• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal

TINKU

La información independiente sobre América latina

  • Facebook
  • Facebook
  • Twitter
  • AmericaLatina
    • Invitados
    • Colombia
      • Gustavo Petro
    • Peru
    • Uruguay
    • Bolivia
    • Chile
    • Argentina
    • Venezuela
    • Ecuador
    • América Central
    • Mentes del Sur
  • Global
  • Cultural
  • Nosotros
    • CONTACTENOS
    • DONAR
  • ARCHIVO
  • COMENTARIOS
  • Mentes del Sur
    • Enrique Dussel
    • Rafael Bautista
    • Walter Mignolo
    • Boaventura de Sousa S.
    • Silvia Rivera Cusicanqui
    • Anibal Quijano
    • Álvaro García Linera
    • Eduardo Galeano

Bolivia

Bolivia: Después de las elecciones ¿qué? El proyecto nacional-popular en juego

03/05/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Eduardo Paz Rada

Como muy pocas veces en la historia de Bolivia, la coincidencia entre la autodeterminación de la masa, es decir la decisión de los sectores mayoritarios del pueblo de asumir directa y activamente el control y destino de la nación, y los resultados de la democracia electoral, orientada a determinar la distribución de la representación en las instancias de los poderes del Estado, se ha presentado en el proceso que el país vive en la última década, a partir de las grandes movilizaciones populares antineoliberales de principios de siglo y los comicios realizados en los años 2005 y 2009.

Ahí se abrió un proceso democrático que impulsó los primeros avances de un proyecto nacional-popular, con medidas de defensa de la soberanía y la dignidad del país frente al imperialismo, de incorporación de los sectores excluidos en la vida pública, de nacionalización de recursos naturales y empresas antes estatales, de derrota sobre los intentos de dividir el país, de defender la unidad nacional por encima de las posiciones fragmentarias planteadas por sectores radicales del indigenismo y las ONGs y de confluencia con otros procesos similares en América Latina y el Caribe.

LOS PRIMEROS PASOS

El gobierno ha conseguido excelentes resultados en lo que corresponde a la administración de la economía con la exportación de gas, minerales y soya, así como con la inversión de recursos en tareas de integración territorial, bonos a sectores denominados vulnerables, dinamizando el mercado interno y redistribuyendo la riqueza, aunque con reducidos resultados en la implementación de un proceso amplio de industrialización de los recursos naturales, de impulso a la agricultura destinada a la autonomía alimentaria y de una efectiva sustitución de importaciones.

La condición para conseguir estos resultados radicó en la derrota del bloque privatista-neoliberal que se encumbró en el poder durante veinte años y que controló los instrumentos del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial con los partidos tradicionales y en la organización y movilización popular que emprendió la tarea de recuperar la dignidad, la soberanía nacional y las riquezas nacionales que estaban siendo dilapidadas con la privatización y la llamada capitalización.

Las reformas nacionalistas y antiimperialistas implementadas en los últimos años en la economía y el Estado se enmarcan parcialmente en la nueva Constitución Política del Estado y, de manera contradictoria, aún existe una fuerte presencia de empresas transnacionales en la explotación de recursos mineros y petroleros y en la actividad agrícola destinada a la exportación sobre la base de la propiedad latifundista de la tierra en el oriente del país.

NUEVO TRIUN FO ELECTORAL

Al parecer y de acuerdo a todos los sondeos de opinión y análisis, el binomio Evo Morales-Alvaro Garcia, que ha conducido Bolivia en los últimos nueve años, repetirá su triunfo en las urnas en iguales o mejores condiciones que antes, sin embargo queda la interrogante de si la mayoría electoral se convierte en un nuevo impulso al proceso nacional-popular, proceso de liberación nacional que implica la desconexión efectiva del sistema imperialista, la autodeterminación nacional y la búsqueda de una mayor unidad con los procesos mas avanzados de América Latina.

Las elecciones en varios países de la región, incluida Bolivia, al ser únicamente una consulta aislada y puntual a los ciudadanos, cada cuatro o cinco años, se ha convertido en un mecanismo superficial de la política y ha generado vaivenes e inestabilidades que han sido instrumentalizados por las fuerzas políticas de las oligarquías locales y del imperialismo, este último interesado en desestabilizar los avances producidos en los últimos quince años. En el caso boliviano al parecer la tendencia se orienta en este sentido en la medida en que las campañas electorales se han convertido en la promoción comercial de candidatos dejando de lado la construcción de un proyecto político nacional-popular que ponga en el debate las perspectivas estratégicas del país, más aún si se toma en cuenta la agresiva política de Washington para revertir los avances revolucionarios en la región.

Una campaña electoral emancipadora deberá estar concentrada en el debate de los alcances y perspectivas del proceso de transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales tomando en cuenta las fuerzas sociales y políticas con las que se pretende avanzar en la construcción de un horizonte de liberación nacional, consolidando un Estado Nacional fortalecido y un Mercado Interno que responda a las necesidades básicas y se oriente al generar el bienestar de la población, vinculado a un socialismo latinoamericano, teniendo como base de referencia la Agenda Patriótica 2025.

NECESIDAD DE UN MOVIMIENTO PATRIOTICO

El nuevo bloque de poder basado en la confederación de organizaciones sociales del campo y la ciudad (campesinos, colonizadores, cocaleros, mujeres campesinas, indígenas, juntas vecinales, pequeños comerciantes, cuentapropistas, informales, cooperativistas mineros y otros) se ha ido debilitando especialmente por la ausencia de un eje aglutinador de las luchas, la tendencia a impulsar demandas sectoriales, la disputa instrumental por puestos burocráticos, la falta de una organización política sólida y la despolitización de las bases, aunque, por otra parte, el gobierno ha conseguido un importante acuerdo con los dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB) y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), organizaciones con un importante peso político.

Las Fuerzas Armadas, a su vez, han asimilado el discurso y la posición impulsada por el Presidente Evo Morales Ayma en lo que corresponde a ser parte constitutiva de un proceso que defienda las bases de la nación boliviana, que integre plenamente el territorio nacional y que identifique la intervención imperialista y de sus aliados como el enemigo principal, siguiendo el ejemplo de los militares nacionalistas como German Busch, Gualberto Villarroel, Alfredo Ovando y Juan José Torrez.

Estos acontecimientos abren la perspectiva a formar un gran movimiento patriótico de liberación nacional, sin embargo, contradictoriamente, el gobierno ha desarrollado acciones de acercamiento a sectores del poder tradicional de las oligarquías, las que están ampliando la propiedad latifundista de la tierra en el oriente, y de corporaciones empresariales vinculados a la banca y las finanzas y al gran comercio de importación y exportación que, junto al sector bancario, han tenido en los últimos ocho años ganancias y utilidades como nunca antes en la historia.

PROTECCIONISMO ECONOMICO Y SOBERANIA NACIONAL

La Agenda Patriótica 2025 se presenta como la plataforma inicial para avanzar en un proceso de transición sostenido y de largo aliento: El impulso a la soberanía productiva con la diversificación, el proteccionismo económico, el desarrollo integral y la prescindencia de la dictadura del mercado capitalista; junto a la soberanía en el control y aprovechamiento de los recursos naturales y su industrialización y a la soberanía financiera sin servilismo al capital financiero, así como la integración complementaria con los pueblos y procesos antiimperialistas, se presentan como los eslabones fundamentales para construir un proyecto liberador.

El complemento imprescindible a los trece puntos de la Agenda Patriótica está en la necesidad de radicalizar las medidas nacionalistas y mantener una soberanía política plena, con el fortalecimiento de un gobierno antiimperialista que desarrolle una estrategia que combine el cumplimiento de las tareas de la emancipación nacional con las tareas del socialismo latinoamericanista, impulsando la organización, movilización y participación popular en las instancias locales, regionales y nacionales.

La lucha ideológica, la disputa sobre la opinión pública y el rol de los medios de comunicación se convierten, en este contexto, en importantes eslabones para conseguir la adhesión militante de la ciudadanía entre las opciones que se presentan al escenario electoral. Hasta ahora este enfrentamiento se ha convertido en un nudo clave si se toma en cuenta la poderosa influencia que alcanzan los grandes medios empresariales privados y transnacionales de comunicación que, sin ninguna regulación nacional y estatal, logran posesionar agendas proclives a la estrategia de la dominación imperialista y de la política internacional de Estados Unidos.

MAS ALLA DE LAS ELECCIONES

Esos medios han conseguido aprovechar adecuadamente los errores, ilegalidades, hechos de corrupción, negociados y otros que se han presentado en algunos niveles de la administración pública, especialmente porque desde los niveles de gobierno no se han adoptado políticas plenas de transparencia y porque los casos denunciados no han sido asumidos como negativos al proceso y que deben ser castigados ejemplarmente para desarrollar una fuerza moral y ética inquebrantable.

Habiendo procedido de una fuente de rebeliones populares y nacionales, seguido un proceso contradictorio especialmente frente a sectores de la oligarquía y de las transnacionales, ahora el proceso de cambio tiene ante si tareas demasiado importantes, especialmente ante la nueva coyuntura a nivel regional, la misma que está marcada por la muerte de Hugo Chavez y los vaivenes políticos en cada país de la región y por la crisis capitalista que provoca una escalada de agresiones en distintos lugares del planeta y de las que no está exenta América Latina.

Por eso que la coyuntura electoral debe ir mas allá, en la perspectiva del proceso abierto por el pueblo boliviano, lo cual significa que las reformas deberán consolidarse y profundizarse, que el Movimiento Patriótico Antiimperialista de las organizaciones sociales consiga formular un horizonte común más allá de las reivindicaciones particulares, que las mismas junto al gobierno presenten una propuesta Programática de ejecución inmediata y con un horizonte de largo alcance y que el debate y la Formación política de los cuadros organizados se califique sustancialmente.

INTERROGANTES Y DISYUNTIVAS

Las preguntas pertinentes en el contexto analizado se presentan en términos de cuáles son y serán los protagonistas de la continuidad del proceso nacional-popular cuando se presentan disyuntivas que van desde la posibilidad de implementar una versión de una alianza étnico-clasista, de composición indígena, mestiza, campesina, obrera y popular frente a una conciliación con los sectores de las oligarquías regionales, particularmente la de Santa Cruz, los nuevos ricos de la minería privada y cooperativa y las transnacionales mineras y petroleras.

O desde la posibilidad de profundizar un capitalismo de Estado que fortalezca el mercado interno, la industrialización endógena, la integración territorial y el Estado Nacional, como transición a formas más avanzadas de organización social y comunitaria que se orienten hacia un socialismo latinoamericano frente a una apertura a las relaciones con la banca internacional, el neoliberalismo globalizante, el libremercado que deja sin defensa a la producción nacional y los organismos internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

En una perspectiva inmediata corresponde determinar si el proceso económico del que se tienen importantísimos ingresos va a orientarse hacia la mayor especialización en exportación de materias primas, el despilfarro, las importaciones descontroladas, los grandes gastos no productivos y suntuarios o hacia procesos de industrialización avanzada, creación de empleos productivos y de fortalecimiento de una agricultura campesina de autoabastecimiento de alimentos, de la implementación en todo el territorio nacional de una red que dote de gas para múltiples fines y de sostenimiento de la soberanía y dignidad de la patria.

*Eduardo Paz Rada es sociólogo boliviano, escribe en publicaciones nacionales y latinoamericanas.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Crisis militar y colonialidad

28/04/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Prada Alcoreza

 

En la Asamblea Constituyente no se tocó el régimen de las Fuerzas Armadas y de la Policía, se mantuvo tal cual la anterior Constitución, por orden del Presidente. La demanda de los suboficiales es legítima interpretando la integralidad de la Constitución. No puede avanzarse en la construcción del Estado Plurinacional comunitario y autonómico sino se efectúan transformaciones estructurales e institucionales, fundamentalmente en aquellas instituciones que son los lugares de emergencia, es decir, de defensa, del viejo Estado, que no desaparece, mas bien, se lo restaura. Las Fuerzas Armadas y la Policía siguen siendo las mismas instituciones, fiel derivación de las centralidades y burocracias del Estado-Nación. Ni siquiera se dieron transformaciones que tienen que ver con la defensa del “proceso de cambio”; el mismo cuoteo político, la misma obediencia y subordinación disciplinaria de los ejércitos del siglo XIX y XX. En el continente, particularmente en Bolivia, las mismas discriminaciones institucionalizadas. Lo grave es que nadie se sorprenda de estas conductas continuistas y perseverantes en los códigos coloniales de estas instituciones; desde el presidente hasta los oficiales de alto rango, pasando por el vicepresidente. Todos toman como algo natural la estructura colonial, discriminadora, burocrática, e ineficaz militarmente. Todos ocultan estas graves falencias con seminarios, talleres y foros sobre la descolonización. ¿Cómo se puede entender estas contradicciones evidentes?

Los oficiales de alto rango, los gobernantes, los funcionarios y políticos oficialistas, creen que es suficiente con estas ceremonias, estas reuniones, estos seminarios, sobre descolonización. Es como un culto; repetir de memoria frases y consignas que se pretenden  descolonizadoras; incluso las mesas que pueden haber puesto en consideración requeridas transformaciones, por más mínimas que sean, son escamoteadas a la hora de las conclusiones o de las memorias. El discurso descolonizador en el gobierno es un canto a la bandera; en la práctica, perduran habitus discriminadores, raciales, patriarcales, acompañados por violencias conocidas, desatadas por los mandos sobre los soldados, suboficiales y hasta oficiales. Ahora también sobre la mujeres, las que no dejan de sufrir vejámenes de parte de sus camaradas.

Los medios de comunicación al comentar las marchas de los oficiales ponen adjetivos como insólito, increíble, desacostumbrado, para intentar describir y comprender lo que pasa. Para estos medios también es normal que en las instituciones de defensa y del orden se mantenga la disciplina heredada, acompañada por jerarquías y estratificaciones. Si bien no apoyan la demanda de los suboficiales, los medios hablan de violencias orgánicas. De todas maneras, sorprende que no se ponga en mesa la gran diferencia, la gran distancia, de estas arquitecturas armadas y de estos dispositivos de defensa y del orden, con las transformaciones estructurales e institucionales que establece la Constitución. Cuando los suboficiales dicen que no puede haber oficiales de primera y oficiales de segunda, ponen en el tapete no sólo el problema de las jerarquías heredadas, no sólo, algo que es importante, la estructura racial y las relaciones raciales inherentes a estas instituciones, sino también la misma organización de un ejército, una armada, una policía, que mantienen formas burocráticas, que en el mundo contemporáneo no son, de ninguna manera efectivas, ni en la movilización y desempeño militar, ni  en el cuidado de las ciudades.

Este gobierno se ha pasado de lado sobre cuestiones estratégicas, de defensa, incluso de orden, orden dinámico, por cierto. Se trata de un gobierno apegado a la demagogia, creyendo que con esta locución se solucionan los problemas. La verdad es que estamos ante un gobierno que no cuenta con una estrategia de defensa del “proceso de cambio”, por lo tanto del país donde debería darse este “proceso”. Estamos ante instituciones armadas y del orden donde los oficiales se contentan con recibir su sueldo cada mes y contar con los beneficios que le otorga la institución. Son otros funcionarios más. La preparación militar queda en generalidades geográficas, en una distribución espacial de cuarteles, que deja vacíos, en las fronteras; más preocupados por controlar las ciudades, los centros del conflicto, incluso a los contrincantes policías. El servicio militar, fuera de seis meses de cierta preparación en armas, terminan el resto del tiempo en “chocolateadas”. La formación de oficiales deja mucho que desear, en cuanto a la actualización de contenidos, tecnologías, información. Están muy lejos de haber estudiado seriamente las guerras, la experiencia en las guerras de los ejércitos, incluso las guerras que están cercanas, las que nos ha tocado sufrir. Si esta es la formación de los oficiales, qué se puede esperar de la formación de suboficiales.  En el Colegio Militar se han introducido materias universitarias, como si esto mejorara la formación. La formación de un militar, mucho más si se trata de un militar de un Estado en transición, embarcado supuestamente en un “proceso de cambio”, no puede ser un colaje de materias. Es indispensable tener en cuenta los perfiles apropiados de un ejército que debería contar con la capacidad de la movilización general de un pueblo armado, para la defensa de un “proceso”. Estos temas pasan desapercibidos. No se van a resolver con cambios de símbolos, con nuevos saludos, con nuevos estribillos, con discursos superficiales sobre la descolonización. El servicio militar de la cual se sienten tan orgullosos los militantes de base del MAS no es más que un dispositivo colonial, un dispositivo de articulación estatal, de estatalización, es decir, de institución imaginaria de la nación, aunque el mismo servicio pueda servir para el juego de prestigio en las comunidades.

La descolonización es el desmontaje de los aparatos del Estado-nación, de su arquitectura institucional, de sus códigos coloniales, así como de sus códigos pretendidamente modernos. La descolonización implica la des-constitución de sujetos subalternos y la constitución de sujetos emancipados. La descolonización es liberar potencialidades, capacidades, creatividades, memorias sociales.  Estas tareas no son atendibles demagógicamente, requieren subversiones de las praxis, desmontaje de habitus, de jerarquías instituidas; requieren destrabarse de las mallas institucionales que capturan y atrapan cuerpos. Los recorridos de la descolonización comienzan por  tomar en serio la condición intercultural, retoman prácticas participativas, profundizan el ejercicio de la democracia en su sentido pluralista. En lo que compete a las transformaciones pluralistas, comunitarias, interculturales, que atañen a las necesarias mutaciones de las instituciones de defensa y del orden en cuestión, es indispensable su territorialización, las gestiones territoriales de defensa y de cuidado de la población.

La asonada de los suboficiales es una buena oportunidad para leer los signos de la crisis, no solamente del “proceso de cambio”, sino también del Estado. Es un buen momento para aprender, analizar sin tapujos, evaluar críticamente el “proceso” que naufraga. Así como es una gran oportunidad para efectuar cambios. Sin embargo, es de más probable que el gobierno actué como siempre,  como lo ha hecho en distintas crisis, la de los cooperativistas y mineros, la relativa a las de la demanda de autonomías regionales, como las dadas en Potosí, como las del “gasolinazo” y el conflicto del TIPNIS. Es de esperar que el gobierno recurra a la justificación de lo que hay, volviendo a cubrirse con su ilusoria propaganda, cerrando los ojos y los oídos a lo que ocurre, optando por la represión. El gobierno habría perdido la oportunidad de reconducir, de retomar cursos abandonados, desde la primera gestión, encaminándose a un hundimiento, lento o más rápido, dependiendo de las circunstancias.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Operador remoto

21/04/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Katu Arkonada
*Katu Arkonada, orgullosamente vasco de nacimiento y boliviano de adopción, militante del proceso de cambio

 

Después de haber perdido una tarde leyendo el libro de Raúl Peñaranda “Control remoto. De cómo el gobierno de Evo Morales creo una red de medios paraestatales y un plan para acosar a la prensa independiente” se me ocurre que la mejor síntesis que podemos hacer a los lectores es renombrarlo como “Operador remoto. De cómo la prensa opositora y los Estados Unidos crearon un plan para mediante acusación sin pruebas acosar al proceso de cambio boliviano”.

El libro de Peñaranda, dividido en 162 páginas a las que se suman 33 más de anexos, se dedica básicamente a atacar al proceso de cambio tratando de sostener la insostenible tesis de que el gobierno se ha hecho con el control de la mayor parte de medios de comunicación bolivianos, que son manejados cual títeres por el maquiavélico Vicepresidente. Tesis exclusivamente basada en las declaraciones de supuestas fuentes, entre las que el periodista Raúl Peñaranda se da el lujo de mentir asegurando en la página 19 que las mismas son tres (¡nada menos que tres!) funcionarios públicos de la Vicepresidencia y dos funcionarios públicos del Ministerio de Comunicación, entre otros. Peñaranda no aporta ni una sola prueba en forma de documento o similar que sostenga sus tesis, pero parece que bajo la excusa de las fuentes gubernamentales se puede sostener cualquier mentira escudándose en el periodismo de investigación y la libertad de expresión.

El libro suscitó una serie de debates antes y después de su publicación, a raíz de unas investigaciones publicadas por el semanario de izquierda La Época, cuyo director Hugo Moldiz también es descalificado en la página 100 del libro de Peñaranda acusándolo (sí, acusándolo porque esa es la intención del autor) de “dirigente oficialista” cuando ni es dirigente del MAS, ni tiene un cargo en el ejecutivo. Lo que sí ha hecho Hugo es no esconder nunca, por ética, y sobre todo dignidad, ni su ideología de izquierda, marxista guevarista para más señas, ni su compromiso con el proceso de cambio.

En realidad lo que se esconde detrás de todo esta polémica en última instancia, es la cobardía de algunos para asumir sus posiciones de derecha, o bien sus posiciones contra el proceso de cambio, o incluso su defensa de las posiciones de la derecha chilena en una clara traición a la patria boliviana.

No tenemos mucho espacio pero a continuación vamos a tratar de analizar brevemente tanto el libro de Peñaranda (tampoco merece la pena dedicarle una nota más larga), como las reacciones suscitadas.

De éticas periodísticas y otras utopías

No hace falta analizar el libro mucho más cuando como hemos explicado no hay ni un solo documento que pruebe nada, sino solo chismeríos basados en supuestas fuentes de supuestos funcionarios del gobierno que supuestamente deciden traicionar a su gobierno o incluso si se quiere ver desde otro ángulo, a quien les paga el sueldo cada mes, con el objetivo de que un periodista opositor pueda contarnos la Verdad.

En cualquier caso, Control Remoto, que dedica toda su segunda parte, exactamente 57 de 162 páginas, más de un tercio del libro, a defender y justificar el diario opositor Página Siete, arma en su primera parte una trama fantasma en torno a varios medios de comunicación, tanto canales de televisión como prensa escrita. Por cuestiones de espacio y no aburrir al lector, nos centraremos solamente en el medio al que más ataca Peñaranda, el diario La Razón. El argumento es que un empresario venezolano con residencia en Miami, Carlos Gill, que en su momento fue cercano al ex presidente Rafael Caldera y después, con “una mezcla de pragmatismo y realismo político” decidió labrar buenas relaciones con Chávez, compro La Razón al grupo PRISA. Es decir, el propio Peñaranda admite que Carlos Gill es un empresario pragmático que básicamente tiene buenas relaciones con los diferentes gobiernos de su país para poder hacer negocios, pero no solo eso, sino que en la página 33 cuenta como primero Carlos Gill le propuso al propio Peñaranda dirigir el periódico después de comprarlo, asegurándole Gill “que no estaban ligados de ninguna manera a los gobiernos de Venezuela o Bolivia” y que buscaba que La Razón fuese un medio “independiente pero no opositor”. Más adelante ya comienza un confuso relato en el que en una supuesta llamada telefónica Carlos Gill le dijo que querían alinear a La Razón con las políticas del gobierno, lo cual en cualquier caso tampoco sería nada sorprendente de un empresario pragmático que quiere hacer negocios en Bolivia y del que entiendo que habrá comprado el periódico para tener una empresa rentable, ¿o ya no se acuerda Peñaranda de los furibundos empresarios opositores cruceños invitando al Presidente Evo a inaugurar la pasada Fexpocruz o bailando con el Vicepresidente Álvaro García Linera en el carnaval de Santa Cruz? Este proceso de cambio ha traído estabilidad y bonanza económica tras el desastre neoliberal, y la mayor parte de los empresarios capitalistas lo que quieren es ampliar su plusvalía, esté quien esté en el gobierno. Finalmente Peñaranda nos abre los ojos anunciándonos que el propio Iván Canelas, que fue Ministro de Comunicación, le pidió personalmente, enterado de la propuesta, que aceptara la misma. ¿No sería una contradicción en si misma que si el gobierno boliviano hubiese comprado La Razón, le ofreciese la dirección de la misma a un opositor?

No puedo resistirme a citar textualmente otro de los grandes argumentos de Peñaranda para involucrar al Vicepresidente en la compra de La Razón: “Una fuente contó que, a través de una persona amiga, el vicepresidente le ofreció a Yapura (Grover) quedarse como director.” Impresionante testimonio que estoy seguro ha convencido a los bolivianos y las bolivianas debido a la sagaz investigación realizada.

Y cuando pensábamos que estábamos curados de espanto, el autor del libro Control Remoto vierte en la página 46 la siguiente afirmación “Gill entonces, para halagar al Gobierno de Chávez, compro La Razón pero cedió su control editorial al Vicepresidente boliviano”. Podríamos aplaudir la gran labor de investigación sino fuera porque a continuación escribe lo siguiente “No se pudo contrastar esta versión porque Gill no aceptó ser entrevistado y García Linera no respondió a un cuestionario enviado”.

Pero el libro no está solo basado en fuentes anónimas, no se vayan a pensar ustedes queridos lectores, sino que también utiliza análisis hechos por el propio Raúl Peñaranda. Por ejemplo en la página 58 encontramos un cuadro en el que se analizan los editoriales publicados durante una semana (7 días) por cuatro diarios nacionales, Página Siete, Los Tiempos, El Deber y La Razón. En un cuadro por ejemplo encontramos que de 7 editoriales, Página Siete tuvo 3 con un enfoque crítico con el gobierno, mientras que La Razón según Peñaranda tuvo 0 editoriales críticos con el gobierno en esa misma semana. Ahí tenemos un dato objetivo de que Página Siete es más opositor que La Razón, sin duda. Sin embargo, si nos vamos en el mismo cuadro al apartado donde se detallan los editoriales favorables al gobierno tenemos que La Razón solo tuvo 3 editoriales favorables (por 4 neutros o no relacionados con el gobierno), mientras que el diario opositor cruceño El Deber tuvo 2 editoriales favorables. Es decir, en esa misma semana, del 21 al 27 de octubre de 2013, los opositores de Santa Cruz publicaron 2 de 7 editoriales favorables al gobierno mientras que el juguete del Vicepresidente publicó 3 de 7. No hay más preguntas su señoría.

Esperen, aún hay más argumentos, no vayan a dejar de leerlos. En la página 67 se comprueba definitivamente la tesis central del libro cuando se afirma que La Razón es el diario que más propaganda gubernamental recibe con un promedio de 17’3 páginas cada domingo, mientras que el diario estatal Cambio recibe no más que 7’1 páginas. Lo que a Peñaranda se le ha olvidado contarnos en su libro, que ya mas bien va pareciendo panfleto, es que La Razón los domingos es el periódico más “grueso” del kiosko, con aproximadamente cuatro vez más páginas que el estatal Cambio, concretamente y tomando como referencia el domingo 13 de abril, 206 páginas frente a 52 de Cambio. Otro dato que nos ofrece el propio autor en la página 70 es que La Razón cuenta, del 100% de su publicidad, con un 73% de la misma de carácter privado, comercial y clasificados, un 23% estatal y un 3% municipal. El propio Peñaranda se empeña en darnos datos que nos hacen dudar de las supuestas conexiones lineristas-razonistas.

No solo dudamos, si no empezamos a creer que el gobierno se auto sabotea, pues Peñaranda nos explica en la página 150 que el diario opositor-independiente Página Siete ha llegado a publicar más de 50 editoriales defendiendo la demanda marítima boliviana, cifra superior según nos indica el autor, a la del diario “oficialista” La Razón. De nuevo algo falla en las argumentaciones de Peñaranda, o el gobierno boliviano se ha hecho con el control de La Razón para hacerse un harakiri.

Finalmente, no me resisto a incorporar en el texto a otro de los blancos de ataque de Control Remoto, el canal de televisión ATB, supuestamente según Peñaranda también controlado y favorecido por la Vicepresidencia. Según se denuncia en la página 79, ATB recibiría el 30’3% del total de publicidad estatal en canales de tv. Sin embargo, según la empresa de auditores publicitarios PubliMarket, referente en la medición de publicidad en la televisión boliviana, en 2013 la inversión en segundos de publicidad estatal en ATB fue del 19%. Es necesario especificar que ATB cuenta con un share (cuota de pantalla) del 26% y que 1 de cada 4 segundos del total de publicidad en Bolivia es para ATB, es decir, el 25% de toda la publicidad que se distribuye, algo acorde a su share, y muy por encima del 19% de publicidad que el gobierno contrata con el canal. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Operador imperial

En definitiva, Raúl Peñaranda publica un libro para atacar al gobierno y defender a Página Siete, algo perfectamente legítimo si no fuera porque lo disfraza de investigación periodística y se ampara en supuestas fuentes de supuestos funcionarios públicos.

En cualquier caso, es interesante lo que vamos conociendo, gracias a las investigaciones de La Época, sobre el perfil de Peñaranda. Director ejecutivo del Grupo Andino de Libertades Informativas (GALI), una organización financiada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED), ambas instituciones ligadas al Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Si a lo anterior le sumamos las graves manipulaciones informativas cometidas por Página Siete mientras Raúl Peñaranda era Director de dicho medio opositor, el panorama se nos va aclarando en cuanto a las posibles intencionalidades políticas. Entre las manipulaciones podemos enumeras cuatro realmente vergonzosas para el gremio periodístico. En primer lugar la portada con la falsa muerte de un bebe provocada por el gobierno en el TIPNIS “Muere un bebé en violenta represión contra indígenas”, la falsa restitución de la figura de desacato negada por el Vicepresidente, la falsa excomulgación de cuatro ministros negada por la Iglesia Católica, y la falsa oferta del Presidente Evo a Chile de gas por mar que obviamente nunca se produjo.

Xenofobia o el discreto encanto del liberalismo

Otro artículo en La Época una semana antes levantó una polvareda mediática y acusaciones de xenofobia por parte de la derecha opositora o muestras de solidaridad por parte de la izquierda lightberal después de que el chileno Mauricio Osorio publicara una investigación que desvelaba la doble nacionalidad de Raúl Peñaranda, nacido en Chile. Esto no sería noticia si no fuera porque hasta el momento el periodista chileno-boliviano siempre había negado su lugar de nacimiento, asegurando que la chilena era su madre, quien por otro lado trabaja en el Consulado de Chile en Bolivia.

Es increíble cómo se ha instalado la hegemonía cultural del liberalismo, a la vez que la del multiculturalismo en cuanto a expresión posmoderna del capitalismo en el ámbito cultural, que nos lleva a ver xenofobia cuando se le critica a una persona por ocultar su lugar de nacimiento, por ocultar sus vínculos con sus financiadores del Departamento de Estado o esconder la relación de Página Siete con la diputada de la derecha radical chilena de la UDI Mónica Zalaquett, quien se opone rotundamente a otorgar una salida soberana al mar para Bolivia. Se señala la luna y algunos se quedan mirando el dedo.

La conclusión del famoso texto de Mauricio Osorio es clara: “De esta manera, si quedaba alguna duda de cuáles eran los móviles de los “errores” del periódico “independiente” Página Siete, de los titulares consecutivamente repetidos, de las noticias tergiversadas, de las vinculaciones con la derecha chilena y de las lamentables actuaciones profesionales del periodista chileno Raúl Peñaranda, sólo tienen que atar cabos señoras/señores.”

 

Democracia vs libertad de expresión de y prensa

La democracia por tanto es algo más que libertad de expresión y de prensa. Democracia es transparencia y que los lectores conozcamos los intereses detrás de los supuestos medios “independientes”, sus dueños, sus operadores, quien invierte y que intereses tienen. Hasta el momento todo eso se nos ha negado con Página Siete, mientras que una “investigación periodística” de casi 200 páginas no logra darnos una sola prueba de que un medio es controlado por el gobierno. El problema de Peñaranda es no entender que puede haber medios que no son ni estatales ni opositores, y eso es lo más cercano que vamos a poder encontrarnos en el mundo de los medios de comunicación de la palabra “independiente”, lo cual nunca puede ser igual a neutral.

Quizás Peñaranda no entiende que Bolivia vive un proceso de cambio que está dejando atrás 500 años de colonialismo y 20 de neoliberalismo, proceso en el que por primera vez los sectores populares indígena originarios campesinos han conformado un bloque histórico que ha llegado el gobierno y disputado el poder a las elites que él defiende, y muchos medios de comunicación en Bolivia han ido virando su línea editorial y comunicativa para adaptarse, por convicción o interés empresarial (no es ese el debate ahora), a la nueva realidad socio-política que vive Bolivia. El mismo autor de Control Remoto intuye algo cuando en la página 92 nos da las razones de la apertura de los medios a Evo y Álvaro en el periodo 2000-2005 reconociendo que los medios realizaban coberturas de prensa del actual Presidente y Vicepresidente para lograr tener sintonía con su público. Pues si lo hacían en el periodo 2000-2005, ¿cómo no lo van a hacer ahora que Evo y el MAS gobiernan con el 64% de los votos?

Pero tampoco sorprende lo anterior cuando en la página 101 del libro se defiende al neoliberalismo frente al actual proceso de cambio: “Si se compara la situación actual con la de hace una década (2004) se ve con claridad que los disensos son hoy más difíciles de expresar, que la agresividad verbal de las autoridades inhibe una parte de la crítica, que diversos dirigentes opositores están atemorizados, apresados, enjuiciados o exiliados, que los medios tienden a la uniformización, que la fiscalización de los actos estatales es mínima y que los jueces y fiscales son aún menos independientes que antes.”

Como pueden ver las y los lectores, tan solo tomando los datos que me interesan del libro Control Remoto, se pueden ir desmontando una por una todas sus tesis y construir una historia muy diferente a la que nos querían vender, y para ello no hace falta ni ser periodista, ni como Raúl Peñaranda ha demostrado, tener ética.

 

 

 

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Confines proletarios

13/04/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Prada Alcoreza
 

 

 ¿Cuáles son los ámbitos de relaciones de los trabajadores mineros con el mundo? ¿Cómo se constituyen los mineros en el mundo? ¿Cómo constituyen el mundo? ¿Cómo los constituye el mundo? Hay que compenetrarse de estos climas, de estas atmósferas, de estos espesores de relaciones, para poder acceder al sentido inmanente del acontecimiento; en este caso, del acontecimiento histórico, en constante devenir, de la constitución del proletariado minero boliviano. Hay que tratar de comprender sus perspectivas móviles, intensas, manifiestas, aunque no necesariamente expresadas en discursos. Al respecto, el discurso teórico, el discurso político, el discurso ideológico, que han hecho causa de las luchas del proletariado minero, interpretan lo que acontece desde marcos teóricos, desde marcos políticos, desde marcos ideológicos. Lo hacen de una manera deductiva, logrando interpretar por analogías; rasgos que verifican la teoría son enaltecidos. Empero, queda sin interpretar, queda en la sombra, oculto a los ojos de estos “revolucionarios”, las perspectivas propias de los trabajadores mineros, sus percepciones, sus pasiones, sus afectos, sus deseos. Por eso no pueden comprender la intensidad de sus actos, que casi siempre los asimilan a la “consciencia de la clase en sí”.

Si bien estos discursos han coadyuvado en la organización del proletariado minero, otorgándole expresiones discursivas argumentativas, a la larga, en la medida que eran ajenos a los espesores de la experiencia y de la memoria social del proletariado minero, no pudieron sostener la continuidad de la lucha, no pudieron liberar la potencia social del proletariado, no pudieron desatar las subversiones múltiples contra las dominaciones polimorfas y las formas de explotación del capital. Se quedaron sólo con el perfil universal de las insurrecciones obreras, sin poder convertir estas insurrecciones en una guerra permanente contra el Capital y sus dominaciones.

No podrían hacerlo; las representaciones discursivas, externas a los espesores de la percepción, apegadas a racionalidades abstractas, vaciadas de contenidos, no logran acceder a las sensaciones, a las imaginaciones inherentes, a la explosión de las percepciones; por lo tanto, están lejos de acceder al sentido inmanente[1]. Como lo que ocurre con todo el racionalismo, también con el empirismo; llegan a deducir, en un caso, o inducir, en otro caso, aspectos universales, situaciones generales, analizando el valor abstracto de estas iluminaciones. No pueden comprender la singularidad de lo que acontece, las intensidades emergentes en los sucesos, no pueden sentir los efluvios existenciales brotados de la piel de los y las movilizadas, no pueden acceder al mundo del proletariado minero.

Lo que tienen estos discursos son narrativas explicativas, cuadros conceptuales, cronogramas anunciados, sentidos deducidos de los paradigmas, sentidos inducidos por las generalizaciones, dadas las regularidades encontradas. Esta aproximación teórica, pues no es otra cosa, se queda ahí; se contenta con esta verdad histórica o verdad económica, también verdad social. Estas verdades científicas pretenden ser la síntesis abstracta de la multiplicidad de singularidades; pero, no son más que un esquema vacío, un esqueleto lógico, llenado con esfuerzo por la colocación de datos y documentos estudiados, que hacen de carne disecada. Quizás todo esto ayude como vista panorámica; empero, está lejos de dar cuenta de las dinámicas del acontecimiento.

El acontecimiento de la emergencia del proletariado minero, en su devenir, en sus historias, en su distribución y dispersión, en el condicionamiento de los lugares y territorialidades, también en sus conglomerados, en sus articulaciones, en sus reuniones, en sus marchas y movilizaciones, no es comprensible si no se toman en cuenta los flujos afectivos, las pasiones constitutivas, las sensaciones trabajadas por la memoria, las percepciones trabajadas por las racionalidades concretas e integrales.

La constitución de subjetividades históricas, que contienen espesores de experiencias y memoria sociales, no es el resultado mecánico de fuerzas “externas”, por así decirlo, sin entrar en mayor discusión, pues requiere de la intervención de fuerzas “internas”, en el mismo sentido provisional que el anterior. Si bien es el mercado internacional, conformado por los efectos de la revolución industrial – mercado, en parte heredado, de los ciclos largos de las hegemonías capitalistas anteriores, empero, en gran parte, transformado por los requerimientos de esta revolución industrial, sobre todo por el nuevo cuadro de materias primas demandadas -, el que constituye, por así decirlo, el carácter de su articulación mundial de los nuevos Estado-nación de las periferias del sistema-mundo capitalista, ocasionando la apertura de la “industria” extractivista, sobre todo minera, en aquel entonces; de todas maneras, se desatan fuerzas “internas”, emergentes de la formación social concreta, que empujan a la formación del proletariado minero. Estas fuerzas “internas” explosionan debido a la disgregación de las comunidades, buscando en su diseminación conglomerarse en nuevas cohesiones sociales. Las fuerzas “internas”, desatadas de la disgregación comunitaria, son el substrato de la formación del proletariado minero. El proletariado minero de Los Andes tiene sus propias características históricas, sus propias peculiaridades, expresa las singularidades locales, territoriales y culturales de su acontecer.

En otras palabras, tradiciones comunitarias son transferidas a las prácticas solidarias, a las relaciones de cohesión social, a los ritos y ceremonias de la mancapacha; por ejemplo, los ritos y ceremonias entorno al “Tío” de los socavones. La subjetividad de este proletariado minero es pues “abigarrada”, usando un término conocido en la sociología boliviana. Estos ex-comunarios, devenidos de la historia dramática de los mitayos, usan la forma sindicato como organización de defensa y de luchas. Asumen las formaciones discursivas modernas de las luchas sociales y obreras, como la formación discursiva anarquista, primero, la formación discursiva marxista después, teniendo, como puente la formación discursiva del nacionalismo revolucionario. Sin embargo, estas formaciones discursivas son interpretadas desde los códigos subyacentes heredados, guardados y activados por la memoria social.

Cuando los trabajadores mineros salen de la mina, después de sus asambleas deliberativas, cuando llegan a consensos y logran resoluciones, salen a la movilización, a la marcha, a la toma de los espacios, cuando sus cuerpos se congregan en multitud compacta, llevando sus guardatojos, sus chamarras de cuero, sus botas y el infaltable bolo del acullico, lo que emerge somáticamente es la actualización de la memoria social. Los trabajadores mineros son particularmente apasionados; lo son de una manera propia, andina; pero, también lo son de una manera moderna, se sienten clase. Son orgullosos de serlo; consideran que sostienen el país con su sacrificio. En las movilizaciones llevan la dinamita, a la que están acostumbrados para abrir boquetes en los socavones, siguiendo la ruta de las vetas; dinamita, arma de expresión explosiva, arma de defensa y arma de lucha. Miran desde lo profundo de su cuerpo, miran desde el tiempo transcurrido, interpelando furiosamente el presente.

Lo que piensan, lo que expresan, es una maraña de intensidades. El discurso ideológico no capta esta maraña; sólo interpreta desde el telos de de la “ideología” el sentido atribuido por la teoría. Es importante comprender su ímpetu arronjado, su desprecio a la muerte, dispuestos al gasto heroico en el momento de la protesta.

En el imaginario político boliviano del siglo XX, los mineros se convirtieron en un mito. Era imposible imaginar una revolución sin ellos. Así como era difícil explicarse la historia política sin ellos. Los mineros eran la revolución misma encarnada en sus cuerpos. En gran parte este mito se debe a su coraje demostrado, también a la centralidad en la formación social del proletariado. Prácticamente, el proletariado minero desaparece con el neoliberalismo, por lo menos como centralidad: Lo “relocalizan”. Van a pasar años, quizás ocho, para que su figura legendaria vuelva reaparecer en el horizonte. Reaparecen mayoritariamente como trabajadores cooperativistas mineros, después lo hacen como trabajadores sindicalizados de las empresas nacionalizadas. Otra vez se vuelven importantes, por lo menos en la manifestación de los hechos y sucesos convulsos de la política; empero, nunca con el impacto estratégico y estructural que tuvieron en medio siglo de luchas sociales en Bolivia, durante el siglo XX.

Una mañana, en el Prado, los vi marchar. Una larga columna que daba la vuelta al Prado. La aplastante mayoría era lozanamente joven; muchachos trabajadores, curtidos por el k’aqchiu, por su labor horadadora de las rocas. La edad moza de este proletariado me llamó la atención; quizás de un promedio de alrededor de los veinte años. Muchos incluso reflejaban una edad menor. Estos trabajadores mineros del siglo XXI recogían algunos rasgos de la leyenda minera. Orgullosos, compactos, desafiantes, dispuestos a todo, cohesionados por lo que llamaremos la cultura del k’aqchiu. Sin embargo, también expresaban otros rasgos, nuevos, distintos, en contraste. Las consignas que coreaban no eran las mismas que sus antecesores. Sus estribillos no eran políticos; sus preocupaciones se anclaban en las preocupaciones coyunturales y de gremio. Para ellos era más importante identificarse como cooperativistas que como proletariado minero. El boquete abierto por el neoliberalismo marcó sus consecuencias; las mismas que podemos resumir como despolitización.

Hoy asistimos a eso, a marchas, bloqueos, tomas, de los trabajadores mineros, sean sindicalizados o cooperativistas, despolitizadas. No dejan de ser apasionados los trabajadores mineros, no dejan de ser impetuosos y arronjados; empero, su sacrificio no tiene horizontes, salvo el marco gremial restringido.

El conflicto minero actual, entre sindicalismo y cooperativismo, no tiene salida, desde la perspectiva proletaria. Tanto el sindicalismo minero puede observar como salida la estatalización de la minería, así como el cooperativismo minero puede observar como salida la expansión del régimen cooperativista; sin embargo, estas son salidas gremiales, no lo son en los horizontes históricos del proletariado. Hay pues una crisis de constitución social y subjetiva, quizás se pueda hablar de una crisis de reconstitución de la clase. No se puede salir de esta crisis sin una politización.

Son los trabajadores mineros los que deben discutir su porvenir, a la luz de la experiencia social de las luchas, a la luz de la historia política vivida, a la luz de la memoria social, a la luz de la complicada experiencia del llamado proceso de cambio. Sería restrictivo apostar a la inmediatez de los intereses sectoriales del momento, descartando los intereses de clase, escondidos en el espesor del presente. Jugarse la vida por los intereses gremiales es como darle un valor provisional a la vida. Estos jóvenes trabajadores mineros tienen la responsabilidad histórica de reflexionar colectivamente sobre su condición social y subjetiva en la coyuntura de crisis del proceso de cambio, en el contexto de la crisis financiera y de hegemonía del ciclo del capitalismo vigente. La burocracia sindical y los patrones administrares y dirigencias de las cooperativas mineras no pueden imponerles la agenda. Esta agenda burocrática y gremial será restrictiva; la agenda colectiva es de emergencia, pues el destino de estos trabajadores mineros, de este proletariado minero, está íntimamente ligado al destino de los pueblos que luchan por sus emancipaciones y liberaciones, está íntimamente ligado a la transición hacia una economía no extractivista.

¿La elaboración, el acuerdo y el consenso sobre esta agenda es una tarea de las “vanguardias”, así como lo habían asumido las izquierdas durante el siglo XX? Esta es la gran discusión del siglo XXI[2]. Por nuestra parte, no creemos que sean las “vanguardias” las que introduzcan una agenda de emergencia histórica, mucho menos, inocular la llamada consciencia de clase. Esta actitud forma parte del mesianismo y de los esquematismos del fundamentalismo racionalista de estas izquierdas. Estas “vanguardias” han resultado ser expresiones de las nuevas religiones políticas del siglo XX, castradoras de la creatividad de las dinámicas sociales. La historia política de las sociedades humanas, sobre todo el fracaso de las revoluciones, nos ha enseñado que no se trata de dirigir, de conducir, al proletariado, a los pueblos, sino de construir participativamente consensos de lucha, consensos de decisiones colectivas, abriendo rutas imaginativas y adecuadas, dependiendo de las historias y territorialidades concretas, variadas, diferenciales, plurales, efectuando el accionar alterativo de las dinámicas sociales[3].

Reflexiones sobre la Ley Minera

Una primera reflexión sobre la Ley Minera tiene que ver con la modalidad que instituye la Constitución. En el horizonte histórico y político que abre la Constitución se establece la construcción colectiva de la ley, diremos también la construcción participativa, pluralista e intercultural de la ley.

Por otra parte, una segunda reflexión tiene que ver con la integralidad normativa de la transición; la Ley Minera no puede desentenderse de lo que llama la Constitución las leyes fundamentales, que llamamos nosotros las leyes fundacionales. La Ley Minera debe formar parte del “sistema” normativo que coadyuva en la transición hacia un pos-capitalismo.

Una tercera reflexión tiene que ver con la transición misma que conlleva la misma Ley Minera, como tarea constitucional. En términos resumidos, se trata de una ley que contribuye a la transición, transitando de la salida del modelo extractivista del capitalismo dependiente hacia un modelo productivo-producente, en el contexto de la economía social y comunitaria, el paradigma económico y ecológico, en la perspectiva de la eco-industrialización y la revolución tecnológica limpia, buscando el logro de la soberanía alimentaria, además de los logros de las complementariedades económicas y sociales, tanto en el país, en la región, en el continente y en el mundo.

Una cuarta reflexión tiene que ver con las condiciones actuales de la minería en Bolivia; por lo tanto, con la definición de rutas de transición, rutas concretas a las problemáticas, a los rubros, a las formas “empresariales” complementarias, en la perspectiva de integrar las producciones mineras, encaminándolas a la industrialización, a la articulación económica con el mercado interno y la integración continental. Estas rutas no pueden dejar de comprender los requerimientos ecológicos, buscando evitar los impactos negativos, contaminantes y depredadores. Respetando los derechos fundamentales, los derechos de las naciones y pueblos indígenas originarios, los derechos de los seres de la madre tierra. Dando lugar constantemente a consensos, para avanzar en conjunto y de una manera acordada. Al respecto, es indispensable respetar lo que plantea el segundo numeral de la octava disposición transitoria de la Constitución: En el mismo plazo, se dejarán sin efecto las concesiones mineras de minerales metálicos y no metálicos, evaporíticos, salares, azufreras y otros, concedidas en las reservas fiscales del territorio boliviano.

Las concesiones a empresas trasnacionales extractivistas deben quedar anuladas. Las concesiones a empresas privadas deben quedar en suspenso, sujetas a revisión, de acuerdo a los mandatos constitucionales. Las concesiones a las cooperativas mineras deben quedar en suspenso, sujetas a revisión, dependiendo de los condicionamientos constitucionales, además garantizando el cumplimiento de la razón social y sin fines de lucro de las cooperativas, además, claro está, de prohibir la explotación de los trabajadores.

Todo el régimen de tributaciones, regalías e impuestos debe estructurarse, ciertamente, de acuerdo a los mandatos constitucionales; sobre todo acercándose, por lo menos, al régimen establecido en los rubros de hidrocarburos.

Proponer una transición viable y rápida cumpliendo con la prohibición constitucional de exportar materias primas. En este sentido, en esta transición, controlar, clasificar, el conjunto de minerales no pagados por las empresas trasnacionales, que se llevan como tierra, obligándolas a pagar inmediatamente y resarcir los daños, por concepto de no pago. Esto como corrección temporal, pues el objetivo es no exportar materias primas.

Defender los ciclos vitales del agua, del aire, de los suelos, de las cuencas, de los ecosistemas, de los bosques. Al respecto, se debe garantizar el agua para la vida, evitando convertirla en un insumo de lavado del extractivismo mineral depredador. En todo caso, el agua usada debe pagarse; su costo debe comprender la valorización de los impactos.

Son indispensables los acuerdos, los consensos, en los términos de una planificación integral y participativa, con enfoque territorial, como establece la Constitución, en los ecosistemas donde se realizan actividades mineras. Consensos entre todas las instancias involucradas, trabajadores mineros, poblaciones, pueblos, comunidades, empresas, Estado.

La Constitución establece que es el pueblo boliviano el propietario de los recursos naturales, no el Estado. Toda ley, comenzando por las fundacionales, debe normar este derecho del pueblo boliviano. Es indispensable establecer mecanismos claros, efectivos, para realizar este derecho. El pueblo boliviano es quien ejerce soberanía sobre los recursos naturales, es también quien debe decidir sobre su destino, así como deliberar y decidir sobre las políticas de recursos naturales, las políticas mineras, las políticas hidrocarburíferas, las políticas evaporíticas y de los salares, las políticas sobre el espacio electromagnético. La Ley Minera está en la obligación de plasmar artículos que hagan factible esta disponibilidad del pueblo boliviano.

En la Ley Minera deben quedar expuestas las estrategias políticas mineras. Estas estrategias tienen que construirse participativamente, deliberadamente e interculturalmente; deben ser resultado de consensos. Para tal efecto es importante que el pueblo boliviano este informado sobre las riquezas minerales que se tienen identificadas como “reservas”. No puede haber secretos en democracia, menos en una democracia participativa. Esto es importante al momento de construir colectivamente las políticas integrales mineras, articuladas a las otras políticas integrales de los recursos naturales; enfocadas en las transiciones hacia alternativas al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo.

El gobierno ha dicho que, sobre el conflicto minero, sobre la Ley Minera, se comienza de foja cero, retomando como referente y mandato la Constitución. También ha dicho que en la elaboración de esta Ley deben participar todos los sectores. Esta actitud parece mostrar buenas señales, en atención a un campo estratégico como la minería. Esperemos que estas declaraciones sean honestas, se hagan efectivas, se abran espacios para la efectuación de la democracia participativa. No ocurra como con las otras leyes, sobre todo las fundacionales, que fueron elaboradas al viejo estilo de sigilosos secretos, en manos de grupos de “especialistas”, que preservan el espíritu leguleyo y la herencia jurídica colonial. Esas leyes son inconstitucionales, no sólo por la forma de abordarlas, sino, sobre todo, por que contravienen a la estructura conceptual y normativa de la Constitución.

[1] Ver de Raúl Prada Alcoreza Mundo y percepción. Rebelión; Madrid 2014. Bolpress; La Paz 2014. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Subversión comunitaria. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Paradojas de la “revolución”. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Respuesta a James Petras Ignorancia, mala fe o ambas

06/04/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ancelmo Esprella

 

 

Hace unas semanas el sociólogo norteamericano, James Petras, publicó un artículo sobre Bolivia denominado “Radicalismo al servicio de la ortodoxia neoliberal”. La vaguedad de la publicación mueve al asombro, no por la posición política que James Petras expresa, lo que resulta inaceptable son los datos deliberadamente falsos que utiliza.

Un primer argumento del autor, es que el discurso radical del Presidente Evo Morales, no coincide con las medidas ortodoxas y neoliberales que habría tomado el gobierno.

Según la definición del propio Petras, el neoliberalismo es el “promotor de la privatización de empresas públicas (en realidad, su venta a monopolios privados) y la eliminación del salario mínimo para bajar los gastos laborales de los capitalistas”.

El señor Petras, declara que el gobierno boliviano habría seguido las medidas económicas que sugiere el manual de las organizaciones financieras internacionales como el BM y FMI.

El Movimiento al Socialismo (MAS), ha nacionalizado siete empresas estratégicas privatizadas por anteriores gobiernos: YPFB, (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) ENTEL (Empresa Nacional de Telecomunicaciones), ENDE (Empresa Nacional de Electricidad), TDE (empresa Transportadora de Electricidad), nacionalización de Huanuni (La mina de estaño más grande del país), nacionalización de Vinto (empresa de fundición), expropiación de tierras a hacendados, nacionalización de cuatro empresas eléctricas.

¿Puede calificarse de ortodoxo y neoliberal a un gobierno que nacionaliza sus empresas estratégicas?

El señor Petras expresa que “el MAS, ejerce una influencia decisiva sobre los dirigentes de la COB y los movimientos indígenas”

Los movimientos indígenas y la COB, no son entidades carentes de crítica y autocrítica, hacia el interior de su organización, hacia el gobierno y la sociedad en general. Las organizaciones sociales, no están integradas ni conducidas por rebaños de ovejas, a los que se puede fácilmente influir, todo lo contrario. Son los sujetos históricos y políticos de este proceso.

Petras, sin respaldarse en ninguna fuente señala, “una tercera parte de los niños esta desescolarizada y realiza trabajos esclavos”. Antes de remitirnos a recientes datos de UNICEF al respecto, es necesario aclarar que Bolivia, es heredera de una pobreza endémica, es decir, desde siempre. La larga lista de demandas postergadas 180 años, no se puede borrar en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo, se están realizando grandes esfuerzos para avanzar en el acceso a la salud a la educación y en la democratización de los derechos para todos y todas.

El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para Bolivia, Marco Luigi Corsi, destacó la ampliación del pago del bono Juancito Pinto. En los últimos siete años, la deserción escolar en el país disminuyó de 7 % a 1,4 % entre otros factores, debido al pago del Bono Juancito Pinto, que incentiva la permanencia en los establecimientos educativos.

Según el informe de la entidad, Bolivia disminuyó la tasa de mortalidad infantil en menores de cinco años. En 1990, 120 niños morían por cada 1.000 nacidos vivos, para 2011, la cifra bajó a 51, gracias a las medidas del gobierno, el país más pobre de América del Sur ha reducido su mortalidad infantil en más de la mitad.

El artículo señala que el presidente Evo, tiene “un estilo populista”, utilizando la palabra populista de manera peyorativa, como un insulto, como si fuera una “mala” palabra.

La política progresista de inclusión social, los bonos y en general todas las medidas económicas de este gobierno han sido recurrentemente tildadas de populistas, de demagógicas.

Algunos analistas que aparentan pasar como objetivos y rigurosos, arremeten sistemáticamente contra lo popular, contra el populismo, obteniendo el beneplácito y la adulación de poderosos canales de televisión, diarios y emisoras de radios que representan los intereses más antipopulares y antinacionales.

El señor Petras, expresa en su artículo que “la mayoría de los trabajadores, especialmente en el sector rural, viven en el límite de la pobreza o por debajo de éste” sin embargo, un informe del Banco Mundial revela que en Bolivia, un 50% de la población está en camino de pasar a ser clase media. “1 millón de personas que pasaron de ser “vulnerables” y ya son clase media”.

El sociólogo señala que en Bolivia existe una alianza de clases, entre “terratenientes e indígenas, dueños de minas y mineros”, una armonía entre clases. Una armonía irracional, el sector de la oligarquía y los movimientos sociales, jamás podrán convivir en concordia.

El aparente debilitamiento y subordinación de la oligarquía, se debe a la reciente derrota de la corriente separatista. Naturalmente, luego del ascenso vino el declive de la actividad política de los movimientos sociales que se enfrentaron a las oligarquías en escenarios políticos brutales y definitivos.

Sin embargo, la peor oligarquía del continente no olvida. Ya se sabe, todas las oligarquías del mundo son sustancialmente antinacionales, pero ninguna más anti nacional que la oligarquía en Bolivia que ante el avance del pueblo organizado prefirió dividir el país. Ni en los momentos de mayor apogeo de la UP en chile o los de la Argentina, jamás estas oligarquías se propusieron dividir chile o Argentina, la oligarquía boliviana sí.

¿Esto significa que está todo bien y que nos podemos quedar tranquilos? No, de ninguna manera. Nos queda mucho por hacer y lo haremos señor Petras.

Solía decir Joseph Goebbels que “es más fácil que la gente se trague una mentira enorme que una pequeña” La más preciada cualidad del revolucionario es la precisión de la información, objeto bastante exiguo en nuestros días.

El 95% de los medios de comunicación (canales de televisión radios y diarios) en Bolivia, son privados.

Es comprensible que algunos “analistas” dando rienda suelta a sus prejuicios de casta y clase, hagan uso de toda índole de bajezas y frivolidades, pero no se puede admitir en un escritor y militante como James Petras quien escribió decenas de artículos referidos a la manipulación mediática, los mismos medios que hoy reproducen el artículo del sociólogo estadounidense.

Bolivia es un país donde los medios de comunicación, una y otra vez han reinventado la realidad a su conveniencia y capricho, donde “el racismo mediático es pariente cercano del racismo político”

El artículo de James Petras, menciona en 18 oportunidades el nombre “Evo Morales” unida a frases como “el régimen de Evo Morales”, “el gobierno de Evo Morales”, etc. Ignorando que los cambios sociales no los realizan los hombres sino los pueblos es un error enorme suponer que la revolución es solamente Evo Morales. La historia la realizan los pueblos.

El artículo 14 de la primera constitución de Bolivia, señala que “son ciudadanos bolivianos aquellos que sepan leer y escribir y tengan algún empleo” la mayoría de las bolivianas y bolivianos no sabían ni tenían. El que nacía en la basura no salía de ella, moría en ella. Así se fundó el país, en la exclusión brutal y definitiva, de donde no había retorno.

Quieren que profundicemos el proceso. Nosotros también. Pero al ritmo del pueblo, no delante del pueblo ni detrás del pueblo, al lado del pueblo. No desde el balcón sino en las calles y carreteras junto al pueblo.

Las apreciaciones de James Petras exigen un análisis y una impugnación, no sólo porque sus opiniones son ampliamente leídas e influyen en miles de militantes sino también porque todos nos debemos responsabilidad social con la verdad, con los datos de la realidad de un país al que cada día le cuesta llegar al final después de haber sorteado infinidad de amenazas de toda índole. “Esto no es la revolución” dicen los cómodos intelectuales “lo está diciendo james petras”, repiten mientras la empleada doméstica les prepara otro sándwich de mortadela Argentina y queso francés.

En una entrevista sobre el secuestro del avión en que viajaba Evo Morales, el sociólogo consideró: “Bolivia está respondiendo muy bien a este acto de pirateo que trató de matar a Evo Morales. Hablo de asesinato porque si no se permite a un avión aterrizar, pueden provocar su caída, un accidente. Entonces, la complicidad de Francia, Italia, Portugal y España, han desprestigiado a estos países y en cambio, han prestigiado a Bolivia por su resistencia a las agresiones”

Señor Petras, las agresiones del imperio no han cesado ni un solo día en Bolivia ni cesarán.

Por eso señor Petras en su artículo hay mala información o hay mala fe o ambas.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Metáforas pluralistas

23/03/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Prada Alcoreza

 

 

El gusano y la mariposa

Es pues equivocado pretender defender una forma inconclusa. Usando un ejemplo, mas bien, una figura, resulta ser algo parecido a defender la forma de crisálida, defender al gusano[1] evitando que nazca la mariposa de la metamorfosis. No se pueden defender las formas heredadas del Estado-nación subalterno, pues son estas formas la que impiden los nacimientos de la mariposa, de las transiciones a otras formas de cohesión social; formas participativas, complementarias, solidarias. En resumen, comunitarias. Defender un “proceso de cambio” en curso no es defender estas formas inconclusas, más aún si su inconclusión no ha abandonado el anterior horizonte, no ha cruzado el umbral político. Defender un “proceso de cambio” en curso es empujar a la abolición de las viejas formas del Estado-nación; por lo tanto, la abolición, de la forma de gobierno liberal persistente.

Los que confunden la “defensa del proceso de cambio” con la defensa del gobierno se comportan como los asesinos de la mariposa. Estos defensores del gusano son los más peligrosos enemigos del proceso, pues se encuentran adentro, en la crisálida.

La mariposa se gesta en la crisálida para volar; no podría nacer si no muere ese caparazón que cubre la gestación. La condición plurinacional, comunitaria y autonómica no podría nacer si no muere el Estado-nación. Estas condiciones nuevas son nombradas, en la Constitución, como Estado plurinacional comunitario y autonómico. Sea o no Estado esta transacción, sea una transición estatal o no, esta forma no es la del Estado-nación. Este caparazón es lo que impide el nacimiento de las nuevas condiciones. La tarea es abrir la tela muerta, dejar que se desprenda la mariposa y alce vuelo.

Este nuevo horizonte no ha sido todavía abierto, aunque haya sido sospechado. No hemos salido todavía del horizonte llamado de la modernidad, con todas sus etapas, sus periodos, temporalidades, incluyendo la llamada post-modernidad, si es que se puede aceptar esta interpretación. No hemos salido del horizonte de la modernidad con todas sus heterogeneidades, tal como lo han sugerido los Estudios de la Subalternidad[2]. Estamos dentro o en los umbrales. Ninguna de las llamadas “revoluciones”, se las caracterice como se las caracterice, han cruzado el umbral. Al llegar a este límite, retrocedieron como espantadas ante la posibilidad de incursionar lo desconocido. Prefieren repetir lo conocido, darle un barniz a lo conocido, otorgarle una nueva interpretación, como esperando que el nuevo discurso cambie el contenido histórico heredado de las instituciones restauradas. Todos estos procedimientos, estos comportamientos, de anclaje en los umbrales, han asesinado a la mariposa, han preferido prolongar la vida del gusano.

Defender un “proceso de cambio” es defender sus potencialidades, defender sus posibilidades emancipatorias, descolonizadoras, libertarias. No defender lo que se tiene a mano, la larva.

El horizonte futuro del pasado, el horizonte pasado del futuro

Pasado, presente y futuro, conceptos que hemos usado para representar de la experiencia perceptual aquello que nos parece corresponder al tiempo, que en efecto tienen que ver con las representaciones de la temporalidad. Sin embargo, todas estas representaciones adolecen de una idea lineal del tiempo; esta es la razón por la que se define una secuencia: pasado, presente y futuro.

La revelación de la existencia, la apreciación inmediata de la sensibilidad de la vida es simultánea. Es la percepción la que “ordena” una temporalidad, para comprender las diferencias de los próximo y lejano. En otras palabras, el cuerpo interviene “inventando” el tiempo. Es como una “sensación” construida por la percepción, una sensación compuesta, secundaria, no primaria. Esta “sensación” del tiempo, como composición corporal, activa la geología de la memoria, reteniendo sus huellas e inscripciones como sedimentaciones de registros. La memoria recorre estos sedimentos, “despierta” estos registros, los articula de acuerdo a los requerimientos de las experiencias vividas en un presente.

Por eso, hay horizontes del pasado, que se abren, dependiendo de los horizontes abiertos por el presente. Cuanto más intenso el presente, cuanto más extenso el alcance del horizonte del pasado. Por eso, también se puede decir que se puede esperar que un futuro abra horizontes de los pasados ocultos u ocultados.

El futuro avanza al presente, por lo tanto, también avanza al pasado[3]. Será pasado. Visto de esta manera, es difícil distinguir pasado, presente y futuro. A no ser que se vuelva a la idea lineal. Por la física relativista sabemos que no hay espacio y tiempo absolutos, sino que se interpreta matemáticamente el espacio-tiempo curvo o curvándose por la gravitación de masas. Sin embargo, este espacio-tiempo curvo no es solamente “externo”, sino que también es “interno”, es vivido; en este sentido, no es ni “externo” tampoco “interno”, sino, más bien, como una interacción entre los cuerpos y el mundo que los constituye, constituido, a la vez por ellos.

Hay pues una historia de la percepción, si se quiere una arqueología y genealogía de la percepción. Estamos ante acumulaciones cíclicas de la percepción, ante “enriquecimientos” de la percepción; no solamente debido a la acumulación de la experiencia, sino también a la intervención de instrumentos que amplían, si se puede hablar así, la capacidad de las sensaciones. También la experiencia de la reflexión, de la racionalidad, en tanto componente y composición de la percepción, no como razón aislada, no como racionalidad abstracta, sino como razón y racionalidad integradas, “enriquecen” la percepción. Ya la percepción humana se ha ampliado a la experiencia física relativista y cuántica.

Pasado, presente y futuro son representaciones en el paradigma lineal del tiempo. Cuando pasamos al paradigma, así lo nombraremos, por de pronto, sin mayor discusión, del espacio-tiempo curvo, la linealidad desaparece, para dar lugar a un espesor de movimientos, sobre todo generados por las fuerzas gravitacionales. Lo que parece tenerse es un eterno presente, por así decirlo, abierto a los horizontes del pasado, y abierto a los horizontes de futuro. Pero, más que presente, que es una representación temporal, se está ante un espacio-tiempo convulsionado por sus movimientos. En parte cíclicos, en parte de expansión, ambos sostenidos por movimientos infinitesimales, creadores y recreadores de energía. Entonces estamos ante un PRESENTE que se constituye y reconstituye permanentemente, comprendiendo y abarcando inmediatamente múltiples simultaneidades.

No hay pues tiempo, sino repetición. Al llegar aquí, sorprende la intuición filosófica de Friedrich Nietzsche, cuando postula el enunciado del eterno retorno de lo mismo[4]. Las interpretaciones conocidas de este enunciado son dos; una, la más usada, que supone el eterno ciclo de lo mismo. La segunda, propuesta por Gilles Deleuze, interpreta como el eterno retorno de la diferencia[5]. Tratando de mostrar que no es la identidad la que se repite sino la diferencia, siendo consecuente con la filosofía pluralista de Nietzsche. La interpretación de Deleuze es sumamente sugerente, sostenible a partir de la propia crítica de Nietzsche, en combinación con los otros enunciados postulados, la muerte de Dios, el súper-hombre, la voluntad de potencia. Sin embargo, no termina de resolverse el problema planteado por el espacio-tiempo curvo, combinado con el problema planteado por la percepción.

No parece ser retorno, sino, mas bien, permanencia en la constante invención de la diferencia. Constante invención del cambio, del despliegue, así como el pliegue, invención del devenir; es decir, de la vida.

Usando todavía la representación del PRESENTE, aunque transfigurada, incorporada al paradigma del espacio-tiempo, podemos decir que se trata de un PRESENTE abierto a los horizontes de los espesores del pasado, así como abierto a los horizontes del futuro. Futuro que se repite como diferencia.

La comunidad como matriz y alteratividad

La comunidad es, en realidad, una institución inicial[6]. Se reconoce, de entrada, los accesos compartidos, el agua, el bosque, la tierra, el aire. No necesariamente la caza y la recolección, que están marcadas por actos individuales. Aunque se termine de repartirlos, el reparto, seguramente, comprende ya una relación entre la acción individual, el actor, acompañado por el grupo de expedición y el resto de la comunidad. ¿Quiénes acceden a lo común? Los que se consideran como vinculados. No por el padre, pues es difícil saber, en esas comunidades iniciales, quién es el padre. El padre podría ser cualquiera de la comunidad. Más seguro es saber quién es la madre. La hipótesis más plausible es que los hijos eran todos de la comunidad, cuidados por la comunidad.

La comunidad es una institución inicial. El reconocimiento de pertenencia tiene que haberse constituido como memoria, después instituido, codificado. El acceso a lo común también tiene que haberse instituido. El lenguaje entrelazado con los cuerpos, quizás con la danza y los cantos, ha tenido que inscribir en los símbolos los imaginarios de aquellos tiempos. Empero, por más antigua, por más ancestral, que sea la comunidad de la que hablamos, la comunidad ya es una institución.

Las múltiples historias, de comunidades variadas, diferenciadas, de acuerdo a sus territorialidades, a sus habitus iniciales, a sus lenguajes entrelazados con los cuerpos, a sus mitos, por lo tanto, a los imaginarios de origen, nos muestran recorridos genealógicos diferenciados. Empero, a pesar de sus diferencias, lo que se puede constatar es la transformación de la comunidad; sobre todo la transformación institucional de la comunidad.

Si se pone en mesa la hipótesis interpretativa de que la comunidad supone también la tecnología; requiere de técnica para los instrumentos de caza, también requiere utensilios para elaborar su alimentación, así como su vestimenta; se puede decir que la comunidad no solo es una institución inicial sino también una tecnología inicial, el saber de la producción de instrumentos. Que, a su vez, supone el saber del manejo del fuego. La comunidad es operativa.

Este saber técnico es común, forma a la comunidad, también la transforma; la comunidad transmite este saber, de generación en generación, mejorando el saber y la técnica. El secreto de la comunidad quizás este en esta destreza, en esta capacidad de producir instrumentos. Pues estas extensiones de sus cuerpos amplían y multiplican sus potencias.

No puede aislarse la técnica como saber, como destreza, apartándola como espacio autónomo, pues se trata de creaciones integrales, articulándose con el lenguaje, los cuerpos, los códigos institucionales, los imaginarios. No hay tal división, salvo en los imaginarios científicos y filosóficos de la modernidad. La técnica es también una realización del lenguaje de la comunidad, de sus flujos comunicativos, de sus imaginarios, así como del funcionamiento de la institución.

Hay que distinguir, no separar, los imaginarios de la comunidad, sus mitos, que es lo que más ha estudiado la antropología, de las prácticas con las que se articulan estos mitos. Por lo tanto, hay que volver a estudiar los mitos, ahora, no aislados, sino articulados a las prácticas y a las técnicas. Tener una comprensión integral tanto de las técnicas como de los mitos.

La comunidad vive sus técnicas y sus prácticas descifrándolas e interpretándolas a partir de sus mitos; por otra parte, realiza sus mitos en las prácticas y en sus técnicas. Hay que estudiar los mitos en su sentido práctico, así como hay que estudiar las técnicas en su sentido imaginario; sin dejar de estudiar los mitos como arqueología imaginaria y las técnicas como ingenierías iniciales. Todos estos cuadros vistos de una manera integral.

La comunidad no es una identidad, como la ha estudiado la antropología, sino un devenir. Se nota que la antropología sigue ligada a los problemas del Estado; la identidad es un problema estatal. La comunidad es una integración, una constitución, permanente, adaptándose, adecuándose, innovándose en las distintas coyunturas, periodos, épocas, territorios, territorialidades, espaciamientos.

Ciertamente la comunidad es una memoria colectiva, aunque esta se efectúe en cada quien; empero, lo hace compartiendo en interacción con los demás. Sin embargo, la memoria es dinámica, se abre al horizonte del pasado, recreándolo en un presente. En ese sentido, la comunidad es una invención constante.

Por eso mismo, la comunidad es alteratividad, pues es interacción creativa. Sólo a los estudiosos modernos de las comunidades, que las llamaron primitivas, se les ha ocurrido fijarlas, en el imaginario moderno fotográfico, como comunidades estáticas, cíclicas, repetidoras de lo mismo. Estos estudiosos parten del supuesto que lo que único que se mueve y es dinámica es su sociedad moderna. Este es el prejuicio evolucionista.

Otro supuesto moderno es el de la sociología, que bajo la conjetura de la desacralización y el desencanto, las comunidades desaparecen ante la vertiginosidad expansiva de la sociedad moderna. ¿Cómo podría haber sociedad moderna si no hay comunidad? ¿Sobre qué se sostendrían las estructuras de esta sociedad moderna? La cohesión fundamental es comunitaria; lo que ha ocurrido, es que esta cohesión ha sido ocultada, puesta en la sombra, invisibilizada, usando una palabra tan abusada, por las instituciones de la sociedad moderna. Efectivamente la comunidad no puede desaparecer, reaparece en lo común, en el acceso a lo común; en el lenguaje, en los saberes, en las culturas, en las ciencias, en el intelecto general, en lo que no ha sido expropiado por lo privado y por lo público.

[1] Usamos la metáfora del gusano también como larva.

[2] Ver de Raúl Prada Alcoreza Epistemología, pluralismo y descolonización. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

[3] Ver de Merleau-Ponty Le visible et l’invisible. Éditions Gallimard, París 1964. Del mismo autor, también Phenoménologie de la percepción. Éditions Gallimard, París 1945.

[4] Revisar de Friedrich Nietzsche Así habló Zaratustra. Obras selectas. Ediciones y Distribuciones Mateos. Madrid 2000.

[5] Revisar de Gilles Deleuze Nietzsche y la filosofía. Anagrama. Barcelona 1998.

[6] Ver de Raúl Prada Alcoreza Subversiones indígenas. Comuna, CLACSO; La Paz 2008.

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Sólo hay devenir, no hay identidad

16/03/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Prada Alcoreza

Una primera anotación: Cuando se habla de identidad se habla institucionalmente. Se habla desde el Estado. La identidad existe formalmente por el Estado. Se lo contrario o en contraste, la identidad, es decir, la permanencia de lo mismo no es posible. Es imposible. Pues no hay identidad, no hay permanencia en el tiempo, ni siquiera la memoria. La memoria no es permanecer en el tiempo, la memoria es actualizar el espesor de la experiencia; es abrir el horizonte del pasado. La identidad no es un problema para los pueblos nómadas o sociedades nómadas. La identidad es un problema del Estado. Por lo tanto, un debate sobre la identidad es de los hombres de Estado. No hablo de las mujeres, pues las mujeres no son estatalistas, salvo si han creído el cuento de los hombres, de las fraternidades, del patriarca inicial, del Estado.

He leído un debate entre dos caballeros sobre Identidad boliviana[1]; debate entre un historiador, que fue vicepresidente, y un matemático que es vicepresidente[2]. Ambos muy preocupados por la identidad boliviana. Ambos, en realidad preocupados por el mestizaje. Uno, el segundo, que pretende defender la identidad indígena, aparentemente está en contra del mestizaje; empero, lo rescata en las mezclas, comprendidas, clasificadas, reflexionadas,  en la complejidad y laberinto de la identidades. Un gran esfuerzo teórico por exponer el tema, de una manera académica. Debemos apreciar este esfuerzo y esta exposición. Es honesta y dedicada, además de darnos la oportunidad de presentarnos los mejores argumentos estatalistas sobre la identidad. Elaborados de acuerdo a las teorías sociológicas contemporáneas. El otro, académico, serio, creyente del mestizaje, cree que el mestizaje existe. Es una existencia. Entonces basa su tesis sobre el Estado y la nación en el referente de la existencia del mestizaje. Tiene argumentos historiográficos. No se ha puesto a pensar que si la identidad es un problema del Estado, y la identidad del Estado-nación se basa en la “existencia” del mestizaje, el mestizaje también es una construcción institucional, es una construcción estatal. La mezcla, el mestizaje, como la identidad, es un problema del Estado moderno, de la institución paradigmática del diagrama de poder de la homogeneización.

Los caballeros entablan un debate agitado sobre el mestizaje y sobre la identidad boliviana. Se descalifican mutuamente. ¿Qué es lo que está en juego? Ambos creen en lo que dicen. Uno dice todos somos mestizos; empero, apuntando, con esa generalización, que, a su vez, es también relatividad, a las identidades densas, las que constituyen un proyecto politico, al convertirse en núcleo articulador. En este caso, la identidad india. Una identidad revertida, como violencia revolucionaria, a los conquistadores. El otro caballero, le otorga esencia al mestizaje, como sustancia histórica y cultural, sobre la que se habrían constituido las naciones y los Estado-nación de América latina.

No vamos a descalificar, de ninguna manera sus posiciones, ni sus argumentos; cosa que los caballeros lo hacen entre si, como si estuvieran enfrascados en una guerra a muerte, cuando piensan, en el fondo lo mismo, sobre el Estado. Al contrario, vamos a calificarlos, son dos discursos variantes de la formación discursiva estatalista. Tenemos, entre las dos exposiciones, cuadros enunciativos elocuentes de las preocupaciones nacionalistas y estatalistas, con sus variantes y diferencias, incluso con sus pretensiones distintas, incluyendo la pretensión de no ser nacionalista, ser mas bien plurinacional. No dejan de ser conmovedoras estas expresiones, pues, de acuerdo a las mismas, se juegan destinos. Sin embargo, lo llamativo es que se trata de preocupaciones basadas en la ilusión de la nación y del Estado. En el fantasma de la identidad.

Nuestro punto de partida es que no hay identidad; existencialmente no la hay, aunque lo haya institucionalmente. Registro de nacimiento, registro de lugar, registro consanguíneo, registro de clase, registro de lo que se quiera. La identidad no es posible en el devenir existencial. La existencia es experiencia y creación, la existencia es constitutiva, en el sentido más pleno de la palabra. Se existe constituyéndose permanentemente; es decir, cambiando, desplegándose, transformándose.  Eso es lo maravilloso de las sociedades, que son lo que son por sus estrategias alterativas. Las sociedades son, en sí, alterativas. Es el Estado el que prohíbe esta alteridad.

De las múltiples paradojas de la modernidad, ahora, en este ensayo, podemos mencionar una sobresaliente. La modernidad enseña, en su vertiginosa experiencia, la plasticidad de los acontecimientos; sin embargo, es en la modernidad, cuando se postula desesperadamente a la quietud, al equilibrio, a la permanencia, a la homogeneidad, a la identidad.  Gran parte de esta inquietud se expresa en las teorías del Estado; sobre todo en la construcción del Estado. La idea del Estado viene acompañada con la narratividad de la nación, que es su construcción. La nación como construcción ideológica del Estado, que expresa un mito, el mito de que la nación es anterior al Estado.

La nación, el pueblo que nace como nación, consciente de sí mismo, de su historia, es un mito estatal. Mito de legitimación del Estado. El Estado necesita de la nación para ungirse de legitimidad, inventando una historia dramática, de luchas y de sangre; historia sobre la que se habría constituido la nación como matriz del Estado. Para no extendernos a las historias de las sociedades del mundo, que son ricas en su diferencia y diversidad, quedándonos en el continente de Abya Yala, podemos aseverar, con cierta seguridad, que lo que había preponderantemente, antes de la llegada de los españoles, portugueses, ingleses, europeos, eran pueblos y confederaciones de pueblos.  A cada uno de los pueblos, a cada una de las identidades, a cada territorialidad, no podemos llamarlas identidades. Este es un denominativo moderno, el principio de identidad, íntimamente vinculado al Estado. Los pueblos, llamadas tribus por la antropología inicial, no son identidades, son redes de parentesco, controles de descendencia, filiaciones, memoria sanguínea en la tierra, alianzas territoriales. Estas estrategias de control no son identidades, son, de acuerdo a los relatos, mitos, narratividades ancestrales, estrategias de control y de expansión. Fundamentalmente estrategias de alianza, si se quiere, estrategias políticas, estrategias de complementariedad, de asociación, también de disponibilidad, así como, imaginariamente, de prestigio.

De manera diferente al esquema estructural de la identidad, la complementariedad, asociación alianza y prestigio, no es igualdad, mismiedad, permanencia de lo mismo, sino devenir, mutación, metamorfosis, algarabía comunicativa con los seres del universo. El reconocimiento, respecto del otro, de la otredad, no es por la identidad, sino por la metamorfosis, por la magia de la concomitancia de las fuerzas. La “identidad” es, si se quiere, animal, natural, en constante metamorfosis; es decir, es perdida contante de “identidad”. Nada permanece. Todo deviene. Esta certeza de las sociedades antiguas y ancestrales es conmovedora. Pues asumen perceptualmente el acontecimiento social, histórico, cultural, somático de los pueblos.

Frente a esta sabiduría antigua y ancestral, la modernidad les ha opuesto la ciencia positiva, la filosofía metafísica, de la homogeneidad,  de la universalidad, basadas en el principio de identidad.

Segunda anotación: Hablar de identidad boliviana es aceptar el punto de partida de las oligarquías regionales, que se opusieron al proyecto de Tupac Amaru al Proyecto de Simón Bolívar. Es aceptar la republiquetas, aceptar el proyecto terrateniente y extractivista de estas oligarquías. Es aceptar Bolivia, Argentina,  Brasil, et. Renunciar a la Patria Grande. Hablar de identidad boliviana es asumir el discurso nacionalista. Atacar las “identidades” indígenas, postulando la identidad mestiza, es asumir el discurso del Estado. Los caballeros, en su pelea, desconocen las historias efectivas de las comunidades y pueblos de Abya Yala.

Tercera anotación: Suponer un ser nacional, que también es tomado como sujeto nacional, como consciencia nacional. Esta conjetura de unicidad es antropomórfica, eleva la condición singular de una humanidad a condición universal. Supone un sujeto unificado, una consciencia unificada, un ser unificado. Esta es una elaboración metafísica, la transferencia del perfil individual a un perfil único de todos, como si esta pluralidad se comportara como un individuo. Esta imagen del individuo global es una construcción estatal, forma parte de los mitos construidos por el Estado, por el campo escolar, por el campo institucional. Este individuo global, este sujeto nacional, este ser nacional, como personificación de la consciencia nacional, no existe, salvo en el imaginario estatal. Ciertamente fue parte de las hipótesis primordiales de la filosofía moderna. Lo que oculta y reprime esta manera de proceder, esta manera de inocular la imagen del Estado, en este caso la imagen ontológica del Estado, así como la imagen psicológica del Estado, son las dinámicas moleculares, contingentes, singulares, plurales, asociativas y compositivas de las sociedades. El ser nacional, la consciencia nacional, forman parte de los mitos del poder, de la dominación polimorfa, que encuentra su legitimación precisamente en estos mitos. Los que hablan de ese modo son hombres del Estado, son hombres del poder, lo hagan como discurso teórico o lo hagan como discurso político.

La potencia social no se expresa como ser social, como sujeto social, como consciencia social; serían, en todo caso, metáforas. La potencia social se manifiesta como acontecimiento, en la multiplicidad de sus singularidades bullentes y creativas. La potencia social deviene en composiciones, en asociaciones, en coordinaciones y complementariedades; aunque también, cuando cae atrapada en las redes institucionales de captura, la potencia social es fijada como instituciones. Por lo tanto, el poder se alimenta de las capturas de la potencia social.

¿Qué es entonces eso, esa experiencia, que no es identidad, que es un tema del Estado? Desde sus inicios las sociedades humanas territorializan, codifican, sobre-codifican, generan plusvalía de código. Hay, como dice la antropología, control de la descendencia, la inscripción de la memoria de sangre en la tierra. Hay el clan, la comunidad, el ayllu. Están las redes de alianzas y filiaciones, los amarres territoriales. Acompañados por imaginarios y narrativas, mitos inaugurales. Es difícil sostener que estas son identidades, aunque se les llame identidades colectivas. El principio de identidad es un principio estatal; en las sociedades sin Estado no se recurre a este principio. No lo necesitan. Se puede decir que se trata de construcciones colectivas, comunitarias, de la memoria social. Entendiendo memoria no como consciencia, como sujeto; de ninguna manera; sino como espesor de planos de intensidad de la experiencia social. Tampoco considerar a la memoria como única, compartida por todos. La memoria es singular, está en cada quien; sin embargo, la memoria es sedimentación de la interacción múltiple de singularidades, de la apropiación de saberes, conocimientos, interpretaciones, en las constelaciones sociales. La memoria social es una constelación de memorias singulares. Es en esta pluralidad donde la memoria social es recogida y asumida singularmente por cada quién. Lo que hace posible este compartir, esta convivencia, esta coexistencia, es el mundo, la participación en el mundo, aunque esta participación sea singular en cada quien. Si se quiere, es ser en el mundo, entendiendo este ser en el mundo como un constituir el mundo, siendo, a la vez, constituido por el mundo.

Alguien puede decir este mundo es precisamente la nación, el Estado. De ninguna manera, la nación, el Estado, son reducciones institucionales del mundo. El mundo rebasa estos imaginarios institucionales; los desborda con sus dinámicas creativas, en constante devenir. No hablamos solo de mundo en su sentido planetario, sino también del mundo local, del mundo regional, del mundo territorial.  Las sociedades nacen en cada presente, se actualizan, emergen distintas, replanteando sus pasados. El nacimiento como origen, como nacimiento compartido, es un mito estatal. Los Estados construyen la nación como legitimación, también construyen un pueblo, como voluntad general. Las naciones han sido construidas por los estados, luchando contra las múltiples formas y expresiones socioculturales y lingüísticas. Han impuesto una nación a sangre y fuego.

En Bolivia, como el Perú, como en la Argentina, en los países conformados al sur del Río Grande, las naciones, es decir, los Estado-nación, se han configurado en guerra contra las confederaciones de sociedades y pueblos nativos, también en contra de los proyectos integrales de Tupac Amaru y Simón Bolívar. Fueron las oligarquías regionales las que impusieron las republiquetas, negando la posibilidad de la Patria Grande. Cuando se dice que la nación ahora está conformada, ampliada, por la participación indígena, como se dijo, como parte del discurso nacionalista de la revolución de 1952, como se lo enuncia ahora, con un pretendido discurso descolonizador, no se hace otra cosa que hacer cómplices a los indígenas de su propio etnocidio. Insistir en un discurso de Estado-nación, en un discurso nacionalista, en un discurso de la identidad boliviana, es insistir en la reducción estatal de las dinámicas sociales de los pueblos. Es insistir en la identidad construida por los Estado subalternos, identidad negadora de la multiplicidad, de los devenires, de la creatividad proliferante de las sociedades. Sobre todo es insistir en el proyecto oligárquico, popularizado con la revolución de 1952, “indigenizado” con los gobiernos populares y progresistas, pretendidamente descolonizadores,  de Evo Morales Ayma. Es también insistir en las republiquetas, negando la posibilidad de la Patria Grande, que no es posible en las gestiones burocráticas de los Estados y gobiernos, sino en las gestaciones complementarias de los pueblos.

Cuarta anotación: Una idea esquemática de la historia. Se tiene una idea caricaturesca de la historia. Personajes estereotipados enfrentándose, formas y perfiles definidos, vaciados de sus espesores históricos. Recortes de realidad donde el conflicto se reduce a la concurrencia de proyectos conscientemente asumidos, claros en sus intenciones. Desaparecen las relaciones de poder efectivas, concretas, singulares; desaparecen las mediaciones, las conductas mezcladas, las complicidades. Desaparecen los dramas individuales y colectivos. Si de Hegel se decía que había reducido la historia efectiva a la historia dialéctica de conceptos, de este tipo de esquematismo histórico se puede decir que reduce la historia efectiva a figuras caricaturescas. Pretendiendo una lectura moral de la historia.

En relación al análisis histórico, es indispensable responder a preguntas problemáticas: ¿Por qué se impuso la voluntad de la oligarquía regional? ¿Por qué pudieron incidir más los doctorcitos de Charcas que el mismo ejército independentista? ¿Qué pasó con los pueblos y las sociedades nativas desde el desenlace del levantamiento indígena del siglo XVIII? ¿Cuál fue su papel en la guerra de la independencia? ¿Por qué no se levantaron en el siglo XIX como ocurrió en el siglo XVIII? Por otra parte, es indispensable contar con mapas adecuados y detallados de de las estructuras institucionales, de los campos económico, social, político y cultural del siglo de las luces, cuando se funda el Estado-nación boliviano. Contar también con las cartografías de las distintas épocas y periodos republicanos, sobre todo antes de sus grandes crisis políticas, como la de la guerra del Pacífico, la guerra Federal, la guerra del Chaco, la revolución de 1952, la contrarreforma neoliberal, la movilización prolongada de 2000-2005. Sin estos recursos y estos referentes se cae fácilmente en esquematismos históricos.

Para contrastar con estos esquematismos históricos, con estas caricaturas discursivas, vamos a citar parte de un prólogo, Nacimos en la Churubamba, donde nos desplazamos a una interpretación de la historia como acontecimiento.

La conquista interminable

La historia de la Conquista del Perú aparece como la incursión continua, sucesiva, en constante expansión, por parte de los llamados conquistadores, por una parte; la manifestación de contrastes y contradicciones, de divisiones y desacuerdos, por parte de los inkas; sus tensiones, sobre todo los reclamos de la nobleza de los orejones, también de los señoríos aymaras,  por otro lado. Esta conquista, en ciertas etapas de su desplazamiento, no parece una conquista, sino la continuidad una guerra civil en el mismo Tawantinsuyu, guerra civil donde los españoles jugaron su partido. Las divisiones internas fueron aprovechadas por los españoles; empero, éstos también tuvieron su guerra civil. Pizarro y Almagro se enfrentaron en una guerra fratricida. Tal parece que la guerra civil atrapó a todos, nativos y conquistadores.

La conquista no se dio de golpe, sino fue todo un proceso, mas bien largo. Parte de la nobleza nativa esperaba el reconocimiento de la Corona, debido a sus servicios. Los orejones esperaron la devolución del Cuzco, la capital del Tawantinsuyo. Las alianzas se dieron entre nobleza nativa, por lo menos una parte importante de ella; esto explica los entretelones enrevesados de componendas, expansiones, concesiones; la entrega de la mina de Porco; pero, también, el laberinto del silencio, el ocultar la mina de Potosí, mucho más importante que la de Porco. Tal parece que, en aquel entonces, no había una clara consciencia de que lo que sucedía era una conquista, salvo, quizás, la certeza de la comandancia militar española, que comprendía que habían extendido los territorios del imperio ibérico.  Empero, la nobleza nativa se ilusionaba con que establecía alianzas, que podían llevarla de nuevo a un equilibrio, donde la nobleza retomaba la hegemonía. Sólo después, cuando se narra la historia, desde la perspectiva de los vencedores, se hace evidente que lo que ocurrió fue una conquista.

Esta impresión que deja la historia de la conquista del Perú explica algo que debería quedar claro; la conquista fue posible, pues los conquistadores contaron con aliados nativos. Lo mismo ocurrió en México; Hernán Cortez entró a Tenochtitlán con un ejército de nativos que acompañaban numerosamente al ejército español. Estos hechos no se pueden descuidar, no solo para lograr explicar cómo un puñado de españoles conquistó gigantescos dominios territoriales de aztecas y de inkas, sino también evitar caer en una narrativa insólita que hace abstracción de las fuerzas en juego, de la correlación de fuerzas, de la situación de las estructuras y diagramas de poder.  Esto, de ninguna manera, exculpa a los conquistadores, sino que identifica a las fuerzas colaboracionistas, que hicieron posible la conquista y la colonización.

Ninguna dominación se da sin una cierta aceptación. Esta trama es como una regularidad en las historias de las sociedades. Este es el problema de fondo; la parte que juega la aceptación. Los nobles jugaron un papel en este desencadenamiento. Esto se ve muy claramente tanto en el laberintico proceso de la conquista como, después, en las distintas posiciones que se dieron en el levantamiento pan-andino del siglo XVIII. Las diferencias entre caudillos nobles y plebeyos, nos muestra que los nobles sólo estaban interesados en la restitución de sus privilegios, en tanto que las comunidades estaban interesadas en una revolución social y en una reforma agraria. No se pueden comprender las conquistas de México y del Perú sin develar el trasfondo de las luchas internas, intestinas, incluso de lo que hoy podríamos llamar la “lucha  de clases” en las sociedades nativas; mejor dicho, contradicciones entre comunidades sujetas a coerción respecto a los aparatos burocráticos y administrativos señoriales, incluso hasta sacerdocios centralizados.

Esta relectura y reinterpretación de la historia de la conquista es imprescindible, sobre todo ahora, que los movimientos indígenas y los movimientos sociales anti-sistémicos descolonizadores enfrentan desafíos y obstáculos, al momento de entrar en contradicción con los llamados gobiernos progresistas y las restauraciones de los Estado-nación. No se puede seguir alimentando la historiografía de una narrativa inocente y esquemática, que no devela las complicidades de la nobleza nativa con los conquistadores. El problema antes, como ahora, es el poder, son las estructuras y diagramas de poder. La fuerza y la potencia creativa radicaban, en esas sociedades nativas, en las comunidades; las cuales tuvieron que soportar el peso de los privilegios de una nobleza y burocracia exigentes y engreídas. Si hay instancias dinámicas que hay que defender, en la reinterpretación de la historia de las conquistas, son las comunidades ancestrales. Primero, frente a los conquistadores, que las convirtieron en encomiendas, parroquias, reducciones, repartimientos, misiones y haciendas; segundo, frente a la nobleza y las burocracias nativas.

Las grandes dificultades, que hoy, se tiene para afrontar y desplegar la descolonización tienen que ver con el apego de los gobernantes progresistas con las estructuras e instituciones heredadas del Estado-nación, de la colonialidad; por lo tanto, la inclinación silenciosa con la continuidad colonial por conductos republicanos. Las grandes dificultades, que evitan la profundización del proceso democrático, de la revolución democrática y cultural, tienen que ver con los conservadurismos de la clase política, que se inviste de “revolucionaria”, empero, paradójicamente, repite las práctica y las modalidades de la clase política republicana y liberal. Las grandes dificultades, en el sentido de la igualación, por ejemplo, de la realización de la segunda reforma agraria en Bolivia, tienen que ver con las alianzas del gobierno y de las burocracias con los terratenientes y la burguesía agraria. Las grandes dificultades que se tiene para abrir rutas hacia mundos alternativos, hacia sociedades pos-capitalistas, son los apegos de las dirigencias “revolucionarias” por el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente.  Es menester pues, contar con una mirada crítica de la historia; tener una perspectiva de las genealogías del poder cuando se trata de activar la memoria.

A propósito, las “ideologías” sirven, en unos casos, para legitimar las instituciones, en otros casos, para convocar a la lucha; sin embargo, se convierten en un obstáculo para actuar cuando se trata de transformar, de destruir el poder, de desinstalar el Estado, de deconstruir las relaciones y las estructuras de dominación. Las transformaciones efectivas no pueden usar las “ideologías”, pues terminan perdiéndose en el laberinto de los imaginarios, que en gran parte son conservadores. La eficacia de las transformaciones requiere de miradas críticas, no contemplativas; de miradas que escruten, en las estructuras institucionales, las formas de dominaciones polimorfas consolidadas. Por eso, la relación con la memoria no puede ser descriptiva, ni de remembranza. No se está en relación con un álbum de fotografías, las que tienen que ser seleccionadas para beneplácito del observador. Se está en relación a los espesores sedimentados de las experiencias colectivas de los pueblos y las sociedades; experiencias que registran las vivencias intensas, los presentes desplegados, los afectos, pasiones, saberes, de entonces, los problemas no resueltos, las luchas inconclusas.  La relación con la memoria, en un presente determinado, es buscar el espesor sedimentado de estas experiencias lecciones que ayuden a potenciar el presente, a potenciar la fuerza transformadora del presente, potenciar la memoria en el presente, en tanto memoria desmesurada[3].

Esquematismo histórico

Reducir la historia a esquematismos es quitarle a la narrativa del pasado, que siempre se la configura desde un  presente, la perspectiva de la complejidad de los acontecimientos, de la dinámica de las composiciones sociales, de la problemática inherente a la estructura de los sucesos, de los eventos, de los cursos y desenlaces. En otras palabras, es quedarse sin explicación, es sustituir la explicación con un pre-juicio, con una anticipación ideológica.  Las ideologías sirven al inicio de las convocatorias a la movilización, sirven como propaganda, como interpelación inmediata; empero, cuando hay que enfrentar a las estructuras de poder, incrustadas en el cuerpo de los movilizados, en sus propias subjetividades, cuando hay que enfrentar herencias de dominación reiterativas, las ideologías se convierten en un obstáculo, en una rejilla, en una niebla que no deja ver el juego complejo de las fuerzas.

El discurso esquemático sirve ideológicamente para llegar a conclusiones esquemáticas, también a diseños de propaganda. Se concluye, por ejemplo, sin mucho sustento, que ahora es cuando las naciones y pueblos indígenas constituyen la nación y el Estado, en su condición plurinacional. En otras palabras, se dice: nosotros somos el fin de la historia. La realización dialéctica de una larga lucha descolonizadora. Algo así como la realización absoluta del concepto, en sentido hegeliano. Esta pretensión es tan caricaturesca como sus premisas, la historia esquemática.

Quinta anotación: La estatalización de lo indígena.  Después de la movilización prolongada, con la llegada al poder de Evo Morales Ayma, contando con los resultados electorales del 2005, haciendo un balance somero de lo acaecido en las dos gestiones del gobierno progresista, se puede tener la certeza del desenlace histórico.  Lo indígena, como rebelión, levantamiento anticolonial, como proyecto civilizatorio alternativo, como vínculos variados y diferenciales con la tradición comunitaria, finalmente ha sido estatalizado; es decir, subsumido al Estado. En palabras directas, ha sido domesticado e incorporado a la realización del Estado.  El mito de la nación termina de narrarse en términos de una “identidad compuesta”. La institución imaginaria del Estado-nación termina de pintar su cuadro completo, al incorporar a la institucionalidad moderna a la desmesura y la alteridad india.

Desde la perspectiva de la narrativa histórica, podríamos decir que, los gobiernos de Evo Morales Ayma son la realización plena del Estado-nación, su logro, por lo menos en el sentido de la incorporación del colorido indígena. De aquí, obviamente, no se puede concluir, que se trata del un Estado plurinacional comunitario y autonómico, como establece la Constitución. Esta tesis es insostenible, aunque sea la versión más demagógica del gobierno. No es un Estado plurinacional por la sencilla razón que su mapa y arquitectura institucional no ha cambiado; la base de esta transición no es el pluralismo institucional, el pluralismo administrativo, el pluralismo de gestión, el pluralismo normativo. Menos se da una transformación estructural e institucional, revolución acompañada por innovaciones pluralistas, comunitarias y participativas. El gobierno progresista ha renunciado a estas transformaciones, usando a la Constitución como texto de propaganda, sin aplicarlo; usando símbolos, mediante los cuales quiere sustituir la falta de transformaciones con la ilusión imaginaria. De este decurso de la preservación del Estado-nación ya hablamos en otros textos, a los cuales nos remitimos[4]. Lo que importa, ahora, es confirmar la interpretación de que se trata de la realización abarcadora, si se quiere, incluso plena, en el sentido narrativo, del Estado-nación.

Sobre el mestizaje

Sexta anotación: El mestizaje como “heterogeneidad social”. No deja de ser sugerente interpretar el mestizaje como “heterogeneidad social”; a partir de esta concepción teorizar sobre sus variedades, diferencias, nucleamientos y descentramientos, sus estrategias hermenéuticas, sus actualizaciones dinámicas. Empero, el debate no es este, aunque la llamada oposición y el gobierno se hayan enfrascado en esta discusión. El debate es por qué el gobierno no ha realizado un censo científico, por qué no le ha dado una base técnica con la actualización cartográfica, por qué no se ha basado en toda la experiencia de los censos anteriores, sobre todo de su discusión intercensal, para construir indicadores específicos y diferenciales, por qué no se mejoró la boleta, para producir una fuente adecuada para el análisis de las estructuras, características de las poblaciones, sobre todo de las poblaciones indígenas. Por qué se optó por la acción irresponsable de una enumeración incompleta. Esta gran falencia, esta inconducta técnica, no se cubre con una sugerente exposición sobre el mestizaje,  incluso contando con interpretaciones más complejas y dinámicas de la problemática[5].

Si bien se puede apreciar la interpretación horizontal, pluralista y dinámica del mestizaje, que se hace, a partir del enunciado de “heterogeneidad social”, no hay que olvidar que se trata de términos y conceptos que adquieren sentido en distintas narrativas. No se puede hablar de mestizaje, en cualquiera de las narrativas, si no se toma en cuenta su referente, su contraste, el término o los términos que se mezclan, sean nombrados a partir de una pureza mítica o no. Se habla de mezclas cuando determinados componentes se mezclan, se vea estos componentes desde donde se vea, biológicamente, socialmente, culturalmente. En otras palabras, se trata de discursos que se clausuran en el horizonte de las identidades, que hemos dicho que corresponde a la modernidad y a la genealogía del Estado. Lo que hay que cuestionar es este horizonte de la modernidad y del Estado. Por lo tanto hay que cuestionar la formación discursiva de las identidades, donde se encuentra el concepto de mestizaje. No basta desplazarse al enunciado de “heterogeneidad social” para salir de la trama del poder. Lo importante es atravesar ese horizonte moderno y estatalista, deconstruir las teorías y las políticas de identidades, liberar la potencia social de las capturas de las mallas institucionales.

La descolonización requiere de esta radicalidad crítica, pues, si no rompe con el horizonte de la modernidad y del Estado, la descolonización queda atrapada en las mallas de la civilización moderna y en los diagramas de poder homogeneizantes, aunque también de la simulación, por lo tanto, de la tolerancia y de la multicultural liberal. La descolonización, como proceso, queda entrampada en la paradoja de la colonialidad abierta, flexible; empero, despojadora de las capacidades creativas, de las facultades de la memoria larga, de las posibilidades alterativas de las culturas y los saberes resistentes.

No puede haber descolonización por el camino de las identidades. La descolonización requiere recuperar los devenires, que es liberar la vida de los códigos y ataduras institucionales, que pretenden controlar la vida; esto es, el biopoder.

La transición del Estado plurinacional comunitario y autonómico se remonta en la experiencia de la deconstrucción de las formaciones imaginarias de las identidades, formaciones imaginarias estatales. No es de esperar que las personas, las gentes, los pueblos, las sociedades, por lo tanto los grupos y los estratos, dejen de creer de la noche a la mañana es sus constructos estatales, en sus identidades imaginadas. Sin embargo, es indispensable incursionar en la deliberación deconstructiva de estos mitos modernos y estatalistas, des-constituyendo subjetividades subalternas y dependientes, constituyendo subjetividades emancipadas, en constante devenir.

[1] Libro de Álvaro García Linera: Identidad boliviana. Nación, mestizaje y plurinacionalidad. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia; La Paz 2013.

[2] El debate es entre Álvaro García Linera, actual Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, y Carlos Mesa, Vicepresidente del segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, y presidente interino a la renuncia de Sánchez de Lozada. El debate se da en torno al mestizaje y teniendo como referencia el libro de Álvaro García Identidad boliviana. El debate se publica en Nueva Crónica; La Paz 2014.

[3] Ver de Raúl Prada Alcoreza Nacimos en la Churubamba. Prologo al libro de Juan Francisco Bedregal Villagomes Por los caminos de Chuqui-abo. Alcaldía de La Paz, 2014.

[4] Ver de Raúl Prada Alcoreza Drama y retórica de un gobierno reformista. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.

[5] Revisar de Raúl Prada Alcoreza Critica de la razón nacionalista. Bolpress; La paz 2013. Rebelión; Madrid 2013. Dinámicas moleculares; La Paz 2013.

Publicado en: Bolivia

El buen gobierno y la sobrevivencia de la identidad boliviana incluyente

02/03/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Juan Carlos Zambrana Gutiérrez 

El vicepresidente suma otro aporte intelectual

No se puede eludir la realidad social e histórica de las identidades que pugnan por crear la nación boliviana y la identidad estatal.

El pasado domingo 23 de febrero se socializó una publicación del vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, titulada “Identidad Boliviana: Nación, mestizaje y plurinacionalidad”. La lectura de la mencionada publicación resulta oportunamente esclarecedora, pues en ella el autor aborda con esmero científico uno de los temas más complejos de las ciencias sociales: la identidad.

Este documento debe ser leído en su totalidad para que sea posible aprovechar las riquezas intelectuales que en él desarrolla el vicepresidente del Estado. Sin embargo, el objetivo del presente artículo es precisamente captar la atención en torno a algo que ha sido advertido por los intelectuales bolivianos  y, afortunadamente, también por las autoridades del Estado, como lo hace patente el vicepresidente con esta publicación. Se trata del delicado y benéfico resultado que se ha alcanzado en el proceso de construcción de la identidad boliviana en un contexto de identidades en pugna.

El vicepresidente describe detalladamente el proceso mediante el cual se construye la identidad boliviana y cuando lo hace no puede eludir la realidad social e histórica de las identidades que luchan para ejercer influencia en la construcción de la nación boliviana y la identidad estatal. Es muy enriquecedor estudiar su análisis del proceso de mestizaje y el nuevo enfoque al que dan acceso las conclusiones a las que llega, pero lo que más llama la atención (al menos de quien escribe las presentes líneas) es la observación de que en el momento histórico en el que se logró consolidar el empoderamiento del colectivo indígena pluricultural, la identidad  boliviana se tornó totalmente inclusiva, pues no sucedió como temían quienes promueven la exclusión: que lo indígena crecería en protagonismo y en fuerza hasta ocupar el lugar del dominador, invirtiendo el orden del esquema de exclusión en lo cultural y en lo que respecta a las identidades en pugna. En lugar de eso sucede que aun cuando ahora es lo indígena lo que define, en buena medida, cual vaya a ser la configuración final de la siempre heterogénea identidad boliviana, no se ha procedido a someter a las demás identidades a ningún tipo de exclusión.

En el mencionado escrito se observa que en la actualidad, más que de un equilibrio, se goza de una hegemonía identitaria inclusiva en la que lo indígena está impulsando una identidad boliviana que incluye a todas y todos los que nacieron en este país y que les hace partícipes del destino compartido de todos los bolivianos. No es que la pugna se haya equilibrado con la igualación de las fuerzas identitarias, sino que la hegemonía indígena en el campo de las identidades en pugna es incluyente, es totalizadora, de interculturalidad y sana, carece de la enfermedad del racismo.

Es extremadamente satisfactorio comprobar en los hechos esta teoría. Si bien al principio del proceso de cambio los movimientos sociales tuvieron que enfrentarse a obstáculos que bloqueaban la potencialidad creativa de la sociedad, y el miedo se apoderó de quienes promovían la hegemonía de la identidad blanca, castellano parlante y excluyente, generando suspicacia y algo de violencia, el resultado ha sido un Estado Plurinacional en el cual “la identidad y las clases sociales dirigentes reconocen a las otras identidades nacionales y éstas últimas inscriben sus prácticas materiales en el ordenamiento estatal”, en palabras del vicepresidente del Estado.

Esta obra teórica está basada en la experiencia de alguien que ha sido protagonista y observador directo en el proceso de construcción de la identidad boliviana en un contexto de “luchas político-culturales y de silenciosas guerras ideológico-discursivas”. Personalmente, me parece que la publicación de este escrito por parte del gobierno estatal se inscribe en una serie infinita de esfuerzos conscientes destinados a alcanzar una identidad boliviana que le haga justicia a todas y todos, incluyendo absolutamente a la totalidad de quienes compartimos el destino y el territorio de este país. Es muy necesario, y por lo tanto satisfactorio, que el gobierno haga estos esfuerzos, ya que se debe velar por mantener el carácter integrador, más aún, la esencia integradora de la identidad boliviana recientemente lograda dentro del proceso de cambio en curso.

*El autor es internacionalista

Publicado en: Bolivia

Bolivia: Critica de la racionalidad justiciera. Estelas políticas del Quijote

23/02/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Prada Alcoreza

 

Parece que asistimos a una constante experimentación de inadecuaciones entre discurso emitido, auditórium, escenario al que se dirige el discurso, mundo al que se pertenece, imágenes y percepciones de ese mundo, imágenes y percepciones de los interlocutores. Habría que averiguar si alguna vez se dio una adecuación, sino absoluta, por lo menos equilibrada, entre estos componentes del acontecimiento discursivo. Teóricamente ese fue el lugar donde y el momento cuando el discurso se daba en un auditórium concreto, donde los interlocutores estaban presentes, escuchando. Esa es la imagen transmitida por la filosofía de la Atenas antigua, esa es la imagen transmitida por la antropología de los ayllus precolombinos. Ahora, muy lejos de esos escenarios de la palabra emitida, de la retórica y la dialéctica, de la voz comunitaria, cuando los medios de comunicación de masa ligan el discurso a millones de personas que no están presentes y se las desconoce, lo que se puede constatar, con certeza es la inadecuación der los discursos, los escenarios, población de interlocutores, mundo.

Cuando se emiten los discursos, el o la que lo emiten creen que los escuchan todo el mundo, por lo menos el mundo ligado a la comunicación. Se imagina un auditórium abstracto donde los radioescuchas y los televidentes están apegados al aparato escuchando y viendo. Esta es una de las inadecuaciones compartidas en el mundo moderno. No es cierto que todo el mundo escucha y ve, está atento al discurso emitido. Sólo una parte de la población conectada escucha y ve justo el programa donde se emite el discurso en cuestión. De esa parte, a unos pocos les puede interesar, otros pueden asistir con curiosidad, en tanto que muchos se toparon por casualidad. La pregunta pertinente es si los medios de comunicación de masa permiten el raciocinio público, el raciocinio social, o más bien lo adormecen, incrementando esta modorra con la creencia, equivocada, de que se trata de medios que favorecen la democracia, al difundir información y al compartir masivamente programas de debate.

Lo que es cierto es que se ha perdido la relación directa, en un auditórium concreto. No se sabe cómo llega el discurso, tampoco se sabe que piensa la gente; por más que estos programas abran espacios de opinión y de preguntas por parte del público. No se da la construcción social y colectiva del consenso, que también es una construcción colectiva de la interpretación social. Esta podría ser una primera conclusión.

A esta inadecuación se suma otra; la que tiene que ver con la ilusión racionalista. El creer que la razón es el mejor mecanismo, si se puede hablar así, de convencimiento. El prejuicio es el siguiente: la razón se impone en un mundo racional, la verdad se impone en un mundo que reclama justicia. La imagen anecdótica que se tiene, cuando se comparte este prejuicio, es que una vez demostrado racionalmente el argumento, una vez develado el error que los otros cometen, entonces, los equivocados o extraviados desandarán el camino y reconocerán sus errores o sus extravíos. Este prejuicio se basa en un juicio que supone que el mundo y la historia se mueven por la astucia de la razón. Esta es la conjetura del determinismo racional.

El mundo ni la historia se mueven racionalmente, no hay tal astucia de la razón, que como una providencia juega sus cartas para finalmente terminar de vencer, debido a sus artimañas racionales. Esa providencia racional es heredera de la providencia divina de las religiones trascendentales. Para decirlo de manera resumida, el mundo y la historia se mueven por la concurrencia del azar y la necesidad. Azar como aleatoriedad y necesidad como condicionante, estructuras y encadenamientos, conformados por las composiciones asociativas de las dinámicas moleculares.

También se puede decir que el mundo y la historia se mueven por fuerzas múltiples, variadas, diferentes, en distintos planos o campos del acontecer. Son los campos de fuerza, las correlaciones de fuerza, el afecto y el efecto de las fuerzas, lo que plasma realizaciones y desplazamientos dados en el mundo y en la historia.

La gran novela inaugural de la modernidad es Don Quijote de la Mancha de Miguel Cervantes. En esta novela se describe al anti-héroe, romántico y “loco”, que, mas bien, nosotros creemos que es racional. El anti-héroe cree que por el sólo hecho de investirse de caballero, todo el resto, la gente va comprender e interpretar estos símbolos, reconociéndole como justiciero. Bastaba lanzarse en campaña enmendando entuertos y sinrazones para que esta campaña tenga éxito. La inadecuación del Quijote no es sólo confundir al mundo con la epopeya de caballerías, tampoco descontar la desventaja de que la gente de su presente no haya leído las epopeyas de caballería, para poderlo entender, sino el creer que el mundo es una escritura. Todo está escrito, hay destino, la razón y la justicia se imponen.

Esta es una ilusión racionalista, que llamaremos quijotesca, pues consideramos a Don Quijote, mas bien, consecuentemente racional cuando pretende usar la razón contra la sinrazón del mundo. Esta ilusión racionalista es compartida por gran parte de lo que se llama comúnmente “izquierda”. La “izquierda”, particularmente la “izquierda” radical, la única digna en nombrarse como “izquierda”, pues lo otro, con pretensiones “izquierdistas” es realismo y “pragmatismo” descarnado, es decir conservadurismo, en el mejor de los casos, o cinismo, en el peor de los casos. En este debate no entra lo que se llama comúnmente “derecha”. Este referente político no sueña, de ninguna manera, con transformar el mundo; al contrario, cree, que lo mejor que se puede hacer, es conservarlo tal como está. Entonces, esta “derecha” no está invitada a esta discusión.

La “izquierda” de la que hablamos – no vamos a dedicarnos al detalle de todos sus matices y diferencias, en los que sí son muy celosos, en distinguirse – cree que porque tiene razón, eso basta, para convencer, por lo menos a los explotados, condenados y discriminados de la tierra. Basta entonces con emitir el discurso de crítica y el discurso de convocatoria para que el pueblo, el proletariado, las comunidades indígenas, las mujeres dominadas, se levanten y acompañen a los caballeros y damas andantes en la gesta libertaria. Esta ilusión racionalista ha frustrado elocuentemente muchísimas veces a esta “izquierda” de caballeros y damas justicieras. Para esto tienen una explicación: no han sido entendidos, las masas han sido engañadas por demagogos o han preferido conformarse, cooptados por la prebenda.

Sin poner en duda su estructura ética y moral, la que es el substrato afectivo y valórico que sustenta las acciones de esta “izquierda” radical, algo que falta completamente en los “pragmáticos” y realistas, los oportunistas y cínicos, el problema de esta “izquierda” es llevar a extremo las inadecuaciones entre discurso, auditórium, escenarios, mundo.

En la crítica vertida anteriormente, establecimos cuadros de interpretación del acontecimiento político, de la coyuntura, de la historia política y de las genealogías del poder. Una de las tesis establece que los realistas y “pragmáticos” del reformismo de turno actúan, se colocan en el escenario. Optan, en consecuencia, por los montajes y el teatro político. A esto le hemos llamado el síndrome de la simulación. En lo que respecta a la “izquierda”, podemos decir también que se comporta como estando ante un espectáculo, el espectáculo de la historia, de la dialéctica de la historia; interpretada desde una filosofía de la historia, pretendido saber absoluto de la historia. También actúa, de otro modo, obviamente, que los “pragmáticos” y realistas. Lo hace hablando a las imágenes que tiene del pueblo, del proletariado, de las comunidades indígenas, de las mujeres. Sustituye al pueblo efectivo, con sus diferencias y diversidades, con sus dramas cotidianos, por las imágenes que tiene del pueblo, del proletariado, de las comunidades indígenas, de las mujeres. Su amor sincero por ellos no llega a la piel y a los oídos de este pueblo, por la sencilla razón de que no están escuchando la voz clamorosa de los caballeros y damas andantes.

Por ejemplo, gran parte del pueblo, gran parte de los contingentes populares, todavía cree que en Bolivia se sigue dando un “proceso de cambio”. Que lo que está ocurriendo, de todas maneras, a pesar de sus contradicciones, son transformaciones sentidas. Gran parte de las comunidades campesinas consideran que el caudillo es Evo Morales Ayma, que aunque no sea la reencarnación radical de Tupac Katari, de todas maneras es un caudillo indígena, aymara, que los representa. Parte del lo popular urbano también considera, que a pesar de las profundas contradicciones del “proceso”, las palpables regresiones del gobierno, no hay, por de pronto, otra alternativa, sino la “derecha” que acecha. En estas condiciones, hacer campaña electoral por un frente de “izquierda” es estrellarse contra los molinos de viento. El pueblo no va votar por esa “izquierda”, por más ética que sea, por más razón que tenga, porque, sencillamente no la conoce, no ha tenido la oportunidad de conocerla. Sólo conoce, en la memoria reciente, las luchas de la movilización prolongada, que llevaron a Evo Morales a la presidencia. Esa es su victoria, la victoria del pueblo cobrizo. Que lo que acontece no es lo que se esperaba, cierto, pero, esta mezcla forma parte de los costos, de las impurezas, de las desdichas que acompañan como sombra a toda dicha.

Para que no se confunda, de ninguna manera se interprete lo que decimos como si se apoyara al “pragmatismo”, al realismo político, al oportunismo y al cinismo de los gobernantes. Nuestra crítica ha sido y es clara al respecto; nos remitimos a lo escrito y publicado. Los “pragmáticos”, los realistas, los reformistas, no son ninguna salida y solución a los problemas de la emancipación y liberación. Al contrario, son un gran obstáculo. Históricamente son los mejores aliados de la “derecha” tradicional, pues detienen la radicalización de los procesos emancipatorios. Lo que debe quedar claro a los y las activistas libertarias es que no sólo se debe luchar contra esa “derecha” tradicional, sino con las nuevas “derechas”, emergentes de los proyectos y experiencias políticas reformistas. Sin embargo, no es posible efectuar ambas luchas si se postula la ilusión racionalista.

Si se quiere profundizar el “proceso de cambio”, en el lenguaje usado por nosotros, o si se quiere inventar otro “proceso”, debe quedar claro, que esta profundización o esta invención, no se puede realizar sin contar con el pueblo, con el proletariado nómada, con las comunidades campesinas y comunidades indígenas, sin las mujeres. Si no se construye un consenso político con estas mayorías, no se cuenta materialmente con fuerzas para efectuar la profundización o la invención del proceso. La emancipación, la lucha política, no es un acto racional, no es un producto de las inferencias intelectuales, es la composición extraordinaria de la convulsión de las fuerzas sociales. Para asociarse y conformar estas fuerzas demoledoras es indispensable escuchar al pueblo, al proletariado, a las comunidades campesinas, a las comunidades indígenas, a lo popular urbano. Es indispensable comprender el estado de ánimo de las mayorías, es menester aprender colectivamente a interpretar la complejidad de la coyuntura, es menester construir socialmente consensos, conocimientos, saberes activistas, que puedan intervenir efectivamente en el acontecimiento político. Mientras no ocurra esto, mientras se crea que basta ser asistidos por algunos medios de comunicación, hacer conocer por estos medios la crítica, la interpelación, la proclama, las mayorías no encontraran otra opción “pragmática” que seguir apoyando a lo único que tienen, el gobierno que han ayudado a emerger, de las profundidades de las entrañas mismas de las propias luchas.

Por otra parte, la ilusión racionalista debe ser criticada. Es una teoría reduccionista. Ha reducido la historia y el mundo a la dialéctica abstracta de conceptos opuestos, que están lejos de expresar la complejidad plural de los acontecimientos efectivos del mundo y la historia. Esta ilusión racionalista está íntimamente ligada a una petulancia, el creerse vanguardia. Si algo nos ha enseñado las historias dramáticas de las “revoluciones”, es que estas vanguardias del presente se convierten en los verdugos de mañana. En todo caso las vanguardias llegan a tener bocetos del acontecimiento, de la complejidad inherente a los sucesos y procesos. Esos bocetos no logran abarcar la extensa y dinámica complejidad de los acontecimientos. Para enfrentar los desafíos de las emancipaciones múltiples se requiere la construcción de conocimientos colectivos y saberes sociales compartidos, conformados en la construcción de consensos y de asociaciones activistas.

Conclusiones

1. La ilusión racionalista es el prejuicio medular de la modernidad. Su enunciado elocuente es: todo lo racional es real y todo lo real es racional. Este reduccionismo determinista corresponde del vaciamiento metafísico de los espesores de los acontecimientos, que habitan y convulsionan lo que se llama la “realidad” efectiva. Esta razón moderna, racionalidad instrumental, conoce apenas las formas y líneas tenues, que ha dejado, después de despojar a la “realidad” de sus contenidos. Sobre este boceto o conjuntos de bocetos logra efectuar inferencias, intervenir instrumentalmente, afectando sus entornos, creyendo que domina la “naturaleza”, cuando lo único que hace es construir el mito del progreso y el desarrollo.

2. La “izquierda” radical no ha dejado de ser moderna, compartiendo con la burguesía y la ciencia moderna, los prejuicios inherentes a esta cultura de la vertiginosidad y de la simulación. Es una “izquierda” que cree que el socialismo es revolución industrial más colectivismo, llámese soviets, consejos o comunidades. Es una “izquierda” que encuentra el socialismo después de efectuada la revolución industrial.

3. Esta “izquierda”, de la que no se puede dudar de su honestidad y entrega, es parte de la estela dejada por Don Quijote de la Mancha; se inviste del traje de los revolucionarios de la historia, pretendiendo con esto, sea reconocida por los explotados y condenados de la tierra, pretendiendo iniciar una campaña de luchas, que derivaría en la “revolución” como acontecimiento dramático de la historia, abriendo un nuevo horizonte. Todo esto acontecerá como tejido de la astucia de la razón, inherente en las entrañas de la historia.

4. Empero, es una “izquierda” solitaria, pues por los que lucha, no lo escuchan ni la ven. En todo caso, algunos, podrán adivinar su figura lánguida y desafiante en el horizonte; pero, esta figura no está al alcance como para asociarse, discutir, consultar, corregirle, aprender mutuamente.

5. De Don Quijote se decía que se había vuelto “loco”, para nosotros, mas bien, radicalmente racional, por leer tantas epopeyas de caballería. De esta “izquierda” podemos decir que se volvió la evocación de un excesivo racionalismo por leer tantas epopeyas revolucionarias.

6. Bueno, de modo diferente, que el sentido común popular de la coyuntura, pues hay sentido subversivo popular en coyunturas de crisis descarnada, podemos decir, que es esta la “izquierda” que tenemos, que tenemos que contar con ella por su reserva ética, su facultad crítica, para mantener el fuego, para asociar fuerzas y construir composiciones colectivas que vayan más allá del Estado.

Publicado en: Bolivia

Las dimensiones del cambio en Bolivia

16/02/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Pablo Stefanoni

 

 Desde que Evo Morales asumió la presidencia boliviana el 22 de enero de 2006 -primero en las ruinas de Tiwanaku y al día siguiente en la ceremonia oficial en el Parlamento-, Bolivia vive una serie de transformaciones que retoman una tradición profundamente inscripta en su cultura política: el antiliberalismo, sustentado en un ejercicio corporativo de la ciudadanía. Pero desde antes de este nuevo ciclo político, iniciado a partir de fuertes convulsiones sociales, esta nación andino-amazónica viene experimentando una reconfiguración de su estructura social, mediante procesos de movilidad social ascendente, especialmente transitados por sectores comerciales populares de origen indígena-mestizo. En ese marco, Bolivia vive, a su escala, un proceso de inclusión socio-simbólica mediante el consumo similar a otros países de la región, que constituye una de las fuentes de legitimidad del “nacional-populismo” vigente. En gran medida, estos procesos de desborde económico popular están asociados a redes de “globalización desde abajo,” motorizada por los vínculos crecientes con China.(1)

Una faceta interesante de estos procesos es que los mismos no son lineales, y las interconexiones entre dimensiones materiales y simbólicas presentan pliegues y recovecos que no siempre resultan fáciles de descifrar en tiempo real. La llamada “emergencia indígena” combina, sin duda, tendencias a la revalorización de la autoestima étnico-cultural con contratendencias a una modernización que conlleva una matriz de consumo globalizada, inclusive en la esfera cultural. La llamada “ola coreana” es uno de sus componentes. Ahí están, por ejemplo, las populares telenovelas del país asiático y el exitoso k-pop que atrae a miles de jóvenes bolivianos de extracción popular. En ese marco, no puede sorprendernos que los procesos de indianización y desindianización de la sociedad sean contextualizados, inestables y a menudo contradictorios. (No incluimos aquí los procesos de expansión del evangelismo entre los indígenas, y las reconfiguraciones modernizantes de la comunidad propiciadas por los “hermanos.”)

Un ejemplo de ello es el último Censo de población de Bolivia, realizado el 21 de noviembre de 2012, cuyos resultados se conocieron este año. De manera sorprendente-y paradójica si asumimos que Bolivia está regida por un gobierno indianista-la población mayor de 15 años que se autoidentifica con un pueblo originario bajó del 62 por ciento (según el censo de 2001) al 42 por ciento actual. Aún no existen explicaciones exhaustivas de estos cambios, sino hipótesis provisionales. Hay varias entradas posibles, aunque aún son especulaciones más o menos sustentadas mientras no contemos con estudios y datos más desagregados.

Desde las aceras liberales y nacionalistas está operando una suerte de “venganza del mestizaje”: a partir de la lectura algo apresurada de que quienes no se identificaron con ningún pueblo originario se considerarían automáticamente como mestizos, se propone revertir el Estado plurinacional y retornar a la República (mestiza) de Bolivia. Desde el indianismo/katarismo opositor se especula con teorías conspirativas: como el gobierno del MAS “es antiindígena” habría buscado que la población indígena se reduzca para impulsar su proyecto “nacionalista recolonizador” (la polémica carretera por el TIPNIS sería un ejemplo de ello). Como se ve, hay opciones para todos los menúes.

Otro argumento es el “aumento de la clase media” o de las autopercepciones de pertenecer a ella que surgen de algunos estudios. Varios gobiernos de la región junto al Banco Mundial están contribuyendo a alimentar el mito de la clasemediarización del mundo. En Brasil, paradigma de esa transformación, muchos de los intelectuales del PT no aceptan, sin embargo, el discurso oficial sobre la explosión de las clases medias, y ensayan otras interpretaciones centradas en nuevas categorías de trabajadores. En muchas de las visiones sobre el auge de las clases medias se termina por invisibilizar por completo las clases trabajadoras, viejas y nuevas, y clase media deviene un concepto ideológico cargado de valoraciones positivas hacia el “justo medio.”

Pero volviendo al censo, también es posible que hayan incidido las variaciones en la pregunta. En 2012 se preguntó: Como boliviana o boliviano, ¿pertenece a alguna nación o pueblo indígena originario campesino? Si-NO ¿a cuál? (lista de 36 pueblos, con la instrucción al encuestador de “no leer al entrevistado” dicho listado). Entretanto, en 2001, la pregunta había sido diferente: ¿Se considera perteneciente a alguno de los siguientes pueblos originarios o indígenas? Las opciones eran quechua, aymara, guaraní, chiquitano, mojeño, otro nativo, ninguno (y el censista sí debía leer las opciones).

La nueva Constitución incluyó a la categoría “IOC” (Indígena-originario-campesino) como una solución aritmética a las complejas interrelaciones entre identidades étnico-sociales; muchos campesinos-una adscripción popular muy importante en Bolivia desde los años cuarenta-no se sienten contenidos como indígenas aunque a menudo utilicen esa identidad de manera contextualizada o como “esencialismo estratégico.” En este sentido, hay que remarcar que el actual es un gobierno en muchos sentidos más campesino que indígena y en la última década operó una “campesinización” de la indianidad que construye fronteras frente a los indígenas urbanos en un contexto en el que ya la mayoría de la población vive en ciudades o pueblos. La cuestión en este punto es sencilla: para llegar al 62 por ciento fue necesario construir una indianidad muy laxa, que incluía a los urbanos y los campesinos, a pobres y ricos, a empresarios y trabajadores. Parte de esa generalidad se perdió con la fórmula “IOC” que aunque es una suma termina ruralizando discursivamente el ser indígena.

Dicho esto, cabe destacar que la popularidad y la capacidad hegemónica de Evo Morales se basa, precisamente, en que su indianidad “impura” -asentada en una cultura sindical- expresa a esta Bolivia popular “abigarrada,” que combina formas comunitarias “ancestrales” con capitalismo salvaje, a veces en un mismo espacio, como la Feria 16 de Julio en la ciudad de El Alto.

Evo Morales reactualizó, así, un antiliberalismo que desde los años treinta, con un punto culminante en la década del cincuenta-tras la Revolución Nacional de 1952 y rebotes en los primeros setenta y ochenta-se propone construir formas de “democracia funcional” basada en un tipo de ciudadanía no-liberal mediada por las adscripciones gremiales/corporativas. A ese horizonte-que convive, de todos modos, con una democracia representativa efectiva y que tiene como condición de posibilidad el liderazgo fuerte de Morales-el oficialismo lo denominó “gobierno de los movimientos sociales.” La legitimidad de tal esquema se basa, además, en un contexto económico de bonanza desconocido en la historia boliviana, que provee al gobierno de ingentes recursos para aumentar la inversión pública y expandir las políticas sociales. También para embarcarse en proyectos cargados de simbología, como la construcción del Satélite Túpac Katari (en China), que será lanzado al espacio el 20 de diciembre de 2013.

Es, en nuestra opinión, en esta clave de lectura que hay que leer los avances de los últimos años en esta nación andino/amazónica así como las visibles inercias del pasado y los límites internos a las perspectivas refundacionales ancladas en el no menos complejo y contradictorio proceso constituyente, que dio forma jurídica a la actual “Revolución democrática y cultural.”

* Este artículo se publicó por primera vez en Lasa Forum: Winter 2014: Volume XLV, Issue 1

https://nacla.org/news/2014/2/12/las-dimensiones-del-cambio-en-bolivia


Nota 1) “Esta alianza [sino-boliviana por abajo] se alimenta también de complicidades mutuas, a partir de un origen rural compartido o de la vivencia de operar fuera de los circuitos de la formalidad. Se tejen así otras dimensiones interculturales en el marco de una relación de ida y vuelta. Al inicio, fueron los comerciantes aymaras los interesados en viajar a la China en busca de negocio; después, los representantes fabriles chinos empezaron también a viajar a Bolivia para entender mejor las dinámicas económicas locales y mejorar las estrategias de producción. Y no tardaron en utilizar los canales locales de distribución y provisión, que se asientan en redes familiares reproducidas a partir de eventos sociales de gremios y fraternidades religiosas”. Las importaciones desde China se multiplicaron por diez desde 2003 hasta 2011 (Nico Tassi, Carmen Medeiros, Antonio Rodríguez-Carmona, Giovana Ferrufino, “‘Hacer plata sin plata’: El desborde de los comerciantes populares en Bolivia”, La Paz: PIEB-Reino de los Países Bajos, 2013).

Publicado en: Bolivia

  • « Ir a la página anterior
  • Ir a la página 1
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 41
  • Ir a la página 42
  • Ir a la página 43
  • Ir a la página 44
  • Ir a la página 45
  • Páginas intermedias omitidas …
  • Ir a la página 57
  • Ir a la página siguiente »

Barra lateral principal

Suscribete en nuestra lista

PODCASTS DE DON JUAN

Don Juan
Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
06/03/2024
juan
LAS OCHO, un poema de Lorca
26/12/2023
juan
RAIZ DE HOMBRE de Octavio Paz
03/11/2023
juan
NIDO de García Lorca
15/10/2023
juan
TIERRA SIN RETORNO
02/10/2023
juan
MADRUGADA de Octavio Paz
25/09/2023
juan
SILENCIO de octavio paz
14/09/2023
juan
EL HUERTO DE LA PETENERA de Lorca
28/08/2023
juan
DESPEDIDA de Lorca
18/08/2023
juan
LAS ESTRELLAS de Adonis
04/08/2023
juan
Search Results placeholder

Manu Chao – Clandestino (Full Album)

https://youtu.be/DOs5lmxDo74?si=yuHyqvCMGtTjtSKC

Los artículos se publican con el permiso de los autores a través de una licencia de Creative Commons

Ontiveros

Jeffrey Archer muere a los 86 años entre sesiones de escritura

FEROZ AT∆QUE SAUDÍ VS YEMEN. PAKISTÁN Y TURQUÍA ENTRAN DE LLENO. I$RAEL VA X 1RÁN

Ja! Festival 2026: Ciencia ficción, arte, humor y grandes autores en Bilbao

Spam bloqueado

283.635 mensajes de spam bloqueados por Akismet

webmaster ©ontiveros

Utilizamos cookies para asegurar una mejor experiencia en nuestra página. Al utilizar nuestras páginas, aceptas el uso que hacemos de las cookies.