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Entevista a Michael Löwy: Los tiempos de barbarie exigen osadía

02/05/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por Sabrina Fernandes

 

El fascismo y la crisis ecológica se recrudecen en todo el mundo. En esta entrevista, el militante y pensador ecosocialista Michael Löwy nos explica cómo la convergencia de fuerzas en el campo anticapitalista podría ayudarnos a superar los desafíos que tenemos por delante.

La pandemia de coronavirus se presentó como un desafío global y expuso las enormes desigualdades que existen entre los distintos países, desigualdades que van desde el acceso a un sistema de salud justo y de calidad hasta los distintos abordajes de la pandemia según los gobiernos de turno. Las crisis, inevitablemente, están relacionadas con las fronteras por su naturaleza internacional y por las dinámicas económicas y geopolíticas que generan disputas sobre proyectos y recursos entre distintos países. No es posible hablar, por ejemplo, de la crisis de Venezuela sin considerar los elementos externos a Venezuela. No se puede comprender el bolsonarismo sin notar la influencia ideológica de la derecha estadounidense y las dinámicas de desmonte y privatización en Brasil que complacen a una burguesía internacional.

La inminente catástrofe ecológica que, si bien excede al cambio climático, encuentra en él su mayor catalizador, nos urge a desplegar nuestra capacidad de movilización contra el capitalismo y sus falsas soluciones, mientras perseguimos al mismo tiempo la autonomía de los pueblos oprimidos. Esta conversación con Michael Löwy, militante e intelectual ecosocialista, ilumina posibles caminos para la acción.

SF: Michael, me gustaría comenzar con un pequeño debate sobre cómo se plantea la cuestión de las fronteras en el contexto específico del siglo XXI. Parece que los cambios climáticos evidencian a veces el carácter artificial de las fronteras entre los países. Sin embargo, otras veces muestran lo importantes que son en relación con la disputa geopolítica sobre los posibles rumbos del planeta.

ML: De hecho, la crisis ecológica y el cambio climático no conocen fronteras. Por eso el internacionalismo, la organización de un movimiento planetario contra la oligarquía fósil y, en última instancia, contra el sistema capitalista –que es, como reconoce el Papa Francisco, intrínsecamente perverso– son más decisivos que nunca.

Esto no impide que las potencias capitalistas, en tanto promueven la globalización neoliberal, estimulada activamente por el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio –todos comprometidos con la industria fósil y el ecocidio– disputen los distintos sectores del mercado mundial e intenten imponer su hegemonía imperial. La verdad es que asistimos a un fenómeno nuevo, el «nacional-liberalismo», con Donald Trump, Bolsonaro, Shizo Abe en Japón, Boris Johnson y otros, que proclaman un nacionalismo agresivo y un neoliberalismo brutal a la vez, lo que no es para nada contradictorio. A pesar de que las fronteras sean cada vez más artificiales, los distintos gobiernos de las potencias imperialistas intentan, por todos los medios, construir muros, barreras con alambres de púas electrificados, e instalan patrullas policiales para impedir el acceso de los inmigrantes desesperados que intentan escapar de sus países para sobrevivir.

¿No había explicado Marx que el sistema capitalista no puede existir sin formas de dominación violentas y bárbaras?

SF: Es interesante, porque la derecha liberal, que ayudó a fortalecer a figuras como Bolsonaro, ahora finge ser diferente. Por ejemplo, en la medida en que la extrema derecha exhibe este fuerte tenor nacionalista y de conservadurismo social, los liberales intentan distanciarse de la imagen negativa de Bolsonaro. Pero sabemos que en realidad no tienen ningún problema en seguir apoyando las políticas de Paulo Guedes, en caso de que lleguen nuevamente al Ejecutivo. Como decías, este vínculo no es para nada contradictorio. Los estudios serios sobre la historia del liberalismo prueban su relación con los sistemas más perversos, como la esclavitud. ¿Será que lo que vivimos hoy es un modo de capitalismo que busca garantizar las ganancias sin importar los medios a los que tenga que recurrir? Lo cual valdría tanto para los gobiernos que muestran alguna preocupación por los derechos humanos como para gobiernos que parecen adquirir rasgos cada vez más autoritarios. ¿Es esta la tendencia de esta década?

ML: Efectivamente, a los capitalistas, a la oligarquía financiera, a los grandes industriales y al agronegocio solo les interesa garantizar sus ganancias. El resto son detalles sin mucha importancia. Si el gobierno garantiza una agenda económica neoliberal, como la de Paulo Guedes, contará con el apoyo –activo en algunos sectores, pasivo en otros– de las clases dominantes. Es cierto que los miembros más cultos de las élites, o más liberales en el sentido político, pueden sentirse incómodos con las locuras y el autoritarismo neofascista de Bolsonaro, pero, ¿asumirán una oposición consecuente? Hasta ahora esto no sucedió… En Estados Unidos la situación es diferente. Un sector de la élite dominante, asociada al Partido Demócrata, está dispuesta a ponerle fin al episodio delirante de Trump.

Nada de esto es nuevo. El capitalismo puede adaptarse a casi todo: esclavitud, trabajo «libre», democracia parlamentaria, fascismo, dictadura militar, gobiernos liberales, socialdemócratas, nacionalistas o autoritarios. Lo esencial es que se garantice la tasa de ganancia y la acumulación del capital.

SF: Las grandes potencias poseen una doctrina imperialista que concibe a sus propias fronteras como impenetrables, pero a las de los otros países como blancos a ser penetrados o demolidos. ¿Cómo se manifiesta esto en la construcción de la resistencia en los países periféricos?

ML: Las intervenciones imperialistas se multiplicaron en las últimas décadas, tanto en América Latina como en Medio Oriente. Tenemos que combatir estas intervenciones, que obedecen exclusivamente a los intereses económicos y geopolíticos de esas potencias, en especial los Estados Unidos, sin que eso nos lleve a apoyar los regímenes dictatoriales que se encuentran en conflicto con el imperio, en particular en Medio Oriente.

La cuestión es diferente en América Latina, donde los gobiernos son progresistas, por ejemplo, en Venezuela, en Bolivia y en Cuba, que, con todos sus límites, enfrentan la intervención imperialista estadounidense. En estos casos, la solidaridad internacional con la resistencia antimperialista es importante.

SF: Creo que uno de los grandes méritos de la dialéctica marxista, especialmente en la interpretación del marxismo humanista, es romper con una visión dualista, según la cual los problemas estaría solamente en el individuo, que debería transformar su propia microrrealidad, o totalmente localizados en la estructura, al punto de negar la agencia de los individuos. Aun así, siento que todavía es difícil transmitir nuestros esfuerzos de politización, sobre todo porque la doctrina neoliberal hace recaer la responsabilidad simplemente sobre el individuo y algunos grupos socialistas niegan la importancia de la agencia y de la libertad individuales. ¿La conciencia ecológica puede ser un terreno fértil para unir estos campos de batalla?

ML: En los escritos del joven Marx encontramos una concepción dialéctica humanista que rompe tanto con el individualismo liberal como con el organicismo conservador. En efecto, la lucha socioecológica es un buen ejemplo de la necesidad de una visión marxista dialéctica de la agencia individual y colectiva. Eso se traduce en dos niveles: uno es la complementariedad entre las iniciativas individuales, por ejemplo, la alimentación vegetariana, y las transformaciones estructurales como el fin de los subsidios a la industria de la carne, o la defensa de las selvas contra le expansión destructora de la ganadería. Para los ecosocialistas no se trata de oponer una iniciativa a otra, sino de ganar a los vegetarianos para las luchas sociales. Las movilizaciones socioecológicas, y un posible procesos revolucionario de transición al ecosocialismo, no son posibles sin que un gran número de individuos se unan a ese combate colectivo.

Sin duda esa lucha exige una amplia coalición social de fuerzas: trabajadores del campo y de la ciudad (de ambos sexos), juventud rebelde, comunidades indígenas, comunidades cristianas, población negra, mujeres, intelectuales, artistas y mucho más. Pero estos grupos o estas clases están compuestos de individuos, cada uno con su historia, su cultura, su conciencia. Su motivación puede ser cristiana, socialistas, ecológica, feminista, o una convergencia de todas. Puede ser también resultado de una experiencia directa de destrucción ambiental.

Marielle Franco era una persona única, singular, por su compromiso irreductible con el pueblo negro de las favelas, con las mujeres oprimidas, con el socialismo y con la ecología; pero, al mismo tiempo, era parte de varios colectivos, de organizaciones y de un partido combativo, el PSOL.

En la primera línea de combate ecológico se encuentran las víctimas directas de los desastres provocados por la voracidad destructora del capitalismo: comunidades indígenas, mujeres, movimientos, campesinos. Pero también en este caso son individuos los que encarnan el combate. Individuos que muchas veces pagan con sus vidas ese compromiso, como fue el caso, entre tantos otros, de Berta Cáceres, dirigente indígena en Honduras, víctima de la violencia paramilitar por encabezar la resistencia a los proyectos ecocidas.

No es casualidad que en estos dos ejemplos se trate de dos mujeres, que representan la dignidad y el coraje del combate sociológico: no es que exista una esencia femenina abstracta, sino que su condición social concreta hace más sensibles a las mujeres frente a los estragos ambientales que provoca el sistema.

SF: Esa convergencia de motivaciones es algo muy fuerte en el movimiento ecosocialista. Vemos personas que se reúnen a partir de las preocupaciones más diversas. ¿El ecosocialismo es un gran punto de convergencia de las luchas sociales a partir del materialismo histórico? ¿Una síntesis socialista que, al poner la naturaleza en primer plano, suma la potencia de todas las luchas? Esto me recuerda lo que suele decir Sônia Guajajara: la lucha por la Madre Tierra es la madre de todas las luchas. Me parece que negar, como lo hacen algunas organizaciones socialistas, que la naturaleza atraviesa todas nuestras luchas representa un gran atraso.

ML: El ecosocialismo puede contribuir a la convergencia de las luchas, al revelar, con ayuda del materialismo histórico, la íntima relación que existe entre la explotación capitalista, el racismo, la dominación patriarcal y la destrucción de la naturaleza. Pero esa convergencia debe respetar la autonomía de los movimientos y de las luchas sociales, sus respectivas agendas, sus objetivos. La convergencia no está dada inmediatamente, debe ser pacientemente construida por medio del diálogo y de las experiencias de lucha. El Foro Social Mundial, con todos sus límites, fue una experiencia interesante de convergencia de este tipo.

La cuestión ecológica, la relación con la Madre Tierra, es actualmente –y lo será más todavía– la cuestión política decisiva de nuestra época. En los próximos años, en la lucha para impedir la catástrofe del cambio climático irreversible, se decidirá el futuro que enfrentará la humanidad durante los siglos, si no durante los milenios futuros. Es muy decepcionante que tantos compañeros socialistas todavía no se den cuenta de este desafío: todavía no les cayó la ficha, como se decía en mi época, cuando todavía había teléfonos con fichas. Es nuestra tarea, como ecosocialistas, criticar esa ceguera política e intentar pacientemente convencer a nuestros compañeros.

SF: Recientemente me topé con algunos análisis sobre el «ecofascismo», que me recuerda a ciertos elementos del movimiento ambiental más misántropo, especialmente de fines del siglo XX. Incluye desde debates que culpan al ser humano como especie, en vez de al conjunto del modo de producción y al patrón «civilizatorio», hasta discusiones alarmistas sobre el crecimiento poblacional y el miedo a los refugiados. En el fondo, me pregunto si las conclusiones de tales movimientos y personas no se conforman con una salida fácil, que parte al mismo tiempo de una respuesta equivocada. ¿Enfrentamos el riesgo de que la lucha ambiental sea cooptada, no solamente por los ecocapitalistas y sus soluciones de mercado, sino también por los conservadores de la extrema derecha?

ML: Sin duda, ese peligro existe. Hay ecologistas «fundamentalistas que denuncian a la especie humana como responsable por la catástrofe ecológica. Otros, sin ir más lejos, piensan que el problema principal es el exceso de población. Unos pocos llegan al extremo de proponer una especie de dictadura ecológica, idea con la que especuló un filósofo ecologista del siglo pasado, Hans Jonas. Pero son pocos los que representan un verdadero «ecofascismo»: se trata, al menos por el momento, de un fenómeno marginal. La extrema derecha «fascistizante», en Europa por ejemplo, insiste en que la ecología no interesa, en que el verdadero problema son los refugiados y los inmigrantes. Manifiestan un odio exacerbado hacia figuras como Greta Thunberg, a la que algunos acusan de ser una peligrosa «hechicera», una comunista, una enemiga de la civilización occidental, etc.

Los principales representantes del neofascismo del siglo XXI, personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, son fanáticamente antiecológicos, niegan el peligro del cambio climático y buscan, por todos los medios, promover los intereses ecocidas de la oligarquía fósil en Estados Unidos y del agronegocio en Brasil. Terminar con los regímenes de estos personajes siniestros es un imperativo categórico y, al mismo tiempo, inseparablemente social y ecológico. Lo que están haciendo es, simplemente, acelerar al máximo el tren suicida de la civilización capitalista industrial en dirección al abismo del cambio climático. Por su parte, los «razonables», los capitalistas «ecológicos», proponen pintar de verde la locomotora.

SF: Veo que varios capitalistas intervinieron en los debates como el Green New Deal para garantizar que cualquier proyecto de ley aprobado en ese sentido sea favorable a sus inversiones. Como muestra Naomi Klein en Esto lo cambia todo, hay hasta grandes burgueses de la industria de los combustibles fósiles que invierten en renovables. ¿Cuál es la magnitud del desafío que enfrentamos a la hora de poner la ecología en el centro del debate, si los mismos capitalistas mueven todo su aparato para avanzar un paso más en la mercantilización de la naturaleza? La financierización de la naturaleza es una realidad en el mercado global.

ML: De hecho, hace muchos años que existe un «capitalismo verde», que está interesado en el mercado de las energías renovables, y gobiernos que proponen políticas de «desarrollo sustentables». Hasta el Fondo Monetario Internacional jura que promoverá una economía ecológica. ¿Cuál es el resultado de todo esto? ¡Nada! O peor: a medida que los discursos se vuelven cada vez más verdes, el cielo se vuelve cada vez más gris… Las emisiones de gases fósiles no solo no disminuyeron, sino que continúan aumentando, y los científicos, cada vez más preocupados, hacen sonar señales de alarma. Bajo el pretexto de «proteger» la naturaleza, se desarrollan políticas de privatización de las selvas y los bosques. Se desarrollan enormes mercados de derechos de emisión, que son un negocio óptimo para los bancos y las empresas, pero pésimo para el medioambiente.

Existen excelentes trabajos de pensadores ecosocialistas que desmitifican estas propuestas: Lo imposible del capitalismo verde, de Daniel Tanuro, y El Dios que fracasó: el capitalismo verde, de Richard Smith. El capitalismo no puede existir sin una expansión ilimitada, sin el productivismo y el consumismo, y depende, hace dos siglos, de las energías fósiles. Solo una batalla socioecológica intransigente puede hacerlo retroceder, en un primer momento, antes de superarlo con otro modo de producción, o mejor, con otro modo de vida.

SF: ¿Podría comentar cómo la colonización sigue siendo un factor central en la reproducción económica, cultural y militar de América Latina? Hay regiones ricas en bienes naturales que parecen ser muy vulnerables a la dominación extranjera, especialmente cuando existen relaciones de opresión históricas. Pienso, por ejemplo, en las mineras canadienses y en el rol destructivo que tienen en nuestra región. Actúan también de forma contradictoria en Canadá, que es un símbolo del desarrollo aunque sigue expropiando territorios a los pueblos originarios del norte.

ML: José Carlos Mariátegui, el genial fundador del marxismo latinoamericano, advirtió en 1928: si no hay una alternativa socialista indoamericana (hoy diríamos afroindoamericana), los países de América Latina están condenados a ser semicolonias del imperio norteamericano. Es lo que vemos hasta el día de hoy, bajo formas «modernizadas»: para retomar la famosa imagen de Eduardo Galeano, las venas de nuestra América siguen abiertas, y nuestras economías siguen sometidas a los imperativos del mercado mundial, controlado por Nueva York, Londres, Berlín, etc.

Y no se trata solamente del pillaje de nuestras riquezas naturales: se trata de la destrucción sistemática del medioambiente, de los bosques y las selvas, del envenenamiento de los ríos. El caso de la multinacional petrolera Chevron en Ecuador, que dejó un inmenso territorio completamente contaminado y destruido, es solo un ejemplo entre muchos. Todo esto sucedió, bien entendido, con la complicidad activa de los varios gobiernos neoliberales que se sucedieron en América Latina durante las últimas décadas. La excepción fue Cuba, desde 1959, y, de forma parcial, algunas experiencias antimperialistas en el continente, como la de Hugo Chávez en Venezuela. Marx había previsto, en El capital, que el «progreso» capitalista es un progreso sobre la ruina de dos fuentes de riqueza: la tierra y el trabajador. América Latina es un bello ejemplo de esa regla.

Está claro que las multinacionales yanquis no son las únicas que promueven la destrucción ambiental. Las canadienses no se quedan atrás, en términos de devastación de nuestro continente, y enfrentan, en muchos casos, tenaces resistencias populares. Es el caso, por ejemplo, de Perú, en donde la población de Cajamarca se opuso a una empresa minera canadiense que pretendía explotar una mina de oro utilizando el agua de los ríos. Bajo la consigna «¡Agua sí, oro no!», se inició una movilización popular contra este proyecto destructivo.

Incluso en Canadá, las multinacionales que explotan el petróleo más sucio del planeta, en términos de emisiones de CO2, y las llamadas «áreas bituminosas», intentan expropiar las tierras indígenas y construir enormes oleoductos en sus territorios. James Hansen, el famoso científico del clima estadounidense, dijo que, si ese petróleo llega a ser extraído y exportado por los oleoductos, la lucha contra el cambio climático estará perdida. Las comunidades indígenas de Canadá desplegaron una lucha audaz contra estos siniestros proyectos de «desarrollo», con apoyo de socialistas, ecologistas y sindicalistas. Al defender sus territorios ancestrales y sus ríos, esas comunidades están en la primera línea del combate de la humanidad para prevenir la catástrofe ecológica planetaria.

Los anticolonialistas se movilizan en todo el mundo en solidaridad con los indígenas de Canadá. Recientemente se publicó en varias lenguas un manifiesto internacional de apoyo a su lucha, firmado por alrededor de doscientos artistas y poetas surrealistas de decenas de países.

SF: En uno de tus textos recientes se habla de la «racionalidad democrática de las clases populares». Una visión tradicional y elitista de la política afirma con frecuencia que la mayor parte de la población tiene prejuicios que le impiden participar en política más allá del voto, pero creo que se trata de un problema de tiempo y de organización política. Una mujer de la periferia trabaja ocho horas al día fuera de su casa, pasa tres horas en el transporte público y además realiza las tareas domésticas. Si no participa de las decisiones políticas cotidianas no es necesariamente por falta de interés, sino por cansancio. ¿Qué políticas pueden ayudarnos a romper las barreras temporales de disponibilidad para facilitar el florecimiento de esa racionalidad democrática?

ML: La racionalidad democrática de las clases populares es una apuesta de los revolucionarios. No siempre el comportamiento de la población obedece a tal criterio pero, en última instancia, nuestra esperanza es que esa racionalidad se vuelva hegemónica.

En la lucha para permitir que los sectores oprimidos, en particular las mujeres, puedan participar de la vida política, la exigencia de la reducción de la jornada laboral juega un papel muy importante. Con menos horas de trabajo y más tiempo libre se generan condiciones para una efectiva participación democrática. No es casualidad si Marx escribió en El capital que la reducción de la jornada laboral era el primer paso para instituir el reino de la libertad. En el caso de las mujeres, es esencial la lucha por los servicios públicos dirigidos a las infancias, como las guarderías, y la repartición igualitaria de tareas domésticas entre los sexos.

Con todo, aun en las difíciles condiciones actuales, y en las últimas décadas, no faltaron momentos en que la irrupción de las masas populares, de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres, logró colocar en el orden del día una agenda democrática y popular: las grandes huelgas del ABC en 1978-1979, la fundación del PT en 1980 y del MST algunos años después, la movilización por las «Directas ya» en 1984, la campaña por el impeachment de Collor, y así hasta llegar a las jornadas de 2013. No tengo duda de que volverá a suceder lo mismo, tarde o temprano, frente la banda neofascista que actualmente gobierna Brasil.

SF: En el caso de 2013, tuvimos un desafío. Las jornadas tuvieron al comienzo rasgos populares, especialmente la reivindicación por el derecho a la ciudad, pero la despolitización creció a medida que las calles se llenaban. Veo que existe hoy en la izquierda un cierto miedo hacia los movimientos masivos sin direcciones centralizadas, pues la derecha, sobre todo a través de los grandes medios, tiene una capacidad de cooptación enorme. Al mismo tiempo, Bolsonaro y Trump alimentan la desconfianza contra los grandes medios que no los favorecen, pero con la intención de promover fake news que son todavía más despolitizadoras. ¿Cómo desplegar una batalla por la comunicación y por medios más democráticos en este contexto?

ML: Es muy importante que la izquierda y las fuerzas populares construyan sus propios medios y utilicen las redes sociales para difundir su mensaje. En Brasil, un sector importante de la Iglesia es solidario con los movimientos sociales y utiliza sus propias redes de comunicación. Existen también algunos espacios en los grandes medios que pueden ser utilizados, sobre todo cuando estos se ven obligados a oponerse al gobierno, como sucede en Brasil. Tenemos que utilizar todos los medios para combatir las fake news que siempre fueron, desde Joseph Goebbels, el método favorito de los fascistas.

La batalla por la comunicación en Brasil no pasa solamente por los medios. ¡El Carnaval es un espacio fundamental y la actuación de las Escolas de Samba de izquierda el año pasado fue un gran avance! Lo mismo vale para las hinchadas de fútbol, que este año asumieron la vanguardia en la protesta contra Bolsonaro.

Es verdad que la derecha logró hegemonizar las protestas callejeras de 2014 a 2016, pero es improbable que esto suceda de nuevo dado que la capacidad de movilización del bolsonarismo está en franca decadencia.

SF: Cuando se declaró la pandemia de coronavirus, se habló mucho en los grandes medios sobre una «nueva normalidad», en la que las personas se sentirían más conectadas y revisarían sus posturas frente a la muerte y al sufrimiento. Sin embargo, el sistema parece haberse adaptado una vez más. ¿Es posible que un gran acontecimiento global funcione como catalizador de un cambio civilizatorio, sin que este sea consecuencia directa de una campaña ecosocialista?

ML: No puedo prever si habrá o no acontecimientos catalizadores en el futuro. Pero no podemos esperar a una catástrofe o epidemia para luchar por un cambio civilizatorio. Necesitamos comenzar ya mismo a popularizar nuestro programa ecosocialista. Es muy importante difundir conferencias, panfletos, libros y multiplicar las iniciativas en las redes sociales para explicar nuestra propuesta, la imposibilidad de un «capitalismo verde» y la necesidad de una transición ecológica revolucionaria. No es casualidad que el interés por el ecosocialismo esté creciendo en Brasil y en todo el mundo. Por cierto, acaba de fundarse una Red Global Ecosocialista (Global Ecosocialist Network) que se propone establecer vínculos entre los ecosocialistas del Norte y del Sur globales.

Mientras tanto, el principal punto de partida son las luchas socioecológicas concretas que se enfrentan con la lógica del sistema. Por ejemplo, las luchas de las comunidades indígenas en el Amazonas y en otras regiones del país contra la devastación de nuestras selvas y nuestros ríos que ocasionan la megaminería, el agronegocio, la expansión de la ganadería y la soja; la lucha del MST contra los pesticidas y por una reforma agraria que favorezca la agricultura orgánica, y la lucha de la juventud de las grandes ciudades por el transporte público gratuito. Podría multiplicar los ejemplos. Es en estas luchas que se desarrolla la conciencia anticapitalista, como también la comprensión de la necesidad de la autorganización desde abajo y la conciencia de que solamente mediante el combate colectivo se consigue imponer las exigencias de los oprimidos y de los explotados.

La tarea de los ecosocialistas es participar de estas luchas, apoyarlas, ayudarlas, organizarlas e integrar en ellas la propuesta ecosocialista.

SF: Si lo «normal» era parte del problema y la «nueva normalidad» es más de lo mismo, especialmente cuando consideramos el enriquecimiento del que se beneficiaron los multimillonarios durante los períodos más duros que enfrentó la población mundial, ¿qué medidas inmediatas serían útiles para unir las demandas generales y desafiar ese orden que vuelve a imponerse?

ML: En efecto, las clases dominantes, apenas la pandemia se los permita, intentarán retomar la normalidad de los negocios, volver a lo mismo de siempre, al paraíso de los explotadores, en el que una decena de multimillonarios posee el equivalente de la riqueza de la mitad de la humanidad.

Elaborar un programa de reivindicaciones es una tarea colectiva, no puedo dar una respuesta concreta. Pero creo que un programa de este tipo, en Brasil, debería incluir, entre otros objetivos, una profunda reforma fiscal que termina con los escandalosos privilegios de una ínfima minoría de oligarcas; una reforma agraria radical, con criterios ecológicos, que favorezca la agricultura campesina y orgánica contra el agronegocio ecocida; la defensa del Amazonas y de los pueblos que viven en ella contra la saña destructora de las mineras y de los terratenientes, y la reducción de la jornada laboral, sin disminución del salario, como solución al dramático crecimiento del desempleo.

SF: Frente a todo esto, ¿es posible mantener «el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad»? Mientras el coaching liberal promueve la búsqueda del «lado bueno de las cosas», es fácil para nosotros desanimarnos con las derrotas. ¿Qué habría que decirle a alguien que se siente desanimado políticamente en este momento?

ML: Las derrotas, como las victorias, forman parte de la historia del socialismo y de las luchas sociales. El pesimismo de la razón nos advierte sobre la gravedad de la situación, el peligro creciente de la catástrofe ecológica y el gran poder de nuestros adversarios, los neofascistas y los neoliberales (¡o los dos al mismo tiempo!). Pero también hay señales de esperanza: el socialismo nunca tuvo tantos partidarios y simpatizantes en Estados Unidos y en Inglaterra como hoy. La movilización de la juventud contra el cambio climático, inspirada por Greta Thunberg, logró el apoyo de millones de personas en todo el mundo. Podríamos multiplicar los ejemplos, incluso en Brasil. Obviamente, no hay ninguna garantía de que el ecosocialismo vencerá, ni de que la humanidad logrará escapar a la catástrofe. Esta es, como dirían Lucien Goldmann, mi maestro, y Daniel Bensaïd, mi compañero, una apuesta en la cual se nos va la vida, en términos individuales y colectivos. Si los revolucionarios solo se movilizaran cuando están seguros de la victoria, nunca habría habido una revolución. Entonces, se trata del optimismo de la voluntad: como decía Brecht, quien lucha, puede perder; quien no lucha, ya perdió.

Sobre la entrevistadora:

Sabrina Fernandes es doctora en Sociología y militante ecosocialista. Es colaboradora y editora en Jacobin Magazine y consultora editorial de Jacobin Brasil. Está realizando un posdoctorado en el Grupo Internacional de Investigación sobre Autoritarismo y Contraestrategias de la Fundación Rosa Luxemburgo y la Universidad de Brasilia. Genera contenidos para el canal de izquierda radical de YouTube Tese Onze.

Traducción: Valentín Huarte

Fuente: https://jacobinlat.com/2021/04/21/los-tiempos-de-barbarie-exigen-osadia/

Publicado en: Global, titular2

Hacia dónde se mueve el mundo ¿Cárcel de la historia o libertad del tiempo?

26/04/2021 by Vitalio Deja un comentario

Reflexionar sobre la cárcel de movimiento histórico sobre la que vivimos el día a día.

Por: Manuel Fontenla* 

Escribo estas líneas mirando el reloj con cierta impaciencia. Todo el tiempo estoy llegando tarde, todo el tiempo tengo que estar yendo hacia otro lugar. Imposible sentarse a escribir. Muchos menos a re-flexionar, a realizar esa acción del pensamiento que implica detenerse y volver sobre las cosas, los acontecimientos, las ideas. Detenerse, para avanzar. No, imposible. Solo hay avance. Las máquinas perforadoras avanzan en el cerro, el gobierno avanza en sus declaratorias de muerte, la Justicia avanza en su persecución de los que estorban. No, imposible detenerse.

Y, sin embargo, hay una voluntad que pecha, que tira, que te dice, sí vale la pena, hacé el esfuerzo, sentate a escribir, el mundo necesita tanto de las trincheras como de las ideas. Así que entre el acampe y la computadora, entre la calle y la libreta de notas, entre el almuerzo y la asamblea, uno se sienta a pensar, a re-flexionar sobre cómo parar esas máquinas que están en el cerro, que son parte de esa otra gran máquina destructora que nos consume la vida acá en el Aconquija de Catamarca, en los bosques de Córdoba y Chubut, en las montañas de Mendoza y San Juan, en los humedales del Paraná, en el monte santiagueño y chaqueño, en cada rincón de este país (menos de su capital), una máquina arrollando la vida de cada territorio.

Pero una vez en la computadora (sin sacar los ojos del reloj) ¿pensar qué? ¿Pensar “la crisis climática”, pensar el capitalismo, pensar las luchas? ¿Pensar lo urgente? ¿La urgencia de los presxs politicxs de Andalgalá, los que ahora están en una cárcel o la urgencia de todxs lxs luchadorxs de este país que están ahora enjuiciados, perseguidos o encarcelados?

No, imposible pensar esa urgencia, pero tal vez sí, pensar la cárcel mayor, esa cárcel gigante, que se vuelve imperceptible de a ratos y brutalmente concreta de a otros. La cárcel de la historia, la cárcel del movimiento que hace girar las lógicas destructivas del mundo. Eso, detenerse a reflexionar sobre la cárcel de movimiento histórico sobre la que vivimos el día a día. Una cárcel de la que también es urgente liberarse.

Historia y tiempo histórico

Dentro del amplio mundo de los pensadores de la urgencia y las cárceles, traigo estos dos que dan vuelta entre mis notas de los últimos meses, los bolivianos René Zavaleta Mercado y Luis Tapia.

En muchos estudios sociológicos actuales, puede leerse cada vez con más frecuencia el concepto de “abigarrado” que ambos han popularizado. Sin entrar en detalles que excedan estas líneas, podría decir que abigarrado es un concepto propuesto por el intelectual René Zavaleta Mercado para pensar los diferentes modos de producción que se daban de manera simultánea en la Bolivia de los siglos 19 y 20. El autor señalaba la convivencia y coexistencia de modos de producción abigarrados, es decir, capitalistas, feudalistas y hasta esclavistas en una misma época histórica y social.

En este sentido, afirmaba que una formación social abigarrada se define por contener diversos modos de producción al mismo tiempo. Es decir, no hay solo capitalismo, sino varias relaciones sociales y jurídicas de producción (y dominación) que coexisten. Este primer interés, lo llevó luego a notar que lo abigarrado se extendía mucho más allá de los modos de producción, hacia lo cultural, lo civilizatorio, la cosmovisión y la lengua, entre otros aspectos de la vida. Su preocupación por estas diferencias lo llevó entonces a notar la heterogeneidad constitutiva de las sociedades abigarradas como la boliviana.

Profundizando en este análisis, las teorías de Zavaleta llegaron a dar cuenta que en las formaciones sociales abigarradas, junto a la coexistencia de modos de producción y modos de vida culturales, también se daba la coexistencia de diversas temporalidades o tiempos históricos. Y este es el punto que aquí nos interesa, y el que justamente, recupera el filósofo Luis Tapia, la diferencia entre Historia y tiempo histórico.

El Tiempo histórico es una especie de organización del movimiento de las sociedades a partir del principio organizativo de su momento productivo. De manera más breve: el tiempo histórico es el patrón de transformación de la naturaleza. Es una especie de ritmo y dirección de la matriz social. Es el movimiento que guía el patrón de producción de una determinada sociedad. El tiempo histórico es el movimiento con el que nos movemos socialmente hacia los futuros posibles.

En cambio, la Historia, es un conjunto de hechos, es la totalidad de sus hechos tal cual ocurren y ocurrieron. Se asemeja a la forma en que usamos “historia” en el sentido común y cotidiano.

Ahora bien, conjugar la idea de abigarrado junto a la de tiempo histórico, le permite a Tapia afirmar que, en las sociedades abigarradas no solo hay diversidad de historias (las historias silenciadas, las historias de los vencidos, las historias que emergen con cada nueva voz y discurso), sino también que existe la diversidad de tiempos históricos, la diversidad de patrones de producción, la diversidad de maneras de transformar la naturaleza. Es decir, el capitalismo es solo uno de los tipos de tiempos históricos que coexisten en nuestras sociedades abigarradas.

Luchas por los tiempos históricos

Volvamos a las calles. En Andalgalá, como en Esquel o Ituzaingó o Guernica, hay una confrontación de Historias. Está la historia que cuentan l@s vecin@s y la historia que cuenta el poder de turno o la empresa de turno. Están las historias de resistencia contra la enfermedad, la explotación y la contaminación, y están las historias de progreso, crecimiento y promesas de dólares. Casi siempre, la lucha discursiva, cultural, la que se juega en los medios de comunicación y en las redes, suele darse en este plano, el de las historias.

Pero poco se dice de las luchas por el tiempo histórico, por el patrón de transformación de la naturaleza y la sociedad.

Siguiendo a los pensadores bolivianos, vale preguntarnos cuál es el tiempo histórico del capitalismo, cual su patrón de transformación de la naturaleza.

Una vez más, si el tiempo histórico es el principio organizativo de un movimiento, de un patrón de trasformación de la naturaleza, parecería que dos son las características principales del tiempo histórico en el capitalismo y en el extractivismo:

El único patrón de transformación de la naturaleza en el capitalismo, es el devenir mercancía, devenir recurso, devenir “materia prima”, en una palabra y a pesar de la obviedad, el devenir capital. Todo el movimiento de la sociedad, toda su matriz de organización, todo su sentido, dirección y ritmo, existen bajo el designio de convertirse en mercancía.

A un patrón cuyo único devenir es convertirse en mercancía, le corresponde un movimiento infinito. No existe límite alguno para el devenir mercancía. El capitalismo propone como tiempo histórico un movimiento de avance eterno y constante. No hay retroceso, no hay detenimiento, solo avance, un perpetuo y continuo avance. Contra toda obviedad de la finitud humana y la finitud natural del planeta, la finitud y la escasez de los bienes más esenciales como el agua y la tierra, el capitalismo reafirma la eternidad de la mercancía. El capitalismo es pues, una cárcel eterna de movimiento histórico, sin pausa y sin final, hasta extinguir todo lo que pueda convertirse en mercancía.

Al tiempo histórico del capitalismo, le corresponden sus historias (jamás cumplidas) de progreso e igualdad ante el mercado. Pero tal como nos proponen reflexionar ambos pensadores bolivianos, nuestras sociedades son profundamente heterogéneas, y en ellas habitan no solo otros modos de producción (alternativos al capitalismo), sino, más importante aún, otros tipos de movimientos, de ritmos, de tiempos históricos, con sus consecuentes conjuntos de historias.

Para nuestra esperanza y deseo de revolución, en la actual argentina plurinacional, pluriétnica y heterogénea, existen otros tiempos históricos con sus respectivas otras historias. Existen en las experiencias asamblearias, agroecológicas, sustentables, cooperativas y tantas otras. Por ello, en este conjunto de reflexiones, podríamos redimensionar, revalorar nuevamente la idea de “movimientos sociales”. Los movimientos sociales no solo propusieron nuevos sujetos sociales para la política, sino que hoy en día, proponen además nuevos tiempos históricos, nuevas direcciones de movimiento, otros ritmos y otros patrones de transformación de la naturaleza, que esencialmente se oponen al movimiento devorador del capitalismo.

Moverse hacia la libertad histórica

No debería hacer falta ser experto en ninguna disciplina ni área, para aceptar la idea de que el tiempo histórico que propone la sociedad capitalista actual nos conduce a un colapso geológico (humano-social-natural-biológico) en el futuro cercano. Pero, para los autores recorridos, al igual que para los asambleístas detenidos o los movilizados por su libertad, o quien escribe estas líneas, el interés no está en el colapso, más bien, en todo lo contrario.

Y aquí la idea de abigarrado vuelve a tornarse muy útil. Ya que nos ayuda a comprender que el capitalismo y el extractivismo son modos de dominación parcial, que no pueden someter bajo su principio organizativo todos los tipos de ritmos y movimientos y patrones de relación con la naturaleza. Siempre hay algo que escapa a su dominio, algo parcial que se resiste, eso son los modos de vida que plantean asambleas como El Algarrobo en Andalgalá. No solo es la resistencia a la Historia del capitalismo. Lo que proponen, además, es un tiempo histórico distinto, otro movimiento para relacionarse con la naturaleza, otra dirección de futuro, otro patrón de transformación, uno donde todo el aparato capitalista (incluidos los estados y sus elites) no tienen lugar.

En las luchas actuales que atraviesan los distintos movimientos socio-ambientales, feministas, indígenas, campesinos, migrantes (y tantos otros), podríamos estar viendo justamente una propuesta de nuevos tiempos históricos, una prueba de la imposibilidad del capital de dominar todos los tipos de movimientos y ritmos sociales. En la experiencia de las asambleas y sus maneras de hacer política, en los feminismos y sus olas verdes y violetas, en las comunidades indígenas y campesinas y sus búsquedas territoriales y espirituales de autonomía, en los Friday for future de los jóvenes y las urbes, en todas esas experiencias donde no solo hay una apuesta política por un mundo distinto, sino más aun, la posibilidad de un tiempo histórico diferente, un movimiento no eterno ni constante hacia el devenir mercancía en la extinción del mundo, sino un movimiento finito hacia la coexistencia de todas las especies en la permanencia del mundo.

*Licenciado en Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba. Adscripto a la cátedra de Filosofía Argentina Latinoamericana. Integrante del proyecto de investigación CIFFYH-UNC.

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Comprender el fascismo y la fascistización, y hacerles frente

19/04/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Said Bouamama

 

El 24 de octubre de 2009 di una conferencia sobre el fascismo en el Centre International de Culture Populaire de París en el marco de un ciclo de formación marxista. Más de diez años después el medio antifascista on line ACTA me pidió que actualizara esta conferencia para su página web, que la publicó el 27 de marzo de 2021 con la siguiente introducción: “Nos parece de tan candente actualidad en un contexto en el que el fascismo define una parte cada vez más importante de la política francesa que hemos querido transcribir su contenido. Esta formación nos parece esencial para las nuevas generaciones antifascistas que se comprometen en una secuencia en la que el fascismo va a ser un sujeto y un objeto de lucha fundamental (sobre todo en la perspectiva de las próximas elecciones presidenciales). El fascismo puede adoptar distintas formas y la teoría marxista proporciona unas herramientas indispensables para desenmascararlo, comprender su objetivo y luchar contra él de forma eficaz. Esta versión, actualizada y corregida por el propio autor, no incluye las muy interesantes digresiones que jalonaron la conferencia y que pueden encontrar en este enlace”.

Desde la década de 1930 se han realizado muchos análisis del fascismo y se han ofrecido multitud de definiciones de este régimen político. Aquí no se trata de exponerlas exhaustivamente, sino de destacar algunos debates clave esenciales en el contexto de la actual fascistización que acompaña a la ofensiva capitalista ultraliberal que caracteriza nuestro planeta desde hace varias décadas. En efecto, no habrá una práctica antifascista eficaz sin una teoría antifascista que clarifique las causas, retos y objetivos. Sin teoría antifascista no hay ni puede haber prácticas antifascistas eficaces.

Los enfoques fragmentados del fascismo

Existen muchas definiciones “espontáneas” de fascismo. Son en apariencia “espontáneas” en el sentido de que las personas que hablan de ellas no las refieren a un corpus teórico preciso o a un análisis del fascismo identificado. Sin embargo, más allá de la apariencia estas definiciones son un reflejo de las luchas ideológicas entre clases sociales. En particular el discurso dominante sobre el fascismo transmitido por muchos canales que constituyen los “aparatos ideológicos del Estado” (discurso mediático, contenidos de las enseñanzas de las clases de historia, contenidos y formas de las conmemoraciones, etc.) contribuye a imponer “espontáneamente” ciertas definiciones y a eliminar otras. Así, por ejemplo, la ocultación de la relación entre capitalismo y fascismo resumida en la consigna de la burguesía de la década de 1930 “antes Hitler que el Frente Popular” contribuye a acostumbrarnos a separar el fascismo de su dimensión de clase. Por consiguiente, es fundamental volver a entroncar con un análisis sistémico del fascismo. Este último nunca es simplemente obra de un hombre y de su locura o de una organización fascista que accede sola al poder y pisotea la “democracia”, sino que es un resultado lógico de un sistema en un contexto preciso de relaciones de fuerza entre clases sociales. Es un modo de gestión de la relación de clases en un contexto de crisis económica y de crisis política que amenazan a las clases dominantes

Veamos las definiciones “espontáneas” del fascismo. La primera de estas definiciones consiste en reducirlo a su forma dictatorial o violenta y a oponerlo así a la “democracia”. Es una evidencia que el fascismo es dictatorial y violento, pero lo es mucho menos que sean estas dimensiones lo que le distinguen de otras formas de gobierno. ¿Hay que recordar que son los buenos “republicanos” quienes masacraron a gran escala y ferozmente a los “comuneros”? ¿Hay que recordar que la “República” es quien instauró durante décadas una violencia sistémica en las colonias? Así, reducir el fascismo a la violencia o a la dictadura es impedir comprender las relaciones que tiene con el sistema capitalista, es cercenar el fascismo como ideología y como modo de ejercicio del poder de su base material, es decir, de los intereses de clase.

Una segunda idea “espontánea” es definir el fascismo por medio de su dimensión racista. Se insiste entonces en la racialización que opera, en la división que mantiene en el seno de las clases populares, en su creación de “chivos expiatorios”. También es una evidencia que el fascismo es racista, pero lo es mucho menos que el racismo sea lo que le distingue de otras formas de gobierno. Testimonio de ello son las múltiples secuencias históricas de racismo de Estado antes y después de las victorias fascistas de la década de 1930. Desde el trato dado a los “gitanos” al dado a los indígenas coloniales, pasando por el antisemitismo, el racismo estuvo presente en los llamados periodos “democráticos” desde el nacimiento del capitalismo. De nuevo este enfoque del fascismo lleva a cercenarlo de su base material o de clase.

Una tercera idea “espontánea” del fascismo consiste en definirlo por medio de una o varias de sus formas históricas, generalmente sus formas nazi o mussoliniana. Este enfoque oculta que el fascismo como forma de poder está dotado de una dinámica histórica, es decir, que adapta sus formas a las necesidades del contexto. Es el caso tanto del fascismo como del racismo, cuya forma histórica puede variar para preservar el fondo. Así, el racismo adoptó históricamente una forma biológica, más tarde, tras la derrota del nazismo y las luchas anticoloniales, una forma “culturalista”, antes de adoptar hoy una forma “civilizacional” en sus versiones que son la islamofobia, la negrofobia, el racismo antigitano o antiasiático. Quienes adoptan este enfoque esperan los desfiles de camisas pardas. Olvidan que el fascismo contemporáneo puede muy bien amoldarse al traje y corbata o a los vaqueros.

Estas ideas “espontáneas”, lejos de ser neutras, llevan todas ellas a cercenar el fascismo de su base material. El enfoque fragmentado del fascismo impide percibir las relaciones entre estas diferentes dimensiones, es decir, oculta la dimensión sistémica del fascismo.

Un fondo de clase y unas formas nacionales e históricas

El fascismo, como todas las formas políticas, es un concepto que pone de relieve lo que tienen en común muchas realidades materiales. Así, el concepto de árbol describe lo que tienen en común un roble, un pino o un baobab. Aunque el roble es diferente del baobab, sin embargo ambos pertenecen a la categoría de árbol. El fascismo es, pues, un “fondo” que se puede traducir en una multitud de “formas”. Esta precisión es muy importante. Sin ella las formas contemporáneas del fascismo se vuelven imperceptibles. La mayoría de los fascistas contemporáneos procuran diferenciarse de las formas históricas anteriores deslegitimadas por la experiencia histórica de fascismo y los horrores que le acompañaron.

La variabilidad histórica del fascismo va acompañada de una variabilidad geográfica o nacional. Ni ayer ni hoy el fascismo puede ser indiferente a las herencias e historias. Había varios aspectos que distinguían el nazismo del mussolinismo o del pétainismo. Los argumentarios antisemitas, por ejemplo, no ocupaban el mismo lugar en estos diferentes regímenes fascistas. Lo mismo ocurre hoy en que el discurso fascista se adapta a los diferentes contextos nacionales. Así, el tema de una pseudo “defensa del laicismo” no tiene el mismo peso en los diferentes discursos fascistas nacionales. Conviene deshacerse de la idea de que existe una forma única y pura de fascismo. El fascismo nunca tiene una forma pura, siempre está situado histórica y nacionalmente.

Igualmente, no se puede diagnosticar el fascismo a partir del discurso que mantiene sobre sí mismo. Muy pocas personas fascistas se definen hoy en día pública y explícitamente como fascistas. Este es, además, uno de los rasgos que diferencian el periodo anterior a 1945 y el actual. Muchos militantes antifascistas subestiman la victoria popular que fue la derrota del nazismo o no calibran todas sus consecuencias. El movimiento obrero, el movimiento antifascista y el movimiento anticolonial impusieron de forma duradera una frontera de legitimidad que hace imposible o difícil reivindicarse partidario del fascismo hoy en día. De este modo el fascismo está obligado a presentarse de manera diferentes, a pasar su mercancía de contrabando, por así decirlo. La lucha esencial hoy no es cazar al fascista explícito, sino descubrir la ideología fascista en unos movimientos que no se declaran fascistas y que pueden adoptar muchas caras para neutralizar la frontera de legitimidad que plantean nuestras luchas: defensa de la República, defensa de la nación, defensa del laicismo e incluso del nacional-comunismo, nacionalismo socialista, etc.

Así pues, el fascismo contemporáneo se adapta al contexto actual y adopta una forma dominante diferente de los rostros que haya podido tener en el pasado. Por consiguiente, la lucha antifascista no se puede limitar a los grupos explícitamente fascistas.

Los enfoques idealistas del fascismo

El idealismo es una corriente filosófica que explica el mundo por medio de las ideas y sus evoluciones. Se opone a otra corriente, el materialismo, que explica la realidad por medio de los factores materiales y sus evoluciones. El primero explica la realidad social a partir de las ideas y el segundo explica las ideas y teorías a partir de sus bases materiales. En el enfoque idealista del fascismo este se explica por medio de la obra de un hombre (Hitler, Mussolini, Pétain, Jean-Marie Le Pen). Según esta idea, en el advenimiento del fascismo no hay ningún interés material en juego sino, simplemente, la acción nefasta de un hombre y sus ideas. Se comprende, por tanto, el interés que tiene la clase dominante en difundir los enfoques idealistas del fascismo.

Rechazar estos enfoques idealistas no significa que las ideas no tengan ningún papel y que sea inútil librar la batalla de las ideas. Simplemente, las ideas por sí solas no pueden explicar el advenimiento del fascismo. Estas explicaciones silencian preguntas tan importantes como “¿por qué estas ideas arraigan en algunas circunstancias históricas y no en otras?” o “¿a quién interesa que surjan teorizaciones fascistas en algunos contextos históricos precisos?”. En efecto, plantear estas preguntas lleva a preguntarse por el papel de la clase dominante en la emergencia de fuerzas fascistas y en el advenimiento de un régimen fascista.

Todas las explicaciones en términos de “manipuladores”, “gurús”, “carisma de un líder”, “estrategia de una organización política”, etc, llevan a una lucha inconsecuente contra el fascismo al centrarla en la eliminación o neutralización de los “perturbadores” (por medio de la prohibición de una organización, la condena de un líder, la priorización de un “Frente Republicano” para establecer una barrera, etc.) y dejar de lado el sistema económico y social que les hace nacer, que les anima en determinados momentos y que les llama al poder cuando está en grave peligro. Por lo tanto, para eliminar definitivamente el fascismo no bastará con erradicar a los fascistas o neutralizarlos (aunque haya que hacerlo, por supuesto). Un antifascista consecuente es únicamente quien no se contenta con luchar contra los fascistas explícitos, sino que amplía la lucha hasta el sistema social que lo engendra. Un antifascismo consecuente no puede no ser un anticapitalismo.

Por lo tanto, esta explicación idealista que niega la relación entre capitalismo y fascismo presenta el fascismo como un accidente de la historia vinculado a las circunstancias particulares de la Primera Guerra Mundial y al trauma que supuso. Según esta idea, unos “manipuladores” encontraron en este contexto de confusión social y de crisis moral el camino de acceso al poder apoyándose en la necesidad de un marco y de estabilidad que tenían las masas populares, a las que la pauperzación había afectado duramente. Así, según esta idea, tanto el fascismo como el bolchevismo son unos accidentes de la historia liberal. Ya en la década de 1920 se encuentra esta tesis en los escritos del dirigente radical italiano Francesco Nitti y también, después de la Segunda Guerra Mundial, en los análisis del líder del partido liberal italiano Benedetto Croce para quien tanto el fascismo como el comunismo son simples paréntesis históricos vinculados a unas circunstancias particulares. Por supuesto, estos análisis no se preguntan en ningún momento por las relaciones entre las clases sociales y el fascismo. El interés que tiene este enfoque para la clase dominante es que presenta el fascismo como un fenómeno del pasado que no se puede reproducir hoy en día.

Una segunda explicación idealista del fascismo consiste en analizarlo como una excepcionalidad nacional de algunos países. Según esta idea, el fascismo es el resultado lógico de la historia alemana y de la italiana, es obra de aquellos países que conocieron una unificación tardía y una industrialización rápida que se produjeron bajo la dirección de una clase feudal transformada en clase capitalista. Así, según esta idea, su herencia histórica diferente preservó a los demás países capitalistas del fascismo. Los investigadores ingleses Brian Jenkins y Chris Millington han documentado abundantemente el predominio de esta tesis “excepcionalista” en los análisis franceses del fascismo (el fascismo como característica específica y excepcional de determinadas historias nacionales) en su obra publicada en 2020 Le fascisme français : Le 6 février 1934 et le déclin de la République.

Un tercer análisis idealista del fascismo consiste precisamente en presentarlo como un anticapitalismo. Los propios grupos fascistas no dudan en presentarse como revolucionarios o anticapitalistas (o antiglobalización, anti-Europa del capital, etc.). El término “totalitarismo” se ha fomentado ideológicamente para meter en el mismo saco las teorías anticapitalistas y el fascismo. Así, en clase de historia el alumnado aprende que nazismo y comunismo pertenece a la misma categoría de régimen. Los grandes medios de comunicación también retoman regularmente esta amalgama y al hacerlo se deslegitiman todos los intentos de emancipación social y política. Se presentarán todos ellos como fascismos por ser precisamente, anticapitalistas.

El pseudo “anticapitalismo” de los fascistas nunca es una crítica del capitalismo como sistema. Generalmente es una crítica del capitalismo de los demás países, es decir, de los competidores del capitalismo francés. Por eso es frecuente oír a fascistas criticar el capitalismo estadounidense o alemán, pero nunca se les oye criticar seriamente (puede ocurrir de manera coyuntural, táctica, momentánea) el capitalismo de su nación. En efecto, la crítica del capitalismo como sistema lleva a un análisis de clase, mientras que la crítica del capitalismo de los competidores lleva a la defensa de los intereses de mi burguesía contra los intereses de las demás burguesías. De este modo, el fascismo trata de recuperar por medio del nacionalismo burgués la ira y la revuelta anticapitalistas tratando de canalizarlas hacia unos objetivos compatibles con los intereses de la clase dominante nacional. En cada nación los fascistas se inscriben así en los intereses de su clase dominante enfrentada a los conflictos de interés con los demás capitalismos, es decir, a las contradicciones interimperialistas. Por esa razón, los mismos que se dicen anticapitalistas también se pueden proclamar contra la independencia de las colonias, porque está en contradicción con los intereses de la clase dominante.

El capitalismo es en primer lugar un sistema social y económico basado en la explotación, es decir, en la extorsión de la plusvalía. Ser anticapitalista es actuar para acabar con este sistema y sustituirlo por otro exento de explotación, es decir, sin propiedad privada de los medios de producción. Por eso los fascistas no pueden ser anticapitalistas. Por eso la lucha ideológica antifascista no puede ahorrarse la crítica del programa económico de los fascistas. Estos últimos defienden la propiedad privada, se oponen al aumento de los salarios y de las prestaciones sociales, se niegan a gravar el capital, condenan cualquier reducción de la jornada laboral, abogan por prolongar la duración de las cotizaciones para la jubilación o del subsidio de desempleo, etc.

Una cuarta explicación idealista del fascismo consiste en definirlo en primer lugar por su racismo y su discurso contra la inmigración. De nuevo, se oculta así la relación entre capitalismo y fascismo. Es una evidencia que el fascismo es racista, pero ¿todavía hay que plantearse la cuestión de la función social e ideológica de este racismo (que, por lo demás, está lejos de limitarse a la galaxia fascista)? Lo que pretenden los fascistas al presentar la inmigración como causa de las dificultades sociales es impedir que se tome conciencia de las verdaderas causas que van unidas al capitalismo como sistema que solo puede generar (debido a sus leyes de funcionamiento) las crisis, pauperizaciones y precarizaciones que le acompañan.

Como vemos, no todo es falso en las explicaciones idealistas del fascismo. Es cierto que el fascismo histórico (tal y como lo conocimos en la década de 1930) se caracteriza por la existencia de líderes carismáticos, que se desarrolla en las traumáticas circunstancias provocadas por la Primera Guerra Mundial, que ciertas historias nacionales han sido terreno fértil para el fascismo, que el racismo es un rasgo común a todos los fascismos, etc. Sin embargo, estas verdades descriptivas son cercenadas sistemáticamente de la cuestión de la base material, es decir, de los intereses de clase que defiende el fascismo

El pseudo “anticapitalismo” de los fascistas

El primer aspecto del discurso fascista es su pseudo “anticapitalismo”. Es cierto que en determinados periodos históricos unos fascistas pueden convertirse en portavoces de revueltas sociales, pero siempre es para desviarlas, o pervertirlas, de los verdaderos objetivos de las clases populares. Así, un Alain Soral no duda en proclamarse de la “izquierda del trabajo” al tiempo que simultáneamente se proclama a “la derecha de los valores”. Por eso debemos aprender a dirigirnos a las personas a las que los fascistas atraen con sus discursos sobre la “derecha de los valores”. Estas personas están en una revuelta que pervierten los fascistas. Estamos ante una “revuelta pervertida”. Aunque hay que luchar contra la perversión, la revuelta, por su parte, es sana.

El segundo aspecto del discurso de los fascistas se refiere a la naturaleza de las críticas que se hacen al capitalismo (a la globalización, a Europa, etc.). Lo que se le reprocha al gobierno en el poder es su “debilidad” en comparación con los países capitalistas competidores, se considera insuficiente la defensa de la “nación”, se le reprocha la supuesta ausencia de firmeza respecto a los sindicatos y las reivindicaciones sociales. En ningún momento se pone en tela de juicio el sistema capitalista como tal. Es posible que se critique tal o cual aspecto del capitalismo, pero nunca el capitalismo como sistema. Los aspectos del capitalismo criticados por los fascistas siempre son los que corresponden a las cóleras sociales más importantes del momento y se sigue la lógica de criticar una parte para preservar el todo, criticar un aspecto para proteger el sistema.

La tercera dimensión del discurso fascista es la famosa defensa de los valores que hemos mencionado antes a propósito de Alain Soral. El enfoque común a todas las versiones del fascismo es el enfoque organicista, es decir, que conciben la sociedad como un organismo en el que cada elemento tiene un lugar “natural” intangible. Según este enfoque, la sociedad es un organismo a imagen del cuerpo humano y las clases sociales se corresponden a los diferentes órganos de este cuerpo. En esta lógica las clases sociales no se deberían oponer, sino colaborar. Para esta teoría las relaciones sociales ideales son las que respetan los equilibrios pseudonaturales que serían la sumisión de la mujer al hombre, del asalariado a su patrón, de los gobernados a los gobernantes. Se elimina del análisis el origen de estos “equilibrios naturales” y su función social. Lo que se oculta al hacerlo es que, lejos de ser naturales, estos “equilibrios naturales” producen una jerarquía social al servicio del capitalismo. Algunos discursos fascistas contemporáneos pueden parecer contradictorios con nuestras palabras. Hoy en día [el partido francés de extrema derecha, que hasta 2018 se llamaba Frente Nacional,] Rassemblement national [Agrupación nacional] no duda en declarase a favor de los derechos de las mujeres o del laicismo, aunque toda la historia de esta corriente de pensamiento atestigua lo contrario. Esta “conversión” se produce precisamente en el momento en que tanto el laicismo como los derechos de las mujeres son instrumentalizados por la clase dominante contra la inmigración, las personas musulmanas o supuestamente musulmanas, las personas que habitan en los barrios populares, etc. El laicismo y los derechos de las mujeres se vuelven defendibles a condición de estar integrados en una lógica islamófoba y/o de “choque de civilizaciones”.

El cuarto rasgo distintivo del discurso de los fascistas es la negación de la lucha de clases y la oposición a ella. Se considera que la lucha de clases debilita a la “nación” frente a los competidores. La famosa unidad nacional que defienden supone la negación de la existencia de clases sociales con intereses divergentes, es decir, de clases que entran inevitablemente en lucha unas contra otras. Al negar este motor de la historia que es la lucha de clases, los fascistas solo pueden conformarse con una presentación del “orden” como motor de la historia. Por eso los fascistas consideran que son los grandes hombres y las élites quienes hacen la historia. Lo que defendían ayer con teorías sobre las razas inferiores y hoy defienden con discursos sobre el “choque de civilizaciones” es la idea de una jerarquía natural de los pueblos en el ámbito internacional y la de una jerarquía también “natural” de las élites en el nacional.

Una quinta característica del discurso fascista es la explicación que ofrece de las crisis sociales. Aunque son el resultado del propio funcionamiento del capitalismo, los fascistas las explican por medio de la “mala gestión”, la “anarquía”, “la ausencia de firmeza” de los sucesivos gobiernos, por medio de “la sumisión al mundialismo”, etc. Este análisis lleva a un llamamiento al “orden”, a la “firmeza”, a la “prioridad nacional”, etc. Dicho de otro modo, las respuestas que se proponen a las crisis del capitalismo consisten en exigir fortalecer unas ideologías y unas prácticas vinculadas históricamente al capitalismo. El sistema que genera las crisis se presenta como la solución a estas crisis.

Por último, entre las especificidades esenciales del discurso fascista encontramos la crítica del parlamentarismo en una lógica de “todos corruptos”. Para ello se basan en escándalos reales del parlamentarismo tal como lo conocemos (falta de representatividad de los cargos electos, falta de legitimidad ligada al alto índice de abstención de las clases populares, peso predominante del ejecutivo, etc.). Por eso el discurso antifascista no puede consistir en una defensa de un parlamentarismo que no es el nuestro sino el de la clase dominante. Igualmente conviene hacer visibles las diferencias absolutas entre la crítica del parlamentarismo que hacen los progresistas y la que hacen los fascistas. Si ellos critican el parlamentarismo sobre la base de una exigencia de menos democracia, nuestra crítica se hace sobre la base de una exigencia de más democracia directa. Ellos piensan que hay demasiada democracia, nosotros pensamos que no hay suficiente.

El anticapitalismo de los fascistas siempre es de fachada, parcial, coyuntural. Su crítica del parlamentarismo dominante va encaminada a una restricción de los derechos y libertades democráticas, aun cuando el escándalo de este parlamentarismo se sitúe en una democracia formal y de fachada.

Conocer la herencia teórica antifascista

No somos los primeros que hemos intentado comprender la naturaleza política del fascismo. Antes que nosotros ha habido generaciones de militantes que lucharon y trataron de analizar el fascismo. Disponemos de una herencia que nos permite evitar errores que fueron dramáticos en el pasado. Por supuesto, esta herencia se debe adaptar a las realidades contemporáneas y a los nuevos rostro del fascismo. Sin ser exhaustivo, no es inútil recordar algunas de estas herencias.

Empecemos por la definición del propio fascismo. Uno de los primeros logros de los debates contradictorios que caracterizaron el antifascismo es su caracterización de clase del fascismo. Uno de los logros importantes que hemos heredado es la necesidad de distinguir entre la naturaleza de clases del fascismo por una parte y las clases que moviliza para acceder al poder por otra. Si el fascismo se dirige a las clases populares y las clases medias desclasadas, en proceso de desclasarse o con miedo a caer en ello, los intereses de clase defendidos por los fascistas son los de la clase dominante e incluso los de una fracción particular de esta clase, la vinculada al capital financiero.

Esta fracción de la burguesía que Lenin definía como “la fusión del capital bancario y del capital industrial” adopta la forma de grandes grupos industriales y financieros o de fondos especulativos que no se contentan con el beneficio medio de cada mercado nacional, sino que buscan el máximo beneficio en el mercado mundial. El capital financiero no duda en desplazar su capital de un sector a otro, de un país a otro, en busca de una fuerza de trabajo lo más barata posible para maximizar su beneficio. Lógicamente, la competencia en el seno de este capital financiero mundial es feroz, por lo que cada capital financiero nacional se apoya en su Estado nacional para defender sus intereses frente a otros capitales nacionales y sus Estados. Por eso el capital financiero nacional se caracteriza también por su carácter chovinista. Aunque las multinacionales reagrupan capitales que pertenecen a accionistas de varios países, eso no quiere decir que ya no tengan ningún arraigo nacional. Esta agrupación de capitales de varios países se hace siempre bajo la dirección o la dominación de un grupo industrial y/o financiero de un país. Cada multinacional desde el punto de vista de su capital es de hecho nacional desde el punto de vista del grupo dirigente, que se puede basar en la política exterior de su Estado para promover sus intereses, es decir, maximizar sus beneficios. Esta fracción del capital, la más reaccionaria, la más imperialista y la más chovinista, es la que en determinadas circunstancias necesita al fascismo para mantener sus beneficios.

En 1935 Georges Dimitrov formuló una definición de fascismo que, en mi opinión, sigue siendo plenamente actual. Este comunista búlgaro al que los nazis acusaron del incendio del Reichstag y que transformó su declaración ante los jueces en un juicio al fascismo, define el fascismo de la siguiente manera: “Una dictadura terrorista abierta a los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capitalismo financiero”. Por consiguiente, el fascismo se inscribe dentro de la continuidad con el poder clásico de la burguesía (en ambos casos se trata de un capitalismo y de una burguesía dominante) al tiempo que está en ruptura con él (en lo que concierne a los medios terroristas que moviliza esta clase dominante). Otros análisis antifascistas se han preguntado por la circunstancias históricas del desarrollo del fascismo. Así, en 1929 el comunista alemán August Thalheimer definió el fascismo como un régimen de excepción que adopta una forma bonapartista, es decir, que la clase dominante confía el poder a un “Bonaparte” para salvaguardar su poder económico.

Estos análisis que vinculan fascismo y análisis de clase ponen de relieve que el fascismo se desarrolla cuando la clase dominante se siente amenazada por el desarrollo de las luchas sociales, que se convierte en una hipótesis creíble para esta clase cuando se enfrenta a una crisis de legitimidad y a una crisis de gobernabilidad. Por lo tanto, la clase dominante es la que llama al fascismo cuando le parece que su poder está amenazado. Por ese motivo a menudo coinciden simultáneamente los factores que llevan a una revolución y los que llevan al fascismo. Así, en 1934 el comunista inglés Palme Dutt desarrolló la tesis del fascismo como resultado de tres circunstancias: una burguesía debilitada por el desarrollo de las luchas sociales y una crisis de legitimidad; una burguesía que, aun así, sigue siendo fuerte; unas clases medias desestabilizadas y que sufren un proceso de desclasamiento. En estas circunstancias lo que está en juego es la recuperación de la revuelta en ascenso de las clases populares empobrecidas y aun más de la revuelta cada vez mayor de las clases medias en vías de desclasamiento. ¿Orientarán estas su ira contra el capitalismo o contra otro grupo social (las personas extranjeras, las judías, las musulmanas, etc.)? Esa es la pregunta que en esas circunstancias se hace la clase dominante.

Subrayar que el fascismo está vinculado a los intereses de la clase dominante en general y a los del capital financiero en particular no significa que estemos ante una conspiración. Los fascistas no son solo las herramientas de la clase dominante. Generalmente esta clase considera que podrá canalizar, controlar o limitar el fascismo. Así, el comunista italiano Antonio Gramsci insiste en el hecho de que los fascistas disponen de una autonomía relativa respecto a la clase dominante. Se sirven de las luchas de poder entre las diferentes fracciones del capital para hacer avanzar en su propia agenda al plantearse progresivamente como el último y único recurso ante la amenaza de una revolución social. Por consiguiente, hay una oferta de fascismo por parte de las organizaciones fascistas y una demanda de fascismo primero por parte de algunas fracciones de la clase dominante y después por parte de fracciones más importantes. Cuando ambas se encuentra la situación está madura para que se instale una dictadura terrorista abierta.

Cuando la oferta no se corresponde a la demanda porque la burguesía no se siente suficientemente amenazada, el fascismo no encuentra las condiciones de acceso al poder. No obstante, en circunstancias de fuerte desarrollo y radicalización de las luchas sociales la clase dominante no dudará en adoptar los análisis, las propuestas y una parte de los métodos del fascismo. En tal caso estamos ante un proceso de fascistización del aparato de Estado.

El proceso de fascistización

Los análisis que hemos expuesto más arriba, que constituyen nuestra herencia antifascista, no son exhaustivos, hay muchos otros que no podemos exponer aquí por falta de tiempo. Sin embargo, son suficientes para acabar con algunas ideas equivocadas que todavía son demasiado frecuentes entre las filas antifascistas. El primer error consiste en analizar el fascismo como la llegada brusca e instantánea de un régimen dictatorial. Lo que se subestima en esta tesis es la secuencia que precede al fascismo, es decir, el proceso de fascistización. Mucho antes de que la clase dominante necesite un poder fascista se sirve de su Estado para reaccionar ante el aumento de las luchas sociales. La represión cada vez más violenta de estas luchas, la restricción de los derechos y libertades democráticas, la disolución de organizaciones contestatarias, la modificación de la legislación hacia una lógica autoritaria y de seguridad cada vez mayor, el convertir a grupos sociales en chivos expiatorios, etc., preceden a la llegada al poder de los fascistas. Solo cuando estas medidas resultan ineficaces y el poder es amenazado inmediatamente, la fascistización pasa un umbral cualitativo al transformarse en fascismo.

Relacionado con este primer error hay un segundo que consiste en considerar que el fascismo llega al poder por medio de la violencia. Sin duda pude ocurrir, pero es más frecuente que los fascistas lleguen al poder con toda legalidad y que después lo transformen en una dictadura terrorista abierta. El proceso de fascistización reúne las condiciones del fascismo para hacerlo posible en caso de que lo necesite la clase dominante. En este sentido se puede decir que la fascistización es la antesala del fascismo, pero eso no significa que la fascistización lleve sistemáticamente al fascismo. En ese sentido no hay ningún determinismo histórico absoluto, todo depende de la relación de fuerzas. Así, fue el rey Victor Emmanuel III quien confió a Mussolini las riendas del poder tras la Marcha sobre Roma de los fascistas y también fue el presidente Hindenburg quien nombró a Hitler canciller.

El tercer error es el que ya hemos subrayado, esto es, la confusión entre el fascismo y una de sus formas históricas. El fascismo contemporáneo puede adoptar nuevas formas históricas. No desfilará necesariamente con camisas pardas. Puede muy bien surgir del propio seno del aparto de Estado actual y de la actual democracia parlamentaria. Se puede deber a una mutación cualitativa de miembros de la clase política “demócratas” y “republicanos”. Tener en cuenta la diversidad de posibles orígenes del fascismo es volver a la noción de “autonomía relativa” de los fascistas de la que hablaba Gramsci. Hoy no existe un único bloque fascista, sino una galaxia fascista caracterizada por la diversidad de sus análisis.

No tenemos tiempo para describir toda esta diversidad. Contentémonos con recordar dos de sus corrientes principales. La primera se basa en una lógica centrada en la afirmación de la existencia de un peligro que sufre la “civilización occidental” debido al ascenso del “islamismo” para algunos, del ascenso del Islam para otros o de la inmigración que, según otros más, se ha vuelto masiva. El ideólogo de la burguesía Samuel Huntington teorizó este enfoque en sus libros El choque de civilizaciones y ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense. Uno de los principales rostros del fascismo (desde el discurso sobre el peligro musulmán hasta la tesis de la “gran sustitución”, pasando por la de una identidad nacional amenazada por la inmigración) tiene su origen en este postulado de una guerra de civilizaciones. El aura de esta tesis va mucho más allá de la extrema derecha y la convierte en una de las bases centrales de justificación de la fascistización del aparato de Estado. Por ese motivo otro error posible es limitarse al enfrentamiento con los grupos explícitamente fascistas o de extrema derecha sin luchar contra la fascistización del aparato de Estado. La segunda corriente es más clásica y está constituida por el “nacionalismo revolucionario” que destaca unas tesis cercanas al fascismo que conocimos en la década de 1930 (crítica del parlamentarismo, llamamiento al orden moral, racismo explícito, etc).

No obstante, estas dos corrientes tienen un punto en común esencial: presentar la lucha de clases como algo que divide la nación, que destruye la unidad nacional, como complicidad objetiva frente al peligro civilizacional que nos amenazaría.

Acerca de nuestra secuencia histórica

Actualmente nos encontramos en una secuencia histórica caracterizada por la llegada al poder desde hace más de cuatro décadas del neoliberalismo en forma de una globalización capitalista. Este neoliberalismo no es sino la política económica que corresponde a los intereses de los monopolios y de los grandes grupos de capital financiero. Esta fase neoliberal, que se basa en una carrera mundial por maximizar el beneficio, se concreta en la destrucción de las conquistas sociales, en una deslocalización generalizada en busca de un coste cada vez más bajo de la mano de obra, en una flexibilización generalizada del trabajo, en un retroceso del Estado a únicamente sus funciones de regalía (el mantenimiento del orden, la justicia y la defensa bélica de los intereses del capitalismo francés y europeo en el ámbito internacional). La consecuencia de ello es una pauperización generalizada de las clases populares y un desclasamiento social de las clases medias.

Otra consecuencia de la globalización capitalista es la exacerbación de la competencia entre los diferentes países capitalistas que se concreta en el desarrollo de guerras por el control de las fuentes de materias primas y en una militarización cada vez mayor. El desarrollo de los discursos chovinistas sobre la identidad nacional amenazada no es sino la expresión de esta base material que constituye la lucha entre las potencias imperialistas por repartirse el mundo.

Nos encontramos también en un contexto de desarrollo y de radicalización de las luchas sociales que se concretiza en el movimiento contra las reformas de las pensiones, el de los ferroviarios contra la privatización, el de los Chalecos Amarillos, el movimiento contra la violencia policial, etc. Tras una fase de dos décadas de retroceso frente a la lógica implacable de la globalización capitalista, de nuevo es el momento de cada vez mayores luchas sociales. Al poner de relieve la pandemia de coronavirus las consecuencias de las elecciones económicas neoliberales de las últimas décadas, aumenta aún más la ira social y sume a la clase dominante en una importante crisis de legitimidad. La toma de conciencia de una causa sistémica de la pauperización y de la precarización generalizada conoce un progreso inédito desde el giro neoliberal de las décadas de 1970 y 1980. La posibilidad de unos movimientos sociales de gran magnitud está presente y los análisis y decisiones del gobierno la anticipan. Por supuesto, estos movimientos sociales no constituyen un peligro inmediato para la clase dominante. Sin embargo, esta última tiene una experiencia histórica que le permite comprender los peligros potenciales de la situación social actual. Nunca hay que subestimar a nuestro enemigo.

Este contexto de una burguesía debilitada pero todavía fuerte y de un movimiento social que progresa de forma importante, pero que todavía no es lo suficientemente poderoso permite explicar la actual fascistización del aparato de Estado. El hecho de que Macron y sus ministros hayan recuperado partes enteras de análisis que hasta ahora eran específicos de la extrema derecha refleja esta fascistización, lo mismo que las medidas liberticidas contenidas en la entrada del estado de urgencia en el derecho común, en la ley sobre la “seguridad global” o en la ley contra el pseudoseparatismo. Aunque la clase dominante todavía no necesita el fascismo, prepara las condiciones para este en caso de que la evolución de la situación social lo hiciera necesario. En esta preparación de la hipótesis fascista como último recurso la clase dominante baraja dos posibilidades: la tolerancia respecto a grupos más o menos explícitamente fascistas por una parte y la aceleración de la fascistización del aparato de Estado por otra.

En este contexto es ilusorio luchar contra el fascismo subestimando la gravedad de la fascistización del aparato de Estado. También es ilusorio subestimar la lucha contra los grupos explícitamente fascistas. Una vez que estos grupos estén en el poder solo se podrá luchar contra ellos por medio de la lucha armada, como en la época del nazismo. Desde hoy nos enfrentamos a la doble lucha contra la fascistización y contra los grupos fascistas.

Fuente: https://bouamamas.wordpress.com/2021/04/11/comprendre-et-combattre-le-fascisme-et-la-fascisation/

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

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Los 200 años del nacimiento de Charles Baudelaire

12/04/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Susana Cella

 

Hace 200 años, el 9 de abril de de 1821 nacía Charles Baudelaire, según T. S. Eliot, el mejor ejemplo de poesía moderna en cualquier idioma. No se puede pensar la modernidad -que él detestaba- sin la poesía y las reflexiones que emanan de Las flores del mal. No se puede concebir siquiera la ciudad y el hombre de la multitud inmerso en ella, sin reparar en Baudelaire. Considerado el poeta clave del capitalismo en desarrollo por Walter Benjamin, Baudelaire le sigue hablando a los modernos, los bohemios y los nómades de todos los tiempos.

Según T. S. Eliot, Baudelaire es “el mejor ejemplo de poesía moderna en cualquier idioma”. Precisamente fue el autor de Las Flores del Mal, nacido el 9 de abril de 1821, quien usó la palabra Modernité para definir un tiempo al que indefectiblemente tenía que remitirse el artista en la era de la industrialización y el progreso -que detestaba por la “progresiva decadencia del alma y progresivo predominio de la materia”- cuyo escenario era ahora la ciudad. Había entonces que explorarla, deteniéndose voluptuosamente en sus misteriosos arrabales, en su sordidez y fealdad para transmutar en expresión poética objetos y seres vulgares, rodando en el fango como “La musa venal”.

En Poesía y capitalismo, Walter Benjamin analiza el modo en que Baudelaire desnuda los conflictos de la sociedad burguesa como un provocador cuyas nociones políticas no sobrepasaban las de los “conspiradores profesionales”, más dispuestos a las revueltas que al diseño de tácticas de lucha. Así, durante la Revolución de 1848, armado de un fusil sólo gritaba “¡Abajo el General Aupick!” (su odiado padrastro). La bohemia que caracteriza Benjamin y de la cual participó Baudelaire, reunía un conjunto variopinto de personajes urbanos entre los cuales destaca la figura del flaneûr (el que recorre y observa) al que Baudelaire llamaba “el hombre de las multitudes”, sin lugar específico es como el poeta que ha perdido el aura. No casualmente escribe Baudelaire en el Spleen de París, “Pérdida de la aureola” en medio de los riesgos en la ciudad porque: “¿Qué son los peligros del bosque y la pradera comparados con los choques y conflictos diarios que se dan en el mundo civilizado?”

La naturaleza repele a Baudelaire, asimila el crimen a lo natural y la virtud es artificial, sobrenatural. Asimismo, la ciudad puede degradar algo bello natural: el cisne escapando de la jaula se arrastra cerca de un río sin agua. (“El cisne”).

Edgar Allan Poe -a quien Baudelaire tradujo- le proporcionó tanto el rigor compositivo como visiones de las muchedumbres, del crimen, lo tenebroso, lo descompuesto, impúdico, mortuorio, visible en poemas como: “Una carroña”, “Sepultura”, “El tonel del odio”, “El vino del asesino” o los “Spleen”. Y hay además una reflexión sobre el hacer poético en clave de “fantástica esgrima,/ olfateando en todos los rincones los azares de la rima” de modo que “ennoblece el destino de las cosas más viles” (“El sol”). En “El vino de los traperos”, uno de estos pordioseros aparece “chocando y golpeándose contra las paredes como un poeta”. Ambos recogen y ordenan los desechos. Ambos trabajan, Baudelaire insiste en el esfuerzo sostenido contra la idea romántica de la inspiración lírica.

Paul Verlaine no lo incluye en Los poetas malditos, pero habría tomado esa significativa palabra (maudits) del poema “Bendición”, de Las Flores del mal. Allí “El Poeta aparece en este mundo aburrido” y su madre blasfema a Dios: “Maldita sea la noche de placeres efímeros/ en la que mi vientre concibió mi expiación!” Puede pensarse que se manifiesta aquí el dolor del niño cuando su madre, Caroline Dufays, luego de enviudar y casarse con el Jacques Aupick, priva al hijo de la estrecha relación que los unía. Diría años después: “De muy niño sentí en mi corazón dos sentimientos contradictorios: el horror de la vida y el éxtasis de la vida”. La simultánea presencia de los opuestos es un rasgo constante.

Expulsado del Liceo Louis Le Grand, Baudelaire rechazó seguir la carrera diplomática para gran disgusto de la familia que intentó alejarlo de la vida disipada mediante un largo viaje, infructuoso, porque volvió a la bohemia parisina y los vicios, también empezó a publicar: El Salón de 1845 inició sus escritos sobre artes visuales, que igualmente abordó en Lo cómico y la caricatura. Otros ensayos fueron compilados en una miscelánea, El arte romántico donde escribe sobre “algunos de mis contemporáneos”, entre ellos, Téophile Gautier, a quien dedicara Las Flores del Mal.

Para Baudelaire, el poeta de l´art pour l´art “es el amor exclusivo de lo bello” y “a esta facultad maravillosa une Gautier su inmensa inteligencia innata, su comprensión por la ´correspondencia´ y el simbolismo universales”. “Correspondencia” no puede sino evocar al famoso poema de Las Flores del Mal que se toma como cifra de la poética simbolista. Allí la Naturaleza no es lo rechazado sino “un templo de vivos pilares”. Es el deseo de “una tenebrosa y profunda unidad” pasando “a través de bosques de símbolos”. Para José Lezama Lima “En esas respuestas en las que cada sentido más en desprendimientos lentos, en misteriosas evaporaciones, que en rápido suceder confuso, como en toda coincidencia, había un tiempo voluptuoso” que culmina en el grito final (“El Viaje”), según Lezama: “sumergido en el fondo del golfo, cielo o infierno, qué importa. Al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo. Pero he ahí que Charles Baudelaire, dandy perfecto, pretende entrar con la misma poesía en el destino, la gracia y el pecado original.”

En el ensayo titulado Baudelaire Jean Paul Sartre resume la temprana consumación de un destino elegido y cultivado: “a los veinticinco años la suerte está echada: todo está detenido; tuvo su oportunidad y perdió para siempre. En el 46 ya ha gastado la mitad de su fortuna, ha escrito la mayoría de sus poemas, ha dado forma definitiva a sus relaciones con sus padres, ha contraído el mal venéreo que va a pudrirlo lentamente, ha encontrado la mujer que pesará como plomo en todas las horas de su vida, ha hecho el viaje que proveerá a toda su obra de imágenes exóticas… Oprime el corazón leer Fusées (Cohetes) o Mon coeur mis à nu (Mi corazón al desnudo): nada nuevo en esas notas redactadas hacia el fin de su vida”(1867). 

Los dos títulos provienen de Poe, son notas y proyectos inconclusos: “me sería difícil no llegar a la conclusión de que el más perfecto tipo de Belleza viril es Satanás a la manera de Milton”. Ve en Satán la belleza dolorosa del vencido por Dios, y sin embargo, vencedor y vencido se implican: “¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo,/ oh Belleza?” pregunta en el “Himno a la Belleza” emplazando el desasosiego que magníficamente exhibe la primera parte de Las flores del mal, “Spleen e Ideal”, y que se sigue desplegando en El spleen de París, sus distintivos poemas en prosa.

Baudelaire forja su soledad como un estado de diferenciación, está solo entre los otros y preserva su singularidad hasta hacerse repulsivo como resistencia a asimilarse a la vulgaridad que odia: “Cuando haya inspirado asco y horror universales habré conquistado la soledad”. Su desprecio a la mediocridad, el afán de no integrarse a un orden social detestable se expresan en el deterioro físico, en sus “paraísos artificiales” y sus amargas diatribas. Afirmaba su lugar no afincando en la subjetividad, sino objetivándose. El poeta ya no es un torrente de sentimientos personales, cultiva la frialdad y la displicencia, se asume como dandy: “una especie de culto de sí mismo… el placer de asombrar, de pasmar, y la orgullosa satisfacción de no asombrarse jamás”. Para orgullosamente “combatir y destruir lo trivial” no repara en esfuerzos, inmola el cuerpo y siembra Flores del mal a fin de entrever el infinito desde la finitud, sin indulgencias: “Soy la herida y el cuchillo/ la víctima y el verdugo”.

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Dos libros sobre cultura latinoamericana y el rol de la periferia de la periferia. Entrevista a Hugo Achugar, de Uruguay al mundo globalizado

05/04/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Enrique Foffani

 

Poeta, novelista y uno de los más destacados intelectuales y ensayistas de Uruguay, Hugo Achugar ha escrito y reflexionado a lo largo de las últimas décadas acerca de un tema crucial como es el espesor de las sucesivas fases de la modernidad latinoamericana, no sólo en relación con un centro global sino también atento a una zona poco atendida: la periferia de la modernidad periférica. Ahora Eduvim publica en Argentina Piedra, papel o tijera (Sobre cultura y literatura en América Latina) y pronto se distribuirá su libro de 2019 Habla el huérfano, un deslumbrante juego de voces polifónico. En esta entrevista Achugar aborda este momento de América latina y el rol de los escritores e intelectuales, entre los cambios y demandas de la tecnología y la pandemia que no cesa.

Poeta, novelista, profesor y uno de los críticos y ensayistas más destacados de Uruguay de las últimas décadas, Hugo Achugar viene analizando, desde las últimas décadas del siglo XX, con consecuente firmeza, el espesor de las sucesivas fases de la modernidad latinoamericana. Agudo observador de las contiendas locales frente a las demandas globales y de las manifestaciones artísticas que cohabitan y se rozan con la historia de la carencia y las exclusiones sociales. Con una actitud permanentemente aggiornada, su ensayística retoma la línea de pensamiento de aquellos intelectuales como Bello, Sarmiento, Martí, Darío, Rodó, Henríquez Ureña que cultivaron la mirada continental sin desatender el mundo ni sus bibliotecas y sus múltiples tiempos coexistentes. Este quizás sea el rasgo más uruguayo de su escritura: estar con los oídos y los ojos puestos en la escena contemporánea. Hay en Achugar la figura de un crítico dandy: su elegancia en el vestir se traslada a la elección estética de los títulos de sus libros. Una y otra vez ha hurgado en las tramas de las desigualdades que, en el marco del Neoliberalismo, nos muestran la situación real de los otros, una problemática central en la historia del continente desde 1492 que atraviesa sus trabajos críticos y persiste incluso en su último libro que acaba de salir en estos días publicado por la editorial cordobesa Eduvim: Piedra, papel o tijera: Sobre cultura y literatura en América Latina, cuyo título se inspira en un juego japonés de las artes marciales.

Hay todo un derrotero crítico desde sus libros tempranos –como Poesía y sociedad y el estudio ideológico de la narrativa de José Donoso– a la que conforma sin lugar a dudas su trilogía crítica en la que leemos su apuesta más fuerte, a saber: La balsa de la medusa, La biblioteca en ruinas: Reflexiones culturales desde la periferia y Planetas sin boca: Escritos efímeros de arte, cultura y literatura. Escritos entre 1992 y 2004, estos ensayos giran alrededor de la “modernidad periférica” pero, puesta sagazmente bajo su ojo crítico, esta noción es objeto de una corrección y un sentido menos falaz: se trata de la modernidad en relación con la periferia de la periferia, una doble vuelta de tuerca que complejiza los contactos que se tramitan con el centro y los de éste con ese otro cordón periférico en el que habitan –para decirlo con la película de Buñuel– “los olvidados”.

Pero hace un año y medio, Achugar publicó en Montevideo, en Estuario editora, que se distribuye en estos días en Buenos Aires, un libro impactante: Habla el Huérfano. No es sólo el relato de una primera persona sino de varias: la del escriba que deja constancia de lo narrado y la de muchos otros incluyendo otra, Juana Caballero, su heterónimo femenino que firma una de sus novelas Cañas de la India y que aparece también como epígrafe de Planetas sin boca. Hay un Huérfano que intenta constituirse como sujeto en el vacío del lenguaje: en el fondo qué es el yo sino el sitio de una orfandad. ¿De quién se es Huérfano? ¿El Uruguay, abandonado por el padre de la patria que se va al Paraguay? Se trata del hijo que le reclama a ese otro gran padre ausente: Dios mío Dios mío por qué me has abandonado? Este es lo que sobrevuela todo el relato: la cuestión de la paternidad, del principio de autoridad y de la función que cumple en diversos momentos de la cultura. ¿Todo padre es abandónico? ¿De qué falta el sujeto es huérfano? ¿Cuál ausencia lo vuelve tal? Sólo se es Huérfano de los padres o también puede alguien serlo de sus propios hijos, de los amigos, de las personas que ama?

Habla el Huérfano es un relato que nos recuerda ese potente apóstrofe del Habla, memoria de Nabokov sólo que ahora –aparte del diario doloroso que leemos en él y en el que escuchamos ecos de otro diario de otro crítico uruguayo: Angel Rama– habría una memoria personal entretejida entre las ideas críticas directrices que buscan pasarse en limpio y encontrar la carnadura de propio tiempo presente, cuyas reglas del juego han cambiado de manera absoluta. De allí que se escriba en caliente, con pena y sufrimiento, y especialmente con bronca, con mucha bronca –una palabra que se repite a lo largo del libro– lo que, en cierta medida, arrastra tras de sí la canción de protesta y con ella sin más los años 60, a los que enfáticamente uno de los tantos yoes del libro confiesa haberlos vivido y haber sido testigo veraz de esa década. Después vendrá la dictadura y Hugo Achugar como otros escritores e intelectuales del Uruguay deberá exiliarse y lo hace en Venezuela, pero el inicio –nos cuenta– es en Argentina. “En septiembre de 1974 fui a Buenos Aires por el fin de semana, el día antes de volver me avisan que el ejército me había ido a buscar y que no volviera. Una poeta amiga, Nancy Bacelo que conocía al dueño de una librería, le pidió que me ayudara. Eso me convirtió por unos seis meses en vendedor de la librería NORTE y me dio el placer de conocer ese memorable ser que fue el poeta Héctor Yanover”.

Quiero empezar con Habla el huérfano y reflexionar sobre la teoría del fragmento –teoría moderna si la hay desde el primer Romanticismo alemán que la inaugura–. En este libro precisamente lo fragmentario está en diversos registros y parece derivar hacia una teoría del sujeto como huérfano. En tu poesía has venido insistiendo en un sujeto desmoronado, fracturado.

-El fragmento es central: en mi escritura, en mi pensamiento, en mi vivencia de vida. Quizás tenga que ver con la escisión del yo, también la de los grandes relatos. Todo relato es de algún modo un fragmento. La quevradura es una marca de origen que muchos llevamos en el ADN, aunque no siempre nos demos cuenta. Hay varios sujetos: nosotros, los otros y los que se entrometen o no identificamos. Creer que uno dice todo es un engaño. Nunca nadie dice todo, ni aun deseándolo intensamente. No sé si por eso surge el humor, en mi caso más la ironía, que es un escudo. Algo que me permite jugar, ser otro, representar lo que desearía ser. Poca gente entiende mi humor. La mayoría solo alcanza a ver depresión, melancolía. No es así, jugué con títeres y soldaditos desde muy niño. También a inventar personajes. Después tuve que ser lo que los otros querían: hijo de, esposo de, padre de y lo otro. Fui muchos en mi vida y mi escritura. No me arrepiento. A veces siento que “yo es un otro”.

Te referís a la agramaticalidad que inaugura Rimbaud pero justamente en esa línea, estaría la ironía y el enorme potencial lúdico de la ficción que el arte despliega a través de los mundos imaginarios. Hay dos caras en el libro: de un lado esa ocurrencia gozosa de poner en diálogo a Mafalda con el Che y, del otro, aserciones muy duras como “La escritura destruye”. 

-No te olvides de Duchamp y Rrose Selavy. No hay escritura sin ficción, ya sea poesía, novela, ensayo, crítica, memoria o autobiografía. El diálogo entre Mafalda y el Che es una posibilidad que me divierte, pero que funcionó en mi generación. Por otro lado la escritura construye y destruye. El discurso o relato es creación y destrucción, memoria y olvido. Hay recuerdos que me van a perseguir más allá de mi muerte. Hay olvidos que me permiten vivir este día a día. No solo estos tiempos de pandemia sino los otros, los que me fueron construyendo / demoliendo hasta alcanzar esta constelación de máscaras que soy.

A propósito de las máscaras del yo, Tamara Kamenszain en su reciente Libros chiquitos escribe una frase muy sugestiva cuando analiza el último libro de Josefina Ludmer Aquí América Latina. Una especulación: dice que se trata de un texto escrito con “ganas de recalar en la primera persona”. En Habla el Huérfano ¿el yo no es una manera más ebria y más creativa de hacer recalar tus ideas críticas en relatos de primera persona?

-Puede ser. El yo o mis yos son parte de mi escritura. Los llevo conmigo desde cuando tuve que aprender a escapar de etiquetas o del bullying. Mis viajes no han sido ni épicos ni gloriosos. Han sido recorridos rebotando ante lo que otros decían que era o me obligan a ser. De ahí la bronca. La que siempre tuve y ahora decidí asumir desde una primera persona múltiple, ¿fragmentada o disociada? No lo sé. La prepotente escritura impersonal es además de autoritaria, cobarde y propia de una época de certezas que ya no tiene sentido.

Ante el paisaje contemporáneo de la incertidumbre –otra de las palabras-clave de tu ensayística– el uso de la primera persona consigue conjugar un tiempo de un modo más real, con menos mediaciones, y más vulnerable. ¿El personaje del Huérfano se identifica con tales conclusiones? 

-No sé si el Huérfano se identifica con esas conclusiones, habría que preguntárselo a él. Yo o el escriba creemos que aspiraban a ser irónicos. Pero los lectores/ los escuchas son los dueños de la interpretación. Uno cree dibujar un mandala o un laberinto y no sabe si lo que hace es uno o lo otro.

La orfandad campea incluso en la poesía, como en ese pooema que Rep convirtió en comic.

–A Rep lo conocí por su magnífica intervención en el Centro Cultural de España en Montevideo. Teníamos en común la amistad con Adolfo Nigro, quien había ilustrado Hueso quevrado. Le dimos un ejemplar y años después, Rep publicó “El niño azul” una tira de mayo de 2015 en Página 12. El Huérfano, este que habla y escribe, es un personaje sin descendencia. Es padre y abuelo. Fue/es hijo. Pero su orfandad es otra.

Hay un gesto que aparece en todos tus textos críticos y es el modo en el que lográs extraer de la literatura las herramientas para pensar, por ejemplo, la política del presente. 

-Sí. Me interesa leer el pasado y el presente en clave de pistas teóricas para entender lo que estamos viviendo y lo que se nos viene. Me ocupa y preocupa el presente y más el futuro; la llamada “singularity” que anuncian para dentro de unas décadas. Yo, robot de Asimov (1950) aparece al comenzar la Guerra de Corea cuando el Río de la Plata ingresa en la decadencia. ¿Por qué Asimov? Porque describe el huevo de la serpiente que se está instalando entre nosotros. No soy distópico, pero no creo que tengamos una cabal comprensión del futuro. ¿Qué relato estamos construyendo para lo que se viene? ¿No será hora de pensar colectivamente en lugar de pelearnos con paradigmas de pasados que comienzan a desaparecer? “Todo lo que es sólido se disuelve en el aire, todo lo que es sagrado será profanado”, dijo alguien que ya casi nadie cita.

De las relaciones siempre conflictivas con el mercado, el arte puede sustraerse de alguna manera como bien analizás en los casos de Cabrerita o Arthur Bispo do Rosario que vivieron décadas de sus vidas en hospitales neuropsiquiátricos e hicieron una obra deslumbrante. ¿Acaso el arte, la creación humana, es la única resistencia a la muerte, un lugar donde habitar sin violencia?

-¿Habitar sin violencia? No sé. El arte es también violencia o fue entendido como un acto de violencia. Hay muchos modos de resistir a la muerte. No tengo ninguna duda de que el arte es un espacio de libertad. Quizás el mayor y más puro ámbito en que podemos ser libres. O, al menos, creernos libres porque escapar a los demonios que nos habitan no siempre se logra. Vivimos con límites, censuras, pasados, impulsos que, sin darnos cuenta, nos impiden ser plenamente libres. Nuestras elecciones políticas, nuestro ser más íntimo, nos juegan muchas veces en contra. El arte o lo que llamamos arte es lo único que nos permite ser libres. Por eso en Habla el Huérfano hay muchas voces, muchos juegos. Arte, juego y libertad han sido sinónimos en mi vida.

En tu último libro, revisás y reescribís muchos de los temas de tu trilogía crítica, retomando tus problemáticas centrales –las transformaciones de la modernidad, la cuestión de la memoria, el rol de intelectual-. En lo que va del siglo XXI en un paisaje tecnológico tan distinto del de hace apenas unas décadas, ¿cómo será el rol del intelectual? 

-Hoy, frente a los cambios tecnológicos y a la pandemia parece que estamos obligados a revisar, a repensar todo de nuevo. No sólo el rol del intelectual sino también el de las humanidades, las ciencias sociales y los proyectos políticos. ¿Siguen vigentes los fundamentos teóricos que nos alimentaron o formaron hasta estos años? No estoy seguro. Creo que el cambio es demasiado grande y que el intelectual tradicional, a no ser que se reinvente, tenderá a ser dejado de lado. Pienso, siempre pensé que la creación no era ajena al pensamiento teórico ni a la labor crítica ni a la acción social o a la intervención en los problemas del mundo. Por eso mismo, hay que revisar los paradigmas, todos los que hemos defendido y ver cuáles siguen teniendo sentido y cuáles no. No le tengo miedo a la creación y mucho menos al ensayo y otras formas híbridas de escribir o pensar. Sí me aterran los que siguen con un viejo balde en la cabeza y vaya a saberse por qué no se animan a pensar lo que ese algo o esos algunos, les impiden pensar. No quiero nombrar, “al que le caiga el sayo, que se lo ponga”.

En un momento cuando comentás el poema de José Emilio Pacheco “Ya todos saben para quién trabajan”, te hacés una pregunta muy desafiante: ¿hoy por hoy para quienes trabajan los intelectuales? ¿La revolución tecnológica afecta la independencia del rol de los intelectuales? ¿Cómo contrastar este momento con otros de nuestra historia cultural de América Latina?

-El poema de José Emilio Pacheco fue importante a fines de los 60 cuando lo leí y todavía tiene sentido. Sin embargo, hoy son otros los personajes o las grandes empresas para quienes trabajamos o simplemente les entregamos nuestro trabajo para que los transformen en algoritmos. No sé si la revolución tecnológica afecta la independencia de los intelectuales. Creo que es más grave: pienso que nos simplifica o nos sustituye hasta ser sustituidos por la gran enciclopedia del Siglo XXI, Wikipedia. ¿Para qué leer si lo podés encontrar digerido en ese artefacto que se entiende como democrático –quizás lo sea- pero la mayoría de las veces es la negación de la reflexión? Hay una larga historia en América Latina de quiebres –la independencia, el comienzo del siglo XX, la revolución cubana, las dictaduras de los setentas, la vuelta a la democracia, los desencantos y ahora esto que estamos viviendo. En todas esas épocas hubo hombres y mujeres que pensaron y que no fueron escuchados o los/las silenciaron. El pensamiento libre, la creación y las “performances” –todas ellas– son antecedentes del desafío del presente.

Nunca te apartás de la larga tradición del ensayo crítico de América Latina. Hace unos años Rafael Gutiérrez Girardot desmentía la ratio eurocéntrica acerca de la inexistencia de una tradición filosófica en el continente americano proponiendo que el ensayo y la poesía encarnaban ese supuesto vacío. En esa línea pero con paradigmas epistemológicos distintos Roberto Fernández Retamar reclamaba el derecho de los latinoamericanos al discurso teórico. ¿Cómo se inserta tu propuesta del “balbuceo teórico latinoamericano” en esta tradición y cómo también se aparta de ella?

-Girardot, Retamar, Rama, Cornejo y muchos más –Jorge Luis Borges o Juan Carlos Onetti- son parte de un conjunto en el que hay que incluir desde Sor Juana de la Cruz hasta las mujeres que hoy marcan la cancha con particular fuerza. Me he nutrido y me nutro de todos y todas. Eso no significa que los repita o que no tenga matices con ellos y ellas. Pero he aprendido, por eso reivindico lo que llamo “el balbuceo teórico latinoamericano” porque es un lugar descentrado o negado por popes y papisas de América Latina –aquí y afuera- que juegan otros juegos. Mi énfasis en el “balbuceo latinoamericano” es una provocación, pero sobre todo es la reivindicación del discurso del Otro, de los muchos y heterogéneos otros. Aquellos a quienes no se les permite hablar o se descalifica cualquier cosa que digan o peor borren sus palabras, sus acciones, sus vidas como ha ocurrido en nuestros países y también en casi todo el mundo desde hace siglos.

Piedra, papel y tijera se cierra con un ensayo deslumbrante sobre los últimos días de José Enrique Rodó en Italia. Al comienzo de Habla el Huérfano hablás de La muerte de Rodó, la novela que venís prometiendo desde hace mucho tiempo. Y transcribís una frase de Rodó que tiene una vigencia tremenda, como si él mismo entrara cómodamente al siglo XXI, de hecho te preguntás: “¿Está muerto Rodó?”. La cita es “La experiencia del pasado no puede cooperar en la previsión del porvenir”. Uno se pregunta ¿qué pasa entonces con la memoria, qué validez tiene?

-La experiencia del pasado por sí sola no lo puede. Porque, ¿de qué pasado hablamos cuando nos referimos a él? La historia oficial ya mostraba que detrás de ciertos relatos hay muchos muertos o relatos silenciados. La memoria nos puede salvar si se acepta que no hay una única memoria sino múltiples memorias. O, parafraseando a Andrea Giunta, no hay una única memoria dominante y otras –las nuestras- periféricas; lo que hay son memorias simultáneas. Sobre ellas –convertidas en campos de batallas- están muchos, muchas, otros Otros peleando por construir un relato, EL relato. Las batallas por la memoria son indispensables si no para prevenir el porvenir, al menos para que los eventuales futuros no nos encuentren desarmados o desamparados. Recordar no significa repetir el pasado. En el recordar está el modo de ayudar a cambiar los errores del pasado frente a los posibles o probables futuros que se nos vienen encima.

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Las burbujas en el mercado global se multiplican. Qué son los NFT, la nueva moda especulativa. La locura del capitalismo tecnofinanciero

29/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Esteban Magnani

 

Los Non-Fungible Tokens (NFT) son el más reciente juego especulativo estrella del capitalismo tecnofinanciero. Permiten vender desde tuits hasta jugadas de básquet, desde criptogatos a piezas de arte digitales. El sistema, basado en blockchain, parece otra muestra de cómo el capital especulativo se aleja a toda velocidad de la economía real en busca de ganancias rápidas sin vínculo con la inversión. Pagan miles o millones de dólares para registrarse como “propietarios” de lo que todos tienen.

A principios de marzo, Jack Dorsey, fundador de Twitter y CEO de la empresa, subastó su primer tuit, lanzado hace quince años. Allí decía: “simplemente instalando mi twttr”. De esta forma se sumó a la moda de ofrecer todo tipo de ¿bienes?, desde jugadas de básquet, a obras de arte, de criptogatos a discos. La oferta se monta sobre una nueva moda tecnofinanciera llamada NFT: Non-Fungible Tokens.

La palabra “token”, de uso habitual en castellano, simboliza a algo que está en lugar del original, que lo representa, como un vale o una ficha. Que no sean “fungibles”, en inglés (no es igual a “fungible” en castellano), quiere decir que no da lo mismo ese bien que otro como, por ejemplo, sí ocurre entre un billete de cien pesos y otro de la misma denominación.

La combinación de encandilamiento tecnológico, especulación e intangibilidad del fenómeno nubla la comprensión. Incluso las palabras conocidas deben resignificarse para dar cuenta de él (de allí el abuso de las comillas en este artículo). Por eso surgen preguntas a cada paso: ¿quién podría comprar un tuit que todo el mundo conoce y puede leer, reproducir, copiar?

Mucha gente, incluso alguien dispuesto a pagar 2,5 millones de dólares. ¿Qué obtiene? Un certificado y un registro en blockchain o cadena de bloques que funciona como “contrato inteligente” capaz de registrar de manera inviolable quién es el “dueño” de un “bien” apuntando a un link donde se “encuentra”. ¿Para qué le servirá? Puede verse como una inversión, en tanto consiga a alguien dispuesto a pagar aún más por él, o como una experiencia subjetiva muy difícil de transmitir y justificar ante ojos escépticos.

Blockchains

Hace algunos años se puso de moda una tecnología llamada blockchain o cadena de bloques cuyo ejemplo más difundido es el bitcoin. Se caracteriza por utilizar un sistema criptográfico distribuido para que distintas personas puedan llevar un registro de los intercambios que se realizan de ciertos bienes, digitales o no. De esa manera se puede saber quién es dueño de qué sin necesidad de una institución central.

El sistema permite que una comunidad registre transacciones de manera digital y descentralizada en una cadena de bloques inviolables. Si alguien intentara fraguar una transacción, el registro en la cadena de bloques lo pondría en evidencia. Así se puede impedir que muchos se atribuyan la propiedad sobre un determinado bien como un bitcoin o, en este caso, un tuit. Cabe aclarar que en términos tecnológicos blockchain es una idea, una combinación de distintos recursos de límites difusos, más que bitcoin, un desarrollo tecnológico claramente definido.

Una de las utilidades de blockchain es la creación de contratos inteligentes (smart contracts). Algunos imaginan, por ejemplo, un registro de la propiedad descentralizado y validado por la comunidad que indique a quién pertenece un auto o una casa determinada. De esa manera cualquier persona podría corroborar una propiedad sin necesidad de que haya una institución que lleve ese registro y, por lo tanto, tenga el control sobre él: la comunidad podría mantenerlo funcionando.

Más allá del potencial, lo cierto es que blockchain tuvo mucho de moda gracias a un discurso tecnofílico exagerado sobre cómo podría transformar el mundo. Poco a poco las promesas se desdibujaron, se encontraron problemas serios y una, hasta el momento, utilidad interesante pero limitada.

Propiedad

Aún así, como suele ocurrir cuando la lógica financiera llega con sus millones, las cosas se pueden forzar un poco más. Eso es lo que ocurre cuando se ofrece a la venta no solo el tuit de Dorsey, sino también el meme del gatito Nyan (vendido por 590.000 dólares), algunas jugadas del futbolista americano Rob Gronkowski durante el superbowl o jugadas de la NBA.

Para que quede claro: la compra de la “propiedad” no da ningún derecho sobre esas jugadas: se podrán seguir viendo en videos y el “dueño” no podrá cobrar regalías por eso. Solo tendrá una sutil y abstracta “propiedad” de algo que no se puede “poseer”, al menos no tal como se pensaba ese verbo hasta ahora.

Pero más allá de esta cualidad subjetiva intangible, estos “bienes” son una tentación enorme para el capital especulativo ya el que precio que se les de no tiene vínculo con los costos de su producción: alcanza con que alguien crea que registrar como propia una jugada de LeBron vale una cifra para que la valga. Además, el mercado no podrá producir otras similares, tentado por los márgenes que ofrece: es que se trata de piezas indivisibles, únicas (aunque puedan copiarse) y ahí residiría en buena medida su valor potencial.

Desde cierto punto de vista, la diferencia entre una encestada magistral en básquet, un bitcoin o el dinero no es tan grande: lo que confiere valor a algo es el consenso de que lo tiene. La diferencia es que la construcción de ese consenso para estos últimos llevó siglos y hay instituciones centenarias que lo respaldan, mientras que los NFT no cuentan siquiera con eso.

Criptogatos

Si bien los NFT se pusieron de moda recientemente, el concepto tuvo su origen hace unos años cuando la empresa AxiomZen lanzó en 2017 CryptoKitties, un juego que utiliza la plataforma Ethereum para vender gatos virtuales cuya “autenticidad” estaba garantizada por criptografía.

Ethereum es la más utilizada para gestionar blockchains y cuenta con una criptomoneda (ETH) que sirve, por ejemplo, para comprar uno de esos criptogatos como quien compra figuritas. Estos ETH también pueden cambiarse por dinero de uso corriente.

El juego permite la venta de estas mascotas virtuales y su precio varía según oferta y demanda. Además se pueden cruzar para que tengan crías, entonces “nacen” nuevas generaciones de criptogatos que heredan algunas características de sus progenitores basadas en un “genoma” de 256 bits donde se registran sus rasgos, desde su color hasta el tiempo que les lleva estar en condiciones de parir nuevamente luego de tener cría.

Para darse una idea de las cifras que se manejan, los de la primera generación se pueden vender por más de 100 mil dólares: una de sus virtudes, al parecer, es que se reproducen más rápidamente que los nuevos. Los más baratos pueden costar una decena de dólares. Por supuesto todos ellos se pueden subastar.

Subastas

Más recientemente los artistas se han interesado por los NFT porque ven en ellos la posibilidad de vender la propiedad de piezas digitales que circulan libremente por internet. Hace pocos días un artista llamado Mike Winkelmann, conocido como Beeple, vendió en 69 millones de dólares, en una subasta en Christie’s, su “Everydays-The first 5000 days”, una combinación de fotos tomadas diariamente durante los últimos 13 años. La obra, por supuesto, puede ser impresa, copiada o mirada libremente por cualquier persona.

Las obras de arte carecen de un valor intrínseco determinado, por ejemplo, por el tiempo de trabajo necesario para producirlos. Es, en el mejor de los casos, su calidad artística lo que determina la demanda y el precio de la misma.

Es por eso que muchos artistas abrazan los NFT como forma de vender algo que en realidad todos y nadie posee: algunos de ellos pueden vender obras por unos pocos dólares a amigos, familiares o fans dispuestos a invertir para apoyarlos.

Esta alternativa para el arte se utiliza con frecuencia para defender el potencial de los NFT, pero cabe preguntarse cuánta gente preferirá sumarse a una plataforma y cambiar su dinero por ETH para apoyar a un artista en lugar de, como ya se podía hacer, transferir dinero como donación o a cambio de un póster, un libro o una copia, virtual o no, de la obra en cuestión.

Especulación

Cuando se pone la lupa en las cifras millonarias que atrajeron la atención sobre los NFT en estos últimos meses, resulta difícil comprender qué es lo que está en juego. Al ver un cuadro original de Da Vinci en una pared cabe preguntarse si alcanza saber que lo pintó el artista para justificar los millones gastados. Pero la obra de, por ejemplo, Beeple, carece incluso de un original por lo que este concepto mismo pierde su sentido.

De alguna manera hay quienes quieren (y, sobre todo pueden) pagar miles o millones de dólares para registrarse como “propietarios” de lo que todos tienen, aún si eso no le da ninguna prerrogativa más que poder, justamente, ser (tautológicamente) propietarios en el sentido más abstracto de la palabra.

Más difícil de justificar resulta el fenómeno si se tiene en cuenta que la tecnología de Ethereum requiere enormes cantidades de energía y, por lo tanto, contamina sin producir ninguna riqueza nueva. Bitcoin, que utiliza un sistema similar, ya requiere tanta energía como la Argentina para funcionar y sirve como ejemplo de los efectos de esta tecnología cuando se expande.

El concepto de las NFT resulta extraño e invita al escepticismo. Es difícil determinar si el que paga lo hace por pura especulación o como un exhibicionista de mal gusto. Los NFT evidentemente no son únicos en ese sentido, pero representan una variante nueva de la obscenidad que permite el dinero.

Sin duda existe el atractivo de la especulación, una suerte de juego del avión donde la clave es saltar a tiempo antes de que se estrelle. Al final, alguien se quedará con una propiedad que ya nadie quiere (¿o no?).

Este tipo de bienes pueden permitir ganancias desproporcionadas, sin vínculo con la economía real y sin producir riqueza, situación a lo que está acostumbrado el capitalismo financiero en los últimos tiempos y que da señales de una volatilidad preocupante, como demuestran los recientes casos de GameStop o Bitcoin.

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El derrocamiento de Evo Morales y la primera guerra del litio

21/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Mientras entretenía al público con sus payasadas, Boris Johnson supervisó el derrocamiento ‎del presidente Evo Morales en Bolivia, ocupó la isla de Socotra y organizó la victoria de ‎Turquía sobre Armenia… sin que nadie mencionara nada de eso.‎

Por: Thierry Meyssan

Desde finales del siglo XIX, el mundo se había acostumbrado a las guerras del petróleo. ‎Pero ahora comienzan las guerras del litio, que es un mineral fundamental para la fabricación de ‎teléfonos celulares… y también para la de automóviles eléctricos. Un historiador y ‎un periodista británicos lograron obtener una serie de documentos del Foreign Office –‎el ministerio de Exteriores del Reino Unido– que demuestran que Londres organizó ‎de punta a cabo el derrocamiento del presidente de Bolivia, Evo Morales, para ‎apoderarse de las reservas de litio de ese país.

¿Recuerdan ustedes el derrocamiento del presidente boliviano Evo Morales, a finales de 2019? ‎En aquel momento, la prensa dominante anunciaba que Morales había transformado su país en ‎una dictadura y que “el pueblo” lo había sacado del poder. Por su parte, la Organización de ‎Estados Americanos (OEA) publicó un informe donde “certificaba” que había existido fraude en la ‎elección presidencial boliviana –en la cual Evo Morales había sido reelecto en primera vuelta– y ‎que lo ocurrido no era un golpe de Estado sino un “regreso a la democracia”. ‎

Para no acabar como el presidente chileno Salvador Allende, Evo Morales se fue a México, donde ‎denunció que había sido objeto de un golpe de Estado organizado por fuerzas deseosas de ‎apoderarse de las reservas de litio de Bolivia. Al no ser capaz de identificar a quienes se movían detrás ‎de los golpistas, su denuncia fue ridiculizada en Occidente. ‎

Sólo nosotros, desde la Red Voltaire, revelamos entonces que la operación que derrocó ‎al presidente Evo Morales había sido ejecutada por una comunidad de católicos croatas ‎descendientes de ustachis (también llamados “ustachas”), asentada en el departamento boliviano ‎de Santa Cruz desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en realidad una de las redes stay-‎behind montadas por la OTAN después de aquel conflicto [1].‎

Un año más tarde, el candidato del partido del presidente Evo Morales –el Movimiento ‎al Socialismo (MAS)– ganó por amplia mayoría una nueva elección presidencial [2]. Esta vez no hubo reclamos sobre la ‎legitimidad de la elección y Evo Morales pudo regresar a su país, donde fue acogido triunfalmente ‎‎–aunque ya no como presidente de Bolivia [3]. La supuesta dictadura ‎de Morales nunca existió pero la que Jeanine Áñez había instalado –gracias a la complicidad de ‎los altos mandos del ejército y de la policía– acababa de ser expulsada del poder mediante ‎las urnas. ‎

En Londres, el historiador Mark Curtis y el periodista Matt Kennard lograron acceso a documentos ‎desclasificados del ministerio británico de Exteriores (Foreign Office). Y acaban ‎de publicar sus conclusiones en el sitio web Declassified UK, asentado en Sudáfrica desde que fue ‎blanco de la censura militar en Reino Unido [4].‎

A lo largo de su carrera, Mark Curtis nos ha mostrado que la descolonización no modificó la ‎política del Reino Unido. Nosotros mismos ya hemos citado sus trabajos en al menos una ‎decena de artículos publicados en Red Voltaire. ‎

El nuevo trabajo de Mark Curtis muestra que el derrocamiento del presidente boliviano Evo ‎Morales fue resultado de una orden del ministerio británico de Exteriores y de varios elementos ‎de la CIA estadounidense, y que no pasó por la administración Trump. El objetivo de la operación ‎era hacer posible el saqueo del litio boliviano, que despierta la ambición del Reino Unido en el ‎actual contexto de la transición energética.‎

En 2009, la administración Obama ya había emprendido en Bolivia una intentona golpista, ‎frustrada por el presidente Evo Morales y cuyo resultado fue la expulsión de varios diplomáticos y ‎funcionarios estadounidenses en aquel país. Por su parte, la administración Trump parece haber ‎aparentado que dejaba las manos libres a los neoconservadores en América Latina, aunque ‎impidiéndoles sistemáticamente proceder a la ejecución final de sus planes. ‎

El litio es un elemento fundamental en la fabricación de baterías y está presente en los llamados ‎‎“salares” existentes en las montañas de Chile, Argentina y principalmente en Bolivia –países que ‎conforman el «triángulo del litio»–, así como en el Tíbet. Pero también está presente, en forma ‎sólida, en ciertos minerales que se extraen en minas, como en Australia. Actualmente, el litio se ‎ha convertido en un elemento clave, más importante incluso que el petróleo, en el contexto de ‎los Acuerdos de París sobre el cambio climático. ‎

En febrero de 2019, el presidente Evo Morales había autorizado el TBEA Group –una empresa ‎china– a explotar las principales reservas de litio de Bolivia. Así que en Londres se trazó un plan ‎para robar el litio boliviano. ‎

Evo Morales, dirigente aymara, fue electo presidente de Bolivia en 2006. Había llegado ‎al mundo de la política a través del sindicalismo, como dirigente de los pequeños productores de ‎hoja de coca –una planta local prácticamente indispensable para las poblaciones que viven a ‎grandes altitudes sobre el nivel del mar, pero que también puede ser procesada para convertirla ‎en la conocida cocaína, la poderosa droga públicamente prohibida en Estados Unidos. ‎Al convertirse en el primer miembro de los pueblos originarios electo presidente de Bolivia, Evo ‎Morales encarnó el regreso de esas poblaciones al poder, al que nunca habían tenido acceso ‎desde la colonización española. ‎En este punto, se impone una pequeña cronología:‎

Ya en 2017-2018, el Reino Unido había enviado expertos a la empresa nacional boliviana ‎Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) para evaluar las condiciones para la eventual explotación de ‎las reservas de Bolivia.‎
En 2019-2020, Londres financia un estadio para «optimizar la exploración y la producción del litio ‎boliviano utilizando la tecnología británica».‎

En abril de 2019, la embajada del Reino Unido en Buenos Aires organiza un seminario con ‎representantes de Argentina, Chile y Bolivia, responsables de empresas mineras y responsables ‎gubernamentales, para presentarles las ventajas que representaría para ellos trabajar con la ‎London Metal Exchange –la Bolsa de Metales de Londres. El gobierno del presidente Evo Morales ‎envió un ministro como representante de Bolivia.

Justo antes del derrocamiento del presidente Evo Morales, el Banco Interamericano de ‎Desarrollo (BID) estuvo financiando los proyectos británicos.
Mucho antes del golpe contra el presidente Evo Morales, el ministerio británico de Exteriores ‎recurrió a una empresa de Oxford –Satellite Applications Catapult– para cartografiar las reservas ‎de litio. El mapa así obtenido fue distribuido por el Banco Interamericano de Desarrollo –el ya ‎mencionado BID– sólo después del derrocamiento de Evo Morales.

Meses después del derrocamiento de Evo Morales, la embajada del Reino Unido en Bolivia y la ‎empresa Watchman UK organizaron un seminario con 300 actores del sector del litio. ‎Watchman UK se especializa en cómo manipular poblaciones enteras para llevarlas a participar ‎en proyectos contrarios a sus propios intereses, o sea en cómo evitar que esas poblaciones ‎se rebelen. ‎

Antes y después del golpe de Estado contra el presidente Evo Morales, la embajada británica ‎disminuyó su actividad en La Paz –la ciudad sede del gobierno boliviaano– para concentrar ‎su interés en la región de Santa Cruz, donde los descendientes de los croatas ustachis habían ‎obtenido legalmente el poder. La embajada británica comenzó a realizar allí numerosos eventos ‎culturales y comerciales. ‎

Para neutralizar a los bancos bolivianos, la embajada británica organizó –8 meses antes del golpe ‎de Estado– un seminario sobre seguridad informática. En ese evento fue presentada la firma ‎DarkTrace (creada por el MI5 británico) y se explicó a los participantes que sólo los ‎establecimientos bancarios que utilizaran los servicios de DarkTrace podrían trabajar con la City ‎londinense. ‎

Mark Curtis y Matthew Kennard señalan que Estados Unidos no participó oficialmente en ‎el golpe contra Evo Morales… pero varios funcionarios salieron de la CIA para orquestarlo. ‎Por ejemplo, DarkTrace reclutó a Marcus Fowler, un especialista de la CIA en ciberoperaciones, y ‎a Alan Wade, ex jefe de inteligencia de la CIA. El personal encargado de preparar el golpe era ‎principalmente británico, como los responsables de Watchman UK, Christopher Goodwin-Hudson ‎‎–ex militar de carrera y posteriormente director de la seguridad en Goldman Sachs– y Gabriel ‎Carter –miembro del Special Forces Club de Knightsbridge, quien pasó por Afganistán. ‎

El historiador Mark Curtis y el periodista Matthew Kennard aseguran también que la embajada ‎británica en Bolivia proporcionó a la Organización de Estados Americanos (OEA) los datos que ‎fueron utilizados para «probar» el supuesto fraude en la elección presidencial. Aquel “informe” ‎de la OEA fue posteriormente desmentido por investigadores del Massachusetts Institute of ‎Technology (MIT) [5], antes de que los electores bolivianos se encargaran de desmentirlo ‎definitivamente en las urnas, en la elección siguiente. ‎

Los hechos están confirmando los trabajos del historiador británico Mark Curtis. En 3 años, desde ‎el golpe de Estado en Bolivia –realizado en 2019–, hemos mostrado el papel del Reino Unido ‎en la guerra contra Yemen [6] y en el ‎conflicto del Alto Karabaj (2020) [7].‎

El Reino Unido realiza guerras cortas y operaciones secretas, evitando en la medida de lo posible ‎que su acción quede bajo las luces de los medios. Controla la percepción pública sobre ‎su presencia utilizando para ello una multitud de agencias de prensa y de medios de difusión que ‎Londres subvenciona en secreto. Utiliza todos esos medios y agencias de prensa para explotar ‎el país según su propia conveniencia. E incluso puede hacer durar esa situación por el mayor ‎tiempo posible, manteniendo la certeza de que sus víctimas volverán a recurrir a su supuesta ‎ayuda, lo cual pone a Londres en situación de ser el único actor capaz de aplacar los conflictos ‎que inicia.

[1] «Bolivia, laboratorio de una nueva ‎estrategia de desestabilización», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, ‎‎26 de noviembre de 2019.

[2] «Resultado de la elección presidencial en Bolivia.‎ Una sonora bofetada para la ‎‎“coalición occidental”», por el general Dominique ‎Delawarde, Red Voltaire, 22 de octubre de 2020.

[3] «Regreso triunfal de Evo Morales ‎a Bolivia», Red Voltaire, 22 de noviembre de 2020.

[4] “Revealed: The UK supported the coup in Bolivia to ‎gain access to its ‘white gold’”, Matt Kennard, Daily ‎Maverick, 8 de marzo de 2021.

[5] «El fraude de la OEA sobre la elección de ‎Evo Morales», Red Voltaire, 4 de marzo de 2020 y Analysis of the 2019 Bolivia Election, Jack R. Williams y John Curiel, ‎MIT, febrero de 2020.

[6] «La primera guerra de la “OTAN-MO” ‎perturba el orden regional», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de marzo de 2020.

[7] «Victoria de Londres y Ankara en el Alto Karabaj, derrota para Soros y los armenios», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de ‎noviembre de 2020.

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La gran política y la revolución digital

14/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Zibechi 

En los «Cuadernos de la cárcel» Antonio Gramsci diferenciaba entre la gran política y la pequeña política. La primera se concentra en las funciones que desempeñan los Estados y en las estructuras económico-sociales. La segunda aborda la política del día, parlamentaria, de corredores, de intriga.
La gran política es necesariamente creativa. La pequeña es conservadora y apenas busca mantener los equilibrios prexistentes. En el mundo actual, la alta política la definen las grandes multinacionales, las fuerzas armadas y sus think tanks estratégicos, y grupos de presión y de poder como el deep State en Estados Unidos.

De la pequeña política se ocupan los gobiernos, en particular los progresistas que no tienen posibilidades de influir en la gran política, ya que no se proponen cambios estructurales y, por tanto, se limitan a cuestiones de maquillaje y estética políticas, sobre todo utilizando los medios de comunicación de masas.

Lo más común es que propongan como gran política cuestiones que no pasan de ser políticas de lo cotidiano, a menudo rescatadas de fracasos anteriores. La represa Belo Monte que promovió el gobierno de Lula en Brasil fracasó casi medio siglo antes por la oposición de los pueblos amazónicos a la obra faraónica que propuso la dictadura militar. El Tren Maya entra en la misma categoría de la política de intriga, que se quiere hacer pasar como obra estratégica.

El desarrollo digital forma parte de la gran política que los gobiernos, en general, tratan con los modos de la pequeña política. Se limitan a bendecirla como si fuera un proceso inevitable en la vida humana, como el nacimiento y la muerte, como el amanecer y el crepúsculo.

Sin embargo, la digitalización es considerada como la tercera revolución antropológica, luego de la creación del lenguaje articulado y la invención de la escritura, como estima el sicoanalista y epistemólogo franco-argentino Miguel Benasayag en La tiranía del algoritmo, aún inédito en castellano.

Miguel es un compañero cuyos análisis son agudos y penetrantes. Pertenece a la generación de 1968, estuvo tres años en las cárceles de la dictadura por pertenecer al Ejército Revolucionario del Pueblo y ahora participa en el colectivo francés Malgré tout (A pesar de todo). Sigue comprometido con causas colectivas y se ha focalizado en estudiar las consecuencias de las nuevas tecnologías en la sociedad.

Su libro anterior, El cerebro aumentado, el hombre disminuido (Paidós, 2015), señala que, a diferencia de los inventos anteriores, desde la rueda a los antibióticos, la digitalización no termina de producir un nuevo modo de ser en el mundo para el hombre, sino que aleja al hombre del mundo y su poder de actuar, a pesar de que desencadene un poder muy fuerte en lo tecnológico (p. 116).

Sostiene que la revolución de la digitalización ha llevado a que 95 por ciento del conocimiento que tenemos sobre el mundo sea indirecto. Pero ese conocimiento indirecto no se suma al conocimiento que nace de la experiencia corporal, sino que lo remplaza y lo cancela. Por eso considera la digitalización como violencia, porque niega y suprime la diferencia (y a los diferentes) y las identidades singulares.

La rapidez y la omnipresencia caracterizan la revolución digital, estima Benasayag. En el mundo del algoritmo no existe la alteridad, pero la delegación de las decisiones políticas en los algoritmos suspende el conflicto, lo bloquea y lo inhibe. La negación del conflicto puede producir la barbarie, sostiene en Elogio del conflicto, escrito con su compañera Angélique del Rey (Brueghel, 2018).

La tiranía del algoritmo coloniza la vida, al eliminar la singularidad de los seres y, en consecuencia, suprimir el conflicto. De ese modo nos deja inermes, nos desmaterializa y descorporiza, convertidos apenas en datos binarios inscritos en chips, lo que nos inmoviliza al enrejarnos en lo individual.

Para evadir esta tiranía, sostiene Benasayag, debemos resistir la supresión de la diferencia y del conflicto, algo que parecen estar deseando los gobiernos, en general, y los progresistas en particular. Por eso se engalanan con las prendas de los pueblos originarios y esgrimen sus bastones de mando haciendo creer que todo es lo mismo, que es igual arriba que abajo. Las diferencias y los diferentes son sentidos como amenazas por un sistema incapaz de procesar los conflictos, como hizo la humanidad en su historia.

La pequeña política gubernamental se muestra impotente ante la gran política de las grandes empresas de la información, esas que pueden hasta bloquear y cancelar las cuentas de los presidentes del imperio. Lo peor que podemos hacer es ignorar la potencia de esta tiranía, su capacidad de anular a los seres humanos.

Aún no hemos encontrado los modos de actuar capaces de enfrentar la revolución digital, no para negarla, sino para evitar que destruya la vida. Lo que vamos aprendiendo es que nada puede cambiar si nos limitamos a la pequeña política de palacio.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/03/12/opinion/016a1pol

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8M & Feminismo de clase 8M: Por un feminismo revolucionario, que no es foto de portada sino lucha contra toda explotación

07/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Cecilia Zamudio

8 Marzo el día de la Mujer trabajadora y revolucionaria

El 8 de marzo se conmemora a la mujer trabajadora, revolucionaria. La comunista Clara Zetkin propuso la conmemoración en la conferencia de mujeres socialistas de 1910, para homenajear la lucha de las mujeres contra la explotación capitalista. Se recuerda el asesinato, a manos del Gran Capital, de 129 obreras en huelga quemadas vivas en una fábrica textil en EEUU: los dueños de la fábrica cerraron las puertas con ellas dentro y le prendieron fuego para hacerlas arder (como medida de «disuasión» para evitar que otras obreras siguieran su ejemplo de lucha). Se conmemora la lucha por la justicia social, por los derechos de la clase trabajadora, la lucha contra el patriarcado y el capitalismo, cuyos mecanismos se articulan el uno al otro a la perfección.
El 8 de marzo también quedó apuntalado como fecha eminentemente revolucionaria por los sucesos del 8 de marzo de 1917 en la Rusia tzarista: miles de mujeres salieron a las calles clamando por sus derechos, contra la explotación y las guerras que la burguesía imponía al pueblo: ellas detonaron la Revolución de Octubre. Tras la revolución de Octubre las mujeres conquistaron sus derechos económicos, sociales, sexuales y reproductivos: derecho al voto para todas las mujeres (no solo para las propietarias como en Gran Bretaña), derecho al divorcio, derecho al aborto, derechos plenos al estudio y trabajo, vivienda, sanidad y educación garantizadas, etc. Todos estos derechos todavía se siguen luchando en la inmensa mayoría de países capitalistas.
Las mujeres somos la parte más golpeada de la clase explotada. Somos víctimas de las guerras imperialistas, del saqueo capitalista que empobrece regiones y países enteros, de las privatizaciones y la precariedad, y además somos víctimas del machismo incesantemente promovido por los medios y toda la industria cultural del capitalismo. Porque el capitalismo se sustenta fragmentando y dividiendo a la clase explotada: por ello la industria cultural del capitalismo difunde incesantemente paradigmas de discriminación como el machismo y el racismo.
Somos las trabajadoras explotadas, estudiantes, artistas, paradas y jubiladas a quienes se nos está privando de una vida digna, en ocasiones hasta de la alimentación, la vivienda, el acceso a la salud, el acceso a la educación, etc. Somos privadas de condiciones de trabajo y de remuneración dignas por los capitalistas que sacan la plusvalía de nuestro trabajo. Somos las madres cuyo trabajo en el hogar no es reconocido, las que se quedan en absoluta precariedad sin pensión. Somos las mujeres migrantes empujadas a padecer las peores explotaciones: en maquilas de espanto, rociadas de veneno en el agro-industrial, abocadas a la explotación de la prostitución o a ser cosificadas y saqueadas como «vientres de alquiler». Somos las niñas violadas y forzadas a parir. Somos designadas por este sistema como la diana de las frustraciones aberrantes que este sistema causa, de la misoginia que fomenta.

Por ello el feminicidio galopa: porque los medios banalizan la tortura y toda discriminación alienante funcional al capitalismo, porque la violencia ejercida de manera estructural arrastra su odio contra nosotras. Somos vícimas del capitalismo y su barbarie, víctimas del  machismo que el mismo Capital promueve; pero también somos mujeres luchadoras y revolucionarias. El 8 de marzo no es el día de las princesas, ni de las empresarias explotadoras. Las mujeres opresoras, las Cristine Lagarde, las Thatcher, las Hillary Clinton y demás… las que se lucran de devastar selvas, de oprimir poblaciones, de esclavizar en fábricas de espanto a miles de trabajadoras, las que se lucran, también, de fomentar el machismo a través de sus medios de alienación masiva, son clase explotadora, al igual que los hombres de la clase explotadora.
Al Capital le interesa mantenernos atadas a la división sexual del trabajo, a labores de cuidado no remuneradas, a la discriminación salarial por ser mujeres. Al Capital le interesa una clase explotada pulverizada y golpeada, impedida de unidad por el machismo, el racismo, la xenofobia, el individualismo y demás alienaciones que la clase explotadora se encarga de cultivar. Frente a una realidad tan brutal, el reformismo, siempre sirviendo a impedir cuestionamientos profundos, pretende encapsular nuestra lucha y superficializarla, ocultando su carácter de clase, obviando la funcionalidad que para el capitalismo tiene el machismo.  Los reformistas, que pretenden seguir engañándonos con la cínica fábula de un supuesto e imposible “capitalismo con rostro humano”, buscan ocultar que no lograremos cambiar la cultura profundamente machista que impera en el mundo entero, a menos que nos tomemos los medios de producción y por lo tanto los de difusión y educación. En este sistema toda una artillería de sometimiento ideológico es implementada por la clase burguesa; los paradigmas de opresión son activamente martilleados desde múltiples flancos: desde las instituciones religiosas históricamente funcionales a las clases dominantes, pasando por la gran industria audiovisual, hasta los nada ‘inocuos’ videojuegos. Para contrarrestar esa alienación a gran escala, que tanto sufrimiento causa, se necesitan obviamente medidas que subviertan el actual orden social; abolir el patriarcado no será posible sin abolir el capitalismo.
Los caballos de Troya de la burguesía intentan hacer creer que las mujeres explotadoras son nuestras hermanas, cuando ellas también participan de perpetuar este sistema que devora a la naturaleza, explota a los seres humanos (a la clase trabajadora), y perpetúa al machismo, al racismo, al individualismo, comportamientos y discriminaciones fundamentales para el mantenimiento de este sistema putrefacto.
Las mujeres revolucionarias sabemos que la sociedad de clases se perpetúa sobre la violencia: esa violencia ejercida por la clase explotadora (la que posee los medios de producción) contra las mayorías explotadas y precarizadas, y sabemos también el lastre que significa el machismo para la unidad de la clase explotada. Luchamos también por un feminismo revolucionario, para poder oponerlo a la infame recuperación que el sistema está intentando hacer de la lucha feminista, con sus aberrantes Caballos de Troya y su discurso de “sororidad interclasista» (¡cómo si tuviéramos que tener «sororidad» con una capitalista explotadora, una proxeneta o una ficha del complejo militar-industrial por el mero hecho de ser mujer!).
Luchamos contra toda explotación, y nuestra lucha contra la opresión de la mujer trabajadora, la adelantamos luchando día a día contra el machismo, contra la clase burguesa, contra un orden social de explotaciones concatenadas; luchando contra la raíz que sostiene las desigualdades sociales: luchando contra un sistema que fomenta la opresión de la mujer porque necesita esta opresión como mecanismo de dominación y división de la clase explotada; luchando contra un sistema que fomenta la violencia machista a modo de control social (como pérfida válvula de escape de las frustraciones que tal sistema crea); luchando contra un sistema en el que un puñado de multimillonarios capitaliza moliendo humanidades y rebanando el planeta.
El Feminicidio galopante es parte de la barbarie de un sistema económico, político, social y cultural, el capitalista, violento en esencia y perverso en su lógica. Un sistema basado en la explotación de las y los trabajadores y en el saqueo de la naturaleza, es un sistema que necesita banalizar la explotación, la injusticia social y la tortura.
La lucha por la emancipación de la mujer y la lucha contra el capitalismo son inseparables. Por un feminismo revolucionario, que no es foto de portada sino lucha cotidiana, que lucha contra toda explotación.

Publicado en: Cultural, Global, titular2

Google y los ecosistemas informativos: Imponer un sentido común funcional al neoliberalismo

01/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jorge Elbaum 

La última semana se informó la construcción de un consorcio de medios de comunicación argentinos asociados a la plataforma Google, destinada a reproducir material informativo local en su portal de noticias global denominado News Showcase.

El acuerdo incluye a más de 30 grupos periodísticos, tanto porteños como provinciales, entre los que figuran Clarín, La Nación, Infobae, Página/12, El Cronista, La Arena, La Gaceta y Nueva Rioja, entre otros.

El acuerdo implica un financiamiento de los medios locales por parte de Alphabet (la corporación que administra Google) y un decidido involucramiento en la selección de contenidos. Dicho desembarco forma parte de una campaña internacional para blindarse frente a las acusaciones de prácticas monopólicas, posición dominante, comercialización de datos privados a empresas y desvío de información crítica hacia la National Security Agency (NSA).

News Showcase ofrece colaboración y apoyo financiero al periodismo de cada uno de los países con el objeto de obtener una legitimidad cuestionada por la Unión Europea y otros estados. Argentina es uno de los doce países en donde se decidió implementar el programa, que incluye acuerdos similares con medios de Alemania, Brasil, Canadá, Francia, el Reino Unido, Australia y Japón, entre otros.

La inversión inicial es de 1.000 millones de dólares e incluye, hasta la actualidad, a unos 450 medios. La participación de los medios argentinos contribuye a la tendencia generalizada de una mayor concentración monopólica global y a la vez faculta a Google a convertirse en el gran responsable de modelar la imagen de la Argentina a nivel internacional, permitiéndole la selección de noticias aptas para el paladar del neoliberalismo hegemónico.

Los medios locales recibirán compensaciones económicas por replicar una selección de sus titulares, mientras que Google compilará los datos obtenidos como insumo de sus operaciones de Inteligencia Artificial (IE). Una vez procesados, los comercializará a miles de empresas que los utilizarán como soporte para el marketing directo y personalizado.

Los medios argentinos obtendrán dos tipos de financiamiento: por un lado, como consecuencia de la provisión de contenidos a la plataforma News Showcase, y por el otro como resultado de proporcionar acceso a artículos de las versiones pagas de dichos medios asociados.

El resultado de este involucramiento de Google en la producción de la noticialidad cotidiana local ampliará el control de la plataforma estadounidense sobre el denominado ecosistema informativo local, incrementando su capacidad para modelar el sentido común, imprescindible para la reproducción ampliada del sistema financiarizado.

En ese marco, la restricción sobre la soberanía comunicacional se expresará a partir de las cinco dimensiones siguientes:

Agenda: decidirá qué temas y qué medios serán los que ocuparán los lugares prioritarios y cuáles serán ubicados en los márgenes. Dado que la selección inicial será ofertada por los propios medios, la trifecta mediática local (Clarín, La Nación e Infobae) logrará apalancar su legitimidad a la hora de difundir sus posverdades, falacias y tergiversaciones, apoyada en la cobertura brindada por una plataforma globalizada. Ese escenario es lo que Google conceptualiza como un ecosistema informativo, nominación aséptica con la que se pretende esconder las decisiones corporativas de sus CEOs. El ecosistema funciona como la mano invisible del mercado. Algo que está direccionalizado por poderosos actores que buscan atribuir sus movimientos a una naturaleza independiente de intereses.

Concentración: incrementará la monopolización de los medios locales sin tener que regirse por normativas democráticas –presentes o futuras–, dada su localización empresaria en Estados Unidos. Operará sin arbitraje del Estado y decidirá qué coartar, ampliar o cercenar sin que una autoridad soberana o multilateral cuente con capacidad de intervención.

Monetización: incrementará la capacidad de comerciar los datos personales de los ciudadanos argentinos, tanto para ofrecer agregados aptos para el marketing personalizado como para modelar campañas electorales, tal cual fue denunciado en ocasión del caso Cambridge Analytica.

Vigilancia: aumento de la capilaridad informativa sobre partidos políticos y sus referentes, combinado con el desarrollo de mecanismos de inteligencia artificial dispuestos para completar una arquitectura global capaz de instalar mercados de futuros conductuales. Una disposición posible gracias a una concentración extrema de conocimiento, ajena a la supervisión democrática: se profundizará la manipulación destinada a conformar tribus antipolíticas y modelo de consumidores antes que ciudadanos. Sujetos aislados enemigos de la cooperación, admiradores de la competencia, reivindicadores de la desconfianza y de guerra de todos contra todos.

Tergiversación, sobreabundancia y escándalo: La articulación convergente planificada por News Showcaseserá gobernada por algoritmos funcionales a los requerimientos empresariales trasnacionales, generalmente opuestos a las demandas sociales o las necesidades soberanas. En ese contexto, se omitirán los circuitos capaces de dotar a los usuarios de pensamiento crítico, convirtiendo a los ciudadanos en cibernautas. La difamación se hace confusa y ambigua y se la denomina fake new. “Cuando nos conectamos a internet ya no vemos el bosque. Ni siquiera los árboles, vemos sólo hojas, ramas (…) un ecosistema de tecnologías de interrupción (…) donde nos presentan pedazos o fragmentos de la realidad a través de sus buscadores”. La emocionalidad, la intemperancia, el odio y la intolerancia aparecen como vehículos de articulación social más premiados por las redes sociales y los buscadores.

Cuánta más agresión se reproduce, mayor es la cantidad de respuestas. A eso se le suma el aluvión de contenido indiferenciado que –sin alfabetización digital– logra equiparar, sin jerarquizar, a un infectólogo con una presentadora televisiva, debatiendo temáticas de inmunización.

Regular o sucumbir

Desde 2019 el control del intercambio político en el ciberespacio es regulado por Google sólo en Estados Unidos, la Unión Europea (UE), la India y el Reino Unido. En 2020 se incluyó a Nueva Zelanda, Israel, Australia y Taiwán. En todos esos países, Google limitó, seleccionó y/o censuró la divulgación de anuncios electorales según segmentaciones generacionales, de sexo y de ubicación georreferencial.

Aunque Google intenta resguardarse frente a posibles acusaciones de interferencia electoral, la Unión Europea y algunos de sus países miembros, por separado, han avanzado en la aplicación de normativas destinadas a limitar su poder discrecional. A partir de enero de 2021 se aplica en España la denominada Tasa Google, que grava con el 3% de los ingresos a las empresas digitales cuyos ingresos superan los 750 millones de euros a nivel mundial y más de 3 millones en España.

El 26 de enero la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, invitó al gobierno de Joe Biden a regular en forma conjunta a los gigantes tecnológicos, ante el impacto negativo que generan en relación a la competencia, las normas democráticas, la seguridad, la proliferación de discurso de odio y la calidad de la (des)información.

La funcionaria de origen germano advirtió que, además de los cinco gigantes de la sigla GAFAM (Google, Amazon, Facebook,Apple y Microsoft), también deberán ser evaluados y limitados las plataformas Booking, Alibaba, TikTok y la firma de teléfonos móviles Samsung.

El pedido de Von der Leyen se suma a los anuncios realizado por el Comisionado Europeo de Mercados Internos, Thierry Breton, quien informó que la UE estudia diversas medidas antimonopólicas que incluyen el requerimiento de forzar a las grandes trasnacionales tecnológicas a dividirse, e incluso a vender alguna de las divisiones con sede en Europa.

Las transnacionales digitales son parte constitutiva del modelo neoliberal financiarista. La monetización, la articulación con los fondos de inversión, la evasión fiscal y las transacciones en guaridas fiscales son parte del ADN constitutivo de su lógica monopólica e imperial. La encrucijada central remite a la gobernanza global y a la capacidad regulatoria de los Estados soberanos.

Cuanta más autoridad posean los gobiernos para regular a las corporaciones, más posibilidades existirán de ampliar los derechos democráticos. Por el contrario, cuantas más prerrogativas posean las corporaciones –apelando en todo momento a su libertad de empresa– menor capacidad tendrán las mayorías populares para construir su destino en forma autónoma e independiente.

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE,www.estrategia.la). Publicado en elcohetealaluna.com

Publicado en: Cultural, titular2

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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
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Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

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