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Global

Ramonet y el sistema mundo

18/05/2013 by Deja un comentario

Autor: Fernando Pino Solanas

– Cuéntanos acerca de tu concepto de sistema mundo.

– Pienso que estamos entrando en un nuevo sistema mundo. O sea, que un ciclo geopolítico se termina y empieza uno nuevo, con una serie de parámetros que están cambiando y en los que aparecen primero los problemas del nuevo sistema mundo. Surgen de repente y por eso digo que actualmente el nuevo sistema funciona a golpe de sismos: de pronto tomamos conciencia de lo que está pasando; pero se debe a la brutalidad de un acontecimiento. Un ejemplo ya relativamente antiguo es el 11 de septiembre del 2001, los atentados. De pronto tomamos conciencia de que en el mundo árabe, musulmán, los problemas alcanzan tal dimensión que nos estallan a la cara. Del cambio climático, principal problema que pone en cuestión la existencia de la humanidad, tomamos conciencia cuando se produce la inundación de Nueva Orleans: de repente una ciudad gigantesca en el país más desarrollado del mundo se ve devastada. La cuestión nuclear: tomamos conciencia del peligro nuclear cuando se produce el tsunami sobre Fukushima e inesperadamente nos damos cuenta de que lo nuclear nunca es local, siempre es global. En el plano geopolítico se presenta lo que ha ocurrido en los países árabes: estos países que no se movían, eran dictaduras controladas por Occidente durante cincuenta o más años; no estamos hablando de tres, cuatro o quince años, sino de medio siglo de control y en forma súbita estallan. Un último sismo: ¿tendremos Unión Europea dentro de algunas semanas o habrá estallado la Unión Europea? ¿Tendremos el euro aún como moneda única de 17 países de Europa o habrá desaparecido el euro en un cataclismo de dimensiones apocalípticas? Estamos por consiguiente ante un sistema en el que, por una parte, los dirigentes políticos dan la sensación de que no ven venir las cosas; la capacidad de previsión que se supone debieran tener los dirigentes políticos, no está apareciendo. Por otra, tenemos la impresión de que la dirigencia política no está a la altura de la dimensión de los problemas por varias razones.

En primer lugar, hoy los problemas son globales: estamos en la globalización; nosotros criticamos y combatimos este tipo de globalización, pero observamos que la globalización se aplica al planeta y cuando eres un dirigente político tu fuerza únicamente se ejerce en un territorio muy pequeño. En segundo término, vemos que los políticos, global y colectivamente, están en desventaja frente a los mercados, porque el tiempo de los mercados y el tiempo de los políticos no tienen nada que ver. Los mercados van a la velocidad de la luz, reaccionan instantáneamente ante cualquier acontecimiento, mientras los políticos van a la velocidad del caracol y antes de reaccionar tienen que debatir, lo que es normal porque el tiempo político no es el mismo. Y entre los dos está el tiempo mediático, que juega el papel de querer solucionarlo todo inmediatamente. Estos elementos, que no puedo desarrollar ampliamente, dan una idea de que estamos en un nuevo sistema mundo y obviamente nuestra misión de intelectuales es tratar de describirlo para que sepamos frente a que dispositivo político, social, cultural y económico estamos enfrentados

– En el mundo mediático comunicacional la imagen ha tomado una preponderancia grande ¿Cómo ves este sistema mundo referido a lo comunicacional y esta confrontación de civilizaciones a través de las imágenes y las comunicaciones?

-Exacto, lo que digo es que en este sistema mundo Internet no es sólo una tecnología; es un actor del cambio actual. En casi todos los asuntos que he citado Internet juega un papel importante, si quieres en los sismos geopolíticos del mundo árabe; juega un papel en la aceleración de los mercados…

-Hasta en los indignados…

– Hasta en los indignados evidentemente. En el mercado juega un papel: las órdenes de compra y venta que circulan por las autopistas de la comunicación. Si hablamos del terrorismo internacional, evidentemente las campañas de hoy día funcionan en ese aspecto. Tienes razón, las imágenes funcionan, pero yo diría más: que hoy añadiríamos un adjetivo a las imágenes, imágenes digitales. Esto significa que las imágenes son reducibles a una ecuación matemática constituida únicamente de ceros y de unos.

La imagen no es una imagen analógica; es esencialmente una ecuación y esa ecuación la puedes enviar por tu teléfono, por tu ordenador, la puedes enviar de mil maneras y hasta la puedes proyectar en una sala de cine, siempre como una ecuación; lo que le permite ir también a la velocidad prácticamente de la luz. Eso hace que hoy de hecho, texto, imagen y sonido funcionen de la misma manera; son todas ecuaciones matemáticas de ceros y unos en un sistema binario, ya no tienen realidad en sí mismos; ya no necesitas un aparataje tecnológico para cada uno de ellos: antes necesitábamos un aparato para el sonido, un aparato para la imagen, un aparato para la escritura; eso hoy día se mezcla en Internet y le da una capacidad de intervención, una facilidad de intervención que no hemos conocido hasta ahora. Internet está cambiando el panorama, es un fenómeno sociológico total como la imprenta fue un fenómeno sociológico total, ya que cambió la comunicación, cambió la cultura, cambió el saber, cambió las elites, cambió de era -el Renacimiento no se explica sin la imprenta- cambió la historia de la religión: el protestantismo surgió porque se podía leer la Biblia. Internet tiene una capacidad de impacto superior al de la imprenta y por otra parte recordemos que estamos a 20 años de la invención de Internet; estamos en la primerísima infancia de Internet; Internet aún está por llegar y ya ha cambiado todo.

– Tú vives en el centro cultural de Europa y además tienes una relación privilegiada con América Latina y los proceso emancipatorios de este continente. ¿Cuáles son los grandes debates hoy? Por un lado un continente europeo que, como acabas de decir, no sabe qué va a pasar mañana, una izquierda europea que no sabemos dónde está colocada o qué significa hoy.

– Pienso que América Latina en su conjunto hoy es una referencia fundamental para la izquierda internacional; porque en términos cuantitativos es en América Latina donde se llevan a cabo el mayor número de experiencias progresistas en el mundo, innovadoras, diferentes entre si, diferentes de las que se hicieron en otros momentos en Europa y eso ya nos obliga a mirar en esta dirección.

-¿Cómo se manifiesta esto?

– Se manifiesta porque en América Latina es donde han surgido ideas en muchos ámbitos, en articular en el ámbito democrático; ideas como el presupuesto participativo, ideas como la democracia participativa, ideas como el referéndum revocatorio, entre otras que han aparecido aquí; que evidentemente no han sido concebidas en Europa y aquí se llevan acabo.

-Y un rol muy activo de los movimientos sociales…

-Digamos que las izquierdas en América Latina son la obra de los movimiento sociales, no la obra de los partidos. Ha habido también aquí fracasos de los partidos, de los partidos tradicionales o del centro; de los partidos tradicionales para hacer una alusión a tu país, porque en tu país todo es peronismo; pero son los movimientos sociales, los movimientos sociales los más dinámicos

-Ambientalistas, de derechos humanos…

– De derechos humanos, de personas que viven en barrios desfavorecidos, de defensa de agricultores, defensa del agua, defensa del bien común, defensa de la ecología; todo eso ha surgido en América Latina, como el Foro Social Mundial. Nosotros participamos en su creación y tú estuviste con nosotros. El Foro Social Mundial es la asociación de los movimientos internacionales y eso ha marcado mucho a esta izquierda. Diría que en este momento América Latina vive una coyuntura particularmente favorable y es muy feliz que lo viva cuando se está celebrando el 200 aniversario de la independencia, porque seguramente es una segunda independencia. Creo que en la historia de América Latina colectivamente, nunca se vivió un momento de prosperidad tan importante como el que se está viviendo en este momento. Si tú calculas, en la última década en América Latina, han salido de la pobreza unos 80 millones de habitantes -de ellos 40 millones en Brasil- y eso no se había producido jamás en la historia latinoamericana. Está viviendo el momento más democrático de su historia desde el punto de vista político, se acabaron las dictaduras de todo tipo, las elecciones se realizan, existen partidos de oposición. Hay excepciones: Honduras; pero es la excepción que confirma la regla. A su vez, estamos viviendo un momento en el que América Latina está en paz, globalmente; excepto el conflicto colombiano -hablo de conflicto político- no hay conflictos políticos violentos, con armas. Está el problema del narcotráfico, está el problema de la delincuencia que alcanza aquí niveles estratosféricos. La cuarta reflexión sobre América Latina hoy, que me parece muy importante y quizás es lo que la caracteriza más profundamente -con el tiempo lo veremos- es que ha tenido tres ciclos en función de aquellas personalidades que pilotearon su historia: los conquistadores -nos guste o no nos guste-, los libertadores y hoy son los integradores. Es la misma generación de los libertadores volviendo a liberar integrando. Todo lo que se ha hecho en América Latina -UNASUR, Petrocaribe, ALBA, MERCOSUR, la CELAC- se orienta en la dirección de una integración con líderes extremadamente movilizados sobre esa idea: Chávez indiscutiblemente; Correa; Morales; los dirigentes cubanos, Fidel y Raúl; Cristina; Lula; y hoy se incorpora México; se incorpora Chile y hasta los países dirigidos por equipos conservadores; pero hay una conciencia de que es el momento de los integradores y al que se salga de ese grupo la historia lo condenará, al igual que condenó a aquéllos que no estuvieron con los libertadores hace dos siglos.

-¿Cómo ves las nuevas formas del colonialismo en América Latina? Porque se han profundizado los procesos colonizadores, el neoliberalismo y el Consenso de Washington, que significaron la pérdida de nuestros recursos estratégicos en casi todos los países latinoamericanos.

-Hoy en América Latina debe prestarse atención a varias cuestiones que me parecen capitales. En mi opinión, la principal es que el crecimiento latinoamericano -que es la clave de todo lo que estamos diciendo, de la prosperidad, de la salida de la pobreza de millones y millones de personas reside esencialmente en el comercio con China. Esa potencia naciente está comprando masivamente productos alimentarios a Argentina y a Brasil y minerales -productos del sector primario esencialmente- a Chile y a Perú. Si tomamos a estos cuatro países nada más, todos han experimentado un crecimiento espectacular. Argentina, tú lo sabes mejor que yo, ha crecido en los últimos diez años más que España en los últimos veintiún años, en base a la exportación de soja a China. ¿Por qué digo que hay que tener cuidado y es preciso comenzar a crear un mercado interno como lo están haciendo los brasileños y de allí la imperativa necesidad de acelerar la integración para crear un mercado con una masa crítica importante? Porque hoy día en el mundo la economía globalizada depende una de otra y la latinoamericana ahora depende de China como en otro tiempo dependió de Estados Unidos.

Dos aspectos a considerar: China no es un país cuya estabilidad esté garantizada para siempre jamás; mucho menos que Estados Unidos, en tanto es un sistema en el cual coinciden dos fuerzas que son intrínsecamente, estructuralmente contradictorias: el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. Esas dos fuerzas no pueden convivir mucho tiempo juntas; llegará un momento en que la tensión entre ambas producirá una ruptura y nadie puede decir cuándo: veinte, cincuenta años; pero también puede ser como los sismos, dentro de unas semanas. Por otra parte, nadie puede decir que China se mantendrá como está, que no se irá el Tíbet, que no se irá 12 la parte oeste, que no se irá tal región de Cantón: vimos cómo desapareció la Unión Soviética y se dividió en 17 Estados. Tenemos una experiencia de haber visto imperios o naciones que se han desecho ante nuestros ojos; Yugoslavia se deshizo en seis o siete Estados.

-¿Dónde termina la crisis?

-No terminó. La dependencia de China comporta un peligro: no es estable para siempre. En segundo lugar, China funciona como fábrica del mundo e importa porque vende; pero ¿a quién le vende? Le vende esencialmente a los dos grandes polos de consumo del mundo que son Estados Unidos y la Unión Europea: si los dos entran en recesión como en este momento -por razones que no vamos a analizar aquí- el empobrecimiento de las políticas de austeridad para luchar contra la deuda, hace que los europeos se empobrezcan, que no puedan consumir. Entonces China ya no va a producir tanto; por consiguiente no va a importar tanto; por consiguiente Brasil ya está viendo como su crecimiento disminuye con respecto al año pasado, porque China está creciendo menos. Retén una cifra, Pino: China necesita crecer a más del 8% para absorber la mano de obra que viene a su mercado cada año; si crece a menos de ese ritmo, se le crea un tapón de desocupados que acelera la inestabilidad que mencioné antes. De allí la necesidad de integración de América Latina. Creo que dirigentes como Chávez, como Dilma en este momento, lo han percibido perfectamente.

Al respecto, quisiera añadir algo al sentido de tu pregunta precedente acerca de las nuevas dependencias. Hoy los países están siendo monoproductores: no es tan exacto, pero si caricaturamos un poco, Argentina se ha vuelto un país productor de soja; Brasil también; Chile es un país productor de minerales como siempre lo fue de cobre; Perú se ha convertido en un país productor de minerales. ¿Quién explota esos minerales?: las grandes corporaciones transnacionales. No ha habido aún una reflexión colectiva -sí la hay en Venezuela y en otros países como Ecuador- acerca de que no podemos desarrollarnos si dejamos el arma del desarrollo, el instrumento del desarrollo, a expensas de las grandes corporaciones privadas, que el día menos pensado jugará a favor de sus intereses y no a favor de los intereses de nuestros países.

– Cambiando un poco de tema, volviendo a los movimientos sociales: ¿cómo los movimientos sociales son hoy un actor protagónico de estos cambios? ¿Cómo se construye el poder político? Porque hay ciertas resistencias en las militancias sociales que, por haber sido tantas veces traicionadas por los partidos políticos, invierten sus energías en el campo de lo social y tienen una suerte de aversión y desconfianza para constituirse en fuerza política. Pero, desde dónde se construye el poder político? porque los cambios en el momento democrático de América Latina inevitablemente son institucionales y por vía democrática.

-Tienes razón. Si vemos un poco el panorama de estos últimos meses, observamos que como consecuencia de lo que hemos explicado de los cambios de este nuevo sistema mundo, en particular las generaciones jóvenes se están sintiendo abandonadas, sienten que se están quedando sin futuro; son generaciones sin futuro; generaciones que han sentido que lo que llamamos el ascenso social no funciona y que van a vivir peor que sus padres o sus abuelos, habiendo cursado más estudios que sus padres o sus abuelos; que el ascenso social se transformó en descenso y de allí surgen los indignados. De allí surgen en el mundo árabe los primeros que se sublevan; los indignados israelíes, que constituyen las manifestaciones más importantes que ha habido contra un gobierno en la sociedad civil; los indignados chilenos por otras razones; los colombianos; los dominicanos; los estadounidenses.

-Nosotros tuvimos el “que se vayan todos” en el 2001-2002.

-“Que se vayan todos, ese es el modelo”. Es el modelo en Estados Unidos, en Londres lo vimos también. He seguido de cerca el de los indignados españoles, que es un movimiento extremadamente interesante pero con la idea que tú subrayas: que a fuerza de ver el comportamiento tan criticable de los políticos de cualquier tendencia, de ver la falta de seriedad y de coherencia, la capacidad de decir lo contrario de lo que han prometido en campaña, ha creado una especie de rechazo general hacia la política. Los indignados no quieren tener líderes, no quieren tener programas, no quieren meterse en política, ya que les da como náuseas.

El problema es que tú no puedes cambiar las cosas si no haces política, porque nuestros sistemas están hechos de esa manera. Obviamente, nadie hoy día, después de haber conocido lo que hemos conocido a lo largo del siglo XX, pude hacer una aventura de conquista por la violencia del poder; menos aún en países que están saliendo de esa experiencia como en América Latina o que las han enterrado definitivamente como en Europa. Entonces, a los amigos indignados les digo que iremos para el lado de América Latina; América Latina nos ha mostrado una crisis política, una crisis de la deuda externa, ha provocado un rechazo de los partidos tradicionales; pero los movimientos sociales han sabido organizarse, constituir una masa crítica y llevar al poder programas que han cambiado las cosas. Ocurrió en Venezuela, ocurrió en Ecuador, ocurrió en Bolivia, hasta en Brasil, en Argentina.

Por lo tanto, la idea es ésta: los movimientos son más bien demasiado recientes, toda una generación se está politizando; diría que cuando los de esta generación empezaron a protestar, protestaron de manera poética, de manera angelical. Ellos y ellas pensaban en definitiva que, con un poco de buena voluntad, podían cambiarse las cosas; no han pensado en los intereses creados, en el aferrarse al poder que puede existir; en lo que representa el poder político con respecto al poder económico. En realidad, tampoco querían que cambiaran mucho las cosas; porque la mayoría de estos jóvenes lo que estaban reclamando era volver al mundo que habían conocido hace dos o tres años; no están reclamando un paraíso terrenal en el futuro. Sencillamente quieren recobrar lo que acaban de perder. Pero la experiencia les está enseñando a politizarse y ya hay un camino recorrido muy interesante: cuando hablas con ellos ahora -seis o siete meses después de la revuelta de los indignados- tienen más conciencia de las resistencias, de la necesidad de organizarse; más conciencia de la necesidad de encontrar una expresión política. Por consiguiente, como pienso que la crisis en Europa socialmente va a seguir siendo muy dura, no desespero sino al contrario, al ver que estas nuevas generaciones van a saber manifestarse políticamente para poder cambiar las cosas.

– Entre los debates que tenemos pendientes por acá en el Sur, está el de lo público y lo privado; empresas públicas y empresas privadas; televisiones públicas y televisiones privadas; desde las grandes empresas y servicios a los medios de comunicación. Hablemos algo sobre este tema.

– En mi opinión, es la batalla principal. En este momento, en América Latina la batalla principal en el ámbito mediático pasa por ahí. ¿Qué es lo que podría decir visto desde afuera? No soy un actor, soy un observador lejano, distanciado; pero con la distancia qué es lo que veo. Veo que aquí había un sistema monopólico de latifundios mediáticos poseídos por los grandes propietarios privados y que naturalmente los nuevos gobiernos progresistas se han dado cuenta de que esos grandes monopolios privados, esos grandes latifundistas privados, han asumido la función de oposición política contra los programas de los gobiernos progresistas y han lanzado una guerra a muerte. A Chávez le dieron un golpe de Estado los grupos mediáticos; a Correa lo están acorralando; en Argentina tienen una gran batalla de ese tipo; Lula la tuvo con el grupo Globo; la tiene Lugo en Paraguay; la tiene Morales. Lo que estamos viendo es que se está creando un cierto equilibrio, una operación de reequilibrio entre sector público y sector privado. Añado lo siguiente: en este momento de la batalla mediática, el sector público experimenta lo que podríamos llamar la “enfermedad infantil”, que es la del hacerse el portavoz del Gobierno: es lo que he reiterado mucho en mis conferencias en Venezuela, en Ecuador, en otras partes.

-Confundir lo público con el partido gobernante…

-Claro. Lo que digo es que es un momento en que a nadie le interesa que el sector público de la comunicación sea la expresión del gobierno o de un partido del gobierno; porque a la larga la democracia crea alternancias y entonces, cuando llegue la oposición, por ejemplo de un partido conservador, también dispondrá de los medios del Estado. El interés del país es que los medios públicos estén administrados por una legislación ad hoc específica, por un consejo del audiovisual específico y plural, como el poder judicial aislado de las presiones políticas y dirigido por profesionales patentados que hagan lo que les parece profesionalmente correcto. Mientras estemos hablando de propaganda, serán dos propagandas, unas contra otras. Añado, como dije antes, que lo entiendo porque estamos en plena batalla y si el sector público gubernamental cede, es una victoria muy preocupante en el combate desigual que tienen contra los conservadores. Pero es necesario aprovechar esta situación para ir creando las condiciones de una comunicación más civilizada, políticamente civilizada.

-Lo terrible es cuando se tergiversa y se traiciona; porque lejos de democratizar el sistema audiovisual ha quedado apresado en las redes por el partido gobernante, con las mismas prácticas de censura o propagandistas de siempre.

-Claro, es cierto.

– Dada la importancia que tiene el sistema audiovisual por su influencia en la cultura, en la información y en el debate político, debiera estar controlado por un organismo que represente a toda la sociedad. El camino es la lucha contra la monopolización, no la creación de un monopolio estatal al servicio del partido gobernante.

-Estamos lejos pero estamos en el camino.

* Fernando Pino Solanas. Cineasta. Diputado Nacional por Proyecto Sur.

Nacido en España, Ignacio Ramonet creció en Tanger-Marruecos, donde sus padres republicanos debieron exiliarse. Cursó estudios de Ingeniería en la Universidad de Burdeos y de Sociología en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, donde obtuvo ademásel título de Doctor en Semiología e Historia de la Cultura. En Francia fue periodista y crítico de cine en Cahiers du Cinéma y en Liberation; desde 1990 hasta el 2008 dirige el periódico mensual Le Monde Diplomatique y la revista bimensual Maniére de Voir. Al mismo tiempo, ejerce la docencia universitaria en el campo de la Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París VII) y más tarde se especializa en Geopolítica y Estrategia Internacional, siendo consultor de Naciones Unidas, catedrático en la Universidad Sorbonne de París y profesor invitado de las Universidades Carlos III en Madrid, Buenos Aires, Valencia, San Petesburgo, Puerto Rico y Santo Domingo, entre otras. Ha recibido el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Santiago de Compostela en España, la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) y la Universidad de La Habana. Es co-fundador del movimiento ATTAC que promueve la defensa de la Tasa Tobin para los capitales financieros internacionales y del Media Watch Global-Observatorio Internacional de los Medios de Comunicación, que actualmente preside. Fue uno de los promotores del Foro Social Mundial de Porto Alegre y entre sus libros más recientes pueden mencionarse Marcos, la dignidad rebelde (2001); Qué es la globalización (2004) en colaboración con varios autores; Fidel Castro: biografía a dos voces (2006) y La catástrofe perfecta (2009), junto a numerosos artículos. Uno de los temas que aborda es el actual “sistema-mundo” cuyo rasgo esencial lo constituye la reiteración de diversos sismos o acontecimientos imprevistos que irrumpen con fuerza -sismos climáticos, sismos financieros, sismos energéticos y alimentarios, sismos tecnológicos, sismos sociales y geopolíticos que alimentan insurrecciones como las de los múltiples indignados- provocando profundas crisis en las dirigencias políticas y las democracias representativas, como parte de la crisis económica y financiera de alcance mundial.

Publicado en: Global

China apuntala sus negocios en América Latina

18/05/2013 by Deja un comentario

por  El País

Era la primera vez que un presidente chino –Jiang Zemin– visitaba Venezuela y la penúltima visita a Caracas del cantante español Julio Iglesias, el 17 de abril de 2001. Hugo Chávez recibió a ambos invitados en la residencia presidencial de La Viñeta y les animó a cantar a coro: cantaron O sole mío; Jiang e Iglesias conocían la letra, Chávez no. Con este episodio cerró la gira de Jiang Zemin por Chile, Argentina, Uruguay, Cuba y Venezuela que ahora, cuando China es el tercer socio comercial de la región, representa un punto de inflexión en el crecimiento de los negocios del gigante asiático en América Latina. Esta semana, el nuevo vicepresidente chino, Li Yuanchao, ha vuelto a Argentina y a Venezuela para revisar y multiplicar las cuentas mutuas, en su primer viaje oficial desde que asumió el cargo hace dos meses.

En los últimos años, China se ha convertido en la principal fuente de crecimiento de las exportaciones de materias primas de América Latina y el Caribe –petróleo, cobre, hierro, soja–, mientras Latinoamérica es el destino puntual de sus manufacturas.

En el período 2005-2010 se duplicaron tanto las importaciones chinas como sus exportaciones a la región: de acuerdo a cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), las exportaciones latinoamericanas representan el 31% de las exportaciones totales de China, y las materias primas del área representan el 27,7% de sus importaciones. Además del intercambio comercial, en el mismo periodo crecieron exponencialmente las inversiones directas de China y los préstamos de sus bancos a países de la región.

Cuando la animosidad contra los acreedores occidentales cundió entre los países agrupados en Alba, la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América, allí estaba China. Entre 2005 y 2011, los préstamos otorgados por los bancos chinos a los países de América Latina y el Caribe sumaron 75.215 millones dólares, de acuerdo a los cálculos del internacionalista estadounidense Kevin Gallagher y su equipo de trabajo del Global Development And Environment Institute (GDAE, por sus siglas en inglés). El grueso del dinero fue destinado al desarrollo de infraestructuras en transporte, telecomunicaciones, minería y energía, y a un par de satélites chinos que compraron Bolivia y Venezuela. Las deudas más grandes le pertenecen a Venezuela (38.500 millones de dólares), a Brasil (11.731 millones de dólares), a Argentina (10.000 millones de dólares) y a Ecuador (6.034 millones de dólares).

A dos de estos países viajó el vicepresidente Li Yuanchao esta semana: el martes aterrizó en Buenos Aires y este domingo, en Caracas. La presidenta Cristina Fernández lo recibió en la Casa Rosada y allí firmaron cuatro nuevos acuerdos: un tratado de extradición, un memorándum para promover el intercambio de productos agrícolas, un protocolo de requisitos sanitarios para la exportación de equinos, y un convenio de la empresa china Huawei para brindar asesoría a una universidad argentina. También decidieron apoyarse mutuamente en el reclamo de Argentina sobre la soberanía de las islas Malvinas, y en el principio “una sola China”, según el cual ni Taiwan ni el Tibet ni ninguna otra “provincia rebelde” podrá ser reconocida como Estado independiente.

Mientras tanto, la expectativa de Caracas con esta visita de Li es que China acepte extender su línea de crédito a Venezuela, una petición que fue rechazada en enero de este año. El Gobierno venezolano espera, además, la firma de más contratos de inversión; el más importante de ellos, permitiría reflotar la Siderúrgica del Orinoco, una de las joyas de las industrias básicas estatales del sector minero que hoy se encuentra técnicamente quebrada.

El intercambio entre China y Argentina y Venezuela también ha tenido sus desencuentros, y de allí que hayan sido elegidos como los primeros destinos del vicepresidente. “Estos son los dos países con los cuales China ha tenido dificultades”, ha explicado a EL PAÍS Ariel Armony, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Miami e investigador de las relaciones chinas con la región.

En ocasiones, China ha dejado de comprar materias primas argentinas, como la soja, a causa de las tarifas y controles impuestos por Buenos Aires. En el caso de Venezuela, tanto a las compañías petroleras chinas como al Gobierno les preocupa el gran nivel de inestabilidad económica y política, y que en el futuro se produzca una demanda de transparencia en los acuerdos bilaterales ya suscritos, en caso de que eventualmente hubiese un cambio de Gobierno. “Esta gira es la confirmación perfecta de que la diplomacia china sirve, sobre todo en los países en desarrollo, para apuntalar los negocios, tratando de limar asperezas, de generar mejores relaciones. El tema de la seguridad alimentaria es central para China y en ese sentido, Argentina es un país importante. Y el objetivo en Venezuela no es tanto mejorar la relación sino bajar la incertidumbre”, sostiene Armony.

En la última década, uno de los socios que ha sacado mayor provecho del replanteamiento de la relación con China es Chile, el primer productor mundial de cobre, que destina un tercio de esa producción al gigante asiático. Al cierre de esta semana, el precio del cobre registró un alza de 3,7%, hasta ubicarse en 3,352 dólares por libra. La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) sostiene que esto ocurrió gracias al “crecimiento del sector externo chino durante abril”. En 2012, el precio promedio del cobre fue de 3,6 dólares por libra y en lo que va de año, se ha situado en 3,49 dólares.

Bolivia, entre los países más pequeños, también tiene su lugar en el mapa de los negocios chinos. Este 11 de mayo, el Gobierno de Evo Morales recibió un donativo de 8 millones de dólares por parte de China, que serán invertidos durante los próximos cinco años en la compra de equipamiento no bélico para sus Fuerzas Armadas. “Este es un ejemplo de cooperación entre los países sur-sur”, ha dicho tras el anuncio el subjefe del Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación de China, general Wang Guanzhong, quien la semana pasada encabezó la delegación china que estuvo de visita en La Paz. En los últimos cinco años, las fuerzas militares de Bolivia han recibido de China decenas de camiones, buses y lanchas patrulleras artilladas, por la vía de la cooperación o de los créditos; y se prevé que el satélite chino, por el que La Paz adquirió una deuda de 251 millones de dólares, estará en órbita a fines de 2013. También hay conversaciones para que en el futuro cercano China invierta algunos millones de dólares en la industrialización de las reservas bolivianas de litio.

Publicado en: Global

Otoño del imperio y del capitalismo

12/05/2013 by Deja un comentario

por  Alberto Rabilotta

ALAI AMLATINA, 07/05/2013.- Cuando el imperio es incapaz de mantener su hegemonía aportando soluciones a las crisis sistémicas recurre a la “hegemonía explotadora” (1), con toda la violencia y la destrucción que la acompaña. Así sucedió en la decadencia de la hegemonía imperial de Holanda.

Fue tratando de salvarse imponiendo el libre comercio con una hegemonía explotadora que terminó el imperio británico, y algo similar pero de naturaleza diferente es lo que desde hace ya unas tres décadas estamos presenciando en la decadencia de la hegemonía mundial de Estados Unidos (EE.UU.).

Hegemonía explotadora suena muy bien como apellido del neoliberalismo, de esa extraordinaria expansión financiera, comercial e industrial que el imperialismo estadounidense quiere llevar a sus límites extremos, que ya no puede controlar ni remediar sus terribles secuelas de disolución social y desastre económico, ni la concentración del poder y riqueza en las cuentas de la oligarquía que poseen los monopolios ya presentes en prácticamente todas las ramas de los sectores económicos, sin hablar de la destrucción ambiental y el recalentamiento global que amenaza la vida del planeta.

En los casos de Holanda y Gran Bretaña las fases de hegemonía explotadora fueron en efecto el “otoño” de esos imperios, pero también las “primaveras” en el proceso de desarrollo del capitalismo, y en particular del modo de producción del capitalismo industrial.

En el caso del imperio estadounidense hay razones para pensar que la hegemonía explotadora no solo es el “otoño” del imperio sino también del modo de producción capitalista, que ya se encuentra ante la “barrera insalvable” que anticipaba Karl Marx.

Bajo el imperio estadounidense el capitalismo industrial adquiere su forma más perfeccionada y desarrolla –no solo en EE.UU.- las bases de un modo de producción basado en la automatización, logrando concretar una parte del gran objetivo del gran capital, o sea la de producir de manera continua y prescindiendo de la mayor parte o la totalidad de la fuerza de trabajo asalariada.

Desde hace más de medio siglo, por las transformaciones que la automatización produjo en el modo de producir, el desenvolvimiento de las estructuras empresariales transnacionales y el creciente papel del capital financiero en la determinación de las inversiones a efectuar, lo que fue posible vía las inversiones directas, los flujos financieros y la deslocalización de la producción, el sistema capitalista se universalizó, o sea que completó la segunda parte del objetivo del gran capital.

El gran sueño del capital, de liberarse de la fuerza de trabajo asalariada o de pagar los salarios más bajos posibles, y de universalizarse, se hizo realidad con la automatización y la deslocalización. Pero esta transformación implicó un creciente reemplazo de la extracción de plusvalía, el uso de la fuerza de trabajo asalariado en las sociedades avanzadas –que crean los imprescindibles “puntos de consumo” para la realización del capital, de que hablaba Marx-, por la plusvalía extraída en el exterior, en otras sociedades, y que llega a las casas matrices en el centro imperial como renta diferencial, o sea como ganancias que van a parar a los accionistas y ejecutivos de las empresas.

Es a partir de este desenvolvimiento, en mi opinión, que es posible explicar tanto la naturaleza de la crisis estructural del capitalismo como la relativamente irreversible realidad actual en las sociedades del capitalismo avanzado.

Así sería posible explicar esta crisis de sobreproducción y subconsumo, el creciente y cada vez más crónico desempleo tecnológico –como definía John M. Keynes al reemplazo de los trabajadores por las maquinas- en un contexto de mayor creación de riquezas que se concentra en las pocas manos de los monopolios y los financieros, y que ya no entra sino marginalmente en la reproducción del capital en los países avanzados.

Asimismo explica que el subconsumo tiende a volverse crónico por la disminución del empleo y la masa salarial total, factor que a su vez amplia la espiral del desempleo y el subempleo, que termina poniendo en crisis las ramas de la economía aun no automatizadas.

Esto también explica el aumento de la deuda familiar –falta de empleos y bajos salarios-, y el endeudamiento de los Estados por la contracción de la recaudación fiscal –la carga tributaria descansa fundamentalmente sobre los ingresos de los trabajadores-, y el aumento del gasto público para paliar el desempleo, entre otros aspectos más.

Y, no olvidemos, esta universalización del capitalismo y de las nuevas tecnologías también permite explicar la rápida emergencia de las nuevas potencias industriales en Asia, donde las transnacionales tuvieron que integrarse a un sistema capitalista parcialmente regulado por Estados que no cedieron toda su soberanía ante el neoliberalismo.

Quizás puede también explicar que a la luz de las experiencias asiáticas y por la falta de verdadero desarrollo económico, se esté dando en los países en desarrollo que primero sufrieron la experiencia neoliberal, los de América latina, la búsqueda de nuevas estrategias de desarrollo para reparar la herencia neoliberal, como el desempleo y el subempleo, la pobreza y extrema pobreza, la destrucción de los sistemas estatales y de los programas sociales de salud, educación y de pensión.

El anzuelo sin carnada

Según los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, no es posible saber cuándo, pero es seguro que esta hegemonía explotadora del imperio estadounidense terminará muy mal (2).

Por el momento constatamos que ante su impotencia para salir de estas crisis el imperialismo ha retornado y se aferra a las políticas depredadoras –como una más pérfida institucionalización del libre comercio que permita aumentar la extracción de rentas-, y junto a sus aliados retorna a las políticas guerreristas y colonialistas del pasado, con sus terribles consecuencias sociales, económicas y políticas para todos los pueblos afectados.

Con la automatización y la deslocalización reemplazando a los trabajadores, y habiendo desaparecido la “amenaza” comunista con el desmembramiento de la URSS, el capitalismo estadounidense desmanteló totalmente el programa básico que describía Immanuel Wallerstein: “satisfacer las demandas combinadas del Tercer Mundo (relativamente poco para cada uno, pero para mucha gente) y de la clase obrera occidental (para relativamente poca gente, pero mucho para cada uno)”.

En realidad, como bien observaba Wallerstein hace casi dos décadas, el capitalismo emprendió un retornó a “la situación anterior a 1848, en la que, en los focos del Estado liberal {…} los obreros estarían mal pagados y fuera del ámbito de los derechos políticos y sociales” (2).

Sin posibilidad real a corto, mediano y largo plazo, de una vigorosa recuperación económica, las empresas transnacionales y los bancos de los países avanzados siguen “sentadas” en billones de dólares y no utilizan los préstamos casi gratuitos que los bancos centrales han puesto a su disposición. Como apunta el columnista canadiense Thomas Walkom, del diario Toronto Star, esas empresas y financieros no invertirán en la producción que creará empleos “a menos que tengan un mercado para sus productos”.

Esta situación general y las políticas de austeridad para mantener la deflación que favorece al sistema financiero ya incuban crisis políticas e importantes protestas sociales, que en la UE empiezan a meter miedo en la clase política, como muestra el forcejeo de algunos gobiernos para que se extiendan –y no para extinguir- los plazos para cumplir con las metas de austeridad fiscal.

Y en medio de estas crisis simultáneas el principal objetivo de EE.UU. es expandir y profundizar la liberalización con el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, en su sigla en inglés), mientras que la UE se esfuerza en cerrar un acuerdo de liberalización económica y financiera con Canadá, para comenzar a negociar uno similar con EE.UU.

Ni siquiera cabe preguntarse si al negociar estos acuerdos los gobiernos están respondiendo a los intereses de sus países o simplemente a las trasnacionales y monopolios que poco o nada contribuirán en esos países desde el punto de vista fiscal, en materia de creación de empleos y de demanda interna.

Es bien conocido que EE.UU. dejó de ser la “fábrica” del mundo, que ahora está en China y el resto de Asia oriental, y también ha perdido –como señalan Arrighi y Silver- el papel del único “cajero” de las finanzas mundiales. Y por si fuera poco la baja del consumo en EE.UU. lo inhabilitó para seguir siendo la “locomotora” de la expansión económica mundial.

Si la realidad cambió hay que cambiar la manera de pensar

En febrero pasado el historiador y economista Robert Skidelsky describía la ola de automatización en la manufactura en los países occidentales –que está llegando a China-, y que la substitución del trabajo asalariado por capital (la automatización) está yendo más allá de la manufactura y no solo se está “comiendo” los trabajos poco pagados, sino también “los mejores trabajos”, de nivel técnico y que parecían seguros (4).

Haciendo referencia al “desempleo tecnológico” de John M. Keynes, Skidelsky opina que la solución es reducir la jornada laboral: “Si una máquina puede reducir a la mitad la necesidad de mano de obra humana, ¿por qué en vez de prescindir de la mitad de los trabajadores no los empleamos a todos durante la mitad del tiempo? ¿Por qué no aprovechar la automatización para reducir la semana laboral media de 40 horas a 30, después a 20 y después a diez, contabilizando esa jornada laboral decreciente como un empleo a tiempo completo? Esto sería posible si el rédito de la automatización, en vez de quedar exclusivamente en manos de los ricos y poderosos, se distribuyera equitativamente.”

Y concluye señalando que hay que prepararse “para un futuro en el que la automatización nos dejará más tiempo libre. Pero para ello será necesaria una revolución del pensamiento social.”

En 1996 la recientemente desaparecida ensayista y escritora francesa Vivianne Forrester (5) afirmaba, en entrevista con el diario L’Humanité, que “el horror económico (de la sociedad neoliberal) se debe en gran parte al hecho de que vivimos con los criterios del siglo 19 en lo tocante al empleo”, subrayando que ella no confundía “la idea del trabajo, valor fundamental, con la idea del empleo”.

Pero al conservar los criterios del siglo 19 –decía Forrester-, culpabilizamos a quienes sufren la situación. Toda la argumentación se funda sobre la necesidad de encontrar un empleo. Terminemos de decirles constantemente a las personas –en particular a los jóvenes- que no pueden encontrar un salario para sobrevivir, que el solo modelo de vida autorizado es la vida asalariada. Los programas de los partidos políticos son sensiblemente idénticos a lo que eran cuando creían temporaria la crisis del empleo. Las políticas deben tomar en consideración la mundialización, las tecnologías de punta, y no dejar esas realidades ser la propiedad de la sola economía.

Para la brillante analista ya estaba planteada la cuestión de “qué hacer en una sociedad en la cual el trabajo asalariado, el empleo asalariado” se reduce constantemente, y que era hora de preguntarse si “continuaremos diciendo que la dignidad depende del hecho de tener un empleo”.

Preguntada por L’Humanité si esperaba algo de “un partido como el Partido Comunista” francés, la ensayista respondió que no era adherente de ese partido, pero que “yo espero de todos los partidos, incluyendo el suyo, que consideren la situación de manera realista, moderna y actual. Que se ocupen más de la mundialización y de las tecnologías de punta, y de la consiguiente reducción del empleo, de manera a dejar de pretender que se puede arreglar una era industrial ya superada, y a no seguir alimentando la vergüenza que padecen muchos de los cesanteados por estar desempleados, o el miedo que quienes aun trabajan tienen de perder sus empleos”.

Entonces, por qué y para qué el TPP y demás acuerdos…

Una característica del TPP y de los acuerdos de liberalización económica y financiera que la UE negocia con Canadá y próximamente con EE.UU. es que esas negociaciones son secretas, tienen lugar entre los tecnócratas gubernamentales y los representantes de las transnacionales, y que no serán presentadas ante los parlamentos para ser discutidas, enmendadas y puestas a votación (6).

Acerca del por qué de estas negociaciones hay que mencionar lo que Arrighi y Silver destacan en el libro citado, sobre la integración económica transnacional lanzada por EE.UU., que en Asia oriental fue “menos institucionalizada y sustantivamente más abierta” que la producida por la integración en la UE.

Ambos observaban que EE.UU. había tenido poco éxito en “utilizar su declinante pero todavía considerable poder político-económico para reorientar la integración económica regional hacia formas institucionalizadas, que crearían un ámbito más favorable para sus exportaciones e inversiones”.

Por otra parte, las transnacionalizadas corporaciones estadounidenses, en particular las industrias de alta tecnología, no se comportaban efectivamente como “cuñas para mantener abiertas” a la influencia de EE.UU. las puertas de Asia oriental, y que hasta podían estar actuando en sentido contrario. Por esto mismo, agregaban, “las fuerzas de la economía transnacional están claramente minando el poder de los Estados pero, en este proceso, el de algunos está creciendo”, como el de Japón y otros países asiáticos.

Más adelante señalan la sorprendente velocidad con la que esta formación regional se ha convertido en el nuevo taller y cajero del mundo bajo el liderazgo ‘invisible’ de un Estado empresarial (Japón) y una diáspora empresarial (la china)”, que ha contribuido a generalizar el ‘temor a la caída’ en los principales centros de la civilización occidental.

En efecto, si la deslocalización industrial occidental en Asia es un fenómeno conocido y estudiado, menos se habla de los “cajeros” asiáticos, los importantes centros financieros (Hong Kong, Singapur y otros más) donde operan las transnacionales y en los cuales importan las decisiones regionales tanto como las de Wall Street, de la City de Londres o de Francfort.

Y también está el papel clave que han jugado y están jugando las autoridades monetarias y los bancos centrales, públicos y privados de Japón, de China y Corea del Sur.

Imperio en decadencia queriendo vivir de rentas

La transnacionalización y deslocalización de la producción industrial y de las finanzas en el contexto del Asia oriental, y particularmente de China, aumentó el poder de los Estados de esa región y redujo el poder hegemónico de EE.UU., lo que explica el afán de Washington y los monopolios en recuperarlo mediante la institucionalización de las reglas (el chaleco de fuerza) del neoliberalismo, que comprenden aspectos económicos, financieros, y comerciales, como el crucial respeto al derecho de propiedad intelectual que figura en el TPP.

En cuanto al “para qué servirá el TPP”, es claro que una institucionalización implica un intento de imponer esta hegemonía explotadora mediante la aplicación extraterritorial de las leyes estadounidenses en los mercados de los países signatarios, para aplicar estrictamente la protección al derecho de propiedad intelectual, entre otros aspectos más, y así aumentar la captación de la renta por parte de las empresas transnacionales.

Tal institucionalización proporcionaría a Washington y a los intereses estadounidenses una poderosa palanca –vía el arbitraje obligatorio fuera de las cortes- para operar en el marco político y legal de los demás países signatarios y disponer así de un poder de veto en materia de cambios políticos o económicos que afecten a sus intereses. Eso es lo que Washington y Ottawa querían con el ALCA, pero que no pudieron obtener.

La negociación del TPP aceleró el interés de la UE en negociar con Canadá y EE.UU., y eventualmente con los países de América latina.

Los objetivos son similares: avanzar en la institucionalización que constituya el chaleco de fuerza que mantenga el orden establecido para impedir que se fortalezcan en Asia los poderes estatales que restringen el neoliberalismo, y se consolide en América latina el camino de una integración regional basada en los principios de nuestras instituciones, como el ALBA, UNASUR, MERCOSUR y CELAC.

En fin, todo esto define la hegemonía explotadora que puso en marcha el imperialismo estadounidense, y que muy bien puede estar señalando tanto el ocaso del imperio como el del capitalismo.

Notas:

1.- La expresión “hegemonía explotadora” fue acuñada por el economista estadounidense David Calleo (1) para describir las “potencias en declive (que) en lugar de conformarse y amoldarse, intentan apuntalar su tambaleante preeminencia en una hegemonía explotadora”. David Calleo, Beyond American Hegemony: The Future of the Western Alliance, New York, Basie Books, 1987, página 142, citado por Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver.

2.- Ver las “cinco proposiciones” que forman las conclusiones del libro de los sociólogos Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, “Caos y orden en el sistema-mundo moderno”, ediciones Akal (2000).

3.- Immanuel Wallerstein, “Response: Declining States, Declining Rights? 1995. International Labor and Working-Class History 47, citado por Arrighi y Silver.

4.- Robert Skidelsky, economista e historiador de la economía.
The Rise of Robots (en español) http://www.project-syndicate.org/commentary/the-future-of-work-in-a-world-of-automation-by-robert-skidelsky/spanish

5.- Vivianne Forrester, autora de “L’horreur économique” (1996), falleció a comienzos de mayo de este año, a la edad de 87 años. Se pueden consultar las entrevistas en L’Humanité en 1996 y 2000: (1996):
http://www.humanite.fr/social-eco/deces-de-viviane-forrester-auteure-de-lhorreur-eco-533610
(2000) http://www.humanite.fr/node/424533

6.- Sobre estas negociaciones ver http://rabble.ca/blogs/bloggers/council-canadians/2013/04/five-reasons-canada-should-not-ratify-canada-eu-free-trade- Y http://www.globalresearch.ca/the-trans-pacific-partnership-tpp-an-oppressive-us-led-free-trade-agreement-a-corporate-power-tool-of-the-1/5329497

The “Trans-Pacific Partnership”: Obama’s Secret Trade Deal

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La compraventa de los “académicos” de EU por el neoliberalismo global

12/05/2013 by Deja un comentario

Autor: Alfredo Jalife-Rahme

Más allá de la kafkiana presencia de Felipe Calderón en uno de sus cubículos –lo cual ha ultrajado a un sector de la opinión pública de México por carecer de la respetabilidad de credenciales académicas y axiológicas–, la legendaria Universidad Harvard se ha visto envuelta en escándalos nada didácticos, como su colaboración en el latrocinio millonario de dos de sus profesores, el economista Andrei Shleifer y el abogado Jonathan Hay, en la adopción del modelo del libre mercado en la post URSS (La CIA detrás de las catastróficas privatizaciones de Rusia, fustiga Putin”, Bajo la Lupa, 5/5/13).

Nial Ferguson –historiador británico y biógrafo de los banqueros Rothschild, hoy adscrito a Harvard– calentó los ánimos al espetar que la filosofía del gran economista británico John Maynard Keynes “fue moldeada por su homosexualidad (sic) y por no haber tenido hijos”, por lo que “no le interesaba el futuro” ( The Washington Times, 4/5/13), lo cual denota la degradación de los circuitos académicos anglosajones subyugados a la teología del neoliberalismo global.

Varios centros académicos de prestigio en Estados Unidos han sucumbido miserablemente al tsunami financierista del neoliberalismo global, que ha sacudido los cimientos axiológicos sobre los cuales fue fincado el mundo occidental, que parece haber perdido la demarcación territorial entre lo “público” y lo “privado”.

El controvertido médico holandés-británico Bernard de Mandeville publicó su célebre sátira “Fábula de las abejas: vicios privados, beneficios públicos” –estigmatizado por el ambiente moral de su época en Gran Bretaña– 71 años antes de la “mano invisible” (por cierto, obscenamente conspicua) del economista escocés Adam Smith: concepto esotérico del siglo XVIII en el que se funda insólitamente el capitalismo “ laisser-faire /laisser-passer” y su despliegue en la desregulada globalización financierista centralbanquista.

No es gratuito que el austriaco Friedrich Hayek, padre del neoliberalismo global que implementó ciegamente la dupla Thatcher-Rea­gan y que sigue reverberando sus estragos en los cuatro rincones del planeta, haya alabado la polémica obra de Bernard de Mandeville.

En Occidente existía una clara demarcación –que se ha extinguido en ciertos circuitos académicos que han abandonado lamentablemente la pureza de la desinteresada investigación– del “conflicto de intereses” entre lo “público” y lo “privado”, cuya brutal obliteración fue expuesta en 2010 en el imprescindible documental Inside job, de Charles Ferguson (narrado por Matt Damon y ganador del Oscar), que coloca en la picota al supuestamente inmarcesible mundo académico “por encima de toda sospecha” atrapado in fraganti de haber sido financiado por los crapulosos bancos cuyas políticas ensalzaron en sus “investigaciones” –que luego desembocaron en una de las mayores catástrofes financieras–, mediante las cuales engañaron a los inversionistas, a la opinión pública y, peor aún, a sus estudiantes.

En el clásico documental Inside job salen mancillados “ilustres académicos”, entre quienes resalta el muy influyente Martin S. Feldstein, profesor de Harvard (sic), quien formó parte del consejo de administración de la vilipendiada mega-aseguradora AIG (ver Bajo la Lupa, “Una élite secreta de 9 banqueros domina las finanzas globales, según NYT”; 7/9/11): rescatada por la Reserva Federal y el Tesoro (léase: los ahorros ciudadanos).

Henry Kissinger fue miembro del consejo directivo de AIG, implicada en las tratativas del pestilente cobro de seguros de las Torres Gemelas por el 11/S (Bajo la Lupa, 26/9/04, 22/12/04 y 22/6/05).

Es vapuleado cruelmente Frederic S. Mish­kin: profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, ex miembro de la Reserva Federal y consejero de varias empresas de inversión que gozaron de su información cupular.

R. Glenn Hubbard, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Columbia, ex consejero económico de Baby Bush, hoy director de MetLife (que se quedó con la lucrativa Aseguradora Hidalgo, rematada por Zedillo), es expuesto en sus inescrupulosos vínculos financieros.

Sewell Chan, de The New York Times (30/12/10), arremete contra los “economistas académicos que sucumbieron a la seducción pecuniaria del modelo neoliberal, que defendieron a capa y espada pese a las evidencias contrarias”.

Sewell Chan señala que Darrell Duffie, profesor de negocios de la Universidad de Stanford, ocultó su membresía en el Consejo de Moody’s, la deshonrada calificadora que engaña a tirios y troyanos. ¿Se pueden ocultar tales membresías?

Laura D’Andrea Tyson, anterior consejera del ex presidente Clinton, profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad de California en Berkeley, ocultó que fue directora (¡supersic!) del controvertido banco de inversiones Morgan Stanley (asiduo a la nota roja por sus incontables estafas). ¡Otra “membresía” cupular oculta!

Richard H. Clarida, anterior funcionario del Tesoro con Baby Bush y profesor de la Universidad Columbia, “omite (sic) ser el vicepresidente ejecutivo de Pimco”, la mayor tenedora de bonos en el mundo. ¡Otra omisión por comisión!

Se asienta el extravío de la línea de demarcación axiológica del “conflicto de intereses” entre lo “público” y lo “privado”.

Sewell Chan menciona que los “académicos economistas, particularmente aquellos activos en los debates políticos en Washington y Wall Street, confrontan un mayor escrutinio por sus actividades extracurriculares”.

El “efecto Inside job” llevó a que la Asociación Económica Estadunidense (AEA, por sus siglas en inglés), la mayor sociedad profesional de economistas en el mundo (17 mil miembros), fundada en 1885, haya considerado la adopción muy tardía de un “código de ética”.

Dale W. Jorgenson –anterior presidente de la AEA, profesor de Harvard, supervisor de la tesis de licenciatura de Ben Bernanke (actual gobernador de la Reserva Federal)– aduce que los “académicos economistas se han quedado rezagados detrás de otras especialidades en su transparencia, por lo que deben seguir el ejemplo de las ciencias biomédicas, donde el dinero del sector privado es sujeto a rigurosas reglas de divulgación”.

Resulta que la “economía” era anómalamente la única profesión carente de un “código de ética”.

Ben Casselman, de The Wall Street Journal (9/1/12), señala que “un poderoso grupo de académicos economistas adoptó reglas sobre conflictos de intereses en respuesta a las críticas de que su profesión no solamente fracasó en predecir la crisis financiera 2007/2008, sino que realmente pudo haber ayudado a crearla (¡supersic!)”. ¿Iatrogenia economicista o latrocinio con patrocinio financierista?

Según Timothy R. Homan (Bloomberg, 9/1/12), de ahora en adelante los “artículos académicos escritos por los economistas deberán esclarecer los lazos financieros del autor con las empresas o con los grupos de interés”.

Ninguna profesión puede estar exenta del escrutinio ciudadano en cualquier rincón del mundo, menos cuando sus recomendaciones y decisiones afectan en forma determinante al interés general.

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¿A qué intereses sirven los BRICS?

12/05/2013 by Deja un comentario

Autor: Immanuel Wallerstein

En 2001, Jim O’Neill, entonces presidente de Goldman Sachs Assets Management, escribió un artículo para sus suscriptores titulado El mundo necesita mejores BRICs económicos. O’Neill inventó las siglas para describir a las llamadas economías emergentes de Brasil, Rusia, India y China, y para recomendarlas a los inversionistas como el futuro económico de la economía-mundo.

El término pegó y BRICs se volvió un grupo real que se reunía regularmente. Después añadió la membresía de Sudáfrica y así la s minúscula se tornó S mayúscula. Desde 2001 los BRICS han florecido económicamente, al menos en relación con otros sistemas del sistema-mundo. También se han convertido en sujeto controvertido. Hay quienes piensan que BRICS es la vanguardia de la lucha antiimperialista. Hay otros que, muy por el contrario, piensan que BRICS son agentes subimperialistas del verdadero Norte (Norteamérica, Europa occidental y Japón). Y hay quienes arguyen que son ambas cosas.

En la cauda de la decadencia post-hegemónica del poderío, el prestigio y la autoridad estadunidenses, el mundo parece haberse asentado en una estructura geopolítica multipolar. En esta situación actual, donde existen unos 8-10-12 loci de poderío geopolítico significativo, los BRICS son definitivamente parte del nuevo cuadro. Con sus esfuerzos por forjar nuevas estructuras en el escenario mundial, tales como la estructura interbancaria que están buscando crear, para sentarse junto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sustituirlo, ciertamente están debilitando aún más el poderío de Estados Unidos y de otros segmentos del viejo Norte en favor del Sur, o por lo menos en favor de BRICS mismo. Si nuestra definición de antiimperialismo es reducir el poder de Estados Unidos, entonces BRICS, con certeza, representa una fuerza antiimperialista.

Sin embargo, la geopolítica no es lo único que importa. Querremos también saber algo de las luchas de clase al interior de los países BRICS, las relaciones entre estos países y la relación que guardan con países que no son miembros de BRICS en el Sur. En estos tres puntos, el récord de BRICS es turbio, por decir lo menos.

¿Cómo podemos evaluar las luchas de clase al interior de los países BRICS? Una forma común es mirar el grado de polarización como lo indica el Coeficiente de Desigualdad de Gini. Otra forma es ver qué tanto del dinero del Estado se utiliza para reducir el grado de pobreza entre los estratos más pobres. De los cinco países BRICS, sólo Brasil ha mejorado su calificación en tales mediciones. En algunos casos, pese a un incremento en el PIB, las mediciones son peores que, digamos, hace 20 años.

Si miramos las relaciones económicas de los países BRICS uno con otro, China brilla más que los otros en cuanto al PIB y a la acumulación de bienes. India y Rusia parecen sentir que necesitan protegerse contra la fuerza china. Brasil y Sudáfrica parecen estar sufriendo de la inversión presente y potencial de China en áreas claves.

Si miramos las relaciones de los países BRICS con otros países del Sur, escuchamos crecientes quejas de que el modo en que se relacionan estos países con sus vecinos inmediatos (y no tan inmediatos) se asemeja mucho a los modos en que Estados Unidos y el viejo Norte se han relacionado con ellos. Son así acusados algunas veces de no ser subimperiales, sino ser simplemente imperiales.

Lo que hace que los BRICS parezcan hoy tan importantes han sido sus altas tasas de crecimiento desde, digamos, 2000; tasas de crecimiento que han sido significativamente mayores que aquellas del viejo Norte. Pero, ¿continuará esto? Sus tasas de crecimiento han comenzado a resbalar. Algunos otros países del Sur –México, Indonesia, Corea (del sur), Turquía– parece igualarlas.

Sin embargo, dada la depresión mundial en la que continuamos existiendo y la baja probabilidad de una recuperación significativa dentro de la próxima década o así, es bastante dudoso que dentro de unos 10 años algún futuro analista de Goldman Sachs continúe proyectando a los BRICS como el futuro (económico). De hecho, la probabilidad de que BRICS continúe siendo un grupo que se reúna regularmente con supuestas políticas comunes parece remota.

La crisis estructural del sistema-mundo se mueve muy aprisa y de muchos modos muy inciertos como para asumir la suficiente estabilidad relativa que permita a los BRICS continuar jugando un papel especial, sea geopolítica o económicamente. Así como la globalización misma, como concepto, pasó, así puede BRICS resultar un fenómeno pasajero.

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Una nota acerca del “Manifiesto antifascista europeo”

05/05/2013 by Deja un comentario

Por David Karvala. Hacia finales de febrero de este año, apareció en Internet un “Manifiesto antifascista europeo”, con varias adhesiones significativas [VVAA, 2013]. Éste me provocó reacciones diversas, tanto positivas como negativas.

Primero lo positivo.

El manifiesto señala el crecimiento de la extrema derecha como un grave peligro, ante el cual hace falta movilizarse. Explica, además, que la naturaleza internacional del fascismo actual implica que haría falta una mayor coordinación internacional entre los movimientos opuestos a la extrema derecha. Con todo esto, estoy totalmente de acuerdo.

Es más, como un activista de Unitat contra el feixisme i el racisme (UCFR) en Catalunya, que lleva varios años trabajando a favor de una lucha unitaria contra la extrema derecha, sólo puedo dar la bienvenida al hecho de que algunas personas que antes se mostraban reticentes, incluso hostiles, ante la idea de crear un movimiento dirigido contra el fascismo ahora firmen un manifiesto a favor. [Esteban Ibarra, de Movimiento Contra la Intolerancia, que lleva años trabajando en Madrid contra la extrema derecha, me comentó que los firmantes incluyen a personas que habían cuestionado la necesidad de este trabajo].

Sin embargo, el manifiesto me preocupó —de hecho me molestó— por varios motivos.

Hay que tener en cuenta los movimientos existentes

Ante todo, me sorprendió mucho que se plantease crear un “movimiento antifascista europeo” sin contar con —ni tan siquiera mencionar— los movimientos que llevan años trabajando el tema en Europa. Yo sólo mencionaré algunos ejemplos del antifascismo unitario; hay otros dentro del antifascismo ‘clásico’, o ‘radical’. En Alemania, hay una serie de movimientos ciudadanos contra las manifestaciones nazis; el primero de ellos, y el ejemplo más conocido, es Dresden Nazifrei, “Dresde Sin Nazis” que ha movilizado a decenas de miles de personas en los últimos años. En Gran Bretaña, hay una tradición larga y continuada de lucha amplia contra el fascismo desde mediados de los años 70; su plasmación actual, Unite Against Fascism (UAF), abarca a casi todo el conjunto de la izquierda y del movimiento obrero. En Grecia, el movimiento unitario contra el racismo y los ataques fascistas, KEERFA, convocó una movilización muy importante contra los neonazis de Amenecer Dorado, el pasado 19 de enero, con protestas dentro de Grecia y en otros muchos países del mundo. Y, por supuesto, en Catalunya tenemos UCFR, que incluye al movimiento sindical, vecinal, juvenil, así como a todos los partidos de izquierdas, un espectro amplísimo de los movimientos sociales…

Según mi información, los promotores del manifiesto no hablaron con ninguno de estos movimientos. Puedo afirmar que sus promotores dentro del Estado español, que conocen de sobra la existencia de UCFR, no se pusieron en contacto con ninguna de las personas que coordinamos este movimiento.

Estrategias fracasadas

El manifiesto declara: “¡Este movimiento antifascista europeo debe ser el heredero de las grandes tradiciones antifascistas de este continente!” Es evidente que los promotores del manifiesto no cuentan con las experiencias más recientes.

Es incluso más preocupante si se juzga el manifiesto a la luz de las estrategias aplicadas, con resultados terribles, en los años 20 y 30, durante la subida al poder de Hitler y Franco. [Aquí no cabe un análisis a fondo de esta cuestión; ya escribí largamente sobre ella en Karvala, 2009].

Muy brevemente, en Alemania en 1928-33, la izquierda radical se negó a colaborar con los sectores más moderados. El Partido Comunista Alemán (KPD) insistió en que, frente a los nazis, sólo trabajaría con los que aceptasen su propio programa revolucionario.

Bajo el Frente Popular, llevado a la práctica en Francia y en el Estado español en 1936, la unidad se basaba en un programa electoral que era, como mucho, reformista. Este programa rápidamente se convirtió en una camisa de fuerza, incluso en una cárcel, para la izquierda radical, que fue sometida a la ‘unidad’ mediante las armas.

Existió una posible alternativa a estas estrategias: el ‘frente único’ que propuso el revolucionario ruso, Trotski. Esto implicaba simplemente unir fuerzas para combatir el fascismo, sin adoptar un programa político. “¡Ninguna plataforma común…! ¡Ponerse de acuerdo únicamente sobre la manera de golpear, sobre quién y cuándo golpear!… [hace falta] un conjunto práctico de medidas… con el objetivo de luchar efectivamente contra el fascismo” [Trotski, 1931; mi énfasis].

Lo irónico es que esta idea fundamental, que se ha convertido en sentido común para la gente —de sensibilidades muy diversas, incluyendo a las muy alejadas del trotskismo— que participa en los movimientos unitarios contra el fascismo, parece que la desconocen los promotores del manifiesto, que se supone que son seguidores fieles y ortodoxos de las ideas de Trotski.

En el “Manifiesto antifascista europeo” leemos que “la lucha antifascista debe estar estrechamente ligada al combate cotidiano contra las políticas de austeridad y el sistema que las genera… para ser eficaz a largo plazo, el combate antifascista debe proponer una visión diferente de la sociedad”. Parece que, igual que hizo el KPD en 1928-33, los promotores del manifiesto proponen la unidad… bajo la condición de que todo el mundo acepte su programa anticapitalista. Porque, ¿qué más puede significar el “combate cotidiano contra… el sistema”, excepto la lucha contra el capitalismo?

Sin embargo, según algunos informes, Izquierda Unida y Syriza apoyan el manifiesto. Público incluso comenta que los promotores “no descartan que el PSOE acabe sumándose a esta iniciativa”. Estos partidos critican la austeridad (sobre todo cuando están en la oposición), pero distan mucho de ser revolucionarios. Un programa político aceptable para sus direcciones podría acabar reproduciendo los esquemas del frente popular; promesas que pueden sonar radicales, pero que acaban en papel mojado cuando los gobiernos de los que forman parte se rinden a las exigencias de los poderosos. Y luego lo más probable es que se exija ‘responsabilidad’ a la izquierda radical; es decir, que ésta también se doblegue.

En cualquier caso, si tomamos en serio el objetivo de “proponer una visión diferente de la sociedad”, y se quiere elaborar esta visión de manera democrática, supone que un “movimiento contra el fascismo” en realidad tendrá que dedicar mucho, mucho tiempo a discutir precisamente cuál debe ser esta visión. (Hay que destacar que incluso tras años de debate acerca del ‘reagrupamiento’, la izquierda anticapitalista aún no ha logrado unirse entorno a un programa conjunto). Claro está, que se podría ahorrar este tiempo recurriendo a una “visión” preparada de antemano por un par de personas, y sin demasiado debate, pero esto no parece una solución muy sana.

Pero insisto en que realmente no necesitamos nada de esto. Sólo necesitamos “un conjunto práctico de medidas… con el objetivo de luchar efectivamente contra el fascismo”.

La unidad en la práctica

Como comento arriba, la gente que participamos en UCFR hemos visto que es posible y productivo colaborar contra la extrema derecha, sin tener que ponernos de acuerdo en lo demás. Es lo mismo que ocurrió con los movimientos amplios y unitarios antiguerra en 2003. [Es decir, donde éstos existieron, como en Gran Bretaña, Grecia y Catalunya. No hubo movimientos de este tipo en, por ejemplo, Madrid o París; no puede ser una casualidad que estas ciudades hoy carezcan de movimientos amplios contra el fascismo.]

UCFR abarca desde el PSC y ERC, y los sindicatos mayoritarios, hasta la izquierda revolucionaria e independentista. Es obvio que no compartimos la misma “visión diferente de la sociedad”; ni siquiera tenemos una posición común ante las políticas de austeridad. Hemos visto en UCFR como estas diferencias pueden, a veces, provocar debates y tensiones, pero éstos son superables. Si se aplicara el modelo del manifiesto, las diferentes sensibilidades de UCFR no podríamos colaborar juntas. Se podría decir más o menos lo mismo de los demás movimientos amplios contra el fascismo a nivel europeo.

En realidad, en el manifiesto, se mezclan varias cosas muy diferentes. Para ser unitaria, la lucha contra el fascismo tiene que dirigirse específicamente contra la extrema derecha; no puede abarcarlo todo. Los demás problemas sociales provocados por el capitalismo, a los que el fascismo propone falsas soluciones, siguen existiendo y, efectivamente, hay que luchar sobre estos temas; para esto, también hacen falta otros movimientos. En una entrevista en el Público, uno de los impulsores del manifiesto declaró que “hay que combatir los CIE, la segregación de los inmigrantes en la sanidad pública, hacer comedores populares, parar los desahucios y contar con un tejido asociativo” [Público, 28/02/2013]. Ya existen movimientos contra los CIEs, a favor del acceso de todo el mundo a la sanidad y, por supuesto, la PAH contra los desahucios. [Y como apunta alguien en los comentarios al final de la versión web del artículo, Caritas ya organiza comedores populares, y francamente menos mal que lo hacen. Por cierto, la coordinadora catalana de entidades de acción social, Caritas incluido, hace tiempo que se adhirió a UCFR].

No tiene sentido duplicar el trabajo que ya se está haciendo. Ni tampoco se debe ni se puede condicionar la lucha contra el fascismo a una posición común sobre estos temas.

Y finalmente, más allá de la cuestión de las diversas luchas específicas, creo que hace falta una izquierda revolucionaria, capaz de ofrecer una alternativa global al sistema capitalista. Por eso yo milito en una organización revolucionaria anticapitalista; por eso abogo por la unificación de las fuerzas de la izquierda radical en un espacio lo más fuerte posible. Para la gente que queremos un cambio radical, un movimiento unitario contra el fascismo no sustituye a la izquierda anticapitalista; es y debe ser otra cosa.

¿Qué pasa en Madrid y París?

Los movimientos unitarios antes mencionados —UAF, UCFR, KEERFA, los bloqueos en Alemania— no son idénticos, pero tienen en común no sólo su naturaleza unitaria, sino también el hecho de tener claro que hace falta una oposición directa (que no significa necesariamente física) al fascismo.

Otros movimientos han adoptado una estrategia totalmente opuesta; argumentan que no hay que responder directamente el fascismo —con propaganda, movilizaciones, o lo que sea— sino que hay que trabajar en un sentido más general. Las típicas alternativas incluyen el trabajo por la convivencia; críticas genéricas a los discursos racistas, sin enfocarlas en los fascistas; e intentos de eliminar los problemas sociales que son el caldo de cultivo del fascismo. Como ya se ha comentado, gran parte de este trabajo está ya en marcha, y es muy positivo e importante… pero no basta para parar al fascismo. Lo vemos claramente en el caso de Francia.

El Front National (FN) de Le Pen llegó a ser una amenaza real en los años 80. SOS Racisme, formado en Francia en esa década, se negó a enfrentarse directamente al FN, prefiriendo trabajar otros temas [ver Dahan y Rabell, 2010]. El FN británico fue despedazado por la movilización unitaria (entonces, liderada por la Anti Nazi League) a principios de los años 80. El FN francés, en cambio, ahora es la tercera fuerza política del país.

A pesar de la retórica radical, una interpretación del Manifiesto es que se propone reproducir este mismo modelo de lucha ‘indirecta’ que ya ha fracasado en Francia. Y si no es este modelo, no tenemos ningún ejemplo práctico de lo que se propone.

La verdad es que es en Francia donde la corriente que promueve el Manifiesto tiene más fuerza y, a lo largo de todos estos años, no ha impulsado un movimiento unitario antifascista en este país. En el Estado español, se organizó un gran acto de presentación del Manifiesto en Madrid, donde los promotores también tienen cierta presencia. Pero en esa ciudad —que, por ejemplo, acogió el año pasado dos grandes manifestaciones nazis— tampoco se ha intentado aplicar la estrategia que se propone en el Manifiesto.

En resumen, tenemos, por un lado, una forma de trabajar que dio frutos en el pasado y está volviendo a demostrar su efectividad hoy. Por otro, una estrategia que ha fracasado en Francia, entre otros sitios; o bien una estrategia que no se concreta, y que se supone que no se ha probado en ninguna parte.

Yo apostaría por lo que funciona, e intentaría extenderlo, antes de probar algo diferente. Y si se piensa que existe una alternativa mejor, ¿por qué no empezar llevándola a la práctica en París o Madrid, para demostrar su efectividad, en vez de intentar utilizar Europa entera como un banco de pruebas?

Al fin y al cabo, necesitamos coordinarnos

Dicho todo esto, vuelvo a un comentario del principio: sí hace falta más coordinación entre los movimientos contra fascismo y racismo en Europa. El Manifiesto tiene el mérito de subrayar este punto.

Pero esta unidad debe partir de los movimientos actuales, y sumar más fuerzas, no actuar como si no existiera nada. Y a pesar de mi defensa del modelo del antifascismo unitario y directo, un espacio coordinado europeo tendría que incluir a movimientos mucho más diversos; a ser posible, debería abarcar tanto los movimientos antifascistas radicales ‘clásicos’ como los espacios más ‘moderados’ que trabajan contra el racismo y por la convivencia.

Decidir, antes incluso de compartir ideas entre los diferentes movimientos, que lo que hace falta a nivel europeo es “un movimiento social dotado de estructuras” no tiene sentido alguno. Según algunos informes, los promotores del Manifiesto ya se han configurado como el liderazgo del movimiento antifascista europeo que se proponen crear. Si esto es cierto, es un delirio.

En 2003, los movimientos unitarios contra la guerra lograron coordinarse muy bien en toda una seria de acciones masivas, sin haber establecido previamente estructura alguna. La decisión más importante —la de convocar la protesta masiva del 15 de febrero de 2003— se tomó en el marco de la asamblea de los movimientos sociales al final del Foro Social Europeo de Florencia. Durante los siguientes años, hubo reuniones puntuales en diferentes formatos y lugares, pero no se crearon estructuras formales. Si el trabajo práctico de los movimientos reales en las diferentes partes de Europa demuestra que en efecto hacen falta estructuras formales, más allá de reuniones de coordinación, entonces será en ese momento cuando éstas se pueden acordar entre todo el mundo.

La coordinación no se puede crear desde arriba, desde una dirección. Ahora mismo, la lucha contra el fascismo en Europa no requiere un liderazgo centralizado. Lo que necesita es más movimientos reales, en cada territorio, que planten cara a los fascistas. En la medida que se vayan creando movimientos unitarios —y sería muy positivo que se creasen en, por ejemplo, París y Madrid— éstos podrán ir coordinándose con los movimientos que ya existan.

La casa antifascista, como todas las casas, debe construirse desde la base, no desde el tejado.

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Obama como Bush, Iraq como Siria. La mentira de las armas químicas para justificar la invasión

05/05/2013 by Deja un comentario

Estados Unidos sigue insistiendo en intervenir militarmente en Siria, respondiendo a su hoja de ruta para todo Oriente Medio. Varias vías está usando en su injerencia, por un lado financiando y armando a los grupos terroristas rebeldes, entre ellos Al-Qaeda, que luchan contra el Gobierno de Bashar al-Assad; y por otro lado lanzando mentiras para convencer a la opinión pública mundial de lo ideal de intervenir y derrocar al gobierno sirio. Al igual que el caso de las armas de destrucción masiva en Iraq –aquellas armas que nadie nunca encontró, y que sirvieron para justificar la agresión e invasión militar- ahora Estados Unidos replica el modelo y lo usa diciendo que tiene pruebas del uso de armas químicas por parte de las autoridades sirias. En concreto lo dijo el jueves pasado el secretario de Defensa de EE.UU., Chuck Hagel, comentando supuestos datos de la inteligencia estadounidense. Es decir, como en Iraq, donde llegaron a presentar ante la ONU un powerpoint con los supuestos camiones llenos de armas de destrucción masiva. Por su parte, el gobierno Sirio responsabiliza a los rebeldes terroristas del uso de esas armas químicas. En repetidas ocasiones las autoridades sirias han alertado de la posesión de este tipo de armamento por parte de los rebeldes y que lo usarían para luego decir que quien usa las armas químicas es el Gobierno. En concreto, el Gobierno hace referencia al ataque que sacudió la región de la ciudad de Alepo en marzo, caso que solicitó investigar a la ONU. Sin embargo, el grupo de expertos internacionales todavía no ha llegado a Siria. Las agencias informativas, que replican la información del Pentágono, atribuyeron aquella masacre al Gobierno, cuando luego se demostró que fueron los rebeldes terroristas. Para seguir profundizando sobre esto, escuchamos el reporte que nos ofrece, desde Estados Unidos, Fernando Velázquez, del colectivo Pueblos Sin Fronteras, de Radio Pacífica.

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Los sábados en Hebrón, no se detiene a los judíos

28/04/2013 by Deja un comentario

 

YOSSI GURVITZ

Un palestino es atacado por un conocido colono y la policía detiene al palestino, pero no al colono… porque es Sabbat.

A principios de febrero, “I.”, un residente de Tel Rumeida, estaba sentado en el patio de su casa con unos amigos. Era viernes, el sol se estaba poniendo. “I.” estaba sentado de espaldas a un camino que utilizan los colonos. “B”, un famoso colono con un larga historial de detenciones y condenas, pasaba por allí. “B.” iba acompañado de unos cuantos colonos e “I.” lo vio

Tal y como más tarde contó a la policía, “I.” pensó que “B.” pasaría por su terreno a echar unas cuantas maldiciones, como lo hacía siempre, y “seguiría su camino”. Así es la vida en la ocupada Hebrón (Al Khalil). Pero esta vez no fue como siempre. “B” entró en el patio de “I.” mientras los colonos que le acompañan se quedaban fuera. “I.” le dijo que se fuera y como respuesta recibió un puñetazo en la cara y varios golpes más.

“I.” se abstuvo de responder de la misma forma al atacante: “Aunque sé que por Ley puedo defenderme de un agresor que se introduce en mi jardín”, como dijo más tarde. “No quise enzarzarme en la pelea porque sabía que “B.” lo utilizaría contra mí”. “I.”logró expulsar a “B” de su patio y llamó a gritos al soldado del puesto más cercano.

Como el soldado tardaba en llegar, algunos de los colonos comenzaron a arrojar piedras a “I.” y sus amigos. Por supuesto, sabían, que no había ninguna posibilidad de que fueran acusados por intento de homicidio. Arrojaron piedras contra los palestinos a la vista del soldado conscientes de que este leal servidor de la ley no haría nada. Al fin y al cabo, ellos son judíos. Como el altercado iba in crescendo “I.” llamó a la policía y denunció que les estaban arrojando piedras.

Como pudo ver el soldado, “B” le daba patadas a “I.” mientras decía al soldado: “¿Lo ves? Me está dando patadas”. Naturalmente, “el soldado detuvo a “I.” Mientras “B” y su pandilla se escabullían. Lo detuvo bajo la acusación de arrojar piedras.. Cuando “I.” insistió ante el policía que realizaba el informe del altercado que también deben ser detenidos “B” y los colonos, éste, encogiéndose de hombros, le respondió: “Ya sabes, hoy es Sabbat ’”, “no podemos detener a “B” y a los otros colonos “.

En cualquier caso, este incidente terminó relativamente bien. “I.” fue interrogado bajo sospecha de haber atacado “B”. Éste, hay que recordarlo, no se molestó en presentar cargos pero se paseó por los alrededores, diciendo al investigador que sus amigos grabaron el incidente en vídeo. Al examinar el vídeo, el policía dejó en libertad bajo fianza a “I.” aunque le dijo que no le daría el número de la denuncia.

Lo más grave está en estas palabras: “Ya sabes, hoy es Sabbat, no podemos tener a “B” y a los otros colonos”. Tal y como suena; como una fuerza derrotada que es incapaz de actuar. En Israel, la policía trabaja los sábados. Si un conocido delincuente de Haifa hubiera atacado a un hombre y después hubiera huido, es difícil creer que la policía dijera “bueno, es sábado, no podemos detenerle.” Pero en este caso se trataba de enfrentarse a “B.” en su propio terreno, y la policía sabe que está en territorio hostil, que esa detención puede causarle graves trastornos. Y, ¿quién se va a crear problemas por el bien de un palestino que, a fin de cuentas no fue más que asaltado y apedreado en su propio patio? La policía sabe que son los colonos quienes establecen la ley en Hebrón y Kiryat Arba, y que ellos sólo están allí para hacer el paripé de que el “Estado de Derecho” existe.

La policía lo sabe y la opinión pública israelí prefiere permanecer tranquila ignorándolo.

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Para cortarle alas al golpismo hay que salir del extractivismo

28/04/2013 by Deja un comentario

 

RAÚL ZIBECHI

Esta semana quedó en evidencia la estrategia de la tensión y el caos que promueven las agencias estadunidenses para desestabilizar gobiernos. Si tomamos en cuenta las experiencias más recientes, incluyendo la primavera árabe, podemos concluir que los golpes de Estado son apenas uno de varios caminos posibles para desalojar gobiernos molestos. Ni el Pentágono ni la Casa Blanca apuestan por una sola estrategia para conseguir sus fines, sino que ponen en marcha un abanico de acciones convergentes y complementarias.

La crisis económica global y la necesaria contención de los gastos militares (al parecer el Comando Sur vio su presupuesto reducido en 26 por ciento, pero puede haber partidas ocultas) otorgan prioridad al poder suave, o sea mecanismos no tan ostensibles como los tanques y los bombardeos de palacios de gobierno. Los medios de comunicación, la acción legal y la semilegal, incluyendo las masas en las calles, que siempre sirven para legitimar proyectos innombrables, son algunas de las herramientas en uso.

En el caso de Venezuela y la escalada desestabilizadora que se escenificó horas después de la publicación de los resultados electorales, emergen un conjunto de mensajes que el tiempo permitirá develar completamente, pero que muestran la aparición de nuevas y más refinadas estrategias. Para mostrar no sólo los aspectos negativos de la coyuntura, habría que mencionar que la casi unanimidad de los miembros de la Unasur mostraron su apoyo a Nicolás Maduro, incluyendo un rápido reconocimiento por parte del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

Sólo el Paraguay de Federico Franco, a quien le queda poco tiempo en el cargo, se alineó con Estados Unidos en la región sudamericana. Esto es relevante porque muestra el aislamiento de Washington y la creciente autonomización de gobiernos como el de Colombia. Parece evidente que la estrategia desestabilizadora no conviene a nadie en esta parte del mundo, muy en particular a un gobierno que busca la paz con la guerrilla con la oposición del mejor aliado del guerrerista George W. Bush, el ex presidente Álvaro Uribe.

La consolidación de las instituciones y alianzas regionales, tanto la Unasur como el Mercosur, está mostrando ser una eficaz barrera contra la injerencia del norte en la región sudamericana. Sin embargo, así como constatamos que algunos gobiernos no siguen mecánicamente la política de Estados Unidos (Ollanta Humala y Sebastián Piñera tampoco se sumaron a Washington), es muy probable que estemos ante una relativa autonomización de las derechas de esos mismos centros de poder.

Quiero decir que las derechas hacen sus propias lecturas de la realidad global y hacen también su propio juego. Sobre todo cuando las tendencias hacia un mundo multipolar se intensifican. Cinco de las 10 principales economías del mundo ya no utilizan el dólar en sus intercambios con China (Russia Today, 14 de abril de 2013). Entre ellas, Rusia, India y Brasil, pero también Japón, importante aliado de Estados Unidos. Australia, otra aliada de Washington, es el último país en dejar de lado el dólar en su comercio con China. India y Japón también comenzaron a efectuar transacciones en sus respectivas monedas nacionales.

La nueva realidad global golpea de tal modo al centro imperial que hasta sus gastos militares cayeron, por primera vez en 20 años. Estados Unidos tiene una participación menor a 40 por ciento de los gastos militares globales, que sólo en 2012 cayeron 6 por ciento, en tanto el gasto militar de los miembros de la OTAN en Europa se contrajo 10 por ciento (SIPRI, 15 de abril de 2013). En contraste, los gastos militares de los emergentes crecen de modo continuo, aunque están muy lejos del presupuesto de defensa del Pentágono.

Sin embargo, operan otras fuerzas menos visibles pero tanto o más desestabilizadoras que las que conocemos de larga data. Me refiero al modelo extractivo o extractivismo. Con el modelo extractivo de megaminería y agronegocios no se puede profundizar la democracia, asegura Diego Montón, miembro de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Mendoza (Argentina) y nuevo coordinador continental de la CLOC-Vía Campesina (Página 12, 17 de abril de 2013).

El extractivismo es mucho más que un modelo productivo y de acumulación de capital. En rigor, forma parte del complejo especulativo-financiero que hoy domina el mundo. En nuestros países tiene efectos depredadores: está creando un nuevo bloque de poder, corruptor políticamente, polarizador y excluyente socialmente y depredador del medio ambiente.

En lo político, el modelo extractivo necesita un conjunto de gestores que alimenta con sus inmensas ganancias (soya, minería a cielo abierto y varios monocultivos), que velan por sus intereses (universidades, gobiernos nacionales o locales, medios e intelectuales). Exagerando apenas, el extractivismo juega un papel desintegrador similar al del narcotráfico, porque destruye el tejido social, expulsa a los campesinos de sus tierras, infla ciudades hasta límites insoportables y mata a la gente, en particular a los más pobres, que no tienen acceso a un sistema sanitario de calidad.

En todos los países de nuestra región, paraísos extractivos del capital especulativo global o de los intereses expansionistas de países emergentes como China, una larga década de extractivismo no ha hecho sino fortalecer a las derechas. No me refiero sólo a los partidos o políticos conservadores, sino a una derecha difusa, social y cultural, que promueve el individualismo, un consumismo atroz y depredador de los vínculos sociales, comportamientos casi fascistas hacia los pobres, o sea contra los jóvenes de las barriadas populares, en particular las gentes del color de la tierra.

Denunciar el golpismo es imprescindible. Defenderse del Pentágono es urgente. Incrementar la militancia es clave (no sólo las declaraciones y los desplegados). Pero el modelo extractivo sigue criando y creando camadas de jóvenes conservadores que buscan líderes ultraderechistas

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Terrorismo y otras religiones

28/04/2013 by maestro 1 comentario

Juan Cole— Znet ////Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

//Contrariamente a lo que afirman fanáticos como Bill Maher, los musulmanes no son más violentos que la gente de otras religiones. Las tasas de asesinatos en la mayor parte del mundo musulmán son muy bajas en comparación con EE.UU.

Hablando de violencia política, la gente de tradición cristiana en el Siglo XX aniquiló a decenas de millones de personas en dos guerras mundiales y en la represión colonial. Esa masiva carnicería no tuvo lugar porque los cristianos europeos fueran peores o diferentes de otros seres humanos, sino porque fueron los primeros en industrializar la guerra y dedicarse a un modelo nacional. A veces se argumenta que no actuaron en nombre de la religión sino del nacionalismo. Pero, realmente, ¡qué ingenuidad! La religión y el nacionalismo están estrechamente entrelazados. El monarca británico es jefe de la Iglesia de Inglaterra, y eso todavía significaba algo en la primera mitad del Siglo XX, por lo menos. La iglesia sueca es una iglesia nacional. ¿España? ¿Estaba realmente desconectada del catolicismo? ¿No jugaron un papel en la Guerra Civil la Iglesia y los sentimientos de Francisco Franco al respecto? Y lo que es bueno para uno… gran parte de la violencia musulmana también es impulsada por formas de nacionalismo moderno.

No creo que los musulmanes hayan matado más de unos dos millones de personas por causas de violencia política en todo el Siglo XX, y ocurrió sobre todo en la Guerra Irán-Irak en 1980-1988 y las guerras soviética y post soviética en Afganistán, por las cuales los europeos comparten parte de la culpa.

Comparemos eso con la cuenta cristiana europea de, digamos 100 millones (16 millones en la Primera Guerra Mundial, 60 millones en la Segunda Guerra -aunque algunos son atribuibles a budistas en Asia– y millones más en guerras coloniales).

Bélgica –sí, la Bélgica de la cerveza de fresa y del extraño castillo de Gravensteen– conquistó el Congo y se calcula que mató a la mitad de sus habitantes con el pasar del tiempo, por lo menos unos ocho millones de personas.

O, entre 1916-1917 las fuerzas zaristas rusas –enfrentando la revuelta de los Basmachi en Asia Central que trataban de derribar el régimen cristiano, europeo– mataron un millón y medio de personas. Dos muchachos criados o nacidos en uno de esos territorios (Kirguistán) acaban de matar a cuatro personas e hirieron gravemente a otras. Es horrible, pero nadie, sea en Rusia, en Europa o en Norteamérica tiene la menor idea de que los centroasiáticos fueron asesinados en masa durante la Primera Guerra Mundial y que gran parte de su riqueza fue saqueada. Rusia, en esos días, era un imperio cristiano ortodoxo oriental (¡y parece estar emergiendo otra vez!)

Además, entre medio millón y un millón de argelinos murieron en la guerra de independencia de Francia de ese país entre 1954 y 1962, ¡cuando la población era solo de 11 millones!

Podría continuar interminablemente. Siempre que se estudia el colonialismo europeo en África y Asia aparecen cadáveres. Muchos cadáveres.

Pensándolo bien, tal vez los 100 millones de personas muertas por gente de origen europeo cristiano en el Siglo XX sea una
subestimación.

En cuanto al terrorismo religioso, eso también es universal. Hay que reconocer que algunos grupos utilizan más que otros el terrorismo como táctica. Los sionistas en la Palestina del Mandato Británico fueron terroristas activos en los años cuarenta, desde el punto de vista británico, y en el período 1965-1980, el FBI consideró que la Liga de Defensa Judía era uno de los grupos terroristas más activos de EE.UU. (Sus miembros conspiraron en cierto momento para asesinar al representante Dareell Issa (Republicano de California) por su origen libanés). Ahora, cuando los nacionalistas judíos se salen con la suya en gran parte, el terrorismo ha disminuido entre ellos. Pero probablemente reaparecería si no fuera así. De hecho, uno de los argumentos que algunos políticos israelíes usan para permitir que los colonos israelíes conserven tierras palestinas que han usurpado en Cisjordania es que el intento de hacer que se vayan produciría violencia. Es decir que los colonos no solo aterrorizan realmente a los palestinos, sino que representan una amenaza terrorista para el propio Israel (como descubrió el difunto primer ministro Yitzhak Rabin).

Incluso más recientemente me cuesta ver mucha diferencia entre Tamerlan Tsarnaev y Baruch Goldstein, perpetrador de la matanza de Hebrón.

Y hay que considerar el atentado a sangre fría del santuario de Ajmer en India por Bhavesh Patel y una banda de nacionalistas hindúes. No lograron enteramente su objetivo cuando una segunda bomba que colocaron no estalló. Ajmer es un santuario ecuménico sufí que también es visitado por hindúes, y esos fanáticos querían impedir que se compartieran los espacios espirituales porque odian a los musulmanes.

Los budistas también han cometido mucho terrorismo y otros actos de violencia. Muchos miembros de órdenes Zen en Japón apoyaron el militarismo en la primera mitad del Siglo XX, por lo cual sus dirigentes se disculparon posteriormente. Y hubo la campaña de asesinatos de Inoue Shira en el Japón de los años 30. Actualmente, monjes budistas militantes en Birmania/Myanmar instan a una campaña de limpieza étnica contra los Rohingya.

En cuanto a la cristiandad, el Ejército de Resistencia del Señor en Uganda inició hostilidades que desplazaron a dos millones de personas. Aunque es un culto africano, es cristiano en su origen y el resultado de la prédica de misioneros cristianos occidentales en África. Si los predicadores wahabíes saudíes pueden ser culpados parcialmente por los talibanes, ¿por qué los misioneros cristianos se sorprenden cuando consideran la reacción de sus discípulos?

A pesar de la gran cantidad de musulmanes europeos, en 2007-2009 menos de 1% de los actos terroristas en ese continente fueron cometidos por personas de esa comunidad. El terrorismo es una táctica de extremistas dentro de cada religión, y dentro de religiones seculares marxistas o nacionalistas. Ninguna religión, incluido el Islam, predica una violencia indiscriminada contra inocentes.

Se requiere un tipo peculiar de ceguera para considerar “agradables” a los cristianos de origen europeo y a los musulmanes inherentemente violentos, en vista de los hechos en el Siglo XX que mencioné anteriormente. Los seres humanos son seres humanos y la especie es demasiado joven y demasiado interconectada para haberse diferenciado mucho de grupo en grupo. La gente recurre a la violencia por ambición o por agravios, y mientras más poderosos son, más violencia parecen cometer. La buena noticia es que la cantidad de guerras va
disminuyendo con el pasar del tiempo y la Segunda Guerra Mundial, la mayor matanza de la historia, no se ha repetido.

Juan Cole es profesor titular de Historia en la cátedra Richard P. Mitchell y director del Centro de Estudios del Sur de Asia en la Universidad de Michigan. Su libro más reciente es “ Engaging the Muslin World”, en Palgrave Macmillan.

Fuente: http://www.zcommunications.org/terrorism-and-the-other-religions-by-juan-cole

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Don Juan
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Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

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