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Bolivia

Oposiciones políticas y desafíos de Evo Morales

28/07/2010 by maestro Deja un comentario

La nueva gestión del Presidente y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), iniciada en enero último (2010-2015), partió con la gran ventaja de su triunfo electoral del 54 por ciento de votación que le asigna el control mayoritario de la Asamblea Legislativa y sobre todo con la definitiva derrota de los partidos y organizaciones conservadores y neoliberales. Esta situación, sin embargo, ha provocado la emergencia de nuevas fuerzas y formas de acción política dentro y fuera del esquema oficial.

La presión a través de nuevas formas de acción política y social, la falta de una estrategia nacional y los desaciertos y pérdida de control del Gobierno, junto a las demandas que proliferan de diversas regiones y sectores, destacan como nuevos elementos en un panorama que comienza a vislumbrar problemas de mayor intensidad provocados incluso por sectores cercanos al Gobierno.

Las nuevas oposiciones

La oposición se manifiesta en dos grandes bloques:

El de los gobernadores de Santa Cruz, Tarija y Beni, los alcaldes de seis de las nueve capitales y los diputados y senadores conservadores, que representan a los sectores oligárquicos y tradicionales, con una propuesta de enfrentamiento radical al Gobierno y sus decisiones, al que califica de totalitario, y la reivindicación de la democracia representativa y la libertad económica, por una parte.

El de algunos movimientos sociales e indígenas, organizaciones comunitarias, sindicatos, federaciones vecinales, gremios diversos, ex aliados como el Movimiento Sin Miedo (MSM) y disidentes del MAS y grupos que demandan atención a sus reivindicaciones particulares y consideran que el Gobierno ya no los representa, por otra parte.

En esta perspectiva emergió, con Filemón Escobar (ex dirigente minero y ex senador del MAS), Román Loayza (ex senador, ex ejecutivo de la Confederación de Campesinos de Bolivia y ex jefe de asambleístas del MAS), Lino Villca (ex senador del MAS) y Felipe Quispe Huanca (ex ejecutivo de la Confederación de Campesinos de Bolivia y ex diputado del Movimiento Indio Pachacuti) a la cabeza, una nueva fuerza política de oposición a Evo Morales “rescatando el proceso de transformación y a sus lideres originales”.

Escobar, quien fue considerado mentor de Evo Morales, manifestó que la nueva elite que rodea al Presidente está formada por ministros kharas (blancos) encabezados por el Vicepresidente Álvaro Garcia Linera, los que, según él, han distorsionado el proyecto de los movimientos sociales.

El proceso inconcluso

Desde el año 2000, las fuerzas populares de Bolivia se movilizaron en contra de las políticas neoliberales y los partidos tradicionales, y en 2003 se produjo el mayor levantamiento popular (la denominada “Guerra del Gas”) que destruyó el sistema de partidos políticos, expulsó violentamente al ex Presidente Gonzalo Sanchez de Lozada y permitió proyectar el liderazgo de Evo Morales con un programa de nacionalización de los hidrocarburos, Asamblea Constituyente y lucha contra la corrupción.

La nacionalización de los hidrocarburos, del 1 de mayo de 2006, se convirtió en la readecuación de contratos con las transnacionales petroleras, las que, encabezadas por PETROBRAS, orientan la política petrolera del Gobierno desde 2007. La renta del gas exportado ha permitido al Gobierno la aplicación de bonos y acciones de respaldo a sectores vulnerables de la sociedad boliviana, quedando rezagados los proyectos de industrialización y consumo masivo de energía barata.

A su vez, la Asamblea Constituyente permitió avanzar en la elaboración de una Nueva Constitución Política del Estado Plurinacional, incluyendo las Autonomías Departamentales, Regionales, Indígenas y Municipales, las que han generado una expectativa desmedida en todo el territorio nacional desbordando al propio Gobierno. El reconocimiento de 36 ficticias naciones indígenas de origen campesino, impulsado por Organizaciones No Gubernamentales y Fundaciones europeas que asesoraron a la Constituyente, no solamente ha ampliado estas expectativas, sino ha generado el peligro de la desintegración nacional.

Antiimperialismo y capital transnacional

Esta tendencia produce un cortocircuito con los proyectos integracionistas bolivarianos de la unidad de la Patria Grande, puesto que en lugar de impulsar acercamiento y fortalecimiento común entre los pueblos, tiende a potenciar las fuerzas disgregadoras que fragmenten el territorio bajo la consigna de administrar “territorios libres”.

Evo Morales ha participado activamente en la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) y la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) con fuertes discursos antiimperialistas, junto a Hugo Chavez, Rafael Correa y Raúl Castro.

Las alianzas regionales latinoamericanas y sudamericanas y la defensa de la hoja de coca, importante sector agrícola de Bolivia, frente a la política intervencionista de Estados Unidos, han radicalizado las posiciones del Gobierno que, en la crisis separatista de 2008, determinó una fuerte crisis diplomática y la expulsión del Embajador de Washington, Philip Golberg, hasta ahora no aplacada. En los últimos meses, frente a la Marcha de Indígenas de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB), las autoridades nacionales amenazaron a USAID de Estados Unidos de expulsarla por apoyar a las ONG que respaldan la marcha.

Sin embargo, los capitales financieros, bancarios y agroindustriales y las transnacionales petroleras y mineras se han mantenido en Bolivia y consiguen importantes ganancias explotando los recursos naturales, exportándolos como materias primas, monopolizando la tierra y controlando los ahorros y recursos económicos del país.

Los perfiles del Gobierno

Varios interrogantes se han abierto sobre el contenido y la estrategia del Gobierno, sobre la caracterización del proceso y sobre las prioridades y objetivos económicos, sociales y políticos, abriendo algunos espacios de controversia, a pesar del silencio que muestra el jefe de Estado al respecto.

Las tendencias dentro y fuera del Gobierno han generado un debate ideológico en torno a las características del proceso, desde aquéllas que consideran que se mantiene el proyecto económico y político liberal, hasta aquéllas que fundamentan que se trata de uno de carácter comunitario. Algunos proponen un ideal socialista del siglo XXI y otros plantean el capitalismo del Estado como fase previa de consolidación de la unidad nacional.

Por otra parte, el nacionalismo, el populismo, el latinoamericanismo y el indigenismo son los calificativos que se plantean para definir el régimen de Evo Morales, quien combina su fuerte liderazgo con el apoyo de determinados sectores sociales como los cocaleros, colonizadores, campesinos, mujeres y juntas vecinales, aunque las decisiones mas importantes son adoptadas en su gabinete y equipo mas estrecho de colaboradores.

Otro debate se ha abierto entre los denominados industrialistas que consideran imprescindible avanzar en la transformación productiva del país, en base a la industrialización de los recursos naturales, especialmente petroleros, mineros y forestales, y la integración carretera de todas las regiones, y los conservacionistas, quienes sostienen que se debe mantener una posición de defensa de las reservas ecológicas bajo la administración de las autonomías indígenas. Esto ha provocado una confrontación de ONG y grupos internacionales que cuestionan al Gobierno, como ocurrió en Cochabamba con ocasión de la realización de la Cumbre Mundial de los Pueblos en Defensa de la Madre Tierra.

Los desafios emergentes

En este panorama el Gobierno tiene retos de alta importancia, en una coyuntura en que se ha reducido el apoyo popular y las debilidades se manifiestan con las concesiones al capital foráneo, el retraso de proyectos de cohesión nacional y la ausencia de un proyecto histórico integral.

A pesar de tener una base social de apoyo en los sectores indígenas y campesinos, las políticas de desarrollo agrícola y de autosuficiencia y soberanía alimentarias están ausentes, en medio de un freno a una reforma agraria que afecte a los grandes terratenientes y redistribuya la tierra. Por otra parte, los proyectos de industrialización de las importantes reservas de gas, litio, hierro y otros minerales han quedado retrasados, en tanto que transnacionales de esos rubros continúan operando y negocian otros contratos, en el marco del tradicional modelo de exportación de materias primas.

Los cambios y reformas en las estructuras sociales, jurídicas y culturales son evidentes y de alta importancia, sin embargo, los relacionados a la economía y a la subordinada inserción internacional están ausentes y se convierten, paulatinamente, en el talón de Aquiles de Evo Morales.

Anecdóticamente se sostiene que el modernísimo avión comprado por el Presidente no cuenta con un piloto experto, lo mismo que ocurre con la estrategia económica, que no cuenta con un conductor eficiente.

Andrés Soliz Rada La Paz – Bolivia


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La otra Bolivia

27/07/2010 by maestro Deja un comentario

El proceso fue largo y no exento de obstáculos y violencia opositora y oligarca.

Desde diciembre de 2008 con la aprobación de un nuevo texto constitucional que debería ser sometido al soberano, hasta la fecha, el dignatario y su gabinete han mostrado que la consistencia, el ejercicio democrático del voto y el respaldo de las organizaciones sociales fueron sus mejores armas.

Morales ha insistido en no pocas ocasiones que este proceso de cambio, que denominan Revolución democrática y cultural, es irreversible.

Las cinco normas estructurales que entrañan la verdadera implementación de la Constitución Política del Estado, aprobada por primera vez en las urnas en enero de 2009 y sancionada un mes después, son muestra contundente de esa estrategia.

El último de esos proyectos, la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, establece el régimen subnacional de departamentos, regiones, municipios y territorios indígenas originarios, algo sin precedentes en el país suramericano.

Precedida por una ley transitoria que permitió la elección de las autoridades departamentales, municipales e indígenas el pasado 4 de abril, la norma representa el proceso de mayor desconcentración política y administrativa desde 1825, cuando se fundó Bolivia bajo un sistema centralista.

Según el titular de Autonomías, Carlos Romero, esa ley adecua a la Carta Magna los estatutos autonómicos de las tierras bajas de Bolivia, encabezadas por Santa Cruz, cuyas autoridades y líderes civiles demandaron sistemáticamente desde 2004 la instauración de un modelo de independencia política y administrativa regional.

Romero opinó que ese proceso será un verdadero pacto social al interior de esas regiones para brindarle un gran horizonte de democracia y sostenibilidad y pluralismo a la implementación de sus autonomías.

La ley, agregó, también viabiliza la autonomía indígena en sus tres ámbitos jurisdiccionales, territorio, municipio y región.

Asimismo señaló que la norma transfiere desde el poder central a los nueve departamentos unas 20 competencias en las esferas de salud, transporte, obras públicas, infraestructura, vivienda, hábitat, medio ambiente, ordenamiento territorial y planificación, entre otras.

Otras dos leyes, presentadas a la nación, proyectan y reestructuran el nuevo Órgano Judicial y el Tribunal Constitucional (TC), al punto que quizás Bolivia se convierta en el primer país en el planeta que el 5 de diciembre de este año elija en las urnas a sus administradores de justicia.

Al respecto, el presidente de la cámara baja (diputados) de Bolivia, Héctor Arce, explicó a Prensa Latina que se trata de una de las reformas más profundas e importantes en el proceso de cambio.

La ley judicial tiene entre sus virtudes, explicó, que se trabajó en el seno de diputados por el gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS) y luego se le consultó a varios sectores sociales y a otras fuerzas políticas.

Entre sus novedades, Arce subrayó que permite la creación de la Escuela de Abogados y otra institución para formar Jueces del Estado.

La nueva legislación sustentará la reorganización del sistema jurídico boliviano y su adecuación a la nueva carta magna.

También establece como principios la gratuidad, la pluralidad intercultural, la independencia, la seguridad jurídica, la idoneidad, el respeto a los derechos, la cultural de paz y la celeridad, entre otros.

En el caso del TC, la norma de 163 artículos otorga facultades para que pueda a disponer y definir en los conflictos y competencias de los otros órganos de poder público y entes autonómicos.

La nueva entidad será además fuente de consulta de determinados proyectos de ley, resoluciones no judiciales y no vinculadas a procesos administrativos.

La Ley del Tribunal, por su parte, prevé además los conflictos de competencia entre jurisdicciones ordinarias, agroambiental y la indígena originaria campesina.

El actual Tribunal Constitucional se creó por la reforma aprobada en 1994, y operativamente empezó a funcionar en 1999.

Otras dos leyes que permiten apreciar las verdaderas transformaciones en Bolivia son las del Órgano Electoral y el Régimen Electoral.

La primera establece la composición y atribuciones del futuro Órgano Electoral Plurinacional (OEP) y fija las funciones del Tribunal Supremo Electoral (que sustituye a la actual Corte nacional Electoral), los tribunales electorales departamentales, los jurados electorales y el Servicio de Registro Cívico, entre otros.

Un tema controversial quedó zanjado en las deliberaciones, al acordar que la sede del OEP es la ciudad de La Paz y no Sucre, como demandaban algunos legisladores de la oposición.

Todas estas cinco leyes, promulgadas por el jefe de Estado, cerraron el más intenso y prolífico ciclo legislativo boliviano de los últimos 20 años de democracia.

Ahora, en el plano constitucional, adquiere forma el Estado Plurinacional en esa nación suramericana, y se avizora el tratamiento en agosto próximo de un paquete de leyes sociales, entre ellas una sobre Pensiones y otra acerca del nuevo Código de Trabajo.

De 2006 a la fecha, Bolivia es otra, la que soñaron sus fundadores.

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Bolivia-Ecuador. El Estado contra los pueblos indios

21/07/2010 by maestro Deja un comentario

“Son gringuitos que ahora vienen en forma de grupitos en ONG. A otros con ese cuento. Esta gente ya tiene la pancita bien llena”, dijo el presidente de Ecuador, Rafael Correa, al referirse a los manifestantes que pertenecen a la Confederación de Nacionalidad Indígenas del Ecuador (CONAIE)[1]. Evo Morales dijo casi lo mismo: “Como la derecha no encuentra argumentos para oponerse al proceso de cambio, ahora recurre a algunos dirigentes campesinos, indígenas u originarios, quienes son pagados con prebendas de algunas ONG”[2].

Al parecer los presidentes de ambos países pasaron por alto que están usando los mismos argumentos de sus enemigos, cuando acusaban a los movimientos sociales de formar parte de la “subversión comunista internacional” o de estar financiados por el “oro de Moscú”. Dos errores en uno: creer que los indios pueden ser manipulados, y que lo son desde fuera del país. No es extraño que hayan sentido las afirmaciones de sus presidentes como agravios que buscan desviar la atención de los verdaderos problemas.

Puede ser cierto, como afirmó el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, que la agencia de cooperación de Estados Unidos, USAID, está infiltrando algunos movimientos sociales para que se manifiesten contra el gobierno. Aseguró que de 100 millones de dólares que invierte USAID en su país, 20 se usan en gastos técnicos y el resto “para sus amigotes, para su clientela política, patrocinando cursos, publicaciones y grupos que promueven conflictos”[3].

Las organizaciones sociales involucradas rechazaron estar financiadas por USAID, pero lo que más llama la atención es que se haga esa crítica justo en el momento en que realizan movilizaciones contra el gobierno y no antes. El primer ministro de Hidrocarburos del gobierno de Evo, fue más lejos y le recordó al presidente que debe explicar porqué permitió que USAID, el Banco Mundial y ONGs europeas diseñaran el Estado Plurinacional vigente. En efecto, “USAID financió en 2004 la Unidad de Coordinación para la Asamblea Constituyente”, además de otras actividades oficiales[4].

La marcha indígena en Bolivia

El 17 de junio se concentraron centenares de indígenas de tierras bajas en Trinidad, capital del departamento del Beni, a unas cinco horas de Santa Cruz de la Sierra. Su intención era realizar una marcha de 1.500 kilómetros a pie hasta La Paz, ascendiendo desde las regiones selváticas hasta los cuatro mil metros. La Confederación de los Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB) que reúne a 34 naciones del oriente organizados en once regionales[5], convocó a los marchistas siendo apoyados por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ).

Estas son dos de las cinco principales organizaciones indígenas que en 2006 formaron el Pacto de Unidad durante la Asamblea Constituyente, y hasta ahora eran un sólido apoyo al gobierno de Evo Morales. Las otras tres, la poderosa Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la Confederación de Comunidades Originarias de Bolivia (CSCB) y la Federación de Mujeres de Bolivia Bartolina Sisa, siguen apoyando al gobierno.

Desde principios de año la CIDOB venía negociando con el ministro de Autonomías, Carlos Romero, la Ley Marco de Autonomías llegando al consenso en 50 artículos mientras en otros trece había diferencias[6]. Los puntos en desacuerdo fueron básicamente dos: los pueblos indígenas reclamaban que los acuerdos se aprobaran por usos y costumbres mientras el Estado exige referéndum. El segundo se refiere a los territorios indígenas que traspasan los límites departamentales, ya que los pueblos piden que las autonomías traspasen esos límites.

En el fondo se trata de una cuestión de soberanía: los pueblos de tierras bajas exigen que las comunidades tengan capacidad de vetar los emprendimientos que afecten a sus territorios, en particular las concesiones mineras e hidrocarburíferas, y que los asientos en la Asamblea Plurinacional se eleven de siete a 18. Iniciada la marcha el gobierno decidió negociar por separado con algunas regionales de CIDOB para dividir al movimiento. Por ese motivo, la marcha que partió de Trinidad el 22 de junio se detuvo días después en Asunción de Guarayos, a 400 kilómetros de Santa Cruz, donde una delegación oficial llegó a un acuerdo de ocho puntos con CIDOB[7].

La segunda estrategia del gobierno fue lanzar indios contra indios. Evo Morales acudió a una asamblea de los seis sindicatos de cocaleros que repudiaron la marcha de CIDOB y se mostraron dispuestos a impedirla[8]. El ex vocero del gobierno, Alex Contreras Baspineiro, apuntó que “antes de encontrar una solución pacífica y concertada, el gobierno comenzó una campaña mediática millonaria para tratar de desacreditar la movilización indígena[9]. “En cinco años de gobierno, nunca se había visto este tipo de división y menos las amenazas de enfrentamiento”, agregó.

La tercera fue la difamación, al acusarlos de estar financiados por USAID. Por eso el presidente de CIDB, Adolfo Chávez, no sólo rechazó la acusación y recordó que los marchistas tienen problemas de alimentación y medicamentos, sino que desafió al gobierno: “Retamos al gobierno a que expulse del país a la USAID y veremos quienes son los afectados”[10].

Contreras es un reconocido periodista social boliviano que acompañó la I Marcha Por el Territorio y la Dignidad, en 1990, que supuso el comienzo de la recomposición de los movimientos en pleno período neoliberal. Por su compromiso y su especial cobertura de las marchas indígenas fue homenajeado por los principales medios del país. En esa marcha que se inició también en Trinidad conoció a Pedro Nuni, representante del pueblo mojeño y ahora diputado del MAS, quien le dijo que “algunos ministros del gobierno indígena nos están haciendo enfrentar a indígenas contra indígenas”[11].

Uno de los resultados de la marcha es que el gobierno perdió su mayoría de dos tercios en el parlamento (111 votos sobre 166), ya que ocho diputados indígenas decidieron alejarse del MAS (Movimiento al Socialismo). En suma, Contreras cree que si el gobierno persiste en no negociar puede estar en peligro la propia gobernabilidad del país. Por eso cree que no hace falta “un enfrentamiento entre organizaciones indígenas, ni la satanización de algunos dirigentes”, sino sobre todo negociar y “rescatar un pilar de este proceso de cambio: la cultura de la vida, de la paz, del diálogo y la concertación social”[12].

Sin embargo, el gobierno rechazó las principales demandas de la CIDOB, argumentando que si lo hiciera violaría la Constitución. El ministro Romero argumentó que algunas de esas demandan “no respetan los derechos de todos los bolivianos”, porque sólo benefician a ese sector, y que no se les puede dar a los pueblos mayor representación que el porcentaje de población que representan en el país[13]

La CONAIE contra Correa

El 25 de junio se realizó la cumbre de presidentes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), uno de cuyos temas centrales fue la cuestión de la plurinacionalidad. La reunión de los ochos presidentes se realizó en Otavalo, unos 60 kilómetros al norte de Quito, una ciudad mayoritariamente quichua. Pese al tema que se iba a debatir, las organizaciones indígenas no fueron invitadas. Por eso la CONAIE decidió instalar en la misma ciudad su Parlamento Plurinacional, para denunciar que no puede haber plurinacionalidad sin los indígenas.

Unas tres mil personas realizaron una marcha pacífica por la ciudad, entre cantos y bailes que celebraban el Inty Raymi, el año nuevo andino, y a la vez recordaban el 20 aniversario del primer levantamiento indio, que comenzó el proceso de movilizaciones que finalmente llevó a Rafael Correa a la presidencia. La cumbre estaba protegida por policías a caballo que se espantaron al llegar los manifestantes, que alcanzaron la puerta del recinto para entregar una carta a su “hermano” Evo Morales.

Los indígenas están enfrentados al gobierno por la ley de aguas y las concesiones a las empresas mineras, lo que ha provocado numerosas movilizaciones, paros, bloqueos y levantamientos[14]. El conflicto entre la CONAIE y el gobierno no es nuevo, aunque ahora adquiere un tinte más grave por las acusaciones de la justicia contra los dirigentes. Al día siguiente de la cumbre, la fiscalía de la provincia de Imbabura, donde está Otavalo, inició una indagatoria contra las organizaciones indígenas.

En la misma se dice que “un grupo de ciudadanos de raza indígena” rompió el cerco policial donde se reunía la ALBA “gritando consignas que atentan contra la seguridad del orden público” y que el principal daño fue que a un policía le “sustraen las esposas”. Con ese fundamento se acusa a los dirigentes de CONAIE y Ecuarunari (la organización quichua de la sierra) nada menos que de “sabotaje y terrorismo”[15]. Se trata de una acusación de extrema gravedad que busca intimidar a los dirigentes.

Según el abogado y profesor universitario Mario Melo, el problema de fondo es que la presencia de la CONAIE fuera del recinto donde se reunían los presidentes “evidenció ante la opinión pública nacional e internacional que las organizaciones representativas de las nacionalidades y pueblos del Ecuador están siendo excluidas de la definición de políticas públicas que les competen”[16]. Por eso se produce una respuesta política disfrazada de acción jurídica, para “amedrentar y desmovilizar” a los movimientos.

Los dirigentes indígenas respondieron al desafío. Marlon Santi, presidente de la CONAIE, se presentó ante la fiscal para conocer los cargos y dar su versión. El 5 de julio un comunicado conjunto de Ecuarunari y CONAIE señala que las acusaciones de terrorismo carecen de fundamento jurídico y que se trata de “una persecución política al movimiento indígena y a los dirigentes por el simple hecho de discrepar con las políticas del gobierno”[17].

El comunicado recuerda que el artículo 98 de la nueva Constitución reconoce el “derecho a la resistencia” cuando estén amenazados los derechos. Y finaliza con una frase que anticipa más confrontaciones: “Los procesos judiciales contra los dirigentes no hacen otra cosa que evidenciar la bajeza de espíritu de los gobernantes y una grave amenaza para la democracia y la paz de los y las ecuatorianas”.

Pérez Guartambel, presidente de la Unión de Sistemas Comunitarios de Agua del Azuay (Cuenca), también fue acusado de sabotaje y terrorismo a raíz de una masiva protesta en su pueblo, Tarqui, el 4 de mayo. El Frente de Mujeres Defensa de la Pachamama, por su parte, formula denuncias similares. Todo indica que el proceso que se vive en Ecuador implica una ruptura profunda entre movimientos y gobierno, cuestión que en Bolivia no ha llegado tan lejos.

Hay un abismo que los separa, cuya línea divisoria es el proyecto de país y el denominado “desarrollo”. Correa está convencido que la mayor amenaza a su proyecto, que denomina “Socialismo del siglo XXI, viene de lo que él denomina la izquierda “infantil” y grupos ambientalistas e indígenas que, dice, rechazan la modernidad. Por eso critica al que “le dice no al petróleo, a las minas, a no utilizar nuestros recursos no renovables. Eso es como un mendigo sentado en un saco de oro”[18].

El Estado Plurinacional en cuestión

Los procesos políticos y sociales en los dos países son como dos gotas de agua. Ambos aprobaron un Estado Plurinacional y nuevas constituciones, pero a la hora de aplicarlas encuentran fuertes trabas. Son las bases sociales indígenas y de los sectores populares urbanos, que llevaron al gobierno a Evo Morales y a Rafael Correa, las que están resistiendo a “sus” gobiernos. En los dos casos, los gobiernos optaron por el extractivismo minero y petrolero para asegurarse ingresos fiscales, en vez de apuntar hacia el Buen Vivir como dijeron en su momento.

La FEJUVE (Federación de Juntas Vecinales de El Alto), una de las más importantes organizaciones sociales de Bolivia, emitió un duro documento, el Manifiesto Político del XVI Congreso Ordinario[19]. Dice que “pese a tener un presidente indígena como es Evo Morales, el Estado sigue gobernado por la oligarquía criolla” ya que “sigue manteniendo el sistema económico capitalista y el sistema político neoliberal”. Asegura que el pueblo pobre sigue siendo “dominado políticamente”, “explotado económicamente” y “marginado racial y culturalmente”.

Más grave aún. “El gobierno del MAS, luego de asumir el mando, sólo ha utilizado a los pueblos indígenas y sectores populares para sus campañas políticas, pero éstos siguen siendo excluidos de las decisiones políticas y son utilizados solamente por el gobierno para legitimarse y encaramarse en el poder”. Además exige que el gobierno no se entrometa en las organizaciones sociales, que haya un cambio en la conducta del vicepresidente Alvaro García Linera y su entorno, que define como “enemigos de la clase campesina e indígena”, y apoya la marcha de los pueblos de oriente.

El tono y el contenido son muy fuertes. La FEJUVE no es cualquier organización, sino una de las protagonistas de la Guerra del Gas, en octubre de 2003, que provocó la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada y hundió el neoliberalismo. Ahora evalúa pedir la renuncia de Evo. En Ecuador, la CONAIE es también muy importante, fue la protagonista de una decena de levantamientos desde 1990, derribando tres gobiernos. Una ruptura con estas organizaciones es muy grave para cualquier gobierno, más aún para quienes se apoyan en ellas.

En el fondo, están naciendo las primeras grietas en el Estado Plurinacional, un edifico que aún no se ha terminado de construir. ¿Porqué surgen esas grietas? Porque hay una potente disputa de poder, ya que los pueblos originarios no tienen porqué aceptar el marco del Estado-nación, que es a lo que se remite el Estado Plurinacional. En este punto aparecen dos miradas que intentan dar cuenta de los procesos en curso.

Alberto Acosta, economista ecuatoriano y ex presidente de la Asamblea Constituyente, estima que se atraviesa el proceso de aprobar las leyes que aterricen el texto en la vida cotidiana. Si eso no se hace, la Constitución por más avanzada que sea queda en nada. El problema es que el presidente Correa cree que las leyes de agua y comunicación no son importantes, lo que para Acosta es tanto como decir que “la Constitución no es fundamental ni prioritaria”. Se pregunta: ¿Será acaso que la Constitución comienza a convertirse en camisa de fuerza para el presidente Correa?”[20].

Cree que la oposición de derecha, que se opuso a la Constitución, está obstaculizando cada ley para impedir cualquier avance. Por otro lado, “la manera de gobernar de Correa, que es un liderazgo atropellador en esencia, no da espacio para el debate”. La conclusión es que la Constitución que iba a refundar el país, “está atada a un manejo político que no garantiza su plena vigencia”. La sociedad no la defiende, pero desde el gobierno “hay una suerte de contrarrevolución legal”.

El escritor y filósofo boliviano Rafael Bautista sostiene que refundar el Estado en Bolivia sin potenciar las naciones originarias es no cambiar nada o “pura cosmetología”. Pero si no hay refundación, o sea descolonización, “lo que acontece es una pura recomposición del carácter señorial del Estado”[21]. En suma, más Estado colonial asentado en la creencia de la superioridad sobre los indios que se perpetúa en el Estado Plurinacional, porque es un modelo que en los hechos no ha sufrido modificaciones.

Bautista dice que “el cambio ya no consiste en una transformación de los contenidos del nuevo Estado”, sino en “una adecuación subordinada de lo plurinacional a las necesidades funcionales de la institucionalidad estatal”. Esto es, precisamente, lo que revela la marcha: el sentimiento de superioridad sobre los indios (son manipulados, no actúan por ellos mismos, dice el gobierno) y la imposibilidad de que el Estado deje de estar “arriba” y en el centro.

La esencia de lo plurinacional pasa por una ampliación del ámbito de decisiones, una ampliación del poder. “Lo plurinacional no quiere decir suma cuantitativa de los actores, sino el modo cualitativo de ejercer la decisión: somos efectivamente plurales cuando ampliamos el ámbito de decisión”. Y eso es lo que no sucede, por eso Bautista dice que el gobierno actual “manda mandando, no manda obedeciendo”.

El gobierno no traspasa poderes a los pueblos originarios sino que los desconcentra entre gobernaciones y alcaldías, o sea reproduce la lógica de los privilegios porque desde la Colonia esos son los espacios de las elites locales. La marcha está mostrando una renuncia a transformar el Estado para limitarse a mejorar su performance, lo que se implica “la actualización de la paradoja señorial”, concluye Bautista. La marcha indígena no hace más que mostrar la desnudez de la proclamada descolonización del Estado.

Los pueblos originarios, que crearon las nuevas condiciones para su libertad, no van a seguir tolerando la marginación política. Saben que los Estados necesitan explotar los recursos naturales para pagar sus cuentas. Pero también saben que esa lógica los conduce a la destrucción. Por eso se han puesto en marcha: porque tuvieron la fuerza para frenar el neoliberalismo y ahora no quieren perder la oportunidad.

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe cada mes para el Programa de las Américas (www.cipamericas.org) 

Recursos

Alberto Acosta, “Rafael Correa nos invita a violar la Constitución”, diario Expreso, Guayaquil, 26 de junio de 2010.

Alex Contreras Baspineiro, “Indígenas contra indígenas”, ALAI, 29 de junio de 2010.

Andrés Soliz Rada, “Evo y Usaid”, Bolpress, 3 de julio de 2010.

FEJUVE El Alto, “Manifiesto político del XVI Congreso Ordinario”, 27 de junio de 2010.

“Lucha Indígena” No. 47, julio de 2010, Cuzco.

María José Rodríguez, “El iceberg tras las luchas por los recursos”, Bolpresss, 2 de julio de 2010.

Mario Melo, “La justicia penal como arma de represión política”, Red de Comunicadores Interculturales Bilingües del Ecuador, 1 de julio de 2010.

Patricia Molina, “Crónica d ela VII Marcha Indígena por la autonomía y ladignidad”, Bolpress, 7 de julio de 23010.

Rafael Bautista, “Bolivia: ¿Qué manifiesta la marcha indígena?”, Bolpress, 30 de junio de 2010.

[1] Telesur TV, en www.telesurtv.net 25 de junio de 2010.

[2] “La mano de EE.UU. en el conflicto indígena”, en www.prensamercosur.com.ar 2 de julio de 2010.

[3] La Jornada, 26 de junio de 2010.

[4] Andrés Soliz Rada, “Evo y USAID”, Bolpress, 3 de julio de 2010.

[5] Son mojeños, guaraníes, trinitarios, tacanas, izozeños, yukis, mosetenes, guarayos, sirionós, y matacos entre otros.

[6] Patricia Molina en Bolpress, 7 de julio de 2010.

[7] “Detienen temporalmente la marcha indígena”, Bolpress, 7 de julio de 2010.

[8] Agencia Boliviana de Información (ABI) 5 de julio de 2010.

[9] “Indígenas contra indígenas”, ALAI, 29 de junio de 2010.

[10] Idem y agencias.

[11] Idem.

[12] Idem.

[13] Agencia Boliviana de Información, 8 de julio de 2010.

[14] Ver “Ecuador: Se profundiza la guerra por los bienes comunes”, Programa de las Américas, 19 de octubre de 2009.

[15] Mario Melo, “La justicia penal como arma de represión política”, 1 de julio, www.redci.org

[16] Idem.

[17] “La ‘revolución ciudadana’ persigue a los dirigentes indígenas y sociales del país”, CONAIE y Ecuarunari, 5 de julio de 2010.

[18] Agencia Reuters, 6 de julio de 2010.

[19] FEJUVE, 27 de junio de 2010 en www.alminuto.com.bo

[20] Entrevista a Alberto Acosta en Expreso, Guayaquil, 26 de junio de 2010.

[21] Rafael Bautista, “¿Qué manifiesta la marcha indígena?”, Bolpress, 30 de junio de 2010.

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Bolivia, Bolivia-Ecuador. El Estado contra los pueblos indios

GASTÓN CORNEJO BASCOPÉ sobre artículo de MANUEL CABIESSES PUNTO FINAL

12/07/2010 by maestro Deja un comentario

Termino
de recibir el correo donde se informa que Manuel Cabieses, director
de PUNTO FINAL, la importante revista cultural y política chilena
que dio a luz el Diario del CHE apenas sacrificado, y sano referente
político de la izquierda socialista allendista del país hemano,
critica el manoseo que el imperialismo pretende contra Venezuela y
Cuba para luego ENFILAR SUS DARDOS contra Bolivia y Ecuador.

Al
respetable director e intelectual de izquierda Manuel Cabieses, lo
conocí en un SEMINARIO en Santiago hacen unos 6 a 7 años cuando se
trataba de reagrupar a la izquierda fracturada luego del crimen
contra el proyecto de Salvador Allende.

Quien
de estudiante siguió la ruta de Luis Emilio Recabarren, Clotario
Blest, Pablo Neruda y el Socialismo genuino de comunistas,
socialistas y hasta radicales para conformar la UNIDAD POPÙLAR,
soñando ilusoriamente que la utopía socialista podría funcionar
bajo las reglas de la democracia burguesa capitalista, ante el
nefasto criminal Plan Cóndor y la implantación neoliberal, no
transigí jamás con el “practicismo” de la izquierda nacional y
mundial posterior.

Cuando
el Presidente Evo Morales me invitó a ingresar como Senador del MAS
(Movimiento al Socialismo) para llegar al poder en 2006, revisé el
proyecto comparándolo con el tiempo de Allende y mi interioridad
socialista humanista.

¿No
sucedería un proceso semejante en Bolivia que el vivido en Chile con
la UNIDAD POPULAR?

Eso
temí todos estos años en la delicada función parlamentaria y en un
período muy similar de confrontaciones; pero sucede que el tiempo
histórico es distinto al de esa década y existe una diferencia
sustancial en Bolivia y quizá suceda lo mismo en Ecuador, y debería
suceder en Chile con sus nacionalidades indígena originarios
campesinos.

Sucede
que en nuestros países aludidos el elemento indígena es
mayoritario, primordial y está explotado, discriminado, sub-estimado
en un fuerte marco de racismo propio de la clase media e intelectual
oligárquica de corte cultural occidental.

Esa
diferencia nos regala insumos para luchar y enganchar a muchos seres
humanos en defensa de sus propios DDHH y su dignidad secularmente
herida.

Ahora
mismo rescato a ROBERTO HINOJOSA, un cochabambino a quien doy el
título de EL VERDADERO PRECURSOR DEL MOVIMIENTO AL SOCIALISMO y de
quien escribo toda su trayectoria vital. Estuvo exiliado en Chile en
1922 y con toda su visión socialista emergente de fuente marxista y
de materialismo dialéctico luchó con Lázaro Cárdenas en México a
favor de su revolución latino americana priorizando la Reforma
Agraria; es decir, el tema de la tierra.

Finalmente
retornó a Bolivia creyendo repetir la página histórica mexicana y
se dio de lleno con la traición del PIR PARTIDO DE LA IZQUIERDA
REVOLUCIONARIA y la defección del MNR MOVIMIENTO NACIONALISTA
REVOLUCIONARIO y de importantes sectores humanos de RADEPA “Razón
de Patria” de las Fuerzas Armadas co-gobernantes, en 1946.

Vio
frustrada su acción política. Murió apaleado y colgado en un farol
por la antipatria, junto a Gualberto Villarroel y sus seguidores por
DEFENDER SOBRE TODO LOS DDHH DEL INDIO.

Se
trata de una figura muy superior a otros precursores de la izquierda
boliviana de menor valía y trascendencia como José Antonio Arze,
Medinacelli, Almaráz, Quiroga Santa Cruz, Carlos Montenegro,; y por
supuesto mucho más significativas como Guillermo Lora, Gustavo
Navarro (Tristán Marof) y otras figuras que inclinaron su
pensamiento liberador a favor del pueblo, de la Bolivia profunda. Es
una figura comparable a Lipschutz en Chile o a José Carlos
Mariátegui en el Perú. Por supuesto de mayor tesitura que Haya de
la Torre en el Perú.

 

El
Primer Congreso Indigenista organizado por él junto a Gualberto
Villarroel realizado en La Paz en 1945 dio término a la esclavitud
llamado PONGUEAJE Y MITANAJE iniciando también la redención
educativa y la dignidad bioética del ser humano.

 

Ese
es el punto final importante del debate actual; es la llave de oro de
la lucha social en Indo-américa, la propiedad de la tierra junto a
los DDHN del indo-americano con su dignidad incluida. Mucho más
significativa que la lucha de clases, la dictadura del proletariado,
la descolonización, el asalto al cielo del socialismo y la muerte
del capitalismo en su etapa imperialista.

 

En
Bolivia, siempre a punto de remedar el proceso allendista existe el
peligro de un 11 de septiembre pinochetista traidor incubado por el
imperialismo externo y la oligarquía interna infiltrada; de otra
parte el peligro asecha con la debilidad ideológica, la ingenuidad
de los pseudo-izquierdistas al interior del aparato de gobierno que
en lugar de construir socialismo, lo ataquen por dentro, maquillando
o asfixiando el proceso de cambio estructural, para tornar todo lo
avanzado en una burocracia más, como sucedió con la URSS. Ese es el
mayor temor personal que hiere mi sensibilidad americana y boliviana.

Ante
36 nacionalidades apenas logramos en el anterior parlamento dar 7
representaciones o escaños a estas identidades culturales o
nacionalidades en el ideario de Alejandro Lipschutz y Mariátegui.

Ahora
cuando existe mayoría parlamentaria e inclusive los 2/3 necesarios,
se les posterga ese derecho; para el suscrito eso es retroceder
ideológicamente repitiendo la exclusión política social de la
maravillosa diversidad etno-cultural que nos caracteriza.

Por
otra parte, en la diplomacia y la política boliviana, nuevamente ha
perdido el rumbo ante la hipocresía de la opinión derechista
chilena cuando insistimos en que el problema de MAR PARA BOLIVIA CON
SOBERANÍA pueda darse como solución fraternal. Siendo el
interlocutor un extremista oligarca, amante del imperialismo, jamás
se logrará el diálogo fecundo por la razón o la fuerza. Los
piñeira-pinochetistas privatizadores a ultrance entregaron todo,
hasta el aire, el cobre, los recursos naturales y la costa, el mar
en la hermana Chile.

Ahora
a la distancia exigimos que el proyecto Pascua Lama no se lleve a
cabo.

Imposible
fue avanzar en las negociaciones de la Agenda de los 13 puntos, sobre
todo el sexto: MAR PARA BOLIVIA CON SOBERANÍA, ni siquiera con la
socialista Bachelet. La atmósfera en Chile siempre está cargada a
la derecha y los valores del mercado imprimen su tónica en la
existencia de todos sus hermosos habitantes (así califico al chileno
peculiar en sus valores y en su simpatía).

Pienso
que quizá se hubiera dado la salida fraternal pacífica e
integradora con la los partidos Comunista, el Socialista de Allende,
el Humanista de Hirsch, pero perdieron electoralmente y en cuyo
proyecto de gobierno estaba contemplada la solución al diferendo
chileno boliviano, ahora continuará eternamente.

Fue
una lástima. Además, ninguna de las autoridades del gobierno
boliviano, ni siquiera la Cancillería, aceptó recibir a Jorge
Arrate, Esteban Silva, Guillermo Teillier, Jorge Insunza, Lautaro y
otras autoridades políticas proletarias, jamás los recibieron ante
mis trámites reiterados e insinuaciones repetidas. Ahí fracasé
rotundamente y luego fui excluido de las esferas de confianza, aunque
mi sentir ideológico continuará incólume hasta la muerte.

Al
dejar la capital de Bolivia dejé insinuada mi postulación
diplomática para Chile. Gracias a Dios ni siquiera leyeron mi nota,
hubiera tenido forzosamente que “TRAGAR SAPOS” reverenciando a la
extrema derecha en función diplomática lesionando mi dignidad
personal.

Este
pensamiento de dignidad y evocación va dirigido al compañero Manuel
Cabieses con quien compartimos pocos días de amistad y de sueños en
el Encuentro Socialista en la “CENTRAL UNITARIA DE TRABAJADORES”

Le
envío mis afectos enriquecidos con el gripo compartido que nos une
ideológica y espiritualmente: ¡VIVA CHILE MIERDA!

 

 

Gastón
Cornejo Bascopé

EX
SENADOR DEL MOVIMIENTO AL SOCIALISMO

 

 

 

Revista
chilena Punto Final demanda respeto para Cuba y Venezuela

Santiago
de Chile, 8 jul (PL) La revista chilena Punto Final demandó respeto
para Cuba y Venezuela, objeto de campañas de calumnias promovidas
por los sectores más reaccionarios de Estados Unidos, América
Latina y Europa.

Criticó en ese sentido a varios partidos
políticos chilenos que se han sumado a esas campañas y, en un
editorial que se publicará este viernes, plantea que debemos
impedir, sobre todo, que el imperio nos utilice para sus propios
fines .

Para esto, dice, hacen falta verdaderos partidos
socialistas, capaces de
incorporar a sus países a esta nueva
época que comienza a vivir el continente, y que hace realidad lo que
soñaron líderes visionarios como Allende y el Che.

Tras
alertar que mañana sin duda la campaña se ampliará a Bolivia y
Ecuador, reitera que Cuba y Venezuela merecen más respeto. Se lo han
ganado por la férrea voluntad, coraje y sacrificio de sus pueblos
.

Sus problemas e insuficiencias – ¿y qué país no los
tiene?- han de resolverlos ellos mismos, señala, sin presiones ni
amenazas externas.

El editorial, suscrito por el director
Manuel Cabieses, resalta que Cuba
es un irreductible bastión de
las ideas y principios revolucionarios en América Latina y recuerda
que la realidad política de Cuba no se ha modificado un ápice ni
por el bloqueo yanqui ni por las maniobras socialdemócratas y
democratacristianas durante medio siglo .

Denuncia que la
hostilidad del Partido Demócrata Cristiano PDC y la Organización
Demócrata Cristiana de América (ODCA) contra el presidente Hugo
Chávez y la revolución bolivariana de Venezuela lleva más de 12
años estrellándose contra el muro de una realidad que ni siquiera
intentan comprender.

La
agresiva actitud de la DC chilena contra Cuba y Venezuela es la
continuidad de una línea que la llevó en los años 70 a conspirar
contra el presidente Salvador Allende y a celebrar su derrocamiento
como un triunfo democrático , apunta Cabieses.

Pero a ella se
han sumado el Partido Socialista (PS) y el Partido por la
Democracia
(PPD).

Al asumir las posiciones anticubanas y antivenezolanas
de la DC y la derecha, (el PS) lo hace con mayor odiosidad aún y
aparentando la defensa de derechos humanos que son violados a diario
bajo sus propias narices en Chile sin que se den por aludidos,
puntualiza Punto Final.

El
PS, agrega Punto Final, ha cerrado un ciclo de vergonzante traición
de su historia y de sus principios. Lo inició al asumir la defensa
del capitalismo y al identificarse con la economía de mercado y sus
inhumanas consecuencias sociales. Lo completó al dar la espalda a la
vocación latinoamericanista de su origen.

 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Bolivia, GASTÓN CORNEJO BASCOPÉ sobre artículo de MANUEL CABIESSES PUNTO FINAL

Crónica de la VII Marcha Indígena por la autonomía y la dignidad

11/07/2010 by maestro Deja un comentario

Salimos hacia Ascensión de Guarayos llevando algunos alimentos y medicamentos, pero fundamentalmente un mensaje de solidaridad a los caminantes de la VII Marcha Indígena por el Territorio, la Autonomía y la defensa de los derechos de los Pueblos Indígenas. Con tantas acusaciones vertidas contra la marcha, los spots contra los dirigentes y las insistentes imágenes asociándolos con políticos de derecha o con USAID, no sabíamos con que ánimo los encontraríamos.

Ascensión de Guarayos se encuentra sobre la carretera a Trinidad, aproximadamente a cinco horas de Santa Cruz. Su flamante alcaldesa es una mujer indígena, Elida Urapuca Ariori, quien recibió a los marchistas brindándoles la colaboración de una hermana. Este es el verdadero apoyo que tienen los marchistas, la solidaridad de sus propios pueblos y su capacidad organizativa.

Han creado diversas comisiones que se encargan de recolectar la leña con la cual cocinará cada regional, de la seguridad, la provisión de alimentos, la atención de enfermos, las demandas o la conformación de comisiones para dialogar con el gobierno. Cada regional se encarga de sus marchistas, pero la organización nacional también se preocupa por conseguir alimentos y recursos para continuar.

Vilma Mendoza, Secretaria de Tierra, Territorio y Autonomía de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia- Oriente Chaco Amazonia (CENAMID), de origen mosetén del norte de La Paz, relató las dificultades que encuentran cuando escasean los alimentos, los problemas para conseguir transporte, la ausencia casi total de instituciones de apoyo que no se animan ni siquiera a prestarles vehículos.

Desde febrero de 2010, la CIDOB y sus regionales fueron trabajando con el ministro Carlos Romero en la propuesta de la Ley Marco de Autonomías, habiendo consensuado 50 artículos y restando 13. Entre los temas sobre los que no se logró acuerdo se encuentran los del referéndum para someterse a la autonomía plena versus usos y costumbres, y los límites de las TCOs que traspasan departamentos. La marcha fue decidida el 13 de junio, frente a la imposibilidad de llegar a consensos sobre estos puntos.

Cuando entregaron la resolución de la marcha al ministro Romero, éste solo dijo: “Si ustedes lo deciden así, entonces hagan la marcha, ya han descansado bastante”. La concentración fue fijada para el 17 de junio en Trinidad. Cada regional debía buscar sus recursos y lo mismo cada TCO, lo que impidió la movilización inmediata.

Los primeros en concentrarse fueron los representantes del pueblo guarayo, quienes llegaron puntualmente. Luego arribó la CENAMID e inmediatamente los pandinos de la CIPOAP, la delegación más numerosa de la marcha y una de las más alejadas, al igual que la CIRABO que llegó el domingo. Antes de partir a las 7 de la mañana del lunes, se incorporó el pueblo Tacana.

Marcharon 32 kilómetros hasta la tranca, y al día siguiente hasta Casarave, donde arribó el pueblo Leco de Larecaja y Apolo. Luego se plegaron los representantes del Territorio Isiboro Secure y así sucesivamente el resto de pueblos de tierras bajas. El 29 de junio el Consejo de Ayllus y Markas de Cochabamba emitía un pronunciamiento de solidaridad moral y material a la marcha haciendo suyas las demandas de la CIDOB y CENAMID.

El viernes 2 de julio la mayoría de los marchistas llegó a Guarayos. Ese mismo día hubo un intento de diálogo que no prosperó. El sábado, tres asambleístas a la cabeza de la senadora Gabriela Montaño llegaron al Coliseo donde fueron recibidos con mucha cordialidad. Entonces se estableció el diálogo que derivó en el viaje de una Comisión de la marcha a la ciudad de La Paz, que debe reunirse con la Comisión de la Asamblea Legislativa presidida por la senadora Montaño. Los marchistas permanecerán en Guarayos hasta que retorne la Comisión para informarles y tomar decisiones.

La presidenta de la Comisión Mixta de Organización Territorial y Autonomías de la Asamblea Legislativa, la senadora Gabriela Montaño, se comprometió a trabajar y escuchar con mucho respeto haciendo un esfuerzo similar al de los marchistas. El diputado por Cochabamba Adolfo Mendoza les dijo: “Ustedes son la vanguardia, nosotros la retaguardia, hay cosas del corazón que a veces la razón no entiende y estamos aquí para ponerle el corazón a las demandas legislativas; será un orgullo trabajar nuevamente con ustedes”.

Hay niños en la marcha, solo los pandinos tienen 32. Son presas fáciles de las diarreas y gripes. También hay ancianos y mujeres. Por esto un equipo de médicos y paramédicos que trabajan con las organizaciones indígenas regionales los asiste, pero hacen falta medicamentos, sobre todo sueros y equipos para aplicarlos. Se necesitan fármacos para tratar heridas e infecciones, antigripales, complejos vitamínicos, desinflamantes y antimicóticos, así como algunos antibióticos. Un niño necesita un medicamento contra los parásitos, otros están agripados. Se ven rostros muy tostados por el intenso sol y la deshidratación.

Muchos marchistas no poseen carpas ni frazadas, por lo que es muy duro para ellos acampar a la intemperie. Las chinelas y sandalias se acaban rápidamente, los alimentos escasean y el agua es una de las mayores preocupaciones. Si tuvieran más recursos podrían transportar a los más agotados mientras llegan refuerzos.

La marcha es también un momento de reunión e intercambio entre diferentes pueblos, aunque en condiciones muy duras. Cuando a una diputada le toca cocinar, lo hace muy sencillamente, igual que las dirigentes más experimentadas. El lunes 5 se unieron weenhayek y tapietes de Tarija y el martes llegaron yukis y yuracares, y también videastas indígenas de Ecuador, Perú y Argentina que apoyan en la documentación audiovisual.

Una vez más, la marcha ha demostrado que los pueblos indígenas desde hace tiempo han decidido tomar el futuro en sus manos, con autonomía de organización, con sacrificio, pero fundamentalmente con dignidad. Alguien decía que ya es hora de que el Presidente nos sorprenda y escuche a sus pueblos, también a aquellos de los cuales no es dirigente, porque es el Presidente de todos. Solo así puede comprender que la lucha de un pueblo por su territorio es también la lucha por su dignidad.

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Multiculturalismo y la antropología del racismo

08/07/2010 by maestro Deja un comentario

http://www.youtube.com/watch?v=_r6aCUKnBrg

 

Mamá
mira, un indio!

Retornemos
el calendario en la fantasía al momento de la colonización cuando
un extraño encuentro entre Europa y América se da: un momento
dramático donde el europeo se define a sí mismo en relación al
indio. Nos encontramos en el momento en que Europa llega a ser Europa
a través de la explotación de América. El europeo es el señor y
el indio el esclavo.

Algo
nuevo ha sucedido en el panorama político de Bolivia, algo que
tenemos que tomar en cuenta, de lo contrario cualquier análisis
puede resultar engañoso, distorsionado, inútil puesto que, nuevos
elementos han surgido en la realidad boliviana.

“…desafortunadamente,
la gente que no conoce mucho sobre Bolivia piensa que todos somos
indios, de el lado Oeste del país, es La Paz la imagen que refleja
eso, esa gente pobre y gente de baja estatura y gente india y…”
Esta
frase que no vale la pena recordarlo de quien viene, evoca
tristemente la realidad del pensamiento de “nosotros y ellos” en
Bolivia. Un dualismo que siempre ha sido parte establecida de la
sociedad, y que se pone al descubierto de las maneras más
inesperadas. La verdad es que los códigos racistas han existido
cientos de años, inmersos en el idioma, la forma de pensar, la
historia y los libros de educación que rebalsaban de prejuicios.
Por eso, analizar estas tendencias en Bolivia es estar tras los
restos de una ideología colonial. La urbanización de las ciudades
pertenece sin duda a este tipo de restos coloniales. Basta pasearse
por cualquier ciudad boliviana para darse cuenta de las muchas caras
del colonialismo interno.

Hace
un tiempo atrás conocí un dirigente indígena que me comentó entre
otras cosas lo que les transmito en cursiva más abajo. Hagamos un
ejercicio antropológico he intentemos encarnarnos en el cuerpo de un
indio caminando en una ciudad cualquiera, para ver con sus ojos, y
sentir desde la perspectiva de ese sujeto.

Mira,
un indio! Un estimulo externo que actuó sobre mí al pasar. Pude ver
una sonrisa.

Mira,
un indio! Innegablemente cierto. Lo pude disfrutar.

Mira,
un indio! El cable ya empieza a acortarse. Mostré abiertamente que
lo disfrutaba.

Mama,
mira un indio, tengo miedo, miedo! miedo! Ahora empezaron a tener
miedo de mí. Quería hacerme al tonto, pero no pude….

Dónde
me podía ocultar?

Mira
un indio! ….Mamá un indio!… schhhhhh cállate! Se puede enojar…
No se preocupe, él no sabe que usted es igual de civilizado que
nosotros…”

Lo esencial para
aquel amigo era más que nada, la mirada lo que determinaba todo, esa
mirada que conduce la discusión a ¿Quien soy yo en realidad? Justo
aquí es cuando un posible encuentro se transforma en un
desencuentro, se miran mutuamente pero no se ven.

Por
lo tanto, podríamos afirmar que: “el otro” para el indio no es
el indio, sino, sigue siendo el k´ara i vice-versa. El desafío esta
en interpretar y traducir esta realidad. Esa nueva realidad que
tiene que ver con el espacio que tienen los indios no sólo en
Bolivia si no, en todo el continente americano, donde las identidades
nacionales tienen rasgos coloniales. Un diagnostico socio-analítico
de las enfermedades coloniales en nuestras sociedades actuales acaba
de ser hecha en la última cumbre del ALBA en Otavalo: donde el no
reconocimiento de facto del sujeto indio, o afro descendiente en las
sociedades de nuestro continente fue reconocido.

Pero
el
hombre en cuanto hombre se pregunta por sí mismo. Ya
en los albores de nuestra civilización, Chilón,
uno de los siete sabios de Grecia, formuló la frase magistral que
figuraría en el frontón del templo de Apolo en Delfos: “conócete
a ti mismo”
.
El hombre, dice Raimundo Panikkar1, es
el sí mismo que no puede conocerse si no se ve en el espejo del otro
porque su autoconocimiento pertenece a su misma naturaleza. Por eso,
como sujeto no puede ser objeto de ninguna ciencia.
Es
el conocedor y no sólo lo conocido.
http://www.youtube.com/watch?v=h9SLFJOomDM&feature=related

 

De
ahí que la antropología pueda significar la escucha de lo que el
hombre dice sobre sí mismo. Para eso, hay
que saber escuchar las diversas voces, las diversas melodías que el
hombre dice, que canta. De lo contrario, como R.
Panikkar nos advierte, la paradoja de la antropología que como “ciencia
del hombre” corre el peligro de quedar aprisionada en el ámbito de
la razón, de la cultura o de la
filosofía. Por eso, Panikkar
sugiere la expresión “antropofanía”
para entender lo que los otros dicen de sí.

Este
saber escuchar requiere simpatía, amor y conocimiento de lo que los
otros dicen de sí. Sin simpatía no se
puede entender, sin amor no nos abrimos al otro, sin conocimiento no
se puede saber lo que los otros dicen de sí.
Y los hombres se han interpretado según las distintas culturas de la
humanidad. No existe, una sola voz, una sola cultura ni una única
religión verdadera, pues la verdad es lo que todos buscamos y nadie
puede poseerla, sino participarla.

El
racismo no trata sólo de que peguen a los indios en plazas de Sucre,
Santa Cruz, las calles de Cochabamba, o los maten en el Beni. Pero
quizá el exagerado enfoque de atrocidades como esas conduce y aleja
la atención del menos verdadero y oculto racismo estructural, o del
racismo cotidiano. La estigmatización de esos actos es conocida por
la gran mayoría, pero no de manera crítica, sino, como un intento
de gestionar simbólicamente la discriminación en la sociedad
estacionando al racismo en plazas y calles de Bolivia. A esto hay que
sumar la mediocridad intelectual de los medios de expresión que
intentan desvirtuar la realidad y encubrir de esa manera su propio
racismo. Ese racismo mimetizado en el lenguaje, en estimaciones
periodísticas, o como también es común, en silenciosos acuerdos
familiares o de amistades. Así surge el racismo, como un
autopropulsado y casi pasivo fenómeno, lo que no lo hace menos
destructivo. El racismo banal y tímido puede ser el peor. Un racismo
que a veces es sentimental o que “exotiza”, pero que siempre se
presta a valorar y poner en un solo saco a un grupo de personas.

Una
mayoría indígena aún es negada a lugares “exclusivos”. Indios
de mierda murmuran algunos, cuando surge algún conflicto con
indicios de color de piel morena. Entonces el indio se convierte en
una rareza existencial. Y es esto lo que tenemos que poner sobre la
mesa de discusión, la dimensión político-cultural de las
posibilidades del reconocimiento. Dónde están las voces de
emancipación? Algunas voces lejanas logran entrar en la prensa
estatal de vez en cuando. La mediocridad intelectual boliviana
resbala fácilmente en el discurso etnocentrista: el indigenista esta
encerrado en su “indigenismo”, y el kára en su “káraismo”.

Entonces,
en un ambiente como éste, no es extraño que surjan grupos como el
de Quispe, o los talibanes del Alto, como una respuesta a la
arrogancia de un sistema colonial. Los ponchos rojos son la reacción
político-cultural que defiende el valor y especificidad del indio.
Sin embargo, sería saludable que estos grupos lean y aprendan del
ensayo de Sartre sobre “El Orfeo negro”, para comprender que todo
folklore exagerado puede ser una trampa. Una interpretación mía
del mito de Orfeo pueden leerlo en:http://www.tinku.org/content/view/4717/220/

Etnocentrismo,
prejuicios, y dualismo deben contrarrestarse, eso distorsiona la
perspectiva y nos impide vernos a nosotros mismos a través de ojos
ajenos. Ahora si se me permite interpretar la coyuntura boliviana
actual, ésta tiene entre otros logros, el haber visibilizado a los
indios a través de la nueva constituyente. Evo es nos guste o no, el
padre de la nueva patria postcolonial.

En la película
boliviana Quien mato a la llamita blanca? el director hace un
Tinku (encuentro en el desencuentro) con lo occidental y oriental,
es decir, deconstruye estas identidades, con un texto de advertencia:
“bienvenidos al paraíso del subdesarrollo.” Y ojo que aquí no
sólo se trata de una película cualquiera. Baste
decir que la pesadilla del “boliviano”, ya sea paceño, cruceño,
tarijeño, etc. etc. es superar el monoculturalismo de su grupo, raíz
o procedencia tan enraizado en él, por no reconocer la relatividad
cultural, pero no aquel relativismo que se destruye a sí mismo en
su formulación, sino, al reconocimiento del pluralismo como la forma
adecuada de acercarnos al fenómeno humano. Una “antropofanía”
intercultural nos facilita una fecundación mutua entre las culturas
de la humanidad; fecundación que exige conocimiento y amor.

No obstante, Quien
mato a la llamita blanca?
Nos plantea una incógnita: ¿Será
posible otra comunidad más allá del indio y el Kára, más allá
del colla, camba, tarijeño, orureño, etc.? Las respuestas deberían
necesariamente plantear nuevas formas, frases y una nueva manera de
pensar y vivir. Un texto siempre será incompleto, sin embargo, una
interpretación, una traducción y un dialogo se aproximan a lo
divino, he ahí el logro de la película Quién mató a la
llamita blanca?.

Pero
hay más, el hombre en sí no existe. Existe en una tierra y junto a
otros muchos seres entre los cuales sus semejantes ocupan un lugar
especial. La idea que el hombre tiene de sí mismo depende del mito
en el cual vive, se mueve y piensa… Sus
distintas manifestaciones darán lugar a otras tantas antropologías
o antropofanías.

En
este periodo de transición donde Káras, indios, cambas, collas,
racistas, fascistas se acusan mutuamente, se extiende con peligro una
ofensiva de fundamentalismo autonomista que amenaza los pilares del
ser boliviano (léase humano): el derecho a la vida, a la libertad,
la justicia y la solidaridad así como el derecho a la búsqueda de
la felicidad porque la persona es algo más que una máscara. El
ser humano es un fin en sí mismo y jamás podrá ser un objeto o
medio para nada. Aunque
no supiéramos explicar el sentido de la vida, hay que afirmar que
tiene que tener sentido vivir. Y vivir con plenitud en el despliegue
de capacidades porque ser felices es el único quehacer digno del ser
humano. Si
todo ser que alienta “vive”, el ser humano “vive para”, y
esta dimensión no se agota en el mero altruismo sino en la
reciprocidad fecunda. http://www.youtube.com/watch?v=zx_ZLZvgDyY&feature=related

Bolivia, en el punto
central de la política del reconocimiento, sacude gran parte de sus
viejas instituciones: los indios empiezan a brillar con su presencia
en las expresiones político-culturales. Pero cuando el posible
encuentro resulta en desencuentro, entonces se crea el Tinku, es
decir, un espacio subversivo de posibilidades artísticas. Por ello,
la cultura nunca puede ser neutral. El Tinku es un viaje en el
interfaz de las categorías, una conmovedora claridad más allá de
las categorías: el indio no existe, no más que el blanco. Cada
cultura es como una galaxia que crea sus criterios de verdad, bondad
y belleza y es preciso acercarnos a ellas mediante un diálogo
“dialogal” y no reducir al hombre a un solo modelo.

Lo
que posteriormente al Tinku pueda ocurrir sería una conversión a
través de una decodificación de los valores establecidos, y quizá
de este constante dualismo podamos dar a luz a algo así como un
tercer cuarto que el señor ni la filosofía occidental lo ha
previsto. La cuarta dimensión no es otra cosa que el tiempo que
posibilita las traslaciones.

La
antropología del miedo nos enseña que, uno de los primeros pasos
para vencer al racismo consiste en reconocer, o admitir que vivimos
en una sociedad racista. Y no, que hay algunos racistas aquí y otros
allá, si no que, Bolivia es discursivamente, estructuralmente, he
interpersonalmente hablando, racista. Vivimos con una jerarquía
determinada por el color de piel que hace que la mayoría indígena
viva marginada, y que la segregación en las ciudades nos recuerda al
Johannesburgo de 1980.

Para
comprender el racismo en una perspectiva global e histórica, el
libro de Frantz Fanon2 “Los condenados de la tierra”, debería ser un texto obligatorio
de lectura en los colegios. Y por obligación escuchemos lo que Jean
Paul Sartre dice en el prologo del libro: “…
1961.
Nuestras víctimas nos conocen por sus heridas y por sus cadenas: eso
hace irrefutable su testimonio. Basta que nos muestren lo que hemos
hecho de ellas para que reconozcamos lo que hemos hecho de nosotros
mismos…..Ustedes, tan liberales, tan humanos, que llevan al
preciosismo el amor por la cultura, parecen olvidar que tienen
colonias y que allí se asesina en su nombre…”.

Así
como Sartre vio en la negritud, los bolivianos deberíamos ver en el
proceso de cambio actual, un puente de transición hacia un verdadero
Tinku entre los condenados de siempre, y los privilegiados de
siempre, y construir lo que yo llamo una sociedad “cosmopolita”,
algo lejos de las trampas del racismo. Aunque, antes debemos
encontrar el verdadero rostro del racismo detrás o más allá de las
mascaras. http://www.youtube.com/watch?v=beGtNphTEds&feature=related

Podríamos afirmar
que la conciencia del racismo nos enriquece en un plano ético. A
saber, nos obliga a tomar posición. Nos infunde a practicar nuestra
humanidad todos los días. Una sociedad que se define como
multicultural debe ser consiente sobre la diferencia entre
definiciones estáticas y flexibles de la pertenencia de grupo como
algo fundamental. De lo contrario el concepto colectivo de
plurinacionalidad puede mostrarse ser una fuerza tan corrosiva en la
sociedad como el concepto de nación lo fue en Sud África a fines
del 50, y lo fue en Bolivia antes del proceso de cambio.

Como
emigrante boliviano yo sé que una persona que posee el lenguaje,
posee también el mundo que se expresa y presupone por medio del
lenguaje. Es a través del lenguaje que manejamos los códigos de la
sociedad en una realidad segregada, caracterizada por deformaciones
psicológicas que, encierran a todos en su propia especificidad.

Ante
el marasmo de basuras televisivas, ante el consumismo preconizado por
un modelo de desarrollo inhumano, ante la evasión inane de
sucedáneos deportivos y ante descalificaciones de gobernadores que
no respetan la realidad del otro, tenemos que reconfortar las
palabras de esperanza y de justicia de personas que van por el camino
en busca de la verdad sin fijarse límites ni imponer prejuicios. Eso
sería un auténtico progreso en la conciencia de la libertad
boliviana.

El
racismo es la más evidente expresión de los miedos de los
hombres… Saber que ni somos los únicos, ni somos los mejores.

 

Angelo
Ontiveros

Estocolmo
28 de junio 2010

1 El filósofo,
Raimundo Panikkar sugiere la expresión “antropofanía” para entender lo que los otros dicen de sí. Habla de la
fenomenología como una de las ramas de la filosofía que intenta
describir lo que aparece. Por eso “una
buena fenomenología debe abstenerse de juzgar sobre la verdad
objetiva del fenómeno”
.
La interculturalidad nos impide caer en semejante reduccionismo
porque la razón no es el único órgano del conocimiento, “el
único ojo con el que el hombre ve”
.

 

 

2 Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, 1961 una de sus obras que
tratan de la liberación de Algeria. Como psiquiatra investiga Fanon
sobre la dimensión psicológica del colonialismo. El titulo es una
cita del texto francés de la Internacional que empieza así:
“Debout les damnés de la terre”.

 

 

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BOLIVIA: ¿QUÉ MANIFIESTA LA MARCHA INDÍGENA?

05/07/2010 by maestro Deja un comentario

Hasta el 2000 van creando, estas marchas, una nueva disponibilidad común; un nuevo sentido de nación, cuya necesidad ya se hace proyecto en Octubre del 2003: una nueva constitución, es decir, una transformación estructural del Estado, o sea, su descolonización. Si no hay constitución sin hecho constitucional y no hay hecho constitucional si no es acontecimiento nacional, se puede decir: la actual constitución es la primera constitución boliviana. Pero lo que importa histórica y políticamente no es la constitución en sí, sino el acontecimiento constitucional. Cuando el todo de la nación comparece (incluso la anti-nación), lo que comparece es la historia: el pasado, el presente y el futuro. Este comparecer es intersubjetivo y vale porque el todo de la nación se interpela a
 sí misma; se interpela para todos los tiempos. Por eso el acontecimiento es trascendental; allí se condensa el nuevo sentido que, en tanto proceso, va recomponiendo el sentido mismo de nación. Ese sentido aparece en las marchas que inauguran los pueblos de tierras bajas. Quienes ahora inician una nueva marcha que, en definitiva, manifiesta la aporía en que cae el Estado actual: ¿Cómo puede haber Estado plurinacional sin contenido plurinacional?
Mientras se promulgan las leyes estructurales del nuevo Estado, lo que se descubre es una reedición de (lo que llamaba Zavaleta) la paradoja señorial; el síndrome cambia de lugar y se anida en los nuevos “delfines” del sistema estatal: si antes la casta señorial era incapaz de “reunir en su seno ninguna de las condiciones subjetivas ni materiales para auto-transformarse en una burguesía moderna”, ahora parece que la incapacidad consiste en no saber reunir ni las condiciones subjetivas ni las institucionales para transformar el Estado colonial. Por eso la insistencia tenía sentido: un proceso de descolonización del Estado no pasa por una reforma social, sino por una recomposición nacional; esto quiere decir: transformación del sentido de nación como condición de trasformación del contenido político del Estado (la nación, como proyecto político tiene, al Estado, como su mediación política).
Transformación que requiere del proceso, como lugar de emanación de los sentidos que vaya adquiriendo el Estado. Entonces, profundizar el proceso no significa adecuar sus cosechas a las necesidades funcionales de la inercia estatal. Lo que requiere el nuevo Estado es un nuevo sentido político; es decir, un nuevo sentido de vida, y esto significa: vivir la vida del proceso. El nuevo contenido no emerge como efecto de su propia inercia institucional, sino del propio proceso de recomposición nacional, como base real de la nueva legitimación: el potenciamiento de las naciones indígena-originarias. Ese es el suelo (lo histórico-material) plurinacional de legitimación del nuevo Estado; sin él, lo que acontece es una pura recomposición del carácter señorial del Estado. Porque acudir a sus propias necesidades institucionales como el marco de su nuevo despliegue político, es tanto como hacer de su performatividad el contenido único del cambio. Se
 cambia para no cambiar nada; el cambio habría devenido en pura cosmetología (cuyo “cambio trascendental” consiste en cambiar de pechos pero no de forma de vida).
Por eso hay aporía, porque el proceso mismo manifiesta esa contradicción que enfrentan quienes se suman al proceso sin involucrarse en éste. Sin conciencia de qué es aquello que hace al carácter colonial del Estado, descolonizarlo no tiene sentido; todo se reduce a optimizar sus funciones, dejando sus fundamentos intocados, produciendo su reconstitución obligada. De ese modo, la aporía se produce, no por diverger en el proceso de cambio iniciado, sino por renunciar al propio cambio. Por eso en el proceso aparece un sector conservador: la nueva derecha nace de una izquierda que “ve” el cambio, pero no lo escucha, quiere dirigirlo pero no seguirlo. Por eso adjetiva apresurado lo nuevo que acontece; si el proceso no guarda semejanza con su parecer (su óptica eurocéntrica), lo que “ve” no es sino distorsión de éste (lo que antes eran distorsiones de mercado ahora son distorsiones del proceso). La paradoja señorial vuelve a rearticularse a
 partir de sus más hondos prejuicios. Zavaleta tiene razón: “Dígase a la vez que la única creencia ingénita e irrenunciable de esta casta fue siempre el juramento de su superioridad sobre los indios, creencia en sí no negociable, con el liberalismo o sin él y aun con el marxismo o sin él”.
Lo grave de aquello es que ese prejuicio es precisamente el prejuicio congénito del Estado colonial. De allí su carácter antinacional. Por eso no puede producir soberanía ni proyectar desarrollo propio; porque es incapaz de congregar y reunir al todo de la nación como su propia referencia, y hacer de ésta su carne y su contenido. En ese sentido, lo menos indicado es lo que se realiza por inercia institucional; se cree que una institución se transforma a sí misma, a partir de sus propias necesidades. Pero si sus necesidades nunca han sido las necesidades nacionales, entonces, ¿cómo sacar de aquellas una transformación de los propios contenidos que hacen a la institución? La magia no es gimnasia política y un Estado plurinacional no se deduce de la institucionalidad colonial. Ésta no puede producir aquél, y pretender aquello es, no sólo ingenuidad, sino -lo que es peor- ceguera histórica.
Lo que manifiesta la marcha (encabezada por la CIDOB) es precisamente esa contradicción. Si la reducción a 7 escaños indígenas eran una concesión a la derecha, cuando no se tenía la mayoría (negociación realizada por, entre otros, el ministro de autonomías, a espaldas de los actores, cuando de los 18 propuestos se baja a 12 y se negocia 5 más), ¿por qué ahora, cuando se logra los dos tercios en el Congreso plurinacional, se ratifica aquella depreciación en la representación indígena del nuevo Estado? Si ahora se esgrimen las leyes estructurales del nuevo Estado, ¿por qué ratificar en éstas los agravios anteriores? El modelo estatal parece no sufrir modificaciones.
La agenda que asume el gobierno ni siquiera es agenda propia sino respuesta a la propuesta de la derecha; los apresuramientos le obligan no a una más detenida transformación estructural sino a una reorganización cosmética. Porque el cambio ya no consiste en una transformación de los contenidos del nuevo Estado sino de una adecuación subordinada de lo plurinacional a las necesidades funcionales de la institucionalidad estatal. ¿Cuál es la respuesta de ciertos personeros de gobierno ante los reclamos de, sobre todo, la CIDOB? Se dice que los números (la cantidad de votos que hacen a una diputación) deben homologar una “igualdad ciudadana”. Pero esto es básicamente renunciar a lo plurinacional. Porque lo plurinacional no consiste sólo en la suma numérica de partes que componen un todo. Leer de modo cuantitativo el contenido de lo plurinacional es no haber entendido el carácter cualitativo del nuevo contenido de nación que, como
 plurinacional, está produciendo esta nueva recomposición de lo nacional-popular; que tiene en las naciones indígena-originarias el núcleo de emanación de la nueva disponibilidad común. De eso carece el Estado colonial, por eso siempre acaba en la legitimidad nula, porque al privarse de contenido nacional, lo que en realidad se priva es de legitimidad real.
La cuantificación reducida de muchos pueblos indígenas es la consecuencia histórica de un proceso de genocidio sistemático que inicia la colonia y continúa la república. Ahora bien, si de números hablamos pero, sobre todo, de reparación histórica que debe realizar el nuevo Estado, ¿contamos sólo lo que queda del genocidio y la descomposición como número natural?
¿En qué consiste la representación? Si la “adecuación” es el criterio de la representación, entonces lo cualitativo se subordina a lo cuantitativo, el ser humano a la cifra; porque la adecuación consistiría en adecuar lo plural de la nación a la igualación abstracta de la ciudadanía moderna. Marx tienen razón: “magnitudes de cosas diferentes no llegan a ser comparables cuantitativamente sino después de su reducción a la misma unidad”. La racionalidad del mercado es lo que organiza a la sociedad: la homogeneización del individuo es la condición de la ciudadanía. Para colmo, en esa abstracción, lo que sí se excluye son las naciones originarias; porque el Estado colonial, si pretende legitimación alguna es, precisamente, asegurando un país de ciudadanos sin indios. La clasificación social moderna es producto de una previa clasificación racial mundial, que naturaliza relaciones de dominación en estructuras jurídico-normativas;
 el carácter colonial del Estado prescribe entonces el modo de representación por igualación formal, renunciando a toda reparación histórica de su original clasificación perversa. Una representación de carácter cualitativo debiera entonces proponerse la reparación histórica como modo de reconstitución del contenido plurinacional del Estado. Pero si los criterios no cambian, la representación queda reducida a las estipulaciones hasta burocráticas de otro ciclo estatal.
La primera muestra de desmontaje del carácter colonial del Estado, debía ser la resignificación de la representación. Porque lo plurinacional no se reduce a la cuantificación de las naciones que lo componen, tampoco al reconocimiento (hasta tardío) de nuestra diversidad. Lo plurinacional es la constatación de que la unidad, es decir, el sentido de nación, o es común, o no lo es en absoluto; la unidad no es algo dado o algo que se impone, sino el hecho intersubjetivo del reconocimiento de todos los sujetos en tanto sujetos. Este reconocimiento no es un plus sino la condición ineludible del reconocimiento mutuo; la dignidad empieza por reconocer la dignidad absoluta del Otro, del negado y excluido: el indio. Reconocer sus derechos como sujeto significa reconocerle como persona con derechos anteriores a todo Estado de derecho. El Estado colonial nunca invitó siquiera (para ser parte del país) a quien fue hasta tributario, pero nunca
 perteneciente al país de los patrones; ahora, que es posible remediar aquello, resultan invitados de piedra en un Estado que pretende recomponerse sin estos.
El carácter cualitativo de la representación indígena, tenía que ver con el carácter nuevo que debía ir adquiriendo el nuevo Estado; es decir, no es el Estado el que otorga un nuevo sentido al todo de la nación sino al revés: el todo de la nación, su carácter plurinacional, es el que otorga sentido y contenido al nuevo Estado. Por eso, el cometido del Estado, el hincapié de sus empeños consiste en producir las mediaciones necesarias para que esa donación de sentido se haga efectiva. El paternalismo del Estado consiste en no saber recibir; el que no sabe recibir tampoco sabe dar, por eso sólo manda, de modo unilateral: manda mandando, no manda obedeciendo.
Para que el nuevo Estado se llene de contenido, debe recomponer económica y políticamente a las naciones que lo componen (debe dotarles recursos propios del Estado y no esperar que las autonomías indígenas dependan de otras fuentes; si no se quiere más injerencia externa, se debe cortar de inicio una situación de dependencia); no puede darse ahora el lujo miserable que se daba el Estado colonial: prescindir de la nación hasta su desaparición. Recomponer las naciones significa, en última instancia, recomponerse a sí mismo. Por eso lo plurinacional no es un agregado culturalista sino la respuesta crítica al concepto devaluado de política que desarrolla la política moderna. Lo plurinacional demanda la ampliación democrática del ámbito de las decisiones. Insistimos, lo plurinacional no quiere decir la suma cuantitativa de los actores, sino el modo cualitativo de ejercer la decisión: somos efectivamente plurales cuando ampliamos el ámbito de
 las decisiones. Lo excluyente del Estado colonial proviene de la reducción que hace de lo político; por eso hace del Estado de excepción su Estado de derecho; su dominación es dominación pura porque su expresión normativa, en cuanto ley, es la naturalización (racialización) de las relaciones de dominación. La privatización de lo público, como empeño neoliberal, no es más que la persistencia obstinada en reducir lo político a su mínima expresión; por eso la nación deja de existir cuando las decisiones se usurpan.
Entonces, el carácter cualitativo de los escaños indígenas no puede homologarse por abstracciones que producen falsas equivalencias que no igualan sino discriminan. Si las ciudades acopian casi todo el universo electoral, esto no quiere decir que las ciudades congreguen todo el universo nacional; es más, si una recomposición nacional tiene como núcleo de nueva disponibilidad común al campo, entonces lo coherente es potenciar ese ámbito de disponibilidad. Lo cual no significa negar a la ciudad sino garantizarle también, en lo sucesivo, su propio potenciamiento; porque la ciudad misma no es nada sin el campo. El ámbito colonial por excelencia ha sido la ciudad, en desmedro del campo. Si ahora el campo, otra vez, debe de adecuarse a las necesidades de la ciudad, a su lógica, entonces la ciudad misma renuncia a su propia transformación. Por eso, el verdadero centralismo no lo ejerce La Paz, sino la lógica de la ciudad como apropiación de toda
 decisión. Por eso los “autonomistas” cambas no toleran otra autonomía que no sea la ejercida desde los centros de poder; en este caso, autonomía no es descentralización sino privatización de los ámbitos de poder. El proceso de acumulación hace de la ciudad ya no sólo el centro administrativo sino adonde la producción subordina sus propósitos. Por eso, desconcentrar el poder no era (como hace la ley de autonomías) repartirlo entre gobernaciones y alcaldías, sino suprimir la lógica de privilegios que eso siempre supuso, es decir, democratizar el modo de la representación; por eso las llamadas autonomías indígenas hacían siempre énfasis en la autodeterminación, porque el carácter colonial del Estado se manifestaba en esa secuela de instancias locales que garantizaban la exclusión sistemática, haciendo de los poderes locales el monopolio de los grupos de poder (por eso hay la insistencia en circunscribir los referéndums por
 autonomías indígenas entre las comunidades, porque la presencia de latifundistas o ganaderos generarían siempre, si no es la manipulación de estos, el empantanamiento paulatino de los mismos).
Ahora bien, si fuera la marcha (como aducen personeros de gobierno) financiada por otros intereses, ello no debiera ser razón para aplazar demandas que no son de ahora sino hasta constituyeron bandera en la Asamblea Constituyente. La condena apresurada sólo encubre la ausente voluntad política por remediar concesiones anteriores; los 7 escaños indígenas fue otra de las tantas renuncias que significó el manoseo de la derecha a la constitución. No salió la constitución deseada, ni siquiera se pudo realizar un juicio al Estado colonial; es decir, fruto de todos los remiendos, lo que salió no podía tener un carácter acabado sino transitorio. Y esa no diferenciación es la que lleva a la confusión actual: defender a rajatabla lo redactado es renunciar a los propósitos originales, es desistir y resignar la significación del proceso a la negligente displicencia de lo ya establecido. ¿Dónde queda entonces el ímpetu revolucionario, el proceso de
 transformación?
La situación colonial se vuelve a reproducir; el único diálogo posible es un diálogo entre sordos y mudos. Si he desacreditado al otro, todo lo que diga no tiene sentido (política señorial ahora actualizada; antes la consigna era: “no dialogamos bajo presión”, ahora el ministro de autonomías señala: “no hay diálogo con la marcha”, es decir, el Estado nunca baja, el pueblo es el que debe subir). Esta lógica expresa al Estado colonial: el pueblo está como mudo y el Estado está como sordo; no hay simetría en el diálogo porque, además, los menos (los conformados en minorías aun por este Estado) son los vencidos, los triunfantes no tienen necesidad de escuchar, la soberbia produce discapacidades: tienen ojos y no ven, tienen oídos y no escuchan. Si los derechos (como establece la ONU) de los pueblos indígenas es ley de la nación, ¿por qué ahora el derecho a la consulta queda depreciado a su nulidad jurídico-política? Si las
 naciones ya no son sujetos de decisión, ¿en qué consiste su autonomía? Si uno de los pretextos es el de la alteración territorial, recordemos que la primera alteración consistió en la delimitación colonial y luego republicana del espacio territorial; lo peor, la delimitación republicana fue producto de la lectura gamonal del espacio: “éste es el origen profundo o arcaico de lo que se llama regionalismo en Bolivia, es decir, la incapacidad de vivir el espacio como un hecho nacional”. Si Zavaleta tiene razón, entonces los pueblos del oriente también la tienen.
La lectura nacional del espacio como un hecho nacional es lo que siempre han destacado en la categoría de “tierra y territorio” (el espacio como hecho vivido, de carácter transpersonal y vinculado a un todo siempre asumido); denegarles la jurisprudencia sobre el/su territorio, es negarles ser parte constitutiva de la nación misma. En el caso especifico territorial, lo que se pide no es algo aberrante sino la reversión de las concesiones forestales (en territorio indígena) dadas por gobiernos neoliberales a privados; algo que debía producir este Estado y no esperar su demanda. Si no hay pretensiones de supuesta alteración limítrofe departamental, la negativa del ministro de autonomías y del vicepresidente, parece consistir en concentrar las competencias autonómicas en las gobernaciones departamentales a costa, otra vez, de los pueblos indígenas (por eso se les otorga algo sin recursos propios). Lo que se debiera potenciar no se potencia, el
 nivel de los pueblos; y sí se potencia los niveles donde se rearticula la derecha. La falta de visión produce falta de perspectiva: el Estado plurinacional mismo acaba despotenciándose, pues abandona a su suerte a su propia base de legitimación (y si va negociando por separado, lo que fractura no es una resistencia, sino su propio cuerpo).
Si incluso algunas demandas fueran contraproducentes, pues el pueblo no es infalible; ello no da derecho a la desacreditación. Hemos ingresado de modo formal al Estado plurinacional pero, de hecho, no vivimos todavía en él. Nos encontramos en tránsito hacia su realización. Por eso no se puede pretender su defensa intransigente, como si se tratara del Estado plurinacional ya logrado. Desgraciadamente esa es la actitud del fetichista, cuya relación con la institución es idolátrica, creyendo que la esperanza en un mundo mejor consiste en la celebración ciega de las condiciones presentes. Por eso deviene en conservador y afirma un Estado jacobino (como ya pretende el sector intelectual del gobierno) que condena toda alternativa que no signifique la afirmación de la suya. La historia no es inocente: Robespierre mata a Danton, o sea, la razón de Estado mata al pueblo.
La institución misma es preservada a costa del propio pueblo; por ejemplo, el ministro de gobierno señala sanción ejemplar para los ejecutores del linchamiento a policías en Huanuni, pero no hay el mismo interés en investigar a la propia policía que, en aquellos hechos luctuosos, tiene mucho que ver. El proceso de autonomización del Estado es ahora lo que produce una reposición de su carácter autista; por eso se cierra y cuando sale es de modo defensivo: “USAID financia la marcha contra el gobierno”. Si bien es cierto ese tipo de intromisiones y lo más procedente es la expulsión de entidades que realizan injerencia (por eso la propia CIDOB ya le dio plazo al gobierno: que expulse a USAID en 48 horas); lo propio de un Estado soberano, ante esa injerencia, es el despliegue de operadores políticos que detecten ese tipo de intromisiones y reconduzcan posibles conflictos a una resolución anticipada (para eso existe un Viceministerio de
 Coordinación con Movimientos Sociales que, en los hechos de Caranavi, hizo de mirón). Pero no puede desacreditar a los actores, sobre todo si son del mismo lado de la lucha; incluso si sus peticiones no fueran legítimas. Con eso, el mismo Estado se vacía de legitimidad.
Si se descarta una demanda porque supuestamente está financiada por la plata americana, deberíamos ser más autocríticos y reconocer que muchos ministerios y ministros son financiados por la plata de la cooperación internacional (no es necesario hilar fino para llegar a la conclusión de que USAID sabe cómo penetrar esos ámbitos). Critiquemos con el ejemplo. ¿Cuántos ministerios están prácticamente cooptados también por financiación internacional? Esto conduce a la siguiente aporía: se proclama la independencia pero no se renuncia a la dependencia. Porque quienes ponen plata en un Estado no lo hacen de modo inocente, sobre todo si son países del primer mundo. Un Estado que se plantea seriamente la independencia debe de cortar el cordón umbilical que le ata al dinero proveniente de la llamada cooperación internacional; porque quien pone la plata pone también los indicadores y los criterios de en qué y cómo se gasta esa plata. El primer
 mundo no es inocente; gasta muy bien su dinero en desarrollar el carácter dependiente de los países pobres. Un Estado necesita recursos. Esta necesidad es aprovechada para, mediante la financiación, estructurarlo según las estipulaciones globales (su modernización); de ese modo, acrecentando sus necesidades institucionales (generación de burocracia), se provoca su dependencia crónica. La dependencia se garantiza porque el propio Estado funciona para seguir dependiendo; la misma mentalidad oenegista se transmite al Estado: ya no es la utilidad de nuestros esfuerzos lo que da sentido a nuestra existencia sino el ser útil a los requerimientos de la cooperación, ya no se busca cumplir las necesidades del país sino ofrecerse a las actividades que despierten mayor interés para continuar recibiendo “cooperación”.
El carácter soberano del Estado acaba el momento en que le cortan ayuda. Tiene soberanía frágil porque, si sus exigencias se concentran en garantizar su sistema institucional, éstas le obligan a adoptar los indicadores globales, siendo que estos vienen además financiados (por eso el presidente de la Cámara de Diputados, al reconocer en la ley judicial su “modernización”, reconoce también nuestra subordinación a los indicadores normativos del primer mundo; pues desconoce que toda normatividad es lo deducido de la eticidad presupuesta en el propio mundo de la vida, entonces, en ese afán de “modernizarnos”, lo que copiamos no es sólo leyes sino una eticidad que no es la nuestra). La dependencia es más sutil de lo que se cree. Por eso la descolonización del Estado cae en pura retórica, cuando no se sabe bien en qué consiste su carácter colonial: “el impedir la constitución de la multitud entre los indios es un objetivo no debatible
 de toda una sociedad edificada sobre sus hombros”. Volvemos a Zavaleta.
Si para que haya señor tiene que haber indios, ¿tiene que haber sometidos para que haya Estado? Esta aporía no la puede resolver el colonizado, porque sus anhelos no superan su condición de siervo: él también quiere ser patrón.  En los orígenes de la Asamblea Constituyente, el presidente nato del Congreso, en un afán de contentar a todos, hizo posible la rearticulación de la derecha; al parecer no aprendió la lección, pues en la ley del régimen electoral no hay transformación del sistema político. Renunciar a una transformación del Estado y proponerse sólo su mejor performance, retrata la actualización de la paradoja señorial. Por eso la marcha molesta. Porque ella muestra que la paradoja está vivita y coleando, y anida en el sector conservador del gobierno. Pero el proceso no se diluye en el gobierno (o el gobierno en ciertos personajes; siendo justos, tampoco el instrumento político se reduce a la cooptación advenediza que
 soporta, como denuncian las bases), del mismo modo que el todo no se reduce a la parte. Este proceso empezó con una marcha de los pueblos de tierras bajas. Ahora que se inició otra marcha, ¿será que el proceso mismo toma la palabra, marchando, como reiniciando todo?
Dice una leyenda del pueblo guaraní: el pueblo no puede renunciar a la búsqueda de la-tierra-sin-mal, y si cree haberla encontrado, es el momento cuando el pueblo debe marchar de nuevo, buscando aquello que se consigue buscando: la-tierra-sin-mal. Lo que nos manifiesta la marcha es que el proceso no es algo dado sino algo que se va haciendo, a la marcha, en un país que empieza a recomponerse mirándose como lo que es, sacando de sí su proyecto propio: mirando atrás para mirar adelante. Apostar por el cambio fue un acto de fe, como dijeron las bartolinas: “Nunca más un país sin nosotras”. Ser fiel al proceso significa volver al acontecimiento, para eso volteamos la mirada: si ya no sabemos a dónde ir, hay que darse la vuelta, y ver de dónde se ha venido. Por eso nuestra historia vuelve a congregarnos, otra vez, como marcha.

La Paz, 30 de junio de 2010
Rafael Bautista S.
Autor de “PENSAR BOLIVIA: DEL ESTADO COLONIAL AL ESTADO PLURINACIONAL”
rincón ediciones
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Bolivia: la hora de las leyes

05/07/2010 by maestro Deja un comentario

 El propio texto establecía 180 días para la aprobación y promulgación de cinco leyes orgánicas, relacionadas con los poderes judicial y electoral y el sistema de gobiernos autónomos.

De esa manera, los bolivianos fijaron el 22 de julio próximo como fecha tope para la puesta en vigor de cinco normas llamadas orgánicas: la Ley del Órgano Electoral, y similares sobre el Régimen Electoral, el Tribunal Constitucional, el Órgano Judicial y una Ley Marco de Autonomías y Descentralización.

Una norma transitoria sobre autonomías, permitió antes la celebración de comicios regionales y municipales, el pasado 4 de abril, que poco más de cinco millones de bolivianos eligieran a más de dos mil autoridades en esos niveles.

La primera de las normas 

Según el propio Morales, en toda esta etapa ha sido meritoria la labor de los integrantes de la Asamblea Legislativa Plurinacional para deliberar y sancionar los cinco proyectos.

Como nunca antes, el trabajo en comisiones y en plenaria todos los días de la semana, incluidos sábados y domingos y jornadas de feriado, apuntó el estadista, permitieron la entrega a tiempo hasta el momento de cuatro de cinco normas.

También el empuje y postura firme en los debates de los legisladores del gubernamental Movimiento al Socialismo (MAS), mayoría en las dos cámaras (de diputados y senadores) dieron al traste con la aprobación de las leyes, estiman analistas.

La primera de las cinco normas en ser promulgada fue la del Órgano Electoral Plurinacional (OEP).

En solemne ceremonia en el Palacio Quemado, Morales consideró incluso que por mandato del soberano, se trataba del nacimiento del cuarto poder en Bolivia: el electoral.

El nuevo cuarto poder del Estado boliviano, junto al Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, remarcó, debe permitirnos no sólo elegir a las nuevas autoridades y revocarlas, son también decidir el futuro de Bolivia a través de los referendos.

La nueva norma genera una institucionalidad renovada en base a la democracia representativa, participativa y comunitaria.

El nuevo OEP estará compuesto por el Tribunal Supremo Electoral, los Tribunales Electorales Departamentales, los Juzgados Electorales, los Notarios Electorales y los Jurados de las Mesas de Sufragio.

Dentro del OEP se crea ahora el Servicio de Registro Cívico, que saldrá de la unión del Registro Civil y el Padrón Electoral.

También promulgaron la Ley del Régimen Electoral que regirá las consultas de autoridades judiciales del próximo 5 de diciembre, un proceso sin precedente en el mundo.

Al respecto, el Ejecutivo adelantó la necesidad de realizar un censo poblacional en 2011 para definir la cantidad de escaños uninominales y especiales (indígenas), según el número de habitantes en las circunscripciones.

Sobre la ley del Régimen Electoral, el presidente interino del Senado, René Martínez, precisó que el proyecto promueve la democracia intercultural en Bolivia, entendiendo por esto la democracia directa y participativa, representativa y comunitaria.

Dijo que en el caso de la democracia directa y participativa se establece el referendo, la revocatoria de mandato, las asambleas, cabildos y la consulta popular.

Justicia Renovada 

Otra de las leyes aprobadas y promulgadas en Bolivia es la del Órgano Judicial.

Sobre este proyecto, el presidente de Diputados, Héctor Arce, afirmó que con esta norma nace una nueva justicia y se marca un triunfo más de la Revolución democrática y cultural que vive el país. Arce recordó que, lamentablemente en épocas anteriores, la justicia se había convertido en un privilegio de unos cuantos, una prerrogativa de los poderosos, y no un derecho de todos.

Destacó como aspectos fundamentales de la nueva norma la descolonización de la justicia, la introducción en serio de la gratuidad y la creación del Defensor del litigante para proteger al ciudadano de a pie.

En adición, hizo hincapié en la próxima elección de los magistrados de la Corte Suprema, el Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura.

Entre sus novedades, plantea la creación del Tribunal Agroambiental, el Tribunal Supremo, el Conciliador, el Defensor del Litigante, y el nombramiento de nueve magistrados, uno por cada región.

El Senado boliviano aprobó además la Ley del Tribunal Constitucional (TC).

Esta norma, de 163 artículos, nueve disposiciones transitorias y una disposición final abrogatoria, establece sus principios y la supremacía constitucional.

El Tribunal, como máxima instancia de justicia, quedó facultado, para disponer y definir en los conflictos y competencias de los otros órganos de poder público y entes autonómicos.

La nueva entidad será además fuente de consulta de determinados proyectos de ley, resoluciones no judiciales y no vinculadas a procesos administrativos, subrayó.

La norma sobre el TC prevé además los conflictos de competencia entre jurisdicciones ordinarias, agroambiental y la indígena-originaria-campesina.

Ese proyecto permite además legislar sobre el control de constitucionalidad en los estatutos autonómicos y las cartas orgánicas municipales.

El actual Tribunal Constitucional se creó por la reforma de la Carta Magna aprobada en 1994, y operativamente empezó a funcionar en 1999.

Autonomías, la más polémica 

Pese a un intenso proceso de socialización entre organizaciones sociales, instituciones públicas y privadas y expertos en todo el país, La Ley marco de Autonomías y Descentralización, a debate en el Legislativo, es la más polémica por sus alcances.

La titular de la Comisión de Organización Territorial y Autonomías de la Cámara Baja (Diputados), Betty Tejada, explicó que el proyecto tiene 137 artículos y se trata de un borrador susceptible de ser mejorado en consenso.

Esa norma regulará la organización territorial del Estado y la elaboración de los estatutos autonómicos, la transferencia y delegación competencial, el régimen económico financiero y la coordinación entre el nivel central y las entidades territoriales descentralizadas y autónomas.

Todas estas cinco normas serán traducidas a lenguas nativas (aimara, quechua y guaraní) para socializarlas.

Una segunda fase de ese plan contempla materiales audiovisuales y diversos recursos pedagógicos, para una mejor explicación de los contenidos.

Mario Hubert Garrido es corresponsal jefe de Prensa Latina en Bolivia

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DEMOCRACIA SIN EQUILIBRIO CON UN PROCESO SIN BRUJULA

29/06/2010 by maestro Deja un comentario

Todo proceso revolucionario se fortalece en la medida de su profundización y se desnaturaliza en la misma medida de sus desaciertos; en los últimos movimientos sociales protagonizados por los trabajadores del magisterio y fabriles, el gobierno tomo partido opuesto a las reivindicaciones del movimiento sindical, y en términos de la dialéctica histórica la administración gubernamental opta por el camino contrarrevolucionario.

El gobierno del M.A.S. al pretender desunir a la clase obrera separándola  de sus grandes objetivos históricos, tratando vanamente de confundir a los sectores populares, solo esta logrando fortalecer la condición de clase explotada de la mayoría nacional frente a las políticas del gobierno que hace todo lo posible por imponer su proceso de cambio; confirmando de este modo que sólo los trabajadores unidos a otros sectores populares coincidentes ideológicamente y un básico acuerdo programático sin improvisaciones de cargos en la administración del Estado defienden las verdaderas conquistas de liberación nacional garantizando todo equilibrio democrático.

Insistimos, que condenar, con discursos fogosos al capitalismo no define nada en absoluto, si no se modifican las estructuras que determinan las relaciones económicas y sociales de producción. Modificar las  relaciones de los grandes medios de explotación con las fuerzas laborales que son las únicas fuentes generadoras de riqueza es preocuparse por seguir la senda al futuro Estado Socialista.

En lugar de resolver estas contradicciones el gobierno opta la administración del Estado por políticas antiobreras, racistas y represivas, colocándose en el bando conciliador de intereses opuestos al “proceso”, quitándole lo revolucionario con el ropaje de una variante populista del sistema capitalista tan pregonado por el primer mandatario, conductas que amenazan con dejar al  “proceso de cambio” sin brújula.

No hay políticas de defensa de la economía familiar, ni un punto más del 5% al salario, y contrariamente negocian a puerta cerrada el aumento de tarifas del transporte cuyo costo afectara a la economía popular por tratarse de un servicio colectivo.
La inteligencia de estas políticas del gobierno, en lugar de mitigar la pobreza nacional están logrando agudizar la “crisis del bolsillo” popular.

Se respeta la propiedad privada, pero como y cuando?
Cuando se protege la gran propiedad latifundista y se avasalla la indefensa pequeña propiedad privada no es política de cambios sociales, y nada tiene que ver con los verdaderos postulados socialistas.

El proyecto del Código del Trabajo que propuso el gobierno esta al margen de los intereses del trabajador, pretende evadir la lógica de que los intereses de los empresarios capitalistas son opuestos al de los trabajadores, inculcan la ilusión de que ambas clases tienen intereses complementarios, que sin empresarios no habrían puestos de trabajo, cuando el concepto es de inverso contenido; es decir que sin trabajadores los empresarios capitalistas no tendrían posibilidades de existir, en cambio los trabajadores sin empresarios tienen opciones como la Co-gestión obrera y finalmente la Autogestión laboral.

La AUTOGESTION, también es aplicable en las comunidades campesinas agrarias que sin patrones trabajando las tierras de propiedad comunitarias pueden superar los índices de producción implementando tecnología moderna, hecho que no es posible si persisten con la propiedad individual del minifundio.

Nada de estos conceptos resuelve la propuesta del Código del Trabajo elaborado por el gobierno ni la contrapropuesta redactada por los asesores de la Central Obrera Boliviana. Lo irónico es que el populismo en nombre del “anticapitalismo” aplica en la agricultura y en las empresas políticas que apuntan a la consolidación del sistema capitalista, y los resultados a futuro significarán  el rápido desarrollo del oprobioso sistema, éste criterio nos aleja de los fundamentalistas por que no creemos en que “en el crecimiento del capitalismo esta la garantía de la victoria sobre él”

Las falencias ideológicas del partido gobernante de Evo Morales Ayma, conducen a la crisis de ideas respecto al Control Social. Confunden la presión social que son las marchas masivas con el Control Social que deberían ser responsabilidades con derecho a voz y voto en la conducción de las empresas, y cuando se aventuran en diferenciarla caen en la falacia de adjudicarse instituciones a nombre del Control Social para  cambiar y recambiar personal cuyos fines son complacer a sus adherentes con cargos públicos sin responsabilidades técnicas ni administrativas.

El gobierno debiera insertar en su Código del Trabajo propuestas que impliquen seriedad sobre la autogestión laboral con responsabilidades de los trabajadores en la conducción de las empresas, en el manejo técnico, administrativo y, el destino de la producción en las empresas estratégicas hidrocarburíferas como prueba de que realmente estamos camino  a un futuro estado socialmente justo y participativo. Los socialistas del PS.1-(M.Q.S.C.) acordes con la dinámica de los tiempos no somos partidarios de cambiar el capitalismo neoliberal por un capitalismo estatal totalitario.

Se incrementa día a día la burocracia gubernamental del Estado a costa del erario nacional, creando una especie de Superintendencia de Fronteras con Juan Ramón Quintana, y una seudo gobernadora en el Beni (Jessica Jordán), tratando de ganar autoridad en los departamentos donde no se pudo ganar en las justas electorales.

Los conflictos por el copamiento violento de las Alcaldías de Quillacollo y Sucre no se limitan a ser torpezas, son  el  quiebre del equilibrio de la democracia participativa, el gobierno al perder credibilidad por sus errores administrativos vio su merma electoral, y hoy pretende copar espacios perdidos con práticas propias de los neoliberales. Esas formas deshonestas nada tienen que ver con la moral socialista.

LA CUESTION DE LAS 36 NACIONALIDADES DEL ESTADO BOLIVIANO

En la construcción del Estado Socialista no es problema la cantidad de nacionalidades, por que el interés de clase que inspira al socialismo esta por encima de nacionalidades y continentes.
El problema en nuestro país radica en que los resabios neoliberales en el Estado Popular vigente, aprovechando los vacíos conceptúales de la NCPE respecto a las autonomías pueden manipular la cuestión de las nacionalidades para lograr réditos políticos contrarrevolucionarios.

Los socialistas  apoyamos la marcha de los pueblos originarios del Oriente organizados por la CIDOB, tienen un sentido de autodefensa, y el gobierno en su propuesta de Ley marco de autonomías debería considerar temas básicos como las siguientes:

Garantizar las autonomías de los pueblos indígenas con total igualdad de derechos a todas las nacionalidades. ¡Ni un solo privilegio para ninguna nación, ni la mas mínima injusticia con ninguna minoría nacional, pretender imponer la cultura y costumbres de una nación por mas numerosa que sea por encima de las otras es sometimiento, sinónimo de dominación. Ejemplo: El año Nuevo Aymara es de la cultura aymara y no es común a todas las nacionalidades, las demás naciones están en su derecho de exigir igualdad de trato y respeto a sus culturas usos y costumbres.

Los socialistas somos conscientes de que los pueblos que pretenden someter a otros no pueden ser pueblos libres ni ejemplo de democracia participativa.

MARCELO VIVE LA LUCHA SIGUE
NO A LA DIVISION DEL PAIS

La Paz, 23 de junio de 2010

DIRECCION COLEGIADA DEL PARTIDO SOCIALISTA UNO (PS.1- M.Q.S.C.)
[email protected]
Jaime Alcocer Rojas 1er. Secretario S.E.N., Alcides Monasterios Castro, Gonzalo Valdivia Rojas. José Tirado Cruz, Carlos Tavera Villegas, Walter Guzmán Aguirre, Raúl Rodas Velarde, Luis Barrios Balanza, Juan Solares Quintanilla, Bismarck Imaña Pacheco, Carlos Medina Estévez, Fernando Bustillos Agramon, Juan Peña, Gaby Martínez Gutiérrez, Boris Arias Pizarro, Rolando Patzi P. Fidel Oruño Hernández, Beatriz Cruz, Guillermo Copa Duran, José Echalar Martínez

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Bolivia, DEMOCRACIA SIN EQUILIBRIO CON UN PROCESO SIN BRUJULA

Mirando a Bolivia desde la fila

29/06/2010 by maestro Deja un comentario

 ..rostros mañaneros mezclaban su cansancio en un gran tumulto de personas que tomó forma alborotada cuando las puertas se abrieron y todos corrieron en pos de la deseada ventanilla en el interior del vetusto edificio… a continuación aparecieron sendas colas que serpenteaban por el patio todo cubierto de material de construcción, mientras decenas de obreros demolían parte de las oficinas de los pisos de arriba, derramando pedazos sobre los empeñados madrugadores…

… Así transcurrió la primera hora, en filas que nunca avanzaban, y donde en los rostros se observaba la parsimonia de aceptar lo que siempre ha sido así, sin protestar, sin conversar, sin molestar, continuar esperando… mientras tanto, ya en lo avanzado de la hora, empezaron a llegar otras personas que apresuradas y sin ningún miramiento acudían a los primeros puestos aduciendo premura. Esas decenas de individuos eran los que impedían que las filas avanzaran, pues algunos que veían que la viveza criolla funcionaba, no dudaban en romper el orden asumido para plegarse al tumulto de los coladores… algunos tímidamente reclamaron el respeto al orden y tuvieron como respuesta el desdén y el insulto.

… En algún momento apareció un guardia de policía que intentó ordenar algo en alguna fila, pero al menor descuido tenía a alguna persona colada con la excusa de que “sólo quería preguntar algo”… en otras filas se sentía el cansancio, del sol, de los materiales de construcción que no cesaban de caer, de los golpes del mazo del albañil, de las entradas y salidas de los camiones con escombros que hacían que las filas se desintegraran por un instante, y luego se rearticularan con nuevos coladores recién llegados…

… Alguien luego de las dos horas de espera, empezó a repartir fichas con números en una de las filas, no sabemos bien si fue parte de la iniciativa de los que hacían cola o de los funcionarios, lo cierto es que dicha iniciativa no funcionó nunca en las otras múltiples filas…

… En fin luego de larguísima espera, y con el número 132 en la mano, llegué a destino en la única fila organizada; para encontrarme con la novedad de que mi trámite recién debía ser realizado al año siguiente y no ahora porque existen demasiados pendientes de otros años… la funcionaria simplemente me insinuó que debía pasar por informaciones… donde por supuesto me aguardaba otra interminable cola que gastó otra parte de mi tiempo para que simplemente me repitieran la información…

… Apesadumbrado y luego de haber perdido la mañana, tuve el sentimiento común de frustración de todo ciudadano que pasa por esta experiencia cotidiana… luego pensé que detrás de las filas del país existe un horizonte de vida que merece ser reflexionado…no es un tema tan sólo latinoamericano y del tercer mundo, pues también las encontramos en el primer mundo con el ritmo ordenado y matemático que suelen tener esos ciudadanos junto al Estado que los ordena…

… En las filas siempre está mayoritariamente el pueblo trabajador, los que madrugan y suelen hacer del esfuerzo su cotidianidad, es decir sobrevivir con el trabajo que realizan aunque alcance para muy poco. Son los que suelen creer y soñar con un mundo que valore su esfuerzo y que están convencidos de que es la forma correcta de hacer las cosas y de dar ejemplo para los demás… sin embargo su tarea termina cuando su trámite concluye o bien le toque una siguiente fila en alguna otra parte, es así que las filas, como el sistema, muchas veces individualizan las conciencias y priorizan las necesidades propias sobre las de los demás…

… Luego están los que llegan tarde, y sin esfuerzo encuentran acomodo para adelantarse, estos sólo existen porque están los otros, los que se callan y aguantan sumisamente el atrevimiento ajeno… Aquellos son los que normalmente conocen las reglas de lo urbano y de lo que se ha mal denominado “viveza criolla” para explicar el oportunismo y aprovechamiento de las circunstancias en beneficio propio; muchos dirigentes políticos han sido parte de esta escuela y los hay de dos clases, aquellos que sobre las miradas y algunos insultos suelen colar descaradamente y aducir luego premura, o bien mimetizarse en la fila para luego “putear contra los coladores”; y están los otros, los segundones que calladamente se asimilan a la iniciativa de los más osados para lograr beneficios propios si le va bien…

… Están las condiciones en las que la fila-vida se mueve en el país, con lluvia de escombros y dificultades; pero la vida sigue con la terca convicción de que todo es parte de la trama de la sobrevivencia que hay que aguantar, de esta manera, son horas, días, años de hacer lo mismo pensando que quizás ese día será mejor, y si es peor, consolarse con la alegría de seguir vivos… hasta cuando y hasta cuanto puede seguir una vida de fila de nadies que sólo hace lo que debe y hace mucho que ha dejado de soñar en una vida sin filas?… sin embargo son esos nadies que tienen la sola preocupación de sobrevivir que han hecho un país como el nuestro; con un pueblo profundamente explotado, aplastado pero también con una resistencia silenciosa de largo aliento y la explosión intempestiva cuando los argumentos se agotan… por eso la fila guarda en los espíritus tantos sentimientos individuales como rebeldías colectivas …

… Pero aún hay otro elemento que subyace al comportamiento de todo: la ausencia de reglas con todos y de todos. Aquellas que existen son improvisadas por los funcionarios de turno o bien por los integrantes de la fila que buscan el respeto de lo común a través del cumplimiento de sus derechos. Los primeros en medio de las vetustas estructuras, improvisan recursos para cumplir mínimamente sus funciones, normalmente tienen sobrecarga de trabajo y se dan modos para lograr un extra salarial que recae en los ciudadanos, que para lograr que se haga efectivo su derecho deben pagar un plus económico o político a estos micro espacios de poder, que según suben en jerarquía se convierten en verdaderas fortunas que se hacen en el espacio público y demasiadas veces con el erario público…

… Los otros, los de la fila, son los ciudadanos anónimos que han hecho posible este país, los movimientos y organizaciones sociales que han organizado la resistencia y no han dejado de interpelar al poder excluyente hasta proponer otra Bolivia posible… también están los que representan al silencio rebelde de los otros, los comunitarios que desde la memoria larga y desde la identidad propia, siempre fueron parte de las luchas… todos, sin embargo y aún cuando el Estado ha sido permeado a la presencia ciudadana, siguen esperando que alguien atienda la fila…

… En definitiva, encontramos en la fila reflejado el mundo desinstitucionalizado en el que todavía vivimos, en el que no terminamos de reconstituir un contrato social asumido por los pedazos que hacen este país, que permita que las cosas funcionen, que los derechos de todos se respeten y que la autoridad (comunitaria y estatal), como servicio encomendado, establezca puentes de encuentro para una mejor convivencia. Todavía no termina de existir una institucionalidad libremente asumida, Estado Plurinacional le llamamos, que haga sentir parte de un mismo país a las diferentes identidades que la componemos, aunque ya tenemos una visión plurinacional del país que somos. Todavía existen quiebres estructurales no resueltos que impiden que las razones que nos unen se conviertan en el fundamento para seguir. Siguen las filas en una marcha caótica y sin sentido, bajo las reglas del Estado Republicano que heredamos, todavía no asumimos en lo cotidiano que la historia es nuestra, que las reglas se reinventan en función de todos, que los ciudadanos tenemos el poder de crear y somos los que estamos construyendo al Estado Plurinacional desde nuestra propia idea del servicio y la participación… necesitamos descolonizar nuestras instituciones, pero sobre todo el pensamiento y la acción ciudadana para liberarla de la opresión y la domesticación de esperar un amo que ordene, para hacer posible que nuestro sueño colectivo y posible nos haga creativos y responsables del poder colectivo que estamos construyendo…

 

Publicado en: Bolivia Etiquetado como: Juan Carlos Pinto Quintanilla

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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

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