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Guerra, paz y capitalismo en Colombia

21/08/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Alberto Pinzón Sánchez

 

Así como las nubes tienen en su interior el agua y la tormenta, el capitalismo lleva en su interior la guerra, y en ninguna otra parte del mundo la Historia muestra esta intrincada relación, que cada día cobra mayor actualidad, como en Colombia.

Una vez más la Historia, muestra que tiene la razón: El capitalismo nace con la guerra, se alimenta y crece con la guerra y, mientras subsista, habrá guerra; sobre todo en ese atormentado y ensangrentado país del capitalismo trasnacional DEPENDIENTE donde persisten 5 nichos o  mercados capitalistas muy bien establecidos muy difíciles de erradicar, que dejan fabulosas ganancias al complejo militar-industrial-financiero (como hoy se denomina a SÍ mismo el Imperialismo global) y que son:

1 ) El mercado de las armas y la tecnología militar estricta.

2) El mercado de la seguridad (incluida la seguridad privada y la tecnología informática de punta y de localización personal por satélite).

3) El mercado de la cocaína.

4) El mercado de la tierra despojada, y,

5) El mercado de los contratos (de todo tipo) del Estado contrainsurgente. .

Baso la anterior afirmación en dos libros trascendentales para la humanidad, no solamente por su antigüedad sino por las luces que siguen irradiando a las generaciones futuras, a pesar de los muchos intentos de sus enemigos por tacallarlos o tergiversarlos y aún prohibirlos. Uno es el Capital de Marx ( 1867) (*), especialmente el capitulo sobre la llamada “Acumulación Originaria”, y otro, el libro-denuncia presentado en 1552 al poderoso rey Carlos V, por fray Bartolomé de las Casas “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” (**), que pronto fue traducido e impreso ilegalmente por los imperios coloniales rivales del español, ( Holanda Francia e Inglaterra), y en donde el fraile, como testigo presencial de excepción, pudo describir en detalle los horrores, saqueos, matanzas, exterminios y demás etcéteras de aquella Primera Guerra de Civilizaciones del sistema Colonial del Capitalismo que Marx, pudo leer en Inglaterra al analizar dicho proceso en el capítulo mencionado sobre la Acumulación Originaria.

Trascribiré algunos párrafos pertinentes al proceso, pidiendo disculpas al lector por el recorte, debido a la naturaleza de este escrito. Escribe Marx así (*) :

….” La llamada acumulación originaria no es, pues, más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción. Se llama originaria porque forma la prehistoria del capital y del modo capitalista de producción”…..el movimiento histórico que convierte a los productores en obreros asalariados, representa la liberación de la servidumbre y de la coacción gremial, y este aspecto es el único que existe para nuestros historiadores burgueses. Pero si enfocamos el otro aspecto, vemos que estos trabajadores recién emancipados sólo pueden convertirse en vendedores de SÍ mismos una vez que han sido despojados de todos los de todos los Medios de Producción y de todas las garantías de vida que las viejas instituciones feudales les aseguraban Y, esta expropiación queda inscrita en los anales de la historia con trazos indeleble de sangre y fuego. (pág 103)

Y, más adelante continúa su aclaración:

…El proceso de donde salieron el obrero asalariado y el capitalista tuvo como punto de partida la esclavización del obrero. Este desarrollo consistía en el cambio de forma de esclavización: la explotación feudal se convirtió en explotación capitalista. Para comprender la marcha de este proceso, no hace falta remontarse muy atrás: aunque los primeros indicios de producción capitalista se presentan ya esporádicamente, en algunas ciudades del mediterráneo durante los siglos XIV y XV, la era capitalista solo data en realidad, del siglo XVI, Allí donde surge el capitalismo hace ya mucho tiempo que se ha abolido la servidumbre y que el punto de esplendor de la Edad Media, la existencia de ciudades soberanas, ha declinado y palidecido. En la historia de la acumulación originaria confluyen todas las transformaciones que sirven de punto de apoyo a la naciente clase capitalista y sobre todo los momentos en que grandes masas de hombres son despojados repentina y violentamente de sus medios de subsistencia y lanzados al mercado del trabajo como proletarios libres pero desheredados. Sirve de base a todo este proceso la expropiación que priva de su tierra al productor rural, al campesino. Su historia presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas diversas. Reviste su forma clásica sólo en Inglaterra, país que aquí tomamos como Modelo. ( pág 104).

… . En el período de infancia de producción capitalista, ocurría no pocas veces en la ciudades medievales, que el proceso de de saber cual era de los siervos huidos llegaría a ser amo y cual obrero se tornaba lento y, no correspondía a las exigencias comerciales del nuevo mercado mundial creado por los grandes descubrimientos de fines del siglo XV. La edad media había legado dos formas distintas de capital el capital usurario y el capital comercial que alcanzaron su sazón en las más diversas formaciones socioeconómicas que y que antes de llegar a la era del Modo de Producción Capitalista eran considerados capital por antonomasia…

..El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, la esclavización y el sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de la Indias Orientales ( Java, Borneo, Filipinas, etc) la conversión del continente africano en cazadero de esclavos, son los hechos que señalan los albores de la era de la Producción Capitalista. Procesos “idílicos” que representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria. Y tras ellos, pisando sus huellas, viene la Guerra Comercial de las naciones europeas, con el planeta entero por escenario. Rompe el fuego con el alzamiento en los Países Bajos contra la Corona española que se logran sacudir el yugo de su dominación; cobra proporciones gigantescas en Inglaterra con la Guerra antijacobina, y sigue ventilándose en China las Guerras del Opio.

…Las diversas etapas de la acumulación originaria tiene su centro, en un orden cronológico más o menos preciso, en España, Portugal, Holanda, Francia, e Inglaterra. Es aquí en Inglaterra donde a fines del siglo XVII, se resumen y sintetizan sistemáticamente en el Sistema Colonial, el sistema de la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista. Métodos que se basan como ocurre con el Sistema Colonial con la más burda de las violencias. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del Modo Feudal de Producción en el modo de Producción Capitalista y acortar las transiciones.. (Pág 139).

…En las plantaciones destinadas exclusivamente al comercio de exportación, como en las indias occidentales (Caribe, etc) y en los países ricos y densamente poblados, entregados al pillaje y la matanza como México y ellas Indias Orientales (Java, etc) era, donde el trato dado a los indígenas revestía las formas más crueles. ( pág 141).

Sin embargo, no es todo, hay otro hecho histórico que deseo resaltar. El Libertador Simón Bolívar, obviamente no conoció por imposibilidad biológica a Marx, pero en cambio si se tiene certeza que leyó con detenimiento y dedicación en toda su extensión la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias de fray Bartolomé de las Casas, libro que ejerció una profunda impresión en su conciencia anti colonialista y anti esclavista . Dicho libro, actualmente, es de difícil consecución debido a las poderosas fuerzas transnacionales que operan en su contra para acallarlo. Por tal razón, quisiera transcribirlo todo completo porque no hay una sola frase que no sea un importante documento histórico, pero para reforzar mi escrito, solo trascribiré lo relativo a la llegada del Capitalismo a Colombia, que abarcan las últimas seis páginas de su impactante descripción, donde desmitifica la imagen del “creador del alma nacional” Jimenez de Quesada.  (Una aproximación a su biografía hecha por mi hace 13 años, pero que nunca suplirá el documento denuncia del fraile De las Casas, se puede leer aún en internet en https://portalacademico.cch.unam.mx/alumno/historiauniversal1/unidad3/acumulacionOriginaria)

“..Del Nuevo Reino de Granada. (**) 

El año de mil y quinientos y treinta y nueve concurrieron muchos tiranos yendo a buscar desde Venezuela y desde Sancta Marta y desde Cartagena el Perú, e otros de que desde el mesmo Perú descendían a calar y penetrar aquellas tierras, e hallaron a las espaldas de Sancta Marta y Cartagena, trescientas leguas la tierra adentro, unas felisísimas e admirables provincias llenas de infinitas gentes mansuetísimas y buenas como las otras y riquísimas en también de oro y piedras preciosas las que se dicen esmeraldas. A las cuales provincias pusieron por nombre el Nuevo Reino de Granada, porque el tirano que llegó primero a esas tierras era natural del reino que acá está de Granada. Y porque muchos inicuos e crueles hombres de los que allí concurrieron de todas partes eran insignes carniceros y derramadores de sangre humana, muy acostumbrados y experimentados en los grandes pecados susodichos en muchas partes de las Indias, por eso han sido tales y tantas sus endemoniadas obras y las circunstancias y calidades que las afean e agravian, que han excedido a muy muchas y aún a todas las que los otros y ellos en las otras provincias han hecho y cometido.

De infinitas que en estos tres años han perpetrado e que agora en este día no cesan de hacer., diré algunas muy brevemente de muchas: Que un gobernador ( porque no le quiso admitir el que en el dicho Nuevo Reino de Granada robaba y mataba para que él robase e matase) hizo una probanza contra él de muchos testigos, sobre los estragos e desafueros y matanzas que ha hecho y hace, la cual se leyó y está en Consejo de Indias.

Dicen en la dicha probanza los testigos, que estando todo aquel reino de paz e sirviendo a los españoles, dándoles de comer de sus trabajos los indios continuamente y haciéndoles labranzas y haciendas e trayéndoles mucho oro y piedras preciosas, esmeraldas y cuanto tenían y podían, repartidos los pueblos y señores y gentes dellos por los españoles ( que es todo lo que pretenden por medio de alcanzar su fin último que es el oro ) y puestos todos en la tiranía y servidumbre acostumbrada, el tirano capitán principal que aquella tierra mandaba prendió al señor rey de todo aquel reino e túvole preso seis o siete meses pidiéndole oro y esmeraldas, sin otra causa ni razón alguna. El dicho rey que se llamaba Bogotá, por miedo que le pusieron dijo que él daría una casa de oro que le pedían, esperando de soltarse de las manos de quien así lo afligía, y envió indios a a que le trajesen oro y por veces trajeron mucha cantidad de oro e piedras, pero porque no daban la casa de oro, decían los españoles que lo matase, pues no cumplía lo que había prometido. El tirano dijo que se lo pidiesen en justicia ante él mesmo; pidíeronlo así por demanda, acusando a dicho rey de la tierra ; él dio sentencia condenándolo a tormentos si no diese la casa de oro. Dánle el tormento del tracto de cuerda; echábanle sebo ardiendo en la barriga, pónenle a cada pie una herradura hincada en un palo, y el pescuezo atado a otro palo y dos hombres que le tenían las manos, e así le pagaban fuego a los pies, y entraba el tirano de rato en rato y decía que así lo había de matar poco a poco a tormentos si no daba el oro. Y así cumplió e mató al dicho señor con los tormentos. Y estando atormentándolo, Dios dio señal de que detestaba aquellas crueldades en quemarse todo el pueblo donde las perpetraban. Todos los otros españoles, que por imitar a su buen capitán y porque no saben otra cosa sino despedazar aquellas gentes, hicieron lo mesmo, atormentando con diversos y fieros tormentos a cada uno al cacique y señor del pueblo e pueblos que tenían encomendados, estándoles sirviendo dichos señores con todas sus gentes y dándoles oro y esmeraldas cuanto podían y tenían. Y solo los atormentaban porque les diesen más oro y piedras de lo que les daban. Y así quemaron y despedazaron a todos los señores de aquella tierra.

Por medio de las crueldades egregias que uno de los tiranos particulares en los indios hacía, se fueron a los montes huyendo de tanta inhumanidad un gran señor que se llamaba Daitama, con mucha gente de la suya. Porque esto tienen por remedio y refugio ( si les valiese) Y a esto llaman los españoles levantamiento y rebelión. Sabido por el capitán principal tirano, se envía gente al dicho hombre cruel (por cuya ferocidad los indios que estaban pacíficos e sufriendo tan grandes tiranías y maldades se habían ido a los montes) , el cual fue a buscallos y porque no basta a esconderse en las entrañas de la tierra, hallaron gran cantidad de gente y mataron y despedazaron más de quinientas ánimas, hombres y mujeres e niños, porque a ningún género perdonaban. Y aún dicen los testigos que el mesmo señor Daitama había, antes que la gente le matasen, venido al dicho cruel hombre y le había traído cuatro o cinco mil castellanos de oro e no obstante esto, hizo el estrago susodicho.

Otra vez, viniendo a servir mucha cantidad de gente a los españoles y estando sirviendo con con humildad e simplicidad que suelen, seguros, vino el capitán una noche a la ciudad donde los indios servían y mandó que a que todos aquellos indios los metiesen a espada, estando dellos durmiendo y dellos cenando y descansando de los trabajos del día. Esto hizo porque le pareció que era bien hacer aquel estrago para entrañar su temor en todas las gentes de aquella tierra.

Otra vez mandó el capitán tomar juramento a todos los españoles cuantos caciques y principales y gente común cada uno tenía en su casa y luego que los trajesen a la plaza, e allí les mandó cortar a todos las cabezas, donde mataron cuatrocientas o quinientas ánimas y dicen los testigos que desta manera pensaba apaciguar la tierra.

De cierto tirano particular dicen los testigos que hizo grandes crueldades, matando y cortando muchas manos y narices a hombres y mujeres y destruyendo muchas gentes.

Otra vez envió el capitán al mesmo cruel hombre con ciertos españoles a la provincia de Bogotá a hacer pesquiza de quien era el señor que había sucedido en aquel señorío después que mató a tormentos al señor universal, y anduvo por muchas leguas de tierra prendiendo cuantos indios podía haber, e porque no le decían quién era el señor que había sucedido, a unos cortaba las manos y a otros hacía echar a los perros bravos que los despedazaban, así hombres como mujeres, y desta manera mató y destruyó muchos indios e indias. Y un día, al cuarto de alba, fue a dar sobre unos caciques y mucha gente de indios que estaban en paz y seguros, que los había asegurado y dado fe de que no recibirían mal ni daño, por la cual seguridad se salieron de los montes donde estaban escondidos a poblar a lo raso donde tenían su pueblo, y así estando descuidados y con confianza de la fe que les habían dado, prendió mucha cantidad de de gente, mujeres y hombres y le mandaba poner la mano tendida en el suelo, y el mesmo con un alfanje les cortaba las manos e decíales que aquel castigo les hacía porque no le querían decir donde estaba el señor nuevo que en aquel reino había sucedido.

Otra vez, porque no le dieron un cofre lleno de oro los indios, que les pidió este cruel capitán, envió gente a hacer guerra, donde mataron infinitas ánimas e cortaron manos e narices a mujeres y a hombres que no se podrían contar, y a otros echaron a perros bravos que los comían y despedazaban. Otra vez, viendo los indios de una provincia de aquel reino que habían quemado los españoles tres o cuatro señores indios principales, de miedo se fueron a un peñón fuerte para defender de enemigos que tanto carecían de entrañas de hombres, y serían en el peñón (según dicen los testigos) cuatro o cinco mil indios. Envía el capitán susodicho a un grande y señalado tirano (que muchos de los que de aquellas partes tiene cargo de solar) con cierta gente de españoles para que los castigase, diz que los indios alzados que huían de tan gran pestilencia y carnicería. Idos los españoles al peñón súbenlo por fuerza, como los indios sean desnudos y sin armas, y llamando los españoles a los indios de paz y que les aseguraban no les haría mal alguno, que no peleasen, luego los indios cesaron: manda el crudelísimo hombre a los españoles que tomasen todas las fuerzas del peñón, e tomadas que diesen en los indios. Dan los tigres y leones a ovejas mansas y desbarrigan y matan a espada a tantos que se pararon a descansar: tantos eran los que habían hecho pedazos después de haber descansado un rato mandó el capitán que matasen y despeñasen del peñón abajo, que era muy alto, toda la gente que viva quedaba Y así los despeñaron toda e dicen los testigos que veían nubada de indios echados del peñón abajo de setecientos hombres juntos que caían donde hacían pedazos. Y por consumar del todo su gran crueldad rebuscaron todos los indios que se habían escondido entre matas, y mandó que a todos les diesen estocadas y así los mataron y echaron de peñas abajo.

..Otra vez, este mesmo tirano fue a cierto pueblo que se llamaba Cota y tomó muchos indios e hizo despedazar a los perros quince o veinte señores principales y cortó mucha cantidad de manos de mujeres y hombres, y los ató en una cuerdas, las puso colgadas de un palo porque viesen los otros indios lo que habían hecho a aquellos en que habría setenta a pares de manos…

Hay otras provincias grandes que confinan con las partes del dicho Nuevo Reino de Granada que se llaman Popayán y Cali, e otra tres o cuatro que tiene más de quinientas leguas, las han asolado y destruido por la manera de esas otras, robando y matando, con tormentos y con los desafueros susodichos, las gentes della que eran infinitas. Porque la tierra es felisísima y dicen los que agora viene de allá que es una lastima grande grande y dolor ver tantos y tan grandes pueblos quemados y asolados como veían pasando por ellas, que donde habían pueblos de de mil e dosmil vecinos no hallaban cincuenta y otros totalmente abrasados y despoblados. Y, finalmente porque desde los reinos del del Perú por la parte de la provincia de Quito, penetran grandes y crueles tiranos hacia el dicho Nuevo reino de Granada y Popayán e Cali, por la parte de Cartagena y Urabá, y después otros malaventurados por la parte del rio Sant Juan que es la la costa sur ( todos los cuales se vinieron a juntar) han estirpado y despoblado más de seicientas leguas de tierras, echando aquellas tan inmensas ánimas a los infiernos, haciendo lo mesmo el día de hoy a las gentes miseras, aunque inocentes que quedan….. ( pág 129 a 135)

Una contextualización histórica más amplia de la «Guerra de Civilizaciones»  que significó la conquista española en Nuestramérica denunciada por el fraile De las Casas, puede leerse en el estudio titulado “La guerra de Conquista o la destrucción de Indias. Una aproximación desde la contemporaneidad” escrito por el historiadores José María Rojas G. Cali 2006 (***) que se puede consultar en      file:///C:/Users/user/Downloads/1160-Texto%20del%20 art%20 culo-3683-1-10-20090420.pdf.

Después de leer las anteriores puntadas, es obvio para cualquier colombiano conocedor (así sea en mínimo) de la singular y compleja historia de su país; que esta es y ha sido un cruel despiadado e inhumano proceso de extermino, saqueo y genocidio producido por la avaricia de aquella primera Guerra de Civilizaciones Capitalista con las que se inició el Modo de Producción Capitalista descrito en 1522 por el fraile Bartolomé de las Casas, en la sufrida Colombia.

Proceso prolongado durante siglos ( mediante la expropiación y despojo “violento” del campesinado descrito por Marx) no sólo por la Clase Capitalista Colonial dominante en España y en el Virreinato Neogranadino, sino por la Clase Capitalista de los “Criollos que se tomaron el Estado – Nación de Colombia (surgido de la guerra anti colonial).

Pues una vez muerto en 1830 el Libertador Bolivar y hecho añicos” su sueño de formar un Estado supranacional independiente y próspero, y, ascendido al Poder F.P. Santander con su gavilla de fanáticos librecambistas, integraron aún más a Colombia dentro del Sistema Colonial Mundial del Capitalismo, con el fin de crear el “mercado interno nacional”, desatando durante el siglo XIX 9 guerras civiles con sus respectivos proceso de paz, y durante el siglo XX y parte del actual, someter a la sociedad colombiana a una sofisticada guerra interna contra insurgente con sus múltiples proceso de paz frustrada, que por ahora ha dejado 8 millones mal contados (ojo léase bien) 8 millones de despojados violentamente, de expropiados, de saqueados por la guerra Estatal de todos sus bienes, expulsados militarmente de sus territorios para que se fueran a llenar los cinturones de miseria proletaria de las grandes ciudades colombianas. Una relación más detallada de este secular proceso, puede leerse en mi breve ensayo titulado Rafael Núñez : La guerra, la política y el origen del Estado capitalista colombiano, https://rebelion.org/wp-content/uploads/2020/11/colombia_libro_pinzon.pdf

Con todo esto y como conclusión, puedo argumentar con razón para volver al párrafo inicial de este escrito:

Así como las nubes tienen en su interior el agua y la tormenta, el capitalismo lleva en su interior la guerra, y en ninguna otra parte del mundo la Historia muestra esta intrincada relación, que cada día cobra mayor actualidad, como en Colombia. Una vez más la Historia, muestra que tiene la razón:.El capitalismo nace con la guerra, se alimenta y crece con la guerra y, mientras subsista, habrá guerra; sobre todo en ese atormentado y ensangrentado país del capitalismo trasnacional DEPENDIENTE donde persisten 5 nichos o mercados capitalistas muy bien establecidos muy difíciles de erradicar , que dejan fabulosas ganancias al complejo militar-industrial-financiero (como hoy se denomina a SÍ mismo el Imperialismo global) y que son:

1) El mercado de las armas y la tecnología militar estricta . 2) El mercado de la seguridad (incluida la seguridad privada y la tecnología informática de punta y de localización personal por satélite). 3) El mercado de la cocaína. 4) El mercado de la tierra despojada, y 5) El mercado de los contratos (de todo tipo) del Estado contrainsurgente.

La tendencia que se vislumbra en el reciclamiento actual del conflicto interno colombiano, es a la desaparición de los bastante bien conocidos ejércitos populares guerrilleros, y más bien, una transición hacia una “mexicanización definitiva de Colombia”, con proliferación y dispersión en varios carteles de la droga desideologizados, muy bien financiados y mejor armados. (18.08.2022).

Bibliografía

(* ) El Capital, Capítulo XXIV. La Llamada acumulación originaria, en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm

(**) De las Casas, Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Edición SARPE.1985.

(***) Rojas G José Maria. Cali 2006 La guerra de Conquista o la destrucción de Indias. Una aproximación desde la contemporaneidad” file:///C:/Users/user/Downloads/1160-Texto%20del%20 art%20 culo-3683-1-10-20090420.pdf

Publicado en: Colombia, titular2

El ser humano, animal que disiente

15/08/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Iñaki Urdanibia para Kaosenlared
 

«La historia de la humanidad es también la historia del disenso. Desde siempre, en formas, con resultados y presupuestos mutuamente irreductibles, los hombres se rebelan»

El filósofo y profesor italiano Diego Fusaro, nacido en 1983, a quien me había referido con anterioridad (Diego Fusaro, por un rearme filosófico – Kaos en la red), sigue a la carga, y lo hace con un libro en el que convertido en topógrafo del no, entrega un mapa catastral, diría, en lo que hace al rechazo en sus diferentes formas, grados y expresiones. El título de la obra, editada por Trotta, es explícito donde los haya: «Pensar diferente. Filosofía del disenso».

Revolución, rebelión, defección, protesta, revuelta y motín, antagonismo y desacuerdo, insubordinación y sedición, huelga y desobediencia, resistencia y sabotaje , contestación y sublevación son expresiones del disentir o sentir diferente. La lista de personajes que entonaron el no al orden establecido es amplio: desde Prometeo a las expresiones actuales de insumisión, pasando por Sócrates, Espartaco, Tiberio Graco y Catilina, Lutero, Marx y Lenin, revolucionarios franceses de 1789, y rusos de 1917, los disidentes soviéticos, Nelson Mandela, Che Guevara, Martin Luther King o Gandhi; sí quisiera señalar una falta entre las figuras nombradas por Fusaro, la de Antígona y lo digo ya que el personaje creado por Sófocles ha dado lugar a muchas interpretaciones, glosas y versiones: ahí están los nombres de Hegel, Soren Kierkegaard, Frédéric Gros o Judith Butler en lo que hace a interpretaciones filosóficas (necesaria resulta la obra de George Steiner: « Antígonas. La travesía de un mito universal por la filosofía de Occidente», obra en la que se visita la huella y presencia de la obra sofocleana a lo largo de la historia en sus diferentes vertientes: filosóficas, teatrales, musicales…); en lo lírico y/o musical son conocidas las versiones teatrales de Eurípides, Jean Anouilh, Bertolt Brecht, Salvador Espriu, o las operísticas de Gluck, Honneger, Carl Orff; y hasta el bulímico, en escrituras, Slavoj Zizek se ha atrevido a escribir una actualización de la tragedia griega bajo el título de esta mujer representación de la negativa a obedecer y someterse al orden establecido, siempre en manos de varones, erigiéndose ella en icono de la desobediencia al gobernante, la disidencia contra el poder, una mujer frente al hombre, la juventud versus la vejez, el individuo frente a la colectividad …esa figura valiente tan alabada, está ausente en la enumeración de Fusaro.

Por una parte, el disenso como el ser, que dijese el Estagirita, se dice de muchas maneras, siendo una tarea inútil el tratan de atraparlo en un concepto univoco; el modo de acercamiento cabal es el de recurrir a las diferentes figuras y las diversas expresiones en que se manifiesta, para tratar de hallar un denominador común.

Tomando impulso en Erich Fromm que afirmaba, en su obra de 1963, La desobediencia como problema psicológico y moral, que el sentir diferente y la desobediencia con respecto al mandato divino da comienzo a la historia de la humanidad, con las figuras de Adán y Eva en las tradiciones judías y cristianas, desplazándose posteriormente de los pagos de la religión a los de la política, en donde destacó Spinoza al reivindicar que en cualquier democracia que se preciase el desacuerdo debía ser permitido y hasta debería considerarse como positivo en la medida en que podía contribuir al perfeccionamiento de dicha forma de organización de los ciudadanos; reclamando el derecho a opinar y a filosofar libremente. A lo dicho han de sumarse la constatación de que existen diferentes grados e intensidades que van desde los retoques reformistas, que tratan de mejorar algunos aspectos que consideran deficientes en el funcionamiento de la sociedad, al rechazo abierto a los cimientos del régimen en acto, que sería la postura propia de los revolucionarios; siendo de recibo igualmente detenerse en la oposición meramente verbal y la de quienes pasan a la acción, debiéndose prestar igualmente atención a la expresión individual de rechazo, que luego trascendiendo tal nivel se amplía a lo colectivo, dando como resultado aquello que dijese Albert Camus de que me rebelo, luego somos.

Frente a la apología del consenso que, un día sí y otro también, se proclama como lo ideal, el disenso es la vía cuya presencia y acción enriquece a la sociedad, al huir del espíritu gregario que convierte a la sociedad en un conjunto de seres obedientes y conformes. Así frente a todos en filas, y prietas ellas, que es la tendencia dominante que empuja a la creciente uniformización, a pesar de las lindas palabras que cantan la pluralidad y la diversidad que caracteriza a la sociedad neoliberal, las posturas discordantes desafinan y en su crujido levantan el pensamiento y despiertan las conciencias, abriendo nuevos horizontes de verdadera pluralidad y libertad. Como no podía ser de otro modo, Diego Fusaro recurre a Etienne de la Boétie y su Discurso de la servidumbre voluntaria que hace que los ciudadanos se dejen dominar, pensando que son libres, y hasta lleguen a alabar al soberano que les domina.

El grito, o la alerta, del autor tiene absoluta pertinencia en estos tiempos de domesticación global que hace compartir gustos, maneras de ver…algoritmo al canto, en este universo simbólico que conduce al cautiverio del pensamiento único y la corrección política, fuera de las cuales no hay salvación sino triste soledad. La postura del pensador es clara y neta a favor del disenso, y no al de pega, y a la postura de quienes no está dispuestos a tragar (apotas, del griego apotos, el que no bebe), y con la brújula que vengo señalando, y recurriendo al apoyo de filósofos (Marx, Gramsci, Heidegger, Schiller, Spinoza, Marcuse, Anders, Nietzsche, Adorno, Debord, etc.), pensadores de lo político (algunos de los citados, más algunos sociólogos como Bauman, Weber…) [difícil marcar las diferencias y deslindar campos entre algunos de los nombrados], sin evitar, afortunadamente, a un amplio abanico de escritores (Pasolini, Orwell, Camus, Thoreau, Huxley,…) , rastrea el terreno, no ocultando sus filias e ignorando a otros que a mi modo de ver bien podrían caber, pero cuya ausencia muestra, sin señalar demasiado y como pasando de puntillas, sus fobias que según su mirada recae además de, obviamente, en los discursos del neoliberalismo en lo político, defendiendo la sociedad de mercado en lo económico, en sus apoyos en el campo del pensamiento por el individualismo nihilista y relativista dice él, aunque soy de la opinión en ello seguramente disiento de manera potente, que hay diferentes relativismos que en su variedad van desde el bien temperado, como el clave de Bach, al que solamente usa el botafumiero para embellecer el status quo [el empleo como tótem del término posmoderno, sin mayores precisiones, responde a la lógica propia de los mots-valise de los que hablase Roland Barthes, y responde fielmente al modo de clasificar habermasiano con sus listas de neos, jóvenes y viejos conservadores, en su empresa por combatir a los destructores del ideario de las Luces, en renovada lucha contra los nuevos asaltantes de la razón. Cuestión por cierto tratada con puntería fina por Jean-Clet Martin en su libro de entrevistas con Jean-Philippe Cazier: Faut-il brûler les postmodernes?, Éditions Kimé, 2021]. Lo señalé, de uno u otro modo, en el artículo que a una de sus obras dediqué anteriormente, al pensar que hay un posmoderno conservador y otro resistente (y perdón por las etiquetas y los encasillamientos, ya que sabido es que simplificar es mentir, y cuadricular también)*, y en entre estos últimos podrían encuadrarse a los Deleuze, Derrida, Foucault –de quien cierto que se cita, una vez, de pasada, usando el término de gubernamentalidad, su Nacimiento de la biopolítica– et compagnie, que con sus obras y sus compromisos, mostraron de qué lado deben ser situados, por no hablar de Jean-François Lyotard que resulta absolutamente injustificable ignorarlo al hablar del disenso, cuando su obra más potente, Le Différend (1983 / traducida al castellano, malamente, como La diferencia) se centraba precisamente en la figura del diferendo, como idea clave…con la que revindicaba la pluralidad y la diversidad, no solamente referidas a los lenguajes o las racionalidades, sino que ampliaba su presencia a los modos de percibir, comprender e interpretar el mundo, y las formas de vida relacionadas con ellos. Nada que ver, desde luego, con Habermas, del que señala las fallas y falta de horizontalidad de su pomposa acción comunicativa, o con Bernard- Henry Lévy, siempre empeñado en ponerse «a la vanguardia en promover el disenso contra el disenso y gestionar el conformismo de la opinión pública», reforzando el conformismo ambiente con el disenso aparente y dirigido contra quienes alzan la voz, ejemplificado también, según Diego Fusaro, por Peter Sloterdijk, ni con los adocenados medios de comunicación que entonan las loas al orden dominante, cuyas ideas-fuerza, defendido por el clero académico dominante, presenta Fusaro en un decálogo de nueve, realmente sabroso.

Decía, líneas más arriba, que la presencia de ciertas referencias literarias acompañan al pensador, y no quisiera concluir sin nombrar dos certeros análisis de dosfiguras de la negación, del rechazo y la resistencia: el Pereira de Antonio Tabucchi, fenomenología del espíritu rebelde, y el Bartebly de Melville, verdadera novela de formación del disenso….ambos como figuras claves en lo que hace a la pedagogía del disenso.

Y eso sí, como decía Adorno, en su Mínima moralia, y cita Fusaro: el Todo es lo falso. Pues eso.

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( * ) Desde luego hay, acerca del llamado posmodernismo, mas allá de la esfera de la moda u otras movidas frívolas, o frivolizadoras, y de los usuarios del término como arma arrojadiza, pertrechados de la brocha gorda panfletaria, hay análisis más matizados y serios, que no hacen ascos, de entrada, a tal concepto sino que tratan de interpretarlo y explicar su pertinencia: así pueden señalarse desde las filas libertarias, las obras de

Tomás Ibañez: + Municiones para disidentes. Realidad- Alteridad-Política,    Gedisa, 2001.

+ Anarquismo es movimiento, Virus, 2014

+ Contra la dominación, En compañía de Castoriadis, Rorty y Serres, Gedisa, 2019.

+ Onfray, Michel, Le Postanarchisme expliqué à ma grand-mère. Le principe de Gulliver, Galilée, 2012.

U otras que también hilan fino:

+ Rodríguez García, José Luis, Crítica de la razón posmoderna, Biblioteca Nueva/PUZ, 2006.

+ Ruby, Christian, Le champ de bataille. Post-moderne / néo-moderne, L´Harmattan, 1990.

+ Seguin, Thomas, La polirique postmoderne. Généalogie du contemporain, L´Harmattan, 2012.

+ Seguin, Thomas, Le postmodernisme. Une utopie moderne. L´Harmattan, 2019.

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Noam Chomsky, Pascualina Curcio y Judith Valencia. La ingeniería del consenso y las zonas económicas especiales

07/08/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Javier Biardeau R.

«El cuadro del mundo que se presenta a la gente no tiene la más mínima relación con la realidad, ya que la verdad sobre cada asunto queda enterrada bajo montañas de mentiras. Se ha alcanzado un éxito extraordinario en el sentido de disuadir las amenazas democráticas, y lo realmente interesante es que ello se ha producido en condiciones de libertad. No es como en un estado totalitario, donde todo se hace por la fuerza» Noam Chomsky (1)

Por circunstancias de la vida, en algún momento ejercí el oficio profesional de «asistente de investigación» cuando era aún estudiantes de «ciencias sociales e históricas». Podría decir que «sociología» en términos de oficio disciplinario y plan de estudios, pero a lo largo de los años uno incorpora cada día más aquello de lo interdisciplinario, multidisciplinario y transdisciplinario.

Quizás por eso uno termina también valorando el diálogo permanente entre las ciencias formales, las ciencias naturales, las ciencias sociales e históricas, las ciencias aplicadas y las humanidades. Sin esos diálogos uno termina siendo un ser mutilado y mutilador, o quizás, castrado y castrante.

Hay allí una vieja elección existencial, convertirse en engranaje, en rebaño amaestrado, o elegir ser una persona humana, con apuestas en los planos diríamos más filosóficos de lo antropológico, lo ontológico, lo gnoseológico, lo epistémico, lo ético-político, lo semiótico e incluso de lo afectivo-pasional.

En la vida social también hay cargas de afecto, con su propia economía, ligaduras e intensidades, vinculadas a determinado cuadro de relaciones humanas y sociales. Hay simpatías, antipatías e indiferencias. Hay también toda una clínica de las pasiones políticas, donde aparecen el miedo, la esperanza, la codicia, la envidia, la ignorancia, la culpa, el odio, los celos y la vergüenza

Se que estas últimas palabras pueden sonar raras y complicadas, pero si se estudian con un poco de paciencia, veremos que son muy vivenciadas por cualquiera, están vinculadas a nuestra experiencia y a la práctica social cotidiana, o si se prefiere a nuestro ser en el mundo, con la naturaleza, con los otros y con nosotros mismos. Si usted también lo prefiere, incluya el eje de lo trascendente, o quédese en el plano de la tierra, sin tantos vuelos o recodos.

Decía Trotsky, al que hay que citar con mucho cuidado y en todos sus contextos, que «quien se inclina ante el hecho consumado es incapaz de preparar el porvenir».

Nada distinto diría una teoría crítica hoy, aunque poniendo también el dedo en la llaga en el balance de aciertos y errores de Trotsky, Lenin, Bujarin y muchos otros bolcheviques.

Se dice con gran ligereza que los procesos de tránsito al socialismo en el siglo XX sin excepciones han regresado a formas inocultables de capitalismo, Rusia (y la ex Unión Soviética) y China, sin dar cuenta de las diferencias entre la pequeña economía rusa de hoy, derivada tanto de los fracasos de la perestroika como de las reformas neoliberales de Yeltsin; como la gran economía china, cuya modelo de socialismo de mercado con sus propias modalidades de regulación, control y planificación apunta con indudable fuerza hacia otro futuro, que de acuerdo a la narrativa oficial ha sido una suerte de «chinificación» del marxismo y del socialismo. Debate abierto.

Bastan algunos datos para dar cuenta de tales diferencias, aunque nos quedemos en la bruma de las proyecciones geopolíticas o en el hecho de poseer armas de destrucción masiva. Es completamente cierto que el nuevo progresismo latinoamericano y el llamado Grupo de Puebla poco o nada tienen que ver con la «construcción del socialismo». De manera que quizás vale la pena profundizar si se trata de reconstruir formas más eficientes, más democráticas y renovadoras de la centro-izquierda.

Pero el punto particularmente agudo es el giro hacia la derecha económica y hacía un modelo político crecientemente autoritario en Venezuela. Si me dicen que esto obedece exclusivamente a la política de sanciones de los EEUU podríamos justificar cualquier cosa.

Convertirse en engranaje y rebaño es la elección del llamado «muerto en vida», ciertos tipos sociales son el burócrata, el sobre adaptado, el conformista, el que termina cumpliendo una función, una obligación, un deber en una estructura organizativa, atado a un manual de cargos, procedimientos y funciones, atado a clichés, eslóganes o estereotipos de la propaganda.

Por supuesto, el engranaje es coordinado y dirigido por la figura del panóptico, con sus dispositivos y aparatos, una cadena y línea de mando-jefatura, con sus formas de control y vigilancia, que también (como todo poder pastoral), mete al rebaño en los corrales dispuestos en los llamados «diagramas de poder».

Y ese diagrama es administrado por un centro político burocrático comandado en la mayoría de los casos por camarillas políticas, bajo la jefatura del Tótem central. Un diagrama despótico clásico. Por allí no es que se hace democracia participativa.

1. CHOMSKY, LA INGENIERIA DEL CONSENSO. LAS TERAPIAS DE CHOQUE ECONÓMICO Y OTROS ALIÑOS DEL GLOBALISMO NEOLIBERAL

Chomsky, uno de nuestros autores favoritos, ha dicho que hay pensadores y políticos que afirman que es necesario «domesticar al rebaño desconcertado, y no dejarle que brame y pisotee y destruya las cosas».

Para Chomsky, la nueva ola de pensamiento neoconservador y neoliberal replantea la vieja tesis de que no se debe dar ninguna facilidad para que los individuos del rebaño desconcertado participen en la acción; pues solo causarían problemas.

Por eso, hablar de democracia participativa en tal contexto es darle rienda suelta a la imaginación del rebaño desconcertado.

Lo máximo posible que se puede aspirar es la propaganda sobre sobre la democracia representativa, pero en la practica funcionando como un modelo de democracia de elites. No hablaremos aquí de los modelos de democracia de David Held, ni tampoco de una de sus posibles operacionalizaciones en las llamadas encuestas de V-Dem.

Sigamos con Chomsky, quien analiza cómo para estos pensadores y políticos se necesita algo que sirva para «domesticar» al rebaño perplejo; algo que viene a ser la «nueva revolución en el arte de la democracia: la fabricación del consenso».

Los medios de comunicación, las escuelas, la cultura popular y las familias tienen que cumplir misiones en tales tareas de la ingeniería del consenso. La psicología socio-política crítica habla de la personalidad autoritaria y conformista.

La clase política y los responsables de tomar decisiones elaboran un «principio tolerable de realidad» para que el rebaño no ponga en riesgo el «principio de rendimiento». Proveen cuerpos útiles y sujetos obedientes a los sistemas de producción, aunque también tengan que inculcar actitudes y opiniones adecuadas. En una época se llamó a eso ajustar a los sujetos-agentes a las tareas en la división social del trabajo y de las relaciones de producción mediante los aparatos ideológicos de Estado. Las interpelaciones ideológicas conocieron un momento de euforia teórica en aquellos años.

Aquí la premisa no declarada de forma explícita tiene que ver también con la cuestión de cómo se llega a obtener la autoridad-obediencia para tomar y legitimar decisiones. Y para eso hay que tener muy claro el principio de autoridad. Le gente se tiene que identificar con las autoridades y sus decisiones. Todos debemos decir en coro: «Estamos completamente de acuerdo con las medidas»

Enumeremos entonces la combinación del principio tolerable de realidad, el principio de rendimiento y el principio de autoridad como un sustrato de una psicología social con alcances políticos. A la horizontalidad de las relaciones intersubjetivas las pasamos a los diagramas estriados de relaciones verticales de poder.

El rebaño desconcertado, plantea Chomsky, es un problema para quienes asumen la autoridad de tomar y legitimar decisiones. Por eso, antes que brame y pisotee, hay que distraerlo y domesticarlo. Hay que lograr que los sujetos que lo forman se queden en casa viendo TV, culebrones o películas violentas, o pegados de una pantalla observando bailes de tik tok, aunque de vez en cuando se les saque del sopor y se les convoque a corear eslóganes, clichés y consignas sin sentido.

Para hacer que los individuos del rebaño y del engranaje conserven un miedo permanente, hay que persuadirlos de la existencia de todos los posibles males que pueden destruirles, desde dentro o desde fuera, porque si no están atemorizados podrían empezar a pensar por sí mismos, lo cual además es muy peligroso, ya que para la elite en el poder no tienen la capacidad de hacerlo.

El viejo Spinoza decía que el miedo era un anclaje fundamental de la obediencia. Por ello es importante atemorizarlos, distraerlos y marginarlos, convertirlos en espectadores.

Comenta Chomsky que Walter Lippmann (junto a Harold Laswell) estuvieron vinculados a ese énfasis en controlar el rebaño mediante la propaganda, y sostuvo que era posible producir en la población, mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo no deseado. Mediante determinadas técnicas de propaganda, el rebaño aceptaba lo que era inaceptable.

También pensaba Lippmann, que ello era no solo una buena idea sino también necesario, debido a que según su concepto los intereses comunes esquivan totalmente a la opinión pública y solo una clase especializada de hombres responsables (una elite) puede comprenderlos y resolver los problemas que de ellos se derivan. Una cosa eran las funciones de la elite, otra la de la muchedumbre desconcertada e incapacitada. Eso ya se decía también en la Italia fascista de Pareto, de Gaetano Mosca y otros autores elitistas. Contra eso insurgió, entre muchos, Gramsci.

Esta concepción elitista no era parte exclusivamente de los liberal-demócratas en los EEUU. Tiene una larga historia, e incluso fue resignificada durante la vieja época del despotismo ilustrado, donde el déspota se convertía en el mejor de los casos en un tutor de un pueblo ignorante y sin virtudes.

Fue el antecedente ideológico-teórico del «Protector del pueblo». Esta teoría, en palabras llanas, sostenía que solo una élite reducida, incluso un déspota benevolente, puede entender cuáles son aquellos intereses comunes; es decir, qué es lo que nos conviene a todos. Muchos años después, los marxistas de la escuela de Budapest alumnos de Lukács, llamaron a eso: «Dictadura sobre las necesidades (Heller-Feher).

Como nos recuerda Chomsky, también se trata de un planteamiento típicamente leninista; algo que comenzó con el desprecio socialdemócrata de Kaustky por el saber y conocimiento vivencial de los obreros hasta traspasar la frontera alemana hacia Rusia y alcanzar un éxtasis delirante con Stalin.

El proletariado concreto apareció como aquellos que no podían tener facultades para pensar por sí mismos de manera científica, elemento que fue sembrado (pienso no intencionalmente) por los mismísimos Marx y Engels, cuando en el Manifiesto Comunista alababan las virtudes de los elementos más avanzado en conocimiento y conciencia de las clases trabajadoras: los comunistas.

Lo malo fue, que algunos comunistas, se consideraron a sí mismos y a su organización, como los portadores de un privilegio epistemológico y político que los convertía no solo en vanguardia sino en una suerte de partido conductor por derecho científico de dirigir la conducta de la clase trabajadora, del campo y de la ciudad, tanto de los trabajadores intelectuales como manuales, pues no era lo mismo conocer sus intereses objetivos que reconocer sus vivencias subjetivas.

Para Chomsky, la narrativa se sintetizaba en que una vanguardia de intelectuales y profesionales revolucionarios tomaba el poder mediante revoluciones populares que les proporcionaban la fuerza de masa necesaria para ello, para conducir después a las mismas a un futuro glorioso en el que estas, dado que no podían guiarse por sí mismas, requerían ser guiadas y conducidas por otros. Todo esto fue caricaturizado por Orwell.

Fue así, y de manera no harto evidente para muchos, como la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encontraron muy cerca en sus supuestos ideológicos convergentes: un modelo elitista de democracia, aunque siempre para el primer caso se utilizó el expediente del pluralismo competitivo para desafiar el sistema de partido único, mientras éste último afirmaba que el bipartidismo hegemónico del liberalismo democrático ocultaba su base plutocrática.

Chomsky, en desacuerdo con ambas posturas, planteaba la vía de la democracia participativa, cuestionando la tesis de que sólo los ciudadanos que asumen algún papel activo en cuestiones generales relativas al gobierno y la administración formarían parte de la clase especializada que analiza, toma decisiones, controlan y dirigen los procesos que se dan en los sistemas ideológicos, económicos y políticos.

Por supuesto, la elite en el poder también habla primordialmente acerca de qué hacer con aquellos otros, quiénes siendo la mayoría de la población, constituyen lo que Lippmann llamó el «rebaño desconcertado».

Tal rebaño cumple una función en el modelo elitario de democracia: ser espectadores y convertirse en masas de maniobra para los miembros que de forma activa asumen su rol de elite en el poder, conduciendo y tomando las medidas de gobierno, independientemente de lo que piensen o sientan los afectados por las mismas.

Irónicamente dice Chomsky, al rebaño desconcertado se les permite decir «queremos que tú seas nuestro líder», todo ello en nombre de la democracia y no en de un Estado abiertamente totalitario, o desde una «semi-dictadura» llamada con esa vaga tipología de nombres que va de los «autoritarismos electorales», los «autoritarismos competitivos» y los «autoritarismos hegemónicos». En todos los casos, una situación intermedia entre dictadura y democracia liberal.

Las democracias representativas cumplen con la misión ideológica de sugerir que no tienen nada que ver con las figuras de autoritarismo. Son mucho más sutiles ideológicamente. A los ciudadanos y ciudadanas se les ofrece ser liberados de su carga de responsabilidad, de su miedo a la libertad, y traspasar ésta a algún miembro de la clase especializada mediante el voto. Luego los representantes esperan de ellos que se apoltronen y se conviertan en espectadores de la acción, no en participantes ni en controladores. De ser detentadores del poder originario pasan a ser sólo destinatarios del poder. Esto es lo que ocurre en una democracia que «funciona como Dios manda», dice Chomsky.

Aquí la clave es elegir a los jugadores que efectivamente van a jugar en el tablero político, pero consintiendo en que la ciudadanía pase a ser solo simple espectadora y masa dependiente de las decisiones tomadas por aquellos.

En las llamadas «democracias electorales» la propaganda aparentemente diversa, intenta sustituir la función del garrote, de la cachiporra, del partido único y del pensamiento único del Estado Totalitario. Pero para que sea eficaz, tienen que administrar, además, algunos reforzadores, algunos incentivos, prestaciones utilitarias de carácter material, cosas como recompensas, bonos, acceso a cargos, a honores e ingresos adicionales.

Chomsky narra como en 1937, cuando hubo una importante huelga del sector del acero en Johnstown, al oeste de Pensilvania, los empresarios pusieron a prueba una nueva técnica de destrucción de las organizaciones obreras, sin aquellos matones a sueldo que sembraran el terror entre los trabajadores (como los cabilleros venezolanos), sino por medio de instrumentos más sutiles y eficientes como la propaganda:

«La cuestión estribaba en la idea de que había que enfrentar a la gente contra los huelguistas, por los medios que fuera. Se presentó a estos como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad, y contrarios a los intereses comunes, que eran los nuestros, los del empresario, el trabajador o el ama de casa, es decir, todos nosotros. Queremos estar unidos y tener cosas como la armonía y el orgullo de ser americanos, y trabajar juntos. Pero resulta que estos huelguistas malvados de ahí afuera son subversivos, arman jaleo, rompen la armonía y atenían contra el orgullo de América, y hemos de pararles los pies. El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros.»

Hay que retener esta ultima idea de integración social, valorativa y normativa: «El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros.»

Este método, en los EEUU, se conoció como la fórmula Mohawk Valley, aunque se le denominaba también «métodos científicos para impedir huelgas». Se trataba de movilizar a la opinión pública a favor de conceptos vacíos de contenido, como el «orgullo de ser americano» y de colocar a los huelguistas como los verdaderos traidores y enemigos, unos auténticos chivos expiatorios que podrían eventualmente sacrificarse literalmente.

Surgió así toda una industria de las relaciones públicas, en la cual el sobrino de Freud, Edward Bernays, aprendió muy bien a trabajar con los objetivos de la elite en el poder y se puso manos a la obra a desarrollar lo que él mismo llamó la «ingeniería del consenso», que describió como la «esencia de la democracia». En fin, se trataba de emplear las herramientas del gobierno invisible, para fabricar consensos, apoyos, lealtades y respaldos a las medidas del gobierno y de las corporaciones. Integración social, valorativa y normativa, relación de ideales, cargas de afecto y mantenimiento del poder.

Lo que no se había hecho desde aquellos años hasta la actualidad era articular sistemáticamente tal ingeniería del consenso y manipulación de símbolos significativos con la aceptación de los programas de ajuste neoliberales, que desde Pinochet para acá se han convertido en las fórmulas salvadoras para «recuperar el crecimiento y alcanzar el desarrollo», lo que se conoce actualmente bajo la fórmula o menú de: «Terapía de choque + Terapia de ilusión + Terapia de recompensas diferenciales».

Si una política económica basada en los enfoques derivados del monetarismo o la economía neoclásica (Neoliberal) generan tantas privaciones, malestares, resistencias y protestas hay que elaborar una nueva metodología de gestión del conflicto social y político. De nuevo, como dice Chomsky: «El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses»:

Allí entran a jugar su papel las relaciones públicas, la fabricación del consenso y la manipulación psicosocial generalizada con el uso la percepción selectiva y de la movilización de las «cargas de afecto», incluyendo por supuesto, los usos de las recompensas y reforzadores diferenciales, siempre que el «rebaño desconcertado», obedezca a los lineamientos de la elite en el poder. Si se portan bien, bonos y recompensas, si se portan mal, cárcel y plomo.

La cuestión central, no es simplemente la manipulación informativa, sino algo de dimensiones mucho mayores, dice Chomsky, y cabe aquí no parafrasearlo ni resumirlo, sino citarlo literalmente:

«Se trata de si queremos vivir en una sociedad libre o bajo lo que viene a ser una forma de totalitarismo autoimpuesto, en el que el rebaño desconcertado se encuentra, además, marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente de eslóganes patrióticos, e imbuido de un temor reverencial hacia el líder que le salva de la destrucción, mientras que las masas que han alcanzado un nivel cultural superior marchan a toque de corneta repitiendo aquellos mismos eslóganes que, dentro del propio país, acaban degradados.»

La pintura de Chomsky de ese totalitarismo auto-impuesto es desgarradora y a la vez aleccionadora, porque coloca frente a frente a la ciudadanía con la problemática de la democracia que pretenden escoger como forma de vida.

Pasemos al siguiente punto.

2. PASCUALINA CURCIO Y LAS PROPUESTAS MINIMALISTAS DESECHADAS

Retomando aquello de practicar el oficio del asistente de investigación, es importante recopilar materiales, fuentes documentales, archivos, consultar textos, revisar los trabajos de los investigadores, compilar muchos caudales de información y datos para su registro y clasificación, luego pasar a descripciones densas, análisis, comprensiones, explicaciones y previsiones, todo esto me parece una tarea fascinante, más aun cuando hoy estamos en los hechos impregnados de una nube de información y datos en diferentes ecosistemas mediáticos, además de las fuentes de información de nuestra vida cotidiana, de la calle, de la conversación diaria en nuestros recorridos y trayectos por el mundo de vida.

Sin embargo, no podemos vivir abrumados de información. Eso paraliza. Paraliza tanto como no tener información. Se habla incluso hoy de «infodemia». Quizás sin ecología de mente, estaríamos expuestos a una verdadera pandemia informativa y sus consecuencias.

Necesitamos construir nuestros propios reductores de complejidad. Por eso cada quien debe acopiar sus propios archivos y, en mi caso, debo decir que las declaraciones, informes, datos, opiniones son la materia prima del análisis y entendimiento de los temas. Pero no hay nada que sustituya a una teoría ni a un programa de investigación.

Todo este largo preámbulo, para volver a referir la problemática de la más reciente aprobación de la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales. No podemos perder de vista la aparente formalidad de la justificación de su «carácter orgánico» por parte de la nueva composición interna de la Sala Constitucional del TSJ, porque tendrá duraderas consecuencias a la hora de poder derogarla o enmendarla.

El pueblo hondureño lo logró en 2022, basta saber si algún día lo podrá lograr el pueblo venezolano.

Revisando archivos y ordenando declaraciones sobre las zonas económicas especiales encontré en el archivo un artículo de la economista Pascualina Curcio de fecha 21-06-2021(2) y otro de la economista Judith Valencia de fecha 13 de julio de 2022.(3)

Ya para fines de junio del año 2021, palabras más palabras menos, era un hecho consumado la aprobación de la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales (LOZEE), de acuerdo a lo que le habían manifestado voceros de la Asamblea Nacional. Sin embargo, el proyecto quedó congelado casi por un año.

Ante la impotencia de evitar aprobado tal proyecto, Curcio proponía como salida mínima que, en la mencionada ley «…no quedaran vacíos que permitieran a los capitales transnacionales interpretarla a su entera conveniencia».

La economista ofrecía:

«…muy respetuosamente a los honorables diputados, las siguientes propuestas que buscan, en la medida de lo posible, blindar nuestra soberanía, así como el principio fundamental de la integridad de nuestro territorio, el resguardo de nuestros abundantes recursos naturales y el derecho inalienable de los trabajadores de la patria».

Proponía Curcio incluir el siguiente artículo: «Artículo X: Bajo ningún concepto ni justificación en las ZEE se establecerán excepciones, ni la flexibilización de la Ley Orgánica del Trabajo, las Trabajadoras y los Trabajadores».

Sugería también: «Artículo X: Del total de trabajadores que laboren en las empresas que funcionen en las ZEE, el 95% debe ser venezolana o venezolano».

Adicionalmente y específicamente en los párrafos donde decía: «Estímulos fiscales, tributarios, financieros y de otra índole» sugería eliminar la frase «y de otra índole» que daba «para cualquier interpretación malintencionada por parte de los capitales».

Ninguna de estas tres propuestas minimalistas de Curcio fueron incluidas en el proyecto aprobado en el año 2022.

También proponía Curcio en el capítulo referido a la «Sobre la creación de las ZEE» lo siguiente:

«La creación de cada ZEE no debe ser potestad exclusiva del Ejecutivo Nacional, debe ser producto de un debate en la Asamblea Nacional por el impacto que tiene sobre la economía y la población, y porque implica la flexibilización de leyes que solo pueden ser modificadas por el Poder Legislativo, entre ellas las tributarias (artículos 317 y 187 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela – CRBV).»

Tampoco tal propuesta de Curcio fue incluida, y se ratificó en su aprobación en el año 2022, la potestad exclusiva del presidente de la República para crear zonas económicas especiales.

En materia de respeto a la integridad del territorio, la economista Curcio propuso:

«La República Bolivariana de Venezuela es una sola, desde el punto de vista económico debe regirse por un único sistema monetario, bancario, financiero, de capitales y cambiario que son competencia exclusiva del BCV (artículo 318 de la CRBV), además de una cuenta única del tesoro (art. 108 de la Ley Orgánica de Administración Financiera). No debería haber sistemas distintos en cada ZEE. Por otra parte, la moneda de circulación nacional, repetimos, nacional, es el bolívar (art. 318 de la CRBV) … que cada ZEE funcione con monedas, regímenes cambiarios y sistemas financieros distintos. Eso debilita y vulnera a nuestro Estado-Nación, incluso con el riesgo de eventual secesión.»

Tampoco tal propuesta fue incluida en el proyecto del año 2022.

Sobre nuestros recursos naturales, Curcio planteó que «todos los minerales que se obtengan de la actividad minera en las ZEE, sea por empresas del Estado o mixtas, serán de obligatoria venta y entrega al Banco Central, sin excepción». Adicionalmente, propuso: «Artículo X: Bajo ningún concepto habrá excepciones para el pago del máximo porcentaje de regalías establecidas, 13%».

Con respecto a los hidrocarburos, siendo ésta la principal fuente de ingresos de divisas del país Curcio dejaba claro lo siguiente: «Artículo X: en ninguna circunstancia se flexibilizará la ley de hidrocarburos aprobada en el año 2000, en lo que a regalías e impuestos se refiere, así como en todo lo establecido en dicha normativa».

La economista Curcio abordó una de las principales justificaciones de las ZEE: «la necesidad de captar divisas para poder aumentar el salario a la clase obrera, motivo por el cual la promoción de las exportaciones es una de las principales banderas de las ZEE», recomendaba:

«Artículo X: El 100% de las divisas generadas por concepto de exportaciones en las ZEE, correspondiente a cualquier rubro y sean estas generadas por empresas del Estado, mixtas, o privadas deben ser de obligatoria venta y entrega al Banco Central de Venezuela, sin excepción».

Tal propuesta, como muchas otras no fueron siquiera tangencialmente tomadas en cuenta en el proyecto aprobado en el año 2022, con la excepción de aspectos de la materia fiscal, aunque la economista Curcio mostró claramente que desde su perspectiva el mejor escenario sería «…la no aprobación de esta ley que no solo pone en riesgo nuestra soberanía, la integridad territorial y los recursos naturales del pueblo venezolano, sino que, además, por donde quiera que se la mire no pasa la prueba de rigor del Comandante Chávez: ¿y aquí donde está el socialismo?».

3. JUDITH VALENCIA Y SU MENSAJE A GARCIA

También en el archivo encontré un texto más reciente del 13 de julio 2022 donde la economista Valencia toma nota del hecho de que «los Diputados en la Asamblea Nacional, aprobaron la «Ley Orgánica sobre Zonas Económicas Especiales» /LOZEE y la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, declaró la constitucionalidad del carácter orgánico, de conformidad con el artículo 203 de la Constitución de 1999.»

Tal hecho consumado la llevó a escribir una suerte de pálpito y comenzó su escrito con la siguiente proposición para mi cargada de connotación críptica que me llevó a releer «El nombre de la rosa» de Umberto Eco:

«¡¡¡Dicen que el asesino vuelve siempre al lugar del crimen!!!»

Ya con algunas líneas de Britto García había quedado electrizado. Con Pascualina Curcio, que me ha parecido una mujer de decentes propósitos y indudable patriotismo, quedé con la imagen del «minimalismo desechado», con Judith Valencia quedé estupefacto:

«Los Diputados han sido cuidadosos en limpiar de evidencias inconstitucionales el texto original del Proyecto de Ley presentado el 12 de marzo de 2021.»

No se si estoy comprendiendo mal los textos, pero luego de la frase críptica y de colocar a continuación «limpiar las evidencias inconstitucionales» no me quedaba ninguna duda que estábamos ante una operación de blanqueamiento de una grave y preocupante violación de la Constitución (para no hablar de lo que Curcio señaló «por donde quiera que se la mire no pasa la prueba de rigor del comandante Chávez: ¿y aquí donde está el socialismo?»)

El 3 de abril de 2021 la economista Judith Valencia había divulgado un comentario en el que afirmaba que las ZEE eran «un enclave al perfecto estilo de Campo Petrolero adecuado al siglo XXI solapando el territorio de las Comunas.»

Llamaba la atención Judith, con toda su tesitura critica labrada por décadas, que el texto aprobado «deja en suspenso» discursos lo que consideraba «de intenciones» del escenario del crimen.

Finaliza la economista Judith Valencia con lo siguiente:

«Mantuvieron la «Exposición de Motivos» del Proyecto inicial: «Nuestro país atraviesa en la ACTUALIDAD uno de sus momentos más críticos desde el punto de vista económico como resultado de las consecuencias de las sanciones económicas.»

Una CIRCUNSTANCIA sirvió como excusa y quedaron las intenciones generales explícitas y encubiertas aprobadas en Ley Orgánica…para el presente y futuro.

Misión Imposible desde la calle, enterarnos -día a día- de lo propio de cada Proyecto aprobado y/o por aprobar.»

Tiene razón la profesora Valencia en mucho pero mucho. Solo con los DECRETOS PRESIDENCIALES es que podremos analizar todas las costuras, los contenidos, los propósitos, hurgar los intereses particulares, analizar los alcances y evaluar potenciales impactos.

El palpito del corazón de Judith Valencia creo que lo estamos sintiendo todos los venezolanos y venezolanas.

(1) Noam Chomsky. EL CONTROL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: https://www.infoamerica.org/teoria_articulos/chomsky6.htm

(2) Pascualina Curcio. Ley de Zonas Económicas Especiales. Propuestas. https://www.alainet.org/es/articulo/212755; https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/opinion/ley-de-zonas-economica-especiales-propuestas-pasqualina-curcio/

 (3) Judith Valencia: MENSAJE A GARCIA. https://write.as/489svt2kho6yv.md

Fuente: https://www.aporrea.org/actualidad/a314487.html

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Crisis Religiosa terminal en la crisis civilizacional

31/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: José María Vigil

Si se habla de una crisis civilizacional actual, cabe preguntarse si incluye también una crisis religiosa, y si ésta sería una parte de aquella, o su consecuencia, o tal vez una de sus causas.

La crisis religiosa se ve con simplemente abrir los ojos, y lleva varias décadas con la voz cantante en las estadísticas. Sus raíces se suelen trazar con facilidad hasta el surgimiento de la Modernidad y su agravamiento histórico se suele situar por los años 60-70 del siglo pasado, en el momento en el que el cristianismo, que llevaba varios siglos a la defensiva, se abre a la Modernidad, tanto en el catolicismo como en el protestantismo (Vaticano II 1965, Upsala 1968, Mouvement Èglise et Societé, World Council of Churches…). Fue una sorpresa histórica (un kairós, teológicamente hablando) difícil de explicar: por qué una fortaleza atrincherada ante la Modernidad durante siglos se abrió voluntariamente, salió de sí y aceptó los postulados modernos con espíritu reconciliador. Y casi sin solución de continuidad en Medellín (1968), se añade el reencuentro con la «segunda Ilustración», la lectura histórica de la realidad, la Causa de la Justicia y de la transformación del mundo, la opción efectiva por los pobres…. Por unos años, muy pocos, pareció que el grave atraso histórico de la Iglesia estaba en camino de solución.

Pero en aquel mismo momento en que quisimos dar el abrazo a la Modernidad, ésta desfalleció ante la Posmodernidad (mayo del 68). El mundo con el que queríamos dialogar desaparecía y advenía una secularización rampante, avasalladora, en la sociedad y en la Iglesia.

En el mundo de la Iglesia Católica, el Espíritu que se dice que cuida de ella no estuvo muy lúcido: el Papa Luciani (JPI) murió imprevistamente una noche, sin que hoy todavía se haya esclarecido su muerte. A continuación, en un cónclave de enconado empate entre los contendientes conservadores, fue elegido un desconocido, que resultó ser quien había sido jefe del coetus minor, la minoría derrotada democráticamente en el Concilio, Karol Wojtila, para dirigir una Iglesia que debía poner en marcha el Concilio contra el que él militó. Para completar el cuadro, Wojtila intuyó que quien mejor le podría ayudar sería un progresista arrepentido, Josep Ratzinger, a quien ofreció el timón de la Inquisición, a la sazón llamada Congregación para la Doctrina de la Fe.

Así, el legado conciliar, que nuestra generación había asumido entusiasmada, se convirtió en una fuente de sufrimiento y frustración, en un invierno eclesial (Rahner) impuesto autoritariamente. Quedaron rotos los puentes de acercamiento de la Iglesia al mundo y las fuerzas más creativas de ésta fueron en buena parte neutralizadas.

La crisis religiosa se ve con simplemente abrir los ojos, y lleva varias décadas con la voz cantante en las estadísticas

El acceso de Jorge Mario Bergoglio ha traído novedades llamativas, pero ninguna que revierta la debilidad estructural creciente de la Iglesia. Las restricciones sociales impuestas por la pandemia han propiciado a su vez sorpresas más grandes. Durante su transcurso, Francia, la «hija primogénita de la Iglesia», ha alcanzado el 51% de no creyentes: «Francia ya no es católica», proclamaron los medios. En Brasil –supuestamente el país católico mayor del mundo–, los jóvenes discutiblemente llamados «sem religião» ya son más que los evangélicos, que a su vez son más que los católicos. También durante la pandemia, la tasa de decrecimiento de los creyentes en España se ha acelerado más que triplicadamente en los primeros veinte años de este mismo siglo XXI, y sólo ya uno de cada diez matrimonios se celebran «por la Iglesia».

Si cupiera la metáfora, esta crisis religiosa habría que adjetivarla también como «civilizacional», para indicar a la par su carácter radical y disruptivo-incontenible, como la crisis civilizacional que este número de ÉXODO estudia. Para abundar más, con argumento autoritativo, recordemos que un número creciente de pesos pesados en sociología de la religión, de diversas latitudes, coinciden últimamente en hablar de «crisis terminal», de «exculturación social del cristianismo» en países de arraigado abolengo cristiano y católico. Por citar sólo uno, Andrea Riccardi (fundador de la Comunità di Sant’Egidio), citando a los mayores sociólogos de la religión, habla de la perspectiva de que en 2048 podría celebrarse en Francia el último bautizo y en 2031, el último matrimonio católico, o incluso de la desaparición por completo de los sacerdotes en 2044. Hervieu Léger afirma que el cristianismo francés está en un «movimiento de desregulación institucional ya irreversible»; sostiene que «la Iglesia está haciendo frente al riesgo de su propia implosión, en el sentido propio del término; podría decirse -añade- que, quizá, este proceso ya esté de hecho en marcha» (con Jean-Louis Schlegel, Vers l’implosion?, Seuil 2022).

¿Qué nuevo paradigma puede afrontar esto? La teología «axial» ya lo tiene estudiado y tentativamente elaborado no hace mucho tiempo. La Comisión Teológica de la EATWOT, Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo, por ejemplo, ha publicado hace unos pocos años la propuesta teológica de un nuevo paradigma, «pos-religional». No pos-religioso, porque piensa que, mientras seamos homo et mulier sapiens, seremos religiosos; la religiosidad o dimensión espiritual (autoconciencial) del ser humano, persistirá, porque le es constitutiva, pero las religiones, como la forma concreta que la espiritualidad de siempre ha revestido en estos milenios desde el neolítico, no es que vaya a desaparecer, sino que está desapareciendo ya, en un proceso acelerado, como revelan las estadísticas desde la Modernidad (el momento precisamente del inicio del declive del neolítico) y, sobre todo, con el advenimiento de la sociedad del conocimiento, la tecnología intensiva y la consiguiente «telesociabilidad», como han llamado precisamente a uno de los efectos de la pandemia.

El acceso de Jorge Mario Bergoglio ha traído novedades llamativas, pero ninguna que revierta la debilidad estructural creciente de la Iglesia

Es crisis religiosa «civilizacional», para decirlo en el contexto del contenido de este número de ÉXODO. Y es «crisis terminal», sí, con la misma «terminalidad» que comparten también el actual neolítico agonizante, la medievalidad resistente y la epistemología mítica tan disimuladamente omnipresente e invisible.

Estas líneas, en tan reducido espacio, han querido ser sólo una invitación. Simplemente, pregunte a google por «paradigma pos-religional» y encontrará los textos principales del paradigma pos-religional, pdfs descargables, las opiniones más autorizadas y elaboradas antropológica y teológicamente: 23 millones y medio de resultados en 0,37 segundos de tiempo de búsqueda. No se lo pierdan. Merece la pena estudiar la razonada propuesta de «paradigma pos-religional».

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U2 y el estado de las cosas en Estados Unidos 35 años después, “The Joshua Tree” sigue teniendo vigencia

24/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Kevin E. G. Perry

Fue su álbum más exitoso con hits como “With or Without You”, “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” y “Where the Streets Have No Name”. Retrato de las impresiones que produjo la gira americana, predijo la era Trump. Bono y su esposa habían viajado un año antes a El Salvador y Nicaragua.

 

En la primavera de 1985, U2 se enamoró de Estados Unidos. Una extensa gira de presentación de su cuarto disco, The Unforgettable Fire, los llevó no solamente a shows que hicieron historia en lugares tan destacados como el Madison Square Garden de New York, sino también a pueblos y ciudades desperdigadas a través del corazón estadounidense. 

 

El grupo viajó en buses de gira que tomaron prestados de las estrellas del country, con decoración completa que incluía cuernos de vaca. A medida que transitaban las rutas leían los trabajos de gótico sureño del escritor Flannery O’Connor y el periodista Norman Mailer. En ese viaje llenaron sus mentes y corazones con el mito de Estados Unidos.

Al año siguiente, el frontman Bono y su esposa Ali Hewson viajaron a El Salvador y Nicaragua, donde atestiguaron de primera mano la devastación que había provocado la política exterior de los Estados Unidos. La pareja quedó impactada, y vio con horror cómo pueblos enteros eran incendiados por grupos rebeldes financiados por el gobierno estadounidense. Shockeado por el contraste entre estas alucinantes visiones generadas por la más poderosa nación sobre la Tierra, la división entre la fantasía y la brutal realidad, Bono empezó a bosquejar ideas para el próximo disco de U2, al que tentativamente tituló The Two Americas.

Más tarde, durante la sesión para el arte de tapa dirigida por el fotógrafo Anton Corbijn en el Desierto de Mojave, Bono decidió rebautizar al álbum. Lo llamó The Joshua Tree, inspirado por las plantas del desierto nombradas así por los colonos mormones en honor al profeta Joshua del Viejo Testamento, porque sus ramas estiradas parecen estar levantadas en acto de oración. El disco terminaría convirtiéndose en el más exitoso de la larga carrera de la banda irlandesa. Cuando fue lanzado 35 años atrás, en marzo de 1987, The Joshua Tree se convirtió en el disco que más rápidamente se vendió en la historia de los charts británicos; pasó nueve semanas en el puesto número uno de los Estados Unidos y llegó a vender 25 millones de unidades en todo el mundo.

                                                                             

En 2007, cuando el disco fue relanzado por su 20º aniversario, en las notas que acompañaban al album Bono explicó los detalles de la tensa dicotomía que lo había inspirado. “Dos Estados Unidos, el Estados Unidos mítico y el real – la dura realidad al mismo tiempo que el sueño”, escribió. “Era próspero y era seco, y empecé a ver esta era como una sequía espiritual. Empecé a pensar en el desierto, y lo que se me terminó representando era una imagen bastante clara de dónde estaba yo personalmente: un poco fuera de lugar en mi vida emocional, pero agudamente despierto como escritor y comentador de lo que vi alrededor mío, mi amor por Estados Unidos y mi miedo a aquello en lo que Estados Unidos se podía convertir”.

De manera trágica, muchos de sus temas siguen siendo tan relevantes hoy como lo eran entonces. En 2017, U2 celebró los 30 años volviendo a presentar The Joshua Tree en gira, y aprovechó la oportunidad para puntualizar los paralelismos entre el Estados Unidos de Ronald Reagan y el de Donald Trump. “De manera muy extraña, las cosas parecen haber recorrido un círculo completo”, le dijo el guitarrista The Edge a la revista Rolling Stone. “Ese disco fue escrito a mediados de los años ochenta, durante la era Reagan-Thatcher de las políticas británicas y estadounidenses. Fue un período en el que había un montón de malestar. Thatcher estaba en agonía por intentar poner fin a la huelga de los mineros; había toda clase de engaños desarrollándose en América Central. Y en cierto modo se siente como si estuviéramos otra vez en el mismo lugar.”

Aunque la portada y el título del album evocan al suroeste estadounidense, la banda grabó esas canciones mucho más cerca de casa. The Edge estaba en búsqueda de una casa en los alrededores de Dublin cuando visitó Danesmoate, una señorial casa georgiana en la ladera de las montañas Wicklow. “Decidimos que no era para nosotros”, escribió en la autobiografía de 2002 U2 por U2. “Pero más tarde tuve la idea de que el propietario quizá nos la podría alquilar para grabar allí.”

Bono, The Edge, el bajista Adam Clayton y el baterista Larry Mullen Jr. se instalaron en el lugar, acompañados por los productores Brian Eno y Daniel Lanois, que también habían trabajado en The Unforgettable Fire. Convirtieron la gran sala comedor en un control de grabación completo, con máquinas de cinta y una mesa mezcladora; reemplazaron las  macizas puertas dobles de un elegante salón de dibujo por una placa de plexiglás para convrtirlo en la sala de grabación en vivo. En un esfuerzo por alejarse del sonido cada vez más digitalizado que empezaba a popularizarse a mediados de los ’80, la banda incorporó a Mark “Flood” Ellis como ingeniero de sonido: habían quedado impresionados por su trabajo en The Firstborn Is Dead, el disco lanzado por Nick Cave & The Bad Seeds en 1985. “Simplemente pensamos ‘Esto es lo que queremos… el sonido de una habitación”, le dijo The Edge a la revista Mojo en 2017. “Ese ambiente, ese sentimiento nada clínico”.

Con su artesanal estudio de grabacion ya ensamblado, la banda se dedicó a encontrar un sonido que pudiera complementar las observaciones de Bono sobre la dualidad de  Estados Unidos. En la atronadora “Bullet The Blue Sky”, Bono cantó sobre ver “aviones de batalla por sobre chozas de barro donde duermen niños” y sobre un hombre no identificado, que más tarde reveló que era Reagan, “pelando esos billetes de dólar, cien, doscientos…”. Le dijo a The Edge que “pusiera El Salvador a través del amplificador”, y el guitarrista respondió haciendo que su instrumento aullara y gimiera.

                                                                     

La canción que cierra el disco, la inquietante, triste “Mothers of the Disappeared”, estaba similarmente inspirada por los viajes de Bono, un sentido himno para todos los que fueron “desaparecidos” por corruptos regímenes apoyados por los Estados Unidos a lo largo de América Central y Sudamérica. “Es bastante ominoso”, le dijo Clayton a Mojo en 2017. “Pero hay cierto optimismo en la melodía, una sensación de que podemos sobrevivir a estas fuerzas oscuras, y a la vez un reconocimiento de que esas fuerzas oscuras pueden ser demoníacas en esas situaciones.”

Otras canciones estuvieron inspiradas por reflexiones más personales. “With or Without You”, que se convirtió en el single principal del disco, ha sido interpretado a la vez como una canción sobre la tensión en una relación romántica y un anhelo espiritual. Entrevistado para el libro 1001 canciones que hay que escuchar antes de morir (2006), Bono dijo que había sido inspirado por la idea de que “no hay nada más revolucionario que dos personas amándose una a la otra. Primero, porque no es muy común en estos días. Y segundo, porque es algo muy difícil de lograr.”

El segundo single, el himno “I Still Haven’t Found What I’m Looking For”, mientras tanto,  floreció de una zapada y estuvo fuertemente influido por el amor a la música gospel que la banda había profundizado durante su recorrido por los estados sureños. The Edge había garabateado la frase del título como un potencial nombre de canción y se lo había pasado a Bono en una hoja de papel mientras estaba cantando. En un episodio de la serie documental Classic Albums de 1998, el coproductor Lanois dijo que había alentado a la banda a abrazar el gospel como una influencia. “Creo que eso les abrió una puerta a ponerse a experimentar con ese territorio”, señaló. “Bono canta al límite de su rango, y hay algo sumamente convincente cuando alguien se empuja a sí misma. Es como escuchar a Aretha Franklin al límite. Te salta encima y no podés sino compartir ese mismo sentimiento.”

Fuera de sincro con buena parte de la música popular de ese momento (fue precedido en el número 1 en el ranking estadounidense de Billboard por Licensed To Ill de Beastie Boys, y seguido por Whitney, de Whitney Houston), algunos críticos no estuvieron seguros de a qué conclusión llegar con el disco. Una reseña de Rolling Stone de la época señaló que “aunque The Joshua Tree es el más variado, sutil y accesible album de U2, no contiene ningún éxito seguro.” Ese veredicto probaría ser profundamente errado por el colosal suceso de “With or Without You”, que le dio a la banda su primer número 1 en los Estados Unidos, y “I Still Haven’t Found What I’m Looking For”, que les dio el segundo. El disco impulsó a U2 al estatus de la más grande banda del mundo y capturó la total atención del país que lo había inspirado. Hacia abril de 1987, el grupo estaba en la portada de la revista Time, con su nombre en llamas sobre la frase “El ticket más caliente del rock”. Al año siguiente, The Joshua Tree ganó el premio Grammy al Album del Año, imponiéndose al Sign o’the Times de Prince y a Bad, para gran disgusto de Michael Jackson.

Hoy el album sigue siendo ampliamente reconocido como el mejor trabajo de la banda, tanto en lo musical como en lo político. Sus temáticas siguen resonando. En octubre de 2016, un mes antes de la elección que le daría la presidencia a Donald Trump, U2 utilizó una ajustada performance de “Bullet the Blue Sky” en San Francisco para puntualizar cuán lejos se estaba yendo el país de su propia y mítica autoimagen. Luego de reproducir un clip de Trump gritando sobre “el gran, gran muro” que planeaba construir a lo largo de la frontera sureña, Bono le respondió directamente a la figura proyectada en la pantalla encima suyo.

                                                                         

“Ahora, candidato”, dijo mientras la banda seguía tocando la pulsante, implacable línea de bajo de la canción. “¿Usted entiende que no es solo la gente mexicana la que va a tener un problema con este muro suyo? Son todos los que aman la idea de Estados Unidos. Como los irlandeses, por ejemplo. O los franceses. O los brasileros. Cualquiera que ama la idea de Estados Unidos. Cualquiera que cree lo que ha leído inscripto al pie de la Estatua de la Libertad: ‘Tráiganme a sus cansados, sus pobres, sus apretadas masas anhelando respirar en libertad'”.

Bono siguió repitiendo la famosa inscripción una y otra vez, levantando un megáfono por sobre su cabeza. Entonces corrió por una pasarela entre el público, adaptando el cierre de la canción para hablar personalmente: “Y yo corro, y yo corro hacia los brazos de América.” Terminó la canción con los brazos levantados sobre su cabeza como en una actitud de redención: aún enamorado de los Estados Unidos, aún temiendo en lo que se podrían convertir.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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La escritora boliviana publicó el libro “Ustedes brillan en lo oscuro”

18/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Silvina Friera

                                                    Liliana Colanzi: “Trato de ver lo insólito que hay en lo cotidiano”

 

Los seis relatos de la autora radicada en los Estados Unidos proponen un mestizaje excepcional entre lo fantástico, el realismo y una ciencia ficción latinoamericana. Colanzi,  seleccionada entre los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 40 años por el Hay Festival Bogotá, obtuvo recientemente por este libro el Premio Ribera del Duero.

Colanzi vive en Ithaca, donde enseña literatura latinoamericana y escritura creativa en la Universidad de Cornell.

“La luz brotó del fondo de la noche sin que ningún ser vivo lo notara. Una llamita plateada del tamaño de un anillo, surgida de la nada”. Los cuentos de Liliana Colanzi destilan una extraña belleza. La escritora boliviana disemina los puntos de vista como si en cada narración captara el instante en que se forma la materia, el espacio y el tiempo, y logra algo que la distingue: un mestizaje excepcional entre lo fantástico, el realismo y una ciencia ficción latinoamericana. Los seis relatos de Ustedes brillan en lo oscuro, libro publicado por Páginas de Espuma con el que obtuvo recientemente el Premio Ribera Del Duero, están atravesados por la radiación, “ese agente invisible” que oscurece el horizonte de los jóvenes de una central nuclear en El Alto y de los recolectores de chatarra de una ciudad brasileña.

Cuentista de pura cepa, Colanzi, que nació en Santa Cruz de la Sierra en 1981 y vive en Ithaca (Estados Unidos) desde 2009, es autora de los libros de cuentos Vacaciones permanentes (2010) y Nuestro mundo muerto (2016), publicado por la editorial argentina Eterna Cadencia, libro que fue traducido al inglés, italiano, francés, holandés y danés. La escritora boliviana, que ganó el premio de literatura Aura Estrada (México, 2015) y fue seleccionada entre los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 40 años por el Hay Festival Bogotá 39-2017, eligió como epígrafe de su tercer libro de cuentos, Ustedes brillan en lo oscuro, una cita del monje budista Dōgen: “La montaña fluye, el río está sentado”.

Escarbar en el lenguaje

Desde Ithaca, donde enseña literatura latinoamericana y escritura creativa en la Universidad de Cornell, Colanzi explica a Página/12 que los seis cuentos del libro –”La cueva”, “Atomito”, “La deuda”, “Los ojos más verdes”, “El camino angosto” y “Ustedes brillan en lo oscuro”– están vertebrados por un interés en explorar diferentes percepciones del tiempo. “Yo tomé una clase de budismo zen en la que leímos varios textos, entre ellos del monje budista Dōgen. El epígrafe hace referencia a una supuesta paradoja y es que la montaña fluye, aunque desde una perspectiva humana se mantiene inmóvil; pero el tiempo de los humanos es breve. Si pudiéramos situarnos en un punto y mirar la montaña a lo largo de millones de años, podríamos ver que la montaña no solamente camina sino que fluye”, plantea la escritora boliviana.

-¿Las paradojas están presentes en el transfondo de un cuento?

-Sí, detrás de la escritura está siempre ese deseo de hacerle decir a la palabra aquello que no es tan evidente, aquello que está escondido detrás de cierto sentido común; por lo menos esa es mi búsqueda con la escritura: tratar de escarbar en el lenguaje y ver aquello insólito que está contenido en lo cotidiano o en lo aparentemente evidente. En ese sentido, podríamos decir que no solamente el relato, sino la escritura, la literatura, es la búsqueda de esa paradoja, de ese sentido en medio de una contradicción.

-En comparación con “Nuestro mundo muerto”, en los cuentos de “Ustedes brillan en lo oscuro” hay una mayor presencia del daño que le estamos haciendo al planeta, ¿no?

-Sí, es una búsqueda que comenzó con el libro anterior; de hecho un cuento como “Chaco” habla de un adolescente que está viajando a través de bosques calcinados; también hay exploración de paisajes hostiles como el paisaje marciano, donde la protagonista es una joven que ha migrado de un lugar contaminado por la radiación y hay en ese cuento, que se llama “Nuestro mundo muerto”, un vínculo con los cuentos de Ustedes brillan en lo oscuro, un vínculo que no se me hizo tan explícito al principio sino que lo noté con el libro concluido, como suele suceder. Siempre tuve un gran interés por el desastre de Chernóbil conectado a lo soviético, tal vez porque de niña tuve muchos libros de la editorial Progreso de Moscú, que pobló mi imaginación con relatos rusos infantiles. También leí, siendo muy joven, acerca del desastre nuclear en Chernóbil. Me quedaron muy vívidos en la imaginación los relatos de los sobrevivientes como, más adelante, los documentales que hablan de la zona de exclusión, aquel territorio inhabitable por los humanos por cientos de años, que se ha convertido en una especie de “paraíso radiactivo” en el que especies amenazadas están volviendo a repoblar la zona porque ya no tienen más la amenaza de los humanos. Esa paradoja me parece interesante: que tengamos que hacer un lugar inhabitable para los seres humanos para que especies que estaban en el borde de la extinción puedan volver a vivir en ese lugar.

Potencia destructiva

-¿Por qué uno de los cuentos está basado en el accidente radiológico de Goiânia?

-El desastre radiológico de Goiânia, ocurrido un año después de Chernóbil, no ha tenido tanta presencia en la cultura popular. El desastre de Goiânia fue olvidado y me interesó por una serie de razones. Me parece fascinante y a la vez monstruosa la forma en la que actúa la radiación; es una potencia destructiva enorme, capaz de liquidar a una persona en cuestión de días. En ese sentido, podría decirte que funciona como una entidad sobrenatural. Hay algo terrible y trágico en la manera en que ocurrió este desastre, que fue por la negligencia de los encargados de un hospital que dejaron equipos médicos para tratar el cáncer abandonados durante tres años, hasta que unos chatarreros desmantelaron ese equipo y lo vendieron como chatarra; pero sobre todo la atracción que ejerce la presencia de una luz de una naturaleza muy bella, que termina siendo la fuente de destrucción de una buena parte de la sociedad, que ocasionó la muerte de cinco personas y daños físicos a más de 200. Todo eso fue ocasionado por una sustancia que parecía enigmática; hay algo cifrado allí que es muy trágico. El accidente llevó a la estigmatización de los habitantes de Goiânia como gente que podría contaminar a los demás al haber estado cerca de una fuente radiactiva; había personas de Goiânia que se mudaban a otras ciudades de Brasil y no querían darles trabajo o les hacían preguntas como: “¿ustedes brillan en lo oscuro?”, que es una escena que narro en el cuento y que le da título al libro. Entonces había varias razones para escribir el cuento a través de diferentes testimonios, de diferentes voces, y también la fotografía de un mural, que es un mural que existe en Goiânia y que da cuenta del episodio radiactivo, como fragmentos del juicio a los responsables del hospital, para formar una especie de collage de lo sucedido, mediado por la imaginación. El cuento no es una crónica ni una investigación histórica, sino una recreación ficcional de este suceso.

-Es curioso que una pregunta que se hizo realmente, “¿ustedes brillan en lo oscuro? te haya dado el título del libro. No es un título que venga de la imaginación, de la ciencia ficción, de lo sobrenatural, sino algo tomado de manera textual de la realidad.

-Sí, este es el único cuento del libro que no está escrito en un registro especulativo, desde la ciencia ficción o el fantástico o el horror. En su momento traté de llevar ese cuento al territorio especulativo, pero no era necesario porque los acontecimientos eran lo suficientemente extraños como para recargarlos con el añadido de la imaginación. Sí hay muchas cosas que provienen de la ficción, como la banda de música que se llama Carne Radiactiva compuesta por jovencitos que solo tocan en espacios contaminados; pero la progresión de los hechos o los datos más concretos de los acontecimientos están apegados a la realidad. Todos los demás cuentos no tienen una relación tan mimética con la realidad. También podría leerse como un cuento de horror realista, no sobrenatural, por la manera en que la radiación destruyó la vida de tantas personas y una buena parte de la ciudad: cien casas fueron demolidas y los escombros fueron enterrados en un cementerio nuclear en las afueras de Goiânia.

-¿En qué registro te sentís más cómoda como escritora: en uno más cercano a lo mimético o en uno más especulativo?

-No sé si cómoda es la palabra porque escribir para mí es ingresar a terrenos en los que no he estado nunca. Empezar a escribir un cuento es desaprender todo lo que se ha aprendido hasta entonces. No ha habido una fórmula que me funcione en un cuento y que pueda replicarla en otro. Cada relato exige volver a entender ciertos mecanismos de la escritura o más bien encontrarse con nuevos mecanismos por donde no había transitado antes; es descubrir aquello que no sabía a través de la escritura, desde paisajes hasta atmósferas emocionales. Escribir no pasa por la comodidad.

Racismo y autoodio

-“Un niño sin padre es como una hoja en el viento: no sabe quién es, de dónde viene, qué la lleva”, se dice en uno de los cuentos. ¿Por qué está presente, con tanta fuerza, el tema de las madres y los padres, y la identidad?

-Muchos de los personajes están buscando su origen. La narradora de “La deuda” está acompañando a su tía a un viaje en el Amazonas para saldar una deuda, pero a la vez está realizando un viaje para descubrir a su propia madre, con la cual está soñando constantemente, y al mismo tiempo ella cree que está esperando un hijo, que va a hacer que ella deje de sentirse como una hoja que está flotando en el viento. Esa búsqueda las lleva a las dos protagonistas del cuento a ese espacio amazónico en ruinas. En el cuento “Los ojos más verdes” también está la búsqueda de la identidad en el personaje de la niña que pide un deseo al diablo, que es el deseo de tener los ojos verdes de su padre; hay una identificación de la niña con el origen del padre, que está en Europa, y que a la vez involucra un rechazo a sus orígenes bolivianos, a su color de ojos y a su color de piel, y que es sintómatico de un complejo latinoamericano de querer trazar nuestro origen, nuestra genealogía, con Europa, mientras ignoramos nuestras raíces indígenas. El tema del origen está en varios cuentos, como el tema de la maternidad y las relaciones conflictivas entre padres e hijos.

-En Argentina se ha repetido hasta el cansancio que “los argentinos descendemos de los barcos”, frase que condensa la negación de lo propio. ¿Por qué se busca la identidad más en Europa que en los diversos pueblos originarios latinoamericanos?

-Ese fenómeno lo estudió de manera brillante el filósofo boliviano René Zavaleta Mercado en un ensayo fabuloso titulado “Lo nacional-popular en Bolivia”, en el que analiza las razones por las cuales Bolivia perdió en el siglo XIX la guerra del Pacífico con Chile. Él sugería que las élites bolivianas blancoides o blanqueadas, de una manera perversa, se identificaban más con las élites chilenas que con las mismas masas populares indígenas de Bolivia. Estas élites sentían que tenían más en común con cualquier habitante de Europa que con los indígenas bolivianos justamente porque esta era una forma de blanquearse; es el meollo de todos los complejos identitarios que arrastramos a causa del racismo y que ha impedido que Bolivia hubiera conseguido una verdadera modernidad, como planteaba Zavaleta, porque estaba arrastrando todavía formas de pensamiento feudales que le impedían a la élite gobernante pensar como nación y aceptar que los indígenas son ciudadanos iguales a ellos y que deberían tener los mismos derechos. En la base de toda esta estructura colonial está el racismo, que también es una especie de autoodio porque cuántos en Bolivia o en Latinoamérica podrían llamarse verdaderamente blancos, ¿no? Todos llevamos en nuestras venas sangre indígena y negar eso es también odiar una parte de quiénes somos.

-¿En Estados Unidos sentiste el racismo y la discriminación al decir que sos boliviana o estás en un ámbito universitario que te trata bien?

-En Estados Unidos se pierden los matices que tenemos en Latinoamérica, se pierde la particularidad de mi identidad boliviana y yo vendría a ser una latina, incluso para una gran parte del país sería una mexicana. Siento una insalvable otredad desde el momento en que abro la boca y se nota mi acento y la torpeza de mi inglés, que me coloca en un lugar de extranjera, por más que ya lleve viviendo muchos años aquí. Pero para serte honesta, he sentido más racismo en la Argentina, cuando digo que soy boliviana y me dicen inmediatamente “no parecés”, con todas las implicaciones racistas de ese no parecer. En Estados Unidos se cuidan mucho las formas, sobre todo en el lenguaje: la gente está llena de eufemismos para no ofender, y sin embargo hace unos días acribillaron con 60 balazos a un joven negro al que la policía detuvo por una infracción de tráfico. Y no se trata de un suceso aislado, sino de un problema de racismo recurrente, estructural. En Ithaca no me han dicho que “no parezco boliviana” a manera de cumplido, como me ha sucedido en Argentina, pero este es un país en el que los negros y los latinos tienen más chances de ser arrestados por la policía o de morir de Covid que los blancos.

Un peligro inminente

“Soy una escritora bastante lenta, reescribo mucho los cuentos, los dejo que vayan mutando a lo largo de los meses, incluso de los años”, confiesa Liliana Colanzi y revela que en este momento está intentando reescribir un cuento que tiene casi una década. “Si hay algo en la escritura, si hay alguna idea, alguna intuición, alguna imagen lo suficientemente fuerte para que termine cristalizada en un cuento, no necesito tomar notas, no necesito hacer demasiado planes con ese texto sino que tiene que volver de manera obsesiva. Ese es el modo en que han ido aconteciendo los otros cuentos también, a través de alguna intuición de la cual no estaba muy segura en un principio, pero que a fuerza de paciencia ha terminado en alguna forma”, agrega la creadora de la editorial Dum Dum.

“Atomito”, uno de los relatos de Ustedes brillan en lo oscuro, empezó como un diálogo con algunos cuentos de Silvina Ocampo en los que hay personajes costureras, como “El vestido de terciopelo”, “Las vestiduras peligrosas” o “Clotilde Ifrán”. “De mi propio cuento yo solo veía a dos mujeres que tejían juntas: eso era todo lo que tenía de la historia -recuerda Colanzi-. Luego, a medida que escribía, surgieron los contornos de la central nuclear, cargada de promesa y de amenaza, así como el resto de los adolescentes que viven en ese entorno de radiactividad, vigilancia y represión policial. Pero la ciudad distópica llegó hasta mí a partir de la imagen de una madre y una hija que se sientan a tejer, de la sensación de estar en medio de una actividad plácida e íntima que camufla un peligro inminente y desconocido”.

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Colonialismo: historia, formas, efectos

10/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Gilberto López y Rivas

 

Tema obligatorio para los practicantes de las ciencias sociales al servicio de los pueblos y las clases subalternas, el colonialismo continúa impactando las estructuras de dominación de las sociedad actuales.

El libro Colonialismo: historia, formas, efectos (Siglo XXI, España, 2019), escrito por Jürgen Osterhammel y Jan C. Jansen, es una singular aportación, de profundidades y alcances enciclopédicos, para la investigación de este proceso de conquista y apropiación de territorios, que, acorde con los autores, ocasionó que, entre 1500 y 1920, aproximadamente, “la mayoría de los espacios y pueblos de la tierra quedaron bajo el control, al menos nominal, de los reinos europeos: toda América, toda África, casi toda Oceanía y –teniendo en cuenta también la colonización rusa de Siberia– la mayor parte del continente asiático”.

Tema obligatorio para los practicantes de las ciencias sociales al servicio de los pueblos y las clases subalternas, el colonialismo continúa impactando las estructuras de dominación de las sociedad actuales, con sus funestas implicaciones en las mentalidades racistas, supremacistas y socialdarwinistas, en las formas de explotación y expoliación de seres humanos, supuestamente superadas, en el despojo y la extracción de recursos naturales, con modernas técnicas que sustraen, en unas décadas, mayores cantidades del oro y la plata, que las obtenidas en siglos por los ­conquistadores.

La obra, de escasas 178 páginas, remite a un recorrido histórico, conceptual, comparativo de las formas de expansión en la historia (la migración total de pueblos y sociedades, la migración individual masiva, la colonización fronteriza y de asentamientos en ultramar, las guerras de conquista y la conexión a partir de un punto de apoyo), clasificando las colonias (de dominación, a partir de ese punto de apoyo, de asentamiento, con las variantes neoinglés, africana, caribeña), los colonialismos que devienen en imperialismo, las épocas o etapas de su historia.

Con una penetrante mirada, erudita, inquisidora, exhaustiva, los autores dan cuenta de la conquista y la resistencia, por un lado, y el colaboracionismo nativo con el invasor, por el otro. Se describen las distintas formas de Estado colonial y las prácticas de dominio, sus funciones y órganos, sus estamentos burocráticos y la administración estatal. Se detallan las políticas imperiales y coloniales, y en este contexto, el papel de la agricultura campesina versus la producción capitalista. Se analizan las sociedades coloniales, en el Nuevo Mundo, las delimitaciones etnicoculturales en el Viejo Mundo, el espacio de las ciudades coloniales y las condiciones de las llamadas sociedades plurales. Tema central del escrutinio histórico son el colonialismo y las culturas indígenas, a partir de la religión y la educación. Se concluye con una definición de los elementos básicos del pensamiento colonialista, la cultura y el saber colonial, para terminar en una obligada reflexión en torno a la relación entre colonialismo y cultura metropolitana.

Punto medular del texto es la respuesta a un interrogante clave: ¿Qué es el colonialismo? Los autores complementan la fórmula básica del historiador africano Philip Curtin, en el sentido de dominio de un pueblo por otra cultura, precisando que el colonialismo moderno no es una relación cualquiera entre señores y siervos, “sino una relación en la que a toda una sociedad se le roba, controla externamente y trastoca su propio desarrollo, en beneficio de las necesidades e intereses –principalmente económicos– de los amos coloniales”. También sustancial es la aculturación extensiva de los colonizados, a partir de la existencia de jerarquías raciales supuestamente insuperables, y con base en una ideología que sostenía el cumplimiento de una misión universal de origen divino, para civilizar a los paganos, como carga privilegiada del hombre blanco. Con estos argumentos, los autores definen el colonialismo como: una relación de dominio entre colectivos, en la que las decisiones fundamentales sobre la forma de vida de los colonizados son tomadas y hechas cumplir por una minoría cultural diferente y poco dispuesta a la conciliación de amos coloniales que dan prioridad a sus intereses externos. Esto se vincula usualmente en los tiempos modernos con doctrinas justificativas ideológicas del tipo misionero, que se basan en la convicción de los amos coloniales de su propia superioridad cultural.

Muy interesante es su definición de imperialismo, “término que resume todas las fuerzas y actividades que contribuyeron a la construcción y mantenimiento de imperios trascoloniales […]. El imperialismo implica, por tanto, no sólo una política colonial, sino una política mundial, para la que las colonias no son sólo objetivos en sí mismas, sino también instrumentos en los juegos de poder globales […]. Sólo Gran Bretaña y Estados Unidos han sido en algún momento potencias imperialistas en el sentido plenamente desarrollado, aunque en el caso de Estados Unidos se trata, por supuesto, de un caso de imperialismo sin imperio colonial”.Lectura fundamental para la comprensión del neocolonialismo que ­vivimos.

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Homenajes y rescates a diez años de la muerte de Carlos Fuentes 

10/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Demian Paredes

 

Programas de TV, suplementos especiales de cultura en distintos medios en México, actividades conjuntas de México y Argentina en Buenos Aires, marcan desde hace dos meses los homenajes y recuerdos por la muerte de Carlos Fuentes -uno de los más grandes escritores latinoamericanos- hace diez años, el 15 de mayo de 2012.

 

Se han cumplido diez años del fallecimiento del escritor mexicano Carlos Fuentes, narrador y ensayista, candidato numerosas veces al premio Nobel y una de las figuras centrales del fenómeno de la década de 1960 –literario, editorial, mediático, cultural e ideológico– llamado “boom latinoamericano”. Programas de TV y radio, instituciones, periódicos y revistas, suplementos culturales de México recordaron al autor, y el Centro Cultural Universitario organizó “Carlos Fuentes en la intimidad de su espacio”, un muestra fotográfica de Barry Domínguez, destacado retratista de la actividad cultural mexicana y latinoamericana. Y en la ciudad de Buenos Aires, “Carlos Fuentes: un recorrido por su legado” fue el título de un homenaje conjunto organizado por la Embajada y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, y el nuevo Centro Cultural Borges, también con fotos de Domínguez, presente en la inauguración, junto a María Kodama y Alejandro Grimson, director del centro. En el marco de la exhibición, también se realizó una charla con Luisa Valenzuela y Noé Jitrik –quienes conocieron y trataron por largo tiempo al escritor–, en torno a este y a su obra.

Nacido en 1928, en Panamá, por las labores de diplomacia de su padre, Carlos Fuentes tuvo una temprana educación, variada y cosmopolita: Montevideo, Río de Janeiro, Buenos Aires, Santiago de Chile y Estados Unidos (Washington) fueron algunos de los sitios en donde residió y estudió. Su vocación literaria, expresada tempranamente, se manifestó a los doce o trece años, con algunos cuentos publicados en el Boletín del Instituto Nacional de Chile, en la revista del colegio Grange. Para cuando se doctore en Derecho, en Ginebra, ya se encontrará dedicado a la literatura. En 1956, funda y edita, junto con el escritor Emmanuel Carballo, la Revista Mexicana de Literatura, y, poco antes, aprovechando con entusiasmo la iniciativa de Juan José Arreola, quien fundó una editorial para escritores jóvenes llamada Los Presentes, organiza su primer libro, con seis cuentos: Los días enmascarados (1954). Dirá después su autor sobre el volumen: “Escribí este pequeño libro en una fiebre de alegría, dando de manotazos a un foco eléctrico que pendía, desnudo, del techo de mi recámara. Allí está mi cuento emblemático, ‘Chac Mool’, que contiene muchas de las preocupaciones formales y temáticas de mis otros libros. Lo decía para México pero acabé por entenderlo para todo el mundo: el pasado está vivo, e ignorarlo es condenarse a un futuro muerto”.

El “boom” del propio Fuentes se da con su primera novela, La región más transparente (1958), y poco después con La muerte de Artemio Cruz (1962), dos emblemáticas obras donde se verá que el “criadero” de su debut literario se amplía, consolida y profundiza en sus temas y símbolos, con el permanente cruce entre tradición e historia, y modernidad y política: del pasado prehispánico y la conquista, a la revolución mexicana de comienzos del siglo XX, con su posterior “detención” e “institucionalización” (o “congelamiento”); de la revolución francesa de 1789 a la rusa de 1917 (Fuentes, además, en 1963, recorrió y conoció parte del llamado “campo socialista”), donde el realismo a la Balzac se une a lo monologal de Joyce y a fragmentarias y rearticuladas construcciones narrativas del tipo de las de Faulkner y Dos Passos, influencias y “maestros” que reconoce gustoso el mismo autor. Otra vertiente de Fuentes, que se halla en el origen y que podría inscribirse en “lo fantástico”, se da con la exitosa Aura (1962), Cumpleaños (1969), y la colección de relatos Inquieta compañía (2010).

En materia de ensayo, Fuentes publica, París: La revolución de mayo, en el mismo año 1968, y al año siguiente La nueva novela hispanoamericana, trabajo considerado como “la biografía” de la narrativa del boom, fenómeno del que es parte junto a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Julio Cortázar, y autores precedentes como Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos y Juan Carlos Onetti. Allí definió una cuestión crítica: la realidad latinoamericana como “una realidad disfrazada por un falso lenguaje: el meollo de la empresa colonizadora era ocultado por el lenguaje renacentista, el lenguaje iluminista de la Independencia escondía la permanencia feudal, y el lenguaje positivista del liberalismo decimonónico, la entrega al imperialismo financiero”. Crítico de todo poder represor, Fuentes protestó ante la Matanza de Tlatelolco, en el ‘68, y pocos años después ante el “affaire Padilla” en Cuba. Le seguirán a esto una quincena de títulos de ensayo, donde se puede destacar Los cinco soles de México, publicado en 2000, gran volumen en el que Fuentes nuevamente se pregunta en un ensayo inicial en torno al origen o comienzo “de México”, su identidad y futuro, en una antología en donde se combinan fragmentos de su obra ya publicada, narrativa y ensayística.

AURA Y AIRA

Verdadero polígrafo, Fuentes fue conferencista, y escribió dramaturgia: El tuerto es rey, Todos los gatos son pardos, Orquídeas a la luz de la luna, algo a veces poco destacado –aunque críticos como el argentino Jorge Dubatti y el chileno Pedro Lastra sí lo han hecho–. Trabajó para el cine: colaboró con Abby Mann en una versión cinematográfica de Los hijos de Sánchez, con Luis Buñuel adaptó a la pantalla El acoso de Alejo Carpentier, y con una vanguardia de artistas jóvenes, incluyendo al ilustrador José Luis Cuevas, desarrolló el cine experimental (algo novísimo para el México de entonces). Y, además de articulista para la prensa norteamericana, tuvo también una larga trayectoria como profesor en México, e invitado a numerosas universidades inglesas: Harvard, Brown, Princeton, Columbia y Cambridge, entre otras. En 1985, su novela Gringo viejo –donde se imaginan los últimos días de Ambrose Bierce, sumergido y desaparecido en la revolución, yendo a sumarse a las tropas de Francisco “Pancho” Villa–, aparecida en simultáneo en castellano y en inglés, será el primer best seller en Estados Unidos escrito por un mexicano. Miembro permanente de El Colegio Nacional, Fuentes recibió una enorme cantidad de premios nacionales e internacionales. Por mencionar sólo unos pocos: el Biblioteca Breve de Seix Barral por la novela Cambio de piel (1967), el Xavier Villaurrutia en México y el Rómulo Gallegos en Venezuela por Terra nostra (1975), el Alfonso Reyes por el conjunto de su obra en 1979, el Premio Nacional de Literatura de México en 1984, el Cervantes en 1987, el Principe de Asturias en España, el Grinzane-Cavor en Italia y la Medalla Picasso de la Unesco en Francia, todos en 1994, la Medalla de Honor Belisario Domínguez en 1999 –el premio más alto que otorga el gobierno mexicano a sus ciudadanos–, y el Formentor en 2011. Y aquí tal vez sea significativo recordar la humorada del libro de César Aira El congreso de literatura, publicado en 1997. Allí, un “Sabio Loco”, oculto bajo la apacible fachada de un humilde escritor (cuyo nombre es “César Aira”), desea y pretende, en realidad, dominar al mundo. Y para ello experimenta, y se propone clonar al mejor ejemplar de la especie humana disponible, aprovechando que lo tendrá al alcance en un congreso, en Mérida, en el que pueden coincidir. Ese ser –del que se pretende extraer una célula, mediante una “abeja clónica”, para poder iniciar el pretendido proceso multiplicador– no es sino otro que Carlos Fuentes.

Y es el mismo Aira el que, no mucho tiempo después, publica su Diccionario de autores latinoamericanos (2001), donde dedica a Fuentes una larga entrada. Comienza calificándolo como “uno de los novelistas más leídos y celebrados del orbe hispánico”, y sigue: “Desde que publicara su primera novela, a los treinta años, fue reconocido como un maestro y renovador del género en su país, descendiente de Martín Luis Guzmán y Rulfo. Su obra es abundante y variada; José Donoso hizo una buena síntesis de ella al decir que el proyecto novelístico de Carlos Fuentes está marcado por dos elementos distintivos: el recurso al mito para enriquecer la poética del realismo, y la deliberada ‘impurificación’ del lenguaje”. Nota aparte merece el juicio de Aira en esta entrada sobre Cumpleaños, donde pareciera querer mimetizarse el escritor y ensayista con su mismo “objeto de estudio”, como si uno fuera definido o reflejado (cual espejo) por el otro: además de llamarla “novelita” –tal como él mismo denomina a sus libros–, Aira destaca “la proliferación propia del estilo del autor”, donde –al igual que en sus propios libros– es “lícito incluir en un mismo párrafo a un sofisticado arquitecto inglés, una prostituta medieval, Buda, Nueva York, las catedrales góticas, etc.”. Para Aira, quien bautiza a otra novelita suya, de 2004, como Cumpleaños, esta obra homónima de Fuentes “tiene un modesto pero indiscutible encanto borgeano”.

Y así como se conoce la importancia que puede tener la “mirada extranjera” para la identidad y cultura de un país –tal como para la Argentina (nos) importan Guillermo Enrique Hudson, Paul Groussac y Witold Gombrowicz–, Roberto Bolaño aventuró, a propósito de Mantra, de Rodrigo Fresán, ubicada en la Ciudad de México: “De las muchas novelas que se han escrito sobre México, las mejores probablemente sean las inglesas y alguna que otra norteamericana. D. H. Lawrence prueba la novela agonista, Graham Greene la novela moral y Malcolm Lowry la novela total, es decir la novela que se sumerge en el caos (que es la materia misma de la novela ideal) y que trata de ordenarlo y hacerlo legible”. Y sin embargo el escritor chileno (¿y también mexicano, y español?) concedía dos “posibles excepciones” a la monumental empresa “imposible” de intentar retratar y recrear la propia ciudad –e identidad– moderna: Fernando del Paso y Carlos Fuentes.

La historia y la contemporaneidad (el tiempo presente), la identidad y el lenguaje de distintas clases y capas sociales (desde el binomio tradición-renovación literaria), han sido las preocupaciones centrales de Fuentes, tal como se lo planteara al crítico Emir Rodríguez Monegal, con quien compartía amistad, con idas juntos a teatros y cines, y conversaciones e intercambios permanentes durante años. En el volumen El arte de narrar: Diálogos (1968), de Rodríguez Monegal, Fuentes le dice: “Para mí, hay un hecho esencial: en todas las nuevas novelas en América Latina, evidentemente, hay una búsqueda de lenguaje. Un remontarse a las fuentes del lenguaje. Si no hay una voluntad de lenguaje en una novela en América Latina, para mí esa novela no existe. Yo creo que la hay en Cortázar, en primer lugar, que para mí es casi como un Bolívar de la novela latinoamericana. Es un hombre que nos ha liberado, que nos ha dicho que se puede hacer todo. En García Márquez, en Vargas Llosa, en Donoso, en Vicente Leñero, hay evidentemente una voluntad de encontrar un lenguaje que es al fin y al cabo la respuesta del escritor tanto a las exigencias de su arte como a las exigencias de su sociedad, y creo que ahí radica la posibilidad de la contemporaneidad”.

Atento al tiempo, Fuentes fue agrupando y reorganizando gran parte de su obra narrativa y ensayística bajo el título de “La edad del tiempo”, monumental mural narrativo y móvil, cambiante, donde las eras, los seres y las historias se acopian, y, eventualmente, se articulan, como en la novela La cabeza de la hidra, un thriller político al estilo La segunda muerte de Ramón Mercader, de Jorge Semprún, o a las más recientes novelas de Leonardo Padura protagonizadas por el detective Mario Conde–, en la que Fuentes hace aparecer, entre otras referencias, la casa que perteneció a Artemio Cruz.

La novela, entonces, como una de las mejores y mayores formas expresivas y creativas para la literatura en el siglo XX y el futuro, significaron para Fuentes trabajar hasta el último de sus días en todos y cada uno de sus proyectos; como un “dínamo humano”, como lo llamó el crítico Emir Rodríguez Monegal. Como parte de “La edad del tiempo”, Fuentes llegó a concluir el trabajo Federico en su balcón, novela de diálogos –de parlamentos casi teatrales– publicada póstumamente, pocos meses después de su fallecimiento, libro al que le seguirán una media docena de publicaciones más (entre otras, Aquiles o El guerrillero y el asesino, Personas, Pantallas de plata). Allí, un protagonista intercambia diálogos con su vecino del balcón de al lado, nada menos que Federico Nietzsche, acerca de eventos y personajes donde nuevamente el individuo y la sociedad, la revolución mexicana y sus contradicciones y avatares, crisis y hundimientos –colectivos e individuales–, son la materia de la narración; la crítica, entre el desfallecimiento y las esperanzas. Tal como escribió en La región más transparente para uno de los tantos personajes que allí aparecen, el poeta y periodista Manuel Zamacona: “No quiso escribir más. Fijó, nuevamente, los ojos en el sol. Se sintió pequeño y ridículo; pequeños y ridículos debían sentirse cuantos trataran de explicar algo de este país. ¿Explicarlo? No –se dijo–, creerlo, nada más. México no se explica; en México se cree, con furia, con pasión, con desaliento. Dobló sus cuartillas y se puso de pie”.

>Seis décadas de Aura, publicada en 1962

Presentada como novela corta o nouvelle, como cuento largo o relato extenso –sigue sin haber acuerdo unánime en esto, que podría ser, en verdad, una minucia–, Aura es una de las obras más conocidas de Carlos Fuentes. Cumpliendo su sesenta aniversario –y compartiendo año de publicación con otro de sus grandes trabajos, la novela La muerte de Artemio Cruz–, es un long seller que tuvo de inmediato una importante difusión y extensión, en su propio país y en el extranjero, contando con una lujosa edición en inglés, ya en 1965, y una versión fílmica realizada por el director italiano Damiano Damiani, La strega in amore (en español: La bruja en amor), estrenada en 1966. Tiempo después, en 1989, el compositor Mario Lavista crea su ópera Aura, y el mismo año Paráfrasis de Aura –una “reducción orquestal”–, ambas obras musicales notables.

Por su parte, en Los nuestros (1966), de Luis Harss, otro libro dedicado al boom latinoamericano, se le reprocha ser “una novelita de misterio bastante poco misteriosa”, y asocia al personaje de la dama antigua y a la triangulación de personajes de Carlos Fuentes con Los papeles de Aspern, de Henry James.

Con una historia de aires góticos y fantásticos, Aura –que terminó encabezando el proyecto global “La edad del tiempo”– viene encabezada con un epígrafe de Jules Michelet donde se asegura que “Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer…”. Aura contiene –una vez más– los espejos, los dobles (doppelgänger) y los falsos fondos, las apariciones e imágenes multiplicadas, contradictorias y paradójicas, en el opresivo encierro de una casona antigua. Allí, un joven necesitado de trabajo, cae ante los encantos (la imagen) de una bella y triste joven que vive dependiente de su tía, la contratista. Casi de inmediato la atmósfera se enrarece, e irán surgiendo interrogantes y misterios, y el entrelazamiento de los tiempos, los siglos XIX y XX. ¿Cuántas personas conviven realmente en esa residencia? Escribe Fuentes: “Al despertar, buscas otra presencia en el cuarto y sabes que no es la de Aura la que te inquieta, sino la doble presencia de algo que fue engendrado la noche pasada. Te llevas las manos a las sienes, tratando de calmar tus sentidos en el desarreglo: esa tristeza vencida te insinúa, en voz baja, en el recuerdo inasible de la premonición, que buscas tu otra mitad, que la concepción estéril de la noche pasada engendró tu propio doble”.

Redactada desde el “tú”, Fuentes explicó que ese mecanismo ya se encuentra en el famoso cuadro Las meninas: “eso lo inventó Velázquez”, dijo en una entrevista para la TV española en 1977. El espejo y las miradas, las identidades y los dobles, traspuestos al terreno literario, para que quien lea Aura ingrese a ese mundo y realice “su propio trabajo” en materia de imaginación y creación ante la trama propuesta.

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Entrevista a Jesús Rodríguez Rojo en torno a su último libro: Las tareas pendientes de la clase trabajadora (El Viejo Topo, 2021). Las tareas pendientes de la clase trabajadora

04/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Salvador López Arnal 

 

Jesús Rodríguez Rojo es sociólogo y politólogo por la Universidad Pablo de Olavide, institución en la que ejerce actualmente como investigador dentro del Laboratorio de Ideas y Prácticas Políticas. Sus líneas principales de investigación son las clases sociales y la filosofía del derecho desde el enfoque de la crítica marxiana de la economía política.
Entre sus publicaciones cabe destacar La revolución en El Capital (2019) y su participación en obras colectivas como Las cadenas que amamos (2021), Las fronteras de los Derechos Humanos (2020) y Karl Marx y la crítica de la economía política (2019).

Salvador López Arnal.- Enhorabuena por tu libro. Me detengo en el título: ¿qué debemos entender por clase trabajadora? ¿Personas asalariadas?

Jesús Rodríguez Rojo.- Por clase trabajadora (obrera o proletariado, pues uso los términos indistintamente) entiendo, en principio, ese colectivo en el que convergen las dos libertades de las que hablara Marx en El capital: la libertad de poder vender su fuerza de trabajo y el estar “liberados” de la posesión sobre los medios de producción que les presiona precisamente para vender su fuerza de trabajo.

Esta sería, por así decir, la determinación más general, en la que encajan genuinamente los asalariados, incluyendo, por supuesto, los desempleados. Sin embargo, no podemos quedarnos con esta “definición”. Otros colectivos (en el libro menciono, por ejemplo, el caso de las y los trabajadores domésticos; pero podríamos hablar de otros tantos como falsos autónomos, etc.) podrían también incorporarse atendiendo al papel que juegan en el metabolismo social.

Sin duda puede parecer una caracterización demasiado amplia. Y es necesario que sea así. La potencia histórica de la clase obrera viene dada, además de por sus determinaciones cualitativas –sin duda imprescindibles- por las de carácter cuantitativo: nos acercamos progresivamente a un mundo en que decir humanidad y decir clase obrera sea idéntico.

Salvador López Arnal.- Sin embargo, son numerosos los autores que sostienen tesis sobre el tema en sentido contrario. Desde su perspectiva, la clase obrera quedaría reducida a los trabajadores industriales. Y no todos, solo los que sufren peores condiciones de trabajo y bajas remuneraciones.

Jesús Rodríguez Rojo.- Soy consciente. De hecho, el uso cotidiano de expresiones como “clase obrera” o “trabajadora” apunta en ese sentido. Creo que es un error. Uno que además compromete nuestra praxis, nuestra práctica, al hacernos aparecer a muchos de nosotros como elementos exteriores a la clase, a casi todos en ciertos contextos, si se restringe al obrero industrial arquetípico. Las tareas de las que hablo en el libro reclaman de más figuras que el trabajador de mono azul.

Salvador López Arnal.- ¿Cuáles son las tareas pendientes de la clase trabajadora?

Jesús Rodríguez Rojo.- Muchas. Todas, o al menos todas las importantes. Como acabamos de decir, la clase obrera es cada vez más y más amplia, convirtiéndose progresivamente en el único colectivo del que cabe esperar las transformaciones que alumbren una sociedad nueva.

En el libro abordo algunas de ellas. La materialización del proyecto ilustrado ocupa un lugar destacado; y en sintonía con él hay que poner de relieve la erradicación de la dominación sobre la mujer, esto es, la consumación de la labor histórica del movimiento feminista. Todo ello, sostengo, va en línea con su, digamos, gran cometido: la construcción del socialismo, una asociación de seres humanos realmente libres… ¡Casi nada!

Salvador López Arnal.- Sostienes que la clase trabajadora debe superar críticamente algunas “formas de conocimiento científico que le impiden dar cuenta de su propia acción”. Hablas de la representación lógica, hoy dominante, no solo en sociología sino en el conjunto de las disciplinas académicas. ¿A qué disciplinas se refiere? ¿Debemos retomar de alguna forma la idea ciencia proletaria versus ciencia burguesa?

Jesús Rodríguez Rojo.- Yo conozco de cerca varias disciplinas enmarcadas en las ciencias sociales, y en todas ellas la representación juega un papel central. Esta tiene incluso nombres propios. Weber en la sociología y ciencia política; Kelsen en el derecho; Marshall o Walras en la economía… Esos, entre otros tantos ejemplos. En lo que respecta a las ciencias -mal llamadas- “naturales” o “puras” lo cierto es que no soy un experto, pero todo lo que conozco me lleva a pensar que no han conseguido evadirse de estos procedimientos (un trabajo interesante, aunque he de reconocer que para mí poco accesible, es el trabajo que Iñigo Carrera realizó en su crítica del conocimiento matemático).

No obstante, y atendiendo a tu segunda pregunta, no me reconozco en la dicotomía mentada. Tanto la “ciencia burguesa” como su rival “proletaria” son en realidad, y hoy por igual, productos de la conciencia de miembros de la clase obrera que cumplen con su cometido en el metabolismo social. Me siento más a gusto enfrentando el conocimiento científico con las diferentes formas de representación, sean lógicas, ideológicas, doctrinales, etc.

Salvador López Arnal.- Pregunto más en general: la ciencia, nuestros conocimientos científicos, nuestro saber tecno-científico, ¿siguen siendo aliados o instrumentos necesarios de las tradiciones emancipatorias? Los críticos señalan que una buena parte de los instrumentos de los grandes desastres del XX, y de lo que llevamos XXI, son made in science e incluso que pretender aprehender idealmente la realidad es una aspiración ilustrada trasnochada, con marchamo autoritario además.

Jesús Rodríguez Rojo.- Me parecen críticas injustas que pueden acabar en posiciones disparatadas.

Renegar de la posibilidad de conocer es negar, en primer lugar, la posibilidad misma de superar el modo de producción capitalista, pues si el ser humano no pudiera dar cuenta de sus determinaciones estaría condenado a enajenar la organización de su trabajo en la mercancía o las diferentes formas de dominación personal. La libertad entendida como “conciencia de la necesidad” sería llanamente una utopía absurda.

Por otro lado, claro que hay tragedias vinculadas al saber científico. Pero también las grandes hazañas de la modernidad lo están. Sí, el holocausto está empapado de racionalidad, pero ¿acaso no fueron (o son) igualmente o más repulsivas las catástrofes made in religion? Y, ¿no es la sanidad pública otro producto que nace del mismo espíritu racionalista? ¿Y la educación? ¿Y todo eso que ha hecho que la esperanza de vida de la humanidad se dispare en estos siglos? No podemos tirar al niño con el agua sucia…

En definitiva, abominar del conocimiento científico, regalarlo a la reacción, sin tener nada mejor en nuestro equipaje, parece una opción pésima. Que ese tipo de discursos tengan cierto calado no demuestra más que la impotencia de la clase trabajadora, su debilidad en un contexto marcado por su extrema diferenciación.

Salvador López Arnal.- Doy un salto a la nota 63 del último capítulo. Te cito: “Resulta claro, al menos para nosotros, que las teorías del imperialismo que Lenin puso en boga han llevado a una profunda distorsión de la acción política surgida del análisis clasista”. En la misma nota critica nociones como las de frente popular (de los partidos comunistas clásicos) o bloque histórico (Gramsci). Añades: “Sería algo así como la amalgama de una mayoría ciudadana cuyos intereses se contraponen a los de las ‘élites’. Todo un despropósito a nivel analítico que, sin embargo, refleja a la perfección el descarrió ideológicos de la clase obrera”. ¿Puedes explicarnos sucintamente algunas de estas críticas? No son tan evidentes para muchos las consecuencias que denuncias de la teoría leninista del imperialismo.

Jesús Rodríguez Rojo.- Lenin -también muchos otros antes y, sobre todo, después de él- generó un marco cognitivo muy particular del que hoy participa una parte muy amplia de la izquierda. En él el gran capital e incluso buena parte del normal es disfrazado de “monopolio”. Esto compromete en primer lugar cuestiones centrales relacionadas con la ley del valor (que es reemplazada en muchos casos por la dirección de estos supuestos capitales monopolistas). Pero sobre todo repercute en la acción política: la defensa del pequeño capital, frecuentemente aderezado con el adjetivo “nacional”, se vuelve todo un estandarte de la lucha antiimperialista, equivocadamente tildada de anticapitalista. A la clase obrera se le presenta como su mejor aliado el capital más ineficiente, menos capaz y, al tener que compensar esto último, más explotador.

A la misma conclusión, pero a través de procesos menos refinados aunque por norma más abstrusos, se llega desde el razonamiento populista: se amalgama como “pueblo” todo aquello que no sean “élites”. Las clases ni están, ni se las espera. El mismo destino corre la superación del modo de producción capitalista.

Salvador López Arnal.- El subtítulo del libro: «Género, ciudadanía y socialismo». ¿A qué refiere género? ¿Género no era una construcción social orientada?

Jesús Rodríguez Rojo.- Sí, en efecto, el género es un hecho social. Esa palabra está presente en el subtítulo para indicar que es uno de los asuntos que debe seguir abordando nuestra clase y, como tal, ocupa un lugar en nuestro estudio. Su análisis, discusión (y tal vez, por qué no, su abolición) es parte de nuestras tareas pendientes.

Salvador López Arnal.- Tras el prólogo de Maxi Nieto Fernández, abre el prefacio con estas palabras: «No es casualidad que en medio de una brutal crisis de consecuencias demoledoras para la clase trabajadora hayamos decidido reivindicar que sigue siendo ella el agente llamado a construir una sociedad nueva». ¿Sociedad nueva es equivalente a socialismo, a comunismo? ¿Qué caracterizaría a esa nueva sociedad? ¿Está usted convencido que en la actualidad se están dando pasos efectivos hacia la consecución del socialismo? ¿De dónde su convicción? ¿No confundimos, de nuevo, deseos y realidad?

Jesús Rodríguez Rojo.- Una sociedad nueva se contribuye a construir cada día, proceso en que nuestra clase toma parte de forma, insistimos, destacada. El socialismo es la culminación, pero no hay que ir tan lejos: estamos avanzando hacia eso a lo que yo llamo «república democrática desarrollada». Es cierto que esto no se plasma en el conflicto social abierto y generalizado. Vivimos en un momento de reflujo en ese aspecto que nos acompaña desde hace ya no pocos años. Sin embargo, tal vez hay que mirar más allá de eso.

Nuestra clase es cada vez más amplia y tiene cada vez más desarrollada su conciencia científica mientras la burguesía ve cada día más recortadas sus funciones y capacidades. Además, a la par que los problemas de muchos tipos (el ecológico, por ejemplo), se desarrollan medios que podrían atajarlos (pensamos en la capacidad de computación cuya potencialidad pone sobre la mesa el llamado «ciber-comunismo», del que hablaremos, creo, más adelante).

En suma, no es una cuestión de fe. Tal vez se haya tomado demasiado al pie de la letra ese aforismo gramsciano del «pesimismo de la razón». Tenemos los medios para vencer, y los tomaremos.

Salvador López Arnal.- Una de sus tesis político-filosóficas: conocer es una parte indisociable de la acción. «No es un paso previo a actuar, es el núcleo mismo de la praxis consciente, la única que sitúa a la humanidad en el rumbo de la superación del capital». ¿A qué conocer hace referencia? ¿No hay mucho conocer que puede ser usado y es usado en contraposición a las finalidades emancipatorias?

Jesús Rodríguez Rojo.- Claro, el conocimiento forma parte de la praxis (o práctica, términos que también uso indistintamente) revolucionaria tanto como de la reaccionaria. Aunque apostillaría que de esta segunda cada vez en menor media, o cada vez en sus más burdas formas, habida cuenta la fiebre irracionalista que se extiende entre los apologetas de la burguesía como a su modo y en su tiempo denunció Lukács.

Lo que planteo es que es preciso difundir no entre una fracción, sino entre toda la clase un conocimiento científico que le permita reconocerse en su ser social para finalmente alcanzar esa libertad real de la que hablamos anteriormente. En ese proyecto se inserta mi libro, como también el grueso de las intervenciones públicas que realizo.

«El conocimiento forma parte de la praxis (o práctica, términos que uso indistintamente) revolucionaria tanto como de la reaccionaria»

Salvador López Arnal.- Otra de tus consideraciones: “nuestra clase [entiendo: la clase trabajadora] se está dotando ya a sí misma de los medios para reconocerse como agente histórico portador de una forma completamente nueva de organizar la vida social”. ¿Hablas de la clase trabajadora española realmente existente? ¿Dónde observas esa situación? De hecho también señalas que no corren buenos tiempos para la lucha obrera, “de eso no cabe duda”, y que los trabajadores no son capaces incluso de reconocerse como agentes clasistas. ¿No hay aquí una contradicción?

Jesús Rodríguez Rojo.- Dotarla, dotarse, de esos medios que menciono es el contenido mismo de nuestra acción, de quienes nos consagramos a la acción política revolucionaria. Aquello que una parte del leninismo vio como la conciencia proveniente del exterior de la clase, nosotros lo vemos como la clase generando las herramientas de investigación, formación, propaganda, etc., que necesita.

Creo que eso no entra en contradicción con el hecho de que se hayan roto, en el contexto llamado “neoliberal”, los vínculos de solidaridad clasistas que antaño tenían un papel más destacado y que eran puestos como la “conciencia de clase”. Lo que vemos es un proceso largo, con idas y venidas, con victorias y derrotas que a veces enturbian u ocultan un desarrollo de fondo.

Salvador López Arnal.- Entiendo, por tanto, que tú y tus compañeros de investigación y acción política os consideráis parte de la clase obrera, una parte que genera esas herramientas a las que aludes. ¿No es caer de nuevo en la vieja noción de la “vanguardia” (intelectual) del proletariado?

Jesús Rodríguez Rojo.- Sin duda hay segmentos de la clase con una conciencia científica más avanzada que otros. Pero la labor de los primeros no es dirigir a los segundos en la dirección correcta; más bien consiste en desarrollar la conciencia de sus congéneres.

Salvador López Arnal.- ¿Por qué sigue siendo la clase trabajadora el agente social llamado a construir esa nueva sociedad? En una nota a pie de página comentas: “No empleamos la conocida expresión ‘sujeto revolucionario’ para evitar confusiones. Debemos recordar que la clase obrera se encuentra inserta ya en un verdadero sujeto que es quien rige las determinaciones de su acción, incluso de su acción revolucionaria. Otra vez, hablamos del capital”. ¿El capital dirige las determinaciones de la acción revolucionaria de la clase trabajadora?

Jesús Rodríguez Rojo.- En efecto, eso es. El capital es, como Marx dijera, el sujeto que “todo lo domina en la sociedad burguesa”. La clave es que no hay ningún afuera, un exterior pulcro del capital del que podamos sacar la conciencia revolucionaria, lo que por contra sí encontramos son lo que Juan Iñigo Carrera llama “conciencias abstractamente libres”, que ambicionan comprenderse y organizarse al margen de las determinaciones históricas dadas por el metabolismo social capitalista. Se trata de superar esta apariencia, reconociéndonos en aquello que el capital hace de nosotros, lo “bueno”, pero también lo “malo”.

Jesús Rodríguez Rojo en un momento de la entrevista. Créditos: Espai Marx
Salvador López Arnal.- Y bajo esta consideración de las determinaciones históricas impuestas por el metabolismo social capitalista, ¿dónde queda entonces la libertad de los ciudadanos-trabajadores?

Jesús Rodríguez Rojo.- La libertad misma está determinada históricamente. De hecho, esta misma es un rasgo históricamente específico de los habitantes de sociedades capitalistas, en las que las relaciones mercantiles permiten a los seres humanos zafarse de las arcaicas dominaciones personales. Y si la libertad misma está condicionada, no lo está en menor medida el ejercicio de ella que hacemos, en el que nuestra voluntad juega siempre un papel fundamental como mediación.

Salvador López Arnal.- Teniendo en cuenta las informaciones que desde hace décadas nos llegan desde mucho frentes y aristas sobre el potencial colapso de nuestra civilización, ¿debemos seguir aspirando al desarrollo de las fuerzas productivas “hasta el mencionado punto en que se vuelve incompatible con la existencia misma del capital”?

Jesús Rodríguez Rojo.- Sí, creo que sí. El desarrollo de las fuerzas productivas no equivale, pongamos por caso, a continuar degradando las condiciones de habitabilidad del planeta. Aspiramos en nuestras manos, bajo una dirección cada vez más consciente, ese desarrollo para orientarlo en una dirección diferente. Sin ese paso, que es en sí mismo un desarrollo de las fuerzas productivas, sería imposible dar respuesta eficaz a los frentes que como afirma tenemos abiertos como especie.

Salvador López Arnal.- ¿Nada entonces de decrecimiento o alternativas afines?

Jesús Rodríguez Rojo.- No soy un experto en esas propuestas, pero lo que sé no me convence. Mi impresión es que están muy influidas por cierto “anticapitalismo romántico” en el que no me reconozco en absoluto.

Salvador López Arnal.- ¿El Estado sigue siendo un instrumento de clase? ¿También lo son las democracias constitucionales, como el Estado español o francés por ejemplo, que garantizan libertades sindicales y políticas? ¿Apuestas por el crecimiento del Estado?

Jesús Rodríguez Rojo.- No creo que el estado sea un instrumento de clase. Personalmente, inspirado en las propuestas de las teorías de la derivación y del propio Juan Iñigo Carrera, uso la expresión “forma política del capital social” para describirlo. Acciones que conciernen a la reproducción de la fuerza de trabajo en ciertas condiciones (ahí entran esas libertades de las que hablas) tienen hoy un papel central que va mucho más allá del “amansamiento” de la clase obrera. Creo que un error del marxismo ha sido tomar de forma excesivamente simplista esta institución, como si de una herramienta en manos de la burguesía se tratase. De estar en manos de alguien el Estado moderno sería del capital (lo que es sustancialmente distinto).

Sobre si quiero que crezca, diría sin dilación que sí. Mucho. Todo. Aspiro a que el conjunto de los medios de producción estén bajo su tutela. Se trata de superar la fragmentación del capital poniéndolo en su conjunto en la esfera política, única sobre la que se puede reclamar soberanía a través de la participación democrática. Tal vez esto desentona con cierta tradición izquierdista que repudia al Estado, sin embargo no veo una alternativa a que la propiedad estatal que sea capaz de situar bajo el control de toda la clase-ciudadanía el conjunto de la producción social.

«Un error del marxismo ha sido tomar de forma excesivamente simplista el Estado, como si de una herramienta en manos de la burguesía se tratase»

Salvador López Arnal.- Una aclaración: has señalado como error considerar el Estado como si una herramienta en manos de la burguesía se tratase, y has añadido: “De estar en manos de alguien, sería del capital”, algo muy distinto. Burguesía no, capital sí. ¿Nos explicas la diferencia?

Jesús Rodríguez Rojo.- La burguesía es una de las formas en que se personifica el capital, pero no la única posible, ni tan siquiera la más importante me atrevería a decir, pues ese lugar lo ocupa la clase obrera. De enfrentarnos al Estado como un instrumento de la burguesía veríamos muy recortada nuestra capacidad para entender la forma en que esta institución se hace cargo de la reproducción de la fuerza de trabajo.

Salvador López Arnal.- Por lo que vas explicando y argumentando a lo largo del libro, Gramsci no parece un santo laico de tu devoción político-intelectual. ¿Se ha embellecido en exceso las aportaciones del revolucionario sardo?

Jesús Rodríguez Rojo.- Sin duda. Se ha convertido a un lúcido y perspicaz revolucionario en la figura de culto de la izquierda (¡y de parte de la derecha!). Pero si fuera preguntado por las razones de esa popularidad creo que convergen (a) el explicar con gran audacia algo que hoy es un lugar común: que es importante incidir en los ámbitos culturales; (b) el contar con una biografía muy atractiva por muchas razones; y (c) el haber formulado ciertos aforismos que le han llevado a ser, como en alguna ocasión he dicho de forma provocadora, el Paulo Coelho de la extrema izquierda. Poco hay frecuentemente detrás de ese “optimismo de la voluntad”, ese “odio a la indiferencia” o ese “claroscuro en que surgen los monstruos” tan evocados en cierto ámbitos.

Además, y aunque este no es el lugar de demostrarlo, su pensamiento contribuye a la liquidación de buena parte del desarrollo de la crítica de la economía política. No es casualidad que Laclau y sus acólitos, como antes lo hiciera Althusser, se hayan inspirado en sus ideas para elaborar su propuesta.

Salvador López Arnal.- No solo Laclau se ha inspirado en él, también otras tendencias marxistas revolucionarias. Pero no podemos comentarlo todo. Señalas en el segundo capítulo que el feminismo está transformando profundamente nuestras sociedades, que las mujeres han conseguido mediante su acción política sacudir el mundo. ¿Son las mujeres una nueva clase social, como señalan algunas corrientes feministas?

Jesús Rodríguez Rojo.- En el uso que yo le doy al término no son una clase social. En efecto, lo son para gran parte del feminismo radical y para algunas teorías sociológicas (en los esquemas de Lenski o Dahrendorf podrían aparecer como tales). Pero eso no quiere decir que no tengan clase social: hay mujeres obreras, como las hay capitalistas. Y en ambos casos tienen determinaciones particulares, algunas de las cuales son analizadas en el libro: se concentran en ciertos sectores, tienen tasas de paro y salariales diferenciadas de los varones, etc.

No obstante, y seguramente este sea uno de los aspectos polémicos de mi razonamiento, el movimiento de mujeres es básicamente un movimiento alineado con las tareas históricas de la clase obrera. Sin duda hay discursos reaccionarios en su seno y por supuesto que participan capitalistas en él (aunque se trata de una ínfima minoría, pues ya de por sí son muy pocas porcentualmente las mujeres que detentan la propiedad sobre medios de producción). No obstante, la lucha por igualar en una idéntica condición de ciudadanos a hombres y mujeres es una empresa que, en tanto aspira a disolver las distinciones entre ambas categorías, nos acerca a la unificación de la humanidad en una única categoría indiferenciada. Es, por ello, una aproximación al socialismo.

Salvador López Arnal.- De las teorías feministas que expones en el apartado 4º (radical, socialista, materialista, economía feminista), ¿de cuál de ellas te encuentras más próximo?

Jesús Rodríguez Rojo.- Dada la diversidad interna de cada corriente y la efervescencia de los debates, nos vemos abocados a mostrar reparos con cada una de ellas. Sin embargo, me voy a mojar.

Siempre me he sentido más representado, en general, por el feminismo radical, que creo que es el más potente de entre las diferentes perspectivas, aquel que con más decisión pone sobre la mesa las diferencias estructurales y la forma de atajarlas. Ejemplo de ello es su posición abolicionista de la prostitución, más titubeante en otros feminismos.

Salvador López Arnal.- Pero, salvo error por mi parte, una parte del feminismo llamado radical se centra más bien, a día de hoy, en la defensa de las condiciones laborales y sociales de las que llaman “trabajadores sexuales”. Además, el grueso del feminismo asociado a la socialdemocracia, cuanto menos en España, están por la abolición de la prostitución (que es la posición que tú defiendes).

Jesús Rodríguez Rojo.- Habría que ver cuál es el contenido de la “abolición” que plantea esa socialdemocracia que mencionas… En cualquier caso sé que es un debate bastante virulento y enquistado, y que hay figuras de renombre defendiendo ambas posiciones. Entrar en él requeriría de un tiempo y espacio del que no sé si disponemos…

Salvador López Arnal.- No disponemos de él, tienes razón. “Hacia una forma superior de familia” es el título del sexto apartado. ¿Nos dibujas brevemente esa forma superior de familia? ¿Podría generarse en el marco de la civilización capitalista?

Jesús Rodríguez Rojo.- Ese título proviene de una cita de El capital, formulada cuando Marx ve cómo afecta a la familia la incorporación de los métodos de la maquinaria a la producción. Habría, de hecho, quién dijera que ya estamos viviendo en una forma de familia sustancialmente distinta a la de generaciones cercanas. La masiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo asalariado y a la ciudadanía ha alterado mucho la forma en que nos relacionamos. El derecho al divorcio y su ejercicio o los métodos anticonceptivos son elementos clave a la hora de ver esa evolución.

Pero no creo que el proceso se haya consumado, y aquí me permito compartir un dilema personal. Me debato con frecuencia entre considerar ciertas nuevas formas de relacionarse, tales como el “poliamor”, como un atisbo de futuras formas más emancipadas (que contribuiría además a expandir la conciencia de los obreros, por la vía de sus “vínculos”, a otros ámbitos de la producción) o como un subproducto tan efímero como otros del momento “neoliberal” del modo de producción capitalista (caracterizado por la inseguridad, tildada de “fluidez”, en diferentes espacios de la vida social). Tal vez sea, quién sabe, ambas cosas a la vez. De momento es bueno tener precaución y atender al despliegue histórico de estos fenómenos.

Salvador López Arnal.- Inicias el capítulo III con esta afirmación: “El modo de producción capitalista va camino de su desaparición. Ha partido ya a un viaje que no tiene retorno”. Sin olvidarme del todo fluye, ¿qué justifica la afirmación de que el MPC ha partido a un viaje de no retorno? ¿No hay un determinismo histórico implícito en esa afirmación?

Jesús Rodríguez Rojo.- Me lo dicen a menudo. Respondo de forma provocadora: si lo que se me pregunta es si creo que vamos de camino al socialismo, la respuesta es sí. Si eso es ser determinista, no tendría ningún problema en serlo. Ahora bien, si eso implica pensar que ese movimiento es por completo independiente de la acción humana revolucionaria, o si es arrogarse la certeza absoluta de que eso ocurrirá, en esos casos tendría que responder que no.

Aprovecho para plantear un esbozo de alegato contra el “indeterminismo” histórico. El marxismo lleva años rehuyendo, generalmente sin demasiado éxito, del calificativo de determinista. Althusser planteó una teoría que hacía todo por exorcizar ese fantasma (sobredeterminaciones, acciones recíprocas, etc.) y a juzgar por opiniones que aún hoy se escuchan de él, no lo logró. Se vincula determinismo con la II Internacional y esta con el reformismo. Pero tal relación es más bien espuria: no hace falta más que indagar en las controversias entre Bernstein y Luxemburg para percatarnos de que ella mantuvo firme la línea revolucionaria viéndose como portadora de una labor histórica, mientras él la tachaba de fatalista. Reconocerse en las potencias de la propia acción no es sinónimo de ciego triunfalismo, ni mucho menos de pasividad política.

Salvador López Arnal.- Una afirmación sorprendente sobre el concepto de revolución social: “La revolución social, en definitiva, no es más que una contundente zancada adelante en el desarrollo histórico de la producción capitalista, una que la sitúa más cerca de su propia extinción”. Otro más: “Corregir esta enajenación respecto al Estado, hacer coincidir forma y contenido, es la tarea histórica de la revolución social”. ¿Eso es en esencia la revolución socialista?

Jesús Rodríguez Rojo.- Más bien es el cometido de la revolución social. Tal acontecimiento no es, como han pensado los marxistas, el pistoletazo de salida del socialismo; más bien es, como afirmo en la cita, un paso adelante en el sentido correcto. La revolución (pienso en experiencias como la soviética) no liquida el capital: lo centraliza en manos de su forma política, el Estado. Tras ella, esta institución deja de encontrar el principal eje de su acción fuera de sí, en los capitales privados, y pasa a erguirse como principal gestor de la acumulación.

Solo una vez que el capital quede sujeto a la planificación estatal y, agregaría, ese Estado tenga una envergadura mundial (pues tal es el contenido de la acumulación capitalista), se levantan las barreras que coartan la expansión de la conciencia obrera a lo largo y ancho del metabolismo social. En ese punto, y no antes, la acción revolucionaria destinada a dar paso a una sociedad socialista puede materializarse en su plenitud.

Salvador López Arnal.- Como han pensado los marxistas, dices. ¿No eres entonces marxista?

Jesús Rodríguez Rojo.- No tengo gran interés en serlo, la verdad. Creo que hoy día puede que la etiqueta puede restar más de lo que suma. Desde luego, no se me malinterprete, el grueso de las posiciones que defiendo beben directamente de la crítica marxiana de la economía política. Pero de lo que se trata no es de ser marxista –como parecen creer quienes pasan el día repartiendo y retirando carnés-; se trata antes bien de usar lo que Marx y otros nos han aportado para comprender y, con ello, transformar nuestra realidad.

Salvador López Arnal.- El partido es indispensable para la acción revolucionaria de la clase obrera (hablas de “tropas de trabajadores”)? ¿Por qué? ¿Qué tipo de partido?

Jesús Rodríguez Rojo.- De lo que se sigue tratando es de la toma del poder. De la toma del Estado y su transformación para que se haga cargo de toda la producción social, para que nos entendamos. Enfrentar esta tarea sin una plataforma política de clase me resulta difícil de concebir; y a esas plataformas nos referimos genéricamente como “partido”. En ese sentido sí es indispensable.

No me atrevería, sin embargo, a decir qué tipo de partido. Me inclino a pensar que deberá ser relativamente masivo y dotado de mecanismos disciplinarios si aspira a enfrentarse al Estado burgués con visos de triunfar. Es difícil decir mucho más… En este punto (como en todos) estoy plenamente dispuesto a la discusión.

Salvador López Arnal.- ¿La propiedad social es equivalente a la propiedad bajo la forma jurídica de propiedad del Estado? ¿Cómo en la Unión Soviética, por ejemplo?

Jesús Rodríguez Rojo.- No veo qué otro sentido puede tener la propiedad social. Creo que otras interpretaciones a veces descritas como más progresistas como, por ejemplo, la propiedad colectiva que tiene lugar en las cooperativas, son en realidad formas de la misma propiedad privada que se traduce en la necesidad de un mercado competitivo. Yo aspiro a que el Estado detente la propiedad de todos los medios de producción.

El control de la producción debe ejercerse “socialmente” o, mejor dicho, democráticamente por el conjunto de la clase obrera, de la ciudadanía. Precisamente, para que eso ocurra, la propiedad del Estado es fundamental, pues debe llevarse a toda la población la soberanía sobre el proceso productivo (además, claro, sería preciso desprenderse de “élites” o “burocracias” que traten de monopolizar tal control).

«El control de la producción debe ejercerse “socialmente” o, mejor dicho, democráticamente por el conjunto de la clase obrera, de la ciudadanía»

Salvador López Arnal.- Hablas del ciber-comunismo. ¿Nos lo describes sucintamente? ¿Apuestas por él?

Jesús Rodríguez Rojo.- Es una iniciativa que plantea la posibilidad de democratizar la economía planificándola gracias a los medios técnicos -cibernéticos, computacionales…- de los que hoy disponemos. En España tenemos la suerte de contar con Maxi Nieto (con quien tuve el honor de contar para prologar el libro), uno de los más brillantes defensores de esta propuesta que trata de hacer frente a los órdagos teóricos liberales.

Diría que sí apuesto por él. Tengo algunas reservas, sin duda, con su aparato teórico. La primera de ellas con el sustantivo mismo: no creo, como adelanté, que planificar equivalga a comunismo. Pero, pese a esas discrepancias, comparto la idoneidad de que la sociedad tome los medios que el capital dispone ante sí para organizar colectivamente la reproducción social. En ese aspecto, que creo que es el esencial, me reconozco completamente en ese movimiento.

Salvador López Arnal.- “Las desventuras teóricas del pensamiento comunista” es el título del apartado 3º del tercer capítulo. ¿Cuáles serían las principales desventuras teóricas?

Jesús Rodríguez Rojo.- Diría que muchas… En el libro hablo de sus problemas para comprender diferentes elementos presentes en la acción política (la democracia, la “naturaleza” del Estado…), pero sin duda podrían encontrarse más. En la raíz de la mayoría puede encontrarse el hecho de que se centraron en interpretar la realidad, inspirándose en Marx, de cara a actuar de diferentes maneras, en lugar de conocerla como parte misma de un proceso de transformarla. El matiz es importante, aunque parezca muy abstracto. Sintetizando mucho, quizás demasiado, la cuestión, diríamos que la teoría marxista, aun con sus indiscutibles hallazgos, ha acabado a la vera de las “teorías burguesas” –tampoco carentes de virtudes- en su descuido sistemático del método que inauguró la crítica de la economía política. Como digo, esto sería lago de desarrollar…

Salvador López Arnal.- Defiendes la necesidad de emergencia de organismos políticos dedicados a la investigación científica. ¿No es ese el papel de las universidades o de organismos como el CSIC?

Jesús Rodríguez Rojo.- Mi apuesta es la creación y potenciación de organismos que desarrollen un conocimiento de carácter científico y, lo que es igual de importante, que lo difundan entre el conjunto de la sociedad. Únicamente de esa manera la participación democrática lo será en su máxima expresión, pues la ciudadanía debe ser consciente de las implicaciones de las decisiones que toman.

Sí, es el papel de las universidades y de organismos de investigación, aunque no solo. Todo el sistema educativo, como las plataformas políticas y tantas otras contribuyen a ello. E incluso podría hablar de muchas otras formas en que se incide decisivamente sobre la conciencia de los individuos (también en su tiempo de ocio) que deben arrimar el hombro a la hora de desarrollar esa conciencia objetiva de la que venimos hablando.

Publicado en: Global, titular2

Cretinismo digital

04/07/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Renán Vega Cantor

 

Enfrentar el cretinismo digital es una lucha política y no solo sanitaria, porque supone proponer otro manejo del tiempo, que no se reduzca a la mercantilización de todo lo existente.

“Las propiedades adictivas de las nuevas tecnologías no son meras casualidades, sino características de diseño cuidadosamente concebidas”.

Cal Newport, Minimalismo digital. En defensa de la atención en un mundo ruidoso, Paidos, Barcelona, 2021, p. 34

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Las primeras muestras de cretinismo se dieron con el surgimiento del televisor, al que llegó a llamarse la «caja boba», al que millones de seres humanos nos conectamos durante horas para ver imágenes y sonidos. Pero el apogeo de la televisión, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XX, con todo y lo cretinizante que pudiera ser, tenía una diferencia con las pantallas de hoy: su omnipresencia era distante, estaba lejos y separado del espectador, porque este no podía llevar consigo siempre y a toda hora una pantalla de televisión. Eso significaba que se prendía, se veían muchas horas de televisión y al final se apagaba y el televidente se iba a dormir o hacer otras cosas, pero no cargaba consigo el televisor.

El segundo momento en la emergencia del cretinismo digital se produjo con la difusión del computador portátil (el PC) y su generalización en la década de 1990 en gran parte del planeta urbano.

Este recién inventado “ídolo de silicio” pronto se convirtió en un nuevo fetiche que, aunque en principio no sustituyó a la televisión, si permitió que sus usuarios estuvieran conectados a una pantalla durante más tiempo y fuera de la casa (la sede normal de la televisión) y la estuvieran observando en el lugar de trabajo y, eventualmente, en viajes en avión, en tren o en metro. El PC mantenía limitaciones para una digitalización absoluta, en la medida en que a pesar de ser más pequeño que el televisor y ser portable seguía siendo bastante grande para ser cargado de manera permanente y llevarlo pegado al cuerpo. Con el PC se dio un paso más hacia la cretinización, puesto que permitió ampliar el radio de acción de las pantallas, mucho más allá de la esfera reducida del hogar y del mundo doméstico. Aumentó más la individualización y el atomismo social que genera la televisión, debido a que empezó a asociarse con una persona en particular, con un sello de propiedad individual. Esto se hizo más palpable con la generalización de internet a finales de la década de 1990. Esto le concedió una autonomía que jamás tenía la televisión y aumento el tiempo de exposición de ciertos sectores de la sociedad a las pantallas, puesto que en esa época todavía se seguía vinculado a una pantalla, la del televisor, en la casa, a lo cual había que sumarle que se veía constantemente otra pantalla, la del PC, o la del computador de escritorio. Más tiempo consagrado a las pantallas, lo que significaba más distanciamiento del mundo real. En estas condiciones, el cretinismo digital se expande, porque ahora quienes están conectados a sus PC ya no tienen tiempo ni intención de relacionarse con amigos y familiares, salvo que se puedan conectar con ellos a través de internet. De todas maneras, aún en este momento, el cretinismo estaba circunscrito a ciertos sectores de la sociedad, relativamente minoritarios a nivel mundial, puesto que ni el PC ni el internet habían alcanzado una difusión universal y, por su costo, no podía ser adquirido por cualquier persona.

El invento que posibilitó la universalización del cretinismo digital fue el del smartphone en 2007. El teléfono celular que había sido inventado en la década de 1970, y cuyo primer ejemplar se vendió en 1984, era pesado, engorroso y tenía un alto precio. Era el modelo Motorola y valía 4000 dólares y del cual se vendieron en su primer año 300 mil unidades. Era un artículo de lujo y de ostentación, pero fue un paso decisivo hacia la cretinización digital. Durante dos décadas el celular era un teléfono portátil que, en la medida en que se abarataban sus costos, se fue difundiendo entre diversos sectores de la sociedad, y se utilizaba para hablar ‒lo cual parecía puerilmente lógico, porque para eso se supone que se inventaron los teléfonos‒, pero significó un cambio fundamental con respecto al teléfono fijo, por varias razones: el usuario lo podía cargar en una maleta, en el bolsillo o en otras partes del cuerpo, podía recibir una llamada o hacer alguna en cualquier momento sin estar en un sitio fijo, separaba el uso de la idea de servicio público y se empezaba a entronizar la imagen de que la comunicación telefónica no era cuestión de una familia ‒a lo que estuvo asociado siempre el teléfono fijo, porque recuérdese que se llamaba a un número en el que podía contestar cualquier miembro de la familia‒ sino un asunto personal, y por ende cada uno, el que pudiera comprarse un teléfono móvil, tendría el suyo propio. Este fue un gran avance del capitalismo realmente existente (el neoliberalismo), con su lógica privatizadora, y por eso no es una coincidencia, que la destrucción de las empresas públicas de comunicación nacionales haya sido una política sistemática para imponer el uso generalizado del teléfono celular.

Este fue un paso trascendental hacia la cretinización digital, pero esta no estaba plenamente enquistada en el tejido social ni en la sique de gran parte de los seres humanos, porque por el teléfono simplemente se seguía hablando, aunque mucho tiempo, más del habitual, pero no se hacía nada distinto, porque no se podía, debido a las características técnicas del artefacto. Y aunque se le fueron agregando servicios, como recibir mensajes y chatear, según se fuera pasado de una generación de celulares a otras, el salto cualitativo que dio paso al cretinismo digital generalizado fue la invención del IPhone, anunciado en público y con bombos y platillos por Steve Jobs en 2007.

La novedad del IPhone, que abrió la puerta a la generalización del cretinismo digital, consiste en que integro en un mismo artefacto tareas que antes estaban separadas: enviar mensajes, chatear, enviar videos, conectarse en forma directa con otras personas a cualquier hora, bajar películas y música y, lo que cada vez es menos importante y poco frecuente, hablar. Es decir, el IPhone es un teléfono con el que pueden hacerse muchas cosas y cada vez se utiliza menos para hablar. Este artefacto funciona porque está vinculado a internet y por su pantalla táctil. El invento del IPhone dio paso a la comunicación permanente, las 24 horas del día. Lo que antes eran prácticas circunstanciales, fugaces y efímeras (recibir y hacer llamadas por teléfono) o algo más duraderas en un día común y corriente (ver televisión, escuchar música) se convirtieron en obsesiones comunicativas de tiempo completo.

Con el IPhone, el smartphone aclamada como el teléfono inteligente, se concentró en un pequeño artefacto ‒devenido en un fetiche tecnológico, frente al cual los tótems e imágenes religiosos parecen juego de niños‒ un conjunto variado de actividades, generalmente consideradas como parte del ocio y del tiempo libre, escuchar música, ver un video, enviar un mensaje, hacer una llamada…Eso antes formaba parte del tiempo externo, por decirlo así, del individuo, distinto al estudio o al trabajo. Ese tiempo externo que antes podría considerarse como el tiempo de la vida (diferente al tiempo laboral) ahora se ha hecho dominante y envuelve todo y ha sido, es lo más importante, sometido a la lógica mercantil, convertido en un negocio.

La mercancía se ha apoderado de la vida privada e íntima de las personas, con su consentimiento como si fuera expresión de libertad y autonomía. El uso del IPhone ha convertido a la gran mayoría de sus usuarios en consumidores compulsivos y enfermizos que devoran lo que se les ofrece a través de la pequeña pantalla, con la que se da la impresión de tener el mundo al alcance de un dedo y esto se ha encubierto con la ideología, impulsada por las grandes empresas de Silicon Valley y sus gurús mediáticos, de la necesidad de estar conectado de manera permanente, so pena de quedar fuera del mundo. De esta forma, se ha colonizado el tiempo de la vida por parte del reino mercantil y hay que mantener pegado a la diminuta pantalla a cada usuario como si eso fuera el aspecto principal y único de la vida de los seres humanos. Esa dependencia originó una nueva patología: el cretinismo digital.

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Lo acontecido en los dos últimos años con la difusión mundial de la Covid-19, una verdadera pandemia del capital, ha venido aparejada por otra pandemia, aún más catastrófica y permanente: el cretinismo digital. Sin embargo, este Síndrome de la Estupidez Informática [SEI] ni se menciona, porque se ha convertido en algo normal y cotidiano. De la misma manera que el coronavirus, el cretinismo digital ha infectado de manera generalizada a gran parte de la población mundial, con la diferencia de que no se le considera un problema de salud pública sino una bendición divina. Sin importar el origen étnico, la clase, la edad, el sexo, la nacionalidad, la religión, las convicciones políticas el cretinismo digital es una terrible epidemia que, para completar, no es vista como una enfermedad. No surgió con la Covid-19 ni mucho menos, es anterior en sentido estricto, pero la difusión del coronavirus y las medidas de confinamiento y aislamiento social que se implementaron en el mundo entero para combatirlo crearon las condiciones epidemiológicas complementarias para que se expandiera a niveles sin precedentes.

No se ha necesitado de mucho tiempo para sufrir a vasta escala el cretinismo digital. Y no es una exageración hablar de cretinismo, si se recuerda que este padecimiento se manifiesta en que quienes lo sufren viven ensimismados, deformes y sombríos, sus mentes dan la impresión de estar vacías, no tienen ningún contacto social y solamente dan muestras de su existencia cuando de sus caras salen unas sonrisas casi inexpresivas. En el año de 1788, el explorador Thomas Martyn registraba de esta forma el cretinismo de los habitantes de algunas regiones alpinas de Francia: «Su cuerpo se asemeja al de un enano, parecen deformes y sombríos, sus mentes vacías de toda actividad. Su sonrisa sólo indica que el cretino es un animal viviente».

Cuando hoy se habla de cretinismo digital resulta notable como reaparecen estos síntomas del cretinismo en su versión digital. Esa noción, por extensión, se entiende como estupidez, bobería, estulticia, ineptitud, idiotez.

El cretinismo digital tiene unos síntomas que pueden ser fácilmente detectados y enumeramos esquemáticamente:

Quien lo padece anda pegado día y noche a la pantalla del celular, sin parpadear, sin pasar saliva, uno de sus dedos, preferentemente el pulgar, se mueve maquinal y mecánicamente sobre la pantalla, compulsivamente espicha unas teclas o desliza el pulgar por la pantalla de arriba abajo. No mira, ni ve, ni siente nada de lo que discurre a su alrededor.

Cuando el cretino digital camina lo hace en una postura que niega el carácter erguido de nuestra fase evolutiva y parece mirando al suelo cuando observa la pantalla, no importa si se estrella con alguien o con algo.

El cretino digital habla mientras camina, gesticulando y gritando, como si dialogará consigo mismo. Se asemeja a un títere que se mueve como si alguien lo estuviera moviendo a través de una cuerdas invisibles.

Generalmente, el cretino digital lleva el celular en la mano, como si ese aparatejo fuera una continuación de ese órgano vital, y no puede despegarse del mismo, ni siquiera cuando debe satisfacer sus necesidades fisiológicas.

Si se ve obligado a guardar el móvil por alguna razón externa (trabajar, entrar a una clase, bajarse del bus…), más se demora en meterlo en el bolsillo que en volverlo a sacar, puesto que en promedio el cretino digital consulta su móvil unas 200 veces al día.

Siente una terrible angustia, depresión, deseos de desaparecer de la faz de la tierra ante dos situaciones: una, si se le llegase a olvidar el celular en casa y, dos, si se corta súbitamente la comunicación. En ese caso le sudan las manos y el cuerpo, se enrojece su cara, llega a llorar, sus ojos se brotan como efecto del dolor que le produce la terrible perdida de estar desconectado, así sea por una breve fracción de tiempo. Prefiere que se le muera un ser querido a que se le pierda el celular.

Una de las expresiones más notables del cretinismo digital es la pulsión de la muerte, puesto que el enfermo suele arriesgar la vida por cosas tan estúpidas como tomarse una selfi en el borde de un precipicio, o en el último piso de un rascacielos, o metiendo una mano o parte del cuerpo en la boca de un tigre o un caimán. No importan los riesgos, puesto que el cretino digital quiere figurar de manera inmediata en los registros de las redes antisociales y le basta simplemente con que le escriban “me gusta” para sentir que existe. Otra manifestación de la pulsión de la muerte no tan extrema, más cotidiana, es simplemente atravesar avenidas chateando y sin mirar alrededor o conducir a alta velocidad con el celular pegado al oído.

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Es un cretino el chofer de un taxi, un autobús, un carro particular que pone en riesgo su propia vida y la de los pasajeros atendiendo al tiempo dos, tres y hasta cuatro artefactos digitales. Y más cretino todavía es cuando alguien, un caso cada vez más raro, le hace el reclamo por su irresponsabilidad, y en forma airada le dice al pasajero que descienda del taxi para que él pueda seguir usando en forma indiscriminada el IPhone y otros artefactos.

Es una cretina la persona que habla, chatea o usa el IPhone al atravesar una gran avenida, sin observar que pasa a su alrededor y sin siquiera contemplar el semáforo. Ese cretinismo ha ocasionado muchas muertes en el mundo. ¡Seguramente, los que mueren de esa forma tan poco gloriosa, seguirán chateando en su “teléfono inteligente” en el más allá, comunicándose con San Pedro, con Alá o con Buda, según fueran sus creencias religiosas!

Es un cretino o cretina el hombre y la mujer que se toma una selfi en un lugar riesgoso, poniendo en peligro su propia existencia, lo que efectivamente ha significado la muerte de miles de personas, la mayor parte de ellas jóvenes.

Son cretinos y cretinas digitales el profesor, el médico, la enfermera, el dentista o cualquier trabajador que de manera compulsiva consulta el celular, aunque este en actividades laborales.

Son cretinas las personas que cuando van a tomar un café o a almorzar en lugar de hablar entre ellos en forma obsesiva consultan sus celulares y se incomunican del resto de mortales.

Una manifestación del cretinismo digital se percibe a diario con el afán de conectarse al wi-fi y de buscar con ansiedad un enchufe en donde recuperar la señal que se ha perdido en un celular, por el agotamiento de su batería.

Algunos cretinos digitales se han suicidado cuando por unas horas dejan de funcionar los smartphones y sienten que el mundo se ha acabado y no vale la pena vivir, sin recibir mensajes basura durante una fracción del día o de la noche.

Son cretinos digitales las parejas que interrumpen sus relaciones sexuales para contestar un mensaje o una llamada a través del celular. También son cretinos aquellos que en forma simultánea tienen relaciones sexuales y miran su celular.

Son cretinos digitales los que duermen junto al móvil, y quienes comienzan el día consultándolo y se acuestan y se duermen contemplándolo.

Son cretinos digitales la mayor parte de los pasajeros de un avión comercial que, pese a las advertencias sobre los riesgos que para la seguridad de un vuelo genera la utilización de artefactos digitales lo hacen con toda la impunidad y complicidad del caso. Y esos mismos pasajeros muestran su elevado grado de cretinismo cuando ha terminado un viaje aéreo y apenas ha aterrizado el avión y una azafata sugiere que se puede usar el celular y de inmediato como si fuera una orden dada a perros amaestrados, al estilo de los de Paulov, todos desenfundan sus celulares.

Son cretinos digitales los participantes en una charla, una conferencia, un conversatorio, un panel que mientras alguien está hablando allí mismo chatean obsesivamente o hablan sin respetar el uso de la palabra.

Es un cretino o una cretina digital el hombre y la mujer que en un autobús hablan, vociferan, pelean, rompen relaciones sentimentales a grito entero, sin importar quien está allí.

Son cretinos digitales quienes viven pegados a las redes antisociales, mediante las cuales reciben o remiten todo tipo de mensajes, entre ellos falsas noticias (fake news) a las que creen sin pestañear.

En suma, el cretino digital se caracteriza por la pérdida de cualquier sentimiento de autoestima, dignidad y respeto por sí mismo. Lo define la incontinencia digital, ese deseo irresistible de contestar una llamada, un mensaje, de prender el celular, de estar conectado… Así como la incontinencia urinaria significa la pérdida del control de la vejiga y la incapacidad para controlar la micción, la incontinencia digital implica la incapacidad de controlar el pulgar para responder mecánica y maquinalmente a cualquier mensaje que llega por la pantalla del smartphone.

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Si se tratan de medir cuantitativamente los efectos del cretinismo digital pueden mencionarse varios datos reveladores.

Primero, en términos ambientales: En los países industrializados nueve de cada diez personas tienen, por lo menos, un celular y allí cada persona gasta cinco horas pegadas al móvil; la huella de carbono generada por los smartphones alcanza el 14% a nivel mundial, cifra impactante si se tiene en cuenta que es superior a la del sistema de transporte; para producir un móvil de 80 gramos se consumen 44,4 kilogramos de recursos naturales y 12 litros de agua limpia; en estas condiciones, si una persona cambia de móvil cada dos años, al cabo de medio siglo habrá gastado una tonelada de recursos del mundo, eso sin contar el gasto de energía ni del transporte; una sola batería del móvil contamina hasta 600.000 litros de agua; cada smartphone produce 95 kilos de CO2 en su vida útil de dos años.

Segundo, en términos mentales y cognitivos: ansiedad incontrolable cuando se olvida el móvil, una verdadera adicción (que llaman nomofobia), similar a la sensación que genera consumir cocaína; un estrés permanente, que se manifiesta en la cantidad de veces que se mira el celular y se contestan o envían mensajes; se producen efectos cognitivos de índole negativa, entre los que sobresalen ansiedad, depresión, falta de atención, déficit de concentración, incapacidad de dedicarse a hacer una sola cosa; uno de los efectos más comunes es el insomnio y la pérdida de sueño por la prolongada exposición a la luminosidad de las pantallas, con los efectos derivados que eso tiene sobre la vida humana.

Tercero, Efectos físicos: la utilización rutinaria de movimientos mecánicos de las manos y los dedos genera dolores, rigideces, aparecen tendinitis e incluso una nueva enfermedad a la que se ha denominado Whatsappitis y que consiste en la parálisis de la mano por el uso prolongada del pulgar en la acción de pulsar el celular; dolor de cuello, por sobrecarga y tensión en los hombros y cuello, debido a la postura forzada de pasar mucho tiempo con el smartphone en las manos, lo cual genera deformidades, incluso en la columna vertebral, y mucho dolor; dolores de cabeza, motivados por las muchas horas de conexión, con sensación de mareo; problemas de visión, al mirar durante mucho tiempo una pequeña pantalla luminosa lo que requiere un gran esfuerzo para los ojos, lo que se llama fatiga visual digital. Además, las pantallas LED de los dispositivos digitales emiten una luz con elevada proporción de onda corta que produce daño en los ojos y en otras partes del organismo; obesidad digital, esto es el aumento de peso por el sedentarismo permanente. Para redondear, el celular está asociado a ciertos tipos de cáncer, en la piel, en el cerebro, en diversos órganos del cuerpo, debido a la cantidad de ondas electromagnéticas y de radio a que se ven sometidos quienes lo usan y máxime cuando lo tienen pegado al cuerpo y al oído. El abuso de la utilización del celular, que lleva a que se manosee de manera incesante y compulsiva, con poca higiene en las manos, es una condición para que allí se alberguen gran cantidad de gérmenes, hasta el punto de que un celular que se ha usado durante un día puede llegar a acumular hasta 10.000 gérmenes por centímetro cuadrado, muchos más que los que se encuentran en un inodoro; incremento de dolores crónicos en las manos, en la espalda, en las muñecas, en el pulgar…

Quinto. Efectos sociales: El cretinismo digital se manifiesta en el individualismo obsesivo, del que son ejemplo el millón de japoneses que se niegan a tener contacto con el mundo exterior y solamente establecen relaciones virtuales y nunca hablan con nadie ni tienen contacto físico con ningún ser humano de carne y hueso. La soledad, el aislamiento, el deseo frustrante de figuración, el carácter fugaz y artificial de los vínculos virtuales genera perdida de autoestima, desanimo permanente, subvaloración individual y menosprecio por sí mismo al no recibir menajes y respuestas de manera inmediata; otro efecto es la ruptura de vínculos sociales y relaciones personales. Apatía, desanimo y frustración son algunas de las manifestaciones del cretinismo digital, que evidencian la profusión de comportamientos antisociales, al punto que quienes padecen ese mal no parecen seres humanos sino robots amaestrados.

En síntesis, el cretinismo digital es una muestra de que los dispositivos digitales tienen efectos múltiples, o más precisamente “afectan a los cuatro pilares básicos de nuestra identidad: el aspecto cognitivo, el aspecto emocional, el aspecto social y la salud”. [M. Desmurget, La fábrica de Cretinos digitales. Los peligros de las pantallas para nuestros hijos, Península, 2020, p. 183].

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Un importante estudio del neurocientífico francés Michel Desmurget recalca la manera como en el mundo actual se están formando cretinos digitales y se ocupa centralmente de los niños. Pero el cretinismo no solo se ha difundido entre los niños y adolescentes. No, el cretinismo digital es una enfermedad que recorre todas las edades, adquiriendo un carácter intergeneracional que ninguna otra pandemia ha tenido antes.

Por supuesto, la pandemia empieza desde la tierna infancia, desde el momento en que los padres les suministran un artefacto digital a sus hijos y este es manejado de manera incontrolable por niños y jóvenes. Ese es un instrumento que garantiza el funcionamiento aceitado de la fábrica de cretinos digitales.

Ahora bien, ese cretinismo debe enfrentarse porque no es una fatalidad de la evolución humana o algo por el estilo; es producto del capitalismo realmente existente y sirve a sus propósitos de reducirnos a seres pasivos, consumistas, cultores de la lógica mercantil y dominados por las pantallas. Esa lucha empieza por recuperar hábitos, costumbres, formas de comportamiento que van en contra del fetichismo digital. En este sentido e igual que los niños necesitamos palabras, sonrisas y abrazos. Necesitamos recuperar los vínculos sociales y colectivos, desprendernos de los artefactos y usarlos solo cuando sea estrictamente necesario.

En muchos lugares del mundo se está impulsando un minimalismo digital, una forma de combatir el cretinismo y la bulimia digitales. Ya está quedando claro para muchas personas en diversos lugares del mundo lo que significa el cretinismo digital y por eso han empezado a combatirlo de una manera radical: dejando de usar el teléfono celular lo que, en gran medida, es como resucitar, volver a vivir.

Claro, no todos están dispuestos a tomar esa medida, pero otra propuesta apunta a impulsar ese minimalismo digital que supone reducir de manera drástica el tiempo de exposición a las pantallas, y en primerísimo lugar a los celulares. Algunos proponen usar un teléfono de una generación anterior, en el tan solo se pueda telefonear y recibir textos y nada más. Con una medida tan elemental se disminuiría sustancialmente los factores de riesgo que generan el cretinismo digital. Y eso supondría dedicarles más tiempo a los hijos, a la familia, a los amigos, a la lectura, a la política, al arte, a caminar, al deporte, todo lo cual es indispensable en la vida humana y no

Enfrentar el cretinismo digital es una lucha política y no solo sanitaria, porque supone proponer otro manejo del tiempo, que no se reduzca a la mercantilización de todo lo existente. Es recuperar el tiempo de la colonización mercantil y consagrarlo a razonar, pensar y actuar, porque la lucha por otro mundo requiere mucho tiempo libre.

Afrontar el cretinismo digital no significa desconocer la importancia que han tenido las tecnologías digitales en diversos terrenos, sino renunciar a su absolutismo totalitario que ha invadido los más diversos ámbitos de la vida humana y ha pretendido transformarnos de Homo Sentis en Phono Sapiens.

Publicado en: Cultural, titular2

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