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Invitados

Ucrania. La hipocresía de las grandes potencias

18/03/2014 by maestro Deja un comentario

Owen Jones, The Independent///

Una nube de testosterona en forma de hongo se ha abatido sobre las redes sociales; aspirantes a Dr. Strangelove reclaman incluso una acción militar contra Rusia, es decir, dar el “primer paso hacia el exterminio nuclear de la especie humana”. El enfoque de los gobiernos occidentales, por suerte, ha sido bastante más comedido, aunque no exactamente por amor a la paz: el Partido Conservador británico, financiado por la City londinense, quiere que el dinero ruso siga fluyendo a las entidades financieras, y el gobierno alemán no quiere que le cierren la espita de gas.

Pero bravuconadas e intereses particulares aparte, la invasión rusa obliga a la política exterior occidental a mirarse en el espejo, por mucho que eso nos haga estremecer. “La primera víctima cuando estalla la guerra es la verdad”, dicen que dijo el senador estadounidense Hiram Warren Johnson en 1918; en la crisis ucraniana, la primera víctima ha sido la ironía. ” Uno no invade sin más otro país aduciendo un falso pretexto para defender sus propios intereses”, ha declarado John Kerry, secretario de Estado de un país que, como es notorio, hizo precisamente eso hace casi exactamente 11 años. ” El mundo no puede dar el visto bueno a semejante violación de la soberanía de otra nación”, proclama solemnemente el ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, quien votó a favor del apoyo a la guerra de Iraq en la Cámara de los Comunes en 2003.

Reflexionemos un poco sobre cómo tanto el gobierno ruso como los ciudadanos rusos justifican la agresión en Ucrania. Un gobierno elegido democráticamente ha sido derribado violentamente. En las filas de la insurrección victoriosa destacan extremistas de derecha que han pasado a ocupar cargos gubernamentales clave. Ha habido un intento de eliminar el ruso como lengua oficial, propuestas de prohibir los partidos políticos y la imposición de oligarcas no elegidos en regiones ucranianas, lo que supone una amenaza creciente para la minoría rusa, muchos de cuyos componentes tienen pasaporte ruso. La idea de seguridad de Rusia está influida por el hecho de que ha sido atacada repetidamente desde occidente con consecuencias catastróficas, y el acuerdo con Ucrania le permite estacionar miles de soldados en Crimea.

Estas justificaciones son muy discutibles, por supuesto. Un mandato democrático no da carta blanca al gobierno para que actúe como le dé la gana. Lo que hubo en Ucrania no fue un golpe, sino un verdadero levantamiento popular en las regiones occidentales y centrales del país, e incluso en el este y el sur. Es cierto que el Sector Derecha con sus subfusiles AK-47 desempeñó un papel decisivo en el éxito de la revuelta y se ganó así el respeto de grupos más moderados: existe una siniestra tradición de conservadores y liberales que han ayudado a los fascistas a hacerse con el poder. El nuevo gobierno ucraniano tiene siete ministros de extrema derecha, entre ellos el viceprimer ministro Oleksandr Sych, del partido neofascista Svoboda, que a juicio del Congreso Mundial Judío la UE debería prohibir. Pero no son dueños de toda la revuelta y la intervención rusa no hará más que reforzarles.

No ha habido ataques sistemáticos contra los rusoparlantes; el intento de eliminar el ruso como lengua oficial ha fracasado hasta ahora; y tampoco es cierto que todos los rusoparlantes deseen la unificación con Moscú. Las pasadas invasiones bárbaras en Rusia no justifican sacrificar el derecho de los países vecinos a la autodeterminación. Ahora bien, la retórica de la intervención rusa es fiel reflejo de la de nuestros líderes occidentales cuando envían a “nuestros chicos” a la guerra: defender la democracia, parar los pies a los fascistas de hoy, proteger los derechos de las minorías, apoyar la
autodeterminación. Es fácil cuestionar los motivos de las potencias extranjeras y desechar sus justificaciones: eso se sobreentiende. Pero si uno hace lo mismo con sus propios gobernantes, le tratan de propagador de teorías de la conspiración o le acusan de hacer el juego al enemigo.

Los abogados de la política exterior occidental acusan a quienes llaman la atención en estas ocasiones sobre nuestro propio historial de ser adictos a la frase “¿y qué me dices de…?” o de pretender desviar el debate. Cuando una potencia extranjera hace algo malo, dicen que los contrarios a la guerra siempre preguntan “¿y qué me dices de Occidente?”, supuestamente para indicar que nuestras faltas hacen buenas las suyas. Esto no es ni mucho menos lo que se pretende con este argumento. Rusia está gobernada por un régimen autoritario que ataca las libertades civiles y discrimina a las personas LGBT. Sus propósitos en Ucrania no son nobles. “Lo que ocurre en Crimea estos días es un clásico acto de intervención imperialista”, como apunta el grupo radical ruso Izquierda Abierta. Las grandes potencias siempre han aprovechado o promovido agravios genuinos para justificar su política interesada: incluso Mussolini justificó su invasión en Abisinia diciendo que era para salvar el país de la tiranía de la esclavitud.

Pero esto debería obligarnos a considerar cómo nos ve el resto del mundo. El Reino Unido apoyó al gobierno de EE UU en la invasión de Iraq con un falso pretexto, devastando el país y matando de paso a cientos de miles de personas. Israel puede violar sistemáticamente las resoluciones de las Naciones Unidas, construyendo asentamientos ilegales y anexionando tierras palestinas. Nuestra gran aliada, la dictadura de Arabia Saudí que decapita a supuestas brujas y amputa las manos de los ladrones, invadió Bahréin (a instancias del régimen dictatorial de este país, desde luego) para ayudar a sofocar una movilización por la democracia y los derechos humanos. EE UU lanza ataques con drones en países soberanos como Pakistán, desafiando abiertamente al parlamento nacional y matando a innumerables civiles.

Si Rusia, o cualquier otro país considerado adversario, actuara de esta manera, los llamamientos a la acción serían ensordecedores. Cuando un país extranjero comete una agresión, en Occidente surge como un reflejo la idea de que “tenemos que hacer algo”; lo mismo ocurre en otros países cuando somos nosotros los que cometemos actos similares. Sin embargo, el término “Estado granuja” no se aplica a los países que violan el Derecho internacional, sino de aquellos que no se doblegan a la voluntad de Occidente.

Esto no quiere decir que esos ataques al orden internacional hayan provocado la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Sin duda se habría producido igual. No obstante, todo eso son síntomas del mismo fenómeno: las grandes potencias utilizan el Derecho internacional como instrumento para atacar a los oponentes, pero lo dejan de lado cuando no les conviene. Los líderes occidentales tampoco pueden afirmar sin torcer la cara que los gobiernos elegidos han de ser derribados en las urnas y no con métodos violentos. Han sido cómplices del golpe militar que ha derribado en Egipto al candidato electo de los Hermanos Musulmanes, el presidente Morsi, y del establecimiento de una junta que ha encarcelado y asesinado a oponentes. Han aprobado el
derrocamiento del presidente ucraniano Yanukóvich. Ambos gobiernos violaron los derechos humanos, pero la posición oficial de Occidente consiste claramente en apoyar el derrocamiento violento de gobierno electos en determinadas circunstancias.

Los defensores de la política exterior occidental acosan a los activistas antiguerra: sois los primeros en salir a la calle cuando Occidente lanza bombas, ¿dónde están ahora vuestras pancartas en Trafalgar Square reclamando “Rusia fuera de Ucrania”? Es una crítica extraña, pues las protestas suelen producirse para presionar al propio gobierno, bien para que detenga una intervención en el exterior, bien para que actúe. Protestar en defensa de una política del gobierno parecería extraño y podría utilizarse para promover la escalada en vez de la paz. Como dice Ilya Budraitskis, un anticapitalista ruso que participó en la manifestación del pasado domingo contra la guerra en Moscú, que fue reprimida: “Creo que los activistas antiguerra de cada país deberían criticar en primer lugar a su propio gobierno”.

Esto no es desentenderse de la solidaridad. La democracia, los derechos humanos y la paz son causas universales, globales. Están siendo amenazadas continuamente por las grandes potencias, y por eso todos nosotros, tanto en Moscú como en Londres, Pekín o Washington, tenemos que luchar por un nuevo orden mundial que impida que las grandes potencias vayan pisoteando a los demás. Una vieja causa, sí, pero el futuro de todos nosotros depende de ella.

Fuente: http://www.independent.co.uk/voices/comment/owen-jones-the-hypocrisy-of-the-great-powers-is-on-display-again-in-ukraine-9171396.html

Traducción: VIENTO SUR

Publicado en: Invitados

“Impedir una destructiva guerra civil” Entrevista con el politólogo ucraniano Mijaíl Pogrebinski

17/03/2014 by maestro Deja un comentario

Rafael Poch ///

Nacido en Kíev en 1946, el físico Mijáil Pogrebinski, director del Centro de Investigaciones Políticas y de Conflictología de Kíev (KCEPIK), es uno de los politólogos y analistas más respetados de Ucrania. En esta entrevista aborda el diagnóstico sobre la crisis en ese país, algunos interrogantes y pronósticos sobre su actual situación, así como posibles vías para salir del enredo pacíficamente.

P-Desde el principio de esta crisis nuestro diario ha dicho que Maidán contenía tres elementos 1) una revuelta popular, 2) un pulso entre oligarcas y 3) un cambio de régimen auspiciado desde Occidente. ¿Cuál de estos tres elementos le parece más determinante?

Efectivamente los sucesos de Ucrania tienen varios componentes. El primero, el componente geopolítico: la confrontación entre Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea, con participación de China, por la influencia en el espacio postsoviético. El segundo, el componente oligárquico: la lucha del gran capital contra la ampliación de los poderes presidenciales de Viktor Yanukovich. El tercero, el componente regional: la aparición espontánea de la protesta social, en especial de parte de la población de las regiones económicamente débiles del Oeste y el centro del país. En cuarto lugar, el intento del espectro nacionalista ucraniano (los grupos ultraderechistas) por realizar una “revolución nacional” que con el apoyo de las regiones del Oeste y de Estados Unidos imponga al Sur y al Este de Ucrania su gobierno, su lengua, sus héroes y su interpretación de la historia en un espíritu fuertemente antirruso. En quinto lugar, el componente liberal: el intento de las capas medias por reducir el poder del gran capital y la gran burocracia con los eslóganes de la integración europea, hacer saltar el régimen de “democracia dirigida” y declarar su emancipación política. En sexto lugar, el derribo de los regímenes incómodos para Occidente mediante la exportación de “revoluciones coloreadas” utilizando el instrumentarlo acumulado en las experiencias con los países del tercer mundo y en el espacio postsoviético, creando un “caos dirigido” mediante la canalización de las energías
revolucionarias de los liberales “pequeño burgueses” de clase media y de los radicales políticos en una protesta política prolongada y sostenida… Todos esos elementos son importantes y no es posible definir uno decisivo, ya que en las diferentes etapas del proceso unos han tomado la prioridad relevando a otros.

P-Países como Polonia, que antes no decidían nada en la política de la Unión Europea, hoy son decisivos y tienen un gran papel. ¿Cómo explica la mayor beligerancia y agresividad de la política europea hacia Ucrania y Rusia?

Polonia representa el elemento más fuerte y exitoso de la “nueva Europa” orientada hacia la elite norteamericana y por ello interesada especialmente en la contención de Rusia. A ello se suma que la clase política polaca con su carácter tradicionalmente anti moscovita, mantiene su memoria histórica sobre la especial influencia ejercida por su país en Ucrania así como un miedo ante el rearme del ejército ruso. Además de eso, la particular actividad en el frente oriental a través del programa “Asociación Oriental” permite a Polonia
incrementar su peso en la política europea.

Sobre la posición de la Unión Europea, recuerdo que en noviembre de 2010 hubo una reunión entre Merkel y Putin en la que se discutió la idea rusa de crear una zona comercial conjunta de la UE y Rusia. Merkel reaccionó positivamente, pero puso una condición: que la Unión aduanera de Rusia con Kazajstán y Bielorrusia, sería un obstáculo para formar tal zona comercial. Así que la diferencia consiste en que por un lado la principal fuerza de la UE solo está de acuerdo en tal proyecto si se realiza a nivel de relaciones bilaterales entre la UE y Rusia, y algunos países postsoviéticos, y por el otro no se quiere reconocer a Moscú el derecho a fortalecer su posición, bloqueando su integración económica con Astaná, Minsk, etc. Algo parecido se practica a nivel de la integración político-militar. Los expertos ucranianos se han dado cuenta de que todos los miembros de la Organización del Acuerdo de Seguridad Colectiva (ODKB, en sus siglas rusas) cooperan a nivel bilateral con la OTAN, pero la OTAN no mantiene relaciones con la ODKB como tal organización…

En estas condiciones, Ucrania ha sido víctima de la fuerte competencia entre dos proyectos de organizar el espacio postsoviético en sus relaciones con la Unión Europea. En ello, tanto la UE como Rusia le exigían que se decidiera o por uno o por otro. Exigiéndole a Ucrania la firma de su “Asociación Oriental”, Bruselas al mismo tiempo se opuso a cualquier acercamiento de Ucrania con la Unión Aduanera (con Rusia). Moscú intentaba atraer a Ucrania a la Unión Aduanera y luego a la Unión Euroasiática, subrayando que Kíev no podría hacerlo si firmaba el acuerdo de asociación con la UE… En la posición de Alemania (pleno apoyo a Estados Unidos en la cuestión de Crimea), parece haber jugado un papel importante el miedo de Merkel a que la anexión de Crimea por Rusia pueda desestabilizar todo el proyecto europeo por mucho tiempo, contrariando los esfuerzos de Alemania por afirmarse como centro en los próximos años.

P-¿Entre el centenar de muertos del Maidán, cuantos fueron policías? Yo tengo once nombres. Los medios de comunicación de Kíev hace semanas que no mencionan ese dato. ¿Fueron más de once?

Ya el 21 de febrero el Ministerio del Interior ucraniano reconoció la muerte de 16 agentes. Luego se informó de que algunas personas habían muerto en los hospitales a consecuencia de las heridas recibidas. La cifra exacta se desconoce y no se habla de ello porque para el nuevo gobierno estos muertos no encajan con la mitología de los héroes de la nueva Ucrania. Hay que decir que entre los muertos que se añaden a los manifestantes caídos, hay, por ejemplo, un informático del Partido de las Regiones (próximo al huido presidente Yanukovich) llamado Vladimir Zajarov, asfixiado en un edificio incendiado por la protesta y que según muchos testimonios fue golpeado por los asaltantes.

P-¿Cómo valora el asunto de los francotiradores?

No soy investigador ni experto judicial, pero para responder a esta cuestión hay que responder en primer lugar a la pregunta de a quién favoreció aquello. Es evidente que la maximización de las víctimas le vino bien al Maidán para incrementar la presión de Occidente sobre el gobierno ucraniano, lograr concesiones del presidente y reconfigurar la composición del parlamento. Inmediatamente después de los primeros muertos en la calle Grushevski, Occidente acusó de la violencia exclusivamente al gobierno e incrementó su presión. Ya entonces se expresaron fundadas sospechas de que aquellos tres muertos habían sido víctimas de provocadores y no de la policía. Los francotiradores son un medio de maximizar las víctimas. El 19 de febrero hubo muchas menos que el día 18, y los francotiradores aparecen el día 20, precisamente cuando llega la troika de ministros europeos. Por cierto, nadie niega que dispararon contra ambos bandos. Esta historia debe ser
cuidadosamente investigada, pero parece que ni el nuevo gobierno ni Europa lo desean.

P-Es exagerado hablar de una caza de brujas y una ola de represión contra los “separatistas” o “antimaidan” en ciudades como Kíev, Donetsk, Lugansk, Jarkov…? ¿Cómo caracteriza la situación en Ucrania?

En buena medida lo que ocurre ahora en la Ucrania del Sur y del Este es un espejo del Maidán. En Kíev se vio que si el gobierno no gustaba, se podía tomar por asalto las sedes gubernamentales. Así que como no les gusta el nuevo gobierno han decidido hacer lo mismo, con más razón cuando ese gobierno ignora demostrativamente los intereses de la mitad de la población del país, como se ve en los nombramientos de nuevas autoridades. El nuevo gobierno ha empezado a utilizar todas las medidas contempladas por la ley y a diferencia de lo que le ocurrió al anterior gobierno, en Europa nadie lo critica…. Pero esto solo es una cara de la medalla. Una cosa es que se anuncie que en un par de semanas se empezará a castigar a la gente que toma por asalto las sedes gubernamentales (ha ocurrido en ciudades del sur y del Este como Odesa, Lugansk, Donetsk y Járkov, entre otras), y otra que se enjuicie al ex gobernador de Járkov, Mijaíl Dobkin, solo por haberse manifestado en público a favor de la federalización de Ucrania, es decir el modelo vigente en naciones como Austria, Alemania, Bélgica y de hecho España. Si en los casos de Yulia Timoshenko (ex primera ministra encarcelada por Yanukovich) y Yuri Lutsenko (ministro del interior, igualmente represaliado) había una evidente motivación política en su acusación penal, aquí es patente que estamos ante un proceso político, pero Europa guarda silencio. Europa exigía descentralización en los Balcanes -con Bosnia, Kosovo y Macedonia- pero en Ucrania no dice que hay que dar más derechos a las regiones, incluido el derecho a elegir a sus gobernadores. Considero que el motivo es que eso fortalecería institucionalmente a la Ucrania rusoparlante. Cuando se abre un proceso penal contra alguien por defender una opinión así, se trata de un claro indicio de caza de brujas. No sé cómo evolucionará el caso ni si lo que ha ocurrido es resultado de un error. Y lo mismo puede decirse de la anulación de la ley de lengua (que daba al ruso y a otras lenguas minoritarias una cooficialidad regional) el primer día de trabajo del parlamento que se recompuso bajo la sombra de las armas: ha sido un error del nuevo gobierno. Pero más allá del “error”, esa anulación ha sido uno de los principales postulados ideológicos de las fuerzas a las que el Maidán ha llevado al poder.

P-¿Qué significa que la Fiscalía General esté en manos de gente del partido “Svoboda”, o que el jefe del Consejo de Seguridad Nacional sea un personaje como Andri Parubi? ¿Qué se puede esperar de ellos?

La oposición ha llegado al poder como consecuencia de un golpe de estado, al que también puede llamarse “revuelta popular”, en cualquier caso: no mediante elecciones. Por eso inevitablemente se han encontrado con el problema de tener que controlar todo el sistema de poder del Estado y neutralizar los restos de influencia de sus adversarios. El control de los recursos de fuerza y financieros permite resolver ese problema y por eso al frente de esos cometidos se ha colocado a personas seguras en su lealtad a los nuevos dirigentes y que por su ideología no pueden entrar en componendas con las anteriores autoridades. En segundo lugar, la política de cuadros de las nuevas autoridades ha quedado bastante limitada a las exigencias de la gente que participa en el Maidán de Kíev. Seguramente en el futuro este factor perderá importancia, pero en el momento actual las nuevas autoridades se orientan a las exigencias del Maidán y usan su “cantera de cuadros”. Los nuevos nombramientos deben demostrar la intención de acometer una limpieza del antiguo gobierno y de exigir responsabilidades. Precisamente por eso se ha puesto al frente de la Fiscalía General a un representante de las fuerzas radicales. Respecto al antiguo comandante del Maidán y nuevo secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Andri Parubi, su nombramiento, entre otras cosas otorga al gobierno cierto control sobre los grupos de “autodefensa”, muchos de cuyos miembros están armados. No creo que el jefe de la Fiscalía y Parubi lleven a cabo alguna política separada del gobierno, pero la presencia de esas personas en esos puestos indica que las nuevas autoridades tienen intención de llevar a cabo una política dura.

P-Putin ha arriesgado mucho con la operación en Crimea. Es evidente que esa operación no tiene marcha atrás. En cambio sí que tiene terreno por delante; ¿es imaginable que el ejército ruso entre en el Este y el Sur de Ucrania, como aventura el vicealmirante Igor Kabanenko?

Teóricamente no puede excluirse una intervención militar rusa en las regiones del Este y el Sur del país, pero eso solo podría ocurrir en determinadas circunstancias. En primer lugar si se intenta introducir tropas ucranianas en Crimea para recuperar el control allá. Creo que la posibilidad de algo así es mínima pero en ese caso Rusia podría optar por una intervención en las regiones orientales para apoyar a sus tropas…. En segundo lugar si en el Este se desencadena una amplia resistencia ciudadana a las nuevas autoridades de Kíev, y si éstas intentaran aplastar esa resistencia por la fuerza. En tal caso no puede descartarse que Rusia decidiera prestar ayuda a los que protestasen. Para que algo así ocurriera deberían darse unas condiciones que hicieran evidente para la mayoría de la comunidad internacional que la vida de las personas corre un grave peligro en esas regiones, lo que, de momento, me parece poco probable.

P-¿Cómo impedir el conflicto e incluso una guerra civil en Ucrania?

Por desgracia el conflicto ya lo tenemos, aunque de momento ocurra bajo el formato de “guerra fría”. De lo que se trata ahora es de impedir su escalada y conversión en una destructiva guerra civil. Todavía hay posibilidades para una solución pacífica de la crisis, pero el actual gobierno está encogiendo dramáticamente el margen de maniobra. No ha propuesto ningún plan para solucionar los problemas pacíficamente, limitándose a vanas promesas de ampliar la autonomía de Crimea. Al mismo tiempo ha reconocido su ausencia de recursos para resolver la situación por medios de fuerza. Así que se ha optado por una tercera vía: apelar en su defensa a jugadores externos,
trasladando a esos países la responsabilidad o por lo menos
compartiéndola con ellos… Así que el destino de Crimea y la estabilidad de Ucrania dependen ahora de si Estados Unidos y Rusia se ponen de acuerdo sobre la cuestión ucraniana. Ese acuerdo es, sin duda, muy importante.

P-¿En qué debería consistir?

Primero en establecer garantías para un estatuto de neutralidad de Ucrania y su mantenimiento como socio amistoso económico-comercial de Rusia. Además tendría que brindarse una garantía internacional para la federalización de Ucrania que incluyera el derecho de las regiones a elegir a sus gobernadores. Por su parte, Rusia y la UE deberían comprometerse a renunciar al regreso a tratar a Ucrania bajo el principio de “o tu o yo”. Merece especial atención el hecho de que hasta expertos americanos tan principales como Henry Kissinger o Zbigniew Brzezinsky, que tradicionalmente defendían posiciones diferentes sobre las relaciones de Estados Unidos con Rusia, han llegado a la misma conclusión en cuanto a la solución de la crisis ucraniana y proponen la “finlandización” de Ucrania. En este caso eso significa, perseverar en la orientación europea del país sin convertirse por ello en un país hostil a Rusia. Las garantías de un estatuto neutral para Ucrania con mantenimiento de su integridad territorial sería un paso hacia la solución pacífica de de crisis internacional relacionada con los acontecimientos de Crimea.

El problema es que en el orden del día ya emerge una crisis interna ucraniana. El primer paso para resolverla sería hacer regresar el proceso político de Ucrania a su marco legal. No creo que haya posibilidades de volver al acuerdo firmado entre Yanukovich y la oposición con participación europea el 21 de febrero, tal como propone Rusia, sin embargo ahí dentro está el algoritmo general de salida de la crisis interna al que sería razonable acogerse. Supone el desarme de los grupos que la oposición creó a lo largo del enfrentamiento con las autoridades, la preparación para adoptar una nueva constitución (estoy convencido de que debería contemplar amplios derechos de las regiones para reforzar los derechos culturales, religiosos y lingüísticos de los ciudadanos así como el estatuto de neutralidad del país), elecciones presidenciales y creación de un nuevo gobierno. A continuación estaría bien realizar elecciones parlamentarias. Estoy convencido de que esta línea es la única para evitar una confrontación que amenaza con sumir a Ucrania en un cisma. Por desgracia las partes no están demostrando predisposición a emprender la senda de la solución pacífica. Unos quieren una revancha, otros no quieren perder la cara ante tal revancha y algunos simplemente quieren castigar al adversario. Por todo eso la situación suscita la mayor de las preocupaciones.

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=665

Publicado en: Invitados

Crimea ha decidido en referéndum abandonar Ucrania y unirse a Rusia

17/03/2014 by maestro Deja un comentario

Por: Pablo González///

La opción de la reintegración con Rusia fue ayer la más votada en Crimea, con un 93 % de los votos, imponiéndose con mucha claridad a la posibilidad de seguir en Ucrania. Los comicios se celebraron con absoluta normalidad a pesar de la intervención militar rusa en la región, la cual de hecho ha posibilitado realizar la votación, pero no ha influido decisivamente en ella. La participación de las principales minorías étnicas del territorio fue baja.

La República Autónoma de Crimea ha decidido mediante un referéndum popular dejar de ser parte de Ucrania, para integrarse en la Federación Rusa como un sujeto más de dicha entidad. En la consulta celebrada ayer, la población podía elegir entre seguir formando parte de Ucrania, pero regresando a la constitución del año 1992, en la cual Crimea tenía más autonomía respecto a Kiev, o reintegrarse con Rusia. Esta última opción fue la elegida, como preveían todos los sondeos previos.

La intervención militar rusa ha posibilitado de hecho la consulta, pero no ha sido decisiva en los resultados. La mayoría rusa en la región se ha hecho notar. Han sido ellos los que han acudido a votar en masa y de forma unánime a favor de que Crimea deje de ser Ucrania a favor de ser parte de Rusia. Los ucranianos, el segundo grupo étnico y que representan cerca de un cuarto de la población de Crimea, han ignorado en su mayoría la votación. A ello se une la desunión en la minoría tártara (aproximadamente un 12% de la población), la cual no tenía una postura única para votar. La mayor parte decidieron abstenerse de acudir a los colegios electorales. Las dos minorías quedan en una posición delicada a partir de ahora.

Las ciudades de Crimea vieron desplegadas en sus calles un número significativo de fuerzas de seguridad variopintas, desde policías del grupo Berkut hasta cosacos tanto de Crimea como del sur de Rusia. Sin embargo, su presencia era algo menor que en las dos jornadas anteriores. Ello ha posibilitado que el orden haya sido ejemplar en todos los colegios electorales y en las principales calles del centro de las ciudades de la península.

La gente que paseaba por las calles más céntricas no ocultaba su euforia por la unión con Rusia, que la inmensa mayoría daba por hecha incluso antes de ir a votar. Las esperanzas de la población de un nivel de vida mayor son las mismas que en el resto de Ucrania, aunque en Crimea el referente para la mejora del nivel de vida es Rusia. Así, todos los entrevistados no dudaban en acudir a los mismos argumentos para justificar su elección.

«Queremos paz»

Lidiya, jubilada de 86 años, decía que «quiero una vida mejor para mis tres nietos y dos bisnietos, una vida de respeto a nuestra identidad rusa». Para ella, el camino elegido por Kiev, «el de la guerra, no es el nuestro, nosotros queremos paz». Tanto Lidiya como las también jubiladas Elena y Tamara, de 60 años, estaban ilusionadas con el futuro que espera a la región: «mañana vamos a despertar rusas. En 20 años no hemos tenido nada bueno en Ucrania. No había respeto hacia nosotros, ni siquiera el primer ministro (Yuschenko)». Creen que las pensiones subirán, y que habrá más trabajo y mejores sueldos.

Sobre el papel de las tropas rusas que han intervenido Crimea desde hace varias semanas, Andrei, de 40 años, opina que «si no fuera por las tropas rusas, aquí ya estaría Pravy Sektor, la gente de Bandera (líder nacionalista ucraniano de la Segunda Guerra Mundial); tendríamos una guerra». Sobre las posibles dificultades de
abastecimiento e infraestructuras que habrá en los primeros meses tras abandonar Ucrania y entrar en la Federación Rusa, Andrei comenta que «Moscú no se construyó al momento, con lo cual si hemos esperado 23 años, podemos esperar un poco más». La ilusión entre la población rusa es total.

Prorrusos toman edificios públicos en el este de Ucrania

Manifestantes prorrusos causaron ayer disturbios en edificios públicos en las ciudades de Jarkiv y Donetsk, en el este de Ucrania, donde entraron en bibliotecas y centros culturales para quemar libros escritos en ucraniano. Algunas de las concentraciones aglutinaron a varios miles de personas y alcanzaron incluso algunas partes de Crimea aprovechando el amparo de los militares rusos desplegados allí.

Particularmente intensa fue la concentración de Donetsk, en el corazón de la región carbonera de Donbass, donde 5.000 personas irrumpieron en numerosos edificios culturales cuyas ventanas reventaron a pedradas.

Por último, los manifestantes entraron en la oficina del fiscal general ante la pasividad de la Policía antidisturbios. Allí, se subieron al tejado y, tras arrancar la bandera ucraniana, colocaron la tricolor nacional de la Federación Rusa.

En Jarkiv también se registraron manifestaciones prorrusas en la plaza Lenin y frente al consulado de Rusia, donde los congregados pidieron el envío de «tropas de paz rusas», según informaron medios locales. En la plaza de la Libertad de esa ciudad, y pese a la prohibición de las autoridades, otro grupo celebró una especie de simulacro de referéndum para «la federalización de Ucrania».

Fuente: http://www.naiz.info/eu/hemeroteca/gara/editions/gara_2014-03-17-06-00/hemeroteca_articles/crimea-ha-decidido-en-referendum-abandonar-ucrania-y-unirse-a-rusia

Publicado en: Invitados

La primavera fracasa en Ucrania

10/03/2014 by maestro Deja un comentario

Por: Pepe Escobar/ Asia Times Online/ Traducido para Rebelión por Germán Leyens.
La promoción de la excepcionalidad estadounidense de “democracia” entra en acción: Washington ha reconocido un golpe de Estado en Ucrania que cambió el régimen de -a pesar de sus evidentes faltas- un gobierno democráticamente elegido.

Y el presidente ruso Vladimir Putin, ya habló el año pasado sobre cómo Rusia y China decidieron comerciar en rublos y yuan, y destacó cómo Rusia tiene que abandonar el “excesivo monopolio” del dólar de EE.UU. Tenía que saber que el Imperio devolvería el golpe.

Ahora hay más: el consejero presidencial ruso Sergey Glazyev declaró a RIA Novosti: Rusia abandonará el dólar estadounidense como moneda de reserva si EE.UU. impone sanciones contra la Federación Rusa”.

Por lo tanto el Imperio devolvió el golpe dando “una pequeña ayuda” al cambio de régimen en Ucrania. Y Moscú contestó tomando el control de Crimea en menos de un día sin disparar un tiro -con o sin brigadas de elite Spetznaz (think-tanksbasados en el Reino Unido dicen que participan; Putin dice que no).

La evaluación de Putin de lo que ocurrió en Ucrania es realmente correcta: “una toma anticonstitucional y armada del poder”. Queda abierto un interminable debate, en su mayor parte desagradable, sobre si el Kremlin exageró en su reacción o no. Considerando el historial de una satanización generalizada de Rusia y Putin que ha tenido lugar durante años -y que ahora llega a un nivel febril- la rápida reacción del Kremlin fue bastante mesurada.

Putin aplicó Sun Tzu al pie de la letra, y ahora juega EE.UU. contra la UE. Ha dejado en claro que Moscú no necesita “invadir” Ucrania. El tratado de partición de 1997 de Ucrania-Rusia permite específicamente tropas rusas en Crimea. Y después de todo Rusia es un activo proponente de soberanía estatal; este principio lleva a que Moscú rechace una “intervención” occidental en Siria.

Dejó abierta la puerta para -oh cósmica ironía de ironías- una invención/intervención estadounidense (y eso, predeciblemente, no fue detectable por los medios corporativos occidentales; la R2P
-responsabilidad de proteger- de la ONU en caso que los fascistas y neonazis alineados con Occidente en Ucrania amenazaran a civiles rusos o ruso parlantes con un conflicto armado. Samantha Power debe estar orgullosa de sí misma.

No te metas con la inteligencia rusa

“Occidente” ha aprendido una vez más que no hay que meterse con la inteligencia rusa, que rápidamente previno en Crimea una réplica del golpe en Kiev, precipitado en gran parte por UNA-UNSO – una tenebrosa fuerza paramilitar derechista de primera vinculada a la OTAN, que utiliza Ucrania como base, como lo denuncia William Engdahl.

Y Crimea fue una operación aún más lóbrega, porque esos neonazis de Ucrania Occidental trabajaban en tándem con yihadistas tártaros (la Casa de Saud será fuertemente tentada a financiarlos desde ahora).

En los hechos, el Kremlin tiene razón cuando señala que el golpe fue esencialmente realizado por fascistas y “nacionalistas” de
ultraderecha – código occidental para neonazis. El miembro del consejo político del partido Svoboda (“Libertad”), Yury Noyeby incluso admitió abiertamente que se utilizó la integración con la UE como pretexto “como medio para romper nuestros vínculos con Rusia”.

Los medios corporativos occidentales siempre olvidan convenientemente que Svoboda -así como los fascistas del Sector Derecho- siguen los pasos del fascista/terrorista de Galicia Stepan Bandera, un agente tristemente célebre de un conjunto de agencias de inteligencia “occidentales”. Ahora Svoboda ha logrado incluir no menos que seis mandamases como parte del nuevo régimen en Kiev.

Además existen los nuevos gobernadores regionales nombrados para el predominantemente rusófono este y sur de Ucrania. Son -qué iban a ser- oligarcas, como ser los multimillonarios Sergei Taruta instalado en Donetsk e Ihor Kolomoysky instalado en Dnipropetrovsk. La gente en Maidán en Kiev protestaban sobre todo -quiénes iban a ser- contra los oligarcas cleptócratas. Una vez más, los medios corporativos occidentales – que hablaron incansablemente de un levantamiento “popular” contra la cleptocracia – no se dieron cuenta.

Una vez más, seguid el dinero

Las reservas de divisas extranjeras de Ucrania, cayeron -solo en las últimas cuatro semanas- de 17.800 millones de dólares a 15.000 millones. ¿Queréis comprar hryvnia? No realmente; la moneda nacional ucraniana se encuentra en una caída cósmica frente al dólar. Es una buena noticia solo para los buitres del capitalismo del desastre.

Y en el momento justo, el Fondo Monetario Internacional está enviando esta semana una “misión investigadora” a Ucrania. Los ucranianos de todo tipo tratarán de escapar pero no se podrán ocultar ante el “ajuste estructural”. Podrán juntar lo necesario para comprar un pasaje con sus despreciables hryvnia (ser un candidato para una visa a la llegada a Tailandia siempre es útil).

Los bancos europeos -que según el Banco de Pagos Internacionales (BIS) se enfrentan a más de 23.000 millones de dólares en préstamos impagos- podrían perder mucho en Ucrania. Los bancos italianos, por ejemplo, han prestado cerca de 6.000 millones.

En el frente del Ductistán, Ucrania depende fuertemente de Rusia: 58% de su suministro de gas. No puede exactamente diversificar y comenzar a comprar mañana de Catar – ¿con entrega mediante Qatar Airways?

E incluso mientras un 66% del gas ruso exportado a la UE transita a través de Ucrania, el país está perdiendo rápidamente su importancia como centro de tránsito. Tanto el gasoducto Nord Stream como el South Stream -desde Rusia por vía submarina- soslayan Ucrania. Nord Stream, terminado en 2011, vincula Rusia con Alemania por el Mar Báltico. South Stream, bajo el Mar Negro, estará listo antes del fin de 2015.

Geoeconómicamente, el Imperio necesita que Ucrania esté fuera de la unión económica eurasiática promovida por el Kremlin – que también incluye a Kazajstán y Bielorrusia. Y geopolíticamente, cuando el Secretario General de la OTAN, el engreído títere Anders Fogh Rasmussen, dijo que un paquete FMI-UE para Ucrania sería un
“importante estímulo para la seguridad euro-atlántica”, esto dio el toque final; lo único que importa en todo este juego es que la OTAN “anexe” Ucrania como examiné anteriormente.

Siempre ha tenido que ver con el Imperio de Bases – igual que el cerco de Irán; igual que el “giro” hacia Asia equivalente al cerco de China; igual que el cerco de Rusia con bases y “defensa de misiles”. Pasando por sobre el cadáver colectivo del Kremlin, por supuesto.

Saqueemos ese yermo

La acusación del Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry de que Rusia esté “invadiendo Ucrania”, en “violación del derecho
internacional”, y “de vuelta al Siglo XIX”, es tan espectacularmente patética en su hipocresía -una vez más, considerad el historial de EE.UU.- que no merece comentarios de ningún observador informado. A propósito, es tan patético como su oferta de miserables 1.000 millones de dólares en “garantías de préstamos” – que apenas pagaría las cuentas de Ucrania durante dos semanas.

El gobierno de Obama -especialmente los neoconservadores del tipo “que se joda la UE”- ha perdido su maniobra agresiva. Y en cuanto a Moscú, no tiene ningún interlocutor en Kiev porque considera que el cambio de régimen es ilegal. Moscú también ve a “Europa” como un montón de plañideros perdedores consentidos – sin una política exterior común para comenzar.

Por lo tanto cualquier mediación depende de Alemania. Berlín no toma en serio la idea de “sanciones” – el sacrosanto mantra excepcionalista estadounidense; Rusia es un excelente mercado para la industria alemana. Y a pesar de todas las vociferaciones del Economist y del Financial Times, la City de Londres tampoco quiere sanciones; el centro financiero cuenta con los pródigos fondos político/oligárquicos rusos. En cuanto al “castigo” occidental a Rusia al amenazar con su expulsión del Grupo de Ocho, es un chiste. El G-8, que excluye a China, ya no decide nada relevante; el G-20 sí lo hace.

Si se realizara un amplio sondeo, revelaría que la mayoría de los ucranianos no quieren formar parte de la UE – así como la mayoría de los europeos no quieren a Ucrania en la UE. Lo que les queda a los ucranianos son los chupasangre del FMI, recibidos debidamente por “Yats” (como llama al primer ministro Yatsenyuk Vic -“Que se joda la UE”- Nuland).

Ucrania se arrastra hacia la federalización. Los cambiadores de régimen de Kiev no tienen influencia en Crimea autónoma – que es casi seguro que seguirá siendo parte de Ucrania (y, a propósito, Rusia se ahorrará los 90 millones de dólares de alquiler que paga por la base de Sebastopol, que hasta ahora tuvo que pagar a Kiev.)

La jugada final está prácticamente predeterminada; Moscú controlará gratuitamente una Crimea autónoma, y EE.UU./UE “controlarán”, o tratarán de saquear, al estilo del capitalismo del desastre, un páramo occidental ucraniano “administrado” por un montón de títeres occidentales y oligarcas, con algunos neonazis.

¿Qué hará entonces el dúo estratégico magistral Obama/Kerry? ¿Comenzarán una guerra nuclear?

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto [email protected]

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Publicado en: Invitados

El cuaderno de Kiev. Un diario desde el 19 hasta el 24 de febrero

26/02/2014 by maestro Deja un comentario

Rafael Poch / La Vanguardia
Tras casi tres meses de protesta en la plaza de Kíev (Maidán) y después de doce años de no haber pisado esta entrañable tierra, aterrizo en la capital de Ucrania el segundo día con tiros y muertos. Desde Berlín escribí el artículo “Horizonte ucraniano” (link abajo); ahora se trata de contemplarlo de cerca y en caliente. Este es el resultado.

Miércoles 19 – Ucrania ha cruzado el límite de la sangre, algo que de por sí es una tragedia, porque desde la disolución de la URSS este país había demostrado una rara capacidad de resolver con pactos y consensos los pulsos y tensiones más agudos. 25 muertos, nueve de ellos policías, según los informes preliminares contienen una clara advertencia del potencial de violencia de esta enorme nación europea a la deriva entre dos imperios. Pero estos muertos no son desenlace de nada y más bien anuncian más muertos. Entre el aeropuerto y el centro la policía detiene a los camiones por si traen armas, pero el tráfico de coches es relativamente fluido. El taxista me pone a caldo a Viktor Yanukovich, el presidente del país.

Todo sigue abierto, la plaza sigue ahí en pie de guerra. En sus momentos más masivos ha congregado a unas 70.000 personas en esta ciudad de cuatro millones de habitantes. Entre ellos hay una minoría de varios miles, quizá cuatro o cinco mil, equipados con cascos, barras, escudos y bates para enfrentarse a la policía. Y dentro de ese colectivo hay un núcleo duro de quizás 1.000 o 1.500 personas puramente paramilitar, dispuestos a morir y matar lo que representa otra categoría. Este núcleo duro ha hecho uso de armas de fuego.

Las barricadas formadas con sacos llenos de nieve de diciembre se han deshinchado tras el brusco descenso de las temperaturas registrado en las últimas horas. Con la batalla de ayer, cuya responsabilidad imputa cada bando al otro, el gobierno ha avanzado algunas posiciones en las calles que conducen a las sedes del poder (Parlamento, Consejo de ministros, ministerios, sede de la presidencia…) algunos edificios están desastradas por la ocupación, o calcinados.

Fuera de la zona de los enfrentamientos la situación es de normalidad, aunque el metro está cerrado y los accesos a la ciudad sometidos a control para evitar la llegada de los autobuses con ciudadanos, sobre todo del oeste del país, que quieren unirse a la revuelta. En algunas carreteras se ha visto a centenares de esos voluntarios caminando hacia Kíev después de que la policía los hiciera bajar de los autobuses.

En ese contexto, los ministros europeos no vienen a mediar –son parte en este conflicto- sino a presionar; Frank-Walter Steinmeier, Laurent Fabius y Radoslav Sikorski (Alemania, Francia y Polonia), junto con la errática jefa de la política exterior europea, Lady Ashton, le apretarán los tornillos a Yanukovich, horas antes de que la UE examine su insensata propuesta de sancionar a los dirigentes ucranianos que no sirve más que para colocarlos contra las cuerdas y radicalizar sus decisiones. Esta mezcla de revuelta popular y de intento euro-atlántico de cambio de régimen a lo Milosevic, es una insensatez que juega con fuego.

La jornada del martes en Kíev fue una especie de 4 de octubre de 1993 moscovita. Aquel día Boris Yeltsin aplastó a su oposición tras un golpe de estado presidencialista que dejó más de un centenar de muertos, con el apoyo y aplauso de Occidente. Aquello fue una tragedia y al mismo tiempo un desenlace: tras la masacre la situación se estabilizó con el nacimiento del nuevo régimen autocrático ruso, que hoy administra el denostado Vladimir Putin. El 18 de febrero de Kíev con sus 25 muertos no promete estabilidad, sino todo lo contrario: nuevas turbulencias y violencias. El motivo es la general debilidad, tanto del poder como de la oposición.

El presidente Yanukovich está muy desprestigiado, sobre todo por el deterioro socio-económico y la corrupción que vive el país. Desde ese punto de vista no hay gran diferencia de fondo (sí de escala) entre el EuroMaidan y el 15-M o las huelgas generales griegas, de las que Bruselas abomina. Pero la oposición también es débil. Sus líderes, con el protegido de Merkel y boxeador Vitali Klichkó en primer lugar, son unos perfectos inútiles sin apenas control del movimiento popular, cuyo sector “radical” es una mezcla de ultraderechistas, gente valerosa y, probablemente, provocadores al servicio de poder y también del enigma. No tienen más programa que el “que se vaya Yanukovich”, cuyo programa, a su vez, es mantenerse en el poder. Más allá del más que comprensible cabreo hacia el gobierno, ¿cuál es el programa social y económico? Arseni Yatseniuk, otro de los líderes de la oposición es un hombre que cree en las recetas del FMI, universalmente fallidas desde América Latina hasta Europa y Rinat Ajmedov, el hombre más rico de Ucrania (propietario del apartamento más caro de Londres: 155 millones de euros), y otros magnates apoyan de una u otra forma, por acción u omisión, “la justa lucha ciudadana”. Hay que recordar que esta oposición ya estuvo en el poder, tras la “revolución naranja” del 2004 y que las cosas cambiaron muy poco. La deriva de Ucrania es un panorama de oligarcas y magnates al servicio de uno u otro imperio.

El país, como Rusia (y a otro nivel, la propia UE, por cierto), debe encontrar una vía no oligárquica de desarrollo sostenible. Si no lo hace hay un gran potencial de disgregación e incluso de guerra civil: este es un país bicéfalo que contiene dos civilizaciones, con diferentes religiones, identidades y lenguas. Ucrania necesita urgentemente una mediación bienintencionada, pero sus vecinos imperiales, el Imperio del Oeste, la UE, y el del Este, Rusia, son más problema que solución.

Al Oeste hay una torpe Alemania con ínfulas de liderazgo que está estrenando apenas su soberanía exterior. Horas antes de que en Kíev se escenificara la tragedia, Merkel recibía en Berlín el lunes a dos de los tres líderes de la oposición (el tercero es un antisemita ultraderechista que no es presentable). En lugar de desplegar un “soft power” benévolo y mediador, la UE baraja sanciones que solo servirán para arrinconar más al gobierno ucraniano (el siguiente paso nefasto sería amenazar con la siempre selectiva “justicia internacional).

Al Este, una Rusia que también presiona fuertemente porque ve en Ucrania una condición importante para su consolidación geopolítica, algo que Washington quiere impedir como sea. Pero así como Moscú está de acuerdo en solucionar el vínculo “comercial y económico” (lo que se llama la “integración”) en un foro tripartito, con los europeos y Ucrania (el gobierno de Kíev está por ello), Bruselas/Berlín no quieren hablar del tema. Es decir, todas las fuerzas exteriores actúan aquí negativamente, convirtiendo una situación difícil pero
solucionable en un barril de pólvora. En Kíev se necesita
urgentemente un mediador.

Jueves 20 – ¿Representa el Maidán a toda la nación?. La respuesta es no. ¿A toda la capital?, tampoco pero sí a una mayoría de su población. Hay mucha gente harta de la violencia. La jornada de tregua de hoy ha comenzado con disparos de ambos bandos que han dado lugar a una carnicería con varias decenas de muertos. Francotiradores han matado desde los tejados tanto a activistas de la oposición como a policías. Se ha visto una veintena de cadáveres de civiles. Los informes que se recogen al pie de las barricadas son confusos. A primera hora gana la sensación de que el poder está al caer, porque los manifestantes han avanzado las posiciones perdidas el miércoles, pero la jornada concluye con la sospecha de que una acción de fuerza de ese mismo poder tambaleante podría ser inminente. Entre una y otra percepción, varias docenas de muertos entre primera hora de la mañana y el mediodía. No hay mejor ilustración de la volatilidad de la situación y del polvorín en el que se ha convertido esta revuelta bendecida desde Occidente.

Converso con cuatro personajes de este drama en la esquina de la calle Institutska con Shokóvichna. Conforme me he ido acercando al epicentro de la batalla, disminuye el número de gente por la calle. A apenas diez minutos de aquí, el pulso de la ciudad fluye con completa normalidad, tráfico, comercios, peatones… Un detalle, los guardias de tráfico llevan fusil, por primera vez. Algo más abajo, varios miles de personas mantienen el frente en la plaza (Maidán). Maidán no es palabra eslava, sino turca. Recuerda que tres imperios se disputaron esta tierra históricamente; austro-húngaros, rusos y otomanos. Hoy el juego es entre dos, rusos y euro-atlánticos.

Desde que se cruzó la frontera de la sangre, hay mucha gente harta del desorden y harta del presidente, unos por considerarlo un calzonazos que no ha puesto orden, otros por considerarlo encarnación de todo lo que se ha deteriorado en el país en los últimos años, la corrupción, el nepotismo, sus negocios familiares, toda una manera de funcionar. Pero por antipático que sea, este presidente no es Mobutu: fue elegido en 2010 en unas elecciones limpias (según la OSCE) cuyo mandato concluye antes de un año. ¿Vale la pena toda esta sangre y la tragedia que contiene, por echar a Yanukovich un año antes? Los líderes de la oposición, sostenidos por Estados Unidos y la UE, creen que sí. Moscú, que sostiene y al mismo tiempo maltrata a sus socios ucranianos y no confía en Yanukovich porque le chantajeó con una venta a Occidente, apuesta por el no. Respecto al Maidán, parece un objeto incontrolado en el que los más brutos mandan cada vez más sin que los líderes de la oposición puedan imponerse.

Marina, funcionaria de uno de los museos del barrio gubernamental es muy crítica con Yanukovich, pero aún más con la violencia. “Es una cuestión de principio, cuando se empieza a matar, se acaban las razones”, dice. Tatiana, que tiembla tanto por el frío como por la tensión quiere que la autoridad corte de una vez con esta anarquía. Su marido es policía, dice que han disparado contra ellos y que ya no se puede aguantar, aunque hay muchos más civiles que uniformados muertos. Slava, joven historiador votante de “Svoboda” un partido nacionalista con conexiones ultraderechistas, dice que todo se solucionaría si Yanukovich se fuera y se convocaran elecciones anticipadas. Dice que no existe el peligro de que las regiones del Este y del Sur del país no aceptaran un nuevo poder y se abriera un proceso degenerativo para la integridad de este país bicéfalo, con identidades, religiones y lenguas diversas. Es el más optimista de los que encuentro y, desde luego, el más representativo, de la opinión de la buena gente que hay en la plaza.

En el país hay adversarios y partidarios del Maidán, la diferencia es que los segundos demuestran una “pasionarnost” (una pasión y una febril voluntad para realizarla) de la que los primeros carecen por completo. La gran mayoría de Ucrania que no quiere esto no se moviliza y contempla la situación desde la barrera. Las manifestaciones de apoyo al presidente que se han visto son asuntos de empresa
organizados y subvencionados, una figura familiar y bien conocida en la ex URSS: Protestas sin alma.

Una conversación agradable y plural, la que mantengo con Tatiana, Marina, Slava y Viktor, éste último un veterano, si no fuera por su contexto. Bajo ruido de ráfagas de fuego real y junto a una barricada con camiones “Kamaz” completamente calcinados que han quedado fuera de la zona de combate. Detrás nuestro un Mercedes nuevo de trinca incendiado y más allá un grupo de ambulancias esperando intervenir en las muchas emergencias del día. Un agente de los cuerpos especiales explica que les han ametrallado desde la protesta. “Han matado a cincuenta de los nuestros”, dice, algo completamente exagerado pero que ilustra las ganas de la policía por cargar de una vez. El enfermero de la ambulancia confirma haber retirado a un herido de bala en la zona, pero no era policía, sino civil.

En Maidán y sus alrededores el adoquinado ha sido arrancado para aprovisionarse de proyectiles. Debajo aparece la tierra y el barro. En el vecino monasterio Mijailovski hay una especie de cuartel general que incluye una iglesia, la de San Juan Bautista, que ejerce de hospital de campaña. Un médico que sale a fumar explica que practican operaciones. Son las cuatro de la tarde y dice que le han traído diez heridos de bala, pero ningún muerto. Algunos heridos, cuya condición no es crítica, prefieren no ir a hospitales por miedo a que los fichen o cosas peores. Después de casi tres meses de protesta, que desde el 19 de enero es muy violenta en respuesta a la también violenta carga policial de aquel día, el verdadero milagro es que no haya habido mucha más sangre.

A las cinco de la tarde me repongo en una cafetería, ya fuera de la “zona cero”. La camarera me dice que van a cerrar excepcionalmente. Esperan medidas de fuerza para esta noche. Le pregunto qué le parece la situación y me dice que “no se puede disparar contra la policía”. “La gente está harta de todo esto”, dice. El gran peligro es la general debilidad. También las soluciones de fuerza se pueden volver contra el gobierno. Este país es sustancia inflamable. La jornada que comienza con la idea de que cae el gobierno, se cierra con la sospecha de una inminente acción de fuerza.

  • Recapitulo: En el día de la tregua y del duelo por los muertos del martes, con las banderas a media asta en luto por las víctimas de las violencias de la víspera, es cuando más muertos se han registrado. Y cada vez hay más armas. La jornada empezó sobre las nueve de la mañana con una agresiva ofensiva de los grupos paramilitares de la plaza que rompió todo propósito de paz. “Los hemos echado hacia allá”, explicaba a medio día un activista de esa escena armado de casco y barra de hierro. Es verdad, los echaron, los arrollaron recuperando algunas de las posiciones y edificios perdidos en la jornada anterior. Por el camino tomaron más de sesenta policías “prisioneros”. La situación se hizo tan tensa que la sede del parlamento fue evacuada. Parecía que Maidán iba a tomar el poder. Entonces aparecieron los francotiradores.

El ministerio del Interior fue el primero en denunciar el hecho, diciendo que tiraban contra los policías. La oposición dijo que los baleados fueron ellos y un diario local ofreció un informe detallado cuya tesis era que los tiradores eran una docena de miembros de una unidad de élite con domicilio en la sede del consejo de ministros. El informe es una noticia en sí mismo, tanto si es cierta como si es una intoxicación, una “utka” como dicen aquí, que proviene de la cocina de los servicios secretos. Hay motivos para dudar de todo lo que se publica, y hay que observar los resultados: estamos sobre los 67 muertos, según cifras oficiales, entre ellos 13 policías desde el martes.

La policía, ahora sí, está recibiendo armas de combate. Hay muchos heridos de bala y los hospitales están llenos, dice la defensora del pueblo, Valeria Lutkovskaya. En trenes y vehículos se han confiscado alijos con destino a Kíev. Todos se acusan de todo. En círculos próximos al gobierno se constata que la plaza no quiere acuerdos, solo que se vaya el Presidente. En la plaza se acusa al Presidente, e incluso a Rusia, de estar detrás de los francotiradores. La plaza es un sujeto autónomo y sin aparentes problemas de dinero, se dice sugiriendo una fluida financiación, pero en el campo del gobierno hay brechas, diputados que se van del partido del presidente, y
deserciones tan significativas como la del alcalde de Kíev. El poder está en el suelo y parece tan fácil tomarlo que nadie parece preguntarse por el siguiente paso: qué pasará después. Después de un hipotético cambio de gobierno, o después de un “restablecimiento del orden”.

Los tres ministros de la UE, Fabius, Steinmeier y Sikorski han mantenido consultas con el Presidente Yanukovich. Lo que debía durar hora y media, duró cinco horas e incluyó contactos con la oposición. Los ministros llegaron con una amenaza de sanciones en su cartera y se encontraron con decenas de muertos y con que el Presidente iba a declarar el estado de excepción. La reunión evolucionó en una dirección más constructiva. Una “hoja de ruta para salir de la crisis”, señalan fuentes diplomáticas occidentales. En el aire una propuesta de elecciones anticipadas este año que Yanukovich acepta, se dice. No todos están contentos con tal “concesión”. “Soy pesimista” (en el sentido de que Yanukovich no sea destronado para siempre jamás), nos dice el influyente eurodiputado alemán Elmar Broch, un halcón de la CDU de Merkel.

La UE no tiene plan ni programa. Lo único que ha hecho hasta el día de hoy ha sido pasear a más de veinte de sus políticos por el Maidán en solidaridad con una protesta que en cualquiera de sus países habría dado lugar a un estado de excepción “antiterrorista” de tomo y lomo hace muchas semanas. Desde que en 2008 se ideó el esquema para arrebatarle a Moscú nuevas influencias en la región, la UE actúa en el Este como un imperio. El acuerdo de integración ofrecido es, manifiestamente, una antesala para el ingreso del país en la OTAN. La UE actúa como un imperio ineficaz y torpe. Su credibilidad mediadora vale poco. Carl Bild, el ministro sueco neocón que está en el origen del plan de “integración” y que dice que el presidente ucraniano es el único responsable de todo lo que ha pasado aquí, fue acusado ayer por un conocido intelectual progubernamental de “tener las manos manchadas de sangre ucraniana”. Moscú, que ha enviado a uno de sus diplomáticos más capaces, el defensor del pueblo Vladimir Lukín, tampoco tiene credibilidad. No se trata tanto de Rusia (aunque en el Oeste de Ucrania también se trata de eso por claras razones históricas), sino de su régimen, del carácter siempre “sumergido” y elitario de las relaciones que el Kremlin mantiene con los políticos ucranianos. Hace falta una figura independiente y con autoridad que reúna a todas las partes y detenga esta peligrosa espiral de violencia.

Una diplomacia desmarcada del “o todo, o nada” (la practicada hasta ahora con enorme torpeza e irresponsabilidad por el eje
Bruselas/Berlín/Varsovia, sobre un agresivo guión más americano que europeo) y que integrara a Rusia, contribuiría a disminuir muchas tensiones. Ucrania es un país clave para Rusia, en gran parte forma parte de la Rusia histórica, que nació en Kíev en el siglo IX, y el intento de hacerla elegir entre uno y otro imperio contiene serios riesgos de violencia y desintegración territorial, por la sencilla razón de que la mayoría de los ucranianos se sienten vinculados a Rusia, algo que está mucho más allá de la política. Ignorar ese dato es criminal. Mientras en Moscú hay plena conciencia de ese factor, en Bruselas y Berlín se prefiere jugar a la ruleta rusa con el espectro de una nueva Yugoslavia.

Viernes 21 – El poder se descompone en Ucrania, donde se está incubando desde hace semanas el conflicto Este/Oeste más grave y peligroso desde el fin de la guerra fría. La Unión Europea ha forzado un frágil acuerdo nacional que supone la capitulación del Presidente Yanukovich, que en noviembre se negó a firmar un acuerdo de
integración en la órbita de Berlín y Bruselas. Esta capitulación tiene como única virtud la de que, por lo menos, dibuja un respiro en la trágica espiral de violencia de los últimos días: Por primera vez desde el martes, hoy no ha habido muertos en Kiev.

Arbitrado por los tres ministros de exteriores de Alemania, Francia y Polonia, el acuerdo contempla el regreso a la constitución de 2004, medida que el Parlamento aprobó inmediatamente casi por unanimidad y que significa una importante reducción de los poderes del presidente, así como el compromiso de formar en un plazo de diez días un “gobierno de unidad nacional” en el que dominarán las fuerzas pro-occidentales. Para antes de septiembre se completará una reforma constitucional y no más tarde de diciembre deberán celebrarse elecciones presidenciales.

El Presidente, que contaba con el apoyo de Moscú, y sus adversarios, los tres líderes de la oposición apadrinados por la Unión Europea y Estados Unidos, apelan a acabar con la violencia, exigen una “entrega de armas” en 24 horas y se comprometen a investigar las violencias de los últimos días en los que han muerto unas setenta personas, incluidos trece policías. Una amnistía entrará en vigor, pero solo hasta hechos anteriores a esas muertes. No habrá estado de excepción.

Paralelamente, en una serie de votaciones meteóricas, el Parlamento destituyó al ministro del interior, Vitali Zajarchenko, “por violación de la Constitución con el resultado de muerte de personas”.

El acuerdo no ha sido rubricado por el diplomático enviado por Moscú, Vladimir Lukín, un especialista en firmar derrotas. En 1996 Lukín participó en la firma de la paz de Jasavyurt, que puso fin a la primera guerra chechena con un acuerdo que humilló a Rusia y abrió la puerta a la segunda guerra en el Cáucaso del Norte. Lukín hizo ayer una declaración errática, calificando el acuerdo ucraniano de “incompleto pero útil”. En realidad es una derrota de la pésima política de Moscú en esta jugada que afecta a su entorno geopolítico más delicado y vital.

La capitulación de Yanukovich, que ayer parecía preparar un más que incierto estado de excepción, ha sido resultado de la doble pinza entre la calle y las potencias occidentales. Amenazado con sanciones por los ministros europeos, el presidente pudo recibir ciertas garantías de que no se le aplicará la habitual segunda vuelta de tuerca contra los adversarios de Occidente más reticentes: la persecución penal a cargo de los selectivos “tribunales
internacionales”.

La intervención, el jueves, de misteriosos francotiradores que tirotearon a la gente en el centro de la ciudad, uno de los habituales capítulos de la serie negra que suele acompañar este tipo de crisis extremas, es una espada de Damocles para Yanukovich. En Rumanía aún se discute quienes eran y por encargo de quien actuaban los
francotiradores que hace más de veinte años mataron a la gente en Bucarest durante el derrocamiento de Nicolae Ceaucescu. Algo parecido pasa en Moscú a propósito de los tiroteos de manifestantes durante el golpe de Estado de Boris Yeltsin de octubre de 1993. En Kíev ese mismo misterio se pretende haber resuelto en pocas horas y hasta se presentan fotos y grabaciones. Habrá que ver…

Ucrania, un país que, a diferencia de vecinos como Bielorrusia y Rusia, se caracterizaba por su capacidad de consenso y equilibrio, y por haber evitado siempre la violencia, ha entrado en una nueva etapa. El acuerdo de ayer no es punto final. Su fragilidad estriba en que por un lado las autoridades, “han perdido el control del país”, en palabras del ex vice jefe de la seguridad del Estado, Aleksandr Skipalki, y que por el otro los líderes de la oposición han perdido el control de la revuelta popular. Cuando esos líderes anunciaron ayer tarde el acuerdo en la plaza central de Kiev, fueron silbados y abucheados y con suerte tienen detrás suyo a la tercera parte de la población de Ucrania. Miembros del grupo fascistoide “Pravy Sektor” irrumpieron en el escenario cuando esos líderes explicaron el acuerdo alcanzado. La plaza pide la destitución inmediata del Presidente y su castigo. “No es por venganza, sino por justicia”, nos dijo un activista en la plaza. Muchos creen que el acuerdo es una traición a los muertos de los últimos días. En cualquier caso, el cambio de figuras ya ha comenzado.

Es la hora de gente como la ex primera ministra, Yulia Timoshenko, encarcelada por corrupción, millonaria y líder del partido que más apoyos encuentra en Washington y en Europa. El parlamento abrió ayer la puerta de su celda por el procedimiento de anular los artículos que contemplan su delito. Ahora solo falta una decisión judicial para sacarla de la cárcel, explicó su abogado, Sergei Vlasenko.

Otra figura en alza es la del magnate Piotr Paroshenko, el quinto hombre más rico de Ucrania. Paroshenko patrocinó la “revolución naranja” que llevó al poder a Timoshenko, fue ministro de exteriores en 2009 y abogó por un ingreso de Ucrania en la OTAN “en uno o dos años”. “Con voluntad política, es posible”, dice. Propietario del quinto canal de televisión, uno de los muchos medios de descarada propaganda en sintonía con el Imperio del Oeste (ofrece informativos preparados por La Voz de América, mientras la televisión rusa –muy vista en el Este y el Sur hace lo mismo pero con signo contrario), Paroshenko mantuvo conversaciones el pasado enero con el estado mayor euroatlántico en la Conferencia de Seguridad de Munich, máximo cónclave anual del complejo político-militar occidental.

En varias regiones las guarniciones militares han llegado a acuerdos con la población local para que ésta impida cualquier movimiento de tropas bloqueando trenes, como pasó en ayer en Dniepropetrovsk. El aparato de Estado está descompuesto. Hay sedes del gobierno ocupadas y asaltadas en Jmelnitski, Uzhgorod, Ternopol, Ivano-frankovsk y Lvov. Se han asaltado depósitos de armas y unidades policiales se han pasado al bando de enfrente. Policías de Lvov llegaron ayer tarde de por libre a la plaza de Kíev. El pacto de ayer ha sido un bendito respiro para detener la masacre, pero el futuro inmediato es una incógnita. Respecto a su contexto más amplio, es inequívoco: aquí se está incubando el conflicto europeo más grave y peligroso desde el fin de la guerra fría. Confundirlo con una película de Hollywood de buenos y malos es perder de vista lo esencial.

  • La victoria del Narod. Maidán huele el principio de la capitulación de su adversario. Hoy ha hecho sol en Kíev. En la plaza la jornada olía al principio de la capitulación del adversario: el gobierno y su presidente. El sujeto de Maidán es el pueblo,narod en ucraniano. En ruso pueblo también se dice narod, pero el término contiene caracteres y rasgos de una cultura política indudablemente emparentada pero muy diferente de la rusa. No hay contradicción. Ocurre en las familias, donde hermanos físicamente parecidos pueden presentar caracteres muy diferentes. “Parece mentira que sean hermanos”, se dice.

Mientras los héroes de la historia secular rusa son zares, generales y políticos, gente de Estado e Imperio, como Pedro el Grande, Catalina II o el general Kutúzov, en Ucrania aparecen personajes de una épica completamente diferente; atamanes cosacos, hombres libres
“republicanos” cargados de ideales y actitudes libertarias, vinculados a la lucha por una vida libre en proto-estados y territorios de los límites de una estepa infinita (Ucrania significa, precisamente, algo así como “en el límite”, “junto a la frontera”) y en quijotesca lucha contra adversarios mucho más poderosos. Figuras como el Cosaco Mamai, que luchó contra la Orda de Oro en el siglo XIV, Bogdan Jmelnitski, caudillo enfrentado sucesivamente a turcos, polacos y rusos.

En la Galería Tetriakov de Moscú hay un cuadro del gran pintor ruso Iliá Repin, “Los cosacos de Zaporozhia escriben al Sultán”, se titula, que expresa ese desafío libertario al poder instituido, lleno de desparpajo y fraternidad. No es historia, es presente. En Maidán, en medio de esa enorme expresión de autoorganización y autonomía social, se ven carteles con la figura del Cosaco Mamai, retratos de Jmelnitski y hasta un grupo de tipos rapados al cero y con coletas ataviados al uso cosaco del siglo XVII que son el vivo retrato de los personajes del cuadro de Repin.

Hoy es el día del merecido homenaje a este narod, a todo él con sus diversos rostros, actitudes y posiciones políticas; la estudiante ingenua, el ama de casa madura, el paramilitar de extrema derecha, el señor normal y corriente del montón harto de un sistema degradado e injusto. Ha hablado con decenas de ellos. ¿Cómo resumir sus opiniones, sus historias personales, sus esperanzas? Si hubiera que establecer algún denominador común, sin duda sería el de cierto sentido de la dignidad.

Durante tres meses, decenas de miles de ciudadanos han dicho “basta” y han aguantado el tipo aquí, demostrando una voluntad y un tesón ejemplar. Los brutos de diversa ideología, con predominio del nacionalismo ultra, que aportan el músculo a la revuelta popular no son particularmente simpáticos, pero sin ellos el Maidán, simplemente, no habría sido posible, porque habría sido barrida por la policía en diez minutos. Estos grupos han ejercido una tremenda e ilegal violencia (entre los 70 muertos de los últimos días hay 13 policías, dato central que no puede perderse de vista), que en cualquier país europeo habría sido inmediatamente declarada “terrorista” y aplastada. Europa y América han bendecido, financiado y teledirigido todo esto, que no comenzó el pasado noviembre, sino hace más de veinte años con la disolución de la URSS. Desde entonces Estados Unidos se ha gastado en Ucrania más de 5.000 millones de dólares en promover el “cambio de régimen” vía organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y compras de lealtades, explicó hace poco la vicesecretaria de Estado de EE.UU. Victoria Nuland.

Todo eso, que es fundamental para comprender lo que pasa aquí, apenas cambia la esencia del impulso ético de este narod contra la
corrupción, la injusticia y la oligarquía, perfectamente equiparable a la de los movimientos sociales del resto de la Europa en crisis. Este narod, sus brigadas de choque, han disparado, matado e incendiado. Tal es la legitimidad de las revueltas y revoluciones populares. Nadie está vacunado contra esto en el resto de Europa. La violencia no es una figura del pasado, es la fiebre de las luchas de la historia.

Ucrania no está saliendo de una crisis, está entrando en ella. El resultado de esta mezcla de revuelta popular y golpe de Estado es incierto y dibuja enormes peligros. Al final, como ya sucedió en la última “revolución naranja” de 2004, todo puede acabar en un mero cambio de figuras oligárquicas; las que se orientan a Moscú son relevadas por las que lo hacen hacia la OTAN.

“En cualquier caso, los oligarcas que tomen el relevo, tendrán que temer al narod, replica Olga una jurista con casco de sanitario, la única oriunda de Kíev de todo un corro de defensores de la plaza dominado por “Galichany” de Ucrania Occidental. Suena bien, pero si la próxima vez el narod se levanta y en lugar de padrinos exteriores tiene adversarios en Europa y en la OTAN, será aplastado en nombre de la “defensa de la democracia”. Ocurrió en Moscú en octubre de 1993, con más de un centenar de muertos.

Sábado 22- Asoma el cisma de Ucrania. Kíev destituye al Presidente con el que se acababa de pactar bajo presión europea, cambia la
Constitución y convoca elecciones. El Presidente habla de “golpe de estado nazi” desde el Este del país, donde se reúne un congreso alternativo de adversarios del cambio. “Me han presionado, pero no pienso dimitir”, dice Yanukovich. En el país asoma el fantasma de un doble poder con diversos centros y legitimidades enfrentadas que todos dicen querer evitar.

En Járkov, la segunda ciudad de Ucrania, en el Este, 3.477 diputados de todos los niveles de la Ucrania más rusófila han declarado ilegítimas las decisiones de Kíev, adoptadas, dicen, “en condiciones de terror, amenazas, violencia y muerte”. El espíritu conciliador del acuerdo de capitulación de Yanukovich, firmado el viernes por gobierno y oposición, y garantizado por la Unión Europea -pero no por Rusia que eludió firmarlo- se ha convertido en papel mojado en menos de 24 horas.

La asamblea de diputados de Jarkov ha llamado a los ciudadanos a que se organicen para resistir al cambio de régimen de Kíev y “cooperen con las fuerzas del orden locales”. A la reunión de Jarkov asistieron observadores de la Duma de Rusia así como varios gobernadores de regiones rusas limítrofes, que se mostraron discretos y contenidos. Varios observadores consultados en Kíev y Moscú no excluyen en absoluto que esta situación se pudra y degenere en violencias.

Tanto la sesión de Kíev como la de Jarkov, comenzaron con
declaraciones de ambos bandos alertando contra la división del país, una figura familiar y dramática en la historia de Ucrania, cuyas guerras civiles siempre tuvieron diversas capitales enfrentadas. Todos parecen ser conscientes de la peligrosidad de la situación y de lo que está en juego: la integridad territorial del país. Tanto en Moscú como en Washington los “expertos” hacen quiméricas quinielas con propuestas de “federalización” de Ucrania, que separen a quienes quieren vivir mirando hacia el Este de los que prefieren mirar al Oeste, sin que se sepa muy bien por donde debería discurrir la línea geográfica divisoria. Tanto en el Este de Ucrania como en el Oeste, hay importantes minorías de partidarios y adversarios del cambio efectuado. Esas minorías se activarían inmediatamente en caso de “federalización”. Estoy pensando en los tártaros de Crimea (furibundos adversarios de Rusia) en el Este, o en los rutenos que forman parte de la Galitzia, en el Este, pero hay muchos más.

En Kíev las brigadas paramilitares de la revuelta, con un gran componente de partidos de extrema derecha, han tomado el control del barrio gubernamental donde se encuentran las sedes del parlamento, del gobierno y de la presidencia. Los policías han desaparecido por completo del centro de la ciudad, donde por segundo día consecutivo no se ha derramado sangre, aunque sí hubo intentos de linchamiento de diputados adversarios. El presidente Yanukovich ha huido de Kíev.

En manos de la oposición y en ausencia de muchos diputados del antiguo partido gubernamental, el parlamento cambió sus fichas después de cambiar de constitución; nombró como presidente de la cámara a Aleksandr Túrchikov, mano derecha de la ex primera ministra Yulia Timoshenko, y como nuevo ministro del Interior a Arsen Avakov, también miembro del partido de Timoshenko, Batkivshina. A continuación se aprobaron en batería la destitución de Yanukovich (“autodestituido por sus formas anticonstitucionales”, se dice), la convocatoria de elecciones para el 25 de mayo y la puesta en libertad de Timoshenko, que salió del hospital penitenciario de Jarkov en silla de ruedas por la tarde y llegó a Kíeven avión privado a las 19,30.

Apoyada por Estados Unidos y la Unión Europea, Timoshenko fue encarcelada por corrupción en agosto de 2011 y condenada a siete años de cárcel, después de perder unas elecciones limpias contra Yanukovich en el conjunto del país, pero ganarlas en Kíev y muchas regiones del centro y Oeste del país.

Insisto: El movimiento que acaba de tomar el poder representa solo a una parte del país. Faltaba solo un año para que Yanukovich concluyera su mandato, pero la degradación económica del país, el escandaloso exceso de corrupción y nepotismo, el inesperado y mal explicado rechazo de un económicamente catastrófico acuerdo de integración con la Unión Europea y el decidido apoyo político internacional de Berlín, Washington y Bruselas, que vieron en la coyuntura una posibilidad de cambio de régimen para instalar en Kíev un gobierno a su medida, azuzaron el movimiento popular de noviembre, que se fue radicalizando y haciendo cada vez más violento conforme el poder titubeaba entre la represión y las concesiones, ofreciendo una desastrosa imagen de debilidad. El episodio de los francotiradores ha sido decisivo.

La violencia de esta semana, iniciada pocas horas después de que la canciller Angela Merkel recibiera en Berlín a los líderes de la oposición, reiteradamente bendecidos por el establishment
político-militar euroatlántico al completo en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich, supone una trágica frontera para Ucrania, donde el consenso siempre había hasta ahora superado sin sangre todas las desavenencias políticas de este país de civilización bicéfala y obligado por su propia identidad a mantener complicados equilibrios entre Rusia y Occidente. Que este cuadro, con la inquietante perspectiva que contiene, fuera definido hoy como “momento histórico” y “situación fluida” por el alemán Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, dice mucho sobre la actual política europea.

Yulia Timoshenko, que ya anuncia su candidatura a las presidenciales convocadas para mayo, pronunció su primer discurso en libertad al filo de las nueve y media de la noche ante varias decenas de miles de personas en la gran plaza de Kiev. “Nuestros héroes no han muerto”, dijo sentada en una silla de ruedas y anunciando que se levantará un monumento a su memoria. “Lloré y recé por vosotros”, dijo en un tono apasionado, pero no suscitó el menor entusiasmo en la masa. Consciente de que el movimiento se niega a abandonar la plaza, dijo, “no abandonéis éste lugar, vosotros sois la garantía de que se cumpla lo acordado”. “Con vuestro valor, sangre y heroísmo, os habéis ganado el derecho a gobernar Ucrania”, añadió.

La ex primera ministro prometió que se castigará a los responsables de las violencias “con todo el rigor de la ley y en un juicio severo”. “Por otro lado”, añadió, “no podemos vivir con odio y agresividad en el corazón. Necesitamos curar las heridas y encontrar el coraje, el amor y la responsabilidad para restablecer el país y devolver a la gente la paz y la tranquilidad”.

-Judíos asustados. El festival de grupos de extrema derecha violentos de la plaza asusta a la comunidad judía de Kíev. Moshe Reuven Azman, uno de los rabinos de Ucrania, ha aconsejado a la comunidad judía local a abandonar la capital e incluso el país. “No quiero tentar al destino”. Citado por la prensa de Israel. Desde Berlín me dicen que los medios germanos han pasado sobre este informe con gran discreción. Sin relacionarlo con nada. Ucrania fue uno de los principales escenarios del escenario del holocausto hitleriano.

  • ¿Por qué Rusia pierde siempre?. La batalla por Ucrania viene de lejos. En su último capítulo histórico comenzó en el mismo momento en el que se disolvió la URSS, en 1991. Más de dos décadas después, aquellas fracturas tectónicas aún se están asentando. En ese periodo, en el espacio potsoviético ha habido guerras, convulsiones y revoluciones coloreadas en las que, en mayor o menor medida, se han vivido pulsos entre Occidente y Rusia. En el Báltico, en Asia Central y en Transcaucasia, Moscú ha ido perdiendo posiciones, una tras otra. Sus “victorias”, en Abjazia y Osetia del Sur, por ejemplo, han sido defensivas. Preservar algunos jirones ¿Por qué pierde siempre Rusia?

La pregunta es pertinente ahora, cuando lo que se dibuja en el firmamento es una derrota que marca una línea roja decisiva e inadmisible para Moscú: correr la frontera de la OTAN hasta territorio ruso.

Más allá del propósito general de echar al adversario de sus patios y ampliar su propio corral, la política occidental no tiene calidad ni visión. Hay en ella mucha chapuza y aún más irresponsabilidad, pero entonces, ¿por qué gana? No es la agresividad occidental, sino la debilidad rusa la que explica la situación. Y la clave de esa debilidad reside en el propio sistema ruso de poder.

Mantener unas buenas relaciones con las ex repúblicas de la URSS era, y es, la gran prioridad de Moscú pero no funciona. Con algunas no es fácil por “razones históricas”, podría decirse -el caso de las repúblicas bálticas. Con otras se podrían mencionar “diferencias culturales”, el caso de los países de Asia Central, pero ¿cómo explicar los continuos malentendidos y recelos del Kremlin con bielorrusos y ucranianos? El poder autocrático ruso, el samovlastie, aunque sea mucho más suave que el de los zares o el de la URSS, es incapaz de desarrollar relaciones de confianza incluso con aquellos de sus vecinos más directamente emparentados con quienes comparte historia, cultura y destino común. El caso de Ucrania es ejemplar.

La gran mayoría de los ucranianos se sienten próximos a Rusia por ese parentesco, pero el poder ruso no interactúa con las sociedades sino con grupos locales elitarios. Moscú no ofrece un modelo amable y atractivo a sus hermanos. El Kremlin no reconoce la autonomía social y ni siquiera la entiende. Sin eso no hay acción social ni intervención política posible en una sociedad moderna. Los interlocutores de Rusia en Ucrania son un puñado de magnates. Sus partidos, el “Partido de las Regiones” de Yanukovich, por ejemplo, son infraestructuras
artificiales sin alma construidas desde arriba. Los anhelos e intereses de la clara mayoría de la sociedad ucraniana vinculada hacia Rusia y que tiende hacia ella, apenas aparecen en el radar del Kremlin. Eso explica que esa mayoría pueda ser ninguneada y arrollada tan fácilmente por una minoría cargada de “pasionarnost” y mucho más organizada que tiene sus bastiones en el Oeste del país.

También en el bando ucraniano más nacionalista y pro Otan hay magnates corruptos, pero a diferencia del Kremlin, esos magnates y los padrinos euroatlánticos que los sostienen interactúan con la sociedad. Su propaganda y su acción política es mucho más dinámica y eficaz. Y venden un “sueño europeo”. ¿Cuál es el sueño del Kremlin? Sin reconocer y entender la autonomía social, Moscú está condenado a perder siempre.

Esa es la gran debilidad del poder ruso y actúa también de puertas adentro. Cuidado con Rusia porque comienza a lanzar señales de Maidán. Algún día habrá una revuelta social en Rusia en la que la ciudadanía exigirá otro tipo de relaciones, otro tipo de sistema socio-económico y otro tipo de poder, y el Kremlin no sabrá qué hacer porque no entenderá nada: un poder ciego y anticuado, casi patrimonial en sus relaciones internas, no sabrá cómo reaccionar. Solo la sociedad rusa puede cambiar eso. Esperemos que pacíficamente.

Domingo 23- En la Laura de Kíev. El movimiento de la Plaza de la Independencia de Kíev, el Maidán, tiene un gran apoyo popular en la capital ucraniana de cuatro millones de habitantes. La gente de la plaza y diversos expertos dicen que el movimiento cuenta con un apoyo de hasta el 70% en la ciudad. Lejos de la plaza la temperatura de ese apoyo baja manifiestamente en el termómetro popular. Frente a las opiniones del Maidán, las de la gente que circula este domingo por la Laura de Kíev, uno de los lugares santos de la religión ortodoxa, son mucho más matizadas. Tampoco representan al conjunto de la ciudad, de la misma forma en que Kíev no representa al conjunto de Ucrania, pero dan una idea de una realidad mucho más compleja, matizada y diversa de lo que se sugiere. Declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el monasterio se adscribe al Patriarcado de Moscú. Es muy significativo que incluso aquí se recojan opiniones favorables al movimiento, aunque no sean mayoritarias.

Todo empezó en este lugar, sobre este meandro del Dniepr, en el siglo IX. La Rus de Kíev fue el primer estado ruso, patrimonio común de rusos, bielorrusos y ucranianos. Históricamente Rusia comenzó en Ucrania. Abordamos a la gente; opinión sobre el Maidán,
responsabilidades por la sangre derramada y expectativas:

(Igor, unos 45 años. No declara profesión)
“Estoy en contra del Maidán pero (el presidente) Yanukovich ha sido el responsable de permitir que la situación llegara a estos extremos. Detrás de todo esto están los magnates. Hay que unir a todos los eslavos porque de lo contrario se derramará aún más sangre y los resultados serán nefastos. Rusos, bielorrusos y ucranianos somos pueblos hermanos y eso está muy por encima de la política. No se trata de Putin y Lukashenko, se trata del pueblo, de todo lo que nos une por los siglos.
“Me asombra la actitud de los políticos occidentales. Apoyaron a gente criminal como (el presidente georgiano) Shakashvili que bombardeó con sistemas de artillería en salvas a la población civil de Tsjinvali (Osetia del Sur) sin decir ni pío. Con Timoshenko no cambiará nada, es la peor posibilidad, los magnates de siempre vuelven a repartirse el poder. El pueblo no tendrá nada qué ver. Se cambia unos magnates por otros. Estoy por el renacimiento nacional de Ucrania y por su unidad, pero las tendencias de las regiones del Oeste son muy peligrosas, un nacionalismo de tipo fascista”.

(Larisa, pedagoga unos 35 años)
“Apoyo el Maidán, pero lo que ha pasado ha sido muy malo. Ha muerto gente. El pueblo necesita paz y tranquilidad. ¿Quién es responsable de las muertes? Todos son culpables. Vemos el futuro con pesimismo, porque no hay unidad, todos se acusan entre sí. Ayer hubo jornada de duelo, rezamos porque Dios nos dé buenos dirigentes que se ocupen de la población. Nadie quiere una guerra”.

(Gregori y Tatiana, madre e hijo, ella contable, él masajista) “Estamos en contra del Maidán, por eso hemos venido hoy a rezar”, dice la madre. ¿Quién tiene la culpa?, “Occidente, especialmente América”, dice el hijo. “Y la Unión Europea”, añade la madre. El futuro: “hay un mandamiento bíblico que dice que no matarás a tu hermano”. “El país se va a dividir”.

(Valentina y Sergei, jubilados)
“Naturalmente que estamos a favor del Maidán. Hace tiempo que había que hacer algo. El responsable por el derramamiento de sangre es aquel que tenía posibilidades e instrumentos para evitarlo: el gobierno corrupto. ¿Hacia donde va el país?, esperemos que a Europa, dice ella. “Hacia un mayor estado de derecho, por lo menos hay una gran esperanza en que se vaya hacia algo mejor”, dice él.

(Pareja joven, Vladimir y Vika. Él profesor de educación física, ella esteticien)
“La valoración es ambigua. En Maidán hay cosas positivas y negativas. La violencia ha sido muy negativa y los responsables por el
derramamiento de sangre no están claros. ¿Quién está detrás de los francotiradores? Es algo sobre lo que no hay manera de aclararse. La división del país sería un desastre, esperemos que se evite”.

(Aleksandr, paleta, unos 25 años)
“Estoy a favor del Maidán, pero no necesitamos ninguna Europa, ni tampoco a Rusia; nosotros solos. Los culpables de la violencia son quienes estaban detrás de ella. Nadie lo sabe con exactitud, pero el pueblo lo aclarará.”

  • Peregrinaje dominical a Mezhigorie, residencia del presidente huido de Ucrania en los alrededores de Kíev. La víspera, la televisión del magnate atlantista Piotr Paroshenko (su nombre suena como primer ministro) ha mostrado imágenes de la casa. Se busca una narrativa a la Ceaucescu, pero no se ha encontrado ni el retrete de oro de este dictador que ganó en 2010 unas elecciones limpias cuando era el político más popular del país, ni el armario de los zapatos de Imelda Marcos.

La casa no tiene nada de particular más allá del habitual mal gusto de los nuevos ricos de Eurasia; mucho dorado de Valencia, unas jaulas con animales en el recinto, estanques, una botella de champagne (ni siquiera francés) en el mueble bar de la sala de sesiones y otras banalidades. El lugar ni siquiera era propiedad de Yanukovich. Forma parte del patrimonio del Estado y el Presidente, que es un millonario, se lo acondicionó. Pero las imágenes de la tele son demoledoras: esta riqueza habla de un desenfreno choricero para el que no hay pan ni en el granero de Europa que es Ucrania. Lo poco que le podía quedar de prestigio a Yanukovich tras las violencias de esta semana se ha ido definitivamente al garete con estas imágenes. La noticia de que el recinto estaba abierto ha excitado el morbo popular: la gente ha venido de excursión en masa a fisgar desde la capital y provincias. En los accesos al lugar se forman enormes atascos de tráfico.

La obligada escenificación mediática de estas ambiguas revoluciones tampoco fue redonda anteanoche en la plaza. En lugar de a un Nelson Mandela la “revolución” ucraniana tiene a…Yulia Timoshenko en silla de ruedas (¿la necesita, o es comedia?) y con trenzas. Timoshenko llegó en avión privado desde el hospital penitenciario de Jarkov en el que estaba encerrada por corrupción. Justo para el telediario. Su presencia y su discurso atraen a unas 50.000 personas, pero en la plaza no hay ni rastro de pasión. No es aclamada. En su entorno y en su partido, ya hay claros codazos de rivalidad. Viene de dos años de cárcel pero ya gobernó este país. Y la gente se acuerda. Timoshenko quiere entrar en la OTAN y se lleva bien con Putin, interesante combinación. Al día siguiente, junto al edificio del Parlamento, se organiza un piquete de protesta con carteles, con las fotos de Timoshenko y su adversario, el presidente huido, unidas por el signo de igual y unas flechas que ilustran el intercambio de figuras. “La gente no ha muerto por esto”. “Transparencia”, se pide. La
escenificación habitual de una revolución diáfana ha pinchado manifiestamente en Ucrania.

  • En Crimea algunos incidentes menores junto al ayuntamiento de Kerch, con colocación de la bandera rusa en el ayuntamiento. Más de 20.000 manifestantes anti Maidán en un mitin en Sebastopol, ciudad de todas las glorias militares rusas que forma parte de Crimea y por extensión de Ucrania. Luto en el entierro de dos de los muchos policías que han muerto a tiros en Kíev. Gran manifestación en Odesa (varias decenas de miles) al grito de “Odesa, ciudad heroica” (por su resistencia contra los nazis) y “El fascismo no pasará”.

La península “forma parte de las regiones del país que no están de acuerdo con lo ocurrido en la capital y que contienen un conflicto que puede llegar a ser muy peligroso”, me dice Ievgen Kurmashov, uno de los expertos del Instituto Gorshenin de Kiev. En la península conquistada por Catalina II al turco que Nikita Jrushov regaló caprichosamente a Ucrania en los años sesenta, el “escenario de Abjazia” (Georgia) es posible, dice Kurmashov: las autoridades locales piden a Rusia que anexione el territorio. “No hace falta ni una intervención militar: la flota rusa del Mar Negro ya está allá (en régimen de alquiler)”, señala el experto. En el peor escenario, una escisión del ejército ucraniano sería catastrófica, “la decisión sobre a qué bando apoyar recaería sobre los mandos locales, lo que podría crear una situación peligrosísima”, dice Kurmashov que está
francamente alarmado.

  • Revancha contra la lengua rusa. El parlamento ucraniano anula la ley que regula la cooficialidad de la lengua rusa, vigente desde hace dos años en la mitad oriental del país y que fue clave en la victoria electoral del huido y depuesto presidente saliente, Viktor Yanukovich, en las elecciones de 2010. La decisión, sumamente desestabilizadora, afecta a los derechos básicos de millones de ucranianos de habla rusa, y contribuirá a los preocupantes procesos de cisma y división que los cambios políticos han abierto en el país.

El 26,6% de los más de 45 millones de ucranianos declaran el ruso como lengua materna en el último censo disponible. En zonas históricamente rusas y de gran población rusa ese porcentaje es mayoritario, por encima del 60% en Crimea. Ucrania contiene además minorías que hablan otras 17 lenguas, entre ellas las más importantes el rumano y el húngaro.

La ley que se ha derogado permitió a los gobiernos locales y regionales dar estatuto de cooficialidad a todas esas lenguas allí donde fueran usadas por más del 10% de la población. Había entrado en vigor en agosto de 2012 y desde entonces ha sido aplicada con gran éxito a favor de la lengua rusa en cinco regiones y nueve grandes ciudades del país, y en otras ciudades y localidades en beneficio del rumano (moldavo) y el magiar. Ha sido anulada por 232 votos sobre los 334 diputados registrados en la sesión, es decir por un margen mucho menos mayoritario que las otras decisiones votadas en la cámara al amparo del cambio político que ha desarbolado al Partido de las Regiones, que era el más numeroso de la cámara y representaba mayoritariamente a la mayoría ucraniana más vinculada a Rusia. La Casa Blanca aplaudió ayer el “trabajo constructivo” del nuevo parlamento de Kíev.

La cámara, que ha cambiado de constitución y anteayer destituyó al Presidente Yanukovich, ha elegido como “presidente en funciones” al nuevo jefe del parlamento, Aleksandr Túrchikov, brazo derecho de la rival de Yanukovich, Yulia Timoshenko.

En su primera declaración Túrchikov describió como “catastrófica” la situación económica de Ucrania, cuyo PIB (113 millardos de dólares) está por debajo del nivel de 1992 y su reparto per cápita muy por debajo del de 1989 y con un extremo nivel de desigualdad.

En ese contexto, desde Bruselas, el FMI, Estados Unidos y diversos gobiernos europeos, se habló ayer de “ayudas económicas” para Ucrania. Tanto el comisario europeo Olli Rehn, como el secretario del tesoro estadounidense, Jack Lew mencionaron “condiciones” y “reformas necesarias” que el país debería emprender a cambio de tales ayudas, que no tienen cifra. La última vez que se barajó una cifra para Ucrania fue en boca de la canciller Angela Merkel, el martes pasado en Berlín. Merkel mencionó “600 millones de euros”. Ucrania destinará este año 7.900 millones de dólares al pago de su deuda.

Una masiva ayuda económica europea estabilizaría muchos problemas de Ucrania, pero la Unión Europea, que no ha sido capaz de movilizar un Plan Marshall para los miembros de su zona euro en el sur de Europa, aún lo hará menos con Ucrania. Moscú, que aprobó un paquete de 15.000 millones de dólares, además de una rebaja en el precio del gas equivalente a 2.000 millones anuales, ha puesto la medida en suspenso hasta que se aclare la situación. El país se enfrenta un delicado e imprevisible periodo de turbulencias.

Mientras en diversas regiones y ciudades del Este de Ucrania se registraron incidentes y enfrentamientos de poca envergadura, en Kíev la jornada dominical ha sido tranquila. Decenas de miles de ciudadanos circularon por la Plaza de la Independencia, el Maidán, poniendo flores en memoria de las más de 80 personas muertas en la semana. La policía sigue ausente del centro de la ciudad. Las sedes del gobierno, el parlamento y la presidencia están vigiladas por las fuerzas paramilitares de la oposición triunfante. En lo que en esta parte del mundo se conoce como “narodnoye gulianie” (paseo popular), centenares de familias, parejas y grupos informales se fotografiaban en los escenarios de las batallas campales de los últimos días. El singular centro de esta bella y amable ciudad, está lleno de edificios calcinados, barricadas, adoquines extraídos de la calzada y de montañas de basura y neumáticos para alimentar los incendios que han hecho posible esta mezcla de revuelta popular y golpe de estado apadrinado por Occidente.

Lunes 24 – El poder cambia de manos, como en la novela de ese título del premio Nóbel polaco Czesław Miłosz: El ganador se queda con todo y hay que ver cómo queda en eso la independencia e integridad de Ucrania, aprisionada entre dos imperios igual que aquella Armia Krajowa aplastada en Varsovia entre alemanes y soviéticos. Cambia de manos con carácter rotundo y radical. El viernes se firma un acuerdo, el sábado es papel mojado. El sábado hay un presidente legítimo con quien hay que negociar un “gobierno de unidad” (Unión Europea dixit), el lunes es un prófugo de la justicia con orden de busca y captura por “crímenes”, cuya detención se espera de un momento a otro. No hay duda: el poder ha cambiado de manos.

Un movimiento que nunca habría ganado sin contar con el apoyo de Occidente y que representa quizá a un tercio del sentir de este país, se ha impuesto rotundamente sobre otro tercio que no se identifica con él, ante la neutral angustia del resto de la población de una nación de más de 45 millones de habitantes. Quien quiera ver aquí una “fiesta europeísta”, es un irresponsable.

Viktor Yanukovich, hasta hace pocas semanas el político más popular del país, es un paria en busca y captura. El viernes se fue de Kíeva Járkov, segunda ciudad del país, en el Este. Allí debía participar el sábado en un congreso de más de 3.700 diputados disconformes con el cambio de poder. Bien por sentido de la responsabilidad (consagrar con su presencia el establecimiento de una duplicidad de poder antesala de una posible guerra civil), bien por sentir que Rusia no le apoyaba en eso, bien por ambas cosas, el caso es que Yanukovich no participó en aquello. Intentó tomar un avión para salir del país pero la guardia de fronteras se lo impidió. Entonces se fue en coche a Donetsk, su patria chica. Desde allí, ya sin acompañamiento de guardias de tráfico, solo con su escolta, se fue de noche a Crimea, donde llegó el domingo. Allí se despidió de algunos de sus guardaespaldas, a los que eludió de su compromiso. Se le ha visto en las inmediaciones del aeropuerto de Belbek, precisamente el mismo escenario en el que se decidió el cautiverio de Mijail Gorbachov, aquel increíble agosto de 1991.

A Yanukovich se le acusa de estar tras la orden de matar
manifestantes usando francotiradores. La acusación es “matanza masiva de civiles”. La orden, si existió, podía referirse solo a abatir a los manifestantes que empuñaban armas de fuego y que a su vez habían matado a una buena docena de policías. Pudo también convertirse en un tiroteo indiscriminado a cargo de provocadores o de profesionales del ramo subidos de anfetaminas, porque, efectivamente, los manifestantes cayeron como conejos (“fue un safari”, me dice un observador) y eran personas equipadas para el combate, pero sin armas. La pregunta sobre si hubo un exceso criminal a cargo de los ejecutores de la presunta orden en tal oscuro episodio, ya no es relevante cuando el poder ha cambiado de manos. En estas condiciones se aplica una expeditiva justicia de vencedor.

Estos días se homenajea, en Kíev al centenar de caídos en este tumulto, sin que nadie mencione que entre esos nuevos “héroes de Ucrania” hay un montón de policías, quizá el 10% de los muertos lo son. “Esos no cuentan”, me dice una taxista manifiestamente adversaria del cambio de poder. Lo dice en voz baja, como si tuviera vergüenza de no estar de acuerdo con lo que ha pasado. El estado de ánimo de esta mujer es crucial para comprender la desmoralización y pasividad de los adversarios del Maidán, no ya en Kíevsino en el conjunto del país.

Yanukovich, presidente desde 2010, que encarceló por corrupción a su adversaria Timoshenko, que ahora pide su piel y un “castigo ejemplar”, será la próxima víctima de la lucha política en su genuina y bestia modalidad local. “Una lucha por el derecho a gobernar una pirámide corrupta”, apunta con fatalismo un observador nativo en un despacho bien decorado que no se sabe quien paga. Si Timoshenko, la Mandela con trenzas de pacotilla que fue primera ministra, dirigió esa pirámide, Yanukovich la monopolizó. La fortuna de su familia (en el sentido facineroso que este término tiene aquí) se multiplicó. Eso ocurrió en una época de crisis general –hasta en Alemania se nota esa crisis- que el pueblo sentía. Pero lo que tuvo mayores consecuencias no fue solo ese deterioro popular, sino su combinación con la ruptura de cierto equilibrio elitario.

Nada ilustra mejor la situación que la casa del Fiscal General de Ucrania (ahora ex), Viktor Pshonka. El hogar de quien velaba por la justicia en el país es una mansión de mafioso, con una profusión de lujo que haría sonrojar a los peores chorizos de Marbella. Pshonka y su colega Alksandr Klimenko, el ministro de los impuestos (ahora ex), ha sido detenido en la frontera con Rusia. Moscú no quiere saber nada de estos “refugiados políticos”.

Quien quiera atribuir todo esto al “salvajismo eslavo”, o a la “herencia soviética”, es libre de hacerlo. En realidad es versión local de algo mucho más general y profundo: el capitalismo depredador ha enloquecido en todas partes. En lugares como Ucrania y Rusia de una forma particularmente bestia, pero observen a su alrededor, en Madrid, Atenas o Berlín, y analicen la evolución de las sociedades estos últimos veinte años. La ex URSS simplemente asumió el capitalismo en sus particulares condiciones locales… Por lo demás, ese salvajismo preside las relaciones internacionales. Las grandes potencias también actúan criminalmente. Hacen a sus adversarios más débiles, “propuestas que no se pueden rechazar” como la de Marlon Brando en El Padrino. Ahí dentro cabe un enorme festival de hipocresía: Quienes en Rusia usan métodos expeditivos contra trabajadores emigrantes de Tadjikistán y torturan a caucásicos sospechosos, dan lecciones advirtiendo contra las tendencias fascistoides de cierto nacionalismo ucraniano en alza. Quienes han desencadenado guerras espantosas en Irak y otros lugares, con varios centenares de miles de muertos a su cargo, las dan de derechos humanos, urbi et orbe. La guerra fría fue un pulso entre facinerosos y ahora vuelve a llamar a la puerta en el frente del Dniepr.

  • Rusia responderá, pero no ahora. El perdedor se lame las heridas. El pulso por Ucrania continúa. Se va a radicalizar y tiene un gran campo por delante. Los riesgos son obvios; guerra fría junto a la línea del Dnieper, en juego la integridad territorial de un país enorme y quién sabe si hasta un violento conflicto civil que nadie desea. Aquí no hay que hacerse ninguna ilusión, pero la derrota en el último capítulo de ese pulso –el cambio de régimen en Kíev- es de tal magnitud para Moscú, que el perdedor debe contentarse con intentar limitar los daños. Cualquier respuesta mal calculada puede volverse en su contra. Rusia responderá, pero no ahora. Más adelante.

Gorbachov perdió, voluntariamente, la Europa del Este. Yeltsin el Báltico, Transcaucasia y el Asia Central. ¿Perderá Putin Ucrania? No sin pelear. Esta no es la Rusia de los noventa, sino algo más gallito y mucho más endurecido por las lecciones de los últimos veinte años. ¿La principal de ellas?: Occidente no respeta a los débiles. Habrá respuesta, pero no ahora.

Aguada y vilipendiada su olimpiada de invierno, Ucrania reduce a calderilla las relativas victorias diplomáticas de Putin en los últimos años. En el Kremlin hay motivo para el vértigo porque la línea del Dnieper es antesala de la propia Rusia. Un barril de pólvora en la puerta de casa es algo que hay que manejar con cuidado. De ahí la prudencia de Moscú.

Nada de fomentar un doble poder en el Este del país, nada de fomentar el separatismo ni de bendecir los planes de federalización que se manejan entre los expertos rusos y estadounidenses. Nada de agitar Crimea, tierra de viejas glorias militares rusas. Cuidado con mover ficha. De repente uno de los grandes éxitos de los últimos años, el “acuerdo de Jarkov” de 2010 para mantener la flota rusa del Mar Negro en sus bases de Crimea hasta 2040, puede saltar por los aires.

En todo el Este de Ucrania los adversarios del cambio de Kíevestán paralizados, su líder en busca y captura, su partido atravesado por deserciones y desmoralizaciones. Líderes de ese espectro como el alcalde de Jarkov, Gennadi Kernes, rechazan “todo separatismo o federalismo”. Ni siquiera se contesta la revanchista anulación de la ley de lenguas, una irresponsable provocación para millones de ucranianos rusoparlantes, aunque menos grave de lo que parecía ayer pues un artículo de la constitución equilibra algo el asunto. Moscú no quiere agitar eso: responsabilidad y realismo. La mayoría social opuesta a lo que ha ganado en Kíevy que venció en las elecciones de 2010, sigue ahí. Simplemente hay que reconstruirla políticamente. Paciencia y cuidado.

Eso no impide engañosas “declaraciones fuertes”, como la del primer ministro Dmitri Medvedev desde Sochi poniendo en duda la legitimidad del estropicio jurídico sobre el que se asienta el cambio de régimen en Kiev, mientras Europa mira hacia el otro lado olvidándose de lo que firmó el viernes.

”La legitimidad de toda una serie de órganos de poder allá suscita muchas dudas”, ha dicho Medvedev que le puso un poco de cuento al asunto al hablar de, “un gobierno de gente con mascaras negras y fusiles Kaláshnikov que se pasea por las calles de Kíev”, una descripción en sintonía con la imagen que la tele rusa enfatiza y difunde.

Más allá de esa retórica, para Rusia es la hora de la contención y la prudencia. Lo más destacable de la declaración del primer ministro ruso ha sido la frase de que, “todos los acuerdos que se han firmado con Ucrania se van a respetar” y “para nosotros Ucrania sigue siendo un socio serio e importante”.

Nada de todo aquello sobre lo que este diario ha venido advirtiendo como gran peligro estos días (el Este de Ucrania, Crimea, la lengua) va a estallar ahora. A medio y largo plazo es otro asunto. Mucho depende de cómo se maneje. Tanto para Moscú como para Kíev, la relación es demasiado importante e intensa como para jugar con ella. En Kíev todos los gobiernos de la oposición llegan al poder con gran energía antirusa, pero luego las realidades moderan esa fiebre. Una vez más Rusia va a trabajar a fondo con el nuevo poder, intentando que actúe esa tendencia.

En eso el papel de Occidente es fundamental. Una vez más: En materia del pleito alrededor de la integración económica de Ucrania con la Unión Europea, Putin propuso desde el principio –y Ucrania lo apoyaba- discutir el asunto a tres bandas; Moscú, Bruselas, y Kíev. El papel de Mister Niet aquí lo ha ejercido la Unión Europea, con su Señora Merkel en el centro, flanqueada por los polacos y bajo la estratégica batuta de Estados Unidos, lo que es sumamente desestabilizador.

Canadá, con una fuerte población de origen ucraniano, ha amenazado a Rusia con sanciones, “si Putin se inmiscuye”, ha dicho su ministro de emigración. La Casa Blanca ya ha advertido a Rusia contra una “injerencia militar” en Ucrania. La guerra fría llama a la puerta y en una de estas, alguien va y le cede el paso.

Nota: Este es el link al artículo “Horizonte ucraniano”

Fuente: http://blogs.lavanguardia.com/berlin/el-cuaderno-de-kiev-59692

Publicado en: Invitados

Ucrania y su determinación de una “democracia” a la europea

30/01/2014 by maestro Deja un comentario

José Luis Estévez Navarro//

Introducción//

¿De qué hablan los ucranianos cuando hablan de “democracia”?

Desde que a finales del mes de noviembre, el presidente ucraniano Viktor Yanukovich pospusiese (ojo, no rechazó) la firma del tratado de asociación y libre comercio con la Unión Europea (ojo, no la adhesión del país a la UE), hemos visto a través de los medios cómo las calles de Kyiv, la capital ucraniana, y otras ciudades sobre todo del oeste del país se llenaban de manifestantes en contra de la decisión del gobierno. En la boca de dichos manifestantes: “fin de la corrupción”, “transparencia”, “igualdad”, “Europa”,… y, sobre todo, “democracia”.

Los medios main stream europeos y norteamericanos no tardaron en hacerse eco de la noticia y en construir en torno al suceso toda una epopeya, así como de encumbrar a sus líderes. De repente Ucrania se nos presenta a todos en términos románticos: un pueblo oprimido que forcejea con las cadenas impuestas por un régimen autoritario (que parece además haberse quedado completamente sin ningún apoyo interno), clamando libertad y democracia. Las versiones en este punto varían un poco, están las que se quedan “a medio camino” y sólo nos presentan las demandas de este pueblo oprimido que ve en Europa “el futuro”, entiéndase: mejora económica, modernización, transparencia,… en una palabra, “progreso”. Y las versiones que son algo más explícitas de los supuestos que laten detrás del que escribe: Yanukovich no es sino una marioneta del Kremlin, y el pueblo ucraniano pretende librarse (definitivamente por fin) de las cadenas de vasallaje con Rusia, o la URSS, como más prefieran. Frente al autoritarismo ruso, “democracia”.

¿Qué hace Europa ante todo esto? Cómo no, tiende su mano al más desamparado. Le dice que le “deja su puerta abierta” porque Europa es la bondad personificada, y no puede tolerar que la policía ucraniana castigue sin piedad a manifestantes y periodistas indiscriminadamente (una postura, por cierto, completamente en asintonía con la cobertura que se ha hecho de otras manifestaciones como las del 15M o las revueltas en Grecia, por ejemplo).

Sin justificar la actuación del gobierno y de la policía ucraniana, no cabe otra opción por mi parte que la de denunciar la imagen que se intenta vender del hecho, que no puede ser más simplista y manipulada. Así como de explicar con cierto rigor, qué es lo que efectivamente ocurre en el país eslavo, y qué es lo que hay detrás de la susodicha “democracia”.

Para ello hay que, en primer lugar, desembarazarse de las versiones hollygoodianas de la Guerra Fría que nos ofrecen los media donde tenemos, por un lado, a los protas buenos de la peli (nosotros los occidentales) y, por el otro, a los malos malísimos (los soviéticos). Cualquier acontecimiento de carácter sociopolítico sólo puede entender mediante el análisis de sus actores, de aquéllos que tienen algún tipo de interés en el asunto (stakeholders en la literatura anglosajona), así como de los supuestos con que dichos stakeholders interpretan los hechos, que rara vez están en desconsonancia con sus intereses.

Para esto llevaré primero a cabo un poco de historia para desembocar en una exposición de los actores exteriores al propio país y en sus intereses por el mismo. En segundo lugar, nos pondremos en los zapatos del presidente Yanukovich, sopesando de este modo cuál ha sido la verdadera oferta que la UE ha puesto sobre la mesa, así como la réplica de Rusia a dicha oferta. En tercer lugar me acercaré un poco más la realidad social, económica, política y cultural que se vive en Ucrania para a partir de ahí desgranar con detenimiento el perfil (mejor dicho, los perfiles) de los manifestantes, así como el contenido de sus arengas.

  1. Los actores exteriores: Estados Unidos, la Unión Europea y la Federación Rusa

Basta con hojear por encima la historia de Ucrania para cerciorarse del carácter de encrucijada que tradicionalmente ha tenido y aún tiene hoy el país (se baraja incluso la opción de que su propio nombre, Ucrania, signifique “territorio fronterizo” en eslavo antiguo). Una tierra fértil disputada por rusos, polacos, turcos, austrohúngaros,… la historia le ha dado al país un carácter similar al de la Judea bíblica, un territorio siempre en disputa por otras naciones más poderosas. Todo esto a su vez ha desemboca en una diversidad étnica, regional, lingüística,… en la que me detendré más abajo. Muy brevemente: el país pasa a formar parte de la URSS en 1922 y permanece en ella hasta su disolución a comienzos de la década de los noventa. Tras esto, el país se erige como estado soberano y neutral (con todas sus comillas que se les quiera poner, pero así es) y hasta hoy.

Como resulta obvio, el país ha estado fuera de la órbita de influencia directa de Estados Unidos y del capitalismo en general hasta muy recientemente, lo cual no quiere decir que los occidentales no hayan hecho ya sus pinitos allí en las décadas previas a la disolución de la URSS. En cualquier caso, Ucrania forma parte de ese área que denominamos Europa del Este, compuesta en casi su integridad por exrepúblicas soviéticas o bien por antiguos estados satélites de la URSS. El área en cuestión pasó a convertirse en una especie de “tierra de nadie” durante los años en los que la ahora Federación Rusa aún estaba desorientada tras el descalabro que supuso la descomposición de la URSS, y los asuntos internos le urgían más, así como tampoco acompañaba el carácter mojigato de sus líderes. Eso sí, una de las cuestiones que sí que se señaló cuando se disuelve la URSS es que sus antiguas exrepúblicas no pasasen a formar parte de la OTAN, cosa que posteriormente se ha pasado por alto con la incorporación de las repúblicas del Báltico.

Tras los años de Mijaíl Gorbachov y Borís Yeltsin, coincidentes precisamente con el famoso “fin de la historia” proclamado por Fukuyama, Vladímir Putin alcanza el poder y con él Rusia comienza de nuevo a hablar con propiedad en los escenarios de la política internacional, lo cual coincide con cierto declinamiento a su vez de EEUU, en la antesala de lo que parece vislumbrarse como un nuevo escenario internacional multipolar (aunque no tanto en el plano ideológico cuanto económico y militar). En esos mismos años, la Unión Europea entra en escena, extendiéndose hacia el este y atrayéndose para sí a varios exsatélites e incluso exrepúblicas soviéticas. Todo parece indicar que hay campo libre, y así ha sido hasta que ahora se da de bruces con varios encontronazos que ponen de manifiesto que había estado subestimando el poder de Rusia para oponerse a su expansión: en septiembre Armenia manifiesta su distanciamiento de la UE y su compromiso para unirse a la Unión Aduanera que Rusia forma ya con Bielorrusia y Kazajstán (lo cual no ha causado ningún revuelo, pese a que la decisión es idéntica a la ucraniana). A finales de noviembre, hace lo mismo el presidente de Ucrania.

Lo cierto es que la Unión Europea, que resultó sumamente atractiva en un primer momento en tanto que sinónimo de desarrollo,
modernización,… ha ido viniendo a menos. Dicho sumariamente: el futuro en Europa ya no es lo que era. Además no hay que pasar por alto que la UE permanece permanentemente alineada militarmente con EEUU a través de la OTAN, así como demuestra ser el adalid de los principios del neoliberalismo, dejando que las grandes agencias internacionales marquen el paso de su política económica y aplicando para ello cada vez más fuertes medidas de austeridad con implicaciones sociales graves para el ciudadano a pie de calle.

En toda esta exposición salta de repente una cuestión importante: ¿de dónde viene el interés de la UE, y de EEUU, por la Europa del Este? Parece evidente que buena parte de los ciudadanos de los países miembros no simpatizan precisamente con los eslavos: se le pone cortapisas a la libre movilidad dentro del Acuerdo Schengen a búlgaros y rumanos, se les ofrece dinero para que regresen a sus países de origen,… Es evidente incluso que, como señala József Börözc(1), existe cierta xenofobia hacia ellos, luego ¿por qué íbamos a hacer una excepción con los ucranianos? Todo ello no es sino una prueba más de que Europa no quiere abrazar a Ucrania sino como espacio económico. Como bien ha señalado Sébastien Gobert(2), lo que Ucrania representa para la UE es “el dorado” económico, agrícola y energético (el país es uno de los grandes productores a nivel mundial de dos materias primas: grano y carbón). Más concretamente, Alemania y Polonia se frotaban ya las manos pensando en los 45 millones de potenciales consumidores a los que tendrían acceso sin ningún tipo de arancel para sus productos de ser así que efectivamente Ucrania firmase el tan polémico tratado.

En cuanto EEUU, sus intereses porque Ucrania se aproxime a Europa no son tanto económicos como geoestratégicos. Ya en la década de los ochenta Zbigniew Brzezinski, exasesor de seguridad nacional de EEUU, lo señaló claramente: “Rusia sin Ucrania es un estado nacional normal, pero Rusia con Ucrania es un imperio”(3). Como bien ha señalado Nazanín Armanian(4): por un lado, el objetivo de EEUU es, dentro de su particular guerra por la energía, interrumplir el flujo de petróleo y gas rusos (no hay que pasar por alto que el 80% del gas natural ruso que entra en Europa lo hace a través de Ucrania), lo que debilitaría a Rusia como potencia. Por otro lado está el valor geográfico de Ucrania en sí misma: integrando al país en la estructura de la OTAN, EEUU completaría su cerco militar a Rusia, de modo que el país quedaría acorralado militarmente. Prueba clara del interés de EEUU en todo esto es además su omnipresencia desestabilizando todas las regiones fronterizas con Rusia ya desde los tiempos de la Guerra Fría. Durante todo ese tiempo ha tenido el tiempo suficiente para ir refinando sus métodos hasta la versión más sofisticada: las conocidas como “revoluciones coloristas”, de la que la Revolución Naranja de 2004 sería un claro ejemplo.

Una vez señalados los intereses occidentales en el asunto (lo que da respuesta de paso al porqué del interés mediático en las
manifestaciones y acampadas proeuropeístas), queda por ver qué intereses tiene el otro gran actor: Rusia. Aparte del temor obvio al estrangulamiento geográfico por parte de la UE y la OTAN y a su debilitamiento económico en tanto que se le dificulte su papel de suministrador de gas, el interés de Rusia por su vecino no es pequeño. Por un lado, está el temor a que su mercado se vea plagado de productos dumping procedentes de Europa a través de Ucrania.

Por otra parte, y sin querer apelar al sentimentalismo, están los lazos históricos e incluso afectivos (como veremos más abajo, un porcentaje importante de la población ucraniana es étnica, religiosa y lingüísticamente ruso). Ucrania ha sido, por así decirlo, la “joya de la corona” rusa, y con toda seguridad la república a la que la URSS más le costó dejar marchar. Rusia siempre ha querido tener a Ucrania dentro de su ámbito de influencia o bien directamente formando parte de sí, aunque para ello tuviese que exterminar a una parte importante de su población(5). Finalmente, militarmente Ucrania es un punto estratégico, tanto es así que la base de la flota rusa en el Mar Negro se encuentra en la península de Crimea.

  1. El dilema de Yanukovich: ¿independencia, imperialismo ruso o argucia neoliberaleuropea?

Independientemente de la simpatía o antipatía que nos despierte, colocarse en la piel del presidente ucraniano nos sirve para poner de manifiesto una cuestión que es central en todo el asunto: ¿cuál ha sido la verdadera oferta que la UE ha hecho a Ucrania? Por lo que nos muestran los media parece claro que la UE había propuesto a Ucrania su ingreso en la Unión y que aquélla, o mejor dicho su presidente (un proruso enconado), ha declinado desdeñosa y desagradecidamente una oferta tan generosa. Nada más lejos de la realidad.

Acuciado por la misma pregunta, József Böröcz(6) se apresuró a leer el acuerdo y ponernos al tanto a los demás, además con una claridad expositiva envidiable, de modo que me atendré en gran medida a hacer una mera traducción de lo que él ya ha dicho. Se trata en definitiva de responder a dos preguntas esenciales: ¿En qué consiste realmente el “tratado de asociación y libre comercio”?, y aún más importante, ¿qué conllevaría la aplicación de dicho tratado? El acuerdo consiste sencillamente en el establecimiento de una “profunda y completa área de libre comercio”, lo que se traduce en:

  • Eliminación de aranceles y barreras comerciales a los capitales de la UE.
  • Financiación de infraestructuras en los sector de transportes, energía, medio ambiente y cuestiones sociales, aunque no se especifica ni con qué fondos, ni bajo qué términos.
  • Se menciona la posibilidad de que Ucrania pueda acercase “poco a poco” al Acervo Comunitario, es decir, a las leyes y reglamentos de la UE.
  • Aparece una vaga mención en relación con el acercamiento de Ucrania al Acuerdo Schengen, aunque sin ningún tipo de compromiso en este sentido.
  • Y, ¡atención!, el acuerdo no dice absolutamente nada sobre la plena adhesión de Ucrania a la UE, algo que de hecho no parece estar entre las previsiones de la UE. Cosa que suena aún más cruda si sacamos a la palestra que un acuerdo como el que se ha ofrecido a Ucrania se ha ofrecido también a países como Chile, Egipto o Sudáfrica, los cuales difícilmente se posicionen como candidatos para futuras adhesiones.

¿Y con respecto a la supuesta ayuda económica? Como ha señalado Vicky Peláez(7), lo que la UE propone a Ucrania es un préstamo, acompañado de un paquete de reformas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Creo que no es necesario ser ningún lumbreras para percatarse de lo que conllevaría de facto el supuesto “regalo” europeo:

  • En primer lugar, bajo el eufemismo “reformas” ¿quién mejor que los españoles y demás PIIGS para dar orientaciones sobre lo que contiene exactamente el paquete?: austeridad, recortes,… O dicho de otro modo, pagar la deuda por encima de cualquier otra cosa, llámese esa otra cosa el bienestar de tu ciudadanía.
  • En donde dice eso de “acercamiento al Acervo Comunitario”, léase: eliminación de cualquier mecanismo institucional con el que el país pudiese proteger su economía de la competencia desleal o de una posible crisis. Es decir: adiós a cualquier medida de proteccionismo económico, que es a fin de cuentas la herramienta con que las economías pequeñas cuentan para protegerse del pez más gordo.
  • Desmantelamiento de la mayor parte de los complejos productivos, ya que los productos nacionales serán sustituidos por productos europeos (que es en definitiva la tajada que Polonia y Alemania buscan sacar de todo este asunto).

  • Como consecuencia de lo anterior: aumento del desempleo y
    empobrecimiento de la población.

  • Aumento de las tarifas del gas y la calefacción.

  • Congelamiento de los salarios y eliminación de los subsidios.

  • Y todo ello agravado por una balanza de pagos UE-Ucrania que es ya de entrada descaradamente desventajosa para Ucrania(8). El
    desequilibrio comercial es de 9,2 mil millones de euros (Ucrania exporta a la UE 14,6 mil millones e importa 23,8 mil millones), y el desequilibrio en el ámbito de las inversiones es de 21,9 mil millones (2,0 mil millones de Ucrania por 23,8 mil millones de la UE).

  • Si esto se añade que lo de la adhesión, las inversiones y la libre movilidad (de personas) no son más que humo, la pregunta es, ¿qué supuesto beneficio sacaría Ucrania de todo esto? Visto desde este punto, cualquier cosa que ponga Rusia encima de la mesa sería como para firmarlo con los ojos cerrados. Sin embargo, las manifestaciones y las acampadas continúan. ¿Quiere esto decir que los ucranianos que protestan son conscientes y han asumido con todas sus consecuencias lo que les esperaría? La respuesta es no, claro que no existe consciencia de la sombra que planea sobre sus cabezas, y por ello siguen clamando alegremente el entrar en la UE, defendiendo unos intereses extranjeros frente a los que ellos ya han definido como sus enemigos: Yanukovich y Putin, o dicho de otro modo, los intereses de la corrupta oligarquía rusófona y los intereses de Rusia misma, que para ellos es el Imperio.

    Independientemente de los distintos intereses que hay en las protestas, hay tres cosas que canalizan en gran medida las demandas: transparencia, derechos humanos y democracia; tres cosas que los ucranianos sólo parecen concebir como alcanzables a través de y gracias a Europa. Además ya se han encargado otros obviamente de que los ojos de los descontentos se focalicen exclusivamente sobre ellas, así mientras los manifestantes continúan machaconamente con esto, cual prestidigitadores, ellos se ocupan de otros asuntos de mayor calado. Como ha señalado Txente Rekondo(9), bajo un discurso envuelto en declaraciones de democracia, derechos humanos,… lo que la UE pretende no es sino incorporar a los oligarcas ucranianos a su ámbito de influencia.

    La réplica rusa, por cierto, se ha basado en la concreción (tanto en las ofertas como en las amenazas) frente a los esotéricos beneficios del tratado ofrecido por la UE. Rusia se ha comprometido a comprar 15 mil millones de dólares de eurobonos de Ucrania, lo que ayudará a pagar los 17 mil millones de deuda que tiene que pagar Ucrania el próximo año. Además reducirá en un tercio el precio del gas, bajando de 400 a 268 dólares por cada 1.000 metros cúbicos de gas(10). Las sanciones en caso de acercamiento a la UE no han sido menos
    explícitas: embargos, restricciones comerciales, endurecimiento en el precio del gas… todo lo cual condenaría aún más a la ya débil economía ucraniana(11). En suma, como señalan Jon Kortazar
    Billelabeitia y compañía(12): Rusia y el resto de países de la antigua URSS representan el 40% del comercio exterior ucraniano. Una ruptura aduanera con Rusia supondría sacrificar unas exportaciones seguras por nada en tanto que ya hemos visto que difícilmente los productos ucranianos van a tener cabida en la UE. A todo lo cual hay que añadir lo más obvio: que la adhesión a la Unión Aduanera propuesta por Rusia sería algo seguro, y no una apuesta arriesgada, hipotética y a largo plazo, como la pretendida adhesión a la UE.

    La tercera opción a todo esto sería que el país mantuviese su plena independencia (firmando los tratados exteriores que tuviese que firmar en cada momento y con quien quisiese, pero conservando su soberanía), sin embargo el país necesita dinero urgentemente, que es precisamente lo que Yanukovich ha ido buscar tanto en Rusia como en Europa. Un dinero con el que hacer frente a la dura situación económica y con el que además cumplir con los prestamistas, y pagar el gas. Además, ¿no posicionarse a estas alturas parece una utopía cuando se está de bisagra entre la UE y la futura Unión Aduanera? La opción no parece ni barajarse, cuando precisamente ese hacer de bisagra podría explotarse si se tuviese la voluntad para ello. Se habla de “segunda
    independencia” en las calles de Kyiv, cuando lo que realmente acontece no es sino una simple elección de amo.

    1. Luces y sombras de una realidad nada homogénea

    A pesar de los esfuerzos de los medios de comunicación por ofrecernos la imagen de un país integrado, homogéneo y con una opinión unánime (que estaría reflejada en la Plaza de la Independencia de Kyiv), lo cierto es que Ucrania es un país con unas divisiones muy profundas, que dan lugar a conflictos étnicoregionales, culturales, lingüísticos y religiosos. Dicha heterogeneidad aparece muy bien recogida por Benoît Vitkine en su artículo “Ucrania: ¿Quién ha decapitado el Lenin de Kotovsk?”(13). A lo que se suma que es un país violento y con unos índices de corrupción altísimos. Ucrania de hecho ocupa el lugar 144 a nivel mundial según Transparencia Internacional(14). Una corrupción que además no sólo salpica al presidente Yanukovich y a su partido, sino también al principal partido de la oposición, Unión Panucraniana “Patria”, cuya primera exprimera ministra, Yulia Tymoshenko, se encuentra en prisión por abuso de poder (y cuya liberación, por cierto, es uno de los prerrequisitos impuestos por la UE para la firma de un acuerdo de ingreso).

    Volviendo sobre la cuestión de su heterogeneidad interna, aparte de la existencia de varias minorías tales como polacos, búlgaros,
    bielorrusos,… o probablemente la más importante de todas ellas, los tártaros (un grupo étnico túrquico de religión musulmana sunní que se concentra en la Península de Crimea), lo cierto es que ninguna de esas minorías representa un porcentaje importante de población (todas ellas en torno o por debajo del 0,5% del total). En cualquier caso la gran fractura que divide el país es la que separa a los ucranianos “ucranistas” de los ucranianos “prorusos”, una división que es tanto étnica, religiosa como lingüística. Por decirlo de alguna manera, el “tipo ideal” de ucraniano ucranista sería: 1) de etnia ucraniana, 2) de religión grecocatólica, y 3) de lengua materna ucraniana. En el otro extremo, el “tipo ideal” de ucraniano proruso albergaría las tres propiedades opuestas: 1) de etnia rusa, 2) de religión ortodoxa (y para más inri, dependiente del Patriarcado de Moscú) y 3) de lengua materna rusa.

    Como es natural, estas tres características se pueden cruzar formando una matriz con distintas combinaciones. Ahora bien, la geografía tiene su peso y el río Niéper actúa en gran medida como muro de contención dando lugar a que unos y otros estén relativamente bien delimitados, por lo que no son pocos los ucranianos que opinan que el Estado actual acabará dividiéndose en un país ucraniano (integrado por las regiones central y occidental) y otro país vinculado a Rusia (compuesto por la regiones oriental, meridional, Donbás y Crimea)(15).

    Esta división, además de en lo geográfico, se ha expresado también con bastante nitidez en los procesos electorales. Así, en 2004 por ejemplo, independientemente del resultado final, Viktor Yushchenko (el candidato ucranista) obtuvo más del 90% de los votos en cuatro distritos occidental y en torno al 75% en otros ocho distritos del centrooeste. Por su parte, Yanukovich (el candidato proruso), superó el 90% de votos a su favor en las regiones orientales(16).

    Como se puede extraer de los datos expuestos, en Ucrania lo que existe es en realidad dos redes clientelares, cada una de ellas con su propia élite oligárquica y propietaria además de sus respectivos medios de comunicación, articuladas sobre esas diferencias culturales, lingüísticas,… hasta cierto punto paralelas, hasta cierto punto superpuestas, y que sencillamente se disputan el gobierno cada x años (lo cual, por cierto, no deja de ser muy distinto de lo que ocurre en muchos países europeos).

    Con todo, y pese a ser el candidato proruso, la imagen que se vende de Yanukovich como un dictador prosoviético comunista no es más que de hecho una distorsión más de los media. Yanukovich no es en realidad más que un empresario de derechas conservador, elegido además en unas elecciones democráticas (sin grandes diferencias con las que se celebran en los países de la UE). Alguien que además, por cierto, no tiene entre sus planes ni mucho menos ceder la soberanía económica del país, ni a la UE ni a Rusia(17). Dicho claramente: ceder el poder económico que puede ejercer mediante su posición como presidente lo convertiría en un supernumerario dentro de las redes clientelares en que está inserto. Si, como se nos dice, su intención es pasarle la batuta de mando al Kremlin, una vez hecho esto ¿qué pinta entonces él allí? Es más, las relaciones Yanukovich-Putin no vienen siendo precisamente cordiales, de hecho ya ha habido varios roces importantes entre uno y otro.

    En realidad lo que Yanukovich representa, y por eso es contestado con tanta virulencia en la parte oeste del país, es al “Clan de Donetsk” y a “La Familia”. El “Clan de Donetsk” hace referencia a la vieja oligarquía del este, cuya cara más conocida es la de Renat Akhmetov, el propietario de un gigante del acero y la electricidad cuyo patrimonio está estimado en unos 16 mil millones de dólares y que es a su vez el propietario del conocido equipo Shakhtar Donetsk FC. “La Familia” es un clan de negocios relativamente nuevo, encabezado por su propio hijo mayor: Oleksandr Yanukovich(18).

    ¿Y frente a todo esto, qué tenemos? A los otros oligarcas del lado oeste del país (encarnados en el partido Unión Panucraniana “Patria”) que pretenden hacerse nuevamente con la dirección del país mediante su desestabilización, en lo que no constituiría sino una réplica de la Revolución Naranja de 2004, sólo que esta vez necesitan además del apoyo de la “fuerza bruta”: Alianza Democrática para la Reforma (UDAR, en ucraniano significa “golpe”), un partido liderado por el excampeón de boxeo Vitali Klitschko, y Svoboda (Libertad), liderado por Oleh Tyahnybok, un partido eufemísticamente llamado por los medios “nacionalista” y en que resulta imposible no detenerse. De hecho, frente a lo de “nacionalista”, no han sido pocos lo que han decidido llamar al partido y a su líder por su nombre: “neonazi” (violentamente xenófobo, antisemita, antigay y antiruso). (19) De hecho, pese a que en 2004 y por recomendación del Frente Nacional Francés, el partido se deshizo de toda su parafernalia fascista (cambiando su denominación y emblema), no desaprovecha ocasión para hacer gala de su ideología: ya en 2012, el Centro Simón Wiesenthal (una organización internacional de los derechos de los judíos) denunció el que durante la Europoca de Fútbol se ondearon banderas nazis en los encuentros celebrados en el estadio de Lviv (la “capital” del oeste ucraniano, cuyo alcalde pertenece también al partido Svoboda)(20). Ese mismo año, el partido jugó un papel clave en el desmantelamiento del Desfile del Orgullo Gay en Kyiv, así como más recientemente, en junio del año pasado, participó en el homenaje a los veteranos de las SS en Lviv. Su líder, Tyahnybok, no cesa de arremeter en sus discursos contra los judíos en general, y en particular contra la “mafia judía de Moscú” (de hecho ostenta nada menos que el quinto puesto en la lista elaborada por el Centro Simón Wiesenthal de los mayores y más peligrosos antisemitas del mundo). Por cierto, un poco de historia: El Holodomor, la hambruna perpetrada por Stalin (y que es el símbolo del resentimiento hacia Rusia), ya llevó una vez a que una parte de los ucranianos recibiesen a los nazis con los brazos abiertos y arrojándoles flores (y a que posteriormente se uniesen a ellos frente al Ejército Rojo). Esperemos no estar viviendo una “secuela” de aquello.

    Y lo que es más, como ha señalado Txente Rekondo(21), si hay algo que precisamente se eche de menos entre los manifestantes es líderes que no formen parte de la oligarquía local. De hecho, desde poco después de su estallido, el movimiento ha sido copado por estos tres partidos y encabezado por sus líderes (reinventados momentáneamente en activistas, como vemos ahora con todo el jaleo montado por la agresión de la policía al exministro del interior, Yuri Lutsenko), lo cual ha ido “depurando” el perfil de los manifestantes, así como ha supuesto un cambio en las reivindicaciones (que se focalizan sobre todo en exigir la dimisión del presidente, la liberación de la exprimera ministra Yulia Tymoshenko y la convocatoria de nuevas elecciones).

    De hecho, lo que se está produciendo cada vez más es sencillamente una canalización por parte estos partidos del rencor de una masa de jóvenes (y no tan jóvenes) idealistas, desinformados, manipulados y en descontento con el gobierno, a los que se les ha hecho creer que la UE será la panacea a todos sus problemas (no que están sirviendo en realidad a intereses fundamentalmente extranjeros), y para los que además decir “sí” a la UE, independientemente de lo que ese sí signifique, no es más que su particular forma de decir “no” a Rusia(22). Tanto es así que, como recogió el periodista del New York Times, David Herszenhorn(23), una juventud ucraniana por lo general tan apática y desacostrumbrada a este tipo de acontecimientos, no tardó en dejarse liderar por los partidos de la oposición al gobierno, para beneficiarse así de los recursos financieros y organizacionales de éstos. A lo que hay que sumar obviamente el que, con grupos organizados de extrema de derecha entre ellos, hablar de que las protestas están siendo “pacíficas”, no es más que retórica barata. ¿Dónde están los movimientos sociales en defensa del colectivo LGTB?, ¿dónde están las feministas?,… grupos todos ellos que, en
    consecuencia con la línea política que ha adoptado Rusia, sería evidente que se alineasen con los manifestantes proeuropeístas. Como no podría ser de otra manera: han sido desplazados por la presencia de Svoboda a la cabeza de las manifestaciones. Algunos gays denuncian agresiones; a las feministas se les acusa de intentar boicotear el movimiento y de estar pagadas por los servicios rusos. Una de ellas declara a Hélène DespicPopovic(24)
    “Desde el inicio de Maidan la gente habla de valores europeos, pero todo ello permanece abstracto”. Todo esto, por cierto, no ha supuesto el menor impedimento para que incluso ministros europeos como el alemán Guido Westerwelle se hayan acercado en persona a las protestas para manifestar su apoyo, poniendo una vez más en evidencia que los europeos estamos dispuestos a pactar con quien haga falta (y al precio que haga falta) con tal de mejorar nuestros intereses económicos.

    Y mientras todo esto acontece en Kyiv y en varias ciudades del oeste de Ucrania, ¿qué ocurre en el resto del país? Fundamentalmente nada. Parecería por lo que se nos ha dicho en los medios que el país entero es un polvorín cuando realmente está ocurriendo más bien nada. ¿Dónde están los testimonios de los ciudadanos del este y sur del país?, ¿de aquéllos que se sienten consternados al ver que decapitan al Lenin local? O más importante aún, ¿dónde está el PCU (Partido Comunista de Ucrania), un partido que cuenta con 32 diputados en la Rada (el parlamento ucraniano)? Mutis, el mayor silencio absoluto.

    Recapitulando…

    Dicho todo lo anterior, no queda sino retomar la pregunta inicial: ¿qué democracia está reclamándose en Ucrania, y qué podemos opinar el resto al respecto?

    La imagen general que ha construido la televisión y los medios mainstream parece haber despertado una especie de nostalgia romántica: se ha tratado de enternecernos con el simulacro de un país que estalla en una marea pacífica frente a un gobierno corrupto y tiránico. Sin negar que un primer momento algo de eso pudiese haber, el núcleo de la cuestión está en que todo el acontecimiento en sí ha sido
    descontextualizado, ofreciéndose una cobertura minimalista de hasta el más absurdo detalle pero pasándose por alto lo más importante: el contexto, los actores implicados, y los intereses en juego.

    “Democracia como los europeos”. Todo parece apuntar a que el gobierno ucraniano es totalmente corrupto e ilegítimo (nada que ver con nuestro sistemas políticos impolutos), y que por lo tanto no debería de aceptarse de él ningún tipo de decisión. Pero ¿son realmente tan diferentes las democracias europeas y la supuesta democracia ucraniana? Grosso modo, como han señalado Kortazar Billelabeitia y compañía(25), la democracia ucraniana no tiene menos legitimidad que la de cualquier país europeo: se celebran votaciones, se forman mayorías en el parlamento, organismos internacionales reconocen la limpieza de las elecciones,… Luego, nos guste o no, la decisión de Yanukovich ha sido perfectamente legítima (como obviamente lo habría sido de haber sido afirmativa, si no, ¿qué hacíamos negociando con él?). Una muestra más de esa doble vara de medida yanki-europea y de sus medios oficialistas, de la cual resultan cosas tal que países como la Venezuela de Chávez-Maduro se consideren tiranías mientras que países como Arabia Saudí, por poner sólo un ejemplo, sean calificados de “aliados estratégicos” o “países amigos”; o que todos los focos se concentren en Kyiv, mientras que en varias ciudades alemanas se declara el “toque de queda” y no parece pasar nada. Los medios, como siempre, exacerbando malentendidos y ocupando con una imagen falsa de lo que ocurre fuera, el espacio precioso que correspondería a los sucesos de verdadero interés que tienen lugar en casa.

    La ucraniana, como la española, no es sino una democracia sin cultura democrática y sin valores democráticos, cuestiones que por cierto, cuando se reivindican, no suelen despertar tanto interés mediático, o si lo despiertan no suelen recibir una cobertura precisamente en términos románticos. El término en sí mismo actualmente ya no significa nada en tanto que significa cualquier cosa, pasando así al acervo de conceptos continentes de corte postmoderno en los que cada uno echa dentro lo que más le interesa y lo que no interesa, pues ya se verá que se hace con ello. La palabra democracia es un logo que reconocemos como símbolo pero no sabemos qué designa. ¿Es posible una democracia confesionalista, discriminatoria, antisemita,… que es hacia lo que tienden los ucranianos? Tristemente la respuesta es que sí, es posible. ¿Se podría adoptar una decisión como la de entrar en la UE (lo que significa ceder la soberanía económica a una potencia extranjera) porque 2 millones de personas, 3 millones,… (5 ó 10 incluso) lo piden insistentemente en la calle, pese a que el país tenga 45 millones? La respuesta también es que sí, pese a que una decisión de tal peso sólo tendría legitimidad si una mayoría amplia (es decir de dos tercios al menos) estuviese de acuerdo y lo votase en referéndum, habiéndose previamente explicado cuáles son los términos del acuerdo.

    No nos engañemos, la “democracia” que se demanda machaconamente en la Plaza de la Independencia de Kyiv, nada tiene que ver con el “democracia real ya” que se ha entonado en tantas plazas del estado español.

    Agradecimientos

    No quiero terminar sin antes dar las gracias a las personas que han leído el borrador previo de este artículo y que me proporcionaron aspectos y detalles que, sin su ayuda, habría pasado por alto. En especial al profesor Antonio Martínez López y a mi amigo Joaquín Jiménez Vaquero.

    1 József Böröcz, “Terms of Ukraine’s EUDependency”, Lefteast, 3 de diciembre de 2013,
    http://www.criticatac.ro/lefteast/ukraineeudependency/

    2 Sébastien Gobert, “L’Ukraine se dérobe à l’orbite européenne”, Le Monde Diplomatique, diciembre de 2013.

    3 Vicky Peláez, “Mano negra tras las manifestaciones en Ucrania”, Rebelión, 19 de diciembre de 2013,
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178414&titular=manonegratraslasmanifestacionesenucrania

    4 Nazanín Armanian, “La guerra del gas: de Ucrania a Siria y de EEUU a Irán”, Público, 9 de diciembre de 2013,
    http://blogs.publico.es/puntoyseguido/1184/laguerradelgasdeucraniaasiriaydeeeuuairan/

    5 Viktor Yushchenko, “Holodomor”, The Wall Street Journal, 27 de noviembre de 2007, http://www.president.gov.ua/en/news/8296.html

    6 József Böröcz, op. cit.

    7 Vicky Pélaez, op. cit.

    8 József Böröcz, op. cit.

    9 Txente Rekondo, “Una nueva crisis se asoma en Ucrania”, Rebelión, 9 de diciembre de 2013,
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=177918&titular=unanuevacrisisseasomaenucrania

    10 Charles Recknagel, “Explainer: Can Moscow Afford Its Deal With Ukraine?”, Radio Free Europe / Radio Liberty, 18 de diciembre de 2013, http://www.rferl.org/content/explainerukrainedealrussiacosts/ 25205295.html

    11 David M. Herszenhorn, “Ukraine blames I.M.F. For halt to agreements with Europe”, The New York Times, 23 de noviembre de 2013.

    12 Jon Kortazar Billelabeitia, Assier Blas et al., “Ucrania: de encrucijadas y manipulaciones”, Rebelión, 16 de diciembre de 2013,
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178219&titular=ucrania:deencrucijadasymanipulaciones

    13 Benoît Vitkine, “Ukraine: qui a décapité le Lénine de Kotovsk?” Le Monde, 26 de diciembre de 2013,
    http://www.lemonde.fr/europe/article/2013/12/26/ukrainequiadecapitelelenine_ 4340166_3214.html? xtmc=ukraine&xtcr=9

    14 Elvira Huelbes, “La oposición política ucraniana quiere
    aprovecharse del movimiento Euromaidan”, Cuarto Poder, 9 de diciembre
    de 2013,http://www.cuartopoder.es/otromilagro/laoposicionpoliticaucranianaquiereaprovecharsedelmovimientoeuromaidan/ 5888

    15 Antonio Checa Godoy, “La desrusificación de Ucrania. El papel de los medios”, IC Revista Científica de Inforación y Comunicación, nº5, Sevilla, 2008, pp. 125165,
    http://ipena44.files.wordpress.com/2013/02/12562957972_ checagodoy. pdf

    16 Ídem.

    17 Sébastien Gobert, op. cit.

    18 Alla Semenova, “Goodbye Lenin? Is Ukraine’s ‘revolution’
    proeuropean or prooligarchic?”, New Economic Perspectives, 11 de diciembre de 2013,
    http://neweconomicperspectives.org/2013/12/goodbyeleninukrainesrevolutionproeuropeanprooligarchic. html

    19 Palash Ghosh, “Svoboda: the rising spectre of neonazism in the Ukraine”, International Business Times, 27 de diciembre de 2012, http://www.ibtimes.com/svobodarisingspectreneonazismukraine974110

    20 Elvira Huelbes, op. cit.

    21 Txente Rekondo, op. cit.

    22 Alla Semenova, op. cit.

    23 David M. Herszenhorn, “Ukraine Leader Called to Resign As Anger Swells”, The New York Times, 2 de diciembre de 2013.

    24 Hélène DespicPopovic, “La révolution européenne doit avoir lieu dans nos têtes”, Libération, 29 de diciembre de 2013. Véase:
    http://www.liberation.fr/monde/2013/12/29/larevolutioneuropeennedoitavoirlieudansnostetes_ 969561 25 Jon Kortazar Billelabeitia, Assier Blas et al., op. cit.

    Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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    [Documental]: Mandela y Cuba

    08/12/2013 by Deja un comentario

    Por: Estela Bravo y Ernesto Mario Bravo

    Mandela y Fidel

    Documental dirigido en 2013 por Estela Bravo y Ernesto Mario Bravo. Mandela visitó Cuba en 1991, un año después de ser liberado de la prisión, y conoció por primera vez a Fidel Castro. Éste fue el comienzo de una estrecha amistad.

    En 1995 Mandela diría que “los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el “apartheid”… Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo”. Es un buen recordatorio para quienes ayer y todavía hoy hablan de la “invasión” cubana a Angola.

     

    Publicado en: Invitados

    Estados Unidos: Libertad de Hipocresía

    10/11/2013 by maestro Deja un comentario

    Eva Golinger/
    abogada y escritora/

    La guerra contra los periodistas y denunciantes que revelan y critican los abusos de Washington está creciendo de manera alarmante. Durante el gobierno de Barack Obama, han sido perseguidos y criminalizados más empleados públicos que denuncian injusticias y violaciones dentro del Gobierno que en todos los Gobiernos anteriores en Estados Unidos.

    Los casos más conocidos incluyen al soldado Bradley Manning, responsable por filtrar cientos de miles de documentos clasificados sobre las operaciones militares del Pentágono y la política exterior de Washington a la organización WikiLeaks. Manning ha sido convicto de espionaje y robo de documentos por haber alertado al mundo sobre los graves crímenes de lesa humanidad y las violaciones de soberanía alrededor del mundo cometidos por el Gobierno de Estados Unidos. Ahora Manning, quien ya ha pasado tres años encarcelado esperando un juicio militar bajo condiciones de tortura, tendría que enfrentar décadas en prisión por haber revelado la verdad. Un joven soldado de su patria, sacrificado por la verdad.

    El castigo y trato inhumano a Manning no impidió a que otros salieran a denunciar las graves violaciones de los derechos humanos perpetradas por Washington. Edward Snowden, exempleado de la Agencia Central de Inteligencia y la Agencia Nacional de Seguridad –dos de las agencias más secretas y clandestinas de Estados Unidos– impactó al mundo con sus revelaciones sobre el masivo aparato de espionaje del Gobierno estadounidense. Snowden, otro joven de apenas 30 años, tuvo que huir del territorio norteamericano para salvaguardar su vida. El caso de Manning y de otros denunciantes perseguidos por Obama le alertaba que un juicio justo contra alguien que enfrentaba al poder estadounidense, simplemente no era posible.

    Snowden ha sido llamado traidor hasta por el propio presidente Obama, quien dijo en sus palabras que el exempleado de la inteligencia estadounidense “no era un patriota” y “debería regresar a su país para someterse a un juicio”. No hay perdón en Estados Unidos para quienes denuncian, sin pelos en la lengua, los abusos y violaciones cometidas por “la mejor democracia del mundo”.

    La mayoría de los medios de comunicación en Estados Unidos o ignoran a Snowden y Manning o cuando no pueden ignorarlos, manipulan sus historias y los descalifican. El pobre debate en medios estadounidenses sobre estos dos valientes jóvenes se ha enfocado más en sus vidas personales que en el contenido y contexto de sus denuncias. Pocos periodistas dentro de Estados Unidos han tenido el coraje de profundizar el análisis sobre las denuncias de Snowden y Manning: el espionaje masivo de Washington que viola los derechos más básicos y sagrados de la privacidad; la complicidad de empresas de telecomunicaciones e Internet en la violación de los derechos civiles de estadounidenses y ciudadanos del mundo; graves crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por fuerzas estadounidenses en Irak, Afganistán y otros lares donde Washington agrede y asesina a inocentes sin discreción; arrogantes violaciones de soberanía de una mayoría de países del mundo a través de la política exterior de doble cara de Estados Unidos.

    Los periodistas que se han atrevido a participar en este debate y cumplir con su deber de informar sobre temas de alto interés público, han sido acosados, espiados, amenazados y perseguidos. El Gobierno de Obama monitorea ilegalmente agencias de noticias como AP, buscando claves y datos sobre las fuentes de información sensible publicada en sus reportajes, siempre información que critica a las políticas de Washington. Periodistas como James Risen del ‘New York Times’ son acosados y amenazados con prisión, sometidos a presiones para revelar sus fuentes, algo protegido en el mundo periodístico, por lo menos hasta ahora.

    Otros, como el periodista e investigador Jeremy Scahill, autor del libro sobre el grupo mercenario ‘Blackwater’ y otro, ‘Guerras Sucias’, sobre el programa de asesinatos selectivos de Obama, experimentan acoso cada vez que viajan al exterior y regresan a Estados Unidos, donde revisan todas sus pertenencias y los tratan como a sospechosos de terrorismo.

    Y los que asumen el riesgo de facilitar la publicación de los documentos y denuncias de personas como Snowden y Manning, reciben toda la furia de Washington y sus aliados. Solo hay que recordar a Julian Assange y WikiLeaks, y la guerra que el Gobierno estadounidense ha montado en su contra. Assange lleva más de un año atrapado en la embajada de Ecuador en Londres, donde recibió asilo diplomático, porque el Gobierno británico amenaza con arrestarlo apenas saque sus pies del piso ecuatoriano. Y de Londres, Assange sería eventualmente extraditado a Estados Unidos, donde ya le tienen montado un juicio pendiente y una declaración de culpable. Incluso congresistas estadounidenses han llamado a su asesinato.

    La organización WikiLeaks, un medio periodístico, ha sufrido la rabia estadounidense también. Sus finanzas han sido bloqueadas, su página web se encuentra bajo un ataque permanente en el ciberespacio y cualquier voluntario relacionado con la organización es tratado como un terrorista por las autoridades estadounidenses. De hecho, las personas vinculadas con WikiLeaks no pueden entrar a Estados Unidos sin la amenaza de detención. ¿Su crimen? Apoyar a un medio de comunicación que no se arrodilla ante los poderosos y que dice la verdad sin temblar.

    Ahora los que han reportado sobre las revelaciones de Edward Snowden son las nuevas víctimas de esta guerra contra periodistas. Glenn Greenwald, el periodista y abogado estadounidense que entrevistó a Snowden y ha escrito múltiples artículos sobre sus denuncias, vive en el exilio en Brasil. Su pareja recientemente fue detenida durante nueve horas en el aeropuerto de Londres bajo una ley de terrorismo mientras regresaba a su casa en Río de Janeiro, luego de una visita con otra periodista en Berlín. Todas sus pertenencias electrónicas fueron confiscadas por las autoridades inglesas. Fue interrogado durante nueve horas sobre Snowden, su pareja, Glenn, y los documentos y escritos que posee. Es la táctica criminal de utilizar a la familia del blanco para hacerle sufrir hasta que no aguante más y se someta a las autoridades. Es una forma de tortura psicológica.

    Y la otra periodista a la que visitó el compañero de Greenwald, Daniel Miranda, ella es Laura Poitras, premiada documentalista y periodista de investigación. Ella filmó la entrevista que Greenwald hizo con Snowden. Laura ha realizado documentales de gran escala sobre las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Uno de ellos fue nominado al premio Oscar, lo máximo en el mundo del cine. Cada vez que regresa a Estados Unidos, Laura Poitras es tratada como una sospechosa de terrorismo. No la dejan entrar a su propio país sin antes revisar todas sus pertenencias y someterla a un extenso interrogatorio. Y esto simplemente porque hace su trabajo como periodista y documentalista y muestra lo que otros temen mostrar. Ahora vive en el exilio, sin pasar mucho tiempo en un lugar. Anda en un mundo encriptado, como Assange, Snowden, Greenwald y muchos más que quieren exponer verdades, sin comprometer a sus fuentes de información.

    Los medios corporativos no están exentos del acoso de Washington y sus aliados. El editor del periódico británico ‘The Guardian’, donde trabaja Greenwald y donde ha publicado sus reportajes sobre el espionaje estadounidense, reveló que hace un mes, las autoridades inglesas entraron en sus oficinas y destruyeron computadores y discos duros con información de Edward Snowden. Si eso no es autoritario, no sé qué sería, porque de democracia no tiene nada.

    Todos estos incidentes recientes, en los que el Gobierno de Obama y sus títeres europeos agreden, acosan, amenazan y persiguen a periodistas, han sido tratados con un mínimo de interés en los medios estadounidenses y son casi invisibles dentro del debate político en Estados Unidos. Esta triste realidad me ha hecho pensar en la inmensa hipocresía de este país.

    No pude sino recordar el escándalo mundial que Washington y sus lacayos en Venezuela –grupos antichavistas financiados por agencias estadounidenses como NED y USAID– formaron cuando el Gobierno de Hugo Chávez decidió no renovar la concesión de un medio privado que transmitía a través de un canal público. Una decisión completamente legal y legítima por sí sola, sin politización –un contrato que venció, y una decisión de no renovarlo– fue explotada por todos los voceros estadounidenses, los medios de comunicación y las ONG de derechos humanos, como una manera de demostrar que Venezuela vivía una dictadura.

    Ni es de mencionar que el medio en cuestión, RCTV, estuvo abiertamente involucrado en un golpe de Estado contra el presidente Chávez en 2002 y seguía públicamente llamando al derrocamiento del jefe de Estado y a la desestabilización del país. Ahora ese espacio de transmisión se ha convertido en un canal público de cultura y deportes, con participación directa del pueblo. No obstante, desde ese momento, Washington no cesó –y aún no cesa– en sus ataques contra Venezuela por su supuesta violación de la libertad de prensa y expresión.

    Vaya, qué hipocresía. La dictadura parece estar en el seno de la Casa Blanca, desde donde con un dedo se decide la vida y la muerte de ciudadanos del mundo, y ordenan a otros Gobiernos detener, acosar y enjuiciar a cualquiera que desafía al poder estadounidense.

    Estados Unidos vive un momento muy oscuro. Los principios revolucionarios de libertad, independencia y democracia que provocaron la creación de este país, ya han sido aplastados por la sed insaciable de poder y dominación de una élite que reina con bombas, mordazas y mentiras.

    Twitter de Eva Golinger

    Detrás de la noticia, programa para RT en Español

    Eva Golinger en Facebook

    Texto completo en: http://actualidad.rt.com/expertos/eva_golinger/view/103514-estados-unidos-libertad-hipocresia

    Publicado en: Invitados

    “Sepultarnos entre la información forma parte del plan desinformativo”

    04/11/2013 by maestro Deja un comentario

    Entrevista a Pascual Serrano

    Por Carolina Fernández

    En algo más de una década el mundo de la información ha dado un vuelco de gigante. Si antes nos preocupaba la censura, ahora hemos de lidiar con el exceso. Pero cantidad no es igual a calidad. Pascual Serrano lleva años observando los cambios en los modos de comunicación, analizando su evolución, y participando en diferentes ámbitos.

    Internet ha cambiado nuestra concepción del mundo. Las redes sociales abren infinitas posibilidades de comunicación y las grandes empresas han copado los medios tradicionales. Si antes el problema era la censura hoy tenemos saturación. Pero cantidad no es calidad, información no es igual a pensamiento, igual que red social no es lo mismo que socializar ni se debe confundir lo virtual con lo real. Con este panorama ¿no es normal que andemos un poco despistados? Pascual Serrano es cofundador de la revista digital Rebelión, y miembro del consejo de administración de Mundo Obrero, El Otro País y Pueblos, donde colabora habitualmente. Además, es autor de numerosos libros que tratan de explicar el mundo de los medios y orientar al ciudadano que, en medio de tsunamis de informaciones de todo pelaje, trata de interpretar el mundo en el que vive. Una labor ardua, pero posible.

    -¿Cómo es el periodismo hoy en día? Aquel periodismo que hablaba de independencia, rigor, imparcialidad, etc. ¿es posible o hablamos de una profesión del pasado?

    -Evidentemente hay muchos periodismos, pero el más poderoso es el de grandes empresas, no empresas de comunicación, grandes emporios económicos que tienen parte de sus inversiones colocadas en medios de comunicación. De modo que ese periodismo no es otra cosa que el departamento de imagen de esas empresas: operan para mantener el modelo económico neoliberal en el que se desenvuelven, protegen la imagen de la empresa, silencian o estigmatizan a cualquier líder o movimiento que busca cambiar el modelo, etc… Eso no ocurría igual hace un siglo porque esas grupos económicos no habían puesto el ojo en los medios de comunicación. Luego están los medios públicos, las iniciativas colectivas o cooperativistas de profesionales, los medios comunitarios. El periodista se deberá reubicar en función de donde vaya a desarrollar su trabajo.

    -Solíamos entender el periodismo como un complemento de la
    democracia, un sistema de vigilancia, un “seguro”, etc. ¿Cómo están las cosas ahora?

    -También depende de qué medio estamos hablando. El periodismo -es un decir- de los medios comerciales es una vigilancia, pero para asegurarse que el modelo no cambie. En otros ámbitos, como en un periodismo cooperativo o comunitario, puede mantenerse el principio de vigilancia de los poderes. Lo que sucede es que no se trata de vigilar a los tres poderes de Montesquieu, que es a lo que hacía referencia el término Cuarto Poder con el que se calificó a la prensa. El poder que hay que vigilar y que domina a los tres y al cuarto es el económico.

    -El marco de trabajo ha cambiado mucho. La aparición de las agencias de comunicación, la generalización de los comunicados de prensa, las ruedas de prensa sin preguntas o, rizando el rizo, directamente televisadas… ¿en qué lugar deja todo esto a la profesión?

    -Es verdad que cada vez hay más intereses presionando al periodismo. Noticia ya no es lo que alguien quería que no se supiese, sino lo que alguien quiere que se sepa. Pero el problema es que triunfa porque el periodismo no cumple su responsabilidad. Veamos el ejemplo de las preguntas en las ruedas de prensa: se han indignado los periodistas por no poder hacerlas, pero es que hasta hace poco eran unos pocos medios los que tenían el oligopolio de asistir y preguntar. ¿Acaso sus preguntas representaban lo que yo quería preguntarles a los políticos? En el Parlamento también los diputados hacen preguntas al gobierno, diputados que representan a cientos de miles de ciudadanos. ¿Acaso las difundían los periodistas que monopolizaban la información? El programa televisivo “Tengo una pregunta para usted” fue un éxito porque permitía que los ciudadanos preguntaran lo que no hacían los periodistas. ¿Por qué los medios no lo repiten si tanto quieren que haya preguntas para los políticos? ¿O acaso es que lo que quieren es preguntar ellos solos? Apropiarse del discurso del político, interceptarlo.

    -Los medios tradicionales de comunicación (tv, prensa escrita) ¿siguen siendo canales válidos o los tiempos obligan a un cambio de paradigma?

    -Hubo dos cambios importantes. El primero con la aparición de los medios alternativos en internet que dejaron en evidencia lo que silenciaban esos grandes medios, lo que manipulaban y lo que mentían. Su mito se desmontó. Ahora, con las redes sociales, se produce un segundo cambio, el formato tradicional de medio con sus secciones de Nacional, Internacional, Cultura, Deporte, etc… se ha dinamitado. Y eso ha afectado a todos los medios, los tradicionales y los nuevos. La gente no va a la portada de un medio y luego a la sección que le interesa, entra a determinadas noticias a través de las redes. Eso es un cambio de paradigma tremendo, con sus consecuencias buenas y sus consecuencias malas.

    -La información que brinda un medio está condicionada por los intereses particulares de cada empresa. ¿Se puede hablar de una “desinformación” premeditada y dirigida?

    -Mi teoría es que hay dos desinformaciones. La estructural, debido al formato de brevedad, inmediatez, bajo costo, espectacularidad, etc… que impone el modelo. Y luego la intencional en base a los criterios de cada medio. La intencionalidad es lícita e inevitable, lo importante es que sea ética y honesta, que no oculte, distorsione, descontextualice o aplique dobles raseros. Y, sobre todo, que no mienta. Debemos combatir la intencionalidad ilícita y también los formatos mediáticos que desinforman.

    -¿Cómo hablamos de la responsabilidad, de la ética y similares conceptos, cuando el periodista es un asalariado temporal, pobremente pagado, etc?

    -He dicho en muchas ocasiones que en los grandes medios el periodista es como un albañil, se limita a poner ladrillos en los lugares que le han dicho y de la calidad previamente establecida. O diría más, es como el administrativo del ministerio en una dictadura. No es responsable de la dictadura, no puede derrocarla, pero forma parte de su estructura. El Sindicato de Periodistas tiene un lema acertado: Nuestra precariedad es vuestra desinformación. Es importante insistir en que en la empresa capitalista no puede haber libertad de prensa, ni ética periodística, ni deontología profesional. El único criterio que vincula al periodista es que su trabajo guste al jefe porque de otro modo lo despiden. Eso de la ética del periodista no significa nada ni tiene ningún valor en el capitalismo. No hay que censurar nada porque el periodista que dice algo que no gusta está en el paro. Mi amigo Carlos Fernández Liria se ríe de esos periodistas que dicen que en su periódico les dejan decir lo que quiera. Es que está en el periódico porque dice lo que ellos quieren, los que dirían algo que no quieren los jefes, no están en el periódico.

    -¿Qué lugar queda entonces para eso que llamamos ‘ética profesional’?

    -El periodista decente debe buscar -o compaginar- con el periodismo de la gran empresa otro tipo de periodismo comprometido con otros valores, un periodismo no comercial, más valiente. Existen medios donde hacerlo, seguramente cobrará menos o nada, quizás sea solo su blog, pero debe hacerlo. Tampoco me voy a atrever a decirle que deje su trabajo de administrativo en el ministerio de la dictadura, pero sí que fuera de su horario laboral dignifique su profesión y su trabajo. Para ello los ciudadanos también deben colaborar, deben comprender que hay que apoyar a otro periodismo. Si lo que exigen es periodismo gratis y que les regalen una vajilla o un DVD el domingo, mientras los poderes públicos lo abandonan al mercado, nunca habrá periodismo diferente con suficiente fuerza.

    -Generalizando, un ciudadano que lee la prensa a diario o ve los telediarios, considera que se ha informado de la actualidad. ¿Qué opina de eso? ¿Qué quiere decir, hoy en día, “estar bien informado”?

    -Mi tesis al inicio del libro Desinformación, era explicar que en una dictadura sabes que existe una censura y que no te puedes informar de la realidad a través de los medios. Entonces, si quieres, intentas informarte por vías más o menos clandestinas. El sistema actual es más perverso porque la gente cree que se está informando cuando enciende la televisión o compra el periódico mayoritario; y en realidad está tan desinformado y censurado como en la dictadura. Por eso el primer objetivo es desmontar el mito de que los grandes medios nos informan.

    -Paralelamente, vivimos (y sufrimos) un exceso de información. La saturación es una peculiaridad de este tiempo. ¿Cómo podemos orientarnos en semejante “océano” de noticias (parte interesadas, parte incompletas, parte silenciadas, etc)? ¿Qué referencias necesitamos?

    -Sepultarnos entre la información forma parte del plan desinformativo. Entre la mentira y el ruido nos quedamos sin conocer la verdad. Para comenzar hay que reivindicar un formato elaborado y extenso, es lo que propongo en mi libro La comunicación jibarizada. Los nuevos soportes y formatos “jibarizados” no ayudan a comprender el mundo y solo sirven a los patrones mentales dominantes por su sencillez, por eso reivindico los libros más que las columnas de 2.000 caracteres o las noticias televisivas de 20 segundos. Después hay que elegir periodistas fiables y seguirlos. Esto es como cuando eliges un mecánico de coches o un cardiólogo, debes investigar su credibilidad y quedarte en sus manos. No podemos ir a Afganistán en persona a saber lo que está sucediendo, debemos confiar en alguien.

    -…porque uno de los problemas de las redes sociales y los nuevos modos de comunicación es que todo cabe. El usuario debe hacerse un poco “periodista”, contrastar, buscar las fuentes… ¿es eso posible, no estamos pidiendo demasiado?

    -Las redes sociales que comenzaron arrebatando el oligopolio de la información a los medios y parecía que iban a democratizar el acceso a la información se han convertido en un basurero. Como en todos los basureros, puede haber joyas, pero es difícil encontrarlas. El problema es que con nuestro comportamiento en esas redes nosotros mismos colaboramos en crear basura, reenviamos cosas sin contrastar, lo llenamos de frivolidades, cotilleos, vanidades e intimidades. Pero la solución no es renunciar a las redes, debemos intentar rectificar ese comportamiento y usarlas para difundir contenidos contrastados de fuentes fiables.

    -La sutilidad y la costumbre logran que las “técnicas de
    desinformación” nos pasen muy desapercibidas. ¿Puede ponernos algún ejemplo? ¿Cómo prevenirnos?

    -Durante años y años nos decían que Hugo Chávez quería cambiar la constitución de su país para ser “presidente vitalicio”. Según la Real Academia de la Lengua, algo vitalicio quiere decir para toda la vida. La reforma constitucional que propuso Chávez era sencillamente para poder volver a presentarse como cualquier otro ciudadano, o como sucede en España.

    -La aparición en escena de los medios digitales está siendo todo un desafío para la sociedad de la información y la comunicación. De hecho pensábamos que internet iba a ser sinónimo de democracia, pero parece que no lo es tanto. ¿Se utiliza la red para coartar la libertad de expresión? ¿De qué manera?

    -El problema de la red es que todo vale, la han convertido en el mentidero de los bares, con la diferencia de que ni siquiera sabemos quién habla ni dónde está, algo que sí sabemos en el bar. Además no es verdad que todos tengamos la misma fuerza en internet, cada vez más las empresas poderosas saben como lograr más audiencias mediante formas técnicas, influencia en buscadores, pago en las redes. Es decir, hay mucho ruido, mucha mentira y la están controlando los de siempre. Eso no quiere decir que debamos renunciar, hay que pelear como hemos hecho siempre en todos los formatos y soportes.

    Nota:

    En su nuevo libro “La comunicación jibarizada. Cómo la tecnología ha cambiado nuestras mentes”, Pascual Serrano analiza de qué modo la aparición de nuevas tecnologías y nuevos soportes repercute en la calidad de la información que nos llegawww.pascualserrano.net

    Fuente original:
    http://www.revistafusion.com/201310312812/Entrevistas/Entrevistas/el-arte-de-estar-informado-pascual-serrano-periodista.htm

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    Hacia un nuevo ciclo de luchas en América Latina

    04/11/2013 by maestro Deja un comentario

    Por Raúl Zibechi //

    «Los pobres organizados en movimientos desarticularon las viejas gobernabilidades», sostiene el autor, que considera que los actuales gobiernos progresistas de la región serían incomprensibles sin aquel ciclo de luchas. Observa y presenta multitud de datos del repunte de un nuevo ciclo, centrado en la minería, los monocultivos y la especulación urbana que cree profundizará los cambios iniciados hace más de una década.

    Cada vez que los sectores populares lanzaron desafíos profundos a las clases dominantes, consiguieron modificar el escenario político, tanto a escala regional como en cada uno de los países integran la región. En la década de los sesenta y parte de los setenta, fueron demandas obreras, campesinas y estudiantiles por derechos democráticos que se defendieron con tanta intensidad que hicieron tambalear las
    estructuras de poder y se saldaron, en general, con la instalación de regímenes autoritarios alineados con Estados Unidos.

    Movimientos campesinos en Brasil, Paraguay, Perú y Bolivia;
    levantamientos obreros en Argentina (los célebres Cordobazo y Rosariazo), mineros en Bolivia y de todos los sectores populares en Chile, cuya potencia puede expresarse en un solo dato: en 1970 cerca de la mitad de la ciudad de Santiago estaba «tomada» por pobladores que autoconstruían barrios, viviendas y servicios. Algo similar sucedía en otras capitales, conformando un amplio desborde popular desde abajo que sólo pudo ser contenido con represión y muerte.

    Dos décadas después, cuando el modelo neoliberal hizo estragos entre los sectores populares y las capas medias, comenzó un nuevo ciclo que volvió a modificar el escenario político de la región, pero en sentido inverso, desgastando a los partidos tradicionales y facilitando así el acceso a los gobiernos de fuerzas progresistas y de izquierda. El punto de partida de este ciclo de protestas suele considerarse el Caracazo de febrero de 1989, el levantamiento masivo y macizo de la población de Caracas contra un paquete de alzas de precios decretado por el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez (amigo personal de Felipe González).

    El gobierno lanzó a los militares contra la población. Según las diversas fuentes masacraron entre 400 y tres mil personas, sobre todo en los cerros, los barrios más pobres de la capital. Fue el comienzo del fin del bipartidismo venezolano que despejó el camino al triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998. Luego suceden una decena de insurrecciones populares en Ecuador (donde cayeron tres presidentes), en Bolivia (dos «guerras» por el gas y una por el agua), en Argentina, Perú y Paraguay, además de importantes movilizaciones en Brasil, Chile y Uruguay. Este impresionante ciclo popular puso a la defensiva tanto a las derechas como a las burguesías aliadas de Washington y modificó el escenario político por lo menos durante una década.

    Los actuales gobiernos progresistas de la región serían
    incomprensibles sin este ciclo de luchas que desbordó las
    instituciones existentes, tanto las estatales como las políticas. Los partidos que gobiernan Bolivia, Venezuela y Ecuador, por ejemplo, no existían antes que los pobres organizados en movimientos
    desarticularan las viejas gobernabilidades. A diferencia del ciclo de los sesenta, donde se registró un fuerte protagonismo de las guerrillas y los partidos comunistas, en el de los noventa los movimientos fueron capaces de auto-organizarse en base a sus comunidades territoriales en campos y ciudades. Mientras el primer ciclo fue protagonizado por obreros, campesinos y estudiantes, en el segundo jugaron un papel destacado los indígenas y los pobres urbanos y rurales, los llamados «margi-nales» por la sociología y parte de las izquierdas.

    Ante nuestros ojos está despuntando, al parecer, un nuevo ciclo de protestas y movilizaciones. La resistencia está centrada en la minería y los monocultivos, en particular la soja, así como en la especulación urbana, o sea en los diversos modos que asume el extractivismo. Según el Observatorio de Conflictos Mineros en la región hay 197 conflictos activos por la minería que afectan a 296 comunidades. Perú y Chile, con 34 conflictos cada uno, seguidos de Brasil, México y Argentina, son los países más afectados.

    La resistencia es particularmente potente en Perú, donde el 25% del territorio fue concesionado a multinacionales mineras. La
    conflictividad hizo caer dos gabinetes del gobierno de Ollanta Humala, llevó a la militarización de varias provincias y provocó la muerte 195 activistas entre 2006 y 2011. El proyecto Conga de minería aurífera en el norteño departamento de Cajamarca, sigue paralizado por la contumaz resistencia de miles de comuneros que acampan en las lagunas para impedir su contaminación.

    La cordillera andina registra importante actividad anti-minera en Chile y Argentina. La canadiense Barrick Gold, la principal productora de oro del mundo, se vio forzada a suspender su proyecto Pascua Lama en la frontera entre Chile y Argentina, por la presión social que forzó decisiones judiciales adversas. La minería no sólo contamina sino que fuerza la construcción de mega-represas hidroeléctricas para sostener el elevado consumo de energía que requieren.

    La resistencia a la soja, el principal cultivo transgénico en la región, se está haciendo sentir con fuerza en Argentina. Primero fueron las Madres de Ituzaingó que ganaron un juicio contra
    productores y fumigadores que provocaron muertes y enfermedades en la localidad de seis mil habitantes del sur de Córdoba, rodeada de campos de soja. Un pequeño grupo de madres descubrieron que los índices de cáncer son 41 veces superiores al promedio nacional, porque el agua que consumen está contaminada con plaguicidas por las fumigaciones aéreas. El 80% de los niños de Ituzaingó tienen agroquímicos en la sangre y el 33% de las muertes son por tumores.

    Estos días Monsanto debió paralizar la construcción de una enorme planta cerca de Córdoba, donde pretende instalar 240 silos de semillas de maíz transgénico con el objetivo de llegar a 3,5 millones de hectáreas sembradas. Decenas de militantes acampan frente a las entradas de la planta en construcción y durante un mes impidieron el ingreso de camiones con amplio apoyo de la población. La cuestión ambiental está instalada en toda la región, pero lo novedoso es que ya no sólo se denuncia sino que se empiezan a conseguir victorias.

    En Chile los estudiantes y los mapuche han conseguido un amplio apoyo a sus demandas. En Colombia se registró, entre agosto y setiembre, la mayor movilización campesina en décadas contra las consecuencias del TLC con Estados Unidos. El paro agrario nacional movilizó a miles de productores de alimentos que atraviesan una profunda crisis que los está forzando a abandonar tierras y cultivos. Sus movilizaciones confluyeron con los camioneros, los pequeños y medianos mineros y con una parte de la población urbana insatisfecha, como los trabajadores de la salud y la educación.

    Finalmente, en junio estallaron las ciudades brasileñas. Luego de un intenso mes donde millones de manifestantes ocuparon las calles en 140 ciudades y consiguieron revertir los aumentos del precio del transporte en más de cien ciudades, una nueva juventud sigue en las calles demandando el derecho a la ciudad y la democratización de la vida urbana, lo que pasa por acotar la especulación y las grandes obras que demandan eventos como el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016 en Rio de Janeiro.

    Aún es pronto para saber si este ciclo incipiente se consolidará. Menos aún para detectar los rumbos que irá tomando. Lo cierto es que apunta contra las facetas más depredadoras del modelo extractivo, tanto en las áreas rurales como en las urbanas, y parece destinado a profundizar los cambios iniciados hace más de una década.

    Fuente original:
    http://gara.naiz.info/paperezkoa/20131103/430771/es/Hacia-nuevo-ciclo-luchas-America-Latina

    Publicado en: Invitados

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    Don Juan
    Don Juan

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    LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
    byjuan

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