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Bolivia

Entre la euforia y la frustración

13/05/2011 by maestro Deja un comentario

En el edificio de la vicepresidencia del Estado plurinacional, en el centro de La Paz, discurre una reunión de asambleístas del Movimiento al Socialismo (MAS). Los sombreros negros de copa, las polleras –faldas tradicionales– de las mujeres del Altiplano y los mantos con tejidos andinos hablan de tiempos muy diferentes. Hace unos años el mismo espacio estaba copado por diputados blancos, hombres de corbata y con estudios en EE UU, en un país donde el 67% de las personas se considera indígena.

Nos recibe Juan Carlos Pinto, coordinador general del Proceso de la Enciclopedia Documental del Proceso Constituyente y asesor en vicepresidencia. “Estamos en una etapa de la revolución democrática y cultural. Algo que en Europa ha pasado hace 200 años nosotros lo estamos viviendo ahora con el acceso de la mayoría de la población a los puestos del Estado”, explica Pinto. “De alguna manera estamos cambiando de contenido el Estado, estamos transformándolo. No ha dejado de ser un Estado liberal en su forma de organización, pero está salpicado de pueblo, y eso es una medida auténticamente liberal, la posibilidad de que todos tengan derecho a ser parte”.

Durante las últimas dos décadas, el Estado había sido conducido, según describe Julieta Paredes, por “masterados, doctorados, especializados, que habían estudiado en Harvard, en Lovaina… y ¿qué han hecho del país? Se lo han entregado a los depredadores. ¿Qué logros ha tenido la política neoliberal de esos yuppies de traje? ¿Qué cosa han hecho? ¡Nada! Durante todo el primer período nuestras hermanas y hermanos, muchos de ellos campesinos, han tomado el Gobierno, y ahí empezaron a aprender, al hacerlo, porque esto también es nuestro”.

Presiones de la derecha

La Asamblea Constituyente (2006- 2008), una eterna demanda para la refundación del país, fue un punto culminante de la participación popular. Pero ese “momento fundamental”, en palabras del sociólogo aymara Pablo Mamani, “también representó el inicio de la frustración”. Las presiones de la derecha obligaron a cambiar la sede de la Asamblea Constituyente de Sucre a Oruro. En 2008, estas presiones llevaron al Gobierno del MAS a aceptar un acuerdo y pactar en el Congreso la modificación de 144 artículos de los 400 que habían sido aprobados por los representantes elegidos por los bolivianos para esta misión.

La frustración fue creciendo en adelante, a pesar de coincidir con el histórico momento en que había sido derrotada la derecha, élite que había monopolizado el poder durante los tres siglos de conquista y los 184 años de República. Para Raúl Zibechi, analista y editor de la revista uruguaya Brecha, la clave se dio en las jornadas de agosto y septiembre de 2008, donde “las fuerzas populares bolivianas” consiguieron “una contundente derrota de la derecha oligárquica de Santa Cruz”.

La derecha arrinconada en su propio bastión tuvo que admitir su derrota. Las elecciones generales de diciembre de 2009 lo confirmaron: Evo ganó con un 64% de los votos. “Derrotamos en términos simbólicos a la derecha, pero también los derrotamos en el sentido de que no tenga poder político, que no tenga representación simbólica pública, aunque sigue teniendo el poder económico, la tierra, los medios de comunicación, todos esos elementos fundamentales”, dice Mamani.

Pero los festejos de esta victoria no duraron mucho, porque pronto empezó a verse que “la derecha estaba dentro del Gobierno”, según apunta Marco Gandarillas, director del Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB). “No fue tan de repente. Desde que asumió, Evo tuvo la idea de que había que saber de Estado. Decían que tuvieron que recurrir a los que saben, ser incluyentes, y por incluyentes querían decir que a los viejos políticos les dejemos una silla al lado. Es así como gente del MNR, MIR o ADN [partidos que gobernaron durante la etapa neoliberal] o del MSM [una escisión del MAS] se colaron en el Gobierno”.

Gobernando con el enemigo

Gandarillas pone como ejemplo al actual ministro de Economía, Luis Arce Catacora, un “fondomonetarista” que trabajó con Gonzalo Sánchez de Lozada y fue miembro del partido neoliberal MNR. Algunos de los más férreos opositores al Gobierno en los primeros años se han ido acercando al MAS. El caso más sonado fue el pacto, antes de las últimas elecciones entre el Gobierno, y sectores de la Unión Juvenil Cruceñista, grupo que había liderado numerosos ataques racistas en los años anteriores.

Para Juan Carlos Pinto, existe un sector “más liberal” dentro del Estado, que apuesta por demostrar que Bolivia consigue “grandes cifras económicas”, ahorro del Estado o superávit fiscal. Esta corriente fue determinante en la promulgación del decreto 748, por el que subían los hidrocarburos. “El sector económico presentó como catastrófico el hecho de no tomar este tipo de decisiones. Y no se hizo una adecuada evaluación política. Fue un mal cálculo. Porque el estómago pesa más que cualquier cosa”, apunta.

Desde la derrota de la derecha el panorama político se ha complicado para el Gobierno. “Ahora vivimos un nuevo escenario histórico, en el que la derecha es una parte de la crítica, pero desde dentro de nuestra cancha sale otra crítica, otras voces, otros hombres y mujeres diciendo ‘hermano, estás fallando: esto, esto y lo otro está mal’. En ese escenario el Gobierno de Evo Morales ya no sabe moverse”, puntualiza Pablo Mamani.

“A todos los califican de derechistas, de enemigos, de neoliberales. Esta lectura ya no sirve. El Gobierno sigue leyendo este momento de la historia igual que en los momentos de la guerra contra la derecha”, dice.

Debate sobre Evo Morales

Desde el inicio del segundo mandato, los principales conflictos no fueron, como en el primer período, con las élites del Oriente, sino con sectores de los movimientos sociales. El alejamiento de los principios originarios del proceso y “la contradicción entre lo que dice y hace el Gobierno”, según Silvia Rivera, ha colocado al Gobierno en el peor momento de sus cinco años. El futuro de Evo Morales y de todo proceso es objeto de debate continuo en todas las esferas.

“Evo tiene una gran ventaja: no tiene una alternativa política que pueda poner en riesgo su mandato ni, de momento, su reelección”, dice Soliz Rada.

Para Pablo Mamani, el Gobierno de Morales ya cumplió su rol histórico. “Ahora necesitamos otro momento y otros actores. Todavía no sabemos dónde está eso, pero ese momento será el de condensación de esta larga lucha, de las frustraciones y de los logros de hoy”, dice. Lo que nadie pone en duda es que Bolivia ya no es la misma.

Para Mamani hay razones para ser optimista: este proceso situará a la sociedad boliviana en un punto histórico muy diferente “desde donde poder mirar el mundo, el poder, la política, la economía… Yo creo que lo que la gente está pensando, lo que la gente está diciendo, lo que está soñando va mucho más allá del Gobierno de Evo Morales, al mismo tiempo que está agradecida a muchas cosas que hizo”.

Para Silvia Rivera, la principal aportación del proceso de cambio es que actúa como un “paraguas que protege de la lluvia ácida neoliberal”, permitiendo que surjan todo tipo de iniciativas, actividades y colectivos autogestionados, que generan un nuevo sentido del poder que hay en manos de la población, que permite protestar y hasta tumbar una medida como el ‘gasolinazo’. “Es el poder de la sociedad sobre el Estado”, concluye Rivera.

http://www.diagonalperiodico.net/Bolivia-entre-la-euforia-y-la.html

 

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Aguda miopía analítica de Álvaro García Linera

01/04/2011 by maestro Deja un comentario

En efecto, en “La Prensa”, del 13-03-11, García Linera juzga que estamos viviendo sólo “tensiones en el seno del pueblo”, “al interior de una familia”, ya que el proyecto político del MAS es el único que existe, debido a que el de la derecha fue derrotado, entre agosto y octubre de 2008, junto con el golpe civil de los prefectos opositores. Apenas admite que “comienzan a haber diferencias con otros sectores de la sociedad”, a las que denomina “raspaduras”. Esta visión no advierte que el retorno de las políticas neoliberales se está operando dentro del propio régimen de Evo Morales, sobre la base del respaldo que en su momento tuvieron los separatistas de la “Nación Camba” y que arrastraron a contingentes sociales de varias regiones del país.
 
En este sentido, ¿serán solo “tensiones en el seno del pueblo” el gasolinazo del 26-XII-10 y que recibió entusiasta apoyo de las petroleras? La abrogación de la medida ha terminado por desordenar la economía, ya que es sabido que “orden, más contraorden es igual a desorden”. ¿Cómo puede afirmarse que en el país existe capitalismo de Estado o socialismo comunitario si la principal empresa estratégica carece de estados contables confiables, oculta desde hace un año el monto de las reservas de hidrocarburos y desde hace cinco las auditorias a las compañías, destinadas a suscribir mejores contratos con las compañías? ¿No dijo Álvaro que sin el gasolinazo Bolivia entraba en quiebra? ¿Quiere decir que esto es precisamente lo que está ocurriendo? ¿Fue correcto suscribir el anexo del 10-XII-09, por el que YPFB se compromete a entregar gas natural al Brasil con mayor valor calórico del que establecían los antiguos contratos y que por esta razón la estatal petrolera sólo podrá usar una sexta parte del gas que se envía a San Pablo? ¿Estamos condenados a que nuestro energético se industrialice en el país vecino?
 
¿Serán sólo dificultades “al interior de una familia” el haber sufrido la infiltración del narcotráfico en el cerebro que planifica las labores de interdicción? ¿No es peor aún minimizar el hecho y afirmar que esa repartición no ocupaba un lugar esencial en el Ministerio de Gobierno? ¿No es alarmante que pueblos del agro estén siendo utilizados por los traficantes de cocaína y que según, Luís Cutipa, Director del control de la hoja milenaria”, “numerosos comunarios se han transformado en encubridores del narcotráfico? ¿Son meras “raspaduras” el haber perdido nuestra capacidad de abastecernos en gasolina, diesel y GLP e importadores de azúcar, arroz y maíz, entre otros productos? ¿Es también una superficial “lesión” el fracaso del bilateralismo en la demanda marítima con Chile y en la unilateral y gratuita utilización chilena de los manantiales del Silala, lo que ocurre desde hace más de un siglo?
 
¿No es preocupante que el Presidente Evo Morales saliera huyendo de la ciudad de Oruro, que hubiera sido fuertemente rechiflado en un encuentro de fútbol en el que participó hace pocos días (con asistencia de 30.000 personas) y que cada vez recurra a pretextos para no asistir a fiestas cívicas de los departamentos? ¿No preocupa a los burócratas las fracturas que sufren contingentes que apoyaban a Evo como el norte potosino, Caranavi o CONAMAQ, así como la oposición creciente en amplios sectores de las capas medias, maestros, cooperativistas mineros, amas de casa y gremiales? Tal vez lo peor de todo resida en que los actuales gobernantes estimen que sus amigos son los que alaban sus desaciertos y no los que hacen notar sus errores, sobre todo en el momento presente en el que el partido oficialista corre el riesgo de astillarse. En consecuencia, es prioritario evitar que los grupos desplazados con el gonismo retornen al poder, que es lo que está sucediendo de manera progresiva. Y ello sólo será posible con una autocrítica profunda y no con justificativos que agravan la situación presente.

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¿HACIA DONDE VA EL PROCESO DE CAMBIO?

23/02/2011 by maestro Deja un comentario

La medida supuestamente estaba destinada a nivelar los precios de los hidrocarburos bolivianos a los precios del mercado mundial, porque debido a los precios bajos de nuestros hidrocarburos éstos estaban destinados más al contrabando en los vecinos países que al consumo interno. Además de que el bajo precio de nuestros hidrocarburos suponía una supuesta sangría de nuestra economía, la cual para compensar el bajo precio de nuestros hidrocarburos tenía que subvencionar con muchos millones de dólares anuales.
  Inmediatamente después de la medida, los precios de los artículos básicos de consumo empezaron a subir, no sólo por la medida económica llamada ahora “gasolinazo”, sino porque este decreto había sido emitido justo entre navidad y año nuevo, fechas festivas en las cuales la demanda en el consumo de los productos básicos de la canasta familiar se incrementa naturalmente. Las protestas y medidas de descontento no se hicieron esperar. Aun en medio de los preparativos para las fiestas, la gente del pueblo, es decir, los inmediatos afectados por el alza de precios en los artículos de la canasta básica, empezaron a protestar espontáneamente. Desde las minas y Oruro empezaron a llegar noticias de que se organizaban marchas hacia la sede de gobierno y en otros lugares como Cochabamba, La Paz, Potosí y hasta Santa Cruz se organizaban cabildos para continuar organizando la protesta. En la ciudad de El Alto surgieron rápidamente marchas de protesta con consignas condenatorias ya no sólo contra el gasolinazo, sino también contra varios ministros, contra el vicepresidente y hasta el mismo presidente. Paralelamente el vicepresidente quiso, mediante reuniones con diferentes organizaciones sociales, explicar las bondades del decreto, pero poco a poco empezó a ser rechazado. Sin embargo cuando varios dirigentes de las organizaciones nacionales afines al MAS apoyaron públicamente al gasolinazo, muchos sectores de las bases empezaron a desconocerlos poco a poco. La Central Obrera Boliviana que al principio no se había pronunciado ni a favor ni en contra de la medida fue obligada por sus bases a tomar una postura condenatoria del decreto.
Cuando el presidente Evo Morales luego de su viaje al exterior quiso justificar la medida, se encontró con rechazos rotundos a sus argumentos, lo cual lo obligó a tener reuniones con muchos sectores para tener una visión más amplia de la aceptación o rechazo a la medida, y cuando se percató que el descontento estaba creciendo como una bola de nieve a nivel nacional, no sólo en el seno del pueblo, sino también entre las clases medias y hasta en el ejército donde empezó a correr el rumor del golpe de estado, tuvo que echarse para atrás y anular la medida el 31 de diciembre en la noche. Es muy posible que los rumores de que se preparaba un “cerco” indígena a La Paz y un bloqueo total de carreteras operado por los campesinos, especialmente del sector occidental, hayan influido mucho en esta decisión. Durante el anuncio de la derogación del decreto 748, el presidente Evo Morales dijo que lo hacía en cumplimiento a la promesa hecha por él cuando en aquel lejano enero del 2006 dijo que gobernaría obedeciendo al pueblo y no sirviéndose de él.
Desde el primero de enero de este año, no sólo que los precios de los productos básicos han continuado subiendo a pesar de haber sido anulado el decreto, sino que tanto funcionarios del gobierno como el vicepresidente y hasta el presidente, han señalado de modo insistente que si ahora no se pudo implementar el decreto 748, a la larga se tendrá que hacerlo, porque supuestamente no se puede seguir subvencionando el precio de la gasolina y el diesel. El problema surge cuando uno se pregunta que si el compañero presidente Evo prometió gobernar obedeciendo al pueblo, ¿por qué no consultó nunca con las bases o con el pueblo esta medida antes de tomarla? Pero lo más paradójico es que habiéndose manifestado el pueblo de diferentes maneras rechazando de modo contundente al gasolinazo, ¿por qué el Evo y su gobierno siguen empecinados en implementar esa medida sabiendo que el pueblo no está de acuerdo con ella? Esto es, ¿a quién o a qué estaría ahora obedeciendo el Evo y su gobierno?
Lo peor de todo fue el 22 de enero cuando en la celebración del primer año del Estado Plurinacional el vicepresidente y el presidente respectivamente dieron su informe a la nación. Había mucha expectativa en gran parte de la población respecto de lo que iba a decir el presidente no sólo por lo que había pasado desde la elección a gobernadores y alcaldes, sino también respecto del gasolinazo. Lo que la gente esperaba mínimamente era, si no la destitución de algunos ministros cuestionados, una autocrítica o por lo menos una reflexión en la cual el presidente iluminara con entendimiento el sentido actual del proceso de cambio y el porqué de varias medidas contradictorias operadas en el primer año del Estado Plurinacional. Pero nada de eso sucedió. El vicepresidente se puso a justificar las contradicciones internas y externas con un texto de Mao que expresaba bien a la China de ese entonces, pero que ahora tiene poco que ver con lo que está pasando en Bolivia, pues nuestras contradicciones actuales son política, económica e históricamente mucho más complejas que aquellas, porque ese texto de Mao, como muchos otros de Lenin y Trotsky son reflexiones “coyunturales” que tienen que ver más con lo que situacionalmente sucedía en ese entonces en esos países. No son reflexiones generales que se puedan aplicar mecánicamente a cualquier otra coyuntura política o histórica. Dicho de otro modo se sirvió de ese textito para decir que las contradicciones que hoy se dan en el proceso boliviano son normales y hasta naturales a cualquier otro proceso político y que por eso no hay de qué preocuparse, que en última instancia todo está bien, sino ahora, en un futuro próximo.
El presidente a su turno en vez de centrarse en el análisis de su último año de gestión que es lo que había que celebrar como primer año del Estado Plurinacional y Comunitario más allá del Estado Oligárquico, se puso a comparar toda su gestión de cinco años con las anteriores gestiones, la cual obviamente es loable, porque hubieron varios aciertos desde ese entonces, de lo cual gran parte de la población es consciente, pero, dada la situación política y económica suscitada no sólo por el gasolinazo, sino también por los varios desaciertos del último año de gestión se esperaba una reflexión al respecto del presidente que reubicara o aclarara el sentido mismo del proceso de cambio, lo cual no sucedió, ¿por qué? 
Para colmo, cuando hace pocos días la COB le planteó al Gobierno un incremento salarial que pudiera compensar el constante detrimento de la canasta familiar, no sólo que hubo un rechazo al pedido de la COB, sino que el presidente Evo dijo que la demanda salarialista de la COB era “irracional”, que por eso hasta le causaban “risa” las pretensiones salariales de los obreros, los cuales pedían un incremento del salario de hasta 8000 pesos (un poco más de mil dólares) siendo que el gobierno no contempla un incremento más allá del 8%, con lo cual el salario mínimo no llegaría ni a 800 pesos (un poco más de 100 dólares).    
 
Primera Reflexión
 
En esta reflexión (Primera de tres) no se trata de condenar hormonalmente al gobierno del compañero Evo Morales, o aalguno de sus ministros, o a su vicepresidente. No se trata de tomar partido a favor o en contra del gasolinazo, sino previamente de entender del mejor modo posible las implicaciones sociales, políticas y económicas de la medida, pero no sólo en el contexto mundial de la crisis económica, sino especialmente en el contexto histórico, político y cultural en el cual se desenvuelve nuestro propio proceso de cambio. Se trata de entender los presupuestos implícitos contenidos en el decreto, pero a su vez lo que está contenido en el descontento y rechazo de muchos sectores populares a la medida llamada gasolinazo, es decir, se trata de reflexionar en torno de aquello que está presupuesto de modo implícito en el contexto político y económico de este decreto, pero también de lo contenido en el rechazo popular al decreto.
Lo primero que habría que preguntarse es ¿por qué el decreto no lo dictamina el presidente, sino el vicepresidente? Si era una medida tan importante para la economía del país, ¿por qué justamente cuando se emite el decreto estaba el presidente en ausencia? Porque ese viaje que hizo a Venezuela no era fundamental. Si aplicar la medida era tan importante, ¿por qué se esperó hasta el quinto año de gestión?, pero lo peor de todo, ¿por qué no se consultó previamente con las bases las causas, alcances o implicaciones de la medida? ¿Por qué se elaboró la medida literalmente de espaldas al pueblo? ¿Por qué hacerlo justo en medio de dos fiestas anuales (navidad y año nuevo) en las cuales todo el país participa desde el más pobre al más rico? Y lo más grave aún, ¿era la única medida que se iba a lanzar o era ese decreto parte de todo un paquete? Porque quienes habían elaborado el decreto sabían o habían calculado que iban a haber reacciones sociales, económicas y políticas al decreto este, pero nunca calcularon el tipo de reacción que hubo, porque la “razón calculadora” calcula en base a números, matemáticamente, o sea irrealmente, pero no en base a la política, es decir no en base a “la realidad” histórica o cultural en la cual se emite tal o cual medida.
Ahora sabemos, porque lo hemos visto en el devenir de los acontecimientos, que el “cálculo político” que se hizo para emitir el decreto fue pésimo, porque éste no supo calcular bien las consecuencias económicas, políticas y sociales de esa medida. La “razón calculadora” con la cual se elaboró y aplicó el decreto, se nota que fue meramente técnica, teórica -en el pésimo sentido de la palabra-, sin ningún tipo de conciencia política o económica, muchos menos popular. Durante los días siguientes al decreto mucha gente se preguntaba quién o quiénes habrían elaborado el decreto ley, si el vicepresidente, si el ministro de economía, o si la ministra de planificación, porque se notaba que no lo había hecho el presidente. Se nota bien que quienes elaboraron la medida tienen en sus cabezas bien metida y bien presente, como única, “la realidad” que el mercado capitalista y neoliberal ha producido en la segunda mitad del siglo XX, es decir, se nota que quienes han elaborado el decreto (los cuales más parecen Harvard boy’s, que gente comprometida con este proceso) “creen” que “la realidad” económica que ha producido este capitalismo neoliberal es la única posible, y que más allá de ella no se puede ir ni producir otro tipo de realidad y que por eso hay que someterse nomás al imperio de las leyes del mercado.
Muchos de los argumentos de varios funcionarios del gobierno que han justificado la medida y hasta del propio presidente giran en torno de que el precio del petróleo no lo ponen ellos, sino el mercado mundial, lo cual es cierto, pero, sólo en parte. Porque da la casualidad que una medida económica como ésta, no está hecha solamente bajo la presión de los precios del mercado, sino que es parte de toda una visión de la economía nacional y mundial, es decir, no basta con pensar o creer que porque el precio del petróleo a nivel mundial es tal o cual, entonces, todas las economías si quieren tener su economía balanceada deben adecuarse a los precios del mercado mundial (porque hay muchos países que subvencionan no sólo la gasolina, sino también muchos otros productos independientemente del precio del mercado mundial), sino que aparte de ello hay que tener la visión que el mercado mundial quiere que las economías locales tengan y además de ello, creer que es la única visión realista, verdadera y objetiva que hay, que más allá de eso cualquier otra visión de la economía local o mundial es falsa, irreal y utópica.
Si el nuevo Estado boliviano en su nueva carta magna se hubiese declarado como estado capitalista y moderno, no habría ningún problema, porque este tipo de medidas y decretos (como el 748) sería congruente y consecuente con nuestra constitución, pero da la casualidad que el Estado que acabamos de conmemorar su primer año de existencia dice que aparte de ser unitario social y de derecho, es Plurinacional y Comunitario. Pero además el compañero, hermano y presidente Evo ha dicho reiteradamente que el mal de todos los pueblos pobres del planeta es el capitalismo, el cual atenta no sólo contra los pobres del mundo, sino también contra la naturaleza y que por eso la solución a nuestros problemas sería el socialismo, lo cual en parte es también cierto. Si esto es así, ¿por qué entonces su gobierno persiste en desplegar medidas económicas de corte ya no sólo capitalista, sino inclusive neoliberal? En última instancia el problema no es tanto adoptar tal o cual medida económica de corte capitalista, para solucionar tal o cual problema económico, sino, lo que ello implica, es decir, las consecuencias que ello trae o acarrea a la economía nuestra y a la nación toda, de lo cual parece no darse cuenta nadie en el gobierno. Porque así como no es nomás producir mercancía capitalista, tampoco es nomás aplicar medidas económicas de corte capitalista para solucionar problemas económicos de un país como el nuestro. Todo esto tiene sus consecuencias.
En este tipo de casos volver al viejo Marx, es decir, al Marx maduro se torna inevitable para entender de mejor modo qué es lo que le pasa a un país como el nuestro cuando decide tener como imagen de lo que quiere ser a uno de tipo capitalista y en este caso a un país moderno como los de primer mundo. Porque eso es lo que pasa cuando los funcionarios del gobierno asumen ingenuamente como indicadores “reales o verdaderos” para medir o cuantificar nuestra economía, no sólo los indicadores de la teoría económica moderna, sino, los indicadores elaborados por las instituciones financieras mundiales, causantes no sólo del desequilibrio económico mundial, sino también de nuestra pobreza, como son los indicadores económicos elaborados por el FMI o el BM, sobre los cuales también han elaborado sus indicadores instituciones regionales como el BID y la CAF. Porque estos indicadores han servido y sirven para cualificar como buenas o malas, economías capitalistas en sentido estricto, es decir, para medir y ver en qué medida una economía nacional está acorde a los criterios del mercado mundial, el cual está hecho para proteger no sólo al capital financiero, sino también a las empresas transnacionales y la banca mundial. Qué casualidad que justo cuando varios organismos económicos mundiales alababan nuestra “macro economía”, nos sucede todo este desbarajuste.
Dicho de otro modo, cuando una economía local toma como criterio de evaluación, para saber si está bien o mal, este tipo de indicadores, lo que está haciendo es verse a sí misma con el espejo que proyecta este tipo de economía y cuando tal o cual economía local aparece como buena respecto de este tipo de indicadores, entonces se dice que una economía está sana, robusta o idónea, porque los números así lo indican, aunque la población local esté miserable económicamente hablando. Porque el criterio de evaluación no es el hambre o bienestar del pueblo, sino las instituciones financieras mundiales, a las cuales no les interesan los pueblos, ni mucho menos la madre naturaleza, sino la salud de las finanzas de las empresas transnacionales, de la banca privada y del capital financiero. De hecho el marco categorial de la economía moderna está hecho para hacer inteligible solamente esta dimensión de la realidad y nada más, por eso calcula sólo costos y beneficios entre las ganancias y las pérdidas. Por ello es una economía sin rostro humano y por eso mismo en el neoliberalismo el capitalismo aparece con rostro salvaje. Por eso se entiende que de haber nacido “la crítica” de la economía burguesa como “Economía Política” que trata de la producción y reproducción de “la vida” de los pueblos, países y naciones, ahora haya devenido la economía en una literal “ciencia de los negocios capitalistas” y nada más.
Pero para una economía o un país como el nuestro esto no es lo más grave, lo grave es que quienes dicen o afirman que quieren sacar de la miseria a nuestro país tengan como única esta visión de la economía, esto es lo grave. Porque el problema entonces ya no es de objetividad, o sea de una realidad puesta enfrente nuestro contra la cual queremos luchar, como la de los precios del mercado mundial, sino que ahora el problema es subjetivo, es decir, la visión que la economía capitalista produjo durante este tiempo, se impuso de tal modo en nuestras realidades, que ahora es parte de la subjetividad, o sea de la conciencia, la comprensión y cosmovisión de nuestros ministros y funcionarios del Estado Plurinacional, porque esta visión está puesta y enquistada en la interioridad de estos. Esto quiere decir queahora ya no es necesario que la embajada norteamericana o el FMI estén monitoreando las medidas económicas que nuestros burócratas quieren implementar, sino que ahora nuestros mismos ministros y funcionarios, sin necesidad de este control “colonial”, ahora lo pueden hacer tan bien como los del Fondo Monetario o los de la embajada gringa lo habrían querido hacer, pero lo peor de todo es que ahora lo pueden hacer, hasta con presidente indio. Porque desde hace tiempo que poco a poco el presidente Evo Morales, ha ido asumiendo como propia o verdadera, “la realidad” que sus ministros le han enseñado y mostrado con muchos cuadros y estadísticas, que es la misma realidad que muestran los indicadores de las grandes instituciones financieras y de las ONG’s afiliadas a éstas y que estos ministros y funcionarios han aprendido no sólo en universidades extranjeras, sino inclusive en las nuestras, no sólo en la UMSA, sino también en la Universidad Católica donde se enseña en vez de la doctrina social de la iglesia, o la palabra de Dios, el modelo neoliberal como si fuese el nuevo evangelio, como si fuese en sí mismo verdadero, objetivo y real, cuando en realidad este modelo es uno de los más ideológicos que se han producido en la historia de la economía moderna.
¿Qué queremos decir con esto? Que la “colonialidad” de la racionalidad económica moderna, ahora está muy bien metida en la subjetividad de varios, sino de todos los funcionarios del nuevo Estado Plurinacional, el cual parece que se está recolonizando, pero ahora vía “racionalidad” de la economía moderna. Si bien es cierto que el MAS y el gobierno cuasi derrotaron políticamente a la oligarquía boliviana, económicamente este proceso está empezando a ser derrotado, pero no por esta oligarquía, sino por el modelo económico que el capitalismo mundial sigue imponiendo a toda economía débil o en vías de desarrollo capitalista como la nuestra. 
No sólo el capitalismo, sino especialmente el modelo neoliberal está diseñado y desarrollado sobre la base de muchos presupuestos implícitos de los cuales si no se es consciente, es muy fácil caer o recaer en ellos. Uno de esos prejuicios muy difundidos, que de modo sistemático se ha impuesto casi en todo el mundo, es el relativo a las inversiones, que sin dinero, o sea sin capital, poco o nada se puede hacer para producir desarrollo. Otro de esos prejuicios afirma que la única forma de desarrollar y modernizar a un país es por medio de la industrialización. Pero también que sin la ciencia y la tecnología modernas es imposible el desarrollo industrial de un país, etc., etc., etc. (Marx refiriéndose al primer prejuicio decía que para el burgués el capital lo es todo y el trabajo nada, porque para el burgués si no fuera por el capital estaríamos todavía en la edad de piedra. En cambio Marx demuestra en “El Capital”, que sin el trabajo no hay capital, que si no fuera por el trabajo humano y la naturaleza no habría nada, ni capital. A su vez demuestra que la industrialización capitalista es una forma de industrialización posible y nada más, no es la única, y que la ciencia y la tecnología modernas han sido desarrolladas desde la perspectiva de los intereses del capitalismo, esto es, no es ciencia en sentido estricto, sino una ciencia comprometida ideológicamente con los intereses y visión del capitalismo moderno, pero, que es posible desarrollar otro tipo de ciencia y tecnología no capitalista).
Sobre la base de estos prejuicios muchos funcionarios de varios ministerios están recurriendo como única forma de hacer gestión a los préstamos y la cooperación internacional. Lo grave del asunto es que los organismos internacionales incluyendo a las ONG’s invierten, financian o prestan dinero sólo para proyectos que no contradigan el régimen capitalista neoliberal, es más, prestan dinero o financian capitales sólo para proyectos en los cuales el orden económico mundial esté no sólo asegurado como institución, sino para que el orden económico mundial se siga manteniendo, esto es, para que los países ricos sigan siendo ricos y los países pobres sigan siendo pobres.  
Lo cual quiere decir que ya no basta con no seguir las recetas del FMI o del BM para evitar caer en su modelo, sino que aparte de ello hay que tomar serias distancias de sus criterios de medición y evaluación, porque éstas están diseñadas para evaluar a países que se comportan al modo capitalista. Si cualquier país quiere producir otra forma o tipo de desarrollo y para evaluarse a sí mismo toma como criterios de discernimiento a los indicadores del desarrollo capitalista producido no sólo por su economía, sino especialmente por sus instituciones, lo único que va a hacer es desarrollarse y crecer de acuerdo a la imagen y semejanza que proyectan no sólo las instituciones económico financieras internacionales, sino también de acuerdo a la concepción de economía presupuesta en el marco categorial del pensamiento económico moderno, el cual es por constitución capitalista y ahora neoliberal.
Dicho de otro modo, si el gobierno del presidente Evo Morales asume como propios, como buenos, racionales o correctos los indicadores de crecimiento económico que tienen los organismos internacionales, lo que estará haciendo en última instancia será conducir nuestro desarrollo o proceso de cambio de acuerdo a la imagen y semejanza de un país capitalista. Si esto es así, entonces ahora se entendería por qué las finanzas macro del país estarían bien, o sea saludables, pero la economía popular como siempre, mal. Porque a los organismos internacionales no les interesa que el pueblo o las economías populares estén bien, lo que les interesa es que las cuentas nacionales estén acordes y en equilibrio con las finanzas o banca internacional, que las economías nacionales estén pagando sus deudas, intereses y empréstitos. Y por eso mismo últimamente han estado celebrando el que Bolivia haya saneado su economía y esté pagando puntualmente sus deudas y que además de ello se siga endeudando para seguir pagando intereses a la banca internacional y al capital financiero. Intereses que en última instancia no los ponen los países deudores, sino que los imponela banca internacional, es decir, el capital financiero, o sea los mandamases del mercando mundial.
Pero lo peor de todo es aquello que implica o conlleva haber asumido como propios los criterios de evaluación de los organismos económicos internacionales. Así como el consumo de la mercancía capitalista “presupone” en última instancia toda la producción capitalista y por eso nos conduce a ella, haber implementado en la reorganización económica del país criterios estrictamente capitalistas está reconduciendo ahora nuestra economía hacia la forma de producción capitalista, es decir a producir y reproducir en nuestras relaciones económicas y sociales, lo que siempre hemos criticado y querido superar. Es cierto que Bolivia ya estaba inmersa en relaciones capitalistas desde que nació, pero, no toda nuestra economía, sino una parte de ella. Es decir, una parte de la nación era capitalista, en cambio otra parte, la mayoritaria, en la cual estaban y siguen estando muchas otras naciones, no. Por eso éramos y somos un Estado plurinacional, en el cual conviven no sólo naciones, sino economías, es decir, concepciones de la economía que son radicalmente distintas de la economía moderna, la cual por constitución aspira a dominar y hacer desaparecer estas otras economías. Como decía Zavaleta, Bolivia nunca fue una sociedad capitalista in toto, sino sólo en parte. Esto querría decir que, la famosa revolución democrático-cultural con la cual nació este proceso, ahora se estaría convirtiendo en otra forma de “reforma económica” que implicaría una vuelta a la normalidad de los gobiernos oligárquicos, es decir, una re-forma, o sea una vuelta a la forma de la economía moderna, la cual es capitalista. Solo así se podría entender no sólo por qué el gobierno del Evo sigue empecinado en subir el precio de la gasolina, si no ahora, por lo menos en dos años como acaba de decir uno de sus senadores. Pero no sólo eso, el decreto de alza del precio del azúcar en un casi 40% tendría el mismo sentido que el intento del alza del precio de la gasolina y el diesel, es decir, ahora el Estado boliviano ya no es más soberano en la dictaminación de susprecios, sino que ahora nuestro Estado ha elegido por sí mismo someterse al imperio de las leyes del mercado. Si antes Bolivia era colonia gringa, ahora nos habríamos liberado de ese amo para someternos a otro mucho más sofisticado llamado ahora “mercado mundial”, pero ya no por imposición física o colonialista, sino que ahora por opción o elección racional, porque cuando se piensa o se cree que la “racionalidad del mercado” es la única “racional”, las demandas populares como el incremento salarial aparecen ahora como “irracionales”, porque están en contra de la racionalidad del “mercado capitalista”, el cual tampoco es el único como también lo muestra Marx. Pareciera que el compañero y hermano presidente Evo hasta ahora no ha comprendido que la “racionalidad” de la producción y reproducción de la vida de los pueblos y la naturaleza, está en literal contradicción con la “racionalidad” de la economía del sistema-mercado-mundo-capitalista. Porque vista desde la perspectiva de la racionalidad del mercado, siempre las demandas populares van a aparecer como “irracionales”, en cambio visto desde la “racionalidad” de la producción y reproducción de la vida de las comunidades, pueblos y naturaleza, la racionalidad económica de este mercado, es, irracional.
Ahora bien ¿cuáles serían las consecuencias políticas de la adopción de la racionalidad y la perspectiva del mercado mundial en la implementaciónde tales medidas económicas? Estas consecuencias son las que estuvimos viendo todo el 2010, en sentido estricto inmediatamente después del gran triunfo electoral de diciembre del 2009. El lento, constante y paulatino abandono del Evo respecto de las bases y del pueblo en general en la discusión o consulta de decisiones. La separación de las instituciones gubernamentales de su conexión con las bases en la toma de decisiones, y a su vez, el lento y paulatino acercamiento del gobierno hacia los sectores empresariales, y los organismos internacionales afines a estos. Porque y es muy lógico que, si la visión del gobierno ahora es la que tienen los organismos económicos internacionales (la cual tiene el Evo a través de sus ministros y funcionarios, los que han sido a su vez funcionarios de varias instituciones creadas durante los gobiernos neoliberales y ONG’s ligadas a capitales transnacionales), la visión que tienen nuestros pueblos originarios y campesinos de la economía, la política y la cultura, ahora estaría demás, es más, ahora sería como un lastre y hasta un obstáculo que habría que superar en el tiempo más breve posible, porque la visión que de la economía y la realidad tienen éstos, no sólo que no sería moderna, sino que aparte de ser anticuada y obsoleta, no sería en absoluto viable ni racional, por eso mismo hasta causaría risa.
Sólo así se entiende por qué entre los ministros, viceministros y funcionarios de este gobierno haya gente eurocéntrica y colonizada que hasta se mofa en público de las costumbres y prácticas ancestrales de nuestros pueblos. No es uno sino varios los funcionarios que abiertamente se mofan y hacen la burla de los ponchos y polleras de gente de nuestro pueblo cuando ingresan a las oficinas gubernamentales a intentar debatir o enterarse de tal o cual medida o proyecto. Lo mismo sucede cuando en afiches, gigantografías o publicidad en general se quieren introducir elementos autóctonos, el rechazo hacia esta nueva visión por parte de muchos funcionarios gubernamentales es casi unánime. En este contexto no es casual entonces que el Evo haya dicho una vez que últimamente los movimientos sociales le hacen perder el tiempo. Ahora ya no parece tan ilógico que el presidente Evo haya empezado su mandato en el aquel lejano 2006 diciendo que quería gobernar obedeciendo a este pueblo ancestral que dice representar y que ahora diga que ha comprendido en este tiempo que la labor de un presidente es hacer buenos “negocios” para su país. El problema es que con la adopción de medidas económicas de corte capitalista, poco a poco se está viendo que quiense estábeneficiando realmente con estos negocios no es el pueblo, sino las empresas. No es casual que ahora muchas empresas transnacionales sigan ganando y el pueblo que debiera ser el primer ganador siga perdiendo hasta su poder adquisitivo.
Dicho de otro modo, si la visión que ahora tiene el Evo y sus ministros de la economía y de lo que debiera ser un Estado moderno, es la misma visión que tienen los organismos internacionales, entonces ahora se entiende por qué el Evo prefiere escuchar más a los técnicos o “especialistas” de la economía moderna y no así a los dirigentes de las organizaciones de campesinos, trabajadores y pueblos originarios, mucho menos a la gente sencilla del pueblo. Porque desde la perspectiva de la economía, la cultura y el conocimiento del mundo moderno, sólo los especialistas formados en los grandes centros académicos de primer mundo entienden de estadísticas, de economía y finanzas modernas, pero no así el pueblo, el cual supuestamente lo único que sabe es pedir, reclamar o protestar, porque de gobernar, no sabría nada. Por ello ahora la racionalidad estaría en los pasillos del palacio, los ministerios y la vicepresidencia, pero en cambio en el pueblo o en aquellos que protestan, estaría la irracionalidad. Por eso también se entiende ahora que el mismo presidente Evo haya dicho que por el momento el pueblo boliviano no está preparado para “entender” el gasolinazo, pero que en un futuro sí lo estará. Porque desde la perspectiva del Estado Moderno, el Estado como “sujeto” de la política y el poder, es quien entiende bien estos problemas, en cambio el pueblo, no, porque en última instancia es objeto y no sujeto de este proceso de cambio. Frente a un panorama como este ¿Qué hacer entonces?
 
Transición hacia la segunda reflexión
 
No todo proceso de cambio es en sí mismo revolucionario, como proceso de cambio puede tener muchos otros sentidos, como el ser un proceso de transformación, o de reforma, pero también de retroceso o retorno a lo mismo que se quería superar. Si esto es así ¿cómo podríamos evaluar a nuestro proceso de cambio? ¿Con qué criterios saber o entender que lo que estamos produciendo es sino una revolución, por lo menos un proceso real de cambio? Como ya dijimos, la imagen que de país, nación o Estado proyectan los organismos internacionales o países capitalistas de primer mundo ya “no nos sirve”, porque en esa imagen de país está reflejado exactamente lo que no queremos hacer con el nuestro. No es que no queramos producir o tener riqueza, carreteras, aviones, aeropuertos, tecnología o industria como la de primer mundo, sino que, lo que no queremos es producir y reproducir las consecuencias que ello implica, porque ya sabemos y es lo que hemos padecido durante estos 500 años, que lograr esa riqueza es posible solamente a costa de la explotación inmisericorde de la naturaleza y del trabajo humano.
Desarrollar nuestra industria gasífera o petrolera no implica solamente cavar pozos de extracción para obtener ya sea el gas o el petróleo, sino que ello implica desequilibrar, poner en crisis y hasta destruir no sólo una parte del escaso equilibrio ecológico que hay en las zonas ubicadas para ello, pero también implica destruir la forma de vida de los pueblos y naciones que viven desde hace milenios en esas zonas. Implica lo que a lo largo de todo “El Capital” Marx describe: la destrucción sistemática de toda forma de vida comunitaria, es decir que, desarrollar nuestra ciencia, industria o tecnología a la moderna, o sea de acuerdo al modo cómo los países del llamado primer mundo (en explotación y robo diríamos nosotros) se han desarrollado, implicaría hacer lo mismo que ellos han hecho y siguen haciendo, destruir otras formas de vida distintas a la forma de la sociedad moderna, como las formas comunitarias de vida por ejemplo, pero a su vez, seguir destruyendo y explotando a la naturaleza.
Pero lo peor de todo, es que ello implicaría tener que seguir explotando, o sea robando, la mano de obra y el salario sino de otros pobres, en última instancia de los nuestros. Porque la riqueza de primer mundo es impensable sin la sistemática y constante explotación y robo del trabajo y la riqueza de los trabajadores de países pobres. El orden económico mundial está hecho para eso, para que los países de primer mundo tengan a quien explotar económica y culturalmente para poder tener ellos el tipo de vida que tienen. Por eso hablamos de la constante y sistemática transferencia de capital y plusvalor a países de primer mundo por parte de los nuestros. Las leyes económicas del mercado capitalistaestán hechas para eso y todo el sistema jurídico moderno está hecho para amparar legalmente todo este robo, de tal modo que la explotación y el robo aparezcan como algo sumamente legal, o sea limpio. En este sentido, creer o querer que nuestra economía y desarrollo se desarrolle respetando esas leyes perversas que el capitalismo y la modernidad han desarrollado, sería en última instancia estar de acuerdo con este tipo de “desorden” mundial que ha producido la globalización neoliberal.
Pero necesitamos desarrollar nuestra propia economía y cultura e historia, pero ya sabemos que no podemos hacerlo de acuerdo a la imagen o criterio que proyectan no sólo la modernidad, sino también las instituciones capitalistas y modernas por ella producidas. ¿De dónde entonces tomamos el criterio o imagen para poder evaluar nuestro proceso de cambio de tal modo que él se transforme en proceso revolucionario y no en un simple proceso de cambio queparezca más a una reforma que a una verdaderatransformación?
 
Juan José Bautista S.
Autor de Crítica de la Razón Boliviana
3era. Edición. Rincón Ediciones, La Paz – Bolivia. 2010.
[email protected]

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Deslindes históricos y políticos. Diferencias con la izquierda tradicional

10/02/2011 by maestro Deja un comentario

A pesar que la guerra anticolonial comienza temprano, durante el siglo XVIII. Incluso se rastrean en las investigaciones históricas levantamientos anteriores. La izquierda aparece de dos maneras, como organizaciones y sindicatos, pero también como difusión discursiva. Esto ocurre sobre todo después de la guerra del Chaco, aunque hubo organizaciones sociales de defensa de los trabajadores y formaciones discursivas interpeladoras del capitalismo antes de la guerra del Chaco; se puede seguir esta historia interpeladora de los trabajadores y del pensamiento radical liberal desde los comienzos mismos del siglo XX. Bajo este contexto y teniendo en cuenta estas consideraciones, se puede decir que las primeras organizaciones tuvieron una influencia anarquista; fue después, cuando se formaron los sindicatos obreros, prioritariamente mineros, que se cuenta con influencia marxista. Dos son las corrientes que van a tener una influencia condicionante en los sindicatos mineros y en las organizaciones matrices de los trabajadores; una es la corriente estalinista y la otra es la corriente troskysta, ambas terminan formando los conocidos partidos marxistas bolivianos.

No vamos a comenzar cronológicamente sino por la vinculación oficial con la tercera y la cuarta internacional; vamos a comenzar entonces con el Partido Comunista (PC), fundado en 1950 con la participación de Sergio Almaráz Paz; el PC tiene el antecedente orgánico en el Partido de Izquierda Revolucionario (PIR), fundado en 1940, donde militaba precisamente Sergio Almaraz como participante de la juventud y dirigente de la célula Lenin 1 . Entre 1964 y 1966 se produce una tensa discusión al interior del PC, que termina dividiéndose entre una tendencia “pro-Moscú” y otra “pro-Pekín”; esta segunda tendencia asume el nombre de Partido Comunista Marxista-Leninista, para diferenciarse del Partido Comunista de Bolivia (PCB). El PC-ML se funda en 1965 en un Congreso extraordinario realizado en el centro minero de Siglo XX; la fundación y el tiempo previo de la fundación va estar impregnado de un debate significativo sobre la caracterización de la revolución de 1952, del proceso en curso y del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR); también sobre las opuestas interpretaciones del X X Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), que inicia una conducción aparentemente distinta a la deIósif Vissariónovich Dzhugashvili , más conocido como Stalin, desmarcándose de su métodos y de su concepción política, procesando incluso al stalinismo. El PC-ML inicia su vida criticando el revisionismo del periodo de Jruschov y el seguidismo de la dirección del PC respecto al gobierno del MNR. La participación del PC en la guerrilla del Che fue altamente cuestionada; se incorpora en la misma la juventud del partido 2 , empero el partido mismo termina distanciándose de la guerrilla por diferencias políticas, particularmente las que tienen que ver con la conducción y dirección de la guerrilla en Bolivia. Se dice que una vez que es rechazada la petición del Secretario General del PC, Mario Monje, de ser nombrado comandante del guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, el partido le quita el apoyo logístico a la guerrilla, sin embargo, el partido cumple un papel importante para la salida hacia Chile de los sobrevivientes de la guerrilla, concretamente del grupo de Harry Villegas Tamayo, alias Pombo 3 .

Continuamos con el vínculo orgánico a la cuarta internacional, hablamos del Partido Obrero Revolucionario (POR), se funda cinco años antes que el PIR, en 1935. El POR va tener incidencia en la ideología del proletariado minero y también va irradiar con sus tesis de transición al resto de los trabajadores aglutinados en la COB. Se trata, desde mi punto de vista, de la construcción de un marxismo de guardatojo, un marxismo del proletariado minero, formación discursiva en la cual se siente el olor y la lucidez oscura de los socavones. Guillermo Lora en un escrito titulado La verdadera fecha de fundación dice que:

Delegados, o mejor dirigentes, de la Izquierda Boliviana y del Grupo Tupac Amaru se reunieron en el llamado Congreso de Córdoba (Argentina) y que dio nacimiento al Partido Obrero Revolucionario. El acontecimiento tuvo lugar en junio de 19354.

Un poco más abajo menciona quienes asistieron al Congreso constituyente del partido:

Al Congreso Constituyente asistieron José Aguirre, Marof, Valencia, Esteban Rey. Adalberto Valdivia Rolón proporciona el dato curioso de que estuvo en dicha reunión el paraguayo Oscar Creydt, que cobró fama como intransigente stalinista. Valdivia Rolón, a nombre de los Exiliados del Perú, se apresuró a sumarse al nuevo Partido, como se desprende de su carta remitida a los dirigentes de la Unión de Exiliados de Buenos Aires, que sufría la poderosa presión del stalinismo.

La historia de estas corrientes y estos partidos se entrelaza profundamente con la historia de las luchas del proletariado boliviano. La Tesis de Pulacayo expresa fehacientemente las formas de este entrelazamiento; la tesis fue aprobada en el Congreso de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), reunido en Noviembre de 1946 en la localidad de Pulacayo; la tesis fue propuesta por la delegación de Llallagua. Se puede decir que La Tesis está basada en el Programa de Transición con el que fue fundada la Cuarta Internacional en 1938, adoptando también la teoría de la Revolución Permanente de León Trotsky, la misma que establece que en los países atrasados le corresponde al proletariado, a la cabeza de la nación oprimida, encabezar la lucha por la liberación nacional, realizar las tareas democráticas e iniciar la revolución socialista. Después esta tesis se convierte prácticamente en la tesis de la Central Obrera Boliviana; el IV Congreso de la COB ratifica las tesis en mayo de 1970, como preludio a lo que va a ser la Asamblea Popular, conformada en 1971. Quizás la Asamblea Popular fue la experiencia más significativa del proyecto político obrerista, del proyecto del proletariado, aglutinado y organizado en la COB. Podemos configurar un proceso acumulativo desde 1944, cuando se conforma la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB ) hasta la experiencia política de la Asamblea Popular de 1971. Después de la derrota del proyecto y de la caída del gobierno del General Juan José Torrez por el golpe de Estado cruento encabezado por el General Hugo Banzer Suarez, el proyecto político obrerista va a sufrir una crisis ocasionándose una fragmentación y dispersión orgánica, sobre todo en la corriente trotskista, constituida en el POR. La mayoría de izquierda, entre la que se encontraba el PC, va a buscar otras estrategias, más bien de carácter electoral, conformando un frente amplio como el de la Unidad Democrática y Popular (UDP), dejando a los grupos radicales al margen de la iniciativa política dominante. Estos grupos radicales quedan circunscritos dentro el espacio de la COB, una COB que ya muestra los primeros síntomas del debilitamiento de su convocatoria y de lo que se puede considerar hipotéticamente y con cierta relatividad del poder dual, que había sido una característica del ejercicio de su fuerza y su influencia política.

Con la caída de la UDP se terminan de cerrar las dos puertas intentadas por la izquierda tradicional, la insurreccional y la democrática. Aunque también hay que mencionar otras puertas, una de ellas tiene que ver con el proyecto gerrillero; al respecto hay que anotar que todos los intentos guerrilleros no terminan de prosperar, comenzando con la guerrilla del ELN, dirigida por el Che Guevara, continuando con la guerrilla de Teoponte, incluyendo incluso los incipientes brotes conculcados casi en el nacimiento mismo, como son el brote de guerrilla urbana del grupo Zarate Willka, también del ELN-CNPZ, además de contar con el proyecto de guerrilla indígena del Ejército Gerrillero Tupac Katari. Aunque estos tres últimos brotes ya no tengan que ver con la izquierda tradicional, sino más bien con los perfiles de una nueva izquierda, por esa combinación sugerente entre marxismo e indianismo, los mencionamos por lo que respecta al decurso del proyecto guerrillero en Bolivia.

Sin embargo es indispensable mencionar lo que ocurre con los partidos socialistas, particularmente el Partido Socialista Uno (PS1), liderado por Marcelo Quiroga Santa Cruz, insigne intelectual crítico, defensor de los recursos naturales, convertido en militante socialista. Este partido aparece interpelando a las dictaduras militares, sobre todo en el juicio de responsabilidades al General Hugo Banzer, juzgando también a la burguesía intermediaria, interpela también a la UDP por no contar con un programa de nacionalizaciones, que es con lo que cuenta el PS1, buscando constituirse en una nueva opción en el escenario político dibujado por la izquierda boliviana. Interesa retomar este breve experiencia del partido socialista sobre todo para dejar pendiente la pregunta de si el Movimiento al Socialismo (MAS) retoma algo de la huella dejada por el socialismo de entonces. Está claro que el MAS forma parte de la nueva izquierda, mas bien ligada a los movimientos sociales que a la forma de organización de partido, sin embargo es menester evaluar la posibilidad de que también sea una bisagra entre dos horizontes temporales políticos.

Lo que viene en adelante es una gran crisis de la izquierda, dejando un vacío político por parte del sujeto de esta gesta revolucionaria, por un lado, y reformista, por otro; hablamos del sujeto obrero. El proyecto socialista se queda sin sujeto y el país se queda sin proyecto socialista. Sobre todo esto se hace patente con el fracaso de la marcha por la vida de los trabajadores mineros y de la COB (1986), que intentan detener la relocalización, el cierre de centros mineros y la marcha desbocada hacia la privatización. Esto se da en un contexto también adverso para la izquierda internacional, la crisis y el derrumbe de los Estados socialistas de la Europa oriental, la crisis ideológica, el vacío político generalizado y la ofensiva del proyecto neoliberal a escala mundial. Después del retiro descomunal de la centralidad minera, el proyecto hegemónico proletario se derrumba, las clases desposeídas quedan inermes ante la avalancha neoliberal. Sin embargo, este vacío político va a ser llenado por otro sujeto, el sujeto indígena, que retoma la bandera anticolonial y el proyecto descolonizador, proyectando sus reivindicaciones territoriales y culturales en sentido anticapitalista. Articula la reconstitución a la lucha anticapitalista, reivindica el territorio indígena y se enfrenta a la expansión ganadera y agrícola, de las haciendas, se enfrenta a las concesiones madereras, al monopolio de la tierra y a los grandes latifundios, también se enfrenta a un Estado y a una sociedad discriminadoras. Reivindica sus lenguas, sus culturas, sus territorios, sus instituciones, sus normas y procedimientos, sus autogobiernos y libre determinación. La lucha indígena termina involucrándose en la lucha contra el proyecto neoliberal, las privatizaciones, las desposesiones, los despojamientos, las suspensiones de derechos, contra el imperio del discurso del mercado absoluto. De este modo las organizaciones indígenas terminan aliándose a las luchas por la tierra de los campesinos, a la lucha de los trabajadores en contra la suspensión de sus derechos, a la lucha de las clases populares en contra las privatizaciones y capitalizaciones, reivindicando también el derecho a las nacionalizaciones, en el contexto de un proyecto plural, multitudinario, de alianzas dinámicas, de formas de organización móviles y de base, iniciando un proyecto constituyente de los movimientos sociales y de las naciones y pueblos indígenas originarios. Esta proyección del sujeto indígena tiene su acumulación de fuerzas, su proceso ascendente, sus grandes victorias políticas durante el ciclo de movimientos sociales de 2000 al 2005, derrotando al modelo neoliberal, poniendo en evidencia la crisis múltiple del Estado, acabando con el monopolio político de la clase política, abriendo la gran oportunidad para un proceso constituyente descolonizador. Todo el proyecto se expresa dramáticamente en la Asamblea Constituyente, se plasma en texto escrito colectivamente, aprobado en varias instancias, en la Asamblea Constituyente, en el Congreso, declarado Constitucional y, lo más importante, por el pueblo en el referéndum constituyente. Se puede decir que es la primera vez que un proyecto político, con características indígenas y populares, llega al poder, accede al gobierno, e intenta transformaciones estructurales. Esto no había ocurrido con el proyecto obrerista; éste no logró ser hegemónico, tampoco logró resolver el problema del poder en el campo de las fuerzas concurrentes. Ahora bien, son varios aspectos que diferencian a este nuevo proyecto anticapitalista y anticolonial del proyecto de la izquierda tradicional, incluyendo el triunfo político y la hegemonía lograda por los movimientos sociales y naciones y pueblos indígenas originarios. Estas diferencias deben interpretarse a partir de la comprensión de la constitución diferencial de sujetos; el sujeto obrero si bien logra centralidad, la centralidad minera, y ejercer el poder dual, en determinadas circunstancias, no logra ser un sujeto irradiante en toda la sociedad ni logra, como dijimos, construir una hegemonía. El sujeto indígena en realidad atraviesa toda la sociedad por la composición de la población, mayoritariamente indígena; en esta condición logra interpretar mejor la complejidad de una formación social abigarrada, replanteando la lucha anticapitalista desde la perspectiva de la guerra anticolonial. Abriéndose a formas altamente participativas en las formas de convocatoria y en las formas organizacionales, horizontalizando los mandos y las decisiones, desplegando proyecciones autogestionarias y de autogobiernos. La irrupción desde abajo, de los de abajo, de la plebe, se hace incontenible, interpeladora y trastrocadora. Se abre un nuevo horizonte histórico político, el del Estado plurinacional comunitario y autonómico, pero también se enfrentan viejos y nuevos desafíos. ¿Cómo fundar el Estado plurinacional? ¿Cómo efectuar las transformaciones institucionales, económicas, sociales y culturales, en la perspectiva de un modelo alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo? Pero también, ¿cómo escapar de las sedimentadas lógicas y prácticas de poder? ¿Cómo evitar que el poder te tome en vez de que tomes el poder? ¿Cómo salir efectivamente de las órbitas del Estado-nación, de la forma liberal del Estado colonial? Estos desafíos y estos problemas no terminan de resolverse ni de asumirse. El proyecto descolonizador y anticapitalista se encuentra en disyunciones y encrucijadas. El poder sortear las mismas va a depender nuevamente de la capacidad de convocatoria y de movilización en la reconducción del proceso.

 

 

1 Entre sus fundadores se encontraban entre otros: Sergio Almaraz Paz, José Pereyra, Víctor Hugo Líbera, Mario Monje Molina, Luis Ballón Sanjinés, Jorge Ballón Sanjinés, Jorge Ovando Sanz, Néstor Taboada.

 

2 En sus inicios el Partido Comunista de Bolivia envió militantes a entrenarse a Cuba y ellos participaron activamente en las columnas guerrilleras:Inti Peredo, “Loro” Vázquez Viana, Rodolfo Saldaña, “Ñato” Méndez Korné y Coco Peredo, todos militantes de la Juventud Comunista de Bolivia.

 

3 Ver el Diario del Che.

 

4 Guillermo Lora: La verdadera fecha de fundación.

 

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BOLIVIA: ¿QUÉ SIGNIFICA MANDAR OBEDECIENDO?

28/01/2011 by maestro Deja un comentario

no se trata de desvivirse por ella sino de la urgente necesidad que tenemos de remontar esa confusión gubernamental en clarificación popular; porque el mandar obedeciendo señala un nuevo modo de ejercer el poder. Si el poder es la categoría fundamental de toda política, de lo que se trata, en definitiva, es de proponer un paso trascendental: de la política moderna de dominación a una política de liberación (de toda pretensión de dominación). Proponer una nueva política significa transitar hacia ella; no se trata de una mera invención teórica sino de la transformación histórica de la propia praxis política. Por eso aparece la confusión, porque si no hay tránsito, no hay modo de señalar, menos de exponer, lo que no se ha transitado. Por eso hablan de lo que no saben. Si el concepto no ha hecho carne, ese vacío no puede llenarlo la fatua erudición; si la propia existencia no ha hecho el tránsito hacia lo nuevo, entonces la recaída se hace inevitable. ¿Por qué la política económica del gobierno no va más allá de lo que critica? Es fácil calumniar un modelo pero, si no se produce una crítica real, de nada sirve arrojar piedras hacia aquello que persiste en uno mismo; en este caso, la ingenuidad repite hasta la lógica de aquello que supuestamente critica: ante la complejidad de todo problema opta por el puro simplismo de reducir toda opción a la más usual (a esto se llama adicción: realizar una y otra vez la misma operación creyendo que alguna vez saldrá un resultado distinto; por más que se diga que se trataba de una adecuación de precios, era un gasolinazo y la respuesta popular no podía haber sido distinta).

Todos critican al neoliberalismo pero no saben salir de su lógica; algo similar sucede con el gobierno: despotrica contra el capitalismo pero no sabe hacer otra cosa. ¿Por qué? Porque no se trata de cambiar de camiseta; se trata de transitar efectivamente hacia ese más allá que se anuncia (el que no cree no transita y se condena a defender lo ya establecido, se vuelve inevitablemente conservador). Por eso lo de proceso no es pura retorica, y la descolonización no consiste en darle la espalda al presente (sino sacarlo de la inercia homogénea del tiempo matemático), o privarnos de futuro.
El asunto, en definitiva, es: ¿cuál futuro? El capitalismo ofrece un futuro, ese futuro es el producido por el modelo de vida que presupone: la modernidad. ¿De qué tipo de futuro se trata? El futuro de la modernidad es el mito de la ciencia moderna: el progreso infinito (donde todo es posible, hasta la vida eterna). Ese mito lo comparten derecha e izquierda, capitalismo y socialismo; por eso no era de extrañar que neoliberales y gobierno coincidan. En el fondo todos están de acuerdo con ese mito: que en el futuro (siempre postergado) todo lo prometido será cumplido, sólo basta sacrificar el presente. La creencia en ese mito conduce siempre a sacrificar todo presente por un futuro que nunca llega, por eso el sacrificio nunca termina. Pero si sacrificamos el presente no aseguramos ningún futuro; por privarnos el pan de hoy puede que no lleguemos a ningún mañana.
El gasolinazo seguía la misma lógica: para tener más dinero debemos sacrificar a los que nunca tienen, prometiéndoles lo mismo de siempre. “Hasta el agua cuesta más barato que la gasolina”, decía el vicepresidente. Pero, ¿quién pone esos precios?; no es el pobre, es el mercado, y ¿qué hace el gobierno?: quita la subvención a la gente y subvenciona al mercado internacional, con el hambre de los pobres. Eso se llama transferencia de plusvalor, de la periferia al centro. ¿Cómo se logra eso? Las nuevas ganancias de las petroleras son las que median esa transferencia.
El mito del progreso infinito es el mito del mercado global; el mundo moderno está diseñado para eso, para reducir los sueños de la humanidad a los sueños del mercado. Nivelar los precios quiere decir que nadie, a excepción del mercado, puede establecer el valor de todo: la gasolina vale más que la vida humana (definición moderna de humanidad: tener auto). Por eso el mito congrega a sus devotos (aunque se digan defensores de la Madre tierra) y los lleva a perseguir el mismo desarrollo que nos condena al subdesarrollo. Desarrollarse a la moderna es iniciar un proceso de industrialización salvaje y destructor; la integración vía carreteras fomenta también el parque automotriz y la consecuente demanda de gasolina; ahora bien, si no contamos con ese recurso, una verdadera planificación debiera tener en cuenta eso, antes de promover un futuro suicidio económico. Por eso los paliativos no eran tales; se diseñó la medida sin medir las consecuencias, como suelen hacer los que viven de espejismos. Aunque se digan anticapitalistas, siguen siendo desarrollistas, por eso el acuerdo con los neoliberales; ambos coinciden en aplicar el gasolinazo, sólo discutían la forma.
El mito del progreso infinito se traduce en la economía moderna hasta en sus dos polos opuestos: en el capitalismo se trata del equilibrio del mercado perfecto, en el socialismo la planificación perfecta. El perfil de ambos se prescribe desde aquella previa abstracción que realiza, previamente, la ciencia moderna: el progreso infinito es sólo posible abstrayendo la vida del ser humano y la naturaleza; es decir, sólo vaciándolos de realidad y vida es que puede postularse una ilusión semejante. ¿Cómo puede postularse un progreso infinito sabiendo que los recursos naturales y el trabajo humano no son infinitos? La explotación insensata tiene su justificación en ese mito. Lo cual lleva a la degeneración de la economía moderna: de ciencia que estudia la sostenibilidad de la producción y los recursos, a mero arte del lucro y la codicia (para que no digan que es sólo asunto de indios, hasta al mismo Aristóteles ya le preocupaba que la oikonomie degenere en crematisitike). Desde que la economía confunde sus propósitos, aparecen las distorsiones; se origina la ciencia de los negocios: la economía persigue tasas infinitas de crecimiento, por eso privilegia criterios abstractos como la tasa de ganancias, equilibrios fiscales, estabilidad macroeconómica, etc. La cuestión es: ¿se puede vivir con eso?, es más, si nos proponemos la justicia y la igualdad, esos indicadores, ¿son racionales? Amartya Sen lo pone de este modo: mal se habría desarrollado una economía que aunque poseyera índices positivos de crecimiento no hubiera realizado su ideal de vida buena.
Si el ideal es el vivir bien y la economía que adoptamos no realiza aquello entonces esa economía no sirve para vivir. La réplica diría: no es posible ahora pero mañana sí. Esa réplica confirma el mito; el futuro es siempre aplazado en la infinitud del tiempo abstracto, por el cual todo presente debe ser sacrificado. La modernidad viene prometiendo realizar los más grandes sueños de la humanidad desde hace cinco siglos; en nombre de estas aspiraciones nos conduce al actual callejón sin salida que padece la humanidad: la múltiple crisis civilizatoria que agudiza la muerte del planeta y de toda la vida. Se trata de una racionalidad irracional que sólo sabe destruir para producir; por eso se trata de una racionalidad que es imposible de superar si es que no se ha salido, lógica y existencialmente, de ella.
Por eso no es nomás calumniar al capitalismo (los que cambian de bandera son casi siempre los más gritones). La crítica verdadera no es producto sólo del descontento sino de la esperanza de generar alternativa, y hay ésta porque lo que no hay ahora (la utopía que se persigue) pone en su verdadero lugar a lo que hay (la injusticia, que ya no es eterna sino se hace histórica, o sea, posible de ser superada). Aparece el pensamiento revolucionario, no sólo proponiendo lo que no hay sino manifestando su posibilidad; el conservador defiende sólo lo que hay y por defenderlo se somete a lo dado. Por eso tiene poca capacidad imaginativa.
Lo que no puede atravesar existencialmente es imposible que siquiera lo exponga teóricamente. No ha vivido aquello, por eso lo que dice es pura demagogia que ni él mismo cree. ¿Cómo proponemos una nueva economía? Sin una descolonización previa eso es imposible; descolonización aquí quiere decir desmontaje y desmantelamiento total. Porque la dominación no es sólo discurso sino, más que una lógica, una racionalidad que origina un conocimiento pertinente para su propio desarrollo.
¿Por qué hay gasolinazo?, y lo más grave: ¿por qué se presenta inevitable?, ¿por qué parece no haber alternativas? El circo mediático que provoca la derecha no ayuda a entender el asunto, porque ella es la primera enceguecida por el fetiche que ahora parece hacer nido en el propio Estado plurinacional: el mercado global. La curiosa confluencia de gobierno y oposición (pues ambos coinciden en la medida) muestra ya la ausencia de alternativas que se propina el propio gobierno al someterse a las reglas del mercado global. Lo triste de este sometimiento es que no se produce por ausencia de legitimidad popular, recursos estratégicos, ventajas geopolíticas o activos ideológicos (comparables al 52, lo señalado supera cualitativamente la base material de la revolución de abril).
No sólo las condiciones contextuales sino políticas, históricas y subjetivas son, otra vez, envidiables, pero se las rifa desde la más ingenua tozudez academicista de continuar interpretando un proceso descolonizador desde la misma perspectiva euro-norteamericano-céntrica, es decir, colonial, es decir, moderno-occidental. Se trata de esta aporía: mirarnos, en el proceso de nuestra liberación, siempre con los ojos del dominador (que tenemos adentro, bien instalado). Por eso el Estado plurinacional se diluye, otra vez, en una reposición del Estado moderno-liberal-colonial, con su cara actual: el proyecto autonómico.
Por eso el gobierno sólo puede concebir un Estado plurinacional autonómico y jamás un Estado plurinacional comunitario. La diferencia es cualitativa para aquel que verdaderamente abandona el Estado colonial. Por eso se trata de transitar; no de un tránsito cualquiera sino el tránsito de una forma de vida a otra. La política trata de eso: de proponernos un nuevo modo de vivir en común. Eso es lo que hace a un proyecto revolucionario. La reforma autonómica no hace más que performativizar el Estado liberal; una reforma que en ningún caso es revolucionaria, por eso su modelo es a la española, belga o canadiense; es decir, sigue siendo ajeno y nunca deducido de nuestra propia historia y nuestras propias contradicciones. El que no sabe ser libre opta, hasta en su liberación, por el modelo de su antiguo patrón; por eso no cuestiona ni la irracional distribución territorial colonial. Si quisieran atacar de fondo el carácter feudal del oriente boliviano tendrían que empezar por eso; pero en una visión colonial, la herencia republicana no se objeta sino se la sacraliza.
La falta de alternativas proviene de aquella sumisión; se trata de una apuesta también teórica: el que parte de lo dado deviene en conservador (aunque se haga guerrillero). Y como todo conservador, su apuesta consiste en la estabilidad, en el retorno al orden establecido (como en el futbol boliviano, mete un gol a los 10 minutos y se repliega defensivamente esperando el milagro del minuto final); jamás se propone el salto, por eso no lo piensa. Si piensa sólo lo posible entonces se condena al orden de lo establecido y, en economía, ese orden, es el orden del mercado global capitalista (su única preocupación consiste en: ¿cómo ingresar en él?).
También es conservador porque cree que la derrota del enemigo es militar o política, y no se da cuenta que la dominación no es sólo política o económica sino también cultural y hasta financiera. Su ceguera no proviene de su mala voluntad sino de su ausencia de horizonte; vive cuestionando el capitalismo pero, en el fondo, no sabe hacer otra cosa que reproducirlo; propone un mundo nuevo pero sigue viviendo el viejo; habla de un nuevo Estado pero sus nuevas leyes no cuestionan su fundamento colonial.
El año pasado, de modo aleccionador, Boaventura de Sousa (pensando el golpe suscitado en Ecuador) reflexionaba a nuestro vicepresidente sobre la contradicción inherente en el Estado: el Estado que piensa que lo conservador está fuera de él es, precisamente, el Estado liberal. Es decir, un Estado que piensa de ese modo, no ha salido de la relación sujeto-objeto y devalúa al pueblo a mero objeto de la política que, como patrimonio exclusivo del Estado, reproduce la dominación que pretende superar; no sólo porque actúa desde arriba sino porque al devaluar al pueblo devalúa la misma política.
Entonces no hay cambio; no puede haber obediencia a un objeto. El pueblo se reduce a mero obediente y la política a mera administración, es decir, se tecnifica. Por eso el constante retintineo: “precisamos técnicos”, “es que es cuestión técnica”, etc. Ponerle cortinas a un dormitorio es cuestión técnica, pero construirnos una casa ya no lo es; y si se trata de la casa grande, con mayor razón. La construcción de una nación y, por ende, de su Estado, no puede reducirse a mera técnica. Porque de lo que se trata es de construir el sentido de nación y, en consecuencia, el contenido del fundamento del propio Estado. El que cree que estas cuestiones son inventar el agua tibia es aquel que no es consciente de la colonialidad de los presupuestos de los cuales parte, pues precisamente estos le dicen: si ya todo está dicho. El problema es: ¿quiénes lo han dicho?; europeos y norteamericanos; es decir, todo lo han dicho los que nos dominaron y, ¿qué se deriva de lo que han dicho?: que la única alternativa es la de ellos. La colonización es tal que, ahora que está el primer mundo en crisis multiplicada, ¿cambia en algo la visión del colonizado? No. Ahora él mismo se ofrece como garante de la recuperación del primer mundo, aun a costa de la propia vida de su país.
El gasolinazo tiene ese contexto. El gobierno se mete en un callejón sin salida por un pésimo asesoramiento económico-financiero. Las transnacionales hidrocarburíferas no son un apéndice autónomo del mercado global (por eso las lecturas unilaterales, hoy en día, están conduciendo al fracaso político de procesos de liberación) y la penetración de las lógicas neoliberales no son tan obvias como se cree ingenuamente; porque las petroleras, el capital financiero, los organismos multilaterales, la banca privada internacional –quienes se vinculan en la intimidad de lo profundo de la estructura económica mundial– son determinaciones funcionales del mercado global que, para su recomposición, no sólo precisa de nuevos y mayores recursos para su expansión sino, lo que es más peligroso, precisa destruir toda alternativa que muestre ser posible y sostenible de ser realizada. Si alguna posibilidad se sostiene de modo real, se desmorona el totalitarismo actual del mercado global; por eso la guerra financiera que desata la banca anglosajona. El paulatino copamiento de la visión financierista en el gobierno muestra la pérdida paulatina del horizonte de descolonización en el ámbito de la economía. Basta que un componente financiero ligado a la acumulación global ingrese en el Estado, para que todos los demás anden como Pedro por su casa.
En su informe anual, el vicepresidente señalaba que eran falsas las acusaciones de capitalismo de Estado; según él, capitalismo significa acumulación y no hay sector o clase en el Estado que esté acumulando para sí capital. Como la discusión política ha degenerado tanto (gracias sobre todo a los medios), se trata de una respuesta de manual a una calumnia de mercado; porque ni la denuncia busca la verdad, sólo la venganza, ni la respuesta ofrece comprensión, sólo porfía. En esa discusión, entre gobierno y oposición (del dime con quién te acuestas y te diré a qué hueles), que tanto festejan los medios y a la cual cae como corderito un gobierno que no atina a desembarazarse de esa mediación perversa que provoca la mayor parte de desencuentros hasta nacionales, se pierde el ámbito de discusión propiamente política, la que debería generar un proceso de las características del boliviano: si hay un cambio de época, ¿cómo describimos la nueva época a la cual se abre, no sólo Bolivia, sino el mundo entero?
En ese sentido, el asunto de la acumulación debe analizarse desde otros ángulos. Es cierto que no hay acumulación personal o corporativa directa, pero al establecerse criterios mercadotécnicos para evaluar el crecimiento de la economía, lo que se hace es pretender medir las expectativas reales con indicadores falsos. Todos los indicadores macroeconómicos no son inocentes y todos responden al desarrollo y crecimiento del capital global, estos miden cómo nuestras economías, fieles a un sometimiento estructural, continúan transfiriendo plusvalor al capital central global, ahora financiero.
Lo que no se da cuenta el vicepresidente es que el Estado plurinacional ahora acumula capital no para sí sino para el mercado global, o sea, continúa transfiriendo la sangre de nuestro pueblo objetivada en capital para el apetito del Moloch que hablaba Marx (del ídolo moderno al cual se sacrifican millones de vidas para inflar sus ganancias). La transferencia, hasta de modo inocente, se hace en las tan aclamadas reservas. Se sigue alimentando una moneda (el dólar) que, como el vampiro, vive de chupar sangre ajena para seguir viviendo. Tal vez nunca le dijeron a nuestro presidente que nuestros intereses son menos de los usuales, por los dislates de los neoliberales; pues de ganar mejores intereses en otras instancias financieras, resulta que nuestras reservas apenas reciben un 0.25% anual en la banca anglosajona ligada estrechamente a intereses espurios en el petróleo y la producción de armas. No vaya a ser cierto aquella fábula religiosa: dinero maldito no produce felicidad (agregaríamos: la liberación se corrompe por el uso que se le asigna a lo ganado).
Como se acumula para el mercado global, entonces se trabaja para costear, otra vez, la dominación estructural; si no podemos hacer uso de nuestro dinero y sólo lo tenemos como garantía entonces nos sometemos al crédito internacional (en el caso de la CAF pagamos los créditos a razón de 8% anual). La lógica de la deuda penetra, esta vez, en el nuevo Estado. Nunca se es sujeto de deuda como cree ufanamente el presidente; la deuda, en el mundo moderno, es lo que devalúa la condición de ser sujeto, porque se trata de una lógica que desarrolla la dependencia sistemática de los países pobres, imposibilitando toda pretensión de soberanía, porque con el crédito no sólo entra dinero sino las condiciones para la reproducción de éste en capital global. El primer mundo introduce en los créditos nuevos procesos de acumulación para maximizar los componentes orgánicos del capital financiero global; ante la crisis financiera y la ausencia de liquidez en la banca privada internacional, ésta se recompone mediante la transferencia de plusvalor, ya sea como intereses de deuda y como incremento en las reservas (siempre en dólares).
Nuestra pretendida independencia económica se desdice por la transferencia sistemática que se hace de soberanía; es decir, recuperamos lo nuestro para devolverlo de nuevo a los mismos ladrones. La soberanía no se queda con nosotros sino la transferimos al dólar, que se recupera a costa nuestra. Nuestra servidumbre se hace voluntaria, la condición colonial parece nuestra segunda naturaleza. El imperio ya no necesita invadirnos; solo precisa ingresar, vía crédito internacional, financiando –y muy bien– la reposición del Estado liberal moderno (que se llame o deje de llamarse plurinacional no le preocupa; con tal que restablezca su carácter dependiente, hasta puede honrar al indio por semejante vuelta a la normalidad).
El Estado se recompone literalmente, por eso la disputa de los ministerios acaba con la primacía del sector financiero, los autores del gasolinazo: si la planificación es macroeconómica financiera, no hay economía plural, menos Estado plurinacional; si este sector abre el Estado a las condiciones que pone el crédito internacional, permite el ingreso de toda la lógica neoliberal, por eso no es de extrañar el argumento reiterativo: para justificar el plan económico se escudan en la econometría del Banco Mundial. La ponderación no es gratuita: el gobierno lo hace muy bien, mejor que los neoliberales; pues los indicadores económicos positivos que nos muestran es para señalar lo bien que nuestra economía desarrolla la acumulación del mercado global y lo bien que se recompone nuestra dependencia estructural. Por eso tampoco es de extrañar que hasta el Evo ya se haya creído el cuento de “exportar o morir”.
Uno de los argumentos del gasolinazo es cierto, se trataba de privilegiar un sector, el agroindustrial; pero cuando el vicepresidente anuncia las medidas paliativas, extrañamente algunas compensan exclusivamente a este sector (como es la compra por parte del Estado –a precio internacional– de la producción que monopoliza el capital agroindustrial del oriente); y cuando después del gasolinazo surgen recién los consensos, uno de los interlocutores privilegiados es, de nuevo, el agroindustrial. El interés primordial de este sector es la exportación, su inclinación productiva se debe al mercado mundial, parte de esa lógica y se debe a ella, es decir, actúa según las reglas del mercado. Desgraciadamente esa lógica ya convenció al presidente; ahora, para él, la garantía para abastecer el mercado interno se deduce de lo que sobre de las exportaciones. Esta sumisión a las necesidades del mercado ya lo venía expresando, aunque de modo anecdótico, en su primera gestión: gobernar es hacer buenos negocios. Eso les abrió las puertas del Estado a los que piensan la economía como ciencia de los negocios; curiosamente apadrinados por quienes, en el gobierno, se creen socialistas.
Nada raro. Los marxistas que convirtieron al marxismo en una escolástica y a El Capital en un catecismo, acabaron con la política y, en su defecto, crearon una nueva secta (jacobinos declarados no supieron hacer otra cosa sino una nueva religión) que levantó nuevos ídolos a los cuales inclinarse: las leyes de la historia, la materia eterna, la visión científica de la vida, etc. Sin detenernos en todos estos disparates (que Marx nunca, es justo decirlo, difundió), basta señalar la incoherencia de una medida como el gasolinazo con toda la teoría que desarrolla Marx. Lo que llaman la adecuación de precios (de la gasolina y el diesel) es adecuación a los índices que establece el propio mercado; esto quiere decir, en lenguaje marxista, subordinación a las leyes que actúan a espaldas de los actores; si el mercado decide, entonces los seres humanos ya no son actores (y menos la naturaleza), lo que es peor, el mercado decide la vida y la muerte de los seres humanos. Esto es precisamente la denuncia al sistema de categorías de la economía política burguesa: el capitalista piensa que sin capital no hay nada, ni siquiera vida. Marx responde: el capital no es nada más que el robo que se le hace al trabajo vivo, es decir, el robo que se le hace a la propia vida, por eso dice, de modo categórico, el trabajo es todo. El fetichismo consiste en creer que sin capital (inversión) no hay nada. El trabajo es todo quiere decir: el fundamento del propio capital es el trabajo humano.
Una economía que parte del capital, de la inversión (por eso se somete a las condiciones de las petroleras), a costa de la vida de los seres humanos y a naturaleza, es una economía que privilegia los negocios, el crecimiento macroeconómico, las ganancias, y cuyas consecuencias son, en el mediano y largo plazo, la muerte de todos y de todo. Cuando el gobierno sale en auxilio de las petroleras y se propone cortar la subvención para promover la inversión, lo que hace es subvencionar a las petroleras con el hambre de su propio pueblo; éstas arguyen que la producción de un barril de petróleo les cuesta más de 50 dólares, pero no dicen que este precio supera hasta la media internacional en diez veces (y tampoco, obviamente, señalan que ese precio sobreestima su verdadero costo, pues ese petróleo no es ni siquiera fruto del trabajo de exploración de las petroleras sino del desmantelado YPFB en el periodo neoliberal; aun vendiendo a 27 dólares el barril sacan considerables ganancias, pero si su interés es el mercado global, se entiende que nuestra gente les importa poco y esto parece transferirse al gobierno cuando estipulan la lógica de las ganancias –de las petroleras– como indicador exclusivo de crecimiento en ese rubro).
Ahora bien, si el diagnóstico fuera más sensato, la medida se inclinaría a cobrar a PETROBRAS los líquidos que van contenidos en el gas y que los brasileros reciben gratis (ya hay diversos análisis que señalan que la supuesta recuperación de más de 300 millones de dólares del contrabando que pretendía el gasolinazo, queda corto frente a la recuperación de más de 700 millones de dólares que se obtendría cobrando a los brasileros los líquidos; es decir, hablando de subvenciones, se pretende dejar de subvencionar al mercado interno pero se subvenciona a PETROBRAS lo que después ellos separan en suelo brasilero, acrecentando ganancias extraordinarias).
En definitiva, el asunto no es subvencionar o no sino: bajo qué criterio subvencionamos a tal o cual sector de la economía. Los gringos subvencionan su producción agrícola, y el primer país capitalista, Inglaterra, empezó subvencionando su producción para después abrirle las puertas a la exportación masiva de ella. Si hasta en China los carburantes se hallan subsidiados; esto quiere decir que la protección de la economía nacional pasa por desacoplamientos sistemáticos de las reglas del mercado global; lo contrario, articularse demasiado a estas, es lo más suicida. En eso consiste, entre otras cosas, el éxito de las economías asiáticas; uno no es nunca independiente del todo, es independiente en la medida en que es consciente del grado de dependencia que tiene (la dependencia no es nunca unilateral, por eso las desventajas actuales se pueden hacer ventajas futuras), por ello el manejo de la economía no puede ser técnico sino político, porque se trata de desestructurar sistemática y paulatinamente los componentes orgánicos de la dependencia. La técnica es sólo la deducción hasta mecánica de principios ya establecidos; pero si nuestro objetivo es proponer algo nuevo, ¿cómo podemos subordinarnos a indicadores ya dados y establecidos por la economía capitalista neoliberal? Si todo asunto es sólo técnico, entonces no hay nada nuevo para hacer, sólo repetir lo que ya había. El conservador se esfuerza disciplinadamente en mantener a toda costa lo establecido, es su dogma de fe.
No se transita a una nueva política por entusiasmo o buenas intenciones; no se produce como derivación de un dogma, tampoco se trata de un cambio automático. Se trata, en efecto, de un tránsito. Por eso siempre se insiste: el cambio es un proceso. El proceso nuestro tiene su referencia concreta: es un proceso de descolonización. Se trata de un tránsito que ya no es sólo lógico sino existencial.
El sector intelectual del gobierno se esmeró tanto en vaciar aquella legitimidad lograda el año pasado que, en tiempo record, no sólo socavaron la confianza nacional sino que, de modo hasta dramático, no hallan mejor remate que replicar aquello que tanto critican: el modelo neoliberal. El carácter financierista que iba adquiriendo la política económica no era accidental, sino que respondía a la incapacidad de transitar hacia una nueva economía más allá del capitalismo. Cuando Zavaleta decía que la creencia irrenunciable de la casta señorial consistía en su juramento de superioridad sobre los indios, “aun con marxismo o sin él”, se refería a esta incapacidad; por eso habla de “paradoja señorial”. Esto quiere decir: el retorno al origen de clase; el que es incapaz de transitar hacia lo nuevo se devuelve, inevitablemente, a lo que siempre fue (y se junta con los de su misma condición). Por eso: el poder no cambia a la gente sino muestra lo que verdaderamente es.
En Bolivia, el origen de las clases es la disolución de la comunidad en atomización individual; es decir: para que aparezcan las clases debe desaparecer el proyecto de nación (y las naciones que podrían formular semejante proyecto). Desaparece como proyecto porque desaparece su contenido hasta cultural; lo plural se reduce a la diferencia numérica, lo que queda es el ciudadano, que vale por lo que tiene. El Estado es señorial porque sólo los señores tienen; es colonial porque el señorío es sólo aparente (la paradoja boliviana no sería la de un burro cargado de oro sino la de un burro que se cree señor).
¿Por qué la recaída? Porque al no haber transito existencial no hay posibilidad de advertir alternativas. Sólo aparecen las alternativas cuando se ha salido, de modo efectivo, de lo aparentemente inevitable. De lo contrario nos condenamos a, lo que llama Hinkelammert, las fuerzas compulsivas de los hechos. Si la política es el arte de lo posible, en la visión del conservador, el arte se vuelve pura técnica, es decir, derivación de lo establecido. Es conservador porque se somete, según Marx, a leyes que actúan a espaldas de los actores. Entonces desaparece la política y se convierte en pura administración de la economía convertida en ciencia de los negocios. Lo posible ya no es posibilidad sino sólo lo admisible por lo establecido.
Lo establecido es el viejo orden financiero unipolar, que trata de sobrevivir a su crisis produciendo nuevas sangrías en los países pobres. Por eso se dice, y con razón: una verdadera liberación nacional pasa por una liberación financiera. Optar por el gasolinazo no era más que seguir leyendo el siglo XXI desde el siglo XX. Los colonizados son los que viven en el pasado; incapaces de transitar hacia lo nuevo, sólo saben aferrase a lo viejo. 
Si la constitución de un nuevo Estado parte de las necesidades del viejo Estado, entonces no hay constitución sino reposición; ello teóricamente apuntaba a un nuevo termidor, esa era la conclusión de un jacobinismo criollo. Lo débil o lo fuerte son cuitas del Estado colonial, no tienen por qué serlo de un nuevo Estado plurinacional. Pretender un Estado fuerte es, básicamente, diluir la hegemonía en dominación pura. Nuestro vicepresidente, fiel a su weberianismo más ortodoxo, no concibe otra forma de ejercer el poder sino constituir al pueblo en obediente. Pero, de ese modo, la política se devalúa; si sólo hay obedientes no hay actores y si no hay actores no hay legitimidad alguna. Sólo después de lanzada la medida se acordaron que había que consultar al pueblo.
Proponer una nueva política pasa por desmontar la concepción del poder que tiene la política moderna que, en Weber, tiene su postrera expresión: la dominación legítima ante obedientes. Pero no puede haber dominación legítima, es una auto-contradicción performativa. Tal obediencia no produce legitimación; si la dominación produce obedientes no es nunca obediencia libre. Si hay sólo obediencia (pasiva y sometida) no hay libertad. Si no hay libertad hay dominación. Por eso: toda dominación es ilegítima.
Cuando hay dominación hay, lo que suele llamar nuestro vicepresidente: expropiación de la decisión. Pero si ésta es expropiada entonces no hay “mandar obedeciendo”, hay “mandar mandando”. Cuando el pueblo ya no es sujeto de decisión, el pueblo es devaluado como objeto. Cuando la política se expresa en la relación sujeto-objeto, el sujeto, o sea, el político, debe previamente vaciarse de toda relación con lo ahora constituido como objeto, o sea, el pueblo. Por eso, al expropiarle su capacidad de decisión, le expropia su capacidad de ser sujeto. Por eso el político ya no escucha y se vuelve autorreferencial; tampoco se hace sujeto. El político de la dominación siente una profunda desconfianza hacia su pueblo; por eso, una vez en el poder, ya no le consulta. Dice que quieren copar el Estado pero, para evitar eso, no genera procesos de democratización al interior de las organizaciones, sino que pacta con sus dirigencias (para imponer medidas); es decir, fomenta, él mismo, la corrupción que critica.
Vociferar contra el capitalismo es fácil. Lo que ya no es fácil es salir de su lógica; pero sólo comprendiendo y atravesando su lógica es que podemos salir de él. Pero salir lógicamente quiere también decir: salir existencialmente. Por eso la pura retórica no sirve; de eso está lleno el marxismo del siglo XX (los izquierdistas criticaban al capitalismo, pero no sabían hacer otra cosa sino replicarlo). Para superar la lógica del capital hay que atravesarlo, lógica y existencialmente, y la ortodoxia marxista, en ello, fue desastrosa; diluyendo la obra de Marx en una escolástica no hicieron más que crearse una nueva religión que escupía a todos los dioses.
El neoliberalismo y el posmodernismo justificaron aquello: vivir sin dioses es no creer en nada, menos en un mundo más justo, por eso, lo único que resta, es administrar, del mejor modo, lo que hay: dorar la dominación y edulcorar la injusticia. Por eso no dudaron en cambiar de bando y, aunque les cueste creer, lo que hicieron fue otorgarle la legitimación que siempre precisó la burguesía, en todos lados: brindarles las banderas de los oprimidos, en bandeja de plata. Por eso no es de extrañar que los asesores gubernamentales sean marxistas trasnochados que, al modo de los vampiros, sólo saben vivir en la noche de sus nostalgias, pues en el día, en el jach’a uru, el gran día que ha llegado, no saben ver nada sus ojos ciegos.
¿Qué significa mandar obedeciendo? Su significación es el contenido que emerge del tránsito hacia un nuevo modo de concebir la política y, en consecuencia, de producir y crear una nueva praxis política. Significa constituir al pueblo en sujeto. Pero esta constitución no se la realiza desde el Estado sino que el Estado se transforma en la mediación institucional para la constitución del propio pueblo en sujeto.
Es algo que el propio pueblo debe de también saber atravesar; porque el pueblo también se puede dejar arrastrar por la inercia de las leyes que actúan a espaldas de los actores; es cuando cree que la delegación de poder que ha producido acaba con su propio poder, cuando espera que el futuro llegue sin proponerse producirlo. No es sujeto porque no sabe ser sujeto y, en consecuencia, no actúa como sujeto. Por eso, si en el proceso aparece la recaída, se trata de una recaída también en el propio pueblo, en el proceso mismo de su constitución; en el creer que lo logrado lo es todo y no una parte de su propia acumulación como historia contenida, comprendida y realizada, esto es, que la autoconciencia lograda sea productora de historia propia.
“Ahora es nuestro tiempo” quiere decir: subordinar el tiempo de las cosas y las mercancías al tiempo verdaderamente humano. Vivir la política y la economía de modo humano. No hay humanidad sin naturaleza, por tanto, recuperar nuestro ritmo es recuperar el equilibrio. Si no hay diálogo en nuestras vidas es porque no hay equilibrio; eso es lo que hay que producir. Obedecer ya no es bajar la cabeza sino significa sintonizarse con el ritmo de la vida que fluye humanamente en forma de dignidad. Ser sujeto es ser digno. Desde la dignidad uno concibe el mando como merecimiento y el obedecer como virtud. Por eso el verdadero líder es aquel que se resiste a serlo: si alguien es más humilde que yo entonces es superior a mí. El verdadero obedecer es el saber escuchar; si el pueblo es objeto no tiene sentido escucharle, pero si es sujeto, la primera condición de este reconocimiento es el saber escuchar su palabra interpeladora.
Mandar obedeciendo es sólo posible en una nueva forma de vida; una nueva forma que no se halla más allá de esta vida sino en ésta, pero de modo ausente. Pero su ausencia no la revela su no existencia sino la imposibilidad que tenemos de verla, aunque se halle ante nuestras narices. La verdadera vida no está en otra parte y el mandar obedeciendo no es otro poder sino el modo más realista de desplegar el poder. Poder no como propiedad sino como voluntad de transformación, el origen de toda política. Cuando la crítica superficial dice: quien pierde con el gasolinazo es el realismo político, no se pregunta lo que debería preguntar: ¿es realista el realismo político? (porque los supuestos realistas resultaron ser los más ilusos, pues ni siquiera supieron medir los tiempos y aplicaron un gasolinazo a un pueblo festivo en plena fiesta, algo imperdonable). No hay crítica sin autocrítica. Por eso el pueblo también debe de ponerse en el lugar de la crítica.
Pues todos aspiramos a una forma de vida que consiste en la acumulación sin fin de satisfactores de deseos infinitos; un deseo de riqueza que choca, inevitablemente, con los límites reales de la propia naturaleza. Todas nuestras demandas se reducen a mejoras salariales que compensen nuestra adicción al consumismo (si la producción se orienta por esta clase de consumo entonces cavamos nuestra propia tumba, generamos la lógica que nos destruye, pues nuestro poder se diluye exclusivamente en poder comprar mercancías que chorrean sangre humana y sangre de la naturaleza, propiciamos la explotación; por eso aspiramos a la riqueza y esta aspiración, cuando se hace motor del desarrollo, genera inevitablemente la miseria necesaria para satisfacer la insatisfacción absoluta: la codicia). La sociedad moderna se organiza según este patrón, es un conglomerado de interese individualistas dispuestos bajo el único interés de generar riqueza, por eso es un orden del desorden, cuyo único equilibrio consiste en el desequilibrio constante que produce la competencia generalizada: el hombre lobo del hombre (lo que pone la modernidad como lo anterior a la sociedad –moderna– resulta ser el modelo de vida de esa misma sociedad).
Por eso la alternativa real es el descreer de esa forma de vida, atravesar la forma de vida moderna hacia un nuevo modo de vivir. El modo de vida fundamentado en la riqueza nunca ha solucionado los problemas que la producción de esa misma riqueza ha generado. Cinco siglos de modernidad, tres siglos de capitalismo, casi medio siglo de neoliberalismo, no han sido nunca la solución de los problemas que ellos mismos crearon. Por eso la solución nuestra no es copiar el mismo desarrollo que nos condenó al subdesarrollo. La solución consiste en proponernos una nueva forma de vida más humana y más digna, cuya constante nunca más sea que la vida de unos cuantos signifique la muerte de muchos. Quienes transitan a esa nueva forma de vida tienen la autoridad que brinda el testimonio, porque esa autoridad emana de una purificación existencial, la purificación de toda pretensión de dominación. Por eso la obediencia recupera su carácter liberador. En la dominación la obediencia es pura sumisión; en la liberación no es tampoco insubordinación sino: el respeto sagrado a la dignidad absoluta del otro que no soy yo. Porque la obediencia es la consecuencia del escuchar verdadero. El verdadero político de la liberación es el servidor; el que se hace libre liberando, es decir, sirviendo, y sólo es capaz de servir el que sabe primeramente escuchar.

La Paz, 26 de enero de 2011
Rafael Bautista S.
Autor de “¿QUÉ SIGNIFICA EL ESTADO PLURINACIONAL?” y “HACIA UNA CONSTITUCIÓN DEL SENTIDO SIGNIFICATIVO DEL VIVIR BIEN”
rincón ediciones
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Publicado en: Bolivia Etiquetado como: BOLIVIA: ¿QUÉ SIGNIFICA MANDAR OBEDECIENDO?

Evo, ¿fin de ciclo?

15/01/2011 by maestro Deja un comentario

En efecto, ¿cómo podría agotarse tan rápidamente el régimen que ha rescatado la autoestima de pueblos oprimidos al cabo de siglos de colonialismo interno, lo que ha permitido dictar la ley contra el racismo y una norma educativa que elimina la discriminación étnica, complementada con el ingreso de cadetes indígenas al Colegio Militar, sin olvidar que ha derrotado al separatismo de la “Nación Camba” y afirmado la presencia de las FFAA en las fronteras? ¿Después de nacionalizar los hidrocarburos (el 01-05-06), aún cuando la medida hubiera sido desvirtuada? ¿Después de avances estatistas en minería, como la instalación de una planta de carbonato de litio, otra planta hidrometalúrgica de cobre, ampliado el ingenio minero de Huanuni, así como la fundición de estaño de Vinto y creado la Empresa Boliviana del Oro (EBO), que permitirá rescatar el precioso metal de la depredación privada?  

Lo que ocurre es el que el “gasolinazo” ha generado el sentimiento de que las petroleras han recobrado el dominio del país y que su exitosa oposición a la reorganización de YPFB, les está deparando inimaginables resultados. El “gasolinazo”, pese a que fue abrogado de manera temporal, hizo evidente la incapacidad de Evo para detener el contrabando de carburantes por todas las fronteras y que, si quiere impedirlo, mediante la vigencia de precios internacionales, perderá su popularidad. El “gasolinazo” ha puesto en evidencia la debilidad del gobierno para llevar gas a los yacimientos de hierro del Mutún, a fin de viabilizar la industria siderúrgica. El “gasolinazo” ha recordado que el yacimiento de plata, zinc y plomo de “San Cristóbal”, en Potosí, produce, gracias a la gestión de George Soros, una utilidad anual de mil millones de dólares y tributa 35 millones, en tanto que las reservas monetarias están sirviendo para el gasto corriente y no para proyectos estratégicos. “El “gasolinazo” ha demostrado, asimismo, que las transnacionales mineras y petroleras, así como los banqueros, el FBI, el Banco Mundial y el BID, se hallan íntimamente articulados y que si alguno de ellos logra penetrar en las murallas defensivas de un régimen, permite el ingreso de todos los demás.

No es casual que la ciudad de “El Alto”, luego de provocar, el 2003, la fuga del neoliberal Sánchez de Lozada, aprobara la “Agenda de Octubre”, en cuya esencia plantea la nacionalización del gas y del petróleo. El avance ideológico de las empresas se demuestra al observar que el periódico oficialista “Cambio”, del 10-01-11, publica  la opinión de dos expertos que reflejan los intereses petroleros: Alvaro Ríos, de “Gas Energy Latin América”, y Bernardo Prado, de “Hidrocarburos Bolivia”, quienes sostienen que la única manera de resolver los problemas energéticos del país es a través de una nueva ley del sector y de nuevos contratos que eliminen las restricciones a los intereses foráneos.  “Cambio” no suele difundir textos que faciliten la entrega de recursos naturales.

Si las petroleras alcanzan sus objetivos, el proceso que lleva adelante Evo Morales habrá llegado a su fin y que no quedará otro camino que pugnar por reabrirlo. Ese proceso comenzó con Tupaj Katari, continuó con Belzu, Busch, Villarroel, Ovando y Torres y el MNR lo traicionó, al permitir que la Gulf, las empresas mineras de Sánchez de Lozada, el FMI, el BID y el Banco Mundial penetraran en el torrente sanguíneo de la Revolución del 9 de abril de 1952.

 

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Las paradojas del proceso boliviano

14/01/2011 by maestro Deja un comentario

….el gobierno de Evo Morales Ayma se ve enfrentado a movilizaciones populares, la mayoría espontáneas,  que rechazan su política sobre hidrocarburos  y su sometimiento a las transnacionales mineras y petroleras que ha provocado la subida de precios, desabastecimiento e incertidumbre social.  

Cuando el gobierno de Morales había formulado e iniciado el despegue de un proyecto de desarrollo integral de Bolivia sobre la base de la explotación de los recursos naturales de todas las regiones del país, la industrialización de distintos rubros de la economía,  la vinculación y potenciamiento de las macroregiones y  extensas fronteras abandonadas y, en esta línea, avanzar hacia la consolidación de la unidad nacional con una economía fuerte al mando del Estado y mayor soberanía nacional, en correspondencia con los procesos integracionistas de América Latina y el Caribe; los movimientos populares organizados, la base social y cultural de su fuerza electoral y política, se encuentran  debilitados y buscando la satisfacción de demandas particulares y corporativas, manteniendo una posición particularista, mientras algunos dirigentes se han incorporado o buscan incorporarse a la burocracia estatal en los órganos ejecutivo, legislativo o en los gobiernos departamentales y municipales, alejándose de sus bases.

Si bien el Jefe de Estado, después de una semana de vigencia del alza de los hidrocarburos y su consiguiente impacto inflacionario, determinó anular la decisión bajo el principio de “mandar obedeciendo” y explicar las razones por las cuales se adoptó esa medida, manifestó que desarrollará un proceso de diálogo y consulta con los sectores sociales para enfrentar la crisis de los hidrocarburos que significa la subvención estatal a la gasolina y el diesel por más de 500 millones de dólares anuales y su contrabando masivo hacia los países vecinos donde tienen precios dobles o triples.

Sin embargo, el Presidente de la estatal YPFB, Carlos Villegas, ha reconocido que una de las razones del frustrado incremento de la gasolina y el diesel era la de incrementar el pago a las transnacionales que operan en el país para impulsar la exploración y explotación de hidrocarburos líquidos. En Bolivia, por encima del Decreto de la Nacionalización de los Hidrocarburos de mayo de 2006, la vigencia y poder de PETROBRAS de Brasil, REPSOL de España y TOTAL de Francia son muy fuertes.

A pesar de los buenos rendimientos económicos de Bolivia en los últimos años, con un promedio de 5% de crecimiento del PIB anual, con buenos precios de las materias primas y con la existencia de reservas records de casi 10.000 millones de dólares, las inversiones han sido reducidas, las rentas se han destinado especialmente a políticas de beneficencia, con bonos a ancianos, niños y mujeres embarazadas y el Banco Central ha realizado préstamos a Bancos de Europa y Estados Unidos con reducidísimos intereses. Al respecto, existe poca claridad sobre el uso de los excedentes y la estrategia de asegurar su generación y redistribución social en el futuro.

En este panorama, las perspectivas políticas se presentan confusas: mientras el gobierno no establece con claridad una propuesta estratégica económica y política frente al capital trasnacional, se van produciendo cismas y contradicciones dentro de las fuerzas que lo han respaldado hasta ahora y, al mismo tiempo, es inexistente una oposición capaz de poner en riesgo, en el mediano plazo,  el dominio del Movimiento Al Socialismo (MAS). Los errores en la nominación de candidatos a parlamentarios (diciembre 2009) y luego  de candidatos a las Alcaldías y Gobernaciones (abril 2010), sin respetar las nominaciones de las bases sociales, han significado una pérdida notable de la fortaleza de Morales en el occidente del país –especialmente en Potosí y El Alto–, a lo que se ha agregado el reciente problema de los carburantes.

 La segunda gestión gubernamental de Evo Morales-Alvaro Garcia, iniciada en enero de 2010, dejó de lado las posiciones más radicales del indigenismo que impulsa las plenas autonomías indígenas y departamentales que ponen en riesgo la interculturalidad de la Unidad Nacional, y adoptó un discurso de mayor integración social, geográfica y económica del país, en la perspectiva del fortalecimiento de las iniciativas latinoamericanistas de UNASUR y ALBA.

Por otro lado, ha generado dos iniciativas importantes en el campo ideológico y cultural. Por una parte la Ley contra el Racismo que busca, entre otras cosas, que los medios de comunicación dejen de ser el instrumento de los empresarios conservadores que tratan de marcar la agenda nacional  y, por otra parte, la Ley de Educación que impulsa una reforma que establece una educación nacional, única, descolonizadora en tanto que antiimperialista, productiva, distinta a la que establecía el neoliberalismo que pretendía descentralizar y fraccionar el sistema educativo. Esto ha provocado fuertes pugnas con los gremios de prensa y con la iglesia católica con el pronunciamiento papal desde el Vaticano y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Aún no se pueden avizorar claramente las perspectivas futuras  en relación a los efectos en Bolivia de la crisis internacional que afecta duramente a las poderosas economías capitalistas de Europa, Estados Unidos y Japón; y a la recomposición política en América Latina y el Caribe, tomando en cuenta la dependencia que se tiene de la poderosa economía  brasileña con su nueva presidenta Dilma Rouseff  y las elecciones a realizarse en los vecinos  Argentina y Perú.

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¿Hubo nacionalización?

10/01/2011 by maestro Deja un comentario

Se optó, en consecuencia, por una nacionalización gradual, que debía consolidarse mediante la transferencia al ente estatal del 50 % más uno de las acciones de Transredes, Chaco,  Andina y las AFP. En mi opinión, debió procederse a la expropiación de acciones, dentro del orden constitucional vigente en ese momento. Para otras personas del entorno presidencial (que impusieron su criterio) se debía comprar ese monto accionario de  Petrobrás, British Petróleum, Repsol y Total, con interminables negociaciones previas.
 
La suma a pagarse tenía que depender de auditorias, las que mostrarían las inversiones, amortizaciones, costos de operación y rentabilidad de cada empresa. En su artículo 4, el Decreto incrementó la tributación en los mega campos del 50 % (Ley de Hidrocarburos 3058, del 17-05-05, previa al gobierno de Evo Morales) al 82 %. Si bien las petroleras pagaron ese incremento, al no tomarse en cuenta los resultados de las auditorias en los nuevos contratos, el país tuvo que devolver ese excedente, de manera que la tercera nacionalización sólo consiguió  mayores ingresos por el incremento de las cotizaciones internacionales y no por efectos del decreto. El ocultamiento de las auditorias (hasta el día de hoy), hizo que YPFB aceptara las cifras de las empresas, lo que terminó por desvirtuar la medida.
 
La nacionalización gradual necesitaba para avanzar con firmeza de una profunda reestructuración de YPFB. Los profesionales que realizaron las auditorias, bajo la orientación de los ingenieros Javier Escobar y Enrique Mariaca, conformaron un equipo humano confiable para cumplir esa tarea. En lugar de ello, se prefirió el egoísmo sectario. Evo y Álvaro García creyeron posible lograr que la nacionalización se afirme sometiéndose a Petrobrás. Grave error. La única manera de hacerlo era negociar desde la posición de fuerza que teníamos al existir una dramática dependencia del gigante complejo industrial de San Pablo del gas boliviano, del que no podía prescindir. La estratégica ventaja se perdió un año después, cuando Brasil consiguió su autosuficiencia en gas.
 
Consolidar la nacionalización implicaba una sólida cohesión interna. Fue correcto derrotar al separatismo de la “Nación Camba”, así como erradicar el colonialismo interno. Pero fue erróneo imponer el reconocimiento constitucional a 36 inexistentes naciones indígenas, que fragmentaron la conciencia nacional. Cinco años después del Decreto del 01-05-06, el país no ha exportado ni un metro cúbico de gas con valor agregado, importa diesel, gasolina y GLP, el cambio de matriz energética está en pañales, no tenemos plantas separadoras de líquidos y la posibilidad de gasoductos al Mutún, al salar de Uyuni y al occidente del país es un sueño lejano. No se determinó en los contratos un cronograma de desembolsos para explorar y desarrollar nuevos campos. YPFB no es capaz de calcular el monto de nuestras reservas.
 
La Cámara Boliviana de Hidrocarburos (CBH), entidad que aglutina a las petroleras, condicionó sus inversiones al “gasolinazo” del 26-XII-10. En mi gestión, dejamos establecido que la CBH no era interlocutor válido para el gobierno y que hablaríamos con las compañías una por una y no como si se tratara de un sindicato de trasnacionales.
 

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La fuerza de los de abajo. Los pies, la cabeza y el corazón de Evo Morales

03/01/2011 by maestro Deja un comentario

Pero la revolución es tarea de pueblos, de mayorías conscientes, organizadas, discutiendo y definiendo SU proyecto en la medida que lo van construyendo.

Los pueblos no están sólo para aceptar, apoyar, convalidar o materializar (ejecutar) ideas y decisiones, sino ante todo para protagonizarlas. Esto quiere decir: participar en el proceso de toma de decisiones y en la realización posterior de las mismas, compartiendo responsabilidades.

Si se hubiese discutido el problema del precio de la gasolina y petróleo, etc., con las organizaciones sociales, si hubiese consensuado una medida y los pasos para su implementación, nada de lo ocurrido hubiese pasado. No sé cual habría sido la propuesta, pero los resultados habrían sido diferentes: nadie sale a protestar contra lo que acordó.

Los protagonistas no pueden –ni quieren- enterarse de su historia por los diarios. No es con resoluciones y decretos como se impulsa la revolución democrática y cultural, la clave está en la participación. Se trata de un proceso marcado por la construcción colectiva y requiere llevar los ritmos que esa construcción –y toma de conciencia colectiva- demanden. Cuando se pretende acelerarlo pasando por encima de la participación popular, lo que se evidenciaba como un éxito o acierto posible en el mediano plazo se tornan en un inmediato fracaso.

La prueba está a la vista: apostando por la consulta y participación de los de abajo, ciertamente el camino puede ser más largo y los ritmos más lentos, pero a la larga será más efectivo, profundo y radical. Esta sabiduría no salió de las universidades, se forjó en la experiencia de lucha de los pueblos. En sus prácticas, ellos han delineado y construido las nuevas lógicas de la transformación social desde abajo, es decir, de las revoluciones democráticas-culturales caracterizadas por apelar al desarrollo de la conciencia, la organización y la participación de los de abajo de modo permanente. Y esto no se logra con cursos o conferencias, es ante todo, una resultante de la participación plena de los de abajo en todo el proceso de cambios: desde el diagnóstico y las definiciones hasta la implementación y el control de las decisiones. Éstas no son ya tarea de un grupo de dirigentes sino responsabilidad compartida de todos y todas.

El pueblo consciente, participante y protagonista de las decisiones saldría igualmente a las calles, pero –en tal caso- para reafirmar las medidas del gobierno que serían sus medidas, y para pedir la profundización revolucionaria del proceso.

Lo ocurrido en Bolivia a consecuencia del gasolinazo no se corresponde con ninguna de estas alternativas, pero tampoco significa un rechazo al gobierno que siguen considerando suyo. Es un grito y una manifestación contundente contra una tenue pero creciente forma de gobernar que venía ya mostrándose en algunas decisiones, que pretende ignorar al pueblo como protagonista central del proceso y suplantarlo en la toma de decisiones fundamentales, reencarnando lo peor de la herencia política burguesa-colonial.

Un gobernante revolucionario no se define como tal por el currículo, ni por ser “honrado y bueno” en comparación con los gobernantes tradicionales del sistema; aunque estas cualidades se requieren de forma elemental, su proyección va más allá de lo personal: se relaciona directamente con su capacidad de poner los espacios de poder en función de la transformación revolucionaria, abriéndo las puertas del gobierno al pueblo, construyendo un nuevo tipo de institucionalidad, de legalidad y legitimidad basada en la participación del pueblo en la toma de decisiones políticas (base de la Asamblea Constituyente).

La tarea titánica de los gobernantes revolucionarios no consiste en sustituir al pueblo, ni en “sacar de sus cabezas” buenas leyes, mucho menos para demostrar que son más inteligentes que todos, que tienen razón y que, por ello, “saben gobernar”. Impulsar revoluciones desde los gobiernos pasa por hacer de éstos una herramienta política revolucionaria: desarrollar la conciencia política, abrir la gestión a la participación de los movimientos indígenas, de los movimientos sociales y sindicales, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo roles y responsabilidades diferenciados, para gobernar el país en conjunto.

Las revoluciones desde abajo, es decir, las que se gestan por los pueblos desde la raíz de los problemas, apuestan al cambio que nace de las conciencias de los pueblos y se construye en su accionar protagónico, nada tienen que ver con métodos que pretenden impulsar el proceso con decretos o resoluciones generadas desde arriba por muy bienintencionadas y certeras que éstas pudieran resultar.

No se avanza con medidas superestructurales por muy justas y razonables que sean. Hay que construir protagonismo popular colectivo y eso solo puede lograrse forjándolo a cada paso y en cada paso. El aprendizaje, como la enseñanza, comienza en las prácticas cotidianas. Educar en lo nuevo significa desarrollar nuevas prácticas, dar ejemplo. Ésta es la clave pedagógica vital de las revoluciones desde abajo.

Éstas solo pueden profundizarse anudadas a la construcción y fortalecimiento del sujeto colectivo de las mismas, el actor sociopolítico capaz de empujarlas e impulsarlas permanentemente hacia objetivos radicalmente superiores. La tarea fundamental del instrumento político en estos tiempos consiste por ello, precisamente, en desarrollar el trabajo político, cultural e ideológico necesario para promover el desarrollo de la conciencia política del conjunto de actores sociales y políticos del campo popular, en abrir canales institucionales y no institucionales para la participación consciente, organizada y creciente del conjunto de los actores revolucionarios, así como crear ámbitos para las reflexiones críticas colectivas del proceso de cambio, de modo que se vayan fortaleciendo las conciencias, creciendo colectivamente.

En Bolivia el pueblo no salió a las calles a rechazar a su gobierno sino a rechazar, junto con la medida, la imposición, a rechazar las decisiones sin consulta, el distanciamiento entre gobernantes y movimientos indígenas, campesinos y sociales que venía evidenciándose como tendencia y que cristaliza ahora contundentemente con esta medida del llamado gasolinazo. El pueblo no salió a oponerse a Evo, sino a decirle NO a cualquier intento de gobernar sin su participación, a pedirle rectificación y reconocimiento. Y en un acto de humildad que evidencia tanto su gran sabiduría como sus raíces, Evo rectificó. Y repasando su promesa de Tihuanaku, retiró los decretos y reiteró su decisión de “mandar obedeciendo”, que –en sentido estricto- no significa ni mandar ni obedecer, sino gobernar juntos, construir conjuntamente las medidas fundamentales y compartir las responsabilidades de las decisiones y de su implementación.

Y no es que esto sea necesariamente garantía de éxito ni evite cometer errores o equivocarse, pero cuando los pueblos fracasan teniendo conciencia de que ello podría ocurrir, es decir, sabiendo que se podía perder, el fracaso puede representar un triunfo, un crecimiento colectivo, un nuevo aprendizaje y un fortalecimiento que los dinamice e impulse a concretar sus objetivos por otras vías. Algo así como: “Bueno, si por ahí no salió el asunto, ¿por dónde y cómo vamos a lograrlo?” Es decir, la situación se presenta diferente cuando hay participación consciente que cuando no la hay: los pueblos avanzan según toman conciencia del fracaso o celebran el triunfo, y ello depende de su participación en las decisiones; cuando fracasan sin conciencia de lo que estaban haciendo, la frustración es profunda.

Las revoluciones son idénticas a la participación protagónica de sus pueblos; directamente proporcionales a ella. Si, por ejemplo, se aplica esta sencilla ecuación a los procesos populares revolucionarios en curso, a las medidas gubernamentales y sus procedimientos, los resultados saltan a la vista: a menor participación popular, menor contenido y alcance revolucionario, menos revolución. Conclusión: El nudo gordiano estratégico de los procesos revolucionarios no radica en la pertinencia de las resoluciones gubernamentales ni en la sabiduría de los gobernantes y su entorno, sino en la voluntad popular, en su conciencia y organización para participar en las definiciones y soluciones, impulsarlas y sostenerlas.

En el terreno político está claro que saber es poder. En tanto el saber procedente de técnicos y expertos es restringido, reducido a élites y minorías, su poder también es escaso y reducido, acotado a cargos y funciones, a lo que se denomina comúnmente “trabajo profesional”. Por ello, sin negar el valor del trabajo de expertos y asesores, los resultados y las propuestas de sus estudios necesitan siempre ser reevaluadas (cuando no construidas) con el pueblo, con los movimientos indígenas, sindicales y sociales, con el campo popular todo. Sólo en un proceso articulado, conjunto, es posible transformar las propuestas de funcionarios, especialistas o técnicos en decisión política revolucionaria de gobierno y pueblo. En procesos políticos-revolucionarios como el que vive Bolivia hoy, la administración pública –que es la administración de lo público- no puede quedar entrampada en los papeles de los funcionarios; es tema y tarea de la militancia socio-política de los pueblos en las calles de las ciudades, en los campos, en las minas…

Los que tienen la responsabilidad de gobernar tienen la prerrogativa de proponer cambios y la obligación de que sus propuestas tengan fundamentos sólidos. Esto no está en discusión. Pero la otra pata del proceso, la fundamental, la que le da sentido y proyección revolucionaria, consiste en lo siguiente: para que el saber producido arriba sea a la vez poder abajo, tiene que construirse con los de abajo y constituirse en saber/poder de pueblo. Ésa es la tarea política por excelencia de quienes tienen responsabilidades de gobierno en procesos revolucionarios.

Evidenciar esto y ponerlo sobre el tapete es una de las enseñanzas más importantes y trascendentes de los acontecimientos resultantes del gasolinazo: el pueblo reclamó su protagonismo, habló con su líder en su lenguaje de resistencia y lucha, y Evo respondió como militante. Consciente de que rectificar es de sabios, escuchó y comprendió el mensaje de sus compañeros y compañeras y raudamente derogó las resoluciones y decretos, y volvió a poner el la agenda política gubernamental un tema clave: gobernar para el pueblo implica gobernar con el pueblo. Y con ello Evo alumbraba otra lección: para impulsar una revolución desde abajo, no basta con “tener espaldas”, sino los pies en la tierra, el corazón en el pueblo y la cabeza clara de sus responsabilidades como gobernante revolucionario capaz de concertar a los pueblos a protagonizar su historia.

Queda claro entonces que el tema abierto con el gasolinazo no está limitado a economistas, ni expertos, ni periodistas, pertenece al pueblo. Es el pueblo –en su diversidad de identidades, nacionalidades y culturas- quien tiene el poder de cambiar la historia y construirla a su imagen y semejanza.

Por eso, a días de conmemorarse un nuevo aniversario de la constitución del primer gobierno indoamericano en nuestro continente, es posible exclamar, con fuerza y vitalidad:

¡Jallalla los pueblos de Bolivia! ¡Jallalla Evo!

 

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Nuevo wiki-disparate de El País En Bolivia, la embajada USA es quien dice la verdad

03/01/2011 by maestro Deja un comentario

Y lo hace a partir del supuesto testimonio de un informante anónimo de la Embajada norteamericana en La Paz, citado en un reporte repleto de inexactitudes y omisiones.

Maite Rico, la analista encargada de esta tarea en la sucursal madrileña de la cadena Prisa, logró retorcer el contenido de unos tres informes de alta mediocridad, ni secretos sino “confidenciales”, de la embajada USA dirigido al correspondiente canal burocrático del Departamento de Estado, para llegar a la conclusión que “EE UU sospecha que el Gobierno de Bolivia simuló una trama terrorista” en este caso comprobado de intento de magnicidio.

El material del rotativo español que se pretende “global” surge justo cuando la Fiscalía boliviana acusó a 39 personas de haber mantenido nexos con mercenarios extranjeros que planeaban asesinar al presidente Evo Morales y balcanizar el país. La amplia investigación de la Fiscalía reveló los nexos políticos y militares del boliviano-croata-húngaro Eduardo Rózsa Flores, muerto en un tiroteo con la policía el 16 de abril de 2009 en un hotel de la ciudad boliviana de Santa Cruz.

“Una fuente cercana al caso”… y a la embajada USA

Usando un estilo de novela policiaca donde “un comando de élite de la policía boliviana irrumpe en el hotel Las Américas de Santa Cruz” y “veinte minutos más tarde, los cadáveres semidesnudos de tres hombres yacen tiroteados en sus habitaciones”, Rico calienta el lector antes de entregar el pedazo de información llegado a la embajada desde Santa Cruz, ciudad donde los propios diplomáticos hicieron todo para alentar una secesión que fracasó.

Según la redactora, una “fuente cercana al caso”, que llama luego “un testigo”, ofreció a la Embajada de EE UU  “una versión muy diferente” a la de las autoridades bolivianas. Según el reporte de este “contacto”, sin dudas remunerado, los mercenarios implicados en el caso “fueron contratados en realidad por los servicios de inteligencia bolivianos para montar una falsa trama terrorista y justificar la persecución desatada después contra los dirigentes de Santa Cruz, bastión opositor al Gobierno”.

“Según este relato, recogido en un cable de mayo de 2009, los mismos servicios secretos liquidaron a Rósza, Magyarosi y Dwyer (sus cómplices) para borrar pistas y sembraron pruebas falsas. Los otros dos, Tadic y Toaso, salvaron su vida porque no estaban al corriente de la trama y porque las autoridades los utilizarían como testigos para apuntalar el montaje”.

En otras palabras, la policía boliviana contrató a los mercenarios para luego asesinarlos. Sigue otra “revelación” donde los dos mercenarios sobrevivientes son torturados.

Rico lo confiesa: “La embajada asegura que no tiene forma de comprobar la versión, pero añade que la fuente es un personaje bien situado y con una trayectoria solvente”.

Que una embajada extranjera disponga de una red de espías, informantes, corresponsales y otros colaboradores – tal como lo denunció en su momento el ex agente CIA Philip Agee no sorprende en nada a la periodista de El País.

Un testigo que se la sabe toda, salvo lo que ignora

Dejando de nuevo el contenido de los cables que supuestamente justifican el titulo que encabeza su creación literaria, Rico afirma que “el caso ha estado salpicado de irregularidades desde el principio”, y empieza a reunir de forma descabellada fragmentos de información que “pegan” con su tesis.

Regresa luego al “testigo” cuyas afirmaciones no se pueden averiguar. Según el misterioso personaje, que a lo mejor ni existe, “quien realmente contrató a Rózsa fue el coronel Jorge Santiesteban, entonces jefe de Inteligencia de la policía, y su segundo, el capitán Walter Andrade”.

“No se sabe cuál era el vínculo entre Rózsa y Santiesteban. Lo cierto, según el testigo, es que el coronel dirigió el asalto al hotel y asesinó a los tres hombres “para borrar huellas”.

Todo en el texto de El País tiene como propósito atacar y desacreditar el trabajo de la Fiscalía.

“En toda buena conspiración que se precie, no podía faltar EE UU. La embajada se muestra preocupada desde el primer momento. Y sus temores se confirman a principios de este año, cuando el fiscal general anuncia que había encontrado unos correos electrónicos de Rósza que demostraban que tenía contacto con la CIA”, escribe Rico con evidente intencionalidad.

El propósito del texto de El País es evidente. Al utilizar afirmaciones de un ciudadano boliviano que informa una embajada extranjera hostil, acerca de temas que tocan la seguridad del estado – algo que corresponde a la definición del espionaje en cualquier parte del mundo – el periódico de la cadena Prisa vinculada a la extrema derecha española, intenta desaparecer decenas de informaciones reales, comprobadas, documentadas que han demostrado un complot criminal detrás del cual la CIA no puede ser ausente.

¿Belovai o Belovays? Al funcionario se le falla la memoria

 

La lectura del texto original en ingles de los cables “confidenciales” citados por El País revelan algo bien diferente de la imagen proyectada por la “analista” Rico.

El resumen del caso Rosza hecho por el autor del cable, sin dudas un subalterno del subalterno, es reducido a un nivel elemental, muy superficial y comporta errores tan groseros que el apellido del ex espía húngaro Istvan Belovai, nombrado en el caso, que se convierte (¿a proposito?) en “Belovays” sin nombre.

Se sabe desde meses que el agente de la CIA Istvan Belovai, asesoraba la conspiración de Eduardo Rosza. Lo reveló la computadora del paramilitar. La correspondencia electrónica entre Rozsa y Belovai,  fue estudiada meticulosamente por el centro de investigación boliviano Datos & Análisis, de Cochabamba.

Lo que no puede ignorar El País es que Belovai – un ex oficial húngaro de inteligencia – falleció el 6 de noviembre de 2009, en Denver, Estados Unidos, justo cuando se reveló en Bolivia la existencia de esta correspondencia.

Uno de los cables norteamericanos hace sin embargo una interesante revelación que no menciona El País al confirmar, con sorprendente ingenuidad, que el representante de la Human Rigths Foundation en Bolivia, Hugo Achá Melgar, era un informante de la embajada y que diplomáticos fueron a visitarlo en dos oportunidades en Santa Cruz después del intento de asesinato.

Según el cable, Achá se queja entonces de no poder viajar a la capital por miedo de ser arrestado, precisamente en relación con el complot. Resulta que Achá radica hoy en Estados Unidos donde recibe toda el apoyo de los servicios norteamericanos a pesar de haber sido denunciado en su país como uno de los principales financistas de la Guerra Terrorista que se quiso armar en Bolivia.

Achá Melgar estaba entonces en contacto constante con quién dirigía desde Nueva York las actividades de la fundación fachada de la CIA que representaba, el terrorista cubanoamericano Armando Valladares.

“La relación entre Hugo Achá Melgar y Valladares es  directa, pues este abogado se jactaba públicamente de ello —era co-conductor de un programa de televisión muy visto en Santa Cruz, donde solía referirse a Valladares como su “dilecto amigo personal”. De hecho a partir del nexo directo entre Achá Melgar y Valladares se produjo la llegada de “observadores internacionales” —agentes anti-castristas— a Santa cruz durante el referéndum de enero 2009 y por lo visto entre esos “observadores” estuvo también Belovai”, recuerda el antropologo e investigador boliviano Wilson García Mérida.

Valladares, el terrorista de origen cubano arrestado en La Habana con Carlos Alberto Montaner en diciembre de 1960 mientras dirigían atentados en las tiendas y cines de la capital, por cuenta de la CIA, manejaba su organización subversiva desde el propio Empire State Building, de Nueva York, sin la menor interferencia del FBI.

Lo que no aparece en las filtraciones seleccionadas por El País y que este tampoco juzgo necesario mencionar, es que entre los cabecillas del Consejo Supremo que dirigió la conspiración para asesinar a Evo Morales se encontraba el influyente empresario de Santa Cruz, Branko Marinkovic, croata de origen, hoy refugiado en Estados Unidos y el gerente del Centro de Arbitraje y Conciliación de Santa Cruz, Alejandro Melgar Pereira, que lo acompaña en este mismo destino del Norte.

En cuanto a Rózsa Flores estuvo en contacto con UnoAmérica, organización fascista de América Latina encabezada por Alejandro Peña Esclusa, detenido este 5 de julio por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), tras un operativo realizado en su residencia de Caracas donde se le decomisó un kilogramo de explosivo C4 y 100 detonadores.

De esto, El País prefiere no hablar.

Los informes de embajadas destinados a la burocracia del Departamento de Estado tienen un valor limitado, en particular los que no llevan altos niveles de seguridad, y no transitan por ahí los informes top secretos destinados a las más altas esferas de la Agencia Central de Inteligencia que comportan elementos de real peso.

 

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