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Vitalio

Bélgica protesta a Ucrania por dar armamento a terroristas

11/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Insurgente.org

 

Tal y como se venía denunciando desde hace meses, el uso de armamento por mercenarios y terroristas apoyados por Ucrania, se ha conformado. En efecto, el Gobierno belga ha asegurado este domingo que pedirá explicaciones a Ucrania tras una investigación de ‘The Washington Post‘ que revela el uso de armamento estadounidense, polaco, checo y belga por parte de las milicias proucranianas responsables de los últimos ataques en la región rusa de Belgorod.

La ministra de Defensa belga, Ludivine Dedonder (en la imagen), y la de Asuntos Exteriores, Hadja Lahbib, se pondrán en contacto con las autoridades ucranianas para pedir aclaraciones después de la difusión de imágenes de fuerzas proucranianas en territorio ruso equipadas con fusiles SCAR fabricados por la empresa estatal belga FN, según la cadena belga RTBF.

El Ministerio de Defensa ha destacado que este material fue entregado a Kiev con la finalidad de reforzar su defensa, para defender su territorio, según lso documentos que acompañan a cada entrega. Además también se explicita en cada entrega que este material solo pueden utilizarlo las Fuerzas Armadas regulares, salvo excepciones aceptadas por Bélgica.

Por lo tanto, Ucrania no debería entregar estas armas a grupos independientes con objetivos propios dentro de Rusia. Asimismo se subraya que se deben respetar los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, destaca el Ministerio de Defensa belga.

“Por supuesto que el Gobierno belga se pondrá en contacto con las autoridades ucranianas tras las imágenes que se han difundido para aclarar este asunto”, ha subrayado Bruselas.

El diario The Washington Post ha publicado un artículo de investigación sobre el uso de este armamento de países OTAN por parte de la Legión Libertad de Rusia y el Cuerpo de Voluntarios Rusos, milicias que han reivindicado las últimas incursiones militares en suelo ruso. Algunas de estas organizaciones tienen una clara tendencia nonazi.

Publicado en: Global

China. El portavoz del gobierno habló claro clarito sobre lo que es EE.UU

11/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Insurgente.org

Estados Unidos entiende de abuso e intimidación mejor que cualquier otro país del mundo, y no hay espacio para que China ceda o retroceda cuando se refiere a salvaguardar la soberanía y la integridad territorial, aseguró el miércoles un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

El portavoz Wang Wenbin hizo las declaraciones en una conferencia de prensa diaria en respuesta a las acusaciones de funcionarios estadounidenses relevantes sobre las recientes prácticas de los buques militares de China en el estrecho de Taiwan.

Wang indicó que ha sido informado de que solo el año pasado, grandes aviones de reconocimiento de Estados Unidos realizaron más de 800 vuelos de aproximación para espiar a China. El año pasado, Estados Unidos también envió grupos de ataque de portaaviones al Mar Meridional de China y áreas cercanas varias veces.

“Blandiendo su habilidad militar, Estados Unidos está flexionando deliberadamente sus músculos e infringiendo la soberanía de otros países. Esto es abuso e intimidación en su máxima expresión. Esta es la fuente de riesgos de seguridad marítima y aérea, y peligros para la paz y la estabilidad regionales”, dijo Wang.

Apuntó que frente a las provocaciones militares, China ha respondido según las leyes y las regulaciones. Estas acciones son completamente justificadas y legales, y no tienen nada que ver con “abuso”.

Cuando se refiere a salvaguardar la soberanía y la integridad territorial de China, no hay espacio para que China ceda o retroceda, dijo Wang. Este no es en absoluto un caso de “abuso” o “intimidación”. Se trata de que China defienda sus principios y su línea roja, agregó.

Publicado en: Global

Israel, el único país que no se ha adherido al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares

11/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Insurgente.org

El representante permanente de Siria ante la Oficina de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en Viena, Hassan Khaddour, consideró hoy que la persistencia de la Junta de Gobernadores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de debatir repetidamente la cláusula sobre la implementación de salvaguardias en virtud del Acuerdo de No Proliferación en Siria, coloca a este organismo en un círculo de discusión vicioso y estéril, que solo causa pérdida de tiempo y recursos.

En una declaración leída ante la Junta de Gobernadores de la AIEA en Viena, el embajador Khaddour afirmó que la continuación de la discusión de este tema pretende desviar la atención sobre las capacidades nucleares de “Israel”, siendo el único país que no se ha adherido al Tratado de No Proliferación.

El diplomático explicó que la agresión israelí en 2007 contra un sitio en la provincia de Deir Ezzor se utilizó como plataforma para atacar a Siria con el objetivo de distorsionar su imagen, ejercer presión política sobre ella y asediarla en lugar de condenar enérgicamente este bombardeo que representa una violación flagrante del derecho internacional.

Advirtió que el comportamiento agresivo de “Israel” en la región y el hecho de su posesión de capacidades nucleares fuera del marco del Tratado de No Proliferación representa un grave peligro para el régimen de no proliferación.

Además, el rechazo de Israel a todas las iniciativas que piden el establecimiento de una zona libre de armas nucleares y armas de destrucción masiva en el Medio Oriente lo convierte en una amenaza para la seguridad y la estabilidad en la región del Medio Oriente.

El embajador Khaddour concluyó su declaración con reiterar que Siria mantiene su compromiso de hacer una cooperación plena y constructiva con el Organismo, de conformidad con sus obligaciones en virtud del Tratado de no proliferación y el Acuerdo de salvaguardias amplias firmado con el Organismo.

Publicado en: Global

Poscapitalista, posreal y poshumano

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jorge Majfud 

 

“Mientras las universidades logran robots que se parecen cada vez más a los seres humanos, no sólo por su inteligencia probada sino ahora también por sus habilidades de expresar y recibir emociones, los hábitos consumistas nos están haciendo cada vez más similares a los robots.” –Cyborgs, 2012

En un tiempo no muy lejano, algunos libros como éste vendrán precedidos por la advertencia “Escrito por un ser humano” y, aun así, nadie sabrá si no fue escrito por una máquina. Para confirmar la humanidad de su autor, se inventarán sistemas que puedan, al menos, probar la fecha de publicación. Mi generación presumirá (no sin vanidad, en el doble sentido de la palabra) de haber vivido en tres eras diferentes: la Era de los libros impresos, la Era de Internet y la Era de la Inteligencia Artificial. Tres mundos vertiginosamente diferentes.

En todo caso, un aumento de los medios de propaganda masiva habrá producido una disminución de la fe (y del interés) en la realidad y en la verdad (sobre este fenómeno, ver nuestro artículo “La pornografía política”, 2016). Nuestros hijos vivirán, si sobrevivimos como civilización, en un mundo poscapitalista, poshumano y posreal. De hecho, los tres pos ya se han instalado en nuestro mundo, al menos como realidades en su tierna infancia. Está de más decir que la impronta cultural y civilizatoria de la futura posrealidad poshumana ha sido dada por el capitalismo antes de morir.

Por el momento, los ensayos de nuestros estudiantes universitarios escritos con inteligencia artificial, aunque correctamente escritos y bien organizados, son muy mediocres desde el punto de vista crítico y creativo, y bastante fáciles de identificar por sus estructuras clásicas. Pero debemos suponer que todo eso irá mejorando con el tiempo. No obstante, la frontera post humana será la creatividad más radical de los humanos―o de lo humano que quede en ellos―y sus enemigos más peligrosos serán aquellos que hoy son etiquetados con alguna discapacidad, como autistas y otros, por las razones que expusimos en “Necesitamos más gente rara”.

El reconocido biólogo Ernst Mayr había advertido en 1995 que la inteligencia humana es una “variación letal”, sin mucho sentido dentro de la lógica de la evolución. También observó que el tiempo promedio de existencia de la mayoría de las especies mamíferas son cien mil años, más o menos el tiempo que se estima la aparición del Homo Sapiens y su migración fuera de África (ver Ilusionistas, 2012, o Sin Azúcar, 2022, libros que publicamos con Noam Chomsky).

 Actualmente, la catástrofe climática es la principal amenaza de la especie humana o, al menos, de la civilización que ha creado. Esta catástrofe y esta aproximación hacia la extinción humana no se debe a otra cosa que a su propia inteligencia. Como si la inteligencia humana, como si esa “variación letal” no fuese suficiente peligro, ahora se ha agregado otro de sus productos que pueden conducir a la especie a la misma dirección pero de forma más veloz: la inteligencia artificial. La palabra pueden no sólo es una referencia las probabilidades de que un hecho ocurra o no, sino a su potencialidad. Una potencialidad semejante a la extinción por un conflicto nuclear. Aun si lo consideramos improbable en este momento, su mayor peligro radica en que es posible. La historia humana provee de ejemplos suficientes para entender que lo que ha sido posible tarde o temprano se convierte en probable, por absurdo que sea, como la Segunda Guerra mundial, por ejemplo.

La mayor novedad de la inteligencia humana que prácticamente no ha evolucionado por muchos miles de años es una variación artificial que pronto se convertirá en una nueva naturaleza. La inteligencia artificial no es solo una alarma de filósofos y novelistas sino de los mismos involucrados en su negocio y desarrollo. Como ejemplo, basta considerar la advertencia colectiva de 350 investigadores, ingenieros y CEOs de OpenAI, Google Deepmind, Anthropic entre otros gigantes tecnológicos que se encuentran en la avanzada del desarrollo de IAs, advirtiendo que los sistemas futuros podrían ser tan mortales como las pandemias y las armas nucleares, representando un “riesgo de extinción” real de la especie humana. Razón por la cual entienden que los gobiernos deben intervenir inmediatamente regulando las IAs como se regula el sistema de armas atómicas. Típico recurso poscapitalista de los señores neofeudales que los neoliberales de las colonias parecen no haber entendido todavía.

Las ventajas de las IA, como mejores diagnósticos médicos, no son suficientes para ignorar sus peligros. El primero es que realice una amplificación de las patologías humanas, como la búsqueda del poder a través del conflicto o como la comercialización de la existencia (humana y natural) desarrollada por tres siglos de capitalismo. Como veremos en los capítulos siguientes, si vemos lo que ocurrió en las últimas décadas, no con IA sino con sus predecesores, los bots y los algoritmos de Internet y de redes sociales, la recurrencia y fijación del impulso de manipulación y control de la opinión pública y de sus sensibilidades es el mayor capital de las elites económicas y financieras en el poder. Como en el caso de las especulaciones en las bolsas de Wall Street o Londres, las IA mejorarían y acelerarían la toma de decisiones financieras y, consecuentemente, las decisiones políticas a favor de esas elites, sobre todo a través del cuestionamiento de la realidad, de la disolución de los parámetros que deciden si algo es verdadero, falso o una mentira―es decir, una falsedad con propósitos de manipulación. De ahí al caos hay un pequeño paso y, más allá, está la independencia de las IA que harán de la especie humana un detalle irrelevante, primero, incómodo e inconveniente después.

Suponer que las IAs y sus dueños, las elites en el poder puedan tener algún límite ético, como creía Adam Smith que tendrían los ricos ante los pobres, es como creer que cuando invierten sus fortunas en las bolsas o en las colonias lo hacen para crear empleos o reducir la pobreza, la desigualdad y los conflictos bélicos en el mundo. Si todavía creemos en esas ternuras, entonces, como dice el nuevo dicho popular, “nos merecemos la extinción”.

Del libro Moscas en la telaraña.

Vista previa del vídeo «Necesitamos más gente rara» prof. Jorge Majfud de YouTube

Publicado en: Global, Titular1

Entrevista a la filósofa italiana Donatella Di Cesare: ¿Qué es y cómo opera el negacionismo?

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Mariano Schuster

En su libro «Si Auschwitz no es nada», la filósofa italiana Donatella Di Cesare examina las formas en que el negacionismo pretendió rechazar la existencia del Holocausto, invirtiendo la relación entre víctimas y verdugos y produciendo la tesis de la «conspiración judía mundial».

En esta entrevista examina las nuevas formas de negacionismo, ligadas a la emergencia ambiental y a la crisis migratoria, y explica cómo se relacionan con las nuevas teorías de la conspiración y con el ascenso de las extremas derechas.

¿Qué es y cómo opera el negacionismo? ¿Cómo se relaciona con las teorías conspirativas? ¿Por qué, para comprender las características de los negacionismos contemporáneos, es necesario repensar los procesos de negación de la Shoah y de los campos de concentración nazis? Muchas de las respuestas a estos interrogantes se encuentran en Si Auschwitz no es nada: contra el negacionismo, el libro de la filósofa italiana Donatella Di Cesare publicado recientemente en español por Katz Editores. Ensayo crítico y analítico, Si Auschwitz no es nada analiza las raíces profundas del negacionismo a través de una genealogía histórica en la que demuestra que los primeros en instalar la negación fueron los propios perpetradores de los crímenes cometidos en los campos de concentración. En su ensayo, Di Cesare explica las formas en que el negacionismo invierte los roles entre víctimas y verdugos, desarrolla una historia alternativa e instala dudas hiperbólicas e improductivas para producir confusiones políticas.

La publicación en español del libro de Di Cesare coincide con el auge de nuevos negacionismos (climáticos, pandémicos, de la crisis de los migrantes) y con el ascenso, en Italia y otros países de Europa, de extremas derechas que beben de fuentes del pasado. En tal sentido, su ensayo tiene una profunda actualidad. Profesora de Filosofía en la Universidad La Sapienza de Roma e integrante del Consejo de Doctorado de la misma Universidad, Di Cesare tiene, además, una participación relevante y permanente en el espacio público y colabora activamente con publicaciones como L’Espresso e Il Manifesto. Entre 2016 y 2022 integró el Consejo Científico del Centro Italiano de Refugiados y desde 2023 es miembro del jurado del Tribunal Permanente de los Pueblos. Además de Si Auschwitz no es nada, Di Cesare es autora de los libros Heidegger y los judíos (Gedisa, 2017), Tortura (Gedisa, 2018), Extranjeros residentes. Una filosofía de la migración (Amorrortu, 2020), ¿Virus soberano?: La asfixia capitalista (Siglo XXI, 2020) y El complot en el poder (Sexto Piso, 2023).

En esta entrevista, analiza los discursos negacionistas centrados en la Shoah y avanza también sobre los negacionismos actuales. Asimismo, explica los modos en que las extremas derechas instrumentalizan discursos de negación y complot, a la vez que hace una fuerte crítica de la pérdida de rumbo de las izquierdas contemporáneas.

Desde hace muchos años, usted trabaja, desde el campo de la filosofía, sobre diversas cuestiones que hacen a la construcción de una esfera pública democrática. Uno de sus libros fundamentales, Si Auschwitz no es nada, se dedica justamente a analizar un tipo de discurso que corroe esa esfera pública, amenazándola de diversas formas. Me refiero al negacionismo, y muy particularmente al negacionismo de la Shoah. ¿Por qué el negacionismo sigue siendo un problema hoy y en qué formas se expresa?

En primer lugar, debemos decir que las democracias, en la forma en que hoy las conocemos, sobre todo las democracias europeas, nacieron de las cenizas de Auschwitz. Me refiero, sobre todo, a Italia y Alemania, los dos países en los que se desarrollaron el fascismo y el nacionalsocialismo y sobre los que recae la responsabilidad principal por el exterminio de la Shoah. Desde hace ya muchos años abordo el tema del negacionismo y lo hago, tal como usted planteaba, centrándome en la Shoah, en tanto constituye un acontecimiento capital y fundamental de la historia. En mi trabajo pretendo exhibir la forma en que los negacionistas y los revisionistas pretenden alterar no solo la historia, sino la propia memoria democrática, así como los mecanismos sobre los que se asientan dudas que, siendo presentadas como búsquedas de conocimiento, no constituyen, en rigor, más que intervenciones políticas destinadas a desacreditar la existencia misma de la Shoah. Debemos recordar, en ese sentido, que los primeros en negar la Shoah fueron los propios nazis, por lo que los propios orígenes de ese negacionismo se cifran en los perpetradores del crimen. Mi propósito en Si Auschwitz no es nada ha sido analizar las distintas tesis negacionistas y la forma en que el negacionismo ha presentado la Shoah como una estafa y un invento de los judíos, que habrían usufructuado su propia mentira para crear el Estado de Israel al que, de ese modo, los negacionistas siempre han pretendido deslegitimar.

Por supuesto, la cuestión del negacionismo excede la de un caso particular, y eso queda claro con una serie de fenómenos a los que asistimos hoy en día, cuando observamos la forma en que distintos actores, principalmente de la extrema derecha, favorecen nuevos procesos vinculados a tesis de negacionistas. Lejos de constituir un fenómeno en declive, lo que ha quedado en evidencia es que el negacionismo está en pleno ascenso. A tal punto esto es así, que las hipótesis planteadas hace algunos años según las cuales el negacionismo contemporáneo era limitado y reducido y formaba parte de un proceso de «regurgitación del pasado» se han evidenciado falsas. Hoy podemos hablar muy claramente de una serie de negacionismos, en plural, que incluyen diversas áreas. No se trata ya solamente del negacionismo de la Shoah, del cual me he ocupado en Si Auschwitz no es nada, sino de nuevas formas de negacionismo en el siglo XXI, entre las cuales se involucran el negacionismo respecto del cambio climático o, por ejemplo, el negacionismo de la pandemia. Estos temas se conectan muy claramente con la agenda y la filosofía de las nuevas derechas y, por lo tanto, están en el centro del debate público.

En Si Auschwitz no es nada no solo se dedica a analizar los fundamentos sobre los que se sostienen las tesis negacionistas de la Shoah, sino que traza una genealogía de cuatro momentos de ese negacionismo. El primero, que se produce inmediatamente después del fin de la guerra, consiste en acusar a los judíos de falsificar la historia. El segundo se produce durante la Guerra de los Seis Días, cuando se acusa a los judíos de haber inventado una historia con un propósito: el de fundar el Estado de Israel. El tercero está signado por el affaire Faurisson y el debate sobre el «revisionismo histórico». El último estaría marcado por un negacionismo que, a través de su diseminación en las redes sociales, comienza a colonizar nuevas esferas del espacio público. ¿Cuál es la conexión entre todas estas tesis? ¿Parten de un mismo fundamento y son solo secuencias de una misma argumentación o constituyen distintas formas de negación?

Debo decirle que me gusta que introduzca en esta conversación la palabra «genealogía», porque eso es efectivamente lo que yo pretendo hacer en mi libro: trazar una genealogía del negacionismo de la Shoah, que puede conectarse con una más amplia que incluye los fenómenos actuales. Hoy considero que a esas cuatro fases planteadas en el libro debería agregarse una más, vinculada a la forma en que la diseminación de tesis negacionistas favorece cada vez mayores teorías de la conspiración o del complot. Efectivamente, el hilo conductor del negacionismo –que constituye en sí mismo un fenómeno de propaganda política y, en tal sentido, concierne al espacio público– es el del rechazo de una verdad considerada «oficial» y el de la inversión de roles entre víctimas y verdugos. Según mi perspectiva, la primera fase, que comienza a desarrollarse entre 1944 y 1945, es de suma importancia, en tanto está destinada directamente a exonerar y a exculpar al nacionalsocialismo y al fascismo de los crímenes cometidos durante la Shoah. Ese proceso de exoneración se produce afirmando que las cámaras de gas y los hornos crematorios, que constituyen el rasgo particular del proceso de industrialización de la muerte propio del nacionalsocialismo, no han existido. Y si esos elementos se rechazan, se logra un primer propósito: igualar el totalitarismo nazi al totalitarismo soviético. La tesis de los «dos totalitarismos» asume que los campos de concentración son similares a los gulags, y al hacerlo, genera una condición de igualdad que rebaja la categoría de unos campos de concentración en los que lo que se producía era una forma particular y cruel de exterminio vinculada a un proceso de industrialización de la muerte. No es casual que la extrema derecha contemporánea se monte sobre esa tesis de los «dos totalitarismos» para afirmar que en Alemania ha habido un «totalitarismo como otros» y que, por tanto, es una cuestión del pasado, que no se diferencia en nada de otros totalitarismos. A la derecha post-totalitaria contemporánea la tesis de los dos totalitarismos le sienta como anillo al dedo.

Usted expresa muy claramente que el origen de aquello que llama «duda hiperbólica del negacionismo» consiste en la discusión de la cifra, del número de muertos en la Shoah. Esto es algo que podemos ver, además, en otros casos, como el de los desaparecidos en Argentina, donde las tesis negacionistas hacen eje en el número. ¿En qué consiste, fundamentalmente, el propósito de los negacionistas a la hora de discutir las cifras? ¿Expresa esa discusión una forma en que el negacionismo se viste con los ropajes del revisionismo histórico?

La cuestión de los desaparecidos en Argentina no solo tiene muchas semejanzas en lo que refiere a la posición de los negacionistas a la hora de discutir las cifras, sino que es, para mí, una cuestión también muy cercana, en tanto he conocido durante los años 70 a muchas argentinas y argentinos que venían a Europa como exiliados. Eran personas que ofrecían su testimonio, que contaban el horror provocado por la dictadura militar y las terribles situaciones de tortura a las que eran sometidos tantos ciudadanos. La discusión sobre las cifras es, claro, de una importancia capital y concierne a una operación política muy concreta. Veamos el caso de la Shoah. ¿Qué es lo que hacen los negacionistas? Piden el número concreto, el número preciso de las personas que han sido exterminadas. Y preguntan, como si fuese una interrogación inocente: «¿De verdad son seis millones?». Y contestan «Si no lo son, evidentemente, usted está mintiendo». Lo mismo sucede en relación con la situación en Argentina con los desaparecidos. Pueden decir: «¿Son 30.000? Porque si no lo son, usted miente». El problema es que es muy claro que no podemos saber el número exacto, aunque esto no cambia, por supuesto, la gravedad del crimen cometido. El punto fundamental es que este tipo de planteo instala una duda, pero no una duda constructiva, sino lo que llamo una «duda hiperbólica». Los negacionistas, que operan como «dobermans del pensamiento», no preguntan inocentemente por una cifra, no tienen una duda real y una vocación de conocer más y mejor un fenómeno. Lo que hacen, en rigor, es instalar una duda que contiene en sí el planteo negacionista. Es una duda directamente planteada para negar o aminorar los acontecimientos. Es una duda, en definitiva, que se instala para destruir la memoria y aspectos sustanciales de la comunidad democrática que se ha construido, fatigosamente, luego de la Shoah o luego de la dictadura argentina. Pero este tipo de pregunta por las cifras exactas no solo constituye una forma de negacionismo velada en el marco de la duda, sino que es la piedra sobre la que se construye posteriormente una historia alternativa. Y en la construcción de esa historia alternativa, son los familiares que han sufrido pérdidas los que son responsabilizados de mentir y engañar. Nuevamente vemos cómo el negacionismo invierte los roles y transforma a las víctimas en responsables de un engaño.

Suele ser muy tajante a la hora de plantear que, para discutir con tesis negacionistas, es necesario salir de la esfera del debate de los expertos. Según su perspectiva, el hecho de que los historiadores participen de la conversación pública impugnando tesis negacionistas no solo no cambiará esas tesis, sino que hasta podría contribuir, según plantea en su libro, a legitimarlas. ¿Por qué sucede esto?

Efectivamente, tal como señala, muchos historiadores, y sobre todo aquellos que son especialistas en la Shoah, han tendido a considerar que, en tanto las posiciones negacionistas y revisionistas ponen en duda datos y situaciones que conciernen a la historia, su menester y su obligación era responderles desde el conocimiento histórico. Este proceso de respuesta a las tesis negacionistas y revisionistas por parte de la comunidad historiográfica ha sido muy visible en países como Italia y Francia. Sin embargo, y a pesar de los deseos de los propios historiadores, sus respuestas no han servido para despejar ninguna duda. Muy por el contrario, estas respuestas expertas han producido una legitimación de las tesis revisionistas y negacionistas, porque les han otorgado validez a esas dudas, considerando que se circunscribían al ámbito de la historia. El problema es que, antes de responder a un determinado planteo, debemos preguntarnos, filosóficamente, por su carácter. Y esto es lo que los historiadores no han hecho. El punto clave aquí es que las dudas de los negacionistas y de los revisionistas no se dirigen a conocer más un fenómeno, a despejar incógnitas e interrogantes. No se trata de personas que dudan para conocer más y mejor un determinado proceso, sino de personas que niegan a través de la duda. Es una duda que se presenta como real, pero que no lo es. Las dudas de los negacionistas, en definitiva, no son dudas «productivas». De hecho, ni siquiera son dudas: son intervenciones políticas cuyo objeto es poner en tela de juicio el hecho histórico mismo a través de esa pretendida duda. Al responderles como si sus dudas tuvieran algún carácter productivo, los historiadores han legitimado esas tesis. Les contestaron como si fuesen tesis inocentes, planteadas por personas que quieren conocer mejor lo sucedido o por sujetos que carecen de información y que, si la tuvieran, tomarían en consideración la posición especializada. El problema es que esto no es así. El que niega no ignora. El que niega no es un ignorante. El que niega plantea la duda con un objetivo político y no con un deseo real de conocimiento. Esta cuestión, que es política y no meramente histórica, no puede tener, en consecuencia, solo la respuesta legitimada de los historiadores. En todo caso, debe concitar a una amplia gama de voces que pongan en tensión, también, el carácter de la duda planteada por los negacionistas y los revisionistas.

En Si Auschwitz no es nada usted hace hincapié en el hecho de que la argumentación negacionista se basa en un proceso de inversión de roles. El negacionista, según su argumentación, solo acepta a la víctima convertida en cenizas como prueba de la existencia de la Shoah. Dice explícitamente que «el negacionista pide a los aniquilados que den cuenta de su propia aniquilación. Y le dice al sobreviviente: la aniquilación no tuvo lugar, de lo contrario tendrías que haber sido aniquilado». Ante una posición de este tipo, ¿con qué argumentos puede la filosofía discutir las tesis negacionistas, si en el hecho mismo de la negación se reclama la aniquilación del otro como una prueba de la verdad?

Permítame, para responderle, hacerle un comentario sobre el libro. Mi ensayo está dedicado a Shlomo Venezia, uno de los poquísimos sobrevivientes del Sonderkommando de Auschwitz. Es alguien a quien conocí personalmente y que fue muy importante para mí, a tal punto que la escritura de Si Auschwitz no es nada fue una suerte de homenaje a su persona. Su vida y su testimonio ejemplifican muy bien la actitud de los negacionistas, en tanto siempre lo consideraron un farsante. La razón es que los negacionistas consideran que no pueden existir los testigos y los sobrevivientes de la Shoah. Y el argumento utilizado es exactamente el que usted planteaba: «Si usted está aquí y dice que sobrevivió a una situación de este tipo, usted miente, porque no se puede sobrevivir a algo así. Si los hechos que usted narra fueran verdaderos, usted estaría muerto». En tal sentido, el negacionismo desacredita la existencia misma de los testigos que, como lo analizaron lúcidamente Lyotard y Agamben, son, en rigor, sobrevivientes. Se trata de una operación propagandística muy clara, que tiene como base cuestionar al testigo como figura esencial en la historia y en la esfera pública, en virtud de que el testigo no solo pertenece al pasado, sino que testimonia, en la esfera democrática, para las generaciones presentes y futuras. El caso de Shlomo Venezia es particularmente interesante en este sentido, en tanto él había sobrevivido al Sonderkommando de Auschwitz y podía dar testimonio de la existencia de las cámaras de gas. Esa fue la razón por la que, durante muchos años, y especialmente en los últimos años de su vida, estuvo en el punto de mira de los negacionistas, siendo sindicado como un «superfalsificador». Y este es un aspecto nodal. Solo si vemos el negacionismo en su genealogía histórica y deconstruimos sus principales rasgos, podemos responder a los desafíos que plantea. Y si lo hacemos, veremos claramente que su pretensión es hacer pasar a las víctimas por farsantes, a los testigos por mentirosos, a los sobrevivientes por falsificadores.

Usted afirma en su ensayo que una de las principales campañas de los negacionistas se dirige a atacar la existencia misma del Estado de Israel. Es completamente cierto y comprobable que, históricamente, muchas posiciones que se han presentado como antisionistas han tendido no solo a encerrar posiciones antisemitas, sino a cuestionar la posibilidad misma de la existencia de Israel. Hoy en día, sin embargo, muchas fuerzas políticas que expresan tradiciones que ayer mismo eran negacionistas, como el Frente Nacional Francés o Alternativa para Alemania, son defensoras férreas del Estado de Israel. La situación no acaba allí: es el propio gobierno israelí, dirigido por una coalición claramente derechista, el que coquetea con personajes como Víktor Orbán y Steve Bannon –dos paladines del frente «anti-Soros», contra el cual se esgrimen tropos antisemitas–. ¿Cómo explica este fenómeno?

En el libro me interesaba trazar el proceso que se inicia en la inmediata posguerra y que se extiende hasta la década de 1970, pasando por la Guerra de los Seis Días, a través del cual los discursos revisionistas propios del negacionismo planteaban una inversión de roles. Esa inversión consistía en afirmar que Alemania había sido una víctima de los Aliados, que no habrían comprendido su rol en una supuesta salvación de Occidente, mientras que los verdaderos ganadores y triunfadores habrían sido los judíos que, mediante un proceso de falsificación de un supuesto genocidio, habrían conseguido crear su Estado. Es en este sentido en el que el negacionismo siempre ha apuntado contra la existencia del Estado de Israel, insertando la creación de Ese estado en el mito de la «conspiración judía mundial». Ahora bien, es completamente cierto que muchas tendencias del judaísmo diaspórico, del judaísmo que podríamos considerar como «de vanguardia popular» y del judaísmo filosófico representado por personas como Hannah Arendt o Walter Benjamin, vivieron un proceso de retroceso. Y eso es algo que se evidencia en la progresiva pérdida de influencia de los sectores más progresistas dentro del propio Estado de Israel. El fuerte crecimiento de la derecha israelí, que ha ido acompañado de una serie de políticas discriminatorias, ha servido como pretexto para que la extrema derecha europea tome una posición favorable hacia un Estado con el cual era fuertemente crítica. Esto es algo que, como usted planteaba, es muy nítido en el caso de Marine Le Pen y el Frente Nacional (hoy Agrupación Nacional) en Francia, así como en el de Alternativa para Alemania, pero también involucra a partidos como Vox en España y a la propia derecha italiana representada por Giorgia Meloni. Al sostener una posición de defensa férrea de Israel, como si se tratara de un bloque monolítico –negando la existencia de voces de oposición como las que recientemente han salido a manifestarse en diferentes plazas del país para defender la democracia–, la extrema derecha europea logra dos cometidos: afianzar sus propias posiciones y despegarse del pasado negacionista.

Al mismo tiempo, y en el sentido que usted planteaba, considero necesario mirar los fenómenos que se producen dentro de la propia comunidad judía en los países europeos. En Italia, sin ir más lejos, no son pocos los miembros de la comunidad que han apoyado y avalado al gobierno de Meloni, que pertenece a una extrema derecha posfascista. Ese proceso de derechización obedece, sin embargo, a una crisis general de la izquierda. En tanto yo observo a Israel como parte de Europa, porque filosófica y geopolíticamente esa ha sido históricamente su ubicación (sabemos que las ubicaciones políticas exceden a las geográficas), considero que el viraje a la derecha es parte de un proceso general de la crisis de la izquierda. Esa crisis no es solo política, sino que concierne también a la tradición intelectual sobre la que reposan las ideas de izquierda. En tal sentido, debemos recordar que buena parte de la tradición intelectual de la izquierda europea proviene del gran pensamiento judío, que va desde Marx hasta Trotski y Benjamin, y desde Arendt a la Escuela de Fráncfort, y que son justamente esas valiosas tradiciones las que hoy viven una crisis profunda. En Israel este proceso se expresa políticamente en la hegemonía de una derecha extrema que es capaz de abrazar posiciones hiperreaccionarias como la de Bannon o la de Orban.

¿Cómo se conectan los planteos negacionistas con las teorías conspirativas? ¿Existe un vínculo claro entre ambos fenómenos?

Sí, existe un vínculo claro. De hecho, es posible afirmar que el negacionismo es, en sí mismo, una forma de complotismo y conspirativismo, en tanto nunca se limita meramente a negar, sino que introduce aquello que niega dentro de una teoría del complot. En este esquema de pensamiento, las víctimas son transformadas en culpables y en la supuesta vía de instrumentalización de fuerzas ocultas. La idea de «la mentira de Auschwitz», planteada históricamente por los negacionistas, es un buen botón de muestra de ello. En esa argumentación, Auschwitz no sería solo una estafa y un invento, sino que se ha ideado para el lucro de determinados poderes ocultos. La tesis de la «conspiración judía mundial» va unida al negacionismo y es, en tal sentido, una demostración palpable del vínculo entre negacionismo y conspiración.

En nuestros días podemos ver muy claramente estas cuestiones, por ejemplo, en relación con temáticas como la del cambio climático. Las posiciones negacionistas rechazan que estemos ante una situación crítica en términos ambientales. Luego del rechazo lo que sigue es una posición que responsabiliza a ambientalistas y a ecologistas de estar pretendiendo imponer una agenda que responde a algún tipo de poder. No es casual que en contextos críticos como los que viven nuestras actuales democracias, personajes como Donald Trump o Jair Bolsonaro conciten tanta atención. Se trata de líderes políticos que, dirigiéndose directamente al pueblo, afirman que este está siendo estafado por poderes ocultos y que ellos los defenderán de esos poderes. Pensemos en el discurso de Trump. Consiste, en términos muy fundamentales, en afirmar lo siguiente: «Yo defenderé nuestra identidad y nuestra pureza, que está siendo atacada por ellos. Ellos son los inmigrantes, las feministas, los homosexuales. Tienen un plan para destruir América, pero yo defenderé nuestra identidad, nuestra pureza, nuestra identidad homogénea. Soy el salvador de Estados Unidos, del cuerpo místico de Estados Unidos. Soy quien defiende a esta nación de sus enemigos». Este tipo de discurso no solo está presente en el suprematismo estadounidense, sino también en las teorías del «gran reemplazo» en Europa.

Dicho esto, creo que es importante remarcar que la conspiración, en este tiempo, surge sobre todo ante la imposibilidad ciudadana de identificar el poder. Vivimos en una época en que, cuando nos referimos al poder, no sabemos exactamente a qué nos referimos ni dónde está. El poder ya no es claramente identificable, no tiene un nombre y una dirección postal. Y esto, evidentemente, favorece el complotismo. «Si los gobiernos cambian pero las políticas se mantienen y ya no podemos diferenciar a unos de otros, debe ser porque estos políticos son agentes del Nuevo Orden Mundial que viene desde fuera», afirma un conspirativo. Porque la conspiración siempre tiene un carácter externo, quien gobierna lo hace «para otro», hay alguien «de fuera» que mueve los hilos. Lo que constituye un evidente problema de orden político –el hecho de que los gobiernos cambien y todo se mantenga igual– se transforma, en las teorías conspirativas, en la demostración de que hay algún tipo de poder oculto que está dominando todo. Ese pensamiento parte de una sospecha legítima, pero se encadena de una forma que suspende la política y se articula en la forma de un complot. La teoría conspirativa llena un vacío ante una situación de impotencia.

Bajo una consideración de este tipo, ya no se trata, como han creído algunos, de desenmascarar la conspiración como un producto de la ignorancia o de un pensamiento mágico y supersticioso. Ese tipo de condena moralista es improductiva e incorrecta, porque la cuestión de la conspiración es eminentemente política.

Muchos de estos temas se vinculan directamente con la agenda de las extremas derechas. En su país, Giorgia Meloni, del partido Fratelli d’Italia, es ahora primera ministra. ¿Cómo caracteriza el ascenso de Meloni?

El de Giorgia Meloni es, ante todo, el primer gobierno posfascista de Europa. Y tiene lugar, justamente, en el país que dio origen al fascismo. Si utilizo, en este caso, la categoría de posfascismo es porque existen diferencias claras y nítidas con lo que podríamos denominar como la tradición «neofascista». Mientras que el neofascismo se reduce hoy a pequeños grupos que reivindican abiertamente el programa de Mussolini y se refieren de modo concreto a la experiencia del fascismo histórico, el posfascismo manifiesta algunos rasgos comunes con las tesis tradicionales del fascismo, pero constituyéndose como un fenómeno nuevo que no expresa de modo directo el ideario fascista ni manifiesta públicamente una idolatría mussoliniana. El posfascismo se inserta, en este sentido, en una nueva dinámica de las extremas derechas.

Una de las características más salientes del gobierno de Meloni es la construcción de enemigos muy claros, entre los que se encuentran los migrantes, los ambientalistas y los colectivos asociados a las diversidades, a los que se acusa de pervertir la comunidad nacional. Presentándose como una líder política nueva e incluso como una mujer popular nacida de la base del pueblo italiano, Meloni construye la autoimagen de la líder que llega para combatir un «globalismo» que, según su concepción, «destruye la identidad italiana». Como sucede en otros casos asociados a la extrema derecha, Meloni apela a una concepción homogeneizante de la identidad nacional, constituyéndose a sí misma como quien es capaz de resguardar ese cuerpo místico. Su discurso consiste, en términos muy fundamentales, en afirmar: «Soy una de ustedes y los dirijo, y en tanto los conozco y se cuáles son nuestras características como pueblo, soy la persona indicada para proteger a la nación italiana de aquellos que quieren destruirla». El de Meloni es un discurso que se inserta, en definitiva, en la tradición de la derecha neonacionalista identitaria, aunque se combina, sin embargo, con un exacerbado atlantismo en política internacional, que le permite concitar una cierta aceptación extranjera. La posición neonacionalista de Meloni puede confirmarse muy claramente en términos del rechazo a los migrantes y refugiados, pero también en un uso más extenso y abarcativo de la idea de «extranjeridad», que se correspondería también con las diversidades sexuales o las mujeres que integran movimientos feministas. ¿Por qué extranjeridad? Porque esas opciones no se corresponderían, en los términos en que esta extrema derecha piensa a la comunidad nacional, con los valores y la identidad italianos. Por supuesto, se trata de planteos que constituyen desafíos muy claros a la democracia y a la ciudadanía, y nos muestran una deriva de tipo «orbanista» [en referencia al líder húngaro Víktor Orbán] de estos espacios políticos. Esto queda muy claro en la criminalización de las organizaciones humanitarias que colaboran y ayudan a los migrantes y refugiados, a las que se les aplica una suerte de xenofobia de Estado. Lo que siempre debemos tener en cuenta y no perder de vista es que en la base y el fundamento político de la extrema derecha representada por Meloni se encuentra siempre la idea de una defensa de la nación frente a lo que le es ajeno, frente a una extranjeridad, ya sea propiamente migrante o de valores que esta derecha no considera como parte del «cuerpo de la nación».

El problema es que, para enfrentar fenómenos como el del posfascismo y el de las nuevas extremas derechas, se precisa una izquierda activa y vigorosa, pero lo que encontramos hoy es, en cambio, una izquierda en crisis. En un país como Italia, que tuvo un Partido Comunista que llegó a ser en 1976 la segunda fuerza política, tenemos ahora a una izquierda sin ningún rumbo y dirección que ha infravalorado el fenómeno político del posfascismo. Durante los últimos años, ha sido evidente que la izquierda italiana ha restado importancia a numerosas características de esta nueva extrema derecha, tendiendo a considerarla como un fenómeno de regurgitación del pasado. Para ser muy clara: la izquierda ha creído que el apoyo a las posiciones xenófobas, homofóbicas y antifeministas de la extrema derecha era producto de la ignorancia. La idea de que la historia, finalmente, está del lado de la izquierda y del progreso ha contribuido a ese daño y a esa perspectiva equivocada. Haber considerado todos los fenómenos del negacionismo y del revisionismo como regurgitaciones del pasado y como expresiones de ignorancia ha impedido que la izquierda se tome en serio la tarea de analizar qué son y qué significan estas derechas.

Usted ha sido muy crítica con el Partido Democrático, al que se ha referido como un «partido de centro». En un país como Italia, que, como mencionaba recién, tuvo al Partido Comunista más grande de Occidente, ¿qué es lo que pasó con la izquierda?

Mi opinión es que la crisis de la izquierda italiana nace, en realidad, en la década de 1970. En esos años se produjo en Italia un gran movimiento estudiantil y obrero que se manifestó en las calles, en las plazas, pero también en periódicos y revistas, y llegó a constituirse como el movimiento de protesta más importante de Occidente durante ese periodo. Se trataba, sin dudas, de un movimiento muy diverso, pero en el que primaba una idea fundamental: producir una izquierda no dogmática y heterodoxa que asumiera dentro de sus perspectivas políticas las luchas por los derechos civiles y los derechos humanos. Desde aquellos años me he sentido parte de esa tendencia política, reconociéndome en una posición que se sitúa a la izquierda del antiguo Partido Comunista Italiano. Fue en esos años en los que, participando de aquel movimiento de protesta y revuelta, conocí a militantes argentinos y uruguayos que se encontraban en el exilio político y que participaban también de nuestras manifestaciones y de nuestras luchas que se extendían por distintos países de Europa. En esa época, y sigo hablando de los años 70, quedó muy claro que el Partido Comunista condenaba y desacreditaba políticamente las manifestaciones sociales de esa nueva izquierda política y cultural. En última instancia, el Partido Comunista consideraba que todo el movimiento podía reducirse a la categoría de «terrorismo», homologando las distintas protestas al accionar de las Brigadas Rojas. Ese proceso de descrédito y de represión de las tendencias más vivas del movimiento obrero y estudiantil que buscaban una izquierda renovada no acabó con la caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición y reconversión del Partido Comunista Italiano. Aun sin Partido Comunista, los representantes hegemónicos de la izquierda, es decir, los del Partido Democrático, tendieron a seguir rechazando posiciones ideológicas libertarias y de izquierda, aun con más vigor. La caída del Muro de Berlín y la instalación en todo el mundo de un ideario capitalista que se presentaba como incontestable reafirmaron esa tendencia, en la que la lógica de la administración reemplazó a la de la política y la ideología. La situación de hoy es la de una izquierda representada por un partido que ya no puede ser considerado como de izquierda. El Partido Democrático es apenas un partido de centro que juega un papel muy negativo, en tanto inhabilita la reconstitución de una izquierda novedosa y dinámica. Frente a la derecha de Meloni en el poder, el Partido Democrático no ofrece alternativa alguna y funciona como un freno y como un elemento de detención en la posibilidad de desarrollar una izquierda política que dé respuestas a los desafíos que supone un tiempo tan crítico como el presente.

En 2020 usted escribió El tiempo de la revuelta, un libro en el que reivindicaba el fenómeno de las protestas y las luchas sociales frente a un capitalismo que parece haber ocupado todo el espacio de la imaginación política. ¿Dónde están las revueltas hoy? ¿En qué medida esas revueltas expresan algún tipo de imaginación de izquierda?

El tema de la revuelta es, para mí, políticamente muy trascendente, en tanto siempre se han producido dos fenómenos en torno de ella. Por un lado, ha sido subestimada. Por el otro, se la ha visto solo como el antecedente de una posible revolución. En los últimos años hemos asistido, sin embargo, a fenómenos de revuelta social en diferentes países –no hay más que mirar las protestas francesas de estos días– que representan, sobre todo, procesos de desobediencia civil, de manifestación crítica hacia las posiciones del poder político y económico. Este tipo de protestas y revueltas, como las que generan también las organizaciones humanitarias que salvan a los migrantes y los refugiados, no tratan simplemente de decir «no», sino que se sustentan en una política afirmativa que intenta responder a la crisis de la democracia actual. Lo que me interesa, en particular, son esas formas de revuelta que llamo «anarquistas», no porque estén animadas por sujetos que se reconocen a sí mismos como anarquistas, sino porque cuestionan el arché, el modo en el que se jerarquiza y se gobierna el espacio público. Afortunadamente, en Italia y a raíz de la guerra, se ha producido un fenómeno de involucramiento y de protesta por parte de ciudadanas y ciudadanos que se sienten de izquierda y que, lejos de los corsés del Partido Democrático, han salido a manifestarse contra la guerra desde posiciones pacifistas.

Usted se refiere a la revuelta y a la crisis de la izquierda. Hace algunos meses, en un debate en la televisión italiana, revalorizó algunos aspectos de la tradición comunista a partir de procesos que no se vincularon al totalitarismo, sino que fueron, muy por el contrario, de un carácter nítidamente libertario. ¿Sobre la base de qué ideas cree que puede pensarse hoy una nueva izquierda?

Ciertamente, como dije en aquel debate televisivo que usted menciona, la historia del comunismo no fue solo una historia de opresión, sino también de emancipación de los más débiles, al mismo tiempo que un proyecto de filosofía de la historia. Pertenezco a quienes consideran que la tradición comunista no puede reducirse al estalinismo ni al totalitarismo de tipo soviético. Bajo esa misma palabra, comunismo, lucharon muchos hombres y mujeres que no querían establecer ningún totalitarismo, sino que, por el contrario, aspiraban a un proyecto de liberación de las personas. Se trata de personas que, en diversos continentes, intentaron encontrar una alternativa al capitalismo y que, ciertamente, no tuvieron nada que ver con ningún régimen de opresión y dictadura. Como comprenderá, creo que el elemento libertario es fundamental y debe ser siempre tenido en cuenta, incluso a la hora de repensar la tradición comunista, pero también otras tradiciones de izquierda. Mi interés y mi intención es, en ese sentido, el desarrollo de una nueva izquierda que pueda articularse con ideas provenientes de la cultura anarquista. Una izquierda, en definitiva, que sea capaz de discutir el Estado y el poder. Yo puedo pensar esta cuestión, por supuesto, en términos más bien filosóficos, y en tal sentido creo que la incorporación del pensamiento de Walter Benjamin, de la Escuela de Fráncfort, de Claude Lefort y de las posiciones que nacieron del grupo Socialismo o Barbarie en Francia, resultarían altamente provechosas. Pero, al mismo tiempo que se asumen esas posiciones, se debe pensar hoy en dar respuestas a una serie de fenómenos contemporáneos que exigen ideas claras y reflexiones muy concretas. La crisis de la izquierda se debe a su confusión conceptual, a su falta de reflexión sobre toda una serie de fenómenos que requieren una atención muy rigurosa. Espero que esto cambie. En cualquier caso, es necesario que así sea.

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Bolivia: Crisis y disputas internas

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Mg. José A. Amesty Rivera

Desde la salida del expresidente Evo Morales Ayma, de la jefatura presidencial en Bolivia, (golpe de Estado en su contra) se empezaron a escuchar especulaciones sobre problemas internos entre el partido Movimiento al Socialismo MAS y Evo Morales, dentro del mismo partido MAS, entre el presidente Luis Arce y Evo, entre David Choquehuanca y Álvaro García Linera, en fin, una lucha intrincada entre los principales líderes del MAS y ex presidentes, vice presidentes y presidentes en ejercicio.

Revisemos algunos elementos de esta crisis o disputas internas. Por ejemplo, José Llorenti, miembro del MAS, señala: «En el año 2014, con la victoria de Evo Morales con el 61%, el MAS como partido tenía la misión histórica de empezar a debatir la transición o la renovación en la misma revolución, sin embargo, ante la intensión de Morales de negar el debate, y de hablar únicamente de su posible reelección, se postergó un debate necesario en el MAS que hoy (gestiones 2021-2022-2023), estamos llevándolo a cabo. La crisis del MAS actualmente, es la crisis de la transición y ahora llamada renovación, la cual debió debatirse el año 2014, inmediatamente después de que Evo Morales ganara la elección. Es decir, que inmediatamente la victoria de Morales se debió iniciar la discusión por quién o quiénes serían los siguientes cuadros en conducir la Revolución (actualmente, Luis Arce y David Choquehuanca)».

«En otras palabras, la crisis orgánica y política que está ocurriendo en el MAS, es un debate atrasado, porque debió debatirse de cara al año 2019 la transmisión ordenada de mando como sucedió por ejemplo en Brasil, con Lula-Dilma o en Argentina con Cristina Fernández-Alberto Fernández, o varios otros ejemplos. El rehusar el debate no hizo otra cosa que ocultarlo, motivo por lo cual ahora estamos viviendo esta crisis. Asimismo, debatir la transmisión de mando, no quiere decir, “jubilar a una generación” o “retirar de la política” a un líder, como por ejemplo, sucedió en Brasil donde se puede ver con más claridad que la transmisión de mando no significó el retiro de Lula de la política, de la misma manera, en Argentina, la salida de Cristina Fernández de la presidencia no significó su retiro en la política, significó, más bien, la oxigenación de un gobierno o de un proceso político de cambio (progresista – popular)».

Ahora, para salir o para sobrellevar esta crisis política, se presentan varias salidas, veamos las más destacadas:

A. La salida institucional-electoral, que significa ir a primarias al interior del MAS para ver una salida ordenada a la división y la crisis. Esta salida, siendo la más racional, no parece ser la más popular entre los líderes del denominado “Proceso de Cambio”, por los grados de desconfianza que existen, y porque ya se tiene el precedente de que, si se escoge una dirigencia en el interior del MAS que no comulga con la línea central del evismo, ésta es retirada o negada.

B. La salida por la fuerza, que, más bien, plantea exacerbar la pugna interna hasta que uno de los dos bandos gane.

C. La salida dialogada, en la que ambos bandos tomen en cuenta el criterio del otro y exista un desprendimiento para hacer posible la unidad, propuesta establecida fundamentalmente por Álvaro García Linera, exvicepresidente.

D. La salida por el caos, que significa más bien la división del MAS y la competencia externa en elecciones nacionales, incluso en diferentes partidos políticos.

Lo más triste es que al parecer, las diferencias al interior del MAS parece que se inclinan por el desastre, antes que por una salida salomónica o pacífica-institucional.

En esta situación se agrega, que el expresidente Álvaro García Linera, aboga en estos últimos días: «donde habló de que esta revolución o este proceso político debe ser conducido únicamente por indígenas, haciendo fuerza para que sea Evo Morales quien vuelva a conducirlo«.

Cuando finalmente señala Llorenti, «la Revolución ya avanzó mucho en inclusión social y política. García Linera no ve que los indios (indígenas) ya hicieron su revolución burguesa (denominada Revolución Democrática y Cultural) y la Bolivia que recibió junto a Evo Morales el año 2005, no es la Bolivia que dejó el año 2019», y mucho menos la del 2023.

Por otro lado, veamos tres posturas ante la crisis interna en Bolivia. Desde el “ala arcista” (renovadora) respondió el exministro de Gobierno, Hugo Moldiz. Desde el “ala evista” (radical) el abogado de Derechos Humanos, Nelson Cox. Y la voz de la experiencia que ve con preocupación el impasse, el extitular de Minería, José Pimentel. Quienes responden y se preguntan: ¿Qué está pasando realmente y qué debemos saber de esta situación? ¿Existe un ala denominada “evista” y otra “arcista” en flagrante disputa? ¿Es posible concertar la unidad a estas alturas?

CORREO DEL ALBA, entrevista a estas tres personas, y la primera pregunta para los tres es: ¿Cuál sería el origen del conflicto entre “renovadores” y “radicales”?

Hugo Moldiz responde: «Tiene que ver con la ausencia de un espacio de resolución de las contradicciones y tensiones que se iban a presentar debido a que, por vez primera desde 2005, se iba a producir un dislocamiento entre el liderazgo político-institucional o estatal y el liderazgo político. Evo Morales concentró ambos desde enero de 2006 hasta noviembre de 2019«.

Nelson Cox responde: «Deviene de ciertas posturas asumidas. El entorno de Luis Arce –Hugo Moldiz y los ministros Lima, Del Castillo, María Nela Prada, Montaño y Novillo– le han hecho creer que era el nuevo referente de Bolivia y paladín del MAS, quien estructuró los basamentos del Proceso de Cambio y que su vínculo con Evo Morales le perjudicaría».

José Pimentel responde: «No hay tendencias, son simpatías e intereses. El MAS-IPSP es un instrumento de las organizaciones sociales, en sí no es un partido. Por eso el liderazgo no es un hecho electivo, si no consecuencia de la lucha que los dirigentes y líderes han desarrollado en el seno y en servicio de las organizaciones sociales.La gestión gubernamental ha tenido un acompañamiento de las organizaciones sociales, pero no la orientación y dirección de las mismas, esta falta de reflexión-práctica no ha permitido que se profundice el cambio o prevea errores«.

Como vemos es un abanico de perspectivas disimiles. Pero lo que sí parece haber es un elemento común y es que, no se ha producido nunca un debate medianamente profundo del carácter del Proceso de Cambio y de su horizonte histórico.

Pero si ha habido y hay, un agudo enfrentamiento ideológico que los del pueblo tienen con los sectores retrógrados. Problemas como la concentración de la tierra, la fuga de divisas, la explotación ilegal del oro, el cambio de la Justicia, la aplicación de la salud universal y la educación intercultural, la lucha contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito, son temas sin solución.

Estas y otras muchas contradicciones, llevaran a la Revolución a la ruptura y a un punto de no retorno. Para no llegar a esto, algunos proponen:

«Corregir los errores que se cometieron, profundizar lo que se hizo bien, y articularlo con los resultados positivos de la gestión del presidente Arce, a pesar del contexto internacional adverso y las dificultades internas, va a depender de concebir la política de una manera no burguesa«.

Otros, «Pavimentar la unidad pasa por la predisposición de Luis Arce de dejar de escuchar ese zumbido de moscas que anda rondándole para seguir viviendo del prebendalismo y el oportunismo«.

«Si se pierde de vista al enemigo principal (que es el imperialismo), la desestabilización del gobierno de Luis Arce será la constante y crecerá el riesgo del acortamiento de su mandato, al que parecen apostar algunos miembros de algunas facciones«, aseveran otros.

Finalmente, algunos proponen: «Recuperar lo que se había postergado en la primera etapa de gobierno, el socialismo comunitario y el desarme de los golpistas«.

Como señalamos arriba y reiterando hay toda una trama política en Bolivia, que si no se corrige podría dar al traste con la Revolución. Lo que nos lleva a recordar, lo expuesto en el artículo de mi autoría: «ONG tarifada por EEUU, replica-inocula su veneno antirrevolucionario«, cuyo objetivo fundamental es: denunciar el intento de aplicación del esquema subversivo diseñado contra Cuba por EEUU, como réplica en Bolivia.

Es decir, en el caso de Bolivia, se realizan gestiones, entre muchas otras, para potenciar los partidos políticos de oposición y vincularlos a los congresistas cubano americanos en una causa común, la de replicar las medidas antirrevolucionarias en Bolivia. ¡Ojalá!, esto no esté sucediendo finalmente en Bolivia.

Finalmente, es sensato recordar las palabras y recomendaciones del vice presidente Álvaro García Linera en su artículo: «Cinco pasos para contrarrestar la vulnerabilidad de los procesos progresistas«, aunque sea parte de esta trama.

  1. Reconocer y analizar en qué decisiones nos equivocamos, como gobernantes, esto es muy importante para avanzar sin repetir errores. Es necesario luchar, a toda costa, para mantener la unidad del bloque social que fue el constructor del proceso de democratización continental, esta alianza de sectores indígena-campesinos o de campesinos con sectores obreros, con profesionales, estudiantes, esta alianza que se logró después de mucho tiempo de oscurantismo dictatorial y neoliberal, hay que defenderla.
  2. la alianza es una construcción virtuosa de hegemonía y de un bloque social de poder que difiere en cada proceso revolucionario y que es necesario resaltar lo que nos une.
  3. La capacidad de gestión económica, la gente nos va a seguir apoyando o nos va a rechazar por cómo orientemos la economía y depende de la realidad de cada país.
  4. Cada decisión que se tome debe estar orientada a beneficiar al núcleo duro, a aquel que no nos va a abandonar nunca, a los más pobres, a los más humildes, a los más maltratados.
  5. Si tenemos que distribuir los costos, no los hagamos recaer sobre los más humildes, sino sobre los que tienen más, para mantener el apoyo de los que tienen menos. Nunca se debe perder la base de apoyo de tu núcleo duro porque, al fin y al cabo, de ahí venimos y cuando pase todo esto, ahí vamos a volver.
  6. Y como última recomendación, García Linera señaló el constante proceso que deben desarrollar los revolucionarios de repolitización y reideologización de la sociedad, esta es la tarea más difícil, porque cada vez que se requiere de mayor cantidad de personal en el aparato estatal, asumen los integrantes de los sectores sociales y estos se despolitizan.

Al despolitizar esos sectores, convertir al activista en funcionario público y dejar abandonado a la comunidad o al sindicato, hemos dejado un espacio para que las fuerzas conservadoras vuelvan a apoderarse de esos sectores.

Por ello, enfatizó en que toda medida económica que favorece a lo popular debe estar acompañada de un proceso de narrativa política, de politización, de un sentido de lo político: lo comunitario, lo social, lo socialista y lo comunista, mediante cursos de formación política, seminarios, charlas y demás.

Para concluir recordemos igualmente las palabras del compañero Juan Martorano, «en el marco de estos días cruciales, no podemos ni debemos bajar la guardia. Además de ello, las líneas están dadas y claramente establecidas: Calma y cordura. Nervios de acero. Máxima conciencia y movilización».

Publicado en: Bolivia

Chile: La peor política comunicacional es no tener política comunicacional

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Andrés Kogan Valderrama 

Nuevamente Chile sigue liderando el ranking de países con mayor preocupación por el crimen, la violencia y la inmigración, luego de conocer los últimos resultados de la empresa Ipsos (1), lo que no debiera sorprendernos en lo absoluto, ya que sigue predominando una completa desconexión entre los datos reales en el país sobre seguridad y una percepción descontrolada que se tiene sobre ella, que solo refleja la concentración no solo de los medios, sino también de los miedos en el país (2).

De ahí que se vuelve necesario poner en el centro de la discusión, el rol determinante que ha jugado esta percepción de inseguridad como factor clave para el fracaso del plebiscito de salida y de la última elección de consejeros constituyentes, en donde la ultraderecha arrasó en votos, lo que se conecta no solo con un voto destituyente de las instituciones, sino también con la incapacidad de nuestro propio gobierno de poder hacer algo al respecto, al no hacer nada con el sistema de medios concentrados en Chile, lo que ha sido un error garrafal.

Lo señalo de esa forma, ya que como sector creímos de manera muy ingenua que la fuerte politización de la sociedad durante la revuelta social del 2019, que fue capaz, entre otras cosas, de mover la agenda de los medios de información tradicionales, al poner en el centro la desigualdad y el abuso, iba ser capaz de mover los cimientos de una sociedad profundamente individualista, conservadora y neoliberal.

Por el contrario, con el primer acuerdo constitucional y los distintos momentos del proceso constituyente, desmovilizó a la población, que luego con el contexto de pandemia, dominado por el miedo y la incertidumbre de vivir, hizo que la agenda mediática no solo volviera a lo que era antes de octubre del 2019, sino que volviera con mucha más fuerza aún, ya que efectivamente trajo un empeoramiento en las condiciones materiales de la población en general.

El problema de todo esto, es que los medios de información concentrados no han tenido ningún contrapeso, por lo que más allá de los errores y torpezas de la misma Convención Constitucional, se dieron un verdadero festín con este órgano, trasladando el malestar social hacia las y los convencionales, lo que trajo consigo el resultado que ya conocemos, y de un nuevo acuerdo constitucional entre los partidos políticos, que está intentando salvar algo que no se ve por donde pueda salir algo bueno.

Por lo mismo, lo que más falló y que no fuimos capaces de verlo, fue que luego de la desmovilización ciudadana y la pandemia, el gobierno de Gabriel Boric, desde su primer día, no tuviera una injerencia gravitante durante todo el proceso, y se mantuviera al margen, por temor a sanciones de la contraloría y el ser acusado de intervencionismo por los sectores que estaban por el rechazo desde el comienzo, lo que nos dejó fuera de la discusión.

Incluso, nuestro gobierno terminó por alimentar el discurso del rechazo y la idea de aprobar para reformar, luego que llamara a los partidos de izquierda a manifestarse públicamente sobre la propuesta y los problemas que tenía el texto, a través de un documento llamado “Unidos y unidas para aprobar una nueva constitución” (3), el cual solo generó más confusión en la población, dando a entender de lo malo que se había producido en la Convención Constitucional.

En consecuencia, ni siquiera se pedía que el gobierno enviara un proyecto de ley de medios al congreso, dada la desfavorable correlación de fuerzas en ese espacio, pero si, dado el contexto constituyente, impulsar un Nuevo Sistema de Medios Públicos (NSMP), en televisión, radio y multiplataformas. que está presente en el plan de gobierno (4), lo que hubiera permitido disputar una posición, y contrarrestar la feroz campaña del rechazo desde los grandes medios privados.

Asimismo, un Nuevo Sistema de Medios Públicos (NSMP), hubiera permitido acercar a la ciudadanía a contenidos y formas distintas de ver el país, diferentes a las de los grandes medios, desde un enfoque de género, ecológico, intercultural y descentralizado y que valorara la pluralidad existente, permitiendo así que las y los chilenos pudieran acercarse más a lo que se estaba discutiendo y aprobando en la Convención Constitucional.

Además, esto hubiera permitido que el gobierno instalara de manera más fácil un relato constituyente, centrado principalmente en el Estado Social y Democrático de Derecho, que dado el contexto de pandemia, cobraba mucho sentido, ya que las y los chilenos necesitaban a un Estado presente y no neutro durante el proceso, lo que se conectaba además con las demandas del 2019, en donde la falta de derechos sociales fue clave

Lamentablemente la historia no fue así y nos farreamos el proceso más democrático y participativo que hayamos tenido nunca como país, encontrándonos en un momento desconstituyente, liderado por una ultraderecha que no le interesa en lo más mínimo construir un nuevo pacto social, y que usa el discurso de la violencia de los grandes medios para sumar día a día personas que no ven otra salida más que el punitivismo y la represión del Estado como alternativa.

Dado el escenario actual y el derrumbe del proceso constituyente en Chile, es hora que como sector entendamos de la importancia de tener una política comunicacional en serio, que como bien planteó Pablo Iglesias, luego del resultado del plebiscito en un foro (5), y al escuchar el testimonio de Beatriz Sánchez sobre el rol que jugaron los grandes medios durante todo el proceso, es clave democratizar este poder, aunque personajes como Eugenio Tironi aún crean que es algo que no debiera impulsar el Estado.

Dicho lo anterior, si nuestro gobierno cree que podrá instalar un relato distinto al de seguridad en los mismos medios concentrados, con las mismas reglas, buscando algún titular que nos beneficie para alguna medida y/o reforma, o solo mejorar el trabajo de la Secretaría de Comunicaciones (Secom), para comunicar mejor los logros del ejecutivo, podemos esperar sentados, ya que no va tener grandes efectos, y menos con la arremetida republicana, por lo que luchar porque la comunicación sea un derecho, debiera ser una prioridad.

A quitarse el miedo con los medios de información y a politizar la comunicación, que nadie está pidiendo un Estado que controle todos los medios y censure a quienes piensan distinto, solo pedimos que no sean escuchadas solamente las mismas voces de siempre y que se regule un poder que pareciera intocable, en donde no solo grandes medios tradicionales instalan su agenda, sino también mega plataformas digitales, hacen lo que se les da la gana con la extracción de datos personales y algoritmos.

1: https://www.ipsos.com/es-cl/chile-encabeza-el-ranking-de-paises-preocupados-por-el-crimen-la-violencia-y-el-control-de-la

2: https://oplas.org/sitio/2023/01/30/andres-kogan-valderrama-los-miedos-concentrados-en-chile/

3: https://media.elmostrador.cl/2022/08/acuerdo-oficialismo-nueva-constitucion.pdf

4: https://observatorioplanificacion.cepal.org/sites/default/files/plan/files/Plan%2Bde%2Bgobierno%2BAD%2B2022-2026%2B%282%29.pdf

5: https://www.youtube.com/watch?v=ZpJUfSb_0Lc

Publicado en: Chile

Lula: Es necesario relanzar UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas)

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Misión Verdad 

UNASUR tiene la capacidad, y la ventaja, de ser el eje central de la implementación de la propuesta de la moneda “Sur”, y del mismo modo puede serlo de otros mecanismos que fomenten la desdolarización del intercambio comercial y financiero en la región

La reciente convocatoria del presidente Lula da Silva a que se realice una cumbre de presidentes sudamericanos en Brasil ocurre en un momento en que la región enfrenta desafíos tanto en materia de integración económica como de unidad política. En este sentido, los líderes regionales deberían tener en cuenta la necesidad de fortalecer estos ámbitos a través del relanzamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

UNASUR COMO BLOQUE PODEROSO E INFLUYENTE

El gobierno de Lula Da Silva en Brasil tiene un gran valor simbólico para la reactivación de Unasur, debido a que en este país se firmó el tratado que dio origen al mismo. Retomar el camino desde Brasil sería un mensaje contundente de compromiso renovado con la integración y la autodeterminación de la región, en un contexto global en el que se percibe el regreso a las tensiones propias de la Guerra Fría.

Un factor que destaca de Unasur es su perfil geopolítico diversificado. Otros organismos regionales se enfocan en áreas temáticas específicas. En cambio, este organismo aborda una amplia gama de temas, desde cuestiones energéticas hasta integración financiera, social y cultural. Esto le permite tener una presencia más sólida y mayor poder en el ámbito regional. Además, su presencia le otorga una centralidad geopolítica a Sudamérica, algo que no han logrado otras iniciativas como Prosur o la Alianza del Pacífico, incluso después de haberse despejado el camino tras la desintegración de Unasur.

Mientras que otras plataformas regionales enfrentan problemas de estructura y representatividad, Unasur cuenta con una cantidad manejable de Estados miembros que le permiten tener una arquitectura organizativa eficiente. Esto facilita la coordinación y planificación de encuentros entre presidentes y ministros de relaciones exteriores, así como la comunicación a alto nivel, lo que agiliza la toma de decisiones.

El relanzamiento de Unasur también sería un gran logro narrativo para el continente, ya que significaría una formalización del cambio de dirección geopolítica que ha habido por la aparición de nuevos gobiernos progresistas. Confirmaría que la integración es una prioridad para las agendas de estos gobiernos.

Su reactivación permitiría superar el vacío de unidad política que dejó el ciclo de gobiernos de derecha aliados a Estados Unidos, demostrando a los bloques geopolíticos emergentes un avance serio y responsable en la integración regional. Este organismo podría personificar la voz unificada del continente en asuntos internacionales, posicionándose como un bloque poderoso e influyente.

RESPONDIENDO A LOS NUEVOS DESAFÍOS CON RESOLUCIÓN PACÍFICA Y SOBERANÍA

Unasur ha mostrado su efectividad y capacidad en el pasado al abordar colectivamente intentos de desestabilización, golpes de Estado y operaciones de cambio de régimen en el continente.

Durante sus primeros años, este bloque fue clave en defender los derechos políticos de Manuel Zelaya en Honduras, contribuir a la estabilidad de Bolivia durante un intento de golpe secesionista, actuar con rapidez en Ecuador frente a un intento de golpe de Estado, y también hacerle frente al golpåe parlamentario consumado en Paraguay.

Este organismo posee un Protocolo contra golpes de Estado, aprobado en 2010, lo que lo convierte en el único ente en la región con una visión propia sobre la estabilidad y la preservación del orden democrático. Esto se traduce en una serie de herramientas y mecanismos de abordaje de episodios de desestabilización que podrían ser de gran utilidad en un contexto de fragilidad política y social en la región.

El relanzamiento de Unasur supone una oportunidad propicia para contrarrestar la propuesta del presidente Gustavo Petro de reescribir el “pacto democrático” de la región bajo la concepción de la Organización de Estados Americanos (OEA) y su sistema de derechos humanos (con sede en Washington, D.C.), que debilitarían la postura autónoma de la región.

Al ofrecer una alternativa de contrapeso, el organismo podría neutralizar ésta y cualquier otra iniciativa de fortalecer la influencia ideológica de Washington y de robustecer sus instituciones orientadas a la injerencia en la región. Esto resulta crucial en un contexto en el que la fragilidad del poder estadounidense se hace evidente.

INTEGRACIÓN Y COMPLEMENTARIEDAD EN LA ERA MULTIPOLAR

Unasur tiene la capacidad, y la ventaja, de ser el eje central de la implementación de la propuesta de la moneda “Sur”, y del mismo modo puede serlo de otros mecanismos que fomenten la desdolarización del intercambio comercial y financiero en la región.

Por otro lado, la acumulación de reservas de minerales estratégicos y la infraestructura agrícola e industrial de los Estados miembros representan una base material sólida que otorga un peso geopolítico inmediato a la región. Si se aprovecha adecuadamente, este peso geopolítico puede impulsar proyectos monetarios autónomos y dinamizar aún más la integración comercial en la región, con este bloque en el epicentro de estos desarrollos.

El organismo puede apoyar la complementariedad y la generación de proyectos comunes entre los Estados miembros. Venezuela puede ser una fuente de abastecimiento de fertilizantes para la poderosa infraestructura de Argentina y Brasil, mientras que el potencial de exportación de litio de Bolivia y de Argentina podría dar lugar a la discusión de proyectos conjuntos que reestructuren las cadenas de valor y democraticen los beneficios en tecnología para el desarrollo regional.

El fortalecimiento de Unasur, en términos de poder de negociación a nivel global, resulta clave para permitir una actuación conjunta y sólida entre los Estados miembros. La posibilidad de actuar en bloque contribuye a que la región pueda contar con una mayor cuota de influencia en entes financieros y foros multilaterales.

Este recurso puede utilizarse para actuar ante la presión ejercida por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Argentina y ante la política de “sanciones” ilegales impuesta por Estados Unidos en contra de Venezuela. La Unasur podría llevar a cabo una acción conjunta de los Estados miembros, con vistas a la mutua colaboración en momentos críticos de sus respectivas situaciones nacionales.

Para lograr estos objetivos de estabilización económica y promoción de proyectos de integración regional, sería beneficioso aprovechar la influencia de Brasil en entidades como el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS y fomentar líneas de financiamiento que impulsen el desarrollo de los países de la región.

Asimismo, actuaría como plataforma para mejorar las relaciones con las potencias del mundo multipolar y participar en debates sobre nuevas iniciativas de seguridad y estructuras financieras independientes del dólar.

Un reinicio efectivo de la Unasur, orientado a que actúe como una entidad unificada y relevante, tendría la posibilidad de aportar un avance significativo hacia una mayor influencia y protagonismo de la región en el escenario global.

Publicado en: AmericaLatina

Condena mundial de las sanciones económicas contra Cuba por trigésimo año consecutivo

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Salim Lamrani  

La comunidad internacional exigió nuevamente el fin de la guerra económica que llevan los Estados Unidos contra la isla.

            El 3 de noviembre de 2022, la Asamblea General de la ONU condenó nuevamente con una aplastante mayoría de 185 votos el estado de sitio económico que Washington impone a la población cubana desde 1960. Solo Estados Unidos e Israel votaron contra la resolución anual, mientras que Brasil y Ucrania eligieron la abstención. Desde hace tres décadas –la primera resolución se presentó en 1992– la comunidad internacional exige el levantamiento de las sanciones que afectan a todas las categorías de la sociedad cubana, particularmente a las más vulnerables, y constituyen el principal obstáculo al desarrollo del país.[1]

            Impuestas en 1960 por el presidente Eisenhower con el objetivo de derrocar al Gobierno revolucionario de Fidel Castro, las diferentes administraciones han mantenido e incluso reforzado las sanciones. El mundo entero las condena por su carácter ilegal según el derecho internacional público. En efecto, las sanciones tienen características extraterritoriales, particularmente la Ley Torricelli de 1992, es decir que se aplican más allá de las fronteras nacionales, a todos los países. Así, a todo barco, cualquiera que sea su procedencia, que entre en un puerto cubano se le prohíbe la entrada a los Estados Unidos durante seis meses. Las sanciones son también retroactivas con la Ley Helms-Burton de 1996 que sanciona a las empresas extranjeras que invierten en Cuba en propiedades que pertenecieron a ciudadanos estadounidenses en los años 1960, lo que es ilegal, ya que una ley no puede aplicarse para hechos que ocurrieron antes de su adopción. El objetivo de las sanciones –que atentan contra la soberanía de Cuba y de los países que desean mantener relaciones normales con la isla– es impedir el desarrollo del comercio internacional de Cuba y privar a la isla de inversiones extranjeras.[2]

            La retórica diplomática estadounidense para justificar el mantenimiento de una política hostil hacia la isla no ha dejado de evolucionar con el paso del tiempo: nacionalizaciones de propiedades, alianza con la Unión Soviética, apoyo a los movimientos revolucionarios e independentistas en el mundo y, ahora, la cuestión de la democracia y los derechos humanos.[3] Los Estados Unidos justifican su política por su voluntad de “estar al lado del pueblo cubano en su búsqueda de libertad, prosperidad y un futuro más digno” e insisten en el interés que tienen por su “bienestar político y económico”.[4]

            Pero estos argumentos considerados poco creíbles no convencieron a la comunidad internacional, incluidos los aliados de Washington. “La Asamblea General exige de nuevo el levantamiento del bloqueo de Cuba”, anunciaron las Naciones Unidas, que piden la abrogación de los diferentes textos de ley contrarios a su Carta. En efecto, el 80% de la población cubana nació bajo el régimen de sanciones, que han costado al país la suma astronómica de 139.100 millones de dólares desde su imposición. Solo durante los 14 primeros meses de la Administración de Biden, las sanciones han privado la isla de cerca de 7.000 millones de dólares, o sea, 15 millones de dólares por día. ¿Qué sería Cuba si hubiera podido beneficiarse de estos recursos?, preguntó Bruno Rodríguez Parrilla, Ministro cubano de Relaciones Exteriores.[5]

            La Unión Europea, mediante la voz de República Checa, condenó la política estadounidense y votó unánimemente por “el levantamiento del bloqueo”: “Las sanciones impuestas por Washington impactan no solo a Cuba sino también a la UE” pues “violaban además los acuerdos firmados entre la UE y los Estados Unidos en 1998”. La Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) subrayó por su parte que “el bloqueo causa todavía daños sustanciales e injustificables al bienestar del pueblo cubano y constituye un obstáculo mayor al desarrollo de Cuba”. El Grupo de los 77 se preocupó “de un riesgo de estrangulamiento [del] potencial económico y humano de la isla”. El Grupo de los Estados Africanos expresó “su condena del bloqueo impuesto a Cuba”. El Grupo de los Amigos para la Defensa de la Carta de las Naciones Unidas denunció “una de las violaciones más prolongadas de la Carta de las Naciones Unidas”.[6]

            Por su parte, China enfatizó que “las medidas coercitivas unilaterales americanas contra Cuba […] atentan contra el derecho a la supervivencia y al desarrollo […] y violan los objetivos y los principios de la Carta de las Naciones Unidas”.[7] Sudáfrica insistió en “los daños inconmensurables que las medidas coercitivas unilaterales injustificadas causaron a Cuba y a su pueblo”. India apuntó que el estado de sitio “socavaba el multilateralismo y la fama de la ONU”.[8] México también criticó la política de Estados Unidos:

Toda medida unilateral concebida como un medio de presión política para promover desde el exterior cambios en las decisiones internas de otro Estado contraviene la Carta de la ONU […].México condena en los términos más enérgicos el bloqueo comercial y financiero impuesto desde hace casi seis décadas contra Cuba.[9]

            Durante su mandato de 2017 a 2021, Donald Trump impuso no menos de 240 nuevas sanciones contra Cuba, entre ellas cerca de 50 en plena pandemia de Covid-19 que privaron la isla de material médico vital como los respiradores. Contrariamente a sus compromisos de campaña, el presidente Joe Biden no ha anulado estas medidas coercitivas que todavía están vigentes. Durante los primeros seis meses de su mandato, las sanciones, que se aplican también en el sector de la salud, afectaron a cerca de 160.000 pacientes. En efecto, Cuba no puede adquirir tecnología médica o medicinas producidas en los Estados Unidos. Del mismo modo, Cuba no tiene acceso a la tecnología médica y a las medicinas producidas en otros países si éstas contienen más del 10% de componentes estadounidenses.[10]

            Unánimemente condenadas desde hace tres décadas por la comunidad internacional, las sanciones económicas de los Estados Unidos contra Cuba son anacrónicas, crueles e ilegales. Principal obstáculo al desarrollo del país, estas medidas coercitivas unilaterales violan los derechos fundamentales de los cubanos y tienen un grave impacto sobre su bienestar físico y moral. Son la ilustración de la incapacidad de Washington de reconocer la independencia de Cuba y aceptar el hecho de que la isla haya elegido un sistema político y un modelo socioeconómico diferente. Solo el diálogo respetuoso basado en la igualdad soberana, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos permitirá resolver el conflicto asimétrico que opone Washington a La Habana.

Notas:

[1]Nations unies, «L’Assemblée générale exige de nouveau la levée du blocus de Cuba, ‘une politique condamnée de façon universelle depuis trois décennies», 3 de noviembre de 2022. https://press.un.org/fr/2022/ag12465.doc.htm (sitio consultado el 5 de noviembre de 2022).

[2] Salim Lamrani, The Economic Waragaint Cuba. A Historical and Legal Perspective of the U.S. Blockade, New York, Monthly Review Press, 2013.

[3] Salim Lamrani, The Economic Waragaint Cuba. A Historical and Legal Perspective of the U.S. Blockade, op. cit.

[4]United States Mission to the United Nations, «Explanation of Vote After the Vote on a UN General Assembly Resolution on the Cuba Embargo», 3 de noviembre de 2022. https://usun.usmission.gov/explanation-of-vote-after-the-vote-on-a-un-general-assembly-resolution-on-the-cuba-embargo/ (sitio consultado el 5 de noviembre de 2022).

[5]Nations unies, «L’Assemblée générale exige de nouveau la levée du blocus de Cuba, ‘une politique condamnée de façon universelle depuis trois décennies», op. cit.

[6]Nations unies, «L’Assemblée générale entame son débat sur le blocus contre Cuba et vote la résolution sur la CPI», 2 de noviembre de 2022. https://press.un.org/fr/2022/ag12464.doc.htm (sitio consultado el 5 de noviembre de 2022).

[7]Ministry of Foreign Affaires of the People’s Republic of China, «Conférence de presse du 3 novembre 2022 tenue par le porte-parole du ministère des Affaires étrangères Zhao Lijian», 3 de noviembre de 2022. https://www.fmprc.gov.cn/fra/xwfw/fyrth/lxjzzdh/202211/t20221105_10800990.html (sitio consultado el 5 de noviembre de 2022).

[8]Nations unies, «L’Assemblée générale exige de nouveau la levée du blocus de Cuba, ‘une politique condamnée de façon universelle depuis trois décennies», 3 de noviembre de 2022, op. cit.

[9] Arturo Sánchez Jiménez, «Condena México ante ONU bloqueo contra Cuba: viola el derecho internacional», La Jornada, 2 de noviembre de 2022. https://www.jornada.com.mx/notas/2022/11/02/politica/condena-mexico-ante-onu-bloqueo-contra-cuba-viola-el-derecho-internacional/ (sitio consultado el 5 de noviembre de 2022).

[10]Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, « Informe de Cuba en virtud de la resolución 75/289 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, titulada “Necesidad de poner fin al bloqueo económico», 19 de octubre de 2022. https://cubaminrex.cu/es/informe-de-cuba-en-virtud-de-la-resolucion-75289-de-la-asamblea-general-de-las-naciones-unidas (sitio consultado el 5 de noviembre de 2022).

Salim Lamrani es doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de Sorbonne Université y profesor titular de la Universidad de La Reunión, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Publicado en: AmericaLatina

Tras la cumbre de Brasilia, acuerdos de integración eléctrica y defensa de la Amazonia

04/06/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Rubén Armendáriz 

El retiro de presidentes sudamericanos en Brasilia incentivó pasos concretos hacia la cooperación e integración en la región, como la conexión eléctrica puesta en marcha entre Bolivia y Argentina y los acuerdos en defensa de la Amazonia adelantados entre los presidentes de Brasil y Colombia

Los presidentes de Bolivia, Luis Arce, y de Argentina, Alberto Fernández, Alberto Fernández inauguraron la primera obra de conexión eléctrica entre ambos países, una subestación y el tendido de más de 100 kilómetros de cables capaces de transportar 132 kilowatts desde la boliviana Yaguacua hasta Tartagal, provincia de Salta.

Los mandatarios inauguraron el electroducto Juana Azurduy en la localidad boliviana de Yaguacua, donde funcionará «la primera vinculación eléctrica entre ambos países que permitirá mejorar el abastecimiento eléctrico y favorecer el suministro a las poblaciones de zonas fronterizas”, que permitirá a Bolivia conectarse al sistema de transporte de alta tensión de la Argentina y dejar de ser el único país limítrofe que no estaba incorporado.

Para la Argentina, la importación de energía desde ese país vecino redunda en una mejora en los niveles de tensión en el área norte de la región Noroeste, especialmente en horas de alta demanda,.

El electroducto Juana Azurduy de Padilla forma parte del Memorándum de Entendimiento para el Intercambio de Energía Eléctrica entre la Argentina y Bolivia, que se firmó el 27 de agosto de 2014 y establece las bases para el intercambio de energía eléctrica entre ambos países en el marco de la integración energética.

En 2018, Bolivia anunció inversiones para ampliar la Termoeléctrica del Sur, ubicada en Tarija, que permitiría exportar energía eléctrica al norte de las provincias argentinas de Salta y Jujuy, a razón de 100 a 200 megavatios en una primera etapa. Para ello se construyó el electroducto de 132 kilovatios y 110 kilómetros de longitud, denominado Juana Azurduy de Padilla, de dos subestaciones: una en la localidad de Yaguacua, en el sur de Bolivia, y otra en la ciudad salteña de Tartagal, Argentina.

El martes pasado, en el retiro de presidentes sudamericanos en Brasiliia, Fernández convocó a los países sudamericanos a la unidad regional para enfrentar «la nueva dimensión de la globalización» y a garantizar una zona de paz para crear un sistema de defensa propio, en lugar de recibir las influencias del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

De su paso por Brasilia, Fernández se llevó también la notificación por parte del mandatario anfitrión Luiz Inácio Lula da Silva, de que no existen más obstáculos legales para la financiación con el banco de fomento BNDS para la construcción de la fase 2 del Gasoducto Néstor Kirchner, que llegará hasta el sur brasileño.

«Esto permitirá que Argentina logre el autoabastecimiento energético y exporte gas de Vaca Muerta a Brasil. Además, estamos dando pasos fundamentales para profundizar nuestra integración energética. La Argentina mejorará las condiciones de pago de las importaciones de energía eléctrica de fuente térmica», detalló Fernández.

Lula y Petro: combatir crímenes ambientales en la Amazonía

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y su par de Colombia, Gustavo Petro, acordaron en Brasilia fortalecer el combate conjunto de los delitos ambientales y el crimen organizado en la Amazonía, extendida en los territorios de ambos países. Tras la cumbre sudamericana del martes, los mandatarios concordaron en la necesidad de combatir “madereros y mineros ilegales, ocupaciones de tierras y narcotráfico en la región” amazónica,

“Vamos por un acuerdo de países de la Amazonía para revitalizarla. Incluye la defensa científica, política y militar del tercer pilar climático del mundo”, escribió Petro. Ambos presidentes también discutieron medidas para “fortalecer” la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), integrada además por Bolivia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, para preservar el mayor bosque tropical del planeta.

Petro y Lula volverán a encontrarse en un foro de debates científicos sobre la Amazonía que se realizará el 8 de julio en la ciudad fronteriza de Leticia, Colombia. Tras ese encuentro “preparatorio”, Lula será anfitrión en agosto de una cumbre de países amazónicos en la ciudad de Belém, capital de Pará, donde se presentará “la ruta de revitalización de la selva”, dijo Petro. En plena selva, la ciudad de Belém también será sede de la conferencia sobre el clima COP30 en 2025.

Las alarmas se han encendido en el mundo ante el deterioro de la Amazonía, uno de los pulmones de la Tierra y cuyo territorio se encuentra mayormente en Brasil.Tras el gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, señalado por opositores y organizaciones conservacionistas por su política “antiambiental”, Lula asumió su tercer mandato en enero con la promesa de reforzar los mecanismos de protección de los recursos naturales y la propuesta de erradicar la deforestación ilegal en la Amazonía para 2030.

*Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Publicado en: AmericaLatina

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