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América Central

La despedida al compañero presidente

30/01/2010 by maestro Deja un comentario

Cuando la multitud se perdía en entre las calles que rodean la Universidad, partimos por el Boulevard. ¿Cuántos éramos? Miles, decenas de miles, imposibilitados de tener otra perspectiva (el helicóptero del canal 36 que iba a hacer las tomas aéreas no fue autorizado a volar) nos monitoreábamos por celular, una amiga mía iba caminando 2 km adelante mío, y todavía la marcha se estiraba un par de kilómetros más. 

¿Quiénes éramos? Ah, eso es fácil, una alegre representación de lo más valioso del pueblo hondureño: organizaciones barriales, feministas, ecologistas, liberales de verdad, campesinos y campesinas, estudiantes, amas de casas, profesores y profesoras (como yo), los compañeros y compañeras de la UD, profesionales, mucha clase media, mucha clase obrera, y los y las compañeros/as vendedores/as ambulantes, que apoyan y se hacen su dinerito en el camino. Estábamos los que hacemos este país cada día, de rostro moreno, ladino o chele, los que venimos de madre india, o de madre mulata, qué linda la diversidad de colores de mi gente!

En parte caminamos, en parte bailábamos. Los jóvenes hacían la ola. La gente que nos miraba desde sus casas aplaudía, sacudía banderas (como una doñita que se había encaramado en el techo de su casa) y sonreían. Los vehículos que pasaban por la otra vía del boulevard nos pitaban a modo de saludo. Por eso digo que los que marchábamos éramos una representación, muchos más no marcharon pero estaban ahí, apoyando.

Íbamos distendidos, cantando consignas viejas: “el Pueblo Unido…..” y consignas nuevas: “Se busca presidente, que no sea golpista y que no joda a la gente” Como siempre citamos a Neruda: “Alta es la noche… y Morazán vigila!” Y por supuesto, un espacio para reírnos de nuestros golpistas: carteles en los que Micheletti aparecía como gorila, como dinosaurio, o como el tío Sam… Hasta uno se vistió como Micheletti, con máscara y todo, y tenía un rótulo que decía: “para ser héroe se necesita ser golpista, corrupto, asesino…..” en alusión a la declaración de héroe nacional que le dieron los payasos de siempre.

Por el camino apenas si había policía, pero antes de llegar supimos que habían militarizado el aeropuerto. Cuando llegamos los vimos, estaban por todos lados, en la torre de control habían puesto francotiradores que nos apuntaban. Cantamos: “a estudiar, a aprender para chepos (policías) nunca ser”. Desbordamos las calles del aeropuerto. Los y las compañeras de la resistencia habían montado un escenario donde hace ya 7 meses cayó nuestro primer mártir, Isis Obed. Y comenzó el traspaso de mando: la ministra Mayra Mejía del Cid portadora de la banda presidencial de Manuel Zelaya se la entregó a un niño y a la abuela de la resistencia. Se me hizo un nudo en la garganta. Pero era solo el comienzo. Fueron soltando globos al cielo, uno por cada mártir y nosotros gritamos: ¡presente! ¡Isis Obed! ¡Presente! ¡Presente! ¡Presente! No habrá olvido, no habrá perdón compañeros y compañeras, queremos justicia, ¡JUSTICIA!

Esperamos un buen rato escuchado música. Dudábamos de que el presidente fuera a salir por este aeropuerto, pero seguimos esperando. Como a las 3 de la tarde, la pista se llenó de militares y policías que se vinieron cerca de donde estábamos en actitud provocadora, les gritamos: “nos tienen miedo porque no tenemos miedo”. Pero nada pasó, nos quedamos mirándonos las caras, valla de por medio.

En eso en los altoparlantes anunciaron que Mel Zelaya había llegado al aeropuerto. Y vimos el avión blanco. Todos y todas gritamos fuerte: ¡Mel amigo, el pueblo está contigo! Y despegó.

Vi muchos rostros con lágrimas, y lloré. Lloré recordando todas las luchas, las marchas, los gases lacrimógenos, las corridas, los y las amigas que gané, las que perdí, y todos los actos de heroísmo que vi en tantos y tantas compañeras, incluyendo, por supuesto, al compañero Mel Zelaya.

Lloré por los dolores viejos y nuevos, lloré porque en ese momento estábamos pariendo la nueva Honduras, no las del estadio vacío del Lobo y su jauría, la Honduras nueva que crece en nosotros, en nuestra organización y en nuestro compromiso. Es que en Honduras, como en otras partes de nuestra nación latinoamericana, la era esta pariendo un corazón.

Volveremos -dijo Mel. Así sea. 

* Delfina Bermúdez, Profesora hondureña en resistencia.

Publicado en: América Central Etiquetado como: América Central, La despedida al compañero presidenteDelfina Bermúdez Rebelión

Haití, los militares y las víctimas. Preguntas a un Nobel de la Paz

28/01/2010 by maestro Deja un comentario

La catástrofe natural es evidente: un fuerte terremoto con varias réplicas sacudió este pequeño país y causó decenas de miles de víctimas. Pero… ¿está seguro míster Obama de que las miles de víctimas se deben únicamente al terremoto? A este drama muchos medios de comunicación occidentales lo presentan sólo con alguna discreta mención en el sentido que estas víctimas se deben también a otros motivos ajenos al fenómeno natural. Todo lo cual obliga a reflexionar y a recordar.

Y a preguntar.

Cuando una catástrofe azota una población indefensa, sin preparación y sin recursos, entonces, la catástrofe se convierte en tragedia. Por lo que cabe esta pregunta:

¿qué preparación y recursos tiene la población de Haití para enfrentar una catástrofe natural?

Prácticamente ninguna míster Obama.

La población de Haití es víctima pobre, indefensa y desamparada. Qué extraña situación para un pueblo que durante más de dos siglos ha sido invadida y ocupada por grandes potencias, particularmente Francia y su gran país, míster Obama. Durante más de dos siglos, ¿cuales han sido sus programas de educación, de salud y de infraestructura en esta pequeña isla? ¿Sólo se podían desarrollar programas para arrasar con sus recursos naturales, como la madera y el azúcar, dejando un país en estado de miseria?

Míster Obama, hoy sólo se ve el resultado en esas decenas de miles de muertos y desamparados.

Su país, míster Obama, desde hace varias décadas sataniza a Fidel Castro. Cada uno puede pensar lo que quiera de Fidel Castro y del “régimen castrista”, lo que en realidad incumbe a los cubanos de Cuba más que a los cubanos de Miami o a los políticos de Washington. (Y dicho entre paréntesis, nada más que por precisar: hablando de justicia no hay ninguna duda que la cárcel cubana donde más se violan los derechos humanos y donde más se tortura es la de Guantánamo, donde no flamea precisamente la bandera cubana).

Míster Obama, si usted analiza los daños causados en las últimas décadas por otras catástrofes naturales, como los huracanes, descubrirá que muchas veces azotan las islas del Caribe antes de llegar incluso a México o La Florida. También descubrirá que en Cuba no hay prácticamente víctimas pero que en Haití cada huracán las toma numerosas.

¿Por qué será, míster Obama? Pues simplemente porque la población de Haití está indefensa y desprotegida mientras que Cuba cuenta con logística de evacuación, programas de ayuda y una población correctamente preparada. Así que, míster Obama, le guste o no, es evidente que para defensa de una población frente a situaciones de catástrofes naturales, Fidel Castro obtiene mejores resultados que las grandes potencias que ocuparon Haití.

Pero míster Obama, el pueblo de Haití vive hoy además una segunda tragedia. La de una pequeña nación violada en lo más profundo de su identidad: la invasión y la ocupación de su territorio.

¿Sera usted, míster Obama, el primer Premio Nobel de la Paz que aprovecha una catástrofe natural y la terrible tragedia subsiguiente para invadir y proceder a la ocupación de un país? Porque si no es así tal vez quiera ilustrarnos:

¿qué hace un Premio Nobel de la Paz enviando 20.000 soldados a instalarse en Haití?

Es cierto, coincidimos en que se debe controlar a una población hambrienta: el hambre la volverá siempre peligrosa. Pero esta tarea es de especialistas entrenados y equipados para mantener el orden público. No es tarea de comandos y paracaidistas equipados con armas de guerra, como son los de su 82 División Aerotransportada.

¿Un Premio Nobel de la Paz habrá evaluado cuántas vidas de haitianos se pueden salvar con la logística brindada a 20.000 soldados que gozan de excelente salud y se alimentan tres veces por día? ¿No sentirán vergüenza sus “marines” cuando se alimentan copiosamente frente a seres humanos que mueren de hambre y de sed?

¿Quién le dio autorización a un Premio Nobel de la Paz para:

– ocupar militarmente cuatro aeropuertos de Haití…

– impedir sin explicación alguna a seis aviones de Médicos Sin Fronteras aterrizar para desembarcar hospitales de campaña…

– ordenar sin más explicaciones que los corresponsales extranjeros evacúen la zona “antes de dos horas” impidiéndoles cumplir su labor reporteril?

No, míster Obama, no son muy convincentes las explicaciones que da su general del Comando Sur en rueda de prensa frente a una sala ocupada sólo por siete periodistas.

¿Será, míster Obama, que no le conviene que los corresponsales extranjeros sean testigos de las operaciones de sus tropas en Haití?

¿Qué quiere ocultarle al mundo, míster Obama, de lo que pasa o pasará en Haití?

¿Qué pretende un Premio Nobel de la Paz enviando buques de guerra a rodear una isla víctima de una catástrofe y obligando a otros Estados a desembarcar la ayuda humanitaria en Santo Domingo, frenando así la llegada de víveres y medicinas a los damnificados?

Míster Premio Nobel de la Paz: en estos momentos Haití necesita socorristas, médicos, medicinas, alimentos, agua y albergues para una población desamparada -y usted seguro que lo sabe. Míster Obama, Haití no necesita de sus “marines”, ni de sus sofisticadas armas de guerra- y usted no lo puede ignorar.

¿Y que pensará un Premio Nobel de la Paz frente al comportamiento de los medios de comunicación de su país? ¿Qué pensará de la cadena CNN, que el primer día de la tragedia informó de las ayudas recibidas por Haití obviando descaradamente que la primera ayuda la prestó un transporte de Venezuela y que la segunda -media hora después- llegó de Cuba?

Claro que a míster Obama no le debe gustar que los rusos enviaran dos potentes transportes para establecer un puente aéreo humanitario entre Venezuela y Haití. Pero, Míster Obama, ¿por qué no analiza la razón de esta ayuda de Rusia a Venezuela?

Es muy simple, míster Obama. De la flota de Hércules 130 vendida a Venezuela por su nación, actualmente sólo tres están operativos porque su país, míster Obama, no envía a Venezuela los repuestos que necesitan esos aviones de transporte… Y si quiere saber algo más, le informo de que en Venezuela se tuvo hasta que ordenar a pilotos militares no volar mas sobre algunos aparatos porque EEUU ni siquiera enviaba los repuestos para sus sillas de eyección.

¿Entonces, míster Obama, no le parece lógico que aparezcan aeronaves rusas o chinas en los cielos de Venezuela? Incluyendo aviones de transporte y helicópteros para misiones humanitarias. Esto no debe ser de difícil entendimiento para un Premio Nobel de la Paz.

¿Y que pensará un Premio Nobel de la Paz acerca de un compatriota suyo, un “reverendo” que ni siquiera merece individualizarse, que se permite en un programa de televisión desarrollar la teoría de que el pueblo de Haití es un pueblo maldito castigado por Dios por haber osado hace más de dos siglos reivindicar su libertad ejecutando a los generales franceses de Napoleón para ganar esta libertad?

Ese “reverendo” -¿lo conoce usted, míster Obama?-, da a entender que es natural que miles de haitianos mueran hoy como un castigo de Dios porque sus ancestros llegaron a ser la primera república negra libre.

Míster Premio Nobel de la Paz, locos extremistas los hay en todas partes y no es grave aunque a veces sea doloroso, porque en rigor se necesita de todo para hacer un mundo. Lo grave, míster Obama, es que su “reverendo” enloquecido tenga libertad de expresión, apoyo de difusión y una gran audiencia en su país.

(Ya el mismo personaje, ¿lo recuerda?, instigó hace tiempo que la solución para “salir” del presidente Chávez era asesinarlo).

¿Le gusta a un Premio Nobel de la Paz la idea de asesinar el Presidente de otra nación sólo porque no conviene a los intereses de Washington? ¿A un Premio Nobel de la Paz le parecerá que es libertad de prensa la instigación al asesinato y la justificación de miles de víctimas como castigo de algún dios peculiar porque pertenecen a un país que pretende ser libre?

¿Un Premio Nobel de la Paz autoriza que en plena tragedia centenas de niños haitianos sean evacuados para ser adoptados en EEUU además de otras naciones sin la tarea previa de tratar de ubicar sus familiares?

La UNICEF no parece dar su respaldo a este programa, míster Obama.

Para los latinoamericanos es bien conocida la operación Peter Pan que en su tiempo trasladó miles de niños cubanos hacia los EEUU. Míster Premio Nobel de la Paz, ¿usted no cree que la época de la esclavitud y tráfico de seres humanos pertenece a un pasado poco glorioso de los imperios?

Así que hoy una parte del mundo asiste impotente a una nueva invasión y ocupación de EEUU a un país víctima de una tragedia. La otra parte del mundo -las “grandes potencias”- mantiene un silencio cómplice, como cómplices han sido en llevar al pueblo de Haití a la situación de ser una de las naciones más pobres del mundo.

Para esta invasión, Míster Obama, no se necesitan 20.000 “marines”. Pero esos 20.000 permiten volver a recordar que no hace mucho otros “marines” detuvieron y expulsaron al presidente de Haití elegido democráticamente y lograron su reemplazo por uno “alineado” con Washington, y con quien el Premio Nobel de la Paz no tendrá ningún problema para instalar nuevas bases militares en esta isla estratégica para sus deseos de apoderarse de los recursos de otros en este Hemisferio.

¿Sera ese el objetivo oculto de sus 20.000 “marines”, aviones, helicópteros y buques de guerra anclados o al acecho en aguas haitianas?

Míster Obama, su 82º División Aerotransportada se lució gloriosamente cuando desembarcó en las playas de Normandía ayudando a liberar Europa de la amenaza del nazismo. También se lució, pero con menos gloria, cuando sus tropas de élite realizaron operaciones de desembarco en pequeñas naciones indefensas como Dominica, Granada, Honduras o Panamá. En teatros de operaciones más serios como Vietnam, Afganistán o Iraq y otros, en lo que sabemos, fue diferente y están, digamos, victorias y derrotas empatadas o los “marines” empantanados.

¿No cree míster Premio Nobel de la Paz que son patéticas las imágenes del espectáculo de sus “marines” armados con sofisticados equipos de guerra de última generación frente a una población que se muere de hambre y de sed, amenazada por epidemias?

Ya cuando otro desastre natural azotó Luisiana, en territorio continental de EEUU asistimos a una ocupación militar, al tiempo que sus servicios de rescate -con miles de sus propios bomberos y otros especialistas- reclamaban que los tenían confinados sin dejarlos intervenir para ayudar a la población.

Es verdad que en esa oportunidad EEUU vivía bajo la presidencia de un “vaquero”, a diferencia de hoy -caso de Haití- en que gobierna un Premio Nobel de la Paz.

Pero los dos casos tienen una turbia similitud: en ambos se trata de poblaciones negras, una similitud que acaso deba llamar la atención de Barack Obama.

Míster Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, Presidente de los EEUU, ¿puede por favor ordenar a sus “marines” y buques de guerra dejar a los socorristas, médicos y ayudas humanitarias cumplir con sus labores en Haití para salvar las miles de vidas que se pueden todavía salvar? ¿Y puede ordenar que los periodistas de muchos países allí destacados puedan informar al mundo?

Si no, míster presidente, tenga la honestidad de anunciar al mundo que el plan de los EEUU es de apoderarse de parte de la isla -Haití, y vaya a saber qué planes tienen luego para República Dominicana- aprovechándose de esta situación de desastre y tragedia humana. Y que, para conseguirlo, a usted le importa un bledo, nada, lo que pueda pensar o decir el mundo -como lo han hecho en muchas otras oportunidades, en otros casos bien conocidos de todos.

Esa será su tragedia. Por la que habrá de pagar su pueblo.

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La Resistencia despide como se debe al presidente Mel

28/01/2010 by maestro Deja un comentario

Para que no les quede duda y como muestra de la capacidad de convocatoria de la Resistencia y con un cálculo conservador, trescientas mil personas, marcharon ayer para despedir al único presidente que ha logrado unir a todas las fuerzas progresistas del país. El presidente Zelaya salió del país aproximadamente a las 3:45 p.m. en el avión presidencial dominicano, acompañado de su familia y del presidente Leonel Fernández quien logró lo que muchos esfuerzos diplomáticos no pudieron.

Es importante analizar los hechos que se han dado hasta ahora y, en perspectiva, lo que sigue. Primero, el presidente Zelaya hizo una ruptura con el modelo político tradicional hondureño, que privilegia a unos pocos y excluye a la mayoría. Mel definió políticas que restringieron los privilegios de las elites que han secuestrado a Honduras y la han convertido en una finca personal, en un estado patrimonial y favorecieron a grandes masas de la población. La suma de estas políticas tuvo como consecuencia la acumulación del odio de las elites y su confabulación con militares y políticos para consumar el golpe de estado que con la venia y participación de los gringos, ha supuesto la implementación de una nueva política de amenazas, en el marco de la nueva guerra fría que Estados Unidos lanza contra China y America Latina, dos espacios geoestratégicos globales en los que ve desafiado su decadente poder.

Segundo, Mel plantó cara al poder que la inteligencia militar hondureña, israelí y norteamericana han establecido en Honduras y en la región. El regreso del presidente Zelaya dejó con un pasmo de narices a todos ellos. Mel se apareció a medianoche, hace más de cuatro meses, en la embajada de Brasil pidiendo ser recibido como huésped. El gesto más que simbólico tuvo un peso brutal en la geopolítica internacional. Dejó en claro que la voluntad de un presidente que tiene el apoyo de su pueblo resuelve cualquier dificultad. También mando al carajo a quienes quisieron expatriarlo el 28 de junio, que no hay fuerza que pueda detener a un líder verdadero acompañado de su pueblo. Cumplió dentro del territorio nacional -auque preso los últimos cuatro meses en la embajada de brasil- el mandato que su pueblo le dio, pese a la voluntad de las elites golpistas y sus títeres vestidos de militar y de civil. La marioneta con apellido italiano tuvo que salir por la puerta de atrás, en silencio. Cargando a oscuras hasta con la vajilla de la casa de gobierno el fantoche se esconde, con la cola entre sus patas, temeroso, hundido en el oprobio y a la espera de que cualquier patriota, le cobre la afrenta de haber hecho del país el hazmerreír mundial.

Tercero, queda más que claro a la luz de los hechos, que el pueblo hondureño es un pueblo valiente y noble. Un pueblo que está apegado a la justicia y la verdad y que aborrece la traición y la mentira. Es la nobleza de este pueblo la que hoy marchó para despedir al más querido presidente que ha tenido después de sus próceres, Morazán y Cabañas, quienes cimentaron nuestra identidad de nación libre. En el lado opuesto, los golpistas, con toda su logística, propaganda y medios no lograron llenar el pequeño y obsoleto estadio nacional. Como haciendo mofa del triste nombre que ostenta, la población les dio la espalda. Su convocatoria es equivalente a la medida de su fraude.

Vale resaltar el valor de una mujer valiente y digna que, desde Honduras cuando fue expatriado Mel, y desde la embajada de Brasil, cuando este burló a los más sofisticados cuerpos de inteligencia occidental, acompaño al presidente en su lucha por la dignidad de nuestro pueblo. Doña Xiomara representa a lo más digno de la mujer hondureña. Esa mujer que desde los espacios más pequeños hasta los más altos, plantó su coraje y grita fuerte que somos un pueblo digno que merece respeto.

Pese a que a su salida del país no dejaron al presidente Zelaya dar declaraciones a los medios, Doña Xiomara dijo con un nudo en la garganta y con la convicción que la verdad y la razón le otorga “Volveremos para continuar la lucha por la paz y la justicia”.

Si algo deben tener claro los golpistas -perpetradores y promotores- es que esto no se termina aquí, como claramente lo dijo doña Xiomara. Como dicho en un articulo anterior, Mel se convertirá en su peor pesadilla, con la venia de su pueblo, volverá -mas temprano que tarde- para liderarlo en la lucha por convertir a Honduras en un país de verdad, no en el remedo que ahora tenemos por el secuestro que las Maras de cuello blanco, criminales con títulos de banqueros, militares, médicos, periodistas y seudo intelectuales han hecho de Honduras.

En Honduras ni en ningún país, es posible ya seguir con la sarta de privilegios para los poderosos y con la brutal exclusión para los pobres. Mel demostró que es necesario trabajar para eliminar la miseria, la pobreza y la pérdida de dignidad solo con un poco de voluntad. Por fin Honduras logro estar en los titulares para devolvernos la autoestima de nación. Le debemos a nuestro presidente la posibilidad de escuchar hablar de nuestro pueblo en el exterior como un pueblo digno, luchador, que comparte la gloria de la lucha por la dignidad en el mundo de los hombres y las mujeres libres. Por eso y por mucho más, Manuel Zelaya, nuestro querido presidente Mel, estará siempre en nuestros corazones. Mel será nuestro Presidente para siempre.

Esto ténganlo claro, la amnistía a los promotores del golpe y el sobreseimiento a los militares es una payasada que sólo se la creen ellos mismos. Ni la CIDH ni la CPI se tragarán esa farsa. Los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles. Si creen que la comedia que instalaron aquí les servirá para librarse de sus responsabilidades penales, están estúpidamente equivocados, como siempre. Si quieren, pueden probar, poniendo un pie fuera del país, para ver como reacciona la justicia internacional.

La lucha sigue y ahora es cuando empieza. De eso no les quepa la menor duda. Y ahora se pone buena.

Rebelión ha publicado este artículo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Haití no es un Estado fallido

17/01/2010 by maestro Deja un comentario

Un somero repaso a la historia haitiana permitirá comprender que Haití no es un “Estado fallido” sino un país que, pese a la heroica resistencia de sus habitantes, sigue siendo devastado por las políticas imperialistas impuestas en todo el planeta por la autoproclamada Civilización Occidental.

Debemos comenzar este repaso por el imperio español que, luego de ocupar una isla de las Antillas (habitada por las etnias arawak, caribes y taínos), a la que bautizó como La Española, hoy repartida entre Haití y la República Dominicana, la convirtió en el primer puesto de avanzada de ese Imperio.

Al frustrarse la esperanza de encontrar oro, los colonizadores dedicaron La Española a las plantaciones y experimentaron allí diversas formas de someter (con “repartimientos” primero y con “encomiendas” después) a su población nativa, para utilizarla en las explotaciones agropecuarias, reprimiendo brutalmente las sublevaciones y contagiando a los nativos enfermedades europeas para las que sus organismos no tenían un sistema inmunitario adecuado.

Esto provocó que, en menos de medio siglo, prácticamente se extinguiera casi la totalidad de sus nativos. Las cifras de esta mortandad no son coincidentes, pero según los historiadores varían desde algunos cientos de miles de nativos hasta los tres millones de los que hablaba Fray Bartolomé de las Casas.

De todos modos, sea cual fuere la cifra, no hay duda de que, por la violencia planificada de los colonizadores y por las enfermedades diseminadas por ignorancia, España tiene en su conciencia histórica la responsabilidad del genocidio de los amerindios nativos de La Española.

Posteriormente, en 1517 ante la desaparición de la mano de obra nativa, Carlos I de España y V de Alemania autorizó la trata de negros esclavos, dando comienzo un proceso que definiría la actual fisonomía étnica y cultural de ese país.

Ésa fue la primera tragedia de Haití, que no fue espontánea ni provocada por sus habitantes, sino causada por la codicia de Occidente.

Más tarde, Francia se aprovechó del desinterés de España por la parte occidental de la Isla y, por medio de sus bucaneros (desde la Isla de la Tortuga), se apoderó gradualmente de ese sector occidental de La Española (lo que hoy es Haití) hasta que finalmente España se lo cedió a Francia en 1697.

Los franceses convirtieron ese sector occidental, al que llamaron Saint Domingue, en una de las colonias más ricas de Francia gracias a sus plantaciones trabajadas por los esclavos negros traídos de África.

El Haití colonial francés, en el último tercio del siglo XVIII y bajo un duro sistema esclavista, tenía una población de apenas 20.000 personas blancas, 30.000 mulatos libres y casi 800.000 esclavos que trabajaban las plantaciones de azúcar, tabaco, añil, algodón, etc.

La riqueza de Saint Domingue hizo que los franceses la denominaran “La Perla de las Antillas” ya que producía el 60% del café y el 40% del azúcar que se consumía en toda Europa.

En 1749 Francia, enfrentada con Inglaterra, apoyó la independencia de las colonias americanas y un contingente de nativos de Saint Domingue combatió junto a los americanos contra las tropas inglesas lo que, quizás, aportó una experiencia bélica a esos negros y mulatos que luego lucharían por su independencia.

En 1789, aunque la Revolución Francesa había proclamado que todos los hombres eran iguales, los colonialistas franceses no respetaron ese criterio con los esclavos de Saint Domingue.

Así, se produjo una sublevación de esclavos en 1971 en el norte de la isla, comandada por el jamaicano Boukman (que procuraba que se respetaran con los negros esclavos los Derechos del Hombre y del Ciudadano establecidos por la Revolución Francesa).

En esa sublevación, brutalmente reprimida por las tropas de la metrópoli colonial, participó, como subordinado de Boukman, quien luego sería conocido como Toussaint Louverture, cuyo prestigio creciente lo llevaría a comandar tiempo después el proceso de la revolución haitiana.

Posteriormente, en 1792, la Asamblea Francesa otorgó la ciudadanía a los hombres libres de color (mulatos), pero inicialmente no concedió la libertad a los esclavos.

Sin embargo, en 1794 aquella Asamblea declaró abolida la esclavitud en todas sus colonias.

En 1795 el sector español de la isla (lo que hoy es la República Dominicana) pasó a manos de Francia. Al abolirse la esclavitud, las plantaciones disminuyeron notablemente la producción, y pese a que Toussaint Louverture intentó recuperar el nivel de producción por medio de trabajos forzosos de los ex esclavos negros, la producción siguió cayendo.

En 1801 Louverture propuso a Francia una constitución en la que Sainte Domingue seguiría siendo una colonia de Francia, pero con una gran autonomía y sin esclavos.

Napoleón, con un poder creciente en Francia y deseando recobrar para financiar su proyecto político los ingresos de “La Perla de las Antillas”, presionó a España para que le cediera la colonia española de Luisiana, una enorme superficie de América del Norte que ocupaba totalmente los actuales estados de Arkansas, Oklahoma, Missoury, Kansas, Nebraska,Iowa, South Dakota y parcialmente los estados de Louisiana, Texas, New México, Colorado, Minnesota, North Dakota, Wyoming y Montana.

En 1801, Napoleón respondió a la propuesta de Toussaint Louverture enviando una flota con un ejército de 25.000 soldados para reimplantar la esclavitud en Saint Domingue. Esto provocó la reanudación de la sublevación bajo el mando de Toussaint Louverture, quien hasta 1802 luchó contra los franceses, los españoles y los ingleses (que también habían invadido la Isla) intentando ocupar la parte oriental y decretando la abolición de la esclavitud en ese sector (hoy República Dominicana) pero fue rechazado por los franceses al mando de Ferrand y, posteriormente, capturado y deportado a Francia donde moriría en prisión.

Ante el restablecimiento de la esclavitud en las colonias francesas, Dessalines, un general negro de Louverture, se amotinó contra las tropas de Napoleón, que habían derrotado a Louverture, y tras dos años de luchas las derrotó en la batalla de Vertieres, expulsándolas de la isla y proclamando la independencia de Haití en 1804.

De esta manera, Haití se convirtió en la segunda nación americana independiente, después de USAmérica, y la primera en América Latina, siendo la primera república negra en la Historia.

Pero al abolirse la esclavitud la economía de Haití se deterioró rápidamente ya que la extraordinaria riqueza de “La Perla de las Antillas” sólo era sostenible con base en el trabajo no pagado de los esclavos.

Además, y debido a la completa ausencia de un proceso civilizador por parte de Francia, los conflictos siguieron en Haití por la diferencia de intereses entre las autoridades mulatas y los afrodescendientes puros.

Hay que señalar que estos conflictos fueron otra consecuencia del racismo inherente a una gran mayoría de europeos. Este racismo francés, exacerbado por el colonialismo(que no sólo no civilizó nada sino que fomentó las diferencias entre blancos, negros y mulatos) llegó al colmo de que los mulatos, para sentirse menos despreciados por los blancos, establecieron una graduación de mezcla de sangres y fijaron una tipología de mestizaje que incluía 32 tipos diferentes de mulatos según la mayor o menor “blancura” de su sangre.

Ésta fue la segunda gran tragedia de Haití, que tampoco fue espontánea o provocada por los habitantes de Haití y también es consecuencia de la codicia occidental. Además, demuestra la falsedad de que Occidente es sinónimo de civilización ya que los franceses, al retirarse, no dejaron nada valioso ni perdurable en su ex colonia.

Si los franceses, como antes los españoles, hubieran tenido una mínima intención de civilizar a los esclavos de origen africano (suponiendo que hubiera sido aceptable arrancar a millones de pobladores de África para hacerlos trabajar gratis en América en condiciones inhumanas), habrían promovido el desarrollo cultural y político de esa inmensa masa de esclavos y habrían establecido una economía sostenible sin recurrir al trabajo no remunerado de dichos esclavos. En ese caso, otra hubiera sido la historia de Haití (como la de todas las colonias de la “Incivilización” occidental en América, África y Asia).

Posteriormente, Haití vivió un largo período, hasta 1820, de luchas intestinas por el poder, que finalizó en 1820 cuando se instauró una república. Sin embargo, la independencia de Haití no fue reconocida por la mayoría de las potencias occidentales.

USAmérica, país esclavista, recelaba de un país dirigido por ex esclavos y Thomas Jefferson se negó a reconocer a Haití. Al mismo tiempo, el Congreso de USAmérica prohibió el comercio de sus ciudadanos con Haití, colaborando con los bloqueos de Francia y España a la nación recién independizada.

En 1826, Haití obtuvo el reconocimiento de Francia a cambio de comprometerse a pagar 150 millones de francos en oro. Después, Inglaterra hizo lo propio. No fue hasta la década de 1860 -bajo la presidencia de Lincoln- cuando Haití fue reconocida por USAmérica.

De tal manera, los haitianos sufrieron un largo bloqueo internacional y los conflictos socioculturales derivados de la cultura racista impuesta por el colonialismo. Esto mantuvo durante muchos años al país en la anarquía hasta que en 1915 fueron invadidos por los marines usamericanos.

Lo primero que hicieron los marines fue atracar el tesoro del Banco de Haití y robaron todo el dinero que había en él (equivalente a 500.000 dólares de esos años, una fortuna) que fue llevado en una nave yanqui a USAmérica y depositado en las cajas del City Bank.

La historia del sometimiento de Haití a los mandatos usamericanos es demasiado larga para detallarla aquí.

Baste señalar que la economía y las aduanas de ese país estaban en manos de los yanquis, quienes permanecieron como ejército invasor y ocupante por 19 años hasta 1934 en que se retiraron, aunque mantuvieron controles indirectos sobre la economía de Haití hasta 1947.

El objetivo de USAmérica en Haití era convertirla en un país colonial disimulado como los que ya existían en el resto de América central, donde los trabajadores nativos eran virtualmente esclavos.

Durante esa ocupación las tropas usamericanas reprimieron duramente los alzamientos del pueblo y en una de esas represiones, en 1918, causaron más de 6.000 muertes.

Después de 1934 Haití debió sumar a sus crónicos problemas raciales y políticos las consecuencias de la crisis mundial de 1930 y de la ocupación yanqui. De tal manera, la inestabilidad (antes sofocada por la represión de las armas yanquis) se hizo nuevamente presente y hubo un breve período de autoridades elegidas y golpes de Estado, en los que participaban USAmérica y la dictadura dominicana de Rafael Leónidas Trujillo.

Finalmente, en 1949 tomó el poder una junta militar, que se mantuvo en el poder hasta 1957 cuando fue elegido François Duvalier (Papa Doc), un médico respetado y apoyado por los militares, que muy pronto instauró una dictadura vitalicia y sangrienta (con el apoyo financiero y militar de USAmérica, que necesitaba en Haití un gobierno ferozmente anticomunista) y firmó un acuerdo de mutua protección (para la represión de los disidentes) con el dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo. Esta dictadura duró 14 años.

A su muerte, a Papa Doc le sucedió su hijo Jean Claude Duvalier (Bébé Doc), quien mantuvo las mismas políticas tiránicas de su padre y tuvo que exiliarse (“por impresentable” incluso a los ojos de USAmérica) en 1986, tras 15 años de dictadura.

Desde la huída de Bébé Doc, Haití ha tenido 17 presidentes en 20 años (desde 1986 hasta 2006) siendo algunos “de facto”, otros provisionales y otros constitucionales, con la peculiaridad de que Bertrand Aristide ocupó la presidencia del país cuatro veces (dos de ellas repuesto en el cargo después de haber sido destituido por las maniobras en ambos sentidos del Departamento de Estado). En estos 20 años USAmérica ha seguido controlando los destinos del pueblo haitiano.

Pero, además de la destrucción de las instituciones políticas de Haití, la injerencia de USAmérica en este país adquirió una característica particularmente grave.

Como señalaba Camille Loty Malebranche, profesor haitiano (1),

…La política de Wilson de transformar las tierras haitianas en latifundios de propiedad estadounidense dedicados exclusivamente a cultivar caña de azúcar y otros productos para la exportación, a través de Banana Fruit, fracasó totalmente en la primera ocupación estadounidense del país, entre 1915 y 1934.

y por ello, con llegada al poder de Bébé Doc Duvalier, el Departamento de Estado de Usamérica, el FMI y el Banco Mundial impusieron una política de devastación de la agricultura y ganadería haitianas produciéndose lo que el citado autor describe como:

… En un país que se alimentaba opulentamente con sus productos autóctonos: carne sana, frutas (plátanos, naranjas, guanábanas, melones, papayas, piña, chirimoyas) y cereales naturales, y además los exportaba, se han acabado imponiendo los pollos con hormonas, todo tipo de despojos avícolas y los apestosos pescados residuales de las piscifactorías de Miami, pescados de ínfima calidad que hasta los insanos glotones estadounidenses rechazan de sus mesas, ya de por sí poco saludables. Hay que señalar también que el bogavante, la langosta y los pescados haitianos son rapiñados en alta mar por los barcos estadounidenses que dejan restos insignificantes a los haitianos, quienes apenas disponen de técnicas de pesca, y no pueden competir con los pesqueros de Estados Unidos que violan las aguas territoriales haitianas con total impunidad.

Así, los 19 años de ocupación directa usamericana y los más de 70 años de ocupación indirecta de ese pueblo por USAmérica configuran la tercera tragedia del pueblo haitiano, que tampoco fue espontánea o provocada por los haitianos sino, una vez más, consecuencia de la codicia de Occidente que no sólo ha desbaratado las instituciones del país, sino que además ha destruido la soberanía alimentaria del pueblo.

Como decía el profesor Malebranche:

… Gracias a su siniestro éxito contra Haití, los estadounidenses no sólo se deshacen de su basura de productos sin valor y venden sus porquerías impresentables a precios prohibitivos para los haitianos, sino que además -y esto es terrorismo exterminador- actualmente tienen la llave del estómago de los haitianos, el terrorífico poder de crear hambrunas artificiales para destruir a cualquier gobierno o movimiento patriótico que pretenda cambiar la política para transformar la cara patibularia de este país enfermo y torturado,

y recuerda:

…que los presidentes estadounidenses Jefferson en el siglo XIX y F.D. Roosevelt en el XX, no ocultaban su odio por «esa peste de negros independentistas y abolicionistas que consiguieron su independencia por las armas» . El orgullo de las masas haitianas de decir siempre «no» a los depredadores colonialistas, racistas, negrófobos y sembradores del hambre en el planeta, por fin había sido borrado del paisaje y se había hundido hasta el fondo por los asaltos de un comercio desajustado por Estados Unidos que infligía un suplicio orquestado sin compasión contra Haití. 

Hoy Haití se ha convertido en uno de los puntos favoritos en el Caribe para el embarque y desembarque de cocaína, rumbo a USAmérica y Europa, y de lavado de dinero. Las fuerzas militares internacionales de la Misión Internacional de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) son vistas por los pobladores haitianos como bandas criminales que disparan sin control en los barrios marginales de Puerto Príncipe, además de robar y violar a mujeres y niños.

Haití no es un “Estado fallido” sino un país cuyo pueblo tiene fama de ser indómito, conducta inaceptable para USAmérica, situación que se agrava al estar ubicado geográficamente demasiado cerca de Cuba, cuyo pueblo tampoco acepta la dominación.

Por añadidura, Haití tiene la desgracia de estar en el camino de la cocaína en tránsito a USAmérica (como lo está Afganistán en relación con la heroína) y por ello USAmérica no permitirá que los haitianos superen sus problemas y alcancen una razonable prosperidad.

USAmérica necesita un Haití devastado para poder hacer allí todo lo que se le antoje, con el apoyo de los líderes de Occidente.

Notas:

(1) Publicado en Rebelión el 25-04-2008 con el título: “Haití, el estómago de los pobres controlado por los plutócratas”, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=66522

Publicado en: América Central Etiquetado como: América Central, Haití no es un Estado fallido

Haití, un país sin perdón, clama frente a nosotros

17/01/2010 by maestro Deja un comentario

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

I.-

 También va a imposibilitar enormemente cualquier posible recuperación de este desastre natural. Como se detalla a continuación, las rapaces políticas económicas de Washington han destruido todos los intentos de construir una economía sostenible en Haití, ahuyentando a la gente de la tierra y de las comunidades pequeñas hacia las atestadas, peligrosas e insalubres villas miseria, donde intentan mantener a duras penas una mísera existencia trabajando en las fábricas de trabajo esclavista propiedad de las elites occidentales y de sus compinches locales. Todos los intentos de cambiar una sociedad manifiestamente injusta han sido aplastados sin piedad por la mano directa o colateral de las elites occidentales.

¿El resultado? Millones de personas –debilitadas por el hambre, las privaciones, la desnutrición, la enfermedad– viviendo apiñadas en infraviviendas. El país carece de la necesaria infraestructura civil, financiera y física para poder llevar una vida decente en situación de normalidad, para proporcionar una asistencia adecuada y un marco firme de reconstrucción cuando los desastres sobrevienen. Incluso un terremoto mucho más suave que el que golpeó Haití esta semana habría creado una situación desmesurada de sufrimiento innecesario en una nación que ha sido tan despiadada y deliberadamente estrangulada como ésta.

Con el huracán Katrina vimos cuán cruel e injustamente reaccionaron las elites estadounidenses ante la destrucción de una de sus propias ciudades. Políticamente bien conectados, los millonarios de Mississipi consiguieron una pronta y copiosa asistencia, mientras que muchos nativos de Nueva Orleáns aún siguen convertidos en refugiados, dispersos por todo el país tras las inundaciones. Y esto en una nación en la que las infraestructuras -aunque en veloz proceso de degradación a causa de la corrupción, la avaricia y militarismo- son aún fuertes. ¿Qué esperanza puede entonces tener Haití?

Sí, ahora se producirá una inmediata y gran afluencia de ayuda, como siempre que sucede algún desastre espectacular. Desde luego que esto es loable y yo animo a cualquiera que quiera contribuir con todo lo que pueda a esos esfuerzos. Pero a menos que haya un cambio radical en la política estadounidense, a menos que se ponga fin definitivamente a la maldición lanzada sobre Haití -no por Dios, ni por el diablo, sino por los duros corazones de las elites que perpetúan fielmente las crueles tradiciones de sus predecesores-, entonces todo este flujo de solidaridad y atención pronto dará paso de nuevo, como siempre ha pasado, al cruel desprecio, a la brutal represión y a la explotación inhumana.

El relato de esas crueles tradiciones -y la “continuidad” con las mismas que Obama ha demostrado ya- no augura precisamente tal cambio. Pero como ese hombre sabio, Edsel Floyd, dice siempre, vivimos en la esperanza y morimos en el desespero. Y esa esperanza es un valor que debemos conservar en la cartera de Haití y seguir trabajando por ella.

Al mismo tiempo, la esperanza no puede cegarnos; es preciso conocer la dura realidad para saber cómo poder cambiarla. Por eso, echemos una extensa y firme ojeada.

II.-

Pocas horas después de que se produjera el terremoto, el tele-evangelista Pat Roberson ya estaba en el aire declamando ante sus millones de televidentes que la razón de que Haití hubiera sido golpeada por ese desastre -y lleva ya doscientos años sufriendo intensamente- se debe a que los “¡haitianos hicieron un pacto con el diablo!” para ganar su libertad de sus soberanos coloniales franceses a principios de 1800.

Y mientras nos llegan tales vomitivas manifestaciones de ese seboso, políticamente bien conectado y virulentamente extremista mullah (que una vez fue adecuadamente descrito como “mimado dictador, mercader de diamantes sangrientos, anti-judío y shiller batido“, esta vez puede encontrarse una pequeña mota de verdad en la masa salpicada de vómitos de Robertson. Los haitianos llevan en efecto doscientos años malditos, y sí, la maldición se retrotrae hasta su liberación. Pero pese a Robertson, el origen de esa maldición no es metafísico. Como señalé en un artículo escrito en 2004:

    Hace exactamente doscientos años, los esclavos haitianos derrocaron a sus amos franceses, la primera revolución esclavista nacional con éxito en la historia. Lo que Espartaco soñó lograr, los esclavos haitianos lo consiguieron. Fue un logro enorme, y el Occidente blanco no se lo ha perdonado nunca.
    Para ganarse el reconocimiento internacional, el nuevo país, Haití, se vio obligado a pagar “reparaciones” a los dueños de los esclavos, una aplastante carga de deuda que todavía estaba pagando a finales del siglo XIX. Estados Unidos, que se negó a reconocer al país durante más de sesenta años, invadió Haití en 1915, fundamentalmente para abrirlo a “la propiedad extranjera de los asuntos locales”. Después de diecinueve años de ocupación, los estadounidenses respaldaron una serie de sangrientas dictaduras para proteger a esos “propietarios extranjeros”. Y eso mismo siguen haciendo.

Así es, en efecto. El artículo de 2004 detallaba el largo y último aplastamiento bipartidista contra Haiti, que culminó en un golpe orquestado por la Administración Bush, la segunda vez en la que un presidente de EEUU llamado George Bush derrocaba del poder al democráticamente elegido Presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide. Merece la pena repetir ahora ese relato:

    Aunque quiso representarse el golpe de estado de Haití como un levantamiento irreprimible del descontento popular, fue desde luego el resultado de años de duro trabajo de los dedicados corruptores de la democracia de Bush, como informa William Bowles en Information Clearinghouse. Los hombres del saco de Bush financiaron la oposición política al Presidente Jean-Bertrand Aristide enviando armas de contrabando a los señores de la guerra haitianos exiliados y estrangulando al país de forma inmisericorde, cortando la ayuda estructural y financiera largamente prometida a una de las naciones más pobres de la tierra haciendo que los precios de los alimentos se dispararan, el desempleo subiera al 70% y el desbaratado gobierno perdiera el control de la sociedad ante las bandas armadas de criminales, de fanáticos y de meros desesperados. Mientras tanto, Haití se vio obligada a pagar dos millones de dólares al mes de las deudas acumuladas por las sangrientas dictaduras (apoyadas por EEUU) que habían gobernado la isla desde que el ejército estadounidense la ocupó de 1915 a 1934.
    La ostensible razón del letal aplastamiento perpetrado por Bush fueron las disputadas elecciones celebradas en Haití en 2000. Esas votaciones, que fueron tan sólo las terceras elecciones libres de la nación en 200 años, se vieron deslucidas por informes de irregularidades, aunque no fueran ni por asomo parecidas ni tan mayúsculas como las bien documentadas barrabasadas que vieron como en EEUU se nombraba ese mismo año presidente al segundo aspirante para la Casa Blanca. No había duda de que Aristide y su partido habían recibido una abrumadora mayoría de votos legítimos; sin embargo, de los 7.500 colegios electorales examinados, los observadores electorales encontraron que parecían poco fiables los resultados en siete de los escaños al senado.
    ¿Qué fue lo que ocurrió? Que los siete senadores disputados dimitieron. Se convocaron nuevas elecciones para esos escaños, pero la oposición -dos facciones elitistas financiadas por las maquinarias subversivas favoritas de Washington, el orwelliano “National Endowment for Democracy” y el “International Republican Institute“- se negaron a participar. El gobierno fracasó porque no se pudo convocar la legislatura. Cuando entró Bush, se dedicó a apretar aún más las tuercas del bloqueo internacional sobre la isla, insistiendo en que no liberaría los 500 millones de dólares de ayuda que desesperadamente necesitaba hasta que la oposición participara en nuevas elecciones, mientras que a la vez pagaban a la oposición para que no participase.
    El objetivo final de este brutal galimatías fue machacar aún más al destituido pueblo de Haiti y destrozar la capacidad de Arístide para gobernar. Su crimen real, desde luego, no fueron los disparates de una elección estilo Florida ni la supuesta “tiranía”… No, Aristide hizo algo peor que rellenar papeletas o matar a la gente, había intentado elevar el salario mínimo a la principesca suma de dos dólares al día. Esto desató la indignación de las corporaciones estadounidenses -y de sus lacayos locales- que durante generaciones habían utilizado Haití como una charca de mano de obra barata consiguiendo beneficios por las nubes. Fue el colmo para las facciones elitistas, una de las cuales está actualmente dirigida por un ciudadano estadounidense, designado en su día por Reagan-Bush, el magnate de la industria Andy Apaid.
    Andy Apaid fue el hombre clave de la rapaz “reforma de mercado” de Reagan-Bush puesta en práctica en Haití. Desde luego, “reforma”, en la degradada jerga de los tiburones, significa someter hasta los propios medios de subsistencia y supervivencia al expolio de los intereses de las poderosas corporaciones. Por ejemplo, el plan Reagan-Bush obligó a Haití a levantar las tarifas de importación sobre el arroz, que había sido siempre un producto básico de cultivo local. Después, inundaron Haiti con el arroz estadounidense fuertemente subvencionado, destruyendo el mercado local y dejando sin trabajo a miles de campesinos autosuficientes. Con un mercado ya cautivo, las compañías estadounidenses aumentaron sus precios, extendiendo la ruina y el hambre por toda la sociedad haitiana. Los campesinos sin empleo proporcionaron nueva carne de cañón a las fábricas de Apaid y sus compinches. Reagan y Bush contribuyeron por su parte aboliendo los impuestos a las corporaciones estadounidenses que montaran fábricas de trabajo esclavista. El resultado fue una precipitada caída de los salarios y de la esperanza de vida. La primera elección de Arístide en 1990 amenazó esos cómodos acuerdos, por eso fue debidamente expulsado mediante un golpe militar, con la no tan tácita connivencia de Bush I.

Pero, como decíamos, la ronda más reciente de castigo para Haití fue mediante un asunto profundamente bipartidista:

    Bill Clinton restauró en el poder a Arístide en 1994, pero sólo tras haberle forzado a aceptar las “reformas de mercado”. En realidad, fue Clinton, el compinche de las corporaciones, quien instigó el embargo a la ayuda tras las elecciones que Bush II utilizó con efectos tan devastadores. El fallo principal de Arístide como dirigente fue su intento de cumplir las exigencias de ese chantaje bipartidista. Como en cualquier otra nación que cae bajo la égida del FMI, la ya frágil economía haitiana se vino abajo. Pero los provisores de fondos de la familia Bush, como Apaid, empujaron al país al caos total, convirtiéndolo en presa fácil de los señores de la guerra a quienes los operativos de Bush -muchos de ellos veteranos del Irán-Contra-, les suministraron armas a través de la República Dominicana, informa el Boston Globe…
    Cuando Arístide llegó a un acuerdo, auspiciado por los dirigentes del Caribe, que le hizo finalmente ceder poder ante la oposición financiada por Bush pero al menos preservar el carácter de la democracia haitiana, Apaid y sus compinches rechazaron la oferta, con las bendiciones de sus pagadores en Washington, que de repente proclamaron que no tenían influencia sobre sus recalcitrantes peones de alquiler…
    Y los pistoleros estadounidenses dijeron a Arístide que si no dimitía, le dejarían morir a manos de los rebeldes. Lo que ocurrió después fue que le metieron a empujones en un avión que esperaba y le lanzaron en medio de África. En cuestión de horas, los terroristas apoyados por Bush desfilaban abiertamente por Puerto Príncipe, ejecutando a los seguidores de Arístide.
    Imaginen, ya nadie más iba a pedir ahora dos dólares al día, ¿eh? ¡Misión cumplida!

III.-

Desde luego, todo eso sucedió en los malos viejos tiempos, antes de que Barack Obama nos introdujera en una nueva era “post-racial”. Seguramente, este hombre visionario y compasivo, él mismo descendiente de África, pondría ya fin al castigo contra Haití por haberse levantado contra sus amos blancos.

Pero no parece ser así. Como señalé aquí el año pasado, en “Cry, the Unforgiven Country“:

    Obama y su “superstar“, la secretaria de Estado Hillary Clinton están defendiendo firmemente la reciente, atroz y brutal farsa con que Washington y Occidente han obsequiado a losengreídos nativos de Haití.
    Las elecciones al Senado celebradas este mes por el gobierno impuesto a Haití tras el golpe de Estado de 2004 apoyado por EEUU… consiguieron una cifra de votantes de menos del 10% de los ciudadanos con derecho a voto: un resultado que supone una burla para cualquier noción de democracia popular y legítima. Pero eso no se debe a que los haitianos sean tan perezosos y desinteresados que ni se molestan en ir a votar. Ni tampoco a que se sientan tan satisfechos con la benevolente y paternal atención de sus amos nombrados por EEUU, que consideran que no es necesario permitir que estúpidos desarrollos electorales lleguen a incomodar su bucólica vida.
    No, la tasa del 90% de rechazo a votar fue en realidad una acción de protesta masiva, impulsada sobre todo por el hecho de que el gobierno apoyado por EEUU no iba a permitir que el partido más popular -el partido del gobierno derrocado por el golpe de Estado de 2004- presentara su lista de candidatos a las elecciones. Por las buenas o por las malas, a golpe de burocracia, los supervisores de las elecciones haitianas prohibieron que la lista de Fanmi Lavalas se volviera a presentar en febrero. Desde ese momento, las elecciones de abril se convirtieron en letra muerta, una farsa sin sentido, otra nueva broma cruel que le jugaron al pueblo de Haití.
    ¿Y cómo respondieron los inteligentes progresistas de la nueva administración estadounidense? John Caruso nos lo cuenta:

CLINTON: “EEUU quitó en 1995 una dictadura militar, limpiando el camino para la democracia. Y después de varios años de disputas políticas, normales en cualquier país que pase por una transición, Haití empezó a ver progreso. Y las elecciones nacionales y presidenciales de 2006 hicieron avanzar realmente a Haití hacia la democracia. Lo que el presidente y el primer ministro están persiguiendo es mantener un fuerte compromiso con el gobierno democrático que dará un nuevo paso adelante con las elecciones para el senado del domingo”.

Traduciendo el vulgar dialecto clintoniano: 1) las “disputas políticas” se refieren a la abrumadoramente popular presidencia de Jean Bertrand Aristide, que EEUU, y su quinta columna en Haití, “disputaron” (y socavaron continuamente); 2) Haití “empezó a ver progreso” gracias al golpe contra Aristide en 2004 apoyado por EEUU; y 3) las elecciones de 2006 que “hicieron avanzar realmente a Haití hacia la democracia” excluyeron tanto a Aristide como al candidato preferido del FL en su lugar (el padre Gerard Jean-Juste, encarcelado a partir de acusaciones inventadas por el gobierno apoyado por EEUU para impedir que se presentara), que acabaron con el ascenso de René Preval, quien realmente entendía quién era el jefe y por tanto se merecía una palmadita de Clinton en la cabeza.

  •  
      Todo eso nos lleva a las elecciones al senado de hoy, en las cuales el “fuerte compromiso haitiano/estadounidense con un gobierno democrático… dará otro paso más” mediante la calculada supresión de gran parte de los candidatos de la lista…
  •  
      Por eso, el hecho de que EEUU haya venido durante siglos impidiendo un proyecto democrático en Haití, sigue plenamente vigente. Y cualquiera que temiera que nuestro primer presidente negro pudiera ser menos receptivo a la necesidad de aplastar las aspiraciones democráticas de la primera nación negra libre en el hemisferio puede quedarse tranquilo: Obama nunca permitirá que la raza -ni cualquier otra cosa- le detenga de hacer el trabajo sucio del imperio.

Es cierto que ese trabajo sucio se pondrá de nuevo en marcha, y debemos combatirlo, llamar la atención y no permitir que Haití desaparezca de nuevo bajo la sombra imperial. Pero en estos momentos, la preocupación más urgente es el sufrimiento humano en Haití. Por eso, por favor, colabore con los esfuerzos de las organizaciones que le pongo a continuación:Partners in Health y Haiti Emergency Relief Fund, o de cualquier otra que Vd. prefiera.

N. de la T.:

Con fecha 16 de enero, el autor ha añadido la siguiente nota: Para entender mejor el contexto histórico del sufrimiento de Haití, puede leerse este magnífico artículo de Noam Chomsky: “The tragedy of Haiti“

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Haití:un genocidio prolongado en el tiempo. Haití una injusticia sempiterna.Un espejo para mirarnos

17/01/2010 by maestro Deja un comentario

Hospitales que se vinieron abajo, cárceles que se desplomaron, el edificio presidencial derrumbado y las tropas de ocupación dan la orden de alto a los millones que deambulan sin destino mirando y abriéndose paso entre cadáveres. Indescriptible. Imposible de imaginar que así en 18 segundos un terremoto, agregue una devastación sin medida a la horrenda condena de la miseria ya existente en este amado pueblo negro y rebelde. Esta demolición sin medida, sin palabras, se suma ¿casualmente? a la barbarie de una existencia infernal.

¿Cómo imaginar así de golpe en 18 segundos que toda la población de Uruguay 3 millones de seres humanos quede sin donde ir, sin agua sin casas, sin comidas y que busquen entre escombros a sus seres queridos? ¿Cómo imaginar que de golpe cien mil seres humanos mueran sin remedio? ¿Podemos imaginar que una cantidad similar a las personas que fuimos a la marcha gigantesca del 20 de octubre fuéramos de golpe tragados por la tierra?

            ¿Qué van a hacer ahora los cascos azules? Sin duda van a dispararle por la espalda a los hambrientos que deambulan sin destino porque se apropian de algo para comer… sin duda los rostros haitianos reflejan la peor pesadilla que imaginemos, sin duda el cine de terror se quedó corto. Ante la catástrofe, para estos pobres insurrectos no hay rescate. Morirán sin más bajo los escombros, morirán mientras Obama se apura a enviar más tropas, mientras el BID vota partidas rápidas de dólares…

Ya las multinacionales se frotan las manos felices evaluando lo que se van a embolsar en la “reconstrucción de Haití” donde la gente sobrevive con menos de dos dólares diarios, donde la mano de obra es la más barata del mundo.

Dice en un poema Mahmud Darwich :

vamos!

escribe

en lo más alto de la primera página

que yo no odio a los hombres

que yo no agredo a nadie

pero… que si me hambrean

como la carne del que me despoja

y ten cuidado… cuídate

de mi hambre

y mi cólera

 

¿Es esta o no una historia de genocidio?

            300.000 fueron los indígenas exterminados en Haití por los europeos en el año 1492.

            En 1697 Francia comenzó a explotarlo, introduciendo un promedio de 20 mil esclavos africanos por año. En poco tiempo el azúcar se transformó en el principal producto de exportación de la región y Haití se convirtió en la más importante posesión francesa en  América.

            En 1789 los esclavos negros en la colonia llegaban a 480 mil, los mulatos y hombres de color libres sumaban 60 mil, mientras que los blancos, dueños de la tierra y la riqueza, eran una minoría de apenas 20 mil habitantes.

            El movimiento revolucionario haitiano, liderados por el ex esclavo Toussaint L’Ouverture, llevaron adelante una guerra revolucionaria que duró 12 años (1791-1803) y que culminó con la proclamación la primera república negra del mundo.

            El viejo movimiento de los marrons o quilombolas (esclavos sublevados) se suman a la exigencia irreversible de la libertad  para todos, convirtiendo a los distintos grupos (negros esclavos, negros libertos, negros rebeldes y mulatos) en un ejército disciplinado.

El 4 de febrero de 1794 la Convención Nacional francesa reconoce a Toussaint y lo nombra General y ratificara un decreto que abolía la esclavitud en Santo Domingo. Luego del golpe de Estado del 18 brumario (1799), Napoleón Bonaparte envió una colosal expedición militar encargada de reconquistar la colonia y restablecer la esclavitud. Toussaint se pone al frente de la insurrección generalizada, pero lo apresaron y murió deportado en Francia en 1803. En esta lucha se logra la unidad de negros y mulatos y luego de una serie de campañas heroicas, obligaron a las tropas francesas a capitular. La independencia se proclamó el 28 de noviembre de 1803. Haití se convirtió así en el primer Estado independiente de América Latina y en la primera rebelión de esclavos triunfante.

            Recién en 1838, los franceses reconocieron la independencia haitiana, pero exigieron a cambio el pago de una indemnización de 90 millones de francos oro. Esta “Deuda de la Independencia”, la primer deuda externa de América Latina.

            Haití pagaría su Independencia religiosamente hasta 1883.

Más acá en el tiempo 2004, el Presidente Jean-Bertrand Aristide, antes de ser derrocado, reclamaría a Francia la devolución de esa plata siendo su propuesta rechazada por los franceses y la oposición en su país.

            Seguimos con la infamia: en 1964, Duvalier (conocido como Papá Doc) se declaró presidente vitalicio. En 1971, la Asamblea Nacional enmendó la Constitución para designar a Jean-Claude Duvalier, hijo del dictador, como su sucesor.

            A la muerte de François Duvalier, el 21 de abril de 1971, Jean-Claude Duvalier heredó la presidencia de la República. Tenía 19 años (conocido como “Baby Doc”) quien presionado internacionalmente llamó a elecciones en 1984. La abstención fue del 61% del electorado. La oposición creció y se organizó en partidos y sindicatos. La represión aumentó y en 1985 se calculaban en 40.000 los asesinatos cometidos por el régimen de Baby Doc. Fue creciendo la ola de protestas y huelgas en todo el país, Duvalier huyó en un avión de la fuerza aérea norteamericana. Luego se asiló en Francia.

                        Los compas nos cuentan que en Haití la escalada de violencia no cesa. Y que en octubre, un barco de guerra estadounidense se emplazó frente a las costas de la capital. Una multitud amenazó con enfrentarse a las tropas embarcadas. Ante esta resistencia, Clinton ordenó el regreso de los barcos a la base militar estadounidense de Guantánamo, en Cuba. Al igual que a las tropas de Napoleón el pueblo se planto fieramente ante el invasor. Y el  Consejo de Seguridad reimpuso el bloqueo naval. Los asesinatos, desapariciones no cesan. Estados Unidos decide otra intervención militarmente. Las tropas norteamericanas desembarcaron en Haití el 19 de septiembre de 1994 obligando la junta militar a dejar el poder.

            El 15 de octubre de 1994, tras el exilio de los jefes golpistas y bajo ocupación del país por una fuerza multinacional dirigida por EE.UU., Aristide regresó a Haití.

            Los ajustes estructurales son impuestos por el FMI, bajo tutela militar, política y económica de Estados Unidos dependen de fondos extranjeros. En diciembre, las Fuerzas Armadas haitianas fueron disueltas. Se planteó en su lugar conformar una nueva policía nacional.

            En 1995, un contingente de la ONU sustituyó a la fuerza multinacional para consagrar la injusticia sempiterna en el rebelde Haití.

            Los datos en 2002, nos hablan de que la mayor parte de los recursos de Haití están en manos del 15% de su población (el 1% de origen europeo poseía la mitad de los bienes del país). El 73% de los haitianos vive en la pobreza extrema, carece de saneamiento, padece escasez de agua potable y en la mayoría de los casos, no tiene acceso a la electricidad. Dos tercios de los haitianos no logran comer un plato de comida diario; el tercio restante sólo accede a una ración al día. ¿Nos imaginamos eso?  ¿Nos imaginamos solo un dólar por día para sobrevivir?

            En febrero de 2004, los levantamientos contra el gobierno se intensificaron mientras grupos paramilitares conformados por antiguos militares pasaban a territorio haitiano desde la República Dominicana. Ese mismo mes, Washington y París solicitaron la renuncia de Aristide.

            Aportando su decidido apoyo al golpe de estado, Washington aportó tropas a una fuerza multinacional compuesta en su mayoría por soldados franceses y canadienses. Esta fuerza con la excusa de proteger los intereses de esos países en Haití camufló una auténtica invasión y un franco respaldo a los golpistas. Una vez ocupado el país por los marines estadounidenses, las fuerzas norteamericanas secuestraron al presidente Aristide, lo subieron a un avión junto a algunos de sus colaboradores y lo despacharon en avión.

Una vez en suelo africano, Aristide denunció que había sido raptado.

            A un año del golpe de Estado, el gobierno interino, que contaba con el apoyo de Washington, había fracasado rotundamente. La presencia de la fuerza de cascos azules de la ONU atizaba la violencia y la seguridad era inexistente. Cadáveres en las calles, bandas armadas, integradas por soldados desbandados 10 años atrás, se movían con total libertad. En mayo de 2005 unos 10 mil haitianos habían sido asesinados y más de un millar encarcelados.

            Las tropas de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) protagonizan graves y repetidas violaciones a los derechos humanos, actuando contra los militantes de la resistencia.

            En el 2006 son las elecciones. Queda René Preval. En junio de 2006, asumió un nuevo gobierno electo con Jacques-Edouard Alexis como primer ministro.

En enero de 2007 las fuerzas de la ONU tomaron el control de Cité Soleil, con la resistencia de los barrios marginados y más pobres de Puerto Príncipe, tras semanas de combates que dejaron centenas de muertos y heridos.  Urnas llenas de miles de papeletas electorales a favor de Preval son robadas y tiradas en los basureros.

El hallazgo de las papeletas en los basureros desata la rabia de la población. Preval se convierte en Presidente. ¿Y la ONU donde estaba y dónde está hoy? ¿Salvando a los haitianos o dejándolos morir bajo los escombros? un pueblo con prontuario de rebelde no será perdonado. Esta condenado por todos los poderes. ¿A quién del poder, le interesa salvarlos del terremoto?

            Sino recordemos el 22 de diciembre de 2006, en Cité Soleil, “un barrio de bandidos”, a las tres de la madrugada: 400 soldados brasileños con sus vehículos blindados lanzan un ataque masivo contra la población. Testigos hablan de una ola de fuego indiscriminado procedente de armas pesadas que siguió por casi todo el día. El coordinador de la Cruz Roja, Pierre Alexis, cuenta que los soldados de la ONU impidieron a las ambulancias y a los médicos intervenir para socorrer a los numerosos heridos.

            Uruguay en el 2008, en la Rural del Prado,  se exhibió una tanqueta con las que se mata en Haití, con una leyenda que decía: “Mientras otros hacen la guerra nosotros hacemos la paz.” ¿de que hablan las FFAA? La verdad es muy otra  del 2 al 7 de abril de 2008: miles de haitianos (5 mil sólo en Les Cayes) manifiestan en todas las mayores ciudades debido al incontrolado aumento de los precios de los alimentos de primera necesidad, los hambrientos reaccionan con violencia y desesperación.

La gente se moría de hambre. Mientras que la policía dispersa a los manifestantes utilizando los gases lacrimógenos, los soldados de la MINUSTAH, uruguayos, disparan contra la multitud matando a 5 personas.


            Las cárceles haitianas están repletas de prisioneros, detenidos sin ninguna orden de arresto y sin jamás haber podido encontrar a un juez: algunos están recluidos desde hace años, la mayoría son el resultado de los arrestos masivos realizados por la MINUSTAH, particularmente en Cité Soleil.

¿Qué sucede hoy en medio del terremoto?

¿Qué sucede con los miles de presos? ¿Qué hacen las tropas uruguayas allí?

 
            El presidente brasileño Lula, declaró: Estamos al servicio de la voluntad de las Naciones Unidas y estamos subordinados a la voluntad del pueblo haitiano y al gobierno de Haití. Cuando nos digan basta, volveremos a Brasil con las conciencias limpias y la certidumbre de un trabajo bien hecho” El Orden dos Advogados do Brasil, concluye: que la presencia de las tropas brasileñas no es humanitaria. Es una operación estrictamente militar. Haití tiene una historia de ocupaciones militares y Brasil debe cesar de desarrollar un papel en esta historia”.

Brasil es quién comanda las MINUSTAH,
            Haití, está siendo usada como entrenamiento para acciones de represión en las zonas más pobres de las ciudades brasileñas y así será también en Uruguay.

            Se estiman más 8 mil muertos por asesinatos durante los años 2004-2005 (en 22 meses), sólo en el área de Puerto Príncipe, víctimas de la brutalidad del régimen que la MINUSTAH ha sostenido, colaborando activamente a esta masacre.


El presupuesto anual de la misión ascendía a 535 millones de dólares. 4 años costaron ya el 50% más de toda la deuda exterior del país (1 billón y 400 millones de dólares).
            Haití utiliza el 22% de su presupuesto anual para gasto público para enfrentar la absurda deuda exterior, mientras que su población perece de hambre.

Imaginémonos con hambre y sed y que se te aparezca la muerte tras  una nube de polvo que nos ciega, un agujero enorme que nos traga… algo que nunca pudimos concebir aún en las pesadillas más angustiantes. Solo así tal vez podamos ser coherentes con el legado del Ché: “Sobre todo,  sean capaces de sentir en lo más hondo, cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier sitio del mundo.”

En fin, Haití es la consagración atroz de la demencia capitalista.  

            Como duele Haití. Como duele. Este Haití devastado, es el hijo de otro Haití, el de la rebelión negra, el vencedor, el rebelde sin remedio. Al que el capitalismo prefiere enterrado porque no lo va a derrotar.     

Este pavoroso enero de 2010 trajo consigo el terremoto para seguir sepultando azabaches en Haití. La tierra derrumba los destartalados refugios de los pobres, sepulta en anchas grietas a los hambrientos… la tierra se hunde bajo los piecitos negros y sucios de los dolidos niños de panzas ahuecadas de tanto esperar el alimento que no llegará.

            Ese Haití negro, lleno de cañas de azúcar, cerdos sagrados y rituales africanos. Ese Haití del arroz y el café… el desbastado para enarbolar el Haití de hoy el de la mano de obra más barata del mundo, el hambreado, el Haití asaltado por soldados que violarán a niñas y niños, ese Haití que sangra en cualquier rincón que se mire.

            ¿Qué no sentir por ese Haití donde para sobrevivir hay niñas deambulando hambrientas que canjearán su sexo por un litro de leche… hagámosle un favor a la dignidad: ¡Retiren las tropas y vayamos enfermeros, médicos, maestros, profesores, albañiles… a tirar cualquier esfinge de Colón, cualquier anuncio de Mac Donald cualquier helicóptero o avión que bombardee a los supuestos delincuentes “organizados de a miles” esos delincuentes vestidos de harapos, que asaltan supermercados!

¿Qué implica acostumbrarnos, mirar para otro lado? ¿Qué implica no involucrarnos por el retiro de las Tropas de Haití?

Este gobierno dejo ya de ser solo cómplice. Este gobierno es parte de ese genocidio.

Este gobierno renovó el plazo de permanencia de las tropas uruguayas en Haití.

Condenar la masacre capitalista en Haití  pasa irremediablemente por saber, pensar y sentir esta inmensa injusticia de la barbarie a la que condenan al único pueblo negro y esclavo que derrocó a Napoleón.

No se merece ningún pueblo este infierno de hambre y salvajismo, menos aún el Haití del negro Toussaint, de los miles de asesinados y desaparecidos. Menos aún lo merece el Haití que hizo retroceder los barcos yanquis, menos el Haití de los que aún hoy resisten.

IRMA LEITES

13 de enero 2010. -Montevideo.  – Uruguay.

*La mayoría de los datos nos aportaron Didier Dominique, Enry y Raquel compañeros de la resistencia de Haití que anduvieron por el Río de la Plata y hoy no sabemos donde están.

postaporteñ@_______________________________________

 

ME VAN A DISCULPAR, PERO YO VOY A APROVECHAR ESTE MOMENTO QUE TODO EL MUNDO MIRA Y SE CONMUEVE CON HAITÍ….

 Es que me parece lamentable, y hasta hipócrita que tenga que pasar una catástrofe natural para que todos volvamos la mirada hacia Haití.

 Las tropas militares Uruguayas están allí desde Marzo del 2004 y pareciera que a pocos les preocupa el porque y el para que.

El 1º de junio de 2004, tropas argentinas, uruguayas, bolivianas y chilenas (entre otras) lideradas por Brasil, ingresaron en Haití como una fuerza de ocupación, mandatada por la ONU.

A pesar de los esfuerzos de los gobiernos Lula, Cristina Kirchner o Evo Morales para hacerla pasar por una “misión de paz” con “objetivos humanitarios”, en estos años, las tropas de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), demostraron que su verdadero objetivo no es más que el de sostener al débil gobierno de René Preval, a la vez que actúan con “poder de policía” persiguiendo y reprimiendo a los trabajadores y el pueblo haitiano.

Estos gobiernos que se dicen “progresistas” cumplen, con el aval de los imperialismos europeos, un estricto rol de retaguardia a pedido de EE.UU. dejando libres a las tropas norteamericanas para la ocupación en Irak y Afganistán. La paz es para las multinacionales y los intereses del imperio, no nos engañemos.

Con la excusa de combatir a las bandas criminales y “garantizar el orden”, las tropas de la MINUSTAH llevaron adelante verdaderos crímenes de guerra, perpetrando masacres brutales contra el pueblo haitiano, dejando decenas de muertos y cientos de heridos como en los reiterados asaltos a la barriada popular de Cité Solieil en la periferia de la capital.

 Las tropas brasileras, argentinas, uruguayas y bolivianas han sido acusadas por apremios ilegales, torturas y abuso sexual contra mujeres y niñas de los barrios más pobres, mientras que cumplen una función coordinada en la represión interna junto a la Policía Nacional Haitiana (PNH).

Ante los levantamientos contra la escalada inflacionaria de los alimentos en abril del 2008, la MINUSTAH actuó como verdadero brazo armado en la defensa del gobierno de René Preval, mientras los manifestantes en las calles pedían su renuncia.

De la misma manera las tropas de Lula, Kirchner, Evo, Bachelet y Tabaré persiguen y reprimen a los trabajadores que intentan organizarse contra las terribles condiciones laborales impuestas por las multinacionales en las 18 zonas francas donde existe un régimen de trabajo semi esclavo con jornadas laborales de 12 o más horas.

El 80% de los haitianos viven en condiciones de extrema pobreza. La mortalidad infantil es de 80 por cada mil nacidos. La esperanza de vida ha bajado a los 49 años. El analfabetismo supera el 70% en las zonas rurales. Agua potable o electricidad son productos de lujo y la oscuridad es una situación habitual por las calles de la isla.

La economía es una crisis permanente. El 70% del presupuesto procede de las remesas de los inmigrantes que se reparten fundamentalmente entre Estados Unidos y su vecina República Dominicana y que ofrecen al país alrededor de 700 millones de dólares.

El resto de los recursos llegan mayoritariamente de la ayuda internacional, cada año más escasa. El 98% de su bosque está desforestado. Sus tierras estériles, una buena metáfora del país, sólo ofrecen miseria. La superpoblación y su demanda de leña y madera, así como la explotación del carbón, han provocado la erosión del suelo y la tremenda escasez de agua potable. El 4% de su población, controla el 64% de su riqueza.

Esta pequeña isla puede presumir de haber sido el primer país latinoamericano en proclamar su independencia de las colonias (de Francia en este caso) y el primer país del mundo en abolir la esclavitud.

La mayoría de los países que conforman la MINUSTAH son latinoamericanos. Participa Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay entre otros. Después está el omnipresente Estados Unidos, junto con países más curiosos como Nepal, Sri Lanka y Jordania.

“Haití no vive una guerra. No hay un conflicto militar de un grupo contra otro.

 Lo que tenemos en Haití es una misión que está asegurando los negocios del capital transnacional, reprimiendo el pueblo.

La clase trabajadora del país pasó dos años luchando por el reajuste de su sueldo. El salario mínimo era de menos de 2 dólares por día. En 2007, un diputado propuso una ley para reajustar ese sueldo, pero el proyecto tardó dos años para ser evaluado en el Congreso. En mayo de 2009 la ley fue aprobada. Pero la burguesía no la aceptó. El presidente tenía entonces dos posibilidades: derribar la ley o sancionarla. Cumpliendo su papel de felpudo de la burguesía, el presidente reenvío el proyecto al Congreso para ser reevaluado.

Todo eso generó una situación de lucha entre los trabajadores.

 ¿Cuál fue el papel de la Minustah en esa situación? Reprimió todas las luchas de los trabajadores que exigían aumento del sueldo.

¿Qué sucedió después? Una misión de empresarios brasileños llega a Haití a finales de septiembre para identificar los sitios donde implantar las maquiladoras [industrias textiles que se aprovechan de la mano de obra barata].

Los Estados Unidos aprobaron una ley llamada Hope [Haitian Opportunity For EconomicEnhancement] que permite que los productos industriales fabricados en Haití lleguen a EE UU sin tributación de impuestos. Esa ley va a beneficiar a los empresarios brasileños que están invirtiendo en Haití y podrán vender sus mercancías a EE UU., sin tasas aduaneras.

 La verdadera razón de que la Minustah reprima al pueblo es mantener el salario mínimo barato para beneficiar a los empresarios brasileños.

En Brasil, el salario mínimo es de poco más de 450 reales (230 dólares).

 En Haití es mucho más bajo.” 
(declaraciones de Franck Seguy, activista haitiano de la ASID (Asociación Universitaria Dessaliniana), organización que actúa en la universidad pública del país y que, recientemente, estuvo al lado de los trabajadores en las luchas por aumento de sueldo.)

Seamos solidarios, SI, siempre, pero seamos coherentes también. Haití no necesita represión, no necesita tropas militares. 
Seguimos exigiendo el retiro inmediato de las tropas Uruguayas de Haití!!!!!

Lamento utilizar este momento, pero creo que es urgente y necesario que no solo nos movilicemos por ayuda económica o sanitaria.

“La solidaridad es la ternura de los pueblos.” (Pablo Neruda).

 

¡ Un abrazo a todo el colectivo que hace posible la posta porteña!

Ivonne Leites-

http://es-es.facebook.com/note.php?note _id=252216081358&id=1236519386&ref=nf

postaporteñ@_______________________________________

COHERENCIA O ESTUPIDEZ

Tratando de rearticular un pensamiento coherente con los tiempos que nos tocan vivir, tratando de entender la aniquilación de los derechos humanos, de las leyes laborales, el retroceso político, la criminalización de la lucha social, las guerras por venir, el cambio climático y sus consecuencias, la enorme cantidad de presos políticos que desde hace décadas se pudren olvidados en las cárceles, el aumento diario de desocupados y la indiferencia de las mayorías como si nada de esto los afectara.

Observo

Cuando me asomo entonces al ventanal grande compruebo que todo el pasado de la humanidad está aquí en este preciso instante.

Mirando en el ventanal de América latina el panorama puede presentarse muchas veces confuso.

Por un lado debemos defender el discurso emancipador que se levante en algunos de los Estados que la componen, por otro, nos encontramos con un movimiento creciente de indígenas, campesinos reclamando por sus derechos,  sus tierras, trabajadores recuperando fábricas, etc.

Al mismo tiempo, es fácil constatar un “regreso”, de las fuerzas de derecha.

Honduras, es una nueva experiencia, de imponer un gobierno de facto a través de elecciones. Pero, la memoria nos falla, ahí está Haití.

Si bien Haití se diferencia en algo, la verdad es que Estados Unidos decidió, expulsar al presidente legítimamente elegido, ocupar el país con fuerzas de “paz” de la ONU, y convertir  otra farsa electoral, y llevar al actual presidente al poder. Presidente aprobado por la tutela sionista-yanki-europea.

En el Cono Sur, gobiernan las falsas  izquierdas, o los llamados populares-progresistas, los PP-Conosur, (populares-progresistas).

Estos nuevos elementos, se fueron gestando a mi parecer, en los mismos tiempos de dictaduras, cuando ya no hacían falta al imperio-sionista-sajón.

Hoy debiéramos prestar más atención a los hechos, que a los discursos o aquellos que ocupan la silla gubernamental.

 

La caída del Muro de Berlín les ha dado la oportunidad de un nuevo discurso, una nueva bandera a agitar,  la imposibilidad del socialismo, el fin de la historia del proyecto socialista, y el “son otros tiempos, el mundo a cambiado”.

En este cambiante mundo, encontramos los pobladores de dos Estados: Uruguay, Argentina.

A cada lado del Plata, un gobierno “popular y progresista”.

¿Qué ha cambiado?

En Uruguay, una gran mayoría ven en Mujica  la figura que el país necesita, “el salvador de la izquierda”, poco a poco irán bajándose de las ramas del árbol del progreso para no hacerse daño al caer.

Por el país a caminado la teoría de “el peligro de la derecha al poder”, y para algunos esto ha hecho posible que el Frente Amplio ganase las elecciones con Mujica  como presidente.

El miedo cataliza la mentira y hace que las mentiras entren en la mente y sean aceptadas como algo irremediable, eso que llama Mujica “es lo que hay”.

Es así que se extiende el inconformismo, el desánimo y se viva de una ilusión.

Jesús dijo: “por sus actos los conoceréis”, y no se necesita ser creyente ni cristiano, sabemos que lo correcto emana de un pensamiento correcto, por lo tanto tiene que haber en principio una intención correcta.

Sin ir más lejos que un par de días atrás, la reunión Mujica-Fernández en Buenos Aires al referirse al “conflicto” entre ambos países por Botnia.

¿A que conclusión llegaron, los progresistas “elegidos democráticamente por

el populismo de masas?

“No hay solución sobre Botnia”, tienen “voluntad”.

¿Voluntad de qué? ¿De seguir engañando?

Botnia no se va, todos lo sabemos.

Las tierras donde la fábrica está situada ya no son territorio uruguayo, dejaron de ser patrimonio de Uruguay, bien pueden levantar la bandera azul y blanca, de Finlandia, que fácilmente por sus colores pueden confundirse con la argentina  y la uruguaya.

Nunca existió tal conflicto, es un acuerdo que viene  de lejos, del 2000 en Brasilia, de los planes de Integración implantados por el BID y compañía.

En Uruguay, Botnia, en Argentina, las plantaciones de soja, entre muchísimas otras.

En los tiempos que vivimos y los que se avecinan exigen un replanteamiento a todo nivel para salir adelante como sociedad en conjunto y continuar discutiendo los presidenciales es estúpido.

Hasta el momento no se ha hecho nada en ambas orillas del Plata, el Río Uruguay para que podamos sentirnos orgullosos de nuestra sociedad, de nuestro cuidado por la naturaleza, ni hemos resuelto la soberanía alimentaria,(entre otros).

Y todos somos responsables, no solo los gobernantes.

¿Tendremos la valentía? ¿La garra charrúa?

Lidia Camacho/Pelusa Radical

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Publicado en: América Central Etiquetado como: América Central, Haití: un genocidio prolongado en el tiempo.Haití una injusticia sempiterna. Haití un espejo para mirarnos

La crisis en Haití ofrece oportunidades de intervención a EEUU

17/01/2010 by maestro Deja un comentario

Traducido para Rebelión por Michael Friedman

Intervención de Naoimi Klein el jueves pasado, 14 de enero, en el programa de Amy Goodman Democracy Now!, sobre los sucesos de Haití y sobre quienes ya se están lucrando con la tragedia.

Como escribí en “The Shock Doctrina” (“La doctrina del choque”), se aprovechan las crisis como pretexto para imponer las políticas que no se pueden llevar a cabo en condiciones de estabilidad. Durante los períodos de crisis extremas, los pueblos están desesperados por recibir ayuda humanitaria de cualquier índole, cualquier forma de financiamiento, y no se encuentran en una posición favorable para negociar los términos de esa ayuda.

Y quiero hacer una digresión momentánea para leerles un documento extraordinario, que acabo de publicar en mi Website. El titular dice “Haití: detenerles antes que impongan el ‘choque’ otra vez”. La información fue presentada hace unas pocas horas en la Web de la Heritage Foundation (una fundación o “think-tank” de la élite de la clase dominante estadounidense que formula las políticas e ideologías implementadas por los gobiernos de turno).

“En medio del sufrimiento, la crisis en Haití ofrece oportunidades a EEUU. Además de proporcionar ayuda humanitaria inmediata, la respuesta de EEUU ante el trágico terremoto ofrece la oportunidad para reestructurar el gobierno y ela conomía de Haití, disfuncionales desde hace tiempo, además de mejorar el imagen de EEUU en esa región”. Y el documento sigue.

No sé si las cosas están mejorando, pués la Heritage Foundation respondió a los 13 días del huracán Katrina con 32 propuestas neoliberales para ayudar a los damnificados de aquel desastre. Publicamos ese documento, también, en nuestra Web. Sus propuestas para las víctimas de Nueva Orléans resultaban en el cierre de de las viviendas públicas, convertir la costa del Golfo de México en una zona franca y eliminar las leyes que obligaron a que los empresarios pagaran un salario mínimo a sus empleados. Entonces tardaron trece días en formular esa recomendación en el caso de Katina, pero no esperaron ni 24 horas en el caso de Haití.

Digo que ‘no sé si están mejorando las cosas’ porque quitaron ese documento de su sitio hace dos horas. Entonces, a lo mejor alguien les informó de que no estaba bien. Y pusieron un documento mucho mas sensible. Afortunadamente, los corresponsales de Democracy Now! lograron descubrir el documento anterior en un caché de Google. Pero lo que vieron en el sitio es la parte mas suave, de “Lo que hay que tener en cuenta mientras ayudamos a Haití”. Enterrado abajo, se encuentra el planteamiento de que “ya van muy atrasadas las reformas necesarias para la democracía y economía haitianas”.

Para nosotros, es preciso garantizar que que la ayuda que llega a Haití asuma la forma de subvenciones y no de préstamos. Ésta es crítica. Se trata de un pueblo ya agobiado por la deuda externa. Este desastre, como djo Amy, por un lado es natural, un terremoto, pero por otro lado es una creación y está empeorado por el empobrecimiento de los haitianos en la profundización de lo cual son cómplices nuestros gobiernos. Los desastres naturales son peores en los países como Haití, por ejemplo, debido a la erosión del suelo, que se produce cuando cuando la pobreza obliga a que los sectores marginados construyan sus viviendas en condiciones precarias. Como resultado, las casas se derriban facilmente. Todos estos fenómenos estan entretejidos. Pero no podemos permitir en ningún momento que esta tragedia -en parte natural y en parte artificial- se utilice para endeudar más a Haití ni para impulsar políticas que favorecen nuestras corporaciones. Y esta no es una teoría de conspiraciones. Lo han hecho en una ocasión tras otra.

Publicado en: América Central, Varios Etiquetado como: América Central, desenencuentro, La crisis en Haití ofrece oportunidades de intervención a EEUU

Lo que los grandes medios no te contarán: Parte del sufrimiento de Haití es “Made in USA”

17/01/2010 by maestro Deja un comentario

Traducido para Rebelión por José Luis Vivas

 

¿Cómo? Solamente en el último decenio los Estados Unidos han recortado la asistencia humanitaria a Haití, bloqueado préstamos internacionales, forzado su gobierno a contraerse, arruinado decenas de miles de pequeños agricultores y reemplazado el gobierno por ONG privadas.

¿El resultado? Pequeños agricultores han sido forzados por el hambre a abandonar los campos y emigrar a las ciudades, en cuyos montes se han construido refugios baratos. Los fondos internacionales para carreteras, educación y sanidad han sido obstruidos por los Estados Unidos. Y el dinero que al final entra en el país acaba en las manos no del gobierno, sino de corporaciones privadas. De esa forma, el gobierno de Haití carece prácticamente de cualquier capacidad para ofrecer asistencia a su propio pueblo en tiempos normales -y mucho menos para encarar un verdadero desastre como el actual.

Algunos pormenores referentes a los últimos años.

En 2004 los Estados Unidos ampararon un golpe contra el presidente democráticamente elegido de Haití, Jean Bertrand Aristide, que se insiere dentro de una larga tradición en la que los Estados Unidos son los que deciden quién van a gobernar el país más pobre del hemisferio. Ningún gobierno en Haití puede subsistir sin el consentimiento de los Estados Unidos.

En 2001, cuando los Estados Unidos estaban enfurecidos con el presidente de Haití, lideraron exitosamente un esfuerzo para congelar 148 millones de dólares para ayudas ya aprobadas, además de varios cientos de millones en préstamos potenciales del Banco Interamericano de Desarrollo para Haití. Fondos que tenían como objetivo mejorar la educación, la sanidad pública y las carreteras.

Durante la mayor parte del período 2001-2004 los Estados Unidos hicieron hincapié en que todos los fondos internacionales enviados a Haití tendrían que pasar por las manos de organizaciones no gubernamentales. Fondos deberían utilizarse para ofrecer servicios gubernamentales fueron entonces desviados, cercenando de esa forma la capacidad del gobierno de proporcionar ayuda.

Durante años los Estados Unidos han contribuido a la ruina de pequeños agricultores haitianos a través del dumping en el mercado haitiano de arroz estadounidense fuertemente subsidiado, tornando extremadamente difícil la supervivencia de esos agricultores. Eso se hizo para ayudar a los agricultores de EEUU. ¿Y los agricultores haitianos? Esos no votan en las elecciones estadounidenses.

Los que visitan Haití pueden comprobar que vehículos de turismo grandes suelen ostentar calcomanías de las ONG. Las mayores oficinas pertenecen a grupos privados que realizan tareas básicas de gobierno -sanidad, educación, respuesta a desastres-. Y todos están vigilados no por la policía, sino por agentes de seguridad fuertemente militarizados.

El gobierno ha sido sistemáticamente desprovisto de fondos. El sector público se ha desvanecido. La población desfavorecida se ha marchado a las ciudades.

No existen unidades de rescate. Hay poca disponibilidad de sanidad pública.

Entonces, cuando la catástrofe irrumpió, la población de Haití estaba sola. Podemos verlos arrimando el hombro. Podemos observar cómo lo intentan. Son valientes, generosos e innovadores, peros los voluntarios no pueden sustituir al gobierno. En consecuencia la gente sufre y muere en cantidades superiores a las inevitables.

Los resultados están a la vista de todos. Trágicamente, una gran parte del sufrimiento causado por el terremoto es “Made in USA”.

Fuente: http://www.huffingtonpost.com/bill-quigley/what-the- mainstream-media_b_424126.html

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Los pecados de Haití

16/01/2010 by maestro Deja un comentario

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole: Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema: Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Wilfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado…. de artistas.

En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934.. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.

En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl Von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

Fuente: Brecha 556, Montevideo, 26 de julio de 1996
www.desdesantiago.wordpress.com/2010/01/14/los-pecados-de-haiti-de-eduardo-galeano

 

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El entierro de Haití

14/01/2010 by maestro Deja un comentario

Definitivamente a Haití le han caído a las siete plagas de Egipto además de dictaduras, invasiones militares, golpes de estado, matanzas, huracanes, incendios, hambre, enfermedades y ahora para rematar un devastador terremoto de 7.0 grados en la escala de Richter.

Esta es una prueba irrefutable de que Dios no existe. Ese Dios que los cristianos afirman es clemente y misericordioso ¿cómo puede torturar de una manera tan atroz a sus hijos más desvalidos? Lamentablemente la razón humana no tiene respuestas para semejante drama.

Una vez más volvemos a contemplar escenas desgarradoras de sufrimiento y dolor. Se habla de cientos, de miles de muertos, de criaturas sepultadas bajo los escombros que imploran auxilio desde el fondo de la tierra, los supervivientes lloran desconsolados, vagan cual espectros por las calles lanzando gritos de angustia y de espanto, voces desgarradas que reclaman a sus familiares o amigos. La Cruz Roja y los bomberos han comenzado la penosa tarea de evacuar a los heridos y darle sepultura a los muertos antes de que se desaten las epidemias. Más que cajas de leche se van a necesitar ataúdes al por mayor, Y lo más tétrico: que en el cielo los gallinazos revoletean ansiosos preparándose para el gran festín.

Nosotros mientras tanto a miles de kilómetros de distancia asistimos en directo a través de la televisión a este espectáculo tan espeluznante. Con todo lujo de detalles los periodistas se explayan en sus crónicas fúnebres. Porque al fin y al cabo lo más importante para los mass media es explotar el morbo y elevar el rating de audiencia. Sentados en el comedor mientras devoramos nuestro almuerzo contemplamos incrédulos esa procesión de cuerpos machacados cubiertos de polvo que más bien parecen muñecos de trapo de un macabro guiñol. Entonces, nos echamos las manos a la cabeza y conmovidos exclamamos: ¡qué tragedia más espantosa! Nos ponemos cardíacos, tal vez se nos atragante la pechuga de pollo en el gaznate, pero a los pocos segundos le echamos un trago a la botella de cerveza y listo. Ya estamos curados de espanto. Nos hemos vueltos insensibles con tanto reality shows. Pero ¿qué más podemos hacer? Sólo nos queda resignarnos y el domingo echar una limosnit
 a en la iglesia para ayudar a las  víctimas y de paso lavar nuestra conciencia. La vida es cruel, el mundo es cruel y siempre pierden los más débiles y necesitados.

Y claro una tragedia de tal magnitud se convierte en un filón inagotable para las Ongs y los organismos de ayuda humanitaria. La Unión y Europea y Estados Unidos, Canada, Japón, o sea, los países del primer mundo se aprestan a destinar cifras millonarias la reconstrucción del país. Y por supuesto los otros buitres también se encuentran al acecho. Así es de perverso nuestro sistema. Porque mientras que unos sufren, otros sacan grandes dividendos de su desgracia.

¡Luz, cámara, acción !y los periodiostas más avezados meten el dedo hasta el fondo de la yaga. Primero que salgan los niños huérfanos, luego las viudas y por último que se filme una panorámica de la fosa común en la que ha sido enterrada Haití. Esta si es una exclusiva del carajo. Al que le ha tocado la lotería es a blackberry Obama pues ahora va a poder justificar ante el mundo porque le han dado el premio Nobel de la Paz. Es la ocasión perfecta para acallar las críticas que ha recibido últimamente al autorizar el envio de más tropas de ocupación a Afganistán. El presidente de EEUU es un ángel bendito que viene al rescate de sus hermanos de sangre. Según sus palabras cuentan con todo su apoyo y solidaridad. Lo más seguro es que hasta viaje a bordo del Air Force One a Puerto Príncipe para sacarse la foto repartiendo hamburguesas y coca colas entre los damnificados.

Se repite hasta la extenuación que Haití es uno de los países más pobres del mundo. Pero más que pobre sería mejor decir empobrecido. Empobrecido por siglos de expolio y la explotación por parte de las potencias imperiales. La historia no miente y es muy aleccionadora al respecto. La mayoría de sus habitantes son descendientes de esclavos africanos que hoy en dia continúan encadenados a su suerte: el poder adquisitivo es casi nulo, el 80 % de la población carece de trabajo, sólo un 5% de los habitantes goza de los sevicios de luz, agua y saneamiento básico, la seguridad social es inexistente y los que enferman no les queda otra que confiar en la macumba y el vudú a ver si algún santero les salva la vida, el índice de analfabetismo es escandaloso, la economía está en quiebra y la supervivencia del pueblo depende totalmente de la ayuda humanitaria aportada por Europa, Estados Unidos, Canadá o Brasil y las remesas en dólares enviadas por los emigrantes. Como s
 i fuera poco la producción agrícola es una ruina pues los suelos han quedado estériles a consecuencia de las sequías y tempestades. Para completar este cuadro tan dantesco por culpa de la tala indiscriminada y los incendios sus bosques y selvas han desaparecido por completo. Haití en un futuro no muy lejano se transformará en un desierto donde sólo se criarán serpientes y alacranes.Y pensar que cuando Colon exploró estas tierras llegó a afirmar que había encontrado el paraíso terrenal.

Haití es un estado inexistente, es un estado fantasma tutelado por la misión de estabilización de las Naciones Unidas y los Cascos Azules de la Minustah. Según las resoluciones del Consejo de Seguridad se tuvieron que tomar estas medidas dado que su inestabilidad política constituía una amenaza para la paz en la región. La historia del país se puede resumir en las conjuras y golpes de estado donde una élite organizada en mafias y clanes tribales a mordiscos se disputan el poder. La mayoría son mulatos que oprimen a los negros más negros. Con todo el descaro el dinero público y los presupuestos del estado por arte de magia pasa directamente a engrosar las cuentas en Suiza de los padres de la patria. Si no recordemos lo que aconteció en el gobierno de Duvallier o «papá doc» y de su querido hijito «baby doc», un par de dictadorzuelos con delirios de grandeza que quisieron instaurar una monarquía y cuya línea de gobierno se basaba en la la tortura, la corrupci
 ón, las extorsiones y el chantaje. Inclusive organizaron los famosos Tonton Macoute o escuadrones de la muerte que practicaban el canibalismo y sembraron el terror en la isla durante treinta y cinco años. Todo, por supuesto, bajo la complaciente mirada de los países occidentales.

Sin lugar a dudas Haití ha recibido el tiro de gracia. Es triste reconocerlo pero de este golpe va ser muy difícil que pueda levantarse. Los infaustos sucesos nos llenan de impotencia e incredulidad. La madre naturaleza se ha ensañado con sus habitantes de la forma más cruel y despiadada. Para encontrar el alivio ya no valen ni oraciones, ni golpecitos en el pecho. Muchos pediran resignación cristiana y que después de la tempestad viene la calma. Pero no son más que condolencias para aliviar el duelo. Parece mentira pero nos ha tocado asistir al entierro de todo un país, igual que Sodoma y Gomorra fueron destruídas por una lluvia de fuego, el pueblo haitiano ha sido enterrado vivo por un devastador cataclismo.

Publicado en: América Central Etiquetado como: América Central, El entierro de HaitíEl entierro de Haití

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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

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