• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal

TINKU

La información independiente sobre América latina

  • Facebook
  • Facebook
  • Twitter
  • AmericaLatina
    • Invitados
    • Colombia
      • Gustavo Petro
    • Peru
    • Uruguay
    • Bolivia
    • Chile
    • Argentina
    • Venezuela
    • Ecuador
    • América Central
    • Mentes del Sur
  • Global
  • Cultural
  • Nosotros
    • CONTACTENOS
    • DONAR
  • ARCHIVO
  • COMENTARIOS
  • Mentes del Sur
    • Enrique Dussel
    • Rafael Bautista
    • Walter Mignolo
    • Boaventura de Sousa S.
    • Silvia Rivera Cusicanqui
    • Anibal Quijano
    • Álvaro García Linera
    • Eduardo Galeano

Vitalio

La Revolución Mexicana fue profundamente internacionalista

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jonah Walters

La Revolución Mexicana fue una explosión transnacional de resistencia a la explotación que dio el puntapié inicial a una época global de revolución anticapitalista.

Durante unos seis meses de 1911, en ese largo dedo de tierra que apunta hacia el sur desde la costa mexicana del Pacífico, una pandilla internacional de compañeros de viaje buscó la revolución.

Los rebeldes se apoderaron de pueblos fronterizos de Baja California como Mexicali, Los Algodones y Tijuana, llevando a cabo varias de sus incursiones desde la parte trasera de trenes secuestrados. Por encima del rugido de los raíles, voces desconocidas resonaron de repente en las plazas de los pueblos, recién engalanadas con banderas rojas. Algunos de los revolucionarios hablaban en galés y australiano, otros en los ásperos dialectos de los estados montañosos de Estados Unidos, otros en el estudioso español de los literatos urbanos mexicanos recién llegados de sus exilios americanos. Pero también sonaban acentos más familiares. Otros insurrectos, cuyas voces están algo silenciadas en los registros históricos, hablaban en los idiomas locales de las tierras fronterizas, así como en las denostadas lenguas indígenas kiliwa, cocopah y kumeyaay.

Dentro del ejército insurrecto, los incendiarios de los niveles inferiores de la frustrada élite mexicana se mezclaban con los sindicalistas angloparlantes de la Industrial Workers of the World (IWW), y ambos grupos se codeaban con campesinos indígenas desposeídos que antes se habían aliado con el programa revolucionario liberal basado en su promesa de subvertir el poder de la clase hacendada terrateniente. Grupo diverso de radicales, reformistas y libertinos, los insurrectos bajacalifornianos encontraron comunión entre sí a través de la ideología sorprendentemente amplia del liberalismo revolucionario mexicano. «Lo único que les distinguía como ejército», escribe el biógrafo de un voluntario internacional, era «el emblema anarquista, pequeños lazos rojos, prendidos en sus mangas». Pero también había aventureros directos y oportunistas entre ellos, incluidos algunos fanfarrones chovinistas estadounidenses y al menos un probable informante del Estado.

Liderando la insurrección de Baja California —o intentándolo— estaba el Partido Liberal Mexicano (PLM), una formación que, desde su exilio en Estados Unidos, representaba el polo más a la izquierda del amplio entorno liberal mexicano. Sin embargo, a pesar de las aspiraciones democráticas radicales del PLM, la rebelión de Baja California no representó en ningún momento un movimiento de masas. De hecho, mientras los insurrectos viajaban a pie y en tren por la poco poblada península, a menudo izaban sus banderas rojas sobre pueblos casi vacíos, ya que los residentes habían desalojado sus hogares al oír que se acercaban. Mientras tanto, en las variopintas filas de los revolucionarios, las tensiones no tardaron en aumentar entre los insurgentes locales y los voluntarios internacionales, a los que con frecuencia se elevaba a puestos de liderazgo basándose en sus credenciales (a menudo fabricadas) como aventureros militares.

Sin duda, esto decepcionó a los arquitectos intelectuales de la insurrección, sobre todo a Ricardo Flores Magón, el tribuno más importante del PLM. Durante años, Flores Magón y sus colaboradores habían vivido en el exilio como fugitivos políticos, perseguidos no solo por agentes del dictador mexicano, sino también por el emergente aparato de seguridad interior estadounidense. En la época de la rebelión de Baja California, su periódico multinacional, Regeneración, ya estaba bien establecido como la voz más radical del movimiento revolucionario liberal. Y su partido, el PLM, parecía preparado para ser una fuerza líder en la revolución que muchos mexicanos consideraban inminente.

Rebeldes magonistas en Tijuana, México, 1911. (Colección de Seguros de Títulos y Fideicomisos de la Sociedad Histórica de San Diego vía Wikimedia Commons)

Pero la claridad política expresada en Regeneración no se reflejó en la campaña de Baja California. Como señala el antropólogo Claudio Lomnitz en su extraordinario aunque infravalorado libro de 2014 El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, «La prominencia ideológica del Partido Liberal Mexicano era inversamente proporcional a su importancia militar». A la dura luz de Baja California, explica Lomnitz, «el edificio de su ideología aparecía como una especie de ilusión holográfica: sus elegantes contornos, volúmenes y perspectivas carecían de sustancia dura».

El experimento insurreccional de Baja California no duró mucho. La derrota final de la rebelión llegó en menos de seis meses, no a manos del presidente Porfirio Díaz, sino de un adversario más cercano. Los elementos más moderados de la coalición nacional liberal escoltaron a los rebeldes a través de la frontera estadounidense, dejando espacio para la efímera presidencia del revolucionario burgués Francisco Madero. Lomnitz relata que a los revolucionarios de Baja California «se les dieron diez dólares a cada uno, se les alimentó en el restaurante chino de Calexico, se les embarcó en un tren hacia El Paso y se les pidió que se dispersaran desde ese punto».

La Revolución Mexicana acababa de empezar, pero el PLM nunca se recuperaría de esta marginación. Para Flores Magón y sus secuaces, la represión de la rebelión de Baja California por Madero constituyó la primera gran traición de la era revolucionaria mexicana.

Sangre y fibra

La insurrección carnavalesca que el PLM orquestó en Baja California suele recordarse hoy en día como un cuento con moraleja, una advertencia para voluntaristas e idealistas. Escenificada en la cúspide de la célebre Revolución Mexicana, pero no exactamente de esa revolución (al menos en la memoria), la rebelión de Baja California ha pasado a la historia como una especie de ensayo utópico condenado al fracaso, un experimento bienintencionado que desgraciadamente se volvió estrafalario bajo el resplandor del incombustible sol californiano. Resulta revelador que a Flores Magón se le celebre hoy en México no como participante en la revolución del país, sino como «precursor» de la misma, un extraño destino para un hombre que, de hecho, vivió las convulsiones que ahora se cree que sus ideas prefiguraron.

Dos libros recientes aportan una refrescante perspectiva histórica global a las corrientes más radicales de la Revolución Mexicana, sobre todo a la personificada por Flores Magón. Ninguno de los dos intenta rehabilitar el contradictorio experimento de Baja California, pero cada uno, a su manera, devuelve al PLM y a su radicalismo al núcleo del proceso revolucionario mexicano, por no mencionar la época global de revolución anticapitalista que le siguió los talones.

Bad Mexicans: Race, Empire, and Revolution in trhe Borderlands [Malos mexicanos: raza, imperio y revolución en las tierras fronterizas], de Kelly Lytle Hernández, y Arise!: Global Radicalism in the Era of the Mexican Revolution [¡Levántate! Radicalismo global en la era de la Revolución Mexicana], de Christina Heatherton, comienzan su historia en Estados Unidos, no en México, y ambas lo inician con un relato sobre un linchamiento.

                                                                                                                       
Bad Mexicans (W. W. Norton & Co, 2022) y Arise! (University of California Press, 2022)

Hernández, historiadora de la Universidad de California (UCLA), abre Bad Mexicans con una escalofriante descripción del asesinato público del ranchero mexicano de veinte años Antonio Rodríguez en 1910. Unos cuatrocientos residentes angloamericanos de Rocksprings, Texas, se reunieron para participar en el asesinato de Rodríguez, ayudando a recoger leña y más tarde a atar al secuestrado a un árbol de mezquite y prenderle fuego. El objeto de la furia genocida del pueblo de Texas no había sido elegido al azar. «Era un “revolucionario”, susurraron los habitantes de Rocksprings después de lincharlo», escribe Hernández. La turba había elegido ejecutar a alguien «sospechoso de ser uno de los muchos magonistas que se sabía que había en la región fronteriza».

Ocurrido justo al otro lado de la frontera, en el lado estadounidense, el linchamiento de Antonio Rodríguez inspiró una oleada de protestas militantes en todo México. Los manifestantes dirigieron su furia contra las empresas estadounidenses que operaban en el país, así como contra el presidente Díaz, el dictador que antes había abierto el país a la voraz inversión estadounidense. La indignación mexicana por el incidente fue tan profunda que incluso cinco años después, tras la salida de Díaz y el inicio de un periodo totalmente nuevo en el conflicto revolucionario, Flores Magón evocaría el recuerdo del asesinato: «La sangre de Antonio Rodríguez aún no se ha secado en Rock Springs», escribió en un encendido comunicado. Según Hernández, esta atrocidad fue la chispa que encendió la Revolución Mexicana, que duró décadas.

Heatherton, profesora de estudios americanos en el Trinity College, también inicia su libro con una escena de terror racista en Estados Unidos. En 1871, una banda de encapuchados del Klan secuestró a tres hombres negros —«Squire Taylor, de cuarenta y cinco años, George Johnson, de treinta y nueve, y Charles Davis, de sesenta y ocho»— de una cárcel de Charlestown, Indiana. Su ataque fue observado por un reportero local, cuyo relato de la atrocidad apareció bajo el titular «Máscaras y manila», una referencia a la fibra importada que se utilizaba entonces para fabricar cuerdas. Y aunque tuvo lugar a cientos de kilómetros de la frontera, este linchamiento en Indiana, como el de Antonio Rodríguez en Texas, estuvo conectado circunstancialmente con la eclosión de la política revolucionaria en México.

La fibra de manila había entrado en el mercado internacional de materias primas por cortesía de las aventuras imperiales estadounidenses en Filipinas, pero a principios del siglo XX había sido sustituida por un recurso cultivado más cerca de casa. A partir de la década de 1870, las inversiones extranjeras en México fueron protegidas por Díaz; la concentración parcelaria era un sueño compartido tanto por los inversores nacionales como por los extranjeros, y Díaz era el avatar político de la cada vez mejor conectada clase hacendada mexicana. En 1900, alrededor de una cuarta parte de toda la tierra cultivable mexicana estaba en manos de propietarios estadounidenses, y miles de trabajadores mexicanos trabajaban en las minas y plantaciones de los intereses estadounidenses, a menudo viviendo en ciudades de la compañía.

Uno de los rasgos definitorios del corporativismo de Díaz fue un sistema de trabajo forzoso que reclutaba a indígenas (especialmente yaquis), así como a campesinos desposeídos, en las tierras fronterizas, y luego los trasladaba a la fuerza para trabajar en latifundios consolidados del sur de México. Estos flujos de mano de obra forzada enriquecieron a los inversores estadounidenses y mexicanos que establecieron plantaciones en estados del sur como Oaxaca y Yucatán, muchas de las cuales cultivaban henequén, una fibra para fabricar cuerdas derivada de las plantas de agave. A principios del siglo XX, el henequén había suplantado a la manilla filipina como componente clave de las cuerdas estadounidenses.

La materia prima del terror supremacista blanco en Estados Unidos —la materia real, con la que se fabricaron tantos cientos de dogales— procedía de un régimen laboral que Flores Magón y sus aliados condenaron como análogo a la esclavitud estadounidense. Y aunque Heatherton no lo dice exactamente, otros historiadores han sugerido que fue esta similitud, más que ninguna otra cosa, lo que alimentó la formación de una corriente ideológica en Estados Unidos que condenaba a Díaz y abogaba por el apoyo material a la causa revolucionaria.

Como dice Lomnitz, «el corazón de las tinieblas de México —su esclavitud, su exterminio de indios yaquis y mayas— resultaba inquietantemente familiar» para la gente de Estados Unidos, «pues en él revivían y se actualizaban los pecados de América en una forma ajena que era fácil condenar». El ecléctico grupo de partidarios estadounidenses que se aglutinó en torno al PLM en el exilio incluía a figuras como el escritor Jack London y los socialistas Eugene Debs y Job Harriman.

La policía y la línea de color

En su mayor parte, Bad Mexicans y Arise! cubren un terreno histórico diferente. Sin embargo, cada uno de ellos consigue narrar no solo el auge de la actividad revolucionaria en México, sino también la aparición irregular de lo que Heatherton denomina, siguiendo a W. E. B. Du Bois, el «nuevo imperialismo»: un orden mundial basado no solo en la movilidad al rojo vivo del capital estadounidense, sino también en la línea del color, una institución imaginaria pero duradera que reclutaba a los estadounidenses blancos de a pie como tropas de choque de un ideal de propiedad exclusiva que la mayoría de ellos nunca alcanzaría.

Teniendo en cuenta este marco, resulta apropiado que Hernández y Heatherton sean quizás más conocidas como estudiosas de la policía (los libros anteriores de Hernández son Migra!, una innovadora historia de la patrulla fronteriza estadounidense, y el premiado City of Inmates, sobre el sistema penitenciario municipal de Los Ángeles; Heatherton, por su parte, es coeditora de la colección de ensayos Policing the Planet: Why the Policing Crisis Led to Black Lives Matter, entre otros volúmenes). Los relatos de ambas autoras sobre la Revolución Mexicana están muy en sintonía con los poderes destructivos del aparato represivo del Estado estadounidense, cuyos avatares en aquella época incluían a personajes tan temibles como los paramilitares Texas Rangers y los detectives mercenarios de la Furlong Secret Service Company.

                                                                                             
                                                  Ricardo Flores Magón (izquierda) y Enrique Flores Magón (derecha) en la cárcel del condado de Los Ángeles, 1917. (Wikimedia Commons)

Bad Mexicans se basa en los voluminosos registros dejados por las agencias de espionaje estadounidenses y mexicanas para narrar el largo viaje de Flores Magón, sus hermanos Jesús y Enrique, y las decenas de otros radicales en su órbita, desde periodistas de la oposición en Ciudad de México hasta revolucionarios internacionales. En el centro de la meticulosa y estimulante historia de Hernández está el reconocimiento por parte de la autora de que las actividades del PLM estuvieron, en todo momento, profundamente condicionadas por la represión a ambos lados de la frontera, y especialmente a manos de los espías retenidos por las nuevas fuerzas de la inteligencia interna estadounidense.

Como señala Hernández, el FBI se fundó, al menos en parte, para reprimir el impulso radical de los revolucionarios mexicanos en las tierras fronterizas. Las prácticas mediante las cuales esa brutal agencia llegaría a desbaratar los movimientos liberacionistas durante el siglo XX se idearon primero para amordazar a Flores Magón, a Regeneración y al PLM.

Los pasajes más estimulantes de Bad Mexicans describen la campaña emprendida por la Agencia del Servicio Secreto Furlong para vigilar y capturar a miembros del PLM en Estados Unidos. En este esfuerzo, la empresa de detectives mercenarios colaboró con las fuerzas del orden para manipular el Servicio Postal estadounidense, haciendo que las cartas intercambiadas entre Flores Magón y muchos otros radicales estuvieran disponibles para su inspección encubierta.

Esto, a su vez, llevó a los militantes a establecer elaborados sistemas de entrega de cartas para proteger a remitentes y destinatarios y a idear un ingenioso conjunto de claves para codificar sus cartas, ejemplos de las cuales se reproducen en el libro de Hernández. En una trágica ironía habitual en el estudio de la revolución, la historia que Hernández narra con tanto brío y detalle nos es accesible hoy solo porque estas comunicaciones efímeras fueron conservadas y archivadas por los mismos organismos de seguridad del Estado que intentaron aniquilar a sus autores.

Además de ser una proeza de la narración de archivos, Bad Mexicans es también una historia de la Revolución Mexicana vista desde las tierras fronterizas, una zona de peligro y posibilidad que, en el relato de Hernández, llega a incluir no solo el terreno físico de la frontera entre Estados Unidos y México, sino también muchos otros lugares en los que las exigencias de la lucha de clases no podían ser contenidas por las líneas de un mapa. La historia de Hernández serpentea a través de casas seguras en Los Ángeles y San Luis, patios de ferrocarril poblados por bohemios vagabundos, líneas de piquete que rodean las minas propiedad de Estados Unidos y muchos otros lugares renegados.

Fe radical

La insurrección de Baja California aparece casi al final del libro de Hernández, una especie de epílogo a la historia mucho más larga de organización valiente y paciente que la precedió. Pero la experiencia del PLM, antes e incluyendo Baja California, es en muchos sentidos el punto de partida de Arise! de Heatherton. Tomando su título de las sílabas iniciales de «La Internacional», el libro de Heatherton presenta una visión panorámica global del radicalismo mexicano que se extiende décadas más allá del cierre del libro de Hernández con la muerte de Flores Magón en 1922. Al hacerlo, muestra que fue en México, incluso más que en Rusia, donde las fuerzas del desarrollo capitalista internacional —por no hablar de un emergente nuevo imperialismo cargado de supremacía blanca— se enfrentaron por primera vez a las fuerzas de la resistencia transnacional de la clase obrera.

La caleidoscópica historia de Heatherton comienza en las plantaciones henequeneras y las ciudades portuarias del México de finales del siglo XIX, focos no solo de aglomeración capitalista sino también de incipiente conciencia revolucionaria. Pero el relato de Heatherton se extiende mucho más allá de estos lugares, llegando a incluir la guerra ideológica que se desató en el seno de la embajada soviética de México durante el mandato como embajadora de Alexandra Kollontai; la trascendental lucha de los trabajadores emigrantes mexicanos por la asistencia social durante la Gran Depresión; y la práctica artística desafiante de Elizabeth Catlett y sus colaboradores comunistas, entre otros episodios.

En mi opinión, la más memorable de las historias de Heatherton es su relato de la «universidad del radicalismo» que surgió en la Penitenciaría Federal de Leavenworth durante la Primera Guerra Mundial, donde Flores Magón fue encarcelado en virtud de la Ley de Espionaje junto al líder de la IWW «Big Bill» Haywood e innumerables revolucionarios anónimos. Flores Magón murió en esa prisión, víctima de la negligencia médica y de las groseras condiciones de vida. Y aunque la historia de su muerte ya se ha contado antes —de hecho, ha alcanzado una especie de estatus legendario entre los internacionalistas—, Heatherton aporta una dimensión totalmente nueva a este relato. Recupera la historia olvidada del asesinado José Martínez, un preso de Leavenworth desestimado por la historia como un «pelado» apolítico, pero cuya agresión final a los guardias de la prisión, demuestra Heatherton, pudo estar motivada por el cruel trato que éstos dispensaban a un Flores Magón enfermo.

La narrativa de Heatherton vuelve constantemente a lugares en los que la agitación del desarrollo capitalista arroja juntos a diversos grupos de desplazados y marginados, que juntos llegan a entenderse a sí mismos como antagonistas políticos de un sistema mundial emergente basado en la explotación aguda. Para Heatherton, la gran importancia de la Revolución Mexicana es que estalló a partir de estos «espacios de convergencia», como ella los denomina. Al hacerlo, contribuyó a generar un repertorio internacional de acción social revolucionaria a través del cual grupos heterogéneos de rebeldes globales pudieron identificar al capitalismo y a la línea de color como sus enemigos comunes.

Bad Mexicans y Arise! son tremendos logros de sensibilidad histórica e imaginación radical. En conjunto, y especialmente en combinación con el libro de Lomnitz, algo más antiguo, presentan una historia fundamentalmente nueva de la Revolución Mexicana, que diverge en aspectos importantes no solo de la anquilosada historia nacionalista-republicana de Octavio Paz, sino también de la historia de las rebeliones campesinas de orientación local (y en última instancia condenadas al fracaso) proporcionada por revisionistas marxistas como Adolfo Gilly o Roger Bartra.

No es solo su orientación insistentemente transnacional lo que diferencia los libros de Hernández y Heatherton. Ni siquiera es su entusiasmo sin paliativos por la corriente radical encarnada por el a menudo incomprendido Flores Magón. Es también su esperanza, su fe radical en la capacidad imperecedera de los seres humanos de unirse para desafiar la línea de color y derrocar las relaciones de explotación y abuso, incluso, y especialmente, en las condiciones históricas más desorientadoras.

Más interesados en recuperar potenciales radicales que en denunciar fracasos, Bad Mexicans y Arise! ejemplifican un nuevo tipo de historia revolucionaria, adecuada para una nueva era de lucha en las tierras fronterizas entre Estados Unidos y México y más allá.

JONAH WALTERS

Becario posdoctoral en el Laboratorio de Estudios Biocríticos del Instituto de Sociedad y Genética de la Universidad de California.

Publicado en: AmericaLatina, titular2

El socialismo puede ayudar a contener los peores impulsos de la humanidad

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ben Burgis

Traducción: Florencia Oroz

Muchos críticos del socialismo afirman que nuestra naturaleza humana está demasiado viciada y es demasiado egoísta como para que el socialismo funcione. Están entendiendo las cosas exactamente al revés.

El capitalismo genera enormes cantidades de pobreza, desigualdad económica y estrés financiero. Desempodera a la inmensa mayoría de la población en edad de trabajar, que no tiene otra opción viable más que pasar la mitad de sus horas de vigilia en lugares de trabajo donde reciben órdenes de jefes no elegidos. Fuera del lugar de trabajo, las decisiones con mayor impacto en la sociedad en su conjunto son tomadas por directores ejecutivos que solo rinden cuentas a los accionistas. Y las salvajes divergencias de riqueza convierten en una broma de mal gusto la idea de que todos los ciudadanos ejercen el mismo nivel de influencia en el proceso político.

Seguro que podemos hacerlo mejor. ¿Por qué no podemos poseer colectivamente los recursos productivos de la sociedad, satisfacer las necesidades materiales de todas y todos y crear un tipo de democracia más significativa? En otras palabras, como dijo una vez el filósofo marxista G.A. Cohen: «¿Por qué no el socialismo?».

Una respuesta popular es que iría en contra de la naturaleza humana. Es tan popular, de hecho, que mucha gente acepta irreflexivamente esta idea como de «sentido común». Sin embargo, si se examina más de cerca, la objeción de la naturaleza humana es exactamente al revés.

No somos ángeles

Algunos críticos del socialismo piensan que redistribuir la propiedad privada de los capitalistas ricos sería un robo: llamemos a esto la «objeción moral». Otros plantean problemas técnicos sobre la viabilidad de una planificación económica para toda la sociedad. ¿Cómo reunirían los planificadores suficiente información como para saber qué producir para satisfacer las preferencias de los consumidores? Llamémosle «objeción técnica».

Los socialistas rebaten la objeción moral con un argumento obvio sobre la inmoralidad comparativa de permitir que los capitalistas ricos sigan explotando a la inmensa mayoría de la población mundial. La objeción técnica se considera más seriamente, lo que lleva a algunos socialistas, por ejemplo, a dejar espacio para los mercados en su visión del socialismo. Tal vez podríamos nacionalizar las «cúpulas dominantes» de la economía, manteniendo al mismo tiempo un sector de mercado de cooperativas de trabajadores que compitan entre sí.

Pero, independientemente de lo que se piense de estos debates, la objeción que más preocupa a algunas personas que, por lo demás, simpatizan con la política de izquierdas, no es ni moral ni técnica, sino psicológica.

El socialismo estaría bien si fuéramos «ángeles», piensan estos críticos, pero no lo somos. Nuestra naturaleza no es altruista y cooperativa. Es egoísta y cruel. Intentar convertirnos en lo que tendríamos que ser para que una economía cooperativa funcione es como intentar tener un tigre en casa y alimentarlo con una dieta vegana. No hay posibilidad de que la cosa termine bien.

La objeción de la naturaleza humana tiene más fuerza retórica que la objeción moral o la objeción técnica. En lugar de gritar que los ricos tienen derecho a su riqueza acaparada o plantear problemas logísticos que los socialistas creen que podemos resolver, los críticos que presionan el caso psicológico contra el socialismo pueden posar como aspirantes a socialistas que han superado su ingenuidad. «Oigan», pueden decir, «ojalá pudiéramos tener algo como el socialismo. Es realmente trágico que no podamos. Pero así es la vida».

No ayuda que muchos socialistas parezcan inseguros sobre cómo responder a esta objeción. Algunos dedican mucho tiempo a insistir en que los seres humanos son realmente bondadosos y cooperativos por naturaleza. Seguramente hay algo de verdad en ello. El problema es que es inverosímil que sea toda la verdad.

La psicología humana es demasiado compleja como para que una simple generalización pueda captar el cuadro completo. El filósofo de la Ilustración David Hume se opuso a la idea de que todo el mundo va al cielo o al infierno cuando muere, alegando que la mayoría de nosotros «flotamos entre el vicio y la virtud»:

Supongamos que vamos por todas partes con la intención de dar una buena cena a los justos y una buena paliza a los malvados: a menudo no sabríamos cómo elegir, al comprobar que los méritos y deméritos de la mayoría de los hombres y mujeres apenas se corresponden con la rectitud o la maldad.

Algunos socialistas han pensado que el equilibrio entre egoísmo y altruismo en nuestra naturaleza es históricamente contingente, que lo que sale a la luz es en gran medida el resultado de las circunstancias sociales en las que nos encontramos. Si mejoran las circunstancias sociales, mejorará la naturaleza humana.

Probablemente haya también algo de cierto en esta idea. La gente que se pelea por un pequeño número de botes salvavidas podría estar dispuesta a tratarse mejor en circunstancias más felices. Es plausible que satisfacer las necesidades materiales de todos y dar a cada uno la misma voz conduzca a mejores resultados que un mundo de competencia de todos-contra-todos.

Pero, ¿hasta dónde llega esta idea? El Che Guevara, por ejemplo, predijo con confianza que surgiría un «nuevo hombre socialista» a medida que la sociedad se transformara. Eso no fue lo que ocurrió en Cuba ni en otros experimentos de socialismo de Estado del siglo XX. Tal vez una versión mejor del socialismo produciría mejores resultados. Pero, ¿y si no es así?

Como socialistas, intentamos convencer a la gente de que dé el salto a un nuevo sistema social tan diferente del capitalismo como el capitalismo del feudalismo. Puede ser una propuesta aterradora. Es más difícil defender nuestros argumentos si pedimos a la gente que apueste por cambios hipotéticos en la psicología humana que no podemos demostrar que vayan a producirse. Afortunadamente, no tenemos que hacerlo.

Los ángeles no necesitarían el socialismo

El grado exacto en que la naturaleza humana es intrínsecamente egoísta o desinteresada, y hasta qué punto depende de nuestras circunstancias, es una cuestión empírica complicada que afecta a campos que van desde la sociología a la psicología evolutiva. No puede responderse desde el sillón.

Pero sea cual sea nuestro grado de egoísmo, no es razón para tirar la toalla y aceptar el capitalismo como lo mejor que puede hacer la humanidad. Por el contrario, es precisamente la razón para oponerse al capitalismo y luchar por instituciones colectivas y democráticas que puedan limitar el daño que las personas crueles están en condiciones de hacerse unas a otras.

El núcleo del socialismo es la democracia económica. Tanto si hablamos de la toma de decisiones en un lugar de trabajo individual como de decisiones de mayor envergadura con un amplio impacto en el curso de la sociedad, los socialistas piensan que todos los afectados deben tener voz y voto.

Una de las razones por las que esto es tan importante es precisamente que dar a cualquiera demasiado poder sobre sus semejantes crea el peligro de que comience a abusar de dicho poder. Ningún sistema es perfecto, por supuesto, pero la mejor receta para minimizar al máximo la posibilidad de abuso es repartir el poder —político y económico— tanto como sea posible.

Esa es una de las razones por las que los socialistas democráticos rechazan la idea de que se pueda confiar en un Estado autoritario de partido único para que actúe en nombre del pueblo. Y es una excelente razón para rechazar el capitalismo, un sistema en el que no existe la pretensión de que el poder económico esté en manos del pueblo y no de quienquiera que tenga suficiente dinero para comprar los medios de producción.

Si todos los seres humanos fuésemos ángeles desinteresados, no tendríamos que preocuparnos de cómo Jeff Bezos trata a los trabajadores de sus almacenes o cómo Harvey Weinstein trata a las aspirantes a actriz. No tendríamos que preocuparnos por la suerte que correrán las familias que caen en la pobreza, porque confiaríamos en que la gente que tiene más siempre actuará individualmente para ofrecer una mano amiga. No tendríamos que preocuparnos de que los ricos abusaran de su influencia política, porque confiaríamos en que tuvieran en cuenta los intereses de todos.

En otras palabras, si fuéramos ángeles, no sería necesario sustituir las instituciones capitalistas por otras socialistas. Pero somos seres humanos profundamente imperfectos, capaces de grandeza moral, sin duda, pero también de todo tipo de crueldades. Y es precisamente por eso que necesitamos el socialismo.

BEN BURGIS

Ben Burgis es profesor de filosofía y autor de Give Them An Argument: Logic for the Left. Es presentador del podcast Give Them An Argument.

Publicado en: Global, titular2

George Padmore desempeñó un papel vital en la lucha anticolonial

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Theo Williams

Traducción: Pedro Perucca

 

Nacido en Trinidad, George Padmore se convirtió en un organizador clave de las redes panafricanas anticoloniales. Fuertemente influido por el marxismo, Padmore siempre insistió en que la independencia nacional debía conducir a la liberación social, en lugar de limitarse a sustituir una bandera por otra.

George Padmore fue una de las figuras más importantes de la política panafricanista y anticolonialista del siglo XX. Nacido en Trinidad, se trasladó posteriormente a Londres, donde se convirtió en un organizador clave de redes que reunieron a algunos de los futuros líderes africanos en la lucha contra la dominación europea.

Padmore se convirtió en un destacado activista comunista en la década de 1920, aunque más tarde rompió con el movimiento al considerar que restaba importancia a la lucha contra el imperialismo. Sin embargo, Padmore siguió inspirándose en las ideas marxistas y subrayó que la liberación del dominio colonial debía implicar una transformación radical de la sociedad, no sólo una nueva bandera y un nuevo himno.

La línea del color

Malcolm Nurse, que más tarde se haría famoso como George Padmore, nació en Arouca, en el corredor este-oeste de Trinidad, el 28 de junio de 1903. Trinidad era una colonia británica definida por una clara jerarquía racial. Nurse pertenecía a la clase media negra y era plenamente consciente de que el racismo y el colorismo limitarían sus perspectivas.

Como C.L.R. James, amigo de la infancia de Nurse, observó de la Trinidad de su juventud:

Socialmente las líneas raciales estaban claras. Los blancos, los pardos y los negros mantenían cada uno su propia compañía. Las mejores posiciones se las repartían (muy desigualmente) los dos primeros. . . Fue sobre la clase media negra, en contraposición a la parda, sobre la que recayó con más fuerza la discriminación, y George pertenecía a esa clase.

Nurse no nació simplemente en Trinidad: nació en un mundo de dominación imperialista blanca. Trinidad era un rincón de un mundo dividido, en su mayor parte, entre imperios coloniales europeos. Las tres naciones independientes dirigidas por negros —Etiopía, Haití y Liberia— disfrutaban cada una de una frágil soberanía que las potencias occidentales pondrían en entredicho en los años siguientes.

En 1900, los delegados de la Primera Conferencia Panafricana se reunieron en Londres. La conferencia se propuso encontrar soluciones a los problemas a los que se enfrentaba la población negra en todo el mundo. Observando el panorama mundial, el intelectual afroamericano W.E.B. Du Bois declaró al final de la conferencia que la gran cuestión del siglo XX era «el problema de la línea de color».

Los africanos y los afrodescendientes no tardaron en contribuir de forma significativa al esfuerzo bélico de los Aliados durante la Primera Guerra Mundial. Muchos de ellos esperaban que su servicio condujera a mayores libertades después de la guerra, sólo para enfrentarse a más violencia, represión y discriminación. El descontento y la desilusión de los negros encontraron su expresión en la enorme popularidad mundial de la Universal Negro Improvement Association de Marcus Garvey, así como en las redes internacionales forjadas a través de los Congresos Panafricanos de Du Bois en el periodo de entreguerras.

Mientras tanto, la Revolución Bolchevique de 1917 provocó un aumento del apoyo al comunismo en todo el mundo. Para muchos negros, la Unión Soviética contrastaba con la explotación racista que caracterizaba a Estados Unidos y a los imperios europeos.

Padmore y el comunismo

Nurse abandonó Trinidad para estudiar en Estados Unidos en 1924. En 1927, mientras estudiaba Derecho en la Universidad Howard de Washington, se afilió al Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA). Adoptó el nombre de George Padmore para ocultar sus actividades comunistas, que incluían escribir para el Daily Worker del CPUSA y editar su Negro Champion. Rápidamente se hizo un nombre, y en 1929 fue reclutado para trabajar para la Internacional Comunista en Moscú.

El VI Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú durante el verano de 1928, marcó la pauta del activismo comunista de los años siguientes. Marcó un brusco giro en la política comunista, que dejó de buscar frentes unidos con los socialdemócratas y se orientó hacia una política revolucionaria sin concesiones —y muy sectaria— de «clase contra clase». El congreso también comprometió a la Internacional Comunista a apoyar con más entusiasmo las luchas anticoloniales dirigidas por el proletariado. Como parte de este reajuste, lanzó el Comité Sindical Internacional de Trabajadores Negros (CSION).

Padmore fue una figura crucial en la organización de la Conferencia Internacional de Trabajadores Negros del CSI, celebrada en Hamburgo en julio de 1930. Sus resoluciones exigían la «evacuación inmediata de los imperialistas de todas las colonias» y un desafío revolucionario al orden mundial:

Las luchas espontáneas de los trabajadores negros por la igualdad de salarios, contra el trabajo forzoso, la segregación y las barras de color, etc., deben desarrollarse en una lucha consciente contra el imperialismo y todo el sistema de explotación capitalista y colonial.

En consonancia con la política comunista de «clase contra clase», la reunión denunció a todos los reformistas, ya fueran blancos o negros.

Poco después de la conferencia, Padmore se trasladó de Moscú a Hamburgo para asumir la dirección de la revista de la CSI, el Negro Worker. También publicó un breve libro, The Life and Struggles of Negro Toilers (1931), que fue la expresión más completa de su pensamiento político mientras trabajaba para la Comintern. Basándose en la teoría del imperialismo de Vladimir Lenin, desarrolló el papel que desempeñaban los obreros y campesinos negros en un sistema capitalista-imperialista global.

Para Padmore, los «trabajadores negros», oprimidos tanto por razones de clase como de raza, serían un pilar fundamental de una futura revolución mundial. De Marx tomó prestado un aforismo que utilizaría innumerables veces a lo largo de su vida: «El trabajo en la piel blanca no puede liberarse mientras que el trabajo en la piel negra está esclavizado».

Rompiendo con la Comintern

Sin embargo, la asociación de Padmore con el movimiento comunista no duraría mucho más. En agosto de 1933, publicó un artículo anunciando su salida del Negro Worker. La Internacional Comunista proclamó su expulsión en marzo de 1934.

Según la Comintern, Padmore fue expulsado

por contactos con un provocador, por contactos con organizaciones burguesas sobre la cuestión de Liberia, por una actitud incorrecta ante la cuestión nacional (en lugar de la unidad de clase se esforzaba por lograr la unidad de raza) y por no entregar los asuntos del comité en el que había trabajado.

Padmore, por su parte, argumentó que no se encontraba «en conflicto con los principios fundamentales de nuestro movimiento», pero acusó a la Comintern de sacrificar las luchas anticoloniales para apaciguar a los gobiernos británico y francés.

Aunque la afirmación de Padmore de que la CSI había sido «liquidada» era exagerada, el posterior giro de la Comintern hacia la estrategia del Frente Popular reivindicó la esencia de sus quejas. Asustada por la subida al poder de Hitler en 1933, la Unión Soviética consideraba a la Alemania nazi como una amenaza existencial. Se unió a la Sociedad de Naciones (que Lenin había calificado previamente de «cocina de ladrones») en septiembre de 1934, y firmó un tratado de asistencia mutua con Francia en 1935.

El VII Congreso de la Comintern en 1935 formalizó la estrategia del Frente Popular, ya que el movimiento comunista internacional dejó claro que su prioridad era establecer alianzas con fuerzas «democráticas» y «progresistas» en oposición al fascismo, independientemente de su posición sobre el colonialismo. Padmore identificó en esta nueva posición comunista la creencia de que «los pueblos coloniales que viven bajo el yugo de los imperialismos británico, francés y estadounidense deben renunciar a su lucha por la autodeterminación y alinearse en defensa de la ‘democracia’, algo que nunca han conocido».

Redes anticoloniales

Para entonces, Padmore ya vivía en Londres, donde pasaría la mayor parte del resto de su vida. Llegó en el verano de 1935, durante una de las muchas grandes crisis de la década. Hacía meses que estaba claro que la Italia fascista tenía planes en Etiopía, que finalmente culminaron en una invasión en octubre de 1935 y la toma de Addis Abeba en mayo de 1936.

En Londres, Padmore se unió a la International African Friends of Ethiopia (IAFE), un grupo que sus compañeros activistas caribeños Amy Ashwood Garvey y C. L. R. James habían fundado para hacer campaña a favor de la continuidad de la independencia de Etiopía. Los activistas negros que formaban el IAFE entendían que la invasión de Etiopía por Italia era emblemática y sintomática de un sistema capitalista-imperialista más amplio sustentado en ideologías racistas.

El futuro presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, estaba de viaje en Londres cuando se conoció la noticia de la invasión. Más tarde recordó haberse sentido «casi como si todo Londres me hubiera declarado la guerra de repente a mí personalmente».

Durante estos primeros años en Gran Bretaña, Padmore publicó How Britain Rules Africa (1936) y Africa and World Peace (1937), al tiempo que fundaba el International African Service Bureau (IASB) a partir de los restos de la IAFE durante la primavera de 1937. Se le unieron en el IASB personas como James, Chris Jones (de Barbados), Jomo Kenyatta (de Kenia), T. Ras Makonnen (de la Guayana Británica) e I. T. A. Wallace-Johnson (de Sierra Leona). El trabajo de la organización contó con el gran apoyo de la socia judeo-británica de Padmore, Dorothy Pizer.

Hubo una notable continuidad en el pensamiento político de Padmore durante su época comunista y poscomunista, ya que siguió defendiendo una concepción leninista del imperialismo, además de hacer hincapié en la interdependencia de las revoluciones metropolitanas y coloniales. El «Manifiesto contra la guerra» (1938) del IASB dirigía las siguientes palabras a la clase obrera británica:

Aunque nos hayáis descuidado en el pasado, hoy, en esta hora de crisis común, queremos que sepáis que los negros no os guardamos rencor. Los imperialistas son nuestro enemigo común… Nuestra libertad es un paso hacia vuestra libertad.

Padmore también atacó la distinción de la Comintern entre potencias «democráticas» (como Gran Bretaña y Francia) y «fascistas» (como Alemania e Italia), y empezó a describir varias leyes y prácticas coloniales británicas y francesas como «fascistas» para ilustrar su punto de vista. Le exasperaba que tantos antiguos camaradas estuvieran dispuestos a pasar por alto una forma de gobierno autoritario racialmente estratificado para luchar contra otra.

Además, sostenía que el colonialismo y el fascismo compartían una misma causa: el capitalismo. Como escribió Padmore en África y la paz mundial:

El imperialismo «democrático» y el imperialismo «fascista» no son más que ideologías intercambiables que se corresponden, por un lado, con las condiciones económicas y políticas del capitalismo en un país determinado y, por otro, con el grado de desarrollo de la lucha de clases.

Mientras que los comunistas proclamaban la necesidad de un Frente Popular «contra el fascismo y la guerra», Padmore sostenía que la lucha contra el fascismo y la guerra sólo podía ganarse mediante una lucha más directa contra el capitalismo y el colonialismo, una lucha que la estrategia del Frente Popular había subordinado.

Panafricanismo

Cuando llegó la Segunda Guerra Mundial, las actividades políticas de Padmore se vieron muy limitadas. La mayoría de los miembros del IASB habían abandonado Londres, y el propio Padmore padecía una dolencia de garganta que le impidió hablar en público durante los primeros años de la década de 1940. Sin embargo, Padmore, junto a compañeros como Chris Jones y el escritor sudafricano Peter Abrahams, que llegó a Londres en 1940, siguió defendiendo la revolución anticolonial.

Instaron a la población negra y a otros pueblos colonizados a no contribuir a los esfuerzos bélicos de sus opresores europeos y a aprovechar la guerra como una oportunidad para lograr la independencia. Padmore también se sumergió cada vez más en las redes del Partido Laborista Independiente británico, cuya «Ofensiva Socialista por la Paz» en tiempos de guerra debía mucho al análisis de Padmore sobre la relación entre capitalismo, colonialismo, fascismo y guerra. Al mismo tiempo, Padmore era consciente de que la posición comunista estaba a merced de las exigencias de la política exterior soviética, y como tal cambiaba drásticamente en función de acontecimientos como el Pacto Molotov-Ribbentrop de agosto de 1939 y la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941.

Al término de la guerra, Padmore desempeñó un papel destacado en la organización del V Congreso Panafricano de Manchester, el logro por el que quizá siga siendo más conocido. Ochenta y siete delegados, entre ellos tres futuros presidentes africanos (Hastings Banda, Jomo Kenyatta y Kwame Nkrumah) y unos doscientos observadores se reunieron en el Ayuntamiento de Chorlton-on-Medlock, en Manchester, durante una semana en octubre de 1945.

El congreso invocó el linaje de los congresos de Du Bois de entreguerras, al tiempo que evitaba la naturaleza burguesa de estas reuniones anteriores. Abrahams recordó el congreso de Manchester como «el primero verdaderamente representativo», mientras que Padmore lo calificó de «expresión de un movimiento de masas». El «Desafío a las potencias coloniales» de la reunión declaraba:

Condenamos el monopolio del capital y el dominio de la riqueza y la industria privadas sólo para el beneficio privado. Damos la bienvenida a la democracia económica como la única democracia real.

El espíritu de Bandung

El movimiento por la independencia de la Costa de Oro (más tarde rebautizada Ghana) ocupó gran parte del tiempo y la atención de Padmore después de la Segunda Guerra Mundial. Fue mentor de Nkrumah, que condujo al país a la independencia en 1957. Sin embargo, a pesar de centrarse en la nación ghanesa, Padmore —al igual que Nkrumah— estaba convencido de la necesidad de una liberación panafricana que tuviera como objetivo alcanzar el socialismo y trascendiera las fronteras nacionales.

En una carta de 1956 al escritor afroamericano Richard Wright, Padmore explicaba que su «concentración» en Nkrumah se debía al análisis marxista de éste. Añadió que líderes como Nnamdi Azikiwe (futuro presidente de Nigeria) eran «sólo los Kerenskys», en referencia al líder ruso al que los bolcheviques habían derrocado. James recordaba que Padmore

hablaba irónicamente de los políticos nacionalistas que se conformaban con «una bandera y un himno nacional»… La independencia africana no significaba para él una mera repetición de la experiencia europea.

A medida que se intensificaba la Guerra Fría, Padmore creía que la no alineación ofrecía la perspectiva más realista de una independencia africana significativa. Su último libro, ¿Panafricanismo o comunismo? (1956), fue escrito con el espíritu de la Conferencia de Bandung de 1955.

Padmore jugó un juego estratégico de Guerra Fría y exageró las divergencias históricas entre el panafricanismo y el comunismo. Sostenía que el panafricanismo no supondría una amenaza para Occidente si se dejaba a los líderes africanos como Nkrumah construir su propia marca de socialismo, pero que los panafricanistas podrían recurrir a Moscú si las potencias europeas no concedían la independencia a sus colonias.

Sin embargo, a pesar de sus continuas críticas al movimiento comunista contemporáneo, Padmore siguió defendiendo el legado leninista. Escribió, por ejemplo, que durante la Guerra Civil rusa, los «reaccionarios fracasaron en gran medida porque la audaz estrategia anticolonial de Lenin dio tan ricos dividendos».

Padmore se trasladó a Ghana en 1957 para actuar como asesor de Nkrumah en asuntos africanos. Sin embargo, su estancia en Ghana fue corta y frustrante. Con la salud deteriorada, regresó a Londres, donde murió de cirrosis el 23 de septiembre de 1959. Sus cenizas fueron enterradas en el castillo de Christiansborg, en Accra, al mes siguiente. Un golpe militar de derechas apoyado por la CIA derrocó al gobierno de Nkrumah en febrero de 1966.

James escribió sobre Nkrumah: «Como Cromwell y Lenin, inició la destrucción de un régimen en decadencia, un logro tremendo; pero como ellos, fracasó en la creación de la nueva sociedad». Padmore fue una figura clave en la destrucción del antiguo régimen y anhelaba ver una nueva sociedad libre del capitalismo y el imperialismo. Aunque Padmore y sus camaradas no consiguieron crear esa nueva sociedad en el siglo XX, su vida y su obra siguen siendo instructivas si queremos llevar a cabo la tarea en el siglo XXI.

THEO WILLIAMS

Profesor de historia británica del siglo XX en la Universidad de Durham y está especializado en las historias del anticolonialismo y la política radical negra. Es autor de Making the Revolution Global: Black Radicalism and the British Socialist Movement before Decolonisation.

Publicado en: Global, titular2

Francia: «El gobierno ya no controla a la policía»

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jean Luc Mélenchon

 

 

El partido de Emmanuel Macron ha acusado a la izquierda de «incendiaria» por provocar las protestas en Francia. Para el líder de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, el problema radica en que el gobierno perdió el control sobre la policía, que ya no rinde cuentas a nadie.

El martes, los ánimos volvieron a caldearse en la Asamblea Nacional de Francia. Una semana después de la muerte de Nahel Merzouk, el joven de diecisiete años tiroteado a quemarropa por un agente de policía, la presidenta del grupo parlamentario France Insoumise, Mathilde Panot, había cuestionado la falta de respuestas políticas. Pero la primera ministra, Élisabeth Borne, respondió con un nuevo ataque al movimiento de izquierdas liderado por Jean-Luc Mélenchon: «Están saliendo de los límites de la República», dijo a los diputados de France Insoumise.

Las críticas de la derecha contra France Insoumise se han escuchado con cada vez más frecuencia también entre las filas de la amplia alianza de izquierda Nouvelle Union Populaire Écologique et Sociale (NUPES). El debate sobre la realidad de la violencia policial en los barrios obreros y marginados, mientras tanto, ha quedado completamente eclipsado.

En una entrevista concedida a Mediapart, Jean-Luc Mélenchon analiza las razones de este giro de los acontecimientos. Detrás de él ve la aparición de un «frente antipopular» diseñado para unir a la derecha y a la extrema derecha mientras se demoniza al pueblo en rebelión.

MD

Hace una semana que un policía disparó a quemarropa a Nahel. Rápidamente, el debate pasó de la violencia policial a la violencia ejercida por jóvenes de barrios obreros y marginados. ¿Qué opina de este cambio?

JLM

El presidente debería haber respondido inmediatamente a los problemas que llevaron a la muerte de Nahel. En otras palabras, debería haber suspendido inmediatamente la ley de «licencia para matar» de 2017 de [el exprimer ministro Bernard] Cazeneuve. Pero como la intención del presidente no es responder a los problemas que esto ha planteado, se ha inventado otros de los que hablar en su lugar. Es una táctica de distracción.

En primer lugar, señaló con el dedo acusador a los padres, un comentario insultante que demuestra su negativa a considerar siquiera la situación social. Luego culpó a los videojuegos, lo que no es más que charlatanería, ya que no existe ningún estudio que demuestre la relación entre estos juegos y la violencia. Por último, sus partidarios en el Parlamento nos acusaron a nosotros, France Insoumise.

Cuando expliqué que pedíamos justicia, se dedujo que no llamaba a la calma, y nos criticaron por ello. Pero actuamos en nuestro propio campo. No somos sociólogos ni urbanistas. Nuestro papel es formular una evaluación política de un problema político para dar respuestas políticas.

FE

¿Qué opina de las respuestas del gobierno?

JLM

Reconoceré que la primera reacción de Macron, cuando le informaron del asesinato de un joven de diecisiete años, fue humana. Como cualquier padre, consideró que ese suceso era inaceptable, lo cual es cierto. Pero se detuvo ahí, dejando que sea un ministro quien llame a la madre de Nahel. Podría haberla llamado él mismo o haber ido a verla, lo que habría sido un gesto extremadamente poderoso para demostrar que no hay desconexión entre la población y las autoridades. Pero no lo hizo.

En lugar de eso, se ha pasado el tiempo corriendo detrás de la policía. Esto fue comprendido inmediatamente por los sindicatos de Alliance Police Nationale y de la UNSA Police, que emitieron una declaración totalmente inaceptable. Sin embargo, no oímos ni una crítica al respecto. Cuando interrogamos a [el ministro de Justicia Éric] Dupond-Moretti o a otras personalidades del gobierno, dijeron que no eran sus palabras o incluso que no tenían ningún comentario que hacer. Lo que significa que corremos más peligro del que pensábamos.

El mayor sindicato de la policía afirma que «ahora no es el momento de la acción sindical, sino del combate» e incluso que «la policía está en combate porque estamos en guerra». Hablo aquí como representante político de una parte de la opinión pública francesa que se siente amenazada por un gobierno que se comporta así con los quartiers populaires [barrios populares y marginados]. Y que no hace nada cuando bandas armadas de fascistas salen a la calle para agarrar a niños y entregarlos a la policía. Así que, insisto: estamos en peligro porque el gobierno ya no controla a la policía. Le tiene miedo y está sometido a ella.

Esa es la situación después de una semana. Con el hecho increíble de que el presidente y su gobierno todavía no han hecho ni una sola propuesta en relación con los acontecimientos, aparte de enviar a cuarenta y cinco mil hombres [encargados de mantener el orden, cifra deliberadamente sobreestimada por el Ministerio del Interior, según Le Canard enchaîné] por todo el país. Incluso Jacques Chirac [enfrentado los disturbios], en 2005, pronunció un discurso que intentaba preservar un terreno común con el que pudieran identificarse personas de todos los bandos.

En aquel momento, Claude Dilain, alcalde de Clichy-sous-Bois, pronunció esta maravillosa frase en el congreso del Partido Socialista, celebrado justo después de las revueltas urbanas: «Queréis volver a la normalidad, pero es la normalidad la que es insoportable». Sabemos que la normalidad es insoportable, y que la gente que vive allí la está resistiendo con un valor y una paciencia increíbles. Así pues, la respuesta es justicia. En otras palabras: la calma es algo que hay que construir.

ES

Dice que las autoridades tienen miedo de la policía. Es una afirmación contundente. ¿Cree que es una situación sin precedentes en la V República?

JLM

Fue una situación similar la que condujo a la reescritura de la Constitución en 1958, porque entonces el gobierno ya no controlaba al ejército. Ahora ya no controla a la policía, cuyos sindicatos más importantes utilizan palabras tomadas directamente del repertorio de la extrema derecha, llamando «peste» a la población que se les resiste. Nuestra primera señal de alarma llegó cuando [el exministro del Interior] Christophe Castaner se pronunció contra el uso de las llaves de estrangulamiento. En aquel momento, nos quedamos estupefactos al ver a policías que exigían que se les permitiera el derecho a estrangular a la gente. Entonces comprendimos que, para mostrar tal descaro, necesitaban sentir que la balanza del poder estaba a su favor. De hecho, el Sr. Castaner perdió su cargo ministerial.

MD

¿Cómo explica que ahora sea imposible criticar a la policía? ¿Qué no sea posible decir que hay un problema de racismo en la policía sin ser inmediatamente condenado al ostracismo por la República?

JLM

El punto de partida es una confrontación entre dos visiones del mundo y de las relaciones sociales: la de la extrema derecha y la de France Insoumise. Los partidarios de las doctrinas económicas neoliberales se encontraron ante una población que se resistía a sus políticas en masse. Entonces aceptaron adoptar la retórica de distracción de la extrema derecha, afirmando que el problema eran los inmigrantes, e incluso los musulmanes, para crear una división en la población francesa. Esto puso las cosas cuesta abajo. Pero ése es el destino de cualquiera que ceda el más mínimo terreno a la extrema derecha.

Esta tendencia hacia la peor de las opciones se refleja políticamente en lo que los economistas Bruno Amable y Stefano Palombarini llaman el «bloque buergués». En la segunda vuelta de las elecciones parlamentarias del año pasado quedó claro que el gobierno de Macron consideraba que la peor amenaza no era la extrema derecha, sino nosotros. Luego se produjo el punto de inflexión de las elecciones parciales de Ariège, donde una candidata de France Insoumise, que había quedado muy por delante en la primera vuelta, vio cómo todos los demás se unían para derrotarla en la segunda.

Inmediatamente oímos a [el exprimer ministro conservador] Jean-Pierre Raffarin afirmar que se había formado un reverso del frente republicano [es decir, el frente electoral utilizado históricamente para dejar fuera a la extrema derecha]. Y, efectivamente, el frente republicano se volvió del revés, se transformó en un «frente antipopular». Utilizo esta expresión porque recuerda la situación de 1936, cuando todos los demás se unieron contra el Frente Popular bajo el lema «mejor Adolf Hitler que el Frente Popular». La formación de este frente antipopular es una puerta abierta al desastre para nuestro país.

FE

Tanto usted como France Insoumise se han convertido en el centro de las críticas, y sus detractores les han excluido del arco de las fuerzas republicanas. ¿Cómo piensan romper este aislamiento?

JLM

En primer lugar, no nos sentimos aislados. Representamos a un sector de la población. Si estamos en el punto de mira, en realidad es solo un pretexto para otro objetivo político, a saber, la unificación de las fuerzas de derechas. El reto al que nos enfrentamos es no distanciarnos nunca de los grupos sociales a los que representamos, a pesar de las lógicas contradicciones (a nadie le hace gracia que se quemen coches). Tenemos que evitar que parte de nuestro bloque se ponga del lado del partido de la represión. Para ello, debemos seguir representando políticamente a este bloque, aunque sea difícil. Justicia en todas partes: esa es nuestra causa común.

En cualquier caso, ninguna cantidad de propaganda borrará los hechos básicos del problema. En primer lugar, los quartiers populaires han sido relegados a los márgenes de la República, con poblaciones racializadas por la forma en que son vistas por los demás, reducidas a su religión y exiliadas en los suburbios, que acceden a menos dinero, transporte y atención médica que los demás. En segundo lugar, los ricos se han separado de la República. Se han refugiado en sus propios barrios con una visión fantasiosa sobre el resto de la sociedad. En general, todo lo que solía ser propio de una comunidad está desapareciendo, resultando en un «sálvese quien pueda» generalizado.

ES

Menciona a los ricos, pero el comportamiento de «separarse» de la sociedad también puede verse entre las clases medias…

JLM

Hablemos de ello. En los años 30, las clases medias ya estaban en juego electoralmente. Eran más heterogéneas que hoy, con muchos comerciantes y agricultores. Como parte de su lucha contra el Frente Popular, la derecha contrapuso el destino de estos grupos al de los trabajadores. Hoy en día nos enfrentamos a una población más homogénea que en aquella época, debido a una comunidad material de facto establecida en la dependencia de la gente de diversos tipos de redes.

Veámoslo más de cerca. Para que la estrategia de centroizquierda funcione, como ocurrió en los años 70, se necesita una clase media en ascenso. Cuando yo era socialista en Lons-le-Saunier, mi secretario de sección de partido era un trabajador social y mi primer secretario de federación era un profesor universitario. ¿Quiénes eran estas personas? Eran hijos de trabajadores sindicalizados, que ascendían en la escala social y compartían las mismas consignas transversales, como los centros de trabajo autogestionados.

La diferencia es que hoy las clases medias ya no ascienden. Están empobrecidas y en vías de ser desclasadas. Su relación con la política está determinada por la incertidumbre: a medida que la sociedad se polariza, ¿hacia dónde van a ir? Por ahora, se inclinan por una vuelta a la calma. Dentro de una semana, sin embargo, tendrán una avalancha de documentos, artículos y columnas sobre las condiciones de vida en los suburbios. En ese momento, creo que las clases medias educadas e «informadas» recuperarán la compostura y se darán cuenta de que no hay solución policial a una situación como ésta.

MD

¿Qué estrategia política se debe adoptar en un clima mediático histérico y polarizado como el actual? Su política es no retractarse nunca de una postura que ha adoptado, pero, ¿no corre el riesgo de tener que justificarse constantemente por problemas de forma, en detrimento del contenido político?

JLM

Permíteme recordarte que no estamos aquí para vender helados. Pertenecemos a un campo político, y nuestras convicciones no se negocian. Adoptar ese enfoque es la única forma de que nos escuchen.

Si no nos mantenemos firmes, ¿quién lo hará? ¿La simpatía de quién nos ganaríamos cediendo? ¿La gente que tiene pánico? ¿La gente que tiene miedo? ¿Debemos alimentar ese miedo? No. Nuestro deber es mantenernos firmes. A este respecto, me sorprende poderosa y gratamente la resistencia del grupo parlamentario de France Insoumise. Muchos de ellos fueron elegidos por primera vez en su vida el año pasado y han tenido que soportar constantes ataques.

No perderemos el tiempo explicándonos sobre problemas de forma, porque no los hay: es una pura invención. Ninguno de nosotros ha llamado a la insurrección ni ha prendido fuego a nada. En cambio, cuando salgo en la tele y cuento la historia de madres que luchan por salir adelante, me escuchan miles de mujeres que son la esencia misma de los quartiers populaires. Apostamos a empoderar a esos sectores a cada paso.

FE

Volvamos a la muerte de Nahel. En febrero de 2017, el gobierno de Bernard Cazeneuve y François Hollande aprobó una ley que permitía un uso más fácil de las armas de fuego por parte de los agentes del orden. Todo el grupo socialista votó a favor. ¿Es posible hoy que la alianza de izquierdas NUPES [que incluye a los socialistas] tenga una posición común para su derogación?

JLM

Tienes razón al mencionar esta ley. Habría sido de sentido común suspenderla tras la muerte de un niño. La señal a la policía sería: no más disparos. Nadie ha cuestionado nunca que utilicen sus armas en legítima defensa. Ellos lo saben. Pero siempre estoy a favor de limitar los daños. Por eso he dicho que deberían estar desarmados cuando se trata de controlar manifestaciones. También apoyamos la transferencia inmediata de jurisdicción para todos los casos de violencia policial, que es una exigencia del sindicato de magistrados, y la creación de una comisión de «Verdad y Justicia». Necesitamos esto, porque hay muchísimos casos en los que todavía no se ha producido una decisión judicial.

Volvamos a los que votaron a favor de esta ley. Para empezar, ni los Verdes ni los Comunistas lo hicieron, lo cual es un buen comienzo. En cuanto a los Socialistas, su grupo en la Asamblea emitió un comunicado de prensa que dice lo siguiente: «Porque estamos comprometidos con el orden republicano (…) decimos claramente: es urgente redefinir una doctrina de mantenimiento del orden, trabajar en la reforma de la formación policial, en la revisión de las instancias de control y sanción de nuestras fuerzas del orden, pero también en una necesaria evaluación de la aplicación de la ley de 2017, con vistas a su revisión». Así pues, quieren revisarla, lo cual es mejor que nada. ¿Qué necesidad hay de seguir diciendo que tienen una diferencia de opinión fundamental conmigo? ¿De qué están hablando?

ES

Justo después de la muerte de Nahel, usted dijo que había que «revisar completamente» la policía. ¿Qué significa eso concretamente? ¿Y qué le dice a todos aquellos que desde la izquierda creen que la policía siempre será una fuerza represiva al servicio del Estado?

JLM

En toda sociedad es necesaria una fuerza policial, eso es evidente desde que existen las ciudades. No creo que lleguemos a prescindir nunca de la necesidad de personas que representen al Estado y hagan cumplir la ley. ¿Por qué? Porque no queremos que cada uno se tome la justicia por su mano. Si existe un cuerpo policial, entonces no se mete todo el mundo y es posible seguir ciertas reglas. Se trata, por tanto, de una profesión y de una delegación de poder que debe permanecer bajo un estrecho control político. Tradicionalmente, las grandes fortalezas del Estado se gestionan conjuntamente. El ministro del Interior trabaja con los sindicatos policiales. Pero existe una delgada línea entre transigir y entregar el poder a la policía.

Las encuestas muestran que casi el 50% de los policías votan a la extrema derecha. ¿Cómo es posible que el cuerpo responsable de mantener el orden republicano tenga una opinión mayoritaria por las ideas no republicanas? ¿Por qué un hombre de veinticuatro años dispara a un niño? ¿O a una mujer joven? Es porque no ve a su hermano o a su novia. No digo que disparen por racismo, pero su racismo les hace olvidar a quién van a disparar. Esa es mi opinión.

Así pues, tenemos que revisar el cuerpo de policía, empezando por la formación, volviendo a controlar la supervisión, restableciendo el código ético de Pierre Joxe… Permíteme recordarte que cuando Joxe era ministro del Interior y acudieron policías armados a manifestarse bajo sus ventanas, suspendió a ciento veinte de ellos y expulsó a cuatro. Te garantizo que después de eso hubo un ambiente más profesional. Plantear reivindicaciones forma parte de la vida sindical. Pero a un sindicato que escribe «estamos en guerra» necesita ser puesto en su sitio de forma inmediata.

MD

Usted ha ido madurando su pensamiento en relación a la islamofobia. ¿Puede decirse lo mismo respecto de la violencia en la política?

JLM

Comparado con cuando tenía veinte años, sin duda. Cuando tenía veinte años, era un admirador de la guerrilla del Che [Guevara]. Después, tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet, estuve de acuerdo con los que participaban en la resistencia armada. Y luego hice balance de todo aquello: ¿habíamos conseguido algo significativo en alguna parte, de alguna manera? No, y murieron los mejores.

Definitivamente creo que la violencia como estrategia política no lleva a ninguna parte. No porque sea una especie de santo que teme la violencia, sino porque solo conduce al desastre. Abogo por estrategias no violentas. La única estrategia revolucionaria es el voto.

FE

Entonces, ¿cómo explica que se le acuse de estar del lado de la violencia?

JLM

Tenemos que pasarnos todo el tiempo defendiéndonos de las afirmaciones de que somos violentos, cuando son las autoridades las que institucionalizan la violencia. También hay una deriva semántica en nuestro vocabulario. Cuando oigo a Macron hablar de un proceso de «descivilización», me asusta. Incluso cuando hablamos de revueltas, por costumbre del lenguaje, sugiere que se trata de algo loco y ciego, cuando podemos ver claramente que las cosas son más complicadas. Nos encontramos en una situación de revuelta urbana. Las personas están adoptando formas que se ajustan al terreno.

ES

En su libro L’Ère du peuple hace mucho hincapié en las cuestiones urbanas. Ya en 1989, el texto fundador de la Nouvelle école socialiste teorizó el concepto de «socialdemocracia urbana». ¿Cómo pueden los habitantes de los quartiers populaires recuperar el control colectivo sobre ese espacio?

JLM

Mi idea en aquel momento era que, a medida que el mundo se urbanizara, las nuevas organizaciones progresistas, socialistas y colectivistas surgirían de la estructura urbana y no del nivel de las empresas. La ciudad no es un mero decorado, corresponde a su época. Lógicamente, ha acompañado a los diversos cambios del capitalismo.

Durante la época fordista y keynesiana, la ciudad se cortó en pedazos: el lugar donde vivías, el lugar donde paseabas, el lugar donde comías, etcétera. Pero era una ciudad del contrato social, donde todos vivían juntos. Luego llegó la ciudad neoliberal, caracterizada por una tendencia al aburguesamiento. Hoy, en París, si eres parte de una familia en la que los padres no ingresan al menos 5000 euros al mes, no puedes salir adelante.

La ciudad también produce formas políticas específicas. Cuando sus habitantes no tienen recursos, entran en fases de revuelta, que son como erupciones. Ya no hay mediación para traducir esto en formas en las que sea posible un compromiso. La ciudad es, no obstante, el nuevo escenario del conflicto social, porque para producir y reproducir tu existencia material, necesitas redes. Y no puedes negociar con una red. El agua del grifo fluye o no fluye. Hay suministro eléctrico o no lo hay.

MD

La desconexión entre la clase política y los barrios obreros y marginados no es nada nuevo. ¿Hasta qué punto percibe esta desconexión y cómo podemos reconstruir el vínculo entre los habitantes de estos barrios y las estructuras políticas?

JLM

Esta desconexión depende del equilibrio social de poder. Los que están en el poder siempre han dicho que las clases sociales subyugadas y oprimidas son peligrosas. Durante la Comuna de París, Émile Zola dijo: «Es una causa maravillosa, pero está mal representada».

Cuando los sindicatos perdieron su poder, destruidos por el neoliberalismo, ya no había ninguna línea de resistencia social y política. Los partidos en el poder no iban a ponerse de acuerdo con quienes protestaban contra su forma de dirigir las cosas, es decir, en los quartiers populaires. La última línea de defensa que teníamos eran las asociaciones, y también fueron desmanteladas. Millones de personas quedaron desamparadas. Y el discurso dominante sigue afirmando que las revueltas son culpa de los revoltosos. No hay absolutamente nada nuevo bajo el sol desde hace un siglo.

France Insoumise tiene cuatro mil personas que actúan como puntos de contacto en bloques de viviendas individuales. Ninguna otra organización hace eso. Aún falta mucho, necesitamos cuatro o cinco veces más. También está la representación política. Eso significa conseguir que Rachel Keke, Carlos Martens Bilongo o Louis Boyard, que proceden de quartier populaires, sean elegidos. Así que el problema está ahí y estamos intentando abordarlo.

Pero creo que la reestructuración de la sociedad producirá su propia forma de representación política. La ley ya estipula que las ciudades de más de veinte mil habitantes deben crear comités de barrio. ¿Pero cuántas ciudades los tienen realmente? Desde el momento en que hay una expansión urbana, sin bordes, sin límites, es obvio que la cuestión de cómo dirigirlos se plantea de otra manera, y que la escala adecuada es el nivel de barrio.

ES

El movimiento social contra la reforma de las pensiones ha sido derrotado, la agenda securitaria está ganando terreno y muchos dirigentes políticos se expresan de manera similar a como lo hace la extrema derecha. ¿Qué iniciativas concretas debería tomar la izquierda para evitar ser aplastada bajo esta agenda mortífera?

JLM

En primer lugar, la izquierda tiene que existir. En el plano político, hemos conseguido superar la división —aunque con muchas dificultades— proponiendo la coalición NUPES para las elecciones legislativas del año pasado. Pero eso no basta. La estrategia es la unión popular, no solo la unión de los partidos políticos. La unión popular es un objetivo que se dirige a las masas y que también adopta formas organizadas. Como vimos durante la batalla de las pensiones, todavía no hemos superado la absurda división entre fuerzas sociales y fuerzas políticas. Naturalmente, nuestros adversarios se aprovechan plenamente de la situación: enfrentan a los sindicatos con las organizaciones políticas, y luego a las organizaciones políticas entre sí.

Tras una semana de revueltas y sin respuesta del gobierno, ¿somos capaces de convocar una movilización conjunta? ¿Podemos lanzar consignas comunes como «verdad y justicia»? Las marchas del sábado son una respuesta a esto [se refiere a la convocatoria del 8 de julio]. Es un buen precursor de la unión popular.

Se están celebrando debates, estamos haciendo lo que podemos, pero nuestros oponentes son muy astutos: demonizándome, intentan que sea imposible asociarse conmigo. Pero yo no soy el problema. Por eso hago un llamamiento a todos para que superen el espíritu de facciones, camarillas y grupos, y estén a la altura de las circunstancias. Cuando hay fascistas en la calle, es hora de despertarse, ¿no? Tenemos que ser capaces de constituir un frente no violento. Pero para que sea eficaz, tiene que ser diez, cien veces más masivo que el de los violentos.

Sobre los entrevistadores:

[1] Mathieu Dejean es colaborador de Mediapart y autor de Sciences Po, l’école de la domination. / Fabien Escalona es periodista de Mediapart y autor de La reconversion partisane de la social-démocratie européenne. / Ellen Salvi es colaboradora de Mediapart.

Publicado en: Europa

Bombas de racimo sobre el futuro de Europa

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Beñat Zaldua

Las bombas de racimo son proyectiles que pueden lanzarse desde tierra, mar y aire. Son, en realidad, carcasas voladoras que albergan en su interior decenas o cientos de bombas más pequeñas. Antes de tocar suelo, el contenedor se abre y las bombas se dispersan en un amplio terreno, mayor que el de un campo de futbol en muchas ocasiones. Es la antítesis de una bomba de precisión, pues es imposible controlar dónde caen todos estos explosivos más pequeños. De ahí que cause muchas más víctimas civiles que otro tipo de munición más ordinaria. Entre uno y seis de cada 20 explosivos salidos del vientre de la bomba-madre no explotan, lo que los convierte, en la práctica, en minas antipersona, aguardando al mínimo movimiento para reventar, aunque sea años después de haberse lanzado.

En 2008, un centenar de países, entre éstos México y los miembros de la Unión Europea, firmaron un tratado para prohibir las bombas de racimo. No se adhirieron ni Estados Unidos ni Rusia. Y hoy, en julio de 2023, volvemos a hablar de éstas porque Washington acaba de anunciar que entregará este tipo de armamento a Ucrania.

En realidad, desde que Rusia atacara a su vecino hace ya más de un año, ambas partes se han acusado mutuamente de usar este tipo de bombas. Más allá de acusaciones cruzadas, de lo que cabe estar seguro es de que, efectivamente, ahora las emplearán, pues Moscú ya ha advertido de que utilizará sus bombas de racimo si las de Estados Unidos llegan a Kiev.

Así funciona una escalada militar, siempre de forma bilateral. Si uno sube la apuesta, el otro la iguala o la supera, en un bucle que sólo acaba cuando una de las partes no puede igualar a la otra y se ve forzada a negociar en mala posición. La teoría de juegos siempre es interesante sobre el papel, pero no está de más recordar que, en la práctica, hablamos de Rusia y Estados Unidos, principal valedor de Ucrania. Estos dos países concentran 90 por ciento del arsenal nuclear de todo el mundo, por lo que una escalada en este caso tiene un potencial devastador. Por cierto, según el último informe de la principal autoridad en la materia, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, los arsenales nucleares están siendo reforzados a lo largo y ancho del mundo.

Del perverso bucle de la escalada bélica también se puede salir cuando un agente externo obliga a las partes en conflicto a negociar y pactar. La plaza sigue vacante. La Unión Europea podía haber intentado ocuparla, quizá junto con China, para forzar a Moscú y Washington a frenar este enfrentamiento indirecto que desangra a un país que no es ni Rusia ni Estados Unidos. La ocasión era propicia para ensayar una política exterior autónoma inexistente desde hace 75 años, pero la pusilanimidad de los dirigentes europeos la ha echado al traste, dispersada cual bomba de racimo.

Igual que ante las informaciones sobre la autoría ucrania del sabotaje de los gasoductos Nord Stream, la respuesta de los países europeos ha sido terrible. Sólo el Estado español –al César lo que es del César– junto con Canadá y Reino Unido –que ya no forma parte de la Unión Europea– han protestado por el envío de un armamento prohibido en el continente. Alemania, Francia e Italia, los pesos pesados, se han limitado a señalar que no comparten la medida, pero que la comprenden. Quizás haya sido para compensar la negativa a Zelensky a entrar por la vía rápida en la OTAN, pero el resultado es nefasto.

Por último, el secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, lo justificó señalando que este arsenal va a ser usado como defensa y no como ataque. El jefe de la alianza militar más poderosa del planeta no sabe qué es una bomba de racimo. O es un cínico, que cada quien elija.

El resumen es que nadie en la cumbre de la Alianza Atlántica en Vilnius, capital de Lituania, se ha despeinado frente el anuncio estadunidense. Hay noticias alarmantes y hay otras que, por no causar alarma, son todavía más alarmantes. Lo ha escrito recientemente el analista y experto en cuestiones de paz y armamento Jordi Armadans.

El paisaje es desolador a ambos lados del continente. El error de cálculo de Putin al lanzar la invasión de Ucrania fue descomunal. Está empantanado en una guerra que no puede perder ni ganar, mientras ve cómo la OTAN, su bestia negra, renace y se amplía con el pretexto del conflicto que, en su actual versión, él inició. En el frente interno, las consecuencias del amago de motín de los mercenarios de Wagner está todavía por esclarecer, pero es poco arriesgado aventurar que su liderazgo se ha visto reforzado.

Al otro lado, el futuro de la Unión Europea es sombrío. Veremos qué pasa la semana que viene en las elecciones españolas. Mientras tanto, la tercera economía del continente (Italia) está en manos de la extrema derecha, la segunda (Francia) está en llamas y socialmente fracturada en mil pedazos, y la primera (Alemania) en recesión, en buena medida por el alto precio de la energía, agravado notablemente por la guerra de Ucrania y el fin del suministro ruso. Y si sufre la industria germana, sufre el continente entero. Tiempo al tiempo.

Publicado en: Europa

Zizek y las mujeres iraníes que “se niegan a usar el burka”

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Xavier Villar

 

                                                             En un artículo reciente del filósofo esloveno Slavoj Zizek sobre las protestas en Francia, se mencionó lo siguiente:

“Las protestas públicas y los levantamientos pueden desempeñar un papel positivo si están respaldados por una visión emancipadora, como ocurrió con el levantamiento de Maidán en Ucrania en 2013-2014 y las protestas en Irán desencadenadas por mujeres kurdas que se niegan a usar el burka”.

El objetivo de este artículo es intentar explicar cómo es posible que Zizek, uno de los filósofos contemporáneos más reconocidos a nivel mundial, pueda mencionar el burka en Irán y las implicaciones políticas y epistémicas que esta afirmación tiene para el Islam en general y para las personas musulmanas.

Es importante señalar que Zizek ha sido objeto de críticas en numerosas ocasiones debido a sus posturas políticas y discursivas. Una de las críticas más destacadas se refiere a su alineamiento, tanto reciente como pasado, con posiciones conservadoras, especialmente en temas de inmigración y minorías en Occidente. La académica Sara Ahmed, en una de estas críticas hacia Zizek, argumenta que sus posturas sobre los refugiados en Occidente suenan sorprendentemente similares a las expresadas por los gobiernos conservadores británicos o franceses.

La justificación de este comportamiento discursivo radica en la perspectiva de Zizek de que el enfoque antiracista representa un problema porque «distrae» de la universalidad de la lucha de clases. Según el filósofo esloveno, al hablar de la crisis de los refugiados, se deja de considerar la cuestión de clase como el eje prioritario que estructura las opresiones y se adopta el discurso liberal de la tolerancia. En otras palabras, para él, la preocupación por los refugiados y la forma en que los estados deciden quién vive y quién no, a través de la necropolítica, es simplemente ceder ante lo políticamente correcto.

Al tratar el tema de la inmigración y la presencia de «los otros» en Occidente de esa manera, es decir, al adoptar el marco hegemónico que habla del «problema de los refugiados/inmigrantes», se omite examinar los mecanismos de poder que determinan qué cuerpos son construidos como extranjeros y, por lo tanto, peligrosos. Además, la falta de un análisis serio de estos mecanismos de poder, en particular los procesos de racialización que subyacen a la construcción de ciertos inmigrantes/refugiados como una crisis, sugiere que a Zizek no le interesa explicar la relación entre la violencia estructural de los estados hacia aquellos cuerpos que son percibidos como no blancos.

En relación con esto, Zizek expone claramente su postura al argumentar que la supuesta corrección política es la principal razón por la cual no se puede llevar a cabo un debate serio en Occidente sobre la relación entre la violencia sexual y las minorías. Es importante recordar que la racialización de la violencia sexual se ha convertido en uno de los elementos más utilizados actualmente para desplegar discursos racistas dirigidos específicamente hacia las minorías, especialmente las musulmanas, en Occidente.

Una vez analizado el marco discursivo en el que se sitúa Slavoj Zizek, que se puede definir como «neo-orientalista», podemos abordar nuevamente la cuestión del burka y la República Islámica. Es evidente que esto no se trata simplemente de un error o una mera cuestión de nombres. Lo que subyace en ese uso incorrecto es la idea esencialista que percibe al Islam como una configuración fija, sin considerar sus articulaciones políticas y, por lo tanto, intercambiable. Desde esta perspectiva, no se tienen en cuenta las diferencias políticas existentes, como por ejemplo, entre la República Islámica y los talibanes afganos.

La reducción esencialista que emplea Zizek funciona de manera similar a esas explicaciones que reducen, por ejemplo, la guerra entre Irán e Irak en los años 80 a un simple enfrentamiento entre suníes y chiíes, sin tomar en cuenta las complejas articulaciones políticas y los diversos y opuestos horizontes políticos involucrados.

Desde un punto de vista teórico, se puede argumentar que para Zizek el Islam representa una presencia marginal, lo que se traduce en un análisis superficial, erróneo y siempre desde la perspectiva del Orientalismo.

Cuando Zizek relaciona Irán y el burka, lo hace con un claro objetivo político. El burka, como señaló la antropóloga Saba Mahmood, se convirtió en la imagen visual que condensó y organizó el conocimiento sobre Afganistán y sus mujeres. Precisamente esta imagen del burka ha adquirido una representación monstruosa de todas las cosas negativas asociadas con Afganistán y, gracias al reduccionismo esencialista en el que Zizek participa, también se ha extendido a la percepción del Islam en general. Discursivamente, el filósofo esloveno coloca a la República Islámica en una cadena de equivalencias en la que se encuentran otros elementos como los talibanes, la violencia, el extremismo y el barbarismo.

En este discurso también se observa un movimiento discursivo que permite intercambiar los términos «velo» y «burka» sin considerar no solo cuestiones culturales, sino también la agencia de las personas involucradas. Este discurso privilegia el cuerpo sin velo como el cuerpo normativo, con acceso a las sensaciones y a la agencia. Como consecuencia, se genera la percepción del velo o el burka como un espectáculo de anacronismo, falta de libertad y regresión, entre otros aspectos.

Además, el velo evoca lo que Wendy Brown describe como un cuerpo sufrido y herido. En la fantasía de la liberación a través del desvelamiento, se asume que las mujeres veladas encarnan estas identidades «heridas» que buscan protección por parte de los estados liberales.

A modo de conclusión, se puede argumentar que Zizek aborda el Islam desde una perspectiva intelectual que lo considera como una esencia inmutable, sin tener en cuenta las articulaciones políticas que explican las diferencias entre diferentes contextos, como el Islam en Irán y el Islam de los talibanes. Al omitir estas articulaciones, Zizek solo percibe el Islam a través del prisma del Orientalismo.

Publicado en: Cultural

El mundo necesita una nueva teoría del desarrollo que no atrape a las personas pobres en la pobreza

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Vijay Prashad

 

En junio, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas publicó su Inbforme sobre Desarrollo Sostenible 2023, que hace un seguimiento de los avances de los 193 Estados miembros hacia la consecución de los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). “Entre 2015 y 2019, el mundo avanzó algo en los ODS, aunque ya era muy insuficiente para alcanzar los objetivos. Desde el estallido de la pandemia en 2020 y otras crisis simultáneas, el progreso de los ODS se ha estancado a nivel mundial», señala el informe. Esta agenda de desarrollo se adoptó en 2015, con metas que debían cumplirse para 2030. Sin embargo, a mitad de este plazo, el informe señala que “todos los ODS están seriamente retrasados”. ¿Por qué los Estados miembros de la ONU son incapaces de cumplir sus compromisos con los ODS? Según la red, “en esencia, los ODS son un programa de inversión: es fundamental que los Estados miembros de la ONU adopten y apliquen el estímulo de los ODS y apoyen una reforma integral de la arquitectura financiera mundial”. Sin embargo, pocos Estados han cumplido con sus obligaciones financieras. De hecho, para hacer realidad la agenda de los ODS, las naciones más pobres necesitarían al menos 4 billones de dólares más de inversión al año.

Hoy en día no hay desarrollo posible, ya que la mayoría de las naciones más pobres están sumidas en una crisis de deuda permanente. Por eso, el Informe sobre Desarrollo Sostenible 2023 pide que se revise el sistema de calificación crediticia, que paraliza la capacidad de los países para pedir dinero prestado (y cuando pueden pedirlo, es a tasas significativamente más altas que las que se conceden a los países más ricos). Además, el informe pide al sistema bancario que revise las estructuras de liquidez para los países más pobres, “especialmente en lo que respecta a la deuda soberana, para evitar crisis bancarias y de balanza de pagos que se autocumplan”.

Es esencial situar la crisis de la deuda soberana a la cabeza de los debates sobre desarrollo. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) calcula que “la deuda pública de los países en desarrollo, excluida China, alcanzó los 11,5 billones de dólares en 2021”. Ese mismo año, los países en desarrollo pagaron 400.000 millones de dólares por el servicio de su deuda, más del doble de la ayuda oficial al desarrollo que recibieron. La mayoría de los países no piden prestado dinero para invertir en su población, sino para pagar a los tenedores de bonos, por lo que consideramos que no es financiación para el desarrollo, sino financiación para el servicio de la deuda.

Leer la literatura académica y de la ONU sobre desarrollo es deprimente. La conversación está capturada por las restricciones de la inabordable y permanente crisis de la deuda. Tanto si se destaca como si se ignora la cuestión de la deuda, su existencia excluye la posibilidad de cualquier avance genuino para los pueblos del mundo. Las conclusiones de los informes suelen terminar con un llamamiento moral —esto es lo que debería ocurrir— en lugar de un análisis de la situación basado en los hechos de la estructura neocolonial de la economía mundial: los países en desarrollo, con ricas reservas de recursos, son incapaces de obtener precios justos por sus exportaciones, lo que significa que no acumulan riqueza suficiente para industrializarse pensando en el bienestar de su propia población, ni pueden financiar los bienes sociales necesarios para su población. Debido a esta asfixia de la deuda, y debido al empobrecimiento de la teoría académica del desarrollo, no se ha proporcionado ninguna orientación teórica general eficaz para guiar agendas de desarrollo realistas y holísticas, y no parece haber ningún proyecto disponible para salir del ciclo permanente de deuda-austeridad.

En el Instituto Tricontinental de Investigación Social, deseamos abrir un debate sobre la necesidad de una nueva teoría socialista del desarrollo, que se construya a partir de los proyectos que llevan a cabo los movimientos populares y los gobiernos progresistas. Como parte de ese debate, ofrecemos nuestro último dossier, El mundo necesita una nueva teoría socialista del desarrollo, que examina el terreno de la teoría del desarrollo desde 1945 hasta la actualidad y plantea algunas pistas de un nuevo paradigma. Como señalamos en el dossier:

Empezar por los hechos requeriría un reconocimiento de los problemas de la deuda y la desindustrialización, la dependencia de las exportaciones de productos primarios y la realidad de los precios de transferencia y otros instrumentos empleados por las corporaciones multinacionales para exprimir regalías de los Estados exportadores, las dificultades para implementar estrategias industriales nuevas y amplias, y para desarrollar las capacidades tecnológicas científicas y burocráticas en las poblaciones de la mayor parte del mundo. Estos hechos han sido difíciles de superar para los gobiernos en el Sur Global, aunque ahora —con el surgimiento de las nuevas instituciones Sur-Sur y las iniciativas globales de China— estos gobiernos tienen más opciones que en las décadas pasadas y ya no dependen tanto de las instituciones financieras y de comercio controladas por Occidente. Estas nuevas realidades exigen la formulación de nuevas teorías del desarrollo, nuevos análisis de las posibilidades y caminos para trascender los hechos persistentes de la miseria social. En otras palabras, lo que se ha vuelto a poner sobre la mesa es la necesidad de planificación nacional y cooperación regional, así como la lucha para producir un mejor entorno exterior para las finanzas y el comercio.

Una reciente conversación en Berlín con nuestros compañeros y compañeras del Centro Internacional de Investigación sobre la RDA (IF DDR) nos hizo darnos cuenta de que este dossier no abordaba los debates y discusiones sobre el desarrollo que tuvieron lugar en la Unión Soviética, la República Democrática Alemana (RDA), Yugoslavia y el movimiento comunista internacional en general. Ya en el II Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en 1920, las y los comunistas empezaron a formular una teoría del “desarrollo no capitalista” (DNC) para las sociedades que habían sido colonizadas e integradas en la economía mundial capitalista, pero que aún conservaban formas precapitalistas de producción y jerarquía social. La idea general del DNC era que las sociedades poscoloniales podían eludir el capitalismo y avanzar hacia el socialismo mediante un proceso nacional-democrático. La teoría del DNC, desarrollada en conferencias internacionales de partidos comunistas y obreros y elaborada por figuras destacadas de la academia soviética como Rostislav A. Ulyanovsky y Sergei Tiulpanov en revistas como la World Marxist Review, se centraba en tres transformaciones:

  • La reforma agraria, para sacar al campesinado de su condición de indigencia y acabar con el poder de los terratenientes.
  • La nacionalización de sectores económicos clave, como la industria y el comercio, para limitar el poder de los monopolios extranjeros.
  • La democratización de las estructuras políticas, la educación y del sistema de salud para sentar las bases sociopolíticas del socialismo.

A diferencia de la política de industrialización por sustitución de importaciones promovida por instituciones como la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina (CEPAL), la teoría del DNC comprendía mucho mejor la necesidad de democratizar la sociedad en lugar de limitarse a mejorar los términos de intercambio. En la serie Amistad de IF DDR, Matthew Read relata en un artículo la aplicación práctica de la teoría del DNC en Malí durante la década de 1960. Próximamente el IF DDR y el Instituto Tricontinental de Investigación Social trabajaremos en un estudio exhaustivo de la teoría del DNC.

Antes del colonialismo, los eruditos africanos y árabes de África Occidental ya habían empezado a elaborar los elementos de una teoría del desarrollo. Por ejemplo, ʿUthman ibn Muhammad ibn ʿUthman ibn Fodyo (1754-1817), el jeque fulani que fundó el califato de Sokoto (1804-1903), escribió Usul al-‘Adl li-Wullat al-Umur wa-Ahl al-Fadl wa-al-Salatin [La administración de justicia para gobernadores, príncipes y gobernantes meritorios] para guiarse a sí mismo y a sus seguidores por el camino de la prosperidad de su pueblo. El texto es interesante por los principios que esboza, pero —dado el nivel de producción social de la época— el califato se basaba en un sistema de baja productividad técnica y mano de obra esclavizada. Antes de que los pueblos de África Occidental pudieran arrebatar el poder al califato e impulsar su propia sociedad, el último califa fue asesinado por los británicos, que –junto con los alemanes y los franceses– se apoderaron del territorio y subordinaron su historia a la de Europa. Cinco décadas más tarde, Modibo Keïta, militante comunista, lideró el movimiento independentista de Malí, tratando de revertir la subordinación de las tierras africanas mediante el proyecto del DNC. Keïta no trazó explícitamente una línea directa hasta ibn Fodyo —cuya influencia podía verse en toda África Occidental—, pero podemos imaginar los itinerarios ocultos, las notables continuidades entre aquellas viejas ideas (a pesar de estar impregnadas de las miserables jerarquías sociales de su época) y las nuevas ideas propusieron las y los intelectuales del Tercer Mundo.

Fuente: Instituto Tricontinental de Investigación Social

Publicado en: Global

UCRANIA contrata mercenarios inexpertos, muchos de ellos latinoamericanos (y caen como moscas)

16/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Insurgente.org

Desde el comienzo de la operación militar, Kiev recurre activamente al uso de los mercenarios extranjeros, utilizando sus misiones diplomáticas en el extranjero en ausencia de cualquier prohibición categórica. Los países occidentales apenas comentan el hecho de la participación de sus ciudadanos en combates, aunque resulte que son aniquilados regularmente en Ucrania por el Ejército ruso.

Al mismo tiempo, el nivel de entrenamiento de los mercenarios extranjeros contratados de tal manera para las FFAA ucranianas sigue una cuestión abierta. El medio Escenario Mundial admite que de todos los argentinos que expresaron su deseo de ingresar en la legión extranjera, solo un grupo limitado fue finalmente seleccionado.

“Las FFAA ucranianas dejaron claro que no estaban dispuestas a entrenar a inexpertos y buscaban reclutar a personas con experiencia militar”, añadió la publicación.

“Los mercenarios extranjeros son usados por el régimen de Kiev como ‘carne de cañón’. Nadie del mando ucraniano se preocupa por sus vidas. Por lo tanto, solo tienen dos opciones: huir de Ucrania o morir”, aseveró el ente.

Tal tratamiento de mercenarios extranjeros sucede en el fondo del fracaso total, de acuerdo con el organismo, de la oleada de movilizaciones en Ucrania. Asimismo, tras sufrir pérdidas, la dinámica de la llegada de los mercenarios extranjeros disminuye bruscamente. Las FFAA rusas continuarán eliminando a estos mercenarios, independientemente de su ubicación en el territorio de Ucrania en el curso de la operación militar especial, agregó el ente.

Desde el Ministerio de Defensa ruso destacaron que Kiev intensificó la labor de reclutamiento de combatientes de países asiáticos, latinoamericanos y de Oriente Medio, sobre todo de Argentina, Brasil, Afganistán, Irak y las zonas de Siria controladas por EEUU.

Además, recientemente un corresponsal de Sputnik relató que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) mantiene en Siria intensas conversaciones con representantes de las unidades de autodefensa kurdas y jeques de varios países árabes. “Los mercenarios en Ucrania cobrarán 2.000 dólares al mes por participar en el conflicto”, afirmó.

Esto se suma al hecho de que varios mercenarios estadounidenses ya denunciaron el bajo nivel de entrenamiento de la mayoría de los soldados ucranianos. “Hay un montón de voluntarios realmente estúpidos que no tienen nada que hacer en el campo de batalla”, comentó el militar David Bam Bramlette a The Daily Beast.

Los militares rusos han detectado la presencia de mercenarios extranjeros durante la llamada contraofensiva ucraniana, ampliamente anunciada por Kiev y Occidente desde hace tiempo. Sin embargo, hasta el comienzo de la cumbre de la OTAN en Vilna, Ucrania aún no ha alcanzado ninguno de sus objetivos, sufriendo numerosas pérdidas de personal y de material suministrado por Occidente.

Publicado en: Global

Geopolítica, guerra, clima y economía: Necesitamos un paradigma económico y social global alternativo

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Dimitri Konstantakopoulos 

 

El actual sistema económico mundial, aún dominante, es una forma generalizada, ampliada y globalizada del que prevaleció en el capitalismo occidental durante el siglo XIX, basado en las mismas doctrinas económicas neoclásicas.

El capitalismo «neoclásico» ha provocado las dos grandes crisis económicas (1873 y 1929), dos guerras mundiales, la Revolución Rusa y el ascenso del nazismo en Alemania. Es natural que el mismo modelo, aunque ampliado y globalizado después de 1980 y 1990, haya provocado la crisis económica mundial en la que vivimos desde 2008. Crisis que nos ha llevado al borde de una guerra mundial que ya se habría iniciado, de no ser por la existencia de las armas nucleares.

Este modelo también está acelerando nuestro descenso hacia un holocausto climático y medioambiental. Después de todo, este comportamiento del capital es natural, en la medida que el valor básico que subyace a la economía «neoclásica» y «neoliberal» es la competencia «sin trabas» -y de hecho una lucha mortal- de todos contra todos.

Una guerra mundial o un mundo contra nuestro entorno natural no es más que el resultado inevitable de la búsqueda del poder absoluto y de una acumulación siempre acelerada -por todos los medios- del Capital, que ha caracterizado el funcionamiento de este sistema social . El sistema es donde se encuentran la economía, la geopolítica, la ecología y la cultura.

1980-90: El triunfo neoliberal y neoconservador

Sólo en las condiciones políticas creadas, como resultado de la victoria principalmente soviética sobre el nazismo, en 1945, hemos asistido a la realización del New Deal en Estados Unidos, al establecimiento del compromiso socialdemócrata entre el Trabajo y el Capital en Europa y al surgimiento de regímenes más independientes en China y en algunas antiguas colonias.

Este equilibrio posterior a la Segunda Guerra Mundial se empezó a liquidar con el ataque del Gran Capital , con los neoliberales liderados en su momento por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Fue en los años 80 cuando se impuso un nuevo modelo económico, codificado en el Consenso de Washington.

El colapso, del régimen burocrático soviético entre 1989 y 1991, en una dirección neocapitalista, neoliberal y cleptocrática, constituye un triunfo global para el nuevo paradigma dominante. Las instituciones internacionales básicas como el BM, el FMI y la OMC se reforman de acuerdo con el nuevo modelo económico. Se suprimen todas las restricciones a la acticidad del capital financiero, impuestas tras la crisis de 1929. Europa adopta el Tratado de Maastricht por el que se reconoce el neoliberalismo como principio constitucional básico de un nuevo «superestado» europeo, un tanto sui generis.

Este Tratado también oficializa la autoridad última de la OTAN sobre la política exterior y militar de la UE. El ascenso de los Neoconservadores, la desaparición de la estructura internacional de Control de Armamentos, la constante expansión de la OTAN y las guerras en Yugoslavia y en todo Oriente Medio no son sino el corolario geopolítico de este cambio masivo de la correlación de fuerzas entre Capital y Trabajo, entre naciones dominantes y explotadas.

Mirando las crisis del siglo XX y en analogía con lo que ocurrió en ese pasado reciente , es aconsejable que busquemos en el triunfo del modelo capitalista neoliberal la razón profunda y última por la que estamos de nuevo al borde de una nueva Guerra Mundial . Una Guerra que ya se habría iniciado de no ser por la existencia de las armas nucleares. Por cierto, esto es propio de este sistema: si la lucha general de todos contra todos es la regla principal en la economía, entonces todo tipo de guerras son un resultado normal.

La integración del antiguo Bloque «socialista» en el capitalismo mundial ha sido un momento triunfal del modelo y el fundamento de la “unipolaridad», aunque sen han producido tres importantes excepciones a esta subordinación, cuya trascendencia se ha hecho ahora evidente.

En primer lugar, Rusia conservó parcialmente algunos de los mecanismos y el grado de independencia del Estado soviético, nacido de una revolución anticapitalista y socialista y, con un arsenal nuclear que garantiza la paridad estratégica con Estados Unidos.

En segundo lugar, en China, a pesar del amplio uso del capital extranjero y de concesiones al capitalismo, el régimen ha conservado el grado de independencia que heredó de la Revolución de 1949. China sigue siendo un país no capitalista con una economía planificada, aunque no dirigida por métodos administrativos sino por el mercado, y el país se niega con firmeza a sucumbir a la globalización financiera, es decir, al poder mundial de las Finanzas internacionales.

En tercer lugar, las intervenciones militares masivas de Occidente en el Oriente Medio han transformado una gran parte de éste en una zona de ruinas, aunque occidente no ha sido capaz ni derrotar las fuerzas de resistencia de la región, ni de integrarlas en Occidente.

El momento de la crisis

Hoy, más de cuarenta años después de Reagan y Thatcher, más de treinta años después del colapso soviético y de la creación de la UE, el modelo económico mundial dominante no ha logrado ninguno de los objetivos básicos que se había fijado y que sus teóricos creían que alcanzarían gracias a su aplicación sin trabas.

Por el contrario, el modelo ha exacerbado una multitud de graves problemas y crisis, algunos de los cuales amenazan incluso la propia supervivencia de la humanidad, y nos ha puesto al borde de una nueva Guerra Mundial:

– El capitalismo occidental ha entrado en una crisis económica permanente desde 2008, algo no previsto por el modelo. Los Estados volvieron a asumir papeles críticos para rescatar, regular y «guiar» a los «mercados». La crisis causó una destrucción social generalizada, incluso la destrucción de la economía de Estados enteros (como en Grecia, el chivo expiatorio de la crisis de la deuda europea) y mantiene bajo una enorme presión lo que queda de democracia y de los Estados-nación en Occidente, por ejemplo en Francia. El sistema dominante no dejó que los mercados hicieran su trabajo, es decir, que quebraran los bancos, ya que se argumentó que eran «demasiado grandes para quebrar». En lugar de quebrar los bancos, ahora están quebrando a Estados y a sociedades enteras.

– El modelo actual se basa en una «competencia económica leal y sin trabas» entre múltiples actores económicos. Sin embargo, con el modelo nunca hemos tenido en toda la historia del capitalismo una concentración internacional del capital tan enorme, con estructuras monopolísticas tan grandes y vitales sectores para la alimentación, la medicina, la información, etc. Toda la pequeñas y medianas empresas están sucumbiendo al control oligopolístico, bajo los auspicios generales del capital financiero.

– El modelo se basa en el supuesto que el «mercado global» es acéfalo, no tiene un líder que decida y mucho menos un «dictador» que pueda violar sus propias leyes. Pero, el papel del dólar, el sistema SWIFT, el control de Internet por un puñado de grandes empresas, el papel de las agencias privadas de calificación, etc., combinados con la centralización del capital financiero y el secuestro de procesos que tradicionalmente han pertenecido al poder de los Estados (como el secuestro indirecto de la producción de dinero a través de la industria de derivados) desmienten esta imagen. Hoy, el Gran Capital Financiero Mundial actúa violando la ley del valor si sus resultados no se ajustan a sus normas. Washington ha impuesto sanciones a docenas de países en todo el mundo, mientras declara abiertamente que es completamente inaceptable que China se convierta en una potencia económicamente más fuerte que Estados Unidos. Algo que, por cierto, nunca se planteó cuando se aceptó a China como miembro de la OMC. Occidente proclama todo el tiempo su apoyo a un «orden internacional basado en reglas», pero viola constantemente esas reglas.

– Se supone que el modelo dominante garantiza, mediante los mecanismos del mercado y la competencia, el aumento continuo de la productividad y, en última instancia, una distribución equitativa tirando «hacia arriba» a las capas sociales más pobres y a los países más atrasados. La realidad es diametralmente distinta , asistimos a una explosión de las desigualdades tanto entre los Estados como dentro de los Estados, mientras que la estructura de los productos incluye cada vez más elementos antisociales y antiecológicos. En lugar de caminar hacia la «paz eterna» kantiana y al «fin de la historia» como lo sostienen los teóricos de la escuela, neoliberal, pasamos a la generalización de guerras cada vez más peligrosas, pero también a la generalización de una inseguridad desintegradora de los ciudadanos y de países enteros en todo el planeta. Una gran parte de la humanidad se debate bajo una enorme Deuda mientras que un pequeño número de empresas e individuos han acumulado una gran parte de la riqueza del mundo, amenazando con esclavizar a toda la humanidad. En la actualidad, tras el rápido retroceso del Movimiento Obrero en Occidente, sólo la multipolaridad puede ser una condición necesaria, aunque no suficiente, para evitar esa esclavización de todos los humanos.

– Como el sistema de «mercados libres” se ha mostrado completamente incompetente es la hora de abordar problemas vitales e incluso de supervivencia de la humanidad, en particular porque estamos traspasando los límites naturales del planeta. Nos enfrentamos a una contaminación generalizada del medio ambiente, a una crisis climática, al control de la información en manos de puñado de empresas privadas y , también, al desarrollode tecnologías muy peligrosas y socialmente incontroladas, como la biotecnología, la inteligencia artificial, la bioquímica, la neurociencia y muchas otras, tecnologías capaces de provocar la destrucción de la especie humana o de constituir la base de una «sociedad» totalitaria.

– Además, el sistema económico, objetiva y subjetivamente, fomenta la formación de élites locales que socavan el esfuerzo de las naciones o las regiones que tratan de conquistar soberanía e independencia.

Éstas son algunas de las razones por las que urge sustituir el Consenso de Washington por un Nuevo sistema económico, a escala nacional, regional y mundial. Si la búsqueda de la multipolaridad es la condición necesaria, sólo la creación progresiva de un nuevo orden económico, social y ecológico mundial es la condición necesaria para hacer frente a las crecientes amenazas que se ciernen sobre la civilización humana y sobre nuestra propia existencia.

Pero, ¿sobre qué principios puede y debe fundarse una alternativa al modelo actual?

¿Una alternativa al modelo actual?

A la luz de los múltiples problemas del modelo soviético y de todos los modelos económicos y políticos ultracentralizados, no se puede, negar la utilidad de los mecanismos de mercado, al menos durante un período largo, tanto por razones económicas como psicológicas y culturales.

Sin embargo, la función del mercado debe estar limitada por la existencia del Plan. El “mercado» podrá funcionar sólo en la medida que contribuya al aumento de la productividad, pero, al mismo tiempo, deberá estar “corregido» y «limitado» por la existencia de un plan general nacional, regional y mundial, que debe dar prioridad a las necesidades sociales básicas, a nivel nacional e internacional, y a la protección del medio ambiente natural.

Dado la crisis ecológica que coloca en peligro la supervivencia de la humanidad no tiene sentido hablar de economía ni de política. Por lo tanto, los mercados y su combustible propulsor, el beneficio y la acumulación perpetua de capital, deben ser sustituidos por el papel del Estado y su poder debe ser reducido y limitado por la ciudadanía.

La «corrección» también puede hacerse utilizando herramientas económicas. Sin embargo las medidas administrativas deben evitarse en la medida de lo posible. Por ejemplo, China ya está experimentando limitaciones entre el capital natural gastado en la creación por un producto.

En realidad, cuando un avión transporta, por ejemplo, ensaladas de Chile a Noruega, nadie tiene en cuenta el daño causado a la estratosfera terrestre a la hora de calcular costes y precios. Por cierto, cada vez hay más actividades económicas que exponen a los ecosistemas al riesgo de cambios irreversibles. Cuando una actividad empresarial crece sin controles el «daño esperado» al medio ambiente tiende al Infinito. Estas actividades deben eliminarse gradualmente.

No se puede permitir la propiedad privada en las fuerzas productivas muy grandes o estratégicas . Es inaceptable que un puñado de personas/empresas puedan controlar fuerzas productivas críticas o tecnologías de vanguardia. Como, por ejemplo, las relacionadas con el ADN y los organismos genéticamente modificados, la fabricación de virus, la circulación de información en Internet, las armas cibernéticas, los flujos de energía y dinero, la inteligencia artificial y muchas otras actividades económicas o tecnológicas, que puedan influir decisivamente en la alimentación humana, la educación la medicina y los medios de comunicación (Prensa, televisión, Internet).

El control estatal o social no es suficiente, porque los dueños de estos medios adquieren un poder tan desproporcionado que se imponen, como ha demostrado la experiencia de todas las supuestas regulaciones

La propiedad en estos sectores debe pasar a manos de los Estados y las sociedades. Pero, también la gestión debe alejarse del modelo clásico de control estatal, que crea una clase de gestores que, en última instancia, operan para su propio beneficio y no para el de la sociedad. Además, tanto la experiencia soviética como la de los sectores estatales de los Estados capitalistas han demostrado que la eficacia -incluso en el plano puramente económico- es limitada.

Para ello, es necesaria la aplicación simultánea de métodos de autogestión y de control social, a fin de tener en cuenta los intereses generales de la sociedad y no sólo los intereses de los trabajadores de una unidad de producción o de una industria.

La gestión de las nuevas fuerzas y tecnologías productivas por un sistema hipercentralizado no es posible ni deseable, en el largo plazo. Los problemas a los que se enfrenta la humanidad se deben abordar mediante una elevación general del nivel de la inteligencia colectiva de la sociedad, con colectivos cada vez más conscientes y responsables que participen activamente en la toma de decisiones.

También es evidente la necesidad de una democratización progresiva del sistema monetario internacional, quizá mediante el establecimiento de instrumentos monetarios regionales, pero también mediante la creación de un sistema de intercambios internacionales que intente anular la ley del «intercambio desigual», tal como la formuló Argyris Emmanuil, teniendo en cuenta la necesidad de elevar el nivel de las naciones más pobres y la crisis ecológica.

Es importante recordar en este punto que la Unión Soviética era, a diferencia de la Unión Europea, una organización que realizaba por principio la transferencia de excedentes de las regiones más ricas a las más pobres, una idea que Maynard Keynes, defendió, en términos diferentes, para el sistema económico internacional. Al regular los intercambios económicos internacionales hay que tener en cuenta la necesidad de hacer frente a las desigualdades a escala mundial y la necesidad de proteger el medio ambiente que hace posible la vida y la civilización.

Por supuesto se puede decir como dijo el Fausto de Goethe: Muéstrame la meta, pero también muéstrame el camino. Nos parece que nuestra tarea no es el «camino» sobretodo porque es imposible describir en detalle ese camino. En realidad, pienso, que no hay un camino prediseñado para lo que Marx describió como la transición de la prehistoria a la historia.

Todavía estamos muy lejos de poder implementar estas ideas a escala global. En la actualidad, y dadas las tendencias políticas y sociales que prevalecen en Occidente, una etapa de transición debe incluir necesariamente la lucha por un mundo multipolar y la formación de asociaciones regionales independientes tanto en América Latina como en África, por ejemplo. Es apropiado, sin embargo, introducir en este proceso elementos que contribuyan a la reforma general del sistema mundial capitalista.

Dimitris Konstantakopoulos, experto griego en economía y medio ambiente (Intervención en el Foro Económico de Petrogrado)

Publicado en: Global, Titular1

Guatemala: ¿Por qué los blancos se disputan el poder en un país indígena?

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ollantay Itzamná

Las recientes elecciones generales 2023 en Guatemala, no sólo evidencian la ausencia del Estado de Derecho y la falacia de su institucionalidad electoral, sino ante todo, el proceso en sí mismo, es una evidencia que aquí las «indias buenas son las indias muertas o matadas».

En dicho proceso electoral participaron cerca de 30 organizaciones políticas, la gran mayoría empresas o cuasi empresas electorales. Dentro de ese conjunto político, de manera inédita compitieron, incluso contra la voluntad del Estado de Guatemala y de los medios corporativos, indígenas y campesinos organizados en el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) enarbolando la propuesta de la convocatoria a un proceso de Asamblea Constituyente Popular y Plurinacional (ACPP) para consensuar un Estado plurinacional para el país.

En los dos siglos de República de Guatemala, nunca las comunidades y pueblos indígenas y campesinos se habían organizado políticamente para disputar el poder al patrón en las urnas, con una organización política propia.

Pero, el escenario era previsible: el Estado criollo y sus benefactores no lo permitirían prosperar por más que el MLP se «portase muy bien». Y así fue. El Tribunal Supremo Electoral (TSE), bajo el argumento de: «no alcanzaron el 5% de votos», canceló el emblema del MLP.

Aunque en los hechos, dicho movimiento político inscribió candidaturas en todos los departamentos del país, planillas a gobiernos locales en el 50% de los municipios del país (170, de un total de 340 municipios). ¡Como ningún otro partido político hizo campaña electoral en todos los rincones de Guatemala, incluso en los EEUU se articuló el MLP y desde varios estados hizo campaña! Pero, ni aún así, según el TSE, alcanzaron el 5% de votos.

¿Cómo se lee este resultado desde los nichos sociales intermedios?

En este contexto electoral y sus resultados «inciertos aún», desde los nichos sociales urbano indigenistas, progres precarizados, ONG, surgen afirmaciones como: «Eso les pasó por sectarios, radicales, idealistas, ignorantes en la política». Otros, incluso piden: «Tienen que cambiar de propuesta: el Estado plurinacional está bien, pero para después, no para hoy».

Qué está detrás de estas insinuaciones

Racismos. Aparte de las autodestructivas contradicciones internas del Estado, este proceso electoral muestra el racismo constitutivo, estructural y estructurante de las subjetividades individuales y colectivas de la «guatemalticidad».

Para el consorcio patronal, y para la guatemalticidad culturalmente cualificada, los «indios tienen que estar abajo» (si acaso los consideran seres humanos) Si se yerguen y ejercen sus derechos, lo normal es que se los ausculte y castigue, para luego hacerlos sentir culpables de sus atrevimientos. Pero, si el blanco es injustamente castigado por el sistema será motivo de emotiva solidaridad e indignación…

Naturalizar la violencia estatal patronal y culpar a la víctima. Al culpar exclusivamente a indígenas y campesinos de estos resultados electorales, liberan al Estado y a sus gestores de sus responsabilidades en la segregación y mutilación de derechos políticos de los pueblos. Y, la violencia política patronal se normaliza y naturaliza.

¡Incluso culpan al MLP del impedimento ilegal que el TSE le hizo al vetar la inscripción de su binomio presidencial en las elecciones recientes!

Indio bueno es indio muerto. ¿Cuál es la diferencia entre Thelma Cabrera y Atanasio Tzul? ¿Por qué este último es el bueno políticamente y Thelma es censurada como ignorante, radical, malcriada?

En el imaginario del pobre progre (indígena o mestizo) o de los patrones, la india tiene que estar muerta (matada) para conmover y promover tendencia. La india o el indio que se organiza, que promueva derechos o asuma roles «reservados» para blancos o blancas, siempre será un perverso, malo,… merecedor de castigos y escarmientos.

Esto explica por qué organizaciones «indígenas» o ancestrales como los 48 cantones, autoridades ancestrales, etc., que nunca apoyan o promueven propuestas de Estado plurinacional, pero sí defienden la institucionalidad del Estado criollo, son aplaudidos y mostrados, por progres urbanos y semi urbanos, como organizaciones «ejemplares». Pero, si estos indios buenos se convierten en sujetos políticos plurinacionales, son automáticamente censurados como «revoltosos.

El problema no es la propuesta. El rechazo es al mensajero

Para nadie que haya pasado por Guatemala (sea de noche o de día) es imperceptible el caos estructural y coyuntural que diluye incluso las esperanzas de la gente. Este caos que a nivel sociológico se expresa en la violencia generalizada, repudio a los gobernantes e instituciones, desprecio a lo público, etc. requiere nuevos consensos sociales mínimos. A esto llaman los sectores indigenas, campesinos y urbanos populares, organizados en el MLP, proceso de ACPP para concertar una nueva Constitución Política. Que a su vez, da origen al Estado plurinacional.

Pero, quienes lo plantean están políticamente nucleados en nichos indígena campesino, entonces, la propuesta ACPP se oye, pero no se escucha en los anillos urbanos e indignados de Guatemala.

En los hechos, desde la perspectiva de la filosofía colonial, el indígena/campesino no tiene Logos (conocimiento), por tanto, no tiene nada que decir, ni decidir. Sólo tiene que escuchar, y obedecer.

No es gratuito que, ahora, opinadores, analistas, tiktokeros…, prácticamente recriminen a indígenas y campesinos que no hacen campaña por el partido Semilla para la segunda vuelta electoral.

Si la propuesta de cambios estructurales es enarbolada por indígenas, la misma es asumida como radicalismos, idealismo. Si la misma propuesta lo dicen los blancos, la propuesta es escuchada, secundada, aplaudida.

A ese nivel está la condición y situación de colonialidad en este país sostenido, cohabitado y pigmentado por la «raza cobriza» indígena casi en su totalidad demográfica. País donde la blanquitud no sólo sustenta a la pigmentocracia (poder basado en el color) sino que también se constituye en un horizonte civilizatorio deseado en este ecosistema policromático.

Ollantay Itzamná. Defensor de Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos desde Abya Yala

Publicado en: América Central

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 10
  • Ir a la página 11
  • Ir a la página 12
  • Ir a la página 13
  • Ir a la página 14
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 485
  • Ir a la página siguiente »

Barra lateral principal

Suscribete en nuestra lista

PODCASTS DE DON JUAN

Don Juan
Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
06/03/2024
juan
LAS OCHO, un poema de Lorca
26/12/2023
juan
RAIZ DE HOMBRE de Octavio Paz
03/11/2023
juan
NIDO de García Lorca
15/10/2023
juan
TIERRA SIN RETORNO
02/10/2023
juan
MADRUGADA de Octavio Paz
25/09/2023
juan
SILENCIO de octavio paz
14/09/2023
juan
EL HUERTO DE LA PETENERA de Lorca
28/08/2023
juan
DESPEDIDA de Lorca
18/08/2023
juan
LAS ESTRELLAS de Adonis
04/08/2023
juan
Search Results placeholder

Manu Chao – Clandestino (Full Album)

https://youtu.be/DOs5lmxDo74?si=yuHyqvCMGtTjtSKC

Ontiveros

ARABIA PREPARA MASIVA INV∆SIÓN EN Y£MEN. 1RÁN ANUNCIA NUEVAS SORPRESAS PARA ADV£RSARIOS

[Ensayo] El último andén: Cuerpos, mercancía y pacto roto

A 130 años del nacimiento de Gerardo Diego

Spam bloqueado

283.635 mensajes de spam bloqueados por Akismet

webmaster ©ontiveros

Utilizamos cookies para asegurar una mejor experiencia en nuestra página. Al utilizar nuestras páginas, aceptas el uso que hacemos de las cookies.

 

Cargando comentarios...