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Ecuador

Ecuador: Guillermo Lasso, deshonesto sin límites

29/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: José A. Amesty R. 

 

La fortuna de Lasso pasó de 1 millón, a 31 millones de dólares, a través de la especulación con los bonos emitidos tras el feriado bancario.

El 2 de abril del año 2017, el candidato Lenín Moreno se proclamó vencedor de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador; tras cuatro años de gestión, ésta demuestra que, lejos de implementar su propuesta original, votada por el pueblo ecuatoriano, pensando éste que iba a ser un gobierno igual o parecido al de Rafael Correa, resulto ser un neoliberalismo por sorpresa, situándose al servicio de una minoría, que representaba a Guillermo Lasso.

En realidad, la alineación del programa de Lasso, las exigencias del FMI y la actuación del gobierno de Moreno, fueron una ecuación perfecta, ya que Lasso, el aliado de Moreno, durante su mandato, plantea un programa de gobierno netamente neoliberal. Entonces, los datos, de esta dupla nefasta para Ecuador, no mienten. Si gana Lasso, aliado de Moreno y del FMI en estos cuatro años de gobierno, no puede esperarse más que el continuismo en la aplicación de la agenda neoliberal y su profundización más reaccionaria, es decir, unas políticas de ajuste antisocial.

Pero nos interesa, indagar más sobre este tétrico millonario banquero, exitoso evasor de impuestos, Guillermo Lasso, quien ha intentado por tres veces, en 2013, 2017 y 2021, llegar al poder absoluto en Ecuador.

Lasso, como banquero y candidato a la presidencia de Ecuador, estaría violando e incumpliendo con la Ley de Pacto Ético, que prohíbe a los aspirantes a un cargo público tener vínculos con paraísos fiscales.

En una de las empresas fuera de Ecuador, del multimillonario candidato, una de sus empresas históricas es Banisi Holding S.A., con sede en Panamá. El Banisi Holding es propiedad del Banco de Guayaquil, matriz de la fortuna de Lasso desde los años 90. En el directorio del Holding, se encuentran sus hijos, Juan Emilio Lasso Alcívar, que figura como director y presidente ejecutivo, y Santiago Lasso Alcívar con los cargos de Director y Presidente de la Junta Directiva. Este lazo familiar es una expresa violación de la Ley del Pacto Ético, promulgada luego del referendo de 2017 en Ecuador.

Como descubrió la periodista argentina Cynthia García, los negocios en el exterior de Lasso comienzan a inflarse, desde 1970, y luego en 1999-2002, a raíz del feriado bancario del año 2000 en Ecuador. La fortuna de Lasso pasó de 1 millón, a 31 millones de dólares, a través de la especulación con los bonos emitidos tras el feriado bancario.

Estos bonos se entregaban a los depositantes, a cambio del dinero que los ahorristas tenían en el banco, depósitos que habían sido congelados por el feriado decretado en 1999 por el gobierno de Jamil Mahuad. El banco de Guayaquil de Lasso, y otras entidades hicieron su agosto comprando estos bonos a un 40 o 50 por ciento de su valor.

El Banco de Guayaquil, propiedad de Guillermo Lasso, fue uno de los bancos que mayor cantidad de (bonos) Certificados de Depósito Reprogramados (CDRs) canjeó, esto quiere decir que se aprovechó de las necesidades de la gente para incrementar su fortuna. Esto convierte a Lasso en cómplice de la peor crisis económica del país, pues se benefició del salvataje bancario.

El Banco de Guayaquil estaba conformado por la Corporación Multi BG S.A., quien con la ley del Pacto Ético, la Multi BG SA, se diseminó en 8 fideicomisos, fuera de Ecuador, que pertenecen sea a sus hijos, a familiares de Lasso o a ejecutivos del Banco de Guayaquil.

En la cartera central, fuera de Ecuador de Lasso, el Banisi Holding constituido por 49 firmas en el extranjero, le permitieron ganancias a Lasso de hasta el 3000 por ciento, desde 2015 a la fecha.

También se destacan otros emprendimientos como las Noras, una serie de 29 empresas con nombres de fantasía (Nora, Bill y Malena Investment) dedicadas a la inversión inmobiliaria de 2009 y 2010, en Estados Unidos, aprovechando él desparramo económico armado por el estallido financiero. El nombre de estas empresas registradas en Coral Gables, Florida, es un homenaje a la madre del candidato. Las propiedades fueron adquiridas durante los remates de 2009, a una tercera parte de su precio. En poco tiempo duplicaron su valor. Todo lo anterior, es llamado un “laberinto-una telaraña de paraísos fiscales”.

Su banco de Guayaquil, ha sido uno de los principales beneficiarios de un sistema que ahoga el crecimiento económico nacional. En 2019, uno de los peores años de la historia reciente del país, aumentó sus ganancias en un 17 por ciento. Ni la pandemia contuvo la fiebre ganadora del banco. En los primeros ocho meses del 2020, sus ingresos por intereses aumentaron en un 26 por ciento respecto al récord que había registrado el año previo.

Guillermo Lasso es el único candidato que representa a los banqueros y empresarios de las cámaras de la producción. Estos sectores, de los más atrasados en América Latina en cuanto a responsabilidades estatales y sociales, no comprenden el sentido del progreso económico con bienestar humano, lo confunden como simple éxito en los negocios privados, el mismo que suponen irradiará los beneficios colectivos, algo que históricamente nunca ha ocurrido en Ecuador, pues tal “modelo” solo ha ahondado las diferencias sociales, el dominio político de las élites y el abismo en el reparto de la riqueza.

Lasso quiere que las cosas sigan así por muchos años, y una elección presidencial podría allanarle el camino. Sin embargo, las encuestadoras tienen una amplia ventaja para Andrés Arauz.

Ya desde 2017 y mucho antes, el mañoso banquero se ha negado a dar explicaciones sobre sus negocios financieros. Guillermo Lasso, sus hijos y allegados tendrían empresas en los paraísos fiscales de las Islas Caimán, Panamá, Delaware y en Florida.

El colmo del cinismo es que en uno de sus discursos, dice: “vivimos la dictadura de un partido político, integrado mayormente por aquellos corruptos que se llevan dinero del Ecuador a depositarlo en paraísos fiscales, porque tienen que esconder el dinero mal habido, y que le pertenece a todo el pueblo ecuatoriano”, en referencia al proyecto que lideró Rafael Correa, pero es como si hablara de sí mismo.

Como dice un dicho popular, todo tramposo y ladrón, es mentiroso; este alude a una de las tantas promesas de campaña de Lasso, cuando alguna vez ofreció “crear un millón de empleos” en cuatro años, cuando otros ofrecieron, 800.000, 470.000 y 250.000.

Un dato curioso, que revela lo ostentoso y lo habilidoso de Lasso; además de aprovechar para dar un mensaje de parte nuestra. Hace unos días, el candidato Lasso, mostró una apariencia diferente y juvenil, uno de los elementos más llamativos fueron las Nike rojas de 500 dólares. Surgió así la propuesta, que el día de las elecciones, sus votantes usen botas del mismo color, aunque seguro, serán zapatos menos ostentosos.

Sí, el 11 de abril próximo, se observarán gente con tenis rojos en los recintos electorales, aunque sean módicos. Esperamos que además de servir para hacer un conteo superficial-preliminar de votos, pensemos en el significado de otros zapatos, los que rinden tributo a mujeres víctimas de violencia y representan el vacío que dejan, quienes han sido asesinadas.

Así las cosas, los ecuatorianos y ecuatorianas prestos a votar en esta nueva ronda, el próximo 11 de abril, tienen en Argentina y Brasil (pero también en el México de Peña Nieto o en el Chile de Piñera) la certeza de lo que van a vivir en un futuro próximo, si se dejan seducir por la oferta engañosa del banquero, que utilizará el Estado para extender sus negocios y redistribuir la riqueza, y que jamás gobernará en favor de las grandes mayorías sociales del Ecuador.

Finalmente hay que señalar que el expresidente chileno de talante neoliberal, Sebastián Piñera, que en 1982 se benefició patrimonialmente de la quiebra del Banco de Talca y que estuvo prófugo de la justicia, viajó a Ecuador a entregarle su respaldo al banquero Lasso. En lugar del dicho popular que reza que “la sangre llama”, en este caso “el dinero llama”. Como dicen en Ecuador, y espero que en Chile también se invoque ¡Prohibido olvidar!

Publicado en: Ecuador

Carta abierta a dos jóvenes indígenas ecuatorianos

21/03/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Boaventura de Sousa Santos 

En la carta afirma Boaventura de Sousa: «La disputa se orientó a decidir a qué candidato apoyar en la segunda vuelta. La controversia cruzó repentinamente las fronteras del país y derivó en un extremismo de insultos y contrainsultos, peticiones de censura y contracensura, que me sorprendió y dejó perplejo».

Querida amiga, querido amigo:

Os agradezco todo el tiempo que habéis dedicado a conversar conmigo durante las últimas semanas sobre el proceso electoral en curso en vuestro país. Como os dije, quedé perplejo por toda la controversia internacional suscitada entre varias familias de izquierda sobre vuestro actual proceso electoral. Recapitulando: parece ser una astucia de la razón que el proceso político de Ecuador, un país situado en el centro del mundo, como su propio nombre indica, se haya convertido en las últimas semanas en el campo de una feroz disputa entre intelectuales y activistas de izquierda, oriundos no solo de Ecuador, sino también de otros países de América Latina, así como de Europa, de Estados Unidos, de Sudáfrica y de la India. El motivo de la disputa es el proceso de las elecciones presidenciales que se está llevando a cabo. En la primera vuelta ganó, sin mayoría absoluta, Andrés Arauz, que representa un cierto regreso al correísmo (designación dada al gobierno de Rafael Correa entre 2007 y 2017); en segunda posición (tras algún recuento de votos) quedó Guillermo Lasso, representante de la derecha oligárquica. En tercer lugar, quedó Yaku Pérez, indígena, candidato del movimiento Pachakutik. El conflicto se centró inicialmente en un posible intento de fraude electoral que habría arrebatado a Pérez el segundo lugar. Este conflicto jurídico-electoral era, de hecho, una metamorfosis del conflicto que se había librado antes para evitar que Andrés Arauz fuera candidato debido a sus vínculos con Rafael Correa. Además, es bueno recordar que las estrategias típicas de la lawfare (guerra jurídica) habían impedido a Correa postularse como vicepresidente de Arauz.

Resuelto (aparentemente) este conflicto, la disputa se orientó a decidir a qué candidato apoyar en la segunda vuelta. La controversia cruzó repentinamente las fronteras del país y derivó en un extremismo de insultos y contrainsultos, peticiones de censura y contracensura, que me sorprendió y dejó perplejo. Fue por eso que me puse en contacto con vosotros en el transcurso de estas semanas. Después de todo, una vez más y como siempre en Ecuador, los pueblos indígenas eran protagonistas de los cambios políticos, pero las voces del debate, tanto en Ecuador como en el extranjero, no eran indígenas en su abrumadora mayoría. Del movimiento indígena solo se sabía que estaba dividido, ya que inicialmente Yaku Pérez no había sido el candidato elegido por los pueblos y las nacionalidades indígenas, sino por el movimiento Pachakutik. Pachakutik nació como brazo político de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador), pero su posterior trayectoria política, especialmente su alineamiento en los últimos años con el gobierno de derecha neoliberal de Lenín Moreno, creó algunas tensiones entre el movimiento indígena. El silencio fue particularmente intrigante en el caso de los jóvenes líderes indígenas que, además, en el pasado tuvieron algunas divergencias con los líderes indígenas y también con el Gobierno, situación que seguí de cerca, como sabéis. Cuando el 15 de agosto de 2014 presidí la Sala Especial para el Yasuní del Tribunal Ético de los Derechos de la Naturaleza, presidido por mi amiga Vandana Shiva, los mejores aliados del tribunal, además de los pueblos indígenas, fuisteis vosotros.

Por todas estas razones decidí consultaros. Hoy me dirijo a vosotros para deciros que he llegado a la conclusión de que no estoy en condiciones para aconsejaros sobre las mejores decisiones concretas en el conflicto en curso. Sé que os decepciono; con toda legitimidad podéis decir que os he hecho perder vuestro precioso tiempo. Por eso, quiero explicaros las razones de mi decisión. Expresaré mis razones en forma de perplejidades.

1. ¿La democracia está primero? Uno de los aprendizajes de las izquierdas en las últimas décadas, tanto en América Latina como en otras regiones del mundo, es que son las fuerzas de izquierda las que defienden firmemente la democracia liberal, incluso reconociendo todos sus límites y apostando siempre, a partir de ella, por radicalizar la democracia, es decir, transformar relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida. La experiencia nos dice que la derecha no sirve a la democracia, sino que se sirve de ella cuando le conviene y la descarta cuando no le conviene.  Recuerdo bien que, cuando el 30 de septiembre de 2010 las fuerzas policiales intentaron un golpe de Estado contra Rafael Correa, mi amigo Alberto Acosta pasó por mi hotel y corrimos a la sede de la CONAIE, donde pasamos todo el día. En ese momento, ya había quejas justas del movimiento indígena contra Correa, pero entonces el objetivo no era defender a Correa, sino la democracia que representaba.

De ser así, una vez comprobado que no hubo fraude electoral en estas elecciones de 2021, la disputa política debería centrarse en los programas políticos de cada candidato. ¿Por qué el debate sigue centrándose en la integridad de los candidatos y no en sus programas? Hay que tener en cuenta que, en varios países del continente, la derecha neoliberal, al no tener otro programa político más allá de las recetas neoliberales, viene jugando el argumento de la moralidad contra los candidatos de izquierda, acusándolos de corrupción. Además, cabe recordar dos hechos perturbadores. El primero es que ha estado en marcha en Ecuador una auténtica lawfare contra Rafael Correa por presuntos delitos cometidos, lo que parece no tener otro propósito que neutralizarlo políticamente. Esta guerra procuraba alcanzar al candidato que reivindicaba la herencia de Correa, Andrés Arauz. Semejante neutralización política ocurrió antes contra Manuel Zelaya (Honduras), Cristina Kirchner (Argentina), Fernando Lugo (Paraguay), Lula da Silva y Dilma Rousseff (Brasil) y Evo Morales (Bolivia). En todos estos casos, la injerencia de Estados Unidos fue evidente. Me deja atónito el hecho de que muchos de los que han firmado declaraciones contra el candidato Arauz también firmaron declaraciones contra Evo Morales, del mismo modo que negaron la existencia de un golpe de Estado en Bolivia, lo que también ocurrió con el propio Yaku Pérez.

El segundo hecho inquietante es que, en el momento de redactar esta carta, no se descarta un último intento de anular las elecciones o apartar al candidato más votado. Fue esta sospecha la que llevó al Secretario General de la ONU a hacer recientemente una declaración en el sentido de hacer todo lo posible a fin de mantener la segunda vuelta de las elecciones en la fecha programada. Hace unas semanas, el Fiscal General de Colombia viajó expresamente a Quito para entregar «las pruebas» de que Arauz había recibido dinero de la organización guerrillera colombiana Ejército de Liberación Nacional (ELN) para financiar su campaña. Los desmentidos inmediatos de Arauz y del propio ELN, así como la notoria inverosimilitud de este hecho, no impidieron que «las investigaciones» comenzaran. Sabemos que Colombia es hoy un país satélite de Estados Unidos y que el secretario de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, un personaje siniestro que urdió el golpe de Estado en Bolivia, se reunió en Washington con el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, quien ha dejado claro que su candidato favorito es Lasso y, en segundo lugar, Pérez. Me parece que podríamos estar ante una típica maniobra de gestación de un golpe. La ley ecuatoriana es clara: los candidatos gozan de inmunidad y las leyes electorales no pueden cambiarse durante el periodo electoral. Sin embargo, como hemos visto en Brasil, no sabemos hasta dónde puede llegar la furia persecutoria de la lawfare.

2. ¿La izquierda está primero? El debate ecuatoriano está protagonizado por intelectuales y activistas de izquierda, entre los cuales destacan las corrientes feministas y ecologistas. En él han intervenido colegas, amigos y amigas a los que admiro mucho y con quienes he trabajado a lo largo de los años. Si Arauz es de izquierda, al menos en comparación con Lasso, sería de esperar que las energías se canalizaran para derrotar al candidato de la derecha y que el movimiento indígena se involucrara a fondo en eso. No es esto lo que está ocurriendo. En el momento en que os escribo, la asamblea de una de las organizaciones de la CONAIE decidió recomendar el voto nulo en la segunda vuelta de las elecciones. Hay que analizar las razones de la neutralidad entre un candidato de izquierda (quizás equivocada, pero izquierda de todas maneras) y un candidato de derecha banquero y miembro del Opus Dei. Debéis analizar las razones, y sobre todo, estar atentos a los posibles planes para impedir que el proceso electoral siga su curso. ¿Se estará preparando el próximo capítulo de la lawfare? ¿Acaso están en juego en Ecuador los dolores de parto del nacimiento de una nueva izquierda, una izquierda verdaderamente propia del siglo XXI? Hasta donde yo sé, los partos siempre son dolorosos. De ahí las dos siguientes perplejidades.

3. ¿Qué es la izquierda? Durante mucho tiempo, la izquierda fue concebida como el conjunto de teorías y prácticas políticas transformadoras que, durante los últimos ciento cincuenta años, resistieron a la expansión del capitalismo y al tipo de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales que este genera, y que así han procedido en la creencia de la posibilidad de un futuro poscapitalista, de una sociedad alternativa, más justa, porque está orientada a satisfacer las necesidades reales de las poblaciones, y más libre, porque está centrada en la realización de las condiciones para el ejercicio efectivo de la libertad. Por muchas razones que no puedo detallar en esta carta, esta concepción ha sido objeto de mucha discusión. Las principales características de esta discusión fueron las siguientes. Un mayor conocimiento entre los movimientos populares en el mundo permitió ver que las divisiones políticas en muchos países no se expresan a través de la dicotomía izquierda/derecha. Incluso en aquellos países donde la dicotomía está en vigor, se ha generado un gran debate sobre el significado de cada uno de los términos. Por ejemplo, las luchas sociales y políticas contra la injusticia han ampliado enormemente las dimensiones de la injusticia y, por tanto, de la dominación. A la injusticia económica y social se han añadido la injusticia étnico-racial, la injusticia sexual, la injusticia histórica, la injusticia lingüística, la injusticia epistémica y otras injusticias basadas en la discapacidad, la casta, la religión, etc. Esta expansión planteó nuevas cuestiones, por ejemplo, la de la jerarquía entre las injusticias y, en consecuencia, de las luchas contra ellas. Se prestó nueva atención a los diferentes contextos específicos en los que se llevan a cabo las luchas y se hizo necesario distinguir entre luchas importantes y luchas urgentes. Fue posible, por ejemplo, defender que las tres principales formas de dominación producidas por la modernidad eurocéntrica son el capitalismo, el colonialismo (que apenas cambió de forma a pesar de los procesos de independencia política de las colonias) y el patriarcado.

No obstante, en el continente latinoamericano los debates también adquirieron otras dimensiones particularmente importantes. Distingo tres principales. La primera fue el cuestionamiento de la dicotomía izquierda/derecha en vista de los modelos de desarrollo económico y social adoptados por gobiernos de izquierda durante la primera década del siglo. La polarización pasó a ser entre los partidarios y los opositores del neoextractivismo (redistribución social basada en la explotación sin precedentes de los recursos naturales, con la consiguiente expulsión de los pueblos indígenas y campesinos, la degradación ecológica y el abandono de la discriminación étnico-cultural, étnico-racial y sexual/heterosexual). Incluso se inventó un nuevo término, “progresismo”, para caracterizar a los gobiernos que, aunque se decían de izquierda, no lo eran en opinión de los opositores al neoextractivismo.

La segunda dimensión fue la polarización entre estatismo y movimientismo. La tradición de las fuerzas políticas de izquierda en el subcontinente (como en gran parte del mundo) defendió casi siempre la necesidad de controlar el Estado para, a partir de él, llevar a cabo la deseada transformación social. Las frustraciones con la experiencia histórica (de las que el estalinismo es el ejemplo extremo) empeoraron a principios del siglo XXI con los proyectos de desarrollismo neoextractivista en el continente latinoamericano. Estos proyectos fueron protagonizados por el Estado, casi siempre en articulación con el capitalismo neoliberal global, un aspecto que los opositores al neoextractivismo vieron como la continuidad de la explotación colonial. De ahí que hayan ganado peso concepciones como las de “transformar el mundo sin tomar el poder” (una expresión mal entendida de John Holloway), que comenzaron a centrar las propuestas de izquierda en la lucha por una nueva hegemonía (la de los derechos de la naturaleza) y en la valoración de los proyectos comunitarios basados en las ideas de autodeterminación y de plurinacionalidad. Si la concepción estatista exageró el poder transformador del Estado cuya matriz es, al fin y al cabo, capitalista colonialista, patriarcal y monocultural, la concepción movimientista corrió el riesgo de conducir a la despolitización de los movimientos sociales, un riesgo tanto mayor cuanto más evidente era el apoyo recibido de organizaciones no gubernamentales, financiadas por el Norte Global, en su mayoría destinadas a evitar que los movimientos sociales se conviertan en movimientos políticos.

La tercera dimensión característica del subcontinente, aunque no exclusiva de él, es la transformación muy repentina de los parámetros de la polarización política. Frente al revanchismo agresivo, a veces golpista, de los gobiernos de derecha que sucedieron a los gobiernos progresistas, la principal polarización pasó a ser entre democracia y dictadura. Y ante la coyuntura particularmente dramática y dolorosa derivada de la forma incompetente e incluso criminal con la que los gobiernos de derecha han enfrentado la crisis de salud, la principal polarización pasó a ser entre política de vida y política de muerte. Esta última mutación está particularmente presente en Brasil y en Ecuador.

Los debates dentro de las fuerzas de izquierda están abiertos. Por un lado, dieron visibilidad y potencia política a luchas sociales muy diversas. Por otro lado, crearon nuevas divergencias que han resultado difíciles de conciliar. Mientras no se supere esta dificultad, las luchas de izquierda, en lugar de articularse, se fragmentan aún más; en lugar de fortalecerse, se debilitan aún más. Dos dificultades resultan particularmente paralizantes: las divergencias sobre el papel del Estado y de las luchas institucionales; y las divergencias sobre la jerarquía entre los motores de las luchas (¿clases sociales o identidades étnico-raciales o sexuales?) y entre objetivos sociales de las luchas (¿redistribución social o reconocimiento de la diversidad?). Detrás de estas dificultades está la mega-dificultad creada por la divergencia entre desarrollismo/extractivismo y buen vivir/derechos de la naturaleza.

De todos estos debates, quizás la única conclusión segura, por ahora, es que las fuerzas de izquierda saben mejor lo que no quieren que lo que quieren. Durante mucho tiempo sufrieron la pandemia política (que precedió a la del coronavirus) y que se instaló en el mundo después de la década de los 80, de que no hay alternativa al capitalismo y de que, por eso, llegamos al fin de la historia. Curiosamente, las señales de que las fuerzas de izquierda pueden sentirse inmunizadas contra el virus del neoliberalismo surgieron inicialmente con especial fuerza en Ecuador. Veamos.

El debate ecuatoriano es muy dependiente de la erosión del imaginario de izquierda provocada por el centralismo y el tecnocratismo de Rafael Correa. Más que cualquier otro líder político de izquierda de la primera década del 2000, Correa concibió a la izquierda como un proyecto soberanista, impuesto desde arriba, centralista, monocultural, antiimperialista, centrado en la redistribución social pero conservador en cuanto a los derechos reproductivos de las mujeres y hostil al diálogo constructivo con la sociedad civil organizada. Este período coincidió con la época en que surgió una nueva creatividad de las fuerzas de izquierda. Esta circunstancia se debió a varios factores, entre los que distingo el fin del bloque soviético y el surgimiento de nuevos sujetos políticos, principalmente mujeres, pueblos indígenas, campesinos, movimientos ecologistas, el Foro Social Mundial. Esta transformación animó nuevamente la idea de las alternativas. Esta idea salió fuertemente reforzada de las Constituciones Políticas de Ecuador (2008) y de Bolivia (2009), Constituciones que apuntaban a la refundación plurinacional del Estado y a alternativas al desarrollo capitalista basadas en las filosofías y prácticas de los pueblos indígenas. Sin saber muy bien cuál sería el fin último de sus luchas, las nuevas izquierdas parecían, sin embargo, dar por sentado que tendrían que basarse en amplios procesos de participación democrática, en el reconocimiento de la diversidad étnico-cultural y de los derechos de la naturaleza, en la refundación plurinacional del Estado, en la lucha anticolonialista y antipatriarcal. La lucha anticapitalista que exigía, como mínimo, una mejor redistribución social se articulaba ahora con la lucha contra el colonialismo (contra el racismo, la discriminación étnico-racial, la concentración de tierras, la expulsión de pueblos indígenas y campesinos, la xenofobia, la monocultura del saber científico) y contra el patriarcado (contra la dominación heterosexual, la violencia doméstica y el feminicidio).

Ante la discrepancia entre el gobierno de Correa y las transformaciones de las fuerzas de izquierda y del movimiento indígena, las frustraciones se acumularon. Y, como podemos ver, todavía están muy vivas. De ahí la siguiente perplejidad.

4. ¿Quién es finalmente Rafael Correa? Si Correa hubiese sido solamente y para todos los ecuatorianos lo que describí anteriormente, ¿sería imaginable que el candidato que reclama su herencia hubiera sido el más votado? Obviamente no. Es que el Gobierno de Correa tuvo muchas otras dimensiones que, si bien pueden ser desvalorizadas por ciertos sectores de la población, fueron muy importantes para otros. Correa garantizó la estabilidad política durante diez años, lo que no es poca cosa en un país donde en los diez años anteriores hubo siete presidentes. Fue el creador de renombre internacional de la auditoría de la deuda externa de Ecuador, lo que permitió una reducción significativa de la deuda. Privilegió la redistribución social y los beneficios sociales llegaron a muchos que nunca habían tenido condiciones mínimas para vivir con dignidad. La pobreza bajó del 36,7% en 2006 al 22,5% en 2016 y las desigualdades medidas por el coeficiente de Gini disminuyeron y hubo un aumento de las clases medias. Estableció la gratuidad de la educación pública en todos los niveles y mejoró los salarios del personal docente. Construyó muchas infraestructuras básicas de las que carecía el país. Se afirmó como un líder nacionalista, defensor de la soberanía ecuatoriana contra el imperialismo estadounidense (recuerdo el impacto del cierre de la base de Manta en 2009), aunque, con el correr de los años, tuvo que caer bajo otra influencia extranjera, la de China.

Y lo cierto es que, a pesar de toda la contestación social, Correa logró elegir a su sucesor, su vicepresidente, Lenín Moreno, quien poco después se rendiría ante la más mediocre servidumbre al FMI y a los intereses geoestratégicos de Estados Unidos en la región, volviéndose cómplice de la política persecución contra Rafael Correa. Esto significa que lo menos que puede decirse es que el país que dejó Correa al finalizar sus mandatos era una sociedad más justa, al menos en algunos aspectos, que el país gobernado por sucesivas oleadas de derecha controladas por las élites oligárquicas. ¿Por qué ahora, que la derecha oligárquica vuelve a tener a su candidato en la segunda vuelta de las elecciones, algunas fuerzas de izquierda y sectores del movimiento indígena defienden el voto nulo en la segunda vuelta de las elecciones? Para analizar esta coyuntura os propongo la siguiente hipótesis de trabajo: Ecuador es hoy quizás el país del subcontinente donde la divergencia entre la redistribución económico-social y el reconocimiento étnico-social es más pronunciada y donde dispone de menos puentes para superarlo. De ahí mis dos siguientes perplejidades.

5. ¿Qué es la transición? Uno de los principales problemas que enfrentarán hoy las izquierdas en trabajo de parto es la cuestión de la transición. Empezamos a saber que queremos una sociedad anticapitalista, anticolonialista, antipatriarcal, ecologista, feminista, plurinacional, radicalmente democrática, autodeterminada. Sabemos que se trata de un cambio de paradigma de civilización. ¿Cómo luchamos por él? En primer lugar, debemos saber que la lucha es inminentemente política. Las banderas aparentemente apolíticas de las ONG no tienen otra finalidad que desarmar el movimiento popular. Es por eso que están fuertemente financiadas por los países del Norte Global. Entiendo que muchos de ustedes, frustrados con la política formal, prefieren canalizar su activismo fuera del sistema político de partidos. Pero en la medida en que lo consideren importante, es bueno saber lo que está en juego. Incluso siendo la lucha concebida como política, no es fácil organizarla. Sabemos que no podemos confiar en las instituciones, pero tampoco podemos vivir sin ellas. Tendremos que luchar con un pie en las instituciones y el otro fuera. Tendremos que luchar dentro del Estado, contra el Estado y fuera del Estado con diferentes formas de organizar las luchas, algunas de las cuales ni siquiera se han intentado todavía.

¿Y con que aliados? No es creíble que podamos encontrarlos entre las fuerzas de derecha. La derecha, cuando vuelve al poder, lo hace con más revanchismo que nunca. Véanse los casos de Bolsonaro en Brasil, de Macri en Argentina o de la golpista Áñez en Bolivia. ¿Es prudente arriesgar lo mismo con Lasso en Ecuador? Por supuesto, todo será más fácil si Arauz se manifiesta claramente en sintonía con la transición y no con el regreso al pasado. Como jóvenes que sois, tenéis en vuestras manos el futuro del país. Hay tres áreas en las que debéis prestar especial atención: la transición para salir del extractivismo, la educación intercultural y el cogobierno con la CONAIE para dar seguimiento concreto a la plurinacionalidad consagrada en la Constitución de 2008. Las dos primeras áreas constan en el programa de Arauz, pero tanto ellas como la tercera dependen de vuestra presión política organizada, que debe continuar (y no terminar) con las elecciones. Lo más importante es aprender de los errores del pasado.

6. ¿Se acabó el imperialismo? En el reciente debate ecuatoriano, una de las ausencias más ruidosas ha sido el factor de la intervención extranjera. Algunos de los participantes en el debate están tan dominados por el odio y el resentimiento hacia Correa que ven su fantasma por todas partes y consideran que su injerencia es siempre avasalladora. ¿Será que así no ven o esconden otro fantasma mucho más presente? Sabemos que el imperio ha cambiado muchas tácticas (por ejemplo, de las dictaduras militares a la lawfare), pero no alteró su estrategia. Sabemos que la Guerra Fría entre Estados Unidos y China está adquiriendo proporciones muy preocupantes. Estados Unidos es un imperio en declive y, como otros en el pasado, se vuelve aún más agresivo en la búsqueda de zonas de seguridad extraterritoriales. Para Estados Unidos, sin gran influencia en África y sin confiar mucho en Europa y todavía menos en Asia, América Latina es la única región del mundo que consideran que les pertenece incondicionalmente. El precio que pagan los países por desobedecer es enorme, aunque sean muy problemáticos desde el punto de vista de las nuevas izquierdas, como, por ejemplo, Cuba, Venezuela o Nicaragua. Arauz ofrece muchas menos garantías de alineamiento antichino que Lasso o Pérez. ¿Estará ahí la benevolencia con la que Estados Unidos y la OEA miran a los candidatos anticorreístas? A la luz de la experiencia reciente (por no mencionar la menos reciente), ¿pueden los ecuatorianos arriesgarse a un nuevo alineamiento incondicional con Estados Unidos? Estoy seguro de que conocéis bien lo que está pasando en Brasil y lo que iba aconteciendo en Bolivia.

Querida amiga, querido amigo:

Mis perplejidades no terminan aquí, pero son suficientes para intentar justificar por qué no intervengo más asertivamente en el debate que estáis teniendo en Ecuador. Mi deseo es que seáis vosotros, los ecuatorianos y sobre todo los más jóvenes, quienes decidáis las cuestiones que están abiertas, para las cuales, además, no hay soluciones inequívocas a la vista. Lo importante es que lo hagáis con una reflexión profunda sobre los conflictos que atraviesan vuestro país y sin injerencia externa, ya sea de intelectuales-activistas internacionalistas bien intencionados, como yo, pero que, como yo, están siempre sujetos a cometer errores; y también sin la injerencia de países extranjeros, ya sean Estados Unidos, países europeos, países de América Latina o China. Una cosa es cierta: lo que decidáis tendrá consecuencias importantes, positivas o negativas, para el futuro del resto del mundo, que se ve afectado por estas polarizaciones. No se está impunemente en el centro del mundo.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado en: Ecuador

Entre tiktokers e indígenas: ¿conseguirá el correísmo volver al poder en Ecuador?

21/02/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ociel Alí López

Las primeras vueltas presidenciales, en los lugares donde se aplican, generan ejercicios políticos que dejan en segundo plano la ‘utilidad del voto’, debido a que están seguidas de un acto de mayor importancia como es la segunda vuelta, donde finalmente el electorado debe comportarse de manera más ‘sensata’.

Así, estas primeras vueltas muchas veces invitan a develar identidades y preferencias no solo electorales, sino también políticas en sentido amplio, que a la larga pueden tener más peso. La gente ‘sale del closet’ y abandona las grandes casas políticas, cómo acaba de ocurrir en Ecuador. En las segundas vueltas, sin embargo, suele suceder lo contrario. Las minorías buscan volver a ser mayoría. La utilidad del voto significa la capacidad política de imponerse y ejercer poder.

Sin obviar la importancia del primer voto en las presidenciales, especialmente visto como tendencia social, en el corto plazo lo central es la coyuntura que se presenta para la segunda vuelta, que en Ecuador se disputará el próximo el 11 de abril.

Las matemáticas no fallan. El correísmo requiere una campaña que permita la suma de un contingente importante de votantes que prefirieron otra opción hace pocos días.

Arauz vota en las presidenciales acompañado de su abuela, Quito, 7 de febrero de 2021Santiago Arcos / Reuters
Independientemente del resultado del segundo puesto, el candidato del correísmo Andrés Arauz (32,7%) deberá buscar ese casi 48 % de electores que no le votaron ni a él ni a Guillermo Lasso, el candidato derechista y banquero líder de las élites ecuatorianas irremediablemente anticorreístas, quien el 7 de febrero sacó cerca del 20 %.

Hay que recordar que en la primera vuelta de 2017, cuando el correísmo iba unido en torno al actual presidente Lenín Moreno, Guillermo Lasso sacó el 28 % de los votos, y en el balotaje llegó a 48 %, rozando por 2,5 % la candidatura del correísmo. Es decir, tuvo capacidad de sumar un amplio contingente de votantes.

Arauz requiere sumar cerca de 20 puntos para garantizar su victoria: ¿de dónde puede sacarlos?

¿Dónde están los votos?

En la primera vuelta de las presidenciales ecuatorianas del 7 de febrero emergieron en el plano electoral dos identidades que han transfigurado el mapa político este 2021: la indígena (20%) en torno a Yaku Pérez, de Pachakutik, que siempre había tenido mucho poder de movilización pero resultados electorales disminuidos; y los jóvenes urbanos en torno a la candidatura de Xavier Hervas, de Izquierda Democrática (16%), el candidato que se hizo famoso por su campaña en Tik Tok.

Pero la campaña no se trata solo de centrarse en los candidatos, más si no sabemos aún quién será el oponente de Arauz. Pensemos más asertivamente en los sectores nombrados, que se han convertido en minorías de peso electoral que parecen conducirse en franco crecimiento y sin los cuales la candidatura de Arauz estaría en claro riesgo electoral.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela

El campo de lo popular estará en juego si Yaku Perez pasa a segunda vuelta. Si no, Arauz tiene el margen de maniobra para convocar un frente antineoliberal.

El evento del 11 de abril, y sobre todo la campaña previa, van a permitir ver si el correísmo tiene la capacidad de hablarle a ambos públicos y convencerles de otorgarle sus votos.

El resultado de la primera vuelta es insuficiente para cualquiera de los candidatos en una segunda vuelta. Entonces, es el momento de poner toda la carne en el asador.

No bastan los votos de la primera vuelta

El correísmo deberá doblar las coyunturas para aceptar errores y poder convencer a los que votaron por la fórmula correísta en 2013 y 2017, pero que el 7 de febrero de 2021 no lo hicieron, a que vuelvan a hacerlo. Esto incluye, en buena medida, abrir los canales con el movimiento indígena y los sectores populares de la sierra, que han votado al controversial Yaku Peréz. ¿cómo el correísmo puede generarles nuevamente confianza?

Conseguir el apoyo indígena de base puede ser más fácil para el candidato Andrés Arauz, en relación al resto de electorado. Aunque habría que analizar muy bien el contexto del surgimiento del sector electoral que apoyó a Xavier Hervas y preguntarse hasta qué punto este sector no pertenece a una clase emergente que se benefició de los años de Correa en el gobierno y pudo ascender socialmente. Es decir, hasta qué punto los votantes de Hervas son en cierta forma “hijos del correísmo”, en el sentido de que sus padres apoyaron o apoyan al correísmo. La única garantía política de comunicarse con este sector es escuchándole y comprometiéndose con sus demandas.

Indígenas protestan en Quito contra las políticas de Lenín Moreno, octubre de 2019Henry Romero / Reuters

El campo de lo popular estará en juego si Yaku Perez pasa a segunda vuelta. Si no, Arauz tiene el margen de maniobra para convocar un frente antineoliberal que vaya más allá de los factores internos al correísmo.

Arauz va a tener que ceder ante demandas legítimas que las bases vienen exigiendo al correísmo. Sobre todo, este debe comprobar que sabe rectificar y renovarse ante un sector crítico, reserva moral de América Latina como es el movimiento indígena ecuatoriano, pero también ante la juventud tan politizada como abstencionista. La prepotencia es el peor consejero de la dirigencia política en momentos como este. Ya no se trata de repetir eslóganes como “hemos cometido errores”, “nadie es perfecto” o algún otro golpe de pecho. La política es mucho más que eso. Se trata de ceder en demandas preexistentes que por alguna razón, que ya no importa tanto, fueron ignoradas. La gente clave en este momento es la que no se inscribe en el ‘correísmo duro’.

Para retomar el voto joven y urbano de Hervas, Arauz deberá comprender que ser joven no es garantía de comunicación con este sector y debe vetar cualquier discurso petrificante que reivindique ‘viejos tiempos’. Evitar centrarse en una especie de ‘restauración del correísmo’. Si el correísmo no logra conectar con este sector, sufre la amenaza de ir envejeciendo.

Rescatar ambos sectores implica movimientos audaces, políticos, del cual dependerá el futuro del correísmo y no solo en estas presidenciales, sino también en los siguientes acontecimientos.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela

Si bien el correísmo no pudo conseguir una mayoría sólida, los otros actores en juego tampoco pueden facturar una alianza, con lo cual la primera mayoría (el correísmo) incrementa la ventaja simbólica de más de 12 puntos sobre cualquiera de las otras opciones que no pueden hacer un frente común.

Entonces no se trata solo de pensar en un ‘voto útil’ contra las ‘elites económicas’, sino de reconvertir al correísmo como el oponente políticamente efectivo contra el avance neoliberal que acecha a los sectores populares del Ecuador que se levantaron en 2019 contra el actual presidente Lenín Moreno.

Se desvanece el pacto anticorrea

El intento de acuerdo entre los candidatos que tuvieron un empate técnico en el segundo lugar, el empresario Guillermo Lasso y el indígena Yaku Perez, quienes debatieron de manera pública el 12 de febrero, fue abortado de manera presurosa por ambos líderes a las pocas horas del encuentro televisado.

El fracaso puede terminar debilitando sus aún hipotéticas candidaturas para una  segunda vuelta. Ambos líderes han demostrado no poder llegar a acuerdos que impliquen una oposición firme contra el correísmo. Es decir, si bien el correísmo no pudo conseguir una mayoría sólida, los otros actores en juego tampoco pueden facturar una alianza, con lo cual la primera mayoría (el correísmo) incrementa la ventaja simbólica de más de 12 puntos sobre cualquiera de las otras opciones que no pueden hacer un frente común.

¿Puede hablarse de voto útil entre la mayoría progre del país?

¿Puede el correísmo ser nuevamente una casa grande?

Esto lo veremos las próximas semanas.

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El Consejo Electoral de Ecuador concluye su recuento: Lasso irá a la segunda vuelta contra Arauz

21/02/2021 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: RT

Tras 12 días de recuento y la revisión de 39.985 actas, el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha concluído que el candidato neolibera Guillermo Lasso se habría impuesto con 1.829.378 votos frente al 1.796.542 de sufragios al candidato indigenista Yaku Pérez.

Este viernes, luego de 12 días de los comicios presidenciales y legislativos del 7 de febrero, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Ecuador concluyó el conteo de los votos.

Con el 100 % de las actas procesadas y computadas, el organismo electoral —que espera proclamar los resultados el fin de semana, según anunciaron sus autoridades— determina que los candidatos presidenciales Andrés Arauz y Guillermo Lasso se enfrentarán en una segunda vuelta, que se disputará el próximo 11 de abril.

Este balotaje se da luego que ninguno de los 16 candidatos que se presentaron a los comicios consiguiera los votos requeridos —50 % de los sufragios más uno o al menos el 40 % y una diferencia mayor de 10 puntos sobre el segundo— para ser proclamado ganador en primera vuelta. A la segunda van los dos más votados.

De acuerdo a los resultados publicados, Arauz, de la coalición Unión por la Esperanza, que aglutina al correísmo, consiguió 3.032.906 votos, el 32,72 % del total, consagrándose ganador de esta ronda; mientras Lasso, del movimiento Creando Oportunidades (CREO) en alianza con el Partido Social Cristiano (PSC), alcanzó el 19,74 %, 1.829.378 sufragios a su favor.

En tercer lugar, muy cerca del segundo, quedó Yaku Pérez, del partido indigenista Pachakutik, con 1.796.542 votos (apenas 32.836 votos menos que Lasso), el 19,38 % del total.

Una vez que concluyó el conteo de las actas, el movimiento CREO festejó los resultados que sitúan a Lasso en la segunda vuelta, tras vencer a Pérez.

En estos comicios, hubo 80,97 % (10.613.040 votantes) de participación; y los votos nulos y blancos alcanzaron el 12,65 %.

El órgano electoral procesó y computó el 100 % de las 39.985 actas. No obstante, aún faltan por contabilizarse los paquetes del exterior sobre la elección de asambleístas nacionales, por lo que el CNE no ha podido proclamar los resultados finales.

El consejero del CNE, José Cabrera, informó este viernes que el órgano prevé proclamar los resultados preliminares de la elección entre el sábado 20 y el domingo 21 de febrero.

Una vez que se proclamen los resultados preliminares de la primera vuelta, las organizaciones políticas pueden presentar reclamos ante el CNE o por medio del Tribunal Contencioso Electoral (TCE).

Denuncias de fraude y un acuerdo

Durante estos días, Pérez denunció que se fraguó un fraude en su contra para impedirle el paso al balotaje. Ante ello, y por solicitud de este candidato, se realizó una reunión en la sede del CNE en Quito, donde, además de él, estuvo Lasso, los cinco representantes principales del órgano electoral y observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En ese encuentro, que se realizó el viernes 12 de febrero, Pérez pidió que se abrieran las urnas de votación en las 24 provincias de Ecuador, para hacer un recuento total de los votos. Aunque un día antes solo pedía que se hiciera en siete entidades: Guayas, Manabí, Pichincha, Los Ríos, Esmeraldas, El Oro y Bolívar.

La propuesta de Lasso, por su parte, fue la apertura del 100 % de las urnas en la provincia de Guayas, para que el aspirante del partido indigenista no tuviera «ninguna duda de que el proceso fue transparente».

Finalmente, se alcanzó un acuerdo y el CNE anunció que se revisaría el 100 % de las actas de Guayas y el 50 % en otras 16 provincias, que no se especificaron en el momento. Además, se estableció que la proclamación de los resultados de esa primera vuelta se haría luego de este proceso.

El martes 16 de febrero, el CNE realizó una plenaria para someter a votación el informe que permitiría jurídicamente reabrir las urnas de votación y hacer el recuento de los sufragios; sin embargo, no se consiguieron los votos suficientes para su aprobación. De los cinco representantes principales del CNE, dos votaron a favor, uno en contra, otro se abstuvo y el consejero Luis Verdesoto abandonó la sesión, tras pedir el retiro del documento por presuntos «errores» y «omisiones».

Un día después, el miércoles 17, las organizaciones indígenas iniciaron una movilización, en la ciudad de Loja, al sur del país, que se dirige hacia Quito, donde prevén llegar el martes 23 de febrero, para continuar su reclamo por el recuento de los votos.

Ese día, en la capital ecuatoriana se les unirá el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), según anunciaron sus dirigentes este viernes.

¿A quién acusan del fraude?

Pérez y la organización Pachakutik acusaron de estar detrás del fraude a un presunto «pacto oligárquico», que incluye a al expresidente Rafael Correa, así como a su contendiente político Lasso y el aliado de este Jaime Nebot, del PSC.

El exmandatario respondió a estas acusaciones, que calificó de «ridículas», y le recordó a Pérez que el CNE es manejado por una exmilitante de su partido, Pachakutik, mandato bajo el cual le impidieron su participación en estos comicios.

«La presidenta del Consejo Nacional Electoral (Diana Atamaint) es de Pachakutik, me impidieron ser candidato, por todos los medios quisieron impedir la participación de nuestro binomio, impidieron los spots con mi imagen, con mi voz, los jingles», mencionó Correa.

Faltaron papeletas

Además de elegir al nuevo mandatario, los ecuatorianos votaron para escoger al vicepresidente, a los 173 integrantes de la Asamblea Nacional (Congreso) y a cinco parlamentarios al Parlamento Andino, órgano de la Comunidad Andina de la que forma parte Ecuador.

En algunos recintos del exterior, como en Bruselas, Bélgica, y en ciudades de España, los ecuatorianos no pudieron votar para elegir a los cinco parlamentarios andinos, puesto que las papeletas para esa dignidad no llegaron.

Hervas, de lo nuevo a lo viejo

Una de las sorpresas de estos comicios fue el candidato Xavier Hervas, de Izquierda Democrática, quien quedó en cuarto lugar según el resultado final.Hervas, quien hasta el 16 y 17 de enero, cuando se llevó a cabo el debate de los candidatos presidenciales, era poco conocido, logró conseguir 1.453.460 votos, el 15,68 % de los sufragios. Durante la campaña, la encuesta que más puntos le dio llegó a 8 %, a finales del mes pasado.

Se trata de un ingeniero en Producción Agroindustrial guayaquileño, que concentró su campaña en las redes sociales, especialmente en la plataforma TikTok, muy popular entre los jóvenes. De ahí, muchos le pusieron el mote de ‘tiktokero’.

«Le hemos quitado el sueño a los políticos tradicionales», dijo en una transmisión en vivo a través de sus redes sociales la noche del domingo.

Hervas se presentó en la campaña como «gente nueva». Una vez conocidos los resultados que dieron la mayoría de votos a Arauz, señaló que no apoyaría a ningún candidato a la segunda vuelta; no obstante, poco después, invitó a Pérez y a Lasso a unirse en un «Pacto por Ecuador» para «impulsar votos por el país para evitar el regreso (de la) izquierda extrema, populista y corrupta», cayendo así en el discurso de los políticos tradicionales.

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Ecuador: La batalla de las urnas

14/02/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Decio Machado

 

Con una votación que amenaza romper la polarización entre correístas y anticorreístas, el movimiento indígena reclama un lugar en el balotaje. El estrecho margen de votos en disputa augura tiempos turbulentos.

Al cierre de esta edición, el movimiento indígena ecuatoriano se concentraba en diversos plantones pacíficos de miles de personas frente a las delegaciones provinciales del Consejo Nacional Electoral. Pedían que se transparentara el proceso de conteo de votos y que se aclararan las dudas pertinentes respecto a una multitud de actas electorales confusas; todo ello mientras los responsables de la institución rectora de la democracia ecuatoriana –nombrados, la mayoría de ellos, por sectores políticos conservadores– negaban y dilataban dicha reivindicación.

Pese a que inicialmente la candidatura indígena de Yaku Pérez, del movimiento Pachakutik, aparecía como la segunda más votada en las elecciones del domingo 7 y que Pérez se perfilaba como el contrincante del llamado correísmo en una segunda vuelta, la evolución del conteo de votos al comienzo de esta semana dio un vuelco en la tarde del martes 9. Guillermo Lasso, magnate financiero y candidato de las elites, pasaba a ser, con apenas un puñado de votos por encima de Pérez, el contradictor del exministro correísta Andrés Arauz en el balotaje que tendrá lugar el 11 de abril.

Las sospechas del movimiento indígena se basan en que el territorio que quedó último en el procesamiento de las actas fue la provincia de Guayas, feudo histórico de los socialcristianos. Se trata de un sector de la derecha costeña aliada a la candidatura de Lasso y tradicionalmente conocida por sus artimañas electorales. En Guayas, las actas que presentaban inconsistencias pasaron de ser el 5 por ciento en el anterior proceso electoral a ser el 20 por ciento en esta ocasión. Así, una cantidad importante de votos quedó a merced de la decisión del Consejo Nacional Electoral. Según la versión de los observadores electorales indígenas, durante el lento procesamiento de sufragios de los últimos días podrían haberse sustituido –con la complicidad de los miembros de ese organismo, copado por delegados de la derecha– varias bolsas de votos y una parte importante de las actas con inconsistencias, extremo que aún no ha podido ser probado.

Cambio de prioridades

Más allá de esta situación, y dada la estrechísima diferencia de votos entre Pérez y Lasso, lo cierto es que el domingo el pueblo de Ecuador rompió con el clivaje sociopolítico que ha marcado los últimos 14 años de este país: la polaridad entre dos facciones políticas claramente enfrentadas. Por un lado, la del expresidente, hoy exiliado en Bélgica, Rafael Correa y la estructura político-partidista que lidera y, por otro, la de la derecha empresarial a la que representa Lasso, a la cabeza del partido CREO.

Pese al eslogan electoral «En una sola vuelta» con el que la candidatura del favorito Arauz esperaba evitar un balotaje, su partido apenas obtuvo 3 millones de votos (32,6 por ciento de los votos válidos emitidos). Lasso y el candidato indígena Pérez obtuvieron alrededor de 1.800.000 votos cada uno (entre el 19,7 y el 19,5 por ciento de los sufragios). En cuarto lugar quedó Xavier Hervas, un empresario joven y desconocido hasta esta campaña, que corrió por el partido social liberal Izquierda Democrática (ID) y obtuvo cerca de 1 millón y medio de votos (15,7 por ciento). El resultado de las otras 12 candidaturas que se disputaron la poltrona presidencial fue marginal.

Las oposiciones antiextractivismo versus desarrollismo y nueva política versus política tradicional se abrieron espacio así en un escenario que inicialmente aparecía dominado por el enfrentamiento entre partidarios y detractores de Correa. Esta ruptura se materializó en lo alcanzado por Pachakutik y por ID, un viejo partido de la escena política venido a menos en los últimos años. Para entender este fenómeno debe tenerse en cuenta que los candidatos de ambas fuerzas conectaron en su campaña con segmentos de la población que ya no se sentían representados por la política tradicional. Más allá de su éxito en los territorios de la sierra y amazónicos, Pérez logró entre los jóvenes urbanos una particular sintonía a través de un mensaje ambientalista «en defensa de la Pachamama», mientras Hervas se presentó como el líder de la renovación. Ambos defendieron, además, el derecho al aborto por violación frente a las otras candidaturas, que optaron por oponerse a legalizarlo o directamente no abordaron el tema.

Pachakutik compensó las críticas de sus rivales a las carencias del plan económico que presentó durante la campaña –menos transformador incluso que el presentado por el correísmo– mostrándose como el depositario del capital político acumulado en el levantamiento indígena de 2019 contra el FMI y el gobierno de Lenín Moreno (véase «País de lucha», Brecha, 11-X-19). En muchos sectores populares urbanos, Pérez fue visto como parte del «pueblo», «uno de nosotros» y no como un miembro del establishment.

Lo sorpresivo del resultado obtenido por Pachakutik en estos comicios –los sondeos previos le daban en torno al 11 por ciento de los votos– es en parte efecto de la politización del dolor de muchas familias ecuatorianas por los más de 15 mil muertos por la covid-19 en 2020 registrados por las cifras oficiales; el actual incremento acelerado del desempleo y la precariedad laboral, que sufre al menos un 83 por ciento de la población económicamente activa, de acuerdo al Instituto de Estadísticas y Censos; la constante pérdida de capacidad adquisitiva de las clases medias y medias bajas, que está generando un fuerte endeudamiento familiar, y el crecimiento de la pobreza, que afecta casi al 38 por ciento de los ecuatorianos, y de la desigualdad, que aumentó en un 6 por ciento el último año, según cifras de Unicef. En este contexto, el partido indígena, fundado en 1995 como un frente electoral de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), ha obtenido así el mejor desempeño de su historia en las urnas, pasando a ser la segunda bancada más importante en la Asamblea Nacional.

Las tensiones y el peligro de la división

La criminalización de la protesta social durante la década de gobierno de Rafael Correa (2007-2017) y la apertura de procesos jurídicos contra buena parte de la dirigencia indígena que ejercía su derecho a la resistencia en defensa de sus territorios han dejado una brecha que hace imposible el entendimiento actual entre ambas facciones políticas. En este contexto, el conflicto dentro del movimiento indígena parece inevitable. Mientras Pérez y su entorno, más afín a negociar con la derecha un frente común anticorreísta, mantiene la posición de reabrir las urnas y recontar los votos en las siete provincias en las que consideran que existen incidencias –especialmente en Guayas– los sectores más combativos de la Conaie, aquellos que lideraron el alzamiento popular de octubre de 2019, difícilmente apoyarían la candidatura de Lasso en una segunda vuelta.

En paralelo, parte del correísmo parece priorizar el conflicto con el movimiento indígena, al que acusa de complicidad en el desmantelamiento –efectuado durante los últimos cuatro años– de la institucionalidad instalada durante la década progresista. Esta agria disputa entre las dos principales opciones de la izquierda puede abonar el camino al poder de una derecha neoliberal que el domingo apenas sumó el 20 por ciento del apoyo popular.

Sin embrago, así como existen diferencias dentro del movimiento indígena, no todo el correísmo comparte la postura confrontativa contra el Pachakutik, encabezada por el mismo Rafael Correa. Su exministro y candidato presidencial Arauz viene haciendo llamados permanentes a la conformación de un frente amplio que incorpore no sólo al movimiento indígena, sino también a la expresión socialdemócrata liberal representada por la ID. De hecho, en las filas correístas existe una tensión similar a la vista recientemente en Bolivia entre viejos y nuevos cuadros del progresismo.

Predestinado a la crisis

En esta coyuntura resulta difícil vislumbrar cómo se resolverá el bloqueo político que vive Ecuador. Un escenario factible sería que se atendiera el reclamo de Pérez de abrir las urnas y recontar los votos. Si se comprueba el supuesto fraude denunciado por el Pachakutik, el rival del correísmo en segunda vuelta sería el propio Pérez, quien tendría que negociar con las elites económicas a cambio de su voto. Esto conllevaría graves tensiones en el movimiento indígena.

En caso de que se confirmara el pasaje de Lasso al balotaje, es posible que Pérez le declare su apoyo en segunda vuelta a cambio de algunas carteras ministeriales de segundo orden. No sería la primera vez que Pachakutik comete este error político. Sin embargo, una vez más parece difícil que semejante posicionamiento –alianza de los históricamente olvidados con las elites del país– sea secundado por la Conaie, la verdadera estructura organizativa del poder indígena.

Por último, si no se diese lugar al recuento de votos que demanda Pérez, está asegurada una potente movilización indígena en la que se podrían repetir episodios como los de octubre de 2019. Un escenario como ese, por otra parte, significaría también la consiguiente represión a mano de los aparatos de seguridad del Estado e incluso la posibilidad de un escenario a la boliviana, con la imposición de un gobierno de facto transitorio hasta una nueva convocatoria electoral. Sin duda, esa sería una ocasión propicia para quienes desean imponer el paquete de medidas económicas exigidas por el FMI, que carecen del apoyo de la inmensa mayoría de los ecuatorianos.

A esta crisis política se suma, además, el anuncio de la Fiscalía General del Estado de pasar a investigar las finanzas de la campaña de Arauz con base en una denuncia proveniente de Colombia. Según la revista Semana, posicionado con intereses conservadores de aquel país, la insurgencia del Ejército de Liberación Nacional habría donado unos 80 mil dólares a la campaña electoral del correísmo. Pese a que la credibilidad de esa publicación en cuestiones relativas a la guerrilla y sus presuntos vínculos con el progresismo legal está severamente mermada y la acusación carece hasta ahora de fundamento, es claro que existe un fuerte interés del oficialismo ecuatoriano y de sus aliados en la región de lograr la elección de un gobierno de tinte conservador para la próxima legislatura.

 

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Segunda vuelta en Ecuador

14/02/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Alfredo Serrano Mancilla

Las elecciones de Ecuador no se celebraron este pasado 7 de febrero. La ciudadanía votó en gran medida en octubre del 2019. No hay forma de entender el resultado electoral si no es mirando por el retrovisor.

La votación de Yaku no se explica por Yaku. Ni la de Hervas por Hervas. Los 36 puntos que suman entre ambos tienen un claro origen: el rechazo, el rechazo a secas.

Y a ese factor cabe sumarle otro fundamental: Ecuador lleva varios años sumido en un estado de confusión e incertidumbre tal que no resulta fácil ordenar ideológicamente el amplio abanico de candidaturas. La Presidencia de Lenín Moreno caotizó la política ecuatoriana.

Los casi 20 puntos que logró Yaku en primera vuelta tienen como base el rechazo a las políticas económicas de la “triple alianza” (Lenín, FMI y grandes grupos económicos). Rechazo que tuvo como gran protagonista al movimiento indígena. No es a Yaku a quien ha votado la gente. La mayoría de su electorado hubiera votado a Yaku, Iza, Vargas, o a cualquier otro representante de esa resistencia demostrada épicamente en las calles frente al ajuste neoliberal. Ese espíritu rebelde indígena trascendió, convirtiéndose en un verdadero sujeto político y electoral.

En ese alto porcentaje que obtuvo Yaku también está presente otra parte de la ciudadanía, afín a una agenda progresista en clave ambientalista y feminista.

Podríamos decir que Yaku es un candidato no progresista que logró quedarse con parte del voto progresista e indigenista.

Los otros 16 puntos que han llamado mucho la atención son los de Hervas. En este caso, la explicación es algo más difusa. Por un lado, está lo que hereda de una formación clásica en Ecuador, Izquierda Democrática, con apoyo histórico en algunas regiones del país, como Pichincha. Y, por otro lado, tenemos a un candidato Tiktok, excéntrico y provocador, que ha conectado con un sector más antisistema, cansado de la vieja política y con posiciones ideológicas muy heterogéneas.

Pero, a pesar del buen resultado de esos candidatos, ninguno de ellos estará en la segunda vuelta. A este privilegio sólo lo tendrán Arauz y Lasso, quien, in extremis, ha superado en votos a Yaku.

Arauz representa hoy la principal fuerza política y electoral del país. El correísmo, tras cuatro de años de persecución y con una propuesta manifiestamente progresista, tiene un apoyo firme de un tercio del país (32,5 %). Desde esta posición de fuerza y con esta base consistente, a partir de ahora el binomio Arauz-Rabascall tiene la misión de ampliar y seducir a un nuevo electorado que, por una parte, muestra afinidad en muchos sentidos comunes, pero que, por otra, exige ensanchar la agenda programática en ejes previamente citados (ambientalismo, indigenismo, feminismo, la no corrupción).

El otro contendiente en la segunda vuelta será Lasso, quién por sí mismo no podrá mejorar su intención de voto (20 %). Su imagen positiva es muy baja, y su techo electoral también. El banquero tiene un discurso demasiado conservador como para ser atendido por el electorado Yaku & Hervas. Seguramente, su estrategia se centrará en el pedido del voto útil contra el correísmo. No tiene otro camino para procurar sumar el extra de 30 puntos que necesita para ser presidente.

En ese cometido, Lasso tendrá una gran dificultad: la ciudadanía jamás obedece por control remoto a lo que le diga uno u otro candidato de cara a una segunda vuelta. Y mucho menos si se trata del electorado Yaku & Hervas. Estos 36 puntos no votaron específicamente a dos personas. Eligieron cansados de lo viejo, rechazando todo lo que ha sucedido en estos últimos años, buscando nuevos aires. Y Lasso es quien tiene más puntuación negativa en todas esas variables.

Restan dos meses para la cita electoral definitiva. Ecuador votará de modo binario, entre dos opciones nítidamente antagonistas, sin tanta dispersión. Y quedará atrás el espíritu de la primera vuelta. Sólo hay dos alternativas posibles, fácilmente contrastables, tanto en lo que hicieron tiempo atrás como lo que podrían hacer hacia adelante.

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Una votación clave en términos geopolíticos Elecciones en Ecuador: progresismo o neoliberalismo

07/02/2021 by Vitalio Deja un comentario

Por: Marco Teruggi

El candidato del correísmo, Andrés Arauz, llega como favorito a las presidenciales. Disputan el segundo lugar el banquero Guillermo Lasso y el referente indigenista Yaku Pérez.
Desde Quito.Ecuador vota este domingo en una elección presidencial y legislativa determinante. En este país andino, costeño y amazónico, situado entre Colombia y Perú, paradigmático de este tiempo político, se juega una de las piezas del tablero continental, en la cual puede ganar el progresismo o profundizarse un neoliberalismo en una de las épocas más complejas e inciertas de nuestro tiempo.
El país llega exhausto luego de cuatro años de de Lenin Moreno, un caso modelo de traición política. El actual presidente, que fue vicepresidente de Rafael Correa del 2007 al 2013, persiguió a quienes lo llevaron al gobierno, cambió radicalmente de política económica interna y de política exterior. Asumió bajo una proyecto progresista y latinoamericano, giró a un neoliberalismo con alineamiento irrestricto con Washington.

Moreno ya representa, en lo personal, el pasado. Su perspectiva política quedó sepultada durante el levantamiento indígena y popular en octubre del 2019 y, luego, por la falta de respuesta ante la pandemia y su reflejo, ya habitual, de esconderse -literalmente- ante la crisis. Pero Moreno nunca fue una apuesta estratégica, sino una pieza de transición que ya cumplió su papel, con un elevado impacto económico, institucional y geopolítico.

Su continuidad es Guillermo Lasso, cuyo programa económico fue implementado bajo Moreno. Lasso es banquero, neoliberal, con cuentas offshore, derrotado en las urnas en el 2013 y 2017. Por el momento el candidato aparece como segundo en la mayoría de las encuestas -un lugar disputado con Yaku Pérez, candidato del partido Pachakutik- y su aspiración es llegar al ballotage, que sería en abril, para intentar armar un frente anti-correista.

Se trata de una elección bajo fuertes sospechas, algo que atraviesa las conversaciones con quienes han venido a Quito para las elecciones. Las irregularidades del Consejo Nacional Electoral (CNE) han sido muchas desde el inicio, como impedir la inscripción de Correa a la vicepresidencia en fórmula con Andrés Arauz, suspender el registro de la lista electoral bajo la cual la revolución ciudadana se había presentado en la última elección, o dejar en vilo la elección de candidatos al parlamento andino para el domingo.

El CNE ha sido cuestionado por diferentes fuerzas políticas. Su falta de transparencia, parcialidad, forma parte de un proceso de degradación institucional que ocurrió en años del gobierno de Moreno. La aplicación del lawfare, con utilización de diferentes poderes -con epicentro en el judicial- para acusar, perseguir, descabezar, ha dado lugar a una institucionalidad que, ante la contienda del domingo, muestra su poca credibilidad, así como su rol político.

Existen, en ese marco, hipótesis sobre posible cartas y maniobras de última hora para modificar la voluntad popular, construir escenarios de incertidumbre o crisis que impacten sobre el resultado final. Un contexto que recuerda al que sucedió en Bolivia en octubre del 2020, que logró ser anulado debido a la amplitud de la victoria de Luis Arce con 55,1 por ciento de votos y más de 25 puntos de diferencia sobre el segundo. Por eso, en este caso también, parte de lo decisivo del domingo será la amplitud o no del resultado.

Parte de las sospechas también están dadas por el reciente viaje que realizó Moreno a Washington, donde, junto a la ex ministra de Gobierno, María Paula Romo -recordada por su rol en la represión de octubre del 2019- se reunió con funcionarios determinantes para la política latinoamericana, como Juan González, director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Luis Almagro, secretario de la Organización de Estados Americanos, Marco Rubio, nombrado en 2020 titular del Comité de Inteligencia del Senado.

Una de las traducciones de esa reunión fue el redoble de ataques mediáticos contra la campaña de Arauz. La apuesta de Washington para Ecuador es mantener la continuidad neoliberal-subordinada construida bajo Moreno y, en consecuencia, su candidato actual es Lasso o quien pueda enfrentar al correismo, que representaría el regreso de una política latinoamericana, abierta al escenario geopolítico, particularmente en materia de inversiones, en un contexto de fuertes disputas.

Las urnas abrirán a las siete de la mañana y cerrarán a las cinco de la tarde el domingo, momento en el cual podrían aparecer especulaciones u operaciones políticas. Por el momento el cuadro ha sido de calma en las calles, con poca presencia de la campaña en las calles de Quito, una ciudad que enfrenta la recesión y la segunda ola de pandemia con el recuerdo traumático de la primera, por lo sucedido en Guayaquil, cuando los hospitales colapsaron y aparecieron muertos en las casas y en las calles.

Sin embargo, la elección está en boca de la mayoría, en las conversaciones al subirse a un taxi, tomar un café. Las respuestas sobre preferencias electorales son heterogéneas y, a veces, esquivas, en un contexto político que ha estado marcado por persecuciones políticas dirigidas desde el gobierno. Por eso, entre otras de las variables, existe la del voto oculto, es decir el de quienes no expresan abiertamente a quien votarán el domingo, un voto que, se estima, podría ir a la candidatura de Arauz.

 

El resultado del domingo impactará sobre el país y sus perspectivas para los próximos años. Es mucho lo que está en juego para América Latina, algo que puede verse en los apoyos dados por Alberto Fernández y Pepe Mujica a la candidatura de Arauz, por ejemplo, o quienes han venido a Quito para esto días que forman parte de una disputa continental.

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Ecuador: Andrés Arauz, candidato presidencial: “La victoria del pueblo será un gran respiro para la integración regional”

07/02/2021 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: TeleSur

El próximo domingo el correísmo intentará volver a ganar una elección presidencial como lo hizo en las últimas cuatro oportunidades. Cabe recordar que Lenín Moreno llegó al gobierno por Alianza País (AP) como el sucesor del proyecto iniciado por Rafael Correa. Luego de disputas por el sello, las fuerzas progresistas cercanas al correísmo lograron inscribir su binomio Andrés Arauz-Carlos Rabascall por la coalición Unión por la Esperanza (UNE). En conversación con NODAL, Andrés Arauz, quien fue ministro durante la gestión de Correa, afirma que sus principales objetivos son la rápida adquisición de vacunas contra el Covid-19 y retomar el modelo de desarrollo para recuperar la economía familiar.

–¿Qué balance hace sobre la gestión del gobierno de Lenín Moreno?

El Gobierno de Lenín Moreno ha sido nefasto para la gran mayoría de la población ecuatoriana. Ha estado concentrado en un modelo de economía política que concentra la riqueza en muy pocas personas y prioriza a los especuladores extranjeros, en medio de un proceso de persecución política necesario para implementar dicho modelo neoliberal. Y una absoluta destrucción del aparato estatal que ha vulnerado los derechos de la mayoría de la población en materia de salud y educación, entre otros. La pandemia permitió que se evidencie mucho más el abandono del sistema de salud y la falta de inversiones en el sistema educativo. Todo esto muestra como el gobierno tenía abandonados estos temas y el ecuatoriano común lo sintió de forma directa. Particularmente se mostró como se aprovechó un momento de crisis para aplicar la doctrina del shock y, en vez de generar alivio o más derechos para los ciudadanos, se aprovechó para profundizar la precarización laboral y fomentar las privatizaciones.

-¿Qué particularidad tiene este proceso electoral?

Este proceso electoral tiene la particularidad que ha sido en el marco de un caos institucional. Con autoridades producto de un reparto político que debilitó la formación técnica y profesional de las instituciones. Se puso a los propios partidos políticos a llevar a cabo el proceso electoral a través de sus delegados en el Consejo Nacional Electoral (CNE). Ha generado mucha incertidumbre para todos los actores con una fiscalía y una corte de justicia amenazando a la función electoral con disputas entre el Tribunal Contencioso Electoral (TSE) y el CNE. Y lo más importante, un proceso de persecución política abierto que ha significado la proscripción de la principal fuerza política del país. A pesar de todo esto, gracias a las puertas abiertas de otros movimientos, estamos participando y vamos a ganar.

-¿Cuáles son sus principales desafíos en caso de ser electo presidente?

Los principales desafíos, claramente, están alrededor de la pandemia. La urgente necesidad de recuperar la situación económica familiar de millones de ecuatorianos. En segundo lugar, encontrar soluciones mediante la vacuna para fortalecer al sistema de salud pública. Y tercero, retomar el modelo de desarrollo que está planteado en la Constitución, que tiene que ver con una fuerte presencia del Estado.

-¿Cómo analiza la integración regional y qué rol cree que debería tomar el próximo gobierno?

La integración regional se ha venido a menos pero con la victoria del pueblo ecuatoriano este domingo será un gran respiro para la integración. Vamos a poder impulsar a la integración en todos los espacios en donde Ecuador solía participar. Pero poniendo el acento en un elemento adicional, no es suficiente la integración entre los Estados o gobiernos sin la integración entre los pueblos. Y esto significa integración efectiva a nivel de estudiantes, docentes, a nivel cultural, de las artes, de la identidad y a nivel de los trabajadores. El próximo gobierno tendrá que impulsar agresivamente la integración regional y poner al Ecuador en un sitio absolutamente clave en ese proceso.

Publicado en: Ecuador

CONOCER A ANDRÉS ARÁUZ. EL CANDIDATO A PRESIDENTE EN ECUADOR 2021

01/02/2021 by maestro Deja un comentario

https://youtu.be/vR5BujbzDtA

https://youtu.be/Mu-O-SDq2MI

 

Publicado en: Ecuador

El economista y exministro de Correa, Andrés Arauz, encabeza las encuestas para las elecciones presidenciales en Ecuador del 7 de febrero

25/01/2021 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Terc3ra

 

En Ecuador el voto es obligatorio y la multa por no acudir es de 40 dólares. Ante esto, las personas con coronavirus, con contacto estrecho o con síntomas, deberán presentar un certificado médico.

A menos de dos semanas de las elecciones presidenciales programadas para el próximo 7 de febrero, los ecuatorianos deberán decidir en las papeletas entre 16 candidatos que aspiran a llegar al Palacio de Carondelet, mientras el Consejo Nacional Electoral (CNE) ordenó eliminar cualquier atisbo de la imagen del expresidente Rafael Correa (2007-2017) de la campaña electoral. Después que en septiembre pasado la Corte Nacional de Justicia (CNJ) inhabilitó a Correa tras la condena de ocho años de cárcel por un caso de sobornos, la alianza Unión por la Esperanza (UNES) lanzó la candidatura de Andrés Arauz, un economista y exministro de Correa (2015-2017), de 35 años. Una sentencia -eso sí- pendiente de casación para que sea firme e inapelable en Ecuador, ya que el ex-presidente ha anunciado que recurrirá a organismos internacionales tras reiterar que es víctima de una persecución política.

Andrés Arauz se vincula con formaciones y líderes progresistas de todo el mundo. Dichos lazos le han llevado a ser nombrado miembro del Consejo Ejecutivo de la Internacional Progresista, la organización fundada este mismo 2020 por activistas, personalidades y asociaciones de izquierda entre quienes figuran el exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el exministro de Asuntos Exteriores de Brasil Celso Amorin, el propio Rafael Correa, el actor mexicano Gael García Bernal, la activista guatemalteca Renata Ávila, el excandidato presidencial brasileño Fernando Haddad, el senador demócrata estadounidense Bernie Sanders, la exembajadora argentina Alicia Castro, el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y la periodista e investigadora canadiense Naomi Klein.

Por su parte, Guillermo Lasso sigue encabezando la carta de la alianza del Movimiento CREO y del Partido Social Cristiano (PSC). Es un banquero de 65 años, que por tercera vez intentará llegar a la Presidencia tras su derrota en 2013 y 2017.

En tercer lugar aparece Yaku Pérez, representante del movimiento indígena y expresidente de la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa.

La empresa Atlas Intel -aprobada por el Consejo Nacional Electoral del Ecuador para hacer pronósticos electorales- presentó los resultados de su última encuesta presidencial:

Andrés Aráuz: : 36,5%
Guillermo Lasso: 26,7%
Yaku Pérez: 10,8%

La Investigación post-debate de la empresa encuestadora Comunicaliza de Ecuador, compartió un informe con los datos de la encuesta de intención de voto previo a los comicios del 7 de febrero, donde se conoció que un 49,4 por ciento de los electores ecuatorianos ya decidieron su voto, colocando como favorito al candidato correísta, Andrés Arauz.

Andrés Arauz:23,6%
Guillermo Lasso: 11,7%
Yaku Pérez: 12,1%

Mientras, la valoración de los actores políticos tiene a Andrés Arauz con el mayor porcentaje que lo considera muy bueno (13,9%), seguido por Pérez (10,1%) y Lasso (8,3%). En cambio, Lasso también tiene el mayor porcentaje de valoración como muy malo (23,1%), seguidos por Lucio Gutiérrez (19%) y Arauz (17,2%).

El sondeo de la empresa Cedatos reveló que a un 66,4% de los encuestados les interesan “poco o nada” las elecciones, mientras que otra encuesta de Click Report indica que un 44% de los votantes aún no ha decidido a su candidato para suceder al mandatario Lenín Moreno.

A pocos días de celebrarse los comicios, ya se vislumbran posibles salidas del voto válido a pesar de que son mayoría los votantes indecisos.

Publicado en: Ecuador

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