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Invitados

Libia Si y No

01/04/2011 by maestro Deja un comentario

NO se puede justificar lo inexcusable. ¿Como acusar a Gadafi de culpable por no querer dialogar y reprimir los civiles que protestaban pacíficamente, versión que ni China ni Rusia dieron por valida.

SI es discutible que el Consejo de Seguridad otorgue legitimidad a la invasión, no hay ninguna forma de medir el apoyo de todas las Naciones del Mundo para declarar legal la resolución 1973 (2011). Menos aceptable si conocemos la composición y el funcionamiento del Consejo de Seguridad, cuyas resoluciones no representan, ni siquiera, la opinión de todos sus integrantes; puesto que allí Estados Unidos impone su voluntad. La resolución no representa consenso de todos los países que integran Naciones Unidas, sabemos que existe en ese campo gran controversia, el Gobierno de la India y hasta Vilma Rouseff, -siempre tan cuidadosa de sus relaciones con USA- no están la aprueban, además China y Rusia la han criticado abiertamente y muchos países exigen resolución pacifica.

NO han servido para nada las anteriores experiencias de decisiones de zonas de exclusión aérea. En Los casos de Irak y Bosnia, la imprecisa “comunidad internacional” recurrió a esta medida supuestamente para detener las masacres de los regímenes de Sadam Husein y Slobodan Milosevic contra la población civil. Cuyo final lo completó una invasión militar con ulterior destrucción del país. En el caso de Irak, la decisión no se fundamentó en ninguna resolución de la ONU. Fue acto mas arbitrario que el de hoy, lo acordaron unilateralmente EE UU, Reino Unido y Francia con argumentos y pruebas falsas. No sirven por que terminan con eternas ocupaciones territoriales.

SI nos acordamos que el entonces secretario general de la ONU, Butros Butros-Ghali, consideró esta medida militar “ilegal”. Dignidad ausente en el actual mandarín Ban, quién la celebra y luego actúa como miembro del buró militar del General del Pentágono que coordina la masacre. “Es quizá la primera vez que un secretario general de la ONU participa en la planificación de acciones bélicas militares”, señaló el experimentado periodista Chakravarthi Raghavan.

NO se puede negar que Gadafi actuó en forma represiva. Sin embargo el Consejo no ha hecho nada y menos pronunciado fuertemente ante actos gubernamentales en los casos de violencia contra civiles: Israel, Reino Árabe Unido, Bahrein, Emiratos y por cuarenta años del régimen militar egipcio. Sospechamos que esto se hace solo con Gobiernos que se atreven a enfrentarse a los intereses de la potencias consumidoras de la energía que proviene del Libia y de paso, los castiga con una invasión militar.

SI es evidente que la “resistencia Libia”, requirió a diferencia de lo sucedido en Túnez, Yemen y Egipto, del apoyos y bombardeo selectivo de fuerzas supranacionales. Las armas de los pueblos árabes en revuelta eran palos y piedras. En contraposición, enemigos de Gadafi “mágicamente” han estado armados desde antes con sofisticados equipos de alto poder de fuego y fuerza militar bastante organizada.

NO es aceptada, hasta ahora, por la población civil Libia la invasión extranjera. Paradójico no quieren paz con Gadafi, pero reniegan a la presencia extrajera de la OTAN.

SI es notable que la invasión ha impulsado la legitimidad de Gadafi. Acotamos, eso de invadir, matar, para evitar la muerte es sencillamente un acertijo que no lo entiende ni Colin Power, general que todo lo explicaba, menos sus mentiras.

NO existe guerra LEGAL que respete los cacareados derechos humanos. Imposible que no traiga daños contra inocentes, de ser así no sería guerra. No hay guerra limpia, guerra en la que solamente salgan afectados los bandos en contienda, sino que, quiérase o no la población civil es el primer blanco. Sepamos, lo que viene es muerte, en nombre de la ONU y la OTAN. No existe guerra de juego limpio, justo, aséptica o no cruel.

SI son negocio portador de muerte. Terrible, impuestas por el mismo asesino serial de siempre, su lista de victimados, amplia: antigua Yugoslavia, Afganistán y Panamá, Grenada, Haiti y muchos lugares más. Eso de bombardear un país entero para sacar a un dictador de su escondite —casos Noriega y Hussein —, no produce sino violencia. Si hay acción militar, tendrán que matar directamente a civiles libios, con la luciferina idea de defender los derechos de los civiles libios. Un perfecto trabalenguas.

NO habrá dialogo y lo único que se ha dejado oír en Libia es la voz con “argumento” de los misiles de la OTAN.

SI produce risa e incredulidad, la afirmación de que el objetivo de esa comunidad internacional es ayudar al pueblo libio a cumplir sus justas aspiraciones de democracia y libertad. Todo humor

NO ha habido en Libia una revuelta que pueda ser denominada popular. Menos espontánea, si evaluamos el repentino e inexplicable potencial y destacad destreza militar del que gozan los “rebeldes”. Así que estamos obligados a concluir que la revuelta no es justificada, puesto que es poco probable que el pueblo se rebele contra sus propios y evidentes intereses, cuando sabemos que 16 de Febrero de 2009 Gaddafi instó a los libios a que apoyen su plan para recuperar los ingresos del petróleo, en manos de libios asociados a poder de las transnacionales. Pidió a su pueblo que lo sigan en su propuesta de “deponer” al gobierno y entregar los beneficios del petróleo directamente a los 5 millones de ciudadanos del país y adjudicar los ingresos del negocio directamente a las organizaciones populares.

Delató “un estado de corrupción persistente y generalizada” y pidió al pueblo participar a tomar el poder y las empresas hoy en manos de corruptos mas cercanos a Europa que a Libia.

SI esta claro, que esta política popular mantiene enfrentados a los burócratas con Gadaffi, Pej. Primer Ministro Al-Baghdadi Ali al-Mahmoudi y el Gobernador del Banco Central, Farhat Omar Bin Guidara, advirtieron a Gaddafi en Noviembre pasado que su proyecto terminaría dañando la economía del país miembro de la OPEP y peor a sus intereses personales.

NO olvidar que fue Gadafi quien urgió a una profunda reforma de la burocracia gubernamental. Afirmo que el sistema ministerial tenía que ser desmantelado para librar a los libios de la corrupción y la mala gestión. Intervino en el Congreso Popular Libio y expresó: “No tengáis miedo de tomar directamente el dinero del petróleo y la responsabilidad de crear las estructuras de gobierno necesarias para el bien de nuestro pueblo.” ¿ Era o no, medida destinada a era favorecer el poder popular?.

SI tiene que ver el petróleo y sus riquezas y planes de nacionalización de empresas lo que provoca el ataque a Libia. Recordemos que en 2009 Gaddafi presentó un plan que incluía estos tres puntos principales:

1- Nacionalización de los hidrocarburos y las empresas extranjeras.

2- Desmantelamiento de la burocracia ministerial y gestión directa del ejecutivo por órganos populares para manejar industrias.

3- Distribución directa y equitativa de los ingresos del petróleo a los ciudadanos. Era notable que esto afectaría los intereses de las petroleras internacionales: Italia, Francia, Inglaterra, España y Alemania ya que sería cambiado el regimen de lo negociado antes.

SI tiene que ver el petróleo con la masacre y pretensión de controlar las riquezas de Libia. Pruebas existen en la pagina Energy-pedia News, una web dirigida a explicar a personas interesadas en el mundo tendencias de las ventas mundiales del petróleo e inversionistas relacionados con la energía.

En el botón negocios se habla de Libia. Desde 2009 hasta hoy abundan notas sobre a nuevos hallazgos petrolíferos en el país, tanto en el desierto como del mar se delata una enorme riqueza petrolera en vías de convertirse en reservas comprobadas.

Igualmente abundan las noticias sobre rescisiones de contratos de explotación a diversas compañías, sobre todo, europeas.

Alli se habla de las exploraciones de BP en el mar libio, también de la forma incomprensiblemente curiosa de pospone desde hace un año los trabajos de exploración que había convenido iniciar en 2010 y que días antes de la revuelta relegó una vez mas. ¿Sabian de la refriega que venía o es pura casualidad¿.

SI tiene que ver el petróleo con la Resolución ONU 1973 (2011). Por cuanto desde el 25 de Enero de 2009 Gaddafi ha anunciado por diversos medios que estudia la nacionalización de las compañías petrolíferas extranjeras.

SI es real que Gadaffi tiene cuarenta y dos años en poder. También es posible, que a pesar de las ventajas sociales y económicas comparativas que goza el pueblo libio frente a otras republicas del Norte del Africa, exista en su gente algún deseo por renovar sus estructuras políticas; evidente, no será a través de la invasión y posterior ocupación militar de su territorio que puede lograrlo.

NO estimo las teorías conspirativas. Alguna izquierda, reduce todo a una acción de la CIA y el imperio, es necesario buscar otras causas y otros valores propios del simbolismo islámico y el deseo del pueblo libio de tomar ejemplo de sus vecinos. Aunque todo sigue poco claro, me resulta impensable apoyar ninguna acción de la fuerza de los países explotadores del petróleo sobre un pueblo africano y menos aún Libia.

Si espero que el futuro le provea al pueblo libio mayor democracia y mas participación e independencia frente a los momio europeos o los nacionales que los defienden.

[email protected]

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Tulio Monsalve

Halcones de EEUU sobrevuelan Siria

01/04/2011 by maestro Deja un comentario

En un muy destacado artículo de opinión publicado el sábado por el periódico The Washington Post, Elliot Abrams, quien se desempeñó como máximo asesor del ex presidente George W. Bush (2001-2009) en temas de Medio Oriente, llamó a la administración de Obama a tomar una serie de medidas diplomáticas y económicas similares a las empleadas contra Libia.

Según Abrams, Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) también deberían intervenir militarmente en Siria para debilitar a Assad y fortalecer a la oposición.

Ese mismo día, el periódico The Wall Street Journal instó en su editorial al gobierno de Obama a respaldar a la oposición siria “en cuantas formas sea posible”.

“Es imposible saber quién sucederá a Assad si cae su régimen de la minoría alauí, pero es difícil imaginar otro peor a los intereses de Estados Unidos”, sostuvo el diario.

Su cada vez más neoconservadora contraparte en The Washington Post –que la semana pasada calificó a Assad de “matón irremediable”– instó al gobierno estadounidense a apoyar “en forma decisiva a aquellos en Siria que buscan un cambio genuino”.

Y el martes, Tim Pawlenty, posible candidato a presidente en las próximas elecciones de 2012 por parte del opositor Partido Republicano, apoyó plenamente las recomendaciones de Abrams y llamó a Assad “asesino”.

Esta campaña por intervenir Siria –en momentos que Washington está profundamente involucrado en la guerra civil de Libia mientras sigue de cerca la situación de los regímenes amigos en Bahrein y Yemen– fue lanzada cuando quedó claro en las últimas semanas que Assad afrontaba lo que la mayoría de los observadores aquí creen es la más grave crisis de su gobierno en 11 años.

Más de 60 personas han muerto en combates entre manifestantes y policías en todo el país desde que estallaron las manifestaciones en la meridional localidad de Deraa hace dos semanas.

La esperanza de que Assad, quien desmanteló su gabinete el martes, anuncie una serie de reformas incluyendo el fin de la ley de emergencia, que ya lleva 50 años en vigor, se vio diluida el miércoles cuando en un discurso ante el parlamento atribuyó la inestabilidad en su país a una “conspiración” internacional.

Aunque sugirió que introduciría importantes reformas, no especificó de qué clase ni cuándo.

“Habrá más manifestaciones” predijo Bassam Haddad, experto en Siria para la estadounidense Universidad George Mason, quien añadió que el régimen permanecía dividido entre reformistas y conservadores.

“Si Bashar se salva, creo que la respuesta (a nuevas protestas) será suave. Pero si el ala más dura se sale con la suya, habrá una represión que tendrá un efecto de bola de nieve y podría convertirse una pesadilla para el régimen”, sostuvo.

Eso sería probablemente bien recibido por los neoconservadores y “halcones” (ala más belicista) en Washington, algunos de los cuales ya sugirieron que una represión violenta les permitiría invocar como precedente la intervención en Libia y tomar una fuerte acción contra el régimen de Assad.

La administración de Obama, que intentó atraer a Damasco en una amplia estrategia para debilitar la influencia regional de Irán, considera a Assad un líder con inclinación reformista pero sin habilidad para afrontar a las fuerzas más conservadores en su Partido Baath y entre los militares.

El domingo, la secretaria de Estado (canciller) de Estados Unidos, Hillary Rodham Clinton, describió a Assad como un “líder diferente”, señalando que “muchos de los miembros del Congreso (legislativo estadounidense) que visitaron Siria en los últimos meses opinaron que era un reformista”.

Estas declaraciones molestaron a los neoconservadores, que desde hace tiempo han considerado a la dinastía Assad uno de los principales enemigos en Medio Oriente debido a sus vínculos con Teherán, su histórico apoyo al movimiento chiita libanés Hezbolá (Partido de Dios), al palestino Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) y, desde la invasión de Estados Unidos a Iraq, supuestamente también a los insurgentes sunitas en ese país.

De hecho, un memorando preparado en 1996 por neoconservadores estadounidenses (que luego ocuparon prominentes puestos en el gobierno de Bush) para el entonces nuevo primer ministro israelí Benjamin Netanyahu identificaba al derrocamiento del presidente iraquí Saddam Hussein (1979-2003) como un paso clave en una amplia estrategia para desestabilizar a Siria.

Durante la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá, Abrams habría instado al Ministerio de Defensa israelí a expandir su campaña de bombardeos incluyendo objetivos en Siria, algo que contó con el apoyo expreso de otros halcones fuera de la administración de Bush. Para su frustración, los israelíes rechazaron la sugerencia.

Los neoconservadores y sus aliados en el Congreso han luchado con uñas y dientes contra los esfuerzos de Obama para normalizar las relaciones con Damasco, rotas desde que la administración de Bush acusó al gobierno sirio de estar vinculado con el asesinato en 2005 del primer ministro libanés Rafik Hariri en Beirut.

Ahora claramente creen que la Primavera Árabe presenta una nueva oportunidad de un “cambio de régimen” en Damasco y que debe ser aprovechada sin demora.

* El blog de Jim Lobe sobre política exterior puede leerse en http://www.lobelog.com.

Publicado en: Invitados Etiquetado como: IPS, Jim Lobe

Las bombas matan y los medios mienten

01/04/2011 by maestro Deja un comentario

Y eso que, hasta el momento, no obstante la intensidad y frecuencia de los bombardeos, según los medios de comunicación no habían producido ni siquiera esos daños colaterales que antes de que se lamenten ya se han enterrado.

Hasta el corresponsal de El País en la capital Libia, Alvaro de Cózar, había andado y desandado Trípoli buscando en morgues y cementerios los cadáveres que nunca existieron. Tampoco fue el único medio de comunicación que fracasó ante la odisea propuesta. Por más denuncias que a través de Internet se venían haciendo sobre el uso de uranio empobrecido en las bombas de la pacificación aliada, sus misiles debían haber alcanzado un grado de inteligencia tan exquisito y sus operadores una pericia tan extraordinaria, que ni los habituales errores comunes a otras guerras se estaban cometiendo. Y los posibles muertos, en el hipotético caso de que aparecieran, o eran soldados de Gadafi o estaban dispuestos a serlo. Nunca civiles cuyas vidas, precisamente, se había ido a preservar.

Pero he aquí que, de improviso, las 28 tumbas que narraba Alvaro de Cózar para El País había descubierto vacías hace tres días, van a resultar insuficientes para albergar los cadáveres de las decenas de civiles libios reventados por las bombas aliadas en los barrios de la capital y en un hospital de Mizda, a 145 kilómetros de Trípoli.

La denuncia no la ha hecho el corresponsal de El País, que sigue buscando muertos; tampoco El Mundo, Le Figaro, The Times, el New York Times, la CNN, AP, EFE… la noticia la ha brindado ¡El Vaticano!

El máximo representante del Vaticano en Trípoli, Giovanni Innocenzo Martinelli, ha denunciado la muerte de, al menos, 40 civiles por los diarios bombardeos de la aviación aliada que ya la OTAN se ha apresurado a investigar: “Estamos haciendo indagaciones entre nuestros mandos para ver si hay algo relevante en estas denuncias, pero no tenemos información para corroborarlas. Haremos todo lo que podamos para determinar si ocurrió algo”.

Denuncia el representante vaticano que “los llamados bombardeos humanitarios han causado la muerte de decenas de civiles en algunos barrios de Trípoli… En el barrio de Buslim, debido a los bombardeos, un edificio de viviendas se ha derrumbado, causado la muerte de 40 personas…Ayer ya dije que algunas bombas cayeron en hospitales. Para ser preciso, en uno de los centros hospitalarios de la ciudad de Mizda”.

Y los medios de comunicación sin enterarse. Mira por donde, al final va a resultar que el futuro de la iglesia pasa por convertirse en una agencia de prensa, y el porvenir de la prensa en seguir siendo una iglesia.

 

Publicado en: Invitados

Siria. El impulso árabe se detiene aquí

01/04/2011 by maestro Deja un comentario

Fue Libia lo que le dio el empujón para continuar, el aliento para ponerse en pie y decir que la reforma no es un tema pertinente en este momento. ¿Puede esto interpretarse como una traducción exacta de su convicción de que Siria no debe ser parte de la revolución en Medio Oriente? De cualquier forma, el partido Baaz seguirá en la lucha. Assad sigue siendo el presidente de Siria. Sin cambios.

Bueno, desde luego que, como sabemos, Muammar Kadafi, no es un sabio ejemplo a seguir en momentos difíciles.

El viernes es el día tradicional del recuerdo, el juicio y los cuestionamientos. Si Assad puede pasar el jueves sin asesinar a más gente en Deraa y Latakia, Assad, se salvará. Es joven, su esposa –injustamente despreciada por aquellos que odian a Siria, es un punto muy importante a su favor, y su gobierno ha eliminado efectivamente los excesos del régimen de su padre, Hafez. Pero –y este es un gran pero– la tortura continúa, la desigualdad y las injusticias de los servicios de seguridad Mujabarat persisten. La libertad en Siria es tan difícil de hallar como un oasis en el desierto. Según el analista de Al Jazeera, Marwan Beshara, el parlamento sirio sigue siendo un circo de apoyo.

Aún hay más peros en Siria. Se trata de un país duro y tenso sin las vías para la libre expresión que sí existían en Egipto; es más bien un centro de nacionalismo árabe. No por nada los sirios gritan “Um al Arabiya Wahida” (Madre de la nación árabe). No por nada los sirios recuerdan que ellos y sólo ellos se opusieron al acuerdo Sykes-Picot que en 1916 dividía a la región entre Francia y Gran Bretaña por la fuerza de los ejércitos. Los batallones montados sirios se arrojaron contra los tanques franceses durante la batalla de Maysaloon. Posteriormente, el rey de Siria recibió el trono de Irak como premio de consolación, de parte de Winston Churchill.

Esto no justifica el régimen autocrático de Bashar, pero dice algo sobre los sirios: no obedecen reglas. Los sirios no siguen a otros árabes como ovejas. Lucharon más que ningún otro país de la región por un proceso de paz entre Israel y Palestina –que Bashar este miércoles declaró estancado–. También afirmó ese mismo día que los disturbios fueron una prueba para la nación más que un desafío para el presidente. En verdad, la región de Hauran, donde se encuentra Deraa –localidad que fue escenario de una temible serie de asesinatos ordenados por el gobierno– siempre ha sido una zona rebelde aun cuando estaba bajo el control francés en 1916. ¿Puede Bashar Assad mantener unido a su país?

Hasta ahora ha logrado con una minoría alawita (o sea chiíta), atraer a la mayoría de la población sunita musulmana del país dentro del sistema económico establecido. Ciertamente, los sunitas son la economía de Siria; una elite poderosa desinteresada en las revueltas, la desunión o las conspiraciones extranjeras. Fue extraño que Assad hablara este miércoles de conspiraciones extranjeras. Ese viejo adagio no le hace ninguna justicia. Estas conspiraciones siempre son descubiertas cuando los dictadores se sienten inseguros. Damasco ha sido atacado por agentes israelíes e islamitas, agentes de la derecha turca durante los últimos 40 años. Tiene cierta resonancia este asunto gastado del complot que hace que los sirios sean más patriotas que luchadores por la libertad.

Desde luego hay mucho que está mal en Siria, y Bashar Assad puede haber abusado de su buena suerte este miércoles, cuando decidió no anunciar las reformas ni libertades que los sirios esperaban de él. En vez de eso proclamó: Dios, Siria y Bashar, Dios, Siria y mi pueblo ¿Fue eso suficiente?

Dijo que no llevará a cabo reformas bajo presión. Por cierto, reformas es con lo que quiere decir democracia. Pero Bashar sí está bajo presión; francotiradores del gobierno mataron a inocentes en las calles de las ciudades sirias. Quizá no esté de humor para concesiones pero ¿acaso Siria no las necesita?

La economía nacional flota muy cerca a la bancarrota. Diplomáticos suecos señalaron que Siria no resultaría afectada por la catástrofe económica occidental con el argumento de que la economía siria, en realidad, ni siquiera existe. La minoría kurda en el norte del país está en permanente estado de insurrección contenida. Pero Assad tiene dos amigos que le dan poder: el Hezbolá libanés y la República Islámica de Irán. Si los israelíes necesitan lograr la paz con Líbano, también necesitan a Assad. Si Assad quiere mantener su poderío regional, necesita a Irán. Siria es el portón árabe por el que Irán puede transitar. A su vez, Irán, es el portón por el que Assad que, recordemos, es alawita y por lo tanto chiíta, puede pasar libremente.

Es muy fácil para madame Clinton fustigar a Damasco por matar a su propio pueblo, frase que, desde luego, no usó en Bahrein. Estados Unidos necesita a Siria para sacar a sus últimas tropas de Irak. También sería muy fácil convertir los problemas del país en sectarismo. Nikolaos Van Dam, un brillante diplomático holandés escribió un excelente libro sobre la lucha de poder en Siria que explica cómo la minoría alawita realmente gobierna al país.

Sin embargo, Siria siempre ha sido un Estado unitario que se ha plegado a las exigencias de Occidente en aras de la cooperación en seguridad… hasta que soldados estadunidenses atravesaron la frontera siria y le dispararon a un agente de seguridad en su propia casa. Tan complacientes fueron las partes al tratar este conflicto que Estados Unidos envió a un pobre canadiense a Damasco, lo entregó, según la frase popular, para que fuera atrozmente torturado y encerrado en una cloaca hasta que los estadunidenses averiguaron que era inocente y mustiamente le permitieron volver a Toronto.

Esto, huelga decir, no son los temas que se discutirán en los programas noticiosos de televisión o que mencionará la secretaria de Estado, quien está tan preocupada por los inocentes en Libia que está bombardeando a la fuerza aérea de Kadafi, pero a la que le preocupan tan poco los inocentes de Siria que no enviará ningún avión a atacar a dicha nación.

Siria debe renovarse. Necesita que se ponga un fin a las leyes de emergencia, que haya medios de comunicación libres, un sistema judicial justo, que se libere a prisioneros políticos y, dicho sea de paso, que deje de entrometerse en Líbano.

La cifra oficial de 60 muertos en los disturbios en Siria podría ser mucho más alta según Human Rights Watch. El jueves, el presidente Bashar Assad supuestamente nos hablará sobre el futuro de Siria.

Más vale que sea bueno.

© The Independent

Traducción para La Jornada: Gabriela Fonseca

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Robert Fisk, The Independet

Obama: ¡go home!

20/03/2011 by maestro Deja un comentario

He leído por ahí que algunos califican de hipócritas a estos países abstinentes. Entonces, ¿qué quedaría para los otros, los que votaron a favor de esta ominosa e hipócrita declaración de guerra encubierta con motivos humanitarios? ¿Que quedaría para ERC, Esquerda (???) de Cataluya que votó a favor de implicar a España en esta guerra de conquista?

Pero volviendo a algo más importante, y mientras permanecemos esperanzados de que algún nuevo mártir destinado al escarnio en una cárcel de máxima seguridad en EEUU nos provea de informaciones que nos expliquen la sorpresiva actuación de Rusia y China, yo adelanto que para mí Rusia es un enigma, más grande que China. Con China puede que haya obrado a favor de su derecho al veto el ejemplo reciente, precisamente, del secuestro de los activos económicos que Libia tenía distribuidos a lo ancho y a lo largo de la economía capitalista. Luego del fuego graneado contra Libia con acusaciones de alto calibre afirmando que ese gobierno ejercía violencia contra su población civil desarmada (acusaciones que resultaron hasta ahora abiertamente falsas, para variar) los gobiernos occidentales bloquearon los fondos del gobierno de Gadafi. Con ese argumento o garrote vil puesto sobre sus cabezas, los dirigentes chinos pueden haber temido consecuencias tan devastadoras como ésta para sus propios activos en dólares, en el caso de no satisfacer su comportamiento a los gobiernos occidentales, hambrientos y endeudados como están con China.

Para recordar un poco lo que la apisonadora de información sepulta cada día en falsas tumbas a cielo abierto copio acá uno de los antecedentes más antiguos en este nuevo episodio de la remanida expresión “zona de exclusión aérea”: “Esto es una masacre”, dijo por teléfono la frenética mujer libia a Anderson Cooper de la CNN mientras se agazapaba de miedo en su apartamento en Trípoli. (El testimonio resultó falso, como el caso de las tumbas en Trípoli) “Seguramente fue pura coincidencia que ese “Grito en la noche” desde Libia haya tenido eco, en la misma red, unas pocas noches después, en boca del arquitecto de la guerra de Irak, ex presidente del Banco Mundial y criminal de guerra Paul Wolfowitz, quien pocos días antes de la dramática transmisión de Cooper (el autor de la falsa entrevista) pidió una “zona de exclusión aérea” sobre Libia impuesta por la OTAN. (de un artículo de Willian Norman Grigg, publicado al comienzo de esta escalada, y no suficientemente atendido por la izquierda). Los guionistas que escriben el impactante relato en 3d de la vida diaria (a estas horas se anuncia el estreno del episodio de la guerra abierta en Libia), parece que conocen todos los trucos del culebrón, de la miniserie, o Gran Hermano, que vienen a ser lo mismo.

Ya dije que esto da asco. Pero después del asco vienen las arcadas: desde que Hillaridad hizo su tan triste aparición en aquel ya enterrado (apresurada y provisoriamente) tema de Egipto, rogando como rogó desde el principio paciencia eterna con Mubarak para luego, con su plan C, aparecer pidiendo apoyo a su frustrada momia resucitada, Suleimán, o como se llame aquel siniestro as que la secretaria se sacó de la manga inventando un cargo de vicepresidente, hasta entonces inexistente en Egipto, Hillaridad, pasó a un estratégico segundo plano. Después de sus continuados furcios o exabruptos en Egipto, se mandó a callar durante un par de semanas, en las que todos disfrutábamos de su ausencia. No sin antes, decir, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que los EEUU pensaban decretar entre otras cosas, una “zona de exclusión aérea” para Libia. Y después se mandó a callar en público, mientras ponía al rojo vivo los teléfonos de sus “socios” de Europa y de las tiranías que le son adictas en el mundo árabe para arrinconarlos durante un par de semanas en que los que no participábamos en su cruzada secreta disfrutamos de su ausencia, mientras los guionistas planeaban su reaparición áurea. En el ínterín entraron en escena Cachorro Blair seguido por Luna Menguante Sarkozi quienes sacaron su carota amorrada “en defensa del pueblo libio” y aconsejaron prescribir al pestilente ex reciente amigo Gadafi una camionada de bombardeos cuatro o cinco veces al día hasta dejarlo, según solía amenazar en sus tiempos aquel otro Obama, aquel Bush que devino en éste, con mandar a todo el que se le cruzara en el camino a la mismísima edad de piedra. Edad de piedra que en realidad representan con más énfasis y convicción estos miembros conspicuos de la juventud hillariana (Sarkozi busca su apariencia más jovial) que hace una semana entraron en escena con una valentía sobreactuada. Fue para bajarle el dedo a “este” tirano desvalorizado, cuando por un lado no solo está probado que no tiene armas de destrucción masiva, -lo que fue un requisito ineludible que los buenos modales occidentales exigían hasta ahora para tirar bombas a los tiranos que no les son afectos-, cuando por otro lado Gadafi no planeaba actos terroristas contra occidente como habría sido excusa exclusiva, casi exclusiva, hasta hace solo unas semanas si se querían iniciar nuevas guerras y ejecutar excomuniones con una bula papal antiterrorista. Luego de aquella desaparición de escena de Hillary, que resultó ser un truco de los guionistas, se hizo evidente un movimiento de pinzas bastante bien ejecutado, si se descarta que contaban con la verosimilitud aportada por todos los medios de comunicación que ayudaron a pasar el efecto. Fue así: mientras parecía que Hillaridad se oponía a una escalada, cuando incluso su secretario de Guerra afirmaba que no era el momento de abrir un nuevo frente de guerra para EEUU, llegaron al primer plano Cachorro Blair y Alain (Qué) Tupé el French de la mano de todos los medios, a coro, sincronizados, coreografiados diciendo que estos eran los únicos fieros defensores del “establecimiento de una zona de exclusión aérea”, a la que se oponía EEUU: La antigua “zona de exclusión aérea o la nueva resolución 1973 de la NULA-ONU son solo eufemismos que, recordemos, en el diccionario de Eupócrita significa adobar previamente con bombardeos bien especiados y luego llevar a horno a fuego máximo hasta el punto de cocción de una guerra generalizada, como probablemente ocurrirá, o está ocurriendo ya. Porque el argumento avanza inexorablemente hacia su bien planeado desenlace.

Fué un movimiento de pinzas ejecutado por Obama y Clinton, desde un propicio segundo plano, simulando al principio su oposición a la opción guerrera, con el concierto doblegado de cachorro Blair y Sarkozy, pariendo un nuevo anatema-resolución-declaración de guerra desde la también doblegada, una vez más, NULA-ONU. Un movimiento planeado tempranamente, aprovechando el calor de Túnez y Egipto, para leudar la masa de un alzamiento en Libia, con posterior intervención y ocupación militar, primero al este, y a dividir y reinar.

Todo esto ocurre justamente la misma semana en que Obama ha decidido prolongar ad eternum la estadía infernal de los detenidos sin juicio ni pruebas en su contra en Guantánamo. Justamente cuando se hace evidente que Obama tendría que devolver su premio Nobel de la Paz y empezar a ser señalado como cómplice y continuador de Bush. Cuando se vuelven a escuchar testimonios de que a Brad Manning, al que se acusa de ser el origen de las filtraciones que hizo públicas Wikileaks, se lo mantiene en una cárcel de máxima seguridad, en el interior de USA, en estados próximos a la tortura física y adentrados en la tortura psicológica. Cuando se anuncian grandes manifestaciones en Brasil y Chile repudiando la visita del nuevo Bush: “Obama go home”. Cuando todo el concierto de los medios predominantes silencia todas estas coincidencias y tapona la publicación de una declaración del vicecanciller de Libia (emitida apenas conocerse la aprobación de esta nueva resolución siniestra de la ONU) que afirmó que su gobierno ha acatado la resolución de la ONU, que detuvieron toda acción militar, y lo que es más importante y asesino no publicar, que reclaman la presencia de observadores internacionales de la ONU, Alemania, Brasil o Turquía para que vayan a documentarse en el terreno, con toda garantía de libertad de movimiento, de que no existe ninguna acción militar en curso por parte del ejército de Libia contra los rebeldes.

El silencio o taponamiento de una declaración como esta que, si se quisiera mínimamente evitar la guerra, podría abrir un camino creíble, comprobable, rápido y efectivo para lograr una resolución pacífica de la crisis en Libia, es una nueva prueba que se agrega a una larga lista ya existente que permitiría acusar a los medios predominantes de complicidad con una matanza planificada, para emprender otra ocupación colonial, en el siglo XXI, al mando del premio Nobel de la Paz, que ahora si está iniciando una guerra propia, además de continuar todas las que dijo que iba a terminar.

Ante este exhibicionismo de acciones intrépidas y decididas por parte de Obama en su campaña por la “democracia y los derechos humanos” uno podría decir que hay que tomarle la palabra para que la aplique a toda la gama de dictaduras que EEUU sustenta con disimulo y descaro al mismo tiempo. La presidenta de Brasil ha mandado a decir a Obama que no quieren más su “alianza para el progreso”, que quieren que los traten con seriedad. Tambíen se podría agregar como en la broma, “no nos dé más de su democracia Obama, go home”. Tomarle la palabra a Obama a estas alturas no tendría sentido porque no se necesita ningún sofisticado detector de mentiras para saber que no se puede creeer en ninguna de sus palabras.

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Obama: ¡go home!

Sobre la visita de Obama ¡Es la Amazonía, estúpido!

20/03/2011 by maestro Deja un comentario

Una expresión parecida podría utilizarse en el momento actual, cuando muchos piensan, en Brasil y fuera de él, que Obama está de visita en ese país para vender los F-16 fabricados en Estados Unidos, desplazando a su competidor francés, y para promover la participación de empresas estadounidenses en la gran expansión futura del negocio petrolero brasileño. También, para asegurar un suministro confiable y previsible a su insaciable demanda de combustible mediante acuerdos con un país del ámbito hemisférico y menos conflictivo e inestable que sus proveedores tradicionales del Oriente Medio o la propia Latinoamérica. Aparte de eso, la carpeta de negocios que lleva Obama incluye la intervención de empresas de su país en la renovación de la infraestructura de transportes y comunicaciones de Brasil y en los servicios de vigilancia y seguridad que requerirán la Copa Mundial de Fútbol (2014) y los Juegos Olímpicos (2016). Quienes apuntan a estas realidades no dejan de señalar los problemas bilaterales que afectan a la relación comercial, sobre todo debido a la persistencia del proteccionismo estadounidense y las trabas que éste implica para las exportaciones brasileñas. La relación, por lo tanto, está lejos de ser tan armónica como muchos dicen. Además, la creciente gravitación regional y en parte internacional del Brasil es vista con preocupación por Washington. Sin el apoyo de Brasil y Argentina, amén de otros países, la iniciativa bolivariana de acabar con el ALCA no habría prosperado. Por lo tanto, un Brasil poderoso es un estorbo para los proyectos del imperialismo en la región.

Dado lo anterior hay que preguntarse acerca de los objetivos que persigue la visita de Obama al Brasil. Observemos primero los datos del contexto: desde la inauguración del gobierno de Dilma Rousseff la Casa Blanca desplegó una enérgica ofensiva tendente a fortalecer la relación bilateral. No habían pasado diez días de su instalación en el Palacio del Planalto cuando recibió la visita de los senadores republicanos John McCain y John Barrasso; pocas semanas más tarde sería el Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien golpearía a su puerta para reunirse con la presidenta. El interés de los visitantes se desató ante el recambio presidencial y la esperanzadora señal procedente del Brasilia cuando la nueva presidenta anunció que estaba reconsiderando la compra de 36 aviones de combate a la firma francesa Dassault que, en su monento, había anunciado el saliente presidente Lula. Este cambio de actitud hizo que los lobbistas de las grandes empresas del complejo militar-industrial –es decir, el “gobierno permanente” de los Estados Unidos, con prescindencia del transitorio ocupante de la Casa Blanca- se dejaran caer sobre Brasilia con la esperanza de verse beneficiados con la adjudicación de un primer contrato por 6.000 millones de dólares que, eventualmente, podría acrecentarse significativamente si el gobierno brasileño decidiera, como se espera, ordenar la compra de otros 120 aviones en los años siguientes. Pero sería un error creer que sólo la motivación crematística es la que inspira el viaje de Obama.

En realidad, lo que a aquél más le interesa en su calidad de administrador del imperio es avanzar en el control de la Amazonía. Requisito principal de este proyecto es entorpecer, ya que no puede detener, la creciente coordinación e integración política y económica en curso en la región y que tan importante han sido para hacer naufragar el ALCA en 2005 y frustrar la conspiración secesionista y golpista en Bolivia (2008) y Ecuador (2010). También debe tratar de sembrar la discordia entre los gobiernos más radicales de la región (Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador) y los gobiernos “progresistas” –principalmente Brasil, Argentina y Uruguay- que pugnan por encontrar un espacio, cada vez más acotado y problemático, entre la capitulación a los dictados del imperio y los ideales emancipatorios, hoy encarnados en los países del ALBA, que hace doscientos años inspiraron las luchas por la independencia de nuestros países. El resto son asuntos secundarios. Sorprende, dados estos antecedentes, la indecisión de Rousseff en relación con el reequipamiento de sus fuerzas armadas porque si finalmente Brasil llegara a cerrar el trato favoreciendo la adquisición de los F-16 en lugar de los Rafale franceses su país vería seriamente menoscabada su voluntad de reafirmar su efectiva soberanía sobre la Amazonía. Con esto no se quiere afirmar que Brasil debe comprar los aviones de la Dassault; lo que sí se quiere decir es que cualquier otra alternativa es preferible a su adquisición a un proveedor estadounidense. Si tal cosa llegara a ocurrir es porque la cancillería brasileña habría pasado por alto, con irresponsable negligencia, el hecho de que en el tablero geopolítico hemisférico Washington tiene dos objetivos estratégicos: el primero, más inmediato, es acabar con el gobierno de Chávez apelando a cualquier expediente, sea de carácter legal e institucional o, en su defecto, a cualquier forma de sedición. Este es el objetivo manifiesto y vociferado de la Casa Blanca. Pero el fundamental, a largo plazo, es el control de la Amazonía, lugar donde se depositan enormes riquezas que el imperio, en su desorbitada carrera hacia la apropiación excluyente de los recursos naturales del planeta, desea asegurar para sí sin nadie que se entrometa en lo que su clase dominante percibe como su hinterland natural: agua, minerales estratégicos, petróleo, gas, biodiversidad y alimentos. Para los más osados estrategas estadounidenses la cuenta amazónica, al igual que la Antártida, es un área de libre acceso en donde no se reconocen soberanías nacionales y abierta, por eso mismo, a quienes cuenten con “los recursos tecnológicos y logísticos” que permitan su adecuada explotación. Es decir, los Estados Unidos. Pero, obviamente, ningún alto funcionario del Departamento de Estado o del Pentágono, y mucho menos el presidente de Estados Unidos, anda diciendo estas cosas en voz alta. Pero actúan en función de esa convicción. Y, coherente con esta realidad, sería insensato para Brasil apostar a un equipamiento y una tecnología militar que lo colocaría en una situación de subordinación ante quien ostensiblemente le está disputando la posesión efectiva de los inmensos recursos de la Amazonía. ¿O es que alguien tiene dudas de que, cuando llegue el momento, Estados Unidos no vacilará un segundo en apelar a la fuerza para defender sus vitales intereses amenazados por la imposibilidad de acceder a los recursos naturales encerrados en esa región?

Lo que está en juego, en consecuencia, es precisamente el control de esa zona. Obviamente, de esto Obama no intercambiará una palabra con su anfitriona. Entre otras cosas porque Washington ya ejerce un cierto control de hecho sobre la Amazonía a partir de su enorme superioridad en materia de comunicación satelital. Además, la extensa cadena de bases militares con la que Estados Unidos ha venido rodeando esa área ratifica, con los métodos tradicionales del imperialismo, esa inocultable ambición de apropiación territorial. La preocupación que movió al ex presidente Lula da Silva a acelerar el reequipamiento de las fuerzas armadas brasileñas fue la inesperada reactivación de la IV Flota de Estados Unidos pocas semanas después de que Brasilia anunciara el descubrimiento de un enorme yacimiento petrolero submarino frente al litoral paulista. Allí se hizo evidente, como una relampagueante pesadilla, que Washington consideraba inaceptable un Brasil que además de contar con un gran territorio y una riquísima dotación de recursos naturales pudiera también convertirse en una potencia petrolera y, por eso mismo, en un país capaz de contrabalancear el predominio estadounidense al sur del río Bravo y, en menor medida, en el tablero geopolítico mundial. El astuto minué cortesano de la diplomacia estadounidense ha ocultado los verdaderos intereses de un imperio sediento de materias primas, energía y recursos naturales de todo tipo y sobre el cual la gran cuenca amazónica ejerce una irresistible atracción. Para disimular sus intenciones Washington ha utilizado –exitosamente, porque la cuenca amazónica terminó siendo rodeada por bases estadounidenses- un sutil operativo de distracción en el cual Itamaraty cayó como un novato: ofrecer su apoyo para lograr que Brasil obtenga un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Cuesta entender cómo los experimentados diplomáticos brasileños tomaron en serio tan inverosímil ofrecimiento que franqueaba el ingreso a Brasil mientras se lo cerraba a países como Alemania, Japón, Italia, Canadá, India y Pakistán. Deslumbrados por esa promesa la cancillería brasileña y el alto mando militar no percibieron que mientras se entretenían en estériles divagaciones sobre el asunto la Casa Blanca iba instalando sus bases por doquier: siete, ¡sí, siete!, en Colombia en el cuadrante noroeste de la Amazonía; dos en Paraguay, en el sur; por lo menos una en Perú, para controlar el acceso oeste a la región y una, en trámite, con la Francia de Sarkozy para instalar tropas y equipos militares en la Guayana francesa, aptos para monitorear la región oriental de la Amazonía. Más al norte, bases en Aruba, Curazao, Panamá, Honduras, El Salvador, Puerto Rico, Guantánamo para hostigar a la Venezuela bolivariana y, por supuesto, a la Revolución Cubana. Pretender reafirmar la soberanía brasileña en esa región apelando a equipos, armamentos y tecnología bélica de Estados Unidos constituye un mayúsculo error, pues la dependencia tecnológica y militar que ello implicaría dejaría a Brasil atado de pies y manos a los designios de la potencia imperial. Salvo que se piense, claro está, que los intereses nacionales de Brasil y Estados Unidos son coincidentes. Algunos así lo creen, pero sería gravísimo que la presidenta Rousseff incurriera en tan enorme e irreparable yerro de apreciación. Y los costos –económicos, sociales y políticos- que Brasil, y con él toda la región, deberían pagar a causa de tal desatino serían exorbitantes.

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Peligros de la “intervención humanitaria” en Libia

20/03/2011 by maestro Deja un comentario

Y luego de Túnez y de Egipto, tenía que ser Libia, ¿verdad? Los árabes de África del norte demandan libertad, democracia, no más opresión. Sí, eso es lo que tienen en común. Pero otra cosa que esas naciones tienen en común es que fuimos nosotros, los occidentales, quienes alimentamos a sus dictaduras década tras década. Los franceses acurrucaron a Ben Alí, los estadunidenses apapacharon a Mubarak y los italianos arroparon a Gadafi hasta que nuestro glorioso líder fue a resucitarlo de entre los muertos políticos.

¿Sería por eso, me pregunto, que no habíamos sabido de lord Blair de Isfahán en fechas recientes? Sin duda debería haber estado allí, aplaudiendo con júbilo ante una nueva intervención humanitaria. Tal vez sólo está tomando un descanso entre episodios. O tal vez, como los dragones en La reina de las hadas, de Spenser, está vomitando en silencio panfletos católicos con todo el entusiasmo de un Gadafi en pleno impulso.

Abramos el telón apenas un poco y observemos la oscuridad que hay detrás. Sí, Gadafi es un orate absoluto, un lunático del nivel de Ajmadineyad de Irán o Lieberman de Israel, quien una vez, por cierto, se puso a fanfarronear con que Mubarak podía irse al infierno, pero se puso a temblar de miedo cuando Mubarak fue en verdad lanzado en esa dirección. Y existe un elemento racista en todo esto.

Medio Oriente parece producir estos personajes… en oposición a Europa, que en los 100 años pasados sólo ha producido a Berlusconi, Mussolini, Stalin y el chaparrito aquel que era cabo en la infantería de reserva del 16 regimiento bávaro y que de plano perdió el seso cuando resultó elegido canciller en 1933… pero ahora estamos volviendo a limpiar Medio Oriente y podemos olvidar nuestro propio pasado colonial en este recinto de arena. Y por qué no, cuando Gadafi dice a la gente de Bengasi: “iremos zenga, zenga (callejón por callejón), casa por casa, cuarto por cuarto”. Sin duda es una intervención humanitaria que de veras, de veritas es una buena idea. Después de todo, no habrá tropas en tierra.

Desde luego, si esta revolución fuese suprimida con violencia en, digamos, Mauritania, no creo que exigiéramos zonas de exclusión aérea. Ni en Costa de Marfil, pensándolo bien. Ni en ningún otro lugar de África que no tuviera depósitos de petróleo, gas o minerales o careciera de importancia en nuestra protección de Israel, la cual es la verdadera razón de que Egipto nos importe tanto.

Enumeremos algunas cosas que podrían resultar mal; demos una mirada de soslayo a esos murciélagos que aún anidan en el reluciente y húmedo interior de su caja. Supongamos que Gadafi se aferra en Trípoli y que británicos, franceses y estadunidenses destruyen sus aviones, vuelan sus aeropuertos, asaltan sus baterías de vehículos blindadas y misiles y él sencillamente no desaparece. El jueves observé cómo, poco antes de la votación en la ONU, el Pentágono comenzaba a ilustrar a los periodistas sobre los peligros de toda la operación, precisando que podría llevar días instalar una zona de exclusión aérea.

Luego está la truculencia y villanía de Gadafi mismo. Las vimos este viernes, cuando su ministro del Exterior anunció el cese del fuego y el fin de todas las operaciones militares, sabiendo perfectamente, por supuesto, que una fuerza de la OTAN decidida al cambio de régimen no lo aceptaría y que eso permitiría a Gadafi presentarse como un líder árabe amante de la paz que es víctima de la agresión de Occidente: Omar Mujtar vive de nuevo.

¿Y qué tal si sencillamente no llegamos a tiempo, si los tanques de Gadafi siguen avanzando? Entonces enviamos mercenarios a ayudar a los rebeldes. ¿Nos instalamos temporalmente en Bengasi, con consejeros, ONG y la acostumbrada palabrería diplomática? Nótese cómo, en este momento crítico, no hablamos ya de las tribus de Libia, ese curtido pueblo guerrero que invocamos con entusiasmo hace un par de semanas. Ahora hablamos de la necesidad de proteger al pueblo de Libia, ya sin registrar a los senoussi, el grupo más poderoso de familias tribales de Bengasi, cuyos hombres han librado gran parte de los combates. El rey Idris, derrocado por Gadafi en 1969, era senoussi. La bandera rebelde roja, blanca y verde –la vieja bandera de la Libia prerrevolucionaria– es de hecho la bandera de Idris, una bandera senoussi.

Ahora supongamos que los insurrectos llegan a Trípoli (el punto clave de todo el ejercicio, ¿no es así?): ¿serán bienvenidos allí? Sí, hubo protestas en la capital, pero muchos de esos valientes manifestantes venían de Bengasi. ¿Qué harán los partidarios de Gadafi? ¿Se disgregarán? ¿Se darán cuenta de pronto de que siempre sí odiaban a Gadafi y se unirán a la revolución? ¿O continuarán la guerra civil?

¿Y si los rebeldes entran en Trípoli y deciden que Gadafi y su demente hijo Saif al-Islam deben recibir su merecido, junto con sus matones? ¿Vamos a cerrar los ojos a las matanzas de represalia, a los ahorcamientos públicos, a tratos como los que los criminales de Gadafi han infligido durante tantos años? Me pregunto. Libia no es Egipto. Una vez más, Gadafi es un chiflado y, dado su extraño desempeño con su Libro Verde en el balcón de su casa bombardeada, es probable que de cuando en cuando también monte en cólera.

También está el peligro de que las cosas salgan mal de nuestro lado: las bombas que caen sobre civiles, los aviones de la OTAN que pueden ser derribados o estrellarse en territorio de Gadafi, la súbita sospecha entre los rebeldes/el pueblo libio/los manifestantes por la democracia de que la ayuda de Occidente tiene, después de todo, propósitos ulteriores. Y luego hay una aburrida regla universal en todo esto: en el segundo en que se emplean las armas contra otro gobierno, por mucha razón que se tenga, las cosas empiezan a desencadenarse. Después de todo, los mismos rebeldes que la mañana del jueves expresaban su furia ante la indiferencia de París ondeaban banderas francesas la noche de ese día en Bengasi. ¡Viva Estados Unidos! Hasta que…

Conozco los viejos argumentos. Por mala que haya sido nuestra conducta en el pasado, ¿qué debemos hacer ahora? Es un poco tarde para preguntar eso. Amábamos a Gadafi cuando llegó al poder en 1969 y luego, cuando mostró ser un orate, lo odiamos; después lo volvimos a amar –hablo de cuando lord Blair le estrechó las manos– y ahora lo odiamos de nuevo. ¿Acaso Arafat no tuvo un similar historial de altibajos para los israelíes y los estadunidenses? Primero era un superterrorista que anhelaba destruir a Israel, luego un superestadista que estrechó las manos de Yitzhak Rabin, y luego de nuevo se volvió un superterrorista cuando se dio cuenta de que había sido engañado sobre el futuro de Palestina.

Algo que podemos hacer es ubicar a los Gadafi y Saddam del porvenir que alimentamos hoy, los futuros dementes sádicos de la cámara de torturas que cultivan a sus jóvenes vampiros con nuestra ayuda económica. En Uzbekistán, por ejemplo. Y en Turkmenistán, Tayikistán, Chechenia y otros por el estilo. Hombres con los que tenemos que tratar, que nos venderán petróleo, nos comprarán armas y mantendrán a raya a los terroristas musulmanes.

Todo es tan conocido que fastidia. Y ahora estamos de nuevo en ello, dando puñetazos en el escritorio en unidad espiritual. No tenemos muchas opciones, a menos que queramos ver otro Srebrenica, ¿verdad? Pero un momento: ¿acaso aquello no ocurrió mucho después de que impusimos nuestra zona de exclusión aérea en Bosnia?

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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La realidad se impondrá en el Medio Oriente

18/03/2011 by maestro Deja un comentario

Trascendentales son los extraordinarios movimientos populares en contra del orden que por largas décadas ha imperado en esa región. Orden y región que son sostenes fundamentales del sistema imperial mundial.

Si bien es cierto que las tragedias que ocurren en Japón son para preocuparnos a todos, especialmente las secuelas que tendrán, principalmente para ese pueblo, los daños ocasionados por los terremotos en las centrales nucleares japonesas, también es muy cierto que la cobertura por los medios de prensa internacionales sobre esos hechos son marcadamente sensacionalistas, acaparadores, con toda intención, de la atención del público.

Acaparan la atención del público con el fin de minimizar y desvirtuar lo que ocurre en el Medio Oriente. Con esos mismos propósitos, dada la grave situación internacional, exagerado también es el espacio y el tiempo que esos hechos en Japón ocupan en la cobertura total de estos medios de prensa, máxime en los Estados Unidos.

Además, cuando informaciones y análisis sobre los acontecimientos en el Medio Oriente se encuentran en esos medios de prensa, los mismos están sostenidos por medias verdades o, sencillamente, crasas falsedades.

Señalo un ejemplo, ¿dónde están en esos medios de prensa las informaciones y análisis sobre las masivas y continuas movilizaciones populares y la sostenida violencia en su contra, mantenidas, por más de un mes, por la dictadura yemenita, firme e incondicional aliada de los intereses estadounidenses en esa región, y país que, situado a la entrada del Mar Rojo, es de estratégica importancia para las comunicaciones marítimas de todo tipo?

Un segundo ejemplo, ¿dónde están en esos mismos medios de prensa las informaciones y análisis sobre las masivas y continuas movilizaciones populares mantenidas –también por más de un mes- en contra de la dictadura de los Al Khalifa –arropada en la forma de una monarquía- otra firme e incondicional aliada de los intereses estadounidenses en esa región; pequeño país, aunque importante centro financiero y productor de petróleo, situado en el Golfo Pérsico, con frontera con Arabia Saudita, y puerto base de la Quinta Flota de la Marina de Guerra de los Estados Unidos?

¿Dónde están las informaciones y análisis, en los grandes medios de la prensa capitalista, sobre la hostil y decididamente mayoritaria reacción nacional en Bahrain en contra de la decisión del rey de optar por la invasión y ocupación de su país por tropas de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos, evidentemente imprescindibles para mantener su régimen en el poder?

En un artículo publicado el martes, 15 de marzo, en The New York Times sobre la violenta respuesta de la dictadura bahrainita –ahora con el apoyo de miles de tropas y tanques sauditas- a las decenas de miles de manifestantes desarmados en la capital y otros pueblos y ciudades, información en ese artículo mantiene: “a los soldados utilizados para desalojar la plaza principal los manifestantes solo ofrecieron pequeña resistencia”… “habían entonces ocupándola cientos de manifestantes”… “las fuerzas del gobierno ocuparon el Hospital Salmaniya y no dejan circular a las ambulancias por la capital”… Así, como si todo fuera cosa de poca monta.

En verdad, gracias a las imágenes ofrecidas por canales noticiosos alternativos árabes y de otros en esa región, se pudo constatar de los miles, decenas de miles, -no “cientos”- de manifestantes desarmados oponiéndose bravamente en contra de la aplastante fuerza militar utilizada en contra de ellos que los mataba a quemarropa. Como también pudimos escuchar informes que relataban el uso de armas de fuego contra los médicos y enfermeros que se negaron a dejar entrar al Hospital Salmaniya, el principal de esa capital, a los soldados y policías que perseguían para matarlos a manifestantes heridos que buscaron refugio en esa institución médica.

Estos rejuegos por parte de esos gobiernos y esa prensa no son nada nuevo. Aunque ahora, en estos tiempos de la universalización de las comunicaciones e informaciones, los hechos ya no pueden ocultarse como antes se hacía.

Se pueden desvirtuar, como se desvirtúan; se puede mentir sobre ellos como se miente. Y aun logran confundir con todo propósito a millones de personas para legitimar los propósitos de la Reacción y el orden imperial por mantenerse en el poder.

Aunque ya no se puede ocultar la realidad. El masivo y continuo rechazo de los pueblos del Medio Oriente al orden que los oprime impondrá la realidad sobre los rejuegos de siempre de los gobiernos imperialistas, sus clientes y su prensa.

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Una verdad al 100%!

14/03/2011 by maestro Deja un comentario

Más aún… Tu droga es de Colombia,
Tu petróleo es de Venezuela,
Tu idioma es de Inglaterra,
Tu Presidente es de Africa…
Entonces, gringo, qué aportas tú al mundo??…

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“Estados Unidos necesita una revolución cultural” Entrevista a Noam Chomsky

09/03/2011 by maestro Deja un comentario

Más que sus ideas radicales, que de cuando en cuando revuelven la bilis de la opinión pública conservadora, lo que llama la atención de Chomsky es su capacidad casi sobrehumana de perseguir el entendimiento racional de casi cualquier problema embebiéndose en galaxias y universos de información en los que cualquier otro se ahogaría sin el menor chance de supervivencia. Por ejemplo, cuando se discute con él sobre un tema dado –sea América Latina, Irán, China o Estados Unidos– remite a su interlocutor a periódicos del día en México, Londres, Teherán, Islamabad, y a las más recientes revistas académicas superespecializadas, comentarios políticos o encuestas de opinión locales. Asimismo se muestra ávido de recibir cualquier artículo o libro que a vuelta de correo criticará con una inteligencia sensible, sin pasar por alto sus virtudes, flaquezas o contradicciones. Su conversación siempre zigzaguea y se abre en muchos meandros de erudición simultánea, pero cuando parece que ya se ha ido muy lejos, regresa al punto de origen atando todos los cabos sueltos y capturando, con admirable claridad, el espíritu de una verdad oculta o difícilmente comprendida. Cuando esto sucede, hay que pedirle que, por favor, sea breve. Él responde con cierta picardía que cuando sus nietos le preguntan cualquier cosa ponen una cláusula: “Por favor, danos solo a una conferencia de cinco minutos”. Pero, hay que anotarlo, pocas veces lo logra.
A los 82 cumplidos, su compromiso político no declina. E incluso se podría decir que mientras otros intelectuales se conforman con soplar las trompetas del Apocalipsis, él busca los signos dispersos y escasos de esperanza para conferirles cierta coherencia y alertar sobre los peligros que los acechan. Por eso, su más reciente libro, Hopes and Prospects (publicado por Haymarket Books) lo dedica a América Latina y afirma que el futuro podría reiventarse en esta región del planeta.
Esta entrevista tuvo lugar en tres momentos distintos del otoño de 2010 y el invierno de 2011. Por motivos de longitud, esta versión se concentra en el socialismo hoy, el cambio de América Latina y las relaciones con Estados Unidos. Al final se anexan dos apostillas noticiosas con las opiniones en caliente sobre las revueltas del Medio Oriente, en partícular Egipto y Libia. El problema ambiental de algún modo atraviesa toda la conversación. Pero también, inevitablemente, Chomsky pasa revista a muchos otros temas en torno a los cuales su inquieta atención nunca descansa.
El socialismo de ayer y de siempre
El término socialismo se ha convertido en un comodín confuso que cualquiera puede usar a su antojo. Usted incluso ha dicho que todos los países que se han llamado socialistas han sido en realidad antisocialistas. Si es así, ¿qué significa socialismo hoy?
Cuando la gente habla de socialismo sobre todo habla del control estatal de la producción y los recursos naturales. A eso se le puede llamar como sea, pero no es lo que el socialismo ha significado por tradición. Hay muchas versiones del socialismo pero todas tienen en común un valor central: quienes producen deben tener el control de la producción. Los trabajadores deben controlar las fábricas, los campesinos deben controlar las tierras que trabajan y también sus comunidades. El socialismo visto así es una forma extrema de democracia. Pero, en realidad, no hay nada parecido en los países llamados socialistas. De hecho, los bolcheviques, que eran el ala derecha de los socialistas, tomaron el poder en 1917, estableciendo el patrón de lo que seguiría, y se movieron rápidamente para eliminar las genuinas formas de socialismo que habían sido ensayadas antes y que constituían el fermento de los soviets, verbigracia los consejos fabriles o la actividad revolucionaria de las sociedades agrarias. Estas formas fueron debilitadas y velozmente desmanteladas, hasta que prácticamente no pudieron funcionar. La Asamblea Constituyente fue eliminada porque habría transferido poder a las bases sociales campesinas y trabajadoras. Los bolcheviques no lo querían y, de hecho, ésa fue la razón por la que crearon los labor army (ejércitos del trabajo), sometidos al mandato del líder. Y esto es lo opuesto al socialismo. Los bolcheviques nacionalizaron las industrias y los recursos. En ese sentido, eliminaron el capital privado y eso generó una visión muy negativa del socialismo.
Ahora bien, ellos tuvieron sus razones y la principal era la peligrosa situación internacional. Habían sido invadidos por Occidente y basaban sus medidas en principios y concepciones del marxismo, aunque en este caso eran concepciones que Marx mismo no sostuvo. La supuesta idea marxista era que un país no puede llegar al socialismo hasta que no atraviese determinadas etapas, la primera de las cuales es la industrialización, luego de la cual vendría la organización del proletariado que tomaría los asuntos en sus propias manos para establecer una dictadura del proletariado. Rusia difería en ese y otros aspectos: era una sociedad campesina atrasada, básicamente una sociedad colonial, aunque inusualmente poderosa y con una gran fuerza militar, incluso bajo los zares. Además, había desarrollo en ciertos campos y una élite cultivada y sofisticada. Esta combinación no es extraña. Solo hay que fijarse en América Latina, donde sucede lo mismo y hay una élite con una rica tradición cultural. Los soviets querían industrializar a Rusia y, dadas sus circunstancias, pensaron que lo harían a través de un liderazgo autoritario. De esta manera implementaron casi toda la estructura en la que más tarde se produjeron las monstruosidades de Stalin. Los otros países llamados socialistas adoptaron variantes de estas estructuras, aunque hubo diferencias como en la China de Mao.
Diferencias que no hicieron al socialismo de Mao menos sangriento que el de Stalin.
No menos sangriento, es cierto. Pero si te fijas notarás que la caracterización de China en Occidente no es correcta. Los economistas modernos señalan que el avance radical del tren económico chino solo ha sido posible porque está montado sobre los sólidos rieles de Mao. Eso lo demuestra el premio Nobel de Economía, Amartya Sen, en un estudio cuya primera parte ha sido elogiada pero cuya segunda parte es prácticamente inmencionable en Occidente porque compara China e India entre 1947 y 1979, lo que tiene sentido porque en el 47 ambos países se independizaron y el 79 fue el año del gran viraje de la reforma económica china. Al estudiar la mortalidad durante la hambruna de 1958, Sen la llamó una hambruna política. No porque hubiera un propósito deliberado de causarla, sino porque el sistema totalitario era tal que la información acerca de lo que estaba pasando no llegaba a los centros de decisión y cuando lo supieron ya era demasiado tarde. En ese sentido, se trató de un crimen político.
Pero incluso contando esos treinta millones de víctimas, sucede que en la India murieron cien millones de personas por la hambruna, simplemente porque el capitalismo democráctico de la India no instituyó las reformas sociales que previnieran ese desastre, como lo hizo China con los sistemas rurales, los médicos de a pie y otros programas. Eso, a fin de cuentas, hizo una diferencia de setenta millones de víctimas. En palabras de Sen, India puso tantos esqueletos en el closet cada 8 años como lo hizo China en el periodo del gran salto hacia adelante, su mayor vergüenza. Durante la revolución cultural también se cometieron muchas atrocidades pero, al parecer, las condiciones generales en las áreas rurales también mejoraron. Así que es una historia ambivalente.
¿Cree usted que valió la pena la experiencia en términos históricos?
No puedo sacar conclusiones de unas pocas conversaciones, pero de vez en cuando oigo gente muy crítica de Mao que cuenta cómo en su gobierno se asesinó a mucha gente de forma sangrienta. Así que es un asunto complejo. Lo que no admite discusión es lo que pasó en la India capitalista y democrática en el mismo periodo. Y si usas esos cálculos a escala mundial verás que las masacres de la democracia capitalista son colosales, pero no las contamos.
Volvamos al centro de la cuestión. ¿De qué hablamos cuando hablamos de socialismo?
En esencia, el socialismo es lo que tradicionalmente fue. Los productores, que son la mayoría de la población, deberían tener el control sobre la producción. Pero cuando hablo de productores no me refiero solamente a los trabajadores de las fábricas. Un productor puede ser un ingeniero de programación o un profesor universitario.Y, en realidad, la universidad es la única institución que se aproxima a esta idea según la cual los productores controlan lo que ellos producen. De modo que los productores deben controlar cualquiera que sea el aparato de producción en el cual operan. Deberían tomar las decisiones y lo mismo debería decirse del control de la comunidad en cuanto a su propio funcionamiento. Estas concepciones del marxismo coinciden en gran medida con el anarcosindicalismo. De hecho, hubo levantamientos obreros cuyas luchas antitotalitarias han derivado del modelo anarcosindicalista, como es el caso del sindicato Solidaridad en Polonia. La revolución húngara también surgió de un movimiento con estas características. Es algo que pasa de manera automática cuando la gente trata de derrocar a los amos. Esos son los elementos centrales del socialismo. Pero el socialismo existente ni se aproxima a esos elementos. De hecho, es casi justamente lo opuesto. ¡En Estados Unidos hay más control de los trabajadores sobre la producción que en Rusia!
El punto es que su concepción se aleja del concepto tradicional de clase trabajadora y quienes la representan. También le resta poder a instituciones tradicionales como el Estado, que, históricamente, se ha proclamado agente principal del socialismo.
Sí, eso es válido para el socialismo existente, es decir, para un tipo de socialismo que es prácticamente indistinguible del capitalismo de Estado. Para entenderlo conviene analizar el caso de Estados Unidos, reconocido como la sociedad capitalista por excelencia. ¡Y no es para nada una sociedad capitalista en el sentido tradicional!
Veamos: ¿cómo llegó este país a ser la sociedad más rica y avanzada? Pues bien, había economistas como Adam Smith que aconsejaban en su época a Estados Unidos. ¿Qué tipo de consejos le daban? Los mismos que le ofrecen el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a América Latina. Smith le aconsejó al gobierno estadounidense profundizar sus ventajas comparativas. Ustedes son buenos en agricultura y exportando pieles, afirmaba. No traten de competir con bienes acabados, porque en eso Inglaterra es mucho más eficiente. Así que para alcanzar la eficiencia total, deben exportar en el sector primario y comprar los bienes industriales de Inglaterra. También le aconsejó al gobierno no monopolizar los recursos naturales. Eso no era un asunto despreciable si recordamos que el petróleo del siglo XIX fue el algodón, que era el núcleo de la revolución industrial. Estados Unidos producía una gran parte del algodón mundial y Smith decía que no lo monopolizaran porque era económicamente perjudicial. En lugar de eso, Estados Unidos subió enormemente los impuestos a los textiles británicos y así pudo arrancar su propia industria textil, que es la forma original de comenzar la industrialización. Más tarde bloqueó a la industria metalúrgica británica, muy superior a la nuestra para entonces. El gobierno incluso trató de monopolizar el algodón y estuvo a punto de lograrlo. En el Congreso se decía: “Si podemos acaparar el algodón, pondremos a Gran Bretaña de rodillas”. El ejemplo muestra a las claras que el proceso de desarrollo de este país no fue un desarrollo capitalista. Y eso se mantiene hasta hoy en día con internet y las computadoras. En conclusión, Estados Unidos es tan capitalista como Rusia socialista.
Ahora bien: las categorías socialismo y capitalismo son armas ideológicas, no términos descriptivos, aunque ciertamente hay muchas diferencias entre la versión soviética del capitalismo de Estado y la versión estadounidense. Pero ninguna de las dos se aproxima a los términos con que se les identifica en la guerra ideológica. Y si nos ponemos a examinar uno de los pocos lugares donde se aplica el término capitalismo es en América Latina, donde se impuso el capitalismo en una versión neoliberal que sigue de cerca las líneas de Adam Smith. ¡Solo imaginemos lo que habría pasado si Estados Unidos hubiese seguido esas reglas! El neoliberalismo se creó para ser impuesto en el Tercer Mundo. No es nada nuevo: esas ideas provienen de los modelos económicos creados para sojuzgar a las colonias.
Esperanzas latinoamericanas
Usted ha señalado que América Latina ha desafiado la hegemonía de Estados Unidos y las instituciones financieras globales que han demorado el avance democrático en la región. En pocas palabras, los latinoamericanos, según sus palabras, nos encontramos en una suerte de momento postneoliberal. ¿Por qué cree usted que el futuro puede forjarse en América Latina?
No creo que América Latina sea la utopía. Lo que digo es que ha comenzado a emerger de una historia muy dura hacia un estadio en el que tiene algunas posibilidades. Eso no la vuelve la utopía. En los últimos 200 años, América Latina ha tratado muchas veces de salir adelante pero no ha podido debido particularmente a dos problemas. Primero por la falta de integración que separa a los países, porque incluso el sistema vial es diferente entre unos y otros. También porque los países han estado orientados hacia poderes imperiales casi en todo sentido, desde los bancos en los que la gente invierte su dinero hasta las universidades adonde envía a sus hijos. Ese complejo se está superando y se han adoptado pasos ciertos hacia la integración. El último ejemplo es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), creada en febrero de 2010, con todos los países de América, excepto Estados Unidos y Canadá, un proyecto simbólicamente significativo y potencialmente importante. Si esa organización adquiere algunas funciones reales en la integración, será comparable a otras iniciativas como Unasur, el Banco del Sur o Mercosur…A mis ojos, la integración es un prerrequisito para la independencia.
El segundo problema es interno. Todos los países de América Latina tienen una estructura social horrenda en la cual hay un pequeño sector de la población, mayoritariamente blanco, que es extremadamente rico y está rodeado de una enorme miseria. Eso no ha sido solucionado pero al menos ahora es tenido en cuenta. Los programas sociales de Lula no son la solución, pero son un avance. Lo mismo sucede con las misiones en Venezuela.
El tercer punto es el surgimiento de los movimientos indígenas. Sabemos que esos movimientos son un arma de doble filo. Por ejemplo en Ecuador, donde los indígenas preguntan por qué deben renunciar a su forma de vida para que los conductores puedan congestionar las calles de Nueva York, o en Colombia, donde los campesinos e indígenas se preguntan por qué deben sacrificar sus habitats por la minería.
Aunque tiendo a simpatizar con esas preguntas, sé que no son cuestiones triviales. Un país tiene recursos y debe poder usarlos. El problema es cómo conseguir que se usen en beneficio de la población, tratando de generar la menor destrucción posible del medio ambiente y evitando que los beneficios vayan exclusivamente a los inversionistas internacionales o a los ricos locales. Al menos estos problemas se están abordando de una manera diferente que en el pasado, cuando cada vez que alguien reclamaba era aplastado.
Otro elemento fundamental es que hay una relación sur-sur que antes no existía. Como prueba, China es hoy uno de los mayores inversionistas en la región, superando, en lugares ricos en recursos, a Estados Unidos. Si examinas en retrospectiva la política exterior de Estados Unidos, verás que el control de América Latina ha sido casi un dogma. En el Consejo de Relaciones Exteriores se creía que si no se controlaba América Latina no se podía controlar al mundo. Bueno, ya no la controlan. El ejemplo más notorio es Brasil. Brasil y Turquía, otro país que ha escapado del control norteamericano, se aliaron para negociar un trato con Irán alrededor del tema nuclear. Obama lo vio con reticencia, pero aun así lo hicieron. Esto pasa en otras partes porque el control mundial está declinando y América Latina es una pieza de importancia. Eso le abre a la región posibilidades que antes no tenía. Cómo manejará esas posibilidades, aun no está claro.
¿Qué riesgos y desafíos ve usted cuando piensa en las esperanzas latinoamericanas?
El riesgo es que las estructuras que han impedido el desarrollo de las sociedades latinoamericanas aun existen. Los caudillos y el caudillismo, por ejemplo. O el hecho de que el desarrollo que está teniendo lugar siga basado en la extracción de materias primas. Incluso en Chile, que es considerada la joya de la corona, la economía sigue dependiendo del cobre y en general sigue sujeta a una determinante geográfica que la lleva a producir frutas y vinos para el mercado norteamericano. Aparte de eso, no parece haber un esfuerzo claro y consistente para superar el sistema tradicional. La economía de Brasil también depende de materias primas que se extraen para Rusia y China, si bien el país cuenta con un aparato industrial importante. El otro problema es introducir y consolidar una democracia funcional en estos países que permita superar la tremenda pobreza y ayude a que la población participe política y socialmente.
Ya que usted menciona los problemas que trae el caudillismo al sistema democrático, me gustaría conocer su opinión actual sobre Venezuela. ¿Cuál es su apreciación del socialismo del siglo XXI y Hugo Chávez como líder?
Venezuela es una historia mixta. Algunas de las políticas públicas, como las misiones, me parece que tienen sentido. Ha habido una importante reducción de la pobreza que ahora podría estar creciendo de nuevo. Además, el hecho de haber podido vencer el golpe militar y una gran huelga capitalista del sector industrial y empresarial me parecen avances significativos. Hay grandes problemas de violencia criminal, corrupción y control autoritario que deben ser confrontados y abordados. Esto sucede en el marco de iniciativas internacionales muy constructivas como Petrocaribe y el Banco del Sur. De modo que hay cosas positivas, pero también hay peligros.
Quisiera pedirle que hable un poco más de los peligros, ya que se refiere a importantes aspectos del sistema democrático.
Sé que son temas importantes, pero no los conozco y prefiero no entrar en materias de las que no sé. Hay problemas de fondo que deben ser confrontados, como ya dije. En Bolivia ha habido cambios sustanciales que han sido impulsados de abajo hacia arriba de la estructura social. En Venezuela los cambios han sido guiados desde arriba. Los cambios que se imponen desde arriba son inherentemente peligrosos, nadie lo duda. De modo que es necesario moverse hacia situaciones en las cuales las misiones, las cooperativas y otros programas sociales tengan una autoridad real y no solo la que les confiere el gobierno. Teóricamente Chávez lo piensa así, pero ese pensamiento tiene que hacerse realidad.
Usted ha mostrado una preocupación constante por Colombia. ¿Qué piensa del legado de Uribe y del nuevo gobierno de Juan Manuel Santos?
Cuando estuve en Colombia, hace algunos meses, la Defensoría me llevó a visitar algunos pueblitos aislados y peligrosos cercanos a La Vega, en el Cauca. Fui porque los pobladores de la región dedicaron un bosque a la memoria de mi difunta esposa, Carol. En esa región, los pobladores estaban tratando de bloquear los esfuerzos de compañías mineras que, con su explotación arbitraria, han contaminado las fuentes de agua. Por ejemplo, y esto es algo que yo no sabía, aparentemente el gobierno está tratando de privatizar el agua. Y lo hace tomando en cuenta la lección que dejó el fiasco de Bolivia. Es decir, no como un esfuerzo a nivel nacional, sino en pequeñas zonas, aislando a las comunidades y anulando su capacidad de acción conjunta. Contra eso, la gente de muchas de las comunidades que visité se está organizando y tiene programas hidrológicos muy sofisticados, principalmente para resistir la privatización así como la destrucción de los bosques vírgenes. Es una tendencia alrededor del mundo resistir la presión de las compañías multinacionales. Que puedan lograrlo, está por verse. Al mismo tiempo, la gente de la Defensoría me comentó que ha resurgido la violencia, en parte, según ellos, por la acción de las Farc, lo que ha producido una respuesta militar y paramilitar. El padre Javier Giraldo, una persona increíble, estaba con nosotros investigando para un libro sobre lo que ha pasado con las comunidades de paz como San José y Apartadó, que, como tal vez sepas, han sido atacadas e intimidadas por un largo período de tiempo. Incluso la última vez que estuve allí, hace algunos años, San José, que es la más grande, estaba sitiada. La situación ha empeorado, con lo que se ha virtualmente eliminado a estas islas de paz. Me parece que eso no luce bien.
Para volver a tu pregunta, los grupos de derechos humanos con los que hablé esperan que con Santos haya un relajamiento. Esto no lo puedo asegurar porque proviene de una fuente secundaria, pero la esperanza es que aunque Santos continúe aplicando algunas políticas de Uribe, se supone que por su clase social –él es un oligarca mientras Uribe viene de una clase media antioqueña– y porque no necesita las conexiones soterradas con el paramilitarismo y el narcotráfico que hubo en el gobierno uribista, será menos brutal en materia de derechos humanos y más abierto a los arreglos.
Bueno, Santos no ha sido más flexible, al menos con las guerrillas. Ahí tenemos la aniquilación del Mono Jojoy, nada menos que el jefe militar de lasFarc. Sin embargo, pareciera moverse todavía dentro del marco institucional.
Luce entonces como que debería buscar algún tipo de arreglo político con las Farc.
¿Cuál puede ser el rol de Colombia en la dinámica regional de América Latina?
A este respecto, me parece que la objeción de la corte al acuerdo sobre las bases militares estadounidenses puede ser significativo. Ese acuerdo irritó a varios países. Con la excepción de Alan García, la oposición fue general e incluso Unasur hizo un pronunciamiento en contra. No se objetaron las implicaciones nacionales del acuerdo, sino sus aspectos extraterritoriales, es decir, el hecho de que Estados Unidos quisiera usar las bases para recoger información y hacer labores de vigilancia. Esa es la parte que los países de la región sintieron amenazante, aunque no aparecía de forma explícita sino que era la interpretación hecha por Estados Unidos. Si el punto es totalmente retirado, creo que ayudará a Colombia a estar más integrada a Suramérica y, por supuesto, será un paso importante para dejar por fuera la intervención de fuerzas militares estadounidenses en la región, pues las únicas otras fuerzas militares estadounidenses con características extraterritoriales están actualmente en Honduras.
Aprovechando que ha tocado un tema controversial, quisiera preguntarle cuál es el estado actual de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.
Latinoamerica se esta moviendo hacia algún tipo de integración, lo cual, como he dicho, es el prerrequisito para la independencia real. Esto es muy importante porque es la primera vez, en 500 años, que se dan estas condiciones. No sé si llegue a trascender, pero me parece que si la CELAC se transforma en algo más que un proyecto en el papel, puede ser muy positivo. Lo mismo puede decirse de la propuesta de descriminalizar algunas drogas llevada a cabo por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Ernesto Zedillo, Fernando Enrique Cardoso y César Gaviria y que agrupa a otros ex presidentes. Si América Latina coincide en salir de esa guerra destructiva contra las drogas, podría haber un avance importante en ese terreno. Por supuesto que eso implicaría un gran esfuerzo educativo en Estados Unidos. Para dar un ejemplo, repito algo que escuché esta mañana en la National Public Radio mientras manejaba hacia acá. Discutían lo que sucede en México y las declaraciones de Hillary Clinton sobre una insurgencia que amenaza a Estados Unidos. Había un puñado de expertos en el tema. Era muy interesante oírlos, pero no mencionaron las únicas tres cosas que realmente importan. Primero: no mencionaron que las armas de los narcos mexicanos llegan desde Estados Unidos. Segundo: no se concentraron, aunque lo refirieron de pasada, en que la demanda proviene de Estados Unidos. Y tercero: se les olvidó decir que los acuerdos de libre comercio son un gran lío, en particular el TLC con Canadá y México, pues han empujado a los campesinos fuera de su tierra y desplazado cultivos como el maíz para la producción de opio. Pocas semanas atrás estuve en México y gente ligada al periódico La Jornada me comentó que hay grandes áreas al norte dedicadas a la producción, zonas incluso vigiladas por militares. El asunto de fondo es que, al parecer, un 25% de la economía mexicana depende de los narcos. Otro tanto depende de las remesas que llegan del exterior, lo que quiere decir que la economía productiva y funcional se ha reducido. Incluso las maquiladoras multinacionales, que no se ajustan a los patrones nacionales de la economía productiva, se están yendo del país debido a la competencia de China. Nada de eso se mencionó en ese programa, así que la percepción del fenómeno que tenemos los estadounidenses es muy limitada.
Por otro lado, según varios estudios económicos el declive de la calidad de vida con Calderón es terrible. No hablo solo de los niveles de nutrición, sino de la caída de los salarios. Eso también es crucial para entender el avance de la economía de las drogas. En el World Economic Forum se ha discutido otro fenómeno derivado: la paradoja de que en un país con ese tipo de violencia, la bolsa se encuentre por los cielos, alcanzando hace poco máximos históricos. En realidad, eso habla de dos Méxicos, uno rico y otro pobre. No hay nada paradójico al respecto. Es algo que viene sucediendo desde que las reformas neoliberales de los ochenta dividieron al país. El número de billonarios ha aumentado casi tan rápido como la tasa de pobreza. Así se explica el fenómeno de Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, y se entiende que a la bolsa le esté yendo bien, porque los inversionistas estadounidenses asumen que a los sectores privatizados, a los billonarios y a los narcos les seguirá yendo bien. Mientras tanto la población colapsa.
Encontrar soluciones para esos problemas exige reconocer que existen y eso no lo vemos. Así que tenemos por delante un largo camino por recorrer.
Esperanza versus catástrofe
Y ese camino parece aún más largo si tomamos en cuenta las nuevas leyes migratorias que criminalizan a los inmigrantes.
Por no hablar, de lo que se nos viene con el Tea Party en el Congreso. No sé hasta qué punto sigues a estos tipos. No se puede ir más a la derecha porque será autodestructivo. Es como si el país fuera asaltado por un grupo de lunáticos.
Condoleezza Rice afirma que es saludable para el país tener este tipo de debates.
¡Esa es su posición! Bueno, olvidémonos entonces de la guerra contra las drogas y el armamentismo. Actualmente, casi la totalidad del partido republicano piensa que el ser humano no tiene que ver con el calentamiento global. Pensar así es una pena de muerte para la especie. Si Estados Unidos no hace nada y si el partido republicano decide que todos esos liberales y científicos que buscan becas para estudiar el fenómeno se olviden del dinero, podemos ir diciéndonos adiós. En el caso de la crisis financiera, tiene cierto sentido que las grandes corporaciones ignoren el riesgo sistémico, aunque los economistas saben que ignorarlo conduce a que las crisis se hagan más frecuentes. Esas son ineficiencias fundamentales del mercado. Cualquier economista aprende en los primeros cursos que las transacciones del mercado ignoran los factores externos casi por necesidad. Si alguien trata de calcular su impacto quedará fuera del negocio porque los competidores no lo harán. Así que es prácticamente una necesidad institucional del sistema de mercado. En el caso de las crisis financieras, podemos decir ok, está el gobierno para darnos auxilio financiero. Pero cuando esos ejecutivos decidan ignorar las externalidades de la destrucción climática no habrá nadie para echarles un salvavidas. La fragilidad de la especie no es un factor por el que puedas pedir auxilio financiero.
Ya que entramos al tema de la supervivencia, ¿cómo abordar entonces la crisis civilizatoria en la que nos encontramos?
¡…No es una pregunta pequeña!
Por favor dénos solo una conferencia de cinco minutos…
Algún gran cambio tiene que ocurrir en Estados Unidos.
¿Es Estados Unidos el protagonista principal? ¿Por qué?
Tiene que serlo. Somos de lejos el país más rico, más poderoso y el que crea más daños a la naturaleza. Y si no hacemos nada aquí, lo que pueda hacer Europa será de ayuda pero no hará gran diferencia. Los países emergentes no harán mucho porque necesitan impulsar su crecimiento. China, de hecho, está haciendo más que Estados Unidos. Cuando Texas quiso montar unos molinos para energía eólica, tuvo que ir a buscarlos a China. ¿Qué pasó? El gobierno bloqueó la iniciativa. La inversión verde de Estados Unidos en China es más alta que la que hace en su propio territorio y en Europa. La razón es simple. El gobierno estadounidense se queja de China en la Organización Mundial de Comercio. Pero aquí es responsable de desarrollar la estructura de inversiones verdes y no lo ha hecho. Lo deja en manos de inversionistas privados que no lo harán tampoco porque en China lo pueden hacer por mucho menos dinero. Es chocante. El gobierno de Obama está amenazando a China con echarle encima a la OMS por estar haciendo exactamente lo que nosotros deberíamos hacer: una política industrial, dirigida por el Estado por supuesto, para crear las bases de una economía sustentable. Eso tenemos que pararlo, dicen, porque viola nuestros sagrados principios de mercado. Y, bueno, tú sabes, las ironías son increíbles. Pero, otra vez hay que decirlo, la población lo ignora. Y los economistas, los intelectuales y los medios tienen la culpa porque no quieren explicar que así funciona nuestra economía.
¿Podría usted enunciar algunos puntos que deberíamos mantener en mente?
Estados Unidos necesita una revolución cultural.
¿A qué se refiere?
A un cambio en la manera en que entendemos las actitudes, las percepciones y el conocimiento factual. El Tea Party es muy revelador en ese sentido. Somos una sociedad que está constantemente siendo medida por encuestas. Aunque muchas encuestas no aportan mucho, hay otras que muestran cosas importantes. Por ejemplo, hay estudios que muestran que hay gente que está a favor de un gobierno pequeño y menos impuestos. En términos sociales están a favor de más inversión en educación, en salud, en infraestructura. En eso quizás no sean diferentes que los suizos, pero no quieren gobernantes ni impuestos. ¿Entonces? Es lo que llamamos el “double dip”: mantener dos ideas absolutamente contradictorias en la mente y creer en ambas al mismo tiempo. Esa percepción atraviesa el país. Hay personas que dicen: “A mí no me importa lo que sucede en este país”. Pero si consideras a quienes participan en las encuestas verás que quieren discutir estos temas. El año pasado estuve en Ciudad de México y de ahí fui a California. Pasé de un país pobre a una de las zonas más ricas del mundo. En México la Universidad Autónoma de México (Unam), que tiene cien mil estudiantes, es gratuita. No es la mejor del mundo, pero es bastante buena. Mientras tanto en California, el sistema de educación universitaria pública, que era uno de los mejores en el mundo, está siendo destruido y privatizado. ¿Qué pasa cuando México, un país pobre, es capaz de mantener un sistema de educación pública de buena calidad, mientras que California, región muy rica, destruye uno de los mejores sistemas educativos? Pues que te haces mucho daño. Si no tienes un sistema educativo de alto nivel tampoco tendrás una economía competitiva de alto nivel, porque buena parte del crecimiento económico hoy en día ocurre alrededor de las universidades, donde hay clusters de investigación, conocimiento, innovación y desarrollo como MIT, Harvard, Berkley o Stanford. Hasta cierto punto, el sector privado que crece alrededor de estos clusters es parasitario y se beneficia enormemente de ese conocimiento universitario. De modo que si destruyes el sistema universitario estás poniendo en riesgo el sector económico privado. Pero tienes que hacerlo porque hay que recortar impuestos. Y mira la ironía: hay estudios económicos que demuestran que los mayores defensores de las reducciones de impuestos en California son aquellos que más se benefician de los subsidios federales.
Volviendo al punto, ¿cuál sería el bosquejo de lo que es necesario hacer?
Un programa educativo masivo dentro de Estados Unidos, el cual condujera a una revolución cultural que haga a la gente entender su circunstancia y la consecuencia de sus acciones, dejando de lado los dogmas y prisiones ideológicas que constriñen la posibilidad de desarrollar políticas sensibles y sensatas. No hay razones para que Estados Unidos no sea un país líder en el desarrollo de tecnologías verdes y de un modelo de desarrollo sustentable. Tenemos las instalaciones y los recursos que lo permiten sin tener que ir a China a buscar mano de obra barata. Lo contrario consiste en poner parches, que es lo que estamos haciendo.
El mundo postimperial
Casi diez años después del 11 de septiembre, Estados Unidos no es la superpotencia mundial que era, al menos no política y económicamente. ¿Qué puede decir del papel de Estados Unidos en el presente y futuro cercano?
Después de la Segunda Guerra, Estados Unidos tuvo una posición de poder sin paralelo en la historia. Tenía literalmente la mitad de la riqueza del mundo y estaba en posición de perseguir metas muy ambiciosas que fueron esbozadas por los planificadores de Roosevelt y luego ampliamente implementadas: controlar una “gran área” que incluía el hemisferio occidental, el lejano oriente, el antiguo imperio británico (incluyendo el incomparablemente rico en petróleo occidente asiático) y el centro industrial y comercial de Eurasia. Con el tiempo, este poder inevitablemente se desgastó. Hacia 1970, el mundo era económicamente tripolar. Sus mayores centros eran, para Norteamérica, Estados Unidos; para Europa, Alemania y Francia; y para el este de Asia, Japón. El colapso de la Unión Soviética creó una breve ilusión de unipolaridad y de “fin de la historia”, pero pronto se disolvió y en este momento el sistema global es aun más diverso y Estados Unidos menos capaz de ejercer control. Eso es un asunto de mucha preocupación para los planificadores, y, a menudo, una fuente de considerable irracionalidad –como cuando, recientemente, el Departamento de Estado le advirtió a China que debía cumplir sus “responsabilidades internacionales” y obedecer las sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Irán, lo cual debe haber divertido a la clase gobernante china. En una sola dimensión –el poderío militar– Estados Unidos continúa un reinado supremo, pero es una ventaja muy costosa que no puede ser sostenida, particularmente en virtud de decisiones que han debilitado severamente la economía productiva y favorecido al sector financiero. Los dirigentes de este país deberían estar obligados –en el mejor de los casos deberían elegir– hacerse socios de un orden mundial más diverso.
El marxismo tradicional y otras ideologías entienden el cambio hacia una sociedad más justa en términos de revolución o catástrofe. ¿Cómo hacer la idea de justicia menos dependiente de la de cambio violento?
Marx tenía una visión más matizada. Él parece haber pensado que en las democracias parlamentarias el poder de los trabajadores podía alcanzarse por procesos electorales. Apartando sus visiones personales, no veo ninguna base en su pensamiento, o en el de otros que buscan más justicia y libertad, para excluir esa posibilidad. Sin embargo, es ocioso especular. Cualquiera que sea nuestra situación, deberíamos preferir la reforma no violenta en tanto se pueda, y las preguntas sobre el recurso a la violencia no deberían ni siquiera plantearse a menos que en algún punto una autoridad iligítima busque mantener su poder por la fuerza. Y seguramente, sean cuales sean nuestros objetivos a largo plazo, deberíamos hacer lo que se pueda para evitar la catástrofe, particularmente en tiempos como el nuestro, un momento nuevo de la historia en el cual la inminencia catastrófica puede significar el fin de la búsqueda de una supervivencia decente.
A los 82 años usted sigue denunciando y luchando. Dígame, ¿qué lo mantiene activo y en qué cree?
Este verano tuve la oportunidad de presenciar algunas luchas de gente que encara enormes amenazas y peligros en diferentes partes del mundo: campesinos y pueblos indígenas en Colombia, palestinos en campos de refugiados del Líbano, kurdos en el sudeste de Turquía; y también pude unirme brevemente a aquellos que desde una posición relativamente privilegiada se entregan a esas causas. Esas son más que razones para mantenerme activo y creer en la esperanza de un futuro mejor.
Fuente: http://prodavinci.com/2011/03/01/las-esperanzas-de-noam-chomsky-y-dos-posdatas/

 

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Estados Unidos necesita una revolución cultural Entrevista a Noam Chomsky

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