los poetas soldados y soldados poetas que en busca de cambios revolucionarios se comprometieron en su integridad de seres humanos peleando con la pluma en la mano y con el fusil en el hombro. 

Ocean Sur www.oceansur.com [email protected]

 

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Biografía de Mahmud Darwish

06/11/2010 by Vitalio Deja un comentario

Hombre laico y moderno, refinado y elegante, Darwish es un palestino de diálogo, aunque su voluntad no se doblegue fácilmente ni esté dispuesto a hacer concesiones humillantes. Una de sus mayores esperanzas es revitalizar la literatura palestina, procurar a toda costa que los problemas políticos no la paralicen. Y para los palestinos, la proximidad física de su poeta es como una fiesta continua, un símbolo de la cultura palestina. No obstante, a pesar de haber alcanzado con creces las metas soñadas, el poeta, desde su actual residencia entre Jordania y Cisjordania, aspira a poder regresar algún día a su tierra natal, Galilea, donde nació el 13 de marzo de 1942.

Procedente de un ambiente campesino, sus primeros años los pasó en Birwa, una pequeña aldea de Galilea, situada a unos nueve kilómetros de Acre, donde sus padres poseían unas tierras que cultivaban para poder vivir.

En 1948, tras la retirada de las tropas británicas de Palestina y la implantación del Estado de Israel, su familia -como miles de familias palestinas- se vio obligada a huir de su casa para salvar la vida. Permanecieron un año en el Líbano y al regresar a Palestina se encontraron con que  Birwa había sido completamente destruida por el ejército israelí, al igual que otras muchas aldeas. Tuvieron que instalarse en Dair Al Asad aunque de forma clandestina porque durante el año que habían permanecido refugiados en El Líbano, las autoridades israelíes habían elaborado unos censos, y los que no figuraban en los mismos, no tenían derecho a vivir en el nuevo Estado de Israel.

Clandestino en su propio país y posteriormente ciudadano de segunda categoría en un Estado que le rechaza, el adolescente se refugia en los libros y plasma su identidad con lo único que le queda: el lenguaje. Se lanza a la escritura al mismo tiempo que a la acción política en el seno del partido comunista: a los veinte años publica su primer poemario, Pájaros sin alas, extraordinariamente lírico y muy influido todavía por la poesía árabe clásica. Cuatro años después publica el segundo: Hojas de olivo, mezcla de espontaneidad, musicalidad lirismo y mensaje directo, donde está patente el sufrimiento físico y psicológico de los palestinos dentro del Estado de Israel.

En el siguiente poemario, Enamorado de Palestina, de 1966, se advierte la influencia del Mahyar y de la escuela romántica, que se dejó sentir igualmente en sus contemporáneos de todo el mundo árabe. En esta fase su estilo se vuelve más delicado, menos directo, incluso sus denuncias de las condiciones políticas y sociales en la Palestina ocupada se expresan con menos amargura y más nostalgia.

La siguiente etapa poética de Mahmud Darwish se caracteriza por la innovación. En su afán de traspasar los cánones poéticos tradicionales, la voz del poeta sirio Muhammad Al Magut resonó en el joven Darwish como la voz del presente, junto con algunos poetas occidentales como Nazim Hikmet, Louis Aragon, Pablo Neruda o García Lorca, con los que en cierto modo se identificaba; y como muchos poetas árabes se sintió fascinado por T. S. Eliot.

Fin de la noche, de 1967, es el poemario que abre esta larga y madura etapa, en la que se advierte una mayor abstracción. Sin embargo, el poeta siempre preserva la claridad de expresión y universalidad de visión de su poesía utilizando símbolos enraizados íntimamente con su lugar de origen: roca, montaña, árbol, mar… y especialmente la tierra, que para él no tiene un significado únicamente político sino también sagrado, siendo a la vez lecho y sepulcro.

El siguiente poemario: Los pájaros mueren en Galilea, de 1969, es el que según Darwish marcó su primera mutación poética por la amplia utilización del símbolo y el mito, provocando una ola de rechazos. Le acusaron de haber renunciado a sus compromisos y a su concepción anterior de la poesía y de marcar una distancia entre la tierra y él. Este malentendido le persiguió desde sus comienzos pero siempre se resistió a esa “prisión atrayente” que para él suponía seguir estancado en la primera etapa, y escribió poemas todavía más “difíciles” que el lector inicialmente rechazaba pero poco a poco iba aceptando.

En Mi amada se despierta, de 1970, amplía el campo simbólico incluyendo figuras del pasado y acontecimientos históricos, tanto del mundo islámico como del cristiano. La figura más relevante es Cristo y el suceso más recurrente es la crucifixión, que tuvo lugar en Palestina, tierra a la que el poeta pertenece, lo cual le arma de una gran fuerza moral y abre ante él un vasto horizonte humano de esperanza y desafío.

El impacto de su mensaje poético, testimonio directo del sufrimiento y la humillación cotidianos en el Estado de Israel, así como su militancia comunista, no pasan inadvertidos ante las autoridades israelíes: le consideran demasiado peligroso para andar suelto y por ello le condenan a arrestos domiciliarios permanentes y numerosos encarcelamientos, lo cual le provoca un intenso deseo de libertad para dar rienda suelta a su creatividad.

Viaja con una delegación de la juventud comunista por diversos países socialistas europeos y, en lugar de regresar, decide instalarse en Egipto, proponiéndose firmemente mantener la distancia entre la práctica de la poesía y la cuestión nacional, aunque era plenamente consciente de que ponía en entredicho su mito. Sin embargo, el alejamiento físico de Palestina en lugar de apagarlo, alimentó el mito porque su voz permanecía en todos los lugares, y defendiendo su derecho a la experimentación, aún a riesgo de ruptura con sus lectores, desafió a los que pronosticaban que no escribiría un solo verso fuera de Palestina porque su vena poética dependía del contacto físico con el lugar, ignorando que la fidelidad de un poeta a los suyos no depende de una acción política directa sino de la sinceridad de la obra.

Su estancia fuera de Palestina supone un gran progreso en el campo de la creatividad: su poesía gana en complejidad y participa plenamente en la aventura de la modernidad poética, aunque nunca abandona su ternura inicial ni su capacidad de transmitir la experiencia palestina. Las imágenes siguen siendo ricas y luminosas, íntimamente ligadas a las experiencias vitales y con gran originalidad metafórica, como demuestra el poemario que abre esta tercera etapa: Amarte o no amarte, de 1972, del que destacan los conmovedores “Salmos” y el poema “Sirhán toma café en la cafetería”, que sintetiza a la perfección el estado psicológico del poeta dirigiéndose desde fuera de Palestina a los árabes que permanecen en la tierra ocupada.

A comienzos del los años setenta se instala en Beirut, convirtiéndose en parte activa del movimiento literario libanés. Beirut se rinde ante el genio creador del poeta y desde entonces será su “segunda Haifa”, el ambiente idóneo para estimular su proyecto de renovación cultural. Allí dirige el centro de investigación de estudios palestinos y dos de las más importantes revistas árabes: Shuún filistiniyya y Al Karmel. Durante estos años, Darwish  se convierte en la gran voz de su pueblo y se consagra como uno de los más grandes poetas árabes vivos, siendo también testigo de la guerra civil libanesa, tragedia que le inspira numerosos poemas desesperados.

En 1982, tras la invasión israelí del Líbano, Mahmud Darwish se ve obligado a abandonar aquel país para permanecer exiliado en Europa, principalmente en París, junto con estancias en Túnez. Es ésta una etapa de gran madurez artística -según sus palabras, al salir de Beirut se aproxima a la ribera de la poesía- en la que escribe poemas largos, teatrales, con un movimiento especial, numerosas imágenes poéticas y voces variadas. A veces el ritmo se acerca a las canciones con poemas sonoros que son puro canto, especialmente en el poemario Elogio de la alta sombra, de 1983, y el poeta parece que quisiera engañar a la realidad que le rodea, siendo su gran temor que el sueño que sustenta a él y a su pueblo se desvanezca como consecuencia de la interminable tragedia.

En Menos rosas, de 1986, sigue experimentando con la forma y con el ritmo, logrando poemas de exquisita perfección formal y a la vez sinceridad e intensidad de sentimientos. Mezcla de orgullo y desesperación, de resistencia y reconocimiento del monstruo dominante, el héroe de estos poemas lucha hasta el límite de su capacidad, a pesar del exilio y la derrota, aunque sin dejarse guiar por el optimismo fácil.

A comienzos de los años noventa, Mahmud Darwish se propone llevar a cabo un proyecto ambicioso: una epopeya lírica que libere el lenguaje poético hacia horizontes épicos. El punto de partida será la multiplicidad de los orígenes culturales, dentro de un espacio temporal visto a través de los prismas del pasado y del porvenir.

Dentro de esta producción, Once astros, de 1992, alcanza una altura poética insuperable en la meta que el autor se había trazado. Es un poemario único, en el sentido de que el poeta consigue despegarse del presente para encontrar en la Historia el lugar que le niegan en la tierra. De este modo, con una mayor capacidad lírica, da un paso de lo relativo a lo absoluto, inscribiendo lo nacional en lo universal.

Está compuesto por poemas largos, con una perfecta armonía entre las imágenes y el ritmo, y fuertemente marcados por grandes experiencias trágicas de la humanidad, como la guerra de Troya, las invasiones de los mongoles, la pérdida de Al Andalus o el genocidio de los pueblos indios, con referencias constantes a personajes y a lugares históricos y míticos.

¿Por qué has dejado el caballo solo?, de 1995,  es un poemario de profunda simplicidad y a la vez gran elaboración, una biografía poética -tal vez impulsado por el miedo de que el pasado se olvide o se deje escapar- con unos poemas de gran plasticidad en los que el poeta refleja, como en ocasiones anteriores había hecho, su gran sentido del ritmo.

En esta vuelta a las cosas primeras, tras una larga travesía poética que se rebela contra sí misma, el poeta se inspira en su intimidad profunda, que no puede desgajar de su entorno porque los elementos primeros tienen también un componente mítico o psicológico. De esta forma compone un canto épico y mítico que narra lo cotidiano pero también cuenta, quizá sin habérselo propuesto de forma premeditada, una historia colectiva.

Los siguientes poemarios: El lecho de una extraña, de 1999, y Mural, del 2000, están concebidos como obras arquitectónicas, con una estructura sólida y proporciones muy exactamente calculadas y realizadas con gran precisión. El resultado son unos poemas de gran sobriedad expresiva y a la vez extraordinaria finura, gracia y armonía, compuestos no sólo para ser recitados en su lengua original sino también para ser visualizados.

Firmemente decidido a ocupar el sitio que le corresponde en el panorama poético universal, el poeta trasciende la cuestión nacional para ensalzar su humanidad, aunque liberando a los poemas de un realismo excesivo.

Ambos poemarios están inspirados, sin duda, en experiencias vitales del poeta, especialmente Mural, en el que el Darwish muestra una gran maestría técnica, al tratarse de un largo poema en el que logra mantener continuamente una estructura y un ritmo armónicos, siendo asimismo admirable por la economía y la pureza de la composición.

El poema está basado en las visiones y sensaciones que le embargaron durante el breve espacio de tiempo en el que permaneció clínicamente muerto. Por ello, está concebido como una especie de fresco donde aparecen yuxtapuestas de forma impresionista diversas escenas que constituyen lo esencial de su trayectoria humana, salpicadas de diálogos y monólogos interiores.

Resulta sobrecogedora la absoluta soledad en la que el poeta se encuentra, convertido en palabra-idea, planteándose cuestiones esenciales que constituyen las preocupaciones más íntimas del ser humano, en un espacio luminoso y libre de barreras. En otra dimensión, es pura esencia fuera del cuerpo; no hay destino geográfico ni mapas sino extrañeza en un mundo extraño. El destierro y la lejanía están en su interior, y la vuelta a la que el poeta aspira es una vuelta al lenguaje, no al país, a los amigos ni a la amada.

Pero, contrariamente a lo que se pudiera pensar, la muerte no es algo terrorífico para el poeta sino un ser vivo, sometido a las normas que rigen a los seres vivos: se ríe, llora, teme, ama, añora y muere, estableciéndose entre ella y el poeta una relación extraña y contradictoria, mezcla de miedo y placer, desesperación y paz.

El lecho de una extraña, por el contrario, está compuesto íntegramente por poemas de amor en todas sus facetas, entremezclando, como ya lo había hecho anteriormente, la realidad con el mito y estableciendo numerosas relaciones intertextuales, tanto con la tradición clásica árabe como con el mundo contemporáneo, suprimiendo de este modo las barreras culturales del arte.

Es resaltable a lo largo de la obra una gran austeridad poética: las imágenes quedan reducidas al mínimo para dar un mayor protagonismo a la palabra, auténtico elemento estructural de los poemas.

También el ritmo cobra un especial protagonismo en este poemario, en el que el autor despliega su amplia experiencia en las artes amatorias, mostrando la compleja relación hombre-mujer, en la que cada uno se refleja en el otro y a la vez es un extraño para el otro, con la inevitable sensación de soledad que ello provoca.

Hablando en su propio nombre y recreando sus propias experiencias, Darwish muestra una de las visiones más agudas de la creatividad poética árabe actual, ensalzando algo tan aparentemente sencillo y natural como es el amor a la vida y el goce del placer.

Desde 1996 vive en Ramalla, donde dirige la prestigiosa revista literaria Al-Karmel cuyos archivos fueron destruidos por el ejército israelí durante el asedio de la ciudad en el año 2002- aunque constantemente es requerido para dar recitales poéticos por todo el mundo árabe.

Su fama se ha extendido también a Occidente, donde goza de gran prestigio, como demuestran los diversos premios literarios obtenidos, entre ellos el Lannan Cultural Freedom Price, en el año 2001, y el premio Príncipe Claus de Holanda, en el 2004.

más en:http://www.poesiaarabe.com/bio_mahmuddarwish.htm

 

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Entrevista con Octavio Paz

05/11/2010 by Vitalio Deja un comentario

En esta entrevista, el ensayista y poeta mexicano más universal recuerda la génesis de su vocación literaria, y revisa algunos aspectos centrales de su vida y obra.
Entrevisté a Octavio Paz muchas veces a lo largo de los casi veinte años que trabajamos juntos. Las nuestras eran conversaciones que casi siempre versaban sobre su vida y su obra, y en especial sobre aquellos textos suyos, como Libertad bajo palabra y El laberinto de la soledad, que me tocó preparar para ediciones anotadas y comentadas. Sostuvimos la presente a fines de 1996. La ocasión fue un diálogo que, como parte del libro Retrato de Octavio Paz, la editorial Galaxia-Gutenberg de Barcelona me encomendó oportunamente. Como ese libro es de inminente publicación, agradezco doble y especialmente a la editorial, a su director Joan Tarrida, y a mi buen amigo Nicanor Vélez el permiso de darla a conocer ahora y la confianza que ello supone. Los problemas de salud de Paz posteriores a nuestro encuentro le impidieron revisar y corregir, como solía hacer, su transcripción. En mi esfuerzo por ponerla al día, pedí a Marie-José Paz, viuda del poeta, que me ayudara en su corrección. Sin la eficiente y sesuda intervención de Marie-José el presente texto no habría sido posible.
     Recuerdo que en aquella ocasión que conversamos en la biblioteca de su casa del Paseo de la Reforma, Paz no se sentía del todo bien. A su molestia física se unía, en ese momento, un persistente disgusto moral ante la realidad mexicana y sus discordias políticas, como reflejan los pasajes finales de nuestra conversación. A más de cinco años de habérsele otorgado el Premio Nobel, la prensa local seguía publicando ocasionales ataques y críticas de sus opiniones, y a veces de su persona, casi siempre de manera gratuita. Además de ajustarse a las normas editoriales encomendadas, nuestro diálogo siguió las partes de una agenda de mutuo acuerdo. Por eso, para los que conocen las previas y muchas entrevistas que concedió el poeta, gran parte de la nuestra le resultará familiar. Acaso los pasajes más innovadores —o al menos, los que más me gustan— son aquellos donde pudimos hablar sobre sus orígenes poéticos: su lectura de Quevedo, por ejemplo; y en el otro extremo, su difícil debate con la clase intelectual mexicana, a diferencia del diálogo con el país y su pueblo, que era, y sigue siendo, fructífero.
     No dejan de resonar sus palabras de entonces hoy, ocho años después, cuando la figura de Paz sigue siendo el objeto de críticas, algunas no tan veladas, incomprensiones y hasta ninguneos anacrónicos. En un reciente coloquio sobre la obra de Paz en El Colegio de México en el que me tocó participar, por ejemplo, distinguidos científicos sociales de la talla de los doctores Soledad Loaeza y José Woldenberg porfiaron en que, en el célebre discurso de Francfort de octubre de 1984, conocido por su título de “El diálogo y el ruido”, Paz había excluido el papel de Estados Unidos de su crítica al entonces proceso de paz en Centroamérica, cuando lo cierto es que esa crítica al gobierno de Ronald Reagan aparece en al menos tres pasajes distintos del discurso; o bien en que, en el mismo texto, Paz había sido injusto con el gobierno sandinista al llamarlo una dictadura burocraticomilitar al estilo de la de Cuba.*
     En días en que a Paz el pensador se lo plagia, al poeta se lo invoca, y al hombre público que fue se lo tergiversa, tal vez valga la pena recordar estas palabras suyas en que recordó tantas cosas sobre su vida y su obra, su tierra y su gente.

Una familia de escritores
     Enrico Mario Santí: En otras entrevistas has hablado de tus primeros recuerdos literarios.
      
     Octavio Paz: En general, el misterio de la vocación (porque es un misterio) tiene que ver con la infancia. La vocación se manifiesta en la juventud, pero hay un periodo de imitación, diríamos, de modelos familiares. En mi caso fue decisiva la presencia de mi abuelo, Ireneo Paz, que era escritor. Yo lo veía leer y escribir todos los días. Sabía que había escrito memorias, novelas, de modo que fue un poco el modelo. Sí, efectivamente, en mi casa, de niño, había una gran influencia del mundo de la literatura. Mi abuelo tenía una buena biblioteca. Pero también tenía unos atriles con fotografías de autores de la época. Ahí podías ver fotos, o bien grabados, por ejemplo, de Víctor Hugo y otros escritores franceses. Pero no solamente franceses, también había hispanoamericanos, mexicanos… Estaba Pérez Galdós, que era uno de sus modelos.

EMS: ¿Norteamericanos?

OP: Whitman, no: creo que es de adelantada, y tal vez era muy radical. Emerson sí, probablemente; también Longfellow.

EMS: ¿Pero con tu abuelo hablaste de literatura alguna vez?

OP: Cómo no, muchas veces. Me contaba historias. Yo lo veía leer, y cuando veía que agarraba los libros, por ejemplo cuando leía a Quevedo, yo también quería leer a Quevedo. Naturalmente no entendía nada.

EMS: ¿Él te veía también a ti como escritor?

OP: No. Yo, al principio, tuve la mayor libertad, de niño, para leer los libros que se me antojaran. Nadie se preocupó, sea por tolerancia o por descuido, en saber lo que leía. De modo que mis primeras revelaciones eróticas se las debo a la literatura. Leí muchas novelas que no tenía por qué haber leído a esa edad.

EMS: También está tu padre que fue periodista e historiador.

OP: Sí, bueno, mucho menos, porque mi relación con él fue menos íntima en la infancia. Él no estaba en la casa y había grandes ausencias.

EMS: Pero esas cosas funcionan también de manera inconsciente, ¿no? Es decir, sabías que tu padre era escritor.

OP: No solamente eso. Le ayudé cuando adolescente a copiar a máquina artículos o textos suyos de memorias de la Revolución Mexicana, incluso textos de placer, a veces un poco desde el punto de vista literario. Pero fue menor la influencia de mi padre, mucho mayor la de mi abuelo, y después, también, una influencia determinante fue la de una tía.

EMS: ¿Tu tía Amalia?

OP: Sí, era gran lectora, le interesaba mucho la literatura. Pero no tradujo a Baudelaire, como tú me preguntaste hace un momento.

EMS: ¿Pero sí era una amante de la poesía francesa?

OP: Era una amante de la novela, más que de la poesía francesa. Pero conocía bien la poesía, sobre todo de lengua española. Tenía un álbum, yo lo he contado en un prólogo de estas Obras completas que hemos publicado en Círculo de Lectores. Tenía un álbum y había muchos poemas de amigos suyos, poetas de la época. Entre ellos, y nada menos, un poema de Gutiérrez Nájera.

EMS: ¿Dedicado a ella?

OP: Dedicado a ella.

EMS: ¡Versos de circunstancia!

OP: Desde los románticos, posiblemente desde Bécquer, tal vez antes, se escribían poemas para las señoritas de la época en un álbum muy decorado con una escritura peculiar, y con ilustraciones, dibujos de pájaros o de paisajes. Era un gusto muy fin de siglo. El de mi tía Amalia era inmediatamente anterior a la Revolución, anterior a 1910: un álbum que abarca de 1880 a 1900, más o menos. Todavía lo conservo.

EMS: Pero, aparte del álbum, ¿hablabas tú con tu tía Amalia acerca de literatura o acerca de poesía, o acerca de tu propia vocación?

OP: Hablaba sobre todo de literatura. De poesía menos. Pero no recuerdo exactamente. Hablaba de mis lecturas más que nada, y sí, creo que le interesaba mucho cuando yo empecé a escribir. Pero ella murió antes de que yo realmente empezara a publicar. Ésas fueron las influencias fundamentales. En el caso de mi madre no fue una influencia literaria, pero sí el descubrimiento del mundo español. Para mí, España, mi descubrimiento de España, tiene dos ventanas: una inmediata, mi madre. Es decir: la música española, la cocina española, el mundo hispánico, diríamos, el mundo andaluz.

EMS: Te lo dice también un descendiente de andaluces.

OP: Ahí está. Iba de visita con mis abuelos que habían vivido en un pueblo a una hora de Puerto de Santa María. Mi abuelo era de Medina Sidonia, un lugar cerca de Jerez. Pero la otra ventana, también decisiva, fue la literatura española y la poesía de España. Muy pronto empecé a leer y a hojear libros ilustrados de historia. Creo que de aquí los podemos ver, estos libros rojos que tú ves ahí. Entre esos tomos está la Historia de La Fuente. Todo eso no lo leí, era yo muy niño, pero sí lo hojeaba. De pronto se convirtieron en héroes (curiosamente, más que los héroes españoles) los árabes. Todo ese mundo islámico me sedujo. Todo esto forma parte, diríamos, de mi aprendizaje literario.

EMS: Hay todo un romance familiar literario en esa casa donde te crías.

OP: Sí, exactamente. Era una casa, como he dicho otras veces, con muchos libros, con muebles buenos, viejos. Nunca se compraron muebles en mi casa. Cuando había un mueble que no funcionaba bien, que parecía inutilizado, se le mandaba a reparar.
      
     Un niño en la escuela
     EMS: Tuviste una educación bastante formal, al principio. Por ejemplo, tu kindergarten en Los Ángeles…

OP: La etapa en que estuve en Estados Unidos fue importante. Me marcó para siempre la estancia en Los Ángeles. Después estuve en un colegio francés, El Zacatito, de los hermanos La Salle. Ahí estudié los primeros cuatro años de la primaria. Y en el último año tuve entre mis maestros a un hermano, un profesor al que le llamábamos el hermano Antonio. Nos fascinaba porque nos contaba las leyendas de la historia sagrada de un modo lleno de poesía. Los milagros, todas estas historias de la Biblia que son prodigiosas se las oímos, en versión muy depurada porque la Biblia es un libro bastante arriesgado. Después, ingresé en la segunda época en la escuela. Terminé la educación primaria en una escuela inglesa, el colegio Williams. Ahí, también, me interesó la historia y la literatura. Finalmente, entré a la escuela secundaria. Tuve una gran admiración literaria, en maestras más que en maestros. La primera aparición pública de la mujer en México es en la educación. Tuve maestras admirables que todavía recuerdo con mucho cariño.

EMS: ¿Se trata de tus primeras lecturas serias?

OP: Sí, de literatura. Tuve una maestra, Soledad Anaya: celosa, muy purista. Le escandalizaba que yo defendiese, un día en la clase, a Góngora. Leía además a los modernistas, a Rubén Darío por ejemplo. Los muchachos de mi edad que empezábamos a escribir ingresamos en la Universidad y tuvimos (al menos yo tuve) una doble iniciación. Por una parte, la iniciación a la vida política de la época, de rebeliones estudiantiles. La crítica del régimen revolucionario de aquellos años. Y junto a eso, la literatura.

EMS: ¿Hasta qué punto se podría decir que esta crítica política, durante tu primera juventud, es una herencia de tu padre?

OP: No. Es una actitud general de la época. Fundamos una unión de estudiantes, pro-obrera y campesina. Pero en el bachillerato, a mis amigos, a todos ellos, les interesaba la literatura. Para nosotros la literatura era inseparable de las visiones políticas.

EMS: ¿Y sociales?

OP: Claro, y fundamentalmente, junto a los hijos de obreros y campesinos. Esto pasaba en el año treinta, cuando yo entré a la escuela preparatoria, al bachillerato. El año anterior había sido el de la gran rebelión estudiantil, asociada a la gran cruzada de José Vasconcelos, nuestro héroe intelectual. Mejor dicho: la gran cruzada que había fracasado. De modo que todos nos sentíamos partícipes de la derrota: de Vasconcelos, de las elecciones que, a nuestro juicio (y era verdad), el contrincante había ganado de modo fraudulento. Es el año en que nace también el Partido Nacional Revolucionario, que después se transforma en el pri. De modo que todo esto fue en 1929. Todo esto era el marco político, pero mucho más el literario.

EMS: Ése es un momento muy importante de la literatura y no solamente en México. En realidad en todo el mundo, en Occidente en general. También has contado, por ejemplo, que fue precisamente durante esos años que en un mismo número de la revista Contemporáneos descubres The Waste Land y Anábasis.

OP: Fue un poquito antes de esto. Quisiera hablar de los maestros que tuvimos. Desde luego Carlos Pellicer, entonces profesor de Literatura Hispanoamericana. Con él realmente empezamos a leer con mayor atención a muchos poetas que conocíamos mal. Por ejemplo a Lugones, y también a los poetas de vanguardia de ese momento.

EMS: ¿Españoles también?

OP: Sí, claro. Es cuando aparecen los poetas españoles, los andaluces. Pero, en fin, antes de esto quería hablarte también de filosofía. Tuvimos varios maestros muy empapados en la fenomenología, la filosofía moderna, grandes lectores de la Revista de Occidente. Entre ellos, en primer término, Samuel Ramos.

EMS: ¿También era maestro en la preparatoria?

OP: Sí, justamente. De modo que tuvimos a Pellicer, a Samuel Ramos, a José Gorostiza, aunque estuvo poco tiempo, y a Julio Torri. Ése sí fue mi maestro. Primero en el bachillerato y luego en la Facultad de Filosofía y Letras. Es el momento en que aparecen todas esas nuevas corrientes; para nosotros era la gran novedad. No entendíamos bien lo que pasaba en el mundo. Pero imagínate: estaba, por un lado, la Revista de Occidente. Esto significaba la filosofía alemana, que empezamos a leer muy jóvenes. Al mismo tiempo, los poetas, los novelistas, a quienes leímos muchísimo. Entre los españoles, por ejemplo, y mucho, a Benjamín Jarnés. Y a los poetas de la generación del 27. Teníamos un culto por ellos. Había amigos míos que copiaban a máquina sus poemas, porque no había bastantes ejemplares para leer a Rafael Alberti, o a Pedro Salinas, o a García Lorca. Ahí empezamos a leer a Borges, aunque no nos impresionó demasiado como poeta. Fueron unos diez años después, cuando en Sur Borges empezó a publicar los cuentos de El jardín de senderos que se bifurcan, su primer libro, que nos asombró. Pero eso ya es por los años cuarenta, cuarenta y uno. Tengo todavía la primera edición. Tengo dos ediciones: la mía y otra que me regaló Borges en papel biblia, dedicada.
     EMS: En ese momento, ¿también Neruda es el gran poeta?

OP: Digamos que un poco después. Pero ya habíamos leído poemas de Neruda.

EMS: Algunos de ellos en Revista de Occidente.

OP: Algunos poemas de Neruda fueron publicados. Pero no solamente los poetas españoles. En esos años es cuando descubro la novela moderna. Yo había leído a Balzac y a Zola muy joven, de niño también a Dickens. Pero no fue hasta los años de bachillerato que leí a Proust. Para mí fue un estremecimiento, una revelación.

EMS: De ahí viene ese ensayo tuyo que recogimos en Primeras letras.

OP: Leímos también a Kafka, que apareció en español antes que en francés, por ejemplo.

EMS: ¿Y a Joyce?

OP: A Joyce, sí, también. Incluso tuvimos los jóvenes una revista, que se llamó Cuadernos del Valle de México, en cuyo segundo número publicamos un fragmento del Ulises, en una traducción de un chico, amigo nuestro, mexicano. Era significativo todo el estado de inquietudes de ese momento.

EMS: Se une ahí la preocupación social y política, por una parte, y por la otra, el descubrimiento de una nueva filosofía. También, una nueva poesía y una nueva literatura. Así que ése es un momento clave de tu formación, justamente. ¿Cuántos años tenías entonces?

Un joven en la biblioteca
     OP: Tenía diecisiete, dieciocho, diecinueve. Bueno, eso fue la juventud, hasta los veintitantos años. Leí muchísimo. Pero, también, desde niño había leído a los clásicos españoles. El teatro de Calderón, de Lope de Vega y de Tirso. Y en esa época, leí mucho, por influencia de la generación del 27, a Góngora. Pero me deslicé hacia Quevedo, que me interesó mucho más.
     EMS: “Nada me desengaña / el mundo me ha hechizado.” Ése es el gran lema que repites constantemente en esa primera época.

OP: Hay un problema, y es éste. En esa etapa leí una serie de poemas, que, en realidad, forman un solo poema que le llaman ahora Heráclito Cristiano, a imitación de la de David. Pero en la versión que yo leí, que también fue corregida por Quevedo, se llama Lágrimas de un Penitente. Para mí fue una revelación. Claro, tú comparas ese poema con los grandes poemas de la época, con la Fábula de Polifemo y Galatea, pues, es mucho más perfecto el poema de Góngora, que es uno de los grandes poemas europeos del siglo xvii. No es la perfección, la belleza puramente o la hermosura en un poema, como regla general, lo que nos puede impresionar más. Hay otras cosas. Por ejemplo, en la poesía latina los versos no tienen la perfección de Horacio o de Virgilio, pero tienen alguna nota profundamente personal, profundamente moderna que nos toca más de cerca.

Ezra Pound, sobre todo, nos da una versión más o menos de un poema que no es una traducción, sino una recreación, diríamos. A mí, en el caso de Quevedo, me ocurrió lo mismo. Toda mi vida he tenido un diálogo con Quevedo.

EMS: ¿Te sigue pareciendo que es el primer poeta moderno?

OP: Sí, creo que en Lágrimas de un Penitente, o Heráclito Cristiano, aparece esto que me parece esencial: la conciencia enamorada de sí misma. Ahora bien, esto que es un lugar común cristiano, en Quevedo tiene una exasperación que va a ser cada vez más neta, cada vez más clara, cada vez más definitiva, en los sucesores, sobre todo en el siglo diecinueve. Está, por ejemplo, en Baudelaire: la conciencia del mal.

EMS: Entonces, así como vas descubriendo la poesía moderna, vas descubriendo, tácitamente, una raíz hispánica moderna, que no es precisamente contemporánea, pero sí moderna.

OP: Quevedo es uno de los pocos escritores clásicos españoles que me ha dado esa modernidad. Pero es muy curioso: en España los otros poetas no leyeron a Quevedo como yo lo leí, desde la perspectiva que yo lo leí. El único que podría aproximarse a mi lectura es Neruda, pero no exactamente de la misma manera.

EMS: Tampoco Borges. Borges se opone al gongorismo de la época a través de la relectura de Quevedo.
      
     OP: Nada más que un poco miope, diríamos. Borges vio en Quevedo a un gran retórico, un gran conceptista. Por ejemplo, su lectura del soneto al Duque de Osuna. “Y su epitafio la sangrienta…” Esto es muy hermoso, pero es retórico, una imagen retórica. Para mí lo importante no es eso. Es un poema sobre la envidia, sobre la suerte de los héroes. Está enraizado con la suerte de Escipión. Todo eso, el aspecto propiamente moral de Quevedo, no le interesó a Borges, como tampoco le interesó el aspecto propiamente metafísico.

EMS: Es interesante. Se podría hacer una antología de cómo leen a Quevedo Octavio Paz, Borges y Neruda. Cada uno tiene su Quevedo. Paz, la lectura moral y metafísica; Borges, la lectura retórica; Neruda, la lectura apasionada.

OP: También palpó la muerte.

EMS: También la muerte es parte de esa pasión. Y Lezama Lima ¿cuál sería su lectura?

OP: La de Lezama Lima es un poco también la de Borges. Lo que le interesa, sobre todo, es el sistema de metáforas, que es notable, ¿no? A mí me sorprendió mucho, por ejemplo, que cuando Quevedo habla de la risa, habla de relámpagos, de “risas carmesíes”. Es un verso que podría haber sido de Góngora, en cierto modo. Claro, estamos hablando de la vocación poética, de la tentación revolucionaria, y habría que hablar también de la tentación religiosa, que se confunde con la metafísica y con la filosofía. También, por eso, me interesó Quevedo, porque es un poeta religioso negativamente. Es decir, yo no podría aspirar a tener la sublimidad de San Juan de la Cruz, que es el poeta de la unión con Dios. Pero Quevedo es el poeta de la separación de Dios. Y es un poeta muy moderno, lo cual a mí me afectó profundamente, quizá, por razones personales, en mi biografía intelectual, si tú quieres.
     Después hay otro tema esencial, en mi poesía y en mi vida: la mujer.

EMS: Como para todo joven, ¿no? Es muy importante la presencia o la aparición de la mujer.

OP: Caminábamos sin cesar por la ciudad de México en busca de mujeres, esperando a la mujer, que nunca iba a aparecer, o bien iba a aparecer al doblar la esquina o al subir al tranvía.

EMS: Es decir, ya eran surrealistas sin saberlo, porque eso es lo primero que se pregunta André Breton en Nadja.

OP: El encuentro.

EMS: Que no es realmente una cuestión literaria, sino una cuestión vital.

OP: Vital, es lo que digo. Bueno, la separación de Dios en Quevedo tampoco es puramente literaria, tiene una dimensión humana.

EMS: Eso es lo interesante siempre. Después de haber conocido a muchos escritores, después de haber yo mismo escrito poemas, descubrimos que la verdadera poesía es la que se basa en esas profundas experiencias vitales.

OP: Y no bastan las experiencias.

EMS: Tampoco, es cierto.

OP: Pero sin ellas, hay simplemente retórica. Borges usa esas experiencias porque experimentó la tentación de la identidad propia, es decir, la fábula del espejo: ¿quién soy yo? También, la tentación de la eternidad y del infinito. Todo eso en él fue decisivo. En Neruda fueron otras cosas. En mi caso, yo creo que podríamos decir que fueron estas cosas de mi juventud: la revolución, la idea de que podíamos cambiar el mundo, el heroísmo. Y, claro está, la idea de la muerte, de mi alma mortal en este mundo.

El poeta en la calle
     EMS: Todo esto contribuye al momento en que empiezas a escribir.

OP: La poesía fue una manera de darme cuenta de lo que yo quería decir. Muchas veces te acercas al papel atraído por una necesidad oscura de decir algo, pero no sabes qué vas a decir. Eso se nota, por ejemplo, cuando uno quiere escribir un ensayo. Cuando uno va a escribir un poema, muchas veces no sabe qué va a decir. Sientes la necesidad, pero es una necesidad que no aciertas a definir claramente. En su lugar hay una suerte de páramo angustioso. Pero de pronto una chispa, una espiga, un chorro de agua, lo que sea, te lleva a decir ciertas cosas.

EMS: Me recuerda esto mucho al comienzo de tu poema Blanco, donde aparece un girasol y, de pronto, comienza a florecer la palabra.

OP: Pero en Blanco, más o menos, yo sabía lo que iba a decir. No lo sabía claramente, porque uno nunca sabe lo que va a decir. En otras ocasiones no es así. Por ejemplo, los primeros treinta o cincuenta versos (no sé cuántos serían ahora en este momento), de Piedra de sol, que me fueron absolutamente dictados. Me salieron endecasílabos, perfectamente medidos, y como si yo estuviese repitiendo o transcribiendo algo que estaba oyendo dentro de mí. Estaba yo muy complacido porque eran puras ideas, imágenes que yo podía ver u oír. Las oía con gran placer. Me gustaban y no sabía adónde iban, y entonces tenía deseos de saber cómo iba a continuar esta corriente. Y por eso la imagen del río, y de los árboles. Después me di cuenta de que, aunque lo había escrito en México, en realidad estaba recordando, sin darme cuenta, ciertos momentos de contemplación al caminar al lado del Sena, no el Sena de París sino el de los alrededores de París. Otras veces no es así. Otras veces has preparado el poema, lo has pensado (por ejemplo Blanco), pero de pronto, en el momento de ejecutarlo, surge otra cosa, totalmente distinta. Esto ocurre también en los poemas breves y en los de extensión media. Siempre hay esta colaboración, diríamos, entre la conciencia y lo que llamamos inspiración.

EMS: Aunque podría también llamarse el inconsciente, de alguna manera.

OP: Pero el inconsciente quizás sea una palabra demasiado fácil.

Edición de autor
     EMS: Es interesante, Octavio, que ahora estés haciendo una edición de las Obras completas para Círculo de Lectores.

OP: Bueno, los diez primeros tomos. Me arrepiento mucho de esos diez tomos, que podrían haberse reducido a un tercio, probablemente. Ahora empezamos a publicar la Obra poética, dos tomos de quinientas páginas cada uno. Aparece el primer tomo, que es el volumen que publicó Seix-Barral como Obra poética. Después, el segundo tomo va a incluir lo que he escrito después de El mono gramático, y hasta ahora. También, algunos poemas escritos en colaboración, un experimento importante como, por ejemplo, Renga, o el libro escrito con Tomlinson, o bien otro que escribí en la India, que me gusta bastante. Finalmente, las traducciones. Considero que en mi caso no son meras traducciones, sino recreaciones poéticas. Hay algunas traducciones que me gustan, tanto o más que lo mejor que yo he escrito. Por ejemplo, ciertos poemas de Pessoa o bien ciertas libertades que me he tomado con una traducción de originales que yo ignoro. Ignoro, por ejemplo, el chino y el japonés; pero a través de versiones al inglés, al francés y a otros idiomas, he podido rehacer ciertos poemas en español. Con algunos de ellos estoy contento. Lo mismo con los sonetos de Nerval, o con algún poema de John Donne. Todo eso va en el segundo tomo junto con los poemas que he escrito después de El mono gramático, es decir, después de 1975, la obra final.
     EMS: ¿Incluye tus primeros poemas?

OP: No. Después, hay un volumen que se llama, no tiene todavía un título claro, pero por el momento se va a llamar Primeros escritos. En eso se ha empeñado el editor. A mí no me acaba de gustar, pero está dividido en dos partes: una, el libro que hicimos contigo, en el que tú ayudaste, fuiste definitivo en eso, Primeras letras, y antes, los poemas. Es un librito de unas ciento cincuenta páginas, más o menos, que se llama Primera instancia. Ahí están los poemas inéditos, los que escribí cuando tenía diecisiete años. Estuve dudando mucho. Me dije: ¿Publico esto o no? Mi primera idea fue no publicarlo, pero me ocurrió esto. La edición se llama Obras completas: parecía desleal no publicarlo. Después me di cuenta de que si no lo publicaba yo, lo iban a publicar otros más tarde, que es lo que le ha pasado a Borges y lo que le ha pasado a mucha gente, a muchos poetas. Mejor atreverse y con un poco de impudicia probablemente. En eso tengo el precedente de Neruda y de otros poetas. Voy a publicar los primeros poemas sin alterar los géneros. Hay alteraciones, pero no son de ahora, son antiguas. Es decir, no tal como aparecieron —te voy a explicar eso. En algunos casos, hay una primera versión, pero de esos años, es decir, de la misma época, en que hay pequeñas modificaciones, o raras modificaciones. Son poemas escritos entre 1931, cuando tenía diecisiete años, y 1943, cuando tenía veintinueve. Te voy a explicar por qué hay esa ruptura: la primera parte está compuesta por poemas que nunca han sido recogidos, casi todos publicados en periódicos, por ejemplo El Nacional.

EMS: ¿Como el famoso “Cabellera”?

OP: Sí, hay otro más que no recogieron, que está en El Nacional también. Se trata de poemas publicados en Barandal, una revista que hacíamos en aquella época, en Cuadernos del Valle de México, y en otras más. Son una serie de poemas y tres o cuatro inéditos. Bueno, a mí me gustan, me divierten, son juguetes. Me divirtió verlos.
     EMS: ¿Eran juguetes cuando los escribiste?

OP: Más bien, desafíos. Porque estaba yo contagiado por la poética del momento. Había que hablar del patín, del tenis, del deporte. Luego hay este pequeño libro, que es el más débil, a mi juicio, Luna silvestre, donde todavía hay algún verso que podría salvarse. Pero, en fin, hay que publicarlo todo. Después, todo el libro A la orilla del mundo, lo primero que publiqué que, realmente, ya tiene cierto interés, del cual me avergüenzo por la imperfección, pero no por lo que está detrás: la imperfección que es “Raíz del hombre” o “Bajo tu clara sombra”, todos esos poemas. Y después, está otra sección de poemas sobre España, dos nada más porque el tercero está en el otro tomo. Y también, la primera versión de Entre la piedra y la flor, muy distinta a la segunda. Algunos de esos poemas fueron publicados en revistas y algunos en la primera edición de Libertad bajo palabra, que luego retiré. Les he puesto el título original de Vigilias. Son poemas un poco de introspección bajo el signo del análisis íntimo, poemas más bien negros, de soledad, no quevedescos pero sí dentro de esa poesía de reflexión interior. Y termina todo en 1943. Tenía veintinueve años, aunque muchos de los poemas escritos en ese período han pasado al tomo de Obra poética, porque me parece que ésas sí son obras. Otras se quedaron en borradores, se quedaron en intentos, y las publico porque ya todo fue publicado. Si no, lo hubiera destruido, excepto los cuatro primeros poemas inéditos, que me parecen graciosos, como una cabriola de jovencito.

EMS: Me alegro de que todo eso por fin se publique; nos da una imagen mucho más completa de esa primera época. Conocíamos ya bastante bien la prosa, que habíamos publicado. Éste es el complemento que faltaba.

OP: Es interesante por dos razones. Primero, porque no las condeno totalmente: las veo con cierta ironía y piedad. Después, porque algunas personas me han criticado con bastante malevolencia que yo he ocultado poemas por razones de orden ideológico, político. No es cierto. Ahora que los voy a publicar, se verá que los poemas ideológicos son muy pocos, y que, además, retiré esos poemas porque, simplemente, no me satisfacían poéticamente. Pero no por ninguna otra razón. Los publico porque no tengo más remedio, pero no me gustaría hacerlo.

Un director de revistas
     EMS: Hablemos ahora acerca de esta época, acerca de estos poemas que publicaste en revistas en las que colaborabas y en algunas que dirigías, por ejemplo, Taller, Barandal, Cuadernos del Valle de México. Eso es impresionante. A lo largo de tu vida has estado íntimamente involucrado también en la creación de revistas. Es el Octavio Paz dedicado, también, a la creación de contextos culturales: a agrupar agente en la creación. Ha sido una contribución positiva al desarrollo humano de las personas. La institución de la revista ha sido tu manera de hacerlo.

OP: Sí, es verdad. Al principio de esas revistas no fui yo el editor. Éramos un grupo de jóvenes. Siempre que un grupo de jóvenes escritores se juntan, quieren modificar al mundo, quieren llegar al cielo, quieren defender el infierno, y lo único que se les ocurre es fundar una revista. Éste ha sido el secreto. Después, la fundación de revistas ha obedecido a razones de orden espiritual y, también, ideológico. Por ejemplo, Taller no la fundé yo, la fundamos con un grupo de amigos.

EMS: Yo no lo veo tanto como una cuestión ideológica, sino más bien de moral poética.

OP: El caso de Taller fue más bien de moral literaria. Era un grupo de jóvenes que no teníamos pleito con la generación inmediatamente anterior, pero sí nos sentíamos distintos. De ahí creamos la revista. Después, me hicieron director a mí porque poco a poco los demás fueron abandonándola. Además, hubo gente que daba dinero pero que pidió que alguno fuese responsable y mis amigos decidieron que yo fuese el responsable. Hicimos doce números. Después, otras revistas en las que he participado, como Letras de México o El Hijo Pródigo. Fui uno de los redactores. Pero lo hice siempre con mucho interés, con mucho entusiasmo sobre todo. En el caso de El Hijo Pródigo, en los siete primeros números colaboré activamente. Después me fui del país. Muchos años después, fundé Plural. Ahí sí hubo una moral cívica y espiritual. Creía que el país se asfixiaba, que no había una crítica de la sociedad totalitaria, que los jóvenes rebeldes habían olvidado rebelarse contra las tiranías totalitarias.

EMS: El problema vino después del 68. Aquí en México, me refiero.

OP: Yo esencialmente estuve a favor del 68 en lo que tenía de reforma, en lo que tenía de aspiración democrática. Eso fue lo fundamental y estuvo bien. Lo que no estuvo bien fue la actitud que vino después, con los grupos que siguieron al 68. Algunos de ellos se convirtieron en terroristas. Para mí era urgente desinfectar a toda la cultura mexicana.

EMS: Lo interesante acerca de Plural es que en ese momento hay una revisión histórica de México y de América Latina, un revisionismo histórico.

OP: Hay que decir que me ayudaron varias gentes. Yo solo no habría podido hacerlo.

EMS: Por ejemplo, gente como Cosío Villegas.

OP: Sí, claro, de la generación anterior, o bien, gente joven como José de la Colina o Alejandro Rossi, al final Enrique Krauze. Sobre todo, una defensa de la literatura, de la literatura mejor de México y de América. Severo Sarduy empezó a colaborar y todos, creo que todos, los que valían propiamente, como Juan Goytisolo.

EMS: ¿Carlos Fuentes?

OP: Carlos Fuentes fue uno de nuestros colaboradores más constantes. Pero aparte de eso, también quise abrirla a una serie de movimientos nuevos. Por ejemplo, la antropología, el estructuralismo de Lévi-Strauss, la lingüística de Jakobson, la resurrección de una posible nueva vanguardia, como la música de Cage. En fin, poner al día al país. Es lo que quisimos hacer y es lo que hemos querido continuar en Vuelta.

Una defensa de la poesía
     EMS: Este año, 1996, se cumplen los cuarenta años de la primera edición de El arco y la lira.

Aunque es un libro que, en realidad, tú empezaste a escribir antes de 1956.

OP: En el cincuenta y seis lo entregué. Lo terminé antes, creo que en 1955.

EMS: Pero lo habías empezado a escribir en Córcega.

OP: Empecé en el 51, 52, y lo interrumpí porque tuve que viajar a Oriente. Fue el primer viaje. Después continué, pero en cuanto llegué a México en el año 53, seguí, aunque tenía que trabajar. Yo no he vivido de mis libros sino hasta muy tarde. He vivido del trabajo de diplomático. Tenía que trabajar todo el día, y la noche o los weekends dedicarlos a la escritura de poemas, o de El arco y la lira, o del libro que tuviese entre manos.

EMS: Me da la impresión de que El arco y la lira es el crisol donde se funden todas tus experiencias poéticas, en el sentido de que todo el conocimiento poético, todo el conocimiento de tus poemas, se viene a resumir, a articular, en ese libro. También creo otra cosa: que los otros libros sobre poética, y sobre la poesía que has escrito a partir del año cincuenta y seis, son reiteraciones.

OP: O ampliaciones.

EMS: O revisiones, o críticas, de ese libro fundamental.
     OP: La semilla está en un pequeño ensayo juvenil, “Poesía de soledad y poesía de comunión”, en el que tomo como emblemas a San Juan de la Cruz y a Quevedo. Lo que escribí en El arco y la lira es un desarrollo de todo eso. No sé si ahora escribiría lo mismo que escribí en El arco y la lira. No me arrepiento de haber escrito lo que escribí, aunque ahora me parece una empresa quimérica.

EMS: Es cierto que El arco y la lira, por ejemplo, es un libro en el que, un poco como en El laberinto de la soledad, echas mano a otras áreas del conocimiento, como la antropología, o la lingüística o la religión…

OP: O la filosofía. La poesía es una respuesta o bien una expresión de la condición original de los hombres, y luego tiene características especiales que la distinguen esencialmente de la religión, que es otra respuesta de la filosofía… pero es tan legítima como ellas. Eso lo sigo pensando.

EMS: Por eso, entonces, se puede decir que El arco y la lira, al igual que tus otros textos posteriores, son una defensa de la poesía, en el sentido de que sitúan la poesía en relación con otros, como se dice hoy, discursos, otros modos de pensamiento, otros modos de análisis. Además de que en el momento en que piensas en todas esas cuestiones, la poesía no se considera uno de los discursos legítimos de análisis. Por ejemplo, pensemos en lo que Sartre había escrito sobre Mallarmé o Baudelaire.

OP: Ya Sartre había escrito antes Qu’est-ce que la littérature?, donde hace una crítica de la poesía.

EMS: Y del poeta.

OP: Sartre estaba totalmente equivocado. Pensaba que la poesía no es literatura.

EMS: Ni es comprometida.

OP: No puede serlo, según él, porque la palabra se transforma en objeto, como en el caso de la pintura o de las otras artes, mientras que la prosa, aunque sigue teniendo valores físicos, es fundamentalmente sentido.

EMS: Te tiene que haber turbado enormemente haber leído esto, ¿no?

OP: Sí, bueno, pero no lo creí. Creí desde el principio que era un horror. Sartre estaba, en primer lugar, considerando la poesía desde una perspectiva muy francesa, muy reducida, sobre todo del simbolismo, del surrealismo. Pensaba que había otras aproximaciones.

EMS: Pero lo curioso es cómo, en ese momento, nadie le contestó.

OP: Yo sí le contesté, aunque no directamente.

EMS: Tú sí, pero yo digo sus contemporáneos, por ejemplo, Merleau-Ponty nunca le contestó.

OP: Estaba de acuerdo con él…

EMS: Breton tampoco.

OP: Pero no porque creyese que Sartre tenía razón. Le pareció que aquello no tenía ni pies ni cabeza.

EMS: Pero no asumió la responsabilidad, por así decirlo.

OP: Es que en Francia había habido un abuso de la poesía, de desprecio a la poesía. La poesía no era significante. Había que verla desde un punto de vista simplemente estético, superior (lo que pensaba Valéry), o bien, como una expresión mística, de cierta realidad escondida, que eso sería el surrealismo. Olvidaban la ambigüedad esencial del acto poético y sobre todo, la ambigüedad esencial del lenguaje.

EMS: Creo que ése es el mérito singular de El arco y la lira. Para utilizar un concepto sartreano, le crea otra “situación” a la poesía; vuelve a situar a la poesía dentro de su verdadero contexto.
      
     OP: Hay que decir que ya había antecedentes en Heidegger. De modo que este libro le debe no todo, pero sí algún capítulo central. No lo habría podido escribir sin Heidegger. Eso lo digo con mucha melancolía porque en ese momento ya se sabía que él había sido nazi; es decir, que había tenido simpatías nazis, aunque habían sido transitorias. Yo no conocía bien la biografía. A mí lo que me impresionó de Heidegger, sobre todo, fue lo primero que leí de él en Cruz y Raya: “¿Qué es Metafísica?” Es un ensayo sobre la nada, extraordinario, y después leí, con mucha atención y con mucho cuidado, Ser y tiempo y las interpretaciones de varios otros, entre ellos la de José Gaos, pero no la única de este libro. En fin, un libro muy difícil, ahora le repruebo muchos aspectos. Me parece que es, a veces, inútilmente complicado.

EMS: Es muy alemán, entre otras cosas.

OP: Pero fíjate que Kant puede ser aburrido, pero no es despreciable. Me dijo un día Ortega y Gasset, quien tuvo simpatía por mí (pensó que yo no era totalmente estúpido): “Deje la literatura, deje la poesía y la literatura, póngase a pensar en serio y aprenda alemán, porque son las dos lenguas filosóficas, el griego y el alemán. Aprender el griego, a estas alturas, es un poco difícil, así pues, por lo menos alemán.” A mí me da tristeza porque creo que en lo de Heidegger hay una parte absolutamente perecedera, de mucho análisis. En ese momento yo no estaba familiarizado, tampoco, con la ciencia sino en términos muy generales, como buen hijo de mi época literaria. Había leído a Freud, esas cosas, pero la “ciencia ciencia” la conocía mal.

EMS: La física, por ejemplo.

OP: Todo esto, después de que lo he leído me ha asombrado. Heidegger era un enemigo de la técnica y la ciencia. Yo no lo soy. En el caso de Sartre y otros muchos, su ignorancia de la ciencia moderna es notable. Pero eso se puede extender hasta a gente que tenía conocimientos científicos, como León Trotski. No sabía nada de matemáticas modernas, de la lógica moderna, estaba empeñado en la dialéctica, y no sabía que había una nueva lógica. Es decir, fui víctima un poco de las dos culturas: la cultura científica y la cultura humanística. Después lo he tratado de rectificar, no sé si lo he logrado. Las lagunas de ese libro pecan de por ahí. Sin embargo, lo esencial del libro lo sigo defendiendo. Aparte de que tiene algunas páginas que están más o menos bien escritas.

Poema y pintura
     EMS: Has colaborado muchas veces con pintores. Esta colaboración entre pintor y poeta, ¿a qué se debe?

OP: A muchas cosas. En primer lugar, yo siempre tuve afición a la pintura. Bueno, tuve afición a todas las artes. Hemos hablado del descubrimiento de la filosofía moderna en el bachillerato, pero también hubo el descubrimiento de las artes. Claro, lo que pasa es que yo nunca me he sentido con autoridad para hablar de música, que es demasiado técnico, o de arquitectura, pero sí de las otras artes visuales, y propiamente de pintura. En mi caso, desde muy joven, me interesaron las artes visuales. Poco a poco han sido, en general, colaboraciones por amistad. Después, a los editores, algunos dueños de galerías, les ha interesado hacer esos libros de arte.

EMS: Por ejemplo, el de Cy Twombly, un libro muy hermoso.

OP: Yo no escribí nada, los poemas estaban escritos, pero él escogió los poemas y los ilustró.

EMS: Es uno de los pocos libros de arte tuyos que he podido adquirir. Uno de los últimos que me ha gustado mucho, que vi fugazmente, es el de Balthus. Lo vimos en Nueva York cuando estuvimos en el homenaje tuyo de la Academia de Poetas Norteamericanos.

OP: No lo he vuelto a ver. Es un libro muy bonito. Quiero mucho a Balthus. Soy viejo amigo, y de su mujer también. Los vimos ahora en París. Tiene 87 años.

EMS: Pero lo interesante es cómo éstas han sido coincidencias amistosas. Ciertamente lo fue en el caso de Tamayo.

OP: Ahí había más. Ahí había una defensa de Tamayo. Formaba parte de la lucha. Hemos hablado de esas luchas, que no son políticas, sino más bien de otro orden. Tiene que ver con la política. Tamayo había sido excluido del arte mexicano por los muralistas y por los críticos. Yo fui uno de sus primeros defensores.

EMS: Lo mismo ocurrió con Buñuel.

OP: Sí. Sobre Tamayo habían escrito Xavier Villaurrutia y algún otro. Pero nunca lo habían defendido. Lo habían exaltado como un pintor excelente y nada más. Yo fui el primero que me atreví a enfrentarme al dogmatismo de los muralistas y de los críticos. En el caso de Buñuel fue algo parecido, pero distinto. En Buñuel lo que pasa es que Los olvidados no fue enviada por el gobierno mexicano al festival de Cannes. No sólo eso: hubo mucha gente que criticó la película.

EMS: Porque daba una imagen “falsa” de México.

OP: Entre ellos, Fernando Benítez y…

EMS: La izquierda y la derecha unidos por el dogmatismo de la representación de México, de crear una “falsa imagen” de México.

OP: Yo admiré desde el principio a Buñuel: lo quise mucho y lo admiré mucho.

EMS: En el festival de Cannes, tú mismo repartiste las hojas de presentación.

OP: Sí, claro, él estaba muy enredado con eso. Había una correspondencia entre Buñuel y yo en ese momento. Después Buñuel pensó que yo podría hacer una película con él y no la hicimos: San Simeón, el Estilita, el asceta cristiano, ¿te acuerdas? Tengo una carta de Buñuel explicando por qué no colaboró conmigo en eso.

EMS: Krasno es otro pintor con quien colaboraste, ¿no?
     OP: Bueno, Krasno menos. No pudo dar mucho. ¡Lástima! El libro que hicimos juntos fue idea totalmente suya. Yo no intervine para nada. En realidad, en ninguno intervine, en el sentido de que les dijera cómo había que hacer las cosas, pero habíamos escogido los poemas, o los textos, incluso en el caso de Tamayo. En el caso de Tamayo, ilustró ¿Águila o Sol? espontáneamente. Hizo tres dibujos que se han perdido: los ando buscando y no los encuentro. Tàpies también. Estos libros ilustrados por pintores les ayudan al poeta moderno a sobrevivir. A mí no tanto. Pero a muchos amigos míos, que no tenían entradas, les sirvieron muchísimo. Además, yo creo que es una tradición, eso sí me gustaría decirlo, de la pintura moderna. Hay antecedentes: Lope de Vega habló de pintura y Rubens de poesía. Pero esta colaboración entre pintores y poetas empieza, sobre todo, en la época del simbolismo. Empieza con Baudelaire, y luego, la continúan los simbolistas. Es sobre todo, una tradición francesa, que yo adopté y estoy muy contento de haberla adoptado.
      
     Poesía y cine
     EMS: También es interesante tu otra intervención directa en el cine. Has hablado en otras entrevistas, por ejemplo, acerca de tu fugaz trabajo con Jean Malaquais en esa lejana película El Rebelde con Jorge Negrete.

OP: Es una adaptación de un cuento de Pushkin. Pero eso fue puramente potencial económico, alimenticio.

EMS: Sí, lo mismo de tu fugaz intervención como agente de doblaje de películas en Nueva York. Pero claro, nada de esto explica tan bien la fascinación que tú has sentido por llevar la palabra poética a la pantalla. Hace poco realizaste un impresionante video del poema Blanco y así cumpliste tu viejo sueño de hacer que la tecnología se ponga al servicio de la poesía. ¿Crees que lograste ese experimento en el video?
      
     OP: Yo no puedo ser juez naturalmente. A mí me gusta, está bien hecho, con medios artesanales. Posiblemente se podría haber hecho mucho mejor. Pero creo que está bastante bien hecho y es una tentativa que ojalá tenga prolongación, no solamente en mi caso. Sería bueno que algunos poetas se arriesgaran a este tipo de experiencias. Después de todo se ha hablado muy mal de la televisión, pero yo creo que se habla mal por la manera en que la estamos usando. Podría ser un instrumento, como la radio, como los otros medios de comunicación, maravilloso.

EMS: Hay algunos desarrollos interesantes en la televisión norteamericana, o europea. Por ejemplo, con la cuestión esta que se llama mtv, la tv musical: canciones que se actúan, se dramatizan, presentan situaciones que yo al menos asocio con el surrealismo.

OP: Claro que los surrealistas se habrían quedado encantados. Lo que pasa es que todo eso se ha mercantilizado. El gran peligro es el mismo: son medios que se han transformado en grandes industrias. También la edición es industria, pero no de un modo tan directo como lo es la televisión y la radio. Pero quisiera añadir algo. Cada época tiene sus medios de comunicación. No sabemos cómo los primitivos decían los poemas. Probablemente los acompañaban con músicas, cantos y danzas, pero no sabemos cómo. Sabemos que los griegos recitaban los poemas. Yo he visto en la India cantar poemas, es una tradición. En fin, esto siempre ha ocurrido con los trovadores: el poema como palabra hablada. El poema como escritura aparece, por ejemplo, en la Edad Media: el libro ilustrado, las miniaturas. Con la imprenta todo cambia, pero no cambia totalmente. Cambia la manera de oír el poema; ya no lo oímos: lo leemos. Pero cuando lo leemos, lo oímos. Cuando tú lees un ensayo o una novela estás siguiendo, en el caso de la novela, las peripecias, o los análisis psicológicos, o las divagaciones del autor. Pero en el caso de un poema, no: tienes que leerlo y oírlo, aunque sea mentalmente, oralmente. Entonces, eso quiere decir que la poesía (y por eso Sartre estaba equivocado) ha conservado sus valores significativos. No es cierto que sea puramente sonoridad. Al mismo tiempo no rompe con los valores físicos, por ejemplo con el sonido, y hay también imagen poética. No todos los poemas, pero sí muchos, producen una imagen visual. En todos los poemas, de pronto, hay imágenes que tú ves con los ojos como ves una imagen en el cine, o un relámpago en el cielo de la noche.

EMS: Por eso, precisamente, el video de Blanco es tan impresionante. Logra captar ese paso que es, no precisamente intelectual, pero sí visual, sin abandonar el contenido referencial que se quiebra sobre todo con los colores.

OP: Ahí está. Lo que pensé siempre es que el cine y la televisión podrían ser buenos transmisores de poemas, pero que había que encontrar la forma. Blanco es una tentativa. Pero puede haber otras aproximaciones: no digo que sea la única. Lo que no me parece bien es la práctica norteamericana moderna de hacer que el poeta diga sus poemas en la televisión. Eso tiene interés, pero no mucho. Más interés tiene crear una obra que se desprenda. Yo creo que la obra poética debe desprenderse del autor. Aún la radio es muy importante porque está nada más la voz: no te molesta la presencia de un señor diciendo los poemas. Es lo que traté de evitar también en Blanco.

EMS: No hay personajes.

OP: Hay frases, imágenes y sonidos.

EMS: Y alguna que otra letra.

OP: Sí, y letras. De hecho, podría haber usado más letras, pero era muy difícil. Quizá en otra pantalla más grande hubiéramos podido utilizar más letras, en movimiento, quizá. Una de dos: o se extingue, pero entonces sería una pérdida muy grande para la poesía, o bien la poesía logra introducirse en los nuevos modos de comunicación. En ese caso, inaugura un porvenir muy distinto al resto de la literatura. Porque la novela hoy día se convierte en telenovela, en soap opera. Yo no sé qué va a ocurrir con la novela. Mientras que en el caso de la poesía, puede cambiar, como el ejemplo que tú pusiste de la música visualizada.

Poesía e historia
     EMS: Hace cuarenta años escribiste y publicaste El arco y la lira. Pero hace ya casi cincuenta publicaste El laberinto de la soledad, donde describiste, y criticaste, un país y una gente.

OP: Bueno, México.

EMS: Sobre todo, lo que toca al trato entre las personas. Después de haber hecho una edición de El laberinto de la soledad, después de haber pensado en ese libro, una de las cosas que siempre me ha impresionado acerca de ese libro es que es un lamento acerca de cómo la gente se trata.

OP: No creo que sea un lamento.

EMS: Al menos una crítica.

Una descripción.

OP: Es una descripción del trato en una sociedad. Es un libro sobre una sociedad. Una sociedad no es lo que piensan los hombres únicamente, lo que hablan y piensan entre ellos. La palabra entre es fundamental porque la sociedad es relación sobre todo y la palabra entre es, sobre todo, eso: relación. A veces relación de oposición, a veces de afinidad. Porque soy mexicano: no podía describir otro país. Mexicano de una clase social y de una región. Hay partes de mi libro que seguramente no se aplican a los campesinos mexicanos, o a los indios de Oaxaca, o de Chiapas. En otros ensayos me he ocupado de ellos y sobre todo, de sus antepasados, de historia del arte por ejemplo. Me ha interesado mucho el mundo precolombino. Creo que soy el escritor mexicano que ha escrito más sobre el mundo precolombino: más de la mitad de mi libro Los privilegios de la vista es sobre arte precolombino y sobre la sociedad precolombina. Pero son estudios más bien históricos.

EMS: Mientras que El laberinto de la soledad…

OP: Es una descripción viva, de la cual soy testigo.

EMS: Me da la impresión de que el libro surge de una angustia, aunque para ti era evidentemente una falta de relación.

OP: Bueno, lo que es, sigue siendo, una falta de relación, perversa o dañina. Una relación, como todas las relaciones, hecha de amor y de odio, de miedo y de descubrimientos. Es lo que quise expresar. Cuando escribí el libro me di cuenta de un tema esencial: los hombres están solos. Es un tema universal. Y los hombres quieren remediar su soledad de muchas maneras. El ermitaño no existe, el ermitaño es un fenómeno aislado. Incluso cuando se aísla, el ermitaño lo es porque atrás está la comunidad. De modo que el hombre es siempre un ser comunitario. Las comunidades humanas son imperfectas y están movidas por este doble ritmo de unión y separación. Y en este caso, en México, esto es particularmente cierto. México es un fragmento de la historia universal. México como nación, como país, nació cuando se quebró el imperio español. El mundo precolombino no conoció al otro: se conocían ellos mismos. Era una sociedad cerrada sobre sí misma, dividida en distintas naciones que guerreaban sin cesar. Esto es lo mismo aplicable a las altas civilizaciones de México como a las planicies de los nómadas de Estados Unidos, donde hubo guerra continua entre ellos. La colonia española, la dominación española, resuelve esto en una unidad. Por una parte unidad política, el Virreinato: por la fuerza e impuesta. Por otra, unidad religiosa: no solamente impuesta sino adoptada por los nuevos creyentes. Después, México se convirtió en una nación católica. Pero el catolicismo dejó de operar, y en el siglo diecinueve ocurren dos cosas. Una es la gran ruptura, a fines del dieciocho, principios del diecinueve: la gran dispersión, la gran fragmentación de España. Surge en todos estos países de América Latina. Uno de ellos es México, que quiere buscar o encontrar una nueva universalidad, una nueva manera de insertarse en el mundo. La otra es la soledad, no solamente la soledad de cada miembro, de cada mexicano, sino también de la colectividad del país. Y creo que es aplicable a toda América Latina.

EMS: Yo leo el libro en un curso que doy sobre Literatura y Sociedad en América Latina. Comenzamos con El laberinto de la soledad como una introducción a América Latina, no sólo a México.

OP: ¿Cuál es la reacción de los jóvenes?

EMS: Se quedan deslumbrados. En la universidad norteamericana los estudiantes están habituados a dos cosas: o bien, a leer literatura, o bien historias oficiales. Tu libro es distinto: un ensayo literario que va dando opiniones acerca de cosas extrañas: los “pachucos” de Los Ángeles, reflexiones acerca de La Malinche y Hernán Cortés. En general, el libro toca una estructura profunda.

OP: Hay otros elementos que no aparecen en otros países. Por ejemplo, el mundo precolombino no aparece en Argentina, en Cuba apenas. En Cuba lo que aparece es el elemento negro.

EMS: Claro. Pero en última instancia, eso no es lo importante. Lo importante es la soledad del ser humano, sobre todo en una situación en la que la modernidad, en vez de resolver ese problema, lo agrava. Ése es el fenómeno de América Latina.

OP: Y no hemos podido todavía insertarnos en la modernidad. Al contrario.

EMS: Lo que hemos hecho es tratar de resolver el problema complicándolo a partir de otro concepto manipulado: la modernización.

OP: No somos los únicos. Sin hablar de los países asiáticos, sin excluir a Japón que también tiene grandes problemas íntimos, digamos un ejemplo europeo, o casi europeo: Rusia. Los rusos, ahora lo estamos viendo después de setenta años de comunismo, no acaban de ser modernos.

EMS: Pero también creo que el argumento tuyo es doble. México, afortunadamente, no se ha podido insertar completamente en la modernidad porque su premodernidad de alguna manera lo salva. La modernidad tampoco es la solución.

OP: Nos ha preservado, pero evidentemente no es una respuesta.

EMS: ¿Hay respuesta?

OP: El mundo ha cambiado. Hay problemas ahora que no existían hace cien años.

EMS: El tráfico, por ejemplo.

OP: Yo estaba pensando en el polumo. Eso no existía. Pero, de todos modos, esto es consecuencia de la historia de México. No había tampoco sobrepoblación. Era un país con pocos habitantes y ahora tiene más de cien millones. Los problemas se han agravado. Lo esencial es el gran problema de la convivencia. Primero entre los mexicanos, y frente al mundo: sigue siendo la gran interrogación de México.

EMS: En ese sentido, creo que el libro es vigente. Es decir, todavía hace las mismas preguntas que todo el mundo se hace y no se pueden responder fácilmente.

OP: Solamente que seas un fanático y tengas una respuesta a todo eso. La Iglesia Católica lo dice así. También el Partido Comunista: ellos tienen la solución y a los que no estén de acuerdo hay que fusilarlos.

EMS: Tú tienes, de hecho, el raro privilegio de ser el único escritor y, que yo sepa, la única figura pública que ha sido quemada en efigie en México. Lo más terrible es que desde que ocurrió, en 1984, nunca ha habido ninguna retracción, o siquiera una reflexión, sobre este acto.
     OP: Así es. En el momento en que esto ocurrió yo estaba fuera de México. Muy pocos protestaron, no llegaron a diez. Después, nadie ha dicho ni media palabra. Cuando recuerdo esto, o cuando alguien lo recuerda, hay una incomodidad generalizada, un poco como decir “calzones” en la sociedad burguesa de fines de siglo: palabras inconvenientes. Eso confirma El laberinto de la soledad. Nuestra incapacidad para aceptar la realidad.

EMS: Pero también tiene un aspecto institucional que a mí por lo menos me indigna. Hoy en un taxi pasé frente al Museo Nacional de Antropología. Pensé en la “crítica de la pirámide”, en el ensayo Postdata y en la crítica que le hiciste al museo en ese momento, la falsificación de la historia de México. Me preguntaba entonces: ¿habrán los científicos del inah rectificado, o reflexionado, sobre esa crítica de una persona que, con buena fe, ha hecho una observación sobre su tarea? Me entró una melancolía terrible al pensar que la sordera todavía existe a ese nivel institucional.

OP: Sí, existe sobre todo entre los intelectuales, y en el medio oficial. Hay otros ejemplos de esta suerte de incapacidad, no sé cómo llamarla. Por ejemplo, el arzobispo de México hace unos meses condenó el libro mío sobre Sor Juana Inés de la Cruz porque le parecía blasfemo.

EMS: ¿Sin haber hecho una reflexión?

OP: Pero, además, él no tiene autoridad para hacerlo. El pobre arzobispo que hable de otras cosas. Pero no tiene autoridad ni literaria ni histórica para hablar de esos temas. Los otros, sus acólitos, un teólogo y un historiador, presentaron argumentos tontos.

EMS: El problema no es que no tengan el derecho a hacer cualquier tipo de observación. Lo tienen. Pero ¿está sustentada esa observación en una reflexión o en un argumento racional, lógico?

OP: Hay que decir, y esto te da otra visión, que en el caso del arzobispo hubo muchas respuestas de intelectuales. Dijeron que aunque no estaban de acuerdo con mi visión de Sor Juana, era intolerable que el arzobispo hablara de esto. Pero esas mismas personas no dijeron ni media palabra cuando me quemaron en efigie, en el Paseo de la Reforma, o cuando ha habido otros escándalos por el estilo. Todo el tiempo hay pequeños olvidos en mi ciudad. No me gusta hablar de eso porque parece que tengo obsesión.

EMS: Sé que evitas el tema. Pero yo no lo puedo obviar. Al hacer una observación acerca de, por ejemplo, Octavio Paz en su contexto, estas cosas hay que decirlas.

La soledad
     OP: Además se ha difundido la visión de que yo soy un hombre autoritario. Tú que me conoces sabes muy bien que no lo soy, que si algo soy es un hombre que duda de sí mismo sobre todo, de lo que pienso y de lo que digo. Hablemos del malestar, puesto que hemos hablado de El laberinto de la soledad. Hablemos de mí mismo. Porque hay una parte de autobiografía en ese libro, como en todo libro de esa índole. Desde niño me sentí excluido; por razones misteriosas, pero siempre me sentí excluido. No sé si los demás niños sintiesen lo mismo, creo que no. Yo me sentí siempre excluido, aparte. Y eso ha continuado hasta ahora. “No es mexicano”, me acuerdo que me decían. Durante años me criticaron con la idea de que yo no era mexicano, que yo era un extranjerizante, que era un eco de Francia, o de los Estados Unidos, de lo que fuera, que no era de aquí. Después, que yo era un escritor difícil, intelectualista, que yo no era poeta, que nadie me entendía, que no era un poeta que se pudiera entender.

EMS: Si no se comprende eso acerca del contexto de Octavio Paz, se pierde gran parte de la esencia de tu preocupación. Primero, por la evidente introspección de tu poesía: ese tono íntimo de diálogo con el otro, de establecer un diálogo con el otro, aunque sea el otro que se lleva dentro. Y después, la pregunta obsesiva acerca de México, acerca de tu cultura y tu tiempo.

OP: Eso es natural. Después de todo, cuando hablábamos de esa situación mía, de ser una suerte de islote, señalado con reprobación o con desconfianza o con lejanía, hay que decir que se trata de un mundo muy pequeño: a la mayoría de los mexicanos ni lo saben ni les importa, ni mucho menos. Pero es el pequeño mundo en el que vivo.

EMS: A lo que me refiero es a esa misma imagen dentro de tu literatura. Por ejemplo, el primer texto de Libertad bajo palabra: un “pueblo rencoroso” que te acusa, el “bullicio” contra el cual surge la palabra.

OP: Hay silencio. Nadie quiere hablar de eso, porque si se habla de eso hay que decidir si yo soy un enfermo mental, o si tengo delirio de persecución.

EMS: O si eres un caudillo que persigue a los demás.

OP: Algo así. Si bien hay algo de verdad en lo que yo siento y en lo que yo digo, es lo que no han dicho nunca.

EMS: Tal vez porque no hay una reflexión.

OP: Sí. Y esto incluso con gente que quiero y estimo. No ha habido ninguna tentativa por hacer ese tipo de reflexión.

EMS: Y lo interesante es que a pesar de eso estás aquí al pie del cañón. No te has ido a vivir al extranjero, sólo por temporadas.

OP: Bueno, viví muchos años fuera. Regresé después del 68. Regresé primero porque quería terminar dos diálogos. Primero, el diálogo con mi madre: resultó que era ya muy mayor y no pude terminarlo como yo hubiese querido. Y después, el diálogo con mi país. Ese terminó en una querella que aún no se cicatriza.

EMS: ¿Y ha terminado el diálogo?
      
     OP: Lo que pasa es que ya no hay diálogo. Es innecesario, no puedo seguir argumentando.

EMS: ¿Has dicho todo lo que tienes que decir?

OP: He dicho no todo, pero sí casi todo. Quizá tendría que haber escrito una obra de ficción para poder decir con mayor facilidad muchas cosas que no dije, o dije mal. Nunca está uno satisfecho con lo que se ha dicho. Hace mucho escribí El laberinto de la soledad, no sé siquiera si lo tolero ahora. Pero creo que aunque mi país ha cambiado, el análisis sigue siendo válido.
      
     ¿Obra completa?
     EMS: Quisiera terminar hablando de la edición de tus Obras completas, que va a publicar Círculo de Lectores.

OP: Se está terminando ya. Estamos en el tomo décimo.

EMS: Para mí es impresionante esta reordenación de tu obra.

OP: Yo simplemente lo he agrupado de un modo bastante sencillo, por temas.

EMS: Pero también es una relectura de tu obra.

OP: No creas. He agrupado los libros porque más o menos sé de qué tratan.

EMS: ¿Por temas, pero no cronológicamente?

OP: No, pensé, dudé entre cronología y temática.

EMS: Y triunfó la temática.

OP: Sí, porque si hubiese hecho una ordenación puramente cronológica, habría sido de lectura muy difícil. Puede que sea un poco monótono. Pero ahí, en las primeras quinientas o seiscientas páginas, está lo que yo llamaría, con un poco de exageración probablemente, mi poética. Después, en los tres tomos siguientes está mi crítica literaria, que es sobre todo crítica poética y que también tiene que ver con mi formación. Casi nada de lo que he escrito es puramente desinteresado, aunque muchos de esos textos sí fueron pedidos por amigos o por editores, o por revistas. Probablemente nunca habría escrito sobre Rubén Darío si no me lo hubieran pedido. Pero estoy contento con lo que hice sobre otros. Después, está el tomo sobre Sor Juana, que lo continúa: es crítica literaria, pero también es un libro de historia y una biografía. A mí lo que me gusta de ese libro es la parte final; con la parte primera, que es puramente biografía, habría podido escribir una novela. Después los dos tomos de artes visuales, donde hay algunos ensayos que me gustan; luego el tomo sobre temas mexicanos. Y luego el décimo tomo, la reflexión, donde están algunos de los libros que más me gustan.

EMS: Vislumbres de la India, por ejemplo.

OP: Ése me gusta menos, aunque tiene ca pítulos que me gustan. Me gusta mucho más el pequeño ensayo sobre Sade. Ahí digo cosas que creo son relativamente nuevas. Hace cuatro o cinco meses, en una revista universitaria salió un ensayo largo de un profesor sobre el Marqués de Sade. Cita a casi todos los que han escrito sobre el tema, menos a mí. Pero ahora lo que me interesa es la poesía. Luego incluiremos en otro tomo entrevistas como ésta, porque creo que forman parte de mi obra, de mi actividad literaria. Algunas, no todas. Pero no creo yo mucho en las Obras completas. Está bien que se queden ahí, pero lo que puede que quede de las obras serán algunas páginas. Con eso basta.
     Me gustaría, por último, hablar un poco de mi experiencia de la India. Quisiera hablar un poco de dos cosas. De mi experiencia en el extranjero, el descubrimiento de los Estados Unidos, por ejemplo. Conocí al país de niño, fue un espectáculo magnífico.

EMS: Por una parte, Tú como el Otro dentro de México; pero después el Otro dentro de otra cultura. Primero los Estados Unidos, aunque tal vez primero fue España.

OP: Eso es lo que quisiera decir: mi relación con España siempre ha sido muy profunda. Me siento, yo siento, que soy heredero de la gran literatura española. ¡Y que no me griten los españoles creyendo que ellos son los dueños de Cervantes, o de Quevedo o de Góngora, porque no lo son! Es un bien compartido. A los Estados Unidos los conocí en plan de guerra: el trabajo, el valor, un pueblo de gente valiente, abierto, hospitalario, generoso. Francia fue reencontrarme con mi adolescencia, con mis lecturas. Fue un momento también de grandes pasiones. Finalmente en la India lo más importante que me pasó fue haber encontrado a Marie-José. Porque esto cambió radicalmente mi vida. Sin ella yo no hubiera podido hacer mucho de lo que he hecho.

EMS: Sobre todo después que te vas de París en 1962 y de padecer la gran decepción que cuentas al final de Salamandra, en el penúltimo poema: “Yo estaba vivo y fui a buscar la muerte.” Haberte ido a la India como una especie de adiós a todo, para después llegar allí y encontrarte con la vida, con esa maravillosa mujer, todo eso tiene que haber sido algo muy grande pero también muy extraño. Ir al otro extremo del mundo para encontrarte a ti mismo.

OP: Yo creo que una vida humana (y aquí podemos terminar) está hecha de muchos nacimientos, muertes y renacimientos. No es cierto que uno nazca una sola vez. No sé si se nace una sola vez, pero sí sé que se muere y se renace muchas veces, hasta que nos toque la definitiva.

EMS: Eso lo aprendí leyendo tu obra, sobre todo leyendo tu poesía. Esa necesidad de reconocer cuándo algo termina y cuándo se debe volver a empezar. Como te ocurrió en 1943, cuando escribes La vida sencilla.

OP: ¡Ah, ese poema te gusta!

EMS: Es con el que cierro el prólogo a tus Primeras Letras.

OP: También ahí hay el comienzo de algo que no se sabe.

EMS: La puerta condenada con que…

OP: …se dice adiós a México.

EMS: Sí, el adiós a México y el saludo a otro tipo de relaciones.

OP: A otro tipo de poesía… y de vida.

fuente:http://www.letraslibres.com/index.php?art=10134

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Biography Octavio Paz

05/11/2010 by Vitalio Deja un comentario

Thanks to his grandfather’s extensive library, Paz came into early contact with literature. Like his grandfather, his father was also an active political journalist who, together with other progressive intellectuals, joined the agrarian uprisings led by Emiliano Zapata.

Paz began to write at an early age, and in 1937, he travelled to Valencia, Spain, to participate in the Second International Congress of Anti-Fascist Writers. Upon his return to Mexico in 1938, he became one of the founders of the journal, Taller (Workshop), a magazine which signaled the emergence of a new generation of writers in Mexico as well as a new literary sensibility. In 1943, he travelled to the USA on a Guggenheim Fellowship where he became immersed in Anglo-American Modernist poetry; two years later, he entered the Mexican diplomatic service and was sent to France, where he wrote his fundamental study of Mexican identity, The Labyrinth of Solitude, and actively participated (together with Andre Breton and Benjamin Peret) in various activities and publications organized by the surrealists. In 1962, Paz was appointed Mexican ambassador to India: an important moment in both the poet’s life and work, as witnessed in various books written during his stay there, especially, The Grammarian Monkey and East Slope. In 1968, however, he resigned from the diplomatic service in protest against the government’s bloodstained supression of the student demonstrations in Tlatelolco during the Olympic Games in Mexico. Since then, Paz has continued his work as an editor and publisher, having founded two important magazines dedicated to the arts and politics: Plural (1971-1976) and Vuelta, which he has been publishing since 1976. In 1980, he was named honorary doctor at Harvard. Recent prizes include the Cervantes award in 1981 – the most important award in the Spanish-speaking world – and the prestigious American Neustadt Prize in 1982.

Paz is a poet and an essayist. His poetic corpus is nourished by the belief that poetry constitutes “the secret religion of the modern age.” Eliot Weinberger has written that, for Paz, “the revolution of the word is the revolution of the world, and that both cannot exist without the revolution of the body: life as art, a return to the mythic lost unity of thought and body, man and nature, I and the other.” His is a poetry written within the perpetual motion and transparencies of the eternal present tense. Paz’s poetry has been collected in Poemas 1935-1975 (1981) and Collected Poems, 1957-1987 (1987). A remarkable prose stylist, Paz has written a prolific body of essays, including several book-length studies, in poetics, literary and art criticism, as well as on Mexican history, politics and culture.

Poesía
Luna silvestre. México, Fabula, 1933.
No pasarán! México, Simbad, 1936
Raíz del hombre. México, Simbad, 1937.
Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España. Valencia, Ediciones Españolas, 1937.
Entre la piedra y la flor. México, Nueva Voz, 1941.
A la orilla del mundo. México, ARS, 1942.
Libertad bajo palabra. México, Fondo de Cultura Económica, 1949.
Semillas para un himno. México, Fondo de Cultura Económica, 1954.
Piedra de sol. México, Fondo de Cultura Económica, 1957.
La estación violenta. México, Fondo de Cultura Económica, 1958.
Salamandra (1958-1961). México, Joaquín Mortiz, 1962.
Viento entero. Delhi, The Caxton Press, 1965.
Blanco. México, Joaquin Mortiz, 1967.
Discos visuales. México, Ediciones ERA, 1968 (Arte de Vicente Rojo).
Ladera Este (1962-1968). México, Joaquín Mortiz, 1969.
La centena (1935-1968). Barcelona, Barral, 1969.
Topoemas, México, Ediciones ERA, 1971.
Renga. México, Joaquín Mortiz, 1972. Poema colectivo con Jacques Roubaud, Edoardo Sanguinetti y Charles Tomlinson.
Pasado en claro. México, Fondo de Cultura Económica, 1975.
Vuelta. Barcelona, Seix Barral, 1976.
Hijos del aire/Airborn. Con Charles Tomlinson. México, Martín Pescador, 1979.
Poemas (1935-1975). Barcelona, Seix Barral, 1979.
Prueba del nueve. México, Círculo de Lectores, 1985.
Árbol adentro (1976-1987). Barcelona, Seix Barral, 1987.
Lo mejor de Octavio Paz. El fuego de cada día. Selección, prólogo y notas del autor. Barcelona, Seix Barral, 1989.
 
Prosa poética
Águila o sol? México, Fondo de Cultura Económica, 1951. El mono gramático.Barcelona, Seix Barral, 1974.
 
Teatro
“La hija de Rappaccini”. México, en la Revista Mexicana de Literatura, 7, septiembre-octubre 1956, y en Poemas, 1979.
 
Ensayos
El laberinto de la soledad. México, Cuadernos Americanos, 1950. Segunda edición, Fondo de Cultura Económica, 1959.
El arco y la lira. México, Fondo de Cultura Econ&oacutemica, 1956.
Las peras del olmo. México, UNAM, 1957.
Cuadrivio. México, Joaquín Mortiz, 1965.
Los signos en rotación. Buenos Aires, Sur, 1965.
Puertas al campo. México, UNAM, 1966.
Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo. México, Joaquín Mortiz, 1967.
Corriente alterna. México, Siglo XXI, 1967.
Marcel Duchamp o el castillo de la pureza. México, Ediciones ERA 1968. Incluido después en Apariencia desnuda; la obra de Marcel Duchamp. México, Ediciones ERA 1973.
Conjunciones y disyunciones. México, Joaquín Mortiz, 1969.
México: la última década. Austin, Institute of Latin American Studies, University of Texas, 1969.
Posdata. México, Siglo XXI, 1970.
Las cosas en su sitio: sobre la literatura española del siglo xx. Con Juan Marichal. México, Finisterre, 1971.
Los signos en rotación y otros ensayos. Introducción y edición de Carlos Fuentes. Madrid, Alianza Editorial, 1971.
Traducción: literatura y literalidad. Barcelona, Tusquets Editores, 1971.
El signo y el garabato. México, Joaquín Mortiz, 1973.
Solo a dos voces. Con Julián Rios. Barcelona, Lumen, 1973.
Teatro de signos/Transparencias. Edición de Julián Rios. Madrid, Fundamentos, 1974.
La búsqueda del comienzo. Madrid, Fundamentos, 1974.
Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia. Barcelona Seix Barral, 1974
Xavier Villaurrutia en persona y en obra. México, Fondo de Cultura Económica 1978.
El ogro filantropico: historia y politica (1971-1978). México, Joaquin Mortiz, 1979.
In/mediaciones. Barcelona, Seix Barral, 1979.
México en la obra de Octavio Paz. Editado y con una introducción de Luis Mario Schneider. México, Promociones Editoriales Mexicanas, 1979.
Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. México, Fondo de Cultura Económica 1982, y Barcelona, Seix Barral, 1982.
Tiempo nublado. Barcelona, Seix Barral, 1983.
Sombras de obras. Barcelona, Seix Barral, 1983.
Hombres en su siglo y otros ensayos. Barcelona, Seix Barral, 1984.
Pasión crítica: conversaciones con Octavio Paz. Edición de Hugo J. Verani. Barcelona Seix Barral, 1985.
México en la obra de Octavio Paz (3 volumenes). Vol. I. El peregrino en su patria. Historia y política de México. Vol. II. Generaciones y semblanzas. Escritores y letras de México. Vol. III. Los privilegios de la vista. Arte de México. Edición de Luis Mario Schneider y Octa vio Paz. México, Fondo de Cultura Económica, 1987.
Primeras páginas. Edición e introducción de Enrico Mario Santí. Barcelona, Seix Barral, 1988, y México, Vuelta, 1988.
Poes&iacutea, mito, revolución. Precedido por los discursos de Francois Mitterrand, Alain Peyrefitte, Pierre Godefroy. Premio Alexis de Tocqueville. México, Vuelta, 1989
La otra vez. Poesía y fin de siglo. Barcelona, Seix Barral, 1990.
 
Traducciones y ediciones de Octavio Paz
Anthologie de la poésie mexicaine. Edición e introducción de Octavio Paz con una nota de Paul Claudel. Paris, Éditions Nagel (Col. UNESCO), 1952.
Anthology of Mexican Poetry. Edición e introducción de Octavio Paz con una nota de C. M. Bowra, y traducción al inglés de Samuel Beckett. Bloomington, Indiana University Press, 1958.
Basho, Matsuo. Sendas de Oku. Traducido por Eikichi Hayashiya y Octavio Paz, con una introducción de Octavio Paz. México, UNAM, 1957, y Seix Barral, 1970
Laurel: Antología de la poesía moderna en lengua española. Edición de Xavier Villaurrutia, Emilio Prados, Juan Gil-Albert y Octavio Paz. México, Editorial Séneca, 1941.
Pessoa, Fernando. Antología. Edición, traducción e introducción de Octavio Paz. México, UNAM, 1962.
Poesía en movimiento (México: 1915-1966). Edición de Octavio Paz, Alí Chumacero, Homero Aridjis y Jose Emilio Pacheco. México, Siglo XXI, 1966.
Versiones y diversiones. Traducciones de poesía. México, Joaquin Mortiz, 1974.
 
Selección de libros sobre Octavio Paz
Céa, Claire. Octavio Paz. Paris, Seghers, 1965.
Chantikian, Kosrof (Ed.). Octavio Paz. Homage to the Poet. San Francisco, Kosmos, 1980.
Cuadernos Hispanoamericanos. Núms. 343-345, enero-marzo 1979. Homenaje a Octavio Paz.
Fein, John M. Toward Octavio Paz: A Reading of his Major Poems, 1957-1976. Lexington, The University Press of Kentucky, 1986.
Flores, Angel (Ed.). Aproximaciones a Octavio Paz. México, Joaquín Mortiz, 1974.
Gimferrer, Pere. Lecturas de Octavio Paz. Barcelona, Anagrama, 1980.
Gimferrer, Pere (Ed.). Octavio Paz. Madrid, Taurus, 1982.
Gradiva, 6 – 7, febrero 1975. París. Homenaje a Octavio Paz.
Ivask, Ivar (Ed.). The Perpetual Present: The Poetry and Prose of Octavio Paz. Norman, University of Oklahoma Press, 1973.
Lemaitre, Monique. Octavio Paz: poesía y poética. México, UNAM, 1976.
Magis, Carlos H. La poesía hermética de Octavio Paz. México, El Colegio de México, 1978.
Martínez Torrón, Diego. Variables poéticas de Octavio Paz. Madrid, Hiperión, 1979.
Peña Labra, 38, invierno 1980-1981. Homenaje a Octavio Paz.
Perdigó, Luisa M. La estética de Octavio Paz. Madrid, Playor, 1975.
Phillips, Rachel. The Poetic Modes of Octavio Paz. Londres, Oxford University Press, 1972.
Las estaciones poéticas de Octavio Paz. México, Fondo de Cultura Económica, 1976.
Review, 6, otoño 1972, Nueva York. Homenaje a Octavio Paz.
Revista Iberoamericana, 37:74, enero-marzo 1971. Homenaje a Octavio Paz.
Rodríguez Padrón, Jorge. Octavio Paz. Madrid, Júcar, 1975.
Roggiano, Alfredo (Ed.). Octavio Paz. Madrid, Fundamentos, 1979.
Rojas Guzmán, Eusebio. Reinvencion de la palabra: la obra poética de Octavio Paz. México, Costa-Amic, 1979.
Scharer-Nussberger, Maya. Octavio Paz. Trayectorias y visiones. México, Fondo de Cultura Económica, 1989.
Sucre, Guillermo et al. Acerca de Octavio Paz. Montevideo, Fundación de Cultura Universitaria, 1974.
Tizzoni, Julia L.M. La palabra, el amor y el tiempo en Octavio Paz. Paraná, Argentina, 1973.
Valencia Juan y Edward Coughlin (Eds.). Homenaje a Octavio Paz. México, Universidad Autónoma de San Luis Potosi, 1976.
Verani, Hugo J. Octavio Paz: bibliografía crítica. México, UNAM, 1983.
Wilson, Jason. Octavio Paz: A Study of his Poetics. Cambridge, Cambridge University Press, 1979.
Xirau, Ramón. Octavio Paz: el entido de la palabra. México, Joaquín Mortiz, 1970.
 
Paz in English
Poetry
Lloyd Mallan, “A little Anthology of Young Mexican Poets,” in New Directions 9, (1947) (first translation of Paz’s poetry in English).
Sun Stone, trans. Muriel Rukeyser. London & N.Y.: New Directions, 1962.
Sun Stone, trans. Peter Miller. Toronto: Contact Press, 1963.
Selected Poems, trans. Muriel Rukeyser. Bloomington: Indiana University Press, 1963.
Piedra de Sol: The Sun Stone, trans. Donald Gardner. York, England: Cosmos Publications, 1969.
Aguila o sol? Eagle or Sun?, trans. Eliot Weinberger. N.Y.: October House, 1970.
Configurations, various translators. N.Y.: New Directions, and London: Cape, 1971.
Renga: A Chain of Poems, trans. Charles Tomlinson. N.Y.: George Braziller, 1972 (collaborative poem written with Tomlinson, Jacques Roubaud, & Edoardo Sanguineti).
Early Poems: 1935-1955, various translators. N.Y.: New Directions, 1973, and Bloomington: Indiana University Press, 1974.
3 Notations/Rotations. Cambridge, Mass.: Carpenter Center for the Visual Arts, Harvard University, 1974 (limited edition with graphic designs by Toshihiro Katayama).
Blanco, trans. Eliot Weinberger. N.Y.: The Press, 1974 (limited edition with “illuminations” by Adja Yunkers).
Eagle or Sun?, trans. Eliot Weinberger, N.Y.: New Directions, 1976 (new version).
A Draft of Shadows and Other Poems, ed. & trans. Eliot Weinberger, N.Y.: New Directions, 1979 (additional translations by Mark Strand & Elizabeth Bishop).
Selected Poems, ed. Charles Tomlinson, Middlesex, England: Penguin Books, 1979 (various translators).
Airborn/Hijos del Aire, trans. Charles Tomlinson. London: Anvil Press, 1981 (collaborative poem written with Tomlinson).
The Monkey Crammarian, trans. Helen Lane. N.Y.: Seaver Books, 1981.
Obsidian Butterfly, trans. Eliot Weinberger. Barcelona: Ediciones Poligrafa, 1983 (limited edition, with artwork by Brian Nissen).
Selected Poems, ed. Eliot Weinberger. N.Y.: New Directions, 1984 (various translators).
The Four Poplars, trans. Eliot Weinberger. N.Y.: The Red Ozier Press, 1985 (limited edition with woodblock by Antonio Frasconi).
Homage and Desecrations, trans. Eliot Weinberger. N.Y.: The Red Ozier Press, 1987 (limited edition with artwork by Richard Mock).
 
Prose
The Labyrinth of Solitude, trans. Lysander Kemp. N.Y.: Grove Press, 1961.
Marcel Duchamp, or the Castle of Purity, trans. Donald Gardner. London: Cape Goliard, and N.Y.: Grossman, 1970.
Claude Lévi-Strauss: An Introduction, trans. J.S. Bernstein & Maxine Bernstein. Ithaca: Cornell University Press, 1970.
The Other Mexico: Critique of the Pyramid, trans. Lysander Kemp. N.Y.: Grove Press, 1972.
Alternating Current, trans. Helen Lane. N.Y.: Viking Press, 1973.
The Bow and the Lyre, trans. Ruth L.C. Simms. Austin: University of Texas Press, 1973.
Children of the Mire: Poetry from Romanticism to the Avant-Garde, trans. Rachel Phillips. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1974.
Conjunctions and Disjunctions, trans. Helen Lane. N.Y.: Viking Press, 1974.
The Siren and the Seashell, and Other Essays on Poets and Poetry, trans. Lysander Kemp & Margaret Seyers Peden. Austin: University of Texas Press, 1976.
Marcel Duchamp: Appearance Stripped Bare, trans. Rachel Phillips & Donald Gardner. N.Y.: Viking Press. 1978.
The Labyrinth of Solitude, trans. Lysander Kemp, Yara Milos, & Rachel Phillips Belash. N.Y.: Grove Press, 1985 (expanded edition containing other works).
One Earth, Four or Five Worlds: Reflections on Contemporary History, trans. Helen Lane. N.Y.: Harcourt Brace Jovanovich, 1985.
On Poets and Others, trans. Michael Schmidt. N.Y.: Seaver Books, 1986.
Convergences: Selected Essays on Art and Literature, trans. Helen Lane. N.Y.: Harcourt Brace Jovanovich, 1987.
 
Anthologies, critical studies, interviews
An Anthology of Mexican Poetry, ed. Octavio Paz, trans. Samuel Beckett. Bloomington: Indiana University Press, 1958.
New Poetry of Mexico, selected by Paz, Ali Chumacero, José Emilio Pacheco & Hormero Aridjis, bilingual edition edited by Mark Strand. N.Y.: E.P. Dutton, 1970 (various translators).
Rachel Phillips, The Poetic Modes of Octavio Paz. London: Oxford University Press, 1972.
Rita Guibert, Seven Voices, trans. Frances Partridge. N.Y.: Alfred Knopf, 1973 (contains most extensive interview with Paz available in English).
The Perpetual Present: The Poetry and Prose of Octavio Paz, ed. Ivar Ivask, Norman. University of Oklahoma Press, 1973.
Jason Wilson, Octavio Paz: A Study of His Poetics. Cambridge, England: Cambridge University Press, 1979.
Octavio Paz: Homage to the Poet, ed. Kosrof Chantikian. San Francisco: Kosmos Editions, 1980 (contains a complete translation by Harry Haskell of the Play, Rappaccini’s Daughter).
John M. Fein, Torward Octavio Paz: A Reading of His Major Poems, 1957-1976. Lexington: The University Press of Kentucky, 1986.

From Les Prix Nobel. The Nobel Prizes 1990, Editor Tore Frängsmyr, [Nobel Foundation], Stockholm, 1991

This autobiography/biography was written at the time of the award and later published in the book series Les Prix Nobel/Nobel Lectures. The information is sometimes updated with an addendum submitted by the Laureate.

 

Octavio Paz died on April 19, 1998.

Copyright © The Nobel Foundation 1990

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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
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