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Invitados

Globalizando la intolerancia y el miedo a la otredad

06/05/2010 by maestro Deja un comentario

 Fueron los años también en que al interior de los Estados Unidos tenía paso la primera ley contra inmigrantes. Era un ambiente diferente, en un mundo unipolar el enemigo para la guerra ya no se representaba en los comunistas o socialistas, en su lugar, lo argumentó Samuel Huntington, las guerras serán entre civilizaciones, entre identidades étnicas y culturales. La globalización de la intolerancia y el miedo al otro recreaban viejos fantasmas.

Los argumentos de Huntington en su libro EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES , reúnen el sentimiento colectivo de los sectores conservadores de Estados Unidos. Porque ven al otro, al de afuera como la amenaza que atenta contra su “civilización”, contra la familia, contra la propiedad, contra su fe cristiana, contra su forma de ser. Y en defensa de ello no les imparta pasar contra la ley o contra quien consideren aliados de sus enemigos. No les imparta agredir al otro, al que por su condición social y ascendencia étnica lo ven como inferior, como la amenaza potencial de su identidad cultural. Los homosexuales, las lesbianas, las prostitutas, los afroamericanos, los latinos y los ateos constituyen el enemigo interno para la seguridad de los blancos.

La Constitución Política de los Estados Unidos establece que son estadounidenses todos los nacidos en ese país. Y en el imaginario colectivo se considera que la identidad nacional se forja a partir del criterio que esa es una nación de inmigrantes. Pero ese estatuto constitucional y esa forma de pertenencia colectiva no importan, cuando el color de la piel y el origen de quienes se consideran los últimos en la clasificación de pertenencia se ven como amenaza. La violencia y la agresividad hacia el otro, hacia el más débil han sido una constante en la formación de los Estados Unidos. No hace más de medio siglo, los afroamericanos debieron movilizarse, y sufrir la violencia institucionalizada, para que les fueran reconocidos sus derechos civiles.

 

Casi siempre o siempre en las relaciones de poder, la ira de quienes se consideran superiores se canaliza hacia los indefensos, hacia quienes de hecho se sabe que por su debilidad no pueden reaccionar en contra de sus agresores. Esa ha sido la lógica del comportamiento racional de los llamados pueblos civilizados contra aquellos considerados bárbaros, incivilizados, incultos, incapaces de integrarse a la cultura superior. Y éstos han sido los parámetros y estereotipos raciales que durante la modernidad han fragmentado el mundo y legitimando las acciones etnicidas de las sociedades occidentales en contra del resto del planeta.

La rec iente ley anti-inmigrantes, promulgada en el estado de Arizona, es eso, una agresión contra los indefensos, contra los débiles. Su promulgación manifiesta el retorno del fascismo y la canalización del odio de los blancos hacia los desprotegidos, hacia quienes la ideología dominante ha convertido en los victimarios de la crisis que están viviendo y, el resto del mundo con ellos. No es que el tema migratorio racial se emplee en momentos de procesos electorales, su exacerbación obedece al incremento del conservadurismo estadounidense, en tanto que su política expansionista continúa incólume.

Las políticas migratorias contra los latinos violan la Constitución, porque deportan a los padres de los niños nacidos en Estados Unidos, desarticulan familias, violan los derechos humanos de los desprotegidos, actúan en contra de los principios que dicen defender y vulneran los mandatos divinos que dicen obedecer. La promoción de la intolerancia hacia el otro, ha significado reavivar los fantasmas raciales subyacentes en el inconsciente colectivo del conservadurismo estadounidense. Las políticas migratorias no son más que la conversión en ley de ese sentimiento, aunque Huntington insista en que son el resultado del Choque de Civilizaciones y de identidades culturales.

La justificación para la promulgación de la cuestionada ley, radica en considerar la frontera sur como una amenaza. Porque esa frontera constituye la vía del narcotráfico y el trasiego de armas. Piénsese en eso. El mayor productor de armas en el mundo es Estados Unidos y las venden de forma fácil y rápida a quien posea una licencia, basta con que sea declarada robada para descargar responsabilidad. Además, para nadie es un secreto que el país más consumidor de droga es quien dice luchar contra el narcotráfico, y quienes consumen más la droga no son los latinos, ni los afroamericanos sino los blancos. Dentro de ese contexto, lógico es pensar que la ley satisface el apetito racista del conservadurismo estadounidense.

Viniendo de los Estados Unidos la intolerancia y las prácticas racistas de orientación fascista, el riesgo es global como lo considera Noam Chomsky. Cuando Alemania persiguió a los judíos el mundo no se encontraba interconectado como ahora y, ese país luchaba por hacerse de un espacio en el reparto de las zonas de influencia. En el contexto actual, la presencia de los Estados Unidos es global y si sus prácticas racistas resultan siendo imitadas, los efectos pueden ser catastróficos. Con esto no se quiere disculpar las políticas migratorias que los países europeos han seguido para frenar las oleadas de inmigrantes africanos, como tampoco se pretende esconder las agresiones físicas en distintos países europeos en contra de quienes son considerados responsables de sus desgracias.

Las migraciones constituyen una característica del estado actual del planeta. Se considera que más de 250 millones de personas se han movilizado de su país de origen. Al mismo tiempo que se calcula en más de 400 mil millones de dólares la circulación dineraria derivada de las llamadas remesas familiares, aporte económico de los inmigrantes hacia sus familiares residentes en su país de origen. El fenómeno no es nuevo ni tampoco exclusivo de la globalización, pero se le puede considerar en la actualidad como resultado del alto grado de concentración y centralización del capital.

Desde otra perspectiva, la amenaza para los inmigrantes latinos radicados en Arizona es latente, quienes pueden eludir la ley desmovilizándose hacia otro estado, el problema consideran muchos de ellos es ser deportados, porque su país de origen no tiene mucho o nada que ofrecerles. Por el contrario, en sus países se vieron forzados a salir de ellos, por las condiciones miserables a las cuales se les sometieron. En ese sentido no debe culparse solamente al país receptor, porque los países de origen de los emigrantes tienen alto grado de responsabilidad. La marginación y la exclusión que en ellos se padece pueden considerarse como el punto inicial de la discriminación que padecen los latinos en Estados Unidos.

La ausencia de políticas sociales y salariales efectivas en los países de origen, han generado un ambiente en el que los jóvenes toman como una opción para salir de esas condiciones la emigración hacia los Estados Unidos. El descaro más grande en atención social ha sido evidente, cuando en Centroamérica se ha convidado a la ciudadanía a marcharse hacia el país de Norte . Estos estados ven con alivio la llegada de las remesas familiares, en tanto que las corporaciones privadas las perciben como fuentes de ganancia en la acumulación de capital. ¿Quién es más responsable entonces en las vejaciones sufridas por los latinos?

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Globalizando la intolerancia y el miedo a la otredadv, Invitados

¿ES DESARROLLADO EL PRIMER MUNDO?

29/04/2010 by maestro Deja un comentario

Los países ricos son incapaces de cuestionar aquello que persiguen de modo ciego e irresponsable. Por eso el desarrollo, para ellos, se constituye en algo sagrado; por aquello que consideran sagrado están dispuestos a sacrificar a todo el planeta. En 1550, Domingo de Santo Tomas, a cuatro años del descubrimiento de la mina del Potosí, ya anunciaba la existencia de “una boca del infierno”, donde los españoles sacrificaron millones de almas “a su nuevo dios que es el oro”. En la actualidad, el neoliberalismo produjo el milagro que espera el “greed is good/God” (la codicia ya no era sólo buena sino
 que era el nuevo ídolo): que el 5% más rico posea más que todo el 95% restante. La riqueza del primer mundo, desde la invasión y conquista del Nuevo Mundo, tiene un precio: la producción sistemática de miseria planetaria. Por eso la pregunta debemos hacerla, con preferencia, al sur, porque ¿cómo podría el beneficiario del robo pensar siquiera en cuestionar el robo?
Se trata, entonces, de un cuestionamiento que, de modo reflexivo, deben realizarse, a sí mismos, los pueblos empobrecidos del planeta. Para que haya desarrollo en el primer mundo, éste debe producir subdesarrollo en el resto del mundo; es decir, condición para el desarrollo de ellos, ha sido y es el subdesarrollo nuestro. No hay riqueza sin producción paralela de miseria; porque los indicadores de riqueza se mueven en una infinitud siempre insatisfecha, por eso las curvas de la ganancia, del crecimiento y del desarrollo se expresan siempre en aproximaciones asintóticas al infinito (la espiral de acumulación es concéntrica, la distribución ocurre por asignación, que lo decide la oferta y la demanda; estos factores deciden la vida y la muerte de la humanidad y, ahora, del planeta). Por eso también el socialismo se encuentra en entredicho, pues si el capitalismo busca la maximización de las ganancias, el socialismo persigue índices mayores de
 crecimiento; ambos parten de la infinitud, pero los recursos naturales no son infinitos sino finitos. En eso consiste la falacia del desarrollo moderno; se trata de un concepto que parte de una referencia metafísica: el mito (de la ciencia moderna) del “progreso infinito”. Cuando se piensa la economía desde la infinitud, se hace, inevitablemente, abstracción de la condición humana y de la vida toda (la infinitud es posible lógicamente pero es empíricamente imposible); prescindir de la vida y de la muerte conduce a una ilusión: pensar que todo es posible, que se puede, por ejemplo, explotar a la naturaleza y a trabajo humano al infinito. El concepto de desarrollo moderno es ilusorio. Pero esta ilusión oculta algo más grave: es una ilusión que nos conduce al suicidio colectivo.
Los resultados de la Cumbre de los Pueblos cuestionan, de modo decidido, a los responsables de la crisis medioambiental (lo cual era necesario), pero el asunto sigue latente si es que los afectados no cuestionan, a su vez, sus propios afanes. Porque la tendencia conservadora (de una forma de vida, la moderna, que ha colonizado casi todos los ámbitos de la vida humana) no sólo se encuentra “arriba” sino también “abajo”. Es decir, el grado de disponibilidad a una transformación real que pueda surgir de una nueva conciencia planetaria depende, en última instancia, del grado de autoconciencia que se tenga de modo efectivo. La conciencia aparece por un entender la situación, pero entender no es todavía producir una nueva realidad; hay nueva realidad cuando la conciencia, por proceso reflexivo, ha hecho, de sí, proyecto revolucionario, es decir, cuando la conciencia se ha hecho autoconciencia y hace de su vida anticipación de lo que anuncia.
 La autoconciencia anticipadora constituye el espíritu revolucionario de la nueva época. Ante éste, la realidad cede, es decir, se abre, porque lo potencial de lo nuevo ha acontecido y ha transformado a la realidad toda.
La realidad defectuosa que padecemos es este sistema-mundo moderno. Es el ser que, como realidad, se nos ha impuesto; por eso hay primer mundo y tercer mundo, hay desarrollados y atrasados, hay ricos y pobres, ellos son todo, nosotros no somos nada. Desde Parménides, la filosofía de la dominación expresa: el ser es, el no ser no es (el ser es el bien absoluto, el no ser es el mal absoluto); esta es la justificación ontológica para que los ejércitos del ser “limpien” sin asco al “eje del mal”. Aquello que llamamos realidad es una producción humana; que es histórica y no como la ciencia moderna entroniza y justifica como “el único mundo posible”. El llamado fin de las ideologías apareció con este mito que se creyeron las ciencias sociales. Desde entonces, los críticos disminuyeron, y los pocos que quedaron fueron los locos que el mundo mediático se afanaba en desprestigiar (los idiotas los trataban de idiotas, los nuevos Belarminos
 condenaban a los nuevos Galileos).
Habíamos caído en la trampa que se hace la clase media (en todo lado): por no estar abajo se somete voluntariamente al de arriba (cree que el desastre no le va a llegar hasta que le llega, como en gringolandia). Por eso la pregunta va más allá de cuestionar una economía. Lo que contiene esa economía, la capitalista, es una forma de vida que, para hacerse efectiva, produce una racionalidad pertinente para su desarrollo. Esa racionalidad produce un conocimiento que, en cuanto ciencia y filosofía, contiene y expresa los valores últimos sobre los cuales se levanta esa forma de vida. El capitalismo nace, como sistema mundial, desde la posibilidad de la centralidad europea; expresa, gestiona y desarrolla esa centralidad: para que haya centro debe haber periferia. La constitución del resto del mundo en periferia es consustancial a la constitución de un centro. La propia constitución de la subjetividad europeo-moderno-gringo-occidental es impensable
 sin la des-constitución de la subjetividad del 80% de la humanidad restante. Por eso se trata de un proyecto de dominación que, para hacerse efectivo, necesita producir una racionalidad que exprese y justifique la experiencia desde la cual la dominación como proyecto de vida se hace realidad efectiva. Es el paso de la conquista a la colonización como “acto civilizatorio”. La violencia del conquistador se vuelve algo bueno, la resistencia de las víctimas algo malo; una vez que la víctima ha sido racializada como inferior entonces se naturaliza su condición: ante los ojos del dominador será siempre esclavo, atrasado, subdesarrollado, sin educación, sin cultura, sin libertad, sin democracia, por eso, sin voz ni voto en las decisiones mundiales (la compra de apoyo a las prerrogativas del G7 en las cumbres expresa eso: no son seres humanos, por eso se los puede comprar como cosas).
Esa racionalidad produce una acción racional que desarrolla, en todos los ámbitos de la vida, la reproducción sistemática del dominio, de modo hasta autóctono y doméstico. La experiencia inaugural con que nace el mundo moderno (la conquista del Nuevo Mundo), se expresa como praxis universal; la dominación aparece en todos los ámbitos de la vida descomponiendo y desarticulando toda otra forma de vida. La acción racional que produce esta racionalidad (que hace de la razón un ejercicio explicito de dominación) lo expone la ciencia como paradigma de toda acción: la acción medio-fin. La economía la traduce como costo-beneficio. Lo que provoca esto, es la objetualización de las relaciones humanas, la inevitable mercantilización de toda la vida. Se trata de una lógica nefasta (cuando regula todas las acciones humanas) que va destruyendo todo a su paso, produciendo una ética de la irresponsabilidad absoluta que, en lenguaje neoliberal, llama
 externalidades a todo lo que ella provoca. Si el afán de riqueza (la motivación de la ganancia) constituye el fin de toda acción humana, entonces la lógica medio-fin regula toda acción humana (los fines son siempre específicos, de modo que el actor no se interesa por nada más que no sea su fin preciso, lo cual le hace ciego de todas las consecuencias que pueda provocar su acción específica; por eso cuando persigue exclusivamente la ganancia, desaparece toda moral, y toda consideración ética se subordina al propósito que, de modo científico, ha sido calificado como racional, es decir, como verdadero, es decir, como bueno).
Por eso, detrás del concepto de desarrollo, está una acción racional que contiene, a su vez, una concepción de racionalidad, que expresa un proyecto determinado e histórico; una forma de vida que, para hacerse efectiva, ha producido las instituciones apropiadas para ordenar el mundo de acuerdo a sus intereses. El conocimiento que sostiene a esas instituciones, sostiene también a los individuos, que son (de)formados académica y mediáticamente para ser fieles de un sistema que los recicla a gusto y antojo (los genios en matemáticas son destinados a las finanzas y los nuevos investigadores a satisfacer las exigencias del mercado, las transnacionales y la guerra; importa poco las necesidades de la humanidad y de la vida en el planeta). En ese sentido, el desarrollo funciona como una prerrogativa que ni siquiera expresa necesidades humanas (menos naturales) sino necesidades corporativas; el desarrollo va ligado a la competencia, lo que hace todavía
 más cruel la carrera por el desarrollo; ganar o tener más que el otro se convierte en sinónimo de más desarrollado.
Ese afán expresa, precisamente, lo que el desarrollo, en esencia es; porque la competencia es sólo pensable en situación de contienda, oposición o rivalidad, además de una implícita conciencia de desigualdad, donde el aprovechamiento de ventajas y desventajas es fundamental. Es decir, el desarrollo (que se hace por competencia) es lo que proyecta una racionalidad instrumental. Por eso, cuando se tiende al cambio de modelo económico (de modo automático), como el socialista, sin la tematización de la racionalidad que presupone el nuevo modelo, se cae en la reproducción de lo mismo que se criticaba. Porque lo que hace el capitalismo, tampoco es desplazar a otros modos de producción e instaurarse como el único; ni el esclavismo, ni la economía rural, precolonial, comunal, etc., desaparecen con el capitalismo. Lo que hace la lógica del capital es descomponer los modos de producción existentes, rearticulando estos en torno a las exigencias del
 capital y del mercado. Pensando la posibilidad de otro modelo económico, la pregunta sería: ¿cuál vendría a ser el criterio articulador de una nueva economía?, a su vez, ¿qué concepto de racionalidad y acción racional necesitamos producir para proponer una nueva economía?
Cuando hablamos de racionalidad nos estamos moviendo, no sólo en un ámbito científico, sino en aquello que trasciende y presupone la propia ciencia: el mundo de la vida. La racionalidad del mundo que nos presupone es la racionalidad que, en última instancia, nos constituye como sujetos. Pero con la racionalidad moderna sucede algo paradójico. Ella prescinde, en sus elucubraciones, de la humanidad, del mundo y de la vida; cuando piensa, hace abstracción de la muerte y de la vida, por eso deviene en racionalidad formal, carente de todo contenido real. Por eso el conocimiento que desarrolla, en cuanto economía, se convierte en economía para la muerte; el desarrollo que propone, es desarrollo del mercado y del capital, la naturaleza y la humanidad le importa poco. Modernizar todo significa expandir el mercado (donde hay todo para comprar, hasta seres humanos, si es que se tiene dinero) y el capital; subordinarnos al mundo de las mercancías, es
 decir, al mundo de las apariencias (donde por tener todo acabo no teniendo nada, porque las apariencias son espejismos que provocan ilusiones que no llenan nada, sólo generan adictos insaciables; por tener todo provoco que los demás no tengan nada) ¿Qué significa modernizar el Estado, la economía, la política, sino continuar pensando desde la lógica del desarrollo, la ganancia, la competencia, el mercado y el capital?
Por eso volvemos a insistir la pregunta. Porque está bien criticar el desarrollo del primer mundo pero, si nosotros, solapadamente, pretendemos ese mismo desarrollo, es decir, ser ricos también, entonces no hay margen de disponibilidad efectiva y lo que, en verdad, proyectamos, es una recaída en lo mismo. Por ejemplo, si se efectuara la deuda climática como indemnización a los países pobres (algo similar a la mercantilización de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero); suponiendo que los países ricos tengan tal cantidad real de dinero (no la desequilibrada impresión de dólares sin respaldo alguno que los gringos acostumbran a hacer), la pregunta necesaria que se debe realizar es la siguiente: ¿es ético recibir ese dinero? Si la riqueza producida por el primer mundo es inmoral, es decir, es dinero maldito, ¿cómo podemos creer que ese dinero sería parte de la solución? Sería algo así como creer que el dinero del asesino
 puede devolverle la vida a la víctima. Porque los países ricos pueden, de modo eficaz (porque los ricos siempre lo han hecho), utilizar su poder económico para comprar su absolución; en este caso, quienes vendan su alma al diablo, confirmarían que los encantos del desarrollo moderno son irresistibles.
Los países pobres requieren inversión, capital de arranque; imaginemos entonces este escenario: los pobres se unen, en respuesta a aquello, los ricos ofrecen resarcimientos jugosos; ¿cuántos no pactarían ante semejante oferta?, resultado, la unión se fractura y la lucha queda desarticulada. Por eso un imperio no negocia con los pueblos sino con sus gobiernos. Por eso de la Cumbre de los pueblos salen mejores perspectivas; por eso, para clarificar lo pasos siguientes, es necesaria esta reflexión. La deuda climática no debe pretender significar una deuda que pueda sufragarse simplemente con más dinero; eso sería entrar en el juego de los ricos, que creen que el dinero lo puede todo, hasta comprar el cielo. Además, la lógica de la deuda es otro de los pilares del desarrollo moderno. Con esa lógica destruyeron nuestras economías y las reordenaron a sus intereses: la deuda es impagable, por eso mismo debe ser pagada, con sangre; cobrar las
 deudas que nos impusieron significaba literalmente desangrar a nuestros pueblos. Si cuando exigimos la devolución de todo lo robado, eso quiere decir seguir robando, entonces, al final, socapamos el robo mismo.
El problema es mayúsculo cuando nos damos cuenta que seguir robando es herir de muerte a la Madre. El primer paso real, si de deuda hablamos, sería la condonación de toda la deuda externa del tercer mundo, además de la creación de un nuevo sistema financiero mundial de regulación pública (donde las decisiones no sean destinadas a las transnacionales, bancos comerciales o de inversión -sus fondos de cobertura o especulativos-, inversionistas, compañías de seguros, etc., pues estos son adictos a la especulación de productos básicos y derivados, así como a la manipulación del movimiento de precios en los mercados de valores y de divisas), cuyos indicadores pasen, de entes abstractos como las cifras, a necesidades concretas como la producción y reproducción de la vida, en todas sus manifestaciones. Así no se logra riqueza, es cierto, pero tampoco se produce miseria; la falacia del desarrollo consiste en creer que produciendo más y más
 riqueza, se logra la felicidad. Si para producir más riqueza debo producir miseria en otros lados, entonces mi felicidad es infelicidad para los demás, lo que pudo haber sido bendición se convierte en maldición.
Por eso esta crisis pone en tela de juicio el desarrollo moderno (que también los pobres pueden querer aspirar, porque es un desarrollo que deslumbra). La crítica a la modernidad no tiene que ver con afanes culturalistas, afirmaciones de la diversidad, etc., sino de juicios de realidad que interpelan a la humanidad toda: en cinco siglos se ha venido desarrollando un proyecto exclusivista del 20% rico del mundo, en desmedro y a costa, no sólo de la humanidad, sino del planeta mismo. Por eso el grito es unificado (y los empobrecidos del primer mundo se suman a ello) y reclama un nuevo orden mundial, que remedie el desorden actual y apueste por alternativas sostenibles que hagan posible un mundo en el que quepan todos. Un “mundo sin alternativas” es un mundo sin futuro; sólo un pensamiento decadente, como el neoliberal, podía haber postulado semejante clase de mundo. Lo caduco del pensamiento del norte consiste en su carencia de utopías, la
 opulencia genera el conservadurismo, por eso el pensamiento que produce es profundamente conservador. La historia ya abandonó al norte, la historia ahora pertenece al sur. El espíritu del nuevo tiempo está anidando en el sur.
Pero la tendencia conservadora es lo que aún pervive y se rearticula a nivel también mundial, sobre todo, cosa paradójica, entre los jóvenes (por eso no es raro que los contingentes activos de resistencia en Venezuela sean juveniles, los cautivos de los medios). Esta tendencia se reproduce también entre los pobres, pues no sólo los ricos son conservadores, también suelen serlo los pobres, sobre todo aquellos que han conocido, de algún modo, la riqueza. El deslumbre de la riqueza no es anodino; por eso, el temple del pobre no se encuentra tanto en su capacidad de lucha sino en su disposición revolucionaria; se puede luchar para ser rico también, pero para ser rico se debe producir nuevos pobres. Es el drama de las revoluciones burguesas; luchan contra el poder feudal abanderando los más grandes ideales, para después traicionarlos y reproducir aquello contra lo cual habían luchado. Entonces, la pregunta no es mera retórica, y apunta a la
 reflexión exhaustiva del sujeto que constituye la esperanza de esta lucha global.
En la lucha, lo que primero se construye, no son las trincheras defensivas, sino el potencial de disponibilidad del sujeto; esto quiere decir: que toda lucha física presupone una lucha espiritual (por eso, a una guerra se llega con lo que se es, pero también con lo que no se es, es decir, si hay potencial de disponibilidad, la concurrencia es exitosa, de lo contrario, lo que se produce es desagregación; si la disponibilidad no asiste como un todo unificado, el todo se diluye, la derrota acontece porque se ha concurrido de modo derrotado). Cuando los objetivos de la lucha rebasan lo estrictamente humano, el ámbito espiritual se hace más necesario: el espíritu no es algo ajeno a la política sino su forma más acabada. Luchar por la vida, en sentido eminente, requiere de una disponibilidad trascendental; no se trata de una lucha particularista sino de una lucha que tiene que ver con el todo de la vida. Esto produce, necesariamente, una visión
 holista de la lucha misma, porque si la vida no está escindida o dividida, nuestras luchas tampoco lo están, y todas, si son luchas honestas de liberación, no pueden andar extraviadas sino reunidas. Lo sustancial de la “Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático”, más allá de los contenidos expresados, está en el hecho mismo del potencial de disponibilidad del sujeto que emerge, como momento constitutivo de un poder de interpelación global; productor de un nuevo sentido común, que sea capaz de cuestionar y sustituir las creencias moderno-occidentales por un nuevo horizonte universal de justicia, amplificada ahora a la naturaleza.
Por eso la esperanza no proviene de los países ricos sino de las víctimas de un desarrollo que socava, no sólo sus vidas, sino la vida del planeta mismo. Los países ricos se encuentran en el ojo de la tormenta de una crisis que provocaron las instituciones que ellos mismos crearon; el supuesto conocimiento infalible que produjeron no pudo prever la crisis financiera, es más, una vez desatada la crisis, no saben cómo hacerle frente. El conocimiento que sostienen a sus instituciones no es pertinente para pensar una crisis de semejante magnitud, menos para hallarle soluciones. Ese conocimiento no descubre estos problemas, más bien los encubre. Por eso responden de modo ciego. Lo mismo pasa con la crisis climática. La apuesta de los países ricos sólo apunta al fracaso de la humanidad. Si el ser humano es el centro de todo lo que conocemos como vida, la modernidad ha corrompido ese nuestro lugar, al hacer de aquello un privilegio y no una
 responsabilidad.
Detrás de todas las estratagemas que arguye el primer mundo para deslindar responsabilidades, se encuentran un conjunto de creencias, a las cuales, no quieren ni saben cómo renunciar. Una de esas creencias irrenunciables es el desarrollo. Los efectos negativos de ese desarrollo los han padecido, desde hace cinco siglos, la humanidad y el planeta entero. La idea de ese desarrollo proviene, decíamos, de la formulación científica del “progreso infinito”. Sobre esta idea se levanta la ciencia moderna y, como postulado económico, el capitalismo. Observemos de nuevo la falacia en que incurre este postulado de la ciencia moderna: un progreso infinito supone recursos también infinitos; ahora bien, ¿son la humanidad y la naturaleza infinitos? El postulado del “progreso infinito” es producto de teoría, pero empíricamente no hay nada que pueda sostener proyecciones infinitas; es decir, es una pura ilusión, no es realista. La modernidad no es nada
 realista, es más ilusoria de lo que ella se imagina.
En su lucha contra la teología medieval, de modo inconsciente, adoptó sus ilusiones como delirios; fue cuando empezó a prometer todo aquello que prometía la iglesia, de ese modo se convirtió en la nueva idolatría. Bajó el cielo medieval y lo proyectó, como realizable, en términos de futuro; todo sería posible en el tiempo venidero, hasta la inmortalidad. La era de la tecnología moderna nació con esa ilusión. Por eso empezó su camino de modo ciego; teniendo por norte el infinito, ya no fue posible ver lo finito de la condición humana y de la naturaleza. La naturaleza había sido degradada cualitativamente; ahora sólo importaba como objeto: espacio plano, homogéneo e infinito (de nada servía saber que la tierra era redonda, pues para la ciencia seguía siendo plana). La matematización de la realidad terminó por reducir la vida del planeta a un conjunto de cifras, en rojo y negro, ganancias y pérdidas, de una contabilidad que se movía
 en la ilusión de la infinitud.
Aparecen las nociones de crecimiento, acumulación, desarrollo etc., y todas ellas con la ilusión del “progreso infinito”. La economía se encargó de sistematizar este marco categorial. Entonces, el sistema económico que aparece, el capitalismo, no es el fondo de la cuestión. El capitalismo es la determinación económica de una racionalidad que subyace a esta economía. Para que la economía aparezca, ya no como ciencia de la producción de los medios de vida, sino como ciencia de los negocios, debe operarse previamente un concepto de ciencia pertinente a esta transformación. Porque lo que sistematiza la economía capitalista, decíamos, es una determinada acción racional, la cual presupone siempre una racionalidad que es, en definitiva, la que digita la lógica con la cual es posible hablar del sistema económico del capital. Quien pone el dedo en la llaga y dice con su nombre propio lo que significa esta acción racional, es Franz
 Hinkelammert. Se trata de una acción racional con arreglo a la codicia. La codicia es destructiva porque pervierte hasta la justicia, por eso se trata de una codicia que se hace en cumplimiento de la ley; el propio concepto de ley que desarrolla la modernidad (que dice que es ridículo otorgarle derechos a quien no puede reclamarlos), no es nada más que la expresión jurídica de la codicia como regulador de la existencia. Por eso constituye el principio de vida del capitalismo.
No se trata de la codicia como envidia común y pedestre sino de la codicia convertida en forma de vida, que tiene en la ley a su garante normativo. No codiciar se convierte en algo subversivo; no codiciar significa ver al otro como prójimo y no como medio para la maximización de la codicia. En ese sentido, la ley con arreglo también a la codicia entra en contradicción con el amor al prójimo; desde la codicia el otro deja de ser sujeto, por tanto, deja de ser mi prójimo. Por eso los Bancos tienen a la policía para desalojar a la gente de sus casas y las entidades financieras mundiales a los gobiernos para reprimir al pueblo que no acepta ajustes estructurales (despidos, congelamiento de salarios, privatización de salud y educación, etc.).
El “greed is good” es, por decirlo de algún modo, el momento originario de un apetito hecho forma de vida, sistematizado de modo científico, y efectivizado (en cuanto dominación real) como economía política a nivel global. Pero en una acción racional con arreglo a la codicia, no basta que la codicia sea buena sino que, como principio de vida, debe ser lo divino, por eso, lo que es bueno para mí (así piensa el fetichista), es el ídolo al cual me inclino: “greed is God”. El principio de vida del capitalismo se transforma en el ídolo moderno; por eso el senador norteamericano Phil Gramm (además de vicepresidente del UBS Investment Bank) llamaba a Wall Street “holy place”, Bush padre recibía la bendición del pastor Billy Graham antes de invadir Irak, y cuando baby Bush decía “God is with us”, en realidad decía, “greed is with us”, la codicia, el “greed”, estaba con ellos.
Por eso se trata de una racionalidad irracional, de una acción racional que se vuelve acción irracional y produce, también, una ética de la irresponsabilidad. Si en el fondo del desarrollo moderno se encuentra esta racionalidad irracional, que produce una acción racional con arreglo a la codicia que, cuando se hace criterio de toda acción, produce el suicidio colectivo global, entonces tiene sentido hacernos la pregunta acerca del desarrollo moderno. Porque si, en última instancia, la aspiración de los países pobres sigue siendo un tipo de desarrollo semejante, entonces entramos en auto-contradicción: nos liberamos no para ser libres sino para ser ricos (por ejemplo, exportar a toda costa, porque los ricos del primer mundo pagan mejor que nuestros propios pueblos pobres). La liberación produce una nueva dominación. Europa cae en esa aporía. Padece centenariamente el dominio imperial romano y, sin embargo, su única aspiración consistirá en
 ser como Roma. La dominación fue tan efectiva que logró anular una subjetividad libre, y lo que produjo, fue el remedo de su condición, hasta en la decadencia. Es el complejo del dominado: admira tanto a su dominador que a lo único que aspira es a ser como él. La conquista del Nuevo Mundo le ofreció a Europa la posibilidad de efectivizar aquella aspiración; que es a lo que aspira alguien que no es libre: a dominar.
El señorío que despliega como constitución de su subjetividad se hace a costa de desconstituir la subjetividad del indio. El señorío que era cualidad divina y luego real, es asaltada por la codicia como principio de vida de los segundones; por eso llegan a estas tierras queriendo ser todos señores a costa de los indígenas, a quienes ven como sus vasallos naturales, tolerados sólo como servidumbre. Por eso la reacción es furibunda cuando su servidumbre se alza y hace gobierno y ahora habla en nombre de la naturaleza, en términos de Madre. Su respuesta es ridiculizar al indio insolente, no tolera el atrevimiento mayor: decir la verdad. Cuando la verdad no la dicen los cuerdos, tienen que decirla los locos; que es el modo como el sistema-mundo trata a quien dice la verdad. Ya en el principio ridiculizaron a Noé; es el modo como se muestra el temple del que habla con la verdad: primero se burlan de uno, luego se ríen, después de callan, y al
 final le siguen. Quienes al final quedan en ridículo son otros.
Si la cumbre levantó la irascible respuesta de los medios, es porque significa que otro mundo no sólo es posible sino más necesario que nunca, y esa conciencia es lo que destapa la mentira de la propaganda imperial. El desarrollo moderno ha producido ese veneno potencial que se llama coca cola, que es uno de los mayores causantes de diabetes en el mundo; así como ha logrado la producción acelerada de pollos (y toda producción pecuaria) en apenas tres meses, a base de hormonas que le hacen crecer e inflar de modo antinatural, además del hacinamiento cruel que sufren como potencial colérico transmitido a su propia carne (que se convierte en nuestro alimento diario). Ese tipo de producción está provocando todo tipo de enfermedades y trastornos. Otro de los logros del desarrollo moderno. Por eso preguntamos: ¿debemos llamar a eso desarrollo?
50% de emisión de gases de efecto invernadero proviene de la agroindustria, pero nuestras propias costumbres alimenticias sostienen a esa industria. La recomendación del presidente Evo es entonces cierta: dejemos los platos desechables y volvamos a los platos de barro; es decir, abandonemos lo artificial, la alternativa es volver a lo natural, porque somos naturaleza y, así como la naturaleza está diseñada con equilibrio, no hacemos una vida digna produciendo el desequilibrio. La riqueza seduce porque no hay verdad en ella, todo lo falso necesita de la seducción para conquistarnos; en realidad no se necesita demasiado para ser feliz, por eso se dice que el verdadero rico no es quien más tiene sino quien menos necesita. El “sumaj q’amaña” o vivir bien, parece ser la respuesta a esta crisis global, donde la lógica del dar se traduce, en praxis política, como servicio comunitario; el que aspira a ser señor no le gusta servir a los demás,
 en su lógica, el servicio es algo humillante, pero el servirse de los demás es algo meritorio, porque si en la lógica de la codicia, el otro desaparece como sujeto, como persona y como prójimo, ¿qué sentido tiene servir a quien le he despojado de su humanidad? Por eso, la forma de vida moderna no es vida, incluso para los beneficiados del norte, por eso su vida no es digna de ejemplo. Por eso volvemos a la pregunta: ¿deberemos seguir llamándoles desarrollados?

La Paz, Bolivia, 25 de abril de 2010
Rafael Bautista S.
Autor de “PENSAR BOLIVIA: DEL ESTADO COLONIAL AL ESTADO PLURINACIONAL”
rincón ediciones
[email protected]

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Manuel Noriega, de amigo a enemigo de EE.UU.

29/04/2010 by Vitalio Deja un comentario

Antes de Sadam Hussein fue Manuel Noriega. Como Sadam, Noriega gozó del apoyo de EE.UU. hasta que se convirtió en un aliado descarriado, luego en un embarazo, y finalmente en un “peligro inminente” que debía ser derrocado.

Noriega fue reclutado como informante de la CIA cuando estudiaba en una academia militar en Perú. Recibió capacitación de inteligencia y contrainteligencia en la Escuela de las Américas en Fort Gulick, Panamá, en 1967, así como en un curso sobre operaciones psicológicas en Fort Bragg, Carolina del Norte. Permaneció en la nómina de la CIA hasta febrero de 1988.

Después de un golpe militar en 1968, Noriega ascendió rápidamente y llegó a ser jefe de la inteligencia militar de Panamá y personaje clave bajo el general Omar Torrijos, el gobernante militar que firmó un tratado con EE.UU. para restaurar la zona del canal de Panamá a la soberanía panameña en 1977.

Después de la muerte de Torrijos en un misterioso accidente de aviación en 1981, Noriega consolidó su poder, convirtiéndose en el gobernante de facto de Panamá, y se promovió a general en 1983.

Noriega se hizo valioso para EE.UU. durante las guerras de la Contra en las que permitió a EE.UU. que estableciera puestos de escuchas telefónicas en Panamá y al ayudar a la campaña de EE.UU. contra el régimen izquierdista de los sandinistas en Nicaragua. Noriega permitió que Panamá fuera utilizada como conducto de dinero y armas para la Contra ya que el presidente estadounidense de entonces, Ronald Reagan, trató de debilitar a los sandinistas. Pero la creciente brutalidad de Noriega lo convirtió en un hándicap, especialmente después del asesinato de Hugo Spadafora, un oponente político que fue decapitado en 1985.

A fines de los años ochenta, EE.UU. se volvió contra Noriega. El subcomité del Senado sobre terrorismo, narcóticos y operaciones internacionales concluyó en 1988 que “la saga del general Manuel Antonio Noriega de Panamá representa uno de los fracasos de política exterior más serios de EE.UU. Durante todos los años setenta y ochenta, Noriega logró manipular la política de EE.UU. hacia su país, mientras acumulaba habilidosamente un poder casi absoluto en Panamá.

“Es obvio que cada agencia del gobierno de EE.UU. que tuvo una relación con Noriega hizo caso omiso de su corrupción y narcotráfico, incluso cuando emergía como protagonista clave por cuenta del Cartel de Medellín [cuyo miembro fue el tristemente célebre capo de la droga colombiano Pablo Escobar].”

Noriega fue acusado por dos jurados de acusación federales en Florida de narcotráfico y crimen organizado y la CIA lo sacó de su nómina. El año siguiente, la imagen de Noriega como dictador brutal fue reforzada en términos extremos cuando candidatos opositores en la elección presidencial fueron detenidos y golpeados por miembros de los Batallones de la Dignidad de Noriega.

Después de una serie de incidentes que culminaron en la muerte de un soldado estadounidense, el presidente George Bush decidió que era hora de un cambio de régimen. En diciembre de 1989, Bush envió tropas de EE.UU. para derrocar a Noriega, ofreciendo una recompensa de 1 millón de dólares por información que condujera a su captura.

“Las imprudentes amenazas y los ataques del general Noriega contra estadounidenses en Panamá crearon un peligro inminente para los 35.000 ciudadanos estadounidenses en Panamá. Como presidente, mi obligación más importante es salvaguardar las vidas de ciudadanos estadounidenses,” dijo Bush en aquel entonces.

La Operación Causa Justa terminó con la captura de Noriega cuando se entregó a los soldados de EE.UU. después de refugiarse en la Nunciatura Apostólica en Panamá. En uno de los episodios más estrafalarios de la invasión, las fuerzas de EE.UU. tocaron música de rock a todo volumen -incluido I Fought the Law, de Clash- a fin de presionar a Noriega para que se entregara. Las pérdidas por parte de EE.UU. fueron 24 soldados, más tres víctimas civiles. La cantidad de muertes de civiles panameños fue indicada como unos 200, aunque hay afirmaciones de que la cantidad fue mucho mayor.

Noriega fue condenado en Miami en 1992 por múltiples acusaciones, incluyendo narcotráfico, y sentenciado a 40 años. La condena fue reducida por buena conducta y completó su sentencia en 2007. Desde entonces, el recluso 38699-079 se dedicó a combatir la extradición a Francia, donde ha sido acusado del lavado de 3 millones de dólares de dinero de la droga mediante compras de propiedades en París.

http://www.informationclearinghouse.info/article25326.htm

Algunos comentarios de lectores de The Guardian:

John S. Hatch ·

Existe evidencia de que los estadounidenses asesinaron a numerosos miembros de la Guardia Nacional de Panamá con una bala en la cabeza y luego los enterraron en fosas comunes. También hubo un vídeo de aficionado (ciertamente no mostrado en los medios dominantes estadounidenses) de tanques pasando sobre coches habitados sólo por el placer de hacerlo, en un caso con una familia de cuatro.

Jukit Babalu ·

MIENTRAS PUEDA HACERLO, cualquiera puede ver y COMPRAR la sorprendente información contenida en el vídeo de Clearing House [en inglés] The Panama deception” que podéis ver en:http://www.informationclearinghouse.info/article4…

Louise Baskin ·

En realidad, la VERDAD es que George H.W. Bush y su agente de la CIA durante doce años, Manuel Noriega, fueron socios extraoficiales durante tantos años, y responsables por el contrabando a EE.UU. -específicamente a vecindarios negros en Los Angeles y San Francisco- de kilos y kilos de cocaína, para financiar a la Contra.

Cuando los ‘buenos’ en EE.UU. empezaron a cercar a Noriega y su contrabando de droga, y las cosas se acercaron demasiado a George H.W. Bush para su confort, dio un ultimátum a su buen compinche, Noriega: Renuncia y abandona el país para siempre, y conserva el negocio del contrabando de cocaína. Cuando Noriega por su parte, mandó al diablo a Bush, cansado de que -como títere de Bush- le dijeran lo que debía hacer y dijo “¡No!” FUE EL MOMENTO cuando George H.W. Bush se volvió ferozmente en su contra. Y a fin de desviar la atención de su persona, y después de proclamar que en el espíritu de ser “duro contra la droga”, cuando en realidad, él mismo es responsable por la epidemia de “crack” en EE.UU., ¡fue cuando anunció la recompensa por Noriega, y fueron y lo capturaron!

Ya sabéis, cómo Bush hizo con Sadam -dándole luz verde para invadir Kuwait, y luego apuñalándolo por la espalda al tratar de matarlo y al atacar Iraq- Tormenta del Desierto.

Es importante que digamos la verdad sobre la historia…

George H.W. Bush es DIRECTAMENTE responsable de crear la epidemia del “crack” en EE.UU. y por diezmar incontables vidas jóvenes y centros urbanos.

De modo que, es importante, que si se escribe sobre estas cosas, ¡se di

 

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BoliviaUn nuevo movimiento sobre el cambio climático

25/04/2010 by maestro Deja un comentario

platos de cartón, vasos de plástico, impermeables desechables, jícaras hechas a mano, platos de madera y coloridos ponchos. Todos jugaron un papel para demostrar un punto principal: para luchar contra el cambio climático necesitamos recuperar los valores de los indígenas.

Sin embargo, los países ricos tienen poco interés en aprender estas lecciones y, al contrario, promueven un plan que, en el mejor de los casos, incrementaría la temperatura global promedio en dos centígrados. Eso implicaría que se derritieran los glaciares de los Andes y los Himalaya, le dijo Morales a las miles de personas reunidas en el estadio, como parte de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Lo que no necesitaba decir es que no importa cuán sustentablemente elija vivir el pueblo boliviano, pues no tiene el poder para salvar sus glaciares.

La cumbre climática en Bolivia ha tenido sus momentos de alegría, levedad y absurdos. Sin embargo, en el fondo, se siente la emoción que provocó este encuentro: rabia contra la impotencia.

No hay por qué sorprenderse. Bolivia está en medio de una dramática transformación política, una que nacionalizó las industrias clave y elevó como nunca antes las voces de los indígenas. Pero en lo que se refiere a su crisis existencial más apremiante -el hecho de que sus glaciares se derriten a un ritmo alarmante, lo cual amenaza el suministro de agua en dos de las principales ciudades-, los bolivianos no pueden cambiar su destino por sí solos.

Eso se debe a que las acciones que provocan el derretimiento no se realizan en Bolivia, sino en las autopistas y las zonas industriales de los países fuertemente industrializados. En Copenhague, los dirigentes de las naciones en peligro, como Bolivia y Tuvalu, argumentaron apasionadamente en favor del tipo de reducciones a las emisiones de gases que podrían evitar una catástrofe. Amablemente les dijeron que la voluntad política en el Norte simplemente no existía. Y más: Estados Unidos dejó claro que no necesitaba que países pequeños como Bolivia fueran parte de una solución climática. Negociaría un acuerdo con otros emisores pesados a puerta cerrada y el resto del mundo sería informado de los resultados e invitado a firmar, lo cual es precisamente lo que ocurrió con el Acuerdo de Copenhague. Cuando Bolivia y Ecuador rehusaron aprobarlo en automático, el gobierno estadunidense recortó su ayuda climática en 3 millones y 2.5 millones de dólares, respectivamente. No es un proceso de a gratis, explicó Jonathan Pershing, negociador climático estadunidense. (Aquí está la respuesta para cualquiera que se pregunte por qué los activistas del Sur rechazan la idea del apoyo climático y, en cambio, demandan el pago de deudas climáticas.) El mensaje de Pershing era escalofriante: si eres pobre, no tienes derecho a priorizar tu propio supervivencia.

Cuando Morales invitó a los movimientos sociales y los defensores de la madre tierra, científicos, académicos, abogados y gobiernos, a venir a Cochabamba a un nuevo tipo de cumbre climática, fue una revuelta contra esta sensación de impotencia, fue un intento por construir una base de poder en torno al derecho a sobrevivir.

El gobierno boliviano arrancó las discusiones proponiendo cuatro grandes ideas: que se debería otorgar derechos a la naturaleza, que protejan de la aniquilación a los ecosistemas (unadeclaración universal de los derechos de la madre tierra); que aquellos que violen esos derechos y otros acuerdos ambientales internacionales deberían enfrentar consecuencias legales (un tribunal de justicia climática); que los países pobres deberían recibir varios tipos de compensación por una crisis que ellos enfrentan pero tuvieron poco que ver en crear (deuda climática), y que debería haber un mecanismo para que la gente en el mundo exprese sus puntos de vista sobre estos temas (un referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático).

La siguiente etapa fue invitar a la sociedad civil global a ir discutiendo los detalles. Se instalaron 17 grupos de trabajo y después de semanas de discusión en línea se reunieron durante una semana en Cochabamba, con el fin de presentar sus recomendaciones finales al término de la cumbre. El proceso es fascinante pero lejos de ser perfecto (por ejemplo, como señaló Jim Shultz de Democracy Center, al parecer, el grupo de trabajo sobre el referendo invirtió más tiempo discutiendo si añadir una pregunta sobre abolir el capitalismo que discutiendo cómo se le hace para llevar a cabo una consulta global). Sin embargo, el entusiasta compromiso de Bolivia con la democracia participativa podría ser la contribución más importante de la cumbre.

Esto porque luego de la debacle de Copenhague un tema de discusión tremendamente peligroso se volvió viral: la verdadera culpable del fracaso era la democracia en sí. El proceso de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que da votos con el mismo peso a 192 países, simplemente era demasiado difícil de manejar. Era mejor encontrar soluciones en grupos pequeños. Hasta las voces ambientales de confianza, como James Lovelock, cayeron en la trampa: Tengo la sensación de que el cambio climático puede ser un tema tan severo como la guerra, le dijo a The Guardian recientemente. Quizá sea necesario poner a la democracia en pausa durante un tiempo. Pero en realidad son estos pequeños grupos, como el club privado que forzó el Acuerdo de Copenhague, los que han ocasionado que perdamos terreno y debilitado los acuerdos existentes, que de por sí son inadecuados. En cambio, la política de cambio climático llevada a Copenhague por Bolivia fue redactada por los movimientos sociales mediante un proceso participativo y el resultado final fue, hasta el momento, la visión más transformadora y radical.

Con la cumbre de Cochabamba, Bolivia intenta globalizar lo que logró a escala nacional e invitar al mundo a participar en redactar una agenda climática conjunta, antes del próximo encuentro sobre cambio climático de la ONU, en Cancún. En palabras del embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Pablo Solón, la única cosa que puede salvar a la humanidad de una tragedia es el ejercicio de la democracia global.

Si está en lo correcto, el proceso boliviano podría no sólo salvar a nuestro planeta que está calentándose, sino también a nuestras democracias en vías del fracaso. No está mal el trato.

El texto fue publicado en The Nation.

Traducción para La Jornada: Tania Molina Ramírez. http://www.jornada.unam.mx/2010/04/24/index.php?section=mundo&article=022a1mun

Fuente: http://www.naomiklein.org

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“El mercado se beneficia de la creatividad social, pero sólo devuelve precariedad”

11/04/2010 by maestro Deja un comentario

Versión completa de la entrevista con Michel Bauwens aparecida el sábado 10 de abril en Público. Bauwens respondió las preguntas mientras participaba en el (D’)Evolution Summitorganizado en Barcelona por los compañeros de Red SOStenible y eXgae. De nuevo agradecer a Tomás González y a Álvaro García-Ormaechea su ayuda a la hora de traducir (¡solo no puedes, con amigos sí!).

Michel Bauwens es ensayista e investigador. Ha trabajado para las universidades de Amsterdam y de Dhurakij Pundit (Tailandia). Ha sido director de la revista digital Wave y del newsletter Pluralities-Integration. Es fundador y promotor de la Fundación para las Alternativas Peer-to-Peer (Foundation for Peer-to-Peer Alternatives). Ha escrito varios libros sobre cultura, tecnología y nuevos modelos de negocio.

El establishment del copyright se defiende repitiendo un cliché: quienes critican el modelo actual sólo son un puñado de consumidores irresponsables que quieren “todo gratis”, sin respeto alguno por el trabajo de los creadores. Pero en el movimiento por una cultura libre se están pensando y ensayando alternativas que vayan realmente a favor de los creadores, sin perjudicar el hecho social básico que es compartir.

¿Qué son las dinámicas peer to peer?

Las dinámicas peer to peer (entre iguales) son procesos sociales en los cuales quienes forman parte de una red distribuida pueden sumarse libre y voluntariamente a la búsqueda de objetivos comunes. Son procesos que están surgiendo en cada pliegue de la vida social, como un tercer modo de crear valor más allá del mercado y de lo público. Implican una revolución en lo que concierne a la producción, el autogobierno y la propiedad.

¿En qué sentido?

En primer lugar, ahora tenemos la posibilidad de producir movidos por nuestra pasión y auto-organizando nuestros propios recursos, más allá de las formas coercitivas (esclavitud o vasallaje) o basadas simplemente en el propio interés (el intercambio capitalista). En segundo lugar, el gobierno entre iguales, es decir, los medios que un grupo de pares elige para gobernarse a sí mismos cuando decide producir un recurso común, no es representativo, sino que los participantes co-deciden de forma directa. Por último, la propiedad entre iguales, esto es, el marco institucional y jurídico escogido para proteger el valor creado comunitariamente de la apropiación privada, está dirigida a facilitar el uso más amplio posible y equilibra el derecho colectivo con el individual (pienso por ejemplo en la General Public License del software libre o en licencias tipo Creative Commons).

El mercado, la jerarquía o la democracia son tres medios diferentes de asignar recursos escasos. Pero mientras nos encontremos en un campo inmaterial, cultural o de conocimiento, en el que todo se puede copiar sin costes, cualquiera en cualquier parte del mundo puede agregar voluntariamente su trabajo y se pueden coordinar proyectos muy complejos mediante la adición del trabajo voluntario realizado por distintos individuos en distintos lugares.

Todo esto es muy novedoso y podría convertirse en la lógica central de una nueva sociedad.

¿Qué diferencia hay entre lo público y lo común?

Mi visión personal es que la propiedad pública concierne el total de los bienes comunes de la sociedad, pero está en manos del Estado y de las autoridades públicas. El riesgo de la propiedad pública es que puede volverse, a través de políticos autoritarios o incluso representativos, la herramienta de una minoría que controla y excluye de la participación a muchos. La propiedad común, sin embargo, concierne a los bienes comunes relacionados con la sociedad civil y es más una mezcla de propiedad individual y colectiva. Por ejemplo, en el caso de las licencias Creative Commons los individuos tienen una gama muy amplia de opciones sobre cómo quieren compartir su propiedad. Tienen el control, sin coerción.

¿La dinámicas peer to peer son sostenibles económicamente?

No hay que engañarse: en el modelo clásico del copyright sólo una parte infinitesimal de los ingresos va a parar a los creadores. Habitualmente, en este modelo “el ganador se lo lleva todo”. Igual que las librerías incrementaron la lectura y la compra de libros, el intercambio de archivos aumenta la posibilidad de disfrutar y usar la música. Y también, por lo tanto, de crear nuevas maneras de financiar a los creadores. Y desde el momento en que ya no es necesaria una cantidad muy significativa de intermediaciones, muchos de los ingresos que iban a parar a los intermediarios ahora podrían ir directamente a los creadores.

En concreto, ¿cómo pueden financiarse los creadores?

En mis investigaciones, he identificado principalmente tres modelos de negocios que no restringen la libre copia. En el modelo del crowdsourcing, la plataforma propietaria actúa como agente y tanto ella como los creadores ganan en el caso de una venta. En el modelo del compartir [sharing model], la gente comparte la música o los contenidos gratuitamente, la plataforma vive de la publicidad o de donaciones, y puede compartir ingresos con los artistas (pienso en Jamendo). Pero el más interesante es el modelo del procomún [commons model], en el que una alianza fuerte entre creadores y gestores de nuevo tipo autogestiona la propia plataforma creando algún tipo de valor añadido sobre el recurso gratuito y redirigiendo parte de los beneficios a sostener los bienes comunes (por ejemplo, Linux o Wikipedia). Muchos creadores individuales han usado una gran variedad de soluciones, todas ellas basadas en el hecho de que aceptan el libre intercambio, pero creando algún tipo de valor añadido sobre el recurso común. Pero me parece que mientras el viejo modelo represivo y monopolístico ha quebrado, el nuevo genera aún mucha incertidumbre, por lo que quizá se necesite una solución social y colectiva, como por ejemplo un modelo de licencia colectiva.

¿En qué consiste?

En este modelo, el intercambio de archivos está legalizado, los usuarios pagan una pequeña tasa en forma de impuesto y los ingresos globales se comparten de acuerdo con el uso efectivo del material creativo, que se puede medir más fácilmente siendo legal. No es el público que ama la música el que se opone a las licencias colectivas, sino más bien la industria, que protege su monopolio sobre los beneficios a costa de los creadores. Hay que encontrar esquemas de generación de ingresos que garanticen la expresión cultural libre, el libre intercambio y los medios para desarrollar modos de ganarse la vida con el propio trabajo. Es necesario un nuevo compromiso histórico.

¿Por qué motivos?

Hay una mutua dependencia entre el mercado y la creatividad social. Las dinámicas peer to peer dependen en la actualidad del excedente (y la crisis) del modelo social existente. Pero, por su lado, las empresas y los gobiernos ya no pueden funcionar sin la innovación social que resulta de las aportaciones de la sociedad civil y de los procesos asociados de producción entre iguales. Sin embargo, la relación ahora es desigual. El mercado se beneficia enormemente del trabajo voluntario y la creatividad social, pero sólo devuelve precariedad. No hay mecanismos para que esos ingresos puedan ser compartidos con aquellos que crean valor. Cada vez más empresas viven de la participación, pero dejan a los co-participantes en la intemperie. ¿Qué proporción de los ingresos de Youtube (o Google, o Skype) va a parar a las personas que generan los contenidos? Para proteger las dinámicas entre iguales y el valor de la participación, las puras dinámicas de mercado no son apropiadas y destruirán esas dinámicas. Si sólo algunos participantes reciben un beneficio de un proyecto colectivo, eso tendrá a desmotivar a los otros. Hay que pensar un nuevo modelo, un nuevo contrato social.

¿Se puede aplicar la lógica peer to peer al ámbito de los bienes físicos?

Por supuesto, la lógica peer to peer sólo funciona plenamente en la esfera inmaterial de la abundancia, en la que todo se puede copiar sin coste y donde es posible coordinar proyectos muy complejos que reúnen el trabajo de individuos distintos en distintos lugares del mundo. En lo que concierne a los bienes inmateriales de uso y disfrute no antagonistas -o tú o yo-, la exclusión es algo casi completamente innecesario. En el caso de los bienes físicos antagonistas, hay que partir de la base de que son escasos y limitados, pero quienes los producen han de poder decir y decidir en sus respectivos ámbitos. En todo caso, hoy en día cualquier bien que necesita producirse materialmente necesita diseñarse y el diseño compartido es la próxima frontera -que está emergiendo con mucha fuerza- para la producción entre iguales. También pienso que los proyectos de diseño compartido deberían tender a alinearse con formas corporativas que estén en armonía con su propio sistema de valores y esto supondría el nacimiento de una economía social basada en diseños abiertos y modos cooperativos de propiedad.

¿Para ti es lo mismo mercado y capitalismo?

Veo el mercado simplemente como una de las opciones para intercambiar bienes antagonistas, limitados. Existen otras formas y además el mercado no es apropiado, e incluso a veces es contraproductivo, para el intercambio de bienes no antagonistas. Como decía antes, hay que tener en cuenta que los mercados, la democracia y la jerarquía son medios para tratar la asignación de la escasez y no son realmente necesarios en casos de bienes abundantes no competitivos. Sin embargo, siempre que haya escasez de algunos bienes se pueden utilizar mecanismos de mercado, que se llevan usando miles de años antes de la llegada del capitalismo. Por otra parte, el capitalismo es un sistema basado en la acumulación infinita de capital y en el uso de la mano de obra como un bien de mercado; sólo puede existir expropiando a la mayoría de la población de los medios de sus propios recursos productivos. Su principal problema ahora es que el crecimiento infinito es incompatible con la existencia continuada de la biosfera y, por lo tanto, de la humanidad. Está destinado a desaparecer, pero podemos preservar a los mercados de ese destino siempre que la gente desee el espíritu emprendedor y el intercambio libre.

A veces, leyéndote, se tiene una impresión de déjà vu, como si se estuviera releyendo los viejos manuales marxistas que explicaban como la contradicción entre las fuerzas productivas (tecnología) y las relaciones de producción (la propiedad) hace avanzar la historia, cómo lo viejo está siempre preñado de lo nuevo y sólo hay que ayudarlo a nacer (“la transición tranquila”, “la autopista hacia el sistema peer to peer“) . ¿Existe realmente ese corte tan claro entre lo viejo y lo nuevo? ¿Dónde queda en esta visión la necesidad de lucha y conflicto?

Cuando un sistema basado en el crecimiento infinito toca sus límites físicos y naturales, es lógico esperar una fase de transición. Creo que la mejor imagen o analogía es el cambio del imperio romano basado en la esclavitud al feudalismo; o de este último al capitalismo. No se trató de una continuación sin más, sino de un cambio sistémico completo con valores y lógicas radicalmente diferentes. Por lo tanto, el peer to peer no debería considerarse una simple continuación de lo que tenemos, incluso aunque esté adaptado por las fuerzas sociales actuales, porque su lógica inherente es la de un sistema de valores sustancialmente nuevos. Creo que se están agotando de manera gradual los tiempos y las posibilidades para una transición tranquila, ya que no parece que las actuales élites sean capaces de dirigirnos hacia el cambio estructural necesario, ni siquiera tras la repentina conmoción para el sistema de 2008. Si Obama hubiera sido un Roosevelt en lugar de un Herbert Hoover, podría haberse dado un escenario convincente para un cambio gradual y ordenado, pero creo que la oportunidad histórica ha pasado. El conflicto no es una opción, sino algo que se impone cuando una estructura vieja es impermeable a la adaptación.

Algunos de tus textos están muy impregnados por un tono utópico. ¿En qué sentido son importantes para ti las historias utópicas sobre otros mundos posibles?

Presento de manera explícita el peer to peer como una forma no utópica y basada en la observación cuidadosa de las actuales tendencias, pero que añade el elemento de fuerzas humanas conscientes que buscan las sinergias y la integración. El nuevo mundo será diferente y creo en una mejoría sustancial, si no material, sí espiritual, pero no será una utopía o una sociedad perfecta, sino sencillamente una sociedad sostenible que reconoce los límites naturales y que limita las trabas a la innovación humana en el contexto de una justicia social mejorada. Obviamente, es posible que las cosas lleguen a ser mucho peores antes de mejorar. Dicho esto, no tengo nada contra el pensamiento utópico si sirve de inspiración para acciones humanas positivas, con la condición de que sea consciente de sí mismo y no trate de negar la realidad en favor de los sueños, que así corren el riesgo de convertirse en pesadillas.

Otra entrevista muy recomendable con Michel Bauwens

http://blogs.publico.es/fueradelugar/

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Las defensas de la jerarquía católica sobre pederastia

11/04/2010 by maestro Deja un comentario

Lo que salta a primera vista en el caso Maciel, ya comentado por Carmen Aristegui en CNN, es que el filósofo, cuyas ideas son utilizadas para educar niños y niñas de la elite mundial, era, por un lado, un mentiroso, por otro, un libertino y por otro un pedófilo. Lo que hace del caso Maciel un ejemplar es que cometió pedofilia con sus propios hijos, lo que debe de ser la peor aberración existente. Si hubieran sido sus hijas hubiera sido incesto pero como son varones se le llama pedofilia, pero es en realidad una pedofilia incestuosa.

Este caso, entre centenares de miles denunciados y que han salido a la luz pública, ha llevado a la orden a salir del voto de silencio que habían mantenido pero además ha removido las estructuras de la base educativa de la orden. Con escuelas en Alemania, Argentina, Australia, Austria, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, El Salvador, España, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Holanda, Hungría, Irlanda, Italia, México, Nueva Zelanda, Perú, Venezuela, es una orden que administra activos por decenas de miles de millones de dólares y que tiene la fuerza como para convocar al Papa a visitar México siete veces y también suspender la investigación sobre Maciel.

Encargado de educar a la elite en los países donde se encuentra, queda la duda de si de tal palo, tal astilla, y de si la actitud de esta orden en general frente a los diversos temas que giran en torno a su fundador y que callaron durante décadas llevando incluso a que el actual Papa suspendiera la investigación fue con conocimiento de causa.

El dinero es poder y esta orden es llamada también los millonarios de Cristo por la falta de voto de pobreza que profesa visiblemente y por la clientela (feligresía en estricto sentido religioso, si fuera el caso) que cultiva. Maciel dejó un imperio eclesiástico estimado por el periódico italiano L’espresso en 25 mil millones de euros y con un presupuesto anual de 650 millones de euros, según el Wall Street Journal.

El mausoleo de Maciel está en Roma y costó, según algunos medios, 50 millones de euros. Es irritante que una orden católica que debe de predicar con el ejemplo, esconda el ejemplo de su fundador detrás de un voto de silencio que luego se extiende más allá de la orden y llega la prensa y a la sociedad en su conjunto.

En países como el Perú, sin ir más lejos, o en el propio México, los grandes medios no rebotan este tema, dejándolo para diarios más de izquierdas. Lo que aparece en el New York Times o el Wall Street Journalno llega a las elites latinoamericanas que son las que bancan a esta orden y cuya educación reciben. Educar elites tiene grandes ventajas cuando de crímenes se trata, porque si de algo sabe la elite, es callar frente a la desgracia de uno de los suyos. También, como se vio en los juicios por corrupción en el Perú, sabe proteger a los suyos aunque los que no son los suyos vayan a la cárcel. El límite del cinismo ha sido, sin embargo, cuando Angelo Sodano, el ex canciller del Vaticano del periodo de Juan Pablo II, conocido por su rigidez frente a los temas relacionados a la sexualidad entre adultos que consienten, dijo que el Papa no debería de hacer caso de los chismes.

La Jornada publicó una foto, cuyo pie dice: “Benedicto XVI abraza al cardenal italiano Angelo Sodano durante la misa de Pascua en la catedral de San Pedro. En un gesto inédito, fuera del protocolo religioso, Sodano habló en nombre de la jerarquía de la Iglesia católica para manifestar su respaldo incondicional al Papa, en medio de una crisis provocada por curas pederastas”.

Dos días más tarde, el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, ha salido a decir que “”Puede haber menores que sí lo consientan -refiriéndose a los abusos- y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.

Esta bestialidad, propia de una mente enferma, puesta en boca de un obispo suena a defensa de cuerpo. El obispo no puede separar el abuso de un adulto a un menor de la relación entre dos personas que consienten porque ambas son enfermas. El obispo de marras agregó “que la diferencia entre la homosexualidad y los abusos está clara, plantea una pregunta: “¿por qué el abusador de menores es enfermo?”.

La naturaleza corporativa de la defensa es evidente cuando se agrega que el obispo de obispo de la prelatura Cancún-Chetumal, Pedro Elizondo, dijo, al inicio de la semana santa, que “los curas pederastas merecen perdón porque no sabían lo que hacían (…). Hasta ahora nos damos cuenta por la ciencia y los estudios de las consecuencias de esos actos, que pueden afectar y dañar, pero antes no se sabía”. Y agregó: “Lo hicieron por ignorancia, a lo mejor no sabían. En tal medida puede aplicárseles el precepto de Jesucristo ‘perdónalos, porque no saben lo que hacen'”.

No puede dejar de mencionarse que el mismo que perdona pederastas dijo también, al igual que el de Tenerife, “que los matrimonios entre personas del mismo sexo no tienen madre”. Lo que ocurre entre dos personas que consienten es para estos lo mismo que el abuso de menores. No es extraño que la iglesia católica haya perdido seguidores alrededor del mundo con obispos de esta ralea.

El caso Maciel ha sido eclipsado por la mencionada Carta a los Irlandeses pero persiste como el escándalo más dañino porque impacta sobre la vida de una orden fundada por un monstruo que casi fue santificado y cuyas investigaciones fueron detenidas por Ratzinger en el año 2006 aduciendo la edad de Maciel. Es decir, estos crímenes fueron dejados de lado en consideraciones de la edad y ocultados en el silencio. La interrogante es si existe alguna relación entre la rigidez en la educación sexual de niños y niñas y la conducta sexual compulsiva y abusiva de los educadores religiosos frente a ellos. Es decir, si es que hay que investigar a las órdenes conservadoras en general por estos tipos de crímenes y detectar si es que hay una relación entre una cosa y la otra. La peculiar obsesión católica con el sexo se puede ver como anómala, pero la obsesión de las órdenes de nuevo cuño y las agrupaciones religiosas fundadas en el siglo XX, son mucho mayores y más severas en el nombre de respetar más fielmente los principios católicos. Estos grupos son los disidentes de la modernización de la iglesia que llegó con el Concilio Vaticano II y son los que persiguieron con alma, corazón y vida a los teólogos de la liberación, llegando a excomulgar a algunos.

La pederastia es un asco que debe ser resuelta denunciando a los pederastas en todos los países y dejando que la justicia haga lo suyo. Mientras tanto, la Iglesia debe hacer su trabajo dentro de casa y dejar de negar esta monstruosidad, bandera de todas las denuncias sobre pedofilia so riesgo de perder autoridad moral, que es la única que tiene.

– Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI e integrante del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org

Agencia Latinoamericana de Informacion
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Consecuencias y amenazas inmediatas de la “triple crisis” generada por el neoliberalismo

11/04/2010 by maestro Deja un comentario

Introducción

 “La crisis amenaza con socavar todos nuestros logros y avances. Los progresos que hemos hecho para erradicar la pobreza y la enfermedad. Los progresos por combatir el cambio climático y promover el desarrollo. Por asegurar que la gente tenga suficiente para comer… Podría ser el golpe final al que muchos de los más pobres entre los pobres del mundo sencillamente no podrían sobrevivir”, advertía el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, a poco de desatarse la catástrofe financiera en los EEUU. Sus proféticas palabras se han transformado ya en una trágica realidad que aborda una triple perspectiva: económica, ambiental y alimenticia. 

La crisis, como es sabido, comenzó en los EEUU y rápidamente se propagó por la gran mayoría de los países occidentales desarrollados, cuyos sistemas financieros estaban estrechamente vinculados al sistema financiero de los EEUU. Sin embargo, aun cuando nada tienen que ver con el origen de la misma, la extrema dependencia en la que viven las economías de los países en desarrollo respecto de estas economías financiero-especulativas de los países desarrollados, ha acabado por convertir a los países empobrecidos de la periferia en los países más afectados por esta crisis, sobre todo si abordamos el problema desde una perspectiva social y humanitaria, y no tanto desde una perspectiva meramente economicista. 

Mientras en el primer mundo la crisis está siendo protagonizada principalmente por el mundo financiero y especulativo, con fuertes ramificaciones, eso sí, hacia la denominada “economía real”, generando serios problemas en la estabilidad laboral y la calidad de vida de millones de trabajadores y trabajadoras, el problema para los países del Tercer Mundo ha acabado por alcanzar tintes mucho más dramáticos, al punto de que diversos autores han alertado, como se ha dicho, acerca de la existencia de una triple crisis (económica, ambiental y alimenticia), cuyos efectos a medio plazo pueden ser absolutamente devastadores para las poblaciones de estos países, bastante más devastadores incluso de lo mucho que ya lo están siendo y lo han sido hasta ahora. 

La caída de precios en los mercados de materias primas de los cuales dependen las exportaciones de los países empobrecidos, la retirada de las inversiones extranjeras provenientes de los países desarrollados, el estancamiento en el comercio internacional y el descenso en el ritmo de crecimiento de las exportaciones, la caída en la cantidad de dinero ingresado por estos países a través de las remesas de sus trabajadores en el extranjero (afectados a su vez por el aumento del desempleo en los países desarrollados), la devaluación de sus monedas, el descenso en la cuantía de las ayudas humanitarias, la disminución de los flujos de capital, los retiros de capital en los mercados de valores de estos países por los inversores de los países desarrollados, la dificultad para acceder a nuevos créditos en el extranjero, en fin, las múltiples formas de dependencia que estos países tienen respecto de las economías desarrolladas, han obrado la mayor parte del trabajo con toda precisión. El alto precio en el que han estado ubicados los alimentos y los combustibles durante los últimos años (una coyuntura que paradójicamente sirvió como fuente de importantes ingresos para un buen número de países en desarrollo) hicieron el resto.

El economista y politólogo Eric Toussaint escribía al poco de estallar la crisis “Como consecuencia de la crisis desencadenada en los países más industrializados, las condiciones de los préstamos para los PED se endurecerán. Las importantes reservas de cambio que han acumulado en estos últimos años amortiguarán los efectos de ese endurecimiento, pero sin duda no serán suficientes para protegerlos completamente. Algunos eslabones débiles de la cadena de endeudamiento en el Sur es probable que se vean afectados en un futuro próximo, en tanto que algunos de ellos ya están seriamente tocados por la crisis alimentaria mundial que estalló en 2008” (Toussaint, 2008). 

Desgraciadamente los malos augurios pronosticados por este prestigioso economista crítico se han visto cumplidos con creces. Como decimos, además, desde una triple perspectiva: económica, ambiental y alimenticia.

Salvando bancos, hundiendo el mundo

Según algunos estudios recientes del FMI (FMI, 2009) se estima que, a consecuencia de la actual crisis económica internacional, el PIB mundial se contrajo un alarmante 6,25% (anualizado) en el cuarto trimestre de 2008, descendiendo casi al mismo ritmo en el primer trimestre de 2009. Las economías avanzadas registraron una reducción sin precedentes del 7,5% en el cuarto trimestre de 2008, y la mayoría de ellas ahora están o han estado atravesando recesiones profundas durante los últimos dos años. Las estimaciones más optimistas nos hablan de que el Producto Global se contrajo un mínimo de 2,6% durante 2009. 

Por otro lado, según informaba el prestigioso diario “The Telegraph” en su edición del 8 de agosto de 2009 (The Telegraph, 2009), el propio FMI calculaba ya entonces que el costo de la crisis ascendía a 11,9 billones de dólares, habiéndose multiplicado por más del doble en los apenas cuatro meses transcurridos desde las anteriores estimaciones presentadas por este mismo organismo en abril de 2009, las cuales situaban dicho coste en unos 4,1 billones de $ (FMI, 2009a). Los 11,9 Billones mencionados serían tan sólo el resultado de sumar todo el dinero que el mundo había gastado hasta ese momento para depurar los activos tóxicos del sistema financiero. 

Para que se comprenda bien el volumen de la cifra, se podría decir que semejante cantidad de dinero equivaldría a un quinto de toda la producción económica mundial anual, o, caso de ser entregada equitativamente entre todos los seres humanos del plantea, vendría a suponer 1.830 US$ por cabeza. Si pensamos además que casi el 50 por ciento de la población mundial vive con menos de 2 dólares diarios, podemos ver la magnitud de lo acontecido, la insoportable cantidad de dinero que los Estados capitalistas han tenido que gastar para rescatar a sus propios sistemas financieros de las perturbaciones generadas por la aplicación sistemática de los postulados neoliberales durante casi tres décadas. Estos 11,9 billones de dólares, como decimos, incluyen solamente las aportaciones de capital a los bancos, inyectadas para evitar el derrumbe del sistema. Casi nada.

Estos datos resultan aún más elocuentes si, como informaba igualmente el diario “The Telegraph” en la noticia reseñada, se sabe que la mayor parte de este monto, equivalente al 86% de los recursos (10,2 billones de dólares), había sido entregada a los países desarrollados, mientras que los países en desarrollo han recibido un apoyo de apenas 1,7 billones de dólares (14%). 

Gran Bretaña y Estados Unidos han sido los países que han recibido más apoyo con estas medidas de emergencia para socorrer su sistema financiero. En el caso del Reino Unido, su factura de socorro asciende al 80% del PIB nacional. 

Curiosamente, aunque seguramente no por casualidad, tales países son los dos Estados que dieron origen a la época neoliberal a finales de los 70 y principios de los 80, aunque el Chile de Pinochet ya venía sirviendo como laboratorio de pruebas desde el golpe de Estado de 1973. Curiosamente también, Chile ya fue en su momento el país latinoamericano más afectado por la crisis económica de los 80. 

Pero, por si quedaba alguna duda del origen de esta crisis global, ha sido la propia ONU quien no ha tenido más remedio que reconocer, a través de un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre comercio y desarrollo (UNCTAD), el fracaso absoluto que la etapa neoliberal ha supuesto para el mundo: “el laissez-faire de los últimos 20 años, inspirado por un fundamentalismo de mercado, ha fracasado estrepitosamente” (UNCTAD, 2009). 

Según este mismo informe, las razones de este fracaso debemos buscarlas, entre otros asuntos mencionados, en “la fe ciega en la eficiencia de los mercados financieros desregulados y la inexistencia de un sistema financiero y monetario basado en la cooperación que generó la ilusión de que las operaciones financieras especulativas en numerosos ámbitos podían rendir ganancias sin riesgo y otorgaban licencia para el derroche (…) La desregulación financiera, impulsada por una creencia ideológica en las virtudes del mercado, ha favorecido la aparición de instrumentos financieros “innovadores” sin vinculación alguna con actividades productivas en el sector real de la economía. Esos instrumentos propician actividades especulativas que se basan en información aparentemente convincente, pero que en realidad no representa sino una extrapolación al futuro de las tendencias actuales.” (UNCTAD, 2009). 

El neoliberalismo fracasó estrepitosamente, dando paso con su fracaso a la peor crisis financiera internacional que se recuerda desde el crack bursátil de 1929. 

El privilegio de los bancos: ellos siempre ganan

Ante esta crisis en los mercados financieros internacionales, las instituciones públicas están, como se ha visto, inyectando enormes sumas de dinero público (procedentes, lógicamente, de los impuestos de los ciudadanos) para mantener viva la liquidez en los mismos. Pero estas inyecciones económicas están siendo acaparadas casi exclusivamente por los bancos y no parecen estar fluyendo hacia la economía real, ya que las condiciones bancarias para el acceso de la ciudadanía a los créditos no han hecho sino endurecerse sobremanera. Los bancos reciben dinero de los gobiernos para solventar sus problemas financieros, pero tal dinero no acaba de fluir, como debiera ser lo aconsejable, hacia el desarrollo de la economía real, vía créditos a particulares y empresas con los que poder fomentar tanto la inversión como el consumo. 

En España, por ejemplo, “el gobierno ha puesto directamente a disposición de los bancos más de 230.000 millones de euros, una cantidad que representa el 20% del PIB y más del doble de lo que el Estado se gasta en pensiones cada año. Gracias a ello, los beneficios de los bancos siguen siendo multimillonarios: 23.936 millones de euros en 2008, que fue un año de crisis, y que sumados a los obtenidos desde 2004 dan un total de 112.923 millones de euros. Una cantidad fabulosa que se conjuga, sin embargo, con la pérdida de empleo en el sector, con los problemas de solvencia y, sobre todo, con la falta de liquidez y de financiación que padece la economía. Sin embargo, un estudio reciente del Banco Central Europeo (Euro area bank lending survey Abril 2009) pone de relieve que el 40% de las entidades bancarias españolas han restringido el crédito a sociedades, el 30% el hipotecario y el 40% el destinado al consumo” (Torres López, Garzón Espinosa, 2009). 

Los bancos siguen, pues, a pesar de todo, saqueando a la ciudadanía, esta vez mediante la apropiación para su propio beneficio de fondos provenientes del erario público, convirtiéndose en auténticas aspiradoras que absorben cuanto pueden del dinero público para sus fines privados, una práctica, por otro lado, absolutamente en consonancia con los postulados neoliberales, y que podríamos asimilar perfectamente con una privatización encubierta del dinero público a gran escala. Si además tenemos en cuenta que la tasa de ahorro se ha disparado desde el comienzo de la crisis, los bancos vuelven a ser, una vez más, los grandes beneficiados de una crisis que ellos mismo generaron, mientras el peso de carga de la misma vuelve a recaer sobre los hombros de los trabajadores y trabajadoras. Sea como sea, pase lo que pase, los bancos siempre salen ganando. 

Avanzando hacia la triple crisis internacional

Pero no basta con centrar nuestra atención en la debacle financiera. Detrás de la crisis financiera se manifiesta también, como no podía ser de otro modo, una crisis de la economía real, pues la propia deriva financiera irremediablemente acaba por ahogar el desarrollo de la base productiva, así como ataca con más fuerza a quienes menos capacidad de respuesta tienen ante los desafíos de la economía internacional: los pobres del mundo. 

El desmoronamiento del sistema financiero internacional, la mencionada caída del modelo neoliberal aplicado a los mercados financieros internacionales durante las tres últimas décadas, trajo consigo también otra serie de consecuencias que han afectado brutalmente a la estabilidad económica y el desarrollo de los países empobrecidos. 

Entre otros efectos, los grandes inversores internacionales, al darse cuenta que la burbuja financiera estaba en plena decadencia y sus capitales comprometidos, que las ganancias allí eran ya prácticamente imposibles, movieron sus inversiones hacia aquellos otros mercados que pudieran satisfacer sus avariciosas pretensiones. Concretamente hacia aquellos mercados que en el momento de explotar la burbuja financiera presentaban una tendencia al alza de los precios, requisito imprescindible para dar rienda suelta a la especulación en busca de ganancias rápidas y cuantiosas, tal cual es la lógica de extremada avaricia y desenfrenada codicia que domina los mercados financieros en el marco de una esfera neoliberal. Estos mercados, para desgracia de la humanidad, no eran otros que el mercado energético y el mercado de alimentos, dos mercados que afectan de manera fundamental en el desarrollo y la calidad de vida de los países empobrecidos, especialmente en aquellos países que no cuentan con intereses públicos en estos mercados. 

El economista Juan Torres López nos explica este fenómeno de la siguiente manera: “La lógica especulativa que mueve las finanzas de nuestra época consiste en tratar de obtener los máximos rendimientos económicos en el menor espacio de tiempo posible. Los grandes capitales que existen en los mercados se mueven siempre hacia los espacios financieros donde se ofrecen mejores rentabilidades. Esta es lo que provocó el traslado de los grandes capitales desde el mercado bursátil, que se desplomó en el año 2000, hacia el mercado inmobiliario, creando de esta forma la burbuja inmobiliaria. Y esta sería también la razón que llevó a los inversores especulativos a salir del mercado de derivados financieros cuando estalla la burbuja. Pero no se vuelven hacia el aparato productivo, a crear empleo y riqueza. No. Dirigen su proa hacia a aquellos mercados en donde prevén que pueden alcanzar rentabilidades de la misma naturaleza, altas, rápidas y a ser posible sin rastro fiscal. Los mercados apropiados para ello en ese momento son los que tengan una cierta tendencia estructural al alza de precios. Es así que se podría ganar mucho dinero y fácilmente comprando y vendiendo enseguida. Puesto que el inmobiliario ya no servía, los capitales se dirigieron a otros dos mercados con esta característica: el del petróleo y el de productos alimenticios. Eso fue lo que produjo como de repente unas subidas espectaculares en los precios del petróleo y de los productos básicos en todo el planeta ante la perplejidad de la gente y ante la pasividad de los gobiernos que, como hasta entonces, dejaron hacer a los especuladores.” (Torres López, 2009). 

Si además sumamos todo esto a las amenazas cada vez más patentes de los efectos que el cambio climático puede tener en relación a la economía mundial y, de manera especial, sobre aquellos países de la periferia capitalista más empobrecidos y menos aptos para dotarse de los instrumentos necesarios en la lucha contra los mismos, nos da como resultado una combinación verdaderamente explosiva, una combinación que amenaza como nunca antes en la historia el futuro de las próximas generaciones de seres humanos, y muy especialmente, insisto, el de aquellos habitantes residentes en los países más empobrecidos. 

Esta crisis económica y financiera, generada en los países ricos por la avaricia neoliberal, se ve acompañada entonces de una crisis ecológico-energética y de una crisis alimentaria que afectan fundamentalmente a los países empobrecidos, muy a pesar de que poco o nada han tenido que ver estos países en el desarrollo de la crisis financiera internacional. 

La huella ecológica y la insostenibilidad del sistema consumista-capitalista

Crisis ecológico-energética en tanto que los recursos naturales existentes a nivel mundial no son suficientes para sustentar un modelo de desarrollo global basado en los actuales patrones occidentales de vida, lo cual implica necesariamente que el mantenimiento del modo de vida occidental, así como de sus patrones de crecimiento económico, lleve consigo el subdesarrollo y la dependencia de los países de la periferia del sistema. Como no parece probable (ni posible) que los países occidentales desarrollados vayan a variar su modelo de desarrollo económico y productivo, la amenaza es evidente.

Subdesarrollo porque es imposible que todos los países puedan tomar el camino del desarrollo marcado por la sociedad occidental capitalista, ya que no existen para ello los recursos suficientes a nivel mundial, así que sólo un número limitado de países puede aspirar realmente tener tal modelo de crecimiento económico. Obviamente, los países que a día de hoy ya poseen exitosamente este modelo de crecimiento no van a permitir que nuevos países se suban al carro del desarrollo occidental, pues eso implicaría una lucha directa por los recursos. Como en ese famoso juego infantil, hay pocas sillas donde sentarse y muchos niños compitiendo por ellas. Así que los que ya están cómodamente sentado en sus sillas, ¿alguien cree realmente que van a permitir que otros ocupen su lugar para que finalmente sean ellos los que se puedan quedar sin silla?

Si añadimos a lo anterior que son estos países quienes tienen el control total y absoluto del funcionamiento a nivel internacional de los principales mercados, ¿qué expectativas reales de crecimiento y desarrollo pueden tener aquellos países que a día de hoy se encuentran fuera de las sillas? El subdesarrollo está garantizado. Es una mera cuestión de lógica económica, amén del más elemental sentido común.

Dependencia además porque, evidentemente, planeta sólo tenemos uno. Si ya en la actualidad sabemos que el 20% de la población mundial, concentrada en los países desarrollados, consume el 80% del total de los recursos naturales y tales recursos provienen de todos los rincones del mundo, los recursos concentrados en aquellos países que no se encuentran dentro de ese 20% de la población mundial no tienen más remedio que estar siendo puestos al servicio de aquellos que están siendo sus actuales consumidores. 

Ergo, si el modelo de desarrollo occidental, en el cual viven ese 20% de la población mundial, no puede ser extrapolado al total de los países existentes, pues, como se ha dicho, no existen recursos suficientes para ello; de igual modo que los países desarrollados no pueden permitir el desarrollo real de los países empobrecidos, pues ello supondría entrar en competencia directa con estos países por los limitados recursos existentes, tampoco pueden permitir que aquellos recursos generados en estos países empobrecidos pasen a contribuir al desarrollo endógeno de sus propias economías, pues tales recursos les son necesarios a los países desarrollados, como condición sine qua non, para continuar con su propio crecimiento, que de otra manera no podría seguir delante de la manera en que lo hace en la actualidad. 

En demostración de estas tesis, Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía de la Universidad Complutense, escribía un artículo para el diario español “Público” titulado “¿Quién cabe en el mundo?” (Fernández Liria, 2008). En él, el profesor español comenta un estudio de Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California). Un estudio que lleva por nombre “El mundo suspende en desarrollo sostenible” y que ciertamente presenta unos resultados bastante significativos: 

“La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH “alto” cuando es igual o superior a 0’8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están “suficientemente desarrollados”. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su “huella ecológica” es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida. Repasando el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que sólo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0’8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. Sólo los países comprendidos en esa área serían un modelo político a imitar, al menos para aquellos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizás racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo. Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo que -por ahora al menos- tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba” (Fernández Liria, 2008). 

Los resultados de tal estudio entonces, a mi juicio, no pueden ser más esclarecedores: ese es, ni más ni menos, el mundo en que vivimos. Un mundo dominado por una serie de potencias centrales que se llenan la boca hablando de democracia y de libertad, de progreso y de desarrollo, pero que tras tal discurso no hacen sino ocultar la única y verdadera realidad que nos asola: que el desarrollo de los países de la periferia no podrá hacerse jamás si no es costa de acaparar parte del desarrollo de los países del centro, de igual modo que el desarrollo de los países del centro no se podría llevar a cabo si no es a costa de contribuir al subdesarrollo de los países de la periferia. Son, guste o no, las dos caras de una misma moneda. El Planeta no es capaz de soportar el desarrollo de todos a un mismo tiempo, no al menos desde una perspectiva consumista-capitalista, tal cual quieren imponer al mundo los países desarrollados.

Los países capitalistas desarrollados no pueden dar marcha atrás a su modelo productivo

Por otro lado, el modelo consumista que fundamenta la economía de los países desarrollados, además de, como se puede ver, ser un modelo potencialmente insostenible a largo plazo, es un modelo intrínsecamente injusto y causante de pobreza y desigualdades a nivel internacional. 

Como bien afirma la ONU en un conocido informe sobre desigualdades sociales (ONU, 2005) “es profundamente alarmante que, en un mundo en que se han alcanzado niveles sin precedentes de riqueza, conocimientos técnicos y saber científico y médico, sean los más vulnerables de la sociedad los que sistemáticamente salgan perdiendo en los períodos de expansión económica. Una de las consecuencias más visibles de la globalización es el acceso a nuevos tipos de riqueza, que tiende a aumentar la desigualdad. La globalización ha contribuido a acentuar las tendencias que hacen que el 20% más rico del planeta realice el 86% del consumo privado y el 20% más pobre apenas supere el 1%. Si no se procura lograr un giro de la política económica para ayudar a los que se han quedado atrás, es dudoso que se pueda avanzar hacia la reducción de la pobreza”. 

Lo que tal vez no se haya querido reconocer de manera explícita en este informe de la ONU es que tal giro a la política económica es totalmente imposible desde la perspectiva de los países desarrollados, pues ello no podría sino implicar un estancamiento en el crecimiento de sus respectivas economías y, por ende, un sinfín de problemas en el ámbito de la denominada “economía real” que afectaría de manera directa sobre la ciudadanía de estos países, abriendo de par en par la puerta a todo tipo de revueltas sociales y levantamientos públicos en contra del modelo económico y social imperante. 

La propia dinámica en la que se han venido moviendo las economías de los países desarrollados en las últimas décadas hacen que el simple hecho de paralizar el crecimiento económico del país durante un periodo de tiempo prolongado, pueda acabar con sus respectivos países al borde la bancarrota, sino completamente en ella. 

El capitalismo, en su afán de producir siempre más beneficios, necesita un crecimiento constante. Esto es así, pues buena parte de la riqueza que circula por los mercados monetarios y financieros de estas naciones desarrolladas no es más que economía virtual, sin respaldo alguno en la base productiva de la sociedad. La desproporción existente entre la riqueza financiera y monetaria que circula por los mercados internacionales y la riqueza realmente existente vinculada a la base productiva del mundo es tal, que únicamente manteniendo al alza un crecimiento constante durante periodos de tiempo prolongados se puede mantener igualmente al alza el valor de tal economía virtual. No queda otra salida para ellos. 

En el momento en que la economía de los países desarrollados que sustentan el funcionamiento de esta economía virtual se viniera abajo por un periodo prolongado de tiempo, tal riqueza tendería a ir inevitablemente hacia su valor real, que, como riqueza virtual que es, es cero. Los países desarrollados, por tanto, se ven abocados sin remedio a la necesidad de mantener un crecimiento económico constante. Todo el sistema capitalista se ha acabado por convertir así en una burbuja de gigantescas proporciones, una burbuja que necesita de un constante crecimiento en el PIB de las economías desarrolladas para no venirse debajo de manera catastrófica. 

Esta dinámica se comenzó a desarrollar con más fuerza que nunca a partir de 1980. “La gran transformación de los años ochenta se manifiesta también por la distancia creciente que separa la tasa de beneficio (que aumenta) de la tasa de acumulación (que baja). Expresado de forma simple: desde 1980, una porción creciente de los beneficios no se invierte en la producción sino que es absorbida por los capitalistas o es desviada hacia la esfera financiera de acuerdo con un comportamiento rentista” (Toussaint, 2009). El economista egipcio Samir Amin nos aporta cifras para este desfase entre economía real y economía virtual-financiera: “el volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial sólo es de unos 44 trillones de dólares” (Amin, 2008). Es decir, ni más ni menos que una desproporción de casi un 98%-2%. 

Así, pues, no es de extrañar que, tal y como publicaba en Marzo de 2009 el digital neoliberal español “Libertad Digital”, citando fuentes de la consultora Blackstone Group, la actual crisis económica hubiese destruido ya en ese momento un 45% de la riqueza mundial existente antes del comienzo de la misma (Libertad Digital, 2009). 

En realidad, no es que la riqueza mundial se haya evaporado por arte de magia, o se haya destruido como se puede destruir un bien tangible a golpe de martillazos, simplemente es que con la recesión económica a la que se han visto sometidos los principales países desarrollados, generada por la crisis financiera internacional, buena parte de esa riqueza virtual que circulaba por los mercados financieros internacionales ha acabado teniendo el valor que en realidad siempre tuvo: nada. 

Con la paralización de la economía mundial, parte de la riqueza generada mediante los fenómenos especulativos desaparece, lo que a su vez contribuye a reforzar la paralización de la economía productiva a nivel internacional. De ahí la extrema gravedad de la crisis en curso. No basta entonces, como bien afirma Amin (2008), “con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. (…) Detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta.” 

La necesidad de un crecimiento continuado propia del capitalismo amenaza ya hoy a seres humanos y a la madre Tierra, cada vez más castigada ecológicamente por los excesos del sistema productivo. No es de extrañar entonces que algunos importantes economistas estén apostando ya claramente por incorporar la variable ecológica a las mediciones sobre crecimiento económico que se lleven a cabo en los diferentes países del mundo: “toda buena medición de lo bien que nos está yendo también debe tener en cuenta la sustentabilidad. De la misma manera que una empresa necesita medir la depreciación de su capital, también nuestras cuentas nacionales deben reflejar la sobreexplotación de los recursos naturales y la degradación de nuestro medio ambiente” (Stiglitz, 2009). 

La cuestión, a la vista del resultado del estudio analizado por el señor Fernádez Lidia en su artículo en Público, sería saber si alguno de los países desarrollados podría obtener realmente un resultado positivo en sus índices de crecimiento de ser aplicado realmente un modelo de medición del crecimiento como el que nos plantea Stiglitz. La respuesta es, como mínimo, dudosa. 

Hambre y escasez de alimentos: la selección “natural” del capitalismo

Como se ve, algunos economistas empiezan a tener cada vez más presente el hecho de que los impactos del deterioro ecológico tendrán una grave repercusión, antes o después, en la economía mundial. De ahí que se hable de “crisis ecológica” en términos económicos y no simplemente desde un análisis puramente medioambiental, que obviamente también existe y está siendo realizado científicamente por prestigiosos investigadores del mundo entero. 

Una de las principales preocupaciones que asoman a este respecto, tiene que ver con el impacto que los efectos del cambio climático puedan tener sobre el rendimiento de la agricultura, dado que la alteración en la disponibilidad de agua, tierra, biodiversidad y servicios eco-sistémicos terrestres, puede generar a medio plazo incertidumbre para con el devenir de la cadena alimenticia en su conjunto. Según la FAO, el fenómeno del cambio climático tendrá implicaciones sobre la seguridad alimentaria mundial y podría afectar seriamente a la disponibilidad de alimentos para los 9.000 millones de personas que se prevén para el año 2050 (Social Watch, 2008). He aquí uno de los aspectos más destacables también de la mencionada “crisis alimenticia”. Además, simultáneamente al desarrollo cada vez más plausible de esta amenaza, los precios de los productos alimenticios básicos se han disparado en los últimos años, a consecuencia, entre otras causas, y como se ha dicho antes, de la especulación en los mercados internacionales de alimentos. 

Desde marzo de 2007 hasta mayo de 2008, el valor de los productos lácteos subió un 80%, el de la soja un 87%, y el trigo, un 130% (FAO, 2009). En junio de 2008, los precios de los alimentos básicos en los mercados internacionales alcanzaron sus niveles más altos de los últimos 30 años, y amenazaron así la seguridad alimentaria de la población pobre en todo el mundo. En 2007 y 2008, debido principalmente a estos precios altos, otros 115 millones de personas fueron empujadas al hambre crónica (FAO, 2009). El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola estima que por cada aumento de un 1% del coste de los alimentos de base, 16 millones de personas se ven sumergidas en la inseguridad alimentaria. Entre principios de 2003 y mediados de 2008, los precios de los alimentos comercializados internacionalmente aumentó un 138% (BM, 2008). En consecuencia, más de 1.000 millones de personas padecían hambre crónica a finales de 2009, según datos del nada sospechoso de izquierdista Banco Mundial (BM, 2009). Esto se traduce en una cifra escalofriante: cada 24 horas mueren de hambre 100.000 personas en el mundo, 30.000 de ellas niños menores de 5 años de edad (Social Watch, 2008). 

La seguridad alimenticia de los países en desarrollo se ha visto condicionada igualmente por el fortísimo crecimiento que ha sufrido la producción de biocombustibles en los últimos años, lo cual ha provocado que las discusiones sobre los usos e impactos ecológicos y sociales de los biocombustibles hayan tomado una dimensión hasta el momento desconocida. 

En los últimos años, una parte de la producción alimentaria cada vez mayor (caña de azúcar, girasol, colza, trigo, remolacha) se está destinando a la producción de agrocarburantes, más rentables para la gran agroindustria de la exportación que destinarlos a alimentos para los seres humanos. La producción de biocarburantes comporta una nueva demanda para la agricultura, compitiendo por los mismos recursos con la producción de alimentos (Garrido et al, 2009). Diversos estudios asocian a la producción de agrocarburantes entre un 30-75% de la responsabilidad en el aumento de precios producido en los cereales y oleaginosas en el primer semestre del año 2008 (Ortega y Cañellas, 2009). 

Según François Houtart (2009) “El impacto de los agro-carburantes sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, más de mil millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco Mundial afirma que en dos años, 85 por ciento del aumento de los precios de los alimentos que precipitó a más de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza (lo que significa hambre), fue provocado por el desarrollo de la agro-energía. Por esta razón, Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, calificó los agrocarburantes de crimen contra la humanidad y su sucesor, el belga Olivier De Schutter ha pedido una moratoria de cinco años para su producción”. 

En el año 2007, se usaron para la producción de biocombustibles líquidos 268 millones de toneladas de caña de azúcar (equivalentes a 38,5 millones de toneladas de azúcar), 80 millones de toneladas de cereales y 13 millones de toneladas de aceites vegetales (Ortega y Cañellas, 2009), mientras el hambre en el mundo, como se ha visto, no ha hecho sino aumentar precisamente a consecuencia de la vertiginosa subida en el precio de los alimentos básicos, siendo los cereales (productos elementales en la dieta básica de gran parte de la población más pobre en los países en desarrollo) en gran medida los principales responsables de este fenómeno. 

Paradójicamente, a modo de justificación de esta escabechina, los defensores del incremento en la producción de agrocarburantes han esgrimido argumentos de tipo ecológico-energético, tanto por la supuesta limpieza ambiental de estos combustibles, como por la necesidad de buscar alternativas al agotamiento previsto a medio plazo de los combustibles fósiles. 

Como siempre, en un proyecto capitalista, impulsado no por casualidad en medio de una dinámica neoliberal generalizada, se ignora lo que los economistas llaman las externalidades, es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado, para el caso que nos preocupa, los daños ecológicos y sociales. “Para contribuir con un porcentaje entre 25 a 30 por ciento de la demanda, a la solución de la crisis energética, se tendrá que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía en su mayor parte en el Sur, ya que el Norte no dispone suficientemente de superficie cultivable” (Houtart, 2009). A este respecto, el mayor riesgo ambiental vendría de la puesta en cultivo de superficies de alto valor para la biodiversidad (principalmente bosques tropicales) o que constituyen sumideros de carbono (como las turberas), o bien por el incremento de la erosión por roturación de bosques o pastos permanentes (Garrido et al, 2009). 

Por supuesto, como es de esperar según la lógica economicista que rige la época neoliberal que nos ha tocado vivir, “el precio de estas externalidades no será pagado por el capital sino por la comunidad y por los individuos” (Houtart, 2009). 

Para colmo, existen también abundantes informes que cuestionan la eficiencia energética de los biocarburantes (Garrido et al, 2009). La gente se puede morir de hambre a consecuencia de una supuesta búsqueda de un determinado producto que sirva para contribuir al desarrollo de energías limpias que ayuden a contaminar menos el planeta, aunque tal producto ni siquiera ha demostrado su eficiencia al respecto. Lo que sí ha demostrado, eso sin duda, es ser un buen negocio que entrega pingues beneficios tanto a los grandes productores como a especuladores financieros, que en realidad es lo único que importa desde el punto de vista de la estrategia neoliberal que nos ha invadido por doquier. A los pobres del mundo, a los parias de la Tierra, a los hambrientos del Planeta, que les den por donde la espalda pierde su nombre. Es la selección “natural” del capitalismo.

Conclusión

Esta triple crisis, financiera, energética, alimentaria, ha explotado, por tanto, en medio de la utopía neoliberal, llevándosela consigo. Los países empobrecidos, como siempre, están siendo los más perjudicados. Tras décadas de seguir a pies juntillas los dictámenes neoliberales marcados por las instituciones financieras internacionales, no sólo no habían conseguido salir de su situación de subdesarrollo y pobreza, sino que, en muchos casos, la habían emporado ya incluso antes de la llegada de la crisis actual, y en aquellos otros casos donde se hubieran podido producir algunos avances, la crisis se los ha llevado por delante. 

Las políticas neoliberales, pensadas para profundizar en el ajuste de las economías de la periferia en el sistema económico global, no hicieron sino profundizar en la situación de dependencia que las economías de estos países tenían en relación con las economías de los países desarrollados, aumentando por tanto el grado de vulnerabilidad al que estas economías se podrían ver expuestas en caso de que las economías centrales, como así ha sido, entraran en crisis. Ahora son los pueblos de aquí y de allá quienes están tristemente sufriendo las consecuencias, más allá de todas las que ya habían debido sufrir con anterioridad a la llegada de la crisis, que no son pocas, y especialmente las están sufriendo los pueblos de aquellos países de situados en la periferia del sistema capitalista internacional.

Podemos decir entonces, sin miedo a equivocarnos, que la crisis actual es la demostración más evidente del fracaso del neoliberalismo a nivel mundial, sobre todo si lo analizamos desde la perspectiva de las políticas neoliberales como impulsoras del desarrollo en los países empobrecidos de la periferia del sistema, aunque también como propulsoras de una globalización equitativa y una modelo de desarrollo sostenible desde un punto de vista ecológico y alimenticio. 

Lamentablemente, los efectos negativos de estas políticas de desarrollo económico y productivo impuestas por el occidente desarrollado al mundo entero, parecen que no han hecho más que comenzar. Las amenazas son cada vez más patentes y evidentes tanto desde el aspecto económico, como desde las perspectivas ambientales y alimenticias. 

Es la globalización de los riesgos globales. Unos pocos millones de personas se han beneficiado a gran escala de las políticas neoliberales, pero serán miles de millones quienes tendrán que sufrir las inevitables consecuencias negativas que están por llegar, más allá de las muchas que ya han tenido que sufrir hasta el momento. Que Dios nos coja confesados. 

Bibliografía

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www.pedrohonrubia.com

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Los desafíos de la izquierda después de Lula

29/03/2010 by maestro Deja un comentario

Traducido por S. Seguí

 “Gran parte de la llamada intelectualidad progresista, en la que me incluyo a mí y a Emir Sader, está si no callada, al menos un poco retraída. El actual espacio de debate ha sido ocupado por infraintelectuales de derecha, decididos a hacer de su mediocre actividad intelectual una manera de fabricarse una carrera en los principales medios de comunicación del país.”

Río de Janeiro.- El lunes 22 de marzo se celebró en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ) el lanzamiento del libro Brasil, entre pasado y futuro, acto que se convirtió en un animado debate sobre las perspectivas de la izquierda al final del gobierno de Lula. Coordinadores de su edición, el sociólogo y secretario ejecutivo de Clacso, Emir Sader, y el asesor especial de la Presidencia para Asuntos Internacionales, Marco Aurelio García, hicieron un llamado a la sociedad para discutir las posibilidades de profundización, en el periodo post Lula, de los logros económicos y los derechos sociales alcanzados por el actual gobierno.

“En las grandes transformaciones que Brasil experimentó en su pasado, siempre hubo un cierto grado de simultaneidad entre la reflexión sobre el país y las manifestaciones artísticas. Esto sucedió en los años 30, a finales de los años 50 hasta mediados de los 60, y sucede en los momentos vividos en los últimos años”, dijo García. Después de citar algunas “contribuciones inestimables”, como las de Gilberto Freyre, Sérgio Buarque y Caio Prado en los años 30, y las de Raymundo Faoro y Celso Furtado a finales de los años 50, García hizo público un lamento: “Resulta curioso que en la actualidad, cuando estamos experimentando una transformación más intensa gracias a los cambios en la economía y la estructura social del país, el pensamiento brasileño sea tan pobre.”

El libro, según García, no está destinado a llenar un vacío, que “se llenará sólo a partir de un movimiento más intenso de la sociedad”, sino que pretende llamar la atención sobre el actual Brasil: “Gran parte de los llamados intelectuales progresistas, en los que me incluyo a mí y a Emir [Sader], están si no en silencio, sí sumidos en una cierta timidez. El ámbito del debate actual ha sido ocupado por subintelectuales de derecha que han decidido convertir su mediocre actividad intelectual en una manera de fabricarse una carrera en los principales medios de comunicación del país. Cada día te tropiezas con esa pobreza intelectual, cuando no con la ira que este sector expresa en sus ideas.”

Según Emir Sader, realizar un análisis del gobierno de Lula es fundamental para que Brasil siga avanzando. “Toda valoración del gobierno de Lula, habrá de reconocer que ha sido un período de profundos cambios. Vivimos una etapa en la que lo viejo insiste en perdurar y lo nuevo tiene dificultades para encontrar su manera de existir. Lo viejo es el neoliberalismo, y lo nuevo es lo que va a superar el neoliberalismo”, dijo.

En Brasil, el enfrentamiento con el neoliberalismo, según Emir, ya se está produciendo, pero puede ir más allá: “Ellos proponen un ajuste fiscal, nosotros proponemos dar prioridad a las políticas sociales; ellos proponen un acuerdo de libre comercio, nosotros proponemos la integración regional. Se trata de dos pasos importantes, pero hemos llegado a un cierto límite, no sólo porque esté finalizando el mandato de Lula, sino porque tenemos que pensar más profundamente cuál es el Estado y la sociedad que queremos, pensar en cuáles son las transformaciones que Brasil necesita y cuál es el bloque social, político y cultural que puede llevarlas a cabo.”

Para ello, dice el sociólogo, es preciso que tenga lugar un amplio debate en la sociedad: “Podemos ganar las elecciones, según parece, simplemente comparando un gobierno con otro. Pero hemos tenido un gobierno relativamente moderado y que, sin embargo, recibió una dura reacción de la derecha. Imagínate lo que va a pasar con las transformaciones que se avecinan. Tenemos que democratizar la relación entre el Estado y la sociedad, y crear nuevos vínculos entre el poder político y las movilizaciones sociales “.

Emir afirma que hay nuevos sectores sociales que están llegando a la ciudadanía económica y social. “Ahora es preciso alcanzar la ciudadanía política. La tarea más importante de la izquierda, hoy, es restablecer sus relaciones con los nuevos sectores sociales. El gobierno está cumpliendo su parte al desarrollar políticas económicas y sociales distributivas que están cambiado positivamente el mapa de la desigualdad en Brasil. Pero, quién tiene que organizar y apoyar a estos sectores son los movimientos sociales y los partidos políticos. El Estado está fomentando derechos fundamentales que antes no existían, ahora necesitamos nuevos sujetos políticos para cambiar la configuración. No hay manera de hacer una política de esta envergadura para luego tener que negociar con Temer y Stephanes (1) en un universo minúsculo. Es preciso desarrollar temas económicos y sociales que superen los obstáculos que actualmente enfrentan, por ejemplo, la política agraria y la política de comunicaciones.”

Avanzar la democracia

Marco Aurelio García está de acuerdo en que la sucesión de Lula es una oportunidad para el avance de la democracia en el país: “Estamos haciendo cambios en el marco democrático y con la profundización de la democracia, lejos de las visiones apocalípticas de algunos que afirman que el país está al borde de un proyecto totalitario. Los que esto afirman pueden repetirlo todos los días, y seguirán repitiéndolo, pero se enfrentarán al descrédito de la sociedad brasileña, que ya se ha dado cuenta de que la opinión pública no es la opinión publicada. Hay una discrepancia mayor cada día, y quien insista en esta tesis corre el riesgo de aislarse políticamente cada vez más.”

Decir que el actual gobierno se ha limitado a continuar la política económica del gobierno del PSDB, como afirma García, es otro argumento condenado al fracaso: “El gobierno de Lula tiene puntos importantes de ruptura con la política anterior. No hay una ruptura total, pero es un salto sustancial, y una preparación de futuros cambios más relevantes “.

Transformaciones

Emir Sader señala algunos cambios que, en su opinión, todavía tienen que producirse: “El banco central, de hecho, sigue siendo independiente. Lula está a favor del Corinthians (2) y de que las tasas de interés no suban. Tenemos que acabar con este juego de tensiones, porque la política monetaria debe estar vinculada a un mayor desarrollo político. Brasil sigue teniendo la tasa de interés más alta del mundo.”

Otro problema grave pendiente de resolución, ha dicho Emir, es el modelo de la agroindustria: “No es un asunto que pueda resolverse mediante un decreto. La producción de soja para la exportación y el uso de organismos modificados genéticamente (OMG) no se limitan a algunas grandes empresas, sino que afectan también, desgraciadamente, a gran número de pequeñas y medianas empresas. Este gobierno ha hecho más cosas al respecto de lo que se dice por ahí, pero debemos ir más al fondo del asunto.”

“Otro factor es algo que no depende del gobierno, pero espero que llegue a depender de él, como es la democratización de la prensa. No habrá democracia en Brasil mientras no se constituya una opinión pública democrática formada por las múltiples voces del país, y no sólo las de cinco o seis familias propietarias de empresas y financiadas en gran medida por las agencias de publicidad. Las empresas privadas están impulsadas por la dinámica del beneficio”, dijo Emir.

Avanzar en la democratización de los medios de comunicación debe ser una de las tareas fundamentales de un eventual gobierno de Dilma Rousseff, según Emir: “Los medios manejan la opinión pública, en Jardins, en Sao Paulo; en la Zona Sul de Río de Janeiro, sólo que la gente ya no los respeta. La gente vota a quien realiza política social, sólo que en la vida cotidiana no hablamos de las cuestiones más importantes del país. En un momento dado, parecía que Renan Calheiros era el principal problema en Brasil; luego llegó el turno de Sarney. Hay que permitir que estas nuevas fuerzas sociales dispongan de una prensa política dirigida a ellas, que hable de su mundo y que les permita expresarse.”

Derrota estratégica

Emir Sader admite que “no faltarán quienes digan que es un libro oficialista“, pero defiende la reflexión sobre el Gobierno. “Teníamos razón cuando, en un momento difícil al comienzo de este gobierno, elegimos este espacio para continuar. Pensamos que era posible que el gobierno cambiase, y el gobierno cambió para mucho mejor. Aquellos que afirmaron que el gobierno había mordido la manzana de la traición y que había sido expulsado del paraíso de la izquierda, y que querían crear una alternativa revolucionaria estaban equivocados. No sólo teóricamente, sino que también desaparecieron de la escena política. Fue el fracaso de un diagnóstico equivocado.”

El camino, según el sociólogo, es profundizar en los logros alcanzados: “El que se pregunte si Dilma estará a la izquierda de Lula debe darse cuenta de que el Lula está más a la izquierda de que lo que estuvo a comienzos de su mandato. Tenemos que profundizar lo que tenemos ahí, con mucho debate y mucha movilización. Estamos en un momento extraordinario, en vísperas de infringir una derrota estratégica importante de largo plazo a la derecha, y de ganar un gran espacio de avance. Ahora ya no se trata de la herencia maldita, sino de una herencia bendita. Tenemos que ganar las elecciones, pero tenemos que ganarlas para transformar Brasil. El gobierno de Lula será un paréntesis o será un puente para finalmente salir del atraso. Creo que estamos en condiciones de avanzar hacia la superación del neoliberalismo.”

  1. Economistas y políticos brasileños pertenecientes al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que forma parte de la coalición gubernamental. (N. del t.)
  2. Club de fútbol paulista. (N. del t.)

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ECONOMÍA INTERNACIONAL: SIGUEN LOS NUBARRONES

26/03/2010 by maestro Deja un comentario

Cuando apenas comenzaban a manifestarse algunos síntomas de recuperación, el sistema capitalista global volvió a dar indicios de su debilidad al mostrar, por un lado, la poca representatividad de los índices de mejoría; y, por el otro, la parcialidad geográfica y temática del restablecimiento de las economías desarrolladas.

Durante las dos últimas dos semanas se dieron a conocer algunos indicadores positivos entorno al crecimiento en algunos países desarrollados que, incluso, llevaban a determinar el final de la recesión en algunos de ellos.

Sin embargo, esas conclusiones comenzaron a debilitarse cuando salieron a la luz pública la pobre recuperación de los créditos otorgados y, peor aún, las del crecimiento del consumo privado que en ningún caso alcanzaban al 1% poniendo en evidencia, entonces, que la redención productiva tenía como destino el incremento de los inventarios y no la satisfacción de la demanda de los consumidores.

Paralelamente se pusieron sobre el tapete las crisis en los países PIGS, siglas en lengua inglesa de Portugal, Irlanda, Grecia y España, en especial, el caso griego que han puesto en duda la fortaleza y viabilidad de la zona del euro y obligado tanto a la adopción de medidas de dudosa capacidad de respuesta como a la búsqueda de alternativas institucionales que efectivamente contribuyan al restablecimiento de los equilibrios requeridos para el normal desempeño de la Unión Europea.

Lógicamente, estos magros resultados que exhiben las economías desarrolladas tienen su correlato en el ámbito social.

En los Estados Unidos los niveles de desempleo promedio durante los dos últimos años se ha situado alrededor del 12%, en Europa en el 10.5% e inusitadamente en Japón ha comenzado a acercarse al 6%.

Como era previsible, la crisis sostenida del capitalismo global contribuyó, y de manera determinante, en que la cifra de afectados por el hambre en el mundo se elevara a 1200 millones de personas, mientras que hoy día se cuenta poco más de 213 millones de desempleados ratificándose, en consecuencia, que así como la globalización de la economía “abría múltiples oportunidades”, también daba puerta franca a la captación de las secuelas resultantes de los ciclos recesivos en aquellos países que solo pudieron acceder a la globalización en forma virtual.

Las aristas financiera y comercial de la crisis aún persisten.

Poco o nada se ha avanzado en la apertura de créditos a los países en desarrollo y los que han podido captar algunos recursos para financiar sus déficit han debido aceptar condicionalidades que como se ha demostrado hasta la saciedad, solo conducen a expandir las condiciones de pobreza en que se encuentran sumidas sus mayorías poblacionales.

Situación similar se observa en el comercio mundial, el cual después del primer bimestre del año exhibe una muy leve mejoría, aunque sin visos de poder superar la debacle que lo llevó a contraerse en un 9% el año pasado, mientras que los precios de los productos básicos -salvo el petróleo, el cobre y el oro- apenas si muestran una recuperación, pero nunca a los niveles que lograron alcanzar a mediados del año 2008, lo cual contribuye a deteriorar, aún mas, los términos de intercambio de los países en vías de desarrollo.  

Este cuadro crítico en los ámbitos económico y social se presenta transversalizado por los efectos del cambio climático que cada día se acentúan afectando, en particular, las actividades agropecuarias que inciden directamente sobre la producción de alimentos.

Es evidente que detrás del debate generado en la reciente Cumbre de Copenhague, no se encontraba el cambio climático entendido como un efecto de la fallas en la aplicación de medidas destinada a la preservación y conservación del medio ambiente, sino que realmente lo cuestionado era el sostenimiento del modelo capitalista de producción; y para los países en desarrollo, especialmente, identificar fórmulas para no asumir los costos de las variaciones climáticas, los cuales oscilan desde aspectos puramente financieros hasta la profundización de su dependencia tecnológica derivada de la exigencia del uso de “tecnologías limpias” generadas por los países desarrollados.

Por cierto que la crisis también puso en agenda la ausencia de valores, es decir, que también está dotada de una arista ética que la cobijó en toda su extensión.

No solo fueron los casos de las estafas que salieron a la luz pública, sino que la forma cómo los gobiernos de los países desarrollados priorizaron el rescate del capital antes que a las personas, poniendo en evidencia la complicidad entre los estados y los dueños del capital.

Frente a la crisis, los organismos financieros multilaterales (Fondo Monetario Internacional-FMI y Banco Mundial-BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC) han desarrollado un papel que solo puede ser calificado como de patético demostrando, una vez más, el desgaste que caracteriza a sus actuaciones y el desfase de su rol en la actualidad.

En ese contexto las dos grandes preguntas que surgen se refieren, en su orden, hasta cuándo se extenderá la crisis y qué pueden esperar los países latinoamericanos y caribeños en el futuro inmediato.

No es fácil predecir la duración de esta crisis, lo que sí es indudable que las estrategias puestas en ejecución por los países desarrollados que han insumido ingentes recursos aportados por los contribuyentes, no han dado los resultados esperados, razón por la cual sería esperable una modificación de las mismas; y, en ese sentido, todo indica que esas rectificaciones estarían orientadas a apuntalar la recuperación productiva con una agresiva política exportadora, para lo cual cuentan con los recursos e instrumentos requeridos para hacerlas efectivas en plazos relativamente cortos e, incluso, como disponen en forma transitoria de signos monetarios depreciados, se les facilitaría el acceso a los mercados de países que exhiben condiciones económicas de mayor solidez.

Los países de América Latina y el Caribe que han sorteado o están sorteando con éxito las dificultades que enfrentaron el año pasado deberían afianzar sus estrategias estableciendo densas alianzas estratégicas entre ellos y con los países emergentes, no solo con miras a la diversificación y consolidación de sus estructuras productivas, sino para actuar conjuntamente en un sistema internacional desestabilizado e imprevisible que espera el retorno con mucha fuerza de las grandes potencias industriales, aunque vengan acompañadas por nubarrones que presagian tormentas.  

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Publicado en: Invitados Etiquetado como: ECONOMÍA INTERNACIONAL: SIGUEN LOS NUBARRONESFrancisco Rojas Penso, Invitados

Crónica de antología en El País

26/03/2010 by maestro Deja un comentario

Crónicas muertas que, aun siendo recientes, ya revelan desde la redacción en que fueron urdidas su acusada descomposición. Y no basta que el forense use guantes higiénicos y sanitaria mascarilla porque no hay pituitaria que resista semejante hedor.

En El País digital de ayer jueves, una vez uno se entera de la crisis en Grecia, de que Messi no marcó, de que el Vaticano encubre abusos sexuales, de que la Cámara Baja estadounidense volverá a votar la reforma sanitaria, del sueño americano de Gerard Portier, del caso Gürtel, de que el FBI interroga a un “hacker” francés, de que se despide al fotógrafo de las estrellas del rock, de que una inmobiliaria de Dubai pagará sus deudas, de que California votará la legalización de la marihuana, de que Matas vuelve a encontrarse con el juez, de que muere el actor Robert Culp, de que el alcalde de Parla charlará con los lectores, de que la Liga Norte se expande en Italia, de que hay jóvenes rebeldes con ritos sexistas, de que Blackberry resiste, de que se vampiriza Youtube, de que se reinventa el váter, de la autoestima del futbolista Gago, del cerdito de “La Niñera”, de que un televisor puede ser la próxima sorpresa de Apple… y conoce las cotizaciones de la Bolsa, y revisa los vídeos de fútbol y los chistes y los anuncios… más abajo, allá donde se confinan “más noticias”, en el apartado español, aparece la crónica que demanda la autopsia.

Hasta su titular exigiría el bisturí: “Defensa investiga la muerte de un civil afgano al paso de un convoy español”.

Nunca me han gustado los desfiles militares pero ignoraba que, además de ser un coñazo, como afirmara Rajoy, también fueran peligrosos.

El titular, en cualquier caso, no habla de un civil afgano muerto a manos del ejército español, sino de que su ministerio va a investigar la muerte de ese afgano que, curiosamente, como el equinoccio de marzo coincide con la primavera, ha coincido con el paso de un convoy militar español.

Superada la fetidez del titular uno se adentra en el resto del cadáver para encontrar más órganos descompuestos.

Ya en su primer párrafo la crónica apunta la posibilidad, lo que explica la investigación del Estado Mayor de la Defensa, de que “la muerte de un ciudadano afgano en las proximidades de Herat, al paso de un convoy militar español, podría haberse producido coincidiendo con el paso de un convoy de ISAF, según las versiones de algunos testigos”.

Tras deducción tan sesuda, en el segundo párrafo se confirma la posibilidad que se abría en el primero: “Los mandos de la Base de Apoyo Avanzado de Herat tuvieron conocimiento de los hechos y, tras recabar el testimonio de testigos presenciales, (es decir, que los testigos estaban presentes) se comprobó que dos equipos militares españoles encargados de instruir batallones afganos transitaban en el lugar en el momento del fallecimiento.”

Para la lectura del tercer párrafo casi es inevitable hacer una breve pausa, salir a coger aire y proveerse, a la vuelta, de más guantes y mascarillas: “El convoy se encontraba realizando una misión de adiestramiento del ejército afgano durante la que no se produjo ningún incidente que implicara el uso de la fuerza por parte de los militares españoles, aunque sí se observaron hasta tres choques de vehículos y motocicletas en los que podrían haberse producido víctimas”.

Por lo que se deduce de la crónica, no sólo los desfiles y los paseos de los convoyes militares españoles entrañan peligros mortales para quienes coincidan con los mismos, también los adiestramientos, las bélicas clases que imparten los soldados españoles a sus alumnos afganos pueden provocar incidentes que impliquen el uso de la fuerza por parte de los instructores, que inevitable es recordar que la letra con sangre entra, aunque se confirma que no ha sido el caso y que no ha habido incidentes que lamentar, al margen de algunos choques de vehículos y motocicletas que podrían, sólo podrían, haber producido víctimas.

En el cuarto párrafo se concluye la investigación al determinarse que “no se descarta un disparo accidental procedente del primer vehículo del convoy ya que en el diario de operaciones de la misión se recoge un desmayo del tirador de ese vehículo durante el que pudo accionarse accidentalmente el mecanismo de tiro.”

O lo que es lo mismo, que al presuntamente desmayarse, siempre accidentalmente, el tirador del primer vehículo, pudo, concomitantemente a la referida y accidental pérdida de la consciencia, activarse el mecanismo regulador de su utensilio de trabajo, de tal suerte que, sin poder determinar si el hecho acaeció antes o después de los extravíos sensoriales del manipulador del instrumento y sin que tampoco pueda concretarse la dirección que tomara el resultado, resultó afectado un civil afgano que, al parecer, se hallaba en las inmediaciones del incidente accidental.

Apunta la crónica que “según afirma el Ministerio de Defensa, cuando el jefe del vehículo se percató del desmayo del soldado procedió a su reemplazo, lo que también quedó reflejado en el diario de operaciones”, sabia medida del oficial al mando que el cronista destaca, aunque nada aclare sobre el posible reemplazo del civil afgano.

En el quinto párrafo, por suerte el último, se refiere el hecho de que “las autoridades españolas en la zona han colaborado en todo momento con las autoridades locales afganas en el esclarecimiento de estos hechos” lo que sin duda queda fehacientemente demostrado en el comunicado del Ministerio de Defensa y la crónica de El País, que casi vienen a ser la misma historia.

Es el momento de quitarse guantes y mascarillas, y desahogar la urgencia en una solidaria bacinilla.

Al menos, a este civil afgano, desprovisto de nombre y de rostro, le quedará el triste consuelo de su fúnebre y anónima crónica. La misma que no tuvieron en El País el profesor hondureño José Manuel Flores, asesinado el mismo día por los golpistas reconocidos como gobierno en Honduras, o el periodista colombiano Clodomiro Castilla, asesinado por los sicarios de Uribe.

Y todo por no haber sido cubanos.

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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
06/03/2024
juan
LAS OCHO, un poema de Lorca
26/12/2023
juan
RAIZ DE HOMBRE de Octavio Paz
03/11/2023
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NIDO de García Lorca
15/10/2023
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TIERRA SIN RETORNO
02/10/2023
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MADRUGADA de Octavio Paz
25/09/2023
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SILENCIO de octavio paz
14/09/2023
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EL HUERTO DE LA PETENERA de Lorca
28/08/2023
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DESPEDIDA de Lorca
18/08/2023
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LAS ESTRELLAS de Adonis
04/08/2023
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