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Global

El golpe de Estado en Níger

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jody Ray

El 26 de julio un golpe de Estado —el séptimo en la región en solo tres años— depuso al presidente de Níger. El conflicto en curso amenaza con dividir la región entre facciones prooccidentales y antioccidentales, extendiendo la nueva guerra fría a África.

El 26 de julio, una facción escindida del ejército de Níger derrocó al presidente Mohamed Bazoum, confinándolo en el palacio presidencial. Aunque la infraestructura de telecomunicaciones seguía intacta, un tuit de la oficina del primer ministro afirmaba que Bazoum y su familia gozaban de buena salud, pero que estaban preparados para llamar a la Guardia Nacional al ataque si los soldados sublevados no retrocedían.

En cuarenta y ocho horas, el coronel Amadou Abdramane, rodeado de otros nueve oficiales, tomó el control de las ondas nacionales, declarando que había «puesto fin al régimen que conocen debido al deterioro de la situación de seguridad y a la mala gobernanza». La Unión Africana y la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) condenaron el intento de derrocar a Bazoum, que fue elegido presidente hace dos años en el primer traspaso de poder pacífico y democrático de la nación desde su independencia de Francia en 1960.

Los dirigentes europeos, junto con el jefe de la ONU, António Guterres, condenaron «cualquier intento de tomar el poder por la fuerza» e instaron a respetar la Constitución de Níger, mientras que Estados Unidos expresó su profunda preocupación y pidió que se liberara a Bazoum. Incluso el gobierno de Etiopía, al que las organizaciones de derechos humanos acusaron de crímenes de guerra a lo largo de la Guerra de Tigray, dijo que los golpistas estaban «actuando en total traición a su deber republicano». La respuesta de las potencias regionales a esta crisis era, según el recién elegido presidente de Nigeria, Bola Tinubu, una «prueba de fuego para la democracia de África Occidental».

Este golpe es el séptimo que se produce en la región africana del Sahel —que se extiende desde Mauritania, al oeste, hasta Eritrea, al este— desde 2020; recientemente, Malí y Burkina Faso han sufrido tres golpes de Estado en otros tantos años. Este tumulto político amenaza con abrir fisuras en toda la región. Mali y Burkina Faso, ambos Estados actualmente en manos de golpistas, han declarado que responderán a cualquier intento de la CEDEAO (bloque político y económico formado por naciones de África Occidental en su mayoría aliadas de Occidente) o de fuerzas militares exteriores, de restaurar Bazoum con una invasión a gran escala. Mientras que el asediado primer ministro de Níger ha pedido la intervención estadounidense, las juntas de los vecinos Malí y Burkina Faso se han alineado con Rusia desde que asumieron el poder.

Níger era un punto estratégico para las potencias occidentales que combatían los crecientes movimientos yihadistas en el Sahel. Tras las tomas militares de Chad, Malí y Burkina Faso en 2020, Occidente y sus aliados consideraron a Níger parte integrante de su intento de mantener el poder en una región en la que crece el sentimiento prorruso y dominan los grupos islamistas.

El 28 de julio, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, declaró que debía restablecerse el orden constitucional y, al mismo tiempo, Yevgeny Prigozhin, del Grupo Wagner, publicó un mensaje de voz en la aplicación Telegram en el que negaba cualquier implicación en el golpe. Sin embargo, según Reuters, describió los acontecimientos como «un momento de liberación de los colonizadores occidentales que debería haberse producido hace tiempo e hizo lo que parecía un llamamiento a sus combatientes para que ayudaran a mantener el orden».

En Níger viven veintisiete millones de personas, el 40% de las cuales vive en la pobreza extrema y el 50% con alrededor de 2 dólares al día. Con 15.000 millones de dólares, su PIB es menos de una décima parte del de Washington DC, cuya población es de poco más de setecientos mil habitantes. El estado importa casi un tercio de sus alimentos y ocupa el puesto 189 de 191 en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con un PIB per cápita de 594,90 dólares, uno de los más bajos de África. En la comunidad mundial de Estados es el que más sufre la desigualdad económica. Como consecuencia, la esperanza de vida media en Níger es de sesenta años, y su edad media es de tan solo quince, lo que lo convierte en el país más joven del mundo.

Desde 1945, y mucho después de que las colonias africanas de Francia obtuvieran la independencia en la década de 1960, Francia instituyó o impuso el franco de África Occidental (CFA) como moneda de sus colonias de África Occidental. La moneda está respaldada por el tesoro francés y vinculada al euro, y se acepta en catorce países miembros, incluidos los tres últimos países que sufrieron un golpe de estado: Mali, Burkina Faso y Níger.

Aunque el franco CFA proporciona cierto orden económico y conveniencia financiera interestatal, su valor, tasa de inflación y volatilidad vienen determinados por el comportamiento de personas que juegan en mercados de un continente completamente distinto. La ausencia de soberanía monetaria en la región limita el tipo de políticas nacionales que pueden aplicar los gobiernos locales. En 2019 la Institución Brookings, un grupo de reflexión conservador, reconoció que, aunque el franco CFA garantizaba la estabilidad de la moneda, limitaba el comercio intrarregional fomentando la aparición de economías dependientes de la exportación de productos primarios y dificultaba el desarrollo de una política industrial independiente.

Níger proporciona el 5% del uranio mundial y ha contribuido a sostener el sector de la energía nuclear de Francia. Los informes han sugerido que el nuevo gobierno de la nación de África Occidental planea prohibir las exportaciones del mineral a Francia, una medida cuya importancia es fácil exagerar en medio del caos consiguiente. Sin embargo, a corto o medio plazo, este cambio, si se produjera, no limitaría significativamente el acceso de Francia al uranio. Australia, Canadá y Kazajstán son tres de los cuatro mayores productores del mineral y cada uno de estos países tiene previsto aumentar su producción para los mercados mundiales. Por tanto, la preocupación de Francia y Occidente por la caída de Níger no puede atribuirse fácilmente a la ansiedad por la escasez de recursos.

Más significativo para comprender la geopolítica de la región es el papel que ha desempeñado Occidente garantizando la seguridad de las naciones del Sahel sin capacidad estatal para hacerlo por sí mismas. Los gobiernos del Sahel han invitado a menudo a Francia para que ayude o refuerce las medidas de seguridad en amplias franjas del país donde la creciente presencia de movimientos yihadistas amenaza la estabilidad del gobierno central. La seguridad francesa a cambio de la lealtad a la CFA es el acuerdo geopolítico tácito en este caso, pero la antigua potencia colonial lleva mucho tiempo sin cumplir su parte del trato y sofocar los disturbios en las regiones remotas del Sahel. Como resultado, los gobiernos caen en golpes de estado y las tropas francesas se ven obligadas a retirarse, como hicieron en Malí y Burkina Faso. Esto hace que las potencias regionales recurran a Rusia y al Grupo Wagner en busca de seguridad.

Si Occidente o sus aliados intervinieran, probablemente entrarían en conflicto con estas fuerzas respaldadas por el Grupo Wagner en Malí y Burkina Faso, abriendo de hecho otro frente en la guerra por delegación con Rusia. Las consecuencias humanitarias de tal intervención serían significativas. Sin duda aumentaría el flujo de refugiados de la región hacia Occidente, exacerbando la política antimigratoria en Europa y proporcionando un pretexto para alianzas desagradables entre Europa y las naciones mediterráneas dispuestas a hacer el trabajo sucio del bloque y detener a las personas que huyen de la pobreza y la guerra.

TRADUCCIÓN: FLORENCIA OROZ

JODY RAY

Jody Ray es un escritor y periodista radicado en Nueva Orleans. Es el creador de Exit Strategy, un proyecto que busca descubrir el mundo a través del conflicto político, la cultura y la gastronomía.

Publicado en: Global

La crítica marxista al mercado

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Santiago García Cabrera

Dado que la economía moderna es una economía mercantil, cabría esperar que la crítica de Marx al mercado sea tan conocida como sus otros desarrollos teóricos. Sin embargo, esto no es así. Aquí comenzamos a remediarlo.

El mercado es una forma de organización económica en la que los productores intercambian sus productos (llamados «mercancías») a través del acto de compra-venta. Para que una mercancía se cambie por otra, es necesario que haya una equivalencia entre ellas (es decir, que valgan lo mismo); el tiempo de trabajo socialmente necesario es la magnitud de medida y comparación de las mercancías que surge para establecer la equivalencia en el intercambio (esto se conoce como «ley del valor»). Tal equivalencia puede darse a través de un intercambio directo (o trueque), o puede usarse un equivalente general (el dinero) para medir el valor de cada una de las mercancías. Así, la existencia y desarrollo del mercado implica necesariamente el surgimiento del dinero como equivalente general.

Las mercancías tienen dos determinaciones fundamentales: un valor de uso y un valor de cambio. El valor de uso es la necesidad que satisface la mercancía (por ejemplo, la utilidad de una bombilla es su capacidad de iluminar) y el valor de cambio es la proporción numérica en que una mercancía se cambia por otra, medida por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas (proporción llamada «precio» cuando se usa dinero; por ejemplo, el valor de cambio de una bombilla son 2 dólares). Sin embargo, esta doble determinación no es de doble vía: en la economía mercantil, el valor de uso está subordinado al valor de cambio.

La crítica de Marx

La crítica de Marx a la economía mercantil se puede encontrar desde el primer capítulo de El capital; concretamente, en el famoso y a menudo malentendido pasaje sobre el fetichismo de la mercancía. Allí Marx especifica cuáles son las condiciones históricas que hacen necesario el surgimiento de la economía mercantil: el mercado solo surge cuando existen productores independientes unos de otros que producen para un público de consumidores anónimos. En contraste, en las economías de supervivencia, cada unidad productiva (ya sea una familia o comunidad) produce para para su propio consumo, por lo que no puede haber mercado. Delimitar estas condiciones históricas es clave porque elimina la noción de que el mercado es algo «natural» o que se encuentra en la «naturaleza humana», concepciones que se encuentran en todos los defensores del sistema capitalista.

Una vez establecidas las condiciones históricas, Marx presenta su crítica principal al mercado: que cuando los productores independientes intercambian sus productos y surge el mercado, los productos tienen primacía sobre los productores; es «el mercado» el que «mueve a la economía» y no los productores. Esto se debe a que cada trabajo privado solo adquiere validez como trabajo social a través de la venta de la mercancía; sin ser vendidas, las mercancías no tienen valor.

Esta situación lleva a que el objetivo de la producción sea la venta y no la satisfacción de las necesidades humanas; como resultado, la economía queda controlada y gobernada por la ley del valor y no por la voluntad de los productores o las necesidades de los consumidores. Esto es lo que Marx denomina fetichismo de las mercancías: que, aunque ellas son fabricadas por los productores, se independizan de ellos al punto que parecen moverse por sí mismas; son ellas —las mercancías— las que gobiernan la economía.

Retomando una idea de su juventud, «la desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas»: mientras exista la economía mercantil, las mercancías serán más reales que los seres humanos que las producen. Por supuesto, este fetichismo se agrava con el surgimiento del equivalente general de las mercancías. El dinero se presenta como el motor del mundo, reduciendo a los seres humanos a simples marionetas.

Dado que los precios de mercado se establecen por competencia —una guerra entre las distintas empresas por reducir los costos de producción—, las presiones competitivas de la economía mercantil impulsan la diferenciación de clase dentro de la producción de mercancías. Es decir: mientras exista mercado, existirá una fuerza objetiva que impulsa el surgimiento de la burguesía y el proletariado. ¿Por qué? Porque pagar el costo de la fuerza de trabajo (es decir, el salario) es más barato que distribuir la ganancia en forma de participaciones, como en las cooperativas. Esta presión objetiva de la competencia mercantil explica por qué no existen tantas empresas cooperativas en la economía capitalista.

Sin embargo, el carácter enajenante del mercado se magnifica cuando surge el mercado laboral (o de fuerza de trabajo). Hay tres circunstancias agravantes: 1) se trata de seres humanos vendiendo su capacidad de trabajar y su tiempo de vida a cambio de un salario, generándose un fetichismo mercantil en relación a estos asuntos; 2) como la fuerza de trabajo es una mercancía, estamos ante el intercambio entre dos poseedores de mercancías; sin embargo, esta situación aparente de libertad e igualdad encubre la relación de dominación subyacente: para poder vender esta mercancía, la clase obrera debe aceptar la entrega gratuita (sin equivalente) de una parte de los productos de su trabajo (este plustrabajo se convertirá en plusvalía tras la venta de la mercancía producida); 3) esta apariencia de igualdad y libertad esconde el despojo necesario para la formación del mercado laboral: se requiere de la previa separación violenta entre los productores y su propiedad para que haya productores sin propiedad que estén dispuestos a entregar una parte de su producto al propietario de los medios de producción (o capitalista). Así, la diferencia entre la producción capitalista y la producción simple de mercancías radica en la existencia del mercado de fuerza de trabajo.

Por último, es importante señalar que la ley del valor se impone mediante un proceso turbulento. Al surgir de la separación entre los productores, la equivalencia entre las mercancías se establece ciegamente, mediante tanteo; por eso, los precios no coinciden directamente con el valor, sino que fluctúan a su alrededor, también movidos por la oferta y la demanda. A nivel macroeconómico, estas oscilaciones en los precios se experimentan a través de las fases del ciclo económico (acumulación y crisis). Además, la prevalencia del valor de cambio sobre el valor de uso tiene dos consecuencias especialmente graves: 1) durante las crisis periódicas, es común que se destruyan mercancías para que no sigan perdiendo su valor; las crisis no deben a la escasez, sino a la sobreproducción; 2) el desperdicio material y energético ocasionado por el mecanismo mercantil-capitalista explica en gran medida la crisis ecológica que enfrenta actualmente la humanidad.

La superación del mercado

La paradoja de la economía mercantil radica en que, a pesar de ser una creación humana, no está bajo el control de los seres humanos, sino que son ellos los que están sujetos a su dominio. La clave para proponer un tipo de economía que supere al mercado es que ella sea capaz de mantener la complejidad propia de las economías mercantiles, pero evitando los desequilibrios que conllevan, como lo son —en el caso extremo— las crisis recurrentes del capitalismo. Es por esta razón que, al final del pasaje sobre el fetichismo de las mercancías, Marx introduce la idea de una economía planificada como forma de superación de la economía mercantil. En palabras de Marx:

[…] imaginémonos, para variar, una asociación de hombres libres que trabajen con medios colectivos de producción y que desplieguen sus numerosas fuerzas individuales de trabajo, con plena conciencia de lo que hacen, como una gran fuerza de trabajo social. […] El producto colectivo de la asociación a que nos referimos es un producto social. Una parte de este producto vuelve a prestar servicio bajo la forma de medios de producción. […] Otra parte es consumida por los individuos asociados, bajo forma de medios de vida. Debe, por tanto, ser distribuida. El carácter de esta distribución variará según el carácter especial del propio organismo social de producción y con arreglo al nivel histórico de los productores. Partiremos, sin embargo, aunque sólo sea a título de paralelo con el régimen de producción de mercancías, del supuesto de que la participación asignada a cada productor en los medios de vida depende de su tiempo de trabajo. En estas condiciones, el tiempo de trabajo representaría, como se ve, una doble función. Su distribución con arreglo a un plan social servirá para regular la proporción adecuada entre las diversas funciones del trabajo y las distintas necesidades. De otra parte y simultáneamente, el tiempo de trabajo serviría para graduar la parte individual del productor en el trabajo colectivo y, por tanto, en la parte del producto también colectivo destinada al consumo. (Marx, 1984)

La institución económica del mercado surge como resultado de la condición histórica de una producción privada (cada productor es independiente, o está separado de los demás) que necesita adquirir su carácter social a través de la venta. Del mismo modo, otras condiciones históricas, como la propiedad colectiva de los medios de producción, en la que todo trabajo es directamente social (y no indirectamente, a través de la venta), requerirían necesariamente de una economía planificada para su coordinación, donde la producción se orientaría hacia la satisfacción de las necesidades humanas y no a la venta de mercancías.

Por supuesto, esta forma genérica de presentar el modo de producción que superaría el capitalismo, permitió que fuese blanco de críticas. La crítica más aguda fue presentada por Ludwig von Mises: en su «teorema de la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo», argumentó que una economía planificada no podría procesar toda la información que genera una economía compleja, y que la única forma de hacerlo sería descentralizadamente, a través de una economía mercantil y su consiguiente sistema de precios y dinero. De lo contrario, emergerían economías con mayor escasez y menor complejidad.

La primera respuesta a esta crítica fue formulada por Oskar Lange (1973). Basándose en el modelo de equilibrio general walrasiano, propuso que una oficina de planificación económica podría actuar como el subastador universal de este modelo. A esta propuesta se le conoce como «socialismo de mercado», ya que el sistema de precios y dinero seguiría existiendo y la economía estaría compuesta por empresas cooperativas de propiedad estatal. La diferencia radica en que los precios serían fijados por la oficina de planificación a través de un mecanismo que simularía una subasta, por ensayo y error, hasta llegar al punto de equilibrio entre oferta y demanda. Sin embargo, hacia el final de su vida, Lange (1966) propuso que la cibernética moderna hacía obsoleto el mecanismo mercantil.

El legado de este último Lange fue continuado por la corriente «cibercomunista» (Cockshott & Nieto, 2017), quienes han respondido satisfactoriamente la crítica de Mises. Afirman que las condiciones tecnológicas para el procesamiento de la información requerida en una economía planificada, han sido satisfechas con la cibernética moderna. En este sentido, el cálculo de las matrices insumo-producto no sería llevado a cabo por funcionarios de una oficina de planificación económica (como los dos millones de funcionarios del GOSPLAN soviético), sino por computadoras que estén programadas para este propósito, conectadas a través de internet. Los recientes avances en Big Data, Machine Learning, computación cuántica e inteligencia artificial sólo refuerzan este punto.

Esto demuestra una idea fundamental del materialismo histórico: que la humanidad va construyendo las condiciones históricas para superar los distintos modos de producción, y que hasta que éstas no estén satisfechas, las transformaciones superadoras no son posibles.

Conclusión

La falta de apropiación de la crítica marxista al mercado por parte de los propios marxistas ha provocado descalabros políticos, pues se acepta la noción generalizada de que el Estado es lo opuesto al mercado. Así, se suele entender el proyecto político del comunismo como el control estatal de la economía; tal malentendido trae la sensación de que «se está avanzando» cuando sectores de la economía son estatizados, incluso por el Estado burgués. Estas ideas no solo reflejan la falta de compresión de la crítica marxista al mercado, sino también la falta de comprensión de la crítica marxista al Estado.

La crítica marxista al Estado parte de una afirmación básica: el Estado es una necesidad política que emerge de toda sociedad de clases, y su función principal es preservar la hegemonía de la clase dominante. Así, la idea de que «el Estado intervenga» tiene tres problemas: 1) Cuando el Estado burgués interviene, no lo hace por los intereses generales del pueblo, sino por los intereses generales de los capitalistas. 2) Se está presuponiendo la existencia tanto del mercado como del Estado. Sin embargo, el objetivo del comunismo es la desaparición de ambos. Aunque es necesario durante la transición, el Estado desaparecerá a medida que la sociedad de clases desaparezca. 3) Al estar separadas entre sí, las empresas industriales del Estado participan en el mercado y no están en oposición a él. Todas estas nociones se pierden cuando se establece la dicotomía entre Estado y mercado.

Contrario al sentido común de la izquierda —basado en un keynesianismo bastardo—, para el marxismo el mercado sí se regula solo: concretamente, lo hace a través de la ley del valor. La crítica marxista consiste en constatar que esa regulación interna hace que toda economía mercantil sea incontrolable. Por lo tanto, para que la sociedad pueda controlar conscientemente la producción, no se necesita la «intervención del Estado», sino la superación de toda economía mercantil; es decir, es necesaria la organización de una economía planificada.

Para finalizar, es necesario apuntar una idea: dado que todo país requiere del comercio con otros países, la crítica marxista del mercado implica que la revolución comunista solo tiene sentido si es mundial. Esto se debe a que, si se logra «el socialismo en un país», la necesidad de comerciar con economías capitalistas haría emerger la ley del valor y, con ella, surgiría una presión objetiva hacia la diferenciación de clase, pues dicha ley no habría desaparecido por completo; en el mejor de los casos, la ley del valor estaría relegada al comercio internacional, ejerciendo esa presión mencionada, que tarde o temprano se impondría.

De hecho, esta idea podría explicar —en el fundamento— el fracaso de las revoluciones socialistas en el Siglo XX. Por lo tanto, el socialismo en un solo país no es posible; por necesidad económica, el socialismo requiere la mundialización de la revolución.

 

Bibliografía

Marx, Karl. El Capital. Fondo de Cultura Económica, 1984

Lange, Oskar. Sobre la teoría económica del socialismo. Editorial Ariel, 1973.

Lange, Oskar. La computadora y el mercado. 1966.

Cockshott, Paul & Nieto, Maxi. Cibercomunismo. Editorial Trotta, 2017.

SANTIAGO GARCÍA CABRERA

Activista de izquierda e investigador independiente colombiano.

Publicado en: Global, titular2

Sobre mentiras y… “mamadas”

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Maciek Wisniewski

Harry Frankfurt (1929-2023), un aclamado filósofo estadunidense y profesor de la Universidad de Princeton fallecido a mediados de julio, ha sido autor de un libro peculiar y sonado en su momento, Sobre mamadas (On Bullshit, 2005). El quid de su argumento era la distinción entre la “mamada” (bullshit), el “mamador” (bullshitter), la mentira (lie) y el mentiroso (liar). A diferencia del mentiroso, que tiene en cuenta a la verdad, según Frankfurt el “mamador” es completamente indiferente a ella. El mentiroso se preocupa por la verdad e intenta ocultarla. Al “mamador” le da igual si lo que dice es verdadero o falso. Su única preocupación es persuadir a otros a fin de obtener algo o satisfacer una necesidad. En este sentido, “mamadas” (sandeces, patrañas, etc.) son una forma de falsedad distinta de la mentira. Es imposible que alguien mienta a menos que sepa la verdad. “Mamar” no requiere tal condición por lo que, según Frankfurt, la “mamada” y el “mamador” son una amenaza más grande a la verdad que la propia mentira y el mentiroso.

Con base en esto, en 2016 Frankfurt sugirió que Donald Trump, el entonces candidato a la presidencia, era un “mentiroso consumado”, pero sobre todo “un mamador”. Hacía afirmaciones falsas que sabía que eran falsas, pero más que nada sobresalía en hacer otras de cuyo carácter no estaba seguro o cuya veracidad era inverificable. En el primer caso, mentía. En el segundo, “mamaba”. En la segunda categoría recaían tanto las afirmaciones autopromocionales, por ejemplo, “que él tenía la memoria mejor del mundo” o “que era el hombre de negocios extremadamente exitoso” –el libro de Trump, The Art of the Deal (1987) está lleno de este tipo de afirmaciones revelando su origen: el mercado inmobiliario neoyorquino en el que Trump, con una larga historia de bancarrotas y fracasos empresariales, logró sobrevivir sólo gracias a engaños y litigios constantes–, como las promesas de la campaña pronunciadas, más que cualquier otro político, sin ningún apego a la realidad o programa político, solamente con un objetivo: ser elegido presidente.

Todo esto viene a la mente en el contexto de las recientes acusaciones de Trump relacionadas con sus esfuerzos para anular las elecciones presidenciales en 2020 y su responsabilidad en el ataque al Capitolio el 6 de enero de 2021, que incluyen “la conspiración para defraudar a Estados Unidos”, “conspiración para obstruir de manera corrupta un procedimiento oficial”, “obstrucción e intento de obstruir un procedimiento oficial” y “conspiración contra el derecho al voto”. La parte clave de la acusación federal –otra acusación parecida acaba de ser presentada en el estado de Georgia– reside en que “el demandado difundió mentiras de que hubo un fraude”, sabiendo que eran afirmaciones falsas, y con base en las cuales, “a pesar de haber perdido, quería permanecer en el poder”. O sea, en términos de Frankfurt, tal cual una “mentira” –no una “mamada”, que, en teoría, puede que sea una amenaza más grande a la verdad, pero difícilmente sería procesable–, que además, según la prosecución, fue la base para una “conspiración criminal y delictiva”.

Frente a las alegaciones de la defensa de Trump de que sus afirmaciones –sean cuales fuesen– han de ser protegidas por la Primera Enmienda, que estipula que todo estadunidense tiene el derecho a expresar libremente su opinión, las voces contrarias especifican que este derecho se pierde si las palabras se utilizan para delinquir. En este caso, conspirar para boicotear el resultado electoral tratando por ejemplo de obligar a sus colaboradores –al vicepresidente Mike Pence y al fiscal general William Barr– a bloquear la certificación de la victoria de Biden por el Colegio Electoral (cosa a que ambos se han negado). Según el propio Barr, en una entrevista reciente, es dudoso que esta línea de la defensa de Trump sea válida: “No están atacando su Primera Enmienda. Él puede decir lo que quiera. Mentir. Decirle a la gente que la elección fue robada cuando sabía que no lo era. Eso no te protege de entrar en una conspiración. Todas las conspiraciones involucran la libertad de expresión, y todo el fraude involucra el habla. Pero la libertad de expresión no te da derecho a participar en una conspiración fraudulenta”.

¿Buenas noticias −como alegan algunos− o más o menos? Lo que observamos es más bien la judicialización de un problema que es esencialmente político, algo que no sólo pasa en Estados Unidos: en junio en Brasil, el “Trump tropical”, Jair Bolsonaro fue inhabilitado por ocho años por “mentiras electorales”. Dado que el 6 de enero no era un verdadero putsch –Trump fue demasiado perezoso e inepto para orquestar uno–, “la conspiración a base de mentira para boicotear el resultado electoral” es lo único que, tal vez, se le pueda demostrar. Pero, tal como ya lo señalaba Harry Frankfurt en 2016, lo más inquietante no era que existiera una figura política tan entregada a la mentira y a la “mamada” −y una que las usara para atacar a la democracia−, sino que haya un gran segmento de la población estadunidense que respondiera a ella con tanto entusiasmo. La lucha es política y no sólo judicial –la herramienta que, irónicamente, es la base del “éxito” empresarial de Trump–, y la solución está en la política y no sólo en el sistema judicial y/o electoral que anteriormente en Brasil le abrió el camino a Bolsonaro (al encarcelar a Lula), y en Estados Unidos funciona para sofocar la propia democracia (Colegio Electoral).

Publicado en: Global

Hermann Hesse: Siddharta versus alienación laboral vejatoria

20/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

 Por: Polifermo

 

Cuando el Padre de Todos malvivía sus últimos años, antes de estirar la pata, muchos adolescentes le ignorábamos (aunque nuestros padres le venerasen) ya que en aquella época arrasaba la rebelión contra todo tipo de autoridad, y la mayoría buscaba, por encima de todo, tres cosas: el amor, la amistad y la sabiduría.

¿Podría haber algo más sublime, más hermoso y transformador, desde lo Profundo, que el amor, la amistad y la sabiduría?

Creíamos, ingenuamente, que «esas tres verdades» —que chocaban frontalmente contra el capitalismo, ya sea de izquierdas o derechas, la alineación, los adoctrinamientos, las religiones — eran la base para construir un mundo más habitable en el que los abrazos, besos y el sexo, desintegrarían las bombas atómicas, las fronteras, la competitividad vejatoria, etc., y dejarían KO al materialismo que incrusta de por vida  a gran parte de la humanidad «Bajo las ruedas».

Durante años mis compañeros de viaje buscaron más allá de nuestras fronteras nuevas formas de vida, pues los cambios propuestos por los Hunos y los Otros, lo que incluía, al principio, «la creación de una República Socialista» o un sistema capitalista bajo el ala del águila USA, olían, tras quitar el polvo, al eterno retorno del adagio, tan usado por Hannah Arendt, de «la noria, el burro, el palo y la zanahoria».

Otra parte de «mi generación», cuyos padres eran franquistas o falangistas, en casa maldecía «al enano ensangrentado», pero a la hora de ir a estudiar a la universidad no le hacían asco a «las remesas» enviadas por sus progenitores fascistas, ya que su dinero era bueno para celebrar fiestas con los camaradas, comprar libros prohibidos, o pasarse los veranos al sol leyendo a Karl Marx y a su amigo Engels, entre otros.

En las largas vacaciones veraniegas, los jóvenes rojos, tras tostarse al sol en la playa o la piscina, regresaban hambrientos al hogar donde les esperaba una sabrosa paella de mariscos, maridada con un buen tinto, así como los postres caseros que la adoradora del caudillo había hecho con todo el amor del mundo. En aquellos comedores lo mismo había una cruz en la pared que un retrato o foto del generalísimo. Tras el «lunch» era obligada una siesta hasta la noche y, al salir la luna, más charlas con «el demonio bermellón».

Muy pocos de aquel colectivo se negaron a recibir dinero del facha de la «domus» y, tras dar el portazo, buscarse la vida. Es decir, alternar «el trabajo con el estudio» a fin de terminar la carrera (…) con esfuerzo y sudor propios, esos que elevan la dignidad y consolidan la credibilidad de las convicciones ideológicas.

Solo los comunistas de vieja solera mantuvieron una firme oposición al régimen castrense, por lo que pagaron un alto coste. Los otros, los reconvertidos de la paella de mariscos, acabaron levantando la rosa o cantando el «no nos moverán» en campus universitarios donde ya apenas aparecía la policía.

En la otra orilla, los que creían en el poder de la transformación del amor, la amistad y la sabiduría, viajaban a Oriente o leían libros sobre sabios que apostaban por el crecimiento personal y la liberación física y espiritual. El «establishment» (diestro y zurdo) los empezó a llamar despectivamente hippies (por estar contra todo lo que significase adoctrinamiento) y se hizo lo imposible por enterrarlos vivos.

Muchas escuelas indias te invitaban al viaje interior y a alejarte de «la sociedad podrida que se construía en todo el mundo» a base de explotación, corrupción, esclavización  con trabajos vejatorios, y la subsiguiente destrucción planetaria. Sólo una minoría de los humanos, «los más listos», habían acaparado los mejores trabajos (y los lujos que ello conlleva). Los gobiernos prometían, como algo bueno, «el pleno empleo en las galeras».

Siddhartha huía de ese modelo de sociedad, que muchos critican al tiempo que alimentan, e invitaba a todos los seres humanos a pensar por sí mismos, a escuchar a su dios interior, a romper las cadenas de los adoctrinamientos, a volar en libertad, lejos de las sanguijuelas que te chupan la sangre en las canteras de un sistema inhumano, donde han puesto cara de santo al capataz.

Volvamos al principio. A la ventresca del bonito.

En un pasaje de la obra de H.H. Siddharta le dice a Buda:

Has logrado la liberación a través de las búsquedas que llevaste a cabo en tu propio camino. Sin seguir ninguna doctrina. No dudo que es posible la Iluminación siguiendo los dictados (del Ser Profundo).

Mientras tanto ya han llegado al parlamento los Siete Magníficos de JxCat a recoger sus actas de diputados. Sólo queda, haciendo cábalas, el octavo, Yul Brynner, quien, despojándose la peluca por la canícula, aún duda qué urraca enviará a Myerit. La Historia está en el aire. Ojalá no se haga papilla, y volvamos a la caverna, con una nueva y larga ola de calor que nos deje a todos quemados, a la espera que lluevan cubitos de hielo.

Publicado en: Cultural, Global, titular2

Testimonio personal. Ernest Mandel (1923-1995) activista internacionalista y revolucionario en pensamiento y acción

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Eric Toussaint

Ernest Mandel fue un activista internacionalista y revolucionario que supo conjugar pensamiento y acción a lo largo de su vida.

A nivel intelectual, su extensa producción teórica, sus numerosos análisis de la situación económica y política, así como sus numerosos artículos influyeron en una importante generación de activistas, estudiantes, investigadores, líderes de organizaciones sindicales, sociales y políticas mucho más allá de la Cuarta Internacional en cuya dirección participaba. Mandel fue un constructor de organizaciones. Dedicó tanta energía a la construcción de la Cuarta Internacional y sus secciones nacionales como a la producción teórico-política. En cuanto a la segunda mitad del siglo XX, Mandel es uno de la veintena de intelectuales marxistas de talla internacional y entre ellos es uno de los pocos capaz de combinar permanentemente la acción y la elaboración intelectual creativa e innovadora, de caminar fuera de senderos trillados. Lo que sigue está escrito como testimonio.

Entre 1971, cuando fui elegido para la dirección de la sección belga de la Cuarta Internacional y hasta su muerte en 1995, estuve en contacto con Ernest Mandel. Los contactos se intensificaron a partir de 1980 cuando fui invitado a participar en la dirección de la Cuarta Internacional, llamada Secretariado Unificado (SU) que se reunía varias veces al año entre 3 y 4 días y el Comité Ejecutivo Internacional (CEI) que se reunía anualmente entre 5 y 6 días. La colaboración se intensificó a partir de 1988 cuando me convertí en miembro del Buró[1], un organismo permanente más pequeño que preparaba las reuniones del Secretariado Unificado y que se reunía al menos dos veces al mes en París. Seguí de cerca los contactos con movimientos sociales y revolucionarios en América Central, particularmente en Nicaragua y El Salvador, y más ampliamente en la región que va desde México hasta Colombia. En los últimos años de la vida de Ernest Mandel, nuestras relaciones se hicieron cada vez más regulares y estrechas, particularmente durante el período de la caída del Muro de Berlín en 1989, el fin de la Unión Soviética en 1991, la celebración del XIII Congreso Mundial de la Cuarta Internacional a principios de 1991 y la preparación y realización del XIV Congreso Mundial en 1995, que se reunió un mes antes de la muerte de Ernest Mandel. Mientras tanto, habíamos realizado juntos una misión en Nicaragua en 1992.

Conocí a Ernest Mandel (1923-1995) en 1970 cuando tenía 16 años. De hecho, fue un poco antes de los 16 años cuando decidí unirme a la Cuarta Internacional (CI), tras la intervención de los trotskistas belgas (la Joven Guardia Socialista y el Partido de los Trabajadores Valones) en una huelga de mineros del carbón en Bélgica, primero en la provincia de Limburg, que está en la parte flamenca del país, luego en la región de Lieja, que está en la parte francófona. Antes de ser miembro de la CI participé activamente en las luchas de la escuela secundaria, en la solidaridad con las huelgas de los trabajadores, en el movimiento contra la guerra de Vietnam, en solidaridad con la lucha de los afrodescendientes por los derechos civiles en los Estados Unidos, en apoyo a la revolución en Cuba,… Ernest Mandel fue uno de los líderes de la sección belga de la CI, también fue uno de los líderes de la CI como tal. Esto no lo sabía cuando decidí unirme a la CI. Creía que, dado lo que habían hecho las y los militantes de la CI en 1968, era en París donde debía ubicarse su dirección. Fue bastante intuitivo. Decidí, con un amigo de la misma edad que yo, hacer autostop a París en junio de 1970 para encontrarme con la CI. La primera noche dormimos bajo las estrellas bajo el Pont Neuf a orillas del Sena. Luego fuimos a conocer a la Liga Comunista. El mismo día, fuimos a París a tocar el timbre de la dirección de la CI, en el n.º 95 de la rue Faubourg Saint Martin. Quien nos abrió la puerta fue Pierre Frank, que había sido secretario de León Trotsky, especialmente durante su exilio en la isla de Prinkipo en Turquía en 1930, quenos recibió con gran entusiasmo. El diálogo con él fue fascinante. Sin duda, el hecho de que dos jóvenes adolescentes se presentaran para unirse a la CI le agradó mucho. No sabíamos que Ernest Mandel era uno de los líderes clave y que estaba en Bruselas y que, por lo tanto, si queríamos reunirnos con la CI, podíamos ir a llamar a su puerta.

Muy pronto nos dimos cuenta de que Ernest Mandel jugaba un papel importante, aunque no fuera, y eso es muy positivo, presentado como «el» líder de la CI. Posteriormente, pude ver por mí mismo que la dirección del CI funcionaba colectivamente. Ernest Mandel nunca afirmó ser su líder a diferencia de otras organizaciones. Nunca lo vi tomar medidas para afirmar algún tipo de liderazgo personal. No buscó beneficiarse de ningún privilegio, de ninguna prioridad a la hora de tomar la palabra. Su influencia fue el resultado de su acción y su contribución al análisis. Por supuesto, es por estar presente con él en más de cien reuniones entre 1970 y 1995 que lo afirmo sin dudar.

Vi a Ernest Mandel por primera vez en noviembre de 1970. Fue uno de los oradores en una importante conferencia por una Europa Roja. Dicha conferencia fue convocada por las organizaciones de la CI y se decía en aquel momento “vinculada al Secretariado Unificado de la CI” porque había varias ramas de la CI o varias organizaciones internacionales reclamando continuidad respecto a la IV Internacional fundada en 1938 con la participación de León Trotsky (ver Daniel Bensaid, Trotskismos, Madrid, 126 páginas, https://www.sylone.org/trotskismos-c2x18173129 ). La CI a la que me uní y de la que Ernest Mandel era un dirigente,  era vista como el “Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional”, es decir, era el resultado de la reunificación que tuvo lugar en 1963 entre dos componentes principales de la CI: la mayoría de los militantes de la CI en Europa (animada por el trío Ernest Mandel – Pierre Frank – Livio Maitan) y la sección de los Estados Unidos, el Partido Socialista de los Trabajadores (SWP)[2]. Estábamos en 1970 y el Secretariado Unificado de la CI había convocado una gran conferencia de dos días por una Europa Roja en Bruselas. Asistieron más de 3.000 jóvenes, venidos de toda Europa, especialmente de Francia[3]. Fue extremadamente inspirador, extremadamente combativo, dejaba entrever los desarrollos revolucionarios en Europa y Ernest Mandel, junto con otros oradores como Alain Krivine [4], el activista pakistaní Tarik Ali que vive en Gran Bretaña, Livio Maitan de Italia, hicieron intervenciones muy combativas y, para alguien como yo que tenía 16 años, todo ello me dio mucha convicción y, al mismo tiempo, fuerza.

También conocí a Ernest Mandel a través de mis lecturas.Como he dicho, me uní a la CI en el verano de 1970 y comencé a leer las obras de Mandel. Antes de eso, había leído varios de sus artículos en el semanario La Gauche, que él había ayudado a fundar en 1956. Lo que me convenció  para adherirme a la CI, a nivel de análisis, además de la práctica y en particular esta intervención de los trotskistas belgas en la huelga de los mineros y en la lucha contra la intervención de los Estados Unidos en Vietnam, fue un texto de Ernest Mandel titulado «El nuevo ascenso de la revolución mundial». Este texto fue adoptado por el IX Congreso Mundial de la IV Internacional realizado en abril de 1969 en Italia. El informe introductorio de este texto de Ernest Mandel está disponible en francés aquí. El texto destacaba la dialéctica de los tres sectores de la revolución mundial. Se tuvo en cuenta lo ocurrido en 1968, es decir lo ocurrido en Francia y que tuvo repercusiones en el resto de Europa, pero también en Checoslovaquia con la Primavera de Praga de 1968 y la ofensiva del Tet de la noche del 30 al 31 de enero de 1968, cuando las y los revolucionarios vietnamitas lograron tomar temporalmente Saigón, la capital del Sur (lo que anticipó la derrota total de Estados Unidos en 1975). Este texto analizó el estado de las luchas y la interconexión entre los tres sectores de la revolución mundial (los países capitalistas más industrializados, los países del bloque del Este y los países del Tercer Mundo). Mayo del 68, el año 1968 y lo ocurrido en 1969-1970 fue la clara demostración de lo que estaba en un texto fundamental de la CI y qué intervención quería tener esta internacional.

Y luego, lo que me influyó mucho en 1970 fue la lectura del Tratado de economía marxista[5]. Devoré la edición en rústica de 4 tomos a fines de 1970, durante las vacaciones escolares de Navidad. Poco después leí con avidez otro libro de Ernest Mandel: La formación del pensamiento económico de Karl Marx, publicado en francés en 1967 por la editorial Maspero. Puede parecer muy temprano, pero hay que decir que leí el Manifiesto Comunista de Marx y Engels cuando tenía 13 años, en 1967, y a partir de ese año comencé a leer varios libros sobre revoluciones y en particular sobre la revolución china, concretamente en 1967 el libro Estrella roja sobre China (escrito en 1937, publicado en francés por Stock en 1964 y prestado de la biblioteca de mi pueblo) y en 1968 China en marcha de Edgar Snow. Al mismo tiempo leí  La China de Mao. El otro comunismo escrito en 1966 por K.S. Karol. Después de incorporarme a la IV Internacional, entre junio y julio de 1971 leí la Historia de la revolución Rusa de León Trotsky. Este libro me impresionó profundamente y me convenció de la enorme capacidad de su autor para analizar los procesos revolucionarios.

En 1971 me impliqué por completo con la nueva sección belga de la CI. En junio de 1970 me había sumado a una organización juvenil llamada Joven Guardia Socialista (JGS), que era una organización dirigida por miembros de la CI y que había roto con el Partido Socialista Belga a fines de 1964 y principios de 1965, cuando la dirección de este último apoyó el fortalecimiento represivo del Estado belga. De 1968 a 1969, la JGS se vio a sí misma como una organización juvenil revolucionaria. Tenía el estatus de organización simpatizante de la IV Internacional. Esta organización había experimentado un desarrollo significativo durante las revueltas juveniles que comenzaron en 1968 y había reclutado a 150 o 200 jóvenes en diferentes ciudades de Bélgica. Activistas que jugaban un papel importante en su entorno, generalmente la Universidad o, como yo, estudiantes de secundaria pero también en la clase trabajadora. Esta organización se encontraba en 1970 en un proceso de fusión con la generación anterior organizada en la Confederación Socialista de Trabajadores (CST). Ernest Mandel, por supuesto, pertenecía a la generación anterior. Nació en 1923, entonces tenía 47 años, no era viejo, pero obviamente para gente joven como yo, de 16 o 17 años, Mandel era un anciano y un representante de la vieja generación. Una generación que había tenido toda una trayectoria de lucha durante la ocupación nazi en 1940-1945 y que luego había militado en una corriente de izquierda dentro del Partido Socialista Belga y su organización juvenil. Así pues, la JGS había entrado en un proceso de fusión con la organización de los mayores, que tenía una presencia significativa de trabajadores y trabajadoras en las fábricas, en particular en mi ciudad, Lieja, en la industria siderúrgica. A finales de 1970 había participado en el último congreso de JGS, que tuvo lugar en Gante y allí se validó la fusión[6]. En mayo de 1971 tuvo lugar el congreso de fusión, en Lieja, uno de los puntos más importantes de implantación de lo que sería la nueva sección  belga de la CI. La Liga  Revolucionaria de las y los trabajadores (LRT) nació así del encuentro de la JGS con la Confederación Socialista de Trabajadores que agrupaba a tres organizaciones: en Valonia, el Partido Obrero Valón, en Bruselas, la Unión de la Izquierda Socialista y Revolutionaire Socialisten en Flandes, con su periódico De Socialistische Stem (que luego se convirtió en Rood). En mayo de 1971 se llevó a cabo el congreso de fusión. Ernest Mandel estuvo activamente presente en este congreso de fusión. Asistieron delegados internacionales como Alain Krivine de la Liga Comunista, sección francesa de la IV y Livio Maitan miembro del secretariado unificado de la IV Internacional y de los Grupos Comunistas Revolucionarios, sección italiana de la IV

Éramos una organización de unas 350 personas(incluso podríamos considerar que éramos casi 500) con una importante implantación obrera industrial y una buena presencia en las universidades flamencas, bruselenses y francófonas, así como en los institutos. Fui elegido miembro del Comité Central,  del cual era el miembro más joven. Todavía no tenía 17 años. Creo que éramos un poco más de 30 miembros en el Comité central. Había trabajadores industriales que se habían unido principalmente después de la gran huelga del invierno de 1960-1961. Hubo compañeros que se habían unido a la IV como Ernest Mandel antes de la Segunda Guerra Mundial y que habían tomado parte en la resistencia anti nazi: Emile Van Ceulen (1916-1987), ex curtidor que se unió a la organización trotskista en 1933 (delegado en 1951 al III Congreso Mundial de la Cuarta Internacional, vicepresidente nacional de la JGS tras haber superado en votos a la corriente proatlantista en 1954, invitado oficial en China por el PCC), René Groslambert, empleado (cofundador de L’Action socialiste en 1935 con Paul-Henri Spaak, cofundador de L’Action socialiste Révolutionnaire en 1936 con Walter Dauge y Léon Lesoil, arrestado en 1940 y deportado a Francia en el campo de Vernet, delegado al 2º Congreso Mundial de la Cuarta Internacional en 1948), Pierre Legrève (1916-2004), miembro de la organización trotskista desde 1933, docente que había sido elegido diputado de la Unión de la Izquierda Socialista de 1965 a 1968, muy activo en el apoyo a la revolución argelina[7] y en solidaridad con las y los presos políticos en Marruecos. Había trabajadoras y trabajadores industriales que desempeñaban un papel clave en la industria del acero en Lieja y en la industria del vidrio cerca de Charleroi y Mons. Había intelectuales de renombre. Junto a Ernest Mandel, estaba, por ejemplo, el jurista Nathan Weinstock, que había publicado en 1969 con la editorial parisina Maspero un libro notable y valiente titulado El sionismo contra Israel. Y el CC que se reunió 15 días, o tres semanas después de este congreso, me eligió para el Buró Político. Menciono esto porque fue en dicho Buró Político donde comencé a conocer directamente a Ernest Mandel y a su compañera, Gisela Scholz (1935-1982), una camarada alemana que jugó un papel importante en la IV Internacional. Mandel tenía en 1971 48 años; su compañera, doce años menor, pertenecía a la generación de la izquierda revolucionaria alemana, era amiga de Rudi Dutscke (1940-1979)[8], conocido como Rudi el Rojo.

En este BP había una serie de jóvenes activistas, en comparación con la generación de Ernest Mandel. En esta joven generación, entre las figuras destacadas, se encontraban Francois Vercammen, Eric Corijn, Denis Horman y Jan Vankerkhoven. Había mujeres que habían superado la cuarentena: la abogada de Lieja, Mathé Lambert, la periodista de Bruselas, Doudou Neyens,… También estaba el médico urólogo Jacques Leemans. François Vercammen (1944-2015) y Eric Corijn (1947- ) eran unos diez años mayores que yo y cuando tienes 17 alguien de 27, es un ‘viejo’. Al igual que Gisela que tenía 36 años era una ‘vieja’ para mí. Así que teníamos un BP y un CC donde había 3 o 4 generaciones políticas diferentes y fue en este BP donde conocí mejor a Ernest Mandel. El Buró Político se reunía todos los sábados en Bruselas. Aprecié no solo su conocimiento histórico y político, su aporte teórico con un libro como el Tratado de Economía Marxista, sino también su comportamiento en un órgano de dirección de una organización en pleno desarrollo, frente a circunstancias de radicalización de capas enteras de la población, en la clase obrera industrial, en los servicios públicos y en la juventud y con métodos radicales de acción.

En la onda de Mayo del 68, las organizaciones de la CI eran capaces de defenderse de la represión policial, y por tanto prepararse para ella. Habíamos desarrollado una capacidad de autodefensa. También estábamos dispuestos, en ocasiones, a participar en acciones dirigidas contra símbolos muy claros del imperialismo, por ejemplo, Estados Unidos y su abominable papel en Vietnam. En 1970 Vietnam estaba bajo los bombardeos americanos, se usaba mucho el napalm pero también tuvimos intervenciones en relación a los símbolos de la dictadura franquista, los símbolos de la junta de coroneles griegos, hablo de 1970, 1971 y por tanto la España franquista estaba muy presente y había una comunidad española, en gran parte constituida por republicanos o hijos de republicanos, que habían salido de España entre 1936 y 1939, víctimas del franquismo y había también una comunidad griega, sobre todo entre los mineros del carbón, y que se opuso al régimen de los coroneles griegos. A fines de la década de 1960, en Argentina, una importante organización guerrillera se había unido a la IV Internacional: el Partido Revolucionario de los Trabajadores- Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), inicialmente conocido como PRT Combatiente (PRT Combatiente). Era una organización muy fuerte que se reclamaba de la Cuarta Internacional al igual que de Guevara y Castro, de las y los revolucionarios vietnamitas y de la revolución china. El principal dirigente del PRT-ERP fue Mario Roberto Santucho (1936-1976). Había estado presente en mayo de 1968 en París y en esta ocasión se había vinculado a la Juventud Comunista Revolucionaria que se convertiría en la Liga Comunista. En el cuarto trimestre de 1972, Mario Roberto Santucho mantuvo un largo encuentro con Ernest Mandel (en su casa de Bruselas), Daniel Bensaïd y Hubert Krivine. Santucho, que se había fugado cuatro meses antes de la prisión de Rawson en la Patagonia, regresaría a Argentina para retomar el liderazgo de la lucha armada[9]. Durante esta reunión, los participantes constataron que existían diferencias importantes sobre la forma de llevar a cabo la lucha armada y en octubre de 1973, el PRT-ERP anunció su separación de la Cuarta Internacional.

Un ejemplo del tipo de acciones en las que participé: en abril de 1970 hubo una gran manifestación en Bruselas para protestar contra la guerra de Vietnam, contra la OTAN y contra el arma atómica. Creo que había de 6 a 7.000 manifestantes y la JGS, la organización juvenil trotskista, había decidido convencer a un sector de esta manifestación de ir más allá del curso oficial de la manifestación, invadir la Estación del Norte en Bruselas y acercarse lo más posible por vía férrea a los edificios donde se encontraba oficinas de la OTAN para denunciar su actividad. En abril de 1970 aún no había cumplido los 16 años y ya participaba en las actividades de la JGS, en particular a raíz de la intervención de esta organización en la lucha de los mineros del carbón. Hay que decir que yo vivía en un pueblo de mineros del carbón, en la región de Lieja. Éramos varios cientos los que participamos en este desbordamiento, tal vez hasta 1000. Al final, no llegamos a los edificios de la OTAN, pero estuvimos muy cerca y cuando salimos de las vías del tren fuimos fuertemente reprimidos por las fuerzas de represión. Mientras ayudaba a otro joven que resultó herido en el hueso de la ceja y estaba perdiendo mucha sangre, fui fuertemente golpeado por la gendarmería y luego arrestado y llevado a una estación de policía. Finalmente, por mi parte, aunque había sido detenido por haber participado en una manifestación no autorizada y fui interrogado durante horas, no fui procesado porque no tenía 16 años en el momento de los hechos. En ese momento, no era posible procesar a un joven menor de 16 años por este tipo de «falta». Escapé de la condena a pesar de que los gendarmes me acusaron de golpear y herir a uno de sus compañeros, lo cual era completamente falso. A mí todo esto me enseñó cómo tratar con la policía cuando ésta me interrogó, me enseñó a tomar una actitud simple: firmar una declaración que decía que no tenía nada que informar. Esto es muy importante para tratar de evitar el enjuiciamiento. Menciono esta experiencia porque, leyendo la biografía[10] de Ernest Mandel, supe que Gisela Scholz, que tenía 35 años en abril de 1970, fue una de las organizadoras de este desbordamiento y de la manifestación contra la guerra de Vietnam y que estaba súper contenta por la capacidad que tuvimos para organizar esta dura acción, aunque lamentablemente no habíamos llegado a las oficinas de la OTAN. Esto es lo que escribió Gisela Scholtz a un compañero de estudios en ese momento comentando una acción similar en Bruselas que había tenido lugar un año antes: “Entonces los caballos, los carros, todo entró en acción. (…) Luchamos como pudimos y estamos orgullosos de haber contado entre nosotros solo algunos heridos. A lo sumo 40 heridos leves y uno grave (…) Dos gendarmes me tiraron por encima de un coche, pero por suerte pude frenar mi caída”[11].

Una anécdota significativa sobre mi relación con Ernest Mandel y los temas de represión y seguridad. En septiembre u octubre de 1973 fui convocado a Bruselas a casa de un antiguo militante de la IV Internacional para responder a preguntas sobre la seguridad de la sección belga. Estuvieron presentes en esta reunión Ernest Mandel y Hubert Krivine, el hermano gemelo de Alain Krivine. ¿Qué ocurría ? Mandel y Krivine me preguntaron si estaba poniendo en peligro a la organización consumiendo y vendiendo drogas. Les dije que no y todo salió muy bien, sin el menor nerviosismo ni tensión.

¿Cómo decidieron Mandel y Krivine convocarme a una reunión en un lugar discreto cuando estaban muy ocupados con cuestiones tan serias como la orientación del PRT-ERP en Argentina, la ilegalización de la Liga Comunista en Francia en junio de 1973, la expansión de la IV Internacional? He aquí mi explicación: desde 1972 estaba en el punto de mira de los servicios policiales belgas. Estaba directamente relacionado con mi participación en la dirección de la LRT. En febrero de 1972, en el salón académico de la Universidad de Lieja, presidí una conferencia de la LRT donde le dimos la palabra a un representante del Ejército Republicano Irlandés (IRA Irish Republican Army) a pesar de la decisión del Ministro de Justicia y Gobierno socialista, Alfons Vranckx[12], de impedirnos hacerlo. La LRT había organizado cinco reuniones en las cinco principales ciudades universitarias y en ninguna de ellas la policía logró arrestar al camarada irlandés que reaparecía al día siguiente en otra ciudad[13]. En Lieja había más de 500 personas. Habíamos logrado evitar el arresto del camarada irlandés a pesar de una impresionante intervención de la policía que por ello se sintió humillada por una pandilla de jóvenes y estaba completamente molesta con nosotros y especialmente conmigo.

En septiembre de 1972, unas semanas después de cumplir 18 años, me citaron en la Policía Judicial de Lieja. El agente de la PJ que me recibió me amenazó con enjuiciarme por la violación de una menor. La acusación no se tenía en pie: yo tenía una relación amorosa con una chica unos meses más joven que yo y manteníamos relaciones sexuales. Cuando llegué a la mayoría de edad, los 18 años, «automáticamente» me convertí en potencialmente culpable de violación de una menor porque una menor no podía dar su consentimiento. Ante mis protestas, el oficial de la PJ me dijo que era el Ministerio Público quien le había pedido que me citara e investigara un caso en mi contra por violación sexual por pertenecer al buró político de la LRT y a la dirección del Socorro Rojo Internacional, considerados como organismos que atentaban contra la seguridad del Estado.

Este oficial afirmó que si colaboraba para dar información confidencial sobre estas dos organizaciones, se retiraría el cargo de violación. Me negué a convertirme en informante y cuando salí de su oficina me amenazó furiosamente y dijo que me arañaría (¡sic!). Al día siguiente la policía fue a la casa de mi hermano, luego a la de mis padres y luego a la de un amigo periodista para intimidarnos. Lo informé en el diario La Gauche del 22 de septiembre de 1972, página 3. Presenté una denuncia por invasión a mi intimidad y la PJ no me volvió a citar. Mis abogados cometieron el error de no pedir una compensación económica, lo que permitió que la fiscalía no diera seguimiento a mi denuncia. A finales de 1972 – principios de 1973 me convertí en líder y portavoz de un movimiento de secundaria muy poderoso. Según cifras policiales, 160.000 estudiantes de secundaria se declararon en huelga y se manifestaron en todo el país contra un plan para hacer el servicio militar a partir de los 18 años. El mismo tipo de medida produjo unos meses después de Bélgica un gran movimiento de protesta en Francia (conocido como el movimiento contra la ley Debré). El gobierno y su Ministro de Defensa Nacional acusaron a la LRT de manipular a estudiantes de secundaria. Dado mi papel en el movimiento junto con otros miembros de la LRT, aumentó la intención de las fuerzas del orden de causarme problemas. En la primavera de 1973 me enteré por un viejo amigo que no tenía nada que ver con la LRT que la policía estaba tratando de denunciarme por tráfico de drogas. Este amigo me reveló que era informante de la policía.

La policía le tenía atrapado por un caso de drogas y amenazó con retirarle los derechos de visita a sus hijos, él me dijo que la policía estaba tratando de hacerle testificar en mi contra. Agregó que durante las detenciones, la policía mostró mi foto a jóvenes capturados por consumo de drogas y detenidos temporalmente en prisión para que me denunciaran como traficante. Dio la casualidad de que un miembro de la LRT era trabajador social y asistía a los interrogatorios en la prisión. Al ver mi foto entre las de los traficantes, realmente pensó que estaba poniendo en peligro a la organización y que tal vez yo mismo era un traficante. Le había pasado la información a la organización sin decírmelo. Por eso tuve que informar a Ernest Mandel y Hubert Krivine. Considero que Ernest y Hubert se portaron muy bien conmigo cuando se dirigían en mi contra acusaciones sin fundamento. Posteriormente, la policía, en particular la BSI (Brigada de Seguridad e Investigación) nuevamente intentó convertirme en informante ofreciéndome darme información confidencial sobre grupos neonazis en mi región con la condición de que diera información sobre la LRT y la Cuarta Internacional. Y luego se dieron por vencidos, pero me mantuvieron en el punto de mira todo el tiempo. Sería demasiado largo resumir varias aventuras posteriores.

Hay que tener en cuenta que el ministro socialista de Justicia Alphons Vrankx estaba resentido con los trotskistas que habían sido expulsados del Partido Socialista Belga en 1965 y sobre todo que, durante viajes a Estados Unidos para estrechar la colaboración entre los servicios de seguridad, había sido convencido por la administración Nixon de que había una conexión entre las organizaciones de extrema izquierda y el narcotráfico.

El Tratado de economía marxista

Realmente es muy importante señalar que su libro El tratado de economía marxista fue una alternativa a los tratados de economía marxista que dominaban el pensamiento “marxista” o “comunista” de la época, es decir, los textos de economía política o los manuales que venían de la Unión Soviética, o que se editaban en Beijing, que eran a la vez dogmáticos y pobres en pensamiento y método.

El Tratado de economía marxista,publicado en francés en 1962, adoptó un planteamiento genético, es decir, recorrió la historia de la humanidad desde las primeras etapas conocidas de la humanidad y trató de ver la evolución de las relaciones humanas y cómo se construye la economía de las distintas sociedades, en los distintos lugares de la humanidad. Está muy claro que, para las y los marxistas críticos, no hay 5 o 6 etapas por las que habrían pasado todas las sociedades, del comunismo primitivo a la sociedad esclavista, luego al feudalismo y la pequeña producción de mercado para llegar al capitalismo y finalmente al socialismo, incluso eventualmente al comunismo. Esta idea de las etapas por las que pasan todas las sociedades es ajena al pensamiento de Marx, que Mandel prolongaba. Esto está claro en las obras de Marx de las décadas de 1850 y 1860, en los Grundrisse y otras obras de Marx, especialmente en su correspondencia de 1881 con Vera Zassoulitch.

La obra de Ernest Mandel es una obra en ruptura crítica respecto a la forma en que se practicaba hasta entonces el marxismo. Obviamente no fue el único, pero no muchos de ellos siguieron el mismo enfoque y como resultado, tuvo un eco muy importante para toda una generación, la generación que me precedió, es decir la generación de los años 1963-1964 a 1968. Yo pertenezco a la generación del 68, una generación que tuvo la suerte de vivir grandes movilizaciones que ponían la revolución de nuevo en la agenda. Esta generación, al igual que otras que la precedieron, se sumergió en el marxismo para tratar de entender la sociedad que nos rodea, para tratar de destruir el capitalismo y construir una sociedad libre de toda forma de opresión. Para destruir el capitalismo, era necesario entender exactamente cómo funcionaba y Ernest Mandel ayudó poderosamente a muchos y muchas militantes en esta dirección. Su Tratado de economía marxista, que en el cuarto volumen contenía un análisis de las sociedades en transición al socialismo, trató de comprender y transmitir la realidad del «socialismo real» y sociedades como la Unión Soviética y Europa del Este, la degeneración de una sociedad en transición al socialismo en una dictadura de la burocracia sin restauración capitalista. En el tercer volumen, trató y logró explicar cómo era la sociedad capitalista de los años 50 y 60, por tanto, la sociedad heredera del período de gran crecimiento económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, presentado como los “Treinta Gloriosos”. Mandel, muestra las características y contradicciones de la sociedad capitalista después de la Segunda Guerra Mundial, para demostrar que las crisis seguían siendo una constante de la sociedad capitalista y que ésta requería una perspectiva de superación del capitalismo y una salida revolucionaria. Para conocer más sobre el Tratado de economía marxistaen la obra de Mandel, recomiendo leer el Capítulo 5 de la biografía en francés de Ernest Mandel de Jan Willem Stutje, páginas 153 a 169.

Cuando conocí a Ernest Mandel como miembro de la dirección belga en 1971, él estaba enseñando en la Universidad Libre de Berlín, donde iba todas las semanas a dar lecciones ante 1000 estudiantes.[14] Acababa de terminar su tesis doctoral, que escribió y defendió en alemán. Recuerdo muy bien que nos lo anunció con entusiasmo en una reunión del Buró Político de la LRT en el verano de 1971. La edición alemana se publicó en 1972, con el título Spätkapitalismus. Esto dio lugar a un libro publicado en francés en 1976 con el título Le troisième âge capitalisme. Se publico en español en 1979 bajo el titulo El capitalismo tardío por la Editorial ERA. Ernest Mandel estaba en su apogeo intelectual. Tenía muchos contactos, trabajaba mucho, eso lo pudimos constatar. También fue profesor de ciencias políticas en la Vrije Universiteit Brussel (la Universidad Libre de Bruselas, sector de habla holandesa). Trabajaba en términos de lectura, escritura y acción una gran cantidad de horas cada día.

La influencia de Ernest Mandel en los sindicatos

Mandel tenía eco en el mundo sindical, en el mundo laboral y en la juventud estudiantil. En el mundo del trabajo, particularmente en Bélgica, su eco se remonta a la década de 1950, pues fue uno de los estrechos colaboradores de André Renard, el principal dirigente sindical belga del ala radical del sindicalismo en el que se encontraban los militantes socialistas, comunistas, trotskistas, es decir la Federación General del Trabajo de Bélgica (FGTB) que contaba con más de un millón de afiliados. Dos congresos en 1954 y 1956 sobre el tema de Holdings y Democracia Económica introdujeron la idea de reformas de las estructuras anticapitalistas[15]. Mandel fue una de las personas inspiradoras. Para André Renard escribió una gran cantidad de documentos y fue invitado a dar una gran cantidad de conferencias en fábricas, en secciones sindicales, intervenir en congresos sindicales. Tenía una gran habilidad para comunicar cosas aparentemente complicadas de una manera sencilla y comprensible. También tenía la capacidad de tratar de mostrar a su audiencia que era necesario actuar para cambiar la realidad y por eso muy a menudo tomaba ejemplos de cómo actuar como delegación sindical para luchar en una empresa transnacional, qué contactos hacer con trabajadores y trabajadoras de otras sedes de las fábricas, cómo comunicarse, cómo tratar de realizar acciones conjuntas. Y la cuestión de la autoorganización, del control obrero era un elemento absolutamente central[16].

Para Ernest Mandel no se trataba simplemente de explicar el funcionamiento del capitalismo, se trataba de mostrar cómo los trabajadores, a partir de ejemplos concretos y luchas concretas, podían llegar a ser capaces de controlar lo que hacían los patronos, en particular imponiendo la apertura de los libros de cuentas, imponiendo el control de la jornada laboral, imponiendo la reducción del tiempo de trabajo, cuando se recurría a las huelgas, organizándose para que la huelga fuera lo más efectiva posible, para obtener concesiones de los patrones lo más rápido posible. Una huelga puede extenderse como una mancha de aceite, puede conducir a la conquista de derechos importantes para las y los trabajadores, puede llegar hasta una huelga general, o incluso una huelga insurreccional y por eso intervino en las asambleas obreras sobre estos temas. Y, por supuesto, daba cursos de formación a activistas anticapitalistas, a activistas revolucionarios dentro de la LRT, de las secciones de CI. Era un comunicador apasionado, un formador de muy alto nivel. Seguí muchos cursos dados por Mandel y me ayudaron a convertirme en formador. Muchas y muchos activistas recordarán sus cursos, la formación que impartió sobre la revolución alemana, sobre la revolución rusa, sobre qué es una huelga general, cómo pasar de una huelga general a una huelga activa con ocupación, una huelga general que conduzca a la creación de órganos de poder obrero, a partir de las experiencias más avanzadas del Mayo del 68 en Francia, el Mayo rampante en Italia, pero también de la experiencia de los consejos obreros italianos de 1920-21, los consejos húngaros de 1918-19, por supuesto de los soviets de la revolución en Rusia, de los órganos del poder popular u organizaciones de obreros y campesinos en la revolución española de 1936-1938/39. Mandel tenía un conocimiento de la historia de las luchas por la emancipación, no solo de los siglos XIX y XX, sino de la larga historia de la humanidad a escala planetaria, un conocimiento profundo y una voluntad de comunicar a las generaciones más jóvenes lo mejor que se podía aprender de estas experiencias.

Sus escritos sindicales

Ernest Mandel, en relación con el movimiento obrero en su país, Bélgica, y más en general en Europa y en el resto del mundo, estuvo sistemáticamente atento a las luchas que se desarrollaban. Allí intervino. Produjo una enorme cantidad de artículos en el semanario que había fundado con otros activistas anticapitalistas de la izquierda del PS, el periódico La Gauche que creó en 1956 con el apoyo del sindicalista que mencioné antes, André Renard, con quien mantuvo relaciones cada vez más tensas a medida que Renard adoptaba una posición cada vez más moderada. La Gauche «tenía» también una versión en Flandes (Links = la izquierda) en la que también jugó un papel importante. Escribió cientos de artículos y también escribió en muchas revistas en otros idiomas, en periódicos y revistas leídos por sindicalistas y académicos. En Bélgica produjo informes muy importantes para el sindicato FGTB, sobre la estructura del capitalismo en Bélgica, cómo una serie de grandes empresas capitalistas, en particular holdings, controlaban la economía de Bélgica.

Elaboró un folleto de unas sesenta páginas que me parece extremadamente importante titulado «Le socialisme par l’action» (El socialismo por la acción) que fue firmado por André Renard y se distribuyó en decenas de miles de copias, si no cientos de miles de copias. Fue leído por decenas de miles de delegados sindicales en Bélgica y les influyó mucho en la segunda mitad de la década de 1950. También hay que tener en cuenta que, en ese momento, Bélgica había experimentado huelgas muy grandes. En primer lugar, durante la Segunda Guerra Mundial hubo numerosas huelgas en las fábricas y una resistencia armada contra los ocupantes nazis en la que participó el joven Ernest Mandel (lo que le llevó a ser arrestado 3 veces por las autoridades nazis y escapar dos veces). Hubo la huelga general por la república, por la abdicación del rey, en 1950. Hubo una muy importante huelga de mineros en los años 50 a fin de obtener la nacionalización, y una muy importante huelga de las y los trabajadores siderúrgicos y metalúrgicos, por la decimotercera paga. Hubo la huelga general del invierno de 1960-61, con más de un millón de trabajadores y trabajadoras en huelga, en un país de diez millones de habitantes. Él estaba allí como pez en el agua, sus vínculos con el movimiento obrero eran muy estrechos, una de sus prioridades era estimular una dinámica de autoorganización.

Después de 30 años de militancia en condiciones difíciles, la segunda mitad de la década de 1960 marcada por una profunda radicalización de la juventud y de la clase obrera en los países de Europa, la creación en 1971 de la nueva sección belga de la CI, la LRT, que tuvo una influencia real en las fábricas,  Ernest Mandel pudo ver en cierto modo que estas propuestas encontraban una expresión concreta en la práctica del control obrero en varias fábricas importantes de Bélgica, en particular la siderúrgica Cockerill en Lieja y la fábrica de Glaverbel en Gilly, una fábrica de vidrio en la región de Charleroi.

Mandel y la juventud

He indicado la influencia que tuvo en la clase obrera de Bélgica en los años 50 y 60. Esta influencia se extendió a otros países a medida que activistas obreros, hombres y mujeres, y líderes sindicales escuchaban las propuestas de Ernest Mandel en Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña en este momento y más tarde en el estado español y Portugal. También incidió en la juventud estudiantil radicalizada de Alemania con el movimiento estudiantil anticapitalista e internacionalista, SDS[17], uno de cuyos líderes fue Rudi Dutschke, con quien mantuvo estrechas relaciones, desde 1966-1967, es decir antes de mayo del 68. Se casó en 1966 con una de las líderes de este movimiento estudiantil, Gisela Scholz. Y por supuesto tuvo un impacto en los jóvenes trotskistas franceses, incluidos los hermanos gemelos Alain y Hubert Krivine, Daniel Bensaid, Pierre Rousset, Janette Habel, Catherine Samary, Josette Trat y Janine, su hermana gemela, quienes fundaron la Juventudes Comunistas Revolucionarias,  tras su expulsión de la Unión de Estudiantes Comunistas (UEC) de Francia. Y entonces, en Bélgica, tuvo un impacto en la juventud estudiantil radical, parte de la cual ingresó o lideró la JGS, que se fusionó con la Confederación Socialista de Trabajadores para formar la LRT en mayo de 1971.

En 1971, como indiqué anteriormente, cuando había completado su tesis doctoral en la Universidad Libre de Berlín, se convirtió en profesor en la Universidad Libre de Bruselas, en la sección de habla holandesa, por lo tanto, la Vrije Universiteit Brussel.  Yo estaba viviendo en Lieja. Bajo la presión del movimiento estudiantil y de maestros marxistas progresistas, Mandel fue invitado a dar un curso de economía marxista en la Universidad de Lieja, en 72-73-74, cuando yo mismo comencé a estudiar allí, junto con otros estudiantes de mi generación. Cito entre ellos a Luc, uno de los dos hermanos Dardenne que se convirtieron en cineastas de Lieja de reputación internacional, ya que obtuvieron dos veces la Palma de Oro en Cannes, en particular por la película Rosetta. Luc Dardenne y yo seguimos los cursos impartidos por Ernest Mandel en la Universidad de Lieja.

Ernest Mandel en debate con otros intelectuales marxistas frente a grandes audiencias

Es necesario subrayar el eco de las intervenciones de Ernest Mandel en el período 1967-finales de los años 70. Es importante señalar que EM tuvo al mismo tiempo eco con sus escritos. Debatió con grandes autores marxistas como Perry Anderson, como Ernst Bloch, como Herbert Marcuse, Roman Rosdolsky, Lucien Goldman, como Jean- Paul Sartre. Discutió con grandes historiadores, economistas o filósofos del Partido Comunista Francés como Charlkes Bettelheim, Jean Ellenstein, Louis Althusser en debates públicos. Y, cuando hablaba en ciertas reuniones, cuando se anunciaba su presencia, había, en todo el período entre 1967 y finales de los 70, 1.000, 2.000, 2.500, 3.000 personas escuchándole. Esto fue cierto en Alemania, en 1967-68. Esto volvió a ser cierto en Alemania, de manera muy importante en 1988-89, con debates con líderes comunistas críticos como Gregor Gysi con 3.000 personas, 4.000 personas en Berlín y, si hablamos de la época de mayo del 68, una gran reunión el 9 de mayo, la noche de las barricadas, en París, una reunión organizada por la JCR, con 2.500 personas, un discurso en el 71, para la conmemoración del centenario de la Comuna de París, cerca del cementerio de Père Lachaise, debería haber cerca de 15.000, 20.000 personas; reuniones en Portugal justo después de la Revolución de los Claveles, en 1974-75 con 2.000, 2.500 personas; reuniones en España, a la caída del franquismo, también con 2.000 o 3.000 personas; una gran reunión de la que hablé para la Europa Roja, en noviembre de 1970, en la Universidad Libre de Bruselas, un mitin europeo de la CI, con 3.500 participantes. Mandel fue un orador con un eco de masas en la vanguardia radicalizada y supo hablar tanto a estudiantes como a trabajadores. Hablaba con mucha soltura en alemán, en francés, en holandés, pero tampoco dudaba en hacer discursos en español en España y en América Latina, en portuñol (mezcla de portugués y español) en Portugal, en italiano cuando iba a Italia. Combinó una gran fuerza analítica con una capacidad impresionante para transmitir en las intervenciones públicas un análisis, un mensaje, una energía, y apelar en cada ocasión al anticapitalismo, al internacionalismo, al proyecto emancipador y revolucionario.

La Cuarta Internacional

Ernest Mandel se unió a la CI a la edad dieciséis años, en 1939, justo antes de la guerra. Participó en la resistencia desde el inicio de la ocupación alemana, fue arrestado tres veces por los nazis. Cuando su segundo arresto estaba distribuyendo folletos a los trabajadores del acero, en Lieja, el 29 de marzo de 1944. Fue arrestado por el ejército alemán, llevado a juicio en la prisión de St Léonard en Lieja, condenado a años de trabajos forzados. Tuvo la «suerte» de ser condenado por el ejército alemán como un resistente político y no por la Gestapo. Si hubiera sido condenado por la Gestapo, simplemente habría sido enviado a un campo de exterminio o ejecutado en el acto. Deportado a Alemania a principios de junio de 1944, escapó de uno de los primeros campos en los que fue encarcelado gracias a su capacidad para despertar la simpatía de dos carceleros, ex militantes del partido socialista uno y del PC el otro. Rápidamente fue atrapado y trasladado a diferentes campos. Fue encarcelado sucesivamente en seis campos en la Alemania nazi. Fue liberado en marzo de 1945 por el ejército estadounidense en el campo donde se encontraba. La lista de campos donde estuvo internado se encuentra en los archivos alemanes e incluida en su biografía por Jan Willem Stutje[18].

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Ernest Mandel se convirtió en dirigente de la CI. Participó en la primera conferencia clandestina europea para relanzar la CI, durante la ocupación y antes de su segundo arresto, se reunieron delegados belgas y franceses de la CI en una granja en St Hubert en las Árdenasbelgas en febrero de 1944. Luego participó en el renacimiento de la CI después de la liberación. Allí se convirtió, junto a Michel Pablo, en uno de los líderes más importantes de la CI. Cuando lo liberaron, tenía 23 años. Su papel como líder de la CI en las décadas de 1940 y 1950 hasta principios de la década de 1960 fue muy importante y discreto. Era conocido como economista marxista por la publicación de su Tratado de Economía Marxista, fue fundador del semanario belga francófono La Gauche, fue periodista del diario socialista Le Peuple y luego se convirtió en periodista del diario sindical de la FGTB en Lieja, La Wallonie. Fue a finales de la década de 1960 y tras su exclusión del Partido Socialista Belga a mediados de la década de 1960, en la onda de Mayo del 68, cuando apareció públicamente como líder de la CI y, como tal, dado su papel en el movimiento revolucionario estudiantil y obrero internacional, se le negó el acceso a varios países por parte de diferentes gobiernos, como el gobierno francés que le prohibía el acceso a territorio francés, así como del gobierno de los Estados Unidos, de los gobiernos de Suiza, Alemania y Australia.

En el caso alemán, es especialmente escandaloso ya que había resistido contra el poder nazi, tenía una medalla otorgada por las autoridades alemanas después de la Segunda Guerra Mundial por su participación en la resistencia antinazi, pero se le prohibió entrar en territorio alemán, a pesar de que tenía una tesis doctoral y de que los intelectuales alemanes antinazis, así como, por supuesto, el movimiento estudiantil protestaron contra esta prohibición y exigieron el levantamiento de esta medida. También recuerdo que Ernest Mandel me pidió que hablara en Lieja cuando el canciller socialista alemán Helmut Schmidt fue recibido en la Universidad de Lieja. Quería que yo interviniera para protestar públicamente contra su prohibición de entrar en territorio alemán. Estas prohibiciones no le impidieron cruzar fronteras. Ernest Mandel viajó mucho y, en particular, a pesar de su prohibición en Francia, cruzaba la frontera con mucha regularidad, especialmente recuerdo muy bien, como miles de manifestantes franceses, su llegada a la conmemoración de la Comuna de París, en mayo de 1971, convocada por la Liga Comunista y Lutte Ouvrière. Fácilmente éramos diez o quince mil manifestantes y Ernest Mandel llegó a hablar, desde la parte trasera de una motocicleta, conducida por Hubert Krivine. A veces era detenido por las autoridades francesas, llevado de vuelta a Bélgica y, como cuenta su biógrafo holandés en una ocasión, cuando fue deportado a Bélgica a su llegada al aeropuerto Roissy Charles de Gaulle, un camarada de Bruselas le llevó de vuelta a París el mismo día por una ruta discreta porque había una reunión de la dirección de la CI en París.

Post scriptum:

Después de terminar la redacción de este testimonio recibí el comentario siguiente de parte de Rafael Bernabe,profesor universitario y senador en Puerto Rico: “Cuando hablas de figuras o polémicas con las que Mandel tuvo que ver también se podría incluir la polémica con Martín Nicolaus (traductor al inglés del Grundrisse) sobre el imperialismo americano (publicada en español por Anagrama y también en colección de ERA Ensayos sobre neocapitalismo); la polémica con Baran y Sweezy sobre El capital monopolista (recogida también en Ensayos sobre el neocapitalismo); la polémica con Nicolás Krassó sobre el marxismo de Trotsky, originalmente en New Left Review y luego en español en Cuadernos Pasado y Presente, que fue muy leida; sus reseñas de Solzhenitsin y luego de La alternativa de Rudolf Bahro, también publicadas originalmente en New Left Review. Y claro, las respuestas a los eurocomunistas (Berlinguer, Carrillo, Marchais, Claudin) son brillantes.

3. Yo destacaría que entre El tratado y Capitalismo tardío Mandel insistió en su tesis (contra gente del mainstream y de izquierda) que ni los monopolios, ni las medidas keynesianas o de bienestar, ni la planificación «indicativa», ni la supuesta «economía mixta», ni las instituciones de Bretton Woods, etc. habían permitido ni permitirían al capitalismo superar sus contradicciones fundamentales y que, por tanto, el boom de posguerra llegaría a su fin, como todos los booms anteriores. Con lo cual vendría un ataque renovado a las conquistas de la clase obrera. Un análisis que se comprobó correcto a partir de la crisis generalizada de 1974-75, o poco antes.

4. Pienso que un rasgo distintivo de Mandel fue que evitó dos extremos 1. Los que veían en el boom capitalista de posguerra como una refutación del marxismo y 2. Los que con tal de defender el marxismo negaban la realidad del boom. Contra uno y otro Mandel defendió y desarrolló un marxismo dinámico (ortodoxo, pero no dogmático, diría él) que era capaz de explicar los nuevos desarrollos del capitalismo a partir de sus categorías fundamentales. No había ni que negar la realidad del boom o el capitalismo en su nueva etapa ni que abandonar el análisis marxista. Al contrario, el marxismo podía explicar el primero, tanto su surgimiento como sus límites.

Por supuesto, creo que Mandel confiaba en una respuesta más amplia y enérgica de la clase obrera a la ofensiva patronal… Lo cual después de 1980 o antes no se materializó como era su expectativa… y seguimos en esa lucha

Ahí mis comentarios, en lo que puedan ayudar.

Creo que habría que hacer en algún momento unas obras completas de Mandel, es un legado militante-intelectual impresionante.

Último punto, también me parece admirable su constante disposición hasta el final a dedicar tiempo a redactar textos de iniciación al marxismo, siempre pensando no en los grandes intelectuales sino en los militantes que están comenzando (desde Introducción al marxismo, que círculo mucho en América Latina hasta El lugar del marxismo enla historia, que fue el último y es muy bueno.)”

Notas:

[1]    El Buró de la IV entre 1988 y 1991 estuvo integrado por Ernest Mandel, Livio Maitan, Claude Jacquin, Gilbert Achcar, Janette Habel y Daniel Bensaïd y yo. Penny Duggan estaba presente a todas las reuniones. Después del 13º Congreso Mundial a principios de 1991, formé parte también del nuevo Buró que fue elegido por el Secretariado Unificado. Según las memorias de Livio Maitan, este Buró estaba compuesto por Gilbert Achcar, Janette Habel, Phil Hearse, Claude Jacquin, Livio Maitan, Ernest Mandel, Braulio Moro y yo mismo (ver Livio Maitan, Pour une histoire de la Quatrième Internationale, La Brèche-IIRE, Paris, 2021. 475p.).

[2]    En la reunificación también participaron activistas de América Latina, como el líder indígena y campesino Hugo Blanco (1934-2023) en Perú, quien en el momento del Congreso acababa de ser encarcelado en su país. También hubo activistas muy activos en Bolivia. Sobre el Congreso de Reunificación de la IV Internacional, vert Livio Maitan,   Pour une histoire de la Quatrième Internationale, La Brèche-IIRE, Paris, 2021. 547 pages ISBN 9782955816851  p. 146 à 159. Lire également la revue Quatrième Internationale, Le Congrès de réunification de la Quatrième Internationale, Numéro spécial 3e trimestre 1963, Paris, 72 pages.

[3]    Leer la revista Quatrième Internationale, n°47, janvier 1971, Paris, p. 14 à 20.

[4]    Ver el vídeo de Usul, Ostpolitik realizado para Blast : « ALAIN KRIVINE : LE TROTSKISME PERMANENT »  https://www.youtube.com/watch?v=8Zent93oWko  et lire  dans dictionnaire Maitron https://maitron.fr/spip.php?article136624

[5]    Está disponible en español en https://www.nodo50.org/ciencia_popular/articulos/Mandel2.html

[6]    En el congreso de la JGS de 1970 había apoyado con otras personas una proposición consistente en llamar a la nueva organización Liga Socialista Revolucionaria, en vez de Liga Revolucionaria de los Trabajadores. Sigo convencido de que esto hubiera sido mejor.

[7]    Pierre Le Grève fue objeto de una tentativa de asesinato mediante paquete bomba en el marco de su actividad en favor de la Argelia independiente por la organización La Mano Roja en 1960 directamente ligada a los servicios secretos franceses. Los trotskistas belgas han sido muy activos en el apoyo a la lucha por la independencia de Algeria al final de los 1950 hasta la victoria de la revolución en 1962.

[8]    Rudi Dutschke tuvo numerosos debates públicos con Ernest Mandel ante grandes asambleas en Alemania. Pasó dos semanas en casa de Ernest Mandel y Gisela Sholtz en septiembre de 1968 tras haber sido víctima de un atentado. Ver Jan Willem Stutje, Ernest Mandel Un révolutionnaire dans le siècle, Editions Syllepse, Paris, 2022, 454 pages. P. 278 à 286.

[9]    De estos hechos se informa en la biografía de Mandel de Jan Willem Stutie, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle, Paris, Syllepse, 2022, p. 319.

[10]   Jan Willem Stutje, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle…

[11]   Gisela Scholtz à Ray, 13 mars 1969, Archives Ernest Mandel, dossier 652 cité par Jan Willem Stutje, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle p. 322.

[12]   Ver su retrato en La Gauche del 11 de febrero de 1972, p.2

[13]   Ver el acta de las tres primeras conferencias (500 personas en Lieja, 1500 en Bruselas, 1000 en Lovaina) en La Gauche del 11 de febrero de 1972, p.5 y la entrevista exclusiva de Jerry Lawless (parte 1) p. 4 y 5 y la parte 2 en La Gauche del 18 de febrero de 1972, p. 4 y 5. Hay que señalar que la prensa cotidiana tanto de derechas como de izquierdas había dado un amplio eco a esas conferencias.

[14]   Jan Willem Stutje, Ernest Mandel. Un révolutionnaire dans le siècle,  p. 235

[15]   A propósito de las reformas de estructuras neocapitalistas versus anticapitalistas, leer Ernest Mandel, La stratégie des réformes de structure, 1965 http://pinguet.free.fr/mandel1965.pdf

[16]         http://www.ernestmandel.org/new/ecrits/article/controle-ouvrier-et-strategie  et   http://www.ernestmandel.org/new/ecrits/article/autogestion-occupations-d-usines   http://biblioteca.andalucia.ccoo.es:8080/intranet-tmpl/prog/local_repository/documents/15363_8353.pdf

Ver el libro de Ernest Mandel: Control obrero, consejos obreros, autogestión (antología), Ediciones ERA, Mexico, Páginas: 450 p. En este libro, Mandel recopila textos teóricos de Marx, Lenin, Kaustky, Trotsky, Gramsci, Pannekoek, Luxemburgo, Kuron y documentos de experiencias de soviets en Argelia, Alemania, Bolivia, Hungría, Indonesia, Checoslovaquia y Francia en 1968 y otros países, donde restituye a los consejos obreros su función originaria. Reúne un corpus teórico que supera la crítica de la burocratización y sirve de fundamentación del gobierno obrero.
– Análisis de las variedades de participación obrera conocidas como cogestión, autogestión, consejos obreros, derivadas de la experiencia de los soviets rusos de 1917 y del pensamiento de Marx. Tags:autogestion en argelia , autogestion en yugoslavia , autogestion y estado , bolchevismo y control obrero , cogestion, autogestion obrera , comites de huelga , Comuna de Paris , consejos de fabrica en italia , consejos obreros , control obrero en bolivia , gobierno obrero y soviets , mayo de 1968 en francia , méxico , sindicalismo y soviets , soviets , soviets de petesburgo , soviets en china , soviets y comites de fabrica , soviets y postguerra , soviets y revolucion rusa. Temas:consejos obreros y la revolucion hungara, control obrero de la produccion, dictadura del proletariado y soviets, programa de transicion y soviets

[17]   Sozialistischer Deutscher Studentenbund (Unión Socialista Alemana de Estudiantes).

[18]   Jan Willem Stutje, Ernest Mandel… nota 142, p. 79.

En la segunda parte hablaré de la relación de Mandel con la revolución cubana y Che Guevara.

Eric Toussaint es doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Traducido por Alberto Nadal Fernández

Publicado en: Cultural, Global, Titular1

Las empresas fósiles continúan explorando yacimientos a pesar de la emergencia climática. Inversiones contra el futuro

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Juan F. Samaniego, Eduardo Robaina

El IPCC alertó en su último informe que con las infraestructuras de combustibles fósiles ya existentes bastaba para calentar el planeta 1,5 ºC. Aun así, la industria fósil no para de iniciar nuevos planes de exploración y producción. Lo analizamos.

El cambio climático tiene muchos culpables, pero hay tres que resaltan por encima del resto: el carbón, el petróleo y el gas. Por muchas normas, leyes y acciones que se lleven a cabo a nivel mundial, dejar de usar estos tres combustibles fósiles es la forma principal de evitar que el planeta continúe calentándose y de minimizar los eventos extremos.

Aun así, a pesar de toda la evidencia en torno a la necesidad de abandonar los hidrocarburos, las grandes empresas y gobiernos (y, en líneas generales, el sistema económico) siguen enganchados a ellos. Tras más de un siglo dominando la sociedad, resulta difícil pasar página. Los combustibles fósiles son sinónimo de dinero, estatus y de poder, por lo que nadie está dispuesto a renunciar a todo ello de golpe. Pero las alternativas ya existen, así como la evidencia sobre las consecuencias de no hacerlo.

Según el informe de Brecha de producción 2021 (última edición disponible), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) junto a destacados institutos de investigación,los gobiernos todavía planean producir en 2030 una cantidad de combustibles fósiles un 110% superiorde lo que sería coherente con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC respecto a la temperatura media del siglo XIX. Tampoco parece realista contener el calentamiento por debajo de los 2 ºC, ya que la producción prevista estaría un 45% por encima.

El mayor panel de especialistas en cambio climático (IPCC), señalaba en su último gran informe que solo con las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que generarían en esta década las infraestructuras de combustibles fósiles ya existentes, se excedería el presupuesto de carbono restante para 1,5°C. Y los planes de las grandes petroleras no pasan por cambiar estas tendencias en el futuro cercano.

De acuerdo con la agencia Internacional de la Energía, se espera un repunte en la inversión en combustibles fósiles en los próximos años. De hecho, la demanda mundial de carbón alcanzó un máximo histórico en 2022. Además, el gasto de la industria fósil en alternativas de bajas emisiones fue inferior al 5% de su gasto total en producción de hidrocarburos.

¿Cuánto están realmente invirtiendo las empresas fósiles en encontrar y explotar nuevos yacimientos fósiles? De acuerdo a la Lista Global de Salida de Petróleo y Gas (GOGEL, por sus siglas en inglés), una base de datos actualizada hasta septiembre de 2022 y elaborada por Urgewald junto a otras organizaciones, existen nuevos recursos fósiles en desarrollo equivalentes a más de 230.000 millones de barriles de petróleo (suficientes para mantener el consumo actual de combustibles fósiles durante al menos 7 años). Solo en los últimos tres años, las petroleras han invertido más de 51.000 millones de dólares anualesen explorar el planeta en busca de nuevos yacimientos.

A continuación, analizamos con nombres y apellidos los planes recientes de exploración y producción de las principales empresas fósiles. Todas las empresas nombradas fueron contactadas por Climática para contrastar los datos. Equinor y Eni se limitaron a facilitar un apartado de su página web. Las españolas Repsol y Cepsa respondieron de forma algo más detallada. Saudi Aramco respondió declinando hacer comentarios. El resto no contestó.

Saudi Aramco

La petrolera saudí es la mayor compañía fósil del planeta. De acuerdo con informes independientes de SP Global y Evercore ISI, sus planes pasan por aumentar la producción de petróleo en13 millones de barriles más diarios antes de 2027 y solo en 2022 encargó la construcción de 30 plataformas de extracción. Además, el año pasado anunció el descubrimiento de dos nuevos yacimientos de gas y petróleo en Arabia Saudí y este año ha avanzado en la ampliación de los campos de Marjan y Safiyah, considerada ya la mayor explotación offshore del planeta.

De acuerdo con GOGEL, base de datos creada para acelerar la adopción de políticas de abandono del petróleo y gas en el sector financiero, es la petrolera con mayor cantidad de recursos fósiles en desarrollo del planeta. Nada menos que recursos equivalentes a 19.961 millones de barriles de petróleo, todos repartidos entre Arabia Saudí y Kuwait. Es, también, una de las que más invierte en exploración, con una media de 2.199 millones de dólares anuales entre 2020 y 2022.

Con estos datos sobre la mesa, no es de extrañar que Arabia Saudí sea uno de los países que se oponen sistemáticamente a señalar a los combustibles fósiles como culpables del cambio climático en las cumbres del clima y uno de los principales centros de origen de las políticas retardistas para intentar dilatar en el tiempo la acción necesaria, contrariamente a lo que señalan los científicos.

Gazprom

Los datos muestran que Gazprom sigue siendo una de las empresas fósiles más fuertes del planeta a pesar de las turbulencias económicas y las sanciones en marcha tras la invasión rusa de Ucrania. De acuerdo con GOGEL, Gazprom es la tercera corporación a nivel mundial con mayor cantidad de recursos fósiles en desarrollo (equivalentes a 13.639 millones de barriles de petróleo). En los últimos tres años, se ha gastado 601,34 millones de dólares anuales (de media) en exploración de nuevos recursos.

El crecimiento de Gazprom se ha producido, sobre todo, en territorio ruso y en Uzbekistán. Entre otros lugares, ha aumentado su presencia en el Ártico: a finales de 2022 puso en marcha nuevos equipos de perforación en el mar de Kara, la primera operación offshore en el océano Ártico. En 2022 también contrató la construcción de seis plataformas de perforación con Naftagaz para el megaproyecto gasífero en la península de Yamal. En este yacimiento se extrae ya el 20% del gas ruso, pero se espera incrementar la producción hasta el 40% en 2030.

La compañía fósil rusa es también la segunda que más capacidad está desarrollando en el sector del midstream, el transporte de combustibles. De acuerdo con los datos de GOGEL, cuenta con 8.083 kilómetros de gasoductos en construcción.

ADNOC

La compañía nacional de petróleo de Abu Dabi (o ADNOC, por sus siglas en inglés) ha ocupado muchos titulares en los últimos meses por su implicación en la próxima cumbre climática. La COP28 se celebrará en los Emiratos Árabes Unidos y estará presidida por Sultan Ahmed Al Jaber, CEO de la petrolera estatal y ministro de Industria del país.

Pero más allá de su trabajo como lobby, ADNOC es también una de las grandes empresas fósiles del planeta. De acuerdo con los datos de GOGEL, tiene recursos en desarrolloequivalentes a 7.562 millones de barriles de petróleo, todos en yacimientos de los Emiratos. Además, en los últimos tres años ha gastado una media de 25 millones de dólares anuales en exploración de nuevos recursos.

Una de las inversiones recientes más destacadas es la del megaproyecto de Ghasha, un yacimiento offshore de gas y petróleo que se encuentra dentro de la reserva de la biosfera de Marawah, designada por la UNESCO. Construído sobre una isla artificial, entrará en funcionamiento en 2025 y contará no solo con pozos de extracción, sino también con una terminal de licuefacción de gas. Tiene unas reservas estimadas de 141.000 millones de metros cúbicos de gas fósil.

ConocoPhillips

Cuando Joe Biden prometió en campaña electoral que no habría más perforaciones en tierras federales de Estados Unidos, el proyecto Willow ya estaba sobre la mesa. Después de muchos meses de presiones, en marzo de este año ConocoPhillips, la impulsora de esteplan para extraer petróleo en Alaska, logró el visto bueno de la Casa Blanca. En las próximas tres décadas espera extraer hasta 600 millones de barriles de petróleo.

El proyecto ha estado rodeado de polémica desde el principio, ya que se llevará a cabo en una reserva remota e inalterada del noroeste de Alaska, a 300 kilómetros del círculo polar Ártico. Si se completa tal como se ha planteado, supondrá la excavación de 200 pozos nuevos y la emisión de más de 260 millones de toneladas CO2 a la atmósfera.

La empresa centra cada vez más su actividad en los recursos fósiles del Ártico y el fracking  (juntos suman el 84,7% de los recursos de hidrocarburos que la compañía está desarrollando). Pero ConocoPhillips es mucho más que Willow. De acuerdo con GOGEL, está desarrollando recursos fósiles equivalentes a 3.674 millones de barriles de petróleo en Malasia, China, Catar, Libia, Canadá y Noruega. Además, en los últimos tres años ha invertido cerca de 867 millones de dólares anuales en exploración de nuevos yacimientos.

Además, ConocoPhillips, vigésimo productor mundial de petróleo y gas, posee recursos equivalentes a 7.988 millones de barriles de petróleoque aún no han entrado en la fase de evaluación o desarrollo, según Reclaim Finance. Y, mientras en 2022 la compañía dedicó 10.100 millones de dólares a toda la cadena del petróleo y el gas, no publicó inversiones relacionadas con las energías renovables.

ExxonMobil

Hoy, el nombre de ExxonMobil está irremediablemente ligado al de Guyana. La corporación estadounidense ha sido la principal socia del país en la exploración y el desarrollo de sus yacimientos petroleros. Este mismo año, ExxonMobil   para poner en marcha Uaru, el quinto proyecto offshore en el país. Tiene unas reservas estimadas de 800 millones de barriles de crudo y empezará a funcionar en 2022.

Antes de Uaru fue el turno de Yellowtail (donde se han invertido 10.000 millones de dólares para unas reservas estimadas de 900 millones de barriles), Payara, Luza y una larga lista de proyectos para extraer las reservas de crudo del país sudamericano.

Además, de acuerdo con los datos de GOGEL, tiene recursos en desarrollo equivalentes a 7.160 millones de barriles de petróleo en Indonesia, Vietnam, Kazajistán, Azerbaiyán, Catar, Mozambique, Angola, Brasil, Argentina, Canadá y Rusia.

Su base sigue siendo Estados Unidos, donde está presente desde que se fundó la Standard Oil Company en 1870. En los últimos años, ha centrado sus inversiones allí en elrefinado y la industria petroquímica. Pero todavía produce 1,9 millones de barriles diarios desde California, Texas, Wyoming, Luisiana y Alabama.

De acuerdo con Reclaim Finance (una ONG fundada por Lucie Pinson, ganadora del premio Goldman Environmental Prize en 2020), ExxonMobil no se ha comprometido a dejar de desarrollar nuevos proyectos de petróleo y gas, y posee 11.411 millones de barriles de petróleo en recursos de hidrocarburos todavía sin desarrollar. En los últimos tres años, además, se gastó una media de 1.400 millones de dólares anuales en exploración.

TotalEnergies

Las inversiones de TotalEnergies recorren el planeta. La multinacional francesa tiene recursos fósiles en exploración equivalentes a 6.854 millones de barriles de petróleo y repartidos entre Uganda, Australia, Papúa Nueva Guínea, Azerbaiyán, Iraq, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Oman, Egipto, Libia, Kenia, Mozambique, Angola, Congo, Camerún, Nigeria, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Noruega, Dinamarca y Rusia.

Según GOGEL, en los últimos tres años se han gastado 1.012 millones de dólares al año en exploración. Reclaim Finance también es clara al respecto. TotalEnergies posee 7.544 millones de barriles de petróleo equivalentes en recursos descubiertos que aún no está desarrollando.

En Europa, ha invertido más de 2.800 millones de euros en Tyra II para renovar sus instalaciones en el yacimiento de Tyra, un campo de gas que lleva más de 40 años produciendo. La nueva infraestructura entrará en funcionamiento en diciembre y producirá 2.800 millones de metros cúbicos de gas al año.

A finales de 2022, también aprobó el desarrollo de la paltaforma offshore Fénix, en Argentina, con la que espera producir 10 millones de metros cúbicos de gas al año, después de que el gobierno prorrogase las concesiones en la zona hasta 2041. Pero su proyecto más ambicioso, y también más polémico, está en África, en la región del lago Alberto.

Allí ya ha comenzado a extraer los más de 1.400 millones de barriles de petróleo que se estima que tiene la reserva y está construyendo un oleoducto a través de Uganda y Tanzaniajunto a China National Petroleum Corporation y con apoyo de inversores locales y de Reino Unido. El East African Crude Oil Pipeline, con 1.440 kilómetros de longitud, será uno de los oleoductos más largos del mundo. Cuando esté al máximo de producción, moverá suficiente crudo como para generar 34 millones de toneladas de CO2 al año.

Chevron

La petrolera estadounidense es otra de las que mantiene una posición dominante en el mercado de los combustibles fósiles. De acuerdo con los datos de GOGEL, sus recursos equivalentes a 5.421 millones de barriles de petróleo en desarrollo la colocan en noveno lugar en la clasificación de compañías que más recursos fósiles poseen. Es también la novena por inversión en exploración, con una media anual de 1.353 millones de dólares entre 2020 y 2022.

Entre otras cosas, está poniendo en marcha una nueva plataforma de extracción en el golfo de México, frente a las costas de Luisiana, llamada Anchor. Producirá durante los próximos 30 años y tendrá una producción máxima de 30.000 barriles diarios. Solo el desarrollo del yacimiento necesitó una inversión de 5.700 millones de dólares.

También ha trabajado en la ampliación de las infraestructuras del yacimiento de gas de Leviathan, en Israel, junto a New Med Energy. Ambas han iniciado los trabajos para construir un tercer gasoducto que entrará en funcionamiento en 2025 y permitirá incrementar la producción del campo en 14.000 millones de metros cúbicos de gas al año.

Chevron es también el principal socio de YPF (empresa argentina de energía) en el desarrollo de Vaca Muerta, en Argentina, donde la producción de petróleo ha ido cayendo en detrimento del gas extraído mediante fracking. En julio de 2023, la compañía aprobó una nueva inversión de 500 millones de dólares para Vaca Muerta, donde sus planes pasan por perforar 16 nuevos pozos.

También destaca supresencia en Nigeria. A finales del año pasado, logró cerrar 1.400 millones de dólares de financiación para construir 37 nuevos pozos en el delta de Niger. Su presencia en la zona ha encontrado una fuerte oposición por parte de las comunidades locales durante la última década, ya que la actividad industrial acaba con otros recursos, como la pesca.

Shell

Shell es otro de los nombres propios en la expansión de la industria fósil en los últimos años. La petrolera británica ha invertido 2.329 millones de dólares al año entre 2020 y 2022 en exploración de nuevos recursos  (la tercera que más ha gastado, según los datos de GOGEL). Actualmente está desarrollando recursos equivalentes a 4.398 millones de barriles de petróleo en Australia, Malasia, Brunei, Kazajstán, Qatar, Omán, Camerún, Nigeria, Brasil, Argentina, Bolivia, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Noruega.

Entre otras cosas, este año empezó a operar en el Golfo de México la plataforma Vito, que se reparte con la noruega Equinor (60%-30%), formada por ocho pozos. La producción estimada en su pico más alto es de 100.000 barriles de petróleo al día.

También ha invertido mucho en la ampliación de Penguin, en el mar del Norte, donde tiene previsto perforar otros ocho nuevos pozos. Allí, la producción máxima estimada es de 85.000 barriles al día. Además, acaba de firmar un acuerdo con la brasilenha Petrobras para explorar nuevas oportunidades de explotación en los yacimientos offshore del país (donde se concentra más del 90% de las reservas).

De acuerdo con Reclaim Finance, Shell ha prometido una reducción de su producción de petróleo de entre el 1% y el 2% anual para 2030 (algo insuficiente para alcanzar las cero emisiones en 2050). Además, sigue sin comprometerse a dejar de desarrollar nuevos proyectos de petróleo y gas, y cuenta con recursos reconocidos y sin explorar superiores a 7.544 millones de barriles de petróleo.

Equinor

La petrolera estatal noruega también se cuela entre las que más están invirtiendo a corto y medio plazo. De acuerdo con los datos facilitados por GOGEL, está expandiendo sus operaciones en Australia, Azerbaiyán, Angola, Brasil, Argentina, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Noruega y está desarrollando nuevos recursos fósiles equivalentes a 3.118 millones de barriles de petróleo. En los últimos tres años, además, ha invertido 1.202 millones de dólares anuales (de media) en exploración de nuevos yacimientos.

De hecho, en febrero de este mismo año, anunció que las últimas prospecciones en el mar del Norte habían tenido éxito y se habían descubierto nuevas reservas de gas y petróleo. En el mes de mayo reabrió el campo Njord, tras varias obras de actualización, alargando la vida útil del yacimiento en 20 años, y a finales del año pasado empezó la operación de la fase dos de Sverdrup, la mayor reserva que le queda a Noruega. Cuando alcance el pico de producción, esta explotación generará el 7% de la demanda de petróleo de Europa.

De acuerdo con Reclaim Finance, Equinor posee 3.203 millones de barriles de petróleo equivalente de recursos de hidrocarburos descubiertos y no explotados y no se ha comprometido a dejar de desarrollar nuevos proyectos de petróleo y gas en el futuro. Aunque se denomina a sí misma compañía energética, en 2022 Equinor dedicó 9.500 millones de dólares a petróleo y gas (en toda la cadena, de la extracción a la distribución), mientras gastó 298 millones en otras soluciones de energía y renovables.

BP

La petrolera británica acaba de empezar a operar la plataforma Argos, en el golfo de México, la quinta plataforma operativa de la compañía en la zona y la primera nueva en algo más de 15 años. Argos es, también, parte del proyecto Mad Dog 2, en el que BP ha invertido más de 9000 millones de dólares en los últimos años y con el que espera aumentar su producción en Estados Unidos hasta los 400.000 barriles de petróleo equivalente al día en 2025.

Pero la corporación fósil británica no solo tiene su vista puesta en el golfo de México. En enero, anunció nuevas exploraciones en el sus del mar Caspío, en el yacimiento gasífero de Shah Deniz. Y acaba de anunciar el inicio de la extracción de gas en la nueva plataforma gasífera enel yacimiento MJ de la India, desde donde espera producir 30 millones de metros cúbicos de gas al día (un 15% de todo lo que demanda el país).

De acuerdo con la organización GOGEL, BP está expandiéndose en Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Mauritania, Brasil, Argentina, Bolivia, Trinidad y Tobago y Reino Unido, además de los tres países ya mencionados. Está desarrollando recursos equivalentes a 3.066 millones de barriles de petróleo, y entre 2020 y 2022 ha invertido más de 1.000 millones de dólares anuales en exploración de nuevos yacimientos.

Según Reclaim Finance, BP tampoco se ha comprometido a dejar de desarrollar nuevos proyectos de petróleo y gas. Alcanzar su objetivo de producción para 2030 requerirá la adquisición de nuevos activos o el desarrollo de nuevos yacimientos, además de los planes de expansión a corto plazo que ya han sido hechos públicos.

China National Petroleum Corporation

La industria petrolera china, articulada a través de tres grandes compañías que comparten como accionista mayoritario al Estado (China National Petroleum Corporation, Petrochina y Sinopec), sigue creciendo con fuerza e invirtiendo en los recursos fósiles del país. Su proyecto más sonado a nivel internacional, sin embargo, está en Uganda y Tanzania.

Allí, en colaboración con TotalEnergies y con el apoyo de accionistas locales y de Reino Unido, está construyendo un gran oleoducto de 1440 kilómetros de longitud que conectará el yacimiento de la cuenca del lago Alberto (con reservas estimadas más de 1.400 millones de barriles de petróleo) con el océano Índico.

De hecho, China National Petroleum Corporation (CNPC) es la compañía que más está invirtiendo en desarrollo de infraestructurasde transporte de petróleo y gas (midstream) en todo el planeta. Según datos de GOGEL, tiene actualmente en desarrollo más de 13.100 kilómetros de gasoductos y oleoductos.

De acuerdo con la organización, entre CNPC, Sinopec y Petrochina tienen también recursos en desarrollo equivalentes a cerca de 6.700 millones de barriles de petróleo. Y las tres, en conjunto, conforman también el mayor inversor en exploración, con más de 6.600 millones de dólares invertidos anualmente entre 2020 y 2022.

Una de sus grandes apuestas es laexplotación del petróleo de esquisto, un petróleo no convencional producido a partir de esquistos bituminosos, en las formaciones del Gulong. CNPC asegura que a partir de 2025 podrá producir allí más de 1 millón de barriles diarios. La otra apuesta importante sigue estando en el yacimiento del Tarim, la mayor reserva del país, con una producción  de 100 millones de barriles al anho. Solo en 2022 construyó en esa cuenca más de un centenar de pozos.

Eni

La petrolera italiana Eni tiene, como casi todo el sector en Europa, un objetivo claro: aumentar la producción hasta 2030 y a partir de ahí mantenerla estable. De acuerdo con el análisis de Reclaim Finance, los objetivos de producción de Eni son un 70% mayores de lo necesario para alcanzar las emisiones cero de carbono a mediados de siglo.

Según la organización, Eni es también el decimoséptimo inversor en exploración de nuevos recursos, ya que gastó una media de 787 millones de dólares al año entre 2020 y 2022. De hecho, este año anunció dos descubrimiento importantes: una reserva de gas en Egipto y una reserva de petróleo en México (con 200 millones de barriles estimados). Desde la agencia de noticias Reuters señalan que también ha estado haciendo exploraciones en la cuenca de Angoche, en Mozambique, donde se estima que hay importantes reservas (pero Eni guarda silencio al respecto).

Además, a principio de 2023 empezó a trabajar en el desarrollo de un yacimiento de gas en Libia y en la expansión de sus operaciones de gas en el Congo con la construcción de una nueva planta de licuefacción de gas para exportar el gas de los yacimientos offshore de Nenè y Litchendjili. En las cercanías están las bolsas de Minsala y Nkala, también descubiertas por Eni, pero todavía sin explotar.

Repsol

La empresa española que más CO2 emite del país (10,7 millones de toneladas en 2021, según el Observatorio de Sostenibilidad) busca seguir aumentando su producción a medio plazo. Según Reclaim Finance, los objetivos marcados para 2030 son un 68% más altos de lo necesario para alcanzar las cero emisiones de carbono en 2050.

Si bien es cierto que la petrolera española está lejos de los números de las grandes compañías fósiles, desde GOGEL apuntan a que Repsol cuenta con reservas de petróleo y gas en desarrollo equivalentes a 1.170 millones de barriles de crudo, y en los últimos tres años invirtió 312 millones de dólares anuales en exploración en Papúa Nueva Guinea, Indonesia, Malasia, Vietnam, Libia, Angola, Argelia, Marruecos, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Trinidad y Tobago, Barbados, México, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Noruega, España, Grecia, Bulgaria y Rusia.

Entre otros acuerdos, en mayo de este año pactó con Equinor y Petrobras la inversión de más de 9.000 millones de dólaresen el desarrollo del proyecto BM-C-33, en la cuenca Campos en el estado de Río de Janeiro. Este proyecto implica también la construcción de una plataforma Flotante de Producción, Almacenamiento y Descarga (FPSO) que debería estar operativa en 2027.

También este año llegó a un acuerdo con Sonatrach y Pertamina para invertir de forma conjunta más de 800 millones de dólares en el yacimiento argelino de Menzel Lejmat. Estiman que cuando la ampliación esté operativa permitirá una recuperación de cerca de 150 millones de barriles equivalentes de petróleo. Además, desde el inicio de la guerra de Ucrania ha renovado su defensa del fracking en Europa como forma de reforzar la seguridad energética.

Su objetivo es convertirse en una compañía cero emisiones netas en el año 2050.  Contactados por Climática, desde Repsol defienden que para el periodo 2021-2025 tienen previsto destinar un 35% de las inversiones a “iniciativas bajas en carbono”. Ese tercio al que hace referencia la petrolera no se refiere a energías renovables, o no únicamente. El concepto de “iniciativas bajas en carbono” incluye también la exploración de combustibles fósiles mediante, por ejemplo, la captura y almacenamiento de carbono (conocida como CCS). Además, el 65% de las inversiones restantes sí se destina al negocio convencional de los hidrocarburos.

Cepsa 

La petrolera española, propiedad de Mubadala Investment Company, un fondo de inversión soberano del Gobierno del Emirato de Abu Dabi, no está entre las grandes empresas fósiles del planeta. Eso no impide que sea la quinta empresa que más CO2 emite cada año en España (4,9 millones de toneladas en 2021, según datos del Observatorio de Sostenibilidad).

La noticia de más calado del último año en relación con la compañía es que Cepsa completó la venta de todos sus activos de exploración y producción en Abu Dabi (donde tenía licencia hasta 2058) a TotalEnergies, lo que representa el 50% de toda su producción de petróleo. La compañía lo ha vendido como parte de su estrategia de abandono gradual del petróleo, aunque sigue operando el segundo mayor yacimiento de Argelia, extrae crudo en Perú y Colombia, y tiene tres proyectos de exploración en México.

En declaraciones a Climática, Cepsa defiende que desde 2020, si bien “han realizado inversiones de mantenimiento y optimización en sus campos de producción para implementar medidas para aumentar su eficiencia y reducir sus emisiones”, no han iniciado producción de petróleo en nuevos contratos.

No obstante, Cepsa anunció el año pasado el hallazgo de un importante yacimiento frente a las costas de Surinam, donde trabaja junto a Apache y Petrobras. Por ahora, está siendo analizado y todavía no se sabe si se podrá explotar, aunque todo apunta a que sí. De acuerdo con GOGEL, la compañía ha invertido casi 17 millones de dólares anuales en los últimos tres añosen proyectos de exploración en Malasia, Tailandia, Brasil, Colombia, Surinam y México.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/inversiones-futuro-empresas-fosiles/

Publicado en: Global

Oppenheimer refleja la grandeza y el horror de la modernidad

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Leigh Phillips

Oppenheimer, de Christopher Nolan, es una evocadora exploración de las contrastantes dimensiones de la modernidad. La película explora los horrores que puede provocar el avance de la tecnología junto a las estimulantes cotas de los logros humanos.

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En 1913, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, el poeta y socialista francés Charles Péguy escribió: «El mundo ha cambiado menos desde los tiempos de Jesucristo que en los últimos 30 años».

En el espacio de esas tres décadas (años más, años menos), Thomas Edison había iluminado la noche con su bombilla de filamento incandescente, donde antes solo las costosas velas, el aceite de ballena o el gas habían horadado en la oscuridad. Mediante la grabación sonora del fonógrafo, Edison también proporcionó lo que el difunto crítico de arte australiano Robert Hughes, en su arrolladora historia documental del modernismo en el arte, The Shock of the New, denominó «la extensión más radical de la memoria cultural desde el libro impreso». Los hermanos Lumière nos habían dado la cámara de cine; Guglielmo Marconi, el telégrafo sin hilos o, como lo conocemos hoy, la radio; Étienne Lenoir y Nicolaus Otto, el motor de combustión interna; y Rudolf Diesel, su versión homónima de ese aparato.

Marie Curie había descubierto la radiactividad; la pasteurización de Louis Pasteur había conducido al descubrimiento de los virus y a las pruebas de Robert Koch de la teoría de los gérmenes de la enfermedad; el proceso de Fritz Haber y Carl Bosch para la producción sintética de amoníaco en esencia hizo Brot aus Luft —o, como decían en alemán, «pan del aire»— que llegaría a alimentar a miles de millones. Y los hermanos Wright habían hecho realidad el milagro con el que nuestra especie soñaba desde los mitos de Dédalo e Ícaro: el vuelo humano.

En este periodo increíblemente breve llegaron el teléfono, la primera pila, los primeros plásticos, la aspiradora, la refrigeración, el tractor, la estilográfica y el bolígrafo, incluso el papel higiénico y el sujetador, y tantos otros inventos y descubrimientos que mejoraron radicalmente la condición humana, o al menos la condición de cierto número de humanos. El asombro de Péguy ante lo que había ocurrido en apenas tres décadas se hace eco del asombro del propio Karl Marx ante lo que el capitalismo había desencadenado ya en 1848. A veces se olvida últimamente, pero el Manifiesto comunista no se limitó a criticar este sistema económico. El panfleto también lanzaba un himno a su capacidad revolucionaria, más laudatorio incluso que las alabanzas de un friedmanita o un objetivista:

La burguesía vino a demostrar (…) cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.

En su serie, Hughes expuso el convincente argumento de que este aumento increíble y sin precedentes del ritmo del progreso produjo una sensación generalizada de un nuevo orden de cosas —«un cambio en la visión que el hombre tenía de sí mismo y del mundo»— que impulsó la aparición del arte moderno. No fueron solo las nuevas tecnologías, como la fotografía y el cine, las que produjeron formas artísticas totalmente nuevas; pintores, escultores, arquitectos, compositores, coreógrafos y escritores se esforzaron por producir nuevas técnicas y estilos que intentaran tanto describir esta aceleración como igualarla.

Sin embargo, Péguy se enfrentaría rápidamente a la cara de Jano de la modernidad. En este mismo periodo de gran ciencia y gran innovación, Alfred Nobel había ideado también los explosivos militares, el detonador y el casquillo de percusión. En 1904 nació la ametralladora y en 1912, el tanque. Los nitratos artificiales del proceso Haber-Bosch no solo habían liberado la producción en masa de fertilizantes, sino también la de municiones. Como teniente de la infantería francesa, Péguy recibiría un disparo en la frente apenas un mes después de iniciada la Gran Guerra.

Mientras que los horrores de la Primera Guerra Mundial empujarían a algunos a una retirada contra la Ilustración de los «molinos oscuros y satánicos» del capitalismo industrial, otros —entre los que se encontraban muchos artistas y científicos— se convencieron aún más por la guerra y su conclusión con la Revolución Rusa de que lo que los marxistas llamaban las «fuerzas de producción» estaban tensando los grilletes que les imponían unas relaciones de producción anticuadas. El poderío industrial de la modernidad podía encargarse de la destrucción masiva o podía ponerse al servicio de un nuevo mundo de libertad sin límites. Este es el momento en que Lenin definió célebremente al comunismo como «el poder soviético más la electrificación de todo el país». A finales de la década siguiente, el crack de Wall Street y la Gran Depresión no habían hecho sino aumentar la convicción generalizada de que el capitalismo estaba en las últimas.

Desde entonces, novelistas, dramaturgos y cineastas han relatado en numerosas obras a los artistas bohemios y libertinos que eran al mismo tiempo radicales políticos o simpatizaban con ese radicalismo, y viceversa: los socialistas y sindicalistas que eran al mismo tiempo poetas, dramaturgos y compositores modernistas o que veían expresadas sus grandes esperanzas políticas en el nuevo arte.

Pero en este tópico sobre los habitantes de Bohemia se pierden todos los científicos e ingenieros de la época que también eran radicales, y no menos enamorados del nuevo arte. No todos los artistas eran radicales, ni tampoco todos los científicos. Pero cualquier historia de la ciencia de principios del siglo XX está plagada de socialistas, de sus compañeros de viaje y de quienes en un momento u otro simpatizaron con esas ideas: el matemático (y filósofo) Bertrand Russell, el químico Linus Pauling, el pionero de la cristalografía J. D. Bernal, el biólogo evolucionista J. B. S. Haldane, los físicos Albert Einstein, Paul Dirac, Max Born, David Bohm y J. Robert Oppenheimer, y tantos otros. Apenas hay una biografía de los grandes científicos de esta época que venga sin un índice repleto de referencias al socialismo, al Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA) o a otros aspectos del universo izquierdista.

Hoy en día, la separación entre ciencia y arte, entre la ciencia y la tecnología y las humanidades, es quizá incluso mayor que cuando el físico y novelista C. P. Snow se burló por primera vez en 1959 del abismo emergente entre estas dos culturas. Muchos, desde liberales a izquierdistas radicales, desconfían ahora de la tecnología y advierten repetidamente de la supuesta arrogancia de la ciencia. El tropo del científico loco del cine, la literatura y la música es omnipresente.

Así que parece extraño que fuera una época heroica, en la que existía una unidad de las ciencias, las artes y la política progresista, consideradas cada una de ellas por los implicados como parte esencial del mismo proyecto: la liberación humana.

Necesitamos recordar el regocijo, esa sensación de propósito colectivo e interdisciplinar, que muchos de los que participaron en este periodo sintieron antes de la desilusión con la modernidad que más tarde, comprensiblemente, se instalaría durante y justo después de la Segunda Guerra Mundial. Nuestra comprensión del alcance del genocidio producido industrialmente por los nazis nos mostró un mal históricamente único, que no podría haberse producido a tal escala antes de la modernidad. Nuestro reconocimiento de la verdad de la Unión Soviética de Stalin nos llevó a la conclusión de que el utopismo conduce inevitablemente al exterminio.

Estos terrores de la modernidad no son ahora más que el trasfondo ético-histórico para casi todos nosotros. Los que vivieron la totalidad de ese viaje ya han muerto casi todos. Hoy reconocemos el peligro y lo ignoramos al mismo tiempo. Muy pocos se preguntan si se puede recuperar y mantener la promesa liberadora de la modernidad.

J. Robert Oppenheimer: la modernidad encarnada

Aeste embrollo llega la impresionante película de Christopher Nolan, Oppenheimer, adaptación de la biografía American Prometheus de Kai Bird y Martin Sherwin. Quizá no haya otra figura en la historia del siglo XX que represente mejor esa unidad del modernismo y ese arco que va del regocijo modernista a la desilusión que Julius Robert Oppenheimer: poeta, compañero de viaje comunista y padre de la bomba atómica. Sus intentos de trascender la paradoja de la modernidad presionando a favor de la internacionalización del desarrollo pacífico de la energía nuclear y contra la proliferación de armas nucleares le convirtieron en una de las víctimas más conocidas del macartismo y casi le destruyeron profesionalmente.

La película comienza con los días de estudiante de Oppenheimer en Cambridge en los años veinte. En un brillante montaje vemos a nuestro protagonista en un museo contemplando la Mujer con los brazos cruzados de Picasso, luego escuchando a Igor Stravinsky y leyendo La tierra baldía de T. S. Eliot. El joven Oppenheimer, interpretado por Cillian Murphy, se encuentra «atormentado por visiones de un universo oculto» como resultado de la nueva ciencia profundamente desestabilizadora que pone patas arriba la física clásica de Newton y Einstein (cuya propia relatividad ya era suficientemente desestabilizadora) y deja inquieto el propio determinismo del universo.

En lugar de una exposición torpe que intente explicar el reino cuántico al público masivo, Nolan realiza una de sus películas más visualmente experimentales hasta la fecha, expresando el vértigo intelectual de Oppenheimer con ondas de gotas de lluvia en charcos, vibraciones de luz y estrellas que explotan y mueren. El resto del primer acto nos lleva por escenas que exploran las primeras investigaciones de Oppenheimer; sus esfuerzos por sindicalizar a sus colegas; cenas y salones con liberales, socialistas, comunistas y otros «antifascistas prematuros» dedicados a recaudar fondos para defender a la asediada República Española; y la indiferencia de muchos de estos progresistas ante las costumbres sexuales de la época. Picasso, Eliot, Stravinsky, Bohr, Marx —o más exactamente, el arte, la literatura, la música, la ciencia, el socialismo—forman todos parte de la misma amalgama radical y revolucionaria para esta gente.

Y esto no es solo una lectura espuriamente impuesta a la última superproducción de Nolan. En una entrevista reciente con el Boletín de Científicos Atómicos, el director explica su atracción por el tema exactamente en estos términos:

Estás tratando con personas que se dedicaban a una reevaluación revolucionaria de las leyes del universo, del mismo modo que Picasso y otros artistas se dedicaban a una reevaluación revolucionaria del arte estético, de la representación visual, del mismo modo que Stravinsky, como sabes, estaba allí escribiendo toda su música, y ciertamente Marx, los comunistas —es decir, pasando de Marx, los comunistas años 20, la Revolución Rusa… Es decir, estás reescribiendo literalmente todos los aspectos de las reglas por las que vivimos, siendo la física la más radical de todas ellas.

«Es una época increíble», continúa Nolan. «Y luego, por supuesto, cuando empiezas a investigar y a ver el drama de su historia y adónde fue a parar después, adónde fue a parar realmente este fervor revolucionario, es cuando tantas revoluciones acabaron en un lugar bastante horrible».

La revolución de Einstein

Por muy alucinante que sea la mecánica cuántica, la relatividad tampoco es un paseo. Einstein publicó los dos postulados de su teoría especial de la relatividad en 1905. De ellos, junto con otras leyes físicas, se desprende E = mc2, su famosa equivalencia de masa y energía.

Es una idea extraordinaria, que la masa y la energía son la misma cosa. La ecuación intimida, pero no es tan complicada. Sin embargo, sus ramificaciones son colosales. Afirma que la energía contenida en un objeto es igual a su masa multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz (299.792.458 metros por segundo, multiplicado por sí mismo). El resultado es una cifra gigantesca, incluso para una masa ínfima. Por ejemplo, un libro de texto de un kilogramo (aproximadamente 2,2 libras) te daría en principio algo menos de 25.000 millones de kilovatios-hora de energía.

Al principio, sin embargo, apenas se intentó producir ninguna aplicación del concepto. No podía haberla. Otros físicos aceptaban sin duda la equivalencia masa-energía, pero nadie tenía más que las mínimas pistas sobre cómo aprovechar esta inmensa energía «congelada» en la materia. Desde los trabajos de Henri Becquerel y Marie Curie a finales de la década de 1890 sobre el radio y el uranio, metales que producían misteriosamente radiaciones durante meses sin pérdida aparente de masa, se sabía ciertamente que se producía la desintegración atómica, pero se trataba de un proceso aleatorio y pasivo. No parecía posible controlar tal energía.

Sin embargo, las consecuencias de una densidad de energía tan asombrosa eran evidentes de inmediato: una fuente de energía que, si se hiciera accesible de algún modo, superaría fácilmente la densidad energética del carbón, el petróleo o el gas. O podría utilizarse en una bomba de potencia devastadora.

Pero a finales de los años 20, mientras Einstein, Niels Bohr y otros teóricos debatían furiosamente el significado de la mecánica cuántica, los físicos experimentales habían cogido el balón atómico y corrían con él. El físico estadounidense Murray Gell-Mann describiría mucho más tarde la mecánica cuántica como «esa disciplina misteriosa y confusa que ninguno de nosotros entiende realmente, pero que sabemos cómo utilizar». Los experimentalistas resolvían un problema tras otro a nivel atómico y pasaban rápidamente al núcleo con el descubrimiento del neutrón por James Chadwick y el trabajo de Enrico Fermi explorando el impacto de los neutrones en el núcleo.

Sería extremadamente didáctico que Nolan intentara contar toda la historia. Lo suyo es un drama, no un documental. Sin embargo, hay tres aspectos clave de la experiencia científica en general y de este periodo en particular que Nolan consigue dramatizar de algún modo, tomando material de origen densamente científico y transmitiendo al menos algo de su ambiente a un público masivo principalmente no científico.

El primero es el puro ritmo de descubrimiento de la época, la sensación de desvelar grandes misterios. Einstein escribiría más tarde que aquel periodo era como ser un niño pequeño que se adentra en una inmensa biblioteca llena de libros escritos en docenas de idiomas: «El niño nota un plan definido en la disposición de los libros, un orden misterioso, que no comprende sino que solo sospecha vagamente».

La segunda es la rivalidad amistosa (y a veces no tan amistosa) entre los teóricos y los experimentalistas. El gran experimentalista Ernest Rutherford dijo de los teóricos que «ellos juegan con sus símbolos, pero nosotros descubrimos los hechos reales de la Naturaleza». Con demasiada frecuencia, dicen los experimentalistas, los teóricos se atribuyen la gloria del descubrimiento, cuando son los primeros los que llevan a cabo la verificación. En la película, esta rivalidad se expresa tanto en la amistad como en las bromas entre el teórico Oppenheimer y el experimentalista Ernest Lawrence (Josh Hartnett).

Esta tensión entre los teóricos y los experimentalistas produce un desarrollo clave de la trama: un alumno de Oppenheimer, el experimentalista Luis Álvarez (Alex Wolff), llega emocionado a clase describiendo que acaba de leer en el periódico que Otto Hahn y Fritz Strassmann, en la Alemania nazi, han logrado la fisión de núcleos de uranio, el sueño de Leo Szilard y Fermi. En la película, el teórico Oppenheimer se dirige directamente a la pizarra y, mediante una serie de cálculos, muestra a Álvarez que la teoría demuestra que esto es completamente imposible.

Entonces Álvarez vuelve al laboratorio y repite con éxito el experimento de Hahn y Strassmann. En cuestión de minutos, Oppenheimer queda convencido. Es un momento de humor ligero en el que los experimentalistas «prácticos» ponen en evidencia a los teóricos «soñadores», pero también desencadena a la perfección el segundo acto de la carrera contrarreloj de la película: el desarrollo de una bomba atómica antes que los nazis.

La gran ciencia

Se ha comentado poco en la cobertura de la película de Nolan, pero el director también se las arregla para dramatizar de forma que se muestre y no se cuente la historia de cómo la ciencia se reorganizó radicalmente durante este periodo, pasando de ser una actividad que había tenido lugar exclusivamente en pequeños laboratorios y aulas —con algunos laboratorios no mucho más grandes que grandes armarios, y llevados a cabo por equipos de quizás dos, tres, seis o siete personas como máximo— a una empresa en la que los proyectos abarcaban continentes, y más tarde el mundo entero.

El ingeniero contemporáneo de fusión nuclear y popular escritor de Substack, Andrew Cote, señala que el acelerador de partículas ciclotrón de Ernest Lawrence, construido entre 1929 y 1930, podía caber cómodamente en la mano, mientras que el segundo de Berkeley cabía en el edificio de física más grande de Estados Unidos por aquel entonces, y aun así solo medía veintisiete pulgadas. En la actualidad, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) de las afueras de Ginebra (Suiza), el mayor acelerador de partículas del mundo, está formado por un anillo de imanes superconductores de veintisiete kilómetros de longitud. Construido por la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), el LHC alberga a más de diez mil científicos y colabora con cientos de universidades y laboratorios de más de cien países.

Cote lo denomina «ciencia a escala de la civilización», mientras que los historiadores de la ciencia lo llaman «Gran Ciencia», un desarrollo impulsado en primer lugar por el Proyecto Manhattan. En su punto álgido, el Proyecto Manhattan empleó directamente a casi 130.000 personas, mientras que en total participaron más de 600.000 personas, y la financiación alcanzó el 1% del gasto federal, o el 0,4% del PIB. (El Programa Apolo, dos décadas más tarde, alcanzó el 2,2% de los gastos federales).

En la actualidad, Estados Unidos alberga diecisiete laboratorios nacionales, cada uno de los cuales, como señala Cote, tiene el tamaño de una pequeña ciudad y acoge a miles de científicos e ingenieros que investigan la vanguardia del conocimiento. «Sin los laboratorios nacionales no se consiguen cosas como Internet, el almacenamiento láser de lectura-escritura, la secuenciación genómica, el modelo estándar de la física, los superordenadores, las nuevas aleaciones utilizadas en misiones espaciales y automóviles, los cátodos de baterías de nueva generación. El legado intelectual es colosal».

Nada de esto habría sido posible sin el anteproyecto redactado por Oppenheimer, que dirigió el equipo de Los Álamos, y por el general de brigada e ingeniero Leslie Groves (Matt Damon), que dirigió el Proyecto Manhattan en su conjunto (incluidas otras instalaciones en Oak Ridge y Hanford). Una vez más, Nolan consigue convertir en un thriller político una historia potencialmente árida sobre la tecnología de la organización, la construcción de una nueva y vasta empresa pública y el reclutamiento de científicos. Damon, en el papel de Groves, tiene toda la razón al afirmar que el Proyecto Manhattan es, de hecho, «la puta cosa más importante que ha ocurrido en la historia del mundo».

Al exponer en el primer acto la unidad de los tres reinos de la modernidad —el nuevo arte, la nueva política, la nueva ciencia y tecnología—, Nolan facilita al público contemporáneo la comprensión de cómo un militar conservador como Groves podía estar a gusto no solo con un compañero de viaje comunista como Oppenheimer, sino también reclutar a docenas de científicos que no eran meros compañeros de viaje, sino que se sabía que eran miembros con carné del Partido Comunista. El socialismo estaba en el aire mismo del mundo moderno. No podías reclutar a las mejores mentes de la física radical sin reclutar también a algunos radicales.

Nolan también muestra cómo era factible la inversa de este enigma político: cómo tantos izquierdistas podían ponerse al servicio de la creación de un arma de destrucción masiva que sería esgrimida por el estado estadounidense. Junto a la amistad profesional del protagonista con Groves, el corazón de la película se encuentra en la amistad de dos judíos neoyorquinos, Oppenheimer y el físico polaco-americano ganador del Nobel Isidor Rabi (David Krumholz). Cuando Oppie intenta reclutar a Rabi para Los Álamos, Rabi se niega, diciendo: «Arrojas una bomba y cae sobre justos e injustos. No deseo que la culminación de tres siglos de física sea un arma de destrucción masiva».

Para Oppenheimer, la preocupación primordial e inmediata es que Hitler esté exterminando a su pueblo y derribando democracias en toda Europa. Sin embargo, no está totalmente en desacuerdo con la postura de su amigo. «No sé si se nos puede confiar un arma así, pero sé que a los nazis no», concluye.

La película no defiende tanto que Oppenheimer sea el que tiene razón aquí, el que tomó «la decisión difícil pero necesaria», sino que acepta que ambas posturas, a pesar de ser mutuamente excluyentes, pueden ser ciertas. Nolan está diciendo, quizás, que no hay una respuesta fácil en esta situación imposible. Pero solo quizás. La opinión de Nolan sobre el tema en este punto de la película sigue siendo en gran medida inescrutable.

Pero, desde luego, tampoco respalda los atentados. Tras el anuncio del éxito de los dos bombardeos, vemos tanto la euforia como la náusea de los científicos de Los Álamos. Oppenheimer se pavonea con confianza, orgulloso de lo que ha conseguido, pero también está horrorizado. No vemos ninguna imagen de las 225.000 personas —en su mayoría civiles— que murieron en Hiroshima y Nagasaki. En su lugar, Oppenheimer ve la carne de uno de sus colegas abrasándose en una explosión imaginaria. Estas antípodas de la emoción se sienten simultáneamente, la grandeza y el horror de la modernidad capturados simultáneamente en el rostro esquelético de Cillian Murphy.

Pero aunque en la película son los radicales los que parecen tener los primeros recelos, sería un error pensar que fue la derecha política la que aprobó el bombardeo y solo la izquierda la que se opuso. El periódico del Partido Comunista de Estados Unidos, el Daily Worker, declaró tras el bombardeo que los Aliados habían tenido suerte de haber encontrado el objetivo «antes de que el enemigo pudiera idear contramedidas». Y continuaba: «Así que no saludemos nuestro dispositivo atómico con un escalofrío, sino con la euforia y la admiración que merece el genio del hombre». Tal vez, se podría replicar, tal cálculo era de esperar por parte de los estalinistas. Sin embargo, las revistas no estalinistas pero aún progresistas The Nation y The New Republic no opinaban de forma muy diferente. La editora de The Nation, Freda Kirchwey, escribió en aquel momento: «El sufrimiento, la matanza al por mayor que conllevó, han sido superados por su espectacular éxito».

Pocos escaparon del siglo XX con su honor intacto, aunque cabe destacar que fue el lado más religioso de la izquierda liberal el primero en manifestar su inquietud ante Hiroshima y Nagasaki. Como señaló el historiador Paul Boller, fueron de hecho el semanario católico Commonweal, orientado hacia el evangelio social, y su homólogo protestante Christian Century, los que directamente argumentaron que los bombardeos habían destruido la posición moral de la nación en el mundo.

Proliferación

Por duro que fuera el llamamiento al desarrollo de la bomba atómica, muchos de los que participaron en su creación centraron rápidamente su atención en detener la proliferación nuclear después de la guerra. Oppenheimer no fue ni mucho menos el único: su amigo Rabi, por ejemplo, se radicalizó, a su manera, con la Prueba Trinity, Hiroshima y Nagasaki, y desde entonces trabajó para impedir la proliferación nuclear. Al final de la vida de este último, en 1988, Rabi seguía haciendo campaña activamente, esta vez contra el programa de la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan.

Pero fue Oppenheimer quien sufrió quizá la mayor caída en desgracia una década después de que hubiera terminado la guerra, durante la caza de brujas macartista, cuando se le retiró su autorización de seguridad nacional. Como consecuencia, fue apartado de los altos comités gubernamentales en los que había presionado sin descanso a favor del control de las armas nucleares y la internacionalización de la ciencia y la tecnología atómicas.

El tercer acto de la película se centra en este periodo y en las batallas, grandes y pequeñas, de Oppenheimer con Lewis Strauss (Robert Downey Jr. en su mejor interpretación dramática desde Chaplin, de 1992), el hombre que le había invitado a convertirse en director del prestigioso Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y que se sentaba junto a Oppenheimer en el Comité Asesor General de la Comisión de Energía Atómica (AEC) de Estados Unidos, la agencia civil que se había creado tras la guerra para gestionar la energía y las armas nucleares.

En 1946, Oppenheimer había presionado para que Estados Unidos abandonara su monopolio sobre las armas nucleares, revelara a la Unión Soviética todo lo que sabía sobre el tema y traspasara el control de las armas nucleares, así como de la ciencia nuclear y sus aplicaciones pacíficas, a una autoridad internacional de desarrollo atómico, que controlaría todo el material fisible. Truman aceptó el plan, pero la URSS desconfiaba de Washington y consideraba el marco, que habría incluido inspecciones de los recursos soviéticos de uranio, como una forma de que Estados Unidos mantuviera su monopolio nuclear.

A pesar de esta derrota, Oppenheimer siguió abogando por el control internacional de armamentos y, en particular, contra el desarrollo de la bomba de hidrógeno, un arma nuclear combinada de fisión y fusión unas mil veces más potente que las bombas lanzadas sobre Japón. Oppenheimer perdió una vez más, pero las Fuerzas Aéreas estadounidenses no se lo perdonaron.

Nolan evita estas fuerzas más amplias implicadas en su caída y, en su lugar, se centra en contar la historia a través de la amarga animadversión personal de Strauss y las ambiciones científicas del físico húngaro Edward Teller (Benny Safdie), que ya en Los Álamos había dedicado gran parte de su tiempo al desarrollo de un arma de fusión. Nolan muestra aquí su interés como escritor no solo por las cuestiones imposibles de la historia, sino por cómo los momentos cruciales de esa misma historia pueden ser encendidos por las debilidades de la ambición personal e incluso por la neurótica obsesión científica; en otras palabras, es el materialismo histórico de las grandes fuerzas económicas y políticas, pero plagado de las rarezas de los seres humanos reales.

Resulta extraño que algunos críticos consideren a Nolan un director conservador, el «conservador definitivo», cuando la figura central de su obra magna es un compañero de viaje comunista y víctima del macartismo que pasa buena parte de la película organizando sindicatos, cuya conciencia estuvo atormentada el resto de su vida por el peso de la responsabilidad de lo que su mente había forjado, y que hasta el final de sus días hizo campaña por la abolición de las armas nucleares. Se trataría de un conservador extremadamente extraño, además, que fuera de la pantalla recorre las huelgas de los escritores.

Por muy dramáticamente convincente que sea la caída de Oppenheimer, este tercer acto de la historia no es más que una representación de lo que la película trata en términos mucho más generales: el fracaso de la modernidad —hasta el día de hoy— para resolver su propia paradoja.

En 2023, el mundo sigue amenazado por 12.500 cabezas nucleares, según la Federación de Científicos Americanos. El Estado de bienestar de posguerra en Occidente, que todos los progresistas quieren ver extendido a todo el mundo y reformado en casa, se ha alimentado en gran medida de combustibles fósiles, pero esto ahora también amenaza el florecimiento de nuestra especie y, en los extremos de las proyecciones, nuestra propia existencia. Tras décadas de avances tecnológicos relativamente lentos, ahora parece que estamos entrando en una época tan transformadora —mediante tecnologías como la inteligencia artificial, la edición de genes y la biología sintética— como las décadas de Péguy, tecnologías que encierran enormes oportunidades para la liberación humana pero que tampoco están exentas de graves desafíos.

¿Podremos resolver el rompecabezas de la modernidad esta vez? En la película de Nolan vuelve a haber un indicio. La promesa original hecha por la unidad de los tres reinos de la modernidad en los primeros años del siglo XX, de liberación sin límites de la dominación —ya sea por otros humanos o por el resto de la naturaleza— no ha sido traicionada tanto como dejada sin cumplir. Lo que Oppie y Rabi y el resto de los progresistas antiproliferación de posguerra perseguían, un igualitarismo internacionalista ausente de los dogmas y falsas certezas del CPUSA, donde todo el mundo se beneficiaba de la energía nuclear pero las armas nucleares estaban prohibidas, sigue siendo el objetivo.

El proyecto debe seguir pasando por despojar las grandezas de la modernidad de sus horrores, realizar aún más maravillas que superen con creces las que Marx dijo que habían superado las pirámides de Egipto, y ponerlas a disposición de todos, en lugar de imaginar un posible retroceso de la modernidad a los horrores aún mayores que la precedieron. Permitamos que los artistas, los científicos y los radicales, con una confianza inquebrantable en la promesa de la modernidad, marchen una vez más del brazo.

Traducción: Florencia Oroz 
LEIGH PHILLIPS

Leigh Phillips es escritor científico y periodista especializado en la UE. Es autor de “Austerity Ecology & the Collapse-Porn Addicts”.

Publicado en: Global, titular2

Un FMI asiático no resolverá la desigualdad global

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Por: Justin Villamil

Un competidor asiático del Fondo Monetario Internacional ha conseguido el apoyo de China. Pero sin un cambio radical del actual modelo neoliberal, seguir aumentando la financiación internacional difícilmente solucione algo.

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Por primera vez en casi tres décadas existe verdadero interés en darle aire a un contrincante asiático del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero sin un cambio radical del modelo actual, añadir más FMI definitivamente no es la solución.

El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, anunció públicamente el apoyo chino a un fondo regional que Japón lanzó por primera vez en 1997 tras la crisis financiera de Asia Oriental. Si tiene éxito, podría ser una alternativa real para las naciones que actualmente solicitan fondos de emergencia al FMI, una institución dominada por los intereses estadounidenses y europeos.

Sin embargo, hay pocos indicios de que el Fondo Monetario Asiático (FMA) vaya a ser diferente del gigante al que pretende desafiar. «Por la forma en que los dirigentes asiáticos hablan del FMA, parece que ideológicamente no se aparta del modo de pensar neoliberal», afirma Mae Buenaventura, activista y directora de programas del Movimiento Popular Asiático sobre Deuda y Desarrollo.

Un orden frágil

El anuncio de Anwar llegó en un momento inoportuno para el FMI. Tras la pandemia, el FMI se embarcó en una oleada de préstamos, mientras los gobiernos de los países en desarrollo, faltos de liquidez, luchaban contra la presión de contener las consecuencias del virus y mantener contentos a los inversores. Según el último informe, el Fondo cuenta con unos 260.000 millones de dólares en compromisos totales.

Sin embargo, la mayoría de esos préstamos venían con condiciones. El FMI siempre ha presionado a los países vulnerables para que abran los mercados, liberalicen los tipos de cambio, privaticen las empresas estatales y recorten el gasto público vital. Estas medidas (según la propia investigación del FMI) solo empeoran la pobreza y la desigualdad, pero son buenas para proteger a los inversores privados que tienen dinero en juego y necesitan que les sea devuelto.

Las esperanzas de que el Fondo suavizara su enfoque tras una emergencia mundial se desvanecieron de inmediato. Oxfam, organización benéfica y grupo de defensa, calculó que en el transcurso de 2020 a 2022 el 87% de los préstamos se concedieron con nuevas exigencias de austeridad.

En mayo de este año, Ghana desbloqueó una línea de crédito de 3.000 millones de dólares a cambio de una «consolidación fiscal amplia y anticipada», lo que en el lenguaje del FMI significa austeridad masiva. En diciembre, Egipto también obtuvo un programa de 3.000 millones de dólares, pero el FMI presionó más para que el país vendiera participaciones en varias empresas estatales y adoptara un tipo de cambio flexible. A finales del mes pasado, Pakistán liberalizó los mercados, subió los impuestos y recortó las subvenciones energéticas en un intento de desbloquear otros 3.000 millones de dólares en un acuerdo de derecho de giro.

En conjunto, los programas no han hecho más que rescatar continuamente a los acreedores privados a expensas de la población local, obligada a pagar las cuentas. «El FMI se ha convertido en una institución que profundiza y prolonga el alcance de las crisis en lugar de abordarlas desde el principio», afirmó Tim Jones, responsable de políticas de la organización benéfica Debt Justice. Los portavoces del FMI no respondieron a las solicitudes de comentarios.

A lo largo del último año han estallado en todo el mundo protestas masivas contra el FMI y sus políticas de austeridad, desde Argentina hasta Sri Lanka, pasando por todas partes. Esto ha hecho que tanto los activistas como los gobiernos busquen alternativas, o al menos algo que pueda sacudir el persistente ciclo de rescates y crisis interminables.

Detalles turbios

El fondo asiático no es el primer intento de alternativa al FMI. Abundan los prestamistas regionales (ya existe un Fondo Monetario Árabe), pero tienden a trabajar al unísono con el sistema dominado por el FMI. Los prestamistas que se suponía que iban a presentar una alternativa real también han reducido drásticamente sus ambiciones. El Nuevo Banco de Desarrollo, respaldado por los «BRICS» (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), se lanzó con bombos y platillos en 2015, pero acabó financiando una colección de proyectos de infraestructuras y no mucho más.

«Si te fijas en el Nuevo Banco de Desarrollo, no se aparta del modelo utilizado por el Norte Global, y existen fuertes vínculos con el FMI», afirmó Luiz Vieira, coordinador del Proyecto Bretton Woods, un grupo de defensa e investigación de Londres.

Luego está la propia China, que concede préstamos en todo el mundo en desarrollo a través de una red de bancos estatales. Este tipo de préstamos también suele destinarse a proyectos, pero se ha producido a tal escala que China se ha convertido en un actor importante en las negociaciones sobre la deuda y en un escollo frecuente para el FMI en lugares como Ghana y Zambia.

La primera propuesta de FMA en 1997 fracasó ante la fuerte oposición de Estados Unidos. Sin embargo, con China a bordo desde el principio, la propuesta puede tener ahora una oportunidad real. La propuesta de Malasia carece de detalles. Anwar solo ha dicho que un FMA podría responder mejor a las necesidades de la región al estar fuera del control de potencias extranjeras, pero hasta ahora no ha dado indicaciones concretas sobre cómo sería la estructura o los préstamos de dicho fondo.

«No podemos permitir que la infraestructura internacional la decidan personas ajenas», declaró Anwar durante un discurso en Tailandia. Un portavoz del gobierno malasio no respondió a una solicitud de comentarios.

Sin más detalles, las perspectivas de desafiar el dominio estadounidense y europeo de la arquitectura financiera mundial, socavar el poder del dólar o fomentar la integración regional son inciertas. La región ya dispone de un mecanismo de asistencia financiera mutua en la Iniciativa Chiang Mai, que cuenta con China, Japón y Corea del Sur entre sus miembros e incluye a pesos pesados regionales como Indonesia, Singapur y Malasia.

Hegemón reticente

Las naciones del FMA también corren el riesgo de cambiar un desequilibrio de poder por otro. Si el nuevo fondo imita el modelo accionarial del FMI —que da más poder de voto a los países que pueden comprometer más dinero—, la inclusión de países como China, Japón y Corea del Sur podría acabar reproduciendo el problema central del FMI.

«Hay un Norte entre los países del Sur Global, hay asimetrías políticas que existirán», dijo Buenaventura a Jacobin. «Si va a tener los mismos déficits democráticos que el FMI, eso es un gran problema».

Luego está la cuestión de si la hegemonía regional de facto, China, quiere siquiera el trabajo. La primera cuestión es el préstamo en sí. El sistema actual de préstamos de la nación funciona bajo la supervisión y el control del gobierno. Embarcarse en préstamos abiertos a la aportación de un abanico más amplio de naciones, todas ellas con intereses contrapuestos que pueden no coincidir necesariamente, conlleva una serie de nuevas dificultades.

Mientras tanto, un desafío al orden mundial dominado por el dólar es difícil de vender para China, que ha construido un monstruo exportador sobre la base de una moneda relativamente barata que cotiza bajo estrictos controles. Para que el renminbi sustituya al dólar, el gobierno chino tendría que adoptar un régimen monetario totalmente nuevo.

«El Sur Global está definitivamente interesado en desafiar la hegemonía del dólar, pero no estoy seguro de que los chinos estén dispuestos a asumir el papel de moneda de reserva por diversas razones», declaró Vieira a Jacobin. «Les haría perder el control: tendrían que tener un acceso al mercado financiero mucho más abierto. Creo que el proceso será probablemente más gradual y complejo».

Jugueteo institucional

Aun así, el desarrollo ofrece algunas razones para entusiasmarse. Los defensores del FMA afirman que, lejos de socavar al FMI, simplemente proporcionará a las naciones otra vía para conceder préstamos, una que cuente con experiencia regional real.

«Desde una perspectiva económica, no veo que el FMA socave al FMI si ambos están diseñados para ayudar a los países en desarrollo a superar una crisis financiera», afirmó Benny Teh, profesor asociado de la Universiti Sains Malaysia, añadiendo que mucho depende de la estructura final. «Lo veo como una opción para los países asiáticos».

También está el hecho de que Malasia se resistió célebremente a las directrices del FMI en 1997, prefiriendo aplicar estrictos controles sobre el capital en lugar de embarcarse en reformas neoliberales como sus vecinos de Tailandia e Indonesia. Del mismo modo, el gobierno chino conoce bien las tácticas lentas y cuesta arriba de la lucha contra el sistema financiero mundial dominado por Estados Unidos.

La propuesta del FMA «procede de esta historia de desconfianza, de creciente desconfianza, de creciente cuestionamiento de la relevancia y legitimidad del FMI», dijo Buenaventura. «Pero aún quedan cuestiones importantes por aclarar».

Buenaventura afirma que, aunque comprende el deseo de una alternativa regional, un enfoque mejor sería eliminar por completo el FMI y su proyecto y crear un mecanismo de resolución de la deuda en el seno de las Naciones Unidas que se centre en la sostenibilidad de la deuda y se fundamente en los derechos humanos.

Es una tarea difícil. El FMI está tan arraigado en la arquitectura del sistema financiero que es mucho más fácil imaginar una versión asiática: una que cambie una cesta de monedas por otra, reitere un llamamiento a la austeridad y cambie la hegemonía estadounidense por la china. Pero para las naciones de todo el mundo que crujen bajo el peso de cargas de deuda insostenibles, eso no es suficiente. Un FMA «debe formar parte de una práctica de cambio transformador», dijo Buenaventura. «No puede limitarse a retocar las instituciones».

JUSTIN VILLAMIL

Reportero freelance residente en Londres, especialista en el sistema financiero. Ha trabajado como corresponsal de Bloomberg News en Ciudad de México.

Publicado en: Global

¿Cómo habla el subalterno?

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Una entrevista con Vivek Chibber

Traducción: Pedro Perucca

La teoría poscolonial descarta por su cuenta y riesgo el valor perdurable del universalismo de la Ilustración, volviendo a explicaciones de cuño esencialista.

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En las últimas décadas, la teoría poscolonial ha desplazado ampliamente al marxismo como perspectiva dominante entre los intelectuales comprometidos con el proyecto de examinar críticamente la relación entre el mundo occidental y el no occidental. Nacida en el ámbito de las humanidades, la teoría poscolonial ha ido adquiriendo cada vez más influencia en la historia, la antropología y las ciencias sociales. Su rechazo de los universalismos y metanarrativas asociados al pensamiento de la Ilustración encajó con el giro más amplio de la izquierda intelectual durante las décadas de 1980 y 1990.

El nuevo libro de Vivek Chibber, Postcolonial Theory and the Specter of Capital, representa un amplio desafío a muchos de los principios básicos de la teoría poscolonial. Centrándose especialmente en la corriente de la teoría poscolonial conocida como estudios subalternos, Chibber defiende con firmeza por qué podemos —y debemos— conceptualizar el mundo no occidental a través de la misma lente analítica que utilizamos para comprender los acontecimientos en Occidente. Ofrece una defensa sostenida de los enfoques teóricos que hacen hincapié en categorías universales como el capitalismo y la clase. Su obra constituye un alegato a favor de la vigencia del marxismo frente a algunos de sus críticos más mordaces.

Chibber fue entrevistado para Jacobin por Jonah Birch, estudiante de sociología en la Universidad de Nueva York.

JB

En el centro de la teoría poscolonial está la noción de que las categorías occidentales no pueden aplicarse a sociedades poscoloniales como la de India. ¿En qué se basa esta afirmación?

VC

Este es probablemente el argumento más importante de los estudios poscoloniales, y por eso es tan importante abordarlo. En los últimos ciento cincuenta años no ha habido ningún cuerpo de pensamiento realmente prominente asociado a la izquierda que haya insistido en negar el ethos científico y la aplicabilidad de categorías procedentes de la ilustración liberal y la ilustración radical (categorías como capital, democracia, liberalismo, racionalidad y objetividad). Ha habido filósofos que han criticado estas orientaciones, pero rara vez han logrado una tracción significativa en la izquierda. Los teóricos poscoloniales son los primeros en hacerlo.

En realidad, el argumento parte de un supuesto sociológico de fondo: para que las categorías de la economía política y la Ilustración tengan algún valor, el capitalismo debe extenderse por todo el mundo. Esto se llama la «universalización del capital».

El argumento es el siguiente: las categorías universalizadoras asociadas al pensamiento de la Ilustración sólo son tan legítimas como la tendencia universalizadora del capital. Y los teóricos poscoloniales niegan que el capital se haya universalizado de hecho (o, lo que es más importante, que alguna vez pudiera hacerlo a nivel global). Puesto que el capitalismo no se ha universalizado ni puede hacerlo, las categorías que personas como Marx desarrollaron para entender al capitalismo tampoco pueden universalizarse.

Lo que esto significa para la teoría poscolonial es que las partes del globo donde la universalización del capital ha fracasado necesitan generar sus propias categorías locales. Y lo que es más importante, significa que teorías como el marxismo, que intentan utilizar las categorías de la economía política, no sólo son erróneas, sino que son eurocéntricas, y no sólo eurocéntricas, sino que forman parte del impulso colonial e imperial de Occidente. Por lo tanto, están implicadas en el imperialismo. De nuevo, este es un argumento bastante novedoso en la izquierda.

JB

¿Qué le llevó a centrarse en los estudios subalternos como forma de criticar la teoría poscolonial en general?

VC

La teoría poscolonial es un cuerpo de ideas muy difuso. En realidad, procede de los estudios literarios y culturales, donde tuvo su influencia inicial. Luego se amplió a los estudios regionales, la historia y la antropología. Se extendió en esos campos debido a la influencia de la cultura y la teoría cultural a partir de la década de 1980. Así, a finales de los ochenta y principios de los noventa, disciplinas como la historia, la antropología, los estudios sobre Oriente Medio y los estudios sobre el sur de Asia se vieron muy influidas por lo que hoy conocemos como teoría poscolonial.

Para abordar esta teoría, hay que enfrentarse a un problema básico: al ser tan difusa, es difícil precisar cuáles son sus proposiciones centrales, por lo que, en primer lugar, es difícil saber exactamente qué criticar. Además, sus defensores pueden rebatir fácilmente cualquier crítica señalando otros aspectos de la teoría que se te hayan pasado por alto, diciendo que te has centrado en los aspectos equivocados. Por eso tuve que encontrar algunos componentes centrales de la teoría —alguna corriente de teorización dentro de los estudios poscoloniales— que fuera consistente, coherente y muy influyente.

También quería centrarme en aquellas dimensiones de la teoría centradas en la historia, el desarrollo histórico y las estructuras sociales, y no en la crítica literaria. Los estudios subalternos encajan en todos estos moldes: han sido extremadamente influyentes en los estudios sectoriales; son bastante coherentes internamente y se centran en la historia y la estructura social. Como corriente teórica, han sido muy influyentes en parte por su coherencia interna, pero también porque sus principales defensores procedían del marxismo y tenían su base en la India o en distintos lugares del Tercer Mundo. Esto les dio una gran legitimidad y credibilidad como críticos del marxismo y exponentes de una nueva forma de entender el Sur Global. Es gracias a la labor de los subalternistas que estas nociones sobre la universalización fallida del capital y la necesidad de categorías nativas se han hecho respetables.

JB

¿Por qué, según los teóricos de los estudios subalternos, las tendencias universalizadoras del capitalismo fracasaron en el mundo poscolonial? ¿Qué tienen estas sociedades que impidieron el progreso del capitalismo?

VC

Los estudios subalternos ofrecen dos argumentos distintos sobre cómo y por qué se bloqueó el impulso universalizador del capital. Uno de los argumentos procede de Ranajit Guha. Guha sitúa el impulso universalizador del capital en la capacidad de un agente concreto —a saber, la burguesía, la clase capitalista— para derrocar el orden feudal y construir una coalición de clases que incluya no sólo a capitalistas y comerciantes, sino también a obreros y campesinos. Y a través de esta alianza, se supone que el capital erige un nuevo orden político que no sólo es procapitalista en términos de defensa de los derechos de propiedad de los capitalistas sino también liberal, inclusivo y consensual.

Para que el impulso universalizador del capital sea real, dice Guha, debe experimentarse como la emergencia de una clase capitalista que construye un orden consensual y liberal. Este orden sustituye al antiguo régimen y es universalizador en la medida en que expresa los intereses de los capitalistas como intereses universales. El capital, como dice Guha, logra la capacidad de hablar en nombre de toda la sociedad: no sólo es dominante como clase, sino también hegemónico en el sentido de que no necesita utilizar la coerción para mantener su poder.

Así pues, Guha sitúa el impulso universalizador en la construcción de una cultura política incluyente. El punto clave para él es que la burguesía de Occidente fue capaz de lograr ese orden mientras que la burguesía de Oriente fracasó en el intento. En lugar de derrocar al feudalismo hizo algún tipo de pacto con las clases feudales; en lugar de convertirse en una fuerza hegemónica con una amplia coalición interclasista hizo todo lo posible por suprimir la participación de los campesinos y la clase obrera. En lugar de erigir un orden político consensuado e incluyente instauró órdenes políticos muy inestables y bastante autoritarios. Mantuvo la ruptura entre la cultura de clase de los subalternos y la de las élites.

Así, para Guha, mientras que en Occidente la burguesía era capaz de hablar en nombre de todas las clases, en Oriente fracasaba en este objetivo, lo que la convertía en dominante pero no en hegemónica. Esto, a su vez, hizo que la modernidad en las dos partes del mundo sea fundamentalmente diferente al generar dinámicas políticas muy distintas en Oriente y Occidente, y éste es el significado de que el impulso universalizador del capital haya fracasado.

JB

¿Así que su argumento se basa en una afirmación sobre el papel de la burguesía en Occidente y el fracaso de su homóloga en las sociedades poscoloniales?

VC

Para Guha, absolutamente, y el grupo de estudios subalternos acepta estos argumentos, en gran medida sin reservas. Describen la situación —la condición de Oriente— como una condición en la que la burguesía domina pero carece de hegemonía, mientras que Occidente tiene tanto dominio como hegemonía.

Ahora bien, el problema con esto es, como has dicho, que el núcleo del argumento es una cierta descripción de los logros de la burguesía occidental. El argumento, por desgracia, tiene muy poco asidero histórico. Hubo un tiempo, en el siglo XIX y a principios y mediados del XX, en que muchos historiadores aceptaban esta imagen del ascenso de la burguesía en Occidente. En los últimos treinta o cuarenta años, sin embargo, ha sido ampliamente rechazada, incluso entre los marxistas.

Lo extraño es que el libro de Guha y sus artículos fueron escritos como si las críticas a este enfoque nunca se hubieran hecho. Y lo que es aún más extraño es que la profesión histórica —dentro de la cual los estudios subalternos han sido tan influyentes— nunca haya cuestionado este fundamento del proyecto de los estudios subalternos, a pesar de que todos lo reconocen como tal. La burguesía de Occidente nunca se esforzó por alcanzar los objetivos que Guha le atribuye: nunca intentó crear una cultura política incluyente ni representar los intereses de la clase obrera. De hecho, luchó con uñas y dientes contra ellos durante siglos, después de las llamadas revoluciones burguesas. Cuando por fin se lograron esas libertades, fue a través de una lucha muy intensa de los desposeídos, librada contra los héroes de la narrativa de Guha, contra la burguesía. Así que la ironía es que Guha realmente trabaja con una noción increíblemente ingenua, incluso ideológica, de la experiencia occidental. No ve que los capitalistas han sido siempre y en todas partes hostiles a la extensión de los derechos políticos a los trabajadores.

JB

De acuerdo, ése es un argumento sobre la especificidad radical de los mundos colonial y poscolonial. Pero antes has dicho que hay otro…

VC

Sí, el segundo argumento aparece sobre todo en la obra de Dipesh Chakrabarty. Sus dudas sobre la universalización del capital son bastante distintas de las de Guha. Mientras que este sitúa la tendencia universalizadora del capital en la burguesía como agente concreto, Chakrabarty la sitúa en la capacidad del capitalismo para transformar todas las relaciones sociales allí donde va. Y concluye que el capital no pasa esta prueba de universalización porque en Oriente hay varias prácticas culturales, sociales y políticas que no se ajustan a su modelo de cómo deberían ser una cultura y un sistema político capitalistas.

Así que, en su opinión, la prueba para una universalización exitosa del capital es que todas las prácticas sociales deben estar inmersas en la lógica del capital. Nunca especifica claramente cuál es la lógica del capital, pero hay algunos parámetros generales que tiene en mente.

JB

Me parece que se trata de una vara muy alta.

VC

Sí, esa es la cuestión; es una vara imposible. Así que si en la India las prácticas matrimoniales siguen recurriendo a rituales ancestrales, si en África la gente sigue rezando mientras trabaja, ese tipo de prácticas suponen un fracaso de la universalización del capital.

Lo que digo en el libro es que esto es algo extraño: todo lo que la universalización del capital requiere es que la lógica económica del capitalismo se implante en varias partes del mundo y que se reproduzca con éxito a lo largo del tiempo. Por supuesto, esto generará también un cierto grado de cambio cultural y político. Sin embargo, no requiere que todas, ni siquiera la mayoría, de las prácticas culturales de una región se transformen siguiendo algún tipo de línea capitalista identificable.

JB

Este es el argumento teórico que expones en el libro sobre por qué la universalización del capitalismo no requiere borrar toda la diversidad social.

VC

Así es. Una maniobra típica de los teóricos poscoloniales es decir algo así: El marxismo se basa en categorías abstractas y universalizadoras. Pero para que estas categorías tengan tracción, la realidad debería parecerse exactamente a las descripciones abstractas del capital, de los trabajadores, del Estado, etc. Pero, dicen los teóricos poscoloniales, la realidad es mucho más diversa. En algunos países los trabajadores visten ropas muy coloridas y rezan oraciones mientras cumplen sus labores, mientras que los capitalistas consultan a astrólogos. Y esto no se parece en nada a lo que Marx describe en El Capital. Así que debe significar que las categorías de El Capital no son realmente aplicables aquí. El argumento termina siendo que cualquier desviación de la realidad concreta de las descripciones abstractas de la teoría es un problema para la teoría. Pero esto es una tontería más allá de las palabras: significa que no se puede tener teoría. ¿Por qué debería importar si los capitalistas consultan a astrólogos, siempre y cuando su objetivo sea obtener beneficios? Del mismo modo, no importa si los trabajadores rezan en el taller mientras cumplan con su trabajo. Eso es todo lo que exige la teoría. No dice que las diferencias culturales desaparecerán sino que estas diferencias no importan para la expansión del capitalismo, siempre y cuando los agentes obedezcan a las coacciones que las estructuras capitalistas les imponen. En el libro explico esto con bastante detalle.

JB

Gran parte del atractivo de la teoría poscolonial refleja un deseo generalizado de evitar el eurocentrismo y comprender la importancia de las categorías culturales, formas, identidades y demás, específicas de cada lugar: entender a las personas tal y como eran o son, no sólo como abstracciones. Pero me pregunto si también existe un peligro en la forma de entender la especificidad cultural de las sociedades no occidentales y si eso es una forma de esencialismo cultural.

VC

Desde luego, ese es el peligro. Y no es sólo un peligro sino algo en lo que los estudios subalternos y la teoría poscolonial caen constantemente. Se ve con más frecuencia en sus argumentos sobre la agencia social y la resistencia. Está muy bien decir que la gente recurre a las culturas y prácticas locales cuando resisten al capitalismo o a diversos agentes del capital. Pero otra cosa es decir que no hay aspiraciones o intereses universales que la gente pueda tener.

De hecho, una de las cosas que muestro en mi libro es que cuando los historiadores de los estudios subalternos hacen un trabajo empírico sobre la resistencia campesina, muestran con bastante claridad que los campesinos [de la India], actúan más o menos con las mismas aspiraciones y los mismos impulsos que los campesinos occidentales cuando emprenden acciones colectivas. Lo que los diferencia de Occidente son las formas culturales en las que se expresan esas aspiraciones, pero las aspiraciones en sí tienden a ser bastante coherentes.

Y si lo pensamos bien, ¿es realmente descabellado afirmar que los campesinos indios están ansiosos por defender su bienestar, que no les gusta que los manipulen, que les gustaría poder satisfacer ciertas necesidades nutricionales básicas, que cuando ceden las rentas a los terratenientes intentan quedarse con todo lo que pueden porque no quieren renunciar a sus cosechas? A lo largo de los siglos XIX y XX, esto es en realidad de lo que han tratado estas luchas campesinas.

Cuando los teóricos subalternos levantan este gigantesco muro que separa Oriente de Occidente, y cuando insisten en que los agentes occidentales no se mueven por el mismo tipo de preocupaciones que los agentes orientales, lo que están haciendo es respaldar el tipo de esencialismo que las autoridades coloniales utilizaron para justificar sus depredaciones en el siglo XIX. Es el mismo tipo de esencialismo que utilizaban los apologistas militares estadounidenses cuando bombardeaban Vietnam o cuando se adentraban en Oriente Próximo. Nadie en la izquierda puede estar tranquilo con este tipo de argumentos.

JB

Pero, ¿no podría alguien responder diciendo que estás apoyando alguna forma de esencialismo al atribuir una racionalidad común a actores en contextos muy diferentes?

VC

Bueno, no es exactamente esencialismo, pero apoyo la idea de que hay intereses y necesidades comunes en todas las culturas. Hay algunos aspectos de nuestra naturaleza humana que no se construyen culturalmente: están moldeados por la cultura, pero no creados por ella. En mi opinión, aunque existen enormes diferencias culturales entre Oriente y Occidente, también hay una serie de preocupaciones básicas que la gente tiene en común, independientemente de que haya nacido en Egipto, India, Manchester o Nueva York. No son muchas, pero podemos enumerar al menos dos o tres de ellas: hay una preocupación por su bienestar físico, probablemente hay una preocupación por un cierto grado de autonomía y autodeterminación y hay una preocupación por aquellas prácticas que atañen directamente a su bienestar. Esto no es mucho, pero te sorprendería lo lejos que te lleva para explicar transformaciones históricas realmente importantes.

Durante doscientos años, cualquiera que se llamara progresista abrazó este tipo de universalismo. Simplemente se entendía que la razón por la que los trabajadores o los campesinos podían unirse más allá de las fronteras nacionales era que compartían ciertos intereses materiales. Esto está siendo cuestionado por los estudios subalternos, y es bastante sorprendente que tanta gente de izquierdas lo haya aceptado. Es aún más sorprendente que se siga aceptando cuando en los últimos quince o veinte años hemos visto movimientos globales contra el neoliberalismo y contra el capitalismo más allá de las culturas y fronteras nacionales. Sin embargo, en la universidad, atreverse a decir que la gente comparte preocupaciones comunes entre culturas se considera de alguna manera eurocéntrico. Esto demuestra hasta qué punto ha caído la cultura política e intelectual en los últimos veinte años.

JB

Si usted sostiene que el capitalismo no requiere del liberalismo burgués y que la burguesía no desempeñó el papel histórico de liderar esta lucha popular por la democracia en Occidente, ¿cómo explica el hecho de que hayamos conseguido el liberalismo y la democracia en Occidente y no hayamos obtenido esos resultados de la misma manera en gran parte del mundo poscolonial?

VC

Es una gran pregunta. Lo interesante es que cuando Guha escribió su ensayo original anunciando la agenda de los estudios subalternos, atribuyó el fracaso del liberalismo en Oriente al fracaso de su burguesía. Pero también sugirió que existía otra posibilidad histórica, a saber, que el movimiento independentista en la India y otros países coloniales podría haber sido dirigido por las clases populares, que podrían haber empujado las cosas en una dirección diferente y quizás creado un tipo distinto de orden político. Lo menciona y luego lo olvida, y no vuelve a ello en ninguna de sus obras.

De haber tomado este camino más en serio, podría haberlo llevado a una comprensión más precisa de lo que ocurrió en Occidente, y no sólo en Oriente. El hecho es que en Occidente, cuando finalmente surgió lentamente un orden consensuado, democrático e incluyente (en el siglo XIX y principios del XX), no fue un regalo otorgado por los capitalistas. De hecho, fue producto de luchas muy largas y concertadas por parte de trabajadores, agricultores y campesinos. En otras palabras, fue fruto de las luchas desde abajo.

Guha y los subalternos pasan esto totalmente por alto, porque insisten en que el surgimiento del orden liberal fue un logro de los capitalistas. Como lo describen mal en Occidente, diagnostican mal su fracaso en Oriente. En Oriente, atribuyen erróneamente su fracaso a los defectos de la burguesía.

Ahora bien, si se quiere un proyecto de investigación histórica preciso que explique la debilidad de las instituciones democráticas en el Este y su viraje hacia el autoritarismo, la respuesta no tiene que ver con los defectos de la burguesía sino con la debilidad del movimiento obrero y de las organizaciones campesinas, y con los partidos que representan a estas clases. La debilidad de estas fuerzas políticas para imponer algún tipo de disciplina a la clase capitalista es la respuesta a la pregunta que plantean los estudios subalternos. Esa pregunta es: «¿Por qué las culturas políticas del Sur Global son tan diferentes de las del Norte Global?». Ahí es donde deberían fijarse: en la dinámica de las organizaciones populares y los partidos de las organizaciones populares, no en algún fracaso putativo de la clase capitalista, que en Oriente no era más oligárquica y autoritaria de lo que había sido en Occidente.

JB

Usted es obviamente muy crítico con la teoría poscolonial. Pero, ¿no hay algo válido y valioso en su denuncia del orden poscolonial?

VC

Sí, tiene cierto valor, sobre todo si nos fijamos en la obra de Guha. En toda su obra, especialmente en Dominación sin hegemonía. Historia y poder en la India colonial, creo que hay una crítica muy saludable y planea un rechazo general hacia el poder en un país como India. Y eso es una alternativa tremendamente positiva al tipo de historiografía nacionalista que ha estado vigente durante décadas en ese país, donde los líderes del movimiento independentista eran vistos como algo parecido a salvadores. La insistencia de Guha en que este liderazgo no sólo no fue una salvación, sino que de hecho fue responsable de muchas de las deficiencias del orden poscolonial, es digna de elogio y apoyo.

El problema no es su descripción del orden poscolonial; el problema es su diagnóstico de dónde proceden esos fallos y cómo podrían solucionarse. Estoy totalmente de acuerdo con la actitud general de Guha hacia la élite india y sus secuaces. El problema es que su análisis de las causas es tan erróneo que se interpone en el camino de una respuesta y una crítica apropiadas de ese orden.

JB

¿Qué hay de Partha Chatterjee? ¿No ofrece su obra una crítica seria del Estado poscolonial en India?

VC

En algunos aspectos, sí. En un plano puramente descriptivo, la obra de Chatterjee sobre el nacionalismo, al igual que la de Guha, muestra la estrechez de miras de los dirigentes nacionalistas, su fidelidad a los intereses de las élites y su desconfianza hacia la movilización popular. Todo eso es digno de elogio.

El problema, de nuevo, está en el diagnóstico. En el caso de Chatterjee, los fallos del movimiento nacionalista indio son atribuidos al hecho de que sus dirigentes han interiorizado un ethos particular, y éste es el ethos y la orientación que vienen con la modernización y el modernismo. Así, para Chatterjee, el problema de Nehru es que adoptó muy pronto una postura modernizadora respecto a la economía política. En otras palabras, concedió un gran valor al enfoque científico de la industrialización, a la planificación y organización racionales, y esa es la razón principal por la que, para Chatterjee, India se encuentra encerrada en una posición de «sujeción continua» en el orden mundial.

Está bien decir que Nehru se atuvo a un conjunto de intereses estrechos, pero localizar las fuentes profundas de su conservadurismo en su adopción de una visión del mundo modernizadora y científica equivoca gravemente cuál es el problema. Si el problema de la élite poscolonial es que adoptó una visión científica y racional del mundo, surge la pregunta: ¿cómo piensan los teóricos poscoloniales salir de las crisis actuales —no sólo económicas y políticas, sino también medioambientales— si dicen que hay que abandonar la ciencia, la objetividad, la evidencia, la preocupación por el desarrollo?

El planteo de Chatterjee no tiene salida. En mi opinión, el problema con el liderazgo de Nehru y con el del Congreso Nacional Indio, no fue que fueran científicos y modernizadores sino que vincularon su programa a los intereses de las élites indias —de la clase capitalista y de la clase terrateniente— y que abandonaron su compromiso con la movilización popular e intentaron mantener a las clases populares bajo un control muy estricto.

El planteamiento de Chatterjee, aunque tiene los rasgos de una crítica radical, es en realidad bastante conservador, porque localiza a la ciencia y la racionalidad en Occidente y, al hacerlo, describe Oriente de forma muy parecida a como lo hicieron los ideólogos coloniales. También es conservadora porque no nos deja ningún medio por el cual podamos construir un orden más humano y más racional, ya que no importa en qué dirección se intente avanzar —si se intenta salir del capitalismo hacia el socialismo, si se intenta humanizar el capitalismo a través de algún tipo de socialdemocracia, si se intenta mitigar los desastres ambientales a través de un uso más racional de los recursos— todo ello va a requerir las cosas que Chaterjee impugna: ciencia, racionalidad y planificación de algún tipo. Situar estas cosas como origen de la marginación de Oriente no sólo es erróneo sino que creo que también es bastante conservador.

JB

¿Pero no hay nada válido en la crítica que los teóricos poscoloniales hacen del marxismo, así como de otras formas de pensamiento occidental arraigadas en la Ilustración, denunciando su eurocentrismo?

VC

Bueno, tenemos que distinguir entre dos formas de eurocentrismo: una es más bien neutral y benigna, es la que dice que una teoría es eurocéntrica en la medida en que su base probatoria procede en su mayor parte de un estudio de Europa. En este sentido, por supuesto, todas las teorías occidentales que conocemos hasta finales del siglo XIX extraían sus pruebas y datos de Europa de forma abrumadora, porque los estudios y la literatura antropológica e histórica sobre Oriente estaban muy poco desarrollados. En este sentido, eran eurocéntricos. Creo que este tipo de eurocentrismo es natural, aunque conlleve todo tipo de problemas, pero en realidad no se pueden plantear una acusación por ello.

La forma más perniciosa de eurocentrismo —la que persiguen los teóricos postcoloniales— es aquella en la que el conocimiento basado en hechos particulares sobre Occidente se proyecta sobre Oriente y puede resultar engañoso. De hecho, los teóricos poscoloniales han acusado a los teóricos occidentales porque no sólo proyectan ilícitamente sobre Oriente conceptos y categorías que podrían ser inaplicables, sino porque ignoran sistemáticamente pruebas disponibles que podrían generar una teoría mejor.

Si de lo que estamos hablando es de eurocentrismo del segundo tipo, entonces ha habido elementos en la historia del pensamiento marxista que han caído presa de este tipo de eurocentrismo. Sin embargo, si nos fijamos en la historia real del desarrollo de la teoría, esos casos han sido bastante raros.

Desde principios del siglo XX, creo que es correcto decir que el marxismo es quizá la única teoría del cambio histórico procedente de Europa que ha abordado sistemáticamente la especificidad de Oriente. Uno de los hechos más curiosos de los estudios subalternos y la teoría poscolonial es que ignoran esto. Desde la Revolución Rusa de 1905 hasta la Revolución de 1917, pasando por la Revolución China, los movimientos de descolonización africanos y los movimientos guerrilleros en América Latina, todas estas convulsiones sociales generaron intentos de abordar la especificidad del capitalismo en países no europeos.

Se pueden citar varias teorías específicas que surgieron del marxismo y que no sólo abordaban la especificidad del Este sino que negaban explícitamente la teleología y el determinismo que los estudios subalternos afirman que son centrales en el marxismo: la teoría del desarrollo combinado y desigual de Trotsky, la teoría del imperialismo de Lenin, la articulación de los modos de producción, etcétera. Cada una de estas teorías era un reconocimiento de que las sociedades en desarrollo no se parecen a las sociedades europeas.

Así que si se quiere ganar puntos, se puede sacar a colación unos casos aquí y allá de algún tipo de eurocentrismo persistente en el marxismo. Pero si se mira el balance general, no sólo la puntuación global resulta bastante positiva sino que queda mejor parada al compararla con el orientalismo que han resucitado los estudios subalternos. Me parece que el marco más natural para entender la especificidad de Oriente procede del marxismo y de la tradición de la Ilustración, no de la teoría poscolonial.

La contribución duradera de la teoría poscolonial —por lo que será conocida, en mi opinión, si se la recuerda dentro de cincuenta años— será su resurgimiento del esencialismo cultural y su actuación como aval del orientalismo, en lugar de ser un antídoto contra él.

JB

Todo esto nos lleva a preguntarnos por qué la teoría poscolonial ha adquirido tanta importancia en las últimas décadas. De hecho, ¿por qué ha sido capaz de desbancar el tipo de ideas que usted defiende en su libro? Está claro que la teoría poscolonial ha venido a ocupar un espacio que antes ocupaban diversas formas de pensamiento marxista y de influencia marxista, y que ha influido especialmente en grandes franjas de la izquierda intelectual anglófona.

VC

En mi opinión, ese protagonismo se debe estrictamente a razones sociales e históricas sin expresar el valor o la valía de la teoría. Por eso decidí escribir un libro sobre el tema. Creo que la teoría poscolonial alcanzó prominencia por un par de razones. Una es que tras el declive del movimiento obrero y el aplastamiento de la izquierda en los años setenta, no había ningún tipo de teoría prominente en el mundo académico que se centrara en el capitalismo, la clase obrera o la lucha de clases. Mucha gente ha señalado esto: en el ámbito universitario, es poco realista imaginar que cualquier crítica al capitalismo desde una perspectiva de clase vaya a tener mucha vigencia, excepto en períodos en los que hay una agitación social masiva y un levantamiento social.

Así que la pregunta interesante es por qué hay algún tipo de teoría que se llama a sí misma radical, sin ser una teoría anticapitalista clásica. Creo que esto tiene que ver con dos cosas: en primer lugar, con los cambios en las universidades en los últimos treinta años aproximadamente, en los que ya no se las ve como torres de marfil. Hoy son instituciones de masas que se han abierto a grupos que históricamente quedaban afuera: minorías raciales, mujeres, inmigrantes de países en desarrollo. Todos ellos son personas que sufren diversos tipos de opresión, pero no necesariamente explotación de clase. Así que existe, por así decirlo, una base de masas para lo que podríamos llamar estudios sobre la opresión, que es un tipo de radicalismo importante y real. Sin embargo, no se trata de una base muy interesada en cuestiones vinculadas con la lucha de clases o la formación de las clases, el tipo de cosas de las que solían hablar los marxistas.

A esto se suma la trayectoria de la intelectualidad. La generación del 68 no se convirtió en la corriente dominante a medida que envejecía. Aunque algunos querían mantener sus compromisos morales y éticos con el radicalismo, el conjunto de esta generación, como todo el resto, también se apartó del radicalismo clasista. Así que lo que hubo fue un movimiento desde abajo, una especie de demanda estudiantil de teorías centradas en la opresión, y un movimiento desde arriba, con profesores que se ofrecían a suministrarlas. Lo que les hizo converger no fue sólo centrarse en la opresión, sino la eliminación de la opresión y explotación de clases de la historia. Y la teoría poscolonial, debido a su propia escisión del capitalismo y la clase —porque resta importancia a la dinámica de la explotación— encaja muy bien.

JB

¿Qué opina de las perspectivas de la teoría poscolonial? ¿Cree que pronto será eclipsada por la academia y la izquierda?

VC

No, no lo creo. No creo que la teoría poscolonial corra ningún peligro de ser desplazada, al menos en el corto plazo. Las tendencias académicas van y vienen, no por la validez de sus afirmaciones o el valor de sus propuestas sino por su relación con el entorno social y político más amplio. Y la desorganización general de la clase trabajadora y de la izquierda, que creó las condiciones para que floreciera la teoría postcolonial, sigue estando muy presente. Además, la teoría postcolonial cuenta ahora con al menos dos generaciones de académicos que han apostado toda su carrera por ella, que tienen media docena de revistas dedicadas a ella y un ejército de estudiantes de posgrado que persiguen agendas de investigación que surgen de ella. Así, sus intereses materiales están directamente relacionados con el éxito de esta teoría.

Puedes criticarla todo lo que quieras, pero hasta que no tengamos el tipo de movimientos que animaron al marxismo en los primeros años después de la Primera Guerra Mundial, o a finales de los 60 y principios de los 70, no se verá un cambio. De hecho, lo que habrá es una respuesta bastante rápida y despiadada a cualquier crítica que pueda surgir. Mi triste, pero —creo— realista pronóstico es que va a seguir existiendo durante bastante tiempo.

Sobre el entrevistador

Jonah Birch es profesor asistente visitante de sociología en la Universidad Estatal de los Apalaches y editor colaborador en Jacobin Magazine.

Vivek Chibber

Profesor de sociología en la Universidad de Nueva York. Es editor de Catalyst: A Journal of Theory and Strategy.

Publicado en: Cultural, Global, titular2

Rusia lanzó su primera misión robótica a la Luna en casi 50 años

14/08/2023 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: La Jornada

Moscú. Rusia lanzó ayer su primera misión robótica a la Luna en casi 50 años con el objetivo de dar un nuevo impulso a su programa espacial que acumuló dificultades en los pasados años y que está aislado por el conflicto en Ucrania.

El lanzamiento del módulo Luna-25 es la primera misión rusa a la Luna desde 1976, una era en la que la extinta Unión Soviética estaba en la vanguardia de la conquista del espacio.

Pero desde la caída de la URSS, Moscú se enfrenta a una serie de dificultades como la falta de financiamiento y los escándalos de corrupción.

El cohete Soyuz que transporta esta sonda de casi 800 kilos despegó desde la base espacial de Vostochni, en el extremo oriente, a las 02:10 horas de Moscú (23:10 del jueves), según imágenes difundidas en directo por la agencia espacial Roscosmos.

La aeronave se elevó dejando atrás una espesa nube de humo y llamas que destacaba en el cielo grisáceo.

Está previsto que el aparato llegue en cinco días a la órbita lunar, donde estará entre tres y siete días para escoger un buen lugar para el alunizaje en la zona del Polo Sur del satélite.

“Está previsto que la nave entre en órbita lunar (…) el 16 de agosto, con un alunizaje en la superficie del satélite natural de la Tierra previsto para el 21 de agosto al norte del cráter Boguslawsky”, el Polo Sur lunar, precisó Roscosmos en un comunicado.

“Por primera vez en la historia va a haber un alunizaje en el Polo Sur lunar. Hasta ahora, todo el mundo alunizaba en la zona ecuatorial”, afirmó Alexander Blojin, un alto cargo de Roscosmos, en una entrevista al diario oficial Rossíiskaya Gazeta.

La agencia espacial rusa prevé una misión de un año con el objetivo de recoger muestras y analizar el suelo para llevar a cabo “investigaciones científicas a largo plazo”.

“La ambición de nuestros ancestros”

Este lanzamiento se produce en un contexto de aislamiento del programa ruso, ya que Roscosmos está vetado por las potencias occidentales.

En sintonía con su estrategia diplomática, Rusia busca desarrollar la cooperación espacial con China.

El analista independiente ruso Vitali Yegorov afirmó que esta misión es una prueba para el programa espacial de Moscú. “La pregunta más importante es: ¿Puede alunizar?”, planteó a la Afp.

El presidente ruso, Vladimir Putin, prometió continuar con el programa espacial, pese a las sanciones, citando como ejemplo el momento en el que la URSS envió el primer hombre al espacio en 1961, en medio de las tensiones con Occidente.

“Estamos guiados por la ambición de nuestros ancestros para seguir adelante, pese a las dificultades y los intentos para obstaculizarnos”, indicó el año pasado en una vista a Vostochni.

Una misión “arriesgada”

El director de Roscosmos, Yuri Borisov, reconoció en junio que la misión es “arriesgada”. “En el mundo, la posibilidad de éxito de ese tipo de misiones se calcula en 70 por ciento”, mencionó en una reunión con Putin.

El primer piso del lanzador Soyuz cayó a 28 kilómetros de la localidad de Shájtinski, en la región de Jabarovsk, anunció el gobernador regional, Mijail Degtiariov, en Telegram.

Las autoridades evacuaron a los habitantes una hora antes del lanzamiento, aunque pudieron regresar a sus casas unas horas después.

La última misión soviética a la Luna en 1976, Luna-24, trajo a la Tierra muestras del suelo del satélite.

El sector espacial es una fuente de orgullo en Rusia, ya que los soviéticos lanzaron el primer satélite en órbita, el Sputnik, lograron poner al primer animal en órbita con la misión de la perra Laika y después enviaron al primer hombre al espacio, el cosmonauta Yuri Gagarin.

Sin embargo, Estados Unidos se impuso en la carrera espacial cuando Neil Armstrong llegó a la Luna en 1969.

El programa espacial ruso, que depende en gran medida de tecnologías soviéticas, tiene dificultades para innovar y sufre la falta de financiamiento, ya que Moscú prioriza el gasto militar.

Además, ha estado manchado por escándalos de corrupción y fracasos de lanzamientos, y tuvo que enfrentarse a una competencia cada vez mayor de Estados Unidos, China y de empresas privadas como SpaceX, del multimillonario Elon Musk.

Publicado en: Global

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