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Global

Mandela: El cielo se llena de gigantes

30/06/2013 by Deja un comentario

 

Por: Raul Bracho

El cielo se llena de gigantes y la tierra volverá a llorar de nuevo. Te estás despidiendo lentamente, aquellos que seguiremos en la lucha debemos rendirte la más solidaria despedida.

Quienes acabamos de vivir meses de oraciones y ruego por la vida de Chávez, esta vez sabemos que pronto cerraras tu ciclo, que partirás a la leyenda, allá, a donde están nuestros padres y héroes, más allá de la vida.

El cielo se llena de gigantes y la tierra  volverá a llorar de nuevo.

Te estás despidiendo lentamente, aquellos que seguiremos en la lucha debemos rendirte la más solidaria despedida.

27 años en las cárceles del aparhait, luchando para que los humanos de color fueran iguales, 27 años en los que desde el confinamiento estudiaste derecho en la Universidad de Londres por correspondencia para defender y liberar a tu continente.

Fuiste el prisionero número 466/64, esto es  el preso número 466 en 1964 en la isla de Robben, durante 17 años en precarias condiciones. Posteriormente pasarías otros 10 años más en otras dos prisiones diferentes, sumando una pena total de 27 años. El gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad.

Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba la falta de libertad de todos los hombres negros sudafricanos.

A lo largo del encarcelamiento de Mandela, las presiones locales e internacionales sobre el gobierno de Sudáfrica para dejar a Mandela en libertad, eran notorias y en 1989, Sudáfrica llegó a una encrucijada cuando el Presidente Botha sufrió un derrame cerebral y fue sustituido por Frederik Willem de Klerk. De Klerk anunció la liberación de Mandela en febrero de 1990.

Primer Presidente de color en África, en pleno siglo 20, para terminar con una fase de la dominación milenaria que como castigo infernal nos tocó a los tercer mundistas.

Hasta siempre Madiba, Mandela. África. Fuego.

Tus camisas tropicales anuncian la libertad plena, tu sonrisa anciana de paz lleva la luz de la humanidad al más allá, anunciando en los cielos que cada día estamos más cerca del fin de la dominación con la que la ambición de los adinerados han castigado a nuestra especie y al planeta.

¡Seguiremos adelante, Che, Chavez, Madiba, Mandela!

Publicado en: Global

Boicot a los dátiles israelíes

30/06/2013 by Deja un comentario

Fuente : Campanha internacional boicot, sanciones y desinversión al estado de Israel

¿Por qué no comprar dátiles israelíes?

La mayoría de los dátiles israelíes se cultiva en las colonias sionistas de Cisjordania, sobre tierras expropiadas por la fuerza a la población palestina. Aproximadamente la mitad de las colonias cultivan estos dátiles, que les proporcionan grandes beneficios y contribuyen a su viabilidad.

Las colonias, también llamadas asentamientos, además de ser ilegales según el derecho internacional, constituyen la punta de lanza de un sistema odioso de apartheid y limpieza étnica contra los palestinos. Para proteger y desarrollar la colonización, Israel expulsa a los palestinos de sus casas y tierras, les impide el acceso a las fuentes de agua, les agrede y acosa impidiéndoles desplazarse por su propio país, a menudo incluso para acceder a sus propias tierras de cultivo, a sus puestos de trabajo, a los centros educativos o de salud; les reduce a la miseria destruyendo sus cultivos e infraestructuras y boicoteando su economía.

Desde 2005 existe una campaña internacional de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel hasta que éste no cumpla con el derecho internacional y respete los principios universales de los derechos humanos. La campaña BDS se inspira en la lucha de los sudafricanos contra el apartheid, y toma como referencia la exitosa campaña internacional que se llevó a cabo contra aquel régimen racista.

¿Cómo reconocerlos?

Los dátiles israelíes suelen ser de la variedad medjoul, también llamada jumbo, más grandes, oscuros y caros de lo habitual. Israel es el mayor productor mundial de dátiles medjoul, un 80% de los cuales se exporta a Europa. Todos los que se venden en el Estado español son importados de Israel.

El envase suele indicar «procedencia: Israel» o «procedencia: valle del Jordán». Si no aparece la procedencia hay que preguntar al vendedor.

Los exportadores son Mehadrin, Carmel-Agrexco y Hadiklaim, y sus marcas comerciales habituales (suelen cambiar de nombre para eludir el boicot) son Carmel, King Solomon, Jordan River, Jordan Plains, Jordan Valley, Kalahari, Red Sea, además de la conocida marca valenciana El Monaguillo.

¿Dónde se venden?

Pueden encontrarse en muchas fruterías y tiendas de frutos secos. También se vende una variedad bio en tiendas ecológicas. Algunas cadenas que los comercializan son El Corte Inglés y AhorraMas.

¿Cómo apoyar la campaña?

Si eres vendedor, no vendas dátiles israelíes y explica a tus clientes por qué. Si eres comprador, no los compres y exige que se ponga fin a su venta, de palabra o mediante cartas u hojas de reclamaciones.

Si quieres dar un paso más, existen cultivadores palestinos cuyas tierras aún no han sido expropiadas y que intentan comercializar sus dátiles a pesar del cerco israelí. Busca en tiendas y distribuidores de comercio justo.

MATERIALES

Descárgate el folleto en pdf de boicot a los dátiles israelíes en castellano, inglés o francés (pronto tendremos más traducciones).

En Reino Unido, Friends of Al-Aqsa también han lanzado una campaña de boicot a los dátiles israelíes: Check The Label.

PORTAFOLIO

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Publicado en: Global

Afganistan, Droga, petróleo y guerra

23/06/2013 by Deja un comentario

por Peter Dale Scott

Peter Dale Scott prosigue su análisis sobre el sistema estadounidense de dominación. En una conferencia organizada en Moscú, este ex diplomático canadiense resumió el resultado de sus investigaciones sobre el financiamiento de ese sistema con fondos provenientes del tráfico de droga y del comercio de hidrocarburos. Son cosas que ya se saben, pero que siguen siendo difíciles de admitir.

El siguiente discurso lo pronuncié en una conferencia sobre la OTAN que se organizó en Moscú el año pasado. Fui el único orador estadounidense en aquel encuentro. Me habían invitado a raíz de la publicación en lengua rusa de mi libro La Route vers le nouveau désordre mondial [En español “El camino hacia el nuevo desorden mundial”] y por mi último libro, La Machine de guerre américaine [En español, “La máquina de guerra de Estados Unidos”] [1]. Como ex diplomático preocupado por la paz, yo estaba feliz de participar. Me parece, en efecto, que el diálogo entre los intelectuales estadounidenses y rusos es hoy menos serio de lo que fue en pleno paroxismo de la guerra fría, aunque es evidente que no ha desaparecido el peligro de una guerra que implique a las dos principales potencias nucleares.

En respuesta al problema de las crisis interconectadas, como la producción de droga en Afganistán y el yihadismo salafista financiado por el tráfico de droga, mi discurso exhortaba a los rusos a cooperar en un marco multilateral con los estadounidenses que compartiesen esa voluntad –a pesar de las actividades agresivas de la CIA, de la OTAN y del SOCOM (Siglas del US Special Operations Command) en Asia central, posición que no coincidía con la de los demás oradores.

A partir de aquella conferencia comencé a reflexionar profundamente sobre el nivel de degradación de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos y sobre mis esperanzas ligeramente utópicas de restaurarlas. A pesar de los diferentes puntos de vista de los conferencistas, estos tenían tendencia a compartir una gran inquietud sobre las intenciones estadounidenses hacia Rusia y [hacia] los Estados de la antigua URSS. Aquella ansiedad común se basaba en lo que sabían sobre acciones anteriores de Estados Unidos y sus compromisos no respetados. En efecto, contrariamente a la mayoría de los ciudadanos estadounidenses, ellos estaban bien informados sobre esos temas.

La garantía de que la OTAN no se aprovecharía de la distención para extenderse por Europa del Este es un importante ejemplo de promesa no respetada. Evidentemente, Polonia y otros ex miembros del Pacto de Varsovia hoy forman parte de la alianza atlántica, al igual que las ex repúblicas socialistas soviéticas del Báltico. Por otra parte, todavía están en pie proposiciones tendientes a la entrada de Ucrania en la OTAN ya que ese país es el verdadero corazón de la antigua Unión Soviética. Ese movimiento de expansión hacia el este estuvo acompañado de actividades y de operaciones conjuntas de las tropas de la OTAN con las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad de Uzbekistán –algunos organizados incluso por la OTAN. (Ambas iniciativas comenzaron en 1997, bajo la administración Clinton.)

Podemos seguir citando más compromisos rotos, como la conversión no autorizada de una fuerza de la ONU en Afganistán (aprobada por Rusia en 2001) en una coalición militar dirigida por la OTAN. Dos conferencistas criticaron la determinación de Estados Unidos en instalar en Europa del este un escudo antimisiles contra Irán, rechazando las sugerencias rusas de que lo desplieguen en Asia. Según ellos, esa intransigencia constituía «una amenaza para la paz mundial».

Los conferencistas percibían aquellas medidas como extensiones agresivas del movimiento que, desde Washington, tenía como objetivo la destrucción de la URSS en tiempos de Reagan. Algunos de los oradores con los que pude conversar consideraban que, durante los dos decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Rusia se había visto bajo la amenaza de planes operacionales de Estados Unidos y la OTAN destinados a desatar un primer golpe nuclear contra la URSS. Aquellos planes hubiesen podido ejecutarse antes de que se alcanzara la paridad nuclear, pero es evidente que nunca llegaron a aplicarse. A pesar de todo, mis interlocutores estaban convencidos de que los halcones que habían trazado aquellos planes nunca renunciaron su deseo de humillar a Rusia y de reducirla al rango de potencia de tercera categoría, inquietud que yo no puedo refutar. En efecto, mi último libro, La Machine de guerre américaine, también describe continuas presiones tendientes a establecer y mantener la supremacía de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

Los discursos pronunciados en aquella conferencia no se limitaban en todo caso a criticar las políticas de Estados Unidos y de la alianza atlántica. Los oradores se oponían con cierta amargura al apoyo que Vladimir Putin había expresado el 11 de abril de 2012 a la campaña militar de la OTAN en Afganistán. Estaban particularmente indignados por el hecho que Putin había aprobado la instalación de una base de la alianza atlántica en Ulianovsk, a 900 kilómetros de Moscú. Aunque aquella base se le “vendió” a la opinión pública rusa como una forma de facilitar la retirada estadounidense de Afganistán, uno de los conferencistas nos aseguró que en los documentos de la OTAN el puesto de avanzada de Ulianovsk se presentaba como una base militar. Para terminar, los conferencistas se mostraban hostiles a las sanciones de la ONU contra Irán, inspiradas por Estados Unidos. Consideraban a Irán como un aliado natural contra los intentos estadounidenses de concretar el proyecto de dominación global de Washington.

Exceptuando el siguiente discurso, me mantuve silencioso durante la mayor parte de aquella conferencia. Pero mi mente, e incluso mi conciencia, me la recuerdan cuando pienso en las recientes revelaciones sobre Donald Rumsfeld y Dick Cheney.

Inmediatamente después del 11 de septiembre [de 2001], Rumsfeld y Cheney comenzaron a implementar un proyecto tendiente al derrocamiento de numerosos gobiernos amigos de Rusia, como Irak, Libia, Siria e Irán [2] (Diez años antes, en el Pentágono, el neoconservador Paul Wolfowitz le había dicho al general Wesley Clark que Estados Unidos tenía la oportunidad de deshacerse de aquellos clientes de Rusia, durante el periodo de reestructuración de este último país provocado por el derrumbe de la URSS [3].), proyecto que no ha finalizado aún en los casos de Siria e Irán.

Lo que hemos podido observar bajo Obama se parece mucho a la aplicación de ese plan. Pero hay que reconocer que en Libia, y actualmente en Siria, Obama se mostró más reticente que su predecesor en cuanto al envío de soldados al campo de batalla. (A pesar de ello se ha reportado que, bajo su presidencia, una pequeña cantidad de fuerzas especiales estadounidenses operó en ambos países, para alentar la lucha contra Kadhafi y posteriormente contra Assad.)

Más particularmente, me preocupa la ausencia de reacción de la ciudadanía estadounidense ante el militarismo agresivo de su país. Ese belicismo permanente, que yo llamaría «dominacionismo», está previsto a largo plazo en los planes del Pentágono y de la CIA [4]. Indudablemente, muchos estadounidenses pudieran pensar que una Pax Americana global garantizaría una era de paz, como la Pax Romana lo hizo dos milenios antes. Yo estoy convencido de lo contrario. Al igual que la Pax Britannica del siglo XIX, ese dominacionismo conducirá inevitablemente a un conflicto de gran envergadura, potencialmente a una guerra nuclear. En realidad, la clave de la Pax Romana residía en el hecho que Roma, bajo el reinado de Adriano, se había retirado de Mesopotamia. Además, había aceptado estrictas limitaciones de su propio poder en las regiones donde ejercía su hegemonía. Gran Bretaña mostró una sabiduría comparable, pero lo hizo demasiado tarde. Hasta ahora, Estados Unidos nunca se ha mostrado tan razonable.

En Estados Unidos, muy poca gente parece interesarse en el proyecto de dominación global de Washington, al menos desde el fracaso de las grandes manifestaciones que trataron de impedir la guerra contra Irak. Hemos podido comprobar la abundancia de estudios críticos sobre las razones de la intervención militar de Estados Unidos en Vietnam e incluso sobre la implicación estadounidense en atrocidades como la masacre de 1965 en Indonesia. Autores como Noan Chomsky y William Blum [5] han analizado los actos criminales de Estados Unidos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Pero han estudiado poco la reciente aceleración del expansionismo militar estadounidense. Sólo unos pocos autores, como Chalmers Johnson y Andrew Bacevich, han analizado el progresivo fortalecimiento de la máquina de guerra de Estados Unidos que hoy domina los procesos políticos en Estados Unidos.

Es además sorprendente ver que el joven movimiento Occupyhablara tan poco sobre las guerras estadounidenses de agresión. Dudo incluso que haya llegado a denunciar la militarización de la vigilancia [interna] y del orden público así como los campos de detención, a pesar de que esas medidas son parte fundamental del dispositivo de represión interna que amenaza su propia supervivencia [6]. Me refiero aquí al llamado programa de «continuidad del gobierno» (COG, siglas de «Continuity of Government»), a través del cual los planificadores militares estadounidenses han desarrollado medios para neutralizar definitivamente cualquier movimiento antibelicista en Estados Unidos [7].

Como ex diplomático canadiense, si tuviese que volver a Rusia nuevamente exhortaría a una colaboración entre Estados Unidos y ese país frente a los problemas mundiales más urgentes. Nuestro desafío consiste en ir más allá de ese compromiso rudimentario que es la distensión, esa supuesta «coexistencia pacífica» entre las superpotencias. En realidad, ese entendimiento, que ya cuenta medio siglo de existencia, permitió –e incluso alentó– las atrocidades de dictadores clientes, como Suharto en Indonesia y Mohamed Siad Barré en Somalia. Es probable que la alternativa de la distención, que sería una ruptura total de la propia distención, conduzca a enfrentamientos cada vez más peligrosos en Asia –muy probablemente en Irán.

Pero, ¿puede evitarse esa ruptura? Hoy me pregunto si no he minimizado la intransigencia hegemonista de Estados Unidos [8]. En Londres, conversé recientemente con un viejo amigo a quien conocí durante mi carrera como diplomático. Es un diplomático británico de alto rango, experto en Rusia. Pensé que él me llevaría a suavizar mi evaluación negativa sobre las intenciones de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia. Lo que hizo fue acentuarla.

Así que decidí publicar mi discurso acompañado de este prefacio, destinado tanto a la ciudadanía estadounidense como al público internacional. Pienso que hoy en día lo más urgente para preservar la paz mundial es contrarrestar el avance de Estados Unidos hacia la hegemonía total. En nombre de la coexistencia en un mundo pacificado y multilateral es por lo tanto necesario reactivar la prohibición –por parte de la ONU– de las guerras preventivas y unilaterales.

Para lograrlo, yo espero que la ciudadanía de Estados Unidos se movilice contra el dominacionismo y de su propio país y que los propios ciudadanos estadounidense llamen a que el gobierno o el Congreso [estadounidenses] emitan una declaración política. Esa Declaración:

  1. Renunciaría explícitamente a los anteriores llamados del Pentágono que hacen de la «supremacía total» («full spectrum dominance») un objetivo militar central de la política exterior de Estados Unidos [9];
  2. Rechazaría como inaceptable la práctica de las guerras preventivas, hoy profundamente enraizada;
  3. Renunciaría categóricamente a todo proyecto estadounidense de utilización permanente de bases militares en Irak, Afganistán y Kirguistán;
  4. Comprometería a Estados Unidos a realizar sus futuras operaciones militares en estricto acuerdo con los procedimientos establecidos en la Carta de las Naciones Unidas.

Yo llamo a mis conciudadanos a que se unan a mí para exhortar el Congreso [estadounidense] a presentar una resolución con ese objetivo.

Puede ser que, en un primer momento, ese tipo de gestión no arroje resultados. Pero sí es posible que ayude a redirigir el debate político en Estados Unidos hacia un tema que es, en mi opinión, urgente y que se ha abordado muy poco: el expansionismo de Estados Unidos y la amenaza que representa para la paz global.

[1] El investigador suizo Daniele Ganser –autor del libro Les Armées Secrètes de l’OTAN: Réseaux Stay Behind, Opération Gladio et Terrorisme en Europe de l’Ouest (Éditions Demi-Lune, Plogastel-Saint-Germain, 2011 [segunda edición]) [En español, “Los ejércitos secretos de la OTAN: Redes Stay Behind, Operación Gladio y terrorismo en Europa occidental”]– y el político italiano Pino Arlacchi, ex director de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC) también estaban invitados a aquella conferencia.

[2] Inicialmente, Donald Rumsfeld quería responder al 11 de septiembre atacando no Afganistán sino Irak. Según Rumsfeld, no había «blancos convenientes en Afganistán» (Richard Clarke, Against All Enemies, p.31).

[3] Paul Wolfowitz le dijo a Wesley Clark: «Tenemos 5 o 10 años por delante para limpiar esos viejos regímenes clientes de los soviéticos –Siria, Irán, Irak– antes de que la próxima superpotencia venga a desafiarnos» (Wesley Clark, discurso pronunciado en el San Francisco Commonwealth Club, 3 de octubre de 2007). Diez años más tarde, en noviembre de 2001, Clark oyó en el Pentágono que planes de ataque contra Irak estaban «en discusión en el marco de un plan quinquenal, […] que empezaba con Irak, después Siria, Líbano, Libia, Irán, Somalia y Sudán» (Wesley Clark, Winning Modern Wars[Public Affairs, Nueva York, 2003], p.130).

[4] El término «hegemonía» puede tener un sentido ligero, que implica una relación amistosa en una confederación, o un sentido hostil. El movimiento de Estados Unidos hacia la hegemonía global, inmutable y unipolar, no tiene precedente y merece recibir su propio apelativo. «Dominacionismo» es un término espantoso, con una fuerte connotación sexual y perversa. Por eso lo escogí.

[5] Los libros más recientes de William Blum son Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II (2003) y Freeing the World to Death: Essays on the American Empire (2004).

[6] Paul Joseph Watson, «Leaked U.S. Army Document Outlines Plan For Re-Education Camps In America», 3 de mayo de 2012: «El manual enuncia claramente que esas medidas se aplican igualmente “en el territorio de Estados Unidos”, bajo la dirección del [Departamento de Seguridad de la Patria (Homeland Security)] y de la FEMA. Ese documento agrega que “[las] operaciones de reinstalación pueden exigir el internamiento temporal (menos de 6 meses) o semipermanente (más de 6 meses) de importantes grupos de civiles.»

[7] Ver Peter Dale Scott, «La continuité du gouvernement étasunien: L’état d’urgence supplante-t-il la Constitution?»; Peter Dale Scott, «“Continuity of Government” Planning: War, Terror and the Supplanting of the U.S. Constitution».

[8] Hace 2 noches tuve un sueño intenso e inquietante. Estaba viendo la apertura de una conferencia donde yo mismo debía intervenir nuevamente, como en Moscú. Inmediatamente después de mi discurso, el programa de aquel encuentro llamaba a debatir sobre la posibilidad de que «Peter Dale Scott» fuese una ficción al servicio de oscuros objetivos clandestinos y que, en realidad, no existiese ningún «Peter Dale Scott».

[9] «La “supremacía total (“full-spectrum dominance”) es la capacidad de las fuerzas estadounidenses, actuando solas o con aliados, de vencer a cualquier adversario y controlar cualquier situación que entre en la categoría de operaciones militares.» (Joint Vision 2020, Departamento de Defensa, 30 de mayo de 2000; cf. «Joint Vision 2020 Emphasizes Full-spectrum Dominance», Departamento de Defensa).

Publicado en: Global

Por qué Obama declara la guerra a Siria

17/06/2013 by Deja un comentario

Por: Franklin Lamb

BEIRUT.- La respuesta en pocas palabras según una fuente en el Congreso de EE.UU. son Irán e Hizbulá. “La victoria del ejército sirio en al-Quseir fue más de lo que el gobierno podría aceptar en vista de la posición estratégica de la ciudad en la región. Su captura por las fuerzas de Asad ha agregado esencialmente Siria a la lista de victorias de Irán, comenzando por Afganistán, el Líbano, Irak, así como su creciente influencia en el Golfo”.

Otras fuentes afirman que en realidad Obama no quería –por diversas razones– invocar una ayuda militar directa a los rebeldes que combaten para derrocar el gobierno de Asad o incluso hacer uso en Siria del poder militar estadounidense. Entre ellas la falta de apoyo del público estadounidense a otra guerra en Medio Oriente, el hecho de que no parece haber ninguna alternativa aceptable al gobierno de Asad en el horizonte, la posición de la comunidad de inteligencia de EE.UU. y del Departamento de Estado y el Pentágono de que la intervención en Siria podría ir muy mal para EE.UU. y destruir lo que queda de su influencia en la región. En resumen, que el hecho de que EE.UU. se involucre en Siria podría resultar aún peor que en Irak, al intensificar una guerra sectaria regional sin ningún resultado positivo.

Parece que anteriormente Obama se mostraba serio respecto a una solución diplomática pre-Quseir e incluso había algunas señales positivas provenientes de Damasco, Moscú e incluso Teherán, según John Kerry. Pero eso ha cambiado en parte porque Rusia y EE.UU. han endurecido sus demandas. En consecuencia, esencialmente el gobierno de Obama ha tirado la toalla en el ring diplomático. Más de un miembro del personal del Congreso informó al autor de este artículo de que el equipo de Obama ha llegado a la conclusión de que el gobierno de Asad no reconocía sus intenciones o no las tomaba en serio y que los recientes triunfos militares y el creciente apoyo popular de Asad significaban que no iba a tener lugar una iniciativa Ginebra 2 seria.

Además, Obama ha sido debilitado recientemente por las políticas interiores y una serie de distracciones y posibles escándalos, sobre todo las revelaciones sobre invasión masiva de la privacidad por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Además el lobby partidario de la guerra, encabezado por los senadores McCain y Lindsay Graham, todavía hace resonar sus tambores y afirma que Obama estaría violando su juramento al poner en peligro el interés nacional de seguridad de EE.UU. al permitir que Irán se apodere esencialmente de Siria una vez que Asad aplaste el levantamiento. Ambos senadores saludaron la evaluación de las armas químicas. Durante meses han dicho que Obama no ha hecho lo suficiente para ayudar a los rebeldes. “La credibilidad de EE.UU. está en juego”, dijeron esta semana en una declaración conjunta. “Ahora no es el momento de dar solo el próximo paso adicional. Ahora es el momento de acciones más decisivas”, dijeron, como el uso de misiles de largo alcance para debilitar el poder aéreo y las capacidades de misiles de Asad. Otro neoconservador, el senador Robert P. Casey Jr. (demócrata), dijo que las fuerzas opositoras se arriesgan a la derrota por la falta de armas pesadas, pero también advirtió de que eso podría ser insuficiente. “EE.UU. debería actuar rápidamente para cambiar el equilibrio sobre el terreno en Siria considerando impedir el despegue de la fuerza aérea siria mediante armas teleguiadas y protegiendo una zona segura en el norte de Siria con misiles Patriot en Turquía”, dijo Casey.

Según algunos analistas, Obama podría autorizar alternativamente el armamento y entrenamiento de la oposición siria en Jordania sin una zona de exclusión aérea. Esto parece poco probable, según mis interlocutores en Washington, porque el Pentágono quiere terminar la crisis siria para finales del verano, “en lugar de trabajar a largo plazo con un montón abigarrado de yihadistas en los que nunca podríamos confiar o contar con ellos. Al parecer el gobierno ha llegado a la conclusión de que si se inicia algo más vale completarlo, queriendo decir que no permitiría que Irán controlara Siria e Hizbulá se apoderara de Líbano”.

El Secretario de Estado Kerry mantuvo reuniones con más de dos docenas de especialistas militares el 13 de mayo de este año. The Washington Post informa de que Kerry cree que suministrar armas a los rebeldes sería demasiado poco y demasiado tarde para inclinar la balanza en en Siria y que es necesario “un ataque militar para paralizar las capacidades militares de al-Asad”. Una fuente del Pentágono informó de que EE.UU., Francia y Gran Bretaña están considerando una decisión determinante para revertir el actual ímpetu de Asad y construir rápidamente uno favorable a los rebeldes” en un período que no exceda el fin de este verano.

Poco después del inicio de las reuniones, el rey Abdalá de Arabia Saudita volvió rápidamente a su país desde su palacio en Casablanca, Marruecos, tras de recibir un llamado de su jefe de inteligencia, el príncipe Bandar Bin Sultan. Según las informaciones, Bandar tuvo un representante en la Casa Blanca en las reuniones con el equipo del presidente Obama. Se dice que Kerry aconsejó al rey Abdalá que se preparara para una rápida expansión del creciente conflicto regional.

Lo que suceda desde ahora hasta el final del verano probablemente será catastrófico para el público sirio y tal vez para el Líbano. La “línea roja de las armas químicas” no se toma en serio en el Congreso porque la “evidencia inclusiva” de hace meses es la misma que de repente se invoca para justificar lo que puede convertirse esencialmente en una guerra hecha y derecha contra el gobierno sirio y cualquiera que interfiera. Los lamentos por la pérdida de 125 vidas por las armas químicas, sea quien sea el que las utilizó, palidecen en comparación con las más de 50.000 vidas adicionales que se perderán en los próximos meses, una cifra que los planificadores del Pentágono y la Casa Blanca han “presupuestado” como precio por el derrocamiento del gobierno Asad.

“Vamos a ver una rápida escalada del conflicto”, me informó por email un funcionario en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU.: “El presidente ha tomado la decisión de dar la ayuda humanitaria que sea necesaria, así como apoyo político y diplomático a la oposición. Adicionalmente se brindará apoyo directo al (Consejo Militar Supremo) y eso incluye apoyo militar.” El funcionario citó las palabras del Consejero Nacional de Seguridad Adjunto, Ben Rhodes, ante los medios el 13 de mayo, sobre el mismo tema.

EE.UU. va a establecer en las próximas semanas una parte de esa “ayuda humanitaria”, una “zona de exclusión aérea” limitada, humanitaria, que comenzará a lo largo de varios kilómetros de las fronteras jordana y turca en ciertas áreas militares dentro del territorio sirio que se establecerá y se presentará como una acción limitada para entrenar y equipar a las fuerzas rebeldes y proteger a los refugiados. Pero en realidad, como vimos en Libia, una zona de exclusión aérea probablemente incluirá Siria entera.

Las zonas de exclusión aérea de Libia dejaron claro que no existe una “zona limitada”. En pocas palabras, una “zona de de exclusión aérea” significa esencialmente una declaración de guerra formal. Una vez que EE.UU. y sus aliados inicien una zona de exclusión aérea la expandirán e intensificarán al emprender muchas otras acciones militares para proteger sus zonas hasta que el gobierno sirio caiga. “Es sobrecogedor contemplar cómo acabará esto y cómo reaccionarán Irán y Rusia”, concluyó una fuente.

La Casa Blanca trata de calmar a los pocos en el Congreso así como a la mayoría del público estadounidense en el sentido de que es posible una participación limitada de EE.UU. y que la zona de exclusión aérea no requeriría la destrucción de baterías antiaéreas sirias. Otro despropósito. La zona de exclusión aérea que presencié en Libia en el verano de 2011, EE.UU. la respaldó con todas las formas de reabastecimiento, bloqueo electrónico, operaciones especiales en el terreno y a mediados de julio ni un niño pedaleando en su bicicleta estuvo seguro. Durante los 192 días de patrullaje de las zonas de exclusión aérea libias, los países de la OTAN realizaron 24.682 ataques aéreos incluyendo 9.204 bombardeo. La OTAN afirmó que nunca erró un objetivo pero tampoco eso era verdad. Cientos de civiles resultaron muertos en Libia por los aviones de ataque de la zona de exclusión aérea que no dieron en sus objetivos y vaciaron sus compartimientos de bombas antes de volver a su base, mientras realizaban aproximadamente 48 bombardeos diarios utilizando una variedad de bombas y misiles, incluyendo más de 350 misiles crucero Tomahawk.

En una audiencia en el Congreso en 2011, el Secretario de Defensa Robert Gates tuvo razón cuando explicó al discutir Libia que “una zona de exclusión aérea comienza con un ataque para destruir todas las defensas aéreas… y entonces puedes hacer que vuelen los aviones por todo el país y no preocuparte de que nuestros muchachos vayan a ser derribados. Pero así comienza”.

Según los reportes publicados en medios estadounidenses, Obama podría autorizar alternativamente el armamento y entrenamiento de la oposición siria en Jordania sin una zona de exclusión aérea. Esto parece poco probable porque el Pentágono quiere terminar la crisis siria antes del fin del verano, según los informes que he recibido, “en lugar de trabajar a largo plazo con un montón abigarrado de yihadistas en quienes nunca podríamos confiar o contar con ellos. Al parecer el gobierno ha llegado a la conclusión de que si se inicia algo más vale completarlo”.

En respuesta a mi pregunta de cómo pensaba que podrían desarrollarse las cosas en la región durante los próximos meses, un antiguo asistente del Congreso respondió: “Bueno, Franklin, tal vez alguien saque un conejo del sombrero para detener la presión por la guerra. Pero francamente lo dudo. Desde donde estoy apostaría a que Siria tal como la conocemos dejará de existir. Y tal vez ocurra lo mismo con otros países en la región”.

Franklin Lamb investiga en Siria y el Líbano. Contacto

Publicado en: Global

Levantamiento contra el Hermano Erdogan

17/06/2013 by Deja un comentario

por Thierry Meyssan

Para Thierry Meyssan, los turcos no están protestando contra el estilo autoritario de Recep Tayyeb Erdogan sino en contra de su política, o sea contra la Hermandad Musulmana, a la que Erdogan apadrina. No se trata de una revolución de color en la plaza Taksim en contra de un proyecto inmobiliario sino de un levantamiento en todo el país, de una verdadera revolución que está cuestionando la «primavera árabe».

En una decena de días, la represión contra las manifestaciones anti-Erdogan ha dejado 3 muertos y más de 5 mil heridos.

La sublevación turca tiene sus raíces en la incoherencia del gobierno de Erdogan. Después de haberse presentado como un «demócratamusulmán» –al estilo de los«demócratacristianos»–, Erdogan mostró súbitamente su verdadero rostro al producirse las «revoluciones de colores» de la primavera árabe.

En materia de política interna y exterior, puede verse un verdadero viraje que permite hablar de un antes y un después. Antes, existió una técnica de infiltración en las instituciones. Después vino el sectarismo. Antes, se aplicaba la política de Ahmed Davutoglu de «cero problemas» con los vecinos. El antiguo imperio otomano parecía salir de su letargo y volver a la realidad. Después fue lo contrario: Turquía se enemistó nuevamente con todos y cada uno de sus vecinos y se involucró en la guerra contra Siria.

La Hermandad Musulmana

Tras ese viraje está la Hermandad Musulmana, organización secreta a la que siempre pertenecieron Erdogan y los miembros de su equipo, aunque siempre lo niegan. Si bien ese viraje es posterior al de Qatar, padrino financiero de la Hermandad Musulmana, su significado es exactamente el mismo: son regímenes autoritarios, aparentemente antiisraelíes cuya profunda alianza con Tel Aviv aparece súbitamente.

Es importante recordar aquí que la expresión «primavera árabe», surgida y acuñada en Occidente, no es más que un engaño tendiente a hacernos creer que los regímenes deTúnez y Egipto fueron derrocados por los pueblos. Si bien es cierto que en Túnez hubo un levantamiento popular, también lo es que su objetivo no era llegar a un cambio de régimen sino lograr una evolución económico-social. No fue la gente que se lanzó a las calles sino Estados Unidos quien ordenó a Zinedin el-Abidin Ben Ali y a Hosni Mubarak que abandonaran el poder. Posteriormente, fue la OTAN la que derrocó a Muammar el-Khadafi y provocó su linchamiento. Y ahora son nuevamente la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo quienes han alimentado la agresión contra Siria.

En todo el norte de África –con excepción de Argelia– la Hermandad Musulmana llegó al poder gracias al respaldo de Hillary Clinton. Y en toda esa región, la Hermandad Musulmana tiene a cargo de la comunicación una serie de consejeros turcos, amablemente puestos a su disposición por el gobierno de Erdogan. Y en cada uno de esos casos, la «democracia» no ha sido otra cosa que una apariencia que ha permitido a la Hermandad Musulmana islamizar la sociedad, a condición de que ella misma respalde el capitalismo seudoliberal de Estados Unidos.

El término «islamizar» no es una referencia a la realidad sino a la retórica de la Hermandad Musulmana. Esa cofradía pretende controlar la vida privada de los individuos basándose para ello en principios externos al Corán. Rechaza el papel de la mujer en la sociedad e impone una vida de austeridad, sin alcohol, tabaco ni sexo… al menos para los demás.

Durante una decena de años, la Hermandad Musulmana optó por la discreción, dejando la transformación de la enseñanza pública en manos de la secta de Fetullah Gulen, a la que pertenece el presidente de Turquía, Abdulla Gul.

Aunque la Hermandad Musulmana proclama a los cuatro vientos su odio por el American Way of Life, el hecho es que opera bajo la protección de los anglosajones (Gran Bretaña, Estados Unidos e Israel), que siempre han sabido utilizar la violencia de dicha cofradía contra todo el que se resiste a los designios imperiales. La hasta hace poco secretaria de Estado Hillary Clinton tenía en su equipo de trabajo a su ex asistente personal, la señora Huma Abedin –esposa del dimitente diputado sionista estadounidense Anthony Weiner. La madre de Huma Abedin, Saleha Abedin, dirige la rama femenina mundial de la Hermandad Musulmana. Es por esa vía que la señora Clinton azuzaba a la cofradía.

La Hermandad Musulmana proporcionó la ideología de al-Qaeda a través de un miembro de la cofradía: Ayman al-Zawahiri, organizador del asesinato del presidente egipcio Annuar el-Sadaty actual líder de esa organización terrorista. Al-Zawahiry, al igual que Osama ben Laden, ha sido desde siempre un agente de los servicios de inteligencia estadounidenses. A pesar de ser presentado oficialmente como el enemigo público de Estados Unidos, el hecho es que se reunía con mucha regularidad con los representantes de la CIA, en la embajada de Estados Unidos en Bakú, desde 1997 hasta 2001, según el testimonio de la ex traductora de la CIA Sibel Edmonds, en el marco de la operación «Gladio B» [1].

Una dictadura paulatina

Durante su estancia en la cárcel, Erdogan afirmó haber roto sus vínculos con la Hermandad Musulmana y abandonó el partido de la cofradía. Logró ser electo y poco a poco fue instaurando una dictadura. Arrestó y encarceló a dos tercios de los generales turcos, acusándolos de haber participado en el Gladio, la red secreta de influencia estadounidense. Bajo el régimen de Erdogan, Turquía se ha convertido en el país con la mayor tasa mundial de encarcelamiento de periodistas, dato que la prensa occidental ocultó hasta ahora, por tratarse de un país miembro de la OTAN.

El ejército turco siempre ha sido el guardián tradicional del laicismo kemalista. Y desde el 11 de septiembre de 2001, oficiales de alto rango que veían con inquietud la deriva de Estados Unidos hacia el totalitarismo, se pusieron en contacto con sus homólogos de Rusia y China. Para erradicar con esa tendencia, varios jueces fueron utilizados entonces para recordar a esos militares sus antecedentes proestadounidenses.

Como en toda profesión, puede haber periodistas delincuentes. Pero si Turquía muestra el promedio de encarcelamiento de periodistas más elevado del mundo es porque existe una política sistemática de intimidación y represión. Con excepción del canal Ululsal, la televisión turca se había convertido en un permanente panegírico al régimen de Erdogan. Y la prensa escrita iba por el mismo camino.

«Cero problemas» con los vecinos

Igualmente risible era la política exterior de Ahmed Davutoglu. Después de tratar de resolver los problemas que el imperio otomano había dejado pendientes hace más de un siglo, el profesor Davutoglu trató de utilizar al presidente estadounidense Obama contra el primer ministro israelí Netanyahu organizando la «Flotilla de la Libertad» hacia Palestina [2]. Sin embargo, menos de 2 meses después del acto israelí de piratería contra la flotilla, el propio Davutoglu aceptaba la creación de una comisión investigadora internacional encargada de enterrar el incidente y retomaba, por debajo de la mesa, la cooperación con Tel Aviv.

Otro indicio de la cooperación entre la Hermandad Musulmana y al-Qaeda: la cofradía embarcó en el Marvi Marmaraa Mahdu al-Hatari, el número 2 de al-Qaeda en Libia y probable agente de los servicios británicos de inteligencia [3].

Debacle económica

¿Cómo es posible que Turquía echara a perder no sólo toda una década de esfuerzos diplomáticos de restauración de sus relaciones internacionales sino incluso su crecimiento económico? En marzo de 2011, Turquía participa en la operación de la OTAN contra Libia, uno de sus principales socios económicos. Al terminar esa guerra, Libia quedó destruida y Turquía perdió aquel mercado. Pero al mismo tiempo, Ankara se lanzó en la guerra contra su vecino sirio, con el que acababa de firmar un año antes un acuerdo de liberalización del comercio. El resultado no se hizo esperar: el crecimiento, que había sido del 9,2% en 2010, cayó en 2012 al 2,2% y sigue bajando [4].

Relaciones públicas

A Erdogan se le subió a la cabeza la llegada de la Hermandad Musulmana al poder en el norte de África. Al expresar abiertamente su ambición imperial otomana, el primer ministro turco incomodó, para empezar, al público árabe. Y luego se ganó la desconfianza de la mayoría de su pueblo.

Por un lado, el gobierno turco financia Fetih 1453, largometraje que –con un presupuesto faraónico para las posibilidades de Turquía– supuestamente debía celebrar la conquista de Constantinopla, pero basado en un argumento históricamente falso. Pero por otro lado trata de prohibir la serie televisiva más célebre de todo el Medio Oriente –El harem del sultán– porque la verdad no ofrece una imagen pacífica de los otomanos.

La verdadera razón de la sublevación

La prensa occidental resalta, en el actual levantamiento, varios puntos que en realidad son detalles: un proyecto inmobiliario en Estambul, la prohibición de la venta nocturna de alcohol, declaraciones que alientan la natalidad. Todo eso existe, pero no basta para provocar una revolución.

Al mostrar su verdadero rostro, el régimen de Erdogan se separó de la población. Sólo una minoría de los sunnitas puede identificarse hoy con el programa retrógrado e hipócrita de la Hermandad Musulmana. Pero si bien el 50% de los turcos son sunnitas, un 20% son alevíes (o sea, alauitas), otro 20% son kurdos y el 10% restante pertenece a otras minorías. Las estadísticas muestran, por lo tanto, que Erdogan no puede resistir ante la sublevación que su política ha provocado.

Al derrocar a Erdogan los turcos no resolverían únicamente su propio problema. También pondrían fin a la guerra de Turquía contra Siria. He señalado varias veces que ese conflicto se detendría si llegara a desaparecer uno de sus padrinos. Lo cual sucederá pronto. Los turcos pondrían fin así a la expansión de la Hermandad Musulmana. La caída de Erdogan sería el preludio de la de sus amigos, desde Ghannouchi en Túnez hasta Morsi en Egipto. Es, en efecto, poco probable que esos gobiernos artificiales, impuestos a través de elecciones “arregladas”, logren sobrevivir a la caída de su poderoso padrino

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El gas sarín es tan volátil como las promesas de Washington

17/06/2013 by Deja un comentario

por Thierry Meyssan

¿Utilizó Siria o no gas sarín contra la oposición armada? Después de haber ocupado grandes espacios en las columnas de los periódicos, la pregunta ha encontrado una respuesta positiva, según París, Londres y Washington, que afirman que la línea roja ha sido cruzada. La guerra sería por lo tanto inminente. En realidad, ya es tarde para este juego mediático. A la luz del derecho internacional, Siria no es firmante de la Convención sobre las armas químicas y puede, por lo tanto, utilizarlas libremente. De nada vale inventar una historia en la que Damasco hizo supuestamente uso de armas químicas. De todas formas, la guerra está a punto de terminar.

La cuestión del uso de gas sarín por parte de las tropas regulares sirias ya parece un juego de tontos. Al ser interrogado sobre ese tema, el 23 de julio de 20012, el vocero del ministerio sirio de Relaciones Exteriores, Jihad Makdisi, declaraba que era posible que su país tuviese ese tipo de armas, para utilizarlo única y exclusivamente contra sus enemigos externos. Aquella declaración fue interpretada por la prensa de los países de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo como una amenaza contra los «rebeldes», en la medida en que Damasco afirma que estos son –como ya sucedió en Nicaragua– bandas de «Contras» entre los que se cuentan grandes cantidades de extranjeros. Pero la respuesta siria se refería claramente –y sin dejar espacio a la duda– a los países miembros de la OTAN y a Israel. El vocero sirio fue entonces extremadamente claro sobre el hecho que ningún arma de ese tipo sería utilizada contra «insurgentes» sirios.

Poco importa, la clara declaración de Jihad Makdisi era demasiado conveniente para una OTAN que, en 2003, no vaciló en inventar la existencia de «armas de destrucción masiva» en Irak. En dos ocasiones, el 20 de agosto y el 3 de diciembre de 2012, el presidente estadounidense Barack Obama advertía después a Siria sobre el uso de armas químicas. «Si empezáramos a ver cantidades de armas químicas circulando o utilizadas, eso modificaría mis cálculos y mi ecuación», declaró primeramente. Y después dijo: «Quiero ser absolutamente claro con Assad y con quienes están bajo su mando: el mundo está mirándoles, la utilización de armas químicas es y será considerada completamente inaceptable. Si cometen ustedes el trágico error de utilizar esas armas químicas, habrá consecuencias y ustedes responderán por ello.»

Los halcones liberales y los neoconservadores hacen entonces campaña a favor de una intervención militar occidental. Según dicen, Siria está viviendo una «primavera árabe» salvajemente reprimida por un «dictador». La comunidad internacional estaría por lo tanto en la obligación de intervenir, en nombre de toda una serie de grandes ideales. Nada dicen, claro está, sobre los años de preparación y el financiamiento que la OTAN y las monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo han dedicado a esa «primavera árabe», para apoderarse de los recursos energéticos de Siria e imponer en ese país un régimen sionista-islamista. En un artículo publicado en el Washington Post, la profesora Anne-Marie Slaughter, ex directora de planificación del equipo de Hillary Clinton de 2009 a 2011, compara así la actitud supuestamente indolente de Obama en Siria con el caso de Ruanda [1].

En 2003, la prueba sobre las «armas de destrucción masiva» de Irak venía de un testigo inesperado. El jefe de la misión de inspectores de la ONU, Hans Blix, confirma oficialmente ante el Consejo de Seguridad que ese tipo de armas ya no existe en Irak desde 1991. Pero un tal Hussain al-Shahsristani –científico exiliado– ofrece un testimonio que da la razón al entonces secretario de Estado Colin Powell: Saddam Hussein tiene armas químicas, bacteriológicas y nucleares. Afirmaciones confirmadas desde Londres por el International Institute for Strategic Studies(IISS). Los hechos se encargarían de desmentir ambas declaraciones. Después de invadir, saquear y destruir Irak, Washington admitirá que… se equivocó… mientras que su falso testigo se convierte en primer ministro adjunto del Irak «liberado» y el IISS sigue destilando sus monsergas.

Esta vez son Francia y el Reino Unido quienes están a cargo del trabajo de intoxicación. Las dos potencias coloniales que se repartieron el Medio Oriente en 1916 ponen hoy todo su empeño en provocar una intervención militar occidental, a pesar de los 3 vetos rusos y chinos. El 27 de mayo, precisamente la víspera de una reunión crucial de los ministros europeos sobre la posible entrega de armas a los «rebeldes», el diario francésLe Monde publica un trabajo de Jean-Philippe Remy, quien dice haber sido testigo del uso de gas sarín en Damasco. El reportero francés trae muestras de sangre y de orina y las entrega a un laboratorio militar… también francés. Reacción inmediata del ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, y –acto seguido– del gobierno británico, que denuncia un «crimen de guerra». Para terminar, según la Casa Blanca: «nuestra comunidad de inteligencia atestigua que el régimen de Assad ha utilizado armas químicas, incluyendo gas sarín, a pequeña escala contra la oposición en múltiples ocasiones durante el año pasado».

El problema es que, en realidad, no hay problema:

En primer lugar, el uso del gas sarín está prohibido desde 2007 por la Convención sobre las armas químicas, que no ha sido ratificada ni por Israel ni por Siria [2]. El hecho es que tanto Siria como Israel pueden fabricar, poseer e incluso utilizar legalmente ese tipo de armas sin cometer por ello un «crimen de guerra».

En segundo lugar, aunque París, Londres y Washington se desgañiten “confirmando” que las tropas regulares sirias usaron gas sarín, el hecho es que eso es más que muy poco probable. El caso que menciona el diario Le Monde no puede ser más sorprendente: el Ejército Árabe Sirio lo utilizó en Jobar, un barrio de Damasco, sin que el gas cruzara la calle y afectara a la población civil del resto de la capital. Los combatientes supuestamente afectados no mostraron convulsiones, lo cual indica una muy baja concentración de gas. Y al parecer se les dio tratamiento con atropina y otros de carácter local, como gotas en los ojos, lo cual es perfectamente inútil tratándose de un gas que penetra a través de la piel. En otras palabras, ante la realidad de los hechos, las pruebas franco-anglo-estadounidenses resultarán probablemente tan endebles como las que presentaron George W. Bush y Tony Blair para justificar la agresión contra Irak.

Y si el uso de gas sarín es una abominación tan grande que exige una intervención internacional, cabe preguntarse por qué las declaraciones de Carla del Ponte, miembro de la Comisión investigadora del Alto Comisionado de los Derechos Humanos, no suscitaron la misma reacción. El 5 de mayo de 2013, la señora Carla del Ponte declaraba a la televisión suiza que: «Durante nuestra investigacion –o sea que nuestro equipo investigador interroga en los países vecinos a las diversas víctimas y a los médicos en los hospitales de campaña en el terreno– lei la semana pasada en un informe que hay indicios concretos, aunque no estén probados aún de manera irrefutable, de que se ha utilizado gas sarin. Y de que lo han utilizado los opositores, o sea los rebeldes, no el gobierno.» Las palabras de la magistrada no hacían más que confirmar las declaraciones del propio Ejército Sirio Libre que, el 5 de diciembre de 2012, hacía públicos sus esfuerzos por dotarse de armas quimicas y amenazaba a los alauitas con utilizarlas contra ellos [3]. Pero no hubo reacción e incluso la propia Comisión a la cual pertenece la señora Carla del Ponte se apresuró a desmentir rotundamente sus declaraciones, a pedido de la Alta Comisionada, Navy Pillay. A falta de una orden política, las declaraciones de la ex fiscal helvética pasaron a considerarse una simple opinión personal.

Habiendo admitido el uso de gas sarín por el ejército regular, la Casa Blanca tiene ahora un pretexto para legalizar lo que ya venía haciendo desde el inicio del conflicto: entregar armas a los «Contras»  [4]. Aprovechando la ocasión, el general Salim Idriss, comandante del Ejército Sirio Libre (ESL), hizo de inmediato un pedido de armamento antitanque y de cohetes antiaéreos. Ese material puede ser útil, pero no decisivo porque lo que su «ejército» necesita ahora son hombres, más que armas. Pero como las entregas estadounidenses se limitarían a armas ligeras y municiones, la guerra se está acabando. Washington ya no espera conquistar Siria sino tan sólo lograr que el ESL liquide al Frente al-Nusra. Los que creyeron sus promesas acabarán pagando los platos rotos. Turquía está paralizada por un levantamiento contra la política de la Hermandad Musulmana, representada por el primer ministro Erdogan, mientras Washington acaba de obligar al emir Hamad al-Thani a ceder el trono de Qatar a su hijo Tamim. El momento de la nueva reparticion del Medio Oriente, entre rusos y estadounidenses, está muy cerca.

       

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Análisis de las protesta en Turquía Las paradojas de la democracia

09/06/2013 by 1 comentario

Por: Ian Buruna

 

Los manifestantes en la plaza Taksim de Estambul se enfrentan al componente islámico que subió al poder con Erdogan. Lo consideran una amenaza al laicismo y los derechos civiles. Pero es el resultado natural del fin del autoritarismo kemalista, según el escritor holandés Ian Buruma.

Las manifestaciones antigubernamentales que están teniendo lugar en las ciudades de Turquía podrían considerarse como una protesta masiva contra el islam político. Lo que comenzó como un mitin contra los planes respaldados por el Estado de arrasar un pequeño parque de Estambul para levantar un nuevo centro comercial se ha transformado rápidamente en un conflicto de valores. A primera vista, la contienda parece representar dos ideas muy diferentes de la moderna Turquía: la secular contra la religiosa, y la democrática contra la autoritaria. Se han hecho comparaciones con Occupy Wall Street, y la gente habla incluso de una «Primavera Turca».

Resulta evidente que muchos ciudadanos turcos, especialmente en las grandes ciudades, están hartos del primer ministro y del estilo cada vez más autoritario de gobernar de Recep Tayyip Erdogan, de su rígido control de la prensa, de las restricciones que ha impuesto contra el consumo de alcohol, de su gusto por edificar nuevas y grandiosas mezquitas, del arresto de los disidentes políticos y ahora de su respuesta tan violenta a las manifestaciones. La gente teme que las leyes seculares sean sustituidas por la ley sharia, y que los frutos del Estado secular de Kemal Atatürk se vean anulados por el islamismo.

A eso hay que añadirle el problema de los alevís, una minoría religiosa vinculada al sufismo y al chiísmo. Los alevís, que estuvieron protegidos por el Estado secular kemalista, desconfían profundamente de Erdogan, ya que se sintieron sumamente ofendidos cuando supieron que pensaba darle el nombre del sultán que los aniquiló en el siglo XVI a un puente nuevo que se está construyendo sobre el río Bósforo.

La religión, por tanto, parece estar en el centro del problema turco. El islam político es considerado por sus adversarios como inherentemente antidemocrático. Sin embargo, las cosas no son tan simples. El Estado secular kemalista no era menos autoritario que el régimen islamista y populista de Erdogan. Además, también resulta significativo que las primeras manifestaciones que tuvieron lugar en la plaza Taksim de Estambul fuesen por un centro comercial y no por una mezquita. El temor de la sharia se corresponde con la rabia que produce la vulgaridad codiciosa de los empresarios y constructores respaldados por el Gobierno de Erdogan. No hay duda de que existe una fuerte tendencia izquierdista en la Primavera Turca.

Por eso, en lugar de centrarnos en los problemas del moderno islam político, que son considerables, sería más fructífero estudiar los conflictos que han surgido en Turquía desde una perspectiva muy pasada de moda en la actualidad: la diferencia de clases. Los manifestantes, tanto si son liberales como izquierdistas, suelen pertenecer a la élite urbana más occidentalizada, sofisticada y secular. Erdogan, por el contrario, sigue siendo muy popular en la Turquía rural y provinciana, es decir, entre las personas con menos educación, más pobres, conservadoras y religiosas.

A pesar de las tendencias autoritarias personales de Erdogan, más que obvias, sería un error ver las protestas actuales como un mero conflicto entre la democracia y la autocracia. Después de todo, el éxito del populista Partido de la Justicia y del Desarrollo de Erdogan, así como la mayor presencia de símbolos y costumbres religiosas en la vida pública, son el resultado de una mayor democracia en Turquía. Hábitos, como por ejemplo que las mujeres lleven velo en los lugares públicos, que fueron suprimidos por el Estado secular, han vuelto a surgir porque los turcos rurales tienen más influencia. Las jóvenes mujeres religiosas están acudiendo a las universidades de las ciudades, y los votos de los turcos conservadores de las provincias también cuentan.

La alianza entre los empresarios y los populistas religiosos no es de extrañar en Turquía. Muchos de los empresarios nuevos, así como gran parte de las mujeres que llevan velo, proceden de los pueblos de Anatolia. Esos provincianos y nuevos ricos detestan la élite del viejo Estambul tanto como los empresarios de Texas o Kansas odian a las élites liberales de Nueva York y Washington.

Sin embargo, decir que la actual Turquía es más democrática no significa que sea más liberal. Ese problema también se ha puesto de manifiesto en la Primavera Árabe. Dar voz a todas las personas es algo esencial en cualquier democracia, pero esas voces, especialmente en tiempos revolucionarios, rara vez son liberales. Lo que observamos en países como Egipto, Turquía e incluso Siria, es lo que el gran filósofo liberal británico, Isaiah Berlin, describió como la incompatibilidad de los bienes iguales. Es un error creer que las cosas buenas siempre cuajan, ya que en ocasiones chocan entre sí. Eso es lo que está sucediendo en la dolorosa transición política de Oriente Medio. La democracia es buena, al igual que el liberalismo y la tolerancia. Idealmente, deberían coincidir, pero en la mayoría de los países de Oriente Medio no está ocurriendo así. De hecho, más democracia puede significar menos liberalismo y tolerancia.

Es fácil simpatizar con los rebeldes que se oponen a la dictadura de Bashar al Assad en Siria, por ejemplo. Pero la clase alta de Damasco, los hombres y las mujeres seculares a las que les gusta la música y las películas occidentales, miembros algunos de minorías religiosas como los cristianos y alevitas, tendrían muchas dificultades para sobrevivir si Bashar se marcha. El baazismo fue opresivo, dictatorial, con frecuencia incluso brutal, pero protegió a las minorías y élites seculares.

¿Que mantengan a raya al islamismo es motivo para apoyar a los dictadores? En realidad no. La violencia del islam político se debe en gran parte a esos regímenes tan opresivos y, cuanto más tiempo estén en el poder, más violentas serán las rebeliones islamistas.

Tampoco es razón para apoyar a Erdogan y a los constructores del centro comercial contra los manifestantes, ya que estos tienen derecho a protestar por su falta de consideración por la opinión pública y su rígido control sobre la prensa, pero considerar el conflicto como una lucha justificada contra la expresión religiosa sería igualmente erróneo.

Una mayor visibilidad del islam es el resultado inevitable de una mayor democracia. Impedir que eso acabe con el liberalismo es el problema más importante que afrontan los habitantes de Oriente Medio. Erdogan no es liberal, pero Turquía sigue siendo una democracia. Esperemos que las protestas contra su Gobierno la conviertan también en más liberal.

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Manning: juicio y descomposición moral

04/06/2013 by Deja un comentario

 

Editorial de La Jornada
 

A más de tres años de su detención en Irak y tras 18 meses de sesiones preparatorias, hoy [por ayer] da inicio el consejo de guerra en contra del soldado estadunidense Bradley Manning, analista de inteligencia del ejército de Estados Unidos, acusado de haber entregado a WikiLeaks centenares de miles de documentos que dan cuenta de algunos de los crímenes de lesa humanidad cometidos por Washington en Afganistán e Irak.


En marzo pasado, como parte de una estrategia de sus abogados, Manning aceptó la culpabilidad de 11 de los 22 delitos que se le imputan –los de menor gravedad– y rechazó, por otra parte, la acusación de colaborar con el enemigo, la cual podría derivar en una condena a cadena perpetua. En tal escenario, es prácticamente seguro que el juicio que hoy se inicia derive en una condena en contra del marine de 25 años y que, con independencia del éxito o fracaso de la estrategia de defensa jurídica referida, se consume un nuevo atropello y una incongruencia mayúscula por la justicia estadunidense.

En efecto, incluso concediendo que Manning violó algunos códigos militares que juró cumplir y defender, la acusación en su contra por haber colaborado con el enemigo es un despropósito y un ejemplo de manipulación propagandística e ideológica de la justicia, habida cuenta de que la información sustraída del Departamento de Defensa por Manning no fue entregada a alguna organización o Estado enemigo de Washington, sino a la organización encabezada por Julian Assange; por lo demás, tales revelaciones no son una amenaza para la seguridad de ese país, sino, en todo caso, para la perpetuación de las prácticas criminales e inhumanas cometidas por esa superpotencia en los territorios iraquí y afgano.

Tanto más improcedente resulta la afirmación de que las filtraciones de Manning representaron un riesgo para la vida de estadunidenses, cuando la evidencia histórica demuestra que dicho riesgo está relacionado no con la defensa del derecho a la información y al interés general, sino con las prácticas opuestas: la opacidad, el ocultamiento y la distorsión de la verdad. Cabe traer a cuento, en ese sentido, las circunstancias que antecedieron a la incursión militar estadunidense en Irak, una aventura bélica que se construyó sobre la base de varias mentiras –la posesión de armas químicas por el régimen de Saddam Hussein y el apoyo del régimen de Bagdad a la organización Al Qaeda–, que carecieron en su momento de contrapesos oficiales que desmintieran tal afirmación, y que se saldó con la muerte de 4 mil 500 soldados estadunidenses, de cientos de miles de civiles iraquíes y de una devastación material sin precedente, cuya estela de barbarie persiste.

La posibilidad de que Manning sea condenado por difundir información sobre diversas atrocidades cometidas por Washington contrasta con la impunidad de que gozan los autores materiales e intelectuales de actos de barbarie como el perpetrado el 12 de julio de 2007 en Bagdad por la tripulación de un helicóptero Apache contra el reportero Namir Noor-Eldeen, de la agencia Reuters, y 10 personas más; las múltiples torturas en la prisión de Abu Ghraib y en otras cárceles controladas por el Pentágono; la eliminación de sospechosos en puestos de control; el ocultamiento de miles de muertes y el asesinato de civiles a manos de tropas invasoras, y otras prácticas criminales, cuyos autores posiblemente han sido condecorados como héroes de guerra.

La persecución emprendida por el gobierno estadunidense contra quienes han tenido el valor de hacer públicos la barbarie y los abusos cometidos al amparo del poder planetario resulta particularmente grotesca, si se toma en cuenta que la principal amenaza a la paz mundial y a la seguridad de los estadunidenses dentro y fuera de su territorio no son las filtraciones realizadas por Mannning ni la información difundida por WikiLeaks, sino el espíritu bélico y la arrogancia imperial de Washington. En suma, el juicio contra Manning es un síntoma más de la descomposición moral, política y jurídica en que se encuentra la superpotencia.

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El movimiento obrero en la encrucijada, Túnes

26/05/2013 by Deja un comentario

 

SARAH BERNARD Y WAFA GUIGA

El asesinato de Chokri Belaid (el 6 de febrero de 2013), secretario general del Partido de los Patriotas Demócratas Unificados y dirigente del Frente Popular (FP), ha mostrado hasta qué punto las fuerzas de la reacción se han fortalecido y la situación se ha hecho crítica en Túnez.

En dos años la burguesía ha sabido reorganizar y mantener su poder político. En cuanto al movimiento obrero, se encuentra frente a decisiones históricas que condicionarán la evolución de la situación.

Todos los motores de la movilización social siguen ahí. La crisis económica se profundiza y no se le da ninguna respuesta aceptable para los trabajadores. El paro alcanza a más del 17%, de ellos una mitad (entre 350.000 y 380.000) diplomados. La inflación se eleva al 7-9%, estrangula a las familias modestas y hace sentir a la pequeña burguesía su desclasamiento progresivo. La respuesta dada por le gobierno islamista es la represión violenta y cada vez más frecuente de las movilizaciones: agresión a las manifestaciones, ataques a los locales sindicales y políticos, arrestos arbitrarios y, en numerosos casos, actos de torturas a los militantes detenidos. No se hace ninguna a los trabajadores, satisfaciendo así a la burguesía local, a la oposición “modernista” de Ennahda y a las potencias imperialistas.

La economía tunecina es muy dependiente de las potencias imperialistas, de los mercados exteriores (turismo, subcontratación, exportación de materias primas) y de las deudas contratadas con los países ricos y las instituciones internacionales. Ennahda tiene por tanto necesidad de la benevolencia de esos actores. Si su proyecto de sociedad reaccionaria se traduce en lo cotidiano en graves ataques a las libertades -en particular las de las mujeres-, está frenado por la necesidad de asegurar un mínimo de estabilidad política para preservar los intereses de los inversores.

Ennahda intenta así controlar las diferentes milicias islamistas, para que la violencia, suficientemente elevada como para mantener sobre el terreno una presencia aterrorizadora que inhibe las movilizaciones sociales, a la vez que se imprime a la sociedad un tinte islamista, siga al mismo tiempo a un nivel suficientemente bajo como para no molestar a los intereses capitalistas. Y si ciertas milicias intentan superarlo, no duda en reprimirlas. Un enfrentamiento entre policía y salafistas el 13 de abril ha acabado con la muerte de un salafista por un disparo de bala real, mostrando la determinación de Ennahda de controlar la situación.

Las opciones económicas de Ennahda

En el plano económico, Ennahda multiplica las garantías a las potencias imperialistas. Un anteproyecto de nuevo código de inversión ha sido presentado por el ministro de finanzas ante los electos franceses ¡antes de serlo ante la asamblea constituyente tunecina! Prevé para los capitalistas extranjeros la posibilidad de poseer hasta el 30% de las tierras agrícolas tunecinas y de disfrutar, en caso de actividades totalmente exportadoras, de regalos fiscales enormes así como de una financiación por el estado tunecino de los salarios de los obreros agrícolas. El gobierno se ha comprometido también a realizar un enésimo plan de ajuste estructural, condición de acceso a un nuevo crédito del FMI que se elevaría a 1,75 millardos de dólares.

La contrapartida de esas garantías comienza a verse a nivel europeo: Alemania se dispone a hacer nuevas inversiones en el país. El gobierno francés multiplica los encuentros con los responsables de Ennahda, revelando la hipocresía de las declaraciones de Valls (ministro del interior socialista francés NdT) sobre el ascenso de un fascismo islamista en Túnez. Hay que decir que con tales garantías para sus intereses, los imperialistas están tranquilos.

No hay pues que extrañarse del apoyo concedido por los antiguos dirigentes benalistas al movimiento islamista Ennahda. Se encuentra a su cabeza Bejji Caid Essebsi. Este antiguo ministro del interior de Burguiba y antiguo presidente de la asamblea nacional con Ben Alí fue primer ministro del 27 de febrero al 23 de octubre de 2011. Es hoy el jefe de filas de los “modernistas” reagrupados en Nidaa Tounes (“Llamamiento a Túnez”) y se opone a Ennahda sobre el tema del laicismo. Pero cuando estaba en el poder durante 2011, e incluso después de la elección de la asamblea constituyente, les apoyaba abiertamente en determinados momentos. La burguesía estaba de hecho a la búsqueda de una organización para representarla en las instituciones y los benalistas se han visto durante un tiempo obligados actuar discretamente.

El “modernismo” proclamado por Essebsi no es por tanto más que un barniz publicitario para un contenido político reaccionario y ultraliberal. En el fondo, es tan compatible con el islam político como Ennahda es soluble en el orden mundial imperialista. Las divergencias mostradas no corresponden más que a una competencia por representar a la burguesía y sus intereses. En esta competición, Ennahda se muestra como una organización política eficaz que logra gestionar las dificultades, logra mantener su poder y goza de la benevolencia de las potencias imperialistas, cada vez que el enemigo común -la clase obrera- revela su potencial. Por su parte, los “modernistas” ya dieron pruebas, cuando Essebsi era primer ministro, de su determinación para reprimir al movimiento obrero. Era lo que llamaban entonces el mantenimiento del “prestigio del estado”.

Las consecuencias políticas del asesinato de Belaid

Es en este contexto en el que los ataques contra el movimiento obrero y sus representantes se han hecho cada vez más frecuentes y violentos.

Chokri Belaid recibía amenazas de muerte -algunas de ellas públicas- desde hacía meses, como muchos otros militantes políticos, sindicales y asociativos. Las violencias se habían vuelto corrientes, igual que los ataques de diferentes milicias contra los locales de las organizaciones, los mítines de la oposición (incluso burguesa), las escuelas , universidades, hospitales, etc. Algunas de esas milicias están directa y abiertamente ligadas a Ennahda, otras gozan al menos de la benevolencia del ministro del interior. El contexto era por tanto completamente propicio para un asesinato así, cuyas incógnitas eran la fecha y la identidad de la víctima. Cuando el 6 de febrero por la mañana la noticia de la muerte de Belaid comenzó a propagarse, en numerosas ciudades tuvieron lugar manifestaciones y concentraciones espontáneas. El día del entierro, la jornada de huelga-duelo primero convocada por el FP, luego aprobada por el sindicato patronal (UTICA) antes de ser confirmada por la dirección de la UGTT y protegida por el ejército, fue masivamente seguida. Centenares de miles de personas tomaron parte en esta jornada de duelo en la capital y en otros lugares de todo el país, para expresar su rechazo a esta violencia extrema contra los opositores políticos.

En ese momento, Ennahda pareció aislado pero no estaba derrotado. En primer lugar, ha sabido gestionar -en particular aprovechándose de su diversidad- las presiones internacionales que recordaban que su apoyo estaba condicionado a una cierta respetabilidad. El primer ministro Hamadi Jebali se ha presentado como un moderado opuesto al extremismo del jefe de Ennahda Rachid Ghanouchi. Muchos han aceptado olvidar los crímenes de Jebali, entre ellos los disparos con postas contra los manifestantes de Siliana (diciembre 2012). Entre los “modernistas”, se ha querido ver en él al unificador que iba a sacar al país de la crisis mediante la creación de un nuevo gobierno de tecnócratas que asociara a la oposición. Pero tras haberle tendido la mano, la oposición “modernista” no se ha asociado finalmente al gobierno, entre otras cosas a causa del rechazo masivo de una fracción de su electorado potencial (una parte de la pequeña burguesía).

La respuesta de las organizaciones obreras no ha sido tampoco de una amplitud suficiente como para acentuar la crisis política. Al día siguiente del entierro no hubo llamamientos a la huelga, por ejemplo, que habrían permitido mantener un fuerte nivel de presión. A contrario, la dirección de la UGTT ha reducido una vez más a la central sindical a un papel de mediador, volviendo a poner de nuevo encima de la mesa su iniciativa de diálogo nacional incluyendo a los partidos de gobierno. Esto ha contribuido a devolver a Ennahda una legitimidad.

Las organizaciones del FP estaban por su parte desgarradas entre una voluntad de independencia respecto a los partidos burgueses y la tentación de un frente amplio contra Ennahda. El Frente Popular reagrupa a todos los partidos de la izquierda tunecina, los partidos nacionalistas árabes, así como a numerosas asociaciones e independientes. Se constituyó en octubre de 2012 con el objetivo de representar “una alternativa para un verdadero gobierno y superar con ello la falsa dualidad que pretende oponer “dos polos” que de hecho coinciden en el mantenimiento de las mismas orientaciones económicas, dominadas por los medios liberales y sometidas a las esferas extranjeras, aunque uno se vista con la bandera “religiosa” y el otro con una “modernista”. Algunos militantes reprochan justamente a sus direcciones no haber permitido al FP aparecer en ese momento como portador de esa alternativa claramente distinta e independiente de los “modernistas”.

Un nuevo gobierno ha sido finalmente constituído, con el antiguo ministro del interior como primer ministro y “tecnócratas” en ciertos ministerios. El nuevo ministro del interior, presentado como moderado, no ha tardado en volver a sacar las postas (27 de marzo) contra los parados de Mdhilla, durante una manifestación contra los resultados de la última campaña de contratación de personal de la Compañía de Fosfatos en Gafsa. En algunas semanas Ennahda ha reafirmado por tanto su poder.

Organizaciones obreras dubitativas

Sin especular sobre la identidad de los autores y de quienes encargaron el asesinato de Chokri Belaid, se constata en cualquier caso que su consecuencia inmediata es un comienzo de vuelta del miedo, un debilitamiento del Frente Popular (FP) y por extensión del movimiento obrero, al menos a corto plazo.

Pues, si bien las luchas continúan, están debilitadas. Las huelgas sectoriales prosiguen pero son esencialmente defensivas y raramente victoriosas. El ejemplo más reciente es el de la huelga del 80% de los 6.000 asalariados de Teleperformance (TP) entre el 1 y el 3 de abril, contra los despidos abusivos, las condiciones de trabajo inaceptables y la negativa de la dirección de mantener su compromiso de un aumento de los salarios del 4%.

Esta huelga es bastante representativa de la situación actual. Ha sido la prueba de una capacidad de movilización aún importante pero también del débil nivel de autoorganización. Comenzó con una huelga de hambre, signo de desmoralización, y no se transformó en movimiento organizado más que con la intervención directa de las direcciones sindicales que han logrado negociar un acuerdo con la dirección de TP. Este consigue los aumentos salariales y la reintegración de los asalariados despedidos por haber participado en la huelga. Pero el sindicato ha hecho una concesión: se compromete a “favorecer la paz social en el seno de Teleperformance” y limita las posibilidades de movilización de los asalariados.

Contra la política hostil a los trabajadores realizada por el gobierno y la patronal, los militantes del FP participan en las movilizaciones existentes y las animan. El FP plantea también un plan de urgencia que exige la escala móvil de salarios, la reducción del tiempo de trabajo, la suspensión del pago de la deuda externa del estado, contra las políticas de austeridad y los planes de ajuste estructurales impuestos por el FMI.

Sin embargo, desde el asesinato de Belaid, las discusiones en el seno de la dirección del FP tienen por eje la iniciativa de la UGTT de un diálogo nacional sobre la no violencia, la puesta en pie de una instancia electoral independiente, la finalización de la Constitución y el establecimiento de una agenda electoral. ¿No corre el riesgo este debate sobre los ritmos institucionales de beneficiar a Ennahda que podría así ganar tiempo para instalar aún más a sus servidores en los mecanismos del estado? ¿Y a la otra cara de la reacción, Nidaa Tounes, que no tiene ninguna respuesta creíble que aportar a los trabajadores?

Algunos militantes del FP reprochan a sus direcciones el no discutir más bien sobre la respuesta a la violencia política y de como organizarla concretamente, puesto que los trabajadores y la población no pueden contar más que con si mismos para protegerse. En efecto, parece no contemplarse aún el desarrollo de una política de defensa activa del movimiento obrero. Militantes de las diferentes organizaciones del FP consideran que sería sin embargo posible movilizar alrededor de esta cuestión, dada la precedente experiencia de comités de defensa de los barrios a finales de enero de 2011, que mantiene presente en los espíritus la idea de la posibilidad de autodefensa.

Los militantes que tienen esta preocupación señalan una cuestión importante de la situación. Si las organizaciones obreras llegan a construir esta política de autodefensa activa y asumida, incluso proponiéndola a las demás componentes de la oposición política (poniéndoles así frente a sus contradicciones), si llegan a poner en el corazón de su intervención la defensa de los intereses de los trabajadores, serán por ello más creíbles ante los ojos de estos últimos, representando así una alternativa creíble, militante, concreta y revolucionaria al sistema actual. En ese momento, incluso el ala “modernista” de la pequeña burguesía podría cambiar. Pero no estamos ahí. Las organizaciones obreras aparecen más bien como movimientos reivindicativos, no suficientemente independientes de las direcciones sindicales y de sus inercias.

Si el descontento popular sigue siendo tan profundo pero al mismo tiempo el nivel de autoorganización de las luchas sigue siendo tan débil y las organizaciones obreras tan dubitativas, ello beneficiará a las clases dirigentes. La alternativa sería entonces: el ascenso aún más brutal de la reacción, o la normalización burguesa en la que islamistas y “modernistas” se alternarían en el poder con la bendición de los imperialistas, para proseguir las mismas políticas hostiles a los trabajadores y mantener e incluso ampliar el clima de terror actual

Publicado en: Global

Enfrentamientos en Cisjordania en el 65 aniversario de la creación del Estado israelí

18/05/2013 by Deja un comentario

Fuente:  La Jornada

Enfrentamientos entre soldados israelíes y manifestantes palestinos dejaron este miércoles al menos 23 heridos y 27 detenidos en varias localidades de Cisjordania, durante la conmemoración de la Nakba (catástrofe, en árabe), que representa la creación del Estado de Israel en 1948 y el consecuente éxodo de 760 mil personas.

Los enfrentamientos más intensos ocurrieron en Ofer, cerca de Ramalá, donde los soldados dispararon balas de goma contra los manifestantes que les lanzaron piedras, con saldo de 15 palestinos lesionados, informó el ejército israelí.

En Hebrón los palestinos hicieron sonar una sirena durante 65 segundos, uno por cada año del aniversario, en tanto que en Jerusalén Oriental hubo choques en la puerta de Damasco, principal acceso a la ciudad vieja. La policía israelí detuvo a 27 palestinos mientras tres policías y un civil israelíes resultaron heridos.

Otro palestino fue herido de bala en la localidad de Beit Ommar, cerca de Hebrón, donde el ejército israelí indicó que cuatro soldados resultaron lesionados cuando su vehículo fue alcanzado por una bomba incendiaria.

En otros lugares de Cisjordania, como en Naplusa, salieron a las calles un millar de personas y en Hebrón más de 300, sin que se presentaran disturbios.

También hubo manifestaciones en la franja de Gaza, donde los participantes portaban llaves que simbolizan las viviendas perdidas de los refugiados, y en los carteles se leían los nombres de las localidades destruidas durante la Nakba, se exigía el fin de la ocupación israelí y el derecho de los refugiados y sus descendientes de regresar a los territorios palestinos.

El presidente Mahmoud Abbas reiteró que no aceptará ningún plan “que nos prive de nuestro derecho a un Estado libre y soberano en las zonas ocupadas en 1967” por Israel, es decir, en Cisjordania y Jerusalén oriental.

Por la tarde, un proyectil disparado desde la franja de Gaza cayó en el sur de Israel sin provocar víctimas ni daños, anunció la policía israelí.

Al día de hoy se estima que hay unos 7.7 millones de refugiados palestinos, aunque muchos no están registrados en los organismos de la Organización de Naciones Unidas.

En este contexto, los movimientos palestinos Fatah y Hamas, en el poder en Cisjordania y en Gaza, se dieron tres meses para formar un gobierno de unidad y convocar elecciones simultáneas, como estipula el acuerdo de reconciliación de 2012.

Publicado en: Global

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Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

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