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Vitalio

Trotsky y mi vesícula

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: María Seoane

 

Ahora que don Esteban Volkov Bronstein, nieto de Lev Davidovich Bronstein –más conocido como León Trotsky– murió en México a los 89 años, recordé las vueltas de la vida que me vincularon a esa historia. No solo porque siendo estudiante en la UBA en los años 60 me había enamorado de un trotskista y también del ideario trosko, como se decía, sino porque muchos años más tarde, estaba atrapada en esa historia. Era mayo de 1983, una época de lluvias ralas atenuadas por el smog en el Distrito Federal mexicano, que había dejado de ser la región más transparente, como la bautizó Humboldt en 1804, pero se resignificó en la novela de Carlos Fuentes en 1950, cuando aún el volcán dormido del Popocatépetl derramaba nítida su silueta sobre el valle de México. Las citas librescas valen porque la vida de Trotsky y sus descendientes fue tan novelesca como los textos de Alfonso Reyes en Visión por Anáhuac (1917) y la novela de Fuentes. Y no menos que la de muchos de nosotros, exiliados en ese territorio tremendo, bello y enigmático como la cultura que encerraba cada uno de los personajes del Pedro Páramo de Juan Rulfo. Después de todo, era como él había reflexionado en una entrevista que le realicé en el Instituto Nacional Indigenista, donde aún trabajaba: “Argentina y Comala se parecen”, me dijo enigmático. “¿Por qué, maestro?”, pregunté. “Porque la Argentina con sus desaparecidos, con sus espectros, es como Comala.” Así que México era también sus libros. Y la Argentina, sus tragedias. Y nuestra vida: yo estaba exiliada allí desde 1980. Vivía en la bellísima delegación de Coyoacán del DF y trabajaba como periodista.

Los días posteriores a la entrevista con Rulfo, realizada a mi regreso de unas vacaciones en Italia, me encontré con el querido Noé Jitrik, que dirigía la Casa Argentina de Solidaridad, que nucleaba al exilio argentino. Noé escuchó mis lamentos: antes de regresar al DF, en el helado enero del 83, en un control de rutina en el Ospedale Ginecologico-Ostetrico Sant’Anna de Turín, el ecografista había gritado: “¡Ci sono le petrine!”. Me comunicaba la novedad de mis cálculos en la vesícula al tiempo que se reía de mis maldiciones en español. Noé, el sabio de nuestra tribu, logró que me atendieran en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición del DF, el más especializado en ese tipo de malatías. Fue un enorme privilegio y consideración, cuidado y solidaridad de los mexicanos porque los exiliados contábamos con servicios sanitarios no tan especializados. Así que allí fui, aquel mayo de 1983 cruzada por temores a la que seguramente sería la primera operación de mi vida. La costumbre del Instituto era recibir al paciente con un o una médica clínica que, a lo largo de unas cinco horas, realizara una completísima historia clínica con antecedentes familiares, médicos y estudios, como el Papanicolau y radiografía de tórax incluidos en esa consulta.

La médica que me tocó en suerte era una joven de 25 años, rubia, alta, con una cordialidad fuera de lo común. “Soy Patricia”, se presentó. Luego de los chequeos físicos de rigor, me preguntó por mi historia familiar. Y por qué estaba exiliada. Así que le conté. “¿Entonces eres trotskista?”, preguntó. “Ya no”, resumí luego de haberle contado cómo había renunciado a esa tendencia, cómo había huido de la Argentina, del dolor por mis amigos desaparecidos, de mis parientes perseguidos y de cómo lucharía siempre contra una dictadura criminal que, además, acababa de enviar a miles de nuestros jóvenes a la guerra de Malvinas. Guardó silencio ante el llanto contenido en mi relato. Y luego me dijo en medio de una carcajada: “Yo sí soy trotskista, porque amo a Rosario Ibarra de la Piedra”. Sabía algunas cosas de Rosario: que en ese momento era la candidata de la izquierda trotskista a la presidencia de México. Que su marido había sido un luchador comunista y que era la madre de Jesús Piedra Ibarra, desaparecido en 1973 por pertenecer a la guerrilla de la Liga Comunista 23 de septiembre. Doña Rosario era como una Madre de Plaza de Mayo y una luchadora intransigente contra el poder.

En ese momento de la consulta, el vínculo entró en un camino de mayor intimidad y confianza, salió de los típicos cánones de la relación paciente-médica. Hablamos de nuestra vida amorosa, del exilio, de la situación en Latinoamérica, de la presión norteamericana, de esa famosa frase: “México, tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos de dios”. Antes de despedirnos, como para sellar una mirada compartida sobre nuestro destino común, Patricia me dijo: “Además me llamo Volkov. Y soy la bisnieta de Trotsky”. Parecía fascinada de conocer más íntimamente a una exiliada; yo no podía creer que estaba en presencia de una descendiente directa de uno de los líderes que había admirado no solo como revolucionario sino como un teórico marxista brillante y tenaz crítico del poder. Así que intercambiamos teléfonos. En los meses de tratamiento que siguieron durante 1983 la visité varias veces en el Instituto. Pude entender su solidaridad con mi condición de exiliada: sus abuelos y padres lo habían sido. Su madre, Palmira Fernández, era hija de españoles republicanos exiliados en México. Los Fernández-Volkov tuvieron cuatro hijas. Ella quería especializarse en infectología. Seguía el camino de su padre, que estudió Química y trabajó en un laboratorio mexicano que sintetizó por primera vez la fórmula de la píldora anticonceptiva. No dudé que sería brillante. No tuve tiempo de conocer a las hermanas de Patricia. Porque eran tiempos revueltos en el exilio argentino: todos preparábamos las valijas, sobre todo a partir de octubre de 1983, cuando Raúl Alfonsín ganó las elecciones y comenzó la maravillosa sensación de que el destierro había terminado.

Me operaron en enero de 1984. Un mes antes de mi regreso definitivo a la Argentina. Como no existía aún la laparoscopía para ese tipo de operaciones, y estaba nerviosa por tantas horas a panza abierta, y porque no me podía morir justo antes de volver a mi patria, recuerdo que comencé a fantasear que cuando entrara al quirófano seguramente –les dije a Patricia y a Silvia Bleichmar, que por entonces era mi psicoanalista– habría música de Bach. Nunca sabré si ella lo pidió, pero sí sonaba tenue el Preludio para la Suite número 1 con violoncello-piano mientras el anestesiólogo me retaba porque “ya te vuelves a tu patria y nos abandonas”, como si hablara de una traición. Lo cierto es que, tal como me había prometido, Patricia fue la primera persona que vi cuando desperté en la sala de terapia intensiva. “Si haces pis, te saco de aquí”, dijo con cierta sonrisa conspiradora que definía sus rasgos.

Semanas más tarde, visitamos la casa-museo de su bisabuelo don León, en Coyoacán, en la avenida Churubusco, muy cerca de la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera, y muy cerca de donde yo vivía. Fue un viaje a su historia trágica y a mi historia. El recuerdo de aquel asesinato. Sería largo describir aquí ese lugar oscuro y al mismo tiempo luminoso, porque la vida y la memoria finalmente, dijimos con Patricia, habían vencido. Las flores, los pájaros, el silencio conmovedor que nos arropaba. Y la vida, la vida que se imponía. Patricia y su pareja entonces, Cuauhtémoc (familiar de Lázaro Cárdenas, el presidente que había autorizado y protegido el exilio de Trotsky), me acompañaron en mi último cumpleaños en Coyoacán en enero de 1984. Intercambiamos teléfonos y direcciones que el desexilio traspapeló definitivamente. El domingo 18 de febrero de 1984, sobrevolé la silueta tremenda del Popocatépetl rumbo a Buenos Aires. Nunca volví a ver a Patricia porque nunca más volví a México. Lugar del cual, queda claro, nunca me fui.

Publicado en: Cultural

Ya inhabilitado para dos elecciones, el ex presidente de Brasil se va hundiendo en el ocaso: La caída en picada de Jair Bolsonaro

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Darío Pignotti

 

El bolsonarista Tarcísio de Freitas, gobernador de San Pablo, desoyó la orden de su jefe y votó la ley impositiva impulsada por Lula. 

¿Se esfuma el poder de Jair Messias Bolsonaro? En el lapso de una semana, el político más popular de la ultraderecha latinoamericana, en quien muchos vieron al sucesor de Donald Trump, fue inhabilitado por la justicia para participar en las elecciones presidenciales de 2026 y 2030 y el viernes pasado no fue capaz de neutralizar la insubordinación de algunos de sus principales aliados.

Insurrección paulista

El bolsonarista Tarcísio de Freitas, gobernador de San Pablo, desafió a su padrino anunciando el apoyo al proyecto de reforma tributaria respaldado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Avalar esa iniciativa es cosa de “comunistas” y no de alguien que esté compenetrado con la defensa de la “patria y la familia”, lo amenazó Bolsonaro.

En lugar de amedrentarse frente a las advertencias de su mentor político, el gobernador de la provincia más rica y poblada del país optó por viajar a Brasilia donde se tomó una foto sonriente junto al más que agradecido ministro de Hacienda, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), uno de los principales impulsores del proyecto.

Hay que votar en contra de todo lo que venga del PT y si Tarcísio de Freitas hace un guiño al oficialismo, es porque es un político inexperto, planteó el ex presidente en reuniones con los dirigentes de su agrupación, el Parido Liberal (PL).

Su prédica no tuvo mucho eco ya que el 20 por ciento de la bancada del PL, la más fuerte en diputados con 99 miembros, respaldó la iniciativa bendecida por Lula.

Lula conmemora

La aprobación de la reforma tributaria por amplia mayoría de 382 contra 118 votos fue considerada una victoria “histórica” por parte de Lula, ya que además de sumar 20 legisladores del PL, contó con el apoyo del bolsonarista Arthur Lira, el todopoderoso jefe de la Cámara baja.

Sospechado a partir de indicios consistentes de lavado de dinero y corrupción multimillonaria, Lira fue un guardián de los intereses del Palacio del Planalto entre 2019 y 2022, cuando facilitó la aprobación de casi todos los proyectos oficialistas y obstruyó más de 120 pedidos de impeachment contra el entonces mandatario.

En la madrugada del viernes Lira declaró ante el Plenario haber dado su voto a Bolsonaro en las presidenciales del año pasado vencidas por Lula y le recomendó a su antiguo candidato dejar atrás el discurso “radical” del que el “pueblo brasileño” ya está harto.

Reforma tributaria

La reforma aprobada en Diputados que puso en evidencia la soledad del excapitán del Ejército, reduce el actual número de tributos aportando racionalidad al sistema, además de acabar con los intersticios legales aprovechados por los grandes evasores.

De todos modos no gravará a la renta, ni a los dividendos financieros ni afecta a las herencias millonaria, temas que el gobierno promete tratar en el futuro a través de otro proyecto. Dicho de otra forma, la ley representa un avance sin llegar a ser una reforma que merezca ser considerada progresiva en términos de justicia tributaria , y mucho menos “comunista” según el prisma bolsonarista.

Frente amplio

El propio Lula, que este sábado defendió la integración con Colombia al ser recibido por su colega Gustavo Petro en la región amazónica, aceptó que la ley impositiva no es el proyecto de sus sueños pero sí el que pudo consensuarse con partidos del campo conservador y conquistar la simpatía de la Federación Brasileña de Bancos, la Federación de Industrias de San Pablo y Confederación Nacional de la Industria.

Ese conjunto de fuerzas políticas y corporativas, incluyendo los medios de comunicación dominantes unidos detrás de esta reforma,  recrea en cierto modo el “frente amplio” con el cual Lula se impuso por estrecho margen en el ballotage del 30 de octubre del año pasado.

Se trata de una coalición extensa con algunos socios de baja o ninguna confiabilidad, como el jefe de Diputados Arthur Lira y varios dirigentes derechistas ávidos de cargos en el gabinete, pero dotada de una virtud nada despreciable en el corto plazo: aísla a la ultraderecha referenciada en Bolsonaro, el casi seguro responsable del intento de golpe de Estado del 8 de enero pasado cuando fueron invadidos los palacios de la Presidencia, el Parlamento y el Supremo Tribunal Federal.

Inspirado en Biden

Advertido del desgaste de su enemigo, Lula recordó como al pasar una conversación con Joe Biden en la que el mandatario estadounidense le confirmó que buscará un segundo gobierno el año que viene. La decisión de Biden fue una “inspiración para mí”, dijo Lula anunciando su posible candidatura a un cuarto mandato en 2026. Biden tiene “80 años y yo 77, entonces sigo en carrera”, razonó el jefe petista que tiempo atrás había descartado volver a postularse.

La contracara de un Lula con el control de la iniciativa politica e insinuando ser candidato dentro de tres años, está expresada en las actitudes erráticas de Bolsonaro. El capitán parece haber perdido la brújula. En las últimas semanas pasó de un silencio respetuoso frente al Tribunal Superior Electoral, a virar hacia acusaciones duras lanzadas contra los jueces de esa corte cuando lo inhabilitaron para presentarse en las elecciones de 2026 y 2030. “Recibí una puñalada por la espalda”, se victimizó.

En esos mismos días, un sitio web de la Policía Caminera Federal y otro de la Policía Federal postearon mensajes simpáticos hacia el exgobernante, quien seguramente aún tiene respaldo entre las fuerzas de seguridad. Finalmente fue divulgada una llamativa foto suya con el torso desnudo, dejando ver una amplia cicatriz de la cirugía que le realizaron en 2018 cuando fue acuchillado en plena campaña electoral.

Partido Liberal

Según trascendidos, los dirigentes del PL se disgustaron con la foto de la cicatriz,  así como con las actitudes descontroladas del exgobernante. El titular de esa agrupación, Valdemar da Costa Neto, no pareció estar contrariado cuando su correligionario fue condenado por la corte electoral. Algunos dicen que Costa Neto desearía que Michelle Bolsonaro se postule a la presidencia en 2026.

De todos modos, el jefe del PL ha manifestado lealtad hacia el expresidente a quien elogió como un “elector de lujo” con el cual espera contar para las elecciones municipales del año que viene, en las que Lula medirá su popularidad. Sucede que, a pesar de sus desventuras, Bolsonaro sigue siendo un político con gran caudal de votos de los que nadie puede prescindir en la derecha, los cuales podrán ser transferidos el año próximo y en las presidenciales de 2026.

Partido Militar

Desde la nominación del general Tomás Paiva como nuevo comandante del Ejército, a raíz de la remoción de su antecesor Julio César Arruda por su presunta complicidad ante el alzamiento golpista de enero, el “Partido Militar” se ha comportado con actitud republicana, sin pronunciarse sobre asuntos políticos y exhibiendo una posición profesional.

Esto fue ratificado por la discreción puesta de manifiesto ante las frecuentes citaciones de Bolsonaro para declarar ante la Policía Federal en causas que van desde la apropiación de joyas árabes a la adulteración del certificado de vacunación contra el Covid-19 para poder ingresar en EE.UU. Esta conducta pulcra no debiera llevar a la conclusión de que los militares devinieron en demócratas. Antes bien, esto demuestra que son concientes del desgaste sufrido por la institución a raíz del golpe fallido y de la conveniencia de mantener un perfil bajo, a cambio de lo cual el Supremo Tribunal Federal evitaría procesar y condenar a los generales envueltos en la conjura. Todo indica que, a pesar del desgaste de Bolsonaro, el jefe de la extrema derecha sigue contando con simpatías en las filas castrenses, lo que no significa un automático apoyo a sus propuestas locuaces. Y mucho menos que el Partido Militar, donde Lula sigue siendo visto con recelo, esté dispuesto a inmolarse por el excapitán.

Publicado en: AmericaLatina

Robert Kennedy Jr. y una campaña presidencial que golpea al establishment: “La CIA estuvo detrás de la muerte de JFK”

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jeremías Batagelj

 

El hijo de Bobby Kennedy no anda medias tintas. Con esa consideración responsabiliza a los servicios de vigilancia norteamericanos por los asesinatos de su padre y de su tío. También revela las “ambiciones” de EE.UU. en la guerra en el este de Europa. Pero sus pocos pelos en la lengua también lo llevan a afirmar barbaridades contra la efectividad de las vacunas.

Robert F. Kennedy Jr. se metió a discutirle la candidatura presidencial del Partido Democrata al presidente en funciones, Joe Biden, diciendo lo que elestablishment no quiere escuchar. El nieto del embajador norteamericano, sobrino de JFK e hijo de Bobby afirmó que la CIA participó del asesinato de su tío, que la OTAN fogonea la guerra entre Rusia y Ucrania y que, en caso de ser presidente, liberaría a Julian Assange y a Edward Snowden.

Eso sí, la alopecia en la lengua lo lleva al extremo de insistir con algunas teorías que van en contra del avance científico. Es que el ahora candidato a presidente es un férreo militante antivacunas, a partir de su fundación Children’s Health Defense, en la que presenta informes sin rigores que buscan generar confusión sobre un supuesto vínculo entre la vacunación y el trastorno del especto autista.

Y hasta comparó las medidas de cuidado ante la propagación del covid-19 con el régimen nazi. “Incluso en la Alemania de Hitler (sic), podías, podías cruzar los Alpes hacia Suiza”, fue una de las comparaciones antisemita de RFK Jr, al que añadió que, al menos, Anna Frank pudo “esconderse en un ático”. Luego, ensayó una especie de disculpas.

Asesinatos y Estado, asunto no separado

“Está más allá de toda duda razonable”. Así fue la contundente respuesta del precandidato demócrata ante una consulta sobre si la CIA había participado del asesinato de su tío, el mediodía del 22 de noviembre de 1963, en Dallas. La declaración la hizo en el programa del excéntrico millonario John Catsimatidis, al agregar que existen “pruebas aplastantes” y citó el libro de James W. Douglas – JFK y lo inconfesable– que plantea las dudas y las manipulaciones en la figura de Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del presidente, que murió dos días después del magnicidio, en un cuartel policial, a manos un empresario de la noche.

Todos los medios replicaron la noticia, quizás por el morbo familiar, o quizás por ser un tema sensible en el que la gran mayoría de la población norteamericana todavía sospecha de algún tipo de conspiración, pese a las conclusiones de la famosa Comisión Warren. De allí el mito de la bala de mágica y los múltiples tiradores. RFK Jr., lejos de asustarse con los flashes, decidió profundizar su hipótesis, al presentarse en el podcast más popular de todo EE.UU: The Joe Rogan Experience. Allí, con la voz rasgada -padece una afección denominada disfonía esporádica- narró las presiones de la CIA y la industria militar para que Kennedy inicie distintas guerras, ya sea en Cuba, Laos o Vietnam. El rechazo del jefe de Estado habría sido un desencadentante, según su sobrino, para lo ocurrido en Dallas.

                                                                                               

Pero si con la muerte de su tío RFK Jr. mete el dedo en la llaga, con el asesinato de su padre directamente aprieta el pus. El ahora precandidato insiste con la inocencia de Sirhan Bishara Sirhan, aquel hombre que descargó su revólver calibre 22 en el cuerpo de Bobby. Fue en 1968, cinco años después de la tragedia de Dallas: en la costa este, el hermano de JFK festejaba un triunfo en California que lo acercaba a la Avenida Pensilvania 1600. O, al menos, a ser el candidato del Partido Demócrata. Sirhan fue detenido al instante y, como suele ocurrir con las desgracias de los Kennedy, las conspiraciones quedaron a la orden del día. En este caso, tanto por la cantidad de detonaciones que se escucharon en el Hotel Ambassador (la pistola del tirador antisemita tenía cinco cartuchos y testigos dan cuenta de más de diez detonaciones) como por el presunto programa de la CIA en “hipnotizar” a las personas para cometer crímenes atroces.

Sirhan Bishara Sirhan fue detenido al instante y condenado a la pena de muerte. Su situación cambió cuando el estado de California suspendió las ejecuciones la pena del confeso atacante se redujo a reclusión perpetua. Dos años atrás, su abogado pidió la libertad condicional, pero fue rechazada por el gobernador Gavin Newsom. Robert Kennedy Jr. fue uno de los que solicitó la liberación de Sirhan e insiste con la participación de la CIA.

Ir contra el establishment, la apuesta para ir por la Casa Blanca

Ante las preguntas de la prensa, RFJ Jr. deja sobrevolar la sombra del sistema de vigilancia de las agencias de (in)seguridad norteamericanas como causante de la muerte de sus dos familiares. Y apuesta, en caso de ser elegido a la Casa Blanca, en eliminar ese Estado Profundo. “Mi principal prioridad será poner fin a la fusión corrupta entre el Estado y el poder corporativo que ha arruinado nuestra economía, destrozado a la clase media, contaminado nuestros paisajes y aguas, envenenado a nuestros niños y despojado de nuestros valores y libertades”, dice en un slogan a la Trump.

Los cañonazos al establishment norteamericano no finalizan allí. Es que Bobby Jr. también critica la industria armamentística, las “ambiciones” de EE.UU. y la OTAN en la guerra del este de Europa y hasta prometió la liberación del periodista Julian Assange y los filtradores Edward Snowden, Chelsea Manning, John Kiriakou y Reality Winner. “En vez de ser el defensor de la libertad de expresión, EEUU persigue activamente a periodistas e informantes. Yo perdonaré a los valientes que dicen la verdad y que investigan la corrupción y los crímenes que exponen”.

Para generar aún mayor indignación, comenta que su plan para ganar las elecciones está basado en las insurgencias históricas y destaca una: la revolución cubana. “Castro tomó a cincuenta y tres hombres en un bote destartalado en México y desembarcó en Cuba. Dos años más tarde, marchó a La Habana”. Su campaña, dice, está impregnada de ese “fuego espiritual”.

Vacunas en tiempos de fake news

Kennedy, de 46 años, se define como un abogado antisistema. Y no le falta a la verdad: durante décadas intervino en litigios contra Monsanto y otras multinacionales que contaminaban el río Hudson.

Pero hoy dedica gran parte de su tiempo en lo que él llama “activismo de vacunas seguras”, un eufemismo para cuestionar la efectividad de las dosis en enfermedades como el sarampión, poliomelitis y meningitis. Lo hace desde su fundación, en la que insiste en que la vacunación debe ser optativa -argumentando el aspiracional de la libertad- y que la decisión debe correr por cuenta de los padres.

Esa militancia lo llevó a reunirse con Trump, en tiempos en que el ultraderechista gobernaba Estados Unidos, y deslizar la posibilidad de crear una comisión de “seguridad de las vacunas e integridad científica”.

Durante la pandemia, sus acciones crecieron, en especial, al cuestionar la vacunación contra la covid-19. Su blanco preferido fue Anthony Fauci, uno de los responsables de diseñar las estrategias de aislamiento social responsable en Norteamérica. El encono fue tal, al punto de que Kennedy escribió un libro sobre el exmédico de la Casa Blanca, al que caracterizó como un títere de la industria farmacéutica.

                                                     
                                                                              El “Libro negro “de Fauci que publicó RFK Jr. 

“Creo que sus intenciones no son malas, pero su información es incorrecta, está equivocado y sin darse cuenta puede causar un daño significativo”, fue el balance de Fauci, tras una serie de visitas con el sobrino de JFK. Una vez que salió el libro a la venta -un best seller para los votantes republicanos- el galeno sentenció: “Es una completa mentira”.

A RFK Jr. le pasó lo mismo que a los influencers que decidieron repudiar las medidas de cuidado: sus redes -quizás, el punto máximo de influencia- fueron suspendidas por Meta, la empresa de Mark Zuckerberg. El integrante de la “familia real” pataleó y denunció censura, mientras un informe revelaba que Kennedy integra la selecta lista de 12 personas responsables del 75% contenido antivacunas en Facebook.

Puertas adentro, su ferviente proclama antivacunas le trajo problemas en una de las pocas familias que no necesitan introducción en EE.UU al decir el apellido. Dos de sus hermanos -tiene 10- escribieron en Publico rechazando las ideas de Bobby y lo señalaron como parte de “una campaña de desinformación que está teniendo consecuencias desgarradoras y mortales”.

La pregunta que sobrevuela

Ahora bien, ¿qué posibilidades tiene este precandidato -apoyado por figuras como Elon Musk y Aaron Rodgers- en vencer a Joe Biden en las primarias demócrata? ¿Y de alcanzar la Casa Blanca? Difícil tener la respuesta, en especial por tratarse de un país que quemó los papeles del teorema de Baglini, cuando en 2016 proclamó a un presidente que, de ideas de centro, no tenía ni una mínima coma.

Las chances parecen ser pocas. Pero algo se encendió. No por nada el diario The New York Times describe que la candidatura de RFK Jr es “un dolor de cabeza” para Biden. Y la última encuesta de la CNN lo ubica con un 20% de intención de voto. Cuando a los encuestados le preguntaron qué es lo que destacan de su candidatura, no figuran ni su discurso antiestablishment ni tampoco sus posición antivacuna.

“Tiene el nombre Kennedy”, es la respuesta.

Publicado en: Global

Francia: Rebelarse contra la desigualdad

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Tomek Skomski y Marion Beauvalet

Las protestas que están teniendo lugar en Francia no reflejan solo a la bronca por el asesinato de un adolescente a manos de la policía. Son el resultado de la ira generalizada contra la desigualdad racial, las privatizaciones y contra una institución siempre represiva.

Mientras escribimos, las noticias sobre los disturbios en Francia dan la vuelta al mundo. Se habla de comercios saqueados y de todo —desde ayuntamientos a bibliotecas— convirtiéndose en humo al paso de las protestas.

Estos disturbios son revueltas populares: revueltas contra la brutalidad policial, contra la sensación de ser tratados como ciudadanos de segunda categoría, contra la crisis del coste de la vida en Francia. Su origen comenzó el 27 de junio, cuando Nahel M, de diecisiete años, fue ejecutado por un agente de policía cuando intentaba escapar de un control policial en uno de los barrios obreros de Nanterre.

Este asesinato no fue un caso aislado; los homicidios policiales se han disparado desde que el expresidente François Hollande aprobó en 2017 un proyecto de ley que permite a los agentes de policía utilizar armas de fuego en caso de incumplimiento por parte de civiles. Desde entonces, el número de víctimas de la brutalidad policial ha aumentado año tras año.

Pero si la ira se desató por este asesinato en particular, se ha visto alimentada por años de abusos policiales. Un estudio realizado en 2017 en Francia demostró que si te consideraban árabe o negro, tenías veinte veces más probabilidades de ser sometido a un control policial que el resto de la población. Y los barrios obreros donde se están produciendo estas revueltas están gravemente infradotados de servicios públicos, con tasas de desempleo entre el 16% y el 20% (frente a una media nacional que oscila entre el 7% y el 8%).

Hasta comienzos de esta semana se han realizado 2300 detenciones, y sus perfiles muestran algunas similitudes: muchos de ellos son adolescentes. Muy pocos tienen antecedentes penales y suelen tener entre catorce y dieciocho años. En algunas noches, la edad media de los alborotadores detenidos es de solo diecisiete años.

Pero hasta ahora, los dirigentes políticos de todo el espectro se han negado a comprender el peso del problema, recurriendo a falsas acusaciones. Parte del gobierno y del partido de derechas Les Républicains, por ejemplo, acusan a La France Insoumise, de izquierdas, de sembrar el caos en el país por buscar soluciones políticas a los disturbios y negarse a sumarse a la condena general. Cada vez que se intensifican los conflictos sociales, la derecha y los macronistas siempre lanzan este mismo reproche a la izquierda.

Al más alto nivel, la respuesta de Emmanuel Macron ha sido, como era de esperar, autoritaria y brutal. Se han movilizado más de 45 000 policías en todo el país para hacer frente a las revueltas. En un discurso con el ministro del Interior, Gérald Darmanin, y la primera ministra, Elisabeth Borne, Macron prometió que estas revueltas debían tratarse con rapidez y que las redes sociales y los videojuegos eran parcialmente culpables de la conducta de los adolescentes alborotadores. Macron también hizo un llamamiento a los padres para que asuman su responsabilidad y cuiden de sus hijos por la noche. El ministro de Justicia, Eric Dupond-Moretti, dijo que los padres debían «retener a sus hijos» y les amenazó con cargos judiciales si no lo hacían.

El viernes pasado, la ONU pidió a Francia que «abordara seriamente los profundos problemas de racismo entre las fuerzas del orden». Francia respondió que «cualquier acusación de racismo sistémico o discriminación por parte de las fuerzas del orden en Francia» era «totalmente infundada». El gobierno no ha propuesto ningún anuncio ni solución política para poner fin a estas revueltas.

La extrema derecha ha pedido que se declare el estado de excepción, y algunos políticos de extrema derecha han calificado el momento de «guerra civilizatoria», argumentando que las revueltas estaban dirigidas por descendientes de inmigrantes. Pidieron al gobierno que dejara que la gente volviera a poner orden en las calles si el gobierno no lo hacía; mientras Macron ataca a la izquierda radical, se han visto milicias fascistas armados con bates de béisbol en las ciudades de Angers y Lorien, donde han estado ayudando a la policía a realizar detenciones, y en Lyon, donde cincuenta fascistas marcharon por las calles coreando «estamos en casa». La policía y los fascistas cantan himnos similares; en los últimos días, dos sindicatos policiales han emitido declaraciones explicando que las fuerzas policiales estaban «en guerra» con «pestes» y «salvajes».

Lo que es aterrador es que casi ninguna fuerza política está tratando políticamente esta revuelta. La única respuesta que parece dar la clase política es represiva. El único partido político que intenta abordar políticamente la situación es La France Insoumise, cuyo grupo parlamentario ha propuesto soluciones para poner fin a la crisis que genera estas revueltas. La primera exigencia es derogar el proyecto de ley de «permiso para matar» de 2017, que permitía a los agentes de policía asesinar a la joven Nahel, así como pedir una comisión de «verdad y justicia» sobre la violencia policial grave y un plan de inversiones masivas para los barrios obreros.

Aquí, la izquierda radical propone un «plan de emergencia para superar la crisis». Este plan implica situar la revuelta en el ámbito político: las revueltas no son el resultado del fracaso de los padres, las redes sociales o Snapchat, sino de una crisis política total. Las causas de la crisis son antiguas y deben abordarse seriamente.

A este respecto, Jean-Luc Mélenchon ha dicho en el canal de televisión LCI que «la cuestión para un político no es llamar a la calma o hacer poses de huelga. Es construir la calma. Y para ello es necesario resolver de forma racional y concreta los problemas que se plantean». Durante las anteriores elecciones presidenciales, el movimiento ya pidió la reestructuración de la IGPN (Inspección General de la Policía Nacional), la disolución de la BAC (Brigada Anticrimen) y la creación de una policía republicana libre de racismo. También abogaron por la adopción de un importante código ético, la aplicación de nuevas medidas para combatir la elaboración de perfiles raciales y la mejora del programa de formación policial. Esto implicaría ampliar la duración de la formación policial y modificar su contenido, por ejemplo introduciendo cursos de sociología.

Esta crisis refleja la erosión de la situación en Francia. Al no adoptarse ninguna medida contra la dinámica de opresión racial y segregación que envenena a la sociedad francesa, la ejecución del joven Nahel actuó como detonante explosivo. Es urgente que los dirigentes políticos revisen por completo las instituciones policiales y garanticen que la «promesa republicana» —de educación superior, acceso al empleo, etc.— deje de detenerse a las puertas de los barrios desfavorecidos.

TOMEK SKOMSKI Y MARION BEAUVALET

Tomek Skomski es miembro del Parti de Gauche y agregado parlamentario de La France Insoumise. / Marion Beauvalet es estudiante de doctorado en Teoría de las Organizaciones y militante de La France Insoumise.

Publicado en: Europa, titular2

El capital en la era del Antropoceno

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Kohei Saito

 

Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que terminaría generándolo. De aquel momento a hoy cambiaron muchas cosas, salvo una: para proteger la vida es necesario acabar con el sistema.

Entrevista por
Ferran de Vargas[1]

De camino al campus Komaba de la Universidad de Tokio, sentado en el tren de la línea Inokashira, me sorprendo al ver la cara de Kohei Saito en carteles publicitarios en las paredes del vagón anunciando su último libro. Atravieso el campus pasando por delante del auditorio donde Yukio Mishima debatió con los estudiantes revolucionarios en 1969 y llego a un edificio donde se encuentran los despachos de los profesores de Filosofía. Es sábado y me encuentro el edificio cerrado. Por suerte, pasa un profesor por delante y le pregunto si me puede abrir. Me pregunta con quién me he citado, y al oír el nombre, comenta: «¡Es muy famoso, Saito!».

Al llegar al despacho, me recibe un profesor joven, de mi generación, muy afable e incluso risueño. Me hace sentir acogido al instante. La formalidad de su forma de vestir, combinada con su reivindicación del comunismo, emana una forma de ver el mundo: para Saito la verdadera radicalidad no se encuentra en la estética o la simbología, sino en el análisis y el contenido de las propuestas. A pesar de tener montañas de libros esparcidos por todos lados, el más visible es uno sobre Stalin, encima del escritorio. Saito tiene claro que para saber qué comunismo ha de formar parte de la utopía que guía la acción, hemos de conocer en profundidad la distopía que la pervierte. Saito cree firmemente en el valor de la utopía, pero sospecha de las quimeras.

FV

Me consta que ha vendido más de medio millón de copias de El capital en la era del Antropoceno en Japón desde su publicación en 2020.

KS

Sí, es correcto. Y mi último libro, una introducción a El capital, ya ha vendido más de cien mil copias en menos de un mes.

FV

¿Cómo explica semejante éxito?

KS

El éxito de estos dos libros indica claramente que hay un interés creciente en un enfoque más radical a los problemas a los que se enfrenta la sociedad japonesa. Especialmente el gran éxito de El capital en la era del Antropoceno se debe a que apareció en plena pandemia.

Básicamente, en aquel momento había dos cuestiones que se hicieron muy visibles para el pueblo japonés. Una es la creciente desigualdad económica. La población japonesa se sintió muy indignada al ver lo mal que se trataba a los trabajadores esenciales. En la industria de los cuidados, como por ejemplo en los jardines de infancia o en los geriátricos, los trabajadores no tenían buena protección contra el virus y no podían teletrabajar, pero al mismo tiempo eran quienes recibían los salarios más bajos mientras había quien desde la distancia se lucraba enormemente en medio de la situación.

Entonces se celebraron los Juegos Olímpicos en plena pandemia, y algunas industrias consiguieron grandes beneficios mientras mucha gente sufría. Por lo tanto, mi crítica de que si seguimos en este capitalismo neoliberal las cosas irán empeorando, atrajo cierta atención.

Pero la otra cuestión es que la pandemia es algo muy típico del Antropoceno. La intervención humana en la naturaleza se ha hecho tan grande bajo el capitalismo global en los últimos treinta años, que ha aparecido este nuevo tipo de virus y se ha extendido muy rápido por todo el mundo. Entonces dije que esta crisis que sufrimos no es la última, sino que es el comienzo de una nueva era a la que llamo Antropoceno. Esta era se caracteriza por un estado de emergencia crónica relacionado especialmente con la crisis climática, que será mucho más larga y tendrá un impacto disruptivo en todas las esferas del día a día. Esto es consecuencia de la velocidad en continua aceleración de la producción capitalista.

Entonces, dije: de acuerdo, algunos intentan abordar estos dos problemas —la crisis económica y la crisis medioambiental— desde dentro del capitalismo, pero llevan fracasando los últimos treinta años. Ahora hablan de inversiones verdes y cosas por el estilo, pero estas propuestas son demasiado débiles ante la escala de esta crisis, son insuficientes y se utilizan como una especie de excusa o greenwashing.

                                                                                                             
El capital en la era del Antropoceno.
FV

Al inicio de El capital en la era del Antropoceno afirma de forma provocadora que el foco que se dirige sobre el consumo responsable y el reciclaje es el nuevo opio del pueblo. ¿Qué le diría a quienes ven este planteamiento demasiado radical?

KS

Especialmente en Japón los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) han sido muy populares; se han hecho virales y se pueden ver por todos lados, todo el mundo mira programas y anuncios en los que se habla de los ODS cada día, también e inculcan en las escuelas, pero al mismo tiempo nada ha cambiado. Mi afirmación es una provocación radical, sí, pero captó la atención de los medios de comunicación y de mucha gente.

El tipo de alternativa que yo propongo se basa en cambiar el sistema y no el comportamiento individual a través de reciclar más o comprar botellas de agua sostenibles. Este chocó a muchas personas que realmente creen ingenuamente que el que están haciendo es en realidad algo muy bueno, pero al final no es más que una mera ilusión. Pero mucha gente se sintió atraída por esta advertencia porque la pandemia y la crisis climática se convirtieron en problemas urgentes.

FV

¿Cuál cree que es el perfil de sus lectores?

KS

Escribí El capital en la era del Antropoceno para el público general, no académico, como un libro de bolsillo. El público japonés que acostumbra a comprar este tipo de libros es gente del mundo de los negocios de mediana edad. En realidad empecé hablando de los ODS porque la gente del mundo de los negocios habla mucho de ello, y cuando lo critiqué les chocó y pensaron que tenían que leerlo. Es por eso que compraron mucho mi libro y lo leyeron con entusiasmo, y recibí muchas invitaciones para dar conferencias incluso por parte de las grandes empresas.

Por otro lado, mucha gente que ahora tiene más de sesenta años fue muy activa en el movimiento estudiantil cuando eran universitarios y es la generación que ha leído a Marx y El capital. Ellos también han comprado mucho mi libro.

Más recientemente percibo que la gente joven también está comprando y leyendo el libro. Hoy en día la gente joven tiene poco dinero y está muy ocupada con YouTube, TikTok y cosas por el estilo, y no leen este tipo de libros teóricos. Pero gracias al éxito del libro, los estudiantes empezaron a leerlo. Y sorprendentemente, ellos son quienes aceptan más fácilmente mi propuesta radical. Cuando hablo de Marx y de comunismo, la gente que tiene aproximadamente mi edad expresa dudas o incluso menosprecio por considerarlo caduco y relacionarlo con la Unión Soviética y la dictadura. Cuando hablo de decrecimiento, la gente del mundo de los negocios dice que entiende mi crítica al capitalismo, pero que el decrecimiento todavía empeorará más la situación. Pero la generación más joven se plantea que quizás esta es la vía.

FV

¿Qué papel juega el Partido Comunista de Japón (PCJ)?

KS

Dentro del PCJ no hay elecciones democráticas y Kazuo Shii lleva más de veinte años al frente del partido. Un militante que se llama Nobuyuki Matsutake publicó recientemente un libro en el que proponía que el partido adoptase el sistema de elecciones democráticas internas, y ha sido expulsado fulminantemente. Los líderes del partido argumentan que este militante traicionó la organización y rompió sus normas. En este sentido, el PCJ mantiene el estilo antiguo de los partidos comunistas. Por otro lado, también ha ignorado totalmente mi libro. Tienen su periódico, Akahata, y nunca se han referido en él a mi libro, ni siquiera para escribir una crítica. Esto se debe a que mi interpretación de Marx, el comunismo decrecentista, contrasta con su defensa del crecimiento verde. Ellos defienden una especie de Green New Deal.

Las propuestas del PCJ son más socialdemócratas que comunistas, pero el partido mantiene algunos de los rasgos de los partidos comunistas antiguos, como la expulsión de los críticos. Yo soy marxista y hablo de comunismo. Por lo tanto, el núcleo de mis lectores es gente de izquierdas. Pero la gente de izquierdas en Japón normalmente es vieja y no puede aceptar la idea del decrecimiento. Mi única esperanza es la generación más joven.

FV

¿Podríamos decir que ahora es usted más influyente que el PCJ?

KS

(Ríe) Es interesante que ahora en Japón en los metros, los medios de comunicación, los periódicos e incluso la televisión se habla de Marx. Están abiertos a nuevas ideas. Pero la gente del PCJ se mantiene en silencio respecto a mis nuevas propuestas.

FV

Los socialdemócratas y grandes capas del marxismo ven el Estado como el principal espacio de resistencia frente al capital, pero usted propone menos dependencia respecto al Estado y más asociacionismo. ¿Cree que el Estado es peligroso para la sociedad y para el comunismo?

KS

No es que sea un anarquista total y rechace toda intervención estatal. Creo que una de las lecciones que hemos aprendido de la pandemia es que el Estado todavía juega un rol importante incluso bajo las condiciones de la globalización. Una vez más se remarcaron las fronteras nacionales, y la importancia de diversos tipos de ayudas a la gente más pobre o los hospitales evidenció que se necesitaba intervención estatal para proteger la vida de todo el mundo. Por otro lado, pese a que critico el Green New Deal, soy consciente de que para conseguir una rápida descarbonización necesitamos una intervención, regulación y gasto estatales masivos.

El hecho de no enfatizar la importancia del Estado en mi libro responde más a razones estratégicas, porque aquí en Japón cuando se escucha hablar de Marx y de comunismo la gente tiende a asociarlo con totalitarismo de Estado. Lo que quería era redefinir la imagen del comunismo y de Marx para la era del Antropoceno. Para hacerlo, tenía que separar estrictamente a Marx y la Unión Soviética o China. Es por eso que mi visión del poscapitalismo se basa en el común («común-ismo») y en crear una asociación de asociaciones que restrinja el poder de reificación del capital.

FV

¿Podría hablar un poco más de su idea del comunismo?

KS

Yo defino el capitalismo como una expansión constante de capital, y el capital es un proceso de valorización que se expande sin parar. Para conseguirlo, el capital lo ha de mercantilizar todo. Por lo tanto, la idea básica es que el proceso de acumulación capitalista va de la mano de la disolución del común a través de la mercantilización de las cosas. En las sociedades precapitalistas no teníamos que comprar muchas cosas porque compartíamos muchas incluyendo tierras, agua, bosques, etc. Pero con la acumulación originaria de capital muchas cosas empezaron a ser monopolizadas por unos pocos. Este proceso se ha acelerado en los últimos treinta años con la privatización de hospitales, transportes públicos, agua, etc. porque el capitalismo ya no puede encontrar nuevos espacios de acumulación. Por este motivo ha de crear un «afuera» que bien puede ser el espacio exterior, como hace Elon Musk, pero también puede destruir aquellos bienes comunes.

Así pues, mi propuesta es muy simple: si queremos proteger nuestras vidas, hemos de restringir esta expansión infinita de capital porque está invadiendo los fundamentos básicos de nuestra existencia, y para hacerlo hemos de rehabilitar el común desmercantilizando el agua, la atención médica, la electricidad, los transportes públicos, las escuelas, y todo lo que ha estado bajo ataque del capital en los últimos treinta o cuarenta años de neoliberalismo.

Pero el caso es que no propongo simplemente la nacionalización, sino que mi idea del común, influida por Antonio Negri y Michael Hardt, más bien enfatiza el principio de participación a nivel horizontal. El modelo burocrático de arriba abajo del Estado del Bienestar y por supuesto del tipo de socialismo de la Unión Soviética trataba de proteger la vida y el bienestar de las personas pero no funcionó.

Yo propongo desmercantilizar pero de otra manera, no solo contra la privatización sino también contra la propiedad estatal, a través del asociacionismo y una red descentralizada de cooperativas.

FV

¿Cómo se puede pasar de la sociedad capitalista a una sociedad basada en el asociacionismo? ¿Cree que sería necesaria una revolución?

KS

Creo que en el mundo complejo de hoy en día tal cosa como la Revolución Rusa es imposible. Incluso si nos alzamos y tomamos el poder, esto no cambiará el sistema complejo del mercado financiero, el mercado de valores, etc. En este sentido, gente como Andreas Malm habla de leninismo ecológico pero este tipo de estrategia no es demasiado efectiva. Ya no podemos tumbar el capitalismo como a comienzos del siglo XX.

En este sentido, soy más cercano al reformismo radical o «reformunismo». Hemos de reformar para transformar radicalmente el modo de producción capitalista. Creo que si podemos desmercantilizar muchos ámbitos de nuestra vida, habrá más espacio para involucrarnos en actividades no comerciales y no capitalistas y se expandirá más la esfera del común. También podemos introducir una jornada laboral más corta, como por ejemplo un sistema de cuatro días laborales a la semana, la gratuidad del transporte público y la educación, o más vivienda pública.

Las reformas serían introducidas bajo el capitalismo, pero entonces la influencia de estas medidas abriría un nuevo modo de vida en el sentido de que no tendríamos que preocuparnos tanto por el dinero y por tanto podríamos decidir si estamos dispuestos a trabajar duro o a dedicarnos más a otras actividades. Esto generaría más espacios para nuevas iniciativas, creatividad, cooperación y ayuda mutua.

Al mismo tiempo, entiendo la propuesta de (Andreas) Malm de que necesitamos una transformación fuerte y rápida, porque esta expansión del común parece muy lenta. Hemos de reducir a la mitad las emisiones de CO2 y tenemos solo seis o siete años. Así pues, entiendo que esta gente hable más en términos de disrupción del sistema. Creo que este es el punto más difícil. Por supuesto sé que existen distintas vías —no solo la mía— y necesitamos poner todas las propuestas sobre la mesa.

El problema es que las propuestas radicales han sido marginadas e ignoradas porque mucha gente del establishment solo sabe hablar sobre capitalismo verde. Pero creo que ahora la situación está cambiando un poco y hay un interés creciente en el decrecimiento.

FV

Uno tiene la sensación de que la recuperación del común puede ser demasiado lenta teniendo en cuenta que el capital es muy rápido y global, y que cuando destruye lo común lo hace a través de medios violentos.

KS

Sí, pero el estalinismo viene exactamente de la misma lógica: «el capitalismo es tan fuerte y grande que hemos de luchar contra él y necesitamos el partido de vanguardia, una disciplina de hierro, no podemos discutir todos los problemas con calma, hemos de decidir por ti, etcétera». Este es el camino del maoísmo climático. Por desgracia existe el peligro creciente del totalitarismo.

Cuando las crisis se profundizan, incluso la gente de izquierdas desea líderes fuertes y transformaciones muy radicales, y eso comporta el peligro de repetir los antiguos fracasos. Creo que incluso si sabemos que estas propuestas no cambian la situación de forma tan efectiva, necesitamos un movimiento de base y democrático. Esto es un principio que no podemos abandonar nunca.

FV

¿Qué les diría a aquellos que son tan pesimistas ante la crisis climática que ya se han rendido?

KS

Escribí El capital en la era del Antropoceno porque quería proponer otro futuro. Por supuesto que hay muchos libros que critican el capitalismo, el neoliberalismo y el cambio climático, pero desde mi punto de vista no clarifican qué tipo de sociedad tendríamos que perseguir. Naomi Klein dijo que necesitamos una visión más concreta del futuro, y es por este motivo que propongo el comunismo decrecentista como una especie de nueva utopía. Evidentemente soy consciente de que no es algo que podamos conseguir fácilmente, pero sin esta utopía la dicotomía es el maoísmo/estalinismo climático o el pesimismo de los que dicen «Ok, estamos jodidos».

Soy consciente de que la situación de la crisis climática empeorará, y especialmente después de la COP 27 no creo que podamos conseguir el objetivo de 1,5 grados, creo que nos dirigimos hacia más de 2 grados y eso es muy peligroso. Pero eso no significa que podamos rendirnos, hemos de seguir haciendo todo lo posible para minimizar los daños. Si no conseguimos el objetivo de 1,5, hemos de hacer lo posible para conseguir el 1,6, y si fracasamos hemos de intentar conseguir el 1,7, y así.

Más que esperanza, es muy importante tener una visión. Mi deseo es que el comunismo decrecentista se convierta en un nuevo punto de referencia y discusión útil. No digo que las cosas sean simples, pero creo que este tipo de discusión tendría que generar un nuevo espacio de imaginarios y políticas.

FV

¿Por qué cree que el marxismo es la mejor herramienta intelectual para abordar la crisis climática?

KS

Creo que la crisis del Antropoceno es generada por este sistema de valorización infinita del capital, y por tanto hemos de criticar el capitalismo. Pero ha habido mucha gente durante la historia que ha criticado de alguna forma el capitalismo. De hecho la mayoría de académicos habla de cómo regular el capitalismo o de cómo vivir mejor y más eficientemente dentro del capitalismo, sin intentar superar o ir más allá de este sistema.

Marx es uno de los pocos pensadores de la historia que ha profundizado de forma realmente sistemática no solo en los problemas del capitalismo sino también en cierta visión del poscapitalismo.

Pero, lamentablemente, durante el siglo XX Marx ha sido interpretado como una especie de productivista prometeico. Después de la caída de la Unión Soviética se trató a Marx como un pensador desfasado, y entonces llegaron los movimientos verdes y decrecentistas, que no han sido demasiado explícitos sobre la necesidad de ir más allá del capitalismo.

Si puedo contribuir a entender que Marx era un pensador realmente ecologista e incluso no-productivista y decrecentista, se abre un nuevo espacio donde la gente proveniente del ecologismo político, el decrecentismo y el marxismo puede pensar junta en una nueva manera de vivir más allá del capitalismo.

FV

Usted contrapone el Marx de el Manifiesto comunista y el de El capital. ¿Puede explicar este salto de un Marx al otro? ¿Qué rol juegan los cuadernos de notas de Marx para entender este salto?

KS

El paso de el Manifiesto comunista a El capital es en parte el paso hacia el reformunismo. En el Manifiesto, Marx era más optimista y pensaba que una revolución sería suficiente para tumbar el capitalismo. Pero entonces la revolución fracasó, después estalló una crisis que no dio paso a ninguna otra revolución, y Marx reconoció lo fuerte que es el capitalismo. Si lees El capital, especialmente el volumen primero, habla de acortar la jornada laboral, establecer escuelas taller y casas de oficios donde los trabajadores puedan aprender determinadas técnicas, o de reformas muy importantes bajo condiciones capitalistas. Al mismo tiempo, también se acercó a las posturas del asociacionismo.

Pero Marx también se volvió más ecológico. En las décadas de 1840 y 1850 era más optimista respecto al progreso tecnológico, pero en la de 1860 adoptó una mirada más crítica, especialmente al observar cómo los trabajadores habían sido degradados a una especie de accesorio de la máquina y cómo en la agricultura las tierras habían sido destruidas por la tecnología. Así pues, Marx ve que el capitalismo en realidad no conduce al progreso. Creo que esta transformación es muy importante. En cambio, JohnBellamy Foster cree que Marx siempre fue ecológico.

Observando sus cuadernos de notas, que han sido ignorados durante mucho tiempo, podemos ver cómo Marx desarrolla estas ideas a principios de la década de 1860. Podemos descubrir nuevos aspectos de Marx que pueden ser muy útiles para trazar su pensamiento después de El capital, porque después de esta obra no publicó demasiado y en cambio se puso a estudiar a consciencia las ciencias naturales y las sociedades precapitalistas porque a menudo eran más sostenibles. Estas sociedades imponían muchas restricciones en lo que se podía producir y cómo se podía consumir. Las regulaciones comunales sobre las tierras, los bosques y otros recursos hacían que estas sociedades fuesen no solo igualitarias sino también ecológicas.

Finalmente, en la década de 1880, Marx dijo que la sociedad rusa podía saltar al socialismo sin pasar por el capitalismo, pero también dijo que la sociedad occidental tenía que aprender a volver a este tipo elevado de sociedad arcaica. En este sentido, creo que Marx se convirtió en un comunista decrecentista, tomando como modelo a aquellas sociedades precapitalistas como ideales para la sociedad poscapitalista.

FV

Querría hacerle una pregunta más personal: ¿cómo se interesó por el marxismo?

KS

Entré en la Universidad de Tokio en 2005 e hice algunos amigos que estudiaban el marxismo relacionado con problemas contemporáneos de la sociedad japonesa, como la desigualdad, el trabajo precario y la responsabilidad de guerra (como por ejemplo la cuestión de las mujeres de consuelo). Me puse a estudiar estos problemas con mis amigos y me di cuenta de que muchas cuestiones estaban relacionadas: por ejemplo, la guerra está relacionada con el imperialismo y el imperialismo es una forma de capitalismo; o la precariedad laboral tiene que ver con las reformas neoliberales que son también una forma de capitalismo. Progresivamente tomé conciencia de que muchos problemas actuales tienen su origen en el capitalismo, y quise saber más sobre este sistema. Entonces leí a Marx y a académicos marxistas, pese a que al principio me resultaba muy difícil de entender.

Especialmente después del desastre nuclear de Fukushima de 2011, llegué a reflexionar sobre el problema de la desigualdad entre Tokio y las zonas rurales. Las plantas nucleares de la zona rural de Fukushima producen electricidad para la gente de Tokio, pero los principales peligros de esta energía los padecen los habitantes de Fukushima. Yo me preguntaba cómo se explica la desigualdad y destrucción de la naturaleza causadas por estas tecnologías, y me fui interesando por la cuestión de la sostenibilidad y la relación entre el ser humano y la naturaleza mediada por la tecnología.

Marx tenía reputación de productivista, y en aquel momento yo no estaba seguro de que fuese un punto de referencia demasiado útil más allá de cuestiones como la lucha de clases y la explotación. Pero entonces conocí el proyecto MEGA y algunos académicos que ahora conozco muy bien eran miembros que se dedicaban a editar los cuadernos de notas de Marx, y resulta que los cuadernos en los que trabajaban los académicos japoneses eran sobre ciencias naturales. Entonces pensé que sería una buena manera de estudiar los temas que me interesaban, y la verdad es que funcionó muy bien e hice mi tesis doctoral sobre esto, pese a que había hecho mi tesis de máster sobre Hegel. Al principio tenía que hacer el doctorado también sobre Hegel, pero en el momento en que escribía la tesis del máster sucedió el desastre de Fukushima y no estaba del todo seguro de si tenía que hablar de cuestiones tan filosóficas y abstractas.

FV

Teniendo en cuenta la importancia del marxismo japonés pese al relativo desconocimiento que se tiene de él en Europa, querría preguntarle si hay algún teórico marxista japonés que haya tenido una influencia especial en el desarrollo de sus propias ideas.

KS

Uno de los marxistas japoneses más famosos es Kōzō Uno. Pero yo no pertenezco a la Escuela Uno, nunca he estado muy influido por sus ideas. Él tuvo una gran influencia sobre Kojin Karatani, otro marxista japonés bastante famoso de tendencias más posmodernas con quien no comparto muchas cosas pese a ser también asociacionista. Mi tradición proviene de Samezō Kuruma, de quien Teinosuke Ōtani fue discípulo. También he de mencionar a mi buen amigo Ryuji Sasaki.

Una de las características de nuestra escuela o enfoque, a diferencia de Uno y su escuela, consiste en leer El capital u otros textos de Marx en alemán y prestar atención a los manuscritos, cartas y cuadernos de notas. Uno consideraba que El capital era una mezcla de ideología y ciencia, y que se podía eliminar la parte ideológica y extraer la ciencia pura de los principios de la economía política. Así pues, él reconstruía las cosas y omitía muchas partes para hacer su propio sistema.

Nosotros más bien intentamos trazar por qué Marx escribe como escribe. En lugar de decir simplemente que se equivocaba o estaba confundido intentamos pensar con Marx y por qué tenía que escribir de tal o cual manera, incluso cuando es confusa. Cuando es confusa, ha de haber alguna razón por la cual lo es. Así pues, somos más empáticos con Marx. Algunos malentienden que nosotros lo dogmatizamos o intentamos protegerlo buscando en los cuadernos de notas y manuscritos para encontrarle una defensa, pero no es nuestra intención.

Creo que es obvio que la teoría de Marx es limitada, que no lo explica todo, especialmente en el siglo XXI. Además, El capital es una obra inacabada, y especialmente el volumen tercero es bastante inmaduro. Pero hemos de clarificar hasta qué punto llegó Marx, y para hacerlo hemos de seguir su propio pensamiento. Reconocemos los límites, pero al mismo tiempo tratamos de clarificar estos límites con más cuidado. Por ejemplo, Marx no predijo el cambio climático, pero sabía que el capitalismo contenía la contradicción ecológica que ha acabado generando el cambio climático.

 

TRADUCCIÓN: FERRAN DE VARGAS

 

Sobre el entrevistador:

[1] Ferran de Vargas es politólogo y doctor en Estudios Interculturales especializado en Japón. Actualmente forma parte del grupo de investigación ALTER de la Universitat Oberta de Catalunya. Es autor del libro Izquierda y revolución. Una historia política del Japón de posguerra (Edicions Bellaterra, 2020). Tuitea en @ferranidus.

KOHEI SAITO

Filósofo japonés, es profesor asociado en la Universidad de Tokio y trabaja en ecología y economía política desde la perspectiva marxista. Su último libro, El capital en la era del Antropoceno (2020), ha vendido más de medio millón de copias.

Publicado en: Global, titular2

¿Por qué China no sufrió un colapso al estilo soviético?

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Isabella Weber

¿Cuáles fueron las consecuencias de tres décadas de reformas de mercado para la clase obrera más grande del mundo?

Entrevista por
Daniel Zamora[1]

La historia económica más sorprendente del último medio siglo es la del ascenso de China. El desarrollo dirigido por el Estado desencadenó una expansión económica sin precedentes en la historia moderna. Pero el crecimiento, a todas luces extraordinario, está lejos de representar un triunfo del libre mercado. Isabella Weber, economista de la Universidad de Massachusetts Amherst, ofrece una lectura fascinante de las reformas económicas y los debates de China de los últimos cincuenta años.

Weber demuestra que, al elegir una vía alternativa a la «terapia de choque» que terminó hundiendo al bloque soviético de los años 1990, China evitó el deterioro de las capacidades estatales que, entre otras cosas, hizo que el COVID-19 sea un desastre en Occidente. Combinando una cuantiosa investigación histórica y un enfoque económico original, la lectura de Weber nos brinda una comprensión preciosa del singular camino que siguió el Partido Comunista de China y sus consecuencias para la clase obrera más grande del mundo.

DZ

¿Cómo llegaste a estudiar la historia económica de China?

IW

Me crie en Alemania del Este en los años 1990. La historia del socialismo que se narraba entonces era un estereotipo del fracaso: era el relato de viajeros que debían cruzar la militarizada zona Este para traer café y jeans de marca. La sensación general era de triunfalismo: había llegado el fin de la historia. Sin embargo, la historia comienza con mi visita a un estudiante de la Universidad de Pekín. Ansiosa por aprender sobre la economía de China, empecé a tomar clases en la Escuela de Administración de Guanghua, una de las casas de estudio más prestigiosas de China, y descubrí con sorpresa que estudiaban los mismos textos estadounidenses con los que me había formado en Berlín.

Era un misterio: China tenía un sistema económico claramente distinto al de Alemania o al de Estados Unidos, pero practicaba el mismo tipo de economía. Luego de volver a Berlín, empecé a trabajar en una fundación, específicamente en un sector vinculado con el gigante oriental. Nuestros colegas chinos estaban muy interesados en el colapso del socialismo de Estado en Alemania del Este. En una ocasión, ayudé a organizar una reunión entre Hans Modrow, último presidente del Consejo de Ministros de la República Democrática Alemana, y una delegación de funcionarios chinos de alto rango. Antes del evento, yo ni siquiera sabía quién era Hans Modrow. El período durante el que estuvo en funciones fue muy breve. Por primera vez, en ese salón, junto al olvidado dirigente alemán y la delegación china, me formulé la pregunta: ¿Por qué la historia había sido tan distinta en ambos países? Entonces empecé a investigar el fundamento teórico de las reformas económicas de China, implementadas durante «los largos años ochenta», etiqueta que remite al período decisivo de 1978-1992. ¿Por qué China había logrado escapar a la terapia de choque y qué rol jugó la economía en la vía alternativa por la que optó?

DZ

Tendemos a olvidar la brutalidad que definió la transición del socialismo al capitalismo en el antiguo bloque soviético. Al final, tu investigación sugiere que es ahí donde deben buscarse los motivos de la clara divergencia económica que separó a China de Rusia durante el mismo período.

IW

Es sorprendente que, tanto en el contexto de la crisis de 2008 como en la nueva crisis abierta por el COVID-19, suele optarse casi exclusivamente por los años 1930 como punto de referencia histórico. Pero, de hecho, la «recesión transicional» de Rusia fue más profunda y mucho más prolongada que la Gran Depresión. Durante ese período, no solo cayó más de un tercio la producción total, sino que la producción industrial llegó a representar, en 1995, niveles cercanos a la mitad de los de 1987. Probablemente haya sido la desindustrialización más drástica de la época poscolonial. Rusia nunca recuperó su posición de superpotencia industrial. Los salarios reales cayeron más del 50% frente a los valores previos a la terapia de choque. La expectativa de vida de los hombres se redujo siete años: es la caída más grande que cualquier país industrializado haya experimentado en tiempos de paz.

Un estudio de The Lancet probó que las consecuencias de la crisis, es decir, la pobreza y el desempleo, causaron millones de muertes durante el período. Los oligarcas rifaron los recursos públicos, y las adicciones, el VIH, el alcoholismo, la desnutrición infantil y el crimen alcanzaron límites hasta entonces desconocidos. En 2015, en términos de ingresos, el 99% de la población rusa todavía estaba peor que en 1991.

Así surgió toda una «generación perdida» de jóvenes y se sentaron las bases del gobierno de Vladimir Putin. Por supuesto, no está claro que la «cura china» hubiese funcionado en Rusia, pero es difícil imaginar que una terapia de choque al estilo ruso hubiese resultado en padecimientos de menor magnitud que los de la ex-URSS. Debemos recordar que, a fines de los años 1980, China era todavía un país muy pobre. En 1990, después de más de diez años de reformas, los ingresos reales por adulto en Rusia todavía triplicaban los de China. Un colapso económico mucho menos drástico que el de Rusia en los años 1990 hubiese representado probablemente una catástrofe de proporciones inmensas. Con el diario del lunes, podemos decir que los años 1980 fueron el escenario de una encrucijada fundamental en la historia económica mundial: el punto de inflexión que marcó, tanto la divergencia entre la caída de Rusia y el ascenso de China, como el comienzo de la convergencia china con las economías occidentales.

DZ

¿Qué expectativas tenían quienes defendían la terapia de choque?

IW

La idea de la terapia de choque se basa en la lógica de que el sufrimiento de corto plazo es inevitable. La analogía que solía invocarse era la de la cirugía: en una primera etapa, el paciente debe sufrir para sentar las bases de su recuperación posterior. Pero resulta que, a diferencia de una cirugía, realizada en general por un médico habilidoso, en el caso de la terapia de choque económica no se logró contener tan fácilmente el sufrimiento.

Transformar un sistema económico entero no es como extirpar un tumor. En un primer momento era clave alimentar un «big bang» definido por la liberalización de los precios. Se suponía que dejar que todos los precios flotaran libremente de la noche a la mañana crearía un sistema de precios racional, elemento fundamental de la perspectiva neoclásica del mercado. También se suponía que la austeridad macroeconómica —restricción monetaria y recorte presupuestario— evitaría que la espiral de precios liberalizados se saliera de control. Así las cosas con la teoría. Pero lo cierto es que, en 1991, el «big bang» de Boris Yeltsin produjo una hiperinflación permanente. Cuando el valor del dinero se desploma, no hay manera de tener un mercado racional. El pánico y la mera necesidad toman el control y se pierde cualquier posibilidad de optimizar las utilidades. De esta manera, Rusia se quedó sin mercado funcional y sin planificación y, en muchos casos, la población tuvo que recurrir al trueque.

DZ

Tu argumento parece suponer que la determinación de los precios era el objetivo principal de la terapia de choque. Es interesante notar que los programas de ajuste estructurales aplicados en los países en vías de desarrollo a fines de los años 1980, tuvieron un efecto similar y también apuntaban al control de precios. ¿Por qué la política de precios es tan importante para los neoliberales?

IW

La terapia de choque no fue una política de transición aplicada exclusivamente al socialismo de Estado, sino un paradigma político mucho más amplio, implementado célebremente por Augusto Pinochet en Chile, impuesto por Margaret Thatcher en Gran Bretaña y utilizado como método de ajuste estructural en muchos países en vías de desarrollo. Para el pensamiento neoliberal, los precios libres son el Santo Grial del mercado. Aunque se supone que la propiedad privada es una condición necesaria para que el mercado funcione, el mercado en sí mismo es concebido en realidad como el libre movimiento de los precios, que contiene toda la información necesaria para coordinar las acciones de los individuos, conectados exclusivamente a través del sistema de precios libres. Este es el motivo intelectual más profundo que tenían los partidarios del choque para pensar que se necesitaba un «big bang» inicial que liberara todos los precios.

Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, por ejemplo, fueron muy explícitos cuando atacaron el sostenimiento de los controles de precios surgidos de la economía de guerra de los años 1940. En El camino de la servidumbre, Hayek advirtió: «Cualquier intento de intervenir los precios o las cantidades de unas mercancías en particular priva a la competencia de su facultad para realizar una efectiva coordinación de los esfuerzos individuales». En un ensayo titulado «Las políticas intermedias conducen al socialismo», von Mises argumentó que basta con que el gobierno controle únicamente el precio de un producto, por ejemplo, la leche, para que se genere un tobogán de distorsiones que conduce inevitablemente al control total de los precios por parte del gobierno, cuando no al totalitarismo.

DZ

¿Y por qué es tan importante, sobre todo para la clase trabajadora, pensar los precios en términos políticos? Hoy el sentido común sobre el control de precios es que conducen a la escasez, la ineficiencia y el florecimiento de los mercados negros. 

IW

En general, la economía contemporánea piensa que todos los precios son de la misma naturaleza. Es el caso de la economía neoclásica, de buena parte de la economía marxista y de las corrientes principales del keynesianismo. La principal disputa entre marginalistas, que creen en la teoría del valor subjetivo, y la teoría del valor de David Ricardo y de Karl Marx pasa por el principio general que rige la determinación de los precios y no tanto porque tengan opiniones divergentes sobre la naturaleza de los precios de diferentes productos. Por ejemplo, hay estudios, enfocados sobre todo en el caso de ciertos precios monopólicos o productos de lujo, que muestran que la demanda aumenta cuando aumentan los precios. Pero no hay muchas investigaciones sistemáticas sobre la importancia que tienen algunos precios para la estabilidad macroeconómica y el crecimiento, ni tampoco hay mucho debate sobre la economía política de los precios en el caso de los productos esenciales. Sin embargo, muchos episodios históricos importantes apuntan a la naturaleza altamente política de ciertos precios.

En Francia, por ejemplo, el movimiento de los chalecos amarillos se organizó luego de que se anunciara un aumento del precio del diésel. La Primavera Árabe creció a partir del aumento del precio del pan y hay quienes argumentan que el aumento del precio de los cereales jugó un rol clave en la Revolución Francesa. La lógica detrás de estos argumentos es evidente: si aumentan los precios de los productos esenciales, como la energía y los alimentos básicos, que representan el gasto más importante en los hogares de bajos ingresos, los salarios reales sufren una caída drástica. Por lo tanto, las revueltas precipitadas por los aumentos de precios son una forma de resistencia contra la tendencia que fuerza a los trabajadores a vivir al límite de la subsistencia.

Al mismo tiempo, estabilizar o subsidiar los bienes de consumo esenciales representa un paso adelante en la reducción de la vulnerabilidad de las personas frente a las fluctuaciones del mercado. En China existe una larga tradición de sostenimiento del precio de los granos. Desde épocas antiguas, los silos públicos intervienen comprando granos cuando los precios bajan luego de la cosecha y liberando las reservas cuando la oferta se queda corta, especialmente durante las hambrunas. Una de las políticas de Estados Unidos durante el período del New Deal fue la fundación de la Commodity Credit Corporation, iniciativa de Henry A. Wallace que funciona en base a un esquema muy similar al de China.

Desde la época de la colonia, la estabilización del precio de las commodities es muy importante para los países pobres que dependen de la exportación de materias primas y de productos agrícolas. Cuando las exportaciones de un país incluyen solo un pequeño número de commodities, una ligera fluctuación en los precios basta para desestabilizar toda la economía. Durante la restructuración económica que siguió a la Segunda Guerra Mundial, se planteó la idea de utilizar las commodities como existencias reguladoras a nivel internacional (propuesta apoyada, entre otros, por John Maynard Keynes). Nunca se implementó, pero valdría la pena revitalizarla en los debates actuales que buscan métodos para fortalecer las economías. En vez de volver al nacionalismo económico, la implementación de existencias reguladoras de commodities esenciales a nivel mundial es una alternativa internacionalista. Podría incluir, por ejemplo, mejorar la provisión de equipamiento médico. En el contexto de la pandemia, estas existencias reguladoras podrían haber ayudado a canalizar recursos hacia los lugares más necesitados.

Hoy, después de décadas de dirigir estatalmente la creación de mercados, China gestiona el suministro público de granos más grande del mundo. Cuando comenzó la pandemia de COVID-19, el primer confinamiento, sumamente estricto, fue posible en gran medida gracias a las agencias de comercio estatales, que ayudaron a recrear los mercados para garantizar el suministro de alimentos luego de que se interrumpieron los canales normales. Otro ejemplo es la estabilización del precio de la carne de cerdo. En 2019, el brote de fiebre porcina debilitó la oferta en toda China. Para evitar que los precios se dispararan, el Estado liberó sus reservas de carne de cerdo congelada y las empresas estatales ayudaron a organizar la expansión de las importaciones. Gracias a la estabilización de precios facilitada por este tipo de intervenciones, el Estado chino suaviza la fluctuación de los bienes de consumo esenciales y de producción. Estos procedimientos complementan la política monetaria y contribuyen a estabilizar los precios en términos generales. A su vez, al aliviar las presiones inflacionarias, se abre espacio para la expansión fiscal.

DZ

Pero, ¿no estuvo China a punto de implementar su propia terapia de choque y liberalización de precios a fines de los años 1980? 

IW

Se sabe que Deng Xiaoping reemplazó la consigna de la Revolución Cultural, «la política al poder», por una nueva: «la economía al poder». Durante los años 1980 se aceleraron los intercambios con economistas de todo el mundo. El Banco Mundial y la Fundación Ford fueron muy importantes en este sentido. Entre los visitantes más destacados de aquella época se cuentan Milton Friedman, economista de Chicago; Włodzimierz Brus, economista reformista exiliado, discípulo de Oskar Lange, y Ota Šik, arquitecto de los proyectos de reforma económica de la Primavera de Praga, también exiliado.

Contra el rechazo pregonado por von Mises y Hayek contra toda posibilidad de sistema socialista racional, Lange había demostrado, específicamente en el debate sobre el cálculo socialista, que era posible implementar precios racionales bajo el socialismo de mercado. Por lo tanto, esta línea de pensamiento reformista compartía con el neoliberalismo su énfasis en la adecuación de los precios. En una conferencia pronunciada en China, Friedman llegó a decir que el socialismo de mercado al estilo de Lange era un buen plan B y que representaría un gran paso en el camino hacia una economía libre. Entonces, los economistas reincorporados en China empezaron a desarrollar una orientación según la cual los precios eran el núcleo de las reformas de mercado y, sin una liberalización completa —anticipada en algunas versiones por ajustes de precio calculados y combinados con reformas fiscales y salariales—, las reformas de mercado estaban condenadas al fracaso. Con el avance de los debates académicos, la disciplina económica empezó a reformularse de acuerdo al modelo occidental. Se empezaron a pensar y bosquejar ambiciosos proyectos de reformas de precios, se generalizaron las reformas agrarias y emergió un paradigma de creación experimental de mercados.

Hay que decir que, en muchos sentidos, las reformas agrarias fueron radicales. Una de las consecuencias fue el desmantelamiento de la comuna popular, institución política y económica clave de la China maoísta. Sin embargo, aun en este caso se trató de un proceso gradual, en el sentido de que la reforma agraria mantuvo el compromiso que tenía el campo de entregar una cuota de productos agrícolas básicos, como cereales y algodón, a un precio determinado según las exigencias de las instituciones de planificación. Pero, si bien las granjas de familia estaban obligadas a cumplir el acuerdo, luego de satisfacer su compromiso eran libres de producir para el mercado.

Además, este desplazamiento hacia el «sistema de responsabilidad familiar», fue tolerado al principio como un experimento en las comunidades rurales pequeñas, pero no en los grandes centros de producción de bienes agrícolas esenciales. Las encuestas fueron muy importantes a la hora de expandir el sistema de responsabilidad familiar desde las comunas marginales a todo el campo. Los estudiantes que habían pasado su juventud en las zonas rurales, donde se los había enviado durante la Revolución Cultural, irrumpieron entonces como una fuerza muy poderosa. Con el apoyo de algunos dirigentes de alto rango, como Deng Liqun y Du Runsheng, formaron el Grupo de Desarrollo Rural, que ayudó a evaluar y a sistematizar las enseñanzas que habían dejado los experimentos de reformas agrícolas. Desarrollo Rural fue uno de los logros más importantes en la agenda de reformas de Deng y popularizó a Zhao Ziyang, quien se convirtió luego en primer ministro y secretario general del PCCh. De esta manera, los jóvenes intelectuales se aliaron con los líderes reformistas de la generación revolucionaria.

DZ

Pero entonces, ¿qué fue exactamente lo que impidió que China avanzara por el camino de una terapia de choque? 

IW

La batalla crucial giró en torno a la mercantilización del sistema urbano industrial, diseñado en función del ideal soviético de la «fábrica única». A diferencia de las comunas del campo, las unidades de producción industrial no eran entidades aisladas y económicamente sustentables. Para ponerlo en términos simples, producían de acuerdo a una dirección centralizada y a precios establecidos por el Estado según la máxima de la redistribución entre sectores. Los productos de consumo no esenciales, como las bicicletas, las radios y los relojes, estaban valuados por encima de sus costos de producción, con el fin de capturar fondos de los consumidores, mientras que los productos esenciales, como los granos y el acero, estaban valuados por debajo de sus costos. En consecuencia, la rentabilidad era intencionalmente desigual.

Los reformistas argumentaban que era posible implementar el mismo sistema dual de precios mercantiles y precios planificados en el sector industrial y que, de hecho, este había empezado a emerger espontáneamente. Las empresas deberían seguir cumpliendo con una cuota, pero se les permitiría llevar el excedente al mercado. Las agencias comerciales del Estado, que antes habían jugado un rol relativamente pasivo, se convertirían en creadores de mercado fundamentales, capaces de conectar a los proveedores con sus nuevos clientes. A través del sistema dual, las unidades de producción se transformarían en empresas orientadas hacia el mercado, con todos los reajustes que esto conllevaba.

En el caso de las materias primas esenciales, como la energía y los metales, que escaseaban y solían ser tasadas por debajo de su costo, una de las consecuencias del sistema fue la enorme diferenciación entre los precios de mercado y los precios planificados. Desde la perspectiva de los reformistas del sistema dual, esto enfatizaba la importancia de mantener el control estatal sobre la cuota para asegurar la provisión de materias primas baratas, mientras que los precios de mercado elevados eran un incentivo para que las empresas trabajaran con vistas a expandir la producción por todos los medios posibles. En contraste, los economistas reformistas que se enfocaban en la adecuación de los precios, consideraban que la divergencia sustantiva en la cotización de un mismo producto representaba la mayor de las irracionalidades. Algunos llegaron a argumentar que el sistema dual era peor que el viejo sistema planificado.

En efecto, el sistema dual impulsó el crecimiento, pero también fue un caldo de cultivo para la corrupción. Durante la segunda mitad de los años 1980, cuando el sector mercantil propició un aumento generalizado de precios, empezó a debilitarse la euforia inicial por la reforma y se disparó la desigualdad. Comenzaron a crecer también las tensiones políticas y sociales. En este contexto, la idea de un «big bang» —de imponer la austeridad y liberar todos los precios de repente— era una idea cada vez más atractiva y contaba con el aval de las autoridades de la economía científica «occidental». En 1986 se formuló un programa en esa línea. Pero se dio marcha atrás siguiendo el consejo de los economistas del Instituto de Investigaciones de Reformas Sistémicas —que había supervisado los intentos previos de las grandes reformas de precios en Yugoslavia y Hungría—, y de algunos economistas chinos y alemanes familiarizados con las transiciones de la Segunda Guerra Mundial, que habían representado un desafío similar.

En 1988, cuando la reforma parecía haber entrado en un callejón sin salida, Deng Xiaoping decidió cruzar la línea de la reforma de precios, argumentando, según la retórica típica de la terapia de choque, que era más deseable soportar de una vez el dolor a corto plazo que entregarse a un sufrimiento prolongado. En el verano de 1988, el anuncio de una amplia reforma de precios en la televisión pública fue suficiente para despertar el pánico. Hubo corridas bancarias y acaparamiento de bienes duraderos. Ese año los precios en China se salieron de control por primera vez desde la revolución de 1949. Uno de los logros económicos más importantes de los comunistas en su lucha contra los nacionalistas había sido justamente la estabilización de los precios. Pero los dirigentes chinos no tardaron en revertir el curso de sus acciones.

Deng Xiaoping, dirigente de la primera generación revolucionaria, estaba dispuesto a pagar un alto costo político en nombre de la mercantilización, pero no a sacrificar la estabilidad del gobierno del Partido Comunista. Entonces, en términos económicos, el sistema dual fue un plan B para la reforma luego del fracaso del «big bang». En términos políticos, 1988 preparó el terreno para los levantamientos de 1989 y para la represión brutal ocurrida en la plaza de Tiananmén.

DZ

Tu interpretación parece alejarse de las lecturas tradicionales del modelo económico chino, definido muchas veces como una combinación de Estado comunista de partido único y neoliberalismo salvaje, o, según David Harvey, como un «neoliberalismo de “rasgos chinos”». ¿En qué sentido estas lecturas son engañosas? 

IW

En general, la tesis de que «China es neoliberal» incurre en dos falacias. En primer lugar, implica la equivalencia entre mercantilización y neoliberalismo. No me convence. En el contexto de la historia europea y estadounidense, no sería adecuado referirnos a los años 1960 o 1970 como neoliberales, aun cuando los mercados jugaban un rol fundamental en las economías de esa época. En segundo lugar, estos estudios tienden, o bien a asumir que el sistema chino dispone de una naturaleza monolítica, lo que no es realista, o bien a centrarse en ejemplos específicos, como la educación privada, de los que pretenden extraer conclusiones sobre todo el sistema.

En el curso de las reformas de los años 1980, el neoliberalismo se convirtió en una fuerza importante en el discurso político chino. Antes, se habían rechazado las premisas de la eficiencia y de la racionalidad económica en función de la retórica del maoísmo tardío. Como sea, incluso durante los años 1990, cuando el discurso neoliberal y la agenda que apuntaba a la privatización ganaron bastante impulso, el Estado chino no cedió el control de los sectores económicos más importantes. No lo hizo en las finanzas, la industria pesada, la infraestructura y la propiedad de la tierra, ni en la creación de «campeones nacionales», es decir, los casi noventa conglomerados industriales que funcionan bajo control de la Comisión estatal para la supervisión y administración de los activos del Estado.

Actualmente, asistimos al resurgimiento del tema de la inversión pública en la política estadounidense, especialmente en el caso de la infraestructura. Muchos consideran que se trata de un anuncio del fin del neoliberalismo. Con todo, cuando se trata de inversión pública, ni siquiera los planes más ambiciosos bastarían para colocar a Estados Unidos al nivel de China. Si aplicamos los mismos estándares a China y a Estados Unidos, entonces debería llamarnos la atención que se clasifique a China como una economía neoliberal.

DZ

En ese caso, ¿cómo diferenciar el neoliberalismo de lo que innegablemente es un giro hacia el mercado? ¿Qué significa «mercantilización más allá del neoliberalismo»? 

IW

El neoliberalismo se basa en el libre movimiento de los precios posibilitado por la propiedad privada. Pero esto no nos dice nada sobre el tamaño del Estado, cuya función es supuestamente establecer y controlar las reglas del mercado, no participar activamente en el mercado con su propia agenda, ni controlar los precios para perseguir objetivos sociales, políticos o económicos. Ahora bien, el Estado chino hace esto último. Este tipo de gobernanza económica mediante la participación en el mercado también significa que el Estado es un agente importante de la mercantilización.

China está probablemente tan mercantilizada como Estados Unidos. Parece haber un mercado para todo, y estos mercados están en gran medida digitalizados —incluso los pagos— y operan a un ritmo acelerado. A fines de ilustrar lo que sucede, tomemos la imagen de un Jenga. La terapia de choque neoliberal sostiene que primero hay que tirar abajo la vieja torre y luego construir una nueva utilizando los mismos bloques de la anterior. En cambio, la «creación de mercados» china comienza removiendo selectivamente algunos bloques de la torre y luego los coloca en otro lugar de la misma estructura. La torre sigue creciendo, aunque su estructura se transforma esencialmente. Se llenan los espacios vacíos con actividades mercantiles que desatan una dinámica capaz de transformar la naturaleza de los bloques intactos.

El proceso conlleva todos los efectos adversos de la mercantilización, como por ejemplo, condiciones laborales espantosas en los sectores de bajos salarios. Las diferencias entre el campo y la ciudad también contribuyeron a generar importantes desigualdades. Las reformas agrarias llevaron a la creación de una fuerza de trabajo flotante de más de 200 millones de personas. Las relaciones de género también retrocedieron en términos de igualdad. No hay que idealizar el modelo chino. Evidentemente, no es un ejemplo glorioso de socialismo. Pero, en vez de contentarnos con etiquetas vagas, deberíamos estudiarlo con atención. El camino que siguió la reforma creó un nuevo tipo de sistema económico que nos lleva a revisar muchas nociones preconcebidas.

DZ

Hace mucho que se anuncia el colapso del modelo chino. Sin caer en el terreno escabroso de las predicciones, ¿la historia económica de China demuestra que tenemos que ser más escépticos cuando hablamos de su incapacidad para sostener el crecimiento y la innovación a largo plazo? 

IW

Se viene prediciendo el colapso de la China comunista desde la revolución de 1949. Por supuesto, en el contexto del proclamado «fin de la historia» de los años 1990, la idea de que el PCCh no lograría sobrevivir cobró un nuevo impulso. Ciertas versiones de este argumento siguen las líneas de la teoría de la modernización: surgirá una nueva clase media que exigirá democracia y precipitará un cambio de régimen. Más a la izquierda, es célebre la definición de China como «epicentro emergente de la agitación obrera mundial».

La participación del trabajo en los ingresos nacionales no dejó de mermar desde mediados de los años 1990, es decir, siguió la tendencia mundial. Esto provocó cierta resistencia de parte de la clase obrera, pero todo indica que el proceso perdió fuerza durante los últimos años, cuando los salarios empezaron a aumentar a un ritmo acelerado. En 2019, los casos de protestas obreras habían descendido casi a la mitad de los niveles registrados en 2016, y en 2020 volvieron a caer abruptamente. Esto no significa en absoluto que en China las relaciones de clase sean armoniosas. Pero, por el momento, no parece ser el centro mundial de la resistencia obrera.

Los medios suelen transmitir la idea de que, si el crecimiento de China se desacelera en uno o dos puntos porcentuales, el gobierno del PCCh se debilitará. El año pasado, cuando comenzó la pandemia, escuchamos de nuevo la idea de que el gobierno de China perdería autoridad a causa de la insatisfacción de sus ciudadanos. Pienso que estos argumentos tienden a ignorar el hecho de que China lleva más de cuarenta años de reformas y logró calibrar una forma de gobierno muy precisa. El eje del proceso estuvo puesto en el desarrollo económico y en la estabilidad política. El colapso de la Unión Soviética fue probablemente el cambio de régimen más drástico de la historia moderna, y los dirigentes chinos lo estudiaron con mucha atención. Evitar un cambio de régimen de este tipo en China es uno de los principios fundamentales del gobierno del PCCh y sus dirigentes demostraron que están dispuestos a recurrir a todos los medios, incluyendo la violencia estatal más brutal, con el fin de lograr sus objetivos.

TRADUCCIÓN: VALENTÍN HUARTE

Notas

Notas
↑1 Profesor de Sociología en la Universidad Libre de Bruselas y autor de The Last Man Takes LSD (Verso, 2021).
ISABELLA WEBER

Profesora de Economía en la Universidad de Massachusetts, Amherst y autora de, entre otros libros, How China Escaped Shock Therapy (Routledge, 2021).

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¿Qué tiene para decir el marxismo sobre la inteligencia artificial?

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Mark Allison

Hace casi 50 años, el obrero metalúrgico y economista Harry Braverman publicó Trabajo y capital monopolista. En él mostraba cómo los empresarios utilizan la tecnología para desempoderar a los trabajadores, pero que al tomar el control del proceso laboral, los trabajadores pueden liberarse de la monotonía.

Hasta hace poco tiempo, la inteligencia artificial era todavía material de ciencia ficción; ahora, proyecta una sombra portentosa sobre el futuro del trabajo. Dependiendo de a qué comentarista exaltado se crea, la inteligencia artificial promete aliviarnos de los aspectos tediosos de nuestro trabajo o amenaza con privarnos por completo de nuestros empleos. Buscando una perspectiva histórica, recurrí al relato clásico de la evolución del proceso laboral bajo el capitalismo, Trabajo y capital monopolista, de Harry Braverman (1974).

El libro de Braverman va más lejos y ve más profundamente de lo que podría sugerir su contundente subtítulo «La degradación del trabajo en el siglo XX». Al igual que su reconocida referencia, la descripción de Marx de la transformación del proceso de producción en El capital, Braverman ofrece una meticulosa investigación del inquieto hacer y rehacer de la organización del trabajo en el capitalismo. Pero nunca pierde de vista el impacto de estos trastornos en serie sobre la clase obrera.

Braverman rechaza las interpretaciones simplistas de Marx como determinista tecnológico. Por el contrario, señala que un nuevo invento siempre presenta un abanico de posibilidades. A corto plazo, las relaciones sociales dominantes determinan cuáles de estas posibilidades se cultivan y cuáles se excluyen activamente. Las relaciones de producción capitalistas muestran un «impulso incesante por ampliar y perfeccionar la maquinaria, por un lado, y por disminuir al trabajador, por otro». Esta dinámica refleja la tendencia más amplia del capitalismo a separar la concepción de la ejecución: el trabajo del cerebro y el trabajo de la mano. El resultado es un pequeño estrato de profesionales altamente formados (y muy bien pagados) por un lado y una masa creciente de trabajadores proletarizados condenados a tareas sin sentido por otro.

Braverman aportó una perspectiva singular a su investigación. Había sido aprendiz de calderero y posteriormente encontró empleo en la industria siderúrgica, ganándose la vida como artesano durante catorce años antes de cofundar un periódico, el American Socialist. Pasaría el resto de su carrera en el mundo editorial, dirigiendo el célebre sello socialista independiente Monthly Review Press hasta su muerte, en 1976. A pesar del rápido declive del oficio de calderero en el que se formó, Braverman se enfadó ante la inferencia de que sus críticas reflejaban nostalgia por un pasado anticuado: «Más bien, mis opiniones sobre el trabajo se rigen por la nostalgia de una época que aún no ha llegado». Los antecedentes de Braverman en los oficios, así como su implicación durante décadas en el activismo socialista, le dotaron de una preparación única para tomar el testigo de Marx y extender el análisis de El capital sobre el proceso laboral al siglo XX.

La figura central en la narrativa de Trabajo y capital monopolista es Frederick Winslow Taylor (1856-1915), el excéntrico fundador del movimiento de gestión científica. Desde su infancia, Taylor había msotrado signos de trastorno obsesivo-compulsivo extremo, contando sus pasos y buscando formas cada vez más eficientes de realizar las actividades más mundanas. «Estos rasgos le encajaban perfectamente en su papel de profeta de la gestión capitalista moderna», exclama Braverman, «ya que lo que es neurótico en el individuo es, en el capitalismo, normal y socialmente deseable para el funcionamiento de la sociedad».

Mientras los trabajadores dirigieran el proceso laboral, sostenía Taylor, nunca realizarían «una jornada de trabajo justa», que él definía, naturalmente, como la cantidad máxima que podían realizar sin lesionarse. Por tanto, los capitalistas no debían contentarse con poseer los medios de producción y las mercancías que el trabajo producía: necesitaban controlar el propio proceso de trabajo. Taylor tiende a ser recordado por exprimir una mayor productividad de los trabajadores prescribiendo cada uno de sus movimientos de acuerdo con los dictados de su «ciencia». Pero, sugiere Braverman, su hazaña más importante consistió en recopilar sistemáticamente los conocimientos artesanales que hasta entonces habían pertenecido a la mano de obra y transferirlos a la dirección.

Pronto, los trabajadores quedaron realizando un trabajo de detalle simplificado que se había descontextualizado del proceso de producción en su conjunto; mientras tanto, la dirección disfrutaba del monopolio de los conocimientos técnicos que, históricamente, habían sido patrimonio de los oficios cualificados. La separación permanente entre la concepción y la ejecución del trabajo que caracteriza a la producción bajo el capitalismo había alcanzado un nuevo umbral. Este proceso se repitió posteriormente en la gestión, creando un puñado de ejecutivos de oficina y un ejército de asistentes administrativos y mandos intermedios.

Trabajo y el capital monopolista cuenta una historia aleccionadora, pero en modo alguno desesperanzadora. Braverman detectó señales de los límites históricos del capitalismo en el hecho de que la nueva tecnología con frecuencia reúne y automatiza los pasos del proceso laboral que la división del trabajo había fragmentado. En su última conferencia, pronunciada en la primavera de 1975, Braverman instó a que «los trabajadores pueden convertirse ahora en maestros de la tecnología de su proceso a nivel de ingeniería y pueden repartirse entre ellos de forma equitativa las diversas tareas relacionadas con esta forma de producción que se ha vuelto tan fácil y automática». Liberado de la monotonía de las tareas repetitivas gracias a la automatización, un equipo de productores asociados podría recuperar la unidad del proceso de producción de la que antaño disfrutaban los artesanos en un plano superior.

La IA ofrece una posibilidad similar de reunir, en forma automatizada, muchas de las habilidades y cuerpos de conocimiento que la división capitalista del trabajo ha pulverizado en su implacable búsqueda de control y eficacia. Si las predicciones de que la IA inaugurará una era de ocio universal son salvajemente optimistas, la perspectiva de que los trabajadores socializados puedan dirigir la totalidad del proceso de producción con su ayuda no lo parece tanto.

Pero tendremos que luchar por ello. El capitalismo suele aprovechar los avances tecnológicos despidiendo a los trabajadores y exigiendo una mayor productividad a los pocos que no despide. Braverman nos informa de que el verbo «gestionar» «significaba originalmente adiestrar a un caballo en sus pasos, hacerle hacer los ejercicios de la mansión». La dirección siempre ha considerado el proceso laboral como un lugar de lucha, y está decidida a mantener las riendas. Si queremos que la IA mejore nuestros empleos en lugar de sustituirlos o degradarlos aún más, una lectura de Braverman sugiere que debemos estar preparados para llevar la batalla al propio proceso laboral.

TRADUCCIÓN: FLORENCIA OROZ

MARK ALLISON

Profesor de Inglés en la Universidad Wesleyana de Ohio y autor de Imagining Socialism: Aesthetics, Anti-politics, and Literature in Britain, 1817-1918.

Publicado en: Global, titular2

España: fascismo normalizado

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: La Jornada

 

Falange Española usará su derecho a emitir un video de promoción electoral en la televisión pública nacional para difundir un anuncio en el que se escucha de fondo “Cara al sol”, uno de los himnos del régimen franquista, que se utiliza hasta la fecha para rememorarlo. La Radio Televisión Pública Española (RTVE) se resistió a transmitir el spot que hace una clara apología de la sanguinaria dictadura de Francisco Franco (1939-1976), pero la Junta Electoral Central (JEC) informó que no tenía “competencias” para evitar su emisión y explicó que la pieza musical no está prohibida por ningún tribunal.

Falange es un grupo muy residual de la ultraderecha hispánica, que en las últimas elecciones generales obtuvo apenas un millar de votos. Sin embargo, la inminente salida al aire de una pauta publicitaria en la que se despliega la simbología de quienes arrastraron al país a la fatídica guerra civil de 1936-1939 y perpetraron una atroz persecución de toda disidencia es un suceso inaudito en un Estado que se precia de gozar de una robusta democracia liberal. Si el hecho es absolutamente deplorable en sí mismo, resulta todavía más inquietante por inscribirse en una trayectoria de normalización del fascismo en la vida política española.

El sostenido crecimiento de la formación filofascista Vox y el uso por parte de sus líderes de alusiones y proclamas que hace no mucho habrían sido consideradas inadmisibles por la ciudadanía y la clase política son la punta de este fenómeno. En las campañas electorales, los debates parlamentarios y la comunicación partidista se han vuelto rutinarios discursos xenofóbicos, racistas, misóginos, islamófobos y, cosa que es común a todo el espectro político hispano, que glorifican el genocidio de los pueblos amerindios como una gesta civilizadora. En este ascenso del conservadurismo, el presunto representante del centro y de la moderación, el Partido Popular (PP), no ha dudado en aliarse a Vox para alcanzar posiciones de poder, en ocasiones pasando por encima de la voluntad ciudadana que había dado una mayoría a la centroizquierda tradicional del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Además del avance de la ultraderecha en las preferencias electorales y de la disposición del PP a acogerla, sea por afinidad ideológica o por mero oportunismo, hay otras muestras de la naturalidad que va cobrando el fascismo en la sociedad ibérica. Una expresión tan recurrente como inquietante es el empleo de banderas con el escudo franquista en los actos de protesta contra el nacionalismo catalán. Esta práctica execrable desnuda el doble rasero de la institucionalidad y la justicia españolas, que persiguen con vehemencia cualquier crítica a la Corona, así como todo mensaje que pueda interpretarse como favorable al extinto grupo armado ETA (Euskadi Ta Askatasuna, “País Vasco y Libertad” en euskera), pero miran hacia otro lado cuando se reivindica al fascismo.

Ante la inminencia de las elecciones generales del domingo 23, sólo cabe desear que tan flagrante incitación al odio sacuda la conciencia de la sociedad española e impulse una vigorosa reflexión en torno a los horrores que se invocan al abrir la puerta a los apologistas de la muerte.

Publicado en: Europa

Honduras y China avanzan en negociación de tratado de libre comercio

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: La Jornada

Tegucigalpa. Honduras y China instalaron el viernes en Tegucigalpa la comisión mixta de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), luego que en marzo el país centroamericano rompió relaciones diplomáticas con Taiwán y firmó con el gigante asiático.

La ceremonia de instalación, que tuvo lugar en un hotel de la capital hondureña, fue encabezada por el viceministro de Comercio de China, Wang Shouwen, y el canciller de Honduras, Enrique Reina, junto al ministro de Desarrollo Económico, Fredis Cerrato.

“Nuestro objetivo es negociar un TLC que sea de alto nivel, moderno, integral y mutuamente beneficioso”, afirmó Wang en su discurso. “Esperamos que el TLC no solo cubra el comercio de bienes y servicios sino también de inversión mutua”.

La reunión “marca un nuevo hito en el avance de las relaciones con China en el marco de la decisión de nuestra presidenta Xiomara Castro de reconocer los principios de una sola China”, declaró Cerrato.

“Honduras puede aprender mucho de China en cuanto a las políticas que han permitido sacar de la pobreza a sus ciudadanos y convertir a China en potencia mundial”, subrayó.

Además, empresarios arribados el jueves de China en una nutrida delegación se reunieron este viernes con sus pares hondureños para explorar las posibilidades de comercio e inversión.

Tren interoceánico

Cerrato anunció en rueda de prensa que durante las reuniones la representación hondureña “planteó todos los proyectos macros en los que tiene interés el gobierno y que son vitales para el desarrollo del país”.

Entre ellos destacó la construcción de un ferrocarril interoceánico, así como de represas para generación eléctrica, transporte y el desarrollo del agro.

Diferentes gobiernos hondureños durante más de cien años han estado interesados en una línea de tren que una el Pacífico al sur con el Atlántico en el norte.

Cerrato aseguró que los proyectos encontraron “eco” en la misión china, estimó que un tren interoceánico costaría 20 mil millones de dólares y se construiría en unos 15 años, con inversiones privadas conjuntas.

Sorpresiva ruptura con Taiwán

Honduras sorprendió en marzo al anunciar que rompía relaciones diplomáticas con Taiwán, un socio tradicional de más de 70 años, y en término de horas firmó vínculos con el gigante asiático.

En junio la presidenta hondureña viajó a Pekín en una visita oficial de cinco días y se reunió con su par chino, Xi Jinping, para afianzar las relaciones.

América Latina ha sido un importante escenario de la pugna diplomática entre Pekín y Taipéi desde que se separaron en 1949, tras el triunfo de las fuerzas comunistas en la guerra civil china.

Bajo el principio de “una sola China”, Pekín no permite que ningún país tenga lazos diplomáticos con ellos y con Taiwán a la vez.

Alineados con Washington, todos los países centroamericanos se mantuvieron durante décadas ligados a Taiwán, pero ahora sólo Guatemala y Belice mantienen lazos con la isla.

Costa Rica (en 2007), Panamá (2017), El Salvador (2018) y Nicaragua (2021) rompieron con Taiwán y se vincularon a Pekín, que lleva muchos años buscando que los aliados diplomáticos de Taipéi cambien de bando.

Tras la decisión de Honduras, sólo 13 países del mundo reconocen a Taiwán, entre ellos Paraguay, Haití y otras siete pequeñas naciones isleñas del Caribe y el Pacífico.

Publicado en: AmericaLatina

Boomerang imperial pone al Estado francés frente a sus propias vergüenzas

09/07/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Xavier Villar

 

Macron, que calificó los disturbios en Irán de “revolución”, no se imaginaba que el boomerang imperial pondría al Estado francés frente a sus propias vergüenzas.

Cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, calificó las protestas en Irán de “revolución”, no se imaginaba que el boomerang imperial —que podemos definir como el retorno de las prácticas coloniales a la metrópolis y sus innumerables mecanismos de poder—, pondría al estado francés frente a sus propias vergüenzas.

Cuando los periodistas le preguntaron a Macron por su valoración de la situación que se estaba viviendo en Irán en aquel entonces, en noviembre del año pasado, el presidente francés contestó: “Algo sin precedentes está sucediendo. Los nietos de la revolución están llevando a cabo una revolución propia y devorando a la anterior”.

Evidentemente, estas palabras del mandatario francés están más relacionadas con el deseo político de ver un cambio de régimen en la República Islámica que con la situación real. Cabe destacar que Francia desempeñó un papel activo en la Unión Europea al respaldar la implementación de sanciones adicionales contra Irán. Por lo tanto, no sorprende que Irán esté siguiendo de cerca las protestas que surgieron como consecuencia del trágico asesinato del joven Nahel, de 17 años, a manos de la policía.

Por otro lado, ninguna persona medianamente informada puede calificar lo ocurrido en Irán hace un año como una “revolución”. A pesar de los intentos de los medios de comunicación, gobiernos occidentales y varios think tanks, las protestas no fueron masivas y no implicaron una movilización completa de todas las capas de la sociedad iraní. Varios expertos, muchos de ellos sin ninguna simpatía política hacia la República Islámica, describieron las protestas como una movilización de la clase media. Por lo tanto, es evidente que el uso de la palabra “revolución” por parte de Macron tenía un efecto prescriptivo más que descriptivo. Es decir, buscaba crear, al menos discursivamente, las condiciones para lo que estaba nombrando.

Volviendo al tema del boomerang imperial, Francia es uno de los lugares donde se puede observar mejor la importación de prácticas coloniales contra las poblaciones musulmanas y el intento de atrapar al Islam dentro de la narrativa nacional. En este sentido, Francia se ha convertido en un lugar destacado para desplegar la idea de lo secular contra los musulmanes y su presencia público-política. El discurso de lo secular, como explica el profesor de teología Gil Anijdar, estructura una determinada circulación de poder y al mismo tiempo da origen a ciertas instituciones que normalizan el discurso de odio contra los musulmanes, tanto dentro como fuera de Francia.

En octubre de 2019, el presidente francés Emmanuel Macron y su entonces Ministro del Interior, Christophe Castaner, relacionaron el terrorismo en Francia con las manifestaciones de “musulmanidad”, incluyendo llevar barba, rezar cinco veces al día, consumir alimentos halal, etc. Esta criminalización, conectada con el discurso de lo secular, no deja de estar igualmente relacionada con la presencia política de la República Islámica como representante de los musulmanes a nivel político. De la misma manera, no se pueden comprender los ataques a la República Islámica —esto no significa, evidentemente, que no se pueda criticar a Irán—, desde las más altas instituciones del estado francés, sin poner el foco en el discurso dominante de chauvinismo y odio que no difiere mucho del que siempre ha dominado la cultura francesa.

El proyecto francés de incorporar el Islam dentro de su narrativa nacional, es decir, despojarlo de su capacidad de discurso global, también desempeña un papel en las críticas de Macron hacia la República Islámica. El papel de Irán como un hogar político para los musulmanes representa un obstáculo para ese proyecto de nacionalizar el Islam promovido por Macron y su gobierno. El uso del lenguaje de la “revolución” para referirse a las protestas en Irán es parte de ese intento por debilitar la presencia pública de lo que se podría considerar como un “gran poder islámico” representado por la República Islámica.

A pesar de los intentos por desviar la atención hacia el exterior, la situación actual confronta a Francia con una realidad incómoda. Es innegable que el país está atravesando una crisis, pero sería más preciso describir esta crisis como algo más profundo y duradero, especialmente en términos de tensiones raciales. No se trata simplemente de una crisis temporal, sino de una crisis estructural que cuestiona los fundamentos mismos del estado francés. Los recientes acontecimientos en Francia, con miles de personas, en su mayoría pertenecientes a minorías raciales, protestando contra las políticas de muerte del estado, no son incidentes aislados. Aunque la calma eventualmente regresará a las calles de Francia, persistirá una crisis profunda y arraigada. Desde una perspectiva racial, se podría considerar a Francia como un estado sustentando en el supremacismo blanco.

El estado francés parece tener solo una respuesta a lo que se conoce como la cuestión musulmana, es decir, la pregunta sobre cómo es posible vivir como musulmanes en el mundo actual, y esa respuesta se basa en la violencia en sus múltiples y diversas formas. Esta violencia abarca desde acciones letales hasta la vigilancia constante de las comunidades musulmanas, así como diferentes estrategias de control y disciplina hacia ellas.

La revancha política contra Francia de Macron se manifiesta como un retorno de las consecuencias negativas del pasado imperial. Esta revuelta anti-colonial cuestiona los fundamentos en los que se basa Francia. Es evidente que esta república aún no ha experimentado, y quizás nunca experimentará debido a sus bases epistémicas, un momento de solidaridad como el “Je suis Charlie”. Esto se debe a que Nahel, como muchos otros, fue construido como una figura ajena a la civilización y a la identidad blanca, y por lo tanto, como alguien ajeno al propio estado francés.

Esta situación de crisis racial no es exclusiva de Francia. De manera más general, podemos afirmar que la raza es fundamental para la formación conceptual, filosófica y material del estado moderno, así como para su continua gestión.

En conclusión, la revuelta anti-colonial que estamos viendo en Francia lo que cuestiona es el propio estado-nación moderno como límite de lo político.

Publicado en: Europa

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