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Haití

Haití, su historia oculta y la mafia mediática

26/11/2010 by maestro Deja un comentario

Ahora es por la epidemia de cólera, debida, dicen, a las precarias condiciones de higiene y al hacinamiento de la población desplazada después del sismo. ¿Y antes? ¿Se debe a un desastre “natural” que no quede apenas un edificio ileso y mueran en minutos un cuarto de millón de personas? ¿Es natural que no existan hábitos de higiene ni agua potable, causa principal de la aparición y rápida propagación del cólera?

Los “medios”, los libros y manuales de historia “políticamente correctos” y el sentido común dominante siempre ocultan las causas sociales de de la pobreza. En el caso de Haití esconden su gran revolución social, pionera de la independencia latinoamericana y primera verdaderamente popular triunfante del mundo colonial, donde los esclavos negros arrollaron a sus amos europeos y molieron a sus ejércitos, incluyendo el enviado por Napoleón(1804). Fue una estrategia común de las viejas potencias coloniales y la nueva república esclavista de América del norte hacer a los negros pagar muy cara su osadía y por mucho tiempo. No en balde el patricio Thomas Jefferson advertía que de Haití provenía el mal ejemplo y que había que “confinar la peste en esa isla”. Se lo han cumplido con creces, lo que sobresale mucho más este año con el discurso servil y entreguista de la derecha sobre el bicentenario de la independencia latinoamericana, que ha tratado de entregarnos una caricatura de nuestros próceres y hecho caso omiso de la revolución haitiana como la primigenia y fundadora, que tendió su mano generosa a Bolívar para que pudiera reiniciar la contienda en el continente.

Haití fue aislado, como un siglo y medio más tarde intentarían hacer con Cuba, y luego empobrecido con saña y exprimido, primero por Francia y más tarde por Estados Unidos, que, aunque enfrentó una tenaz resistencia armada, lo ocupó entre 1915 y 1934, para dejar allí instalada una hacienda particular con su guardia pretoriana, el mismo modelo aplicado en otras tierras del Caribe. La tiranía instaurada a partir de entonces tuvo su apogeo con la dinastía duvalierista y tras una nueva intervención yanqui se implantó el libre comercio, que acabó con la tradicional agricultura campesina de subsistencia y expulsó al mar, la muerte o el exilio económico a cientos de miles. De producir casi todo el arroz que consumía pasó a comprarlo en Estados Unidos.

Lo que hace que un terremoto mate 1000 veces más personas allí que en Japón o en Italia y que reaparezca en el siglo XXI una enfermedad perfectamente evitable y curable como el cólera es el saqueo colonial e imperialista, la dependencia y la consecuente degradación económica y ambiental. ¿Y alguien ha leído u oído en algún medio dominante sobre la batalla que libra en Haití contra esa epidemia la Brigada Médica Cubana? He perdido la cuenta de las decenas de notas informativas y entrevistas a representantes de no sé cuantas organizaciones humanitarias, dentro y fuera de Haití, y la colaboración cubana no forman parte del relato. Este silencio, como el existente sobre la historia de Haití, es absolutamente deliberado. No es posible que ni un reportero de la prensa corporativa se haya dado cuenta de la actividad incansable de casi 900 integrantes de la brigada cubana dispersos a lo largo del país en labor profiláctica o dislocados, desde que estalló la epidemia e independientemente de su especialidad, en todos los centros de atención a pacientes de cólera en ese país. No es posible, además, porque a solicitud del gobierno haitiano en sus hombros descansa la reconstrucción y fortalecimiento del sistema de salud, labor que realizan en estrecha cooperación con las autoridades y la sociedad civil. Una prueba incontrovertible de lo que afirmo es el silencio sobre las declaraciones de Niguel Fisher, alto funcionario de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití(Minustah), en las que afirmaba en teleconferencia ante los corresponsales acreditados en la sede neoyorkina del organismo internacional que la Brigada Médica Cubana tiene a su cargo la “mayoría” de los centros de atención contra el cólera en Haití. Veinticuatro horas después los pulpos mediáticos no se han enterado.

http://www.jornada.unam.mx/2010/11/25/index.php?section=opinion&article=028a1mun

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Haití, su historia oculta y la mafia mediática

Haití, Bolívar y la solidaridad latinoamericana

11/02/2010 by maestro Deja un comentario

Sin embargo, las interpretaciones ideológicas o políticas transcurren por andariveles distintos a los de la investigación puntual.

Afortunadamente, los libros de historia de Eduardo Galeano se leen y se venden bien. Sus lectores, incontables, agradecen su modo de decir más con menos, estilo que sólo se consigue escogiendo las palabras con cuidado, dándoles animación, aire, color y sonido para que las causas de la dignidad tengan sentido.

La obra de Galeano mucho le debe al afán didáctico de Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar que justamente, por su espíritu alegre, juguetón y libertario, decía cosas que a más de uno dejaban turulato.

Veamos: ¿cuán cierta es la afirmación de Galeano al decir que Bolívar “[…] dio la espalda al país que lo había salvado”? (Los pecados de Haití, publicado el 26/07/96 en Brecha, de Montevideo, y vuelto a circular en días pasados a raíz del terremoto que asoló a la isla antillana).

Textual: “El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos […]. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra”. Y así deja en cuestión la causa nodal del Libertador: la abolición de la esclavitud en América.

Llovido sobre mojado: ¿y los cumplidos de Bolívar a los dirigentes de la revolución haitiana? Carta al presidente Alexander Petion: Haití ya no permanecerá aislado entre sus hermanos. Los principios de Haití influirán en todos los principios del Nuevo Mundo (4 de septiembre de 1816). Carta al presidente Jean-Pierre Boyer: Deseo ardientemente que Venezuela sea libre, con el fin de poder establecer relaciones más frecuentes con los valientes haitianos y poder manifestarles los sentimientos fraternales de los venezolanos hacia ellos y los míos en particular (14 de agosto de 1818).

La Gran Colombia se fundó en 1819, tras las deliberaciones del Congreso de Angostura. Bolívar y Francisco Paula de Santander quedaron como presidente y vice. Bolívar propuso una política antiesclavista radical. Santander pensaba que la liberación de los esclavos destruiría la economía, dando lugar (¡como en Haití!) a una revuelta social incontrolable.

Bolivarianos y santanderistas. Bolívar responde a Santander: “Nuestro partido está tomado […]. Debemos triunfar por el camino de la revolución, y no por otro”. El jefe marcha hacia el sur para seguir liberando pueblos, y Santander queda a cargo de las actividades legalistas. Washington y Londres se frotan las manos.

¿Quién era Santander? En Memorias del fuego, el propio Galeano lo define como el monarca sin corona que quisiera asesinar a Bolívar, en algún baile de máscaras o asalto a traición (Ed. Siglo XXI, tomo II, p. 165). Entonces, si tal es la caracterización… ¿por qué el autor de Las venas abiertas… le endosa al Libertador la responsabilidad final en política exterior de la Gran Colombia?

En julio de 1824, mientras el Libertador expande la revolución en el continente, un enviado del presidente Boyer, Jean Desvivieres Chanlatelle, se presentó en Bogotá con el fin de forjar una alianza militar y comercial entre ambos países. El canciller Pedro Gual le dio vueltas al asunto, y terminó por declinar la propuesta.

Sorteando traiciones y emboscadas en Bolivia y Perú, toda la correspondencia del Libertador con Santander exuda impotencia y decepción: Por mi parte, soy incapaz de negarme a tratar con el gobierno de Haití porque le debo demasiado. Empezaba a quedar claro que si los legalistas no lo querían, mucho menos estimaban a los solidarios amigos del jefe: los negros revolucionarios de Haití.

En vísperas del Congreso Anfictiónico de Panamá (que no fue organizado directamente por Bolívar) las tensiones entre Haití y los santanderistas tomaron ribetes odiosos. Contra la voluntad del presidente, el canciller Gual invitó a Estados Unidos a presentar delegados al magno congreso, y de paso libró instrucciones a sus delegados para que evitaran reconocer la independencia de Haití.

El congreso se llevó acabo a finales de junio de 1826. Los únicos países que participaron fueron Colombia, Perú, México y Centroamérica. Y a pesar de que España y Francia habían reconocido a Haití, los santanderistas maniobraron para que los delegados ignoraran su existencia.

Como bien apunta Juan Francisco Martínez Pería, joven historiador argentino, el motivo del rechazo no era otro que el racismo de la elite colombiana. Sólo Guatemala propuso que Haití participara, pero recibió la fuerte negativa de Estados Unidos, Colombia y Perú.

Publicado en: América Central Etiquetado como: Bolívar y la solidaridad latinoamericana, Haití

Haití, los militares y las víctimas. Preguntas a un Nobel de la Paz

28/01/2010 by maestro Deja un comentario

La catástrofe natural es evidente: un fuerte terremoto con varias réplicas sacudió este pequeño país y causó decenas de miles de víctimas. Pero… ¿está seguro míster Obama de que las miles de víctimas se deben únicamente al terremoto? A este drama muchos medios de comunicación occidentales lo presentan sólo con alguna discreta mención en el sentido que estas víctimas se deben también a otros motivos ajenos al fenómeno natural. Todo lo cual obliga a reflexionar y a recordar.

Y a preguntar.

Cuando una catástrofe azota una población indefensa, sin preparación y sin recursos, entonces, la catástrofe se convierte en tragedia. Por lo que cabe esta pregunta:

¿qué preparación y recursos tiene la población de Haití para enfrentar una catástrofe natural?

Prácticamente ninguna míster Obama.

La población de Haití es víctima pobre, indefensa y desamparada. Qué extraña situación para un pueblo que durante más de dos siglos ha sido invadida y ocupada por grandes potencias, particularmente Francia y su gran país, míster Obama. Durante más de dos siglos, ¿cuales han sido sus programas de educación, de salud y de infraestructura en esta pequeña isla? ¿Sólo se podían desarrollar programas para arrasar con sus recursos naturales, como la madera y el azúcar, dejando un país en estado de miseria?

Míster Obama, hoy sólo se ve el resultado en esas decenas de miles de muertos y desamparados.

Su país, míster Obama, desde hace varias décadas sataniza a Fidel Castro. Cada uno puede pensar lo que quiera de Fidel Castro y del “régimen castrista”, lo que en realidad incumbe a los cubanos de Cuba más que a los cubanos de Miami o a los políticos de Washington. (Y dicho entre paréntesis, nada más que por precisar: hablando de justicia no hay ninguna duda que la cárcel cubana donde más se violan los derechos humanos y donde más se tortura es la de Guantánamo, donde no flamea precisamente la bandera cubana).

Míster Obama, si usted analiza los daños causados en las últimas décadas por otras catástrofes naturales, como los huracanes, descubrirá que muchas veces azotan las islas del Caribe antes de llegar incluso a México o La Florida. También descubrirá que en Cuba no hay prácticamente víctimas pero que en Haití cada huracán las toma numerosas.

¿Por qué será, míster Obama? Pues simplemente porque la población de Haití está indefensa y desprotegida mientras que Cuba cuenta con logística de evacuación, programas de ayuda y una población correctamente preparada. Así que, míster Obama, le guste o no, es evidente que para defensa de una población frente a situaciones de catástrofes naturales, Fidel Castro obtiene mejores resultados que las grandes potencias que ocuparon Haití.

Pero míster Obama, el pueblo de Haití vive hoy además una segunda tragedia. La de una pequeña nación violada en lo más profundo de su identidad: la invasión y la ocupación de su territorio.

¿Sera usted, míster Obama, el primer Premio Nobel de la Paz que aprovecha una catástrofe natural y la terrible tragedia subsiguiente para invadir y proceder a la ocupación de un país? Porque si no es así tal vez quiera ilustrarnos:

¿qué hace un Premio Nobel de la Paz enviando 20.000 soldados a instalarse en Haití?

Es cierto, coincidimos en que se debe controlar a una población hambrienta: el hambre la volverá siempre peligrosa. Pero esta tarea es de especialistas entrenados y equipados para mantener el orden público. No es tarea de comandos y paracaidistas equipados con armas de guerra, como son los de su 82 División Aerotransportada.

¿Un Premio Nobel de la Paz habrá evaluado cuántas vidas de haitianos se pueden salvar con la logística brindada a 20.000 soldados que gozan de excelente salud y se alimentan tres veces por día? ¿No sentirán vergüenza sus “marines” cuando se alimentan copiosamente frente a seres humanos que mueren de hambre y de sed?

¿Quién le dio autorización a un Premio Nobel de la Paz para:

– ocupar militarmente cuatro aeropuertos de Haití…

– impedir sin explicación alguna a seis aviones de Médicos Sin Fronteras aterrizar para desembarcar hospitales de campaña…

– ordenar sin más explicaciones que los corresponsales extranjeros evacúen la zona “antes de dos horas” impidiéndoles cumplir su labor reporteril?

No, míster Obama, no son muy convincentes las explicaciones que da su general del Comando Sur en rueda de prensa frente a una sala ocupada sólo por siete periodistas.

¿Será, míster Obama, que no le conviene que los corresponsales extranjeros sean testigos de las operaciones de sus tropas en Haití?

¿Qué quiere ocultarle al mundo, míster Obama, de lo que pasa o pasará en Haití?

¿Qué pretende un Premio Nobel de la Paz enviando buques de guerra a rodear una isla víctima de una catástrofe y obligando a otros Estados a desembarcar la ayuda humanitaria en Santo Domingo, frenando así la llegada de víveres y medicinas a los damnificados?

Míster Premio Nobel de la Paz: en estos momentos Haití necesita socorristas, médicos, medicinas, alimentos, agua y albergues para una población desamparada -y usted seguro que lo sabe. Míster Obama, Haití no necesita de sus “marines”, ni de sus sofisticadas armas de guerra- y usted no lo puede ignorar.

¿Y que pensará un Premio Nobel de la Paz frente al comportamiento de los medios de comunicación de su país? ¿Qué pensará de la cadena CNN, que el primer día de la tragedia informó de las ayudas recibidas por Haití obviando descaradamente que la primera ayuda la prestó un transporte de Venezuela y que la segunda -media hora después- llegó de Cuba?

Claro que a míster Obama no le debe gustar que los rusos enviaran dos potentes transportes para establecer un puente aéreo humanitario entre Venezuela y Haití. Pero, Míster Obama, ¿por qué no analiza la razón de esta ayuda de Rusia a Venezuela?

Es muy simple, míster Obama. De la flota de Hércules 130 vendida a Venezuela por su nación, actualmente sólo tres están operativos porque su país, míster Obama, no envía a Venezuela los repuestos que necesitan esos aviones de transporte… Y si quiere saber algo más, le informo de que en Venezuela se tuvo hasta que ordenar a pilotos militares no volar mas sobre algunos aparatos porque EEUU ni siquiera enviaba los repuestos para sus sillas de eyección.

¿Entonces, míster Obama, no le parece lógico que aparezcan aeronaves rusas o chinas en los cielos de Venezuela? Incluyendo aviones de transporte y helicópteros para misiones humanitarias. Esto no debe ser de difícil entendimiento para un Premio Nobel de la Paz.

¿Y que pensará un Premio Nobel de la Paz acerca de un compatriota suyo, un “reverendo” que ni siquiera merece individualizarse, que se permite en un programa de televisión desarrollar la teoría de que el pueblo de Haití es un pueblo maldito castigado por Dios por haber osado hace más de dos siglos reivindicar su libertad ejecutando a los generales franceses de Napoleón para ganar esta libertad?

Ese “reverendo” -¿lo conoce usted, míster Obama?-, da a entender que es natural que miles de haitianos mueran hoy como un castigo de Dios porque sus ancestros llegaron a ser la primera república negra libre.

Míster Premio Nobel de la Paz, locos extremistas los hay en todas partes y no es grave aunque a veces sea doloroso, porque en rigor se necesita de todo para hacer un mundo. Lo grave, míster Obama, es que su “reverendo” enloquecido tenga libertad de expresión, apoyo de difusión y una gran audiencia en su país.

(Ya el mismo personaje, ¿lo recuerda?, instigó hace tiempo que la solución para “salir” del presidente Chávez era asesinarlo).

¿Le gusta a un Premio Nobel de la Paz la idea de asesinar el Presidente de otra nación sólo porque no conviene a los intereses de Washington? ¿A un Premio Nobel de la Paz le parecerá que es libertad de prensa la instigación al asesinato y la justificación de miles de víctimas como castigo de algún dios peculiar porque pertenecen a un país que pretende ser libre?

¿Un Premio Nobel de la Paz autoriza que en plena tragedia centenas de niños haitianos sean evacuados para ser adoptados en EEUU además de otras naciones sin la tarea previa de tratar de ubicar sus familiares?

La UNICEF no parece dar su respaldo a este programa, míster Obama.

Para los latinoamericanos es bien conocida la operación Peter Pan que en su tiempo trasladó miles de niños cubanos hacia los EEUU. Míster Premio Nobel de la Paz, ¿usted no cree que la época de la esclavitud y tráfico de seres humanos pertenece a un pasado poco glorioso de los imperios?

Así que hoy una parte del mundo asiste impotente a una nueva invasión y ocupación de EEUU a un país víctima de una tragedia. La otra parte del mundo -las “grandes potencias”- mantiene un silencio cómplice, como cómplices han sido en llevar al pueblo de Haití a la situación de ser una de las naciones más pobres del mundo.

Para esta invasión, Míster Obama, no se necesitan 20.000 “marines”. Pero esos 20.000 permiten volver a recordar que no hace mucho otros “marines” detuvieron y expulsaron al presidente de Haití elegido democráticamente y lograron su reemplazo por uno “alineado” con Washington, y con quien el Premio Nobel de la Paz no tendrá ningún problema para instalar nuevas bases militares en esta isla estratégica para sus deseos de apoderarse de los recursos de otros en este Hemisferio.

¿Sera ese el objetivo oculto de sus 20.000 “marines”, aviones, helicópteros y buques de guerra anclados o al acecho en aguas haitianas?

Míster Obama, su 82º División Aerotransportada se lució gloriosamente cuando desembarcó en las playas de Normandía ayudando a liberar Europa de la amenaza del nazismo. También se lució, pero con menos gloria, cuando sus tropas de élite realizaron operaciones de desembarco en pequeñas naciones indefensas como Dominica, Granada, Honduras o Panamá. En teatros de operaciones más serios como Vietnam, Afganistán o Iraq y otros, en lo que sabemos, fue diferente y están, digamos, victorias y derrotas empatadas o los “marines” empantanados.

¿No cree míster Premio Nobel de la Paz que son patéticas las imágenes del espectáculo de sus “marines” armados con sofisticados equipos de guerra de última generación frente a una población que se muere de hambre y de sed, amenazada por epidemias?

Ya cuando otro desastre natural azotó Luisiana, en territorio continental de EEUU asistimos a una ocupación militar, al tiempo que sus servicios de rescate -con miles de sus propios bomberos y otros especialistas- reclamaban que los tenían confinados sin dejarlos intervenir para ayudar a la población.

Es verdad que en esa oportunidad EEUU vivía bajo la presidencia de un “vaquero”, a diferencia de hoy -caso de Haití- en que gobierna un Premio Nobel de la Paz.

Pero los dos casos tienen una turbia similitud: en ambos se trata de poblaciones negras, una similitud que acaso deba llamar la atención de Barack Obama.

Míster Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, Presidente de los EEUU, ¿puede por favor ordenar a sus “marines” y buques de guerra dejar a los socorristas, médicos y ayudas humanitarias cumplir con sus labores en Haití para salvar las miles de vidas que se pueden todavía salvar? ¿Y puede ordenar que los periodistas de muchos países allí destacados puedan informar al mundo?

Si no, míster presidente, tenga la honestidad de anunciar al mundo que el plan de los EEUU es de apoderarse de parte de la isla -Haití, y vaya a saber qué planes tienen luego para República Dominicana- aprovechándose de esta situación de desastre y tragedia humana. Y que, para conseguirlo, a usted le importa un bledo, nada, lo que pueda pensar o decir el mundo -como lo han hecho en muchas otras oportunidades, en otros casos bien conocidos de todos.

Esa será su tragedia. Por la que habrá de pagar su pueblo.

Publicado en: América Central Etiquetado como: Haití, Invitados, los militares y las víctimasPreguntas a un Nobel de la Paz

Haití, un país sin perdón, clama frente a nosotros

17/01/2010 by maestro Deja un comentario

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

I.-

 También va a imposibilitar enormemente cualquier posible recuperación de este desastre natural. Como se detalla a continuación, las rapaces políticas económicas de Washington han destruido todos los intentos de construir una economía sostenible en Haití, ahuyentando a la gente de la tierra y de las comunidades pequeñas hacia las atestadas, peligrosas e insalubres villas miseria, donde intentan mantener a duras penas una mísera existencia trabajando en las fábricas de trabajo esclavista propiedad de las elites occidentales y de sus compinches locales. Todos los intentos de cambiar una sociedad manifiestamente injusta han sido aplastados sin piedad por la mano directa o colateral de las elites occidentales.

¿El resultado? Millones de personas –debilitadas por el hambre, las privaciones, la desnutrición, la enfermedad– viviendo apiñadas en infraviviendas. El país carece de la necesaria infraestructura civil, financiera y física para poder llevar una vida decente en situación de normalidad, para proporcionar una asistencia adecuada y un marco firme de reconstrucción cuando los desastres sobrevienen. Incluso un terremoto mucho más suave que el que golpeó Haití esta semana habría creado una situación desmesurada de sufrimiento innecesario en una nación que ha sido tan despiadada y deliberadamente estrangulada como ésta.

Con el huracán Katrina vimos cuán cruel e injustamente reaccionaron las elites estadounidenses ante la destrucción de una de sus propias ciudades. Políticamente bien conectados, los millonarios de Mississipi consiguieron una pronta y copiosa asistencia, mientras que muchos nativos de Nueva Orleáns aún siguen convertidos en refugiados, dispersos por todo el país tras las inundaciones. Y esto en una nación en la que las infraestructuras -aunque en veloz proceso de degradación a causa de la corrupción, la avaricia y militarismo- son aún fuertes. ¿Qué esperanza puede entonces tener Haití?

Sí, ahora se producirá una inmediata y gran afluencia de ayuda, como siempre que sucede algún desastre espectacular. Desde luego que esto es loable y yo animo a cualquiera que quiera contribuir con todo lo que pueda a esos esfuerzos. Pero a menos que haya un cambio radical en la política estadounidense, a menos que se ponga fin definitivamente a la maldición lanzada sobre Haití -no por Dios, ni por el diablo, sino por los duros corazones de las elites que perpetúan fielmente las crueles tradiciones de sus predecesores-, entonces todo este flujo de solidaridad y atención pronto dará paso de nuevo, como siempre ha pasado, al cruel desprecio, a la brutal represión y a la explotación inhumana.

El relato de esas crueles tradiciones -y la “continuidad” con las mismas que Obama ha demostrado ya- no augura precisamente tal cambio. Pero como ese hombre sabio, Edsel Floyd, dice siempre, vivimos en la esperanza y morimos en el desespero. Y esa esperanza es un valor que debemos conservar en la cartera de Haití y seguir trabajando por ella.

Al mismo tiempo, la esperanza no puede cegarnos; es preciso conocer la dura realidad para saber cómo poder cambiarla. Por eso, echemos una extensa y firme ojeada.

II.-

Pocas horas después de que se produjera el terremoto, el tele-evangelista Pat Roberson ya estaba en el aire declamando ante sus millones de televidentes que la razón de que Haití hubiera sido golpeada por ese desastre -y lleva ya doscientos años sufriendo intensamente- se debe a que los “¡haitianos hicieron un pacto con el diablo!” para ganar su libertad de sus soberanos coloniales franceses a principios de 1800.

Y mientras nos llegan tales vomitivas manifestaciones de ese seboso, políticamente bien conectado y virulentamente extremista mullah (que una vez fue adecuadamente descrito como “mimado dictador, mercader de diamantes sangrientos, anti-judío y shiller batido“, esta vez puede encontrarse una pequeña mota de verdad en la masa salpicada de vómitos de Robertson. Los haitianos llevan en efecto doscientos años malditos, y sí, la maldición se retrotrae hasta su liberación. Pero pese a Robertson, el origen de esa maldición no es metafísico. Como señalé en un artículo escrito en 2004:

    Hace exactamente doscientos años, los esclavos haitianos derrocaron a sus amos franceses, la primera revolución esclavista nacional con éxito en la historia. Lo que Espartaco soñó lograr, los esclavos haitianos lo consiguieron. Fue un logro enorme, y el Occidente blanco no se lo ha perdonado nunca.
    Para ganarse el reconocimiento internacional, el nuevo país, Haití, se vio obligado a pagar “reparaciones” a los dueños de los esclavos, una aplastante carga de deuda que todavía estaba pagando a finales del siglo XIX. Estados Unidos, que se negó a reconocer al país durante más de sesenta años, invadió Haití en 1915, fundamentalmente para abrirlo a “la propiedad extranjera de los asuntos locales”. Después de diecinueve años de ocupación, los estadounidenses respaldaron una serie de sangrientas dictaduras para proteger a esos “propietarios extranjeros”. Y eso mismo siguen haciendo.

Así es, en efecto. El artículo de 2004 detallaba el largo y último aplastamiento bipartidista contra Haiti, que culminó en un golpe orquestado por la Administración Bush, la segunda vez en la que un presidente de EEUU llamado George Bush derrocaba del poder al democráticamente elegido Presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide. Merece la pena repetir ahora ese relato:

    Aunque quiso representarse el golpe de estado de Haití como un levantamiento irreprimible del descontento popular, fue desde luego el resultado de años de duro trabajo de los dedicados corruptores de la democracia de Bush, como informa William Bowles en Information Clearinghouse. Los hombres del saco de Bush financiaron la oposición política al Presidente Jean-Bertrand Aristide enviando armas de contrabando a los señores de la guerra haitianos exiliados y estrangulando al país de forma inmisericorde, cortando la ayuda estructural y financiera largamente prometida a una de las naciones más pobres de la tierra haciendo que los precios de los alimentos se dispararan, el desempleo subiera al 70% y el desbaratado gobierno perdiera el control de la sociedad ante las bandas armadas de criminales, de fanáticos y de meros desesperados. Mientras tanto, Haití se vio obligada a pagar dos millones de dólares al mes de las deudas acumuladas por las sangrientas dictaduras (apoyadas por EEUU) que habían gobernado la isla desde que el ejército estadounidense la ocupó de 1915 a 1934.
    La ostensible razón del letal aplastamiento perpetrado por Bush fueron las disputadas elecciones celebradas en Haití en 2000. Esas votaciones, que fueron tan sólo las terceras elecciones libres de la nación en 200 años, se vieron deslucidas por informes de irregularidades, aunque no fueran ni por asomo parecidas ni tan mayúsculas como las bien documentadas barrabasadas que vieron como en EEUU se nombraba ese mismo año presidente al segundo aspirante para la Casa Blanca. No había duda de que Aristide y su partido habían recibido una abrumadora mayoría de votos legítimos; sin embargo, de los 7.500 colegios electorales examinados, los observadores electorales encontraron que parecían poco fiables los resultados en siete de los escaños al senado.
    ¿Qué fue lo que ocurrió? Que los siete senadores disputados dimitieron. Se convocaron nuevas elecciones para esos escaños, pero la oposición -dos facciones elitistas financiadas por las maquinarias subversivas favoritas de Washington, el orwelliano “National Endowment for Democracy” y el “International Republican Institute“- se negaron a participar. El gobierno fracasó porque no se pudo convocar la legislatura. Cuando entró Bush, se dedicó a apretar aún más las tuercas del bloqueo internacional sobre la isla, insistiendo en que no liberaría los 500 millones de dólares de ayuda que desesperadamente necesitaba hasta que la oposición participara en nuevas elecciones, mientras que a la vez pagaban a la oposición para que no participase.
    El objetivo final de este brutal galimatías fue machacar aún más al destituido pueblo de Haiti y destrozar la capacidad de Arístide para gobernar. Su crimen real, desde luego, no fueron los disparates de una elección estilo Florida ni la supuesta “tiranía”… No, Aristide hizo algo peor que rellenar papeletas o matar a la gente, había intentado elevar el salario mínimo a la principesca suma de dos dólares al día. Esto desató la indignación de las corporaciones estadounidenses -y de sus lacayos locales- que durante generaciones habían utilizado Haití como una charca de mano de obra barata consiguiendo beneficios por las nubes. Fue el colmo para las facciones elitistas, una de las cuales está actualmente dirigida por un ciudadano estadounidense, designado en su día por Reagan-Bush, el magnate de la industria Andy Apaid.
    Andy Apaid fue el hombre clave de la rapaz “reforma de mercado” de Reagan-Bush puesta en práctica en Haití. Desde luego, “reforma”, en la degradada jerga de los tiburones, significa someter hasta los propios medios de subsistencia y supervivencia al expolio de los intereses de las poderosas corporaciones. Por ejemplo, el plan Reagan-Bush obligó a Haití a levantar las tarifas de importación sobre el arroz, que había sido siempre un producto básico de cultivo local. Después, inundaron Haiti con el arroz estadounidense fuertemente subvencionado, destruyendo el mercado local y dejando sin trabajo a miles de campesinos autosuficientes. Con un mercado ya cautivo, las compañías estadounidenses aumentaron sus precios, extendiendo la ruina y el hambre por toda la sociedad haitiana. Los campesinos sin empleo proporcionaron nueva carne de cañón a las fábricas de Apaid y sus compinches. Reagan y Bush contribuyeron por su parte aboliendo los impuestos a las corporaciones estadounidenses que montaran fábricas de trabajo esclavista. El resultado fue una precipitada caída de los salarios y de la esperanza de vida. La primera elección de Arístide en 1990 amenazó esos cómodos acuerdos, por eso fue debidamente expulsado mediante un golpe militar, con la no tan tácita connivencia de Bush I.

Pero, como decíamos, la ronda más reciente de castigo para Haití fue mediante un asunto profundamente bipartidista:

    Bill Clinton restauró en el poder a Arístide en 1994, pero sólo tras haberle forzado a aceptar las “reformas de mercado”. En realidad, fue Clinton, el compinche de las corporaciones, quien instigó el embargo a la ayuda tras las elecciones que Bush II utilizó con efectos tan devastadores. El fallo principal de Arístide como dirigente fue su intento de cumplir las exigencias de ese chantaje bipartidista. Como en cualquier otra nación que cae bajo la égida del FMI, la ya frágil economía haitiana se vino abajo. Pero los provisores de fondos de la familia Bush, como Apaid, empujaron al país al caos total, convirtiéndolo en presa fácil de los señores de la guerra a quienes los operativos de Bush -muchos de ellos veteranos del Irán-Contra-, les suministraron armas a través de la República Dominicana, informa el Boston Globe…
    Cuando Arístide llegó a un acuerdo, auspiciado por los dirigentes del Caribe, que le hizo finalmente ceder poder ante la oposición financiada por Bush pero al menos preservar el carácter de la democracia haitiana, Apaid y sus compinches rechazaron la oferta, con las bendiciones de sus pagadores en Washington, que de repente proclamaron que no tenían influencia sobre sus recalcitrantes peones de alquiler…
    Y los pistoleros estadounidenses dijeron a Arístide que si no dimitía, le dejarían morir a manos de los rebeldes. Lo que ocurrió después fue que le metieron a empujones en un avión que esperaba y le lanzaron en medio de África. En cuestión de horas, los terroristas apoyados por Bush desfilaban abiertamente por Puerto Príncipe, ejecutando a los seguidores de Arístide.
    Imaginen, ya nadie más iba a pedir ahora dos dólares al día, ¿eh? ¡Misión cumplida!

III.-

Desde luego, todo eso sucedió en los malos viejos tiempos, antes de que Barack Obama nos introdujera en una nueva era “post-racial”. Seguramente, este hombre visionario y compasivo, él mismo descendiente de África, pondría ya fin al castigo contra Haití por haberse levantado contra sus amos blancos.

Pero no parece ser así. Como señalé aquí el año pasado, en “Cry, the Unforgiven Country“:

    Obama y su “superstar“, la secretaria de Estado Hillary Clinton están defendiendo firmemente la reciente, atroz y brutal farsa con que Washington y Occidente han obsequiado a losengreídos nativos de Haití.
    Las elecciones al Senado celebradas este mes por el gobierno impuesto a Haití tras el golpe de Estado de 2004 apoyado por EEUU… consiguieron una cifra de votantes de menos del 10% de los ciudadanos con derecho a voto: un resultado que supone una burla para cualquier noción de democracia popular y legítima. Pero eso no se debe a que los haitianos sean tan perezosos y desinteresados que ni se molestan en ir a votar. Ni tampoco a que se sientan tan satisfechos con la benevolente y paternal atención de sus amos nombrados por EEUU, que consideran que no es necesario permitir que estúpidos desarrollos electorales lleguen a incomodar su bucólica vida.
    No, la tasa del 90% de rechazo a votar fue en realidad una acción de protesta masiva, impulsada sobre todo por el hecho de que el gobierno apoyado por EEUU no iba a permitir que el partido más popular -el partido del gobierno derrocado por el golpe de Estado de 2004- presentara su lista de candidatos a las elecciones. Por las buenas o por las malas, a golpe de burocracia, los supervisores de las elecciones haitianas prohibieron que la lista de Fanmi Lavalas se volviera a presentar en febrero. Desde ese momento, las elecciones de abril se convirtieron en letra muerta, una farsa sin sentido, otra nueva broma cruel que le jugaron al pueblo de Haití.
    ¿Y cómo respondieron los inteligentes progresistas de la nueva administración estadounidense? John Caruso nos lo cuenta:

CLINTON: “EEUU quitó en 1995 una dictadura militar, limpiando el camino para la democracia. Y después de varios años de disputas políticas, normales en cualquier país que pase por una transición, Haití empezó a ver progreso. Y las elecciones nacionales y presidenciales de 2006 hicieron avanzar realmente a Haití hacia la democracia. Lo que el presidente y el primer ministro están persiguiendo es mantener un fuerte compromiso con el gobierno democrático que dará un nuevo paso adelante con las elecciones para el senado del domingo”.

Traduciendo el vulgar dialecto clintoniano: 1) las “disputas políticas” se refieren a la abrumadoramente popular presidencia de Jean Bertrand Aristide, que EEUU, y su quinta columna en Haití, “disputaron” (y socavaron continuamente); 2) Haití “empezó a ver progreso” gracias al golpe contra Aristide en 2004 apoyado por EEUU; y 3) las elecciones de 2006 que “hicieron avanzar realmente a Haití hacia la democracia” excluyeron tanto a Aristide como al candidato preferido del FL en su lugar (el padre Gerard Jean-Juste, encarcelado a partir de acusaciones inventadas por el gobierno apoyado por EEUU para impedir que se presentara), que acabaron con el ascenso de René Preval, quien realmente entendía quién era el jefe y por tanto se merecía una palmadita de Clinton en la cabeza.

  •  
      Todo eso nos lleva a las elecciones al senado de hoy, en las cuales el “fuerte compromiso haitiano/estadounidense con un gobierno democrático… dará otro paso más” mediante la calculada supresión de gran parte de los candidatos de la lista…
  •  
      Por eso, el hecho de que EEUU haya venido durante siglos impidiendo un proyecto democrático en Haití, sigue plenamente vigente. Y cualquiera que temiera que nuestro primer presidente negro pudiera ser menos receptivo a la necesidad de aplastar las aspiraciones democráticas de la primera nación negra libre en el hemisferio puede quedarse tranquilo: Obama nunca permitirá que la raza -ni cualquier otra cosa- le detenga de hacer el trabajo sucio del imperio.

Es cierto que ese trabajo sucio se pondrá de nuevo en marcha, y debemos combatirlo, llamar la atención y no permitir que Haití desaparezca de nuevo bajo la sombra imperial. Pero en estos momentos, la preocupación más urgente es el sufrimiento humano en Haití. Por eso, por favor, colabore con los esfuerzos de las organizaciones que le pongo a continuación:Partners in Health y Haiti Emergency Relief Fund, o de cualquier otra que Vd. prefiera.

N. de la T.:

Con fecha 16 de enero, el autor ha añadido la siguiente nota: Para entender mejor el contexto histórico del sufrimiento de Haití, puede leerse este magnífico artículo de Noam Chomsky: “The tragedy of Haiti“

Publicado en: América Central Etiquetado como: América Central, clama frente a nosotros, Haití, un país sin perdón

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Don Juan
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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

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