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Invitados
Chile: ¡Nos están engañando de nuevo!
Por: Felipe Portales
Mark Twain decía con mucha razón: “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados”. Desgraciadamente, esta frase podría sintetizar la historia de Chile de estos últimos treinta años.
En efecto, la historia de la dictadura fue extremadamente violenta y terrible. Pero notablemente clara. Se trataba, en definitiva, de imponerle a la gran mayoría de la población un modelo, económico-social y cultural que responde a las aspiraciones e intereses de una pequeña minoría. Así, pese a la gigantesca manipulación informativa y el terror físico y sicológico de años, Pinochet fue derrotado en el plebiscito de 1988.
En cambio, nuestros treinta últimos años han estado completamente ensombrecidos por una opacidad y un engaño permanentes. ¿Cómo han hecho los líderes de la Concertación (y ex Concertación) para que una mayoría de la población casi siempre les renueve su confianza, pese a que en los hechos –particularmente en sus 20 primeros años ininterrumpidos de gobierno- legitimaron, consolidaron y perfeccionaron el modelo de sociedad que ellos combatieron durante la dictadura, y que se comprometieron a sustituir por una sociedad efectivamente democrática, donde sus instituciones respondieran a los derechos y legítimos intereses de la mayoría del pueblo?
Si vemos con algún rigor la historia reciente nos daremos cuenta que mientras seguían (¡y siguen!) voceando un rechazo al neoliberalismo; continuaron esencialmente con las mismas políticas económicas de la dictadura
en que el Estado abdicaba de un rol de estímulo económico a los productos con mayor valor agregado y de apoyo a inversiones significativas en ciencia y tecnología. Asimismo, dicho liderazgo conservó TODAS las instituciones y leyes fundamentales que estructuraron el sistema económico impuesto por la dictadura en lo laboral (“Plan Laboral”); previsional (AFP); salud (Isapres); minería (ley minera); universitario (universidades privadas con fines de lucro y muy poco apoyo a las universidades públicas); tributario (sistema que permite la elusión tributaria de las grandes empresas y fortunas); y social en general (irrelevancia de sindicatos, juntas de vecinos, colegios de profesionales y técnicos, y del movimiento cooperativo).
E incluso acentuaron diversas características del modelo económico heredado de la dictadura, a través de una mayor privatización o concesiones de servicios públicos; de una mayor concentración del poder económico en grandes grupos económicos; de una también mayor concentración de la propiedad de los medios de comunicación en manos de dichos grupos; de una privatización efectiva de más del 70% de la gran minería del cobre; y de una integración subordinada al mercado mundial a través de numerosos tratados bilaterales de libre comercio.
Todo ello quedó esclarecido en sus fundamentos por un libro (desgraciadamente muy poco leído) del considerado principal ideólogo de la transición –el ministro secretario general de la Presidencia de Aylwin, Edgardo Boeninger- publicado en 1997 (Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad; Edit. Andrés Bello); en el cual reconoció descarnadamente que a fines de los 80 se produjo una “convergencia” con la derecha en su pensamiento económico, “convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer” (p. 369).
Para que esta convergencia no quedara desnuda y reconocida, el liderazgo concertacionista procedió maquiavélicamente, ¡en 1989!, a efectuar una operación que debe ser inédita en términos mundiales: ¡Regalar –a través de una Reforma Constitucional concordada- la mayoría parlamentaria que la Concertación tenía virtualmente segura de acuerdo a los términos originales de la Constitución de 1980! Y ello para poder sostener plausiblemente que si no procedía a aplicar el Programa presidencial prometido aquel mismo año, era porque no tenía las mayorías parlamentarias para tal efecto. ¡Lo que era cierto, pero ocultando obviamente el hecho de que lo era porque la Concertación se había deshecho de esa muy incómoda mayoría!…
En efecto, la Constitución original del 80 estipulaba –obviamente pensando en que iba a favorecer a un Pinochet ratificado por ocho años más en la Presidencia- que al menos la mayoría parlamentaria simple se obtenía con sólo mayoría absoluta en una cámara y un tercio de la otra. Y dicho eventual gobierno de Pinochet habría tenido con toda seguridad mayoría absoluta en el Senado, gracias al sistema electoral binominal más los nueve senadores designados. Y fácilmente habría obtenido también más de un tercio de la Cámara de Diputados, dado el mismo sistema binominal.
El punto es que, luego de la derrota del Sí en el plebiscito, el seguro futuro presidente Aylwin también se vería beneficiado con esa disposición. Esto porque la Concertación obtendría mayoría absoluta en diputados al doblarle con toda seguridad a la derecha en su votación en varios distritos. ¡Y también obtendría con toda seguridad el tercio del Senado!, ya que su composición original era de 26 senadores electos (dos por cada una de las entonces trece regiones) y 9 designados; un total de 35. Y la Concertación al menos elegiría uno por cada región, esto es, trece; siendo el tercio de 35, doce…
Sin embargo, he aquí que la Concertación concordó con la dictadura y la derecha un “paquete” de 54 reformas constitucionales, sin siquiera especificarlas todas públicamente para someterlas a plebiscito, ya que hasta el “período permanente” de la Constitución del 80 (que empezaría en marzo de 1990) ese era el método de reforma estipulado. Solo algunas de las 54 reformas se especificaron en el corto período de “campaña” (¡de consenso!) plebiscitaria. Y entre ellas se mencionaron algunas que morigeraban el carácter autoritario de la Constitución, pero sin eliminar ninguna de sus principales disposiciones autoritarias. Pero lo peor fue que el liderazgo de la Concertación ¡aceptó cambiar aquel dispositivo que le aseguraba la mayoría parlamentaria, por otro que subía el quórum para aprobar las leyes a la mayoría absoluta en ambas cámaras, sin eliminar los senadores designados! Esto significaba lisa y llanamente regalar la mayoría parlamentaria. ¡Y no se dijo NADA de esto a los ciudadanos, de modo tal que los millones de personas que habían votado por rechazar a Pinochet y su dictadura en 1988, fueron, SIN SABERLO, a convalidar con su voto en 1989 tal cercenamiento de las posibilidades efectivas de que sus votos futuros pudiesen incidir en el cambio del conjunto de la legislación de la dictadura.
Y lo que ya supera todo límite, es que este desconocimiento generalizado subsiste hasta el día de hoy, dado el pétreo silencio que han guardado al respecto los líderes concertacionistas que acordaron esta gigantesca y vergonzosa renuncia. Obviamente la derecha -que se vio magníficamente beneficiada con ello- ha guardado también hasta hoy un gozoso silencio.
Y lo realmente escalofriante es que ESTA HISTORIA ESTÁ VOLVIENDO A REPETIRSE, con el acuerdo del 15 de noviembre del año pasado –como reacción al “estallido social” de octubre que demostró el hartazgo de la gran mayoría de la población con la continuación del modelo neoliberal- entre ambos liderazgos que se vio refrendado con la Reforma Constitucional concordada en enero pasado. A través de ésta, el liderazgo de la ex Concertación le está regalando a la derecha un virtual poder de veto en la aprobación de una “nueva” Constitución, al establecerse un antidemocrático quórum de 2/3 para ello. Esto, porque la derecha desde 1990 ha elegido siempre, lejos –con o sin sistema binominal- más de un tercio de los congresales electos. ¡Y lo casi increíble es que desde fines de noviembre ya ni siquiera se menciona el tema públicamente!
Es decir, así como en 1989, el liderazgo de la Concertación procedió solapadamente (a través de una Reforma Constitucional) a regalarle a la derecha la futura mayoría parlamentaria para poder plausiblemente “culpar” al hecho de no tener dicha mayoría el no aplicar su programa (en el que ya no creía) de sustitución del modelo neoliberal; ahora, en 2020, ha procedido a regalarle a la derecha el quórum que le permitirá controlar el resultado final respecto de una “nueva” Constitución. De tal manera que mañana el liderazgo de la ex Concertación podrá también “culpar” a la necesidad de contar con el consenso de la derecha, el que no pueda obtener una Constitución que establezca las bases que permitan construir una nueva sociedad que elimine la vigencia del modelo neoliberal.
Al menos, en el caso de 1989 la operación de “renuncia” pudo hacerse -¡y se mantiene!- en silencio y con el total desconocimiento de la ciudadanía. ¡Hoy se está haciendo con todo desparpajo!…
Enrique Dussel habla del Virus, la Vida, la Ética y la Filosofía
https://youtu.be/E4E5RT-KwOA
Chile: “Hiperpresidencialismo” y Poder Constituyente del pueblo
Por: Leopoldo Lavin Mujica
Cuando un gobierno de derecha neoliberal utiliza el vocablo “populista” para atacar a sus opositores sabemos perfectamente de qué está hablando y de qué se trata. En un contexto histórico dónde el riesgo de polarización social se ha transformado en amenaza política real para los intereses estratégicos de la oligarquía dominante, y cuando los diversos análisis señalan que el responsable actual y directo de la situación de ingobernabilidad que está a la vuelta de la esquina es el Gobierno de Sebastián Piñera, el conflicto verbal entre las partes es la manera de ocultar el conflicto real.
No olvidemos que en Chile gobierna la extrema derecha del consenso neoliberal, pero que éste va desde la derecha ultra hasta sectores de la reciente alianza “progresista” que gobernó Chile, es decir la Nueva Mayoría. Y que el Chile que hay que cambiar para vivir en un país bueno y adaptado a los desafíos de los tiempos presentes es el de las viejas instituciones que fueron modeladas por ese acuerdo histórico espurio llamado “la transición”. Pacto que fue fraguado entre las fuerzas concertacionistas de la época y las herederas del pinochetismo en sus diversas variantes, y con el único fin de preservar los “pilares del modelo”. En este diseño político, es imposible obviar esta realidad, las direcciones sindicales han mantenido una suerte de “paz social” congruente con los intereses de los grandes poderes económicos.
Bien sabemos que el esquema de “pacificación” social a sangre y fuego fue coronado por una Constitución del 80 neoliberal e impuesta de manera anti democrática para proteger el orden económico injusto fraguado por los Chicago boys. La tarea sucia la hizo Pinochet. De allí, de esas antiguas correlaciones de fuerzas entre “interlocutores legítimos”, en la que el pueblo estuvo ausente y pasmado, vienen ese vestigio de la dictadura que es el régimen político de “hiperpresidencialismo”, las leyes laborales antisindicales y patronales, las AFP (*), la desigualdad social, económica y también política. Pero los tiempos cambian. Desde el 18/O las correlaciones entre las fuerzas políticas tienden a redefinirse. El actor popular pesa en ellas pues se rebeló y clamó dignidad en la práctica ante tanta mentira organizada.
Ese es el Nudo Gordiano que hay que cortar. Porque quienes gozan del poder de tratarse bien entre ellos e imponer leyes consensuadas son esas castas privilegiadas de un pasado que pesa. En definitiva, son éstas las responsables del descalabro sanitario y de penuria general. Y desde una mirada histórica retrospectiva global, también de la represión brutal del pueblo ciudadano cuando éste entró en estado de rebelión el 18/O.
¿Cómo olvidar que desde mediados de los 90 fueron los sectores populares con sus luchas y movilizaciones por fuera del sistema los que impusieron en la escena política la prioridad de lo público y social, por sobre lo privado y el Capital?
Y como ya es la norma, ahora, la crema y nata del núcleo de la vieja elite concertacionista ampliada intentará acarrear agua para su molino ante la crisis que anida el régimen político. Es muy posible que cuenten con esas fuerzas que han revelado su ser profundo: ser prótesis ortopédicas para el sistema al momento de lograr acuerdos anti democráticos y votar leyes criminalizadoras contra el movimiento social. La táctica que bosquejan es proponer la solución del “régimen parlamentario” para copar con discursos el escenario futuro. De manera de canalizar el descontento y la energía popular hacia una solución cocinada en la casta política y ofrecida como panacea al pueblo.
Así quieren escamotear las verdaderas tareas prioritarias en tiempos de pandemia y crisis económica global y nacional. Pues hoy se trata de resolver las reivindicaciones populares urgentes y al mismo tiempo darle a Chile verdaderas instituciones políticas adaptadas a los desafíos de los tiempos presentes y futuros salidas de la voluntad popular, pero ejercida como Poder Constituyente democrático y abierto a los posibles.
La historicidad de Chile está a flor de piel y fluye
Las fuerzas opositoras parlamentarias, cuando eran poder ejecutivo, fueron tan presidencialistas o más que la derecha; también utilizaron negativamente ese poder para impedir los cambios constitucionales necesarios y para reforzar a su pinta el consenso neoliberal. Hoy, los políticos de la casta quieren limitar el debate al “presidencialismo” (sería la fuente de todos los males) versus el “parlamentarismo” (modelo imitativo de otras democracias también en crisis de representación que sería depositario de todas las virtudes). Sería la solución para ellos.
Para que estas movidas de entretención sean posibles, los oposicionistas (ex Concertas, NM y Frente Amplio) quieren pasar por alto un hecho notable en la política del enfrentamiento entre las clases sociales. No quieren sacar las conclusiones de un dato de relevancia histórica: fue toda la oligarquía empresarial la que se cuadró con Piñera para defender a las AFP, y contra el retiro del 10% en momentos en que medios electrónicos declaraban al Presidente inapto por razones de “dolencia mental” para gobernar. (Lea aquí el editorial de elmostrador.cl).
Lo mismo hizo el gran poder económico oligárquico al blindar antes a Piñera. Fue cuando el primus inter pares decidió declararle la guerra a su propio pueblo. Justo antes de que se lo entregara en bandeja al virus…
Fue esta poderosa oligarquía empresarial la que movió los hilos para el cambio de gabinete y llamó a Desbordes a que se pusiera definitivamente del lado de la demanda de Orden y dejara de bailar en la cuerda floja. El que fuera el comodín de las oposiciones para justificar alianzas con las fuerzas de derecha “humanistas” se les fue, y los dejó colgados. Al mismo tiempo que Evópoli quedó al desnudo y sin el ropaje liberal y valórico, casi “progre”. Blumel se puso sin problemas el de bruto represor. Y Briones el de neoliberal conservador de la vieille école.
El “hiperpresidencialismo” como maniobra ideológica
El documento publicitado en El Mercurio el 13 de julio pasado,cuyo objetivo no declarado era blindar a Piñera y a su Gobierno, atestigua del hecho: fue firmado por la flor y nata de la gran burguesía oligárquica para defender el pilar AFP del modelo, pero de alcance mayor. Fueron el presidente de la CPC, Juan Sutil, junto con Ricardo Ariztía (SNA), Manuel Melero (CNC), Diego Hernández (Sonami), Bernardo Larraín (Sofofa), Patricio Donoso (CChC), José Manuel Mena (ABIF), Peter Hill (CCS), Joaquín Villarino (Consejo Minero), Rafael Cumsille (Confederación de Nacional del Comercio Detallista) y Juan Pablo Swett (MNE), y otros más.
De ahí que Nicolás Eyzaguirre, el ex de Hacienda de Bachelet y ex funcionario del FMI, junto a otros apunten al “hiperpresidencialismo” como factor de crisis, y no al orden económico neoliberal y a los dueños del poder y la riqueza como responsables de la situación social de precariedad y carencias del pueblo de Chile. Así evitan enfrentarse con la clase social propietaria de las riquezas a la que sirven.
Si en la Constitución existiera el mecanismo de plebiscito revocatorio del presidente (de iniciativa ciudadana), y también del personal parlamentario, ya se habría resuelto el problema. Pero nunca lo han querido plantear. Porque a la casta política en su conjunto no le conviene. Y si hubiera mecanismos plebiscitarios ciudadanos y democráticos para nacionalizar empresas y bienes comunes privatizados (como el agua) en situaciones catastróficas, lo mismo.
Si el proceso constituyente es una oportunidad para avanzar en el cambio del régimen político y del sistema de propiedad es a condición que sectores organizados del pueblo: los trabajadores, los movimientos sociales de mujeres; ecologistas, estudiantiles, pobladores, pueblo mapuche, deudores del CAE y de otros servicios públicos asuman ser poder constituyente e impongan una Asamblea Constituyente Soberana (y no el remedo cocinado el 15 de noviembre pasado con “convención constitucional” ¡donde la derecha neoliberal obstaculizará la redacción de una constitución democrática y popular con el poder de veto de 1/3 de los votos que les hicieron los oposicionistas del congreso!). (Lea aquí entrevista al historiador Felipe Portales).
Un proceso constituyente liderado por un verdadero poder constituyente popular y movilizador del pueblo opositor, sin sectarismos, puede ser portador de las demandas de estos años — ya expuestas claramente durante la Rebelión Social del 18/O — es la condición sine qua non que podría abrir paso a un proceso de ruptura con la actual institucionalidad y el orden económico del capital explotador y depredador. Para construir una nueva institucionalidad democrática con bienes comunes y públicos universales, sin AFP, de acceso igualitario, ecológica y sin poderes supra políticos de facto, como el de la Oligarquía que truena y reina porque tiene a quien gobierna.
(*) Lea aquí los nombres de concertacionistas y de las derechas al servicio de las AFP.
La única política de salud del régimen golpista es la represión
Que el ministro de salud, Anibal Cruz, haya renunciado en medio de la crisis sanitaria más grande de la historia del país, constituye un indicio muy claro de resquebrajamiento de la política de salud del régimen golpista de la autoproclamada Añez. El justificativo, que hace referencia a «motivos personales» sin mayor explicación, no hace sino confirmar que se trata de desavenencias en la cúpula del gobierno. Más aún, hay evidencia de esas rupturas si la renuncia se la inserta en el contexto de las denuncias de varios sectores médicos en relación a que el gobierno no les ha dotado de implementos de bioseguridad, ni los equipos médicos necesarios para la atención de pacientes con corona virus, pese a que han realizado pomposos anuncios en torno a que el gobierno estaba realizando entregas de esos implementos y equipos a los hospitales. Las denuncias han sido de tal magnitud que se han anunciado juicios de responsabilidades contra la gobernante por incumplimiento de deberes en la emergencia sanitaria. Coincidentes con las denuncias de los médicos, están las denuncias de diversos contagiados del virus, destacando la denuncia de los familiares del empresario Sandoval que falleció luego de que fuera remitido desde una clínica privada a un hospital público que supuestamente estaba asignado para atender a pacientes con corona virus y allí se evidenció la total falta de condiciones, teniendo como consecuencia el trágico desenlace de su fallecimiento. Si a este panorama, se le agrega la renuncia del Vice Ministro de Salud y Promoción, pocos días después de la renuncia del Ministro (con el mismo pretexto de «motivos personales»), no cabe duda de que estamos ante la certeza de que el sistema de Salud se está resquebrajando, antes de que se haya comenzado siquiera a dar la batalla en serio contra el Corona Virus.
Ahora bien, ¿Será que el nuevo Ministro de Salud, Marcelo Navajas, está en condiciones y tiene la capacidad de poner en pie lo que se está derrumbando? Allí hay mucha duda porque -a juzgar por la experiencia que tiene, su fuerte no es precisamente la gestión pública. Más bien proviene de un sistema de salud privado (se dice que es dueño de tres clínicas privadas), un sistema que en el último tiempo ha sido acusado de apropiarse de recursos del sistema de salud público gracias a que una buena parte de los médicos en Bolivia trabajan en el Sistema Público de Salud a la vez que en el sistema privado y con frecuencia son propietarios de clínicas, como el caso del actual Ministro. Además, lo primero que ha tenido que hacer es defenderse de las acusaciones vertidas en su contra en relación a que él hubiera sido sentenciado en la justicia ordinaria por falsedad y atentados contra la salud, algo que resquebraja su imagen desde un inicio. Peor comienzo no pudo tener. Por eso, justamente cuando el gobierno necesitaba dar la imagen de que todo marcha bien en el sistema de salud, el nuevo ministro mantiene un perfil tan bajo que ha delegado a un director de epidemiología la labor de dar los reportes diarios del avance del virus en nuestro país (Que en nuestro caso se ha limitado a ser un cómputo de contagiados y fallecidos). En conclusión, hay una sensación de que en el tema de salud estamos a la deriva, esperando simplemente el advenimiento de la catástrofe.
Aquí, en esta política de salud que se desmorona, está una de las explicaciones de la agresividad que el régimen ha mostrado en la implementación de la cuarentena. Teniendo las cifras de contagiados más bajas de la región, en rigor, no se justificaría de otro modo una desesperación tan evidente como la que muestra el gobierno. En ese marco, no ha tenido reparo alguno en implementar una cuarentena tan estricta, que más parece un Estado de Sitio en el que las autoridades amenazan a la población que incumpla la cuarentena con cárcel y procesos penales del modo más prepotente que se tenga memoria desde las dictaduras militares. Lo más grave es que el régimen hace oídos sordos a los clamores de la población para que la cuarentena otorgue mecanismos a los sectores más vulnerables de la población que viven al día, para aprovisionarse de alimentos. En este contexto, el régimen fascista condena a la población más pobre del país a una hambruna que tarde o temprano se manifestará en protestas y disturbios, a las que enfrentará con la única respuesta que conoce, la represión. En conclusión, la única política de salud del régimen es la represión.
Duelo en cuarentena… o cuando una pandemia ayuda a evadir la pena
Por: Cecilia González
Mamá murió y el mundo se volvió un caos.
No hay lugar para la metáfora. Florita murió el viernes 6 de marzo por la noche. Los días siguientes la pandemia del coronavirus estalló, pero yo me enteré muy poco de las novedades. Después de cremarla, me refugié en casa de mi hermana Lupita en las afueras de la ciudad de México. Sólo podía dormir, cocinar, comer y llorar, en desorden. Por primera vez en décadas, ni ganas tuve de mirar periódicos. Menos las redes sociales.
No llegué a la escala Jared Leto, que por andar doce días en un retiro espiritual no entendió nada cuando volvió a una vida cotidiana que ya no era tal, pero cuando asomé de nuevo a la realidad exterior, el mundo ya era otro. Uno inverosímil.
Claro que sabía que el coronavirus se estaba expandiendo de China para el resto del planeta, sólo que no le di mayor importancia. Incluso me molestó que el tema copara la agenda mediática. Me parecía que la exageración se debía a que era una pandemia primermundista. Me quejé con varias amigas. “Si sólo hubiera coronavirus en África, a nadie le importaría”, les dije. Hasta bromeamos con las ganas de estar en cuarentena para descansar y leer todos los libros y ver todas las series pendientes. Así de peligrosa puede ser la soberbia intelectual.Cecilia González, periodista y escritoraSoñé que paseaba con mi mamá. La llevaba en su silla de ruedas por unas calles a ratos porteñas, a ratos chilangas. Buenos Aires y la ciudad de México eran una misma. En una vereda, mamá comenzaba a diluirse
En esas estaba cuando mis hermanas me avisaron que la salud de mamá empeoraba. Era domingo 1 de marzo. Desde Buenos Aires, en donde vivo hace 17 años, le hablé a mi primo Jesús, su médico personal, para preguntarle si debía volar ese mismo día a México o si podía viajar el siguiente fin de semana. La pregunta implícita, lo sabíamos los dos, era si la alcanzaría a ver viva. “Si llegas el sábado está bien”, me dijo. Esos cinco días antes de partir reforcé el piloto automático que había aplicado en Buenos Aires durante las últimas semanas. Escribí algunas notas sobre el incipiente coronavirus en Argentina y en América Latina, cancelé una fiesta y fui a un par de reuniones sociales.
El miércoles soñé que paseaba con mi mamá. La llevaba en su silla de ruedas por unas calles a ratos porteñas, a ratos chilangas. Buenos Aires y la ciudad de México eran una misma. En una vereda, mamá comenzaba a diluirse. Yo, atónita, trataba de sostenerla. Era imposible. Desaparecía entre mis manos. Desperté a la madrugada con una tristeza infinita. Ya no pude dormir.
Mi avión salía en las primeras horas del sábado, así que el viernes por la noche me dio tiempo de salir a cenar con mis amigos Sebastián y Pablo y de seguir criticando la –todavía para mí- absurda histeria por el coronavirus.
Mientras reíamos y tomábamos vino y comíamos carne y pastas en el barrio de San Telmo, mamá murió en su casita de la colonia Morelos.
Mi familia prefirió no avisarme para evitar que viajara con más angustia. Yo seguía en automático y logré dormir casi todo el vuelo. Eso sí, me lavé las manos como nunca antes. Se ve que las campañas surten efecto hasta en los más escépticos.
Pamela, mi sobrina, había quedado de recogerme en el aeropuerto. Cuando salí, también me recibieron mis hermanas Claudia y Alicia y mi cuñado Álvaro. Eran muchos. Supuse que estaban preocupados por mí. Todavía atolondrada, los saludé rápido y les pedí que me dejaran sacar dinero mexicano en un cajero. El plan inicial era ir directo a casa de mamá. Ya con la plata en la mano, mis hermanas me apartaron.
“Manita, hay cambio de planes. Mamá murió anoche… nos vamos a ir al velorio”, me dijo Alicia. Claudia y ella me abrazaron.
“Sí, está bien, qué bueno”, les dije. Sonreí. Mis ojos permanecieron secos. Después entendí que en ese momento había entrado en shock.
Umbral del dolor
Yo ya quería que mamá muriera.
Más bien, que ya no sufriera. Y la muerte era la única alternativa.
Llevaba poco más de dos años enferma. Dos años en los que Rocío, Lupita, Alicia, Eduardo, Norma, Israel, Claudia y yo, sus hijos, estuvimos atrapados bajo una loza de desazón.
Del errado diagnóstico inicial de Alzheimer pasamos a una cirrosis hepática. Mucho más no puedo contar porque tengo una negación para las explicaciones médicas. No entiendo ni retengo la información. Sólo supe que, a sus casi 80 años, mamá padecía una cirrosis aunque nunca había bebido, ni fumado, ni tenido ningún vicio. El único, quizá, fue trabajar para mantenernos y educarnos. Fuimos la razón de su vida.
Florita era nuestra ancla y cobijo. Un tronco sólido, con una fortaleza y capacidad de amor sorprendentes dadas sus circunstancias. Nació sin nada, ni siquiera tuvo padres, y desde niña debió salir a trabajar a las calles para vender buñuelos y atoles en ferias ambulantes. Israel, mi papá, también fue abandonado por su padre.
Muy jóvenes, casi adolescentes, iniciaron juntos una familia a la que protegieron al extremo. Hubo pobreza, hacinamiento, enfermedades, adicciones y sinfín de problemas, cómo no, con tantos hijos, pero también nos inculcaron la certeza de su presencia, ayuda y amor. Su incondicionalidad. Mis hermanos y yo sabíamos que nunca nos iban a dejar solos como sus padres habían hecho con ellos.
Ya de jubilado, con la familia crecida con nietos y bisnietos, a papá le gustaba que los visitáramos, que nos amontonáramos en la casa y lo consintiéramos. Demandaba compañía. Mamá, en cambio, fingía y actuaba distante porque, decía, no le gustaba “dar molestias” ni depender de nadie.
Por eso siempre pensé que sus muertes serían diferentes, que mamá moriría rápido para no “dar molestias”, a diferencia de papá, que murió después de una enfermedad que duró seis meses que nos parecieron eternos.Cecilia González, periodista y escritoraNos costó mucho superar el desconcierto, la incredulidad que nos produjo ver por primera vez la vulnerabilidad de una madre que era sinónimo de energía, independencia y libertad
Me equivoqué. Mamá resistió lo indecible. Fueron más de dos años de internaciones urgentes, sillas de ruedas, medicinas, inyecciones, estudios, consultas, dolores, desvelos, llantos, delirios, angustias y rezos.
Sumidos en un caos físico y emocional, mis hermanos y yo mantuvimos su dignidad intacta. Unos le acondicionamos su casa y le compramos muebles y ropa acorde a su nueva condición de enferma permanente. Otras la bañaban a diario, le hacían citas con la pedicura y manicura, le pintaban el cabello, la maquillaban y la llevaban a pasear.
Nos costó mucho superar el desconcierto, la incredulidad que nos produjo ver por primera vez la vulnerabilidad de una madre que era sinónimo de energía, independencia y libertad. De la sorpresa, los sustos y la preocupación pasamos a la tensión, los pleitos y las reconciliaciones. Creo que en el último año nos resignamos. El acuerdo tácito fue que mamá era lo más importante y teníamos que cuidarla entre todos, como pudiéramos. Eso hicimos con la ayuda de mis cuñados Álvaro y Emilio, mi ex cuñada Rosalba y la presencia incondicional de nuestra tía Toña, la querida hermana de mamá.
Yo, que era la única que vivía en otro país, viajé a cada rato durante su enfermedad. La última vez fue en diciembre. Gracias a un nuevo trabajo, pude pasar dos meses y medio en la ciudad de México. Creí que sería un lapso suficiente para esperar su muerte. Ya habría tiempo de pasar el luto en Buenos Aires. Era mi plan maestro, como si de verdad fuera algo que yo pudiera manejar. Anteponer mi sentido práctico y controlador me ayudaba a evadir la pena de ver a mamá apagándose de a poco, como una luminosa llama que ya no tiene más oxígeno.
El viaje fue agridulce. Estar con mamá era como estar con una nenita. Sólo inspiraba ternura. Pasamos Navidad y Año Nuevo con ella todavía consciente, ahora sí feliz de estar con su familia numerosa, de que la sacáramos al patio para tomar sol en su silla de ruedas, de que le cocináramos y le diéramos de comer en la boca. Pero también me tocó ver sus crisis cada vez más recurrentes. Su derrumbe en la cama, su no poder caminar, sus desvaríos, sus lágrimas, su calvario físico y mental. Su añoranza de papá. Cómo no, si habían estado juntos 50 años. Mis hermanas y hermanos lo llevaban mejor. Quizá ya se habían acostumbrado por estar a diario con ella. Yo no podía, ni quería. Mi impotencia frente a su sufrimiento me resultaba insoportable.
Una vez, un médico me dijo que mi umbral del dolor es mínimo, que no tengo resistencia. Es verdad. Lo odio. Le tengo pánico al dolor propio y al ajeno. La muerte, en cambio, no me da miedo. Sólo implica desaparecer. Por eso, al sentirme testigo inútil de la prolongada agonía de mamá, la muerte se imponía como única alternativa. Casi un deseo.
Al término de ese largo viaje, mamá ya ni siquiera podía salir de la casa al patio. El último día que estuve con ella la peiné, la abracé, la besé, le di de comer. Le repetí que era la madre más bella del mundo y cuánto la queríamos. Reímos. Lloré. No quise decirle adiós. No sentía culpa. Me bastaba saber que estaba orgullosa de ella y ella de mí. Me prometí que regresaría lo más pronto posible.
Tres semanas después ya estaba de nuevo en México, yendo directo del aeropuerto a su velorio.
Mamá ya no está
Estoy sudando. Siento el cuerpo muy caliente y un agujero en la panza. Las manos me tiemblan. Tengo ganas de vomitar. Me duele la cabeza. ¿Me desmayaré? Viajé toda la noche, hace apenas una hora que bajé de un avión y ahora estoy sentada al lado del féretro en donde yace el cuerpo de mamá. Entro a cada rato al baño para echarme agua fría en la cara, el cuello, el pecho. El ardor no se va.
“Es el impacto del dolor en tu cuerpo. La muerte es una noticia muy fuerte”, diagnostica sentado a mi lado mi amigo Víctor. Es sicólogo. Algo sabe.
Evito asomarme al cajón. ¿Para qué? Si mamá ya no está. Recibo abrazos de vecinos y familiares. Mis amigos llegan a las apuradas para consolarme. Tenemos poco tiempo porque el horario del velorio terminaba hace rato, pero mis hermanas lograron ampliarlo porque faltaba la hija que estaba volando desde Buenos Aires.
Ya llegué y no paro de llorar, salvo cuando un sacerdote oficia una misa y cuenta una parábola de un hombre que tiene a una decena de mujeres y castiga a la mitad por quedarse sin aceite para las lámparas, por no ser precavidas. Inaudito. Me dan ganas de recordarle que al otro día son las marchas por el Día Internacional de las Mujeres. Lo bueno es que la indignación feminista me apacigua el llanto y puedo plantarme al lado del cajón para leer en voz alta la crónica sobre mi mamá que publiqué en mi último libro. A ella le gustaba que se la leyera.Cecilia González, periodista y escritoraNo soy una persona religiosa. No creo en ningún dios. No creo en otras vidas, ni en las resurrecciones, ni en los reencuentros en el más allá, ni en que los muertos están en el cielo. Sólo sé que mamá ya no está
Después nos vamos al crematorio. Pasamos ahí varias horas a la espera de las cenizas, pero el cansancio me gana y le pido a Pamela que me lleve a su casa. Mientras mi sobrina me prepara la habitación de los invitados, me baño con agua hirviendo. Me siento resacosa porque llevo más de 24 despierta. Me acuesto, pero en la madrugada despierto llorando, con una sensación de incredulidad.
Mamá ya no está, me digo en voz alta. Se acabó el estrés de dejar encendido el celular todas las noches, a máximo volumen, a la espera de mensajes aciagos.
No soy una persona religiosa. No creo en ningún dios. No creo en otras vidas, ni en las resurrecciones, ni en los reencuentros en el más allá, ni en que los muertos están en el cielo. Sólo sé que mamá ya no está.
Me invade el miedo. Mis hermanos y hermanas también van a morir. Si se respetan las escalas de edad, por ser una de las más chicas, seré una de las últimas. Pensar en mi muerte no me asusta. Ante cualquier diagnóstico funesto elegiré la eutanasia, sin duda. Las futuras muertes de mis hermanos me aterran.
Amanece. Sigo llorando sin voluntad, con espasmos de dolor que inician en el estómago y escapan de mis ojos. Sólo pienso en Florita, en que los padres y madres recuerdan las primeras veces de sus hijos, pero los hijos nos acordamos de las últimas veces de ellos.
Recreo nuestra última charla, nuestro último viaje al mar. La última vez que Alicia y yo la llevamos a arreglarse las uñas al mercado. La última vez que ella, Rocío y yo la llevamos a pasear al Zócalo. Su último abrazo. Su última foto con Juana, mi ahijada. La última vez que comió y que, según mis hermanos, fue conmigo: el día que yo volvía a Buenos Aires, le di una quesadilla de flor de calabaza y duraznos con crema.
Aparecen recuerdos infantiles en la vecindad. Nuestras desventuras vendiendo comida en la calle, nuestras confidencias, nuestros viajes, nuestros paseos con mis amigos en México y en Argentina. El libro de cocina que escribimos juntas, los libros que le dediqué.
La quería tanto y hablaba tanto de ella que la convertí en personaje de mis crónicas en Facebook. Muchos lectores suelen preguntarme por ella. Ahora debería contar que murió, pienso, pero lo descarto enseguida. Me abruma imaginar las condolencias en masa de desconocidos. Hay algo ficticio en eso, tanto como en las felicitaciones de cumpleaños. Es el espejismo de la popularidad que se mece entre los momentos de felicidad y desolación exhibidos en las redes sociales. Hace mucho que los evito.
Ahora mi luto merece un resguardo. ¿Qué necesidad hay de publicar la muerte de mamá? Quizá me engaño. Quizá no quiero contarlo para poder fingir que no sucedió. Quizá todavía no quiero aceptar que soy huérfana. ¿Cómo va a ser mi vida sin papá ni mamá? ¿Voy a llorar para siempre? Me siento como una niña abandonada. Oscilo entre el enojo y la amargura.Cecilia González, periodista y escritoraMamá ya no está, ya murió, ya no está sufriendo. Pero me dejó sola. Y aceptarlo es suficiente para sentir que el mundo se ha vaciado de sentido
Me pone de mal humor saber que en Argentina me dirían: “¡fuerza!”, su respuesta inmediata ante los dolores ajenos. Entiendo el intento de aliento, pero nunca me ha gustado. La palabra imperativa me incomoda. No quiero escucharla. No quiero tener fuerza. Quiero llorar y hacer berrinche y no hablar con nadie ni responder los mensajes que mandan los amigos que se han enterado de la muerte de Florita. No sé qué decirles. ¿Cómo se cuenta una muerte? ¿Cómo se acepta la muerte de una madre? Enhebro frases con el pensamiento y las edito de inmediato. Me avergüenza parecer melodramática o cursi. Malditos talleres de escritura. ¿Por qué justo ahora me preocupa eso? ¿Qué es escribir bien? ¿Alguien lo sabe? ¿No es, acaso, toda muerte un drama? Las respuestas no aparecen. Soy un embrollo de congoja, inseguridad y desamparo.
Mamá ya no está, ya murió, ya no está sufriendo. Pero me dejó sola. Y aceptarlo es suficiente para sentir que el mundo se ha vaciado de sentido.
El luto solitario
El desasosiego me absorbe durante varios días.
Cuando vuelvo a asomarme a la vida supuestamente real que cuentan los medios y la supuestamente virtual que cuentan las redes sociales, descubro que el coronavirus llegó para quedarse por tiempo indeterminado, que en Italia se les amontonan los muertos; que las cuarentenas obligatorias, los cierres de fronteras y las cancelaciones de viajes se replican en cascada en cientos de países; que Donald Trump bloqueó los vuelos de Europa a Estados Unidos, que la OMS ya declaró una pandemia mundial, que se viene una crisis económica global. Que todo es un desastre.
Yo creía que con la muerte de mamá mi mundo iba a ser otro. Esto ya es una exageración. Cada vez que leo “cinematográfica”, “distópica” o “surrealista” a propósito de la pandemia, los adjetivos sólo tienen sentido si los aplico a pensar en mi vida sin Florita.
El día que hacemos la misa para depositar sus cenizas en el nicho en donde hace casi once años pusimos los restos de papá, les escribo a mis hermanos para pedirles que nos lavemos mucho las manos y, por más triste que sea, no nos toquemos ni nos abracemos en la iglesia. Soy la primera en violar las reglas. Basta que vea a mi amiga Vianey para refugiarme en el consuelo de su abrazo.Cecilia González, periodista y escritoraCualquier enojo que tuviera hacia mis hermanos se desvaneció por mi gratitud ante la forma en que cuidaron a mamá. De una manera misteriosa, su enfermedad nos permitió sanar, curar heridas como familia
Sin necesidad de llamar a la aerolínea, sé que cancelarán mi vuelo de regreso a Buenos Aires previsto para principios de abril. Me alegro. Siento tanta fragilidad emocional que mi único lugar posible ahora es México. Mis hermanos y yo logramos vernos sólo un par de veces más antes de que el aislamiento físico se endurezca. Somos tantos que representamos un riesgo para nosotros mismos.
Interrumpimos así las largas reuniones familiares sabatinas nacidas a raíz de la enfermedad de mamá y en las que, amontonados alrededor de la mesa y alimentados por los guisos de Lupita, nos abrimos como nunca antes, a veces con lágrimas, a veces con carcajadas, para compartir nuestros recuerdos, tan diferentes, de Israel y Florita, para reconocer y rescatar sus virtudes sin sucumbir a la idealización. En mi caso, cualquier enojo que tuviera hacia mis hermanos se desvaneció por mi gratitud ante la forma en que cuidaron a mamá. De una manera misteriosa, su enfermedad nos permitió sanar, curar heridas como familia.
En las muertes, el “hubiera” es el lamento de los vivos. No aplica con nosotros. Hicimos todo lo que pudimos. Por eso ahora estamos en una especie de luna de miel, cuidándonos unos a otros.
Pero no tenemos más opción que transitar el luto por separado, en cuarentena.
Retomo el trabajo y me vengo a encerrar con mis amigos Marcela y Javier. En este departamento hay espacio, colores, un cuarto propio; hay periodismo, libros, generosidad, cuidados, risas, comida, amor. Suficiente para distraerme, para sentirme protegida, para fingir que puedo recuperarme y no llorar todos los días por mamá.
Aquí sigo, un mes después de la muerte de Florita, asomada a una ventana que da a un parque y sin saber cuándo ni cómo podré volver a Buenos Aires. Tampoco me interesa. Todavía no tengo energía física, anímica ni intelectual. La tristeza está en una meseta. Agazapada. A veces se asoma, pero huye en cuanto me pongo a escribir o a leer sobre contagios, muertes, declaraciones de políticos, cacerolazos, balcones y encierros.
Gracias a la pandemia que puso en vilo al resto del mundo, puedo sobrellevar mi duelo varada en mi propio país, por más que suene contradictorio, y sin espacio mental para preocuparme por un futuro que, desde la muerte de mamá, para mí ya estaba trastocado.
Quizá en algún momento tenga tiempo y ánimo de llorar por la humanidad.
La primera guerra de la “OTAN-MO” perturba el orden regional
Por: Thierry Meyssan
Mientras europeos y árabes se concentran en el coronavirus, los anglosajones se dedican a modificar el orden del mundo. Cumpliendo órdenes de Estados Unidos, el Reino Unido ha tomado el control de la entrada del Mar Rojo, Emiratos Árabes se vuelve en contra de Arabia Saudita y le inflige una derrota humillante en el sur de Yemen, mientras que los hutis hacen lo mismo en el norte. Yemen se ha dividido de hecho en dos Estados y la integridad territorial de Arabia Saudita corre peligro.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de facto de Emiratos Árabes Unidos, el príncipe Mohamed ben Zayed. Silenciosamente, estos dos hombres de negocios están rediseñando el Gran Medio Oriente.
El presidente estadounidense Donald Trump sigue adelante con su política de retirada militar del «Medio Oriente ampliado», o «Gran Medio Oriente». Para ello desplaza sus tropas progresivamente, firma acuerdos con las fuerzas que hasta ahora habían servido de pretexto para justificar el despliegue militar estadounidense –como los talibanes– y negocia la liberación de sus prisioneros. Simultáneamente, el Pentágono recurre al Reino Unido para que ese país encabece las operaciones de la nueva OTAN-Medio Oriente (OTAN-MO) y supervise la continuación de la «guerra sin fin» en el «Medio Oriente ampliado». Siria se ve catalogada ahora como zona de influencia rusa mientras que la estrategia Rumsfeld/Cebrowski sigue adelante con la división de facto de la República de Yemen en dos Estados separados y la preparación del desmembramiento de Arabia Saudita.
Repatriación de los agentes de la CIA prisioneros
El 18 y el 19 de marzo de 2020, el ciudadano estadounidense Michael White, que estaba detenido en Irán, fue entregado a la embajada de Suiza en Teherán; otro ciudadano estadounidense, Amer Fakhoury, detenido en Líbano, fue sacado ilegalmente de ese país por las tropas de Estados Unidos; y finalmente, el presidente Trump solicitó públicamente la ayuda de Siria para determinar el paradero de un tercer ciudadano estadounidense, Austin Tice.
Esas operaciones se desarrollan bajo la supervisión del discreto consejero del presidente para las cuestiones de seguridad nacional, Robert O’Brien, hombre de sólida experiencia en materia de negociación para la liberación de prisioneros.
Michael White sirvió durante 13 años en la marina de guerra de Estados Unidos. Viajó a Irán para reunirse con su novia, fue arrestado por las autoridades iraníes en 2018 y condenado a 13 años de cárcel por espionaje. Otros ciudadanos estadounidenses encarcelados en Irán –como Morad Tahbaz, Robert Levinson, Siamak y Baquer Namazee– no parecen suscitar el mismo interés de parte de Washington. Michael White fue entregado al embajador suizo por «razones de salud», pero no está libre.
Amer Fakhoury es un tristemente célebre colaborador de las tropas israelíes de ocupación en Líbano. Fue miembro del Ejército del Líbano-Sur, dirigió la siniestra prisión de Kiam y ofició como torturador. Huyó de Líbano durante la retirada del ocupante israelí y volvió, por razones desconocidas, en septiembre de 2019. En Líbano, fue inmediatamente reconocido y arrestado. Sin embargo, fue liberado debido a una supuesta prescripción de sus crímenes, lo cual es una falsedad jurídica, pero se le prohibió salir del país. En cuanto se vio fuera de la cárcel, Amer Fakhoury corrió a meterse en la mega-embajada de Estados Unidos en Beirut, poniéndose bajo la protección de la embajadora Dorothy Shea, y las fuerzas especiales estadounidenses lo sacaron del país en helicóptero, llevándolo a Chipre.
Austin Tice es un capitán del US Marine Corps convertido en “periodista independiente”. Entró en Siria ilegalmente, con ayuda de los servicios secretos de Turquía, y desapareció en 2012 en Daraya, localidad de la periferia de Damasco –la capital siria. Eva Filipi, embajadora de la República Checa, país que representa los intereses de Estados Unidos en Siria, afirmaba que Austin Tice no estaba en manos de los yihadistas sino que había sido detenido por las autoridades sirias, afirmación desmentida por el gobierno sirio.
Estos tres ciudadanos estadounidenses son muy probablemente colaboradores o agentes de la CIA.
También es importante observar que:
Extrañamente, Emiratos Árabes Unidos rompió el embargo estadounidense contra Irán y envió medicamentos a este último país.
Cada facción libanesa acusa a las demás de haber cedido a las presiones de Estados Unidos. El Hezbollah asegura que no ha traicionado la causa de la resistencia libanesa y que no ha negociado en secreto con Washington mientras que el presidente del Tribunal Militar (favorable al Hezbollah) dimitió sorpresivamente.
Es la primera vez en 20 años que un presidente de Estados Unidos solicita públicamente ayuda a la República Árabe Siria.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, recibe en el Pentágono al ministro de Defensa británico. La “relación especial” entre Washington y Londres se ha restaurado, se han reforzado los “Cinco Ojos” y Reino Unido asume el mando de las operaciones de la OTAN-Medio Oriente.
La dirección de las operaciones
pasa a manos de Reino Unido
El 5 de marzo, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, recibió en el Pentágono al ministro de Defensa británico, Ben Wallace. Allí aprovecharon la ocasión para repartirse el mando de la nueva OTAN-MO [1].
El ministro británico pronunció después, ante el Atlantic Council, un discurso donde confirmó la solidez de la alianza entre Washington y Londres. También respaldó la necesidad de juzgar al «dictador Bachar al-Assad» pero señaló que es imposible hacerlo a causa del apoyo que le presta «el oso ruso». En otras palabras, Siria sigue siendo un enemigo, pero parece intocable. La guerra se desplazará a otro lugar [2].

El 12 de marzo de 2020, el ministro de Defensa británico, Ben Wallace, y su homólogo turco, el general Hulusi Akar, inspeccionan los “puestos de observación” turcos que sirven de base de repliegue a los yihadistas atrincherados en la gobernación siria de Idlib. Londres asegura a Ankara que el Pentágono no destruirá Turquía sino Arabia Saudita.
Los días 12 y 13 de marzo, el ministro de Defensa del Reino Unido estuvo en Turquía y en suelo sirio ocupado por los yihadistas. Allí inspeccionó los puestos de observación del ejército turco en la región de Idlib y entregó 89 millones de libras esterlinas en donaciones «humanitarias» a las familias de los yihadistas. A partir de ese momento, los yihadistas comenzaron a atacar a las tropas turcas, que supuestamente debían protegerlos, y mataron a varios soldados turcos.
El fin de Yemen y el principio del fin para Arabia Saudita
Dando continuación a su política de retirada militar y de traspaso de funciones a sus intermediarios, Estados Unidos está transformando la guerra en Yemen.
Originalmente, el Pentágono había planeado dividir nuevamente Yemen en dos partes, volviendo a la frontera que existió allí hasta 1990. El Pentágono había empujado Arabia Saudita e Israel a lanzarse al asalto de Yemen para explotar los recursos petroleros del desierto de Rub al-Khali, región cuya administración comparten Arabia Saudita, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Yemen [3]. La operación se realizó con la participación de la aviación israelí, de mercenarios colombianos agrupados bajo la bandera saudita y con tropas de Emiratos Árabes Unidos. La coordinación estuvo en manos de un estado mayor tripartita (Arabia Saudita, Estados Unidos e Israel), instalado en Somalilandia.
Sin embargo, apoyándose en las rivalidades tribales, el Pentágono logró complejizar la situación hasta lograr que Yemen se convirtiera de facto en un país efectivamente dividido en dos, pero también se dividió la coalición conformada por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. A partir de ese momento, el Pentágono necesitaba –sin implicar a sus propias tropas– completar la división de Yemen en dos Estados separados. El Pacto del USS Quincy, concluido en febrero de 1945 entre Estados Unidos y la monarquía saudita, compromete el Pentágono a proteger al rey de Arabia Saudita, pero no lo obliga a proteger a su heredero ni tampoco a proteger el país [4].

El soberano de facto de Abu Dabi y presidente –también de facto– de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed ben Zayed, fue el mentor del príncipe heredero del trono saudita, Mohamed ben Salman. Pero el alumno quiso aplastar a su maestro. En definitiva, será el discreto MBZ quien acabe aplastando al vanidoso MBS.
Esta semana, el Pentágono envió un navío de guerra a posicionarse frente a la importante ciudad yemenita de Adén. También instaló tropas británicas en la isla de Socotra para convertirla en una base militar permanente con Emiratos Árabes Unidos y desplegó allí misiles antiaéreos Patriot. Simultáneamente, los hutis del norte de Yemen –respaldados por Irán– atacaron exitosamente dos bases militares sauditas e hicieron prisioneros a más de 700 soldados del reino mientras que las tribus respaldadas por Emiratos Árabes Unidos atacaban a las tribus que Arabia Saudita apoya en Adén. El gobierno del presidente yemenita Abdrabbo Mansur Hadi, única autoridad yemenita oficialmente reconocida por la ONU, aunque está exiliado en Riad, perdió el control de Adén.
En Riad, el príncipe heredero saudita, Mohamed ben Salman, después de haber torturado a su amigo de la infancia –demasiado brillante para seguir siendo del agrado de MBS–; después de haber asesinado a sus rivales; después de haber ejecutado al jefe chiita de la oposición; después de haber encarcelado y despojado a sus hermanos y tíos; después de haber ordenado el asesinato y descuartizamiento en Estambul de un miembro de la Hermandad Musulmana demasiado indiscreto, ya no tiene a nadie que lo apoye.
El departamento de Defensa de Estados Unidos y los ministerios de Defensa del Reino Unido y de Emiratos Árabes Unidos no informan públicamente sobre esos enfrentamientos. Sólo lo hacen los hutis. Ante la falta de información oficial, la prensa internacional prefiere mirar para otro lado y callar.
El sur de Yemen fue una colonia británica y Emiratos Árabes Unidos estuvo vinculado al Imperio de Indias. Bajo el paraguas estadounidense, Reino Unido está recuperando su antigua influencia en el Golfo Arábigo-Pérsico y en el Mar Rojo.
La oposición entre Arabia Saudita y los miembros del Eje de la Resistencia ha dejado de existir, por falta de combatientes. Después de Irán (de 1953 a 1978), de Irak (de 1979 a 1990) y de Arabia Saudita (de 1991 a 2019), Emiratos Árabes Unidas se ha convertido en el gendarme de la región, bajo el paraguas de la OTAN-MO.
Ese completo cambio de la situación coincide con nuestro análisis de la crisis. Habiendo fracasado en Siria, Estados Unidos sigue adelante con el plan que había emprendido en 2001 y se dispone a desestabilizar Arabia Saudita. El presidente Donald Trump ha dado luz verde a esta nueva etapa, poniendo como única condición que las tropas estadounidenses no participen directamente sino a través de Emiratos Árabes Unidos.
Suicidio de la Unión Europea
Mientras tanto, la Unión Europea reacciona de manera absurda ante la epidemia de coronavirus. En vez de luchar contra la enfermedad generalizando la realización de los tests de diagnóstico, el tratamiento de las personas contagiadas mediante el uso de la cloroquina, utilizando la respiración artificial y el Interferón Alfa 2B recombinante en los enfermos con graves problemas respiratorios, Europa se limita a tratar de evitar la saturación de sus hospitales imponiendo medidas de confinamiento a domicilio a la población sana [5]. La economía de la Unión Europea está detenida y el Banco Central Europeo ya anuncia un 5% de recesión si esta situación se prolonga por 2 semanas… y probablemente serán 6 semanas.
Cuando haya pasado el pico de la epidemia, Europa ya no será una gran potencia económica y el mundo se organizará de otra manera… sin ella.
[1] «¡OTAN Go Home!», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de febrero de 2020.
[2] «Después de Siria, ¿quién será el nuevo objetivo?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de marzo de 2020.
[3] «Exclusivo: Los planes secretos de Israel y Arabia Saudita», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de junio de 2015.
[4] «El pacto del reino saudita con Estados Unidos sólo protege al rey, sin incluir al príncipe heredero», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 23 de octubre de 2018.
[5] «Covid-19: propaganda y manipulación», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 21 de marzo de 2020.
Venezuela. Gobierno Nacional revela evidencias de acciones terroristas en incendio a galpones del CNE
Fuente: Terc3ra
Este jueves, el ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Néstor Reverol, reveló evidencias de acciones terroristas en incendio a galpones del Consejo Nacional Electoral (CNE), ubicado en Fila de Mariche, municipio Sucre, del estado Miranda.
El titular de la cartera de Interiores, Justicia y Paz detalló que esta acción ocurrida el pasado 7 de marzo, fue provocada por un grupo terrorista con el fin de desestabilizar el funcionamiento del Poder Electoral venezolano.
Desde la sede principal del ministerio, Reverol destacó tras las evidencias arrojadas por las investigaciones que fueron identificados tres puntos de inicio del fuego.
“De manera intencionada se produjo un incendio en un área de más de 6 metros cuadrados lo que causó la destrucción de esta instalación del Poder Electoral, y en el que se encontraban más de 49 mil máquinas de votación, además de diferentes sistemas de auto identificación, así como otros componentes”, informó Reverol.
En este sentido, el ministro indicó que en las pesquisas realizadas por los funcionarios del CICPC se localizaron los tres puntos en donde se provocó el fuego en el galpón “Un número importante de membranas plásticas electorales se encontraban depositadas y fueron rociadas con un material acelerante; originando un comportamiento agresivo y de gran magnitud”, puntualizó.
Guerra en América Latina (II): Receta para incendiar un continente
Por: Claudio Fabian Guevara

La agenda guerrerista del Pentágono anticipó hace 15 años que una gran parte de América Latina iba a engrosar las zonas del mundo bajo guerra y caos.
Un plan explícito y documentado se enfoca a encender una conflagración en América Latina en torno a Venezuela y la cuenca del Caribe. Ahora se agrega la transformación de Bolivia en un nuevo estado sicario que colabore con la generación de la guerra. En el horizonte, un caos de larga duración y la subdivisión política del continente en unidades más pequeñas.
“Estados Unidos, en vista de su retroceso mundial, quiere reordenar su espacio geopolítico …() y sumir a Nuestra América en un caos sin fin de odios ideológicos externamente implantados”. Miguel Angel Barrios
“América Latina es una vez más el territorio de la dialéctica geopolítica de la colonización / descolonización. En todas partes – Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay y así en el mismo patrón: los liberales pro-EE. UU. (+ liberales de extrema derecha) vs las fuerzas de descolonización, en su mayoría de izquierda”. Alexander Dugin
Las piezas se van armando. Con el desmantelamiento de UNASUR y las instituciones multilaterales que cimentaban la paz y los proyectos de integración entre las naciones sudamericanas, todas las fichas están moviéndose en dirección a una guerra inducida en América Latina.
En las últimas semanas, todas las variables se han acelerado.
Las principales hipótesis de conflicto parten del cerco multidimensional en torno a Venezuela. Ahora se agregan los peligros de una ruandización de Bolivia, y su transformación en un nuevo estado sicario que colabore con la generación de la guerra, junto a Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y Guyana.
Las naciones latinoamericanas no tienen motivos históricos reales para entrar en guerra. Un potencial conflicto bélico sólo puede engendrarse artificialmente a partir de falsos positivos, atentados de falsa bandera, o decisiones gubernamentales que inmolen al continente en el altar de una entelequia de origen extranjero, como la “defensa de la democracia” en Venezuela, o la “lucha contra el terrorismo” que ahora enarbola el régimen usurpador de La Paz.
Un plan detallado para involucrar a un grupo de naciones latinoamericanas en un conflicto de este tipo salió a la luz el año pasado, y sus primeros pasos están a la vista.
La agenda profunda del “Golpe Maestro”
A principio de 2018, un artículo de la periodista argentina Stella Calloni sacó a la luz un documento de 11 páginas con la firma del almirante Kurt Walter Tidd, entonces comandante en jefe del Comando Sur (SouthCom) estadounidense: “Plan to overthrow the Venezuelan Dictatorship- Masterstroke”. Allí se esboza la agenda profunda de la guerra contra Venezuela, que en su etapa más avanzada prevé una operación multinacional.
El documento llama ejecutar pasos prácticos con vistas a erosionar el gobierno de Maduro y forzar su caída:
-En el plano económico, incrementar la inestabilidad interna, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro. Obstruir todas las importaciones y desmotivar a los inversores foráneos. Sabotear la industria del petróleo. Generalizar el desabastecimiento de comida, medicinas y bienes básicos. Contribuir a hacer más crítica la situación de la población y fomentar el descontento. Todas las calamidades vividas por la población serán explotadas para “culpar al gobierno”.
-En el plano social, apelar a aliados internos y agentes externos implantados en el país, para provocar protestas y actos violentos, generar inseguridad, saqueos y robos. Promover los secuestros de embarcaciones para desertar del país. Estructurar un plan para lograr la deserción de los profesionales más calificados del país. Promover la fatiga entre los miembros del partido gobernante y sus seguidores.
-En el plano mediático, ridiculizar la figura de Maduro, hacerlo caer en incontinencias verbales y equivocaciones para provocar desconfianza hacia su figura. Acosarlo, ridiculizarlo y ponerlo como ejemplo de torpeza e incompetencia. Minimizar su importancia internacional. Exponerlo como una marioneta de Cuba. Exacerbar las diferencias entre los miembros del grupo en el gobierno.
-En el plano militar, fogonear un golpe de Estado, continuar el fuego continuo en la frontera con Colombia, multiplicar el tráfico de combustible y otros bienes, el movimiento de los paramilitares, incursiones armadas y tráfico de drogas. Provocar incidentes armados con las fuerzas de Seguridad de la Frontera. También reclutar paramilitares mayormente de los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y del Norte de Santander.
En un primer nivel de lectura, el plan es una explícita declaración de guerra y de injerencia desembozada, que explica gran parte de los padecimientos de Venezuela hoy.
En un segundo nivel de lectura, el documento puede interpretarse como un manual para el acoso y control de la población de las colonias. Este conjunto de estrategias se aplican en otros escenarios, contra otros pueblos.
En un tercero, es un instructivo ideológico para los centros generadores de noticias. Los estereotipos y construcciones discursivas que propone el documento para desacreditar al “líder enemigo” permean transversalmente la cobertura noticiosa sobre la Venezuela actual.
Preparación de una coalición internacional
A la par del fomento de la inestabilidad interna, se traza un plan para obtener la cooperación de las autoridades aliadas de “países amigos”: Brasil, Argentina, Colombia, Panamá y Guyana.
-Las provisiones de las tropas, apoyo logístico y médico se realizarán desde Panamá. Se hará uso de las facilidades de la vigilancia electrónica y las señales inteligentes; de hospitales y dotaciones desplegadas en Darién (selva panameña), el equipamiento de drones del Plan Colombia, como también las tierras de las antiguas bases militares de Howard y Albroock (Panamá) así como las pertenecientes a Río Hato.
-Además se utilizará el Centro Regional Humanitario de Naciones Unidas, diseñado para situaciones de catástrofe y emergencia humanitarias, que cuenta con un campo de aterrizaje aéreo y sus propios almacenes.
-Se desarrollará la operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, “en el contexto legal y mediático, del secretario general (de la OEA) Luis Almagro” (SIC).
-Se prevé una Operación Multilateral con contribución de Estados, organismos no estatales y cuerpos internacionales, anticipando especialmente los puntos más valiosos en Aruba, Puerto Carreño, Inirida, Maicao, Barranquilla y Sincelejo en Colombia, y Roraima, Manaos y Boavista en Brasil.
-Se unirá a Brasil, Argentina, Colombia y Panamá para contribuir al mejor número de tropas, con la presencia de unidades de combate de Estados Unidos y de estas naciones, bajo el mando general del Estado Mayor Conjunto liderado por Estados Unidos.
Este plan -razona Stella Calloni- “hace comprensibles las recientes maniobras militares de Estados Unidos en esta región en la frontera de Brasil con Venezuela (Brasil, Perú Colombia), en el Atlántico Sur (Estados Unidos, Chile, Gran Bretaña, Argentina), en el caso argentino sin autorización del Congreso nacional”.
El “Golpe Maestro” preveía acelerar los acontecimientos antes de las elecciones de mayo de 2018. No logró sus objetivos en los plazos anunciados. El almirante Kidd fue retirado pocos meses después de las revelaciones periodísticas.
Pero el plan continúa su marcha.
Ultimas novedades en el frente venezolano
En el orden interno, Venezuela vive todos los ingredientes del plan previsto en el Golpe Maestro: al boicot de la economía, se suma un cúmulo de acciones desestabilizadoras. Durante 2019, cinco conspiraciones violentas, de la derecha venezolana lograron ser desactivadas. El último incidente ocurrió el 23 de diciembre,con el ataque de un grupo arado al batallón 513 en el sureño estado fronterizo de Bolívar, donde murió un miembro de las FANB. El Gobierno venezolano informó del robo de armamento de guerra, supuestamente con el propósito de realizar una acción de bandera falsa para propiciar una intervención militar de EEUU contra Venezuela.
Los gobiernos de la región, lejos de obstaculizar la propagación de la violencia, muestran una convergencia con las líneas de acción previstas en el plan del Comando Sur. El ministro de información de Venezuela, Jorge Rodríguez, dijo que Colombia, Perú, Ecuador y Brasil facilitaron los movimientos del grupo armado responsable del ataque al Batallón 513. Los hechos parecen darle la razón.
El presidente Maduro exigió a Brasil la captura de los militares responsables, que sin embargo fueron recibidos en territorio brasileño en el marco de la “Operación Bienvenida”. La cancillería brasileña anunció que los desertores solicitaron asilo, y fue concedido.
Es decir que por un lado, hay un fomento a la emigración, una recepción “amigable”, incluso si se trata de elementos violentos.
Por otro lado, se agita el éxodo de los venezolanos como un motivo de “alarma internacional”. El 11 de septiembre de 2019, 11 países de las Americas (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana) resolvieron convocar una reunión del TIAR (Tratado Inter Americano de Asistencia Recíproca), con el argumento de que la situación actual en Venezuela tiene un “impacto desestabilizador” y plantea una “amenaza para la paz y la seguridad en el Hemisferio”.
Esta reunión puede ser la antesala de una operación militar conjunta.
Las venas abiertas de América Latina
La guerra ya empezó hace muchos años, con epicentro en Colombia. Hace más de medio siglo que la patria de Gabriel García Márquez se desangra, con el Estado ausente en muchas zonas rurales, hoy en manos de narcotraficantes y paramilitares. Colombia en las últimas décadas registró al menos 260 mil muertos, 60 mil desaparecidos y más de siete millones de desplazados. Desde la firma de los acuerdos de paz en 2016, se registró el asesinato de 620 líderes sociales.
En este clima, se teme que el presidente Iván Duque se aventure en una guerra contra su vecino, Venezuela. Duque se sumó a la campaña contra la patria bolivariana, a principios de año con la operación de “asistencia humanitaria” en Cúcuta, y en septiembre con un show lastimoso en la ONU donde denunció a Venezuela de proteger a guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Pero DUque presentó como “prueba” fotos falsas y quedó en ridiculo cuando la Agencia France Presse lo dejó en evidencia.
La frontera colombiano-venezolana es una zona de permanentes fricciones. Desde junio en Cúcuta y Maicao, poblaciones fronterizas con Venezuela, se encuentra un contingente de “Cascos Blancos” de la cancilleria argentina. En Siria y otros escenarios, los Cascos Blancos han sido responsables de operaciones de falsa bandera y fraudes noticiosos. La misión, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte del cordón de presión contra Venezuela y puede detonar episodios que sirvan de pretexto para el inicio de las operaciones.
Centroamérica es otra zona de tensiones. Cuba y Nicaragua han sido advertidas una vez más que son un target militar del Pentagono. La fortaleza militar de la isla no parece haber menguado, pero Nicaragua dio muestras de haber sido infiltrada con el ensayo de guerra híbrida de abril del 2018. La NED y la USAID le dieron un respaldo explicito a los estudiantes paramilitares nicaraguenses que el año pasado movilizaron protestas violentas que arrojaron centenares de muertos y heridos.
Bolivia es otro ariete contra la paz regional. El desgobierno de facto de Jeanine Añez empieza a hacer el papel de “perro rabioso”, al estilo de Israel en Medio Oriente. Hace semanas hubo una incursión ilegal de militares bolivianos en territorio argentino. Ahora se anuncia la potencial invasión de la embajada de Mexico en La Paz, y la expulsión de la embajadora mexicana y diplomáticos españoles. Este incidente sigue la matriz de la crisis de las embajadas venezolanas, y el descrédito creado a partir del reconocimiento en algunos estados de los falsos representantes diplomáticos de Guaidó.
La política de Bolivia hoy es funcional al deterioro de la institucionalidad de la región, una línea de acción persistente del Pentagonismo. Se trata de ridiculizar el orden jurídico de los países de la zona “no integrada”, entronizar líderes de papel, desconocer normas elementales de convivencia entre las naciones y confundir a la población con falsos debates.
Conclusiones: los piromaníacos que se arrojan al fuego
Un programa guerrerista de largo aliento, acunhado por el Pentagonismo, tiene estrategias bien definidas para encender una conflagración en América Latina. El nuevo mapa del Pentágono se va perfilando con preparativos en el terreno, condiciones sociales largamente abonadas y una narrativa que lo justifica en los noticiarios. Se trata de una miríada de elementos de gran dinamismo, con diferentes actores capaces de entrar o salir de escena según el curso de los acontecimientos.
Esta receta para incendiar América Latina no arrojará vencedores entre las naciones latinoamericanas. El diseño de la guerra tiene por objeto una ruina generalizada, la imposición de un caos de larga duración, que facilite la reconfiguración de la región, y la subdivisión política del continente en unidades más pequeñas (la secesión de Santa Cruz , la balcanización de Vebezuela y el desmembramiento de la Argentina figuran en la agenda globalista).
Así lo ve Stella Calloni: “Estados Unidos está armando un escenario de guerra en Latinoamérica, que luego amenazará a todos los países de la región, incluso a los que hoy se prestan para los planes contra Venezuela”.
En Caracas se librará una batalla decisiva. Como lo ha dicho Atilio Borón, Venezuela es la nueva Stalingrado.
Demuestran implicación de EE.UU. en golpe de Estado en Bolivia
Fuente: Prensa Latina
La implicación de Estados Unidos en el golpe de Estado en Bolivia fue demostrado por un grupo de investigadores latinoamericanos y europeos mediante la confección de un mapa publicado por la agencia rusa Sputnik.
La doctora en ciencias políticas Silviana Romano, -quien integra el equipo de estudiosos-, explicó al servicio internacional de noticias multimedia de Rusia que la investigación esboza cómo agencias del Gobierno norteamericano, corporaciones privadas, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación fueron esenciales para sacar del poder a Evo Morales
Al respecto, la también licenciada en historia dedicada a estudiar las relaciones entre la nación norteña y América Latina, precisó que el denominado mapa de poder muestra la vinculación entre instituciones locales, regionales, trasnacionales y trayectorias personales de políticos para crear el escenario propicio para la acción golpista.
‘Es un trabajo del tipo sociológico y ayuda en este caso a comprender un mínimo porcentaje cómo operan estas instituciones vinculadas a las derechas a nivel local y trasnacional cuando no están de acuerdo en la deriva política-económica de un Gobierno’, comentó Romano.
Asimismo, detalló que el estudio se construyó mediante los esquemas de financiamiento de dos instancias gubernamentales de Estados Unidos como la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid), la cual a su vez, financia a la Fundación Nacional para la Democracia (NED, en inglés).
En ese sentido, la investigadora enfatizó que la NED es un órgano ‘vinculado desde su creación en la década de 1980 a la financiación de contrainsurgencia’ y que aparece ahora detrás de organismos claves en la promoción del golpe contra el primer presidente indígena de Bolivia.
Romano notificó que la institución estadounidense en la actualidad financia directamente a la Agencia Nacional de Prensa de Bolivia y a la Fundación Nueva Democracia, fundada por el senador de Unidad Democrática por el Departamento de Santa Cruz, Óscar Ortiz Antelo, opositor al Movimiento Al Socialismo (MAS).
A su vez, Nueva Democracia es miembro de la Red Atlas, identificada por la intelectual como una organización creada por conservadores norteamericanos para ‘promover el libre mercado y los valores liberales, según decía su propia página Web’, señaló.
Para la historiadora de temas relacionados con la guerra psicológica en los procesos de cambios en la región, lo preocupante es que las organizaciones y fideicomisos de Bolivia vinculados a la Usaid y la NED ‘luego demostraron ser espacios de formación política de oposición a los Gobiernos de turno’, destacó.
‘Eso en cualquier lugar del mundo es considerado una intervención y es un caso que debe ser judicial. Vos no podés ir a otro país a arengar en contra del Gobierno de turno porque así lo quieres. Pero esto sucede todo el tiempo’, concluyó Romano el intercambio con Sputnik.
El mapa de poder sobre las rutas seguidas para el golpe de Estado en Bolivia orquestado por agencias norteamericanas tiene además como autores a la brasileña Tamara Lajtman, radicada en la Universidad de Buenos Aires, Argentina, Aníbal García, investigador de la Universidad Nacional de México y Arantxa Tirado, formada en Barcelona, España.