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Vitalio

Doble estándar de EEUU: ¡Bombas de racimo bien para uso en Ucrania!

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: HispanTv

Un hombre pasa junto a la sección de cola de un cohete de 300 mm que parece contener bombas de racimo en Lysychansk, Ucrania. (Foto: AFP)

La decisión de EE.UU. de enviar bombas de racimo a Ucrania manifiesta el doble estándar del país norteamericano, que otrora acusaba a Rusia de usarlas en Siria.

Como parte del último paquete de su ayuda militar a Ucrania, Estados Unidos anunció el viernes que proporcionará al país eslavo municiones de racimo para impulsar su ofensiva contra las fuerzas rusas, a pesar de la prohibición global del uso de estas controvertidas armas de destrucción masiva, tal como suscribe la Convención de Ginebra.

La decisión de Washington de usar municiones en racimo en el conflicto ruso-ucraniano ha generado polémica, incluso entre sus aliados occidentales. De hecho, España, Canadá y el Reino Unido han expresado su oposición al envío de tales bombas a Ucrania, así como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), varias ONG y políticos europeos.

Bombas de racimo de EE.UU. siguen matando en Laos

Conforme publica Nikkei Asia, pese a cinco décadas transcurridas desde la firma del Acuerdo de París el 27 de enero de 1973, que puso fin a la guerra de Vietnam, las bombas de racimo estadounidenses siguen matando en Laos. Muchas de las víctimas son niños.

Desde 1964 y por 9 años, Estados Unidos lanzó 270 millones de bombas de racimo sobre Laos, convirtiéndolo en el país más bombardeado del mundo per cápita. Así buscaban destruir la ruta de suministro de combatientes comunistas durante la guerra de Vietnam.

Hoy Laos es un infierno de trampas explosivas, con 80 millones de bombas de racimo sin explotar. De hecho, más de 1000 personas murieron o resultaron heridas a consecuencia de accidentes producidos por la explosión de submuniciones sin explotar en este país del sudeste asiático entre 2022 y 2008, cuando se comenzó a recopilar datos por primera vez.

¿Por qué están bien para su uso en Ucrania?

Una periodista cuestiona en Twitter la decisión de Washington, la cual se produce pese a que acusó en 2015 a Rusia de usar bombas de racimo en Siria. “Los ataques que usan estas armas imprecisas solo continúan causando sufrimiento innecesario”, escribe la comunicadora para luego preguntar: entonces, ¿por qué están bien para su uso en Ucrania?

El Departamento de Defensa de Estados Unidas (el Pentágono), en un intento para justificar la decisión, alega que ha trabajado “con Ucrania para minimizar los riesgos asociados a la decisión”, considerando la victoria de Rusia peor que una masacre con bombas de racimo.

¿Qué es una bomba de racimo?

La Convención sobre Municiones en Racimo, adoptada en 2008, es el único tratado internacional vinculante que prohíbe el empleo de estas armas. Hasta ahora más de 100 países se han adherido al acuerdo, pero todavía no son parte Estados Unidos, Rusia y Ucrania, entre otros.

Las bombas de racimo, de dispersión o fragmentación, son lanzadas en caída libre y contienen un dispositivo que al abrirse libera a su vez miles de pequeñas minibombas que se dispersan en un radio de hasta 400 metros.

Kiev, según las evidencias mostradas por la prensa estadounidense, ya empleó municiones de este tipo contra su gente en bombardeos de Donbás, en particular contra la ciudad de Donetsk, para frenar el avance de las fuerzas rusas.

Publicado en: Global

Los servicios secretos de Rusia y de Occidente ante la revuelta de Evgueni Prigozhin

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

 

Al rebelarse, en medio de un conflicto militar, tratando de conservar para sí mismo los bienes que se le habían confiado, Evgueni Prigozhin puso en peligro la cohesión de su país. El resultado hubiese podido ser dramático, pero todo terminó bien. Sin embargo los servicios secretos occidentales habían previsto lo que podía suceder y cómo podían sacar provecho de la situación. Claro, los servicios especiales rusos también habían hecho sus propias previsiones.

Tanto los servicios secretos de Rusia como los de las potencias occidentales venían observando la degradación de las relaciones entre Evgueni Prigozhin y el general Serguei Choigu, el ministro de Defensa de la Federación Rusa. Por supuesto, no la interpretaban de la misma manera y sus pronósticos eran diferentes.

Para los servicios secretos occidentales, el “amo del Kremlin” alimentaba la oposición entre el empresario y el ministro, para empujarlos a dar lo mejor de sí mismos. Pero también calculaban que aquella rivalidad no podía menos que agravarse y que, en definitiva, llegaría a dividir las fuerzas rusas en lugar de fortalecerlas. Sería entonces el momento de aprovechar la debilidad de Moscú para iniciar el programa de desmantelamiento de Rusia, trazado desde julio de 2022, utilizando a diversas minorías [1]. Ese es el sentido de la presentación que hizo la CIA ante un selecto grupo de miembros del Congreso sólo días antes de la rebelión de Prigozhin.

Para los servicios rusos, que no se permitían inmiscuirse en la manera como el presidente Putin manejaba aquella rivalidad, era inevitable que la oposición entre Prigozhin y el ministro de Defensa se agravara cada vez más. En algún momento, los oficiales y altos funcionarios contrarios al régimen tomarían posición, no por uno u otro bando sino por un hipotético cambio de sistema. Habría entonces que identificar a esos elementos y prepararse para sacarlos del aparato estatal.

Claro, nadie sabía que Prigozhin actuaría como lo hizo, ni cuándo lo haría. Así que, cuando Prigozhin puso rumbo al cuartel general de Rostov del Don –en la madrugada del 23 al 24 de junio–, nadie sabía todavía si aquello era parte de la prueba de fuerza entre Wagner y el ministerio de Defensa o si estaba sucediendo algo diferente. Sólo en la noche, cuando Prigozhin ya había tomado el control de Rostov del Don (a las 07h30) y había iniciado su marcha sobre Moscú, todos comprendieron que había llegado el momento de actuar [2].

La CIA, el MI6 y el Mosad pusieron entonces en movimiento sus contactos, no sólo en Rusia sino también en las demás repúblicas ex soviéticas que siguen siendo aliadas de Moscú, sobre todo en Bielorrusia, Kazajstán y Uzbekistán, tres Estados donde las potencias occidentales han fracasado, durante los 2 últimos años, al tratar de organizar nuevas «revoluciones de colores».

Los dirigentes ucranianos dieron instrucciones al millar de bielorrusos miembros del Batallón Kastos-Kalinowski, que lucha del lado de Kiev, para que se pusieran en contacto con sus familiares en Bielorrusia y los empujaran a tratar de derrocar al presidente bielorruso Alexander Lukachenko. También hicieron exhortaciones idénticas contra los presidentes de Kazajstán, Kassym-Jomart Tokayev, y de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev. Los contactos de Occidente en Chechenia no parecen haber respondido a las exhortaciones de Occidente.

En Moscú, el presidente Vladimir Putin, después de su alocución –a las 10h–, telefoneó a los presidentes de Bielorrusia, Kazajstán y Uzbekistán –a las 13h30– y les recordó que ellos también habían tenido que enfrentar revueltas estimuladas por los occidentales y que habían logrado salir victoriosos. Les hizo saber que Rusia no daría ni un paso atrás y los invitó a redoblar la vigilancia en sus propios países.

La oposición rusa en el exilio –o sea, la que cuenta con el apoyo de Occidente– llamó a iniciar un «cambio de régimen» en Moscú. El oligarca Mijaíl Jodorkovski, arrestado por evasión de impuestos en 2003, cuando iniciaba una intentona golpista [3], afirmó a través de Twitter que la rebelión de Prigozhin demostraba que Putin podía ser derrocado y que todos debían prepararse para ese momento. Lo mismo hizo el ex campeón de ajedrez Garry Kasparov, quien en su momento apoyó a Boris Yeltsin. Kasparov parece haber creído que le había llegado el momento de la revancha. Desde su prisión en Siberia, Alexei Navalni proclamó su apoyo al movimiento.

Esos tres individuos –Jodorkovski, Kasparov y Navalni– son las tres principales cartas de Occidente en Rusia. Pero, aunque numerosos medios de difusión internacionales les atribuyen altos índices de popularidad, lo cierto es que ninguno de ellos es popular entre los rusos, no más que los jefes de la oposición proestadounidense en Libia o en Siria, durante las guerras de Occidente contra esos países.

Esos tres personajes denuncian la intervención rusa en Ucrania como una “injerencia imperialista”, llaman al cese de las hostilidades y afirman que los dirigentes rusos tendrían que ser juzgados por un tribunal penal internacional. Al inicio de la operación militar especial rusa en Ucrania, fundaron en Lituania un “Russian Action Committee”, sin hallar eco en su propio país.

Para sorpresa de todos, la rebelión se terminó aquella misma noche –a las 20 horas, hora local– sin que nadie supiese qué tipo de acuerdo había firmado Prigozhin. Todo sucedió en 18 horas, demasiado poco tiempo para que los servicios secretos de ninguna de las partes lograsen concretar sus objetivos respectivos.

En todo caso, Occidente movilizó a sus agentes bielorrusos. Svetlana Tijanovskaya, la candidata perdedora de la última elección presidencial en Bielorrusia, creó un gobierno en el exilio, como planeaba hacerlo desde el 24 de febrero de 2022 –al inicio de la operación especial rusa. Tijanovskaya fue recibida por las autoridades de la Unión Europea, que sin embargo pusieron especial cuidado en no reconocer su gobierno títere.

Los servicios secretos ucranianos han afirmado que Prigozhin está ahora en la lista de personas por liquidar del FSB ruso. Se trata, evidentemente, de un intento de desinformar –en realidad, el presidente Putin prometió que Prigozhin no será perseguido.

Por su parte, The Moscow Times, diario proestadounidense publicado en Ámsterdam, aseguró que el general Serguei Surovikin fue arrestado como cómplice de la rebelión de Prigozhin. Surovikin fue simplemente interrogado por el FSB ya que era miembro honorario de Wagner desde que sirvió como comandante de las fuerzas rusas en Siria.

[1] «La estrategia de Occidente para desmantelar la ‎Federación Rusa», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de agosto de 2022.

[2] «La rebelión de Evgueni Prigozhin», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 27 de junio de 2023.

[3] «Bush, Jodorkovski & Associates», Red Voltaire, 28 de diciembre de 2003.

Publicado en: Global

Cuba. 70 aniversario del asalto al Moncada: Santiago de Cuba será sede del acto central del 26 de Julio

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Insurgente.org

 

El Buró Político decidió otorgar además la condición de destacadas a las provincias de Cienfuegos y Sancti Spíritus, y extendió una especial felicitación a todo el pueblo de Cuba en ocasión del Día de la Rebeldía Nacional

El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista acordó otorgar la sede del Acto por el aniversario 70 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el próximo 26 de julio, a la provincia de Santiago de Cuba.

Como expresara el compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, en una visita reciente al territorio: Santiago de Cuba no solo merece ser sede del acto por su historia, sino también por sus resultados.

En el análisis realizado, la dirección del Partido fundamentó la decisión en los avances de la provincia en los ámbitos políticos, económicos y sociales.

A la par, el pueblo santiaguero ha participado activamente en los procesos políticos desarrollados, y ha demostrado el respaldo popular a la Revolución en el cumplimiento de tareas de gran importancia para la nación.

La provincia presenta resultados favorables en el Programa de Autoabastecimiento Territorial; cumple con los planes de siembra de cultivos varios y mantiene estabilidad en su distribución. Se destaca en la contratación de productos de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar, sobrecumple el plan de circulación mercantil minorista y muestra indicadores positivos en el uso racional de la energía.

Refleja estimulantes logros en programas de amplio alcance social relacionados con la educación, la salud, la cultura y el deporte, así como en la transformación digital y en los servicios y trámites a la población mediante el gobierno electrónico.

El Buró Político decidió otorgar además la condición de destacadas a las provincias de Cienfuegos y Sancti Spíritus, por su estabilidad y avance en las principales tareas. Asimismo, reconoció los resultados en este período de las provincias de Ciego de Ávila y Matanzas.

El buen desempeño de estos territorios no significa, en modo alguno, que en ellos no existan problemas, pero se distinguen por la manera en que los enfrentan con el objetivo de superarlos y avanzar.

El Buró Político extendió una especial felicitación a todo el pueblo de Cuba en ocasión del Día de la Rebeldía Nacional y expresó su más profundo reconocimiento por los extraordinarios ejemplos de entrega y compromiso con la Patria frente a las complejas circunstancias que afronta el país.

La conmemoración del aniversario 70 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes constituye un hito para la continuidad histórica de la Revolución Cubana. Al rendir homenaje a la Generación del Centenario y a la gesta del 26 de Julio, reafirmamos la inclaudicable decisión de seguir forjando la unidad en las ideas de Martí y Fidel, para enfrentar y vencer todos los obstáculos.

Publicado en: AmericaLatina

Primera Ministra barbadense exige fin de sanciones a Cuba y Venezuela

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Diario Octubre

 

Caracas | La primera ministra de Barbados, Mia Monttley, exigió ayer aquí el levantamiento del bloqueo y de las sanciones coercitivas unilaterales contra Cuba y Venezuela.

Tras la firma de acuerdos con el presidente Nicolás Maduro en materia de servicios aéreos y soberanía alimentaria, en el Salón Simón Bolívar del Palacio de Miraflores (sede del Gobierno), la gobernante caribeña recordó al comandante Hugo Chávez (1954-2013) y el surgimiento de Petrocaribe.

                                                                   

Destacó que esa alianza petrolera marcó la diferencia a muchos países del Caribe, y aunque ellos no se unieron a este proyecto en su momento, “pudimos ver como benefició a los vecinos”, al permitirles invertir en proyectos sociales, de capital y utilizar esos recursos en ámbitos fundamentales de la población.

La Primera Ministra reconoció los esfuerzos de la República Bolivariana por hacer renacer y fortalecer Petrocaribe, lo cual, opinó, será recibido con beneplácito por toda la región, incluido Barbados.

Señaló que las sanciones han evitado que “nos aprovechemos de esto como ustedes esperaban” y los países del Caribe oriental y del sur.

Monttley abogó por la creación de oportunidades para los negocios, el comercio, pero para que ello ocurra, afirmó, debemos exigir que “se retiren las sanciones, que el bloqueo contra Cuba se levante, que tiene décadas”.

La gobernante remarcó que esas sanciones contra Cuba y Venezuela solo sirven para desestabilizar la región, y lo último que requerimos hoy, apuntó, es que haya inestabilidad, “porque si en un momento debemos trabajar juntos es ahora”.

Al referirse a la declaración conjunta firmada junto a Maduro, manifestó que revela nuestra necesidad absoluta como miembros del hemisferio de trabajar unidos para enfrentar las distintas crisis y, en especial, lo que más importa a la gente: la inseguridad alimenticia y de agua, que son temas que afectan a la población.

El jefe de Estado bolivariano calificó de maravillosa la jornada de trabajo junto a la distinguida visitante, en la cual trataron muchos temas y exploraron otros como la nueva fase de existencia de Petrocaribe y las nuevas fórmulas que van surgiendo para reactivar este mecanismo.

Más temprano que tarde veremos un reverdecer de Petrocaribe y de toda la región, con la suma de otras opciones como la petroquímica y el gas, comentó, y expresó que, si en una primera etapa esa alianza resultó exitosa, “estoy seguro que podemos recuperarnos”.

Petrocaribe entrará en una nueva fase integral y esplendorosa, enfatizó.

El mandatario felicitó a la Comunidad del Caribe por sus 50 años, cumplidos el pasado 4 de julio, y agradeció al bloque caribeño por el pronunciamiento contundente para que se levanten las sanciones contra Venezuela.

Publicado en: AmericaLatina

ONGs denuncian ante la ONU que España incumple la Convención contra la Tortura

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Diario Octubre

 

Una vecina de Córdoba sufrió la rotura de los huesos de la nariz durante una detención; la denuncia fue aceptada –en diciembre de 2019- por el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas (CAT); “cuando fue detenida, explicó la Asociación Pro DDHH de Andalucía (APDHA), la detenida no presentaba lesión alguna, pero sí a la salida de la propia comisaría, donde hubo de ser recogida por una ambulancia a la que tuvo que llamar la afectada, tras negarse la Policía a ponerse en contacto con los servicios sanitarios” (comunicado 30 junio 2023).

Tras la resolución del CAT, la Audiencia Nacional condenó en mayo de 2022 al Estado español al pago de una indemnización de 3.000 euros a la víctima, por “trato policial degradante” y el incumplimiento de la obligación de asegurar asistencia médica a la persona reclamante.

Pero la sentencia de la Audiencia Nacional fue revocada el pasado 27 de junio por el Tribunal Supremo, por lo que la APDHA –que ha acompañado jurídicamente a la persona denunciante- informó sobre la presentación de un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional.

Una investigación relevante es la de Amnistía Internacional (AI) publicada el 13 de junio para someterla a la consideración del CAT –en su 77 sesión (julio 2023)-, en relación con el informe periódico presentado por el Estado español sobre la implementación de la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o degradantes de Naciones Unidas.

Entre los puntos abordados por AI, figuran las expulsiones y medidas de control migratorio por parte del Estado español; por ejemplo, en junio de 2022, la devolución sin garantías de (al menos) 470 ciudadanos procedentes del África Subsahariana a través de la frontera de Melilla; se menciona, asimismo, la expulsión del territorio español del activista y exmilitar argelino Mohamed Benhalima (marzo de 2022), “a pesar de los numerosos informes que indicaban que existía un riesgo real de que pudiera ser sometido a tortura” en Argelia.

AI señala, además, la “ausencia casi absoluta” de investigación sobre los casos de desaparición forzada y torturas perpetrados durante la Guerra de 1936 y el franquismo (por ejemplo tras la aprobación de la Ley de Memoria Democrática –en octubre de 2022-, el juzgado de Ferrol archivó en abril por prescripción la querella por el asesinato en esta ciudad –en 1975 y por efecto de los disparos policiales- del militante antifranquista Moncho Reboiras).

Otra referencia del informe es el uso de las pelotas de goma por los agentes policiales; así, la Campaña Stop Balas de Goma detalla, en el periodo 2000-2017, la muerte de una persona por el impacto directo de estos proyectiles (el seguidor del Athletic de Bilbao Iñigo Cabacas a causa de un pelotazo de la Ertzainza en 2012) y el caso de 11 que perdieron la visión en un ojo.

Ante la presentación del séptimo informe periódico, los días 20 y 21 de julio en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, 14 entidades de la sociedad civil han remitido al CAT un documento de más de 80 páginas con “las principales vulneraciones que ha cometido el Estado (español)” como país firmante de la Convención contra la Tortura.

Se trata del denominado Informe Sombra, presentado por el Centro Sir[a], Iridia, Institut de Drets Humans de Catalunya, AI-España, APDHA, APDH-España, Mundo en Movimiento, Centro de Documentación de la Tortura (CDDT), Salhaketa Nafarroa, Observatori del Sistema Penal i els Drets Humans, Solidarity Wheels, SOS Racismo, La Comuna y Sanfermines 78: gogoan.

Las organizaciones resaltan cómo “en reiteradas ocasiones se han documentado malas prácticas en el uso de las defensas o bastones policiales, al constatar golpes de arriba bajo y el impacto en zonas vitales del cuerpo, como la cabeza (…)”; y respecto a los mecanismos internos de control de las acciones policiales, “no son suficientemente independientes ni eficaces”.

Además el Informe Sombra señala el “creciente número de casos de violencia policial por motivos racistas en el país” (SOS Racismo ha denunciado “numerosos casos” de abuso de la fuerza, por ejemplo el pasado 15 de abril en el barrio de Lavapiés de Madrid); los agresiones de los policías se producen, en ocasiones, después de insultos como “moro” o “sudaca de mierda”; las ONG han denunciado públicamente “numerosos casos” de redadas por perfil étnico o racial.

El reporte se hace eco, asimismo, de testimonios recogidos por la asociación Solidary Wheels sobre el “trato cruel, inhumano o degradante y tortura con resultado de muerte por parte de las fuerzas marroquíes y españolas en el intento de llegar a Melilla, ya sea en el puerto de Beni Enzar o en el trayecto en mar”.

Las 14 organizaciones concluyen que el Estado español ha sido objeto de 12 condenas por parte del Tribunal Europeo de DDHH (TEDH), “por no investigar las alegaciones de tortura”; pese a ello, añaden las entidades, no se han producido avances importantes en este punto.

En uno de los apartados del Informe, de 2022, del Defensor del Pueblo (Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura) se hace referencia a las posibilidades de una investigación aclaratoria; según la Defensoría, “no hay canales de denuncia reales, efectivos, confidenciales e independientes que permitan a las personas privadas de libertad denunciar malos tratos y estar protegidas ante posibles represalias”.

Una aproximación cuantitativa es la realizada por el Instituto Vasco de Criminología (IVAC), en diciembre de 2022, para el caso de Navarra: 891 personas denunciaron haber sufrido torturas y otros malos tratos en la Comunidad Foral, durante el periodo 1960-2015; si se toma como referencia el periodo 1960-1978, la cifra es de 215; mientras que 676 personas denunciaron estas prácticas entre 1979 y 2015.

En el caso del País Vasco, otra investigación del IVAC, de 2017, señaló que entre 1960 y 2014 fueron 3.415 las personas que realizaron una denuncia pública y/o judicial de torturas o malos tratos por parte de las fuerzas de seguridad. El informe del Instituto vasco detalla que, entre 1979 y 1992 se produjeron 20 sentencias firmes del Tribunal Supremo, con 11 sentencias condenatorias a la Guardia Civil y nueve a la Policía Nacional; en estos casos, “se demostró la práctica de torturas brutales contra personas detenidas, y que se dieron en los mismos centros de detención”.

Publicado en: Europa

Reseña de Unamuno, Azaña y Ortega. Tres luciérnagas en el ruedo ibérico (Vision Libros, 2022), de Raimundo Cuesta Fernández ¡Disfrútenlo!

02/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jesús Baigorri Jalón

Si es correcta la etimología vasca, Unamuno (1864-1936) [unanu – muno] significaría “Colina de los Asfódelos o Gamones”, un entorno apropiado para las luciérnagas en ese paisaje “verde como las montañas de mi tierra” (cita de don Miguel).

Para llamarse Azaña (1880-1940) la trayectoria histórica de don Manuel es más bien la de un desdichado antihéroe.

La redondez de la O de Ortega (1883-1955) es reflejo de un ego rotundo encaramado en la cumbre del Olimpo.


Introducción

Raimundo Cuesta es un ejemplo de cómo se puede crear escuela (con amplia proyección no solo en España sino también en América Latina) y hacer investigación muy valiosa desde varias periferias. En primer lugar, la geográfica en un Sur alegórico de Europa: el de De Sousa Santos, de Reyes Mate y de la balsa de piedra de Saramago. Pero también desde otras periferias: la del investigador independiente, es decir, dejado a sus propios medios, sin otras plataformas que las que ha creado él, junto con otros colegas, a la orilla de ciertas torres de marfil académicas. Afortunadamente, Raimundo está dejando plasmada buena parte de su patrimonio intelectual en formato escrito, que son esas piedras tiradas en los estanques que (según recuerda Gianni Rodari en su Grammatica della fantasia) crean ondas concéntricas de efectos muy variados y en su caso, muy provechosos. Eso es lo que ha hecho Raimundo a lo largo de su vida profesional y postprofesional. Lo sigue y lo seguirá haciendo.

Raimundo piensa, lee y escribe mientras explora, pandemia mediante, esos entornos urbanos y periurbanos en los que se solaza, a menudo junto al Tormes, quizá porque esa vega le trae ecos remotos de los valles cántabros donde se crio. Va siempre pertrechado de un zurrón en el que dan prueba de conllevanza rotuladores de distintos colores, un cuaderno de bitácora, y siempre, los libros, que disecciona con estilete de forense, a juzgar por las profusas anotaciones y subrayados con las que los ilustra.

El porqué de estas reflexiones

Escribo estas notas como consecuencia de una historia de amistad con Raimundo desde hace unos 45 años, un tiempo que merece una T mayúscula en el que hemos compartido escenarios muy diversos, desde mis comienzos en el Fray Luis de León, donde él había empezado antes. Entre las muchas experiencias comunes, traigo a colación aquellas escuelas de verano en Madrid en torno a 1980, la escapada a Londres donde visitamos algunos museos y la Royal Historical Society y donde nos hicimos la foto canónica ante el busto gigantesco de Marx en el cementerio de Highgate, donde Marx esbozó una sonrisa al ver por fin a Raimundo posando a su lado. También los seminarios en el ICE de la Universidad de Salamanca, donde nos acogió como solo él sabía hacerlo José Luis Cabezas, por los que pasaron muchos geógrafos e historiadores para compartir sus investigaciones y sus ilusiones. Éramos mucho más jóvenes los dos y también Guillermo Castán y Manolo Cuadrado, el núcleo originario del Grupo Cronos, al que se unieron Félix Gómez y Ramón Jaime López. Me tocó varias veces divulgar con Raimundo la obra de Cronos en plazas muy distintas, aunque no siempre tuve la suerte de degustar un cabracho delicioso, como el que nos preparó su madre en Santander. Después, para Raimundo, vendrían Fedicaria, Con-Ciencia social, sus libros y sus numerosos artículos de reflexión sobre la historia y su enseñanza, de todo lo que llevo aprendiendo muchos años.

Mis dos lecturas del libro

Es un privilegio que alguien te confíe el manuscrito de su obra para que le des tu opinión, porque es una prueba segura de amistad, que sé que Raimundo comparte con otros lectores del borrador. Pero en mi caso también es un reto y no solo por el procesamiento de los contenidos. Soy incapaz, por deformación profesional desde mi época de redactor de actas literales en la ONU, de dejar pasar las erratas orto-tipográficas o de otro tipo cuando las veo, máxime si creo que esa labor – ingrata, como sabrán quienes la hayan practicado con lupa alguna vez – le puede resultar útil a un amigo.

Esa tarea, que consiste – por parafrasear la referencia de Cervantes a la traducción en el Quijote – en mirar el envés del manuscrito, me llevó horas y días tratando de recortar hilos y de arreglar puntadas con el ánimo de mejorar el producto en su aspecto y, muy poco, en su fondo. Esa primera lectura fue en la pantalla de mi ordenador. Gran paradoja la de utilizar una forma de leer somera (como sostiene Nicholas Carr cuando reflexiona sobre lo que provoca Internet en nuestros hábitos lectores) para abordar un texto de una gran profundidad de pensamiento, que merece una lectura sosegada y, desde luego, en papel.

He podido comprobar en la segunda lectura que, pese a la minuciosidad microscópica de la primera, hubo erratas que se me pasaron por alto. La perfección no es virtud de los humanos, por más que nos arroguemos el dominio de una era, el Antropoceno, que, con echar una mirada a nuestro alrededor cercano y lejano, merece más bien el apelativo de Antropocenutrio. He observado también que, como corresponde a la aserción inquebrantable de su autoría, Raimundo ha hecho caso omiso de algunas modificaciones que le sugerí.

La segunda leída, menos onerosa y más grata que la primera, cuando el libro estaba aún en germen, ha sido en papel, pero no en el formato de libro, sino de un volumen de 557 páginas en A-4 que el autor me proporcionó encuadernado en canutillo y, consciente de nuestra presbicia, con tipo de letra grande. En esta segunda etapa he podido apreciar de forma cabal su ingente capacidad de depurar mediante un análisis profundo y crítico miles de páginas escritas por las tres luciérnagas y por otros muchos que han opinado sobre ellas. Este es uno de los grandes valores del libro, el favor que nos hace transmitiéndonos destilada esa enorme masa de información, que tiene poco que ver con la manera en que nos llegan los datos brutos, en más de un sentido, a través del llamado ciberespacio, no del todo imposible de identificar cuando lo miramos a través de la lente, nunca mejor dicho, de las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), a las que quién sabe si no acabaremos equiparando a los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Según decía Azaña, “si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar”, de modo que quizá sería prudente detenerme aquí, pero voy a aventurarme a hacer algunos comentarios más.

La obra narra un período de la historia de España a través de las tres vidas y escritos de sus protagonistas. Raimundo lo hace interpretando las posiciones de los actores desde su perspectiva y por tanto desmarcándose con firmeza de las versiones revisionistas de ciertos opinadores que se apropian de su historia. Los tres “protagonistas prototípicos” (como llama el autor a sus luciérnagas) son hijos de su tiempo. Sus vidas se solaparon en un período clave de la historia contemporánea española – y también mundial, aunque esta se conjugara con características particulares en España. Acontecimientos como el 98, la guerra colonial, el despertar del movimiento obrero o de los nacionalismos periféricos se interponen en la fase de modernización de la que ya empezaba a ser sociedad de masas, a causa de lo cual se debate sobre qué sea la modernidad, se ponen en solfa las estructuras políticas de la Restauración y se mantienen muy frágiles las libertades. Es el período en el que se va consolidando en España, como en otros países, la función del intelectual como cincelador de una incipiente opinión pública orientada a la concienciación política. Cada uno lo hace a su manera. Ortega llega a crear un partido político de intelectuales, una aristocracia del saber, que, por organizado, causaba sarpullido en el individualismo de Unamuno, cuya Arcadia se reducía a su yo de aristas agudas, a imagen de las que genera la papiroflexia, que tan asiduamente practicó. Los tres protagonistas navegaron por las aguas turbulentas de la historia de España entre los cataclismos del 98 y de la Guerra Civil. Esta significó para Azaña, “sacrosanto icono político de la República y del Frente Popular” “la muerte a fuego lento”, que se consumaría poco después en el exilio francés, y para Unamuno la muerte física el último día del año 36. Solo a Ortega le tocaría lidiar con el franquismo, de cuya faena no sale en el libro por la puerta grande.

El libro se encuadra en el género del ensayo biográfico, sobre el que Raimundo reflexiona en varios lugares de la obra. “Ciencia sin prueba explícita” definía Ortega al ensayo, como medio de divulgación, que, junto con la prensa escrita y con las reuniones ateneístas, entornos que los tres frecuentaron, permiten tal vez perfilar el daguerrotipo de la intelectualidad de la época.

Las tres biografías son contextualizadas, es decir, que entremezclan, como corresponde, la vida privada con la pública, porque son indisociables, máxime en los casos que analiza y, muy en particular, en el de Unamuno, que se ocupó más que nadie de estudiar y describir su propia vida. Precursor de la literatura del yo, se busca a sí mismo, como su personaje Augusto busca a su autor todopoderoso, y con él dialoga en Niebla, una obra que estrenamos a comienzos de los 70 los componentes del grupo de teatro universitario Penélope, donde Emilio de Miguel mostraba desde entonces su inclinación por la escena y su enorme valía teatral, ganando el Premio Nacional al mejor actor, y de paso al mejor grupo escénico en una actuación, memorable para nosotros, en el teatro Campoamor de Oviedo.

En el apéndice reflexivo que introduce al final del capítulo sobre Azaña señala Raimundo que la biografía de alguien no consiste en la descripción de un todo unitario ya dado, sino en el relato de sus cambiantes y dinámicas actuaciones. Así lo pone en práctica no solo en la descripción de cada personaje suelto, sino entreverando a menudo las tres biografías y pasando, con una soltura a la que se acostumbra el lector casi desde el principio, de la retrospectiva a los saltos hacia delante en su narración. Una conclusión a la que llega Raimundo respecto a su análisis y que da idea de la complejidad de tejer el relato es que en los tres casos encuentra muchos planos diferentes: “son muchos los Unamunos susceptibles de ser encontrados dentro del bastidor del personaje modelado por él, por la percepción de sus coetáneos y por la nuestra”; “son muchos los Azañas discernibles”. Y, refiriéndose a Ortega, agrega otro pensamiento sobre el género biográfico, “desafío biográfico” lo llama, “siempre envuelto en una imposibilidad, pues allí concurre un cruce inextricable de acciones y omisiones que flotan al albur de un itinerario vital sin dirección fija ni destino preconcebido”, para concluir que “en esa captación del inasible dinamismo del yo reside el arte de la biografía”.

Esta obra es también un testimonio de cómo fue posible – y lo sigue siendo – pensar en español, que es precisamente el título de un libro de Reyes Mate publicado en 2021 por Catarata, donde sostiene el valor del español como Weltsprache, es decir, idioma mundial o, en adjetivación más modesta para no ofender al inglés, cosmopolita. Que las voces de los tres tenores del libro tengan eco desde el ruedo ibérico en el extranjero es una muestra del alcance de su pensamiento en el plano internacional. Y que los tres tengan algo que ver con la traducción es indicativo también de la importancia de las lenguas y de su geopolítica. Unamuno y Azaña tradujeron en distintos momentos de sus trayectorias como modo de obtener ingresos, quizá a veces con menos oficio del necesario. Azaña tradujo quince libros, once del francés, con cuya cultura sintió intensa afinidad, y cuatro del inglés. Casi todas estas traducciones fueron publicadas en dos bloques cronológicos (de 1918 a 1921 y luego el año 1930). Unamuno tradujo 13 volúmenes del inglés y al menos 4 del alemán (de 300 a 350 páginas de promedio y algunos de más de 500 páginas), pero tradujo también del italiano, portugués, catalán y hasta del danés. Fue sobre todo antes de 1900, en una etapa temprana de su vida, y apenas se refiere después a sus traducciones. Julio César Santoyo atribuye los errores que encuentra en ellas, a la prisa – traducir diez páginas diarias es una temeridad – y también, en ocasiones, a la incomprensión del sentido original. Por otro lado, Ortega es el intelectual español más leído, publicado y traducido del siglo XX. Él no se dedicó a la traducción (su mujer Rosa Spottorno sí tradujo algo), pero escribió en 1937 una conocida serie de artículos, Miseria y esplendor de la traducción, que recoge en buena medida la corriente traductológica hermenéutica alemana de Schleiermacher. Esas páginas, muy citadas, contienen un conjunto de ideas sueltas y de opiniones en buena medida contradictorias sobre el oficio de traducir. Aunque en el libro no trata de esas cuestiones traductológicas, Raimundo sí recoge que Ortega intervino en la interpretación de la disertación de Einstein en su visita a la Residencia de Estudiantes en 1923. En aquel ejercicio demostró de forma palpable aquello que para él significaba la traducción (oral en este caso), según lo veo yo: una manera de poder retorcer el discurso del orador para acercarlo a su propia forma de pensar, de modo que la teoría de la relatividad de Einstein devino más bien “la relatividad de su teoría”. Einstein no entendía español, así que no pudo juzgar, pero es una forma de proceder que consideraría heterodoxa cualquiera que conociera entonces o que conozca ahora las claves del oficio de interpretar. Raimundo describe cómo Ortega se alineó con distintos enfoques de la filosofía alemana y cómo incluso, traducido a esa lengua, llega a competir en su terreno, reconociendo siempre, al decir de Heidegger que pensar en alemán (o en griego) es lo que más aproxima a una filosofía de verdad. Pero Ortega no escribió en alemán, sino en español.

Conclusión

“Toda lectura es un acto de selección”, dice Raimundo en la introducción. También toda escritura lo es y, en ese sentido, creo que la longitud del libro supera las expectativas. Definitio est negatio,como tuve ocasión de decirle en mis comentarios finales tras la lectura decorticada del borrador. Pero también es cierto que el libro admite una lectura por partes, es decir, por personajes, lo que equivale a leerse tres libros en vez de uno. Por eso, como lector medio, sigo pensando que la obra habría ganado con algunas propuestas que le hice: desde la reducción de su dimensión, por ejemplo, suprimiendo reiteraciones, hasta modificando el formato de determinadas citas, que habría desahogado el tamaño de algunos párrafos. También le sugerí que algunas fotografías, a las que hace referencia a veces, habrían servido para ilustrar momentos distintos de las vidas de sus personajes.

Una prima añadida a la lectura del libro es que los lectores aprenderán expresiones y vocabulario que no se utilizan todos los días. Les revelo un par de detalles anotados en mi primera lectura. La frase “si uno se pone a excogitar el subitáneo ataque orteguiano de extremismo un tanto estentóreo” provocó mi siguiente comentario al margen: ¡coñes! Y cuando, en el entorno de la discusión en las Cortes del Estatuto catalán Raimundo introduce la cita de Ortega con el siguiente mandoble: “Aquí estalla el olímpico y racional Ortega que vibra colérico ante la inverecundia y avilantez de sus adversarios”, solo se me ocurrió una tímida llamada a la moderación.

Termino diciendo que, si tuviera que proponer uno de esos eslóganes comprimidos que piden las editoriales para la promoción de un libro, diría algo así: “Con una estructura orgánica, que proporciona armonía a unos personajes por definición polifónicos, plurales y a menudo divergentes, el libro de Raimundo Cuesta posee una indudable utilidad para estudiosos de la historia cultural en un período clave de la historia de España”. ¡Disfrútenlo!


Nota

Este texto de Jesús Baigorri Jalón, miembro del Grupo Alfaqueque de la Universidad de Salamanca, es una versión ligeramente modificada de la intervención del autor de la reseña en la presentación del libro en el Centro Documental de la Memoria Histórica, en Salamanca el 28 de junio de 2022.

Publicado en: Cultural, Titular1

El simbolismo de Allende que Evo y Álvaro no logran comprender

02/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Javier Larraín  

 

No son los hombres los que hacen la Historia,
es la Historia la que hace a los hombres
o a las figuras o a las personalidades.

Fidel Castro

I

En la emisión del pasado 27 de marzo del programa Detrás de la verdad, ante una pregunta del periodista Junior Arias, referida a la salida del país de Evo Morales en plena crisis golpista en noviembre de 2019, Álvaro García Linera respondió:

“El año 1973, en septiembre, el presidente mártir Salvador Allende resiste en La Moneda la traición de sus Fuerzas Armadas –que hacen un golpe de Estado–, y murió. ¿Y hasta cuándo se quedaron los militares? Hasta el año 90; y su Constitución hasta el día de hoy.  El Presidente, heroico, se inmoló. ¿El resultado? 40 años de neoliberalismo violento, destructivo. ¿Eso queríamos de Evo?”

En la misma línea, en su programa dominical por Radio Kawsachun Coca, este 18 de junio, Morales, a fin de abordar el asunto ya mencionado, también tomó como ejemplo el actuar del exmandatario chileno, apuntando:

“Ha habido una lucha dura para salvar la vida de Evo y de muchos hermanos de Bolivia. ¿Qué dijo la derecha? ‘El cobarde Evo se escapó’. Algún compañero nuestro dijo también que se escapó, y un ministro dijo que debería dar su vida como Allende, como Marcelo Quiroga Santa Cruz, porque eso es ‘Patria o Muerte’. […] Acabaron con la vida de Salvador Allende en Chile y allí ya no hay socialismo.”

II

El 11 de septiembre de 1973, a poco menos de dos horas de que la Fuerza Área de Chile con aviones Hawker Hunter lanzara los cohetes “rockets” a La Moneda, Salvador Allende, acompañado de sus escoltas y amistades más cercanas y leales, por Radio Magallanes se comunicó por última vez con su pueblo:

“[…] En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato consciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas.

En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La Historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La Humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.

Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta patria.

[…] Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”

III

La Historia, esa con H mayúscula, como reflexionó con claridad Fidel Castro en la actividad de clausura de la «Conferencia Mundial Diálogo de Civilizaciones. América Latina en el siglo XXI: Universalidad y Originalidad», llevada a cabo La Habana el 30 de marzo de 2005, se caracteriza por al menos tres tendencias. Y cito:

“Los grandes acontecimientos históricos son producto de las crisis”;

“Del pueblo salen los jefes y, sobre todo, en los procesos de grandes crisis sociales”;

“La Historia está hecha de una serie de acontecimientos y avanza de etapa en etapa. […] Cada una de esas etapas fue creando valores, cada una de esas etapas fue creando culturas que se iban sumando”.

IV

En el prólogo al libro del agudo escritor argentino Alejo Brignole, Los combates y las ideas, haciendo una apretada síntesis de esa “historia de la Humanidad o historia de la lucha de clases” de la que hablara Marx en el Manifiesto del Partido Comunista, destaqué:

“[…] basta dar una mirada más o menos detenida de la Historia para notar que durante decenas de siglos hombre y mujeres de todos los colores y estaturas, así como naciones enteras, han luchado porfiada, revoltosa y dignamente ‘para subir la cuesta del gran reino animal’.

Así nos conmueven en la Antigüedad las tempranas batallas emprendidas por el espartano Agis y las reformas de su coterráneo Cleómenes; el grito desesperado de Esquilo y su Prometeo; la secesión de los plebeyos que en un acto bien ejecutado abandonaron Roma y se marcharon al Monte Sacro; los reclamos de los Graco y las peleas de esclavos sirios y macedonios, también los de Apulia y Sicilia, contra la República romana, a la cabeza de Enno y Cleón, de Salvio y Artenión, como antesala de la odisea de Espartaco y Crixo.

Las fuentes de esas épocas nos emocionan con las labores de los esenios y de los cristianos primitivos, perseguidos estos últimos despiadadamente por Nerón, pero victoriosos en el tiempo, imponiendo la ideología de los pobres y perseguidos a todo un Imperio.

Con el paso de los siglos se despliegan las revueltas aldeanas en Inglaterra con John Ball; las sublevaciones sociales en Alemania y la acción de Thomas Müntzer; las utopías de Moro y Campanella; el bravío actuar de los jacobinos; la ‘conjuración de los iguales’; la búsqueda de Charles Fourier, Saint-Simon y Owen; la intrepidez de Blanqui y Babeuf; la Liga de los Justos y el levantamiento del 48; la Primera Internacional y la Comuna de París; los rusos populistas y pronto los comunistas liderados por Lenin. En fin…

A la par de esos personajes y acontecimientos, en ‘nuestra mayúscula América’ y haciendo frente a la invasión europea sobresalieron por su inteligencia, brío y fiereza Lautaro y Hatuey, Túpac Amaru I; la humanidad de Fray Bartolomé de las Casas; después apuntalados por la rebelión de los comuneros de El Socorro y la de indígenas de Túpac Amaru II y Tupaj Katari y Bartolina Sisa; por la ‘inconfidência mineira’ de Tiradentes y la apasionante revolución de esclavos negros en Haití, conducida por Toussaint Louverture y Jean Jacques Dessalines.

Asimismo, la lucha de clases se expresó en esta parte de un continente ya independiente con la hondura de Artigas y del Dr. Francia; de Hidalgo y Morelos; del abolicionismo de Miranda, Bolívar y José Miguel Carreras; para dar saltos integradores y emancipadores con Simón Rodríguez y Francisco Bilbao; con Hostos y Betances; con el decoro de Juárez y la conmovedora obra-acción de José Martí. Con la pedagogía de Recabarren y Mella; con la decisión de Sandino y Farabundo Martí, de Guiteras y Aponte; con el levantamiento mapuche en Ranquil; con la mítica columna de Prestes; con Villa, Zapata y Cárdenas en México; con la transparencia de Árbenz, con la dignidad de Allende y los socialismos triunfantes, de los cuales la Revolución cubana, con Fidel y el Che, nos mostró cuan bien valía hacer atajos en la Historia.”

V

Salvo rarísimos casos, desde Espartaco hasta Ho Chi Minh la Historia nos conmueve, seduce y nos duele con una seguidilla ininterrumpida de acciones justicieras protagonizadas por gentes humildes prontamente frustradas por las clases dominantes de todas las eras.

Es irrebatible que la resistencia de Allende junto a su pueblo, aquel 11 de septiembre de 1973, no parió un “Chile socialista”, como el que tampoco de la rebelión de Espartaco nació una “Europa liberta” o que los sueños de los bolcheviques, tras siete luminosas décadas, fueron finalmente desalojados y se despidieron del mundo.

Pero así avanza la Historia, a tropezones…

Por eso no es justo ni honrado pretender justificar dudosas decisiones personales a costa de la relectura torcida de la actuación noble y desprendida de otras y otros.

Y no nos equivoquemos. Ni nos dejemos arrastrar al falso debate de si “vivir o morir”, porque ni Ernesto Che Guevara, ni los hermanos Inti y Coco Peredo, ni Quiroga Santa Cruz perseguían la muerte. Por el contrario, amaban y luchaban por una mejor vida, pero no exclusivamente para ellos, sino para todas y todos.

El simbolismo de Allende que Evo y Álvaro no logran comprender reside justamente ahí: en la lealtad en todo momento con los pobres de la ciudad y el campo de Chile; en no ceder su investidura pacíficamente a la traición y a la burguesía golpista y asesina; en aceptar que los procesos sociales no se deben a una persona, que todas y todos son prescindibles, porque o las y los humildes se liberan por sí mismos y en colectivo, o no se liberarán.

A medio siglo de la inmolación de Allende y las mejores hijas y los mejores hijos de la historia de Chile, no nos queda más que seguir su ruta, con la mirada puesta en el pasado y en el porvenir y aquellos bellos versos de Neruda sellados en nuestras mentes:

[…] ven conmigo,
ven con todos los que a ti se parecen,
los más sencillos,
ven, no sufras,
ven conmigo,
porque aunque no lo sepas, eso yo sí lo sé:
yo sé hacia dónde vamos,
y es ésta la palabra:
no sufras porque ganaremos,
ganaremos nosotros,
los más sencillos,
ganaremos,
aunque tú no lo creas,
ganaremos.

Javier Larraín es profesor de Historia y Geografía

Publicado en: Bolivia

Perú: Piden cambios, les dan palos

02/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Mariana Àlvarez Orellana

Más de 80 por ciento de los peruanos favorecen el cambio parcial  o total  de la constitución neoliberal vigente en el país desde hace tres décadas, mientras la defensa legal del depuesto presidente Pedro Castillo presentó esta semana una demanda ante el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas denunciando “actos de tortura permanente” contra el encarcelado exmandatario y su familia.

El Perú es una democracia en riesgo, en proceso de intervención por un congreso desaprobado por el 90 por ciento de la población, que vive un lento, soterrado y permanente golpe de estado parlamentario destinado a preparar el terreno institucional que avale un fraude electoral el 2026 y consolide, bajo pretexto de defender la democracia, un sombrío gobierno dictatorial remedo del fujimorato, afirma Rudecindo Vega Carreazo, abogado y exministro.

El ejecutivo con la servil Dina Boluarte; ya copó el Tribunal Constitucional, intervino la Defensoría del Pueblo y concretó su intervención del Ministerio Público mediante una inconstitucional inhabilitación de una Fiscal Suprema. El golpe lento congresal hasta el 2026 busca instalar, luego del 2026, una democracia vacía.

Por eso no extrañan los resultados del sondeo del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), que indican que solo 14 por ciento de los peruanos considera que la carta magna aprobada en 1993 debe permanecer sin cambio alguno.El apoyo a la opción del cambio total es mayor en las zonas rurales, en las que alcanza 52 por ciento, mientras en las zonas urbanas igual porcentaje quiere solo cambios parciales.

Solo 14 por ciento se inclinó por la opción de que la constitución sea cambiada o reformada por el desprestigiado parlamento actual. El diario La República apunta que el leve descenso del apoyo al reemplazo de la Constitución guarda concordancia con la disminución de las protestas sociales contra la nueva presidenta, Dina Boluarte, que dejaron un saldo de al menos 70 muertos registraron entre diciembre y marzo últimos.

Esas movilizaciones demandaron nuevas elecciones generales adelantadas y un referendo para convocar a una asamblea constituyente. Nuevas protestas de similar contenido se alistan para iniciarse el 19 de julio próximo. El presidente constitucional Pedro Castillo, destituido por el legislativo y reemplazado por Boluarte, incluía la asamblea constituyente en su plan de Gobierno, pero la mayoría parlamentaria opositora bloqueó la posibilidad de convocar un referendo sobre el tema.

Mientras, la desaprobación de la gestión de Boluarte supera el 77 por ciento y la del Congreso raya el 85%.

Pese a ello, luego de una marcha en Lima para exigir su renuncia, en lo que parecía un reinicio de las incesantes protestas de principios de año, Boluarte señaló a la prensa que “el tema del adelanto de las elecciones ya estaría cerrado” y que ella “seguirá trabajando hasta julio del 2026”.  Se retractó de su propuesta de finales enero de acortar su periodo y adelantar los comicios a 2024 en un intento para atemperar las persistentes movilizaciones en su contra y en contra del parlamento.

Asimismo, el  arribo de tropas de EEUU genera zozobra en Perú por el contexto de preparativos de protestas sociales y por los antecedentes intervencionistas de Washington. El Congreso autorizó el ingreso de tropas militares de EEUU al territorio nacional peruano, entre el 1 de junio y el 31 de diciembre de 2023. “Luego de entregar el litio y otros recursos al extranjero, Dina Boluarte y el Congreso socavan la soberanía nacional autorizando el ingreso de tropas de Estados Unidos para ‘formación’ de policías y militares’”, declaró la ex ministra de la Mujer Anahí Durand.

La demanda de Castillo en la ONU

En el documento entregado al Comité contra la Tortura de la ONU se indica que la incomunicación absoluta le causa a Castillo y a su familia “graves sufrimientos”. No se le permite a Castillo hablar por teléfono con su esposa y sus dos hijos exiliados en México.

La denuncia pone énfasis en el daño producido a su hija Alondra, de 12 años, por no poder hablar con su padre desde que éste fue detenido por policías que le apuntaban con fusiles el 7 de diciembre, incomunicación que tiene como objetivo “castigar y escarmentar” al exmandatario “por ser opositor político de los sectores que lo destituyeron en forma inconstitucional de la presidencia”.

Esta demanda ha sido presentada por los abogados argentinos Raúl Eugenio Zaffaroni y Guido Croxatto, quienes solicitan al Comité de la ONU que ordene al Estado peruano “el cese inmediato de los actos de tortura denunciados” y que se investigue y sancione penalmente a los responsables.

Anteriormente, los abogados  habían presentado otras demandas en instancias internacionales. En abril lo hicieron ante el comité de Derechos Humanos de la ONU denunciando la violación de los derechos políticos y civiles de Castillo, y en mayo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señalaron que Castillo es víctima de una detención arbitraria.

El gobierno peruano insiste en que Castillo fue destituido y detenido legalmente por dar un golpe de Estado. Los abogados de Castillo calificaron esa destitución como ilegal y la detención como arbitraria: señalaron el expresidente no puede ser procesado por rebelión porque no hubo un levantamiento en armas,  y recuerdan las graves violaciones a los derechos humanos en la represión del gobierno de Dina Boluarte a las protestas que estallaron luego de la destitución de Castillo.

Mariana Álvarez Orellana. Antropóloga, docente e investigadora peruana, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Publicado en: Peru

Conjeturas sobre el narrar Chéjov, en voz baja

02/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Guillermo Saccomanno

 

Cuando un escritor biografía a otro suele notarse una identificación previsible. A veces, el interés por el otro puede pasar por un reflejo del estilo, borramiento de la propia personalidad, mimetización con el otro: la forma de contar deviene travestismo, ser el otro. No tanto en la data minuciosa de anécdotas y acontecimientos como en la asunción de la escritura del otro como programa. Y este, sin duda, es el caso de la biografía de Chéjov de Natalia Ginzburg (1916-1991). Es interesante, para quien ha leído entre tantas biografías la debida a Henri Troyat, investigador minucioso, comparar su trabajo de investigación con la operación narrativa de Raymond Carver en “Tres rosas amarillas”, abominable traducción de su relato “Errant”. El relato de Carver parte de la biografía de Troyat, pero se circunscribe a un recorte de los últimos momentos de Chéjov en 1904 en el hotel Sommer, en Badenweiller, en las aguas termales en la Selva Negra donde el escritor ruso procuraba un reposo de su tisis. Aunque Carver supo escribir un guión para “Dostoievski”, film no realizado por Michael Cimino, no es un profesional de la biografía, ni lo pretende. Le apasiona otra cosa: ser su discípulo. Y se centra en la figura del mandadero del hotel que asiste a la inminente viuda, su “gaviota”, la actriz Olga Knipper. Prodigio de economía retórica y sutileza, lo interesante del relato no es un aporte con nueva información sobre la agonía y muerte de Chéjov sino la puesta ficcional del estilo chejoviano, su capacidad de captar los detalles esenciales de una trama sin necesidad de detalles decorativos. Es decir, un instante de vida a través de mínimos elementos compositivos. Carver pensaba, al modo Chéjov, que si una historia puede contarse en diez palabras, para qué emplear once.

Estas reflexiones vienen oportunas al leer “Antón Chéjov, Vida a través de las letras” de Natalia Ginzburg (1916 / 1991). Su vida es comparable en desgracias a la de su venerado Chéjov. Proveniente de la burguesía acomodada, hija y nieta de militantes socialistas, nacida en Palermo fue criada en Turín. Su apellido natal era Levi y el Ginzburg que habría de adoptar sería el de su marido Leone, ruso, profesor de literatura rusa. El matrimonio se relacionó en Turín con los intelectuales antifascistas. Junto a Leone y el editor Giulio Einaudi, fundaron la editorial que nuclearía a Cesare Pavese, Carlo Levi, Elio Vittorini e Italo Calvino, entre otros. El fascio no tardó en perseguir los judíos y cernirse sobre la pareja. Leone y Natalia, junto con sus tres hijos, fueron confinados en los Abruzzos. Poco después Leone, moriría torturado en la cárcel de Regina Coeli. En los ’50 Natalia conoció a Gabriele Baldini, un profesor de literatura inglesa. De esta unión, nacieron dos hijos. Al igual que Chéjov, si una constante marcó su existencia fue el dolor. Su rostro sufrido puede verse al encarnar a María de Betania en el Evangelio según San Mateo de su amigo Pier Paolo Pasolini. Militante de izquierda, diputada del PCI en los ’80, nunca capituló en su ideario comunista. Publicó una obra reconocida por un realismo sutil, preocupada por reflejar los conflictos de su tiempo y los personales sin ser autocomplaciente. De su narrativa, en nuestro país circularon años atrás Querido Miguel, Todos nuestros ayeres y La Ciudad y la casa.

Su Chéjov está lejos de ser lo que se espera de un relato de género y tampoco se plantea como texto crítico. Va por otro lado. El del sentimiento.

Chéjov había nacido en 1860 en Taganrog, una ciudad chica a orilla del mar de Azov y murió, como se dijo, en Alemania. Su ataúd fue repatriado en un vagón de tren que cargaba ostras. A Ginzburg le bastan poco más de ochenta y tres páginas para describir cuarenta y cuatro años de una vida. Un relato austero, un tono prescindente de cualquier atisbo elegiaco, consigue captar, en tono chejoviano, los capítulos claves de una existencia corta y atormentada. El padre tabernero y borracho que lo azota con el cinto, los cinco hermanos que resultan una carga, la hermana que lo quiere incondicionalmente, el título de médico obtenido con sacrificios, la escritura como actividad secundaria que lentamente se convertirá en su principal ingreso al vender cuentos que evolucionan del aguafuertismo humorístico al dramatismo, y todo mientras atendía gratis a sus pacientes en la miseria, y su suerte incierta como dramaturgo hasta que finalmente roza una cierta fama y luego escala a la consagración mientras sostiene un amor difícil con su mujer. Todas y cada una de estas situaciones se articulan como respondiendo al mandato de un destino amargo que se va precipitando. Cuando el escritor parece a punto de zafar de un apremio económico, ahí está la familia requiriendo su ayuda. Los hermanos aparecen y reaparecen, como el padre, sombras ineluctables. Chéjov vive de los adelantos que arranca a editores que, si bien pueden resultar graciosos, son canallas. Su relación con el director Stanislavski tampoco es fácil. “En los ensayos tenía la costumbre de introducir el tic tac de relojes, el sonido de timbres y sonajeros, incluso el canto de grillos”, consigna Ginsburg. “Quería que se oyeran los ladridos de perros auténticos para dar sensación de realidad y Chéjov encontraba absurdos todos estos ruidos”. Entre sus amistades, además de Iván Bunin y Máximo Gorki, está el admirado León Tolstoi. En 1985 lo visita en su dacha de Yasnaia Poliana. De Tolstoi, Chéjov solía decir que cuando hablaba con él caía totalmente en su poder. Decía que Tolstoi era un ser extraordinario, un ser casi perfecto. De Chéjov, por entonces, Tolstoi opinaba: “Es un hombre de gran talento, de buen corazón, pero hasta ahora no me parece que tenga un punto de vista definido sobre la vida”. A Tolstoi le disgustaba su teatro, lo encontraba aburrido y sin un objetivo. En cambio le encantaban sus cuentos y lo apreciaba como un auténtico representante del alma rusa.

Hay una anécdota de Chéjov que consigna su dogma estético. Un día un amigo lo encontró escribiendo en un banco de plaza. El amigo curioseó el escrito y lo vio invadido por tachaduras. “Se conocieron, se casaron y fueron infelices”, dijo el amigo. Y le preguntó: “¿Eso es todo?”. Con su ironía Chéjov le contestó: “¿Hay algo más?”.

Potenciando el dogma chejoviano, Ginsburg construye el relato de una vida que parece responder al designio de la fatalidad. Ni piedad ni tentación lacrimógena. “No llorar, no maldecir, sino comprender”, pedía Spinoza. Y esta consigna se manifiesta en la concisión aguda de Ginsburg. En esa nouvelle tan breve se tiene la impresión de que Chéjov está a nuestro lado, que narra en voz baja, y al marcharse, callado, lo deja a uno pensando. Tal como se proponía con sus cuentos. No otro es el encantamiento que produce Ginsburg.

Publicado en: Cultural

Renta Básica Universal, la utopía de los pesimistas

02/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jason Resnikoff

Las transferencias monetarias del tipo del ingreso básico universal dicen ser una alternativa al Estado del bienestar. Pero en la mayoría de los casos son promovidas por una izquierda que abandonó la esperanza en el socialismo y una derecha hostil a la gestión democrática de la economía.

El artículo que sigue es una reseña de Welfare for Markets: A Global History of Basic Income, de Anton Jäger y Daniel Zamora (University of Chicago Press, 2023).

«¿Qué tienen exactamente en común David Graeber, Milton Friedman, Charles Murray, Yannis Varoufakis y Mark Zuckerberg?». Parece el inicio de un chiste realmente malo. Puede que el remate no sea exactamente gracioso, pero sí revelador. Aunque no comparten prácticamente nada en cuanto a sus compromisos políticos, todos han apoyado el establecimiento de una Renta Básica Universal (RBU): transferencias de efectivo o un salario proporcionado por el Estado con independencia de la situación laboral. En otras palabras, dinero gratis.

En Welfare for Markets: A Global History of Basic Income [Bienestar para los mercados: una historia global de la Renta Básica], Anton Jäger y Daniel Zamora tratan de explicar cómo un equipo tan diverso ideológicamente pudo llegar a compartir esta particular visión del estado del bienestar. Proporcionando una historia intelectual de los orígenes y la ascensión de la idea de una renta básica universal —que en los últimos años se ha convertido en uno de los principales pilares de las plataformas de reforma progresista— muestran que su amplio atractivo es prueba de un cambio tectónico en la forma en que los pensadores tanto de izquierdas como de derechas han llegado a entender tanto el Estado del bienestar como el mercado.

Resulta que la historia de la idea de una renta básica universal trata, de hecho, de mucho más que del bienestar. Mediante un cuidadoso estudio de la extraña carrera de la RBU, Jäger y Zamora demuestran cómo las premisas básicas del fundamentalismo de mercado que suele asociarse con el giro neoliberal del último cuarto del siglo XX son mucho más profundas y se extienden mucho más ampliamente de lo que la mayoría de los historiadores suelen acreditar. En lugar de la explicación estándar de las «escuelas» para el ascenso del neoliberalismo —en la que los profetas de la fatalidad descienden de las cumbres de Mont Pèlerin para difundir una filosofía de fundamentalismo de mercado—, al seguir el desarrollo del IBU como idea, Jäger y Zamora revelan cómo esa victoria ideológica fue espoleada por algo así como una reacción popular a las crisis superpuestas del liberalismo de mediados de siglo.

En esta historia, los intelectuales de todo el espectro político reaccionaron a las tensiones endémicas que atravesaban el estado del bienestar de la posguerra apartándose del principio de «la determinación colectiva de las necesidades», es decir, la provisión de prestaciones en especie, infraestructura social y burocracia. Mientras que los defensores de derechas del IBU rechazaban un Estado del bienestar social vibrante por considerar que era el primer paso en el camino hacia la servidumbre, los partidarios de la izquierda estaban en gran medida desencantados con el «paternalismo» del bienestar moderno, por lo que encontraron atractivo el paso a los pagos en efectivo: dar dinero a todo el mundo para que los individuos pudieran liberarse de los dictados de un empleador. Sin embargo, esto conllevaba la importante concesión de que el dinero, y por tanto los mercados, seguirían siendo el método central de distribución de bienes. El beneficio de una historia de la renta básica, argumentan Jäger y Zamora, es que «descentra la heurística neoliberal en favor de un giro más general del mercado». Este giro, elaboran, «también era originariamente de izquierdas y centrista, no solo una emanación de la derecha neoliberal».

Gran parte de Welfare for Markets resuena con los argumentos expuestos por el historiador Gary Gerstle en su reciente libro The Rise and Fall of the Neoliberal Order [Auge y caída del orden neoliberal]. Allí, Gerstle sostiene que el ascenso del neoliberalismo representó el establecimiento de un nuevo «orden político», o un conjunto de limitaciones ideológicas dentro de las cuales incluso los opositores al régimen vigente se ven obligados a operar. Siguiendo la trayectoria del IBU, Jäger y Zamora demuestran que esos opositores no solo han necesitado articular su oposición en términos de la retórica del nuevo orden, sino que ya han adoptado muchas de sus presunciones clave sobre la planificación social y el poder de los mercados.

Y aquí radica quizás la lección más importante en torno a los llamamientos contemporáneos a favor de un IBU. Incapaces de imaginar una sociedad en la que el Estado pudiera construir un nuevo procomún —una infraestructura que respondiera a las necesidades de la gente corriente—, los defensores izquierdistas de la renta básica han utilizado el mercado para colmar las lagunas de sus recomendaciones políticas y, lo que es más grave, de su imaginación política. Incapaces de imaginar un Estado del bienestar en el que las necesidades se determinaran colectivamente, el IBU ha permitido a sus partidarios de la izquierda refundir a los «ciudadanos soberanos» como «consumidores soberanos», ahora facultados por el Estado para participar más plenamente (y, según el argumento, más equitativamente) en las relaciones de mercado.

Una vez aceptada esta premisa, la diferencia entre izquierda y derecha se convierte en una cuestión de cantidad, más que de visión. La derecha podría reclamar la sustitución del Estado del bienestar por un mísero IBU, mientras que la izquierda podría exigir una prestación más generosa. Perdido en la discusión sobre las sumas de dinero que el gobierno debería repartir, hay un principio crucial: que quizá el propio Estado debería servir como herramienta para reordenar la sociedad sobre bases más igualitarias. El IBU es, en última instancia, como demuestran Jäger y Zamora, un producto de las bajas expectativas normalizadas por la derrota del socialismo y, con ello, de la creencia de que la política puede tener voz en las decisiones sobre la producción de bienes sociales y la organización de las relaciones sociales. O como dicen Jäger y Zamora «La renta básica se convirtió en la utopía de un mundo que había perdido la fe en las utopías».

Sin ataduras

La primera contribución importante de Jäger y Zamora a la historia del IBU es situar sus orígenes firmemente en la mitad del siglo XX. A diferencia de anteriores llamamientos a la redistribución de la riqueza (normalmente de la tierra) promovidos por personajes como Tomás Moro, Charles Fourier y Thomas Paine, la noción moderna del IBU rompió con los anteriores valores «productivistas» que presuponían que los beneficiarios habían realizado, o realizarían, algún tipo de trabajo para justificar la prestación. El IBU se distinguía de esas propuestas «centradas en el trabajo» en que se concebía como una concesión individual, universal e incondicional de dinero. Las conmociones de la Gran Depresión, la proletarización masiva y la expansión de la industrialización desacreditaron las antiguas concepciones «agrarias» y «republicanas» del bienestar, en las que el Estado, en teoría, ayudaría a los ciudadanos-productores.

Con tanta gente divorciada de los medios de producción y reproducción social, y con la amplia difusión del salario como principal medio de subsistencia, una antigua «política de la propiedad» perdió su relevancia. En su lugar surgió una concepción de los ciudadanos como, ante todo, consumidores cuya subsistencia requería una red técnicamente sofisticada de producción industrial administrada en última instancia por el Estado. Aquí, la periodización de Jäger y Zamora cuadra perfectamente con la afirmación del historiador Timothy Mitchell de que la propia noción de economía surgió al mismo tiempo, y en teoría por razones similares: comprender un mundo complejo y fragmentario dominado por las relaciones de mercado exigía ver la actividad productiva de la sociedad como un aparato único y unificado que necesitaba una gobernanza tecnocrática. No se podía esperar que un solo individuo corriente capeara la volatilidad de sus auges y colapsos. Tampoco es que los ciudadanos de a pie produjeran la economía, sino que vivían de ella.

Pero el verdadero momento de génesis del IBU, argumentan Jäger y Zamora, se produjo a principios de la década de 1940, cuando un joven Milton Friedman acuñó el término profundamente poco romántico «impuesto negativo sobre la renta». Aunque Friedman no fue el primero en concebir un salario universal, sí fue el primero en desvincularlo totalmente de cualquier obligación por parte del beneficiario (sobre todo, de cualquier suposición de que el beneficiario hubiera realizado algún tipo de trabajo).

En aquella época, Friedman aún se consideraba un New Dealer, pero en su defensa de un impuesto negativo sobre la renta podían verse los primeros indicios de lo que se convertirían en principios fundamentales de su concepción de la economía neoclásica: primero, que la pobreza era sinónimo nada más y nada menos que de falta de dinero; segundo, que el Estado carecía de la capacidad, pero sobre todo también de la autoridad moral, para planificar adecuada o apropiadamente la sociedad. En palabras de Friedman, los programas del New Deal tendían a «distorsionar el mercado o impedir su funcionamiento». El «objetivo final» del impuesto negativo sobre la renta, en cambio, era permitir a los beneficiarios «ser libres en el mercado y no del mercado». Este compromiso con el mercado se convertiría, según Jäger y Zamora, en algo parecido al pecado original de la renta básica.

Sin embargo, no sería hasta la década de 1960 y las incipientes crisis del liberalismo estadounidense de mediados de siglo cuando la renta básica se elevó a una posición de importancia primero nacional y luego internacional. Varios factores se combinaron para hacer del IBU una propuesta atractiva en aquella época. Los observadores atribuyeron erróneamente el aumento del desempleo a finales de los años 50 a una «revolución de la automatización», abriendo la posibilidad de que la economía se deshiciera pronto de una parte sustancial de la mano de obra. Este temor —combinado con el creciente número de personas que se apuntaban a la asistencia social en Estados Unidos y el redescubrimiento de la pobreza por comentaristas políticos como Michael Harrington en su obra de 1962 The Other America— hizo de la renta básica una propuesta atractiva para los reformistas.

La Nueva Izquierda desconfiaba del Estado del Bienestar por su paternalismo —lo que Herbert Marcuse denominó la «sociedad administrada»— y la recién ascendida derecha despreciaba el Estado del Bienestar porque reducía la desigualdad y planteaba una alternativa al mercado como medio para distribuir los bienes sociales. Pero el IBU todavía no era un discurso hegemónico. Aunque los libertarios y los activistas de la Nueva Izquierda podrían haber respaldado una renta básica, los gobiernos de Kennedy y Johnson no consideraban que la pobreza tuviera su origen en cualidades estructurales de la economía. Por el contrario, pensaban que las causas de la privación eran las culturas de la pobreza y la falta de formación adecuada para una serie de empleos cualificados (que supuestamente la sociedad tecnológica iba a producir en masa).

El Estado de transferencias monetarias

Hasta la administración Nixon, el IBU no encontró su defensor en la Casa Blanca. Aquí el enfoque histórico de Jäger y Zamora demuestra su poder. Teniendo en cuenta los elogios de Nixon a la ética del trabajo mientras ocupaba el cargo, su apoyo a una renta básica, denominada Programa de Asistencia Familiar (PAF), ha resultado algo misterioso entre los historiadores de los Estados Unidos de la posguerra. Tras haber fundamentado firmemente el IBU en una reverencia al fundamentalismo de mercado, Jäger y Zamora demuestran que su apoyo tiene de hecho sentido.

Por un precio —una renta básica—, Nixon podía comprar al pueblo estadounidense su compromiso con la idea de la capacidad colectiva de utilizar el poder gubernamental para rehacer la sociedad siguiendo líneas más democráticas. Aunque el PAF fracasó en última instancia, su administración impulsó un modelo de transferencia de efectivo para la asistencia social, en particular, la Seguridad de Ingreso Suplementario (SSI) y el Crédito Fiscal por Ingreso del Trabajo (EITC) para los que tenían empleo. Estos movimientos fueron precursores de una tendencia a privatizar para sustituir el Estado de bienestar por un Estado de transferencia de efectivo que persistiría a lo largo de las décadas de 1980 y 1990. Aunque Reagan recortó famosamente los programas gubernamentales de bienestar social hasta los huesos, como su reducción del presupuesto del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, las transferencias monetarias aumentaron en realidad durante su presidencia, al igual que lo harían durante los dos mandatos de Clinton.

A medida que las transferencias de efectivo se hacían cada vez más populares como solución al Estado del bienestar estadounidense, el estatus del IBU disminuía en Estados Unidos, mientras que en Europa Occidental ganaba adeptos. La causa de ello, argumentan los autores, fue un creciente «antiestatismo de izquierdas europeo y una nueva sensibilidad poslaboral». En todo el continente, amplias franjas de la izquierda habían llegado a aceptar el destino postindustrial de Occidente, provocado por el aumento de la competencia internacional facilitada por el libre comercio, como un hecho inmutable de la vida. Al parecer, el fordismo estaba perdiendo fuelle, y los intelectuales del orden de André Gorz decían adiós a la clase obrera. La proliferación de organizaciones posobreras europeas a finales de los 70 y principios de los 80 —el Consejo Holandés contra la Ética del Trabajo, TUNIX en Alemania, así como grupos franceses e italianos— atestiguó el alejamiento de la izquierda de una visión de la revolución centrada en la clase obrera industrial. En palabras del filósofo George Caffentzis, el entusiasmo en torno a la posibilidad de una renta básica revelaba «una política fracasada» cuya plataforma presumía que «a espaldas de todos, el capitalismo [había] terminado».

Por supuesto, el atractivo del IBU no se basaba en el fin del capitalismo, sino en la supremacía de los mercados. En ninguna parte quedó esto más claro que en el sorprendente giro discursivo de IBU hacia el Sur Global. La decisión de Jäger y Zamora de centrarse en el mundo en desarrollo es tan poco convencional como bienvenida. Lejos de marcar el comienzo de una sociedad posindustrial, poslaboral y poscapitalista, en India, México y Brasil el IBU demostró ser un método útil para intensificar las relaciones de mercado sin invertir realmente en desarrollo. Mientras que Julius Nyerere había sostenido que las naciones pobres no podían salir de la pobreza «sin industrialización», la ONU, el FMI y el Banco Mundial presionaron a las naciones más pobres para que adoptaran pagos de transferencia en lugar de fuertes inversiones de capital. En lugar de una política industrial para crear independencia nacional, los pagos de transferencia se convirtieron en la política a seguir en un plan de desarrollo que, en última instancia, mantendría y reforzaría las estructuras preexistentes de intercambio de mercado.

Una vez más, las mentes que estaban detrás de este cambio de política reformularon la pobreza de una cuestión de desigualdad a una de mera falta de dinero. Esto suponía que las estructuras institucionales no desempeñaban ningún papel a la hora de garantizar la distribución desigual de la riqueza. «El desarrollo como empresa dirigida por el Estado», escriben Jäger y Zamora, «pronto se disolvió en el vasto océano impersonal de las elecciones agregadas de los consumidores».

¿Era posible otro IBU?

Los puntos fuertes del enfoque histórico de Jäger y Zamora son indiscutibles. Demuestran ampliamente lo que otros solo han insinuado: la profundidad de los cambios político—económicos y culturales que condujeron al ascenso del fundamentalismo de mercado en el último cuarto del siglo XX. Su historia es amplia y profunda. Seguramente se convertirá en el relato autorizado de los orígenes del IBU.

Si la historia que relatan tiene alguna carencia, es en las ambigüedades menos exploradas de la renta básica, las mismas ambigüedades que la han hecho atractiva sobre todo para los pensadores de la izquierda. Tomemos, por ejemplo, su análisis de la Organización Nacional por los Derechos del Bienestar (NWRO), cuyo llamamiento a las transferencias de efectivo en Estados Unidos a finales de los años 60 y 70 parecería molestar a su estricta definición del IBU como esencialmente divorciado del trabajo, como un pago incondicional. A diferencia de la inmensa mayoría de los intelectuales del IBU que Jäger y Zamora analizan en su libro, muchos de los miembros de la NWRO, en particular las madres que vivían de la asistencia social, exigían unos ingresos proporcionados por el Estado, no incondicionalmente, sino sobre la base de que, de hecho, ya estaban realizando un trabajo.

Una de las principales organizadoras de la NWRO, Johnnie Tillmon, pidió a Nixon que emitiera «una proclamación de que el trabajo de las mujeres es trabajo de verdad», y que las madres debían recibir «un salario digno por hacer el trabajo que ya estamos haciendo: criar a los hijos y cuidar de la casa». Jäger y Zamora no abordan este ángulo concreto de la historia, pero según su análisis, las madres benefactoras de la NWRO no pedían un auténtico IBU. En su lugar, invocaban un modelo de redistribución «productivista» más antiguo.

Es precisamente en esta excepción donde tal vez pueda percibirse una tensión que recorre la idea de la renta básica y que los autores no acaban de afrontar: que una política de renta básica podría, en teoría, servir para valorar mejor el trabajo que con demasiada frecuencia no se reconoce ni se paga, y que tal vez la ética «productivista» que supuestamente hemos dejado atrás esté de hecho a mano en estos modelos de RBI como compensación por el trabajo doméstico no remunerado. El objetivo del movimiento Salario para el Trabajo Doméstico de principios de la década de 1970, que también exigía un salario al Estado, era obligar a la sociedad en general a valorar adecuadamente el trabajo doméstico, que de otro modo sería «invisible».

Jäger y Zamora afirman de forma un tanto despreocupada que hoy en día el «precariado» está «menos acostumbrado a la ética del trabajo industrial». Es una afirmación que recuerda extrañamente a las afirmaciones del propio Nixon cuando condenó lo que denigró como la «ética del bienestar» de finales de los 60. En primer lugar, no está claro que en los años 50 tantos trabajadores estuvieran especialmente enamorados de sus empleos industriales, ni hoy es tan evidente que la gente en principio no crea en el trabajo.

Esto importa porque, aunque Jäger y Zamora defienden de forma persuasiva que el IBU revela la profundidad del giro al mercado de mediados de siglo en el pensamiento político, no tienen en cuenta los numerosos movimientos que han intentado reforzar una posición contra el mercado exigiendo dinero. Por ejemplo, muchos opositores de derechas al PAF a finales de los 60 y principios de los 70 lo rechazaron alegando que un salario público independiente daría a algunos de los trabajadores más oprimidos la capacidad de rechazar trabajos degradantes. «No va a quedar nadie para hacer rodar esas carretillas y planchar esas camisas», dijo el representante de Georgia Phillip Landrum. «Todos estarán en la asistencia social». En otras palabras, como sugirieron las madres del bienestar de la NWRO, si una renta básica fuera lo suficientemente generosa, podría realizar por sí misma una especie de reforma estructural de la economía, posiblemente dando a la gente el poder de negarse a entrar en el mercado, en este caso, el mercado laboral.

Jäger y Zamora podrían argumentar que incluso esto, sin embargo, solo constituiría una medida a medias, una forma de que el Estado jugueteara con el mercado individuo por individuo, en lugar de dedicarse realmente a la labor más radical de planificar la economía. Por lo demás, el Estado podría proporcionar todo tipo de disposiciones sociales para reconocer que el trabajo reproductivo social es realmente trabajo, como en la ambiciosa visión de la feminista de fin de siglo Charlotte Perkins Gilman y lo que la historiadora Dolores Hayden ha llamado las «feministas materiales» de la Era Progresista, que pedían la socialización del trabajo reproductivo: la vida colectiva y la racionalización de la cocina, la limpieza y las actividades normalmente entendidas como trabajo de la vida familiar. Aunque, incluso aquellas feministas radicales defendían una versión de los salarios para el trabajo doméstico.

Dejando a un lado estas salvedades, el planteamiento de Jäger y Zamora supone una contribución inmensamente útil para desentrañar la turbia política del IBU, ayudándonos a ver que cuando Mark Zuckerberg y Jack Dorsey, a quienes apodan «tecnopopulistas», apoyan el establecimiento de una renta básica, los ejecutivos tecnológicos no se han convertido de repente en paladines de la clase trabajadora. A medida que las instituciones liberales pierden credibilidad y la economía se vuelve cada vez más precaria, los trabajadores se encuentran flotando libremente, desvinculados de empleos estables o sindicatos. En la vorágine, los tecnócratas articulan una política aparentemente apolítica que, a primera vista, podría parecer radicalmente democrática, aunque solo sea una democracia de átomos que chocan unos contra otros en el mercado mundial: un hachazo técnico al problema del capitalismo tardío. Y, por desgracia, este tecnopopulismo sigue siendo una corriente particularmente vibrante del discurso político contemporáneo.

Corresponde a la izquierda imaginar un mundo en el que las personas puedan vivir y prosperar al margen de las relaciones de mercado. Históricamente, esa ha sido su parte; en el futuro, esa es su responsabilidad.

JASON RESNIKOFF

Profesor adjunto de Historia Contemporánea en la Rijksuniversiteit Groningen de Holanda y autor de Labor’s End: How the Promise of Automation Degraded Work.

TRADUCCIÓN: FLORENCIA OROZ

Publicado en: Global, titular2

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