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LA MALDICIÓN QUE ARRASTRAN LOS IMPERIOS

24/02/2010 by maestro Deja un comentario

Un nuevo éxodo acontece en el siglo XXI, quizás de mayor trascendencia que aquel que inaugura la historia de las liberaciones. Antes se trató de una salida, ahora la salida ya no es posible (posible es la liberación de los pueblos, inminente la caída de la otrora potencia unipolar y apremiante un nuevo orden mundial). El poder imperial se ha magnificado y ensoberbecido, pero eso no le hace más poderoso sino más vulnerable; por eso inaugura su decadencia con el derrumbe de sus santuarios: precipitando sus torres (de Babel), precipita su propia caída. La salida ahora se expresa como retorno; no sólo por la privatización y mercantilización de la vida y del planeta, sino por devolverle al mundo, y a nosotros, el equilibrio destruido en cinco siglos de explotación inmisericorde e irracional. No hay salidas: nuestro mundo es uno solo. Pero hay alternativas. Si el capital es la muerte, la alternativa es la vida: la vida de la humanidad y la vida de
 la naturaleza. Por eso tiene sentido el retorno; si el desarrollo que nos promete el primer mundo nos conduce al suicidio, la revolución consiste en frenar esa carrera insensata: si ya no se sabe hacia dónde se va, es menester hacer un alto, darse la vuelta y ver de dónde se ha venido. Retornar quiere decir: recuperar los caminos que, como humanidad, habíamos perdido (en cinco siglos de empoderamiento del sistema-mundo moderno). Si lo que propone el primer mundo es vivir mejor; la pregunta inevitable es: ¿mejor que quién? Cinco siglos de modernidad responden: mejor que el resto del mundo; por eso enjuiciamos, de modo categórico, al “desarrollo” moderno: ese “desarrollo” es subdesarrollo nuestro, la riqueza del primer mundo es miseria para el resto del mundo, el precio de esa riqueza es la muerte de la humanidad y de la naturaleza.
Pero el imperio no escucha y, en esa sordera, precipita su propio derrumbe. Así como se endureció el corazón del faraón, así se endurece el corazón del imperio; y todas las plagas que provoca son plagas que salen de su boca. La primera plaga hiere al río Nilo, cubriéndolo de sangre; lo que era objeto de culto, para los egipcios, se derrumba ante sus propios ojos (el Nilo era considerado una divinidad; la vida provenía de sus aguas, que llenaba de verdor el desierto inmediato al río). Si el objeto actual de culto es el dólar, ¿qué representa la crisis financiera? Si el poderío militar gringo era el alarde imperial, ¿qué significan las derrotas en Irak y Afganistán? Si el control del petróleo del Medio Oriente era la garantía de la hegemonía norteamericana, ¿qué significa la pérdida de ese control? Para decirlo en los términos que le gusta al fundamentalismo gringo, en lenguaje apocalíptico y milenarista: ¿no estaremos
 presenciando la primera de las plagas que inaugura el colapso del imperio?
La narración mítica que evoca la liberación de los esclavos despierta, en la historia posterior, sólo la decrépita fetidez de la decadencia del imperio egipcio. Ya nadie rememora su esplendor, pero todos rememoran los milagros de la liberación; es decir, lo que permanece, en la historia, no es el imperio aquél sino la liberación de los esclavos. Después de aquello, Egipto nunca volvió a recobrar el esplendor milenario del imperio más antiguo de la historia de la humanidad. Babilonia corrió también una suerte parecida, la misma que arrastra a Roma (el paradigma moderno, pues hasta en su arquitectura, siempre busca evocarla). Es una maldición que arrastran los imperios. Semejante destino replican aquellos que se alzan en la época moderna: son gigantes de bronce con pies de barro. Por eso su decadencia es siempre interna. El peso de su poder se hace tan descomunal que, precisamente, ese peso, los desmorona por dentro. Pero no es sólo un peso
 físico (militar por ejemplo), sino el peso de la arrogancia y la soberbia: escupen a los cielos sus propósitos perversos quienes en la tierra se alzan como si fueran dioses. España fue imperio alrededor de tres siglos, Inglaterra logra su hegemonía mundial por casi un siglo, Estados Unidos apenas supera el medio siglo pero, ya en plena decadencia, arrastra esa maldición como penitencia. ¿Presenciaremos en sus demenciales apuestas bélicas la catastrófica caída del imperio más soberbio en la historia de la humanidad?
Repasemos esta decadencia. El mito de la globalización, alimentado por la mediocra-CIA global, feneció ya en marzo de 2004, cuando no sólo British Petroleum, sino la banca anglosajona, admiten la imposibilidad de controlar el petróleo de Irak, es decir, delatan la pérdida de la guerra que habían desatado por el control geoenergético del medio oriente. A esto hay que añadir que, en el orden geoestratégico, Rusia (triunfante ante la agresión de Georgia en Osetia del Sur), en agosto de 2008, obliga a rediseñar la geopolítica global: acababa el orden unipolar en el mundo. Las nuevas potencias emergentes: China, Rusia, India, Brasil, además de Irán, logran reconfigurar el nuevo orden multipolar del siglo XXI. La crisis financiera global, desde septiembre de 2005, con la quiebra de Lehman Brothers, no hace más que confirmar el fin acelerado de un modelo. Pero el modelo, cuya decrepitud amenaza toda la vida en el planeta, no se refiere sólo a un
 modelo económico, el capitalismo, sino a lo que le sostiene: su modelo de vida (cuya expresión económica es el capital) que, en quinientos años, se desató como la bestia del apocalipsis, hambrienta de todas las riquezas del mundo.
¿Ironías de la vida o justicia histórica? Esta decrepitud empieza a carcomer, de modo ostensible, las economías de las potencias que se originaron a lo largo de la época moderna. Pues no se trata sólo de Estados Unidos e Inglaterra (hijos putativos de la libertad y la democracia), comprometidos en una doble guerra financiera global, contra el yuan chino y contra el euro; sino que, resultado de la crisis financiera y producto del complot mediático de la banca anglosajona, España y Portugal (junto a Grecia e Irlanda) parecen ser los primeros sacrificados del colapso que amenaza a la eurozona. Francia y Alemania actúan a la defensiva y se arriman a Rusia, algo impensable después de la caída del muro, pero algo inevitable ante la debacle europea. Europa y Estados Unidos se preguntarán: ¿cómo es que nos arrastra esta decadencia si somos los creadores de la mejor economía y la mejor democracia? El resto del mundo (el 80% que debe sufrir la
 miseria que produce la riqueza del primer mundo) responde, interrogando al G-7: ¿es acaso la economía del primer mundo la mejor economía, es acaso la democracia que han producido una verdadera democracia, es acaso su política una buena política? La perversidad del proyecto moderno, en el primer siglo de su primera globalización, siglo XVI, produjo más de cien millones de muertes; ¿cuántas más ha producido en su posterior expansión? En definitiva, ¿cuál es el precio real de “modernizar” todos los ámbitos de la vida? El último despliegue globalizador consistía básicamente en la actualización del propósito inicial: mercantilizar todo, es decir, ponerle precio a todo; esto condujo a la privatización acelerada de, no sólo las responsabilidades públicas de los Estados, sino de los recursos básicos que hacen posible la vida de la humanidad. Resultado de ello: la muerte de la humanidad trae consigo la muerte del planeta.
Hasta la década de los sesenta, el mercado global de productos agrícolas, según la FAO, aseguraba excedentes comerciales cercanos a los 7000 millones de dólares anuales, en los países del sur del globo. Este excedente desaparece para fines de los ochenta, cuando todos estos países, fieles a las doctrinas de los organismos internacionales, abrazan las prerrogativas neoliberales: apertura de fronteras, ventajas comparativas y ajustes estructurales. Hoy, sin excepción, todos los países del sur son, irremediablemente, importadores de alimentos. Producto de las políticas neoliberales se mina la soberanía alimentaria y, en consecuencia, se produce la generación de miseria y hambruna a escala planetaria. Si la comercialización de las semillas se encontraba (aunque precariamente) democratizada, hoy, más del 80% del mercado de semillas, a nivel global, es propiedad de 10 empresas transnacionales (como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bayer, etc.), que
 imponen al mundo qué se debe producir, qué y cómo se debe comer y dónde se debe de comprar.
El primer mundo moderno-occidental argüirá: ¿pero nunca la humanidad había producido tanta riqueza? Pero, preguntamos: ¿cuál es el precio de esa riqueza? ¿Es racional una riqueza que produce muerte y desolación? Si el fin de todos es ser feliz, ¿se puede ser feliz produciendo infelicidad en los demás? ¿Puede acaso el 20% rico del planeta vivir feliz produciendo la muerte acelerada del planeta entero? Desde que el norte rico impuso al sur pobre la fatalidad de su destino: abastecerle de recursos, esclavos, mercados, oportunidades financieras (robo legal), hasta basurero de sus desperdicios; minó toda posibilidad de convivencia racional. Para ello fueron los imperios modernos los causantes de la aparición de regímenes totalitarios en todo el planeta (por eso la colonialidad es consustancial a la modernidad). El sistema-mundo moderno, que reordena el globo produciendo una clasificación mundial es, por eso mismo, moderno-colonial. Por ello
 puede decirse que la clasificación social es posterior, porque previamente acontece una clasificación racial. Se puede decir que el racismo es el núcleo ético-mítico del mundo moderno. Todo su conocimiento posterior (y hasta el marco categorial de sus relaciones jurídicas) tiene como fundamento el prejuicio moderno por antonomasia: el racismo. La determinación inicial de este racismo (fenómeno exclusivamente moderno) es el eurocentrismo, núcleo ontológico y ordenador epistemológico de la filosofía y las ciencias modernas.
La hegemonía norteamericana, que se hace global gracias a la segunda guerra mundial, pues como país triunfante impone al mundo su orden financiero (a partir de su moneda), patrocina también su revolución cultural. Aquello imputable sólo a China es algo que siempre se hizo para construir hegemonía (algo que no desea reconocer Europa es que la inquisición, la quema de brujas, fue la revolución cultural de la cristiandad latino-europea; la “extirpación de las idolatrías”, en el Nuevo Mundo, fue la masacre civilizatoria que inaugura la revolución cultural de la modernidad, seguida por el racismo ilustrado francés y el romanticismo alemán -justificaciones ideológicas de la expansión europea en el mundo-, frente a los cuales, la revolución cultural en China fue un juego de niños). La revolución cultural gringa era Hollywood, pero ahora, con la mediocra-CIA, esta revolución radicaliza sus propósitos; ya no se trata de una expansión
 del mercado global sino de la invasión y ocupación de la subjetividad: control total y absoluto (pretensión idolátrica de quien se cree dios en la tierra). El totalitarismo se resignifica con las grandes cadenas mediáticas. Los ejércitos son precedidos ahora por las grandes cadenas de información. Pero este pretendido control total no es más que una ilusión. Por eso la infantería no desaparece y, ahora, con la privatización de las funciones militares, no hace más que demostrar que el control práctico es el que, en última instancia, define la potestad real. Por eso la “tormenta en el desierto” no se podía ganar desde las computadoras. En esa tormenta siguen atrapadas las potencias y, aunque presuman a diario de sus victorias, sólo evidencian su larga y sinuosa derrota (Irak y Afganistán han descubierto los límites del poder militar del Pentágono; quienes ahora, miran pálida y celosamente, la superioridad tecnológica militar que
 están alcanzando Rusia, India, China y hasta Corea del Norte).
En la lógica de la mafia, que fue la política que desplegó en el mundo la decadente potencia unipolar, desobedecer no era opción política. Pero, privando de opciones a los demás, los gringos se privaron, ellos mismos, de toda opción. En eso consistió la administración Bush; las bravuconadas últimas eran la antesala de una decrepitud que ya daba síntomas de insania. Pretendiendo controlar el petróleo del medio oriente, acabó minando su propia hegemonía energética mundial, al grado de haber posibilitado que Rusia (su enemiga histórica) sea quien conduzca, de ahora en adelante, el orden geoenergético global (posicionando también, de mejor modo, a Brasil, Venezuela e Irán). China (el otro adversario gringo), cuando se acelera el colapso del G-7, logra, de modo estratégico, llevar la batuta en el orden geoeconómico (junto al circuito étnico que le rodea: Hong Kong, Taiwán, Singapur, Macao); los antiguos aliados gringos se le escapan de
 las manos: Japón, Turquía y, ahora, Ucrania. Triunfos para Rusia y China, y grandes pérdidas geopolíticas para Estados Unidos.
Mientras más desbocado es el despliegue militar, más catastróficas las derrotas (sobre todo en lo económico: según el reporte Wegelin, la deuda gringa sobrepasa en 600% en relación a su PIB); las más de 900 bases militares gringas desparramadas en el mundo, suponen un gasto, sólo en mantención, de cerca a 300.000 millones de dólares anuales, sin contar el último desembolso que solicitó Obama al congreso de 900.000 millones. Es decir, todo esto no hace más que socavar la base financiera que soporta la musculatura militar gringa (la última que le queda). Además de reeditar, por su ceguera histórica, producto de la maldición que arrastra, los errores de los imperios: sobre extensión imperial y guerra perpetua, la cual, para llevarse a cabo, provoca la insolvencia y el colapso de su poderío militar. Esto es lo que originó, entre otras cosas (como la desregulación financiera, los paraísos fiscales, cuentas fantasmas, etc., artilugios
 neoliberales), el derrumbe financiero; perdido el control de los hidrocarburos, ¿sobre qué pretendían recomponer su orden global?, ¿acaso sobre el conocimiento y la información? Uno de los productos de este supuesto conocimiento “infalible” son los derechos especiales de giro; ¿acaso esto remediará la decrepitud del dólar? No sólo el rublo y el yuan amenazan la hegemonía global del dólar (también el euro desea salvarse presenciando de palco el declive del dólar) sino la moneda que propician las petro-monarquías árabes, el gulfo (hasta Ambrose Evans-Pritchard admite esto). La urgencia del sucre pasa por este reordenamiento financiero global. El 65% que todavía posee el dólar en los flujos financieros y comerciales globales tienen como único respaldo su fuerza militar. Por eso la fisonomía, que no se aclara todavía, del nuevo orden financiero global, arrastra este lastre: la insolvencia de un dólar que tiene, como única
 garantía, sus bombas nucleares.
El despliegue militar que emprende Estados Unidos es un despliegue que arrastra una serie de maldiciones; como lo es la arremetida contra el país de los talibán (donde Estados Unidos no ha hecho más que desarrollar la producción de opio: toda la tierra destinada al opio supera en tres veces la destinada en toda América a la producción de coca, esa es su famosa guerra declarada contra las drogas). Afganistán fue la tumba de los soviéticos y antes fue la tumba de Alejandro el Magno (la máxima expansión helénica; desde entonces los afanes expansionistas de lo que ahora se considera occidente -ignorancia histórica moderna-, nunca pudieron ir más allá del cercano oriente, como sucede con Roma; hasta que aparece el mundo moderno, pero, aun así, nunca, por ejemplo, llegaron a colonizar China). Perdida la guerra en Afganistán (cuando la última reunión de los invasores, en la conferencia sobre Afganistán llevada a cabo en Londres, ya
 discute el cómo salir sin el rabo entre las piernas), se pierde la posibilidad de controlar la distribución gasífera del Asia central (cuyo control pasaba por controlar la provincia de Kandahar y su conexión estratégica; similar a la desestabilización proyectada en Pakistán, para negarle un conducto geográfico a China del petróleo proveniente de Irán). El unilateralismo gringo les propinó esta suerte de derrota histórica, además de propinarse a sí mismo, el imperio gringo, otra derrota: confiados ciegamente en el éxito, pues para eso destruyeron las torres gemelas (con la hollywoodense puesta en escena de un atentado), abandonaron a su patio trasero; lo cual les costó un resurgir de procesos revolucionarios en América Latina.
Por eso el decadente imperio se encuentra en apuros y, en medio de estos, actúa por mero instinto de sobrevivencia. Su hundimiento es inminente, pero en ese hundimiento, la apuesta que realiza es suicida; como quienes conducen los aviones que se estrellan en las torres gemelas. Ante la crisis global, la repuesta es amenazante: si caigo, haré de mi caída una catástrofe, de tal magnitud, que produzca la caída de todos. Ni el mundo, ni el planeta tienen prioridad a la única prioridad que maneja la agenda gringa: su sobrevivencia. Por sobrevivir está dispuesta a acabar con la humanidad entera. Eso retrata la película 2012, cuyo único logro parece ser esta nota: el plan de los ricos del mundo es salvarse a sí mismos. El plan financiero pasa por la misma necedad: salvando a la banca privada no se salva nada, es más, es la mejor forma de perder todo. Sale más caro salvar a la banca que salvar del hambre a la humanidad entera, con el aditamento
 siguiente: salvando a la banca se acelera el derrumbe financiero, pues los banqueros son adictos a los juegos especulativos porque, además, los gobiernos les acostumbraron a garantizar sus pérdidas con dinero de los contribuyentes.
La banca financiera es insolvente; no en vano se pronostica (LEAP/Europe 2020) que para el 2010 los bancos se desplomarán nuevamente, cuando se descubra que la crisis no fue enfrentada sino, más bien, fueron los causantes socorridos con dinero público, haciendo de los problemas pasados verdaderas pesadillas futuras. Por eso se dice que, no sólo Obama o Gordon Brown, sino los otros jerarcas del decrépito G-7, en su perorata sobre las dimensiones de la crisis global, no hacen más que manifestar su ignorancia sobre la naturaleza de la crisis (si Bernanke, presidente de la Reserva Federal, andaba coreando que la economía gringa se recuperará -mientras USA declina a menos del 25% del PIB global y los países emergentes suben por encima del 35%-, Neil Barofsky, inspector general por parte del Congreso de los Estados Unidos para vigilar los rescates bancarios, en enero del 2010, señaló que la crisis no se ha resuelto y que probablemente será
 mucho peor). La ignorancia proviene precisamente de quienes producen la crisis. Las palabras de Lula (que omitieron las grandes cadenas de información, con excepción del Telesur) no podían ser más certeras, en abril del 2009, previas a la reunión del G-20, ante Gordon Brown, en Brasilia: “esta crisis no fue producida por ningún indio, ni ningún negro, ni ningún pobre. Fue causada por gente blanca de ojos azules, por los comportamientos irracionales de los ricos del primer mundo”.
Y las palabras, del cacique Guaicaipuro Cuatemoc, no podían ser más actuales: “… también yo puedo reclamar pagos e intereses. Consta en el Archivo de Indias, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América (…) deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios (…) prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, el baño cotidiano y otros logros superiores de
 la civilización (…). ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados? (…). En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el Tercer Mundo (…). Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo”.
La irracionalidad provoca la ceguera, y ésta, la demencia en los actos. Hay una guerra desatada por los gringos, en el orden geoenergético, contra Rusia y China (a quien Estados Unidos, sin decirlo, ya le ha declarado una guerra fría). En el orden geopolítico, la guerra supone recapturar las áreas de influencia. En eso consiste la invasión a Haití. La triangulación actual le permite el control del Caribe (control extendido al sur del continente): Honduras (donde propicia el golpe del gorileti), Haití y Colombia (con la instalación de las 7 bases). El terremoto no es algo que le cae del cielo sino algo que provoca de modo anticipado (como lo fue el tsunami del 2008); por ello la hazaña logística de la invasión (con 10.000 efectivos ya el primer día) sólo puede tener una explicación: el pre-posicionamiento estratégico de divisiones militares ya dispuestas. Se trata de provocación y no de producción del evento (lo cual sugiere una serie
 de condicionantes para que la provocación sea efectivizada). La tecnología del proyecto denominado HAARP (High frequency Advance Aurora Research Project) contiene investigaciones que datan desde fines del siglo XVIII (si consideramos que este proyecto usa el pulso electromagnético tesla, cuyo inventor es Nikola Tesla), pasando por las investigaciones del proyecto “Seal”, en New Zeland, ya en la segunda guerra mundial, hasta las investigaciones soviéticas del Pamir o “máquina de hacer terremotos” que, desde el 1975, realizan experimentos sísmicos en la cordillera Pamir, hasta el 1995, cuando en plena decadencia soviética, son reclutados los investigadores y el laboratorio completo (de Niznhi, en Novgorod) por la US Air Force, llevados a Estados Unidos e integrados en el proyecto HAARP.
El objetivo del tsunami del 2008 (provocado por experimentos nucleares submarinos, como lo devela el propio Jerusalem Post) era debilitar a los tigres asiáticos. El objetivo actual, con el terremoto de Haití, es dislocar geopolíticamente el desarrollo de los países emergentes; no se trata sólo de Haití sino de restablecer el control geopolítico del Caribe y, en consecuencia, del sur del continente americano. Si la flota rusa realiza maniobras militares en el Caribe y China acuerdos energéticos en América del Sur, los gringos no tienen otra opción que la recaptura de su área inmediata de influencia. China emprendió acuerdos estratégicos con Venezuela, Brasil y Rusia, otorgándoles créditos, para exploración y explotación de petróleo, de 6 billones de dólares al primero, 10 al segundo y 25 al tercero, asegurando así la adquisición de petróleo por décadas. Mientras Estados Unidos le va cerrando a China los corredores de los golfos de
 Omán y Aden (por eso la invasión a Yemen, para cerrar las puertas de las riquezas hidrocarburíferas de la península arábiga, cerrando el estrecho de Bab al Mandab o Puerta de las Lágrimas, frenando el abastecimiento energético de China), del estrecho de Ormuz y el de Malaca, además de la reciente venta de 6.000 millones de dólares en armas a Taiwán y las crecientes relaciones de Washington con el Dalai Lama, declarando así la guerra fría con la potencia china; los chinos no sólo que se abren a otros mercados sino que abren geopolíticamente el mundo a nuevas perspectivas que, de aprovecharse de modo efectivo, el orden multipolar estaría dando la estocada final al derrumbe anglosajón.
Estados Unidos intenta proteger, con la invasión a Haití, su vulnerabilidad en el Caribe (amenazando además al lado oriental de la isla de Cuba); y con la ofensiva contra Irán (mediante la invasión a Yemen) y el estrangulamiento energético a China, estaría apostando al amedrentamiento (cosa que ya no le sirvió con Corea del Norte; tampoco los últimos regateos de la flaqueza bélica gringa: si pretendió el trueque de Irán por Taiwán con China, o Ucrania por Irán con Rusia, el intento le costó empeorar su debilitamiento; pues Ucrania, con las últimas elecciones, se desmarca de la influencia anglosajona, y Taiwán observa, expectante, la desglobalización, pues si una de las mayores entidades financieras inglesas, como es el banco HSBC, muda sus oficinas centrales a Hong Kong, no hace más que anunciar a los cuatro vientos el ascenso de Asia en las finanzas mundiales). En América del Sur la injerencia gringa juega también sus últimas
 cartas, ansioso de un cambio de eje en las jefaturas políticas del continente; el triunfo de Piñeyra en Chile le provoca un respiro, con ello pretendería negarle el cobre a China, además de confabular, junto a Perú y Colombia, una suerte de rodeo estratégico a países como Bolivia y Ecuador; el panorama en Argentina le es alentador, gracias a la creciente campaña mediática antigubernamental (como parte de las guerras mediáticas patrocinadas por la CIA y el Pentágono), similar a la antesala del golpe en Honduras. Uruguay demuestra que las llamadas “izquierdas democráticas” son las menos democráticas y las más irresponsables, replicando situaciones históricas anteriores, donde Uruguay sirvió de punta de lanza para disminuir y socavar el posicionamiento de Argentina y Brasil, cosa que, hoy por hoy, estaría a punto de ser posible con la complicidad de las burguesías de ambos países, tan sujetas al dólar. Lo cual no haría más que
 demostrar que las grandes enemigas de un desarrollo económico independiente de estas economías son sus propias burguesías. Aliarse con el dólar habría sido como un pacto diabólico que las condena a no poder independizarse nunca.
En este contexto, quienes se duermen, acaban siendo atrapados por el sueño americano, convirtiendo en pesadilla la vida, ya no sólo de sus países, sino del mundo entero. La apuesta gringa no es apuesta para nadie. El suicidio no es alternativa. El desarrollismo euro-norteamericano-céntrico conduce a un solo fin: el fin de todos y de todo. Por eso se trata, no sólo de una crisis financiera sino de una crisis civilizatoria; no se trata de una crisis sistémica al interior del capitalismo. Lo que constata esta crisis es la imposibilidad de continuar una forma de vida que para desarrollarse, socava constantemente la vida del 80% de la humanidad y la vida del planeta entero. Hasta el magnate ruso del aluminio se da cuenta de algo tan evidente: esta crisis modificará el modelo anglosajón del consumo. Esto inevitablemente tiende a cambiar los valores fundamentales del mundo moderno-occidental. La insistencia en recuperar la hegemonía anglosajona no hace
 más que precipitar el desorden, hasta de modos dramáticos, del nuevo orden que empieza a gestarse. Por eso Estados Unidos aparece como un estorbo para un nuevo equilibrio político global. Ya no puede insistir su papel rector cuando las instituciones que aseguraban ese papel se hallan, no sólo en decadencia (como el FMI) sino que ya no poseen justificación alguna de su existencia.
El nuevo orden se configura ya en el este y, con ello, vuelve el pacífico a ser centro de la economía mundial (como lo fue por milenios), desplazando al atlántico y al occidente; cerrando así una de las épocas más oscuras e infames en la historia mundial (con más muertes y en tan poco tiempo, comparado a los 7 milenios de civilización humana, además de una crisis ecológica nunca antes sufrida): los cinco siglos de modernidad. China, Japón y Corea del Sur empujan un desarrollo tendiente a reducir su dependencia económica con occidente. También Rusia apunta a la creación de un nuevo orden regional en el lejano oriente y el Asia central; los programas de cooperación entre Pekín y Moscú, llegan ya a los 205 proyectos regionales conjuntos hasta el 2018, incluyendo a Kazajstan, Turmekistan y Uzbekistan. China asegura sus inversiones convirtiéndose en la administradora de la seguridad regional, con ello deja en nada la emergencia gringa de
 cerrar los estrechos de Ormuz y Malaca. Si el golfo pérsico se había convertido en la más explosiva zona de la geopolítica global, donde parecían estrellarse los intereses de Washington y Pekin; con la jugada estratégica china, los intentos de la Casa Blanca caen en saco roto, pues los chinos abren sus intereses por otros lados y los rusos se perfilan como los patrocinadores del nuevo reordenamiento geoenergético global (Francia y Alemania se rusifican, es decir, se alejan de Washington, conscientes de su dependencia gasífera, además del acoso agresivo que sufre el euro de parte de la libra esterlina); donde Rusia ya no brinda sus recursos gasíferos al despilfarro de occidente sino que empieza a usarlo estratégicamente (Turmekistan comprometió su entera exportación de gas a China, Rusia e Irán), teniendo Rusia el 75% de las reservas de gas en todo el Asia central, lo que le coloca en el primer lugar en reservas mundiales. Este
 reordenamiento geoenergético que patrocina tiene que ver con el hecho de que el mar Caspio posee las terceras reservas de petróleo mundiales, lo cual le posiciona como uno de los lugares geoestratégicos de mayor importancia.
Por eso, de hoy en adelante, aparece la prerrogativa de manejar los recursos energéticos con criterios estratégicos, porque la energía se ha vuelto vital para todo desarrollo, por eso no puede abandonarse los recursos energéticos a las irracionales leyes del libre mercado. De eso trata la nueva configuración global; ninguna de las potencias emergentes es autosuficiente (ya sea económica, financiera o energéticamente, todas son vulnerables en algún aspecto), lo cual les conduce a tomar conciencia de algo que empieza a tomar cuerpo: la competencia multipolar pasa por el desarrollo de una política exterior, en todos los ámbitos, que busque y asegure más la cooperación que la confrontación (en Bolivia aparece la cooperación con una especificación más sugerente: la complementariedad y la reciprocidad; el comercio debe reestructurarse a partir de la solidaridad, esto indica una transformación en los principios económicos y políticos de las
 relaciones internacionales). Los países emergentes ya no pueden perseguir un propio desarrollo desentendiéndose del desarrollo del resto. Por eso no se trata de salir sino de acoger. El mundo es nuestro único hogar.
Ningún desarrollo puede socavar aquello que es hogar de toda la humanidad y toda la naturaleza. En este contexto es que se destaca la creación, en China, de la Comisión Nacional de Energía, una especie de comisión supra-ministerial, que reúne a la Comisión de Desarrollo, de Reforma, Energía Nuclear y al Banco Central. El uso de la energía no sólo tiende a su uso combinado, diversificado, sino a su sostenibilidad; cuyo criterio ya no sea la rentabilidad (entendida en términos de ganancia) sino la racionalidad ecológica. El uso racional y responsable de la energía pasa por otorgar capacidad de decisión, en las políticas energéticas, a los afectados por dichas políticas. Si la afectada es la propia naturaleza, ¿cómo es que escuchamos su parecer? Esto, inevitablemente, ha de revolucionar el concepto mismo de política. Ampliar la esfera de las decisiones pasa por una radicalización de la democracia; ya no se trata de la discusión entre
 democracia representativa o participativa, sino de la recuperación comunitaria y ampliada del “demos” que constituye a la democracia misma. Consolidar el incipiente orden multipolar en el mundo, pasa por esa ampliación democrática, a nivel global. En momentos de crisis económica, el mejor administrador no es precisamente el rico (quien sólo sabe despilfarrar la riqueza) sino el pobre. No hay solución para la pobreza mundial sin la participación de los pobres del mundo. Los ricos también quieren una reforma, pero sin que ésta toque su dominio financiero; de su quiebra inminente no emana consejo que pueda atender la humanidad, es mejor que aprendan a escuchar. A su sentido empresarial debemos oponerle un sentido de responsabilidad, también su salvación depende de una salvación mundial.
Un nuevo éxodo se levanta en la historia mundial. El imperio se resiste en su decadencia, “se endurece su corazón”; su boca origina sus propias desgracias. La maldición que arrastra es lo que le desmorona. Informes de inteligencia no sólo delatan la balcanización (producto de los Carteles del narcotráfico y de la excesiva injerencia gringa) de México, sino de la fenecida potencia unipolar. Resurgen en Norteamérica los odios del sur contra el norte; el partido del té es la clara manifestación de una regresión en la política gringa (el sector más racista de la extrema derecha fundamentalista genera el “Tea Party” y promueve a Sarah Palin; si la Unión Soviética colapsó definitivamente con un presidente borracho como era Yeltsin, no es raro que la nueva presidenciable en gringolandia, ante el fracaso anticipado de Obama -quien se volvió blanco más rápido que Michael Jackson-, sea la iletrada ex candidata republicana a la
 vicepresidencia). Si la opulencia fue el factor principal de estabilidad gringa, ¿qué pasará cuando esta opulencia sucumba? Egipto acabó cuando los esclavos (motor de la economía) abandonaron ese imperio y cruzaron el mar de los juncos, hundiendo al mayor ejército conocido hasta ese entonces; ¿será la repatriación de los inmigrantes lo que selle el fin del imperio gringo? Si el New York Times, en febrero del 2009, ya señalaba que el desempleo representaba una amenaza a la estabilidad mundial, ¿qué decir del desempleo creciente (en las naciones avanzadas) que, en el 2009, evidenciaban 500.000 despidos por mes, desalojos superiores a los 2 millones de viviendas, quiebras continuas de los sistemas bancarios, etc.? Por eso no es grato el futuro de los países sujetos al dólar. La supuesta economía exitosa de Chile registra, desde el 2008, considerables caídas (cerca al 2%) que destacan otro hecho: el supuesto éxito neoliberal no es tal, pues
 los índices de crecimiento económico de la dictadura, nunca fueron superiores a la media del crecimiento anterior; lo que sí creció, de modo alarmante, fue la concentración de la riqueza en el sector privado. La menor distribución genera la apariencia de mayor riqueza. Ese espejismo es la trampa del modelo capitalista. Su decadencia genera otra apariencia: parece más fuerte cuando es más débil.
La modernidad es la era de las apariencias. Produce Estados aparentes, democracias aparentes; por eso, lo más que puede prometer, en plena crisis, son reformas y maquillaje. Desde que empodera su presencia global, sólo puede desarrollar una política de dominación; lo que, a la larga, produce una ausencia de sentido histórico en el conocimiento que patrocina. Se hace conservadora. Por eso la política y la historia se le evaden y éstas aparecen, desde el sur, para imprecarle su falta de visión. La ceguera provoca esta desestabilización global. Hoy empieza la Cumbre de Río; terminar con la OEA debiera ser un imperativo. Sólo Venezuela y Bolivia levantan una voz que debiera ser unánime, no sólo por Honduras, sino por toda la amenaza regional que representa la última invasión a Haití. El 2001, desde Estados Unidos se lanzó otra santa cruzada contra el mundo entero, era la llamada guerra del bien contra el mal. Inventaron un monstruo: el
 terrorismo; para luchar contra éste se hicieron, ellos mismos, monstruos. Ahora creen que generando cataclismos saldrán ilesos. Pero no se asesina impunemente. Asesinato es, como dice Franz Hinkelammert, suicidio. La injusticia genera maldición y la maldición acaba con el que la origina. Esa es la maldición que arrastran los imperios.

La Paz, Bolivia, 22 de febrero de 2010
Rafael Bautista S.
Autor de “PENSAR BOLIVIA: DEL ESTADO COLONIAL AL ESTADO PLURINACIONAL”
rincón ediciones
[email protected]

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Haití, los militares y las víctimas. Preguntas a un Nobel de la Paz

28/01/2010 by maestro Deja un comentario

La catástrofe natural es evidente: un fuerte terremoto con varias réplicas sacudió este pequeño país y causó decenas de miles de víctimas. Pero… ¿está seguro míster Obama de que las miles de víctimas se deben únicamente al terremoto? A este drama muchos medios de comunicación occidentales lo presentan sólo con alguna discreta mención en el sentido que estas víctimas se deben también a otros motivos ajenos al fenómeno natural. Todo lo cual obliga a reflexionar y a recordar.

Y a preguntar.

Cuando una catástrofe azota una población indefensa, sin preparación y sin recursos, entonces, la catástrofe se convierte en tragedia. Por lo que cabe esta pregunta:

¿qué preparación y recursos tiene la población de Haití para enfrentar una catástrofe natural?

Prácticamente ninguna míster Obama.

La población de Haití es víctima pobre, indefensa y desamparada. Qué extraña situación para un pueblo que durante más de dos siglos ha sido invadida y ocupada por grandes potencias, particularmente Francia y su gran país, míster Obama. Durante más de dos siglos, ¿cuales han sido sus programas de educación, de salud y de infraestructura en esta pequeña isla? ¿Sólo se podían desarrollar programas para arrasar con sus recursos naturales, como la madera y el azúcar, dejando un país en estado de miseria?

Míster Obama, hoy sólo se ve el resultado en esas decenas de miles de muertos y desamparados.

Su país, míster Obama, desde hace varias décadas sataniza a Fidel Castro. Cada uno puede pensar lo que quiera de Fidel Castro y del “régimen castrista”, lo que en realidad incumbe a los cubanos de Cuba más que a los cubanos de Miami o a los políticos de Washington. (Y dicho entre paréntesis, nada más que por precisar: hablando de justicia no hay ninguna duda que la cárcel cubana donde más se violan los derechos humanos y donde más se tortura es la de Guantánamo, donde no flamea precisamente la bandera cubana).

Míster Obama, si usted analiza los daños causados en las últimas décadas por otras catástrofes naturales, como los huracanes, descubrirá que muchas veces azotan las islas del Caribe antes de llegar incluso a México o La Florida. También descubrirá que en Cuba no hay prácticamente víctimas pero que en Haití cada huracán las toma numerosas.

¿Por qué será, míster Obama? Pues simplemente porque la población de Haití está indefensa y desprotegida mientras que Cuba cuenta con logística de evacuación, programas de ayuda y una población correctamente preparada. Así que, míster Obama, le guste o no, es evidente que para defensa de una población frente a situaciones de catástrofes naturales, Fidel Castro obtiene mejores resultados que las grandes potencias que ocuparon Haití.

Pero míster Obama, el pueblo de Haití vive hoy además una segunda tragedia. La de una pequeña nación violada en lo más profundo de su identidad: la invasión y la ocupación de su territorio.

¿Sera usted, míster Obama, el primer Premio Nobel de la Paz que aprovecha una catástrofe natural y la terrible tragedia subsiguiente para invadir y proceder a la ocupación de un país? Porque si no es así tal vez quiera ilustrarnos:

¿qué hace un Premio Nobel de la Paz enviando 20.000 soldados a instalarse en Haití?

Es cierto, coincidimos en que se debe controlar a una población hambrienta: el hambre la volverá siempre peligrosa. Pero esta tarea es de especialistas entrenados y equipados para mantener el orden público. No es tarea de comandos y paracaidistas equipados con armas de guerra, como son los de su 82 División Aerotransportada.

¿Un Premio Nobel de la Paz habrá evaluado cuántas vidas de haitianos se pueden salvar con la logística brindada a 20.000 soldados que gozan de excelente salud y se alimentan tres veces por día? ¿No sentirán vergüenza sus “marines” cuando se alimentan copiosamente frente a seres humanos que mueren de hambre y de sed?

¿Quién le dio autorización a un Premio Nobel de la Paz para:

– ocupar militarmente cuatro aeropuertos de Haití…

– impedir sin explicación alguna a seis aviones de Médicos Sin Fronteras aterrizar para desembarcar hospitales de campaña…

– ordenar sin más explicaciones que los corresponsales extranjeros evacúen la zona “antes de dos horas” impidiéndoles cumplir su labor reporteril?

No, míster Obama, no son muy convincentes las explicaciones que da su general del Comando Sur en rueda de prensa frente a una sala ocupada sólo por siete periodistas.

¿Será, míster Obama, que no le conviene que los corresponsales extranjeros sean testigos de las operaciones de sus tropas en Haití?

¿Qué quiere ocultarle al mundo, míster Obama, de lo que pasa o pasará en Haití?

¿Qué pretende un Premio Nobel de la Paz enviando buques de guerra a rodear una isla víctima de una catástrofe y obligando a otros Estados a desembarcar la ayuda humanitaria en Santo Domingo, frenando así la llegada de víveres y medicinas a los damnificados?

Míster Premio Nobel de la Paz: en estos momentos Haití necesita socorristas, médicos, medicinas, alimentos, agua y albergues para una población desamparada -y usted seguro que lo sabe. Míster Obama, Haití no necesita de sus “marines”, ni de sus sofisticadas armas de guerra- y usted no lo puede ignorar.

¿Y que pensará un Premio Nobel de la Paz frente al comportamiento de los medios de comunicación de su país? ¿Qué pensará de la cadena CNN, que el primer día de la tragedia informó de las ayudas recibidas por Haití obviando descaradamente que la primera ayuda la prestó un transporte de Venezuela y que la segunda -media hora después- llegó de Cuba?

Claro que a míster Obama no le debe gustar que los rusos enviaran dos potentes transportes para establecer un puente aéreo humanitario entre Venezuela y Haití. Pero, Míster Obama, ¿por qué no analiza la razón de esta ayuda de Rusia a Venezuela?

Es muy simple, míster Obama. De la flota de Hércules 130 vendida a Venezuela por su nación, actualmente sólo tres están operativos porque su país, míster Obama, no envía a Venezuela los repuestos que necesitan esos aviones de transporte… Y si quiere saber algo más, le informo de que en Venezuela se tuvo hasta que ordenar a pilotos militares no volar mas sobre algunos aparatos porque EEUU ni siquiera enviaba los repuestos para sus sillas de eyección.

¿Entonces, míster Obama, no le parece lógico que aparezcan aeronaves rusas o chinas en los cielos de Venezuela? Incluyendo aviones de transporte y helicópteros para misiones humanitarias. Esto no debe ser de difícil entendimiento para un Premio Nobel de la Paz.

¿Y que pensará un Premio Nobel de la Paz acerca de un compatriota suyo, un “reverendo” que ni siquiera merece individualizarse, que se permite en un programa de televisión desarrollar la teoría de que el pueblo de Haití es un pueblo maldito castigado por Dios por haber osado hace más de dos siglos reivindicar su libertad ejecutando a los generales franceses de Napoleón para ganar esta libertad?

Ese “reverendo” -¿lo conoce usted, míster Obama?-, da a entender que es natural que miles de haitianos mueran hoy como un castigo de Dios porque sus ancestros llegaron a ser la primera república negra libre.

Míster Premio Nobel de la Paz, locos extremistas los hay en todas partes y no es grave aunque a veces sea doloroso, porque en rigor se necesita de todo para hacer un mundo. Lo grave, míster Obama, es que su “reverendo” enloquecido tenga libertad de expresión, apoyo de difusión y una gran audiencia en su país.

(Ya el mismo personaje, ¿lo recuerda?, instigó hace tiempo que la solución para “salir” del presidente Chávez era asesinarlo).

¿Le gusta a un Premio Nobel de la Paz la idea de asesinar el Presidente de otra nación sólo porque no conviene a los intereses de Washington? ¿A un Premio Nobel de la Paz le parecerá que es libertad de prensa la instigación al asesinato y la justificación de miles de víctimas como castigo de algún dios peculiar porque pertenecen a un país que pretende ser libre?

¿Un Premio Nobel de la Paz autoriza que en plena tragedia centenas de niños haitianos sean evacuados para ser adoptados en EEUU además de otras naciones sin la tarea previa de tratar de ubicar sus familiares?

La UNICEF no parece dar su respaldo a este programa, míster Obama.

Para los latinoamericanos es bien conocida la operación Peter Pan que en su tiempo trasladó miles de niños cubanos hacia los EEUU. Míster Premio Nobel de la Paz, ¿usted no cree que la época de la esclavitud y tráfico de seres humanos pertenece a un pasado poco glorioso de los imperios?

Así que hoy una parte del mundo asiste impotente a una nueva invasión y ocupación de EEUU a un país víctima de una tragedia. La otra parte del mundo -las “grandes potencias”- mantiene un silencio cómplice, como cómplices han sido en llevar al pueblo de Haití a la situación de ser una de las naciones más pobres del mundo.

Para esta invasión, Míster Obama, no se necesitan 20.000 “marines”. Pero esos 20.000 permiten volver a recordar que no hace mucho otros “marines” detuvieron y expulsaron al presidente de Haití elegido democráticamente y lograron su reemplazo por uno “alineado” con Washington, y con quien el Premio Nobel de la Paz no tendrá ningún problema para instalar nuevas bases militares en esta isla estratégica para sus deseos de apoderarse de los recursos de otros en este Hemisferio.

¿Sera ese el objetivo oculto de sus 20.000 “marines”, aviones, helicópteros y buques de guerra anclados o al acecho en aguas haitianas?

Míster Obama, su 82º División Aerotransportada se lució gloriosamente cuando desembarcó en las playas de Normandía ayudando a liberar Europa de la amenaza del nazismo. También se lució, pero con menos gloria, cuando sus tropas de élite realizaron operaciones de desembarco en pequeñas naciones indefensas como Dominica, Granada, Honduras o Panamá. En teatros de operaciones más serios como Vietnam, Afganistán o Iraq y otros, en lo que sabemos, fue diferente y están, digamos, victorias y derrotas empatadas o los “marines” empantanados.

¿No cree míster Premio Nobel de la Paz que son patéticas las imágenes del espectáculo de sus “marines” armados con sofisticados equipos de guerra de última generación frente a una población que se muere de hambre y de sed, amenazada por epidemias?

Ya cuando otro desastre natural azotó Luisiana, en territorio continental de EEUU asistimos a una ocupación militar, al tiempo que sus servicios de rescate -con miles de sus propios bomberos y otros especialistas- reclamaban que los tenían confinados sin dejarlos intervenir para ayudar a la población.

Es verdad que en esa oportunidad EEUU vivía bajo la presidencia de un “vaquero”, a diferencia de hoy -caso de Haití- en que gobierna un Premio Nobel de la Paz.

Pero los dos casos tienen una turbia similitud: en ambos se trata de poblaciones negras, una similitud que acaso deba llamar la atención de Barack Obama.

Míster Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, Presidente de los EEUU, ¿puede por favor ordenar a sus “marines” y buques de guerra dejar a los socorristas, médicos y ayudas humanitarias cumplir con sus labores en Haití para salvar las miles de vidas que se pueden todavía salvar? ¿Y puede ordenar que los periodistas de muchos países allí destacados puedan informar al mundo?

Si no, míster presidente, tenga la honestidad de anunciar al mundo que el plan de los EEUU es de apoderarse de parte de la isla -Haití, y vaya a saber qué planes tienen luego para República Dominicana- aprovechándose de esta situación de desastre y tragedia humana. Y que, para conseguirlo, a usted le importa un bledo, nada, lo que pueda pensar o decir el mundo -como lo han hecho en muchas otras oportunidades, en otros casos bien conocidos de todos.

Esa será su tragedia. Por la que habrá de pagar su pueblo.

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DISCURSO DE ESTE HONORABLE JOVEN SOLDADO (AMERICANO)

14/01/2010 by maestro Deja un comentario

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Feliz 2010

05/01/2010 by maestro Deja un comentario

Feliz Año Nuevo a los magos de la delicadeza y a los que tejen lazos de cintas con las líneas del tiempo; a los auscultadores del rumor de ángeles y a los portadores de altivez luminosa montados en caballos de fuego.

Feliz Año Nuevo a los peregrinos de caminos desprovistos de oscuridad; a los buscadores de conchas en las playas solariegas de la saciedad ética; a los desatadores de nosotros en los pliegues del espíritu; a los heraldos de buenas nuevas y a los espantadores del infortunio.

Feliz Año Nuevo a quien se asoma a la ventana del alma para contemplar su propio amanecer; a los navegantes cuyas velas se mueven gracias al soplo del Espíritu; a los sembradores de horizontes translúcidos; a las bordadoras de ternura en el suelo pedregoso de nuestras desventuras.

Feliz Año Nuevo a los acampados en el vasto territorio de la insensatez, rehenes de egos inflados; a los acróbatas de extravagantes conjeturas, esclavos de sus altisonantes ilusiones; a los autores de la incongruencia cívica, inveterados jugadores del escarnio.

Feliz Año Nuevo a los corazones seducidos por el toque del amor divino; a los voluntarios de la generosidad, indicadores de caminos en las vías laberínticas de nuestros desaciertos; a los profetas inflexibles a la embriaguez de la rutina, intrépidos cultivadores de la esperanza.

Feliz Año Nuevo a los confiteros de dulces anuncios entre tantas desilusiones; a los artistas de la sobriedad, ajenos a las luces llamativas de la hipocresía; a los orfebres de la belleza preñada de densidad subjetiva; a los maestros de la sabiduría impelidos por la brisa suave impregnada de sabor a miel.

Feliz Año Nuevo a los filósofos desalfabetizados de erudición, atentos a los vuelos de la inteligencia para trascender la razón; a los adeptos a la mística vacía de imágenes y palabras; a los gitanos de Dios cuyos pasos recorren las sendas mistéricas de la amorosidad inefable.

Feliz Año Nuevo a quien se niega a proferir el discurso ácido de la designificación del otro; a los habitantes de aldeas líricas, en cuyo amanecer suenan cantos compasivos; a los eremitas del desconsuelo, alimentados por el Verbo que se hace carne; a los hábiles alpinistas de la imaginación, en cuyas artes la vida se transmuta en alegorías.

Feliz Año Nuevo a los cazadores de confidencias, atentos a los detalles de la gentileza; a los orfebres de la elegancia, cuyas palabras exhalan fragancias perfumadas; a los centinelas del asombro, agraciados por el don de identificar la vida como milagro; a los artífices de la fantasía, transustanciadotes de nuestras emociones más telúricas.

Feliz Año Nuevo a quien calla los despropósitos ajenos, incapaz de transformar la propia lengua en piedra de tropiezo; a los navegantes de devaneos románticos, embriagados de poesía; y a los arquitectos del futuro, dedicados al proyecto de la ceremonia nupcial de la libertad con la justicia.

Feliz Año Nuevo a los artistas de la insensatez capaces de imprimir a la vida carácter lúdico; a los aplicados caballeros de la filosofía de la risa, de los cuales emana el júbilo de vivir; y a los acongojados encendedores de luminarias, discípulos indignados de Diógenes.

Feliz Año Nuevo a quien trasiega a despecho de los pusilánimes, entregado a la osadía de reinventar la existencia después de cada fracaso; y al guardia del farol en pleno mar revuelto, cuyo haz de luz abre vías doradas en la superficie de las aguas; y a las mujeres de corazones acunados por la preferencia de Cupido.

Feliz Año Nuevo a los ojos vigilantes al ocaso ambiental, en los que las lágrimas serán resecadas por el hollín de chimeneas lucrativas; a los desenjauladores de pájaros, intrépidos pilotos de vuelos alucinados; y a los serviciales de la gratitud, militantes del altruismo compasivo.

Feliz Año Nuevo a quien tuvo un año infeliz, herido por dolores y lágrimas, empantanado por desesperanzas y sendas oscuras: Dios quiera que ahora pueda rescatar lo mejor de sí, religarse al Trascendente y hacer del amor la razón de su renacer a la vida. (Traducción de J.L.Burguet)

Frei Betto es escritor, fraile dominico y asesor de movimientos sociales. Autor de “Un hombre llamado Jesús”, entre otros libros. 

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El posneoliberalismo y sus bifurcaciones

05/01/2010 by maestro Deja un comentario

El fin del neoliberalismo

El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.

Después de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se levantaron y la catástrofe ecológica, con un altísimo grado de irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.

Los pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación con la naturaleza, por detener el saqueo.

El fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena.

Los cambios de fase

La sociedad capitalista contemporánea ha alcanzado un grado de complejidad que la vuelve altamente inestable. De la misma manera que ocurre con los sistemas biológicos (Prigogine, 2006), los sistemas sociales complejos tienen una capacidad infinita y en gran medida impredescible de reacción frente a los estímulos o cambios. El abigarramiento con el que se edificó esta sociedad, producto de la subsunción pero no eliminación de sociedades diferentes, con otras cosmovisiones, costumbres e historias, multiplica los comportamientos sociales y las percepciones y prácticas políticas a lo largo y ancho del mundo y abre con ello un espectro inmenso de sentidos de realidad y posibilidades de organización social.

La potencia cohesionadora del capitalismo ha permitido establecer diferentes momentos de lo que los físicos llaman equilibrio, en los que, a pesar de las profundas contradicciones de este sistema y del enorme abigarramiento que conlleva, disminuyen las tendencias disipadoras. No obstante, su duración es limitada. En el paso del equilibrio a la disipación aparecen constantemente las oportunidades de bifurcación que obligan al capitalismo a encontrar los elementos cohesionadores oportunos para construir un nuevo equilibrio o, en otras palabras, para restablecer las condiciones de valorización del capital. Pero siempre está presente el riesgo de ruptura, que apunta hacia posibles dislocamientos epistemológicos y sistémicos.

Los equilibrios internos del sistema, entendidos como patrones de acumulación en una terminología más económica, son modalidades de articulación social sustentadas en torno a un eje dinamizador u ordenador. Un eje de racionalidad complejo que, de acuerdo con las circunstancias, adopta diferentes figuras: en la fase fordista era claramente la cadena de montaje para la producción en gran escala y el estado en su carácter de organizador social; en el neoliberalismo el mercado; y en el posneoliberalismo es simultáneamente el estado como disciplinador del territorio global, es decir, bajo el comando de su vertiente militar, y las empresas como medio de expresión directa del sistema de poder, subvirtiendo los límites del derecho liberal construido en etapas anteriores del capitalismo.

Los posneoliberalismos y las bifurcaciones

La incertidumbre acerca del futuro lleva a caracterizarlo más como negación de una etapa que está siendo rebasada. Si la modalidad capitalista que emana de la crisis de los años setenta, que significó una profunda transformación del modo de producir y de organizar la producción y el mercado, fue denominada por muchos estudiosos como posfordista; hoy ocurre lo mismo con el tránsito del neoliberalismo a algo diferente, que si bien ya se perfila, todavía deja un amplio margen a la imprevisión.

Posfordismo se enuncia desde la perspectiva de los cambios en el proceso de trabajo y en la modalidad de actuación social del estado; neoliberalismo desde la perspectiva del mercado y del relativo abandono de la función socializadora del estado. En cualquiera de los dos casos no tiene nombre propio, o es un pos, y en ese sentido un campo completamente indefinido, o es un neo, que delimita aunque sin mucha creatividad, que hoy están dando paso a otro pos, mucho más sofisticado, que reúne las dos cualidades: pos-neo-liberalismo. Se trata de una categoría con poca vida propia en el sentido heurístico, aunque a la vez polisémica. Su virtud, quizá, es dejar abiertas todas las posibilidades de alternativa al neoliberalismo -desde elneofascismo hasta la bifurcación civilizatoria-, pero son inciertas e insuficientes su fuerza y cualidades explicativas.

En estas circunstancias, para avanzar en la precisión o modificación del concepto es indispensable detenerse en una caracterización de escenarios, entendiendo que el espectro de posibilidades incluye alternativas de reforzamiento del capitalismo -aunque sea un capitalismo con más dificultades de legitimidad-; de construcción de vías de salida del capitalismo a partir de las propias instituciones capitalistas; y de modos colectivos de concebir y llevar a la práctica organizaciones sociales no-capitalistas. Trabajar todos los niveles de abstracción y de realidad en los que este término ocupa el espacio de una alternativa carente de apelativo propio, o el de alternativas diversas en situación de coexistencia sin hegemonismos, lo que impide que alguna otorgue un contenido específico al proceso superador del neoliberalismo.

El posneoliberalismo del capital

Aun antes del estallido de la crisis actual, ya eran evidentes los límites infranqueables a los que había llegado el neoliberalismo. La bonanza de los años dorados del libre mercado permitió expandir el capitalismo hasta alcanzar, en todos sentidos, la escala planetaria; garantizó enormes ganancias y el fortalecimiento de los grandes capitales, quitó casi todos los diques a la apropiación privada; flexibilizó, precarizó y abarató los mercados de trabajo; y colocó a la naturaleza en situación de indefensión. Pero después de su momento innovador, que impuso nuevos ritmos no sólo a la producción y las comunicaciones sino también a las luchas sociales, empezaron a aparecer sus límites de posibilidad.

Dentro de éstos, es importante destacar por lo menos tres, referidos a las contradicciones inmanentes a la producción capitalista y su expresión específica en este momento de su desarrollo y a las contradicciones correspondientes al proceso de apropiación y a las relaciones sociales que va construyendo:

1. El éxito del neoliberalismo en extender los márgenes de expropiación, lo llevó a corroer los consensos sociales construidos por el llamado estado del bienestar, pero también a acortar los mercados. La baja general en los salarios, o incluso en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo en un sentido más amplio, fue expulsándola paulatinamente del consumo más sofisticado que había alcanzado durante el fordismo. La respuesta capitalista consistió en reincorporar al mercado a esta población, cada vez más abundante, a través de la producción de bienes precarios en gran escala. No obstante, esta reincorporación no logra compensar ni de lejos el aumento en las capacidades de producción generadas con las tecnologías actuales, ni retribuir las ganancias esperadas. El grado de apropiación y concentración, el desarrollo tecnológico, la mundialización tanto de la producción como de la comercialización, es decir, el entramado de poder objetivado construido por el capital no se corresponde con las dimensiones y características de los entramados sociales. Es un poder que empieza a tener problemas serios de interlocución.

2. Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías, llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas, doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún tipo de mercancía fue -es- uno de los caminos de afianzamiento de la supremacía económica; la ocupación de territorios para convertirlos en materia de valorización. Paradójicamente, el capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es destruirla.

Con la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación, con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.

Pero quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.

El capitalismo ha demostrado tener una especial habilidad para saltar obstáculos y encontrar nuevos caminos, sin embargo, los niveles de devastación alcanzados y la lógica con que avanza hacia el futuro permiten saber que las soluciones se dirigen hacia un callejón sin salida en el que incluso se van reduciendo las condiciones de valorización del capital.

3. Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que, evidentemente, se han levantado en contra.

Esto, junto con las protestas y revueltas originadas por las políticas de ajuste estructural o de privatización de recursos, derechos y servicios promovidas por el neoliberalismo, ha marcado la escena política desde los años noventa del siglo pasado. Las condiciones de impunidad en que se generaron los primeros acuerdos de libre comercio, las primeras desregulaciones, los despojos de tierras y tantas otras medidas impulsadas desde la crisis y reorganización capitalista de los años setenta-ochenta, cambiaron a partir de los levantamientos de la década de los noventa en que se produce una inflexión de la dinámica social que empieza a detener las riendas sueltas del neoliberalismo.

No bastaba con darle todas las libertades al mercado. El mercado funge como disciplinador o cohesionador en tanto mantiene la capacidad desarticuladora y mientras las fuerzas sociales se reorganizan en correspondencia con las nuevas formas y contenidos del proceso de dominación. Tampoco podía ser una alternativa de largo plazo, en la medida que la voracidad del mercado lleva a destruir las condiciones de reproducción de la sociedad.

El propio sistema se vio obligado a trascender el neoliberalismo trasladando su eje ordenador desde la libertad individual (y la propiedad privada) promovida por el mercado hacia el control social y territorial, como medio de restablecer su posibilidad de futuro. La divisa ideológica del “libre mercado” fue sustituida por la “seguridad nacional” y una nueva fase capitalista empezó a abrirse paso con caracaterísticas como las siguientes:

1. Si el neoliberalismo coloca al mercado en situación de usar el planeta para los fines del mantenimiento de la hegemonía capitalista, en este caso comandada por Estados Unidos, en esta nueva fase, que se abre junto con la entrada del milenio, la misión queda a cargo de los mandos militares que emprenden un proceso de reordenamiento interno, organizativo y conceptual, y uno de reordenamiento planetario.

El cambio de situación del anteriormente llamado mundo socialista ya había exigido un cambio de visión geopolítica, que se corresponde con un nuevo diseño estratégico de penetración y control de los territorios, recursos y dinámicas sociales de la región centroasiática. El enorme peso de esta región para definir la supremacía económica interna del sistema impidió, desde el inicio, que ésta fuera dejada solamente en las manos de un mercado que, en las circunstancias confusas y desordenadas que siguieron al derrumbe de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, podía hacer buenos negocios pero no condiciones de reordenar la región de acuerdo con los criterios de la hegemonía capitalista estadounidense. En esta región se empieza a perfilar lo que después se convertiría en política global: el comando militarizado del proceso de producción, reproducción y espacialización del capitalismo de los albores del siglo XXI.

2. Esta militarización atiende tanto a la potencial amenaza de otras coaliciones hegemónicas que dentro del capitalismo disputen el liderazgo estadounidense como al riesgo sistémico por cuestionamientos y construcción de alternativas de organización social no capitalistas. Sus propósitos son el mantenimiento de las jerarquías del poder, el aseguramiento de las condiciones que sustentan la hegemonía y la contrainsurgencia. Supone mantener una situación de guerra latente muy cercana a los estados de excepción y una persecución permanente de la disidencia.

Estos rasgos nos llevarían a pensar rápidamente en una vuelta del fascismo, si no fuera porque se combinan con otros que lo contradicen y que estarían indicando las pistas para su caracterización más allá de los “neos” y los “pos”.

Las guerras, y la política militar en general, han dejado de ser un asunto público. No solamente porque muchas de las guerras contemporáneas se han enfocado hacia lo que se llama “estados fallidos”, y en ese sentido no son entre “estados” sino de un estado contra la sociedad de otra nación, sino porque aunque sea un estado el que las emprende lo hace a través de una estructura externa que una vez contratada se rige por sus propias reglas y no responde a los criterios de la administración pública.

El outsourcing, que se ha vuelto recurrente en el capitalismo de nuestros días, tiene implicaciones muy profundas en el caso que nos ocupa. No se trata simplemente de privatizar una parte de las actividades del estado sino de romper el sentido mismo del estado. La cesión del ejercicio de la violencia de estado a particulares coloca la justicia en manos privadas y anula el estado de derecho. Ni siquiera es un estado de excepción. Se ha vaciado de autoridad y al romper el monopolio de la violencia la ha instalado en la sociedad.

En el fascismo había un estado fuerte capaz de organizar a la sociedad y de construir consensos. El estado centralizaba y disciplinaba. Hoy apelar al derecho y a las normas establecidas colectivamente ha empezado a ser un disparate y la instancia encargada de asegurar su cumplimiento las viola de cara a la sociedad. Ver, si no, los ejemplos de Guantánamo o de la ocupación de Irak.

Con la reciente crisis las instituciones capitalistas más importantes se han desfondado. El FMI y el Banco Mundial son repudiados hasta por sus constructores. Estamos entrando a un capitalismo sin derecho, a un capitalismo sin normas colectivas, a un capitalismo con un estado abiertamente faccioso. Al capitalismo mercenario.

El posneoliberalismo nacional alternativo

Otra vertiente de superación del neoliberalismo es la que protagonizan hoy varios estados latinoamericanos que se proclaman socialistas o en transición al socialismo y que han empezado a contravenir, e incluso revertir, la política neoliberal impuesta por el FMI y el Banco Mundial. Todas estas experiencias que iniciaron disputando electoralmente la presidencia, aunque distintas entre sí, comparten y construyen en colaboración algunos caminos para distanciarse de la ortodoxia dominante. Bolivia, Ecuador y Venezuela, de diferentes maneras y con ritmos propios, impulsan políticas de recuperación de soberanía y de poder participativo, que se ha plasmado en las nuevas Constituciones elaboradas por sus sociedades1.

La disputa con el FMI y el Banco Mundial ha determinado un alejamiento relativo de sus políticas y de las propias instituciones, al tiempo que se inicia la creación de una institucionalidad distinta, todavía muy incipiente, a través de instancias como el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe y otras que, sin embargo, no marcan una pauta anticapitalista en sí mismas sino que apuntan, por el momento, a constituir un espacio de mayor independencia con respecto a la economía mundial, que haga propicia la construcción del socialismo. Considerando que, aun sin tener certeza de los resultados, se trata en estos casos por lo menos de un escenario posneoliberal diferente y confrontado con el que desarrollan las potencias dominantes, es conveniente destacar algunos de sus desafíos y paradojas.

1. Para avanzar en procesos de recuperación de soberanía, indispensable en términos de su relación con los grandes poderes mundiales –ya sea que vengan tras facetas estatales o empresariales–, y para emprender proyectos sociales de gran escala bajo una concepción socialista, requieren un fortalecimiento del estado y de su rectoría. Lo paradójico es que este estado es una institución creada por el propio capitalismo para asegurar la propiedad privada y el control social.

2. Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de propiedad. Para un “cambio de modelo” esto no es suficiente, es un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una reivindicación popular histórica.

3. El reforzamiento del interés nacional frente a los poderes globales o transnacionales va acompañado de una centralización estatal que no resulta fácilmente compatible con la plurinacionalidad postulada por las naciones o pueblos originarios, ni con la idea de una democracia participativa que acerque las instancias de deliberación y resolución a los niveles comunitarios.

4. Las Constituyentes han esbozado las líneas de construcción de una nueva sociedad. En Bolivia y Ecuador se propone cambiar los objetivos del “desarrollo” por los del “buen vivir”2, marcando una diferencia fundamental entre la carrera hacia delante del desarrollo con la marcha horizontal e incluso circular del buen vivir, que llamaría a recordar la metáfora zapatista de caminar al paso del más lento. La dislocación epistemológica que implica trasladarse al terreno del buen vivir coloca el proceso ya en el camino de una bifurcación societal y, por tanto, la discusión ya no es neoliberalismo o posneoliberalismo sino eso otro que ya no es capitalista y que recoge las experiencias milenarias de los pueblos pero también la crítica radical al capitalismo. Los apelativos son variados: socialismo comunitario, socialismo del siglo XXI, socialismo en el siglo XXI, o ni siquiera socialismo, sólo buen vivir, autonomía comunitaria u horizontes emancipatorios.

Ahora bien, la construcción de ese otro, que genéricamente podemos llamar el buen vivir, tiene que salirse del capitalismo pero a la vez tiene que transformar al capitalismo, con el riesgo, siempre presente, de quedar atrapado en el intento porque, entre otras razones, esta búsqueda se emprende desde la institucionalidad del estado (todavía capitalista), con toda la carga histórica y política que conlleva.

El posneoliberalismo de los pueblos

Otro proceso de salida del neoliberalismo es el que han emprendido los pueblos que no se han inclinado por la lucha electoral, fundamentalmente porque han decidido de entrada distanciarse de la institucionalidad dominante. En este proceso, con variantes, se han involucrado muchos de los pueblos indios de América, aunque no sólo, y su rechazo a la institucionalidad se sustenta en la combinación de las bifurcaciones con respecto a la dominación colonial que hablan de rebeliones larvadas a lo largo de más de 500 años, con las correspondientes a la dominación capitalista. Las naciones constituidas en el momento de la independencia de España y Portugal en realidad reprodujeron las relaciones de colonialidad interna y por ello no son reconocidas como espacios recuperables.

La resistencia y las rebeliones se levantan a veces admitiendo la nación, más no el estado, como espacio transitorio de resistencia, y a veces saltando esta instancia para lanzarse a una lucha anticapitalista-anticolonial y por la construcción-reconstrucción de formas de organización social simplemente distintas.

Desde esta perspectiva el proceso se realiza en los espacios comunitarios, transformando las redes cotidianas y creando condiciones de autodeterminación y autosustentación, siempre pensadas de manera abierta, en interlocución y en intercambio solidario con otras experiencias similares.

Recuperar y recrear formas de vida propias, humanas, de respeto con todos los otros seres vivos y con el entorno, con una politicidad libre y sin hegemonismos. Democracias descentradas. Este es el otro camino de salida del neoliberalismo, que sería muy empobrecedor llamar posneoliberalismo porque, incluso, es difícil de ubicar dentro del mismo campo semántico. Y todos sabemos que la semántica es también política y que también ahí es preciso subvertir los sentidos para que correspondan a los nuevos aires emancipatorios.

Lo que viene después del neoliberalismo es una abanico abierto con múltiples posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir marcando los caminos.

Bibliografía

    Acosta, Alberto 2008 “La compleja tarea de construir democráticamente una sociedad democrática” en Tendencia N° 8 (Quito).

    Prigogine, Ilya 2006 (1988) El nacimiento del tiempo (Argentina: Tusquets).

    Constitución de la República del Ecuador 2008.

Asamblea Constituyente de Bolivia 2007 Nueva Constitución Política del Estado (documento oficial)

Publicado en: Invitados Etiquetado como: El posneoliberalismo y sus bifurcaciones, Invitados

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