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Global

Libia, hoy “somalizada”

20/10/2013 by Deja un comentario

Por: Tommaso di Francesco

La Libia que un día tuvo el nivel de vida más alto de toda África ya no existe. Destruida por la OTAN, hoy se halla en manos de grupos armados a los que nadie logra controlar. Para el profesor Angelo Del Boca, Italia está cometiendo un grave error al ofrecerse como voluntaria para reinstaurar el orden en Libia. Y lo que es más grave aún, al aceptar colaborar con ciertos grupos armados para reprimir los flujos migratorios.

Angelo Del Boca, historiador del colonialismo italiano y especialista de Libia.

Tommaso Di Francesco: ¿Cómo interpreta usted el arresto y secuestro, así como la posterior liberación, del primer ministro libio Ali Zeidan por las milicias armadas?

Angelo Del Boca: Es un enfrentamiento entre poderes. Eso es parte del caos en el que ha caído Libia después de la guerra de la OTAN que derrocó a Kadhafi mediante un baño de sangre. Ese secuestro no me sorprende en lo más mínimo.

El año pasado, cuando Anwar Fekini, importante figura de la oposición en el exilio y nieto de Mohamed Fekini –protagonista de la rebelión contra la ocupación italiana a comienzos del siglo 20–, iba a convertirse en primer ministro yo traté de convencerlo de que no lo hiciera. Él se mostró reticente a mis argumentos pero hace poco me dio las gracias y me dijo: «Tú me salvaste la vida».

TDF: ¿Qué ha pasado en Libia desde el asesinato de Kadhafi, en octubre de 2011?

Angelo Del Boca: Ha habido una proliferación de las milicias armadas. Según estimados de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, ya son más de 500 y son espantosas. Hasta la propia Casa Blanca, que había puesto su aviación a la disposición de aquellos insurgentes, pasó por la dolorosa experiencia del 11 de septiembre de 2012, cuando los yihadistas atacaron el consulado de Estados Unidos en Bengazi y asesinaron al embajador Chris Stevens junto a otros 3 funcionarios estadounidenses. El peso de los yihadistas dentro de las milicias es muy grande. Por eso estalló la «respuesta» de las milicias más islamistas, después de que las fuerzas especiales estadounidenses capturaron en estos días al presunto dirigente de al-Qaeda Abu Anas al-Libi, quien había estado muy a la vista durante la revuelta libia. Es una forma de decirle a Washington: Ustedes hicieron un arresto arbitrario, en contra de nuestra soberanía.

El día anterior, Ali Zeidan había desmentido que Trípoli hubiese concedido ningún tipo de aval para esa operación. Pero el secretario de Estado John Kerry lo desmintió ruidosamente unas horas después al revelar que varios elementos del gobierno libio habían dado su consentimiento.

Quiero recordar algo que puede facilitar la comprensión de la complicidad entre las milicias y el gobierno en Libia. Ali Zeidan es –lo cual resulta muy extraño– un hombre muy rico y hace solamente un mes ofreció 1 000 millones de dólares a las milicias de Misurata, consideradas como las más fuertes y más radicales.

TDF: ¿Puede decirse que la crisis que actualmente tiene lugar en Libia es también, de alguna manera, una crisis italiana en la medida en que pone de relieve la responsabilidad política de Italia?

Angelo Del Boca: Por supuesto y voy a explicar por qué.

En estos días traté repetidamente de ponerme en contacto con [primer ministro italiano] Letta para aconsejarlo. Porque Letta ha cometido un error muy grave, al garantizar la disponibilidad de Italia al presidente estadounidense Barack Obama, cuando este último se lo pidió debido a nuestra proximidad [geográfica] y nuestra historia, para implicarse aún más en la crisis libia. ¿De qué manera? Reinstaurando el ejército y la policía en Libia, reconstruyendo las instituciones y, sobre todo, «desarmando a las milicias».

Aceptar ese «desarmante» y desconcertante pedido querría decir que hay que prepararse de hecho para una tercera invasión italiana en Libia ya que, según los servicios secretos estadounidenses, las más de 500 milicias representan unos 30 000 hombres armados hasta los dientes, incluso con cañones y blindados. O sea, un verdadero ejército. Y con un tráfico de armas incesante y masivo hacia la desestabilización de áreas decisivas, como Siria, el Sinaí egipcio, el norte de Mali, Túnez y Argelia.

Como si eso no fuese suficiente, existen otros dos factores, más graves aún, que también ponen a Italia en tela de juicio. En primer lugar, está el hecho que, ante la situación libia, Estados Unidos ha decidido enviar fuerzas especiales –más de 200 marines en este momento– a la base estadounidense de Sigonella [en la isla italiana de Sicilia]. ¿Por qué el gobierno de Letta no habla de eso? Tendría que hacer todo lo contrario, o sea tomar posición, porque la intención estadounidense equivale de hecho a la apertura de un frente de guerra «encubierta» en Libia.

Todo eso se lo debemos a los países de la OTAN y a Estados Unidos, que con la guerra de 2011 convirtieron Libia en una nueva Somalia, como la de 1993-1994, cuando las tropas estadounidenses e italianas abandonaron aquel país después de la aventura guerrerista que nos habían vendido como «humanitaria».

En conclusión, la Libia que antes conocimos ya no existe. La «somalizaron». Y con un agravante para nosotros [en Italia] porque es una «Somalia» que se halla frente a nuestra costa mediterránea. Y ahora el primer ministro Letta quiere regresar allí «para desarmar»…

TDF: También está la tragedia de Lampedusa…

Angelo Del Boca: Sí, porque también tenemos el otro episodio dramático de los migrantes que huyen del interior de África, que huyen de la miseria, del hambre, de las guerras provocadas por los intereses occidentales por las gigantescas riquezas mineras y las fuentes de energía.

Hace dos días, precisamente en plena sintonía criminal con la tragedia de Lampedusa y con la aprobación del gobierno italiano, el estado mayor de la Guardia di Finanza [la aduana italiana] y de los guardacostas nacionales firmó «un acuerdo con las autoridades libias» –¿con cuáles?– para patrullar conjuntamente los puertos libios.

Ante eso estamos en nuestro derecho de preguntarnos ¿con qué milicias, con cuáles líderes yihadistas hemos firmado ese pacto increíble? ¿A quién le hemos prometido dinero italiano por arrestar militarmente a los desesperados que huyen en embarcaciones a través del Mediterráneo?

Publicado en: Global

Yihad: Una advertencia de Washington para Ankara

20/10/2013 by Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

Rusia y Estados Unidos han llegado a un principio de acuerdo sobre el Medio Oriente en general y sobre Siria en particular. Pero en Siria sigue la guerra. Esa paradoja se explica, en primer lugar, por la indisciplina y el odio que están demostrando los gobiernos de Turquía y Arabia Saudita. Según la óptica de Thierry Meyssan, la revelación parcial del papel de Hakan Fidan, publicada en el Wall Street Journal, se le está enviando a Ankara una advertencia.

Erdogan y Fidan con Kerry y Obama durante un encuentro en la Casa Blanca en mayo de 2012.

La prensa turca ha dedicado una buena cantidad de artículos al trabajo publicado en el Wall Street Journal sobre Hakan Fidan [1]. Unánimemente chauvinista, esa prensa estima que el ataque contra ese personaje de la jerarquía turca demuestra, a posteriori, la política de independencia del primer ministro Recep Tayyip Erdogan ante Estados Unidos. ¿Es eso cierto?

Según el Wall Street Journal, el jefe del MIT (el principal servicio secreto turco) es en realidad el segundo personaje más importante del régimen de Ankara, inmediatamente después del primer ministro Erdogan y por encima del presidente de la República, Abdullah Gul, y del ministro de Relaciones Exteriores, Ahmet Davutoglu.

La llegada del hombre de confianza de Erdogan a la dirección del MIT, en mayo de 2010, marcó supuestamente el inicio de una política no estadounidense por parte de Turquía: arresto y posterior condena de los oficiales superiores que habían estado vinculados al Pentágono (proceso Ergenekon); respaldo a la Hermandad Musulmana durante la primavera árabe e intento de utilizar el conflicto sirio para desmembrar Siria y crear allí un Estado kurdo.

Lo más importante es que el Wall Street Journal acusa a Hakan Fidan de respaldar a los yihadistas en Siria, incluso a los más violentamente antioccidentales, a pesar de las advertencias provenientes de Washington. El diario estadounidense cita a un parlamentario kemalista, Mehmet Ali Ediboglu, que dice haber visto personalmente una decena de vehículos de la policía turca escoltando más de 50 autobuses que transportaban yihadistas hacia Siria, o sea un convoy de más de 2 000 combatientes. Y no se trata, al parecer, de un caso aislado.

Sin embargo, el Wall Street Journal olvida mencionar que, al contrario del primer ministro turco, Hakan Fidan no es miembro de la Hermandad Musulmana sino que está muy vinculado a Fethullah Gulen, el gurú del presidente Gul. De la misma manera, los investigadores del Wall Street Journal nada dicen del pasado de Hakan Fidan, como si el jefe de los servicios secretos hubiese caído de la luna. El diario estadounidense habla del paso de Hakan Fidan por la dirección de la Agencia Turca de Cooperación Internacional (Tika), sin mencionar por ello su papel destinado a extender la influencia de Ankara en el Asia central y, a través del Valle de Ferganá, hasta China. Menciona las acusaciones israelíes de colaboración con Irán en sus tiempos de funcionario del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), pero sin precisar que el señor Fidan fue nombrado jefe del MIT justo 3 días antes del incidente del Mavi Marmara [2], para que supervisara la operación.

Nuestra interpretación de la polémica es muy diferente. Hace un mes, los intereses de Estados Unidos no parecían mostrar la menor contradicción con la política turca sino todo lo contrario. Todo se hacía por orden de Washington.

 La condena de los tribunales turcos contra los oficiales superiores no fue un golpe a Estados Unidos sino un castigo contra los jefes militares que quisieron alejarse de Washington y acercarse al Ejército Popular Chino, como lo prueba el hecho que varios responsables del minúsculo Partido de los Trabajadores (maoísta) fueron condenados junto a los militares [3].

 El respaldo turco a la Hermandad Musulmana en el norte de África no es un súbito capricho de Ankara sino la ejecución de un plan del Departamento de Estado, coordinado por la «hermana» Huma Abedin –como miembro del equipo de trabajo de Hillary Clinton en el Departamento de Estado– y por el «hermano» Gehad el-Haddad, quien trabaja para la Fundación William J. Clinton y es por demás responsable de las relaciones con la prensa dentro del partido del señor Erdogan. Es importante señalar además que la madre de la señora Abedin dirigía –junto con la esposa del derrocado presidente egipcio Morsi– la rama femenina de la Hermandad Musulmana, mientras que el padre del señor el-Haddad era el consejero diplomático del presidente Morsi.

 Para terminar, los intentos turcos de crear un Estado kurdo en Siria responden a las expectativas del Pentágono, que tenía intenciones de dividir Siria en varios Estados, según el mapa publicado por Ralph Peters en 2006 [4]. Y Hakan Fidan, quien participó en 2009 en las negociaciones secretas con el PKK en Oslo, es el turco que mejor conoce ese tema.

Además, el viraje político turco no se produjo con la llegada de Hakan Fidan a la cabeza del MIT, en mayo de 2010, sino en 2011, durante la guerra contra Libia. En aquel momento fue bajo la presión del Departamento de Estado que Ankara tomó conciencia de las posibilidades que ofrecía el acuerdo Estados Unidos-Hermandad Musulmana. Y fue a partir de entonces que Recep Tayyip Erdogan se convirtió nuevamente en un «hermano», a pesar de que supuestamente había renunciado a la cofradía durante su encarcelamiento –en 1998– y su «conversión» al laicismo.

El verdadero problema está en el respaldo a los yihadistas. Al principio del conflicto en Siria, ese respaldo contaba con el financiamiento proveniente de Qatar y estaba coordinado por la OTAN desde la base de Incirlik, en territorio turco. Así que no había nada que objetar. Pero, a partir del acuerdo ruso-estadounidense sobre la crisis de las armas químicas, Estados Unidos se ha retirado militarmente del conflicto sirio mientras que Turquía y Arabia Saudita continúan el juego.

Es por eso que el artículo del Wall Street Journal debe interpretarse como una advertencia dirigida al primer ministro turco Erdogan y al jefe de sus servicios secretos. Ya que no han sido capaces de doblegar a Siria en el plazo establecido, ahora se les hace saber que tienen que abandonar la partida, cualesquiera que sean las consecuencias que eso pueda tener para ellos en materia de política interna.

Hakan Fidan, quien trabajó para los servicios de inteligencia de la OTAN durante la guerra de Kosovo y estudió en Estados Unidos, debería ser capaz de captar el mensaje.

Publicado en: Global

EEUU, la República del 1%

20/10/2013 by Deja un comentario

‘El Gran Gatsby’ y el mito de los felices 20. Foto: Warner.

Por:  Íñigo Sáenz de Ugarte

“Si las clases bajas no ofrecen un buen ejemplo, ¿para qué sirven? Como clase, parecen no tener ningún sentido de la responsabilidad moral”. Oscar Wilde pretendía ser irónico cuando hizo que Algernon, personaje de La importancia de llamarse Ernesto, pronunciara estas palabras. Ahora vivimos en una época en que personajes muy reales están claramente a la altura del aristócrata imaginado por Wilde.

Gente como el multimillonario Stephen Schwarzman (patrimonio personal: 6.500 millones de dólares), consejero delegado del fondo de capital riesgo Blackstone. Cuando le preguntaron por los problemas fiscales de EEUU, se fijó en el 45% de sus compatriotas que no pagan impuesto federal de la renta: “Se trata de que estamos todos juntos metidos en esto. La idea de que la mitad de la gente no esté implicada en el impuesto sobre la renta es algo extraña. No voy a decir cuánto tiene que pagar la gente, pero todos deberíamos ser parte del sistema”.

Ese 45% está formado principalmente por contribuyentes que no llegan al mínimo exento para pagar impuestos directos, parados, estudiantes o jubilados. Obviamente sí pagan impuestos indirectos.

Schwarzman quiere que paguen más los que menos tienen. Se diría que los considera unos privilegiados. Algernon suscribiría encantado esa tesis. No es eso lo que indica la realidad fiscal de EEUU. Los 400 contribuyentes más ricos (ingresos medios: 200 millones) pagan cerca del 20% de sus ingresos en impuestos, aproximadamente el mismo porcentaje que corresponde a los que ganan entre 200.000 y 500.000 dólares.

En 2009, 116 de esos 400 multimillonarios pagaron menos del 15% en impuestos.

No todo se reduce a impuestos

La realidad es que eso que se llamó el sueño americano no pasa ya de un pálido reflejo de la realidad. La desigualdad continúa aumentando en EEUU. El proceso no comenzó con la actual crisis, pero se ha acelerado o quizá se haya hecho más difícil de ocultar.

“Un aspecto de la equidad que está profundamente arraigado en los valores de EEUU es la igualdad de oportunidades”, escribe Joseph Stiglitz en el libro El precio de la desigualdad. “EEUU siempre se ha considerado a sí mismo un país donde hay igualdad de oportunidades. Las historias de Horatio Alger, sobre individuos que desde abajo conseguían llegar a lo más alto, forman parte del folclore estadounidense. Pero poco a poco (…) el sueño americano que consideraba este país como una tierra de oportunidades empezó a ser simplemente eso: un sueño, un mito reafirmado por anécdotas e historias, pero no respaldado por los datos. La probabilidad de que un ciudadano estadounidense consiga llegar a lo más alto partiendo desde abajo es menor que la que tienen los ciudadanos de otros países industrializados avanzados”.

Lo mismo se puede decir de otro mito, el que dice que si los de arriba no se esfuerzan lo suficiente, ellos o sus hijos se verán superados por ciudadanos más avispados. Puede ser cierto con las empresas, incluidas algunas muy grandes, pero no con las personas.

En junio de 2001, la revista Time dedicó un largo reportaje a una nueva tendencia, por entonces discutida por algunos economistas, y no aceptada por todos. El titular era revelador: “¿Está menguando la clase media?”. Se había empezado a hablar de ello en los años 80 pero sólo en círculos académicos y a partir de las críticas progresistas a la política económica de la Administración de Reagan.

Se enfrentaban al problema de definir exactamente quién compone la clase media (un punto de partida habitual consistía en elegir a las familias con ingresos anuales de entre 15.000 y 50.000 dólares). No se podía negar que muchos de los que abandonaban la clase media iban hacia arriba, y no sólo hacía abajo.

Incorporación de la mujer

Los ingresos de muchas familias se habían visto favorecidos antes por la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. Los dos salarios habían permitido afrontar la época de alta inflación que fueron los años 70. Pero ya desde los 80 se hicieron evidentes los efectos de la pérdida de empleos en el sector industrial, agudizada en la década posterior.

Había una diferencia entre esa realidad laboral y los nuevos empleos que surgían en el sector servicios. Estas ocupaciones ofrecían salarios más bajos, menos cobertura sanitaria y menos protección sindical.En el reportaje de Time, ese cambio se simbolizaba por ejemplo en Keith Grant, trabajador de 28 años de una planta siderúrgica de Chicago, despedido de su empleo de 30.000 dólares anuales dos años atrás. Sólo había encontrado ocupación en el departamento de mantenimiento de un hotel de la cadena Holiday Inn por 13.000 dólares.

Era el fin de la prosperidad creciente que la clase media de EEUU había disfrutado en los años 50 y 60. En ese periodo los ingresos medios de un trabajador habían pasado de 14.832 a 27.338 dólares. Y ahí se detuvo la máquina del sueño americano. En el año 2000, esa cifra era de 27.735. El ascensor social ya estaba estropeado.

Lo que al comienzo de esa década era una acumulación de indicios no definitivos cobró un carácter más evidente en los años anteriores a la actual crisis. En 2005, tres economistas de Citigroup le dieron forma de manera provocadora al acuñar el término plutonomía para referirse a la economía de EEUU, Reino Unido y Canadá: el crecimiento económico era básicamente producto del gasto de los superricos, una minoría privilegiada, y ellos eran los principales beneficiarios. Era ese 1% del que tanto se habló después gracias a las movilizaciones de Occupy Wall Street.

Esta ola de riqueza ilimitada de una élite muy selecta se había dado antes “en la España del siglo XVI, la Holanda del siglo XVII, la Edad Dorada (en EEUU tras la guerra civil), y los años 20 (en EEUU)”, decían los autores. En el reparto de ingresos y consumo los privilegiados marcan el ritmo de la economía.

Brecha de ingresos

El 1% de los más ricos gana al año tanto como el 60% más pobre. En cifras absolutas, un millón de hogares recibe tantos ingresos como 60 millones de hogares. Su patrimonio es similar al del 90% más pobre.

Los abogados de Citigroup han amenazado en varias ocasiones con acciones legales a las webs que han reproducido el estudio, lo que hace que aparezca y desaparezca de Internet con una cierta frecuencia. En el mundo financiero, da mala imagen verse asociado a tamaño gesto de sinceridad. Otros datos confirman la idea de los autores del informe. Según Moody’s Analytics, el 5% más rico fue responsable del 37% del consumo en 2010, sólo 2,5 puntos menos que lo que gasta el 80% de la población en la escala inferior.

Si es verdad que la desigualdad se reduce durante las recesiones, en esta última ha ocurrido lo contrario. Entre 2007 y 2009 aumentó. Según Gallup, entre mayo de 2009 y mayo de 2011, el consumo diario creció un 16% en el caso de los norteamericanos que ganan más de 90.000 dólares al año. En el resto, no experimentó una variación significativa.

La recuperación de la Bolsa, que desde el año pasado disfruta de un impulso alcista, está muy por encima de lo que ocurre en el mercado laboral. Es la salida de una recesión con la recuperación de empleo más anémica que se recuerda allí. Los que más tienen reciben una parte mayor de sus ingresos gracias a las inversiones en Bolsa, con lo que por ahí es lógico que exista una diferencia. Además, el valor de las viviendas se ha reducido tras el estallido de la burbuja, y ese suele ser el mayor activo de patrimonio de la clase media.

Por eso, se produce un incremento del 1,6% de la desigualdad de ingresos en 2011, el mayor aumento anual en las dos últimas décadas, según datos de la oficina del censo difundidos en septiembre de 2012. La tasa de pobreza se ha mantenido estable con respecto al año anterior, pero la nueva realidad comienza a abrirse paso en la conciencia del país. Una tercera parte de los norteamericanos se sitúa a sí mismo en la clase baja o media baja, cuando cuatro años antes eran el 25%. En la cúspide todo se ve mejor. El 5% más rico (con ingresos superiores a 186.000 dólares) ve aumentado su porcentaje de la tarta nacional en un 5% en un solo año.

Peores condiciones laborales

Hay cambios estructurales en la economía que favorecen estas tendencias. La economía norteamericana ha perdido desde 2007 dos millones de empleos en los trabajos administrativos y de oficina, los que se denominan habitualmente de cuello blanco. Otros empleos han surgido, muchos de ellos relacionados con la tecnología y el sector sanitario y de dependencia, pero en conjunto ofrecen menores salarios.

Por una razón u otra, el ingreso medio de una familia norteamericana ha caído un 5,6% desde junio de 2009, cuando acabó técnicamente la recesión. Y un 8,9% desde el comienzo del siglo XXI.

El caso es que aunque EEUU goza de una recuperación aún inédita en Europa, son los de arriba los que se han visto más beneficiados. Los economistas franceses Thomas Piketty y Emmanuel Saez llegaron a la conclusión de que el 93% de los ingresos extra generados por la economía en 2010 fueron a parar al 1% de los contribuyentes (ingresos mínimos: 352.000 dólares).

El 99% se quedó con el 7% restante, de media 80 dólares por hogar descontada la inflación. El fin de los recortes fiscales a los más ricos aprobados en la época de Bush sólo atenuará algo esos números.

Por mucho que cambien las circunstancias económicas, hay algo que sigue siendo un hecho: en principio, hay más posibilidades de encontrar un empleo y de tener un sueldo alto si tienes una licenciatura universitaria. La educación es el gran nivelador social… para quien pueda permitírsela. Ese ascensor social puede bloquearse si continúa creciendo el peso de la deuda que los estudiantes asumen para pagar las carísimas matrículas y que deben devolver tras su licenciatura. El volumen de esa deuda ha crecido un 511% desde 1999. EEUU tiene el mayor porcentaje de población activa con estudios universitarios entre las grandes economías. Pero entre los jóvenes de entre 25 y 34 años, ni siquiera está entre las diez primeras.

En una economía con salarios más bajos, muchos creen que la devolución de esos préstamos será un peso insoportable. Muchas familias ni siquiera pueden permitirse que sus hijos estén cuatro o cinco años sin trabajar. ¿Y qué ocurre cuando tras los estudios hay que comenzar a pagar el crédito y no se encuentra un empleo? El 41% de los graduados en los dos últimos años está realizando trabajos para los que no se necesita licenciatura, según Accenture. Son camareros, taxistas o cajeros que tienen sobre sus hombros una deuda de 30.000 o 50.000 dólares.

El escaparate más sonrojante de esa situación está formado por los salarios de los consejeros delegados (CEO) de las grandes empresas. Bloomberg reunió los datos de las remuneraciones totales de los CEO de las empresas que cotizan en el índice S&P 500. Su estimación es que la ratio frente al sueldo medio de sus trabajadores es de 204-1. En algunas empresas, la diferencia es inmensa: JC Penny (1.795-1), Abercrombie (1.640-1), Oracle (1.287-1), Starbucks (1.135-1), CBS (1.111-1), Nike (1.050-1).

Un estudio de los profesores Lawrence Mishel y Natalie Sabadish en 2012 incluyó las opciones sobre acciones ejecutadas por los directivos, además de su sueldo. La ratio era 20,1-1 en 1965. Llegó a su punto más alto en el año 2000 con 383-1 y se redujo hasta 231-1 en 2011.

Hace tres años, el Congreso aprobó una ley que ordena a las empresas que cotizan en Bolsa a revelar esta diferencia entre lo que cobran los más altos directivos y sus trabajadores. No puede sorprendernos que la presión de las grandes corporaciones haya impedido que se cumpla. La SEC aún no ha aprobado los criterios con los que poner en práctica este requisito.

EEUU parece cada vez más una República del 1%

Los niveles de desigualdad son los más altos desde los años 20. Es una casualidad, o quizá no tanto, que ahora se estrene otra versión cinematográfica de El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald, publicada en 1925.

La novela permitió una curiosa combinación de literatura y economía. Alan Krueger, presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente norteamericano Barack Obama, llamó en 2012 la “curva del gran Gatsby” a la gráfica que une el coeficiente de Gini (una medida estándar de desigualdad) con la “elasticidad intergeneracional de ingresos”. En este último caso, una posición cercana al valor 1 transmite la idea de que los ingresos y la posición social de los hijos dependen por completo de los que tenían sus padres. Estados Unidos se sitúa en un lugar mucho más cercano a Latinoamérica que a los países nórdicos europeos.

La fascinación por la vida de los de arriba y la esperanza inquebrantable en que con trabajo duro se podrá llegar muy lejos han sido un elemento de cohesión social imprescindible en la sociedad norteamericana. Todo parecía posible, fuera cierto o no. Gatsby anhelaba de joven esa “luz verde” en la mansión de los Buchanan, símbolo de lo que quería alcanzar. Después, otros anhelaban poder compartir el misterio y la riqueza de Gatsby.

¿Pero es posible sentarse algún día en la mesa del 1%? Scott Fitzgerald fue en cierto modo el primero en utilizar el concepto del 99% que se ha visto estos años en tantas pancartas de denuncia de la crisis económica.

En un cuento poco conocido –Los nadadores, publicado en 1929, sólo cinco días antes del crash–, una mujer francesa ve a un grupo de alegres jóvenes norteamericanas en la playa con todo el futuro por delante. Le dice a su marido que los sueños de las chicas no son más que sueños. Casi todas quedarán decepcionadas: “Es la historia que les han contado. Y al final le ocurre sólo a una, no a 99″.

¿Llegará el momento en que el 99% vea que ese sueño es inalcanzable?

Publicado en: Global

El papel de los periodistas en las guerras de propaganda

20/10/2013 by Deja un comentario

Por Patrick Cockburn

Las cuatro guerras libradas en Afganistán, Irak, Libia y Siria durante los últimos 12 años han involucrado todas intervenciones abiertas o encubiertas en países profundamente divididos. En cada caso la participación de Occidente exacerbó diferencias existentes y empujó a partes hostiles hacia la guerra civil. En cada país, toda o parte de la oposición ha sido de combatientes yihadistas de la línea dura. Sean cuales sean los verdaderos problemas en juego, las intervenciones se han presentado como primordialmente humanitarias, en apoyo a fuerzas populares opuestas a dictadores y Estados policiales. A pesar de aparentes éxitos militares, en ninguno de estos casos la oposición local y sus patrocinadores han logrado consolidar el poder y constituir Estados estables.

Más que la mayoría de las luchas armadas, los conflictos han sido guerras de propaganda en las cuales los periodistas de la prensa escrita, de la televisión y de la radio jugaron un papel central. En todas las guerras existe una diferencia entre las noticias presentadas y lo que sucedió realmente, pero durante esas cuatro campañas se ha dejado al mundo exterior con conceptos erróneos incluso sobre la identidad de los vencedores y los derrotados. En 2001, los informes sobre la guerra afgana dieron la impresión de se había derrotado decisivamente a los talibanes a pesar de que hubo muy pocos combates. En 2003 se propagó en Occidente la creencia de que se había aplastado a las fuerzas de Sadam Hussein cuando en realidad el ejército iraquí, incluyendo las unidades de elite de la Guardia Especial Republicana, habían sido simplemente desbandadas y devueltas a casa.

En Libia en 2011 los milicianos rebeldes, mostrados tan a menudo en la televisión disparando ametralladoras pesadas montadas en camionetas en la dirección general del enemigo, tuvieron solo un papel limitado en el derrocamiento de Muamar Gadafi que fue logrado sobre todo por los ataques aéreos de la OTAN. En Siria en 2011 y 2012 dirigentes y periodistas extranjeros predijeron repetida y vanamente la inminente derrota de Bacher el-Asad.

Estas suposiciones falsas explican el motivo por el cual ha habido tantas sorpresas y cambios de fortuna inesperados. Los talibanes volvieron a levantarse en 2006 porque no estaban derrotados tan exhaustivamente como imaginaba el resto del mundo. A finales de 2001 pude conducir –nervioso pero seguro– de Kabul a Kandahar, pero cuando traté de hacer el mismo viaje en 2011 no pude ir más lejos hacia el sur por la carretera principal que la última estación de policía en las afueras de Kabul. En Trípoli hace dos años los hoteles estaban totalmente repletos de periodistas cubriendo la caída de Gadafi y el triunfo de las milicias rebeldes. Pero la autoridad del Estado todavía no se ha restaurado. Este verano Libia casi ha dejado de exportar petróleo porque los principales puertos del Mediterráneo han sido ocupados por milicianos amotinados, y el primer ministro, Ali Zeidan, amenazó con bombardear “desde el aire y el mar” los buques cisterna que los milicianos utilizaban para vender petróleo en el mercado negro.

La caída de Libia en la anarquía fue apenas cubierta por los medios internacionales, que hace tiempo se habían ido a Siria y más recientemente a Egipto. Irak, donde hace pocos años había tantas oficinas de noticias extranjeras, también ha desaparecido del mapa mediático aunque mueren hasta 1.000 iraquíes al mes, la mayoría en atentados contra objetivos civiles. Cuando llovió unos días en enero en Bagdad el sistema de alcantarillado, supuestamente restaurado por un coste de 7.000 millones de dólares, no dio abasto; en muchas calles la gente se hundía hasta las rodillas en aguas sucias y residuales. En Siria muchos combatientes de la oposición que habían luchado por defender sus comunidades se convirtieron en bandidos con licencia y facinerosos cuando tomaron el poder en enclaves en manos rebeldes.

No es que los periodistas hayan sido incorrectos desde el punto de vista de los hechos en sus descripciones de lo que habían visto. Pero el propio término de “corresponsal de guerra”, aunque no es usado con frecuencia por los propios periodistas, ayuda a explicar lo que anduvo mal. Dejando de lado sus connotaciones machistas, da la impresión errónea de que la guerra se puede describir adecuadamente concentrándose en el combate militar. Pero las guerras irregulares o de guerrilla siempre son intensamente políticas, y ninguna más que los extraños conflictos intermitentes que ocurrieron después del 11-S. Esto no significa que lo que ocurrió en el campo de batalla haya sido insignificante, sino que requiere una interpretación. En 2003 la televisión mostró columnas de tanques iraquíes destruidos e incendiados después de los ataques aéreos de EE.UU. en la principal carretera del norte de Bagdad. Si no hubiera sido por el fondo desértico, los espectadores podrían haber estado viendo fotos del ejército alemán derrotado en Normandía en 1944. Pero yo subí a algunos de los tanques y pude ver que habían sido abandonados mucho antes de que los alcanzaran. Esto era importante porque mostraba que el ejército iraquí no estaba dispuesto a combatir y morir por Sadam. También era un indicador del probable futuro de la ocupación aliada. Los soldados iraquíes no se consideraban derrotados, esperaban mantener sus puestos en el Irak de después de Sadam y se enfurecieron cuando los estadounidenses disolvieron su ejército. Oficiales bien entrenados se unieron a la resistencia, con devastadoras consecuencias para las fuerzas ocupantes: un año después los estadounidenses controlaban solo islas de territorio en Irak.

La cobertura bélica es más fácil que otros tipos de periodismo en un aspecto porque el melodrama de los eventos impulsa la historia y atrae a una audiencia. Puede ser arriesgada a veces, pero el corresponsal que habla hacia la cámara, con obuses que estallan y vehículos militares incendiados como fondo, sabe que su informe será destacado en cualquier telediario. “Si sangra se destaca” es un antiguo adagio mediático estadounidense. El drama de la batalla domina inevitablemente las noticias, pero las simplifica demasiado al revelar solo parte de lo que sucede. Esas exageradas simplificaciones fueron más que usualmente burdas y engañosas en Afganistán e Irak, cuando se mezclaban con propaganda política y satanizaban a los talibanes y luego a Sadam como el diablo encarnado, presentando el conflicto –algo particularmente fácil en EE.UU. en la atmósfera histérica después del 11-S– como una lucha evidente entre el bien y el mal. Las catastróficas deficiencias de la oposición se ignoraron.

Al llegar 2011 la complejidad de los conflictos en Irak y Afganistán era evidente para los periodistas en Bagdad y Kabul si no necesariamente para los editores en Londres y Nueva York. Pero para entonces la cobertura de las guerras en Libia y Siria demostraba una forma diferente, aunque igualmente potente, de ingenuidad. Una versión del espíritu de 1968 prevalecía: repentinamente se dijo que los antagonismos anteriores a la Primavera Árabe estaban obsoletos; un mundo feliz se estaba creando a una velocidad vertiginosa. Los comentaristas sugirieron de modo optimista que, en la era de la televisión satelital e internet, las formas tradicionales de represión –censura, encarcelamiento, tortura, ejecución– ya no podían asegurar en el poder a un Estado policial¸ e incluso podían ser contraproducentes. El control estatal de la información y la comunicación había sido subvertido por blogs, teléfonos satelitales e incluso el teléfono móvil. YouTube suministraba los medios para denunciar del modo más gráfico e inmediato los crímenes y la violencia de las fuerzas de seguridad.

En marzo de 2011 los arrestos masivos y la tortura aplastaron fácilmente el movimiento pro democracia en Bahréin. Las innovaciones en la tecnología de la información podrán haber cambiado marginalmente las probabilidades a favor de la oposición, pero no lo suficiente para impedir la contrarrevolución, como demostró el golpe militar del 3 de julio en Egipto. El éxito inicial de las manifestaciones callejeras llevaron al exceso de confianza y a la excesiva dependencia de la acción espontánea; la necesidad de dirigencia, organización, unidad y políticas que representaran más que una vaga agenda humanitaria, todo eso se ignoró. La historia –incluidas las historias de sus propios países– no tuvo nada que enseñar a esta generación de radicales y aspirantes a revolucionarios. No aprendieron las enseñanzas de lo que ocurrió en Egipto cuando Nasser tomó el poder en 1952 y no preguntaron si los levantamientos árabes de 2011 podrían tener paralelos con las revoluciones europeas de 1848, cuando las victorias fáciles fueron rápidamente revertidas. Muchos miembros de la intelectualidad en Libia y Siria parecían vivir y pensar dentro de la cámara de resonancia de Internet y tenían pocos pensamientos prácticos sobre el camino hacia adelante.

La convicción de que un gobierno tóxico es la raíz de todo mal es la posición pública de la mayoría de las oposiciones, pero es dañino confiar en la propia propaganda. La oposición iraquí creía genuinamente que los problemas sectarios y étnicos de Irak provenían de Sadam y que una vez que desapareciera todo iría bien. La oposición en Libia y Siria creía que los regímenes de Gadafi y Asad eran tan manifiestamente malos que era contrarrevolucionario cuestionar si lo que vendría después de ellos sería mucho mejor. Los periodistas extranjeros han compartido en general esas opiniones. Mencioné algunos defectos de los milicianos libios a una periodista occidental y respondió con reprobación: “Solo recuerde quiénes son los buenos”. Podrán haber sido los buenos pero había algo inquietante respecto a la facilidad con la cual aseguraban lugares favorables a los medios, sea en la Plaza Tahrir o en la línea del frente en Libia. Los manifestantes de Bengasi alzaban letreros escritos en perfecto inglés, que en su mayoría ni siquiera podían leer ellos mismos, para el bien de los televidentes. En Ajdabiya, a dos horas de la principal carretera costera al sur de Bengasi, los periodistas extranjeros a menudo excedían en número a los combatientes de la oposición, y los camarógrafos tenían que maniobrar a sus corresponsales para que no fueran demasiado evidentes para la audiencia. El principal peligro allí era ser atropellado por una camioneta portando una ametralladora pesada: los conductores frecuentemente entraban en pánico cuando un obús estallaba a la distancia. Los milicianos libios eran efectivos cuando combatían por sus propias ciudades y pueblos, pero sin una protección aérea no habrían resistido mas de unas semanas. La concentración mediática en pintorescas escaramuzas distraía la atención del hecho central de que Gadafi fue derrocado por la intervención militar de EE.UU., Gran Bretaña y Francia.

No hay nada sorprendente en todo esto. Las apariciones públicas de los dirigentes occidentales con niños sonrientes o soldados que vitorean son invariablemente ideadas para mostrarlos ante los televidentes bajo una luz simpática. ¿Por qué no deberían tener los rebeldes árabes las mismas habilidades de relaciones públicas? El problema era la forma en que los corresponsales de guerra aceptaron con tanta rapidez y publicitaron las historias de las atrocidad de la oposición. En Libia una de las historias más influentes describió la violación en masa de mujeres en áreas rebeldes por las tropas gubernamentales actuando por orden desde arriba. Una psicóloga libia afirmó que había distribuido 70.000 cuestionarios en áreas controladas por los rebeldes, de los cuales se devolvieron 60.000. Unas 259 mujeres declararon que las habían violado; la psicóloga dijo que había entrevistado a 140. El hecho de que se pudieran recoger unas estadísticas tan precisas en la anarquía de Libia oriental era imposible, pero su historia se repitió sin ninguna crítica y contribuyó considerablemente a convertir a Gadafi en un paria. Informes de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y de una comisión de la ONU diciendo que no existía evidencia de esa historia generalmente se ignoraron. Parece que fue un truco propagandístico altamente exitoso. En otra ocasión, los rebeldes mostraron los cuerpos de ocho soldados del gobierno; afirmaron que los hombres habían sido ejecutados por los suyos por tratar de desertar hacia la oposición. Más adelante, Amnistía descubrió un vídeo que mostraba a los ocho hombres vivos después de capturados por los rebeldes: evidentemente, habían sido asesinados poco después y se culpó a las fuerzas de Gadafi de esas muertes.

Los ingredientes esenciales de una buena historia de atrocidades son que debieran ser horripilantes y no refutables de inmediato. En 1990 se informó ampliamente que los soldados iraquíes invasores arrojaron de las incubadoras del hospital a los bebés y los dejaron abandonados en el suelo para que murieran. Inmensamente influyente entonces, la historia solo se desacreditó cuando resultó que la persona que afirmaba que lo había presenciado resultó que era hija del embajador kuwaití en Washington; no había estado en el hospital en aquellos días. Los periodistas podrán tener sus sospechas pero pocas veces pueden negar historias semejantes directamente. También saben que a los editores de noticias no les gusta que les digan que una noticia vívida, que sin duda será utilizada por sus competidores, sea probablemente falsa. Es fácil culpar a la “neblina de guerra” y es verdad que los combates involucran eventos confusos y acelerados, informes que no pueden comprobarse. Todos en una guerra tienen motivos importantes para dstorsionar sus logros y fracasos y usualmente es difícil refutar sus afirmaciones. No es nada nuevo. “¿Se le ocurrió alguna vez, señor, las oportunidades que ofrece un campo de batalla a los mentirosos?” dijo una vez el general confederado Stonewall Jackson a un asistente.

Ciertamente es peligroso quedarse demasiado tiempo para establecer lo que sucede en realidad cuando los combatientes se disparan unos a otros. En Siria, en junio, estaba entrevistando al gobernador de Homs, cuando inesperadamente afirmó que el ejército sirio había tomado una localidad en la frontera libanesa llamada Tal Kalakh previamente controlada por la oposición. Sugirió que fuera a verlo con mis propios ojos. La oposición decía que todavía había feroces combates y Al Jazeera informó de que surgía humo de la ciudad. Pasé tres horas conduciendo por Tal Kalakh, que ciertamente estaba bajo pleno control gubernamental, y no escuché un solo tiro ni olí o vi humo. Parte de la ciudad había sido fuertemente dañada por la artillería y las calles estaban vacías, aunque un simpatizante del gobierno afirmó que se debía a que “la gente está durmiendo siesta”.

Mientras estaba en Damasco me quedé en el distrito cristiano de Bab Touma, en el que caían obuses de mortero disparados desde distritos controlados por los rebeldes. Un amigo me llamó para decirme que cuatro personas habían muerto en un ataque suicida a algunos cientos de metros de distancia. Fui inmediatamente al lugar y vi un cuerpo bajo una sábana blanca; al otro lado de la calle había un pequeño cráter que parecía causado por la explosión de un proyectil de mortero. La televisión estatal siria afirmó continuamente que el muerto era un atacante suicida que había atentado contra una iglesia cristiana; incluso dieron su nombre. Por una vez fue posible saber exactamente lo que había sucedido: las secuencias de televisión de circuito cerrado filmadas desde la calle mostraron la caída de una bomba de mortero delineada por un instante contra la camisa blanca de un peatón. Murió al instante y le identificaron erróneamente como el atacante. La televisión siria pidió disculpas posteriormente por su error.

En cada uno de estos casos el sesgo político y el simple error se combinaron para producir una versión engañosa de los eventos, pero tuvo poco que ver con la “niebla de la guerra”. Todo lo que establece realmente es que no existe alternativa al reportaje de primera mano. Los periodistas admiten pocas veces enteramente en su interior o ante otros el grado en el que se basan en fuentes secundarias o interesadas. El problema es complicado porque gente atrapada en eventos de valor noticioso a veces se convence de que sabe más de lo que sabe realmente. Los sobrevivientes de atentados suicidas en Bagdad me describían detalladamente la expresión facial del atacante momentos antes de que detonara sus explosivos olvidando que si hubieran estado tan cerca estarían muertos. Los mejores testigos eran niños que vendían cigarrillos, que siempre estaban en busca de clientes.

En realidad, la guerra no es mucho más nebulosa que la paz, a veces menos. Los eventos serios son difíciles de ocultar porque los afectados son miles –soldados, guerrilleros y civiles– y una vez que los combates han comenzado las autoridades se vuelven cada vez menos capaces de controlar e impedir los movimientos de un periodista emprendedor. Se hace difícil guardar los secretos sobre quién controla qué territorio y quién gana o pierde. Se hace fácil encontrar informantes. En tiempos de peligro, sea en Belfast, Basora o Damasco, la gente llega a ser intensamente consciente de cualquier amenaza potencial en su vecindario: puede ser tan pequeña como una nueva cara o la llegada de una unidad militar. Un gobierno o un ejército pueden tratar de mantener el secreto prohibiendo la presencia de periodistas pero pagarán el precio a medida que el vacío de noticias se compensa con información suministrada por sus enemigos. El gobierno sirio se infligió una desventaja política al negar visas a la mayoría de los periodistas extranjeros, una política que solo recientemente comienza a revertir.

A medida que el peligro comenzó en Irak después de 2003, se propagó un rumor de que los periodistas extranjeros no eran realmente testigos presenciales porque los habían reducido a “periodismo de hotel”, ya que nunca abandonaban tres o cuatro hoteles bien fortificados. Eso nunca fue verdad, aparte de que esos hoteles eran repetidamente objeto de ataques suicidas. Los periodistas que temían abandonar su hotel tomaban la sensata precaución de no ir a Bagdad para comenzar. Solían pensar que lo más probable era que a los periodistas inexpertos los mataran o los secuestraran cuando trataban de ganar reputación tomando riesgos excesivos. Pero los corresponsales de guerra que conocía mejor y que murieron, como David Blundy en El Salvador en 1989 y Marie Colvin en Siria en 2012, eran muy experimentados. Su único error fue ir a sitios peligrosos con tanta frecuencia que existía una gran probabilidad de que un día fueran alcanzados por una bala o una bomba.

Las confusas guerras de guerrilla y los esporádicos bombardeos de artillería en guerras sin claras líneas de frente son particularmente peligrosos. En 2004, los milicianos chiíes que habían sido afectados por combates con marines estadounidenses ese mismo día casi me mataron fuera de Kufa en el Éufrates. Al sospechar de la toca local que llevaba puesta, medio decidieron que era un espía. Pero me había puesto la toca como un disfraz básico, con el fin de viajar por aldeas en manos suníes en la carretera entre Kufa y Bagdad.

La idea de que los periodistas extranjeros solo se esconden en sus hoteles en Damasco, Bagdad o Kabul es absurda. Una acusación más sustantiva es que escriben demasiado sobre tiroteos y escaramuzas, los fuegos artificiales de la guerra, mientras descuidan el cuadro más amplio que podría determinar el resultado. “Mi periódico no hace lo que llama ‘periodismo bang-bang’” me dijo por lo alto un corresponsal, explicando por qué ninguno de sus colegas estaba cubriendo de primera mano los combates en Siria. Pero el “bang-bang” importa: la guerra puede no ser explicable sin la política, pero la política no se puede comprender sin la guerra. Al principio de la ocupación de Irak fui a la central eléctrica al-Dohra en Bagdad después de que un soldado estadounidense fue asesinado allí a tiros allí y otro herido. Fue el pequeño cambio de una incipiente guerra de guerrillas, pero la aprobación de la gente del lugar mientras estaba junto a la charca de sangre seca sobre el pavimento era significativa. “Somos muy pobres pero celebraremos cocinando un pollo”, dijo un hombre. “Si Dios quiere, habrá más acciones parecidas”.

El hecho de estar empotrados con los ejércitos estadounidense y británico tuvo la desventaja de que los periodistas terminaron teniendo las mismas experiencias que los soldados y pensando de la misma manera. Es difícil no asociarse con personas importantes para la propia seguridad y con las cuales uno comparte peligros comunes. A los ejércitos les gusta el sistema de empotramiento en parte porque pueden favorecer a periodistas simpatizantes y excluir a los más críticos. Para los periodistas, a pesar de su intuición, significa a menudo perder partes cruciales de una guerra, ya que un comandante guerrillero experto atacará naturalmente cada vez que las fuerzas enemigas están ausentes o sean débiles. Cualquiera que esté empotrado con el ejército tenderá a estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. En 2004, cuando los marines de EE.UU. atacaron la ciudad de Faluya, matando a muchos insurgentes, iban acompañados por la mayor parte del cuerpo de prensa de Bagdad. Fue una victoria famosa y muy publicitada, pero lo que los medios ignoraron en gran parte entonces, fue el contraataque insurgente: la captura de la ciudad mucho más grande de Mosul en el norte de Irak, de la cual se habían retirado los soldados estadounidenses.

El cambio más siniestro en la forma de percibir la guerra proviene de lo que hace dos años parecía ser un desarrollo totalmente positivo. La televisión satelital y el uso de información suministrada por YouTube, los blogueros y los medios sociales se presentaron como innovaciones liberadoras. El monopolio de la información impuesto por Estados policiales de Siria a Egipto y de Bahréin a Túnez se había roto. Pero como ha demostrado el curso del levantamiento en Siria, la televisión satelital e internet también esparcen propaganda y odio. Las historias fraudulentas de atrocidades tienen efectos sobre una guerra: un miliciano sirio que cree que los soldados del gobierno contra los que combate tienen órdenes de violar a su mujer y a sus hijas no va a tomar muchos prisioneros.

La situación ha empeorado desde Libia. La “guerra de YouTube” que muestra atrocidades de ambas partes ha ido más allá que la verdadera guerra en Siria como una influencia sobre partidarios de los rebeldes y del gobierno. Canales satelitales como Al-Jazeera dependen de esos clips de propaganda. Muchas de las atrocidades son reales. Los rebeldes pueden ver filmes de fosas comunes de gente muerta por gas tóxico o de niños retorciéndose de dolor por quemaduras de napalm. En partes de Damasco en manos del gobierno la gente ya no sale por la noche, sino que se sienta en casa a mirar secuencias de soldados del gobierno que son decapitados o de sacerdotes cristianos y soldados alauitas a los que les cortan la garganta. Gran parte de esas secuencias son reales, pero no todas. Un corresponsal en el sudeste de Turquía visitó recientemente un campo de refugiados sirio donde encontró a niños de diez años mirando un clip de YouTube en el que ejecutan a dos hombres con una motosierra. El comentario afirmaba que las víctimas eran suníes sirios y los asesinos alauitas: en realidad la película era mexicana y los asesinatos habían sido realizados por un capo de la droga para intimidar a sus rivales.

La dieta de películas snuff ayuda a explicar la ferocidad del conflicto en Siria y el grado de odio y terror de ambas partes. También explica por qué las dos partes tienen tantas dificultades para hablar entre ellas. ¿Cómo habrían reaccionado soldados de la Unión en la Guerra Civil Estadounidense, si hubieran visto repetidamente filmes de comandantes confederados abriendo el cuerpo de un soldado muerto del ejército de la Unión para comerse su corazón?

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Washington trató de robarse 1 500 millones de dólares para pagar a sus asalariados del CNT

15/10/2013 by Deja un comentario

CON LAS MANOS EN LA MASA

Por Thierry Meyssan

El lunes 15 de agosto de 2011, Estados Unidos trató de apoderarse de 1 500 millones de dólares pertenecientes a la Yamahiria libia, robo que Sudáfrica logró impedir en el último momento. Los documentos presentados en aquel entonces, y revelados de inmediato por laRed Voltaire, demuestran que los miembros del CNT y sus funcionarios recibían salarios pagados directamente por un órgano estadounidense. Hoy les ofrecemos el artículo de Thierry Meyssan, publicado desde Trípoli el 16 de agosto de 2011, o sea al día siguiente de aquel intento de robo.

La entonces representante permanente de Estados Unidos en la ONU, Susan E. Rice.

El martes 9 de agosto de 2011, Sana Khan, secretario del Comité de Sanciones creado por la resolución 1970 del Consejo de Seguridad de la ONU, hizo llegar a los miembros del Comité un aviso emitido por la embajadora Susan Rice, representante permanente de Estados Unidos en la ONU.

En esa misiva, que la Red Voltaire ha logrado obtener [El lector puede descargarla a través del vínculo que aparece al final de este trabajo], Washington informa al Comité su intención de descongelar 1 500 millones de dólares pertenecientes al Banco Central de Libia, a la Autoridad Libia de Inversiones, al Banco Exterior de Libia, a la Cartera Libia de Inversiones en África y a la Compañía Nacional Libia del Petróleo.

Afirmando que el descongelamiento de fondos es legal cuando estos se destinan a fines humanitarios o civiles (artículo 19 de la resolución 1970 [1]), Washington anuncia en su documento su decisión unilateral de distribuir esa suma de la siguiente manera:

  500 millones de dólares para organizaciones humanitarias seleccionadas por Washington «para responder a necesidades humanitarias actuales y a las que puedan preverse, conforme al llamado de las Naciones Unidas y sus actualizaciones previsibles»;

  500 millones de dólares para «firmas de aprovisionamiento en combustible y en bienes humanitarios necesarios»;

  500 millones de dólares para el Temporary Financial Mechanism (TFM) para «pagar los salarios y gastos de funcionamiento de los funcionarios libios, gastos en alimentación, electricidad y otras compras humanitarias». De esta última cantidad, se reservarían 100 millones para destinarlos posteriormente a las necesidades humanitarias de los libios en las zonas no controladas por el Consejo Nacional de Transición (CNT), cuando este último haya establecido «un mecanismo creíble, transparente y efectivo» para su entrega.

En otras palabras, Estados Unidos informó al Comité de Sanciones su intención de apropiarse de 1 500 millones de dólares pertenecientes a la Yamahiria libia para entregar un tercio de esa suma a sus propios servicios humanitarios (la USAID y otros), otro tercio a sus propias transnacionales (Exxon, Halliburton, etc.) y el resto al TFM, que es una oficina del Libyan Information Exchange Mechanism (LIEM), que a su vez no es más que un órgano extraoficial creado por Washington y avalado por el Grupo de Contacto para administrar Libia [2].

Washington anunció además que consideraría que contaba con el consentimiento tácito del Comité de Sanciones a los 5 días de la recepción de su notificación.

Desgraciadamente, al no estar representada en ese Comité, la Yamahiria no podía oponerse a ese robo. En efecto, su anterior embajador desertó y el Departamento de Estado sigue sin conceder la visa al que debe reemplazarlo, lo cual constituye por demás una violación de las obligaciones de Estados Unidos como país que alberga la sede de la ONU.

Washington esperaba aprovechar esa coyuntura de ausencia forzosa del representante de la Yamahiria ante la ONU para apoderarse del botín. Por cierto, ya Francia abrió una brecha en ese sentido al robarse 128 millones de dólares en condiciones similares.

Fue en definitiva el representante permanente de Sudáfrica, el embajador Baso Sangqu, quien se opuso a la maniobra.

Además de la rapacidad de Estados Unidos, este increíble incidente confirma que quien gobierna la autoproclamada «Libia libre» de Benghazi y Misurata no es el Consejo Nacional de Transición (CNT). Este no pasa de ser una fachada, bastante resquebrajada por cierto. El este de Libia, bajo control de la OTAN, está siendo administrado por el Libyan Information Exchange Mechanism (LIEM), un órgano informal y sin personalidad jurídica establecido en Nápoles únicamente por Estados Unidos, a pesar de que algunos de sus empleados son italianos.

Los fondos presentados como atribuidos al CNT se entregan en realidad al LIEM, que los utiliza para pagar salarios a los miembros del CNT y sus funcionarios. Este detalle es de extrema importancia: el Consejo Nacional de Transición o CNT no tiene en realidad una política propia sino que se limita a ejecutar la política de Estados Unidos. Y esto no tiene absolutamente nada de sorprendente cuando se sabe que el CNT no surgió a raiz de los incidentes de Benghazi sino que se creó hace varios años, en Londres, como un gobierno provisional en el exilio.

Por consiguiente, el verdadero objetivo de la acción militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo no es garantizar la protección de los civiles prevista en la resolución 1973, y menos aún la «liberación de los libios», sino más bien la colonización del país.

 
       

Documentos adjuntos

Copia exacta del documento original del Comité de Sanciones de la ONU 
(PDF – 4.5 MB)

[1] «Resolución 1970 sobre Libia aprobada por el Consejo de Seguridad»,Red Voltaire, 26 de febrero de 2011.

[2] «Libia: Washington prepara su revancha», por Thierry Meyssan,Red Voltaire, 25 de julio de 2011.

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Hacia un mundo sin Estados Unidos

15/10/2013 by Deja un comentario

Por Thierry Meyssan

Thierry Meyssan ha explicado repetidamente desde estas columnas las contradicciones internas de Estados Unidos subrayando el mecanismo que debe llevar al dislocamiento de ese país. Y en este artículo se interroga sobre las consecuencias de dos acontecimientos que pueden poner en marcha el proceso de descomposición.

El Imperio estadounidense es el residuo restante e hipertrofiado de uno de los dos contendientes de la guerra fría. La Unión Soviética desapareció. Pero Estados Unidos sobrevivió al enfrentamiento y se aprovechó de la ausencia de su competidor para monopolizar el poder mundial.

En 1991, Washington debería –lógicamente– haber dedicado sus recursos a hacer negocios y a avanzar por el camino de la prosperidad. Sin embargo, después de algunas vacilaciones, en 1995 el Congreso –dominado por los republicanos – impuso al presidente Clinton su proyecto de imperialismo global votando por el rearme, a pesar de que ya no había adversario contra quien luchar. Dieciocho años más tarde, y después de haber dedicado sus recursos a una carrera armamentista en la que ya no tenía contendiente, Estados Unidos se halla hoy extenuado frente a los BRICS, que ahora se perfilan como nuevos competidores. La 68ª Asamblea General de la ONU se convirtió el mes pasado en escenario de una rebelión generalizada contra el unipolarismo estadounidense.

Según Mijaíl Gorbatchov, la caída de la Unión Soviética ya se había hecho inevitable desde 1986, cuando el Estado soviético se vio sin recursos ante el accidente nuclear de Chernobil e incapaz de proteger a su población ante aquella catástrofe. Si hubiese que establecer un paralelo, la realidad es que el Estado federal estadounidense no se ha visto aún en una situación comparable, a pesar de que las situaciones de desastre provocadas por los huracanes Katrina, en 2005, y Sandy, en 2012, y las graves carencias de diversas colectividades locales ya demostraron la incapacidad de los Estados federados.

La interrupción, por dos semanas o incluso quizás por más tiempo, del funcionamiento del Estado federal estadounidense no se debe a una catástrofe sino que es resultado de un juego político. Para ponerle fin bastaría con que republicanos y demócratas llegaran a un acuerdo. Pero, por el momento, sólo ciertos servicios, como el de los capellanes militares, han recibido una derogación para seguir funcionando. La única violación verdadera de esa interrupción ha sido la autorización para recibir préstamos durante 6 semanas. Se trata de un acuerdo exigido desde Wall Street, donde no se han registrado reacciones al cierre del Estado federal, aunque sí existía gran inquietud sobre la incapacidad de Washington para enfrentar sus obligaciones financieras.

Antes de su derrumbe, la Unión Soviética trató de salvarse recurriendo al ahorro. De la noche a la mañana Moscú puso fin al respaldo económico que aportaba a sus aliados. Comenzó por sus aliados del Tercer Mundo y pasó después a los miembros del Pacto de Varsovia. Resultado: al verse obligados a tratar de sobrevivir solos, sus aliados se pasaron al otro bando… el de Washington. Aquella deserción, cuyo símbolo fue la caída del muro de Berlín, aceleró más aún la descomposición de la Unión Soviética.

Fue evidentemente para tratar de evitar un fenómeno similar, en momentos en que Rusia triunfa pacíficamente en el Medio Oriente, que la administración Obama esperó tanto tiempo antes de suspender su ayuda a Egipto. Es verdad que, a la luz de la ley estadounidense, esa ayuda se ha hecho ilegal a raíz del golpe militar que derrocó la dictadura de la Hermandad Musulmana. Pero también es cierto que nada obligaba a la Casa Blanca a llamar las cosas por su nombre. Lo que hasta ahora hizo la administración Obama –a lo largo de 3 meses– fue evitar cuidadosamente la mención de las palabras «golpe de Estado» para seguir manteniendo a Egipto en el bando del Imperio. Y ahora, bruscamente, y sin que se haya registrado el menor cambio en El Cairo, Washington decide “cortar el agua y la luz”.

La apuesta del presidente Obama consistía en reducir el presupuesto estadounidense de manera proporcional y paulatina, para que su país pudiera evitar el derrumbe, abandonara sus extravagantes aspiraciones y se convirtiese nuevamente en un Estado como los demás. La decisión de renunciar a una quinta parte de sus fuerzas armadas fue un buen comienzo. Pero el bloqueo del presupuesto federal y la suspensión de la ayuda destinada a Egipto vienen a demostrar que ese escenario no es factible. El formidable poderío de Estados Unidos no puede disminuir armoniosamente porque puede quebrarse.

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Ginebra: Comienzan las reuniones sobre programa nuclear iraní

15/10/2013 by Deja un comentario

 

Catherine Ashton junto al ministro de Exteriores iraní Mohamad Zarif. Foto: REUTERS

Las grandes potencias e Irán han reanudado este martes en Ginebra las negociaciones sobre el programa nuclear del gobierno de Teherán por primera vez desde el ascenso a la presidencia del país persa deHasan Rohaní. Irán acudió a la mesa negociadora con una nueva propuesta cuyos detalles no han sido divulgados.

“Creemos que nuestra propuesta tiene los elementos como para marcar un punto de inflexión. Vamos en serio. No estamos aquí para perder tiempo, perseguimos con seriedad una negociación que dé resultados”, declaró a la prensa el viceministro de Exteriores iraní, Abas Araqchi, quien señaló que las partes acordaron mantener confidenciales los detalles de la propuesta. Los representantes de las seis potencias (Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Alemania) no ofrecieron comentarios.

El tono moderado del nuevo líder, síntomas de deshielo en las relaciones entre Washington y Teherán y las duras consecuencias sobre la economía iraní de la batería de sanciones occidentales han dado a las en las semanas previas a la reunión a las expectativas de avances significativos después de años de infructuoso diálogo. “Mantenemos un cauto optimismo” respeto a la posibilidad de progresos, dijo el portavoz de Catherine Ashton –la representante de Exteriores de la UE, que dirige la delegación de las seis potencias- poco después del inicio del diálogo.

La ronda negociadora fue precedida anoche por una cena entre Ashton y el ministro de Exteriores iraní, Mohamed Javad Zarif –que encabeza la delegación de Teherán- en la que se hizo patente una “atmósfera diferente” con respecto al pasado, según fuentes comunitarias. Las negociaciones, por vez primera, se están desarrollando directamente en inglés.

La presencia de Zarif, responsable de Exteriores, constituye de por sí una significativa novedad. Rohaní decidió asignar a Exteriores la cartera de la negociación nuclear, que hasta ahora gestionaba el conservador Consejo de Seguridad Nacional.

La reunión arranca además precedida por manifestaciones de optimismo –“la ventana de la diplomacia se está abriendo”, dijo el domingo el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry; “tengo la esperanza de que podamos acordar una hoja de ruta el miércoles”, señaló Zarif- e inequívocas señales de sufrimiento económico que elevan el interés iraní a buscar una solución que acerque al levantamiento de las sanciones.

Años de desencuentros y consideraciones de carácter estratégico invitan sin embargo a un prudente escepticismo a muchos diplomáticos y analistas del sector.

Aunque el cambio en la presidencia iraní –de Ahmadineyad a Rohaní- haya marcado un claro viraje en la actitud diplomática, estos señalan que el poder de decisión final sobre el programa nuclear reside –ahora como antes- en las manos del líder supremo Jameneí. Y argumentan que el cálculo estratégico según el que disponer de armas nucleares o de la capacidad de fabricarlas representa un seguro de vida para el régimen es muy radicado en el establishment iraní.

Teherán pondrá previsiblemente sobre la mesa de Ginebra una propuesta que contenga algunos avances con respeto a su anterior posición; pero es dudoso que las concesiones sean suficientes como para despejar las sospechas que Occidente nutre acerca del programa nuclear iraní y especialmente convencer de ello al Congreso estadounidense, que en última instancia tiene que aprobar el levantamiento de las sanciones. Israel presiona con fuerza para que eso no ocurra. El primer ministro israelí llamó hoy a las potencias a mantener firme su postura y a exigir un completo repliegue del programa nuclear iraní.

Las cuestiones técnicas sobre las que se negocia vierten especialmente alrededor del programa de enriquecimiento de uranio, un proceso que, hasta ciertos niveles tiene usos civiles, pero que, con mayor grado de refinamiento, permite producir cabezas nucleares. En los últimos años, Irán ha multiplicado su capacidad de enriquecimiento elevando el número de centrifugadoras a ello aptas; y también ha empezado a enriquecer uranio hasta niveles del 20%, un umbral todavía de uso civil, pero que le ha acercado significativamente al grado militar.

Occidente sustancialmente reclama mayor capacidad de inspección a las instalaciones iraníes; que Irán deje de enriquecer al 20% y entregue a algún país o entidad neutral el material ya producido –o lo convierta a formas que impiden o dificultan su ulterior procesamiento hasta niveles militares-. El objetivo es que Teherán no disponga de suficiente stock para armar –si hubiese la voluntad- una bomba. También hay presiones para que se reduzcan el número de centrifugadoras operativas y se cierre una planta subterránea –la de Fordow, cerca de Qom, al sur de Teherán- que por sus características es muy difícil de atacar. Irán solo tiene una central nuclear civil, construida por Rusia, que difícilmente justifica un programa masivo de enriquecimiento de uranio.

Irán mantiene que es su derecho enriquecer uranio y que solo lo hace con intenciones civiles. Uno de los negociadores iraníes ha señalado el domingo que la entrega de material es una “línea roja”, pero debería haber flexibilidad en materias de inspecciones y del futuro ritmo y nivel de enriquecimiento.

Optimismo y escepticismo conviven en un proceso que, sin duda, se halla aquí en Ginebra ante una oportunidad única de encarrilarse en una senda pacificadora.

Publicado en: Global

Los ejércitos secretos de la OTAN (XIV) La guerra secreta en Noruega

07/10/2013 by Deja un comentario

Por:  Daniele Ganser

Noruega es el único Estado miembro del Gladio que llegó a ordenar la realización de un estudio oficial sobre la red de «resistencia anticomunista». Pero el estudio no debía ir más allá del año 1970 para no poner en peligro el sistema. Noruega convenció así a su opinión pública de que era el Estado noruego, y no la OTAN, quien controlaba el ejército secreto. Una manera de legitimar su existencia y de enterrar el asunto.

En abril de 1940, los ejércitos de Hitler invadieron Noruega y la ocuparon durante 5 años, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Como en otros países de Europa Occidental, el trauma de aquella experiencia modificó la noción de seguridad de los noruegos y llevó a la creación de una red stay-behind después del fin de la guerra. Los noruegos que construyeron esa organización en su mayoría habían visto como las tropas alemanas barrían sus desorganizadas redes de resistencia y temían que la guerra fría desembocara en una invasión soviética. «No se trataba de saber si había o no que instaurar una organización stay-behind en Noruega sino de fijar un calendario para las operaciones», explican Ronald Bye y Finn Sjue, dos autores especialistas del Gladio noruego, al describir cómo se pensaba en aquella época.

La propia OTAN había convertido la creación de la red en una prioridad. Si bien la señal de inicio no se dio durante el periodo 1947/1948, fue ciertamente en 1949, en el momento de la adhesión a la OTAN, que comenzó el proceso de creación de la red stay-behind en Noruega. En efecto, para ser admitido en la alianza atlántica, el país aspirante tenía que dotarse previamente de instrumentos de «guerra no convencional o haber tomado medidas en ese sentido», explican Bye y Sjue, quienes refieren la existencia de un documento sin fecha titulado Directiva OTAN/SACEUR sobre la guerra no convencional. [1]

Vilhelm Evang (1909-1983)

Vilhelm Evang, quien dirigía los servicios secretos noruegos después de finalizar la guerra, y Jens Christian Hauge, el primer ministro de Defensa de la Noruega de postguerra, fueron los artífices –simultáneamente– de la construcción de la redstay-behind y de la creación del Norwegian Intelligence Service (NIS). Evang, un científico nacido en Oslo, se había unido al pequeño servicio de inteligencia noruego en el exilio de Londres, en 1942. Hauge, por su parte, había dirigido la resistencia militar durante la ocupación alemana. A su regreso a Noruega, en 1946, Evang creó el NIS, órgano que dirigió durante 20 años. La comunidad de inteligencia estadounidense desconfiaba de Evang debido a su notoria simpatía por los partidos de izquierda y porque había sido miembro del movimiento «Mot Dag» en los años 1930.

En 1966, Evang tuvo que abandonar el servicio a causa del caso Lygren [2]. Para suavizar su salida del servicio, el ministro de Defensa lo asignó al cuartel general de la OTAN en Francia con el cargo de Representante Militar Nacional. Allí sirvió hasta 1969, primeramente en París y posteriormente en Bruselas. Finalmente se jubiló y murió en 1983, a los 74 años.

Durante su estancia en Londres, Evang estableció estrechos contactos en el seno de la comunidad de inteligencia británica. Al igual que varios oficiales del MI6, estaba convencido de que Noruega no debía ser nuevamente víctima de una ocupación enemiga sin haberse preparado antes para ello. En el marco de la creación de la red stay-behind, Evang se reunió, en febrero de 1947, con un agente del MI6 que disponía de «sólidos contactos en la Defensa y en el ejército» –es posible suponer que este agente fuese en realidad el director del MI6 en persona, Sir Steward Menzies– a quien Evang presentó el proyecto stay-behind para Noruega. Evang y Menzies estaban convencidos de que la Unión Soviética y la expansión del comunismo eran amenazas reales. «Esas consideraciones llevaron a los ingleses a interesarse de cerca por las estrategias de defensa en los países ocupados por el enemigo», escribió Evang en su diario.

«Parece que los Países Bajos, Francia y Bélgica se han dado a la tarea de concebir la organización de un ejército clandestino siguiendo un modelo más o menos definido.» [3]

Junto al MI6 británico, la CIA estadounidense también participó activamente en el proceso que condujo a la creación del ejército secreto noruego. Ya en 1946, Evang envió al mayor Kaj Martens a Nueva York para establecer contactos con la inteligencia estadounidense. Posteriormente, en 1947, ya en vísperas de la creación de la CIA, Evang viajó personalmente a Estados Unidos, probablemente para discutir sobre la guerra clandestina con Frank Wisner, el director de la Oficina de Coordinación Política de la CIA (OPC), encargado de la constitución de las redes stay-behind en Europa Occidental. Al igual que en Italia, la CIA suplantó al MI6 a medida que iba creciendo el poderío estadounidense y que se debilitaba el Imperio británico. «La cooperación con Estados Unidos era, ampliamente, el aspecto más desarrollado de las relaciones exteriores del NIS», observa el investigador noruego Olav Riste [4]. Representantes de los servicios secretos noruegos, británicos y estadounidenses se reunieron en Londres, en 1948, para coordinar sus operaciones secretas. Un memorándum de los servicios de inteligencia relata que se decidió entonces:

«establecer en Noruega un aparato encargado de transmitir información de inteligencia por radio o a través de cualquier otro medio de comunicación al cuartel general aliado situado dentro o fuera de las fronteras del territorio nacional, en caso de ocupación parcial o total de este último.»

Esa nota de servicio subraya que el NIS tenía el orgullo de anunciar, a la CIA y al MI6, que en el marco de una operación bautizada comoSATURN ya se había creado un ejército secreto con esas características.

«El coronel Evang pudo informar a nuestros aliados que un aparato capaz de garantizar tales funciones se hallaba casi en estado operativo y a su disposición.» [5]

Un agente de la inteligencia noruega, Alf Martens Meyr, estaba a cargo de garantizar el enlace con la CIA. Por cierto, la CIA le pagaba y, según el ex agente de los servicios secretos Christian Christensen, incluso «dirigió la mayoría de las operaciones de la inteligencia noruega durante los años 1950 y 1960» [6]. «También se supo que Martens Meyer y sus colaboradores mantenían contactos regulares con agentes secretos de la CIA y del MI6 en las embajadas de Estados Unidos y de Gran Bretaña en Oslo», escribieron los periodistas Bye y Sjue en los años 1990 [7].

Como en otros países, la principal inversión del ejército secreto era la compra de radiotransmisores. En mayo de 1948, Evang envió al ministro de Defensa Hauge una carta confidencial en la que pedía fondos para la compra de 50 radiotransmisores para el stay-behindnoruego. «Los radiotransmisores serán depositados en lugar seguro y serán utilizados únicamente si ciertas partes del territorio son invadidas por una potencia extranjera», especificaba Evang. Y también subrayaba que el ejército secreto creado bajo la égida de la OTAN podía activarse en el país, incluso sin que se produjese la supuesta invasión, ante la hipótesis de un golpe de Estado de parte de los comunistas noruegos:

«En caso de golpe de Estado interno, los transmisores individuales podrán activarse con una autorización especial del Estado Mayor.»

Evang indicaba que «los preparativos de la creación de la red están muy avanzados» y precisaba, al referirse a los operadores de los sistemas de radio:

«proyectamos reclutar individuos que no participaron en ese tipo de actividades clandestinas durante la última guerra y que no están identificados como operadores de radio.» [8]

El ministro de Defensa se quedó encantado con aquellas noticias sobre la operación altamente secreta y respaldó el pedido de fondos [9].

Al referirse a las funciones internas del ejército secreto, Evang explicaba a Hauge cómo se había hecho la selección de los grupos de personas que trabajaban en ciertas industrias, con el consentimiento de industriales noruegos y bajo la supervisión del NIS, para entrenarlos, situarlos como centinelas y luchar así contra «las actividades subversivas de las quintas columnas (comunistas) en ciertos sectores». En octubre de 1948, probablemente consciente del peligro que podían representar aquellos grupos armados privados sobre los que no existía ningún tipo de control parlamentario, Evang presentó al ministro de Defensa un informe en el que precisaba que los grupos se componían de colaboradores leales y disciplinados.

Cuando Noruega ratificó el Tratado del Atlántico Norte, en abril de 1949, se imprimieron afiches especiales que denunciaban las maniobras de las quintas columnas y se expusieron en todos los locales del ejército. Aquellos afiches exhortaban a los oficiales a colaborar con la policía y con los servicios secretos en el marco de medidas preventivas contra agentes de las «quintas columnas», a los que se definía como «noruegos o extranjeros que realizan, por cuenta de una potencia extranjera, actividades ilegales de inteligencia, actos de sabotaje, asesinatos, etc… en el territorio nacional». Después de la entrada de Noruega a la OTAN, se hicieron listas de ciudadanos noruegos y de extranjeros a los que había que arrestar y encarcelar en caso de crisis, listas conservadas por la Policía de Seguridad. [10]

Jens Christian Hauge (1915-2006). Jefe de la red de resistencia Milorg durante la Segunda Guerra Mundial. Era miembro de la OSS (servicio de inteligencia estadounidense). Después de la guerra fue ministro de Defensa (de 1945 a 1952) y ministro de Justicia (en 1955). Tuvo un papel importante en el abastecimiento destinado al programa nuclear israelí y en la entrada de Noruega a la OTAN. Prosiguió su carrera en la industria de defensa y energía, donde dirigió la firma Statoil. Fue miembro del Grupo de Bilderberg.

Hauge había sido nombrado ministro de Defensa en 1945. Aunque sólo tenía 30 años en el momento de su nominación, esta se explica por el importante papel que Hauge había tenido en la Resistencia. Hauge era un ferviente partidario del ejército stay-behind. Al exponer al parlamento su plan para la reconstrucción de las fuerzas armadas de Noruega, en el otoño de 1946, declaró:

«Sabemos, gracias a nuestra experiencia adquirida durante la guerra, que la decisión para continuar el combate, incluso después de la derrota y la ocupación, es un elemento esencial de la estrategia de defensa de un pequeño país como el nuestro.» [11]

Hauge decidió que la principal estación de radio que el NIS utilizaba en la región de Oslo debía servir de principal canal de comunicación para la red stay-behind noruega y ordenó la instalación de una estación de reserva en el interior del país.

El 25 de octubre de 1948, el ministro de Defensa impuso una directiva gubernamental que establecía oficialmente la existencia del stay-behind en Noruega. Aquel mismo mes, en una carta altamente secreta dirigida al jefe del Estado Mayor –el general de división Ole Berg–, Hauge ordenaba al general pasar al nivel de preparación «FO 4». El general Berg sabía exactamente de qué se trataba. Durante la Segunda Guerra Mundial, «FO 4» era el nombre de la sección del Alto Mando militar noruego en el exilio que se encargaba de preparar y ejecutar operaciones de sabotaje y otras misiones clandestinas realizadas conjuntamente con el SOE británico en territorio ocupado. La orden de Hauge precisaba:

«Las autoridades noruegas libres deben ser capaces de organizar acciones de sabotaje y de guerrilla contra objetivos militares estratégicos en las zonas de Noruega susceptibles de ser temporalmente ocupadas por el enemigo (infraestructuras industriales y de comunicación, almacenes militares, unidades, etc…»

«Esas medidas deberán ser imperativamente integradas a la lucha armada en Noruega. El aparato debe, por lo tanto, ser mantenido con un alto nivel de preparación en tiempo de paz.» [12]

Basándose en su propia experiencia, Hauge optó por pequeñas unidades operacionales de 2 a 4 hombres que debían disponer de escondites secretos de armas de fuego, explosivos, radiotransmisores y equipamiento diverso. Los guerreros de la sombra debían reclutarse entre los miembros del ejército noruego y la Guardia Nacional. Debían tener imperativamente un buen conocimiento de su zona de operaciones. Los veteranos de la resistencia militar noruega sólo debían intervenir como instructores ya que podían ser fácilmente identificados y eliminados por un invasor que dispusiese de informantes locales. En función de lo quería Hauge, una red radial independiente y secreta debía garantizar la comunicación en el seno del stay-behind. La operación SATURN avanzó rápidamente y se alcanzó enseguida el nivel de preparación FO 4. A partir de aquel momento el stay-behind noruego fue rebautizado como «Rocambole», nombre abreviado como ROC. «La “filosofía” subyacente de la red ROC era la herencia de las lecciones aprendidas, sólo años antes, durante la ocupación alemana», resumió el historiador Olav Riste. [13]

En septiembre de 1952, el ministro noruego de Defensa hizo una declaración sobre el ejército secreto que confirmaba la definición y funciones de la red stay-behind en Noruega. La nota de servicio especificaba:

«Rocambole es una organización militar rigurosamente secreta, bajo el mando directo del comandante en jefe de la Defensa (del estado mayor), cuyo papel es efectuar misiones específicas de particular importancia militar en territorio noruego en caso de ocupación de este.»

«Es imperativo que cada una de las acciones emprendidas obedezca a una orden directa del jefe del estado mayor y que sea realizada por un pequeño número de elementos aguerridos especialmente organizados, entrenados y equipados para esa misión.»

En caso de guerra, ROC tenía, según el documento del ministerio de Defensa, que desempeñar 3 tareas:

« 1- Destrucción de blancos materiales mediante explosivos o por otros medios.

2- Protección temporal de las instalaciones y vías de comunicación en el marco de la liberación de determinada región.

3- Otras misiones como la organización de grupos clandestinos más importantes, recepción de personal y de material aerotransportados, [misiones de] reconocimiento, tareas específicas de inteligencia, acciones de guerrilla, asesinatos, etc.» [14]

Aunque no se mencionaban en el citado documento, las operaciones de vigilancia interna «en caso de golpe de Estado», como las imaginaba Evang, o las misiones «tendientes a contrarrestar las actividades subversivas de las quintas columnas (comunistas)» debían muy probablemente formar parte de las atribuciones del ejército secreto.

En 1950, el ROC instaló su cuartel general en un edificio de Smestad y se diseminaron escondites de armas a través de todo el país mientras que se retenía un bunker perteneciente al gobierno, situado en la calle Cort Adeler en el centro de Oslo, para almacenar allí el equipamiento de la organización. Jens Nordlie, quien había luchado en la Resistencia junto al ministro Hauge, fue seleccionado para ser el primer jefe del stay-behind en Noruega. Ya en 1949, Nordlie se había reunido en Londres con varios responsables del MI6, con los que había acordado acelerar la constitución del ejército secreto ROC y confirmado el objetivo de «crear antes de fin año 15 unidades de 5 hombres» [15]. Los británicos le habían dado todo el equipamiento necesario, lo cual incluía principalmente radiotransmisores y explosivos. En caso de guerra y ocupación de Noruega, Gran Bretaña debía servir a la red stay-behind de base de retaguardia. Parece que los noruegos estuvieron al principio algo renuentes a entregar así a los británicos los nombres de todos los agentes del ROC, lo cual equivalía a poner la organización bajo control extranjero.

El ROC también colaboraba muy estrechamente con la CIA. Con el consentimiento del ministro de Defensa, los cuadros del ejército secreto se reunían regularmente con el estadounidense Harold Stuart, miembro del Consejo de Seguridad Nacional. Intercambiaban información y dinero y sería razonable pensar que la CIA también tenía en su poder la lista de agentes del ROC [16].

Un informe solicitado a finales de 1949 muestra que 9 jefes de unidades y 7 operadores de radio ya habían terminado su formación. Los escondites estaban preparados con suficiente armamento y equipamiento como para garantizar a los grupos clandestinos 12 meses de autonomía. En 1952, la red ROC disponía de 32 unidades de 5 miembros cada una y los planes preveían llegar a un mínimo de 40 unidades, o sea un núcleo de 200 hombres. Hauge agradeció a Nordlie los progresos alcanzados pero se preguntaba si no había demasiadas unidades ROC estacionadas en el extremo norte del país, sobre todo en la región de Finnmark, limítrofe con la Unión Soviética. En marzo de 1952 escribió a Nordlie:

«Es probablemente para servir intereses extranjeros, por ejemplo, con la perspectiva de ataques aéreos contra la Unión Soviética a través del Finnmark, que estamos tan fuertemente implantados en esa región.»

«Si tenemos en cuenta el interés más general del ROC, tengo tendencia a pensar que podríamos obtener resultados mucho mejores en el sur de Noruega. Siguiendo esa lógica, deberíamos tener cuidado de no malgastar nuestros recursos asignando demasiadas tropas al Finnmark.» [17]

El ministro de Defensa sabía muy bien el interés estratégico que tenía el norte de Noruega para Londres y Washington. En efecto, durante todo el periodo de la guerra fría, Noruega vigiló 192 kilómetros de frontera con la URSS, en una región muy despoblada y helada durante la mayor parte del año. A los ojos de la OTAN, el país tenía una importancia estratégica comparable a la de Turquía en el sur ya que se extendía hacia el este más allá de la neutral Finlandia y se hallaba por ende más cerca de Moscú que cualquier otro país de la alianza. Podía, por lo tanto, servir de puesto de escucha y de base para el despegue de los aviones espías de la CIA y, al menos teóricamente, para los bombarderos de la OTAN, como indicaba Hauge en su carta. Pero, para el ministro de Defensa, los preparativos para la resistencia ante una invasión extranjera eran más útiles en el sur del país, más densamente poblado.

Hauge no estaba enteramente satisfecho con la manera como se financiaba el ejército secreto. Estimaba que Noruega estaba asumiendo una parte demasiado importante de los costos. Según los términos del acuerdo entre las tres partes implicadas en la creación de la red ROC, Estados Unidos y Gran Bretaña debían proporcionar gratuitamente los equipos de radio mientras que Noruega pagaba el 50% del resto del material y corría con los gastos del entrenamiento de sus combatientes. Hauge llegó a la conclusión de que

«en esas condiciones, las operaciones del ROC servian más los intereses de los Aliados que los de Noruega» [18].

El ministro de Defensa calculó que su país estaba pagando en realidad dos tercios de los gastos que ocasionaba la organizaciónstay-behind mientras que la CIA y el MI6 financiaban el resto. Pero se dio cuenta sobre todo de que los gastos del ROC representaban más de la mitad del presupuesto total del NIS, el servicio de inteligencia noruego. Así que, en una nota sin fecha de 1950, sugirió que, además de los equipos de radio, Estados Unidos y Gran Bretaña –que tanto interés parecían tener en aquella red stay-behind noruega– deberían asumir también la totalidad del costo de todo el equipamiento. Como compensación, Noruega se encargaría de pagar por sí misma a los agentes del ROC y se encargaría también del entrenamiento. Parece que Washington y Londres aceptaron aquella sugerencia de Hauge porque a partir de entonces se redujo la factura de los noruegos. Para el año 1952, el costo total de funcionamiento de la red Rocambole se elevó 1 500 millones de coronas, monto que se dividió a partes iguales entre los 3 servicios implicados: el NIS, la CIA y el MI6. Los costos anuales parecen haberse estabilizado posteriormente porque 13 años más tarde, en 1965, la tercera parte que debía Noruega se elevaba a 600 000 coronas [19].

Como en los demás países de Europa occidental, la información sobre el ejército secreto anticomunista llegaba solamente a las personas estrictamente implicadas. Durante la creación de ROC, varias reuniones internas se desarrollaron, al menos una por semana, en presencia del director Jens Nordlie y a menudo también en presencia de Evang, el jefe del NIS. A partir del final del otoño de 1950, los representantes locales de la CIA y del MI6 participaron también en esas conferencias. Los contactos con el ministro de Defensa seguían siendo muy ocasionales y casi siempre en forma de discusiones informales entre este último y Evang o Nordlie. Ni siquiera la policía noruega, comparable al FBI estadounidense, fue informada de la existencia de la red stay-behind y, al igual que en todos los demás países implicados, el parlamento –representante del pueblo noruego– nunca oyó hablar de aquel ejército secreto [20].

En octubre de 1951, durante una de las reuniones del ROC, se habló de la transmisión de la información al ministro de Defensa así como a Londres y Washington. Nordlie sugirió presentar a Hauge solamente un breve resumen de las actividades del stay-behind noruego a intervalos regulares «porque seguramente que él está ya tan sobrecargado de trabajo que no tiene tiempo de leer un informe tan detallado» [21]. Se decidió entonces que la CIA y el MI6 recibirían regularmente informes detallados sobre el ejército secreto, sobre todo para que los servicios secretos anglosajones pudieran tener una idea de «la seriedad y el profesionalismo desplegado en la distribución de unas 30 toneladas de material». Sin embargo, el ministro Hauge solamente tendría acceso a los informes íntegros si lo pedía expresamente, si no tendría que conformarse con un resumen. En enero de 1952, Hauge presentó su renuncia. Se ignora hasta dónde fueron informados sus sucesores en el ministerio de Defensa sobre la altamente secreta red ROC [22].

En abril de 1949, 12 países –entre ellos Noruega– firmaron el Tratado del Atlántico Norte. En lo adelante, la acción del ejército secreto noruego fue estrechamente coordinada por el departamento de Operaciones Especiales de la alianza atlántica. Los archivos del ministerio de Defensa de Noruega sobre el ROC confirman que en agosto de 1951, el comandante supremo de la OTAN en Europa (SACEUR) creó el CPC, o sea el comité encargado de planificar las operaciones clandestinas y de dirigir la red stay-behind europea [23].

En abril de 1952, al director del NIS Evang se le informó que el SACEUR había ordenado al CPC convocar a los representantes de los servicios secretos de los países miembros [de la OTAN]. Como todos los jefes de los servicios de inteligencia europeos, Evang recibió por lo tanto una invitación a viajar a París el 7 de mayo para participar en una reunión de información sobre la situación de la redstay-behind y una discusión sobre las relaciones entre el ROC y el CPC, posiblemente en presencia del SACEUR de aquel entonces, el general estadounidense Matthew Ridgway.

Antes de la reunión, Evang se puso en contacto con su homólogo de Dinamarca para definir una posición común ante los temas que pensaban que iba a plantearles la OTAN. Se pusieron de acuerdo en que harían saber claramente al CPC que los ejércitos secretos ROC y Absalón intervendrían únicamente «ante la posibilidad de una ocupación total o parcial y duradera». Estaba totalmente excluido que se utilizara la organización en el marco de lo que Evang llamaba el «combate normal», definición vaga con la cual se refería quizás a la agitación política interna o a posibles proyectos de golpe de Estado [24]. A Evang le preocupaba especialmente la amenaza que podía representar para la soberanía de Noruega un CPC bajo control estadounidense, preocupación que reflejó en las notas que tomó durante aquella reunión:

«Se decidió además que el stay-behind sea ante todo un instrumento a la disposición de los gobiernos nacionales, donde quiera que estos se encuentren, y que su función primaria era constituir un núcleo con vista a reconquistar zonas provisionalmente abandonadas al enemigo.»

En los escritos del noruego [Evang] también puede leerse:

«Somos nosotros quienes tenemos que garantizar que en último lugar sean efectivamente los respectivos gobiernos quienes ejerzan el control [sobre los ejércitos secretos]. Es evidente que eso sólo será posible mediante el control de las comunicaciones y si la identidad de los operadores es totalmente desconocida para todos, con excepción de un pequeño número de responsables en el país interesado. Ese punto de vista no debe sin embargo ser expresado en las reuniones internacionales.» [25]

En noviembre de 1952, el puesto de mando de las operaciones de guerra secreta de la OTAN –CPC– sometió a la aprobación de los jefes de los servicios secretos nacionales un documento que enumeraba toda una serie de actividades de «guerra no convencional» que los servicios de inteligencia y los ejércitosstay-behind debían realizar a nivel nacional encargándose de garantizar su planificación y preparación. En tiempo de paz, especificaba el documento, el CPC asumiría el papel de coordinador, en estrecha colaboración con el SACEUR. Durante la «fase de acción», que estipulaba probablemente varios niveles de alerta –desde el golpe de Estado interno hasta la invasión del territorio por los soviéticos–, el SACEUR asumiría el mando de las secciones de los servicios secretos nacionales puestas a la disposición de la OTAN, entre las que se hallaban las redes stay-behind. Los representantes de Noruega temían que su ejército secreto se convirtiera en un instrumento de Washington o de Londres, así que el NIS insistió en lograr que el gobierno de Oslo conservara «el derecho a encargarse de la situación política en Noruega bajo cualquier circunstancia» así como «el derecho soberano de supervisar y dirigir el esfuerzo de guerra clandestino que juzgase necesario para conservar el control político en Noruega». [26]

La mayoría de los agentes de los servicios secretos noruegos no podían aceptar la idea de la presencia de un ejército secreto de la CIA en su país bajo la autoridad de un SACEUR estadounidense. Lo anterior se pone de manifiesto en una nota interna del NIS fechada en enero de 1953:

«Durante la última guerra, el gobierno noruego se refugió fuera de las fronteras del país, pero siempre conservó sus poderes constitucionales y pudo así ejercer sus funciones gubernamentales a pesar de la ocupación enemiga.

Basado en esa experiencia, el gobierno noruego tiene la intención de conservar la dirección política del país, incluso en las zonas ocupadas.»

Esto demuestra que la idea de que el SACEUR estadounidense, o sea el comandante supremo de las fuerzas de la OTAN [que siempre ha sido un militar estadounidense. Nota de RV.], asumiese el control del ejército secreto noruego en caso de crisis era ampliamente impopular. El memorándum del NIS señalaba lo siguiente:

«El principio de una subordinación del movimiento de resistencia a un general estadounidense y a un grupo internacional de oficiales provocaría un escándalo en el país si llegara a divulgarse antes de una posible ocupación; después de una invasión, sería un argumento de peso para la propaganda enemiga». [27]

A pesar de las reservas expresadas por Oslo en aquel momento, la CIA y el MI6 desarrollaron al cabo de los años una influencia considerable sobre el ejército secreto noruego. En 1955, Harbitz Rasmussen, alto responsable del ROC, dirigió al director del NIS –Evang– una nota informándole que copias de los expedientes personales de los agentes de Rocambole habían llegado a Londres y Washington. Además, la CIA y el MI6 habían obtenido también toda la información necesaria para comunicarse por radio con las redesstay-behind y controlarlas. Rasmussen, quien deploraba tal situación, subrayaba que aquellos datos estaban en sobres sellados y sugería a Evang que emprendiese un trámite tendiente a recuperar aquellos sobres y ponerlos bajo «control estrictamente noruego» en Londres y Washington, en las embajadas de Noruega en ambas capitales. [28]

No se sabe, porque no se han hallado pruebas de ello, si Evang logró tal cosa o no. Lo que sí se sabe con toda certeza es que la confianza del propio Evang en Estados Unidos cayó en picada en 1957, lo cual provocó una grave crisis entre el NIS noruego, por un lado, y la CIA y la OTAN, dominada esta última por Estados Unidos. Evang se enteró aquel año de que un miembro estadounidense del cuartel general de las Fuerzas de la OTAN en el norte de Europa «mostraba gran interés por la inteligencia militar en general y había traducido en su servicio datos sobre ciudadanos noruegos, específicamente sobre pacifistas y personas que se oponen a la OTAN». Las autoridades noruegas arrestaron a aquel ciudadano estadounidense y descubrieron que el mismo individuo había espiado también a altos representantes del Estado, actividad de la cual rendía cuentas a un oficial del SHAPE. Aquella nueva provocación encolerizó a Evang, quien exigió entonces que se abordara el tema como cuestión prioritaria en la próxima reunión del CPC en París, el 19 de noviembre de 1957.

Fue por lo tanto en un clima particularmente tenso que los directores de los servicios secretos europeos se reunieron aquel día en la avenida Deloison, en el parisino barrio de Neuilly. El coronel Blaer, oficial británico encargado de presidir la reunión, abrió el encuentro explicando que el NIS «estaba extremadamente preocupado por ciertos actos de los agentes de Kolsas. Eso concierne a SB [stay-behind], Psywar [guerra sicológica] y el contraespionaje.» Evang tomó entonces la palabra y lanzó una severa advertencia a la OTAN:

«Todo iba bien hasta que supimos, el año pasado, que agentes deAFNORTH seguían trabajando en los programas Psywar y E&E (Evasión y Escape) y que, en ese marco, hacían también listas negras de personalidades influyentes».

Después de esa explicación, Evang señaló:

«Para que altos personajes de la sociedad noruega aparezcan en tales listas tiene que haber algún problema en algún lugar. También mi gobierno toma este asunto muy en serio y he recibido la orden de no participar en ningún programa internacional si han de mantenerse tales acciones.»

Evang estaba realmente preocupado y advirtió que Noruega abandonaría el CPC si la OTAN insistía en violar clandestinamente la soberanía de sus miembros.

«En lo que concierna a Noruega, nuestro interés por el programa del CPC como tal ha venido disminuyendo constantemente desde 1954 ya que no le vemos ningún futuro. Nuestra concepción es desarrollar una red stay-behind destinada a ser utilizada en nuestro territorio para liberarlo en caso de ocupación» [29].

El brigadier Simon, responsable del Departamento de Proyectos Especiales del SHAPE y del CPC trató de tranquilizar a los representantes noruegos. Pronunció un desmentido clásico y convincente donde admitía que el estadounidense en cuestión había trabajado para una sección de los Proyectos Especiales pero negó que hubiese actuado así por orden de sus superiores. Evang sostuvo que él no estaba en un error y dejó planear la amenaza noruega de retirarse del CPC hasta tanto la situación no regresara a la normalidad. La OTAN y la Casa Blanca se sorprendieron cuando lo vieron concretar su amenaza. Varios altos responsables de la alianza atlántica le escribieron tratando de convencerlo de que trajera nuevamente al NIS a la mesa del CPC. El 14 de octubre, Evang se reunió con un general estadounidense que finalmente logró convencerlo. Sin embargo, para volver al Comité, Evang exigía una carta de excusa con los siguientes puntos:

« a) el asunto tenía que haber sido resuelto,

b) el SHAPE prometía poner fin a toda actividad de ese tipo,

c) el CPC tenía que pedir el regreso de Noruega» [30].

Al recibir Noruega dicha carta, su red ROC se reincorporó al comité director de la red stay-behind poniendo fin así fin a la crisis.

¿Representa un importante riesgo para la seguridad de un país el hecho de aceptar en su territorio la presencia de un ejército secreto dirigido en parte por sus propios servicios secretos militares y en parte por potencias extranjeras con intereses propios y muy específicos vinculados a los objetivos de la guerra fría? O, por el contrario, ¿garantiza ese tipo de ejército la seguridad del Estado ante las amenazas que pueden pesar sobre él? Esas eran las preguntas que quitaban el sueño a los comandantes de la red stay-behindnoruega durante la guerra fría y también las que plantearon una buena cantidad de observadores en Europa a raíz de la revelación de la existencia de la organización clandestina, en 1990. El éxito de la operación dependía de una confianza total en la integridad y la lealtad de quienes financiaban aquello: Estados Unidos y el Reino Unido. «¡Tenemos que confiar en nuestros aliados!», aconsejaba el comandante stay-behind noruego Sven Ollestad, incluso después de la crisis del CPC. Pero las operaciones de desestabilización y manipulación política que la CIA y el MI6 realizaban en el marco de la guerra fría y más allá de esta llevaban a ciertos responsables noruegos a desconfiar.

«La atmósfera era tensa» en el cuartel general del stay-behindnoruego en Oslo, que se hallaba en la intersección de Gronlandsleiret y Platous Gate, según cuentan los historiadores Bye y Sjue, cuando se discutió sobre el control total e independiente que los aliados querían ejercer sobre la red clandestina. Pero

«el jefe, el teniente coronel Sven Ollestad, ya se había formado su propia opinión sobre el asunto y había ordenado transmitir al MI6 el código de seguridad nacional que permitía activar el conjunto de la red stay-behind».

Al renunciar de aquella manera al control del ejército secreto noruego se acababa de renunciar a toda una parte de la soberanía nacional, lo cual provocó una ola de «enérgicas protestas de parte de los más cercanos colaboradores [de Ollestad]». Protestas que fueron ignoradas [31].

En el agitado contexto del fin de los años 1960, caracterizado por el «flower power», los movimientos no violentos, las protestas estudiantiles y las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, los periodistas noruegos tenían tendencia a poner en duda la palabra de Estados Unidos. Y en diciembre de 1967 publicaron un documento interno de la OTAN altamente secreto y no fechado.

«En caso de desórdenes internos que puedan obstaculizar la misión de las tropas estadounidenses, como una insurrección militar o un amplio levantamiento popular contra el gobierno del país que las acoge, [el ejército estadounidense] debe recurrir a todos los medios para poner fin a esos desórdenes con el uso de sus propios recursos.»

Aquel documento se refería especialmente a Europa Occidental y, en particular, a Noruega, Grecia, Turquía, Alemania Occidental, Francia, Italia, los Países Bajos, Luxemburgo y Dinamarca. Estados Unidos temía que las grandes manifestaciones contra la guerra de Vietnam llevaran a los gobiernos y pueblos de los países de Europa Occidental a volverse en su contra y a convertirse en una amenaza para el trabajo de las fuerzas estadounidenses y la OTAN. Firmado por el general estadounidense J. P. McConnell, vicecomandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, el documento explicaba bastante sutilmente que, en ciertas circunstancias particulares, Estados Unidos podía verse llamado a intervenir en un país europeo miembro de la OTAN para poner fin a desórdenes internos, incluso sin el consentimiento del gobierno de dicho país:

«Si esas acciones resultasen insuficientes, si el gobierno en cuestión pidiese ayuda o si el comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Europa llegase a la conclusión de que el gobierno es incapaz de poner fin a los desórdenes, entonces las tropas estadounidenses podrán tomar las medidas que él crea necesarias, por iniciativa propia o en cooperación con el gobierno interesado». [32]

Queda por precisar si aquellas operaciones implicaban la intervención de los ejércitos stay-behind bajo el mando de la OTAN.

Aquella muestra del desprecio de la Casa Blanca y del Pentágono por la soberanía de las naciones extranjeras no pudo menos que fortalecer la desconfianza de varios agentes de la red stay-behindnoruega hacia la OTAN, la CIA y el MI6. El clima de tensión internacional que reinaba en el CPC no tardó en transmitirse al ACC, el otro centro de mando stay-behind. Al igual que todos los demás ejércitos secretos de Europa, el ROC también participaba en las reuniones del ACC, que aparece en varios documentos noruegos bajo la denominación de «Allied Clandestine Co-operation Groups» (ACCG). El historiador noruego Riste observa que los documentos del ACC especifican «en al menos 6 ocasiones: “el mando y la dirección quedarán permanentemente en manos de los servicios clandestinos nacionales”», mientras que los archivos noruegos se muestran más críticos: «se expresaron temores en cuanto a la superioridad del ACCG SHAPE» sobre la soberanía noruega. [33]

Héroe de la Segunda Guerra Mundial, Sven Blindheim (1916-2013) luchó como miembro de la red Milorg. Después de la guerra se convirtió en instructor del Gladio y creó la rama finlandesa. Asqueado ante la evolución del stay-behind, dejó los servicios de inteligencia y se hizo historiador. En 1977 fue condenado a prisión con remisión condicional por revelar secretos militares en su entrevista al diario Ny Tid.

Como la mayoría de las redes Gladio de Europa, el ejército secreto noruego cooperaba estrechamente con los SAS británicos y los Boinas Verdes estadounidenses; los miembros del Gladio incluso se entrenaban en Estados Unidos e Inglaterra. El mayor Sven Blindheim, alto responsable del ROC, sirvió él mismo numerosos años como instructor en la «Nursery», el centro de formación para operaciones especiales de Fort Monkton, en Gran Bretaña, donde también fueron enviados los miembros italianos del Gladio. En 1952, Blindheim y el coronel Sven Ollestad habían seguido los entrenamientos Gladio en Estados Unidos, con toda seguridad junto a los Boinas Verdes, en el centro de Fort Bragg [34].

Para Bye y Sjue, según las notas tomadas por Blindheim, «lo que la CIA enseñaba se basaba en “10 mandamientos clandestinos”» que confirman explícitamente la vocación simultáneamente militar y política de los ejércitos secretos. Después de insistir en la naturaleza clandestina de la operación, la doctrina stay-behind establecida por la CIA especifica que:

« 1- Las operaciones clandestinas son un instrumento de combate militar y político.

2- El objetivo de una organización stay-behind es garantizar permanentemente una capacidad operativa de sabotaje, espionaje, guerrilla, evacuación y exfiltración en regiones y países que pudiesen caer bajo control soviético y comunista.»

Para ser capaz de realizar aquellas misiones, la red tenía que ser perfectamente confiable:

« 3- El principio de confidencialidad es sagrado. Cada eslabón debe saber lo menos posible sobre el conjunto de la estructura y debe ser imposible que cada individuo logre saber absolutamente nada sobre el resto de la organización y las demás personas implicadas.

4- Las unidades de una red stay-behind deben funcionar independientemente unas de otras y los “encuentros” deben tener lugar únicamente en el cuartel general [, incluyendo el ACC y el CPC, los dos comités stay-behind dentro del SHAPE y la OTAN].

5- Antes de planear el reclutamiento de un candidato, utilice todas las fuentes de información y verificación disponibles: policía, escuelas, clubs, empleadores, amigos, conocidos, vecinos, escuchas, registros de su domicilio. Es imperativo realizar una vigilancia continua y de larga duración sobre el candidato antes de cualquier reclutamiento.» [35]

Todavía no se sabe si instructores y miembros de las fuerzas especiales estadounidenses y británicas viajaron a Noruega para entrenar allí a los soldados del ejército secreto ROC, como hicieron –por ejemplo– en Bélgica o en la neutral Suiza. Según el historiador Riste, los servicios secretos noruegos se mostraban

«desconfiados ante las proposiciones que podían permitir que los británicos y los estadounidenses interfirieran con su trabajo en el territorio nacional. Eso tenía que ver, entre otras cosas, con una oferta de asistencia de las fuerzas especiales estadounidenses estacionadas en Alemania o de unidades del Special Air Service británicos (SAS) cuyas misiones incluían específicamente el apoyo a los movimientos de resistencia en los países de la OTAN.» [36]

Tampoco se sabe con precisión en qué medida la sustitución, en 1966, del director del NIS Evang –jefe bastante mal visto en Washington debido a su pasado como izquierdista y sus críticas al CPC– por el coronel Johan Berg influyó en la cooperación con la CIA, el MI6 y los comités CPC y ACC de la OTAN. Pero sí parece que se establecieron vínculos más estrechos con los servicios secretos noruegos.

Fue en 1978 que la clandestinidad del Gladio noruego se vio más gravemente afectada, cuando un policía que investigaba sobre un contrabando de alcohol descubrió por pura casualidad un importante escondite de armas subterráneo del ROC que contenía al menos unas 60 armas, entre ellas numerosos fusiles automáticos, 12 000 cartuchos, explosivos y material de comunicación sofisticado. El policía, que nada sabía de la red stay-behind, incluyó en su informe todo lo que había descubierto y la información llegó a oídos de los periodistas. «Si el policía hubiese estado al tanto del secreto se habría enterrado el asunto», analizó en 1990 Nils Gleditzch, del Instituto de Investigación por la Paz de Oslo [37]. El propietario del terreno donde habían sido descubiertos la destilería y el escondite de armas del stay-behind fue identificado. Se trataba de un tal Hans Otto Meyer, agente de los servicios secretos noruegos. El hombre fue arrestado pero, para sorpresa de los investigadores, su explicación de que el arsenal había sido creado allí por los servicios secretos para ser utilizado por una célula de resistencia acabó siendo confirmada.

Rolf Hansen (1920-2006)

Como el escándalo iba en aumento, el Parlamento noruego decidió meterse en el asunto y se quedó atónito cuando el ministro de Defensa Rolf Hansen le comunicó que una red secreta de resistencia había sido creada al término de la Segunda Guerra Mundial. Según las explicaciones del ministro, la organización había nacido de grupos privados que posteriormente habían sido puestos bajo control de los servicios secretos. Consciente de que la situación era delicada, Hansen aseguró que «la red noruega no estaba subordinada ni a la OTAN ni a ninguna potencia extranjera, excluyendo toda conexión con la CIA. Se negó, sin embargo, a entrar en detalles, declarando que las actividades de la organización debían seguir siendo secretas». [38]

Lo menos que se puede decir sobre aquellas declaraciones de Hansen, en 1978, es que eran inexactas. Lo más fuerte que se puede decir es que eran mentira. Sin embargo, en el contexto de la guerra fría, la mayoría de los diputados prefirió creer las declaraciones del ministro y no vio motivos para abrir una investigación o exigir que se desmantelara la red. Así que el caso fue rápidamente enterrado.

William Colby (1920-1996) hizo toda su carrera en la inteligencia estadounidense. En 1973, el presidente Nixon lo nombró director de la CIA, título que conservó bajo la administración de Gerald Ford y hasta la nominación de George H. Bush a la cabeza de la agencia.

Casualmente fue precisamente aquel mismo año, en que Hansen había negado ante el Parlamento toda implicación de la CIA en la operación secreta, que apareció la prueba más contundente en contradicción con las declaraciones del ministro: las memorias del ex director de la CIA William Colby. En su libro, destinado a redorar la imagen de la CIA, Colby contaba con orgullo cómo él mismo había contribuido a la formación del ejército en el norte de Europa, o sea en Noruega, entre 1951 y 1953, cuando era un joven agente asignado a la embajada de Estados Unidos en Estocolmo. «La situación era diferente para cada país escandinavo», explicaba el ex director de la CIA. «Noruega y Dinamarca eran aliados de la OTAN, Suecia quería mantener la neutralidad que le había permitido atravesar dos guerras mundiales y Finlandia estaba obligada a observar cierta deferencia hacia la Unión Soviética, su vecina inmediata. Así que, en algunos países, los gobiernos tenían que conformar ellos mismos sus propias redes stay-behind con vista a activarlas desde el exilio para continuar el combate», precisaba el ex director de la CIA, en referencia a Noruega y Dinamarca. [39]

«Había que coordinar la acción de esas redes con los planes de la OTAN, dirigir sus antenas de radio hacia los futuros destinos del exilio y ocultar el equipamiento proporcionado por la CIA en escondites bajo la nieve, con vista a su futura utilización», explicaba Colby, antes de abordar el caso de Noruega y Finlandia:

«En cuanto a los demás países, la CIA tendría que arreglárselas sola o, en el mejor de los casos, contar con la ayuda “extraoficial” de agentes locales ya que los responsables de los gobiernos de esos países prohibían toda colaboración con la OTAN y la menor sospecha provocaría un escándalo entre la prensa comunista local, los diplomáticos soviéticos y los lealistas escandinavos que esperaban que una política de neutralidad o de no alineamiento les permitiese no tener problemas ante una Tercera Guerra Mundial». [40]

Como resultado del descubrimiento del escondite de armas, en 1978, y de las confesiones de Colby publicadas aquel mismo año, el secreto del que se había rodeado el ejército secreto noruego había volado en pedazos, amenazando además toda la red europea en su conjunto. «Resulta realmente sorprendente que ningún ciudadano de ningún Estado miembro de la OTAN haya aprovechado aquella ocasión para interrogarse sobre la situación en su propio país», comentó Nils Gleditzch en 1990. [41]

En noviembre de 1990, cuando –a raíz de las revelaciones italianas– el ejército secreto noruego ROC se vio nuevamente en medio de los debates, el vocero del ministerio de Defensa –Erik Senstad– respondió a las preguntas de la prensa con una única y lacónica frase:

«Lo que declaró Hansen sigue siendo de actualidad.» [42]

Mientras que la población se debatía entre estupefacción y desaprobación, algunos oficiales del ejército regular estimaron que la clandestinidad del ejército stay-behind era, para ellos, perfectamente justificable, incluso desde un punto de vista democrático. En 1990, el contralmirante Jan Ingebristen confirmó a la prensa que el ejército secreto seguía existiendo en 1985, fecha en la que él mismo había renunciado a sus funciones como director del servicio de inteligencia del Mando de la Defensa noruega. Ante las críticas del público, el general sostuvo que era juicioso y lógico que la existencia de las unidades stay-behind se mantuviese en secreto y que fuese únicamente por obra de la casualidad que la población, los medios de prensa y el Parlamento se hubiesen enterado de que existían:

«No hay en ello nada de sospechoso. Se trata de unidades destinadas a mantenerse detrás de las líneas enemigas en territorio ocupado y es por lo tanto necesario que se mantengan altamente secretas.» [43]

Los periodistas noruegos Ronald Bye y Finn Sjue quisieron saber más sobre el Gladio noruego. A falta de una investigación parlamentaria, decidieron entonces interrogar al mayor número posible de ex soldados de la sombra y miembros de los servicios secretos. El fruto de aquel trabajo se publicó en 1995 bajo el título El Ejército Secreto Noruego. Historia del Stay-Behind [44].

La población noruega, bien informada y por lo tanto particularmente crítica, no pudo aceptar la idea de que un ejército secreto vinculado a la CIA hubiese existido en su país, y sobre todo fuera de todo control parlamentario, y se elevaron voces de denuncia contra aquella situación. Para no perder totalmente la confianza de la población, el ministerio de Defensa tomó la decisión inédita y juiciosa de emprender un proyecto de investigación. Los historiadores Olav Riste y Arnfinn Moland, del prestigioso Instituto de Investigación sobre la Defensa de Oslo, recibieron el encargo especialmente delicado de investigar sobre la historia del ejército secreto noruego hasta 1970 y fueron, para ello, autorizados a consultar todos «los archivos y fuentes orales que puedan presentar algún interés para su trabajo», conforme a lo que precisaban los términos del proyecto. Antes de su publicación, el manuscrito fue sometido al ministerio de Defensa para que este controlara la información que iba a divulgarse y la desclasificara, de ser necesario. El texto sólo sufrió algunos cortes menores. [45]

(Continuará…)

Actualización

Al ser detenido, Anders Behring Breivik no opuso resistencia alguna y se presentó como miembro del Gladio, declaración que nunca se mencionó durante su juicio.

La única información que existe sobre el Gladio noruego es la que aparece en los trabajos aquí mencionados.

Pero el 22 de julio de 2011 se produjo frente a la oficina del ministro de Estado, en el centro de Oslo, una poderosa explosión que dejó 8 muertos. Dos horas después, uno o varios asesinos abatieron un total de 69 jóvenes que participaban en un campamento de verano del Partido Laborista, en la isla de Utoya. La policía demoró más de 90 minutos en intervenir. A su llegada, los agentes arrestaron a un hombre vestido de policía, Anders Behring Breivik, quien se rindió sin oponer resistencia y dijo ser miembro de la red stay-behind anticomunista. Evaluado al principio como mentalmente perturbado, Breivik fue finalmente considerado responsable de sus actos y sometido a juicio. Fue condenado a la pena máxima en Noruega: 21 años de cárcel. Persisten, sin embargo, numerosos puntos no aclarados sobre sus posibilidades reales de haber cometido él solo todos los hechos que se le imputan.

El 9 de mayo de 2011, Noruega había anunciado su intención de retirarse de la coalición de la OTAN que emprendió la guerra contra Libia. Noruega daba así la señal de retirada e Italia tomó inmediatamente una decisión similar.

RV

Daniele Ganser
       

Este artículo es el capítulo 14 del libro Les Armées secrètes de l’OTAN
© Publicado en francés por Editions Demi-lune (2007).

[1] Ronald Bye y Finn Sjue, Norges Hemmelige Haer – Historien om Stay Behind(Tiden Norsk Verlag, Oslo, 1995), p.39.

[2] El 14 de septiembre de 1965, la señora Lygren, secretaria de la embajada de Noruega en Moscú, fue arrestada por la Policía de Seguridad noruega de Asbjorn Bryhn como sospechosa de haber trabajado para los soviéticos. Su detención se produjo luego de que un agente del KGB que había cambiado de bando, Anatoly Golitsyn, hablara con el estadounidense James Jesus Angleton, el más importante cazador de agentes infiltrados de la CIA, de la presencia de una agente doble en la embajada de Noruega en Moscú, agente cuyo nombre no mencionó. El director de la policía, Bryhn, quien nunca se había llevado bien con Evang, el director del NIS, no informó a este último sino después de haber realizado el arresto y cuando los primeros detalles ya se habían filtrado a la prensa. Aquello provocó la cólera de Evang. Este último estaba convencido de la inocencia de Lygren y vio en todo aquello una grave falta de coordinación entre los servicios de policía y los de inteligencia. Las acusaciones contra Lygren resultaron infundadas y la secretaria fue liberada el 15 de diciembre de 1965. Al parecer, la información de Golitsyn que los estadounidenses habían transmitido a los noruegos había dado lugar a una confusión de identidades. Gunvor Galtung Haavik, otra mujer que había trabajado anteriormente en la embajada de Noruega en Moscú, fue puesta bajo vigilancia. Finalmente fue arrestada en Oslo, en 1977, cuando entregaba documentos a un agente del KGB. Pero Evang ya no tuvo nada que ver con aquello. El error cometido con Lygren había desacreditado tanto a Bryhn como a Evang y los dos se habían visto obligados a dimitir en 1966.

[3] Fragmento de Olav Riste, The Norwegian Intelligence Service 1945–1970(Frank Cass, Londres, 1999), p.16.

[4] Riste, Norwegian Intelligence Service, p.226.

[5] Ibid., p.17.

[6] Según el autor y ex agente secreto noruego Christian Christensen, en declaraciones reportadas el 4 de noviembre de 1988 por la agencia internacional de prensa Reuters. En 1977 se reveló y confirmó que el agente de la CIA Alf Martens Meyer también había reclutado varios capitanes de barcos noruegos para participar en misiones clandestinas en el norte de Vietnam en los años anteriores a la intervención militar estadounidense en aquel país. Jorgen Kosmo, ministro de Defensa noruego en 1997, declaró que si los hombres de Meyer habían efectivamente proporcionado asistencia a las tropas de Vietnam del Sur y a los comandos entrenados por Estados Unidos en sus ataques contra el Viet Cong, aquellas misiones constituían una clara violación de las leyes de Noruega. (Diario británico The Guardian, 1º de mayo de 1997).

[7] Bye y Sjue, Hemmelige Haer, p.67.

[8] Riste, Norwegian Intelligence Service, p.16.

[9] Bye y Sjue, Hemmelige Haer, p.56.

[10] Riste, Norwegian Intelligence Service, p.28.

[11] Ibid., p.16.

[12] Ibid., p.19.

[13] Ibid., p.34.

[14] Ibid., p.19.

[15] Ibid., p.20.

[16] Ibid.

[17] Ibid., p.40.

[18] Como lo resume Riste, Ibid., p.37.

[19] Ibid., p.37 y 53.

[20] Ibid., p.35.

[21] Ibid., p.36.

[22] Ibid.

[23] Ibid., p.43.

[24] Ibid.

[25] Citado por Riste. Ibid., p.43.

[26] Ibid., p.44.

[27] Ibid.

[28] Ibid., p.46.

[29] Ibid., p.47.

[30] Ibid., p.48.

[31] Bye y Sjue, Hemmelige Haer, p.145.

[32] Leo Muller, Gladio. Das Erbe des Kalten Krieges. Der NATO Geheimbund und sein deutscher Vorläufer (Rowohlt, Hambourg, 1991), p.46. Y Jean-Francois Brozzu-Gentile, L’affaire Gladio (Albin Michel, París, 1994), p.199. El documento confidencial de la OTAN tiene como título Supplement N°3 to the documents of the Civil Affairs Oplan N°100–1. Aunque no se precisa, todo indica que fue elaborado antes de 1968.

[33] Riste, Norwegian Intelligence Service, p.45.

[34] Roger Faligot y Rémi Kaufer, Les Maîtres Espions. Histoire Mondiale du Renseignement. Tome 2. De la Guerre Froide à nos jours (Editions Laffont, Paris, 1994), p.62.

[35] Bye y Sjue, Hemmelige Haer, p.62. Se basan en la autobiografía de Sven Blindheim: Offiser i krig og fred [Agente de guerra y paz].

[36] Riste, Norwegian Intelligence Service, p.33.

[37] Agencia de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990. Diversos textos publicados en revistas, periódicos y libros dedicados al (re)descubrimiento de la red Gladio en 1990 refieren lo revelado en Noruega en 1978. Ver el diario británico The Guardian, 15 de noviembre de 1990; SearchlightN°187, enero de 1991, p.4 y Muller, p.59.

[38] Agencia internacional de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.

[39] William Colby, Honorable Men: My life in the CIA (Simon & Schuster, New York, 1978), p.82 y 83.

[40] Colby, Honorable Men, p.82 y 83.

[41] Agencia de prensa Associated Press, 14 de noviembre de 1990.

[42] Ibid.

[43] Ibid.

[44] Ronald Bye y Finn Sjue, Norges Hemmelige Haer – Historien om Stay Behind(Tiden Norsk Verlag, Oslo, 1995).

[45] Olav Riste y Arnfinn Moland publicaron en 1977 su libro Strengt Hemmelig: Norsk etterretningsteneste 1945–1970, donde reconstruyen la historia del Gladio noruego hasta 1970, ya que después de ese año las investigaciones podían implicar a responsables que aún se mantenían activos. En 1999, Olav Riste publicó el libro en inglés, en Londres, con la editorial Frank Cass, con el títuloThe Norwegian Intelligence Service 1945–1970. Hoy en día es el libro de referencia sobre el stay-behind noruego.

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Metamorfosis de la «doctrina Obama»

07/10/2013 by Deja un comentario

Por: Manlio Dinucci

Después de ganarse el respaldo de los electores por sus críticas hacia la política exterior de los «neoconservadores», Barack Obama se ha rodeado en su segundo mandato de los «halcones liberales», encabezados por Samantha Power. Si los primeros eran principalmente periodistas trotskistas judíos que querían organizar la revolución mundial de la democracia, los segundos son generalmente periodistas moralistas vinculados a Israel que estiman que «América», léase Estados Unidos, tiene el deber de proteger a las poblaciones civiles de los desmanes de sus propios gobiernos. ¿Qué tienen en común? Todos promueven el intervencionismo del Imperio estadounidense.

La embajadora Samantha Power se casó en 2008 con el profesor Cass Sunstein, el consejero de Barack Obama que ve en Thierry Meyssan al líder de un movimiento extremista mundial antiestadounidense y que aconsejó infiltrar agentes en los grupos que ponen en duda la versión oficial de los atentados del 11 de septiembre.

Durante su primer mandato, el presidente Obama se distancia formalmente de la política exterior y militar de su predecesor, Bush Jr., dando la impresión de que Estados Unidos ya no quiere seguir siendo «el policía del mundo» y que desea retirarse en el plano militar, tanto en Afganistán como en otros países, para concentrarse en sus problemas internos. Así nace lo que se ha definido como la «Doctrina Obama». Pero no por ello desaparece la guerra de la agenda de la administración Obama: así lo demuestra la guerra contra Libia, dirigida en 2011 por la OTAN –organización encabezada y comandada por Estados Unidos– con un ataque aeronaval masivo y mediante el uso de fuerzas respaldadas e infiltradas desde el exterior.

Al inicio de su segundo mandato, el presidente Obama anuncia que «Estados Unidos está pasando la página». Pero la siguiente es también una página de guerra. La nueva estrategia prevé el uso de fuerzas armadas más flexibles y dispuestas a desplegarse rápidamente, dotadas de armas cada vez más sofisticadas en el plano tecnológico. Prevé, al mismo tiempo, un uso cada vez más extenso e intensivo de los servicios secretos y las fuerzas especiales. En la nueva manera de hacer la guerra el ataque abierto se prepara y se acompaña con la acción encubierta para socavar el país desde adentro. Así se hizo en Libia y así está haciéndose ahora en Siria, armando y entrenando «rebeldes», que en su mayoría no son sirios y muchos de los cuales pertenecen a grupos islamistas oficialmente considerados como terroristas.

Y al mismo tiempo el presidente Obama enuncia la nueva «estrategia contraterrorista». La «guerra ilimitada contra el terror» se convierte en una serie de «acciones letales selectivas» que apuntan a «desmantelar redes específicas de extremistas violentos que amenazan América» [Léase Estados Unidos. NdT.]. En esas acciones se utilizan cada vez más los drones armados, cuyo uso se presenta como «legal» porque Estados Unidos está librando una «guerra justa y de autodefensa».

El demócrata Obama, que se presentó como una «paloma» –incluso laureado con el Premio Nobel de la Paz–, prosigue ahora fundamentalmente la estrategia del republicano Bush, el «halcón», de abierto respaldo a la intervención armada.

¿Cómo se justifica esa metamorfosis?

En su libro más conocido, Samantha Power desarrolla las teorías jurídicas del polaco convertido en estadounidense Raphael Lemkins, creador del término «genocidio» y consejero del tribunal de Nuremberg.

Aquí es donde entra en escena Samantha Power, ex profesora en Harvard, ganadora del premio Pulitzer con un libro donde teoriza sobre «la responsabilidad de proteger» que supuestamente tiene Estados Unidos en la «era del genocidio».

Power entra en el Consejo de Seguridad Nacional –órgano reservado a las eminencias de las fuerzas armadas y de los servicios secretos estadounidenses, cuya tarea consiste en aconsejar al presidente en política exterior y en el plano militar. Obama la pone después a la cabeza del nuevo «Comité para la Prevención de Atrocidades» y posteriormente la nombra representante de Estados Unidos ante la ONU.

Es Power la principal artífice de la campaña de preparación de la guerra contra Libia, presentándola como una guerra necesaria para poner fin a la violación de los derechos humanos. También es ella quien, invocando el mismo motivo, presiona para que Estados Unidos bombardee Siria.

Y la mano experta de Samantha Power está seguramente detrás del reciente discurso de Obama ante la Asamblea General de la ONU. Sobre todo cuando afirma que, ante los conflictos en Medio Oriente y en el norte de África, «el peligro para el mundo no es una América [Estados Unidos] demasiado impaciente por inmiscuirse en los asuntos de otros países» sino que «Estados Unidos pueda desentenderse creando así un vacío de liderazgo que ningún otro país está dispuesto a llenar».

Estados Unidos reclama por lo tanto el derecho a intervenir militarmente donde quiera que sea, no en aras de su propio interés sino porque Estados Unidos está investido de la sacrosanta «responsabilidad de proteger».

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Más de 40 muertos en Egipto durante aniversario de guerra contra Israel

07/10/2013 by Deja un comentario

 

Al menos 44 personas han muerto y 229 han resultado heridas en los enfrentamientos de este domingo en Egipto entre las fuerzas de seguridad y los simpatizantes del expresidente Mohamed Morsi durante la conmemoración del 40 aniversario de la guerra de 1973, según el último balance del Ministerio de Sanidad.

Sólo en El Cairo y Giza han muerto 32 personas, hay tres muertos en Beni Suef y otro en Delga, según publica el diario estatal Al Ahram citando a un portavoz del Ministerio de Sanidad, Jaled el Jatib.

Pese a la represión de los últimos meses, los Hermanos Musulmanes y demás partidarios del depuesto presidente Morsi trataron en esta jornada festiva de recobrar su pulso. Su desafío a las estrictas medidas de seguridad acabó sin embargo en un baño de sangre, el más grave desde la ola de violencia que siguió al desalojo de las acampadas de los islamistas en El Cairo el 14 de agosto pasado.

Miles de sus seguidores se organizaron en pequeñas marchas al término del rezo musulmán del mediodía para demostrar que siguen teniendo peso en las calles. Su objetivo era llegar a la plaza de Tahrir, en el corazón de El Cairo y epicentro de las manifestaciones anti-Morsi, pero los militares blindaron sus accesos con tanques y carros de combate.

Las fuerzas de seguridad dispersaron a los islamistas con gases lacrimógenos, pelotas de goma y fuego real en los barrios de Dokki y Mohandisin, en la orilla oeste del Nilo, y en zonas del centro de la capital como la plaza Ramsés.

Más de 400 detenidos

Además, las fuerzas de seguridad arrestaron a 423 personas en El Cairo. Según un comunicado del Ministerio del Interior, 243 “saboteadores” fueron detenidos en el centro de El Cairo, principalmente en los disturbios registrados en la plaza Ramsés y junto al Nilo. La policía arrestó a otros 180 en el barrio de Dokki y Giza, en la orilla occidental del río.

Para asfixiar las protestas, tras los disturbios del pasado viernes, el ejército y la policía se desplegó en las principales arterias de la ciudad y en los puentes sobre el Nilo.

En el barrio de Mohandisin, de clase media y con una importante zona comercial, el manifestante islamista Atef Rayan dijo que ya es hora de decir “basta” a las autoridades surgidas tras el derrocamiento de Morsi.

Rayan, de 19 años y con una bandera egipcia en la mano, afirmó que “los egipcios estaban desconcertados ante tanta sangre, pero harán escuchar su voz a los golpistas”. “No tenemos miedo a morir si hace falta, porque creemos en nuestra causa justa”, subrayó rodeado de cientos de partidarios de Morsi, que fue destituido por los militares el pasado 3 de julio tras multitudinarias protestas que pedían elecciones anticipadas.

Piden una investigación

Por otro lado, el Partido Justicia y Desarrollo, brazo político de los Hermanos Musulmanes, ha pedido ya una investigación internacional por los “asesinatos” de esta jornada y ha atribuido al jefe del Ejército, Abdelfatá al Sisi y al ministro del Interior, Mohamed Ibrahim, la “responsabilidad política y penal por la violencia y los intentos de asesinato de este domingo contra los manifestantes pacíficos”, según recoge el diario Al Masry al Youm.

El partido islamista insta a las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos de todo el mundo a condenar estos “crímenes” y a tomar medidas para parar esta “sangría”.

Celebraciones por la Guerra del Yom Kippur

En contraste con estas imágenes de violencia, miles de partidarios del Ejército se concentraron en la plaza Tahrir y en los alrededores de palacio presidencial de Itihadiya en un ambiente festivo. Fuegos artificiales y haces de luces inundaron estas zonas, que fueron sobrevoladas con helicópteros militares que portaban la bandera de Egipto.

Al caer la noche, el estadio de la Defensa Aérea en El Cairo fue escenario de las celebraciones oficiales con motivo del aniversario de la guerra de 1973, donde no faltó la música y el teatro.

La guerra de 1973 (conocida como Guerra del Yom Kippur o del Ramadán) fue la cuarta que enfrentó aIsrael con países árabes, en este caso Egipto y Siria.

En un discurso a la nación con motivo de la efeméride, antes de que comenzaran los enfrentamientos, el primer ministro egipcio, Hazem Beblaui, destacó que el pueblo egipcio apoya a las Fuerzas Armadas en su plan para “establecer un estado democrático”. Beblaui aseguró que el país ha elegido el camino de “la democracia, la justicia y la paz” y llamó a todo el pueblo a regresar “al seno de Egipto sin divisiones ni discordias”.

Publicado en: Global

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Don Juan
Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
byjuan

Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

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