• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal

TINKU

La información independiente sobre América latina

  • Facebook
  • Facebook
  • Twitter
  • AmericaLatina
    • Invitados
    • Colombia
      • Gustavo Petro
    • Peru
    • Uruguay
    • Bolivia
    • Chile
    • Argentina
    • Venezuela
    • Ecuador
    • América Central
    • Mentes del Sur
  • Global
  • Cultural
  • Nosotros
    • CONTACTENOS
    • DONAR
  • ARCHIVO
  • COMENTARIOS
  • Mentes del Sur
    • Enrique Dussel
    • Rafael Bautista
    • Walter Mignolo
    • Boaventura de Sousa S.
    • Silvia Rivera Cusicanqui
    • Anibal Quijano
    • Álvaro García Linera
    • Eduardo Galeano

Bolivia

Bolivia: 4 años de estado plurinacional, 8 años de gobierno nacional-popular

09/02/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Katu Arkonada

 

El pasado 22 de enero se ha conmemorado en Bolivia el cuarto aniversario del Estado Plurinacional, así como el inicio del noveno año de gobierno del Presidente Evo Morales y el MAS.

En estos ocho años de gobierno se ha construido un proyecto político desde y para las clases populares que durante el ciclo rebelde 2000-2005 pasaron de la resistencia a la propuesta, y de la propuesta al gobierno.

Podemos caracterizar los primeros cuatro años de gobierno 2006-2009 como un segundo ciclo en que se paso del gobierno a la toma del poder, derrotando política, militar y electoralmente a la derecha racista que se atrevió a atacar la Asamblea Constituyente, quemar instituciones públicas en Santa Cruz o protagonizar atroces actos de racismo en Sucre; y consolidando las rupturas sociales, políticas y epistemológicas que de alguna manera cristalizaron en la nueva Constitución Política del Estado que dejaba atrás el Estado republicano para apostar por un modelo plurinacional.

Un tercer ciclo se acaba de cumplir con la celebración de los cuatro años de Estado Plurinacional 2010-2013 y la entrada en un año corto, de transición pero no menos importante, debido a la celebración de las elecciones presidenciales de octubre. Este ciclo de cuatro años podríamos calificarlo como el de la gestión, y en ese sentido hay que leer el discurso del Presidente Evo Morales ante la Asamblea Legislativa Plurinacional del 22 de enero.

Ampliación de la democracia y gestión

Junto a la gestión, estos cuatro años de Estado Plurinacional han sido los de la ampliación de la democracia. La democracia en Bolivia ha dejado de ser, como expresó el Vicepresidente Álvaro García Linera en su discurso el mismo 22 de enero, una democracia fosilizada; la democracia en Bolivia es ahora algo vivo. Frente a una derecha (y añadiría una nueva-vieja socialdemocracia) que ha pervertido el concepto de democracia, en Bolivia se están ampliando las fronteras de esa democracia. La acción colectiva, la gestión de lo común, la participación de los movimientos sociales en la toma de decisiones y elaboración de las leyes, la transparencia y el control social… en definitiva, en Bolivia se ha recuperado la política como bien común y los límites de la democracia están más allá de donde los colocó el liberalismo.

En Bolivia la democracia es algo más que ir a votar cada cuatro o cinco años, y también es algo más que la democratización de la gestión gubernamental, es la ampliación del campo de batalla que es el Estado con unas nuevas reglas de juego que surgen desde abajo y desde la izquierda. La democracia en Bolivia es algo más que el respeto a los Derechos Humanos, es la ampliación de los derechos colectivos. La democracia en Bolivia es en definitiva el gobierno del pueblo y para el pueblo.

Y para ese pueblo es que el Presidente Evo Morales, en un discurso complementario al del Vicepresidente, ofreció una serie de datos y cifras que demuestran con contundencia como el proceso avanza; como se democratiza la salud y educación ampliando el presupuesto y los ítems dedicados a estas áreas; como se da inicio a una segunda fase de la nacionalización de los hidrocarburos que es la de su industrialización, como el país se convierte, según la CEPAL de Naciones Unidas, en la tercera economía que más crece de América Latina (6’5% en 2013) a la vez que crece el peso del Estado en la economía, que ya suma el 35% del total; como el país se convierte en un referente internacional asumiendo la presidencia del G77+China, logrando una histórica readmisión en el en el seno de Convención Única de Naciones Unidas sobre Estupefacientes de 1961 de la ONU, en la que se acepta la reserva la reserva sobre el masticado y el uso medicinal de la hoja de la coca, logrando la aprobación en el plenario de la ONU el reconocimiento del Derecho al Agua Potable y el Saneamiento Básico como Derechos Humanos Esenciales o la Declaración del Día Internacional de la Madre Tierra además de la Declaración de 2013 como Año Internacional de la Quinua.

Pero incluso más allá de las cifras, datos y avances conseguidos, entre los meses de diciembre y enero se han dado una serie de acontecimientos que han hecho que se apuntale lo simbólico, que se recupere el sentimiento nacional de un pueblo acostumbrado a la derrota. La puesta en órbita del satélite boliviano fabricado en China Tupac Katari con el objetivo de democratizar las telecomunicaciones, especialmente en el medio rural, la presidencia junto con el anuncio de la celebración de la Cumbre por los 50 años del G77+China en Santa Cruz, o el paso del Rally Dakar por territorio boliviano, han recuperado un sentimiento nacional que agradece al Presidente Evo por haber posicionado a Bolivia como referente internacional. Si a lo anterior le sumamos el decreto del “doble aguinaldo” que recibirán todos los trabajadores del sector público y privado cada año que la economía boliviana (su Producto Interior Bruto) crezca por encima del 4’5%, se puede entender porque la popularidad de Evo Morales se sitúa en el 60%.

Horizonte 2014

Y mientras la intención de voto oficialista se sitúa en torno a ese 60%, la oposición boliviana ni está ni se la espera, encontrándose dividida entre tres candidatos/partidos que agrupan aproximadamente el 30% de los votos en contra del proceso de cambio; el Movimiento Sin Miedo de Juan del Granado (centro-izquierda), el Frente Amplio de Samuel Doria Medina (derecha neoliberal), empresario dueño de las franquicias de Burguer King y de la principal cementera del país y el Movimiento Demócrata Social del Gobernador de Santa Cruz Rubén Costas (derecha regionalista).

Es tal la hegemonía que ha construido el proceso de cambio, el sentido común de época, que toda la oposición se tiene que reivindicar de centro izquierda, izquierda no-doctrinaria o izquierda-democrática, pero ya nadie se reivindica ni de derecha ni defiende el neoliberalismo en Bolivia, mucho menos en época electoral.

Por lo tanto, con una oposición fraccionada y sin proyecto frente a un oficialismo que ha transformado la revolución política y descolonizadora en gestión que desmonta el neoliberalismo mejorando las condiciones de vida de las clases populares y recupera la nación para las y los bolivianos, el principal reto es seguir profundizando el proceso de cambio. Para eso será necesario reforzar el proyecto político, buscando un equilibrio entre procesos de formación y profundización política, y el inmediatismo de las políticas públicas; buscando un equilibrio entre mantener el apoyo electoral en el occidente del país, y expandirse al oriente buscando incluso una victoria electoral en Santa Cruz; buscando un equilibrio entre seguir incorporando a otros sectores para ampliar su base social y a la vez mantener la cohesión en el núcleo duro de los movimientos sociales y pueblos indígenas que han dado forma a este proceso. Si todos estos equilibrios se dan, es más que segura tanto la victoria electoral, como la radicalización del proceso.

En cualquier caso y precisamente por la debilidad de un proyecto de país de la oposición, hay que estar prevenidos ante un escenario de desestabilización para desgastar la figura del Presidente Evo Morales de cara a las elecciones de octubre, bien por la generación de conflictos, bien por la posibilidad una guerra económica siguiendo la metodología contrainsurgente aplicada en Venezuela.

Porque en Bolivia lo que se vive es una insurgencia emancipadora, que va tomando forma y nombrándose en el proyecto político del socialismo comunitario del Vivir Bien; un Vivir Bien que es como la utopía de Saramago, avanzas dos pasos y el horizonte se mueve otros diez más allá, un Vivir Bien que sirve por lo tanto para caminar, y seguir construyendo proyecto político.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: De la “cola del mundo” al liderazgo en el espacio

13/01/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Rubén Ramos

 

 Bolivia era, hasta el 2006, el país más pobre y atrasado de América latina. Estaba a la “cola” del mundo. Hoy, el Estado Plurinacional, es uno de los cuatro países de América latina y del Caribe libre de analfabetismo. (Los otros tres son Cuba, Venezuela y Ecuador). Terminó el ejercicio económico 2013 con un crecimiento bruto interno (PBI) del 6.5% en lo que constituye un record histórico para esa nación que desde 2006 a la fecha triplicó este indicador pasando de nueve mil millones a treinta mil millones de dólares.

Esto alcanza significación histórica porque como dijera su presidente, Evo Morales, se debe al esfuerzo del pueblo boliviano, a su sector productivo y a las nacionalizaciones llevadas a cabo por su gobierno como parte del conjunto de transformaciones estructurales de la revolución democrática y cultural iniciada el 2006. No se trata del crecimiento “con inclusión social” siguiendo el modelo macroeconómico impuesto por la dupla FMI-BM y cuyos beneficios usufructúan estas instituciones junto al BID, a USAID y a sus “socios” inversionistas extranjeros, y que hace del pueblo un mendigo de las limosnas que implica la “sagrada ayuda externa”.

Bolivia, es un Estado libre y soberano que decide su modelo económico, y las políticas públicas y sociales que le son inherentes, con el consenso del pueblo organizado y con plena autonomía. No depende de “Programas de Ajuste Estructural”, ni de “Estrategias Alianza País”, ni de “manualitos” sobre políticas sociales como los que impone el BM a todos los gobiernos de América Latina y del Caribe sujetos al modelo neoliberal establecido en el “Consenso de Washington”.

Las políticas, planes, programas y proyectos antes impuestos por las instituciones financieras internacionales son, ahora, hechura propia de los bolivianos en una clara demostración al mundo, que es sólo así, como las estrategias económicas para el crecimiento, la industrialización y el comercio libre se pueden traducir en bienestar y calidad de vida para los sectores marginados, los niños, los ancianos, los escolares, los discapacitados.

Pero, la Revolución Bolivariana de Bolivia no es sólo esto al término del 2013. Es la revolución que remontando una secular historia de entreguismo de sus riquezas mineras y agrícolas y de sobre explotación de su población campesina y obrera, supo erigirse en vanguardia de los pueblos revolucionarios donde la clase obrera y campesina y los pueblos originarios asumen la transformación de sus condiciones de opresión con una clara vocación y perspectiva antiimperialista y de integración regional para la construcción de la Patria Grande.

A sabiendas de que para garantizar la sostenibilidad de los cambios resulta clave e ineludible la democratización de la información y del conocimiento, Bolivia puso en órbita, el 20 de diciembre último, su primer satélite de comunicaciones, Túpac Katari (TKSAT-1), iniciando una nueva era para los servicios de telefonía móvil, televisión e internet en ese país andino. Bolivia se suma así al esfuerzo integrador en las comunicaciones y la información, iniciado por Venezuela para toda nuestra América.

El satélite boliviano mejorará la calidad educativa, modernizará la investigación científica y los servicios de salud en áreas rurales. Permitirá monitorear los ductos de exportación de gas, el transporte de electricidad y permitirá evaluar los impactos ambientales por la extracción de materias primas.

“Túpac Katari” es además un satélite de comunicaciones con capacidad para retransmitir información a terminales que serán instaladas en poblaciones rurales bolivianas de difícil acceso, que viven hasta hoy, prácticamente en aislamiento y donde es imposible establecer redes de telecomunicación terrestre.

El satélite fue construido por científicos y especialistas bolivianos y chinos en modernos laboratorios de la República Popular China. Bolivia es ahora un país tecnológicamente competitivo a nivel continental. No para asegurarles “renta” a los mercaderes de la miseria, sino para procurar los conocimientos y capacidades que aseguren a su población competitividad para el uso racional de sus recursos, su producción y productividad, la satisfacción de sus necesidades sociales.

Más allá de su significación histórica, el hecho dignifica y enaltece la lucha de un pueblo cuyas generaciones precedentes jamás claudicaron ante la arrogancia y corrupción de los “milicos” que usufructuaron de la gesta libertaria de Bolívar y de Sucre; que se coludieron con el imperialismo inglés y norteamericano para que juntos con la oligarquía conservadora primero y “La Rosca” liberal después, acabaran con las riquezas de plata y de estaño; que ejecutaron los salvajes golpes militares genocidas obedeciendo órdenes del Pentágono y de la CIA; que ahogaron en sangre las protestas populares y la lucha libertaria del Che.

Lo hecho por la Revolución Bolivariana de Bolivia ratifica el sentido de la “Tesis de Pulacayo” surgida en aquel Congreso Minero de Pulacayo, en 1946, ubicándola en la perspectiva de los desafíos presentes que supone la agresión y el terrorismo imperialista y su acción sediciosa al interior de las organizaciones y del pueblo boliviano.

Enaltece la ética política de su actual conducción revolucionaria personificada en quien a los 16 años ya tenía claro que el único camino hacia la liberación y la independencia económica está en el pueblo y en sus organizaciones representativas con una clara identificación antiimperialista. Tras una consecuente trayectoria de lucha en esta perspectiva, Evo Morales a los 24 años, fue elegido Secretario General de los Trabajadores Cocaleros que se oponían al control norteamericano de la hoja de coca para su conversión en cocaína y el envenenamiento del mundo. Llegó a la presidencia de su país en 2005, tras haber sido elegido dos veces diputado con el 80% de la votación y haber mantenido las banderas de la lucha antimperialista con la misma consecuencia que los otros líderes históricos contemporáneos como Fidel, el Che, Hugo Chávez.

Esto resulta importante remarcarlo porque con Morales EEUU se equivocó en la aplicación de la tesis del “régimen permanente”. Según ésta, no importa quien pueda ser electo, mientras la institucionalidad básica del poder (ejército, poder judicial, iglesia, burocracia servil y “prensa libre”) sea controlada por las instituciones financieras de crédito (FMI, BM, BID, USAID) y la embajada norteamericana.

También se equivocó respecto a que para garantizar la gobernabilidad hay que dejar que el comercio y el medio ambiente dependan de las decisiones de la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la OCDE y de sus TLC; que la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura las manipule UNESCO; que la infancia dependa de UNICEF; la salud de la OMS; la migración de la embajada norteamericana (a fin de franquear la entrada de mercenarios de la NED, el IRI, las Freedom House).

Morales actuó con prudencia pero con entereza. Bolivia no decide su economía de acuerdo con las imposiciones del FMI y del BM. Tampoco tiene un ministro de economía designado por este Banco, ni ningún otro digitado por el BID o USAID, la Trilateral, la DEA, la propia CIA o la embajada norteamericana. Bolivia es un país libre y soberano. Dejó la “cola” para ponerse a la cabeza de los pueblos de nuestra América.

Bolivia es, como dijera su Vicepresidente Álvaro García Linera, “un país decidido a disputar el liderazgo científico y tecnológico a nivel continental en aéreas específicas de su economía”. De una economía que crece y crecerá con las capacidades que ahora se multiplicarán para el pueblo gracias a la igualdad de oportunidades que les permite a los bolivianos ser dueños de sus recursos naturales, manejar su producción y su comercio, acceder a créditos y tecnología entre Estados y no al que instrumentalizan las instituciones financieras del imperio para sus propios fines y la reproducción del colonialismo.

La prensa decadente de Perú no dijo nada respecto a la puesta en órbita del satélite boliviano. No es de extrañar, pues tampoco dijo nada ni del primero ni del segundo lanzado por el gobierno Bolivariano de Venezuela, en el 2008 y el 2012. El primero, llamado Simón Bolívar, con características similares al Túpac Katari boliviano para facilitar el acceso y transmisión de servicios de datos por Internet, telefonía, televisión, telemedicina y teleeducación, sobre todo en aquellos lugares con poca densidad poblacional, consolidar los programas y proyectos ejecutados por el Estado en lugares remotos, garantizar puntos de conexión con el satélite a fin de garantizar información y comunicación en tiempo real e impulsar la integración latinoamericana. El segundo satélite, bautizado como Miranda, en honor al maestro bolivariano Francisco Miranda, es un satélite de “observación terrestre”, similar a los satélites que tiene EEUU instalados en el espacio para espiar. El venezolano, sirve para la elaboración de mapas cartográficos, evaluaciones de suelos, de recursos hídricos, de siembra, cosecha y producción agrícola, de zonas en peligro de desertificación. Igualmente sirve para la obtención de información sismológica para la prevención de desastres. (Bolivia se apresta a construir un próximo satélite similar a éste que llevará el nombre de la líder originaria Bartolina Sisa que murió descuartizada, al igual que su esposo Julián Apaza (Túpac Katari), durante la lucha contra el colonialismo español).

La “prensa libre” tampoco informó nada del lanzamiento del satélite ecuatoriano “Pegaso” que desgraciadamente chocó con basura espacial dejada por los norteamericanos en su desesperado afán por instalar todo tipo de aparatos para generar terror entre sus propios habitantes, espiar gobiernos, asesinar líderes mundiales.

No dijo algo sobre el segundo nanosatélite Krysaor (NEE-02), gemelo del anterior, construido completamente en Ecuador y lanzado, como el anterior, desde territorio de la República Popular China, en noviembre del 2013.

El apoyo de China

Entender estos hechos, aparte de su sentido y significado emancipador para los pueblos que constituyen la avanzada histórica en América latina y el Caribe implica también tener en cuenta lo que representa China en la escena mundial. No sólo se trata de la potencia emergente que disputa la hegemonía económica y política del mundo con el sionismo judío-norteamericano que representa el mito de la “civilización occidental”. Se trata, fundamentalmente, del avance de una potencia con una nueva concepción del poder y de la política acorde con la contemporaneidad del nuevo orden mundial que reclama el fin de la unipolaridad surgida después de la segunda guerra mundial y que detenta hasta hoy EEUU. A diferencia de éste, la cooperación china con los pueblos libres de América latina y del Caribe no surge de ningún supuesto “destino manifiesto”, sino de la claridad que emana del convencimiento de que la única posibilidad de supervivencia del género humano es la convivencia civilizada y en paz de los pueblos del mundo respetando sus propias identidades y el arreglo autónomo de sus diferencias y conflictos. No es la guerra ni la “caridad” que se hermanan en la irracionalidad capitalista para el lucro de unos pocos y el hambre y la muerte de millones de seres humanos por minuto.

El convencimiento chino deviene de su pasado milenario de invención y de creatividad que contrasta con el pasado histórico de barbarie y salvajismo que vertebra genéticamente a los europeos de antes y de hoy y que fructificó con el judaísmo, el cristianismo y el catolicismo en guerras, invasiones, destrucción y genocidios dentro y fuera de sus territorios. De esta misma herencia son los europeos que llegaron a territorio norteamericano huyendo de sus propios gobernantes e incluso de sus propias familias y amigos para cometer las mismas “hazañas” de horror y de exterminio con las poblaciones originarias de esa parte de América y con millones de esclavos traídos por la fuerza desde África, China, India. Aún está pendiente de saberse a cuántas centenas de millones de seres que vivían en armonía con la naturaleza y en comunidad, deben los europeos de Europa y de Norteamérica su pasada y actual riqueza, su poder y su soberbia.

No creo que todo esto les sea ajeno a los Humala, los Santos, los Piñera, las Bachelet, las Chinchilla, los Lobo, los Cartes, los Nieto, los Hernández, los Martinelli, y los de antes y los que siguen. Lo que pasa es que sienten que son parte de esa herencia y se enorgullecen. Unos por sentirse blancos y dueños de riquezas cuyo origen encuentra sus antecedentes en las sectas de su pertenencia, y otros, porque al no tener con qué brillar y carecer de inteligencia, lo único que les queda es “frotarse” con el poder de una falsa luz y en extinción.

Publicado en: Bolivia

La bonanza económica y social de Bolivia

08/12/2013 by Deja un comentario

Por: Edelberto López Blanch

 

Bolivia, en su larga vida de más de 200 años desde la fundación de la República, nunca antes había disfrutado como en estos últimos tiempos, de tan alta bonanza económica y social en beneficio de la gran mayoría de su pueblo.

La llegada al poder en 2006 del presidente Evo Morales ha significado un cambio radical del sistema neoliberal y capitalista que existía anteriormente, en el cual la pobreza y la discriminación racial afectaban a las grandes mayorías, mientras una pequeñísima oligarquía disfrutaba de las riquezas nacionales.

En estos siete años se realizaron en esa nación, una de las más atrasadas y pobres de América Latina, profundas transformaciones que permitieron salir de la miseria y la ignorancia a un gran por ciento de su población.

Para abrir los ojos de la mente y del corazón, como suelen decir los poetas, ese estado plurinacional implementó, con ayuda de Cuba y Venezuela, un programa educacional masivo que coronó en 2010 al declarar la UNESCO al país Libre de Analfabetismo. Con los pies puestos en la tierra, se comprendió que para impulsar los planes económicos, se debe desarrollar el capital humano.

Al aplicarse un sinnúmero de medidas a favor del pueblo, Bolivia que en 2005 padecía una pobreza extrema del 68,2 %, la bajó a 22 % en 2012, según el Programa de naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El presidente Morales, en una reciente conferencia de prensa realizada en la ciudad boliviana de Sucre, informó que el crecimiento económico del país marcará un récord histórico este año al cerrar en 6,5% y la inversión pública superará en el 2014 los 6 000 millones de dólares. Pese a que los medios de comunicación occidentales (siempre a favor del neoliberalismo y en contra del desarrollo social de los pueblos) han enfatizado que la bonanza de esa nación se debe solo al aumento en el precio de las materias primas, Morales la atribuyó esencialmente al esfuerzo del pueblo, al aporte del sector productivo y a la política de nacionalización que se implementó desde 2006, que busca recuperar los recursos naturales y las empresas estratégicas para los bolivianos.

Las cifras son elocuentes y sumamente halagüeñas para el estado multinacional pues e l Producto Interior Bruto (PIB) alcanza en estos momentos los 26 000 millones de dólares, casi el triple de los 9 500 millones de 2005, un año antes de la llegada de Morales al poder.

Según la tabla que anualmente divulga el Fondo Monetario Internacional (FMI) ese adelanto ha posibilitado que del número 117 en el listado del PIB, ahora Bolivia se sitúe en entre los 76 y 80, aproximadamente.

En su exposición, el presidente comparó el nivel del crecimiento económico actual con el que se registró en tiempos neoliberales cuando el promedio era 3 % y recordó que entonces maestros y médicos marchaban en demanda de un incremento salarial que les permitiera recuperar el poder adquisitivo, pero ahora, dijo, el aumento salarial para los trabajadores siempre se encuentra por encima de la inflación.

Uno de los puntos que sobresalen es la generación de fuentes de trabajo constante. Si en 2011 se asignaron 3 000 millones de dólares en inversión pública para construir carreteras, instalación de tuberías de agua potable, alcantarillados, escuelas, centros de salud, hospitales, pequeñas industrias, viviendas, telecomunicaciones, lo que generó 250 000 nuevos empleos, para 2014 ese monto superará los 6 000 millones de dólares.

Esa proliferación de actividades económica-sociales, entre las que también aparecen nuevas fábricas de papel, cartón, pintura, sal, almendra y derivados, ha permitido que el estado multinacional aparezca con una de las tasas de desempleo más bajas de Latinoamérica, de solo 5,5 %.

Por tanto, la comparación de un antes y un después resulta absolutamente necesaria: si en 2005 la inversión pública era de 600 millones de dólares, en 2014 será de 6 000, mientras las Reservas Internacionales Netas alcanzaron 13 200 millones de dólares, las que antes de 2006 no superaban los 3 000 millones de dólares.

A todas estas satisfactorias noticias económico-sociales, se unen varios programas estatales como el pago de rentas vitalicias de entre 1 800 y 2 400 pesos a la población mayor de 60 años, y rentas de 1 820 pesos a mujeres en estado de gravidez y madres puerperal hasta que sus hijos cumplan dos años, lo cual ayuda a combatir los índices de morbilidad infantil y de féminas gestantes.

Además, desde hace varios años, el Estado abona 200 pesos anuales a 1,7 millones de estudiantes entre el primero y octavo grado para revertir los índices de deserción escolar en el país, donde antes de 2006 el analfabetismo afectaba a 30 de cada 100 habitantes.

Fundamental para alcanzar esos logros, ha sido la política llevada a cabo de recuperación de las riquezas nacionales (productivas, mineras y de servicios) que antes eran explotadas por compañías privadas y cuyas ganancias se extraían del país.

Gobiernos neoliberales como los de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2004) abrieron las puertas del país al capital foráneo con enorme perjuicio para la población.

Durante la actuación de Evo Morales se han rescatado para beneficio de la nación, importantes sectores y recursos naturales como son el petróleo, gas, madera, oro, aviación, telecomunicaciones, electricidad, telefonía, transporte público.

Las nacionalizaciones, y rescisiones de contratos de concesión desde 2006, han detenido la fuga de capitales, impulsaron el crecimiento económico estable y el aumento de los servicios públicos y han sido determinantes para que en estos momentos, el primer presidente indígena de Bolivia cuente con el 60 % de aprobación nacional, el mayor de la historia registrado en esa nación andina.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Horizontes de los mundos posibles

01/12/2013 by maestro Deja un comentario

Por: Raúl Prada Alcoreza

Dedicado a Pilar Lizárraga, quien ha consagrado su vida académica y su vida de activista a la defensa de las comunidades campesinas.

Aparentemente es una pregunta vaga. Es cómo asistir a una conversación ya dada, donde alguien pregunta: ¿de qué se trata? Sin embargo, no lo es. Es quizás la primera pregunta que debemos hacernos. ¿De qué se trata? También: ¿Por qué estamos aquí? Así como: ¿Qué debemos hacer? Después podemos especificar el contexto de las preguntas: ¿Se trata de acabar con el capitalismo? ¿De destruir el Estado? ¿De construir mundos alternativos? ¿Sin Estado? ¿Cuáles son estos mundos? ¿Cómo hacerlo sin Estado? Sin embargo, las preguntas, el contexto, la coyuntura y el lugar de las preguntas, se hacen específicos cuando sabemos con quienes se habla.

Los interlocutores son los campesinos; estas unidades familiares de producción agrícola y agropecuaria, estas economías campesinas que se componen mediante combinatorias de distintas estrategias, siendo, quizás las más importantes la estrategia comunitaria, devenida de la matriz de las comunidades indígenas, y en contraste la estrategia del mercado, donde se llevan productos a vender, donde se adquieren bienes para el consumo familiar. La coyuntura es obviamente determinante, si se puede hablar así. Hablamos del tema en un momento de crisis de las economías campesinas, debido a la abrumadora competencia de las empresas productoras de alimentos. Sin embargo, también es un momento de crisis alimentaria, debido al monopolio ejercido por las empresas trasnacionales, combinada con la crisis ecológica, ocasionada, en parte por la ampliación de la frontera agrícola, la depredación producida precisamente por estas empresas, la contaminación y la desertificación de grandes áreas. Por estos motivos es indispensable volver a discutir la vía campesina, la viabilidad de la economía campesina, en un mundo atormentado por las múltiples crisis; financieras, económicas, políticas, ecológicas, culturales y civilizatorias.

La vía campesina y mundos de complementariedades

¿Es posible un mundo tejido por la racionalidad campesina, racionalidad que juega combinatorias de estrategias, combinatorias útiles a la reproducción social basada en complementariedades? En otras palabras: ¿Es posible un mundo de acumulaciones complementarias, acumulaciones cualitativas que articulen armonías favorecedoras de los ciclos de la vida? Especificando aún más: ¿Es posible una praxis ecológica de las sociedades humanas? Estas no sólo son preguntas relativas a la proyección utópica de un mundo alternativo, sino son preguntas urgentes, existenciales, fuertemente vinculadas a la sobrevivencia humana.

Al respecto, responderemos con la tesis que llamaremos campesinista y de las complementariedades ecológicas.

 

Tesis

1. La vía campesina no solamente debe ser posible si no que es necesaria.

2. Es cuestión de vida lograr sociedades humanas articuladas armónicamente a las ecologías de las que forman parte.

 

 

3. Las eco-sociedades son posibles por la realización de complementariedades dinámicas, entre sociedades, entre comunidades, entre sociedades y comunidades con los nichos ecológicos y los ciclos de vida diversos.

 

4. Para tal efecto se requiere de comunicaciones e interpretaciones diversas no sólo entre sociedades y comunidades humanas, sino entre estas sociedades y estas comunidades humanas con las otras sociedades no-humanas.

5. Para contar con esta oportunidad, la gran condición de posibilidad histórica, de cambiar el rumbo de la historia, desbocada en una carrera loca hacia el apocalipsis capitalista, es menester dar cabida a la oportunidad de hacerlo, mediante transiciones deconstructivas del capitalismo y del poder. Entre estas transiciones, quizás una de las más importantes es la vía campesina. Es decir, la campesinización de la economía, en la perspectiva de la soberanía alimentaria, la campesinización de una parte importante de la población mundial; por lo tanto, la redistribución demográfica, territorial y social, buscando armonizaciones necesarias, en la perspectiva de garantizar los ciclos de vida de la biodiversidad.

6. En este sentido, la reforma agraria a escala mundial, contemplando los diversos ecosistemas, las distintas situaciones, los diferentes contextos de “necesidades”, es una tarea política de prioridad.

7. Como consecuencia tenemos el desmontaje de las grandes empresas trasnacionales de alimentos y de transgénicos, la expropiación de estos monopolios latifundistas del monocultivo depredador y de la producción de semillas “mulas” destinadas al control capitalista de los ciclos productivos de alimentos.

8. Con esto no se quiere decir que se está en contra de la ciencia y la biotecnología. De ninguna manera. Al contrario, se apuesta a la creatividad, invención, despliegue de la ciencia y biotecnología; creatividad e invención fortalecidas al liberarse de sus ataduras y capturas, hechas por parte de empresas que las someten a la lógica de la acumulación abstracta de la valorización dineraria. De lo que se trata es de, con la intervención de las ciencias y la biotecnología, potenciar los ciclos de la vida. A diferencia de lo que ocurre ahora, cuando los ciclos de la vida se encuentran amenazados por el modo de producción capitalista, por la acumulación extractivista, por despojamiento y desposesión de la acumulación de capital, que combina perversamente la reiterada y recurrente acumulación originaria de capital con la acumulación ampliada de capital.

9. La dificultad se encuentra en la sustitución de los circuitos de distribución, dirigidos por los circuitos de los mercados y los circuitos comerciales, por circuitos y recorridos de complementariedades, que se operen de manera altamente eficiente y efectiva. Quizás el problema tenga que ver con la medida; es decir, con la conmensuración; entonces tiene que ver con la construcción del dato. En otras palabras, con la relación entre cualidad y cantidad en la composición del dato. Se trata de construir datos útiles a las lógicas y estrategias de las complementariedades, descartando el equivalente general monetario, que sólo sirve para medir la acumulación abstracta. Esta es una estadística al servicio del despojamiento, de la desposesión y de la explotación.

10. La otra dificultad es lograr niveles de productividad altos no-depredadores, no contaminantes, no destructivos de los ecosistemas. Las ciencias y las tecnologías, las investigaciones científicas, abiertas a la complejidad, deben resolver estos problemas planteados. Deben encontrar ciclos de armonización y de acumulación cualitativas equilibradas, de largo plazo y sostenibles.

11. Las transformaciones económicas, tecnológicas, científicas, requieren de transformaciones institucionales, políticas, sociales y culturales. Por lo tanto, hablamos de transformaciones integrales, que logren reconexiones, rearticulaciones, reterritorializaciones armoniosas de las sociedades humanas con sus ecosistemas.

12. Todo esto implica lograr conformar instituciones lo suficientemente flexibles y plásticas, de tal forma que viabilicen la democracia participativa, la transparencia efectiva, la construcción colectiva de la decisión política, la rotación abierta, amplia y complementaria de toda la sociedad.

13. También implica extender las formas combinatorias de estrategias, de racionalidades, de estructuras operatorias, de interpretaciones múltiples, de formas sociales que hacen a las dinámicas de la alteridad social. No solo se postula un mundo abierto, sino la realización efectiva de mundos posibles, de juegos alternativos combinados, que, en definitiva, potencien los ciclos de la vida y la potencia social.

14. Esto nos lleva a salir de la forma política estatal, de la forma de Estado. Se trata de asociaciones de comunidades, de asociaciones de productores, de asociaciones de consumidores, de asociaciones de usuarios de todo tipo, de asociaciones de inventores, científicos, tecnólogos, de investigadores y estudiosos; es decir, de asociaciones diversas, que se conectan, se integran, formando distintas composiciones, según los problemas y temas a tratar, resolver y administrar.

15. El fluido juego de asociaciones, en distintas escalas, locales, micro-regionales, regionales, mundiales, responden de manera directa a las actividades y prácticas, a las dinámicas y ámbitos de relaciones. No se requiere de la representación institucionalizada, tampoco de la institucionalidad de la representación; tampoco de las mediaciones burocráticas. Se trata de la fluidez de acuerdos vitales, de la plasticidad de sus composiciones, así como del fortalecimiento de las asociaciones para operar, trabajar mancomunadamente, resolviendo problemas e inventando soluciones colectivas y consensuadas.

16. Como se puede ver, se trata del ejercicio radical de las autonomías, de las autogestiones, de las cogestiones, de las autodeterminaciones, en todos los niveles y escalas. Se trata de la preponderancia de la creatividad asociativa, de las distintas conexiones que alguien pueda hacer simultáneamente o en desplazamientos sucesivos. Hablamos de la liberación de la potencia; de su realización múltiple, a través de las diversas composiciones.

17. Empero, en el fondo, se trata de las dinámicas moleculares. De devolver el control a la potencia creativa de las dinámicas moleculares sociales, de devolver la orientación de lo molar a las iniciativas, capacidades y posibilidades moleculares. Esta actitud y desplazamiento implica abolir el fetichismo institucional, el imaginario molar que atribuye “vida” a las instituciones, como si la tuvieran, cuando son las instituciones aparatos de captura de la vida, de los flujos de vida, de la energía y de las fuerzas de las dinámicas moleculares.

18. No se trata de descartar la dinámica molar, la dinámica de las instituciones, sino, si se quiere, poner las cosas en su sitio, las dinámicas moleculares no pueden ni deben ser sometidas a la rigidez, al control y dominio de las dinámicas molares, de las dinámicas molares. Mediante este procedimiento imaginario, relativo a al fetichismo institucional, acompañado por procedimientos materiales de captura, por procedimientos de vigilancia y castigo, de suplicio y disciplina, de control y simulación, se inhibe la potencia social, se limita las capacidades sociales, se somete las dinámicas moleculares a normas, a reglas, a prácticas reiterativas, repetitivas de un molde de comportamientos y conductas, que en definitiva se remiten a la constitución de un “sujeto” sujetado, de un “sujeto” dependiente de las instituciones. De un “sujeto” subordinado a las disposiciones estructurales de las dominaciones polimorfas, legitimadas por la institucionalidad.

19. La reproducción social por la vía institucional, por la vía de la preponderancia y control molar, es la reproducción del fantasma, del fetichismo estatal. En este campo de diagramas de poder, las moléculas sociales son condenadas a entregar su energía, su fuerza, su potencia capturada, a la reproducción política del campo institucional, del campo burocrático, del fantasma del Estado. El biopoder succiona la vida de la biopolítica.

20. Devolver el control del torrente de las prácticas, actividades, invenciones, composiciones diversas, a las dinámicas moleculares, implica convertir a las instituciones en herramientas provisorias y plásticas, al servicio de los requerimientos de las composiciones múltiples de las dinámicas moleculares. Este es el ejercicio radical de la democracia participativa, sin restricciones, expansiva y en constante profundización.

21. Son los pueblos los que deben retomar el control de la construcción de la decisión política y de la gestión común, de la gestión comunitaria. Son las comunidades que componen los pueblos, comunidades ancestrales y comunidades en devenir, son las plurales asociaciones proliferantes que componen las sociedades, las que deben reasumir el control de la decisión política. Esto equivale a dinamizar las formas de las herramientas molares, de las herramientas institucionales, otorgándoles flexibilidad y plasticidad. Esto equivale a ejercer plenamente la potencia social, dejando abierto los campos y los espesores de posibilidades.

22. Esto implica conformar formas molares e institucionales mutantes, cambiantes, en constante devenir, aptas para adecuarse a las composiciones de las dinámicas moleculares, a los problemas que se enfrentan y a las soluciones elucidadas. Estas formas no son estatales, no corresponden al Estado, no responden a las capturas y su reproducción, sino a desplazamientos libres, a flujos creativos, al devenir permanente de la vida en sus múltiples e innovadoras formas.

23. No hay necesidad de Estado; al contrario, esta macro-institución es un obstáculo y un peligro para la realización plena de la democracia participativa. Se requieren consensos, acuerdos, deliberaciones, en todos los terrenos, en todos los escenarios, usando mecanismos rápidos, no burocráticos, para efectos de su operacionalización.

24. Con el desmoronamiento del fetichismo estatal, los pueblos pueden borrar las fronteras imaginarias de la geopolítica del sistema-mundo capitalista, están en condiciones de conformar una confederación de los pueblos del mundo, democrática participativa, que sea capaz de atender efectivamente los grandes problemas heredados de la humanidad. Heredados de la genealogía estatal, de la genealogía colonial y de la genealogía capitalista.

Arqueología de los códigos y umbrales de las sociedades

Manuel DeLanda en A New Philosophy of Society, en la introducción a la teoría expone, teniendo en cuenta la configuración de la telaraña, lo que nosotros llamaremos la arqueología de los códigos y de los umbrales de las sociedades humanas [1] . Dice que un primer umbral se encuentra con la emergencia del código genético, que constituye la memoria sensible, el programa y engrama, hasta podríamos decir, la gramatología, de la vida y de las especies, haciendo eficiente la administración de energía, usando las enzimas como catalizadores, e inscribiendo en los cromosomas los códigos de identidad. Los códigos genéticos devienen códigos somáticos, códigos corporales, códigos biológicos en la proliferación de sistemas de señales, de indicatum, de marcas, de perfiles, de colores, de olores y espesores; de lo que podríamos llamar, metafóricamente y retrospectivamente, los “arje-lenguajes” previos, anteriores al lenguaje. Las “arje-escrituras” previas, anteriores a la escritura misma. El haber cruzado este umbral genético da lugar a múltiples y plurales conexiones, composiciones, redes, combinaciones, diversos recorridos de las especies en sus continentes ecológicos. En las condiciones de estas complejidades no es posible sostener la tesis de la causalidad, de la linealidad, de la relación determinista de causa-efecto. Estamos ante el despliegue de una complejidad enorme; pero, también ante la evidencia de operaciones y operatividades altamente eficaces. Las decodificaciones moleculares diversas llevan a ocasionar efectos estructurales internos, así como también efectos estructurales en los ámbitos, que llamaremos, como de costumbre “externos”, sin discutir todavía esta delimitación entre lo “interno” y “externo”. Los ámbitos “externos” se crean y recrean a partir de las dinámicas de relaciones, conformando también conglomerados, más o menos estructurados, conglomerados que, a su vez repercuten en las estructuras “internas”. Estamos ante una multiplicidad de condicionamientos, determinaciones y efectuaciones, que se suceden por “capturas”, decodificaciones, asimilaciones y metabolismos propios. La proliferación espontánea de esta innovación constante y recurrente de la vida se da lugar al instante, en sus formas azarosas y necesarias, a la vez.

El segundo umbral es el de los códigos del lenguaje, los códigos lingüísticos. Según Manuel DeLanda el cruzar este umbral lingüístico ha dado lugar, en las sociedades humanas, a una complejidad mayor de las relaciones, por lo tanto de las estructuras sociales. Así mismo ha extendido enormemente los alcances del espaciamiento de las conexiones, de la irradiación de los intercambios y concomitancias poblacionales. La codificación-decodificación de los sistemas lingüísticos ha cohesionado comunidades, ha conformado sociedades, ha constituido naciones, llegando a complejizar los mismos ámbitos de relaciones, las estructuras y sistemas de relaciones, avanzando de formas locales de intercambio, a formas regionales, nacionales y mundiales de intercambio. El ejemplo ilustrativo es la historia de los mercados. En esta evaluación del umbral y el horizonte de los códigos lingüísticos, Manuel DeLanda detecta las limitaciones disciplinarias de las teorías sociológicas. Uno de los obstáculos epistemológicos de estas teorías es el encontrarse apegadas a las lógicas linealistas, causalistas y deterministas. Sólo cuando se considera la perspectiva de las probabilidades y de las distribuciones estadísticas, se toman en cuenta otras contingencias, otras “lógicas”, no linealistas, no causalistas y no deterministas. Aunque se lo hace en términos de la relatividad probabilística.

Retomando la evaluación de DeLanda nos hacemos preguntas, que nos parecen pertinentes. ¿Si la actividad y la explicación de las actividades se encuentran en las dinámicas moleculares, por qué, las sociedades humanas, al cruzar el umbral de los códigos del lenguaje, se han obsesionado por composiciones molares estables, que terminan siendo aparatosas, poco operativas, escasamente eficaces, dejando pendiente problemas sin solución; falencia compensada apenas con la ilusión imaginaria del cumplimiento de los fines? ¿En qué momento se produce la transferencia de la potencia de las dinámicas moleculares a la captura institucional de las estructuras molares? ¿Por qué las sociedades humanas han llevado tan lejos las cosas, esta subordinación de lo molecular a lo molar, que han puesto en peligro su propia sobrevivencia? Estas son las preguntas que vamos a tratar de responder.

La codificación ligústica, que se efectúa recurriendo al sentido del oído y al sentido de la vista, prioritariamente, requiere de una decodificación no física, no química, no biológica, sino, mas bien, imaginaria. La interpretación lingüística no es exactamente física, ni química, ni tampoco biológica, aunque intervengan estas condiciones, sino más bien virtual. Lo que se reproduce es la imagen visual, la imagen acústica, la imagen táctil, la imagen olfativa, la imagen del gusto; es decir, la imagen perceptual. Pero, también la imagen afectiva. Se pone en actividad la imaginación, la imaginería de la imaginación. Se pone en juego la capacidad creativa de la imaginación. Ya no se trata sólo de reproducción de imágenes, sino de producción de imágenes; se trata de la invención imaginaria, también de la experimentación de “vivencias” imaginarias, que aunque no se hayan dado efectivamente, se dan virtualmente. Las sociedades humanas terminan otorgándole tal importancia a estas “vivencias” imaginarias que se convierten en el mundo referencial primordial.

Se puede decir que se produce como una interiorización de las relaciones; la “exterioridad” vital es sustituida por la “interioridad” intensa. El ser humano está como volcado a “mirar” su “interior” o, si se quiere, también a “mirar” desde su “interior”. Ocurre como si se diera una odisea en el mundo “interior”. Un viaje al “interior” del microcosmos. Pero, se trata de un cosmos virtual, aunque corresponda, en parte, de manera transformada, al cosmos “real”. Es en este mundo o mundos imaginarios donde debemos encontrar las explicaciones buscadas.

La preponderancia de la imaginación en los horizontes de la codificación-decodificación lingüística ocasiona que las respuestas, las acciones, no solo se efectúen teniendo en cuenta el referente primordial, que es la “realidad”, sino teniendo en cuenta el referente intenso, que es imaginario. El ser humano tiende a actuar para este referente intenso y en escenarios imaginados, correspondientes a este referente intenso. El ser humano se dirige a sus dioses, a sus demonios, a sus espíritus, las fuerzas inmanentes. Se puede decir que el mundo del ser humano es este mundo habitado por fantasmas. Ofrenda sacrificio a sus dioses, danzas, músicas, cantos, levanta monumentos, efectúa ritos y ceremonias. Se entrega a sus dioses, dedicándole su vida. El mundo “real” es una “apariencia” o una provisionalidad; el mundo que importa es el imaginario. Se entiende entonces que las instituciones que crea el ser humano también estén dedicadas a sus dioses, a satisfacer los requerimientos de los dioses. El ser humano no vive para “sí mismo” sino para sus fantasmas; convierte este “sí mismo” en el vinculo esencial con sus fantasmas. Se entiende entonces que sus fantasmas se conviertan en sus amos.

Ahora bien, los fantasmas no son solamente fantasmas, sino que devienen espectros, adquieren presencia, se manifiestan. Las respuestas son corporales, son materiales, adquieren cuerpo, se realizan efectivamente. Los fantasmas forman parte de la materialidad de las instituciones; adquieren forma en las relaciones efectuadas, en las prácticas y acciones, en las estructuras sociales que se conforman. Por ejemplo, las instituciones conformadas para lograr el control de la descendencia, los clanes, son formas sociales de relaciones y reglas, cuyo sentido corresponde al fantasma; la prohibición del incesto. Como ocurre también con las instituciones de iniciación, correspondientes a las transformaciones corporales, al comienzo de la caza, de la pesca, de la recolección, de la agricultura. Todas estas instituciones están vinculadas a su sentido mítico. Su “origen” se ha despegado de su invención humana, para convertirse en una transferencia de los espíritus o de los dioses, de los espíritus encarnados en los animales o de los dioses que bajan del cielo.

Este sentido mítico es lo que llama la atención. No se trata de una reacción directa, como en el caso de la “decodificación” física, la “decodificación” química, la “decodificación” biológica, sino de una reacción construida. Una respuesta construida sobre la base de la interpretación imaginaria. ¿Cuál es la importancia de esta decodificación imaginaria? ¿La decodificación lingüística crea mundos? La invención, implícita en la vida, ya no es solamente una invención biológica, una invención molecular, lo que de suyo conlleva una invención atómica, una invención cuántica, sino una invención también virtual. Las instituciones no son solamente biológicas, aunque correspondan al biopoder; si bien son invenciones biopolíticas, son también estructuras de valores, de normas, de reglas, además de corresponder a lugares, a construcciones, y obviamente, además de estar cargadas de símbolos y formar parte de narrativas. Las instituciones forman parte del “universo” afectivo y de la historia violenta de las sociedades humanas, del mapa imaginario y también de la cartografía de sus territorializaciones. Las sociedades humanas han construido instituciones para arraigarse; sin embargo, lo hacen de una manera paradójica, pues actúan en escenarios imaginados.

No es que la interpretación imaginaria no corresponda a los referentes de la “realidad”; de ninguna manera. La correspondencia se da, sino no podría haber decodificación e interpretación. Lo que pasa es que la interpretación se efectúa en otros términos, distintos a las “decodificaciones” o reacciones físicas, distintas a las “decodificaciones” o reacciones químicas, distintas a las “decodificaciones” sensuales y afectivas biológicas. La decodificación es de signos y la interpretación es de imágenes. ¿Qué es lo que se decodifica entonces? El sentido de las palabras, que después se convierte en la interpretación del sentido de las “cosas”. Ocurre como si las palabras se hubieran apoderado del sentido de las “cosas”, del “espíritu” de las “cosas”. Al hacerlo, después, ya no se trata de decodificar el sentido de las palabras, sino el sentido de las “cosas”, como si lo tuviesen. Los mudos de las sociedades humanas son mudos con sentido.

El ser humano se relaciona con el universo, con las existencias del universo, los “seres” del macrocosmos y del microcosmos, atribuyéndoles sentidos. Por lo tanto, la relación es a través de narrativas. ¿En qué aporta, en qué ayuda, esta decodificación lingüística a la sobrevivencia humana? Fuera de todo lo que se ha dicho del “animal racional”, del “animal del lenguaje”, del “animal simbólico”, del “animal técnico”, es indispensable averiguar en qué le ha ayudado la interpretación imaginaria.

Las sociedades humanas, fuera de encontrar sentidos en las palabras y en las “cosas”, han encontrado sentido en el “todo”, en la “totalidad”, así como en la temporalidad de este “todo” y de esta “totalidad”; hablamos de sentido como dirección, como orientación, sobre todo como telos. Las sociedades humanas han encontrado fines. Por lo tanto, se han impuesto la voluntad de seguir el curso anunciado, descubierto, hecho inteligible. Se puede decir que las sociedades humanas son la realización resuelta de las voluntades. ¿Es inherente a las sociedades humanas la voluntad de dominio o, mas bien, se trata de otra voluntad, “voluntad” en sentido estético, en sentido creativo, comovoluntad de potencia? Esta es una pregunta crucial, sobre todo para interpretar las historias de las sociedades humanas, para responder a la pregunta de por qué se ha tomado el rumbo de la hipertrofia institucional, que termina convirtiéndose en una malla subyugante de los seres humanos.

Se ha observado en las historias de las sociedades humanas, sedentarias, estratificadas, diferenciadas y jerarquizadas, que el sector, el estrato, la clase dominante, despierta y manifiesta arrolladoramente la voluntad de domino. Voluntad de dominio que irradia a toda la sociedad, empujando a la misma a ejercer también dominio sobre otras sociedades. En la modernidad se hace patente la voluntad de dominio de las sociedades capitalistas sobre la “naturaleza”. Empero, ¿qué pasaría si se trataría de sociedades no diferenciadas, no estratificadas y no jerarquizadas, si estamos ante sociedades comunitarias? ¿Despierta la voluntad de dominio o emerge otra forma de voluntad, mas bien, de convivencia, de coexistencia complementaria y de reciprocidad? ¿Hay voluntad de convivencia, de coexistencia, complementaria y de reciprocidad? ¿Hay voluntad asociativa? Se puede decir que sí, pues, de lo contrario, no habría sociedad. Se puede decir incluso, que la voluntad asociativa, de asociación, es primordial, es la voluntad primera, anterior a la voluntad de dominio. Es más, la voluntad de dominio no podría darse sin la realización de la voluntad asociativa. Usando metáforas físicas, podemos decir que las fuerzas de “atracción” son determinantes en el movimiento de las composiciones moleculares. La voluntad de dominio viene a ser una adulteración de la voluntad de asociación, en las condiciones de las sociedades estratificadas y jerarquizadas.

Dejaremos pendiente la discusión sobre la voluntad, sobre si podemos seguir hablando de voluntad. Sobre si es mejor hablar de intencionalidad o, quizás, yendo más lejos, de relaciones y estructuras condicionantes, sin “sujeto”. Esta discusión conceptual, de definición, no interesa por el momento; haría perder el hilo de la discusión. Interesa preguntarse, ahora, por el momento, si el ser humano está condenado a la emergencia y manifestación reiterada de la voluntad de dominio, si está condenado a reproducir instituciones de dominación, por lo tanto, sociedades atrapadas en las mallas de poder de los mapas institucionales.

Siguiendo entonces la discusión, vemos que no puede explicarse la voluntad de dominio sin la anterioridad de la voluntad de asociación. También hemos visto que la voluntad de dominio aparece en sociedades diferenciadas, estratificadas y jerarquizadas. Esto quiere decir que la voluntad de dominio se encuentra íntimamente vinculada a la predisposición de la “clase” dominante, a su sentido de mando, a su perspectiva centralizada, a su pretendida superioridad “natural”, divina, legitima. Ciertamente la dominación tiene que ver con la operación de captura, que se da en toda asociación, en toda composición molecular; empero, no se trata de “capturas” de composición espontanea, sino de capturas impuestas, después institucionalizadas, para convertirse en habitus. Cuando la “captura” se institucionaliza, pierde espontaneidad y consenso, para convertirse en una obligación. La captura se convierte en violencia materializada en la estructura institucional, en conducta orientada a fines; por lo tanto, en dominación que induce comportamientos y moldea cuerpos.

Que esto haya ocurrido en las historias de las sociedades humanas, no quiere decir, no implica, que el ser humano está condenado a hacerlo indefinidamente. De lo que se trata es de remover la matriz de la que emerge la voluntad de dominio, desplegar la voluntad de asociación, en sus formas complementarias y de reciprocidad. Este remover y este hacer reemerger la voluntad de asociación no puede darse sin transformar las sociedades, sin transformar las estructuras institucionales, que son las que se cristalizan en los huesos como voluntad de dominio. Se trata entonces de constitución de “sujetos” y subjetividades emancipadas, de “sujetos” y subjetividades impulsadas por voluntades asociativas espontáneas y consensuadas.

Horizonte de la vía campesina y de las sociedades complementarias

Volviendo a la vía campesina y a las sociedades de las complementariedades y reciprocidades, podemos ponderar que en esta vía se encuentra la posibilidad de una transición pluralista, la posibilidad de jugar a la combinatoria de mundos, de estrategias diversas que crucen los mundos, que interpreten los mundos a partir de una hermenéutica efectiva intercultural; combinatoria que reproduzca, en todo caso, el núcleo matricial, la comunidad de vida, sin dejarse arrastrar por las “lógicas” de los mundos. Se trata de liberar en los seres humanos el cúmulo de capacidades creativas, de potencialidades inventivas, liberar sus devenires, su potencia mutante.

 

Racionalidad no-capitalista de la economía campesina

Ante la sorpresa de los economistas de la persistencia de la economía campesina, a pesar de no ser rentable, desde el punto de vista del cálculo económico, es indispensable preguntarse sobre lo que llamaremos racionalidad campesina o, si se quiere, otra racionalidad, no abstracta, distinta a la racionalidad de la valorización del valor capitalista. Sabemos que hay distintas racionalidades; que es imposible pretender que la única racionalidad sea la abstracta, reducida incluso al cálculo cuantitativo. Racionalidad abstracta reducida al paradigma de la inferencia o, si se quiere, también de la deducción. Racionalidad abstracta expresada, en el extremo de la figura utilitarista, como adecuación de medios a los fines. Esta fue la racionalidad que impuso la modernidad, reduciendo al extremo las capacidades, las facultades, las posibilidades, de la inteligencia humana. Inteligencia convertida en instrumentalidad, como si fuese una herramienta. Desde otra perspectiva, desde la perspectiva histórica, mejor dicho desde la perspectiva arqueológica, genealógica y topológica, la racionalidad es potencia ideacional; crea ideas y conceptos, construye modelos ideales que simulan la “realidad”, es capaz de adquirir información, guardarla, memorizarla, usarla, anticiparse a las acciones. La racionalidad acompaña a toda acción, a toda práctica, a toda conducta y comportamiento humanos. Dejaremos pendiente la discusión de la diferencia entre razón y locura. Dejaremos en suspenso la tesis psiquiátrica de que cuando interviene la locura no hay razón. Nos interesa ahora comprender la potencia múltiple de la razón. Su capacidad de interpretar la experiencia, los fenómenos sensibles, construir, a partir de la experiencia y de la multiplicidad de singularidades, que afectan y forman parte de la experiencia, conceptos; es decir, composiciones imaginadas de los acontecimientos. La experiencia no solo es guardada en su dispersión de singularidades múltiples, sino que es asumida como articulación de sucesos, como integración de eventos, si se quiere, como “estructura” inherente, explicativa de lo que acontece. Al respecto, no hay una sola forma de conceptos, tampoco una clasificación de los mismos, como si pudieran ser fijados a un cuadro como mariposas disecadas. Los conceptos son dinámicos, profusos, proliferantes, creativos, constantemente inventados, de acuerdo a las experiencias. No hay pues una sola forma de racionalidad, sino múltiples; sobre todo, la capacidad de construir nuevas formas de racionalidad inéditas.

Desde esta perspectiva, de la dinámica potente de la razón, no es aceptable la reducción simplista de los economistas, que consideran la economía campesina a partir de la “racionalidad” capitalista. Lo que estos economistas hacen es mostrar las limitaciones estrictas que han impuesto a su propia racionalidad, reduciéndola a una caricatura sin gracia. Partimos de otra hipótesis: si las economías campesinas persisten es porque se mueven bajo otras racionalidades o, si se quiere, otra racionalidad. Hay que preguntarse por lo tanto, ¿cuál es esta racionalidad o cuáles son estas racionalidades?

Hipótesis

Las oikonomías [2] campesinas son formaciones sociales basadas en la producción de alimentos, sean estos agrícolas, pecuarios o de otra índole. La matriz de las formaciones campesinas es comunitaria, aunque la comunidad haya sufrido procesos de descohesión, de disgregación o de privatización. Las oikonomías campesinas se enfrentan a entornos económicos que no controlan, como el mercado, sobre todo como los circuitos de la economía capitalista, comprendiendo todas sus formas de manifestación. Las economías campesinas también tienen al Estado como referente politico, el Estado que promueve o inhibe la reforma agraria. Así como un conjunto de instituciones con las que entra en relación, ya sea por motivos religiosos o por motivos de promoción. Ciertamente, las oikonomías campesinas se encuentran en territorialidades determinadas, en ámbitos, ecosistemas y nichos ecológicos determinados, que son como condiciones de posibilidad ecológica de las oikonomías campesinas. En estas circunstancias, las oikonomías campesinas tienen que actuar considerando todas sus interrelaciones con estos entornos, matrices y condiciones de posibilidad.

Las oikonomías campesinas responden a estos entornos, matrices, condiciones de posibilidad, diversas y diferenciales, con racionalidad o racionalidades combinatorias. Adaptan estos “mundos” a la “lógica” de reproducción de suoikonomía; también se puede observar que despliegan distintas estrategias en relación a estos entornos, matrices y condiciones de posibilidad. Estas estrategias no están desconectadas; al contrario, forman parte de una combinatoria distribuida que apunta a la preservación y acrecentamiento de la oikonomía campesina. El cálculo y la conmensuración, en este caso, no puede darse, ni mucho menos, sobre la base de una sólo medida, el equivalente general, la moneda. Este reduccionismo llevaría a la incomprensión de las oikonomías campesinas, como ocurre con los economistas. Tampoco decimos que nos encontramos ante la ponderación de los valores de uso, en contraposición del valor de cambio, que es la tesis marxista. Este es otro reduccionismo, complementario al anterior. De manera distinta, estamos ante ponderaciones, en plural, basadas en distintas medidas, dependiendo de los casos y las relaciones. Las ponderaciones son tanto cualitativas como cuantitativas, los bienes y las cantidades.

Una de las medidas tiene que ver con los bienes que produce la oikonomía campesina, sus calidades y sus cantidades. Esta medida está relacionada con el tiempo de producción, con el ciclo agrario. Así como con el esfuerzo que se requiere, esfuerzo diferenciado en los cuerpos y sujetos que intervienen en la producción. Añadiendo a estas medidas, aparecen las herramientas, los animales empleados, otros insumos. En este primer ámbito de medidas, el movimiento y la distribución de las mismas tiene que armonizar con las disponibilidades de la oikonomía concreta. La relación con los otros ámbitos es, en principio de adaptación. Por ejemplo, con el mercado, el problema es qué es lo que se puede conseguir del mercado para la propia reproducción, qué es lo que se puede llevar al mercado para la propia reproducción. Ahora bien, en la medida que el mercado se hace cada vez más importante, en la medida que se consiguen más cosas en el mercado para la reproducción, en la medida que se llevan más productos al mercado, que se empieza a producir para el mercado más que para la reproducción, la racionalidad del mercado invade el espesor de la oikonomía campesina, arrinconando la racionalidad combinatoria y diversificada de la formación campesina. En estas circunstancias la oikonomía campesina puede llegar a perder su propia racionalidad, sustituyéndola por la racionalidad del mercado. De esta manera, cuando ocurre esto, la formación campesina se vuelve altamente vulnerable y dependiente.

La relación con el entorno estatal es también, en principio, de adaptación. Se usa al Estado para conseguir la reforma agraria, también otras reivindicaciones como educación y salud, así como apoyos de políticas y de financiamiento para promover las economías campesinas. Se compromete con el Estado lealtades. Sin embargo, cuando las “lógicas” estatales preponderan, cuando invaden los espesores de las oikonomías campesinas, también se arrincona a la racionalidad combinatoria y diversificada campesina, sustituyéndola por relaciones clientelares y prebendales. Cuando ocurre esto, cuando la oikonomía campesina es cooptada por el Estado, la oikonomía campesina ha perdido su autonomía de gestión.

Como se puede ver, las relaciones de la oikonomía campesina con sus entornos son problemáticas. Es difícil, todo un desafío, mantener los “equilibrios”, mejor dicho las equilibraciones, de todas estas interrelaciones. Es problemático preservar la reproducción de la oikonomía y su acrecentamiento, conteniendo las invasiones de otras “lógicas” y otras estrategias, que, en general, son destructivas de la oikonomía campesina.

Por de pronto, no seguiremos con más entornos. Cada uno tiene su propia peculiaridad y su particular efecto sobre el espesor de la oikonomía campesina. Se requiere descripciones exhaustivas, además de evaluar el efecto del conjunto. Pasaremos a considerar la relación de la oikonomía campesina con la matriz comunitaria.

La oikonomía campesina deviene de la comunidad ancestral, esta es su matriz. La comunidad ancestral puede tener muchos nombres, dependiendo de las lenguas, de las culturas, de su devenir civilizaciones, puede adquirir distintas configuraciones, distintos perfiles, diferentes instituciones inaugurales, hasta trayectorias variadas de las instituciones constituidas; empero, mientras conserva lo común como acceso colectivo y directo, incluso bajo normas y procedimientos propios, legitimados por sus instituciones culturales, la comunidad se preserva a través de sus transformaciones y por medio de su reproducción social. Las oikonomías campesinas aparecen cuando las comunidades ancestrales se ven sometidas presiones de fuerzas “externas” a la comunidad, cuando estas fuerzas, movidas por otras lógicas, no-comunitarias, obligan a relaciones discordantes, que inducen adecuaciones estructurales internas, incorporando estructuras, instituciones y lógicas no-comunitarias en su propia reproducción social comunitaria. Es cuando se desprende una racionalidad combinatoria, que busca preservar la reproducción comunitaria, en un ámbito abierto de relaciones discordantes, intercambios, coacciones, como las tributaciones, subordinaciones a macro-instituciones, como las relativas a los imperios y a los estados. Las oikonomías campesinas adquieren perfiles variados, dependiendo de las historias locales, regionales, nacionales, dependiendo de los contextos y las coyunturas, dependiendo de las formas de expansión del mercado, de las formas de subsunción al capital, dependiendo de su inserción en la economía nacional y su inclusión en el Estado-nación. Las reformas agrarias le van a otorgar una expansión proliferante en el continente, adaptando su racionalidad combinatoria a las condiciones ecológicas, geográficas y sociales de sus “entornos”. Contando con los recorridos y circuitos de sus productos, como trayectorias de reproducción social, como líneas de intercambio, como entrega de su energía, de su fuerza de trabajo, de sus bienes, a la sociedad mayor, al mercado y al Estado-nación, a las cartografías institucionales donde está inserta.

No hay una oikonomía campesina, sino una pluralidad de formas de oikonomía campesina. Precisamente esta pluralidad de formas se debe a su racionalidad combinatoria; por lo tanto, el perfil adquirido en un ecosistema, en una geografía local, en ámbito regional, dependen de la composición de la combinatoria. Lo sugerente de la oikonomía campesina es que logra preservas el tejido comunitario en la amalgama de sus combinaciones y composiciones. Usa el mercado, tanto para llevar productos como para adquirirlos; usa al Estado tanto para legitimar sus posesiones como para adquirir servicios, adquirir derechos, adquirir tierras, como cuando se da la reforma agraria; también se usa al Estado para acceder a la escuela, a la salud e infraestructuras. La oikonomía campesina usa a la iglesia tanto para hacer circular sus sincretismos como para obtener cierta atención a determinados problemas; así como usa a la ONGs tanto para canalizar demandas como para obtener inversiones concretas en proyectos determinados. En la medida que esta amalgama de relaciones y combinaciones de distintas lógicas, que obviamente, terminan internalizándose, no afecte la reproducción del tejido comunitario, la racionalidad combinatoria es parte de las estrategias de sobrevivencia y reproducción de la comunidad. Incluso esta comunidad puede haber perdido la forma de “propiedad” comunitaria de la tierra, puede haberse diseminado en una distribuida propiedad privada, compuesta de unidades familiares; empero, en la medida que el uso del territorio, el manejo de los bosques, las cuencas, la complementariedad y reciprocidad de los trabajos, siga siendo comunitaria, el tejido comunitario se mantiene. Lo que importa es la preservación y la reproducción del substrato comunitario. Sin embargo, cuando la invasión del mercado es preponderante, termina como imponiendo una suerte de hegemonía, termina dominando “espacialmente”, en el espectro de las cartografías, cuando, por ejemplo, se pasa de una producción diversificada al dominio mayor del monocultivo, destinado al mercado, laoikonomía campesina pierde su racionalidad combinatoria, sustituyéndola por la “lógica” del mercado, perdiendo con esto su capacidad de reproducción social comunitaria, dejándose llevar a su extinción, y transformándose en un dispositivo más de la economía capitalista. Lo grave es que esto, su reducción a dispositivo en el sistema-mundo capitalista, ocurre en sus formas más homogéneas, mas estructuradas, en las formas que no aceptan combinatorias y racionalidades campesinas, sino sólo la de la ganancia, el cálculo del costo y el beneficio.

Lo mismo pasa en la relación de la oikonomía campesina con el Estado. Cuando se estataliza los espacios, planos de intensidad, espesores de intensidades, de las oikonomías campesinas, cuando la escuela forma parte de la reproducción social, cuando se cooptan a las dirigencias, cuando se incorporan a las comunidades en proyectos, cuando se atraviesa a la población con políticas y los conflictos políticos. No es que las oikonomías campesinas no tengan que hacerlo, sino cuando el Estado anula sus autonomías, sus capacidades de juego, sus maniobras combinatorias, entonces las oikonomías campesinas también se extinguen, dándose lugar a asentamientos, pueblos, estratificados, incorporados a la reproducción estatal. La pérdida de autonomía política equivale también a algo parecido a la pérdida de gestión propia en la producción, distribución y consumo.

En otro terreno, algo análogo pasa cuando la evangelización dogmática ocupa los espesores subjetivos de las comunidades campesinas, quitándoles autonomía en la constitución de sus sincretismos hermenéuticos y religiosos, imponiendo la ortodoxia de la escritura bíblica, de la interpretación protestante y de la moral individualizante. Cuando las comunidades campesinas pierden cierta autonomía en su gestión espiritual, más parecida al politeísmo, que al monoteísmo cristiano, las comunidades pierden su capacidad imaginativa. En la medida que las comunidades campesinas puedan jugar con las distintas narrativas religiosas, puede preservar su capacidad interpretativa e imaginativa, sacando tajada de sus sincretismos, interpretando desde su memoria activada. Cuando esto ya no ocurre, cuando se ha dogmatizado a los pueblos, a los asentamientos, se ha inoculado nuevamente la consciencia culpable, y a través de esta culpa se ha abierto nuevamente el camino a los nuevos disciplinamientos.

Otro ámbito de relaciones es el relativo a las ONGs. Estos dispositivos de la “sociedad civil” crean también sus clientelas en las dirigencias, en los lideratos, en la promoción de líderes, en la implantación de proyectos, educativos, formativos, culturales, económicos, productivos, de género y otros perfiles. Cuando los proyectos de las ONGs se convierten en preponderantes, las comunidades campesinas se hacen dependientes de los proyectos y de las ONGs. Pierden también su autonomía en distintas formas de gestión. Mientras no ocurra esto y las comunidades campesinas puedan usar estas propuestas sobre la base de su autogestión y autodeterminación, sobre la base de su propia racionalidad combinatoria, estos proyectos pueden formar parte de la gama de alternativas en la estrategia de reproducción comunitaria.

Como se puede ver, el secreto radica en preservar la racionalidad campesina, la capacidad combinatoria; cuando se ha perdido esta capacidad de maniobra, que preserva el tejido comunitario, la oikonomía campesina se extingue, dándose lugar a procesos de proletarización, combinados con procesos de empresarialización de las mismas economías campesinas, acompañados por procesos migratorios, sobre todo hacia las grandes ciudades.

¿Por qué es importante la existencia de la oikonomía campesina? Porque se trata de un núcleo complejo de articulaciones sociales, que hace de puente entre mundos, que hace de encrucijada hacia varias rutas, manteniendo la posibilidad de transiciones, de circuitos y recorridos, que preservan el tejido comunitario.

La “economías” campesinas, pues así se las nombra, pues ese es su límite epistemológico, fueron siempre un problema para el marxismo y para las revoluciones socialistas. Las consideraron un obstáculo para la revolución socialista, a pesar que, paradójicamente, fueron las mayorías campesinas, las que posibilitaron las aventuras “revolucionarias”. Las que sirvieron de base para sustentar las teorías orientales de la revolución, las teorías sobre el imperialismo y la cadena más débil de la tensión capitalista, las que, bajo la tesis del desarrollo desigual y combinado, sustentaron la transición ininterrumpida o permanente al socialismo. Los marxistas, en el gobierno socialista, buscaron reducir estas formaciones campesinas, por medio de procedimientos violentos como las de las colectivizaciones forzadas, así como procedimientos reformistas sometiéndolas a la subsunción política bajo la estrategia de la acumulación originaria socialista. Los marxistas teóricos trataron de interpretar el sentido histórico de las “economías” campesinas a través de sus observaciones del proceso de proletarización, incluso de procesos inversos, en algunos casos, de campesinización, acompañados por la expansión de la burguesía agraria. La “economía” campesina sólo tiene sentido en el marco de la decodificación del modo de producción capitalista. Es una “economía” rural totalmente subsumida, formalmente, a la acumulación de capital. No aparecen para nada otras “lógicas” propias, “lógicas” cualitativas; sólo se lee estas formaciones a través de “lógicas” cuantitativas y de la conmensuración del equivalente general. Esta reducción dialéctica de las “economías” campesinas mantiene la tranquilidad marxista, en la medida que se preserva la teleología de la interpretación histórica.

La existencia de la oikonomía campesina es un desafío irresoluble para las teorías marxistas, para las teorías económicas clásicas, neoclásicas, liberales y neoliberales. Estas teorías sólo encuentran pérdidas en sus modelos de cuantificación; son incapaces de ver, visualizar, observar, las ganancias cualitativas, la reproducción del tejido comunitario. Acostumbrados a pensar desde el fetichismo de la mercancía, incluso el marxismo, que tiene como herencia precisamente la crítica al fetichismo de la mercancía. Estos dilemas forman parte de sus paradojas.

Si queremos construir mundos alternativos al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo, debemos aprender de la oikonomía campesina, de su racionalidad combinatoria, de su juego articulador de distintas estrategias, que terminan efectivizando la reproducción del tejido comunitario. La re-campesinización como alternativa, lo que postula la vía campesina, no solamente significa volver al campo, volverse productores de alimentos, sino también aplicar en distintos contextos, los que habitamos, la racionalidad combinatoria, buscando hilar tejidos comunitarios. Expulsar de nuestros campos de posibilidad comunitarios las invasiones dominantes del mercado, las hegemonías estatales, las destrucciones dogmáticas de los imaginarios, las subordinaciones normativas de los proyectos. Dejar abierta la posibilidad autónoma de los juegos estratégicos, de las combinatorias, que efectúen el fortalecimiento cualitativo de la vida, de los ciclos de la vida, de los diversos tejidos comunitarios.

 


[1] Manuel DeLanda: New Philosophy of Society. Assemblage Theory and Social Complexity. Continuum

[2] Hablaremos de oikonomías, ya no de economías, no sólo para volver al sentido original de oikos, hogar, sino para desligarnos de la lógica” cuantitativista, reducida a la ponderación aritmética del equivalente general. Lo hacemos para visualizar las formaciones campesinas en su complejidad.

Publicado en: Bolivia

La Unión Europea debe investigar quién financió y envió a Előd Tóásó y Mario Tadić a Bolivia

24/11/2013 by maestro 1 comentario

Por: Cristiano Morsolin

El eurodiputado Jürgen Klute, manifestó su asombro por que se impusiera una Urgencia en Derechos Humanos, sobre el caso del húngaro-romano Előd Tóásó y el croata-boliviano Mario Tadić, sindicados de pertenecer a un grupo armado ilegal que buscaba provocar una guerra separatista en Bolivia

El eurodiputado alemán Jürgen Klute (1), manifestó en el Pleno del Parlamento Europeo, su asombro y desconcierto por que se impusiera una Urgencia en Derechos Humanos, sobre el caso del húngaro-romano Előd Tóásó y el croata-boliviano Mario Tadić, sindicados de pertenecer a un grupo armado ilegal paramilitar que buscaba provocar una guerra separatista en el territorio boliviano. El eurodiputado, miembro del grupo GUE/NGL (2), expresó: “Lo sorprendente es que a la vez de discutir aquí en Europa las necesidades para mejorar nuestra lucha contra el terrorismo y evitar que mercenarios europeos viajen a otros países a intentar desestabilizar otros gobiernos, la derecha conservadora del Parlamento Europeo, busque desviar completamente este debate, tratando de interferir en la justicia boliviana y su derecho a juzgar estos terroristas en acuerdo con las leyes bolivianas.”

Frente a la resolución de los grupos de derecha, liberales y social demócratas, que menciona que los mercenarios arrestados se encuentran en “prisión preventiva sin acusación” desde su arresto, Jürgen Klute subrayó que en esa misma resolución se contradice al reconocer que “el 17 de diciembre del 2010 se presentaron públicamente cargos de terrorismo” y que la ley Boliviana fue aplicada conforme al artículo 239 del Código del Procedimiento Penal.

Jürgen Klute recordó la invitación extendió la Cámara de Diputados Boliviana a la Comisión Europea, las embajadas de los Estados miembros y Comisiones del Parlamento Europeo, entre otras, a realizar una visita oficial de Bolivia y particularmente al Departamento de Santa Cruz, con el fin de clarificar las inquietudes.

Finalmente el eurodiputado Klute – representante del partido alemán Die Linke (3), concluyó: “Yo me preguntó quienes han financiado y enviado estos mercenarios europeos a Bolivia. La UE debe concentrar sus esfuerzos para investigarlo”.

El Parlamento Europeo (4) ha pedido hoy al Gobierno boliviano que garantice un juicio “justo e independiente” sobre el supuesto complot contra el presidente Evo Morales, así como una “investigación independiente” sobre las muertes de ciudadanos europeos vinculadas al caso.
La Eurocámara ha trasladado esta petición a La Paz en una declaración adoptada hoy en la sesión plenaria celebrada en Estrasburgo (Francia). En primer lugar, el PE solicita al Gobierno boliviano “que garantice un juicio independiente” para los casos del ciudadano húngaro Elöd Tóásó y del boliviano-croata Mario Tadic, acusados de planear un magnicidio contra el Presidente Evo Morales.

El Euro-parlamentar español Willy Meyer ha difundido un mensaje de apoyo al Gobierno de Bolivia ante la campaña de desprestigio de la mayoría conservadora del PE (5).

Relación con mercenarios y otros neofascistas italianos

El Observatorio LIBERANDE realizado por la Red nacional antimafia Libera (Italia) en 2009 ha difundido un importante reportage del periodista boliviano Wilson García Mérida, que demuestra que el narcotráfico sigue alimentando los crímenes de lesa humanidad.

Marco Marino Diodato, el exterminador que llegó a Bolivia con los mercenarios que trajo Klaus Barbie para apoyar el golpe de García Meza, no es el único criminal que finge su muerte para evadir el peso de la justicia. Dicen que se suicidó por despecho, pero no hay evidencia legal al respecto. Se lo busca por el horrendo asesinato de una digna mujer cruceña, la fiscal Mónica von Borries, y hay más de un indicio acerca de su reincorporación al círculo de latifundistas que lo protegen; esos que aplaudieron la masacre del 11 de septiembre en Pando.

En 1992, en la sección necrológica de Los Tiempos apareció un aviso religioso anunciando la muerte, en Estados Unidos, de un conocido narcotraficante, “Adrián”, ligado a la banda de Jorge Roca Suárez (alias “Techo de Paja”). El anuncio causó risa en Cochabamba porque todo el mundo sabía que aquelpichicatero que lavaba dólares en esta ciudad mediante cadenas de restaurantes, moteles y prostíbulos, andaba vivito y coleando en San Diego, California, con una identidad nueva y bien protegido por la DEA (la agencia antinarcóticos norteamericana); pero, ante “su muerte”, quedó libre de los cargos por diversos delitos que “Adrián” había cometido en Bolivia.

Pocos años antes, en 1989, se habló de la muerte, en el Departamento del Beni, del mafioso Yayo Rodríguez Román, acusado de dirigir el secuestro y asesinato de 36 pilotos brasileños cuyos cuerpos fueron hallados en una fosa común descubierta en la hacienda del narcotraficante. La banda de Yayo Rodríguez robaba avionetas en la frontera con Brasil, matando a sus dueños, para reacondicionarlas con mayor autonomía de vuelo hasta llegar al Golfo de México (una ruta liberada por la DEA para el narcotráfico boliviano “post Roberto Suárez”) donde se descargaba la droga, tras lo cual los aviones “desechables” eran tirados al mar. Yayo Rodríguez fue “enterrado” con solemnes pompas fúnebres pero nunca se vio su cuerpo. Cuando la Fiscalía quiso exhumar el cadáver, halló piedras en el ataúd.

Entre los mafiosos en general, y entre los criminales del narcotráfico en particular, es común el ardid de “aparecer muertos” cual eficaz manera de evadir el peso de la ley cuando sus delitos son extremos como el asesinato premeditado. Pero también “mueren” como parte de una acción de encubrimiento ejecutada por la DEA y la CIA cuando estos organismos —que no tienen escrúpulos en aliarse con avezados delincuentes por razones políticas— les benefician con sus “programas de protección a testigos”.

Sea como fuere, en su edición del pasado 13 de abril, El Deber de Santa Cruz lanzó la noticia sobre la “muerte” de Marco Marino Diodato, el paramilitar y narcotraficante italiano que llegó a Bolivia junto a mercenarios de Klaus Barbie en el plan de apoyar el golpe de Estado de Luis García Meza en 1980. Diodato, que se casó con una sobrina del ex dictador Hugo Bánzer Suárez, huyó de Santa Cruz en el 2004 tras asesinar con una bomba de alto poder a la fiscal Mónica von Borries. La insólita noticia de la muerte del asesino, no confirmada en absoluto, no deja de ser ese viejo truco tan usual entre mafiosos de semejante calaña.

¿Réquiem para un desalmado?

El periódico El Deber, en la citada edición, publicó una entrevista con el periodista Herland Campos Reimers, quien, en un libro titulado “Diodato: el final de un fugitivo”, sostiene la “hipótesis” de que el mafioso “se habría ahorcado en un árbol de penoco, en una propiedad llamada el Coloradillo, que está ubicada a seis kilómetros pasando la localidad de Warnes, en marzo de 2004, es decir, un mes y medio después de su fuga ocurrida el 31 de enero de la clínica Bilbao, donde estaba bajo custodia policial”. Según dicha “hipótesis”, la causa de la fatal decisión “sería una depresión por sentirse abandonado por sus amigos y familiares, sin dinero, y porque su esposa se involucró con su hermano en Italia”.

Campos aseguró que los datos de su libro comenzaron a ser acopiados cuando conoció al cazador y pescador Luis Fernando Finetti Justiniano, de ascendencia italiana, quien “había trabajado para Diodato en las actividades de juegos de azar y era uno de sus pocos amigos”.

Finetti era pescador aficionado, al igual que el autor del libro, y en una de sus tantas jornadas de pesca surgió el tema de Diodato. “Después de que el italiano se fugó, yo le pregunté (a Finetti) si sabía de su paradero, pero se rehusó a hablar, insistí en que no quería hacer algo que lo dañe, pero no dijo nada. Por su expresión sentí que lo estaba protegiendo, que sabía dónde estaba escondido, entonces le dí mi tarjeta”, relató Campos.

“Pasaron más de tres años y un día de mayo de 2007 recibí una llamada. Era Finetti, que me ofrecía datos sobre Diodato. Fui hasta el sitio acordado, más allá de Warnes, donde me contó llorando que su amigo había muerto. Se había ahorcado colgándose de un árbol”, acotó. “Me contó que enterró el cuerpo de Diodato en esa propiedad y que dejó pasar el tiempo hasta que me llamó. En nuestro encuentro ofreció llevarme al lugar donde supuestamente había enterrado los restos, incluso me dio algunas señales del lugar. Acordamos un nuevo encuentro, pero pocos días antes de la nueva cita, Finetti falleció en un accidente. Murió el 27 de mayo de 2007 cuando salía del surtidor que queda cerca de la fábrica de leche en Warnes. Un vehículo lo arrolló desde atrás. La Policía no le dio importancia al hecho, pero puede haber alguien detrás”, relató Herland Campos al periodista Igor Ruiz de El Deber. (En todo caso, es más probable que el mismo Diodato fue quien asesinó a Finetti).

Campos comenta que “la verdadera investigación” del caso Diodato surgió luego de la muerte de su informante. “Entrevisté a uno de sus primos y a otros pescadores. Uno de ellos me llevó hasta Coloradillo, donde encontré un botín militar que usaba Diodato. Tengo pruebas y muchos datos para aportar si es que la justicia quiere exhumar el cuerpo del italiano”, aseguró. En su libro, Campos incluye entrevistas a amigos de Finetti, quienes afirman que “el cazador les confesó que había protegido al italiano y que había muerto ahorcado”.

No obstante los varios meses transcurridos desde la publicación de aquella “revelación”, las autoridades policiales y judiciales que buscan a Diodato por el asesinato de la fiscal Mónica von Borries no han encontrado el supuesto cadáver. Por el contrario, en los últimos días son insistentes las versiones de que el peligroso mafioso fue visto campante en los territorios de la “media luna” donde se produjo una despiadada masacre como la de Pando el pasado 11 de septiembre, además de otros actos en escalada criminal propios de un golpe de Estado.

Diodato y Leopoldo Fernández

Entre mayo y junio de este año (2009), el Departamento de Pando —zona que se halla bajo la órbita de Santa Cruz dentro el territorio de la “media luna” que busca separarse del gobierno indígena de Evo Morales— se convirtió en el escenario de una ola de crímenes y asesinatos cometidos por sicarios del narcotráfico que, impunemente y con protección del “gobernador” separatista Leopoldo Fernández, campean en aquel alejado territorio amazónico de Bolivia. En menos de un año se han producido más de 30 “ajustes de cuentas” con ejecuciones en plena vía pública realizadas por asesinos a sueldo llegados desde el Brasil, donde, según consta en expedientes judiciales, Diodato reclutaba miembros para su banda.

Esta presencia delincuencial, promovida y organizada desde la Prefectura de Leopoldo Fernández, tenía el sello inconfundible de Marco Marino Diodato, de quien se asegura —desde fuentes policiales muy confiables que están en contacto con “Datos & Análisis”— ha retornado a sus actividades asesorando a la neofascista “Unión Juvenil Cruceñista” de la cual Diodato es “miembro honorario” desde el año 2001. Esta organización paramilitar que sigue las órdenes del presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, el latifundista croata Branco Marinkovic, expandió su influencia y sus actividades hacia otros distritos de la órbita separatista, incluyendo a Cochabamba y Chuquisaca, además de Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando.

En vísperas de la masacre de Pando acaecida el 11 de septiembre, “Datos & Análisis” recibió el llamado de una fuente policial asegurando que, en el mes de julio, Diodato fue visto en una zona residencial de Tiquipaya, en Cochabamba, cuando este Departamento todavía era gobernado por el prefecto separatista Manfred Reyes Villa. Afortunadamente el mandato de Reyes Villa fue revocado en el referéndum del 10 de agosto; hoy Cochabamba está libre de la influencia balcanizadora de la “media luna”. Sobre la presencia de Diodato en este Departamento, no se nos brindaron mayores detalles; pero tomamos contacto con otras fuentes —militares, policiales y judiciales— confirmando que Diodato se encuentra hoy en Santa Cruz protegido por miembros de la “Unión Juvenil Cruceñista”. Se asegura incluso que Diodato mantiene contacto directo con dirigentes del Comité Cívico Pro Santa Cruz y otros líderes de la “media luna”.

Sin embargo, también en círculos policiales, hay quienes afirman que es posible que Diodato esté siendo confundido con el presidente cívico Branco Marinkovic, quien tiene un sorprendente parecido físico con el criminal italiano. Pero la probabilidad de que no exista error alguno y que efectivamente Diodato haya “salido de su tumba”, es mayor.

La ejecución de decenas de campesinos en Pando, entre ellos mujeres embarazadas y niños en edad escolar, aquella aciaga jornada del 11 de septiembre, tiene el inconfundible sello neo-nazi de un exterminador como Diodato. Leopoldo Fernández, el “gobernador” de Pando, fue Ministro del Interior durante los gobiernos de Hugo Banzer Suárez y Tuto Quiroga, precisamente cuando Diodato tenía un ítem de “asesor”, con rango militar, dentro los organismos estatales de represión.

Buscando al exterminador

Al mediodía del viernes 27 de enero del 2004 un coche-bomba explotó cuando la fiscal Mónica von Borries salía de su domicilio rumbo a su oficina en el Ministerio Público de Santa Cruz. El asesinato se produjo cuando von Borries se disponía a investigar la apropiación ilegal de más de 400.000 hectáreas por parte del empresario constructor y ex ministro del MNR Andrés Petricevic(†), ante reclamos del Movimiento Sin Tierra (MST) que exigía la reversión de esas tierras para beneficio de miles de campesinos pobres. La fiscal von Borries investigaba también la ilegal dotación de tierras que detenta el empresario croata Branco Marinkovic en territorios originarios indígenas, incluyendo una laguna.

Las investigaciones establecieron que el asesinato había sido cometido por el narcotraficante italiano Marco Marino Diodato, quien en ese momento se encontraba prófugo tras huir de la cárcel de Palmasola donde fue recluido al ser sorprendido “clonando” celulares del Alto Mando Militar. Diodato huyó de la cárcel bajo el gobierno de Sánchez de Lozada y el asesinato de la fiscal von Borries se produjo durante la presidencia de Carlos Mesa.

Von Borries investigaba también a Diodato por sus nexos con los latifundistas acaparadores de tierras indígenas. Las fuerzas anti-droga habían descubierto una fábrica de cocaína en una de sus haciendas ganaderas. El asesinato de la Fiscal fue el inicio de una escalada conspirativa y delincuencial consumada, un año después de ese hecho criminal, con la propuesta política del “Referéndum Autonómico” lanzada en el “Cabildo de la Cruceñidad” que se produjo en enero del 2005. El desenlace de esa primera escalada separatista fue la renuncia de Carlos Mesa en junio de ese año, cuando comenzó a actuar abiertamente la “Unión Juvenil Cruceñista”, de la que Diodato era instructor y mentor, además de “miembro honorario”.

En aquel momento, según una información difundida por el analista Aníbal Jerez, el fascismo cruceño se había corporativizado a través de organizaciones empresariales como CAINCO (Cámara de Industria y Comercio) y la CAO (Cámara Agropecuaria del Oriente), así como del Comité Cívico Pro-Santa Cruz y logias como la “Nación Camba” que es una suma de las fraternidades carnavaleras de la oligarquía oriental.

La prensa boliviana ya había identificado como cabezas visibles de aquel movimiento violentista a los empresarios Branco Marinkovic, Rubén Costas, Oscar Serrate, Rafael Paz, Oscar Ortiz y los hermanos Dabdoud: éstos, decía Jerez, “reciben estipendios de las compañías petroleras en calidad de miembros de sus directorios o son socios de capitalistas chilenos en diversos rubros de exportación”.

Diodato integraba esas logias gozando de todo privilegio. Tras el asesinato de la fiscal von Borries, el italiano fue nuevamente capturado; pero inmediatamente fingió una enfermedad, sus abogados pidieron su internación en un clínica de Santa Cruz, y de allí fugó con toda tranquilidad. La justicia boliviana lo sigue buscando”, concluye el reportaje (6).

Europarlamento en contra del Golpe

El día 13 de octubre de 2009, Giusto Catania, Europarlamentar italiano GUE-NGL y Vice Presidente Comisión “Libertades Civiles”, ha realizado una conferencia en Bruxel sobre su recién viaje en Bolivia junto a una delegación del Parlamento Europeo.

Durante esos días de violencia en las que opositores destruyeron importante infraestructura, un gasoducto y, entre otras sedes, la del Centro de Estudios Jurídicos y de Investigación Social (CEJIS), una ONG defensora de los derechos humanos financiada en parte por la Comisión Europea (CE).

Según el eurodiputado italiano Catania en 2009 (y hoy vice alcalde de Palermo), los grupos PSE, ALDE, Izquierda Unitaria Europea, Unión por la Europa de las Naciones y los Verdes propondrán en la mesa de presidentes de formaciones parlamentarias, una “resolución de urgencia”. ”La Unión Europea no puede interferir en la política nacional” boliviana, indicó, aunque subrayó que tiene que “salvaguardar los derechos humanos” y apoyar el proceso democrático en el país.  Una delegación del Parlamento Europeo confirmó  que entre agosto y septiembre la oposición intentó un golpe de estado en contra del gobierno constitucional del presidente Evo Morales Ayma y constató in situ los daños que causaron grupos violentos vinculados a los sectores golpistas.

“Lo que pasa es que es un momento muy sensible de la vida política boliviana, creo que el Gobierno quiere continuar esta actividad de cambio político social, pero la oposición no quiere, está haciendo obstruccionismo para impedir el cambio”, manifestó el parlamentario europeo Catania Giusto.

Gabriela Cretu, Vicepresidenta de Relaciones con los países de la Comunidad Andina señala que Bolivia debe ahora “buscar y encontrar una solución pacífica y duradera a la situación”.

De su parte, Inchauste afirmó asimismo que la Unión Europea tiene la “obligación de luchar contra el fascismo”, ya que Europa, dijo, “ya tiene experiencia” en la lucha contra totalitarismos.

En el Parlamento Europeo, varios de sus integrantes manifestaron su apoyo al proceso de cambios que vive Bolivia. “Europa tiene que ser un contrapeso frente a otras potencias. En este momento no hay un conflicto armado, pero sí hubo un intento de insurrección política y de golpe de Estado. Por eso hay que respaldar la autoridad del Gobierno boliviano”, aseguró Raúl Romeva, del Grupo de los Verdes. Romeva es experto en rehabilitación postbélica y ha trabajado en la crisis de los Balcanes y en conflictos en el continente africano.

Willy Meyer, de la Izquierda Unida de España, vicepresidente de la Asamblea Eurolatinoamericana, hizo eco a la exigencia del embajador de Bolivia en Bélgica, Christian Inchauste, que pidió una participación más decidida de Europa en el proceso boliviano.

Un amplio respaldo oficial de la Unión Europea para el proceso de cambio en Bolivia y el referéndum de aprobación de la nueva Constitución en Bolivia obtuvo el Canciller David Choquehuanca en su visita de enero de 2009 a Bélgica. El Canciller agradeció a nombre del Presidente el apoyo brindado por la Unión Europea a la democracia boliviana (7).

Esta reseña histórica demuestra la importancia de denunciar la degeneración neofascista y los peligros de los mercenarios europeos para la democracia de Bolivia.

NOTAS

  1. www.juergen-klute.eu
  2. www.guengl.eu
  3. www.dielinke-europa.eu
  4. http://www.europarl.europa.eu/ep-live/es/plenary/video?debate=1385046231403
  5. http://www.willymeyer.es/index.php?sec=25&l=es&id=234
  6. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73380
  7. El parlamento europeo apoya el proceso democrático del gobierno de Evo Morales, Cristiano Morsolin – http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2009012201

* Cristiano Morsolin, investigador italiano, operador de redes para la defensa de los derechos humanos. Trabaja en Latinoamérica desde 2001. Autor de varios libros y panelista internacional.

Publicado en: Bolivia

Bolivia no será el próximo Afganistán

03/11/2013 by Deja un comentario

Por: Juan Carlos Zambrana Marchetti //

El Wall Street Jornal, se acopló al Miami Herald y Univisión como plataforma de lanzamiento de la extrema derecha para difundir su veneno contra los gobiernos antiimperialistas . Gran favor que le hacen a la humanidad al sacarse de una vez la máscara de “periodismo”.

El 28 de octubre 2012 el periódico “The Wall Street Jornal” publicó un artículo de Mary Anastasia O ‘Grady titulado ¿Será Bolivia el próximo Afganistán?.   Basta con darle una mirada al artículo para entender la razón por la cual no se puede tomar en serio a esta señora. Sustenta sus acusaciones con frases como: podría estar ocurriendo en Bolivia, informes que llegan desde el terreno insinúan, hay informes no confirmados, Irán podría estar utilizando, una fuente que no quiso ser identificada, supuestamente, según mi fuente, un testigo indicó, un boliviano que conozco señala haber visto, y circulan rumores.  Lo ridículo es que con esa calidad de “información” esta señora tiene la torpeza de concluir que “El país andino es un centro para el crimen organizado y un refugio para los terroristas.” Tanta carencia de seriedad no merece siquiera ser respondida, pero Bolivia sí lo merece y por eso haré por lo menos algunas aclaraciones sobre lo escrito por esta señora.

1 “En los años transcurridos después de una brutal ocupación soviética que duró 10 años, Afganistán se transformó en un caldo de cultivo en el que se incubó una cultura del crimen organizado, la radicalización de la política y el fundamentalismo religioso, un lugar propicio para que Osama bin Laden instalara sus operaciones.”  Le faltó completar la historia, diciendo que en ese caldo de cultivo participó Estados Unidos, con una intervención de la CIA para armar a grupos islamistas, y después con una brutal ocupación que lleva ya 12 años, que el narcotráfico se ha multiplicado exponencialmente, y el terrorismo también, al igual que la corrupción.

2 “Evo Morales, que también preside la confederación de productores de coca, y el vicepresidente Álvaro García Linera, un exmilitante del Ejército Guerrillero Túpac Katari, empezaron a construir un narco-Estado represivo cuando llegaron al poder en 2006.” El proyecto de fijar en la mente colectiva a Bolivia, Venezuela, y Ecuador como el eje del mal latinoamericano, y como narco-estados,  es un viejo proyecto de la ultra derecha republicana, el Pentágono, la CIA, las otras agencias de “seguridad”, los “grupos de pensamiento“  de la extrema derecha y las organizaciones títeres como el Instituto Interamericano para la Democracia, que publicó los libritos de Douglas Farah, difamando a los mencionados tres gobiernos antiimperialistas antes mencionados.  Este proyecto está en marcha desde hace mucho tiempo, y yo lo denuncié el 19 de Octubre 2010 reportando desde el Capitolio, en el artículo que titulé (Informe de “Peligro en Los Andes”) . El Wall Street Jornal, con este artículo, simplemente se acopló al Miami Herald y Univisión como plataforma de lanzamiento de la extrema derecha para difundir su veneno. Gran favor que le hacen a la humanidad, sacarse de una vez la máscara de “periodismo”.

3 “Con la oposición acorralada, Morales ha convertido a Bolivia en un centro internacional del crimen organizado y en un refugio para los terroristas. La Administración  de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) fue expulsada.”  La constante sugerencia de que Evo Morales ha destruido a su oposición utilizando a la justicia,  se refiere a la histórica prosecución del crimen que emana del poder, el cual era impune durante los gobiernos de derecha que saquearon el país, y que siendo dueños de la justicia, protegieron legalmente su criminalidad.  La mención de que la DEA fue expulsada de Bolivia en el contexto de que el narcotráfico supuestamente empeoró, insinúa que esa institución es una autoridad en la lucha contra el narcotráfico. Una mentira que hoy por hoy, sólo un niño podría creer.

La Guerra contra las Drogas inventada por Richard Nixon, el villano de la política estadounidense, fue utilizada políticamente desde los años setenta para encubrir a narcotraficantes de derecha,  y con ese dinero financiar  a las guerrillas contrarrevolucionarias.  Para poder justificar que la DEA nada hacía contra el narcotráfico, durante los años ochenta Estados Unidos penalizó la hoja de coca, con lo cual criminalizó al indígena boliviano por su legendaria resistencia al imperialismo.  Militarizó el Chapare y desató una guerra contra el indígena cuya resistencia captó la simpatía nacional e internacional. La DEA, por lo tanto, fue expulsada de Bolivia por corrupta, por funcionar como parapeto de la CIA, por los crímenes que cometió al ametrallar injustamente a hombres mujeres y niños indígenas que nada tenían que ver con el narcotráfico, por el simple hecho de oponerse la fumigación aérea de cultivos con químicos tóxicos.   La DEA, simplemente no es ninguna autoridad en la lucha contra el narcotráfico. Si lo que hizo en Bolivia hubiese sido en aplicación de sus funciones policiales, ya hubiese militarizado también Estados Unidos, donde existe el mayor narcotráfico del planeta, y la prensa corporativa no menciona esa criminalidad impune.

4 “El diario boliviano La Razón informó que el posible cónsul boliviano en Líbano fue detenido por las autoridades bolivianas por presuntamente tratar de pasar de contrabando 392 kilos de cocaína a Ghana.” Esta señora decidió inventarse la palabra “posible”, para sustituir la información original de La Razón, en sentido de que el libanés católico, casado con boliviana y militante del MAS, que se encuentra preso en Bolivia por narcotráfico, había sido sugerido para cónsul pero que su nombre había sido rechazado por la cancillería. Se le olvidó reconocer también que lo apresó la fuerza Boliviana contra al narcotráfico que funciona mejor que la DEA.

5 “Gracias a una demanda estable de cocaína, el dinero en efectivo abunda en la economía boliviana”. No sé qué sabrá esta señora de políticas monetarias y manejo de circulante en las economías precarias de países reprimidos por el abuso y el saqueo. Parece ignorar que ante la exclusión que le imponía al pueblo boliviano el modelo de capitalismo neoliberal, grandes sectores populares recurrieron a la economía informal que les permitió sobrevivir por mucho tiempo. El manejo de circulante en efectivo fue el último recurso defensivo del pobre contra un sistema económico opresor que no tenía espació para él. Sin embargo, superada la larga emergencia, e incluidos esos sectores en la actividad económica de un modelo más justo, el Gobierno del Presidente Evo Morales ha promovido severas regulaciones al manejo de efectivo, y es el único país del mundo que tiene un ministerio anti-corrupción. Por eso, el Grupo de Acción Financiera Internacional, GAFI, sacó a Bolivia de su lista oscura de países con legislación inadecuada para la lucha contra el lavado de dinero. Las Naciones Unidas, ha destacado el trabajo de Bolivia no sólo por su lucha contra el lavado de dinero sino también por su lucha contra el narcotráfico.

En realidad esta señora O ‘Grady parece sorprenderse de que Bolivia durante el gobierno de Evo Morales haya experimentado un sorprendente apogeo económico. Quizá no le conviene que el mundo sepa la verdad: que Bolivia nunca fue pobre sino empobrecida por el saqueo de las potencias de turno. Que cuando Morales llegó al poder el país recibía de las transnacionales petroleras que explotaban su gas natural sólo 360 millones de dólares anuales, y que, después de nacionalizarlo, en el año 2013 esa cifra superará los 5.000 millones, lo cual significa un incremento de un mil trescientos ochenta y ocho por ciento. Ese Dinero se invierte en infraestructura, en subvenciones a nivel nacional como el de los carburantes, y en programas sociales que incluyen ayuda en efectivo como los bonos de maternidad, para la vejez, y para para niñez.

6 “La conexión con Teherán no es ningún secreto. Irán es un miembro sin derecho a voto de la Alianza Bolivariana de las Américas, ALBA. Los miembros con derecho a voto son Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela”.  Se le olvidó que también son miembros con derecho a voto Antigua, Barbuda, Dominica, y San Vicente y las Granadinas.  Que Santa Lucía y Surinam son miembros invitados especiales, que a Haití se le extendió la condición especial de miembro permanente y que Honduras fue miembro pleno, hasta que se dio el golpe de estado defendido por EEUU en 2009. Aparte de sus errores en la información, O ‘Grady se equivoca también en el análisis, porque sugiere que hay algo malo en esa relación con Irán, lo cual utiliza como fundamento para la acusación de que Bolivia promueve el terrorismo. La lógica aplicada es la siguiente. Irán protege a los palestinos, Israel y Estados Unidos consideran a los palestinos como terroristas, lo cual hace a Irán terrorista, Bolivia tiene relaciones diplomáticas con Irán, entonces Bolivia es terrorista. El uso tan aberrante de la lógica por parte del complejo imperialista de Estados Unidos, al que sirve esta señora, es un peligro para toda la humanidad, porque que ahora ese gobierno espía al mundo entero, y tiene información suficiente para armar todas las teorías conspirativas que quisiera, no importa lo inverosímiles que sean.

La realidad es que Bolivia no será el siguiente Afganistán por una serie de razones que esta señora no puede siquiera empezar a entender. Primero, porque su nueva constitución ya no le permite tener bases militares norteamericanas. Segundo, porque ya no tiene implantada en su territorio a USAID para infectarla con los virus troyanos del descontento, la desestabilización, el financiamiento a la derecha, y a los movimientos subversivos. Tercero, porque los militares bolivianos ahora sirven a su país y no a la embajada estadounidense. Cuarto, Bolivia ha aprendido a no depender económicamente de Estados Unidos. Quinto, Bolivia ya derrotó el separatismo que Estados Unidos usa tradicionalmente para dividir a los países que le interesan y después invadirlo en defensa del pueblo rebelde que pide ayuda.  Sexto, desde el año 1950, cuando Estados Unidos lanzó su campaña internacional para controlar a los países del tercer mundo por medio de la asistencia técnica y económica del presidente Harry Truman, hasta el año 2003, cuando el pueblo boliviano salió a las calles a protestar pacíficamente contra el último gobierno neoliberal títere de Washington, Bolivia ya vivió los 53 años de humillación que le costó encontrar la fórmula perfecta para resistir al imperialismo en democracia. Bolivia es ahora un símbolo mundial de descolonización, y ese es el odio que le tienen las élites de extrema derecha que controlan el poder en Estados Unidos.

Tengo plena seguridad que la comunidad internacional sabrá discernir la verdad de la mentira en el artículo de la señora  O ‘Grady , porque no hacerlo sería una ofensa a la mediana inteligencia.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: El meandro de los gobiernos progresistas

27/10/2013 by 1 comentario

Conservadurismo de los intelectuales
Por: Raúl Prada Alcoreza

 

Dedicado a Víctor Hugo Quintanilla Coro, a José Luis Saavedra, intelectuales quechas, a Pablo Mamani Ramírez, Lucía Choque, a María Eugenia Choque, a Esteban Ticona, a Carlos Mamani Condori, al Inka Waskar Choquehuanca, a Félix Patzi, intelectuales aymaras. También dedicado al historiador aymara Roberto Choque. De quienes aprendí y aprendo de la densa perspectiva anti-colonial y descolonizadora encarnada.

Intencionalidad

Esta es una crítica al conservadurismo intelectual y a la apología de los gobiernos progresistas. Dos actitudes que debilitan la potencia social, que debilitan las fuerzas de las luchas emancipatorias, liberadoras y de-coloniales, que transfieren la potencia y la fuerza a la captura institucional, por lo tanto a la usurpación representada de las conquistas sociales.

De la intelectualidad

Hay una imagen, un tanto difundida, de que los “intelectuales” son, por lo general críticos; esta imagen compartida compite con otra más popular; de que los “intelectuales” habitan en la estratosfera, que deambulan en los aires, con los pies suspendidos, sin pisar la tierra. Ambas imágenes son equivocadas; en primer lugar, porque es un grupo muy reducido de los “intelectuales” que es crítico; la aplastante mayoría es, en realidad, conservadora. Legitiman el régimen cuestionado por las y los críticos. La gran mayoría de los “intelectuales” es realista, “pragmática”, funcional al sistema. En segundo lugar, la gran mayoría de los “intelectuales” pisa tierra, pisa tierra firme, conocen muy bien las reglas del juego y los intereses vigentes. Aunque hay, entre ellos, una zona de incertidumbre, cuando se aproximan a una cierta forma de “crítica”, que no deja de ser formal, a pesar de los escenarios que se montan, permitidos. Estos “intelectuales”, de cierta postura “crítica”, saben distinguir lo “viable” de lo “imposible”, lo aconsejable de lo extremo. La dosis “crítica” no puede comprometer ciertos márgenes de movimiento, ciertos intervalos de desplazamientos, no se pueden cruzar ciertos límites. Estos márgenes, estos límites tienen que ver con el Estado. No se puede tirar por la borda al Estado; en manos de los gobiernos progresistas es un instrumento de ampliaciones democráticas, de mejoras sociales, de redistribuciones del excedente. Hay que distinguir gobiernos progresistas de gobiernos claramente de “derecha”. Este punto de vista es plenamente realista; por lo tanto, conservador.

Lo que elude esta “crítica” realista es la cuestión estatal; es decir, la cuestión del poder. El Estado es esencialmente violencia concentrada, el Estado es el aparato privilegiado de las estructuras de poder, de los diagramas de poder, el Estado es la macro-institución primordial de los agenciamientos de poder. Hablar del uso del Estado es casi una ilusión; pues es precisamente el Estado, como campo institucional, como campo burocrático, como campo politico, el que termina usando a los “revolucionarios” y a los progresistas [1] . Se puede decir que, estando en el Estado, a la larga, “derechas” e “izquierdas” terminan pareciéndose, pues usan la violencia física y simbólica del Estado como aparato de represión, pues terminan expropiando la voluntad general, las voluntades colectivas y sociales. La dramática historia de las revoluciones nos muestra esta ruta sinuosa. Las revoluciones cambian el mundo, el mundo no va ser lo que era antes; empero, todas las revoluciones se hunden en sus contradicciones. No pueden resolver el problema del Estado y del poder [2] .

No es que digamos que esta “critica” sensata no tenga validez. Obviamente que la tiene, pues no se puede confundir tipos de gobiernos, gobiernos, con pretensiones socialistas, gobiernos progresistas, gobiernos nacionalistas, con gobiernos declaradamente pro-capitalistas, gobiernos reaccionarios, gobiernos neo-liberales. Esta es una premisa histórica política; empero, de aquí no se puede concluir que es mejor no criticar a los gobiernos progresistas, pues favorece a la “derecha”. Tampoco se puede concluir, incluso criticándolos, que, por esta razón, es mejor que se queden en el Estado a entregar el Estado a la “derecha”. Pues, qué es el Estado sino aquel instrumento construido por las clases dominantes, que termina invistiendo a los ocupantes de turno como funcionarios, como técnicos del ejercicio de las dominaciones polimorfas. El problema no es tanto quién ocupa el Estado, sino que el Estado no haya sido desmantelado para instaurar, en su lugar, formas participativas de gestión.

Cuando los gobiernos progresistas terminan haciendo lo mismo que los gobiernos liberales y neoliberales, el problema del poder, de la recurrente reiteración de las formas de poder, se manifiesta patentemente. No sólo en lo que respecta a la represión, al uso de la violencia concentrada del Estado, a la criminalización de la protesta, a la persecución de los dirigentes indígenas, como ocurre en Ecuador y en Bolivia, sino en lo que respecta al modelo colonial del capitalismo dependiente, que es la economía extractivista y el Estado rentista. Las diferencias que marcaban a los gobiernos progresistas, diferencias que tienen que ver con ampliaciones democráticas, beneficios sociales, redistribución del ingreso, terminan haciéndose difusas, sobre todo, si consideramos, que el multiculturalismo liberal llegó a reconocer la interculturalidad. También se hacen difusas las fronteras cuando son los gobiernos neo-liberales los que inventaron el microcrédito y los famosos bonos, además del uso accionario de las AFPs; medidas que han mantenido los gobiernos progresistas.

La tarea no es mantener a los gobiernos progresistas, sino transformar la sociedad y demoler al Estado, aunque sea en una larga transición. Los gobiernos progresistas se proponen mantenerse en el poder, púes gozan de la legitimidad histórica de que son “revolucionarios”. Eso basta. Los “intelectuales” de la “crítica” sensata, también creen que la tarea es sostener a los gobiernos progresistas, a pesar de sus crasos errores. Esto es caer en el mito de los caudillos, como también caer en el mito del Estado como instrumento, que antes estuvo al servicio de las clases dominantes, y ahora puede estar al servicio de las clases dominadas, de las naciones y pueblos colonizados.

El Estado no va dejar de ser lo que es, sencillamente porque sus ocupantes sean otros; los nuevos ocupantes son simplemente los nuevos funcionarios del mismo sistema de poder. Tampoco se puede disociar la relación del Estado con el capital; el Estado es una estructura fundamental en la acumulación de capital, por lo tanto, en la realización del capital. Se podría decir que el Estado es el capital porque garantiza su desenvolvimiento acumulativo. De la misma manera no se puede disociar el Estado del orden mundial de dominación y control; es un dispositivo de este orden de dominación y control. Los Estado-nación son útiles para la transferencia de los recursos naturales, de las periferias al centro del sistema-mundo capitalista. Lo que tarden en manifestarse estas evidencias, depende de contextos, coyunturas, relación de los gobernantes con las clases explotadas y colonizadas, con las naciones y pueblos subordinados. Depende de la vulnerabilidad de los nuevos ocupantes; cuánto más retóricos más pronto caen en la lógica de una maquinaria de poder, aunque chirriante y aparatosa. En contraste, cuánto más convicción tengan en lo que llaman la transición, más se prolonga la ilusión de usar al Estado. Empero, más tarde o más temprano, termina imponiéndose el peso gravitatorio de un fabuloso instrumento de dominación, vigilancia, disciplinamiento y control.

Apostar por mantener en el Estado a los gobiernos progresistas, es volver a repetir el error del apoyo incondicional, que se le otorgó a la Unión Soviética, suponiendo que era la patria socialista que había que defender, que era la representación del proletariado universal; cuando al no criticar, al no poner en evidencia el camino “despótico” optado, usurpando a los consejos (soviets) la democracia obrera y campesina, lo que se hacía, al final de cuentas, es contribuir, paradójicamente a su caída. Esto acaecía con todo su dramatismo, pues el burocratismo, el centralismo, el autoritarismo, el verticalismo, terminaron minando las defensas del proceso de transformación. Lo que menos requieren los procesos de cambio es el apologismo, tampoco requieren sólo de “crítica” sensata, sino se advierte de la necesidad de crítica radical; tocar de raíz los problemas. Se requiere que la crítica radical acompañe y sea acompañada de participaciones y movilizaciones sociales, que cuestionen la vía burocrática de “cambio”; movilizaciones sociales que impongan de manera activa la participación colectiva, comunitaria y social. Requieren transferir las decisiones a la construcción colectiva y participativa.

No es sostenible el argumento de que, lo que acabamos de decir, favorece a la “derecha”. Lo que favorece a la “derecha” es que los gobiernos progresistas vuelvan a recorrer las rutas conocidas de reproducción del poder, pues terminan en el laberinto politico, que lleva a los gobiernos a su propia caída. La “revolución” no culmina con la toma del poder, la “revolución” sólo puede continuar profundizándose como “revolución” dentro de la “revolución”, transformando las prácticas “revolucionarias”; sino ocurre esto, lo más probable es que concurra la contra-revolución dentro de la “revolución”, efectuada por los mismos “revolucionarios” en el poder.

Las crisis de los “procesos” de cambio, puestas en evidencia en Bolivia, Ecuador y en Brasil por las movilizaciones sociales, las movilizaciones indígenas, los conflictos reivindicativos, las interpelaciones comunitarias, muestran claramente los límites de los gobiernos progresistas, sus innegables contradicciones, su peligrosa orientación hacia un Estado policial. No se puede cerrar los ojos ante semejantes manifestaciones interpeladoras, no se puede seguir sosteniendo que es mejor el mal menor, que es mejor preservar al gobierno progresista que volver a los gobiernos neo-liberales. El problema no es éste, mantener o no mantener al gobierno progresista; el problema es continuar con el “proceso” de cambio, que no puede darse sino cambiando, transformando. Esta continuidad, esta profundización, esta transformación, no puede darse sin la participación colectiva, comunitaria y social. Esta no es tarea de burócratas; estos sólo saben repetir la gestión pública establecida, la administración de las normas. Apostar por mantener al gobierno progresista es apostar a detener el proceso, a congelarlo en el punto de la toma del poder, por una vía u otra, por vía electoral o “revolucionaria”; equilibrarlo en el momento mismo de la ilusión, cuando la historia sigue su curso. Aquí se expresa patentemente el conservadurismo de los “intelectuales” de la crítica sensata.

Marx decía que no hay peor derrota que no haber intentado. De la manera sensata, entonces, se apuesta a la peor derrota; contentarse con lo poco conquistado, el gobierno, sin haber demolido el poder, las estructuras de poder, los diagramas de poder disciplinarios, los diagramas de poder coloniales, constituidos en la modernidad. Esta tarea de demolición no necesariamente se tiene que efectuar de la noche a la mañana, puede darse en una transición, que incluso puede ser larga, dependiendo de la correlación de fuerzas y de las condiciones de posibilidad histórica; empero, una cosa es esto, demoler el Estado, desmantelar el poder, aunque sea en una transición larga, y otra cosa es preservar el Estado, preservar el poder, preservar al gobierno progresista en el Estado.

El conservadurismo intelectual radica en renunciar efectivamente a construir mundos alternativos, aunque se lo diga discursivamente. La construcción de mundos alternativos se lo hace alterativamente; alterando la reproducción del poder, en sus formas polimorfas, alterando la reproducción del capital, en las formas concretas de acumulación. Siendo dos de ellas las preponderantes en la contemporaneidad; una, el extractivismo expansivo; otra, la especulación financiera. Dos formas a las que apuestan los gobiernos progresistas.

Defensa crítica de los procesos de cambio

Cuando hablamos de defensa crítica de los procesos de cambio no hablamos, indudablemente de la defensa de los gobiernos progresistas, que son composiciones burocráticas, que son la parte, en todo caso, más conservadora de los procesos. Los apologistas han confundido la defensa de los procesos, defensa, que debería corresponder a la profundización de los cambios, con la defensa de los gobiernos progresista. Esta confusión es conservadora y hasta peligrosa para los procesos mismos. Los procesos de cambio de los que hablamos se han inscrito en sus constituciones políticas; los gobiernos progresistas han vulnerado sistemáticamente sus constituciones, sobre todo en el caso de Bolivia y Ecuador, que cuentan con constituciones que establecen el Estado plurinacional. La defensa de las constituciones, en estos casos, significa defenderlos contra sus gobiernos que vulneran las constituciones. Aquí no hay donde perderse; no se puede hablar de distinguir a gobiernos progresistas de gobiernos de “derecha”. Usando este término tan discutible, heredado del imaginario de la revolución francesa, es “derecha” violar la Constitución y los derechos colectivos consagrados en la Constitución.

Frente a la continuidad expansiva del modelo extractivista, que es la opción seguida por los gobiernos progresistas, no queda otra cosa que defender la madre tierra, los derechos de los seres de la madre tierra, defender los derechos comunitarios, los derechos colectivos, los derechos de las naciones y pueblos indígenas, defender el derecho de los pueblos a modelos alternativos al extractivismo, al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. Esta defensa es contra los gobiernos progresistas, pues ellos son los que llevan adelante la expansión extractivista a nombre del “desarrollo”.

Frente a la centralización desmesurada de los mandos, el verticalismo autoritario, que reproduce cristalizados burocratismos y autoritarismo, heredados del Estado liberal, no queda otra cosa que defender la democracia participativa, establecida por la Constitución. Esta defensa del ejercicio plural de la democracia se lo hace también contra los gobiernos progresistas, que descartan, en la práctica, cualquier participación y control social, salvo si es demagógica y teatral.

Frente a la decisión gubernamental de solventar la expansión del uso de los transgénicos, que según el presidente de Bolivia, son una solución para la soberanía alimentaria, apoyando taxativamente a los empresarios involucrados en la producción de soya, no queda otra cosa, que defender la producción y los cultivos orgánicos. Esta defensa también se lo hace contra los gobiernos que introducen normas de apoyo al empleo de los transgénicos y la ampliación de la frontera agrícola.

Frente a la entrega de las reservas fiscales mineras a las empresas trasnacionales, mediante leyes mineras de promoción al capital extranjero, que en Bolivia también tiene un aditamento, la entrega de reservas a la vorágine de las llamadas cooperativas mineras, que de cooperativas sociales no tienen nada, sino son instancias que encubren formas salvajes de propiedad privada, no queda otra cosa que defender las reservas fiscales, que son propiedad de los pueblos. Esta defensa también es contra los gobiernos que orientan una política minera de extractivismo depredador.

Frente a la escalada de corrupción descomunal que se efectúa, en unos casos, a nombre de la formación de una nueva burguesía, de una burguesía nativa, término tan inapropiado para ocultar el robo al erario del país, otras veces se oculta bajo teatrales orquestaciones institucionales, que dicen luchar contra la corrupción y la transparencia, que, sin embargo, se ciegan ante evidentes y conocidas proliferantes prácticas de corrupción institucionalizada, no queda otra cosa que enfrentarse a la impostura de los gobiernos progresistas. En este caso, es más criminal desatar prácticas paralelas perversas institucionalizadas, pues corroen las propias bases éticas y morales de legitimación del proceso de cambio.

Frente a políticas monetaristas, que entregan el ahorro nacional al sistema financiero internacional, dispositivo hegemónico y dominante del ciclo del capitalismo vigente, evitando generar espacios alternativos de contra-moneda y contra sistema financiero [3] , no queda otra cosa que defender la valorización concreta de los productores locales frente a estas políticas monetaristas de los gobiernos progresistas.

En todos estos casos la defensa del gobierno, confundir la defensa del proceso con la defensa del gobierno, es pues contraproducente, pues debilita a las posibilidades, las potencialidades y las fuerzas del proceso. Esta posición conservadora es debilitante, desactiva la vigilancia, el control, la interpelación, de los movimientos sociales, de los pueblos y las comunidades. Esta perspectiva conservadora tiene una visión esquemática inmóvil. Hay “derecha” e “izquierda”; dos campos estáticos, definidos por siempre, como entidades eternas, como sustancias a-históricas, olvidando las dinámicas políticas y sociales, fluidas y complejas. Los gobiernos, por más que se proclamen populares, progresistas, socialistas, “revolucionarios”, pueden devenir en gobiernos reaccionarios si es que toman medidas represivas, antidemocráticas, inconstitucionales, aunque lo hagan a nombre de la defensa de la “revolución”. Mucho más aún si las medidas reproducen las mismas estructuras de dominación polimorfas, aunque se lo haga a nombre de los indígenas, sin consultarles, como corresponde. Lo que es un uso simbólico de la víctima de la colonización y colonialidad. Al ocupar el lugar el lugar del otro, en la estructura colonial mantenida, se termina siendo el otro, el “blanco”, el dominador, el colonizador, pues al mantenerse la estructura colonial, se hace lo que hacía el “blanco”. No se trata, obviamente, como lo anotó Frantz Fanón, de sólo cambio de color, en el puesto de mando, sino de ocupar el lugar, que debería haber sido destruido y no tomado.

El problema de esta etapa de los procesos políticos, llamados de cambio, etapa de gestión de gobierno, es el dilema planteado de qué hacer con el Estado. El problema es creer que el Estado puede ser usado, como si fuese un instrumento neutral, el problema es creer que basta que el instrumento cambie de mano, para que tenga otros fines, como si el Estado no estuviera constituido por relaciones históricamente cristalizadas. El problema del Estado es antiguo en la historia de los movimientos sociales anti-sistémicos, en la historia de las “revoluciones”, en la historia política, así como también es antigua la reiteración del fetichismo estatal.

El conservadurismo de esta posición intelectual radica en la apuesta por los gobiernos progresistas y no en la potencia social, no en la capacidad y potencialidad de las comunidades, no en la capacidad de la dinámica molecular de las sociedades. Este no sólo es un fetichismo estatal, sino un fetichismo institucional, que considera que la fuerza social, producente y productiva, está en las instituciones, y no en la capacidad producente y productiva de la gente. Las instituciones son el efecto molar, el efecto de masa, el efecto estadístico de las dinámicas moleculares [4] . En esta etapa, la de las gestiones gubernamentales, es cuando se pierde el rumbo del proceso, cuando se escabulle la posibilidad del proceso, pues, en vez de orientar las políticas a una deconstrucción del Estado, se orienta a una consolidación mayúscula del Estado.

A estas alturas de las historias políticas de la humanidad, ya deberíamos haber aprendido las grandes lecciones. La ruta de la institucionalización de la “revolución”, la ruta de la estatalización de la “revolución”, es destructiva de la misma “revolución”. Es la clausura misma de la “revolución”. Ciertamente, no se puede negar, que hacer otra cosa, que la que se hizo en el pasado, es difícil, requiere de invención, creatividad, imaginación e imaginario radicales. Este es el desafío, para no repetir la dramática historia de las “revoluciones” hundidas en sus contradicciones.

Ahora bien, la defensa crítica de los procesos de cambio debe ser contextuada en cada uno de los países en cuestión. No es la misma situación, la complexión de las fuerzas, en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Brasil. Se trata no sólo de contextos distintos, sino de historias sociales y políticas diferenciales. El campo politico es variado en los países; la distribución de las fuerzas es diferente. No se puede proponer sólo una defensa crítica general del proceso; las características de la defensa crítica del proceso son también variadas. La lucha tenaz en Venezuela contra una “derecha” y burguesía fuerte, que goza de convocatoria, además del apoyo de la Casa Blanca de Estado Unidos de Norteamérica, a pesar de las fuerzas, disponibilidad, y convocatoria popular del gobierno bolivariano, obliga a considerar la distinción planteada por la “crítica” sensata, la distinción entre “derecha” e “izquierda”, recurriendo a estos términos esquemáticos. Incluso a pesar de los graves problemas burocráticos y de corrosión del propio gobierno. No ocurre lo mismo ni en Ecuador, ni en Bolivia, donde la “derecha” política se encuentra disminuida y sin convocatoria apreciable, en tanto la “derecha” económica, que es de clase, que corresponde a la reproducción de la burguesía, se halla aliada al gobierno, gozando de sus beneficios, que corresponden, por ejemplo, a las políticas monetaristas, a las políticas agrarias, a la suspensión de la función económica y social, a la suspensión del saneamiento de tierras, a la suspensión del control sobre tala de bosques. En estos casos no aparece tanto el peligro de que la “derecha” tome el gobierno, sino que el gobierno progresista se siga derechizando.

El caso brasilero es notoriamente diferente; hablamos de un gobierno que claramente ha optado por una alianza con la burguesía, incorporada al propio gobierno, un gobierno que ha optado por el aburguesamiento de la casta dirigente del PT, un gobierno que tiene un claro diseño de geopolítica regional [5] . Por último hablamos de un gobierno que no ha hecho la reforma agraria esperada por el movimiento campesino más grande del mundo, el movimiento sin tierras (MST). Más bien defiende a los latifundios y a las empresas monopólicas de los transgénicos, como la Monsanto. No es pues una sorpresa que en este país continental, cuyo Estado ha concebido una geopolítica regional y continental, que abarca también al África, por lo menos sud-sahariana, se hayan dado las gigantescas protestas contra el gobierno de Dilma Rouseff, que ha destinado una cuantiosa y fabulosa inversión en la infraestructura del mundial de futbol, beneficiando a las empresas constructoras, descuidando el bien estar social. También, no es pues de ninguna manera desconocido, la legendaria lucha de los pueblos indígenas contra el avasallamiento de sus tierras, avasallamiento ahora efectuado con los mega-proyectos de las macro-hidroeléctricas, como es el caso del proyecto faraónico de Belo Monte.

Por otra parte, no se puede decir, pues tampoco es sostenible, que la crítica radical a los gobiernos progresistas debilita la lucha antiimperialista. Al contrario, le otorga actualidad, pues pone en el tapete las transformaciones dadas en la forma imperialista; propone una lucha contra el imperialismo, de carne y hueso, tal como es hoy; descarta seguir dibujando una figura obsoleta del imperialismo, que corresponde las condiciones histórico-políticas-económicas de mediados del siglo XX. Mantener la imagen de esta figura y lanzarse discursivamente a la lucha antiimperialista, no es otra cosa que pelear contra un fantasma, cuando en los hechos se mantienen buenas relaciones con el imperialismo de carne y hueso. El imperialismo de hoy es el orden mundial de dominación global e integral, conformado por los organismos internacionales, el sistema financiero internacional, el entramado de redes de las empresas multinacionales y trasnacionales, el centro dinámico y cambiante del sistema-mundo capitalista, que ha incorporado a las llamadas potencias emergentes(BRICs), que tiene como gendarme a la híper-potencia del complejo económico-industrial-tecnológico-cibernético-mediático de los Estados Unidos de Norteamérica. Un orden mundial de dominación global e integral, que articula distintos planos y atraviesa ocupando todos los espacios posibles e imaginables de la existencia social, así como de la vida, los ciclos de la vida, la información genética. Estamos ante un sistema global e integral de dominación mundial, que avanza a su unificación, comprometiendo a estados, por más diferentes que sean y pretendan cierta soberanía, comprometiendo todos los recursos naturales, por más pretendidamente nacionales que aparezcan; la subsunción formal, real y virtual de los procesos de explotación de los recursos naturales ha llegado a formas concomitantes y de dependencia agudas, por más propios que se declaren los recursos naturales. La acumulación ampliada de capital, en las condiciones de este capitalismo financiero-trasnacional-posindustrial-cibernético-mediático, ha llegado a espeluznantes dimensiones cuantitativas, a impresionante eficacia cualitativa, además de la asombrosa rapidez y velocidad de desplazamientos logradas. Nadie puede decir, en estas condiciones, que es independiente, que escapa a estas formas de dominación y explotación del capitalismo tardío, nadie puede decir que puede lograr un desarrollo capitalista autónomo, local, regional, propio, sea “andino-amazónico” u otro específico. Esto no sólo es una ilusión desdichada sino una insensatez descomedida. Por eso, pretender una acumulación originaria local, mediante la expansión del extractivismo, para pasar a la industrialización y de ahí a formas de soberanía alimentaria, no es más que una ilusión al servicio de la acumulación ampliada desbordante y especulativa del capitalismo tardío, políticamente conformado como imperio.

Esta es otra razón por la que no se puede apoyar a la orientación económica escogida por los gobiernos progresistas, pues se basan en esta ilusión descomedida y en esta “estrategia” de “desarrollo”, que termina, precisamente, impulsando las formas de acumulación combinadas del sistema-mundo capitalista; reiteradas y recurrentes formas de acumulación originarias, por despojamiento y desposesión; acompañando a desplegadas y dinámicas formas de acumulación ampliada. Esta ruta es la de la reproducción de la dependencia, del colonialismo y del capitalismo, en las condiciones vertiginosas del presente. Esta ruta también es la destrucción de la “naturaleza”, de la madre tierra, de la vida, de sus ciclos vitales, comprometiendo la sobrevivencia humana.

Los gobiernos progresistas en su laberinto

En adelante haremos descripciones de los contextos y coyunturas, diferenciales y análogas, en los que se encuentran los gobiernos progresistas.

En Genealogía de la dependencia escribimos:

En lo que corresponde al balance de las rutas desarrollistas contemporáneas, sobre todo en lo que respecta a las llamadas potencias emergentes, es aleccionador leer a Francisco de Oliveira cuando hace un análisis ilustrativo de lo que ocurre con la potencia emergente de Brasil [6] . El autor de El neo-atraso brasileño propone dos hipótesis interpretativas; una, que por un lado fueron las actividades rurales de subsistencia, el trabajo informal y la precarización de los salarios los que subsidiaron el crecimiento de la industria y los servicios. La segunda hipótesis se refiere a la emergencia de una nueva burguesía compuesta por técnicos, economistas y banqueros, núcleo duro del Partido de los Trabajadores (PT). Ambas condiciones determinan la identidad paradójica que adquiere el capitalismo periférico en esta parte del mundo, aquí el capitalismo se financia con la explotación de los trabajadores, en tanto que el progreso sucede siempre en otro lugar, allí donde se produce la ciencia y la tecnología de punta, en el centro del sistema-mundo capitalista.

Este balance es contundente, no hay desarrollo en las potencias emergentes, por lo menos entendiendo a este fenómeno de una manera integral, sino neo-atraso, repitiendo las condiciones perversas de este rezago. El desarrollo de las fuerzas productivas deja en la ruina a una parte de la humanidad, el subdesarrollo aparentemente deja de existir, no así sus calamidades, el trabajo informal, el mismo que se transforma en un indicador de la desagregación social. Lo que se produce son modernidades heterogéneas y de contrastes. Por un lado, centros urbanos que imitan el iluminismo edificado de las urbes del norte, burguesías articuladas a las redes del capital financiero, por lo tanto que forman parte de la misma burguesía globalizada; por otro lado, incluso en las mismas ciudades, cordones, espacios, amplias zonas de marginamiento y economía informal, incluso ilícita. Grandes mayorías discriminadas. En las potencias emergentes se ha dado lugar a la emergencia industrial, que no es otra cosa que el desplazamiento de la desindustrialización del centro del sistema-mundo capitalista, que ha optado por tecnología de punta, transfiriendo tecnología obsoleta a las llamadas potencias emergentes. En estos lugares se ha dado lugar a la formación de nuevas burguesías, que no tendrían nada que envidiar a las burguesías del norte, sobre todo en lo que respecta a su opulencia; empero este esplendor se construye sobre la base del marginamiento, la informalización de las grandes mayorías explotadas y dominadas, que habitan las zonas, los espacios del neo-atraso y la pobreza repetida descomunalmente. La emergencia de las potencias se basa en la destrucción devastadora de la naturaleza, la ampliación de la frontera agrícola, el uso de los transgénicos. De esta manera los costos de este progreso son demasiado altos como para hacerlo sostenibles.

No hay pues destino con el desarrollismo, tampoco con el neo-nacionalismo. Lo que hacen, en el mejor de los casos, en el caso de las potencias emergentes, es volver a modificar los términos de intercambio en las lógicas de acumulación del capital, modificar su participación en la estructura mundial de dominación capitalista. Por eso, podemos volver a decir, que los nacionalismo están mucho más cerca de las ilusiones liberales criollas y gamonales que de los proyectos emancipatorios y libertarios de los movimientos sociales, naciones y pueblos indígenas originarios. Están más cerca de repetir las formas coloniales, las del colonialismo interno, también las reiteradas cadenas de la dependencia, que de lograr construir las soberanías plurales que requiere un mundo alternativo de autodeterminaciones, auto-convocatorias, de participaciones sociales y ejercicios plurales de la democracia. Si bien los nacionalismos heroicos forman parte de la historia de las luchas, pretender repetirlos en los ciclos contemporáneos del capitalismo es apostar en una repetición burda y cómplice de las formas de acumulación mundial capitalista por despojamiento [7] .

Brasil

Lo que acabamos de recoger, comentando el sugerente e iluminador libro de Francisco de Oliveira, titulado El neo-atraso brasilero, y cuya metáfora interior es la figura aglomerada delornitorrinco, es la caracterización que vamos a manejar para referirnos, en general, a los países de los gobiernos progresistas, aunque esta caracterización no solamente sea válida para estos países sino para el conjunto de los países del continente, que forman parte de la geografía móvil periférica, semi-periférica y central, incluso en las condiciones de BRICs, como es el caso de Brasil. Francisco de Oliveira usa la metáfora del ornitorrinco para configurar el llamado desarrollo brasilero; el autor escribe:

Altamente urbanizado, con poca fuerza de trabajo y población en el campo, aunque sin ningún residuo pre-capitalista; por el contrario, con presencia de un fuerte agrobusiness. A esto se suma un sector completo de la segunda revolución industrial, avanzando titubeante por la tercera revolución, la molecular-digital o informática. Por un lado, una estructura de servicios muy diversificada – sobre todo cuando está ligada a los estratos de altos ingresos que, en rigor, son más ostensiblemente perdularios que sofisticados – . En el otro extremo, una estructura muy primitiva, ligada directamente al consumo de los estratos pobres. Posee también un sistema financiero todavía atrofiado pero que, precisamente por la financiarización y el aumento de la deuda interna, acapara una gran proporción del PIB [8] .

Comentando el análisis y la caracterización que hace Francisco de Oliveira, en el libro citado, escribimos:

Francisco de Oliveira visualiza la recreación y expansión de la informalidad, la mantención del crónico desempleo, el encubrimiento del subempleo, como formas de articulación y subvención a la acumulación de capital, formas completamente articuladas y funcionales a los sistemas de industrialización e incursión en la tecnología molecular-digital. Combinaciones que forman parte de esa complementariedad y recreación violenta entre la forma de acumulación ampliada y la forma de acumulación originaria por despojamiento. Todo esto atravesado por un sistema financiero que cubre el funcionamiento económico, succionando las esferas y los circuitos económicos a la lógica de la financiarización, que empuja al uso especulativo del capital financiero. Produciendo entonces un endeudamiento externo e interno que caracterizan a las actuales economías dependientes, llamadas emergentes. Este ornitorrinco económico y social se sostiene sobre la extensa base de la diferenciación social excluyente y marginada de la distribución de la riqueza y el excedente, que se concentran desproporcionalmente en la minoría poblacional de empresarios privilegiados por el monopolio y el apoyo estatal, a la que se suman las clases medias beneficiadas por la expansión de los servicios e impulsadas al consumo. La gran mayoría de la población está condenada a vivir en los márgenes de esta modernidad, pasando de ser el ejército industrial de reserva a la masa gigantesca de trabajadores informales, proletariado nómada y habitante de los barrios prohibidos.

Se trata del reino de la informalidad, el desvanecimiento del salario, del adelanto del costo de producción.

“La tendencia moderna del capital es suprimir el adelanto: el pago a los trabajadores pasa a depender de los resultados de las ventas de los productos-mercancía. En las formas de tercerización del trabajo precario, y en lo que – entre nosotros – se continúa denominando “trabajo informal”, éste es un cambio radical en la determinación del capital variable. Así, aunque parezca extraño, los rendimientos de los trabajadores pasan a depender de la realización del valor de las mercancías, lo que antes no ocurría. En los sectores todavía dominados por la forma salario, sigue en pie la anterior modalidad, tanto es así que la reacción de los capitalistas es des-emplear la fuerza de trabajo. El conjunto de los trabajadores es transformado en la suma independiente de un ejército de activos y de reserva, que se intercambia no de acuerdo con los ciclos de negocios, sino diariamente” [9] .

Esto es, se produce la suspensión de la producción, de la valorización de la producción, por lo tanto de la valorización del tiempo socialmente necesario del trabajo. Lo que se hace, sobre la base de su ocultamiento, es abrir nuevamente las temporalidades de la súper-explotación, así como del dominio absoluto de la circulación y el mercado, obligando a la gente al sacrificio y a la donación de sus vidas en aras de la realización de la ganancia. Suspendiéndose con esto los derechos conquistados en la historia de las largas luchas sociales. Desde entonces ya no se trata de los derechos, tampoco del sujeto de los derechos, sino de la realización descarnada de las ventas y de los resultados del sistema. Se vive entonces la dramática experiencia de la precarización, de la fragmentación, de la dispersión y la diseminación de las formas de vida y de las formas de organización. La realización de las súper-ganancias, la construcción deslumbrante de las grande urbes metropolitanas, la conformación de barrios de ensoñación y oasis paradisiacos, contando también con los moles comerciales y de consumo para las clases medias, sólo se pueden dar si al mismo tiempos se transfieren los costos de la magnificencia a extensas zonas suburbanas, a expansivos entornos de miseria, a favelas interiores o ruralidades vaciadas y detenidas en el tiempo. El costo no sólo se materializa en los perfiles de la marginación y la exclusión, sino también en la conformación de mundos paralelos y periféricos [10] .

En relación a las últimas movilizaciones dadas en Brasil (junio-octubre 2013), de usuarios, de jóvenes y estudiantes, contra el incremento de los pasajes, el mal servicio y las descomunales inversiones en la infraestructura del mundial de futbol, Pablo Ortellado, en Os protestos de junho entre o processo e o resultado [11] , escribe:

Las protestas de junio dejan dos legados opuestos: por un lado, a la explosión de manifestaciones con reivindicaciones difusas y sin contar con orientación en la consecución de resultados; por otro lado, la lucha contra el incremento de tarifas del pasaje de transporte, lucha efectuada por el Movimento Passe Livre (MPL), lucha que expresa un profundo sentido de táctica y estrategia.

 

Durante los momentos finales de la campaña contra el incremento de los pasajes, la lucha fue tomada por asalto por la proliferación de reivindicaciones. Cuando el incremento fue derogado, la agitación quedó como desprovista y la difusión de reivindicaciones proliferantes se apoderó, a la vez, del proceso. Estableciéndose un activismo procesual muy poco orientado a conseguir resultados. En relación a fenómenos semejantes en otros países, lo acontecido fue más lejos: no se trata de la dificultad de encontrar un objetivo viable   común, como ocurrió en la ocupación de Wall Street o como aconteció con el 15M español, sino de la incapacidad de encontrar un horizonte ideológico común, aunque éste sea vago. La ausencia de orientación política, donde el movimiento se consumió en problemas procesales, principalmente en los relativos a los modos de lucha. Es por esta razón que los debates que se dieron a finales de 1990 en torno de Black Bloc resurgieron con toda fuerza, ahora en la forma de discusiones sobre los límites entre una respetable y cívica movilización ciudadana y una criminalizada acción de vándalos. Sin objetivos claros, los procesos fueron discutidos en clave principista y sin referencia a sus resultados. En relación a este aspecto, junio fue el mes en el cual explotó una indignación difusa, que es un enigma a ser descifrado por la gran narrativa   y sus analistas.

 

La estrategia del Movimento Passe Livre (MPL) es el resultado de una acumulación de experiencias y aprendizajes de las luchas sociales demandantes.

 

En el año 2003, los estudiantes de Salvador bloquearon las calles de la ciudad para protestar contra el aumento de los pasajes de ómnibus. La movilización fue espontanea y horizontal, sin embargo, carecía de personas o grupos de referencia legitimados por el movimiento para hacer de interlocutores con el poder público. En ausencia de esas referencias, la UNE hizo este papel y terminó subordinando, a la manera leninista, las reivindicaciones de los estudiantes por la reducción del precio de los pasajes en su agenda partidista. El MPL aprendió de esta experiencia, tomó conciencia que era preciso que el movimiento tuviese una expresión política propia, al mismo tiempo horizontal y contraria al aumento – en otras palabras, que estuviese de acuerdo con su proceso y su propia meta.

 

El MPL aprendió de la experiencia y se desenvolvió en la lógica inmanente de las lucha de los jóvenes y estudiantes contra el incremento del costo de los pasajes. La evolución de la lucha por rebaja de los pasajes, durante los años 1980, a la lucha por el “passe livre estudantil”, durante los años 1990, y desde aquí, hacia la lucha contra el incremento del precio de los pasajes, durante los primeros años del siglo XXI, revelan una lógica de lucha orientada a la ampliación de derechos que, debidamente interpretada, apunta a la tarifa cero y a la des-mercantilización del transporte para todos. Esta concepción no fue impuesta por un programa leninista externo, sino que fue extraído de la propia lucha autónoma de los estudiantes.

 

Las lecciones aprendidas, en lo que van diez años del movimiento social, permitieron al MPL una notable combinación estratégica y táctica entre valorización del proceso y orientación al logro de resultados. Por un lado, el movimiento supo preservar y cultivar la lógica horizontal y contracultural, que se dio tanto en la lucha de los estudiantes contra el incremento, como en el movimiento contra la liberalización económica, de donde proceden muchos de los militantes. Por otro lado, el MPL supo establecer, de manera táctica, una meta objetiva factible: la derogación del incremento. Esta meta parece “corta”, sin embargo, no lo es, en la medida, que se encuentra ligada a la meta más ambiciosa de transformar un servicio mercantil en derecho social universal.

 

El antecedente de la derogación del incremento o de reducir el precio de los pasajes por la primera vez aconteció en Florianópolis en el 2004 y en São Paulo en el 2013. El objetivo de la reducción se re-direccionó de la lógica de la tarifa, ampliándose hacia una reducción creciente, tendiendo al límite lógico de la tarifa cero. Al conquistar la derogación del incremento, la reivindicación de la tarifa cero fue inmediatamente lanzada en el corazón del debate político. La doble victoria de reducir el costo de los pasajes y llevar al centro del debate político la reivindicación de la tarifa cero, por medio de una acción autónoma, contando con una estrategia clara, es el más importante legado de las protestas de junio. Este legado no llega a ser un nuevo paradigma de las luchas sociales del Brasil, sin embargo, es ya un modelo de acción que combina la forma política horizontal y contracultural de los nuevos movimientos, contando con un maduro sentido de estrategia [12] .

¿Cómo podemos desentrañar las jornadas que desde junio de 2013 conmueven Brasil? ¿Son revueltas contra el capitalismo de Estado, contra la burguesía sindical formada por el PT en el poder, contra esta renuncia expresa a la política de la luchas de clases, optando por la administración de los fondos de pensiones [13] , la participación como sindicalistas en los puestos claves directivos, no solo del gobierno, sino de los fondos, de los bancos, de las empresas, impulsando a las gigantes empresas brasileras a competir en el mundo con sus homologas? ¿Es una rebelión de los jóvenes, de los estudiantes, de los usuarios y consumidores, es decir, de una parte de las mayorías del pueblo y de la población, una parte que no participa de los entornos e irradiaciones ondulatorias de esta élite sindical? ¿Se trata del levantamiento de los nuevos marginados de estas grandes urbes y metrópolis, completamente articuladas a los flujos y retroalimentaciones del capital financiero? Nuevos marginados decimos, pues se trata de clases medias afectadas, en contraposición del proletariado beneficiado por la política de democratización y moralización del capital, orientado por Luiz Inácio Lula da Silva ; un proletariado beneficiado por el “desarrollo”, el crecimiento económico, por su participación en la dirección y beneficios de las empresas, por su participación en la estrategia de los fondos de pensiones. ¿Se trata de una nueva contradicción, como fenómeno del capitalismo tardío, donde se enfrentan sectores sindicalizados, organizados, con influencia e intervinientes en el poder, aburguesados, contra sectores sociales atomizados, fragmentados, diseminados, sin influencia, alejados del poder, restringidos a los avatares de las exigencias de la cotidianidad, como la del transporte y sus costos? ¿O son problemas del propio crecimiento de una potencia emergente, que no puede llevar a todos sus habitantes, a todos sus pobladores, a todos sus estratos sociales, de la misma manera, otorgándoles beneficios similares, y al mismo tiempo? Por último, ¿se trata de una nueva generación de luchas, de movimientos sociales anti-sistémicos, que se caracterizan por su compacidad horizontal, sin estructuras jerárquicas, sin considerarse vanguardias, que ejercen resistencias contra-culturales y contra-hegemónicas, como interpreta Pablo Ortellado? Estas son las preguntas que colocan en la mesa estas jornadas de movilización de los indignados brasileros.

El 2010 las llamadas clases medias engrosaron ampulosamente la estructura social, con la entrada al estrato social de 30 millones de personas, en movilidad social, constituyendo ya el 50% de la población. Se estima que para el 2014 las clases medias lleguen a conformar el 56% de la población, sumando 113 millones de personas [14] . A propósito de esta movilidad social, Raúl Zibechi anota que: en tanto los sectores más pobres llegarían a ser por primera vez en la historia del Brasil menos de un tercio de la población. Sólo estos datos nos muestran transformaciones de la sociedad, de su estructura social, de su perfil, de su contenido de clase. No se puede negar, con estas descripciones, que los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva impactaron positivamente en estas transformaciones sociales, no se puede negar los efectos del gobierno progresista en la redistribución del ingreso, como afirma Boaventura de Sousa Santos [15] . Ciertamente; empero, en contraste, tenemos la elocuencia cualitativa de la movilización social en las ciudades. A esta situación contrastante, debemos añadirle la resistencia de los pueblos indígenas a las macro-hidroeléctricas, que destruyen sus territorios, que dañan el medio ambiente, que contaminan y depredan los ecosistemas, que afectan las cuencas de los ríos.

Partamos coincidiendo con Pablo Ortellado, que estamos ante un modelo de acción que combina la forma política horizontal y contracultural de los nuevos movimientos, contando con un maduro sentido de estrategia. Se trata de la manifestación, el despliegue y la expresión de los nuevos movimientos sociales anti-sistémicos, sobre todo de aquellos que se han caracterizado como de los “indignados”, aunque los mismos sean variados y distintos, no sólo debido a sus contextos, la razón por la que estallan, así como por sus historias políticas propias. Las movilizaciones brasileras no estallan exactamente debido a las consecuencias dramáticas de la crisis financiera, como en Europa, sino que estallan como parte de una lucha, que ya cuenta con su propia historia, por la ampliación de derechos, que podemos llamarla profundización de la democracia. Estalla como parte de las contradicciones de una potencia emergente, así como también como parte de las contradicciones de los procesos de cambio, de los que forman los gobiernos progresistas de Sud América.

La ruta escogida, la del desarrollo, la ruta ya transmontada por los llamados países desarrollados, la ruta de la revolución industrial, la ruta de la modernidad, la ruta por la que los gobiernos progresistas logran transformar la estructura social, sobre todo en Brasil y también en Venezuela, aunque también ha ocurrido, con menor intensidad en Ecuador, así como en Bolivia, es una ruta, en todo caso, problemática. Ciertamente esta ruta ha ocasionado el engrosamiento notable de la participación proporcional de las clases medias, aburguesando al sostén social de la nueva conducción estatal, sea sindicalista, como en Brasil, sea partidista, como en el caso de Venezuela, sea profesional, como en el caso de Ecuador, sea campesino, como en el caso de Bolivia; sin embargo, esta ruta desarrollista no parece ser la ruta apropiada, en la etapa actual del ciclo del capitalismo vigente. Lo que estas “revoluciones” han conseguido es, en el mejor de los casos, la modernización de la estructura social, apta ahora para el insaciable consumo. En esto se parecen, aunque considerando distintas escalas; se diferencian en sus nombres. Se nombran como “revolución” por la democratización y moralización del capital, en el caso de Brasil, como socialismo del siglo XXI, en el caso de Venezuela, como “revolución” ciudadana, en el caso de Ecuador, como “revolución” democrática y cultural, en el caso de Bolivia.

Los jóvenes que salieron a las calles, en el fondo, lanzando el mensaje implícito, dicen: por esa ruta no queremos ir, no estamos de acuerdo, queremos otros mundos alternativos posibles. Es mil veces más importante leer este mensaje que escuchar el discurso demagógico de los gobiernos progresistas, discurso, de por sí trillado y harto conocido. Ellos, los gobiernos progresistas, dicen: somos los representantes genuinos del pueblo, somos los libertadores del siglo XXI, somos la conquista, en el poder, de una historia de largas luchas sostenidas; no dejaremos que la “derecha” retorne. Cumpliremos con la estrategia definida, con la planificación del desarrollo. Este discurso patriarcal, fuera de dejar de lado la democracia participativa, atribuyéndose el monopolio de las decisiones, otorgándose el monopolio de la representación, de la legitimidad y de la violencia legítima, supone que ellos, los gobiernos progresistas, son de “izquierda”.

Sin embargo, todo depende de la perspectiva y el referente. Si hipotéticamente vemos de otro modo; por ejemplo definir qué “derecha” es el usufructuó del poder, el monopolio de la violencia y de la representación, el aburguesamiento por procedimientos burocráticos o financieros, entonces los gobiernos progresistas son la “derecha”, pues la “derecha” es un lugar en la estructura de poder, estructura espacial y temporal bio-social-económica-cultural. Entonces podemos concluir, que la “derecha”, mas bien, se ha mantenido, se ha preservado, cambiando de ocupantes, incluso metamorfoseándose, modernizándose, tecnificándose, democratizándose. Entonces lo que hace “derecha”, la función de “derecha”, es el lugar que se ocupa y el ejercicio que se cumple. El capitalismo contemporáneo no requiere de los perfiles de la vieja burguesía, personal, familiar, propietaria privada; de manera distinta, requiere de perfiles técnicos, altamente calificados, que se mueven por redes, que no requieren ser propietarios de empresas, sino gozar de grandes sueldos y jugosos beneficios, además de acceder a circuitos financieros y puestos de decisión estratégica. Como muestra el caso brasilero, la burguesía hoy, requiere de amplia base social organizada, para esto son buenos los sindicatos. Por lo tanto, se puede formar una burguesía sindical, cuando los sindicatos participan en el control de fondos, bancos y empresas [16] . Ciertamente, con esta experiencia se cae la teoría leninista; el proletariado, por lo menos la aristocracia obrera, puede llegar a conformar una burguesía o un estrato importante de la burguesía. Los explotados de hoy ya nos son los proletarios, por lo menos los proletarios sindicalizados, sino lo que llamaba Frantz Fanón, los condenados de la tierra. Por eso, seguir hablando de “derecha” e “izquierda”, no tiene mucho sentido, pues se deviene “derecha”, cuando se tiene el control del Estado.

La lucha de los indignados brasileros se hilvana, a su manera, con la lucha de los indignados del mundo, forma parte de las nuevas formas de protesta, de las nuevas causas de protesta, de las nuevas modalidades de protesta. Como dice Pablo Ortellado, estos movimientos no son del todo espontáneos, tienen sus estrategias, vienen de una acumulación de experiencias. Quizás la más cercana son las jornadas de Seattle, cuando grupos de activistas y movimientos anti-sistémicos se juntaron para boicotear la reunión del grupo que controla el mundo. Algunas de sus tácticas son reconocidas como anarquistas, sobre todo las calificadas de violentas, otras de sus tácticas corresponden a proyectos autogestionarios, auto-determinantes y autonomistas. La proximidad con los anarquistas es grande; se diferencian en los métodos de acción. Sobre todo se parecen en las formas organizativas horizontales, no representativas, no delegativas, contra-culturales y contra-hegemónicas. Lo que quieren impedir es que organizaciones de la izquierda tradicional, leninistas, usurpen las reivindicaciones de los movimientos, y terminen imponiendo mediaciones vanguardistas. Son ciertamente nuevos movimientos, nuevos modelos de movilización, cuyos objetivos no es la toma del poder, sino el desmantelamiento del poder, su deconstrucción y destrucción, creando formas autonomistas de gestión social, colectiva y comunitaria.

La tarifa cero, el concebir el transporte como un derecho, es reclamar lo común, frente a lo público y lo privado. El enfrentamiento entonces es claro. Las formas privadas y las formas públicas, aunque sean estas progresistas, socialistas, nacionalistas, populares, son formas del sistema-mundo capitalista, de la acumulación originaria y de la acumulación ampliada de capital. Todas estas formas, por más democráticas que sean, en sentido formal, reproducen la acumulación de capital, llamado eufemísticamente desarrollo. Si se quiere un mundo, o mundos, alternativo al capitalismo, cualquiera sea su forma, la forma Estado y la forma gobierno, se tiene que salir de la ruta del desarrollo. Desde esta perspectiva se hace indispensable la crítica radical a los gobiernos progresistas, el combate contra la ilusión del desarrollo.

El titubeo de los intelectuales de la “critica” sensata, que termina apoyando a los gobiernos progresistas, es manifiesto en este dilema. Se hallan más apegados al esquematismo maniqueo de “derechas” e “izquierdas” [17] , se hallan atrapados en el mito institucional de que el referente privilegiado es el Estado y no la dinámica molecular social. La “crítica” sensata termina alimentando el imaginario estatal, el imaginario institucional, termina alimentando el fetichismo del Estado y el fetichismo institucional. Esta posición es conservadora pues se mantiene en el mismo campo político, en el mismo mapa político, que hay que desdibujar.

Bolivia

Bolivia parece una continuidad del Perú, tanto por la historia precolombina. Historia que tiene que ver con la conformación del Tawantinsuyo; lo que los estudiosos y los historiadores que derivan de los cronistas, conocen como incanato. Unos llamaron al Tawantinsuyo el “Imperio Inca”, sin nunca aclarar qué entienden por imperio, asimilando el término analógicamente a lo que la historiografía y ensayística consideró imperio, ateniéndose a la historia euroasiática. Historia que tiene que ver también con la historia del Virreinato del Perú, que administraba las tierras del interior, las sierras del Alto Perú. Bolivia también parece una continuidad de la Argentina, sobre todo por lo que acontece con el Virreinato del La Plata, así también con las vinculaciones de los guerrilleros charqueños con el ejército independentista de Belgrano, así como con el legendario caudillo gaucho Güemes. En la intersección de ambas geografías administrativas virreinales se encuentra lo que se denominó institucionalmente la Audiencia de Charcas, base geográfica y geopolítica de lo que va venir a ser Bolivia. Por último, también podemos decir, que Bolivia parece una continuidad del Paraguay, sobre todo por la historia de las misiones, principalmente jesuíticas, que son las que dieron un carácter propio, religioso, a la colonización del Chaco y la Amazonia; podemos hablar de esta continuidad a partir también de las continuidades geográficas y ecológicas, los parecidos de los asentamientos, remarcando la continuidad guaraní.

Ciertamente también, invirtiendo la perspectiva, viendo desde una mirada interior, se puede decir que, mas bien, el Perú parece una continuidad de Bolivia, sobre todo por las prolongaciones serranas y los condicionamientos geográficos de la Cordillera de los Andes; lo mismo podemos decir en lo que respecta a la Argentina, que es como una continuidad de Bolivia, remontándonos al acontecimiento constitutivo del entorno potosino y su irradiación económica y social, debido a los circuitos de la plata, los circuitos de la coca y los circuitos de los ponchos. De la misma manera podemos hablar de Paraguay, pues la inmensa geografía de las misiones abarcaba desde la Amazonia peruana hasta el Chaco paraguayo, pasando por Apolobamba, Moxos, Guarayos, los llanos, la Chiquitanía y el Chaco boliviano. No se trata de privilegiar ninguna de las perspectivas, en la interpretación de los parecidos y las analogías, sino de lograr una hermenéutica dinámica, de las dinámicas ecológicas, geográficas, poblacionales, sociales, económicas, políticas y culturales. Esta hermenéutica integral y dinámica es indispensable sobre todo con vistas a la integración continental.

Ahora bien, ¿se puede decir lo mismo respecto a Brasil? ¿La barrera lingüística se convierte en una barrera inexpugnable? ¿No podemos hablar de continuidad histórica, social, económica y política, a pesar de la evidente continuidad ecológica amazónica? Sería sorprendente afirmar esto cuando hablamos de la frontera más extensa que comparte Bolivia con Brasil. Para comenzar, descartemos la hipótesis de la barrera lingüística, pues la fluida actividad en la frontera nos muestra lo contrario, el “portoñol” y el bilingüismo se han convertido en los códigos transfronterizos. Sorprende que se diga esto contando también con una historia precolombina abundante en la proliferación de pueblos amazónicos, cuya estrategia comunitaria, social y espacial era, que a partir de un límite demográfico, el pueblo se divide, y siguen su curso en los recorridos acuáticos y terrestres de la Amazonia. Muchos pueblos nativos amazónicos y chaqueños se refugiaron en lo que hoy es Bolivia, pues correspondían a territorios del interior, de más adentro, ante el avance de los colonizadores portugueses. Sorprende también no aceptar continuidades entre Bolivia y Brasil, si contamos, de la misma manera, con las historias compartidas de las llamadas misiones, después por características similares de los asentamientos hacendados. El auge del caucho va provocar, en ambos países, la economía de la goma, además de la disputa por el control territorial de la siringa, llegándose así a la guerra del Acre, cuando Bolivia perdió el más grande desgajamiento geográfico. Hay pues continuidades entre Bolivia y Brasil, se vea desde una perspectiva u otra, interna o externa. Lo que pasa es que se ha investigado y escrito muy poco sobre estas continuidades. Es hora de hacerlo.

¿Qué se puede decir respecto a Chile? País con la que Bolivia tiene una frontera traumática, desde la guerra del Pacífico; conflagración perdida, que derivó en el desgajamiento más traumático de su historia, la pérdida de Atacama y de la costa del Pacífico. Claro que hay continuidades. Atacama fue territorio complementario aymara, fue parte de la geografía política de la República de Bolívar, que se cambió de nombre por Bolivia. La guerra del Pacífico enemistó a sus estados, pero no así, a sus pueblos. La exportación minera, la exportación petrolera, además de las otras exportaciones diversas, pasan por los puertos del norte de Chile; lo mismo ocurre con gran parte de las importaciones. Por otra parte, saltándonos a los escenarios culturales, últimamente hay una invasión folklórica boliviana a las ciudades del norte de Chile, donde las bandas orureñas son altamente cotizadas, acompañando las mimesis de la morenada, la diablada y la saya; jóvenes chilenos bailan entusiasmadamente estas danzas. Incluso en una interpelación de los estudiante movilizados, en las resientes revueltas estudiantiles, que luchan por una educación fiscal, des-privatizada y de calidad, han bailado frente a la policía la danza guerrera del tinku. Son estas continuidades las que deben preponderar sobre el recuerdo traumático de la guerra del Pacífico.

Bolivia, a pesar del imaginario institucionalizado, no está aislada; al contrario forma parte de bloques subcontinentales, de ecologías, de desplazamientos poblacionales, de características demográficas, de composiciones sociales, económicas, políticas y culturales, diversas, que, confluyen, en este interior íntimo, que son las territorialidades de adentro, donde el diablo perdió el poncho o el ángel perdió su virginidad. Ese lugar, que es como el “inconsciente” geográfico, si podemos hablar así, abusando de los términos, tanto relativos al psicoanálisis como a la ciencia del espacio. Este interior, estas tierras de adentro, es el lugar de archivo de la memoria social. Lugar también, donde los problemas no se resuelven, sino se guarecen, ante tempestades, esperando eternamente su resolución. Lugar, por último, donde la historia se encuentra en suspenso.

Se puede decir que Bolivia ha tenido de todo, compartiendo estas continuidades; señoríos aymaras, suyos, territorialidades y espesores culturales, ligados al incanato, pueblos itinerantes amazónicos y chaqueños, reducciones y fundaciones, intendencias, de la época de las reformas borbónicas, levantamientos indígenas, constitutivas de su historia, mestizajes variados, recuperación de las poblaciones indígenas, economías mineras, la de la plata y la del estaño, principalmente, economía del petróleo, economía de las haciendas, economía de la goma, sin olvidar la fugaz economía del guano y del salitre, que no supo retener en sus manos. Se conformó una burguesía minera, después una burguesía agroindustrial, fue asolada por caudillos militares, después sostuvo el peso de las burocracias liberales y de las burocracias nacionalistas. Bolivia es andina, amazónica y chaqueña, además de haber sido atacameña, por el desierto de Atacama y la costa, que perdió en la guerra del Pacífico.

Con una mirada retrospectiva, se puede decir que Bolivia es, de alguna manera, inconclusa; no llega a consolidar el Estado-nación; hay, al respecto, notoriamente y lamentablemente, una palpable ausencia de estrategia política. No consolidó una burguesía minera, no culminó las tareas democrático-burguesas de la revolución nacional de 1952, no terminó de integrar a sus diversos territorios; tampoco, ahora, da curso a la continuidad de la “revolución” indígena, pachacuti, no da curso a la continuidad de la descolonización. Todo queda a medias, como en una extraña suspensión fatal.

¿Qué es entonces lo que cohesiona a Bolivia, fuera de su acto constitutivo y la reproducción de sus instituciones? Por más paradójico que parezca, lo que cohesiona a Bolivia es su propia diversidad diferencial, la confluencia de las continuidades mencionadas, de estos bloques histórico-geográficos distintos, la complementariedad de estos bloques, su interculturalidad e intraculturalidad efectivas, aunque no asumidas institucionalmente. En definitiva, se puede decir que, lo que cohesiona a Bolivia es la voluntad, las voluntades plurales, que quieren mantener las alianzas, que los ciclos estatales han confundido con pactos. Los pactos son institucionales, representativos, poco efectivos en la cohesión “real”, empero altamente efectivos en la cohesión “ideológica”. Bolivia se ha convertido en el lugar de la articulación de lo diverso. Todas las formaciones lo son, pues todas las formaciones sociales son abigarradas, unas más saturadas que otras; las formaciones más homogenizadas, de todas maneras, tienen como substrato lo abigarrado, en las condiciones dadas ancestralmente. Sin embargo, en Bolivia, el abigarramiento adquiere una cualidad permanente, que comparte con la característica histórica de suspender todo, de dejarlo pendiente todo. Por lo tanto, la articulación de lo diverso también adquiere una cualidad dramática. La cohesión pasa por la crisis y la catarsis, para lograr emergencias masivas, experiencias intensas de interpelación.

Desde la guerra anticolonial pan-andina del siglo XVIII, cuando, en los territorios del Alto Perú, la insurrección de Tupac Amaru se radicalizó bajo el comando de Tupac Katari, experimentando intensidades mayores, hasta la movilización prolongada de 2000 al 2005, cuyo dramatismo e intensidades, manifiestan la capacidad de gasto heroico, pasando por la insurrección de abril de 1952, sin olvidarnos de la historia de los levantamientos indígenas, donde sobresale la intervención del ejército aymara de Zarate Willka en la guerra federal de fines del siglo XIX, ni de las resistencias mineras, las transgresiones populares, las multitudinarias marchas proletarias e indígenas, estas resistencias, levantamientos, rebeliones, manifiestan claramente la apuesta por la voluntad arronjada.

No pasa, como dice René Zavaleta Mercado, que la crisis hace inteligible la formación social abigarrada, sino es la forma intensa como se asume la crisis, es la voluntad “plebeya” que apuesta a un nuevo nacimiento lo que hace inteligible las dinámicas de la formación abigarrada. De este modo, se puede decir que el levantamiento indígena del siglo XVIII, que la intervención aymara en la guerra federal, que la insurrección proletaria y nacional-popular de 1952, que la movilización prolongada descolonizadora del primer quinquenio del siglo XXI, son actos de conocimiento. Abren horizontes de visibilidad.

El problema vuelve después de estos gastos heroicos, cuando hay que cuidar de este nacimiento; ocurre como si no se pudiera dar lugar a una resolución estructural; se vuelven a dejar en suspenso las tareas, la construcción de lo nuevo, manteniendo abigarradamente las viejas estructuras e instituciones, combinadas con las nuevas estructuras e instituciones que se haya podido crear. Entonces se vuelve al juego del eterno retorno de la suspensión, de lo indeterminado y de indefinición. Esta característica, esta combinatoria de condiciones de posibilidad históricas, sin resolverse, quizás sea su potencia y posibilidad, de mantener también abierta la puerta de lo alternativo. Quizás por esta razón sea desde Bolivia desde dónde hay que lanzar la convocatoria para la integración continental. Cuando hablamos de integración lo hacemos pensando en la integración “plebeya”, en la integración por procedimientos de los pueblos, de ninguna manera, en la integración burocrática, teatral y demagógica de los estados y gobiernos.

Una pregunta es indispensable, a propósito de la caracterización marxista: ¿Bolivia es un país capitalista, atrasado y dependiente, de desarrollo desigual y combinado? Bueno, muchos países lo son, de la inmensa geografía periférica del sistema-mundo capitalista. Eso no dice mucho de su especificidad, de su singularidad, lo que hace que sea lo que es, su particularidad. Otra pregunta, del mismo estilo: ¿Bolivia es una formación social abigarrada? También muchos países lo son, no sólo periféricos. ¿Dónde está entonces su característica propia? Quizás se encuentre en esa manera inacabada de constituirse, de avecindar sus construcciones inconclusas, formando “barrios” barrocos históricos, donde conviven en la simultaneidad del presente los distintos proyectos inconclusos. En parte se parece a la figura del niño de Heráclito, que construye castillos de arena, para deshacerlos y volver a construirlos, siempre de distinta forma. La diferencia radica en que se trata de un niño u niña, o ambos, una criatura hermafrodita, que no termina de construir lo que hace jugando, tampoco destruye sus semi-productos completamente, sino los deja, para construir, sin terminar, otros, al lado. ¿Cuándo escogerá los que le gustan, para terminarlos? ¿Cuándo hará una amalgama de todos? ¿O, mas bien, se perderá en el laberinto que ha construido?

Bueno, Bolivia no es un sujeto, es un país, también un Estado-nación, es una representación, un imaginario, sostenido en una “realidad” institucional. Son los y las bolivianas los y las que “juegan” con la historia de esta manera. Ahora bien, ¿esta “inconstancia” forma parte de su ser, de su manera de ser? Ciertamente no todos son así, y quizás ninguno, sino que es el efecto masivo de los desacuerdos, pequeños y grandes. Se podría decir que los bolivianos no nos ponemos de acuerdo, pero, tampoco nos dejamos imponer un acuerdo de pocos o, incluso, de muchos. ¿Podremos llegar a un consenso? El método de la fuerza no parece ser una buena solución. Como cantaba Benjo Cruz [18] , ¿cuándo podremos bolivianos tomar juntos, un vaso de chicha o de cerveza, y hablar? Aunque, tomar chicha y cerveza, lo hacemos casi a diario, sin embargo, no juntos, sino solo con los nuestros, los allegados, de lo que se trata, en definitiva, es de ejercer la democracia participativa. Buscar el consenso, aunque su construcción colectiva tarde. El consenso no se logra sin sacar todo lo guardado, sin poner todas las “huacaychas” en la mesa. Lo qué preguntaba Benjo Cruz es cuándo nos sincerábamos. No es de ninguna manera mala esta idea. Quizás sea un buen comienzo. Sin embargo, para que pueda darse este sinceramiento, se requiere una condición de posibilidad histórica básica; suspender las simulaciones, las representaciones, las pretensiones de legitimidad, los juegos de poder. Se trata del ejercicio de una democracia directa, también del ejercicio de la democracia comunitaria. ¿Esta condición de posibilidad es viable? No se trata de contar o no con una estrategia, con una geopolítica, que tal parece, no se la tiene; no se trata de contar o no con un proyecto, que sí se lo tiene; este proyecto es la Constitución. Empero, el gobierno cree que es un documento de propaganda, que en la práctica no se puede cumplir; el partido de gobierno, si es que lo hay, pues el MAS parece un partido electoral, de apoyo a los eternos candidatos, considera que la interpretación de la Constitución es la oficial, aunque esté plagada de contradicciones insostenibles. Se trata de otra cosa, se trata, de lo que establece la Constitución, de la construcción colectiva de la decisión política, de la construcción colectiva de la ley, de la construcción colectiva de la gestión pública. En pocas palabras, se trata del sistema de gobierno, que establece la Constitución; la democracia plural y participativa.

El problema crucial es ciertamente ¿qué hacemos con el capitalismo? Ya sabemos lo que el capitalismo hace con nosotros. No vamos a repetir lo que ha elucidado la crítica de la economía capitalista, desde Marx hasta nuestros días. Estos análisis son contundentes, sobre todo aquéllos que estudian la expansión de las relaciones capitalistas al campo, al área rural. Al respecto, hemos expresado nuestras diferencias con estos análisis; pero, por el momento, independientemente de estas diferencias, queremos resaltar la pregunta ¿qué hacemos con el capitalismo? La respuesta a esta pregunta marca la ruta que sigue, de acuerdo a la modalidad de la respuesta.

El modelo soviético buscado abolir el capitalismo, aboliendo las relaciones de producción capitalistas, inclusive en el campo. Al embarcarse en la revolución industrial, requerida, indudablemente, ha construido un capitalismo de Estado, basado en la teoría del valor; por lo tanto, en la subsunción de la fuerza de trabajo al excedente apropiado burocráticamente. Los nacionalismo, de la liberación nacional, vale decir, los que postulaban salir de la órbita de la dependencia mediante la sustitución de importaciones, también revolución industrial, que, sin embargo, aceptaban mantenerse transitoriamente en el capitalismo, reprodujeron formas combinadas de capitalismo; capitalismo de Estado, capitalismo empresarial privado, “capitalismo” mixto, capitalismo bajo el control de empresas trasnacionales, capitalismo financiero, capitalismo comercial, formas de acumulación incipientes en un disperso universo de talleres, pero también de propiedades familiares de la tierra. Los actuales gobiernos progresistas de Sud América también aceptan mantenerse dentro del capitalismo, de la misma manera, transitoriamente, empero, pretendiendo iniciar un socialismo de nuevo cuño, llamado socialismo del siglo XXI, en unos casos, y socialismo comunitario, en el caso de Bolivia. En estos proyectos progresistas también se da una combinación abigarrada de formas de capitalismo; casi los mismos mencionados anteriormente, con el aditamento de formas de capitalismo cooperativo y “capitalismo” comunitario [19] , como en el caso de Bolivia. También hay que añadir la peculiaridad brasilera, que combina el abigarramiento o, lo que llama Francisco de Oliveira, el modelo del “ornitorrinco”, con un capitalismo trasnacional propio, contando con empresas, supuestamente estatales monopólicas, capaces de competir con las empresas trasnacionales del tradicional centro del sistema-mundo capitalista. Parce una condena; las rutas no-capitalistas o transitorias terminan re-articuladas a la reproducción del capital a escala mundial, también a escala nacional. ¿Dónde está la clave para salir del capitalismo? ¿Si no es el cambio de la forma de propiedad, expropiando a los expropiadores, si tampoco lo es, como dicen Enrique Ormachea y Nilton Ramírez [20] , una barrera al capitalismo la propiedad comunitaria de la tierra, pues en la medida que su inserción en el mercado, en el caso de la quinua, el mercado internacional, la comunidad termina formando parte de los ciclos de acumulación de capital, cuál es la clave para escapar a la vorágine capitalista? ¿Se puede escapar a este condicionamiento mientras exista un sistema-mundo capitalista?

Depende desde qué teoría se responda. Sin ocuparnos de las teorías “burguesas”, que ciertamente se han desarrollado técnicamente mucho, desde los tiempos de Marx hasta ahora, sino quedándonos con la teoría marxista; vemos que las tesis apuntan a la transición. De lo que se trata es de crear las condiciones objetivas y subjetivas, mediante la revolución industrial y mediante la lucha “ideológica”, para dar el salto al socialismo en pleno sentido de la palabra. Esta transición ha resultado dramática, se tome una modalidad u otra. El problema del marxismo es su filosofía de la historia y su creencia en la providencia racional de la historia. No hay tal cosa, salvo en la cabeza hegeliana de los marxistas. Lo que se pueda hacer depende de la decisión consensuada de los pueblos, ahora, más que nunca, afectados, en su sobrevivencia, por la descomunal productividad y dominación financiera capitalista. Lo privado y lo público son formas de propiedad, pero también son formas institucionales, formas estructurales de relaciones sociales, que existen y se reproducen porque expropian lo común, forma de acceso directo a los recursos, a los saberes, a las ciencias, al intelecto general, a las tecnologías. Lo común no requiere esperar nada, ninguna transición, ningún regalo de la providencia de la historia; sólo requiere recuperar lo común de sus expropiadores, los propietarios capitalistas y el Estado. Y eso es posible ahora y aquí. El problema es la decisión colectiva, la construcción del consenso. El problema es político, no económico.

¿Esta dificultad tiene que ver con lo que llama el marxismo “ideología”, ahora extendiendo este concepto más allá del fetichismo de la mercancía, comprendiendo el fetichismo del Estado, el fetichismo de las instituciones, el fetichismo del poder? Es posible, si ampliamos el concepto. Pero, también tiene que ver con la capacidad de captura que tienen las instituciones; el Estado, el mercado, el sistema financiero, los organismos internacionales. La lucha no solo es “ideológica”, sino también contra estas mallas de captura; por eso es indispensable fortalecer los flujos de las líneas de fuga, las prácticas alterativas, los desplazamientos, las resistencias, creando espacios liberados de estas capturas, que se muevan bajo las “lógicas” de la reproducción de lo común. La lucha es “ideológica”, política y material, en el sentido de la subversión de la praxis [21] . Hay que arrancarle a la dominación y control del capitalismo espacios-tiempos liberados, que recuperen lo común, reproduzcan lo común, garantizando los ciclos de la vida.

La lucha es descomunal; la lucha contra el capitalismo es mundial. La convocatoria se la dio en la Conferencia Mundial de los Pueblos contra el Cambio Climático, en Tiquipaya-Cochabamba, la convocatoria es a conformar una Internacional de los Pueblos contra el capitalismo y en defensa de la madre tierra. De esta resolución podemos concluir que se trata de avanzar a una gobernanza mundial de los pueblos, sin Estado y sin capital. Una asociación mundial de productores/ras, consumidores/ras y creadores/ras.

No podemos sorprendernos entonces que, durante las dos gestiones del gobierno popular, no sólo se hayan combinado abigarradamente distintas formas capitalistas, sino que se estén formando nuevos estratos de la burguesía, incorporando a campesinos ricos, colonizadores ricos, cocaleros ricos, comerciantes ricos y contrabandistas ricos. Hay pues una recomposición de la burguesía, sin que haya desaparecido la antigua burguesía. La defensa del gobierno, que no es, obviamente, la defensa del proceso, sino todo lo contrario, conduce, lo quieran o no los “defensores” a-críticos o de la crítica sensata, al apoyo a esta recomposición burguesa, sobre la base de la expansión del modelo extractivista del capitalismo dependiente y el paradigma del Estado rentista.

Ecuador

En la entrevista que hace Marta Harnecker a Alberto acosta, cuando le pregunta sobre si ¿el gobierno está contra la Constitución? Alberto Acosta responde:

Me ha costado mucho tiempo llegar a aceptar que hay una suerte de proceso impulsado desde el gobierno contra la Constitución de Montecristi, en contra de su propia Constitución. Hay una Ley de minería que está en contra de la Constitución, hay una Ley de Soberanía Alimentaria que además no aborda nada de lo de fondo y que también está en contra de la Constitución y ahora la Ley de Aguas … ¡Es dramático! [22]   

 

La siguiente pregunta es: “Tú estabas planteando que la Ley de aguas no respetaba la Constitución, ¿podrías argumentar más sobre éste tema?” Acosta responde:

La Constitución es muy clara en relación al tema del agua. El agua fue declarada en la Asamblea Constituyente de Montecristi como un derecho humano fundamental. El agua, entonces, no puede ser vista como un negocio. Por eso, al inicio del texto constitucional se estableció, en el artículo 12, que “el derecho humano al agua es fundamental e irrenunciable. El agua constituye un patrimonio nacional estratégico de uso público, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida”.

 

La trascendencia de estas disposiciones constitucionales es múltiple. En tanto derecho humano se superó la visión mercantil del agua y se recuperó la del “usuario”, es decir, la del ciudadano y de la ciudadana, en lugar del “cliente”, que se refiere solo a quien puede pagar. En tanto bien nacional estratégico, se rescató el papel del Estado en el otorgamiento de los servicios de agua; papel en el que el Estado puede ser muy eficiente, tal como se ha demostrado en la práctica. En tanto patrimonio se pensó en el largo plazo, es decir, en las futuras generaciones, liberando al agua de las presiones cortoplacistas del mercado y la especulación. Y en tanto componente de la Naturaleza, se reconoció en la Constitución de Montecristi la importancia de agua como esencial para la vida de todas las especies, que hacia allá apuntan los Derechos de la Naturaleza.

 

Ésta constituyó una posición de avanzada a nivel mundial. Dos años después de la incorporación de este mandato constituyente referido al agua, el 28 de julio del 2010, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la propuesta del gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia declarando “el derecho al agua segura y al saneamiento como un derecho humano”.

 

El actual proyecto de ley de aguas no es privatizador, lo reconozco paladinamente, pero tampoco es des-privatizador. ¿Qué quiere decir esto? Que está bien que no se abra la puerta a la privatización, pero tienes que dar paso, como manda la Constitución, hacia una profunda redistribución de la tierra y del agua [23] .

La explicación de Alberto Acosta al respecto es la siguiente:

La tendencia monopolizadora del agua en el agro es notoria. La población campesina, sobre todo indígena, con sistemas comunales de riego, representa el 86% de los usuarios. Sin embargo, este grupo apenas tiene el 22% de la superficie regada y accede apenas al 13% del caudal. Mientras que los grandes consumidores, que no representan el 1% de unidades productivas, concentran el 67% del caudal.

 

Para un indígena es muy difícil acceder al agua, para un terrateniente es muy fácil. Los terratenientes tienen agua incluso para sus piscinas o lagos artificiales para su diversión, cuando los campesinos no tienen agua para cultivar sus parcelas, que son pequeñas o de tierras poco fértiles, ¡esa es la cruda realidad! Por eso tiene que redistribuirse el agua, como tendrá que redistribuirse la tierra, si realmente estamos construyendo un proyecto revolucionario [24] .

La aclaración de Acosta sobre el carácter de la ley de aguas del gobierno, precisa que la misma: no reconoce eso. Y peor aún, ahora el presidente Correa ha dicho que esta ley no es fundamental ni prioritaria. Esto es algo más grave todavía [25] .

En la comparación con la ley de aguas anterior, relativa al régimen liberal, dice:

La ley anterior neoliberal era privatizadora, establecía la posibilidad de privatizar el agua, de hacer del agua un producto mercantilizado. Los artículos sobre el agua de la Constitución del 2008 revierten lo establecido en la Constitución de 1998. En esa carta magna, una Constitución neoliberal, se establecía que el agua potable y de riego así como los servicios relacionados con su utilización “podrá prestarlos directamente o por delegación a empresas mixtas o privadas,   mediante concesión, asociación, capitalización, traspaso de la propiedad accionaría o cualquier   otra forma contractual”. No puedo aceptar con que se mantenga la ley de los neoliberales, esa ley tiene que cambiar.   Ese es un tema de fondo [26] .  

La entrevistadora, después toca temas concomitantes, como la relación de la Ley de aguas y las concesiones del gobierno. El análisis del que presidió la Asamblea Constituyente de Montecristi se desenvuelve así: 

El ejercicio democrático, de construcción colectiva de la nueva Constitución ecuatoriana, se enmarca en la recuperación de espacios de soberanía nacional y local. La disputa por el agua, recordémoslo, fue intensa en el país. Varios fueron los actos privatizadores. El más notable fue el de Interagua, en Guayaquil. Esta empresa sencillamente suspendió el acceso a quienes no pagan unas tarifas colocadas al antojo de los intereses privados, en función de la rentabilidad que define dónde y cómo invertir, dónde y cómo dar servicios y en dónde no.

 

Habría que anotar, por ejemplo, en este recuento de incongruencias, que resulta una violación constitucional la ampliación de la concesión a Interagua autorizada por el gobierno del presidente Correa. Me preguntó si el gobierno se ha propuesto pactar con Jaime Nebot, el alcalde de Guayaquil, el gran líder local de las fuerzas de la derecha. Sorprende también el mantenimiento de las concesiones para las embotelladoras de agua y las aguas termales, marginando a las comunidades de su aprovechamiento. ¿Cómo podemos hablar entonces de un proceso revolucionario? Esas son cosas que van debilitando el proceso de reforma y van desgastando lo que tenía de espíritu revolucionario este gobierno, que apenas se perfila como reformista [27] .

El otro tema crucial, donde se hace patente el comportamiento del gobierno, es la Ley de Minería. La pregunta de Marta Harnecker es: “ ¿Y qué pasa con la Ley de minería que tantas críticas tiene?” Alberto Acosta responde:

 

La Ley de minería tiene muchos errores, muchos problemas. Por ejemplo, no se respetaron los derechos colectivos establecidos en la Constitución. En el artículo 57 de ésta se establece que tiene que haber una consulta pre-legislativa cuando se trate de derechos colectivos: hay que consultar a las comunidades para recoger sus criterios e incorporarlos. “Es cierto —dirá alguien—, ya esa   gente nombró a sus asambleístas, ellos tienen todo el poder”. Pero lo que nosotros queremos no es eso, sino que haya una activa participación de la sociedad y que se escuche a todas las voces. Lamentablemente esto no está ocurriendo [28] .

La posición del ex-presidente de la Asamblea Constituyente frente al tema de la minería, en sus distintas formas de explotación, particularmente en lo que respecta a la explotación a cielo abierto, se expresa de la siguiente manera:

 

Yo estoy en contra de la minería metálica a gran escala a cielo abierto. Aquí en el Ecuador no debe haber este tipo de minería por una razón muy simple: tenemos en esos territorios una enorme biodiversidad y comunidades cuya vida puede estar en riesgo, además tenemos muchas alternativas más interesantes que la minería. Conozco un estudio de las empresas mineras —como de unas 900 páginas— que, en sus conclusiones, recomienda que los países que tengan alternativas a la minería a gran escala deben desarrollar esas alternativas y no dar paso a esa minería. Ecuador no es Chile, donde se explota mineral en un desierto. No, aquí hay una enorme biodiversidad que va a estar en riesgo. Esa es mi posición. Ahora, eso no quiere decir que no haya que poner en orden la minería existente, la minería a pequeña escala, artesanal y de subsistencia, en donde reina el caos [29] .

A la entrevistadora le hace recuerdo que: yo fui ministro de Energía y Minas y no cabe duda que hay que poner en orden esa minería existente, y allí si hay que trabajar mucho, muchísimo, para ir cambiando las cosas. Siguiendo con la exposición, Acosta dice:

En Montecristi aprobamos un mandato minero para empezar a organizar el sector. Trabajé intensamente en este tema. Estaba consciente de los problemas existentes y sabía que cuando fui ministro no pude avanzar mucho en arreglar la situación. Lamentablemente el gobierno luego no cumplió la totalidad de dicho mandato. Las consecuencias de incumplimiento están a la vista: el caos se mantiene y la violencia crece [30] .

Después se toca un tema importante, que está en boca de los gobernantes progresistas, la ampliación considerable del excedente, en relación a la posibilidad de financiar el desarrollo nacional por otras vías. Alberto Acosta dice:

 

Ahora, si no explotamos los recursos minerales, ¿de dónde vamos a sacar la plata para financiar el desarrollo nacional? Ese es el tema que está a la orden del día. La solución existe si hay el conocimiento y la voluntad política para enfrentar el reto. Existen múltiples fuentes de financiamiento de la economía al margen de extractivismo. Empecemos por corregir las mayores disfuncionalidades existentes. Ecuador extrae petróleo, Ecuador exporta petróleo, pero Ecuador importa derivados del petróleo porque no tiene la suficiente capacidad de refinación. Y esos costosos derivados del petróleo, como el diesel, los quema para generar electricidad en plantas térmicas contaminantes. No aprovechamos energías alternativas y renovables, como la hidráulica, la solar, la eólica, la geotermia, recuérdese que nosotros literalmente dormimos sobre volcanes activos. Esa es una gran tarea, transformar la matriz energética reduciendo la dependencia del petróleo y sus derivados.

 

Ahora, por ejemplo, ¿por qué no discutimos y encontramos respuestas a una serie de subsidios a los combustibles, mucho de los cuales no están beneficiando a los sectores populares, sino a los sectores más acomodados de la población? En el año 2008, los subsidios bordearon los 3 mil millones de dólares. No se trata de quitar los subsidios a la bruto, es decir a lo neoliberal. No, de ninguna manera. Hay que hacerlo con creatividad, de manera selectiva. Los subsidios deben mantenerse para los grupos empobrecidos y marginados, no para los acomodados.

 

Adicionalmente, en el Ecuador, y en prácticamente todos los países del mundo empobrecido, se precisa una adecuada política tributaria. Los que más ganan y más tienen deben contribuir en mayor medida al financiamiento del Estado. Con el gobierno del presidente Rafael Correa se registra una cierta mejoría en la presión fiscal. Esta se acerca al 13% en relación con el Producto Interno Bruto. Pero todavía estamos lejos de lo que debería ser una meta aceptable. El promedio en América Latina es del 24%, el promedio del mundo desarrollado es del 44%, el promedio de Europa es del 46%. En Bolivia, para no irnos tan lejos, la presión fiscal bordea el 20%. Nuestra meta debería ser un 35%. Por lo pronto, si duplicamos la presión fiscal, con impuestos directos progresivos —impuestos a la renta, a la herencia y al patrimonio, especialmente— habríamos resuelto por mucho tiempo el tema del financiamiento sin poner en riesgo nuestras verdaderas riquezas: la vida de muchos compatriotas y de la Naturaleza. Pero además, hay que avanzar en el combate a la evasión y la elusión. Por ahí también hay que avanzar, es decir en la honestidad y conciencia fiscal de la ciudadanía y en el sector empresarial.

 

Por último, cuando estamos enumerando una serie de opciones para conseguir el financiamiento que requiere la economía ecuatoriana sin destrozar más la Naturaleza, recordemos que las actividades petroleras y también las mineras provocan elevados costos ambientales. Costos que, por lo demás, no entran nunca en los cálculos de rentabilidad que hacen las empresas e incluso el gobierno. Costos que luego, de una u otra manera, se los traslada de manera brutal a la sociedad. La Texaco, para recordar, había dejado pasivos ambientales superiores a los 27 mil millones de dólares, incluso hay estimaciones que duplican o triplican dicha cifra. Además, hay que maximizar el ingreso del Estado por cada barril de petróleo que se extrae. Allí hay un enorme potencial para ingresos adicionales.

 

De todas maneras, tenemos que desmontar la creencia de que la renta de la Naturaleza es lo que va a resolver nuestros problemas. Nosotros hemos sido el principal productor y exportador de cacao y banano en el mundo, pero no nos desarrollamos. Exportamos todo tipo de frutas, espárragos, flores, exportamos camarones, exportamos petróleo, pero no nos desarrollamos ¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo país-producto? ¿Cuándo vamos a ser país-inteligencia, país conocimiento? ¿Cuándo vamos a aprovechar las capacidades de los seres humanos, individual y colectivamente hablando? ¿Cuándo vamos a hacer eso? Mientras no hagamos eso, vamos a seguir presos de lo que yo llamo “la maldición de la abundancia”.Mientras tanto seguiremos siendo pobres porque somos ricos en recursos naturales. Y   esas sociedades, sobre todo las petroleras y las mineras, tienen características perversas: economías   rentistas, prácticas sociales clientelares y gobiernos autoritarios con una democracia endeble.

 

Por la vía del “desarrollismo senil”, como dice Joan Martínez Alier, no se encontrará la salida a este complejo dilema. El reto radica en encontrar una estrategia que permita construir el Buen Vivir aprovechando los recursos naturales no renovables, transformándolos en “una bendición” como recomienda el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, pero sin depender exageradamente de ellos. Sólo así saldremos de la trampa de la pobreza y del subdesarrollo.

 

Sólo un ignorante o un mal intencionado podrían sostener que la crítica al extractivismo implica la negación total de la utilización de los recursos naturales. No se trata de cerrar los actuales campos petroleros en explotación, pero sí de discutir seriamente sobre si conviene seguir ampliando la frontera petrolera con todos los impactos devastadores que eso significa[31] .

El gobierno de Correa promulgó una ley de aguas inconstitucional, afectando los derechos colectivos, consagrados en la constitución, y apunta a una política minera devastadora, expandiendo el modelo extractivista a la minería, beneficiando a la acumulación originaria y ampliada capitalista. Las protestas de las organizaciones indígenas y del pueblo ecuatoriano se han hecho sentir; sin embargo, el gobierno ha seguido impávido, imponiendo la decisión autoritaria y vertical del mandatario.

Como se podrá ver, son notorias las analogías de los gobiernos progresistas, sobre todo, en este caso, entre el gobierno boliviano y el gobierno ecuatoriano. Son similares sus contradicciones respecto a la Constitución. ¿Por qué sus gobernantes creen que las constituciones de sus países no son de utilidad práctica, por eso, lo práctico es vulnerarlas? Por otra parte, ¿por qué, al final de cuentas, los pueblos dejan que esto ocurra, sin defender la Constitución y los derechos múltiples consagrados; salvo, es cierto, de honradas excepciones, como la resistencia y la lucha de las organizaciones indígenas, además de las intermitentes asonadas populares, cuando la conducta del gobierno llega al escándalo, como en el caso, en Bolivia, de la suspensión neoliberal a la subvención de los carburantes y la descongelación de los precios en el mercado interno, favoreciendo palpablemente a las empresas trasnacionales del petróleo, así como las protestas, marchas y bloqueos contra la Ley de aguas gubernamental, en el Ecuador? Este es el asunto.

La respuesta parece evidente. Los gobiernos progresistas no pueden salir del modelo extractivista del capitalismo dependiente. Creen, como sus antecesores neo-liberales, que esta es la base del desarrollo; a diferencia de éstos, los nacionalistas y progresistas lo hacen nacionalizando, aunque sea a medias, no como los nacionalistas del periodo heroico, de mediados del siglo XX, cuando la nacionalización significaba expropiación de los expropiadores. Respecto a la diferencia entre estos gobiernos progresistas y lo que ocurrió en la Unión Soviética y la República Popular China, es que el capitalismo de Estado en estos últimos realizó la revolución industrial, aunque de una manera forzada y militarizada, en tanto que los gobiernos nacionalistas, después, los progresistas, sólo atinan a ampliar el modelo extractivista.

Ciertamente, es diferente, como hemos anotado, el caso Brasilero; sin embargo, no hay que olvidar las observaciones de Francisco de Oliveira, al respecto. El modelo brasilero se parece alornitorrinco; se trata de una combinación donde, si bien están presentes la segunda y la tercera revoluciones, industrial y tecnológica, se alcanza el desplazamiento a la cibernética, esta ultra-modernidad, que comprende también la industrialización, de la modernidad clásica, se encuentra enlazada a la tercerización de la economía, a la base extractivista, en constante expansión, a la ampliación de la frontera agrícola, en detrimento ecológico, al crecimiento desmesurado de las ciudades, atravesadas por extensas zonas marginales, empujando a una explotación salvaje del proletariado nómada. Toda esta combinación no evita caracterizar al modelo del ornitorrinco como extractivista y neo-extractivista, pues a pesar de la industrialización, la segunda revolución tecnológica y la tercera cibernética, la estructura de esta composición se basa en el modelo extractivista y en las exportaciones primarias de Brasil.

Los gobiernos progresistas no pueden salir del modelo extractivista porque no tienen voluntad para hacerlo, porque están atrapados en un imaginario desarrollista. Para ellos, la historia tiene que continuar, de la misma manera, que en el pasado, salvo bajo el control del Estado, que redistribuye los ingresos, bajo el criterio de políticas rentistas. Esta opción, esta ruta tomada, los convierte en dispositivos del orden mundial de dominación y control capitalista, por más estridente que sea su retórica anti-imperialista. Este es el tema, ante el cual no se puede cerrar los ojos, bajo el argumento que se trata de gobiernos de “izquierda” y que no se debe dejar este lugar a la “derecha”.

Venezuela

Basándonos en el diagnóstico que hace Víctor Álvarez [32] de la revolución bolivariana y del socialismo del siglo XXI, en La Convocatoria del mito [33] , escribimos:

Es ilustrativo el balance que hace Víctor Álvarez de parte del proceso de la revolución bolivariana. Tomando nota y registrando nuestras impresiones, diremos que:

1. Al parecer la revolución bolivariana aparece como proceso constituyente, como desborde del poder constituyente, como interpelación al estado de cosas, a las estructuras de poder, a la desigualdad social, a la oligarquía parásita, a la economía extractivista y el Estado rentista.

2. Se gesta entonces una nueva Constitución, ideando una nueva república, la quinta, cuya composición y contenido responda a la “ideología” bolivariana, basada en el pensamiento de Simón Bolívar, pensamiento actualizado al siglo XXI, transformando su horizonte liberal en un horizonte socialista.

3. La oligarquía y la burguesía rentista venezolana reaccionan ante el avance político popular con un golpe de Estado y boicot a la producción del petróleo. Las tensiones y contradicciones sociales y políticas llegan a un punto máximo. El intento de restauración de la oligarquía y la burguesía es desbaratado por la movilización popular en defensa del presidente Hugo Chávez y por el contragolpe de las Fuerzas Armadas.

4. A partir de esta victoria política y militar popular el proceso se radicaliza. Claramente se propone la transición al socialismo. Se piensa en un socialismo de nuevo cuño, llamado socialismo del siglo XXI. Lo sugerente de este socialismo no está tanto en nombrarse como del siglo XXI, donde una mayoría de comentaristas hacen hincapié, sino en las formulaciones concretas; en la propiedad social sobre los factores y medios de producción básicos y estratégicos que permita que todas las familias y los ciudadanos y ciudadanas venezolanos/venezolanas posean, usen y disfruten de su patrimonio o propiedad individual o familiar, y ejerzan el pleno goce de sus derechos económicos, sociales, políticos y culturales.También con la creación del Sistema Económico Comunal se plantea avanzar en la transformación del capitalismo rentístico en un modelo productivo socialista, con base en nuevas formas de propiedad social en manos de los trabajadores directos y las comunidades organizadas.  

5. En este transcurso y ante estas tareas aparecen las dificultades y obstáculos de la transición. Las alianzas políticas en el poder no son las más adecuadas para esta transición y la profundización del proceso. Los sectores que tienen mayor incidencia en el gobierno y en la institucionalidad estatal no son las clases sociales que pueden sostener la construcción del socialismo, el proletariado y los campesinos, tampoco los sectores más populares de las urbes. Se da entonces como una limitación de los alcances y una disminución de los ritmos del proceso, a pesar de los beneficios obtenidos por la inversión social.

6. Hablando de los alcances cualitativos del proceso y de las transformaciones estructurales, se constata que no se ha salido de la economía extractivista y del Estado rentista, que todavía está pendiente la conformación del modelo productivo, orientado a la soberanía alimentaria, basado en gran parte en la propiedad social y la organización comunitaria. Esta constatación fue compartida por el mismo Hugo Chávez [34] .

Da la impresión que en Venezuela se combate una descomunal batalla, entre dos bloques históricos confrontados; entre el boque histórico conservador y elitista, compuesto por la burguesía, los terratenientes, es decir, la oligarquía, que, además, incorpora a una tecnocracia que estuvo al servicio de las empresas petroleras trasnacionales, a la antigua burocracia, a los grandes comerciantes, a una clase media alta, beneficiada por el renta liberal y neoliberal, a la iglesia y otras instituciones de influencia, como los medios de comunicación empresariales, por un lado; y el bloque histórico nacional-popular, compuesto por el proletariado nómada migrante, el proletariado sindicalizado, los distintos estratos campesinos, las clases populares urbanas, las clases medias bajas, las organizaciones de base, las comunas, las misiones, por otro lado. Es una lucha de clases, por cierto; empero mediada por aparatos “ideológicos”; en el primer caso, del bloque histórico conservador elitista, hablamos no solamente de los medios de comunicación coaligados a este bloque, sino de toda una atmósfera “ideológica” conformada, por lo menos en el último siglo XX, de toda una “ideología” hecha carne, convertida en comportamientos y en conductas, en prejuicios, en imaginarios. Una “ideología” que considera al capitalismo como “realidad” natural, incluso la forma de capitalismo dependiente en el subcontinente sudamericano. En el otro caso, del bloque nacional-popular, también se cuenta con aparatos “ideológicos”; uno de los principales es el partido, ahora llamado PSUV, que cuenta también con el dominio de influyentes medios de comunicación masivos estatales, además de contar con influencia incluso en medios privados, fuera del apoyo de los medios populares, que gozan de cierta autonomía, que incluso les permite llegar a hacer críticas, en algunos casos. El bloque conservador cuenta con un frente amplio de coalición; sin embargo, no se puede hablar de partido, en pleno sentido de la palabra. Se trata de un frente inestable, que reúne variados intereses, perspectivas, discursos y proyectos. El “partido”, en este caso, es todo el bloque, tal como lo teoriza Antonio Gramsci.

Estas mediaciones no son las que distorsionan la lucha de clases, sino que la llevan, precisamente al terreno “ideológico”. En este espacio-tiempo las “cosas” no son como lo que se dice o, usando a Michel Foucault, no del todo adecuadamente, mas bien figurando, las palabras no son las cosas. La mediación del partido, en el bloque nacional-popular, interpreta la lucha a su manera, de una manera bolivariana, por así decirlo, en los términos de la consolidación del Estado-nación bolivariano y la transición al socialismo del siglo XXI. Sin embargo, podríamos decir, que el problema no es este, el de la interpretación, del proyecto, del programa político y, obviamente, de la Constitución. Esto nos llevaría trasladar la discusión a la validez de las interpretaciones, de los proyectos y los programas políticos. Al final se trata del programa político y de la interpretación política que goza de gran convocatoria masiva y organizada. No es pues una discusión teórica la que va definir el curso de los acontecimientos. Tampoco podemos inclinarnos por una interpretación más “ortodoxa” o, si se quiere, más “radical”, que no goza de convocatoria popular, formando parte de las alucinatorias iluminaciones de un pequeño grupo vanguardista. La política, la acción política, no se resuelve racionalmente, sino por el juego y correlación de las fuerzas. El problema es otro; el problema es que el partido se convierte en la representación legítima de las colectividades del bloque popular, que el partido en el poder conforma una casta burocrática, que monopoliza las decisiones, y termina llevando el proceso de transición por los caminos conocidos de la expropiación de las voluntades colectivas por la voluntad centralizada del partido. Por último concurre el aburguesamiento de la jerarquía del partido, que lleva a la repetición del guión, harto conocido, de la sustitución de la antigua burguesía por la burguesía burocrática. Las contradicciones, tensiones, conflictos y confrontaciones, perturban la cohesión del bloque, aunque todavía no estallen, debido a la confrontación con el bloque conservador. El problema es la reproducción de viejas prácticas políticas, jerárquicas, centralistas, autoritarias, “vanguardistas”, en el mejor de los casos, demagógicas, en el peor de los casos.

La “verdad” del partido prepondera y se impone, descartándose la construcción colectiva del saber social de la transformación, que sólo se puede construir participativamente. La opción realista y “pragmática” del partido, que, además, exige disciplina, termina reforzando los condicionamientos aceptados efectivamente, la dependencia del modelo extractivista y el círculo vicioso de la dependencia por reiteración y recurrencia del modelo extractivista. La matriz de la crisis política y económica, que afronta el partido en el poder y el bloque popular, se encuentra en estos condicionamientos aceptados, como regla “pragmática”. Es, obviamente, pedir peras al olmo, que el partido atribuya el desenvolvimiento de la crisis a la propia práctica partidaria, a la burocratización, a la mediación partidaria, que en muchos casos termina siendo prebendal y clientelar. La culpabilidad se la atribuye a la “derecha” y al imperialismo. Si bien la “derecha” tiene que ver con el boicot, como ocurrió el 2003, si bien el imperialismo conspira, como lo hizo contra el gobierno de Salvador Allende en Chile; esto ya se sabe que es así, en distintos contextos, variando en formas y estilos. También se sabe que hay que luchar contra el boicot y contrala conspiración; pero, lo que es inconcebible es que se contribuya a este boicot y a esta conspiración con errores, que se buscan ocultar con propaganda. Es como una crónica anunciada; los personajes se apegan a su papel, a pesar, de que tienen la libertad, de decidir otro rumbo.

La crítica radical a los gobiernos progresistas no es, para qué se caigan, como creen los apologistas del partido; este es un tema de las decisiones colectivas, no de “vanguardias”. ¿Cómo se puede plantear tal cosa si no se puede sustituir este vacío político con una alternativa constatable, vigente, dinámica, emergente? No se trata de que no hay que dejar este lugar a la “derecha”, sino de que si la invención social no puede todavía sustituir el lugar vacío, lo indispensable es evitar que el proceso se rife por la propia gestión del partido.

 

Conclusiones

Tres conclusiones son indispensables:

1. La necesidad de la interpelación de la crítica, entendida como tal, radical, pues no puede haber crítica sin tocar los problemas en sus raíces, sin tocar las condiciones de posibilidad histórica de los problemas, como también de la misma crítica.

2. Los gobiernos progresistas, los gobiernos “revolucionarios”, son dispositivos provisionales, en la bisagra de las épocas, la pasada y la nueva que nace; son productos institucionales ligados a la herencia institucional y burocrática del Estado. Lo urgente se encuentra en la liberación de la potencia social, la invención y creatividad colectiva, que desmantelan estos aparatos para construir composiciones dinámicas y participativas.

3. La defensa de los procesos de cambio no puede confundirse con la defensa de los gobiernos; hacerlo es un suicidio. Se confunden las transformaciones, lo que posibilita las transformaciones, la participación movilizada, con la representación conservadora e institucionalizada de la conquista del poder. Es cuando las criaturas se convierten en los buitres que comen las entrañas del pueblo.



[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Genealogía del Estado. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Reflexiones sobre el “proceso” de cambio. Bolpress, Dinámicas moleculares; La Paz 2013; Rebelión, Madrid 2013.

[3] El proyecto de la moneda de integración sucre y del Banco del Sud, diseñado por un grupo de economistas ecuatorianos, dirigidos por Pedro Páez Perez, concibe, en realidad, una contra-moneda y un “banco” alternativo al sistema financiero internacional, basado en complementariedades y compensaciones, estructurado en una lógica que retiene la valorización local, evitando su pérdida centralizada. Este proyecto fue aprobado y firmado por los gobiernos del ALBA, empero, ninguno de ellos entendió el proyecto, siguiendo en cambio, políticas monetaristas que los subordinan al sistema financiero internacional.

[4] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Devenir y dinámicas moleculares. Horizontes nómadas, Dinámicas moleculares; La Paz 2013; Rebelión; Madrid 2013.

[5] Ver de Raúl Prada Alcoreza Guerra periférica y geopolítica regional. En torno a la guerra del Pacífico. Bolpress, Dinámicas moleculares, Horizontes de la razón; La Paz 2013.

[6] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasilero. Siglo XXI-CLACSO.

[7] Raúl Prada Alcoreza: Genealogía de la dependencia. Horizontes nómadas, Dinámicas moleculares, Bolpress. La Paz 2011-2012.

[8] Francisco de Oliveira: El neo-atraso brasileño. Los procesos de modernización conservadora, de Getúlio Vargas a Lula. Siglo XXI, CLACSO, 2009. Buenos Aires. Pág. 144.

[9] Ibídem: Pág. 148.

[10] Raúl Prada Alcoreza: Ibídem; Ob. Cit.

[11] Esse texto é o capítulo final do livro 20 centavos: a luta contra o aumento (Editora Veneta, 2013).

[12] Ibídem: Ob. Cit.

[13] Revisar de Raúl Zibechi Brasil potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo. Ediciones de abajo. Bogotá 2012.

[14] Revisar de Raúl Zibechi Brasil Potencia; Ob. Cit. Capítulo 2; La ampliación de la élite en el poder, La trayectoria sindical, Sindicalistas en cargos estatales, El papel de los fondos de pensiones, ¿Nueva clase o capitalismo sindical?

[15] Boaventura de Sousa Santos: Las revueltas mundiales de indignación . Conferencia en La Paz; CIDES-UMSA; 17 de octubre de 2013.  

[16] Revisar el libro citado de Raúl Zibechi; Ob. Cit.

[17] Revisar de Raúl Prada Crítica al esquematismo maniqueo. Bolpress, Dinámicas moleculares, Horizontes nómadas; La Paz 2013; Rebelión; Madrid 2013.

[18] Trovador y guerrillero, muerto en la guerrilla de Teoponte.

[19] Revisar de Enrique Ormachea S. y Nilton Ramírez F. Propiedad colectiva de la tierra y producción agrícola capitalista. El caso de la quinua en el Altiplano sur de Bolivia . CEDLA; La Paz, 2013.

[20] Ibídem.

[21] Ver de Raúl Prada Alcoreza La Subversión de la praxis. EPISTEME. Número 3. La Paz 1988.

[22] Ver de Marta Harnecker Tiempos políticos y procesos democráticos. Entrevista de Marta Harnecker a Alberto Acosta, ex presidente de la asamblea constituyente de ecuador .

[23] Ibídem.

[24] Ibídem.

[25] Ibídem.

[26] Ibídem.

[27] Ibídem.

[28] Ibídem.

[29] Ibídem.

[30] Ibídem.

[31] Ibídem.

[32] Revisar de Víctor Álvarez La transición al socialismo de la revolución bolivariana. Transiciones logradas y transiciones pendientes. CEDLA, Instituto de estudios Ecuatorianos, Centro Internacional Miranda; La Paz, 2013.

[33] Ver de Raúl Prada Alcoreza La convocatoria del mito. Bolpress, Dinámicas moleculares, Horizontes nómadas; La Paz, 2013.

[34] Ibídem.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: La Guerra del Gas

20/10/2013 by Deja un comentario

Memoria de la evaluación de la FEJUVE de la Ciudad de El Alto de los acontecimientos de Septiembre-Octubre del 2003
Por: Raúl Prada Alcoreza
 

Dedicado a la Ciudad de El Alto, la ciudad que contiene a la nación, que contiene a las naciones y los pueblos. A la FEJUVE de entonces, del trágico 2003. A nuestros muertos, que entregaron su vida por emanciparnos de la dominación imperial y del despojamiento neoliberal. A los heridos, en quienes se inscribió la violencia estatal, a los combatientes y movilizados en las asonadas de este año crucial, cúspide, de la movilización prolongada, que duró seis años (2000-2005). Estas muertes, estas heridas, estas esperanzas despertadas, estas pasiones, este gasto heroico, no pueden haber sido en vano, no debe ser en vano. Ellos y ellas, los y las muertas, los y las heridas, los y las combatientes, nos convocan a continuar la lucha.

Quizás el único momento que se sabe lo que pasa es cuando suceden los acontecimientos y se sabe desde el interior mismo de los acaecimientos. Son los actores los que intuyen la totalidad que entra en juego, intuyen volitivamente la complejidad del contexto histórico que acompaña a lo que está ocurriendo, que acompaña a la manifestación de los hechos. Después de los acontecimientos es difícil recuperar la memoria de esta experiencia. Se impone la memoria de otro presente, posterior, menos rico en intensidades. Este otro momento no cuenta con el rico horizonte de experiencias abiertas de cuando se vivía los sucesos, el ritmo vertiginoso de los acontecimientos. Esta es la razón por la que se tiene cierta dificultad al buscar recrear lo sucedido. Se tiende a describir lo sucedido en la lógica de la cronología temporal, pretendiendo que la sucesión de los eventos puede explicar los desenlaces. Estos son los problemas heredados en una concepción lineal del tiempo, pero también de una concepción temporal de los acontecimientos.

Para quien hace la reconstrucción de los hechos, ya sea a través de una descripción o de una historización, por más que recurra a testimonios abundantes o archivos exhaustivos, la dificultad aparece no sólo como distancia temporal, por estar situado en otro tiempo, en otra coyuntura, en otro horizonte histórico, distinto al momento crucial de los desenlaces, sino por estar situado en otro ámbitos de experiencias. Esta diferencia no la salva la aplicación de los recursos científicos, no la salva la disciplina, el método ni el esmero del investigador. Esta diferencia es irreducible. Hay que partir de esta constatación si se quiere comprender el alcance de los acontecimientos.

No se puede ver de la misma manera que los protagonistas de los sucesos, del mismo modo que no se puede vivir de la misma forma que los sujetos involucrados en las acciones. Por eso el análisis puede no reproducir fehacientemente lo que ha ocurrido. En todo caso se trata una interpretación hipotética. Se está lejos de la vivencia inmediata. Sin embargo, a pesar de estas dificultades, de la problemática que plantea la reconstrucción de los hechos, de los procesos y acontecimientos, no dejan de tener importancia los análisis, las investigaciones, las descripciones posteriores. Estas pesquisas no dejan de ser orientaciones de la comprensión de los sucesos, sobre todo teniendo en cuenta que pueden tratarse de visualizaciones de ciertas tendencias de los acontecimientos.

Enfrentemos el desenlace acontecido a partir de otras posibilidades latentes, por lo menos acudamos a dos otros posibles escenarios que quedaron en el camino, uno de ellos tiene que ver con la salida revolucionaria y el otro con la salida autoritaria, impuesta a partir de una sañuda represión. La incorporación al análisis de estos otros escenarios puede permitir un mayor contraste de lo ocurrido, permitiendo de esta manera una mejor elucidación del desenlace realizado. El sábado 18 de octubre por la mañana ya se conocía la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia de la república, este fue el momento del desenlace. La carta de renuncia iba a ser leída en la sesión extraordinaria del Congreso, convocada para tal efecto. Se puede decir a ciencia cierta que este fue el resultado de la secuencia de sucesos, la consumación del lapso de la crisis política, expresado de un modo directo; como se acostumbra a decir, estos fueron los hechos. Viendo retrospectivamente y situándonos en el día jueves 16 de octubre, por la tarde, se puede apreciar que la suerte del entonces presidente estaba echada después de la multitudinaria congregación de masas efectuada por las organizaciones sociales, básicamente las juntas de vecinos, de las ciudades de El Alto y La Paz. Su presencia en el gobierno era insostenible. Sin embargo, del jueves al sábado los hechos no se habían desencadenado; todavía estaban latentes otros desenlaces. Hablamos tanto de la salida revolucionaria como de la salida autoritaria. Pueden elucubrarse otros desenlaces, pero quedémonos con estos, que parecían ser los más probables. Podemos especular un poco más en relación al perfil de estas salidas. En un caso se vislumbró la posibilidad de un Gobierno Provisional Revolucionario, en el otro caso la posibilidad de un golpe de Estado o de una salida autoritaria, impuesta con una mayor escalada represiva, con sus consecuentes masacres. Aunque se habló más de la segunda posibilidad que de la primera, no puede dejarse de lado la primera alternativa. Ambas situaciones no descartan el escenario dramático de la guerra civil.

Se puede decir que mientras no se realice una posibilidad, las otras posibilidades concurren, compiten para efectivizar el desenlace. Incluso el sábado por la mañana dos analistas políticos pedían un plazo de noventa días para Gonzalo Sánchez de Lozada. Esto nos muestra que otras posibilidades también concurrían, a pesar de que estas fuesen las menos probables [2] . Sabemos ahora que lo que ha acontecido es la sucesión constitucional, la sucesión de la presidencia al Vicepresidente de la República, Carlos Mesa Gisbert. ¿Cómo entonces interpretar lo que ha ocurrido? ¿Qué campo de fuerzas explica esto? ¿Qué composiciones organizativas y subjetivas han condicionado el desenlace?

Con lo dicho podemos observar la complejidad del problema, las grandes dificultades de la interpretación y del análisis de los acontecimientos en cuestión. Ciertamente se pueden optar por métodos y procedimientos de investigación, se puede recurrir a recursos teóricos, como los relativos a modelos presupuestos; pero, estos instrumentos no logran resolver el problema que plantea la diferencia de coyunturas, de horizontes y de contextos, que terminan siendo diferencias de memorias.

Se puede comenzar por una caracterización de la formación social boliviana. Esto puede suponer hacer historia, encontrar en ella sus dislocaciones, desniveles, rupturas y discontinuidades. Lo que se haga apunta siempre a comprender el presente. Este presente puede ser tomado como lugar de convergencia o como el único lugar posible de realización del acontecimiento. En el primer caso se puede dar lugar a distintas interpretaciones, una de ellas puede ser evolutiva, la misma que no puede desprenderse de un finalismo. Algo así como que el presente revela el pasado. Otra interpretación, relativa al primer caso, puede concebir un presente como grado de acumulación. El segundo caso nos lleva a configurar un presente como eterno retorno, como retorno a lo mismo y a la diferencia, de modo cíclico, como instante donde el futuro y el pasado se encuentran. Esta interpretación invierte el enunciado de que el presente revela el pasado, haciendo, mas bien, que sea el pasado el que revela al presente. Demos ejemplos de estos dos enunciados. Una clara muestra del primer enunciado es cuando se propone que la anatomía del hombre ilumina sobre la anatomía del mono, también cuando se dice que el modo de producción capitalista ilumina sobre la comprensión de las formaciones sociales precapitalistas y no capitalistas. Un ejemplo para el segundo enunciado es cuando se recurre a la memoria histórica para comprender el presente, cuando se hace un análisis del presente a través de una mirada retrospectiva del pasado, cuando se responde a la pregunta ¿cómo hemos llegado a ser lo que somos en el momento presente? El segundo enunciado rompe con una visión evolucionista o linealista. El presente es el lugar de los acontecimientos, de las acciones, de las prácticas, de los actos; el presente es actualidad. Llamemos a esta perspectiva genealogista. Como se puede ver, la genealogía se diferencia radicalmente del historicismo.

Manteniéndonos en la perspectiva del primer enunciado, se dice que la formación social boliviana es una formación histórica compleja, que articula diferentes modos de producción, pero condicionados por un modo de producción hegemónico, el modo de producción capitalista. En este sentido se ha llegado a proponer que Bolivia es una formación capitalista de desarrollo desigual y combinado. Situándonos ahora en el segundo enunciado, la formación histórica boliviana se encuentra estratificada, fragmentada, sedimenta, en distintos niveles, planos, mesetas. No es posible concebir una articulación de modos, condicionados por un modo hegemónico. En este caso la complejidad es irreducible, constantemente abierta a distintos juegos de entrelazamiento, dependiendo de las selecciones hechas en un momento determinado, en un lugar dado o en otro. Entonces nos encontramos ante un conjunto en constante variación. En este caso las formas no capitalistas no pertenecen al pasado sino al presente, se hacen presentes, se actualizan. Esto no hay que entenderlo como que estos modos o estas formas sociales se hayan mantenido en el tiempo tal cual fueron en el pasado; de modo diferente, hay que entender que estas formas y modos se actualizan manteniendo sus propios diseños históricos. Cuando pasamos de las consecuencias del primer enunciado al segundo, vemos que pasamos de una complejidad más simple a una complejidad cualitativamente mayor.

El problema entonces está planteado no tanto en el sentido de por cuál interpretación optar, sino de cómo podemos describir la historia efectiva, cómo lograr una descripción más apegada a los detalles, a la multiplicidad de las singularidades, a los sentimientos, a las pasiones de la gente involucrada en las acciones. Cómo podemos acercarnos a la minuciosidad de los hechos, a la filigrana de los detalles, cómo podemos reconstruir los mapas de las fuerzas, que concurrieron en los momentos cruciales. Cómo visualizar las posibilidades latentes, posibilidades que no dejan de entrar en juego constantemente. La dificultad radica en estas preguntas, la problemática se muestra en toda su cobertura cuando nos proponemos esta clase de aproximaciones a los acontecimientos.

 

Perfiles del movimiento social contemporáneo

El Conflicto social y político en Bolivia. Las Jornadas de Septiembre-Octubre del 2003

Pregunta 1:

¿Son los acontecimientos histórico-políticos o es el movimiento social lo que está en consideración? ¿Cuál de estos eventos va a ser analizado? ¿Uno u otro, ambos? No podemos dejar de establecer que el movimiento social es un acontecimiento histórico-político, sin embargo, no es el único acontecimiento histórico-político. Hay otras formas de acontecimientos histórico-políticos, como las crisis, las guerras, las distintas formas de la lucha de clases, las emergencias institucionales, los debacles institucionales, etc. En tanto movimiento social interesa estudiarlo no sólo en el plano del acontecimiento sino también en el recorte de su especificidad propia, movimiento, devenir, constitución y des-constitución de sujetos, conflicto social. Por eso es importante establecer tanto el plano del acontecimiento como el recorte de intensidades, que es el movimiento social.

Definiciones 1:

Entendemos por acontecimiento una multiplicidad de singularidades. Hablamos de acontecimiento histórico y político cuando recortamos la multiplicidad desde la perspectiva de su significación política y su significación histórica. Comprendamos el movimiento social como el desplazamiento de la lucha de clases en el contexto de formaciones sociales determinadas. Se trata del conflicto social, conflicto que se traduce en reivindicaciones sociales en los periodos todavía matizados de la crisis, que se traduce en proyectos revolucionarios y de liberación en periodos agudos de la crisis.

Referencia 1:

Cuando nos remitimos a un evento histórico político no dejamos de hacer referencia a las condiciones estructurales y prácticas de una formación social dada. La formación social en cuestión es la formación social boliviana. Formación social comprendida como formación histórica fragmentada en distintos planos temporales, los mismos que se encuentran conectados por desplazamientos sociales y culturales en distintos grados de metamorfosis, planos temporales que se encuentran articulados por procesos de desterritorialización, fuertemente vinculados al mercado y al desarrollo de las relaciones capitalistas. Los procesos de desterritorialización pueden revertirse y sostener procesos de reterritorialización; esto sucede cuando se dan repliegues estatales, cuando se pliega una “ideología”, cuando se recoge en la religión la crítica de la moral y de la ética, cuando se hace un gran esfuerzo de fundamentar las experiencia del movimiento social, es decir, cuando se regresa a una forma fundamentalista. En el caso que nos toca, este ensayo sobre los acontecimientos histórico-políticos y los movimientos sociales, desatados el 2000 y que tienen su curso hasta el 2003, se tiene un particular interés por las condiciones de posibilidad del movimiento social.

 

 

Problema 1:

Las jornadas de septiembre-octubre en Bolivia, concentradas en el Altiplano norte y en dos ciudades colindantes, El Alto y la Ciudad de la Paz, aparecen como el resultado de un proceso de acumulación de los movimientos sociales desatados en abril del 2000 y continúan sus cursos propios durante cuatro años (2000-2003). Las significaciones histórico-políticas las podemos encontrar desde dos ángulos diferentes. La significación histórica puede ser evaluada por la relación que tienen estas jornadas con el pasado, la actualización de antiguas luchas, la reivindicación de las victimas arrojadas al tiempo y sepultadas en el olvido, la densidad que adquiere la memoria en el momento presente. La significación política se puede evaluar por la repercusión que tienen estas jornadas en las estructuras de poder, en los dispositivos y agenciamientos políticos del Estado. El problema de las jornadas de septiembre-octubre, que desafía a su comprensión y conocimiento, se encuentra relacionado al contenido de sus potencialidades y posibilidades, así como al alcance de sus desenlaces. ¿Estas posibilidades y sus latentes desenlaces forman parte de un proceso de ruptura con el Estado? ¿Forman parte de la constitución nacional o, de modo diferente, anuncian el quiebre de la nación, su diseminación? ¿Constituyen la configuración de una nueva geografía política, compuesta por autonomías? ¿Forman parte de la revolución social, revolución que apunta al trastrocamiento profundo del Estado, la nación y la sociedad?

Descripción 1

Se llegó a septiembre del 2003 con conflictos sociales sin solución. Los pliegos que se vinieron planteando desde la Guerra del Agua (abril del 2000) hasta el inicio de las jornadas de septiembre del 2003, con los sucesos de Warisata, Sorata e Ilabaya, quedaron en las rondas de negociaciones y en las mesas de diálogo. Lo que se logró arrancar al gobierno de entonces con la Guerra del Agua, que consiste en la salida de la trasnacional del agua, Aguas del Tunari, en la anulación del proyecto de privatización del elemento vital, en la evitación del súbito incremento de las tarifas del agua, quedó a mitad del camino en la medida que la Coordinadora del Agua no logró convertirse en una empresa autogestionaria. Terminó administrando modestamente la antigua dependencia estatal del agua, Servicio Municipal de Agua Potable, SEMAPA, institución restringida a proyectos y recursos para atender las necesidades del campo y de la ciudad en cuanto al líquido elemento. El añorado proyecto de Misicuni, que atendería en tres etapas la demanda del agua del departamento de Cochabamba, no acaba de materializar ni siquiera su primera etapa. En cierto sentido se puede notar una latente frustración al respecto. El gran esfuerzo social llevado a cabo en la Guerra del Agua no cristalizó todavía en una autodeterminación y en una autogestión social.

Han transcurrido cuatro años desde la Guerra del Agua hasta la Guerra del Gas, el epicentro del conflicto se ha traslado de la ciudad del Valle, Cochabamba, a las ciudades de El Alto y de La Paz, siendo la primera el motor del conflicto desatado en octubre y la segunda el escenario donde se dirime la correlación de fuerzas del campo político. En el transcurso de este intervalo se sucedieron dos asonadas sociales en tres de las cuatro grandes urbes del llamado eje central, Cochabamba, El Alto y La Paz. La de abril del 2000 y la de septiembre-octubre del 2003. La ciudad de Santa Cruz no quedó al margen del conflicto social, sólo que fue lugar de resonancia de las luchas sociales desatadas en el occidente boliviano. Obviamente no estuvo al margen de los conflictos locales, estos se dieron en el tamaño de su localismo, como el repetido conflicto relativo a la demanda salarial de los maestros, a la demanda de presupuesto de la universidad pública, a distintos reclamos sectoriales y recientemente; como consecuencia de las jornadas de octubre, se dio lugar el intrépido ingreso de la marcha campesina al centro de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Sin embargo, esta populosa urbe todavía no ha producido un perfil propio, no ha logrado una participación propia, en las definiciones del conflicto social. En otras palabras, no ha conseguido expresar nacionalmente lo que le acontece localmente. En otras palabras, no ha podido traspasar los límites de su localismo, convirtiendo sus singularidades en desplazamientos transformadores en el contexto nacional. Sin embargo, a pesar de esta inhibición o esta latencia, como quiera entenderse, en cualquiera de estas situaciones, en todo caso la Guerra del Gas ha comprometido a todos los sectores sociales involucrados en los movimientos sociales desde el 2000, ha logrado unificar al movimiento social que se hallaba diseminado en sus distintos componentes regionales. La consigna de la defensa del gas resultó ser no sólo una consigna unificadora sino también una consigna nacional. Una consigna que sintetiza varios planos de las luchas sociales. Uno de los planos tiene que ver con la resistencia a la globalización privatizadora, a la ejecución de las políticas neoliberales, a la rebelión social contra el ajuste estructural y las consecuencias agravantes de las reformas estructurales. Otro plano tiene que ver con la recuperación de la soberanía nacional frente a la supeditación nacional al nuevo orden mundial. Un tercer plano tiene que ver con la recuperación de los recursos naturales y la lucha por el excedente. Un cuarto plano viene dibujado por la lucha de clases; fue el movimiento popular el que reivindicó, desde las profundidades de su propia memoria, el gas para los bolivianos, para los trabajadores, para los desocupados, para las familias humildes. En esta perspectiva se plantea un enfoque de distribución social del recurso energético. Un quinto plano, y quizás un primordial eje articulador histórico, condicionante de los otros planos, atravesados por éste, es el relativo a las reivindicaciones indígenas, entendidas como reivindicaciones culturales, nacionales y étnicas. Todos estos planos se entrelazaron en la Guerra del Gas. La consigna de la defensa del gas resumió las demandas desplegadas en todos los planos, despliegues que anidan sus propias particularidades, sus específicas lógicas de desenvolvimiento. No sólo se trata de una consigna nacional sino de una consigna que replantea popularmente la concepción de nación. Quizás sea esta la razón por la que la defensa del gas estaba casada con la consigna popular de la Asamblea Constituyente.

Entre la Guerra del Agua y la Guerra del Gas se suscitaron conflictos de importancia en el campo, en el área rural. El bloqueo nacional campesino de caminos (septiembre del 2000), que aisló a las cuatro ciudades del eje central, además de tener comprometidas a otras ciudades capitales departamententales, como Oruro, Potosí y Chuquisaca. El bloqueo parcial de caminos en el Altiplano norte (julio del 2001), que mostró el carácter fragmentario de los movimientos sociales, los límites y debilidades locales. En el mismo momento se deslizó la marcha diezmada de la COMUNAL [3] , que hizo patente las dificultades de extender nacionalmente una experiencia como la Coordinadora del Agua de Cochabamba. La marcha indígena de tierras altas y de tierras bajas por la Asamblea Constituyente, un poco antes de las elecciones nacionales. Esta marcha expresó otra perspectiva del movimiento indígena, no sindicalista, mas bien comunitarista, organizada en torno a las autoridades originarias. Aunque con menos densidad demográfica que las convocatorias de la Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), sin embargo, hizo sentir su interés particular en la Asamblea Constituyente para resolver el heredado problema colonial y la demanda indígena de territorio. La constante conflictividad social, política y policial en la región del Chapare, combinando esporádicos con férreos bloqueos carreteros, dependiendo de la situación. Las sucesivas marchas de los maestros. La toma de la superintendencia de bancos por parte de los y las prestatarias, después de haberse agobiado en sus penosas largas y rutinarias marchas, en incansables reclamos, en renovadas inventivas formas de interpelación, incluyendo su protesta al desnudo ante el impávido ciudadano paceño. La dramática marcha de los jubilados y rentistas. Después de febrero del 2003, el bloqueo de caminos de los cooperativistas mineros, quienes recordaban el fantasma del comunismo minero. No podemos olvidarnos de la renovada toma de tierras del Movimiento de los Sin Tierra (MST), movimiento que viene convirtiendo últimamente a la cuestión de tierras, propiedad y posesión de tierra y territorio, en el tema social más conflictivo. Como dijimos estos conflictos sociales no se encuentran articulados ni se desarrollan en un continuo espacio-temporal. La mayoría de ellos son expresiones locales, sin mayor irradiación que sus propios territorios, si descartamos la irradiación informativa y los reportajes ocasionales. Se diferencian no solamente por el lugar en que se dan, ni tan solo por las estructuras que ejecutan sus desplazamientos, sino por las variaciones de sus intensidades. Paradójicamente su fuerza y su debilidad radican en este ámbito de singularidades. Considerando este contexto, las preguntas que debemos hacernos son: ¿De qué modo se acumula la memoria del movimiento social? ¿Cómo se ha llegado al grado de unificación en torno a la Guerra del Gas?

Antes de responder a estas preguntas debemos recapitular un antecedente importante de los sucesos de septiembre-octubre, el motín policial y el subsiguiente desencadenamiento social, en febrero del 2003, con la toma y quema de edificios públicos, sedes de partidos, y saqueo de centros comerciales, además de los depósitos de la Aduana. Quizás sea en febrero cuando se da lugar al comienzo de la transformación de los comportamientos en lo que respecta al relacionamiento entre bases y dirigentes del movimiento social. Una relación heredada, todavía vertical, entre dirección y bases, se rompe y comienza a ser sustituida por la emergencia de la espontaneidad de las masas, por su irrupción sin consulta, por su elocuencia diseminada, pero con alto contenido afectivo, con intempestivos y fugaces tonos de intensidad. Es posible que esto tenga que ver con una suerte de acumulación de la experiencia social, experiencia que se traduce en la modificación de los usos organizacionales. También es probable que esta emergencia se deba a la crisis que sobrelleva la conducción del movimiento social. El desarrollo del movimiento social cuestiona el monopolio de la representación política por parte de los partidos, así mismo, siguiendo el curso de este requerimiento, se hace también evidente el monopolio y la centralización de la representación social por parte de la dirigencia sindical. Las prácticas y gestiones comunitarias exigen adecuar las expresiones representativas al control social de las asambleas. La emergencia de las bases es una verdadera revolución en el trámite, ya conservador, de la elaboración de la representación social. Las direcciones y los dirigentes que motivaron el estallido de los conflictos recientes (2000-2003), terminaron convirtiéndose en estructuras inhibidoras de las iniciativas sociales, incluso altamente conservadoras, comparándolas con los objetivos implícitos que persiguen los procesos de liberalización de los movimientos sociales. Febrero del 2003 hizo patente la crisis estatal, los aparatos del Estado se desmoronaron, entrando al agenciamiento de una guerra intestina, Estado contra Estado, aparatos de Estado contra aparatos de Estado, policía contra ejército. Las posibilidades del gobierno se desmoronaron y con ello la legalidad del Estado quedó hecha trizas. El presidente desapareció de la escena, también su gabinete; se hizo reiterativa la evaporación del congreso en plena beligerancia del conflicto social. La suerte quedó echada en manos de los directos actores y protagonistas del drama social. La muerte también se hizo presente dejando su huella en los cuerpos martirizados, abiertos morbosamente por la metralla. Reapareció el nuevo verdugo de la represión, quien mostró su cara oculta ya en la Guerra del Agua, sólo que ahora era un recurso abiertamente usado, los francotiradores. De febrero a octubre va a darse lugar a la consecuencia de esta discontinuidad del relacionamiento entre bases y dirección, va emerger la forma organizada de la multitud. Se va a dar lugar a una grandiosa movilización social, construida inductivamente por proliferantes asambleas de base, múltiples direcciones territoriales, las mismas que extienden rápidamente sus redes, articulando un gran movimiento autogestionario. Las jornadas de septiembre-octubre mostraron un nuevo perfil del movimiento social. Hablamos de un movimiento social templado por la experiencia de la lucha, maduro para gestar decisiones desde abajo, sometido al irradiante control social. Un movimiento social que comienza a elaborar su nueva criatura, el desarrollo del intelecto general autónomo, politizado. Hablamos de la subversión de los saberes, de su independencia respecto de los saberes institucionalizados, de su manumisión respecto de la dominancia de los medios de comunicación, de su inconexión respecto de la jerarquía del prestigio de la intelectualidad crítica. Este es un tema que sopesa las potencialidades del movimiento social.

Las transformaciones organizacionales no sólo se dieron en las ciudades sino también en el campo, en el área rural. Esta modificación en la forma de gestión social se hizo sentir en el Altiplano norte. Warisata, Sorata, Ilabaya, fueron los escenarios comunales de los dramáticos acontecimientos de septiembre, pero también fueron los escenarios de la emergencia de las relaciones horizontales en las gestiones de la representación social y la toma de decisiones. Fueron tres las convocatorias a bloqueos de caminos por parte de la CSUTCB; los comunarios sólo acudieron a la tercera convocatoria. La tercera convocatoria fue gestada por mallkus y mama t’allas, secretarios generales y esposas; es decir, la convocatoria fue elaborada por las bases sindicales y comunitarias. Mallkus y mama t’allas, secretarios generales y esposas acudieron a una huelga de hambre en la Radio San Gabriel de la ciudad del Alto. Desde allí, micrófono en mano, mantuvieron un contacto estrecho con sus comunidades. El bloqueo inmovilizó el transporte y detuvo a contingentes de turistas; particularmente en Sorata se encontraba un conglomerado significativo de turistas extranjeros. El gobierno presionado por las embajadas decidió acudir con una expedición de rescate con fuerzas combinadas de la policía y el ejército. La expedición punitiva dejó un saldo de seis muertos. Este fue el costo del rescate de los sorprendidos turistas, atrapados en el vórtice del conflicto, anclados en su circunstancial retención. Fueron la excusa de la violencia estatal desatada contra los campesinos. La masacre de campesinos desató una ola de protestas y la expansión irreversible de los bloqueos. Fue el aguijón que desencadenó la fuerza acumulada en la más populosa urbe del país, fuerza acumulada en una larga historia de luchas en la ciudad de El Alto. La confraternidad entre la ciudad del Alto y las comunidades campesinas no es un dato reciente. La ciudad de El Alto está conformada demográficamente mayoritariamente por aymaras, migrantes en distintos niveles generacionales. Aunque la mayoría de la población urbana ha nacido en la dinámica urbe, la memoria migratoria es fresca. Sin embargo, no siempre las relaciones entre esta ciudad y el campo han sido armónicas; están atravesadas también por contradicciones derivadas de los procesos urbanos, aunque ciertamente endémicos en una ciudad olvidada; empero, suficientemente diferenciadores como para demarcar nuevas identidades colectivas. Los aymara urbanos no son ya campesinos, a pesar de sus viajes itinerantes, de sus retornos a las festividades comunales, a pesar de que conlleven en sus costumbres ciertos aires rurales, aunque siembren en sus patios y domestique animales. El contexto urbano condiciona una transformación de las relaciones, las estructuras y las praxis sociales. El lenguaje no es suficiente para mantener la continuidad; el lenguaje, los usos del lenguaje, también se modifican, su hibridación es más rápida, la mestización de la población urbana se hace más pronunciada. La movilidad social, el desclasamiento y el re-enclasamiento, se hacen patentes. Estos procesos lejos de empobrecer el desarrollo y la actualización de las identidades, las enriquecen en su exuberante variedad y en su abigarrada complejidad. Las jornadas de septiembre-octubre no fueron únicamente la continuidad de los desplazamientos del movimiento indígena, sino que los indígenas se incorporaron a luchas y movimientos sociales de alcance nacional, irradiaron en estos movimientos con sus propios contenidos y perfiles, pero también vivieron transformaciones que implican estas expansiones. No se puede reducir lo acontecido en la ciudad de El Alto a las circunstancias y al contorno de las reivindicaciones indígenas. Va más allá, incorporando lo indígena como eje articulador a un amplio movimiento social y a una lucha de liberación nacional, más rica en sus connotaciones, más profunda en su memoria histórica, más expansiva en sus alcances políticos, abierta a los distintos atravesamientos e influencias del moviendo social y las luchas nacionales.

El Alto la Ciudad que Contiene a la Nación

Cuando René Zavaleta Mercado usa esta figura de continente, se refiere al proletariado minero. El tropo es el siguiente: El proletariado minero, la clase que contiene a la nación. El proletariado minero sería el continente, el contenido sería la nación misma con toda su complejidad, la formación social abigarrada. ¿Qué significa esta relación entre continente y contenido? ¿Cómo puede la nación ser contenida en una clase social, más aún siendo ésta el proletariado minero? ¿Es que el proletariado contiene a la nación en su memoria? ¿O se trata, mas bien, de la experiencia que tiene la clase? En sentido dialéctico se podría decir que el proletariado es la síntesis de la nación, en tanto formación social compleja, condicionada por el modo de producción capitalista. El proletariado minero sintetiza la historia del capitalismo en Bolivia, la explotación minera articulada a las otras formas de explotación, no sólo la de los trabajadores mineros, ex-mitayos, indígenas, mestizos fuerza de trabajo conformada por la separación de estos campesinos, estos artesanos, estos seres humanos de las relaciones de producción no capitalistas. La explotación minera se encuentra articulada a las formas de explotación rurales, haciendas, empresas, circuíos mercantiles simples, a diversa formas de subsunción formal del trabajo al capital. La explotación minera se encuentra articulada a las pervivientes formas de explotación coloniales. Por lo tanto el proletariado minero resume en su cuerpo social, en su memoria colectiva, en su experiencia de lucha, en su intelecto general, las múltiples memorias, las múltiples experiencias, los múltiples saberes. Hace de síntesis de todos estos recorridos, de todas estas formas históricas atravesadas por las relaciones capitalistas. Hace también de centralidad política en tanto y en cuanto se convierte en el motor de las luchas sociales. Hay un entorno del proletariado minero directamente afectado por sus costumbres sindicales, se trata del entorno inmediato a la clase, es decir, el conjunto de la población allegada al proletariado, el agregado de los familiares. Hay también otros entornos indirectamente afectados por la centralidad minera, esos entornos tienen que ver con las otras clases sociales populares.

Ahora bien cuando se usa esta figura de continente para el caso de la ciudad del Alto, las connotaciones no tienen que ser necesariamente las mismas, a pesar de las analogías. Cuando se dice El Alto es la ciudad que contiene a la nación, se hace referencia a una ciudad y no a una clase, a pesar de que El Alto puede acercarse a ser una ciudad proletaria. En este caso está más claro que una ciudad es más literalmente un continente; contiene a la urbe que contiene a la población de ciudadanos que habitan en ella. A la ciudad acuden distintos flujos migratorios de toda la nación; en el caso de El Alto particularmente del Altiplano. Si bien este puede ser uno de los significados de la ciudad que contiene a la nación, no es ciertamente el único ni tampoco el más importante. Cuando se dice contiene a la nación se lo hace en el sentido fuerte del tropo, en el sentido histórico y político. Es como decir que la historia de Bolivia se condensa en esta ciudad, la demanda política de los movimientos sociales se condensa en esta ciudad. El conjunto de los movimientos sociales desatados, desde abril del 2000 hasta octubre del 2003, de alguna manera confluyen y son recogidos por las organizaciones sociales de esta populosa ciudad en un momento de desprendimiento y de vivencias intensas. Esto ocurre cuando la ciudad de El Alto apuesta a su gasto heroico, cuando se sacrifica y entrega sus muertos a los dioses de la historia en la Guerra del Agua. Entonces se puede decir que El alto contiene a la nación de modo sacrificial, pero también de una forma volitiva, además de hacer causa de una demanda nacional, la recuperación de los hidrocarburos, la recuperación de los recursos naturales, la recuperación de la soberanía; lo hace como memoria histórica y conciencia trágica.

René Zavaleta Mercado dice que en noviembre de 1979 se rompe definitivamente con el pacto militar campesino y las masas se liberan de la ideología del nacionalismo revolucionario. Los sindicatos campesinos kataristas rompieron con la Confederación de Campesinos de Bolivia oficialista, tomaron las oficinas de la Confederación campesina, que se encontraban en el Ministerio de Asuntos Campesinos (MACA), como para certificar patentemente su vínculo clientelista con el gobierno. La incorporación de Confederación Única de Campesinos Tupac Katari de Bolivia a la Central Obrera Boliviana dibuja un nuevo mapa de fuerzas en un modificado campo político. La nueva disponibilidad social, obreros y campesinos, define el perfil de la multitud, la que termina atravesando los límites del nacionalismo revolucionario, dejando este ideologuema en la penuria de sus propias incompatibilidades. Sin embargo, esta ruptura institucional del pacto militar campesino fue producto de una acumulación y de una ruptura efectiva anterior. El vínculo clientelista del pacto se rompió efectivamente en 1974, cuando la dictadura militar del General Banzer Suárez respondió a la demanda campesina con la masacre del valle. La masacre del valle mostró la auténtica cara del pacto militar campesino, la represión quebró con el pacto prebendal entre militares y campesinos. El gobierno de facto mandó tropas y tanques a Episana, Tolata y otras comunidades del valle. El epicentro de la rebelión campesina fue el valle de Cochabamba, pero en la medida que se expandía llegó incluso a propagarse la onda de la protesta hasta el Altiplano. La carretera a Oruro fue bloqueada a la altura de Lahuachaca. Hasta allí también alcanzó su brazo de hierro la represión. Persecución y muerte inscribieron un entramado dramático en la memoria de estas tierras, por donde paso el pacto militar campesino, dejando su huella sangrienta en el recorrido. Lo que vino después de noviembre de 1979, en lo que respecta a los movimientos sociales, los substratos de los imaginarios colectivos inherentes a estos movimientos, las ideologías concurrentes, las prácticas discursivas y los diseños políticos concomitantes a los movimientos, trascendió el ideologuema del nacionalismo revolucionario. Hasta 1982 las masas acompañaron a la Unión Democrática y Popular (UDP), expresión todavía anclada al nacionalismo revolucionario, con desgarradoras contradicciones y grandes dubitaciones, comprensibles en un frente de masas compuesto por distintas fuerzas sociales, diferentes corrientes ideológicas, encontradas latencias políticas, que guardaban para sí dicotómicas expectativas. Kataristas, movimientistas de izquierda, marxistas y sindicalistas se agolparon en el frente popular, persiguiendo distintos fines. Se puede decir que el ciclo del nacionalismo revolucionario se cerró en este dramático periodo que conjugó elecciones truncadas, interregnos democráticos, intercaladas por dictaduras militares, para finalizar con el gobierno popular pedido en el laberinto de su turbulencia. El ciclo del nacionalismo revolucionario dura menos de medio siglo, en el transcurso de la curvatura accidentada del tiempo social, que es la memoria colectiva, concavidad irreducible de la historia. Se podría decir que el ciclo ideológico del nacionalismo revolucionario comienza en la década de los cuarenta, compartiendo el recuerdo doloroso de la Guerra del Chaco, cuando se comenzó a inscribir en la conciencia social el discurso del nacionalismo revolucionario, pero también el conjunto de creencias que lo acompañan. Perdura hasta 1984, cuando se interrumpe abruptamente la gestión del gobierno de Hernán Siles Suazo, obligado a renunciar por un chantajista Congreso de mayoría opositora, afligido por el embrollo económico al que llevó al país la hiperinflación, exigido por las demandas del movimiento obrero que quería ver materializadas sus expectativas en el frente popular.

La derrota popular deja un vacío político, que es llenado por las pretensiones exacerbadas del neoliberalismo; discurso con ínfulas técnicas, seducido por los pronósticos apocalípticos del fin de la historia y la muerte de las ideologías; empero, circunscrito en la práctica a una labor de cajero esmerado, limitado a los contornos de una pericia monetaria, relativa a las diligencias de una ortodoxia administrativa. El neoliberalismo ingresa al gobierno en 1985, como se dice vulgarmente, pateando puertas. Su arrogancia desbordaba en los púlpitos, que uso como cajas de resonancia, por los medios de comunicación de masa, que usó como instrumentos de marketing y espacios de publicidad política. Alardeaba ante un perplejo y atónito entramado social, que no terminaba de comprender su propia derrota. Sin embargo, esta petulancia liberal contrasta con su vertiginoso paso por el gobierno, sólo llegó a durar una década y media. Terminó expulsado por la multitud proliferante, que lo había visto ascender estupefacta, y ahora se vengaba de aquella derrota; pero, en un escenario político completamente distinto. Las heridas cicatrizaron, la conmovedora experiencia política tuvo efectos acumulativos y se terminó convirtiendo en memoria del presente. El 2003 emergió la gramática de la multitud de las profundidades de la geología de la formación social abigarrada, emergieron las formas organizativas de la multitud, las prácticas asambleístas de la multitud, definiendo no sólo un nuevo mapa político, sino nuevo espacio de relacionamientos sociales. El control social, la fuerzas de las bases, la intelección del intelecto general, la democracia de la multitud, son las figuras puestas en escena.

Falta responder a las preguntas sobre las formas de acumulación de los movimientos sociales desatados en Bolivia el 2000 y que se extienden hasta octubre del 2003. Este es un tema de análisis más que de descripción, en este sentido es menester su traslado a los enfoque teóricos. Aunque no busquemos, por el momento, una exposición amplia de la relación entre memoria colectiva y praxis del movimiento social, podemos optar por una exposición sucinta recurriendo a algunas hipótesis alumbradoras del problema.

Hipótesis 1

Según Paolo Virno, la memoria es recuerdo del presente [4] , de acuerdo a las tesis de Walter Benjamín, el pasado hace valer su pretensión mesiánica en el presente [5] . Es en el presente cuando se actualizan antiguas luchas, en el presente se abre la herida extemporánea para reivindicar a las víctimas del pasado. Ambos enfoques convierten al presente en el lugar privilegiado del acontecimiento; en un caso, como el juego entre in-actualidad (potencia) y actualidad, en otro caso como momento mesiánico. Retomando estos enfoques podemos proceder a responder la pregunta sobre la acumulación de fuerzas en el movimiento social, acumulación de fuerzas lograda en el ámbito del juego entre memoria y praxis.

El movimiento social es acción (praxis), actualiza su potencia, se podría decir, despliega su potencia, que es un todo no temporal de fuerzas, al hacerlo temporaliza las fuerzas, las fragmenta, las dispersa en el espacio. El movimiento no realiza toda su potencia, pues esta es infinita; si lo haría suprimiría su propia potencia. La potencia es pues perduración. La memoria retiene el acto, difiere el acto, invierte el acto y hace como si este viniera después de la memoria, entonces todo aparece como si la acción recordara algo, pero en realidad se trata de un recuerdo del presente. El movimiento social construye su memoria para interpretar sus propias acciones. La construcción adquiere dos tonalidades, una mesiánica, cuando reivindica a sus víctimas, otra política, significando las actuales luchas mediante analogías con la utopía.

Los campesinos, mineros, gremialistas, desocupados, estudiantes, vecinos, citadinos y distintos sectores involucrados en el movimiento social boliviano del 2000 al 2003, han acumulado sus fuerzas, que es lo mismo que decir que han valorizado su propia experiencia, apoyados en la construcción de una memoria mesiánica (katarista) y política (marxista), dando un significado histórico a sus acciones en el momento presente. Estos estratos sociales son la multitud desbordante, el intelecto general autonomizado, los saberes colectivos sublevados contra la globalización, el capitalismo y el colonialismo. La multitud de múltiples rostros, pero también de múltiples acciones, de múltiples vivencias y de una enorme geografía bullente de localismos intensos. La multitud hace confluir sus heterogéneas acciones hacia la efectuación del acontecimiento, hacia un presente convergente, que carga con todo el peso de estas acciones, con todo la gravitación del conglomerado de voluntades y de fines perseguidos. Potencia y acto dan lugar al momento histórico. La potencia hace de condición de posibilidad del acto y el acto efectúa la potencia. La potencia es el pasado inactual que acompaña constantemente al ahora, esta concomitancia es entendida como momento histórico. El momento recupera el pasado potencial, también los pasados empíricos, otros ahora dados; su acontecer adquiere significación histórica por cuanto el presente se sostiene sobre esta densidad. El momento histórico es bidireccional, avanza y retrocede. Es como decir, todo avance es retrospectivo y toda regresión es un devenir. Presente y futuro se asientan en el pasado potencial, pero también en el pasado empírico. El pasado potencial al ser infinito no se realiza plenamente, se realiza fragmentariamente, su realización incompleta se halla en el pasado empírico; por eso, en el momento histórico, se trata de completar lo incompleto, si se quiere, se trata de realizar la utopía, se trata de rellenar los vacíos. Este rellenado es el futuro. Se da pues una predisposición de la multitud a construir un futuro con los recursos que le brinda el pasado, tanto en su sentido potencial como en su sentido empírico. La acumulación de fuerzas, la fuerza de la memoria, no se da sólo por sedimentación de la experiencia sino también debido a la simultaneidad de potencia y acto, pasado potencial y praxis. Llamemos a esto concomitancia diacrónica [6] . Un momento histórico rico en intensidades, como la relativa a las jornadas de septiembre-octubre, no solamente contiene una gran disponibilidad de fuerzas, es altamente convocativo, sino que dispone de la contemporaneidad de lo no contemporáneo [7] , dispone de la simultaneidad de acontecimientos pasados, vividos también con gran intensidad, que se hacen presentes como reclamando completarse.

 

 

El gasto Heroico

Las memorias de la rebelión social

¿Cuáles son las temporalidades que se conjugan en la actual movilización social, de octubre del 2003? La que vuelve a aparecer de manera nítida desde septiembre del 2000, acompañada de los bloqueos de caminos y el sitio a las ciudades, es la memoria larga de las rebeliones indígenas. En los sucesos de Warisata y Sorata esta memoria de las antiguas luchas se hace presente, emerge con la fuerza de las organizaciones sindicales, atravesadas en su composición por la transfiguración orgánica del ayllu; actualiza las rebeliones del siglo XVIII, las actualiza obviamente en un nuevo contexto histórico-político-cultural. Pero, la temporalidad unificadora parece ser la devenida de una memoria más corta, aquella que recoge la huella dejada por la guerra del Chaco en la subjetividad de los bolivianos. La defensa del petróleo se ha convertido ahora en la defensa del gas; la guerra del Chaco se ha transformado en la guerra del gas. Ciertamente el enemigo no es el pila [8] , tampoco lo era en aquel entonces (1932); el enemigo estaba en casa, el enemigo era la propia oligarquía encaramada en el poder. La guerra del petróleo convirtió a bolivianos y paraguayos en enemigos; esta enemistad duraría lo que duró la guerra. La guerra del petróleo entre los grandes consorcios capitalistas se encuentra mediatizada por la guerra del chaco entre dos países pobres de Sur América, Bolivia y Paraguay. Una guerra por el monopolio de los recursos entre compañías petroleras, una norteamericana, la Standard Oil, la otra inglesa, la Royal Duch Shell [9] . Se tardo un tiempo en descubrir que el enemigo estaba en casa, la oligarquía. Ahora, a más de setenta años de la conflagración bélica, hay nuevos enemigos, uno de ellos es la nueva oligarquía y el otro es la red de las trasnacionales. El enemigo es el gobierno que está al servicio de los intereses de las trasnacionales. El enfrentamiento es entre el pueblo y el Estado, por lo menos con la forma estatal constituida, con la forma de gobierno, con el proyecto de gobernabilidad instaurado desde 1985, particularmente en lo que respecta a su concreción política, el simulacro democrático. Llamemos a este teatro político la supresión de la democracia, que corresponde a la supresión de la política, es decir a la instauración de un orden policial [10] . En lo que corresponde a Bolivia, hablamos de una combinación perversa entre una forma posdemocrática y una forma predemocrática de suprimir la política. Sin embargo, a pesar de las diferencias históricas y estructurales entre la guerra del petróleo y la guerra del gas, hay analogías que son sintomáticas. Una de ellas tiene que ver con la defensa del territorio y del preciado recurso natural; otra, que, tanto antes como ahora, es una guerra en la que tiene que ver el capital financiero y empresas trasnacionales; otra analogía digna de mencionarse tiene que ver con el monopolio de las reservas, los recursos, la comercialización y la industrialización, es decir con la dependencia. Tanto ahora como en aquel entonces estamos ante una lucha a muerte, pues se trata de una lucha por la existencia misma.

Quedándonos sólo con el dibujo de estas dos temporalidades, de estas dos memorias constitutivas, interesa interpretar el imaginario colectivo radical de las movilizaciones. Dos identidades colectivas emergen con fuerza, la identidad indígena y la identidad nacional. De ninguna manera estas identidades se excluyan, como se ha pretendido en los discursos políticos del momento, discursos formativos, organizativos, pero discursos inacabados, incompletos. Estos discursos no expresan la totalidad del acontecimiento instituyente del imaginario social. Corrigiendo este sesgo podemos lanzar una interpretación alternativa:

  • Hay un renacimiento de la conciencia nacional, una remembranza de esta conciencia social en otro contexto, distinto al relativo a la guerra del Chaco y distinto a lo acontecido en el horizonte de la revolución de 1952; sin embargo, conciencia nacional, unificadora de los densos componentes de la sociedad. Conciencia de defensa de los recursos naturales, conciencia que se constituye en la polarización nación-antinación [11] . Hay ciertamente analogías con las formaciones discursivas de la década de los cuarenta y de los cincuenta, pero estas analogías se dan en contextos diferentes, lo que marca también las diferencias entre la constitución de la conciencia nacional hoy y la de ayer. Esta retoma de la conciencia se puede seguir a través de su propia genealogía. Los abuelos combatieron en la guerra del Chaco, los padres participaron en la revolución de 1952 o fueron milicianos del periodo desventurado de la revolución. Actualmente los nietos, los hijos, se alzan de nuevo en contra la moderna oligarquía. La convocatoria de la defensa del gas es integradora; la nación busca renacer.
  • Asistimos a la reconfiguración de la identidad indígena, a su recomposición vital, a su despliegue y repliegue en la reconstitución de las subjetividades indias. Todo esto viene acompañado por la recuperación de la lengua, la restitución de los horizontes culturales, el recogimiento de las antiguas instituciones como parámetros de comportamientos sociales, por proyectos políticos que se dibujan en el horizonte de la soberanía de las y los indígenas. Esta reconstitución indígena adquiere profundidad y expansividad cuando se logra movilizar a grande sectores sociodemográficos distribuidos en la geografía política, concentrados y dispersados, dependiendo de las estrategias espaciales. Esta constitución cala hondo cuando la identidad es el motivo de la movilización y del reconocimiento.
  • Ambas constituciones de subjetividades, de memorias colectivas, de identidades sociales, no se contradicen, se conjugan, se complementan, llevando esta combinación y entrecruzamiento a una reciprocidad potencial inauguradora de un nuevo horizonte político. De alguna manera se puede resumir esto de modo esquemático: Cuando se es indio se es más boliviano, cuando se es más boliviano se es más indio. Estos juegos de identidad no excluyen a nadie, los mestizos, los criollos. Al contrario, proponen los escenarios enriquecidos de las acciones comunicativas, substrato de formación de consensos constituyentes. Un indio es boliviano, como un mestizo o un criollo. Pero el criollo y el mestizo tienen la alternativa, la oportunidad, de ser indios. No llamemos por ahora, a este campo de posibilidades interculturalidad, pues esta palabra está afectada por los usos gubernamentales y por lo tanto desprovista de toda la riqueza de connotaciones hermenéuticas. Hablemos llanamente de una comunicación irradiante que compromete la diferencia entre horizontes histórico-culturales, hablemos de fusión de horizontes. Hay comunicación entre horizontes histórico-culturales a partir de lenguajes diferentes, valores diferentes, símbolos y significaciones distintas, cuando hacemos circular estos lenguajes, estos valores, estos símbolos y estas significaciones. Cuando reconocemos su fuerza conmutativa, su potencia hermenéutica, su intercambio posible. Hablando francamente, hay comunicación cuando no hay discriminación. La comunicación sólo es posible por medio de una descolonización radical.

Esta interpretación puede servir para aproximarnos a una exégesis de la compleja realidad social y política, afectada por los movimientos sociales. Esta interpretación puede permitir pensar una matriz de conexiones diversas, de diferentes composiciones, una matriz móvil de espacios de dispersión. Lo indígena se abre a su propio acontecimiento diferido en el tiempo y en el espacio de dispersión de constituciones subjetivas, imaginarios sociales, significaciones colectivas y prácticas discursivas. En este horizonte comprendemos los espacios constitutivos y de dispersión aymara, quischwa, guarani, tacana, moxeño, espacios de dispersión que comprenden comunidades asentadas en el Altiplano, la cordillera, las zonas lacustres, los valles, las caídas subtropicales de la cordillera, los montes, los llanos, el Chaco, las zonas de afluentes de los ríos, las cuencas y lo recorridos acuáticos amazónicos. Comprenden también ciudades intermedias y ciudades capitales, en este sentido comprenden espacios de dispersión y concentración urbanas. Estas condicionantes espaciales, territoriales, rurales y urbanas, hablan de distintos escenarios donde se constituyen las subjetividades en los contextos de las redes de relaciones sociales y estructuras institucionales. En otras palabras se producen mezclas y mestizajes indígenas. La actualización de la identidad es un viaje [12] , el recorrido de la identidad cultural es nómada. Obviamente, este panorama sociocultural se complica aún más cuando relacionamos esta matriz indígena con la matriz mestiza y criolla. Hablamos de un mestizaje superpuesto a los mestizajes indígenas [13] , un mestizaje compuesto a partir de la vertiente española y la vertiente indígena. Sin embargo, no se puede olvidar de ninguna manera el mestizaje entre la vertiente europea y la vertiente africana; el mestizaje afroamericano es extenso y variado en América Latina y el Caribe. Se llamó criollo al descendiente europeo ibérico en el continente de las indias, ahora, después de varias migraciones a América, la dispersión criolla es más abierta. Tal parece que lo que más se ha extendido y proliferado son los mestizajes en toda la geografía social del continente. En este sentido podemos hablar de un espacio de dispersión de los mestizajes.

En Bolivia la genealogía sociocultural tiene su propia densidad, sobre todo debido a la condensación de la vertiente indígena aymara y quischwa. Bolivia es desde 1825 una delimitación geográfica política moderna, delimitación constituida bajo el estatuto de república; este recorte geográfico correspondió en tiempos del incanato al Collasuyo, parte del Tawantinsuyu [14] ; este espacio sociocultural terminó administrada por dos virreinatos, primero el del Perú y luego el de la Plata; este espacio estuvo circunscrito jurídicamente a la llamada Audiencia de Charcas, que fungió por ser una administración especial del interior de los virreinatos, de una región rica en minerales, en poblaciones indígenas y extensos llanos. Las mezclas, los mestizajes, los espacios de dispersión, la constitución de subjetividades, se dieron en esta república sobre la base de la vertiente indígena y la vertiente criollo-mestiza española.

 

La Quimera Estatal

¿Cuáles son las condiciones de posibilidad histórica de un nacimiento político? ¿Es suficiente el concurso de las voluntades? ¿Basta el síntoma de las movilizaciones sociales? ¿Se puede certificar la clausura de un régimen por el agotamiento de un modelo económico? ¿Qué del modelo político? ¿Cuáles son los datos del agotamiento? Obviamente las preguntas no quedan aquí, pues pueden seguir y ahondar el cuestionamiento. Por ejemplo, se pueden plantear preguntas que comprenden los ciclos largos, ¿del capitalismo o mas bien del colonialismo? ¿El retorno manifiesto de los movimientos indígenas, que conllevan nuevas características, propias de las contradicciones sociales y políticas contemporáneas, son la señal de una nueva lucha anticolonial, ciertamente en sus nuevas versiones, el neocolonialismo, las formas cambiantes del colonialismo interno? ¿O, mas bien, la unificación de los movimientos en torno a la defensa de los recursos naturales, prioritariamente los hidrocarburíferos, particularmente el gas, son un síntoma de una nueva forma del renacimiento de la conciencia nacional? Sin dejar de desprender más preguntas, vale la pena detenerse un rato, para hurgar reflexivamente los dos grupos de preguntas. Nombremos al primer grupo de preguntas como las relativas a la crisis múltiple que agobia al Estado y a la República, llamemos al segundo grupo de preguntas como las referidas a la genealogía histórica de las dominaciones. Para responder a las preguntas debemos caracterizar la crisis envolvente que asola el panorama social, político y económico del país. Para responder al segundo grupo de preguntas debemos teorizar sobre la genealogía colonial y la historia efectiva de la nación o de las naciones, si se quiere. Son estas dos tareas las que vamos a retomar con la urgencia del caso.

 

Los confines de la crisis

Se dice que la actual crisis económica tiene sus comienzos durante la década de los setenta, tiene que ver con el agotamiento de un modelo capitalista, el relativo al ciclo del capitalismo norteamericano. Esta crisis repercute en la periferia con cierto diferimiento diferencial, dependiendo de las regiones y las economías nacionales, esto sobre todo en relación a su particular articulación con el mercado mundial. Esta crisis económica deriva en crisis política en la medida que las instituciones, los Estados, los proyectos político-culturales, asumen las consecuencias de la crisis de uno u otro modo, dependiendo de las estrategias discursivas que se desprenden. La crisis del petróleo va a marcar un hito en el enfrentamiento entre lo que llamaremos, a modo de simplificar la discusión, centro y periferia del modo de producción capitalista. Los países árabes ricos en petróleo, las organizaciones que aglutinan la administración del oro negro, deciden retener el excedente en sus manos, por lo menos por un momento, y deciden subir los precios del petróleo. Esto ocasiona un marasmo económico en el centro hegemónico del capitalismo. Los países centrales deciden ahorrar energía, hacer grandes esfuerzos por lograr este ahorro. Los países petroleros se benefician rápidamente con la situación, atrayendo grandes sumas de dinero, debido a la ganancia de la diferencial de los precios del hidrocarburo. Una pregunta inmediata al respecto, ¿este dinero se convierte en capital? La administración jerárquica de esta riqueza súbita opta por una estrategia de inversión en la industria y el mundo del negocio de los países centrales, más que una estrategia de inversión en sus propias economías. Los países petroleros están lejos de haberse convertido en países industriales. La estrategia de los países centrales va a ser distinta, van a buscar transferir el desbalance que producen la subida de los precios de las materias primas hacia los países periféricos, países no industriales, subiendo a su vez la valorización de su tecnología, ensanchando la brecha del intercambio desigual, consolidando la abismal diferencia jerárquica en los términos de intercambio. El intercambio desigual entre materias primas y productos industriales vuelve al escenario bajo los parámetros de las nuevas condiciones, cada vez más injustas. Desde entonces a la fecha el boquete tecnológico se ha vuelto abismal. La subida de los precios del petróleo, que viene acompañada por la relativa subida de los precios de las materias primas, situación, que en principio, beneficia a las arcas de las economías nacionales periféricas, sobre todo de los países árabes, termina convirtiéndose en un boomerang. Los países centrales, industrializados y de concentración de capitales, no tardan en recuperarse de la situación crítica en la que se ven sometidos en un principio de la crisis del petróleo, recuperan rápidamente el control de la circunstancias, retomando el mando de la economía del mundo. La dependencia va tomar nuevas formas, quizás más virulentas, en unos casos, más sofisticadas en otros. Una prueba palpable del ejercicio de la hegemonía mundial, de los efectos de poder, en el marco de la dominación global desplegada, es el papel de guardián imperial desempeñado por parte de uno de los países centrales, vencedores de la guerra fría. Se trata de los Estados Unidos de Norte América, que se ha convertido en la híper-potencia que monopoliza la violencia global, que hace de centro gravitatorio y de centro tecnológico-mediático-político-militar en el contexto del nuevo orden mundial. Esta exacerbada configuración imperial, que expresa su poder global de manera desmesurada, ha convertido al mundo en objeto de un panoptismo universal. Con esto se habría pasado de los diagramas disciplinarios de la modernidad a los diagramas de control de la postmodernidad. El imperio ya cuenta en su haber con una larga cadena de guerras preventivas, que fungen de intervenciones policiales, pero que en la práctica inhabilitan las soberanías nacionales y suspenden el derecho internacional.

Durante la década de los setenta, Bolivia se vió beneficiada por la subida de los precios de las materias primas. Esta situación apreciable desde un punto de vista económico fue, como quien dice, despilfarrada por la dictadura militar de entonces, la del General Banzer. Estos ingresos fueron la base para acrecentar raudamente los montos de la deuda externa, por otra parte se hicieron grandes transferencias del excedente por concepto de préstamo al demandante empresariado del oriente boliviano, particularmente el cruceño. El discurso parecía a primera vista convincente, invertir en la diversificación de la industria y de las exportaciones. Ganaderos, agroindustriales, azucareros, industriales se hicieron grandes prestamos, que nunca devolvieron al fisco. La verdad es que la mayor parte de esos préstamos no se invirtieron en el desarrollo económico sino sirvieron para circular en las redes especulativas del capital financiero. Los préstamos se extranjerizaron. Las grandes empresas estatales, como COMIBOL y YPFB se vieron afectadas, al convertirse en entidades que transferían su excedente y no ser consideradas sujetos de reinversión. No hubo ni prospección geológica significativa, tampoco recomposición tecnológica, ni mucho menos puede verse, de ninguna manera, el fenómeno económico ligado a la acumulación ampliada de capital. Bolivia no dejaba de ser una economía de enclave, un campamento capitalista destinado a transferir su excedente a los centros de acumulación ampliada de capital.

Podemos decir que las repercusiones de la crisis cíclica del capitalismo, que tiene su nacimiento durante la década de los setenta, adquiere sus particulares formas locales en las estrechas dimensiones de las economías nacionales latinoamericanas. La crisis se comenzó a gestar en esa década paradójica, de ilusoria bonanza perentoria, pero también de despilfarro por parte de dictaduras militares, que accedieron a montos importantes de los ingresos provenientes de las exportaciones de las materias primas. Desviaron esos recursos dinerarios a un uso, como dicen los economistas, no productivo, mas bien, suntuario, desviaron los recursos de acuerdo a la lógica de las redes de relaciones clientelistas.

Por lo tanto habría que considerar ciclos socioeconómicos y económico-políticos más largos para poderse explicar la crisis múltiple que atraviesa Bolivia, en el contexto de crisis regionales, continentales y mundiales. La crisis económica del capitalismo a nivel mundial comienza en la década de los setenta, esta crisis corresponde al ciclo del capitalismo norteamericano, expansivo y territorialista, ciclo que comienza con la decadencia del ciclo inglés, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. En Bolivia esta crisis no se nota de manera directa, es mas bien diferida. Lo primero que se vive son los beneficios circunstanciales de la subida del precio de las materias primas. La crisis va a hacerse sentir en Bolivia y en los países periféricos cuando bajen los precios de las materias primas, particularmente de los recursos no hidrocarburíferos, de los recursos minerales. La dependencia económica es particularmente notoria respecto a la explotación, refinamiento, fundición y comercialización del estaño. Las consecuencias sociales de esta crisis tendrán su resonancia más tarde, repercusiones que quizás aparecen como síntomas preocupantes durante la década de los ochenta; se agravan con la aplicación de medidas neoliberales, políticas de shock, ajuste estructural, reformas estructurales. Con la privatización de las empresas estatales y con la virtualización de la economía nacional, medidas que traen a colación una perdurable recesión económica, termina agravándose la crisis social. Esto se puede observar empíricamente en el ascenso galopante del desempleo y el subempleo, la terceriarización de la economía, la profundización y expansión de la pauperización de las clases subalternas, además de constatar estos fenómenos en el deterioro de las condiciones socidemográficas. Se podría ver el proceso de la siguiente manera: El despliegue de la crisis económica desemboca en el ahondamiento de la crisis social, ambas crisis hacen estallar la crisis política, crisis que, de todas maneras, se encontraba más o menos latente, más o menos manifiesta. No se vea esto como que una crisis ocasiona a la otra, sino que las tres crisis se empujan, se entrecruzan, dibujando en el presente el panorama de una crisis múltiple.

 

Genealogía de las dominaciones

La conquista no se dio de un golpe, fue mas bien un proceso, desde el avistamiento de la primera isla en el Caribe a la vuelta marítima al nuevo continente y posterior circunnavegación del planeta, pasando por el estrecho que llevará el nombre de Magallanes llegando a Filipinas y de ahí después a España (1492-1522), de la conquista emprendida por Hernán Cortés en el Yucatán a la conquista de Diego de Almagro y Francisco Pizarro en el Perú, de la conquista de Tenochtitlán a la conquista del Cuzco. En el transcurso de poco menos de medio siglo cambia la faz de la tierra y el horizonte histórico cultural del mundo. Hasta se podría decir que la conquista continuo a lo largo de los distintos periodos coloniales. Incluso más, derivó en guerras de reconquistas por parte de las repúblicas criollas, aunque estas se hayan dado en el contexto de sus particularidades locales. Este diferimiento colonial concurre de una manera diferencial en el caso de los países con preponderante población indígena o con una densidad demográfica indígena significativa. Concurre de manera completamente diferente en los países donde la guerra contra los indios se lleva prácticamente hasta su extinción. En el primer caso podemos citar países como Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala, incluyendo a México donde el mestizaje adquiere connotaciones históricas en el perfil barroco de su población. En el segundo caso aparecen países como los Estados Unidos de Norte América, Argentina, Chile y Uruguay. Quizás deba incluirse en este caso, teniendo en cuenta las respectivas significativas disparidades, dando lugar por lo tanto a cualitativas distinciones, a países donde el mestizaje proviene de la hibridación afroamericana. Después del impacto demográfico negativo de la conquista y la colonia en los originarios, ocasionado el daño, en términos de la extinción de las poblaciones nativas, en estos países se sustituye esta falta por la incorporación sustantiva de las poblaciones africanas, traídas a América por la violencia del comercio de esclavos en el proceso de la acumulación originaria de capital. Este es el caso de las islas del Caribe, de parte de Centroamérica, de la parte norte de Suramérica y particularmente del Brasil.

En Bolivia, la genealogía de las dominaciones tiene sus procedencias en el diferido proceso de conquista, proceso desplegado tanto en las llamadas tierras altas del Altiplano, la cordillera y los valles, como en las llamadas tierras bajas de la Amazonia y el Chaco. En unos casos prepondera el estilo militar de la conquista y en los otros se realiza por medio de los procedimientos de conquista espiritual. Este es el caso peculiar de la colonización religiosa desarrollada en toda la geografía ocupada por las misiones. Sin embargo, no se puede obviar, que la combinación entre avanzadas militares y religiosas siempre se da, aunque conservando sus particularidades locales. La procedencia de las dominaciones es reiterativa en contextos mas bien locales, en las sucesivas reconquistas criollas en tierras indígenas. Este es el caso de la reimplantación del “tributo indígenal” al comienzo de la vida republicana. Aunque es patente y dramático el uso de la expropiación de tierras comunitarias, desde la Ley de Exvinculación, bajo el gobierno de Melgarejo. De 1871 hasta 1900 se desata una guerra indígena contra las formas administrativas de estas renovadas expoliaciones de tierras, que ni siquiera respetaron el pacto colonial [15] . Aunque parezca paradójico, el periodo liberal (1900-1952) se caracteriza por la legitimación de este procedimiento de reconquista colonial.

La Reforma Agraria de 1953 devuelve la tierra a los indígenas, pero lo hace bajo los marcos de la propiedad privada familiar. No se respetan las 3000 comunidades que todavía subsistían, sobrevivientes de esta diferida guerra de reconquista. Un nuevo mapa de fuerzas dispone los diagramas de poder en el contexto histórico definido por la Revolución Nacional de 1952. Las dominaciones ahora pasan por el tamiz de la mestización cultural, la campesinización y la proletarización. Un nuevo pacto sostendrá al régimen populista. La construcción de lo nacional-popular es el telos del proyecto contenido en las prácticas discursivas del nacionalismo revolucionario. Los sindicatos campesinos y obreros, junto al aparatoso partido del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) formaran parte de este nuevo Estado, que derivara rápidamente en un gigantesco Estado prebendal y en una compleja sociedad civil atravesada por las redes de relaciones clientelistas. A la caída del régimen de una revolución que terminó de rodillas en 1964 [16] , el pacto entre el Estado nacional y los sindicatos campesinos será convertido grotescamente en el pacto militar campesino. El artífice de este pacto de pacotilla es nada menos que un títere del Pentágono y del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norte América, el General René Barrientos Ortuño. Durante el periodo de los gobiernos de dictadura militar el engranaje de las dominaciones pasa de la mediación estatal a las mediaciones intervencionistas del imperialismo norteamericano. ¿Un anticipado paso a la globalización? Se puede aceptar esta hipótesis interpretativa si es que se lee retrospectivamente este periodo de gobiernos de facto (1964-1982).

Con la derrota del frente popular, la UDP, se culmina con un modelo de acumulación estatal (1952-1985), que puede ser entendido como un modelo de transferencia de capital, en el contexto de las políticas desarrollistas o de sustitución de importaciones. En 1985 se ingresa al llamado periodo neoliberal, que se va a caracterizar por la incorporación traumática al proceso de globalización, mediante políticas de shock, acompañado del escabroso proceso de privatización de las empresas públicas, que en Bolivia adquirirán el equívoco nombre de capitalizaciones. Bajo estas premisas políticas y económicas se desatan las reformas estructurales, que pasan por redefinir el papel del Estado, convirtiéndolo en un Estado regulador, que transfiere la administración de sus recursos a las trasnacionales. Estas reformas vienen acompañadas por la aplicación de políticas de descentralización locales, en las que los municipios se convierten en los actores de gestiones locales, diseminadas y débiles, en un mapa fracturado por las circunscripciones territoriales y míseros recursos de la coparticipación para atender las demandas sociales acumuladas en la historia reciente. La reforma educativa forma parte de estas reformas estructurales que buscan supuestamente atender al carácter multicultural y plurilingüe de la nación boliviana, empero terminan como instrumentos de legitimación de un régimen que impone a un pueblo hambriento la transnacionalización de su economía y la transferencia inusitada de sus recursos naturales. La reforma jurídica y la reforma estatal no dejan de ser paliativos anacrónicos en el contexto de destructivos procesos de privatización, que vienen rápidamente acompañados por expansivas pauperizaciones de las clases sociales. En este horizonte, el engranaje de las dominaciones pasa a formar parte del nuevo orden mundial, del imperio, en la compulsiva virulencia del capitalismo desterritorializado. Una consecuencia notoria de esta máquina abstracta de poder resulta en la radical supeditación de los estados subalternos a las formas efectivas de transnacionalización. Las resistencias sociales adquieren sus nuevos perfiles en una proliferación de los enfrentamientos. Estas contradicciones se pueden resumir en la configuración del antagonismo entre imperio y multitud. Antagonismo que adquiere sus propias tonalidades diversas en el ámbito variado de las formaciones sociales centrales y periféricas, entremezcladas y barrocas, incorporando los singulares localismos a los violentos procesos de globalización [17] .

 

La Proliferación de los Conflictos

 

Desde el miércoles 8 de octubre del 2003, asistimos a la proliferación de los conflictos sociales. Asistimos al desenvolvimiento de la conflictividad a partir de estallidos locales y sectoriales, cada uno con su pliego de demandas, aunque todos coincidiendo con el compartido tema de la defensa del gas. Esta última fase forma parte del ciclo de los movimientos sociales desatados en abril del 2000, cuando la guerra del agua termina expulsando a una trasnacional, que pretende monopolizar el recurso vital y lograr ganancias comerciales de este monopolio, cobrando precios exorbitantes por el consumo. Sin embargo, se distingue de lo que ocurre con los movimientos sociales durante aproximadamente tres años (2000-2002). Dos o tres epicentros organizacionales se convirtieron en los núcleos gravitacionales del movimiento: Las siete federaciones sindicales del Chapare, la Confederación Única de trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Coordinadora del Agua. Las organizaciones tendían a la síntesis simbólica de sus respectivos líderes: Evo Morales, Felipe Quispe y Oscar Olivera. Los discursos de interpelación terminaban emitidos por estos caudillos, particularmente los dos primeros. El debate con el gobierno, las discusiones en las mesas de diálogos, también tenían escenarios mediatizados, donde actores individualizados protagonizaban la pugna, los lideres asumían plenamente su papel. En todo este periodo el papel de los individuos, de estos líderes caudillos, jugó una función organizativa y atractiva. Pero, a partir de un determinado momento, la concentración del liderato terminó inhibiendo la espontaneidad de los movimientos sociales, terminó obstaculizando el desenvolvimiento organizacional de las bases. Una contradicción latente entre bases y dirigentes apareció más de una vez de modo explicito. Esto no sólo se hizo evidente en las asambleas y en las decisiones tomadas desde abajo, sino sobre todo en la crisis orgánica de los sindicatos y de los instrumentos políticos. Esta crisis se hizo patente después de las elecciones (2002), cuando un importante contingente de dirigentes indígenas, sindicales e izquierdistas ocupó casi la mitad del parlamento nacional. El divorcio entre dirigentes y bases se hizo patente. La lógica parlamentaria terminó absorbiendo la lógica del movimiento social. Poco a poco se hizo sentir la censura de las bases a sus dirigentes. Esta contradicción inherente a la organización de los movimientos sociales no derivó en divisiones, salvo lo ocurrido con el Movimiento Indio Pachacuti (MIP), sino que fue superada por el desborde de las bases sociales sobre sus dirigencias, la proliferación de nuevos dirigentes salidos de las bases, la expansión del conflicto a las ciudades, particularmente a la ciudad de El Alto. Ahora no hay dos o tres epicentros, sino muchos, la multiplicación del conflicto ha ganado fuerza y cobrado vida, la singularidad de lo local se ha convertido en lectura especifica de las demandas concretas. Sin embargo, al mismo tiempo, como desarrollando una dialéctica propia al dualismo entre expansión y concentración, entre proliferación y unificación, los movimientos sociales fragmentados encontraron su proceso de unificación desde las bases. La consigna unificadora es la defensa del gas, el proceso unificador es la construcción de un intelecto general, que se expresa como saber múltiple y compartido del valor histórico de los recursos naturales. Usando un lenguaje antiguo, diríamos que este intelecto colectivo, articulado a través de la información alternativa, el rumor social, y las reuniones de formación, es el renacimiento de la conciencia nacional, en las condiciones de posibilidad que determina las composiciones de la multitud.

Los bloqueos abarcan la zona de Yapacaní, sobre la carretera que va de Cochabamba a Santa Cruz, pasando precisamente por esta población estratégica, donde se asientan colonizadores, campesinos y grupos vinculados a los del movimiento de los sin tierra. La ciudad de El Alto, desde la declaración del paro indefinido hasta el viernes 17 de octubre del 2003, ha vivido una jornada sangrienta, sobre todo durante el fatídico transcurso entre el sábado y el domingo del 11 al 12 de octubre. La ciudad de La Paz vivió la repetición de la sangrienta jornada al día siguiente, un lunes negro del que no se podrán olvidar los vecinos de Apaña, Obejuyo, Chasquipampa, Cota Cota y los campesinos de las comunidades aledañas, particularmente la comunidad de Uni. El paro alteño comenzó con una gran concentración y marcha, cuando en la ciudad de La Paz, se anunciaban variadas marchas sectoriales. Aunque La Paz esté acostumbrada a ser la sede del conflicto social, por lo tanto de marchas, protestas y bloqueos, no sospechó al amanecer del domingo que es lo que le esperaba vivir en dos días consecutivos de enfrentamientos y muertes. La salida de las cisternas de gasolina de Senkata y de los camiones de garrafas de gas, acompañadas por su protección militar, sembró la muerte en su recorrido, habiendo dejado el sello de la muerte antes de salir, con la militarización de la ciudad de El Alto. En la caprichosa topografía de la hoyada paceña esas muertes llegaron como puñalada a la sensibilidad de los barrios. La solidaridad con la ciudad de El Alto se hizo sentir con anuncios de marchas sobre la zona sur. Estas marchas fueron detenidas sangrientamente.

El bloqueo de caminos del Altiplano norte continúa acompañada por la huelga de los mallkus y mama t’allas en la radio San Gabriel. Este conflicto de los campesinos con el Estado es arrastrado desde las últimas semanas de septiembre; ingresa a la segunda semana de octubre sin visos de solución. El conflicto tomó nuevo rumbo después de la intervención militar en Ilabaya, Warisata y Sorata, dejando como recuerdo seis muertos y varios heridos. Después de la matanza en El Alto y en La Paz, los muertos se aproximan a la centena y los heridos ya suman cerca de quinientos. Este nuevo tramo del conflicto esta signado por el fantasma de la guerra civil. Sin embargo, este fantasma no se ha hecho presente, no se ha convertido en espectro, tampoco se ha encarnado; lo que sigue cobrando vida es la reiterada forma expansiva del bloqueo y de las marchas. En este contexto proliferante de los conflictos, los mineros anunciaron una marcha hacia la sede de gobierno, marcha que partiría de Caracollo; bifurcación importante que reparte la carretera principal del Altiplano a Oruro y a Cochabamba. Esta marcha ya se lleva a cabo y es detenida en Patacamaya, donde la represión se llevó tres muertos y varios heridos.

En el atardecer del jueves, 16 de octubre del 2003, la ex defensora del Pueblo Ana María Romero de Campero anunciaba la incorporación a una Huelga de Hambre de un grupo destacado de intelectuales y personajes, de reconocimiento social, en la iglesia de “los carmelitas”. En un comunicado los huelguistas expresan un rotundo basta a las matanzas y piden la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia de la república. La noche del mismo día otro piquete de huelga se sumaba al mismo pedido en la iglesia de San Miguel, en el corazón mismo de la zona sur. Al poco tiempo los piquetes de huelga llegan a ochenta y tres en todo el país. Esta irradiación de la huelga recuerda a la huelga de hambre de las mujeres mineras de 1978, huelga que creció rápidamente con la cuantificación de los piquetes, huelga que derrotó a la dictadura del General Banzer, dictadura militar que persistió siete años en el gobierno de facto. La analogía entonces es sintomática, aunque hay que establecer las diferencias. Ciertamente no es la huelga de hambre la que derrota al símbolo del régimen neoliberal, al odiado “ gringo” , Gonzalo Sánchez de Lozada, sino es el gigantesco movimiento social, que combina la participación de las juntas de vecinos, de las organizaciones gremialistas y de los sindicatos coaligados en la Central Obrera Regional (COR), composición de lucha a la que se suma la valiosa participación de los mineros y de contingentes campesinos, que marcharon durante días a la sede de gobierno.

La expansión y desarrollo del conflicto social hacia las ciudades se hace sentir con el desplazamiento de la geografía del conflicto y la agregación de significativos representantes y sectores de las clases medias. Esta adición sintomática al conflicto, la reciente incorporación de las clases medias al movimiento social, es un dato que ya habla de una modificación cualitativa del conflicto, pues la irradiación del movimiento social alcanza a las bases de legitimación del régimen neoliberal. Con lo que se muestra que la crisis no sólo es orgánica, además de contener la crisis de legitimación, sino que manifiesta patentemente la insostenibilidad el gobierno. Este cambio del estado de cosas, esta modificación en la situación del campo de fuerzas, no solamente nos hace ingresar a nuevos escenarios sino que comienza a modificar el perfil mismo del movimiento social. Perfil que no deja de ser popular, que no deja de ser plebeyo, que no deja su raigambre indígena, llegando a comprometer a la populosa ciudad de El Alto, dando una connotación urbana al movimiento. Sin embargo, la expansión del conflicto, al afectar a sectores de las clases medias, es un indicador de la irradiación de la hegemonía política popular e indígena a los estratos sociales urbanos, que se acostumbraron a ser indiferentes o sostenedores de los prejuicios en torno a la democracia representativa. Con esto se verifica la crisis de valores de la democracia delegativa, llamando la atención sobre las posibilidades de inventar una democracia de la multitud. El detonante de esta irradiación e incorporación fue la indignación generalizada por las matanzas. El atentado masivo contra la vida por parte de un desencadenado terrorismo de Estado fracturó las certezas de una subjetividad media, acomodada y acostumbrada a administrar dosis de indiferencia. La matanza, la desvalorización grotesca de la vida, el racismo desvergonzado de las ejecuciones, terminaron conmoviendo al ciudadano medio, despertarlo de su evanescencia ilusoria, mostrándole sin miramientos el drama multitudinario de la política, de la lucha de clases y de la pervivencia soterrada de las estructuras coloniales. Estas matanzas se suman al haber sombrío del régimen neoliberal, haber infaustamente acumulado; este fue el costo sangriento del sostenimiento de un régimen antipopular. Se comprende entonces el consenso que se forma en torno al pedido de renuncia del presidente, que cobra resonancia en el ámbito de instituciones cívicas y profesionales. Todas estas modificaciones del entramado del conflicto social mudan la estructura y la composición del campo de fuerzas en las que se sostiene el mapa político. También adquiere otro cariz la crisis en la coyuntura, que no solamente pone en el tapete los problemas estructurales planteados por los movimientos sociales, sino también se hace evidente la decadencia del armazón estatal.

Recorridos del conflicto en la cronología política

El lunes, 13 de octubre de 2003, un día después de la matanza de la Ciudad de El Alto, y a las semanas de la masacre de Warisata, varias marchas se concentraron en la ciudad de La Paz. Los bloqueos de caminos seguían en el Altiplano Norte y los yungas. Para entonces ya se había iniciado bloqueos en el Chapare, también marchas y concentraciones en otras ciudades de Bolivia. Como núcleo incandescente de este horizonte insurreccional, desencadenado por el movimiento social, continuaba ardiendo el paro indefinido en la ciudad de El Alto. En este contexto del conflicto desatado se dio lugar al pronunciamiento contundente de la Coordinadora de la Defensa del Gas. Pronunciamiento que gozaba de consenso. Todos coincidieron en lo siguiente:

  1. Renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia de la República.
  2. Derogación de la Ley de Hidrocarburos.
  3. Derogación de la Ley privatizadora de la capitalización.
  4. Reversión al Estado de los recursos naturales, particularmente de los hidrocarburos, entregados a las trasnacionales.
  5. Desmilitarización de la ciudad del Alto.
  6. Detención inmediata de la represión del pueblo movilizado.

Después de lo ocurrido, de la espiral de muerte que remontaba la represión gubernamental, estos planteamientos eran ineludibles, sobre todo aquel que tienen que ver con los motivos fundamentales del conflicto social: Renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, derogación de la Ley de Hidrocarburos y reversión al Estado de las reservas y recursos hidrocarburíferos. Sin embargo, a pesar de este consenso, unas preguntas golpeaban las mentes, estas interrogantes se puede resumir del modo siguiente: ¿Qué después de la renuncia a la presidencia? ¿Se acepta la sucesión constitucional del mando? ¿Se forma un gobierno provisional revolucionario? Dada la envergadura de la crisis resultaba claro que la sucesión constitucional no era de ninguna manera la solución a la problemática vivida como crisis estructural del régimen neoliberal y de la república criolla. La solución no se encontraba en las dependencias de la vicepresidencia, no se encontraba en el prebendal parlamento, tampoco en el corrupto poder judicial, ninguna de estas instituciones era la instancia adecuada que podía hacerse cargo de la solución de la crisis múltiple, política, ideológica, económica, social y de valores. La expansión y la profundidad alcanzada por la crisis múltiple hacen que ésta no pueda ser resuelta con las mismas instituciones que forman parte de un Estado en crisis. La crisis no puede ser resuelta en el contexto del mismo mapa político que expresa la descripción cartográfica de las instituciones en crisis. La Vicepresidencia, el Congreso y el poder judicial, es decir, los poderes del Estado, como tampoco ninguna de las otras instituciones estatales son los dispositivos adecuados para resolver la crisis estructural. Estos organismos no reúnen los atributos morales, éticos y políticos para resolver la crisis, para atacar los nudos problemáticos desde sus raíces, tampoco responden al crédito social, todo lo contrario, se han ganado de parte de la opinión publica el descrédito y la descalificación más grande. ¿Cuáles son entonces las condiciones de posibilidad de la democracia, de una democracia en el sentido pleno de la palabra, de una democracia que suspenda las dominaciones? Por los problemas abordados, recogidos y planteados por los movimientos sociales, esa condición política, esa condición histórica de transición, que sea a su vez la reunión de las fuerzas sociales, parece ser un gobierno provisional revolucionario.

El desenlace de los acontecimientos empero derivó en la sustitución constitucional. Este desenlace si bien no es la solución estructural a los problemas matriciales de la crisis, en todo caso aparece como condición perentoria para una pacificación, que puede ser momentánea o durar el periodo correspondiente a la culminación de la gestión presidencial. La transición dada por la sucesión constitucional puede ser aprovechada para abordar dos tareas prioritarias, resolver el problema de la enajenación del gas y crear las condiciones para una Asamblea Constituyente Revolucionaria.

Cuando llegamos a este punto nos golpea de lleno una pregunta: ¿Se cumplen las condiciones de posibilidad histórica para que se dé el gobierno provisional revolucionario? ¿Cuándo se da este momento histórico que podríamos llamar momento revolucionario? Según Paolo Virno el momento histórico es el presente aferrado a su genealogía, es el acto que realiza la potencia, el pasado potencial, del modo más intenso que lo permiten las circunstancias, la situación actual, las condiciones de una coyuntura especial. Podemos decir que esta coyuntura es el momento de ruptura, de discontinuidad, de salto intempestivo, momento cuando la densidad del pasado se hace presente para producir un cambio profundo. Llamemos momento revolucionario al momento productivo en el que se cuenta con la mayor disponibilidad posible de fuerzas sociales que cargan con la intencionalidad del cambio. Ahora bien, esta disponibilidad de fuerzas supone un periodo de crisis, de crisis del antiguo régimen, crisis de la estructura social hegemónica, crisis del modo de producción vigente, crisis del diagrama de poder dominante. Por lo tanto el momento revolucionario coincide con el derrumbe del antiguo régimen y la emergencia radical de un nuevo campo de fuerzas. El momento revolucionario conlleva la inmanencia de la potencia, del pasado potencial, de la predisposición al placer, al cambio, es decir al futuro. Esta predisposición es volitiva. Por eso el momento revolucionario es voluntad de poder y juego del imaginario radical, de una apertura a la constitución liberadora de sujetos sociales.

 

 

La gran concentración popular

Múltiples marchas que salieron de los barios confluyeron en una multitudinaria concentración el día jueves, 16 de octubre de 2003. También las marchas de las organizaciones sindicales, obreras y campesinas, confluyeron en esta enorme y popular congregación en la Plaza de los Héroes o Plaza San Francisco. Pocas veces se ha visto un acontecimiento numérico de monumental convocatoria, quizás fue la UDP la que logro parecidas convocatorias, sobre todo antes de su ascenso al poder. Empero, sin lugar a dudas, la espontánea asamblea popular de la Plaza San Francisco del 16 de octubre supero a aquellas. Después de esta magnífica concentración de la multitud, los acontecimientos se sucedieron raudamente hasta la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia de la república. Por otra parte se trató de una concentración que fue organizada desde abajo, a partir de las múltiples organizaciones de base, a diferencia de las convocatorias de la UDP, que se conformaron desde arriba, desde los aparatos partidarios.

La fabulosa concentración multitudinaria del jueves por la tarde definió el destino del régimen. La Plaza de Armas fue rodeada por una envolvente masa social, que recorría el entorno del palacio quemado. Los flujos de la multitud marchante llegaba de todos los barrios, las avenidas y calles centrales se convirtieron en ríos enriquecidos de conglomerados afluentes sociales. El alcance de la concentración sobrepasaba los límites de la Plaza San Francisco, por el norte, sur, este y oeste llegaban marchas barriales a la concentración, de la plaza salían otras marchas para recorrer las principales avenidas que circundan el centro de la ciudad. La concentración convocada por la Central Obrera Boliviana (COB) fue organizada desde abaja, por cada junta de vecinos, por cada barrio, por distintas organizaciones gremiales, por los sindicatos, por jóvenes, estudiantes y universitarios. Este acontecimiento no sólo significó la recuperación simbólica de la organización de los trabajadores, sino dibujo un nuevo mapa de alianzas sociales, donde aparecen nuevas tácticas del movimiento y una conciencia colectiva de la fuerza de la multitud. Esto quiere decir que la sociedad no sólo mostró su capacidad de organización, ni solo la acumulación expansiva de su convocatoria, sino además que es capaz de usar su fuerza para tumbar un gobierno oprobioso.

 

Los 12 Días que Conmovieron a Bolivia

Podría decirse que en estos doce días, que se suceden desde el 8 al 19 de octubre del 2003, se produce la configuración de un nuevo escenario, relativo a la incorporación de las ciudades al conflicto social. Desde la declaratoria de paro indefinido por parte de las organizaciones vivas de la ciudad de El Alto, particularmente la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE), la Central Obrera Regional (COR) y la Federación de Trabajadores Gremiales, hasta las tonalidades concretas que adquieren los desenlaces de la coyuntura, que tienen que ver con la estructuración del nuevo gabinete, se suceden los eventos vertiginosamente, cambiando raudamente el carácter del escenario político, de acuerdo al tiempo social que emerge de las masas. La coyuntura es atravesada por el conflicto social en las dos ciudades siamesas de La Paz y El Alto. Es posible que la coyuntura no comience con el paro indefinido de la ciudad de El Alto sino mas bien con el conflicto desatado por la masacre de Warisata, Ilabaya y Sorata, sobre todo debido a las repercusiones movilizadoras de las resonancias de la muerte de campesinos; sin embargo, podemos decir con certeza que la coyuntura clausura su curva con la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada y la sucesión constitucional. La coyuntura llega a un límite con los desenlaces políticos, cruza este límite, llega al umbral, donde se dibujan nuevos escenarios, dando lugar a un nuevo contexto del momento histórico. Las tonalidades del desenlace tienen que ver con la formación del gabinete del gobierno en transición de Carlos Mesa, por un lado, y el pronunciamiento de los sectores movilizados a bajar la guardia, desbloquear, desmovilizarse, aunque manteniendo la vigilancia, dando un plazo perentorio al gobierno a que cumpla con su promesa inaugural y con los pliegos que se le presentan de parte de las organizaciones sociales.

Como hemos dicho, lo peculiar del conflicto social y político de la coyuntura que se clausura es haber trasladado el epicentro del conflicto social del campo a las ciudades. Todo este traslado, por lo menos coyuntural, modifica en parte la geografía del conflicto social. Lo que inquieta es describir la singularidad de estas variaciones, interpretar el significado político de estas modificaciones y evaluar la perspectiva de las fuerzas encontradas. Esto adquiere un matiz especial con la incorporación a la movilización de parte de significativos sectores de las clases medias en el contexto de los movimientos sociales desatados desde la guerra del agua (abril del 2000). Podríamos decir que desde la caída de la Unión Democrática y Popular (UDP) las clases medias no habían vuelto a incorporarse al movimiento social. Esto se puede constatar en un indicatum peculiar, la práctica ausencia de las universidades en el conflicto social, en las movilizaciones, y en el ambiente concurrente de la formación de opinión. Después de casi veinte años de ausencia las clases medias se reincorporan al movimiento social, esto ocurre sobre todo a partir de sectores sensibles a los acontecimientos sociales y políticos, como son los intelectuales, además de ciertas entidades de la sociedad civil, compenetradas con el trabajo de los derechos y los estudios sectoriales. Las clases medias recurrieron a la huelga de hambre para manifestar su indignación ante las masacres, la elipse incontrolable de la violencia estatal, además de pedir la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a la presidencia. No dejaron de optar por otras formas de manifestación como la cadena humana y la medida plebeya de las marchas. Esta incorporación de las clases medias al movimiento social no sólo tiene que ver con la expansión e irradiación del movimiento popular, particularmente indígena, sino con los efectos de poder del paro y la compacta movilización de la Ciudad de El Alto, efectos que alcanzan con su resonancia a la ciudad de La Paz, primero en los barrios periféricos, luego en los barrios centrales, para pasar a los barrios residenciales. Efectos de poder que tienen que ver con el quiebre de los márgenes de legitimación social del régimen liberal. Todo esto sucede en un contexto de modificaciones de actitudes en las bases mismas de las organizaciones sindicales; se produce lo que llamamos la emergencia proliferante de los mandos medios. Esto significa por lo menos dos cosas: La emergencia del control social y el desborde de las bases respecto a los dirigentes nacionales. Emerge la multitud de mil rostros, a diferencia del rostro público y caudillo del dirigente nacional. Aquí concurre, como se dice, la recuperación de la democracia de asamblea, el resurgimiento del accionar de la democracia directa, dejando de lado el monopolio de la palabra de los dirigentes-caudillos. Estas modificaciones replantean y desdibujan el mapa del conflicto social, para volver a configurar de nuevo la geografía del conflicto nacional; este rediseño sobre todo tiene que ver con el esbozo de las alianzas, en el contexto de la proliferación emergente del control de las bases y mandos medios.

El miércoles 8 de octubre se declara el paro indefinido, el día jueves 9 llegan los mineros de Oruro y se alojan en las instalaciones de la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Este día se producen dos bajas en el enfrentamiento con las fuerzas del gobierno, caen el minero José Luis Atahuichi Ramos y el estudiante Ramiro Vargas Astilla. El viernes 10 es patente la escasez de la gasolina en la ciudad de La Paz. El sábado 11 se suceden nuevos enfrentamientos, mueren un niño y un padre de familia. Durante el atardecer y en el transcurso de las primeras horas de la noche se producen fuertes enfrentamientos por el sector de Río Seco. Recomienza la espiral de la muerte. El día fatídico es el domingo 12 cuando se producen los más duros enfrentamientos entre la población movilizada de El Alto y las fuerzas combinadas del gobierno, las cuales custodian la caravana de cisternas que sale de Senkata y llevan la preciada gasolina y el gas licuado a la sitiada ciudad de La Paz. Esta caravana se convierte en la caravana de la muerte, deja como saldo 26 muertos y un centenar de heridos. Después de conocerse los alcances de la matanza, las ciudad de La Paz reacciona; primero, en las laderas y toda la periferia de los barrios populares; para luego ir comprometiendo a los barrios residenciales, como Miraflores, Sopocachi, también Obrajes y Cota Cota. Cuando las dos ciudades se hallan comprometidas en la vorágine del conflicto, el día martes 14 se conoce la muerte de dos mineros en Patacamaya, como consecuencia de enfrentamientos con el ejército. El día miércoles 15, cuando se hace patente la insostenibilidad del gobierno de Sánchez de Lozada, cuando los acontecimientos han llegado muy lejos como para volver atrás, se da lugar a una tardía reacción del gobierno. El presidente y su ministro de desarrollo sostenible salen al frente ofreciendo referéndum consultivo respecto a la venta del gas y la ley de hidrocarburos, empero condicionando lo segundo a la participación de las trasnacionales. Este ofrecimiento viene acompañado por un epilogo belicoso de parte del entonces presidente de la republica, quien califica a los movilizados como anarco sindicalistas y narcoterroristas. El día jueves 16 la protesta ya es nacional. En Villamontes, Villazón y el Chaco, también en el Beni, se producen marchas de protesta. Este mismo día se produce una multitudinaria concentración de centenas de barrios de La Paz y El Alto, sumándose a las organizaciones sindicales obreras y campesinas. Se dice que semejante concentración no se había producido desde el ascenso de la UDP al poder. Esta concentración fabulosa termina definiendo la correlación de fuerzas, por lo menos en lo que respecta a la valoración política. El día viernes 17 ingresan por la zona sur de la ciudad de La Paz marchas campesinas que se dirigen a las concentraciones de la Plaza San Francisco. Al día siguiente, el día sábado 18, se suceden los desenlaces. Quedaba claro que el gobierno derivaba dramáticamente en una dictadura abierta, no solamente por la opción de fuerza a la que se inclinaba, desatando una espiral de violencia incontrolable, sino porque ya no contaba con mínimos sectores sociales que puedan sostener todavía breves, fragmentarios, espacios de legitimación. Casi la totalidad de la sociedad se había pronunciado por la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada, salvo los empresarios privados y dos comités cívicos cuestionables, el cruceño y el tarijeño. Obviamente todavía los partidos aliados lo seguían sosteniendo, sin embargo, la mañana del sábado se agolpan las renuncias y las deserciones del campo oficialista. El capitán Reyes Villa hace conocer su retiro del Gobierno y no ve otra salida que la sucesión constitucional. Como se dice, los dados estaban echados. Como al medio día, se rumorea por los medios de radio que la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada prácticamente era un hecho, que se iba a leer su carta de renuncia en la sesión de emergencia del Congreso convocada para la tarde. Efectivamente, en la noche se lee la carta de renuncia y el Congreso decide por mayoría la sucesión constitucional. El domingo 19 Carlos Mesa, ya hecho presidente de la república, sube a la ciudad de El Alto a una concentración de vecinos y organizaciones sociales y sindicales a rendir homenaje a los caídos en los aciagos días del conflicto.

 

Poiesis de la multitud

Pregunta 2

¿Cómo se llega a un desenlace? ¿Qué ocurre antes en las entrañas mismas de los acontecimientos para que se produzca el desenlace? El tiempo político nace del movimiento molecular de la multitud y se desplaza en el mapa de las fuerzas desplegada, tiene una duración particular en la geografía de las instituciones como cronograma político. La renuncia a la presidencia de la república del símbolo mayúsculo del régimen neoliberal fue una victoria del movimiento popular, cuyo eje articulador es el movimiento indígena, que atraviesa tanto al campo como a las ciudades. Sin embargo, no se puede olvidar que el desencadenamiento de las acciones como la huelga de hambre, el bloqueo de caminos, las marchas, los bloqueos de calles y avenidas, la construcción de barricadas y el cavado de zanjas para que no pasen los tanques, la fabulosa concentración de la multiplicidad de vecinos de barrios de El Alto y La Paz, que sobrepasaron a la convocatoria de más de 400 barrios, no se circunscribe al movimiento indígena, por lo tanto tampoco a su centralidad aymara. Los sindicatos campesinos del Altiplano norte adquieren un nuevo carácter en el despeñadero de los acontecimientos. Las convocatorias masivas de asambleas, la retórica y la oratoria de las exposiciones se concentran en principio en dos temas, la libertad del dirigente Huambo y la defensa del gas. Después de la masacre de Ilabaya los discursos son más encendidos, se reclama por la muerte de los compañeros y comienza a perfilarse la idea de pedir la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada. La imagen de los muertos remueve los espíritus de la gente. Casi de manera inmediata las organizaciones sociales son convocadas a defender la vida, a luchar contra la represión violenta, que se ensaña con los cuerpos de los campesinos. Esta remoción tendrá una peculiar repercusión en la ciudad de El Alto. Se llegará a declarar un paro indefinido. Aunque para llegar a esta medida, para comprender esta determinación es menester revisar una historia, la historia reciente de los desplazamientos de fuerza en la tupida red de las juntas de vecinos.

Descripción 2

Desde los sucesos desatados en Warisata, Sorata e Ilabaya los eventos se trastocan rápidamente en consecuencias políticas. Se trata de la legitimidad de un régimen que ya no puede sostenerse sino por el desencadenamiento de la violencia descarnada. Se trata de un gobierno que vive su emergencia, no puede ya seguir la ruta de su añorada normalidad. La represión a los bloqueos de caminos del Altiplano norte no quiebra esta forma de protesta que detiene el tránsito, detiene la circulación, ocasionando el éxtasis de las pasiones y deseos de la multitud. Estancado el transcurrir del transporte de los productos y de la gente, interrumpido el tiempo republicano, se viaja manteniéndose en el mismo lugar, se produce el traslado repentino a otro ciclo histórico, no sólo el de la efectividad histórica o el de la historia efectiva, sino al ciclo recuperado en la memoria de antiguas luchas, que se hacen presentes en el momento. Esta actualización modifica, en el contexto actual, el significado integral de los símbolos, valores e instituciones en juego. No se trata solamente del Tawantinsuyu contra la colonización reiterada, tampoco sólo del antagonismo del Collasuyu con la República de Bolívar, sino de la circulación de estas utopías en su lucha contra el imperialismo y por la recuperación del sentido nacional. No es ninguna excusa la defensa del gas, de los recursos naturales, de la forma efectiva de la manka-pacha, es el modo de hacerse historia de una voluntad concentrada en la cultura. No hay contradicción entre utopía andina y nación. Su disociación, mas bien, puede traer un descalabro, la derrota de los movimientos sociales gestados desde abril del 2000. No es una salida liberal la que busca la realización de esta voluntad histórica, no son las autonomías liberales los perfiles que se dibujan en el corazón anhelante de los combatientes, es más bien la construcción colectiva de utopías no realizadas, en el contexto de una nación que no termina de nacer, que no termina de constituirse a partir de la intuición volitiva de sus multitudes. ¿Sino, qué sentido tiene hablar de Asamblea Constituyente Revolucionaria? Las fuerzas vivas de la sociedad quieren constituir una nación, quieren realizar su potencia, materializar históricamente su poder constituyente. Se busca no sólo hacer frente a la avalancha de las movilizaciones, a las luchas, que ponen en suspenso el engranaje chirriante de las dominaciones; las fuerzas vivas de la sociedad desean, buscan hacer política en el sentido plebeyo, quieren inventar la democracia con la imaginación radical de los indígenas y mestizos comprometidos en esta interpelación. La bandera de las autonomías ha sido asumida por las oligarquías criollas regionales de Tarija y Santa Cruz. Desde estos núcleos reaccionarios se quiere detener las reivindicaciones de los sin tierra contra el monopolio de la tenencia de la tierra de un pequeño grupo de familias latifundistas. Se quiere parar las legítimas demandas sociales en torno a la recuperación del gas para los bolivianos. Con la bandera de las autonomías liberales se intenta trastocar el sentido político construido profusamente por las multitudes movilizadas. El sentido transformador quiere ser convertido en un sentido local, circunscrito a la mezquindad de las oligarquías regionales. El resultado político, hoy por hoy adverso a las fuerzas conservadoras, quiere ser desviado a favor de estas pequeñas minorías privilegiadas y a favor de los intereses de las trasnacionales. Las autonomías liberales cobran este peculiar perfil reactivo, las fuerzas reaccionarias quieren apropiarse del objeto político y darle un sentido histórico afín a sus intereses, descomponer el espacio heredado por los hijos del Collasuyu, los hijos de los nómadas chaqueños y amazónicos, los hijos mestizos, habitantes de la Audiencia de Charcas y combatientes contra el imperio Colonial. Tienen la misma mentalidad que la vieja oligarquía, una psicología que confunde el país con sus predios, sus latifundios, sus minas. Mientras el pueblo quiere recuperar lo que le pertenece por derecho natural, los recursos, los dispositivos económicos, los dispositivos políticos. Quiere decidir su destino y el destino de estos recursos. Esto es, quiere darle un desenlace positivo a la guerra por el excedente.

Los bloqueos se expanden, se articulan a otros bloqueos que parten de otras historias locales, como los de Caranavi y los Yungas. También hay bloqueos esporádicos en el Chapare. Se producen bloqueos en el Altiplano sur y en las conexiones de la cordillera, los bloqueos se expanden a los valles. Las marchas también proliferan, llegan a los llanos. Dos enormes marchas, una de colonizadores, otra de campesinos e indígenas del norte de Santa Cruz, avanzan a la capital de la sierra. Una de las marchas logra atravesarla y llegar a la plaza de armas, donde se produce una trifulca protagonizada por jóvenes de la nación camba. Esta expansión del paisaje social de las movilizaciones, esta trama cuya narración descuella en boca de los protagonistas, que son las multitudes, las organizaciones populares, esta narratividad colectiva, que se escribe con las acciones de las movilizaciones, que desencadenan la potencia creativa de lo social desbordado, tiene como una amplitud de recorridos, pero también un orden puro del acontecimiento político. La ciudad de El Alto es la urbe popular que contiene a la nación, que contiene las ansias de la nación, las esperanzas de la nación; el gasto heroico de su población arroja sus muertos al campo de batalla de la historia, el imaginario social retoma este sacrificio como donación a los dioses que juegan al azar y a la necesidad. La memoria colectiva ya los vela, ya los cobija, ya los entierra, pero para convocarlos en los procesos de las nuevas batallas, de la guerra que no ha concluido. Los muertos no nos abandonan, están con nosotros para construir nuevas barricadas, para ayudarnos a destruir las máquinas abstractas de las dominaciones.

Problema 2

¿Cómo constituir una democracia de la multitud? ¿Cómo construir una democracia que forme parte de las prácticas sociales concurrentes y transformadoras? ¿Cómo hacer que la democracia vuelva a pertenecer a la asamblea, a la retórica, a la discusión, al arte del convencimiento y a la poiesis política? ¿Cómo hacer que la democracia sea el despliegue de las energías ciudadanas y comunitarias? Aunque parezca una tautología y una redundancia valdría la pena reducir estas preguntas en la siguiente: ¿Cómo hacer que la democracia sea democrática?

Hipótesis 2

La democracia es posible porque pone en suspenso las dominaciones. Se basa en el reconocimiento de la igualdad y a partir de este fundamento su práctica resulta en luchas contra las desigualdades. Su contenido histórico es la libertad, a partir de ella se pone en cuestión el monopolio de la riqueza y el monopolio de la moral, la virtud de los mejores. La ética social es el despliegue histórico de la libertad, que tiene que tomarse tanto en su figura colectiva como en su figura individual. La democracia es el poder constituyente de la multitud. En su sentido práctico la democracia no deja de manifestarse como conflicto. Este conflicto se puede dirimir pacíficamente en la asamblea o estratégicamente en la lucha de clases.

Corolario

La lucha indígena forma parte de la lucha contra las dominaciones, concretamente la lucha contra el colonialismo polimorfo. Desde esta perspectiva es una lucha democrática, adquiere su valor histórico en el horizonte de una democracia radical, que llegue hasta las raíces de las formas de dominación en las formaciones coloniales y postcoloniales. Esta raíz se encuentra en una violencia inicial histórica, en la guerra de conquista, esta guerra atraviesa el cuerpo social y el mapa de las instituciones en el transcurrir histórico de las formaciones sociales, vale decir, los virreinatos, los repartimientos, la Audiencia de Charcas y los periodos republicanos. Esta guerra de conquista, que desata una guerra de liberación, que cuestiona la legitimidad de los regímenes. El arjé y el telos de esta guerra de dos caras hacen inteligible el decurso de los acontecimientos que atraviesan los mapas institucionales.



[1] Este es un balance que se hizo después de un encuentro de la FEJUVE de El Alto, de entonces, respecto a los acotamientos de octubre de 2003. La reunión se efectúo en Copacabana a fines del 2003.

[2] El sábado 18 por la mañana, en un programa de la radio FIDES, Carlos Toranzo y Jorge Lazarte, apostaban por un plazo perentorio de 90 días para Gonzalo Sánchez de Lozada.

[3] La COMUNAL fue una propuesta organizacional, basada en la experiencia de la Coordinadora del Agua de Cochabamba, esta vez se quería una coordinadora de los movimientos de carácter nacional.

[4] Paolo Viro: El Recuerdo del Presente. Paidos 2003, Buenos Aires.

[5] Revisar de Michael Löwy, Walter Benjamin, Aviso de Incendio. Fondo de Cultura Económica 2002, México.

[6] Revisar de Paolo Virno, El Recuerdo del Presente, Ob. Cit., sobre todo la segunda parte: Temporalidad de la potencia, potencialidad del tiempo.

[7] Esto escribió Ernst Bloch en Herencia de Nuestro Tiempo. El escrito de Bloch data de 1935. Ha una edición italiana en Sul Progresso, 1956, y otra reedición en 1990.

[8] El mote que se le daba al soldado paraguayo por andar descalzo: Pata pila.

[9] Revisar el libro de Sergio Almaraz Paz, Petróleo en Bolivia. Juventud 1958; La Paz.

[10] Revisar de Raúl Prada Alcoreza, La supresión de la política; Comuna 2003, La Paz.

[11] Ver de Carlos Montenegro, Nacionalismo y Coloniaje.

[12] Ver de Ana Rebeca Prada Madrid, Viaje y Narración. Las Novelas de Jesús Urzagasti. IEB, Sierpe, 2002, La Paz.

[13] Los mestizajes indígenas se dieron antes de la Colonia, probablemente con mayor intensidad en el caso de la región occidental, entre urus, puquinas, aymaras y quischwas, que en el caso de las poblaciones amazónicas y chaqueñas, más apegadas a un comportamiento nómada.

[14] Ciertamente no entran a formar parte del Collasuyu las extensas tierras amazónicas y chaqueñas, donde habitaban los múltiples pueblos tacanas, tupi-guaranies, moxeños, guarayos y demás pueblos itinerantes. Empero esta enorme región tropical formara parte de la Audiencia de Charcas.

[15] Al parecer las reformas borbónicas desordenan el régimen colonial, afectan tanto a las clases dominantes como a los indígenas, removiendo el orden del pacto colonial. Paradójicamente las reformas borbónicas, que tienen por objetivo la modernización del régimen colonial, preparan el terreno para las revueltas, rebeliones indígenas y las guerras de independencia.

[16] Serio Almaraz Paz en Réquiem para una republica comenta esta frase que aparece en un periódico: “Laika Cota, sepelio de una revolución arrodillada”. Obra completa. Plural; La Paz.

[17] Revisar el libro de Antonio Negri y Michael Hardt, Imperio. Paidos 2002, Buenos Aires.

Publicado en: Bolivia

Clase obrera y proceso político en Bolivia

15/10/2013 by Deja un comentario

Por: Alfredo Rada

Hace cinco meses, estando yo en Tarija participando en un foro debate sobre el proceso político en Bolivia -proceso al que denominamos Revolución Democrática y Cultural- uno de los asistentes me preguntó si era posible profundizar esta revolución política hacia una revolución económica y social sin la participación de la clase obrera. Le respondí inmediatamente que no, que para consolidar un período de transición hacia la construcción de una nueva forma de socialismo comunitario, es imprescindible la participación obrera dentro del bloque social revolucionario que gestó este proceso de transformaciones allá por el año 2000 en la denominada guerra del agua, cuando comenzó a derrumbarse el neoliberalismo.

Aquella pregunta era muy pertinente porque en ese momento, mayo del 2013, estaban en pleno auge las movilizaciones por la Ley de Pensiones que convocó la dirigencia de la Central Obrera Boliviana contra el gobierno de Evo Morales. Fuertemente influenciados por tendencias políticas de ultraizquierda aglutinadas en el denominado “Partido de los Trabajadores”, los cobistas cometieron un error garrafal al movilizar a la base laboral con afiebrados discursos en los que se llegó a proponer el reemplazo de Evo por “otro gobierno”, tal como afirmó un dirigente del magisterio urbano de Santa Cruz.

Esta orientación maximalista llevó a la COB inexorablemente al fracaso, ya que la huelga y las movilizaciones nunca lograron respaldo popular y al final la dirigencia sindical tuvo que retroceder casi como en desbandada. La desviación que llevó a la derrota tuvo por origen la caracterización que la ultraizquierda hace del actual gobierno como “burgués y proimperialista”, una falacia simplificadora propia de las corrientes políticas de matriz ideológica limitadamente clasista y obrerista, lo que les impide comprender el abigarramiento de la formación social boliviana, cuyo análisis debe hacerse en clave compuesta de nación y clase.

El actual proceso de cambio se constituye por el despliegue dinámico de la lucha de clases sociales al interior del capitalismo que se combina, a momentos en forma contradictoria, con la lucha histórica de las naciones originarias contra el colonialismo interno. Esa es la naturaleza dialéctica de este proceso en el que las tendencias estructurales anticapitalistas y anticolonialistas, que se expresan en la acción política de clases explotadas y naciones oprimidas, posibilitan la transformación revolucionaria de las relaciones económicas de explotación, de las relaciones políticas de exclusión y de las relaciones culturales de opresión. Aunque siempre existe el riesgo de que este curso de transformaciones, debido a presiones externas, fragmentaciones internas o por concesiones programáticas, se agote o se revierta.

Volviendo al conflicto con la COB, luego de su desenlace el gobierno se planteó la tarea de recomponer rápidamente su relación con los sectores obreros, al mismo tiempo que los trabajadores de base comenzaron a ajustar cuentas con las dirigencias ultristas dentro de los sindicatos. Esto es lo que acaba de ocurrir en el Sindicato Mixto de Trabajadores Mineros de Huanuni, una organización emblemática porque en ese distrito ubicado en el occidental departamento de Oruro está la mayor concentración de proletarios de todo el país. Son cuatro mil quinientos mineros que habían elegido hace más de un año a una directiva sindical radicalmente confrontada con el gobierno. Esta directiva protagonizó la huelga de mayo, el bloqueo de carreteras en Caihuasi y la voladura de un puente ubicado en esa localidad. Hoy, debilitada y aislada, esa ultraizquierda que por un tiempo se había encaramado en el Sindicato Huanuni, terminó defenestrada por una masiva asamblea general de los trabajadores, que decidieron también aprobar la construcción de un nuevo pacto político de unidad con el gobierno de Evo Morales.

No cabe duda que tal reposicionamiento obrero tendrá un fuerte impacto en el futuro del PT pues este instrumento político ha perdido ya su columna vertebral; se sentirán los efectos también en la orientación de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y en la propia COB.

Veamos otro sector, el de los trabajadores en construcción. Este sector laboral es uno de los que más ha crecido en número debido al ciclo expansivo de las inversiones públicas y privadas en el rubro de nuevas construcciones de inmuebles. En las ciudades de Bolivia se pueden ver por todas partes edificios y complejos habitacionales en plena ejecución, lo que conlleva la contratación –como mano de obra eventual o a destajo- de gran número de trabajadores. Pero la organización sindical de este sector es débil y dispersa, en parte porque su dirigencia suele estar controlada por las grandes empresas constructoras, pero también por la escasa regulación que efectúa el Estado.

Esta docilidad de los sindicatos ha comenzado a cambiar en el último congreso nacional de la Confederación Sindical de Trabajadores en Construcción de Bolivia, que se efectuó en la ciudad de Santa Cruz. Allí los obreros constructores eligieron una nueva conducción sindical y definieron como tarea la sindicalización masiva y obligatoria de todos los albañiles, maestros y ayudantes, pasando de los acuerdos verbales con los patrones a contratos colectivos de trabajo en todas las obras en construcción. Será también una forma de superar la situación de “obreros informales” que es una de las peores herencias del neoliberalismo, en un país en el que menos del 20% de los trabajadores está sindicalizado.

En cuanto a los obreros fabriles, fue uno de los sectores más duramente diezmado por los despidos masivos, eufemísticamente llamados “relocalizaciones” por el decreto supremo 21060 de agosto de 1985. Después el sector fabril fue sometido por casi dos décadas a las políticas de flexibilización laboral del neoliberalismo, cuyo objetivo era disminuir las cargas laborales en favor de las ganancias del capital.

Hoy el sector fabril pasa por momentos de rápida reorganización sindical lo que ha permitido potenciar a la Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia. Pero aún resta consolidar la organización de nuevos sindicatos, especialmente en las ciudades de El Alto y Santa Cruz, las dos mayores concentraciones de fábricas industriales de Bolivia.

La importancia de que los sectores obreros se reincorporen al proceso de transformaciones acordando una agenda programática con el gobierno de Evo Morales, radica no solamente en que permitirá cohesionar una fuerte base laboral de apoyo, sino también en que fortalecerá a las tendencias antiimperialistas y revolucionarias del proceso. La agenda programática a la que nos referimos podría contemplar los siguientes aspectos: 1) Una nueva Ley General del Trabajo que, preservando los avances logrados en la ley actual, permita avanzar en nuevos derechos para los trabajadores, 2) Una campaña nacional de sindicalización masiva en todos los sectores que carecen de organización propia, 3) El fortalecimiento del sector social y comunitario de la economía, en alianza con el sector estatal nacionalizado.

Publicado en: AmericaLatina, Bolivia

Bolivia: Condiciones de posibilidad para el proceso de cambio y transformación

07/10/2013 by Deja un comentario

 

Por: Arturo D. Villanueva Imaña

 

Las condiciones de posibilidad para que el proceso de cambio y transformación pueda transitar desde el modelo neoliberal protocapitalista de mercado y el Estado republicano monocultural y excluyente, hacia la construcción del socialismo comunitario para Vivir Bien en armonía con la naturaleza y el nuevo Estado plurinacional; fueron abiertas por las luchas populares y las revueltas nacionales que se dieron con las denominadas guerras por el gas y el agua a inicios del nuevo siglo. Tal fue la envergadura y potencia social de dichos acontecimientos de rebelión e insurgencia que sentaron los cimientos y abrieron las compuertas para que dicho proyecto nacional fermentado en el seno de las masas populares; que éste se tradujo primero en la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente y, luego, en la aprobación y refrendación por medio del referéndum nacional ratificatorio de la nueva Constitución Política del Estado, en la que (a pesar de las modificaciones efectuadas en un Parlamento que todavía cobijaba los resabios conservadores y reaccionarios que se encontraban en retirada y derrotados), se perfilan las líneas maestras que deben orientar aquella condición de posibilidad abierta por el pueblo.

Habida cuenta de las medidas y decisiones gubernamentales que se vienen ejercitando (algunas de las cuáles analizaremos para indagar su trascendencia e implicaciones), el presente trabajo buscará explorar si aquellas condiciones de posibilidad que habían sido abiertas y sembradas por las luchas del pueblo, lograrán alcanzar buen puerto y cumplir el ideario y los objetivos planteados por mandato popular y la Constitución Política del Estado; dando por entendido que aquella creación de condiciones favorables para realizar efectivamente el proceso de cambio transformación democrático cultural, puede ser insuficiente si no es seguida de las medidas y el cumplimiento de las tareas nacionales compatibles y acordes a dicho proyecto nacional pergeñado en la Constitución.

En síntesis, de lo que se trata es de indagar si existe un patrón de continuidad y secuencia entre las medidas y decisiones gubernamentales que se van adoptando en los últimos años, con aquellas condiciones de posibilidad abiertas por las luchas populares, que permitan cristalizar aquel proyecto nacional emprendido por el proceso de cambio y transformación.

A confesion de parte, relevo de pruebas

Dícese en el ámbito de las prácticas jurídico legales, que frente al reconocimiento y confesión de las personas respecto de un hecho sucedido o de la imputación realizada, ya es irrelevante y deja de constituir un requisito indispensable la presentación de pruebas, en vista de haberse efectuado o anticipado dicha declaración de culpabilidad.

Al respecto y aunque no tuvo la misma repercusión causada cuando el Presidente Evo Morales confesó haber sido el “culpable” (sic) para que se eligiera al actual Defensor del Pueblo en el Congreso Plurinacional (con lo cual no solo reconoce injerencia en el Poder Legislativo que debería actuar con plena libertad e independencia, sino también el sometimiento del mismo a las “sugerencias” del Poder Ejecutivo), también es oportuno recordar aquellas otras declaraciones efectuadas en el marco de los festejos departamentales de Santa Cruz, cuando afirmó que “reconocía sinceramente” el gran interés gubernamental para ganar las elecciones en dicho departamento y realizar todos los esfuerzos necesarios para que ello suceda, habida cuenta que electoralmente llevará al Congreso Nacional a una mayor cantidad de parlamentarios respecto de todos los demás departamentos de Bolivia. Debe recordarse que dichas declaraciones fueron realizadas teniendo como telón de fondo varios días de estadía del Presidente en la región cruceña, donde se efectuaron y concretaron una serie de acuerdos, ofrecimientos y entrega de obras conjuntamente los sectores empresariales tan atacados y echados a menos, que resultaba sumamente sorprendente que en muy poco tiempo se haya producido un acercamiento y preferencia tan destacables que llamaron la atención pública nacional.

Más allá de la controversia acerca de quién (empresarios o gobierno) había terminado seduciendo, doblegando y sometiendo a su interlocutor, el hecho es que paralelamente a estas declaraciones, la estadía del Presidente en la capital del departamento de Santa Cruz en su mes aniversario, terminó cerrando un largo periplo de viajes, negociaciones, encuentros y acuerdos realizados a puerta cerrada (y sin necesidad de guardar siquiera las formas de un requerimiento de los interesados para una audiencia que debía realizarse en la sede de gobierno, porque fue el Vicepresidente Alvaro García Linera que tomó la feliz iniciativa de trasladarse y acudir ante los empresarios), en los que se consolida y amplía las enormes concesiones y perdonazos que ya se habían perfilado al aprobar la ley 337 (mal llamada de apoyo a la producción y restitución de bosques), sino que se ofrece la realización de enormes inversiones que beneficien las iniciativas empresariales en dicho departamento, y que culminaron con la explícita complacencia del empresariado, en vista de que inclusive llegaron a inmiscuirse en la definición de los términos y las fechas de realización del censo nacional agropecuario (hecho que, ni siquiera por un elemental sentido de equilibrio, fue tratado o consultado con las organizaciones y sectores campesinos e indígenas del país).

La declaración, antecedida por ese enorme despliegue efectuado y descrito muy escuetamente más arriba y que puede ser más ampliamente precisado en sus alcances con una revisión correlativa de la prensa; tiene adicionalmente una trascendencia no abordada por las noticias que dieron cuenta del inédito e inusual desprendimiento y atención que el gobierno brindó para favorecer los intereses empresariales (nacionales y transnacionales), entre los que no se puede dejar de mencionar las negociaciones con los sectores financieros y bancarios para aprobar la nueva ley financial, o la otorgación (por iniciativa propia y sin requerimiento), de incentivos, facilidades y nuevas concesiones (como el ofrecimiento de la apertura de las áreas protegidas a la exploración y explotación hidrocarburífera, el reajuste e incremento de precios pagados por Bolivia a las transnacionales para incentivar la explotación de petróleo, e inclusive el ofrecimiento de mora y retraso en el pago del IDH a los municipios, gobernaciones y otras instancias que reciben esta regalía, nada menos que con el argumento de promover la exploración hidrocarburífera que por asuntos de soberanía nacional y creación de capacidad tecnológica nacional debería hacerlo YPFB, pero que bajo las condiciones prevalecientes terminarían sometiendo nuestra capacidad, para beneficiar nuevamente a las mismas empresas y los intereses transnacionales, nada menos que afectando las iniciativas de producción y desarrollo que legítimamente deben emprender los departamentos y municipios con el dinero del IDH).

Se trata pues inocultablemente de una lógica inmediatista (que no parece estar acorde a las tareas nacionales de transformación y cambio), que tiene una repercusión económica y otra política. En lo económico y con el afán de aprovechar los réditos de la economía y los precios internacionales de materias primas y commodities, junto a la explotación hicrocarburífera y la construcción de grandes obras de infraestructura (que explícitamente buscan flexibilizar normas para no dar cumplimiento al derecho de consulta y participación de los pueblos indígena originarios), se ha decidido también desarrollar y emprender iniciativas de inversión, ampliación de la frontera agrícola para el monocultivo transgénico, extensivo y agroindustrial que relega la diversificación agrícola y la producción campesina y ecológica, sin reparar que ese intento de establecer un nuevo ciclo acumulación de riqueza nacional, se produce sin cambiar las relaciones de producción imperantes. Es decir, reproduciendo las relaciones capitalistas de explotación de la fuerza de trabajo y la naturaleza, con lo cual no solo se provoca la reproducción y fortalecimiento del sistema capitalista y extractivo que tenía la obligación de transformar, sino que se conforma con la sustitución de las antiguas elites dominantes, ante la emergencia de una nueva burguesía que antes se encontraba sometida o segregada por razones étnicas o culturales. Sin embargo, no hay que olvidar que esta nueva élite, acompañada de una floreciente nueva clase media, tiene los mismos intereses económicos y eventualmente políticos, que la antigua casta señorial (que ahora vuelve a tomar protagonismo por acción que los redime de oficio por la iniciativa del gobierno que ha decidido emprender las acciones anteriormente descritas en el departamento de Santa Cruz); lo que lamentablemente se traduce en la percepción ciudadana como una situación de bonanza y progreso económico, cuando en realidad no es sino la postergación (sino abandono) de las tareas de transformación económica. La ilusión de bienestar y progreso, encubre y oculta la ausencia del cambio y la transformación económica y productiva que permitiría garantizar la soberanía nacional y la descolonización.

Por otra parte, el ofrecimiento de grandes inversiones y la construcción de megaobras de impacto regional y departamental como mecanismo de seducción y convencimiento electoral, responde a una lógica desarrollista y un modelo que exacerba las prácticas consumistas de mercado, además de transferir recursos económicos nacionales a las grandes empresas transnacionales que serán contratadas para realizar dichas obras, cuyos emprendimientos se encuentran inocultablemente en la acera opuesta del proceso de cambio y transformación que constituía el horizonte de realización nacional.

Pero además, dados los términos de los ofrecimientos realizados y los objetivos electorales declarados, los mismos adquieren una connotación prebendal y clientelar muy alejada de los principios, valores y fines marcados por la Constitución. Así, la electoralización del proceso, se constituye en una apuesta por el corto plazo, que va en consonancia con las antiguas prácticas politiqueras repudiadas, interesadas el reproducir el gobierno, olvidando las tareas y deudas históricas y sociales pendientes. La disputa por ganar las elecciones y conseguir mayores escaños, no muestra sino un afán inmediatista de reproducción del poder y el gobierno, incorporando intereses conservadores y reaccionarios que tradicionalmente estuvieron en contra del proceso, pero que mediáticamente se muestran como indicadores de apertura democrática y tolerancia para garantizar el avance y progreso económico, cuando en realidad constituyen la consolidación de un modelo desarrollista y burgués.

Promover el incremento de la producción, las inversiones y la acumulación de riqueza, sin cambiar las relaciones de producción y construir relaciones comunitarias y sociales, viene a convertirse en una especie de señuelo para convencernos de que primero hay que mejorar la economía y el bienestar, siendo que en realidad lo que se hace es sembrar relaciones de explotación capitalista y el surgimiento de nuevas castas dominantes que buscarán perpetuar aquel modelo económico repudiado.

En lo político y muy a pesar del revés no asimilado en las elecciones departamentales del Beni en las que ya se ejercitó la estrategia de establecer alianzas y acuerdos con sectores conservadores y de grandes ganaderos; sucede que el gobierno opta por intentar ganar un apoyo electoral esquivo y tradicionalmente opositor, con tal de reproducir el gobierno, sabiendo que ello denota un afán inmediatista y de resultados efímeros, que inclusive podrían acabar (antes de la conclusión del periodo gubernamental) con un revocatorio.

Quien antepone y prioriza la campaña electoral para ganar las elecciones y reproducir el gobierno, no solo está reproduciendo prácticas de los partidos políticos tradicionales que no repararon en ningún límite ni argumento para justificar alianzas espúreas y contubernios, sino que lo hace a costa de establecer y efectuar nuevas concesiones y ventajas a los antiguos sectores dominantes y separatistas, a costa de desvirtuar, relegar o abandonar los objetivos del proceso e inclusive a los sectores populares, con lo cual se termina empeñando y embargando las tareas de transformación y cambio. Bajo esa lógica, es inevitable una reconfiguración en la correlación de fuerzas, porque los nuevos sectores dominantes emergentes y aliados por la conveniencia de ganar las elecciones, a no dudar, pugnarán y contaminarán con nuevos contenidos y los antiguos intereses de clase al proceso. Es el germen y la semilla de coyunturas históricas similares que terminaron traicionando, revirtiendo y hasta restaurando intereses y proyectos antinacionales que cerraron ciclos y condiciones de posibilidad histórica para la transformación y el cambio.

El discurso antiimperialista como señuelo

En un plano paralelo a los hechos, declaraciones y medidas analizadas anteriormente; entre fines del mes de agosto, e inicio del mes de septiembre, se realizó la Cumbre mundial antiimperialista y anticapitalista en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, cuya iniciativa se originó en aquella impensada y colonial decisión de algunos países europeos presionados y obsecuentes lacayos del gobierno de los Estados Unidos, que impidieron el paso del avión y retuvieron ilegalmente al Presidente del Estado plurinacional de Bolivia a inicios del mes de julio, cuando retornaba de Rusia.

La innegable importancia y trascendencia de dicho evento internacional que convocó innumerables líderes, representantes y dirigentes de movimientos sociales del mundo, no solo estuvo relacionada a la rearticulación de un bloque global de lucha contra el imperialismo, sino con la construcción de un discurso que fuera amplificado y reproducido a nivel mundial, por ese conjunto de movimientos sociales y organizaciones anticapitalistas que tuvieron la ocasión de encontrar un nuevo espacio de expresión y lucha.

La repercusión de este acontecimiento inédito a nivel nacional, tuvo una fuerte resonancia mundial, e inclusive sirvió de base y respaldo a diverso tipo de acciones diplomáticas y políticas que pusieron a la orden del día la agenda internacional de la descolonización y el rechazo generalizado a la intromisión, el abuso y la prepotencia del imperio, que con esta y otras acciones que fueron denunciadas casi simultáneamente (como por ejemplo el control y espionaje de las comunicaciones de sus propios aliados y de todos los países del mundo que Snowden denunció y puso en evidencia, o las declaradas intenciones para invadir Siria como ya lo había hecho antes con otros países); lo que terminó desnudando la inadmisible injerencia de los Estados Unidos, nada menos que a título de la defensa de la democracia, la libertad y la paz del mundo.

En lo que atañe a Bolivia, dicha cumbre mundial sirvió para actualizar la agenda y el discurso del antiimperialismo y la descolonización, que siguiendo el libreto de la denuncia y la interpelación, volvió a reproducir encendidos y agresivos argumentos orientados a desenmascarar y desnudar el rostro y las facetas más perversas del dominio imperialista, logrando ciertamente incomodar y poner en tensión las relaciones internacionales y al propio gobierno de los Estados Unidos. En lo interno, logró despertar nuevamente los impulsos antiimperialistas y el sentimiento de dignidad y soberanía que los bolivianos llevamos dentro, al mismo tiempo de promover la movilización y pronunciamiento de las organizaciones sociales y los sectores populares, en una especie de efecto catártico. Es decir, se logró agendar y sacudir una de las aspiraciones intrínsecas más importantes del pueblo, con lo cual se lograba remozar las tareas pendientes del proceso de cambio y transformación. Sin embargo, al haberse limitado a la formulación de denuncias, declaraciones y pronunciamientos (por más estridentes y agresivos que fueran), sin que se acompañen con acciones concretas que cambien y transformen las relaciones de producción y trabajo imperantes (que son indispensables para liberarse de la explotación, el dominio y el sometimiento que imponen las relaciones capitalistas y financieras imperantes), solo se limitaron a incomodar y provocar una molestia pasajera, sin haber afectado en lo más mínimo las relaciones de poder que imponen los intereses transnacionales y el imperialismo. Es decir, dejando pendientes las tareas de liberación nacional y descolonización, que tienen que ver más con el establecimiento y construcción de relaciones comunitarias y sociales en los diversos sectores de la producción y la economía nacional, antes que con la emisión de discursos y denuncias, por más urticantes que fueran.

No hay otra forma para liberarse del imperialismo y el sometimiento neocolonial, que cambiar las relaciones de producción capitalistas imperantes y echar a andar las tareas de liberación nacional y la descolonización externa. Toda otra iniciativa que no contemple estas acciones, solo servirá para perpetuar el sistema imperialista y estancar o retroceder, paralelamente, el proceso de cambio y transformación.

Una consideración final

En varias coyunturas de la historia nacional reciente, los bolivianos hemos empeñado nuestra lucha y esperanzas, unas veces para conquistar la democracia, la liberación nacional o por los procesos revolucionarios que performaban cambios y transformación, pero que fueron traicionados y/o revertidos, restaurando los intereses y el dominio capitalista y transnacional de siempre…

Ahora, parecería que nuevamente nos vemos ante ese mismo espejo regresivo, alimentado por las acciones gubernamentales que en un principio fueron percibidas como aisladas e inconexas, pero que cada vez más aparecen como sistemáticas y continuas; lo cual podría reproducir aquellos procesos truncos o traicionados como el del 52 y el de los años 80 con la Asamblea Popular.

De continuar esta lógica, se corre el riesgo de sepultar el proceso por otras nuevas décadas de acumulación social, hasta que se presente una nueva coyuntura de rebelión e insurgencia, mientras el mundo avanza y nos vuelve a dejar en aquellas puertas de la prehistoria de la que no podemos salir, no para desarrollar y progresar al estilo, las formas y los intereses capitalistas predominantes, sino para marcar y construir aquella nueva ruta del Vivir Bien y el socialismo comunitario, que siendo nuestro destino manifiesto y paradigma alternativo al sistema capitalista decadente, puede convertirse solo en un proyecto nacional inconcluso, o peor, traicionado y abandonado, por la conveniencia de atender y priorizar tareas y objetivos inmediatos y coyunturales, antes que emprender las tareas nacionales perfiladas en la Constitución.

Como al inicio, cuando se abrieron las condiciones de posibilidad, todavía estamos a tiempo; pero cuanto más tiempo pase y cuanto más concesiones y acuerdos se hagan con sectores tradicional e históricamente conservadores y reaccionarios, más lejos estaremos de cumplir lo que manda la Constitución y menos condiciones favorables existirán para cumplir el mandato popular.

Arturo D. Villanueva Imaña. Sociólogo, Cochabamba (Bolivia)

Publicado en: Bolivia

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 42
  • Ir a la página 43
  • Ir a la página 44
  • Ir a la página 45
  • Ir a la página 46
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 57
  • Ir a la página siguiente »

Barra lateral principal

Suscribete en nuestra lista

PODCASTS DE DON JUAN

Don Juan
Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
06/03/2024
juan
LAS OCHO, un poema de Lorca
26/12/2023
juan
RAIZ DE HOMBRE de Octavio Paz
03/11/2023
juan
NIDO de García Lorca
15/10/2023
juan
TIERRA SIN RETORNO
02/10/2023
juan
MADRUGADA de Octavio Paz
25/09/2023
juan
SILENCIO de octavio paz
14/09/2023
juan
EL HUERTO DE LA PETENERA de Lorca
28/08/2023
juan
DESPEDIDA de Lorca
18/08/2023
juan
LAS ESTRELLAS de Adonis
04/08/2023
juan
Search Results placeholder

Manu Chao – Clandestino (Full Album)

https://youtu.be/DOs5lmxDo74?si=yuHyqvCMGtTjtSKC

Los artículos se publican con el permiso de los autores a través de una licencia de Creative Commons

Ontiveros

Jeffrey Archer muere a los 86 años entre sesiones de escritura

FEROZ AT∆QUE SAUDÍ VS YEMEN. PAKISTÁN Y TURQUÍA ENTRAN DE LLENO. I$RAEL VA X 1RÁN

Ja! Festival 2026: Ciencia ficción, arte, humor y grandes autores en Bilbao

Spam bloqueado

283.635 mensajes de spam bloqueados por Akismet

webmaster ©ontiveros

Utilizamos cookies para asegurar una mejor experiencia en nuestra página. Al utilizar nuestras páginas, aceptas el uso que hacemos de las cookies.