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Global

Un movimiento genuino por el cambio social

07/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Noam Chomsky 

 

La guerra es la salud del Estado, escribió el crítico social Randolph Bourne en un ensayo clásico cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial:

Automáticamente pone en movimiento en toda la sociedad esas fuerzas irresistibles de uniformidad, de cooperación apasionada con el gobierno para forzar a la obediencia a grupos minoritarios e individuos que carecen del sentimiento de rebaño… Otros valores, como la creación artística, el conocimiento, la razón, la belleza, la mejoría de vida, son sacrificados de inmediato y casi en forma unánime, y las clases significativas que se han constituido en agentes aficionadas del Estado se dedican no sólo a sacrificar esos valores para sí mismas, sino a obligar a otras personas a sacrificarlos.

Y al servicio de las clases significativas de la sociedad estaban los intelectuales, adiestrados en la dispensa pragmática (exención del deber religioso de no matar), inmensamente listos para la ordenación ejecutiva de los acontecimientos, dolorosamente impreparados para la interpretación intelectual o el enfoque idealista de los fines.

Están alineados al servicio de la técnica de guerra. Parece haber una particular afinidad entre la guerra y esos hombres. Es como si hubieran estado esperándose mutuamente.

El papel de los intelectuales tecnocráticos en la toma de decisiones es predominante en aquellas partes de la economía que están al servicio de la técnica de guerra y vinculadas de cerca con el gobierno, que apuntala su seguridad y crecimiento.

Poco es de extrañar, pues, que los intelectuales tecnócratas estén típicamente comprometidos con lo que el sociólogo Barrington Moore llamó en 1968 la solución depredadora de la reforma simbólica en el interior y el imperialismo contrarrevolucionario en el exterior.

Moore ofrece el siguiente resumen de la voz predominante de Estados Unidos en el interior y el exterior, una ideología que expresa las necesidades de la élite socioeconómica del país, que es postulada con diversos grados de sutileza por muchos intelectuales estadunidenses y que gana adhesión sustancial de la mayoría que ha obtenido alguna participación en la sociedad acaudalada:

“Uno puede protestar con palabras todo lo que quiera. Sólo hay una condición inherente a la libertad que nos gustaría mucho alentar: las protestas pueden ser tan estentóreas como sea posible, siempre y cuando permanezcan inefectivas… A quien recurra a la fuerza, de ser necesario, lo borraremos de la faz de la tierra mediante la respuesta mesurada que hace llover fuego de los cielos.”

Una sociedad en la que esta es la voz predominante sólo puede mantenerse mediante alguna forma de movilización nacional, la cual puede variar en extensión desde, como mínimo, una asignación de recursos sustanciales hasta una amenaza creíble de fuerza y violencia.

Dadas las realidades de la política internacional, este compromiso sólo puede mantenerse en Estados Unidos mediante alguna forma de sicosis nacional: una guerra contra un enemigo que aparece con muchos disfraces: burócrata del Kremlin, campesino asiático, estudiante latinoamericano y, sin duda, guerrilla urbana dentro del país.

Tradicionalmente, el intelectual ha quedado atrapado entre las demandas en conflicto de la verdad y el poder. Le gustaría verse como el hombre que busca discernir la verdad, decir la verdad como la ve, actuar –colectivamente donde pueda, individualmente donde deba– para oponerse a la injusticia y la opresión, para contribuir a dar forma a un mejor orden social.

Si elige este camino, puede esperar ser una criatura solitaria, despreciada o injuriada. Si, por el contrario, pone sus talentos al servicio del poder, puede lograr prestigio y riqueza.

También puede tener éxito en persuadirse –tal vez con justicia, en un momento dado– de que puede humanizar el ejercicio del poder de las clases significativas. Quizás espere unirse a ellas o incluso remplazarlas en la función de manejo social, en interés final de la eficiencia y la libertad.

El intelectual que aspira a este papel puede valerse de la retórica del socialismo revolucionario o de la ingeniería social del Estado de bienestar al perseguir su visión de una meritocracia en la que el conocimiento y la capacidad técnica confieran poder.

Puede representarse a sí mismo como parte de una vanguardia revolucionaria que abre el camino hacia una nueva sociedad, o como un técnico experto que aplica tecnología gradual al manejo de una sociedad que puede atender sus problemas sin cambios fundamentales.

Para algunos, la elección puede depender de poco más que una evaluación de la capacidad relativa de las fuerzas sociales en competencia. No resulta sorprendente, pues, que con mucha frecuencia los papeles cambien: el estudiante radical se vuelve el experto en contrainsurgencia.

En cualquier caso, es necesario ver sus afirmaciones con recelo: propone la ideología convenenciera de una élite meritocrática que, según la frase de Karl Marx (aplicada en este caso a la burguesía), define las condiciones especiales de su emancipación (como) las únicas condiciones generales por las que la sociedad moderna puede ser salvada.

El papel de los intelectuales y los activistas radicales, pues, debe ser sopesar y evaluar, intentar persuadir, organizar, pero no capturar el poder y gobernar. En 1904, Rosa Luxemburgo escribió: Históricamente, los errores cometidos por un movimiento verdaderamente revolucionario son infinitamente más fructíferos que la infalibilidad del comité central más brillante.

Estas observaciones son una guía útil para el intelectual radical. También brindan un refrescante antídoto al dogmatismo tan típico del discurso de la izquierda, con sus áridas certidumbres y su fervor religioso con respecto a asuntos que apenas si se entienden: el autodestructivo equivalente en la izquierda a la petulante superficialidad de los defensores del statu quo, incapaces de percibir sus propios compromisos ideológicos más de lo que un pez percibe que nada en el mar.

Siempre se ha dado por sentado entre los pensadores radicales, y con justa razón, que la acción política efectiva que amenaza intereses sociales arraigados conducirá a la confrontación y la represión. Es, por consiguiente, un signo de bancarrota intelectual para la izquierda buscar construir confrontaciones; es una clara indicación de que los esfuerzos por organizar una acción social significativa han fallado.

Particularmente objetable es la idea de diseñar confrontaciones con el fin de manipular a los participantes inconscientes para que acepten un punto de vista que no surge de una experiencia significativa, de un entendimiento real. No es sólo un testimonio de irrelevancia política, sino también, precisamente porque es manipulador y coercitivo, una táctica propia sólo de un movimiento que apunta a mantener una forma elitista y autoritaria de organización.

Las oportunidades de los intelectuales de tomar parte en un movimiento genuino de cambio social son muchas y variadas, y creo que ciertos principios generales son claros. Los intelectuales deben estar dispuestos a encarar los hechos y abstenerse de erigir fantasías convenientes.

Deben estar dispuestos a emprender el arduo y serio trabajo intelectual requerido para hacer una aportación real al entendimiento. Deben evitar la tentación de unirse a una élite represiva, y deben ayudar a crear las políticas de masas que contrarresten –y en última instancia controlen y remplacen– las fuertes tendencias a la centralización y al autoritarismo que están profundamente arraigadas, pero no son inescapables.

Deben estar preparados a enfrentar la represión y a actuar en defensa de los valores que postulan. En una sociedad industrial avanzada existen muchas posibilidades para la participación popular activa en el control de las grandes instituciones y la reconstrucción de la vida social.

Hasta cierto punto, podemos crear el futuro en vez de limitarnos a observar el flujo de los acontecimientos. Dado lo que está en juego, sería criminal dejar que las verdaderas oportunidades pasen inexploradas.

* Este artículo está adaptado del ensayo Conocimiento y poder: los intelectuales y el Estado de bienestar-guerra, que apareció en el libro de 1970 La nueva izquierda, editado por Priscilla Long. El ensayo está reimpreso en Masters of Mankind: Essays and Lectures, 1969-2013, por Noam Chomsky.
** El libro más reciente de Noam Chomsky es Power Systems: Conversations on Global Democratic Uprisings and the New Challenges to U.S. Empire. Interviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democráticos mundiales y los nuevos desafíos al imperio de EU: entrevistas con David Barsamian. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge.

Publicado en: Global

Ejército de EU se prepara a actuar en Mexico City, Rio de Janeiro, Sao Paulo y Nueva York

07/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Autor:Alfredo Jalife-Rahme

 

Un grupo de investigadores del estado mayor del ejército de Estados Unidos realizó estudios de campo (sic) en las megaciudades de Nueva York, Mexico City, Bangkok, Lagos y Daca con el fin de prepararse a una intervención militar cuando sea llamado (sic) a actuar, según el perturbador documento Megaciudades y el ejército de EU: preparación para un futuro complejo e incierto, realizado por el jefe de estado mayor del ejército y su grupo de estudios estratégicos (http://goo.gl/SLLzD2).

 ¿Por quién fue y/o será llamado el ejército de Estados Unidos?

Se ignora si los estudios de campo del ejército de Estados Unidos en Mexico City forma parte de la fracasada Iniciativa Mérida o si se trata de una colaboración clandestina –por ende, antidemocrática e ilegal– de los implicados, que optaron por la opacidad local.

También el grupo de marras emprendió estudios para casos virtuales de intervención militar en Sao Paulo (máxima plaza bursátil de Latinoamérica) y Rio de Janeiro (sede de Petrobras).

Las masivas protestas en Sao Paulo y Rio de Janeiro, previas al Mundial de Futbol, ¿habrán formado parte de un estudio intervencionista de campo?
Los aludidos experimentos militares se deben a que Estados Unidos carece de experiencia para operar en megaciudades: zonas urbanas con una población de más de 10 millones.

El documento, publicado en junio, advierte la inevitabilidad (¡supersic!) de que en algún momento al ejército de Estados Unidos se le pida (sic) actuar en una megaciudad, cuando por el momento está mal preparado.

El grupo considera que entre los mayores problemas de las megaciudades, cuya solución requiere la intervención militar, figuran las tasas explosivas de crecimiento, la enorme disparidad de ingresos, que sigue creciendo, y el entorno de seguridad, que es cada vez más atractivo para los políticamente desposeídos (¡supersic!), así como los desastres naturales y las redes ilegales que requieren la intervención terrestre de la infantería de Estados Unidos.
Ya en febrero pasado militares de Estados Unidos y Gran Bretaña (GB) habían evaluado cómo las guerras del futuro se realizarán en las megalópolis, cuando ningún ejército ha combatido en megaciudades con más de 20 millones de habitantes, según Defense News ( http://goo.gl/ILRi0s ).

En abril, el ejército australiano, cada vez más bélico, publicó su Reporte sobre la guerra futura en tierra (http://goo.gl/V6ugEI ), que llega a las mismas conclusiones que sus colegas de Estados Unidos y GB, lo cual delata un nuevo modelo de intervencionismo militarista de la anglosfera.

El informe del ejército sobre las guerras futuras en las megalópolis ha causado intensa polémica en Estados Unidos, debido a la militarización y la brutalidad racista de su policía en Ferguson, Cleveland, Nueva York y Hollywood.

En referencia a Nueva York, el máximo centro financiero de la anglosfera, se descuenta que su objetivo es prevenir disturbios civiles, levantamientos políticos, así como proteger la infraestructura clave y los recursos naturales (¡supersic!) en aras del interés nacional, cuando el poder de los gobiernos nacionales para lidiar con los problemas causados por la creciente urbanización y el crecimiento de las megaciudades se ha erosionado.

¿Cómo prevenir nuevos Occupy Wall Street sin interferir en las sacrosantas cotizaciones de sus supercomputadoras, que constituyen la quintaesencia del poder financierista global de Estados Unidos?

Se criminaliza y se militariza así la dislocación social inherente a las megaciudades, que representan conductos de acceso a recursos naturales críticos, como el petróleo (¡supersic!), lo cual constituye las tendencias de recursos como un terreno estratégico primordial en cualquier crisis futura que requiera la intervención militar de Estados Unidos.

¿Siempre sí sirve el petróleo, pese a su transitorio desplome artificial?

Juzga que dada la saturación de los celulares en los ambientes urbanos en el mundo y la interconectividad global de la World Wide Web, el aislamiento virtual es aún más improbable.

El portal Infowars cuestiona el futuro despliegue de la infantería estadunidense, cuando debiera ocuparse de la permeable transfrontera, ya que existen informes de que los yihadistas islámicos podrían entrar a Estados Unidos por la frontera con México ( http://goo.gl/EPRHc8 ), y refiere que la preparación del ejército de Estados Unidos para ocupar las megaciudades también incluye la neutralización de grupos extremistas y criminales que puedan influenciar las vidas de la población mientras socavan la autoridad del Estado, lo cual puede ser extrapolado, a mi juicio, a un neomacartismo global de la disidencia contestataria antineoliberal.

Infowars rememora los recientes manuales de entrenamiento del ejército de Estados Unidos para disturbios de plena escala en ese país, donde las tropas sean forzadas a respuestas letales (sic) para lidiar con las masas de manifestantes.

La ONU define que existen hoy 33 megaciudades que tienen más de 10 millones de habitantes y proyecta que para 2030 existirá un mayor número, donde habitará 60 por ciento de la población total de la Tierra.

¿Por qué no mejor descentralizar en forma racional las megaciudades?

Llama la atención que de las 33 megaciudades –en las que China ostenta cinco e India cuatro, mientras Tokio detenta el primer lugar con 37.8 millones– el ejército de Estados Unidos sólo mencione en forma selectiva a siete (la quinta parte): Mexico City (sexto lugar: 21.6 millones), Sao Paulo (séptimo: 21.2 millones), Lagos (noveno: 21 millones), Nueva York (undécimo: 20.1 millones), Daca (decimoctavo: 17 millones), Rio de Janeiro (25: 14.4 millones) y Bangkok (24: 14.5 millones), mientras pasa por alto en Latinoamérica a Buenos Aires (vigésimo: 16.1 millones).

Es altamente significativo que no le quite el sueño Delhi (segundo: 25.7 millones), Karachi (decimocuarto: 19.5 millones), El Cairo (decimoquinto: 18.4 millones), Teherán (decimosexto: 18.4 millones), Moscú (decimonoveno: 16.5 millones) ni Estambul (23: 14.5 millones), ya no se diga la segunda ciudad estadunidense, Los Ángeles (decimoséptimo: 17.2 millones). ¿Cuál es su parámetro de discriminación urbana y de recursos?

La colocación de Mexico City es muy lógica por la interoperabilidad de la Iniciativa Mérida y su inminente incrustación al Comando Norte (NorthCom) como a la integración económica de Norteamérica (pero sin mexicanos), con su divisa común el amero, según el proyecto del Council on Foreign Relations y del Instituto Fraser de Canadá ( http://goo.gl/KGs7Ug ).

Los nuevos caballos de Troya del siglo XXI disfrazados de ayuda humanitaria (sic) –cambio climático, ébola, megaciudades– conforman un caleidoscopio de coartadas para legitimar la intervención militar del ejército de Estados Unidos, ahora consagrado a un menú de tareas filantrópicas à la carte (sobre pedido).
El ominoso riesgo es que cualquier legítima oposición democrática a los regímenes barbáricos ( v.gr Mexico City) puede ser descalificada en forma primitiva por los multimedia de la telecracia imperante como “terroristas, vándalos (la moda en el ‘México neoliberal itamita’), sociópatas, yihadistas, antisemitas”: la nueva semiótica totalitaria de la represión neoliberal que blinda a sus aliados sionistas y neonazis ( v. gr. Ucrania).

¡Lo que falta por ver de canibalismo militar!

Publicado en: Global

La sorpresa de Bolivia

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Claudio Katz

Bolivia comparte con Venezuela el modelo económico social-desarrollista, la fisonomía nacionalista radical del gobierno y el ideario socialista, pero con modalidades muy distintas. También difieren los resultados y los balances que la prensa internacional difunde de la gestión de Evo Morales, en comparación a Chávez-Maduro.

El programa redistributivo fue aplicado en Bolivia con igual contundencia que en Venezuela. Se utilizó una renta energética (gasífera) para impulsar el consumo, mediante incentivos a la demanda orientados por el estado.

Como en el resto de América Latina este esquema fue dinamizado por el incremento de los precios de las materias primas exportadas. Los ingresos por estas ventas externas subieron de 2000 a 10000 millones de dólares por año.

Pero lo más significativo de Bolivia ha sido la elevada captación estatal de la renta generada por los combustibles. El incremento de las regalías absorbidas por el estado aumentó de 300 millones a 6000 millones de dólares al año.

En la década precedente las finanzas estatales sólo capturaban el 18 % de ese total y las empresas transnacionales se quedaban con el 82 % restante. La nacionalización parcial de los hidrocarburos (2006) revirtió esta relación. Basta recordar la enorme incidencia de la venta de combustibles y minerales en el PBI boliviano, para mensurar esa mutación (Navarro, 2014).

Un giro semejante se verificó en Venezuela con la recuperación de PDVSA, pero la dimensión del cambio ha sido superior en Bolivia. En este país el estado se había quedado sin recursos y toda la renta se filtraba al exterior.

Las consecuencias económicas de esta transformación han sido mayúsculas. El gasto público se triplicó, el empleo público aumentó significativamente y los precios de los alimentos se estabilizaron.

Algunas estimaciones consideran que la mejora del salario mínimo alcanzó 64% (2005-13), mientras que los bonos de asistencia cubren al 33% de la población, en un marco de tarifas de electricidad y de combustible congeladas (Bárcena, 2014).

Otras evaluaciones destacan que la pobreza extrema urbana se redujo del 24% al 14% y su equivalente rural del 63 al 43% . Los programas sociales han influido directamente sobre este resultado, a través de auxilios percibidos por todos los sectores marginados del mercado laboral. Hay bonos para los niños que van a la escuela (Juancito Pinto), para las mujeres que recién tuvieron familia (Juana Azurduy) y para los ancianos que nunca hicieron aportes jubilatorios (Renta Dignidad) (Molina, 2013).

AVANCES DESDE EL SUBSUELO

Las mejoras sociales conquistas han sido semejantes a las registradas en Venezuela durante el primer período del modelo social-desarrollista. Pero una diferencia importante radica en el nivel de estabilización que logró este esquema en Bolivia. Este soporte se refleja en el creciente flujo de inversiones extranjeras directas.

La afluencia de divisas ha consolidado un elevado volumen de reservas (47% del PBI), en un contexto de moderado endeudamiento público (35 % del PIB). La tradicional fuga de capitales que caracterizaba al país se detuvo y dio lugar a un incipiente proceso inverso (Bárcena, 2014).

Esta secuencia de crecimiento continuado diferencia al país de Venezuela. Bolivia lidera en los últimos años la tasa de crecimiento regional y esos resultados han generado un esperable elogio de CEPAL y una sorpresiva felicitación del FMI. El producto bruto pasó de 9.525 millones (2005) a 30.381 millones de dólares (2013) y el PBI per cápita saltó de 1.010 a 2.757 dólares.

Esta expansión se concretó con una baja tasa de inflación y una llamativa preocupación por preservar el equilibrio fiscal. Algunos analistas atribuyen ese resultado a un manejo prudente de las variables macro-económicas, como consecuencia del trauma legado por la hiperinflación del último gobierno de izquierda (1982-1985). También destacan la psicología campesina de Evo y su aversión al endeudamiento (Stefanoni, 2014).

En la gestión actual se ha priorizado la construcción de caminos, puentes y ciertos emprendimientos como el satélite Tupac Katari o el teleférico entre La Paz y El Alto. Estas obras recuperan la autoestima de una sociedad afectada por la ausencia de realizaciones.

¿El modelo social-desarrollista ha pasado la prueba? ¿Demostró su viabilidad? ¿Augura una siguiente etapa de superación del subdesarrollo?

Nadie se atreve a cantar victoria en una economía tan dependiente de la mono-exportación de combustibles. El Altiplano ha podido usufructuar más que otros países de la excepcional coyuntura de altos precios de las materias primas. Utilizó la renta generada por ese incremento para impulsar el consumo y redistribuir los ingresos.

Pero la ausencia de transformaciones productivas prende luces rojas para el futuro. Bolivia ha consumado avances que ya experimentaron en el pasado países más industrializados (como Argentina) o con estructuras medianas (como Venezuela) y enfrentará los mismos límites que encontraron esos antecesores.

El Altiplano parte de un piso muy bajo de subdesarrollo y cuenta con márgenes mayores para las expansiones rápidas. Pero ese retraso también determina un alto nivel de vulnerabilidad, en comparación con economías que cuentan con más recursos y capitales acumulados.

Los límites del modelo se vislumbran en la esfera de los hidrocarburos que financian todos los programas del estado. Luego de renegociar 44 contratos de concesión las compañías extranjeras mantienen considerables posiciones (especialmente REPSOL y PETROBRAS). La experiencia ilustra especialmente los peligros de utilizar los ingresos fiscales en subvenciones a los contratistas. La indemnización de 1045 millones de dólares recientemente concedida a la empresa Pan American Energy (por la expropiación de acciones realizada en el 2009) es una advertencia de esos antecedentes. Bolivia necesita todos sus recursos para procesos de industrialización (como la utilización del gas para elaborar fertilizantes y plásticos).

En el agro se verifican problemas semejantes. Comenzaron a normalizarse las situaciones irregulares que afectan a los dueños de las pequeñas parcelas. Pero la reforma agraria continúa demorada y la elevadísima concentración de la propiedad en un centenar de clanes terratenientes no se ha modificado.

INÉDITAS CONQUISTAS

El secreto de la estabilidad económica hay que buscarlo en la solidez del poder político construido por Evo Morales. Tras 8 años de gobierno, el líder del MAS conquistó en el 2014 un nuevo mandato, con un porcentaje de votos superior al 60%. Ese resultado se ubica por encima de la victoria del 2005 y se aproxima al triunfo del 2009. Ha ganado en 8 de los 9 departamentos y logró mayoría en las regiones anteriormente adversas de Oriente (con ciertas pérdidas en sus bastiones del Altiplano).

Hasta ahora Evo ha podido sobrellevar el temido desgaste que genera el ejercicio del gobierno y mantiene la mayoría absoluta en ambas cámaras. Sus éxitos en los comicios se inscriben en el nuevo orden constituyente que introdujo a partir del 2006, luego de la aprobación de una nueva carta magna con el 72% de los sufragios.

Este nivel de fortaleza electoral no tiene precedentes en un país que tuvo 36 presidentes que no superaron el primer año de ejercicio. Evo será el mandatario más duradero de esa larga historia de fragilidades presidenciales. Ha logrado revertir la improvisada búsqueda de equilibrios entre las corporaciones que dominaba la vida política.

La consistencia que exhibe Evo contrasta con el desangre económico-social que sufrió Bolivia durante el largo período neoliberal iniciado en 1985. Esa nefasta etapa ha sido reemplazada por un aluvión electoral que convalida los triunfos previamente obtenidos por el pueblo en las calles.

Esa extraordinaria sucesión de luchas sociales fue comenzada por los productores de coca y posteriormente encabezada por los campesinos y trabajadores que libraron la guerra del agua. Derrotaron a los privatizadores, expulsaron a los concesionarios extranjeros y abrieron una gran secuencia de victorias desde abajo. Al costo de 77 muertos impusieron la huida del sanguinario Sánchez de Lozada.

El gobierno de Evo surgió de estas batallas y se consolidó derrotando las conspiraciones de la derecha. Doblegó a los reaccionarios en las urnas, luego de aplastar la sublevación fascista del 2008 (masacre de Pando). Esa victoria explica la fortaleza de su administración.

Morales ha sido el único presidente de la región que surgió directamente de acciones insurgentes de los movimientos sociales. Por esta razón puso en marcha el contundente paquete de iniciativas democráticas y descolonizadoras que consagraron el establecimiento del estado plurinacional . La población indígena logró un reconocimiento sin precedentes de derechos colectivos para 40 etnias, en numerosos terrenos de la lengua, la cultura, la representatividad y la democracia participativa (Mayorga, 2014).

NUEVOS CONFLICTOS

En pocos años se han introducido reformas políticas y sociales que Bolivia desconocía desde los años 50. La derecha tradicional presenta esas mejoras reales como simples fantasías retóricas. También señala que el gobierno populista desaprovechó el ventajoso escenario económico internacional. Le resulta inadmisible haber perdido el control sobre esos lucros y no logra entender cómo su derrota ha desembocado en un escenario de estabilidad capitalista.

Otros sectores conservadores optaron por subirse al carro victorioso del MAS. Incorporaron especialmente en Oriente una parte de sus viejas fuerzas (MNR, ADN) al oficialismo. Con esta absorción Evo logró mayoría en las zonas en disputa, pero hay sumas electorales que restan consistencia política. Esas ampliaciones nunca fueron gratuitas para los gobiernos populares (Arkonada Katu, 2014a).

Evo lidera un proceso reformista radical no sólo en el plano interno. También desenvuelve ese perfil a escala internacional, mediante impactantes cónclaves para exigir la defensa efectiva del medio ambiente, como la Cumbre de Cochabamba (Arkona, 2014b).

Lo más significativo de esa intervención geopolítica es una postura antiimperialista que desborda el terreno declarativo. La expulsión de los conspiradores yanquis (disfrazados de funcionarios de USAID) fue seguida de un retiro impuesto al embajador estadounidense que ha dejado vacante esa delegación. Además, los gobernantes de Israel fueron acusados de terrorismo de estado y el viejo reclamo a Chile de una salida al mar ha sido expuesto con gran contundencia frente a Piñera y Bachelet.

Morales promueve una ideología que combina nacionalismo con indigenismo. Comanda un sistema político que ha desplazado a la vieja elite de oligarcas blancos. Inició su gobierno prometiendo “transformar las protestas en propuestas” y proclama que Bolivia necesita “socios y no patrones”.

Pero el desenvolvimiento de su proyecto enfrenta un techo muy estricto en los marcos del capitalismo. Hasta ahora su esquema concilió alivios populares con privilegios de las clases dominantes. Son dos metas en conflicto, que emergen a la superficie cada vez que el gobierno adopta alguna medida favorable a los grupos de poder.

En esos casos la reacción popular ha sido contundente. Ya ocurrió en diciembre del 2010 con el incremento de los precios de los combustibles (“Gasolinazo”) y durante las marchas contra la construcción de una carretera que atraviesa territorios indígenas (TIPNIS).

El gobierno ha contemporizado con esas protestas y buscó resolver las tensiones en la mesa de negociación. Pero estos conflictos se acrecientan, a medida que Bolivia se transforma en una sociedad urbana con mayores exigencias sociales.

El capitalismo impide la satisfacción de esas nuevas demandas y reduce los márgenes para conciliar los intereses en pugna. Hasta ahora Evo logró soslayar estos problemas, pero no podrá eludirlos en el futuro.

SOCIALISMO COMUNITARIO

A diferencia de Venezuela el socialismo no está presente en Bolivia en los discursos oficiales, en las campañas electorales o en las exposiciones ideológicas corrientes de los gobernantes. Pero forma parte de la tradición política del país y de las principales organizaciones populares. El propio agrupamiento oficial (MAS) incluye la denominación socialista y Evo dedicó su reciente victoria electoral a Fidel y a Chávez, convocando a reafirmar la lucha contra el capitalismo.

El socialismo tiene cabida en otro plano, a través de la conceptualización teórica que ha desarrollado el vicepresidente García Linera. Su punto de partida es la crítica a los catastróficos efectos del capitalismo. Describe cómo este sistema multiplica la desigualdad, el desempleo y la destrucción de la naturaleza. Cuestiona el principio del beneficio, los efectos de la explotación y las agresiones del imperialismo.

Linera retoma el proyecto socialista como respuesta a ese escenario. Defiende ese modelo en términos tradicionales, polemizando con las distorsionadas interpretaciones que difundió la propaganda anticomunista. Recuerda que el capitalismo ha ocupado un breve lapso en la historia y destaca la vigencia del socialismo para superar los tormentos del capitalismo (García Linera, 2010a: 7-18).

Estas contundentes definiciones contradicen el planteo que expuso al asumir como segunda figura del gobierno de Evo. En ese momento propuso impulsar un modelo de “capitalismo andino-amazónico”, tomando distancia de la convocatoria de Chávez a forjar el socialismo del siglo XXI. Sugirió que en Bolivia era conveniente la implementación de alguna variante económica del desarrollismo. Con sus nuevas definiciones a favor del socialismo parece revisar ese enfoque precedente.

Pero la peculiaridad del planteo de Linera radica en el perfil comunitario de su propuesta socialista. Subraya la vitalidad que mantienen las comunidades en Bolivia y la consiguiente vigencia de principios de trabajo asociativo, con fuertes valores éticos de fraternidad, tanto en el campo como los barrios populares de las ciudades.

El vicepresidente considera que esa continuidad permite gestar una variante de socialismo comunitario, semejante al aplicable en Ecuador o a ciertas zonas de México, India y África. Estima que este proyecto no es realizable en los países desarrollados (o de capitalismo intermedio), que han perdido toda memoria de las viejas formas económicas colectivas (García Linera, 2010a: 7-18).

Su propuesta está acotada a las regiones del planeta que conservan legados comunitarios. Linera no postula los proyectos generales de construcción cooperativista que impulsan las corrientes autonomistas. Tampoco propone crear comunas rurales, fábricas auto-gestionadas o economías del tercer sector como anticipos del socialismo. Se limita a señalar que el proyecto anticapitalista puede apoyarse en ciertos países, en la herencia legada por las antiguas estructuras comunitarias.

Esta tesis retoma la especificidad del socialismo andino que en 1920-30 intuyó Mariátegui. El intelectual peruano estimaba que el capitalismo había arrasado en su país con las comunidades incaicas del Ayllu. Pero también destacaba la subsistencia del espíritu solidario gestado por esa tradición. Convocaba a trabajar en la organización de una economía colectiva a partir de esos principios de comunismo agrario (Mariátegui, 2007: 119-121) .

Linera actualiza esa concepción y considera que su visión es coherente con la propia maduración de Marx, que en los últimos estudios de su vida remarcó las potencialidades revolucionarias de las comunidades agrarias rusas (Mir) (Kohan, 2000: 94-111) .

Pero los 140 años transcurridos desde esa caracterización han incluido intensos desarrollos capitalistas, procesos revolucionarios y ensayos de construcción socialista. El grado de subsistencia material de las comunidades en el siglo XXI es significativamente menor al observado por Marx o por Mariátegui. Aunque Linera pone el acento en el legado político-cultural y no en las estructuras económicas de esas formaciones, las mutaciones han sido muy grandes en todos los planos.

Existe otra significativa diferencia con esos antecedentes. Tanto Marx como Mariátegui formularon sus hipótesis, apostando a una victoria próxima del socialismo a escala mundial. Con esa perspectiva en mente imaginaban empalmes de los resabios del Mir ruso o del Ayllu peruano con pujantes desarrollos industriales de la periferia, apuntalados por las economías pos-capitalistas de Europa.

Linera reafirma esa eventual conexión entre u n socialismo de raíces indígenas con el desenvolvimiento de alternativas anticapitalistas a escala mundial. Por eso rechaza cualquier ilusión de forjar un modelo socialista encerrado en el Altiplano. Pero también destaca que esa transición será un prolongado proceso de imprevisible duración (García Linera, 2008: 345-349) .

En este esquema no aclara cómo se produciría el enlace de las antiguas formas comunitarias con el socialismo global. El cambio de temporalidad del proyecto no es un dato menor. La experiencia confirma que cuando esas modalidades quedan sujetas a un contacto dominante con el capitalismo se reduce significativamente la posibilidad de un empalme con cursos socialistas. La competencia mercantil, la generalización del trabajo asalariado y las inversiones del agro-negocio impiden esa convergencia.

Esta contradicción acentúa las propias ambigüedades del enfoque de Linera, que pondera la meta socialista sin abandonar su propuesta previa de capitalismo andino amazónico. Más bien sugiere algún tipo de coexistencia entre ambos esquemas, mediante fragmentos de capitalismo que convivirían con pedazos de socialismo. Supone que durante esa concordancia el segundo sistema erosionará gradualmente al primero (García Linera, 2010a: 7-18).

Pero no define cómo se consumaría esa transición. En sus textos evita precisar si concibe una tensión entre el mercado y la planificación durante el pasaje al socialismo o si proyecta un fortalecimiento previo del capitalismo, antes de cualquier comienzo socialista.

ESTADOS Y GOBIERNOS

Linera estima que el socialismo comunitario será precedido por una gran consolidación del estado. Considera que esa institución ha quedado sometida en la actualidad a un contradictorio proceso de mayor centralidad y vulnerabilidad. Puede manejar grandes presupuestos e intervenir con más contundencia en la economía, pero se encuentra más condicionada y sometida a los flujos internacionales del capital.

El vicepresidente entiende que para afianzar los derechos populares resulta indispensable fortalecer al estado nacional. Postula esta caracterización en abierta p olémica con teóricos como Negri, que cuestionan ese propósito (García Linera, 2010b: 11-39) .

Con este planteo Linera cierra su etapa de pensamiento autonomista. Pone fin a un período de expectativas en el protagonismo de los movimientos sociales y teorizaciones afines al concepto de multitud. Su llegada al gobierno implicó el abandono de esos conceptos y la adopción de una firme convicción en la centralidad del estado (Stefanoni , 2008: 9-26).

En esta nueva mirada la naturaleza de clase del estado es eludida. No se sabe si la institución que permitiría incorporar grandes derechos populares se inscribirá en una transición socialista o en el ámbito burgués.

Linera subraya que en Bolivia el estado debe primero asegurar la descolonización, incorporando los derechos negados durante siglos a los pueblos indígenas. Describe cómo se avanzó en ese terreno legitimando toda la variedad de idiomas y culturas reconocidas en la nueva configuración plurinacional. Estima que este cambio constituye el punto de partida para sustituir el estado aparente de las minorías oligárquicas por el estado integral de las mayorías populares (García Linera, 2010b: 11-39) .

En los hechos postula construir una estructura estatal sólida que ejerza su autoridad sobre todo el territorio. A diferencia del grueso de América Latina, esta construcción nunca fue completada en Bolivia. El gobierno de Evo ha intentado concluirla, creando una nueva red de funcionarios sustitutiva de las elites racistas precedentes.

Linera entiende que este paso será efectivizado por un gobierno popular, que en los hechos se desenvolverá en el marco capitalista. También aquí su planteo de socialismo comunitario queda diluido, ante la decisión práctica de preservar el régimen social vigente.

El vicepresidente también remarca la radicalidad del proceso boliviano, en comparación a otros países como Sudáfrica. Señala que allí se introdujeron drásticos avances descolonizadores con la eliminación del Apartheid, pero sin alterar la dominación económica de los grandes negocios. Considera que en Bolivia se consiguieron logros democráticos del mismo alcance, pero con nacionalizaciones y recuperación del poder económico del estado (García Linera, 2010: 11-39) .

Esas medidas efectivamente incrementaron la captura estatal de la renta de los hidrocarburos, pero no iniciaron las transformaciones requeridas para una transición socialista. Linera evita evaluar esta limitación y sólo remarca la dimensión política del proyecto anticapitalista. Señala que esa estrategia requiere unidad de las organizaciones populares, seducción de las capas medias y aislamiento del imperialismo. Estima que en esas condiciones se podrá forjar gradualmente el socialismo (García Linera, 2010: 11-39) .

¿Cómo concretar ese proceso? La gran popularidad y estabilidad del gobierno de Evo permite evitar estas preguntas. Pero no resuelve las dificultades que enfrentaron todos los procesos que siguieron el camino propuesto por Linera.

INDIANISMO Y MARXISMO

Los indígenas ocupan un lugar prioritario en la nueva realidad boliviana. Linera remarca ese papel, recordando que Evo recupera un liderazgo perdido desde la época del Manco Inca (1540).

El vicepresidente resalta esta gravitación en polémica con los marxistas clásicos, que subrayaban el papel conductor del proletariado en las alianzas populares. Destaca el declive de la condición obrera, al calor de las transformaciones registradas en la minería. También remarca la incapacidad política de la vieja central sindical (COB) para adaptarse a este cambio y pondera el nuevo liderazgo indígena-campesino.

Esta visión de Linera proviene de su anterior proximidad con el indianismo katarista, que postulaba la reinvención del indígena como sujeto de la emancipación. El vicepresidente estima que esa gravitación quedó confirmada en la última década de bloqueos de caminos, que condujeron al surgimiento de una central sindical campesina (CSUTCB) (García Linera, 2008: 373-385).

Pero las conclusiones actuales de Linera no emergen sólo de esa trayectoria. También incorporan su alejamiento del katarismo. En los años 70 defendía las tesis indianistas, luego participó en la acción guerrillera y permaneció cinco años en la cárcel, manteniendo el ideario de autodeterminación de las naciones aimara y quecha. Pero el encuentro de su grupo (Comuna) con Evo luego de la guerra del gas, lo separó de ese pasado político.

En la actualidad se sitúa en una vertiente integracionista del indianismo que reconoce la pluralidad y los aportes de la izquierda. Cuestiona la corriente culturalista (pachamámica) que promueve la simple folkorización y es crítico de la tendencia opuesta que propone construir una república india transnacional (en toda la región) o territorial (en Bolivia) ( García Linera, 2008: 378-385).

El distanciamiento del katarismo y la aproximación al marxismo explican su caracterización actual del socialismo comunitario. Dejó atrás el programa de indianización total y participa en un gobierno que realza la gravitación de los indígenas, sin aceptar su separación del resto de sociedad. Esta visión de Linera tiene más proximidades con la izquierda mariateguista que con el indianismo katarista. Con este nuevo enfoque reformula el proyecto socialista manteniendo la centralidad de la cuestión indígena.

INTERROGANTES DE UNA EVOLUCIÓN

Las rebeliones sociales de la última década pusieron de relieve la opresión padecida en América Latina por 45 millones de individuos pertenecientes a 485 grupos étnicos distintos. Esta resistencia ha derivado en un significativo incremento del número de indígenas que auto-reconoce su identidad.

El último censo registró un gran aumento de la población que asume esa pertenencia. Agrupan al 8,3 % de los habitantes de la región, pero constituyen el 62% de los habitantes de Bolivia. La enorme brecha que separa este porcentual del resto del continente (con la única excepción del 41% en Guatemala) explica la centralidad del problema indígena en el Altiplano (CEPAL, 2014) .

Luego de siglos de avasallamientos, la convergencia de las demandas político-culturales de los indígenas con planteos antiimperialistas tradicionales ha generado nuevas síntesis políticas. Se ha demostrado que los oprimidos pueden asumir varias identidades, combinando aspiraciones culturales, nacionales y sociales (Katz, 2008: 23-28) .

Linera inscribe su visión en este reconocimiento, tomando distancia del indianismo extremo . Su visión previa mantenía vínculos con una vertiente del esencialismo étnico que rechaza la existencia de estándares comparativos universales, para evaluar políticas y estrategias populares.

Ese enfoque realza la superioridad cultural de cierto grupo, mediante un atrincheramiento en las identidades que no deja lugar a la armonización y el entendimiento entre las distintas culturas . Objeta la insensibilidad liberal frente a la diversidad, pero reivindicando un particularismo que ignora el interés común de oprimidos (Díaz Polanco, 2006: 28-30).

El enfoque actual de Linera es más compatible con los ideales de la izquierda, que promueven la defensa conjunta de la igualdad y la diferencia. Marx alentaba el proyecto comunista y el anticolonialismo, Lenin auspiciaba el internacionalismo y el derecho a la auto-determinación nacional y Mariátegui apuntalaba el socialismo y el indigenismo (Díaz Polanco, 2006: 28-30).

Con su proyecto de socialismo comunitario el vicepresidente retoma la búsqueda de esos puentes entre indianismo y marxismo. Esta síntesis complementa varios cambios de su enfoque. Reemplazó las propuestas de autodeterminación por la prioridad del estado plurinacional y sustituyó el protagonismo de la multitud por un gobierno de movimientos sociales. Sus ideas iniciales de comunismo aldeano evolucionaron hacia una expectativa de capitalismo andino-amazónico, que actualmente ha devenido en un programa de socialismo comunitario.

Estas modificaciones tienen cierto parentesco con el itinerario intelectual de Chávez, que empezó coqueteando con la Tercera Vía, se relacionó con los militares derechistas argentinos, perfeccionó el nacionalismo militar revolucionario y terminó adoptando el socialismo.

La complejidad, riqueza y potencialidad de estas trayectorias no son registradas por las evaluaciones que simplemente acusan a Linera de mantener un razonamiento pro-capitalista y adverso a la revolución social (Ferreira, 2011) .

Que el intelectual boliviano haya colocado el proyecto socialista en el centro de su estrategia no es un dato menor. El significado real de ese cambio quedará esclarecido con su evolución y su práctica política. A pesar de sus vaguedades, contradicciones e inconsistencias abre un terreno fértil para debatir la actualización del horizonte anticapitalista.

INCOHERENCIAS DE LA DERECHA

La derecha se burla de cualquier referencia al socialismo, considerando que apunta a entretener al electorado. Pero las menciones de su opuesto -el capitalismo- son vistas como consideraciones de gran trascendencia. Presenta la glorificación del mercado, la competencia o la ganancia como sinónimos de pensamiento profundo y ubica la defensa de la igualdad en un terreno de puro palabrerío.

Utilizando ese criterio ponderó la eliminación de todas las alusiones del MAS al socialismo durante la última campaña electoral. Atribuyó ese abandono al reforzamiento de un discurso conciliador y pro empresarial alejado de Venezuela (Guillemi, 2014). Pero esta interpretación no se condice con la dedicatoria del éxito electoral que hizo Evo a los pueblos que luchan contra el capitalismo

Es igualmente llamativa la diferencia de actitud que asume el establishment frente a Evo y Chávez-Maduro. El mismo tipo de socialismo que no entrañaría consecuencias para Bolivia es presentado como un terrorífico peligro para Venezuela. Ese temor es propagado por un pool de 82 periódicos latinoamericanos integrados a la SIP, que publica desde hace varios meses una página diaria de descripción del caos chavista.

Mientras que algunos medios anuncian el colapso final de la producción petrolera venezolana, otros retratan intenciones masivas de abandono del país ( Oppenheimer , 2014; Vyas, 2014) . Vargas Llosa encabeza esa campaña reaccionaria, proclamando la necesidad de acciones más contundentes que la simple protesta pacífica para derrocar al gobierno (Vargas Llosa, 2014) .

La doble vara de la derecha frente a Bolivia y Venezuela no se basa en distinciones teóricas entre el socialismo comunitario (aceptable) y el socialismo del siglo XXI (indigerible). El problema de los conservadores radica en la dificultad para encontrar argumentos creíbles de ataque a Bolivia, luego de los logros conseguidos en la última década. El gobierno del MAS ha puesto de relieve el sistema político discriminatorio que ha regido en el Altiplano durante siglos y nadie se atreve a defender ese apartheid.

Por otra parte, el tamaño, los recursos y la gravitación regional determinan una incidencia geopolítica de Bolivia muy inferior a Venezuela. El imperialismo no se resigna a perder el manejo del principal territorio petrolero de América Latina y conspira para recuperar el control de PDVSA.

Estados Unidos no dudó en el pasado en invadir países más chicos que Bolivia (como Granada o Panamá) y mantiene desde hace décadas su asedio contra la isla de Cuba. Pero en la última década transformó a Venezuela en el eje del mal, porque este país demostró capacidad de desafío con la construcción del ALBA, la diplomacia del petróleo y la concreción de alianzas extra-regionales inadmisibles para el Departamento de Estado.

El lugar que ocupa cada nación en los ataques imperiales cambia en cada coyuntura y no está determinado sólo por razones ideológicas. El gobierno de Argentina es agredido últimamente con la misma intensidad que su par venezolano, a pesar del explícito rechazo peronista de cualquier proyecto socialista.

La derecha diaboliza a ambos países, contrastando sus pesares con el bienestar imperante en el resto de Latinoamérica. Contrapone la excelente situación que atraviesan las naciones gobernadas por el neoliberalismo, con las desgracias sufridas bajo las administraciones populistas. Destaca como en Venezuela y Argentina se destruye la cultura del esfuerzo, el ahorro y la inversión por la politización del quehacer cotidiano (La Nación, 2014). También difunde datos que sitúan a ambos países al tope de los indicadores negativos de la región (Bazzan, 2014).

Con esas anteojeras ni siquiera registran las enormes diferencias que separan a las dos naciones. Mientras que en Venezuela la burguesía conspira para recuperar el manejo de renta petrolera, en Argentina la renta agraria está en manos del sector privado y sólo se disputa el monto de la tajada impositiva que absorbe el estado.

El modelo económico social-desarrollista de reformas sociales y redistribución del ingreso, que se ensaya en el primer caso difiere sustancialmente del programa neo-desarrollista de recomposición de la burguesía industrial, que se intentó en el segundo país. El chavismo confrontó con el imperialismo, movilizando a las masas y afrontando escaladas golpistas. En cambio el kirchnerismo sólo ha liderado una experiencia de centro-izquierda con autonomía de Estados Unidos, pero sin prácticas antiimperialistas.

El ataque indiferenciado de la derecha contra Venezuela y Argentina y su implícita consideración hacia Bolivia retrata la total inconsistencia de los mensajes derechistas. No explican cómo en el Altiplano se ha logrado una estabilidad macroeconómica bajo un régimen político liderado por caudillo, que reúne todas las pesadillas del populismo. Tampoco aclara de qué forma un gobierno tan alejado de sus formatos políticos ha logrado niveles de inflación, inversión o tranquilidad cambiaria semejantes a los países con gobiernos ultra-liberales.

La derecha realza a estas últimas administraciones ocultando los índices de exclusión, criminalidad o explotación. Nunca habla de la precarización laboral de Perú, del desastre de la jubilación en Chile o de la tragedia de los emigrantes de México y Centroamérica.

 La omisión de noticias adversas en los países gobernados por la derecha, los silencios sobre Bolivia, las calumnias contra Venezuela y las campañas contra Argentina retratan cómo operan los medios de comunicación. Moldean un sentido común distorsionado para fijar la agenda pública al servicio de la dominación burguesa.

Los comunicadores de las grandes cadenas periodísticas nunca actúan con independencia, profesionalidad u objetividad. Aprovechan su condición de personajes influyentes para construir realidades virtuales divorciadas de los acontecimientos reales.  

Por eso las batallas en este campo son decisivas y cualquier paso hacia la democratización del espacio comunicacional es vital. Desafiar el mensaje conformista, contrapesar la manipulación de las imágenes y demostrar que la información es un derecho en conflicto con la rentabilidad es una prioridad para la acción de la izquierda.

COYUNTURAS Y FUTUROS

El afianzamiento de un proyecto político radical con imaginarios socialistas en Bolivia retrata los límites de la contraofensiva actual de la derecha latinoamericana. Los conservadores buscan reinventarse con discursos más sociales, compromisos de asistencialismo y perfiles juveniles. Proclaman la disolución de las ideologías, despolitizan las campañas electorales y enfatizan la centralidad de la gestión.

La derecha pretende aprovechar el estancamiento del ciclo de ascenso popular, que comenzó a fines de los 90 en Venezuela y alcanzó su máxima intensidad entre el 2000 y el 2005. La resistencia de Honduras, las marchas campesinas en Colombia, las protestas estudiantiles en Chile y el despertar juvenil en Brasil no tuvieron la dimensión de las rebeliones previas de Venezuela, Argentina, Bolivia o Ecuador que tumbaron gobiernos neoliberales.

Pero no es la primera vez en la historia latinoamericana que un fuerte despegue de revueltas populares es sucedido por un escenario de contragolpes e indefiniciones. Los equilibrios de los últimos años estuvieron muy influidos por la recuperación económica y la afluencia de divisas generadas por la revalorización de las exportaciones agro-mineras. Ambos fenómenos tienden a frenarse.

Nadie sabe qué rumbo adoptará la resistencia popular en los próximos años. Pero la situación actual de Bolivia ilustra cómo la experiencia de la última década ha creado un piso de convicciones ideológicas y definiciones políticas que elevaron el nivel de conciencia popular. Este acervo constituye el basamento para debatir las estrategias de la izquierda.

Estas reflexiones presuponen una revalorización del socialismo, en contraposición a la presentación derechista de este debate como un simple juego de palabras, en torno a etiquetas sin contenido.

Esa discusión permite destacar que América Latina no afronta sólo escenarios neoliberales o neo-desarrollistas, sino también posibilidades anticapitalistas. Las experiencias de Venezuela y Bolivia alimentan reflexiones sobre estrategias, ritmos y caminos al socialismo. También inducen a soñar con ese futuro.

Resumen

El modelo social-desarrollista ha generado en Bolivia un gran crecimiento sin transformaciones estructurales, desde un piso de gran subdesarrollo. La solidez electoral del gobierno deriva de logros democráticos previamente conquistados en las calles. Pero una nueva escala de avances enfrenta la coraza del capitalismo.

El proyecto de socialismo comunitario se inspira en tradiciones vigentes, pero con menor proyección que en el pasado y enfrenta gran incompatibilidad con los escenarios internacionales de competencia. Estas mismas limitaciones afectan al estado plurinacional, que logró autoridad en todo el territorio a partir del desplazamiento de las elites racistas. El indianismo ha sido reemplazado por proyectos de convivencia más afines al ideal de diversidad político-cultural.

El establishment comunicacional que maltrata a Venezuela ha sido considerado con Bolivia. Esta dualidad se extiende a otras incoherencias ideológicas de la derecha, que enfrenta en el Altiplano un gran límite para su contraofensiva regional.

REFERENCIAS

– Arkona Katu, (2014b), “Hacia un nuevo orden contrahegemónico”, www.rebelion.org, 16/6.

– Arkonada Katu, (2014a), “Sostener para profundizar, profundizar para sostener”, alainet.org, 13/10.

– Bárcena, Alicia, (2014), “El modelo boliviano”, Página 12, 6/7.

– Bazzan, Gustavo, (2014), “Argentina y Venezuela tienen las peores notas”, www.clarin.com, 31/8. 

– CEPAL, (2014)), Los Pueblos Indígenas en América Latina. Avances en el último decenio y retos pendientes, www.cepal.org, 22/9.

– Díaz Polanco, Héctor, (2006), Elogio de la diversidad, Siglo XXI, México.

– Ferreira Javo, (2011), “Comunidad indigenismo y marxismo”, Estrategia Internacional, n 27, marzo.

– García Linera, Álvaro, (2008), La potencia plebeya: acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia , CLACSO .

– García Linera Álvaro, (2010a), “El socialismo comunitario”: un aporte de Bolivia al mundo”, Estado Plurinacional, www.vicepresidencia.gob.bo

– García Linera, Álvaro, (2010b), “La construcción del estado”, Tres pensamientos políticos, UBA sociales publicaciones, Buenos Aires .

– Guillemi Rubén, (2014) “Aciertos políticos y cuentas pendientes”, “De la épica chavista a la prudencia chilena, la metamorfosis de Evo”, La Nación, 15/10.

– Katz Claudio, (2008), Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires.

– Kohan, Néstor, (2000), De Ingenieros al Che, Biblios, Buenos Aires.

– La Nación, (2014), “Argenzuela”, www.lanacion, 30/8.

– Mariátegui, José Carlos, (2007), “La revolución socialista latinoamericana”, El marxismo en América Latina, Antología. Editorial LOM, Santiago de Chile.

– Mayorga, Fernando, (2014), “Entrevista”, www.ihu.unisinos.br, 13/2.

– Molina, Fernando, (2013), “¿Por qué Evo Morales sigue siendo popular?”, Nueva Sociedad, n 245, mayo-junio.  

– Navarro, Miranda; Cárcamo, César (2014), “El modelo”, Página 12, 24/8.

– Oppenheimer, Andrés, (2014), “Venezuela hacia la importación de petróleo”, www.libremercado, 3/ 9.

– Stefanoni Pablo, (2008), “Presentación”,   La potencia plebeya: acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia, CLACSO.

– Stefanoni Pablo, (2014), “Evo, el ex villano”, Sin Permiso, 19-10.

– Vargas Llosa, Mario, (2014), “La libertad en las calles de Venezuela”, cubademocraciayvida.org, 10/3.

– Vyas Kejal, (2014), “Venezuela”, images.elmercurio.com, 29/8.

Publicado en: Global

“Hay que deshacerse del PIB”

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

 Por:  LUCÍA VILLA

Cobró relevancia internacional cuando el expresidente venezolano Hugo Chávez recomendó su lectura a los delegados de la Cumbre sobre Cambio Climático de Conpenhague en 2009, pero su obsesión por los efectos de la actividad del hombre sobre el medio ambiente había comenzado bastantes años atrás, impactado por las consecuencias del accidente nuclear de Chernobyl. Desde entonces, este reputado periodista francés del diarioLe Monde, que ha trabajado también para Courier International y La Recherche, ha dedicado su obra a denunciar cómo el beneficio de unos pocos tiene consecuencias devastadoras para los recursos que deben sustentarnos a todos. En sus dos ensayos (Cómo los ricos destruyen el planeta, 2007 y Para salvar el planeta salir del capitalismo, 2009), Hervé Kempf plantea la necesidad de abordar la crisis ecológica desde una perspectiva de justicia social porque “sólo reduciendo las desigualdades se podrá salir de ella”.

En un encuentro en Madrid con motivo de unas conferencias en La Casa Encencida, el autor charla con Públicosobre el estado actual del capitalismo y las revueltas sociales que parecen rechazarlo, así como de las alternativas políticas que se articulan para salir de “la situación histórica grave” en la que vivimos.

Usted afirma que “el capitalismo está por concluir su corta existencia” ¿Hay evidencias de esto hoy por hoy?

Considero que el capitalismo hay que analizarlo como “forma” histórica y no como sistema intelectual. Es una “forma” histórica como lo fue la república romana que se terminó convirtiendo en imperio para deshacerse al cabo de 300 años. Pasó lo mismo con la Edad Media. El capitalismo comenzó un poco antes de la revolución industrial y llegó a su apogeo en los años 90 convirtiéndose en el sistema económico que se aplica en todo el mundo.

Pero ahora ha entrado en una fase de debilitamiento profundo, de disolución progresiva, porque la ideología y la filosofía capitalista han dejado de proponer horizontes. Por ejemplo, en los años de la Guerra Fría, estaba claro que había una dinámica del concepto capitalista asociada al concepto de democracia que era una verdadera batalla ideológica para combatir el comunismo en las regiones soviéticas. En los años 90 había igualmente una dinámica extremadamente fuerte del pensamiento capitalista, que enarbolaba el individualismo, la innovación y también una idea de la prosperidad para todos. No ya para los países que estaban acostumbrados a un cierto bienestar y para las sociedades de consumo, sino para todos los países del mundo, Rusia, China, etc. Ahora está claro que ya no estamos en esa situación. El capitalismo ya no proyecta una imagen de futuro.

Y por otro lado, es evidente que no puede hacer frente a la cuestión ecológica, lo que quiere decir que la lógica del mercado no ha podido resolver ese problema. Por el contrario, la situación actual del capitalismo es la de un estado donde hay una enorme desigualdad. Hemos llegado a unos niveles de desigualdad extremadamente grandes y que crean unas situaciones de tensión social extremadamente fuertes. Y el capitalismo no acierta a salir de esa situación, está estancado. No puede salir sin destruir el medio ambiente.

Además, hay una situación que corresponde a lo que yo llamo la oligarquía, una pequeña minoría de gente que quiere mantenerse y que no acepta una repartición social más justa.

En los últimos años hemos visto importantes movimientos de protestas en Suramérica, en España, en Grecia, en Portugal y en otros muchos países contra este sistema establecido. ¿La sociedad está tomando conciencia?

Es difícil de decir. Diría que depende de cada país. Lo que es seguro es que hay un malestar extremadamente grande. La multiplicación de la rebelión que pasa de un país a otro es también muy impresionante. Desde 2010 y 2011 hemos pasado a una situación de tensión permanente, como cuando el fuego se extiende de un lugar a otro. En comparación, los 90 y los años 2000 han sido bastante tranquilos. Las revueltas en los países árabes, las revueltas en Chile en 2011 que fueron muy importantes, el movimiento social en Quebec, Brasil el año pasado, Turquía… movimientos que agitan profundamente a la sociedad china, que agitan también a la sociedad india, el movimiento de los indignados que comenzó en España y que ha pasado un poco a Francia pero más a EEUU, los acontecimientos violentos que se produjeron en Grecia contra las políticas de austeridad, las revueltas bastante frecuentes que se producen en Francia por cuestiones ecológicas… todo eso muestra que hay un malestar muy grande, lo que quiere decir que hay una amplia capa social de diferentes países que ya no acepta el sistema, que consideran que el sistema dominante no responde ya a sus aspiraciones.

Pero que eso se traduzca en una conciencia social, que era tu pregunta, yo no lo creo. Porque el sistema de la oligarquía mantiene el control mediático, que es el que actualmente tiene la capacidad de influir en la opinión pública. Controlan la tele, la radio… y por lo tanto forman la opinión. Controlan también la publicidad, con un baño constante que es parte también de la cultura común y que irriga poderosas imágenes que nos hacen entrar en el juego de una serie de aspiraciones populares.

Mi percepción es que todavía no existe una alternativa lo suficientemente fuerte para transformar esta rebelión y rechazo del sistema en un enfoque positivo, en una visión política lo suficientemente fuerte y convincente.

¿Tampoco en España? No sé si está al tanto del panorama político aquí…

No me atrevo a hablar mucho del caso de España porque lo conozco poco. Estoy atento a ver qué pasa con Podemos, pero prefiero ser prudente.

España es un país muy interesante porque entre 1990 y 2000 se vivió un entusiasmo por el capitalismo que la sociedad asoció a la salida del franquismo por un lado y al descubrimiento de la libertad, de la economía y de la prosperidad, por otro. Pero también fue una época en la que hubo una especulación financiera enorme, unos niveles de endeudamiento gigantes, unos daños ecológicos muy importantes por el crecimiento inmobiliario delirante, ese aeropuerto construido para nada… en fin, especulación pura. Además se produjo ese desvió del partido socialista que, como todo partido socialdemócrata europeo o americano, se ha convertido en un sucedáneo de la corriente neoliberal.

Y bueno, ahora estamos en plena resaca de la crisis de 2008 que se traduce por algo nuevo que es Podemos. Pero no puedo decir nada porque la lectura política no está muy clara todavía, tengo que estudiarlos. ¿Son un poco como Beppe Grillo en Italia? ¿Hay realmente una visión política clara?

 Hay un sentimiento general de malestar, de desigualdad, de que las élites ya no defienden el interés general sino los intereses de una casta. Pero si ese malestar no se traduce en un discurso político fuerte que defienda la ecología y justicia social, se corre el riesgo de derivar esa necesidad hacia corrientes que podemos calificar de extrema derecha, es decir, identitarias, nacionalistas. Y es una situación delicada.

Pero no conozco lo suficiente a Podemos como para hablar de ello. Solo puedo decir que su nacimiento es una gran noticia y que interesa mucho en Francia, sobre todo a todos aquellos que somos de izquierdas, seguimos con atención la evolución de Podemos.

En cualquier caso, los datos siguen mostrando que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, incluso después de la crisis económica global. La desigualdad no ha hecho otra cosa que crecer. ¿Hay razones para el optimismo?

No sé si hay razones para el optimismo o no. Estamos ante una situación histórica muy grave. Es importante decir que detrás de la cuestión ecológica se plantea la cuestión de la justicia social a nivel global.

Pienso que hay dos escenarios posibles. Está el escenario de la oligarquía autoritaria donde ante las tensiones sociales y ecológicas, las clases dirigentes se crispan cada vez más evolucionando hacia un autoritarismo más grande, un control de los medios más fuerte, una reducción de las libertades públicas, la criminalización de los movimientos sociales y ecologistas y que además trata de desviar la tensión social hacia chivos expiatorios como los inmigrantes, los extranjeros, etc. Y este escenario no es una posibilidad, sino que es un escenario que está comenzando a producirse, con tensiones cada vez más fuertes que se manifiestan también en el plano internacional. Si permanecemos en un sistema donde es necesario el crecimiento a toda costa, donde el ecosistema se mantiene a costa de un fuerte consumo material, la tensión y la competición por los recursos serán cada vez más fuertes.

Y por otro lado hay un segundo escenario posible y que, a mi entender, es el de la igualdad de oportunidades, que es el escenario optimista. Es aquel de la ecología justa con una sociedad fuertemente transformada que diga “podemos hacerlo de otra manera”. Pero para que esa transformación sea posible hace falta adaptarla al conjunto de la cultura, no sólo a la sociedad y a la economía, sino a la cultura misma de la vida cotidiana que se transforma para aceptar esta nueva idea de la igualdad global.Esto quiere decir que yo, como español o francés, no tengo derecho a tener más que un africano o que un boliviano.

Ahora estamos volviendo a tiempos de conflicto. Pero el hecho de que haya conflictos no significa necesariamente que sean violentos. Pero para responder a tu pregunta sobre si debo ser optimista o no… bueno, en cualquier caso, la sociedad humana durará… pero, ¿Podremos salir de esta adaptación histórica necesaria sin mucho sufrimiento ni violencia?

Creo que hay algo muy importante también y es que estamos cambiando de época y el conjunto de las sociedades humanas está empezando a darse cuenta de que son una misma sociedad. Ahora sabemos que a consecuencia de la globalización pertenecemos a la misma sociedad, tenemos una enorme cantidad de rasgos culturales en común, cada vez más… y si hay algo que une profundamente a la sociedad humana es la cuestión ecológica, porque la única manera de resolver el cambio climático es todos juntos. Ese aspecto unificador me hace pensar que hay razones para el optimismo y que la gravedad de la situación en la que estamos nos puede conducir a articular lógicas de solidaridad y de cooperación y en consecuencia de transformación en las relaciones sociales.

China y EEUU acaban de firmar un histórico acuerdo para reducir sus emisiones contaminantes en el futuro. ¿Qué opina de esto?

El análisis que yo hago es que lo más importante no es tanto el acuerdo firmado entre China y EEUU, sino que por primera vez China, al más alto nivel, ha dicho: “reduciremos las emisiones”. Y eso, desde que comenzaron las negociaciones climáticas en el 92, no había sucedido. El discurso de China era: “vosotros lo ricos sois los responsables del cambio climático y nosotros necesitamos crecer, así que solucionad el problema”. Por eso lo que se ha conseguido es muy importante. Podemos criticar que hablen de 2030 porque 2030 queda lejos, pero acordaron limitar las emisiones y eso es importante. Es importante el compromiso de China y para mi es un punto de inflexión con respecto a todas las negociaciones climáticas anteriores.

Luego el acuerdo puede resultar insatisfactorio, pero sin duda es el comienzo de que las lógicas de cooperación se están estableciendo. Y precisamente son lógicas de cooperación entre dos países que años antes hubieran dicho “¡Nosotros somos rivales!”. No significa que ahora todo esté arreglado, pero estamos ante una lógica de cooperación.

A la vez, no deja de ser un acuerdo decepcionante porque es un acuerdo entre dos oligarquías: Obama hace lo que puede, pero es la representación del país más oligárquico que existe. Yo acostumbro a decir que EEUU ya no es una democracia, sino una oligarquía en el buen sentido del término. Y también podemos apreciar una visión oligárquica de China, los especialistas emplean el término oligarquía o incluso el de plutocracia.

En cualquier caso, quiero resaltar que las dos mayores potencias del mundo han acordado que la cuestión climática es lo suficientemente importante como para empezar a hacer algo al respecto.

¿Está la sociedad condenada a decrecer?

Yo no empleo el término decrecimiento. ¿Por qué? Primero porque eso produce miedo en la gente. Y segundo porque el crecimiento se refiere al PIB y el PIB mide la actividad humana, pero no el impacto que esa actividad humana tiene sobre la naturaleza, el impacto ecológico. Por tanto, hay que deshacerse del PIB porque no tiene en cuenta el aspecto que se ha vuelto más importante, es decir, la cuestión ecológica. Así que no hablo de crecimiento o de decrecimiento, lo que hace falta es cambiar el indicador que nos permite medir aquellos aspectos que conforman la buena salud de una sociedad. Uno no tiene que preguntarse si cree o no cree en el decrecimiento, sino qué es lo que asegura el bienestar de una sociedad y si ese indicador está en armonía con la naturaleza y el medio ambiente. Eso es lo esencial. Y me refiero a los países ricos, no a los pobres. Pero eso será imposible si no conseguimos reducir antes las desigualdades en el seno mismo de la sociedad.

 

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La Dignidad salió a las calles. Centenas de miles de personas en más de 30 ciudades del Estado español

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

 Por:  Kaos. Estado Español

Centenas de miles de personas salieron a la calle en más de 30 ciudades del Estado español convocadas por colectivos sociales, sindicatos, formaciones políticas y decenas de organizaciones para pedir “Techo, pan y trabajo” y protestar contra las políticas de la troika. 

Las llamadas Marchas por la Dignidad han arrancado pasadas las cinco de la tarde desde Atocha camino de la Puerta del Sol para reivindicar “Pan, trabajo y techo”. Convocadas por toda España, ponen fin así a una semana de lucha en la que se han producido diversas concentraciones por el empleo digno o una renta básica.

Desde primera hora de la mañana varias columnas han partido desde diversos puntos de Madrid, la mayoría en dirección a Atocha, desde donde han iniciado el recorrido hasta Sol.

En el camino, se unirán en Cibeles otras columnas procedentes de la zona norte de la Comunidad para partir todas juntas hacia la Puerta del Sol, han informadolos convocantes de la manifestación.

Antes de la manifestación, el coordinador general de IU, Cayo Lara, ha subrayado en declaraciones a los periodistas que desde su partido apoyan las movilizaciones porque el derecho al pan, al techo y al trabajo digno están recogidos en la Constitución Española.

Lara ha asegurado que en España hay recursos suficientes pero “falta voluntad política porque en estos años se ha incrementado el número de ricos y también el de pobres”.

Las llamadas Marchas por la Dignidad han arrancado pasadas las cinco de la tarde desde Atocha camino de la Puerta del Sol para reivindicar “Pan, trabajo y techo”. Convocadas por toda España, ponen fin así a una semana de lucha en la que se han producido diversas concentraciones por el empleo digno o una renta básica.

Desde primera hora de la mañana varias columnas han partido desde diversos puntos de Madrid, la mayoría en dirección a Atocha, desde donde han iniciado el recorrido hasta Sol.

En el camino, se unirán en Cibeles otras columnas procedentes de la zona norte de la Comunidad para partir todas juntas hacia la Puerta del Sol, han informadolos convocantes de la manifestación.

Antes de la manifestación, el coordinador general de IU, Cayo Lara, ha subrayado en declaraciones a los periodistas que desde su partido apoyan las movilizaciones porque el derecho al pan, al techo y al trabajo digno están recogidos en la Constitución Española.

Lara ha asegurado que en España hay recursos suficientes pero “falta voluntad política porque en estos años se ha incrementado el número de ricos y también el de pobres”.

Asimismo, se ha mostrado convencido de que las movilizaciones continuarán hasta que haya un Gobierno en España “sensible” que cumpla con lo que promulga la Carta Magna y ha arremetido contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, porque “lleva mucho tiempo sin ir a las colas del paro y a los comedores sociales”

La lluvia no ha impedido que miles de personas, entre ellos afectados por Expedientes de Regulación de Empleo de varias empresas, desahucios o la causa de los niños robados, participen en el arranque de la marcha.

Durante el trayecto, proferían consignas como “Que viva la lucha de la clase obrera” y portaban pancartas en las que se puede leer “Le llaman democracia y no lo es”, “No al pago de la deuda ilegítima” o “Violencia es robar casa y pan”.

Una de ellas, Carla, de 26 años, ha aseguradoque se manifiesta porque “es el momento de recuperar el país”.

“Se han cargado los recursos públicos, el empleo, están expulsando a los jóvenes de las universidades y así es imposible construir un proyecto de vida. Obligan a los jóvenes a irse del país y los jóvenes lo que queremos es quedarnos”, ha lamentado.

Entre los asistentes también se encontraban representantes de los sindicatos CCOO y UGT de Madrid, que han organizado una jornada de manifestación bajo el lema “Dignidad y Derechos”, frente a las políticas económicas y sociales.

Fuente: Diario Público

Noticia en construcción…

Miles de personas recorrerán este sábado 29 de noviembre diversas ciudades españolas bajo el lema “Pan, trabajo, techo y dignidad”, en una nueva edición de las Marchas de la Dignidad. De esta manera se pone fin a las Jornadas de lucha por la dignidad, una semana en la que se han organizado actos, en todas las comunidades autónomas, por el empleo digno, por una renta básica, por los servicios públicos y de calidad, por el derecho a la vivienda y la dación en pago o contra la violencia de género, entre otros.
Estas nuevas movilizaciones se han convocado a tenor del éxito que tuvo la convocatoria del pasado 22 de marzo, en la que miles de personas, procedentes de todos los puntos de España, marcharon hasta Madrid para participar en una manifestación conjunta. Además, también se organizaron viajes desde algunas ciudades europeas como Berlín, Hamburgo o París.

¿Quiénes convocan las manifestaciones?

Las Marchas de la Dignidad de este sábado están secundadas por más de un centenar de organizaciones de distinto carácter. Entre estas se encuentran plataformas contra los desahucios, como la PAH; movimientos vecinales; asambleas del 15M; partidos y organizaciones políticas, como Izquierda Unida, Equo, Alternativa Republicana, Izquierda Anticapitalista o el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), entre otros; proyectos colectivos, como el Frente Cívico; y organizaciones sindicales, como la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), Sindicato Ferroviario, Sindicato Obrero Republicano, la Confederación General de Trabajadores (CGT) o el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), entre otras.

Por su parte, las centrales sindicales UGT y CCOO anunciaron el pasado jueves que también participarán en las manifestaciones bajo el lema “Dignidad y derechos”, a pesar de que no se movilizaron en la anterior convocatoria del mes de marzo.

Esta decisión ha provocado el rechazo de los organizadores y de alguno de los sindicatos alternativos adheridos. Desde el Movimiento 22M no tardaron en lanzar un comunicado en el que aseguraban que “esas organizaciones sindicales no pertenecen a las Marchas de la Dignidad” y rechazaban la “contaprogramación” porque, según los organizadores, “crea confusión y desmovilización”. “Las direcciones de UGT y CCOO tienen un largo recorrido que hacer para asumir los compromisos y objetivos adquiridos por las Marchas de la Dignidad, tanto en la teoría como en la práctica”, sentenciaron.

¿Qué reclaman?

En esta nueva edición, que se engloba bajo el lema “Pan, trabajo, techo y dignidad”, los organizadores reclaman “una sociedad de hombres y mujeres libres, una movilización contra un sistema, un régimen y unos gobiernos que nos agreden y no nos representan”, según reza el manifiesto de convocatoria. Además, desde las Marchas 22M también se exigirá “que se vaya el Gobierno del PP y todos los que recortan y colaboran con las políticas de la Troika”.

En definitiva, una manifestación por “el empleo digno, por una renta básica, por los servicios públicos y de calidad, por el derecho a la vivienda y la dación en pago, por las libertades democráticas, por los presupuestos restrictivos de las administraciones públicas, contra el pago de la deuda odiosa, el paro, la precariedad, los recortes, el TTIP, la corrupción, el régimen del 78, la represión y contra la violencia hacia las mujeres”, según recoge el manifiesto de convocatoria.

Manifestaciones

En esta nueva edición no habrá una movilización masiva en Madrid, sino manifestaciones multitudinarias a nivel autonómico. Por el momento, hay convocadas marchas en nueve comunidades autónomas diferentes durante todo el sábado.

Andalucía

Ocho marchas recorrerán, a lo largo de todo el día, las calles de las capitales andaluzas. Las manifestaciones partirán a las 12.00 horas en Cádiz –desde la puerta Purchena– , Córdoba –desde la Subdelegación de Gobierno–, Granada –desde El Triunfo–, Huelva –desde la avenida de la Orden– y Sevilla –desde el Prado de San Sebastián–. Por su parte, el acto en Málaga arrancará media hora más tarde desde el Puente de Tetuán.

En Jaén se celebrará la marcha a las 17.00 horas, y tendrá su punto de inicio en el polígono El Valle. Finalmente,Almería cerrará las manifestaciones andaluzas a las 18.00 en la Puerta Purchena.

Aragón

En esta comunidad autónoma, el acto central se celebrará en Zaragoza. Hay convocada una marcha que arrancará a las 19.00 horas desde la Plaza del Pilar.

Asturias

A pesar de que no se ha convocado ninguna manifestación en territorio asturiano, la organización ha puesto a disposición de los interesados dos autobuses –tendrán paradas en Oviedo, Avilés, Luarca, La Felguera y Gijón– para participar en la marcha convocada en Santiago de Compostela. El precio de los billetes es de 15 euros.

Canarias

Hay convocadas manifestaciones en tres de las siete islas del archipiélago. En Fuerteventura, las dos columnas que comenzarón la marcha este viernes –una norte desde Corralejo y otra sur desde Gran Tarajal– se unirán a la manifestación convocada a las 12.00 horas en Puerto del Rosario.

Por su parte, en La Palma se celebrará una marcha que arrancará a las 17.00 horas desde los Cancajos hasta Santa Cruz de La Palma.

En último lugar, hay convocada una manifestación a las 18.00 horas en Las Palmas de Gran Canaria. La marcha recorrerá el tramo entre la Plaza de las Ranas y San Telmo.

Cataluña

Hay convocada una multitudinaria manifestación en Barcelona, que tendrá su inicio a las 18.00 horas en la Plaça Universitat y recorrerá el tramo hasta la plaza Joan Peiró, donde hay preparado un acto de cierre en el que participarán representantes de diferentes colectivos, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Extremadura

Hay convocadas manifestaciones a las 18.00 horas en Badajoz –saldrá de la Avenida de Huelva y finalizará en la Plaza de España–, Cáceres –desde Avenida de América (la Cruz) hasta el Paseo de Cánovas–, Mérida –desde la oficina del SEXPE (barriada Nueva Ciudad) hasta la Plaza del Rastro–, Plasencia –desde el Parque de la Coronación hasta la Plaza Mayor– y Don Benito –desde la estación de autobuses–.

Además, hay convocada una manifestación en Almendralejo a las 18.30, que recorrerá el tramo entre el Parque de las Palmeras y la Plaza de España–.

Galicia

La columna gallega de las Marchas de la Dignidad ha convocado una marcha desde distintos puntos de Galicia que culminará este sábado a las 12.00 horas en la Praza do Obradoiro de Santiago de Compostela.

La Rioja

Hay convocada una marcha bajo el lema “¡No a la autovía del oja!” que recorrerá los 13,5 km que separan las localidades de Ezcaray, de la que se saldrá a las 10.00 horas, y Santo Domingo de la Calzada. Una vez que la marcha haya llegado a la Plaza de Hermosilla, a las 14.00 horas, los asistentes se manifestarán por todo el municipio.

Madrid

Las nueve columnas que recorrerán recorrerán este año la capital confluirán a las 17.00 horas en la glorieta de Atocha, tras lo que recorrerán el Paseo del Prado hasta la glorieta de Cibeles y finalmente concluir la marcha en la Puerta del Sol hacia las 19.00 horas, donde se leerá un manifiesto y, tras unos temas interpretados por la Solfónica, se dará por concluida la marcha, según Europa Press.

La Columna Norte partirá a las 10.30 horas desde la estación de Metro Manuel de Falla, uniéndose en Plaza de Castilla hacia las 14.00 horas el ramal que comenzará a las 13.00 horas desde el centro comercial La Vaguada. Pasará por Cuatro Caminos y San Bernardo antes de llegar por la Gran Vía a Cibeles, donde confluirán con el resto de columnas.

La Columna Nordeste saldrá a las 11.00 horas desde la Plaza de la Hispanidad de Coslada, alcanzando Ventas hacia las 15.35 horas y a Atocha a las 17.00 horas. La Columna Sur partirá desde Rivas y Arganda, pasando por Vallecas, mientras que una columna más iniciará su recorrido desde Getafe.

La Columna Suroeste va a partir a las 8.00 horas desde el campamento de los trabajadores afectados por el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de Coca-Cola Iberian Partners, ubicado en Fuenlabrada. Llegarán al Hospital Severo Ochoa a las 10.00 horas, y a ellos se unirá un ramal que partirá al mediodía desde Latina. A las 14.00 horas se prevé que estén en el Puente de Toledo, listos para continuar hasta Atocha.

También estará presente la Marea Verde con una columna propia, que enfilará desde la glorieta de Embajadores a las 16.00 horas hacia la rondas de Valencia y de Atocha.

La Columna Exterior Internacional partirá a las 15.30 de la Plaza de Lavapiés, y en ella estarán presentes aquellos que se han visto obligados a emigrar al extranjero por la actual coyuntura económica.

La Columna de Plataforma contra la Impunidad del Franquismo partirá a las 15.30 horas desde la Puerta del Sol, bajando por Carretas y Atocha hasta la misma plaza del Emperador Carlos V.

País Vasco

Tres columnas partirán desde Sestao –a las 10.00 horas–, Areeta –a las 10.00 horas– y el barrio de Bilbao La Vieja –a las 11:30– para confluir, a las 12.30 horas, en la multitudinaria manifestación que arrancará desde la plaza del Sagrario Corazón, en pleno centro de Bilbao.

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MEDIOS

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China y Rusia: Las locomotoras del nuevo orden mundial

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Raúl Zibechi

ALAI AMLATINA, 28/11/2014.- En la alianza estratégica entre China y Rusia está el epicentro del nuevo orden mundial. Entre ambas están siendo capaces de arrastrar a Eurasia, siendo la principal señal del declive de Occidente y, de modo muy particular, de los Estados Unidos.

“Asia para los asiáticos” se titula el artículo de la prestigiosa Foreign Affairs, donde Gilbert Rozman explica que la amistad chino-rusa llegó para quedarse. No se trata de un artículo cualquiera, escrito por un periodista del montón en un medio de segunda fila. Rozman es profesor de sociología en la Princeton University, autor de numerosos ensayos y libros sobre Asia, incluyendo su último “El pensamiento estratégico chino hacia Asia” (1).

Ambas potencias comparten algunas visiones que Rozman detalla: “han desafiado el orden internacional, apoyándose dándose mutuo respaldo diplomático para enfrentar sus problemas en Ucrania y Hong King”; comparten una “identidad nacional por la que se definen en oposición a Occidente”, y, lo que quizá sea más relevante, “están de acuerdo en que el orden geopolítico de Oriente debe oponerse a Occidente, lo que ha acercado significativamente las relaciones bilaterales” (Foreign Affairs, 29 de octubre de 2014).

La mayoría de los analistas occidentales, buena parte del público y hasta las elites políticas, sobreestiman las tensiones sino-soviéticas durante la guerra fría y no toman en cuenta que “desde 1990 las autoridades de Rusia y China han lamentado aquellas tensiones”. Ahora las cosas han cambiado considerablemente, ya que Rusia no quiere, ni puede, ser el socio dominante de la relación. “Ambos han acusado a Estados Unidos de seguir con una mentalidad de guerra fría agresiva, tratando de contener sus legítimas ambiciones en sus regiones”, destaca Rozman.

Seis son las razones que considera para afirmar que la alianza ruso-china será duradera. Primero, sienten “orgullo de la era socialista”. Dos, hacen hincapié en “sus diferencias históricas con Occidente”, ya que ambas naciones fueron víctimas de los diversos imperialismos. Tres, rechazan el modelo económico que entró en crisis en 2008, al que “consideran inferior a sus propios modelos”. Cuatro, estrechan relaciones como forma de hacer frente a las actuales amenazas externas. Cinco, están del mismo lado en las principales disputas globales. Seis, “hay campañas oficiales en ambos países para promover la identidad nacional”.

Dos cumbres, un triunfador

La cumbre Asia Pacífico, o Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), de la que los medios occidentales destacaron el gesto de Vladimir Putin de colocarle el abrigo a la esposa de Xi Jinping, fue un paseo chino. Los 21 países de APEC reunidos del 8 al 10 de setiembre respaldaron la creación de la Zona de Libre Comercio Asia-Pacífico (FTAAP, por sus siglas en inglés) en lo que Xi Jinping definió como “una decisión inscrita en la historia” (South China Morning Post, 11 de noviembre de 2014).

Según el diario, Washington habría presionado a Beijing para restarle importancia a la FTAAP, pero Xi elevó la apuesta, definió una “hoja de ruta” para la zona de libre comercio asiática y asestó un golpe mortal a la Alianza Transpacífico impulsada por Estados Unidos, que contempla sólo a doce países y excluye a China. Es que las 21 economías agrupadas en APEC representan más de la mitad del comercio mundial. Además, algunos aliados decisivos de Washington, como Japón y Malasia, rechazan el acuerdo Transpacífico porque no están dispuestos a abrir sus sectores agrícolas.

Como apunta Pepe Escobar, China avanzó en “una estratega multilateral” que incluye no sólo el comercio sino la energía, las finanzas y la tecnología militar. La propuesta de Xi de “conectividad en todos los niveles” para los países de Asia-Pacífico, supone una pesada inversión en infraestructura. Para ello, la creación del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras basado en Beijing (creado en octubre por 22 países de la región), da un primer paso con la aplicación de 50.000 millones de dólares para lubricar la conectividad. “Es la respuesta de China a la negativa de Washington a darle una voz más representativa en el Fondo Monetario Internacional, que actualmente es de un irrisorio 3,8 por ciento”, recuerda Escobar (Asia Times, 14 de noviembre de 2014).

Ciertamente, que la primera economía del mundo (según un reciente informe del FMI basado en la paridad de poder adquisitivo) tenga una representación marginal en los principales organismos financieros del mundo, no sólo parece un insulto sino que empuja a todos los llamados “emergentes” a buscar alternativas fuera de la actual arquitectura financiera global.

La cumbre de la APEC dejó otras noticias no menos importantes. China anunció la liberación de 40.000 millones de dólares para comenzar la construcción del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, tanto la terrestre como la marítima. Se trata de una red de trenes de alta velocidad, puertos, ductos de gas y petróleo, cables de fibra óptica y telecomunicaciones que empresas chinas ya están construyendo para conectarla con Rusia, Irán, Turquía y el océano Índico, llegando a las principales ciudades comerciales europeas, como Berlín, Rotterdam Duisburg y Venecia.

China y Rusia firmaron un segundo mega-acuerdo energético para la llegada de gas de Siberia, luego del rubricado en mayo pasado. El intercambio no será en dólares sino en rublos y yuanes. La cooperación financiera entre ambas potencias es creciente. El banco ruso VTB anunció la posibilidad de dejar la Bolsa de Londres y trasladarse a la de Shanghai, mientras gigantes rusos de la energía comienzan a operar en Hong Kong (Asia Times, 14 de noviembre de 2014).

Un alicaído G-20

Además, China firmó un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur, uno de los más importantes aliados de Estados Unidos en Asia. El comercio bilateral asciende a la fabulosa cifra de 228.000 millones de dólares y seguirá creciendo. Un reciente informe del Instituto Petersen de Economía Internacional, basado en Estados Unidos, sostiene que “las monedas de Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia están más estrechamente conectadas con el yuan chino que con el dólar estadounidense” (Diario del Pueblo, 21 de octubre de 2014).

La segunda cumbre, la del G-20 realizada en Brisbane (Australia) el 15 y 16 de noviembre, días después de la de Beijing, fue un fracaso. El reto principal consistía en iniciar la reforma de las organizaciones internacionales, pero el Congreso de los Estados Unidos (dominado por los republicanos) sigue bloqueando cualquier reforma del FMI para dar mayor poder a los países emergentes.

El resultado ha sido que “los BRICS toman el control de la agenda del G-20”, buscando soluciones técnicas al bloqueo parlamentario estadounidense (Geab N° 89, 17 de noviembre de 2014). La cumbre tuvo sus momentos borrascosos. Mientras los cinco países BRICS hicieron su propia minicubre en la que exigieron cambios en los organismos financieros globales, los aliados de Washington escenificaron la crítica al presidente Vladimir Putin, quien en cierto momento abandonó la reunión, de forma intempestiva.

Según el analista Alfredo Jalife, quien cita a la embajada rusa en Canberra, la retirada de Putin “se debió a las amenazas de muerte que planeaban sobre su cabeza, lo cual llevó a que Rusia hubiese colocado sus barcos de guerra –el crucero de misiles guiados Varyag y el destructor Mariscal Shaposhnikov– cerca de las costas australianas” (La Jornada, 19 de noviembre de 2014).

Lo cierto es que el éxito de la cumbre de Beijing contrasta con las rispideces y el fracaso en Brisbane, donde la retórica sustituyó los acuerdos y, sobre todo, los demandados avances en el desbloqueo del sistema financiero. Las razones hay que buscarlas tanto en el avance consistente de la economía y la diplomacia chinas, que ofrecen más y mejor libre comercio, en contraste con la cerrazón de Washington, una potencia que luego de las elecciones parlamentarias quedó entrampada entre un gobierno demócrata y una mayoría republicana en el Congreso que defienden políticas antagónicas en muchos aspectos.

El órgano oficial chino Diario del Pueblo sostiene que la zona de libre comercio de Asia-Pacífico, creada en la cumbre APEC, contrasta con las “negociaciones de comercio multilaterales estancadas en la Organización Mundial de Comercio (OMC)”. Apuesta a que la región se convierta “en un paradigma del libre comercio global, lo cual podría cambiar el paisaje económico no sólo de Asia-Pacífico, sino del resto del mundo”. Y agrega: “Como bloque importante de la cooperación regional, la APEC cuenta con ventajas sobre la OMC en el establecimiento de estándares de una forma más creativa y flexible” (Diario del Pueblo, 13 de noviembre de 2014).

En suma, Asia-Pacífico no es sólo el motor de la economía mundial y el centro del comercio global, sino la región más atractiva e innovadora del mundo.

Moneda y armas

En los hechos, “la agenda internacional de la globalización está siendo liderada por China”, sostiene el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Geab N° 89, 17 de noviembre de 2014). Uno de los aspectos menos visibles de ese liderazgo consiste en el constante crecimiento del yuan, moneda que tiende a internacionalizarse ganando espacios al dólar.

El problema, como señalan los economistas Ariel Noyola y Oscar Ugarteche, miembros del Observatorio Económico de América Latina, es que la internacionalización del yuan y la desdolarización global son un mismo proceso. Inevitablemente conflictivo. Quizá por eso China apuesta a un avance paso a paso, lento, eludiendo confrontaciones.

Ya son 40 los bancos centrales del mundo que tienen reservas en yuanes, además de las monedas tradicionales. El Banco Popular de China ha firmado swaps bilaterales con 25 bancos centrales. “Fuera del continente asiático el yuan ha conseguido apoyos importantes en Europa”, señalan Noyola y Ugarteche (Alai, 21 de octubre de 2014). La City de Londres, Francfort, Paris y Luxemburgo son plazas abiertas al yuan. Londres realizó la primera emisión de bonos soberanos en yuanes fuera de China. El Banco Central Europeo llegó a un acuerdo de swaps cambiarios en yuanes por 57.000 millones de dólares.

Rusia ha encontrado en China no sólo un aliado sino “un socio estratégico como consecuencia de las sanciones económicas impuestas por Occidente”, apuntan los economistas. En América Latina son Brasil y Argentina los que ya tienen swaps cambiarios en yuanes por más de 40.000 millones de dólares.

Además, China estableció la Plataforma de Negociación de Divisas que permite establecer centros de liquidación directa para facilitar el uso del yuan. Al utilizar las monedas nacionales se reducen los costos de conversión, lo que permite a Beijing, en palabras de Noyola, “reducir los efectos negativos del derecho de señoreaje del dólar sobre los flujos globales de capital”, además de avanzar hacia la construcción de “un sistema monetario multipolar” (Alai, 7 de octubre de 2014).

Siguiendo los pasos de Rusia y Londres, ahora Canadá llegó a un acuerdo con China para el intercambio en yuanes, un país fronterizo y aliado de los Estados Unidos. La diferencia con los casos anteriores, empero, es grande: “Esta vez los chinos no han tenido que ir hasta ellos, sino que son ellos (los canadienses) los que se han desplazado” (Geab N° 89).

Por último, está la cuestión militar, terreno en el que la cooperación ruso-china va en rápido aumento. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, en su visita a China, destacó que la cooperación militar entre ambos países alcanzó “un carácter estratégico”. El titular de Defensa ruso informó que Rusia y China acordaron llevar a cabo en 2015 ejercicios navales conjuntos, tanto en el Pacífico y como en el Mediterráneo (Russia Today, 18 de noviembre de 2014).

Moscú venderá a China sistemas de defensa S-400 y más adelante S-500, capaces de blindar la defensa del país asiático. En tanto, Beijing ha desarrollado misiles anti-navío, capaces de destruir portaaviones y desafiar la marina estadounidense, lo que permite intercambios entre ambos en el área super sensible de la tecnología militar (Asia Times, 14 de noviembre de 2014).

El periódico estadounidense The Nation asegura que Obama “ha perdido el ímpetu” en su política de “giro a Asia”, al tiempo que el presidente ruso Putin y su homólogo chino Xi, causan un impacto mayor en los asuntos mundiales. Una de las consecuencias de esta postura debilitada del presidente ha llevado, según apunta el periódico, a una presencia “torpe” en las cumbres en el Extremo Oriente. Al mismo tiempo, su homólogo ruso ha sido designado como la persona más poderosa del mundo por la revista Forbes por segunda vez en dos años consecutivos, “eclipsando a Obama en casi todos los aspectos del liderazgo mundial” (The Nation, 14 de noviembre de 2014).

Más allá de Obama, el problema es cómo la superpotencia está encajando su declive. Apenas finalizaron las cumbres de Beijing y Brisbane, miembros del Pentágono apuntaron hacia la necesidad de intensificar la modernización de las fuerzas armadas. “Si no llegamos a un equilibrio pronto será demasiado tarde y sufriremos las consecuencias”, advirtió el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, almirante James Winnefeld, en un discurso pronunciado en una reunión con los legisladores y representantes del sector industrial militar en la Biblioteca Ronald Reagan cerca de Los Ángeles (Reuters, 15 de noviembre de 2014).

Otros funcionarios de la defensa, apuntaron en la misma dirección. El problema es que la economía no deja margen para seguir el ritmo de las inversiones que mantienen sus competidores. Los militares sienten que están siendo sobrepasados en la guerra electrónica y antisubmarina, por poner apenas dos ejemplos, en las que “vamos a quedar obsoletos en el futuro por el simple hecho de que no invertimos en ellas”.

Nota

1) Chinese Strategic Thought toward Asia, Macmillan, 2010.

– Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada. Integrante del Consejo de ALAI.

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«EL ARTE DE LA GUERRA» China inquieta a Estados Unidos

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Manlio Dinucci

En 2001, el Pentágono planeaba que en 2015 estaría en condiciones de enfrentar militarmente a China. Pero el traslado hacia el Lejano Oriente de las tropas estadounidenses desplegadas en el Golfo y en Europa se ha visto retrasado por la resistencia del Levante, que ha contado con el respaldo de Irán, y por la oposición de Rusia en Europa. Y mientras tanto, China se ha desarrollado más rápidamente de lo que se esperaba. Por lo tanto, observa Manlio Dinucci, la US-China Economic and Security Review Commission está haciendo sonar las alarmas y afirma que es hora de que Washington actúe contra Pekín… si quiere conservar su predominio en el mundo.

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El gobierno chino utiliza prácticas comerciales «desleales» cuando estimula la economía y las exportaciones mediante ayudas públicas en vez de emprender «reformas económicas sustanciales». Esa es la primera acusación que contiene el informe que la US-China Economic and Security Review Commission presentó en noviembre al Congreso de Estados Unidos.

A pesar del aumento de las exportaciones estadounidenses hacia China, el déficit de Estados Unidos en los intercambios comerciales con ese país se elevó en 2013 a 318 400 millones de dólares… y sigue creciendo. Se trata del mayor déficit que se haya registrado en todo el mundo en los intercambios comerciales entre dos países. El valor de los productos «Made in China» que importa Estados Unidos es 4 veces más elevado que el de los productos «Made in USA» exportados hacia China. Eso ha contribuido a provocar un retroceso del 29% de la tasa de empleo en el sector de la manufactura estadounidense.

Sin embargo, la misma Comisión reconoce que esto último se debe a que las transnacionales estadounidenses han transferido a China la fabricación de numerosos productos porque allí disponen de una fuerza de trabajo más barata y de muchas otras ventajas. Esas transnacionales estadounidenses incrementan así sus «ganancias» mientras que los trabajadores estadounidenses sufren las «consecuencias negativas», aunque se observa una parcial recuperación de los empleos gracias a las inversiones de China en Estados Unidos, que en 2014 sobrepasaron las inversiones estadounidenses en China.

Las empresas chinas están también cada vez más presentes, con sus propias inversiones, en Europa, Asia, África y Latinoamérica, ofreciendo condiciones ampliamente más ventajosas que las transnacionales estadounidenses.

En otras palabras, contrariamente a sus deseos, Estados Unidos no ha logrado someter China a su mecanismo de explotación neocolonial para convertirla en una simple fuente de fuerza de trabajo barata y en mercado de los productos estadounidenses. Tampoco han obtenido la completa «liberalización» de la economía china que –subraya la Comisión– todavía sigue «dominada por empresas de propiedad pública». Es por eso que Estados Unidos «no reconoce a China el estatuto de economía de mercado».

La Comisión también se declara preocupada ante la modernización de las fuerzas armadas chinas, o sea por el aumento del presupuesto militar, que alcanzó los 131 000 millones de dólares en 2014. Lo que no dice esa Comisión es que, con una población 4 veces inferior a la de China, Estados Unidos tiene un gasto militar de caso 1 000 millones de dólares anuales, si contamos las sumas que van al Pentágono sin estar incluidas en el presupuesto del Departamento de Defensa.

Tampoco dice la Comisión que –según los datos oficiales del Pentágono– Estados Unidos tiene 576 bases militares en el extranjero, más las numerosas bases que diferentes países ponen a su entera disposición a través del mundo entero, mientras que las bases chinas se hallan únicamente… en suelo chino. Y precisamente alrededor de China se extiende una vasta red de bases militares estadounidenses.

La Comisión recomienda al Congreso aumentar el financiamiento para que Estados Unidos pueda aumentar su presencia militar en la región Asia-Pacífico como medio de «servir de contrapeso a las capacidades militares crecientes de China». Se reforzarán las fuerzas del Mando del Pacífico (PaCom) [1], que dispone actualmente de 360 000 militares, 200 navíos y 1 500 aviones. Según los planes del Pentágono, de aquí al 2020 el 60% de los navíos y bases de la US Navyse concentrarán en el Pacífico.

Según lo que subraya el Pentágono en la Quadrenial Defense Review 2014

«Estados Unidos ha contribuido, sobre todo en las 6 últimas décadas, a la paz y la prosperidad de la región Asia-Pacífico.»

Como prueba de ello podemos recordar la masacre que costó las vidas de medio millón de indonesios durante el golpe de Estado organizado por la CIA en 1965 y los 2 o 3 millones de vietnamitas muertos durante la guerra de agresión desatada por Estados Unidos durante los años 60 y 70.

 

 

[1] Se trata del United States Pacific Command, con sede en Honolulu (Hawai) que tiene bajo su mando todas las fuerzas militares de Estados Unidos en la región del Pacífico y Oceania. Su “zona de responsabilidad” se extiende hasta la Antártida, el oeste del Océano Ártico y el Océano Índico.

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Viktor Orban, primer ministro húngaro y nuevo rostro del Enemigo según Washington

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: F. William Engdahl

 

La negativa del primer ministro húngaro Viktor Orban y de su partido, Fidesz, a unirse a la nueva guerra fría que Estados Unidos y Europa han iniciado contra Rusia –negativa que concretó primeramente al aceptar que el gasoducto paneuropeo South Stream pase por Hungría y que reafirmó con su enérgica política hacia los bancos y las compañías extranjeras del sector energético– ha puesto a sonar todas las alarmas en las capitales occidentales. Para F. William Engdahl, la cuestión que ahora se impone es la siguiente: ¿Será Hungría el próximo blanco de un intento de cambio de régimen financiado por Estados Unidos y la Unión Europea?

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Serguei Lavrov, ministro ruso de Relaciones Exteriores (a la izquierda), y Viktor Orban, primer ministro de Hungría (a la derecha), durante un encuentro en Budapest.

Hace algún tiempo que Hungría y su primer ministro nacionalista y populista Viktor Orban están en el colimador de las élites políticas de Washington. Pero, ¿cuál es el pecado del señor Orban? Simplemente no haber bajado la cabeza ante los dictados, a menudo destructivos, de la Comisión Europea y tratar de definir una identidad nacional húngara. Pero el más grave de sus pecados es sin dudas su creciente acercamiento a Rusia y su desconfianza hacia Washington, que se han materializado en un acuerdo concluido con Gazprom para que pase por Hungría el gasoducto South Stream, que debe conectar a Rusia con los países de la Unión Europea.

El propio Orban ha recorrido un largo camino político desde 1998, el año en que se convirtió en primer ministro de Hungría, uno de los dos más jóvenes que han resultado electos para ese cargo en ese país. En aquel entonces, y a pesar de la oposición de Rusia, Viktor Orban supervisó la entrada de Hungría en la OTAN –al mismo tiempo que las de Polonia y la República Checa– y en la Unión Europea.

Durante aquel mandato de primer ministro, en una época en que la Unión Europea era mucho más próspera que ahora, Orban redujo los impuestos, abolió el pago de inscripción en la universidad para los alumnos aventajados, aumentó las ayudas financieras a las madres y atrajo a los industriales alemanes con una fuerza de trabajo barata. Entre sus «consejeros» estadounidenses figuraba James Denton, vinculado a Freedom House, una ONG de Washington implicada en las revoluciones de colores [1]. Orban era entonces el niño mimado de los neoconservadores de Washington. En 2001 recibió el «Premio de la Libertad» [2] del neoconservador American Enterprise Institute [3].

En 2012, después de haber pasado 6 años en la oposición, Orban logró regresar. Y lo hizo con una importante mayoría obtenida con el Partido Húngaro de Unión Civica (conocido como Fidesz). De hecho, el Fidesz tenía el 68% de los escaños del parlamento, lo cual le garantizaba la mayoría necesaria para modificar la Constitución y adoptar nuevas leyes, y no dudó en hacerlo. Irónicamente, viendo la paja en el ojo ajeno e ignorando la viga en su propio ojo, la administración Obama y el Parlamento Europeo criticaron a Orban afirmando que había dotado al Fidesz de un poder excesivo. Daniel Cohn-Bendit y los Verdes europeos acusaron a Orban de tener como modelo la Venezuela del presidente Hugo Chávez [4].

El verdadero problema era que Orban no seguía el manual de la Unión Europea para políticos obedientes. Y Bruselas comenzó a demonizar al Fidesz y a Orban, presentando al primero como la versión húngara del Partido Rusia Unida y al propio Orban como el Putin magiar. Eso era en 2012.

Ahora la situación se hace realmente preocupante para los atlantistas y la Unión Europea ya que Orban está haciendo caso omiso ante las exigencias europeas para que interrumpa la construcción del gran gasoducto ruso South Stream.

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Mapa del proyecto de gasoducto ruso South Stream, destinado a hacer llegar el gas natural ruso hasta Europa a través del Mar Negro.

El gasoducto ruso South Stream y el gasoducto germano-ruso North Stream garantizarían a los países de la Unión Europea el abastecimiento de gas sin tener que pasar por el conflictivo territorio de Ucrania, algo a lo cual Washington se opone con todas sus fuerzas… por razones evidentes.

En enero de 2014, el gobierno del señor Orban anunció un acuerdo financiero por valor de 10 000 millones de euros con la Sociedad Nacional Energía Nuclear de Rusia para renovar la única central nuclear de Hungría, en la región de Paks, instalación de tecnología rusa y construida en tiempos de la Unión Soviética [5].

Ese anuncio llamó la atención en Washington. Lo mismo sucedió durante el verano de 2014, cuando Orban criticó a Estados Unidos observando que ese país había fracasado en resolver la crisis financiera mundial… provocada precisamente los propios bancos estadounidenses. En esa ocasión Orban elogió además a China, Turquía y Rusia, considerándolos como modelos más positivos. En términos bastante cercanos de los que yo mismo he utilizado a menudo, Orban declaró que las democracias occidentales

«corren el peligro, en los próximos años, de resultar incapaces de conservar su competitividad y parecen condenadas a la decadencia si no logran transformarse profundamente.» [6].

No contento con lo anterior, Orban logró además liberar a Hungría de varias décadas de catastrófica tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI). En agosto de 2013, el ministro húngaro de Economía declaró que, mediante una «política monetaria disciplinada», había logrado pagar los 2 200 millones de dólares que Hungría le debía al FMI. ¡Fin de las privatizaciones impuestas y de las condiciones exorbitantes que exige el FMI! El presidente del Banco Central húngaro exigió entonces al FMI el cierre de todas sus oficinas en Budapest. Además, al igual que en Islandia, el Fiscal General de Hungría emprendió acciones legales contra los tres primeros ministros de los gobiernos anteriores por haber hundido la nación en un nivel de endeudamiento de proporciones criminales, precedente que no podía dejar de provocar sudores fríos en varias capitales, así como en Washington y en Wall Street [7].

Pero la más fuerte de todas las alarmas fue la que comenzó a sonar cuando Orban y el Fidesz dieron, al mismo tiempo que sus vecinos austriacos, luz verde a la construcción del gasoducto ruso South Stream sin tener en cuenta las protestas de la Unión Europea, que afirmaba que ese proyecto iba en contra de sus leyes. «Es lebe die österreichisch-ungarische Energiemonarchie!» (¡Viva la soberanía energética austro-húngara!), proclamó Orban en un encuentro con Horst Seehofer, ministro-presidente de Baviera, el 6 de noviembre en Munich [8].

Eso fue suficiente para que las élites estadounidenses dieran de inmediato la alerta. El New York Times, celoso sostén delestablishment, publicó en primera plana un editorial titulado «El peligroso deslizamiento de Hungría», donde podía leerse:

«El gobierno del primer ministro húngaro Viktor Orban se desliza hacia el autoritarismo y desafía los valores fundamentales de la Unión Europea, y todo el mundo se lo permite.»

En los siguientes términos revelaba el New York Timesla verdadera razón del pánico reinante en Washington y Wall Street:

«Una vez más Hungría ha dado prueba de su desprecio por la Unión Europea al adoptar, el pasado lunes, una ley que autoriza el paso del gasoducto ruso South Stream a través del territorio húngaro. Esta nueva ley es una violación flagrante de la orden impartida en septiembre pasado por la Unión Europea a todos sus miembros de rechazar la construcción de South Stream y de las sanciones económicas impuestas por la Unión Europea y Estados Unidos en contra de Rusia como consecuencia de sus acciones en Ucrania. En vez de protestar tímidamente contra esas medidas antidemocráticas, la Unión Europea haría mejor ordenando también sanciones contra Hungría. Y Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, debería utilizar su poder para obligar al señor Navracsics a dimitir.» [9]

[El húngaro] Tibor Navracsics acaba de ser nombrado comisario europeo a cargo de Educación, Cultura, Juventud y Deportes y todavía estamos buscando qué vínculo puede tener esa función con la construcción de gasoductos.

Y ahora no habrá que asombrarse cuando veamos a laNational Endowment for Democracy [10] y las serviciales ONGs financiadas por Estados Unidos hallar una buena excusa para organizar manifestaciones contra el partido Fidesz y el primer ministro húngaro Viktor Orban para castigarlos por el imperdonable crimen que han cometido: tratar de liberar a Hungría de la situación demente que Estados Unidos ha creado en Ucrania.

F. William Engdahl

Fuente
Kopp (Alemania)

[1] «Freedom House: cuando la liberdad no es más que un pretexto», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 3 de enero de 2005.

[2] “Orbán Address at Receiving Freedom Award“, American Enterprise Institute, 1º de mayo de 2001.

[3] «El Instituto Norteamericano de la Empresa», Red Voltaire, 13 de marzo de 2004.

[4] “Hongrie: Daniel Cohn-Bendit compare Viktor Orban à Chavez et Castro“, RTBF.be, 18 de enero de 2011.

[5] “Strange Bedfellows: Hungary Leans Toward Russia“, Brent Ranalli,The Globalist, 10 de marzo de 2014.

[6] “Prime Minister Viktor Orbán’s Speech at the 25th Bálványos Summer Free University and Student Camp”, Sitio web del gobierno húngaro, 30 de julio de 2014.

[7] “Hungary Sheds Bankers’ Shackles“, Ronald L. Ray, AFP, 23 de agosto de 2013.

[8] “Seehofer receives controversial Hungarian State Chief”, Britan Today, 6 de noviembre de 2014.

[9] “Hungary’s Dangerous Slide”, Equipo editorial, The New York Times, 5 de noviembre de 2014.

[10] «La NED, vitrina legal de la CIA», por Thierry Meyssan, Оdnako(Rusia), Red Voltaire, 11 de octubre de 2010.

Publicado en: Global

Vulnerabilidades de Rusia ante las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y la rapiña militar de la OTAN

30/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: James Petras

 

La recuperación del poderío económico y militar de Rusia lograda bajo el mandato de Vladimir Putin se ve comprometida hoy por la guerra económica que le imponen Estados Unidos y la Unión Europea, observa el profesor James Petras. Esta confrontación obligará al poder ruso a cuestionar sus relaciones con el sistema oligárquico heredado de la era Yelsin, sistema que Putin reformó y controló en parte, pero en el que también se apoyó y que incluso preservó para sacar a Rusia del marasmo económico en que se hallaba. Frente a la agresión occidental, ese viejo sistema no basta. O Putin elimina el modelo oligárquico y abre una nueva fase innovadora de la economía rusa implicando a las fuerzas productivas, las diversas clases sociales –ricas en científicos y técnicos– con los dinámicos y prósperos mercados emergentes de Asia, o mantiene con el viejo sistema oligárquico un statu quo que lo llevaría a la derrota, analiza Petras.

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Cuatro oligarcas muy cercanos a Putin: Guennadi Timchenko, Yuri Kovalchuk, Igor Setchin y Arkadi Rotenberg

El golpe de estado patrocinado por Estados Unidos y la Unión Europea en Ucrania por un lado, el intento de transformar a Ucrania de socio comercial histórico y estable de Rusia en uno más de la devastada economía de la Unión Europea, para que sirva además de plataforma de lanzamiento de misiles de la OTAN apuntando contra Rusia, así como las sanciones económicas posteriores lanzadas en contra de Rusia por el bloque (Estados Unidos-Unión Europea) por apoyar a la minoría étnica ucraniana de lengua rusa viviendo desde siglos en la región del Donbas y de Crimea, ilustran la peligrosa vulnerabilidad en la que se puede encontrar la economía y la seguridad del Estado ruso frente a la agresión occidental.
Para tener un panorama real y concreto de los esfuerzos necesarios que debe realizar Rusia para su viabilidad económica, para su seguridad en materia de defensa, para que Rusia pueda encontrar la solución a estos desafíos, se requiere entonces de un análisis crítico de las políticas y estructuras emergentes en Rusia después de la era post-soviética.

Saqueo como Privatización

Durante el último cuarto de siglo, varios billones de dólares de valor de la propiedad pública estatal en todos los sectores de la economía rusa fueron transferidos ilegalmente o fueron violentamente incautados por grupos mafiosos o gángsteriles oligarcas que actuaban a través de bandas armadas [grupos de poder], especialmente durante la fase del derrumbre del sistema comunista de la Unión Soviética a la fase de «transición al capitalismo» emergente, desapareciendo la Unión Soviética, apareciendo el nuevo Estado: la Federación de Repúblicas de Rusia.

De 1990 a 1999, más de 6 millones de ciudadanos rusos murieron prematuramente [o a fuego lento] a consecuencia del colapso catastrófico de la economía; la esperanza de vida para los hombres disminuyó de 67 años durante la era soviética a 55 años durante el período del presidente Borís Yeltsin. El PIB [producto interior bruto] de Rusia se redujo en sesenta por ciento (-60%) –una primicia histórica para un país que no estaba en guerra. Después de tomar violentamente el poder con el bombardeo del parlamento ruso, el régimen de Yelsin procedió a «priorizar» la privatización de la economía, la venta de la energía, de los recursos naturales, de la banca, los transportes y las comunicaciones a una décima parte o incluso menos que eso de su verdadero valor económico, esto fue vendido por nada a los compinches bien conectados y otras entidades extranjeras.

En esa época era costumbre ver matones armados, organizados por los mismos oligarcas arribistas “completando” el programa de privatización mediante agresiones, asesinatos y otras formas de violencia. Cientos de miles de pensionistas (jubilados) de edad avanzada fueron expulsados de sus casas y apartamentos en un vicioso comercio de superficies y terrenos por especuladores inmobiliarios violentos. Consultores y otros consejeros financieros académicos de Estados Unidos y de Europa «aconsejaban» a diversos oligarcas rivales y a los ministros del nuevo gobierno ruso como utilizar las mejores técnicas de mercado “eficientes” para saquear la economía, «aconsejando» pues, mientras tocaban lucrativas y cuantiosas comisiones generando así enormes fortunas para la gente «bien relacionada».

Mientras tanto, los niveles de vida se derrumbaron en esta nueva Rusia Federal, empobreciendo a las dos terceras partes de los hogares rusos, los suicidios se cuadruplicaron y las muertes por alcoholismo, adicción a las drogas, el VIH (SIDA) y las enfermedades venéreas se tornó incontrolable. La sífilis y la tuberculosis alcanzaron proporciones epidémicas –enfermedades totalmente controlados durante la era soviética– volvieron aparecer con furia a consecuencia del cierre de clínicas y hospitales públicos que no teniendo fondos dejaron de funcionar.

Documental sobre los acontecimientos de octubre de 1993, el bombardeo de la Casa Blanca en Moscú por Yeltsin.

Por supuesto, para los medios de comunicación occidentales, para la respetable prensa comercial haciendo uso del noble don de la libertad de expresión, celebraron el saqueo de Rusia como siendo una buena transición hacia la democracia y «elecciones libres en una economía de libre mercado». Ellos escribieron brillantes artículos donde alababan la inteligencia del nuevo poder político; el control de la economía por oligarcas mafiosos fue descrito como el reflejo de un aumento de la «democracia liberal». El Estado ruso pasó así, de la noche a la mañana, del rol de Superpotencia Mundial al de Estado abyecto, convirtiéndose en un régimen cliente, penetrado por las agencias de inteligencia occidentales e incapaz de gobernarse y hacer respetar los acuerdos y sus intereses frente a las potencias occidentales. Estados Unidos y la Unión Europea desplazaron rápidamente la influencia rusa-soviética de Europa del Este y rápidamente se hicieron con el control de las ex-empresas estatales, los medios de comunicación y las instituciones financieras [tanto de Rusia como del bloque socialista de Europa del este].

Los antiguos funcionarios comunistas y de izquierda e incluso ejecutivos nacionalistas fueron expulsados y sustituidos por políticos pro-OTAN dóciles y serviles al «libre mercado». Estados Unidos y la Unión Europea violaron todos los acuerdos históricos firmados por Gorbachov con Occidente: los regímenes de Europa del Este se convirtieron en miembros de la OTAN; Alemania Occidental anexó el este y las bases militares de la OTAN se ampliaron hasta las fronteras con Rusia.

Los pro-OTAN implantaron «think tanks» [1] suministrando propaganda e inteligencia anti-rusa en la sociedad. Cientos de organizaciones no gubernamentales [ONGs], financiadas por Estados Unidos, operando dentro de Rusia con propaganda y otros medios de instrumentalización para crear y fomentar una nueva raza de políticos «serviles» neo-liberales. En el Cáucaso soviético y el Extremo Oriente, Occidente fomentó movimientos sectarios separatistas y levantamientos armados, especialmente en Chechenia; Estados Unidos patronó dictadores lacayos útiles a su imperialismo, un buen ejemplo es el payaso títere neoliberal y corrupto, hablamos del presidente Saakashvili en la ex-República Soviética de Georgia.

De esta manera el Estado ruso fue colonizado y su gobernante putativo, es decir el presidente de Rusia en aquella época, Boris Yeltsin –a menudo completamente ebrio–, gobernaba por decreto y gracias a la corrupción ganaba la obediencia de los funcionarios públicos y administradores del país, desintegrando aún más al Estado y la sociedad rusa.

La década de Yeltsin es recordada por el pueblo ruso como siendo un verdadero desastre; en cambio ese mismo período es para Estados Unidos, la Unión Europea, para los oligarcas rusos y sus seguidores la Edad de Oro… del saqueo. Para la inmensa mayoría de rusos, fue una Edad Oscura, cuando la ciencia y la cultura rusa fueron destrozadas; toda una clase de científicos, artistas e ingenieros de alto nivel y rango mundial murieron de inanición, a «fuego lento» ya que sus paupérrimos ingresos de pensión los conducieron a la desesperación, precaridad, miseria y muerte.
Para Estados Unidos, la Unión Europea y los oligarcas esto fue la era de la «presa fácil»: el pillaje económico, cultural e intelectual, miles de millones de dólares de fortuna fueron a parar en los bolsillos de la mafia oligárquica; impunidad política, criminalidad desenfrenada y la sumisión del gobierno ruso a los dictados de Occidente. Los Acuerdos Internacionales con el Estado ruso se violaban incluso antes de que la tinta este seca. Era la época del mundo unipolar centrado en Estados Unidos, el «Nuevo Orden Mundial», donde Washington podría influir e invadir a los adversarios nacionalistas y a los aliados de Rusia con toda impunidad.

La «Época de Oro» de la dominación del mundo se convirtió en el indiscutible modelo «estándar» occidental, dicho modelo serviría para juzgar a Rusia después de la era Yeltsin. Cada decisión de política interior y exterior [de Estados Unidos y la Unión Europea], adoptada durante los años de gobierno de Putin, es decir entre 2000 y 2014, ha sido diseñada especialmente por Washington para juzgar a Rusia, en función de si [las nuevas políticas impulsadas por Putin] se ajustaban o desviaban de la década Yeltsin, década de pillaje y manipulación de Rusia sin que ésta de signos de respuesta en su defensa.

La Era Putin: reconstrucción económica del Estado ruso y la creciente beligerancia de Estados Unidos y la Unión Europea

La primera y principal tarea del presidente Putin fue la de hacer terminar el colapso en la que Rusia se encontraba sumergida. Con el tiempo, el Estado y la economía rusa se fueron recuperando y una cierta apariencia de orden y legalidad llegó a todo el país. La economía comenzó a recuperar y crecer; igual para el empleo, mejores salarios así como un mejor nivel de vida y de bienestar general se fue generalizando, la tasa de mortalidad dejó de crecer.
Comercio, inversión y transacciones financieras con Occidente se normalizaron –se frenó el pillaje que fue denunciado como siendo criminal y procesado ante la justicia. La recuperación de Rusia fue visto por Occidente (Unión Europea y Estados Unidos) con ambigüedad: Muchas personas legítimas y honestas en negocios, las multinacionales comerciales legales dieron la bienvenida al restablecimiento de la ley, del orden y el fin del gangsterismo en Rusia; en contraste, los políticos en Washington y Bruselas, así como los capitalistas buitres de Wall Street y la City de Londres rápidamente condenaron a Putin que lo calificaron de «dictador emergente lleno de autoritarismo» y «estatismo», porque las nuevas autoridades rusas comenzaron a investigar a los oligarcas mafiosos por evasión de impuestos, lavado de dinero a gran escala, corrupción de funcionarios públicos e incluso por el asesinato de burócratas que se opusieron al antiguo orden legado por Yelsin.

El ascenso de Putin al poder coincidió con el auge [demanda] de los productos básicos [materias primas] en todo el mundo. El espectacular aumento del precio del petróleo, del gas ruso y otros metales (2003-2013) permitió a la economía rusa de crecer a un ritmo rápido, mientras que el Estado ruso aumentaba la regulación y control de su economía, entonces pudo comenzar a restaurar también sus fuerzas armadas.
El éxito de Putin para poner fin a las formas más salvajes de saqueo de la economía y el restablecimiento de la soberanía de Rusia le hizo popular entre el electorado: fue entonces repetidamente reelegido por una amplia y sólida mayoría popular en el país.
Como Rusia se fue distanciando de las políticas dominadoras y colonizadoras que Occidente le imponía, como Rusia fue cambiando a los funcionarios corruptos o vendidos y eliminando todas los vicios y prácticas corruptas de la era Yeltsin, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) lanzaron una estrategia política hostil hacia Rusia de Putin, dicha estrategia diseñada con múltiples puntas de ataque, tenía como objetivo socavar la reputación y gobernanza del presidente Putin. Estados Unidos y la Unión Europea soñaban poder restaurar clones neoliberales al estilo Yeltsin, que sean dóciles y obedientes al poder Occidental para poder continuar con el saqueo.

Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) rusas financiadas por fundaciones estadounidenses que actuaban en realidad de manera encubierta para la CIA, lograron generar protestas callejeras masivas, esto para recrutar y fundar organizaciones electorales de oposición. Partidos políticos ultraliberales apoyados por Occidente compitieron sin éxito contra otros partidos locales en las elecciones nacionales en Rusia.
El Centro Carnegie una instituto financiado por Estados Unidos, conocido por ser un antro de la propaganda yanqui [2], produjo una extensa cantidad de folletos, revistas y otras publicaciones donde describía la política de Putin como «demoníacas», «autoritarias», de «persecución» contra los buenos oligárcas opositores y que Putin estaba planeando el regreso a una «economía de órden y mando estilo soviético».

Mientras Occidente trataba de restaurar la «Edad de Oro» del saqueo a través de otros sustitutos de manipulación interna, por otro lado proseguía con su agresiva política exterior destinada a eliminar a los aliados y socios comerciales de Rusia, especialmente en el Medio Oriente.
Estados Unidos invadió Irak, asesinó a Saddam Hussein y desmanteló el liderazgo del Partido Baas, poniendo en su lugar un régimen títere sectario pro-Washington, así eliminaron un aliado tradicional clave nacionalista de Moscú en la región.
Estados Unidos decretaró sanciones económicas contra Irán, un importante y lucrativo socio comercial petrolero de Rusia. Estados Unidos y la Unión Europea financian una insurgencia armada [terroristas islámicos] a gran escala para derrocar al presidente Bachar al-Assad en Siria, otro aliado importante de Rusia, y para privar a la Armada rusa de un puerto amigo en el Mediterráneo. Estados Unidos y la Unión Europea bombardearon a Libia, un importante socio petrólero y comercial de Rusia (y China), instalando allí un régimen cliente pro-occidental de tendencia islamista radical [Libia está actualmente sumergida en un total caos y anarquía, los grupos de fundamentalistas islámicos terroristas han tomado el poder con el apoyo de la OTAN, nota de la redacción].

La presión estadounidense contra Rusia se hizo sentir en el Cáucaso y en el Mar Negro, cuando el régimen de Georgia bajo la órbita de Washington invadió por sorpresa Osetia del Sur en 2008, un protectorado de Rusia, el ataque nocturno de Georgia mató a decenas de fuerzas de paz rusas y a cientos de civiles, este ataque fue repelido por una contraofensiva eficaz y aplastante por parte de Moscú.

En 2014, los ataques occidentales contra Rusia empezaron de nuevo, esta vez la estrategia es de aislar, cercar y eventualmente socavar cualquier posibilidad de un Estado independiente ruso [mediantes castigos económicos].
Estados Unidos financió entones un golpe de Estado cívico-militar en Ucrania para derrocar al gobierno elegido del presidente Viktor Yanukovitch, quien se había opuesto a la anexión [o incorporación] de Ucrania a la Unión Europea y su eventual afiliciación como miembro de la OTAN.
Washington impuso un nuevo régimen [fascista-neonazi] títere en Kiev, régimen profundamente hostil a Rusia y a los ciudadanos de origen étnico ruso-ucraniano en la región este del país donde son históricamente mayoría como en Crimea.
El no reconocimiento de Rusia a este golpe de Estado, el respaldo de Moscú a los ciudadanos rusos-ucranianos pero tambien ucrano-ucranianos que están a favor de un nuevo sistema político federalista y democrático [y que exigen eso al régimen fantoche de Kiev] en las regiones del este de Ucrania y Crimea sirvió de pretexto a Occidente para imponer sanciones comerciales contra Rusia, en un intento de socavar su industria, principalmente en los sectores del petróleo [energía], los bancos, los sectores manufactureros y paralizar así su economía.

Los estrategas imperialistas de Washington y Bruselas no respetaron y rompieron todos los acuerdos previos firmados con la Administración rusa del gobierno de Putin; por otro lado trataron de convencer y convertir a los oligarcas aliados cercanos de Putin para que se pongan encontra del presidente ruso, para ello amenazaron a dichos oligarcas de congelar, confiscar (pretextos no faltan cuando el dinero no es limpio o no declarado) sus tenencias, posesiones y otras fortunas personales colocadas en Occidente (generalmente fortunas invertidas en negocios en la Unión Europea) –especialmente sus cuentas bancarias, sus lavados de dinero y otras propiedades ocultas o bajo nombres de terceros. En lo que respecta a las empresas petroleras estatales rusas, que participaban conjuntamente con otras empresas petroleras multinacionales como lo son Chevron,Exxon y Total, fueron repentinamente aisladas de los mercados de capitales occidentales.

El impacto acumulativo de esta ola de sanciones de la ofensiva occidental –que ya tiene una década con estos objetivos– es decir el punto culminante buscado por Estados Unidos y la Unión Europea era provocar una recesión en Rusia, socavar su moneda (el rublo se redujo 23% en 2014), aumentar el costo de las importaciones rusas y causar el mayor daño posible a los consumidores locales .

La industria rusa, que depende de equipos y piezas extranjeras, así como las empresas petroleras rusas que dependen de la tecnología importada para efectuar la explotación de pozos de las reservas del Ártico se vieron afectadas por este embargo-bloqueo y guerra económica llena de sanciones impuestas por Occidente, todo esto a causa de la «intransigencia de Putin», quien se niega a doblegarse ante el dictado de Occidente.

A pesar de los éxitos a corto plazo de la guerra económica lanzada por Estados Unidos y la Unión Europea contra la economía rusa, la Administración Putin ha seguido siendo muy popular entre el electorado ruso, con índices de aprobación superior al 80%.

Las agrupaciones políticas rusas de oposición al presidente Putin, –es decir los grupos o líderes políticos pro-occidentales al interior de Rusia– han perdido toda credibilidad y sus panfletos acaban en la basura y sus discursos también pero en la basura de la historia.
Sin embargo, la política de sanciones occidentales y la política agresiva, es decir el cerco militar que la OTAN está implementando en las fronteras de Rusia, ha puesto a la luz las vulnerabilidades de Moscú.

La vulnerabilidad rusa:
Las limitaciones que Putin enfrenta para proseguir con la restauración de la soberanía de Rusia

Después del saqueo de la economía rusa tanto por la oligarquía moscovita nacional como occidental y la degradación salvaje en la que se encontraba la sociedad rusa, el presidente Putin emprendió una estrategia compleja.

En primer lugar, hizo una diferencia entre oligarcas, aquellosoligarcas que son «políticos» [o que hacen política para sus propios intereses] y oligarcas que son «económicos»: en estos últimos encontró muchos oligarcas ricachones que estaban dispuestos a cooperar con su gobierno [con el nuevo gobierno de Putin] en la reconstrucción de la economía rusa, y estaban dispuestos a seguir complacientemente las directivas impuestas por el presidente Putin y meter la mano al bolsillo para ello.

Estos oligarcas «económicos» comprometidos con Putin conservaron su enorme poder económico y recibieron muchos beneficios y ganancias por su contribución a la reconstrucción de la economía rusa, pero a cambio de esto abdicaron a tener algún poder político. A todos ellos, Putin permitió que estos oligarcas «económicos» conservaran sus imperios empresariales dudosamente adquiridos.
Por el contrario, los oligarcas que buscaban el poder político y financiaban a los políticos de la era Yeltsin estuvieron en la mira de la administración Putin –algunos fueron despojados de sus fortunas– y otros fueron procesados por delitos que van desde el lavado de dinero, evasión de impuestos, estafas y transferencia ilegal de fondos en el extranjero, e incluso perseguidos por la justicia por el asesinato de sus rivales.

El segundo lugar, la estrategia económica-política de Putin a principios de su mandato fue la de profundizar la cooperación de Rusia con los Estados y las economías occidentales, sobre la base de un intercambio recípocro en los mercados comerciales y no sólo en beneficio de una parte, porque durante la era Yelsin la apropiación de los recursos rusos fue acaparada por Occidente. Putin buscaba asegurar una mayor integración política-militar con Estados Unidos y la Unión Europea para asegurar las fronteras y zonas de influencia de Rusia.

Con esta finalidad, el presidente Putin permitió la circulación sobre las rutas del territorio ruso de los suministros expedidos y destinados para las bases militares de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la Unión Europea que participaban en la invasión y ocupación de Afganistán. Tampoco se opuso a las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos contra Irán. Putin tampoco hizo mayor cosa cuando Estados Unidos invadió y ocupó Irak, a pesar de los estrechos lazos económicos permanentes entre Moscú y Bagdad. Por otro lado se unió a las 5 potencias que supervisan las conversaciones de «paz» en Palestina-Israel y se puso por un buen tiempo del lado de Washington e Israel. Incluso dio ingenuamente luz verde a los bombardeos de la OTAN en Libia, suponiendo que sería un asunto limitado, una intervención «humanitaria».

Como resultado de esta colusión [compañerismo] político y diplomático de Putin con la expansión militar de Washington y de la OTAN, el comercio de Rusia, la inversión y las finanzas con Occidente prosperaron. Empresas rusas levantaron préstamos en los mercados de capitales occidentales; los inversores extranjeros acudieron en masa a la bolsa de valores de Rusia y multinacionales formaron empresas mixtas con las empresas rusas. Las principales compañías de petróleo y gas florecieron. La economía rusa recuperó los niveles de vida de la era soviética; el gasto de los consumidores aumentó; el desempleo pasó de una cifra de dos dígitos a un solo dígito; sueldos y salarios atrasados se pagaron y centros de investigación, universidades, escuelas e instituciones culturales comenzaron a recuperarse.

En el tercer lugar de la estrategia de Putin viene la recuperación del Estado (renacionalización) del sector energético –petróleo y gas– un sector importante y estratégico para Moscú. Por compra y recompra directa de acciones y [de empresas], a través de auditorías financieras y la confiscación de los activos de los oligarcas mafiosos. Moscú volvió a tomar nuevamente el control de manera estatal del petróleo y gas ruso, esto fue una operación realizada con gran éxito. Estos sectores renacionalizado formaron empresas conjuntas con los gigantes petroleros occidentales y llevaron cuantiosas exportaciones de petróleo ruso en el transcurso del periódo de alta demanda mundial. Con el aumento de los precios del petróleo en la década de Putin, Rusia conoció un aumento de las importaciones impulsada por los consumidores rusos, importaciones de productos agrícolas, de joyería de lujo y autos … Putin consolidó su posición política dentro de Rusia gracias al apoyo electoral popular y profundizó la «integración» de Rusia en los mercados occidentales.

La estrategia de expansión y de crecimiento económico de Putin estaba conectada exclusivamente hacia los mercados Occidentales, es decir la Unión Europea y Estados Unidos, no miraba hacia el este: Asia/China, ni tampoco miraba hacia el sur: América Latina.

Con este enfoque inicial del presidente ruso hacia «Occidente» enfoque táctico y exitoso en un principio, Putin comenzó a exponer sin querer las vulnerabilidades estratégicas de Rusia.

Las primeras señales evidentes de agresividad occidental fueron cuando estos lanzaron una campaña de apoyo a los oligarcas corruptos rusos, es decir una campaña anti-Putin, y los medios de comunicación comerciales de Occidente comenzaron a demonizar el sistema judicial ruso que procesaba y condenaba en justicia a un oligarca mafioso y gansteril como lo es Mijaíl Jodorkovski.
La segunda señal de agresividad de Occidente fue el apoyo financiero y político de Estados Unidos y de la Unión Europea a los neoliberales de la era Yeltsin, que comenzaron a competir polticamente contra los candidatos del partido Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin… Se hizo evidente que el esfuerzo de Putin para restaurar la soberanía rusa entraba en conflicto con los planes de Occidente que busca mantener a Rusia como un Estado vasallo.
Occidente sigue añorando los años dorados de pillaje desenfrenado y de dominación de la economía rusa de la era Yeltsin y por eso detestan la era Putin, aquella de una Rusia independiente y dinámica, por tal razón tratan de desprestigiar constantemente al presidente de Rusia comparándolo a la extinta Unión Soviética y al KGB.

En 2010, Estados Unidos apoyó y empujó a uno de los presidentes-clientes que controla, el presidente georgiano Saakashvili de Georgia, para que invadiera militarmente Osetia del Sur, un protectorado [territorial] de Rusia. Esta fue la primera indicación o señal importante que la interacción de Putin con Occidente era también contraproducente. Las fronteras territoriales de Rusia, la de sus aliados y las zonas de influencia rusas se han transformado en objetivos codiciados por Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea condenaron la respuesta defensiva de Rusia, incluso después que Moscú retirara sus tropas de Georgia y aplicarle una buena paliza.

La corta guerra de Rusia contra Georgia fue un ensayo militar de Occidente, una especie de ensayo bélico de varios disparos y bombas financiada, aprobada, planificada por Estados Unidos y la Unión Europea; otras veces estos tipos de intervenciones militares reciben el nombre de «revoluciones de color» y otras veces de «intervenciones humanitarias» de la OTAN.
Yugoslavia, país en los Balcanes, fue desmantelada como República Federal por los bombardeos de la OTAN y Ucrania ha experimentado estos últimos tiempos varias «revoluciones de color» para llegar hoy a una sangrienta guerra civil.
Washington y Bruselas han interpretado erroneamente las diversas medidas de conciliación propuestas por el presidente Putin como signos de debilidad de parte de Rusia y se han sentido con las manos libres y el permiso necesario para invadir [controlar] más territorios cerca de la frontera rusao o para derrocar a los gobiernos amigos de Rusia.

A mediados de la segunda década del nuevo siglo XXI, los Estados Unidos y la Unión Europea tomaron una importante decisión estratégica para debilitar la seguridad de Rusia y su soberanía económica: tomar el control de Ucrania, expulsar a Rusia de su base naval del Mar Negro en Crimea y convertir a Ucrania en un puesto de avanzada militar de la OTAN; por otro lado cortar los vínculos económicos de este de Ucrania [región étnicamete rusofona] con Rusia — especialmente el mercado estratégico de armamento militar ruso para con Ucrania.
Este golpe fue financiado por Occidente, mientras que las bandas armadas de extrema derecha y grupos de choque neonazis las proporcionaron los radicales de Ucrania [en colaboración con los servicios secretos occidentales]. La junta [gobernante neofascista] de Kiev organizó una guerra de conquista dirigida para eliminar a los anti-golpistas, a los federalistas, a las fuerzas pro-democracia en la región sureste [y este de Ucrania],en la rica región del Donbas con su mayoría étnica rusa y sus lazos [económicos] con la industria pesada a Rusia.

Cuando Putin reconoce finalmente el grave peligro para la seguridad nacional de Rusia, su gobierno respondió con la anexión de Crimea después de un referéndum popular y comenzó a ofrecer corredores y otras líneas de ayuda y de suministros para los federalistas asediados en el este de Ucrania que se oponen al régimen [neofascista] de Kiev.
Entonces Occidente comenzó aprovecharse de las vulnerabilidades de la economía rusa, vulnerabilidades que resultan del modelo de desarrollo económico de Putin, e impuso a Moscú una amplio lista de sanciones económicas destinadas a paralizar la economía de Rusia.

Las sanciones de Occidente
y los puntos débiles de Rusia:
Repensar el enfoque estratégico de Putin

La agresividad militar de Occidente y las sanciones contra Rusia han puesto a la vista varias vulnerabilidades o puntos débiles de la estrategia económica y política de Putin.
Estos incluyen:

  1. Su dependencia exclusiva en los mercados occidentales conducida por los «oligarcas económicos» para promover su estrategia de crecimiento económico de Rusia;
  2. Su aceptación de la mayoría de las privatizaciones de la era Yeltsin;
  3. Su decisión de centrarse en el comercio con Occidente, ignorando el mercado de China;
  4. Su aceptación de adoptar principalmente una estrategia de exportación de gas y petróleo en lugar de desarrollar una economía diversificada;
  5. Su dependencia hacia sus aliados los oligarcas barones ladrones –sin experiencia real en el desarrollo de la industria, que no cuentan con verdaderas habilidades financieras ni técnicas, con escasa experiencia tecnológica, sin conocimientos en conceptos de marketing –para poder restaurar, renovar, innovar y ejecutar un sector manufacturero de avanzada. A diferencia de los chinos, los oligarcas rusos han sido totalmente dependientes de los mercados occidentales, sea para las finanzas [colocar sus millones en bancos en Occidente], sea para la tecnología y han hecho muy poco para desarrollar el mercado [interior] nacional ruso; nada han hecho para implementar la autofinanciación mediante la reinversión de sus utilidades o mejorar la productividad a través de la tecnología rusa y la investigación. Nada de esto han hecho los oligarcas.

Frente a las sanciones occidentales, el punto más débil de Putin para poder dar una respuesta contundente curiosamente son oligarcas-aliados, y este punto débil incapacita a Rusia en la formulación de una respuesta eficaz a la agresión occidental.
Estos oligarcas-aliados presionan a Putin para que ceda y acepte lo que Washington está exigiendo; al mismo tiempo suplican a los bancos occidentales para que sus cuentas y propiedades estén libres o exentas de las sanciones occidentales. Están desesperados por proteger sus bienes en Londres y Nueva York. En una palabra, están apurados y desesperados por que el presidente Putin llegue rápidamente a un acuerdo con la Junta [neofascista] de Kiev y abandone a los luchadores federalistas rusos-ucranianos que exiguen libertad y democracia en el sureste y este de Ucrania. Y presionan a Putin para ello.

Esto pone en relieve la contradicción dentro de la estrategia de Putin de trabajar con los oligarcas «económicos», que estuvieron de acuerdo desde un principio en no oponerse a Putin en Rusia, mientras que iban transferiendo sus riquezas masivamente a los bancos occidentales, invirtiendo sus millones en bienes raíces de lujo en Londres, París y Manhattan y creando vínculos, amistades y lealtades [con grupos de poder] fuera de Rusia.

En efecto, estos «oligarcas económicos» están hoy en día estrechamente vinculados a los enemigos políticos actuales de Rusia [los banqueros y otros grupos de poder occidentales que están lanzando las sanciones económicas contra Rusia actualmente].
Fue un éxito táctico de Putin en un principio el de aprovechar la «ayuda» de los oligarcas en su proyecto de crecimiento a través de la estabilidad pero paradójicamente esto se ha convertido hoy en una debilidad estratégica en la defensa del país contra las represalias económicas occidentales agobiantes.

La decisión de Putin de aceptar las privatizaciones [gángsteres] de la era Yeltsin proporcionó una cierta estabilidad en el corto plazo, pero también provocó la huida masiva de capital privado ruso al extranjero en lugar que estos fondos permanecieran en el país para ser invertidos en proyectos destinados a asegurar una mayor autosuficiencia.
Hoy en día la capacidad del gobierno ruso para movilizar y convertir su economía en un motor de crecimiento para soportar la presión imperial de las sanciones económicas impuestas abusivamente a Rusia es mucho más débil porque la totalidad de la economía ya no está bajo un mayor control estatal.
Putin pasará por momentos difíciles, tratando de convencer a los propietarios privados de las principales industrias rusas de que deben hacer sacrificios –están demasiado acostumbrados a recibir favores, subvenciones y contratos gubernamentales. Además, como sus contrapartes financieras [socios o asociados] en Occidente hacen presión, apuran los rusos para los pagos de deudas y niegan al mismo tiempo nuevos créditos, las élites privadas rusas amenazan con declararse en quiebra o despedir trabajadores para reducir gastos o simplemente recortar la producción.

La creciente ola de intervenciones militares occidentales en las fronteras de Rusia, la larga lista de promesas incumplidas de Estados Unidos y la Unión Europea sobre la no incorporación de los países de Europa del Este al bloque militar de la OTAN, el bombardeo y destrucción de Yugoslavia en la década de los 90, todo esto debió haber demostrado y servido de ejemplo al presidente Putin para que darse cuenta de que ninguna cantidad de concesiones unilaterales hechas a favor de Occidente iba permitir que Rusia fuese aceptada o considerada como un buen socio.
Washington y Bruselas han estado siempre firmes en su estrategia para rodearla militarmente y mantener a Rusia como un Estado-cliente.

En lugar de seguir desarrollando exclusivamente relaciones con Occidente (es decir con el oeste de Europa (esencialmente la Unión Europea y Estados Unidos) y de ofrecer apoyo indirectamnte a las guerras estadounidenses de la OTAN, Rusia habría estado en una posición mucho mejor para resistir hoy las sanciones y amenazas militares actuales si hubiese diversificado y orientado su economía también hacia los mercados de Asia, especialmente hacia China, con su dinámico crecimiento económico y la expansión del mercado interno, la capacidad de inversión y la creciente competencia técnica.
Es evidente que la política exterior de China no ha tenido los mismos problemas que afronta Rusia; China no ha tenido agresiones militares cerca de sus fronteras y los aliados de China tampoco han sido atacados, ni invadidos, ni implicados en guerras, como lo han sido los aliados de Rusia.
A pesar que Rusia ha reaccionado ahora para aumentar los lazos económicos con Asia frente a las crecientes amenazas de la OTAN, una gran cantidad de tiempo y de resultados se han perdido en los últimos 15 años.
Tomará otra década para reorientar la economía rusa, con sus principales industrias todavía controladas en gran parte por los oligarcas mediocres y cleptócratas, vestigios de la época de Yeltsin.

Con el cierre de los mercados occidentales (europeos de la Unión Europea y de los Estados Unidos principalmente), Putin ha tenido que “volverse” hacia China y también hacia otros países de Asia y América Latina para encontrar nuevos mercados y socios económicos.
Pero su estrategia de crecimiento sigue dependiendo sbre todo de las exportaciones de petróleo y gas y hoy la mayor parte de los líderes empresariales de Rusia, managers, ejecutivos-dueños no son verdaderos empresarios emprendedores capaces de desarrollar nuevos productos innovadores y competitivos, de implantar nueva tecnología e insumos de Rusia y la capacidad para identificar nuevos mercados rentables. Esta generación de líderes empresariales rusos no construyó sus imperios o conglomerados económicos del «abajo hacia arriba» –sino que se apoderaron y saquearon los activos del sector público estatal, y su riqueza creció gracias a contratos con el Estado y la protección de este.
Moscú les pide ahora encontrar nuevos mercados alternativos en el extranjero, para innovar, competir y sustituir su dependencia de la maquinaria alemana.

La mayor parte de la «casta capitalista industrial» de Rusia no es de verdaderos empresarios. Son más bien como una banda de compinches coleccionistas adinerados que no saben que hacer con sus millones, orientados y seducidos exclusivamente por Occidente.
Sus orígenes son a menudo el sector mafioso-gansgteríl, como «señores de la guerra», «fuertes en negocios por la fuerza» y que desde un principio supieron muy bien como eliminar a sus rivales de los sorteos de bienes públicos y estatales de la década de los años 1990.
Si bien estos oligarcas han tratado de ganar respetabilidad después de consolidar sus imperios económicos gracias a los servicios de agencias de relaciones públicas contratadas para pulir sus imágenes y dotarse de consultores económicos para asesorarles sobre las inversiones, nunca demostraron ninguna capacidad para hacer crecer sus empresas o transformarlas en empresas competitivas.
En vez de ello, se mantuvieron totalmente dependientes del capital, la tecnología y las importaciones provenientes de Occidente y de las subvenciones de la administración de Putin, que ellos controlaban o beneficiaban.

Los llamados «capitalistas» rentistas rusos contrastan agudamente con los empresarios públicos y privados chinos dinámicos –que pidieron prestada la tecnología del extranjero, tomaron eso prestado de Estados Unidos, Japón, Taiwán y Alemania, adaptando y mejorando la tecnología y ahora están produciendo equipamiento altamente competitivo y avanzado. Cuando las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea entraron en vigor, la industria rusa resultó incapaz de sustituir la importación extranjera por la producción local y el presidente Putin tuvo que concertar acuerdos comerciales de importación con China y con otras fuentes para obtener los insumos que Rusia necesita.

El mayor defecto estratégico en la estrategia económica de Putin fue su decisión de concentrarse mayoritariamente en las exportaciones de gas y petróleo hacia el mercado de Occidente como su «motor de crecimiento». Esto dio lugar a la dependencia rusa de los altos precios de las exportaciones de materias primas y de productos energéticos hacia los mercados occidentales. Teniendo eso en la mente, Estados Unidos y la Unión Europea explotaron la vulnerabilidad de Rusia favoreciendo la caída del precio del petróleo y su dependencia de la tecnología occidental para la extracción de petróleo, así como la paralización de creación de empresas mixtas (rusas con occidentales).

La política de Putin se ha basado en una visión de integración económica con Occidente junto con una mayor cooperación de relaciones políticas con las potencias de la OTAN. Estos proyectos de Putin se han desmoronado ante la marcha de los acontecimientos:

La cooperación de Estados Unidos y la Unión Europea fue por su lado táctica y calculadora, dependiendo de las concesiones asimétricas hechas unilateralmente por parte de Rusia hacia ellos –especialmente la constante disposición de Rusia a sacrificar a sus aliados tradicionales en los Balcanes, Oriente Medio, norte de África y especialmente en el Cáucaso– únicamente para seguir manteniendo buenas relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.
En cuanto Rusia comenzó a hacer valer sus propios intereses, Occidente se volvió hostil y se dispuso a empezar una confrontación. Desde que Rusia se opuso al régimen golpista en Kiev, el objetivo principal de Occidente ha sido el derrocamiento de Putin en Rusia.
La ofensiva Occidental en curso contra Rusia actualmente no es una fase pasajera, o algo que se va a terminar pronto, no! Es el comienzo de una prolongada e intensificada confrontación económica y política.

Aunque Rusia es vulnerable, lo cierto es que dispone de los medios, de los recursos y de la capacidad para resistir, de defender y promover su seguridad nacional así como su economía.

¿Qué se debe hacer?

 En primer lugar y ante todo Rusia debe diversificar su economía; debe industrializar sus propias materias primas e inyectar grandes inversiones para sustituir las importaciones occidentales con productos manufacturados locales. Si bien el intercambio comercial firmado recientemente con China es un paso positivo, no deben repetirse los mismos errores cometidos con Occidente, es decir convertirse en un simple proveedor de energía (gas y petróleo) porque sería repetir el msmo patrón comercial que ha hecho con Estados Unidos y la Unión Europea.

 En segundo lugar, Rusia debe volver a nacionalizar su sistema bancario, el comercio exterior y las industrias estratégicas del país, eliminando todas las lealtades politico-económicas dudosas de cierta clase social, poniendo fin al comportamiento rentista de la clase actual con graves signos de disfunción «capitalista» privada. El gobierno de Putin debe pasar de la era de los oligarcas a la era de los tecnócratas; pasar de la era de pensionistas a la era de los empresarios (modernos, innovadores y buenos admistradores creativos); pasar de los especuladores que ganan su dinero en Rusia –pero lo invierten o lo gastan en Occidente– para crear en lo adelante empresas co-particitivas entre trabajadores-técnicos e inversores, en una palabra, debe profundizar el carácter nacional, público, y productivo de la economía.

 Sobre los oligarcas que permanecen en Rusia, no podemos creer que sus simples declararaciones de lealtad hacia la administración del presidente Putin bastan para verlos como verdaderos y legítimos agentes económicos de los intereses rusos en el apís. Por lo general, los oligarcas han dejado de invertir en Rusia, transfirieron su riqueza y con ello han puesto en tela de juicio la autoridad legítima del Estado ruso en el extranjero, bajo la presión de las sanciones económicas occidentales.

Rusia necesita una nueva revolución económica y política –en la que el gobierno reconoce a Occidente como una grave amenaza imperial y pueda apoyarse sobre una clase obrera rusa organizada y capacitada, no en una banda de dudosos oligarcas.

La administración de Putin demostró tener la capacidad para sacar a Rusia del abismo donde se estaba sumergida en los años 1990 y ha sabido también inculcar la dignidad y la autoestima entre los rusos, tanto al interior del país como en el extranjero. También se ha enfrentado inteligentemente a la agresión de Occidente en Ucrania. A la luz de estos hechos, el presidente Putin tienen todo el interés de avanzar y comenzar a desmantelar el Estado cleptómano que todavía subsiste de la era Yeltsin en la economía rusa y debe comenzar a reindustrializar, diversificar y desarrollar la economía nacional rusa, con alta tecnología para gozar de una economía diversificada.
Pero sobre todo Rusia necesita crear nuevas formas democráticas populares de democracia para sustentar la transición a un Estado seguro, antiimperialista y soberano.
El presidente Putin cuenta con el respaldo de la gran mayoría del pueblo ruso; Putin cuenta con extraordinarios científicos y profesionales; Putin tiene aliados en China y entre los países del movimiento de los BRICS; y sobre todo, Putin tiene la voluntad y cuenta con el poder, con la bendición de la población [y la aprobación ética y moral] de «hacer lo correcto».

La pregunta sigue siendo si Putin tendrá éxito en esta nueva misión histórica, o si, por miedo o indecisión, Putin capitularía ante las amenazas agresivas de un Occidente decadente y peligroso.

Publicado en: Global

Bolivia: Inercia en la politica

24/11/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Arturo D. Villanueva Imaña

En términos físicos, la inercia es una propiedad de la materia que hace que los cuerpos no puedan modificar por sí mismos su estado de reposo y quietud, sea porque no se encuentran sometidos a una fuerza que modifique su estado inerte, o sea porque existe una resistencia que los cuerpos oponen al movimiento, en razón de su masa o tamaño. Por eso, se entiende por inercia la falta de actividad, energía o iniciativa; aunque ello (por lo señalado anteriormente), no signifique inactividad o paralización, porque en realidad no existe nada que no se encuentre en movimiento.

Utilizando estos principios y conceptos en el campo de lo político, donde tampoco existe reposo y quietud dada la dinámica de los acontecimientos y las fuerzas que se encuentran en permanente interacción; entenderemos la inercia no como un “cuerpo” inerte o noción neutral, sino más bien como una fuerza gravitante que incide en el curso de los hechos, a pesar de su aparente inactividad o inercia.

Desde esa perspectiva, es totalmente comprensible que la dinámica de los acontecimientos y la forma de cómo se vaya configurando la historia, dependerá del tipo de correlación de fuerzas que se imponga en una determinada situación. Por eso se dice que el tipo de Estado, sociedad y economía que un pueblo busca construir (sea capitalista, neoliberal o socialista por ejemplo), dependen de la correlación de fuerzas a su interior.

En perspectiva y escudriñando algunos hitos que marcan el curso del proceso de cambio y transformación en el país, podemos identificar tres momentos que ayudarán a comprender mejor por qué se ha entrado en una especie de inercia política del proceso. Un primer momento, en el que destaca la insurgencia popular y la decisión de refundar el país, que efectivamente se consolida (a pesar de los cambios introducidos en el Legislativo), con la aprobación y refrendamiento social de la nueva Constitución Política del Estado. Allí se establece y perfila un modelo diferente y alternativo de economía y sociedad que se ha dado en llamar Estado Plurinacional (que es como se lo conoce y define), y que finalmente sustenta un discurso gubernamental que, como veremos, ha vaciado su contenido al imponer una agenda nacional diferente.

Un segundo momento podríamos asociarlo al actual periodo gubernamental iniciado el año 2010. Durante estos años se abandonó aquellas tareas iniciales de liberación nacional y recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales que había emprendido en el primer periodo. Destaca la indisimulada inclinación por impulsar el extractivismo salvaje, los grandes megaproyectos desarrollistas, el establecimiento de alianzas y acuerdos con sectores tradicionalmente reaccionarios y opositores al proceso, y la concesión increíble de diferente tipo de “incentivos” dirigidos al capital transnacional y nativo, y a los intereses antinacionales, para que se animen a emprender el sueño de alcanzar aquel espejismo o quimera del progreso capitalista que se había enseñoreado como consecuencia de la bonanza económica. En este contexto, destaca un enorme despliegue del aparato gubernamental que persuadido por esas prioridades, se vuelca a la tarea de instalar un sentido común acrítico, dócil y manipulable que, en base a acciones francamente represivas, divisionistas o, por el contrario, prebendales, asistencialistas y/o de cooptación dirigencial, se concentra en las diversas organizaciones y sectores sociales, a los que busca conquistar a la causa oficialista. La idea es lograr la repetición mecánica, temerosa y/o servil de una agenda impuesta que no responde a los intereses populares y tampoco a lo que manda la Constitución Política del Estado. Estamos hablando por ejemplo de energía atómica, potencia continental, desarrollismo faraónico, extractivismo salvaje, etc.

Un tercer momento, no menos importante, es el que podríamos denominar como la coyuntura eleccionaria, que para el gobierno tiene un carácter permanente desde hace varios años, porque todas las acciones oficiales se han convertido en una tarea de campaña política para reproducir el gobierno a como dé lugar. Este enfoque que de por sí no es malo, pero que ciertamente implica abandonar las tareas de transformación y cambio para priorizar el control del Estado y el gobierno, ha derivado en una lucha cruenta e incesante que se ha insertado en el imaginario popular para acceder y formar parte del aparato público. Es decir, ha trastocado y envilecido la dinámica de la correlación de fuerzas, para convertirlas en una ambición por el poder que ha hecho presa de las organizaciones sociales que se debaten por alcanzar este objetivo.

Es como si se hubiese producido un desfase de tiempo, lugar y circunstancias, que en vez de en vez de contribuir y facilitar la realización de aquellas tareas estratégicas nacionales de transformación y cambio, la entorpecen y anulan, a cambio de priorizar y privilegiar una ambición inmediatista que se conforma con la toma democrática del poder, para reproducir un Estado conservador, cuyo modelo no tiene nada que ver con aquel perfilado por las luchas populares y la Constitución, o sencillamente es su antípoda.

Por ello puede inferirse que se trata de un Estado de inercia (en tanto situación y ente social), que no tiene la capacidad, las fuerzas o la iniciativa propia para salir de esa quietud o reposo aparentes, porque se ha abandonado a una correlación que prefiere reproducirse en el gobierno, sin percatarse que ello también se traduce en el abandono de las tareas de transformación y cambio.

Como en política y en física (lo mismo que en la vida), no existe la inercia permanente, solo queda esperar que dicha correlación de fuerzas se corrija para generar su propia dinámica de movimiento y transformación; o que, tarde o temprano, se desarrollen nuevas fuerzas (eventualmente externas), que anularán ese estado de quietud y emprenderán las acciones abandonadas, devolviéndole a su turno aquella dinámica perdida.

 

Arturo D. Villanueva Imaña, Sociólogo, boliviano.

 

Arturo D. Villanueva Imaña

 

 

En términos físicos, la inercia es una propiedad de la materia que hace que los cuerpos no puedan modificar por sí mismos su estado de reposo y quietud, sea porque no se encuentran sometidos a una fuerza que modifique su estado inerte, o sea porque existe una resistencia que los cuerpos oponen al movimiento, en razón de su masa o tamaño. Por eso, se entiende por inercia la falta de actividad, energía o iniciativa; aunque ello (por lo señalado anteriormente), no signifique inactividad o paralización, porque en realidad no existe nada que no se encuentre en movimiento.Utilizando estos principios y conceptos en el campo de lo político, donde tampoco existe reposo y quietud dada la dinámica de los acontecimientos y las fuerzas que se encuentran en permanente interacción; entenderemos la inercia no como un “cuerpo” inerte o noción neutral, sino más bien como una fuerza gravitante que incide en el curso de los hechos, a pesar de su aparente inactividad o inercia.

Desde esa perspectiva, es totalmente comprensible que la dinámica de los acontecimientos y la forma de cómo se vaya configurando la historia, dependerá del tipo de correlación de fuerzas que se imponga en una determinada situación. Por eso se dice que el tipo de Estado, sociedad y economía que un pueblo busca construir (sea capitalista, neoliberal o socialista por ejemplo), dependen de la correlación de fuerzas a su interior.

En perspectiva y escudriñando algunos hitos que marcan el curso del proceso de cambio y transformación en el país, podemos identificar tres momentos que ayudarán a comprender mejor por qué se ha entrado en una especie de inercia política del proceso. Un primer momento, en el que destaca la insurgencia popular y la decisión de refundar el país, que efectivamente se consolida (a pesar de los cambios introducidos en el Legislativo), con la aprobación y refrendamiento social de la nueva Constitución Política del Estado. Allí se establece y perfila un modelo diferente y alternativo de economía y sociedad que se ha dado en llamar Estado Plurinacional (que es como se lo conoce y define), y que finalmente sustenta un discurso gubernamental que, como veremos, ha vaciado su contenido al imponer una agenda nacional diferente.

Un segundo momento podríamos asociarlo al actual periodo gubernamental iniciado el año 2010. Durante estos años se abandonó aquellas tareas iniciales de liberación nacional y recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales que había emprendido en el primer periodo. Destaca la indisimulada inclinación por impulsar el extractivismo salvaje, los grandes megaproyectos desarrollistas, el establecimiento de alianzas y acuerdos con sectores tradicionalmente reaccionarios y opositores al proceso, y la concesión increíble de diferente tipo de “incentivos” dirigidos al capital transnacional y nativo, y a los intereses antinacionales, para que se animen a emprender el sueño de alcanzar aquel espejismo o quimera del progreso capitalista que se había enseñoreado como consecuencia de la bonanza económica. En este contexto, destaca un enorme despliegue del aparato gubernamental que persuadido por esas prioridades, se vuelca a la tarea de instalar un sentido común acrítico, dócil y manipulable que, en base a acciones francamente represivas, divisionistas o, por el contrario, prebendales, asistencialistas y/o de cooptación dirigencial, se concentra en las diversas organizaciones y sectores sociales, a los que busca conquistar a la causa oficialista. La idea es lograr la repetición mecánica, temerosa y/o servil de una agenda impuesta que no responde a los intereses populares y tampoco a lo que manda la Constitución Política del Estado. Estamos hablando por ejemplo de energía atómica, potencia continental, desarrollismo faraónico, extractivismo salvaje, etc.

Un tercer momento, no menos importante, es el que podríamos denominar como la coyuntura eleccionaria, que para el gobierno tiene un carácter permanente desde hace varios años, porque todas las acciones oficiales se han convertido en una tarea de campaña política para reproducir el gobierno a como dé lugar. Este enfoque que de por sí no es malo, pero que ciertamente implica abandonar las tareas de transformación y cambio para priorizar el control del Estado y el gobierno, ha derivado en una lucha cruenta e incesante que se ha insertado en el imaginario popular para acceder y formar parte del aparato público. Es decir, ha trastocado y envilecido la dinámica de la correlación de fuerzas, para convertirlas en una ambición por el poder que ha hecho presa de las organizaciones sociales que se debaten por alcanzar este objetivo.

Es como si se hubiese producido un desfase de tiempo, lugar y circunstancias, que en vez de en vez de contribuir y facilitar la realización de aquellas tareas estratégicas nacionales de transformación y cambio, la entorpecen y anulan, a cambio de priorizar y privilegiar una ambición inmediatista que se conforma con la toma democrática del poder, para reproducir un Estado conservador, cuyo modelo no tiene nada que ver con aquel perfilado por las luchas populares y la Constitución, o sencillamente es su antípoda.

Por ello puede inferirse que se trata de un Estado de inercia (en tanto situación y ente social), que no tiene la capacidad, las fuerzas o la iniciativa propia para salir de esa quietud o reposo aparentes, porque se ha abandonado a una correlación que prefiere reproducirse en el gobierno, sin percatarse que ello también se traduce en el abandono de las tareas de transformación y cambio.

Como en política y en física (lo mismo que en la vida), no existe la inercia permanente, solo queda esperar que dicha correlación de fuerzas se corrija para generar su propia dinámica de movimiento y transformación; o que, tarde o temprano, se desarrollen nuevas fuerzas (eventualmente externas), que anularán ese estado de quietud y emprenderán las acciones abandonadas, devolviéndole a su turno aquella dinámica perdida.

 

Arturo D. Villanueva Imaña, Sociólogo, boliviano.

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Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

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byjuan

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