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En el Día del Idioma Español, ¿qué debemos celebrar?

01/11/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Amyra El Khalili 

 

El 12 de octubre es celebrado por la comunidad de habla hispana como el “Día del Idioma Español”. La fecha coincide con el aniversario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492.
Sin embargo, esta fecha es controvertida y cuestionable, ya que se trata de la colonización por parte de los cristianos europeos de los pueblos originarios.

Hay movimientos críticos a esta coincidencia de fechas, ya que muchos consideran que “no hay nada que celebrar”.

Discutir y esclarecer ideas sobre la influencia y aporte de la cultura árabe y sus interacciones con los pueblos originarios del continente latinoamericano y caribeño, así como sobre la importancia del idioma español y su alcance y aporte lingüístico en la emancipación de los pueblos y naciones, “Radio Cairo International”, de Mohamed Abd Elkamel, tuvo el honor de producir este programa especial con entrevistas a los historiadores Beatriz Bissio y Ahmad Schabib Hany.

Beatriz Bissio es Profesora Asociada del Departamento de Ciencias Políticas y del Programa de Posgrado en Historia Comparada de la Universidad Federal de Río de Janeiro y también fue directora de la revista Cadernos do Terceiro Mundo.

Ahmad Schabib Hany es Licenciado en Historia por la Universidade Católica Dom Bosco y Master en Comunicación por la Universidade Federal do Mato Grosso do Sul. Fue profesor del curso de Historia de la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul y editor del «Diário de Corumbá».

Aquí están las entrevistas presentadas por Amyra El Khalili, de Brasil y Domingo Antonio Acevedo, de República Dominicana.

En palabras de Beatriz Bissio:

La Asamblea General de las Naciones Unidas determinó que el 12 de octubre se celebre el Día de la Lengua Española.  La iniciativa busca apoyar el desarrollo del multilingüismo y el multiculturalismo. Y también mantener la igualdad de los seis idiomas oficiales de la organización:  árabe, chino, español, francés, inglés y ruso – pues se han definido días de celebración de cada uno de esos idiomas.

Por eso hoy les hablaré un poco de la lengua española, de su origen y su presencia en el mundo, invitada por Mohamed Abd ElKamel y Amyra El Khalil, de Radio Cairo.

Yo soy Beatriz Bissio, nací en Montevideo, Uruguay, pero vivo en Brasil desde la década del 80 y tengo doble nacionalidad. Durante muchos años me dediqué al periodismo, en particular al proyecto de la revista Cuadernos del Tercer Mundo, que circuló de  1974 a 2005 en español, portugués e incluso en inglés, durante un breve período. Yo integré el equipo fundador de la revista, más tarde fui la editora y posteriormente la directora.

Actualmente soy vicedirectora del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales, IFCS, de la Universidad Federal de Río de Janeiro y profesora del Departamento de Ciencia Política y del Programa de posgraduación en Historia Comparada de la misma universidad. Y coordino el Núcleo Interdisciplinario de Estudios sobre África, Asia y las Relaciones Sur-Sur, también en el IFCS/UFRJ.

El idioma español

Los estudiosos definen al español como una de las “lenguas romances”, o sea, una de las lenguas derivadas del latín vulgar. También se encuentran en esta categoría el portugués, el francés, el italiano y el catalán. La lengua española propiamente habría surgido durante los primeros siglos del largo período que la historiografía llama de “Reconquista” -una palabra hoy bastante cuestionada- O sea, se habría forjado a partir del mosaico lingüístico hablado por los cristianos en la península Ibérica entre los siglos VIII y X, cuando los reinos cristianos se unieron para resistir a los que ellos llamaban “moros”, los árabes y los bereberes que dominaron prácticamente todo ese territorio a partir del siglo VIII. En aquel momento no existía “España”, pues la unificación de aquellos reinos ocurriría siglos más tarde.

Actualmente el español es la lengua nativa de más de 460 millones de personas, y como segunda lengua es hablado en todos los continentes. Ocupa el cuarto lugar entre las lenguas más habladas, después del chino mandarín, el inglés y el hindi, según informan Melync Resnick y Robert Hammond en su libro Historia de la Lengua Española.  Como idioma extranjero es también muy estudiado.

En las Américas, el español es la lengua oficial en la mayoría de los países.

En América del Norte es la lengua oficial de México y es la segunda lengua más usada en los Estados Unidos, además de ser hablada por unas 250.000 personas en Canadá.

En América central es el idioma oficial de todos los países menos Belice (país que tiene el inglés como lengua oficial, pero en el cual el español es muy hablado). Y en las islas del Caribe es la lengua oficial de Cuba y de la República Dominicana y la más hablada en Puerto Rico, donde es la lengua cooficial con el inglés.

En América del Sur es la lengua oficial de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Y solo cuatro países no tienen el español como lengua oficial, Brasil (portugués), Guyana (inglés), Surinam (holandés) y Guyana Francesa (francés). Pero se estima que en Brasil hay más de un millón de hispanohablantes y muchos millones estudian el español como instrumento de comunicación con sus vecinos.

En África, el español es la lengua oficial de Guinea Ecuatorial, que fue colonia de España desde el comienzo del siglo XX hasta 1968, cuando proclamó su independencia. En el norte de África, Marruecos cuenta con más de 200.000 hispanohablantes nativos y unas 300.000 personas tienen conocimientos de español. Al sur de Marruecos España instaló un protectorado, el Sáhara Español, que abandonó en 1976. Desde entonces, el Sáhara Occidental es un territorio en disputa, sin gobierno reconocido por las Naciones Unidas, pero en el cual el español es la segunda lengua, después del árabe. En la costa del Mediterráneo Ceuta y Melilla son enclaves de España, donde el idioma oficial es el español, así como en las Islas Canarias. Ese archipiélago -una región autónoma de España, situada a unos 100 km de distancia del continente africano- tuvo un papel destacado en la conquista y dominación del llamado “nuevo continente” por estar a medio camino entre España y América.

En Asia y en Oceanía también el español es hablado por comunidades residentes en Turquia, en Taiwan (colonia española en el siglo XVII) y en Filipinas (colonia española hasta 1898).

Es interesante destacar que el español tuvo influencias de varias otras lenguas y muy particularmente del árabe. Se considera que por lo menos unas 5.000 palabras del español tienen origen árabe, como por ejemplo aceite, aceituna, almíbar, almohada, álgebra, aduana, jarabe, almacén…

En relación con la integración entre el español y el portugués en América del Sur, puedo comentar, como uruguaya y brasileña, que en las regiones fronterizas del Brasil con sus vecinos hispanohablantes ya se habla “portuñol”… una verdadera integración lingüística.

Cuadernos del Tercer Mundo*

Sobre la acogida de la comunidad árabe de los temas tratados por Cuadernos del Tercer Mundo puedo decir que numerosos miembros de esa comunidad eran suscriptores de la revista y que siempre estuvimos muy próximos, inclusive recibíamos muchas invitaciones para dar charlas sobre las coberturas que realizábamos en el mundo árabe.

Durante décadas de visitas de nuestro equipo latinoamericano al mundo árabe y también a través de  artículos de colaboradores de la región brindamos especial destaque a la cuestión palestina. Personalmente entrevisté tres veces a Yasser Arafat, junto con el que fue mi marido, Neiva Moreira, Estuvimos con él en el Líbano, en Argelia, durante la reunión del Parlamento Palestino en el exilio, en 1988, y en Túnez. También entrevistamos a líderes palestinos de los territorios ocupados, poetas como Mahmoud Darwish, en fin, ofrecíamos una amplia cobertura que, en general, colocaba a Cuadernos del Tercer Mundo como la única publicación latinoamericana que mostraba la perspectiva árabe de los temas abordados, no de las agencias de noticias de los países centrales.

Sólo me resta agradecer la invitación para compartir con ustedes estas reflexiones sobre la importancia de la lengua española y felicitar al equipo del Programa Brasileño de Radio Cairo! Sin duda el programa se ha convertido en un valioso puente de intercambio de informaciones entre nuestros pueblos hermanos. Muchas gracias por esta bella oportunidad de dirigirme a los oyentes de El Cairo.

*Fundada en 2011 por periodistas, intelectuales y activistas, Diálogos do Sul es una revista bilingüe, nacida como heredera de la Revista Cadernos do Terceiro Mundo.

En palabras de Ahmad Schabib Hany:

A los oyentes de la Radio Cairo mis agradecimientos. Mi nombre es Ahmad Schabib Hany.

Soy egresado de la carrera de Historia, a la que me dedico simultáneamente con el periodismo desde la década del 1980. Ahora realizo investigación entre el periodismo y la historia en la Maestría de la Universidad Federal de Mato Grosso del Sur, en el Brasil.

El 12 de octubre de cada año la comunidad hispanohablante celebra el Día Internacional del Español, que se considera una das lenguas más habladas en el mundo.

La fecha nos remite al inicio de la colonización castellana en el territorio del continente más tarde llamado América. El español, antes llamado castellano, proviene de los reinos católicos (Castilla y Aragón) que sucedieron a la histórica presencia árabe, de 800 años, en la Península Ibérica.

Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, primeros reyes católicos del territorio que hoy corresponde a España, se decidieron por la expansión de sus dominios por el mundo entre el final de las últimas Cruzadas (en verdad la Toma de Constantinopla a mediados del siglo XVI), el llamado Renacimiento Occidental (cuando cesa el oscurantismo del Medioevo y el temor por el conocimiento, impuesto por la feroz opresión religiosa en Europa y los reinos feudales) y la expansión del mercantilismo, base del capitalismo que ha hecho de Europa el centro del mundo.

La presencia árabe en la Península Ibérica (sobre todo en el territorio que hoy corresponde a España, de 800 años), entre los siglos VIII y XV (del 711 al 1492), ha dado importantes contribuciones a todo el Occidente: ciencias naturales, arquitectura, matemáticas, medicina, anatomía, química, física, historia, literatura, geometría, astronomía, navegación, cartografía, geografía, jurisprudencia, derecho, lingüística, filosofía, gastronomía (culinaria), urbanismo y, además, a los idiomas neolatinos, que contienen etimológicamente alrededor de 30 por ciento de las palabras de origen árabe: azúcar, arroz, aceite, algodón, almacén, albañil, cénit, nadir, álgebra, almíbar, cero, cifra, etcétera.

Además, y en el caso, lo más importante en este tema: la sistematización del castellano (o español) y de su propia gramática fue inspirada en la gramática árabe. Los primeros autores a escribir en castellano, como Miguel de Cervantes y Saavedra (célebre autor de Don Quijote de la Mancha), han sido los primeros a adoptar la morfología y la sintaxis árabe al castellano.

Lamentablemente, pocos son los investigadores contemporáneos que se dedican a estudiar y publicar estos datos, sobre todo a partir del postguerra de 1945 (cuando el sionismo se encargó de borrar de la historia todo el inmenso legado árabe, que, como en bandeja de oro, ofreció a toda la humanidad el legado cultural de la Edad Antigua Clásica, en especial de los sabios griegos y latinos y toda su sabiduría: lógica, geometría, anatomía, historia, geografía, astronomía, física, química y estudios de la naturaleza).

Al contrario de la caricatura sobre la importante civilización árabe que hizo el Occidente en la segunda mitad del siglo XX, el legado árabe (y musulmán) es tan expresivo que en el Renacimiento Occidental España y Portugal fueron los reinos que iniciaron las grandes navegaciones gracias al volumen de conocimiento dejado por los árabes en los siglos de su presencia en esos territorios.

Finalmente, en 800 años de ocupación (no ‘colonización’), los árabes no impusieron su idioma ni su religión, más bien contribuyeron para la formación sólida y consistente de las ciencias y de la cultura. Mientras portugueses y españoles en todos los lugares conquistados (América, Asia y África) han impuesto su religión y su idioma a hierro y fuego.

La historia nos comprueba todo esto con ejemplos elocuentes: ¿Cuál es la excolonia hispánica que no habla el español y no tiene el catolicismo como religión mayoritaria? No hay ninguna, a no ser que haya sido colonizada posteriormente por el Reino Unido, por Francia o por los Estados Unidos.

A la vez, ¿quiénes fueron los célebres sabios Ibn Sina (Avicenas), Ibn Roshd (Averroes), Omar Khayam (Omar Jayam), Al-Ghazali (Algazel) y Yabir Ibn Hayan (Geber)? Ejemplo de respeto a la diversidad cultural y referencia en lo que se conoce como tolerancia a las idiosincrasias, gracias a los árabes fue posible, durante el Renacimiento Occidental, rescatar todo el legado de la Edad Antigua Clásica, de cuya existencia los árabes fueron protectores y difusores para la humanidad.

Conocer la Historia Árabe y su importante legado cultural es fundamental para tener una base sólida de la Historia Universal. Los afamados estudiosos Arnold J. Toynbee y Edward Said son imprescindibles para iniciarse en esos estudios. El primero es un clásico de la Historia Universal o General y el segundo es brillante crítico del Orientalismo occidental. Ambos son una importante referencia en cualquier estudio en esa dirección. Conocer un poco sobre los árabes es conocer las bases del castellano y de la Historia de la Península Ibérica y, por extensión, de la propia humanidad.

Agradezco a los oyentes, al equipo de Radio Cairo y en especial a Mohamed Elkamel y a Amyra El Khalili por la oportunidad de esta integración entre pueblos y naciones.

¡Imsha Alah! Schabib Hany

Publicado en: Cultural, titular2

Entrevista al reconocido filósofo francés Eric Sadin: “Estamos en un proceso de pantallización de la existencia”

23/10/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Eduardo Febbro

 

El destacado ensayista radiografía las estructuras mediante las cuales el tecnoliberalismo creó un mundo que nos lleva hacia nuestra destrucción a través de lo que llama “la tiranía del individualismo”, que se proyecta en redes sociales repletas de insultos y monólogos vacíos.

Eric Sadin, autor de “La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común.”. Imagen: Katia Oudot

Hablar mal del mundo contemporáneo, sacar a flote sus bastas hipocresías y manipulaciones tecnológicas más allá del agotador diagnóstico sobre el neoliberalismo no es una tarea tan común como se cree, sobre todo si el mal forma parte casi de cada poro de nuestra piel. El filósofo francés Eric Sadin viene hablando mal de nuestro mundo desde hace varios libros –todos traducidos y publicados por Caja Negra editora. Mal quiere decir que ha radiografiado como pocos las estructuras mediante las cuales el tecnoliberalismo creó un mundo que nos lleva hacia nuestra propia destrucción sin que nos demos verdaderamente cuenta. Jugamos, escribimos en las redes, compartimos fotos, insultamos a periodistas o enemigos siempre con la ilusión de que, con cada nueva tecnología, somos más autónomos. Es una trampa que nos llevó al mundo del último libro de Sadin: “La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común.” Precisamente, de común queda muy poco y abundan las tiranías, no la de los sistemas o regímenes políticos sino la de individuos dispersos, llenos de odio, de rabia o dislocados que tiranizan lo que encuentran a su paso. No les importan los otros, sino solo ellos. Son la expresión más acabada de la abolición continua de todo lo que era común.

En esta entrevista con Página/12, Eric Sadin nos presenta el engañoso mundo en el que vivimos enganchados de Twitter, Facebook o Google al mismo tiempo que perdemos nuestra esencia, nuestra sensibilidad y nuestra subjetividad. El Metaverso será la próxima trampa.

“Este libro nació caminando por París. Empecé a ver cosas que pasaban, veía gente que se disputaba, otras veces la gente me empujaba y hasta más de una vez casi me atropella un auto. Todo esto estaba, además, envuelto en una suerte de tristeza, de desesperanza. De pronto, todo esto resonaba con los acontecimientos del mundo, como si el mundo tuviera la primacía de su propia ley sobre el orden común. Escribí entonces una suerte de genealogía crítica de cómo hemos llegado a donde estamos. Me inspiró la idea del filósofo Michel Foucault acerca de ser una suerte de historiador del presente para marcar los acontecimientos decisivos que se están produciendo. La primacía de cada individuo sobre las reglas comunes. Ese fue el origen del libro, es decir, la aparición de una nueva figura, de un nuevo posicionamiento del individuo. Sólo más tarde entendí que todo esto estaba ligado a la disolución del zócalo común. Estamos viviendo el resultado de dos fenómenos decisivos: el primero es el largo proceso de desilusión progresiva ante la palabra política, las promesas políticas y, por consiguiente, de los principios comunes. A partir de los años 70, cuando empezó el giro liberal, empezó a romperse el pacto de confianza. Allí se da la creencia de que el vector de la sociedad es el individuo y no la organización política. Esta extrema individualización fue alentada por el ethos económico político. No se trata de una iniciativa individual sino de una idea propagada por el ethos según la cual la riqueza y el desarrollo vendrán de la fuerza de los individuos. De alguna manera, nos dejaron libres hasta abandonarnos. Al final de cuentas terminó por romperse aquello que nos mantenía juntos.”

“El segundo fenómeno capital es el de los clouds económicos. En un primer momento esos útiles favorecieron los fenómenos de individualización: el auto, el microondas, los reproductores de video, el walkman. Se trataba de poder gestionar la propia vida como se quería, a su propio ritmo, con la ilusión de que se estaban ganando márgenes de autonomía. Recién a finales de los 90 aparece el fenómeno más decisivo, fundamental: la aparición simultánea del teléfono móvil e internet. De pronto, ese sentimiento de individualización se transformó en la ilusión de que se había ganado en autonomía, en movilidad, en independencia, en capacidad de gestionar su vida según los términos del nicho neoliberal, es decir, gracias a útiles que daban los medios para inscribirse en esa lógica. Luego, el momento fundador de nuestra actualidad ocurrió en 2005 con la creación de lo que se llamó el WEB2. Desde ese momento los individuos adquirieron la capacidad de dejar de ser espectadores de las páginas internet visitadas para poder intervenir. Ello trajo esa invención genial del tecno liberalismo que son las redes sociales, las cuales les dieron a los individuos el sentimiento de ser importantes mostrando secuencias de sus vidas o revelando públicamente sus opiniones.”

“Yo nunca he hablado de redes sociales sino de plataforma de la expresividad. De allí que tampoco hablo de post verdad sino de atomización de la verdad en un proceso en el que cada individuo forma su verdad plegándose a sus propias frustraciones, dificultades, fracasos o angustias y, encima, con la capacidad de crear sus propias redes informacionales. La mezcla de la hiper individualización con la posibilidad de estar dotados de tecnologías para la expresividad y la afirmación de uno mismo creó una nueva situación social, económica y política: se instauró la primacía de la propia persona, de la palabra propia a través de instrumentos de interferencia entre los individuos. Esos instrumentos llegaron a un punto tal que condujeron a lo que llamé ‘un estado de aislamiento colectivo’. Las acciones de la vida humana se realizan cada vez más a distancia a través de pantallas.”

-Se trata de un camino derecho no hacia a una nueva construcción sino hacia la destrucción. Usted define este momento histórico como “la hora de los ajustes de cuentas”.

-¡ Absolutamente! Hay tanto resentimiento como ganas de ajustar cuentas. El resentimiento viene de muy lejos, mucho más allá de las generaciones. Son los abuelos que han vivido muchas decepciones como las crisis económicas, el desempleo masivo, la generalización de las desigualdades. Las generaciones posteriores atravesaron las mismas dificultades, con lo cual el resentimiento se fue transmitiendo de generación en generación. Luego, con los instrumentos de la expresividad, de la hiper individualización y de la exposición de sí mismo le permitieron a cada persona ajustar las cuentas con las fallas y los resentimientos y la injusticia. El genio del tecnoliberalismo radicó en que puso en manos de los individuos los instrumentos para que puedan mostrar sus resentimientos y sus descontentos. Y ello según modalidades que alientan la acepción, las formas definitivas como ocurre, por ejemplo, con Twitter. El tema de la interfaz es decisivo. Decir, como en Twitter, una verdad en 280 caracteres… ¿hacia dónde vamos?

Son afirmaciones definitivas y, al final de cuentas, el rechazo del otro. Ese es precisamente el advenimiento de los tiranos: cuando el otro no es que deja de existir, sino cuando mi palabra vale más que todo, está primera que todo. Twitter es un soliloquio continuo. La gente habla sola, aunque tenga la impresión de intercambiar. En Twitter no hay intercambio. Hay una jerarquía en la cual mi palabra está en primera línea, no existe nada horizontal. Y, en todo esto, la gran paradoja de los movimientos anticapitalistas está en que se expresan a través de plataformas de Silicon Valley. Es una imagen perfecta de la impotencia y del fracaso de las modalidades. ¡Es grotesco! Hoy hay una distancia, un hiato entre el flujo de palabras, de verbo, que no produce nada más que los olvidados del presente, y la falta de acción que constituye uno de los dramas de nuestro tiempo. ¿Qué es la condición política según Aristóteles y luego redefinida por Hannah Arendt ? Es un buen equilibrio entre la acción y el verbo. La acción está primero y el verbo viene luego a comentar esa acción para ver cómo se pueden mejorar las cosas. La acción permite que se juzgue y el juicio a su vez permite rectificar.

Hoy estamos en una situación que consiste en creer que la palabra sirve como política. Pero hoy, la palabra sirve para la vanidad y para generar beneficios a las plataformas de Silicon Valley. La gente cree que generando discursos que no sirven para gran cosa en las redes sociales se llega a algo. Eso es una catástrofe social y política. No produce nada y es peligroso en el seno de una sociedad en la cual cada persona hace valer en las acciones y las palabras la primacía de uno mismo porque puede conducir a lo que he llamado “un posible totalitarismo de la multitud”. Sería como un fascismo de un nuevo tipo que no estaría dirigido por figuras sino por una crispación de todos contra todos. Ese es el peligro latente de la nueva condición política: la negación total del otro. Los años 2010 fueron el germen de este ethos posible que no cesa de germinar. Si se radicaliza puede conducirnos a situaciones desastrosas.

-En la Argentina hay un ejemplo sobre esa forma de locura totalitaria con el fallido intento de asesinato contra la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner por un grupo de fascistas tiránicos. Usted ha tratado esos fenómenos en uno de los capítulos de su libro que se llama, precisamente, “Las tablas de mi l-Ley”.

-Hay personas cada vez más numerosos que, tras muchas decepciones a lo largo de los anos, dejan de creer en el pacto social o en el valor de la palabra política como rebajadora de los sufrimientos individuales. Entonces, la verdad pasa a ser únicamente la de su propia subjetividad burlada y agraviada. Ello los lleva a intentar imponer su propia ley y llegan hasta el asesinato de los supuestos responsables de sus interminables males y humillaciones.

-Todo esto creó un individuo no participativo, que se esconde, que no adhiere a nada, que se aleja y, al mismo tiempo, participa.

-Todo el mundo participa en la vida social al mismo tiempo que la gente se siente muy rechazada. El gran interrogante que se nos plantea es el siguiente: ¿Qué hacemos con nuestra impotencia? ¿Acaso la transformamos en instrumento de potencia que no destruya al otro? ¿O acaso usamos las modalidades que paralizan las posibilidades de construir en común al mismo tiempo que bloqueamos las capacidades de nuestra propia emancipación personal? Nos encontramos en un estado creciente de impotencia. Hay grandes fuerzas que deciden sobre la dirección general del mundo. Desde el giro liberal hay potencias económicas que afirmaron la primacía de los beneficios de las lógicas económicas a todos los niveles de la sociedad. Esa lógica nos llevó a la impotencia, es decir, a sentirnos como un solitario engranaje entre tantos otros que hay en la sociedad. Ahí está también la clave de la atomización.

Desde la Revolución Industrial la lógica de la sociedad estuvo orientada hacia la obtención de beneficios y ello hizo de las personas simples engranajes. El modelo emblemático de esto es el paso del artesano al obrero. El artesano era el propietario de su modelo de producción con todo el conocimiento que tenía. La organización tecnoeconómica desplazó al artesano y creó esta sociedad moderna en la que somos un mero engranaje. Peor aún, desde hace un cuarto de siglo, el sentimiento de impersonalización, la sensación de inutilidad y de invisibilidad de uno mismo llegó a un grado tal que ya se trata de humillación. Al mismo tiempo, a través de las plataformas para la expresividad de uno mismo, el tecnoliberalismo creó instrumentos para resaltar la importancia y la visibilidad de  uno mismo, para reafirmar nuestra importancia ante los demás. Hay como una trampa donde esa impotencia conduce a un camino sin salida que no se ve. Cada individuo cree que va por su propio camino, que obtiene el reconocimiento y la legitimidad. Pero esto no construye nada.

-El individuo tirano está en el centro de todo esto. Es incapaz de tener lazos constructivos.

-Pienso cada vez más en el presente que viene, en el presente inminente. Mucha de las cosas que nos ocurrieron en los últimos 20 años por medio de la híperenergía del tecnoliberalismo, de la industria digital, de la Silicon Valley, fue a una velocidad tan impresionante que, cada vez que reaccionamos, lo hicimos después del hecho. Nos cuesta entender qué está ocurriendo en el presente. En este libro está el diagnóstico del individuo tirano, de la crispación en la que vivimos, de este camino sin salida y de sus ilusiones, que son potentes, y, también, el hecho de que todo esto está consolidándose y agravándose sin que se cristalice la capacidad de actuar masivamente. Creo que hay que restaurar la gran vocación de la política institucional como los servicios públicos, la posibilidad de que las instituciones garanticen la salud, el bienestar, la educación, es decir, todo lo que desde hace 50 años fue puesto bajo la óptica de una lógica de contabilidad.

Hoy hay una conciencia de que las cosas fueron demasiado lejos. En Estados Unidos y en Europa hay decenas de millones de personas que renuncian a sus puestos de trabajo. Creo que nunca como hoy se dio un fenómeno tan grande de saturación a todos los niveles, las condiciones de trabajo, las políticas económicas, y, al mismo tiempo, jamás hubo como hoy tantas ganas de otra cosa. El COVID fue un amplificador de este fenómeno. Estamos en el inicio de una toma de conciencia. Nunca hubo antes una tal celebración por lo alternativo. Hay un montón de gente que de un día para otro lo deja todo para ir al campo a hacer perma agricultura, o se van a abrir librerías, cooperativas, o crear asociaciones para trabajar artesanalmente. Es muy interesante porque quiere decir que hay voluntades para crear modos de funcionamiento más virtuosos, con relaciones más equitativas entre las personas, más respetuosas de la biosfera. Sin embargo, este movimiento no se plasmó aún en una sociedad. Pero es precisamente ese movimiento al que hay que alentar. Es preciso institucionalizar todo lo que es alternativo. Si los años 2010 fueron años durante los cuales de forma ciega e ideológica se respaldaron las start-up, lo que, al final, desembocó en lo que llamé la mercantilización integral de la vida, hoy es preciso que el dinero público vaya hacia todas las iniciativas alternativas en todos los campos de la vida. Aquí estaríamos en una acción crítica ante el presente y se buscan los medios para el futuro. Estamos en un momento pivote. Si no nos preguntamos a quién tenemos adelante, hacia dónde y cómo nos organizamos, estamos perdidos.

Temo que lo que he llamado “el estado de aislamiento colectivo” organizado por toda una historia económica y las tecnologías personales con la pantalla como instancia llamada a ser un útil de interferencia mayor entre los individuos atrase o perturbe lo que también llamo “la primavera de lo colectivo” y las iniciativas alternativas. Estamos en un proceso de multiplicación de las pantallas, la pantallización de la existencia, y de la sacralización de las redes sociales que no hará más que incrementar el estado de aislamiento colectivo. Eso es precisamente la meta del Metaverso que apunta a que, cada vez más, las acciones de la vida humana se operen a distancia a través de las pantallas. Esto es la intensificación de un proceso de aislamiento de los individuos, de racionalización de la sociedad y de mercantilización: habrá una calificación continua de todos los gestos, sean las miradas, los ritmos fisiológicos, una comprensión física y psicólogica del cuerpo de forma continua. Estamos ante un proyecto de control absoluto de lo colectivo y lo alternativo. Aquí hay verdaderamente luchas. Habrá luchas contra un tecnoliberalismo que solo apunta a acentuar la curva mediante la inteligencia artificial, la interpretación de los comportamientos, al que llamo “la organización algorítmica de la existencia”, con la meta de racionalizar a la sociedad. Este es el gran combate por la civilización para este y el siguiente decenio.

-Usted lo puntualiza con mucho fervor y pertinencia: la gente no mide el impacto que las tecnologías de la información han tenido sobre nuestra psicología colectiva.

-Una de las metas este libro sobre el individuo tirano fue precisamente observar las incidencias de estas tecnologías en nuestra psicología y en nuestro psiquis y las forma en que estas tecnologías nos han modificado. Creo que es preciso volver a ver la historia de las técnicas bajo la lupa de la historia de las posturas del cuerpo. Hoy tenemos un cuerpo móvil y un cuerpo maliciosamente orientado. Esta movilización de las pantallas y las señales que organizan hasta el confinamiento con los Metaversos hará que la verdad provenga mucho más de las pantallas que de nuestros semejantes, los otros. Nos entregamos a las herramientas tecnológicas para organizar nuestra existencia en vez de hacerlo con nuestras intuiciones, los otros, con formas de construir conjuntamente. Todo nos reenvía a la interfaz y al agotamiento de lo sensible.

-Pero en esta historia no somos inocentes: hemos participado mansamente en esta inmensa mascarada organizada por el tecno liberalismo. Usted escribe a este respecto que fuimos “corderos dispuestos, adormecidos. Hemos expandido los instrumentos de nuestra sumisión”.

-Hemos sido impotentes convencidos de que teníamos una inmensa capacidad de acción. Sin lugar a dudas que hemos caído en la trampa de un procedimiento económico que organizó el control de nosotros. Al mismo tiempo que ese procedimiento desplegaba su control sobre nosotros producía instrumentos que nos hacían creer que éramos autónomos. Es extraordinario. En este 2022 tenemos los medios de rever toda la historia del capitalismo como una historia de la técnica, como una historia tecnoeconómica. Cuando las lógicas y los procesos económicos se organizaron para alcanzar su máximo de optimización y de productividad, especialmente a través de la mecanización del trabajo, se organizó también el modelo según el cual cada individuo no es más que un engranaje y, por consiguiente, la pérdida de valor del propio individuo en todos los niveles de la sociedad. Simultáneamente, esas mismas lógicas económicas produjeron instrumentos que dieron la impresión de que acentuaban nuestra autonomía: el primero fue el auto, que pasó por ser un instrumento de libertad. Sin embargo, con internet, los teléfonos móviles y todas las plataformas se llegó a un punto en el cual, sin piedad, ese mismo tecnoliberalismo, que fue organizado en sus modelos de producción, fue el que le dio a los individuos los instrumentos mediante los cuales creyeron que se habían liberado, que se expresaban mejor, que ganaron márgenes de autonomía.

Todo el mundo cayó en la trampa con la idea de la emancipación mediante las redes. Es una broma haber creído que escribiendo en un teclado en los foros de discusión se creaba un proceso emancipador. El discurso desarrollado por toda esa industria dejó suponer que cada persona iba a trazar su propio camino y realizarse mediante la satisfacción. Fue una trampa absoluta tendida por una industria que supo hacemos caer en la trampa con la idea de una suerte de ebriedad de nuestra expresión y de nuestra supuesta autonomía. Eso es precisamente el aislamiento colectivo. Creo que una de las luchas políticas decisivas de esta década es la lucha por la reconquista y la reafirmación de nuestra sensibilidad, de nuestras capacidades sensibles. Hay que restaurar las modalidades sensibles. La era del individuo tirano es el momento en que se acepta con ignorancia y resignación mantener relaciones con el mundo y los demás únicamente a distancia y a través de las pantallas. Se pasó de la economía de los datos y de las plataformas a la economía de la distancia. ¿Somos acaso conscientes de la catástrofe que nos acecha y de esta interferencia de las pantallas y la introducción de mediadores y nuevos espías? El Metaverso es un gigantesco instrumento para conocernos e interpretarnos con la idea, una vez más, que seremos más autónomos. No seremos nada. Lo que habrá es un lazo umbilical aún más fuerte con grandes empresas privadas que nos guiarán así en todo momento en una existencia íntegramente algorítmica. La temática de lo sensible y de su expresión es una cuestión política fundamental. Eso es lo que está apareciendo poco a poco. Se trata de medir la proporción entre ambas fuerzas.

Publicado en: Global, titular2

El ocaso de los intelectuales y el extravío de la razón

16/10/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Isaac Enríquez Pérez 

Quizás una de las ausencias más palpables en la vida pública sea la de los intelectuales. Eclipsados por la comentocracia y sus corifeos bufonescos, dejaron de plantearse las preguntas en torno a los problemas fundamentales de la humanidad, así como los argumentos de peso revestidos de un aura de filósofos y estadistas. La comentocracia les suplantó aupados en el poder y en el alcance de los mass media y las redes sociodigitales; e hicieron de la trivialización de la palabra y de la praxis política –en tanto espectáculo y parodia– el argumento central de su teatralidad mediática.

Provenientes de la ciencia, la literatura, la filosofía o el cultivo del pensamiento, los intelectuales clásicos (recordemos a Raymond Aron, Pierre Teilhard de Chardin, José Ortega y Gasset, Jean Paul Sartre, Albert Camus, George Orwell, Michel Foucault, Gore Vidal, Frantz Fanon, Carl Sagan, Umberto Eco, Norberto Bobbio, Giovanni Sartori, Edgar Morin, Octavio Paz, Juan María Alponte, Noam Chomsky, entre muchos otros) gozaban de amplios círculos de lectores y audiencias. Dispuestos a ejercer un uso público de la razón, por lo regular gozaban de un sofisticado juicio político y no pocos se identificaban con causas sociales en pro de la justicia y en contra de la opresión. Aunque los hubo –a lo largo del siglo XX– que se identificaron con los fascismos y el nazismo, como fue el caso de Martin Heidegger. De tal forma que la calidad académica e intelectual no es sinónimo, en automático, de coherencia y sagacidad en el juicio político/histórico.

Al ejercicio del pensamiento crítico, estos intelectuales clásicos aunaban la pretensión de mover y refrescar la conciencia y provocar a sus lectores y audiencias, abriendo con ello nuevas perspectivas sobre los  problemas públicos y evidenciando las contradicciones y sentido de los mismos. Posicionados más allá de falsas dicotomías o dilemas, su mensaje o argumentos abrevan de ciertas dosis de paciencia y sabiduría; aunque también algunos, a lo largo del siglo XX, reincidieron en exageraciones e, incluso, en arrogancias y jactanciosidades.

Su proclividad a la vanguardia hizo de este intelectual clásico un perspicaz agente que incentivaba el cambio social y despertaba respeto a sus ideas; aunque también existieron aquellos que reivindicaron el statu quo –el caso más emblemático en el mundo de haba hispana sería Mario Vargas Llosa– y se mostraron partidarios o seguidores de alguna corriente ideológica. En esa lógica de las vanguardias fueron capaces de identificar los problemas trascendentales de la humanidad, abrir y difundir argumentos estructurados y orientados a detonar debates públicos, no pocas veces dotados de análisis histórico y de una perspectiva estratégica que pretendía incidir en el curso de los acontecimientos y en la formación de la opinión pública y de la cultura política.

Sin embargo, el ocaso de los intelectuales se presentó a la par del marchitamiento de la cultura ciudadana y de la desciudadanización de la política. Una especie de anestesiamiento e individualismo a ultranza se cierne sobre la racionalidad de las sociedades contemporáneas, y ese adormecimiento inhibe la posibilidad de ejercer el pensamiento crítico. Ese entorno social, que lo mismo incluye a sujetos, organizaciones como los sindicatos, gremios y universidades, los movimientos sociales y las comunidades de base, constriñe toda posibilidad de razonamiento y de despliegue de procesos cognitivos de largo aliento. En buena medida, ello explica la muerte de la clase intelectual y la entronización de la racionalidad tecnocrática, que privilegia el despliegue de supuestos expertos o especialistas en los mass media y en las redes sociodigitales.

La dimensión filosófico/histórico/ética que manejaba la clase intelectual fue suplantada por una voz que comenta el acontecer coyuntural pero que no penetra en las raíces profundas de las problemáticas sociales. El comentócrata es un avezado especialista que, si bien puede ofrecer un discurso cuasi técnico –y no pocas veces circular–, no provoca una agitación radical de las conciencias ni forma ciudadanía. Recurre más a un discurso descriptivo y superficial que apela más a las emociones de los sujetos que al pensamiento y la razón, contribuyendo con ello a hacer del espacio público un espectáculo y una arena para el despliegue de la polarización. Este especialista no hace más que acompañar las noticias del día, tras realizar cierto encuadre, pero su análisis no suele escapar de lo coyuntural, ni ofrecer siquiera una perspectiva de conjunto de la realidad. Entonces la especialización se impone a la mirada omniabarcadora del intelectual y se socava toda posibilidad de análisis amplio y reposado. Con ello tiende a ascender la mercantilización de las ideas y de la palabra, en tanto que los intereses creados definen lo que se comenta o difunde o no en los mass media a partir de ciertas agendas de temáticas mediadas por esos intereses y por la forma particular en que esos comentócratas y think tanks observan y conciben los problemas públicos.

Se comenta sobre la personalidad de Donald Trump, el conflicto ruso/ucraniano, la caída de las Torres Gemelas, la pandemia del Covid-19, etc., pero no se analizan las causas profundas y el sentido histórico de esos acontecimientos, sino que se aborda cierta apariencia de los mismos y se establece desde esos poderes fácticos que controlan los mass media y las redes sociodigitales lo que es verdad o lo que no lo es. En estos discursos de los especialistas se entrecruzan también los rasgos de la era de la post-verdad con una narrativa hegemónica que encauza unos temas y no otros, que apela a los sentimientos del homo videns o del homo digitalis y no a sus procesos cognitivos y a las perspectivas de larga duración. Entre esos expertos comentaristas destacan Yuval Noah Harari, ­Niall Ferguson, Paul Krugman, Moisés Naím, Michel Houellebecq, Samuel P. Huntington, Francis Fukuyama, Fernando Savater, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Jorge G. Castañeda, entre otros. Varios de ellos más cercanos al histrionismo, la política-ficción, el maniquismo y la descalificación respecto a aquello que les inspira fobia o ira. Es de destacar que sus planteamientos no soportan el fuego de la contrastación histórico/empírica a que llama la deliberación pública regida por el pluralismo.

En el extremo, algunos representantes de la comentocracia rayan en lugares comunes y en actitudes de bufones que lapidan a aquel que piensa diferente. Se erigen en todólogos que suponen contar con el elixir ante los problemas públicos sin siquiera lograr diagnósticos certeros y dotados de rigor metodológico. Más preocupados por el teléfono móvil y los trending topics del Twitter, su obscenidad llega a los set de televisión, comentando casi de todo sin pudor y sin temor a equivocarse. Fungen más como voceros de algún partido político o de los intereses corporativos y financieros del gran capital. Con la pandemia del Covid-19 lo mismo opinaban –sin respeto ni rigor alguno– de sus orígenes, que de epidemiología, vacunas, omisiones de los Estados, el uso de la mascarilla, etc.

La sociedad de los extremos regida por la polarización ideológica pulsiva cancela toda posibilidad de reinvención del intelectual, y hace de los comentócratas simples ideólogos que abogan por una u otra causas. Se impone, entonces, un discurso faccioso que apela a la división y a la ausencia de posibilidades de conciliación. No hacen más que poner en palabras intereses creados de distinto signo para inundar las redes sociodigitales y apelar a las emociones pulsivas de los internautas, sin reparar siquiera en la posibilidad de ejercicio del pensamiento autónomo y en la articulación de una narrativa mínimamente coherente.

El ocaso de los intelectuales marcha a la par de la pérdida de sentido en las sociedades contemporáneas, así como de la erosión de la función orientadora que éstos desplegaban respecto a los grandes problemas mundiales y nacionales. Si bien existen intelectuales de peso hoy día (Jürgen Habermas, o el mismo Noam Chomsky, por ejemplo), su influencia tiende a ser menor y a diluirse en medio de la industria mediática de la mentira y de la tergiversación semántica. Esta pérdida de valor del intelectual y de sus funciones, también son experimentadas por organizaciones como las universidades, las editoriales, los periódicos, las revistas de análisis, etc. Arrasa, entonces, un pensamiento rapaz y socavador que fortalece consignas ideológicas al ritmo no de argumentos y sí de opiniones sin sustento y de golpes de voz que opacan a quien piensa y actúa diferente.

Salir de las prisiones de este pensamiento hegemónico que diezma y lastra el oficio intelectual es una urgencia en las sociedades contemporáneas ante el constante asedio mediático de trogloditas de la palabra que pretenden espectacularidad y no la construcción de argumentos razonados. Solo el ejercicio del pensamiento crítico y la diversidad de ideas salvarán de esa lógica implacable impuesta por la comentocracia y los fastuosos intereses que reivindican. Lo contrario nos conduciría a un nuevo oscurantismo y a la definitiva pérdida de rumbo y proyecto en el curso del colapso civilizatorio contemporáneo.

Isaac Enríquez Pérez, Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos.

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El fin de la abundancia de agua dulce. Por un nuevo marco de gobernanza que gestione su vulnerabilidad

10/10/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jesús María Veci de la Fuente

                                                           Soberanía hidrica como principio del modelo del resto de soberanías

El agua también tiene sed:

Sed de miradas admiradas.

Sed de cauces sin tapias.

Sed de sedientos limpios.

Sed de riegos ajustados.

Sed de sorbos de vida.

Sed de transparencia.

Sed de soñadores despiertos.

Y solo, nosotros, los sedientos, podemos dar de beber al Agua

‍Joaquín Araújo

 

Este otoño comprobaremos la crisis de diésel y ya no se va a poder negar lo evidente, la escasez de esta materia prima es la primera fase de un proceso mucho mayor. La relocalización productiva. El diésel es la matriz energética del transporte, ya que los grandes motores funcionan basándonos en él.

La primera merma que va a producir el descenso del Diésel es la caída del modelo global, no van a persistir caudales energéticos que conserven el entramado del transporte globalizado. Ni quedan flujos tampoco para mantener el armazón complejo sistémico. Este fenómeno, que podía estudiarse con mayor detenimiento, nos pone en la tesitura de que más temprano que tarde haya que circunscribir toda la producción en lo cercano. Puesto que los flujos de mercancías provenientes de mercados exteriores. Van a ir desapareciendo paulatina. (Ya veremos). Pero inexorablemente. La situación en la que nos encontramos nos va a exigir una reforma de la estructura económica, social y sobre todo legislativa. Puesto que la mayoría de ese entramado se realiza a partir de una óptica que ya no existe. Hemos llegado a la época de la escasez y el eje fundamental desde donde implementar las políticas es la optimización de procesos y flujos, siendo la austeridad la matriz principal a partir de la cual desarrollar los modelos económicos y sociales.

La relocalización es un proceso y la fase más urgente por su carácter estructural es la alimentaria, y no puede ser solo productiva.

Se debe transformar toda la concepción agrícola tal y como la conocemos en la actualidad, para adaptarla a la realidad de escasez y de dependencia en la que estamos.

Los prototipos a propugnar son otro debate.

Puesto que ahora vamos a hablar de la matriz principal de cualquier modelo agrario que se quiera configurar para que sea primero resiliente, luego diversificado y al final óptimo y democrático.

CRISIS CLIMÁTICA PRIMER FACTOR DE ESCASEZ HÍDRICA, SEQUÍA

La ola de calor de este verano promete ser recurrente y mucho indica que, de mayor vigor.

El efecto de doble chorro, que va a ser persistente, augura sequías largas e intensas.

Desde este enfoque. Es necesario revisar las direcciones hídricas.

Y reformular el modelo de gestión, puesto que no afronta el problema de forma válida.

La política nacional justifica un uso del agua sesgado para intereses de prácticas económicas, energéticas y de regadío, partiendo de tres premisas falsas que posibilitan que de facto el agua no sea un bien público.

La primera es que no se justifica de manera razonada que la privación sea solo física. Esto quiere decir que esa escasez, que es de origen socioeconómico. Podría ser eliminada mediante una gestión adecuada del agua.

La segunda consiste en que no se estudian las alternativas a la construcción de más embalses y trasvases como solución a la escasez.

La tercera es la ausencia de un serio debate público argumentado y razonado que deslegitima todo el entramado que hay detrás de una nefasta gestión, para servir a intereses privados.

Seguimos tratando al agua dulce como un bien abundante, aunque en realidad nunca ha sido así y en la actualidad mucho menos. Los registros de observaciones y las proyecciones climáticas aportan abundante evidencia de que los recursos de agua dulce son vulnerables y pueden resultar afectados por el cambio climático. Con muy diversas consecuencias para las sociedades humanas y los ecosistemas. Se proyecta que, a mediados del siglo XXI, como efecto del cambio climático, la escorrentía fluvial promedia anual y la disponibilidad de agua, disminuirán en las regiones secas de latitudes medias. Muchas áreas semiáridas y áridas (por ejemplo, la cuenca mediterránea). Están expuestas a los efectos del cambio climático. Y soportarían una disminución de sus recursos hídricos como consecuencia de él. Así mismo, las modificaciones de la cantidad y calidad del agua. Afectarían a la disponibilidad, la estabilidad. La accesibilidad de los alimentos. Se prevé una disminución de la seguridad alimentaria.

También El cambio climático afecta a la función y utilización de las infraestructuras hídricas existentes. En particular, la energía hidráulica, las protecciones estructurales contra inundaciones, el drenaje, y los sistemas de riego. Así como a las prácticas de gestión hídrica.

El cambio climático. Desafía la hipótesis tradicional de que la experiencia hidrológica del pasado. Es un antecedente adecuado para las condiciones futuras.

Los principales dinamizantes climáticos que disponen la disponibilidad de agua son:

La precipitación, la temperatura y la demanda evaporativa.

(Determinada por la radiación neta en la superficie del terreno).

La humedad atmosférica, la velocidad del viento y la temperatura).

El clima de la Europa meridional, que es ya cálido y semiárido. Se calentaría y secaría aún más. Amenazando así sus vías navegables. Sus hidroeléctricas, y su producción agrícola y maderera. La precipitación estival disminuiría en la Europa central y oriental, agravando con ello el estrés hídrico. El efecto conjunto de la subida de temperaturas y de la disminución de la precipitación estival incrementará la frecuencia de olas de calor y de sequía. Es probable que las áreas que padecen estrés hídrico grave (es decir, una proporción extracción/ disponibilidad superior al 40%). Aumenten en extensión por efecto tanto del cambio climático como de un mayor consumo de agua, y que ello intensifique la competencia por los recursos hídricos disponibles.

ANTE LA ESCASEZ FÍSICA, UNA NUEVA VISIÓN DE GESTIÓN

La gobernanza hasta la actualidad de los recursos hídricos se ha basado en la incrementación de los aportes naturales mediante la construcción de canales, de embalses y de trasvases. Consistiendo la gestión Hidrológica en la planificación de estos.

El principal inconveniente a resolver consiste en cómo garantizar los suministros en las cuencas con déficit. Cuando el principal problema consiste en estudiar cuáles son las auténticas causas del déficit de agua, con el fin de proponer, posteriormente, soluciones alternativas

De hecho, si se pusiera “orden” en cada Cuenca se vería el enorme potencial de suministro que proporciona la gestión sabia del agua frente a la opción centrada en más embalses y trasvases. Según Losada (1994) se pueden recuperar sin problemas 5.000 Hm³de los 10.000 que se controlan con las infraestructuras existentes.

Las políticas hidrológicas. Son muy dependientes de los intereses de compañías constructoras y eléctricas. Mientras su ideario de gestión descansa en dos pilares básicos.

La generación de infraestructuras y los trasvases desde las cuencas con excedente hacia las cuencas deficitarias. Las cuales son bastante limitadas a la hora de acometer el problema de la escasez.

GESTIÓN ÓPTIMA DEL BIEN HÍDRICO.

Para poder hablar de una gobernanza eficiente del agua. Hay que exponer la modernización en la distribución de este recurso, pero también de ahorro de las redes distributivas, como de un mejoramiento en la gestión, en su inicio en la cuenca Hídrica y respetando la base que produce su optimización, el ciclo del agua.

La escasez, de origen físico. Puede agravarse por la existencia de un comportamiento derrochador. Que intenta imitar pautas. Inviables en entornos menos favorecidos por el agua.

Las pérdidas en las redes de abastecimiento son enormes, todo lo cual agrava la situación de escasez natural existente en la mayor parte del territorio español. Las pérdidas en las estructuras urbanas de distribución varían entre un 25 y un 50 por ciento. Por otro lado, y en relación con las redes para uso agrícola, la CODA (1993) indica que es habitual un nivel de extravíos que oscila entre el 40 y el 50 por ciento del caudal, pérdidas que se elevan en numerosas ocasiones al 80 e incluso al 90 por cien. Todo esto sin incluir la baja eficiencia global del riego.

Así pues, el territorio español no solo se caracteriza por su escasez natural, sino que es el propio comportamiento en el empleo y gestión del agua el que la agrava y la convierte en una carencia provocada. De ahí que una política hidráulica como la que se refleja en el Plan Hidrológico Nacional. Es decir. Que descansa en la construcción de nuevos embalses y trasvases. Pueda considerarse como bastante limitada. Desde el momento en el que no parece enfrentarse a las causas principales de esa escasez. De acuerdo con todo lo anterior, se puede afirmar, que el ahorro potencial podría constituir un sustituto claro de los trasvases o de las nuevas fuentes de suministro.

EL FINAL DE UNA POLÍTICA EXPANSIONISTA DEL AGUA

La realidad de escasez por estadios de sequía nos pone en la tesitura en que se ha acabado el ciclo anterior de gestión Hídrica centrado en políticas expansionistas y en la construcción de obras. Necesarias para cubrir tres objetivos fundamentales

a)      El abastecimiento de agua potable a la población, incluyendo la ingeniería sanitaria y la canalización de aguas residuales y el suministro de aguas para industrias

b)     El desarrollo de los regadíos – Que contribuye a garantizar la producción de alimentos

c)      La generación de energía hidroeléctrica

Durante muchas décadas. Las obras hidráulicas. Fueron el elemento principal del desarrollo económico español.

La situación en la actualidad ha cambiado. España es uno de los países que dispone de más infraestructura hidráulica, en términos relativos, por habitante y kilómetro cuadrado. (Segundo después de China). El abastecimiento urbano se ha generalizado, y la industria ha aumentado su consumo, el cual influye en el deterioro de la calidad del agua a través los vertidos no depurados, por lo que el consumo real (volumen de agua usada más volumen de agua deteriorada) es superior al que se le atribuye

A día de hoy hemos llegado a un punto en el cual el aforo de embalses es mayor a la capacidad de agua captada y será más según los estadios de sequía y la escasez de lluvia se vayan agudizando. Aunque no se puede decir lo mismo del uso eficiente.

Lo que cada vez deja más claro que la perspectiva de política expansionista de gestión. Ya no tiene ningún sentido. Y que si ahora existe escasez. Está condicionada por un conjunto de factores. Que van desde una concepción que no se amolda a la realidad actual. Que ignora la noción de ciclo. Pasando por el mal estado de las infraestructuras de almacenamiento y distribución. Tanto agrícola como urbana. Sumado a un marco institucional que todavía no ha asumido la nueva realidad. Y de una administración pública que hace dejadez de sus competencias y se inhibe de sus responsabilidades. Con el fin de no enfrentarse a determinados grupos de poder.

CUESTIONES PARA UNA NUEVA ECONOMÍA DEL AGUA

Viendo que la anterior percepción de política se ha quedado obsoleta por la escasez del recurso propiciada por los efectos del cambio climático, se deba plantear un nuevo modelo conceptual que se amolde a la situación real en que se encuentra la península. Apostar por una gobernanza localizada desde las sub cuencas y cuencas hídricas para optimizar el recurso. Con una estructura de gestión que se base en ellas y que supere el carácter municipal en incluso autonómico para crear organismos democráticos que pertenezcan al territorio de la cuenca. Esto implica una nueva gestión donde la acción de entendidos y no expertos se difumine y los primeros tengas que realizar un cambio de papel.

Efectivamente, la ciencia necesita salir de la academia y de la estructura estatal y firmar un nuevo código deontológico. Desde el cual. Su servicio solo sirva a intereses objetivos con la propia ciencia y con la sociedad. Hay que reivindicar, como indica mi querido Antonio Aretxabala a la ciencia pobre. La que no se vende, la que toma partido. Y hacer que ejecute asesoramiento a la sociedad civil, que es la que tiene que recuperar el poder de decisión y de gestión del recurso.

Se debería desde la ciencia

a)      Plantear las necesidades más urgentes de la sociedad, de acuerdo con su importancia

b)     Comunicar sus conocimientos y su comprensión de cara a informar las decisiones de los individuos y de las instituciones.

c)      Ejercer el buen juicio, la sabiduría y la modestia.

De esta manera, la ciencia tiene que encontrar sus valores en referencia a las preocupaciones dominantes, siendo el objeto de los esfuerzos científicos el proceso de resolución social del problema. Incluyendo la participación y el mutuo aprendizaje entre los diferentes actores. Generando un método recíproco de gestión. Donde los científicos aprendan y enseñen. Los políticos especifiquen las necesidades a la par que acepten la incertidumbre. Y la sociedad civil, discrimine tanto cuestiones científicas como sobre los temas de interés público. Añadir que esta no es una postura política (Aunque si traería consecuencias) si no es el modo de gestión hídrica que mejor optimizaría el recurso y de manera más económica.

Y potenciar de esta forma una alternativa a la construcción de más infraestructuras hidráulicas que ya no son necesarias (A excepción del mantenimiento continuo para optimizar el recurso de las ya existentes). De esta forma. Está implícita la obligación de un cambio institucional. Que debería de ser la expresión de la necesidad de amoldarse a la nueva realidad. Y al conflicto que subyace. Ante los valores e interesé de los diferentes grupos involucrados en los problemas sociales. Pero sobre todo frente a la generación de una estructura que posibilite una gestión del agua que sea capaz de afrontar los desafíos derivados de la nueva realidad de escasez física a la que nos enfrentamos.

GENERACIÓN DE ESCENARIOS TANTO POLÍTICOS COMO CONCEPTUALES PARA LA GESTIÓN DEL AGUA

La creación de este marco institucional tiene que reflejar una nueva serie de valores que se amolden a la escasez y por consecuencia de la optimización del recurso hídrico y delimitar los métodos de las acciones que son aceptables y prioritarias en su uso y extracción. Reglas desde las cuales se va a definir como de eficiente o ineficiente es su utilización. Se debe dejar de tratar el agua como un objeto crematístico, cuidarla como un recurso agotable, la cual en su ciclo cumple múltiples funciones ecológicas.

Se debe salir de la lógica mercantilista y establecer una noción funcional del recurso como activo eco social. Puesto que el agua tiene capacidad de satisfacer un conjunto de actividades. Económicas, sociales y ambientales. Tanto de carácter cuantitativo como cualitativo. Siendo el agua esencial para la supervivencia biología, si no una condición necesaria del desarrollo y sostenimiento de la economía y de la estructura social. El agua no es solo una mercancía; es un imperativo central de la supervivencia, sostenimiento, continuidad y vida de la comunidad y del entorno ecológico

Esto significa la necesidad de una gestión adecuada (Su utilización y gestión óptima). Para una gestión económica y óptima es necesario recurrir a las fuentes de captación y optimizarla. (Las cuencas Hídricas). Para un uso óptimo hay que adecuar la economía local con el mínimo limitante que nos proporciona la cuenca de manera eficiente. Es decir, amoldándose a ella sin derrochar y huyendo de la política de trasvases.

La nueva perspectiva de la gobernanza hídrica ha de preocuparse del agua no como un elemento aislado sino, al contrario, como una gestión del ciclo hidrológico. Como un sistema abierto y desequilibrado en calidad asociada a la cantidad. Cuyos intercambios de masa y energía con el exterior originan flujos variables. En función de la energía natural, de la radiación solar o de la artificial provocada por el manejo del hombre.

El corolario que para la gestión del agua se deriva de este enfoque, no puede limitarse a aumentar las entradas al sistema de usos sin atender a lo que ocurre dentro del mismo. Si no que debe orientarse a reducir o retrasar las perdidas en cantidad y calidad que se producen en su seno, buscando mejorar la eficacia de sus usos. Con los cual no existe una gestión del recurso, sino del ecosistema en su totalidad adonde se mantiene. Ya que es en estos donde ocurren las entradas y salidas de materiales y energía. En la medida en la que gran parte de esa energía pretende maximizar la producción genera importantes pérdidas. (Nutrientes, humus…) que no solo empobrecen al ecosistema. Si no que además aceleran el ciclo del agua. Lo que significa una menor recarga de aguas subterráneas. Mayor evaporación, menor amortiguación de avenidas. Mayor turbiedad y capacidad erosiva de los cauces.

La administración del ciclo del agua, por contraposición a la gestión expansionista, exige una gestión ambiental integrada en la comarca, no puede haber una gobernanza óptima del agua, sin una gestión óptima del territorio. También sería necesario definir una lista limitada de acciones bajo las que se acepta la existencia de transacciones de agua y cuáles son los costes compatibles con la gestión del ciclo y, por tanto, con el mantenimiento de cuencas y de los ríos.

Aunque cada cuenca tiene un carácter diferencial, sería aceptable, como mínimo, de acuerdo al principio de precaución

a) Profundizar en la prioridad de los usos, de acuerdo con las calidades que cada uso requiera.

b) Exigir la devolución de los retornos con una calidad determinada.

c) Cambiar las prácticas agrícolas de manera que la rentabilidad privada de los cultivos no genere un conjunto de impactos irreversibles, que cuestionen la rentabilidad integral del sistema.

La escasez física de agua se va a convertir en los años venideros en un problema de creciente importancia. Los periodos de sequía se van a aumentar y prolongarse. Lo cierto es que a la par de esta escasez física existe una mayor presión para su empleo en los diferentes procesos de las actividades humanas. Aunque se acepte que la escasez de que nos viene es carácter físico, tiene además un importante componente social o derivado de un comportamiento poco eficiente en términos técnicos o muy derrochador.

También se debe indicar que debido a que la gestión del agua se haya producido en beneficio de Poderosos grupos económicos. Vinculados a las grandes empresas constructoras e hidroeléctricas. Y desde hace poco a la especulación urbanística. La falta de adecuados incentivos económicos nos ha llevado a graves problemas de ineficiencia. Irresponsabilidad, individual y colectiva, e insostenibilidad.

El nuevo modelo de gestión del agua debe transicionar desde una economía expansionista basada en más embalses y trasvases. Hasta una nueva economía del agua preocupada por la gestión integrada del agua y del territorio. Pasando por la gestión de la demanda de agua. La cual tiene un enorme potencial de ahorro mejorando:

a)      El estado de las redes de distribución agrícolas y urbanas

b)     Los sistemas de riego

c)      Depurando las aguas residuales urbanas, exigiendo que se devuelva el agua en unas condiciones de calidad que permitan su reutilización con todas las garantías

d)     Depurando las aguas residuales usadas en las industrias para evitar la contaminación de los ríos.

e)     Instalando grifería más eficiente e incentivando comportamientos más ahorradores

f)       Disminuyendo la superficie de cultivos de regadío que no sean adecuados a las condiciones climatológicas o las condiciones edafológicas de determinadas zonas

Sin decir que con todo este ahorro no sean necesarias en determinadas zonas embalses y desalinizadoras. Solamente indicar que estas medidas de ahorro hacen que las políticas de trasvases dejen de ser la única alternativa para los problemas del agua. Lo curioso es que no se preste atención a estas políticas de ahorro. Y más en un país con graves problemas de agua. Y no se halla movilizado dicho potencial. Generando nuevos organismos de gestión, puesto que se necesita dotarse de nuevas herramientas. Como por ejemplo para dotarse de una información estadística adecuada sobre los aspectos fundamentales del ciclo hidrológico. Incluyendo la distribución y los usos del agua. Esta opacidad tiene sentido por la configuración del agua como un elemento de poder. Y la consolidación de elites y expertos que han legitimado la opción centrada en más embalses y trasvases.

POLÍTICA DE TRASVASES

La opción de los trasvases supone que existen cuencas deficitarias y excedentarias y que el agua a trasvasar es de buena calidad. No parece que esté tan clara la situación en nuestro país. Con frecuencia se habla de cuencas excedentarias sin tomar en consideración las demandas de evapotranspiración, que dependen de los cultivos y de las políticas de riego y de reforestación. Pero tampoco se suele mencionar la calidad del agua, siendo así que la mayoría de los ríos, exceptuando los de las cuencas del Norte y la del Duero, contienen aguas de pobre calidad, cuyo contenido en sales las sitúa más allá del límite de la no potabilidad. La razón de esta calidad no se encuentra en la contaminación de origen industrial y urbano, sino en los factores del entorno natural (deforestación), que en parte se ven reforzados por las prácticas agrícolas y los usos del territorio. El conocimiento correcto del ciclo del agua en cantidad y calidad es condición necesaria para la correcta gestión del agua y para poder optar o descartar a los trasvases como solución.

Los trasvases deben estudiarse en un contexto más amplio, es decir, más complejo, como es el que engloba a la planificación hidrológica. En otras palabras, la discusión sobre la deseabilidad de los trasvases cobra sentido como una más de las posibilidades que existen

FUENTES ALTERNATIVAS DE SUMINISTRO DE AGUA
NUEVOS SUMINISTROS
Trasvases
Extracción de agua subterránea
Reasignación entre usos
Reorganización de cultivos
Depuración y reutilización de aguas residuales
Desalinización:
  • Con energía convencional
  • Con energía renovable
MEJORA DE LA EFICIENCIA TECNICA
  • Redes de abastecimiento urbano
  • Redes de abastecimiento agrícola
  • Redes de eficiencia en el riego
  • Redes de depuración.

La realidad de escasez del recurso hídrico nos pone en la tesitura de ver que hay otras maneras de hacer las cosas. Es decir, hay unos criterios que se pueden aplicar para evaluar la deseabilidad de los trasvases y para comparar las soluciones alternativas. De manera que no se opte por el remedio más costoso en términos económicos, sociales y ambientales. Ahora bien, una gestión correcta requiere un cambio en la propia noción de agua que incorpore la idea del ciclo integral, que es en realidad lo que hay que gestionar. Esto se puede conseguir aceptando la noción del agua como activo social.

Parece existir un elevado potencial de ahorro de agua, tanto en las redes agrícolas como urbanas, que se configuraría como una seria alternativa a la generación de regular y trasvasar más agua. Es más, dados los costes que se barajan, el ahorro de agua y las técnicas de depuración y desalación, parecen constituir una alternativa más barata de suministro de agua que la defendida por los trasvases (y esto sin incluir los costes sociales y ambientales en los que incurriría esta última opción)

Asumir la realidad de escasez nos pone en la tesitura de comenzar a hacer diseños responsables con todo. El concepto de ejercer una gestión que dote de una forma de ciclado cíclico del agua. Donde esta se optimice y no se contamine, no pasa ya como una apuesta optativa por su gestión ecológica, sino por una necesidad de gestión óptima ante un recurso vital y menguante.

Bibliografía.

file:///C:/Users/USUARIO/Desktop/Articulos/Agua/trasvases/Cambio%20climatico%20y%20agua/climate-change-water-sp.pdf

https://www.ecologiapolitica.info/wp-content/uploads/2019/10/020_Arrojo_2001.pdf

https://www.ehu.eus/ikastorratza/17_alea/3.pdf

https://fnca.eu/images/documentos/Informes%20NCA/NCAinf08%20Los%20trasvases%20del%20Ebro%20a%20debate.pdf

https://fnca.eu/images/documentos/proy_jorn_valencia/econ_agua_FAGUILERA.pdf

https://www.researchgate.net/publication/282076607_La_nueva_economia_del_agua

https://www.zaragoza.es/contenidos/medioambiente/cajaAzul/palabras/Arrojo_ES.pdf

https://www.redalyc.org/pdf/305/30551403.pdf

https://www.fnca.eu/guia-nueva-cultura-del-agua/images/documents/Patrimonio/Crisis_global_del_agua.pdf

https://www.researchgate.net/publication/282644450_La_transicion_hacia_una_nueva_cultura_del_agua

http://www.elrincondenaredo.org/Biblio-2000-El_agua_en_los_sistemas_agrarios.pdf

http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2018/08/Biblio-2007-Costes-y-cuentas-del-agua.pdf

https://fnca.eu/biblioteca-del-agua/documentos/documentos/1306271426-documentacion-139.pdf

https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/26/42/_ebook.pdf

http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2019/12/4-Cuentasdel-Agua-ResumenFinal.pdf

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Entrevista a Lluís Rabell sobre el libro La izquierda desnortada. Entre parias y brahmanes «Una izquierda que espera no es izquierda»

02/10/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Salvador López Arnal 

Lluís Rabell (Josep Lluís Franco Rabell) nació el 17 de febrero de 1954 en el barrio barcelonés del Raval. Traductor e intérprete, trabajó en una empresa vinculada al ramo de la construcción.

Inició su activismo político en las postrimerías de la dictadura, militó en la LCR (Liga Comunista Revolucionaria). Su itinerario le llevó más tarde a formar parte de EUiA y otras agrupaciones de izquierda. Ha sido activista del movimiento vecinal y fue presidente de la Federación de Asociaciones de vecinos de Barcelona durante el gobierno municipal convergente de Xavier Trias.

En septiembre de 2015 fue candidato a la presidencia de la Generalitat de Catalunya por Sí que es pot, presidiendo su grupo parlamentario hasta octubre de 2017. Es miembro activo de Federalistes d’Esquerra.
Ha publicado en la editorial de El Viejo Topo, La izquierda desnortada. Entre parias y brahmanes.

Salvador López Arnal.- Son muchos los temas que presentas y comentas a lo largo de las páginas del libro. Tendré que dejarme muchos asuntos en el archivo de «Pendientes». Empiezo recomendando una hermosa y profunda historia familiar, obrera y socrática, que explicas en las páginas 141-143. Una excelente muestra de la perspectiva moral que defiendes.
¿Qué izquierda está desnortada? ¿Dónde observas, qué te hace pensar en esa desorientación?

Desnortada, desorientada, lo está la izquierda en su conjunto. La socialdemocracia europea se deslizó hacia los postulados social-liberales en las décadas finales del siglo XX, al tiempo que las leyes del mercado irrumpían por doquier y saltaba por los aires el pacto social de la posguerra. La izquierda de matriz comunista –incluidas las corrientes críticas con el estalinismo– salieron malparadas del hundimiento de la URSS y, con ella, del ocaso de la utopía de emancipación surgida de la Revolución de Octubre. Las nuevas tendencias, nacidas de los movimientos contestatarios de la globalización –y en buena medida influenciadas por la izquierda universitaria americana– buscan nuevos sujetos políticos, más allá del paradigma de la lucha de clases. Sin embargo, la crisis ecológica, las tensiones geopolíticas y todas las contradicciones acumuladas por el capitalismo bajo los años de hegemonía neoliberal, nos abocan a un período de intensos conflictos sociales. Ante ese escenario de trascendencia histórica, la izquierda se siente desprovista de una visión estratégica. Ese vacío, que llena penosamente un tacticismo desenfrenado, afecta a sus tendencias reformistas como a aquellas que postulan transformaciones radicales.

Salvador López Arnal.- Señalas en el prólogo, lo titulas «En la incertidumbre», que si bien la opinión dominante sostiene que la época de los grandes partidos obreros quedó definitivamente atrás, tu posición no es esa, sino más bien la contraria. ¿Los grandes partidos obreros son más necesarios que nunca en tu opinión? ¿Hay que unir más los derechos civiles y los derechos sociales?

Bajo una forma u otra, deviene más necesario que nunca dar una expresión organizada a los intereses propios de la clase trabajadora, al cambio que ésta propone al conjunto de la sociedad. Esa idea, es evidente, va a contracorriente del zeitgeist de nuestras sociedades «líquidas». Pero esa «liquidez» resulta de una determinada mutación del capitalismo, de los cambios que indujo y de una serie de confrontaciones en que perdió el movimiento obrero. El neoliberalismo ha configurado sociedades desarticuladas y atomizadas. Esa es la base material sobre las que la izquierda ha tratado de recomponerse de modo populista. Podemos o La France Insoumise de Mélenchon han bebido de esa fuente. Pero la gramática populista conviene mucho más al discurso de la derecha radicalizada y de la extrema derecha que al propósito de una izquierda transformadora.

Salvador López Arnal.- ¿Por qué?

La izquierda transformadora necesita apelar a la razón, a la comprensión de las contradicciones del capitalismo, a las enseñanzas adquiridas por las generaciones anteriores, a la construcción colectiva de pensamiento y estrategia. Muy al contrario, el populismo se nutre de emotividad, sentimentalismo y respuestas simples a problemas complejos. Lo efímero del populismo de izquierdas llevará a plantearse construcciones partidistas más sólidas, orgánicas y arraigadas socialmente.

“La izquierda transformadora necesita apelar a la razón, a la comprensión de las contradicciones del capitalismo, a las enseñanzas adquiridas por las generaciones anteriores, a la construcción colectiva de pensamiento y estrategia”

Salvador López Arnal.- Desde posiciones críticas a lo que se presenta en ocasiones como «nueva izquierda», se señala que esa izquierda, a la que califican de posmodernista, enfatiza todo lo que puede lo que tenemos de particular y diferente defendiendo políticas identitarias y tendiendo a refugiarse en aspectos intimistas, singulares, y lo hace en detrimento de lo mucho que tenemos en común. ¿Qué opinión te merece esa consideración?

Es exacto. El neoliberalismo proclamó la desaparición de la clase obrera. Semejante afirmación corresponde a los procesos de desindustrialización y deslocalización que se dieron en las metrópolis, y al consiguiente debilitamiento de los sindicatos. Con la caída del Muro de Berlín, el capitalismo triunfante hacía tabla rasa de un siglo y medio de luchas sociales: no había horizonte alternativo, ni proletariado que aspirase a liderar alternativa alguna. Era el fin de la historia. La izquierda interiorizó ese paradigma. Y, con él, un sentimiento de profunda derrota. La socialdemocracia buscó una alternativa en las clases medias urbanas ilustradas. La izquierda alternativa buscó nuevos «sujetos». Para algunos sectores, la celebración de unas diversidades e «identidades» –que el capitalismo transforma hábilmente en productos mercantiles– ha reemplazado al análisis materialista y a la lucha de clases. Sin embargo, la realidad es muy tozuda.

Salvador López Arnal.- ¿Dónde observas esa tozudez de la realidad?

En el marco de la economía global, la clase trabajadora –empezando por el proletariado industrial propiamente dicho– nunca había sido tan numerosa. (Otra cosa es su consciencia, su organización sindical, sus expresiones políticas, que por lo general van muy por detrás de su realidad objetiva). En las antiguas naciones industriales, la vieja clase obrera, empobrecida y «olvidada» por la izquierda, nos recuerda airadamente su presencia «votando mal», dejándose seducir por el Brexit o la demagogia nacional-populista.

Salvador López Arnal.- En un segundo texto de presentación, «A última hora», afirmas que todavía está pendiente un balance «del cambio de paradigma que supuso la caída del muro de Berlín, la apoteosis de los mercados y el debilitamiento de las organizaciones que se apoyaban sobre la clase trabajadora». ¿No hemos hablado ya mucho de ello? ¿Qué podemos decirnos más? ¿Hablar del pasado una y otra vez no nos quita energías y tiempo para comprender y transformar el presente?

Hemos hablado mucho, pero quizá más para aliviar la mala conciencia de la izquierda que para entender realmente por qué se produjo ese colapso a finales del siglo XX. Nuestra comprensión del presente –y aún más nuestra capacidad de imaginar el futuro– están fuertemente condicionadas por ese balance. Eso es tan cierto que hoy podemos imaginar el fin del mundo, pero somos incapaces de imaginar el final del capitalismo. Una parte de la izquierda permanece cautiva del pensamiento, al tiempo brutal e infantil, que el estalinismo inoculó en el movimiento obrero internacional. Eso es perceptible en la incapacidad para orientarse según criterios de clase –y no de bloques o conspiraciones, por mucho que, como las meigas, «de haberlas, haylas»– en situaciones como la guerra de Ucrania. La URSS –al igual que la República china– no constituyen «modelos», no representan ningún diseño previamente concebido de socialismo. Resultaron de un proceso tortuoso, complejo e inacabado de la lucha de clases mundial. Como consecuencia del atraso histórico, de las guerras y el aislamiento internacional, los sueños socializadores se transformaron en terribles pesadillas estatalistas. Pero, situadas en su justa perspectiva histórica, esas experiencias no sólo no desmienten, sino confirman la justeza del pronóstico marxista. Esas experiencias han consumido el esfuerzo emancipador de varias generaciones. El pasado pesa como una losa sobre el presente y el futuro de las izquierdas.

Salvador López Arnal.- Te pregunto más tarde sobre Rusia y China. Coincides con Thomas Piketty en la consideración de que en estos últimos años la izquierda se ha vuelto brahmánica. ¿Y eso qué significa exactamente? ¿Toda la izquierda ha seguido esta transformación? En el apartado «Entre parias y brahmanes» hablas del rearme ideológico de la izquierda. ¿En qué aristas debería rearmarse más esa izquierda?

El enfoque de Piketty es muy interesante. Creo que da en el clavo. Frente a la «revolución conservadora» y, más tarde, frente a la oleada neoliberal, la socialdemocracia, al sentir que iba perdiendo pie sobre las franjas sociales más humildes, aquellas que compondrían «los perdedores de la globalización», buscó afianzarse en aquellos segmentos que habían progresado en el marco del Estado del Bienestar, durante las décadas en que funcionó un cierto «ascensor social». Pero ese desplazamiento del centro de gravedad conllevó un deslizamiento no menos notable hacia las aspiraciones y percepciones de las clases medias en un momento de profundos cambios tecnológicos, económicos y culturales. La izquierda se «brahmanizó».

Salvador López Arnal.- ¿Brahmanizó?

Ahí estuvo la «tercera vía» de Tony Blair, por citar un ejemplo emblemático. La suerte de un gran partido como el PCI tiene que ver igualmente con esa deriva. La izquierda verde europea –a quien hay que reconocer el mérito de haber puesto en la agenda la cuestión ecológica, que hoy reconocemos crucial para el devenir de la humanidad– ha mostrado también, desde su surgimiento, los rasgos característicos de la intelligentsia urbanita a la hora de abordar los problemas políticos, incluidos los de la propia transición ecológica, imposible sin una acertada orientación social. El rearme ideológico tiene que ver con ese balance al que antes me refería, y con el esbozo de un programa y una estrategia hacia el socialismo que recupere la centralidad y el esfuerzo de organización de la clase trabajadora.

Salvador López Arnal.- Citas y hablas con cariño y admiración de pensadores de orientación trotskista: Bensaïd, Krivine, Mandel, etc. De hecho, de joven fuiste militante de la LCR. ¿Te sigues reconociendo en esa tradición?

La lucha de la Oposición de Izquierdas contra la degeneración burocrática del Estado soviético y, luego, el esfuerzo del trotskismo por mantener vivas las tradiciones del marxismo revolucionario y del bolchevismo forman parte de la historia y el patrimonio del movimiento obrero mundial. Representan toda una etapa, repleta de impagables enseñanzas, conquistadas al precio de sacrificios heroicos de una corriente que tuvo que enfrentarse a las iras y la persecución combinada de la burguesía liberal, del fascismo y del terror estalinista. Sin embargo, las tradiciones militantes no viven en el aire. Por la fuerza de las circunstancias históricas, el trotskismo vivió en gran medida como una corriente «exiliada de su propia clase». Sólo episódicamente ha logrado romper su aislamiento, llegando a constituir una fuerza influyente entre las clases populares. El aislamiento asfixia el pensamiento, favorece las derivas doctrinarias, las rupturas y la búsqueda de sucedáneos.

Salvador López Arnal.- Reivindicas entonces aquella tradición…

Reivindico aquella tradición, la memoria de quienes lucharon por preservarla y cuanto de fecundo puede aportar esa experiencia al combate de la izquierda del siglo XXI. Pero me cuesta mucho reconocer ese impulso en las opciones adoptadas por grupos que, formalmente, se reclaman del trotskismo, pero se dejan seducir por las identidades posmodernas.

Salvador López Arnal.- Has estructurado los escritos recogidos en el libro en nueve apartados. Empiezo por el primero: «Echando la vista atrás». ¿Por qué das tanta importancia a la Primavera de Praga y a la invasión de Checoslovaquia de agosto de 1968?

Porque la historia no está escrita de antemano. Las cosas no sucedieron de la única manera que podían haber sucedido. Sólo la lucha dirime las disyuntivas. La Primavera de Praga no fue un acontecimiento aislado. Se habían producido otros movimientos de masas contra los regímenes burocráticos en el Este de Europa –Berlín en el 53, la revolución de los Consejos Obreros húngaros en el 56…– Y otros siguieron: en el Báltico a principios de los 70, luego el surgimiento de Solidarnosc.

Visto en perspectiva, Praga fue crucial. El movimiento de las fábricas y las universidades, sobre el que se apoyó el ala reformadora del PC, planteaba un giro democrático en la vida política y la economía nacionalizada. Esa necesidad estaba a la orden del día, con carácter de urgencia, en todos los países del Este y en la URSS. Lo que se dio en llamar –con poca fortuna– «socialismo con rostro humano» ponía de manifiesto una alternativa insoslayable: la gestión anquilosada de la burocracia sobre economías complejas, al tiempo que generaba desigualdades sociales y promovía tendencias favorables a una restauración del capitalismo, amenazaba con llevar a un colapso general a medio plazo. No habría socialismo en un solo país. Ni siquiera en un solo bloque.

Salvador López Arnal.- Pero avanzar no era un sueño.

Era posible avanzar, dando voz a los trabajadores y a la sociedad civil, mediante la libertad de expresión, la crítica y la participación, y confiriendo un carácter más indicativo y cooperativo a la planificación. El Kremlin temió por su poder y aplastó aquella esperanza regeneradora, usurpando y desacreditando la bandera del socialismo. Esa tragedia marcó ulteriores desarrollos ideológicos de las revueltas obreras contra el poder burocrático: Solidarnosc levantó un movimiento de diez millones de trabajadores… que acabó bajo una dirección clerical. La «normalización» de Praga prefiguró el destino de la URSS.

Salvador López Arnal.- En «Ecos de un siglo» rindes un homenaje a Albert Escofet, «entrañable amigo y animador de tantos combates de la izquierda». ¿Qué significó para ti la vida y lucha de Albert?

Junto a su entrañable personalidad, me atrevería a decir que encarnaba muy bien el prototipo de la fidelidad a su clase y a sus ideales. Sobre la lealtad y la entrega de ese tipo de militantes, de hombres y mujeres con ese talante, se han construido y mantenido durante décadas las organizaciones del movimiento obrero.

No se entienda esto como una mera evocación sentimental, ni como una nostalgia de tiempos pasados. No. Se trata de reivindicar una enseñanza válida para la nueva generación. No habrá emancipación sin esfuerzo emancipador y sin organización. Y no habrá atajos, ni astucias que valgan. Será necesarias tenacidad, constancia y lealtad.

En ese sentido, Albert fue todo un ejemplo.

Salvador López Arnal.- No son pocas las páginas y artículos que dedicas a temas feministas. ¿Debemos los hombres hablar de estas temáticas? ¿Qué feminismo es el tuyo?

El problema es la izquierda. La izquierda debe asumir e integrar plenamente la agenda feminista. La crítica y la aspiración a la igualdad del movimiento feminista no pueden ser un atributo ni un complemento, sino un elemento nuclear del programa socialista. La opresión patriarcal, identificada por el feminismo en todos los ámbitos de la vida social, de la economía y la cultura, no sólo es funcional al capitalismo, sino que perpetúa las pautas de dominación que son necesarias a su reproducción. Pero, al mismo tiempo, hay que entender que el feminismo es el movimiento histórico de las mujeres en pro de la igualdad. Los hombres feministas, si esa expresión es acertada, son aquellos que han sido convencidos de la justeza de ese combate y lo apoyan resueltamente. Por supuesto que debemos hablar de la agenda feminista.

Salvador López Arnal.- ¿Por qué?

¿Cómo no hablaríamos de la prostitución si es la demanda masculina quien la promueve? ¿Cómo callaríamos ante el fenómeno de la pornografía, cuando escenifica una violencia deshumanizadora de los hombres sobre las mujeres? ¿O ante el negocio infame de los «vientres de alquiler»? Claro que debemos hablar de todo ello. El feminismo incide de lleno en la crisis de la civilización que estamos viviendo. La cuestión, para nosotros, los hombres, consiste sobre todo en saber a quién hablamos. No vamos a explicar el feminismo a las feministas… de quienes aún estamos aprendiendo los rudimentos de la teoría feminista. Nuestra tarea, eso sí, es dirigirnos a los otros hombres y a la esfera pública en general, combatiendo prejuicios, cuestionando la superioridad viril en la que hemos sido socializados, apelando a la responsabilidad…

Debemos decidir si queremos avanzar hacia una sociedad igualitaria… o formar parte, por activa o por pasiva, de una fratría bárbara.

Salvador López Arnal.- ¿Nos resumes tus principales críticas a la teoría-filosofía-cosmovisión queer? Sostienes que lo queer, una corriente antifeminista y patriarcal señalas, «arrasa por razones materiales y culturales. A estas alturas, ya es difícil ocultar que hay poderosos intereses económicos en las promoción mundial del transgenerismo». Tomando pie en Elena Armesto recuerdas que la industria de la identidad del género ha pasado de valer 800 millones de euros anuales a más de 3 billones en solo cinco años.

Recomiendo vivamente la lectura de Nadie nace en un cuerpo equivocado, de los profesores José Errasti y Marino Pérez, que constituye un excelente tratamiento de este tema. Como bien explican los autores, la actual y omnipresente oleada transgenerista queer sólo es posible en el marco de unas sociedades desvertebradas y atomizadas tras décadas de neoliberalismo, donde la lógica del mercado ha impregnado todos los pliegues de la vida, y reinan el narcisismo, el individualismo exacerbado y la infantilización del pensamiento. La eclosión de este movimiento, que impugna radicalmente la razón, surge en un contexto «líquido» y desquiciado. Es un desvarío colectivo que, no obstante, acaba expresando las pulsiones más profundas del capitalismo. Poner en duda el resultado de cientos de millones de años de evolución de las especies –que, en el caso de la nuestra, han configurado una reproducción a partir de dos sexos– o pretender que esos sexos son, al igual que los prejuicios y roles socialmente atribuidos que les rodean, un «constructo» arbitrario, diseñado por el lenguaje, hubiese sido en otras circunstancias históricas una extravagancia sin mayor impacto que el terraplanismo. Sin embargo, en medio de la crisis de civilización que vivimos, esas creencias anticientíficas se están convirtiendo en una religión ante la que se inclinan autoridades académicas, medios de comunicación y gobiernos. Y está propiciando unas legislaciones retrógradas que amenazan los derechos de las mujeres, la coeducación, y la salud de niños y adolescentes –a quienes se induce a creer que sus malestares responden invariablemente al hecho de que han nacido en un cuerpo equivocado, desatino de la naturaleza que les hormonas y el bisturí corregirán–.

Salvador López Arnal.- Un despropósito en tu opinión.

Un despropósito de graves consecuencias sociales, pero de pingües beneficios para algunas corporaciones.

Salvador López Arnal.- Una de las decisiones más desafortunadas de Pedro Sánchez, sostienes, fue dejar el Ministerio de Igualdad en manos de Irene Montero. El feminismo, nos recuerdas, no es algo accesorio, sino nuclear, al socialismo. Lo acabas de señalar. Añades. «Desgraciadamente, en toda una parte de la izquierda, los objetivos del movimiento histórico de las mujeres se han disuelto en una celebración inane de la diversidad». ¿Por qué fue un error nombrar a Montero ministra de Igualdad? ¿Representa ese sector inane pro-diversidad de la izquierda al que aludes?

La formación de un gobierno de coalición comporta negociación y concesiones mutuas. No sé si era evitable dar ese ministerio a Podemos. Pero me temo que el PSOE lo consideró algo de importancia secundaria. Y ya se está viendo que no lo es. También hubo un arbitraje gubernamental a favor de la tramitación de la «Ley Trans» y, de modo significativo, Carmen Calvo, una de las voces más respetadas del feminismo socialista, fue apartada de la vicepresidencia en la reestructuración del ejecutivo que precedió al Congreso del PSOE en Valencia. El problema es que ese ministerio se dedica a poner palos en las ruedas de la agenda feminista.

Salvador López Arnal.- ¿Palos en las ruedas de la agenda feminista el Ministerio de Igualdad?

Irene Montero, a pesar de sus intermitentes declaraciones abolicionistas, no pasará a la historia por haber promovido una legislación seria contra la prostitución sino por sus denodados esfuerzos por exaltar la diversidad y por coronar en el Congreso de los Diputados una inquietante dinámica legislativa queer que ya ha tomado cuerpo en casi todas las comunidades autónomas. Podemos quiere «marcar perfil» frente a la socialdemocracia, un perfil supermoderno y guay. Para ello, ha escogido hacer bandera de una ideología que se ha convertido en el reflejo invertido de los más rancios prejuicios sexistas con los que se identifica la extrema derecha. Para ésta, hay que ajustar el comportamiento de niños y niñas a las pautas y roles tradicionales, al género. Para la izquierda transactivista, habría que acomodar los cuerpos al sexo que supuestamente definirían esos rancios estereotipos, elevados a la categoría de una «identidad» incuestionable. Así, la disforia de género, expresión de un auténtico malestar de orígenes diversos –y que sólo en determinados casos podría encontrar alivio en una «reasignación»–, deviene la revelación del verdadero ser. Legislar a partir de semejante concepción, propia de una secta, sólo puede abocar a situaciones desastrosas. ¡Menudo estandarte para la nueva izquierda!

Salvador López Arnal.- Por cierto, ¿no te muestras a lo largo del libro bastante o muy generoso con Pedro Sánchez, incluso con la socialdemocracia, que en ocasiones se confunde con el social-liberalismo?

Alguna vez he escrito que Pedro Sánchez es un socialdemócrata posmoderno. Espíritu de supervivencia, habilidad táctica, regate corto, incluso audacia. Pero quizá no demasiado background ideológico. Creo que la actitud hacia el feminismo, como moneda de cambio para la paz gubernamental, así lo indica. El brusco giro sobre el Sáhara formaría parte también de esas decisiones que atienden a presiones o exigencias del corto plazo, en detrimento de la reflexión estratégica e incluso de ciertos principios.

Pero no pienso que la gestión del gobierno de Pedro Sánchez pueda tildarse de social-liberal. Al contrario, creo que representa una neta inflexión al respecto. La reforma laboral, los ERTE, las medidas de protección social durante la pandemia… incluso las intervenciones en Bruselas en favor de una mutualización de los fondos de contingencia o de la excepción ibérica en materia energética, con todas las limitaciones que se puedan señalar, van en la línea de una renovada concertación social, muy propia de la socialdemocracia. Pero no hay que perder de vista que España forma parte de la OTAN, que el PSOE es de tradición atlantista y que, por otra parte, la apuesta de la socialdemocracia europea a favor de moverse dentro de las pautas marcadas por la UE es muy clara. Eso marca los límites de la acción de un gobierno de indiscutible carácter progresista –en el sentido de promover ciertas reformas y medidas favorables a la población trabajadora–, pero que refleja una débil correlación de fuerzas de las izquierdas en la sociedad española.

Lo que discuto en mi libro es lo acertado, por parte de la izquierda alternativa, de haber querido formar parte de ese gobierno –en lugar de optar por un apoyo parlamentario externo–.

Salvador López Arnal.- Tal vez tu posición.

La disciplina gubernamental obliga. Y Podemos no siempre lo lleva bien, en algunos casos incluso sobreactuando como si estuviera en la oposición. La colaboración con la izquierda reformista es absolutamente obligada en esta etapa de recomposición de fuerzas. Pero eso requiere saber discrepar – y empujar cuando sea necesario–, conscientes de la senda angosta por la que anda un gobierno como éste.

A la socialdemocracia hay que exigirle reformas efectivas. No tiene sentido esperar de ella lo que no puede dar… e indignarse por ello.

Salvador López Arnal.- Las izquierdas catalanas, también las españolas, ¿no han sido en ocasiones, en bastantes ocasiones, demasiado acríticas e incluso seguidoras de los planteamientos teóricos y las prácticas reales del nacional-secesionismo catalán? ¿Estuvieron esas izquierdas a la altura de las circunstancias en septiembre y octubre de 2017? En una parte de la dedicatoria de tu libro, citas a un conjunto de compañeros y compañeras, y añades: «enrolados en una “patrulla” que defendió el honor de la izquierda transformadora durante la agitada legislatura catalana de 2015-2017.» ¿El honor de la izquierda transformadora? ¿Qué honor es ese?

Las izquierdas «a la izquierda del PSOE» fueron, en efecto, muy bobaliconas frente al «procés». Es cierto que el gobierno de Rajoy, su corrupción, sus políticas antisociales y su inmovilismo político podían crear cierta confusión, confiriendo una pátina democrática a ese movimiento. Pero, conforme iba avanzando, sus rasgos aparecían con mayor nitidez. Se trataba de una revuelta de las clases medias, liderada por una nomenclatura autonómica que se aferraba al poder. Los días 6 y 7 de septiembre de 2017 apareció con toda claridad su naturaleza antidemocrática, profundamente divisoria de la sociedad catalana. Las leyes de «desconexión» esbozaban una República de rasgos autoritarios, destinada a devenir un paraíso fiscal.

Salvador López Arnal.- Déjame remarcarlo: República de rasgos autoritarios, destinada a devenir un paraíso fiscal.

Hoy sabemos que, en aquellas fechas, Puigdemont recibía a presuntos emisarios del Kremlin.

La izquierda populista española quedó deslumbrada por los éxitos movilizadores del nacionalismo catalán, en el que creyó detectar a un aliado contra «el régimen del 78». Nuestro grupo parlamentario, a contracorriente, condenado por su propio espacio a un cierto ostracismo, trató de defender el punto de vista democrático y los intereses de la Cataluña trabajadora, proponiendo vías de desactivación del choque institucional en ciernes. Y, llegado el momento, plantándose ante el aventurerismo independentista, su clasismo y sus rasgos supremacistas. Ese era el deber de una fuerza de izquierdas fiel a su gente.

Salvador López Arnal.- ¿Por qué nos resulta más fácil imaginarnos el final del mundo que el final del capitalismo? ¿Por falta de imaginación? ¿Por la derrota que hemos sufrido? ¿Por el éxito y los grandes apoyos sociales que sigue teniendo el capitalismo?

Por todas esas cosas a la vez, como he comentado más arriba. Imaginación, estudio, debate y reflexión… la izquierda deberá recuperar esos hábitos, perdidos en medio de la agitación de una política que late al ritmo de los tuits. Pero no todo depende de nuestra creatividad intelectual. Los clásicos del marxismo, formados en la cultura alemana, citaban con frecuencia los versos de Goethe: «La teoría es seca, mi joven amigo, pero el árbol de la vida permanece eternamente verde». Las variantes que ofrece la vida son siempre mucho ricas que la más febril de las mentes humanas. Enzo Traverso dice que la humanidad creará las nuevas utopías que necesite para seguir adelante. El desarrollo de la lucha de clases planteará los problemas en los términos en que deberán ser resueltos. La izquierda debe reaprender a ser atenta, fiel y «estudiosa», como acostumbraban a decir en tiempos de la joven Internacional Comunista, cuando se trataba de forjar nuevos partidos y dirigentes.

Salvador López Arnal.- Haces referencia, como no podía ser menos, a los problemas medioambientales y especialmente al calentamiento global. ¿Esto lo cambia todo? ¿Hay alguna iniciativa que crees que va en la buena dirección? Añado otra más: sostienes que el socialismo es el auténtico ecologismo del siglo XXI. ¿Por qué? ¿Qué tipo de socialismo, un socialismo decrecentista por ejemplo?

La transición ecológica será el marco general de la lucha de clases a lo largo del siglo XXI. La lógica de la acumulación capitalista violenta sin cesar los ciclos de regeneración de la vida. Las crisis cíclicas del capital y las guerras que desata la lucha por los mercados no hacen sino agravar los desequilibrios medioambientales, provocar hambrunas, retrasar los cambios necesarios en los modelos energéticos. Las medidas del tránsito hacia una economía descarbonizada, el recurso a energías renovables, los paradigmas sostenibles de movilidad, producción industrial, alimenticia o de consumo… todo eso ha sido o está siendo pensado. El problema radica en los costes de esa transición, en quién debe soportarlos. Un reciente informe del Banco de España dice que recaerán inevitablemente sobre las rentas más bajas. Si eso fuese así, no habría transición. Tendríamos una sucesión de explosiones sociales similares a la de los «chalecos amarillos» franceses, generando unos escenarios fácilmente aprovechables por la extrema derecha. La transición planteará la necesidad de enfrentarse a poderosos grupos corporativos, embridando con firmeza el mercado. Y requerirá un giro no menos decidido en la fiscalidad, con objeto de financiar investigación, formación, infraestructuras, reestructuraciones y medidas compensatorias para las afectaciones sobre las clases menesterosas. En ese sentido digo que el socialismo es el verdadero ecologismo.

Salvador López Arnal.- En cuanto al decrecentismo.

Pues no, no me convence el término «decrecimiento», que evoca entre la clase trabajadora –sin cuya adhesión no habrá transición– unas penurias que conoce demasiado bien en su vida cotidiana. Habrá que decrecer en ciertos dominios y crecer en otros. El modelo final debe satisfacer las necesidades humanas y ser sostenible para el planeta. Esa es la ecuación que hay que resolver.

Salvador López Arnal.- Te cito: «El siglo XXI se perfila como una nueva era de guerras y revoluciones. Los conflictos armados, dirimiendo en terceros países correlaciones de fuerza entre grandes potencias, han salpicado todo el desarrollo de la globalización. Bajo el actual desorden mundial, con sus devastadoras crisis financieras, el deterioro de la biosfera y la exacerbación de las desigualdades, maduran las condiciones de nuevos acontecimientos revolucionarios que determinarán el curso de la historia». ¿No ves la situación con mucho optimismo? ¿Dónde observas el humus para nuevas revoluciones socialistas?

No, ni optimismo, ni pesimismo. La hipótesis de la revolución comporta a su vez la posibilidad de su derrota. Considerando la gravedad de las contradicciones que acumula el capitalismo, la profundidad de las crisis que nos ha legado la globalización neoliberal, los sufrimientos a que se verán abocados millones de seres humanos… no es razonable pensar que, aquí y allá, dejen de producirse tremendas convulsiones, colapsos de las formas de gobierno, choques entre las clases sociales donde se dirima la cuestión del poder, del orden que debe regir sus relaciones. No es razonable pensar que el mundo no vaya a conocer nuevas sacudidas revolucionarias. De ser así, el declive de la civilización sería imparable. Lo ingenuo sería creer que esas crisis y procesos revolucionarios –con ritmos, desarrollos y ubicaciones que no podemos predecir– vayan a resolverse por sí solas, de modo favorable a los oprimidos. Ningún imperio ha abandonado la escena de la historia sin antes librar una última guerra, ni las clases dominantes renunciarán de buen grado a su posición. Como la revolución, la contrarrevolución también estará a la orden del día. Es necesario que haya una izquierda capaz de ser útil en etapas defensivas como la actual, pero que integre esa hipótesis en su visión del mundo.

Salvador López Arnal.- Te defines en varias ocasiones como pensador marxista o muy próximo al marxismo. ¿Qué clásicos del siglo XX o de estas décadas te interesan más?

Me parece que eso de «pensador marxista» me viene un poco grande. Efectivamente, me reconozco en la tradición marxista. Mis referencias son muchas, desde los clásicos «de toda la vida» –Marx, Engels, Rosa Luxemburg, Lenin, Trotsky, Gramsci…– hasta historiadores del movimiento obrero, como Pierre Broué, filósofos críticos como Walter Benjamin o Daniel Bensaïd… Me parece igualmente obligada la lectura de pensadores que no forman parte de esa tradición, pero cuyas investigaciones son enriquecedoras. En el libro hay una larga lista de autoras feministas. Y también reseñas de gente alejada en el espectro político, pero de inspiradoras reflexiones, como Isaiah Berlin o Daniel Innerarity.

Salvador López Arnal.- ¿Y qué es el marxismo para ti?

El marxismo no es una doctrina, sino un pensamiento crítico y materialista que trata de aprehender la realidad. Ninguno de los clásicos escribió una receta para los problemas a los que debemos enfrentarnos. Hay que estar dispuestos a aprender de todo aquel que pueda enseñarnos algo. Debemos pensar con nuestra propia cabeza; rechazar dogmas, sectarismos y arrogancia intelectual. Si la realidad desmiente nuestra teoría, es la teoría lo que debemos reconsiderar –y no enviar al diablo la realidad–. Esa enseñanza sí podemos recogerla tal cual de los clásicos. Insisto: la izquierda debe ser estudiosa.

Salvador López Arnal.- «Crisis territorial» es el título de unos de los apartados del libro. ¿Fue eso, fue una «crisis territorial» el intento nacional-secesionista .Cat se romper el Estado y crear un nuevo Estado-muro muy favorable, por lo que sabemos, y según tú mismo has señalado, a ser paraíso fiscal?

Bien, en realidad, tuvimos una crisis social, institucional y política, que cabalgó sobre un desajuste y lo envenenó. Con la perspectiva de los años, creo que toda la izquierda nos equivocamos al plantear en su día una reforma del Estatut que tendía a desbordar los marcos constitucionales y cuyo final poco feliz dejó abierta una herida de incomprensión, un deseo de reconocimiento no satisfecho. El «procés» ahondó esa herida, levantando la bandera de una secesión unilateral. Pero, como he dicho antes, ese movimiento servía ante todo de paraguas a la desazón y aspiraciones de unas clases medias que soñaban con un estatus más ventajoso al margen de España.

Lo de constituir una suerte de «Andorra con vistas al mar» no era sólo una ensoñación; de algún modo ese sería el único destino posible para un pequeño Estado, eclosionado en el sur de Europa en plena globalización. Nada más lejos de una entidad social y democrática. Además, la energía requerida para emprender ese vuelo se obtenía «por fisión». Es decir, rompiendo la unidad civil de la sociedad catalana, al exacerbar e inflamar el sentimiento nacional, tornándolo excluyente para más de la mitad de esa sociedad, que conjuga su catalanidad con el apego a España.

Salvador López Arnal.- ¿No hay en sectores de la izquierda española (incluida la catalana) una excesiva rapidez, tal vez por costumbre, en descalificar (¡derecha extrema, extrema derecha!) a organizaciones o colectivos ciudadanos que apuestan por la integridad nacional española?

Desde luego. El nacionalismo se nutre siempre de enemigos. La opresión cultural y política sufrida por Cataluña bajo el franquismo dejó en el imaginario colectivo una visión del nacionalismo catalán como algo con marchamo democrático. La izquierda tiene parte de responsabilidad en la permanencia de ese espejismo. En la transición, las izquierdas hicieron bandera de un catalanismo popular que pretendía cohesionar a la sociedad, recuperando como un bien común la lengua y la cultura maltrechas bajo la dictadura. Pero, durante más de veinte años, Pujol fue sembrando su particular lectura del hecho nacional catalán: no como una construcción integradora, permanentemente abierta e inconclusa, vinculada a la España democrática y a Europa, sino como un esencialismo. Entorno a la independencia, el «procés» trazó una separación entre auténticos catalanes y «colonos del franquismo». Hay que señalar que, en su día, ninguna fuerza política recicló tantos alcaldes franquistas como Convergència.

Salvador López Arnal.- Dato que a veces se olvida. Antonio Santamaría suele hacer énfasis en él.

Y la geografía del independentismo más radical coincide con las comarcas tradicionalmente carlistas. Sin embargo, es de rigor que todo aquel que no comulgue con las tesis independentistas sea tildado de reaccionario.

Salvador López Arnal.- ¿No hay mucho nacionalismo o incluso secesionismo en «Catalunya en comú»? Tú mismo aludes a la posición ambigua de la formación ante la convocatoria nacionalista del 1-O, que no era cualquier cosa.

No sabría decir si «nacionalismo» es el término adecuado. Se trata más bien de una cercanía con ERC –y en algunos casos también con la CUP–. Cercanía en cuestiones ideológicas, como la visión posmoderna del feminismo. En Barcelona, por la fuerza de las cosas, los comunes gobiernan con el PSC, pero preferirían sin duda hacerlo con ERC. Y no solo en la capital. Creo que es una cuestión de cercanía socio-cultural, a pesar de las distintas trayectorias militantes.

En el 1-O la postura oficial fue algo más que ambigua: se llamó ostensiblemente a votar en una convocatoria de parte, que no reunía ninguna garantía democrática e introducía peligrosos elementos de confrontación civil. Una cosa era estar en contra de la actuación policial en los colegios –el propio PSC amenazó con salir a votar si no cesaban las cargas–, y otra muy distinta dar legitimidad democrática a la convocatoria. En el libro explico la incomodidad que esa connivencia con el independentismo causó en nuestro grupo parlamentario.

Salvador López Arnal.- Te muestras muy partidario del federalismo. ¿Qué paso adelante sería una España federal respecto a la España de las autonomías? ¿No hay riesgos de que esa España federal se transformara en una España confederal o en un Reino de taifas? Señalas tú mismo que una condición sine qua non del federalismo es la lealtad y no se ve mucha lealtad, más bien lo contrario, en los nacionalismos, conservadores o no tan conservadores.

La idea de las autonomías respondía a la necesidad de acomodar la diversidad lingüística, cultural y de arraigados sentimientos nacionales que compone España en un proyecto democrático común. Pero ese propósito difícilmente podrá cumplirse sin un desarrollo federal de la estructura territorial. Quedarse en el marco autonómico es justamente lo que favorece las tendencias disgregadoras. Aunque las administraciones autonómicas han cumplido una parte de su cometido, también han favorecido que cristalizara una cierta mesocracia, unas nomenclaturas que se aferran al poder blandiendo la queja permanente y el agravio comparativo. Después de Cataluña, el Madrid de Ayuso ha retomado en cierto modo la bandera del separatismo de los ricos.

El federalismo pretende establecer unos niveles competenciales definidos para los entes federados y para el gobierno federal. Lo que no quiere decir que, en un caso como el nuestro, no debieran admitirse ciertas asimetrías; pero no desde luego margen para el dumping fiscal como el que practica la capital. Por el contrario, serían necesarios ámbitos de debate y concertación federal, con un Senado que actuase como cámara de representación territorial. Y, más allá de la buena disposición de tal o cual fuerza política, la lealtad institucional es obligada. El famoso 155 es una copia literal del artículo de la constitución alemana referido a la lealtad federal.

Hoy no existen condiciones para contemplar una reforma federal de la Constitución, que requeriría mayorías muy amplias. Pero sí podemos avanzar en la cultura federal, como se vio durante la pandemia. El federalismo acabará siendo el sentido común progresista.

Salvador López Arnal.- Te cito de nuevo: «En demasiadas ocasiones, la izquierda subestima la importancia de las batallas culturales. Y es un error, porque esas batallas no solo definen los contornos de una épocas: a través de ellas, se instalan en el imaginario colectivo los distintos modelos de sociedad en liza. Mucho más incluso que a través de la confrontación de los programas, siempre contingentes, de los partidos que se disputan el poder». ¿Por qué comete ese error tan básico la izquierda? ¿Cómo no va a tener importancia la lucha de ideas, de modelos de sociedad, de cosmovisiones sociales?

Quizá por ese sentimiento de «fin de la historia», al que ha sucedido la incertidumbre de un futuro inimaginable. Hay un desplazamiento del pensamiento de una izquierda que analizaba las contradicciones del capitalismo, que con mayor o peor fortuna se orientaba en función de la evolución del conflicto social, situando en ese contexto los debates de carácter ideológico y cultural. Hoy, un caleidoscopio de identidades llena por completo el espectro de un presente angustioso e infinito. La izquierda ha perdido el pulso de la historia.

Salvador López Arnal.- Ucrania, sostenías el 27 de febrero de 2022, es teatro y víctima de una confrontación mucho más amplia y prolongada, una confrontación de naturaleza imperialista. Confrontación, ¿entre quiénes? ¿El Pentágono ha jugado al empantanamiento de Rusia en tierras ucranianas?

Trotsky decía que, en nueve de cada diez ocasiones, la izquierda podía ubicarse correctamente en un conflicto por oposición a lo que hacían la burguesía o sus gobiernos. Pero, a veces, se presentaba la ocasión número diez, y había que analizar los pormenores de la situación para orientarse. Es el caso de Ucrania. El contexto geopolítico mundial está marcado por la competición entre Estados Unidos y China. Rusia, con su régimen autocrático y su temible arsenal militar, es ya un actor secundario. Su dependencia de Pekín irá en aumento. China sigue el curso de la guerra en Ucrania pensando en Taiwán. También es cierto que la dinámica de expansión de la OTAN sólo podía tensar las relaciones con Rusia. Pero, en los pliegues de ese contexto, la invasión de Ucrania por parte de Putin, una invasión con finalidades netamente expansionistas, tiene un grosor y una entidad propias que no se diluyen en el escenario general. Ucrania lucha por su supervivencia frente a una agresión imperialista. Más allá de los cálculos interesados de Estados Unidos o de otras potencias, la República ucraniana tiene el derecho a defenderse y a reclamar armas a todo el mundo. Esa lucha es progresista. Y cuanto antes lo entienda la izquierda más capaz será de intervenir políticamente para que las ayudas militares occidentales de hoy no se conviertan en un nudo corredizo en torno al cuello de Ucrania.

Salvador López Arnal.- ¿Cuándo empezó la guerra, el 24 de febrero de 2022, o en 2014, con el Maidán, un golpe de estado en opinión de J. A. Zorrilla, el ex embajador español en Georgia, un occidentalista y liberal crítico según su propia autodefinición?

Podríamos discutir la concatenación de los acontecimientos hasta el infinito. De hecho, deberíamos remontarnos al colapso de la URSS y al caótico proceso que llevó a la configuración de un régimen autoritario sostenido por unos oligarcas que levantaron su fortuna sobre el saqueo de la economía nacionalizada soviética. No sólo en Ucrania, también en el desarrollo de las cosas en Rusia desde la época de Boris Yeltsin incidió poderosamente la política exterior americana. Durante años, occidente le ha reído las gracias a Putin. La primera economía europea, la alemana, volvió a encontrar su natural zona de expansión económica hacia el Este, y sostenía su competitividad industrial sobre el suministro de carburante ruso a buen precio. Ahora, todo se ha ido de las manos a unos y a otros. Y, por supuesto, todas las cancillerías hacen sus cálculos. Algunas conspiran abiertamente. Pero esas maniobras no definen la naturaleza de la guerra, ni empañan la legitimidad de la resistencia ucraniana.

Salvador López Arnal.- Refiriéndote a la izquierda europea, sostienes que el «no a la guerra» debe declinarse en concreto, proponiendo objetivos a la movilización ciudadana y formulando exigencias a los distintos gobiernos. ¿Qué objetivos serían esos? ¿Qué exigencias? ¿Armas para Ucrania, como titulas uno de tus artículos?

Armas para Ucrania, por supuesto. Pero, al mismo tiempo, la izquierda debería construir sus propios vínculos con la izquierda y las fuerzas progresistas ucranianas, con sus sindicatos y entidades de la sociedad civil. Defender a Ucrania y atenerse a las exigencias de la guerra no debería confundirse con una identificación política con el gobierno de Zelenski. Hay que defenderlo militarmente frente a Putin, no frente a la crítica política de esa izquierda ucraniana que combate lealmente en el frente y contribuye a sostener la retaguardia.

En cuanto a nuestros gobiernos, hay que exigirles que sean consecuentes en su apoyo económico y militar a Ucrania, en sus presiones sobre Moscú y en sus iniciativas diplomáticas. No es admisible especular con una guerra de desgaste, a costa del sufrimiento del pueblo ucraniano y de la pérdida de miles de vidas de soldados y civiles. Pero también es necesario hallar la manera de promover la idea de articular una defensa autónoma europea. Cosa difícil en estos momentos. Putin ha logrado revitalizar la OTAN y, con ella, el liderazgo americano.

Por otro lado, la inercia de los Estados nacionales es muy fuerte. Francia es incapaz de mantener un contingente en Mali, pero saca pecho con su force de frappe y se considera el comandante en jefe natural de un ejército europeo, si un día lo hubiera. A pesar de todo ello, si Europa no quiere permanecer cautiva de los cálculos del amigo americano, tarde o temprano deberá encarar el desafío de un sistema federal de defensa, respaldando una diplomacia pacifista que pese en el escenario mundial.

Salvador López Arnal.- Te cito de nuevo: «Unas demandas [renuncia de la OTAN a seguir ampliando su área de influencia, neutralidad de Ucrania] razonables, dice Poch de Feliu. De ser atendidas, opina, se hubiese evitado la guerra. Nada se antoja menos seguro. Las demandas pueden se razonables, pero Putin no lo es… los acontecimientos hubiesen tenido sin duda otra concatenación, pero difícilmente ésta hubiese sido pacífica.» ¿Putin es un loco y la guerra, por parte de Rusia, era inevitable?

No me atrevería a formular un diagnóstico clínico acerca de la personalidad de Putin. Doctores tiene la academia. Lo cierto es que todo sistema político acaba encontrando los hombres que mejor encarnan sus tendencias, y esos individuos les imprimen a su vez su sello particular. Putin dirige un gobierno de antiguos oficiales del KGB, que se han enriquecido junto a otros oligarcas mediante el saqueo, la corrupción y el crimen, con el beneplácito de Occidente. Ese régimen debe comprimir violentamente la expresión de las tremendas desigualdades sociales que reinan en Rusia. Denunciar la autocracia rusa es exponerse a perder la libertad o la vida. La consolidación de ese poder ha sido, en cada una de sus etapas, inseparable de la guerra. Chechenia está en memoria de todos. Ucrania representa un objetivo definitorio de la ambición de Putin de reconstituir un imperio ruso. En la medida que el arraigado sentimiento nacional de Ucrania hacía inviable una toma de control de la República mediante un simple desplazamiento del personal político, la guerra estaba a la orden del día. El discurso acerca de la protección a la población rusa del Donbass recuerda la anexión de los Sudetes por parte de Hitler. Putin contaba con un blitzkrieg sobre Kiev. La guerra, sin embargo, se ha estancado, incrementando todos los peligros a nivel mundial. Desde el punto de vista de los intereses de los oligarcas, la aventura puede acabar siendo desastrosa. Pero esa es el reverso de los regímenes autoritarios: representan por aproximación los intereses de los estamentos sociales que los sustentan, pero tienen su propia dinámica y voluntad de supervivencia. Un conjunto de organismos policiales, militares y de inteligencia se vigilan unos a otros en el Kremlin. Para Putin vencer es imposible, retroceder impensable. El dilema del autócrata atenaza a todo el mundo.

Salvador López Arnal.- Cambio de tema. ¿Qué opinión te merece el Sumar de Yolanda Díaz? ¿Un proyecto ilusionante? ¿Qué modelo de país observas en él?

Un proyecto por definir. Y una tarea vital para el conjunto de la izquierda. Si Yolanda Díaz no logra su propósito de federar ampliamente las fuerzas que se sitúan a la izquierda del PSOE, no habrá manera de configurar una mayoría de progreso, por mucho que la socialdemocracia haga un buen papel en las próximas elecciones. PP y Vox se harían con el gobierno. Yolanda Díaz cuenta con un inestimable respaldo en el sindicalismo de clase y un perfil de solvencia, de izquierda seria, gracias a su desempeño ministerial. Pero no lo tiene fácil. Pablo Iglesias y su entorno no aceptan un nuevo liderazgo cuyas iniciativas no tengan monitorizadas. Por otro lado, los mimbres con los que Yolanda Díaz tiene que trenzar su plataforma electoral –así como la alianza que la sustente– plantean no pocos problemas. El modelo de país que vaya a surgir de «escuchas» y encuentros, más allá de generalidades, es toda una incógnita.

Por otro lado, Errejón, Mónica Oltra, Ada Colau… ponen de los nervios al feminismo clásico, el feminismo de la igualdad, con su entusiasmo transactivista. Y eso no es una cuestión menor, sino que revela una determinada visión de la sociedad, con derivadas en muchos ámbitos. Pero habrá que trabajar con los materiales disponibles. Por lo menos, articulando un espacio electoral que permita a la izquierda retener el gobierno, ganando el tiempo necesario y las condiciones más favorables para estructurar una organización más sólida, deliberativa y arraigada socialmente.

Salvador López Arnal.- Afirmas que el futuro de España, el porvenir de su cohesión y de su convivencia, son inseparables del destino del proyecto europeo. ¿De qué Europa? ¿De la que representa la UE realmente existente?

La «UE realmente existente» está en plena transformación, confrontada a disyuntivas que determinarán su semblante y su futuro. «A la fuerza ahorcan». La pandemia ha obligado a una suspensión del rigor fiscal y a respuesta mutualista y coordinada, en las antípodas del abordaje austericida de la anterior crisis financiera, que ahondó la recesión y fue especialmente cruel con los países del Sur. La guerra pone de relieve que ningún Estado puede afrontar por separado las dificultades de aprovisionamiento energético, los impactos sociales del conflicto o los retos de la descarbonización de la economía. El Parlamento europeo acaba de aprobar un ambicioso paquete de medidas progresistas. Mario Draghi evocó en Estrasburgo la necesidad de avanzar hacia una Europa federal. Macron afronta a la izquierda blandiendo la bandera de la integración europea y de la revisión de sus tratados. Alemania se ve abocada a replantear su papel en el continente, al cambiar las condiciones sobre las que se basaba la preeminencia de su industria. Nada garantiza que las cosas salgan bien: la nomenclatura de Bruselas y del BCE ha sido formada en la ortodoxia neoliberal, la inercia de los Estados nacionales sigue siendo muy fuerte. Y la resistencia de finanzas y corporaciones transnacionales a cualquier intento de embridar los mercados, tenaz. Sin embargo, existe una ventana de oportunidad para promover el proyecto de una Europa social y democrática, capaz de armonizar fiscalidad y derechos, de mancomunar esfuerzos y dotarse de presupuestos y proyectos ambiciosos. Practicando un «federalismo de los hechos», la izquierda debería apostar por esa vía de superación de una ilusoria «soberanía nacional» donde germinan los delirios reaccionarios de la extrema derecha.

Salvador López Arnal.- Has hablado antes de pasada pero insisto. ¿Qué es China para ti a día de hoy? ¿Un país capitalista de nuevo cuño con una política exterior tan imperial como otras grandes potencias? ¿Otra cosa?

China demuestra que la vida siempre es más rica y compleja que los modelos teóricos. Su realidad es híbrida. La burocracia gobernante no sólo mantiene un férreo control sobre el país, sino que dispone de una amplia porción de industria estatal. El giro del régimen en la década de los setenta situó a China en el corazón de la globalización. Su desarrollo capitalista ha sido prodigioso. Pero ese éxito del poder burocrático ha creado a su vez contradicciones que, tarde o temprano, se manifestarán con fuerza torrencial. El vertiginoso crecimiento de las ciudades ha creado una nueva clase obrera, que acabará tomando conciencia de su poderío. Al mismo tiempo, ha generado una clase media que recibirá de lleno los impactos de las crisis cíclicas, propias del capitalismo en el que China se ha insertado con tanto brío. La que estuvo a punto de llevarse por delante a Evergrande, gigante de la construcción, fue una advertencia de cataclismos venideros. La necesidad de conquistar mercados y disponer de materias primas ha empujado a ese capitalismo, tutelado por el Estado, a seguir las pautas del desarrollo imperialista a cuenta de los países en vías de desarrollo. La disputa con Estados Unidos no hará sino exacerbar las contradicciones internas. A pesar de su aparente solidez, ¿por cuánto tiempo podrá encuadrar el régimen a los bulliciosos magnates que él mismo ha creado? Veremos acontecimientos de alcance histórico. La naturaleza social de la República Popular aún está en disputa.

Salvador López Arnal.- Te preguntas en el último texto que has incorporado al libro si una tercera guerra mundial está a la orden del día. Con las amenazas altísimas de Putin y las réplicas airadas de Biden, señalas, «el temor empieza a hacer mella en la sociedad.» Añades que la hipótesis de un cataclismo nuclear se inscribe en la actual crisis de la globalización y en la conformación de dos grandes bloques y que todas las plegarias pacifistas del mundo no pueden disipar ese peligro. En última instancia, así lo señalas, disipar ese peligro apocalíptico «solo es concebible merced a un ascenso decisivo de las fuerzas progresistas en Norteamérica, capaz de vencer al poder de Wall Street y del complejo militar-industrial, y a una revolución democrática en China, bajo impulso de su renovada clase obrera.» Pues no parece que esas condiciones que señalas como imprescindibles estén dadas o que se esté en camino de alcanzarlas. ¿Qué nos cabe esperar entonces? ¿La hecatombe, el desastre, el suicidio como especie?

«El día se acerca y Marte gobierna la hora», diría Schiller. El amanecer irrumpe tras el momento más frío y tenebroso de la noche. Es muy posible que la revolución sea hija de una guerra, de una catástrofe social o medioambiental. La lucha de clases no extiende garantías previas sobre su desenlace. Pero podemos constatar hasta qué punto las contradicciones se acumulan y se tornan explosivas. El nivel de violencia armada que puntúa el día a día de la sociedad americana indica que la atmósfera se está cargando de electricidad y el enfrentamiento civil está latente. Las crisis actuarán como formidables aceleradores. Y, efectivamente, a cierto plazo, el destino de la humanidad estará en juego. Jamás había alcanzado la civilización tal capacidad de producción, atesorado tantos conocimientos y potencial de progreso. Y nunca había estado tan cerca de provocar una hecatombe para la especie y la biosfera. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo. Por eso no se trata de esperar nada. Una izquierda que espera no es izquierda. La gravedad de la disyuntiva histórica, lejos de paralizarnos, debe empujarnos a la reflexión, al esfuerzo por comprender los acontecimientos; debe llevarnos a la organización y al compromiso con los oprimidos. Este libro tiene la pretensión de inscribirse en ese enorme esfuerzo colectivo al que está convocada la izquierda.

“Una izquierda que espera no es izquierda. La gravedad de la disyuntiva histórica, lejos de paralizarnos, debe empujarnos a la reflexión, al esfuerzo por comprender los acontecimientos; debe llevarnos a la organización y al compromiso con los oprimidos”

Salvador López Arnal.- ¿Quieres añadir algo más?

Mejor lo dejamos para un próximo libro…

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Entrevista a Andrés Piqueras en torno a su último libro. De la decadencia de la política en el capitalismo terminal «Revolución o extinción»

26/09/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Salvador López Arnal

 

 
Andrés Piqueras es profesor titular de Sociología y Antropología Social en la Universidad Jaume I de Castellón. Entre sus numerosos libros publicados, cabe citar aquí La opción reformista. Entre el despotismo y la revolución, Capitalismo mutante. Crisis y lucha social en un sistema en degeneración, La tragedia de nuestro tiempo. La destrucción de la sociedad y la naturaleza por el capital, Las sociedades de las personas sin valor y De la decadencia de la política en el capitalismo terminal. El Viejo Topo ha publicado recientemente su último libro: De la decadencia de la política en el capitalismo terminal. Un debate crítico con los «neo» y los «post» marxismos. También con los movimientos sociales. Andrés Piqueras es miembro del Observatorio Internacional de la Crisis (OIC), con el que lleva tres lustros estudiando la crisis civilizatoria del capitalismo.

Salvador López Arnal.- Dedicas tu último libro «A los millones y millones de comunistas que dieron sus vidas a lo largo del siglo XX, por un mundo sin explotación. También a los comunistas que dedicaron su vida a ello… y vencieron». ¿Una vindicación de la tradición comunista… a pesar del estalinismo y de El libro negro del comunismo?

Andrés Piqueras.- Por supuesto. Diría que es la razón de ser del libro, en tanto que entiendo que el movimiento comunista de la humanidad ha sido hasta hoy el máximo exponente de la evolución humana en pos de unas posibilidades de vida para la especie que permitan la armonía entre sí y con la naturaleza. De hecho, a la postre, sólo un alto grado de cohesión basado en amplias condiciones de igualdad podrá permitirnos la existencia como especie. El comunismo, como decían Engels y Marx, no es sino el constante movimiento autoemancipador y autoconsciente de la humanidad. La evolución no es sino una progresión no lineal de complejidad de los organismos vivos (y sociales), de ahí deduce Engels que una sociedad capaz de planificar su economía y su interacción con la naturaleza, de eliminar las contradicciones inherentes a las clases sociales, es necesariamente más evolucionada y está mejor preparada para mantenerse (al estar también más cohesionada).

No voy a entrar a contestarte sobre el panfleto del Libro negro, fiel a la propaganda capitalista desatada desde el último cuarto del siglo XX (un proyecto sistemático de reescritura de la Historia y de amputación de la Memoria histórica –ya prácticamente seccionada para las nuevas generaciones–), empeñada en hacernos creer que «comunismo» y «nazismo» son parte de lo mismo (como si el nazismo no fuera una excreción despótica del capitalismo y como si, para empezar, la humanidad hubiera llegado en algún momento al comunismo). No merece la pena en una entrevista con espacio tan limitado entrar a contestar esos libelos expandidos desde los centros de inteligencia del sistema.

Salvador López Arnal.- Era una pequeña provocación entre amigos.

Andrés Piqueras.- Sí diré que la matanza de comunistas y de gentes acusadas de serlo, sólo en el siglo XX, desatada por el capitalismo, ya sea en su forma fascista, ya en la «democrática» (liderada por EE.UU.) supera con creces cualquier pesadilla. El reciente libro de Vincent Bevins, El método Yakarta, es uno de los que ha comenzado a revelar la magnitud de esa matanza.

Salvador López Arnal.- Seiscientas páginas, más de treinta de bibliografía, extensas e interesantes notas al pie de página (que recuerdan en ocasiones las notas no menos extensas e interesantes de El capital), prosa sustantiva, nada ligera, argumentos que exigen codos y concentración,… ¿A quién va dirigido el libro?

Andrés Piqueras.- A quienes todavía tienen ganas de transformar el mundo y además quieren atreverse a pensar por sí mismos/as (algo cada vez más difícil partiendo de unos medios de formación y socialización concebidos para subordinar e idiotizar, nuestras vidas sometidas a continuos bombardeos mediáticos teledirigidos, con sus «guasaps», «twitters», «instagrams», etc, que nos permiten enorgullecernos de ser masa y seguir a «blogueros», «influencers» y otra ralea narcotizante semejante). Como decía Labriola, ese gran pensador precursor de Gramsci tan olvidado hoy, «pensar es producir», entraña un ejercicio cotidiano de reconstrucción del mundo y de nuestra posición en él, de manera que podamos manejar mejor nuestra vida. Ser comunista implica pensar, en su sentido más profundo, «radical», por fuera de la cosmovisión dominante, como pensar en acción.

Salvador López Arnal.- Un concepto que usas con frecuencia: materialismo. ¿Qué es el materialismo desde tu punto de vista? ¿Qué hay de singular en el materialismo de Marx y Engels?

Andrés Piqueras.- El materialismo busca conocer las causas más profundas que mueven los procesos históricos y que se combinan siempre con la acción humana. Deja de ver las ideas como categorías abstractas, creadoras del mundo, para entenderlas como productos del mismo. Engels y Marx nos presentaron un patrón para entender el mundo y las creaciones intelectuales humanas, de tal manera que hoy podemos saber que las formas como los seres humanos conseguimos la producción y reproducción de nuestra vida trazan nuestras posibilidades sociales e ideológicas. Es decir, que el nudo que contiene la mayor fuente de explicación social es la producción y reproducción de la vida real.

Eso sí, la dialéctica enriquece y complementa al materialismo, dado que entiende que lo concreto es sólo tal porque es la concentración de infinitas determinaciones, su plasmación real nunca permanente sino en continuo proceso de modificación. La condición clave es no entender más las partes de la sociedad de manera separada; de ahí que a Marx nunca se le ocurrió desarrollar una teoría política ni una teoría económica, por ejemplo, sino que lo que hizo fue elaborar una penetrante crítica de la «economía política» dada, a la que opuso el análisis dialéctico del todo y sus partes. Análisis de la totalidad, el capitalismo, que a su vez no es sino una totalidad dentro de otra: la de la especie humana, que a su vez es una totalidad dentro de otra, la de la Vida, que a su vez es una totalidad dentro de otra, el Cosmos…

Por su parte, lo material acompaña a lo dialéctico en cuanto que la materia precede a la idea, el organismo a la conciencia, la formación orgánico-química de la vida a la especiación y al Homo sapiens sapiens, los procesos para conseguir energía a los ratos para dedicar al arte y a la filosofía… Pero una vez que esos procesos cobran existencia, la idea, la conciencia, la filosofía, entran también en relación dialéctica con el todo. De este modo, como dice Felip a quien cito, el objeto del pensar no es ya la materia como opuesta a la idea, sino la unidad dialéctica de materia e idea en la forma de procesos de una totalidad compleja, estructurada y contradictoria.

Salvador López Arnal.- ¿Es necesario seguir reivindicando a Marx en esta tercera década del siglo XXI? ¿Quién duda a día de hoy, obrando y pensando de buena fe, que Marx, el marxismo, han sido y son muy importantes para la comprensión de la composición y evolución de las sociedades humanas y de su transformación?

Andrés Piqueras.- Esto es lo que he intentado expresar en todo momento en el libro. El marxismo constituye hasta hoy la principal praxis de emancipación humana que ha levantado la humanidad, es la piedra angular de una crítica de la economía política capitalista, de toda su civilización; puntal de una lucha para librar a la humanidad de estar sometida a leyes y fuerzas sociales vinculadas a la explotación, la dominación y la exclusión que de otra forma nos serían en gran medida desconocidas o camufladas bajo los ropajes de la fetichización, la mistificación, la ilusión o la naturalización de las cosas que secreta el capitalismo. Por supuesto, el marxismo entraña un nuevo proyecto civilizatorio en el que esas dinámicas de explotación y dominio de la especie humana entre sí estén erradicadas. Por eso es a la vez, e irrenunciablemente, un método científico, una proyección y un compromiso políticos y una comprensión del mundo. En suma, un croquis que nos ayuda a caminar por él para poder transformarlo. Lo cual implica, indefectiblemente, una conducta o una síntesis práxica (precisamente la que han querido suprimir los «neomarxismos»).

Salvador López Arnal.- Respecto a la segunda pregunta…

Andrés Piqueras.- Respecto a la segunda pregunta, podría decirte, con palabras de Borón, que al igual que ocurriera con Copérnico en la astronomía, la revolución teórica de Marx arrojó por la borda el saber convencional que había prevalecido durante siglos. Marx, y subrayo Engels, desencadenaron en la historia y las ciencias sociales una revolución teórica tan rotunda y trascendente como la de Copérnico o Darwin en otros campos. «Y así como hoy se convertiría en un hazmerreir mundial quien reivindicase la concepción geocéntrica de Ptolomeo, no mejor suerte correrían [deberían correr, corrijo yo aquí a Borón] quienes increpasen a alguien acusándolo de ‘marxista’.»

Salvador López Arnal.- Tomo pie en tu «subrayo Engels». ¿Por qué hablamos tanto de Marx (que está muy bien) y tan poco de Engels (que está muy mal, y es injusto además)? ¿Marx fue el gran director de la orquesta y Engels un interesante y fiel primer violín?

Andrés Piqueras.- Afortunadamente, después de décadas de denigración de Engels, sobre todo por parte de los «neo» y los «postmarxismos» (en el libro explico por qué), está cobrando fuerza un movimiento de recuperación de su enorme figura dentro del marxismo, por fin (y hace poco aprovechando el bicentenario de su natalicio). El Viejo Topo ha publicado recientemente un gran trabajo de González Varela, Friedrich Engels antes de Marx, donde se pone en su sitio la importancia teórica, política y revolucionaria de este coloso que se empeñó en ser «segundo violín» para dar paso a Marx [como él mismo escribió a Mehring, «Si encuentro algo que objetar es que usted me atribuye más crédito del que merezco, aun si tengo en cuenta todo lo que —con el tiempo— posiblemente podría haber descubierto por mí mismo, pero que Marx, con su cop d’oeil más rápido, y su visión más amplia, descubrió mucho más rápidamente. Cuando se tiene la suerte de trabajar durante cuarenta años con un hombre como Marx, generalmente no se le reconoce a uno en vida lo que se cree merecer. Si muere el gran hombre, al menor fácilmente se le sobreestima, y este parece ser justamente mi caso en la actualidad; la historia terminará por poner las cosas en su lugar».

Engels tiene una dimensión impresionante, y fue precursor e inspirador de Marx en diferentes campos (el de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, entre otros). De hecho, como es más que sabido, es quien inicia a Marx en el materialismo y quien abre la vía a que ese materialismo se dialectizara. Y sin embargo, parte de su grandeza está en que él mismo se hace a un lado para permitir que fuera su amigo quien ocupara un primer plano, porque a pesar de que fue Engels quien le guió en diferentes ocasiones, había descubierto en Marx un potencial que le superaba intelectualmente y, como buen revolucionario, decide quedar en segundo plano.

«Engels tiene una dimensión impresionante, y fue precursor e inspirador de Marx en diferentes campos (el de la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, entre otros)»

Salvador López Arnal.- «El capitalismo está en fase terminal». ¿Qué indicios te empujan a esa conclusión? A primera vista no lo parece. Para algunos, que no son pocos, sigue más vivo y fuerte que nunca a pesar de sus crisis y tropiezos.

Andrés Piqueras.- Las razones principales las he venido indicando y desarrollando en mis trabajos de al menos los últimos doce años, algunos de los cuales citas en la Introducción. También las tenemos expuestas en las elaboraciones colectivas del OIC. Te resumo esquemáticamente.

Salvador López Arnal.- Adelante con el resumen.

Andrés Piqueras.- En este momento histórico el capitalismo incumple crecientemente los dos principales elementos que constituyen su razón de ser: la conversión del dinero en capital y la conversión de seres humanos en fuerza de trabajo asalariada (subsunción real del trabajo al capital), o dicho de otra manera, en una mercancía que realiza trabajo abstracto. Hemos visto algunas de las claves a las que se enfrenta el neoliberalismo financiarizado como modelo de crecimiento que se ha intentado poner en práctica a escala casi planetaria. Con la degeneración de ese modelo el capitalismo en sí mismo enfrenta una serie de contradicciones cada vez más insalvables: 1. Entre acumulación y regulación (forma en que se expresa hoy la contradicción clásica entre desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones sociales de producción). 2. Entre valorización y realización (dado que la escasa recuperación de la tasa de ganancia en la producción se ha hecho a costa de una exacerbada depresión de la demanda). 3. Entre el valor ficticio generado por el entramado mundial financiero-especulativo y la plusvalía real generada, que responde a un estancamiento de la rentabilidad (lo que denotó una parcial recuperación de las tasas de ganancia sin proporcional acumulación de capital). 4. Entre estancamiento y endeudamiento, el cual como factor imprescindible del crecimiento actual no tiene contrapartida ni productiva ni energética para posibilitar que una hipotética acumulación futura pueda satisfacer las deudas del presente. 5. Entre el valor capitalista y la riqueza social y natural, pues aquél depende cada vez más de la destrucción de éstas. 6. Entre el desarrollo de las fuerzas productivas (la automatización) y las bases de sustentación del capitalismo: valor, trabajo asalariado, plusvalía, ganancia…, que resultan crecientemente deterioradas.

Se pone a prueba, además, la adaptación funcional del complejo institucional y de dominación respecto del proceso de ajuste capitalista. O lo que es lo mismo, podríamos apuntar a una probable creciente contradicción entre legitimidad y formas unilaterales actuales de «regulación social» (o si se quiere, de lo que ellos llaman la «gobernanza» en curso).

Para calibrar esta última contradicción y al tiempo desafío, hay que tener en cuenta que asistimos en este impasse, mientras se produce el declive del neoliberalismo financiarizado (en el que siempre han pervivido restos del keynesianismo) y no termina de coagularse ningún modelo nuevo que lo sustituya, a una profunda reestructuración de la dominación de clase y de concentración de poder entre las élites dominantes a escala global. Pero la destrucción social que entrañan todas estas dinámicas tiene un correlato ineludible: sin sociedad no hay economía.

Salvador López Arnal.- Hablas del carácter ilusorio de la democracia capitalista. ¿Por qué? ¿No es acaso el caso que muchas «conquistas democráticas», como el derecho de huelga y manifestación, la jornada (muchas veces incumplida) de las 40 horas semanales, son fruto de sacrificadas, arriesgadas y a veces heroicas luchas de los trabajadores y trabajadoras?

Andrés Piqueras.- Los logros democráticos en el capitalismo, esto es, conseguir decantarle hacia su opción reformista o socialdemócrata (con una relativa mayor distribución del poder social; mayor participación del conjunto de la sociedad en las decisiones que la afectan; mayor redistribución del conjunto de la riqueza social), sólo se han podido alcanzar históricamente, siempre a través de las luchas de clase, cuando coinciden tres tipos de factores: 1) Cuando la masa de ganancia y con ella la tasa media de beneficio se desarrollan satisfactoriamente para la clase capitalista. 2) Cuando la clase capitalista se ve con dificultad de reemplazar o sustituir a la fuerza de trabajo; es decir, cuando se reduce mucho el «ejército laboral de reserva». 3) Cuando la fuerza de trabajo organizada adquiere una relevante fuerza social y política (las posibilidades de esta condición están a su vez profundamente vinculadas a las de las dos anteriores).

En esta fase del capitalismo no se dan ninguno de esos factores. Antes al contrario, tenemos una acumulación de capital gripada sin visos de superarse; un «ejército laboral de reserva» que hoy se ha hecho mundial, con al menos 4.200 millones de personas en situación de «disponibilidad migratoria», allá donde y cuando lo requiera el capital. El poder social de negociación (capacidad de hacer valer los propios intereses a escala social) de la fuerza de trabajo queda, con todo ello, reducido a mínimos.

Eso quiere decir que pretender mejoras sociales substanciales dentro del capitalismo actual se va convirtiendo cada vez más en una quimera (los hechos históricos que vivimos desde hace al menos 30 años así lo atestiguan). El avance social cada vez más claramente sólo se podrá hacer contra el capitalismo, como parte de un proyecto de construcción de otra civilización.

Salvador López Arnal.- Una de tus tesis centrales: la no independencia de la política respecto del valor. ¿Nos puedes dar algún ejemplo de esa dependencia?

Andrés Piqueras.- Por las mismas razones que acabo de exponer, si al capitalismo le va mal, si tiene dificultades para ampliar el valor o realizar la plusvalía, no puede permitirse aperturas democráticas. La política se cierra y se dirige en toda su amplitud e intensidad a intentar paliar la caída del valor. Eso se traduce en contrarreformas laborales y fiscales, exponencial aumento de la explotación, degradación de los mercados laborales y militarización de las relaciones internacionales. En la ciencia hay bastantes premisas más difíciles de comprobar que esta cuestión teórica que te estoy enunciando. La venimos constatando en nuestras experiencias de vida desde los años 70 del siglo XX.

Por eso precisamente lo que propongo en el libro es que la política dentro de los cauces del capital está prácticamente cerrada. Es cada vez más un mero instrumento del (moribundo) valor. Repito, hoy ya sólo contra el capital se pueden conseguir nuevos logros sociales, por lo que hay que empezar a replantearse proyectos y estrategias a partir de estas consideraciones, en lugar de mirar atrás, según hacen las izquierdas del sistema (o izquierdas integradas) en todos lados, para ver si el capitalismo vuelve a o recupera su fase keynesiana. Como si eso fuera posible.

Salvador López Arnal.- Y no lo es en tu opinión, queda claro. Dos de las cuestiones centrales que desarrollas en la primera parte del libro: la teoría del valor-trabajo y la ley tendencial de la caída de ganancia.

Dos de las cuestiones centrales que desarrollas en la primera parte del libro: la teoría del valor-trabajo y la ley tendencial de la caída de ganancia. ¿Por qué son tan esenciales en su interpretación de la obra de Marx y del marxismo?

Andrés Piqueras.- Efectivamente, dedico toda la primera parte del libro a intentar explicarlo. De nuevo, intento resumir. El valor es una relación social de producción que cobra cuerpo en las mercancías, de donde resulta el nexo social elemental del que derivan las formas de ser y de conciencia en la sociedad capitalista. El valor deviene una forma de riqueza que se media a sí misma y se mide a través del gasto de (tiempo de) trabajo abstracto (un trabajo social, promedio) empleado en la producción de mercancías, y que se expresa como valor de cambio o precio. Si el trabajo concreto de cada quien genera productos para satisfacer necesidades, el trabajo abstracto produce mercancías para aumentar la ganancia de quien lo posee (y no de quien lo ejerce), una vez que aquéllas han pasado por el mercado (es decir, casi nunca esas mercancías están destinadas a quienes las producen). Mas la forma mercancía no alude sólo a los productos humanos destinados al mercado (como en otros modos de producción), sino que estructura toda la producción, distribución, consumo y, en suma, el conjunto de relaciones sociales en el capitalismo. Como quiera que las mercancías están directamente imbricadas en el valor en vez de vincularse a la riqueza material, lo importante en el capitalismo no es la generación de riqueza en cuanto que productos o bienes satisfactores de necesidades (valores de uso), sino la obtención incesante y ampliada de valor. Pero no tanto, tampoco, en sí mismo, sino como plusvalor (plusvalía), o el valor nuevo que los seres humanos generan con su trabajo y que no les es pagado.

Marx descubrió que al ir sustituyendo trabajo humano («trabajo vivo») por máquinas («trabajo muerto»), la fuente de ganancia, el plusvalor, decae necesariamente. En el libro pretendo mostrar por qué Marx acertó con esta previsión y la importancia sustancial que tiene para explicar las crisis capitalistas, así como su enfermedad crónica, de la que no puede escapar por más que la esquive: la sobreacumulación de capital (cada vez más máquinas en vez de fuerza de trabajo, para decirlo sencillamente). Y lo hago no sólo contra los teóricos clásicos y neoclásicos que la niegan, sino contra algunos «neomarxistas» que también la ponen en cuestión.

Salvador López Arnal.- La segunda parte de tu libro está dedicada a escuelas neomarxistas que, según afirmas, han borrado de facto la praxis. ¿Por eso hablas de su carácter parcial e in-político? ¿No es un contrasentido hablar de escuelas de inspiración marxista que han abandonado la praxis política?

Andrés Piqueras.- Para mí sí. Sin proyección política traducida en programas y/o líneas de acción y de intervención sobre la realidad, no hay marxismo. Podría haber materialismo y podría haber dialéctica, pero no marxismo. De todas formas algunos de los autodenominados neomarxismos reniegan también o del materialismo o de la dialéctica, e incluso a veces de ambos.

Salvador López Arnal.- ¿Y cuál sería tu principal crítica a los neomarxismos que analizas en tu libro?

Andrés Piqueras.- Muy cercana a la que les dedicara Bensaïd. Han construido (o al menos han intentado presentarnos) un Marx sin comunismo ni revolución, sin organización ni partido, sin programa ni estrategia, un Marx abstracto y «esotérico», desprovisto de cualquier vertiente programática e incapaz de articular ni de movilizar sujetos reales colectivos. Una teoría in-política que bien proclama el apoliticismo (como hace la Nueva Crítica del Valor), bien hace propuestas que a la postre resultan inocuas para el sistema (como el «marxismo abierto», el «autonomista» o la Nueva Lectura de Marx). No hay en sus elaboraciones análisis de correlación de fuerzas ni de incidencia en ellas, tampoco estudio de fase ni de etapa del capitalismo. Están sustentadas, por lo general, en abstracciones sin traducción empírico-política o, en el mejor de los casos, se detienen en el necesario análisis de ciertos elementos nucleares del capital, pero sin ofrecer jamás una traducción política, sin dar el salto a la praxis.

«No hay en elaboraciones neomarxistas análisis de correlación de fuerzas ni de incidencia en ellas, tampoco estudio de fase ni de etapa del capitalismo. Por lo general, se sustentan en abstracciones sin traducción empírico-política»

Salvador López Arnal.- Por la misma senda que la pregunta anterior: ¿por qué el populismo de izquierdas ha tenido tanto éxito en ocasiones? ¿Por qué, como afirmas, es el basamento de todos los postmarxismos?

Andrés Piqueras.- Forma parte de la dotación in-política del capitalismo degenerativo actual, que impregna a la izquierda integrada, la izquierda del sistema. Lo explico.

El problema para las diferentes fracciones agenciales del capital fue desde el principio cómo manejar, aun continuando su pugna por el menguante beneficio, la descomposición de la civilización industrial-fosilista, la destrucción de la sociedad y la metamorfosis de las relaciones de clase. El neoliberalismo estuvo planificado desde un principio para reprimir y desactivar políticamente a la sociedad. En la medida en que, además, hace más tangible la dureza, suciedad y corrupción de la política de clase del capital, provoca crecientemente una generalizada desafección de la política y de «los políticos» (de hecho, con él se consolidaría el divorcio entre la tradición liberal y la democrática). Por eso, en cuanto que fragmentaria, por veces contradictoria e incluso conflictiva y en todo caso incompleta «revolución pasiva» de las élites, el post-neoliberalismo en el que entramos ahonda en la «in-política», y dentro de ella, en la construcción populista de la política (al igual que se sigue sirviendo del postmodernismo en el ámbito académico-cultural).

El primer paso para ello ha consistido en crear una frontera política capaz de agrupar una buena parte de las demandas sociales de un determinado momento en un campo común, y definir al mismo tiempo un enemigo al que se le sitúa al otro lado de esa frontera. En este sentido, una de las estrategias recurrentes de contención del descontento social por parte de las elites reside en lo que Marx llamó la personificación de las relaciones sociales de producción, esto es, la creación de un enemigo concreto que absuelva de la ira popular al propio Sistema. Aquí las posibilidades son abiertas: los banqueros, los políticos corruptos, las transnacionales, la «casta»… Se abren paso así las dicotomías «nosotros» / «ellos»; el «pueblo» / la «casta»; el 99% / el 1%, etc. Es de esa manera que, poco a poco, comienzan a levantarse los cimientos del neo-populismo

Salvador López Arnal.- Que sería un populismo sin pueblo.

Andrés Piqueras.- Exacto, un populismo sin pueblo. Un siguiente paso, según los propios Laclau y Mouffe, es que una de esas demandas, la que sea más capaz de llenar los «significantes vacíos» en que se traducen las reivindicaciones de unos y otros sectores de la población, aglutine a las restantes (en esto consiste también, aproximadamente, su noción de «hegemonía»).

Para completar el proceso, queda por definir aún el «nosotros», el «pueblo», que no puede estar ya marcado por las construcciones antagonistas del capitalismo industrial. Ahora ya sólo puede ser el resultado de la sobre-determinación hegemónica de una demanda democrática particular que colma o da sentido a un «significante vacío». Mas como quiera que el neoliberalismo no sólo ha deshecho la sociedad, sino que también ha desleído las clases, como sea que decreta el fin de la lucha de la clase trabajadora contra la clase que personifica al capital, hay que buscar una nueva «comunidad» (una vez descartadas las organizaciones políticas de clase) que sea capaz de llevar a cabo las aspiraciones individuales. El neo-pueblo (como sumatorio de individuos que buscan su asiento en la decadencia sistémica) está pensado para dejar de lado las clases, de hecho, vendrá a sustituirlas. Se posicionará contra las ideas «viejas» de la política y se levantará contra los efectos del mercado y las consecuencias visibles de la redefinición del papel del Estado como impulsor de la rapiña neoliberal contra la sociedad (precarización de los mercados laborales, destrozo de los servicios sociales, aprovechamiento creciente del trabajo no-pago, apropiación de lo público y del común, deriva de fondos públicos a empresas privadas, corrupción raizal y generalizada…). La guinda de todo ello es la necesidad de un liderazgo fuerte que guíe al neo-pueblo, lo más parecido a un líder bonapartista que articule de manera vertical (estatal) las demandas populares. Entonces, el neopopulismo necesita un vínculo directo de las masas en torno a la figura de un/a líder/esa carismático/a; lo cual permite la sustitución de un programa político estratégico por un rosario de ideas-fuerza o consignas susceptibles de dar vida a una organización de élites pero con predicado interclasista, en realidad poco democrática.

Salvador López Arnal.- ¿Cuáles serían tus principales críticas a lo que llamas feminismo «post»? ¿Incluyes la obra de Silvia Federici en ese feminismo?

Andrés Piqueras.- Claro, de hecho la pongo de ejemplo. Lo cual no va contra su gran obra teórica en numerosos aspectos. Lo que me preocupa son las propuestas prácticas, el engarce de la teoría con la capacidad de transformación del mundo, esto es, la praxis. Brillan aquí por su ausencia los programas, las estrategias, los análisis (una vez más) de correlación de fuerzas, los pasos a dar inmediatos, mediatos y a largo plazo. De todo ello carece también buena parte del feminismo hoy, el feminismo no marxista.

Salvador López Arnal.- Lo mismo te pregunto sobre el decrecentismo de orientación socialista. Por ejemplo, ¿no te parecen convincentes los argumentos esgrimidos por uno de sus máximos defensores en España, el muy activo e incansable amigo Jorge Riechmann?

Andrés Piqueras.- Por supuesto que «decrecer» en ciertos aspectos es del todo necesario, ahora bien, en qué, en razón de qué, con qué objetivos finales, cómo lo hacemos. Gran parte del ecologismo hoy se ha hecho amoroso, buenista, comparte la ingenuidad de pensar que los fundamentos del capitalismo pueden invertirse o revertirse, y que la dictadura de la tasa de ganancia es susceptible de dejar de funcionar para salvar a la Tierra, al tiempo que el capitalismo puede continuar existiendo. Por eso ya no nos habla tampoco de revolución política y social ni de luchas de clase, nada de suma de masas organizadas con programas políticos altersistémicos, tomas de poder, etc. No, lo que proponen, como digo en el libro siguiendo a Alfredo Apilánez, es una suerte de transición tranquila y serena hacia la «sociedad convivencial». Claro, con esas premisas vemos hacia dónde está yendo hoy de verdad el Sistema.

En cuanto a Jorge, tengo un gran respeto por su trabajo. El problema es que, como tantos otros en su campo, ha ido dejando aparcada la Política para sustituirla por algo parecido a la prédica (y lo digo como crítica fraterna). A veces, escuchando a muchos de estos autores y activistas me da la impresión de estar asistiendo a admoniciones o a sermones desde los púlpitos. Todo parece resumirse en adquirir conciencia, hacer contrición, centrarnos en conseguir «revoluciones personales» y en esperar que los poderes se conviertan al «decrecentismo», como el Imperio romano se convirtió al cristianismo. Y ciertamente que por ese camino al final habrá decrecimiento, pero será en forma de catástrofe.

Salvador López Arnal.- No creo que Jorge haya ido dejando aparcada la política. Me dejo mil preguntas más en el archivo. ¿Algo más que quieres añadir?

Andrés Piqueras.- Sí. La grave encrucijada civilizatoria que atravesamos, con sus enormes desafíos ecológico-climáticos, económico-demográficos y sociales, no puede enfrentarse a partir de los principios básicos del modo de producción capitalista (competencia, individualismo, dictadura de la tasa de ganancia, intereses cortoplacistas, expolio de la riqueza social y natural, desigualdad crecientemente abismal, guerra permanente…), sino solamente a través de la cooperación, la mancomunidad y la planificación.

Ninguna de ellas puede darse a escala satisfactoria en un modo de producción basado en la feroz competencia entre intereses privados y en la toma de decisiones por parte de cada capital particular. La cohesión social, imprescindible para aquellos objetivos, tampoco se puede lograr sin nivelación de las partes. Esto es, sin al menos un considerable grado de igualdad social tanto local como mundial.

Tales condiciones sólo tienen alguna posibilidad de alcanzarse a través de un modo de producción en el que los medios de producción y vida estén socializados; donde se pueda planificar, por tanto, a partir del interés común y para el bien común. Quizá, ciertamente, la clásica máxima de «Socialismo o Barbarie» vaya teniendo que ir dejando paso a otra aún más perentoria, la de «Revolución o Extinción».

Salvador López Arnal.- Gracias por tu tiempo y por el libro. Remarco: «Revolución o extinción».

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La Tierra va camino de alcanzar varios puntos de inflexión climática

18/09/2022 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Rebelion

Cruzar importantes líneas rojas del calentamiento global como el deshielo de Groenlandia, la pérdida del permafrost boreal y la desaparición masiva de los arrecifes de coral tropicales tendrá graves consecuencias para nuestro planeta, según un estudio internacional.

Podrían desencadenarse múltiples puntos de inflexión climáticos si la temperatura global aumenta más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, según un nuevo estudio de Science. Incluso con los niveles actuales de calentamiento global, el mundo ya corre el riesgo de pasar cinco peligrosos puntos de inflexión climática, y los riesgos aumentan con cada décima de grado de calentamiento.

Un equipo de investigación internacional ha sintetizado la evidencia de los puntos de inflexión, sus umbrales de temperatura, escalas de tiempo e impactos a partir de una revisión exhaustiva de más de 200 artículos publicados desde 2008, cuando los puntos de inflexión climáticos se definieron por primera vez. Además, han aumentado la lista de posibles puntos de inflexión de nueve a dieciséis.

Incluso con los niveles actuales de calentamiento global, el mundo ya corre el riesgo de pasar cinco peligrosos puntos de inflexión climática, y los riesgos aumentan con cada décima de grado de calentamiento

La investigación concluye que las emisiones humanas ya han empujado a la Tierra a la zona de peligro de los puntos de inflexión y que cinco de los dieciséis pueden desencadenarse a las temperaturas actuales: las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental, el deshielo abrupto generalizado del permafrost, el colapso de la convección en el Mar de Labrador y la muerte masiva de los arrecifes de coral tropicales. Cuatro de estos pasan de eventos posibles a eventos probables con un calentamiento global de 1,5 °C, y cinco más se vuelven posibles en torno a este nivel de temperatura.

Signos de desestabilización

“Ya podemos ver signos de desestabilización en partes de las capas de hielo de la Antártida occidental y Groenlandia, en las regiones de permafrost, la selva amazónica y, potencialmente, el Atlántico también está revirtiendo la circulación”, indica David Armstrong McKay, autor principal del trabajo e investigador de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

El mundo ya está en riesgo de alcanzar algunos puntos de inflexión. La posibilidad de superarlos se puede reducir reduciendo rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero, comenzando de inmediato (David Armstrong, Univ. de Exeter)

“El mundo ya está en riesgo de alcanzar algunos puntos de inflexión. La posibilidad de superarlos se puede reducir reduciendo rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero, comenzando de inmediato”, añade.

El Sexto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), indicó que los riesgos de desencadenar puntos de inflexión climáticos se vuelven altos en alrededor de 2°C por encima de las temperaturas preindustriales y muy altos entre 2,5 y 4 °C.

Mapas que muestran los elementos de inflexión climática del núcleo global (a) y el impacto regional (b) identificados en este estudio

El Acuerdo de París no basta

Este nuevo análisis indica que es posible que la Tierra ya haya abandonado un estado climático “seguro” cuando las temperaturas superaron aproximadamente 1 °C de calentamiento. Por lo tanto, se determina que incluso el objetivo del Acuerdo de París de las Naciones Unidas de limitar el calentamiento a muy por debajo de los 2 °C y preferiblemente a 1,5 °C no es suficiente para evitar por completo un cambio climático peligroso.

El objetivo del Acuerdo de París de las Naciones Unidas de limitar el calentamiento a muy por debajo de los 2 °C y preferiblemente a 1,5 °C no es suficiente para evitar por completo un cambio climático peligroso

El estudio brinda un sólido respaldo científico al Acuerdo de París y los esfuerzos asociados para limitar el calentamiento global a 1,5 °C, porque muestra que el riesgo de puntos de inflexión aumenta más allá de este nivel. Para tener un 50 % de posibilidades de alcanzar 1,5 °C y, por lo tanto, limitar los riesgos del punto de inflexión, las emisiones globales de gases de efecto invernadero deben reducirse a la mitad para 2030, llegando a cero neto para 2050.

Un riesgo creciente

El coautor Johan Rockström, director del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático afirma que “el mundo se dirige hacia 2°C y 3 °C de calentamiento global. Esto pone a la Tierra en el camino para cruzar múltiples puntos de inflexión peligrosos que serán desastrosos para las personas en todo el mundo. Para mantener condiciones habitables en el planeta, proteger a las personas de los extremos crecientes y permitir sociedades estables, debemos hacer todo lo posible para evitar cruzar los puntos de inflexión. Cada décima de grado cuenta”.

Tim Lenton, director del Instituto de Sistemas Globales de la Universidad de Exeter y también coautor del trabajo se lamenta de que desde que evaluó por primera vez los puntos de inflexión climáticos en 2008, “la lista ha crecido y nuestra evaluación del riesgo que representan ha aumentado dramáticamente”.

Ahora necesitamos desencadenar puntos de inflexión sociales positivos que aceleren la transformación hacia un futuro de energía limpia (Tim Lenton, Univ. de Exeter)

“Nuestro nuevo trabajo proporciona evidencia convincente de que el mundo debe acelerar radicalmente la descarbonización de la economía para limitar el riesgo de cruzar los puntos de inflexión climáticos. Para lograr eso, ahora necesitamos desencadenar puntos de inflexión sociales positivos que aceleren la transformación hacia un futuro de energía limpia”.

“Es posible que también tengamos que adaptarnos para hacer frente a los puntos de inflexión climáticos que no logramos evitar, y apoyar a quienes podrían sufrir pérdidas y daños no asegurables”, agrega Lenton.

Los elementos de inflexión

Analizando los datos del paleoclima, las observaciones actuales y los modelos climáticos, el equipo internacional ha concluido que 16 sistemas biofísicos principales involucrados en la regulación del clima de la Tierra tienen el potencial de cruzar puntos de inflexión donde los cambios sucederán sí o sí, aunque la temperatura deje de aumentar. Esta transición varía de décadas a miles de años, según el sistema.

Los investigadores clasificaron los elementos de inflexión en nueve sistemas que afectan a todo el sistema de la Tierra, como la Antártida y la selva amazónica, y otros siete sistemas que, de verse alterados, tendrían profundas consecuencias regionales. Estos últimos incluyen el monzón de África Occidental y la muerte de la mayoría de los arrecifes de coral alrededor del ecuador. Se han agregado varios elementos nuevos, como la convección del mar de Labrador y las cuencas subglaciales de la Antártida oriental, en comparación con la evaluación de 2008.

Los investigadores clasificaron los elementos de inflexión en nueve sistemas que afectan a todo el sistema de la Tierra, como la Antártida y la selva amazónica, y otros siete sistemas que, de verse alterados, tendrían profundas consecuencias regionales

“Es importante destacar que muchos elementos de inflexión en el sistema de la Tierra están interrelacionados, lo que hace que los puntos de inflexión en cascada sean una preocupación adicional seria. De hecho, las interacciones pueden reducir los umbrales de temperatura críticos más allá de los cuales los elementos de inflexión individuales comienzan a desestabilizarse a largo plazo”, sostiene la coautora Ricarda Winkelmann, investigadora del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.

“Hemos dado un primer paso para actualizar al mundo sobre los riesgos del punto de inflexión. Existe una necesidad urgente de un análisis internacional más profundo, especialmente sobre las interacciones de los elementos de inflexión, hacia el cual la Comisión de la Tierra está iniciando un Proyecto de Intercomparación de Modelos de Puntos de Inflexión (TIPMIP)”, concluye Armstrong McKay.

Referencia:

McKay et al. “Exceeding 1.5C global warming could trigger multiple climate tipping points”. Science (2022)

Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/La-Tierra-va-camino-de-alcanzar-varios-puntos-de-inflexion-climatica

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Milton Friedman, Friedrich von Hayek y los libertarios. El neoliberalismo ultra

12/09/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Bruno Susani

 

Las políticas neoliberales fueron y, en ciertos casos, son aún la expresión de la toma del poder por parte de los sectores más retrógrados del capitalismo. 

Las políticas económicas aplicadas por los Estados Unidos y la Gran Bretaña en los años ’80 y a partir de la dictadura cívico-militar en Argentina algunos años antes tuvieron como objetivo anunciado de disminuir el rol del Estado y modificar la distribución del ingreso a partir de la política fiscal regresiva.

El aserto de Ronald Reagan “El Estado no es la solución sino el problema” o el de Margaret Thatcher “El mercado es la única solución y no el Estado” o la consigna de la dictadura cívico militar “Achicar el Estado para agrandar la Nación”, parten de la misma impronta del liberalismo medio siglo después de que la crisis del 1929 haya mostrado las incongruencias del funcionamiento del capitalismo en rueda libre.

El punto de partida, ideológico, del neoliberalismo fue afirmar que los impuestos eran excesivos, que el Estado los despilfarra, que conviene disminuirlos y que el sector privado puede proveer los mismos bienes o servicios de manera mucho más eficaz y menos costosa. Una parte de los ciudadanos consideró que la “buena administración” de los recursos permitiría mejorar la relación impuestos-prestación de servicios del Estado bajando los impuestos.

El modelo es bastante sencillo si el Estado gasta menos disminuyendo la cantidad de empleados públicos se pueden reducir los impuestos y se llegará al equilibrio presupuestario, aunque nadie pueda pretender que se provean los mismos servicios. Las privatizaciones de los servicios públicos, que son monopolios, permiten al Estado, de obtener recursos por su venta, achicar el déficit por un lado y por otro bajar el gasto público en inversión, funcionamiento y subsidios.

 El truco es que se reducen por un lado los impuestos de los más ricos y las empresas privatizadas incrementan las tarifas que son un gasto para los sectores populares y las capas medias.

Falta de inversiones

El Estado deja de proveer sus funciones que son transferidas al sector privado, lo cual permite que cada uno de los ciudadanos compre o deje de comprar el bien sin tener que aportar impuestos obligatoriamente como si los comprara. Hoy se sabe que la explicación de los neoliberales no era correcta, puesto que la tasa de crecimiento promedio del PIB entre 1970 y 1980 fue de 3,4 por ciento a pesar de las crisis llamadas del petróleo y disminuyó al 2,3 por ciento en la década de los ’90, la desigualdad de ingresos se agravó y solo se beneficiaron los más ricos.

El segundo parámetro que fue la lucha “contra la inflación” se tradujo por la aparición de tasas de interés positivas favorables al capital financiero -una novedad desde la crisis del ‘30-,  lo cual produjo una caída de la inversión y un aumento del desempleo.

Como consecuencia, cuatro décadas después, las infraestructuras de los Estados Unidos y Gran Bretaña están en un estado calamitoso por falta de inversiones y reaparecieron niveles sorprendentes de pobreza en los países avanzados que se habían olvidado desde la década de los ‘30.

Esto se puede ilustrar recordando que los ferrocarriles ingleses que figuraban entre los más modernos del mundo en 1970 están hoy en tal estado que Boris Johnson evocó su eventual renacionalización mientras que países como España cuya red era una de las más atrasadas de Europa en la misma época, posee hoy una red de trenes de alta velocidad AVE que figura entre las más modernas del mundo gracias a las inversiones masivas en el sector realizadas por González y Zapatero.

Políticas a favor de los ricos

Las políticas neoliberales de Reagan y Thatcher fueron y, en ciertos casos, son aún la expresión de la toma del poder por parte de los sectores más retrógrados del capitalismo, que impusieron condiciones que ya habían existido en la “Belle époque” y antes de la Primera Guerra Mundial. Estas políticas fueron el resultado de las exigencias de los sectores capitalistas más concentrados y no la aplicación de propuestas expresadas por los ideólogos de turno como Milton Friedman o Friedrich von Hayek. En Argentina fueron la expresión de la dictadura que respondía a las exigencias los terratenientes y financistas que representaba Martínez de Hoz o Cavallo.

Milton Friedman y otros explicaron y teorizaron, ex post, quizás fundamentaron, con teorías en algunos casos un tanto esotéricas, los deseos de los capitalistas de ganar más y alterar la distribución del ingreso a su favor. Pero las políticas fiscales y financieras favorables a los sectores económicos dominantes rentísticos respondían a la demanda de los capitalistas de destruir la Economía del Bienestar y transferir hacia ellos los incrementos de la productividad del trabajo.

Estos dirigentes fueron financiados y apoyados por los intereses citados para facilitar la obtención de ganancias para los más ricos. La obtención del Premio Nobel de Economía por parte de Friedrich von Hayek en 1974 y de Milton Friedman en 1976 constituye una suerte de consagración científica de del neoliberalismo.

Tres corrientes neoliberales

En su libro Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo, el profesor canadiense Quinn Slobodian releva que la teoría neoliberal comporta tres corrientes:

1. La “escuela de Chicago” con sus Chicago boys, Milton Friedman y la prolongación en los nuevos clásicos, Robert Lucas y sus anticipaciones racionales o Eugene Fama y la teoría de los mercados eficientes.

2. “El Ordoliberalismo alemán que es de consumo interno y supone encarnarse en la “economía social de mercado” que intenta disimular la concentración del capital monopólico industrial y bancario en Alemania.

3. La tercera es la de la dupla austriaca de Ludwing von Mises y Friedrich von Hayek dos miembros de pequeña nobleza civil del Imperio austro húngaro de los Habsburgo.

Mientras las dos primeras corrientes se apoyan y adhieren a la teoría ortodoxa, la tercera descarta la base teórica y rechaza la competencia perfecta como base normativa del modelo. von Hayek señala incluso que la competencia perfecta es un contrasentido ya que la actividad económica es una suerte de carrera por obtener más beneficios y es absurdo que se imponga una igualdad entre los competidores ya que llegarían todos empatados y el objetivo de una carrera es que haya un ganador.

Sofismas para engañar

Friedrich von Hayek utiliza un sofisma porque su objetivo es engañar al interlocutor ya que la competencia según la teoría ortodoxa no es una carrera sino la condición de un equilibrio general. La ausencia de competencia destruye la lógica interna del modelo ya que si no hay competencia perfecta no hay equilibrio ni utilización racional y óptima de los factores de producción. Simplemente von Hayek es un ideólogo de ultraderecha.

Estos neoliberales describen la necesitad de separar la acción del Estado y del mercado, contrariamente a Friedman que admite la interacción. von Hayek pensaba que “la libertad” se definía como el campo de las probabilidades de elegir entra las diferentes alternativas propuestas por el mercado, que producía la “catalepsia” suerte orden “natural” espontáneo del conjunto.

El Estado según él solo tiene una función represiva: debe proteger la propiedad privada y limitar el campo de acción de los sindicatos o proscribirlos. Su primer libro Precios y producción Keynes lo calificó de “uno de los más espantosos embrollos que he leído” es su único libro no literario y donde utiliza las categorías económicas habituales. En esa obra von Hajek trata de explicar el origen de la crisis del ’30 y propone soluciones que han sido resumidas por Lord Skydelsky diciendo que no funcionan y aplicadas por la República de Weimar fueron las que condujeron a la llegada de los nazis al poder.

En su segundo libro, Camino de servidumbre, publicado también en Inglaterra en 1944 hace el amalgama entre el nacionalsocialismo y el comunismo y se pronuncia contra la Economía del Bienestar. Escrito por un ciudadano austríaco contra el régimen vigente en su país fue retomado y publicado por capítulos por la Revista “Selecciones Reader’s Digest” en la década del ‘50 y fue el libro libertario fundador.

von Hayek viajó dos veces a la Argentina, una vez en 1957 invitado por Aramburu y la segunda en 1977 fue recibido por Videla. Declaró que “a veces las dictaduras son necesarias para retomar el buen camino” y “personalmente prefiero un dictador liberal que un gobierno democrático que falte al liberalismo”. A los libertarios las dictaduras no les molestan.

* Doctor en Ciencias Económicas de l’Université de Paris. Autor de La economía oligárquica de Macri, Ediciones CICCUS Buenos Aires

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La lógica del país asiático para consolidar su hegemonía y debilitar a la potencia occidental Confrontación directa de Estados Unidos, cerco estratégico de China

04/09/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Néstor Restivo

 

Mientras los sucesivos gobiernos norteamericanos desplegaron medidas de ataque directo a China, la respuesta ha sido, de acuerdo a la tradición oriental, “derrotar al enemigo sin siquiera luchar”.

El domingo pasado, Mario Rapoport escribió en Cash sobre la puja global sino-estadounidense en clave ajedrecística. Como siempre, sus notas son sabrosas y lúcidas. Sin embargo, convendría complementar el análisis acaso con algo que ya advirtió un gran conocedor occidental de China como Henry Kissinger, quien negoció con Mao Zedong y Zhou Enlai los acuerdos entre el “Gran Timonel” y Richard Nixon en 1972, en el marco de la demorada “aceptación” de la República Popular China por parte del sistema de naciones. Antes que el ajedrez, los chinos prefieren el wei qi.

Ese juego ancestral se creó en China pero migró hacia Japón y desde allí se expandió. Por eso lo conocemos aquí como “juego del go”, que remite según su nombre a la energía y la defensa corporal, y como método lleva implícita el concepto del “cerco estratégico”. Es el juego de mesa más antiguo del mundo, con 361 piedras entre blancas y negras (todas iguales, sin jerarquías, y una más de las negras porque mueven primero), antes de jade o caracoles y hoy de materiales más simples. Un juego más popular que el wei qi en China es el mahjong, se lo ve jugar en las calles y plazas, pero es menos comparable al ajedrez.

En el ajedrez, el jugador busca la victoria total: voltear, o sea matar, al Rey. En el wei qi, pronunciado “güeichi”, la idea es crear zonas de fuerza y, mientras se cerca y se van capturando piezas del adversario, conquistar el tablero en contiendas simultáneas. Para quien no esté familiarizado o no sepa del juego, y dado que el margen de ventaja puede ser mínimo, su final incluso puede confundir en cuanto al ganador. Solo para el observador ingenuo, no para los contendientes, claro.

Batalla prolongada

De acuerdo con Kissinger, uno de los estrategas más importantes de Estados Unidos y crítico de la política confrontativa de Washington contra Beijing en Taiwán y en otros terrenos económicos y tecnológicos, en el ajedrez se busca “colocar al rey adversario en una posición en la que no puede moverse sin ser destruido” y se procura una “batalla decisiva”. En cambio, en el wei qi se busca una “victoria relativa” en una “batalla prolongada”.

Kissinger escribe en su libro “China”, de 2011: “Donde el hábil ajedrecista apunta a eliminar las piezas del adversario en una serie de choques frontales, el diestro jugador del wei qi se sitúa en espacios vacíos de la cuadrícula y va debilitando poco a poco el potencial estratégico de las piezas del adversario. El ajedrez crea resolución: el wei qi desarrolla flexibilidad estratégica”.

Por su parte, Fernando Aguilar, varias veces campeón argentino y sudamericano, explicó hace unos años a la revista “DangDai” que el tablero no tiene lados que correspondan a un bando u otro porque el objetivo es “consolidar territorio donde sea”.

En un par de décadas, la economía china superó a todas las europeas, a la japonesa y le pisa los talones a la de mayor Producto Bruto Interno, la estadounidense, que es también la mayor en el terreno de las armas. El mismo Fondo Monetario Internacional reconoce que China es ya la primera economía mundial si se mide su PBI por paridad del poder adquisitivo. En numerosos sectores industriales, agropecuarios y de servicios lidera China, sería ocioso listarlos.

En tecnología es igual, con una excepción relevante como semiconductores o microprocesadores, por cierto una de las causas del conflicto actual por Taiwán, el mayor productor de chips. Lo mismo sucede en exportaciones, importaciones, inversiones y cooperación financiera. Lo de China es avasallante en lo que va del siglo, y en paralelo se observa, objetivamente, un declive de los dominios que en esas mismas variables ejercían Estados Unidos y sus aliados de Occidente hasta hace poco tiempo.

Confrontación

Estados Unidos viene moviendo piezas en su tablero de ajedrez para revertir o frenar ese fenómeno desde hace varios años. Lo intentaron Bill Clinton y George Bush en Latinoamérica, donde históricamente el país del norte usó la fuerza y ahora es uno de los tantos lugares donde se hizo fuerte China, con inversiones y comercio. Clinton y Bush empujaron alfiles para gestar el ALCA, pero se encontraron con el rechazo de los poderosos peones del Mercosur.

Luego, Donald Trump incorporó la variable del nacionalismo económico para encarar una guerra comercial con suba de tarifas aduaneras y tecnológica contra los avances chinos en el 5G en telecomunicaciones, movilizando sus caballos. Y ahora Joe Biden agrega a todo eso la “guerra de valores” de supuestas democracias versus supuestas autocracias, con una escalada militar de inquietantes derivaciones tras la movida de la “dama” Nancy Pelosi a Taiwán, que hasta en Estados Unidos se juzgó irresponsable y temeraria. El gobierno de Xi Jinping ha respondido con energía, pero sin salirse de las pautas señaladas del wei qi.

Los preceptos son los mismos que propiciaba el viejo general Sun Tzu, autor del clásico “El arte de la guerra”. Aunque algunos dudan de su existencia real, la historia oficial es que fue un militar filósofo y estratega que vivió en el siglo seis antes de nuestra era y quiso establecer reglas que superaran las matanzas de los siglos anteriores derivadas de la agitación política y las divisiones en la antigua China.

Sus ideas centrales eran evitar el conflicto directo (la mejor victoria es la que se logra sin combate: “derrotar al enemigo, sin luchar siquiera”, decía Sun) y utilizar tanto más herramientas psicológicas y políticas que propiamente militares, en todo caso agotando todas las instancias posibles antes de arrojar a la torre contra el rey, como haría un ajedrecista enloquecido. En cualquier caso, el libro sí existe y ofrece varias máximas, que tomaron Mao y otros líderes orientales, entre ellos el vietnamita Ho Chi Minh.

El escenario actual que plantea Estados Unidos es de confrontación. Así, primero la pandemia, con la pelea por las vacunas y la patética falta de coordinación sanitaria global, y luego la ofensiva de Biden, o del llamado “Estado profundo”, y de la OTAN contra Rusia y ahora contra China, quebraron la posibilidad de una transición más coordinada o pacífica entre Oriente –que siempre ha privilegiado la armonía frente a la conquista– y Occidente.

Pareciera que las “tablas” desaparecieron por un tiempo largo de las posibilidades del juego sobre la mesa de ajedrez que montó el imperio, y que en el tablero del wei qi ahora los chinos analizan cómo seguir armando el cerco estratégico, en un mundo expectante en el que urge la cordura. Pese al dramatismo, hay un dejo de diversión cuando se ve a un brabucón gringo a los gritos y con el dedo levantado y a un dirigente chino del otro lado de la mesa escrutándolo ya sin sumisión alguna, contestando una por una sin guardarse nada, pero manteniendo templanza y hasta una sonrisa sabia.

Publicado en: Global, titular2

El socialismo comunal y el cambio de estructuras

28/08/2022 by Vitalio Deja un comentario

Por: Homar Garcés

 

Aunque hayan sido desestimados por diversos motivos en el transcurso de la historia humana, los sectores populares de nuestra América podrían ser capaces de conjugar un tipo de socialismo comunal (cuya práctica es, además, ancestral y sobrevive, hasta el presente, en diferentes modalidades) con la visión de una gran nación democrática.

Esta conjugación implica un proceso continuo de edificación de esta nación democrática, la cual tendría que fundarse en el reconocimiento de las identidades multinacionales (o pluralidad cultural) presentes en su territorio, algo equivalente a lo promovido y conseguido constitucionalmente por Evo Morales, siendo presidente constitucional de Bolivia. Su comprensión supone la necesidad, además, de descontruir los paradigmas dominantes, aquellos que, a pesar de la gesta independentista, nos tienen aún atados al pensamiento eurocentrista.

Las expectativas de desarrollo de la civilización -difundidas a partir del afianzamiento de la visión eurocentrista con el estallido de la Revolución Francesa de 1789- establecieron una imagen lineal del desarrollo histórico de los modos de producción, lo que, de alguna manera, reforzaran Marx y Engels en el Manifiesto Comunista al decretar que las diferentes luchas de clases del pasado (incluyendo las de su época) desembocarían «en una transformación revolucionaria de la sociedad entera o en la destrucción común de las clases en lucha». Tales expectativas, en el caso de nuestra América, confluyeron en la búsqueda de reconocimiento de quienes, desde la época del colonialismo hispano, fueran segregados y condenados a un estado permanente de explotación y miseria. En el presente, las mismas abarcan diversas luchas, en apariencia divergentes, pero que desembocan en unos objetivos centrales que apuntan al logro de mayores y efectivos derechos democráticos, sin exclusiones de ningún tipo.

Sin embargo, la construcción consciente de la historia -transformando la totalidad de las condiciones políticas, económicas y sociales existentes- resulta una cuestión extraña o ajena al común de la gente, o como algo que no buscan ni anhelan desempeñar, inmersos en una visión estática de la misma, de la cual solo podrían ser simples espectadores, sin conflictos qué superar, en tanto, los sectores dominantes (tocados por la gracia de Dios) estarán llamados a ejercer el poder, según su gusto y avidez. Esto permite el trasplante de géneros de existencia social de los que difícilmente se sustraen las personas, llegando a admitirlos ya sea por inercia, por pereza intelectual o por mera conveniencia. Es el resultado de la ideología dominante. Frente a ésta, no basta el simple discurso. Hace falta que la práctica lo acompañe, en un proceso que no termina de construcción y deconstrucción, de cambio e innovación, que permita a los sectores populares ejercer el poder soberano que les corresponde, sin que exista condicionamiento institucional ni traba alguna.

El cambio de las estructuras vigentes, herederas del pensamiento eurocentrista, no podría llevarse a cabo mientras haya una burocracia habituada a asumir el poder y a tomar decisiones en nombre del pueblo, haciendo caso omiso a sus derechos y a su soberanía; convencida de ser la única autorizada para hacer y deshacer, según su conveniencia. Se debe tener presente que, para conservar su poder, esto es, la posesión o usufructo del Estado, la burocracia corporativa requiere ejercer sin cuestionamiento ni impedimento el monopolio ideológico que justifique ante las masas populares el ejercicio de este poder en su nombre; lo que imposibilita que surja -con toda su carga subversiva- un socialismo comunal, lo que sería el resultado histórico de sus acciones y de sus propuestas centrales. Por eso, si éste es el propósito fundamental de una revolución de carácter socialista, se debe dar paso a una crítica unitaria de la sociedad, de tal modo que no existan posibilidades de revertir las demandas colectivas en función de paliativos, reformas o pactos convenidos con los sectores hegemónicos, lo que no tendrá mayores efectos en las causas y en las estructuras que coaccionaron a los sectores populares y les negaron espacios de igualdad y de dignidad por mucho tiempo.

Publicado en: Cultural, titular2

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