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¿Quiénes forman el primer mundo?

22/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Antonio Gershenson

Cualquier opinión, en sí, es un medidor y evaluación de la certeza y calidad de la información que obtienen las personas. El punto de vista de cada quien tiene un valor social y también uno cultural. Las diferentes expresiones nos muestran cómo vamos interpretando la realidad y, gracias al método de análisis propuesto por Federico Engels y Georgui Plejánov, filósofos y economistas marxistas, contamos con un arma importante para acercarnos a la verdad.

El materialismo histórico permitió a la investigación política de los años 50 y 60 señalar las condiciones económicas que llevaron a la clasificación del mundo, de acuerdo con el desarrollo y el crecimiento de los países.

Sin embargo, en la actualidad, el mundo se ha convertido en una versión globalizada del libro de Sara Sefchovich, País de mentiras . Se miente con la facilidad con la que se respira o se bosteza. El hábito de ocultar la verdad va encontrando mayores fracasos al intentar confundir a la población. El antídoto para identificar y rechazar la mentira es la información veraz y diversa que, en el caso de México, han logrado las redes sociales y los analistas políticos de las páginas web, el YouTube y otros. Es una opción para acercarse a la verdad.

Y, aunque el hábito de mentir de la oposición, léase prianprd, ha sido denunciado constantemente, también es aceptado como arma de defensa para los argumentos políticos inconsecuentes y fantasiosos, generalmente aquellos que provienen del sector de derecha de la población y avalados por las autoridades corruptas del sistema judicial, cuyas gestiones erradas han sido motivo de reclamos y críticas por permitir la impunidad.

Se pasan por alto las consignas pretenciosas de las campañas electorales de algunos partidos políticos, los ya mencionados en el párrafo anterior, instituciones políticas, otrora famosas, dominantes y dueñas del destino del país. Es decir, no se castiga la mentira, cuando sabemos por experiencia que es una acción profundamente dañina.

Un ejemplo de este modesto, pero significativo avance en la civilidad de la población nacional, es la participación masiva en la votación electoral de 2018. Se votó por una transformación de la realidad y por el deseo de contar con un gobierno anticorrupción decidido a rescatar la soberanía, en todos los sentidos, del país.

En pocos años, relativamente, se han desdibujado las fronteras entre el primer mundo, el segundo y el tercero. México estaba incluido en los países del tercer mundo. Y, de acuerdo con diversos estudios y análisis hechos por especialistas en economía, sociología, ciencia política y otras más, la división entre países ricos y pobres no ha desaparecido, pero sí se ha difuminado por el crecimiento de la clase media en países considerados, hasta hace pocos años, como atrasados o en vías de desarrollo.

El primer mundo, el segundo y el tercero, como lo había explicado en 1952 el economista francés Alfred Sauvy, se han modificado sustancialmente. En este proceso, el mejor de los ejemplos ha sido la transición que está experimentando la República Popular China, país que, según el presidente Xi Jinping, su sistema económico, avalado una vez más durante el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, se ha desarrollado dentro del ámbito socialista al estilo de esa nación. No existe temor de que para 2030 la clase media aumentará aproximadamente a 500 millones del total de su población.

Otras opiniones, en el caso de México, también van en el sentido de que el aumento de la clase media podría fortalecer la transformación que se está gestando. Al cambiar el presente gobierno, existe el ánimo colectivo de que, quien esté al frente del Poder Ejecutivo, se garantice la continuación de la transformación de la vida política, económica y social en general. La consigna que alimenta y alimentará el actual proceso es el combate a la corrupción, la impunidad y la mentira.

Los cambios sustanciales en la recuperación de la dignidad de la población y sus gobiernos, prácticamente, tendrán su base en la disminución de la pobreza, la insalubridad, el belicismo, la delincuencia, el analfabetismo, en la participación de la población en actividades como el arte, el deporte, la literatura y otras de formación social de gran importancia.

Actualmente, en países de Europa y América los índices de deterioro social, el aumento de indicadores como el analfabetismo, el hambre, la violencia, la delincuencia en todos los estratos sociales, la escasa seguridad médica y de salud pública, las viviendas inalcanzables por sus precios y condiciones de crédito, complican las expectativas de vida.

¿Cómo llamaremos a los países ricos con gran deterioro social? Algunos muestran gran capacidad financiera para la fabricación de armamento bélico, como es el caso de Estados Unidos y otros en Europa (OTAN). Por otro lado, es evidente el poco financiamiento para controlar el aumento de indicadores de pobreza. Ya no podremos llamarles primer mundo.

Publicado en: Global, titular2

Entrevista al historiador Antonio Espino López: «La historia de América nos obliga a repensarnos como sociedad heredera de un imperio colonial»

14/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Alejandro Pedregal 

 

El historiador Antonio Espino López ofrece en su libro «La invasión de América» (Arpa) la mejor y documentada cura contra la imperiofilia.

Pedro Cieza de León, cronista de la conquista hispana de América, dejó escrito que prefirió omitir en sus textos referencias a la crueldad empleada porque, de lo contrario, aquello sería un “nunca acabar si por orden las hubiese de contar, porque no se ha tenido en más matar indios que si fuesen bestias inútiles”. Otro cronista, Jerónimo de Mendieta, señaló que “trataban a los indios con tanta aspereza y crueldad, que no bastaría papel ni tiempo para contar las vejaciones que en particular les hacían”. Por su parte, Gonzalo Fernández de Oviedo testificaba que “tampoco hubo castigo ni reprensión en esto, sino tan larga disimulación, que fue principio para tantos males, que nunca se acabarían de escribir”. Estas referencias y muchas otras aparecen en La invasión de América, obra de Antonio Espino López, catedrático de Historia Moderna en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), publicada por Arpa.

Espino López hace en ella una relectura de la conquista de América desde el marco de la moderna Historia de la Guerra (New Military History), centrada en la violencia, destrucción y saqueo durante aquel dilatado proceso de dominación. Cargado de una rigurosidad metodológica magistral, gracias a un uso minucioso de las fuentes primarias, la recuperación, revisión y ampliación de La invasión de América —cuya versión previa apareció como La conquista de América: una revisión crítica en RBA hace casi una década— se nos presenta hoy como el mejor de los antídotos contra la decadente “imperiofilia” que abunda en una parte de la producción editorial reciente.

Así, frente a este supremacismo victimista que aún domina muchos de nuestros imaginarios, el libro de Espino López permite advertir cómo la codicia ensayada con anterioridad en la conquista de Al-Ándalus y las Islas Canarias, cruzó el Atlántico para exportar una crueldad de grado extraordinario para la historia humana, de igual modo que despertó una resistencia también extraordinaria entre los diferentes pueblos indígenas del continente.

El prólogo de tu libro arranca con referencias al trabajo de Enrique Dussel y Edmundo O’Gorman. ¿Qué significación tienen voces como las de estos pensadores para la historiografía de la invasión de América en general, y la tuya en particular?

Son voces muy inspiradoras, en general, para todos los que nos dedicamos de una u otra forma a los asuntos de América. La referencia a O’Gorman es importante por cuanto fue de los primeros en reflexionar acerca del hecho de cómo la nueva realidad americana era entendida en la vieja Europa. O, en otras palabras, cómo la existencia de un nuevo continente, una nueva humanidad, cultura y civilización, en sus múltiples manifestaciones, fue entendida a su manera por los europeos, con todos sus prejuicios y limitaciones intelectuales, propias de la época. De ahí su brillante idea de que, más que descubierta, América hubo de ser inventada por ellos. Porque como no entendían cabalmente buena parte de la realidad que observaban, difícilmente podían interpretarla de manera correcta o coherente. Luego, hubieron de hacer un esfuerzo intelectual poderoso para darle sentido a lo observado, pero siempre en función de sus intereses últimos. Y en cuanto a Enrique Dussel, se destacó mucho desde fines de la década de 1980, cuando nos acercábamos al famoso Quinto Centenario en 1992, a la hora de reivindicar lo que efectivamente ocurrió en ese año que se conmemoraba, 1492, a la par trágico y luminoso, según con el color del cristal con el que se mirase, que diría Samaniego: ¿fue el descubrimiento de algo ya descubierto por sus habitantes, o más bien una invasión en toda regla del continente y sus habitantes? Como puede colegirse, en especial en el caso de Dussel, ambos han sido una fuente de inspiración para mis clases en la UAB y para este libro que comentamos y otros trabajos, en definitiva.

Recientemente ha habido una extensa producción editorial de pretendida “revisión” historiográfica sobre la invasión de América, para recuperar argumentarios algo manidos, en especial en lo relativo a la llamada “leyenda negra” y los supuestos beneficios de la colonización española en comparación con la de otros imperios. ¿Cuál es el origen de esta controversia y a qué se debe este interés editorial? ¿Dónde se sitúa tu trabajo en este debate?

En realidad, no ha habido revisión historiográfica, ni, por lo tanto, controversia o debate. Si aceptamos que las posiciones de determinados “ensayistas” —que, vaya casualidad, ninguno de ellos es historiador de formación— parten de una ideología retrógrada, del derechismo más infame en unos casos, trufado de complejo de inferioridad y animadversión por lo británico, y en otros casos son fiel reflejo del rancio nacional-catolicismo de corte franquista, estaremos de acuerdo en que sus trabajos son en realidad panfletos de dudosa calidad historiográfica, fruto de la necesidad de hacerse con el control de la memoria histórica aplicada a los asuntos americanos, en el caso que nos ocupa.

Desde hace unos años, los sectores más conservadores de la sociedad se han lanzado a toda una ofensiva, tanto en los medios de comunicación, redes sociales, el mundo editorial, los medios audiovisuales y demás, para intentar convencer a cuantas más personas mejor de un pasado idílico con respecto a la actuación hispana en las Indias. Es notable cómo buena parte de su argumentario se centra en el hecho de recuperar la “Historia” de las garras de determinados académicos, quienes, desde el presentismo más abyecto, malinterpretarían el glorioso pasado imperial, intocable e inmaculado, a causa de su ideología, por supuesto izquierdista.

Como si en todo este ejercicio de manipulación de la Historia que han sacado adelante autores como Marcelo Gullo o, en especial, Elvira Roca Barea, no tuviesen muy en cuenta su presente ideológico e intereses espurios. Como el de muchas editoriales, que no tienen escrúpulos en publicar según qué productos. Por lo tanto, interpretar que existe un debate de corte historiográfico con semejantes autores a lo único a lo que contribuye es a concederles un estatus de historiadores que, en realidad, y por múltiples motivos, no merecen.

Pero aquí entraríamos en sutilezas intelectuales que el público en general no está demasiado preparado, salvo excepciones, para entender. Por ello los mensajes que estos ensayistas lanzan, para calar deben ser simples, claros, contundentes y que no admitan la controversia. Es decir, son mensajes que falsean la realidad. Pero lo tienen muy fácil, pues la mayor parte de las personas que se acercan a estos ensayos están predispuestas no a aprender y a ser formadas en tanto en cuanto puedan transformarse en espíritus críticos, sino a reafirmarse en sus ideas preconcebidas.

Así, el imperio español era positivo, generador de cultura y orden civilizatorio, aportaba elementos positivos —lengua, religión, civilización y tecnología—, en ningún caso fue un imperio explotador. O bien afirmar que las tierras americanas adquirieron el estatus de Reinos de Indias, que nunca fueron colonias como tales. Una afirmaciones que tergiversan la auténtica realidad vivida, en especial, por los aborígenes a lo largo de los tres siglos en los que imperó el sistema colonial hispano. Dan ganas de que las personas que afirman tales barbaridades gozasen, al menos por unos días, no seamos crueles, de las “ventajas” que vivieron los aborígenes, por ejemplo, mientras trabajaban en la minas de Potosí.

En tu libro haces un especial énfasis en el uso de fuentes primarias, crónicas de la conquista que estremecen por la crudeza de su relato y contrastan con muchas de las tesis que abundan en esa reciente producción editorial supuestamente “revisionista”. ¿Cómo percibiste la relevancia de estos materiales a la hora de desarrollar la tesis de tu obra y cómo trabajaste con ellos?

Como digo, no son revisionistas. En todo caso, el revisionista lo sería yo, porque frente a un americanismo que, durante tanto y tanto tiempo, negó la existencia de crueldades extremas en el momento de la invasión, conquista y posterior control de las personas y las tierras de Indias, mi planteamiento busca, justamente, resaltar los fenómenos asociados con la violencia. Mi interés principal es investigar lo que yo llamo una “cultura de la violencia” en la invasión y conquista de América que hunde sus raíces, como mínimo, en la tradición expansionista de Roma, sin hacer distinciones entre la época republicana y la época imperial.

Me he centrado en demostrar cómo, territorio a territorio, caudillo conquistador tras caudillo conquistador, se aplicaron unas técnicas muy determinadas para domeñar a grandes multitudes cuando aquellos que ejercerán la violencia son pocos: además de buscar la alianza político-militar con determinados elementos o grupos endógenos, el uso extenso del terror, la crueldad y la violencia extremas estuvo a la orden del día.

Y son claves para entender cómo se pudo invadir primero y, sobre todo, derrotar las resistencias una vez se inició el proceso de conquista y posterior colonización. Y para llevar a cabo mi tarea, aparte de numerosos informes de juristas, teólogos y demás funcionarios gubernamentales acerca de lo que estaba sucediendo, casi todos ellos muy conocidos y al alcance de cualquier investigador, también realicé una relectura profunda de todas las crónicas de Indias a las que he podido acceder, que son muchísimas, habida cuenta los fantásticos medios actuales de transmisión de cultura en todas sus manifestaciones que poseemos.

Y digo relectura porque estas crónicas se habían leído, pero olvidando casi todos los aspectos relacionados con los asuntos militares, y, en especial, los aspectos violentos, crueles, desagradables. Un poco, la sensación que uno tiene al leer cierta bibliografía es que, para muchos académicos, estas cuestiones son conocidas, pero es mejor no mencionarlas demasiado, no rememorar viejas cuestiones poco agradables. Se había pasado de puntillas sobre estas temáticas desde hacía demasiado tiempo, y yo, que provengo de la Historia Moderna y, más en concreto, de la Historia de la Guerra y de la Violencia, me he decidido por transformarlas en mi objeto de estudio principal de los últimos años.

Señalas la conquista de Al-Ándalus y las Canarias como precedentes directos de los métodos de violencia que se impondrían en la invasión de América. ¿Qué significado tuvieron estos antecedentes y cómo sirvieron para desarrollar los métodos de guerra que se implantaron?

Tanto la conquista del reino nazarí de Granada como la conquista de las Canarias fueron laboratorios donde depurar las técnicas bélicas asociadas con la guerra de frontera en el primer caso, y con la utilización de técnicas aterrorizantes de una manera más clara en el segundo. Porque en la guerra de Granada, de alguna manera, el rival podía plantear una contienda con un nivel de desarrollo bélico parecido, unos encuentros de tú a tú, si bien los ejércitos de los Reyes Católicos, sin ir más lejos, gozaron de los beneficios de la nueva artillería de campaña.

En cambio, la conquista de las Canarias incluiría los asaltos a las diferentes islas por parte de compañías armadas que, con un número en general reducido de tropas, hubieron de enfrentarse a los habitantes originarios. Y en esos casos se emplearon a menudo las técnicas habituales de una invasión en la que el uso del terror y la violencia extrema fueron sistemáticas. Con la experiencia adquirida, sobre todo en las conquistas de las islas Canarias, pero también en diversos asaltos en tierras del Norte de África y en las razias habituales de la guerra de frontera practicada en Granada, cuando las huestes hispanas se posicionaron en las Antillas, y no olvidemos que eran grupos no de soldados del rey, pero sí grupos de voluntarios militarizados, comenzaron a desarrollar unas tácticas que a lo largo de todo el siglo XV se habían demostrado que funcionaban. Y, a su vez, una vez depuradas estas técnicas en las Antillas y en Panamá, posteriormente se pusieron a disposición de todos aquellos que se implicaron en las restantes conquistas de los territorios americanos.

¿Qué diferentes y distintivos métodos de violencia se desarrollaron en la invasión de América? ¿Cómo evolucionaron a lo largo del extenso proceso de conquista y saqueo?

El uso extenso de los perros de guerra fue notorio. Se utilizaron en las Canarias y de allí pasaron a las Antillas y Panamá. En general, las jaurías de perros (mastines, alanos…) causaban terror entre los indios, en especial cuando se ejecutaba a las personas, que no podían defenderse al tener sus manos atadas, mediante el desgarramiento de sus cuerpos por la acción de las mandíbulas caninas. Ese terrible espectáculo, presenciado forzosamente por los miembros de la comunidad, hubo de tener consecuencias psicológicas en ellos fácilmente entendibles. Lo más habitual es que se castigase de esa forma horrenda a los caciques que se mostraban poco colaboradores con el nuevo régimen colonial hispano. No es una técnica propia para hacer la guerra, es una técnica propia para asegurarse el acatamiento total y absoluto de la población con respecto a las nuevas reglas. O bien para reprimir revueltas y demás desordenes contra la nueva autoridad.

Asimismo, se castigó con la hoguera, o el ahorcamiento, en especial en los primeros tiempos, tanto en las Antillas como en Panamá por motivos similares al uso de los perros, conocido como aperreamiento. Hernán Cortés quemó más gente que no la aperreó, aunque también lo hizo; pero también usó el corte de manos o las masacres. No dudó en masacrar a los habitantes de diversas localidades cuando lo estimó oportuno, y vendió y/o entregó como esclavos a los supervivientes, sobre todo a las mujeres, que solía repartir entre los miembros de su hueste.

Pero también quemó a ciertos príncipes y, sobre todo, a los sacerdotes de un culto pagano y demoníaco, sacrificadores de hombres, como el mexica. Así se podía justificar cualquier cosa. En el caso de Perú, más que Francisco Pizarro, fueron sus hermanos, Gonzalo y Hernando Pizarro, quienes hicieron un uso extensivo del corte de manos de los prisioneros para desmoralizar al contrario. Lo mismo se hizo en Chile, donde las cotas de atrocidades fueron paralelas a la resistencia bélica de los indios. Y en otros lugares como Nueva Granada (Colombia) o Venezuela también se usaron todas estas técnicas, incluyendo el empalamiento. Conquistas como las del Yucatán o la de Nueva Galicia también alcanzaron altas cotas de salvajismo.

Frecuentemente se ha asimilado el exterminio de las poblaciones nativas a la exportación involuntaria de patógenos y enfermedades europeas por los conquistadores. Sin embargo, como muestras en tu libro, este argumento deja fuera muchos condicionantes del grado de explotación que se impuso sobre la población indígena. ¿Cuáles fueron estos?

Por un lado, estuvo el uso mucho más extendido de lo que se había considerado de la esclavitud de los aborígenes. Y ahí estaría bien que ensayistas como Roca Barea o Gullo comentasen un libro como el de Andrés Reséndez, La otra esclavitud. Historia oculta del esclavismo indígena, quien afirma que, desde 1492 y hasta fines del siglo XIX, en los viejos territorios del imperio hispánico hubo entre 2,5 y 5 millones de esclavos indios; unos indios que estos ensayistas y sus acólitos nos los presentan como súbditos de la Monarquía Hispánica, al menos hasta el final de la colonia, en igualdad de derechos con respecto a los súbditos europeos de la misma. Y por otro lado, sobre todo, tendríamos la aplicación de los diversos sistemas de extracción de fuerza de trabajo no remunerada, o escasamente remunerada, de las comunidades aborígenes, con la encomienda en sus diversas modalidades: la mita peruana, el coatequitl mexicano y demás.

Los excesos a los que se sometía a las poblaciones aborígenes fueron tales que, una vez que llegaron además las enfermedades, los agentes patógenos actuaron con ventaja sobre unos cuerpos masacrados por el exceso de trabajo, la falta de sustento y, además, por la ausencia de perspectivas de futuro. En un mundo en el que los Dioses mueren, es lógico que los cuerpos también se marchiten. Y justo entonces llegaron las nuevas enfermedades que cursaron en forma de epidemia. Llovía sobre mojado. Los excesos a todos los niveles del primitivo sistema colonial impuesto preparó el camino para que las enfermedades causasen aún mayor daño. Como dijeron J. C. Garavaglia y el malogrado Juan Marchena, el sistema colonial hispano fue, en realidad, la peor de las epidemias.

Dedicas una buena parte de tu libro a las resistencias con que las poblaciones nativas se enfrentaron a la invasión. ¿Cómo surgieron estas? ¿Qué diferentes formas adoptaron?

Hubo resistencia desde el primer momento y en todas partes. Todos aquellos que pudieron se resistieron militarmente a ser conquistados. Por lo tanto, la lucha a nivel más convencional existió en todas partes. Los fenómenos del tipo resistencia bélica triunfaron especialmente en aquellos territorios donde la población era nómada, pues la capacidad de moverse por territorios extensos siempre fue una ventaja para ellos. Así ocurrió en el norte árido de México, donde la resistencia de los llamados chichimecas apenas si se consiguió domeñar hacia la década de 1590. El interior del Yucatán solo se conquistó en 1697. Los mapuche o reches —grupo en el que se inscriben los araucanos— se mantuvieron en lucha hasta fines del siglo XIX, como ocurrió en la Pampa argentina, o con los chiriguanos entre Bolivia y Paraguay actuales. En cambio, el imperio mexica, si bien protagonizó una lucha heroica en la defensa de su capital, México-Tenochtitlan, se hundió muy rápido. No así el imperio Inca, pues la resistencia en el llamado Estado Neoinca del valle de Vilcambamba se prolongó hasta 1572. Pero hubo resistencia en las Antillas, donde numerosos caciques lucharon, algunos durante años, desde las montañas, practicando la típica guerra de guerrillas. Hubo grupos de esclavos africanos huidos, los cimarrones, que tanto en las Antillas, como en Panamá y otros lugares, también en Brasil, lograron resistirse al poder imperial europeo a veces durante varios años. Hubo una fuerte lucha contra los muzos, en Nueva Granada, con un uso extenso del terror y la crueldad para dominarlos. En general, en los lugares donde la presencia hispana era más reducida, y los terrenos más accidentados, los problemas planteados por los resistentes se multiplicaban. La voluntad de resistirse a los terribles cambios a todos los niveles que introdujo el sistema colonial hispano fue una constante.

Adviertes que las acusaciones que se hacen de presentismo a aquellas posiciones críticas con la invasión, pasan por alto que la idea de una supuesta heroicidad civilizatoria de la misma está cargada, aún más si cabe, de ese presentismo. Además, mientras la primera posición estaba presente en bastantes crónicas de la época, la segunda formaba parte de una justificación ideológica que se transcribe casi de forma inalterable hoy. ¿Qué ofrece una historia como la de la invasión de América para repensar y debatir la contemporaneidad? ¿Hasta qué punto se puede volver sobre un pasado como este para cuestionarnos por el presente y tener una mirada transformadora sobre el futuro?

La Historia de América nos ofrece muchos elementos para perfeccionarnos como sociedad hoy día. Sin ir más lejos, nos obliga a repensarnos como sociedad heredera de un imperio colonial, nos guste o no. Y ello implica que debemos asumir que buena parte de nuestros antepasados, unos u otros con mayor o menor índice de culpabilidad, por hablar en estos términos, instauraron en las llamadas Indias un régimen socio-económico basado en la explotación salvaje de unos, la mayoría, por unos pocos. Lo lamentable es que, en nuestra contemporaneidad, estamos asistiendo a episodios en los que el respeto por los derechos humanos brilla por su ausencia, en especial en las cuestiones laborales, de vivienda, educación, sanidad, el bienestar humano en general.

Poco a poco el sistema capitalista ha ido virando hacia formas que calificaría de pseudo-esclavismo, exactamente como pasaba en las Indias hace quinientos años. Que no seamos esclavos jurídicamente hablando no quita que en nuestra sociedad muchos conciudadanos, demasiados, a mi modo de ver llevan unas vidas más cercana a la esclavitud que a otra cosa. Por ello es muy curioso cómo algunos ensalzan un pasado imperial, pero libre de toda crítica, para proyectar unos supuestos “valores” cívicos hacia nuestro presente; valores que fomentan un sentido de patria excluyente, xenófoba, al tiempo que buscan en ese pasado supuestamente glorioso esos héroes que tanta falta hacen en un mundo como el suyo actual, pleno de gentes mediocres y sin escrúpulos, que pululan en el mundo de la política y en la administración de lo público.

Asimismo, un análisis del uso de la violencia en la conquista de las Indias, y el cuestionamiento de sus principales protagonistas, glorificados hasta hace muy poco como héroes sin contestación posible, nos debe ayudar como sociedad a replantearnos por qué se sigue otorgando al conquistador, a aquel que, en el fondo, impone sus criterios mediante el uso de la fuerza y acaba por destruir una civilización entera, el máximo reconocimiento de “héroe”. El primer paso, casi simbólico, ha sido en algunos casos destruir determinadas estatuas, el siguiente debería ser educar mucho mejor a nuestras sociedades haciéndoles conocer otros enfoques de nuestro pasado histórico. De seguro que, a consecuencia de ello, sus ideales políticos, su ideología en suma, también cambiará.

Publicado en: AmericaLatina, titular2

Conversación con Nick Estes y Medea Benjamin. Doscientos años de la doctrina Monroe

14/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Amy Goodman, Juan González

                                 Cómo ha contribuido esta política estadounidense en la desestabilización del continente americano

El viernes 28 de abril el copresentador de Democracy Now! Juan González dió el discurso de apertura de una convención organizada por la American University con el nombre “Burying 200 Years of the U.S. Monroe Doctrine” (Acabar con 200 años de doctrina Monroe en Estados Unidos), que aporta una perspectiva revisionista en el 200° aniversario del establecimiento de dicha doctrina. Durante los últimos dos siglos, la doctrina Monroe se ha utilizado repetidamente para justificar decenas de invasiones, intervenciones y cambios de régimen impulsados por la CIA en el continente americano. Hablamos del tema con otras dos personas que participaron del evento, Medea Benjamin, de la organización CodePink, y Nick Estes, de la organización de resistencia indígena The Red Nation, quienes reflexionan sobre el brutal y duradero legado de la doctrina Monroe como parte del imperialismo estadounidense.

Este año se cumplen 200 años desde que Estados Unidos declaró que toda América Latina y el Caribe estaban, de facto, dentro de su esfera de influencia. El 2 de diciembre de 1823, el presidente James Monroe dio un discurso que daría pie a lo que se conoce como la doctrina Monroe, en el cual le advirtió a otras naciones que no intervinieran en el continente americano, y afirmó: “Debemos considerar cualquier intento por su parte de extender su sistema a cualquier lugar de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad”. Durante los últimos 200 años, la doctrina Monroe se ha utilizado repetidamente para justificar decenas de invasiones, intervenciones y cambios de régimen impulsados por la CIA en el continente americano.

Este es el senador independiente de Vermont Bernie Sanders hablando el año pasado sobre la doctrina Monroe, poco antes de que Rusia invadiera Ucrania.

SENADOR BERNIE SANDERS: Señor presidente, Vladimir Putin puede ser un mentiroso y un demagogo, pero Estados Unidos asume una postura hipócrita al insistir en que nosotros, como nación, no aceptamos el principio de esferas de influencia. Durante los últimos 200 años, nuestro país ha operado bajo la doctrina Monroe, adoptando el principio de que, como potencia dominante en el hemisferio occidental, Estados Unidos tiene el derecho, según Estados Unidos, de intervenir contra cualquier país que pudiera amenazar nuestros supuestos intereses. Esa es la política de Estados Unidos. Y bajo esta doctrina, Estados Unidos ha socavado y derrocado al menos una docena de Gobiernos en toda América Latina, Centroamérica y el Caribe.

AMY GOODMAN: Ese era el senador Bernie Sanders hablando el año pasado.

Este 27 de abril, la American University de Washington D.C. organizará una conferencia de un día de duración llamada “Enterrando 200 años de la doctrina Monroe”. Juan González, copresentador de Democracy Now!, dará el discurso de apertura de la conferencia.

En el día de hoy nos acompañan dos invitados. Nick Estes es un historiador y escritor indígena, cofundador de la organización de resistencia indígena The Red Nation y miembro de la tribu siux de Lower Brule. Él es el autor del libro “Nuestra historia es el futuro: la lucha siux contra el oleoducto Dakota Access y la larga tradición de resistencia indígena”. Nick nos acompaña desde Minneapolis. También está con nosotros, desde Washington D.C., Medea Benjamín, cofundadora de la organización CodePink y coautora del nuevo libro “War in Ukraine: Making Sense of a senseless conflict” (La guerra en Ucrania: cómo comprender un conflicto incomprensible).

Les damos la bienvenida a ambos a Democracy Now!. Medea, comencemos con usted. Hable sobre los esfuerzos para realizar esta conferencia llamada “Enterrando […] la doctrina Monroe”.

MEDEA BENJAMIN: CodePink tuvo la iniciativa y consiguió que un grupo de aliados de todo el país se uniera a nosotros en la tarea de reconocer los inmensos cambios que están sucediendo en América Latina, los gobiernos progresistas que están llegando al poder en toda la región y la vibrante sociedad civil que existe. Y sin embargo, por otro lado, vemos que Estados Unidos intenta seguir imponiendo su voluntad sobre América Latina y el Caribe, ya sea a través de una presencia militar continua, o a través de las devastadoras sanciones económicas que se han impuesto a Cuba, Nicaragua y Venezuela, o a través de empresas estadounidenses que tratan de continuar la explotación de las minas, la explotación forestal, del litio, de los recursos, del petróleo. Así que existe una profunda desconexión.

Para nosotros es hora de que la política exterior de Estados Unidos reconozca que esto no es su patio trasero. Estados Unidos mira a América Latina como diciendo: “Dios mío, China se está convirtiendo en el principal socio comercial de todos estos países en América Latina”, y ahora quiere sacar a China del camino. Esa no es la actitud que queremos en las políticas estadounidenses. Queremos que Estados Unidos finalmente reconozca la soberanía de los países latinoamericanos, la realidad de que América Latina ha cambiado y que es hora de una política exterior que se base en el respeto mutuo.

JUAN GONZÁLEZ: Me gustaría traer a la conversación a Nick Estes, escritor, historiador, autor del libro “Nuestra historia es el futuro: la lucha siux contra el oleoducto Dakota Access y la larga tradición de resistencia indígena”. Nick, quería preguntarte sobre los paralelos entre la doctrina Monroe y la doctrina del descubrimiento, la cual muchos estadounidenses desconocen pero que a menudo se menciona en las leyes estadounidenses. Dicha doctrina es incluso cientos de años más antigua que la doctrina Monroe, y esencialmente permitía o autorizaba tratar a los pueblos originarios del continente americano como una raza inferior. Este año, sin embargo, el papa repudió finalmente la doctrina del descubrimiento. ¿Puede hablar sobre eso?

NICK ESTES: Casualmente, en 1823, el año en que se enunció la doctrina Monroe, también se produjo un fallo de la Corte Suprema, presidida por el juez John Marshall, que decidió que, a través del proceso de destierro del pueblo Cherokee, se facilitaría la afluencia de colonos blancos en el estado de Georgia. El presidente de la Corte Suprema, John Marshall, declaró que Estados Unidos había heredado la doctrina del descubrimiento, o el principio del descubrimiento, de anteriores potencias colonizadoras. Y en este caso, él vinculó [dicha herencia] a la Santa Sede o la Iglesia Católica.

Pero este tipo de proceso de colonización, y lo que sólo puede describirse como ideologías de la brutalidad, realmente tienen su origen ante todo en los Padres Fundadores. Ellos usaban este principio de la doctrina del descubrimiento como una especie de excusa inventada para colonizar a los pueblos indígenas. Pero si nos remontamos a alguien como Thomas Jefferson, cuando estaba debatiendo sobre cómo se imaginaba que sería este nuevo imperio de libertad, él visualizó que dicho imperio se expandiría a través del hemisferio occidental y tendría una influencia global.

Durante los debates sobre la forma que tomaría la Constitución, había dos tipos de enemigos principales que preocupaban a Estados Unidos en la década de 1880, mientras redactaba su Constitución. Esos enemigos eran las naciones indígenas en la frontera occidental, así como las potencias europeas rivales. Cuando Estados Unidos comenzó a formar su Ejército, utilizó un sistema de recaudación de impuestos para armar su ejército permanente. Esta era una idea de Alexander Hamilton, que vio las amenazas duales de la influencia europea así como de las naciones indígenas en la frontera occidental. Y esto dio pie a una especie de proceso de enfocarse, citando la Declaración de Independencia, en “los despiadados indios salvajes” de la frontera occidental, pero también en el resto del hemisferio. Los tratados que Thomas Jefferson firmó o que alentó a que fueran firmados con naciones indígenas esencialmente trataban de atarlas a Estados Unidos para que no pudieran hacer tratados con otras potencias europeas. Y ese mismo principio lo aplicaban al hemisferio occidental.

Es importante señalar que, en 1823, Estados Unidos era una nación relativamente pequeña en comparación con su forma actual. Entonces, en 1823, la doctrina Monroe estaba alineada con la doctrina del descubrimiento como una especie de ideología imperialista y expansionista, cuyos efectos podemos ver hoy.

AMY GOODMAN: Debo añadir, Nick, que usted es profesor en la Universidad de Minnesota en el programa de Estudios Indígenas Americanos. Vimos al papa repudiando la doctrina del descubrimiento. ¿Qué hay del Congreso y doctrina Monroe?

NICK ESTES: Sí. Es importante señalar que el propio papa, cuando el Vaticano repudió la doctrina del descubrimiento en su comunicado de prensa, indicó que en lo esencial la Santa Sede la había abolido en 1537. Y entonces hacen esta afirmación de que han estado reconociendo los derechos de los indígenas desde entonces, la cual creo que es una afirmación muy dudosa, especialmente teniendo en cuenta los recientes descubrimientos de que miles de menores nativos murieron a manos de la Iglesia Católica en estos brutales internados escolares de Canadá, así como descubrimientos similares en Estados Unidos.

Pero para que la doctrina del descubrimiento sea efectivamente extirpada de las leyes indígenas federales se requerirá de algo más que los tribunales. Y, de hecho, cuando uno viaja por el mundo, cuando uno habla del sistema de leyes federales indígenas, mucha gente todavía se sorprende de que Estados Unidos esté usando estas “bulas papales” del siglo XV para justificar la apropiación de tierras indígenas, cuando muchos países en todo el mundo —la mayoría de los países del mundo— han dejado eso muy atrás.

Y va a tomar mucho más que tan solo un repudio o unas palabras para que la doctrina del descubrimiento sea eliminada por completo de la implementación de leyes y políticas federales indígenas. Por otro lado, con respecto a la doctrina Monroe, John Kerry dijo en 2013 que Estados Unidos estaba dejando atrás la doctrina Monroe, pero, al mismo tiempo, Obama estaba imponiendo sanciones a Venezuela. Entonces, ¿cuál de las dos? Pueden pronunciar palabras grandilocuentes, pero las acciones no coinciden necesariamente con esas palabras.

AMY GOODMAN: Juan, quiero hacerle una pregunta. Usted es el copresentador de nuestro programa, por supuesto, como lo ha sido durante estos 27 años, pero también es el orador principal en la conferencia de la American University sobre el fin de la doctrina Monroe. Entre sus libros se encuentra uno que acaba de ser reeditado en edición de bolsillo, que se usa como libro de texto en muchas clases del país, se llama “La cosecha del Imperio: Historia de los latinos en EE.UU.”. ¿Puedes hablar de la conexión entre la doctrina Monroe iniciada hace 200 años y el éxodo de personas [de Latinoamérica] a EE.UU. y de cómo los trata el Gobierno de EE.UU.?

JUAN GONZÁLEZ: Sí, Amy. Es precisamente la implementación de la doctrina Monroe y la creación de lo que esencialmente se convirtió en el lugar de nacimiento del imperio estadounidense en América Latina lo que resultó en que tanta gente de América Latina llegara a Estados Unidos, especialmente a finales del siglo XX y el comienzo de este siglo. Y mucha gente no entiende esa relación. De hecho, son precisamente esos países de América Latina donde Estados Unidos llevó a cabo intervenciones, ocupaciones y cambios de régimen los que han producido la mayor cantidad de migrantes hacia Estados Unidos. Así que hay una relación directa entre la construcción del imperio de Estados Unidos en América Latina y la crisis migratoria que seguimos enfrentando en este país.

Y creo que la mayoría de los estadounidenses no comprenden realmente la enorme cantidad de intervenciones que nuestros Gobiernos han perpetrado en América Latina. Puedes pensar en 1965, cuando Lyndon Johnson envió miles de soldados estadounidenses para ocupar la República Dominicana. En esa época, Johnson dijo específicamente que Estados Unidos no tenía la intención de permitir que otro Gobierno comunista existiera en el hemisferio occidental. Ahora bien, en primer lugar, la revolución Dominicana no era una revolución comunista; fue una revolución contra los generales que habían instituido una dictadura. Fue una revolución democrática. Pero Estados Unidos sentía que tenía el derecho de invadir la República Dominicana y reordenar esa sociedad en base a la doctrina Monroe. Y podríamos hablar de Panamá en 1989; Guatemala en 1954; República Dominicana incluso antes, en 1916; México; Honduras; Nicaragua. Todos estos países fueron invadidos por las fuerzas armadas estadounidenses sobre la base del derecho establecido, al menos así lo entendía Washington, de que EE.UU. podía determinar lo que sucediera en su “patio trasero” o su imperio.

Y creo que eso es lo que está en juego y es algo a lo que finalmente se necesita renunciar, sobre todo teniendo en cuenta los enormes cambios en América Latina. América Latina ya no es servil a Estados Unidos, y sus Gobiernos ya no están subordinados a Estados Unidos del modo en que lo han estado en el pasado.

AMY GOODMAN: Juan, tú y yo nos conocimos por primera vez cubriendo Haití, un golpe de Estado tras otro, todos respaldados por Estados Unidos. Y está la ocupación de Haití por parte de las fuerzas armadas de EE.UU. en 1915.

JUAN GONZÁLEZ: Sí, Haití fue otro ejemplo, y también Granada. ¿Quién se acuerda de Granada? Un pequeño país a donde Estados Unidos sintió que tenía el derecho de enviar tropas para esencialmente cambiar el Gobierno. Hay tantos países en el hemisferio occidental que han experimentado esto que no es de extrañar que ahora, finalmente, no sólo los pueblos de estos países, sino los propios Gobiernos se hayan puesto en pie y hayan dicho: “No necesitamos permitir esto más”. Y ahora hay en toda Sudamérica, Centroamérica y el Caribe Gobiernos que están llegando al poder y que están diciendo: “Necesitamos una nueva relación, una relación más equitativa con Estados Unidos”.

AMY GOODMAN: Medea Benjamin, usted está en Washington D.C., ahora mismo, donde la conferencia va a celebrarse en la American University. Donde también está la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA). ¿Puede explicar la importancia de esta institución?

MEDEA BENJAMIN: Bueno, esta institución fue creada en 1948 y siempre ha estado dominada por Estados Unidos. Es una institución supuestamente para América Latina y el Caribe, pero es irónico que la sede principal está justo aquí en Estados Unidos. Y ha servido para que Estados Unidos ejerza su influencia en América Latina. En Latinoamérica, los sectores progresistas la ven cada vez más como una vieja institución, un dinosaurio, que necesita ser significativamente reformada o reemplazada. Esto es especialmente cierto después de que la OEA contribuyera decisivamente al derrocamiento del Gobierno de Evo Morales en Bolivia. Y el líder de la OEA, Almagro, es visto en toda la región como alguien demasiado cercano a Estados Unidos y que no representa a la nueva América Latina. Es por eso que se están poniendo muchos esfuerzos en fortalecer la alternativa, llamada CELAC, la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe. Y creo que la gente reconoce cada vez más que la OEA debería pasar a la historia, porque no representa a la nueva América Latina.

Y quiero recordar, para las personas que quieran unirse a nosotros, que todavía hay algo de espacio en las charlas de Washington D.C., y que pueden registrarse en Americas Policy Forum.org si lo desean. Habrá cientos, si no miles de personas viendo el evento por internet, tanto en Estados Unidos como en toda América Latina, porque además se emitirá simultáneamente en español.

JUAN GONZÁLEZ: Quería preguntarle, Nick, sobre los enormes cambios que están sucediendo en los pueblos indígenas de América Latina y su impacto en los pueblos nativos de este país. ¿Podría hablar de esos cambios? Porque, obviamente, gran parte de la historia de América Latina es también la historia de sus pueblos indígenas, así como de la población africana y del comercio de esclavos africanos. ¿Puede hablar de los enormes cambios que están ocurriendo en los pueblos indígenas de América Latina?

NICK ESTES: Medea mencionó el golpe de Estado respaldado por EE.UU. que en 2019 derrocó al presidente indígena Evo Morales. Y Bolivia es un estado plurinacional y su proyecto [nacional] es realmente un faro de esperanza para muchos pueblos indígenas del continente americano, que les permite mirar más allá de esa forma singular y hegemónica de democracia liberal que tenemos en Estados Unidos y que realmente no privilegia la pluralidad, sino la homogeneidad. Y viendo los éxitos de ese movimiento y cómo en 2010 se lograron alcanzar los Acuerdos de los Pueblos en ese país, acuerdos que reconocían los derechos de la Madre Tierra y de la Pachamama, eso se vio reflejado en el proceso constitucional y el proceso de cambio que Bolivia ha experimentado en las últimas dos décadas. Y podemos ver cómo la doctrina Monroe intenta estrangular o ahogar esas alternativas. Y en este caso, una alternativa indígena para el hemisferio. No es sólo un proyecto nacional para Bolivia, es algo que fue visto como una especie de proyecto internacional o hemisférico para los pueblos indígenas.

Y vemos este mismo tipo de proceso en curso en un país como Brasil, que acaba de salir de una presidencia muy brutal con Bolsonaro y con la devastación de las tierras indígenas y las amenazas contra los derechos indígenas que hemos visto. Pero luego ves que los movimientos indígenas se fusionan en torno a este movimiento más amplio a favor de cambios progresistas, no sólo en el ámbito de la política doméstica brasileña, sino también a nivel internacional, con un trabajo en cooperación entre diferentes naciones y diferentes movimientos de todo el mundo, y cómo eso reduce el impacto y, en algunos casos, logra detener la devastación de las tierras indígenas dentro de esa región en particular.

Y también quiero señalar que los movimientos indígenas en América del Norte y el reconocimiento que se ha obtenido en las Naciones Unidas no hubiera sido posible sin el apoyo de algunos países del Sur Global, así como de nuestros hermanos indígenas del Sur Global. Así que cuando hablamos de la doctrina Monroe y pensamos en cosas como las sanciones contra Venezuela, sabemos que esas sanciones no solo afectan a funcionarios gubernamentales de alto nivel, sino también al pueblo y a los ciudadanos comunes. Y un aspecto de la sociedad venezolana que a menudo se olvida es la presencia de pueblos indígenas dentro de Venezuela, que han sufrido las consecuencias tremendamente perjudiciales del régimen de sanciones. Así que cuando hablamos de repudiar la doctrina del descubrimiento a nivel nacional dentro de Estados Unidos o de repudiar la doctrina Monroe, hay que tener en mente ese tipo de movimientos y ese tipo de aspectos de nuestra lucha, que no se limitan a asegurar victorias para los pueblos indígenas en Estados Unidos, sino que definitivamente es parte de este enfoque hemisférico.

AMY GOODMAN: Nick Estes, quiero darle las gracias por acompañarnos, escritor e historiador indígena, cofundador de la organización de resistencia indígena The Red Nation y ciudadano de la tribu Lower Brule. Además es profesor asistente en la Universidad de Minnesota en el Departamento de Estudios Indígenas Americanos. Muchas gracias por acompañarnos. Medea Benjamin, por favor quédese con nosotros. Después de la pausa vamos a hablar sobre la guerra en Ucrania. Quédense con nosotros.

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Karl Kautsky escribió algunas obras clásicas de la historia marxista

14/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Paul Blackledge

El pensador marxista alemán Karl Kautsky reveló la historia radical del cristianismo, desde los primeros años de la Iglesia hasta la Reforma y la guerra campesina alemana. Su labor pionera en la historiografía marxista merece ser recordada hoy.

Las obras históricas de Karl Kautsky han sido injustamente olvidadas por la izquierda. A raíz de la feroz polémica de Vladimir Lenin, La revolución proletaria y el Renegado Kautsky, el intelectual, que antaño había sido descrito como el «Papa del marxismo», se convirtió muy pronto en el hombre de ayer.

Fue un giro lamentable de los acontecimientos. No porque Lenin se equivocara en lo que dijo sobre Kautsky, sino más bien porque tenía razón. Para defender sus acciones políticas durante y después de la Primera Guerra Mundial, Kautsky se apartó de los elementos más fuertes de la versión del marxismo que había ayudado a desarrollar en la década posterior a la muerte de Friedrich Engels.

A finales del siglo pasado, Kautsky hizo una importante contribución al materialismo histórico que influyó positivamente en las obras de Rosa Luxemburgo, León Trotsky y el propio Lenin. Junto a su estudio seminal de la cuestión agraria y sus ensayos clave sobre el desarrollo social estadounidense y ruso, las mejores obras de Kautsky incluyen sus libros sobre la historia del cristianismo, desde la primitiva Iglesia del Imperio Romano hasta las sectas radicales protocomunistas de la Reforma. Son esos escritos los que trataré en este artículo.

De Papa a Paria

Desgraciadamente, los críticos de Kautsky han tendido a tacharle de autor de una teoría estéril de la historia que reducía el marxismo a una mezcla de materialismo mecánico y fatalismo político. Según esta caricatura, en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial, Kautsky utilizó su posición de autoridad dentro del movimiento socialista internacional para propagar una concepción unidimensional del marxismo que perjudicó enormemente a la izquierda.

Aunque Kautsky desarrolló más tarde una interpretación mecánica y fatalista del marxismo, esta crítica se aplica con más fuerza a los escritos del final de su carrera, que eran un intento de justificar las malas decisiones que le habían llevado al desierto político. Las primeras obras de Kautsky mostraban un enfoque mucho más sutil y sofisticado del marxismo. Sin olvidar los límites impuestos por las condiciones materiales, Kautsky subrayaba en estos escritos la importancia de las ideas y de la acción humana en la construcción de la historia.

En la década posterior a la muerte de Engels, Kautsky ocupó una posición preeminente entre los marxistas. Al principio fue una de las voces más importantes que desafiaron el floreciente reformismo de la burocracia del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Sin embargo, posteriormente se retiró de esta posición para perfeccionar la habilidad de hablar a la izquierda mientras dejaba el liderazgo real del movimiento en manos de los cada vez más derechistas sindicatos y funcionarios del partido.

La primera ruptura de Kautsky con la izquierda se produjo hacia 1910, cuando se alineó con la derecha del SPD en un debate sobre la cuestión de la huelga de masas. Cuando Europa entró en guerra, Kautsky defendió que el grupo parlamentario del SPD se abstuviera en lugar de votar en contra de los créditos de guerra. Tras perder esta discusión frente a la derecha cada vez más beligerante del SPD, decidió justificar la decisión de la fracción del SPD en el Reichstag de apoyar la guerra.

Este acto resultó fatal para su reputación en la izquierda marxista de Alemania y de otros países. Más tarde, clavó clavos en el ataúd de su radicalismo anterior cuando se posicionó en contra tanto de la revolución bolchevique en Rusia como del movimiento revolucionario en Alemania.

Tras la caída de la monarquía alemana en 1918, los líderes derechistas del SPD formaron un nuevo gobierno. A pesar de su propia procedencia de una revolución, este gobierno era profundamente hostil al cambio revolucionario e hizo todo lo posible para garantizar que la vieja clase dominante alemana conservara el control del aparato estatal. Con este fin, el SPD incluso organizó a los paramilitares proto-nazis Freikorps para aplastar a la izquierda revolucionaria.

El marxismo de Kautsky no estaba preparado para afrontar los retos de este periodo. Su política se había forjado en un momento histórico anterior, tras la derrota de la Comuna de París y antes de la polarización provocada por la guerra. A ojos de muchos, la socialdemocracia parecía haber emprendido un camino gradual, pacífico e inexorable hacia el poder.

En el nuevo contexto, amargamente polarizado, el intento de Kautsky de fomentar la unidad entre la capa burocrática de derechas y la izquierda revolucionaria estaba condenado al fracaso. De hecho, acabó siendo una figura de desprecio para ambos bandos: los marxistas llegaron a odiarle por dar una cobertura de izquierda a la derecha, mientras que la derecha le despreciaba porque seguía utilizando el lenguaje de la izquierda marxista.

Kautsky como historiador

No obstante, a pesar de estos fallos políticos, los estudios de Kautsky sobre la historia siguen siendo un recurso valioso. En su mejor obra, publicada cuando estaba más cerca del ala izquierda de la socialdemocracia internacional, Kautsky ayudó a dar sentido a la relación dialéctica entre la acción revolucionaria y las condiciones materiales de su existencia. En efecto, sus escritos históricos amplían la crítica de Marx y Engels al moralismo de izquierda.

Marx y Engels habían aprendido de Charles Fourier que, con todo su ruido y furia, el moralismo se entiende mejor como una forma de «impotencia en la acción». El materialismo histórico pretendía sacar a la izquierda de esta posición desesperada a través de una concepción de la acción revolucionaria real que trascendiera la dicotomía entre el moralismo impotente, por un lado, y el materialismo pasivo, por otro.

Los intentos más poderosos de Kautsky de extender este marco a la historia de la religión se produjeron en sus libros Precursores del socialismo moderno (1895) y Fundamentos del cristianismo (1908). La primera de estas obras se tradujo parcialmente al inglés en 1897 con el título Communism in Central Europe in the Time of the Reformation. En estos textos, Kautsky se propuso demostrar que el comunismo no era una teoría moral abstracta que se impusiera a la gente desde arriba. De hecho, era una fuerza social real que había surgido desde abajo y que podía volver a hacerlo.

David McLellan ha descrito Fundamentos del cristianismo como «una de las contribuciones marxistas más importantes a la historia de la religión», mientras que Roland Boer destacó el intento de Kautsky de entender la Biblia como «un producto cultural de un contexto socioeconómico y una historia distintos». Un amplio abanico de estudiosos marxistas, desde Chris Harman y Neil Davidson hasta Victor Kiernan y Michael Löwy, también nos han instado a volver a considerar su trabajo como historiador.

Kautsky argumentó que los movimientos comunistas del pasado habían adoptado a menudo formas religiosas, y que el marxismo, a pesar de su carácter secular, es el sistema teórico más capaz de dar sentido al ascenso y caída de estos movimientos. Al hacerlo, el marxismo podía desafiar la idea de que las alternativas al status quo capitalista eran necesariamente autoritarias y utópicas.

En Fundamentos del cristianismo, Kautsky sostenía que los análisis académicos de los movimientos de los oprimidos se veían comprometidos por el enfoque contemplativo y «objetivo» que favorecían los historiadores de la corriente dominante. En contraposición a este método, seguía a Jean-Jacques Rousseau al afirmar que las prácticas sociales informan nuestras interpretaciones del pasado.

Kautsky sugirió que, dado que el cristianismo primitivo era un movimiento de antiguos proletarios, un historiador que conociera de cerca «el movimiento moderno del proletariado» debería ser capaz de «penetrar en los comienzos del cristianismo más fácilmente, en muchos aspectos, que los hombres de ciencia que sólo ven al proletariado desde lejos».

Dicho esto, Kautsky evitó el error de imponer categorías contemporáneas al pasado. Insistía en que los historiadores debían tener cuidado de subrayar las «características peculiares» de las acciones y acontecimientos del pasado, ya que la historia humana exhibía un proceso continuo de desarrollo. Para Kautsky, el propio marxismo era una salvaguardia contra ese anacronismo: «La concepción marxista de la historia nos protege contra el peligro de medir el pasado con el rasero del presente.»

Comunismo cristiano

Según Kautsky, la historia de las iglesias cristianas demostraba que el comunismo, lejos de ser un mero sueño utópico del siglo XIX, había sido un grito de guerra recurrente de los oprimidos a lo largo de la historia. En Fundamentos del cristianismo, citó una famosa frase del Evangelio de Lucas, que afirmaba que era «más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios». Según Kautsky, esto reflejaba «un feroz odio de clase» por parte de los primeros cristianos hacia los ricos.

Kautsky también analiza la propagación del cristianismo tras la muerte de Jesús. Los Hechos de los Apóstoles nos informan de que «lo que un hombre necesitaba se tomaba entonces del tesoro de la comunidad». Para Kautsky, esta afirmación simbolizaba la tendencia «hacia una forma de organización comunista» por parte de la Iglesia primitiva.

Aunque este comunismo cristiano primitivo tenía algunos rasgos en común con el comunismo moderno, en opinión de Kautsky existían diferencias cualitativas entre estas dos formas. En particular, subrayó que el comunismo de las primeras comunidades cristianas se basaba en el consumo más que en la producción. Los bienes se seguían produciendo individualmente, pero se consumían colectivamente.

Esta forma de comunismo atraía mucho a los antiguos proletarios que no podían estar seguros de su «pan de cada día». Sin embargo, resultaba menos atractiva para los esclavos, que normalmente tenían garantizado cierto sustento en la mesa de su amo. En oposición a la opinión de Engels, Kautsky argumentó que los esclavos no constituían la base social original del cristianismo, y que los propios cristianos primitivos no rechazaban la esclavitud.

Cristianismo y clase

Aunque es posible que las primeras comunidades cristianas presentaran características comunistas, mientras tuvieron que reproducirse en el marco del Imperio Romano, tendieron a reproducir sus divisiones de clase. Esta tendencia se vio reforzada cuando, tras la derrota del levantamiento judío y el saqueo de Jerusalén en el año 70 d.C., los cristianos empezaron a moderar cada vez más la naturaleza comunista de su comunidad.

En consecuencia, a medida que los cristianos trabajaban -o empleaban a otros para que trabajaran para ellos- con el objetivo de cumplir con sus deberes hacia la comunidad, algunos prosperaban mientras que otros fracasaban, como argumentaba Kautsky: «Precisamente del desempeño de estas ayudas mutuas surgiría un motivo que debilitaría y rompería el impulso comunista original».

Para mantener la comunidad una vez que dejara de ser una «organización de combate», cada vez era más importante que los cristianos «atrajeran a su redil a camaradas prósperos». Para atraer a esas personas a la comunidad, era necesario suavizar las denuncias originales contra los ricos. Así pues, la Iglesia adoptó una actitud cada vez más conciliadora con los ricos, lo que condujo a cambios cualitativos en la propia comunidad.

Por ejemplo, la comida común, que había desempeñado un papel central en la Iglesia primitiva, era notablemente menos importante para los más ricos que para los miembros más pobres de la comunidad. A medida que los miembros más ricos de la congregación llegaron a ejercer una hegemonía cada vez mayor dentro de la Iglesia, la importancia de esta comida fue disminuyendo gradualmente:

En el siglo II, las verdaderas comidas comunes para los miembros más pobres se separaron de las comidas meramente simbólicas para toda la comunidad, y en el siglo IV, después de que la Iglesia se convirtiera en el poder dominante en el Estado, el primer tipo de comidas fue desplazado de las casas de reunión de la comunidad, las iglesias. Las comidas comunes decayeron aún más y en el siglo siguiente fueron abolidas por completo.

La hegemonía de los cristianos ricos dentro de la comunidad también tomó forma institucional a través de la transformación de la jerarquía eclesiástica en una nueva «clase dirigente» de obispos. Un producto reciente de esa clase, el difunto Papa Benedicto XVI, intentó cínicamente en sus escritos reimaginar los comentarios bíblicos sobre la pobreza y los pobres como referidos a la privación espiritual y no material.

Reforma radical

Fundamentos del Cristianismo identificó un proceso de regresión en la estructura social de las primeras comunidades cristianas. Esto nos demuestra que es un error suponer que las mejores obras de Kautsky se basan en un modelo lineal de progreso histórico. Su relato de los movimientos radicales proto-comunistas durante la Reforma también explica una experiencia de decadencia.

Tras una visión general del carácter comunista del pensamiento radical en la Edad Media, Communism in Central Europe in the Time of the Reformation pasó a examinar el movimiento taborita de la Bohemia del siglo XV que surgió como parte de la revuelta husita contra el Sacro Imperio Romano Germánico y la Iglesia Católica. Los taboritas, que abogaban por la propiedad en común, desarrollaron una formidable fuerza militar que infligió varias derrotas importantes a los ejércitos católicos antes de que la batalla de Lipany, en 1434, quebrara la espalda del ejército taborita.

Tras la eliminación de los taboritas, el radicalismo religioso volvió a resurgir durante la Reforma alemana del siglo XVI, cuando se asoció más con los anabaptistas y sus líderes, como el predicador Thomas Müntzer. Discutiendo las ideas de Müntzer, Kautsky insistió en que su predicación demostraba que «nada puede ser más erróneo que la idea generalizada de que el comunismo es antagónico a la existencia del hombre – antagónico a la propia naturaleza humana». El comunismo de los anabaptistas no sólo reflejaba las necesidades reales de los campesinos alemanes que se levantaron contra los príncipes en 1525, sino que la propia idea comunista se remontaba a los Evangelios.

Kautsky subrayó así la importancia tanto de la historia de las ideas como de las ideas en la historia, de un modo que contradice los intentos de tacharle de «materialista mecánico». Afirmó explícitamente que las ideas de que disponían las personas en los distintos periodos históricos podían contribuir a determinar el curso de los acontecimientos:

La transmisión por la tradición de ideas originadas en condiciones anteriores de la sociedad tiene una influencia importante en la marcha de los acontecimientos. A menudo retrasa el progreso de las nuevas tendencias sociales, al aumentar la dificultad de llegar a comprender su verdadera naturaleza y sus exigencias. Al final de la Edad Media, por el contrario, favoreció su desarrollo.

Según Kautsky, la burguesía emergente de la Europa moderna temprana se inspiró en la tradición del derecho romano «porque les parecía bien adaptada a las necesidades de la producción simple, el comercio y el poder despótico del Estado». La clase trabajadora, en cambio, tuvo que buscar inspiración en otra parte:

Ni el derecho romano ni la literatura clásica podían complacer al proletariado y sus simpatizantes; encontraron lo que buscaban en otro producto de la sociedad romana: los Evangelios. El comunismo tradicional del cristianismo primitivo se adaptaba bien a sus propias necesidades. Como aún no se habían sentado las bases de un orden superior de producción comunista, el suyo sólo podía ser un comunismo igualador; lo que significaba la división y distribución de la superfluidad del rico entre los pobres que carecían de lo necesario para vivir. Las doctrinas comunistas de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles no crearon las tendencias análogas de la Edad Media, pero favorecieron el crecimiento y la difusión de estas últimas tanto como el derecho romano ayudó al desarrollo del absolutismo y de la burguesía.

Estructura y agencia

Por supuesto, Kautsky no ignoró el papel de las fuerzas materiales en su historia del comunismo del siglo XVI. Planteó un análisis del desarrollo de las fuerzas productivas en la Europa moderna temprana y la forma en que esas fuerzas chocaron con las relaciones de producción existentes. Para Kautsky, esto podría explicar el amplio calendario de las guerras campesinas, la aparición del comunismo del siglo XVI y su derrota final.

Sin embargo, situar el movimiento en su contexto histórico no era lo mismo que reducirlo a ese contexto. Kautsky buscó las raíces del radicalismo popular de la época de la Reforma en el crecimiento del capital y el declive de la posición económica del campesinado en Alemania y Bohemia:

El período de las Guerras Husitas puede considerarse con justicia como aproximadamente la línea de demarcación en la que comenzó el declive del campesinado, no sólo en diferentes períodos y en localidades aisladas, sino universalmente.

Aunque estas condiciones económicas prepararon el escenario en el que se desarrollaron las guerras campesinas, Kautsky insistió en que fueron seres humanos reales los que recogieron la idea del comunismo de los Evangelios para esparcir las semillas de la revuelta.

En otro libro, Tomás Moro y su utopía (1888), Kautsky sostenía que la visión de Moro de una sociedad comunista podía entenderse como una respuesta comprensiva de un miembro de la clase dominante al deterioro de la situación de los campesinos ingleses en este periodo. Sin embargo, aunque las condiciones económicas en Inglaterra eran similares a las que habían existido en Alemania en el momento de la revuelta de 1525, el libro de Moro «no asustó a nadie» porque «no existía ningún partido comunista» que encarnara esas ideas como un desafío real al status quo.

En otras palabras, las ideas tenían que convertirse en una fuerza material si querían afectar al curso de la historia. La idea del comunismo se había convertido en tal fuerza en la Iglesia primitiva y entre los taboritas, los anabaptistas y otros grupos religiosos y no religiosos en diversos momentos de la historia. Se trataba de una aplicación concreta de una observación de Marx y Engels, que insistían en que el comunismo no era un ideal abstracto al estilo de la Utopía de Moro, sino el movimiento real que tiende a abolir el actual estado de cosas.

Sin embargo, Kautsky estaba convencido de que la derrota de estos revolucionarios de principios de la modernidad era inevitable de una forma u otra, porque el desarrollo de las fuerzas productivas significaba que el comunismo era inviable como modo de producción en este periodo:

Ahora resultaba evidente . . de qué poco sirven las victorias militares, si los objetivos de los conquistadores están en contradicción con los del desarrollo económico.

Desde esta perspectiva, el nivel de desarrollo económico se entiende mejor como el establecimiento de límites a lo que es políticamente posible en momentos concretos de la historia, sin imponer mecánicamente una lógica estricta a los acontecimientos.

El lado bueno de Kautsky

Las obras de Kautsky sobre la Iglesia primitiva y los anabaptistas demuestran que, en el mejor de los casos, no era ni un fatalista político ni un materialista vulgar, y desde luego no creía en un modelo simple y unilineal de progreso histórico. De hecho, estas obras merecen ser releídas por cualquier persona interesada en comprender el contexto material, ideológico y político de la acción revolucionaria.

Puede que Kautsky haya sido en última instancia un fracaso político, pero no debemos tirar al niño con el agua de la bañera. Es obvio que sus obras históricas han quedado obsoletas, ya que se ha publicado más de un siglo de nuevos estudios sobre los acontecimientos que trató. Sin embargo, merecen ser leídas y releídas por cualquiera que esté interesado en comprender tanto el proceso histórico como la realidad del comunismo como alternativa recurrente, y cada vez más práctica, al actual estado de cosas.

PAUL BLACKLEDGE

Autor de Friedrich Engels y la teoría social y política moderna (2019), Marxismo y ética (2012), Reflexiones sobre la teoría marxista de la historia (2006) y Perry Anderson, el marxismo y la nueva izquierda (2004).

Traducción: Matías Demarchi

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La lealtad tuvo nombre. César Vallejo, el poeta peruano de la nostalgia y de los estremecimientos.

14/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Yeilén Delgado Calvo

                                César Vallejo, quien, como también hiciera Heras León, repartió el pan, por encima de los odios. 

Hay que escribir sobre César Vallejo, el poeta peruano de la nostalgia y de los estremecimientos, que murió en París hace 85 años, pero la imaginación no vuela hacia aquella andina y dulce Rita de junco y capulí, ni hacia el pájaro salvaje que llorará en las tejas.

Se vuelve a ver, por el contrario, a un hombre enjuto, que llega a un aula donde el sol entra tan poco que parece ubicada fuera del tiempo. Un hombre muy mayor, pero con la energía vital de las personas asiáticas, a quien una mano le tiembla levemente, que toma asiento y se dispone a leer unas hojas que ha traído consigo.

Habla bajo, muy pausado, y ninguno de los muchos alumnos se atreve, no piensa siquiera, en despegar los labios, mientras el hombre narra aquellos que quizá hayan sido los años más terribles de su vida.

Cuenta del absurdo, de las acusaciones, cuenta de su largo soliloquio frente a una pistola: «Me mato, no me mato…», y cuenta de su decisión de resistir, y no de cualquier manera, sino con hidalguía, dando todo de sí, a ritmo febril, sin perder la fe en la justicia y en la capacidad de la historia de poner a cada cual en su lugar.

En quienes lo escuchan, se suceden la incredulidad, el dolor, y finalmente la admiración, porque aquel hombre, que no es cualquier hombre, sino Eduardo Heras León, premio nacional de Literatura, responsable de que existiese ese curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, escoge estas y no otras palabras para terminar: La historia «nos juzgará por lo que no dejamos de ser. Nosotros fuimos y somos auténticamente revolucionarios. Nosotros somos (…) la generación de la lealtad, de la lealtad a los principios, a los ideales (esa palabra que hoy causa tanto escozor a muchos oídos, y sonrisas de conmiseración a muchos labios) y que yo repito aquí con orgullo».

Y, para entonces, cada joven en esa habitación está tremendamente conmovido, habrá quien se escape afuera para que no le vean correr las lágrimas. El aplauso final de cada clase será esa vez largo, hondo, como un abrazo contenido que se desata.

No es casualidad que el hombre tan querido escogiera leer ese texto, sin más añadiduras, ni tampoco una manera de hurgar en la llaga, de pedir cuentas al presente por el pasado, es –como él mismo dice– un testimonio de su lealtad; una manera de saciar la curiosidad de los incipientes escritores que casi lo veneran y también de decirles: para mí la vida es, sobre todo esto, entender que hay cosas más grandes que uno mismo, y estoy feliz de haber creído.

En una agenda de aquellos años una frase de Heras tomada al vuelo es también testimonio de esa dulce austeridad del carácter: «Los libros que he dejado de escribir son los libros que ustedes escriben».

No todos los escritores se sublevan ante el mito de que la inspiración se marcha si se teoriza sobre el oficio, no todos los escritores se entregan a formar la que puede ser su competencia, ni entran a la obra ajena con la vocación delicada del maestro.

Todo eso hizo el Chino Heras, el del hogar cálido junto a Ivonne Galeano, con las paredes repletas de libros y las puertas abiertas a los estudiantes alborotadores, que colonizaban el espacio porque los anfitriones no dejaban que la conciencia del privilegio de estar allí les encartonara la espontaneidad; muchachas y muchachos que se quedaban alelados, con el dulce a medio camino entre la mano y la boca, cuando Eduardo contaba de las cosas de Roque, y ellos sabían que era Dalton.

Y quizá por eso, ante la despedida del Heras de tantos, se piensa en él si se piensa en Vallejo, porque los intelectuales consecuentes inspiran un respeto que va más allá de las posiciones políticas, un respeto que nace de los mismos valores sobre los que ellos erigen sus obras. Los verdaderos revolucionarios no son fanáticos, no son sectarios; son, eso sí, radicales sin dejar de ser profundamente humanos.

Ante la coyuntura de la pérdida, recurren unos versos vallejianos de estatura universal: Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios…

Pero también, y sobre todo, estos otros: Y en esta hora fría, en que la tierra / trasciende a polvo humano y es tan triste, / quisiera yo tocar todas las puertas, / y suplicar a no sé quién, perdón, / y hacerle pedacitos de pan fresco / aquí, en el horno de mi corazón…!

Repartir el pan, por encima de los odios, y perseverar en ese darse… esa es la idea que acude cuando se debe escribir sobre César Vallejo y se vuelve a ver, por el contrario, al hombre enjunto que llega a un aula, que seguirá llegando.

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Ernest Mandel: Marx, Engels y el problema de la doble moral

07/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ernest Mandel

A menudo se ha acusado a Marx y Engels de defender un doble rasero y de tener una doble moral. Se supone que ambos se oponían a aplicar a la lucha de clases los mismos principios éticos que suelen regular las relaciones entre individuos. De ahí la acusación de que ellos y sus discípulos (Lenin y Trotsky, entre otros) propugnaban el principio de que en la lucha de clases “el fin justifica los medios”. De donde se deriva el reproche aún más fuerte de que el germen de las distorsiones estalinistas está ya contenido en las enseñanzas de los propios Marx y Engels[1].

Este reproche proviene de una clásica confusión conceptual. Del mismo modo que Marx no sostiene que la fuerza de trabajo deba ser una mercancía, Marx y Engels no dicen que deba haber una doble moral. Marx no realiza un juicio de valor, sino una observación histórica. Marx y Engels muestran que en la sociedad capitalista la fuerza de trabajo se ha convertido en una mercancía. Quienes niegan esta constatación niegan la realidad. Así mismo, Marx y Engels observan que en la sociedad de clases en general se practica una doble moral. No es su elección ni su deseo. Es una observación sobria del estado real de las cosas. De nuevo, cualquiera que lo discuta es un ignorante, un ciego ante los hechos que no le convienen o un cínico hipócrita.

Si consideramos la historia de los últimos 10.000 años, no encontramos ni un solo ejemplo de una sociedad de clases en la que no se aplicara este doble rasero. Por ejemplo, la reciente declaración de los obispos franceses sobre los misiles nucleares vuelve a proclamar solemnemente que la no violencia sólo es aplicable a las relaciones entre individuos, no entre Estados. Cuando un autor como el inglés Paul Johnson (exdirector de New Statesman) afirma que la “degeneración de la moral” o el aumento de la violencia en el mundo se deben a la decadencia de los principios religiosos, olvida que en todas las sociedades en las que la religión, o una doctrina religiosa específica, eran aceptadas como principios universalmente válidos por el 99% de la población, la doble moral y los asesinatos en masa, entre otras cosas, se practicaban ampliamente. Por lo que respecta a la religión cristiana, se podría pensar en los millones de muertos en guerras religiosas, en la infame declaración del capellán del ejército de caballeros ladrones de Simón de Monfort, que marchaba contra los albigenses, y que dijo de las mujeres, los niños y los ancianos: “Tuez-les tous. Dieu connaîtra les siens” (Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos). Pensemos, también, en las brutales guerras entre Estados budistas e hindúes o en los actos no menos violentos de los ejércitos del Islam. Los protagonistas del Antiguo Testamento, animados por la religión judía, también fueron culpables de innumerables actos de violencia[2].

Al respecto, los filósofos, moralistas, sociólogos y estudiosos de las ciencias sociales no tienen mejor historial que los representantes de la religión institucionalizada. En la primera parte de su Ciropedia, Jenofonte hace que los reyes persas Ciro y Cambises entablen el siguiente diálogo:

—“Pero, padre, ¿cuál sería la mejor manera de obtener ventaja sobre el enemigo?”

—“Por Zeus”, respondió, “no es una pregunta fácil ni sencilla la que me haces ahora, hijo mío; pero, déjame decirte, el hombre que se proponga hacer eso debe ser maquinador y astuto, astuto y embustero, ladrón y salteador, superando al enemigo en todos los puntos” (citado por Antoine Brognard, Lutte de classe et morale marxiste, París, 1969)

Max Weber también justificó la doble moral con su sutil distinción entre Gesinnungsethik [ética de la convicción] y Verantwortungsethik [ética de la responsabilidad].

El hecho de que esta doble moral se aplique en la sociedad de clases es una razón importante por la que Marx y Engels abogaron por la abolición de todas las sociedades de clases, por un orden social en el que desaparezcan todas las formas de violencia entre las personas. Su tesis es que este sólo es posible si desaparece la división de la sociedad en clases, la existencia del Estado y de las instituciones represivas (Ejército, Gendarmería, Policía, Judicatura, etc.), así como la desaparición de las condiciones sociales y materiales que dan lugar a esa división de clases y a ese Estado.

Marx y Engels no sólo establecieron que existe una doble moral en la sociedad de clases. También explicaron la razón de ello. Los seres humanos sólo pueden asegurar las condiciones de su reproducción material y mental (comunicativa) mediante un mínimo de cooperación mutua, mediante la división del trabajo y la colaboración. Como seres sociales, las personas están obligadas, si no quieren hundirse, a actuar como seres cooperativos. Pero el ser humano primitivo sólo era capaz de cooperar material y comunicativamente dentro de un círculo limitado. Lo que quedaba fuera de ese círculo se considera desconocido y hostil. Si esto se debe o no a un instinto agresivo heredado de la protohumanidad no es algo que debamos abordar aquí. Baste subrayar que en determinadas condiciones sociales la adaptabilidad humana le permite limitar o eliminar en gran medida las manifestaciones de este hipotético instinto.

Con el crecimiento de las fuerzas productivas sociales y de la división social del trabajo, el alcance de la cooperación tiende a ampliarse cada vez más. Con la creación del mercado mundial, el sistema capitalista comienza a extenderse a toda la humanidad. Pero, al mismo tiempo, se multiplican las contradicciones y las tensiones sociales, sobre todo cuando la sociedad se divide en clases y nace el Estado (y muchos Estados separados). La hostilidad, los conflictos, en lugar de limitarse a la relación con los extranjeros, se intensifican cada vez más en el seno de las sociedades.

Los principios morales generalmente válidos –los Diez Mandamientos y lo que les sustituya en los grupos culturales distintos a las sociedades judeocristianas– no son más que la codificación de reglas que permiten una cooperación más o menos normal entre las personas de la sociedad.

Ninguna sociedad, ninguna cooperación social y ninguna existencia humana son posibles si las personas que la componen se matan o comen entre ellas regularmente. Los principios morales especiales, que en la práctica regulan las relaciones entre clases y Estados antagónicos, no son más que la expresión del hecho de que, en determinadas condiciones de tensión social, en la lucha de clases, los intereses de clase (intereses de grupo) se imponen a los intereses individuales, o al de todos los individuos, dentro de un contexto social abstracto[3].

Ya no se trata de preservar la sociedad abstracta en general, sino de preservar una forma específica de sociedad, es decir, preservar instituciones sociales específicas. Los propietarios de esclavos que estaban dispuestos a matar a miles de esclavos por ser desobedientes o rebeldes (o, incluso, como medida disuasoria contra una posible desobediencia o rebelión) no eran tan estúpidos como para creer que podrían sobrevivir sin mano de obra esclava. Actuaban así porque estaban convencidos de que, gracias a esos asesinatos, cientos de miles de esclavos seguirían realizando su trabajo esclavo, mientras que si la desobediencia o la rebelión fueran generalizadas, no sería así (o lo sería menos).

Esto demuestra lo disparatado que resulta que Julien Freund, citando al erudito católico del siglo XVII Gabriel Naudé, subraye el deber de un “hombre de Estado” de defender la seguridad de los ciudadanos, incluso en casos extremos, con el uso de la violencia; supuestamente esta sería la función de la política, el papel del Estado, etc. Pero lo que está en juego no es en absoluto la seguridad de todos los ciudadanos (los esclavos no son protegidos, sino asesinados, en el ejemplo que hemos puesto). De lo que se trata es de asegurar la propiedad y los privilegios de unos ciudadanos sobre otros. La justificación de la doble moral (de los actos políticos contrarios a ciertas normas morales) se basa claramente en ocultar los intereses concretos a los que sirven semejantes actos. Estos intereses no tienen nada que ver con la defensa de los intereses de la comunidad en su conjunto.

El fundamento del doble rasero es la existencia de intereses antagónicos, de conflictos sociales periódicamente explosivos. Esta explosividad se expresa en fenómenos como intensas luchas de clases, rebeliones y represión de rebeliones, guerras, guerras civiles, revoluciones y contrarrevoluciones. Tales explosiones han existido desde que existe la sociedad de clases, esto es un hecho indiscutible. Hasta ahora, lo único que la civilización ha sido capaz de lograr ha sido intentar (a menudo sin éxito) someter esta violencia a ciertas regulaciones (constituciones nacionales, derecho internacional), pero no ha podido abolirla ni tan siquiera limitarla permanentemente.

Marx y Engels sostienen que en una sociedad sin clases esta doble moral podría desaparecer, porque con la desaparición de los antagonismos sociales, las normas morales universales podrían regular las relaciones entre todas las personas. Esto, por supuesto, sigue siendo una hipótesis de trabajo, atractiva y seductora, cuya validez puede verse confirmada o expuesta como demasiado optimista por la práctica de una sociedad sin clases a escala mundial.

Así pues, en última instancia, la doble moral descansa en la tensión entre las relaciones humanas individuales y las relaciones de grupo dentro de contextos sociales específicos. Quienes asumen que las personas son seres agresivos, que nunca podrán eliminar por completo su enemistad instintiva contra otras personas, olvidan que también son seres cooperativos, seres que nunca podrán eliminar por completo su cooperación instintiva con otras personas. No pueden sobrevivir sin ella

La primera elaboración sistemática de una concepción marxista de la moral fue desarrollada por Karl Kautsky en su obra Ethik und Materialistische Geschichtsauffassung (Berlín, 1906). Se le ha acusado de defender en esa obra una “tesis crudamente naturalista”[4]. Este reproche nos parece exagerado, aunque es cierto que Kautsky (como, por cierto, Plejánov antes que él) establece paralelismos innecesarios entre la moral humana y las pautas de comportamiento del mundo animal, refiriéndose demasiado a los “instintos sociales” y dejando de lado aspectos antropológicos más específicos.

II

La existencia de esta doble moral en la sociedad de clases conduce inevitablemente a la siguiente pregunta: ¿deben las clases explotadas y oprimidas aplicar a su vez esta doble moral en sus luchas de liberación, o también deben, desde el principio de su autodefensa y emancipación, tratar de aplicar el imperativo kantiano a las relaciones de grupo (relaciones entre clases, entre Estados, etc.)?[5].

Se puede valorar la respuesta dada a esta pregunta por Marx y Engels y sus principales discípulos en dos niveles diferentes: el nivel de la experiencia histórica real y el del objetivo deseado.

En el plano de la experiencia histórica, por ejemplo, tampoco hay dudas sobre la dinámica real de los acontecimientos. No hay un solo ejemplo en la historia de una clase explotada y oprimida, o incluso de un grupo de personas oprimidas, que en su lucha de liberación haya renunciado al uso de medios que, sin embargo, se descartarían en las relaciones interpersonales normales. Ni los esclavos de la antigüedad, ni los siervos de la Edad Media, ni los campesinos libres amenazados por el señor, el clero y/o la corte, ni los herejes en conflicto con las iglesias estatales, ni la burguesía moderna, renunciaron a la violencia en su lucha por la emancipación. La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa proclaman solemnemente el derecho a la rebelión y a la revolución contra la autoridad ilegítima. En esto siguen la doctrina de Spinoza y Locke, entre otros. Todos los movimientos políticos modernos, sin excepción, aceptan en la práctica, bajo ciertas circunstancias, el uso de la violencia y de otras prácticas que son desaprobadas dentro de un contexto ético individual.

Seguramente, se podría objetar que esto no se aplica a quienes defienden la no violencia absoluta, que rechazan fundamentalmente cualquier forma de guerra, cualquier colaboración en las guerras, etc. Sin embargo, dado el uso real de la violencia por parte de la clase dominante, se trata de una excepción sólo en apariencia. Quien no resiste activamente a la violencia de los gobernantes, quien no intenta eliminar esa violencia aquí y ahora, se convierte objetivamente en cómplice del triunfo (temporal) de esa violencia. Esto es así incluso si postula que a largo plazo la resistencia no violenta lograría resultados superiores. En la práctica, esto significa sacrificar a toda una generación, cuando no a generaciones sucesivas de personas, en aras de un ideal a largo plazo, cuya consecución, por cierto, no es segura.

El ejemplo más claro es el del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Quienes (como Gandhi) proponían la resistencia pasiva en los territorios ocupados para socavar el dominio nazi a largo plazo, olvidaban que mientras tanto todas las personas judías, gitanas, de razas inferiores, marxistas, sindicalistas, humanistas, etc., serían literalmente exterminadas. Tales defensores del pacifismo estaban dispuestos a sacrificar decenas de millones de vidas humanas por el triunfo de una idea. Así pues, también para los pacifistas, el fin justifica los medios (inhumanos). Igualmente disparatada fue la infame declaración de los dirigentes socialdemócratas alemanes durante las semanas decisivas de la toma del poder por Hitler: “No queremos una huelga general ni la resistencia armada, porque no queremos derramar sangre obrera”. Pero al dejar que Hitler llegara al poder sin hacer todo lo posible por impedirlo, se derramó la sangre de millones de trabajadores, sin duda más de la que se habría derramado en una huelga general armada en el invierno de 1932-33.

Hay que añadir que los líderes de la socialdemocracia alemana (y no sólo alemana: también francesa, británica, austriaca, belga, holandesa, escandinava) en 1914 y en 1918 estaban dispuestos a aceptar la violencia en aras de la defensa de la patria y la lucha contra el bolchevismo. Esto implicaba aceptar como males menores los millones de personas muertas en la Primera Guerra Mundial y el asesinato de miles de trabajadores alemanes entre diciembre de 1918 y la primavera de 1919. Así pues, la diferencia entre los socialdemócratas y los malvados leninistas no residía en el rechazo de la violencia. La diferencia radicaba en la elección de los fines para los que se podían utilizar esos medios; [para la socialdemocracia] la defensa nacional y la defensa del estado democrático burgués eran objetivos aceptables, pero impedir un golpe fascista o derrocar al capitalismo no lo eran[6].

No hay salida a este dilema. Frente al terror y la violencia utilizados por la clase dominante y sus Estados para perpetuar la explotación, la coerción y la dominación, las personas explotadas y oprimidas no tienen otra opción que utilizar todos los medios posibles para su liberación. Entre los medios eficaces se incluyen ciertos medios que van en contra de las normas éticas que suelen regular las relaciones entre las personas[7].

Considerar la revolución y la contrarrevolución como lo mismo es, según nuestro principio ético, profundamente inmoral

En cuanto al aspecto ético de la actitud marxista hacia la violencia organizada, su punto de partida es que moralmente resulta irresponsable e inaceptable identificar la violencia utilizada por los esclavistas para perpetuar la esclavitud con la violencia utilizada por los esclavos para liberarse. Los verdaderos cristianos tienen siempre presente al Crucificado. Nosotros, los marxistas, deberíamos tener siempre presentes las cruces de la Via Appia, en las que se desangraron los compañeros de Espartaco. Deberíamos tener siempre presentes a los miles de prisioneros de guerra de la Comuna de París masacrados por las hordas de la ley y orden del general Galliffet. A la luz de tales experiencias históricas, considerar la revolución y la contrarrevolución como lo mismo es, según nuestro principio ético, profundamente inmoral[8].

III

¿Significa esto que Marx y Engels aceptaban la doble moral y llegaban a eliminar la dialéctica de fines y medios; que reducían el problema de la ética en la lucha de clases a una vulgar politización pragmática (realpolitik)? En absoluto.

En primer lugar, Marx afirmó claramente que un fin santo no puede alcanzarse con medios profanos[9]. Y, en segundo lugar, la fórmula “todos los medios que beneficien a la lucha de liberación de la clase obrera son aceptables”, en sí misma, no resuelve nada. Porque esta fórmula implica las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que realmente beneficia a la lucha de clases proletaria? ¿Quién decide lo que es beneficioso? ¿Cuál es el criterio? ¿En qué plazo se debe juzgar si determinados medios benefician o perjudican a la lucha de clases proletaria?

Aquí llegamos al asombroso resultado de que, aunque la enseñanza de Marx y Engels descarta cualquier norma ética absoluta aplicable a todos los conflictos de grupo por irrealista, inexistente y antiemancipadora, el marxismo constituye hoy la única corriente política que considera inaceptable el uso de determinados medios en la lucha de clases. Esto tiene que ver con todos los medios que no elevan, sino que rebajan, la conciencia de clase de las clases trabajadoras, ponen en peligro la autoestima y la confianza en sí mismas de las personas asalariadas y minan su creencia en la justicia de su causa; con todos los medios que debilitan su unidad y su sentido de la solidaridad. Tales medios están fuera de lugar porque son ineficaces para alcanzar el objetivo final –la construcción de una sociedad mundial sin clases–, incluso aunque ayudaran a alcanzar objetivos inmediatos en la lucha de clases (lo que, por cierto, no es en absoluto seguro).

Esta conciencia no es un principio moral absoluto. Tiene una base material práctica, a saber, el hecho de que la revolución socialista y la reconstrucción socialista de la sociedad no pueden ser espontáneas, sino que sólo pueden realizarse mediante la fusión de la lucha de clases real del proletariado existente, por una parte, y un programa socialista consciente (lo que Engels llamó ciencia socialista), por otra. Esta fusión, y por tanto la construcción de la sociedad sin clases, se retrasa, si no se hace imposible, cuando decae el nivel medio de conciencia de clase de la clase obrera existente, es decir, de las amplias masas populares. Todo lo que socava esta conciencia de clase (y todo lo que acabamos de describir por ella) socava la posibilidad de la victoria del socialismo, independientemente de los supuestos resultados inmediatos de una realpolitik.

Por supuesto, sigue siendo un punto de controversia si determinadas medidas políticas, tácticas, modos de comportamiento, etc., conducen realmente a un aumento o a una disminución de la conciencia de clase proletaria. Nunca se puede estar completamente seguro de ello, y menos a priori. Esa es una de las razones por las que un sistema de partido único no corresponde ni a la realidad proletaria ni a los intereses de clase proletarios. El pluralismo político y la democracia socialista (democracia obrera) son necesarios tanto antes como después del derrocamiento del capitalismo. Nuestro punto de partida no era ni sigue siendo el de los principios morales absolutos, sino el del proceso histórico real y deseado, el proceso que conduce a la meta socialista. Basándonos en los intereses de clase proletarios y desde el punto de vista de la necesidad de construir un mundo socialista, abogamos por el sometimiento de la táctica política a determinados principios.

Esto significa que no hay unidad de medios y fines, como pretenden algunos apologistas del estalinismo y de otras corrientes burocráticas en la clase obrera[10]. Sí existe una tensión, una oposición, entre medios y fines. Si se quiere decir así, la dialéctica medios-fines apunta hacia una unidad dialéctica de contrarios.

Hay quienes quieren ver una contradicción entre la relación históricamente determinada de Marx y los marxistas con respecto a la moral, por un lado, y el uso de la indignación moral y su recurso a la ética proletaria como arma política, por otro. Si, en última instancia, la moral viene determinada por las relaciones socioeconómicas de cada sociedad concreta –en una sociedad de clases, por tanto, la moral sólo puede entenderse o explicarse como una moral de clase–, ¿con qué derecho pueden afirmar los marxistas (socialistas, comunistas) que representan una moral superior? ¿No es éste otro ejemplo de un doble rasero moral, por el que lo que redunda en interés de una clase se considera malo, mientras que lo que representa el interés de otra clase se eleva de repente al nivel del bien absoluto?

Algunos círculos marxistas dogmáticos responden demasiado rápidamente a este argumento señalando que existe una jerarquía entre las clases sociales en función de su posición en el proceso de progreso histórico. A esta jerarquía correspondería una jerarquía de valores éticos, de moral de clase.

Una clase históricamente progresista encarna una moral históricamente progresista frente a una clase históricamente reaccionaria. Consideremos, por ejemplo, la lucha de la burguesía revolucionaria contra la tortura entre los siglos XVI-XIX, que refleja un ideal moral más elevado que el de la nobleza semifeudal y la monarquía absoluta que se adhirieron a la Inquisición, el auto de fe y a la tortura representados por la moral clerical. Es cierto que, durante las sucesivas etapas del desarrollo histórico, una misma clase social puede desempeñar primero un papel progresista y luego reaccionario. Por ejemplo, considérese la creciente reticencia de la burguesía actual a condenar absoluta e incondicionalmente la tortura (considérese la Alemania nazi, la España de Franco, el Chile de Pinochet, la Nicaragua de Somoza, etc.). Pero tal evolución no es incoherente con la jerarquía de valores morales sugerida.

En parte, este argumento es convincente, pero sólo en parte. Sólo es parcialmente convincente porque sigue basándose en una analogía sin fundamento y, por tanto, puramente formal.

Cuando Marx y los marxistas utilizan los términos progreso social o progreso histórico, se refieren a un proceso estrictamente definido y casi exactamente mensurable: las posibilidades de desarrollo de las fuerzas productivas, medidas por la productividad media del trabajo. En este contexto, si se habla de una moral superior (valores éticos superiores) encarnada por la clase social que permite el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas, se tropieza con una contradicción insoluble: ¿son realmente progresistas todos los valores morales de la clase social más progresista, incluidos los que necesita para legitimar y perpetuar su dominación de clase sobre la clase explotada y oprimida?

Marx y todos los marxistas ortodoxos rechazarían esta tesis con indignación (moral). ¿Dónde se puede trazar exactamente la línea entre los aspectos progresistas y reaccionarios de la moral de una clase dominante específica?[11] ¿No forman todos sus valores morales un sistema coherente, una ideología? ¿Cómo puede ese sistema ser progresista y reaccionario al mismo tiempo?

En mi opinión, esta dificultad sólo puede resolverse cuando comprendemos el problema subyacente: el problema de la historia como un continuo, como la unidad y la contradicción de la continuidad y la discontinuidad.

El proceso histórico no consiste sólo en rupturas, en revoluciones, en saltos cualitativos en las relaciones de producción y en la naturaleza de clase del Estado. Es una unidad de evolución y revolución. Las fuerzas productivas cambian permanentemente (crecen, se estancan, declinan). La relación de fuerzas entre las clases cambia perpetuamente. Sólo en determinadas circunstancias se produce un gran salto adelante en el progreso histórico. Pero sin mil pequeños pasos, sin innumerables derrotas temporales y algunas victorias parciales, la victoria histórica –la realización de una sociedad socialista sin clases– es inconcebible e imposible. Así pues, los valores éticos que sustentan cualquier sistema particular de moral de clase no deben considerarse únicamente a la luz de su utilidad para el desarrollo inmediato de las fuerzas productivas. También pueden y deben ser juzgados según su influencia en la emancipación humana en general, que para Marx coincide en gran medida con la lucha por la abolición de la propiedad privada, por la emancipación del trabajo asalariado y el fin de todas las formas de trabajo alienado, de la economía de mercado y de la división social (funcional, no profesional) del trabajo.

En el momento en que utilizamos este doble criterio de progreso histórico, podemos efectivamente comparar la moral cristiana con la antigüedad, comparar la moral humanista de la Reforma con la escolástica, comparar la moral de la burguesía revolucionaria con la moral religiosa. Entonces podremos separar sus aspectos progresistas de sus aspectos reaccionarios. Todo lo que sirva al progreso socioeconómico no sólo debe promover el desarrollo de las fuerzas productivas, sino también, al menos no obstaculizar (y, en última instancia, estimular), la emancipación humana a largo plazo. Todo lo que frustre esta emancipación a largo plazo (limitar las libertades, llevar a la prohibición de los sindicatos o perpetuar la opresión de la mujer y el racismo) es moralmente reaccionario, aunque a corto plazo promueva un despliegue de las fuerzas productivas capitalistas.

En un artículo poco conocido, Kautsky esbozó de forma convincente cómo la moral específica de clase proletaria, surgida de la lucha de clases proletaria, desarrolla al mismo tiempo un conjunto de valores morales superiores que son de suma importancia para las relaciones morales entre todas las personas en el futuro: relaciones basadas en la caridad, en la ayuda mutua y en sacrificios materiales a escala. El cristianismo o la burguesía liberal nunca han deseado o podido aplicar tales valores a escala masiva[12]:

Estos señores no sospechan, pues, que la conciencia de clase es la conciencia de la solidaridad de todos los proletarios, que propagar la conciencia de clase no significa otra cosa que propagar el conocimiento de los deberes que el individuo tiene para con el conjunto de su clase. ¿Acaso los señores Sanders y Forster nunca han oído hablar de los inconfesables sacrificios a los que se someten los proletarios con conciencia de clase, no por intereses puramente individuales y egoístas, sino por la causa de su clase, no sólo de su propio país, sino de todos los países civilizados? En cualquier caso, los proletarios con conciencia de clase han renunciado a pregonar su ética, pero han pasado hambre, han sufrido la necesidad, han sacrificado su descanso nocturno y dominical, han sacrificado sus últimos ahorros, su libertad y a menudo también su salud, no por ellos mismos, sino por la mayoría de los desheredados, ante todo por quienes entre ellos no podían valerse por sí mismos.

Pero la lucha de clases proletaria y la conciencia de clase proletaria son factores éticos de primera importancia, no sólo porque desarrollan el máximo sacrificio del individuo por la causa de toda su clase y hacen aflorar un sentido del deber inusitadamente fuerte hacia ella.

El proletariado, como la clase más baja de la comunidad, no puede emanciparse sin poner fin a toda opresión y explotación. Así, el proletariado con conciencia de clase se convierte, allí donde llega a ser una potencia real, en el defensor de todos, de las clases oprimidas, de las naciones oprimidas y del sexo oprimido, en la medida en que sus intereses no colisionen con el desarrollo social. De este papel histórico le vienen deberes que están fuera de sus intereses directos de clase (…).

Cuanto más revolucionaria, cuanto más idealista es la lucha de clase proletaria, cuanto más se acentúa el objetivo final, tanto mayor es su fuerza ética, la fuerza para la regeneración moral del proletariado. El minucioso trabajo práctico del proletariado, que de otro modo produce con demasiada facilidad la tendencia a degenerar al proletariado hasta el nivel de la pequeña burguesía actual, se ennoblecerá por sí mismo[13].

Lo mismo se puede decir, por cierto, de las sociedades en transición entre el capitalismo y el socialismo. Se puede discutir si el estajanovismo y la generalización del trabajo a destajo, tan duramente condenados por Marx en El Capital, en la Unión Soviética y en Europa del Este fueron medios necesarios para aumentar la productividad del trabajo en esos países (no lo creemos; pero no es éste el lugar para demostrarlo en detalle)[14]. El caso es que, a largo plazo, socavaron la solidaridad, el sentido de pertenencia, la confianza en sí misma, la conciencia de clase y, especialmente, la conciencia socialista de la clase obrera; y es innegable que a ellos se opusieron y se oponen, tanto teórica como prácticamente, los elementos más conscientes de esa clase. En consecuencia, a la larga, tales medios son contrarios a la emancipación humana (proletaria) y a la moral socialista (comunista, proletaria).

Incluso si habrá transgresiones inevitables de los principios fundamentales (incluidos los principios éticos) –inevitables en el sentido de que las consecuencias negativas del compromiso son menos perjudiciales que la catástrofe evitada por el compromiso– es deber político y, por lo tanto, moral del marxista no pasar por alto sus consecuencias negativas. El deber de los marxistas es exponerlas abiertamente, honestamente, y proponer todas las medidas necesarias que puedan neutralizar, al menos en parte, los efectos negativos de la transgresión. No son tales advertencias las que desaniman a las masas trabajadoras, es ocultar la verdad la que conduce al desaliento.

A diferencia de sus epígonos, el gran y honesto revolucionario Lenin comprendió esto excelentemente. Intentó poner en práctica esta comprensión. Escúchenle –exhortamos a los fieles seguidores actuales de Moscú, Pekín y Tirana– y aprendan de él cuando habla de las (modestas) diferencias salariales introducidas, en contra de los principios comunistas, en la Rusia soviética en el año 1918:

Hemos tenido que recurrir ahora al viejo método burgués y aceptar servicios de los especialistas burgueses más reputados a cambio de una remuneración muy elevada. Quienes conocen la situación lo comprenden: pero no todos se detienen a meditar sobre el significado de semejante medida tomada por un Estado proletario. Es evidente que tal medida constituye un compromiso, una desviación de los principios sustentados por la Comuna de París y por todo poder proletario, que exigen la reducción de los sueldos al nivel del salario del obrero medio, que exigen se combata el arribismo con hechos y no con palabras.

Es evidente que semejante medida (…) es un paso atrás de nuestro poder estatal socialista soviético, que desde el primer momento proclamó y comenzó a poner en práctica la política de reducción de los sueldos elevados hasta el nivel del salario del obrero medio. (…)

Ocultar a las masas que la incorporación de los especialistas burgueses mediante sueldos muy elevados es apartarse de los principios de la Comuna de París sería descender al nivel de los políticastros burgueses y engañar a las masas. (…)

Por supuesto, el problema tiene también otro aspecto. Es indiscutible que los sueltos altos influyen también, corrompiendo, tanto en el Poder soviético (…) como en la masa obrera. (…) Si los obreros y campesinos pobres conscientes y avanzados ayudados por las instituciones soviéticas, logran en un año organizarse, disciplinarse, poner sus fuerzas en tensión y crear una fuerte disciplina de trabajo, podremos librarnos en un año de ese tributo, que incluso podrá ser reducido antes… proporcionalmente a los éxitos de nuestra disciplina y de nuestra organización laborales, obrera y campesina[15].

Lenin propuso medidas prácticas para neutralizar esta “influencia corruptora”: aumentar el control obrero y de las masas sobre los “especialistas burgueses”; limitar los salarios de los miembros del partido, incluidos los de los especialistas (¡incluidos los miembros del gobierno y el propio Lenin!) al salario de un obrero cualificado.

 La doble moral es un aspecto innegable de la realidad social en todas las sociedades conocidas hasta ahora

Así que volvemos a nuestra posición de partida, pero esta vez desde un punto de vista teórico-antropológico más elevado. La doble moral no es una invención de los malvados Marx o Lenin. Es un aspecto innegable de la realidad social en todas las sociedades conocidas hasta ahora, principalmente de aquellas desgarradas en clases antagónicas. Pero la existencia de una doble moral encierra una contracorriente subterránea, un intento periódico de, al menos, proclamar la primacía de la cooperación y la solidaridad colectivas y de intentar realizarla de forma limitada. Esta contracorriente la encarnan las clases revolucionarias y sus representantes ideológicos, especialmente durante los momentos álgidos de la lucha de masas político-revolucionaria, cualesquiera que sean las formas concretas que adopte[16]. Los marxistas reconocen así la existencia histórica de un progreso moral objetivo, de valores moralmente progresistas, independientes de su efecto inmediato sobre las fuerzas productivas o de su aplicación generalizada inmediata (o incluso, de la posibilidad de una aplicación general). Simultáneamente, comprenden las fuentes socio-materiales de dicho progreso.

Para quienes creen que esto representaría una visión revisionista de la concepción marxista de la moral, me gustaría citar como testigos nada menos que a los propios Lenin, Marx y Engels. Lenin escribe:

liberados de la esclavitud capitalista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación capitalista, se habituarán poco a poco a la observación de las reglas elementales de convivencia, conocidas a lo largo de los siglos y repetidas desde hace miles de años en todos los preceptos, a observarlas sin violencia, sin coacción[17].

Describiendo fenómenos sociales mucho más antiguos (y que durarán mucho más) que el modo de producción capitalista, Lenin, en su discurso ante el III Congreso de la Juventud Comunista, diseccionó los problemas de la moral comunista y definió los obstáculos que había que superar en el camino hacia la realización de los valores éticos del comunismo:

La vieja sociedad estaba basada en el principio siguiente: o saqueas a tu prójimo o te saquea él, o trabajas para otro, u otro trabaja para ti, o eres esclavista o eres esclavo. Y es comprensible que los hombres educados en semejante sociedad asimilen, con la leche materna, por así decirlo, la sicología, la costumbre, la idea de que no hay más que amo o esclavo, o pequeño propietario, pequeño empleado, pequeño funcionario, intelectual, en una palabra, hombres que se ocupan exclusivamente de tener lo suyo sin pensar en los demás.

Si yo exploto mi parcela de tierra, poco me importan los demás; si alguien tiene hambre, tanto mejor, venderé mi trigo más caro. Si tengo mi puestecito de médico, de ingeniero, de maestro o de empleado, ¿qué importan los demás? Si me arrastro ante los poderosos y soy complaciente con ellos, quizá conserve mi puesto y a lo mejor pueda hacer carrera…[18].

Marx se expresó de un modo similar en una carta a Sigfried Meyer fechada el 30 de abril de 1867:

¿Por qué no te respondí entonces? Porque estuve todo el tiempo a las puertas de la muerte. Por lo tanto, tuve que aprovechar cada momento en que era capaz de trabajar para completar mi libro [Das Kapital], al que he sacrificado mi salud, mi felicidad y mi familia. Espero que esta explicación sea suficiente. Me río de los llamados hombres prácticos y de su sabiduría. Si uno quisiera ser un buey, podría, por supuesto, dar la espalda a los sufrimientos de la humanidad y ocuparse de su propio pellejo[19].

Finalmente, podríamos añadir que, en el clásico resumen de la tesis marxista sobre la moralidad en el Anti-Dühring de Engels, el pasaje final dice lo siguiente:

Pero en las tres teorías morales antes indicadas hay cosas comunes a todas (…)[20]. Para estadios evolutivos económicos iguales o aproximadamente iguales, las teorías morales tienen que coincidir necesariamente en mayor o menor medida. (…) Y como la sociedad se ha movido hasta ahora en contraposiciones de clase, la moral fue siempre una moral de clase; o bien justificaba el dominio y los intereses de la clase dominante, o bien, en cuanto la clase oprimida se hizo lo suficientemente fuerte, representó la ira de los oprimidos contra aquel dominio y los intereses de dichos oprimidos orientados al futuro. Todo esto no nos hace dudar de que, al igual que en las demás ramas del conocimiento humano, también en la moral se haya producido a grandes rasgos un progreso. Pero todavía no hemos rebasado la moral de clase. Una moral realmente humana que esté por encima de los antagonismos de clase, y por encima del recuerdo de ellas, no será posible sino en un estadio social que no sólo haya superado el antagonismo de clases, sino que la haya además olvidado para la práctica de la vida [21].

IV

Queda por responder a una última objeción: tras la supuesta, pero inexistente, contradicción entre reglas morales objetivamente determinadas (sobredeterminadas) y opciones político-morales subjetivas, ¿no existe, al fin y al cabo, una contradicción real, a saber, la que existe entre el pensamiento positivista-científico por un lado y la filosofía especulativa (inspirada en Hegel) por otro? Esa sería la contradicción principal dentro del marxismo, al menos tal y como el profesor Acton cree haberla descubierto[22]. Y no por casualidad, Acton es profesor de filosofía moral.

Dejemos de lado aquí ver si es correcto considerar a Hegel un filósofo especulativo, o más bien, si los elementos de la dialéctica hegeliana que perviven en la dialéctica materialista de Marx y Engels constituyen un elemento especulativo a diferencia del método clásico-científico, de ensayo y error, que Marx y los marxistas aplican principalmente a las ciencias sociales. También dejemos de lado el interesante problema del enredo entre las motivaciones individuales, la actitud individual hacia las reglas morales socialmente predeterminadas y la posición social del individuo[23]. Centrémonos en el núcleo más básico de la cuestión: ¿existe en el marxismo un dualismo entre la práctica científica y el compromiso político, un dualismo que puede resumirse como una contradicción entre la disección estrictamente científica y objetiva de la realidad social en su movimiento y la intención subjetiva de cambiar esa realidad en una determinada dirección para la realización de determinados fines, como se expresa en la famosa undécima tesis sobre Feuerbach? ¿No se trata de una contradicción entre causalidad y teleología?

Nuestra respuesta es: sí, ese dualismo existe. Pero no tiene nada que ver con la filosofía especulativa. Tampoco es un dualismo absoluto, porque ambas prácticas se estimulan mutuamente y tienden a fusionarse. Si bien esta fusión no es automática ni inevitable.

El marxismo constituye una unidad de dos prácticas sociales diferentes e históricamente determinadas: una práctica científica y una práctica emancipadora (liberadora, socialista). Ambas actividades surgieron independientemente, tienen sus propias reglas para determinar el éxito (relativo), responden a su propia lógica interna y tienen sus propias formas específicas de determinación social. Marx y Engels hicieron un gran intento por unirlas. El grado de éxito de este intento sólo puede juzgarse por los resultados prácticos, es decir, el resultado práctico de aplicar el materialismo histórico para explicar los grandes cambios sociales del pasado, del presente y del futuro, por un lado, y el resultado práctico de la lucha de liberación del proletariado moderno estimulada por las tesis marxistas, por otro. En ambos campos, nos encontramos aún en plena corriente y en plena lucha. Por lo tanto, sólo podemos hacer un balance provisional. La historia está lejos de haber emitido un juicio definitivo (o mejor dicho, aún no nos permite emitir un juicio definitivo). Por supuesto, la historia nunca emite juicios. Sólo permite que determinados individuos y grupos sociales emitan tales juicios con el material que proporciona.

Pero nos parece indiscutible que se trata efectivamente de dos prácticas diferentes. Marx y Engels subrayaron que la actividad científica sólo es valiosa cuando obedece a sus propias leyes y no se somete a ninguna regla dictada por intereses extracientíficos (incluso emancipadores). En sus Theorien über den Mehrwert [Teorías sobre la plusvalía], Marx escribió sucintamente: “Pues bien, para mí, quien no cultiva la ciencia por la ciencia misma (por muy erróneamente que pueda hacerlo), sino por motivos exteriores a ella y tratando de acomodarla a intereses que le son extraños y que nada tienen que ver con ella, merece el calificativo de vil.”[24].

Y, como si pudiera prever la triste degeneración posterior de los partidos obreros de masas burocratizados (principalmente los estalinistas, ¡pero no sólo ellos!), Engels escribió las siguientes líneas proféticas a sus amigos August Bebel y Karl Kautsky a principios de la década de 1890:

En vista del intento que hicieron ustedes de impedir por la fuerza la publicación del artículo, y de sus advertencias al Neue Zeit de que, en caso de repetirse, también éste podría ser tomado y sometido a censura por el partido, la apropiación por parte de éste de toda su prensa no puede parecerme sino singular[25]. ¿En qué se diferencian ustedes de Puttkamer si introducen una Ley Antisocialista en sus propias filas? En lo que a mí respecta, no significa nada; ningún partido de ningún país puede imponerme el silencio una vez que he decidido hablar. Pero, de todos modos, les sugiero que consideren si no harían mejor en mostrarse un poco menos susceptibles y, en sus acciones, un poco menos prusianos. Ustedes –el partido– necesitan la ciencia socialista y ésta no puede existir sin libertad para desarrollarse[26].

Que en el grupo parlamentario se hayan alzado voces exigiendo que el Neue Zeit sea sometido a la censura es realmente delicioso. ¿Sigue en pie el fantasma de la dictadura del grupo parlamentario en la época de la Ley antisocialista (…) o se trata de una reminiscencia de la organización unida de von Schweitzer?[27] (…) Después de liberar a la ciencia socialista alemana de la Ley Antisocialista de Bismarck, qué idea tan brillante someterla a una nueva Ley Antisocialista que sería pensada y aplicada por los funcionarios del Partido Socialdemócrata”[28].

Y previamente: “Y también es necesario que el pueblo deje de una vez de tratar a los funcionarios del Partido –sus propios servidores– con los eternos guantes de seda y de mostrarse ante ellos tan obedientes, en lugar de críticos, como si fueran burócratas infalibles”[29].

Pero, aunque Marx y Engels subrayaron la necesidad de una investigación científica objetiva que se ajustara únicamente a las leyes de la ciencia, a lo largo de sus vidas destacaron con la misma fuerza el objetivo de emancipación humana que perseguían[30]. El punto de partida del esfuerzo político de Marx fue “derribar todas las condiciones en las que el hombre es un ser degradado, esclavizado, abandonado, despreciable”[31].

A lo largo de sus vidas, Marx y Engels se mantuvieron fieles a este compromiso. Podríamos corroborarlo con docenas de citas. Baste citar tres pasajes de sus obras más importantes. Del Manifiesto Comunista:

En lugar de la vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, tendremos una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno es la condición para el libre desarrollo de todos[32].

Del primer volumen de El Capital:

Como fanático de la valorización del valor, el capitalista constriñe implacablemente a la humanidad a producir por producir, y por consiguiente a desarrollar las fuerzas productivas sociales y a crear condiciones materiales de producción que son las únicas capaces de constituir la base real de una formación social superior cuyo principio fundamental sea el desarrollo pleno y libre de cada individuo[33].

Del Anti-Dühring:

Al hacerse dueña de todos los medios de producción para aplicarlos social y planificadamente, la sociedad suprime el anterior sometimiento del hombre a sus propios medios de producción. Como es obvio, la sociedad no puede liberarse sin que quede liberado cada individuo[34].

La conexión de la práctica científica (y de los conocimientos adquiridos por ella) con la lucha emancipadora hace que el socialismo científico –el marxismo– sea más eficaz que el socialismo utópico u otras doctrinas emancipadoras que hemos conocido en la historia, incluso en la historia del movimiento obrero moderno. Esta lucha de emancipación está ahora armada con una comprensión de las condiciones de su propio desarrollo y de su posible éxito. Ya no se basa única o principalmente en la indignación moral[35]. Esta comprensión disecciona las contradicciones objetivas que desgarran la sociedad y la sucesión de crisis que siguen socavándola. Disecciona las fuerzas sociales, económicas y políticas que se desarrollan en su seno y que preparan el nacimiento de una nueva sociedad.

Esta comprensión fortalece la lucha de emancipación, estimula, sobre todo, la fusión gradual de la lucha de una clase social existente, el proletariado moderno, con la realización de los objetivos socialistas. Esto, a su vez, fortalece la lucha de clases del proletariado, una lucha de clases que se habría desarrollado incluso si Marx y Engels no hubieran vivido, no hubieran escrito nada y si nadie hubiera desarrollado una teoría comparable. Por el contrario, la verdadera lucha de clases del proletariado real estimula decisivamente el desarrollo de las ciencias sociales. Es dudoso que sin esta lucha de clases, por ejemplo, la teoría del plusvalor, por no hablar de la teoría de la dictadura del proletariado, se hubiera formulado de forma desarrollada.

Pero quienquiera que hable de fusión presupone la existencia de dos actividades (procesos) sociales diferentes que pueden conectarse. Uno puede dedicarse a las ciencias sociales sin ser socialista. Se puede ser socialista sin basarse en una disección científica de la sociedad y en el pronóstico resultante sobre su destino final. Pero no se puede ser marxista, es decir, partidario del socialismo científico, sin vincular ambas actividades.

En una famosa polémica, antes y después de la Primera Guerra Mundial, Rudolf Hilferding y Karl Korsch plantearon esta cuestión y ambos dieron una respuesta falsa, teórica y prácticamente[36]. Según Hilferding, se puede ser marxista –limita el marxismo al conocimiento de las leyes del desarrollo del modo de producción capitalista– sin extraer de ello ninguna conclusión política. A la luz del conjunto de la obra de Marx y Engels, respondemos que no es así. En ese caso, uno puede ser un buen historiador, sociólogo y economista, pero no marxista. Entonces uno es, parafraseando la carta de Marx a Meyer citada anteriormente, “un buey” (ein Ochse) desde un punto de vista moral. Un marxista nunca es un buey moral, es decir, un inhumano que se relaciona inhumanamente en relaciones inhumanas.

A la inversa, Karl Korsch creía que si el proletariado moderno se mostrara incapaz de fundar una sociedad socialista, con él se derrumbaría toda la ciencia marxista (más bien, las ciencias sociales que parten de hipótesis marxistas). Esto tampoco es correcto.

Los marxistas nunca capitulan ante condiciones degradantes, porque tal actitud es incompatible con la dignidad humana elemental

Si la experiencia práctica, en contra de todos los datos de los últimos 200 años de historia socioeconómica y política, demostrara al final que el establecimiento de una sociedad sin clases es una utopía y no un objetivo alcanzable en la práctica, los marxistas no deberían de ninguna manera sacar la conclusión de condenarse a sí mismos y a los demás a la resignación, a la sumisión o al repliegue en la esfera privada. Los marxistas nunca capitulan ante condiciones degradantes, porque tal actitud es incompatible con la dignidad humana elemental y, por lo tanto, también con su propia dignidad elemental[37]. En este caso extremo –que no creemos que se materialice, que sólo esbozamos como un caso límite extremo para aclarar la cuestión– un marxista se enfrentaría a una doble tarea. Una, sería proporcionar una explicación científica de la degeneración del capitalismo en una sociedad bárbara en lugar de su sustitución por una sociedad socialista clases; y otra, sería participar en la lucha defensiva de los esclavos oprimidos contra sus opresores[38].

La afirmación de antimarxistas como el profesor Tucker[39], por cierto, similar a la de la escuela de Althusser y de los dogmáticos estalinistas, de que Marx no estaba motivado por sentimientos de justicia social, es decir, por indignación moral[40], no se sostiene cuando consideramos el conjunto de su obra, incluida su obra de madurez. Tampoco tiene sentido, como intentó hacer Maximilien Rubel, reducir toda la motivación de Marx a una motivación moral[41]. Sólo cuando partimos de la doble motivación de Marx y Engels, al mismo tiempo, como eruditos y luchadores inquebrantables por la emancipación del proletariado y de toda la humanidad, podemos entender y valorar el conjunto de su obra.

Entonces podremos comprender también lo que constituye el trasfondo histórico de su actitud específica ante el problema de la doble moral: no una conexión incongruente entre la ciencia positivista y la filosofía especulativa, sino una conexión que se refuerza mutuamente entre el intento de comprender la realidad y el intento de cambiarla en cierto sentido, entre la investigación científica y la lucha emancipadora. Y este esfuerzo emancipador no responde exclusivamente, ni siquiera principalmente, a una motivación individual, sino a un movimiento real de clases sociales realmente existentes. Clases con las que un individuo determinado se identifica.

Este es seguramente el mayor obstáculo que encuentran los cínicos, los escépticos o los desencantados que se oponen al marxismo. Cuando afirman que la historia demuestra que siempre ha habido injusticia y desigualdad entre las personas, olvidan que la historia también demuestra:

1. Que la resistencia, la rebelión y la revolución contra la injusticia, la desigualdad, la explotación y la opresión también recorren la historia como un hilo rojo (que nosotros, los socialistas revolucionarios de hoy, estamos siguiendo los pasos de millones y decenas de millones, que han luchado en esa línea durante miles de años).

2. Que esas resistencias, rebeliones y revoluciones, aunque no hayan conducido todavía a la emancipación plena, sin embargo, han producido considerables éxitos parciales. El canibalismo, la esclavitud, la servidumbre, el trabajo infantil en las minas o la jornada laboral de 12 a 16 horas ya no existen hoy como instituciones sociales dominantes, mientras que existieron durante siglos, si no durante miles de años. Quienes no aceptan que esto representa un gigantesco progreso social, progreso conquistado por la lucha emancipadora de las personas explotadas y oprimidas, deberían concluir, en ese caso, que les es indiferente que ellos mismos, sus familias y amigos, sean devorados o vendidos como esclavos. Todavía no hemos conocido a nadie que se atreva a extender con coherencia su pesimismo y misantropía hasta tales conclusiones[42].

3. Que esta resistencia está fundada antropológicamente, y que nada ni nadie, ni la violencia ni la corrupción ni la manipulación, pueden conseguir suprimir esa chispa de rebeldía en la humanidad.

4. Por tanto, que al menos existe una posibilidad de que instituciones opresoras como el sistema salarial, la relación de capital, la economía de mercado, el trabajo alienado, la nación soberana, las clases y el Estado desaparezcan, tal y como lo hicieron el canibalismo, la esclavitud y la servidumbre. De modo que, las principales crisis actuales (el hambre en el Tercer Mundo, las crisis económicas, las dictaduras políticas, la contaminación ambiental, la violencia creciente y el peligro de guerra nuclear) pueden resolverse después de todo.

Mientras no se puedan refutar estas cuatro lecciones extraídas de la experiencia histórica, la unidad de la investigación científica y la emancipación sobre la que descansa el marxismo, y su forma específica de aplicar la doble moral para eliminar la doble moral no tienen ningún carácter utópico.

Publicado originalmente en Veelzijdig marxisme, acta del coloquio “La actualidad de Karl Marx”, organizado por el Instituto de Estudios Marxistas, 1983. Texto original: https://iire.org/node/1028

Traducción: Jordi Casanovas

Notas

[1] Para un resumen reciente de esas acusaciones, véase la obra del autor francés Julien Freund, La double morale, así como Maurice Cranston, “Ethique macchiavélique et politique contemporaine”, en: Comprendre (Revue de la Société européenne de la culture, 1982).

[2] Por supuesto, esto no significa que la religión sea responsable de toda esa violencia inhumana. Para los marxistas, los responsables últimos son las relaciones sociales y los conflictos materiales de intereses, no las ideas. A los ideólogos que legitiman esa violencia se les puede acusar, en el mejor de los casos, de com

[3] Nuestro conciudadano Simon Leys, que debería saberlo mejor, proclama en un estudio dedicado a 1984 de Orwell (véase Vrij Nederland, 21/04/1984) que ya es hora de “introducir los conceptos del bien y del mal en la política”. Olvida que a lo largo de la historia, en todas las sociedades, las diferentes clases han tenido diferentes concepciones del “bien” y del “mal”. Olvida además que la existencia, e incluso la hegemonía, de estas nociones a lo largo de la historia nunca han impedido (algunos incluso podrían afirmar que han promovido) la violencia y los asesinatos en masa.

[4] Véase, entre otros, Irving Fetscher en Tom Bottomore (ed.) A Dictionary of Marxist Thought (Cambridge, MA, 1983), p. 153.

[5] Un resumen acertado de la posición marxista ortodoxa respecto a la moral puede encontrarse en León Trotsky, Su moral y la nuestra (1938). Para una visión dogmática soviética oficial de ese problema, véase Alexandre Chichkine, Ethique: Regards sur quelques doctrines ethiques (Moscú, 1967). Véase también, para una visión académica del problema, Eugene Kamenka, The Ethical Foundations of Marxism, 1962 [www.marxists.org/archive/kamenka/1962

[6] Contra el excesivo énfasis de Kautsky en el aspecto determinista de la concepción marxista de la moral, surgió como reacción, ante todo entre los llamados austromarxistas (Otto Bauer, Max Adler, etc.), una preferencia neokantiana por los imperativos morales absolutos. Sin embargo, esta mejora resultó totalmente estéril. No contribuyó en absoluto a explicar el fenómeno social de las diferentes pautas de comportamiento moral. En la práctica política, recurrió a criterios puramente pragmáticos para determinar el comportamiento colectivo, que iban en contra del imperativo kantiano (por ejemplo, la actitud de los socialdemócratas austriacos y sus partidarios alemanes durante la Primera Guerra Mundial).

[7] Por supuesto, lo que es políticamente conveniente y lo que es ineficaz depende del juicio político. Por ejemplo, los marxistas (incluidos los bolcheviques rusos) siempre han sostenido que el terror individual es políticamente ineficaz.

[8] Lenin no es en absoluto el inventor de la doctrina de las guerras justas e injustas. Tiene dos mil años de antigüedad. Véase un extenso tratamiento de esa doctrina en: Peter Haggenmacher, Grotius et la doctrine de la guerre juste (París, 1981).

[9] Aber ein Zweck, der unheiliger Mittel bedarf, ist kein heiliger Zweck…” [“Pero un objetivo que requiere medios impíos no es un objetivo santo”]: Karl Marx, “Debatten über die Pressefreiheit”, MEW, vol. 1, p. 60.

[10] Rudi Hanke en Unabhängige Kommunisten. Der Briefwechsel zwischen, Heinrich Brandler und Isaac Deutscher; 1949 bis 1967 (Berlín, 1982), p. 231.

[11] Sobre el sistema de valores morales en Sócrates, Platón y Aristóteles y su función político-social, véase una buena crítica marxista en Ellen Meiksins Wood y Neal Wood, Class Ideology and Ancient Political Theory (Oxford, 1978).

[12] Pero este tremendo progreso moral realizado por la clase obrera organizada durante el auge del movimiento obrero moderno también implicó la práctica de un doble rasero. Los huelguistas muestran solidaridad y una gran disposición al sacrificio, pero tendrán cuidado de que ni un céntimo de su dinero vaya a parar a los esquiroles o a los capitalistas. Más claramente, sólo sobre la base de una doble moral es posible este progreso moral. Sin huelgas eficaces, no hay sindicatos eficaces. Sin sindicatos eficaces, no hay solidaridad colectiva ni voluntad de sacrificio, sino competencia entre trabajadores, es decir, el más crudo egoísmo individualista. Pero las huelgas fuertes, resueltas, son imposibles sin luchas encarnizadas contra los esquiroles, sin piquetes combativos, sin boicots e incluso violencia contra los rompehuelgas.

[13] Kautsky, 1900, Class war and ethics [https://www.marxists.org/archive/kautsky/1900/11/ethics.htm].

[14] Véase, entre otros, Miklós Haraszti, Salaire aux pièces. Ouvrier dans un pays de l’Est (París, 1976).

[15] Lenin, 1918, Las tareas inmediatas del gobierno soviético [https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas08-12.pdf].

[16] Esa forma, por supuesto, también puede ser religiosa, como lo fue durante más de mil años en Europa (del siglo III al XVI), en el norte de África, en Asia Menor, en el sudeste asiático y en el imperio islámico.

[17] Lenin, 1917, El Estado y la revolución [https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja6.htm]

[18] Lenin, 1920, Las tareas de las organizaciones juveniles [https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920s/2-x-20ver2.htm]. Lenin termina con las palabras: “…y convertirse en burgués”. Pero cualquiera que conozca el estado actual de las cosas en Europa del Este, en la Unión Soviética y en China, sabe que las últimas líneas son efectivamente aplicables a la mentalidad imperante en esas sociedades, aunque no conduzca (o no conduzca todavía) a convertirse en un “burgués”, sino más bien en un burócrata pequeñoburgués satisfecho.

[19] Marx a Sigfrid Meyer en Nueva York, 1867.

[20] Engels se refiere aquí a las opiniones sobre la moral de la nobleza feudal (y semifeudal), la burguesía y la clase obrera, respectivamente.

[21] Engels, 1877,  Anti-Dühring [https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/ad-seccion1.htm#x].

[22] Harry B. Acton, Illusion of the Epoch: Marxism-Leninism as a Philosophical Creed (Londres, 1962, 1973).

[23] Este problema está bien tratado en la obra del marxista Adolfo Sánchez Vázquez, Ética (Grijalbo, 1969, Editorial Crítica, 1978). Desgraciadamente, en esa obra apenas se aborda la dimensión objetiva de la lucha por la emancipación. Sánchez Vázquez abordó posteriormente esa cuestión en “Nacionalidad y emancipación en Marx”, artículo publicado en la revista yugoslava, Socialism in the World, 40, 1984.

[24] Karl Marx, Teorías de la plusvalía (FCE, México,1980), p. 101. El triste ejemplo de la política científica en la Unión Soviética bajo Stalin ha demostrado demasiado bien que tal abuso de la ciencia tampoco redunda en interés de la lucha revolucionaria de liberación de la clase obrera, incluida la construcción de una sociedad socialista. Pensemos en el episodio de Lysenko en biología. Pensemos en la supresión durante décadas de publicaciones e investigaciones del mayor psicólogo marxista de nuestro tiempo, Lev Vygotsky, o pensemos en la prohibición, durante un cuarto de siglo, de seguir investigando la categoría del “viejo modo de producción asiático”, utilizada por Marx, etc. El daño causado por estas prácticas a la ciencia y a la sociedad soviética, al movimiento obrero internacional y al socialismo, ¡es incalculable!

[25] En todos los llamados Estados socialistas realmente existentes, con las excepciones parciales de Yugoslavia y Nicaragua, existe una prensa controlada y sometida a la censura del partido.

[26] Carta a August Bebel, 1 y 2 de mayo de 1891, MEW, vol. 38, p. 94. El énfasis es nuestro.

[27] Von Schweitzer era el líder de la llamada ala Lasalle del movimiento obrero alemán, que en el congreso de Gotha se unió a la llamada ala marxista del movimiento.

[28] Carta a Karl Kautsky del 23 de febrero de 1891, MEW, vol. 38, p. 41. El énfasis es nuestro.

[29] Carta a Karl Kautsky del 11 de febrero de 1891, MEW, vol. 38, p. 35. El énfasis es nuestro.

[30] La tesis de Bujarin de que la definición de la acción humana como orientada a fines (teleológica) era “idealista”, y supuestamente en contradicción con la dialéctica materialista basada en el principio de causalidad, contradice completamente la concepción de la praxis humana tal como la concibieron Marx y Engels. Véase, por ejemplo, Das Kapital, vol. 1, capítulo 1, MEW, vol. 23, p. 61 y vol. 1, capítulo 5, ibíd., p. 193, así como Dialektik der Natur, introducción, MEW, vol. 20, p. 323.

[31] Karl Marx, Contribution to the critique of Hegel’s Philosophy of Right, Introduction, en Early Writings (Londres, 1975), p. 251

[32] Marx y Engels, 1848, Manifiesto Comunista [www.marxists.org/archive/marx/works/1848/communist-manifesto/ch02.htm].

[33] Marx, 1887, El Capital, T I, Vol II, p.731. Siglo XXI.

[34] Engels, Anti-Dühring [https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/anti-duhring/ad-seccion3.htm#282].

[35] De ahí las agudas críticas de Marx a la orientación puramente moral del socialismo utópico e incluso de los primeros comunistas obreros. Véase, por ejemplo, La Sagrada Familia, en la que esta orientación es condenada como ineficaz (“impuissance mise en action”). Pero esto no significa en absoluto que la indignación moral contra la explotación y la opresión de clase desapareciera de los escritos de Marx. Basta leer su panfleto sobre la Comuna de París (La guerra civil en Francia) y su final poderosamente dramático  para ver lo contrario.

[36] Rudolf Hilferding, Das Finanzkapital, Vorwort, p. x (Viena 923); Karl Korsch, Marxismus und Philosophie (Leipzig, 1923); y “Zehn Thesen über Marxismus heute” (1950) en Politische Texte (Frankfurt, 1974) pp. 385-7.

[37] “Und Rudolph erhebt sich nicht mal auf den standpunkt der selbständigen Moral, welche wenigstens auf dem Bewusstsein der Menschenwürde beruht” [“Y Rudolph ni siquiera se eleva al punto de vista de la moral independiente, que al menos se basa en la conciencia de la dignidad humana”] (Die Heilige Familie, MEW, vol. 2, p. 21). El Rudolph mencionado aquí es el protagonista de Misterios de París, de Eugène Sue.

[38] «La alternativa histórica es la siguiente: o bien el régimen de Stalin es una abominable recaída en el proceso de transformación de la sociedad burguesa en sociedad socialista, o bien el régimen de Stalin es la primera etapa de una nueva sociedad explotadora. Si el segundo pronóstico resulta ser correcto, entonces, por supuesto, la burocracia se convertirá en una nueva clase explotadora. Por muy onerosa que sea la segunda perspectiva, si el proletariado mundial se mostrara realmente incapaz de cumplir la misión que le encomienda el curso del desarrollo, no quedaría más remedio que reconocer abiertamente que el programa socialista, basado en las contradicciones internas de la sociedad capitalista, terminó siendo una utopía. Es evidente que se necesitaría un nuevo programa ‘mínimo’ para la defensa de los intereses de los esclavos de la sociedad burocrática totalitaria”. León Trotsky, “La URSS en guerra”, En defensa del marxismo.

[39] Robert C. Tucker, The Marxian Revolutionary Idea (Londres, 1969), pp. 36-8 y en otros lugares. Tucker confunde la refutación irónica y sarcástica de Marx de la afirmación de que el capitalismo sería injusto desde el punto de vista de las relaciones de valor burguesas (tanto el “valor” en el sentido económico de la palabra –cuanto trabajo– como los “valores morales”) con la afirmación de que un trabajador bajo el capitalismo recibe los salarios a los que según Marx tiene derecho (p. 45). ¿Dónde dejaría eso a la teoría marxista de la explotación, la teoría marxista según la cual el trabajador no sólo tiene derecho a luchar por más salarios y por la abolición del trabajo asalariado, sino que está obligado a hacerlo so pena de ser degradado a indigente? Tucker olvida lo que Marx destaca explícitamente: contra las relaciones de valor burguesas, se pueden y se deben defender las proletarias.

[40] Sobre esto, pueden leerse los capítulos sobre las máquinas y la llamada “acumulación primitiva de capital” en la primera parte de El Capital.

[41] Véase, por ejemplo, Maximilien Rubel, Pages choisies pour une éthique socialiste (París, 1948), y Karl Marx: Essai de biographie intellectuelle (París, 1957).

[42] Por supuesto, esto no significa que tales prácticas inhumanas no puedan volver si la crisis del capitalismo se resuelve de forma regresiva. Pensemos, por ejemplo, en el trabajo esclavo en los campos de concentración, en las formas brutales de colonialismo, en el racismo, etc. Pero aquí nos referimos a las condiciones de trabajo como instituciones sociales dominantes, no marginales.

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Inteligencia Artificial, extractivismo digital y socialismo

07/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Pablo Dávalos

En  noviembre  del  año  2022,  la  empresa  OpenAI,  abría al  público el  acceso  al  programa  de  Inteligencia  Artificial  ChatGPT  (por  Generative  Pretrained  Transformer).  A  partir  de  entonces  se  desató  una  carrera  por  la  inteligencia  artificial entre  varias  empresas  y  varias  aplicaciones y  plataformas.  El  acceso  a  ChatGPT es libre, pero el acceso a su versión mejorada ChatGPT-4 y subsiguientes,  es de pago mensual.

En poco tiempo, los suscriptores de estas plataformas de Inteligencia Artificial (IA) se cuentan ya por decenas de millones. Asimismo, las aplicaciones y empresas de  inteligencia  artificial  empiezan  a multiplicarse  en  varios  ámbitos:  diseño  gráfico,  programación,  elaboración  y  redacción  de  textos,  elaboración  de  imágenes,  programas gestores de video, etc.

En  poco  tiempo  se ha  producido una  verdadera  eclosión de  aplicaciones,  plataformas  y  programas  de  IA.  Al  mismo  tiempo,  la  irrupción de  la  IA  ha  provocado un fuerte debate que integra dimensiones políticas, sociales, ideológicas  y culturales.

A  los  pocos  meses  del lanzamiento del  ChatGPT-3,  una  serie  de  personalidades  políticas  y  grandes  empresarios  como  Elon  Musk, Steve  Wozniak, Yuval  Harari, entre  otros, pidieron  a  las  empresas  de  Inteligencia  Artificial  una  tregua  para  poder  asimilar  el  impacto  de  esta  tecnología  en  las  sociedades “por  ser  una  amenaza para la humanidad” (BBC, 2023). Sin embargo, la empresa OpenAI indicó  que  para  fines  del  año  2023  estaría lista  su  versión  ChatGPT-5,  aunque  luego  afirmó que podría tardar un tiempo más pero indicó que incrementaría el ChatGPT  a 32 mil token. Así, lo que podrían lograr estas nuevas versiones de IA desafían a la  imaginación.

Las  posiciones  ante la  IA  han  oscilado  entre minimizarlas  y  denominarlas  “loros  estocásticos”  (como  lo  ha  afirmado  Emily  Bender  y  Timmit  Gebru,  entre  otros (Bender, Gebru, McMillan-Major, & Shmitchell, 2021)),  hasta la  posición  de Henry  Kissinger  que  indica  que la  IA  cambia  las  reglas  de  juego  de  la  sociedad  y,  por  tanto, el sentido mismo de la realidad (Weatherby, 2023); es decir, Kissinger pone a  la  IA en una perspectiva de ontología política. La  IA  también ha sido denominada  como una máquina ideológica (Weatherby, 2023).

Ahora bien, la IA, al menos a partir de la experiencia inicial del ChatGPT, como toda  nueva  tecnología, supone mínimo  entrenamiento  o,  en  todo  caso,  un  posicionamiento técnico-estratégico previo para su uso. A la forma de preguntar a  la IA y plantear aquello que se necesita para extraer de la IA su máximo potencial o  instruirla en aquello que se requiere, se le denomina prompt. Saber estructurar un  prompt implica habilidades que, por lo general,  tienen los programadores, de ahí  que  los  primeros  sorprendidos  y  los  más  entusiastas  de  la  IA  hayan  sido los  programadores. Pero,  en  términos  generales, no  se  requiere  de  la  habilidad,  la  experiencia  y  el  conocimiento  de  un  programador  para  utilizar  los  chatbot  de  inteligencia  artificial porque  son  muy  intuitivos  y  a  partir  de  una  mínima  orden  pueden  desplegar  un  volumen  importante  de  información  ya  clasificada  y  estructurada de acuerdo al requerimiento planteado.

El  acceso  al  ChatGPT  es  libre  desde  cualquier  ordenador  en  cualquier  parte  del  mundo  que  tenga  conexión  a  internet,  salvo  en  aquellas  regiones  en  donde  los  accesos  a  cierto  tipo  de  aplicaciones  estén  prohibidas.  Eso  pasó  con  el  ChatGPT  cuando en Italia fue prohibido usarlo (Xataka, 2023). Pero, en todo caso, y más allá  de  las  limitaciones  de  acceso,  es  libre  y  abierto.  Eso  significa  que  cualquier  ciudadano puede acceder al ChatGPT y trabajar con él como a bien tuviere.

Los primeros usuarios, además de los programadores, y que, la verdad, no tuvieron  mayores  problemas  con  los  prompt son  los  estudiantes  de  bachillerato  y  estudiantes  universitarios y,  en  general,  los  jóvenes. Poco  a  poco  utilizaron  las  habilidades del ChatGPT para sus tareas escolares y para integrarlo a sus propias  necesidades.  Sus  profesores, aún  no  advertidos  de  las  implicaciones  de  estas  tecnologías, todavía no saben cómo asumirlas, integrarlas y reaccionar ante ellas y  dudan si añadirlas como instrumentos de aprendizaje o expulsarlas como amenaza  al modelo de enseñanza vigente.

Sin embargo, el debate más potente con respecto a la emergencia de la IA tiene que  ver  con  el  mundo  laboral,  sobre  todo  con  aquellos  trabajos  que  se  sustentan  en  tareas  cognitivas,  desde  aquellas  más  básica  hasta  aquellas más  elaboradas (CNNEspanol, 2023), (Le Monde, 2023). La IA, y el ChatGPT-4 son una demostración  de ello: dan cuenta  que la  IA  tiene la  capacidad  de  desplazar  trabajadores en las  áreas  de  servicios que  utilizan  habilidades  cognitivas. En  ese  sentido  se  produce  una  especie  de  comparación  histórica:  de  la  misma  manera  que  la  robotización  desplazó  trabajos de las cadenas de montaje industrial, así la  IA podría desplazar  trabajadores cognitivos cuyas habilidades pueden ser fácilmente reemplazadas por  la  IA.  Se  han  publicado  ya listas  de  empleos  que  podrían  perderse  a  partir  de la  masificación de los chatbot de IA (El Financiero, 2023).

Esto  plantea  una  cuestión  de  tipo  económico pero  también  sociológico.  En términos  sociológicos tiene  que  ver  con  la  constatación  de  que  las  actividades  cognitivas  en  el  capitalismo tardío,  por  lo  que  puede  apreciarse, no  tenían  altos  niveles  de  exigencia,  porque  aquello  que  se  demandaba  en  los  empleos  con  funciones cognitivas, en realidad, era la continuidad de procesos fordistas pero en  los sectores de servicios que requerían tareas cognitivas. En definitiva, a pesar de  que parecían tareas complejas, en realidad eran más bien tareas simples y que se  inscribían dentro de una lógica productivista e industrial.

Es decir, el capitalismo llevó su episteme productivista hacia el sector servicios y  sus  áreas  cognitivas  y  eliminó de  ellas cualquier  rastro  de  complejidad  y,  por  supuesto, cualquier  posibilidad  de  criticidad.  Los  espacios  críticos  se  reservaban  para  ciertas  áreas  de  las  universidades en  el  mejor  de  los  casos,  pero  el  mundo  laboral,  mercantil  y  productivo  no  requiere  de  pensamiento  crítico  ni siquiera innovador.  Requiere  de  un  pensamiento  funcional  que  se  mueva  dentro  de  las  coordenadas  de  la  episteme  productivista. Un  trabajador  promedio  tiene  que  moverse en función del ritmo que tiene su empresa y, por lo general, las empresas  son lentas y pesadas.

El resultado fue que las tareas cognitivas en el capitalismo tardío eran repetitivas, sin  demasiada  complejidad  y sin  posibilidades  de  salir  de  sus  marcos  epistemológicos y, obviamente, sin ninguna posibilidad de crítica. Los trabajadores  de cualquier sector  tenían que rendir de manera eficiente y bajo las coordenadas  institucionales definidas por las corporaciones o las pequeñas empresas a un ritmo

pausado y lento. Los empresarios, de su parte, nunca veían más allá de la  tasa de  rendimiento del  corto  o mediano  plazo  y,  para  ellos, la  complejidad  se  remitía  a cómo  incrementar  esa  tasa  de  retorno  y  cómo  enfrentar  a  los  consejos  de  administración.

Para  los  pequeños  emprendimientos  empresariales,  la  lección  estaba  clara:  para  triunfar en el capitalismo había que seguir en el sendero de aquellos que lo habían  logrado, y ninguno de ellos triunfó por fuera de ese sendero. Para los que estaban  en  el  desempleo  la  situación  era  más  desesperada  porque  el  propio  sistema  capitalista  los  había  orillado  por  fuera  de  la  lógica  productivista.  Se  sentían,  en  tanto desempleados, como una carga para sus familias e, incluso, para sí mismos.

Así,  los  sistemas  educativos  se transformaron en  cajas  de  resonancia  de  aquello  que  necesitaba  el  capitalismo  y  funcionalizaron  la  educación  hacia  esos  parámetros productivistas. Muchas tareas cognitivas quizá tenían su complejidad,  pero  cuando  formaron  parte  de  los  procesos  de  acumulación  de  capital,  transformaron  esa  complejidad en  un  conjunto  de  habilidades que  fueron  simplificándose y optaron por masificarlas.

Por ello, la emergencia  de las  redes sociales encuentra a la  sociedad  desnuda  de  complejidad.  Encuentra  a  los  seres  humanos  trasgredidos  por  la  violencia  de  la  acumulación  de  capital  y  buscando  en  el  mundo  virtual  aquellos  asideros  ontológicos  para  sobrevivir  en  la  realidad. Ante  la  IA  nuestros  baremos  son  tan  básicos  que  nos  sorprendemos de las  capacidades  de la  IA y  pensamos  que  esta  herramienta en realidad puede ser una amenaza a la vida misma.

Hacia el extractivismo digital 

En las  redes sociales, las  personas  buscan  ventanas de evasión  o mecanismos  de  reconocimiento,  participación  y  lazos  que de  alguna  manera las  vinculen  a  la  sociedad. Por eso, ponen imágenes, textos y comentarios que tienen que ver con su  diario  vivir,  con  sus  opiniones  o,  simplemente,  como  paseantes en  las redes  sociales. Pero a través de ello quieren crear conectores con la sociedad y, como no  tienen otra opción, ponen su vida cotidiana a la exposición y escrutinio público de  esas redes. Es su vida cotidiana el vector y el conector que las integra al mundo a  través de las redes sociales.

Pero la vida cotidiana en el capitalismo tardío tiene ya trazadas sus posibilidades y  expectativas.  Lo  fausto  e  infausto  están  prescritos  en  la  banalidad  de  esa  vida  cotidiana. Por ello, las redes sociales que más éxito tienen son, justamente, aquellas  que  más  banalizan  esa  vida  cotidiana,  porque  en  esa  banalidad  las  personas  pueden  reconocerse  y  pueden  adaptarse.  Por  eso  Umberto  Eco  denostaba  de las  redes  sociales, “las  redes  sociales,  decía  Eco,  generan  una invasión  de imbéciles” (La Ciudad Revista, 2022). Pero ahora, y a pesar de eso, no hay político o personaje  público que no se cuide de las redes sociales. Su peso social y político es evidente. Su trascendencia es innegable.

Pero el capitalismo nunca pierde sus brújulas. La exposición de un narcisimo naif en  las  redes  sociales fue  inmediatamente  convertida  en  modelo  de  negocios.  Emerge una nueva forma de extractivismo esta vez dedicada a la explotación de los  datos  personales  de  todas  y  cada  una  de  las  personas  que  utilizan  las  redes  sociales. Ahí donde una persona coloca una imagen cualquiera, un like o un post,  en  esta  nueva  industria  del  extractivismo de  los  datos,  ese  acto  se  integra  a  un modelo  de  negocios  que  tiene  por  objetivo  procesar  esos  millones  de  datos  que  provienen de la información  que cada persona coloca en  sus  redes  sociales, para  extraer  de esa información aquella  que  puede  ser  utilizada  por  una  determinada  corporación.

Así,  surge  un  modelo  de  negocios  en  el  capitalismo  en  el  cual  la  materia  prima  tiene un  valor marginal cero, es decir, es gratuita. En efecto, las personas que de  forma cotidiana ponen su información, sus gustos, preferencias, fobias y opiniones  en redes sociales, lo hacen de manera libre, espontánea y gratuita.

Con  esa  materia  prima,  nuevas  empresas  extractivas  se  dedican  a  extraer  información  y  venderla  a  corporaciones  que,  ante  esa  posibilidad,  también  cambian  sus  modelos  de  negocios.  Desde  empresas  de  seguridad,  espionaje,  distribución,  farmacéuticas,  turismo,  deporte,  textiles, y  otros  sectores, hasta  gobiernos e  incluso  el crimen  organizado,  todos  ellos  necesitan  datos  para  orientarse en la incertidumbre de los mercados unos y, otros, para ejercer control  y dominación.

Las empresas siempre han buscado datos al igual que los gobiernos y los políticos.  Siempre  han  tratado  de  inscribir  la  incertidumbre  del  mercado  dentro  de  parámetros  de  confianza.  Si  antes  los  estudios  de  mercado o  los  estudios  de  los  comportamientos  y  expectativas  de  los  electores, eran  costosos  y  demandaban  mucho tiempo, ahora, en cambio, son casi inmediatos y de menor costo.

Las  corporaciones  pueden  pagar  por  esa  información  y  pueden,  gracias  a  ella,  personalizar la oferta. Es un fenómeno relativamente inédito en el capitalismo que  siempre había  visto tanto a la demanda como a la oferta como fuerzas ciegas que  obedecían  a  leyes  casi  naturales.  De  hecho,  ese  era  el  nombre  con  el  cual  las  designaban y comprendían: como fuerzas de mercado. El equilibrio de mercado se  asumía como un producto espontáneo de esas fuerzas casi naturales.

Pero  esas  indomables  fuerzas  de  mercado  ahora  empiezan  a  ser  sometidas  a  control.  Una  utopía  que  hace  algunos  años  habría  sido  imposible  siquiera  de  imaginar.  La  oferta  de  una  empresa,  que  siempre  era  un  dato  insondable  y  que  tenía que ser calculado más por la experiencia pasada que por la previsión futura,  ahora, gracias a ese nuevo extractivismo de los datos, empieza a convertirse en una  certeza.  La  empresa  puede  endogenizar  la  oferta,  es  decir,  la  oferta  deja  de  convertirse  en  una  fuerza  de mercado  para  transformarse  en  una  determinación  de  la  empresa.  Para  ello  necesita  información.  Se  trata  de  una  información  que  tiene que ser precisa, inmediata, y contextualizada.

Obtener  esa  información,  para  cualquier  empresa, significa  costos  que  tiene  que  asumirlos  para  orientar  sus  capacidades  tanto  productivas  como  empresariales.  Por ello, una de las ramas que más desarrollo ha tenido en el capitalismo tardío no  es tanto aquella de las capacidades productivas de la industria y la empresa, sino  aquella del marketing.

Ahora,  gracias  a la información  que las  personas  ponen  de  forma  gratuita  en las  redes  sociales,  hay  la  posibilidad  de  que  las  corporaciones  tengan,  finalmente,  acceso a esa información tan delicada y tan importante que es fundamental para su  modelo de negocios. Las redes sociales se convierten en captadoras de información  por  la  cual  no  pagan  absolutamente  nada  y  luego  convierten  a  esa  información  colocada  por  las  personas  en  las  redes  sociales,  en  materia  prima  sobre  la  cual trabajan  otras  corporaciones  para  extraer  información  precisa  y  delicada  con  destino específico.

Así, la industria del  turismo sabe cómo reaccionar ante la información y se crean modelos de negocios antes inconcebibles y que tienen como soporte, de una parte  la  flexibilización  laboral  y,  de  otra,  el  extractivismo  digital, como,  por  ejemplo,  Airbnb.  Se multiplican  las  empresas  de  distribución  como  Glovo,  Rapi,  Uber.  Las  corporaciones  farmacéuticas pueden  posicionar  de  mejor  manera  sus  marcas  y  pueden lograr  un  consenso  sobre la medicalización  de la  vida  social.  Todos  esos  modelos  de  negocios  se  formulan  y  establecen,  precisamente,  desde  el  nuevo  extractivismo.

Una  persona  puede  colocar  una  imagen  sobre  una  situación  cualquiera  que,  inmediatamente, ese acto  se inscribe en este  nuevo extractivismo  que,  sumada a  las  imágenes  o  los  datos  que  otras  personas  han  hecho  de  forma  espontánea,  voluntaria  y  libre se  convierten en  un  caudal  de  datos  que  crece  de  forma  exponencial. Son datos que  tienen que ver con la vida misma de esa persona: sus  amigos,  sus  viajes,  sus  deseos,  sus  pasiones,  sus  odios,  sus  aventuras,  sus  fobias,  sus  expectativas,  en  fin.  Esos  datos  entran  en  una  maquinaria  de  procesamiento  que tiene por objetivo permitir a las corporaciones endogenizar la oferta a través  del control de la demanda. Ese extractivismo digital  tiene nombre, lo denominan  big-data, machine learning, deep learning, etc.

Pero no solo son las corporaciones, son  también los gobierno y los políticos. Uno  de los debates más importantes en la primera elección de Donald Trump en EEUU  tuvo  que  ver  con  la  manipulación  en  las  redes  de  los  comportamientos  de  los  electores a través de la empresa Cambridge Analytica. Otro de los escándalos fue la  denuncia  de  Snowden  sobre  la  sociedad  panóptica  que  transfería  a  sus  organizaciones  de  inteligencia,  espionaje  y  control,  datos  sensibles  de  todos  sus  ciudadanos.

El  extractivismo  digital  busca  encontrar  patrones,  tendencias,  conductas,  comportamientos que  sean  predecibles  y  consistentes.  Una  vez  que  los  ha  encontrado procede a empaquetarlos y venderlos. Las corporaciones compran esa  información  porque  gracias  a  ella  pueden  posicionar  marcas,  definir  el  ciclo  de  vida de esas marcas, conocer los comportamientos futuros de la demanda, conocer  el  mercado,  anticiparse  a  sus  incertidumbres,  predecir  tendencias,  personalizar  productos y servicios, detectar necesidades insatisfechas o crearlas, etc.

Por supuesto que las personas que de  forma cotidiana colocan su información en  las  redes  sociales  no conocen  de  esta  dinámica  o,  si  la  conocen,  no  la  toman  en  cuenta  porque  no la  consideran  un  riesgo,  o  creen  que,  por  último, vale  la  pena  asumir ese riesgo.

La  teoría  económica  también  gira  hacia  esas  nuevas  dinámicas:  los  complejos  algoritmos que extraen y procesan la información se piensa que tienen la forma de  las redes neuronales y, así, el discurso económico se inventa la “neuro-economía”.  Gracias a la información recibida y al extractivismo de los datos surge la “economía  del comportamiento”. En estos nuevos campos analíticos, muchos de los conceptos  de la teoría económica tienen que revisarse porque los consumidores demuestran  ser más estocásticos, es decir más imprevisibles de lo que la teoría económica los  consideraba.

Del extractivismo digital a la IA 

El  extractivismo  de  los  datos  es  una  forma  diferente  de  extractivismo  y  se  convierte  en  una  característica  del  capitalismo  tardío.  Para  procesar  miles  de  millones  de  datos  en  segundos,  se  necesitan  capacidades  tecnológicas  impresionantes.  Es  desde  esa  necesidad  del  mercado  y  del  capitalismo  que  emergen  y  se  constituyen  los  algoritmos  que  procesan  esos  datos  y  que  tienen  capacidades  heurísticas.  Esos  algoritmos  son  el  antecedente  de  la  inteligencia  artificial. Hay algunas experiencias al respecto. Está por ejemplo, el programa Deep  Blue  que  en  1997  venció  a  Kasparov,  entonces  campeón mundial  de  ajedrez,  sin  tener  que  recurrir  a  jugadas  previas de  su  base  de  datos,  sino  a  sus propias capacidades heurísticas.

Esos  algoritmos  están  presentes  en  los  motores de  búsqueda  de  Google,  por  ejemplo,  y  sesgan  desde  el  inicio  cualquier  tipo  de  búsqueda  al  tiempo  que  integran  esa búsqueda de  datos hacia  el  nuevo  modelo  de  negocios de  empaquetamiento  y  procesamiento  de  información  (el  deep  learning).

Precisamente por ello la empresa Alphabet, que controla Google, es una de las más  importantes del mundo.

El  desarrollo  de  algoritmos  con  capacidades  heurísticas  da  paso  a la inteligencia  artificial.  Si  un  algoritmo  puede  conducir,  estructurar  y  definir  la  forma  de  un  motor de búsqueda en internet, al tiempo que puede identificar aquellos datos que  son imprescindibles  para sostener un modelo  de  negocios, entonces el algoritmo  puede  hacer  un  bucle  sobre  sí  mismo  y  puede  derivar  en  un  proceso  heurístico  sobre sí mismo. Si es capaz de hacer eso entonces el bucle se retroalimenta sobre sí  mismo y sus capacidades heurísticas empiezan a convertirse en probabilísticas, es  decir,  la  forma  por  la  cual  encadena  información  tiene  la  apariencia  de  ser  inteligente. De esta forma, ese algoritmo puede superar el test de Turing.

Pero siempre es un algoritmo. Su capacidad heurística le permite retroalimentarse  y ser cada vez más performante porque trabaja con probabilidades. Ha nacido en el  interior  de  un  proceso  del  capitalismo  digital  y  con  relación  al  extractivismo  digital.

Es ese fenómeno el que emerge con los chatbot de IA. Son algoritmos vinculados a  la  red  internet  que  permiten  construir  respuestas  inteligentes  cada  vez  más  precisas. Pero esas  respuestas  son  heurísticas  y  probabilísticas al mismo  tiempo.  De  ahí  nace  su  aparente  precisión  y  es  este  nivel  de  precisión  lo  que  llama  la  atención.  Pero,  en  definitiva, un  chatbot  de  IA  no  es  más  que  un  algoritmo  heurístico  que  responde  en  función  de  probabilidades  estadísticas.  Pero  son  respuestas cuyas coordenadas ya están definidas de manera previa.

En efecto, si el capitalismo integró las tareas cognitivas dentro de sus necesidades  de  acumulación,  es  de  suponer  que  la  capacidad  de  preguntas que  se  le  puede  hacer  al  chatbot  de  IA está  condicionada  por la  estructura misma  de la  sociedad  capitalista. No se puede preguntar más allá del horizonte que esa misma sociedad  ha  creado.  Y  ese  es  el  límite  de  la  IA,  porque  su  capacidad  de  respuesta  no  está  limitada  por  el  algoritmo  y  su  capacidad  de  acceso  a  datos  sino  por  las  restricciones de  su propia  sociedad,  vale decir, por nuestras propias limitaciones  para ver más allá de la acumulación de capital.

De ahí que las primeras preguntas y las primeras formas de utilizar y trabajar con  los  chatbots  de  la  IA  tengan que  ver  con  el  mercado  y  con  su  integración  a  los  modelos de negocios del capitalismo. Integramos el chatbot de IA a la ideología del  emprendimiento,  a  la  búsqueda  de  rentas,  a  la  implementación  de  nuevos  negocios,  solo  después  de  eso  pensamos  si sería  más  coherente  estructurar  preguntas  que  tengan  con  el  sentido  mismo  de  las  sociedades  que  estamos  creando.

La humanidad necesita respuestas que vayan más allá del mercado capitalista y su  lógica  de  corto  plazo.  Es  entonces  cuando  comprendemos  que  el límite  no  es  el  chatbot  de  IA  que,  en  definitiva,  no  es  más  que  una  herramienta  de  trabajo.  El  límite real somos  nosotros mismos  porque  no  podemos  utilizar  esa  herramienta  para  intuir más  allá  de  los  estrechos  horizontes  en  los  cuales  el  capitalismo  ha  encerrado a la humanidad.

Esto hace que esta herramienta sea vista como una amenaza a la sociedad. Muchos  empleos  que  utilizan  tareas  cognitivas  bien  pueden  ser  reemplazados  por  los  chatbot  de  IA,  a  un  menor  costo  y  una  mayor  productividad.  Es  una  dinámica  constante  en  el  capitalismo,  porque  a  medida  que  cierto  tipo  de  empleos  y  destrezas desaparecen se crean otros nuevos. Lo que los chatbot de IA nos señalan  es que esos empleos forman parte de un mundo que está en transformación y que  ha  dejado  de  utilizarlos,  porque  la  sociedad  ya  no  los  necesita;  pero,  en  cambio,  necesita otras destrezas y otras habilidades.

Los  chatbot  de  IA solamente  significan  que  tenemos herramientas que,  por  el  momento,  parece  excedernos,  y  nos  exceden porque  el  modelo  de  sociedad  que hemos  creado tiene  limitaciones y  las  asumimos  como  límites  finales  cuando en realidad solo son señales  de transformaciones  más  vastas  y  profundas. Cabe  entonces reflexionar sobre esas transformaciones, sobre sus contenidos, sobre sus  formas, sobre sus posibilidades.

Están ahora ahí. En poquísimo tiempo los chatbot de IA nos apelan, nos interrogan,  nos  cuestionan,  no  sobre  la  humanidad  sino  sobre  nuestra  estructura  social,  porque si amenazan a cierto tipo de empleos eso no debe verse como una amenaza  sino más  bien  como  la  oportunidad  de  explorar  algo  que,  en  definitiva,  nos  concierne  en  tanto  sociedad.  Pero  es  la  estructura  capitalista  de  nuestras  sociedades la que nos orilla a ver esas señales de cambio como amenazas, es ella la  que nos genera miedo, la que nos pide una tregua en el desarrollo de la IA. La que  nos  obliga  a  ser  ludditas  como  un  ejercicio  desesperado  de  conservar  al  capitalismo sin posibilidad de cambio.

Asumamos  entonces  el  reto  de  pensar  esos  desafíos  por  fuera  del  corsé  de  esa  estructura capitalista. Si Kissinger tiene razón y la IA cambia las reglas de juego de  la  realidad,  entonces  tratemos  de  vislumbrar  esa  realidad  que  puede  emerger  desde ese cambio de las reglas de juego provocado por la IA.

Un mundo en transición: los desafíos a la educación 

La IA es un vector que atraviesa a toda la sociedad. Los sistemas educativos se ven  interpelados  por  la  IA.  Su  forma  de  proceso  de  enseñanza-aprendizaje  se  construyó sobre una construcción social que se definía desde la ética del trabajo, el  productivismo, la acumulación, la competencia y la idea de crecimiento económico  sin fin que, en realidad, es la puesta a punto de la idea decimonónica del progreso.

La educación, en el capitalismo tardío, abandonó toda promesa de emancipación y  humanismo  por  la  apuesta  fácil  de  las  habilidades  y  las  competencias  que  el  mercado  exige  y  reclama.  Nada  más  lejos  de  aquello  que  los  griegos  clásicos  llamaban  paideia  para la  educación  de  su  sociedad  que  el  formato  educativo  del  capitalismo tardío.

En  ese  proceso,  desde  la  formación  temprana,  pasando  por  la  formación  intermedia  hasta  las  universidades y  los  posgrados,  el  formato  es el  mismo:  la  educación tenía que insertar a las personas, en tanto ciudadanos y ciudadanas, en  una  trama  civilizatoria  que  tenía  construidas sus  respuestas  fundamentales y  de  los  cuales  requería  cierto  tipo  de  habilidades  y  conocimientos  para  devenir  trabajador, funcionario o empleado.

El  aprendizaje  de  habilidades  y  destrezas,  la  abstracción,  la  contextualización,  la  capacidad de relacionar, entre otras, de una manera u otra, formaban parte de esa  trama epistemológica de la educación por competencias concretas que nacían y se  definían desde la lógica del mercado.

Pero la IA altera esa trama epistemológica porque se convierte en una herramienta  tan  poderosa  que  todos  los  baremos  de  evaluación  y  todas  las  formas  de  enseñanza-aprendizaje  se  ven  alteradas. Desde  las  tareas  escolares,  hasta  la  redacción  de  papers  de  investigación  científica,  todos  ellos  van  a  ser  transformados  radicalmente. Un  niño  o  un joven  pueden, gracias a la  IA,  realizar  esas  tareas  de  forma  tan  rápida  que  liberan  su  tiempo  para  aquello  que  ellos  consideran más importante, el juego. En las universidades, muchas tareas también  convergen hacia estas nuevas herramientas y facilitan el trabajo de los estudiantes  al riesgo de impostar  todo su proceso  formativo. En el caso de la industria de los  papers  científicos  es  más  importante  aún  la  transformación  que  provoca  la  IA  porque  ahora  un  paper  científico  puede  escribirse  en  minutos y  hacer  de  cualquiera un investigador experimentado.

Esto  quiere  decir  que  es  la  forma  con  la  que  ha  sido  construido  el  sistema  de  enseñanza-aprendizaje  el  que  se  ve  transformado  con  las herramientas de  la  IA.  Pero  hay algo  que las  herramientas  de la  IA  no  pueden  hacer, por más que  sean  cada vez más potentes y es la capacidad crítica.

Entonces,  si  los  chatbot  de  IA  amenazan  al  sistema  educativo  y  universitario  es  porque son sistemas que nunca se construyeron ni definieron desde capacidades  críticas  sino  que  siempre  fueron  sistemas  estáticos,  de  ahí  su  tendencia  a  la  escolástica,  es  decir  a  la  absolutización  de  sus  parámetros  epistemológicos.  Consideraron  al  orden  existente  como  dado  y  establecido  en  sus  coordenadas  históricas y sociales. Sobre eso construyeron un sistema educativo que obliteró las  capacidades  críticas  y  que,  ante  su irrupción,  optó  por  soslayarlas, minimizarlas,  recluirlas o, en el peor de los casos, perseguirlas.

La  capacidad  crítica  es inmune  a  los  chatbot  de  IA,  porque implica  una  posición  epistemológica y ontológica que es irreductible a estas herramientas. La capacidad  crítica  comprende  a  los  chatbot  de  IA  como  lo  que  son,  como  herramientas  al  servicio de esa capacidad crítica. No hay peligro de la hipóstasis ni tampoco de la  impostación.

La  capacidad  crítica  genera  una  distancia  entre  el  sujeto  y  el  mundo  en  el  cual  puede situar esa crítica al mundo. No asume al mundo como algo ya establecido y definido  sino  más  bien  como  algo  que  está  en  permanente  cambio  y  transformación.  La  capacidad  crítica  advierte  de  esos  cambios  y,  justo  por  ello,  puede incidir sobre ellos.

Pero será difícil que los sistemas educativos y universitarios puedan cambiar hacia  posiciones  críticas.  En  ellos  la  praxis  estratégica  de  individuos  que  ven  a  sus  prójimos como competencia en mercados laborales cada vez más cerrados y más  precarizados,  se  convierte  en  una  ontología  de  lo  real.  No  hay  espacios  para  capacidades  críticas  en  el mundo  de la  competencia mercantil.  Y  esa  es la  trama  civilizatoria del mundo.

Por  ello  los  chatbot  de  IA  generan  una  aporía  para  el  sistema  educativo:  se  convierten  en  herramientas  que el  sistema tiene que  expulsarlas  o  someterlas a  escrutinio permanente  para  que  no rebasen  sus  fronteras.  En  vez  de  ser  herramientas  que  potencien las  capacidades  críticas más  bien  se  transforman en  amenazas al mundo que deben ser controladas.

Pero de manera independiente de su pretendido control o expulsión, la cuestión es  que  millones  de  estudiantes  probablemente  utilizarán  los  chatbot  de  IA  para  resolver  sus  problemas  y  tareas  escolares  y  universitarias.  Habrá  maestros  y  académicos  que  intentarán  inscribirlas  dentro  de  sus  procesos  de  enseñanza  aprendizaje, otros que serán indiferentes  y otros que los prohibirán, pero eso no  impedirá su masificación. Habrán muchos investigadores que empezarán a utilizar  esas  herramientas  para  sus  papers  científicos  y  podrán  ser  tan  prolíficos  que  provocará el colapso del sistema de revistas indexadas y factores de impacto.

Y  esto  da  cuenta  de  otra  aporía:  los  sistemas  educativos  dan  la  espalda  a  las  transformaciones  sociales en  las  que  ellos viven y  se  convierten  en  fuertes  obstáculos  para  esas  transformaciones.  Contrariamente  a  lo  que  se  cree,  hay  circunstancias  históricas  en  las  que  las  escuelas  y  universidades  son  la  mejor  garantía  para  que  las  sociedades  no  cambien.  Forman  a  individuos  que  son  incapaces  de  comprender  esas  transformaciones  y  que  no  han  desarrollado  capacidades críticas y que no pueden comprender su propio momento histórico.

Quizá valga la pena un ejemplo. A fines del año 2008, en pleno contexto de la crisis  financiera, se publicó un  texto bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto sobre el  bitcoin. A partir de entonces hubo un desarrollo espectacular de las criptomonedas  y,  de  hecho, se  han convertido  en  uno  de  los  fenómenos  más  importantes  del  capitalismo  tardío.  Sin  embargo,  décadas  después  de  ese  acontecimiento,  en  ningún  libro  de  política  monetaria  de  las  diversas  facultades  de  economía  del  mundo, hay un capítulo sobre la política monetaria de las criptomonedas.

Otro  ejemplo:  es  indudable  que  la  noción  de  crecimiento  económico  provoca  alteraciones en los ciclos naturales que ahora se identifican con el calentamiento  global. Pero en el debate global aún se utiliza la noción de Producto Interno Bruto  como baremo de la riqueza de una sociedad, cuando está claro que es justamente  que desde esa noción que se ha provocado el cambio climático.

Por lo tanto, si es necesaria una transformación que acompañe al desarrollo de la  IA  tiene  que  darse  en  los  sistemas  educativos  que  tendrán  que  incorporar  dimensiones críticas al mundo. Si le preguntamos a la IA sobre el PIB de un país y  su  relación con el calentamiento global, por supuesto que las  respuestas que nos dé la  IA  no  podrán  ver más  allá  de los  paradigmas  vigentes,  solo  una  conciencia  crítica será capaz de hacerlo.

¿El fin de la producción? 

Hay otro aspecto que anuncia cambios importantes a partir de la emergencia de la  IA  y  tiene  que  ver  con  el  empleo.  Se  asume  que  la  integración  de  la  IA  a  los  procesos  productivos  afectará  los volúmenes  de  empleo  que  se  generan  en  el  capitalismo.  Esta  idea  nace  de  la  relación  que  hay  entre  trabajo  e  ingreso  monetario. Es una relación que consta en los orígenes del capitalismo y que se ha  configurado  como  parte  de  su  estructura  más  fundamental.  El  ingreso  es  una  función del empleo. Aquellos que no tiene empleo no tienen ingresos. La cantidad  de ingresos, además, define la posición dentro de la escala social y la cantidad de  bienes y servicios que se pueden adquirir.

La  primera  forma  por  la  cual  se  racionalizó  la  relación  entre  ingresos  y  empleo  consta  en  las  primeras  teorías  del  valor  de  la  economía  clásica  del  siglo  XVIII,  fundamentalmente,  Adam  Smith.  El  valor,  para  Smith,  está  determinado  por  la  cantidad de trabajo. A partir de entonces, la relación entre valor, trabajo, ingresos y  producción  han  ido  de  la  mano.  Sin  embargo,  el  mismo  Adam  Smith  hacía  referencia a la división del trabajo y su relación con la productividad. Es clásico su  ejemplo  del  taller  de agujas en  donde la  división  de  tareas hacía  que el  pequeño  taller multiplique su capacidad de producir agujas, algo que si se hubiera hecho de  manera individual no habría sido posible (Smith, 1983, pp. 49-56).

Esto permite, al menos, dos intuiciones básicas y que tienen que ver con el mundo  del siglo XXI: el proceso de valorización del mundo siempre será humano (el valor de  las  cosas  siempre  será humano  independientemente de que  lo  hagan  las  máquinas);  y,  la  división  del  trabajo  llevada  al  infinito  puede  generar  una  productividad infinita.

En  una  productividad que  tiende al infinito,  no  obstante, no  hay  trabajo  humano  (porque  el  trabajo  humano siempre es  finito).  Pero  si  no  hay  trabajo  humano,  entonces  ¿cómo  se  genera  el  valor?  Si  el  valor  siempre  es  una  determinación  humana pero la división del trabajo excluye al trabajo humano ¿qué sustrato debe  tener el valor?

Esta  aporía  fue  descrita  por  el  economista  inglés  David  Ricardo,  en  el  siglo  XIX,  cuando distinguía entre el concepto de valor y aquel de riqueza como diferentes y  proporcionalmente  inversos (Ricardo, 1973, Capítulo XX).  El  valor  es  una  determinación humana pero la riqueza es su consecuencia. Una riqueza infinita es  compatible con un valor con tendencia cero. En esa aporía, Marx situaría el origen de  las  crisis  en  el  capitalismo y  sus  contradicciones cuando  realiza  el  contraste  entre el  valor  con la  división  del  trabajo  (que lo  denominará  como  “composición  orgánica  del  capital”) y la  posibilidad  del  valor  cero  (que lo  denomina  tendencia  decreciente de la tasa de ganancia).

Ahora bien, esas aporías que constan en la estructura fundamental del capitalismo  se  revelan  e  irrumpen  en  el  siglo  XXI  y  se  constatan  con  más  precisión  con  la  emergencia de la IA.

Es  de  suponer  que  la convergencia  de  la  IA  a  los  procesos  productivos  en  el  capitalismo,  incrementará  de  forma  exponencial los ya  altos niveles  de  productividad del  capitalismo  tardío,  como  en  su  momento  lo  hicieron  la automatización y robotización de las cadenas de montaje. Cada vez será menor la  presencia  humana (es  decir  el  valor) en los  procesos  productivos,  pero  cada  vez  será mayor la riqueza que esos procesos productivos generen. En otras palabras, la  sociedad del siglo XXI puede crear un volumen de riquezas nunca antes visto con  apenas una parte marginal de su población.

Esas posibilidades productivas con cada vez menos trabajadores se deben a que la IA puede lograr la convergencia de otras tecnologías del siglo XXI para cambiar de  manera  importante  la  producción  y  distribución,  como  por  ejemplo,  las  nanotecnologías,  las  biotecnologías,  la  robótica,  la velocidad  de  la  conexión  en  redes y la impresión 3D.

Es una realidad que empieza a conformarse y que, de hecho, no constaba en el siglo  XX.  Ahora,  la  humanidad  incluso  ha  retomado  la  carrera  espacial  y ha  incrementado su capacidad de conocimiento sobre el espacio. Es una carrera en la  cual, por vez primera, aparecen imbricados el Estado y las corporaciones privadas.

Es  en  el  siglo  XXI  que  emerge  con  toda  la  fuerza  la  aporía  detectada  por  David  Ricardo y Carlos Marx en el siglo XIX, aquella que tiene en la ley del valor trabajo  su expresión y desarrollo: la aporía entre valor y riqueza. Es posible, en el siglo XXI,  producir más riqueza y solo con una fracción de trabajadores que se utilizaron en  el siglo XX.

En  el  siglo  XXI  la  resolución  de  esa  aporía  entre  valor  y  riqueza  se  ha  realizado desde la especulación financiera y las crisis financieras. En efecto, son tan grandes  los  montos  que  se  transan  en  los  mercados  financieros  que  comprenden  varias  veces  la  producción  nacional  bruta  de  todo  el  planeta. El  Banco  de  Pagos  Internacionales  indicaba  que  en  junio  del  año  2022  se  habían  realizado  transacciones  de  derivados  financieros  en  los  mercados  sobre  el  mostrador  (llamados mercados OTC) por 632 billones de USD (BIS, 2022).

Esas cantidades de la especulación financiera jamás tocarán tierra, es decir, jamás  aterrizarán al sector real, a la producción. Es imposible que algún momento salgan  de la esfera especulativa y se destinen a la producción, porque provocarían crisis por  sobreacumulación.  Son  cantidades  que  seguirán  girando  sobre  sí  mismas,  como un satélite virtual, sobre las capacidades productivas de la humanidad. Pero  es la  forma por la cual el capitalismo del siglo XXI ha logrado, hasta el momento,  resolver esa aporía entre riqueza y valor.

Sin  embargo,  la  irrupción  de  la  IA  altera  el  ritmo  por  el  cual  se  relacionaba  producción, distribución y especulación financiera. La convergencia de la IA hacia  la  producción  es  un  hecho,  así  como  es  un  hecho  que  esa  convergencia  va  a  multiplicar  de  forma  exponencial  la  riqueza  disponible. La  esfera  especulativa  financiera, por tanto, no podrá ser capaz de regular esa relación, porque un efecto  de esa regulación son las crisis financieras y la subsunción de la política monetaria  hacia  la  esfera  financiera  especulativa.  Un  nivel  de crecimiento  en  los valores  vigentes puede provocar crisis  financieras más profundas y más graves. Algo que  tiene  consecuencias  políticas  y  sociales  evidentes. Quizá suene  paradójico  y  contradictorio pero las crisis en el capitalismo se generan por exceso de riqueza.

Así, pues, el  siglo XXI  se confronta a un desafío  que antes era inimaginable: para  resolver  la  aporía  entre  valor  y  riqueza  tiene  que  proceder  a  la  separación  del  trabajo  de  la  producción capitalista,  porque  la  cantidad  de  trabajadores que  se necesita  para  producir  cada  vez  será  marginal.  La  IA  llevará  a  tales  niveles  de  productividad  que  donde  antes  existían  un  número  importante  de  trabajadores  ahora  se  habrán  reducido  al  mínimo.  Pero  al  mismo  tiempo,  la  IA  convocará  a  nuevos empleos que ya no tienen relación directa con la producción. Es solamente  la  evidencia  de  esa  aporía  detectada  por  la  economía  clásica  del  siglo  XIX  entre  valor y riqueza.

Pero el capitalismo es incapaz de resolver esa aporía entre valor y riqueza con los  marcos  institucionales  heredados  del  siglo  XX.  Tendrá  que,  necesariamente,  cambiarlos  y  una  de  las  primeras  formas  de  hacerlo  es  separar  el  trabajo  de  la  producción y el ingreso del empleo.

¿Cómo  hacerlo?,  ¿qué  consecuencias  supone?  La  relación  entre  trabajo  y  producción  mediada  por  el  salario  es  uno  de  los  puntales  del  capitalismo.  Transformar  esa  relación  significa  transformar  al  capitalismo. Si  el  proceso  de  valorización  del  mundo  siempre  será  humano,  entonces  esa  valorización  le  corresponde ahora a la sociedad, no al mercado. La resolución de la aporía que se  suscita en el siglo XXI implica que el  trabajo debe  retornar a su locus original: la  sociedad.

La  valorización  del  mundo  deja  de  ser la  puesta  en  valor  del  mundo,  es  decir,  ponerle  precio  (eso  sería  fetichismo  mercantil)  para  convertirse más  bien en su  humanización,  es  decir,  vincular  los  individuos (y  sus  capacidades)  a  las  sociedades a  partir  del  trabajo.  El  trabajo  se  convierte  en  vínculo  social.  La  valorización deviene en la transformación del mundo.

La  IA  y  otras  tecnologías  del  siglo  XXI  pueden llevarnos  a la  división infinita  del  trabajo, es decir, a la productividad infinita. Si la productividad tiende al infinito su  valor  tiende  a  cero.  Esto  posibilita,  entonces,  la  separación  del  salario  de  la  producción, al tiempo que vincula el salario a la sociedad.

Pero  eso  no  deja  de  ser  una  utopía,  al  menos  por  ahora,  porque  dadas  las  relaciones  de  poder  en  el  capitalismo  tardío,  lo  más  plausible  es  que las  condiciones de explotación laboral se exacerben.

Pero  eso  no  quita  fuerza  al  argumento  sino  que  da  cuenta  que  las  disputas  que  antes se justificaban desde la economía ahora deben definirse desde la política. Es  decir,  existen  recursos  suficientes  y  necesarios,  por  ejemplo,  para  financiar  una  renta  básica  universal,  para  reducir  radicalmente  la  jornada  de  trabajo,  para  financiar  el  aseguramiento  universal,  para  reducir  la  edad  de  jubilación,  entre  otros aspectos. Pero esa lucha será básicamente una lucha política.

Pienso  que,  en  última instancia,  es  hacia  esas luchas  políticas la  que  nos lleva  el  desafío de la IA y de todas las tecnologías que se crean en el capitalismo del siglo  XXI. La intuición de Marx se revela ahora más pertinente que nunca: un modo de  producción  jamás  desaparece  hasta  haber  agotado  todas  sus  posibilidades.  El  capitalismo, en el siglo XXI, está agotando sus posibilidades. El socialismo siempre  se pensó para sociedades de la abundancia. Estamos en  tránsito hacia sociedades  de  abundancia,  pero  la  lucha  por  abrir  esa  puerta,  aquella  del  socialismo  como  forma social de la abundancia, será feroz, la burguesía bajo ninguna circunstancia  permitirá siquiera acercarse a esa puerta. Pero ahora sabemos que está ahí y que  tenemos que abrirla. Esa es nuestra tarea histórica.

Bibliografía 

BBC. (29 de marzo de 2023). La carta en la que más de 1.000 expertos piden frenar la inteligencia  artificial por ser una «amenaza para la humanidad». Recuperado el 24 de abril de 2023, de BBC: https://www.bbc.com/mundo/noticias-65117146

Bender,  E.,  Gebru,  T.,  McMillan-Major,  A.,  &  Shmitchell,  S.  (2021).  On  the  Dangers  of  Stochastic  Parrots: Can Language Models Be Too Big? Virtual Event , 3 (10), 610-623.

BIS. (30 de November de 2022). OTC derivatives statistics at end-June 2022. Recuperado el 25 de  abril de 2023, de BIS: https://www.bis.org/publ/otc_hy2211.htm

CNNEspanol.  (29  de  marzo  de  2023).  ChatGPT  y  la  última  ola  de  IA  podrían  afectar  a  unos  300  millones de empleos en todo el mundo, según Goldman Sachs. Recuperado el 24 de abril de  2023, de CNN: https://cnnespanol.cnn.com/2023/03/29/chat-gpt-ia-podrian-afectar-300-millones-empleos-mundo-goldman-sachs-trax/

El  Financiero.  (21  de  marzo  de  2023).  Esta  es  la  lista  de  las  profesiones  que  podrían  verse  más  afectadas con la aparición de ChatGPT, según OpenAI. Recuperado el 24 de abril de 2023,  de  El Financiero: https://www.elfinancierocr.com/tecnologia/esta-es-la-lista-de-las-profesiones-que-podrian/JNEY75CKBRDURLIVYBFPAWJM6I/story/

La Ciudad Revista. (23 de julio de 2022). Umberto Eco: «Las redes sociales generan una Invasión de  Imbéciles».  Recuperado  el  24  de  abril  de  2023: https://laciudadrevista.com/umberto-eco-las-redes-sociales-generan-una-invasion-de-imbeciles/

Le Monde. (25 de abril de 2023). De ChatGPT à Midjourney, les intelligences artificielles génératives  s’installent  dans  les  entreprises.  Recuperado  el  25  de  abril  de  2023,  de Le Monde: https://www.lemonde.fr/economie/article/2023/04/25/de-chatgpt-a-midjourney-les-intelligences-artificielles-generatives-s-installent-dans-les-entreprises_6170873_3234.html

Ricardo, D. (1973). Principios de Economía Política y Tributación. Madrid, España: Ayuso. Smith, A. (1983). La Riqueza de las Naciones. Barcelona, España: Orbis.

Weatherby, L. (21 de marzo de 2023). El ChatGPT es una máquina de ideología. Recuperado el 24  de  abril  de  2023,  de Jacobin: https://jacobinlat.com/2023/04/21/el-chatgpt-es-una-maquina-de-ideologia/

Xataka.  (31 de marzo de 2023).  talia prohíbe ChatGPT por infringir el GDPR: un movimiento  que  vierte  la  sombra  de  la  duda  sobre  toda  Europa.  Recuperado  el  24  de  abril  de  2023,  de  Xataka: https://www.xataka.com/aplicaciones/italia-prohibe-chatgpt-infringir-gdpr-movimiento-que-vierte-sombra-duda-toda-europa

Publicado en: Global, titular2

Harry Belafonte y la CIA

07/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: T.J. Coles

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Una patada al culo de la Agencia

En sus memorias, Harry Belafonte (1927-2023, fallecido la semana pasada) escribió sobre lo que le supuso ser vigilado por la Oficina Federal de Investigación (FBI). Pero archivos desclasificados demuestran que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) también vigilaba al artista y activista de izquierdas, a través de un informante. En la década de 1980, el interés de la Agencia por el artista se había desplazado hacia sus apariciones a favor de la paz en los medios de comunicación soviéticos.

Acosando a Harry

En 1954 la entonces esposa de Harry Belafonte, Marguerite (1923-98), abrió la puerta de su casa a dos agentes del FBI. Belafonte escribió en sus memorias: «me estaban investigando [supuestamente] por mis asociaciones con conocidos comunistas». La experiencia «puso nerviosa» a Marguerite, que contó a los agentes que su marido conocía al cantante y actor Paul Robeson (1898-1976) y al sociólogo e historiador W.E.B. Du Bois (1868-1963), ambos activistas. Hasta ahí llegaba la red comunista de Belafonte.

Cuando volvió a casa y se enteró del acoso, Belafonte no se creyó la historia. «El objetivo de la visita, estaba seguro, era asustarnos y sembrar la desconfianza entre nosotros». Belafonte atribuye a esa experiencia la ruina de su matrimonio. «Marguerite nunca volvió a confiar en mí».

¿Quizá la oportuna visita –que se produjo cuando Belafonte no estaba en casa- fue un prototipo de operación del Programa de Contrainteligencia del FBI (COINTELPRO)? Dicho programa de contrainteligencia fue supervisado por el director J. Edgar Hoover (1895-1972) y funcionó en secreto de 1956 a 1971. El Programa se infiltró, espió y trató de desbaratar prácticamente todas las causas progresistas y de justicia social existentes y en auge, todo ello bajo el pretexto de contrarrestar la subversión soviética interna. Se hizo tristemente célebre por su uso de la guerra psicológica, cuyo ejemplo quizás más notorio fue el hecho de escribir cartas instando al suicidio al reverendo Martin Luther King (MLK, 1929-68).

Belafonte presentó más tarde una solicitud de información en virtud de la Ley de Libertad de Información*. «Recibí un montón de páginas desordenadas, muy redundantes y muy retocadas». Al menos Belafonte pudo confirmar que el FBI había estado vigilándole, revisando «todos los mítines y causas en los que había tenido algo que ver, buscando hasta los más remotos vínculos comunistas.»

Belafonte se enteró de que era su representante, Jay Richard Kennedy (1911-1991), quien le había delatado a los federales, utilizando afirmaciones ridículas y sin fundamento (por ejemplo, que Belafonte era un agente chino); afirmaciones que los responsables de Kennedy en el FBI aparentemente no se tomaron muy en serio. Como veremos, los oficiales de seguridad de la CIA parecieron tomárselas más en serio.

El asesinato de Jack Anderson

Quizá la primera confirmación pública de que Belafonte estaba bajo vigilancia de los agentes federales se produjo en 1972. Jack Anderson (1922-2005), un periodista del Washington Post venerado por sus colegas pero odiado y temido por las élites políticas, sacó a la luz que el Programa de Contrainteligencia del FBI estaba enfocado en los activistas negros.

El artículo de Anderson fue uno de los primeros en confirmar que el FBI invertía millones de dólares en los llamados asuntos raciales. Esto significaba la infiltración en el movimiento de Derechos Civiles. Entre los sujetos sometidos a espionaje estaban Martin  Luther King y su esposa, Coretta; el reverendo Ralph Abernathy y el reverendo Jesse Jackson (nacido en 1941); Roy Wilkins (1901-81), director ejecutivo de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color; y Bayard Rustin (1912-87), director del Instituto A. Philip Randolph. «También son sospechosos los artistas, animadores y deportistas negros que defienden su raza», escribió Anderson. Entre ellos figuran Mohamed Ali (1942-2016), James Baldwin (1924-87), Dick Gregory (1932-2017) y, por supuesto, Harry Belafonte.

Un inciso importante: Anderson era una espina tan clavada en el costado de la Administración Nixon (1969-74) que el entonces presidente autorizó su asesinato. El consejero especial de la Casa Blanca, Charles Colson (1931-2012), dijo al antiguo espía de la CIA, E. Howard Hunt (1918-2007), que investigara la forma de envenenar a Anderson. Contratando al ex agente del FBI G. Gordon Liddy (1930-2021), Hunt se puso en contacto con el experto en venenos de la CIA y aspirante a asesino de Castro, Edward T. Gunn. Hunt y Liddy seguían a Anderson para conocer sus rutinas y tramar el método de asesinato más factible. Por razones aún poco claras, el asesinato se canceló.

Dado que Belafonte recibió los documentos relativos a la vigilancia del FBI -aunque muy censurados-, es decepcionante que ninguno de ellos parezca haber sido digitalizado (en el momento de escribir estas líneas). Normalmente estarían disponibles en la página web Vault del FBI: el sitio de referencia para las solicitudes de Libertad de Información que prosperan. MuckRock acaba de publicar una solicitud al FBI en busca de documentos sobre Belafonte. Esperamos los resultados.

Decirles lo que quieren oír

En teoría, el ámbito de actividades de la CIA son los asuntos exteriores. Pero en la realidad las líneas se difuminan. La Operación Caos (1967-1974) por ejemplo, comprendía múltiples programas diseñados para espiar y sabotear a los movimientos contrarios a la Guerra de Vietnam en EE.UU. Pero los límites entre asuntos internos y exteriores no están claros. Si una persona famosa tiene contactos con comunistas en el extranjero, ¿dicha conexión será del interés del FBI, de la CIA o de ambos?

La primera entrada de la CIA en relación con Belafonte parece ser de noviembre de 1967. A la Agencia le preocupaba que Martin Luther King estuviera reclutando personas muy conocidas para la causa de la justicia y la libertad. Al describir a King como “el dirigente más destacado del movimiento por los derechos civiles de EE.UU.”, la Agencia se lamentaba de que “hubiera buscado y confiado en el consejo” de muchos presuntos comunistas, incluyendo a Belafonte, que según la Agencia pertenecía a la Liga Juvenil Comunista (YLC, por sus siglas en inglés) “antes de alcanzar la fama como artista”. Pero nadie más parece haber sugerido está pertenencia de Belafonte al YLC, lo que indica que las fuentes de la CIA no eran fidedignas o que estaban desesperadas por exagerar la supuesta amenaza del comunismo para los intereses de las élites estadounidenses.

Casi diez años después, en octubre de 1976, el Director de Seguridad en funciones de la CIA, Sidney D. Stembridge (¡928-2002) escribió al Ministerio de Justicia sobre Luther King. El ministerio había estado investigando las operaciones del FBI contra Luther King y preguntó a la CIA si había colaborado con el FBI. Stembridge respondió que ambas agencias se comunicaban entre ellas. El documento confirma que además de ser un confidente para el FBI, el mencionado Jay Richards Kennedy fue también informante de la CIA entre 1958 y 1969. “Informó a este departamento [de Seguridad] principalmente en materias relativas a [censurado]”.

En febrero de 1968 Kennedy dijo a sus referentes de la CIA (al menos uno de ellos era Cecil C. Tighe) que Belafonte había estimulado una conversación entre Sidney Poitiers (1927-2022) y Livingston Wingate** sobre el origen ilegítimo del dinero de Luther King. Claro que se trataba solo de una de las fantasías de Kennedy. Un documento autorizado por Tighe y fechado dos meses después afirma: “Kennedy propone la creación un comité, no del FBI sino de la comunidad de inteligencia para encargarse de Belafonte a partir de ahora”. Tighe añadía que, según Kennedy, el comité «debería desarrollar la inteligencia que demostrara que Belafonte, Martin Luther King, y la Sra. King habín actuado durante años como herramientas al servicio de Pekín».

Es posible que Kennedy hubiera alimentado a la CIA con las mentiras sobre la relación de  Belafonte con el régimen chino, y que luego estas llegaran hasta el FBI. Un memorándum de la CIA basado en la falsa inteligencia de Kennedy describe a Belafonte como «comunista e indudablemente controlado por Pekín».

La información sobre Belafonte se pierde en la década de 1970, a excepción de unos pocos artículos publicados en la prensa generalista, como el de Anderson. En la década de 1980, la Agencia se mantuvo al corriente de las actividades de Belafonte relacionadas con el desarme nuclear y la paz.

La opinión pública es el arma principal

En enero de 1982, la Agencia de Comunicación Internacional de Estados Unidos (USICA) elaboró un hilarante plan para reclutar a Belafonte y a otros con el fin de impulsar los intereses de las élites de Estados Unidos en el extranjero.

La USICA acogió una reunión de peces gordos corporativos que representaban a Exxon, General Motors, Grumman, Phillip Morris, Procter and Gamble y otros. El director de la USICA, Charles Z. Wick (1917-2008), propuso que los líderes de estas empresas crearan un espectáculo de difusión por satélite para ayudar a enseñar a los extranjeros la democracia y la libertad. «Indicó que la principal arma del mundo libre era la movilización de la opinión mundial».

La emisión sería «Enciende una vela por Polonia», país donde la URSS ocupante había impuesto la ley marcial. Según el informe, “se utilizarían estrellas de cine y celebridades del mundo del espectáculo, pero el programa se haría con muy buen gusto y dignidad». El informe concluye: «Se planteó la necesidad de que participara un líder negro de los derechos civiles, tal vez Benjamin Hooks [1925-2010] o Harry Belafonte».

La CIA tomaba notas diariamente del contenido de las emisiones de la Agencia Rusa de Noticias (TASS). Un resumen de las emisiones de TASS de septiembre de 1983 señalaba que se habían utilizado imágenes de Belafonte en un reportaje sobre atletas y artistas estadounidenses que criticaban el apoyo de la administración Reagan al apartheid sudafricano. Un resumen de la CIA de octubre de 1983 sobre acontecimientos mundiales menciona que Belafonte, entonces presidente de Performers and Artists for Nuclear Disarmament (PAND), destacó el «papel de los artistas para reducir la amenaza de guerra nuclear» (sic).

Otro resumen, escrito casi una semana después, menciona un «informe de TASS sobre el artículo de harry belafonte [sic] para el apoyo de la organización por la paz a las nuevas iniciativas soviéticas [sic] esbozadas por [Yuri Andropov (1914-84)]». Este último fue el efímero líder soviético (1982-84) y antiguo jefe del KGB. En septiembre del 83, el vuelo 007 (sí, de verdad) de Korean Air Lines fue derribado por un operador de misiles soviético, asesinando a sus 269 pasajeros. La «declaración» mencionada en el resumen de la CIA puede referirse a los comentarios de Andropov sobre el derribo del avión de pasajeros. También podría referirse a la respuesta de Andropov a la decisión potencialmente omnicida de la OTAN de colocar armas nucleares de alcance intermedio en Europa Occidental.

Otro resumen de marzo de 1984 señalaba que Belafonte había visitado recientemente Moscú con miembros del PAND. Belafonte destacó el papel de los artistas en la «lucha por la paz» y lamentó la «ausencia de un acuerdo cultural entre EEUU y la URSS» (paráfrasis de la CIA). A la CIA le preocupaba que Belafonte hablara directamente al pueblo, no a las élites, de la URSS, recordándoles que tienen una causa común con el pueblo de EEUU; en este caso, la supervivencia literal.

Al igual que ha hecho con el FBI, MuckRock ha presentado a la CIA una solicitud de documentos de Belafonte. Quizá descubramos si la Agencia vigiló sus actividades en los años 90 y principios de los 2000, cuando puedan publicarse los archivos más recientes y divulgables.

Conclusión

El FBI intimidó a la esposa de Belafonte, mientras que la CIA aceptó la palabra de un fantasioso con un hacha que mantener su vigilancia del artista. En los años 80, el activismo de Belafonte se centró en el tema más inmediato y, por tanto, importante: la amenaza de una guerra nuclear; o, más probablemente, un accidente causado por un error de cálculo. La CIA consideraba que estos esfuerzos alimentaban la propaganda soviética, del mismo modo que hoy en día un número vergonzosamente reducido de activistas antibelicistas son calumniados por políticos y periodistas corporativos como marionetas de Vladimir Putin.

En una de sus últimas entrevistas (en conversación con Noam Chomsky para Democracy Now!), Belafonte concluyó con estas sabias palabras:

«Sólo tenemos que sacar nuestros viejos abrigos, desempolvarlos, dejarnos de tonterías y de añorar los buenos tiempos, y ponernos manos a la obra. Hace falta patear algunos culos. Y deberíamos hacerlo».

N. del T.:

*La Ley de Libertad de Información de EE.UU. permite a cualquier persona solicitar el acceso a registros de la rama ejecutiva del Gobierno estadounidense y las agencias federales deben revelar cualquier información requerida en nombre de esta ley, con ciertas excepciones concretas.

**Juez del tribunal Supremo y líder del movimiento por los derechos civiles en Harlem, Nueva York.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2023/04/30/harry-belafonte-and-the-cia/

Publicado en: Cultural, titular2

Evan Reif : Cómo una red de propagandistas nazis ayudó a sentar las bases para la guerra en Ucrania

07/05/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Evan Reif

                                                     Al servicio de y con todos los aparatos de poder del capitalismo, del imperialismo.

“La historia no es lo que pasó, sino las historias de lo que pasó y las lecciones que estas historias incluyen. La misma selección de qué historias enseñar en una sociedad da forma a nuestra visión de cómo llegó a ser lo que es y, a su vez, lo que entendemos como posible. Esta elección de qué historia enseñar nunca puede ser ‘neutral’ u ‘objetiva’. Aquellos que eligen, ya sea siguiendo una agenda establecida o guiados por prejuicios ocultos, sirven a sus intereses. Sus intereses podrían ser continuar con este mundo tal como está ahora o crear un mundo nuevo..” -Howard Zinn

Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los arquitectos de las peores atrocidades de la historia fueron rescatados y protegidos por la inteligencia estadounidense. El papel manifiesto de científicos nazis como Wernher von Braun (quien supervisó personalmente la tortura y el asesinato de trabajadores esclavos) en el programa espacial de los Estados Unidos y la industria de Alemania Occidental ha sido de dominio público durante décadas.

En los últimos años el final de la Guerra Fría ha traído revelaciones sobre la “Gladiadores» como Yaroslav Stetsko y Licio Gelli influir en el desarrollo político del mundo por cualquier medio necesario. Desde Alemania e Italia hasta Japón y Corea del Sur, ahora hay una gran colección de evidencia que prueba la existencia de grandes redes bien financiadas de terroristas fascistas que no dudaron en usar la violencia para asegurar el cumplimiento de las personas «libres» del mundo. .

Sin embargo, lo que es menos conocido es que miles de académicos de tendencia fascista y anticomunista también fueron rescatados y alimentados por Estados Unidos para librar una guerra ideológica contra el comunismo. Estos historiadores revisionistas pasaron décadas trabajando a la sombra de la prensa académica hasta que la caída de la Unión Soviética les permitió regresar a casa y finalmente reescribir la historia a su gusto. Después de décadas de esfuerzo, ahora podemos ver los resultados de su trabajo, las semillas plantadas hace 70 años finalmente están dando su fruto envenenado.

Sembrando las semillas

“Esta lucha requiere una acción despiadada y enérgica contra los agitadores, guerrilleros, saboteadores y judíos bolcheviques, y la eliminación total de toda resistencia activa o pasiva” – Franz Halder, Directrices para la conducta de las tropas en Rusia. Uno de los primeros y más importantes de estos historiadores no era un historiador en absoluto.

Franz Halder era un oficial de estado mayor de carrera, comenzando con la Reichswehr en la Primera Guerra Mundial. Se unió al Partido Nazi en 1933 y su estrecha amistad personal con Hitler lo ayudó a ascender en las filas muy rápidamente. En 1938 fue nombrado Jefe del Estado Mayor General de la Heeres Oberkommando (OKH), que convirtió a Halder en el jefe de planificación de todo el ejército alemán y el segundo al mando solo después del propio Führer. Ninguna orden podía salir de la sede del OKH sin la aprobación y firma de Franz Halder. Esto significa que Halder no solo estaba íntimamente al tanto de los crímenes del régimen, sino que planeó la mayoría de ellos.

A partir de la invasión de Polonia en 1939, Halder autorizó personalmente la liquidación de “indeseables” como judíos, polacos y comunistas. Su oficina era responsable por la infame Orden del Comisario y el Decreto Barbarroja, que permitía a los soldados nazis ejecutar a civiles a voluntad y sin repercusiones. Estas órdenes llevaron a la muerte eventual de millones en la Unión Soviética, tanto a través de la deportación a campos como a través de brutales campañas de represalia en los territorios ocupados.

“Se tomarán medidas drásticas colectivas de inmediato contra las comunidades desde las cuales se lanzan ataques traicioneros o insidiosos contra la Wehrmacht, por orden de un oficial con al menos el rango de comandante de batallón hacia arriba, si las circunstancias no permiten una rápida aprehensión de los culpables individuales. .”- Decreto sobre la jurisdicción de la ley marcial y sobre medidas especiales de las tropas (también conocido como el Decreto Barbarroja), 13 de mayo de 1941.

Bajo el eufemismo de “guerra de seguridad”, los nazis aniquilaron pueblos y ciudades enteras en los territorios ocupados. Dependiendo de la época y el lugar, esto se hizo a través de métodos que iban desde disparos y antorchas hasta tortura, violación y saqueo. El resultado era siempre el mismo. Cualquier asentamiento que pudiera haber albergado a presuntos partisanos quedó completamente despoblado de todos los hombres, mujeres y niños.

En total, un mínimo de 20 millones de civiles soviéticos fueron asesinados por los nazis, pero algunos académicos rusos estiman que el número real es al menos el doble de eso

Halder era un profesional consumado; revisó documentos durante semanas, escribiéndolos y reescribiéndolos para asegurarse de que el lenguaje fuera lo más preciso e inequívoco posible. Tuvo éxito, ya que sus órdenes se utilizaron mucho como prueba contra el régimen nazi en los juicios de Nuremberg e incluso hoy en día se citan específicamente como el tipo de órdenes criminales que los soldados deben rechazar.

Los aliados consideraron las órdenes de Halder tan censurables que nazis como Hermann Hoth y Wilhem von Leeb fueron condenados por crímenes de lesa humanidad simplemente por transmitirlos a sus subordinados. Muchos nazis de bajo rango fueron ahorcados por seguir las órdenes de Halder en la Unión Soviética. A pesar de esto, Halder no sufrió ninguna consecuencia por emitirlos.

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Después de que Halder se rindiera al ejército de los EE. UU., los Estados Unidos se negaron a juzgarlo en Nuremberg. En cambio, enfrentó solo un juicio menor por “ayudar al régimen nazi” en un tribunal alemán. Negó tener conocimiento de los delitos que llevaban su firma literal y fue declarado no culpable. Después de la guerra, vivió una vida cómoda como autor, comentarista y «consultor histórico» para el Ejército de EE. UU. Centro de Historia Militar (CMH).

El viejo fascista fue rescatado de la horca para servir como el principal planificador de otra guerra. Halder ya no planeó grandes batallas y el exterminio de razas, pero permaneció al frente de la guerra contra lo que Halder llamó “judeobolchevismo”, un término que aprendió de su amado Führer.

El trabajo de Halder era rehabilitar el nazismo en beneficio de sus nuevos patrocinadores estadounidenses. Si los nazis pudieran separarse ideológicamente del pueblo alemán y del ejército alemán, Estados Unidos podría utilizar a los soldados más útiles de Hitler en su guerra contra la Unión Soviética sin levantar sospechas. Halder supervisó un equipo de 700 ex oficiales de la Wehrmacht e intencionalmente se dispuso a reescribir la historia para presentar la imagen de una Wehrmacht limpia y un pueblo alemán ignorante de la brutalidad nazi. Su adjunto fue Agente de la CIA Adolf Heusinger, un nazi criminal de guerra quien fue en gran parte responsable de planificar las interminables masacres de la «guerra de seguridad», y más tarde fue comandante tanto del ejército alemán como de la OTAN.

A través de la manipulación, la fabricación y la censura generalizada, Halder y Heusinger crearon una narrativa completa de ellos mismos y de la Wehrmacht como víctimas brillantes, nobles y honorables del loco Hitler en lugar de los monstruos que masacraron un continente.

Halder y Heusinger publicaron montones de mentiras fantásticas con el CMH, diciendo que la Wehrmacht no cometió crímenes en el frente oriental. Según Halder y Heusinger, los nazis establecieron mercados y centros culturales para comprar alimentos a los agricultores locales y organizar bailes y eventos sociales para personas agradecidas. Halder y Heusinger solo mencionan brevemente los problemas en el Este, diciendo que fueron llevados a cabo por infiltrados «judeo-bolcheviques» de la NKVD en lugar de la noble Wehrmacht.

Nada de esto podría haber estado más lejos de la verdad. Bajo órdenes inequívocas del OKH, la Wehrmacht fue directamente responsable de la subyugación y exterminio de todo un continente como parte de Plan General Este. Cada pedacito de Europa del Este iba a ser limpiado por y para el beneficio de la Wehrmacht, y los soldados cumplieron con su deber.

El arma principal era hambre. la Wehrmacht sostenido a si mismo de las tierras conquistadas, recurriendo tanto a recursos como a mano de obra en cantidades masivas. Los brutales programas de requisición de granos y carne mataron a millones mientras el resto trabajaba duro para alimentar a sus amos nazis con una ración diaria de 420 calorías. En la fase de planificación de la Operación Barbarroja, los nazis Concluido que la guerra solo se podía ganar si toda la Wehrmacht se alimentaba de tierra soviética al tercer año. En 1944, los nazis requisaron más de 5 millones de toneladas de cereales y 10.6 millones de toneladas de otros alimentos del territorio ocupado, el 80% de los cuales fue consumido por la Wehrmacht.

Los nazis necesitaban algo más que comida para conquistar el mundo. También necesitaban armas y equipo. Para ello, Alemania reunió su mundialmente famoso poderío industrial. Los infames campos de concentración contenían enormes fábricas y complejos laborales donde millones de esclavos trabajaban hasta la muerte, construyendo las armas y el equipo que la Wehrmacht usó para subyugarlos. Dada la magnitud de los contratos, muy pocas corporaciones alemanas mantuvieron sus manos limpias, e incluso las más sucias mantuvieron todo su dinero ensangrentado después de la guerra.

Los dos elementos tenían una relación simbiótica casi perfecta. El capital alemán sirvió a los intereses del Ejército, y el Ejército sirvió a los intereses del capital. Cuando los nazis conquistaron, tomaron esclavos para construir más armas, que luego se usarían para conquistar y tomar más esclavos. El monstruo de dos cabezas explotó la tierra conquistada con una eficiencia tan salvaje que los generales nazis y los planificadores económicos temieron quedarse sin esclavos.

“Cuando matamos a tiros a los judíos, permitimos que mueran los prisioneros de guerra, exponemos a porciones considerables de la población urbana al hambre, y en el próximo año también perdemos una parte de la población rural por el hambre, la pregunta queda por responder: ¿Quién es ¿realmente se supone que produce valor económico? – Mayor General Hans Leykauf

A pesar de la enorme enormidad de sus crímenes, la lavandería de Halder tuvo un gran éxito; no fue hasta después de la caída de la URSS que ningún historiador occidental cuestionó sus mentiras.

Incluso los investigadores bien intencionados fueron atrapados por la trampa de Halder. Halder disfrutó de un estatus especial, divulgando información solo a los periodistas e historiadores más privilegiados. Con la legitimidad otorgada por su título, el acceso a la información y el respaldo del gobierno de los EE. UU., el CMH de Halder se consideraba una fuente estándar de oro para los historiadores académicos y su información era muy codiciada. Halder usó esto para examinar cuidadosamente a quién le entregó información, asegurándose de obtener el máximo impacto.

De 1955 a 1991 sus obras fueron citadas al menos 700 equipos en publicaciones académicas, especialmente por profesores e investigadores en academias militares occidentales. Dado que los historiadores occidentales se vieron obligados a beber del pozo de Halder, transmitieron el veneno a sus alumnos y, desde allí, las mentiras se abrieron paso en la conciencia pública. Eventualmente, la propaganda nazi fue convertida en “verdad” a través de la simple repetición y el control cuidadoso de las fuentes.

Aunque el acceso a los registros soviéticos ha llevado a una creciente resistencia a esta propaganda, algunos historiadores, como Timothy Snyder de la Universidad de Yale, todavía se apoyan en gran medida o reciclan las ideas de Halder para respaldar lo que se conoce como el «doble genocidio» teoría. Creada por neonazis bálticos para ocultar su participación en el Holocausto y su amplia colaboración con el régimen nazi, esta teoría languideció en la oscuridad hasta que Snyder la introdujo en la corriente principal con «Bloodlands». Incluso 70 años después de su publicación, el veneno de Halder sigue siendo un elemento clave en los intentos de retratar al Ejército Rojo como nada más que salvajes y, por lo tanto, hacer que los nazis parezcan mansos.

El ejército sabía que Halder no publicaba nada más que disculpas, pero ese era el punto. Halder permaneció en el Ejército durante décadas y con frecuencia fue recompensado por un trabajo bien hecho. Incluso le dieron una medalla por Servicio Civil Meritorio en 1961, en honor a su incansable servicio en la causa de la negación del genocidio.

“Es necesario eliminar a los subhumanos rojos, junto con sus dictadores del Kremlin. El pueblo alemán tendrá que completar la tarea más grande de su historia, y el mundo escuchará que esta tarea se completará hasta el final”. – Mensajes de la Wehrmacht para las tropas, Numero 112, junio de 1941

el suelo fértil

«En el Este, tengo la intención de saquear y saquear con eficacia. Todo lo que pueda ser adecuado para los alemanes en el Este, debe ser extraído y llevado a Alemania de inmediato”. – Hermann goering

Después de décadas de luchar en la oscuridad, la caída de la Unión Soviética creó una oportunidad de oro para los académicos fascistas. Cuando los profesores exsoviéticos se fueron, se jubilaron o fueron despedidos en la tumultuosa década de 1990, toda una generación de académicos fascistas criados en Occidente estaba esperando para reemplazarlos.

Surgieron escuelas privadas profusamente financiadas por todo el antiguo Pacto de Varsovia, con profesores fascistas de Canadá, Australia y EE. UU. que habían pasado décadas rehabilitando a sus predecesores colaboracionistas nazis.

Con un respaldo financiero casi ilimitado de la OTAN y una vertiginosa variedad de ONG afiliadas, los fascistas ahora podrían reescribir la historia a su gusto y entrenar a toda una generación de nuevos soldados en su guerra ideológica.

Como ejemplo de esto, podemos centrarnos en la vida y la época de la corresponsal de guerra independiente de Kyiv, Illia Ponomarenko. A través de él, podemos ver algunos de los engranajes de la máquina.

Illia nació en el pueblo de Volnovaja, Óblast de Donetsk, Rusia. Entonces una parte de Ucrania, esta ciudad de alrededor de 20,000 personas se encuentra a unas 40 millas al norte de Mariupol y el Mar de Azov.

Fundado en 1881 como una estación para lo que se conocía como el «ferrocarril de Catalina», un importante proyecto ferroviario que recibió el nombre póstumo de la emperatriz que reinó durante mucho tiempo, había sido prácticamente anodino desde entonces. Illia finalmente se mudó al sur para asistir a la universidad en Mariupol, la ciudad portuaria industrial que formó la columna vertebral de la economía de la región.

Mariupol y sus alrededores a menudo se han visto envueltos en la tumultuosa historia de Ucrania. La región fue un punto álgido importante en la Guerra Civil Rusa y cambió de manos muchas veces en los combates entre el Ejército Rojo, las fuerzas zaristas, de Makhno bandidos y las Potencias Centrales antes de que fuera recapturado por las fuerzas soviéticas en 1920.

En las décadas siguientes, la región vio una explosión en el desarrollo económico debido a su posición estratégica en el Mar de Azov, a solo un corto viaje en ferry desde las minas de hierro más ricas de la URSS. La más notable fue la ahora famosa planta siderúrgica Azovstal, una joya de la corona del primer plan quinquenal de Stalin. Los cimientos de la planta se sentaron en 1930 y, en 1933, Azovstal produjo su primer lingote de hierro fundido. La producción aumentó rápidamente y en 1939 la planta estableció un récord mundial al producir 1,614 toneladas de arrabio en un solo día.

Cuando los nazis llegaron para esclavizar a Ucrania, Mariupol y Azovstal se mantuvieron firmes. La planta produjo blindaje para tanques T-34 hasta el amargo final con la evacuación de los últimos trabajadores el mismo día que los nazis capturaron la ciudad. Al marcharse, los trabajadores destruyeron los altos hornos y las centrales eléctricas para negárselos al enemigo. Azovstal cayó bajo el control de Krupp, pero el sabotaje repetido de pqartisanos soviéticos mantuvo la fábrica fuera de servicio hasta 1945.

Más de 6,000 trabajadores de Azovstal lucharon contra los nazis como partisanos o soldados del Ejército Rojo. Varios cientos fueron condecorados por su valor, y ocho de ellos recibieron el premio Héroe de la Unión Soviética, el premio más alto posible para un soldado del Ejército Rojo. Lamentablemente, cientos pagaron el precio final en la guerra contra el fascismo. Se erigió un monumento en su honor fuera de la planta que el régimen de Maidan ha permitido que se derrumbe, sin duda avergonzado de lo que representa.

Incluso esta gran y costosa victoria solo trajo un indulto para Mariupol. La gente de Mariupol vivió durante décadas en paz y prosperidad, felizmente inconsciente de lo que vendría después. En 1991, menos de 50 años después de la victoria de 1945, los monstruos volvieron a asolar Ucrania y su gente una vez más.

En 1990, tras una década de sabotaje económico y al borde del colapso, el Índice de Desarrollo Humano de la URSS fue el 25th más alto del mundo, en .920. Después del colapso un año después, nunca volvería a ser tan alto.

En 2019, los datos del último año se publicaron antes de la guerra, Rusia ocupó el puesto 52. Lejos de la prosperidad que les prometió Occidente, cuatro años de gobierno de Maidan empeoraron aún más la situación en Ucrania, que cayó del 83rd in 2014 al 8th, por debajo de Sri Lanka, México y Albania. Irán y Cuba, aplastados bajo la guerra de asedio que Estados Unidos llama eufemísticamente sanciones, aún brindan un mejor nivel de vida a su pueblo.

Ninguna de las ex repúblicas soviéticas se ha recuperado a su nivel de 1990 a partir de 2022. Incluso cuando la URSS estaba a meses de disolverse, los ciudadanos soviéticos disfrutaron de más prosperidad que la que tienen desde su “liberación”. Su riqueza y seguridad no se desvanecieron en el éter; más bien, fueron robados por los mismos capitalistas occidentales que saquearon el país una vez antes.

Es fácil ver estos números como simples abstracciones, medidas de una maquinaria económica vasta y casi incomprensible pero, tal como sucedió en la década de 1940, esta campaña de saqueo sistemático fue letal. Los estudios revisados ​​por pares han encontrado un mínimo de cinco millones exceso de muertes por inanición, falta de atención médica, adicción a las drogas y privaciones solo en Rusia desde 1991 hasta 2001. Cuando se agregan el resto de las ex repúblicas soviéticas, la factura del carnicero supera fácilmente la del Holocausto.

Si esto hubiera sucedido en cualquier otro lugar, o hubiera sido perpetrado por cualquier otra persona, se habría llamado por lo que fue: genocidio. Crecer en medio de la devastación causada por la brutalidad desenfrenada del «orden internacional basado en reglas» solo hace que la futura colaboración de Ponomarenko sea aún más impactante.

Ponomarenko se mudó a Mariupol para asistir a la universidad en Universidad Estatal de Mariúpol en 2010. A pesar del nombre inocuo, esta universidad fue fundada en 1991 con subvenciones de USAID y George Soros y aún hoy recibe una financiación considerable de los EE. UU. y la UE. La línea de la universidad es descaradamente pro-OTAN, sus profesores recorren la sede de la OTAN y la universidad anuncia con orgullo sus vínculos con atlantista tanques de pensamiento

MSU no es único. Universidades como esta surgieron en todo el Bloque del Este, llenas de dinero tanto de los gobiernos occidentales como de sus grupos de expertos. La Open Society Foundation, respaldada por Soros, fue un conducto particularmente importante para esto. Soros no solo creó decenas de nuevas universidades en todo el Bloque del Este, sino que incluso llegó a producir nuevas libros para las escuelas primarias y secundarias de la región. Sus escuelas cuentan presidentes, miembros del parlamento e innumerables burócratas menores entre sus alumnos.

Todo esto está al servicio de su guerra contra el comunismo, que ha estado librando desde al menos la década de 1970 con el apoyo oficial y no oficial del gobierno. La ironía de que el feroz anticomunista George Soros sea llamado comunista por la derecha es particularmente aguda, especialmente porque Soros se ha beneficiado personalmente enormemente del saqueo de la antigua Unión Soviética.

Ponomarenko se graduó en 2014, justo a tiempo para ser arrastrado por la próxima tormenta que azotara Ucrania.

La cosecha sangrienta

«Aparentemente, alguna peculiaridad en la naturaleza humana permite que incluso los actos de maldad más indescriptibles se vuelvan banales en minutos, siempre que ocurran lo suficientemente lejos como para no representar una amenaza personal». – Iris Chang

La narrativa que estamos vendiendo sobre el golpe de Maidan de 2014 es simple. Se nos dice que los manifestantes se levantaron con un apoyo casi universal para liberarse del yugo del ilegítimo y vilipendiado Partido de las Regiones de Viktor Yanukovych y, por lo tanto, del control ruso. Después de esto, dicen, la transición fue limpia y ordenada, los problemas en el este surgieron solo debido a la infiltración rusa y todos los verdaderos ucranianos apoyaron al nuevo régimen. Hasta el día de hoy, el régimen de Maidan mantiene con vehemencia que el conflicto en Ucrania no es una guerra civil, sino una invasión extranjera que se prolonga desde hace ocho años.

Si escuchas lo suficiente, casi puedes escuchar los ecos de Franz Halder y Adolf Heusinger en la narración aprobada de Maidan, y no creo que esto sea accidental. Tal como era entonces, la fantasía creada por la propaganda de la OTAN no podría estar más lejos de la realidad. El Maidan nunca tuvo el apoyo universal, y el proceso de someter al país fue un asunto largo y sangriento.

A pesar de la insistencia del gobierno ucraniano en lo contrario, el conflicto es una guerra civil bajo cualquier definición razonable, los separatistas eran ciudadanos ucranianos casi sin excepción y comenzaron a luchar para defender un gobierno ucraniano elegido legítimamente. La mayor parte del respaldo extranjero estaba firmemente detrás de Maidan, no de Yanukovych y los separatistas. Desde el comienzo mismo del Maidan, grupos como la Legión Georgiana de Mamuka Mamulashvili, respaldada por Estados Unidos, tenían mercenarios sobre el terreno para convertir una protesta pacífica en un golpe sangriento.

Muchos de los milicianos eran miembros del ejército ucraniano, que desertaron cuando se les ordenó disparar a sus familiares, amigos y compatriotas ucranianos en Donbass. analistas de la OTAN estima que el 70% del ejército ucraniano desertó o desertó en lugar de matar por el régimen de Maidan y se llevaron sus armas con ellos, un hecho que pone otro clavo en el ataúd de la narrativa de Maidan de infiltrados extranjeros.

La narrativa de una invasión extranjera, en lugar de una guerra civil, es particularmente importante para el régimen de Maidan. Si aceptamos que se trata de una guerra civil, entonces debemos preguntarnos por qué este llamado gobierno «nacionalista» está matando a tantos ucranianos en Donbas con su bombardeo diario de áreas residenciales, escuelas, hospitales y otros objetivos civiles. Sería imposible justificar llamarlos nacionalistas, y mucho menos libertadores, con la sangre de tantos ucranianos en sus manos.

La solución a esta contradicción es simple. Si se despoja a la gente de Donbas de su identidad e historia como ucranianos, se vuelve mucho más fácil conciliar su aniquilación. En la ideología de los “héroes de Ucrania” Yaroslav Stetsko y Stepan Bandera, fundacionales de la extrema derecha ucraniana, solo un gallego es un verdadero ucraniano. La mayor parte de la población de la nación son los llamados «mosquitos» y «asiáticos» indignos de vivir en el Reich gallego.

El hecho de que Galicia habían sido parte de Polonia o Austria, no Ucrania, durante más de un milenio simplemente se ignora a favor de su confusa fantasía sobre cómo ellos, y solo ellos, son verdaderos ucranianos en virtud de alguna antigua sangre vikinga.

Entonces como ahora, la ideología facilita que los fascistas gallegos justifiquen matar ucranianos por miles.

Cuando comenzaron las protestas de Maidan en 2014, surgieron contraprotestas en todo el país, con miles de ucranianos saliendo a las calles en apoyo de la democrátcamente elegidos gobierno de Viktor Yanukovych y el Partido de las Regiones. A medida que Maidan se volvió cada vez más violento bajo la influencia de la extrema derecha, los manifestantes anti-Maidan se negaron a ser intimidados y se defendieron. Eventualmente, se fusionaron en milicias extraídas de la amplia variedad de activistas anti-Maidan y la resistencia se volvió mucho más organizada.

Temiendo una contrarrevolución, el gobierno no electo de Estados Unidos se cosechan de forma manual Arseniy Yatsenyuk creó la policía de la Patrulla de Tareas Especiales (STP, por sus siglas en inglés), que se extrajo casi en su totalidad de los neonazis que infestaban Ucrania y se le otorgó amplios poderes para detener y matar a los ucranianos.

El más famoso de ellos fue el Batallón Azov. Mucho antes de su cínico cambio de marca tras la invasión rusa de 2022, el Batallón Azov de 2014 era una milicia abiertamente neonazi. Los soldados que Illia Ponomarenko cuenta como compañeros de armas marcharon bajo la misma bandera que sus antepasados ​​en la década de 1940.

Los ecos de la historia son fáciles de escuchar de Azov. Originalmente llamado «Patriota de Ucrania», la organización fue fundada en 2005 por Andrei Belitsky como una coalición de varios grupos neonazis de Kharkiv, como Tryzub (el brazo armado del Congreso de Nacionalistas Ucranianos del agente de la CIA y colaborador nazi Slava Stetsko), y la UNA-UNSO (dirigida por el hijo de CIAcomando y prepetrador del holocausto Roman Shukhevych) y lleno de soldados de las grandes bandas de hooligans del fútbol de extrema derecha de Ucrania.

En sus años de formación, Patriot of Ukraine trabajó como ejecutor del capo de la mafia Arsen Avakov, quien fue elevado a Ministro del Interior después del Maidan. Avakov movió los hilos para sacar al teniente Belitsky de prisión por matar a golpes a un gángster rival y el talentoso joven nazi fue designado para poner en vereda a los separatistas.

En Mariupol, la saga finalmente dio un giro completo y el mundo pudo ver de primera mano lo que Halder y Heusinger pasaron tanto tiempo planeando.

Después de meses de protestas, los enfrentamientos en Mariupol comenzaron en mayo de 2014. Según la versión ucraniana de los hechos, el 3 de mayord Los infiltrados rusos se acercaron a un puesto de control en la ciudad con comida para los guardias mezclada con pastillas para dormir, luego se llevaron a los soldados y sus armas después de que quedaron incapacitados. Es probable que esta fantasía encubra la verdad: los soldados simplemente se rindieron. Los separatistas levantaron barricadas en el centro de la ciudad y comenzaron a ocupar los edificios de la administración de la ciudad. La situación estaba saliendo rápidamente del control del régimen de Maidan.

Azov fue una de las primeras unidades enviadas por el régimen para retomar Mariupol. Insertado en la ciudad el 7th de mayo, Azov empezó a matar casi inmediatamente. Azov desmanteló las barricadas por la fuerza, disparando contra la multitud de manifestantes desarmados que se les oponían. Azov terminó su trabajo la noche del 8 de mayo.th, y el Día de la Victoria, 9 de mayoth, comenzaron la siguiente fase de su misión. Mientras la mayor parte de Ucrania conmemoraba el sacrificio de ocho millones de ucranianos en la lucha contra los antepasados ​​de Azov, los herederos de Stetsko y Bandera celebraron la ocasión a su manera tradicional, matando ucranianos. Cuando la policía local desertó al recibir la orden de abrir fuego contra la multitud, Azov no dudó. El Día de la Victoria se convirtió en un baño de sangre como terroristas de Azov abierto incendio sobre las multitudes.

Manifestantes locales y desertores de la policía ocuparon el cuartel general de la policía regional y tomaron prisionero al jefe de policía en el proceso. Los militantes de Azov intentaron romper el sitio pero, cuando se enfrentaron a la resistencia armada, los «cyborgs» fueron derrotados por completo. Se retiraron después de sufrir bajas y se vieron obligados a negociar la liberación de los prisioneros. Al igual que antes, la bravuconería y la destreza de los matones fascistas se evaporaron tan pronto como sus víctimas se defendieron.

Azov fue derrotado ese día, pero no fueron destruidos. Con el respaldo del estado ucraniano y los gángsters que estaban tomando cada vez más el poder, Azov devuelto en junio, sus fuerzas reforzadas por extranjeros mercenarios y una columna de vehículos blindados. Después de que fueron atacados por aviones no tripulados, los separatistas se vieron obligados a retirarse y las fuerzas de la RPD fueron expulsadas de Mariupol, sufriendo 5 muertos y 30 capturados. Ninguno de ellos volvió con vida.

Entre los atacantes de ese día había hombres que portaban la insignia del Ejército de EE. UU. 1st Brigada de Aviación, unidad encargada de entrenar a los soldados del Ejército en operaciones de armas combinadas. Teniendo en cuenta su participación, la fuente de la repentina habilidad de Azov con los UAV se vuelve muy clara.

Azov no se durmió en los laureles. Junto con el resto de las unidades de STP, Azov rápidamente volvió a sus raíces como lo que la gente de la región alguna vez conoció como «castigadores», haciendo cumplir el orden por cualquier medio necesario. No está claro cuántas personas sufrieron en las mazmorras atendidas por STP y SBU (inteligencia ucraniana), pero la campaña fue tan generalizada que incluso el régimen de Maidan encontró a docenas de ellos culpables de delitos como violación en grupo (incluyendo al menos una instancia donde 8-10 miembros de Azov violaron a un discapacitado mental hasta que estuvo a punto de morir), saqueos, torturas, asesinatos, contrabando y extorsión. Puede que hayan llevado la insignia de una unidad militar, pero Azov había cambiado poco desde sus días como asesinos de la mafia.

Mientras tanto, Azov fue nutrido por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Ha surgido evidencia del entrenamiento de la CIA al menos de 2015, si no antes. Los traficantes de armas se jactaban abiertamente de transferir armas antitanque y, en 2017, Azov posaba para fotografías con asesores militares de la OTAN.

Incluso cuando los hombres que marchaban bajo una esvástica una vez más se abrieron paso en su casa, Illia Ponomarenko fue una de sus más firmes defensoras desde el principio. Después de que COVID lo obligó a cancelar una pasantía planificada en los EE. UU., Illia comenzó a trabajar para periódicos financiados por la OTAN como el Kiev mensajey luego el Independiente de Kiev.

Su educación en las escuelas financiadas por la OTAN le fue muy útil, y ha hecho un trabajo ejemplar al continuar el trabajo iniciado por Franz Halder y Adolf Heusinger hace tantos años al rehabilitar una vez más a los asesinos fascistas que masacran a los ucranianos. Ahora tiene millones de seguidores en Twitter y aparece habitualmente en las principales noticias occidentales, como la BBC, CNN y Fox News. Sus años de llevar agua para sus amigos nazis finalmente dieron sus frutos, Illia pasó de estar simplemente en el lugar correcto en el momento correcto a una parte integral de la máquina.

Lo que estamos viendo hoy en Ucrania no es un accidente: es un plan de siete décadas en desarrollo. Desde el principio, Estados Unidos y la OTAN han estado trabajando para rehabilitar el legado del fascismo para que pueda usarse como arma. Estas redes no están solo en Ucrania; tienen sucursales en todo el mundo. Los militantes de Azov incluso fueron vistos en protestas en Hong Kong, el último frente en la guerra encubierta de Estados Unidos. Afortunadamente, las autoridades chinas evitaron que la ciudad corriera la misma suerte que Mariupol.

Las semillas de este conflicto no se plantaron en 2014 ni en 1991. Más bien, se sembraron el 22 de junio de 1941, cuando las tropas nazis cruzaron por primera vez la frontera como parte de la Operación Barbarroja de Franz Halder. Después de cuatro largos años y decenas de millones de muertos, Estados Unidos absorbió a los “mejores y más brillantes” del Tercer Reich y, durante 70 años, cuidaron cuidadosamente los retoños de Halder y Heusinger, esperando la oportunidad de echar raíces.

En 2014, finalmente vimos la maleza nociva del fascismo regresar a la tierra que arruinaron hace tanto tiempo, regada una vez más en ríos de sangre ucraniana.

Por: Evan Reif– Febrero

Evan Reif nació en un pequeño pueblo minero en el oeste de Dakota del Sur como hijo de un minero y una bibliotecaria.

Las luchas de su padre como organizador sindical y las luchas de la comunidad con la desindustrialización alimentaron el profundo interés de Evan en la política de izquierda. Esto, junto con su amor por la historia, lo convirtió en un antifascista acérrimo.

Cuando no está escribiendo, investigando o trabajando, a Evan le gusta pescar, disparar y la cocina china.

Evan puede ser contactado en [email protected].

Publicado en: Global, titular2

El neoliberalismo se vuelve violento y despótico

30/04/2023 by Vitalio Deja un comentario

Una entrevista con David Harvey

Por: Mathieu Dejean y Romaric Godin

David Harvey habla del estado del capitalismo, de los límites de la versión izquierdista del populismo, de la importancia de las ciudades y de las luchas francesas como antídoto contra las tendencias autoritarias de la crisis

David Harvey es una de las figuras más importantes del marxismo contemporáneo. El 12 de abril, de visita en París invitado por el Instituto La Boétie de París, se reunió con Jean-Luc Mélenchon. Gran crítico del capitalismo, defensor incansable del pensamiento de Karl Marx, geógrafo que reflexiona sobre los efectos concretos del capital en el espacio, este teórico inglés de 88 años es un observador siempre agudo de la realidad económica, social y geográfica.

Al margen del encuentro, y antes de partir para una serie de otras intervenciones por Francia, Harvey aceptó responder a las preguntas de Mediapart sobre la situación actual del capitalismo, su relación con el excandidato presidencial de La France insoumise y Marx.

MD/RG

Sus reflexiones sobre el capitalismo incluyen una importante teoría de la crisis. Desde 2020, parece haberse abierto una nueva crisis, que acaba de tener un nuevo episodio con la crisis bancaria. ¿Qué opina de la situación actual del capitalismo?

DH

Para responder a esta pregunta me gustaría aislar algunos hechos. El primero es que hoy es muy difícil imaginar el futuro del capitalismo porque no está claro qué camino tomará China, que es un actor crucial.

Mi opinión es que China, en 2007-2008, permitió al capitalismo evitar una gran depresión comparable a la de los años treinta. Desde entonces, hasta antes de Covid, China representó alrededor de un tercio del crecimiento mundial, más que Estados Unidos y Europa juntos. Por lo tanto, en las circunstancias actuales, es imposible predecir la dirección del capitalismo sin conocer la dirección de China.

El segundo aspecto relevante es que el mundo capitalista ha visto grandes colapsos financieros desde 1980, y cada vez que ha habido una crisis, los bancos centrales han respondido aumentando la liquidez. Ahora nos dirigimos a la próxima crisis, que requerirá aún más liquidez. En mi opinión, nos encontramos en una peligrosa situación de acumulación de capital debido a estas inyecciones de liquidez. Se parece a un esquema Ponzi global, y los esquemas Ponzi suelen acabar muy mal. La dificultad aquí es que si las finanzas occidentales se basan en un esquema Ponzi, no hay forma de que los Estados permitan que se produzca una crisis financiera. La cuestión entonces es si pueden contener esta crisis, y no estoy seguro de que puedan.

El tercer elemento que me parece importante es la cuestión de las transferencias internacionales de tecnología. Desde los años cincuenta, Estados Unidos no ha frenado las transferencias de tecnología a Japón, Taiwán o Corea del Sur. Al contrario, a veces incluso las han fomentado, obviamente con el objetivo de contener a la China comunista y rodearla de una red de países de renta media-alta. Pero entonces China se abrió al mercado, ¿y qué ocurrió? El capital japonés, surcoreano y taiwanés invirtió fuertemente en China, trayendo consigo transferencias de tecnología. Ahora Estados Unidos intenta bloquear las transferencias de tecnología a China y parece una medida estúpida. En parte porque es imposible, pero también porque si bloqueas el desarrollo de China, que ha salvado sistemáticamente al capitalismo, no le haces ningún favor al capitalismo.

En Estados Unidos hay muchos desacuerdos, pero si hay algo en lo que el Congreso está de acuerdo con el presidente Biden es en su política antichina. Si esta política tiene éxito, creo que el mundo se sumirá en un crecimiento negativo y esto desencadenará descontento, disturbios y revueltas. Ya estamos viendo muchos de estos acontecimientos desarrollarse ante nuestros ojos.

MD/RG

En efecto, estos tres elementos parecen ser las principales contradicciones del capitalismo contemporáneo. En su obra insiste en el carácter endémico de las contradicciones del capitalismo y, por tanto, de las crisis. Sostiene que estas crisis siempre adoptan la forma de procesos violentos de devaluación o pérdida de valor del capital. ¿No le parece que la actual temporada caracterizada por una fuerte intervención del Estado ha interrumpido este proceso?

DH

No, en realidad el proceso de devaluación ya está en marcha, es constante. La verdadera pregunta es: ¿quién será el objeto de esta devaluación? En 2007-2008 siete millones de familias perdieron sus casas en Estados Unidos. Perdieron el 80% de su patrimonio debido a la enorme pérdida de valor de las casas en las que vivían, especialmente la comunidad afroamericana. Pero al mismo tiempo rescatamos al sistema bancario y con los desahucios asistimos a una transferencia masiva de derechos de propiedad a los bancos. Que luego los vendieron baratos, gracias al rescate, a fondos como Blackstone, que es ahora el mayor propietario inmobiliario del mundo. Así, la pérdida de valor de los ciudadanos estadounidenses acabó en los bolsillos de Blackstone. Stephen Schwarzman, que dirige esta empresa, se encuentra entre los mayores multimillonarios del mundo y fue uno de los mayores partidarios de Donald Trump.

La elección es: salvar a los bancos o salvar a los ciudadanos. Desde los años 70, los gobiernos siempre han preferido rescatar a los bancos, por lo que ahora estamos asistiendo a una devaluación de los activos y ahorros de los ciudadanos.

MD/RG

¿Y hoy?

DH

Hoy veo otros grandes procesos de devaluación en marcha. Por ejemplo, no sabemos exactamente cuántas personas perdieron dinero en la crisis de las criptodivisas, pero se estima que los inversores privados pueden haber perdido hasta 40.000 millones de dólares. Muchas personas ricas y estrellas, como deportistas, animaron a la gente a invertir en estos activos prometiendo altos rendimientos y mucha gente les hizo caso. Ahora el mercado se ha hundido y lo han perdido todo.

Algo parecido está ocurriendo en China con la crisis inmobiliaria. Xi Jinping dijo que los bienes inmuebles son para vivir en ellos, no para especular, pero hasta ahora ha habido mucha gente especulando. En el caso chino, la gente compraba acciones de proyectos inmobiliarios antes incluso de que empezara la construcción. La gente compraba hasta cinco o seis pisos para beneficiarse del aumento del valor de mercado entre el momento en que compraban la acción y cuando entregaban las llaves de los edificios.

Pero cuando Evergrande, el principal constructor, entró en crisis, muchos pisos no se terminaron, muchos chinos se vieron obligados a pagar plazos de crédito por una casa que no existía. Por eso hubo una huelga hipotecaria muy interesante en China, que obligó al gobierno a tomar cartas en el asunto y terminar la construcción.

Ahora bien, es difícil reconstruir los detalles, pero al menos se puede deducir que una concentración de la riqueza en el 1% o el 10% de la población aumenta la centralización del capital, en torno a empresas como Blackstone o BlackRock. En mi opinión, los riesgos de devaluación residen hoy en este fenómeno. Credit Suisse ha sido adquirido recientemente por Ubs, Estados Unidos ya ha rescatado a dos o tres bancos y creo que no serán los últimos: la devaluación del capital ya se está produciendo a una escala significativa. Los gobiernos y los bancos centrales están preocupados por lo que llaman «contagio» e intentan contener la crisis. Veremos hasta dónde pueden llegar sin emitir nuevas masas de liquidez, ya que al mismo tiempo los bancos centrales intentan salir de la flexibilización cuantitativa.

MD/RG

Tanto para usted como para Jean-Luc Mélenchon, la ciudad desempeña un papel decisivo. ¿Qué cree que tienen en común en este punto?

DH

Diría que compartimos la crítica a la mercantilización de la ciudad. La crisis de la vivienda es un factor global. En Nueva York hay casi 60.000 personas sin hogar y muchas familias viven hacinadas en pisos demasiado pequeños porque no pueden permitirse nada mejor. Hay un boom de la construcción que hace que se construyan casas para las clases que pueden especular, mientras que no se hace nada por las masas de gente que están desesperadas por tener una vivienda digna. Hay que controlar los alquileres y dejar de mercantilizar la vivienda.

Excepto que el neoliberalismo significa mercantilización de todo. Por eso no creo que el sistema económico esté en declive: sectores como la educación, la sanidad y la vivienda siguen estando demasiado mercantilizados. No veo que ningún partido político se enfrente a estos problemas, salvo Mélenchon y La France insoumise. También hay muchas otras cosas en las que estamos de acuerdo.

MD/RG

También tienen en común que integran la alienación del tiempo en su crítica de la vida urbana cotidiana…

DH

Siguiendo a Henri Lefebvre (1901-1991, filósofo, inspirador de la Internacional Situacionista, autor de una trilogía sobre la Crítica de la vida cotidiana), pienso que la gente está alienada por las condiciones de la vida cotidiana y, en particular, por el tiempo robado por el desarrollo del capitalismo. Por eso me parece alucinante que todavía haya fuerzas de izquierda que se centren sólo en las condiciones materiales de vida.

Cuando hablamos de alienación, hablamos de un sentimiento de pérdida de sentido que ni siquiera el enorme aumento de la propaganda burguesa (espectáculos, películas y entretenimiento) puede eliminar. No creo que al final la gente se sienta satisfecha con su estilo de vida. La inseguridad laboral es uno de los factores más relevantes en todo esto. En los años sesenta, cuando la gente tenía un trabajo estable, una posición estable, vecinos a los que conocía y con los que se encontraba por la calle, era más fácil encontrar sentido a la vida. Hoy todo es efímero. Un programa político debe abordar esta cuestión y el derecho a la ciudad.

MD/RG

La teoría postmarxista de Mélenchon resumida en el concepto de «era del pueblo » está influida por los filósofos Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, según los cuales el nuevo motor de la historia es el «pueblo », ya no la clase obrera. ¿Cuál es su posición?

DH

No estoy de acuerdo con ellos, pero creo que lo que dice Mélenchon va en otra dirección. Siempre me ha parecido que la izquierda tendía a hacer de la lucha de clases en las fábricas un fetiche y a considerar secundarios los movimientos sociales urbanos, como la lucha contra la gentrificación. Mi versión de la teoría marxiana es que estos elementos forman parte de un todo.

Cuando oigo «circulación de la capacidad productiva» veo a los trabajadores luchando contra las compañías de tarjetas de crédito, contra los propietarios, contra las empresas farmacéuticas o de telefonía móvil. Para mí todo esto forma parte de la lucha de clases. Cuando Laclau y Mouffe dicen que hay que ir más allá de la idea tradicional del proletariado estoy de su parte, pero sigo trabajando sobre una base marxista. En cambio, tengo la impresión de que Laclau, en particular, tiende a tirar al bebé marxista con el agua de la bañera populista.

No me gusta mucho la palabra «populista», pero entiendo lo que Mélenchon quiere decir cuando afirma que necesita un movimiento que se ocupe de todo lo que está mal en la vida de la gente, no sólo de la clase obrera tradicional (aunque esta última sigue siendo un tema importante). Después de hablar directamente con Mélenchon, puedo decir que no creo que se sintiera tan vinculado ideológicamente a Laclau y Mouffe, sino que buscaba una teoría lo suficientemente amplia como para construir un partido político y también, más en general, un movimiento social en torno a las transformaciones de la vida urbana, y no sólo a los trabajadores del sector industrial y productivo.

MD/RG

Usted dice que la lucha contra la alienación debe integrarse en un programa político, pero ¿se puede construir un programa político con vocación mayoritaria en la sociedad y al mismo tiempo luchar contra la alienación de la mayoría de la población?

DH

Sí, pero antes hay que resolver un problema. Las poblaciones alienadas tienen un enfoque particular de la participación política: normalmente son pasivas y están enfadadas, pero de repente pueden volverse activas y muy enfadadas. Este enfado puede dirigirse de diferentes maneras. Las poblaciones alienadas no apoyan necesariamente los programas de la izquierda: pueden volverse fascistas y, de hecho, tenemos muchas pruebas de que se están acercando más a la extrema derecha que a la izquierda.

La izquierda debe captar esta ira y movilizar a estas poblaciones pasivo-agresivas. Por desgracia, no lo está haciendo. En Gran Bretaña, a la menor señal de cólera social, el Partido Laborista se retrae condenando a los «extremistas». Incluso hace poco, tres diputados laboristas que se habían «atrevido» a unirse a un piquete de protesta fueron expulsados de la dirección del partido. El Partido Laborista está en un callejón sin salida, así que creo que tenemos mucho que aprender de Mélenchon que, por lo que sé, comparte la ira de la gente y no le tiene miedo, porque sabe de dónde viene.

MD/RG

En Breve historia del neoliberalismo usted escribe que el neoliberalismo sólo podría sobrevivir volviéndose violento y autocrático. ¿No es eso lo que estamos viendo en Francia, con la actitud de Macron ante las movilizaciones contra la reforma de las pensiones?

DH

Sí, eso es claramente lo que estamos viendo. Nos estamos acercando al fascismo de los años 30 y tenemos que luchar contra esta tendencia.

MD/RG

Todo indica que Francia ha llegado a un callejón sin salida: por un lado un Gobierno sordo y por otro una movilización agotada por la represión. Como alguien que ha trabajado sobre los movimientos revolucionarios y su dimensión urbana, ¿cree que hoy es posible una revolución al estilo del siglo XIX?

DH

La situación actual es radicalmente diferente a la del siglo XIX. Ya no se asalta la Bastilla o el Palacio de Invierno. Si atacáramos algo hoy tendríamos que ir hacia los bancos centrales, pero entonces ¿qué haríamos una vez dentro? (Risas) Durante la Comuna de París, los insurrectos protegieron el Banco de Francia y cometieron un error, se dieron cuenta demasiado tarde. Hoy en día, el capitalismo está organizado de tal manera que, en cierto modo, parece demasiado grande para derrumbarse.

Imagino que incluso los partidarios de una transición al socialismo siguen queriendo tener un teléfono móvil, un ordenador e Internet. Pero, ¿cómo se producen y quién los produce? Estas empresas están racionalizadas, si se hunden puede que no queden ordenadores ni teléfonos móviles. Si esto es socialismo, la gente probablemente querrá la vuelta del capitalismo. Normalmente a la gente le molesta que diga estas cosas, pero, siendo realistas, ¿puede alguien imaginar realmente una sociedad socialista que prefiera prescindir a sabiendas de los ordenadores, las herramientas de comunicación, la inteligencia artificial?

MD/RG

Dada la dificultad de revolucionar la vida urbana cotidiana y la creciente sensibilidad ecológica, ¿no cree usted, como Kristin Ross, que las revoluciones empezarán en el campo, en los conflictos medioambientales?

DH

Toda la historia del capital está plagada de movimientos alternativos de este tipo. No son absurdos ni inútiles. Estos movimientos pueden ser el germen de la construcción de una alternativa real. Si pudiera planificarlo todo, me aseguraría de que la gente se mantuviera alejada de la metrópoli, que se trabajara a distancia (ahora se puede): las instalaciones municipales serían ecológicas, la gente tendría su propia parcela para cultivar verduras. Es una respuesta importante a los problemas que plantea la agricultura capitalista. Yo viví en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, ¡cuando el 50% de la producción de alimentos procedía de las huertas de los particulares! Estas alternativas pueden dar mucho de sí. De nuevo, este discurso me traerá problemas con los marxistas ortodoxos, ¡a veces digo cosas que me hacen parecer anarquista! (Risas)

MD/RG

De hecho, ¡su pensamiento se parece más a Kropotkin que a Marx!

DH
Sí, ¡y a Elisée Reclus! Me gustan estos autores. Igual que me gusta mucho la respuesta que dio Henri Lefebvre cuando le preguntaron por qué era marxista y no anarquista: «¡Soy marxista para que un día todos podamos vivir como anarquistas!». Es una respuesta muy buena. Soy un anarquista a la antigua, me gusta leer a Murray Bookchin, Kropotkin, Elisée Reclus, merece ser incorporado a nuestras consideraciones, y quizás mejorado. Eso probablemente me convierte en una especie de hereje.
MD/RG

Usted ha hecho mucho por ayudar al pensamiento marxista a resistir la apisonadora neoliberal. Recientemente ha publicado en inglés un Companion to Marx’s Grundrisse (Verso, 2022). ¿Por qué sigue siendo importante para usted leer a Marx y hablar de su pensamiento?

DH

Admito que puedo parecer un poco obsesivo. La primera razón es que no soporto la corriente hegemónica de la economía contemporánea. ¡Es tan errónea! Creo que Marx construyó una comprensión del capital y de la economía mucho más precisa y pertinente que la de los economistas burgueses. Quiero desafiarlos. No es fácil, porque tienen el dinero, tienen los medios de comunicación, tienen la «credibilidad» científica. Pero podemos dar algunos ejemplos.

David Ricardo (1772-1823) tenía una teoría del valor relacionada con el trabajo. Muchas personas que trabajan en esta tradición observan la situación actual y dicen: si el trabajo es la fuente de todo valor, ¿cómo es que se paga tan poco por el trabajo? Es una cuestión moral evidente. Esto dio lugar al «socialismo ricardiano» en la década de 1840, que dio lugar al socialismo de John Stuart Mill (1806-1873). Mill sostenía que no se puede hacer nada con la producción, pero que se puede redistribuir tanto valor como sea posible entre las personas que lo producen. Thomas Piketty, Elizabeth Warren y Bernie Sanders forman parte de esta tradición.

Una tradición que no gustaba a Marx, hay que decirlo, porque no tiene en cuenta la producción. Pero que, sin embargo, plantea una cuestión moral fundamental, que se hizo muy fuerte en el movimiento cartista de la década de 1840 [movimiento obrero que se desarrolló en el Reino Unido a mediados del siglo XIX tras la adopción de la «Carta del Pueblo» en 1838, NdR.].

En aquella época, algunos economistas marginalistas decían que ya no había que pensar en el valor sólo en términos de trabajo, sino sumar el valor de la propiedad, el capital y el trabajo. La importancia de estos tres factores de producción deriva de su escasez relativa: si los capitalistas temen quedarse sin ellos, tienen derecho a recibir mucho más que el trabajo, que es abundante. Los patrones de Manchester estaban entusiasmados con esta nueva teoría económica, que eliminaba la cuestión moral, y por eso la teoría de John Stuart Mill sólo ha sobrevivido gracias a algunas formas de socialdemocracia a partir de 1945.

Lo absurdo es que hoy en día el capital sigue basándose en esta teoría del valor, y legitima tasas de rendimiento más elevadas para el capital. Tanto es así que hay capital excedente. Así que debería haber un reequilibrio a favor del trabajo, pero obviamente esto no está ocurriendo. Si le dices a un economista de cualquier facultad que se tome en serio esta teoría del valor se reirá en tu cara, lo cual es ridículo.

Por eso es necesario volver a la cuestión moral. Porque una vez que la planteas, la gente empieza a pensar en ella y entonces puedes dar el siguiente paso, que es plantear la cuestión de la destrucción de la producción capitalista. Marx ofrece una alternativa en la medida en que piensa que el capital no es una cosa precisa, como piensan los economistas burgueses, sino un proceso que adopta diferentes formas. Una noción con una flexibilidad increíble.

Por otra parte, Marx me resulta muy útil para comprender los fenómenos de urbanización. Cuando explica, por ejemplo, que los capitalistas invierten a propósito en actividades improductivas para evitar que las inversiones creen excedentes de producción. Una demostración bastante elocuente de ello es la urbanización contemporánea en los Estados del Golfo. Los capitalistas invierten en actividades improductivas, a ritmos enormes, para obtener beneficios. En parte lo hacen por razones ecológicas, porque de lo contrario la presión sobre el medio ambiente sería catastrófica.

Mi objetivo es difundir una teoría marxista comprensible y pedagógica que puedan adoptar fácilmente los sindicatos y los movimientos sociales. En cierto modo, esta es la razón por la que la hegemonía marxista se derrumbó en los años ochenta: era demasiado sofisticada y no tenía un verdadero campo de base desde el que explicar lo que ocurría en la vida cotidiana. Me parece que hoy estamos remediando este error.

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