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Bolivia

Cambio de timón urgente

31/12/2010 by maestro Deja un comentario

Veamos el método. Primero, se quiso preparar al pueblo. Se utilizaron radios y otros medios para hablar del objetivo. Se escuchaba (y se escucha aun) “ya no podemos seguir desangrando al país” y se explicaba cómo sucedía esto. Segundo, se utilizaron sistemas de declaraciones y contradeclaraciones. Cuando los medios empezaron a especular sobre el tema, las autoridades económicas decían que no se tomaría la medida. Se generó confianza en la gente. Se decidió no consensuar con las organizaciones. Como dijo el Ministro de Economía, “había que tener cierta reserva”. La reserva tuvo que ver con la dureza del porcentaje. Se armó el escenario para la transmisión pública de la decisión y se decidió que fueran el Vicepresidente, el Jefe del Gabinete Político y el Jefe del Gabinete Económico. Se decidió qué Ministros hablarían luego de la transmisión pública y qué Ministros serían destinados a otros lugares a explicar la medida. Se decidió la fecha. Un día después de Navidad. Y finalmente, como pomada después del golpe, los paliativos.

Luego, el 26 de diciembre, el Vicepresidente García Linera y el Ministro Choquehuanca, se responsabilizaron frente al pueblo y aparecieron como los ejecutores de un método impuesto por Arce Catacora. Vino el gasolinazo. Y la sorpresa. Y la duda y la esperanza (¿no será inocentada?). Las horas pasaron y la sorpresa se convirtió en certeza. Nos dieron un masazo. Solamente decirlo duele. Lo hicieron en secreto. Nos prepararon. Eligieron el día. Tenían hasta el discurso. El escenario estaba listo. No consensuaron con nadie. Y cuando se dio, los compañeros y compañeras se encontraban, se llamaban, preguntaban si era cierto, “pero ellos mismos decían que no había nada”. Hoy miles de companer@s de todo el país se preguntan ¿por qué fue así? ¿Por qué tenía que haberlo hecho Evo, y de esa manera? Muchos recuerdan que la subvención era una conquista del movimiento popular.

Y la respuesta es nítida. El gobierno utilizo un método neoliberal. En secreto, un día después de Navidad.

Todos los gobiernos que incrementaron estos precios, utilizaron exactamente el mismo método. La dolida economía popular le puso el nombre de gasolinazo. Calculaban en secreto. Nos tenían que sorprender. No podían correr el riesgo de perder. Los intereses que se jugaban eran demasiado caros. Para hacerlo normalmente utilizaban una fecha que impidiera movilizaciones. Alguna vez escuche decir a Lechin “cuidado, se viene carnaval”. Nadie se preocupaba del pueblo.

¿Y el paliativo?. Las medidas anunciadas ayer, son de largo plazo. Lamentablemente son medidas cuyos impactos no serán sentidos desde hoy por el pueblo. Y siempre fue así.

Este método fue utilizado por todos los gobiernos que este proceso ha vencido. Este método no es de este proceso.

Se le ha restado credibilidad al gobierno. Si el 26 nos hicieron esto -se escucha- ¿que nos harán el 2? El Presidente del Banco Central exigía ayer por las radios que la gente denuncie a quienes están haciendo terrorismo financiero. Así, quiere recuperar la confianza de la gente. Él sabe que se equivoca. Para recuperar la confianza del pueblo, el Presidente Morales tiene que hacer un cambio de timón.

¿Qué significa eso? El Presidente sabe cómo hacerlo. Él sabe que en su gabinete, es decir en el gabinete del proceso, no tienen espacio los Ministros de Economía y Planificación, Luis Arce y Viviana Caro. Ellos son los más claros representantes del pasado. Son los infiltrados. No son de este proceso. Bajo su manto se cobijan quienes quieren que este proceso fracase. Con su salida, el Banco Central recuperara confianza de la gente. La recuperación de la confianza popular es un camino que hay que transitar rápidamente. Cambio de timón no es cambio de gobierno. Es rectificación y al Presidente le toca identificar cómo hacerlo.

 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Cambio de timón urgente, José (Coco) Pinelo

Para Bolivia y para el mundo, Ley de Derechos de la Madre Tierra

09/12/2010 by maestro Deja un comentario

Esta ley, fruto de la construcción colectiva y el consenso, ha sidoaprobada en grande y en detalle tanto por la cámara de Diputados, comopor la de senadores, tan solo faltando la presencia en Bolivia delPresidente Evo Morales para su promulgación.La ley define a la Madre Tierra como el sistema viviente dinámicoconformado por la comunidad indivisible de todos los sistemas de viday los seres vivos, interrelacionados, interdependientes ycomplementarios, que comparten un destino común. En su versión cortaconsta de tres capítulos y diez artículos, en los que se consagran losprincipios de la misma (armonía, bien colectivo, garantía deregeneración, respeto y defensa de los Derechos de la Madre Tierra, nomercantilización e interculturalidad).Asimismo se la declara sujeto colectivo de interés público, y dota atodas las bolivianas y bolivianos de los derechos establecidos en laley, al formar parte de la comunidad de seres vivos que componen laMadre Tierra, de forma compatible con sus derechos individuales ycolectivos.La ley define tanto los Derechos de la Madre Tierra (a la vida, a ladiversidad de la vida, al agua, al aire limpio, al equilibrio, a larestauración y al derecho a vivir libre de contaminación) como losdeberes del Estado Plurinacional, especialmente en lo que respeta aldesarrollo de políticas públicas en defensa de la Madre Tierra, asícomo formas de producción y patrones de consumo equilibrados y bajo laperspectiva del Vivir Bien, además de demandar el reconocimiento de ladeuda ambiental a través de financiamiento y transferencia detecnologías limpias, y promover la paz y la eliminación de las armasnucleares. Y no solo se le encomiendan deberes al Estado sino a laspersonas, que deben defender y respetar los Derechos de la MadreTierra, así como asumir prácticas de producción y hábitos de consumoen armonía con la Pachamama.Finalmente se crea Defensoría de la Madre Tierra, cuya misión es velarpor la vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los derechos dela Madre Tierra establecidos en la ley.

Publicado en: Bolivia

La Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia pone a disposición los documentos de Wikileaks que hacen referencia a Bolivia

09/12/2010 by maestro Deja un comentario

La Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional, en busca de democratizar el acceso a la información, pone a disposición del público los documentos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, publicados por Wikileaks, que hacen referencia a Bolivia. Todos ellos se encuentra disponibles en su idioma original (inglés) y aquellos que contengan información relevante respecto al país, más allá de simples referencias, están traducidos al castellano o en su defecto en proceso, situación frente a la cual les pedimos paciencia. El buscador ofrece distintas alternativas de búsqueda acorde a la relevancia del documento, su fecha de creación, el idioma en que se encuentran, la institución de origen, etc. Creemos firmemente que esta página ampliará el acceso a esta importantísima información y facilitará el trabajo de muchos ciudadanos.

Publicado en: Bolivia

Lo bueno y lo malo de Evo

06/12/2010 by maestro Deja un comentario

…que ascienden a 9.300 millones de dólares, es la medida más trascendental de Evo Morales, en sus seis años de gobierno, a condición de que no sea desvirtuada como la nacionalización de los hidrocarburos, de mayo del 2006. Añade que es prioritario definir si ese capital servirá para procesar leche o industrializar el litio y el gas, financiar carreteras con nuestro dinero en vez de depender de créditos caros de la CAF y del Brasil, ampliar la frontera agrícola para garantizar la seguridad alimenticia e incorporar tecnologías a la industrialización minera o proseguir estancados, como hasta ahora, en la exportación de materias primas sin valor agregado.
 
Bolivia presta sus reservas a Bancos de Europa y EEUU, vinculados a petroleras y fabricantes de armas, a 0.25 % al año, de cuya suma se descuentan comisiones, en tanto recibe préstamos de la CAF a más del 8 %, es decir a un monto 32 veces más alto. El éxito de la Ley depende del buen manejo de las empresas estratégicas, sin nefastos interinos, como el de YPFB. Requiere de transparencia y de una nueva normativa de calificación de riesgos. No puede ser que EEUU, el país más endeudado y deficitario del mundo, ostente calificación de riesgo soberano casi cero, en tanto Bolivia, que tiene superávit fiscal y comercial y alta liquidez, tenga una deuda soberana de altísimo riesgo.
 
Es fundamental que las reservas del país no beneficien a socios transnacionales. Repsol, por ejemplo, que explota los mega campos de gas, no hizo inversiones en la última década. Pretenderá utilizar el dinero de Bolivia para ese objetivo. Nuestro futuro financiero depende, en consecuencia, de “una buena gerencia, cambios regulatorios, transparencia y nuevos criterios de calificación de riesgos”.
 
Lo malo de Evo emerge de contradicciones entre sus palabras y sus actos. De esta manera, es incoherente decidir que las FFAA se declaren “socialistas, anticapitalistas y antiimperialistas” y que, al mismo tiempo, tropas bolivianas ocupen Haití, junto a soldados de EEUU, Israel, Francia y Canadá. Es insuficiente decir que esos efectivos fueron enviados a pedido de la ONU, ya que el Consejo de Seguridad de ese organismo, que tomó la decisión, es, como dice James Petras, el Comité Ejecutivo del imperialismo euro norteamericano. EEUU y Francia propiciaron la invasión. En similar inconsecuencia, incurren Cristina Kirchner, Lula, José Mujica y Rafael Correa. Qué importante sería que UNASUR repliegue sus tropas de Haití en solidaridad con el pueblo haitiano, en repudio a las bases de EEUU en Colombia y al colonialismo inglés en Malvinas.
 
Al calvario de Haití, que aún paga el delito de haber sido el primer país de esclavos que conquistó su independencia, en 1804, se han sumado invasiones, dictaduras genocidas, apadrinadas por el país del norte, además de huracanes y el terrible terremoto del 12 de enero pasado, que ocasionó 230 mil muertos. Cabe añadir que la actual epidemia de cólera, contagiada por soldados nepaleses de la ONU, ha causado también más 1600 víctimas fatales y 20.000 infectados. En las pasadas elecciones, se vetó la participación de Fanmi Lavalas, el partido del derrocado presidente Aristide.

El 22-XI-2010, la OTAN, reunida en Lisboa, ratificó, por iniciativa estadounidense, el derecho de sus integrantes a invadir cualquier país del  planeta en defensa de sus intereses. Evo y UNASUR no pueden seguir avalando el ininterrumpido genocidio del pueblo haitiano. Recuérdese que Haití está gobernado por una Comisión de la ONU, que encabeza el “virrey” Bill Clinton.
 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Lo bueno y lo malo de Evo

Evo: EEUU es el país más golpista del planeta” por Alex Contreras Baspineiro

29/11/2010 by maestro Deja un comentario

En el evento internacional que se desarrolla en Santa Cruz, la tierra oriental de este país, participan ministros o representantes de los Ministerios de Defensa de 30 países del continente, incluido el Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates.

Morales Ayma aseguró que Estados Unidos intentó perpetrar golpes para derrocar a presidentes progresistas no sólo en Bolivia, sino también en Venezuela (2002), Honduras (2009) y Ecuador (2010).

Destacó que sólo en Honduras consumó su intento. En tal sentido, los países alineados a la Alternativa Bolivariana para las América (ALBA) estarían derrotando “por tres tantos contra uno” al que denominó imperio norteamericano.

El Jefe de Estado recordó que en septiembre de 2008, el entonces embajador de los Estados Unidos en Bolivia, Philip Goldberg, organizó un golpe cívico-prefectural e impulsó un proceso de conspiración para acabar de forma antidemocrática con el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS).

Sin embargo, en un acto de dignidad, el mencionado embajador norteamericano fue expulsado con ignominia, de este país, acusado de haber conspirado contra el gobierno boliviano.

Desde entonces, las relaciones bilaterales entre ambos países pasan por una delicada etapa y ambos países esperan firmar un acuerdo marco, que debe ser sin imposiciones, de acuerdo al gobierno boliviano.

Concluido el acto inaugural, el Secretario de Defensa de Barak Obama, abandonó Bolivia y la embajada estadounidense difundió un comunicado oficial en el que expresó: “lamentamos que el Gobierno de Bolivia haya perdido una oportunidad para hacer progresos en los asuntos claves de la conferencia, que son paz y confianza en la región, democracia, fuerzas armadas y sociedad, y seguridad regional y desastres naturales”.

Pese a las posiciones polarizadas, la embajada norteamericana aseguró mantener las puertas abiertas para trabajar en conjunto con todos los países incluyendo Bolivia.

Según Morales Ayma, todos los países de la región son diferentes y tienen el derecho de elegir el sistema de convivencia democrática que más les conviene pero sin golpes ni intentos de golpe.

Recordó que el pueblo boliviano fue permanentemente víctima de golpes de Estado. “Golpes sangrientos no porque querían los militares, las Fuerzas Armadas, sino por decisiones políticas internas y externas para acabar con gobiernos revolucionarios, con gobiernos que salen del pueblo. Ésa es la historia de Latinoamérica”.

Muchísimo cuidado

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, a tiempo de pisar esta tierra, recomendó a Bolivia “tener muchísimo cuidado” en las negociaciones con Irán para la construcción de una planta nuclear, por las intenciones reales que pueda tener este apoyo y el incumplimiento por parte de este país de las resoluciones de las Naciones Unidas.

“Los países que están tratando con Irán (entre ellos Bolivia) en este marco tienen que tener muchísimo cuidado por la forma en que interactúan con los iraníes y tener cuidado con los motivos de los iraníes sobre lo que quieren lograr”, precisó el funcionario estadounidense.

El Presidente de Bolivia, respondió que el país ubicado en el corazón del continente latinoamericano tendrá relaciones bilaterales con todos los países del mundo, tal es el caso de Irán. “Tenemos todo el derecho y nadie me va a prohibir”, remarcó.

“Ahora no tenemos una democracia pactada, sino una democracia legítima bajo el sentimiento del pueblo boliviano que acompaña un pensamiento, un sentimiento que viene del sufrimiento de los pueblos bajo un programa de gobierno de dignificación de los bolivianos que busca la igualdad, un programa que recupera los recursos naturales, que permite que los servicios básicos sean un derecho humano”, dijo.

Gates anotó que Bolivia puede tener relaciones con los países que considere, pero cuando se trata de Irán y su intención de cooperar al país con un programa nuclear, debe tener en mente el número de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que ha aprobado para evitar la proliferación de armas nucleares y que Irán incumple.

El funcionario norteamericano reconoció que no sabe qué quieren hacer los iraníes en su relación con Bolivia o Venezuela en el campo nuclear, pero reiteró que Teherán “ignora totalmente las resoluciones repetidas de la ONU”.

Agregó su profunda preocupación por el avance del narcotráfico en la región, citó como ejemplo a Colombia, ya que hace pocos años tenía amplias zonas del país dominadas por la guerrilla y los cárteles de la droga, pero ahora ha logrado sentar soberanía. “Me parece que sí hay preocupación por este tema y es una razón más para que todos trabajemos en conjunto”.

El hecho de que los cárteles se hayan vuelto tan poderosos, al punto de rebasar a las fuerzas policiales, obligó a los militares a participar en la lucha antidroga.

El Presidente de Bolivia aseguró que Estados Unidos ya no tiene argumentos para seguir con su doctrina “imperialista” ahora pretende fallidamente imponer la lucha contra el narcotráfico para controlar a los países que se le insubordinan, como los del ALBA- TCP.

Bases militares

Al recordar la persecución que sufrió en su calidad de dirigente de los productores de coca en el Trópico de Cochabamba, donde los efectivos de la DEA, operaban con uniformes y armas de fuego en la denominada lucha contra el narcotráfico, el Jefe del Estado Boliviano, también se refirió a las bases militares que Estados Unidos tiene en la región, específicamente en Colombia.

“Los países subdesarrollados tenemos dignidad y soberanía. Cuando era parlamentario intentaron hacerme aprobar la inmunidad para los funcionarios de los Estados Unidos. ¿Qué es la inmunidad? Que los funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos, incluida la DEA norteamericana, si cometen algún delito no sean juzgados con las leyes bolivianas. Es una carta abierta para matar, para herir como hicieron en mi región”, sostuvo.

Además recordó que en tiempos de imposiciones norteamericanas Evo Morales Ayma había sido calificado como “el Bin Laden Andino”.

“Queridos ministras y ministros de Defensa, ustedes, de acuerdo con esta clase de doctrinas –lucha antidroga y antiterrorista- están reunidos con el Bin Laden Andino y mis compañeros de los movimientos sociales son los talibanes”, ironizó.

Mientras dure su mandato como Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, remarcó que ningún militar boliviano recibirá capacitación ni participará de las operaciones conjuntas en la Escuela de las Américas dirigida por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

El evento internacional tiene tres temas principales en debate: el primero relacionado con el interés de todos los países de mantener a la región como zona de paz; el segundo con la equidad de género e interculturalidad y el tercero busca atraer la atención a los desastres naturales y la gestión de riesgos.

El ministro de Defensa de Bolivia, Rubén Saavedra, quien ejerce la Secretaría Pro Témpore del evento internacional, explicó que lo que se busca es ampliar y mejorar los mecanismos de confianza mutua entre los países para que la paz continúe en la región, se coordinen acciones conjuntas y se transparente el gasto militar.

En Bolivia se realiza la IX Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, mientras que en el Salón de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos paralelamente se inauguró el evento “Peligro en los Andes: amenazas a la democracia, a los derechos humanos y a la seguridad interamericana” donde participan representantes de la ultraderecha continental.

Entre los personajes figura Otto Reich, enviado estadounidense para América Latina durante el gobierno de George Bush; Guillermo Zuloaga, presidente de la televisora Globovisión y prófugo de la justicia venezolana; Ileana-Ross, congresista norteamericana, vinculada a terroristas como Luis Posada Carriles y también participan Carlos Sánchez Berzaín y Manfred Reyes Villa, prófugos de la justicia boliviana.

En este proceso de cambio que sopla por diferentes países del continente, la IX Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, se realiza con mensajes de respeto a la soberanía, a los derechos humanos, a la defensa del medio ambiente y sobretodo a la dignidad de los pueblos.

– Alex Contreras Baspineiro es Periodista boliviano, fue vocero de gobierno. [email protected]

Agencia Latinoamericana de Informacion
email: [email protected]

—
“El problema no es la desobediencia civil, sino la obediencia civil”.

Howard Zinn

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Contra el cinismo contemporaneo: www.tinku.org

Publicado en: Bolivia

La década dramática

21/11/2010 by maestro Deja un comentario

El 22-06-04, (Presidencia de Carlos Mesa), el Prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, quien ya se hacía llamar gobernador, dijo: “Ha llegado la hora de gobernarnos a nosotros mismos, de elegir de manera directa y democrática a nuestras autoridades departamentales, de administrar nuestros recursos económicos y de manejar los recursos naturales. Determinaremos el porvenir de nuestros recursos y de la tierra. Los fallos de la Corte del distrito serán inapelables”.

El 15-XII-06 (Presidencia de Evo Morales), sus palabras fueron respaldadas con el denominado “cabildo del millón”, por el número de persona que concurrió al acto. Dirigentes cívicos de Beni, Pando, Tarija y, en menor medida de Cochabamba y Chuquisaca, hicieron suyos similares planteamientos. Con ese aval, la “Nación Camba” denunció ante la ONU que el oriente boliviano sufría de colonialismo interno, en tanto sus líderes solicitaban que su región sea declarada “protectorado” de potencias europeas. Comenzaba a borrarse la línea que separa al separatismo de legítimas demandas  autonómicas.  

En el referéndum revocatorio del 10-08-08, el Presidente obtuvo el 67.4 % de apoyo, con el que el proyecto separatista comenzó a derrumbarse. Una marcha campesina sobre Santa Cruz y la muerte, por disparos de la policía, del terrorista húngaro-boliviano, Eduardo Rouzsa Flores, reclutado por la Nación Camba, demostró el error de no tomar en cuenta que en los últimos 60 años,  la población de Santa Cruz había crecido de 40.000 a un millón 600 mil habitantes, gracias, en gran medida, a los migrantes andinos. La torpe designación de Philipp Golberg (figura clave en la fractura de Yugoslavia) como embajador de EEUU, el sólido respaldo de las FFAA y el apoyo de UNASUR a Evo sellaron la suerte de la oligarquía oriental.

Otro drama se vivió con la aprobación de la Constitución Política de Oruro, en octubre de 2008, con el reconocimiento de 36 naciones indígenas, libre determinación, propiedad exclusiva de recursos no renovables, veto sobre los renovables, uso obligatorio de idiomas nativos, autonomías departamentales, municipales, regionales e indígenas del  mismo nivel y justicias comunitarias. No obstante, su mayor impulsor,  el sacerdote Xavier Albó, no está contento. El quería 41 naciones. El epistemólogo y ex viceministro de planificación estratégica, Raúl Prada, planteaba el retorno al Tawantinsuyo, y el Canciller David Choquehuanca sostenía que las hormigas valen más que los seres humanos.

Pese a lo anterior, el programa  industrialista del MAS para las elecciones del 2009, redujo casi a papel mojado la Constitución de Oruro. Ahora el país se debate entre aciertos del régimen, como la producción  estatal de carbonato de litio, defensa de fronteras, impulso al puerto peruano de Ilo cedido a Bolivia por 99 años, además de ambiciosos proyectos mineros.

Entre los errores cabe citar la debacle de YPFB, con la pérdida de autosuficiencia energética y la importación de gasolina, diesel y GLP, la sumisión a la geopolítica de Brasil, el silencio de la demanda marítima en foros internacionales, el saqueo y destrucción de acuíferos en la mina potosina de San Cristóbal, el incremento del narcotráfico y la incapacidad de usar internamente por lo menos el 50 % de los manantiales del Silala, cuya totalidad beneficia a Chile gratuitamente desde hace 106 años. En el nuevo decenio del Siglo XXI, Bolivia debería fortalecer su raíz indo mestiza y viabilizar su in constituido Estado nacional, tarea pendiente desde su fundación, en 1825.

 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Andrés Soliz Rada, La década dramática

La transición clandestina

21/11/2010 by maestro Deja un comentario

Porque se resistió. Se resistió mal, con debilidades y aturdimiento, pero se resistió” Sergio Almaraz Paz: Réquiem para una república. El tiempo de las cosas pequeñas.

2010. Como si fuera un plano secuencia integral, comenzado a rodar en diciembre de 2009 tras obtener la victoria en las elecciones por un 64%, podemos observar al Movimiento al Socialismo (MAS) y su interacción con los movimientos sociales y el propio pueblo de donde ha surgido.

En ese largo plano en el que no importa el orden cronológico, podemos observar la agudización del conflicto de Caranavi, en el que intereses oscuros de ciertos políticos, unido al envío de la policía para reprimir las protestas sociales, dejaron el balance de dos jóvenes muertos. Del norte paceño pasamos al oriente boliviano, donde la Confederación Nacional de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), decide marchar, y lo hace, no contra el gobierno del MAS, aunque sí en defensa de los derechos indígenas, de sus derechos colectivos. Desde ahí el plano continúa por el sur de Bolivia, donde Potosí se levanta, y una mala gestión temprana del conflicto termina con una ciudad sitiada durante semanas, con diversos sectores populares articulados frente al poder central. Asimismo, en esta secuencia de diez meses van desfilando también choferes, periodistas, o cocaleros.

No estaba en los pronósticos que pocos meses después de consolidar un segundo mandato, las propias organizaciones sociales y pueblos indígenas que conformaron el Pacto de Unidad, germen además de la Asamblea Constituyente, iban a estar enfrentándose públicamente con el gobierno o incluso planteando la posibilidad de un referéndum revocatorio para el vicepresidente Álvaro García Linera. Quién iba a pensar que se iba a dar una separación entre el ejecutivo y los movimientos sociales que colocaron a Evo Morales al frente del gobierno en 2005 y renovaron ampliamente su apoyo en 2009.

Parece ya olvidada la heroicidad y desprendimiento de los movimientos sociales, que facilitaron, con su lucha y también sus muertos, el fin del ciclo neoliberal y la apertura de un nuevo proceso político. Las guerras del agua o del gas fueron, además, luchas referenciales no solo en Bolivia, sino a nivel global, como parte de un proceso de resistencia desde las periferias al sistema mundo capitalista y su globalización imperialista.

Esa identidad y lucha, continuada incluso después de la victoria electoral de 2005, durante la Asamblea Constituyente en 2006 y 2007, parece que ha llegado efectivamente a un punto de bifurcación, en el que no se sabe si el camino escogido lleva a una verdadera alternativa política que recoja la identidad de la lucha.

Propuestas para la transición

En un momento de reflujo de los movimientos sociales, y mientras se plantea que ese rol protagónico y conductor de los movimientos lo tiene que asumir el Estado en este momento histórico, el vicepresidente García Linera propone tres retos históricos para el Estado boliviano: plurinacionalidad, autonomía, e industrialización.

La plurinacionalidad debe ser, efectivamente, uno de los horizontes a seguir, pero no para mantener el actual Estado-Nación con concesiones pluralistas, sino para lograr una transformación radical del Estado bajo parámetros descolonizadores, debiéndose reforzar, además, las autonomías indígenas como punto de desconexión, de transformación de las viejas estructuras del Estado hacia otro modelo descolonizador y descolonizado.

En ese sentido, es necesaria la industrialización del país, pero solo si la entendemos como una necesidad transitoria hacia otro modelo, para salir de la matriz económica actual, extractivista, y lograr una complementariedad de todos los modelos económicos del país, con un enfoque territorial y ecológico, y en armonía con la Madre Tierra, con la Naturaleza y con los pueblos y nacionalidades del Estado Plurinacional de Bolivia.

En el mismo sentido, se puede tolerar un capitalismo de Estado si es para liderar la transición, pero no asumiendo el rol de los movimientos, verdaderos conductores de este proceso, mismo en este etapa de reflujo, sino para lograr un Estado regulador, interventor y distribuidor, que nos encamine hacia otro modelo, logrando una complementariedad también entre los distintos tipos de economía, estatal, privada, cooperativa y comunitaria. En cualquier caso, ese capitalismo de Estado (¿o debemos llamarlo capitalismo andino-amazónico?) no puede sostener viejas formas y estructuras del Estado neoliberal, como sustentar el entramado económico sobre el Decreto Supremo 21060, que tanto daño ha hecho al movimiento obrero.

La economía boliviana sigue viviendo del extractivismo, y si bien las reservas internacionales están sobre los 9.200 millones de dólares, las reservas de la banca privada también están en niveles altísimos, habiendo obtenido tan solo en el primer cuatrimestre de 2010 utilidades de 42 millones de dólares. Nacionalización e industrialización de los recursos naturales estratégicos sí, pero como transición al post extractivismo también.

América Latina es el continente con más inequidad del planeta, y Bolivia se mueve en parámetros muy cercanos a ese indicador continental, en el que un incremento del Producto Interior Bruto no se manifiesta en mayor igualdad, sino a veces en lo contrario.

Por no hablar de la reproducción de formas de poder que debieran estar ya superadas hace tiempo. Formas de poder obsoletas que buscan preservar el (su) poder. Funcionarios y/o políticos/as que toman decisiones en nombre del pueblo al que dicen representar, estando totalmente alejados de los movimientos sociales y pueblos indígenas que han puesto en marcha este proceso.

Todo ello conduce a un nacionalismo popular, peligroso en cuanto a que el instrumento se puede convertir en un fin en sí mismo que hace perder la perspectiva, y obliga a autoreproducirse, mismo que sea a costa de alianzas con el enemigo político, o divisiones de la propia base social que te ha llevado al poder.

No solo seria urgente y necesario volver a la agenda de octubre para reencauzar el proceso, sino también rayar una cancha con líneas rojas, líneas que el Estado nunca debiera traspasar, ni aunque un traspaso temporal permitiera por ejemplo ganar un conflicto local, aumentar los indicadores macroeconómicos, o conseguir un préstamo de la banca multilateral. Esas líneas están definidas en las luchas de los movimientos sociales y pueblos indígenas, y debieran convertirse en la brújula del actual proceso.

No es mala opción en esta etapa la de transitar por un modelo cercano al socialismo, con base en lo comunitario, como opción que recupere la identidad de las luchas, que destierre las viejas prácticas capitalistas y neoliberales mediante transformaciones estructurales socioeconómicas, pero sin embargo, en Bolivia contamos con la posibilidad de construir un modelo propio, precisamente desde el retorno a nuestra propia identidad como pueblo.

Modelo civilizatorio y cultural alternativo

Y es ahí donde surge el Vivir Bien como un nuevo modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo y la modernidad. Un modelo basado en un nuevo (y a la vez antiguo) paradigma, sujetado en un pilar fuerte como es el de la descolonización, así como en la despatriarcalización de la sociedad y especialmente del Estado colonial que hemos heredado y con el que no se ha dado una ruptura radical en cuanto a formas y estructuras.

Un modelo que rompe la relación dicotómica entre ser humano y naturaleza, y nos invita a formar parte de una comunidad en que la que nos interrelacionamos con la Madre Tierra.

Solo asentados en el paradigma del Vivir Bien como base de un nuevo proyecto político podemos entender una transición desde el viejo modelo, y el viejo Estado, hacia otro modelo civilizatorio, otro modelo de Estado y otro modelo de desarrollo.

Solo desde el Vivir Bien podemos superar las contradicciones y la coyuntura de múltiples crisis en la que estamos viviendo, crisis financiera, alimentaria, energética…y construir otro modelo de sociedad y de Estado.

Ya tenemos una herramienta para poder encaminarnos hacia este nuevo modelo, que es la Constitución Política del Estado, surgida de la Asamblea Constituyente, y los próximos meses la batalla va ser por la definición de los diferentes modelos y rumbos políticos de la transición en base a diferentes interpretaciones de la Constitución.

Recuperar la identidad

Por eso es más urgente y necesario que nunca la recuperación de la identidad en la que se ha construido el actual proceso político boliviano, una identidad plural, construida desde abajo, desde los dominados y colonizados… volver a las bases, a las comunidades campesinas, a los ayllus indígenas, profundizar en la democracia participativa y construir juntos y juntas el proyecto político del Vivir Bien y de la descolonización. Un Estado Plurinacional con un rumbo ideológico claro, y bajo un modelo de economía social y comunitaria en complementariedad con las otras formas del modelo económico.

Ahora es el momento, con una derecha derrotada políticamente, todavía con algo de resistencia a nivel mediático o económico, pero sin capacidad de articularse ni de disputar poder político. Ahora que el mayor peligro puede venir desde dentro, es necesaria la reflexión colectiva, la preparación de cuadros políticos bajo este nuevo horizonte, hay que articularse y resistirse a los y las que, alejadas de los movimientos y sin capacidad para entenderlos, quieren conducir una transición hacia formulas ya experimentadas y fracasadas.

Albert Camus decía lo difícil que es asistir a los extravíos de una revolución sin perder la fe en la necesidad de la misma. Hoy en día, y por encima de las contradicciones, el proceso avanza, no se sabe si gracias a las decisiones que se toman o más bien a pesar de ellas, pero hoy en día es más necesaria que nunca una verdadera revolución, democrática y cultural, que comience por una descolonización del poder, del ser y del saber, desmontando los andamiajes del colonialismo interno, y que abra y visibilice la transición hacia un nuevo modelo civilizatorio y cultural, más allá del capitalismo y de la modernidad, y que construya el nuevo Estado plurinacional, autonómico, comunitario, intercultural, descolonizado y descolonizador.

– Katu Arkonada es Miembro de la Alianza Latinoamericana de Estudios Críticos sobre el Desarrollo

** Agradezco a Boaventura de Sousa Santos, Raúl Prada, Oscar Vega e Isabel Rauber por sus comentarios a este análisis.

 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: La transición clandestina

Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia

14/11/2010 by maestro Deja un comentario


PREÁMBULO

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En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonia, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia. El pueblo boliviano, de composición plural, desde la profundidad de la historia, inspirado en las luchas del pasado, en la sublevación indígena anticolonial, en la independencia, en las luchas populares de liberación, en las marchas indígenas, sociales y sindicales, en las guerras del agua y de octubre, en las luchas por la tierra y territorio, y con la memoria de nuestros mártires, construimos un nuevo Estado. Un Estado basado en el respeto e igualdad entre todos, con principios de soberanía, dignidad, complementariedad, solidaridad, armonía y equidad en la distribución y redistribución del producto social, donde predomine la búsqueda del vivir bien; con respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y cultural de los habitantes de esta tierra; en convivencia colectiva con acceso al agua, trabajo, educación, salud y vivienda para todos. Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, que integra y articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva, portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la libre determinación de los pueblos. Nosotros, mujeres y hombres, a través de la Asamblea Constituyente y con el poder originario del pueblo, manifestamos nuestro compromiso con la unidad e integridad del país. Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y gracias a Dios, refundamos Bolivia. Honor y gloria a los mártires de la gesta constituyente y liberadora, que han hecho posible esta nueva historia.

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Publicado en: Bolivia

BOLIVIA: POR QUÉ NO PUEDEN DEROGARSE LOS ARTÍCULOS 16 Y 23 DE LA LEY ANTIRACISMO

21/10/2010 by maestro Deja un comentario

Éste ha dispuesto toda una dramatización prosaica que, si no fuera por lo gastado de la trama, sería merecedor del premio “tv y novelas” (y en todas las categorías). La puesta en escena de “la prensa también llora” o “sin racismo no hay paraíso”, resulta una triste parodia de la devaluación del propio ejercicio periodístico. La devaluación es hasta moral. Por eso a la pregunta del presidente: ¿está usted de acuerdo con la discriminación?, la periodista responde: no es mi responsabilidad. En eso cae el periodismo cuando aprende no sólo a tolerar la injusticia sino hasta desearla (porque es noticia).

Caín se hace actual, la muerte del hermano no es responsabilidad suya, por eso elude toda culpa: ¿acaso soy guarda de mi hermano? Si la prensa degenera en la irresponsabilidad total, entonces, ¿dónde está la ética periodística? (si es que todavía se encuentra en algún lugar). No por casualidad, las ciencias de la comunicación (o ciencias de la manipulación), se desarrollan en USA; y se desarrollan como racionalidad instrumental, por eso la comunicación ya no genera comunicación sino negocios. Si el lucro administra el entretenimiento, entonces la comunicación se encuentra a merced de la especulación; aparece la privatización de un ámbito público: la comunicación ya no es un derecho sino una mercancía, a ella tienen acceso sólo los adinerados. La comunicación genera ingresos cuantiosos y genera también poder. El inversor no apuesta a los medios por filantropía.

Tampoco apuesta a la libertad de expresión. Su apuesta consiste en privatizar ésta; la única libertad es la libertad del mercado y ésta consiste en la libertad de vender y comprar (es decir, todo tiene precio, hasta la dignidad); por eso no se trata de la democratización de la libertad sino de su monopolio. Por eso el rechazo es tácito. Devolvernos la dignidad es un atentado al reino de los business.

El racismo permite naturalizar la exclusión: en el reino del mercado sólo tienen libertad los que tienen dinero y estos no son precisamente los pobres o, en nuestro caso, los indios. El único acceso de estos es para generar humor; en el indio se descarga hasta la burla que, como catarsis, sirve para el deleite del racista. Su “superioridad” consiste en burlarse del “inferior” (por eso decía Martí: sólo hay una raza inferior, aquella que se cree superior). Es feliz sólo con la desdicha del otro. Su alegría sólo puede regocijarse en la desgracia ajena. Por eso le preocupa una ley antirracismo; porque ve acabar su felicidad. Eso considera una violación a sus derechos, por los cuales se moviliza, hasta entra en huelga de hambre. La dignificación le indigna. Por eso prende velitas y hace de la compasión un congregador emocional que atrapa la buena fe de la gente.

¿Por qué se rechaza esos dos artículos? Se trata de una trampa. Lo que está en juego no es la libertad de expresión sino la propiedad de ésta. Si los medios reconocen los dos artículos, estarían reconociendo responsabilidad social, es decir, estarían admitiendo que su actividad solicita legislación pública. Se acaba entonces el reino de los medios, el poder de estos, la mediocracia. Se encuentran en aprietos. Por eso aceptan la ley de boca para afuera, porque para adentro la repudian; por eso optan por la resistencia. Derogado el artículo 16 la ley queda como simple enunciado y los medios aseguran la jauja a la que están acostumbrados.

La trampa consiste en declarar un supuesto acuerdo con la ley, minando su instancia ejecutora: en el caso de los medios, la ley no tendría ninguna incidencia. Un embuste con cara de probidad. Inversión típicamente mediática, donde lo bueno aparece como malo y lo malo bueno, y adonde caen los tontos útiles, entre ellos los propios periodistas. Si digo estar de acuerdo con una ley, es más, si reconozco además lo oportuno de su ordenanza, ¿cómo puedo objetarla cuando se refiere a mí? Si mi apoyo pone condiciones entonces no soy un sujeto de derecho y, lo que es peor, tampoco me interesa un estado de derecho; esto quiere decir: me pongo por encima de la ley, es decir, me sitúo más allá del bien y del mal, me creo Dios. La ley no puede tocarme, por tanto, soy inmune ante ella, es decir, he declarado, de facto, para mi conveniencia, un estado de excepción. Dicho de modo sucinto: sedición.

Lo que declaran los medios es precisamente la insubordinación al estado de derecho que tanto se jactan de respetar. En el fondo, lo que demuestran, es aquello en lo que se han convertido: un poder irracional que socava los fundamentos de todo ejercicio democrático. Si la comunicación es patrimonio público, y los medios se constituyen en un poder mediático, entonces asistimos a un déficit democrático: si todo poder corrompe, ¿por qué los medios serían la excepción? Y si no son la excepción, ¿un rechazo a toda regulación pública de su actividad, no expone una intransigencia con cara de totalitarismo? El que acusa de totalitarismo, ¿no será la expresión propia del totalitarismo?

El rechazo a los dos artículos es, en realidad, el rechazo a la ley en su conjunto, a su pertinencia y a su conveniencia, a su alma y a su espíritu. Es el rechazo cínico a la igualdad humana. No hay democracia sin igualdad de derechos. Por tanto, un rechazo a la igualdad humana es un rechazo antidemocrático. Sólo el fascismo puede llegar a tanto. La desigualdad humana es el suelo donde funda sus pretensiones. Por eso no puede renunciar a su fundamento. Por eso abraza ahora las banderas de las víctimas (libertad, democracia, justicia), pero de modo cínico, porque en ellas se escuda para defender lo que siempre pisoteó. Si no defiende la desigualdad (no hay libertad para los enemigos de mi libertad), se queda sin legitimación posible. Si acepta someterse a un régimen de derecho, válido para todos, se queda sin margen de acción, acepta que sus propósitos ya no tienen sentido, es decir, estaría aceptando su anulación misma.

Por eso hasta hace huelga y todo el dramatismo que despliega, le muestra en la desesperación que significa perder el poder que había usurpado. Su negativa a la ley lo muestra como aquel que no se rige por leyes. Cuestiona hasta el sentido mismo de la ley. Dice que la ley no es clara, no es específica, no define nada y que su interpretación es lo que cuestiona. En primer lugar, la ley, por definición, es universal, y lo es, porque su aplicación es por derivación; lo particular es cada caso. La ley no puede prescribirse de modo particular, sería su progresión al infinito, imposible de resolución. La ley es universal, es decir, general, porque vale de modo prescriptivo. En segundo lugar, la ley, por sí misma, no tiene por qué definir. Cuando se dice: “no mataras”, no se define lo que es matar. La ley no define; la ley señala, determina y establece materia punitiva. Por eso, de la ley no se deducen nuevos derechos; los nuevos derechos son anteriores a la ley, es más, los nuevos derechos fundan una nueva ley. En los nuevos derechos están las definiciones, no en la ley. En tercer lugar: toda ley es siempre sujeta a interpretación (su universalidad es imposible de aplicación mecánica). Por eso la ley no puede ser criterio de sí misma. El derecho es anterior a la ley y lo es, porque el ser humano es sujeto de derechos anteriores a todo Estado de derecho; los derechos civiles nacen de los derechos humanos, porque el ámbito de emanación del derecho es la justicia: la justicia es el fundamento legitimatorio del derecho. El criterio de la ley es la justicia; sin ésta la ley pierde toda legitimidad; por eso hay (desde tiempos bíblicos) jueces, porque la ley por sí misma no genera justicia, los jueces son los agentes de interpretación, los que deben saber evaluar los casos particulares, y la misma ley sujeta a su aplicación particular.

Ahora los medios se amparan en la constitución (¿no que estaba manchada de sangre según estos?); lo que negaron, ahora les sirve de escudo para preservar sus intereses. Eso demuestra lo falaz de su accionar; su negativa a la constitución era concomitante al racismo predicativo que ejercieron para desacreditar algo que contenía todo un conjunto de aspiraciones que proponían un país más justo y equitativo; del cual hasta ellos salían beneficiados, pero que no estaban dispuestos a aceptar por el origen y la procedencia de esa constitución: los indios. Por eso las voces racistas más coléricas, encontraron en los medios privados su palestra ideal. Allí se articularon los ámbitos más fascistas de una oposición, cuyo afán por destruir todo, produjo sólo su propia destrucción.

Derogar el artículo 16 significa un golpe a la ley, significa declarar a los medios “territorio sin ley”. La redacción, supuestamente ambigua, expresa apenas el carácter punitivo de todo despliegue legal; la incidencia en los medios declara a estos emanadores de educación y entretenimiento, como tales, responsables de una actividad cuyas consecuencias son siempre públicas, por tanto, sujetos a responsabilidad social: “el medio de comunicación que autorizare y publicare ideas racistas y discriminatorias…”, es decir, el medio que consiente, provoca e incita, es aquel que está sujeto a: “… sanciones económicas y suspensión de licencia de funcionamiento…”, o sea, no hay cierre automático sino sanciones previas que derivan, en último caso, en un posible cierre, además, “… sujeto a reglamentación”.

Los gremios de periodistas debieran ser los más interesados en la redacción de la reglamentación; pero, al parecer, lo único que están dispuestos a aceptar es su conveniencia. Sus representantes acusan de intransigencia la posición gubernamental, pero la intransigencia de ellos es tanta o más acentuada que la oficial. El artículo 23 posee un apartado que les molesta: “cuando el hecho sea cometido por un trabajador de un medio… o propietario, no podrá alegarse inmunidad ni fuero alguno”. La negativa a esta disposición significa otorgarle a la prensa un régimen de excepción legal. Mucha televisión contagia, pues lo que piden es ser James Bond. La licencia consistiría en una “patente de corso”.

Suena hasta folletinesco: “Por cuanto he concedido permiso para armar al corso, a fin de que pueda cuanto le deleite hacer a los enemigos de mi Corona, librándole de todo compromiso legal que sus diligencias…”. Y hablando de diligencias, la presencia de la SIP no es nada gratuita; si acude presurosa al llamado de los medios locales, es porque acude a defender una de sus plazas. Pregunta: ¿qué hacía la SIP cuando los medios incitaban las acciones racistas en Sucre, Santa Cruz, Cochabamba, Pando, etc., cuando en pleno acto de sedición complotaban de modo abierto en el fracasado golpe cívico-prefectural, el 2008? Respuesta: la SIP no hacía nada, porque los medios estaban asegurando lo que ellos llaman “libertad de expresión”. Ya quisieran tener de nuevo un gobierno que sea interlocutor de este tipo de diálogos.

– Es que tenemos algunos chavales de gatillo fácil, verbo más que grosero y descomedido, entusiastas del alboroto, el embuste y la ignominia, a quienes no les vendría nada mal piratear en los mares de la comunicación…

–  Como no, casualmente aquí tenemos patentes frescas. Vaya a decirles a sus chavales que buen lebeche y buena caza.

Hasta la piratería degenera y, en vez de hacer epopeya, hacen sainete. Por eso la movilización de la prensa más parece una parodia circense. Los barbijos que llevan los asemeja a infectados de algún virus que provoca que la gente no se les acerque demasiado; en medio de aquello, denuncian la conculcación de la libertad de expresión desde la más expedita libertad de expresión.

Y los periodistas movilizados no atinan siquiera a aprovechar el momento para exigir mejores condiciones laborales (porque hasta de seguro carece la mayoría) y la activación efectiva de la praxis sindical. Si las acciones del medio pudieran atentar la estabilidad laboral de los periodistas, eso debiera motivarles a ejercer control social del medio donde trabajan. Ahí veríamos si los dueños de medios estarían dispuestos a hacer huelga en defensa de sus trabajadores. Porque resulta triste la cooptación hasta burda que han hecho del periodismo los grandes medios de comunicación. Por eso es de destacar la valentía de varios periodistas que, a la usanza del agorero, son como la voz que clama en el desierto.

El desierto lo constituye aquel déficit democrático que hace de la comunicación un poder y donde el periodismo se devalúa a legitimar aquel déficit. La prensa actúa como aquel que se quiere perfecto, incapaz de admitir culpa alguna; por eso no admite ninguna rectificación de parte suya, porque es incapaz de asumir responsabilidad alguna. No todos somos culpables, dice la prensa movilizada; es cierto, por eso respondemos: pero todos somos responsables. Por eso precisamos de una legislación que le devuelva al periodismo su vocación de servicio a la comunidad a la que se debe.

 

La Paz, Bolivia, 19 de octubre de 2010 
Rafael Bautista S. 
Autor de “LA MASACRE NO SERÁ TRASNMITIDA:

EL PAPEL DE LOS MEDIOS EN LA MASACRE DE PANDO” 
[email protected]

 

 

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BOLIVIA: ¿ES EL RACISMO LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

02/10/2010 by maestro Deja un comentario

La polémica levantada por la prensa, en torno a la ley anti-racismo, no tiene, como fundamento, al derecho sino al cohecho. Porque cuando la propia prensa es cooptada por intereses privados monopólicos, entonces no es la libertad de expresión la que toma la palabra sino la privatización de ésta. Lo que es patrimonio público es raptado como propiedad exclusiva de los medios privados; este supuesto “derecho” es el que se pronuncia en contra del derecho de todos. Los medios no defienden la libertad de expresión: lo que defienden es la potestad absoluta que pretenden sobre ésta. Por eso aparece la intolerancia: exigen ser “consultados”, acusan de “violación a sus derechos”, hasta casi ordenan la derogación de dos artículos (que no les conviene); es decir, si de libertad de expresión se trata, no les interesa la expresión popular sino, exclusivamente, la suya; por eso exigen una “consulta” que ya tiene sentencia: si no se hace lo que exigen, resulta “violación a la libertad de expresión”.

Demandan la anulación de dos artículos que les incomoda, es decir: está bien estar contra el racismo, siempre y cuando se tenga carta blanca para decir lo que se quiera (o haciendo decir a otros lo que se piensa). El racista opina, precisamente, de ese modo, por eso nunca se confiesa: su confirmación necesita de la negación retórica de sus actos.

Una sociedad es racista no porque un desequilibrado profiera insultos en una radio, un periódico o un canal de televisión (quien se delata no es tan peligroso como se cree) sino porque está estructurada y atravesada política, económica y culturalmente, por el racismo. Si la propia clasificación social es, previamente, una clasificación racista, entonces hablamos de una naturalización de la dominación; que estructura las relaciones de poder como relaciones racistas de dominación. La naturalización de éstas es lo que produce su invisibilización; cuando las jerarquías sociales contienen clasificación racial, entonces parece “natural” esa distribución social. Si el precio del ascenso social es el desprecio (aunque sea disimulado) al supuesto “inferior”, lo que se evidencia, aunque nos duela en el alma, es el fundamento racista de nuestra propia subjetividad.

Hechos aparentemente inocentes nos muestran esto: teñirse el pelo no es un acto cosmético sino ético (como auto-negación), porque si el patrón de belleza que adopto no se corresponde a mi constitución biológica (que tiene su propia expresión cultural que no admito), entonces esa adopción se convierte en una negación de lo que, en definitiva, soy. Cosa curiosa, cuanto más oscuro es el cabello, más posibilidades de desarrollar las cualidades que hacen a un cabello sano (brillo, volumen, consistencia, etc.); pero si por mudar de color (siempre a más claro) debo quemarlo, lo que quemo, en última instancia, es la vida del cabello; es decir, por “verme bien” (según el patrón adoptado) mato algo en mí. La constante es cruel: para afirmar el patrón estético dominante (moderno-occidental) debo negar lo que soy (si lo que soy no se corresponde con lo “superior” entonces, por definición, soy “inferior”).

Una adopción estética no es inocente; es más, si el precio de esa adopción es mi negación, entonces mi apuesta no me honra sino me degrada. En este caso, el precio del racismo es la negación de la propia persona. Por eso el precio de la ignorancia es siempre la muerte, es el caso de nuestro ejemplo: para quemar el color del cabello no sólo quemo éste sino también neuronas cerebrales, porque los químicos que aplico atraviesan el cuero cabelludo, que es por donde respira el cerebro.

Para aceptar como “natural” esa cosmetología, debo aceptar como “mejor y más bueno” (“verse moderna”) el patrón estético que la sostiene (blanqueamiento como sinónimo de perfeccionamiento). En eso consiste el racismo: en la naturalización de las diferencias fenotípicas como superior e inferior; todo aquello que no coincide con el patrón blanco-moderno-occidental (euro-gringo-centrismo) es inferiorizado. Como consecuencia, el “verse bien” posee contenido moral, así como el “verse mal”; bien y mal quedan estetizados: el “bien” es blanco, el “mal” es negro. Se trata de una moral inmoral. Porque la imagen del “bien” le otorga legitimidad a la estética blanca (sinónimo de “pureza”); en cambio, toda otra estética es negada como “inferior”. Por eso se adopta lo blanco como “modelo de belleza” porque, previamente, lo que no es blanco, ha sido naturalizado como inferior, siendo su única “salvación” parecerse, lo más posible, a lo “superior, perfecto y bueno”. Por eso el racismo reordena a la humanidad a su imagen y semejanza. Ya no está hecho el ser humano a imagen y semejanza de Dios sino al contrario: Dios (lo infinito espiritual) tiene ahora hasta color; se parece a Santa Claus, es decir, un viejito ario, rubio y de ojos azules. El mismo Jesús, quien era semita (es decir, no era ario), es blanqueado para, de ese modo, “limpiar” su procedencia.

Ahora bien, ¿no tiene la comunicación actual el paradigma del lenguaje de la imagen? La imagen domina la televisión, la prensa y hasta la radio; por eso el lenguaje se va reduciendo a mero apéndice de la imagología dominante de los medios. Pero si el lenguaje mismo de la imagen se halla contaminado de racismo implícito, entonces se entiende la reacción de los medios. Su reacción no es impensada o accidental, fruto de la susceptibilidad o de la sospecha; es coherente con sus más hondos prejuicios. En eso son visionarios: si la discriminación y el racismo son combatidos legalmente, su accionar ya no puede ser omnímodo e impune. Su aparente inocencia queda descubierta como lo que es: operadores ideológicos de la naturalización de las relaciones de dominación.

Por eso la pregunta no es retórica. Es la pregunta que debe, siendo consecuentes, formulársele a una componenda mediático-periodística: ¿es el racismo “libertad de expresión”? La libertad también puede definirse en contra de ella misma; es cuando prescinde de toda referencia anterior y pretende fundarse a sí misma, en consecuencia, la libertad mía se opone a la libertad ajena. Esta aporía es insoluble; en la que se cae cuando se defiende la libertad por la libertad. Eso hace el díscolo.

Lo que define a la libertad es la responsabilidad; por eso la libertad no es un principio metafísico sino autoconciencia de la finitud humana. Somos libres porque somos finitos; por eso hay decisión, porque la libertad consiste en elegir, y uno elige porque la existencia no es infinita. Por eso, las verdaderas elecciones, no consisten en elegir esto o aquello, sino en elegir la posibilidad misma de toda elección, esto es, la vida. Si niego la vida del otro, niego la vida, porque ésta no se reduce a mi vida sino a la vida de todos. Por eso la libertad no se define metafísicamente sino políticamente. Expando mi libertad cuando trasciendo mi propio yo: las necesidades materiales de mi prójimo son necesidades espirituales para mí. Soy libre en la medida en que me hago responsable. Sin responsabilidad, mi libertad es pura inercia, y todo lo que se encuentra en su camino resulta un obstáculo o distorsión de su espontáneo desplazamiento. Esta concepción física de la libertad, llevada al ámbito humano, tiene consecuencias desastrosas. De ese modo se comporta el capricho pueril del mimado, que sólo está dispuesto a escuchar a los demás, si confirman su propio parecer. Si se pone a sí mismo como criterio absoluto de todo dictamen, entonces se entiende su oposición a toda regulación exterior (toda moral queda reducida a su moral). Quiere tener la potestad de juzgar, pero que no le juzgue nadie. Lo que no ve o no quiere ver es que su accionar tiene consecuencias públicas, y eso no puede evaluarlo él mismo, porque los afectados son también otros.

Las objeciones periodísticas que se escuchan, se escudan en la preservación de sus fuentes de trabajo; aunque la ley sólo estipule en casos extremos el cierre de medios, además de acuerdo a una normativa posterior (de consenso democrático, donde no sólo los periodistas sean los interlocutores sino la población en su conjunto). Pero esta objeción, si somos coherentes con una lucha contra toda forma de racismo y discriminación (que los periodistas alegan no estar en contra), no es legítima. Un ejemplo: si todos estamos en contra de las armas, ello supone eliminar su fabricación, lo cual conduce, inevitablemente, a la eliminación de empleos.

En el fondo se trata de la dignificación del empleo. No todo empleo es digno, por lo tanto, si no apuesto a su dignificación, su defensa es sinónimo de intransigencia. Ésta no es legítima, porque acabaría afirmando: estoy en contra del racismo, siempre y cuando no afecte a mis intereses; lo cual solapadamente quiere decir: soy capaz de tolerar el racismo porque no me afecta, es más, saco provecho de ello. Esa parece ser la bandera sarcástica de los humoristas que, ingenuamente, se brindan como escudo melodramático de los medios. Si el humor sólo sirve para burlarnos de otros, entonces el humor nos degrada; cuando un prejuicio es sañudo, los chistes se hacen venenosos, incluso para el que los profiere. Una cesación del racismo debiera ser un reto positivo para el humor boliviano, pues no hay nada más imaginativo que hacer del humor un acto pedagógico. De lo contrario, hasta con chistes, los medios preparan a una sociedad discriminadora, activando su descontento en explosiones de odio, despertando el racismo centenario que prescribe su subconsciente a la hora del insulto: “indio de mierda”.

En ese sentido, la “auto-regulación”, es un despropósito. Porque esto no significa otra cosa que auto-justificación. Uno no puede evaluarse a sí mismo si sus acciones van más allá de uno. Porque si de autocrítica hablamos, ésta es propia de un ser moral, autónomo, es decir, de alguien que responde por sus actos ante sí y ante los demás. Por eso la moralidad no es algo que abandono después que cierro la puerta de mi dormitorio; es algo que llevo y que me expone ante los demás como un ser responsable. Cuando los periodistas cuestionan todo intento de regulación pública de su actividad, actúan como los políticos y, de ese modo, inconscientemente, consagran la inmoralidad que tanto critican.

Por eso hasta el lenguaje degenera en los medios. Cuando ya no hay ética en el oficio, ninguna renuncia concedo de parte mía, ni siquiera por el bien común; si antes no garantizo mis intereses, el interés de los demás no me interesa, defiendo lo mío aunque vaya en contra del resto. Con el episodio de la tortura a un conscripto, ni los periodistas y menos los medios, son capaces de reflexión. Ellos mismos propician un debate sobre la obligatoriedad del servicio militar; es decir, se requiere una medida drástica ante semejante hecho, lo cual, inevitablemente, pone en entredicho la función misma de las fuerzas armadas. Pero esa misma argumentación ya no la usan los medios para sí mismos, aunque sirva también para el proceder de ellos. Extrañamente, no están dispuestos a medirse, ellos mismos, con la misma vara que miden a los demás.

Veamos un hecho: la masacre de campesinos en Pando. El 11 de septiembre de 2008, en medio todavía de la persecución y la masacre, los medios montaron, unánimemente, la retórica del “enfrentamiento”. Todos los titulares, de modo premeditado, sentenciaron el hecho. Ese sorprendente acuerdo tácito no dejó lugar a dudas. El “enfrentamiento” (que nunca fue “supuesto”, como el terrorismo que aun encubren como “supuesto”) nos colocaba en una situación moral o, más bien, inmoral: era un “enfrentamiento entre buenos y malos”. Si los analistas (invento mediático) pregonan que nada es o negro o blanco, que los matices cuentan; aquel día el acuerdo fue absoluto, sin matices que valgan. La retórica del “enfrentamiento” excusaba todo exceso; por eso las palabras del prefecto de Pando (amplificada por los medios), podían ser consentidas y hasta aplaudidas: se trataba de una apología del genocidio (por eso a los asesinos les llamaba “mártires”). El “enfrentamiento” servía para eso: se trataba de un guión que no sólo lavaba culpas sino -y esto es lo peor- nos convertía, a todos, en cómplices de un hecho flagrante. Admitir el “enfrentamiento” era admitir que aquel genocidio fue una “defensa”.

Hay químicos que limpian las manchas de sangre, pero no hay nada que limpie la conciencia del asesinato. Pero los medios creen que eso es posible. Por eso inventan figuras que devuelven la inocencia al culpable. El montaje espectacular de aquel 11, es sólo comparable al montaje de aquel otro 11 de septiembre, de 2001. Ambos realizan una demolición planificada. Lo que se demuele, en definitiva, son las coordenadas del bien y del mal: si el verdugo es la víctima y la víctima el verdugo, entonces nos hallamos ante una inmoralidad. Si, frente a ello, el público no tiene criterios para enfrentar semejante situación, entonces, lo que viene, es la descomposición social. Por eso no es rara la mezcolanza obscena que los noticieros prodigan sin asco (y hasta con auspicios apetitosos): el genocidio es seguido por un circo y la masacre es precedida por LG, “life is good”. Esta descomposición produce también contaminación; pero no se trata del medio ambiente sino de nuestra propia conciencia. Cuando esto se socializa, nos revuelve una paradoja: en la era de las comunicaciones, ésta es cada vez menos posible.

La comunicación no es un algo dado sino algo que se produce. Si se merma la posibilidad de esa producción, aparecen los síntomas de esa paradoja: el diálogo va desapareciendo de la convivencia humana y, con él, la propia convivencia. Entonces la política tampoco es posible; su única posibilidad es la guerra. Lo cual es ya común cuando la política es cooptada por los medios. Cuando los actores, en medio de algún conflicto, acuden a los medios, es cuando estos reducen todo a su lógica: no median nada sino, al contrario, imposibilitan cualquier mediación. Porque los criterios que guían el accionar mediático son mercadotécnicos y, dentro de ellos, lo que importa es el espectáculo; la verdad, el sujeto y la realidad son desplazados por exigencias comerciales. El formato de las telenovelas pasa a ser el formato noticiero, dejando al público en un permanente estado de tensión, sumido en la incertidumbre, pronunciando aquello que, de uno u otro modo, resulta una trampa que montan los propios medios: “ya no hay a quién creerle”. Quien dice esto ya no cree pero, curiosamente, cree en aquel que le ha inducido a no creer en nadie: los medios. Es decir, la incredulidad reinante es la más crédula afirmación de un público que le otorga, inocentemente, a los medios, la autoridad sobre sus creencias.

La nueva religiosidad que inaugura la globalización ya no necesita iglesias. Sus nuevos templos son los medios, adonde concurren los feligreses, cada día, para saber qué comer, qué vestir y, lo más grave, qué opinar. El periodismo aparece como el nuevo sacerdocio del mercado global, donde las grandes cadenas y los monopolios mediáticos cotizan en su propia bolsa de valores: el rating. Este índice le sirve al mercado global para reproducirse al infinito, a costa siempre de lo finito: el ser humano y la naturaleza.

Los medios no toleran regulación alguna, porque actúan según el mercado: éste no tolera ningún Estado (salvo el que le sirve) porque no tolera regulación ni ley, salvo la suya: ésta dictamina que todo es mercancía, que nada es verdad ni moral ni ético, tampoco justo o sagrado, que todo es ofertable, vendible; por eso, la única libertad radica en la libertad de vender y venderse. Esta libertad escupe su grito a los cielos cuando se pretende nacionalizar la riqueza o cuando se propone el respeto a la naturaleza; porque si no todo es vendible, entonces se puede poner límites al mercado. Es cuando los medios decretan el estado de excepción.

El 2002 el golpe a Hugo Chávez fue mediático. El 2008, el golpe cívico-prefectural tuvo, en los medios, el lugar de articulación y emanación del racismo citadino. Esto es posible porque la sociedad boliviana es constitutivamente racista; su carácter colonial no es sólo institucional sino subjetivo y aparece cuando se encienden los dispositivos que despiertan sus más hondos prejuicios. La nueva colonización opera de modo sofisticado y tiene, a los medios, como a los ejecutores de una nueva invasión: ya no se trata de la conquista física sino espiritual. Los bombardeos son, ahora, mediáticos y ocurren todos los días y en todos los ámbitos de la convivencia humana. En las actuales “guerras de cuarta generación”, los medios ocupan un lugar fundamental, provocando derrumbes de procesos democráticos, para garantizar la expansión del mercado global. El poder que cuentan no es sólo económico sino político y esto es, precisamente, lo que se denomina mediocracia.

Los medios se vuelven operadores políticos y, como tales, se otorgan, para sí, la potestad de la interpretación de los hechos políticos. Ya no se actúa como medio sino como un fin en sí mismo. La realidad se hace prescindible y, en consecuencia, la verdad innecesaria. Por eso la identidad entre realidad y hecho informativo es falsa, porque la noticia resultante es producto de una “composición” de la realidad; en la “edición” de la noticia es donde la realidad se construye a partir de prerrogativas ideológicas que, en el peor de los casos, cuando hay racismo de por medio, el resultante es lo que pasó el 11 de septiembre de 2008: una masacre.

La asonada mediática fue preparando, sistemáticamente, la figura del “enfrentamiento”; configurando estereotipos que despertaron hondos prejuicios afincados en una subjetividad citadina, maleducada y deformada, no sólo por una educación discriminadora sino por la presencia cuasi omnímoda que operan los medios sobre la sociedad. La naturalización de las relaciones racistas de dominación son activadas, por lo general, mediante dispositivos que encienden la disponibilidad del público a agredir a su prójimo, sin remordimiento alguno; porque el racismo opera precisamente para otorgarle inocencia al agresor: si se trata de un indio, se trata de una llama. Por eso el “enfrentamiento” era lo inmoral por antonomasia: el bando de los “buenos” eran “jóvenes”, “población pandina”, “autonomistas”, “cívicos” y hasta “mártires por la democracia y el IDH”; los “malos” eran “sicarios pagados por el gobierno”, “hordas masistas”, “collas”, “campesinos que venían a sembrar terror”, “indios armados hasta los dientes”. Bajo esta escenografía, la “defensa” estaba bendecida y merecía hasta la llegada del Cristo redentor. La memoria del asesino acudía a su pasado sacrificial y encontraba en las arengas de las cruzadas la razón que justificaba su sed de venganza ante el atrevimiento de la plebe. Nos hicieron tragar el “enfrentamiento” para decir amén a la “defensa”; sin siquiera preguntar lo más sensato: ¿qué clase de “defensa” persigue a los supuestos “malos” hasta acribillarlos abusivamente mientras escapan desesperados por un rio? Aquello arrojó una suma de muertes, perseguidos y desaparecidos que, más que una “defensa”, era una brutal ofensa.

Para los medios, la masacre no existió. Si ésta no existió, las víctimas tampoco existen, por tanto, Leopoldo Fernández está preso injustamente. Esta distorsión se hace argucia legal y reivindicación política del racista que tiene, en los medios, un espacio hasta familiar. Si la verdad es rehén de los medios, es decir, su propiedad privada, lo que aparece es un totalitarismo con cara de inocencia. Objetarle algo resulta ir contra la libertad de expresión; proponer una regulación es dictadura, plantear una ley es persecución política.

Pero la comunicación es un bien público y no puede ser patrimonio privado. No puede dejarse al lucro privado lo que es condición de la convivencia humana. Ante la objeción del derecho a la libertad de prensa (confundida con la libertad de expresión), la respuesta de la comunidad política no puede ser otra que la de afirmar un derecho anterior a cualquier “derecho” que puedan objetar los monopolios de la comunicación: el derecho a la verdad. Sin este derecho se abre la posibilidad de la demolición moral de la comunidad. La comunicación no puede ser un negocio, así como la verdad no puede ser mercantilizada. Otorgar el ejercicio de la comunicación a intereses privados, cuyo fin es el lucro, significa el suicidio de una comunidad. Por ello, la recuperación pública del ejercicio de la comunicación, forma parte de una política de nacionalización y de recuperación de la soberanía de un Estado.

Hay un curioso discurso del presidente Einsenhower, de enero de 1961: “La influencia total (de esta conjunción entre un inmenso aparato militar y la industria armamentista) en lo económico, político y hasta espiritual es percibida en cada ciudad, cada institución, cada oficina del gobierno federal. Tenemos que protegernos contra la invasión de influencias incorrectas, intencionadas o no, del complejo militar-industrial. No debemos nunca permitir que la fuerza de esta combinación ponga en peligro nuestra libertad o nuestro proceso democrático”.

Ahora sabemos que los norteamericanos perdieron esa batalla y, con ella, su libertad y su democracia; por eso acabaron siendo un público domesticado dispuesto a justificar las más grandes atrocidades de los afanes imperialistas de ese complejo militar-industrial que gobierna ese país. Allí se desarrollaron las ciencias de la comunicación o, más bien, ciencias de la manipulación, que no es más que la formalización cientificista de la propaganda ideológica que había producido el régimen nazi. Goebbels lo decía de este modo: “no nos interesa comunicar la verdad sino lograr un efecto”. El poder mediático consiste, de ese modo, en generar efectos premeditados; su propósito ya no es la verdad sino la negación de ésta, como solía repetir ese ministro de propaganda e información nazi: “una verdad debe construirse a base de mentiras”. En el reino de la mentira se produce el monopolio de las comunicaciones; las grandes cadenas de información ya no informan; su propósito es otro: la humanidad, el planeta y la naturaleza, son sólo la escenografía de un apetito que se expande a todos los rincones del mundo: el mercado global o imperio del capital.

El poder mediático influye en casi todos los ámbitos de la existencia humana; coloniza nuestras conciencias generando una nueva religiosidad: la idolatría del mercado. El público es amaestrado según las necesidades del mercado; es decir, ya no es sujeto de decisiones sino objeto de las decisiones de este nuevo ídolo, que reclama un nuevo holocausto, para así tener libre acceso a todos los recursos planetarios. Por eso le otorga poder a los medios, con la garantía, además, de Estados irresponsables. Aparece un nuevo poder: la mediocracia. Este poder es político y operador idóneo que usa el imperio para desestabilizar procesos democráticos. Actuaron como operadores políticos de una estrategia bélica de recaptura del poder el 2008; y son quienes preparan la masacre, preparando a los verdugos de aquel genocidio. Por eso el 11 de septiembre la invención del “enfrentamiento” no buscaba describir nada sino confirmar su credo: los indios alzados merecían un escarmiento.

Si toda información consiste en la mentira, la calumnia, el chisme, la burla, entonces la información ya no informa ni comunica la realidad, sino la desfigura, la manipula y la deforma. Una regulación de medios es necesaria incluso para bien del propio ejercicio periodístico. Una historia: una creyente confiesa haber pecado de calumnia, busca el perdón. Su confesor le dice: cuando despiertes sube a la terraza de tu casa y lleva contigo una almohada de plumas, destrózala y esparce las plumas al aire. Ella lo hace y regresa, preguntando: ¿estoy ahora perdonada? La respuesta es: todavía no. Ahora debes volver y recoger todas las plumas y rellenar de nuevo la almohada. Pero eso es imposible, replica. Exactamente, dice el confesor. Es imposible remediar aquello. La calumnia es como las plumas que esparciste, no podrás deshacer aquello.

Un analista de Panamericana, en referencia a la ley que está por aprobarse, decía: no soy de izquierda ni de derecha, soy católico y creo que con esta ley sólo nos resta acudir a Dios. Parece que este analista no lee su Biblia. Si el “no mentiras” es un principio de nuestra constitución, también lo es del decálogo. Y lo que hicieron y hacen los medios, continuamente, es mentir cínicamente. Ese analista habla, por supuesto, para quienes, como él, no creen en la igualdad humana. Los Salmos, llaman a estos, impíos: “No tienen parte en las humanas aflicciones y no son atribulados como los otros hombres. Por eso la soberbia los ciñe como collar y los cubre la violencia como vestido. Ponen su boca en el cielo y su lengua se agita por la tierra. Por eso el pueblo se vuelve tras ellos. Helos ahí son impíos, pero tranquilos constantemente aumentan su fortuna” (73:3-12). ¿Qué dice el Eclesiástico?: “El rico hace injusticias y se gloría de ello; el pobre recibe una injusticia y debe pedir perdón. Si el rico habla, todos le aplauden; aunque diga necedades le dan la razón. Pero si el pobre habla, le insultan, habla con moderación y nadie le reconoce. Habla el rico y todos callan. Pero habla el pobre y dicen: ¿quién es éste? Y si dice algo más, todos se le echan encima” (4:29).

No es raro que la comisión episcopal se oponga a la ley anti-racismo; pero si nos oponemos a ella, ¿qué hacemos con los principios cristianos? Lo que se nos pide es romperlos. Sólo nos resta decirles, lo que decía otro masacrado: “perdónalos Señor porque no saben lo que dicen”. La masacre continúa cada día que nos roban el derecho a la verdad. Las víctimas son doblemente asesinadas y nosotros, al consentir aquello, nos hacemos cómplices de esa ejecución continua. Hay que señalar: no se puede hacer desaparecer a los medios, ni al periodismo, pero tampoco se les puede otorgar una libertad de acción irrestricta, impune e inmune a toda legislación pública. Recordemos: “No debemos permitir que la fuerza de esta combinación ponga en peligro nuestra libertad o nuestro proceso democrático”. La comunicación es un bien público y no puede ser privatizado y menos monopolizado por el lucro. Recuperarlo no es desprivatizarlo sino nacionalizarlo (porque no es patrimonio privado sino público). Nacionalizar el ámbito de los medios significa devolverles su propósito original: servir a su propia comunidad, promoviendo la educación y el desarrollo cultural y nacional de la comunidad que les dio origen y a la que se deben.

 

La Paz, Bolivia, 27 de septiembre de 2010 
Rafael Bautista S. 
Autor de “LA MASACRE NO SERÁ TRASNMITIDA:

EL PAPEL DE LOS MEDIOS EN LA MASACRE DE PANDO” 
[email protected]

 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Bolivia, BOLIVIA: ¿ES EL RACISMO LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

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