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Invitados

“Podemos”, Sudamérica, y la república plurinacional de España

04/02/2015 by maestro Deja un comentario

Salvador Schavelzon/
Rebelión/

PODEMOS viene siendo analizado de varias formas: como dispositivo discursivo que consigue captar la atención mediática; como fuerza política que irrumpe y amenaza el bipartidismo; como partido de los indignados y producto del 15M; como aparato que trasmuta pluralismo y movilización en centralización partidaria de horizonte socialdemócrata; como combinación postmoderna de chavismo con izquierda nostálgica de formas soviéticas; como futuro para el sur de Europa con soluciones para una política asfixiada por la austeridad.

Aquí ensayaremos otra lectura, preguntándonos de qué forma se relaciona la propuesta de PODEMOS con el camino seguido por los gobiernos progresistas de la última década en América Latina. En especial, nos interesa explorar la plurinacionalidad como uno de los “significantes vacíos” que la agrupación de Pablo Iglesias moviliza cuando se trata de la cuestión soberanista catalana, y que nos remite directamente a los procesos constituyentes de Bolivia y Ecuador. De hecho, y salvando las distancias, cualquiera que compare los movimientos y posicionamientos de PODEMOS con esos procesos, estudiados o seguidos de cerca por tres de los cinco fundadores de la agrupación, no podrá evitar una sensación de deja vu. La misma no es suficiente para predecir un curso análogo, pero alcanza para tejer hipótesis que abren un paréntesis en el entusiasmo generalizado por la posibilidad del cambio.

La aparición temprana de la plurinacionalidad, como parte de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, dice mucho sobre PODEMOS, para quien la experiencia latinoamericana parece haber mostrado el camino para la creación de un instrumento electoral que apuesta por el fortalecimiento del estado-nación y despeja la movilización de nacionalidades para impulsar crecimiento con foco en lo social. Como componente de proyectos políticos que comparten esta perspectiva en el “tablero político”; la plurinacionalidad constitucionalizada en los citados países y propuesta por PODEMOS, se adapta al objetivo de disuadir proyectos de autodeterminación territorial desde la sombra del Estado de Bienestar y un llamado a la patria de todos.

Podemos resumir esta propuesta política compartida como solución estatal para temas sociales sin rupturas respecto al marco del capitalismo. En la demarcación de su espacio en el imaginario político-discursivo se opone por un lado al liberalismo y a los bancos, contra los desahucios e hipotecas del estado Español, o las privatizaciones y autonomía del Banco Central en Sudamérica. Por el otro lado, este proyecto se ubica lejos de formas de pensar lo común que no son las de lo social y que podemos asociar a la comunidad y la red, presentes cuando encontramos búsquedas de autonomía, autogestión y horizontalidad para la organización de lo común.

No es apropiado asociar PODEMOS con la socialdemocracia, a pesar de que hagan propuestas de este tipo, porque en la definición de su lugar político es fundamental la crítica a la complicidad del socialismo europeo con el anti-pueblo y los partidos de raíz conservadora o liberal. Este proyecto que amigos y enemigos describen como “populismo”, en Bolivia y Ecuador remitían al bolivarianismo de Chávez, en Chávez se aludía al peronismo de Perón, y desde el peronismo, hoy kirchnerista, las referencias mito-políticas nos llevan otra vez a Europa, pero del pasado, aunque con modulaciones importantes en cada transformación. En todos ellos, el pueblo contra la oligarquía (o el poder financiero internacional), conforma una sociedad que busca su realización desde el Estado, interpelando individuos y seguidores antes que pueblos o colectivos en movimiento.

El partido y el Estado, como formas organizadas de lo social, cortan redes y verticalizan conexiones desde una idea de lo social que prioriza cohesión a diferencia, y se dirige desde arriba a una sociedad compuesta por individuos, sello sociológico moderno compartido con el liberalismo. Desde una propuesta post-neoliberal, la llegada de gobiernos progresistas en Sudamérica o en Europa supone varias veces que el individuo rompa el aislamiento consumista y actúe unido desde el voto que en algunos casos puede sumar movilización. Pero el impasse con la sociedad que individualiza es efímero, restableciéndose rápidamente la promesa de asistencia o inclusión de sujetos concebidos como necesitados de Estado, muy lejanos de los nuevos rostros de un comando que intentará gobernar diferente pero desde el mismo lugar, con mucho de cinismo, impotencia y continuidad.

A este lugar de hegemonía y proyecto de cambio bastante específico, a pesar de su ubicuidad discursiva, se puede llegar desde muchos lugares, y es así que puede convocar mayorías. Aunque pocas voces pasen a representar luchas y deseos de muchos, esta propuesta política siempre habla desde la universalidad, como fuerza que sólo funciona como expresión de todos, y no como sector o ideología que podrá participar de coaliciones o frentes desde la parcialidad.

Aunque a este lugar se llegue desde el socialismo, el catolicismo, el progresismo liberal y el nacionalismo, desde la Epistemología del Sur, el post-obrerismo italiano e Izquierda Unida o el trotskismo del Secretariado Unificado por la IV internacional, la posición es la de un instrumento de todos los ciudadanos, de la gente, del pueblo indignado, y es desde este lugar que habla el kirchnerismo y el chavismo, Rafael Correa o Pablo Iglesias: somos el pueblo, podemos y sonreímos. PODEMOS sólo funciona como un “todos” que representa a España. Afuera sólo quedan la oligarquía, la ultraizquierda, los que rompan la unidad y los que pierdan.

Mientras más pueda crecer la agrupación y conectarse con luchas, nada estará dicho, a pesar de las tendencias, para lo que es clave cuánto tiempo de crecimiento tendrá PODEMOS antes de llegar al gobierno, cuánto la ansiedad por ganar dejará espacio para construir desde abajo. Pero por ahora observamos que la formalización de PODEMOS como partido de autoridades que deciden en el día a día y votantes esporádicos sobre cuestiones secundarias o candidatos señalados por el líder, dejó perplejos a protagonistas de las calles del momento anterior.

El modo de crecimiento de la organización planteado fue el de seguidores que delegan y autoridades que prevalecen a cuerpos y diferencias que se involucran y conectan desde la horizontalidad. Veremos también si esta es una crítica injusta y testimonial, que desconoce las tareas pesadas exigidas para el cambio, o si realmente así se pierde una oportunidad única para construir formas nuevas en un momento en que los contornos de las instituciones modernas están más a la intemperie y cada vez con menos legitimidad.

Para colectivos urbanos, inmigrantes, mujeres, desconectados precarios sin papeles, o pueblos soberanos que como indígenas y movimientos horizontales latinoamericanos no conciben la participación política como sociedad de individuos y ciudadanos de la nación que delegan en el Estado y el partido, el vector político de cambio propuesto por PODEMOS renunciaba demasiado rápido a explorar todo el alcance de su vuelo. Mientras, el cierre sin fisuras sobre un comando político blindado y la patria española como referencia identitaria –aunque justificado como estrategia, tal cual en el progresismo latinoamericano– para algunos es demasiado parecido a lo que se debería transformar.

En una Europa que conoció los problemas del nacionalismo y ve recrudecer actualmente los conflictos étnicos y civilizacionales, se entiende el lugar de una izquierda laica, moderna y republicana que busque alejarse de movimientos que considera desvíos de la política social y de extensión o defensa del Estado de Bienestar, concebidos como prioritarios. Desde una Europa de diferencias, sin embargo, los límites de la república y de lo que representa Europa, con su socialdemocracia totalmente cooptada por el capital, el proyecto iluminista fracasado como acompañante inseparable de la violencia colonialista, y una modernidad que en su extremos muestra su lado más oscurantista, están tan a la vista como la continuidad republicana del colonialismo en los Andes sudamericanos.

Es en este sentido que desde una propuesta españolista y social, aunque sea republicana, plurinacional y anti monárquica, parece haber muy poco del sentido común nacido en las plazas ocupadas en 2011. Volviendo a América Latina, se remite menos a las luchas indígenas y populares contra el neoliberalismo que a su termidor desarrollista multicultural. Es este el aprendizaje de los fundadores de PODEMOS en América Latina, como proyecto social que absorbió la plurinacionalidad y la modificó al modo del liberalismo que reduce la diferencia y autonomía al relativismo cultural, y del nacionalismo que concibe al Estado como instrumento central para organizar la vida y la comunidad.

La pérdida de ambigüedad de los gobiernos sudamericanos

Los gobiernos sudamericanos de la última década traen algunas claves de lectura posibles para la propuesta política de PODEMOS, no solamente por motivos biográficos de sus fundadores. La experiencia política de gobiernos que desplazaron bipartidismos y partidocracias, que surgen después de importantes movilizaciones anti-neoliberales, ofrecen un punto de vista que ayuda a imaginar un gobierno europeo de carácter “popular”. Más que ejemplos concretos a seguir, tales gobiernos ofrecen un punto de vista y una “narrativa” que ya probó su eficacia como dispositivo para imponerse electoralmente desde la reivindicación de lo social frente a bancos y recortes antipopulares.

Esta narrativa política sirve como demostración de que, después de dictaduras y años de movilización en las calles y plazas, es posible – y que “sí se puede”– tener gobiernos surgidos de luchas sociales, el voto crítico o la indignación popular. Estos gobiernos lograron consolidarse políticamente conduciendo periodos de crecimiento macroeconómico sostenido posterior a fuertes momentos de crisis. En el terreno electoral, se encontraron fórmulas para conseguir apoyos electorales que superaron el 50% en sucesivas contiendas.

Lejos de una demagogia meramente electoralista que liberales asustados denuncian en PODEMOS, la disputa mediática se extendió más allá de las elecciones con diversas medidas que permitieron a los gobiernos antagonizar con el pasado, la elite y las oligarquías partidarias contrarias a los intereses de la “patria”. Sin necesidad de cambios estructurales que interfieran la dinámica de la distribución de renta y la relación con el mercado, la narrativa popular alcanza para sostener gobiernos y abrir algunos frentes de batalla. En Venezuela, Argentina, Ecuador y Bolivia, la polarización con quienes se oponen a los intereses del pueblo excedió el tiempo electoral, a pesar de que también es claro que las alianzas para gobernar sugieren transversalidad con los poderes de siempre, antes que antagonismo.

Es notorio el aire de familia entre los gobiernos progresistas sudamericanos que se erigieron dejando atrás épocas de “ajuste neoliberal”, y la propuesta de PODEMOS –y Syriza– en una Europa comprometida con la austeridad. Desde ese lugar, los diversos gobiernos encontraron espacio político para enfrentarse al poder financiero y los fondos “buitre”, recuperar algo de protagonismo para el Estado y combatir la pobreza, principalmente extrema. Desde una distinta realidad, sin duda hay una misma posición de sujeto en el punto de vista que de Chávez a Mujica resuenan cuando PODEMOS propone caminos políticos y marcos constitucionales para un cambio que sin embargo no rompería con España, la Unión Europea y el Euro, el capitalismo y, seguramente, la OTAN.

Debemos notar que el celebrable diálogo que PODEMOS en su fase ascendente entabla con la política latinoamericana, no siempre toma nota de los callejones sin salida encontrados por procesos que derivaron en excesivos pactos con el pasado, aceptación de sectores de la vieja política que nunca se fueron y tolerancia con lastres inesperados que impusieron distancia con movimientos y antiguos aliados. Una debilidad congénita para atacar privilegios e injusticias antes denunciadas, se mostraría estructural para gobiernos sostenidos con acuerdos de gobernabilidad presentados como necesarias, y consensos conservadores en el manejo de la explotación de recursos y expansión capitalista en el campo, con graves consecuencias ecológicas y de preservación sobre territorios.

A contramano del sentido común de la izquierda libertaria contemporánea e imaginarios post ´68, y quizás por eso como un contrapunto que funciona en las tertulias televisivas contra la derecha conservadora y el régimen del ´78, PODEMOS buscaría reconstruir y disputar una identidad homogénea del pueblo unitario. Ciudadanos que apoyan desde casa y encuentran nuevos representantes para substituir a los desgastados, aparecen así como la contracara de asambleas y redes sin centro, al que sólo cierta lectura despistada califica de ineficaces y sin efectos, como si el escenario actual no se debiera a la magnitud de aquello.

Como dice Juan Carlos Monedero, los procesos latinoamericanos ayudaron a PODEMOS para aprender y no repetir errores, y menciona que el Que Se Vayan Todos del 2001, como otras revueltas, los alertó de que es necesario una alternativa con capacidad de hacer gobierno y no solamente impugnar [2]. Movimientos de protesta, asambleas y ocupaciones del espacio público se reconocen meramente como antecedente primitivo y mitologizado que necesariamente deberá dar lugar a una institucionalización en que todos participen, pero desde los teléfonos móviles, mientras “los más preparados”, como propone Iglesias, sean convocados por el partido para gobernar.

Es el Estado donde necesariamente deben dirigirse todos los esfuerzos, en esta mirada, como catalizador de impulsos inmaduros de un momento de protestar que se decreta terminado. Disparando un deja vu aún antes de acceder a ningún gobierno, vemos esta discusión cuando PODEMOS opone “ganar” a “protestar”, en la propuesta que en enero de 2015 hizo Carolina Bescansa como parte de un debate en la interna de Madrid, pero que en Sudamérica ya llevó a la cárcel a activistas y líderes indígenas en Brasil y Ecuador, sólo por protestar contra los gobiernos que antes eran aliados. El mismo juicio se adivina en la frase de que “si no les gusta armen un partido y ganen las elecciones”, con la que ahora también gobiernos progresistas desafían movilizaciones contra medidas que afectan el bolsillo o formas de vida en territorios.

La conducción de PODEMOS, que buscan hacer exactamente lo que líderes como Lula da Silva o Rafael Correa le proponen a sus críticos –formar un partido y ganar– piensa parecido cuando enfrenta “eficacia” de cara a las elecciones, frente a democracia interna y el pluralismo que la propia fuerza política convocó. El debate que acompañó la Asamblea Ciudadana de Vista Alegre cuando se conformaba la organización tuvo a Pablo Iglesias anunciando en este sentido que se echaría a un lado si no obtenía la mayoría, pero que si ganaba quería listas completas en todos los puestos de autoridad partidaria, como medida necesaria para ganar. Aunque también buscaría integrar con su gente los Consejos Ciudadanos de las comunidades donde otras listas tenían chance de rivalizar.

Es mérito de PODEMOS mencionar los procesos latinoamericanos como inspiración distante, aunque no modelo, rompiendo con la geopolítica colonial del conocimiento donde suele ser más común que los países del sur sean contra-ejemplo y los de Europa modelo a imitar como justificación de cualquier medida o reforma. La presencia de muchos hoy cuadros de PODEMOS en América Latina y otros lugares, sin embargo, es muchas veces explicada por ellos mismos menos como intercambio productivo y vital, y más como necesidad de salir del país obligada por la crisis ante la falta de oportunidades. En varias presentaciones que asistimos entre los que corrieron para postularse en alguno de los cargos del nuevo partido, se trata de héroes que salieron por la crisis y volvieron por la patria, entidad esta siempre útil y recordada cuando se busca acceder al gobierno, mandar a la guerra o a trabajar.

Sudamérica ofrece a Europa, sin dudas, un rico repertorio de negociaciones soberanas de deudas ilegítimas y políticas puntuales, pero también un problema político no resuelto en la tolerancia con la deforestación ilegal en la Amazonia, el extractivismo contaminante en los Andes y el avance depredador de la frontera agrícola para monocultivos transgénicos rentables, con sus consecuencias irreversibles, ya causantes de sequías e inundaciones producto del uso descontrolado de recursos, tenido como fundamental para sostener políticas sociales y mantener en alto el crecimiento y consumo. Estos temas no pueden ser abordados como abusos corregibles en una versión mejorada y se trata más bien de componentes inseparables de modelos económicos y proyectos políticos en cuestión, donde PODEMOS parece integrarse, a juzgar por posicionamientos pasados de sus fundadores y propuestas actuales en los nuevos debates.

Como todo deja vu que devuelve un pasado siempre ubicuo e incompleto, el lugar desde donde leer PODEMOS en América del Sur es disputado e inestable. Un primer impulso que lleva a los años 90, con el auge y caída de presidentes neoliberales, y líderes campesinos como Evo Morales, populares como Chávez o ciudadanos cercanos a la gente, como Chacho Álvarez, que impulsaban sus partidos con diferentes suertes pero enemigos similares. Aunque los gobiernos progresistas que se consolidarían en los 2000 mantendrían aire electoral hasta el presente; en Sudamérica también se evoca a PODEMOS en la búsqueda de nueva fuerza política cuando vuelve la protesta y el neoliberalismo muestra continuidad.

Se asiste en América Latina un nuevo ciclo de movilizaciones por la vida, el común y el territorio, en metrópolis y comunidades, con movimientos sociales o participación electoral, pero por caminos políticos donde el objetivo no es la construcción de una hegemonía que conduce un nuevo Estado, o la acumulación de fuerza electoral para el desplazamiento de partidos antipopulares, aunque estas luchas no se opongan a ello. Desde este lugar, que no es el de la nostalgia de movilizaciones pasadas ni de un anarquismo que impugnaría cualquier institucionalización, la irrupción de PODEMOS parece tan ajena como podrá ser para todo aquel que no considere terminadas las formas colectivas que reverberaron en el 15M, o la búsqueda de cambio social junto al de la autodeterminación.

La significancia vacía confunde al soberanismo catalán que califica a PODEMOS de nuevo caballo de troya madrileño del españolismo, pero también como posible mejor interlocución imaginable en la cabeza del estado español. La ambigüedad también muestra al nuevo partido tanto producto del 15M, como su traición y antagonista. Si en efecto la posición de sujeto afín a los gobiernos sudamericanos se constituye en un gobierno español muchas dudas serían rápidamente disipadas. Como allí ha ocurrido, sin embargo, la capacidad de representar una esperanza, polarizar con el neoliberalismo pero gobernar junto al mismo, podrá mantenerse. De cualquier modo, las inquietudes de calles y movimientos ya pueden ser enunciadas, como hace Uli Brand acerca de Syriza y Europa en general.

En los comentarios, se repite una y otra vez la cantaleta pálida del necesario “crecimiento”. Pero, ¿qué significa eso concretamente? Concretamente ¿qué tipo de empleos se generan o se conservan? ¿Estamos hablando de empleos en la industria de armamento, o en una industria productiva lo más sostenible posible? ¿Del trabajo de peones mal pagados/as en la agroindustria, o de trabajadores/as con empleo digno en la producción ecológica de alimentos? ¿Y quiénes deciden sobre las inversiones que deben llevarnos al crecimiento? Fondos de alto riesgo privados en busca del mayor rédito posible, o empresarios/as responsables, o incluso la población mediante mecanismos y procedimientos de democracia económica? [3].

PODEMOS y la Plurinacionalidad

En su discurso en Barcelona, cerrando el espléndido año de 2014 para su recién creada agrupación, Pablo Iglesias habló de respetar el derecho de los catalanes a decidir sobre su futuro. Algo básico desde el punto de vista de la izquierda universitaria que simpatizó con movimientos globales y latinoamericanos, pero inédito para un partido nacido en Madrid que tiene posibilidades de obtener la presidencia del gobierno. Eso si, Pablo Iglesias aclaró en Barcelona que para que haya derecho a decidir habría que decidir también sobre la economía y otros asuntos. Cualquier decisión vinculada a soberanía, para PODEMOS, debe supeditarse a la apertura de un proceso constituyente general.

Luego de asumir el cargo de secretario general, en el teatro Apolo de Madrid el 15 de noviembre de 2014, Pablo Iglesias fue claro al detallar que lo que PODEMOS está de acuerdo en consultar a los catalanes es la "relación jurídica que quieren tener con el resto del Estado". Pablo Iglesias no ha ocultado, en diversas declaraciones, que le gustaría que los catalanes “no se fueran” y “se queden con nosotros”, pero su posición no es la de Rajoy. En Barcelona habló de la necesidad de “tender puentes en vez de elevar muros”. La traducción de estos deseos en términos de estructura del Estado tiene que ver con el reconocimiento de que “España es un país de naciones” y la propuesta de que “podamos construir un futuro plurinacional juntos”, agregó en el mismo acto del 21 de diciembre en Barcelona.

El objetivo de Iglesias no es incorporar los sectores soberanistas de las comunidades que cuentan con fuertes movimientos independentistas. Las encuestas muestran que PODEMOS no cuaja entre ellas y sí, más bien, entre los votantes desencantados de los partidos españoles, y entre nuevos votantes no entusiasmados con la lucha por la autodeterminación nacional. De lo que se trata es de encontrar una salida al desafío catalán que permita dispersar un nacionalismo que desde la perspectiva de izquierda o social no es juzgado como auténtico o esencial. En lugar de confrontar con el soberanismo, se propone un modelo de Estado que lo contemple sin perder el comando estatal que se requiere para efectuar cambios sociales.

Después de que Cataluña fuera la comunidad con los peores resultados para PODEMOS en las elecciones para el parlamento europeo, el partido parece haber encontrado la forma de utilizar la movilización soberanista a su favor, tanto en la impulsión de un proceso constituyente más amplio, como en el desvío del descontento catalán para otro tipo de salida. Íñigo Errejón definió que “ Para nosotros, España es un país plurinacional, en el cual el pegamento debe ser el libre acuerdo y la seducción” [4] . Seducir significa lograr que los catalanes se queden, atrayendo un número suficiente de seguidores para concretar cambios en el estado español.

Las encuestas dicen dos cosas interesantes para PODEMOS. Una es que su avance en Cataluña coincide con el retroceso del independentismo. En la medición de diciembre de 2014, mientras PODEMOS se convertía en un actor de peso también para la política catalana, se registraba por primera vez desde el inicio de las movilizaciones soberanistas que el no se imponía sobre el sí [5]. El otro dato que seguramente fue valorado por PODEMOS para proponer la solución plurinacional, fue que en las mediciones de julio del 2014 ni el sí ni el no a la soberanía plena se imponían cuando se incluía una “tercera vía” por la cual se aumentaban las competencias sin necesidad de una ruptura secesionista [6]. Estos votantes, cerca de un tercio del electorado, es el que interesa a PODEMOS para sumar nacionalmente y para impulsar una plurinacionalidad en la que un buen número de catalanes se vean reflejados, rompiendo la alianza soberana popular y neoliberal.

Para que a esta propuesta le vaya bien en lo político electoral, terreno preferido en el análisis estratégico de PODEMOS, es clave que la narrativa de lo social llegue al “cinturón rojo” de Barcelona, uno de los focos de Pablo Iglesias en su discurso de diciembre, mientras asociaba casta española con la catalana, y criticaba el abrazo de Artur Mas (de CiU) con David Fernández (de la CUP), símbolo del encuentro coyuntural del soberanismo popular con el de la casta neoliberal. El cinturón industrial del área metropolitana de Barcelona podría así ser clave, y eso descubre PODEMOS mientras parece remplazar en su bastión al Partido Socialista Catalán, desde donde no es casual que también se hable del Estado Plurinacional, como estrategia en el debate soberanista.

Gemma Ubasart, secretaria de Plurinacionalidad del consejo estatal de PODEMOS, ex colaboradora de la Tuerka y que como investigadora postdoctoral también pasó por Ecuador, da la clave de cuál será el camino de la seducción. Como candidata a secretaria general de la agrupación en Catalunya, resume su visión bien lejos del soberanismo: "Tenemos un importante desafío por delante, construir un país de cohesión y bienestar para todos, y libre de corrupción" [7]. Desde un modelo más multicultural que confederado y autodeterminativo, la tendencia parece ser la de apostar por una consulta al pueblo catalán en la que una mayoría soberanista no se imponga, canalizando deseos de soberanía en una forma que permita mantener el carácter unitario del Estado, desde donde efectuar cambios o candados de tipo social, tal cual asistimos en Bolivia y Ecuador.

Boaventura de Sousa Santos, de cuyo equipo forma parte Juan Carlos Monedero y a quien este se refiere como su maestro, escribió mucho sobre la plurinacionalidad latinoamericana, destacándola como parte de un nuevo constitucionalismo experimental y postcolonial que permite superar las formas modernas en países con más de una nación, y que incluso fue mencionado por el sociólogo portugués como posible solución para palestinos y judíos en un nuevo Estado secular compartido [8]. Esta propuesta de estructura del Estado es adoptada por el movimiento indígena en Bolivia y Ecuador como camino para acceder a una autonomía territorial pero se concretó constitucionalmente de forma abierta e indefinida.

La Plurinacionalidad aparece entonces como el significante vacío que puede permitirle a PODEMOS repartir las cartas en un eventual proceso constituyente que lo tenga como protagonista, sin recurrir al federalismo, propuesto por el PSOE y desacreditado por el probado centralismo de viejo tipo de este mismo, y sin definir todavía cuánto se cedería en concreto de soberanía y autodeterminación. El punto de partida abierto, queda claro en esta entrevista a Pablo Iglesias donde lo indefinido de su propuesta, ciertamente, no deja de ceder ante el privilegio de lo social:

-P. ¿Qué modelo territorial defenderá en Cataluña?

-R. Hemos dicho siempre que España es una realidad plurinacional y hay que atender a esa plurinacionalidad para cualquier encaje jurídico.

-P. ¿Pero en qué se concreta ese modelo? ¿En un Estado federal o en uno más centralizado que elimine competencias?

-R. Pongamos encima de la mesa en un proceso constituyente todas las opciones y veamos cuál es más eficaz para asegurar los instrumentos soberanos. A mí lo que me importa es que haya una sanidad pública para todos, que se esté atendiendo en catalán, en euskera, en galego o en castellano para mí es una cuestión secundaria [9].

El deseo de autonomía y descolonización no es considerada por los pueblos indígenas ni por ninguna nación que se entienda como tal como una cuestión secundaria que sería abordada después de solucionar, desde el Estado, la cuestión social. En el proceso boliviano, la lengua y el territorio, inseparables de formas comunitarias de justicia y democracia, formarían parte de reivindicaciones que se busca que avancen a la par de las demandas sociales y de soberanía nacional o popular, sin jerarquización y con pleno reconocimiento. Esta mirada política que nace en el indianismo del altiplano e inspiró la nueva Constitución de Bolivia fue descrita como de “los dos ojos”, como el avance siempre inseparable contra la discriminación étnica y la opresión de clase.

La articulación de demandas de autodeterminación con derechos sociales puede resultar familiar desde una posición como la de la izquierda abertzale en Euskadi, y algunas voces embarcadas en el soberanismo catalán. Así vemos que desde el periódico Gara de Euskal Herria, el investigador alemán Raúl Zelik manifiesta entusiasmo por PODEMOS pero también cautela, cuando escribe: “La ruptura con la continuidad franquista tiene diferentes dimensiones: el tema de las naciones periféricas no urge menos que las exigencias sociales y democratizadoras de la izquierda estatal” [10].

Podría pensarse que junto a la posición de sujeto que vemos en los gobiernos progresistas y en PODEMOS, la de los pueblos indígenas sudamericanos se encontraría con los que no se ven parte de un proyecto de patria española con cohesión y bienestar. No se trata de igualar deseos de autodeterminación de pueblos indígenas y europeos sin Estado, pero encontramos algo en común cuando frente a ellos, en la narrativa de PODEMOS o en los gobiernos latinoamericanos, encontramos el mismo modelo de desarrollo desde el Estado nación. Por otra parte, debe precisarse que en los procesos de Ecuador y Bolivia los procesos constituyentes se abrieron y llevaron adelante a partir de una alianza entre organizaciones sociales e indígenas con los nuevos gobiernos. Fue a partir de 2008 y 2009, en reiterados conflictos en que el modelo político y económico era puesto en cuestión, que unos y otros siguieron distinto camino.

Como podrá pasar en España si hay sectores soberanistas que se embarcan en la propuesta de PODEMOS, hoy en los países que incorporaron este modelo, lo plurinacional es disputado desde el Estado y también desde la oposición que continúa en su búsqueda de autonomía, no más en complicidad con gobiernos que hoy ve distantes en la defensa de una plurinacionalidad vacía. El escenario es probable si pensamos que PODEMOS necesita de las comunidades para abrir un procesos constituyente formal, y que a estas puede venirle bien un gobierno que se mostraría más abierto a negociar una consulta como Escocia o Quebec en Canadá.

El PODEMOS que surge como deja vu de los procesos sudamericanos de la última década, es el del alejamiento de demandas descolonizadoras y de autodeterminación, en la renuncia de la búsquedas de alternativas al desarrollo, que construyen una nueva institucionalidad post-republicana y anti-liberal desde la comunidad, las calles o el debate constitucional. La multiplicidad de lo minoritario que el pluralismo iría a expresar, se reduce a un problema de asistencia social para los que no son diferentes sino iguales, carentes antes que singulares, en una concepción que sólo puede derivar en más Estado y menos plurinacionalidad.

La Plurinacionalidad en Bolivia

El proceso constituyente boliviano vivió una situación política marcada por la reconducción del reclamo de autonomía de regiones, pueblos y naciones desde una narrativa política que ponía énfasis en la intervención económica con foco en lo social. Lo esencial podrá ser la economía y los derechos, dirán algunos, pero en Bolivia se vio la fuerza con que reclamos regionalistas por autonomía (o vuelta de los poderes de gobierno, en el caso de Sucre, la capital constitucional) pueden tanto abrir como hacer naufragar una Asamblea Constituyente y un proceso de cambios.

En un relato adoptado por PODEMOS, el intelectual y académico vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, analiza la llegada al gobierno de Evo Morales y el MAS [11], como la transformación de una mayoría social en una mayoría política. La gente común, de rostro indígena, llegaba en 2006 al palacio de gobierno, con nuevos gestos y modos, como incluso Europa fue testigo cuando en su primer gira internacional, fue sensación la “chompa” de Evo Morales, de forma similar a símbolos políticos poderosos como la “coleta” de Pablo Iglesias, las sandalias de Mujica, y la “sencillez” del papa Francisco cuando telefonea a una monja o se detiene a conversar con los guardias.

Los gestos pueden transformarse en medidas políticas, y Evo Morales hizo eso no tanto con la incorporación de la plurinacionalidad, que en la práctica no modificó la institucionalidad ni el pacto territorial del país, sino con un decreto que modificó la relación con las empresas extranjeras de hidrocarburos de forma favorable para Bolivia, atendiendo una demanda que surge de la movilización popular que destituyó un presidente en 2003, y en la que ya habían avanzado los movimientos con presión al parlamento. Lo mismo sería la esperada reversión de la reforma al artículo 135 de la constitución española, pactada por el PP y el PSOE en 2011, por el cual se blinda la austeridad, y cuya reforma deberá ser acompañada de medidas destinadas a la situación de la vivienda y la salud pública.

El dato crucial, en el curso del proceso constituyente boliviano, es que para garantizar la continuidad de Evo Morales y sus políticas sociales, fue necesario articular la propuesta que se tradujo constitucionalmente como “Estado Plurinacional, Unitario, Social, de Derecho y con autonomías”. El modelo autonómico era inspirado en el modelo español, destinado a contemplar el reclamo de movilizaciones regionales que amenazaban el gobierno central, una vez que las movilizaciones indígenas habían posibilitado el ascenso del presidente campesino indígena.

Para aprobar la constitución y viabilizar el gobierno, fue necesario desarticular las demandas autonomistas del oriente del país, curiosamente defendidas a nivel nacional por una “agrupación ciudadana” también llamada PODEMOS (“Poder Democrático y Social”, liderada por Tuto Quiroga), aunque en este caso era inocultable la asociación de sus líderes con la vieja “casta” colonial anti-indígena, derivada de partidos reciclados de la dictadura y que hasta entonces siempre habían gobernado. Es muy probable que, desde Madrid, los fundadores de PODEMOS asocien estos sectores autonomistas con la variante neoliberal del soberanismo, encabezando movilizaciones especialmente en Cataluña.

En el movimiento que buscaba neutralizar las demandas de autonomía desde la región más rica del país, el MAS también se iría alejando de proyectos de autonomía indígena y campesina, justicia y democracia comunitaria, territorialidad colectiva para pueblos, que en el auge de la disputa con las regiones acompañó con su apoyo, incluso como forma de debilitar los regionalismos desde demandas indígena de autonomía contra elites de los departamentos y provincias.

Si podemos asociar el desafío separatista y autonomista de la Media Luna en Bolivia con el soberanismo vasco y catalán; una diferencia entre el MAS de Evo Morales y PODEMOS de España, es que el primero tenía de su lado las luchas descolonizadoras y autodeterminativas de las naciones indígenas, fundamento esencial de la plurinacionalidad. Las mismas se mantendrían fieles hasta la aprobación de la constitución, cuando diferencias en el bloque popular se volverían irreconciliables. Frente a PODEMOS las demandas de autodeterminación ven su surgimiento con desconfianza, por tanto en un acercamiento de las dos situaciones debe mirarse primeramente la hostilidad de la Media Luna y, en segundo lugar, el momento de quiebre de la alianza entre el gobierno y los indígenas, posterior a la aprobación de la nueva Constitución.

Corrían los años de 2006, 2007 y 2008, y Pablo Iglesias publicaba (organizado junto a Espasaldín López) el libro “Bolivia en Movimiento. Acción colectiva y Poder Político”, mientras otros futuros miembros de PODEMOS asesoraban los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. La oposición a Evo Morales fundamentaba su propuesta de autonomías con asesoramiento de políticos catalanes asociados al partido socialista, imitando también el proyecto de Estatuto que desafiando al gobierno central, fue aprobado por la población de estas regiones en referéndum que se proponía como vinculante.

En su formulación teórico-política ligada a los procesos constituyentes de Bolivia y Ecuador, el constitucionalismo plurinacional no sólo superaría el multiculturalismo sino que se diferenciaría del constitucionalismo social, de inspiración nacionalista o boliviariana; así como del constitucionalismo liberal, aunque combinara algunos de sus trazos e incorporara varios de sus elementos. Lo rico de estas propuestas eran su capacidad de articulación de horizontes, sin que lo social y lo nacional eclipsaran todavía lo autodeterminativo indígena.

Lo que diferenciaba lo plurinacional de otros constitucionalismos era la introducción de un vector comunitario, descolonizador y de autonomía indígena campesina. Estos elementos permitían un guiño del proceso boliviano con el neozapatismo de Chiapas y no sólo con el bolivarianismo de Chávez, con su énfasis en el Estado y el presidencialismo de líder centralizador. La propuesta del Pacto de Unidad, reflejaba las visiones de organizaciones campesinas e indígenas de las tierras altas y bajas del país. De ahí surgía un modelo de Estado que tenía mucho de no estatal, reconociendo las formas tradicionales de gobierno y justicia, así como todas las lenguas indígenas como oficiales en todo el territorio nacional y no sólo en las regiones donde se hablan [12].

En las luchas que precedieron la Asamblea Constituyente, y en la defensa por parte de las organizaciones indígenas e intelectuales cercanos a ellas, lo plurinacional avanzaba también de la mano del “Vivir Bien” (en español de Bolivia), “Suma Qamaña” (en aymara) o “Buen Vivir” (en Perú y Ecuador) y “Suma Kawsay” (en quechua) como alternativa al desarrollo en construcción que buscaba formas de vida inspiradas en lo comunitario y a tono con críticas hacia el capitalismo industrial y el desarrollo modernizante “desde arriba”. En Bolivia significaría la introducción de la Pachamama como parte del mundo común, mientras en Ecuador se introducía en la constitución derechos de la naturaleza que buscaban romper con la concepción antropocéntrica y pasiva sobre el medio ambiente.

Más que en el desarrollo de estas discusiones, el recurso de lo plurinacional por parte de PODEMOS parte de un desplazamiento de sentido ocurrido en el periodo post-constituyente, notorio en el gobierno de Bolivia y del Ecuador, aunque en este último país el mismo tuvo una relevancia constitucional menor. Una vez los gobiernos afianzados en el poder, y al mismo tiempo en que la agenda del desarrollo y la explotación extractivista daba lugar a importantes conflictos territoriales entre el gobierno y pueblos indígenas, el término plurinacional comenzó a separarse de la cuestión indígena, refiriéndose más bien a ideas como inclusión e igualdad de oportunidades. En simultaneo, la forma movimiento del MAS, cedía ante un gobierno que se autonomizaba en la toma de decisiones y se imponía como cabeza conductora que centralizaba todo en el jefe de Estado, del partido y de los sindicatos de productores de hoja de coca.

En un proceso constituyente disputado, la inclusión de la plurinacionalidad en la caracterización del Estado boliviano, no había sido acompañada del desarrollo de instituciones o formas estatales correspondientes. Esta relectura que le quita a la plurinacional su fuerza de lucha étnica y de autonomía, fue la que permitió encontrar la llave del proceso, para enhebrar un consenso con sectores internos a los “procesos de cambio” pero ajenos al proyecto histórico de descolonización y gobierno indígena del país; así como para destrabar en la Asamblea Constituyente y el Congreso, en Bolivia, la difícil mayoría calificada cuya llave estaba en manos de la oposición.

El resultado de un acuerdo que tardó tiempo y disputa en las calles hasta llegar, permitió aislar las demandas autonomistas y encauzar el proceso para las transformaciones económicas y la defensa de un desarrollo que buscara un “salto industrial”, en palabras del vicepresidente García Linera, que invitó a Pablo Iglesias como conferenciante en Bolivia poco después de su triunfo en las europeas, además de haber incluido una charla en la Universidad Complutense como parte de una gira oficial por Europa, aún antes de que las elecciones europeas de mayo proyectaran a PODEMOS como voz de la política europea.

Por detrás de la imagen de un gobierno indígena y comunitario, emergería en Bolivia una identidad política que se acerca más al nacionalismo y lo popular. Observadores como Pablo Stefanoni y Fernando Molina describieron este perfil, mientras que García Linera preferiría hacer énfasis en el indianismo y el evismo. Estas identidades entran en la disputa de significados donde está en juego la definición de lo indígena, fluctuante en los censos y que desde el gobierno tendía a definirse de forma genérica y remitiendo a lo popular, recordando la vieja imagen nacionalista del mestizaje (como identidad nacional propuesta desde el Estado), y dejando de lado la singularidad étnica y búsqueda de autonomía, importante en proyectos de reconstrucción de las formas originarias que fueron marginalizados en el proyecto oficial.

La identidad de izquierda, con sus símbolos y palabras de orden también saldrían del lenguaje político cotidiano en Bolivia, de forma parecida a cómo PODEMOS entra en el juego electoral en enero de 2014. En términos constitucionales, una plurinacionalidad construida al margen de los proyectos de los pueblos que buscaban nuevas institucionalidades desde sus territorios, formas de representación parlamentaria colectiva, y que también participaron de la Asamblea Constituyente y se movilizaron por ella, permitiría concretar la refundación del Estado manteniendo un modelo centralizado que era visto como necesario para evitar el desmembramiento trágico en la historia del país, y también para garantizar las políticas sociales e ingresos estatales por explotación de recursos naturales.

Con el significante vacío de la plurinacionalidad y el vivir bien, se neutralizaba incluso el recurso a un modelo federal. La viabilidad política de este modelo era difícil de garantizar en un contexto en que se presionaba para que el Estado central cediera el control de los hidrocarburos y otros recursos, en un momento de expansión económica y precios de commodities en alta, base para las políticas sociales, aumento de reservas y estabilización de la moneda, además de concretar la participación estatal en la economía. La capacidad del concepto Plurinacional para la realidad española parece ser justamente su flexibilidad, con el poder de connotar autodeterminación y respeto a naciones igualitarias, pero también unitarismo y menos descentralización. Falta saber aún si la reforma tributaria podrá hacer en el estado español las veces de los yacimientos de hidrocarburos, la soja y la minería en América del Sur. Pero esta claro que la plurinacionalidad se presta sin dudas a ser el pegamento de un país indiviso que reconozca distintas soberanías.

Lo que el MAS de Evo Morales consiguió en Bolivia fue lo que Pablo Iglesias parece necesitar, ya que no quiere que los catalanes dejen España, y su agenda definitivamente apunta a las fisuras de lo social. En Bolivia fue esa la transformación del concepto Plurinacional, después de un accidentado proceso constituyente donde era frecuente escuchar hablar de guerra civil, donde las regiones opositoras declararon la autonomía de facto y donde, después de una matanza de indígenas en Pando, de tomas de instituciones nacionales en Santa Cruz, y la ratificación de Evo Morales en un referéndum revocatorio en que logró el apoyo del 67%, el gobierno logró abrir una mesa de negociación que derivó en la aprobación de la constitución y la extinción de la demanda autonomista.

Para entender las modulaciones de lo plurinacional sería clave que mientras el autonomismo regional era neutralizado, los indígenas también perdían complicidad con un gobierno que apostaba al desarrollo. Las bases campesinas del MAS eran más proclives a ser incorporadas en dinámicas de mercado y retóricas nacionalistas; que a encontrarse en una articulación campesino-indígena con organizaciones de pueblos minoritarios que, junto a sectores intelectuales y de izquierda activos en el proceso, buscaban fortalecimiento de la comunidad, la autonomía y alternativas al desarrollo. Este modelo que estimulaba ante todo la producción y explotación de recursos para exportación se volvió dominante en toda América Latina, con una similitud cada vez mayor entre los gobiernos bolivarianos, plurinacionales y progresistas, con los de otro signo político en los países vecinos Perú, Colombia, México o Paraguay.

En Bolivia, el indianismo inspirado por el rebelde indígena Tupac Katari, había sido el espacio intelectual y político desde donde la plurinacionalidad fue introducida, aunque se registren referencias relacionadas con el modelo soviético de nacionalidades, impulsados por partidos comunistas y talleres de investigadores rusos en toda la región andina. Desde esa mirada que enfatiza la comunidad y la diferencia indígena hoy se evalúa, sin embargo, que el proceso de cambio se acerca a las formas del nacionalismo estatal que siempre habían enfrentado en sus luchas de descolonización, por un gobierno indio, o por la indianización de Bolivia.

Por otra parte, si por un lado la vigencia de las formas ancestrales o reinventadas indígenas son parte de un debate en Bolivia, también es cierto que aymaras y quechuas prósperos y bien integrados en el mercado capitalista, deben ser considerados en su confluencia con el proyecto estatal de derechos, lejos del indianismo que no renuncia a pensarse como alternativa civilizacional, pero también desde la identificación indígena. Estos sectores son parte de las clases trabajadores que en toda Sudamérica aumentan su participación económica y capacidad de consumo, tal vez como en Europa y Estados Unidos de la postguerra, pero hoy como supuestas nuevas “clases medias” que los gobiernos progresistas festejan.

Las dos plurinacionalidades y la república.

No hay un significado más verdadero de lo plurinacional, y su empleo en nuevos contextos implicará transformaciones, pero quizás mantenga actualidad en Europa el hecho de que en sus versiones sudamericanas el concepto tiene dos almas: surge de luchas indígenas por autonomía y descolonización, buscando desde la comunidad alternativas al desarrollo capitalista, pero se consolida como símbolo de un proyecto estatal que promete crecimiento económico y expansión del consumo en base a un modelo de desarrollo con énfasis en la explotación de recursos naturales, apuestas por la industrialización y políticas sociales de transferencia de renta para inclusión.

La plurinacionalidad entusiasmó a pueblos indígenas que lucharon en las calles contra el liberalismo y la apertura de un escenario constituyente, pero hoy aparece atravesada en Bolivia y Ecuador por las dificultades de romper con el desarrollo convencional y el modelo de crecimiento de capitalismo pretendidamente “social”, también presente en Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina. Este lugar político, que a veces parece imaginar una sociedad del trabajo y la producción de más de medio siglo atrás, puede permitir estabilidad política y económica como en Bolivia, y propuestas keynesianas como las defendidas por Áxel Kicillof en Argentina y Vicenç Navarro y Juan Torres para PODEMOS e Izquierda Unida en España; pero resulta intolerable para quienes ven sus derechos y formas de vida amenazados por la intrusión explotadora en su territorio y para quienes desde sus diferencias no son incluidos en la evocación de un pueblo abstracto desde la mirada de lo universal.

La idea de plurinacionalidad aparece entonces como tensión, en la medida en que busca expresar y reconocer la autodeterminación y autonomía de pueblos y naciones como la catalana o del pueblo gallego, pero en el marco de una propuesta donde el eje es la movilización afectiva de la consciencia (mono)nacional activada contra banqueros alemanes y la oligarquía de la casta nacional. Desde este lugar, se abre un diálogo con la izquierda en la crítica a la desigualdad social y los abusos del capitalismo, pero con soluciones concretas pensadas de arriba para abajo, en relación a procesos que pueden incluir grandes movilizaciones, pero que no hacen de sus participantes sujetos activos en la construcción de un mundo nuevo, más allá de esa conducción desde arriba a participar, sin involucrarse en las decisiones. Se trata más bien de hablarle desde los grandes medios de comunicación al pueblo feliz o ciudadano-masa que consume y vota, protegido por el Estado y “los más capacitados para gobernar”, que PODEMOS prometió llamar.

Esta mirada sensible desde arriba con la situación “social” de los de abajo remite a una identidad política compartida en Latinoamérica que ha aceptado como proyecto la administración más humanitaria del capitalismo aunque sea ciertamente crítica al neoliberalismo desde una sensibilidad nacionalista y social. El consenso sobre esta mirada política quedó a la vista en la recepción entusiasta del papa Francisco como último gran fenómeno mediático en la política sudamericana que también exploró ese espacio político encumbrado por la iglesia unos días después de la muerte de Chávez.

A pesar de desavenencias del pasado con la iglesia y con Bergoglio, los gobiernos progresistas celebraron su llegada por motivos parecidos a los de Pablo Iglesias cuando lo aplaudió en el parlamento europeo. El apoyo cómplice con la crítica papal a los abusos del capitalismo, contrastó con la salida del recinto de otros eurodiputados que no hicieron oídos sordos a la denigración de los derechos de las mujeres y de los homosexuales; recibidos con paternalismo por la iglesia de Francisco pero sin reconocer libre de pecado su autodeterminación. Quitar del programa el derecho al aborto, viene siendo justificado por la necesidad de vencer, en la suposición de mentalidad conservadora que se tiene de los votantes. A la luz de los procesos sudamericanos, sin embargo, lo que salió del programa para las elecciones nunca volvió a entrar, y más bien se actuó en contrario –en estos y otros temas- desde una moderación que se prolonga por cálculo de gobernabilidad, o convicción de quienes se van sumando cuanto más firme la consolidación en el poder.

Las organizaciones indígenas de mayor representatividad en Bolivia y Ecuador, campesinos sin tierra y poblaciones levantadas contra la contaminación minera, abrieron los procesos constituyentes pero hoy están en ese lugar de excomunión. Es así que PODEMOS se plantea como respuesta posible –y necesaria– si pensamos en lo mejor que se puede hacer desde una narrativa “España” para millones de parados, pobres y desahuciados. Si otros horizontes se eclipsan e Iglesias puede seguir hablando de crecimiento, empleo y reforma tributaria, así, estará en su territorio y será imparable. En una política que se encuentra más allá del pueblo encuadrado y más allá de un centralismo españolista, para muchos este no será el mejor cambio posible a ser construido.

Para quien antes que pobre o sin empleo de una España integradora se reconoce como mujer, minoría sin Estado, colectivo urbano o inmigrante sin nación, PODEMOS le dejará de hablar muy rápido. Si la idea de país que busca construir se asimila a su idea de partido, como parece; podrá suceder que la plurinacionalidad se definirá contra la autonomía, como ocurrió en Bolivia y Ecuador cuando el término dejó de referirse a naciones específicas en el marco de un mismo Estado.

Aunque la plurinacionalidad surge en el debate en oposición al reconocimiento multicultural, incorporado en varias constituciones latinoamericanas en la década de ´90 junto a reformas neoliberales, el momento en que para los indígenas el concepto pierde el interés, es el que lo transforma en sinónimo de inclusión de todos en las formas políticas anteriores, como integración del colonizado antes de que descolonización que para los pueblos indígenas se refiere a aceptar una pluralidad de formas de organización, desarrollo y economía. En lugar de autonomía y producción comunitaria, la plurinacionalidad que prevalecería en Ecuador y Bolivia sería la de la posibilidad de que un indígena no sea discriminado e incluso pueda ser presidente, pero sin superar el modelo de reconocimiento de tipo liberal, reduciendo la diferencia al multiculturalismo, y la forma republicana de la democracia capitalista para la política siempre trascendente y alejada.

La presencia indígena en los procesos políticos andinos, en luchas por la autonomía zapatistas o frente a la minería o avance del agro-negocio en Paraguay, Chile y Brasil, viene permitiendo la construcción de nuevos horizontes políticos que ponen en diálogo lo ancestral con lo comunitario, en debates bien actuales para quienes también en las ciudades sienten los límites de las formas modernas de representación política, en su complicidad con un capitalismo que destruye el planeta y privatiza lo común, incluso en sus variantes de tipo nacionalista o social.

Cuando los pueblos indígenas son tenidos en cuenta como identidades rígidas reconocidas por el Estado desde la cultura, la plurinacionalidad se desconecta de la cosmopolítica indígena y la comunidad, los derechos de la naturaleza y la inclusión de no humanos, referencia que se origina en la socialidad y vivir bien indígena, pero que es referencia también para el ambientalismo, la política y la filosofía de la ciencia contemporánea. Desde este lugar es posible pensar un diálogo entre luchas del estado español y latinoamericanas, donde viajes políticos como los de los vascos a Cuba y Chiapas, exilios mutuos e inmigrantes construyen hace tiempo las bases para conversar.

Es claro que no toda lucha por la autodeterminación, se conecta con las redes indígenas y la política de comunidades, asambleas y plazas. Tiene sentido la sospecha de Pablo Iglesias sobre el soberanismo neoliberal, eje de las contradicciones antes y después de la independencia para cualquier militante sincero contra el colonialismo de Madrid. Lo que no se entiende en PODEMOS y el rumbo actual de varios procesos sudamericanos es que la respuesta al neoliberalismo sea desde la nación y el Estado, en sus formas moldadas desde siempre por el capitalismo, exactamente como toda dictadura o gobierno autoritario.

En el idioma de PODEMOS, que es el del Estado, lo social lleva a lo económico, como variables macro que resultarán en derechos efectivos para individuos-votantes, reduciendo la diferencia a la esfera de lo cultural, como si la organización en red o comunitaria no fuera al mismo tiempo cultura, política y economía, entremezclada antes que separada en esferas que se administran desde arriba. En esa mirada el soberanismo y la autodeterminación se reducen a lengua y la bandera, como símbolos subordinados a lo social y lo político y no como mundos sin límites para volver a pensar lo común. Arrasando con la austeridad y el régimen del 78, pero no con muchas de sus determinaciones, una nueva hegemonía garantizará el nuevo ciclo del capitalismo europeo en España, tal vez plurinacional, quizás republicano, ciertamente con menos protagonismo para los pueblos que para el Estado.

Aún después de llegar al gobierno, la presencia inédita de indígenas y campesinos en el Estado, mantuvieron vivo el proyecto de descolonización, entendido como cambio de las formas políticas con que habían sido siempre gobernados. En este sentido, en la nueva Constitución de Bolivia, promulgada en 2009, el preámbulo da cuenta del alcance con que se introduce la idea de plurinacionalidad: “Dejamos en el pasado el Estado colonial, republicano y neoliberal. Asumimos el reto histórico de construir colectivamente el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario”. Poco después Evo Morales firmaba un decreto en que se substituía la denominación del país de “República de Bolivia” por “Estado Plurinacional de Bolivia”.

El antirepublicanismo tendría en el estado español un sentido obviamente diferente, con la monarquía de los borbones aún en pie y el recuerdo de la gesta republicana también presente. En los Andes sudamericanos esa forma política se asocia con la continuidad del colonialismo que nunca permitió acceso de las mayorías a derechos ciudadanos, y este punto es esencial para entender el impulso inicial de la plurinacionalidad. Se refería a la búsqueda de formas políticas más democráticas, inspiradas en la comunidad indígena, pero para muchos adecuada también para las grandes ciudades. Esta idea de plurinacionalidad venía junto a una propuesta de rehacer el mapa del país, hoy producto de poderes cacicales y oligarquías que diseñaban a su gusto la territorialidad del país. En este sentido cobraba fuerza de cambio revolucionario la política de las autonomías y el más allá de la república, en una política de abertura a otras civilizaciones y la pluralidad.

En PODEMOS se habla de elección del jefe de Estado y no de república, por estrategia. El límite que encontramos en la nueva formación, no es el de retomar o no esta bandera, sino el de pensar la política desde la necesidad de pensar las instituciones y los instrumentos de organización como formas que no son neutrales. En el mismo sentido, los procesos plurinacionales de Bolivia y Ecuador plantean un punto esencial contra la tradición moderna europea, cuyo lado colonial no es visible solamente en América.

En el discurso citado más arriba de Pablo Iglesias en Madrid, cuando la estructura del partido se formalizaba, el líder de PODEMOS llamó a "recuperar Europa para los ciudadanos, para los trabajadores y trabajadoras. Y recuperar aquello de lo que somos hijos: libertad, igualdad y fraternidad”. Disputar para el pueblo conceptos como república y democracia apropiados por el capitalismo es importante. Pero vale la pena reflexionar también porqué esa frase suele evocarse por liberales y conservadores contra el “populismo”, donde debería radicar la diferencia y multiplicidad de todo pueblo antes que un cierre vertical ante la propia pluralidad.

Como significante vacío, en el estado español, la república podrá combinarse con lo plurinacional como ocurre en Ecuador de la “Revolución Ciudadana”, o era postulado en Bolivia por Juan del Granado, del progresismo urbano de La Paz antes aliado y ahora opositor al MAS. Lo importante es el modo en que permite expresar la diferencia y el pluralismo, que en Bolivia abría un terreno de experimentación institucional que no se limita a los principios políticos modernos, por sus alternativas para pensar la propiedad común, la representación directa y formas de economía y decisión que no son las del capitalismo y el Estado.

Otra cosa es el cierre pragmático sobre lo inmediato, sea por correlación de fuerza, concepción política o apuesta por lo ya dado. Fue en este contexto que la forma república fue reincorporada al imaginario del proceso de cambio, disputando un término inicialmente introducido en la Constitución a instancias de la oposición al MAS, cuyo lugar enunciativo era el del Estado de Derecho, además de la República y la Nación. Como todo proceso de cambio, la participación inicial de campesinos indígenas en el proceso boliviano, luego terminada, dejó como legado la idea de que sería bueno enterrar algunas palabras y formas acuñadas por los que queremos desplazar.

El cambio de énfasis y transformación de lo plurinacional fue expresado por el vicepresidente García Linera, que reconoció el carácter republicano del proyecto de cambio, en un momento en que el debate boliviano cuestionaba la saturación retórica del discurso oficial con elementos de origen indígena, empleados de forma contradictoria con el desarrollismo y que se mantenía ya sin conexión con los proyectos plurinacionales de cambio con que habían sido inicialmente asociados. La reducción de lo indígena a un romanticismo folclórico fundamentaba una vuelta a la política liberal y republicana, como si términos como igualdad, libertad e inclusión no fueran ellos mismos abstracciones retóricas contradictorias con lo que ocurre en la vida social.

Había algo que se perdía mientras el desarrollo substituía la descolonización. Este cambio quedó claro cuando García Linera, cerca de 2013, asociaría al concepto de plurinacionalidad a la propuesta de Estado Plurinacional Continental Latinoamericano. El proyecto latinoamericanista y bolivariano tendría el costo del alejamiento de las reivindicaciones indígenas de autonomía territorial y comunidad para las cuales, en el pasado, García Linera tuvo mucha apertura en su militancia indianista-marxista. En la fundamentación de esta propuesta, acompañada de una mirada que pone el foco en lo social y, como PODEMOS, reduce la diferencia a una cuestión de reconocimiento cultural, el vicepresidente diferenciaba las “naciones políticas” (de los distintos países sudamericanos) de las “naciones culturales”, campesino indígenas, que habían abierto con su movilización en proceso constituyente pero que en la nueva plurinacionalidad estatal y continental quedarían marginalizadas.

Cuando vemos el lugar del poder como impotente y mucho más condicionado que condicionante, sería injusto atribuir a PODEMOS o a Evo Morales y García Linera el curso semántico que toman los distintos significantes en el contexto de un proceso político. Confiemos más bien en que, como cuando la máscara de Fernando sirvió de excusa para iniciar un reguero de luchas libertarias en toda América Latina frente al avance de Napoleón en 1809, ni el regreso del rey ni el restablecimiento del Estado puede impedir que nuestras redes, pueblos y comunidades sigan buscando caminos de autonomía y autodeterminación.

Notas

Salvador Schavelzon es Profesor e investigador de la Universidad Federal de S ã o Paulo, Brasil. Publicó El Nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia (Plural/Clacso/Cejis/Iwgia, La Paz, 2012) y Buen Vivir y Plurinacionalidad leídos desde Ecuador y Bolivia post-constituyentes (Abya Yala/Clacso, Quito, 2015). E-mail: schavelzon

[2] Juan Carlos Monedero en "A Cara Lavada" de la Radio Pública Argentina 29/7/14. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=8tRHWxmZq74

[3] Uli Brand “ ¿Un nuevo comienzo para Europa?” Rebelión, 24/1/2015. Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194691

[4] Errejón: “Los catalanes tienen derecho a decidir como los escoceses” 13/11/2014 El País. Disponible en: http://politica.elpais.com/politica/2014/11/13/actualidad/1415892800_413245.html

[5] “ El no a la independencia de Cataluña gana al sí por primera vez desde 2012”, El País, 19/12/2014, Disponible en:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/12/19/catalunya/1418984873_128596.html

“La irrupción de Podemos trastoca el plan independentista”, El País, 22/12/2014, Disponible en:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/12/22/catalunya/1419283809_571655.html

[6] “ Más Cataluña pero dentro de España” ( Àngels Piñol) El País, 25 de julio 2014. Disponible en: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/24/catalunya/1406230479_555975.html

[7] Gemma Ubasart: Nunca antes un partido con opciones de gobierno había defendido el derecho a la autodeterminación. El Diario, 15/1/2015. Disponible en: http://www.eldiario.es/catalunya/politica/Gemma-Ubasart-Jamas-Espanya-autodeterminacion_0_345766548.html

[8] Ver por ejemplo el libro Reinvención del Estado y Estado Plurinacional, Santa Cruz de la Sierra, CEJIS, CENDA, CEDIB, 2007. Disponible en: http://www.boaventuradesousasantos.pt/media/reinvencion%20del%20estado%20y%20estado%20plurinacional_Bolivia.pdf y sobre la propuesta para la cuestión Palestina: http://outraspalavras.net/posts/a-possivel-extincao-do-estado-de-israel/

[9] Entrevista Pablo Iglesias: “En las próximas elecciones habrá dos opciones: PP y Podemos” (Eva Saiz / Francesco Manetto) El País, 18/1/2015. Disponible en: http://politica.elpais.com/politica/2015/01/17/actualidad/1421526937_154439.html

[10] Raul Zelik “Podemos y la «revolución democrática» en el Estado”, Gara, 07/01/2015. Disponible en: http://www.naiz.eus/es/actualidad/noticia/20150107/podemos-y-la-revolucion-democratica-en-el-estado

[11] Movimiento al Socialismo, partido fundado como instrumento político de los sindicatos cocaleros y camp esinos del país, que adoptó ese nombre cuando una facción de la falange boliviana cedió la sigla al movimiento que diferentes trabas impedían presentarse a las elecciones. El proceso de llegada al gobierno, habitualmente considerado rápido, fue de 10 años.

[12] El catedrático de la Universidad de Sevilla Bartolomé Clavero opone el constitucionalismo plurinacional, con eje en los derechos indígenas, del bolivariano, con más énfasis en el presidencialismo y el Estado. Rubén Dalmau, Albert Noguera y Viciano Pastor, de la fundación CEPS, y Gerardo Pisarello, de la Universidad de Barcelona, prefieren englobar las constituciones de Bolivia, Ecuador y Venezuela en el mismo marco de un nuevo Constitucionalismo Latinoamericano. Roberto Gargarella presenta una visión crítica de este constitucionalismo postcolonial, que ve con mucha continuidad con el constitucionalismo latinoamericano del siglo XIX.

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Chomsky: “Los ataques de París muestran la hipocresía de la indignación de Occidente”

19/01/2015 by maestro Deja un comentario

El abogado Floyd Abrams tenía razón cuando describió el ataque contra la redacción de ‘Charlie Hebdo’ como “el asalto más amenazante sobre el periodismo en la memoria viva”. El problema reside en que Occidente olvida sus propios crímenes, subraya el lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky.

“La razón tiene que ver con el concepto de ‘memoria viva’, una categoría construida cuidadosamente para incluir Sus crímenes contra Nosotros mientras escrupulosamente excluimos Nuestros crímenes contra ellos. Estos últimos no son crímenes, sino noble defensa de los valores más altos”, explica Chomsky la lógica del Occidente.

Chomsky recuerda que en abril de 1999 las fuerzas de laOTAN realizaron un masivo ataque aéreo contra la emisora serbia RTV que resultó en la muerte de 16 periodistas en Belgrado. El portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon, dijo entonces en una conferencia en Washington que “la televisión serbia es una parte importante de la máquina de la muerte de Milosevic, igual que su Ejército” y, por lo tanto, un objetivo legítimo de ataque.

“No hubo manifestaciones o gritos de indignación, no hubo gritos de ‘Somos RTV’, no hubo investigaciones sobre las raíces del ataque contra la cultura y la historia cristiana. Por el contrario, el ataque fue alabado por la prensa. El prestigioso diplomático estadounidense Richard Holbrooke, entonces enviado a Yugoslavia, describió el ataque contra RTV ‘de enorme importancia y desarrollo positivo’. Esta idea fue compartida por otros”, escribe Chomsky en un artículo citado por CNN.

“Cuanto más culpamos a nuestros enemigos de algunos delitos, mayor es la indignación; cuando mayor es nuestra responsabilidad en un crimen -y, por lo tanto, cuanto más podemos hacer para ponerle fin-, menor es la preocupación, tendiendo incluso a olvidarlo o a negarlo”, resume el filósofo.

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¡Sí! Hay que combatir y vencer al terrorismo yihadista

19/01/2015 by maestro Deja un comentario

Por: Olivier Herrera Marín/

¿Cómo?

¿Todos Somos Charlie?

¿También? Bush padre, el Hijo y el Santo Espíritu de Obama

¿También sus tres alter egos? Los tres magníficos; Netanyahu, Rajoy y Cameron.

Me siento sumido en el estupor y la rabia de la impotencia ante el cobarde e infame crimen perpetrado por el odio ciego de la venganza y la estúpida sinrazón, contra la imagen gráfica y la palabra, símbolo perenne de la irrenunciable libertad de expresión.

Las balas no matan ideas y los dibujantes; Charb, Cabu, Tignous y Wolinski,no han muerto ni morirán, a los enemigos del amor al diferente y de la alianza de las civilizaciones, del Islam y de su cultura milenaria, les ha salido el tiro por la culata. Sus balas, han sido las alas que han elevado y convertido a Charlie en la levadura inmortal de los sueños de amor y de vida que alumbran nuestras sendas y caminos, anidan en los corazones y ennoblecen el alma de las gentes solidarias y laboriosas, sinceras y sencillas que dicen Je Suis Charlie con autentico sentimiento y pleno convencimiento.

Y hoy, somos la inmensa mayoría, somos millones, los que
independientemente de nuestro gusto personal y estético decimos conscientemente: ¡ Je Suis Charlie!!.

Pero no son Charlie, quienes burda y cínicamente intentan desviar el curso del agua para llevarla a su molino buscando la foto y
capitalizar con fines espurios y electorales el espanto y el dolor provocado por el atentado. No son Charlie, quienes siempre han denostado la línea editorial del semanario satírico, por saberles a vinagre y a aceite de ricino, sus viñetas y letras irreverentes y sarcásticas que cuestionan el valor y la validez de todos los dogmas y los poderes establecidos.

El cáncer terrorista se retroalimenta con la acción-reacción, y siempre acaba haciéndole el juego sucio a la reacción. Y el tumor maligno crece y se expande imparable amenazando con hacer metástasis y arrastrarnos a todos al abismo de la guerra infinita entre culturas y civilizaciones.

Nos puede ser letal la miopía de los medios y los gobiernos de la pulcra y opulenta sociedad occidental, liderada por la política suicida del Gran Hermano (el Tío Sam) que todo lo ve y lo controla, y nada comprende, repitiendo una y otra vez los mismos y diferentes errores, desde la guerra del Vietnam. Los eminentes doctores, alumnos aventajados de El doctor Frankenstein, han hecho realidad, la ficción, elevando en sus laboratorios a la enésima potencia la creación interesada y originaria del terrorismo global, con la inestimable connivencia de Aznar y de Blair, de Netanyahu, Rajoy y Cameron, de los petrodólares de los reyes, emires y jeques árabes. Y de nada les sirve ni servirá, el negar su intransferible responsabilidad histórica y presente, a los DIOSES y sus Señores de la GUERRA, a los dueños de vidas y de haciendas que nos protegen y alientan desde lo más alto de sus torres de oro y de marfil.

El horrendo atentado cometido contra Charlie y contra el supermercado judío en la Porte de Vincennes, toda la sangre derramada de las víctimas inocentes será la savia del olivo milenario, del árbol Mediterráneo más longevo y útil de la Tierra, símbolo de la paz y del perdón, del amor y la vida. Y el olivo será defendido, codo a codo, mano a mano, por los hijos y las hijas de las tres religiones monoteístas; la judía, la cristiana y la musulmana, el olivo será el símbolo de la unidad lucida y solidaria de las férreas voluntades contra las que nada podrá el atroz terrorismo yihadista, de Al-Qaeda y del Estado Islámico.

Ningún acto terrorista justifica ni lava la imagen de otro. Los atentados terroristas de Paris no les servirán a los magníficos intocables para limpiar su sucia imagen y justificar su injustificable proceder en Irak y en Afganistán, en Palestina y en Siria… allí donde ha exportado y exporta su semilla el diablo para alcanzar sus inconfesados e inconfesables objetivos, sus intereses económicos militares y geopolíticos, imponiéndole su razón y su ley (si les falla la mantequilla, con las cañoneras) a gobiernos dóciles e incapaces de valerse por sí mismos al carecer de poder real y de una base social que les sustente.

Un estado sin cultura ni historia fundado a sangre y fuego sobre el expolio y el genocidio de sus pueblos originarios, un estado que se sustenta en El Miedo a la Libertad de una sociedad aterrada, presa y víctima de su propia violencia estructural y sistémica no puede imponer su visión del mundo ni arrastrar hoy al infierno de sus propios demonios a las naciones y los estados que forjaron ayer la unión europea como antídoto a toda clase de barbarie terrorista, De Gaulle y Adenauer, sabían lo que hacían, al poner las piedras angulares de la gran catedral de la convivencia pacífica y de la unión europea.

Y Charles De Gaulle con su coraje y su clarividencia de estadista sin igual, supo hacer lo que tenía que hacer en cada momento histórico, respecto a la Unión Soviética y China, a La OTAN, Palestina y Vietnam, para hacer prevalecer los intereses legítimos de Francia, su irrenunciable identidad y soberanía nacional, por encima de todo, y de todos, por más que le presionaran y se enojasen con Él, sus amigos de Estados Unidos y de Israel, los Nuevos Amos del Mundo. Pero está claro, que, De Gaulle, sólo ha habido y habrá uno.

Olivier Herrera Marín

Presidente de POETAP

Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía

Publicado en: Invitados

El terror en París: raíces profundas y lejanas

13/01/2015 by maestro Deja un comentario

Atilio A. Boron /

El atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo debe ser condenado sin atenuantes. Es un acto brutal, criminal, que no tiene justificación alguna. Es la expresión contemporánea de un fanatismo religioso que -desde tiempos inmemoriales y en casi todas las religiones conocidas- ha plagado a la humanidad con muertes y sufrimientos indecibles. La barbarie perpetrada en París concitó el repudio universal. Pero parafraseando a un enorme intelectual judío del siglo XVII, Baruch Spinoza, ante tragedias como esta no basta con llorar, es preciso comprender. ¿Cómo dar cuenta de lo sucedido?

La respuesta no puede ser simple porque son múltiples los factores que se amalgamaron para producir tan infame masacre. Descartemos de antemano la hipótesis de que fue la obra de un comando de fanáticos que, en un inexplicable rapto de locura religiosa, decidió aplicar un escarmiento ejemplar a un semanario que se permitía criticar ciertas manifestaciones del Islam y también de otras confesiones religiosas. Que son fanáticos no cabe ninguna duda. Creyentes ultraortodoxos abundan en muchas partes, sobre todo en Estados Unidos e Israel. Pero, ¿cómo llegaron los de París al extremo de cometer un acto tan execrable y cobarde como el que estamos comentando? Se impone distinguir los elementos que actuaron como precipitantes o
desencadenantes -por ejemplo, las caricaturas publicadas por el Charlie Hebdo, blasfemas para la fe del Islam- de las causas estructurales o de larga duración que se encuentran en la base de una conducta tan aberrante. En otras palabras, es preciso ir más allá del acontecimiento, por doloroso que sea, y bucear en sus determinantes más profundos.

A partir de esta premisa metodológica hay un factor que merece especial consideración. Nuestra hipótesis es que lo sucedido es un lúgubre síntoma de lo que ha sido la política de Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Es el resultado paradojal -pero previsible, para quienes están atentos al movimiento dialéctico de la historia- del apoyo que la Casa Blanca le brindó al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética a Afganistán en Diciembre de 1979, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era combinar la guerra de guerrillas librada por los mujaidines con la estigmatización de la Unión Soviética por su ateísmo, convirtiéndola así en una sacrílega excrecencia que debía ser eliminada de la faz de la tierra. En términos concretos esto se tradujo en un apoyo militar, político y económico a los supuestos “combatientes por la libertad” y en la exaltación del fundamentalismo islamista del talibán que, entre otras cosas, veía la incorporación de las niñas a las escuelas afganas dispuesta por el gobierno prosoviético de Kabul como una intolerable apostasía. Al Qaeda y Osama bin Laden son hijos de esta política. En esos aciagos años de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, la CIA era dirigida por William Casey, un católico ultramontano, caballero de la Orden de Malta cuyo celo religioso y su visceral anticomunismo le hicieron creer que, aparte de las armas, el fomento de la religiosidad popular en Afganistán sería lo que acabaría con el sacrílego “imperio del mal” que desde Moscú extendía sus tentáculos sobre el Asia Central. Y la política seguida por Washington fue esa: potenciar el fervor islamista, sin medir sus predecibles consecuencias a mediano plazo.

Horrorizado por la monstruosidad del genio que se le escapó de la botella y produjo los confusos atentados del 11 de Septiembre (confusos porque las dudas acerca de la autoría del hecho son muchas más que las certidumbres) Washington proclamó una nueva doctrina de seguridad nacional: la “guerra infinita” o la “guerra contra el terrorismo”, que convirtió a las tres cuartas partes de la humanidad en una tenebrosa conspiración de terroristas (o cómplices de ellos) enloquecidos por su afán de destruir a Estados Unidos y el “modo americano de vida” y estimuló el surgimiento de una corriente mundial de la “islamofobia”. Tan vaga y laxa ha sido la definición oficial del terrorismo que en la práctica este y el Islam pasaron a ser sinónimos, y el sayo le cabe a quienquiera que sea un crítico del imperialismo norteamericano. Para calmar a la opinión pública, aterrorizada ante los atentados, los asesores de la Casa Blanca recurrieron al viejo método de buscar un chivo expiatorio, alguien a quien culpar, como a Lee Oswald, el inverosímil asesino de John F. Kennedy. George W. Bush lo encontró en la figura de un antiguo aliado, Saddam Hussein, que había sido encumbrado a la jefatura del estado en Irak para guerrear contra Irán luego del triunfo de la Revolución Islámica en 1979, privando a la Casa Blanca de uno de sus más valiosos peones
regionales. Hussein, como Gadaffi años después, pensó que habiendo prestado sus servicios al imperio tendría las manos libres para actuar a voluntad en su entorno geográfico inmediato. Se equivocó al creer que Washington lo recompensaría tolerando la anexión de Kuwait a Irak, ignorando que tal cosa era inaceptable en función de los proyectos estadounidenses en la región. El castigo fue brutal: la primera Guerra del Golfo (Agosto 1990-Febrero 1991), un bloqueo de más de diez años que aniquiló a más de un millón de personas (la mayoría niños) y un país destrozado. Contando con la complicidad de la dirigencia política y la prensa “libre, objetiva e independiente” dentro y fuera de Estados Unidos la Casa Blanca montó una patraña ridícula e increíble por la cual se acusaba a Hussein de poseer armas de destrucción masiva y de haber forjado una alianza con su archienemigo, Osama bin Laden, para atacar a los Estados Unidos. Ni tenía esas armas, cosa que era archisabida; ni podía aliarse con un fanático sunita como el jefe de Al Qaeda, siendo él un ecléctico en cuestiones religiosas y jefe de un estado laico.

Impertérrito ante estas realidades, en Marzo del 2003 George W. Bush dio inicio a la campaña militar para escarmentar a Hussein: invade el país, destruye sus fabulosos tesoros culturales y lo poco que quedaba en pie luego de años de bloqueo, depone a sus autoridades, monta un simulacro de juicio donde a Hussein lo sentencian a la pena capital y muere en la horca. Pero la ocupación norteamericana, que dura ocho años, no logra estabilizar económica y políticamente al país, acosada por la tenaz resistencia de los patriotas iraquíes. Cuando las tropas de Estados Unidos se retiran se comprueba su humillante derrota: el gobierno queda en manos de los chiítas, aliados del enemigo público número uno de Washington en la región, Irán, e irreconciliablemente enfrentados con la otra principal rama del Islam, los sunitas. A los efectos de disimular el fracaso de la guerra y debilitar a una Bagdad si no enemiga por lo menos inamistosa -y, de paso, controlar el avispero iraquí- la Casa Blanca no tuvo mejor idea que replicar la política seguida en Afganistán en los años ochentas: fomentar el fundamentalismo sunita y atizar la hoguera de los clivajes religiosos y las guerras sectarias dentro del turbulento mundo del Islam. Para ello contó con la activa colaboración de las reaccionarias monarquías del Golfo, y muy especialmente de la troglodita teocracia de Arabia Saudita, enemiga mortal de los chiítas y, por lo tanto, de Irán, Siria y de los gobernantes chiítas de Irak.

Claro está que el objetivo global de la política estadounidense y, por extensión, de sus clientes europeos, no se limita tan sólo a Irak o Siria. Es de más largo aliento pues procura concretar el rediseño del mapa de Medio Oriente mediante la desmembración de los países artificialmente creados por las potencias triunfantes luego de las dos guerras mundiales. La balcanización de la región dejaría un
archipiélago de sectas, milicias, tribus y clanes que, por su desunión y rivalidades mutuas no podrían ofrecer resistencia alguna al principal designio de “humanitario” Occidente: apoderarse de las riquezas petroleras de la región. El caso de Libia luego de la destrucción del régimen de Gadaffi lo prueba con elocuencia y anticipó la fragmentación territorial en curso en Siria e Irak, para nombrar los casos más importantes. Ese es el verdadero, casi único, objetivo: desmembrar a los países y quedarse con el petróleo de Medio Oriente. ¿Promoción de la democracia, los derechos humanos, la libertad, la tolerancia? Esos son cuentos de niños, o para consumo de los espíritus neocolonizados y de la prensa títere del imperio para disimular lo inconfesable: el saqueo petrolero.

El resto es historia conocida: reclutados, armados y apoyados diplomática y financieramente por Estados Unidos y sus aliados, a poco andar los fundamentalistas sunitas exaltados como “combatientes por la libertad” y utilizados como fuerzas mercenarias para desestabilizar a Siria hicieron lo que en su tiempo Maquiavelo profetizó que harían todos los mercenarios: independizarse de sus mandantes, como antes lo hicieran Al Qaeda y bin Laden, y dar vida a un proyecto propio: el Estado Islámico. Llevados a Siria para montar desde afuera una infame “guerra civil” urdida desde Washington para producir el anhelado “cambio de régimen” en ese país, los fanáticos terminaron ocupando parte del territorio sirio, se apropiaron de un sector de Irak, pusieron en funcionamiento los campos petroleros de esa zona y en connivencia con las multinacionales del sector y los bancos
occidentales se dedican a vender el petróleo robado a precio vil y convertirse en la guerrilla más adinerada del planeta, con ingresos estimados de 2.000 millones de dólares anuales para financiar sus crímenes en cualquier país del mundo. Para dar muestras de su fervor religioso las milicias jihadistas degüellan, decapitan y asesinan infieles a diestra y siniestra, no importa si musulmanes de otra secta, cristianos, judíos o agnósticos, árabes o no, todo en abierta profanación de los valores del Islam. Al haber avivado las llamas del sectarismo religioso era cuestión de tiempo que la violencia desatada por esa estúpida y criminal política de Occidente tocara las puertas de Europa o Estados Unidos. Ahora fue en París, pero ya antes Madrid y Londres habían cosechado de manos de los ardientes islamistas lo que sus propios gobernantes habían sembrado inescrupulosamente.

De lo anterior se desprende con claridad cuál es la génesis oculta de la tragedia del Charlie Hebdo. Quienes fogonearon el radicalismo sectario mal podrían ahora sorprenderse y mucho menos proclamar su falta de responsabilidad por lo ocurrido, como si el asesinato de los periodistas parisinos no tuviera relación alguna con sus políticas. Sus pupilos de antaño responden con las armas y los argumentos que les fueron inescrupulosamente cedidos desde los años de Reagan hasta hoy. Más tarde, los horrores perpetrados durante la ocupación
norteamericana en Irak los endurecieron e inflamaron su celo religioso. Otro tanto ocurrió con las diversas formas de “terrorismo de estado” que las democracias capitalistas practicaron, o condonaron, en el mundo árabe: las torturas, vejaciones y humillaciones cometidas en Abu Ghraib, Guantánamo y las cárceles secretas de la CIA; las matanzas consumadas en Libia y en Egipto; el indiscriminado asesinato que a diario cometen los drones estadounidenses en Pakistán y Afganistán, en donde sólo dos de cada cien víctimas alcanzadas por sus misiles son terroristas; el “ejemplarizador” linchamiento de Gadaffi (cuya noticia provocó la repugnante carcajada de Hillary Clinton); el interminable genocidio al que son periódicamente sometidos los palestinos por Israel, con la anuencia y la protección de Estados Unidos y los gobiernos europeos, crímenes, todos estos, de lesa humanidad que sin embargo no conmueven la supuesta conciencia democrática y humanista de Occidente. Repetimos: nada, absolutamente nada, justifica el crimen cometido contra el semanario parisino. Pero como recomendaba Spinoza hay que comprender las causas que hicieron que los jihadistas decidieran pagarle a Occidente con su misma sangrienta moneda. Nos provoca náuseas tener que narrar tanta inmoralidad e hipocresía de parte de los portavoces de gobiernos supuestamente democráticos que no son otra cosa que sórdidas plutocracias. Hubo quienes, en Estados Unidos y Europa, condenaron lo ocurrido con los colegas de Charlie Hebdo por ser, además, un atentado a la libertad de expresión. Efectivamente, una masacre como esa lo es, y en grado sumo. Pero carecen de autoridad moral quienes condenan lo ocurrido en París y nada dicen acerca de la absoluta falta de libertad de expresión en Arabia Saudita, en donde la prensa, la radio, la televisión, la Internet y cualquier medio de comunicación está sometido a una durísima censura. Hipocresía descarada también de quienes ahora se rasgan las vestiduras pero no hicieron absolutamente nada para detener el genocidio perpetrado por Israel hace pocos meses en Gaza. Claro, Israel es uno de los nuestros dirán entre sí y, además, dos mil palestinos, varios centenares de ellos niños, no valen lo mismo que la vida de doce franceses. La cara oculta de la hipocresía es el más desenfrenado racismo.

* Una versión muy resumida de esta nota, escrita “en caliente” ni bien enterado de los hechos, fue publicada en el día de hoy, 8 de Enero de 2015, por Página/12.

Fuente: http://www.aporrea.org/internacionales/a200780.html

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Volvemos a los tiempos en que el periodista salía a buscar la noticia

13/01/2015 by maestro Deja un comentario

Enric Llopis /

Pascual Serrano presenta “La prensa ha muerto. ¡Viva la prensa!” en la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí /

En los últimos tiempos, “la noticia se había convertido en las ‘motos’ que nos vendían las fuentes interesadas y que nuestros jefes, unos tipos encorbatados, decían que eran las adecuadas”, sostiene el escritor y periodista Pascual Serrano, autor del libro “La prensa ha muerto. ¡Viva la prensa!” (Península) presentado en la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí. Pero hoy, con la crisis de los grandes medios, y la irrupción de lo que en el libro llama medios “cooperativos”, el periodista vuelve a la calle a buscar la noticia y además se abren las puertas para un auténtico periodismo de
investigación.

En “La prensa ha muerto. ¡Viva la prensa!” el autor radiografía los ejemplos de Le Monde Diplomatique, La Jornada, Le Courrier, Brecha, IPS, Democracy Now!, Junge Welt y The Nation, medios que comparten algunas características como una línea editorial progresista o de izquierdas, el importante papel de los lectores, la participación de los trabajadores y las asambleas o la prioridad de la suscripción frente a la publicidad. En el caso español, Pascual Serrano estudia lo que llama “boom” español de medios “cooperativos” o independientes, como eldiario.es, La Marea, Alternativas Económicas, Mongolia, infoLibre y Jot Down Magazine. Considera esencial en estos medios, además de línea editorial crítica, el que se garantice un salario a los trabajadores y unas condiciones de trabajo dignas.

-En tu último libro planteas la crisis de los medios de comunicación tradicionales, pero también afirmas que los medios “alternativos”, de los cuales procedes (participaste en los años 90 en el equipo fundador de Rebelión), han de adaptarse a los nuevos tiempos. ¿Qué sentido tienen hoy los medios de comunicación independientes?

-Los medios alternativos tuvieron en su momento una función: dejar en evidencia la manipulación y las mentiras de los dominantes, sacar del oscurantismo y del silencio a grandes intelectuales que no salían en los grandes medios; y dejar en evidencia que el modelo de los “grandes” no era decente para estar informados. Pero no hacíamos periodismo. Porque cualquiera que mire los contenidos de Rebelión en sus orígenes, verá que hay muchos artículos de opinión, y que excepto algunas entrevistas, casi todo era “cogido” de medios más o menos dignos que pudiera haber fuera de España. Pero no enviábamos un corresponsal a Siria o a Ucrania. No teníamos a un periodista que estuviera todos los días leyéndose papeles durante cuatro horas o buscando noticias en el BOE. No hubiéramos sido capaces de afrontar 5.000 documentos de WikiLeaks para ver qué decían. Éramos militantes, una especie de ONG, de gente que combatía con un proyecto de regeneración informativa. Y servíamos más para poner en evidencia al modelo que para derrocarlo.

-Tu punto de partida es la crisis económica, en general, y de los grandes medios en particular…

-Creo que con la crisis se abre una gran oportunidad. Los medios tradicionales se desploman, no son rentables, y surgen nuevas posibilidades de medios que -aunque en condiciones muy precarias para los periodistas- pueden intentar sobrevivir en un marco capitalista y de mercado. Eso, mientras no haya otro modelo… Podrían aspirar, incluso, a competir con los grandes medios y, cada vez más, a ser referentes informativos para la ciudadanía.

-Estos son los medios que analizas en “La prensa ha muerto. ¡Viva la prensa!”, que defines como “cooperativos”. Pero más allá de los medios convencionales y “cooperativos”, ¿qué espacios les queda, a tu juicio, a los medios “alternativos”?

-Hay que entender que son unos medios que trabajan desde el desinterés y desde la militancia. Trabajan con el objetivo de defender unos principios, unas causas, unas luchas y unas verdades en un marco informativo muy injusto y muy desigual. Pero son incapaces de ser referentes periodísticos para desplazar a los dominantes. También es verdad que se está acabando el formato de medios de comunicación tradicionales. Ya no existe ese lector que se acercaba a Le Monde Diplomatique, a La Razón o a Mundo Obrero, y veía unas secciones de “nacional”, “internacional” o “cultura”. Es decir, observaba una “galaxia” informativa con una cierta coherencia, algo que con las redes sociales se ha acabado. Ahora la gente ve una noticia de “sociedad” en Intereconomía, lee otra de “internacional” en Le Monde Diplomatique y una de “nacional” en El País. Estos medios
“alternativos” pueden tener una capacidad de intervención pero, sobre todo, han de colaborar muy estrechamente con los medios que llamo “cooperativos”, para intentar derrocar al poder.

-¿Observas una tendencia en los medios “alternativos” y “cooperativos” a un cierto seguidismo respecto a las agendas dominantes, a ir a rebufo de los grandes medios, empeñarse en rebatirlos y desmentirlos? ¿Resta ello posibilidades y energías de plantear una agenda propia? Y, sobre todo, tantas entrevistas y reportajes sobre gente e iniciativas que necesitan voz y se quedan por cubrir…

-Hay que encontrar un equilibrio. Ese debate lo teníamos mucho en teleSur y Rebelión. Si ellos ponían la agenda y nosotros seguíamos “a rueda” de ellos, o si intentábamos cambiar la agenda. Vamos a ver. Intentar cambiar la agenda, si no eres consciente de tu potencial, es una ingenuidad absurda. Predicar en el desierto. Si se está hablando de Podemos o todo el país está hablando de los atentados en Francia, tú no puedes estar hablando de algo absolutamente diferente. Uno ha de intentar llevar el agua a su molino.

-¿Podrías poner algún ejemplo?

-Recuerdo en Rebelión cuando todo el mundo hablaba de un mundial de fútbol en Alemania, nosotros contamos cómo había montado un negocio de trata de blancas con mujeres del Este, a las que llevaban al país germano como prostitutas para los espectadores de los partidos de fútbol. Es decir, aprovechas la agenda mediática oficial para intentar darle la vuelta. Pero no puedes mirar para otro lado mientras están pasando determinadas cosas… No tienes la capacidad de hacer tu propia agenda. Pero eso pasa también en los grandes medios. Recuerdo, trabajando en el ABC, que cuando un medio sacaba un caso de corrupción en la derecha, el ABC intentaba mirar para otro lado. Pero al final, cuando no podía evitarlo, tenía que entrarle al tema. Es decir, tienes que moverte “entre dos aguas”, subvertir la “agenda-setting” oficial y dominante, pero al mismo tiempo vives en este mundo. No puedes hacer un medio “alternativo” o contrahegemónico y decir “yo voy a mi bola”. Y mientras todo el mundo está hablando de los atentados en París, contar que en Sri Lanka han matado a 50 indígenas, aunque me parezca muy importante.

-¿Qué opinas del periodismo de investigación? Lleva tiempo muy en boga y no lo has analizado en tus libros.

-En principio queda muy bien hablar de periodismo de investigación. Eso es indiscutible. Pero probablemente el 80% de las denuncias de corrupción son, ni más ni menos, dossieres que al periodista le ha dejado el enemigo del supuesto corrupto. No suele haber investigación detrás de todos los anuncios de investigación. Pero nos hemos de hacer la siguiente pregunta: ¿Es compatible la investigación con el modelo de productividad que requiere el periodismo tradicional? ¿Teníamos en el modelo tradicional unos directivos dispuestos a estar pagando durante tres días a un periodista para que investigue algo? No les resulta rentable y por esa razón no hay lugar en la prensa para ello. Ése es el gran problema del periodismo tradicional: ha de ser rápido, breve y barato. Ninguna de esas tres condiciones las cumple el periodismo de investigación.

-¿Representan una oportunidad para el periodismo de estas
características los nuevos medios “cooperativos”?

-Con el nuevo modelo, en efecto, se abren esperanzas. Primero, porque se aprecia que el periodismo escrito puede recuperar una profundidad que no tenía el periodismo de Internet. Ni tampoco el que ellos han “suicidado” en papel, pues lo “jibarizaron” en brevedad e inmediatez (entonces la gente se fue a Internet). Pero el reportaje de
investigación de diez páginas tiene su lugar natural y valioso en papel, no en Internet, y con algunos de estos nuevos medios hemos encontrado un lugar para el papel. Además, el periodismo tradicional funcionaba en “manadas”, en “rebaños”. Todos los periodistas iban a cubrir lo mismo. Ahora, sin embargo, ya se han dado cuenta de que si haces algo diferente, sobre algo en lo que nadie había caído, la gente te lo reconoce y lo aplaude.

Los mecanismos de toma de decisiones en los nuevos medios
“cooperativos” son asimismo mucho más participativos y democráticos. No hay que convencer a un tipo con corbata y puesto por los
accionistas de un reportaje, sino a los 10-15 compañeros que se reúnen (y que son el 90% de la plantilla) para pensar los temas. De hecho, los principales casos de corrupción los están sacando infoLibre, eldiario.es, etcétera. Medios que en principio tienen condiciones muy precarias, y que están consiguiendo sacar exclusivas que no saca El País. Y eso es porque no tienen las servidumbres empresariales que tienen El País y los grandes medios informativos. Estos nuevos medios “cooperativos” saben, además, que el hecho diferencial no es ir a la rueda de prensa y publicar rápidamente lo mismo que los demás. ¿Cómo consigue uno diferenciarse? Evidentemente, con ese periodismo de investigación.

-Otra forma de trabajar que tiene muy buen predicamento actualmente es el llamado periodismo “de datos”. En muchas ocasiones se inflan los textos de cifras y fuentes para dar la sensación de verosimilitud. Si no se aportan números y más números, parece que el periodista esté haciendo poesía…

-Yo sería aún más crítico. A mi juicio no existe el periodismo de datos sino “con datos”. Los datos no son periodismo, lo que ocurre es que en efecto hoy existe una moda. Puede que, en parte, algunas veces se haya podido pecar de esa falta de datos. La izquierda, además, en esa hipertrofia del adjetivo, nos dedicábamos a decir que determinado presidente era un “terrorista” o un “genocida”, pero no contábamos el número de muertos que habían producido sus políticas. Lo que ocurres es que, evidentemente, con los datos a secas no se hace periodismo. ¿Qué sería el periodismo? Reunir los datos, el contexto, los antecedentes, la historia, los enfoques, las voces y la presencia del periodista. Con todos esos elementos se hace buen periodismo. No se puede abrumar con datos al lector. Sin embargo, cuando se ha hecho esa hiperinflación de la importancia de los datos, muchos periodistas pueden pensar que cuantos más datos dan, más riguroso es su
periodismo. Pero si el dato no va interpretado, con historia… Decía Kapuscinski que la primera obligación del periodista es conocer la historia. Si al periodista lo mandan a Siria y no conoce la historia del país, de nada le van a servir los datos.

-Otra tendencia hoy muy al uso es la de escribir sobre la crisis de los medios. Ingresos muy magros de las empresas por publicidad, recortes de plantilla, salarios exiguos, desconfianza del público, impacto de las nuevas tecnologías, control cada vez mayor de las grandes empresas y del sector financiero, paro desbocado en la profesión, crédito bajo mínimos de los medios públicos (cuando no se desmantelan)… ¿Hay elementos que se repitan una y otra vez a pesar de que se escriba tanto de la crisis en el presente? ¿Ves problemas que pervivan en el tiempo, que formen parte de la esencia del periodismo?

-Hay muchas cosas que se repiten, pero que las deberíamos recordar porque desgraciadamente no las estamos aprendiendo. Creo que hay un libro mítico, “Periodismo y lucha de clases”, de Camilo Taufic, en el que se habla de unos principios -hoy absolutamente olvidados- del funcionamiento de nuestros modelos políticos neoliberales,
capitalistas, y de cómo esas pautas se reproducen en los medios de comunicación. Se plantea en el libro, asimismo, cómo han de
transformarse los medios para no responder a esos modelos.
Desgraciadamente, las nuevas generaciones de periodistas piensan que cualquier libro que no hable de Internet y las redes sociales no tiene ningún valor. Pero yo pienso que hay principios y elementos del periodismo que continúan invariables.

-¿Por ejemplo?

-Pienso que los libros de Kapuscinski son ejemplos elocuentes de cómo logra descubrir la esencia del periodismo. Hay un principio
fundamental que consiste en saber dónde hay una noticia, dónde hay una historia bonita que contar… Eso forma parte del origen de los tiempos en el trabajo periodístico. Y forma parte, también, del sexto sentido del periodista. Es algo que Kapuscinski hace en todos sus libros. Yo no sé el lector normal, pero el lector periodista de Kapuscinski se queda absolutamente envidioso de cómo ha sabido encontrar la historia. Por ejemplo, en “El Tieso”, relato que figura en uno de sus libros, escribe sobre unas minas en Polonia donde muere accidentalmente un joven minero. Se organiza entonces una pequeña brigada con el fin de trasladar el ataúd al pueblo donde vive su familia. Él se apunta al grupo con los cuatro o cinco mozos
corpulentos. En un momento determinado del camino, se estropea el coche en el que se trasladan y han de llevar el féretro a hombros. Paran a descansar en un bosque (con el ataúd en un rincón), y en eso pasan cuatro bellas mozas que van a merendar. Los encuentran, y empieza la cháchara habitual entre jóvenes en edad de merecer. Así se inventa Kapuscinski una historia sobre qué cerca pueden estar el amor y el sexo de la muerte. Del paso de trasladar a tu amigo muerto al coqueteo con una joven veinteañera.

-Pero en este caso se rompería la frontera entre periodismo y literatura. ¿O es que hay que romperla?

-Yo creo que hay que romperla. Estamos hablando de no ficción. Lo hace también en el libro sobre el Sha y el levantamiento de los ayatolás. Eso puede utilizarse para hacer una historia bonita, frívola, incluso de evasión, reaccionaria o para exponer una lucha social. Es sólo un ejemplo de cómo Kapuscinski encuentra una historia que contar.

-Sueles asimilar el periodismo de calidad a la presencia de contexto, antecedentes, análisis, fuentes rigurosas, elaboración de los textos… Pero estos elementos también pueden aparecer en artículos de periodistas conservadores o reaccionarios. ¿Dónde quedaría el factor ideológico?

-Digamos que hay estrategias de intencionalidad que pueden ser comunes a la derecha y a la izquierda. Me refiero a utilizar las fuentes que te interesan, los elementos de contexto que te parecen oportunos… En el libro “Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo” lo desarrollo mucho. Cómo el periodista puede contar una cosa o la contraria según lo que le interese. Por ejemplo, con motivo de las elecciones municipales en un pueblo, puedes poner como noticia que el candidato a alcalde está inaugurando una escuela, que está abriendo una de las diez que prometió, o que es la primera que abre en veinte años. Pueden utilizarse elementos de contexto para insinuar que es el mejor alcalde del mundo, o que debería estar en la cárcel. Ahí entra la intencionalidad. Los grandes medios han aprendido muy bien que sin mentir y sin engañar, sólo con la tergiversación, el estiramiento, el desenfoque o el plano adecuado, pueden contar lo que les interesa. Por eso yo reivindico principios y valores. Desde la izquierda vamos a tener valores de respeto medioambiental, justicia social, defensa de los derechos humanos…Y desde esos principios vamos a aplicar la intencionalidad. Ellos pueden hacer lo mismo, ahora bien, sus principios serán la defensa del imperio, del racismo, del
individualismo y del neoliberalismo. Veamos qué principios entonces son más dignos, los suyos o los nuestros.

-En “La prensa ha muerto” propones un nuevo modelo que desarrollas tras entrevistar a diferentes periodistas y editores. ¿Conversaste con algún periodista “de base” que te contara directamente las ventajas de estos medios “cooperativos”?

-Por ejemplo, un periodista del Junge Welt alemán. Un joven
corresponsal para América Latina que conocí en unas jornadas sobre Cuba y que hablaba castellano. Contaba que ganaba menos, pero que estaba orgulloso porque en este periódico escribían lo que querían. Pero es que si preguntáramos en España, probablemente también encontraríamos a muchos que dicen eso. Yo mismo estoy más a gusto escribiendo un reportaje para Le Monde Diplomatique sobre algo que me gusta, que he decidido y propuesto… He trabajado en los dos campos, y ves lo miserable que puede ser trabajar para un gran medio de comunicación donde un tipo trajeado sale a las 11 de una reunión y te dice: “tú, operario, escribe sobre esto y con esta línea”. O, por el contrario, tener que pensar tú el reportaje. Evidentemente esto es más duro. Tengo que pensar yo el reportaje, ver el enfoque… Que ningún jefe te diga cuál es la noticia y tener que pensar tú dónde está, lo que supone un mayor esfuerzo. Pero también es más bonito. Y sobre todo, así recuperamos esa parte del periodismo que se había perdido: dónde está la noticia. En los últimos tiempos la noticia se había convertido en las “motos” que nos vendían las fuentes interesadas, y que nuestros jefes decían eran las adecuadas…

-¿Ésta es otra de las oportunidades que se plantea con la crisis del periodismo tradicional?

-Todo lo que podías ver en un periódico tradicional, de los que se venden en un quiosco, es siempre algo que alguien quería que se supiera (bueno o malo, no digo que fuera necesariamente miserable, pero era una fuente interesada). Había una frase atribuida a Orwell, aunque no está demostrado que fuera suya, que dice que periodismo es contar algo que alguien no quiere que se sepa. En el periodismo tradicional hace mucho que eso no existe. Ahora estamos recuperando ese tipo de periodismo…

-Por último, te pido opinión sobre cuatro reflexiones que corresponden a dos gigantes del periodismo (las tres primeras a Kapuscinski, y la cuarta a García Márquez). En “Los cinco sentidos del periodista” el primero de los autores afirma lo siguiente: “Personalmente, creo que existe inclusive una proporción entre la lectura previa y la buena escritura. Para producir una página debemos haber leído cien. Ni una menos. Antes de escribir cualquiera de mis libros, leí unas 200 sobre cada uno de sus temas. En algún sentido, escribir es la menor parte de nuestro trabajo”.

-Totalmente de acuerdo. Sin ninguna duda. A veces he pensado de cuántos libros bebo antes de escribir un nuevo libro. Nunca menos de 50. No digo documentos, que pueden ser más. Y te das cuenta de algo muy curioso. Uno tiene la sensación de que cuando ya tiene todos los retales, se trata de sentarse y hacer el libro. Pero sin Internet. Hay un libro que representa esto, creo, mejor que ninguno: “Diez días que estremecieron el mundo”, de John Reed. Se va a Rusia durante la revolución, tomas sus notas, recoge sus documentos, y luego se encierra durante un mes… Entonces sale un libro. Lo importante aquí es el proceso, lo que hace antes de encerrarse. De hecho, el enclaustrarse en una habitación para escribir el libro es la parte más sencilla.

-La segunda, también de “Los cinco sentidos del periodista”: “Yo soy partidario de escribir con pasión. Cuanta más emoción, mejor para el lector. La emoción da fuerza al texto”.

-Lo que ocurre, creo, es que la emoción y el sentimiento provocan malos artículos en el que no es buen periodista. Pero la emoción y el sentimiento ayudan o provocan buenos artículos en el que es buen periodista. Muchas de las cosas brillantes que podamos escribir, si no estás viviendo la emoción no te salen. Es fundamental. Lo que sucede es que muchos creen que sólo con la emoción se pueden escribir buenos artículos. Y no es verdad. La emoción es necesaria para hacer un buen periodismo, pero nunca suficiente.

-El periodista polaco afirma, en “Los cínicos no sirven para este oficio”, que uno de los rasgos específicos de la profesión
periodística es “una cierta disposición a aceptar el sacrificio de una parte de nosotros mismos. Todas lo son, pero la nuestra de una manera particular. El motivo es que nosotros convivimos con ella veinticuatro horas al día (…). Éste es un trabajo que ocupa toda nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo. O, al menos, de hacerlo de un modo perfecto”.

-Hombre, suena un poco mítico, ¿no? Recuerdo a Luis María Ansón, en el ABC, que decía que había dos profesiones que necesitaban ser casi sacerdocios. Una era la del sacerdocio propiamente dicho; y otra, la del periodista. Yo creo que no necesariamente, pero sí que uno ha de tener puesto constantemente un radar. Además, para eso no hace falta ni la intencionalidad. El que es buen periodista tiene el radar para ver dónde hay una historia, algo que denunciar o que desentrañar. Eso pienso que no es un sacrificio ni es difícil. Algunas veces, como la verdad, es inevitable. Llega un momento en que uno tiene esa “capacidad” (o esa “cruz”) de que cuando un amigo le cuenta lo que le pasó ayer, está viendo un reportaje o a un potencial entrevistado. Casi de manera instintiva. Es como el médico que ve un accidente de tráfico y lo que le “sale” al llegar allí es ver si puede curar al afectado.

-¿Esa capacidad es natural o aprendida?

-Se aprende, es un hábito. Lo digo por mi experiencia en algunos medios donde había que esforzarse en buscar la noticia… Creo que ése es un ejercicio muy bueno y no siempre habitual en los medios tradicionales. Tener que esforzarte. Ahora, sin embargo, creo que se está recuperando, ya que al salirse del “rebaño” también esos medios convencionales, el periodista ha de pensar y perseguir la información. Como ya no estás en nómina, ya nadie te dice qué has de hacer a cambio de un sueldo. El “free-lance” ha de estar todo el día maquinando dónde puede encontrar una noticia para sobrevivir.

-“La grabadora es un invento luciferino”, decía Gabriel García Márquez.

-Tiene su sentido. Los grandes periodistas, también lo afirma Kapuscinski, dicen que con la grabadora el entrevistado se ve intimidado y además no se ve tan sincero. Y que el periodista tomando notas aprende a hacer el proceso de síntesis de un modo mucho más natural que con la grabadora. A mi juicio la grabadora es una red. Primero, por si te dicen que es mentira lo que has escrito. O por si en algún momento tienes un lapsus y no te acuerdas de algo; pero también hay que tener en cuenta al entrevistado. A un Premio Nobel de Literatura, seguramente el periodista no será capaz sin grabadora de trasnscribir las palabras con la misma belleza y precisión. Pero en el testimonio por un accidente de tráfico, probablemente con las notas sería suficiente. Creo que esa opinión sobre la grabadora forma parte también de la lírica del periodismo.

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Francia herida en el corazón de su laicismo y de su libertad

13/01/2015 by maestro Deja un comentario

Edgar Morin /
Le Monde /

La expresión de François Hollande es justa: Francia herida en el corazón”. La han herido en el corazón de su naturaleza laica y su idea de libertad, justamente contra un semanario típicamente irrespetuoso, de lo burlesco hasta toda forma sagrada, especialmente religiosa. Ahora bien, la falta de respeto de Charlie Hebdo se sitúa en la risa y el humor, lo que otorga al atentado un carácter monstruosamente imbécil.

Nuestra emoción no debe paralizar nuestra razón, como tampoco la razón debe atenuar nuestra emoción.

Una contradicción insuperable

Hubo problemas en el momento de publicar las caricaturas. ¿Es necesario dejar que la libertad ofenda la fe de los creyentes del islam degradando la imagen de su Profeta o es que la libertad de expresión prima sobre toda otra consideración? Mi sentimiento es que existe una contradicción insuperable, tanto más desde que soy de los que se oponen a la profanación de los lugares y los objetos sagrados.

Pero que se entienda bien, ello no disminuye mi horror y mi asco por el atentado a Charlie Hebdo. Dicho esto, mi horror y mi asco no pueden impedirme contextualizar ese inmundo atentado. Ha significado la irrupción en el corazón de Francia de la guerra de Medio Oriente, guerra civil e internacional en la que Francia ha intervenido siguiendo a los EE.UU.

El ascenso del Estado Islámico es ciertamente una consecuencia de las radicalizaciones y la putrefacción de la guerra en Irak y en Siria, pero las intervenciones estadounidenses en Irak y en Afganistán han contribuido a la descomposición de naciones compuestas étnica y religiosamente, como Siria e Irak.

Los EE.UU. han sido aprendices de brujos y la heteróclita y sin fuerza real coalición que dirigen está condenada al fracaso, puesto que no reúne a todos los países interesados y dado que tiene por objetivo de paz la imposible restauración de la unidad siria-iraquí, mientras que la única salida pacífica (actualmente irrealizable) sería la formación de una gran confederación de pueblos, etnias, religiones de Medio Oriente con el aval de la Organización de las Naciones Unidas, único antídoto para el Califato.

Coincidencia

Francia está presente con su aviación, por los franceses musulmanes que se han incorporado a la yihad, por los franceses musulmanes que han regresado de la yihad y ahora está igualmente claro que Medio Oriente está también en el interior de Francia a través de la criminal actividad que ha debutado con el atentado a Charlie Hebdo, como también lo está el conflicto palestino-israelí.

Además existe una coincidencia, por otra parte fortuita, entre el islamismo integrista asesino que acaba de manifestarse y las obras islamófobas de Zemmour y Houllebecq, convertidas en síntomas de una virulencia agravada de la islamofobia no solo en Francia, sino también en Alemania o en Suecia.

El miedo se agravará

El pensamiento reduccionista triunfa. No solamente los asesinos fanáticos creen combatir a las cruzadas y a sus aliados los judíos (que los cruzados masacraban) sino que los islamófobos reducen todo lo árabe a su supuesta creencia en el islam, reduciendo lo islámico al islamismo, el islamismo al integrismo, el integrismo al terrorismo. Ese antislamismo se vuelve cada vez más radical y obsesivo y tiende a estigmatizar a toda una población más importante aún que la población judía que fue estigmatizada por el antisemitismo antes de la guerra y de Vichy.

El miedo se agravará entre los franceses de origen cristiano, entre los de origen árabe, entre los de origen judío. Unos se sienten amenazados por los otros y se está produciendo un proceso de descomposición que tal vez pueda detener la gran manifestación del sábado 10 de enero, porque la respuesta a la descomposición es la unión de todos, de todas las etnias, de todas las religiones y de todas las corrientes políticas.

Edgar Morin es sociólogo y filósofo.

Fuente: http://www.lemonde.fr/idees/article/2015/01/08/la-france-frappee-au-c-ur-de-sa-nature-laique-et-de-sa-liberte_4551971_3232.html#fQRupvGXzdvtqVHI.99

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EEUU, el Estado terrorista número uno

03/11/2014 by maestro Deja un comentario

Noam Chomsky/
La Jornada/

Oficial: EU es el mayor Estado terrorista del mundo y se enorgullece de serlo. Esa debería ser la cabeza de la nota principal del New York Times del 15 de octubre pasado, cuyo título, más cortés, dice así: Estudio de la CIA sobre ayuda encubierta provoca escepticismo sobre el apoyo a rebeldes sirios.

La nota informa sobre una revisión hecha por la CIA a las operaciones encubiertas recientes para determinar su efectividad. La Casa Blanca concluyó que, por desgracia, los éxitos son tan escasos que es necesario reconsiderar esa política.

Se incluye una declaración del presidente Barack Obama de que pidió a la CIA llevar a cabo esa revisión para encontrar casos en los que financiar y proveer de armas a una insurgencia en algún país haya funcionado bien. Y no pudieron hallar mucho. Por eso Obama tiene cierta renuencia a continuar con esos esfuerzos.

El primer párrafo cita tres ejemplos importantes de ayuda encubierta: Angola, Nicaragua y Cuba. En realidad, cada uno fue una importante operación terrorista lanzada por Estados Unidos.

Angola fue invadida por Sudáfrica, que, según Washington, se defendía de uno de los más notorios grupos terroristas del mundo: el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Eso fue en 1988.

Para entonces el gobierno de Ronald Reagan estaba prácticamente solo en su apoyo al régimen del apartheid, incluso violando las sanciones que su propio Congreso había impuesto al incremento del comercio con su aliado sudafricano.

Washington se unió a Sudáfrica en dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas Savimbi en Angola. Continuó haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada, y de que Sudáfrica le había retirado el respaldo.

Savimbi era un monstruo cuya ambición de poder había llevado abrumadora miseria a su pueblo, en palabras de Marrack Goulding, embajador británico en Angola.

Las consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que las depredaciones sudafricanas provocaron 1.5 millones de muertes en países vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma. Fuerzas cubanas finalmente vencieron a los agresores sudafricanos y los obligaron a retirarse de Namibia, la cual habían ocupado ilegalmente. Sólo Estados Unidos siguió apoyando al monstruo Savimbi.

En Cuba, después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el entonces presidente estadunidense John F. Kennedy lanzó una campaña asesina y destructiva para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según palabras del historiador Arthur Schlesinger, aliado cercano del mandatario, en su biografía semioficial de Robert Kennedy, a quien se asignó la responsabilidad de esa guerra terrorista.

Las atrocidades contra Cuba fueron graves. Los planes consideraban que el terrorismo culminara en un levantamiento en octubre de 1962, que daría pie a una invasión estadunidense. Hoy día la academia reconoce que esa fue una de las razones por las que el entonces primer ministro soviético Nikita Jrushchov emplazó misiles en Cuba, con lo que se produjo una crisis que se acercó peligrosamente a una guerra nuclear. El entonces secretario de la Defensa Robert McNamara concedió más tarde que si él hubiera sido un gobernante cubano, habría esperado una invasión estadunidense.

Los ataques terroristas contra Cuba continuaron durante más de 30 años. Desde luego, el costo para los cubanos fue severo. Los recuentos de víctimas, de los que apenas si se oye en Estados Unidos, fueron dados a conocer en detalle por primera vez en un estudio del experto canadiense Keith Bolender, Voices From the Other Side: an Oral History of Terrorism Against Cuba (Voces desde el otro lado: historia oral del terrorismo contra Cuba), en 2010.

El saldo de la prolongada guerra terrorista fue amplificado por un sofocante embargo, que continúa a la fecha en desafío al mundo. El 28 de octubre pasado, la Asamblea General de la ONU avaló, por vigésimo tercera vez, la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. La votación fue de 188 a dos (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones de
subordinados isleños de Estados Unidos en el Pacífico.

Hoy día existe cierta oposición al embargo en altos estratos estadunidenses, informa ABC News, porque ya no es útil (citando el libro reciente de Hillary Clinton, Hard Choices). El experto francés Salim Lamrani pasa revista a los aciagos costos para los cubanos en su libro de 2013 La guerra económica contra Cuba.

Apenas si hace falta mencionar a Nicaragua. La guerra terrorista de Ronald Reagan fue condenada por el Tribunal Internacional de La Haya, que ordenó a Estados Unidos poner fin a su uso ilegal de la fuerza y pagar sustanciales reparaciones de daños.

Washington respondió intensificando la guerra y vetando una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a todos los estados -con dedicatoria a Estados Unidos- a observar el derecho internacional.

Otro ejemplo de terrorismo se conmemorará el 16 de noviembre, en el 25 aniversario del asesinato de seis sacerdotes jesuitas en San Salvador por una unidad terrorista del ejército salvadoreño, armada y entrenada por Estados Unidos. Bajo las órdenes del alto mando militar, los soldados irrumpieron en la universidad jesuita para dar muerte a los sacerdotes y a todo testigo, incluidas su ama de llaves y la hija de ésta.

Este suceso culminó las guerras terroristas de Estados Unidos en Centroamérica en la década de 1980, aunque sus efectos aún ocupan las primeras planas, en los informes acerca de los inmigrantes ilegales, que en buena medida huyen de las consecuencias de aquella carnicería y son deportados de Estados Unidos para sobrevivir, si pueden, en las ruinas de sus países de origen.

Washington también ha surgido como el campeón mundial en generar terror. El ex analista de la CIA Paul Pillar advierte sobre el impacto generador de resentimiento de los ataques de Estados Unidos en Siria, que podrían inducir aún más a las organizaciones yihadistas Jabhat al-Nusra y Estado Islámico a reparar su ruptura del año pasado y hacer campaña conjunta contra la intervención estadunidense, presentándola como una guerra contra el Islam.

Esa es ahora una consecuencia familiar de las operaciones
estadunidenses, que han ayudado a propagar el yihadismo de un rincón de Afganistán a gran parte del planeta.

La manifestación más temible del yihadismo hoy día es el Estado Islámico, o Isil, que ha establecido su califato asesino en vastas zonas de Irak y Siria.

Creo que Estados Unidos es uno de los creadores claves de esta organización, asevera el ex analista de la CIA Graham Fuller, prominente comentarista sobre aquella región. Estados Unidos no planeó la formación del Isil, pero sus intervenciones destructivas en Medio Oriente y la guerra en Irak fueron las causas básicas del nacimiento del Isil, añade.

A esto podríamos agregar la mayor campaña terrorista del orbe: el proyecto global de asesinato de terroristas lanzado por Obama. El impacto generador de resentimiento de esos ataques con drones y con fuerzas especiales debe de ser bastante conocido para requerir mayor comentario.

Todo esto constituye un registro que hay que contemplar con cierto horror.

Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge. Su libro más reciente es Masters of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2014/11/01/index.php?section=opinion&article=022a1mun

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En Concreto / Iván Gutiérrez: Complot petrolero

30/10/2014 by maestro 1 comentario

Nos resulta atractiva la tesis según la cual la caída de los precios del petróleo se debe a manipulaciones políticas de los Estados Unidos en consecuencia con la línea agresiva que está desarrollando contra Rusia, por un lado, y contra China, por el otro.

Se argumenta que los precios del petróleo no sólo están determinados por los factores clásicos de oferta y demanda sino que ahora se incorporaron las operaciones especulativas como un factor determinante. En efecto, en los centros bursátiles más importantes del mundo se tranzan operaciones donde entran en juego millones de barriles de petróleo. Incluso muchas de esas operaciones son realizadas a futuro. Se trata de barriles de papel, que pueden pasar de mano en mano sin que aparezcan físicamente. Bien, en varios momentos estos “barriles de papel” han colocado el precio del barril de petróleo en niveles muy altos todo ello producto de la acción especulativa, lo cual implica que lo determinante han sido las expectativas, asunto en el cual caben todo tipo manipulaciones.

Estados Unidos se ha mostrado muy agresivo en su intensión de meter a Rusia en cintura. El reto planteado en Siria, al inicio del largo conflicto en ese país, por Rusia, al impedir el bombardeo a Siria y brindándole respaldo político a su gobierno, iba a ser cobrado cuando lo consideraran oportuno. Quizás en Estados Unidos piensen que ahora es el momento, dadas las vulnerabilidades que presenta Rusia y que los acercamientos estratégicos entre este país y China a penas se inician. Es de pensar que si estas alianzas se consolidan sería mucho más difícil ejercer presión hacia cualquiera de los dos países.

En realidad es difícil aceptar que la gente del Estado Islámico haya armado un ejército de más de 30 mil hombres y la CIA no se dio cuenta. A estas alturas uno no puede saber si el asunto se le ha ido de las manos al Departamento de Estado o si en realidad está ocurriendo lo que fue planificado. El desplazamiento del centro del conflicto hacia Siria hace pensar que quizás ese era uno de los objetivos. Hoy resulta difícil imaginar que Siria pueda mantenerse como un Estado soberano. Lo más probable es que se divida en tres o más pedazos.

Llama la atención que aún en territorios en pleno conflicto bélico se continúe produciendo una buena cantidad de barriles de petróleo. Se producen en Irak y también en Siria. Pero también en Libia, sumergida en un amplio conflicto interno, la producción de petróleo es significativa.

Arabia Saudita entra en la jugada contra Rusia por varias razones, entre las cuales aparecen de manera visible las comerciales y políticas. En las primeras, Rusia es el competidor más importante en el mercado asiático del petróleo saudí. Los acuerdos entre China y Rusia arrebatan millones de barriles a los productores grandes del Medio Oriente. Rusia, además, es aliada fundamental de Irán, país que disputa la hegemonía en el Medio Oriente a los saudís y constituye una amenaza militar para Israel.

Todo este cuadro fundamenta la teoría del complot petrolero como una razón importante en la caída de los precios del petróleo. Esto, más las historias conocidas de complot en el mundo petrolero.

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BOLIVIA: EL DESAFÍO DESPUÉS DEL TRIUNFO

17/10/2014 by maestro Deja un comentario

Rafael Bautista S./

Nadie podría negar el hecho de que Bolivia se ha vuelto un referente a nivel ya no sólo regional; lo cual ha permitido que las ideas que emergen del “proceso de cambio” repercutan de modo positivo en ámbitos hasta académicos. La descolonización, el vivir bien y el Estado plurinacional son conceptos ineludibles a la hora de referirse a los nuevos horizontes políticos que han inaugurado los pueblos de esta parte del planeta; horizontes que llenan ahora la orfandad utópica que la crisis del primer mundo arrastra como señal de su propio
eclipsamiento civilizatorio. La aparición irreversible de un embrionario mundo multipolar, muestra la decadencia, ya no sólo del capitalismo, sino del horizonte cultural y civilizatorio que le dio origen: la modernidad.
La crisis climática es la denuncia más elocuente a una racionalidad que, en cinco siglos, ha desatado una multiplicación de crisis globales que arrastra a la humanidad a un punto de no retorno. La producción y el consumo modernos se hacen irracionales a la luz de la constatación de la finitud de los recursos naturales. La naturaleza no es infinita, es sujeto, Madre, en consecuencia, es un ser vivo y tiene derechos. En ese sentido, el “vivir bien” no es un slogan sino lo que se deduce de una relación de respeto y equilibrio entre ser humano y naturaleza: de la vida de la Madre depende la vida de los hijos. Una economía que, para producir debe constante y sistemáticamente destruir la fuente de donde emana todo lo que sirve para vivir, es una economía suicida; se vuelve una economía de la muerte. La forma de vida que patrocina esa economía es sólo vida para la codicia de algunos (el 1% rico del planeta) pero muerte para todos, incluida la naturaleza. Lo que emana de Bolivia se refuerza políticamente por eventos como el que se vivió en las pasadas elecciones. Una vez más el
compañero-presidente Evo Morales es depositario de la confianza del pueblo boliviano por una amplia mayoría y será cabeza estatal hasta el 2020. Pero pasado el triunfo, conviene la reflexión meditada de lo que se viene; pues si la primera gestión de gobierno estuvo amenazada por la resistencia fascista conservadora, la segunda se caracterizó por serias contradicciones que emanaron del propio gobierno y que dieron lugar, en esta última elección, a una disminución considerable del voto. No se trata de una “aplastante victoria”, pues los porcentajes bajaron considerablemente en el occidente del país (donde el MAS pasaba del 70% ahora sólo pasa del 60%), lo cual merece una detenida mirada de carácter estratégico, pues esta tercera gestión debiera de resolver las contradicciones que envolvieron la última gestión estatal.
Es cierto que Evo representa un parteaguas en la historia de Bolivia, pero ese parteaguas no es diáfano y es, porque se trata de un proceso, de un transitar no exento de contradicciones; que no se tratan de las “tensiones creativas” que le gusta repetir a nuestro vicepresidente sino de contradicciones que manifiestan lo que René Zavaleta llamaba la “paradoja señorial”. Es decir, las condiciones objetivas de un proceso revolucionario pueden ser disueltas si las condiciones subjetivas de, sobre todo, la dirigencia del proceso no están a la altura del acontecimiento revolucionario. En Bolivia esta paradoja consistió siempre en la creencia señorialista de que sólo hay patrón mientras haya indios; en términos izquierdistas esto supuso siempre abrazar el desarrollismo como el verdadero modelo que nuestros pueblos debían asumir para “modernizarse”.
Se decía (y se sigue creyendo) que, para alcanzar el socialismo, primero hay que adoptar la dinámica del capitalismo (desarrollo de los medios de producción, de las fuerzas productivas, etc.); que el capitalismo sería la etapa desarrollista necesaria para alcanzar la etapa emancipatoria del socialismo. Pero ese es precisamente uno de los dogmas que produjeron el fracaso del socialismo del siglo XX (si algo hay que actualizar en la discusión es precisamente la discusión de Marx con los narodniki rusos, los llamados populistas (por los bolcheviques), pues de aquella discusión se colige que el capitalismo no es un paso necesario y ni siquiera deseable si se trata de producir una economía socialista).
En ese sentido, “modernizarse” supuso siempre un proceso de
asimilación por subsunción. Renunciar a lo que se es para adoptar la forma de vida del dominador; desde el liberalismo hasta el
nacionalismo y hasta para los marxistas, lo indio que cargamos es algo que tiene que desaparecer en el tren del progreso y el desarrollo. En esa apuesta no se parte de lo propio sino lo propio es la rémora que impide la “modernización”. Por eso el Estado no objetiva lo propio de la nación sino que se sostiene en ideales, valores y fundamentos ajenos que estructuran un Estado aparente, carente de soberanía propia. Por eso se trata de un Estado colonial; es decir, no es colonial por premoderno sino por querer ser precisamente moderno. La modernidad nace rebosante de mitos de dominación, uno de ellos es el racismo, que consiste en la clasificación antropológica de la humanidad en torno a la naturalización de las relaciones de
dominación. Sólo produciendo la inferiorización del indio puede la subjetividad moderna concebir su superioridad. Este mito constituye la creencia ingénita e irrenunciable de la ciencia y la subjetividad moderna, que la reproducen hasta los revolucionarios marxistas (por eso un proceso de liberación puede devenir en una nueva dominación). El desarrollado se impone, hasta por imperativo moral kantiano, desarrollar al menos desarrollado; si éste se resiste es culpable hasta de la violencia que se le administra por su propio bien. Se supone que el señor es el desarrollado y el indio no y, si el indio quiere desarrollarse, debe aspirar a ser señor, pero para ser considerado señor debe haber indios, o sea, inferiores. Modernizarse significa entonces dominar, aspirar a ser señor, patrón; pero en un mundo ya establecido en patrones clasificatorios, los señores periféricos sólo lo son a medias, pues su poder es sólo local y, en la medida en que ingresan al mundo moderno y sus prerrogativas, lo hacen en calidad de subordinados. Por eso el desarrollo al que apuestan desarrolla al centro y nunca a la periferia. El proceso de asimilación amputa toda posibilidad de liberación, pues lo único afirmado resulta las ideas y los prejuicios del dominador (traducidos en ideología, tenemos al desarrollo).
La tensión actual que el gobierno tendría que dilucidar en esta tercera gestión es aquella apuesta decidida que la anterior gestión, sobre todo, se ha encargado de efectivizar a costa de los ideales propios del “proceso de cambio”. Se trata de la tensión (nada creativa) entre el desarrollismo y el “vivir bien”. Si bien nuestro discurso es, ante el mundo, propositivo, éste no deja de ser retórico cuando lo que efectivamente se produce, en los hechos, es, aun en términos post-neoliberales, capitalismo puro; o sea, se puede ser anti-neoliberal y seguir afirmando el capitalismo (incluso se puede afirmar un post-capitalismo sin renunciar a los ideales modernos, como el famoso progreso infinito, presupuesto de un crecimiento ilimitado y un desarrollo infinito, base epistémica de la racionalidad económica que la crisis climática se ha encargado de poner, precisamente, en crisis).
Por ello no es de extrañar que las entidades económico-financieras globales tomen a Bolivia como ejemplo; pues si de lo que se trata es de recomponer el sistema económico mundial y su disposición
geopolítica centro-periferia, nada mejor que, precisamente, nuestras economías, como siempre, subvencionen una nueva recomposición de los capitales centrales. El crecimiento, la estabilidad macroeconómica y el PIB sirven para eso. Por eso no es raro que el PIB sea ahora el factor decisivo de la medición de lo que nuestras economías realizan y, sumado a ello, la abusiva tendencia financierista a afirmar que el crecimiento del PIB garantiza el bienestar material de las grandes mayorías; cuando se sabe muy bien que este índice, desde su creación (allá por el 1937, cuando Simon Kuznets presentó al congreso norteamericano un informe sobre “El ingreso nacional: 1929-1935”), se convierte en el criterio para evaluar el comportamiento exclusivamente capitalista de una economía, en términos además macro, sus alzas y bajas y, expresamente, para compararla con las demás, bajo el paradigma desarrollista de la competencia de las economías en torno al mercado.
Esto quiere decir que el PIB, por sus propias prerrogativas, no puede considerarse como medida apropiada para verificar el estado de bienestar de toda una población, sobre todo si es periférica. Hasta Moses Abramovitz se mostraba muy escéptico con la visión de que la tasa de crecimiento del bienestar puede estimarse a partir de los cambios en la tasa de crecimiento del producto; lo mismo que Joseph Stiglitz, para quien el PIB no es un índice adecuado para medir el bienestar. Esto quiere decir que una economía puede crecer según el índice PIB sin que ello signifique que crezca el empleo, se reduzca la desigualdad o desaparezca la pobreza o que ello signifique mayor bienestar.
Un Estado que adopta este tipo de criterios de evaluación de sus logros económicos, destaca haber asumido aquella normalidad de un Estado insensible a las señales de la desigualdad congénita del capitalismo (como reconocía Hegel, la sociedad moderna es posible por la producción sistemática de desigualdad). Por eso el PIB se vuelve un credo para los economistas, ministros y, sobre todo, para los Bancos y para los actores financieros; en el PIB se condensa la visión de las élites, porque éstas defienden sus privilegios, que se reflejan en la estabilidad macroeconómica; la defensa de esa estabilidad se hace dogma para una economía que se piensa como ciencia de los negocios. Que en Bolivia el PIB haya pasado de 9.525 millones de dólares en 2005 a 30.381 en 2013, y el PIB per cápita saltó de 1.010 a 2.757 dólares, manifiesta una medida nominal, no real. Añadamos esto: del PIB per cápita no se deduce un bienestar material general y menos un bienestar espiritual.
Bolivia ha crecido económicamente y los 14.430 millones de dólares en reservas internacionales equivalen al 47 % del PIB, lo cual representa el porcentaje más alto de América Latina y hace de Bolivia el país de mayor crecimiento del continente en este 2014. Pero todos estos logros sólo hacen referencia a una eficiente administración de una economía que se comporta según los patrones establecidos, es decir, según las necesidades y requerimientos de una economía que, para colmo, ha entrado en crisis terminal y, sin embargo, sobrevive por la tendencia de nuestros procesos a seguir manteniéndola a toda costa. Una lectura geopolítica y geofinanciera podría ayudarnos a entender que, de nada sirve nuestro crecimiento, si éste permite la estabilidad del dólar y la consecuente legitimación de su institucionalidad mundial en crisis. El desacoplamiento financiero del dólar es tarea urgente en un proceso de liberación real. El hecho de que nuestras economías no tienden hacia aquello le da un respiro al primer mundo, que puede recomponer su economía gracias a nuestro sostén, brindándoles además la posibilidad de reponer su poder y restablecer su tablero geopolítico. La liberación es, hoy por hoy, ante todo, financiera. Pero esto no quiere decir solamente su control público sino su democratización bajo un nuevo horizonte de vida; y esto pasa por una transformación de la propia racionalidad que ha articulado los valores y las creencias de la economía como ciencia de los negocios, desde donde se justifica la desigualdad y se promueve una cultura de la producción y del consumo irracionales, en torno siempre a la maximización de la tasa de ganancias.
En ello consiste el crecimiento económico y el desarrollo como fundamento de una sociedad (profundamente insensible a la injusticia) que se constituye bajo la ilusión del progreso infinito. En ese contexto, el proceso boliviano se sitúa en una disyuntiva que es precisamente la disyuntiva que enfrenta la propia humanidad. El precio de recomponer la economía actual es un precio que lo tendría que pagar la propia naturaleza. Por eso se hace urgente un redireccionamiento de las finalidades mismas de la economía. Sólo en ese caso el “vivir bien” deja de ser retórica.
El “vivir bien” no es un modelo. Se trata más bien de un horizonte de sentido, del cual se puede deducir criterios de evaluación de toda acción racional económica; en ese sentido, la acción racional medio-fin o la instrumental, queda supeditada a una racionalidad circular que nace del respeto a la relación simbiótica que establecen naturaleza y ser humano; de ello se colige que ninguna producción puede ni debe destruir la capacidad reproductiva de la naturaleza, que a los costos de extracción de algún recurso debe añadírsele los costos de reproducción que le cuesta a la naturaleza reponer lo que se le ha sacado.
Eso, imposible para la visión empresarial, sólo puede ser acometida por un Estado; de lo cual se colige que toda producción estratégica no puede estimarse según el criterio de la ganancia. La producción, que es producción para la vida, no puede ser evaluada según criterios mercantiles. Lo cual nos conduce a establecer otro tipo de criterios de evaluación de los rendimientos económicos deseables.
Todo esto debiera ser acompañado por un nuevo marco jurídico que proteja a una nueva economía que ya no presuponga la propiedad privada como la objetivación de un sujeto de derechos. Desde la legalidad liberal moderna, ni el carente de propiedad, el pobre, ni la naturaleza son sujetos de derechos (por eso se los puede dominar y explotar sin piedad), por eso esa legalidad es pertinente
exclusivamente para el capitalismo; ninguna nueva economía puede desarrollarse si no cuenta con un nuevo marco legal que la haga posible. A una nueva economía comunitaria o para la vida le
corresponde una nueva legalidad.
Toda la promoción del crecimiento actual, en términos siempre desarrollistas, genera grandes excedentes y riqueza impactante, eso explica el desiderátum oficialista de enmarcar nuestra economía en los cánones macroeconómicos y asegurar una estabilidad financiera acorde a los requerimientos de la acumulación de capital global (vía
transferencia de valor, de la periferia al centro); pero esa riqueza es ilusoria y, en el mediano plazo, dada la crisis climática (como consecuencia de ese tipo de producción de riqueza), nos conducirá inevitablemente a situaciones regresivas de carácter irreversible (que serán más cruentas en nuestros países, dada la vulnerabilidad de nuestras economías). El precio de la acumulación de aquella riqueza, cada vez más impactante, será impagable.
Por ello la economía ya no puede sostenerse según los índices que establece su orientación exclusiva hacia la acumulación de la tasa de ganancia. Incluso siendo fieles al modo inicial de despegue
capitalista en el mundo, no sólo la defensa del mercado local (no apertura de fronteras comerciales) es fundamental sino, sobre todo, la producción y el consumo local (no es la agroindustria la que alimenta a la humanidad sino la producción campesina local). Lo que mueve la economía global son las transnacionales y la competencia de éstas en torno a la maximización de sus ganancias es lo que está destruyendo al planeta; el flujo de capital del Sur al Norte, por la arquitectura financiera del dólar, sostiene la insania de esa economía, que no sólo promueve una producción irracional (para seguir ganando) sino también un consumo irracional (para seguir ganando).
El capitalismo se expande por la producción de ese tipo específico de consumo, porque en el consumo se realiza no sólo el capital sino la forma de vida contenida en la mercancía; porque lo que se consume, en última instancia, es la intencionalidad contenida en el producto. La forma de la producción produce no sólo al productor sino al consumidor también. La alienación prototípica de la producción capitalista contiene esa constancia, muy poco advertida por el economicismo marxista. Por eso, no es lo mismo producir para ganar que producir para la vida. En el primer caso nadie gana, pues si todo consiste en ganar, gano para que otros pierdan, mi riqueza es miseria ajena, lo producido ya no satisface ninguna necesidad sino se vuelve mediación para que siga ganando, de ese modo mi producción ya no me humaniza sino me llena de codicia. Un crecimiento ilimitado es la formalización de la pulsión de la codicia hecha forma de vida.
Por eso la derecha es derrotada en las últimas elecciones, porque los propósitos económicos que se plantea la tendencia desarrollista en el gobierno son inobjetables para ella misma. Por eso se quedan sin discurso, porque el indio presidente les ha demostrado que puede administrar sus propias prerrogativas y hasta del mejor modo posible; por eso lo único que pueden argüir es reclamos pueriles de corrupción o autoritarismo (cultura que constata una estructura colonial que la derecha se encargó de impulsar en pleno periodo neoliberal). La última contienda electoral estuvo, por ello mismo, desprovista de toda lucha ideológica. La discusión política se hace más mediática, lo cual quiere decir que se gasta más en publicidad que en educación, eso explica que nuestros procesos hayan perdido horizonte y perspectiva y se hayan diluido en un pragmatismo utilitarista; por ello no es raro que casi todo consistía en cuánto más ofrece tal o cual candidato. Frente a la insurgencia mediática los gobiernos populares sólo responden reactivamente y ya no propositivamente.
Pero en este periodo de transformación ya no se trata sólo de defender el proceso sino de profundizarlo; pareciera que se ha olvidado que, en un proceso de constitución de un nuevo Estado, la lucha es simbólica y ésta sólo puede ser acometida por la clarificación del horizonte tentativo. La clarificación de este horizonte tentativo que abraza el nuevo Estado tiene que devolverle al propio Estado su carácter político, esto quiere decir su capacidad de generar un nuevo sentido común y la visión operativa de un porvenir común; sólo así puede determinarse como la mediación histórica adecuada para articular a todo un pueblo en voluntad democrática y constituirse como proyecto histórico. La llamada democracia participativa no puede diluirse en lo testimonial sino debe recuperar lo deliberativo de todo ejercicio democrático. Eso es lo que el presidente Evo demandaba cuando afirmaba que la política debe constituirse en “la ciencia de servir al pueblo”. Esta tercera gestión es decisiva. En ella se advertirá la resolución de la tensión que mencionamos. Para bien o para mal, una de las tendencias se afirmará por sobre la otra. Si la tendencia
desarrollista triunfase entonces podríamos hablar de otro ciclo estatal nacionalista que consiste en la promoción de una nueva elite que, a nombre de la nación, se constituye en el sujeto sustitutivo que desplazó definitivamente al pueblo como sujeto histórico. Esta promoción es democrático-revolucionaria en la medida que amplía los márgenes del poder político, pero se trata de una revolución democrático burguesa. Pero si hablamos de una revolución
democrático-cultural, entonces lo que debiera anunciarse es una trasformación estructural de carácter trascendental.
En ese sentido, un proceso de despegue industrial no tendría por qué imitar el concepto de industria actual basado, para colmo, en energía fósil. El mismo concepto hegemónico de energía debiera ser trascendido por la recuperación del contenido que prevalece en la producción local de los sistemas de vida aún existentes; el derroche de energía fósil es consecuencia del concepto que de energía comprende el mundo moderno.
En ese sentido, la trampa que comprende el concepto de “adaptación” al cambio climático, descansa en la idea extendida de que la energía se quema (hay que quemar menos pero seguir quemando). Aun cuando la invención de la bombilla eléctrica demuestra lo contrario, una civilización basada en la energía fósil y un poder financiero sostenido en los hidrocarburos, hace imposible un recambio de patrón (sólo la industria petrolera mueve 55 billones de dólares en inversión, por eso no les interesa ningún cambio). El cambio sólo puede provenir del Sur global pobre, pues son países no tan
atravesados por el desarrollo y la industrialización imperante. Si nuestros países optaran por remedar la industria actual, en 50 años (que es lo que dura una revolución industrial) no sólo quedaría obsoleta (porque la tendencia inobjetable es hacia energías
renovables) sino inoperable, por el agotamiento de los recursos (en gran medida por las tasas de consumo creciente en el primer mundo). Este panorama hace impostergable la promoción de un nuevo sistema económico y financiero que descanse en un nuevo horizonte de vida, que le brinde a la humanidad la posibilidad de frenar la carrera insensata de un progreso y desarrollo que sólo deja destrucción y miseria a su paso. La apuesta es urgente.
La capacidad de la biosfera de absorber el CO2 está seriamente disminuida, debido sobre todo a un incremento constante de las emisiones de carbono (la concentración de éste en la atmósfera llega al 142% del nivel de la era preindustrial, el de metano llega al 253% y el óxido nitroso al 121%); hay un continuo deshiele de polos y glaciares y la consecuente subida del nivel del mar. Los riesgos de todo aquello se agudizarán cuando el calentamiento global supere 1° y se hará irreversible a partir de los 3°. Esta escenografía resitúa la discusión en torno a las apuestas económicas y nos muestra que el “vivir bien” y los “derechos de la Madre tierra” dejan de ser un slogan romántico del “bon savage” y se convierten en algo digno de tematizar y de realizarse en cuanto política de Estado.
Si la globalización neoliberal consistía en la imposición de un régimen global bajo el imperio de la ley del mercado, donde nuestros Estados cedían su soberanía para ser simples garantes de las decisiones de una burocracia privada transnacional; ahora que se vislumbra un incipiente mundo multipolar, el Sur global no puede desaprovechar esta oportunidad histórica de sepultar un orden unipolar y promover alternativas económicas regionales promovidas por sus Estados, devolviéndoles a sus pueblos la toma democrática de decisiones soberanas para defender y sostener, en el largo plazo, la viabilidad de una economía desacoplada de los intereses de los poderes centrales.
Entonces, lo que se promueva en esta tercera gestión será decisivo para situar o no al “vivir bien” en una panorámica mundial. El Estado plurinacional no es todavía una realidad, pues las estructuras normativas mismas que le sostienen siguen siendo liberales; la constante alusión oficialista a la modernización de las funciones estatales, muestran hasta qué grado se impone todavía la adopción colonial del modelo de Estado moderno.
Su transformación no se garantiza por la yuxtaposición de actores. Tampoco el reconocimiento de las naciones indígenas puede quedar en un reconocimiento meramente culturalista sino que debe hacerse un reconocimiento pleno de derechos políticos; esto es lo que está todavía ausente en las leyes llamadas estratégicas. Los prejuicios señorialistas modernos son todavía el obstáculo del reconocimiento pleno de las naciones componentes de este Estado plurinacional. Cabe recordar que la Liga Iroquesa de los indios de Norteamérica fue el modelo que adoptó la confederación de los Estados Unidos y que manifestó la profunda vocación democrática de las naciones del Nuevo Mundo, pues esa y otras formas democráticas eran comunes a lo largo del continente que invadió Europa.
La democracia, tal cual la concebimos actualmente, no proviene de Europa, pues los europeos eran herederos de tradiciones monárquicas, que impusieron en el Nuevo Mundo, frente a las tradiciones
democráticas que ejercían los pueblos de este continente. Del mismo modo, la literatura utópica, desde “Utopía” de Tomas Moro, la “Nueva Atlántida” de Francis Bacon o la “Ciudad del Sol” de Campanella, se basan todas en relatos de cronistas de la Conquista. El mismo sistema federal podría decirse que lo inventaron los indígenas de
Norteamérica. Esto supone que el Estado no es una invención moderna y que, de la recuperación de formas estatales despreciadas por el mundo moderno, podría producirse una trasformación inédita, novedosa, propositiva, que haga posible una transición positiva del concepto de Estado-nación moderno, hoy en plena crisis, incluso en Europa, hacia lo que sería el Estado plurinacional trans-moderno.
Lo cual no es simplemente el reconocimiento de la diversidad propia de un Estado sino la ampliación democrática del ámbito de las decisiones políticas. La democracia liberal moderna lidia con individuos, por eso resume la democracia en el voto; una democracia comunitaria afirma la comunidad y la comunidad, por definición intersubjetiva, se sostiene en la deliberación democrática. Por eso no hay nada más democrático que una deliberación comunitaria (la validez democrática es sólo posible en una comunidad de argumentación); sólo en la recuperación de las formas comunitarias de vida, la democracia podría amplificarse y democratizarse a sí misma. Si es que el MAS recupera el sentido de su sigla original, el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, IPSP, tendría que dejar de ser un gobierno de los movimientos sociales (si es que alguna vez lo fue) y pasar a ser el ámbito de deliberación de la soberanía de las naciones que componen este nuevo Estado plurinacional.
Sólo un pueblo soberano podría transferir esa soberanía al Estado, pues el Estado no puede brindarse, desde sí mismo, aquello. Ante la crisis civilizatoria necesitamos recomponer formas de vida que nos enseñen cómo hacer frente a la crisis. Por eso se trata de restaurar lo que como humanidad habíamos perdido, en resumidas cuentas, el sentido de la vida. Siempre se ha creído que las culturas indígenas son las atrasadas, que hay que disolverlas y modernizarlas, pero parece que es al revés, pues ninguna de estas culturas eran tan destructora como la moderna, parece que desde ellas se ve mejor las consecuencias fatales del progreso infinito, parecen ser ellas la brújula para salir de la crisis.
La ratificación del presidente Evo afirma un no retorno de la derecha, lo cual no cancela la derechización de la propia izquierda en el poder. Pues la hegemonía actual cuenta con alianzas preocupantes, desde agroindustriales muy ligados a las transnacionales como Monsanto, hasta sectores empoderados que, ya sea como nueva burguesía agraria (el caso de la quinua o la coca) o cooperativistas privados de la minería, impulsan todos una carrera desarrollista que, hace del gobierno un mero administrador de los intereses particulares de estos grupos de poder, mientras estos le garantizan apoyo y una amplia base de legitimación.
Resta saber si el liderazgo incuestionable del presidente Evo podrá articular y subsumir estratégicamente aquellos intereses al bloque histórico que lo llevó al poder (lo propiamente indígena de lo plurinacional) y reencauzar la política estatal en torno a lo que se constituyó como “proceso de cambio”, es decir, a potenciar aquel máximo de nueva disponibilidad común que se constituyó a partir del horizonte propuesto por el sujeto plurinacional.
La Paz, Bolivia, 16 de octubre de 2014
Rafael Bautista S.
autor de “la Descolonización de la Política.
Introducción a una Política Comunitaria”,
Plural editores, la Paz, Bolivia
[email protected]

Publicado en: Invitados

El neoliberalismo de la desigualdad

12/10/2014 by maestro Deja un comentario

Hedelberto López Blanch/
Rebelión/

Para la mayoría de la población mundial resulta imposible comprender cómo solo dos hombres de negocios o una compañía monopolista puedan poseer fortunas que sobrepasan el Producto Interno Bruto (PIB) de más de un centenar de naciones.

Estos son los casos, aunque existen muchos más, de los
multimillonarios Carlos Slim y Bill Gates, y de la compañía
estadounidense Apple. El mexicano Slim, magnate de las
telecomunicaciones y de otras esferas económicas, acumula una fortuna de 85 000 millones de dólares, mientras Gates, fundador de la compañía Microsoft, le sigue en el escalafón de la revista Forbes con 82 000 millones de dólares.

El emporio Apple, que sobresale en computadoras, teléfonos móviles y otros sofisticados equipos y programas, tiene un precio de
capitalización en el mercado de 483 150 millones de dólares y ventas anuales de 173 760 millones.

La fortuna de Slim es superior al PIB de alrededor de 110 países del mundo y las ventas de Apple, mayor que el PIB de 125 naciones, según la lista del Banco Mundial (BM).

La mayoría de las naciones que se encuentran en la relación del BM y que aparecen por debajo de las fortunas o las ventas de los tres casos enunciados, están en África, América Latina, Asia y también en Europa, como Mónaco, Luxemburgo, Serbia, Croacia, Lituania, Eslovenia, Siria, Libia, Jordania, el Líbano, Ghana, Kenia, Tanzania, Mozambique, Laos, Sri Lanka, Bangladesh, Costa Rica, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Panamá, entre muchos otros.

Aunque se puede decir en términos populares que la comparación está traída por los pelos, pues no se puede calcular sobre la base de un índice anual en relación con la riqueza total de una nación, lo cierto es que la visión que ofrece es alarmante e impresionante.

El PIB es el valor total de los artículos y servicios producidos en el país y sus datos reales se ajustan a las variaciones de precio y temporada. Además, casi todas las naciones de la lista del BM, deben dedicar anualmente entre un cuarto y un tercio de su Producto Interno Bruto a cancelar sus adeudos con los organismos financieros
internacionales, lo cual rebaja drásticamente el monto de su PIB.

El BM y el FMI revelaron que en los últimos 25 años, solamente América Latina transfirió a esos organismos y a los centros de poder de las naciones desarrolladas, 2 600 billones de dólares para cubrir el pago de la deuda externa, por fugas de capitales y por la diferencia de precio en las ventas de materias primas.

En muchas naciones, el aumento anual del PIB no está acorde con los resultados de los índices de pobreza ni del bienestar social de sus poblaciones.

En ese aspecto influyen varios factores como son la desigual distribución de las riquezas, la extracción de las ganancias por las empresas transnacionales y las malas políticas socio-económicas que esgrimen los diferentes Estados y gobiernos.

Ineludible nuevo orden económico internacional

En relación con las desigualdades mundiales entre ricos y pobres, observen estos datos adicionales: en 2013, el número de
multimillonarios era de 1 426 y en 2014 ya suman 1 645 con un capital total de 5,7 billones de dólares. Los diez primeros cuentan con una fortuna de 507 600 millones de dólares.

En el reciente 69 Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea de las Naciones Unidas, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, denunció que “la desigualdad en la distribución de la riqueza es cada vez más brutal. Es necesario, ineludiblemente, un nuevo orden económico internacional”.

En la alocución ante el Plenario, Rodríguez Parrilla ofreció lamentables datos: “En el mundo, 1 200 millones de personas viven en la pobreza extrema, 842 millones sufren hambre crónica, hay 774 millones de adultos analfabetos y 57 millones de niñas y niños no escolarizados, lo que confirma que las Metas de Desarrollo del Milenio, cuestionables metodológicamente, fueron un espejismo”.

Cada año que pasa se hace más notable que las políticas neoliberales no resolverán las grandes dificultades que padecen millones de habitantes en el orbe, por lo que resulta inminente la adopción de programas que ayuden a gran cantidad de empobrecidas regiones.

Mientras un reducido grupo de multimillonarios disfruta de abundantes riquezas y hasta gastan fortunas en complacer nimiedades, ¿cuántos niños y niñas deambulan por las ciudades del planeta donde con sus hambres a cuestas son presas fáciles del narcotráfico, la
prostitución, el robo y de los comerciantes de órganos? ¿Cuántos millones de menores en edades escolares laboran en condiciones precarias, en fábricas clandestinas o autorizadas, poniendo
diariamente en riesgo sus vidas para obtener un bocado de comida?

Son situaciones demoledoras que nos muestran la gran inequidad que se vive en estos tiempos y que debe ser resuelta con políticas realistas por parte de los gobiernos, de las Naciones Unidas y de otros organismos internacionales. Hay que enfrentarlos con decisiones efectivas a favor de las grandes mayorías. Si esto no se toma en cuenta, la proyectada Agenda de Desarrollo Posterior al 2015 solo será una esperanza inalcanzable.

De ahí la demanda casi generalizada de los oradores en la presente sesión de la ONU de que esa organización requiere una profunda reforma y la defensa de sus principios.

Publicado en: Invitados

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