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Bolivia

Una nueva gramática política, Bolivia

17/06/2013 by Vitalio Deja un comentario

Por: Rebeca Peralta Marinhelarina

El pasado 6 de mayo los mineros de la Central Obrera Boliviana (COB), se declararon en huelga general indefinida por el incremento de las pensiones a su gremio –exclusivamente a los mineros–, por 8 mil bolivianos (1.149 dólares), y por 5 mil bs. al resto de los trabajadores (718 dólares). El Gobierno de Evo Morales se mantuvo inflexible a la demanda, argumentando falta de fondos y riesgo en la sostenibilidad del sistema solidario de pensiones. Los trabajadores radicalizaron su demanda y exigieron un aumento del cien por ciento para todos los trabajadores, considerando el monto salarial obtenido en sus últimas 24 papeletas de pago, lo que disparaba las cifras hasta, en algunos casos, pensiones de 40 mil bs. al mes (5,747 dólares), en un país donde el salario mínimo es de 1 mil bs. (144.72 dólares). Luego de 16 días de intensas protestas callejeras y del llamado de las organizaciones indígenas y campesinas a defender a su gobierno y su presidente, los mineros dieron marcha atrás y aceptaron la propuesta inicial del gobierno de 70% de aumento a las jubilaciones sobre el salario y no del 100%.
La confrontación con la COB evidenció algunas de las principales contradicciones internas y llevó a muchos a radicalizar sus posiciones. Una vez superado el conflicto, vale la pena realizar un análisis de la situación actual y los principales retos que afronta el proceso de cambio encabezado por Evo Morales.

Voladura de un puente con dinamita, repliegue y acuartelamiento policial con amenaza de motín, marchas multitudinarias en la ciudad de La Paz, bloqueos de caminos en, por lo menos, seis de nueve departamentos, intento de toma del aeropuerto de Trinidad, suspensión de clases en la educación básica, incorporación escalonada a las movilizaciones de sectores no afiliados a la Central Obrera Boliviana, voces que clamaban “tumbar a Evo” /1 y conformar un “gabinete de sindicalistas”… Días después, una deslucida retirada de los combativos contingentes de la COB de la ciudad de La Paz, tras aceptar la propuesta gubernamental. ¿Qué tuvo que suceder para que mineros, maestros, policías y médicos abandonaran de esa manera las trincheras?

No hay una sola respuesta para la pregunta anterior y las que se perfilan no son sencillas. Es sabido que en política nada es como aparenta y que en estos terrenos hay formas paradójicas de resolución de los conflictos. Unas veces se gana perdiendo, otras más, se pierde ganando. Pero hay también dos fórmulas implacables: perder perdiendo y ganar ganando. Estas dos últimas ecuaciones son las que sintetizan los resultados de la contienda entre el Gobierno y la COB.

Hablando mal y pronto, en esta crisis hubo dos grandes perdedores: Los grupos con intereses electorales encabezados por Jaime Solares (ex paramilitar en el gobierno de Hugo Banzer y Luis García Mesa) y otras camarillas de dirigentes sindicales, y los sectores de profesionistas históricamente privilegiados en el país, verbigracia los médicos. A la par, los indiscutibles vencedores fueron, hay que decirlo, tanto el gobierno de Evo Morales como las organizaciones indígenas y campesinas.

No basta con decir que mineros y maestros estaban equivocados en su demanda y que, finalmente, “triunfó la razón”, o que el gobierno “anti-obrero y pro-capitalista” se sirvió de “grupos de choque contrainsurgente” (movimientos sociales) para enfrentar a los sindicalistas. Lo que está de fondo no es la simple resolución de un conflicto sindical, pues no se trata de cualquier tipo de conflicto, sino que éste encierra −por la forma en que se desplegó, por los contenidos de los discursos y demandas y por los sujetos que lo protagonizaron−, las claves que hacen inteligible la actual gramática política boliviana.

Lo que fue derrotado con la capitulación de la COB fue todo un modo de hacer política, casi un método de presión ante un Estado que, tarde se han dado cuenta los obreros, ha cambiado. Los derrotados fueron los grupos políticos que enarbolaron demandas particulares en detrimento de las universales, llegando al exceso de proponer que los recursos de la Renta Dignidad /2 se inyectaran al fondo de pensiones para pagar las jubilaciones de los movilizados al ciento por ciento de su salario actua /3.

Quienes han sido derrotados son los grupos políticos enquistados en la COB que todavía no alcanzan a vislumbrar los cambios sociales, políticos, económicos y culturales que operan en Bolivia desde hace más o menos una década, −de ampliación/reinvención de la democracia y la política−, instaurados por las mayorías indias y campesinas de este país. Perdieron los que no repararon en los cambios estructurales de más larga data sufridos en toda Latinoamérica, que hicieron del obrero, el minero o el trabajador fabril, no la clase predestinada a hacer la revolución, sino un conglomerado más de desposeídos que bien pueden hacer parte de ella si saben aliarse a las grandes mayorías indias de Nuestra América. La pretendida vanguardia obrera pasó por alto el cambio de época de la región, que se expresa en un nuevo tiempo de luchas, resistencias y cristalizaciones emancipatorias: con protagonismo indio, con proyectos de sociedad que ponen en el centro la lucha por la descolonización −en el plano material y simbólico−, la recuperación del Estado y la construcción de lo plurinacional.

Los dirigentes de la COB que llevaron a sus bases a la huelga general indefinida por una demanda gremial que escondía intereses político-electorales personales (la construcción del Partido de los Trabajadores y su posicionamiento mediático), no calcularon que el actual gobierno puede ser tanto o más revolucionario que ellos, pues es el representante de una voluntad general de poder emanada de movimientos indígenas y campesinos. Se les olvidó que el presidente Evo Morales es también sindicalista, que cotidianamente somete su gestión a la evaluación de federaciones sindicales y que goza del apoyo activo de diversos movimientos y organizaciones sociales, indígenas y campesinas, lo que ya marca un desplazamiento importante en la relación Estado-Movimiento Social.

En el fondo, lo que fue derrotado fue un discurso, “el de la clase obrera”, que pudo ser válido para un lugar y un momento histórico específico, pero que carece de sentido en un país donde primero se nace indio y luego se llega a ser minero, campesino o artesano, algunas veces maestro o policía, casi nunca médico. Es decir, donde la contradicción primera y fundamental es la étnica, a partir de la cual se estructura y articula el resto de las contradicciones. Esto es lo específico de Nuestra América, de Bolivia, de ahí el fracaso de un actor que importa recetas de revoluciones y cree firmemente en que a su clase le corresponde, por decreto, el papel protagónico en la Historia.

Sin embargo, no es una derrota de todos los obreros, al menos no de los que realmente se movilizaron por una demanda justa, pues, también es cierto, estos trabajadores requerían con urgencia una mejor jubilación, y la consiguieron. Los derrotados fueron grupos como los de Jaime Solares, para quienes el objetivo no era el aumento en las jubilaciones sino aprovechar y crear una coyuntura política que posicionara sus proyectos electorales personales, perfilara a sus futuros liderazgos y desgastara al gobierno de Evo Morales con miras a las elecciones de 2014.

René Zavaleta dijo, refiriéndose a la “rosca” (oligarquía minero-exportadora de principios del siglo XX conformada por tres familias: Patiño, Hoschild y Aramayo), que su incapacidad de convocatoria hegemónica se debía a su visión endogámica de reproducción interna, y puede ser que algo similar le haya ocurrido a “la clase obrera”; pues los mineros, los fabriles y los maestros, en lugar de proponer y construir junto a las organizaciones campesinas e indígenas hoy en el gobierno, se limitan a hacer pliegos petitorios, cuando su lugar histórico está junto a los indios trazando proyectos societales.

El llamado que surgió desde las organizaciones sociales en el cabildo de La Paz del 23 de mayo, de “refundar la COB”, da cuenta de la profundidad de la crisis de esta forma (sindicato obrero) y de este modo de hacer política, que no se corresponde con los tiempos que corren. Por su parte, las bases de la COB ya habrán sacado algunas conclusiones de esta aventura, no en vano la asamblea de mineros de Huanuni tomó el acuerdo de rebajar el sueldo de los mineros que ganen más de quince mil bolivianos /4. En sus manos está la oportunidad histórica de refundar la Central Obrera Boliviana, de arrebatársela a líderes y grupúsculos corruptos y ponerla a la altura de los desafíos.

15/06/2013

Rebeca Peralta Mariñelarena, mexicana residente en Bolivia, es maestranda del Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México y Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

Notas

1/ Véase: http://boliviaprensa.com/index.php/noticias-bpa/1397-profesores-de-santa-cruz-llaman-a-tumbar-al-gobierno

2/ La Renta Dignidad es una especie de pensión de alcance universal implementada en el gobierno de Evo Morales que se otorga a los mayores de 60 años. Ésta beneficia, sobre todo, a los trabajadores que ni siquiera pueden aspirar a cotizar una pensión baja pues muchos de ellos se emplean en la economía informal y viven al día.

3/ Demanda por demás desmedida, pues conviene tener presente que en 2010 el gobierno de Morales aprobó una nueva Ley de Pensiones (Ley No. 065) que tiene como base el principio de la solidaridad entre los trabajadores y reestablece el deber del patrón y del Estado de aportar para las jubilaciones de los trabajadores. Dicha ley fue consensuada con la propia COB y proclamada en la sede de la central obrera. Las principales características de este régimen solidario son: reducción de la edad de la jubilación (de 65 a 58 años, y las mujeres pueden reducir un año por cada hijo nacido vivo hasta un límite de tres, 55 años es la edad mínima de jubilación); establecimiento obligatorio del aporte patronal que había sido eliminando en la ley neoliberal (3% del total de las ganancias del patrón), además de un aporte especial por riesgo profesional; sistema diferenciado de aportaciones de los trabajadores: 1% del salario para los trabajadores de menores ingresos; 5% para los de ingreso medio; y 10% para los de más altos ingresos. Esto es, aportan más quienes ganan más. La nueva ley también establece que el monto de la jubilación se determinará promediando toda la vida laboral del trabajador y no sólo los últimos 24 talones de pago.

4/ Véase: http://www.la-razon.com/economia/Huanuni-bases-piden-sueldos-dirigentes_0_1840615953.html.

http://www.vientosur.info/spip.php?article8041

Publicado en: Bolivia

La COB y la necesidad histórica de abandonar sus formas religiosas ¿Quiénes y por qué derrotaron a los trabajadores?

09/06/2013 by 1 comentario

Por: Hugo Moldíz

 

Una innecesaria movilización de la COB a propósito del sistema de jubilación, impulsada por grupos pequeños que sueñan con la insurrección o el partido de los trabajadores, terminó en una derrota inevitable. La izquierda infantil derrotó a la COB, pero el gobierno derrotó a los activistas.

La huelga general indefinida de la COB con objetivos claramente políticos ha sido derrotada. La legítima preocupación de los trabajadores por contar con un adecuado sistema de pensiones ha sido utilizada por grupos radicaloides como palanca política golpista o electoral, sin haber logrado más que un desgaste innecesario de la máxima organización sindical de los trabajadores.

La errónea valoración de la relación de fuerzas reales de parte de un grupo de dirigentes fue dibujando la derrota desde un principio: se puso como condición del diálogo la presencia del Presidente y Vicepresidente del Estado Plurinacional, lo que no solo nunca sucedió sino que se terminó hablando con algunos Ministros; se exigió como escenario la Vicepresidencia o la sede de la COB y las negociaciones se desarrollaron en el Ministerio de Trabajo y se demandó el 100% de la jubilación y se finalizó pidiendo el 70%. Pero además, día que pasaba se convocaba a los policías a incorporarse a la protesta y se amenazaba con provocar la caída del gobierno, pero al final se desplegó inútilmente todos los esfuerzos para evitar el desbande y repliegue de los sectores.

¿Pero quién o quiénes derrotaron a la COB?, ¿qué es lo que derrotó a los trabajadores?

Las preguntas tienen una doble respuesta. De una parte, los que derrotaron a la COB y a los trabajadores son los grupos minoritarios que en momentos como estos no pierden la oportunidad de plantar “ilusiones ideológicas” en sectores sociales sobre la “posibilidad real” de arrebatarle más conquistas al “Estado hambreador” o “conquistar el poder para los trabajadores”.

Por otra parte, es el gobierno de los movimientos sociales y el fuerte liderazgo del presidente Evo Morales lo que derrotó a ese grupo de la izquierda infantil que no es lo mismo. De ahí la reiterada insistencia del jefe del Estado Plurinacional de diferenciar a los trabajadores de cierta dirigencia sindical. Entonces, todo indica que la satisfacción gubernamental por su victoria no es a costa de los trabajadores o de la COB como institución, sino por haber derrotado a una postura que al desarrollarse ante un gobierno de izquierda y revolucionario llega a ser contrarrevolucionaria.

Todavía es demasiado pronto como para medir el grado de derrota de la COB. Lo que si es evidente que el fracaso de la táctica y la estrategia cobista, liderada por un reducido grupo de activistas de la izquierda infantil, será sentida y medida en el transcurso del tiempo. El desplazamiento de lo reivindicativo por una agenda plenamente política lejos de fortalecer la protesta que más gente convocó en los últimos siete años, lo que hizo, en medio de una hábil estrategia gubernamental de resistir, es sentar las bases de un fracaso previsible.

Sin embargo, quizá a manera de balance es importante anotar los siguientes elementos:

Un primer elemento es que la COB es prisionera de una táctica y estrategia erráticas que no diferencian momentos políticos, actores en disputa y proyecciones históricas. Independientemente de quienes estén a la cabeza de este sindicato de sindicatos, salvo pocas veces en la historia, las lógicas predominantes han sido la de una tendencia discursiva radicalizada (el poder para los obreros) y una práctica inmediatista y salarialista.

La combinación de estas lógicas, bastante funcionales la una con la otra, han creado una contradicción inconducente y una suerte de “pánico histórico” que han impedido que la COB aproveche las condiciones favorables para avanzar en una perspectiva emancipadora. Esto ha sucedido en los 70 con Juan José Torres, el militar patriota que estuvo en la conducción del Estado en medio una coyuntura internacional de profunda disputa entre fascismo, al impulso de la doctrina estadounidense de la “seguridad nacional”, y revolución, al influjo del triunfo de la revolución cubana y el surgimiento de movimientos de liberación nacional. Lo mismo sucedió en 1985, cuando una poderosa movilización de los trabajadores mineros sirvió de preludio, a pesar de “otros deseos” de la dirigencia, de la profunda derrota de un proceso reformista asediado desde el principio por el bloque político-militar-empresarial conservador. A Torres le sucedió la dictadura reaccionaria de Banzer y a Siles Suazo dos décadas de neoliberalismo.

Pero lo que hace más grave la contradictoria táctica y estrategia inconducente de la COB es que no es capaz de experimentar ninguna modificación, en un momento en que se registra en Bolivia el cambio de época más profundo de toda la historia y que forma parte, a diferencia de otros tiempos, de una insurgencia social y política, de distintos tipos y grados, en toda América Latina. Está claro como los grupos que han convertido a la COB en su prisionera no aprecian América Latina desde una perspectiva mundial y Bolivia desde una perspectiva latinoamericana.

Los grupos radicalizados dentro de la COB apostaron a reeditar la experiencia de los 70 y los 80. Los activistas le hablaban a las bases de esos episodios gloriosos en los que el pueblo tomó las calles, pero callaban los trágicos resultados: la victoria del “enemigo de clase”.

Segundo, esta táctica y estrategia de la COB han conducido a una suerte de “aislamiento de fe” que, sin embargo, al mismo tiempo han logrado construir escenarios favorables para el surgimiento y desarrollo de grupos insurreccionales y golpistas bastante pequeños.

“El aislamiento de fe” se traduce en la reivindicación de “principios” como la “independencia sindical”, que no es otra cosa que la “independencia de clase”. Y entonces, surge la pregunta ¿es válido este principio frente un gobierno y un estado que no es de la burguesía y el imperialismo? Lo evidente es que esa “independencia” frente al gobierno de más de izquierda en nuestra historia y ante un Estado plurinacional que es la síntesis de un proyecto no capitalista en construcción, es no solo una posición equivocada sino profundamente contrarrevolucionaria.

Y es ahí donde los grupos de activistas vuelven a labrar la derrota de la COB. Convocar a la gente a tomar una posición ante el gobierno de Evo Morales similar a la adoptada frente a los administradores del modelo neoliberal, no solo que es un grueso error estratégico sino una ignorancia de la propia historia de la otrora máxima organización sindical, cuando en algún momento propuso formas de cogestión y cogobierno a manera de presionar por la profundización de los procesos democratizadores.

Pero junto a esa posición equivocada está otro “acto de fe”, Es el referido al método. Se parte de la absolutización de la insurrección como el método para la toma del poder, lo cual explica no solo la ausencia de estrategia de la COB ante un gobierno como Evo Morales, sino que recuerda la posición vacilante del ente sindical ante la experiencia guerrillera de Ñancahuazú con el Che e incluso Teoponte.

La línea insurreccional en el movimiento obrero es impulsada por las diversas fracciones trotskistas que no solo se disputan la paternidad de esa posición, sino que al mismo tiempo se refugian en las demandas salarialistas y reivindicacionistas de los trabajadores.

Otro dato de esta línea insurreccional es la presión que ejerce para convertir cualquier movilización social en una huelga general indefinida, cuando está claro que no toda protesta, por muy masiva que fuese, deviene en lucha por el poder político.

Esta táctica y estrategia de la que la COB es su prisionera, se ha traducido, vaya paradoja, en una apuesta por el “golpismo”, que no corresponde a los métodos de la clase obrera en ninguna parte del mundo. Una cosa es que los policías y militares se sumen al bando de las fuerzas revolucionarias cuando la victoria sobre las fuerzas de derecha es inevitable y otra es que se toquen las puertas de los cuarteles de los “destacamentos especiales de hombres armados” para encontrar la fuerza que no se tiene y para derrocar a un gobierno revolucionario como el que encabeza Evo Morales.

El “golpismo”, disfrazado de llamado a la insurrección, es, entonces, una concepción pequeño burguesa en las filas de los sindicatos obreros.

Un tercer elemento, quizá el más importante a la hora de hacer un balance de lo que dejó el último conflicto, es que “la clase” no existe. La afirmación, suficiente para ser calificado de hereje, parte de la recuperación de la tradición marxista de que la clase se constituye en la lucha y en el campo de lo político. La “clase obrera” no se constituye por el lugar específico que ocupa en el proceso de producción (una definición de Lenin que por desgracia condujo a una enfoque reduccionista), sino por la posición política que se tiene frente al capital y los capitalistas. Es decir, la “clase”, para ser tal, se organiza como clase distinta, autónoma y diferente, en el campo de lo político y en la política, frente a la clase que combate.

Por tanto, la “clase” se constituye y se desestructura al calor de las victorias y las derrotas. No hay ninguna predestinación. Eso es lo que sucedió en 1985, cuando el modelo neoliberal llegó a golpear con dureza a la base material y política de la clase obrera. La derrota de marzo de 1985, por tanto, no solo tuvo consecuencias para el gobierno de la UDP, que tuvo que acortar su mandato un año, sino para la FSTMB y para la COB. El cierre de las minas lanzó a la calle a más de 30.000 trabajadores mineros a pesar de la “Marcha por la vida”, y la libre contratación, como medida orientada a la flexibilización de la fuerza laboral, se expandió en poco tiempo hacia los trabajadores fabriles y al resto de la mano de obra para imponer una economía neoliberal que arrasó las lógicas productivas. Si hay algo que logró el neoliberalismo es domesticar a los trabajadores y desestructurar a la “clase” obrera.

Las asambleas mineras, verdaderas escuelas de formación política en otros momentos de la historia, se convirtieron en escenarios en los que las corrientes más revolucionarias empezaron progresivamente a ser desplazadas por otras de signo inverso. Quizá la expresión más clara de que las ideas caminaban por senderos distintos a la realidad, pero al mismo tiempo con el titánico esfuerzo de las expresiones revolucionarias de evitar lo inevitable fue el Congreso de la Chojlla, donde se aprobó la Tesis “De la resistencia a la oposición, de la oposición a la insurrección y de la insurrección a la victoria”. Pero nada de eso sucedió.

Dos datos contundentes de que la “clase” ha dejado de ser tal es la posición de los trabajadores de Huanuni frente a su propia empresa y la demanda del 100% de jubilación. En el primer caso, los altos precios del estaño en el mercado internacional han sido aprovechados para establecer un pago bastante alto por el desgaste de la fuerza de trabajo, que sí existe, pero al mismo tiempo sin destinar un porcentaje superior a la renovación de la tecnología y al incremento de su capital que sí se necesita al momento de pensar en una actividad sostenible en el largo plazo. El Estado no puede, como en el pasado, descapitalizarse ni subvencionar actividades que en la actualidad tienen las condiciones objetivas favorables para aportar al conjunto del país. La eficiencia no está reñida con el compromiso revolucionario; es más, es su condición. El segundo caso es el rechazo al tercer modelo de jubilación presentado por el gobierno (entre el sistema de reparto y la capitalización individual) que a través de la creación del Fondo Solidario (sin dejar la cotización por compensación y el registro del aporte individual) pretende asegurar mejores rentas para los que en su vida aportaron menos por sus bajos salarios.

Entonces, la “clase” deja de existir. Cuando se pierde de vista los intereses generales, privilegiando los intereses particulares, el resultado no es más que la pérdida de liderazgo en la sociedad y la derrota es inevitable.

Entonces, ante ese panorama, lo que se coloca en el tapete de debate es la urgente necesidad de refundar la máxima organización de los trabajadores, pero también la necesidad histórica de repensar los términos de la relación entre el bloque indígena-campesino-popular con “la clase” obrera obligada a reconstituirse. No hay revolución sin una férrea unidad y articulación entre la “clase” obrera y los pueblos indígenas originarios, que es “la otra clase” en formaciones capitalistas coloniales como es Bolivia desde su fundación y la que empieza a cambiar al impulso de la revolución que hoy se lleva adelante.

Publicado en: Bolivia

Evo Morales, un indígena modernizador

04/06/2013 by 1 comentario

Pablo Stefanoni

¿Evo Morales quiere reestablecer la cultura y la civilización pre-colombina? Al menos eso es lo que afirma el artículo publicado por Miguel Angel Bastenier en El País el 25 de mayo pasado. A diferencia de Chávez y Correa, el presidente de Bolivia tendría un proyecto más radical. “Más que un mandato está cumpliendo una misión puesto que aspira a restablecer una cultura y civilización pre-colombinas, a las que encuentra todas las gracias, en contraste con lo que califica de capitalismo deshumanizador, producto de la conquista europea”. ¿Pero van por ahí los tiros en el proceso boliviano iniciado hace siete años?

Sin duda, este tipo de análisis son funcionales a una visión -con alguna difusión- de que el Gobierno instaurado en 2006 propiciaría una suerte de racismo al revés o venganza étnica contra los blanco-mestizos -o “blancoides” como se los denomina en Bolivia- en paralelo al recambio de élites que vive el país. Pero la cosa es algo más complicada. El proyecto de Evo Morales es, ante todo, un proyecto desarrollista y modernizante. Por eso no es casual la batería de proyectos político/simbólicos con vistas a la re-reelección, con un satélite de comunicaciones a la cabeza. En diciembre será lanzado desde el centro de Jiuquan (en China) el satélite Tupac Katari, construido en el país asiático con un costo de 300 millones de dólares.

El nombre -que refiere al caudillo anticolonial aymara- junto a la puesta en marcha de la Agencia Boliviana Espacial es en sí mismo una buena síntesis de las inestables identidades indígenas que conjugan a geometría variable modernidad y tradición. Otro de los proyectos es un teleférico de transporte público que va a unir a La Paz con El Alto, que ya empezó a ser construido por una firma austriaca. Además de las gestiones personales de Morales para que el rally Dakar pase este año por Bolivia (en la zona del Salar de Uyuni).

Y hay más: Bolivia volvió este año al mercado internacional de capitales con la emisión de un bono global y captó fondos a una tasa bastante baja: 4,875% anual. Y Morales se enorgullece de haber expandido internet y telefonía celular por todo Bolivia, incluyendo las zonas rurales. De hecho, la gestión macroeconómica es uno de los fuertes del gobierno. Los 14.000 millones de dólares de reservas son solo un emergente de la mezcla entre buen contexto macroeconómico -favorecido por los altos precios de las materias primas-, nacionalización del gas y una gestión prolija liderada por el ministro de Economía Luis Arce Catacora, que se mantiene en el cargo desde 2006.

La demanda interna creció de la mano de la expansión del gasto público, que se triplicó en los últimos siete años y la inversión pública se sextuplicó en poco más de media década. Los problemas de Morales no tienen nada que ver con sus supuestos intentos de imponer una suerte de retorno al inkario. De hecho, uno de los conflictos más serios que enfrentó fue la oposición de los habitantes del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) a la construcción de una carretera destinada a integrar oriente y occidente de Bolivia, que partía en dos a ese espacio protegido.

Y la mayoría de los actuales intelectuales disidentes se fueron del gobierno precisamente por considerar que no toma en serio la construcción del Estado plurinacional y es demasiado desarrollista/modernizador. Otra cosa es que esos proyectos puedan efectivamente modernizar al país y no se queden en las tradicionales ilusiones desarrollistas, o que eso sea vía no tenga costos que es necesario discutir, pero esas son las metas de la “agenda patriótica” aprobada por el oficialismo. Y son estos imaginarios del salto industrial los que explican los vínculos entre Bolivia y Corea del Sur (sí, con Seúl, no con Pyongyang), que hoy se materializan en una presencia inédita de su embajador en La Paz, que incluso da conferencias y escribe columnas sobre el modelo coreano y el Movimiento Nueva Aldea que transformó las zonas rurales de esa nación asiática.

La idea de que el proceso boliviano se propone -a secas- “negar todo lo occidental” sólo refleja un fuerte desconocimiento empírico de cómo funcionan las identidades y prácticas indígenas desde la colonia hasta la actualidad. Que los comerciantes aymaras hayan pedido recientemente la inclusión del chino mandarín en las escuelas -para facilitar sus viajes a las ferias chinas, a las que ya viajan anualmente muchos de ellos- quizás se puede leer como un “sentimiento antioccidental” pero difícilmente representa una estrecha demanda del retorno al Tawantinsuyo, una aspiración al aislacionismo étnico, o un pedido de avanzar en un anticapitalismo radical o “socialismo premarxista” (Bastenier dixit).

Sin duda, Evo Morales enfrenta una serie de problemas vinculados a las demanda de redistribución de la riqueza en una economía extractivista, además del desgaste de siete años de gestión y cierta pérdida de apoyo urbano. Pero los desafíos no vienen de la Central Obrera Boliviana (COB) que estos días llevó adelante bloqueos para pedir un aumento en las jubilaciones. El partido de trabajadores alentado por sectores de la COB apunta a ser una fuerza testimonial. La clave está en si la oposición de centroderecha y centroizquierda logrará o no (unida o separada) construir una fuerza articulada y presentar un candidato atractivo para las elecciones de fines de 2014.

Eso determinará que el escenario sea más parecido al de Venezuela (donde Henrique Capriles le disputó la elección a Nicolás Maduro) o Ecuador, donde Rafael Correa arrasó. En cualquier, caso Bolivia vive un poderoso cambio de élites (una suerte de revolución política) que rompió varios de los techos de cristal que condenaban a los indígenas a la subalternidad, pero esas nuevas élites están lejos de los imaginarios orientalistas sobre indios de museo con los que a veces se lee el proceso boliviano.

Pablo Stefanoni es jefe de redacción de ‘Nueva Sociedad’ y ex director de ‘Le Monde Diplomatique/Bolivia’.

 

 

 

 

Publicado en: Bolivia

CIA y DEA llevan adelante una nueva conspiración contra Bolivia

26/05/2013 by Deja un comentario

 

Un nuevo operativo encubierto busca involucrar a una autoridad boliviana en actividades de narcotráfico y afectar la imagen del presidente

Por: Jaima Salvatierra

Dos agentes de la CIA identificados y con residencia en Santa Cruz y dos agentes de la DEA, que hace poco participaron de un curso antidrogas organizado

 por la FELCN y la embajada de EEUU, forman parte de un nuevo operativo encubierto que busca involucrar a una autoridad boliviana en actividades de narcotráfico y afectar la imagen del presidente Evo Morales.

A menos de un mes de que el presidente Evo Morales anunciara la expulsión de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) por injerencia en asuntos internos, una operación encubierta de inteligencia se viene desarrollando por los servicios estadounidenses para involucrar a algunas autoridades bolivianas, particularmente al viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, en actividades de narcotráfico.

Todavía es muy difícil de precisar sobre el tiempo desde que se está desarrollando la operación encubierta y combinada de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos: la Central de Inteligencia Americana (CIA) o la Drug Enforcement Administration (DEA) ¿Antes o después de la expulsión de USAID?, ¿es una reacción ante la medida adoptada el 1 de mayo de 2013 o forma parte de los intentos de construir una matriz de opinión nacional e internacional que levante sospechas contra el grado de compromiso real del gobierno boliviano en la lucha contra el narcotráfico?

Hay razones que pueden apuntalar cada una de estas interrogantes. En oportunidades anteriores hemos denunciado los constantes intentos de Washington en tratar de presentar a Bolivia como un estado fallido en el enfrentamiento al narcotráfico. Todos recordamos como hace dos años atrás la embajada norteamericana en Bolivia coordinó un operativo conjunto de la CIA y la DEA para convertir al ex general de Policía, René Sanabria, de colaborador de la DEA en narcotraficante.

Una semana antes de que se realizara el operativo de la DEA en Panamá contra Sanabria –que en el pasado fue un activo colaborador de la DEA-, se produjo una reunión secreta en la embajada estadounidense en La Paz entre Reginald Tillery – un ex agente DEA que se quedó en Bolivia para trabajar con la NAS luego de la expulsión de la agencia antidrogas estadounidense en 2008-, con Rodney Delano Smith, alto oficial de la CIA en Bolivia, bajo fachada de Primer Secretario de la Misión estadounidense a cargo de asuntos regionales.

En la mencionada reunión y a sugerencia de Tillery, se acordó la participación directa del oficial DEA radicado en Paraguay Andy Banks, en el operativo de detención de Sanabria. Banks es un viejo compinche de Tillery. Durante los años de 2007 hasta febrero de 2009 estuvo radicado como oficial de la DEA en Cochabamba, al igual que otros agentes de la DEA se dedicó más a la labor subversiva y de espionaje contra el gobierno popular de Evo Morales que a colaborar con las autoridades bolivianas para combatir el narcotráfico.

El objetivo de ese operativo, en febrero de 2011, estaba claro: montar una campaña difamatoria contra el gobierno boliviano, alegando la existencia de una supuesta corrupción y vínculos con el narcotráfico en sus más altas esferas.

De nuevo a la carga

A dos años de ese operativo, todo parece indicar que los servicios de inteligencia de Estados Unidos, especialmente la DEA y la CIA en Bolivia, preparan en contubernio con algunas fracciones de la oposición de derecha, una nueva campaña de descrédito e intentos de desestabilización contra el gobierno popular de Evo Morales, recurriendo a las mismas mentiras de supuestos vínculos de altas personalidades del Ejecutivo con el narcotráfico.

Ahora el blanco aparente de los ataques es el viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, contra quien los servicios de inteligencia norteamericanos están fabricando un expediente con supuestas evidencias que tratan de relacionarlo con actividades de narcotráfico.

Según fuentes bien informadas, los planes de la embajada norteamericana en La Paz pretenden utilizar a ex miembros y a algunos oficiales activos de la Policía como supuestos testigos y denunciantes contra el viceministro Cáceres, un ex dirigente de los productores de la hoja de coca del Chapare, ex alcalde de Villa Tunari y amigo personal del presidente Evo Morales.

El desarrollo del operativo cuenta con la participación de dos oscuros personajes que bajo la fachada de hombres de negocios radicados en la ciudad de Santa Cruz, vienen realizando su labor encubierta como agentes de la CIA y la DEA desde hace varios años.

Se trata de los norteamericanos David Wayne Paiz y Bert Davi Castorino. El primero un viejo agente de la CIA y la DEA, quien por orientación de estas agencias se radicó en Bolivia hace varios años, luego de contraer matrimonio con una joven boliviana y obtener ciudadanía de este país.

Wayne fue infiltrado por la CIA en los servicios policiales bolivianos como profesor de artes marciales, posición que le permitió desarrollar su actividad de espionaje y captación de posibles candidatos dentro de las fuerzas de seguridad bolivianas y su utilización como fuente de información para la embajada de los Estados Unidos.

De acuerdo a la información obtenida, el ciudadano norteamericano también participó de alguna manera en la campaña de desestabilización que la ultraderecha boliviana, apoyada por las corrientes internacionales, llevó delante de forma muy activa contra el proceso popular que encabeza el presidente Evo Morales durante el periodo 2006-2009.

Las agencias de inteligencia estadounidenses, aprovechando esos vínculos estrechos le asignaron a Wayne la tarea de contratar posibles denunciantes contra el viceministro Cáceres, los que se encargarían de presentar y sustentar supuestas evidencias de los vínculos de la autoridad boliviana con actividades de tráfico de drogas, según se plantea.

La CIA, a través de Wayne, ha llegado a ofrecer hasta un millón de dólares a estos falsos testigos como pago a su colaboración, según se desprende de la información obtenida.

Wayne reporta directamente a Bert Davi Castorino, persona de origen italiano, nacionalizado en Estados Unidos y con un largo historial de servicio dentro de la CIA.

Al igual que Wayne, el italo-norteamericano Castorino lleva varios años radicado en Bolivia y es un importante enlace entre la estación CIA en La Paz con los grupos y líderes de organizaciones de extrema derecha de la ciudad de Santa Cruz. También mantuvo relaciones con los dirigentes de la línea dura opositora contra el proceso de cambio.

Aún no se tiene plenamente identificada a la estructura de esa nueva conspiración contra el gobierno de Evo Morales, pero todo indica que Castorino está a cargo y responde ante sus jefes de la CIA por la operación fabricada contra el viceministro Cáceres.

Como parte importante de estas acciones de la CIA, en colaboración con la DEA, Castorino está explorando qué personajes comprometidos con la justicia boliviana, ya sea jueces o fiscales, podrían servir al cumplimiento del operativo encubierto. Según señalan las informaciones preliminares, hace muy poco Castorino sostuvo un encuentro con el Fiscal cruceño Alvaro de la Torre, conocido por sus vínculos con los sectores más reaccionarios de la oposición y sobre quien existen sospechas de corrupción.

La reunión entre Castorino y Alvaro de la Torre se llevó a cabo en el Bar Discoteca Budu, al cual el enlace CIA acude con frecuencia y utiliza como lugar predilecto para tratar negocios que califica como delicados.

El representante de la CIA dispone de medio millón de dólares para el fiscal que investigue el caso, cuando la denuncia se haga efectiva contra Cáceres, y para que reciba la declaración de los falsos testigos y para que se encargue de promover una investigación sobre estos supuestos cargos.

Como parte del operativo encubierto, a partir del 13 de mayo dos agentes de la DEA se encuentran en Bolivia con el objetivo de encontrar y aportar más elementos al objetivo conspirativo.

La oportunidad para que los agentes DEA lleguen a Bolivia fue la organización de un curso anti-drogas para los miembros del GIOE de la FELCN que se llevó a cabo en el Hotel Asturias de Santa Cruz.

La coordinación del curso, que tuvo que llevarse a cabo hasta el 24 de mayo, pero que por razones no conocidas se suspendió el viernes 17, fue entre la FELCN, la NAS, la DEA y Donald Frerich, director de capacitación de la embajada de Estados Unidos en La Paz.

¿Pero es Cáceres el objetivo último de la operación encubierta?

Los servicios secretos de los Estados Unidos, como ha ocurrido con el caso del general Sanabria, están trabajando para que el operativo esté acompañado por una repercusión mediática dentro y fuera de Bolivia. Ya sea con relación directa o no, la CIA y la DEA espera que se produzca una reacción inmediata de líderes y políticos de oposición en sentido de pedir la renuncia del viceministro de Defensa Social y una investigación sobre hasta dónde conocía el presidente Evo Morales las supuestas actividades de tráfico de drogas de uno de sus más cercanos funcionarios.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos saben que el desarrollo de esta operación encubierta no producirá ningún terremoto que ponga en peligro la estabilidad del gobierno de Morales, dado el respaldo mayoritario que tiene de la población, según ha quedado demostrado en todos los sondeos de opinión desde que asumió la dirección del Estado boliviano.

Pero, por lo visto se pretende lograr dos objetivos: primero, alimentar una matriz de opinión internacional que criminalice y estigmatice aún más al gobierno boliviano en la lucha contra el narcotráfico. A las autoridades estadounidenses les ha caído bastante mal que Bolivia haya conseguido exitosamente la defensa de la hoja de coca al denunciar la Convención de Viena de 1961 y luego su reincorporación.

El gobierno de Morales también ha criticado duramente a la administración de Obama por incorporar a Bolivia con juicios negativos en su informe anual sobre la lucha contra las drogas, a pesar que las Naciones Unidas han reconocido que es el país que más ha reducido sus cultivos de coca respecto de Colombia y Perú, y que también el que más acciones de represión al accionar del narcotráfico ha llevado a cabo.

El segundo objetivo es construir una matriz de opinión dentro de Bolivia para afectar la imagen del gobierno boliviano y sobre todo del presidente Evo Morales, quien se dispone a participar de las elecciones de 2014 luego que el Tribunal Constitucional Plurinacional habilitará su postulación al responder positivamente a una consulta de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Es evidente, entonces, que una vez más los sectores más reaccionarios dentro de EEUU y los órganos de inteligencia de dicho país muestran la falsedad sobre su disposición de establecer una real y efectiva colaboración con el gobierno boliviano para enfrentar el flagelo que constituye el narcotráfico, bajo principios de respeto a la soberanía y no injerencia en asuntos internos.

Como se ha señalado en oportunidades anteriores, la lucha contra el narcotráfico es el pretexto que Estados Unidos utiliza para tratar de imponer su presencia militar y el amplio despliegue de su enorme aparato que compone la llamada comunidad de inteligencia estadounidense, dirigido a la desestabilización y derrocamiento de los gobiernos progresistas en nuestra región que no se someten a los designios imperiales de Washigton.

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Los extremos se dan la mano, Bolivia

18/05/2013 by Deja un comentario

Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo

Tomar por asalto las calles de la sede de gobierno, detonando cartuchos de dinamita por su paso, con arengas y demandas draconianas como la obstinada posición de la Ley de Pensiones para una minoría de burócratas sindicales, están fuera de contexto. Estas marchas que protagonizan los cooperativistas del subsuelo, los fabriles, el magisterio urbano y rural, los policías y todos los oportunistas en río revuelto, es por demás desmesurada, a veces parecería que ésta odisea de sitiar las ciudades como La paz; poner en vilo a los habitantes, transgredir el libre tránsito, agredir a las fuerzas del orden y atemorizar con detonaciones de dinamita en esa hoyada que es ya una fatalidad de caja acústica, es incompatible, es más, imponer por la fuerza todos los caprichos a título de reivindicaciones, no es justo, es inadecuada la pólvora y la soberbia en esta democracia singular e incluyente que tiene inspiración y vertiente en el mismo pueblo.

Los dos extremos se dan la mano y extrañamente coinciden con afanes conspirativos, tanto los opositores oligárquicos con sus peleles útiles como Jaime Solares y la diputada Norma Piérola entre otros o los extremistas de la vieja izquierda quienes al unísono gruñen contra el oficialismo. Algunos intransigentes dirigentes de la COB que hoy pertenecen a esa nueva burocracia sindical con sueldos descomunales que no responde a nuestra realidad, pasan de  sus reivindicaciones tradeunionistas  a tomar una posición política definida y a la luz del día, en clara sedición y desacato al estado de derecho, hacen coro con los demás conspiradores como la dirigencia del magisterio urbano de Cochabamba que al enterarse de las arengas del representante de los padres de familia José Pardo cuando azuzaba en tomar la Gobernación de Cochabamba batían manos. Filemón Escobar es otro de los que acompasa esta suerte de concierto de voces vocingleras, se olvidó de su discurso en aquel
Congreso de la COB en la Costanera de Cochabamba en 1984, cuando les emplazaba a los del POR de ser los culpables junto al PIR  del colgamiento de Villarroel y los artífices para que la UDP entrara en su último estertor con aquellas posiciones radicales de la escala móvil de salarios. Escobar hoy sufre de amnesia y hace lo mismo que sus detractores de entonces, hoy se sube a la galera de la conspiración para urdir y desestabilizar este proceso que muchos queremos se siga profundizando.

La lucha de la COB por sus reivindicaciones es justa, aunque desacertada con los ingresos del país, al igual que su método de lucha tan incongruente con los postulados que tiene la Revolución Cultural y Democrática, estos paros conspirativos no hacen más que poner en vilo la economía y el estado de derecho en el país.

Está claro los afanes desestabilizadores, es importante que  los buenos y consecuentes dirigentes de la COB se desmarquen de los afanes conspirativos de algunos dirigentes, es un momento histórico para definirse si vamos por el camino de la reacción o continuamos con nuestros postulados hacia el socialismo para construir un mundo más justo,  no hay medias tintas en política, se está o no con este proceso. De qué sirve te portemos el emblema revolucionario y la imagen del CHE en las pancartas si no estamos a la altura del hombre nuevo, del dirigente altruista que piensa primero en los demás despojándose del egoísmo y el individualismo que nos alimenta el sistema capitalista, pero me temo que no hay moral para reclamarse revolucionario cuando tenemos sueldos por encima del presidente.

Ahora que el camino está diáfano después de que la bruma reivindicativa conminara con tantos días de perjuicio al país, cae el telón y se descubre a los actores dantescos de esta tragicomedia. Esta forma de ensayo y pulseta política servirá para proyectarse en las próximas elecciones, ahora que la COB ya conformó su propio partido, el Instrumento Político de los Trabajadores (ITP) y  la disgregada oposición obstinada en articularse en un sólo frente. Estos acontecimientos serán un parámetro para ver el poder de convocatoria que estos tienen para hacerle frente al MAS IPSP.

Asimismo es ya oportuno dar el apoyo incondicional a la COMIBOL, es decir a una nueva imagen de una nueva corporación que no sea ni la sombra de la otrora vaca lechera del estado, que la succionaron gobiernos de turno, las burocracias sindicales y que finalmente recibiera el tiro de gracia por el neoliberalismo con ese famoso decreto del 21060. Se necesita una nueva corporación minera, que sea transparente y  retome el control salarial con justicia social.

El gobierno tiene todavía mucho por transitar y seguir reparando los deslices del viejo orden burgués pero al mismo tiempo se debe de evitar decisiones salomónicas a caprichos sectoriales porque sólo con decisiones objetivas tendremos una economía sostenible en el tiempo, pero también necesitamos el aporte y la lucidez de los dirigentes de la COB que lejos de contribuir a profundizar ésta democracia hacen más tortuoso el camino por recorrer.

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Las raíces indomestizas de Bolivia

12/05/2013 by Deja un comentario

Por: Andrés Soliz Rada

 

El punto crucial de la Historia de Bolivia reside en determinar si la Revolución del 1952, conducida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), es una continuación del colonialismo interno, heredado de España, o, por el contrario, se trata de una ruptura de ese dominio colonial. La corriente indigenista que reivindica la primera posición ha recibido el respaldo del investigador estadounidense, Matthew Gildner, quien, en nota publicada en la Revista “Ciencia y Cultura”, de la Universidad Católica Boliviana (Nº 29, de diciembre de 2012), sostiene que el MNR utilizó la historia “como agente de liberación nacional para la clase criolla-mestiza, que sigue gobernando un país cuya población es en su mayoría indígena”. Gildner ha desarrollada esta posición en su tesis doctoral: “Indomestizo Modernism: National Development and Indigenous Integration in Postrevolutionary Bolivia, 1952-1964”. Universidad de Austin, Texas. Agosto de 2012.

La tesis, en la que Gildner describe las políticas culturales de Víctor Paz Estensoro (VPE) y Hernán Siles Zuazo (HSZ), advierte que, según el MNR, el estudio de la historia debía estar al servicio no sólo de la nación, sino del partido. Infelizmente, no cita la fuente según la cual algún dirigente “emenerrista” hubiera indicado que la historia debía estar al servicio del partido. Aporta, en cambio, sólidas fuentes para demostrar que las políticas culturales del MNR buscaron forjar una identidad nacional, a través de la reinterpretación de la historia, conmemoraciones cívicas, nuevas designaciones de nombres para plazas y calles, aliento a notables muralistas, como Miguel Alandia Pantoja y Walter Solón Romero, y al mejor archivista del país, Gunnar Mendoza. Todo lo anterior estuvo dirigido a revelar la existencia de un pasado común, indo mestizo, para lo cual introdujo en los textos de historia los conceptos de mestizaje y pueblo boliviano, lo que constituye un reconocimiento a la trascendencia de la Revolución Nacional.

LA RESPUESTA DE LA NACION OPRIMIDA

El eje de esas políticas fue la Subsecretaría de Prensa, Informaciones y Cultura (SPIC), orientada por el futuro Canciller, José Fellman Velarde, quien, en 1953, editó “El Álbum de la Revolución Nacional”, uno de cuyos mayores aciertos fue articular las figuras del Presidente mártir, el Coronel Gualberto Villarroel, y la de VPE. La construcción cultural movimientista, en la que jugó destacado papel el Instituto Cinematográfico Boliviano (IBC) y la Comisión Nacional de Historia (CNH) tuvo su epicentro en lo que Gildner denomina la coalición pan étnica y multiclasista, es decir una alianza de las clases oprimidas, integrada por obreros, campesinos y capas medias, con sus especificidades de estudiantes, militares, profesionales, empleados públicos y amas de casa, interesadas en suprimir la dominación de latifundistas y grandes mineros, al servicio del capital foráneo. A estos esfuerzos, el indigenismo denomina “la colonización de la memoria”.

De esta manera, el MNR respondió a la interpretación euro céntrica y colonialista de la historia, cuya figura emblemática es Alcides Arguedas (autor del libro “Pueblo Enfermo), para quien la presencia indígena y aun mestiza en la vida pública es una amenaza para la democracia y un lastre que se debe extirpar si se desea el progreso de la República. En consecuencia, a su juicio, el atraso de Bolivia se debería a determinismos biológicos y geográficos. La historiografía nacionalista estima, por el contrario, que ese atraso obedece a la estructura económica interna, al servicio de la dominación foránea. Tal respuesta está condensada en el libro “Nacionalismo y Coloniaje”, de Carlos Montenegro, quien aborda el tema a partir de la oposición binaria nación – anti nación.

La prolongada sumisión mental de la sociedad boliviana a la ideología “argueduna” se debió al control que la “Rosca” (alianza de grandes mineros y latifundistas) ejercía sobre prácticamente la totalidad de periódicos e imprentas. Por tanto, el MNR trata de rescatar el pasado refutando a la “anti historia”. Augusto Céspedes, en su obra, “El Dictador Suicida”, puntualiza Gildner, fue explícito al sostener que “la revisión de la historia es una de las formas de la liberación nacional”. La CNH deja constancia, sin embargo, que el MNR no busca tergiversar los hechos, sino atenerse a éllos, a fin de interpretarlos de modo diferente, a fin de mostrar el verdadero rostro de la República. Postula abrir los archivos y acceder a las fuentes primarias, a fin terminar con la falsificación histórica.

Pese a lo anterior, los adversarios del MNR acusan a sus historiadores, y especialmente a Céspedes; de subjetivismo y falta de idoneidad y profesionalismo, así como de carencia de bibliográficas, quien se defendió aduciendo que todo lo que afirma en el “Dictador Suicida” está respaldado en evidencias verificables. Cabe recordar que el texto pone de manifiesto la alianza de la Embajada de EEUU, la “Rosca” y el estalinismo nativo en el colgamiento de Villarroel, el 21 de junio de 1946. La polémica citada ha sido enriquecida con la publicación del libro “Reescrituras de la Independencia” (“Plural”, septiembre de 2012), escrito por Rossana Barragán, María Luisa Soux, Ana María Seoane, Pilar Mendieta, Ricardo Asebey y Roger Mamani Siñani, quienes justamente utilizan fuentes primarias para demostrar la participación indo mestiza en la construcción de la nacionalidad boliviana. Tal revisión, si bien ratifica la posición anti Arguedas, muestra también las limitaciones del MNR en la valorización de la problemática indígena.

EL EJE DE LA NACIONALIDAD BOLIVIANA

Montenegro y Céspedes (ambos nacidos en Cochabamba), encuentran en la Revolución paceña, del 16 de julio de 1809, la alianza de clases oprimidas que luchó contra el coloniaje hispano, ya que aglutinó a criollos, mestizos e indígenas. “Reescrituras de la Independencia” arriba a similar conclusión. Pese a que la guerra de la Independencia está signada por enfrentamientos dentro de los realistas, divididos entre absolutistas y liberales (sobre todo a partir de la histórica Constitución de Cádiz, de 1812), las contradicciones endógenas emergen también entre criollos, mestizos e indígenas. Pero no sólo es la alianza clasista lo que impulsa a Montenegro a colocar como vanguardia revolucionaria a la Revolución de La Paz, sino también el nutrido conglomerado poblacional, indígena y mestizo dentro de su geografía, que penetra en un abanico de regiones productivas, como Tipuani con su producción aurífera, los Yungas con la coca, los fértiles suelos humedecidos por el lago Titicaca que los hacen aptos para la producción de papa y el crecimiento de auquénidos. A lo anterior, se suma que La Paz y Oruro se convirtieron en nexos comerciales entre la minería potosina y los puertos del Pacífico. El encuentro indo mestizo hizo que su rebeldía adquiriera inusitada radicalidad, en una región cuya diversidad climática fluctúa desde la amazonía a las nieves eternas.

“Reescrituras de la Independencia” da cuenta que entre el 16 y el 21 de julio de 1809, día en que se organizó la Junta Tuitiva (cuyo nombre completo fue Junta Representativa y Tuitiva de los Derechos del Pueblo), el Cabildo abierto de la ciudad de La Paz aprobó un “Plan de Gobierno”, cuya autenticidad está fuera de toda duda, que dispone la eliminación de las alcabalas (o impuestos) sobre comestibles y manufacturas producidas por los indios, la quema de los registros de acreencias de los vecinos con las Cajas Reales, además de la destitución del Intendente Tadeo Diez de Medina y del obispo Remigio la Santa y Ortega, a quienes se acusa de infidelidad al Rey por ser partidarios de la infanta Joaquina Carlota de Borbón, vinculada a la Corona portuguesa.

TUPAJ KATARI, RECURSOR DEL 16 DE JULIO Y DEL 52

El Plan resuelve la creación de la Junta Tuitiva y la designación del mestizo Pedro Domingo Murillo (PDM), como Coronel Comandante de las Tropas de la Ciudad. Se trata del cargo de mayor jerarquía en la pirámide revolucionaria. Hasta ese momento, era inconcebible que el Comandante de la Plaza no fuese un español o un criollo ilustre. La Revolución paceña, como se escribió después, fue una tempestad que provocó un eco de un confín a otro de Los Andes. Para Arguedas, en cambio, fue una asonada de la chusma, encabezados por un “bastardo de la casta inferior”, según sus palabras, para quien el cholo es populachero, tornadizo e inestable, signo revelador de la “raza cruzada”, lo que, a su juicio, quedaría demostrado por las delaciones producidas luego del desplome del proceso revolucionario.

La impronta de la conmoción social está marcada por la presencia de caciques indígenas en el Cabildo y la Junta Tuitiva. Así, por ejemplo, fue incorporado a la Junta Francisco Ingacollo y Catari, descendiente de los caciques del pueblo de Chirca. Murillo fue condenado a la horca y Catari a 200 azotes, además de seis años de presidio. Los caciques ofrecieron 200.000 indios para la guerra. ¿Puede exhibirse mayor vinculación entre la gigantesca insurrección de Tupaj Katari, de 1781, con la de julio de 1809? ¿O es que se trataban de indios diferentes? Las corrientes indigenistas y “arguedianas” no pueden admitir que la gesta aymara de 1781 sea un preludio de la Revolución paceña y de las guerrillas de la independencia y que estos eventos sean, a su vez, precursores de la Revolución de 1952. Sobre el particular, se puntualiza, sin embargo, que Tupaj Katari luchaba por rescatar el pasado incaico. La Revolución paceña, en cambio, fue una revolución de la esperanza. PDM pretendía construir un país posible.

El análisis precedente debe incorporar las contradicciones existentes no sólo entre españoles y criollos, sino también entre mestizos e indígenas. “Reescrituras de la Independencia” se detiene en señalar, por ejemplo, que indios de la región de los Yungas capturaron y degollaron a dos destacados líderes de la Revolución paceña: El gallego Gabriel Antonio Castro y Victorio Lanza, a fin de ganarse el favor de las tropas realistas.

LAS MILICIAS ARMADAS

La radicalidad de la Revolución paceña se patentiza con la formación de milicias, organizadas bajo la dirección de PDM, en su condición de Comandante Militar de la ciudad: He aquí el resumen pertinente:

Compañía de milicias de los empleados de la Renta, al mando de Tomás Domingo de Orrantía. Compañía de milicias de Escribanos, a cargo de Juan Manuel Cáceres. (Cáceres, quien fue el escribano de la Junta Tuitiva, había combatido a Tupaj Katari en 1781, para luego convertirse en líder de los aymaras, a partir de la Revolución de julio. En esta condición, dirigió un segundo cerco a la ciudad de La Paz, en 1811, paralizando la pretensión de José Manuel Goyeneche de desplazarse al norte argentino, a fin de aniquilar a la Revolución de mayo. Cáceres trabajó intensamente con los Ejércitos libertarios argentinos y coordinó las acciones revolucionarias con los patriotas Esteban Arce, Manuel Ascensio Padilla y Juana Azurduy de Padilla). Compañía de milicias de oficiales de la Real Hacienda, al mando de José Casellas.

También hubo milicias en función de castas. Así tenemos la Compañía de Morenos, capitaneada por Francisco Otondo. Compañía de Naturales del Pueblo de “San Pedro” (ubicado en las afueras de la ciudad de La Paz), a cargo de Francisco Monrroy. Compañía de milicias de Pardos, a cargo de Francisco Albarracín. Existieron, además, milicias en función de procedencias lugareñas. Así tenemos al Grupo del pueblo de Luribay y el Grupo de Oficiales de los valles de Sapaqui y Caracato. Los españoles, leales a PDM, fueron encabezados por Francisco Suárez. Finalmente, hubo milicias por especialidad militar, como la compañía de lanceros.

“Reescrituras de la Independencia” señala los montos de dinero extraídos de las Cajas Reales para comprar uniformes, adquirir armas y otorgar alguna ayuda económica a los combatientes, quienes debían someterse a un entrenamiento castrense, impartido por PDM y por el español Juan Pedro Indaburo, que duraba entre seis y ocho horas diarias. Demás está decir que la rápida represión de Goyeneche, quien llegó a la cabeza de 5.000 soldados, desbarató la organización defensiva. La principal acusación del poder hispano sobre PDM residió, justamente, en su intento de organizar un ejército rebelde, lo que era muy difícil encubrir con la emisión de manifiestos en los que se hablaba de la adhesión “al amado Fernando Séptimo”.

LO INDOMESTIZO EN ORURO Y AYOPAYA

La historiadora María Luisa Soux aporta a las “Reescrituras…”, con “Recuerdos y olvidos en la memoria orureña del proceso independencia”, al revelar que, en la insurrección anti hispana del 10 de febrero, se destaca, de manera excluyente, la participación de los mestizos, dirigidos por Sebastián Pagador, en perjuicios de notables criollos, como Jacinto y Juan de Dios Rodríguez, y, sobre todo, sin valorar debidamente las conmociones sociales generadas por Tupaj Amaru en el Cuzco y Tupaj Katari en el altiplano paceño. La mirada restrictiva de Marcos Beltrán Ávila fue rectificada por historiadores posteriores. Como puede advertirse, en las historias regionales no siempre se logra un criterio equilibrado de los contingentes que se rebelaron a nombre de la nación oprimida.

Al cobrar fuerza la guerra independentista hubo mayor claridad en la designación de los adversarios. Las tropas enviadas por el Virreinato de Lima comenzaron a llamarse “realistas”, y los que obedecían a Buenos Aires “Ejércitos de la Patria”. De manera paralela se asienta la Guerrilla de Ayopaya, en la región montañosa que separa La Paz y Cochabamba, dirigida por José Miguel Lanza. Las peripecias de este grupo armados son narradas en el “Diario del Tambor Vargas”, rescatado por Gunnar Mendoza. En ese texto, el notable testimonio de José Santos Vargas considera que los guerrilleros mestizos de Ayopaya hubieran sido rápidamente derrotados sin el apoyo indígena. A su vez, otro historiador de las “Reescrituras”, Roger L. Mamani Siñani, corrige a quienes atribuían a los indios un papel pasivo en la guerra de la independencia, mostrando su decisivo concurso como caudillos, soldados y respaldo logístico que proveía de información, alimentos y vituallas a los patriotas.

La historiografía euro céntrica y colonialista, de la que el indigenismo forma parte, busca atomizar la gesta independentista en compartimientos inconexos. Tal visión contradice innumerables documentos, como el Decreto de la Junta de Buenos Aires, del 08-06 de 1810 (citado por Mamani Siñani), relativo a la guerrilla de Ayopaya, cuyo texto dice: “En lo sucesivo, no debe haber diferencia entre el militar español y el militar indio… alternando estos con los demás sin diferencia alguna y con igual opción de ascensos” Añade que por ese decreto los indios podían acceder a la oficialidad sin limitación alguna.

SANTA CRUZ COMO PARTE DE LA BOLIVIANIDAD

La anti nación, como dice Montenegro, busca mostrar al oriente boliviano y sobre todo a Santa Cruz como región ajena al resto del Alto Perú y de Bolivia. Ana María Seoane de Capra, en su trabajo “El Proceso de Independencia de Santa Cruz de la Sierra: Entre los intereses locales y un Proyecto Nacional” muestra (dentro de las “Reescrituras”), los aportes de Santa Cruz a la lucha emancipadora, con sus propias características. Recuerda que los líderes del pronunciamiento anticolonialista del 24 de septiembre de 1810, como los criollos Vicente Seoane, José Manuel Seoane, Juan Manuel Lemoine y Vicente Caballero, estuvieron impregnados de las ideas emancipatorias que asimilaron en la Universidad de Chuquisaca, las que difundieron al retornar a su lugar de origen. Poco después, estos jóvenes cruceños, que ya se habían enterado de las transformaciones de la Revolución francesa y de la independencia de EEUU, predicaron la necesidad de protagonizar en Santa Cruz gestas libertarias, como las de Chuquisaca, La Paz y Buenos Aires.

Es verdad, dice la historiadora, que Santa Cruz escapa en varios aspectos al común denominador de las luchas regionales, ya que, al carecer de riquezas mineras conocidas, fue tenida en cuenta por el Virreinato sólo como muralla defensiva frente a Chiriguanos y bandeirantes, lo que contribuyó a que su clase dirigente estuviera acostumbrada a resolver sus problemas administrativos de manera autónoma. Por otra parte, la prédica rebelde no mereció gran atención de una oligarquía que gobernaba la región con fuertes dosis de paternalismo, lo que no ocurrió con sus artesanos y comerciantes. Sin embargo, ese clima pacífico fue alterado en agosto de 1809 (en medio de los pronunciamientos de Chuquisaca y La Paz), por “la rebelión de los indios, esclavos y mulatos esclavos y libres”, la que, según Humberto Vásquez Machicado, fue un germen de la rebeldía que afloró el 24 de septiembre de 1810.

En este 24 de septiembre, se derrocó el poder hispano y se instaló una Junta de Gobierno que se mantuvo vigente hasta que el Virrey retomó el control de Chuquisaca y La Paz. Vicente Seoane fue condenado a muerte, pero pudo huir a los Yungas de La Paz, junto al sacerdote José Andrés Salvatierra, donde fue recibido por José Miguel Lanza, el jefe de la Guerrilla de Ayopaya. Durante la guerra de la Independencia, dice el texto de “Reescrituras”, el General Cumbay, conductor de los guerreros chiriguanos, se relacionó con negros evadidos del Brasil, suscribió un pacto de cooperación en La Laguna con Manuel Ascencio Padilla y protagonizó una impresionante entrevista, en 1813, con el General argentino Manuel Belgrano. A su vez, Belgrano nombró al también argentino, Ignacio Warnes, Gobernador de Santa Cruz, quien liberó a los esclavos que tomaren las armas contra el coloniaje.

El italiano, Enrique de Gandía, acusado por el historiador beniano José Luís Roca de haber recibido dinero de Paraguay para coadyuvar a la desintegración de Bolivia, al terminar la guerra del Chaco, escribió que los delegados cruceños a la Asamblea Constituyente de Sucre carecían de legalidad y legitimidad. Gandía fue desmentido con los documentos que el Cabildo de Santa Cruz, la entidad más democrática que existía en ese entonces, acreditó a Vicente Seoane y Vicente Caballero como delegados para la fundación de Bolivia. Cabe recordar que insignes historiadores del país, como Gabriel René Moreno, los hermanos Humberto y José Vásquez Machicado, Enrique Finot, nacieron en Santa Cruz. Humberto Vásquez escribió que la derrota de los ejércitos argentinos en el Alto Perú marcó la historia regional de Santa Cruz (al igual que la del resto del Alto Perú) y la convirtió en parte de la bolivianidad.

INDIGENISMO O PROYECTO NACIONAL

Cuando se dice que Bolivia sigue siendo un país de mayoría indígena (como ocurre en la nota de Gildner), sin aclarar que los censos del los años 2001 y 2012, eliminaron la opción mestizo de las posibilidades de respuesta ciudadana y no se menciona que la nueva Constitución Política del Estado (del año 2009) reconoció de manera arbitraria a 36 inexistentes naciones indígenas, ¿qué futuro se prevé para Bolivia? ¿Qué propone el indigenismo para defender y utilizar los recursos naturales con racionales límites ecológicos? ¿Cómo Bolivia podrá defenderse del poderío aniquilador de los grandes Bancos y de sus paraísos fiscales, sino es a través de su cohesión interna y de su participación activa en organismos regionales como el MERCOSUR y la CELAC, que ofrecen opciones geopolíticas reales al dominio del poder mundial?

Evo Morales promulgó la Ley Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, en octubre de 2010. Si tal disposición hubiera sido dictada en la Asamblea Constituyente de 1825, en caso de que la alianza indo-mestiza no hubiera sido destruida por los empresarios mineros y terratenientes que se apropiaron del sacrificio de guerrilleros y protomártires, otro hubiera sido el destino de Bolivia. Los guerrilleros y soldados de la Independencia no combatieron por prebendas sino por el ideal de Patria. Desarrollaron las virtudes de frugalidad, sacrificio, compañerismo y solidaridad, las que pudieron ser la base de una sociedad diferente a la impuesta por los herederos racistas de la casta encomendera. Este racismo fue correspondido con el odio de los sometidos y humillados, que empantanó al país y lo dejó inerme frente a las oligarquías de países vecinos, que la despojaron de la mitad de su territorio.

Por otra parte, la alianza indo-mestiza sufrió un rudo golpe adicional por la derrota del ala jacobina de la Revolución de mayo, de 1810, en provecho de los grandes comerciantes y ganaderos del puerto de Buenos Aires, que destruyeron el proyecto sudamericano de Mariano Moreno y Juan José Castelli. El MNR no tuvo la visión de acompañar sus transformaciones estructurales con la Ley que penalice el racismo, la que tuvo que esperar casi 60 años para su promulgación y progresiva vigencia.

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Deconstrucción del paradigma del Vivir Bien y el socialismo comunitario, Bolivia

06/05/2013 by Deja un comentario

 

Arturo D. Villanueva Imaña
 

Tres razones y un propósito orientarán el desarrollo del trabajo que se presenta a continuación. De partida seguramente todos coincidiremos que la complejidad, abigarramiento y condensación social latinoamericana [1] (y específicamente boliviana), no solo da lugar a un innumerable conjunto de contradicciones y antagonismos que generalmente se traducen como conflictos y disputas (algunas de las cuales se traducen en momentos de crisis y revueltas sociales), sino que también provocan un estado permanente de interpelación sobre el futuro y el destino de nuestros países, donde se plantean asuntos de fondo y disyuntivas como por ejemplo: desarrollismo extractivista o armonía con la naturaleza para Vivir Bien; neoliberalismo o descolonización; capitalismo salvaje o socialismo comunitario, etc.

Esta expresión del abigarramiento de las sociedades latinoamericanas, también ha despertado desafíos y una permanente inquietud (tanto en los movimientos y organizaciones sociales que buscan respuestas y soluciones a sus demandas, como a nivel intelectual), acerca de la alternativa o el modelo (al o de desarrollo) que debería seguirse para abordar y resolver los problemas y conflictos históricos y actuales que presentan nuestras sociedades, las cuáles además en la última década, hemos emprendido procesos de renovación, cambio y transformación, como consecuencia de la crisis y el agotamiento del modelo neoliberal que se había impuesto desde los años 80 del siglo pasado.

Una tercera fuente de origen a las inquietudes sobre el futuro de nuestras sociedades y por encontrar nuevas vías para resolver los problemas históricos y recientes, emerge de la dinámica misma de los procesos emprendidos por buena parte de los países latinoamericanos que, en la generalidad de los casos, tiene que ver con el mismo tipo de dilemas planteados más arriba.

Junto a estas tres razones que han promovido innumerables debates sobre los caminos y alternativas que deberían seguirse para continuar avanzando en cada uno de los procesos iniciados, y asumiendo aquel propósito planteado por José Carlos Mariátegui [2] por el cual un correcto abordaje y solución a los problemas comunes que nos aquejan, pasan por adoptar un tipo de socialismo acorde a nuestra realidad “que no sea calco y copia” (pero que adicionalmente tenga la virtud de rescatar las prácticas ancestrales de los pueblos indígenas que persisten a pesar del sistemático asedio (neo)colonial y occidental), se efectuará un esfuerzo por deconstruir y fundamentar el paradigma del Vivir Bien y el socialismo comunitario, entendiendo que los mismos constituyen la base y rescatan precisamente aquellas prácticas, los principios y valores de nuestros ancestros, así como el pensamiento y los postulados que responden a la dinámica propia de nuestra realidad.

Bajo esas premisas será posible entender con mayor claridad por qué por ejemplo el socialismo comunitario para Vivir Bien no se limita a superar la lucha de clases y plantea el establecimiento de una relación armoniosa con la naturaleza; o por qué no se limita a la lucha anticapitalista y antineoliberal, y proyecta la descolonización y el antiimperialismo. O que frente a los valores capitalistas, burgueses y neoliberales del individualismo, la competencia y la explotación salvaje de la fuerza de trabajo y la naturaleza, el paradigma del Vivir Bien y el socialismo comunitario plantean la lucha por alcanzar la igualdad, al mismo tiempo de recuperar las prácticas comunitarias y los principios de solidaridad, reciprocidad, intercambio y complementariedad de los pueblos indígenas. Que frente a la explotación clasista, el dominio imperialista y el sometimiento étnico cultural y neocolonial; se plantea la superación de las condiciones de explotación del hombre y la naturaleza, la liberación nacional del imperialismo, y la descolonización interna y externa. Es decir, que los postulados que sustentan el paradigma del Vivir Bien y el socialismo comunitario, no se basan exclusivamente en la lucha contra la explotación capitalista y la disputa de las clases sociales por la apropiación del excedente y de los recursos naturales disponibles (que corresponden al enfoque y la visión clásica del marxismo); sino que también aborda la lucha por la recuperación del comunitarismo y las prácticas de solidaridad de los pueblos indígenas, a pesar de la permanente y sistemática presión externa de la sociedad, el mercado y el capital.

De esa manera, el presente artículo efectuará un esfuerzo por desentrañar y analizar las fuerzas y las tendencias más sobresalientes en el proceso de construcción del paradigma del Vivir Bien y el socialismo comunitario, entendidas éstas como el impulso social y el tipo de pensamiento o las ideas que sustentan el accionar de diversos agentes sociales, para materializar aquello que podría denominarse como su destino nacional u horizonte de visibilidad, a decir de Michel Foucault.

El punto de partida histórico y las condiciones impuestas

Es un hecho incontrovertible que la persistencia del dominio capitalista y el (neo)colonialismo se explican porque el bienestar y la riqueza de los países capitalistas desarrollados, se subvenciona con la pobreza y el sometimiento de los países marginales. La única forma de garantizar la expansión de la economía y garantizar la obtención del lucro y la ganancia que constituyen el fin último del sistema capitalista, no es únicamente explotar la naturaleza y la fuerza de trabajo del hombre, sino acceder, someter y dominar al conjunto de los países y las economías del mundo, a fin de imponer su modelo y su lógica de explotación.

El origen de este planteamiento no es producto de la imaginación o de un esfuerzo intelectual desconectado de la realidad; sino que proviene de la forma cómo se fueron construyendo los acontecimientos y la propia historia.

De esa manera se explica por ejemplo que el dominio colonial español que se caracterizó por el saqueo y la apropiación de la riqueza explotada en las minas, la encomienda, la mita, la imposición de tributos, los obrajes, etc.; ha heredado a su vez el colonialismo interno que se traduce principalmente en el racismo, la discriminación, el patriarcalismo, el prebendalismo y otra serie de prácticas que aún persisten en el cotidiano desenvolvimiento de los pueblos latinoamericanos.

Nuestros países sometidos históricamente a la condición de semicolonias dependientes, han sido forzados a transferir riqueza primero, y posteriormente proveer de materias primas a las grandes industrias transnacionales, a costa de su soberanía y de su hambre. El imperialismo no es un adjetivo resultante de un esfuerzo intelectual, sino de aquel inicial crecimiento de la gran industria que provocó el agotamiento de mercados nacionales, para dar lugar al expansionismo y la internacionalización de la economía capitalista. Debe recordarse que aquella segunda ola de dominio neocolonial (que corresponde a la fase de expansión industrial del capitalismo y el periodo republicano de los países latinoamericanos), se caracterizó por el reordenamiento de la economía mundial en favor del imperialismo y de las grandes empresas transnacionales.

De esta fase, la más importante característica a destacar es la división internacional del trabajo y el sometimiento a la condición de meros proveedores de materias primas que se impone sobre los países llamados subdesarrollados, que terminan perdiendo la libertad y la soberanía nacionales, para ser sometidos a la condición de países dependientes y semicoloniales, a pesar de contar con Declaraciones y Proclamas de Independencia de las antiguas monarquías dominantes. Se trata del establecimiento de Estados aparentes, excluyentes y monoculturales organizados según la visión occidental desarrollista, pero sometidos a la condición de dependientes del interés imperialista que, como se puede deducir claramente, dan lugar y explican las luchas antiimperialistas de liberación nacional y descolonización externa que se han emprendido desde entonces.

Por otra parte, también resulta importante destacar que a su turno, la explotación capitalista y el dominio colonial que se impusieron sobre nuestras sociedades, no lograron hacer desaparecer (en una buena parte de los países de Latinoamérica), las formas comunitarias de organización social y productiva, donde prevalece una lógica diferente de producción y reproducción de la vida, cuyos principios son la solidaridad, el intercambio, la reciprocidad y una relación armoniosa con la naturaleza, que constituyen la base fundamental del nuevo paradigma alternativo al capitalismo y que los pueblos indígenas de Latinoamérica plantean como Vivir Bien, Suma Qamaña o Sumaj Kausay.

Por estas razones se explica el por qué a los países dependientes y subdesarrollados no solo les queda la alternativa de someterse a la condición de semicolonias del imperialismo, o luchar por la soberanía y la liberación nacional; sino también el de discutir y definir el tipo (modelo) de desarrollo que se empleará para la construcción del Estado nacional (como podremos apreciar más adelante).

En el caso de la condición (neo)colonial y a pesar de lo que pudiera pensarse de manera superficial, la descolonización no es (exclusiva ni principalmente) una tarea para deshacerse de taras y prácticas heredadas del pasado en diversas esferas, como si esta condición solo fuese un resabio y una herencia del pasado histórico que se ha quedado arraigado en múltiples prácticas individuales y colectivas, que se las entiende como una especie de resabio por superar. En realidad y quizás constituya lo más importante de este fenómeno que suele ser muy complejo y esquivo a la comprensión ciudadana, la descolonización consiste en romper la condición de país penetrado, ocupado y acosado, en diferentes niveles y grados, por el sistema imperialista predominante. Se trata por tanto de una tarea de liberación nacional, de recuperación de la soberanía y la dignidad nacional, que se traduce en la conformación de un Estado nacional independiente, pero ya no de los estados monárquicos de los siglos XVII y XVIII, sino del imperialismo capitalista predominante.

Para avanzar en este propósito, se han puesto en marcha diverso tipo de iniciativas y acciones para luchar contra este resabio que se expresa por medio de innumerables prácticas individuales, institucionales, organizativas y estatales. Se trata de una lucha contra el señorialismo, el prebendalismo, el machismo patriarcal, el patrimonialismo, el caudillismo, etc. Es decir, de una lucha para romper con prácticas tradicionales heredadas, para deshacerse y desembarazarse de aquellos simbolismos que corresponden a estructuras y conductas que el sistema reproduce, a pesar de su agotamiento y crisis.

Al respecto, evidentemente no se pueden descuidar las tareas que hacen al desmontaje del colonialismo interno, a la lucha contra el racismo y toda forma de discriminación, a trabajar en la educación y la construcción de nuevas prácticas y de una nueva forma de encarar y pensar el futuro de nuestros países, a la recuperación de aquellas prácticas y manifestaciones culturales e identitarias que nos permitirán construir la interculturalidad, la igualdad y el respeto por la diversidad y la diferencia. En fin, a deconstruir y reconstruir la identidad nacional y la nueva forma del sujeto (ser) nacional. Pero ello no es suficiente y aun siendo encomiable puede resultar estéril.

No hay que olvidar que no es posible separar el proceso de descolonización nacional de la lucha contra el imperialismo, porque al hacerlo no solo se truncarían los logros para alcanzar la igualdad entre todos los ciudadanos y superar las condiciones de explotación y sometimiento étnicocultural y clasista que han sido impuestos, sino que se condenaría al Estado y al conjunto de la sociedad, a permanecer en condición de semicolonia, resignando su libertad, su soberanía y su independencia nacionales, en favor de los intereses capitalistas y el modelo de desarrollo occidental que se encuentra en crisis.

Por esta razón, la descolonización y la liberación nacional del imperialismo son impensables sin una propuesta y un proyecto alternativos al sistema capitalista y neoliberal imperantes. No es posible hablar de liberación nacional y recuperar la soberanía económica y política, sino nos planteamos la construcción de un modelo alternativo al capitalismo salvaje, el extractivismo y la condición de productores de materias primas. Es decir, sino echamos a andar ya el paradigma del Vivir Bien en armonía con la naturaleza y la construcción del socialismo comunitario.

No basta superar la opresión clasista y étnico-cultural que se traduce en el colonialismo interno y da cuenta de las desigualdades y la explotación que aún sufren las mayorías populares dentro del país; debe emprenderse la lucha contra la opresión imperialista, debe encararse la lucha por la liberación nacional y la soberanía económica y política del Estado y la sociedad.

Encarar las tareas de la descolonización bajo la perspectiva de la liberación nacional (y no solo como descolonización interna), tiene dos virtudes importantes. Primero, que contribuye a otorgar un sentimiento y una conciencia de liberación a las clases y sectores populares, lo que les otorga la fuerza y el impulso necesario para profundizar los cambios y transformaciones, y emprender tareas de esa envergadura. De esa forma, no solo se favorecen condiciones para avanzar en el proceso de cambio, sino que al contar y compartir un mismo objetivo e identificar un enemigo común, las clases populares tienden a unirse y se movilizan aliadas. Al asumir en carne propia la explotación, el dominio y el sometimiento que ejerce el imperialismo y los intereses transnacionales sobre la soberanía nacional, los sectores populares tienden a aliarse y emprender una lucha conjunta.

En otras palabras, cuando los procesos revolucionarios y/o sus conductores (en tanto líderes y sujetos colectivos más esclarecidos) dejan pasar la oportunidad, o lo que es peor, alientan el faccionalismo de las clases para promover o consentir que los sectores sociales actúen por su cuenta, con liderazgos e intereses corporativos y egoístas que pugnan únicamente por resolver sus problemas más inmediatos y sectoriales; entonces no solo se pierde la ocasión de profundizar las transformaciones, sino que se convierten en artífices de la división, el conflicto, el enfrentamiento y la confrontación por intereses mezquinos y excluyentes. Aunque evidentemente no se puede negar la justeza que pudieran expresar sus demandas, resulta claro que se ha perdido el horizonte de transformaciones mayores, para reducir el proceso de cambio y transformación, a un escenario de apaga incendios de conflictos y demandas que, dependiendo de su violencia y radicalidad, inclusive pueden poner en jaque la propia gobernabilidad y la estabilidad democrática.

Segundo, al encarar de manera simultánea la resolución de las contradicciones internas y las tareas de liberación nacional, no solo se evita el riesgo de que las (nuevas) clases dominantes tiendan a realizarse plenamente y organizar la sociedad de acuerdo a sus intereses y, por tanto, mantener la condición dependiente y semicolonial del país frente al imperialismo y los intereses transnacionales; sino que se contribuye a establecer condiciones para que los sectores populares y las organizaciones revolucionarias avancen más allá, hacia el cumplimiento de la liberación nacional y el establecimiento de una sociedad socialista. Por esta razón se dice que los países dependientes y semicoloniales para liberarse deben cumplir simultáneamente la tarea de vencer y superar el dominio burgués nacional, y al mismo tiempo encarar la lucha por la liberación nacional contra el imperialismo y la descolonización.

Estas son las razones y el fundamento principal que sostienen la necesidad de no desvincular las tareas de la descolonización con la lucha contra el imperialismo, pero a condición de que ellas, al mismo tiempo y juntas, articulen la construcción y puesta en marcha del paradigma del Vivir Bien en armonía con la naturaleza, como instrumento de liberación nacional y construcción del socialismo comunitario. A pesar del riesgo de la redundancia, la descolonización interna es un desafío irrenunciable, pero será inútil y estéril si paralelamente no se aborda la lucha por la liberación nacional con base en los principios del Vivir Bien, que constituye al paradigma alternativo al capitalismo y el neoliberalismo.

El escenario de la planificación y el desarrollo 

Un segundo escenario fundamental en el proceso de construcción de vías alternativas al capitalismo, se da en el ámbito de la planificación nacional.

En este ámbito, las preocupaciones fundamentales están centradas en la forma de cómo resolver los problemas de hambre, pobreza, desigualdad, el acceso a servicios, etc., que casi siempre va unida al tipo o modelo económico y productivo que se decide llevar adelante. Ello ha sucedido en situaciones donde el antiguo sistema neoliberal imperante ha sido sustituido y se plantean nuevas alternativas (de o al) desarrollo, como es el caso por ejemplo de Ecuador y Bolivia, que expresa y constitucionalmente han formulado el paradigma del Vivir Bien (Sumak Kausay y Suma Qamaña), como aquel horizonte de posibilidad y objetivo estratégico que emerge de las luchas y el mandato popular. Este desafío para diseñar y construir una nueva forma de concebir y planificar el desarrollo, así como de incorporar las tareas de transformación y cambio del antiguo modelo, también contrae diverso tipo de opciones y maneras para encarar y resolver aquellas deudas históricas y sociales heredadas.

De esa manera, siendo que la lucha contra la pobreza, el hambre (seguridad y soberanía alimentaria), la provisión de servicios básicos, etc., son objetivos irrenunciables y pendientes que no pueden ser dejados de lado; la pregunta principal tiene que ver con el método y la forma de conseguir erradicar estos males y no solamente combatirlos para reducir su incidencia. Surge el dilema entonces acerca del tipo o modelo de desarrollo que se requiere para afrontar y resolver adecuadamente los problemas nacionales. De esta forma se explica por qué por ejemplo los países dependientes y subdesarrollados se plantean la alternativa de someterse a la condición de semicolonias del imperialismo, o luchar por la soberanía y la liberación nacional; así como el de discutir y definir el tipo de desarrollo que se empleará para la construcción del Estado nacional. En virtud a ello se puede afirmar que no todos los tipos de desarrollo liberan, sino que inclusive dependiendo del modelo y el contenido del desarrollo que se adopte, bien puede favorecerse la condición colonial o semicolonial y la dependencia de un país.

Bajo dicha perspectiva, una agenda de desarrollo con enfoque capitalista y neoliberal como es la de los Objetivos del Milenio [3], no se plantea en ningún caso atacar las causas que originan la pobreza, el hambre, la falta de acceso a los servicios básicos, etc., sino únicamente para reducir su incidencia y aplacar los efectos que sufre la mayoría de la población. Una agenda de desarrollo de ese tipo, solo busca combatir los efectos perniciosos de la explotación del hombre y la naturaleza, pero nunca para resolver y erradicar las causas que los originan. En otras palabras, debería considerarse que al no atacar las causas que originan los males, en realidad lo que se hace es contribuir a perpetuar el sistema y la lógica de desarrollo extractivista que constituye su base de sustento.

Desde esa perspectiva, puede afirmarse que los objetivos del Milenio acordados en el marco de la ONU, constituyen el instrumento (sutil y perverso) que el sistema capitalista y neoliberal ha creado para perpetuar la lógica de desarrollo extractivista del capitalismo salvaje, porque si bien muestra una voluntad para mejorar y reducir la incidencia de los males que aquejan al mundo, en realidad anulan toda posibilidad de atacar y resolver las causas que los originan y, mucho menos, cambiar y transformar el sistema de explotación que da lugar al hambre, la pobreza y la desigualdad que supuestamente se combate.

Habrá resultado un esfuerzo descomunal equiparable al parto de los montes si, a título de superar las desigualdades y lograr el desarrollo, fortalecer la economía, luchar contra la pobreza y el hambre pero sin afectar las causas originadas en la explotación desmedida de la naturaleza y la fuerza de trabajo, y adoptando el modelo occidental capitalista de desarrollo; terminamos embargando el futuro de igualdad, libertad, independencia y soberanía nacionales que, ellos sí, constituyen los objetivos irrenunciables.

Persistir en la repetición y reproducción del antiguo modo de planificación y desarrollo, entrañaría adoptar una nueva contradicción entre el discurso anticapitalista y antiimperialista que se utiliza, al mismo tiempo de impulsar en la práctica el modelo que se basa en la idea de impulsar el crecimiento económico, pero sobre la base del extractivismo y la explotación de los recursos naturales, el impulso a las inversiones que nos harán cada vez más dependientes de los intereses transnacionales y la construcción de mega obras que favorecerán a las empresas capitalistas que se dice combatir, pero que además contribuirán a someter la soberanía nacional.

Encarar una opción del tipo mencionado anteriormente, donde lo que importa es expandir la economía del consumo y la explotación extractivista de los recursos naturales, importaría favorecer el proceso de extinción y genocidio de los pueblos y las culturas originarias que todavía persisten y continúan utilizando el sistema de intercambio, la solidaridad, la reciprocidad y la complementariedad, que al mismo tiempo de constituir la base fundamental de su economía y del modo de relacionarse e interactuar socialmente, también (y principalmente) son la base del paradigma alternativo del Vivir Bien en armonía con la naturaleza. Es decir, implicaría favorecer la destrucción y el exterminio del instrumento fundamental de la lucha contra el imperialismo y de la propuesta de alternativa civilizatoria al capitalismo salvaje y el neoliberalismo, que los pueblos oprimidos y dependientes todavía disponen.

En países como Bolivia donde no se ha logrado establecer y desarrollar una burguesía nacional y un sistema capitalista de corte industrial (que se entendía era la base para establecimiento de una sociedad de bienestar), parece como si hubiésemos asimilado tan profundamente aquella idea por la que al permanecer como proveedores de materias primas, íbamos a perpetuar la subordinación y dependencias tan características de nuestra pobreza y subdesarrollo, que hemos perdido de vista que aquella industrialización y sustitución de la matriz primario exportadora que tanto se desea, bien podría constituir la nueva y moderna forma de reforzar al capitalismo y los lazos de dependencia y subordinación al capital transnacional que debería constituir, ese sí, el eslabón de la cadena de opresión y colonialismo por romper. En otras palabras, parecería como si no existiese capacidad para imaginar proyectos de desarrollo alternativos al extractivismo y la industrialización a ultranza. Parecería como si estuviésemos condenados, una vez más, a reproducir aquella “paradoja señorial” a la que hacía referencia René Zavaleta Mercado, por la cual estamos destinados a retornar y repetir los antiguos y despreciados modos de hacer las cosas, como reflejo instintivo y mecánico de la condición colonial impuesta.

La disputa por los recursos naturales 

Se trata de un antiguo escenario histórico pero que ha cobrado actualidad, en vista de que los países latinoamericanos, unos más que otros, desde siempre hemos sufrido la ambición de los países del norte, porque nos convirtieron en una especie de botín y fuente para cubrir sus necesidades de acumulación y/o enriquecimiento, casi siempre por medio de la extracción y explotación de los recursos minerales, hidrocarburiferos, forestales y de la fuerza de trabajo disponible.

En la actualidad y teniendo como telón de fondo el mismo tipo de recursos naturales como el agua, los bosques, los hidrocarburos y los minerales de diverso tipo, a los que se incluye la construcción de mega obras de infraestructura que facilitan la explotación de los mismos; solo ha variado el contenido de la disputa que actualmente adopta la denominación de medio ambiental, en vista de que más allá del propósito y los términos de la explotación y extracción de los recursos naturales, lo que se discute son los temas de la contaminación, los daños socio ambientales y la violación de los derechos de los pueblos y comunidades indígena originario campesinas, que se han constituido en una especie de última frontera contra la codicia capitalista extractiva y, al mismo tiempo, portadora y protagonista de la construcción del paradigma alternativo a ese capitalismo salvaje que no solo los amenaza, sino que pone en riesgo al conjunto de la humanidad y el equilibrio natural de la biodiversidad del mundo.

En este contexto se ha planteado un debate global que aunque surge como respuesta a la crisis climática y medio ambiental que se viene discutiendo desde hace algunas décadas a nivel de los foros mundiales, para los países latinoamericanos tiene además un fuerte contenido prospectivo acerca del tipo de sociedad a construir, en vista del surgimiento de procesos populares de cambio que han puesto sobre la mesa de discusión de nuestros pueblos, el futuro y la vocación económica y productiva que busca compatibilizarse con el discurso de la defensa de los derechos de la madre naturaleza, así como de la construcción del paradigma alternativo del Vivir Bien, frente al capitalismo decadente.

Esta disputa que pone en juego el tipo de acceso, uso, propiedad y forma de explotación de los recursos naturales, se expresa a través del posicionamiento medioambiental que se adopta.

Una de las vertientes de dicha discusión plantea que “el ambientalismo es una nueva forma de colonialismo(…)” [4]. Esta definición tan corta, pero al mismo tiempo tan precisa y de profunda significación; ciertamente entraña no solamente los nuevos desafíos que se plantean en el mundo moderno sobre la forma cómo debe encararse el desarrollo, la forma de relacionamiento del hombre con la naturaleza y las nuevas formas que adquiere la dominación y explotación capitalista, sino que también contiene los dilemas y encrucijadas a las que se enfrentan procesos de cambio y transformación como el de Bolivia, en un escenario en el que aún predominan visiones y enfoques neoliberales y proimperialistas.

El ambientalismo al que hace referencia la afirmación citada, no puede ser otra que la que corresponde a aquella lógica mercantil que propone la denominada economía verde. Es decir, hace referencia a un enfoque (método) para establecer una forma de relacionamiento con la naturaleza, que no es precisamente de armonía para Vivir Bien. En realidad el ambientalismo como nueva forma de colonialismo, corresponde al enfoque del desarrollismo extractivista que, arguyendo razones de un supuesto manejo responsable de los recursos naturales, pretende mantener la lógica de explotación y mercantilización de los mismos, en correspondencia a los intereses transnacionales capitalistas. Es más, el ambientalismo de la economía verde actúa hipócritamente, porque al mismo tiempo de preocuparse por impulsar campañas nacionales (e inclusive mundiales) para cambiar focos de luz, apagarla por unas horas, o dejar de utilizar envases y bolsas de plástico; se rasga las vestiduras cuando se trata de cumplir los controles ambientales sobre las inversiones o los proyectos de explotación que pretende llevar adelante, o cuando debe dar cumplimiento y garantizar el ejercicio del derecho de consulta y participación de los pueblos indígenas.

Este tipo de ambientalismo hipócrita, está estrechamente asociado al desarrollismo neoliberal y extractivista que impulsa y promueve el emprendimiento de mega obras de ingeniería hidráulica, de transporte, comunicaciones y de explotación de recursos naturales hidrocarburíferos y mineros. Fomenta el desarrollismo basado en la inversión de capitales transnacionales y la construcción de obras de envergadura elefanteásica, sobre la base del ofrecimiento de facilidades a la inversión, pero que implican reducir (o inclusive anular) las exigencias ambientales y conculcar los derechos socioambientales y de los pueblos indígenas. Es decir, que al mismo tiempo de adoptar como panacea el desarrollismo y la industrialización a ultranza, como supuesto paso indispensable para lograr el desarrollo y la viabilidad nacional, en realidad lo que hace es favorecer el extractivismo (vía el ofrecimiento de facilidades a la inversión) y, lo que es mucho peor, hipotecar la soberanía nacional y acrecentar los lazos de dependencia del capital transnacional.

Parece olvidarse que esta nueva “panacea del desarrollismo y la industrialización” corresponden a una tarea de aquel nacionalismo populista de los años 50 o del nacionalismo dictatorial de los años 70 y 80, que actualmente (dadas las circunstancias internacionales y el escenario mundial de la economía y las finanzas) tendría una muy dudosa ventaja económica sobre las supuestas ganancias y divisas que podría conseguirse, que puede ser claramente cuestionable y demostrable si se toma en cuenta los graves y profundos daños sociales, ambientales y políticos (dependencia de las transnacionales y pérdida de soberanía), que se pueden advertir cuando se emprenden este tipo de iniciativas.

Es claro que este tipo de ambientalismo se encuentra en la antípoda del posicionamiento global de los movimientos sociales y las organizaciones populares que han planteado la construcción de un nuevo paradigma alternativo al capitalismo basado en una relación armoniosa con la naturaleza para Vivir Bien, y han emprendido luchas por la defensa de la Madre Tierra (Pachamama) y los derechos de los pueblos indígenas.

A modo de conclusión

Según la tercera ley física de Newton, a toda acción le corresponde una reacción igual y de sentido contrario que contiene a su interior la misma fuerza y la misma potencia reactiva. Este principio aplicado a la realidad social, puede traducirse en el hecho de que los procesos de cambio y transformación contienen a su interior fuerzas reactivas (reaccionarias) que tienden a retornarlo al punto de inicio; es decir, devolverlo al estado conservador previo. Por eso se explica en muchos casos el retorno, la traición o la degeneración de los procesos de cambio a su condición original pre o contrarrevolucionaria. Por eso se dice que los procesos que no avanzan, se estancan y retroceden. Así, la revolución se hace contrarrevolución y la izquierda se reconstituye como la nueva derecha.

De esa forma, al adoptar vías desarrollistas y extractivistas a nombre de la necesidad de luchar contra la pobreza y reducir las desigualdades, o de cambiar la matriz productiva y el patrón de acumulación sin asegurar la soberanía nacional; lo que se hace no es cambiar el modelo establecido, sino reafirmarlo de un modo más contundente, pero a costa del pueblo y en contra de su voluntad, que suele ser usurpada por un grupo dirigencial y/o un sector social que raptan y sustituyen el liderazgo nacional, para imponer intereses antinacionales y sectarios, y apostar por el cálculo político, la conveniencia coyuntural o la componenda.

Debe reiterarse que la construcción de un nuevo poder y de una nueva hegemonía (aun cuando en principio suponga la sustitución de las viejas élites conservadoras y la emergencia de un nuevo protagonismo social en base a los sectores histórica y tradicionalmente excluidos como ha sucedido en el caso de Bolivia); contiene el germen de una nueva dominación, cuyo contenido no siempre es revolucionario, puesto que puede estar permeado por la persistencia y no destrucción de antiguos gérmenes coloniales, racistas o liberales, que han sido asimilados en el antiguo estado capitalista y neoliberal. El dominado espera ser el nuevo dominador.

Por estas razones, el desafío de todo proceso de transformación y cambio (si efectivamente se plantea ese horizonte) consiste en deshacerse y superar las relaciones sociales y de producción prevalecientes, lo que supone superar la lógica de explotación capitalista y neoliberal, el colonialismo y las prácticas de sometimiento y explotación que de ellas se derivan.

Las acciones de un proceso de ese tipo, no deberían limitarse al cumplimiento de las tareas democrático burguesas y nacionalistas que no fueron cumplidas durante todo el periodo histórico previo, sino que debería encarar al mismo tiempo las tareas de liberación nacional, para recuperar la soberanía económica y política (que no es lo mismo que la sola recuperación de los recursos naturales al patrimonio nacional, sino que implica capacidad de control y decisión sobre el tipo de producción y la economía). Es decir, que al mismo tiempo de realizar las tareas rezagadas correspondientes al Estado capitalista y monocultural que se busca superar, también debería emprenderse la lucha contra el imperialismo, para liberarse de las condiciones de dependencia económica y el sometimiento neocolonial, donde la recuperación de la identidad nacional está estrechamente relacionada con la recuperación de las prácticas culturales basadas en la solidaridad, la reciprocidad y la complementariedad que constituyen la base principal del paradigma alternativo del Vivir Bien en armonía con la naturaleza.

En fin, lo que se busca es sustituir aquella forma de organizar la vida social basada en la ley del valor y la competencia, por otra forma de vida basada en la armonía entre los hombres y con la naturaleza para Vivir Bien.

Notas:

[1] Para una mejor comprensión de lo señalado, se adopta aquí el concepto de “formación social abigarrada” que plantea René Zavaleta Mercado, “porque en ella no solo se han superpuesto las épocas económicas” sino donde lo múltiple y diverso conviven en “verdaderas densidades temporales mezcladas no obstante no solo entre sí del modo más variado, sino que también con el particularismo de cada región porque aquí cada valle es una patria, en un compuesto en el que cada pueblo viste, canta, come y produce de un modo particular y habla todas las lenguas y acentos diferentes sin que unos ni otros puedan llamarse por un instante la lengua universal de todos”. (Ver: René Zavaleta Mercado (comp.)., Las Masas en Noviembre. En: Bolivia, hoy. Ed. Siglo XXI; México, diciembre 1983).

[2] “…no queremos ciertamente que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser una creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano”. José Carlos Mariátegui., 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana. Impacto Cultural Editores AC. Perú, Abril 2010.

[3] No debe olvidarse que los compromisos mundiales de la Agenda del Milenio acordados en el seno de la ONU, fueron establecidos precisamente en el apogeo del neoliberalismo, a finales de los años 90, como un “esfuerzo” para reducir las enormes brechas y desigualdades que se habían evidenciado ya en esos años entre el cada vez más reducido y selecto grupo de ricos y la inmensa mayoría de pobres y excluidos que resultaban y continúan siendo producidos por el modelo neoliberal imperante.

[4] La afirmación corresponde al Presidente Evo Morales de Bolivia, que reproduce una declaración efectuada en visita realizada al Presidente Manuel Santos de Colombia, de fecha 16 de marzo de 2012. 

Arturo D. Villanueva Imaña. Sociólogo, boliviano. Cochabamba, Bolivia

Publicado en: Bolivia

Esta es la USAID, qué les parece

05/05/2013 by Deja un comentario

Por Rubén ramos

A propósito de su expulsión de Bolivia

En un acto de soberanía que se hacía esperar y que da cuenta de la madurez política de un pueblo puesto de pie, y de la dignidad que orienta sus transformaciones estructurales para la conquista definitiva de su libertad, el gobierno plurinacional del Presidente Evo Morales acaba de expulsar del territorio boliviano a la Agencia internacional para el desarrollo de los Estados Unidos (USAID), instrumento clave de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos para la injerencia política, la desestabilización social y el terror en nuestros pueblos.

 

En reiteradas ocasiones he insistido, en este espacio y en otros, en la acción nefasta que cumplen en nuestros pueblos no sólo USAID, sino toda la institucionalidad financiera y de cooperación técnica del orden mundial capitalista, dependiente de la ONU, de la OEA, de la OCDE, de la OEI. Así como también esas otras instituciones subsidiarias de USAID, del Banco Mundial (BM), del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en las acciones conjuntas de sedición y terror. Las evidencias muestran que los pueblos liberados de las imposiciones que ejercen todos estos organismos conjuntamente con el FMI, son los únicos que alcanzan el bienestar y el desarrollo. Y algo que es fundamental, dignidad y capacidad de decisión. No sólo para ejercer el dominio sobre sus recursos sino para su explotación y producción, ahora sí, con sostenibilidad. Cuba, es un ejemplo, tras cincuenta años de “bloqueo” y de no contar con la “ayuda” que incrementa la deuda externa y favorece los lucrativos negocios de los “socios” internacionales de esas instituciones. Lo es Venezuela, Ecuador y Bolivia. Los países que aún insisten en la economía de mercado y la inversión privada extranjera que viene amarrada con los paquetes de “ayuda” internacional, tienen los más altos índices de pobreza y de desigualdad. Y al otro lado de América Latina, en todo Europa, tienen los paquetazos neoliberales de “rescate” financiero del FMI y el BM, que ha puesto a millones de trabajadores en la calle, les ha quitado sus pensiones, sus viviendas, sus seguros de salud, su deseo de vivir, condenando a las futuras generaciones a la mendicidad y el hambre.

Pero, ¡alerta!, el imperio no cesará en su empeño desestabilizador y terrorista. Cuenta con las organizaciones subsidiarias de USAID, como la NED, el IRI, Freedom House, NDI, y con miles de ONGs, una prensa decadente y “compañías” de mercenarios que forman parte de las reformas que el ex-secretario de NNUU, Kofi Annan introdujo durante su gestión recogiendo las sugerencias del Informe Brahimi que le fue encargado a su amigo y actual enviado de esa Organización en Siria, Lajdar Brahimi.

Siendo el Perú uno de los países donde la institucionalidad del orden mundial capitalista define, decide, financia (con cargo a deuda), implementa y ejecuta (a través de sus inversionistas extranjeros y de los tecnócratas de los diferentes sectores), las políticas que nos imponen, me ocuparé ahora de dar cuenta de lo que hace USAID. No sólo en el Perú sino en el mundo. Dada la extensión del trabajo, lo haré en sucesivas entregas sobre sus estrategias, sus programas prioritarios, cómo hacer negocios con USAID, sus socios “peruanos”, sus proyectos en el Perú de la “nueva era”, su atención puesta en la educación, su proyecto AprenDes.

La USAID qué es y qué hace

La historia de USAID se remonta al Plan Marshall de reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial y al “Punto cuatro” del Programa de ayuda a los países pobres de la Administración Truman. Depende directamente de la Secretaría de Estado del gobierno norteamericano. Desde 1961, es la agencia principal de intervencionismo directo de EE.UU en nuestros países.

Desde entonces ha distribuido más de doscientos mil millones de dólares en “ayudas” militares y económicas a los países donde ejerce su dominio en protección de los intereses norteamericanos. Utiliza para este efecto, diferentes modalidades de “ayuda” como: préstamos para el desarrollo, asistencia técnica, fondos para emergencias y, sobre todo, apoyo militar y político con énfasis en estrategias de espionaje, desestabilización, e intervención armada, siguiendo las normas de su “Manual represivo confidencial” que ya el gobierno boliviano había puesto en evidencia, rescatando una revelación hecha por el periódico “Hoy” en su edición del 23 de noviembre de 1978.

Opera en el Africa subsahariana, Asia, América Latina y el Caribe, Europa, Eurasia y Oriente. Decide, financia, dirige y controla planes, programas y proyectos vinculados con el desarrollo de la agricultura, la democracia y la gobernabilidad, el crecimiento económico y el comercio, la educación y las universidades, el medio ambiente y las alianzas mundiales para preservar el nuevo orden mundial capitalista, so pretexto de la asistencia humanitaria.

Maneja los llamados “Programas de corte de la cruz”, orientados a “construir la democracia y la paz, proporcionar servicios esenciales en las comunidades marginadas, apoyar con militares norteamericanos para asegurar una coherente reconstrucción y estabilización, diseñar programas que aborden mejor las causas y consecuencias de los conflictos violentos, otorgar becas de investigación competitiva a través de la Cooperativa de Investigaciones para el Desarrollo (CDR) en convenio con el gobierno de Israel, desarrollar programas urbanos para mejorar las condiciones de vida de los pobres y de las generaciones futuras, preservar el desarrollo ecológico, favorecer el uso racional de los recursos hídricos del mundo (una prioridad de la política norteamericana), diseñar programas con participación prioritaria de mujeres” (USAID, 2013).

Trabaja en estrecha colaboración con organizaciones voluntarias privadas, (ONGs), organizaciones indígenas, universidades, empresas estadounidenses, organismos internacionales, gobiernos, y agencias y embajadas de gobierno de los EE.UU y de Europa. Mantiene relaciones de trabajo con más de 3.500 compañías privadas norteamericanas.

Define su actuación como “un negocio”. Este incluye oportunidades de empleo, carreras y, sobre todo, educación. En este sentido, cabe destacar el rol activo que la USAID tiene en el proyecto de “Educación para Todos” (EPT), impulsando su extensión con sus propios recursos y a través de la promoción de mesas de donantes para asegurar el progreso acelerado de la universalización de la educación primaria, sin importar la calidad, pero sí la ideologización y alienación masiva.

La USAID cuenta con una sede en Washington-DC, y con “oficinas de campo” que dan cuenta de su presencia en todo el mundo. En el Perú tiene su propia representación y su web site que “ha sido diseñado y desarrollado para informar a las personas de este país, de los Estados Unidos y del mundo, sobre las actividades y logros de la asistencia que el gobierno de los Estados Unidos proporciona al Perú” (USAID-Perú: 2013).

Visión general de su estrategia

Los proyectos de USAID, dicen sus mentores, ofrecen alternativas a la coca ilícita y buscan fortalecer la provisión de servicios públicos. Buscan promover el diálogo constructivo entre las comunidades locales, el gobierno, grupos de ciudadanos y el sector privado. Consolidar alianzas público-privadas para apalancar recursos y expandir modelos de actividades que hayan tenido éxito.

Lo que no se dice es que todas estas estrategias no responden al interés del desarrollo, ni de la lucha contra la pobreza, menos contra el narco tráfico. Son estrategias para reproducir la dominación neocolonial que busca asegurar la paz social requerida por los “socios inversionistas” y por la USAID, a fin de evitar riesgos que ponga en peligro su rol de garante de los intereses empresariales y de la seguridad norteamericana en nuestro territorio y en América latina. USAID como las otras instituciones financieras del imperio norteamericano, tienen una responsabilidad con el poder que representa EEUU en nuestro continente para asegurar su dominio del mundo.

Desde su creación, USAID ha trabajado en cooperación con “socios” de EE.UU. e internacionales para “mejorar” las condiciones “de personas” en todo el mundo. Estas asociaciones han sido clave para el éxito de sus intervenciones, pero nunca antes han sido más importantes que ahora, según se consigna en las fuentes consultadas.

Se dice que el Gobierno de los EE.UU. otorga más “ayuda” que cualquier otro gobierno, sin embargo, como porcentaje del ingreso nacional bruto, representa la más pequeña entre los programas gubernamentales de asistencia extranjera. Esto es engañoso, dicen los escribidores de USAID, pues la verdadera medida de la “generosidad” estadounidense no es sólo la ayuda proporcionada por el gobierno de EE.UU., sino también la cantidad creciente dada por los ciudadanos y las empresas estadounidenses.

En 1970, el gobierno de EE.UU. proporcionó el 70% de la ayuda exterior de Estados Unidos. Hoy en día, el gobierno ofrece sólo el 20% y los ciudadanos estadounidenses y las empresas aportan el 80%. La ayuda privada hace de los EE.UU. el primero de todos los países por la cantidad de “ayuda” proporcionada a los países necesitados.

USAID, dice estar comprometida con un enfoque que reconoce e incorpora los esfuerzos de colaboración y las donaciones privadas, centrándose en el apoyo popular, la apropiación local, la sostenibilidad, la responsabilidad, y en no menos proporción, la pasión y el compromiso. No obstante, cuando se observa el tipo de programas que impone esta Agencia a los gobiernos obsecuentes de América latina y del Caribe, no queda la menor duda que el sentido de esa “pasión y compromiso” no es otro que el de la intromisión de los EEUU en el continente para salvaguardar sus intereses en lo que consideran “su patio trasero”. Algunos de esos programas son los siguientes:

• Alianzas para el desarrollo global

Para realizarlos USAID establece “alianzas” en todo el mundo, aporta recursos, “nuevas ideas”, tecnologías y socios, para enfrentar los problemas en los países donde se impone este tipo de programas.

• Operaciones militares

La Oficina de Asuntos Militares (OMA) es el punto principal de contacto de la USAID con el Departamento de Defensa (DoD). Representa todo el espectro de las funciones de USAID. La OMA proporciona el punto focal para la interacción con la Agencia de EE.UU y militares extranjeros en relaciones formalizadas a través de una planificación coordinada, formación, educación y ejercicios. Las áreas del programa de interés común incluyen “asistencia humanitaria, prevención del terrorismo, comunicaciones estratégicas, prevención y mitigación de conflictos, lucha contra la insurgencia, reconstrucción post-conflicto y estabilización, aplicación operativa”.

• Programas basados en la fe y comunidad

El veinticinco por ciento de los socios de la USAID son organizaciones basadas en la fe judeo-cristiana. Cuando USAID habla de “fe”, alude a la fe judeo-cristiana, esencialmente, aunque podría ser igualmente la católica y la de otras iglesias y sectas. La noción de “comunidad” puede aludir a las de origen judío, aunque no exclusivamente, pero la idea es infundir su sentido.

• Los programas de subvenciones

Permite a EE.UU ampliar la gama de organizaciones no gubernamentales “sin fines de lucro” orientadas hacia el éxito, en nuevos lugares o iniciar nuevos proyectos. El programa también le permite a los EE.UU llevar a cabo proyectos experimentales o innovadores, que estén “a la vanguardia” de los esfuerzos de desarrollo y ofrezcan un potencial para el aprendizaje y la repetición.

• El desarrollo de cooperativas

Responde a las necesidades de multiplicación y fortalecimiento de organizaciones cooperativas locales, de sus miembros y voluntarios, así como de otros tipos de negocios basados en el grupo, mediante la utilización de los conocimientos y recursos de los EE.UU.

• Los programas de socios capaces

Orientados hacia las organizaciones no gubernamentales, socios colaboradores, y redes, a los cuales se proporciona recursos y asistencia técnica para mejorar su rendimiento y el control de la comunidad.

• Los programas de bienes comunes globales

Los Global Commons Desarrollo, promueven innovaciones para el desarrollo internacional de asociaciones a través del intercambio de conocimientos y la colaboración para resolver problemas. La identificación y fomento de las innovaciones a través de la vía abierta puede mejorar la capacidad de cumplir con la misión principal de la Agencia Internacional para el Desarrollo de los EE.UU. Tiene por objeto permitir a los ciudadanos del mundo innovar y co-crear soluciones a problemas comunes.

USAID promueve, igualmente, alianzas público-privadas en el sector educación. Un ejemplo es el nuevo memorando de entendimiento firmado con una fundación privada en el norte del Perú que planea contribuir con $1 millón de dólares para unir esfuerzos en el fortalecimiento de la gestión educativa y mejorar la calidad de la educación en la región Cajamarca, en la zona de conflicto de las mineras extractoras de oro, a costa de las cabeceras de fuentes de agua y el consiguiente deterioro de los ecosistemas, la agricultura, ganadería y la vida de miles de campesinos.

Cómo hacer negocios con USAID

Al igual que el BM y el BID, USAID también tiene sus propios manuales de “cómo hacer negocios” con los préstamos que esta institución impone al país “prestatario” con cargo a su deuda externa. Esto es algo que no puede perderse de vista si se quiere entender de qué manera la institucionalidad financiera internacional instrumentaliza la “ayuda” externa en beneficio de sus “socios” empresariales europeos, norteamericanos, canadienses, japoneses y chinos, expresamente convocados, y pertenecientes a los países “no prestatarios”.

Al igual que el BM y el BID, USAID ha reconocido, desde su fundación, a la educación en sus diferentes niveles y modalidades, como una oportunidad de lucrativos negocios para sus socios. Esto, sin menoscabo de su objetivo central que es garantizar la seguridad nacional norteamericana en cualquier parte del mundo donde los gobiernos entreguistas le permiten intervenir con absoluta libertad e impunidad.

La historia de USAID no es otra que la de enajenar la capacidad de decisión de los pueblos; destruir las bases esenciales de convivencia de comunidades ajenas a la racionalidad occidental judeo-cristiana; sembrar el terror ideológico bajo la amenaza de suprimir su “ayuda” si no se cumple con determinadas exigencias; subvertir el orden e implementar la sedición vía ONGs especialmente implementadas para este propósito; extender el terror de Estado armado y violentista a través de “compañías” creadas ex-profesamente; asesinar millones de niños en el mundo por hambre, guerras, pestes, vacunas.

USAID fomenta la creación de nuevos enfoques a los problemas de desarrollo para asegurar la extensión de su “apoyo” en los países pobres en beneficio de los intereses nacionales de EE.UU. La mayoría de negocios con la USAID se llevan a cabo a través de procesos competitivos que garanticen la coherencia con sus intereses y que apoyen sus metas y objetivos.

Para esto, los candidatos deben completar una “guía básica” conteniendo preguntas específicas que debe ser enviada al Superior de Enlace de la USAID en Educación Comunitaria.

En la página web de USAID se especifica con detalle los requisitos exigidos para hacer negocios con esta institución. Participan instituciones a través de solicitudes específicas o por invitación. Los fondos se otorgan dentro de un marco estrictamente competitivo entre quienes adhieran a los pre-requisitos establecidos tanto para los que ya vienen trabajando con la Agencia, como para los nuevos postulantes.

USAID anima a las instituciones interesadas a visitar con regularidad el sitio web dedicado a “Como hacer negocios con USAID”, para identificar nuevas oportunidades. Pueden revisar el sitio web completo, prestando especial atención a “Contrataciones USAID” donde se puede encontrar las solicitudes de propuestas, peticiones de solicitudes, anuncios de licitación, y las declaraciones anuales del programa.

Si una institución está empezando a hacer negocios con la “ayuda” internacional al desarrollo, y, en general todo interesado en los programas de desarrollo USAID, se sugiere familiarizarse con el objetivo general de la Agencia y sus estrategias, con especial atención en las de Crecimiento Económico, Agricultura, Salud, Gobierno, Democracia. También se sugiere familiarizarse con las estrategias nacionales, regionales y sectoriales que USAID tiene establecidas cuando se está planeando presentar una propuesta para un país específico (http://www.usaid.gov)

Las partes interesadas deben explorar esta página web para revisar y determinar los intereses comunes de su institución y en qué se relacionan con los objetivos estratégicos de USAID, en los programas temáticos y en los países donde se desea operar. Después de determinar los programas o países de interés común, se recomienda ponerse en contacto con los funcionarios apropiados de USAID y la Oficina Regional respectiva. Los agentes aquí destacados, pueden guiar a los temas de interés mutuo e identificar al personal de USAID en el país para ponerse en contacto.

Las propuestas que mejor se condigan con los objetivos de desarrollo USAID y objetivos (en particular del sector) y con las “estrategias de país”, serán más competitivas que los que no. En este sentido, el criterio básico para el proceso de calificación de las propuestas para hacer negocios con USAID es la medida en que la propuesta apoya el mandato de la USAID y sus objetivos en el país “anfitrión”.

Las oportunidades de negocios que oferta USAID con cargo a la “ayuda” que proporciona a los países, y en particular al Perú, incluye la adquisición de diversos instrumentos de ayuda para realizar sus actividades. Contratos, subvenciones, acuerdos de cooperación y órdenes de compra, son algunos de los instrumentos que son negociados y firmados en todo el mundo por la USAID.

Estos instrumentos proporcionan una variedad de productos y asistencia técnica para apoyar la consecución de los objetivos de la Agencia. Los de “adquisición” se refieren a la obtención de bienes y servicios, a través de los distintos tipos de contratos, para el uso o beneficio de la Agencia. Los de “asistencia”, se refieren a la transferencia de fondos (o de otro tipo de objetos de valor) de la USAID a otra parte, para la ejecución de programas que contribuyan al bien público a través de la consecución de los objetivos de la Ley de Ayuda Exterior de los EEUU.

Alrededor de la mitad de contratos y de concesión de subvenciones realizada por USAID, son negociados, emitidos y administrados por la oficina de Washington DC encargada de la contratación. La otra mitad se negocian y son emitidas y administradas por las Partes Contratantes y el personal de las Misiones USAID en todo el mundo.

La Agencia norteamericana precisa que toda la información relativa a la gran mayoría de las oportunidades de negocios en todo el mundo es accesible a través de su sitio web.

Además de las oportunidades de negocio, este sitio ofrece toda la información sobre normativas y políticas necesarias para realizar búsquedas detalladas a las preguntas específicas, así como información general, especialmente útil para aquellos que son nuevos en el trabajo con USAID. Estándares laborales, barreras técnicas al comercio, derechos de propiedad intelectual y otros.

Toda la información procede de bibliografía y webgrafía sobre y de la USAID, la Secretaría de Estado, y de los portales de los proyectos que impone la Agencia en el Perú. Usted puede encontrar mayor información en el libro, La educación en América latina: enfoque desde la institucionalidad del orden mundial capitalista.

Publicado en: Bolivia

El MAS, sus fortalezas, sus límites y sus desafíos

14/04/2013 by Deja un comentario

Hugo Moldiz Mercado

 

El MAS ha celebrado este marzo sus 18 años de vida. En casi dos décadas, que no son nada frente a la naturaleza de lo que se quiere conquistar –la emancipación-, ésta organización política ya hizo historia. Cambio Bolivia. Sin embargo, tiene que corregir errores, hacer ajustes que después de todos estos años son necesarios y sobre todo ponerse a tono con el vertiginoso ritmo de su líder.

El Movimiento Al Socialismo (MAS) es la organización política que, superando al MNR –partido que lideró una revolución nacional en 1952-, hizo un cambio radical de época en Bolivia. Sin embargo, a 18 años de su fundación lo que ha conquistado es todavía poco frente al enorme desafío –como ha señalado el presidente Evo Morales el 28 de marzo en Santa Cruz-, de conquistar la definitiva independencia y soberanía plurinacional.

La historia hay que verla con ojos grandes. Hay que evitar tener una visión cortoplacista y extremadamente determinada por las alegrías y las desesperanzas de toda coyuntura, para más bien apreciar lo que se está haciendo y las tareas pendientes desde una perspectiva más larga. Al MAS, por tanto, hay que analizarlo en sus orígenes, en el contexto nacional e internacional que nació, pero también en el cuadro de relación de fuerzas vigente en Bolivia y América Latina.

La idea de su nacimiento se fue asentando en las organizaciones campesinas –CSUTCB y Bartolina Sissa- y las ahora llamadas Comunidades Interculturales a fines de la década de los 80, y de no haber sido la maniobra del desaparecido Movimiento Bolivia Libre (MBL), que capturó la organización campesina, el Instrumento Político habría ingresado a la escena política en 1992, al recordarse los 500 años de invasión europea.

Lo hizo finalmente en 1995 en Santa Cruz, en medio de 10 años de dura hegemonía de los partidos neoliberales en el Estado y las ciudades, de una clase obrera golpeada y en proceso de desestructuración ideológica y orgánica, así como de una izquierda tradicional minoritaria y testimonial. Nada era fácil para las ideas emancipadoras, abandonadas y ridiculizadas por el grueso de la intelectualidad progresista que se pasó al gonismo .

Los pequeños focos de resistencia política se dieron desde los intentos del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de prender la lucha armada, hasta participaciones electorales de una vieja izquierda que no encontraba el camino para levantarse de dos derrotas seguidas: el fracaso de la UDP y la caída del socialismo en Europa del Este.

Como el Estado y el campo político es una relación social, el neoliberalismo de la mano de los partidos de derecha, al que vergonzosamente se sumó el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), no encontró mayor obstáculo para desnacionalizar los recursos naturales, desmontar las empresas estatales, flexibilizar el trabajo, intentar subsumir de manera distinta a las comunidades campesinas, entregar el país al control político de los Estados Unidos y reforzar la colonialidad del poder.

Pero de la oscuridad surgió la luz. El movimiento indígena originario campesino fue avanzando a pasos acelerados en la construcción de su Instrumento Político, cuyo concepto partía de trascender, sin negar, la forma partido de organización, propia de la sociedad moderna, e incorporar como formas predominantes las lógicas comunitarias y de movimiento. A ese esfuerzo también se adhirieron intelectuales y grupos de militantes de izquierda, de los cuales unos terminaron abandonando sus filas por el prejuicio colonial de no aceptar la dirección indígena campesina, por la penetración de ciertas ideas políticas neoliberales y por un infantilismo radical que parte de la convicción de que las revoluciones antimperialistas, anticoloniales y socialistas se hacen de la noche a la mañana.

La emergencia del Instrumento Político, que luego adquiriría el nombre de Movimiento Al Socialismo (MAS) se hace, por tanto, a partir de una crítica radical a la modernidad: funde la lucha social y la lucha política, cuestiona la idea de que unos estén llamados a gobernar y otros a obedecer, se propone la recuperación de los recursos naturales, llama a recuperar la soberanía mellada a título de la lucha contra el narcotráfico, convoca a transformar el Estado, afirma que otro camino distinto al desarrollo capitalista es posible y se propone el objetivo de conquistar el poder para el pueblo.

El proceso ininterrumpido de avanzar hacia la materialización de esos y otros objetivos lo hace en paralelo: participa de las elecciones municipales de 1995 y de las siguientes de su misma naturaleza, así como en las elecciones generales de 1997 y 2002 –cuando está a menos de un punto del primero, el MNR- y finalmente en 2005 alcanza el triunfo electoral que jamás candidato y partido alguno lo hicieron en el pasado. Supera la barrera del 54% y en 2009 obtiene una victoria electoral en la primera elección dentro del Estado Plurinacional –que surgió del proceso constituyente- con un poco más del 64%.

Pero tampoco abandona la fuente de su fortaleza: la movilización político-social. Las asambleas en las comunidades y en los barrios se convierten en una escuela de formación política y de conciencia, al menos de manera clara en el período 1995 a 2008, donde la política se hace más allá de los centros institucionalizados del poder. Eso explica sus victorias políticas y militares sobre todos los intentos de la derecha nacional e internacional para terminar con el proceso.

Empero, esta fortaleza es mucho más difusa a partir de 2009 y se muestra más débil ahora. Una parte de la dirigencia y de la base creen haber tomado el cielo por asalto y van ingresando en un camino de particularismos y luchas faccionalistas que golpean la cohesión interna y afectan la imagen externa que se necesita para enfrentar tareas de mayor envergadura.

Es evidente que la forma creada –instrumento político asentado en los movimientos sociales- y los camino elegidos –la participación electoral para transformar el Estado y la democracia desde adentro, pero también la presión social para construir poder desde afuera/adentro-, han sido las correctas para inaugurar un cambio de época. De otra manera no hubiera sido posible disputar y conquistar el poder, para ahora intentar construir otro radicalmente distinto.

Sin embargo, a 7 años de haber tomado el gobierno y empezado a construir un nuevo tipo de Estado, los problemas salen a la superficie: penetración de militantes de los partidos viejos de derecha que en un alto porcentaje no asumen el proyecto emancipador que acompaña al MAS-IPSP desde su fundación, “infiltración” de ideas liberales y capitalistas en un sector de la militancia y la dirigencia, prácticas reñidas con la ética que representa el gigantesco objetivo de construir una sociedad poscapitalista, el retorno a intereses particulares y corporativos que hacen perder el sentido común y universal. Todo ese se traduce en presiones que si bien no cuestionan el proceso, al mismo tiempo impiden su expansión hacia sectores sociales.

Ahora bien, ese protagonismo social hubiera caído al vacío sin el liderazgo de Evo Morales. La inteligencia forjada en años de resistencia al neoliberalismo y a la injerencia imperial, su enorme capacidad de sacrificio para estar –aun antes de ser diputado y luego presidente- en varios lugares en un solo día, su inobjetable ética política y su habilidad en la conducción han sido la garantía de las victorias conquistadas y un factor de extraordinario contrapeso a los problemas que le ocasiona el MAS. Si el MAS no fuera un dolor de cabeza, que a veces lo es, y se reinventara todos los días a la luz del desafío histórico de las fuerzas revolucionarias –emancipar al ser humano y al planeta-, le daría a su líder mayor energía de la que ya tiene. Quizá sea muy difícil seguir el ritmo del jefe del Estado Plurinacional, pero Morales necesita de una mayor consistencia en sus filas para encarar la meta de la independencia y soberanía plenas de Bolivia, así como para aportar en la misma dirección a la América Latina en marcha.

El MAS enfrenta varios problemas. No hay receta para remontar lo mal que se están haciendo algunas cosas y para consolidar lo bueno que se hizo en tan poco tiempo. Bolivia ya no es la misma. Quizá sea interesante recuperar algunas ideas y prácticas que inspiraron su fundación, resignificadas en una coyuntura donde el pueblo no es oposición sino poder, pero también en medio de una contraofensiva imperial que busca sacar tajada tras la muerte del líder latinoamericano Hugo Chávez.

Entonces, varios son los desafíos.

Uno de ellos quizá es volver a ser organización política y no partido en su sentido clásico. Esto quiere decir, articular la forma movimiento con lo mejor de la forma partido. Es asentarse principalmente, aunque no únicamente, sobre la combinación articulada de movimientos sociales que recuperan su mirada universal y una vanguardia –de nuevo tipo- estructurada con los mejores hijos e hijas del pueblo. Estos se forman teóricamente en las escuelas y prácticamente en la lucha social y política.

Otro, es que el bloque indígena campesino originario haga el esfuerzo de incorporar a la clase obrera que se mira como tal y no como lo indígena que también es. Junto a eso, a sectores de clase media –tradicional y nueva- que tienen sus dudas sobre lo que está pasando, pero que tampoco quieren un retorno al pasado.

La cohesión ideológica se presenta como uno de sus mayores problemas y entonces como su mayor desafío. La dirigencia y la militancia deben hacer el esfuerzo de apegarse a la idea de que todo está dicho, para ir construyendo conocimiento todos los días. El Vivir Bien o del Socialismo Comunitario es una construcción cotidiana, en la que lo común es el elemento articulador.

El MAS ya hizo historia, como ha señalado Evo Morales en Santa Cruz. El desafío ahora es que continúe haciendo historia. La lucha por la emancipación no da lugar al descanso.

Publicado en: Bolivia

La fortaleza de Evo frente a la debilidad del MAS

08/04/2013 by 1 comentario

Eduardo Paz Rada

La relación entre Evo Morales, el Movimiento Al Socialismo (MAS) y las organizaciones sociales de raíz sindical y comunitaria han marcado las pautas centrales de la política boliviana en la última década y conseguido importantes triunfos tanto en el campo electoral como en la constitución de un nuevo Estado denominado plurinacional, aunque aún no se ha perfilado un proyecto de sociedad en el contexto de la integración latinoamericana y caribeña por falta de una propuesta estratégica y los ingredientes organizativos e ideológicos correspondient

La formación del MAS estuvo antecedida por el esfuerzo de los sindicatos de productores de coca de la región del Chapare, al centro del país, los que al influjo de ex dirigentes mineros de Huanuni, Siglo Veinte y Catavi y campesinos del valle y el altiplano, que migraron a esta zona por la imposición neoliberal, impulsaron la formación del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP) para enfrentar tanto a los gobiernos que aplicaban la política estadounidense de erradicación armada de las plantaciones de coca como a los partidos políticos neoliberales.

Evo Morales llegó al parlamento como diputado del Chapare en 1997, luego ganó dos elecciones nacionales con el MAS y los movimientos sociales, en 2005 y 2009, que lo hicieron Presidente de Bolivia y consiguió otros resultados electorales importantes tanto para evitar su revocatoria, como para aprobar las nueva Constitución Política del Estado, convirtiéndose en un líder indiscutible del pueblo boliviano.

LA TRAYECTORIA DE LOS ULTIMOS AÑOS

El actual Presidente desde muy joven incursionó en el sindicalismo agrario y de inmediato fue catapultado como dirigente de las Federaciones del Trópico de Cochabamba, las de los cocaleros, para luchar, en unos casos, y negociar, en otros, con las autoridades y para representarlos en el campo político. De ahí que primero fue diputado con la sigla de Izquierda Unida (IU) y luego, al no ser reconocido el IPSP en la Corte Electoral, consiguió la sigla del MAS que sí tenía vigencia legal.

Las bases electorales del MAS han estado concentradas en los “movimientos sociales”, nombre genérico para identificar la fuerza protagónica de las movilizaciones populares y del proceso de cambios que se desarrollan en Bolivia, que tienen como sustento a la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB), antes Colonizadores, de la que forman parte los cocaleros, la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartoliona Sisa” (CNMCIOB)


En los últimos meses se han alejado de esta coordinación la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB) y el Consejo Nacional de Markas y Ayllus del Qollasuyo (CONAMAQ), organizaciones ahora críticas del gobierno y el MAS por que consideran que la construcción de una carretera por el centro del país (TIPNIS) y el impulso a la industrialización de los recursos naturales afectan al medio ambiente y a las comunidades indígenas originarias de varias regiones del país.

De manera menos orgánica han estado vinculadas a los movimientos sociales las Federaciones de Juntas Vecinales de varias regiones del país, especialmente las de El Alto y Cochabamba, que tuvieron alta importancia movilizadora en la Guerra del Agua del 2000 y en la Guerra del Gas de 2003.

LA POTENCIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

En este contexto el MAS, como organización política, no tiene ni la fuerza ni la estructura suficiente para orientar y dirigir a estas organizaciones sindicales y populares, las cuales tiene sus propios mecanismos de organización y movilización y sus dirigentes, si bien se consideran del MAS, tienen su propia manera de administrar y definir posiciones políticas o sindicales.

Por eso que los principales ejecutivos del MAS se presentan sin influencia propia y su organización no tiene capacidad de decisión en el gobierno, ni en las organizaciones populares. La despolitización y electoralización de la política de los veinte años neoliberales han influido negativamente en este sentido, debilitando las estructuras ideológicas y teóricas partidarias y fomentando el electoralismo.

Los últimos congresos del MAS han tenido un parcial impacto, efímero y momentáneo, y anecdótico en los medios de comunicación, pero no se han consolidado como el sostén político e ideológico del proceso boliviano, eligen dirigentes que no tienen el peso ni la potencia para convertirse en guías políticos del proceso. Su líder, por supuesto, es Evo Morales quien concentra su actividad en la Presidencia del Estado Plurinacional y en su relación directa con los movimientos sociales.

LA CENTRALIDAD DE EVO MORALES

La figura central de Morales opaca al MAS y la capacidad de acción y movilización, con fuerte tradición sindical y reivindicacionista, de los movimientos sociales de base sindical son los pilares del sustento gubernamental. Los últimos años las reivindicaciones sectoriales y corporativas han influido en la pérdida de la intensidad en el proceso de cambio.


Las organizaciones sociales y populares coinciden en la lucha nacional y antiimperialista, en tanto que la estructura partidaria o los cuadros partidarios del MAS no alcanzan a tener un peso, ni un perfil que determine el proceso político boliviano.

En lo que corresponde al programa, este ha sido planteado en términos gubernamentales primero como la “revolución democrática y cultural” y después como la “revolución industrial” de acuerdo a los Planes de Desarrollo aprobados por el Poder Ejecutivo. Sin embargo en términos de orientación estratégica se han manejado de manera indistinta y confusa los términos “socialismo comunitario”, “capitalismo andino-amazónico”, “socialismo del siglo XXI”, “sociedad del vivir bien” o “suma qamaña”, “socialismo andino” y “comunitarismo”.

Esto expresa la ausencia de una línea coherente y unificada, aunque los discursos del gobierno han sido claramente nacionalistas, latinoamericanistas y antiimperialistas en la política y las relaciones internacionales, con concesiones parciales a las transnacionales petroleras y mineras, a la banca y finanzas y a los agroindustriales del oriente. Uno de los riesgos mayores se presenta con un desmesurado crecimiento del negocio inmobiliario en el cual la banca y las finanzas ocupan un lugar central, lo cual puede conducir a peligrosas tendencias de crisis especulativas que no controle el gobierno.

DEL DISCURSO INDIGENISTA A LA PROPUESTA NACIONAL

Una característica en los últimos años ha sido la transición de un discurso radicalmente comunitario indigenista a una propuesta más nacional y latinoamericana, lo que se manifiesta en los proyectos de integración vial, de llegada a las regiones mas alejadas de los centros urbanos y el potenciamiento de las Fuerzas Armadas. En este sentido, el otro pilar, junto a los movimientos populares, son precisamente los militares que se han convertido en una institución central en la administración de Evo Morales.

Las tareas realizadas por la Agencia para el Desarrollo de Macroregiones y Zonas Fronterizas (ADEMAF), durante los últimos años, ha marcado un importante avance en la perspectiva de la ocupación del espacio territorial en zonas antes abandonadas del país, así como en el acercamiento a los sectores marginados espacialmente y que estaban prácticamente abandonados de las políticas del Estado. Los resultados iniciales del Censo Nacional del pasado año marcan una bajísima densidad demográfica.

El Presidente ha anunciado, en enero pasado, cuando cumplía siete años de gobierno, un programa denominado la “Agenda Patriótica para 2025”, año del bicentenario de la independencia de Bolivia, que contempla: erradicación de la extrema pobreza, industrialización de los recursos naturales, socialización y universalización de los servicios básicos, soberanía científica y tecnológica, soberanía financiera, soberanía alimentaria y transparencia en la administración. 


Por otra parte, el rol ideológico y de implementación de las políticas oficiales tiene en el Vicepresidente, Alvaro Garcia a su operador mas destacado y lúcido pues, ante la falta de una organización política sólida, la ausencia de un movimiento de cuadros, la inexistencia de un programa y la cada vez mayor decisión de la burocracia estatal, su importancia se hace muy evidente.

Publicado en: Bolivia

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Don Juan
Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
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juan
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