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Invitados

Túnez…. Y de pronto, la revolución

14/01/2011 by maestro Deja un comentario

En 1999, cuando se contaba este chiste en los medios intelectuales, Túnez estaba amordazado, pero a cambio disfrutaba -se repetía- de una situación económica incomparablemente mejor que el resto del mundo árabe. Con un crecimiento medio del 5% durante la década pasada, el FMI ponía al país como ejemplo de las ventajas de una economía liberada de las trabas proteccionistas y en el año 2007 el Foro Económico Mundial para Africa lo declaraba “el más competitivo” del continente, por encima de Sudáfrica. “Kulu shai behi”, todo va bien, repetía la propaganda del régimen en vallas publicitarias, editoriales de prensa y debates coreográficos en la televisión. Mientras el gobierno vendía hasta 204 empresas del robusto sector público creado por Habib Bourguiba, el dictador ilustrado y socialista, se multiplicaba el número de 4×4 en las calles, se construían en la capital barrios enteros para los negocios y le loisir y hasta 7 millones de turistas acudían todos los años a disfrutar de la cada vez más sofisticada y sólida infraestructura hotelera del país. En el 2001, cuando se abrió el primer Carrefour, símbolo y anuncio del ingreso en la civilización, algunos podían hacerse la ilusión de que Túnez era ya una provincia de Francia. Era un país maravilloso: la luz más limpia y hermosa del mundo, las mejores playas, el desierto más hollywoodesco, la gente más simpática. No se podía hablar ni escribir, es verdad, pero a cambio la gente engordaba y el islamismo reculaba. La UE y Estados Unidos, pero también las agencias de viajes y los medios de comunicación contribuían a alimentar la imagen de un país más europeo que árabe, más occidental que musulmán, más rico que pobre, en transición hacia la felicidad del mercado capitalista. No se podía ni hablar ni escribir, es verdad, y también es verdad que ocupaba el segundo lugar en el ranking mundial de la censura informática, pero el esfuerzo del gobierno merecía una recompensa: Túnez organizó una Copa de Africa, un Mundial de Balonmano y en 2005 una insólita Cumbre de la Información durante la cual se ocultó al mundo una huelga de hambre de jueces y abogados y se detuvo a periodistas y blogueros.

A poco que alguien se hubiese molestado en rascar bajo esa superficie bien barnizada habría descubierto una realidad bien distinta. Nadie o casi nadie lo hizo. De enero a junio de ese año 2005, por ejemplo, El País publicó 618 noticias relacionadas con Cuba, donde no pasaba nada, y 199 sobre Túnez, todas sobre el turismo o el mundial de balonmano; El Mundo, en esas mismas fechas, registró 5162 entradas sobre Cuba, país donde no pasaba nada, y sólo 658 sobre Túnez, casi todas sobre el mundial de balonmano; y ABC tendió 400 veces la mirada hacia Cuba, país donde no pasaba nada, mientras sólo mencionaba a Túnez 99 veces, 55 de ellas en relación con el mundial de balonmano. El 10 de marzo de ese mismo año una rápida búsqueda en Google entregaba 750 enlaces sobre el reparto del gobierno cubano de las famosas ollas arroceras y sólo tres (dos de Amnistía Internacional) sobre la huelga de hambre y la tortura a presos en Túnez.  

 Pero lo cierto es que Carrefour y los humvee -y la vida nocturna en Gammarth- ocultaba no sólo la normal represión ejercida por Ben Ali desde 1987, año del golpe palaciego o del Gran Cambio, sino también la desaparición de una clase media que había comenzado a formarse en los años 60 y había sobrevivido a la crisis de finales de los 80. Unos pocos entraban en el Carrefour y otros muchos salían del país: hasta un millón de jóvenes tunecinos -sobre una población de 10 millones- viven fuera, sobre todo en Francia, Italia y Alemania. Mientras una minoría dejaba el francés por el inglés y despreciaba, por supuesto, el dialecto tunecino, la estructura educativa heredada del régimen anterior, relativamente solvente, se degradaba de tal modo que el último informe PISA relegaba a Túnez a uno de los últimos diez lugares de la lista de la OCDE. Mientras veinte familias disfrutaban del ocio en los Alpes o en París, el paro aumentaba hasta alcanzar el 18%, el 36% entre los más jóvenes: entre los diplomados y licenciados pasaba de un 0,7% en 1984 a un 4% en 1997 para dispararse a un 20% en 2010. En el espejo del Carrefour -en medio de la publicidad atmosférica que invitaba a un consumo inaccesible-, los jóvenes de la banlieue de la capital y de las regiones del centro y sur del país parecían conformarse con poder disfrutar de ese reflejo.

¿Quién se beneficiaba de este crecimiento bendecido por el FMI y por las instituciones europeas? Básicamente una sola familia, extensa y tentacular, a la que los despachos de la embajada estadounidenses filtrados por wikileaks describen como un “clan mafioso”. Se trata de la familia de Leyla Trabelsi, la segunda esposa del dictador, hasta tal punto dueña del país que muchos se referían a Túnez (la Tunisie) como La Trabelsie. Ben Alí y su familia política se habían apoderado, mediante privatizaciones opacas, de toda la actividad económica de la nación, convirtiendo el Estado en el instrumento de un capitalismo mafioso y primitivo o, mejor, de un feudalismo parasitario del capitalismo internacional. La lista de sectores saqueados por el clan resulta apenas creíble: la banca, la industria, la distribución de automóviles, los medios de comunicación, la telefonía móvil, los transportes, las compañías aéreas, la construcción, las cadenas de supermercados, la enseñanza privada, la pesca, las bebidas alcohólicas y hasta el mercado de ropa usada. No puede extrañar que, durante las revueltas de estos días, se hayan asaltado tantos comercios, empresas y bancos; se ha hablado de “vandalismo”, pero se trataba también de un vandalismo certero o, en cualquier caso, de un vandalismo que, incluso cuando se desencadenaba al azar, inevitablemente acertaba: golpease donde golpease, golpeaba sin duda una propiedad de los Trabelsi.

En este cuadro de represión y apropiación, había que tender el oído para escuchar el ruido de la marea ascendente. Pocos lo hicieron, ni siquiera cuando en enero de 2008, en Redeyef, cerca de Gafsa, en las minas de fosfatos, otro incidente menor -una protesta por un acto de nepotismo- puso en pie de guerra a toda la población. Durante meses se prolongaron las huelgas, hubo cuatro muertos, doscientos detenidos, juicios sumarísimos con penas escalofriantes. Mientras Redeyef permaneció sitiado por la policía, sólo periodistas y sindicalistas tunecinos trataron de romper el bloqueo policial e informativo. En Europa, la Trabelsia seguía siendo bella, tranquila, segura para los negocios y la geopolítica. Tan solo un periodista italiano, Gabriele del Grande, se atrevió a entrar clandestinamente en el corazón de las protestas y sacar información antes de ser detenido por la policía y expulsado del país. Su reportaje comienza así: “Sindicalistas detenidos y torturados. Manifestantes asesinados por la policía. Periodistas encarcelados y una potente máquina de censura para evitar que la protesta se extienda. No es una clase de historia sobre el fascismo, sino la crónica de los últimos diez meses en Túnez. Una crónica que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del régimen de Zayn al Abidin Ben Ali -en el gobierno desde 1987-. Una crónica que revela el lado oscuro de un país que recibe millones de turistas todos los años y del que escapan miles de emigrantes también todos los años”. En un libro posterior, Il mare di mezzo, del Grande describe en detalle la maquinaria del terror tunecino, con las cárceles secretas en las que desaparecían no sólo los opositores nacionales sino también los emigrantes argelinos, secuestrados en el mar por las patrulleras locales -policías de Europa- para ser arrojados luego en el abismo. Nadie dijo nada. Era mucho más importante sostener al dictador; Ben Ali y las potencias occidentales compartían no sólo intereses económicos y políticos sino también el mismo desprecio radical por el pueblo tunecino y sus padecimientos.

Pero el 17 de diciembre una chispa iluminó de pronto el monstruo y revelo asimismo, como explica el sociólogo Sadri Khiari, que “no hay servidumbre voluntaria sino sólo la espera paciente del momento de la eclosión”. El gesto de desesperación de Mohamed Bouazizi, joven informático reducido a vendedor ambulante, puso en marcha un pueblo del que nadie esperaba nada, que los otros árabes despreciaban y que Europa consideraba dócil, cobarde y adormecido por el fútbol y el Carrefour. Un ciclo lunar después, el 14 de enero pasado, tras cien muertos y decenas de metástasis rebeldes en todo el territorio, la ola rompió en el centro de Túnez y alcanzó su objetivo. Ya no se trataba ni de pan ni de trabajo ni de youtube: “Ben Ali asesino”, “Ben Alí fuera”. La última carga policial, desmintiendo las promesas que había hecho el día anterior el dictador, provocaron aún numerosos muertos y heridos. Pero era muy hermoso, muy hermoso ver a esos jóvenes de los que un mes antes nadie esperaba nada volverse en la calle y retener a la gente que huía para animarla a regresar a la batalla con las estrofas vibrantes del himno nacional: “namutu namutu wa yahi el-watan” (moriremos moriremos para que viva la patria). A última hora de la tarde, apoyado hasta el final por Francia, el dictador huía a Arabia Saudí, dejando a sus espaldas milicias armadas con instrucciones para sembrar el caos.

El peligro no ha pasado, la lucha continúa. Pero ahora hay un pueblo que libra las batallas. “El 14 de enero es nuestro 14 de julio”, repiten los tunecinos. Quizás el de todo el mundo árabe. Jamás el pueblo había derrocado un dictador; y este pueblo inesperado, intruso en la lógica de las revoluciones, este Túnez de jazmines y luz de miel, ahora de dignidad y combate, es el espejo en el que se miran los vecinos, de Marruecos al Yemen, de Argelia a Egipto, hermanos de frustración, infelicidad e ira. No hay que encontrar las causas, siempre dadas, sino el minuto. Y ese minuto es ahora.

 


Túnez, Argelia, Níger

Túnez no es una democracia: es una dictadura que practica el asesinato político y la tortura y en la que el gobierno vive de la corrupción más generalizada. Es necesario que apoyemos a la población en general y a los jóvenes en particular que se lanzan a las calles y exigen respeto a su libertad y a sus derechos. Ya es hora, ya es el momento de acabar con esta farsa de democracia y progreso «modernistas» destinada a engañar a los turistas y a los «mal informados». Ya es hora, ya es el momento de decir al pueblo que despierta que estamos de su parte, que no tenemos nada de ingenuos y que los tunecinos tienen razones para rebelarse. En cuanto a todos aquéllos que callan o que quieren preservar sus intereses políticos, económicos o turísticos… les quedará la vergüenza. Aparte de que los motines acaben en el éxito o el fracaso, permanecerán el principio y la causa: resistir al dictador y denunciar a sus aliados (dictadores, demócratas y/o hipócritas).

Realmente hace falta ser un dictador para afirmar que los disturbios en las calles de Túnez se deben a la injerencia «extranjera» y las actuaciones «imperdonables» equivalen a «terrorismo». El intachable gobierno de Túnez, democrático y nada corrupto, sabe de qué habla. Los aliados occidentales manifiestan algunas inquietudes, pero apenas o ninguna condena. La policía y el ejército disparan balas de verdad a los civiles, los muertos ya se cuentan por decenas, pero todavía no es suficiente para alarmar a los gabinetes occidentales. El aliado tunecino tiene privilegios especiales, en la comunidad internacional, para tratar como es debido a su oposición o cualquier intento de resistencia a su dictadura y su opresión.

En Argelia, las cosas parecen calmarse y sin embargo las reivindicaciones permanecen legítimas. ¿Adónde va el maná petrolero? ¿Quiénes son los corruptos que se llenan los bolsillos con el comercio, ganancias fraudulentas o comisiones ilícitas mientras el pueblo argelino se empobrece, crece el desempleo y el sistema entero se desploma sobre una población asfixiada? Un sistema cerrado, una corrupción generalizada, las mentiras y las manipulaciones: Argelia va mal, mientras que su presidente está enfermo. La calle se ha expresado y volverá a expresarse. En los próximos días o en las próximas semanas. Y tendrán que escucharle. Porque ya es hora, ya es el momento.

Desde Níger nos llegan noticias del horror. Dos jóvenes franceses secuestrados y después asesinados a sangre fría. La condena de estos actos odiosos es clara, tajante, definitiva. Eso no puede ser, no debe ser, y hay que combatir a esos grupos extremistas, manipulados o manipuladores (de la religión, de sus principios o de otras referencias o causas…). Como ya hicimos en el Coloquio Internacional de Musulmanes del Espacio Francófono (CIMEF) en julio de 2010, hay que repetir que nada puede justificar el asesinato de personas inocentes (ni los actos de esta naturaleza) en nombre del Islam o de cualquier compromiso político.

Al mismo tiempo que expresamos alto y claro esta condena queremos expresar, también alto y claro, las reservas sobre la estrategia de los gobiernos africanos y francés con respecto a la amenaza de esos grupúsculos y redes extremistas y violentas. Tres militares africanos a quienes entrevistamos este verano nos contaron sus problemas de conciencia, sus inquietudes y angustias debidas a las órdenes que reciben y a la forma en que deben actuar en el Sahel frente a esas redes en las que se mezclan los extremistas, los bandidos y los saqueadores. Les ordenan que no tomen ningún prisionero, que liquiden a todos los miembros de los grupos una vez localizados, estén armados o no, estén combatiendo o no. Uno de los militares una vez llamó a su comandante y le informó de que habían localizado un grupúsculo restringido que no estaba en combate y en el que había dos mujeres. La respuesta no se hizo esperar «¡Mátenlos a todos! No queremos prisioneros». ¿Por qué? ¿Cómo se explican esos asesinatos? Otro militar aseguraba que encontró el cadáver de una persona a la que había ordenado que arrestaran en una expedición anterior y a la cual debieron liberar, ya que se encontraba entre los muertos algunas semanas después. Extraña estrategia, cruel, pero sobre todo incomprensible. El ejército francés está en el centro de esas formas de actuar y, en semejante ambiente de locura y sinsentido, la persecución de los secuestradores significaba irremediablemente la muerte de sus dos cautivos. ¿Cómo dudarlo?

No podemos detenernos sobre este único asunto y expresar condenas, sino que es claramente el conjunto de la estrategia africana-francesa en el Sahel la que hay que cuestionar. El régimen de terror, la mezcla de los géneros (lucha contra el terrorismo, el bandolerismo o la corrupción), las ejecuciones sumarias, la falta de respeto a la vida de las personas y los prisioneros y los métodos expeditivos no pueden ofrecer seguridad ni a los africanos (malienses, nigerianos, etc.) ni a los residentes franceses. Francia se sigue equivocando en África. Como siempre. Acaba de intentar el rescate de dos rehenes «a la africana»… porque muchos Estados africanos también se equivocan en la propia África. Ya ha llegado el momento, en la lucha contra los extremistas violentos, de adoptar una estrategia, de respetar ciertos principios de la dignidad y el derecho y no creer que lo que está pasando en el Sahel, lejos de las cámaras, se justifica por el silencio mediático. Algún día los inocentes pagarán, personal y mediáticamente, esos errores. Es necesario que eso acabe. Ya es hora, es el momento.

Nuestras condolencias a las familias de todas las víctimas en Túnez, en Argelia, en Francia… al lado de los oprimidos, de las víctimas y de los inocentes. Siempre.

 

Fuente: http://www.tariqramadan.com/De-la-Tunisie-de-l-Algerie-et-du.html


Un pueblo inesperado derroca un tirano
Santiago Alba Rico Público

Después de 28 días de revueltas, un pueblo del que nadie esperaba nada ha derrocado al dictador que se sentía más seguro, apoyado sin reservas por la UE y EE.UU. y arropado en la oscuridad por los medios occidentales. Zine el Abdin Ben Alí huyó hoy de Túnez empujado por una población que ha descubierto día a día, durante cinco semanas, un poder que ignoraba poseer. Un incidente trágico, pero menor, encendió la yesca acumulada durante décadas de frustración económica y política y nadie ha podido detenerla.

El miércoles por la tarde, cuando la ola de protestas había ya roto contra el centro de la capital, el dictador trató de neutralizar la amenaza prometiendo abandonar el cargo en 2014, levantar la censura y conceder libertades políticas. Pero era ya demasiado tarde. “66 muertos es un precio muy caro a cambio de youtube“, decían los blogueros en la red.

Hoy por la mañana, la popular avenida Burguiba, en el centro de la ciudad, se llenó de una multitud que protestaba frente al ministerio del Interior. Estudiantes, parados, intelectuales, artesanos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, dejaban claro que habían perdido el miedo y que no estaban dispuestos a aceptar nada que no fuera la salida del dictador.

Si días antes se había visto arder la fotografía de Ben Alí, las consignas de los ciudadanos, algunos subidos en las ventanas del terrorífico ministerio, dejaban claro su propósito: “Ben Alí c’est fini“, “Asesino”, “No nos marcharemos hasta que Ben Alí no se vaya”.

Conscientes de su fuerza

Un mes antes, esas mismas personas pronunciaban el nombre de Ben Alí en voz baja y nunca ante más de tres personas. Ahora exigían a gritos su partida, conscientes de su fuerza, ondeando la bandera del país y entonando un himno nacional de pronto subversivo: “moriremos para que la patria viva”. Cuando la policía comenzó a cargar y enseguida a disparar, los jóvenes se volvían, reanudaban el canto y se daban ánimos unos a otros para volver a la batalla. Nadie invocó a Alá sino a la patria, la decencia, la democracia.

Entre tanto, en otros lugares de la ciudad se producían saqueos e incendios, furor justiciero de un vandalismo en realidad bien dirigido: eran las lujosas mansiones de los Trabelsi, la familia política de Ben Alí, las que ardían. El clan mafioso de los Trabelsi -como los cables de Wikileaks lo describen- era el blanco de la ira popular. “Devolvednos nuestro dinero”, gritaba esa mayoría hasta hoy aplastada, excluida al mismo tiempo de los recursos y de las decisiones.

Hoy se mantienen sin duda las incertidumbres. Mohammed Ghanoushi, presidente interino, era el primer ministro de Ben Alí. La UE y los EE.UU. van a vigilar de cerca. Pero en estos días en Túnez ha ocurrido un milagro muy raro: el pueblo menos esperado ha derrocado al tirano más incuestionado. No hay vuelta atrás cuando se deja de creer en los Reyes Magos. Tampoco cuando se descubre en uno el poder de la dignidad humana.

 


Crónica del último día de un dictador (y del primero de un pueblo) Túnez: la lógica en cuclillas
Alma Allende Rebelión

“Lo hemos hecho temblar, pero no caer”, decía ayer por la mañana un amigo tunecino, director de cine y profesor, convencido de que la estrategia de Ben Alí había dado sus frutos. Estábamos delante del ministerio del Interior, en la calle Bourguiba, rodeados de una multitud que se había ido reuniendo desde las 9 de la mañana, en una jornada de huelga general convocada por la UGTT, pero que ningún partido ni organización secundaba o dirigía. El propio sindicato parecía haber abandonado a la gente a su suerte, ocupado más en negociar con palacio que en atender las demandas de sus afiliados. Ni comunicados ni instrucciones ni discursos. Gente, sólo gente de toda condición, dispuesta a desmentir las previsiones de mi amigo a fuerza de insistencia. El día anterior, tras las nuevas promesas del dictador, mientras coches de alquiler escenificaban a bocinazos un inverosímil apoyo a las medidas, los blogueros en Internet resumían un sentimiento común: “66 muertos son un precio muy alto para tener sólo youtube”. No era eso lo que querían y para demostrarlo habían acudido a la avenida principal de la capital tunecina, donde se encuentra el Hotel Africa, símbolo del Túnez turístico y barnizado, y el infame ministerio del Interior, símbolo de la dictadura: “Ministerio del Interior, ministerio del terror”, gritaban subiéndose a las rejas de la planta baja mientras desde arriba esbirros de la policía grababan a la muchedumbre.

Se miraba mucho a las terrazas, temiendo a los francotiradores que el jueves habían causado dos víctimas mortales en el barrio de Lafayette, pero se tenía al mismo tiempo la tranquilidad de que la intervención de la policía era más improbable que nunca: el discurso del presidente y la presencia de periodistas extranjeros excluía, al menos de entrada, una matanza. Había muchos jóvenes -estudiantes, empleados y parados- pero también profesores, intelectuales, administrativos, informáticos, hombres y mujeres, y también niños y ancianos. Un hombre maduro de aspecto muy formal, envuelto en un abrigo de contable, discutía con dos chicas sobre la conveniencia de que Ben Alí dejara inmediatamente el poder, convencido de que no había ningún recambio que impidiese el caos. Detrás, un setentón tocado con una chachia y vestido con burnus, con manos de hierro de trabajador, con mucha menos cultura que su interlocutor, le corta sin embargo con autoridad: “No estamos en la escuela”, dice, “que se vaya y nosotros decidiremos”. Eso es, en efecto, lo que piden a gritos acompasados los manifestantes, mediante consignas repetidas una y otra vez entre un ondear de manos. Han perdido el miedo y no están dispuestos a recular: “Pan y agua, Ben Alí no” (hubz wa me, Ben Ali le), “Túnez libre, Ben Alí fuera” (Tunis khurra khurra, Ben Ali barra barra), “Ben Alí asesino”, “Trabelsi, ladrones del estado”, “No pararemos hasta derrocar al dictador”. Las consignas se interrumpen a menudo para dar paso al himno nacional, reciclado o recuperado como canto subversivo: “moriremos moriremos para que la patria viva”. Ninguna consigna religiosa ni bandera partidista. Y cuando un barbudo invoca una vez el nombre de Alá, es sepultado bajo un alud de silbidos y abucheos.

A las dos de la tarde nadie se ha ido. Se busca un poco de agua y cigarrillos y se vuelve a la multitud, que recupera dos elementos por cada uno que pierde. Los mismos que por la mañana creían la partida perdida ahora empiezan a recuperar la fe, cambio que coincide y se solapa con un aumento de la tensión. La paciencia, el empecinamiento, la obstinación de los gritones comienzan a poner nerviosos a los policías, que por primera vez forman en escuadra en las calles adyacentes a la avenida Bourguiba, cerrando los accesos. A través de los teléfonos móviles se reciben noticias desde otros barrios de la ciudad y los rumores contagian una excitación nueva: la policía reprime a los habitantes de la periferia que quieren acceder al centro, muertos en Hay el-Khadra y Le Kram, asaltos a las casas de los Trabelsi en La Marsa. ¿Será cierto? Es la policía quien nos lo confirma con su barbarie. Un minuto después de que el cadáver de un joven asesinado el día anterior cerca de la Medina desfile por encima de la multitud del boulevard, comienza el asalto. Detonan las bombas lacrimógenas y en medio del humo blanco la multitud empuja hacia las estrechas callejas adyacentes. Pero lo hace con una disciplina, con una prudencia, con una buena educación que nadie habría sospechado tampoco hace tan solo veinte días: wahda, wahda, shuaia, shuaia, imponen orden jóvenes passolinianos de una belleza inesperada, tratando de evitar una avalancha. Consiguen incluso hacer recular la primera estampida. El segundo asalto, en medio de las explosiones, provoca la desbandada. Salimos ya un poco a ciegas, tosiendo y frotándonos los ojos, entre dos cortinas de humo, delante y detrás, y algunos preferimos no pararnos, cruzar la nube que nos cierra el camino y huir del centro del avispero. Los desafortunados que no lo consiguen, los valientes que no quieren ceder, se verán a partir de ese momento encerrados durante dos horas en medio de una balacera.

Miles de personas corren por las calles alejándose de la avenida Bourguiba. Son miles, son muchos más de los que había en la concentración. ¿De dónde han salido? Las calles hasta entonces fantasmales, con todas los cierres metálicos de las tiendas bajados, burbujean ahora de una vida extraña, mitad excitada mitad amenazada, con una agudísima conciencia colectiva. Es muy emocionante. De pronto dos, tres, cuatro jóvenes se paran, se dan la vuelta y levantan las manos para detener a los fugitivos. “Hay que volver y luchar”, gritan. Y rompen a cantar de nuevo el himno nacional: namutu namutu wa yahi al-watan, moriremos moriremos para que viva la patria. Seis de cada diez vuelven sobre sus pasos para continuar la pelea a cuerpo desnudo. En ese momento no lo sabemos, pero este gesto cobra retrospectivamente todo su sentido: Ben Alí ha sido vencido por un pueblo que ha descubierto el valor de las matemáticas. Diez es más que uno; cien es más que diez. Y el del relato: hay un momento en el que es necesario marcar el climax, introducir un poco de retórica, respetar las convenciones. Los jóvenes cantan, arengan y el pueblo se gira, combate y vence.

A partir de las 16 h. los acontecimientos se precipitan. Un vandalismo certero saquea y destruye en Gammarth las casas y muebles de la familia Trabelsi, dueña del país; se incendian comisarías en la Goulette; se lucha en Le Kram y en otros puntos de la ciudad. A media tarde se anuncia el estado de excepción con un toque de queda a partir de las 18 h. El ejército ocupa el aeropuerto y cierra el espacio aéreo. Miembros de la familia Trabelsi son arrestados. El dictador Ben Alí abandona Túnez en un avión con destino desconocido. A las 18.50 en el canal 7, el hasta entonces primer ministro, Mohamed Ghanouchi, asume la presidencia interina del país comprometiéndose a convocar elecciones. En algunas calles, soldados y ciudadanos se abrazan. El primer acto, la derrota del dictador a manos de su pueblo, se ha consumado.

No es fácil saber qué pasará ahora. El nuevo gobierno es en realidad el viejo decapitado y su presidente pertenece al mismo partido; y ni siquiera tiene legitimidad constitucional para ocupar el cargo. EEUU y la UE han dirigido sin duda las operaciones en la sombra. Y quedan rescoldos encendidos -una policía refractaria y quizás saqueadora.- Pero ayer -cosa rarísima- hubo una victoria del pueblo y la menos previsible. El pueblo en el que menos se confiaba -un pueblo censado entre los vencidos y entregados- derrocó al dictador que más seguro se sentía. Podemos describir la lógica de las cosas, y es bueno hacerlo; pero jamás podremos saber en qué momento y por qué motivo suspende su dominio sobre el mundo. Los mismos que se rebelaban dignamente contra la oferta de Ben Alí, que quería venderles youtube a cambio de 66 muertos (finalmente más de cien), celebran hoy la victoria, pero desconfían y vigilan. Es que la conciencia de su dignidad, sus derechos y su fuerza es una felicidad siempre despierta.

rCR

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Tunes organiza su defensa

Con batallas en las calles, rumores interesados difundidos, pero con la conciencia que esto no ha acabado y que aún hay que pelear, el pueblo tunecino ha dado un ejemplo de liberación.

Alma Allende (rebelión)

El segundo día del pueblo tunecino se levanta con un cielo ancho y puro que aboveda aún más el silencio tenso que se ha apoderado de las calles. Mis amigos Ainara y Amín, después de una noche de terror refugiados en la casa de un obrero cerca de la avenida Bourguiba, donde quedaron atrapados tras la manifestación del día anterior, vienen a refugiarse a casa. Traen los periódicos y no podemos dejar de echarnos a reír con pueril entusiasmo. 

De la noche a la mañana los diarios en árabe del régimen de Ben Alí han acusado la revolución. As-Sabah titula: “El pueblo ha dicho su palabra”. As-shuruq, más popular, es aún más rotundo: “La voluntad del pueblo ha triunfado”. Por primera vez en su historia, en la cinta donde figura el equipo de redacción se ha añadido una frase: “diario independiente de la mañana”. Es como si el ABC encabezase su edición con un “¡viva Fidel!”.

Cuando salimos a la calle salimos ya a otro país. Son los mismos árboles, las mismas casas, las mismas gentes, pero en un mundo paralelo, en otra dimensión clónica en la que todo es exactamente distinto de su gemelo. Todo está mudo y muy pocas personas circulan por las calles de Mutuelleville. Las tiendas están cerradas; también, por supuesto, el Magazin General, que en cualquier caso, y al contrario que otros supermercados, no ha sido ni saqueado ni quemado. 

Encontramos finalmente una tiendecita abierta en la espalda de un edificio, junto a Charles Nicole. Una veintena de personas se agolpan frente al mostrador. Algo ha cambiado: no hay leche ni harina ni pan. Pero no es esto lo importante. La gente está -cómo decirlo- mejor educada; es más delicada, más respetuosa. No hay golpes ni empujones, no obstante el desabastecimiento y la necesidad de llevar alguna vianda a casa. Todos esperan su turno, preguntan con serenidad, se intercambian informaciones. En diez minutos hacemos una profunda amistad con una familia que expresa su alivio por la partida del dictador. Nos abrazamos. En una bolsa llevamos una botella de schweps, dos de zumo de naranja, un botecito de dentífrico, dos chocolatinas y una lata de sardinas.

En Place Pasteur, la poca gente que pasa saluda al retén militar, rodeado de alambrada de espino, que hace guardia en la entrada del Belvedere. Todos estamos tensos, tenemos miedo, pero al cruzarnos nos intercambiamos un saludo. En cada desconocido, de algún modo, reconocemos algo común, una amistad de otro tiempo que queremos verificar con este “aslema” tímido y sonriente.

Luego, hacia las dos de la tarde, la jornada se vira. Empiezan a llegar noticias de grupos armados que, en coches sin matrícula, entran en los barrios de la capital y disparan indiscriminadamente, asaltan las casas y las saquean. Los vecinos se organizan, armados de palos, para defender sus zonas. En nuestra propia calle una pandilla que esgrime cuchillos es rechazada por los habitantes de las casas contiguas, que me dicen que han pedido ayuda a la policía. Munquid, que vive en el garaje de al lado y se ocupa de regarnos las plantas en verano, me asegura, palo en ristre, que defenderá también nuestra casa.

Tras el toque de queda, que entra en vigor a las 17 h., la situación se vuelve angustiosa. El helicóptero militar que vuela desde la noche anterior por encima del barrio, con su luz roja giratoria y su sirena, rozando los tejados, pasa y pasa una y otra vez. Ayer me irritaba su rugido insistente; hoy me irrita más no oírlo. Los barrios de Túnez han organizado comités de autodefensa coordinados con el ejército para neutralizar a los “tonton macoute” de Ben Alí: 3.000 policías, se dice, que el día anterior habrían causado la muerte de cien personas y que horas antes han disparado sobre el Café Saf-Saf, en La Marsa, centro populoso de esparcimiento de nativos y turistas.

En casa, a partir de las 10 de la noche, mientras se escuchan a lo lejos, en Montfleury y Hay el-Khadra, ráfagas aisladas de metralleta, Amín organiza un centro de información; una especie de teleoperador de guerra que se comunica con los distintos frentes a través de Internet. Meher, Heyfel y Tarek están en Mourouj, Sofien en el Bardo, Taha en el Menzah, Mehdi en Cité el-Khadra, Amine y Radhouan en Kabaria, Amir en Ariana. Todos reportan minuto a minuto las evoluciones de la lucha sobre el terreno. Entre los barrios se ha organizado una especie de competencia para ver cuál de ellos detiene más coches de asesinos. 

La victoria por el momento es de Mourouj, donde se han arrestado diez. Es verdad que el pueblo unido jamás será vencido y si a veces parece una exageración lírica o retórica es por que no hay suficiente pueblo o no está suficientemente unido. Hay tensión, miedo, angustia, pero también determinación en la victoria. Lo que parecía una revolución cabalgada por un golpe de Estado se está convirtiendo poco a poco en una guerra. Inquieta un poco leer los periódicos occidentales -los de España, pero también Le Monde o Liberation en Francia- y descubrir que no describen la situación en sus justos términos. Hablan de disturbios, de motines, algunos insinúan la presencia de elementos salvajes del “benalismo”, pero no dicen lo que verdaderamente está ocurriendo: grupos de policías del dictador -y de las milicias de su partido- acompañados de mercenarios están tratando de doblegar al pueblo por el terror.

Pero el pueblo tunecino resiste. Una mujer exiliada en Francia decía que “el 14 de enero es nuestro 14 de julio”. Tiene razón. Lo que ha ocurrido estos días en Túnez marca un viraje histórico que saca al mundo árabe en su conjunto de la sumisión a la que parecía condenado. Argelia, Egipto, Jordania, temen el contagio. Ya nada será igual: un clavo ha sido sacado no por otro clavo sino por una flor. Y nos hemos instalado ya en otra dimensión.

El segundo día del pueblo tunecino acaba lleno de incertidumbres y angustias, con batallas en las calles, rumores interesados difundidos por los mismos medios con los que el pueblo se informa y se defiende, con la conciencia de que esto no ha acabado y de que aún hay que pelear.


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Los síntomas de una nueva crisis alimentaria mundial

14/01/2011 by maestro Deja un comentario

Rob Vos, director de políticas de desarrollo y análisis en el Departamento de Economía y Asuntos Sociales de la ONU nos cuenta que el aumento de los precios ya estaba afectando a varios países en desarrollo. Indicó que naciones como India y otras de Asia oriental y sudoriental sufren ya inflación de dos dígitos, impulsada por el aumento de los precios de los alimentos y de la energía. En Bolivia, el gobierno se vio obligado a reducir los subsidios a algunos de los alimentos de la canasta básica, ya que estaban disparando el déficit fiscal.

Las implicaciones a corto plazo no sólo son que los pobres se verán afectados, y que más gente podría ser arrastrada a la pobreza, sino que además se dificultará la recuperación de los países que afrontan una mayor inflación y caerá el poder adquisitivo de los consumidores en general, indicó. Algunos bancos centrales están endureciendo sus políticas monetarias, y gobiernos se ven obligados a ajustar el cinturón fiscal, señaló Vos, también jefe economista de la ONU. Frederic Mousseau, director de políticas del Instituto Oakland, con sede en la occidental ciudad estadounidense de San Francisco, declaró que en septiembre pasado Mozambique ya había sufrido revueltas populares por los altos precios del pan. Unas 13 personas murieron en esas protestas.

“Se dieron manifestaciones en unos 30 países en 2008, y esto podría repetirse ya que la situación no ha cambiado en los últimos tres años”, sostuvo Mousseau, autor del libro “El desafío de los altos precios de los alimentos: una revisión de las respuestas para combatir el hambre” (inglés). Los países más vulnerables son los más dependientes de las importaciones y los menos capaces de afrontar el incremento de los precios en los mercados con políticas públicas, sostuvo. Esto concierne a muchas de las naciones más pobres, con menos recursos, menos instituciones y menos mecanismos públicos para apoyar la producción de alimentos, explicó Mousseau.

A fines del año pasado hubo protestas en China por los altos precios de los almuerzos para estudiantes de secundaria, y en Argelia por el incremento de la harina, la leche y el azúcar. Los argelinos volvieron a tomar las calles la semana pasada para protestar contra las duras condiciones económicas. Las manifestaciones terminaron con tres muertos y cientos de heridos, mientras que en la vecina Túnez disturbios similares causaron al menos 20 víctimas fatales.

Según el índice de la FAO divulgado la semana pasada, los precios de los cereales, las semillas oleaginosas, los lácteos, las carnes y el azúcar continuaron aumentando por seis meses consecutivos. “Estamos entrando en terreno peligroso”, dijo Abdolreza Abbassian, economista de la FAO, a un diario londinense. Mousseau explicó que los precios comenzaron a aumentar en 2010 luego malas cosechas en Rusia y Europa oriental, en parte debidas a los incendios del verano boreal. Ahora, las severas inundaciones que azotan Australia, el cuarto mayor exportador mundial de trigo, probablemente afectarán la producción de ese cultivo e impulsarán aun más los precios al alza, predijo. “Cualquier otro acontecimiento, como otro desastre climático en algún país exportador o un nuevo incremento del petróleo, sin duda alguna disparará los precios y hará que la situación sea peor que en 2008, amenazando por tanto el sustento de miles de millones de personas en todo el mundo”, añadió.

No obstante, Mousseau aclaró que no se trataba de un problema de escasez, como ocurrió en 2007-2008. “No se puede usar la palabra escasez si se considera que más de un tercio de los cereales producidos en el mundo son usados como alimento para animales, y que una parte cada vez mayor es utilizada para hacer agrocombustibles“, dijo. De hecho, en el mundo se produjeron 2.232 millones de toneladas de cereales en 2008, una cifra sin precedentes, destacó. El nivel de producción para el periodo 2010-2011 es levemente menor que en 2008. A diferencia de aquel año, cuando el arroz fue el que impulsó el incremento de los precios, esta vez es el trigo. Pero, en todo caso, se debe a una combinación de factores: una mala cosecha en una parte del mundo supone una presión sobre el mercado, lo cual envía señales negativas a los especuladores. Estos entonces comienzan a comprar y los precios se disparan.

http://periodismohumano.com/economia/los-sintomas-de-una-nueva-crisis-alimentaria-mundial.html

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Urge una nueva teoría para la realidad actual de América Latina

10/01/2011 by maestro Deja un comentario

La democracia representativa y el poder obedencial deben ser fiscalizados. La representación es necesaria, porque no puede hacerse todo por democracia directa…

El filósofo Enrique Dussel, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, considera que para el momento de maduración en el que se encuentran los procesos latinoamericanos, con una mayoría de gobiernos electos de centro-izquierda, es esencial la construcción de “una teoría para la realidad actual”. Teoría de liberación, innovadora, crítica, creativa, que elabore no sobre la destrucción del Estado, como lo pensaron los marxistas clásicos, sino que dote de contenidos de democracia participativa a los poderes políticos que hoy gobiernan.

Sostiene, a contracorriente de otros influyentes pensadores, como el irlandés John Holloway, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Cambiar el mundo sin tomar el poder) o el italiano Antonio Negri, de la teoría de la resistencia, que “el asunto, actualmente, no es criticar al Estado, sino hacer un Estado que sea útil a la gente”.

Dussel se define como filósofo de la liberación, “que es –explica– una tradición filosófica latinoamericana, no es escuela de ninguna otra”, un cuerpo de ideas y obras que un grupo de filósofos vienen pensando desde los años 70. “Aunque hay intelectuales que encuentran esto pretencioso. Con los decenios se irá viendo si tuvimos razón o no”.

Dussel (Mendoza, Argentina, 1934) recibió recientemente en Caracas el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, que otorga el Gobierno de Venezuela a las obras de creación de teoría para la realidad latinoamericana actual. Es el galardón más importante de América Latina, tanto por las obras y los pensadores reconocidos como por su monto económico. Se premió un trabajo publicado ya en dos tomos, Política de la liberación. Un tercer capítulo viene en camino.

PODER OBEDENCIAL

Apenas inicia la entrevista, el maestro aborda, entusiasta, el tema que ha ocupado en semanas recientes, por derecho propio, las primeras planas de los diarios: las filtraciones de WikiLeaks. “Es un fenómeno histórico mundial. Las transnacionales que controlan el movimiento del dinero –Visa y Mastercard– clausuran las cuentas a la organización WikiLeaks en represalia. Y al día siguiente más de 40 mil ciudadanos de buena voluntad también las bloquean a ellas.

¡En menos de 24 horas organizaron una acción que puede paralizarlas completamente! Ésta es una expresión de participación política en los medios de la revolución tecnológica. Son cosas muy nuevas que todavía no se han procesado en filosofía política. Lo veo como una muestra de lo que Evo Morales llamó la democracia obedencial”.

Es, insiste, todo un salto: “La revolución de los medios electrónicos equivale al momento en que apareció la máquina de vapor y detonó la revolución industrial. Ésta es una revolución política, porque este medio va a cambiar el proceso de la producción de decisiones políticas. Ahora la gente puede ponerse en contacto y participar en la toma de decisiones de una manera increíble e instantánea. Eso nunca había pasado”.

En el primer tomo de su Política de liberación, historia mundial y crítica, Dussel parte del origen de la filosofía “que no es eurocéntrica ni helenocéntrica, sino que nace en Mesopotamia, India, China, Egipto” y concluye con unas reflexiones sobre “el sentido que le ha dado Evo Morales al poder, poder obedencial”.

–¿Por qué obedencial?

–Mirando hacia lo que significan los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chávez, Rafael Correa o Luiz Inácio Lula da Silva, es absurdo plantearles la disolución del Estado. Hay que tener una visión completamente distinta de la política, aun revolucionaria.

–¿Hacia dónde debe dirigirse la crítica, entonces?

–Tradicionalmente la izquierda hizo crítica al poder político como dominación. Yo digo: el poder político no es de dominación, reside en el pueblo, consiste en el consenso del pueblo. Las instituciones no son el lugar del ejercicio del poder, se les ha delegado. Cuando las instituciones creen que son la sede, ése es el fetichismo. Cuando un presidente dice, como dijo Felipe Calderón, tengo el monopolio del poder, se equivoca, se ve que no tiene mucha instrucción. El Estado tiene el uso de la violencia legítima, pero el único que tiene el monopolio del poder es el pueblo. Toda institución del Estado tiene el ejercicio delegado y eso Evo Morales, siguiendo en la línea de los zapatistas de Chiapas, le llamó el poder obedencial.

–Esta referencia cruza algunas contradicciones: recuerda la brecha que hay hoy en Ecuador entre el presidente Rafael Correa y el movimiento indígena. O el caso del movimiento zapatista, que cuando llegó a la presidencia el primer gobernante indígena en Bolivia, ellos no se vieron reflejados en él.

–Yo lo que he diferenciado es el poder, que reside en el pueblo y las instituciones. Por eso el Movimiento de los Sin Tierra, en Brasil, que es crítico, dice: miren, Lula no fue lo ideal, pero lo apoyamos. Y cuando traicione lo vamos a criticar, pero es el mal menor. Otros dicen: es el mal, y se oponen frontalmente. Pero hay cierta oposición de la extrema izquierda que se toca con la extrema derecha.

Lo que yo digo es que en la actual coyuntura latinoamericana, la izquierda tiene la responsabilidad de ejercer el poder en favor de un pueblo. Las instituciones pueden intentar servir al pueblo o pueden ser represivas. No es un hecho a priori que las instituciones son dominación siempre.

La democracia representativa y el poder obedencial deben ser fiscalizados. La representación es necesaria, porque no puede hacerse todo por democracia directa; los 112 millones de mexicanos no podemos estar en asamblea permanente. Hay que tener representación. Pero la representación finalmente se corrompe si no es fiscalizada.

Ahora, gracias a los medios electrónicos, tenemos por primera vez en la historia humana un instrumento de redes que permite la organización de esa participación fiscalizadora. Hay movimientos sociales, como el zapatismo, que tienen gran sensibilidad sobre la participación. Porque ahí es donde se expresa la voz del pueblo. Pero hay que repensar la representación en un momento creativo. No hay que confundir los tiempos, hay un tiempo para criticar y un tiempo para gobernar. Y estamos en el tiempo del gobierno en América Latina.

–El problema es cuando la corrupción llega demasiado pronto.

–Pero ésa es la condición humana. Eso no va a desaparecer nunca. El que ejerce el poder tiene muchas tentaciones de aprovecharse. Para eso hay que crear organismos de participación para fiscalizar.

–¿Qué teorías le dan cuerpo a lo que Chávez llama el socialismo del siglo XXI?

–Éste es un momento esencial para la construcción de la teoría en toda América Latina. Hay categorías que ya no nos alcanzan para una realidad compleja, hay que renovar todo. Se necesita una nueva teoría, pero que no sea pura imitación de lo que se dijo ya hace siglo y medio.

Dussel cita algunas fuentes importantes para la construcción del pensamiento latinoamericano actual: Theotonio dos Santos, Immanuel Wallerstein, Franz Hinkelammert, Boaventura de Souza, Hugo Zemelman, el húngaro István Mészáros. Y añade el pensamiento aymara y el zapatismo, que no forman parte de las teorías clásicas.

“Tenemos mucho que recuperar de esos pueblos, que antes la izquierda no supo considerar. En 1994 el zapatismo fue una conmoción para muchos intelectuales. El asunto es tener una visión de pueblo que no sea populista, que suponga articular la clase y las etnias indígenas dentro del pueblo. Y eso es una explosión teórica, porque ¿qué hacer con el imaginario de los pueblos, que son relatos religiosos míticos? La izquierda era tradicionalmente atea y veía como retrógrado ese imaginario. O decir, dentro del imaginario, como señala Ernst Bloch en El Principio esperanza, toma los mitos, que llama como el sueño despierto de la humanidad, y dice: hay unos que son de dominación y otros que son de liberación.

 

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Julian Assange y Posada Carriles: el terrorismo en el mundo al revés

06/01/2011 by maestro Deja un comentario

Simultáneamente ocurrirán dos vistas judiciales, la del australiano Julian Assange y la del cubano-venezolano Luis Posada Carriles. En ambos casos, las presiones políticas han llevado al paroxismo la ceguera de los encargados de impartir justicia.

El 11 de enero comenzará en El Paso, Texas, un juicio contra Luis Posada Carriles, considerado por muchos el mayor terrorista del hemisferio occidental. Posada, después de numerosas demoras y posposiciones, será juzgado, pero no por ser el autor intelectual de la voladura en pleno vuelo de un avión de pasajeros ni por haber contratado al ejecutor de los atentados con bomba en hoteles cubanos que costaron la vida a un turista italiano, sino por mentir bajo juramento. Aproximadamente a la misma hora , en Londres, en una corte conocida por tratar delitos de terrorismo, tendrá lugar la próxima audiencia contra el líder de la organización Wikileaks, Julian Assange, bajo lo que no pocos analistas califican de extrañas acusaciones de “agresión sexual”.

Sobre los actos criminales de Posada Carriles obran en manos de las autoridades norteamericanas miles de documentos y testimonios probatorios, incluyendo las propias declaraciones del ex agente de la CIA al periódico The New York Tmes, en que se jacta de sus fechorías. Contra Assange en los tribunales londinenses, se enarbolará sólo una rocambolesca historia de celos y seducciones contada por sus acusadoras suecas.

En síntesis, a un terrorista confeso se le juzga por mentiroso y a quien ha sacado a la luz verdades incómodas sobre los actos terroristas cometidos por los amigos norteamericanos de Posada Carriles se le trata como a un terrorista. Sin embargo, desde las antípodas, hay un punto donde las historias se tocan, más allá del calendario y la ceguera de los que imparten justicia: la principal acusadora contra Assange y Posada Carriles tienen amigos comunes en Cuba. Anna Ardin estuvo en la Isla, trabajando junto a las llamadas Damas de Blanco, grupo que ha reconocido estar financiado por los promotores de Posada, incluso éste ha asistido en Miami a manifestaciones en su apoyo.

Dicen que la oportunidad la pintan calva y la prensa, que tan atentamente ha seguido el proceso contra Assange, tendría en estos hilos un buen motivo para investigar lo que los tribunales no quieren conocer. Pero, al parecer, no es la justicia la única ciega en esta historia que entrará en los anales del mundo al revés.

Julian Assange y Posada Carriles: el terrorismo en el mundo al revés

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El ámbito de relaciones capital y el ámbito de relaciones Estado

05/01/2011 by maestro Deja un comentario

Es pues una ilusión creer que con el instrumento del Estado podemos desplegar una política anticapitalista; las reformas estatales han resultado ser formas de soluciones a la crisis del capitalismo.

Círculo Epistemológico-Comuna

Hablemos del fetichismo del Estado así como hablamos del fetichismo de la mercancía. Si el fetichismo de la mercancía se puede entender como ese imaginario que reduce las relaciones sociales como si fuesen relaciones entre cosas, esto es el fenómeno de la cosificación, que también se conoce como reificación, se puede hablar del fetichismo del Estado como el imaginario que reduce las relaciones de poder como si fuesen la relación entre el Estado y la sociedad civil, el Estado como representante de la voluntad general, que expresa el bien común, y la sociedad civil como ámbito de la pluralidad de intereses particulares. El Estado es una relación, como lo es el capital; el capital es una relación de explotación; en cambio, el Estado es una relación de poder, una relación de dominación.

El Estado es el sujeto general, el burgués general, que gestiona la explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital, que agencia la acumulación de capital y administra la crisis del capitalismo; el Estado es el capital en su dimensión política. En cambio, el capital expresa una relación de dominación, la relación de explotación, como si fuese meramente económica, es decir, como si fuese natural. Estado y capital forman un sistema, cada cual es una de las caras de la misma medalla. No se trata de repetir la metáfora de la determinación de la estructura sobre la superestructura, tampoco de resolver el problema de una relación compleja en términos de la sobredeterminación, por este camino concebir la autonomía relativa del Estado.

Se trata, de manera diferente, de comprender tanto al capital como al Estado como ámbitos de relaciones; las relaciones no son las mismas, tampoco los ámbitos en cuestión se yuxtaponen, se cruzan, se mezclan, ¿se codeterminan? Ambos tienen historias distintas, podríamos decir genealogías diferentes, incluso pretenden ser dominantes, la preponderancia de lo económico sobre lo político o, en su caso, la preponderancia de lo político sobre lo económico. Sin embargo, estas relaciones, entre Estado y capital, no hay que leerlas atemporalmente, al contrario, tienen que ser contextuadas constantemente; se trata de distintos contextos y, por lo tanto, de diferente valoración y significación de las relaciones.

Se trata también de formas de Estado distintas en los distintos contextos, así como distintas formas de capital, en los diferentes ciclos del capitalismo. Todo esto tiene que ser evaluado, tomado en cuenta, al momento de analizar estas relaciones. También tenemos que considerar la geopolítica y la geografía de su realización; una cosa es que se considere esta relación en el sur del sistema-mundo capitalista, otra cosa es que se la considere cuando ocurre en el norte de la economía-mundo capitalista, diferente significación y connotación tienen si acontece en el centro o en la periferia del sistema-mundo capitalista. Se trata de la historia de una problemática que llamamos cuestión estatal, pero también del tratamiento de la problemática en la historia de su discusión.

¿Adónde apuntamos con todo esto? A establecer una hipótesis política: No se puede escapar del capital, de la órbita de relaciones capitalistas, del ciclo de producción-reproducción del capital, si no escapamos a su vez del Estado, de la órbita de las relaciones de dominación, del ciclo de producción-reproducción del Estado. Es pues una ilusión creer que con el instrumento del Estado podemos desplegar una política anticapitalista; las reformas estatales han resultado ser formas de soluciones a la crisis del capitalismo. Ahora bien, ¿una revolución puede abolir, de la noche a la mañana, el Estado? Ésta es la cuestión. Depende cómo consideremos las experiencias de la Comuna de París y de los autogobiernos comunitarios o comunales. Lo cierto es que no duró mucho o, en su caso, fueron experiencias locales. Lo que duró un tiempo considerable es la experiencia dramática de la dictadura del proletariado o del Estado en transición de su desaparición, que paradójicamente instituyó un Estado más absorbente. Parece que el problema se da en esa transición que llamamos la desaparición del Estado o la abolición del Estado.

¿Cómo transitar la transición de una manera transformadora? ¿O es que no se puede escapar del Estado, es una maquinaria que coexiste con las sociedades humanas? Si fuese así, tendríamos que concebir al Estado de otra manera, también como una maquinaria ancestral que se explica por la sobrecodificación, el monopolio, la mediación, la burocratización temprana, la ceremonialidad del poder, por su lugar de interjección de flujos, la retención de los mismos en forma de stock, por los espacios estriados y sobre todo por su cartografía exorbitante. Esta configuración del Estado es pensada desde la exterioridad nómada, desde el espacio liso de las líneas de fuga, desde el espesor de los campos de intensidad, desde la multiplicidad del entramado de las dinámicas moleculares.

El Estado como aparato burocrático y mito paranoico coexiste con las máquinas de guerra, invención de las sociedades nómadas, que no conciben fronteras, ni cartografías, ni espacios estriados. Entonces, Estado y nomadismo coexisten, se superponen; el Estado corta, detiene y codifica los flujos y las líneas de fuga, las intensidades; en tanto que los procesos y recorridos nómada, las líneas de fuga, desordenan, inventan, abren boquetes, desplazan, desterritorializan las territorialidades estatales, aunque las mismas desterritorializaciones vuelvan a ser reterritorializadas en otro plano, ideológico, político o religioso. Esta concepción del Estado es genealógica, lo figura y refigura en su propia transformación, en su propia mutación, en su mismo temblor, sometido constantemente a la posibilidad y al acontecimiento mismo del ataque nómada, a la ocupación nómada. No hay nada que pueda resguardarlo, ni su ejército, ni su disciplina militar; el Estado, sus ciudades, pueden caer cualquier rato, ser sitiadas o tomadas, incluso cruzadas por movilizaciones múltiples.

Desde esta perspectiva, de lo que se trata de entender no es cuándo muere el Estado, cuándo desaparece, cuándo va a ser sustituido por las asociaciones autogestionarias y los autogobiernos, sino de entender que las resistencias al Estado son permanentes, la guerra contra los aparatos que marcan, que retienen, que monopolizan, que codifican, que cortan, que estocan, contra los procedimientos que norman y reglamentan, es constante. Puede ocurrir incluso que los nómadas lleguen a tomar la metrópoli, la sede del los poderes, el centro de la dominación, empero una vez hecho esto la abandonen, como cuando ocurrió con la toma de la Ciudad de México por parte de las milicias de Emiliano Zapata y Pancho Villa. También puede ocurrir que terminen custodiando el Palacio de Gobierno y ni se den cuenta de que la arquitectura del gobierno ya es suya, dejando que gobiernen otros, como cuando aconteció después de la insurrección de abril de 1952 en La Paz.

Las milicias mineras custodiaban el Palacio Quemado, el ejército estaba destrozado, eran entonces el único poder armado, junto a las milicias campesinas y otras milicias plebeyas. ¿De qué depende que esta toma virtual, incluso real, termine siendo efectiva? ¿Del derrumbe del fetichismo del Estado? ¿Es un problema imaginario? ¿Es la costumbre, los límites de la rebelión y, por lo tanto, solidez todavía de la disciplina, la docilidad y subordinación? Obviamente, no vamos a introducir aquí una hipótesis política como la del partido de vanguardia, cosa que se ha escuchado decir que faltaba, pues ésta no es una respuesta después la experiencia soviética y de la revolución China, donde se tomó efectivamente el poder pero para perderlo en manos de la burocracia. Los soviets, los consejos, los obreros, campesinos y soldados perdieron el control del poder y la conducción transfiriéndolo al partido, a los burócratas, a la nomenclatura. ¿Por qué se restaura el Estado y no más bien las asociaciones de productores? Éste es un tema que no es fácil resolver. Hay que analizarlo a la luz de esa relación problemática entre instituciones y prácticas, sobre todo prácticas no institucionalizadas, prácticas desbordantes de lo institucional.

Volviendo a la relación entre el ámbito de relaciones del capital y el ámbito de relaciones del Estado, podemos decir que ambos son campos de lucha; uno, el del capital, responde a la lucha de clases, principalmente entre proletariado y burguesía, que puede también entenderse entre los sujetos de la proletarización y los sujetos de la acumulación de capital; el segundo ámbito responde a una lucha más compleja, donde entran identidades, movimientos, naciones, sujetos, además de clases y alianzas de clase.

Se puede decir, con cierta aproximación, que el ámbito de relaciones del Estado supone la lucha por la hegemonía. ¿Cuál es la relación entre ambos ámbitos? Estamos muy lejos de repetir la metáfora arquitectónica de la estructura y superestructura, de la determinación de la estructura sobre la superestructura, incluso si se la toma en última instancia; de repetir también la misma metáfora relativizada planteando la autonomía relativa del Estado.

Ambos ámbitos se cruzan, se refuerzan, se mezclan, se articulan conformando composiciones complejas que se realizan en agenciamientos concretos e integrados. Lo que interesa es entender la concomitancia y complementariedad de ambos ámbitos de relaciones en el sentido de las dominaciones y en el sentido de la explotación, en el sentido de la hegemonía y de la productividad, en el caso que nos ocupa, de la relación entre Estado y capital, interesa comprender la conexión entre institución imaginaria del Estado y la valorización del valor, es decir, la acumulación de capital.

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WikiLeaks, la libertad de información y la descontextualización de la historia

04/01/2011 by maestro Deja un comentario

La verdad siempre es revolucionaria. En los últimos meses el imperialismo ha quedado al desnudo, en miles de documentos secretos o confidenciales que ha revelado WikiLeaks. Lo que todos sabíamos, y ellos -en una combinación de fuerza cínica–, no negaban, satisfechos de la sospecha que infunde miedo, pero decían: pruébalo. Aquí están las pruebas, aunque traspapeladas en miles de folios y de palabras vacías.
Algunos cables muestran que la diplomacia imperial es una combinación de espionaje, chantaje y burdas intromisiones en los asuntos internos de sus “amigos” y enemigos. Otros revelan asesinatos alevosos en Afganistán y en Iraq, y la complicidad de los políticos que se autodenominan demócratas en Europa, con el asesinato y la tortura. Los grandes medios hechos para desinformar sesgan sus contenidos y enseguida empiezan a “olvidarlos”.
Por eso, esos cientos de miles de documentos deben conocerse, estudiarse, divulgarse entre nosotros, las víctimas actuales o potenciales. Mientras, la maquinaria trasnacional para la reconstrucción de la noticia selecciona y manipula la información, y luego la entierra, para centrarse en la figura de Julián Assange. Porque la pregunta que se hacen los gobiernos implicados y sus medios no es si el ocultamiento sistemático por un Estado de crímenes impunes es o no es en sí un crimen, sino su absurdo opuesto: si revelar ese crimen es un crimen.
Y es aquí que quiero reflexionar sobre otra arista de un fenómeno, que sigue una línea de comportamiento bien definida desde los años noventa del pasado siglo: la llamada desideologización de la verdad y la mentira, del bien y del mal. Quizás el término no sea exacto, dado que el concepto de ideología acepta varias acepciones. Digámoslo en términos menos confusos: la descontextualización de los hechos históricos. La extirpación consciente de todo sentido opresor o liberador, clasista, en el análisis.
De inmediato abro un paréntesis para introducir una afirmación que comparto plenamente: el fin no justifica los medios. Ser revolucionario no es el compromiso con una teoría, sino con una ética (que la teoría si es auténtica respalda), y debe existir siempre una consecuencia entre fines y medios. Los revolucionarios que han violado o confundido su compromiso ético, han dejado de serlo. Por eso es que la verdad es revolucionaria: la verdad y la justicia no pueden ser ajenas. Y no lo son, porque la verdad social no es como la manzana de Newton: no cae irrevocablemente hacia abajo. Todas las supuestas verdades científicas que respaldaron la opresión humana se revelaron como falsas: desde las diferencias raciales hasta el llamado darwinismo social. La verdad social o procura la felicidad humana, o es mentira.
El primer y más abarcador intento postcomunista -para hablar en términos cercanos a los teóricos de la desesperanza–, de borrar todo análisis de contexto, fue la sustitución de conceptos como fascismo o comunismo, por el de totalitarismo. La sustitución de las esencias, por “ciertas” formas. Es lo que nos permitiría decir que en España y en Chile hubo transiciones cuando en realidad, en esos países -momentáneamente vencidos los movimientos de resistencia–, se produjeron simples cambios de forma en la implementación del capitalismo y de su represión interna. Tanto es así, que fueron Franco y Pinochet quienes lo diseñaron.
Pero en última instancia el sistema puede prescindir de servidores como ellos. Precisamente, entre los antecedentes de esta posición abstracta hallamos a un magistrado español, ampliamente promovido por los medios: Baltasar Garzón. La orden de detención contra Pinochet durante su paso por Londres, moralmente irreprochable, y ampliamente aplaudida por todos los hombres y mujeres honestos del mundo -para no referirme a la izquierda–, era una acción incuestionable, incluso para una derecha que deseaba deshacerse de su ominoso pasado.
La inmediata promoción mediática que tuvo el hecho, ubicó a Garzón como un Superman real, una representación de la Justicia Humana (casi Divina), por encima de tendencias sociales o intereses terrenales. Fijada en la mente de los ciudadanos esa imagen, Garzón entonces continuó su deambular “justiciero” de un lado y del otro del espectro social: contra la guerra sí, la de los invasores y la de los invadidos, la de los opresores y la de los oprimidos. ¿Habría podido Garzón irrumpir en el escenario internacional como héroe si el detenido en Londres no hubiese sido Pinochet, sino Henry Kissinger, al margen de su manifestado deseo de hacerlo? ¿La justicia británica se hubiera atrevido a procesarlo?
Los invasores, los opresores, tienen los recursos -la fuerza del dinero, de la prensa y de las armas–, para eludir y enterrar las acusaciones; los invadidos y oprimidos, no. Pero, ¿acaso la actuación individualizada de Garzón no apela a las mismas razones que el Gobierno estadounidense para atribuirse la ejecución de una Justicia supranacional, casi Divina, previa división de la Humanidad en buenos y malos, según sus intereses?
Pasado el torbellino mediático de los documentos imperiales revelados por WikiLeaks, los acusados claman con aparente sentido de equidad: esperamos ahora que aparezcan los documentos secretos de los estados “enemigos”, de los movimientos de oposición al Capital. En un mundo tan brutalmente manipulado, tan orweliano, estos hechos producen infinitas sospechas, y los medios se complacen en divulgarlas también.
Los que sospechan -y sospecho que entre estos hay también expertos manipuladores–, suelen considerarse paranoicos adictos a las teorías de la conspiración. Si hubiese alguna porción de verdad en lo que dicen, queda así desacreditada. Pero no se trata de atribuir “malas” intenciones a quienes entienden literalmente -el sistema jamás es literal, recuérdese esto–, los principios de la libertad de información o de la justicia sin fronteras. De alguna manera, los “locos” siempre pueden mediatizarse o en su defecto, enjuiciarse: los individuos son prescindibles. Tan prescindible era Pinochet como Garzón, que no lo dude, si es que quiere de verdad hurgar en el pasado franquista. Que Franco no era chileno, sino español. E igual de prescindible es Julián Assange. La discusión no es si son o no personas sembradas para servir oscuros intereses, eso qué importa, si parten de principios abstractos. Ellos creen en lo que hacen, supongo. Si es sincero, Julián Assange es un kamikaze de la libertad de información, una persona que se tomó en serio un slogan publicitario del capitalismo, que nunca fue concebido para más.
Assange y Garzón se parecen más a los héroes de los comics, que a los de las grandes batallas sociales de la historia humana. En un mundo donde los grandes medios existen para construir estados de opinión, y conducir como rebaño a las masas, que Assange crea en la libertad de información parece una locura. Ha sido apresado, por un delito fabricado, creo que de acoso sexual. Hasta una sueca que viajó hace meses a La Habana a entrevistarse con nuestros ilustres mercenarios, aparece como acusadora.
La verdad que han difundido, repito, es bienvenida. Pero los dueños de la pelota y el guante en asuntos de Internet -frase cubanísima, que alude a los niños del barrio que no saben jugar béisbol, pero nadie puede sacarlos del equipo porque son los que aportan los implementos deportivos–, saben cómo revertir el contratiempo, y convertir ese hueco negro de la “libertad de información”, en instrumento manipulador de la verdad. Si los dejamos, claro. Si nos permitimos olvidar los documentos divulgados. Assange y sus seguidores quizás comprendan esta vez que el único proyecto social que necesita la verdad es el socialismo. Que la verdad no es neutra. Y la justicia tampoco.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/01/04/wikileaksla-libertad-de-informacion-y-la-descontextualizacion-de-la-historia/

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La coyuntura geopolítica de América Latina y el Caribe en 2010

01/01/2011 by maestro Deja un comentario

Auge o declinación del imperialismo norteamericano

Hablar de la coyuntura geopolítica de América Latina y el Caribe en el momento actual nos obliga a examinar, en términos globales, la situación del imperio. Al iniciarse la década de los ochentas había ganado creciente gravitación, no sólo en América Latina sino en buena parte del mundo, un discurso que anunciaba la decadencia del imperialismo norteamericano. 1 Una serie de acontecimientos de significación histórico-universal, al decir de Hegel, daban pie a tal predicción: en primer lugar, la catastrófica e ignominiosa derrota de Estados Unidos en Vietnam; cuatro años más tarde, en 1979, el derrocamiento de las tiranías del Sha de Irán y de Somoza en Nicaragua, privando al imperio de la inestimable colaboración de dos de sus principales gendarmes regionales en Medio Oriente y Centro América respectivamente; años después, el derrumbe, siguiendo el tan temido “efecto dominó” de los estrategas del Pentágono, de las dictaduras que Washington había promovido o instalado directamente en América Latina y el Caribe y la impetuosa irrupción de una nueva ola democratizadora que encontró en esta parte del mundo una de sus expresiones más acabadas. En el otro extremo del mundo, el lento inicio del irresistible ascenso de China en el firmamento de la economía y la política mundiales le prestaba aún más verosimilitud a las tesis decadentistas que, en la izquierda latinoamericana, lograron amplia repercusión a lo largo de toda la década. No sólo la izquierda latinoamericana tomó nota y elaboró argumentos sobre esta situación: en el capitalismo desarrollado proliferaron también teorizaciones de diverso tipo que pretendían dar cuenta de este lento pero inexorable ocaso del imperialismo norteamericano. Dos contribuciones sumamente significativas de aquellos años fueron los libros de Emmanuel Todd y del historiador Paul Kennedy y su teoría de la “sobre-expansión imperial” (imperial overstretching).2

 

No obstante, más pronto que tarde las cosas habrían de cambiar. En la inauguración de la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) algunos analistas vieron una primera tentativa de recomposición de la primacía imperial -obsesionada por dejar atrás el ominoso legado del “síndrome de Vietnam”- sobre todo luego del inicio de una brutal ofensiva militar en contra de la Unión Soviética -la “guerra de las Galaxias”- que obligó a este país a incurrir en un gasto militar de fenomenales proporciones que, a la postre, acelerarían el catastrófico final del experimento soviético. Pero no sería sino hasta finales de la década y comienzos de la siguiente cuando, caída del Muro de Berlín (1989) e implosión de la Unión Soviética (1991) mediante, amén del triunfo en la Guerra del Golfo (Agosto 2 de 1990 – Febrero 28 de 1991), el discurso sobre la decadencia imperial habría de ser archivado. A partir de ese momento se generalizó la tesis contraria: no sólo que no había ni hubo decadencia imperial -sino apenas un momentáneo tropiezo- sino que, de hecho, el imperio se había “recargado” y aparecía en la escena universal con renovados bríos. Algunos teóricos, como Charles Krauthammer, por ejemplo, construyeron laboriosos argumentos para fundar su tesis sobre la permanencia del llamado “momento unipolar.” 3 Este nuevo humor social, que permeaba los distintos estratos de la opinión pública mundial y que, por supuesto, prevalecía sin contrapesos en los círculos dirigentes del capitalismo, atraería una pléyade de intelectuales y publicistas que conformarían este estado de ánimo en una nueva y completa doctrina internacional. Hablamos de la obra de autores tales como Thomas Friedman, Robert Kagan, Samuel P. Huntington y Francis Fukuyama, entre otros, quienes en el clima optimista de los nuevos tiempos se dieron a proclamar a los cuatro vientos el carácter imperialista de los Estados Unidos. Sólo que, a diferencia de los anteriores, el norteamericano es un imperialismo benévolo, moral y libertario, que descarga sobre los hombros de la sociedad norteamericana la dura tarea de crear un mundo seguro para la libertad, la democracia y, de paso, los mercados. No hace falta demasiada erudición para corroborar las simetrías entre este razonamiento y el que expresara Sir Cecil J. Rhodes, en la Inglaterra victoriana, sobre la responsabilidad del hombre blanco en llevar la civilización a las salvajes poblaciones del África negra e inculcándoles el amor por la justicia, la democracia, la libertad y … la propiedad privada. Cabe anotar que esta visión idílica del imperio rebalsó con creces el espacio ideológico de la derecha para penetrar profundamente en las interpretaciones de una cierta izquierda manifiestamente incapaz de entender el significado de los nuevos tiempos. Un caso paradigmático de este extravío lo ofrece la obra de Michael Hardt y Antonio Negri, en donde se desarrolla la curiosa tesis de un “imperio sin imperialismo”. 4

 

Los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono, el 11 de Septiembre de 2001, pusieron abrupto fin a esta ensoñación y el imperialismo reafirmó urbi et orbi su disposición a pelear con quien fuera necesario para preservar sus privilegios. Los dichos de George Bush Jr. son bien elocuentes al respecto: “buscaremos a los terroristas en cada rincón oscuro de la Tierra.” 5 El optimismo cedió su lugar a la crispación y a la furia, y a un inusitado proceso de militarización cuyas funestas consecuencias no tardaron en tornarse claramente visibles de inmediato.

 

En la actualidad, y como fiel reflejo de los cambios registrados en la escena internacional, al finalizar la primera década del siglo veintiuno ya son los grandes estrategas del imperio quienes plantean una visión “declinacionista” del futuro norteamericano. Todos los documentos elaborados por el Pentágono, el Departamento de Estado y la propia CIA sobre los escenarios futuros (en torno al 2020 o 2030) coinciden en señalar que Estados Unidos jamás volverá a disfrutar de la supremacía que supo tener en la segunda mitad del siglo veinte y que ese tiempo ya se acabó. Es más, en un informe especial elaborado por el Pentágono se dice que en los próximos años Washington deberá prepararse para vivir en un mundo mucho más hostil y competitivo, con numerosos rivales y adversarios que cuestionarán su predominio en todos los frentes y que, en consecuencia, las guerras serán una condición permanente durante los próximos treinta o cuarenta años.6

 

Las razones de fondo que subyacen a este pronóstico son bien conocidas. Por una parte, la relativa pérdida de gravitación económica de Estados Unidos por comparación a la que gozaba a la salida de la Segunda Guerra Mundial. Si en ese momento su contribución al PIB mundial rondaba el 50 % en la actualidad es poco menos que la mitad de esa proporción, y la tendencia es hacia la baja, suave pero hacia la baja. El país sufre, además, de los “déficits gemelos” (fiscal y de balanza comercial) que han adquirido dimensiones extraordinarias. El dólar norteamericano, a su vez, ha visto declinar significativamente su valor en los últimos años y de moneda de reserva de valor que era se convirtió en una divisa cada vez más sostenida por sus propios rivales en la economía mundial, como China, Japón, Corea del Sur y Rusia. Una economía, en suma, en donde los hogares, las empresas y el propio estado se encuentran endeudados en grado extremo. Durante más de 30 años Estados Unidos vivió artificialmente del ahorro y del crédito externo, consumiendo muy por encima de sus posibilidades reales y tanto uno como el otro no son entidades infinitas e inagotables. El estado se endeudó al lanzar varias guerras sin subir los impuestos. No sólo eso, reduciendo los impuestos a los ricos y las grandes corporaciones. Las familias también se endeudaron, impulsadas por una infernal industria de la publicidad que promueve patrones de consumo no sólo irracionales sino brutalmente agresivos con el medio ambiente. A mediados del 2007 un informe de la Reserva Federal de los Estados Unidos advertía sobre el peligroso ascenso del endeudamiento de los hogares norteamericanos que había pasado de ser equivalente al 58 % del ingreso de las familias en 1980 a 120 % en el 2006. Según un estudioso del tema, Eric Toussaint, esa proporción siguió aumentando y hasta situarse, en la actualidad, en un 140 % del ingreso anual de las familias. El mismo autor señala que si se suma la totalidad de la deuda norteamericana, es decir, la de las familias, las empresas y el estado, se llega a un exorbitante 350 % del PIB de los Estados Unidos. Situación insostenible que, finalmente, estalló a mediados del 2008 desencadenando una nueva crisis general en la cual estamos inmersos. 7

 

El resultado de este descalabro económico del centro imperial es que, por primera vez en la historia, un país situado en el vértice de la pirámide imperialista se convierte en el principal deudor del planeta. Tradicionalmente la situación era la inversa: eso fue lo que ocurrió durante el largo reinado de Gran Bretaña en la economía mundial (desde comienzos del siglo diecinueve hasta la Gran Depresión de 1929) y eso también aconteció durante un tiempo en las primeras décadas de la hegemonía norteamericana, entre 1945 y comienzos de los setentas. Pero en la actualidad la situación es completamente distinta y Estados Unidos ostenta la poco gloriosa condición de ser el mayor deudor del mundo.

 

Un cambiante, y amenazante, escenario estratégico mundial

Lo anterior no podía dejar de tener profundas implicaciones políticas. Tal como lo aseguran numerosos documentos oficiales, Estados Unidos se enfrenta ante un escenario internacional profundamente amenazante: la situación en Medio Oriente parece deslizarse por un tobogán que culmina en el descontrol, y donde el fundamentalismo islámico, alentado por la CIA para repeler la invasión soviética en Afganistán, ahora amenaza a las monarquías petroleras pro-americanas de la región. Israel, a su vez, es el gendarme regional que actúa cada vez con mayor autonomía sabiendo que dispone de suficientes mecanismos extorsivos como para garantizar el incondicional apoyo de Washington a sus políticas sionistas. Sus provocaciones y sus desafiantes políticas racistas y colonialistas han exacerbado sin cesar el polvorín del conflicto palestino-israelí, que bien podría finalizar desencadenando un nuevo holocausto nuclear habida cuenta de la pertinaz ofensiva desatada en contra de Irán por parte de la Casa Blanca y el gobierno sionista de Israel. Siete años de guerra en Irak no lograron estabilizar a ese país y “normalizarlo” para extraer de él el precioso recurso petrolero en la cantidad deseada; por el contrario, la ocupación norteamericana que finalizó con una ingloriosa “retirada sin victoria” de las tropas yankees ha destruido el delicado equilibrio que mantenía a ese país unido y que, roto hoy de manera aparentemente irreparable, se convierte en un factor de desestabilización de toda la región, incluido Turquía, dado el papel de la minoría kurda en su territorio. Más hacia el este las aguas lejos de calmarse se agitan aún con más fuerza: sumido en otra aventura militar en Afganistán, la presencia de sus tropas en el área ha movilizado fuertes sentimientos anti-norteamericanos que también se expanden como un reguero de pólvora hacia su vecino Pakistán, irresponsablemente dotado de un poderoso arsenal nuclear cedido por Washington a fin de contrabalancear el programa atómico de la India, que la estúpida y crónica paranoia de la dirigencia de Estados Unidos atribuía a su condición de “Proxy” soviético.

 

En el extremo oriente no mejora la situación política global de Estados Unidos: el insólito desafío de Corea del Norte prosigue su curso sin que el imperio pueda interponer obstáculos con suficiente capacidad de disuasión. China se encamina en pocos años más a ser la principal economía del mundo y, además, un formidable poder militar pero de naturaleza eminentemente defensiva. Por su parte, Europa da muestras de una radical incapacidad de conformar una unidad política que le permita constituirse como un actor político gravitante en la arena mundial.

 

Como no podía ser de otra manera, el impacto de todos estos cambios económicos y políticos tuvo una enorme repercusión en América Latina y el Caribe. Veremos este tema en más detalle en la siguiente sección de este trabajo. Por ahora bástenos con decir que el acontecimiento más significativo en este terreno ha sido la estrepitosa derrota del ALCA en Mar del Plata, en Noviembre del 2005, en la medida en que se trataba del proyecto estratégico más importante del imperio desde la formulación e implementación de la Doctrina Monroe. En realidad, el ALCA no era otra cosa que la culminación del proceso anexionista contemplado en aquella, y que fue abortado gracias a la rebelión de algunos gobiernos de la región y la colaboración de otros.

 

El reverso de la medalla de todos estos procesos ha sido la desorbitada militarización de la política exterior y, como complemento necesario, el progresivo recorte de los derechos civiles y libertades individuales dentro de las propias fronteras de los Estados Unidos, tema éste que ya ha suscitado numerosas protestas por parte de distintas organizaciones defensoras de las libertades y los derechos humanos. Un indicio muy claro de este proceso es el evidente desplazamiento del Departamento de Estado en el diseño e implementación de la política exterior a favor del Pentágono. Por supuesto, esto no es algo que haya ocurrido de la noche a la mañana: se trata de un proceso y no de un acontecimiento que ocurre sin aviso previo. En todo caso, si hubiera que fijar un momento emblemático en donde esta tendencia se acelera considerablemente el 11 de Septiembre del 2001 sería sin duda alguna la fecha más indicada. Luego de esto el estallido de la Guerra de Irak vendría a acentuar aún más esta orientación, así como la significativa marginación de Colin Powell quien en su carácter de Secretario de Estado aconsejó a la Casa Blanca no declarar la guerra a Irak y ocupar su territorio dado que luego de ello Estados Unidos no podría retirarse del teatro de operaciones. Su tesis fue vapuleada por la intervención del Vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney; por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld; y por la presidenta del Consejo Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice, ninguno de los cuales, al decir de Powell, tenía el más mínimo conocimiento de las cuestiones militares y eran incapaces de diferenciar un simple revólver de una pistola.

 

Esta marginación del Departamento de Estado ha sido acompañada por un fenomenal aumento del presupuesto militar, para lo cual se apeló a pretextos tan remanidos como la necesidad de librar una batalla frontal en la “guerra contra el terrorismo”, o la “guerra contra el narcotráfico” todo lo cual, además, desde el 11 S dio pie para la elaboración de una nueva doctrina militar y estratégica: la “guerra infinita.” Una rápida ojeada a la progresión del gasto militar norteamericano revela los descomunales alcances del proceso. En 1992, el presupuesto militar de Estados Unidos equivalía al de los 12 países que le seguían en la carrera armamentista; cuando en 2003 se decide la invasión y posterior ocupación de Irak el gasto norteamericano ya era equivalente al de los 21 países que le seguían en ese rubro. Las complicaciones de esa guerra sumada a la intensificación de las operaciones en Afganistán hizo que, para el 2008 el gasto militar de los Estados Unidos sólo pudiera ser igualado si se sumaban los presupuestos militares de 191 países. Para el 2010, ya es superior a la totalidad del gasto militar de todos los países del planeta, superando la barrera psicológica del billón de dólares (un millón de millones de dólares), pese a que en sus comunicados oficiales la Casa Blanca habla de una cifra poco superior a los 750.000 millones de dólares. Claro está que esa cifra no contempla el multimillonario presupuesto de la Veterans Administration, encargada de prestar asistencia médica y psicológica a los ex combatientes de las sucesivas guerras del imperio, desde la de Vietnam en adelante. Si a esto se le agregan los gastos realizados por subcontratistas vinculados a actividades de infraestructura (como la Halliburton, por ejemplo) y algunos otros relacionados con la contratación de mercenarios se comprenderá fácilmente las razones por las cuales las cifras que se dan a conocer subestiman notablemente el gasto militar de los Estados Unidos.

 

La formidable expansión de las bases y misiones militares de los Estados Unidos por todo el mundo es otra de las facetas de este proceso de tenebrosa militarización de las relaciones internacionales impulsado por Estados Unidos. Un recuento de hace poco más de un año arrojaba un número de 872 diseminadas por 128 países. No obstante ello, en meses recientes la Casa Blanca aumentó su presencia en nuestra región mediante cuatro nuevas bases que habrían sido concedidas motu propio por el gobierno de Panamá, dos en el litoral caribeño y otras dos en el Pacífico y una o dos bases aeronavales que el gobierno de Alan García habría puesto a disposición de las tropas norteamericanas en el Perú con el objeto de compensar la pérdida producida por el abandono de la base de Manta en Ecuador.8 Hay que aclarar, de todos modos, que la Corte Constitucional de Colombia sentenció que el acuerdo Obama-Uribe es inconstitucional; en realidad, el dictamen fue más allá pues la sentencia establece que el tratado de marras es “inexistente” porque no cumplió con los requisitos fundamentales que lo constituyan como tal. Esta sentencia podría, en principio, obstaculizar la implementación de los planes bélicos del Pentágono en esa región. Pero decimos “en principio” porque el débil espesor de la legalidad colombiana no permite asegurar que la sentencia del máximo tribunal vaya a ser efectivamente aplicada. Otro tanto ocurre con la legislación aprobada por la Asamblea Nacional de Costa Rica autorizando el ingreso de un elevado número de marines a ese país (entre 6 y 14 mil) y de 46 naves de guerra del más diverso tipo. A fines de Noviembre del 2010 tal legislación fue recurrida y hay indicios de que el Tribunal Constitucional de ese país podría llegar a declarar la inconstitucionalidad de esa pieza legislativa. Claro está que, al igual que en el caso de Colombia, esto no significa que no puedan apelarse a argucias especiales en virtud de las cuales se pueda burlar la sentencia de los jueces. Una simple mirada al mapa regional bastaría para comprobar que América Latina y el Caribe se encuentran rodeados de bases militares, la gran mayoría de las cuales fueron instaladas -o acordado su uso- en los últimos años. Bastaría, para circunscribir por completo la gran cuenca de la Amazonía, que las negociaciones en curso entre Washington y París prosperaran para que, mediante el otorgamiento a los Estados Unidos de la base que los franceses tienen en Cayena, en la Guayana Francesa, el control territorial y del espacio aéreo fuera total, con una proyección que, inclusive, llegaría hasta el África Occidental y la Isla Ascensión, crucial para el desplazamiento de las tropas de la OTAN hacia el Atlántico Sur. 9

 

Una última consideración de carácter cuantitativo es la siguiente: al momento actual, el total del personal civil del Comando Sur, cuya sede se encuentra en Miami, excede con creces al número total de funcionarios que, en todas las demás agencias y secretarías del estado federal, se desempeñan en programas o iniciativas relacionadas con América Latina. Nótese que estamos hablando del personal civil del Comando Sur, esto es, con exclusión del personal militar. Esta situación, otra vez, no tiene precedentes en la historia de las relaciones interamericanas.10

 

Finalmente, habría que agregar en este relevamiento de la desorbitada militarización del imperio y de las políticas imperiales la reactivación de la IV Flota, que no se había movilizado nsi siquiera en la Crisis de los Misiles, de Octubre 1962. Mantenida en sus apostaderos en esa ocasión, se reactiva a mediados del 200 en sugestiva coincidencia con el anuncio formulado por el presidente Lula relativo al descubrimiento de un enorme manto petrolífero submarino en el litoral paulista.11

 

Para resumir: expansión desorbitada del gasto militar, de las bases militares, del personal dedicado a monitorear y controlar a la región en el marco del Comando Sur, la movilización de la IV Flota: ¿hace falta alguna evidencia más para concluir que el imperio se ha lanzado con todas sus fuerzas a recuperar el terreno perdido y a “corregir” el curso de los acontecimientos regionales para adecuarlo a sus intereses? Y no hay duda alguna de cuáles son los objetivos estratégicos de tamaña reacción: en lo inmediato tumbar a Chávez y, de ese modo, lograr el estrangulamiento económico y financiero de Cuba, Bolivia y Ecuador. Pero el objetivo estratégico supremo, más allá de lo inmediato y circunstancial, es posicionar a los Estados Unidos en una situación tal que le permita controlar el acceso a las enormes riquezas concentradas en el corazón de Sudamérica. Se verifica también en el caso estadounidense la tendencia observada en otros imperios: en su fase declinante se acrecienta su agresividad, su peligrosidad. Su prolongada agonía está signada por violentas convulsiones.

 

James Monroe define (para siempre) la política hacia América Latina

Un lugar común en el discurso de muchos analistas de las relaciones internacionales y, lamentablemente, de muchos funcionarios gubernamentales de los países latinoamericanos asegura que nuestra región carece de relevancia y que no suscita mayor interés en Washington. Que lo más que podemos aspirar es a una “negligencia benigna”, a un ninguneo apenas disimulado con algún ocasional gesto aislado, o un oportuno tic diplomático. La razón de esta autodepreciación, según los cultores de esta tesis, es que para la Casa Blanca las prioridades son en primer lugar Medio Oriente, luego Europa, luego Asia Central, luego el Extremo Oriente y, en el mejor de los casos, en quinto lugar, aparecería Nuestra América, mendigando atención y buenos modales.

 

En realidad, este discurso no surgió endógenamente sino que, gracias a la férrea supervivencia de nuestra colonialidad, fue importado precisamente de Estados Unidos. Ese discurso es al que sistemáticamente Washington apela cuando tiene que relacionarse con sus vecinos al sur del Río Bravo y que la abrumadora mayoría de nuestros gobernantes y una proporción no demasiado menor de nuestros intelectuales han asumido como una verdad revelada e irrefutable. No podemos entrar en mayores detalles para explicar las razones de esta sinrazón. Bástenos con señalar, en línea con las esclarecedoras reflexiones de Fernández Retamar contenidas en su Todo Calibán, la pertinaz influencia de una larga historia de sumisión colonial y neocolonial que hunde sus raíces en la Conquista de América y que hasta el día de hoy atenaza con sus pesadillas el sueño de los vivos, para abusar de un célebre pasaje de Marx en El Dieciocho Brumario.12

 

La premisa de la irrelevancia ha sido una estrategia muy eficaz utilizada por Washington para desalentar y desmoralizar a los gobiernos latinoamericanos. Pero de su eficacia práctica no puede inferirse que sus fundamentos sean correctos. Son profundamente erróneos, por varias razones. 13

 

En primer lugar no deja de asombrar que si la nuestra es una región tan irrelevante, que tan poco cuenta en el tablero de la política mundial, que haya sido precisamente ella la destinataria de la primera doctrina de política exterior elaborada por Estados Unidos tan tempranamente como en 1823, es decir, un año antes de la batalla de Ayacucho que puso fin al imperio español en América. Naturalmente, se trata de la Doctrina Monroe que con sus circunstanciales retoques y adaptaciones ha venido orientando la conducta de la Casa Blanca hasta el día de hoy. ¿Cómo explicar tamaña contradicción entre irrelevancia y precocidad? La inconsistencia se vuelve clamorosa cuando se repara que habría de transcurrir casi un siglo para que Washington diera a luz, en 1917, a una nueva doctrina de política exterior, esta vez referida al teatro europeo, convulsionado por la Primera Guerra Mundial y el estallido de la Revolución Rusa en Febrero de ese mismo año. Más allá de la retórica y de tacticismos diplomáticos lo sustancial del caso es que América Latina es la principal región del mundo para la política exterior de los Estados Unidos: es su frontera con el Tercer Mundo, su hinterland, su área de seguridad militar, la zona con la cual comparte la ocupación de la gran isla americana que se extiende desde Alaska hasta Tierra del Fuego, separada de las demás masas geográficas y, más encima todavía, depósito de inmensos recursos naturales. Una periferia sometida al insaciable apetito del imperio, que saquea y domina a pueblos y naciones, generando con ello una vasta zona de crónica inestabilidad y turbulencias políticas que brotan de su condición de ser un riquísima región lindera con el centro imperial y, a la vez, la de peor y más injusta distribución de ingresos y riquezas del planeta. Esas y no otras son las razones de la temprana formulación de la Doctrina Monroe; las razones profundas, también, del más de centenar de intervenciones militares norteamericanas en la región, de tantos “golpes de mercado”, de asesinatos políticos, sobornos, campañas de desestabilización y desquiciamiento de procesos democráticos y reformistas perpetrados contra una región, ¿carente por completo de importancia? En tal caso, ¿no hubiera sido más razonable una política de indiferencia ante vecinos revoltosos pero insignificantes? Precisamente a causa de su relevancia se entiende el sobresalto de Washington ante el surgimiento de cualquier gobierno siquiera mínimamente reformista, aún en países tan pequeños como Grenada (¡344 km2 y 60.000 habitantes al momento de su invasión por los Marines en 1983!) que fueron demonizados por los administradores imperiales por su capacidad de poner en peligro la “seguridad nacional” de los Estados Unidos. Fue Zbigniev Brzezinski quien, al promediar la década de los ochentas y en plena “Guerra de las Galaxias” que la Unión Soviética era un problema transitorio para Estados Unidos, pero que América Latina constituía un desafío permanente, arraigado en las inconmovibles razones de la geografía. De ahí la persistencia del criminal bloqueo contra Cuba durante medio siglo y la excepcional “ayuda militar” prestada a Colombia, país que es el tercer receptor mundial sólo superado por la que se le presta a Israel y, en segundo lugar, Egipto.14

 

Petróleo, gas, minerales estratégicos, biodiversidad

Fue nada menos que Colin Powell, el Secretario de Estado de George W. Bush quien dijo, a propósito de la obstinación de la Casa Blanca para lograr aprobar el ALCA, que: “nuestro objetivo es garantizar para las empresas estadounidenses el control de un territorio que se extiende desde el Ártico hasta la Antártica y el libre acceso sin ninguna clase de obstáculo de nuestros productos, servicios, tecnologías y capitales por todo el hemisferio.” 15 ¿Irrelevantes? Nótese la importancia de nuestra región como un gigantesco mercado para las inversiones estadounidenses, grandes oportunidades de inversión, fabulosas expectativas de rentabilidad posibilitadas por el control político que Washington ejerce sobre casi todos los gobiernos de la región, y todo esto en un territorio que alberga un repertorio casi infinito de recursos naturales de todo tipo.

 

Pero además de ello la nuestra podría ser, en función de probables desarrollos tecnológicos, la región que cuente con las mayores reservas petroleras del mundo: esa es la promesa contenida en la Faja del Orinoco y los megayacimientos submarinos recientemente descubiertos por Petrobrás en el litoral paulista. No lo es hoy, pero podría serlo en un futuro próximo. En todo caso, aun en las condiciones actuales, es la que puede ofrecer un suministro más cercano y seguro a Estados Unidos, dato harto significativo cuando las reservas del centro imperial no alcanzan para más de 10 años y las fuentes alternativas de aprovisionamiento son mucho más lejanas y cada vez más problemáticas e inciertas toda que vez han entrado en una zona de creciente inestabilidad política. Medio Oriente se ha convertido en un polvorín que puede estallar en cualquier momento, donde el resentimiento anti-estadounidense alcanza proporciones impresionantes aun en los “Estados-clientes” como Egipto, Arabia Saudita y Turquía. Derrotado en términos prácticos en Irak, al no poder estabilizar ese país creando las condiciones para apropiarse de su riqueza petrolera en las proporciones anheladas; estancado y con graves riesgos de sufrir otra derrota semejante en Afganistán, cegando las cuencas petroleras de Asia Central al paso que las de África Occidental carecen de las más elementales condiciones políticas requeridas para garantizar un flujo estable y previsible de petróleo hacia Estados Unidos, el petróleo venezolano -distante a apenas tres o cuatro días de navegación por un “mar interior” como el Caribe- es un imán que atrae incansablemente los peores designios de la Casa Blanca.

 

América Latina tiene asimismo grandes reservas de gas, dispone de casi la mitad del total de agua potable del planeta, y es el territorio donde se encuentran varios de los ríos más caudalosos del mundo y dos muy importantes acuíferos: el Guaraní y el de Chiapas. El primero no es el mayor del mundo, que es el Siberiano, pero sí es el que tiene mayor capacidad de recarga, lo que le asegura una duración prácticamente indefinida. Y el de Chiapas ya ha sido considerado como un muy significativo aporte para enfrentar el inexorable agotamiento del suministro de agua que afecta el Suroeste de Estados Unidos y que compromete el acceso al vital liquido de poblaciones como Los Angeles y San Diego. Si como dicen los expertos en cuestiones militares las guerras del siglo veintiuno serán guerras del agua, ¿cómo podría ser irrelevante un área que concentra casi la mitad del agua dulce del planeta?

 

América Latina también es rica en minerales estratégicos. Un trabajo reciente de Rodríguez Rejas en relación al tema demuestra que “desde mitad de la década de los noventa, cuando se dispara esta actividad, América Latina cuenta con una parte importante de la producción y reservas de varios minerales cuya principal fuente de destino es EU.” Prosigue esta autora recordando que “entre los diez primeros países mineros del mundo hay seis latinoamericanos: Perú, Chile, Brasil, Argentina, México, Bolivia y Venezuela” y que los países de la región se cuentan “entre los principales productores mundiales de minerales estratégicos y metales preciosos -son catalogados como tales el oro, plata, cobre y zinc-, así como por las reservas probadas de minerales estratégicos con alto precio en el mercado como el antimonio, bismuto, litio, niobio, torio, oro, zinc y uranio entre otros. En varios, el principal receptor de la producción es EU, especialmente en el caso del bismuto (88%), zinc (72%), niobio (52%) y en menor medida la fluorita (45%) y el cobre /45%).” 16 En línea con este análisis John Saxe-Fernández sostiene que la agenda militar/empresarial de los Estados Unidos en esta materia se refiere a los abastecimientos de petróleo, gas y el resto de los metales y minerales, “de la A de alúmina a la Z de zinc.” Y para sustanciar esta afirmación el experto señala que ya desde 1980 uno de los principales expertos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos había advertido al Congreso que amén de la fuerte dependencia de las importaciones petroleras este país carecía “de al menos cuarenta minerales esenciales para una defensa adecuada y una economía fuerte.” De esto se desprende la necesidad de que esos minerales puedan ser aportados por los países latinoamericanos, sustituyendo fuentes de abastecimiento mucho más inciertas y lejanas.17 De acuerdo con informaciones proporcionadas por el Mineral Information Institutede Estados Unidos debe importar el cien porciento del arsénico, columbo, grafito, manganeso, mica, estroncio, talantium y trium que requiere, y el 99 porciento de la bauxita y alúmina, 94 porciento del tungsteno, 84 porciento del estaño, 79 porciento del cobalto, 75 porciento del cromo y 66 porciento del níquel. 18 Como lo asegura el Mineral Information Institute, cada estadounidense al nacer consumirá 2.9 millones de libras de minerales, metales y combustibles a lo largo de su vida: 923 de cobre, 544 de zinc, 14.530 de mineral de hierro, 5.93 millones de pies cúbicos de gas, 72.499 galones de petróleo, y así sucesivamente. La infografía que se inserta a continuación ilustra con elocuencia el enorme peso que ejerce sobre el planeta Tierra el sostenimiento del patrón de consumo establecido por el capitalismo norteamericano en ese país. Huelga añadir que los países latinoamericanos son grandes productores de la mayoría de estos minerales, metales y combustibles requeridos por el consumidor estadounidense.

 

Lo anterior en relación a minerales, metales y combustibles. Pero la riqueza de América Latina no se agota allí. Miremos a la biodiversidad, ¿cómo podría ser irrelevante una región que cuenta con algo más del 40% de todas las especies animales y vegetales existentes en el planeta? Según informa un documento del programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente América Latina y el Caribe alberga a cinco de los diez países con mayor biodiversidad del planeta: Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú, así como la mayor área de biodiversidad del mundo: la cuenca amazónica que se extiende a partir de las estribaciones orientales de los Andes. Esta región contiene la mitad de las selvas tropicales del planeta, un tercio de todos sus mamíferos y algo más de sus especies reptiles, 41 porciento de sus pájaros y la mitad de sus plantas. Es también la región de más rápida deforestación a nivel mundial aunque posee más del 30 porciento del agua potable y un 40 porciento de los recursos acuíferos renovables del planeta. Los Andes, por último, son el hogar del 90 porciento de los glaciares tropicales, fuentes del diez por ciento del agua potable del planeta. La cuarta parte de la riqueza ictícola existente en los ríos interiores de todo el mundo se encuentra en esta parte del mundo. La mitad de las especies vegetales del Caribe, a su vez, son exclusivas de esa región y no se encuentran en ninguna otra. 19 Esta exuberante riqueza en materia de biodiversidad constituye un imán poderosísimo para las grandes transnacionales estadounidenses, dispuestas a imprimir -mediante los avances de la ingeniería genética- el sello de su copyright a todas las formas de vida animal o vegetal existentes y, a partir de ello, dominar por entero la economía mundial como lo están haciendo, en buena medida, con las semillas transgénicas. Por algo el tema de los derechos de propiedad intelectual tiene tanta prioridad para Washington, como lo atestiguan las durísimas negociaciones en el seno de la Organización Mundial del Comercio.

 

Por último, desde el punto de vista territorial, América Latina es una retaguardia militar de crucial importancia. Obviamente, los funcionarios del Departamento de Estado lo niegan rotundamente, pero los expertos del Pentágono saben que esto es así. Por eso el empecinamiento de Washington por saturar nuestra geografía con bases y misiones militares y su obstinación en garantizar la inmunidad del personal involucrado en las mismas. Si fuéramos tan poco importantes como se nos dice, ¿por qué la Casa Blanca se desvive proponiendo políticas que suscitan el repudio casi universal en la región? 20

 

Militarización de las relaciones interamericanas

La verdadera cacería de recursos naturales desencadenada por el imperio inevitablemente estaba destinada a desencadenar una desorbitada expansión de la presencia militar al Sur del Río Bravo, coto privilegiado de su pillaje.21 Derrotado su gran proyecto estratégico, el ALCA, en la Cumbre de Presidentes de las Américas de Mar del Plata (Noviembre de 2005), bajo la dirección de Hugo Chávez y con la colaboración de Luiz Inacio “Lula” da Silva y Néstor Kirchner, la Casa Blanca sólo retrocedió para cobrar nuevos bríos y lanzarse de lleno a la reconquista de su influencia perdida. Los cambios que se habían sucedido desde finales del siglo pasado: la rebelión zapatista, la elección de Hugo Chávez, el auge del Foro Social Mundial en el primer quinquenio del presente siglo, las elecciones de Lula y Kirchner en Brasil y Argentina respectivamente y, más tarde, el triunfo de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y, en menor medida, del Sandinismo en Nicaragua convencieron a la burguesía imperial que el reordenamiento de la díscola y vasta región que se extiende hacia el Sur difícilmente podría lograrse apelando a los tradicionales mecanismos de la democracia burguesa. Pese a que éstos favorecían de manera sistemática los intereses y las preferencias imperiales los procesos de descomposición del orden neocolonial habían avanzado mucho: la resistencia de Cuba ante el bloqueo y una aberrante campaña de agresiones y sabotajes la hacía aparecer ante los ojos de millones de latinoamericanos como un faro cuya luz se hacía más resplandeciente con el transcurso del tiempo. Y la aparición de nuevos liderazgos radicales, como el de los ya mencionados Chávez, Morales y Correa, y de otros que sin serlo facilitaban sus iniciativas, como Kirchner, Correa y Vázquez en Uruguay, exigía correctivos que obligaban a arrojar por la borda los escasos escrúpulos democráticos de la derecha latinoamericana e imperial. De ahí las tentativas golpistas en Venezuela en 2002, Bolivia en 2008, Honduras en 2009 y Ecuador en 2010, no por casualidad cuatro países integrantes de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA).22 Si bien tres de estas cuatro tentativas fueron derrotadas, en Honduras el desenlace favoreció los planes del imperialismo: el presidente Mel Zelaya fue derrocado, el régimen golpista fue amparado por la abierta complicidad de Washington y el gobierno fraudulento de Porfirio Lobo inmediatamente reconocido por la Casa Blanca y su peón sudamericano, Álvaro Uribe.

 

El contra-ataque imperial se manifestó no sólo en el terreno de la desestabilización de gobiernos democráticos: sumamente expresiva fue la reactivación de la IV Flota, que había permanecida como una suerte de “célula dormida” del imperialismo desde 1950 y que ni siquiera había sido llamada a las armas durante la muy crítica coyuntura de Octubre de 1962 cuando se produjo la llamada “crisis de los misiles” entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Pero el retroceso de los intereses estadounidenses en Sudamérica y el anuncio del presidente Lula del descubrimiento de un mega-yacimiento de petróleo en aguas continentales del Brasil precipitaron el llamado a levar anclar y hacerse a la mar de la IV Flota. 23 Lo mismo puede decirse en relación a la sucesión de bases militares que Estados Unidos ha logrado implantar en esta parte del mundo y que, sin duda alguna, ponen en evidencia la voluntad del imperio de fortalecer su presencia en la región y garantizar la exclusividad en el acceso a los estratégicos recursos que alberga el corazón de América del Sur. (Ver mapa al final de este trabajo)

 

Un aspecto poco examinado, y que convendría monitorear más cuidadosamente, es el siguiente: si bien es cierto que la Escuela de las Américas (School of the Americas, SOA), el nido en el cual se criaron los militares terroristas que asolaron la región, ya no tiene la importancia de antaño, lo cierto es que persisten todavía numerosos vínculos que articulan al Pentágono con las fuerzas armadas de América Latina y el Caribe. Fundada en 1946 y establecida en Panamá en ese mismo año, en 1984 reinicia sus actividades en territorio continental norteamericano, en Fort Benning, Georgia. La relocalización de la Escuela de las Américas fuera del suelo latinoamericano había sido uno de los puntos contemplados en las negociaciones del tratado Carter-Torrijos en 1977.24 Atenta a los cambios de los vientos políticos que soplaban en la región en el 2001 esta siniestra institución cambia de nombre y pasa a denominarse “Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación de Seguridad” (Western Hemisphere Institute for Security Cooperation WHISC). El cambio es mero maquillaje porque la institución continúa en el mismo sitio, con el mismo edificio, los mismos instructores y enseñando las mismas técnicas de tortura y represión. Lo más grave, salvo pocas excepciones la casi totalidad de los países del área: Colombia, Chile, Perú, Nicaragua, República Dominicana, Ecuador, Panamá, Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Paraguay, México, Jamaica, Belice, Brasil, Canadá, Barbados, Grenada y St.Kitts continuaban enviando, en el 2009, sus oficiales de las fuerzas armadas a la SOA mientras que Argentina, Venezuela, Bolivia y Uruguay dejaron de hacerlo.25

 

Para resumir: pese a los cambios sociopolíticos existentes en la región todavía subsisten múltiples lazos que vinculan a las fuerzas armadas latinoamericanas con las agencias militares del imperio. Le asiste plenamente la razón a la especialista argentina Elsa Bruzzone cuando asegura que “debemos deshacernos de la Organización de Estados Americanos (OEA), del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), de la Junta Interamericana de Defensa, en resumen, de todo el sistema interamericano de defensa elaborado por Estado Unidos desde el año 1948.” 26

 

El proceso de militarización de las relaciones interamericanas

está lejos de ser un resultado accidental del nuevo escenario internacional sino que refleja las apremiantes necesidades del imperio para asegurarse el control excluyente de los recursos naturales necesarios para mantener su irracional y despilfarrador patrón de consumo. Por supuesto, esto tiene su contrapartida doméstica en la fuerte tendencia hacia la criminalización de la protesta social en numerosos países del área, en una dinámica que no es independiente sino estrechamente relacionada con la que prevalece en el plano internacional. Tal como lo ha observado en numerosos escritos Raúl Zibechi, este proceso es inherente al modelo de desarrollo extractivista, a la acumulación por desposesión (David Harvey) y al saqueo de los pueblos originarios y las masas campesinas latinoamericanas. La conclusión es que no hay extractivismo sin represión, y no hay relaciones interamericanas sin militarización.

 

Dadas estas condiciones no sorprende impulso y el abierto auspicio que Washington le está otorgando a las diversas “ofensivas destituyentes” en curso en la región. El caso de Honduras es sin duda el más citado y, tal vez, el más descarado. Allí fue el propio embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, quien advirtió, en un cable ahora revelado por las filtraciones de WikiLeaks, que “las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y el Congreso Nacional conspiraron contra el ex presidente Manuel Zelaya” y que lo que allí ocurrió fue un golpe de estado y no, como lo asegurara la Secretaria de Estado Hillary Clinton, un prolijo y legal recambio presidencial precipitado por las transgresiones cometidas por el presidente Zelaya. Esto no es nada novedoso sino, por el contrario, la ratificación de una tendencia permanente de la política exterior de Estados Unidos hacia nuestra región y que hoy se manifiesta también en la brutal ofensiva lanzada contra los gobiernos de izquierda como el de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa y, en menor medida, a quienes son considerados como sus “compinches”: los gobiernos de Lula en Brasil y Cristina Fernández en Argentina. Las abiertas amenazas golpistas que se ciernen sobre Guatemala y Paraguay, sobre todo en este último país donde el protagonismo de la “embajada” ha llegado a extremos insólitos, así como la intensificación de la campaña en contra de Cuba puesta de manifiesto en los renovados recursos destinados a financiar las actividades de presuntos “disidentes” y que seguramente se intensificará con la asunción de algunos miembros de la derecha fascista en algunos cargos claves del Congreso (caso de la representante de la mafia anticubana Ileana Ros, por ejemplo, a la jefatura de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes) son claros indicios de que nuestra región deberá estar muy alerta para evitar que sus gobiernos progresistas sucumban ante el feroz ataque de la Roma americana, como gustaba decir a José Martí.

 

Una última reflexión en relación a este asunto: contrariamente a las ilusiones que brotaron al calor de la “obamamanía”, la presidencia de Obama no se apartó un ápice de la senda trazada por sus reaccionarios predecesores. No sólo fue él quien estampó su firma junto a la de Álvaro Uribe al pie del tratado mediante el cual Colombia cedía el uso de siete bases militares a los Estados Unidos -en una movida que equivale a la explícita conversión de ese país sudamericano en un protectorado norteamericano- sino que también admitió sin revisión continuar con el ASPAN -la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte- que, en los hechos, significa extender dentro de los territorios de México y Canadá (pero no a la inversa, si bien esto no está explícitamente prohibido) la jurisdicción de las fuerzas armadas estadounidenses, de algunas de sus agencias federales como la CIA, la DEA y el FBI, recortando significativamente la soberanía de sus vecinos del norte y del sur. No es un dato menor señalar el hecho de que, pese a su enorme importancia y su carácter lesivo para la soberanía de México, el ASPAN no sea un tratado sino simplemente un “compromiso político” o un “acuerdo de cooperación” entre los Ejecutivos de Estados Unidos, Canadá y México, el que, dada su informalidad, no está sujeto al control del Poder Legislativo de los países que establecen el acuerdo, lo cual configura una aberrante anomalía para esta clase de entendimientos. Tal como la manifestara la Canciller mexicana Patricia Espinosa, no existe ningún documento que especifique los términos de este acuerdo: por ejemplo, que armas podrán ser introducidas en México, el tamaño de la fuerza norteamericana, el ámbito territorial de su intervención, si existen o no inmunidades diplomáticas para los involucrados en esta operación. Tal como lo declarase la funcionaria arriba mencionada, “No hay documento firmado. No es un tratado internacional; es un documento que refleja el compromiso de ambos gobiernos de trabajar de manera conjunta”. El único documento escrito es, según la Canciller, apenas el comunicado conjunto emitido por los gobiernos de los tres países, ¡Nada más! El ASPAN tiene por objetivo coordinar los esfuerzos de lucha contra lo que se ha dado en llamar las “amenazas comunes”, mismas que fueron identificadas como “las organizaciones transnacionales del crimen organizado, el narcotráfico, el tráfico de armas, las actividades financieras ilícitas, el tráfico de divisas y la trata de personas”. Gracias a este “compromiso” las fuerzas ocupantes pueden ignorar la normativa internacional en la materia, porque no hay ningún vínculo formal que las obligue a ello. Pocas veces se constató tan flagrante e ignominiosa cesión de soberanía como el ASPAN, llevada a cabo de manera solapada, arbitraria y antidemocrática, lo que arroja un ominoso manto de sospecha sobre los gobiernos signatarios y carcome insanablemente sus pretendidas credenciales democráticas. Obama convalidó esta monstruosidad, lo cual retrata nítidamente cuál su total sujeción a las directivas establecidas por la clase dominante en Estados Unidos. ¡Menos mal que era tenido por “progresista”! 27

 

Una conclusión esperanzada

No obstante todo lo antes expuesto, es preciso subrayar que a pesar de las formidables presiones de todo tipo ejercidas por Estados Unidos Washington no pudo neutralizar la creciente influencia comercial y económica de China y, en algunos casos, como Rusia, la influencia ejercida también en la órbita militar. Este acelerado proceso de multipolarización económica y política, que contrasta abiertamente con el indisputado predominio militar de Estados Unidos, ha abierto un importante espacio para afianzar la autonomía y autodeterminación de Nuestra América. Países como Rusia han recuperado su gravitación en el área y otros como China, Irán, India y Sudáfrica juegan un papel cada vez más importante en los delicados equilibrios geopolíticos de la región.

 

Una prueba del menguado poderío norteamericano en el área la ofrece la sola enumeración de algunas derrotas que Estados Unidos experimentó en años recientes en esta parte del mundo. Sin ánimo de exhaustividad podríamos citar el desplante sufrido en la elección del Secretario General de la OEA, en Mayo del 2005, cuando por primera vez fue electo un candidato que no contaba con el apoyo de Estados Unidos. Poco después Washington sufriría una nueva derrota en Mar del Plata, cuando en Noviembre del 2005 naufragaría el ALCA. Estados Unidos experimentó también un duro revés al fracasar el golpe de estado en Venezuela, en 2002, y similares tentativas en Bolivia, 2008, y Ecuador, 2010. Lo mismo ocurrió en Junio del 2009, en San Pedro Sula, Honduras, cuando contrariando las explícitas posturas de Estados Unidos y sobreponiéndose a sus intensas presiones la Asamblea General de la OEA derogó la resolución adoptada en Punta del Este, en 1962 que había expulsado a Cuba del seno de la organización. Washington tampoco pudo impedir la realización de ejercicios navales conjuntos entre las marinas rusa y venezolana en el Mar Caribe (un “mar interior” de los Estados Unidos para los halcones del Pentágono) en Noviembre del 2008, en coincidencia con la visita del presidente de Rusia, Dimitri Medvédev a la República Bolivariana de Venezuela. Tampoco tuvo éxito la Casa Blanca en sus empeños por impedir la liberación de rehenes de las FARC en Colombia, pese a los denodados esfuerzos realizados por su peón Álvaro Uribe Vélez. No corrió mejor suerte el intento de impedir que el gobierno de Rafael Correa en Ecuador ordenara la inmediata evacuación de la base de Manta, ni tampoco pudo ser desestabilizado ese gobierno por el ataque de las fuerzas armadas de Colombia, con apoyo logístico de personal y equipo localizado en Manta, a un campamento de las FARC establecido al sur de la frontera colombo-ecuatoriana. Tampoco tuvo éxito en precipitar la caída de Correa mediante una abortada intentona de golpe de estado en Septiembre del 2010. Washington tampoco pudo impedir que el gobierno de Evo Morales expulsara al provocador embajador de Estados Unidos en ese país, Philip Goldberg, de tenebrosa participación en la partición de la ex Yugoslavia y la creación de Kosovo. Pese a sus presiones la Casa Blanca no pudo frustrar el proyecto de creación de la Unión Sudamericana de Naciones, que suplantó exitosamente a la OEA en desbaratar los golpes de estado en contra de Evo Morales y Rafael Correa, y la puesta en marcha de un Consejo Sudamericano de Defensa. Finalmente, tampoco pudo Estados Unidos frustrar la creación, en la II Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC) y la XXI Cumbre del Grupo de Río, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que iniciará sus funciones a partir de julio de 2011 luego de la III Cumbre CALC a realizarse en Venezuela.

 

Derrotas significativas, más el imperio no se da por vencido. Vuelve a la carga y, tal como lo enseña la historia, al igual que sus predecesores: el imperio británico, el español, el portugués, el otomano y el propio imperio romano, es en las fases de decadencia cuando se los imperios se tornan más virulentos y agresivos. Conviene, por eso, recordar algunas enseñanzas. La de Martí, cuando decía que los norteamericanos “creen en el derecho bárbaro, como único derecho: ‘esto es nuestro, porque lo necesitamos’.” Y ahí arremeten contra los pueblos que tienen aquello que excita el apetito del imperio. Las del Che, cuando en las Naciones Unidas sentenciaba que “(N)o se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así, nada.” Y las de Fidel, cuando nos aconsejaba…

 

“No subestimar al enemigo imperialista […] ¡El enemigo imperialista cometió el error de subestimarnos a nosotros! …nuestra patria se enfrenta al imperio más feroz de los tiempos contemporáneos, y […] que […] no descansará en sus esfuerzos por tratar de destruir la Revolución […] crearnos obstáculos […] por tratar de impedir el progreso y el desarrollo de nuestra patria […] ese imperialismo nos odia con el odio de los amos contra los esclavos que se rebelan. […] a ello se unen las circunstancias de que ven sus intereses en peligro; no los de aquí, sino los de todo el mundo.”

 

 

Posiciones militares de EEUU

1 Un excelente compendio de esas discusiones se encuentra en Luis Maira, compilador: ¿Una nueva era de hegemonía norteamericana? (Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1985). En Estados Unidos, los principales contribuyentes a ese debate fueron Robert Gilpin The political economy of international relations (Princeton: Princeton University Press, 1987); Paul Kennedy, The rise and fall of the Great Powers. Economic change and military conflict from 1500 to 2000. ( New York: Random House, 1987); Robert O. Keohane, After Hegemony. Cooperation and discord in the world political economy (Princeton, Princeton University Press, 1987); Henry R. Nau, The Myth of America’s Decline (New York and Oxford, Oxford University Press, 1990); Joseph S. Nye, Jr., Bound to lead. The changing nature of American power (New York: Basic Books, 1990) y también su “The changing nature of world power”, Political Science Quarterly, Vol. 105, Nº 2, 1990; Bruce Russett, “The mysterious case of vanishing hegemony; or is Mark Twain really dead?”, International Organization 39 (Spring 1985); Duncan Snidal, “Hegemonic stability theory revisited”, en International Organization 39 (Autumn 1985); Susan Strange, “The persistent myth of the lost hegemony”, International Organization 41 (Autumn 1987).

2 Cf Paul Kennedy, The rise and fall of the Great Powers . Economic change and military conflict from 1500 to 2000. (New York: Random House, 1987); Emmanuel Todd, Après l’empire. Essai sur la décomposition du système américain (Paris: Gallimard, 2002)

 

3 Charles Krauthammer, “The unipolar moment”, en Foreign Affairs, Vol. 70, Nº 1, 1990-1991. Ver asimismo Immanuel Wallerstein, The decline of American Power (New Press. 2003) ; Chalmers Johnson The Sorrows of Empire: Militarism, Secrecy, and the End of the Republic ( New York: Metropolitan Books, 2004) y la obra de quien quizás sea el más radical teórico de la supremacía norteamericana, Robert Kagan, Of Paradise and Power: America and Europe in the New World Order (New York: Knopf, 2003)

 

4 Ver su Imperio (Buenos Aires: Paidós, 2002). Hemos examinado y criticado esa tesis en nuestro Imperio & Imperialismo. Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri (ediciones varias)

 

5 La frase fue pronunciada en un discurso en ocasión de la graduación de los guardacostas estadounidenses el 21 de Mayo del 2003. Cf. http://georgewbush-whitehouse.archives.gov/news/releases/2003/05/20030521-2.es.html

 

6 En el documento del Departamento de Defensa, National Defense Strategy (Washington: Junio 2008), por ejemplo, se abre con la siguiente afirmación: “Los Estados Unidos, nuestros aliados y socios, enfrentan un amplio espectro de desafíos, entre los cuales se cuentan las redes transnacionales de extremistas violentos, estados hostiles dotados de armas de destrucción masiva, nuevos poderes regionales, amenazas emergentes desde el espacio y el ciberespacio, desastres naturales y pandémicos y creciente competencia para obtener recursos. El Departamento de Defensa debe responder a estos desafíos y a la vez anticipándose y preparándose para los de mañana.” (pg. 1, énfasis nuestro) Y poco antes, en su mensaje introductorio, el Secretario Robert M. Gates decía que “estamos involucrados en un conflicto que no tiene parangón alguno con lo que hemos enfrentado en el pasado.”

 

7 Cf. Karen E. Dynan and Donald L. Kohn: “The rise in U.S. Household indebtedness: causes and consequences” (Washington, D.C.: Federal Reserve Board of Washington, August 2007), pg. 40. Agradecemos a Eric Toussaint los datos suministrados en una comunicación personal el 26 de Marzo del 2009.

 

8 Cf. Alfredo Jalife-Rahme, “¿Más siete de Colombia? Las 865 bases militares de EEUU en 40 países”, en Rebelión, 10-08-2009 y Johnson, op. cit.

 

9 Las principales bases norteamericanas -no todas- en América Latina y el Caribe son las siguientes: Guantánamo; Puerto Rico; Comapala, en El Salvador; Palmerolas, en Honduras; Aruba; Curaçao; Mariscal Estigarribia, Paraguay, frontera Bolivia; Pedro Juan Caballero (DEA, Paraguay, sobre mismo la frontera Brasil); 7 bases más en Colombia; 4 en Panamá; Perú, acaba de ofrecer para sustituir a Manta; Malvinas (formalmente a cargo del Reino Unido y la OTAN, pero en la práctica bajo control estadounidense); Cayena, en la Guayana Francesa.

 

10 Comunicación personal del investigador argentino de las relaciones internacionales Juan Tokatlian,

 

11 No es un dato menor el hecho de que la movilización de la IV Flota se produjo sin que mediara una comunicación oficial de Washington a los jefes de estado de América Latina y el Caribe. Quienes recibieron la noticia fueron los Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la región.

 

12 Cf. Roberto Fernández Retamar, Todo Calibán (Buenos Aires: CLACSO, 2004) En uno de sus pasajes más luminosos el poeta y ensayista cubano dice que “el colonialismo ha calado tan hondamente en nosotros que sólo leemos con verdadero respeto a los autores anticolonialistas difundidos desde las metrópolis.” (pp. 39-40, énfasis en el original)

 

13 Hemos examinado este asunto en nuestro “La mentira como principio de política exterior de Estados Unidos hacia América Latina”, en Foreign Affairs en Español, Volumen 6, Nº 1, 2006, pp.61-68.

 

14 En su muy ilustrativo libro El Gran Tablero Mundial, Brzezinski pasa prolija revista a las distintas regiones y subregiones del mundo, con la sorprendente excepción de América Latina. Interrogado en una conferencia que dictara en la Universidad de Columbia (en Nueva York) por esa sorprendente ausencia replicó con sinceridad que en un sentido estricto América Latina y el Caribe no eran “regiones externas” sino que formaban parte del corazón mismo del imperio, “zonas interiores” del centro imperial estadounidense. Su status, por lo tanto, no era equiparable al Medio Oriente o a África Sub-Sahariana. Sobran los comentarios …

 

15 Esta sección re-elabora algunos párrafos de nuestro artículo “La mentira como principio de política exterior de Estados Unidos hacia América Latina », op. cit.

 

16 Rodríguez Rejas, María José ”La centralidad de América Latina en la estrategia de seguridad hemisférica de Estados Unidos”, en Rebelión, 3 de Noviembre de 2010, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=115986

 

17 John Saxe-Fernández, “América Latina : reserva estratégia de Estados Unidos”, en OSAL (Buenos Aires: CLACSO, 2009) Año X, Nº 25, Abril.

 

18 Cf. Mineral Information Institute, http://www.mii.org

 

19 Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP), State of Biodiversity in Latin America and the Caribbean en http://www.cbd.int/gbo/gbo3/doc/StateOfBiodiversity-LatinAmerica.pdf , pp. 1-3.

 

20 Sobre el tema ver John Saxe-Fernández, Terror e Imperio. La hegemonía política y económica de Estados Unidos. (México: Random House Mondadori-Arena Abierta, Colección Debate, 2005); Luis Suárez Salazar, Madre América. Un siglo de violencia y dolor (1898-1998) (La Habana: Editorial de Ciencias sociales, 2003)  amén de los numerosos trabajos de Ana Esther Ceceña en el marco del Observatorio Latinoamericano de Geopolítica de la UNAM, entre ellos El águila despliega sus alas de nuevo. Un continente bajo amenaza [en colaboración con Rodrigo Yedra y David Barrios], (Quito : FEDAEPS, 2009) y El Gran Caribe. Umbral de la geopolítica mundial [en colaboración con Rodrigo Yedra, Daniel Inclán y David Barrios], publicado por el mismo sello editorial el año 2010. Véase asimismo el trabajo de Sonia Winer, Mariana Carrolli, Lucía López y Florencia Martínez : Estrategia militar de Estados Unidos en América Latina, Cuaderno de Trabajo Nº 66, (Buenos Aires : Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2006) http://www.centrocultural.coop/uploads/cuaderno66.pdf

 

21 Pese a tener cerca del 5 por ciento de la población mundial Estados Unidos consume el 25 por ciento del petróleo producido en el planeta.

 

22 A estos cuatro casos habría que agregar el golpe de estado perpetrado contra Jean- Bertrand Aristide en Haití, en 2004, aunque no se trata de un fenómeno estrictamente comparable con los demás.

 

23 Sobre ésto ver nuestro “La IV Flota derrotó a Imperio”, en Rebelión, 21 Agosto 2008, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=71635

 

Añadimos: no sólo “hacerse a la mar”. Tal como lo señaláramos más arriba la IV Flota dispone de navíos especialmente adaptados para remontar los ríos interiores de Sudamérica.

 

24 La SOA instruyó, hasta su transformación, unos 61 miembros de las fuerzas armadas latinoamericanas. Entre ellos sobresalen algunos de los más siniestros tiranos y asesinos de la región, entre ellos Leopoldo F. Galtieri y Roberto Viola (Argentina); Manuel Contreras (Chile); Vladimiro Montesinos (Perú), Manuel Noriega (Panamá), Hugo Banzer (Bolivia) y Roberto D’Aubuisson, jefe del “escuadrón de la muerte” que tuvo a su cargo la matanza de los jesuitas en El Salvador.

 

25 Cf. http://www.scribd.com/doc/24663035/UntitledLA-OPERACION-CONDOR-TERRORISMO-DE-ESTADO-EN-AMERICA-LATINA-%E2%80%93

 

26 Cf. Natalia Brite, “Sistema “interamericano” o soberanía regional”, entrevista a Elsa Bruzzone, en http://alainet.org/active/36888

 

27 Sobre el ASPAN ver la exposición hecha por Carlos Fazio http://clasefazio.wordpress.com/2010/04/13/aspan-plan-mexico-y-soberania-nacional-exposicion-de-clase/ . La información oficial del gobierno mexicano sobre el ASPAN se encuentra enhttp://www.sre.gob.mx/eventos/aspan/faqs.htm

 

 

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“La integración de Latinoamérica es el requisito previo para la independencia real”

31/12/2010 by maestro Deja un comentario

Noam Chomsky es un hombre tocado por una curiosidad inagotable. Debería añadirse que es un intelectual comprometido. Esto parece obvio pero no lo es. A diferencia de muchos otros intelectuales, no solo es capaz de denunciar injusticias, absurdos y atrocidades perpetradas en nombre del interés nacional de Estados Unidos o los principios del mundo libre, como la democracia y el mercado, sino también de trabar largos diálogos con quienes difieren de algunas de sus posturas políticas, sin que esto menoscabe el tejido de la conversación, sino todo lo contrario. Más que sus ideas radicales, que de cuando en cuando revuelven la bilis de la opinión pública conservadora, lo que llama la atención de Chomsky es su capacidad casi sobrehumana de perseguir el entendimiento racional de casi cualquier problema, embebiéndose en galaxias y universos de información en los que cualquier otro se ahogaría sin la menor chance de supervivencia. Por ejemplo, cuando se discute con él sobre un tema –sea América Latina, Irán, China o Estados Unidos– remite a su interlocutor a periódicos del día en México, Londres, Teherán, Islamabad, y a las más recientes revistas académicas superespecializadas, comentarios políticos o encuestas de opinión locales. Asimismo se muestra ávido de recibir cualquier artículo o libro que a vuelta de correo criticará con una inteligencia sensible, sin pasar por alto sus virtudes, flaquezas o contradicciones. Su conversación siempre zigzaguea y se abre en muchos meandros de erudición simultánea, pero cuando parece que ya se ha ido muy lejos regresa al punto de origen atando todos los cabos sueltos y capturando, con admirable claridad, el espíritu de una verdad oculta o difícilmente comprendida. Cuando esto sucede, hay que pedirle que, por favor, sea breve. Él responde con cierta picardía que cuando sus nietos le preguntan cualquier cosa ponen una cláusula: “Por favor, danos solo una conferencia de cinco minutos”. Pero, hay que anotarlo, pocas veces lo logra.

A los 82 recién cumplidos, su compromiso político no declina. E incluso se podría decir que, mientras otros intelectuales se conforman con soplar las trompetas del Apocalipsis, él busca los signos dispersos y escasos de esperanza para conferirles cierta coherencia y alertar sobre los peligros que los acechan. Por eso dedica su más reciente libro, Hopes and Prospects (publicado por Haymarket Books), a América Latina y afirma que el futuro podría reiventarse en esta región del planeta.

Esta entrevista tuvo lugar en dos momentos distintos del otoño. Por motivos de espacio, esta versión se concentra en el socialismo hoy, el cambio de América Latina y las relaciones con Estados Unidos. El problema ambiental de algún modo atraviesa toda la conversación. Pero también, inevitablemente, Chomsky pasa revista a muchos otros temas en torno a los cuales su inquieta atención nunca descansa.

El socialismo de ayer y de siempre

El término “socialismo” se ha convertido en un comodín confuso que cualquiera puede usar a su antojo. Usted incluso ha dicho que todos los países que se han llamado socialistas han sido en realidad antisocialistas. Si es así, ¿qué significa socialismo hoy?

Cuando la gente habla de socialismo sobre todo habla del control estatal de la producción y los recursos naturales. A eso se le puede llamar como sea, pero no es lo que el socialismo ha significado por tradición. Hay muchas versiones del socialismo pero todas tienen en común un valor central: quienes producen deben tener el control de la producción. Los trabajadores deben controlar las fábricas, los campesinos deben controlar las tierras que trabajan y también sus comunidades. El socialismo visto así es una forma extrema de democracia. Pero, en realidad, no hay nada parecido en los países llamados socialistas. De hecho, los bolcheviques, que eran el ala derecha de los socialistas, tomaron el poder en 1917 estableciendo el patrón de lo que seguiría, y se movieron rápidamente para eliminar las genuinas formas de socialismo que habían sido ensayadas antes y constituían el fermento de los soviets, verbigracia los consejos fabriles o la actividad revolucionaria de las sociedades agrarias. Estas formas fueron debilitadas y velozmente desmanteladas hasta que prácticamente no pudieron funcionar. La Asamblea Constituyente fue eliminada porque habría transferido poder a las bases sociales campesinas y trabajadoras, cosa que a los bolcheviques no les interesaba y, de hecho, fue la razón por la que crearon los “ejércitos del trabajo”, sometidos al mandato del líder. Y esto es lo opuesto al socialismo. Los bolcheviques nacionalizaron las industrias y los recursos. En ese sentido, eliminaron el capital privado y eso generó una visión muy negativa del socialismo. Ahora bien, ellos tuvieron sus razones y la principal era la peligrosa situación internacional. Habían sido invadidos por Occidente y basaban sus medidas en principios y concepciones del marxismo, aunque en este caso eran concepciones que Marx mismo no sostuvo. La supuesta idea marxista era que un país no puede llegar al socialismo sin atravesar determinadas etapas, la primera de las cuales es la industrialización; luego vendría la organización del proletariado, que tomaría los asuntos en sus propias manos para establecer una dictadura. Rusia difería en ése y otros aspectos: era una sociedad campesina atrasada, básicamente una sociedad colonial, aunque inusualmente poderosa y con una gran fuerza militar, incluso bajo los zares. Además, había desarrollo en ciertos campos y una élite cultivada y sofisticada. Esta combinación no es extraña. Solo hay que fijarse en América Latina, donde sucede lo mismo y hay una élite con una rica tradición cultural. Los soviets querían industrializar a Rusia y, dadas sus circunstancias, pensaron que lo harían a través de un liderazgo autoritario. De esta manera implementaron casi toda la estructura en la que más tarde se produjeron las monstruosidades de Stalin. Los otros países llamados socialistas adoptaron variantes de estas estructuras, aunque hubo diferencias, como en la China de Mao.

Diferencias que no hicieron el socialismo de Mao menos sangriento que el de Stalin.

No menos sangriento, es cierto. Pero si te fijas notarás que la caracterización de China en Occidente no es correcta. Los economistas modernos señalan que el avance radical del tren económico chino solo ha sido posible porque está montado sobre los sólidos rieles de Mao. Eso lo demuestra el Premio Nobel de Economía Amartya Sen en un estudio cuya primera parte ha sido muy elogiada, al tiempo que la segunda es prácticamente inmencionable en Occidente porque compara China con India entre 1947 y 1979, lo que tiene sentido pues en el 47 ambos países se independizaron y el 79 fue el año del gran viraje de la reforma económica china. Al estudiar la mortalidad durante la hambruna de 1958, Sen la llamó una hambruna política. No porque hubiera un propósito deliberado de causarla, sino porque el sistema totalitario era tal que la información acerca de lo que estaba pasando no llegaba a los centros de decisión y cuando lo supieron ya era demasiado tarde. En ese sentido, se trató de un crimen político. Pero incluso contando esos treinta millones de víctimas, sucede que en India murieron cien millones de personas por la hambruna, simplemente porque el capitalismo democráctico de ese país no instituyó las reformas sociales que previnieran ese desastre, como lo hizo China con los sistemas rurales, los médicos de a pie y otros programas. Eso, a fin de cuentas, hizo una diferencia de setenta millones de víctimas. En palabras de Sen, India puso tantos esqueletos en el clóset cada ocho años como lo hizo China en el período del gran salto hacia adelante, su mayor vergüenza. Durante la revolución cultural también se cometieron muchas atrocidades pero, al parecer, las condiciones generales en las áreas rurales también mejoraron. Así que es una historia ambivalente.

¿Cree usted que valió la pena la experiencia en términos históricos?

No puedo sacar conclusiones de unas pocas conversaciones, pero de vez en cuando oigo a gente muy crítica con Mao que cuenta cómo en su gobierno se asesinó a mucha gente de forma sangrienta. Así que es un asunto complejo. Lo que no admite discusión es lo que pasó en la India capitalista y democrática en el mismo período. Sin embargo, a la hora de juzgar estos hechos siempre usamos un doble estándar. Si comparas a nivel mundial, verás que los errores y las matanzas de la democracia capitalista son colosales, pero no los contamos.

Volvamos al centro de la cuestión. ¿De qué hablamos cuando hablamos de socialismo?

En esencia, el socialismo es lo que tradicionalmente fue. Los productores, que son la mayoría de la población, deberían tener el control sobre la producción. Pero cuando hablo de productores no me refiero solamente a los trabajadores de las fábricas. Un productor puede ser un ingeniero de programación o un profesor universitario.Y, en realidad, la universidad es la única institución que se aproxima a esta idea según la cual los productores controlan lo que ellos producen. De modo que ellos deben controlar cualquiera que sea el aparato de producción en el cual operan. Deberían tomar las decisiones y lo mismo debería decirse de la comunidad en cuanto al control de su propio funcionamiento. Estas concepciones del marxismo coinciden en gran medida con el anarcosindicalismo. De hecho, hubo levantamientos obreros cuyas luchas antitotalitarias derivaron del modelo anarcosindicalista, como es el caso del sindicato Solidaridad en Polonia. La revolución húngara también surgió de un movimiento con estas características. Es algo que pasa de manera automática cuando la gente trata de derrocar a los amos. Ésos son los elementos centrales del socialismo. Pero el socialismo existente ni se aproxima a esos elementos. De hecho, es casi justamente lo opuesto. ¡En Estados Unidos hay más control de los trabajadores sobre la producción que en Rusia!

El punto es que su concepción se aleja del concepto tradicional de clase trabajadora y quienes la representan. También les resta poder a instituciones tradicionales como el Estado, que históricamente se ha proclamado agente principal del socialismo.

Sí, eso es válido para el socialismo existente, es decir, un tipo de socialismo que prácticamente no se puede distinguir del capitalismo de Estado. Para entenderlo conviene analizar el caso de Estados Unidos, reconocido como la sociedad capitalista por excelencia. ¡Y no es para nada una sociedad capitalista en el sentido tradicional!

¿Cómo llegó este país a ser la sociedad más rica y avanzada? Pues bien, había economistas como Adam Smith que aconsejaban en su época a Estados Unidos. ¿Qué tipo de consejos le daban? Los mismos que ofrecen el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a América Latina. Smith aconsejó al gobierno estadounidense profundizar sus ventajas comparativas. Ustedes son buenos en agricultura y exportando pieles, afirmaba. No traten de competir con bienes acabados, porque en eso Inglaterra es mucho más eficiente. Así que para alcanzar la eficiencia total, deben exportar en el sector primario y comprar los bienes industriales de Inglaterra. También aconsejó al gobierno no monopolizar los recursos naturales. Eso no era un asunto despreciable si recordamos que el petróleo del siglo XIX fue el algodón, que era el núcleo de la revolución industrial. Estados Unidos producía una gran parte del algodón mundial y Smith decía que no lo monopolizaran porque era económicamente perjudicial. En lugar de eso, Estados Unidos subió enormemente los impuestos a los textiles británicos y así pudo arrancar con su propia industria textil, que es la forma original de comenzar la industrialización. Más tarde bloqueó la industria metalúrgica británica, muy superior a la nuestra entonces. El gobierno incluso trató de monopolizar el algodón y estuvo a punto de lograrlo. En el Congreso se decía: “Si podemos acaparar el algodón, pondremos a Gran Bretaña de rodillas”. El ejemplo muestra a las claras que el desarrollo de este país no fue un proceso capitalista. Y eso se mantiene hasta hoy con Internet y los computadores. En conclusión, Estados Unidos es tan capitalista como Rusia socialista. 

Ahora bien: las categorías socialismo y capitalismo son armas ideológicas, no términos descriptivos, aunque ciertamente hay muchas diferencias entre la versión soviética del capitalismo de Estado y la versión estadounidense. Pero ninguna de las dos se aproxima a los términos con los que se les identifica en la guerra ideológica. Y si nos ponemos a examinar, uno de los pocos lugares que aplica el término capitalismo es América Latina, donde se impuso en una versión neoliberal que sigue de cerca las líneas de Adam Smith. ¡Solo imaginemos lo que habría pasado si Estados Unidos hubiese seguido esas reglas! El neoliberalismo se creó para imponerlo en el Tercer Mundo. No es nada nuevo: esas ideas provienen de los modelos económicos creados para sojuzgar a las colonias.

Esperanzas latinoamericanas

Usted ha señalado que América Latina ha desafiado la hegemonía de Estados Unidos y las instituciones financieras globales que han demorado el avance democrático en la región. Es decir que los latinoamericanos, según sus palabras, nos encontramos en una suerte de momento postneoliberal. ¿Por qué cree usted que el futuro puede forjarse en América Latina?

No creo que América Latina sea la utopía. Lo que digo es que ha comenzado a emerger de una historia muy dura hacia un estadio en el que tiene algunas posibilidades. Eso no la convierte en utopía. En los últimos doscientos años, América Latina ha tratado muchas veces de salir adelante pero no ha podido hacerlo debido a tres problemas. Primero por la falta de integración entre los países, pues incluso el sistema vial es diferente entre unos y otros. También porque los países han estado orientados hacia poderes imperiales casi en todo sentido, desde los bancos en los que la gente invierte su dinero hasta las universidades a las que envían a sus hijos. Tal dependencia se está dejando atrás y se han adoptado medidas firmes en pos de la integración. El último ejemplo es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), creada en febrero de 2010 con todos los países de América excepto Estados Unidos y Canadá, un proyecto simbólicamente significativo y potencialmente importante. Si esa organización adquiere algunas funciones reales en la integración, será comparable con otras iniciativas como Unasur, el Banco del Sur o Mercosur… A mis ojos, la integración es un requisito previo para la independencia. El segundo problema es interno. Todos los países de América Latina tienen una estructura social horrenda en la cual hay un pequeño sector de la población, mayoritariamente blanco, que es extremadamente rico y está rodeado de una enorme miseria. Eso no se ha solucionado, pero al menos ahora se tiene en cuenta. Los programas sociales de Lula da Silva no son la solución, pero son un avance. Lo mismo sucede con las misiones en Venezuela. El tercer punto es el surgimiento de los movimientos indígenas. Sabemos que esos movimientos son un arma de doble filo. Por ejemplo en Ecuador, donde los indígenas preguntan por qué deben renunciar a su forma de vida para que los conductores puedan congestionar las calles de Nueva York, o en Colombia, donde inquieren por qué deben sacrificar sus hábitats por la minería. Aunque tiendo a simpatizar con esas preguntas, sé que no son cuestiones triviales. Un país tiene recursos y debe poder usarlos. El problema es cómo conseguir que se usen en beneficio de la población, tratando de generar la menor destrucción posible del medio ambiente y evitando que los beneficios vayan exclusivamente a los inversores internacionales o a los ricos locales. Al menos estos problemas se abordan ahora de una manera diferente que en el pasado, cuando cada vez que alguien reclamaba lo aplastaban. Otro elemento fundamental es que hay una relación Sur-Sur que antes no existía. Como prueba, China es hoy uno de los mayores inversores en la región, superando, en lugares ricos en recursos, a Estados Unidos. Si examinas en retrospectiva la política exterior de Estados Unidos, verás que el control de América Latina ha sido casi un dogma. En el Consejo de Relaciones Exteriores era común creer que si no se controlaba América Latina no se podía controlar al mundo. Bueno, ya no la controlan. El ejemplo más notorio es Brasil. Brasil y Turquía, otro país que ha escapado del control estadounidense, se aliaron para negociar un tratado nuclear con Irán. Obama lo vio con reticencia, pero aun así lo hicieron. Pasa también en otras partes, porque el control mundial de Estados Unidos está declinando y América Latina es una pieza de importancia. Eso le abre a la región posibilidades que antes no tenía ¿Cómo manejará esas posibilidades? Aún no está claro.

¿Qué riesgos y desafíos ve usted cuando piensa en las esperanzas latinoamericanas?

El riesgo es que las estructuras que han impedido el desarrollo de las sociedades latinoamericanas aún existen. Los caudillos y el caudillismo, por ejemplo. O el hecho de que el desarrollo actual siga basado en la extracción de materias primas. Incluso en Chile, que se considera la joya de la corona, la economía sigue dependiendo del cobre y en general sigue sujeta a una determinante geográfica que la lleva a producir frutas y vinos para el mercado estadounidense. Aparte de eso, no parece haber un esfuerzo claro y consistente para superar el sistema tradicional. La economía de Brasil también depende de materias primas extraídas para Rusia y China, si bien el país cuenta con un aparato industrial importante. El otro problema es introducir y consolidar una democracia funcional en estos países, que permita superar la tremenda pobreza y ayude a que la población participe política y socialmente.

Ya que usted menciona los problemas que trae el caudillismo al sistema democrático, me gustaría conocer su opinión actual sobre Venezuela. ¿Cuál es su apreciación del socialismo del siglo XXI y de Hugo Chávez como líder?

Venezuela es una historia mixta. Algunas de las políticas públicas, como las misiones, me parece que tienen sentido. Ha habido una importante reducción de la pobreza, que ahora podría estar creciendo de nuevo. Además, el hecho de haber podido vencer el golpe militar y una gran huelga capitalista del sector industrial y empresarial me parece un avance significativo. Hay grandes problemas de violencia criminal, corrupción y control autoritario que deben ser confrontados y abordados. Esto sucede en el marco de iniciativas internacionales muy constructivas como Petrocaribe y el Banco del Sur. De modo que hay cosas positivas, pero también hay peligros.

Quisiera pedirle que hable un poco más de los peligros, ya que se refiere a importantes aspectos del sistema democrático.

Sé que son temas importantes, pero no los conozco y prefiero no entrar en materias de las que no sé. Hay problemas de fondo que deben ser confrontados, como ya dije. En Bolivia ha habido cambios sustanciales impulsados de abajo hacia arriba de la estructura social. En Venezuela los cambios se han guiado desde arriba. Los cambios que se imponen desde arriba son inherentemente peligrosos, nadie lo duda. De modo que es necesario moverse hacia situaciones en las cuales las misiones, las cooperativas y otros programas sociales tengan una autoridad real y no solo la que les confiere el gobierno. Teóricamente Chávez piensa así, pero ese pensamiento tiene que hacerse realidad.

Usted ha mostrado una preocupación constante por Colombia. ¿Qué piensa del legado de Álvaro Uribe y del nuevo gobierno de Juan Manuel Santos?

Cuando estuve en Colombia, hace algunos meses, la Defensoría me llevó a visitar algunos pueblitos aislados y peligrosos cercanos a La Vega, en el Cauca. Fui porque los habitantes de la región dedicaron un bosque a la memoria de mi difunta esposa, Carol. Allí los pobladores estaban tratando de bloquear los esfuerzos de compañías mineras que con su explotación arbitraria han contaminado las fuentes de agua. Por ejemplo, y esto es algo que yo no sabía, aparentemente el gobierno está tratando de privatizar el agua. Y lo hace tomando en cuenta la lección que dejó el fiasco de Bolivia. Es decir, no como un esfuerzo a nivel nacional, sino en pequeñas zonas, aislando a las comunidades y anulando su capacidad de acción conjunta. Contra eso, la gente de muchas de las comunidades que visité se está organizando y tiene programas hidrológicos muy sofisticados, principalmente para resistir la privatización así como la destrucción de los bosques vírgenes. Es una tendencia alrededor del mundo resistir la presión de las compañías multinacionales. Que puedan lograrlo, está por verse. Al mismo tiempo, la gente de la Defensoría me comentó que ha resurgido la violencia, en parte por la acción de las Farc, lo que ha producido una respuesta militar y paramilitar. El padre Javier Giraldo, una persona increíble, estaba con nosotros investigando para un libro sobre lo que ha pasado con las comunidades de paz como San José y Apartadó que, tal vez sepas, han sido atacadas e intimidadas por largo tiempo. Incluso la última vez que estuve allí hace algunos años, San José, que es la más grande, estaba sitiada. La situación ha empeorado, con lo que virtualmente se han eliminado estas islas de paz. Me parece que eso no luce bien. Para volver a tu pregunta, los grupos de derechos humanos con los que hablé esperan que con Santos haya un relajamiento. Esto no lo puedo asegurar porque proviene de una fuente secundaria, pero la esperanza es que aunque Santos continúe aplicando algunas políticas de Uribe, se supone que por su clase social –él es un oligarca mientras Uribe viene de una clase media antioqueña– y porque no necesita las conexiones soterradas con el paramilitarismo y el narcotráfico que hubo en el gobierno uribista, será menos brutal en materia de derechos humanos y más abierto al diálogo.

Bueno, Santos no ha sido más flexible, al menos con las guerrillas. Ahí tenemos la aniquilación del Mono Jojoy, nada menos que el jefe militar de las Farc. Sin embargo, pareciera moverse todavía dentro del marco institucional.

Luce entonces como que debería buscar algún tipo de arreglo político con las Farc.

¿Cuál puede ser el rol de Colombia en la dinámica regional de América Latina?

A este respecto, me parece que la objeción de la Corte al acuerdo sobre las bases militares estadounidenses puede ser significativa. Ese acuerdo irritó a varios países. Con la excepción de Alan García, la oposición fue general e incluso Unasur hizo un pronunciamiento en contra. No se objetaron las implicaciones nacionales del acuerdo, sino sus aspectos extraterritoriales, es decir, el hecho de que Estados Unidos quisiera usar las bases para recoger información y hacer labores de vigilancia. Ésa es la parte que los países de la región sintieron amenazante, aunque no aparecía de forma explícita sino que era la interpretación hecha por Estados Unidos. Si el punto es totalmente retirado, creo que ayudará a Colombia a estar más integrada en Suramérica y, por supuesto, será un paso importante para dejar fuera la intervención de fuerzas militares estadounidenses en la región pues, salvo aquéllas, las únicas fuerzas con características extraterritoriales están actualmente en Honduras.

Aprovechando que ha tocado un tema controversial, quisiera preguntarle cuál es el estado actual de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.

Latinoamérica se está moviendo hacia algún tipo de integración, lo cual, como he dicho, es el requisito previo para la independencia real. Esto es muy importante porque es la primera vez, en cinco siglos, que se dan tales condiciones. No sé si llegará a trascender, pero me parece que si la Celac se transforma en algo más que un proyecto en el papel, puede ser muy positivo. Lo mismo puede decirse de la propuesta de despenalizar algunas drogas llevada a cabo por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Ernesto Zedillo, Fernando Henrique Cardoso y César Gaviria. Si América Latina coincide en salir de esa guerra destructiva contra las drogas, podría haber un avance importante en ese terreno. Por supuesto que eso implicaría un gran esfuerzo educativo en Estados Unidos. Para dar un ejemplo, repito algo que escuché esta mañana en la National Public Radio mientras manejaba hacia acá. Discutían lo que sucede en México y las declaraciones de Hillary Clinton sobre una insurgencia que amenaza a Estados Unidos. Había un puñado de expertos en el tema. Era muy interesante oírlos, pero no mencionaron las únicas tres cosas que realmente importan. Primero: que las armas de los narcos mexicanos llegan de Estados Unidos. Segundo: no se concentraron, aunque lo refirieron de pasada, en que la demanda proviene de Estados Unidos. Y tercero: se les olvidó decir que los acuerdos de libre comercio son un gran lío, en particular el tlc con Canadá y México, pues han empujado a los campesinos fuera de su tierra y ha desplazado cultivos como el maíz para la producción de opio. Pocas semanas atrás estuve en México y gente ligada al periódico La Jornada me comentó que hay grandes áreas en el norte dedicadas a la producción, zonas incluso vigiladas por militares. El asunto de fondo es que, al parecer, un 25% de la economía mexicana depende de los narcos. Otro tanto depende de las remesas que llegan del exterior, lo que quiere decir que la economía productiva y funcional se ha reducido. Incluso las maquiladoras multinacionales, que no se ajustan a los patrones nacionales de la economía productiva, se están yendo del país debido a la competencia de China. Nada de eso se mencionó en el programa radial, así que la percepción del fenómeno que tenemos los estadounidenses es muy limitada. Por otro lado, según varios estudios económicos, el declive de la calidad de vida bajo el mandato del presidente Calderón es terrible. No hablo solo de los niveles de nutrición, sino de la caída de los salarios. Eso también es crucial para entender el avance de la economía de las drogas. En el World Economic Forum se ha discutido otro fenómeno derivado: la paradoja de que en un país con ese tipo de violencia la bolsa se encuentre por los cielos, y haya alcanzado hace poco máximos históricos. En realidad, eso habla de dos Méxicos, uno rico y otro pobre. No hay nada paradójico al respecto. Es algo que viene sucediendo desde que las reformas neoliberales de los ochenta dividieron el país. El número de billonarios ha aumentado casi tan rápido como la tasa de pobreza. Así se explica el fenómeno de Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, y se entiende que a la bolsa le esté yendo bien, porque los inversores estadounidenses asumen que a los sectores privatizados, a los billonarios y a los narcos les seguirá yendo bien. Mientras tanto la población colapsa. Encontrar soluciones para esos problemas exige reconocer que existen, y eso no lo vemos. Así que tenemos por delante un largo camino por recorrer.

Esperanza contra catástrofe

Y ese camino parece aún más largo si tomamos en cuenta las nuevas leyes migratorias que criminalizan a los inmigrantes.

Por no hablar de lo que se nos viene con el Tea Party en el Congreso. No sé hasta qué punto sigues a estos tipos. No se puede ir más a la derecha porque será autodestructivo. Es como si el país fuera asaltado por un grupo de lunáticos.

Condoleezza Rice afirma que es saludable para el país tener este tipo de debates.

¡Ésa es su posición! Bueno, olvidémonos entonces de la guerra contra las drogas y el armamentismo y hablemos del Tea Party. Actualmente, casi la totalidad del partido republicano piensa que el ser humano no tiene que ver con el calentamiento global. Pensar así es una pena de muerte para la especie. Si Estados Unidos no hace nada y si el partido republicano decide que todos esos liberales y científicos que buscan becas para estudiar el fenómeno se olviden del dinero, podemos ir diciéndonos adiós. En el caso de la crisis financiera, tiene cierto sentido que las grandes corporaciones ignoren el riesgo sistémico, aunque los economistas saben que ignorarlo conduce a que las crisis se hagan más frecuentes. Ésas son ineficiencias fundamentales del mercado. Cualquier economista aprende en los primeros cursos que las transacciones del mercado ignoran los factores externos casi por necesidad. Si alguien trata de calcular su impacto quedará fuera del negocio porque los competidores no lo harán. Así que es prácticamente una necesidad institucional del sistema de mercado. En el caso de las crisis financieras, podemos decir “bueno, está el gobierno para darnos auxilio financiero”. Pero cuando esos ejecutivos decidan ignorar las externalidades de la destrucción climática no habrá nadie para echarles un salvavidas. La fragilidad de la especie no es un factor por el que puedas pedir auxilio financiero.

Ya que entramos al tema de la supervivencia, ¿cómo abordar entonces la crisis de civilización en la que nos encontramos?

¡No es una pregunta pequeña!

Por favor denos solo una conferencia de cinco minutos…

Algún gran cambio tiene que ocurrir en Estados Unidos.

¿Es Estados Unidos el protagonista principal? ¿Por qué?

Tiene que serlo. Somos de lejos el país más rico, más poderoso y el que ocasiona más daños a la naturaleza. Y si no hacemos nada aquí, lo que pueda hacer Europa será de ayuda pero no hará gran diferencia. Los países emergentes no harán mucho porque necesitan impulsar su crecimiento. China, de hecho, está haciendo más que Estados Unidos. Cuando Texas quiso montar unos molinos para energía eólica tuvo que ir a buscarlos a China. ¿Qué pasó? El gobierno estadounidense bloqueó la iniciativa. La inversión verde de Estados Unidos en China es más alta que la que hace en su propio territorio y en Europa. La razón es simple. El gobierno estadounidense se queja de China en la Organización Mundial de Comercio. Pero aquí es responsable de desarrollar la estructura de inversiones verdes y no lo ha hecho. Lo deja en manos de inversores privados que no lo harán tampoco porque en China lo pueden hacer por mucho menos dinero. Es chocante. El gobierno de Obama está amenazando a China con echarle encima a la omc por hacer exactamente lo que nosotros deberíamos hacer: una política industrial, dirigida por el Estado, claro está, para crear las bases de una economía sustentable. Eso tenemos que pararlo, dicen, porque viola nuestros sagrados principios de mercado. Y, bueno, tú sabes, las ironías son increíbles. Pero, otra vez hay que decirlo, la población lo ignora. Y los economistas, los intelectuales y los medios tienen la culpa porque no quieren explicar que así funciona nuestra economía.

¿Podría enunciar algunos puntos que deberíamos mantener en mente?

Estados Unidos necesita una revolución cultural.

¿A qué se refiere?

A un cambio en la manera en que entendemos las actitudes, las percepciones y el conocimiento factual. El Tea Party es muy revelador en ese sentido. Somos una sociedad constantemente medida por encuestas. Aunque muchas no aportan gran cosa, hay otras que muestran cosas importantes. Por ejemplo, que existe gente a favor de un gobierno pequeño y de menos impuestos. En términos sociales están a favor de más inversión en educación, en salud, en infraestructura. En eso quizás no sean diferentes de los suizos, pero no quieren gobernantes ni impuestos. ¿Entonces? Es lo que llamamos el double dip: mantener dos ideas absolutamente contradictorias en la mente y creer en ambas al mismo tiempo. Esa percepción atraviesa el país. Hay personas que dicen: “A mí no me importa lo que sucede en este país”. Pero si consideras a quienes participan en las encuestas verás que quieren discutir estos temas. El año pasado estuve en Ciudad de México y de ahí fui a California. Pasé de un país pobre a una de las zonas más ricas del mundo. En México la Universidad Autónoma (Unam), que tiene cien mil estudiantes, es gratuita. No es la mejor del mundo, pero es bastante buena. Mientras tanto en California el sistema de educación universitaria pública, que era uno de los mejores en el mundo, está siendo destruido y privatizado. ¿Qué pasa cuando México, un país pobre, es capaz de mantener un sistema de educación pública de buena calidad, mientras que California, región muy rica, destruye uno de los mejores sistemas educativos? Pues que te haces mucho daño. Si no tienes un sistema educativo de alto nivel tampoco tendrás una economía competitiva de alto nivel, porque buena parte del crecimiento económico hoy en día ocurre alrededor de las universidades, donde hay grupos de investigación, conocimiento, innovación y desarrollo como MIT, Harvard, Berkeley o Stanford. Hasta cierto punto, el sector privado que crece alrededor de estos grupos es parasitario y se beneficia enormemente de ese conocimiento universitario. De modo que si destruyes el sistema universitario estás poniendo en riesgo el sector económico privado. Pero tienes que hacerlo porque hay que recortar impuestos. Y mira la ironía: hay estudios económicos que demuestran que los mayores defensores de las reducciones de impuestos en California son aquellos que más se benefician de los subsidios federales.

Volviendo al punto, ¿cuál sería el bosquejo de lo que es necesario hacer?

Un programa educativo masivo dentro de Estados Unidos, el cual condujera a una revolución cultural que haga entender a la gente su circunstancia y la consecuencia de sus acciones, dejando de lado los dogmas y prisiones ideológicas que constriñen la posibilidad de desarrollar políticas sensibles y sensatas. No hay razones para que Estados Unidos no sea un país líder en el desarrollo de tecnologías verdes y de un modelo de desarrollo sustentable. Contamos con las instalaciones y los recursos que lo permiten sin tener que ir a China a buscar mano de obra barata. Lo contrario consiste en poner parches, que es lo que estamos haciendo.

El mundo postimperial

Casi diez años después del 11 de septiembre, Estados Unidos no es la superpotencia mundial que era, al menos no política y económicamente. ¿Qué puede decir del papel de Estados Unidos en el presente y futuro cercano?

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tuvo una posición de poder sin paralelo en la historia. Tenía literalmente la mitad de la riqueza del mundo y estaba en condiciones de perseguir metas muy ambiciosas que fueron esbozadas por los planificadores de Roosevelt y luego ampliamente implementadas: controlar una “gran área” que incluía el hemisferio occidental, el lejano Oriente, el antiguo imperio británico (incluido el incomparablemente rico en petróleo occidente asiático) y el centro industrial y comercial de Eurasia. Con el tiempo, fue inevitable que este poder se desgastara. Hacia 1970, el mundo era económicamente tripolar. Sus mayores centros eran, para Norteamérica, Estados Unidos; para Europa, Alemania y Francia, y para el este de Asia, Japón. El colapso de la Unión Soviética creó una breve ilusión de unipolaridad y de “fin de la historia”, pero pronto se disolvió y en este momento el sistema global es aún más diverso y Estados Unidos menos capaz de ejercer control. Es un asunto muy preocupante para los planificadores, y a menudo una fuente de considerable irracionalidad –como cuando, recientemente, el Departamento de Estado le advirtió a China de que debía cumplir sus “responsabilidades internacionales” y obedecer las sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Irán, lo cual debe haber divertido a la clase gobernante china–. En una sola dimensión –el poderío militar– Estados Unidos continúa un reinado supremo, pero es una ventaja muy costosa que no se pued emantener, particularmente en virtud de decisiones que han debilitado severamente la economía productiva y han favorecido el sector financiero. Los dirigentes de este país deberían estar obligados –en el mejor de los casos deberían elegir– hacerse socios de un orden mundial más diverso.

El marxismo tradicional y otras ideologías entienden el cambio hacia una sociedad más justa en términos de revolución o catástrofe. ¿Cómo hacer la idea de justicia menos dependiente de la de cambio violento?

Marx tenía una visión más matizada. Él parece haber pensado que en las democracias parlamentarias el poder de los trabajadores podía alvanzarse por procesos electorales. Apartando sus visiones personales, no veo ninguna base en su pensamiento, o en el de otros que buscan más justicia y libertad, para excluir esa posibilidad. Sin embargo, es ocioso especular. Cualquiera que sea nuestra situación, deberíamos preferir la reforma no violenta en tanto se pueda, y las preguntas sobre el recurso a la violencia no deberían ni siquiera plantearse a menos que en algún punto una autoridad ilegítima busque mantener su poder por la fuerza. Y seguramente, sean cuales sean nuestros objetivos a largo plazo, deberíamos hacer lo que se pueda para evitar la catástrofe, particularmente en tiempos como el nuestro, un momento nuevo de la historia en el cual la inminencia catastrófica puede significar el fin de la búsqueda de una supervivencia decente.

A los 82 años usted sigue denunciando y luchando. Dígame, ¿qué lo mantiene activo y en qué cree?

Este verano tuve la oportunidad de presenciar algunas luchas de gente que encara enormes amenazas y peligros en diferentes partes del mundo: campesinos y pueblos indígenas en Colombia, palestinos en campos de refugiados del Líbano, kurdos en el sudeste de Turquía. Y también pude unirme brevemente a aquellos que desde una posición relativamente privilegiada se entregan a esas causas. Ésas son más que razones para mantenerme activo y creer en la esperanza de un futuro mejor.

Fuente: http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1727

 

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Atrocidad Social Corporativa (II).

30/12/2010 by maestro Deja un comentario

En este apartado se detallará un hecho idéntico protagonizado esta vez por Dole Food, la compañía exportadora de fruta más fuerte del mercado internacional en la actualidad.

Ambas -Chiquita y Dole- poseen un impecable currículum en Atrocidad Social Corporativa. Fueron incluidas en “El libro negro de las marcas”, en donde sus autores, los escritores Klaus Werner y Hans Weiss, desmenuzaban algunas de sus prácticas más  comunes y desconocidas.

Su antisindicalismo es visceral y las condiciones laborales en las que trabajan muchos de sus obreros siguen siendo decimonónicas. Su condición de “intermediarias” en la cadena alimentaria les permite designar los precios y las condiciones del producto que adquieren a hacendados locales.

El modelo agrícola para suministrar frutas y verduras al supermercado global está fuertemente tecnificado. Grandes extensiones de terreno donde imperan los monocultivos, fuertemente mecanizadas y atiborradas con un selecto cóctel de agroquímicos. La tierra, en lugar de parir alimentos que puedan soportar la pobreza, se destina a sembrar productos que después se exportan hacia los mercados del norte.

No es de extrañar por lo tanto, que este modelo origine paradojas tan rocambolescas como el hecho de que el 70% de los hambrientos del  mundo sean agricultores y campesinos. En este escenario, no es de extrañar tampoco que surjan tensiones entre las comunidades locales menos pudientes y grandes terratenientes que luego venden a las exportadoras.

Pero en lugar de consensuar entendimientos y limar asperezas con los pobladores locales, algunos intereses prefieren contratar a mano de obra armada para que las aguas vuelvan a su cauce, por A o por B.

En 2009 y al igual que le ocurrió a la transnacional Chiquita, se presentó una demanda contra Dole Food por haber financiado a grupos de extrema derecha colombianos que acabaron, supuestamente, con la vida de 57 sindicalistas y campesinos. Según relató a un diario colombiano el abogado estadounidense que introdujo el pleito “…las víctimas eran sindicalistas de la multinacional o eran contrarios a los tratos que la empresa les daba o simplemente eran campesinos que habitaban en las zonas donde la bananera quería sembrar.”[1]

La demanda fue introducida en una corte de Los Ángeles y la empresa, lógicamente, negó las acusaciones. Según declaraciones del letrado de las víctimas, la transnacional frutera pudo financiar a las AUC desde 1997 hasta 2006, y lo que es más grave, este apoyo económico podría haberse extendido por más tiempo e incluso perdurar a día de hoy.

Shell.

Nigeria ha sido el país que más ha sufrido el intervencionismo corporativo de Shell. En 1995, el pueblo Ogoni fue reprimido con violencia por el dictador Sani Abacha, con el resultado de 9 personas ejecutadas tras un juicio ilegal, entre los que destacó el escritor y activista Ken Saro Wiwa. Dicho pueblo había protestado por los impactos ambientales en el delta del Níger, protagonizados por Shell y otras empresas petroleras. Después de las presiones de organizaciones internacionales, la multinacional reconoció que había entregado armas a la policía para que protegiera las instalaciones.

Poco antes de los asesinatos, Naemeka Achebe (gerente de Shell en Nigeria), confesó el apoyo de la multinacional a la dictadura militar, diciendo que “Para una empresa comercial que se propone realizar inversiones, es necesario un ambiente de estabilidad… Las dictaduras ofrecen eso”.[2]

Recientes investigaciones realizadas por el diario británico The Guardian -que ha tenido acceso a documentos secretos de la petrolera- muestran como la multinacional tuvo que lubricar su maquinaria de relaciones públicas y emplearse a fondo para controlar los ataques que recibió desde la prensa y las organizaciones con motivo del asesinato de Saro Wiwa.

Documentos confidenciales que formaban parte de un sumario en Nueva York, explican que en 1996, Shell realizó una reunión confidencial en Ascot, justo dos meses después de la muerte de Saro Wiwa. En la misma se trazó un “plan de crisis” que pretendía incansablemente lavar la imagen de la compañía tras los trágicos sucesos acaecidos en el país africano.

La estrategia de Shell se encaminó en varias direcciones. Se trató de suavizar el discurso y trasladar su versión de los hechos a los medios de comunicación, especialmente a los más hostiles para sus intereses. También se buscó confrontar a las organizaciones sociales para dividir y finalmente vencer. Y por último se realizó un trabajo de lavado y maquillaje de la imagen de la compañía, para lograr una apariencia más verde y ecológica. La avalancha mediática por la ejecución del intelectual nigeriano fue tan perjudicial para la compañía, que incluso barajó la opción de abandonar el país.[3]

Nota del autor: El Dibromo Cloropropano (DBCP) fue un producto químico utilizado en las fincas bananeras de varios países del mundo. Sus efectos nocivos fueron conocidos incluso en las pruebas efectuadas en animales de laboratorio, pero eso no impidió que el producto se registrara y se diseminara en varios países del mundo, especialmente en los años 70.

Décadas después, miles de personas que supuestamente se vieron afectadas y enfermadas por este producto químico, iniciaron decenas de procesos legales contra las empresas que lo fabricaron y lo aplicaron en los campos. Las corporaciones implicadas se mantuvieron siempre distantes y ajenas al daño que pudieron hacer. También se emplearon a fondo para retrasar, hundir y socavar los diversos procesos legales. Nunca hicieron el más mínimo gesto para entender y por lo menos escuchar a los afectados.

Una de las empresas que lo fabricó fue Shell. Tiene varias causas abiertas por este caso y en Nicaragua fue condenada a pagar indemnizaciones millonarias. Ha desconocido los veredictos.

Dos de las empresas que lo aplicaron en sus campos fueron Chiquita y Dole. La primera ha sido demandada en Panamá. La segunda ha sido denunciada en más países, sentenciada también a pagar compensaciones en Nicaragua y hasta hace bien poco lo estaba en su propio país, Estados Unidos. Desconoció la soberanía de las cortes nicaragüenses y varias veces las señaló como corruptas. Respecto a la sentencia en contra en Estados Unidos, una sorprendente y polémica decisión judicial en una corte estatal de Los Ángeles sucedida en mayo de 2009, finiquitó los casos arguyendo que todos los procesos formaban parte de un gran fraude organizado por los bananeros y sus abogados. Testimonios e información aparecida en los medios de comunicación hacen pensar que quién realmente pudo estar detrás del fraude es la propia multinacional, que pretendía desembarazarse de varias sentencias y procesos en su contra.

Toda la funesta historia del DBCP fue recogida en mi libro “El parque de las hamacas” http://www.elparquedelashamacas.org

Para ver la primera parte de este artículo: http://www.belianis.es/ecologiasocial-Atrocidad-Social-CorporativaI-.htm

[1] http://www.telesurtv.net/secciones/noticias/49247-NN/acusan-a-bananera-de-eeuu-de-ordenar-asesinatos-de-57-sindicalistas-colombianos/

[2] GALEANO, E.: “El escritor ahorcado”, en La Jornada, México DF, 16 de diciembre de 1997, en http://www.jornada.unam.mx/1997/dic97/971216/galeano.html

[3] http://www.guardian.co.uk/business/2010/nov/09/shell-pr-saro-wiwa-nigeria

Publicado en: Invitados Etiquetado como: Atrocidad Social Corporativa (II).

Atrocidad Social Corporativa (I).

30/12/2010 by maestro Deja un comentario

Al parecer la corporación había financiado a las Autodefensas Unidas de Colombia (grupo paramilitar colombiano de extrema derecha), para canjearse así su simpatía y protección en un estado que vive un perpetuo clima de violencia. La propia transnacional reconoció poco después, que desde 1997 y hasta 2004 había capitalizado a este grupo irregular con más de un millón de dólares.

Siguiendo la pauta, en los últimos años la transnacional ha sido demandada cuatro veces en su propio país por este mismo motivo. Han sido más de 600 familias que sufrieron el asesinato de alguno de sus miembros en manos de este grupo terrorista, quienes encabezaron los procesos judiciales para exigir a la compañía indemnizaciones que superarían los 11.000 millones de dólares, aunque según la misma fuente, algunos de estos casos pudieron ser sobreseídos por los tribunales estadounidenses.

No han sido los únicos ya que según organizaciones de derechos humanos, familias de cinco misioneros norteamericanos liquidados por las FARC, demandaron a Chiquita por el mismo motivo en un tribunal de Florida. Contrariamente a los casos de colombianos asesinados por grupos de extrema derecha, en febrero de 2010, sí que fue aceptado por el juez este caso en los que los exterminados eran religiosos norteamericanos y los verdugos supuestos guerrilleros, de izquierda, supuestamente también claro está.[1] 

A Chiquita se le señala no sólo por haber financiado económicamente, sino también por transportar armas para dotar y suministrar a esta banda armada. En marzo de 2007, la revista colombiana “Semana” revelaba detalles del diario íntimo de uno de los cabecillas de las AUC. En él, aparte de reconocer el financiamiento directo por parte de la compañía, se desvelaba que sus barcos fueron usados para transportar armamento destinado a los “paras”.[2] 

Los desembolsos a las AUC y otros grupos, fueron efectuados por BANADEX, su otrora filial en el país Sudamericano. Se localizaron fundamentalmente en dos regiones donde esta compañía compraba el banano cultivado industrialmente para la exportación: Urabá y Santa Marta.

Es curioso porque a 35 km. de Santa Marta se encuentra Ciénaga, un municipio que en diciembre de 1928 albergó un oscuro pasaje de la historia colombiana conocido como “la masacre de las bananeras”. Ese mes, del amarillo del banano se pasó al rojo de la sangre, cuando el ejército colombiano masacró a cientos de trabajadores bananeros colombianos que habían iniciado una huelga indefinida para exigir condiciones dignas de trabajo.

Este aciago capítulo encontró la eternidad gracias a la magistral pluma de García Márquez. En “Cien años de soledad”, el autor colombiano rememoró la tragedia y escribió: 

“Una semana después seguía lloviendo. La versión oficial, mil veces repetida y machacada en todo el país por cuanto medio de divulgación encontró el gobierno a su alcance, terminó por imponerse: no hubo muertos, los trabajadores satisfechos habían vuelto con sus familias, y la compañía bananera suspendía actividades mientras pasaba la lluvia. La ley marcial continuaba, en previsión de que fuera necesario aplicar medidas de emergencia para la calamidad pública del aguacero interminable, pero la tropa estaba acuartelada. Durante el día los militares andaban por los torrentes de las calles, con los pantalones enrollados a media pierna, jugando a los naufragios con los niños. En la noche, después del toque de queda, derribaban puertas a culatazos, sacaban a los sospechosos de sus camas y se los llevaban a un viaje sin regreso. Era todavía la búsqueda y el exterminio de los malhechores, asesinos, incendiarios y revoltosos del Decreto Número Cuatro, pero los militares lo negaban a los propios parientes de sus víctimas, que desbordaban la oficina de los comandantes en busca de noticias. «Seguro que fue un sueño -insistían los oficiales-. En Macondo no ha pasado nada, ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz.»

En aquellos años, la tierra en donde brotaban los bananos y en donde miles de campesinos eran explotados pertenecía a la United Fruit Company, la mítica bananera que durante décadas configuró Centroamérica a su libre antojo, orquestando golpes de estado, campañas de desestabilización y colocando a políticos cómplices para lograr sus fines comerciales que aspiraban al monopolio total del comercio, no sólo del banano sino de cualquier cultivo y producto. Sin duda alguna fue la empresa que exploró con más vigor y persistencia los insondables caminos del “republicanismo bananero”.

La United fue inmortalizada como “Mamita Yunai” por el escritor costarricense Carlos Luís Fallas. Y aparte de éste y García Márquez, otros novelistas plasmaron en el papel los peculiares métodos de enriquecimiento, subordinación y control de la gran bananera. A destacar entre muchos al Premio Nóbel, Miguel Ángel Asturias, con la “trilogía bananera”, al costarricense Joaquín Gutiérrez con “Puerto Limón” y “Murámonos Federico”, al hondureño Ramón Amaya y su obra “Prisión verde”, al nicaragüense Emilio Quintana con “Bananos” y finalmente el propio Neruda, que en su “Canto general” dedicó un poema al “trust de los plátanos”. 

Y lo realmente curioso de todo esto, una vez recorridos algunos pequeños recovecos amarillos de la literatura y la historia en América Latina, es que con el transcurrir de los años, la United -O la “Mamita Yunai”, como prefiera- cambió de nombre y pasó a ser -redoblen clarines y timbales- Chiquita Brands.

Como se visualiza claramente, lo único que se alteró fue el nombre. Los métodos violentos siguen siendo los mismos. Sus prácticas agrícolas agreden al medio ambiente, devastan el territorio y focalizan la riqueza. Con este modelo productivo de alimentos pasan hambre los pueblos destinados a cultivar postres exóticos, mientras las multinacionales siguen imponiendo su agenda sí o sí. Antes lo hacían con golpes de estado y las balas de los ejércitos nacionales, y ahora con la ayuda de grupos armados irregulares.

La semana que viene: Dole Food y Shell.


[1] http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/paz/chiquita.html

[2] http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=101630

 

 

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