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Global

La crisis según el Kremlin 

20/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por:  Página12

 

Después de perder 80.000 millones de dólares de sus reservas y ver al rublo devaluarse un 45 por ciento, el presidente ruso culpó a la economía mundial y dijo que las sanciones sólo son “el 30 por ciento del problema”.

Desde Moscú

En su décima rueda de prensa anual y ante más de 1200 periodistas de Rusia y el mundo, el presidente Vladimir Putin aseguró que, en el peor de los escenarios, la economía de su país se recuperará en dos años. Putin afirmó que la clave para recuperarse de la actual crisis es que se recupere la economía mundial y eso genere una mayor demanda del petróleo y el gas rusos. El cuadro actual incluye una devaluación del rublo de más del 45 por ciento, la pérdida desde enero de 80.000 millones de dólares de las reservas de 400 mil millones del Banco Central y una drástica caída de los ingresos de divisas por el hundimiento del precio del petróleo. Según las proyecciones oficiales, en 2015 el producto interno bruto crecerá entre un 0,6 y 0,7 por ciento. Aunque se esperaban medidas económicas o políticas, Putin sólo destacó la labor del equipo económico y del Banco Central y prometió que se ayudará a los sectores que precisen de divisas.

La situación económica actual es alarmante no sólo para el Kremlin y la sociedad rusa, que es la principal afectada por la devaluación de su moneda, el aumento de los precios y una amenaza de recesión. Es un problema también para otros países, principalmente de la Unión Europea, que no logran dejar atrás la crisis económica iniciada en 2008 y tenían en Rusia un buen mercado de consumidores. Apenas el líder ruso daba por terminada su conferencia de más de dos horas de duración, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mogherini, declaraba que “una Rusia en crisis era una mala noticia para los países europeos”. El primer ministro de Italia, Mateo Renzi, manifestaba con cierto dramatismo que “absolutamente no” se debían a aplicar nuevas sanciones contra Rusia.

Putin negó que la actual crisis económica sea producto de la anexión de la península de Crimea en marzo pasado, y aunque se refirió a la caída del precio del crudo y el gas como las causas principales, sostuvo que las sanciones aplicadas al país por la crisis de Ucrania explicaban “entre un 25 y un 30 por ciento de los problemas” de la economía nacional.

El conflicto en el este ucraniano fue uno de los focos de las preguntas de la prensa. El líder ruso no aceptó discusiones y aseguró que Rusia actuaba bien y Occidente mal. Aunque ponderó la actitud del presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, de intentar solucionar el conflicto, sostuvo que está acompañado por otras fuerzas políticas que no quieren que se resuelva. Y nuevamente negó la existencia de soldados rusos en la región del Donbás y aseguró que los ciudadanos de su nación que pelearon contra las fuerzas de Kiev no pueden ser llamados mercenarios, porque no reciben dinero, sino que lo hacen por su propia voluntad.

Aunque Barack Obama y Angela Merkel anunciaron reiteradas veces que si Rusia cambia su postura frente al conflicto en Ucrania se podrían cancelar las sanciones, Putin no parece resuelto a soltarles la mano a los independentistas. Su respuesta fue que la crisis debe “resolverse a través de medidas políticas, no con presiones, bloqueos económicos o el uso de la fuerza militar”, aunque luego afirmó que “se deben seguir los principios de la legislación internacional y que el pueblo de Novorossiya (las provincias de Donetsk y Lugansk) tiene el derecho de decidir su destino”.

Putin adoptó una posición que le sale bien, la de victimizarse frente a Occidente. Y, como siempre, presentó bien sus argumentos. Cuando le preguntaron por las reiteradas denuncias de vuelos de aviones rusos en el espacio aéreo de la OTAN, aseguró que se reanudaron porque cuando en los noventa el Kremlin los canceló, Estados Unidos siguió realizándolos sobre territorio ruso. Sostuvo que desde la caída del Muro de Berlín la alianza militar no paró de expandirse y se refirió al sistema antimisiles que “están desplegando en Rumania”. Además, se preguntó quién era el agresor si el presupuesto de defensa de Rusia para el 2015 es diez veces menor al del Pentágono. En su visión de los hechos, “Rusia no ataca a nadie”, sólo defiende sus intereses y ésa es la razón de la “insatisfacción de los socios occidentales y Estados Unidos”.

El mismo día de la conferencia anual, los medios locales publicaron una encuesta sobre la imagen de Putin. La Asociación Press-Norc, del Centro para Investigaciones de Asuntos Públicos, aseguró que el 80 por ciento de los ciudadanos de la Federación apoyan al presidente.

La determinación de Putin es fuerte, a pesar de que en esta intervención se lo vio más dubitativo y cansado que en otras anteriores. Lo cierto es que esta jornada el rublo volvió a perder frente al euro y al dólar, y el temor a una crisis económica seria y prolongada persiste en el humor social.

Publicado en: Global

CIA: maten a los rebeldes 

20/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Blanche Petrich

 

Aspecto del campamento de las FARC en Sucumbíos, Ecuador, dos días después del ataque del ejército colombiano, lanzado el primero de marzo de 2008. En esa ocasión fue ultimado el jefe guerrillero Raúl Reyes, lo que fue calificado de éxito por la Agencia Central de Inteligencia. También murieron cuatro estudiantes mexicanos y 18 personas más. Foto Ap.

El documento filtrado ayer es del 7 de julio de 2009, cuando Leon Panetta (aquí en una imagen de junio de ese año) llevaba seis meses al frente de la CIA. Foto Ap

La agencia afirma que el asedio a Osama Bin Laden afectó la capacidad de mando de éste. El asesinato del dirigente de Al Qaeda (aquí en una imagen sin fecha captada en Afganistán), en mayo de 2011, fue anunciado cuando Barack Obama se preparaba para lanzar su campaña de relecciónFoto Ap

En ocasiones, asesinar a las cabezas visibles de un movimiento armado resulta positivo en la lucha contrainsurgente de un gobierno, ya que se erosiona la capacidad de acción del grupo rebelde. Un ejemplo es el bombardeo de la fuerza aérea colombiana sobre un objetivo de alto valor en un campamento guerrillero en Ecuador, donde murieron el comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Raúl Reyes, quien era el blanco, y otras 22 personas, entre ellas cuatro estudiantes mexicanos. Es un caso que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) califica de exitoso.

En otros casos, el asesinato político de las cabezas más visibles de un grupo guerrillero resulta contraproducente, por lo que se recomienda una poda; esto es, no asesinar a los líderes de primer nivel, sino a cuadros de segundo o tercero, para dañar las redes de la organización.

Si el ataque a un objetivo de alto valor produce demasiadas bajas colaterales, la operación puede ver limitado su impacto, ya que genera solidaridad en torno a los terroristas y populariza a los jefes de línea dura, como ocurrió con los atentados de Israel contra la organización palestina Hamas entre 2000 y 2002.

Esas son parte de las recomendaciones que hace la oficina de asuntos transicionales de la CIA a sus agentes, en un manual clasificado de ultrasecreto –secret/noforn– filtrado ayer por Wikileaks.

Se trata de un estudio de la agencia donde se recomienda a gobiernos del mundo que enfrentan conflictos armados con grupos insurgentes lo que considera las mejores prácticas para realizar operaciones contra objetivos de alto nivel (HVT por sus siglas en inglés, high-value targeting) como una herramienta contrainsurgente efectiva.

Estas operaciones incluyen el asesinato político como recurso válido, además de capturas, remoción de liderazgos, neutralización y marginación de dirigentes guerrilleros. El documento, proporcionado con anticipación a una docena de medios en el mundo –La Jornada fue el único en español–, incluye también un par de tablas que evalúan la eficacia de estos golpes. Pocos son calificados de alto impacto; la mayoría tuvieron resultados limitados, en particular operaciones implementadas con participación de la CIA en Israel y Palestina, Afganistán e Irak.

El estudio es del 7 de julio de 2009, inicios del primer periodo presidencial de Barack Obama, cuando Leon Panetta llevaba seis meses al frente de la agencia y, según recuerda Wikileaks, poco después de que el agente John Kiriakou hiciera sonar por primera vez las alertas sobre la práctica de la tortura dentro de la agencia. El analista sigue en prisión.

Esta nueva filtración ocurre apenas 10 días después de que el Comité de Inteligencia del Senado estadunidense decidió hacer público un informe secreto sobre cómo el Pentágono y la CIA utilizaron la tortura en sus formas más brutales durante los años del ex presidente George W. Bush y cómo estos interrogatorios atroces resultaron innecesarios e ineficaces.

Redactado a modo de manual para ataques contrainsurgentes, está dirigido a los operadores políticos y militares de la agencia, con capacidad de autorizar la planeación y ejecución de esas operaciones HVT.

Ahí se evalúan los pros y contras de los planes de liquidación de líderes insurgentes. En el comunicado de prensa que acompaña la desclasificación de este manual, la agencia de periodismo de investigación que dirige Julian Assange indica que después del informe se dispararon a niveles históricos los asesinatos cometidos mediante ataques de drones.

Las mejores prácticas

Incluye estudios de casos de Afganistán de 2001 a la fecha de la conclusión del manual (2009); Argelia 1954-1962; Colombia de 2002 a 2009; Irak de 2004 a 2009; Israel en dos periodos, de 1972 a mediados de los noventa y de mediados de los noventa a 2009; Perú de 1980 a 1999, Irlanda del Norte de 1969 a 1998 y Sri Lanka de 1983 a mayo de 2009. Incluye algunos ejemplos adicionales de Chechenia, Libia, Pakistán y Tailandia.

Especifica sus fuentes: La mayor parte de nuestra información está basada en reportes clandestinos de agregados militares, discusiones internas con solicitantes de permiso para la realización de este tipo de acciones y la revisión de casos actuales o históricos.

El documento es definido como un intento de consolidar las lecciones aprendidas, proporcionar un marco para evaluar la utilidad estratégica de las operaciones de ataque a objetivos de alto valor y ayudar a los políticos y funcionarios militares responsables de autorizar estos ataques.

El concepto high-value targeting es definido como una acción enfocada a atacar individuos o redes específicas. Su remoción busca debilitar la eficacia de determinado grupo insurgente.

La eliminación de Raúl Reyes en Sucumbíos

Este documento de la CIA aporta evidencias adicionales sobre el involucramiento de la agencia en la lucha antiguerrillera en Colombia durante el periodo de Álvaro Uribe.

Indica que, de acuerdo con reportes anteriores de la CIA, Bogotá había utilizado ataques a objetivos de alto valor combinando operaciones militares y de información convencionales y programas para provocar y tratar desertores.

Refiere que al comenzar su primer periodo presidencial en 2001, Uribe inició una campaña contrainsurgente con la mira puesta en atacar a las FARC en sus filas intermedias y superiores. Después de varios años de golpes fallidos, la embajada de Estados Unidos en Bogotá empezó a reportar aciertos a partir de que se afinaron las estrategias de espionaje, precisión en los ataques, planificación de misiones y despliegues, seguridad operacional y coordinación interinstitucional.

De ese modo el gobierno pudo capitalizar políticamente los golpes infligidos a la guerrilla, incrementando su propia legitimidad y erosionando la moral de las bases insurgentes. Califica de exitosos los golpes de 2008 contra jefes de primer nivel de las FARC Raúl Reyes e Iván Ríos, combinados con golpes contra figuras de segundo y tercer rangos, especialistas en financiamiento y logística.

En particular, afirma que el bombardeo extraterritorial a Sucumbíos, donde además murieron una veintena de colombianos y cuatro estudiantes mexicanos que estaban de visita en el campamento guerrillero, dañó seriamente la moral y la disciplina de las FARC, según comentarios de campo de la CIA.

Sin embargo, el informe no alcanza a prever lo que sucedió después en Colombia. A pesar de que Uribe en ese momento aumentó su popularidad, no pudo relegirse para un tercer periodo en 2010. Su sucesor, José Manuel Santos –fuertemente criticado por Uribe–, emprendió un derrotero diametralmente opuesto, que llevó el conflicto a una mesa de negociaciones.

Contra Sendero Luminoso

Otra historia de éxito, según la CIA, fue la de Perú, donde una serie de golpes sistemáticos, intensos, en corto tiempo, permitieron al ejército desarticular a Sendero Luminoso, con el encarcelamiento de su líder, Abimael Guzmán, en 1992.

La extrema centralización del mando y el culto a la personalidad dentro de esa organización de corte maoísta influyó en su desmoronamiento a partir de esa captura. En este caso, dice el manual, el asesinato no era recomendable para no mitificar al dirigente.

Pero no todas las operaciones de captura contra altos mandos son igualmente efectivas, indican los expertos de la agencia, quienes sacan a colación la historia del héroe sudafricano Nelson Mandela, dirigente del Congreso Nacional Africano que luchó contra el régimen del apartheid y pasó 27 años encarcelado.

Capturar a líderes puede tener un impacto limitado si la organización cree que su dirigente eventualmente saldrá libre o si éste logra mantener su influencia aun bajo custodia.

En este trabajo se citan tres casos en los que el asesinato político o la captura ha sido útil para erosionar la fuerza de un grupo insurgente: el ya citado caso colombiano, la detención en 2008 de varios dirigentes de primer nivel del grupo jihadista iraquí Jaysh Muhammad por el ejército británico, que prácticamente paralizó al grupo, y las operaciones de constante cacería que ese año se ejercían en Afganistán y Pakistán contra Osama Bin Laden.

La CIA asegura que esta presión obligaba al líder de Al Qaeda a permanecer oculto, distanciado de sus bases, conduciendo la organización a distancia, forzado a utilizar sistemas de comunicación de baja tecnología. Esto afectó su capacidad de mando, dice el manual.

En 2011, el gobierno de Obama anunció el asesinato de Osama, justo cuando se preparaba para lanzar su campaña para un segundo término en la Casa Blanca.

Utilidad del crimen político

En algunos casos el asesinato político es útil y en otros no, infiere el estudio. Y a pesar del enorme número de bajas en Afganistán, la destrucción masiva del país y la negra historia de la tortura recientemente revelada, la CIA reconoce que en la guerra contra el talibán no logró sus objetivos.

Atribuye este fracaso a la naturaleza de la estructura de Al Qaeda, con movilidad de la cúpula a la base y una relación tribal igualitaria. Según los reportes confidenciales de militares basados en la operación antitalibán, su organización es capaz de resistir mejor los ataques HVT.

Por el contrario, la CIA consideró que los asesinatos del fundador y el cofundador de Hamas, Sheikh Ahmed Yassin y Abdel Aziz al Rantisi, muertos durante un ataque de misiles en el cual también fallecieron sus hijos, varios civiles, incluso niños, en 2004, fue útil porque erosionó la moral de la organización.

Hamas es la fuerza gobernante en la franja de Gaza. Figuraba en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea, pero hace tres días un tribunal del organismo ordenó su exclusión. Estados Unidos aún la mantiene en su propia lista de grupos terroristas.

Se citan otros casos en los cuales los asesinatos y ataques para neutralizar insurgentes resultan contraproducentes, sobre todo cuando se producen muertes de civiles no combatientes o se eliminan líderes políticos que hacen ver como represivos a los gobiernos.

Criterios para actuar

La CIA aprueba que gobiernos civiles o militares que enfrentan conflictos armados con grupos insurgentes recurran frecuentemente a operaciones de ataque a objetivos de alto valor, descritas como acciones para remover o neutralizar a sus cabezas para degradar la eficacia del grupo.

El criterio de la agencia para la definición de quién es un HVT (objetivo atacable) es flexible: varía de acuerdo con factores que enumera: fuerza del grupo, estructura, dinámicas de liderazgo y alcance del resultado deseado por el gobierno.

Se advierte que entre los efectos contraproducentes de una acción de este tipo está el de romper ciertas reglas del juego acordadas entre rebeldes y gobierno, lo que lleva a una escalada del conflicto que no siempre está en el interés oficial.

Pero en los casos en que los golpes causen daños mayores a los que el grupo insurgente sea capaz de absorber, ya sea por su incapacidad de reponer sus liderazgos o por los golpes infligidos a sus líneas de financiamiento o logística, puede conseguirse un mayor debilitamiento de su capacidad de acción.

En una revisión de operativos de ataque contra objetivos de alto nivel efectuados por la CIA se demuestra –sostiene el documento– que estos pueden tener un papel importante como parte de una estrategia contrainsurgente de mayor alcance. Estos suelen arrojar mejores resultados cuando los gobiernos analizan previamente sus posibles efectos y factores que lo puedan impactar y simultáneamente aplican otros instrumentos contrainsurgentes de carácter militar y no militar.

Entre los efectos positivos de estos ataques enumera la erosión de la capacidad insurgente, el debilitamiento de su voluntad, la reducción de su base de apoyo, la división o fragmentación del grupo, forzar que el grupo modifique sus estrategias de modo que beneficie al régimen y levantar la moral del gobierno y generar apoyo.

Entre los efectos negativos cita: puede generar mayor apoyo al grupo insurgente, lo cual podría obligar al gobierno a distraerse de otros aspectos de su estrategia; puede hacer que las estrategias insurgentes se modifiquen, que refuercen sus bases de apoyo y simpatía de la población, conducir a una mayor radicalización a los líderes sobrevivientes, generar condiciones para la adhesión de dirigentes más radicales y aumentar o disminuir el conflicto de modo que favorezca a la insurgencia.

Estas son algunas de las buenas prácticas que recomienda la CIA:

– Definir el impacto deseado sobre la trayectoria del grupo insurgente, considerando que en algunos casos pueden generarse efectos indeseados.

– Definir la decisión del ataque con base en un sólido conocimiento de los mecanismos internos del grupo y sus debilidades específicas, información que se puede obtener mediante los interrogatorios a sus desertores.

– Incorporar la operación de ataque a una estrategia integral, que permita capitalizar el resultado de la operación o compensar algunos de los efectos producidos.

– Proteger a los actores más moderados. Los ataques contra los líderes más violentos y extremistas pueden resultar en un acuerdo político. En muchos grupos insurgentes hay divisiones internas entre sus dirigentes más militaristas y los más políticos.

– Aprovechamiento de las contradicciones internas. Exacerbar o explotar las fisuras en los liderazgos puede funcionar de manera tan efectiva como el dirigir un ataque militar contra uno de sus liderazgos.

Publicado en: Global

El informe senatorial sobre la tortura confirma que al-Qaeda no está implicada en los atentados del 11 de Septiembre

20/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

 

Los fragmentos del informe de la Comisión senatorial estadounidense sobre el programa secreto de torturas de la CIA revelan los contornos de una organización criminal de gran envergadura. Después de leer cuidadosamente las 525 páginas de ese informe, Thierry Meyssan encuentra en ese documento estadounidense la prueba de lo que él ha venido proclamando desde hace años.

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El 9 de diciembre de 2014, Dianne Feinstein, presidenta de la Comisión del Senado estadounidense a cargo de los servicios de inteligencia, hizo público un fragmento de su informe clasificado sobre el programa secreto de torturas de la CIA [1].

Presentación del informe

El fragmento desclasificado sólo representa una doceava parte del informe inicial.

El informe en sí no trata sobre el vasto sistema de secuestros y encarcelamientos arbitrarios que la US Navy instauró bajo los mandatos del presidente George W Bush Jr., programa que dio lugar a los secuestros de más de 80 000 personas en todo el mundo y al encierro de esos secuestrados en 17 barcos estacionados en aguas internacionales (se trata de los navíos:USS Bataan, USS Peleliu, USS Ashland, USNS Stockham,USNS Watson, USNS Watkins, USNS Sister, USNS Charlton,USNS Pomeroy, USNS Red Cloud, USNS Soderman, USNS Dahl,MV PFC William B Baugh, MV Alex Bonnyman, MV Franklin J Phillips, MV Louis J Huage Jr., MV James Anderson Jr.). El texto se limita al estudio de 119 casos de personas utilizadas como conejillos de Indias en la realización de experimentos sicológicos en [la base naval estadounidense] de Guantánamo y en unas 50 cárceles secretas, desde el año 2002 y hasta finales de 2009, o sea un año después de la elección del actual presidente Barack Obama.

Los fragmentos del informe no indican bajo qué criterios fueron seleccionados esos cobayos humanos. Se limitan a indicar que cada prisionero denunciaba al siguiente y también indican que esas confesiones no les fueron arrancadas sino inculcadas. En otras palabras, lo que hizo la CIA fue justificar sus propias decisiones fabricando denuncias que las confirmabana posteriori.

En el informe inicial, los nombres de los agentes y de los contratistas de la CIA implicados fueron reemplazados por seudónimos. Además, los fragmentos desclasificados han sido ampliamente censurados, fundamentalmente para borrar los nombres de los cómplices extranjeros de la CIA.

El contenido del informe

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He leído detenidamente las 525 páginas de fragmentos provenientes del informe. A pesar de ello, estoy aún lejos de haber sacado de esos fragmentos toda la información que puede obtenerse de ellos ya que habrá que realizar numerosas investigaciones para poder interpretar los párrafos mutilados por la censura.

Las sesiones de condicionamiento se realizaban en unas 50 cárceles secretas bajo la responsabilidad de «Alec Station», la unidad de la CIA a cargo de la búsqueda de Osama Ben Laden. Las infraestructuras, el personal y los transportes funcionaban bajo la responsabilidad del «Grupo de Capitulación y Detención» de la CIA. Las sesiones se concebían y realizaban bajo la supervisión de 2 sicólogos contratados que incluso crearon una firma en 2005. Las autorizaciones para la aplicación de las técnicas de condicionamiento se concedían desde el más alto nivel, sin especificar que el objetivo de esas torturas no era arrancar información a las víctimas sino condicionarlas.

El vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney; la consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice; el secretario de Justicia John Ashcroft; el secretario de Defensa Donald Rumsfeld; el secretario de Estado Colin Powell y el director de la CIA George Tenet participaron en reuniones sobre ese tema realizadas en la Casa Blanca. Asistieron a simulaciones en la Casa Blanca y visionaron grabaciones de video de varias sesiones, grabaciones que posteriormente fueron destruidas ilegalmente. Es evidente que el objetivo de aquellas reuniones era implicar a esas personalidades, pero no resulta posible determinar cuáles de ellas sabían para qué se utilizaban esas técnicas.

Sin embargo, en junio de 2007, el contratista de la CIA que supervisaba aquellos experimentos explicó personalmente a Condoleezza Rice en qué consistían. La consejera de Seguridad Nacional autorizó la continuación de los experimentos, limitándose a reducir la cantidad de torturas autorizadas.

Los fragmentos publicados del informe contienen un análisis detallado de cómo la CIA mintió a las demás ramas de la administración Bush, a los medios de prensa y al Congreso.

 

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James Mitchell y Bruce Jensen, supervisores del programa de condicionamiento de la CIA. En 2012 Mitchell fue designado obispo mormón pero tuvo que dimitir cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días descubrió a qué se dedicaba.

Los experimentos del profesor Martin Seligman

Los fragmentos del informe que se han dado a conocer confirman que la CIA realizó experimentos basados en los trabajos del profesor Martin Seligman (teoría de «la impotencia aprendida»). El objetivo de los experimentos no era obtener confesiones ni información sino inculcar a los torturados un discurso o un comportamiento.

La mayoría de las citaciones que la prensa ha publicado tienden a confundir al público. En efecto, la CIA se refiere a los «métodos de condicionamiento» llamándolos «métodos de interrogatorio no estándares» (non-standard means of interrogation). Sacada de su contexto, esa denominación hace pensar que el término «interrogatorio» designa la búsqueda de información cuando en realidad designa el condicionamiento de las víctimas.

Todos los nombres de los torturadores fueron censurados en la parte desclasificada del informe. A pesar de ello, es evidente que bajo el seudónimo de “Grayson Swigert” se esconde Bruce Jessen mientras que James Mitchell aparece en el informe como “Hammond Dunbar”.

Bruce Jessen y James Mitchell supervisaron el programa desde el 12 de abril de 2002. Estaban físicamente presentes en las cárceles secretas. En 2005, formaron juntos una firma comercial, Mitchell, Jessen & Associates, designada en el informe como “Company Y”. Desde el año 2005 y hasta 2010, esa firma recibió pagos ascendentes a 81 millones de dólares. Posteriormente, el US Army [las fuerzas terrestres de Estados Unidos] los empleó para que dirigieran un programa sobre el comportamiento aplicado a 1,1 millones de soldados estadounidenses.

En mayo de 2003, un «senior officer» de la CIA recurrió al inspector general de la agencia señalando que los trabajos del profesor Seligman se basaban en las torturas que se aplicaban en Vietnam del Norte para obtener «confesiones con fines propagandísticos». Aquel oficial cuestionaba el programa de condicionamiento. Pero su denuncia no tuvo consecuencias. En todo, la denuncia contenía un pequeño error: se refería a Vietnam del Norte. Los trabajos de Seligman, al igual que las prácticas de los norvietnamitas, se basaban en trabajos coreanos.

Cómo se protegieron los torturadores

Según la Comisión senatorial, el programa de tortura de la CIA respondía a una orden del presidente George W. Bush emitida el 17 de septiembre de 2001, o sea 6 días después de los atentados contra los Torres Gemelas y el Pentágono. Tenía como único objetivo proporcionar medios extraordinarios para la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero ese programa se desarrolló de inmediato en violación de varias instrucciones del presidente. Por consiguiente, a partir de la realización de los atentados, la CIA, a espaldas de la Casa Blanca, se esforzó por fabricar falsos testimonios que “demostrarían” la culpabilidad de al-Qaeda.

El presidente George W. Bush y los miembros del Congreso fueron engañados por la CIA que
 obtuvo autorizaciones para recurrir a ciertas torturas disimulando el objetivo final de tales procedimientos
 y presentó falsamente como información obtenida bajo la tortura lo que en realidad eran confesiones inculcadas.

El 6 de septiembre de 2006, cuando el presidente Bush reconoció la existencia del programa secreto de torturas de la CIA, defendió esa práctica argumentando que había permitido la obtención de información que sirvió para salvar vidas. Bush se basaba en los informes plagados de falsedades proporcionados por la CIA e ignoraba que, en vez de buscar pruebas, la agencia se dedicaba a fabricarlas. A partir de entonces, la prensa atlantista se hundió en la barbarie y comenzó a debatir sobre la justificación de la tortura presentándola como algo malo que permitía lograr algo bueno.

Los torturadores tuvieron la precaución de dotarse de una cobertura jurídica. Para ello pidieron que el Departamento de Justicia los utilizara a torturar. Pero el Departamento de Justicia se pronunció únicamente sobre la legalidad de los métodos utilizados (aislamiento, encierro en una caja de pequeñas dimensiones, simulacros de enterramientos, uso de insectos, etc.) en vez de pronunciarse sobre el programa en su conjunto. La mayoría de los juristas autorizaban solamente algunas posturas en particular, pasando por alto las consecuencias síquicas que podían acarrear cuando se combinaban unas con otras. En agosto de 2002 ya se habían obtenido todas las autorizaciones.

Los dirigentes de la CIA que autorizaron esos experimentos especificaron por escrito que había que incinerar los cadáveres si las personas utilizadas como cobayos morían durante el proceso de condicionamiento y que a los sobrevivientes había que mantenerlos encerrados por el resto de sus días.

Confesiones fabricadas

 

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Para que se entienda bien, la Comisión senatorial no dice que las confesiones de los detenidos de la CIA son legalmente incorrectas por haber sido obtenidas bajo la tortura. Lo que expone es que la CIA no interrogó a esos detenidos sino que los condicionó para que declararan sobre situaciones y actos con los que no tenían nada que ver. La Comisión precisa que los agentes de la CIA ni siquiera trataron de informarse sobre lo que los detenidos ya habían declarado o confesado a las autoridades que los habían arrestado. En otras palabras, no sólo la CIA no trató de saber si al-Qaeda estaba implicada o no en los atentados del 11 de septiembre sino que su acción tuvo como único objetivo fabricar testimonios falsos para demostrar falsamente una supuesta implicación de al-Qaeda en los atentados del 11 de septiembre.

La Comisión senatorial no discute si las confesiones de los cobayos humanos les fueron arrancadas o si les fueron inculcadas. Pero, después de explicar que los supervisores no eran expertos en interrogatorios sino en condicionamiento, detalla ampliamente el hecho que ninguna de esas «confesiones» permitió anticipar nada. Demuestra que la CIA mintió al afirmar que habían permitido impedir otros atentados. La Comisión no escribe que la información sobre al Qaeda proveniente de aquellas confesiones son fabricadas pero señala que todo lo que se podía verificar era falso. De esa manera, la Comisión desmiente explícitamente los argumentos utilizados para justificar la tortura y anula implícitamente los testimonios utilizados para vincular al-Qaeda con los atentados del 11 de septiembre.

Ese informe confirma, de manera oficial, varias informaciones que nosotros ya habíamos presentado a nuestros lectores y que contradicen e invalidan los trabajos de los tanques pensantes atlantistas, de las universidades y de la prensa desde el 11 de septiembre, tanto en lo tocante a los atentados de 2001 como en lo que concierne a al-Qaeda.

Como resultado de la publicación de los fragmentos del informe queda demostrado que todos los testimonios citados en el informe de la Comisión Presidencial Investigadora sobre el 11 de Septiembre que vinculan a al-Qaeda con esos atentados son falsos. Ya no existe en este momento el menor indicio que permita atribuir esos atentados a al-Qaeda: no existe ninguna prueba de que las 19 personas acusadas como secuestradores aéreos estuviesen aquel día en ninguno de los 4 aviones y tampoco es cierto ninguno de los testimonios de ex miembros de al-Qaeda que se atribuyen la autoría de los atentados [2].

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Martin Seligman concibió el programa de condicionamiento de la CIA.

El informe confirma lo que ya revelamos en 2009

En octubre de 2009 publiqué un estudio sobre ese tema en la revista rusa Odnako [3]. Afirmaba en ese trabajo que Guantánamo no era un centro de interrogatorio sino de condicionamiento. También cuestionaba personalmente al profesor Seligman. Un año más tarde, luego de la publicación de la traducción de aquel artículo al inglés, sicólogos estadounidenses hicieron campaña exigiendo que Martin Seligman diese explicaciones sobre el asunto. La respuesta de Seligman consistió únicamente en negar su papel como torturador y emprender una acción legal simultánea contra mí y contra la Red Voltaire tanto en Francia como en Líbano, país donde yo residía en aquel momento. Pero finalmente, el profesor Seligman ordenó a sus abogados suspender toda acción legal cuando publicamos una de sus cartas acompañada de una explicación de texto [4]. Martin Seligman emprendió igualmente acciones legales contra todos los que abordaron el tema, como Bryant Weich del Hunffington Post [5].

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John O. Brennan fue director adjunto de la CIA desde el año 2001 hasta el 2005 y director del Centro Nacional Antiterrorista. Brennan fue el principal artífice del programa secreto de fabricación de confesiones bajo la tortura. En 2009 se convirtió en consejero del presidente Obama para los temas vinculados a la Seguridad de la Patria (Homeland Security). El propio Obama lo nombró director de la CIA en 2013.

En este momento

En lo que constituye una muestra de valentía, la senadora Diane Feinsein ha logrado publicar parte de su informe, a pesar de la oposición del actual director de la CIA, John Brennan, quien estuvo a cargo de ese programa de tortura.

El presidente Barack Obama ha anunciado que no emprenderá acciones legales contra ninguno de los responsables de esos crímenes, mientras que los defensores de los derechos humanos luchan por poner a los torturadores en el banquillo de los acusados, que es lo mínimo que debería hacerse.

Pero no son esas las preguntas realmente importantes: ¿Por qué cometió la CIA esos crímenes? ¿Por qué inventó la CIA confesiones destinadas a vincular artificialmente a al-Qaeda con los atentados del 11 de septiembre? Y, por lo tanto, si al-Qaeda no tiene nada que ver con los atentados del 11 de septiembre, ¿a quién quiso proteger la CIA?

Y, para terminar, el programa de la CIA sólo contaba 119 cobayos humanos. ¿Qué pasó entonces con los 80 000 prisioneros de las cárceles secretas de la US Navy?

[1] “Study of the CIA’s Detention and Interrogation Program – Foreword, Findings and Conclusions, and Executive Summary”, US Senate Select Committee on Intelligence, 9 de diciembre de 2014.

[2] La Gran impostura, por Thierry Meyssan, La Esfera (España) / La Terrible impostura, por Thierry Meyssan, El Ateneo (America latina).

[3] «El secreto de Guantánamo», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia),Red Voltaire, 6 de noviembre de 2009.

[4] «Carta de Martin Seligman», por Martin Seligman, Red Voltaire, 21 de junio de 2010.

[5] “Fort Hood: A Harbinger of Things to Come?”, Bryant Welch,Hunffington Post, 18 de marzo de 2010. Y la respuesta: “A Response to Bryant Welch”, Martin Seligman.

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La tercera guerra mundial

14/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por:  Boaventura de Sousa Santos

 

Todo indica que está en preparación la tercera guerra mundial. Es una guerra provocada unilateralmente por los EEUU con la complicidad activa de la UE. Su objetivo principal es Rusia e indirectamente China. El pretexto es Ucrania. En un raro momento de consenso entre los dos partidos, el Congreso de los EEUU aprobó el pasado día 4 la Resolución 758, que autoriza al Presidente a adoptar medidas más agresivas de sanción y de aislamiento contra Rusia, a proveer de armas y otras ayudas al gobierno de Ucrania y a fortalecer la presencia militar de los EEUU en los países vecinos de Rusia. La escala de provocación a Rusia tiene varios componentes que, en conjunto, constituyen la segunda guerra fría. En ésta, al contrario que en la primera, se asume ahora la posibilidad de guerra total y, por tanto, de guerra nuclear. Varias agencias de seguridad hacen ya planes para el Day After de un enfrentamiento nuclear.

Los componentes de la provocación occidental son tres: sanciones para debilitar a Rusia, instalación de un gobierno satélite en Kiev y guerra de propaganda. Las sanciones son conocidas, siendo la más insidiosa la reducción del precio del petróleo, que afecta de modo decisivo a las exportaciones de petróleo de Rusia, una de las más importantes fuentes de financiación del país. Esta reducción conlleva el beneficio adicional de crear serias dificultades a otros países considerados hostiles (Venezuela e Irán). La reducción es posible gracias al pacto sellado entre EEUU y Arabia Saudita, por el cual EEUU protege a la familia real (odiada en la región) a cambio de mantener la economía de los petrodólares (transacciones mundiales de petróleo denominadas en dólares), sin los cuales el dólar colapsaría como reserva internacional, y con ello, la economía de los EEUU, el país con la mayor y más impagable deuda del mundo.

El segundo componente es el control total del gobierno de Ucrania, de manera que el país se transforme en un estado satélite. El respetado periodista Robert Parry (que denunció el escándalo de Irán-Contra) informa de que la nueva ministra de Economía de Ucrania, Natalie Jaresko, es una ex-funcionaria del Departamento de Estado, ciudadana de los Estados Unidos, que obtuvo la ciudadanía ucraniana días antes de asumir el cargo. Ella era hasta ahora presidente de varias empresas financiadas por el Gobierno norteamericano, creadas para actuar en Ucrania. Ahora se comprende mejor la expresión, en febrero pasado, de la Secretaria de Estado norteamericana para los asuntos europeos, Victoria Nulland: “Fuck the EE.UU”. Lo que ella quiso decir fue “¡Rayos! Ucrania es nuestra. Pagamos para eso”.

El tercer componente es la guerra de propaganda. Los grandes medios y sus periodistas están siendo presionados para difundir todo lo que legitima la provocación occidental y ocultar todo lo que la cuestiona. Los mismos periodistas que, tras los briefings de las embajadas de los EEUU y de Washington, colmaran las páginas de sus periódicos con la mentira de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, están ahora repitiendo la mentira de la agresión de Rusia a Ucrania.

Pido a los lectores que imaginen el escándalo mediático que ocurriría si se supiese que el Presidente de Siria acaba de nombrar a un ministro iraní a quien días antes le concedió la nacionalidad siria. O que comparen el modo en que fueron publicadas y analizadas las protestas en Kiev en febrero pasado y las protestas de Hong Kong de las últimas semanas. O que evalúen también la relevancia dada a la declaración de Henry Kissinger de que es una temeridad estar provocando a Rusia. Otro gran periodista, John Pilger, decía recientemente que si los periodistas hubiesen resistido a la guerra de propaganda, tal vez se hubiese evitado la guerra de Iraq en la que han muerto hasta el fin de la semana pasada 1.455.590 iraquís y 4801 soldados norteamericanos. ¿Cuántos ucranianos morirán en la guerra que se está preparando? ¿Y cuántos no ucranianos?

¿Estamos en democracia cuando el 67% de los norteamericanos están en contra de la entrega de armas a Ucrania y el 98% de sus representantes votan a favor? ¿Estamos en democracia en Europa cuando una discrepancia semejante o mayor separa a los ciudadanos de sus gobiernos y de la Comisión de la UE? ¿O cuando el Parlamento Europeo sigue en sus rutinas, mientras Europa está siendo preparada para ser el próximo teatro de guerra, y Ucrania, la próxima Libia?

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La banca en la sombra

14/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por:  Alfredo Zaiat

 

Relatos de ciencia ficción desarrollan la existencia de mundos paralelos, sobre viajes entre dimensiones diferentes con idénticos protagonistas. Esos universos múltiples abordados por la literatura, el sistema financiero global los hizo suyo creando otros estadios equivalentes de su negocio, los cuales tienen vida propia sin supervisión. Existe el sistema formal de banca comercial desplegado en la superficie, pero también existe la banca pantalla (shell bank), cuyas características fueron detalladas el domingo pasado en esta misma columna, y la denominada banca en la sombra (shadow bank). Si la estructura bancaria conocida es una fuente de inestabilidad pese a los crecientes controles de las autoridades oficiales, la expansión de ese mundo financiero paralelo agudiza aún más sus rasgos perturbadores.

El sistema financiero offshore funciona principalmente a través de los más importantes bancos internacionales localizados en guaridas fiscales, que brindan servicios de administración de carteras de inversión y de diseño de estructuras financieras complejas. Los 50 principales bancos internacionales manejaban en conjunto en 2010, según investigaciones recientes, alrededor de 12,1 billones de dólares en activos offshore. Para eludir los controles formales de las autoridades de los países donde está radicada la casa matriz, los bancos crean otros bancos en los paraísos fiscales, que a la vez brindan la fachada para otras firmas donde se mueven los capitales fugados. Son los bancos pantallas (shell bank).

El término banca en la sombra (shadow bank) fue definido por el economista Paul McCulley en un discurso que dio en 2007 en el simposio financiero anual celebrado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City en Jackson Hole, Wyoming. La banca en la sombra está compuesta por todos los agentes financieros que sin ser bancos, ni estar por tanto sometidos a sus controles, compran y venden todo tipo de productos financieros. El Consejo de Estabilidad Financiera, organismo creado en la reunión del G-20 en Seúl, Corea, en 2008, publicó el “Informe de seguimiento de la banca global en la sombra 2013”. Este documento precisa que el mayor sistema de intermediación financiera ajena al mercado bancario tradicional es el de Estados Unidos, que suma activos por 26 billones de dólares. Le sigue la Zona Euro con 22 billones, el Reino Unido con 9 billones y Japón con 4 billones de dólares. Según el FMI, en China representa del 40 al 50 por ciento de su PIB. En total, incluyendo otras plazas, el monto alcanzaría los 71 billones de dólares, casi lo mismo que el Producto Interno Bruto global de 2013 y equivalente a la mitad de todos los activos controlados por el sistema bancario mundial. El informe advierte que “estas cifras son una estimación conservadora del tamaño del sistema bancario global en la sombra”.

La banca en la sombra es la intermediación del crédito por fuera del circuito bancario tradicional. La diferencia entre uno y otro sistema queda expuesta de la siguiente manera:

¿Qué hacen los bancos comerciales?

-Captan depósitos, normalmente a corto plazo y que hasta cierto monto tiene cobertura de seguro oficial, para financiar préstamos a más largo plazo. Están controlados por la banca central.
¿Qué hacen los bancos en la sombra?

-No tienen depositantes tradicionales. Captan recursos del mercado financiero y lo aplican a comprar activos con plazos de vencimiento más largos. No están sujetos a la regulación bancaria. En una eventual crisis no pueden ser rescatados por la banca central, como sí sucede con los bancos comerciales.

Ejemplos de intermediarios no sujetos a regulación son los fondos buitre, fondos de cobertura (hedge funds), fondos de inversión como Pimco o BlackRock, que se dedican a la transacción de derivados financieros, de otros instrumentos que no cotizan en Bolsa y al negocio de los Credit Default Swap, entre otras operaciones.

El crecimiento de esta banca paralela fue el detonador de la crisis financiera de 2008, y esa misma crisis ha derivado en una mayor expansión de su actividad. Este paradójico resultado se explica en que el sistema tradicional, incluyendo la banca de inversión, quedó en el ojo del huracán, y las políticas de auxilio millonarias provocaron una mayor concentración bancaria. Ese dinero del salvataje no fue destinado a financiar el crédito para el sector privado en recesión, sino para salvar bancos y banqueros. La brusca caída del financiamiento a empresas y personas consolidó el estancamiento y recesión, debacle que fue parcialmente compensada con la expansión de la banca en la sombra que pasó a ocupar ese lugar de canal de crédito a la economía real.

Las bancas centrales de Estados Unidos y Europa han estado inyectando recursos para dinamizar el crédito de la banca regulada, pero esas entidades han atesorado esos fondos o invertido en bonos y acciones en lugar de dar préstamos. En esa situación emerge con más fuerza la banca en la sombra al contabilizar un impresionante exceso de liquidez, que había sido provista previamente por las bancas centrales al sistema formal. Esos fondos de inversión sin supervisión han creado divisiones exclusivas para dar créditos sin cumplir los requisitos que se exigen a los bancos comerciales, y al mismo tiempo se dedican a comprar paquetes de control de empresas o deudas en default de compañías o países.

La banca en la sombra actúa del mismo modo que la banca tradicional, pero sin ningún tipo de supervisión pese a operar con todo tipo de instrumentos financieros. Es un enorme sistema que no rinde cuentas a nadie pese a alcanzar en alguno países un tamaño mayor que el de la banca tradicional.

En el artículo “¿Qué es la banca en la sombra?” Laura Kodres, subdirectora del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del Fondo Monetario Internacional, explica que esas entidades registran las siguientes características:

– Falta de divulgación e información acerca del valor de sus activos o a veces incluso cuáles son esos activos.

– Tienen estructuras poco claras de gestión y de propiedad entre los bancos y los bancos en la sombra.

– Escasa vigilancia regulatoria o de supervisión, como la aplicada a los bancos tradicionales.

– Ausencia de capital para absorber pérdidas o de efectivo para los rescates.

– Falta de acceso a un respaldo formal de liquidez para impedir las liquidaciones o ventas forzosas de activos.
Como es costumbre en las últimas décadas de crisis (en los ’90 en América latina, y en la primera década del nuevo siglo en Europa), el FMI manifiesta preocupación por los propios monstruos que ayudó a crear. Alentó la apertura de la cuenta capital y la desregulación financiera global y ahora advierte que el crecimiento de la banca en la sombra es una “maldición” porque pone en riesgo a la economía mundial. Kodres señala que pueden surgir problemas si inversores de esa banca comenzaran a inquietarse por el valor real de los activos a largo plazo y decidieran retirar sus fondos de inmediato.

Para pagarles, los bancos en la sombra tendrían que vender activos. Esas ventas forzosas a precios de remate reducirían el valor de los activos, obligando a otras entidades en la sombra (y a algunos bancos) a castigar en sus balances el valor de activos similares para reflejar el menor precio de mercado, creando incertidumbre sobre su solidez. Así se gatilló la crisis en 2008 cuando quebró el histórico banco de inversión Lehman Brothers a partir de la debacle de un banco en la sombra llamado The Reserve Primary Fund. Este le había prestado 785 millones de dólares a Lehman a cambio de documentos a corto plazo, y cuando empezó una corrida contra sus colocaciones por parte de sus clientes preocupados por la salud financiera de la entidad, su caída provocó un efecto dominó. Kodres analiza que si ese hecho hubiera ocurrido fuera del sistema bancario, habría quedado aislado y esas entidades en la sombra habrían cerrado sin contagiar al sistema formal. Pero la banca de superficie quedó atrapada por la banca en la sombra, puesto que algunas de esas entidades eran controladas por bancos comerciales.

En la presentación del informe del Consejo de Estabilidad Financiera del G-20 el presidente de ese comité, Agustín Carstens, advirtió que “mejorar la regulación bancaria no es suficiente para responder a las debilidades del sistema financiero reveladas por la crisis. El sistema de la banca en la sombra sigue transformándose e innovando”. El temor existente en las esferas de las instituciones de supervisión bancaria global es que con una banca paralela aún más grande, un evento inesperado con alguna de sus entidades pueda provocar otra crisis global y de mayor magnitud que la del 2008.

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Imparables, las protestas en EEUU contra racismo y abusos policiacos

14/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por:  DAVID BROOKS

 

 

Decenas de miles de manifestantes, incluidas familias de víctimas de homicidios recientes por la policía, marcharon en Washington y Nueva York, mientras decenas de acciones han continuado sin cesar en días y semanas recientes en protesta por la violencia policiaca contra minorías y la impunidad oficial.

En lo que llamaron un día nacional de acción, los inconformes repitieron las consignas que se han vuelto emblemáticas de este movimiento. Corearon en decenas de ciudades: Manos arriba, no disparen y No puedo respirar –en referencia a la acción del joven afroestadunidense Michael Brown antes de ser abatido por un agente en Ferguson, Misuri, y las últimas palabras de Eric Garner, afroestadunidense, en Staten Island, en esta ciudad, al morir después de ser estrangulado por un uniformado. En mantas, pancartas y camisetas llevaban el lema de las vidas negras importan.

En Washington, unos 10 mil marcharon de Freedom Plaza al Capitolio, incluyendo unos 400 que llegaron de Ferguson, en lo que se llamó la movilización Justicia para todos. Los familiares de Brown se manifestaron junto con la madre y esposa de Garner, y los padres de Tamir Rice, niño de 12 años ultimado por un policía en un parque porque estaba jugando con un arma de juguete (el forense del condado determinó ayer que el deceso fue un homicidio). También la de Trayvon Martin y de Amadou Diallo, entre otras, que han perdido a seres queridos, pues policías han asesinado a negros desarmados.

La madre de Rice declaró ante los manifestantes que lograremos conseguir justicia para nuestros hijos, créanme. Agregó: Mi hijo tenía 12 años, era un bebé, mi bebé. El más joven de cuatro. Si él estuviera conmigo ahora, esto es lo que desearía que hiciera, y fusionando consignas concluyó: Manos arriba, no disparen. No puedo respirar. Por favor, no disparen, quiero llegar a ser grande.

En Nueva York, más de 25 mil (según cifras de oficiales municipales) y posiblemente 50 mil (de acuerdo con organizadores) participaron en la mayor marcha hasta la fecha en esta ciudad, desde que un gran jurado decidió no presentar cargos contra un policía por la muerte de Garner, la cual partió desde Washington Square y durante horas tomó las calles al dar vuelta por el corazón de la ciudad, subiendo por la Quinta y Sexta avenidas a la calle 32, regresando por Broadway hasta la alcaldía y la jefatura de policía. Igual que en Washington, familiares de víctimas encabezaron las marchas, un mosaico de caras multirraciales y multigeneracionales que se unían con coros de Sin justicia no hay paz.
Jóvenes negros, blancos, latinos y asiáticos marcharon junto con sindicalistas de automotrices, de medios y del gobierno, y universitarios con agrupaciones laborales, incluyendo empleadas domésticas. Un contingente de doctores y estudiantes de medicina, con sus uniformes blancos, se sumaron. Un maestro de escuela pública sostenía una pancarta que decía: “No disparen contra mis estudiantes –tienen sueños”. Un joven negro caminaba con otro que simplemente preguntaba: ¿Soy el próximo?

Un letrero con el número 43 pasó, y un contingente coreaba: De Ferguson a Ayotzinapa, una sola lucha. Había símbolos y consignas que de alguna manera vinculaban luchas, desde el movimiento de derechos civiles de los 60 a la rebelión altermundista de Seattle. También Ocupa Wall Street.

Ya por la noche, cientos tomaron las dos vías del puente Brooklyn y algunas calles obstaculizando el tráfico por ratos, antes de proceder a otro cruce, evitando ser cercados por la policía. Algunos informaron sobre un par de arrestos, pero las acciones continuaban al cierre de esta edición.

Desobediencia civil

A la vez, se llevaron a cabo marchas y y acciones de desobediencia civil en decenas de ciudades más, incluyendo Chicago, Charlotte, Cleveland, Minneapolis y Boston (donde hubo más de 26 arrestos), parte de una serie de actos de ira que se han expresado sin cesar por múltiples puntos del país a lo largo de los últimos días.

En Berkeley, California, ha habido marchas y enfrentamientos contra la policía toda la semana. A diario se han registrado protestas en el país, sobre todo acciones como acostarse sobre los pisos en centros comerciales, escuelas y terminales, llamadas die-ins. Hace un par de días, cientos de asesores y otros trabajadores de la legislatura federal salieron en masa de sus oficinas en el Capitolio para protestar contra la brutalidad policiaca.

La ira popular también ha sido expresada por actores, músicos y atletas. Nuevas canciones de protesta han sido creadas por músicos de hip hop y otros. Estrellas de Broadway y algunas de Hollywood también se han sumado.

La estrella de basquetbol Lebron James –el mejor jugador profesional de ese deporte en Estados Unidos– se puso una camiseta que decía: No puede respirar, al iniciar un partido contra los Nets, en Brooklyn, la semana pasada. Días antes, jugadores de futbol americano del equipo Ravens y algunos de los Rams de San Luis salieron de su túnel a la cancha con las manos arriba, símbolo de solidaridad.

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Sobre el fenómeno de los trabajos de mierda

14/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: David Graeber

¿Alguna vez has tenido la sensación de que tu puesto de trabajo es una pura invención? ¿Que el mundo seguiría girando si dejaras tu puesto de trabajo de 40 horas semanales? David Graeber, antropólogo estadouni­dense, explora el fenómeno de los trabajos absurdos en un texto de gran interés para cualquier trabajador/a, que analiza el mundo laboral con altas dosis de ironía y desde un punto de vista anglosajón, de una manera poco convencional en los tiempos que corren.

En el año 1930, John Maynard Keynes predijo que, para finales del Siglo XX, la tecnología habría avanzado lo suficiente para que países como Gran Bretaña o EEUU hubieran conseguido una sema­na laboral de 15 horas. Hay muchas razones para creer que estaba en lo cierto: en términos tecnológicos, seríamos perfectamente capaces. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad. En su lugar la tecnología ha sido empleada para inventar maneras de hacernos trabajar más a todos/as. Para alcanzar este fin ha habido que crear puestos de trabajo que son, a todas luces, inútiles. Gran cantidad de personas, sobre todo en Europa y Norteamérica, pasan la totalidad de su vida laboral des­empeñando tareas que, en el fondo, creen bastante innecesarias. El daño moral y espiritual derivado de estas situaciones es profundo. Se trata de una cicatriz sobre nuestro alma colectiva. Sin embargo, apenas se habla sobre el tema.

¿Por qué nunca llegó a mate­rializarse la utopía prometida por Keynes (aún esperada con impa­ciencia en los años 1960)? La res­puesta más manida hoy en día dice que no supo predecir el incremento masivo del consumismo. Presenta­dos/as con la elección entre currar menos horas y obtener más jugue­tes y placeres hemos, colectivamen­te, optado por la segunda opción. Si bien esto daría para una bonita his­toria moralista, una breve reflexión nos demuestra que no se puede tratar de eso, que la respuesta no es tan sencilla. Sí, hemos sido testigo de la creación de una variedad in­terminable de nuevos trabajos e in­dustrias desde la década de los años 1920, pero muy pocos tienen algo que ver con la producción y distri­bución de sushi, iPhones o zapati­llas deportivas molonas.

Ilustración de John Riordan para el artículo original

¿Entonces cuáles son estos nuevos trabajos, exactamente? Un estudio reciente comparando la si­tuación del empleo en EEUU entre 1910 y 2000 nos da una respues­ta bastante clara (y extrapolable a los países europeos). A lo largo del siglo pasado el número de trabajadores/as empleados/as como per­sonal de servicio doméstico, en la industria y en el sector agrícola se ha desplomado de forma dramática. Al mismo tiempo, las categorías de “profesionales, directivos, administrativos, comerciales y trabajado­res de servicios varios” han triplicado sus números, creciendo “de un cuarto a tres cuartos del empleo total”. En otras palabras, los trabajos productivos, exactamente como se predijo, han sido en gran parte sustituidos por procesos automatizados (incluso si contamos a los/as trabajadores/as de la industria globalmente, incluyendo a las masas trabajadoras en India y China, el número de estos/as trabajadores/as sigue estando lejos de alcanzar el gran porcentaje de la población mundial que suponía antes).

Pero en lugar de permitir una reducción masiva de horas de traba­jo que permitiera a la población mundial dedicarse a la consecución de sus propios proyectos, placeres, visiones e ideas, hemos visto la in­flación no tanto del sector “servicios” como del sector administrativo, incluyendo la creación de industrias enteras como la de los servicios financieros o el telemarketing, o la expansión sin precedentes de sec­tores como el del derecho empresarial, la administración educativa y sanitaria, los recursos humanos y las relaciones públicas. Y estas cifras ni siquiera reflejan a todas aquellas personas cuyo trabajo consiste en proporcionar soporte administrativo, técnico o de seguridad para es­tas industrias, o, es más, todo un sinfín de industrias secundarias (pa­seadores de perros, repartidores nocturnos de pizza), que sólo existen porque todo el mundo pasa la mayoría de su tiempo trabajando en todo lo demás.

Estos son a los que yo propongo llamar trabajos de mierda. Tra­bajos absurdos.

Es como si alguien estuviera por ahí inventando trabajos inútiles por el mero hecho de mantenernos a todos/as trabajando. Y aquí, precisamente, radica el misterio. En el capitalismo, esto es precisa­mente lo que se supone que no debería pasar. Por supuesto, en los vie­jos e ineficientes Estados socialistas como la Unión Soviética, donde el empleo era considerado tanto un derecho como un deber sagrado, el sistema inventaba tantos puestos de trabajo como era necesario (esto es por lo que en los grandes almacenes soviéticos había tres de­pendientes/as para vender un trozo de carne). Pero, desde luego, este es el tipo de problema que la compe­tencia generada por el libre merca­do se suponía que solucionaba. De acuerdo con la teoría económica, al menos, lo último que una empresa con ánimo de lucro pretende hacer es pagar dinero a trabajadores/as a los/as que realmente no necesita emplear. Sin embargo, de alguna manera, esto ocurre.

A pesar de que las empresas pueden efectuar implacables reduc­ciones de plantilla, los despidos y las prejubilaciones invariablemente caen sobre la gente que realmente está haciendo, moviendo, reparan­do y manteniendo cosas; por una extraña alquimia que nadie consi­gue explicar, el número de burócra­tas asalariados en el fondo parece aumentar, y más y más empleados/as se ven a sí mismos/as, en realidad de forma no muy diferente a los/as trabajadores/as soviéticos/as, traba­jando 40 o incluso 50 horas sema­nales sobre el papel, pero trabajando efectivamente 15 horas, justo como predijo Keynes, ya que el resto de su tiempo lo pasan organi­zando y asistiendo a cursillos de motivación, actualizando sus perfiles de Facebook o descargando temporada tras temporada de series de televisión.

La respuesta, evidentemente, no es económica: es moral y política. La clase dirigente se ha dado cuenta de que una población feliz y productiva con tiempo libre es un peligro mortal (piensa en lo que comenzó a suceder cuando algo sólo moderadamente parecido em­pezó a existir en los años 1960). Y, por otro lado, la sensación de que el trabajo es un valor moral en sí mismo, y que cualquiera que no esté dispuesto/a a someterse a algún tipo de intensa disciplina laboral durante la mayor parte de su tiempo no se merece nada, es extraordi­nariamente conveniente para ellos/as.

Una vez, al contemplar el crecimiento aparentemente intermina­ble de responsabilidades administrativas en los departamentos aca­démicos británicos, se me ocurrió una posible visión del infierno. Elinfierno como un grupo de individuos que se pasan la mayor parte de su tiempo trabajando en una tarea que no les gusta y que no se les da especialmente bien. Digamos que fueron contratados/as por ser excelentes ebanistas, y entonces descubren que se espera de ellos/as que pasen una gran parte del tiempo tejiendo bufandas. La tarea no es realmente necesaria, o al menos hay un número muy limitado de bufandas que es necesario tejer. Pero, de alguna manera, todos/as se obsesionan tanto con el rencor ante la idea de que algunos/as de sus compañeros/as de trabajo podrían dedicar más tiempo a fabricar muebles, y no a cumplir su parte correspondiente de confección de bufandas, que al poco tiempo hay interminables montones inútiles de bufandas mal tejidas acumulándose por todo el taller, y es a lo único que se dedican.

Creo que ésta realmente es una descripción bastante precisa de la dinámica moral de nuestra economía.

Bueno, soy consciente de que cada argumento va a encontrar ob­jeciones inmediatas: “¿quién eres tú para determinar qué trabajos son realmente ‘necesarios’? De todos modos, ¿qué es necesario? Tú eres profe­sor de antropología, ¿qué ‘necesidad’ hay de eso?” Y a cierto nivel, esto es evidentemente cierto. No existe una medida objetiva de valor social.

No me atrevería a decirle a alguien que está convencido de que está haciendo una contribución significativa al mundo de que, real­mente, no es el caso. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que es­tán convencidas de que sus trabajos no tienen sentido alguno? No hace mucho volví a contactar con un amigo del colegio al que no veía desde que tenía 12 años. Me sorprendió descubrir que, en este tiempo, primero se había convertido en poeta y luego en el líder de una banda de indie rock. Había oído algunas de sus canciones en la radio sin tener ni idea de que el cantante era alguien a quien conocía. Él era obviamente brillante, innovador, y su trabajo indu­dablemente había alegrado y mejorado la vida de gente en todo el mundo. Sin embargo, después de un par de discos sin éxito había perdido el contrato y, plagado de deudas y con una hija recién na­cida, terminó, como él mismo dijo, “tomando la opción por defecto de mucha gente sin rumbo: la facultad de derecho.” Ahora es un abogado empresarial que trabaja en una destacada empresa de Nueva York. Él es el primero en admitir que su trabajo no tiene absolutamente ningún sentido, no contribuye en nada al mundo y, a su propio juicio, realmente no debería existir.

Hay muchas preguntas que uno se puede hacer aquí, empezando por, ¿qué dice esto sobre nuestra sociedad, que parece generar una demanda extremadamente limitada de poetas y músicos con talento, pero una demanda aparentemente infinita de especialistas en dere­cho empresarial? (Respuesta: si un 1% de la población controla la mayoría de la riqueza disponible, lo que llamamos “el mercado” re­fleja lo que ellos/as piensan que es útil o importante, no lo que piensa cualquier otra persona.) Pero aún más, muestra que la mayoría de la gente con estos empleos en el fondo es consciente de ello. De hecho, no estoy seguro de haber conocido a algún/a abogado/a empresarial que no pensara que su trabajo era absurdo. Lo mismo pasa con casi todas los nuevos sectores anteriormente descritos. Hay una clase en­tera de profesionales asalariados/as que, si te encontraras con ellos/as en fiestas y admitieras que haces algo que podría ser considerado interesante (un antropólogo, por ejemplo), querrán evitar a toda cos­ta hablar de su propio trabajo. Dales un poco de alcohol, y lanzarán diatribas sobre lo inútil y estúpido que es en realidad la labor que desempeñan.

Hay una profunda violencia psicológica en todo esto. ¿Cómo puede uno empezar a hablar de dignidad en el trabajo cuando se­cretamente siente que su trabajo no debería existir? ¿Cómo puede este hecho no crear una sensación de profunda rabia y de resenti­miento? Sin embargo una peculiar genialidad de nuestra sociedad es que sus dirigentes han descubierto una forma, como en el caso de los/as tejedores/as de bufandas, de asegurarse que la rabia se dirige precisamente contra aquellos/as que realmente tienen la oportunidad de hacer un trabajo valioso. Por ejemplo: en nuestra sociedad parece haber una regla general por la cual, cuanto más evidente sea que el trabajo que uno desempeña beneficia a otra gente, menos se percibe por desempeñarlo. De nuevo, es difícil encontrar un baremo objetivo, pero una forma sencilla de hacerse una idea es preguntar: ¿qué pasa­ría si toda esta clase de gente simplemente desapareciera? Di lo que quieras sobre enfermeros/as, basureros/as o mecánicos/as, es obvio que si se esfumaran como una nube de humo los resultados serían in­mediatos y catastróficos. Un mundo sin profesores/as o trabajadores/as portuarios/as pronto tendría problemas, incluso uno sin escritores/as de ciencia ficción o músicos/as de ska sería claramente un sitio inferior. No está del todo claro cómo sufriría la humanidad si todos los/as ejecutivos/as del capital privado, lobbyistas, investigadores/as de relaciones públicas, notarios, comerciales, técnicos de la adminis­tración o asesores legales se esfumaran de forma similar. (Muchos/as sospechan que podría mejorar notablemente.) Sin embargo, aparte de un puñado de excepciones (cirujanos/as, etc.), la norma se cumple sorprendentemente bien.

Aún más perverso es que parece haber un amplio sentimiento de que así es como las cosas deben ser. Ésta es una de las fortalezas secretas del populismo de derechas. Puedes verlo cuando los perió­dicos sensacionalistas avivan el rencor contra los/as trabajadores/as del metro por paralizar las ciudades durante los conflictos laborales: el propio hecho de que los/as trabajadores/as del metro puedan para­lizar una ciudad muestra que su trabajo es realmente necesario, pero esto parece ser precisamente lo que molesta a la gente. Es incluso más evidente en los Estados Unidos, donde los republicanos han tenido un éxito notable movilizando el resentimiento contra maestros/as o trabajadores/as del automóvil (y no, significativamente, contra las ad­ministraciones educativas o los gestores de la industria del automó­vil, quienes realmente causan los problemas). Es como si les dijeran “¡pero si os dejan enseñar a niños/as! ¡O a fabricar coches! ¡Tenéis trabajos auténticos! ¿Y encima tenéis el descaro de esperar también pensiones de clase media y asistencia sanitaria?”

Si alguien hubiera diseñado un régimen laboral adecuado per­fectamente para mantener el poder del capital financiero, es difícil imaginar cómo podrían haber hecho un trabajo mejor. Los/as traba­jadores/as reales y productivos/as son incansablemente presionados/as y explotados/as. El resto está dividido entre un estrato aterrori­zado de los/as universalmente denigrados/as desempleados/as y un estrato mayor a quienes se les paga básicamente por no hacer nada, en puestos diseñados para hacerles identificarse con las perspectivas y sensibilidades de la clase dirigente (gestores, administradores, etc.) – y particularmente sus avatares financieros – pero, al mismo tiempo, fomentarles un resentimiento contra cualquiera cuyo trabajo tenga un claro e innegable valor social. Obviamente, el sistema nunca ha sido diseñado conscientemente. Surgió de casi un siglo de prueba y error. Pero es la única explicación de por qué, a pesar de nuestra ca­pacidad tecnológica, no estamos todos/as trabajando 3-4 horas al día.

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De cómo Vladimir Putin invirtió la estrategia de la OTAN

14/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

 

Ante la guerra económica que le impone la OTAN, Rusia reacciona como lo haría ante una guerra clásica. Primero, se dejó alcanzar por las sanciones unilaterales, siendo esa la mejor manera de llevar el adversario hacia el terreno que ella misma había escogido. Al mismo tiempo, concluyó con China una serie de acuerdos que garantizan su futuro. Y después hizo lo mismo con Turquía, para desorganizar la OTAN. Como ya sucedió en el pasado, durante sus enfrentamientos con Francia y Alemania, la derrota inicial de Rusia podría garantizarle la victoria final.

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En 2007, durante la cumbre anual sobre la seguridad organizada en Munich por la Fundación Bertelsmann y la OTAN, el presidente Vladimir Putin había subrayado que el interés de los europeos del oeste no era únicamente aliarse con la otra ribera del Atlántico sino también, y sobre todo, con Rusia. Desde aquel momento, Putin se ha esforzado constantemente por establecer relaciones económicas con Europa occidental, como la construcción del gasoductoNorth Stream, bajo la dirección del ex canciller alemán Gerhard Schroder. Por su parte, Estados Unidos ha hecho todo lo posible por impedir ese acercamiento, incluyendo la organización del golpe de Estado de Kiev y el sabotaje del gasoductoSouth Stream.

Según la prensa atlantista, Rusia se ha visto gravemente afectada por las «sanciones» unilaterales –que en realidad son actos de guerra económica– impuestas en ocasión de la incorporación de Crimea a la Federación Rusa y de la destrucción del Boeing 777 de Malaysia Airlines, así como por la caída de los precios del petróleo. El rublo ha perdido un 40% de su valor, las inversiones inútiles realizadas en el gasoductoSouth Stream representan una pérdida de 4 500 millones de dólares y el embargo contra los productos alimentarios ha costado 8 700 millones de dólares. Según asegura la prensa atlantista, Rusia está hoy arruinada y políticamente aislada.

De lo que no habla la prensa atlantista es de las consecuencias de esta guerra económica para los países de la Unión Europea. Además de que la prohibición de las exportaciones de alimentos puede echar abajo sectores enteros de la agricultura europea, la cancelación de South Stream tendrá consecuencias muy graves para el porvenir de la Unión Europea al hacer más caros los precios de la energía.

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La caída del rublo en relación con el dólar.
Fuente: Boursorama

Las «sanciones» unilaterales parecen haber tenido como consecuencia imprevista la actual caída de los precios del petróleo. Esto, en efecto, comenzó a verse el 20 de junio. Pero no fue hasta finales de julio, con las primeras «sanciones» económicas, que los precios se apartaron de las fluctuaciones habituales. Dado el hecho que los precios del petróleo no tienen nada que ver con la ley de la oferta y la demanda sino, como sucede en todos los mercados especulativos, con el volumen de los capitales que especulan sobre ese mercado, el desplazamiento de los capitales rusos que se produjo con el anuncio de las sanciones aceleró el movimiento. En un primer momento, se atribuyó la caída del precio del petróleo a un esfuerzo de Arabia Saudita por acentuar el costo de las inversiones estadounidenses en el gas de esquistos y los petróleos no convencionales. Pero, durante la reunión de la OPEP, resultó que los sauditas probablemente nada tienen que ver con eso. En todo caso, no parece nada creíble que Arabia Saudita se dedique a estar especulando en contra de su amo estadounidense.

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La caída de los precios del petróleo.
Fuente: Boursorama

Lo que sí puede decirse actualmente es que Rusia sorprendió a Washington al tirar inesperadamente al suelo el tablero diplomático: Vladimir Putin viajó a Turquía –país miembro de la OTAN– justo después de la visita del vicepresidente estadounidense Joe Biden y concluyó con Ankara varios gigantescos acuerdos económicos. Y esos acuerdos no sólo le sirven a Rusia para evadir las sanciones unilaterales de la alianza atlántica sino que además desorganizan profundamente ese bloque militar.

La Turquía actual es un Estado a punto de convertirse en una terrible dictadura. A pesar de su conocida tolerancia hacia ese país miembro de la OTAN, el Departamento de Estado estadounidense reconoce que el gobierno turco abusó de su poder para detener las investigaciones anticorrupción iniciadas contra los miembros del gobierno y sus familias; impuso sanciones a los policías y magistrados que dirigieron esas investigaciones; que las minorías no tienen ningún derecho en Turquía, con excepción de las 3 minorías designadas en el Tratado de Lausana de 1923; la administración mantiene en la cárcel a cientos de presos políticos (principalmente oficiales superiores que habían establecido relaciones con el ejército de la República Popular China, responsables políticos de la oposición, periodistas y abogados); además, se han generalizado la tortura y las detenciones arbitrarias y se registran gran número de asesinatos extrajudiciales.

El presidente turco Erdogan se han construido el palacio más grande del mundo, en una reserva natural y a pesar de que la justica turca le había prohibido hacerlo. El lujoso edificio ha costado 615 millones de dólares a los contribuyentes turcos.

El rumbo criminal que ha tomado la administración Erdogan se ha convertido en un tema gravemente preocupante en el seno de la OTAN, sobre todo en la medida en que Turquía está convirtiéndose además en un aliado recalcitrante. Por ejemplo, Ankara sigue ayudando a los yihadistas que luchan contra el pueblo kurdo –a pesar de que la gran mayoría de los kurdos son sunnitas– en vez de unirse activamente a la coalición estadounidense contra el Emirato Islámico. Es precisamente por eso que el vicepresidente estadounidense Joe Biden viajó a Ankara el 22 de noviembre, todo indica que para amenazar al presidente Erdogan y hacerle entender que tiene que respetar el orden estadounidense.

Pero, el 1º de diciembre, Vladimir Putin también viajó a Ankara. Estableciendo una clara separación entre los temas económicos y las cuestiones políticas, Putin presentó una oferta muy bien preparada: una alianza económica sin precedente entre Rusia y Turquía. Consciente de que esa inesperada oferta constituye su única salida ante las amenazas de Washington, el presidente Erdogan firmó todos los documentos que le presentaron los rusos. Aceptó la ampliación del gasoducto submarino que ya conecta su país con Rusia a través del Mar Negro; decidió comprar a buen precio el gas ruso e incluso varias centrales nucleares civiles para alimentar su industria; venderá a Rusia sus productos agrícolas, a pesar del embargo decretado contra ese país por los demás miembros de la alianza atlántica; etc.

Para la OTAN, el problema turco está convirtiéndose en una verdadera pesadilla.

Vladimir Putin seguramente no ha cambiado de opinión sobre Recep Tayyip Erdogan. Este personaje no pasa de ser un delincuente que se metió en la Hermandad Musulmana, que fue aupado después al poder con ayuda de la CIA y que hoy se comporta como un verdadero mafioso. Pero el presidente ruso está acostumbrado a tratar con oligarcas y con jefes de Estado del Asia Central que no son mucho mejores. Él mismo logró llegar al Kremlin infiltrándose entre los amigos de Boris Yeltsin y Boris Berezovski.

Por su parte, Recep Tayyip Erdogan sabe que si hoy está en el poder es gracias a la OTAN, que ahora está pidiéndole cuentas. Erdogan está por lo tanto dispuesto a hacer lo que suele llamarse en ballet «le grand écart»: ser simultáneamente aliado de Washington en política y aliado de Moscú en el plano económico. Sabe que ningún país ha logrado salir de la OTAN pero piensa que puede mantenerse en el poder recurriendo a ese doble juego.

Veamos ahora la estrategia de Vladimir Putin.

El poderío de Estados Unidos reside a la vez en su moneda, el dólar, cuyo uso impone al resto del mundo gracias al control que ejerce sobre el mercado del petróleo, y en su ejército.

La OTAN acaba de iniciar una guerra económica contra Rusia. Por necesidades de la propaganda, la OTAN esconde sus ataques bajo el término «sanciones». Pero, antes de imponer sanciones habría que pasar por un proceso previo de acusación, enjuiciamiento y veredicto. No ha sido así en el caso de Rusia. Las «sanciones» más importantes contra ese país incluso fueron adoptadas después de la destrucción –en Ucrania– de un avión civil que probablemente fue derribado por las nuevas autoridades de Kiev.

En respuesta a esas «sanciones», Vladimir Putin comenzó por reorientar el futuro de su país de Europa occidental hacia el Extremo Oriente firmando los contratos más importantes de la historia con sus socios chinos. Y ahora utiliza a Turquía contra la OTAN para evadir las «sanciones» comerciales occidentales. Tanto con China como con Turquía, Rusia vende su energía en monedas locales o recurriendo al trueque, nunca en dólares.

Los expertos rusos han calculado que Washington intervendría si el precio del barril de petróleo llegara a mantenerse más de 6 meses en menos de 60 dólares. Hace 2 meses, la gobernadora del Banco Central de Rusia, Elvira S. Nabiullina, declaraba ante la Duma que la institución que ella dirige dispone de reservas suficientes para enfrentar ese escenario.

Por consiguiente, si bien Rusia parece por el momento gravemente afectada por la agresión económica de la OTAN, también es cierto que la situación podría invertirse dentro de 6 meses. Para mantener su predominio sobre el resto del mundo, Washington se vería entonces obligado a intervenir para elevar los precios del petróleo.

El problema es que, mientras tanto, esta guerra habrá afectado seriamente a la Unión Europea y la OTAN, mientras que Rusia simplemente habrá redirigido su economía hacia su aliado chino.

En definitiva, Rusia actúa ante esta situación como siempre lo ha hecho. En el pasado, ante las invasiones de Napoleón y Hitler, Rusia practicaba la «estrategia de la tierra quemada». Antes de la inminente llegada de las tropas enemigas, Rusia destruía sus propias riquezas y seguía retrocediendo hacia el Extremo Oriente. Y después se volvía con nuevas fuerzas contra los invasores, ya extenuados por un avance demasiado prolongado.

Publicado en: Global

El imperio y la legitimación de la tortura

14/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: Atilio Borón

La publicación del Informe del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos dado a conocer días pasados describe con minuciosidad las diferentes “técnicas de interrogación” utilizada por la CIA para extraer información relevante en la lucha contra el terrorismo. Lo que se hizo público es apenas un resumen, de unas 500 páginas, de un estudio que contiene unas 6.700 y cuya primera y rápida lectura produce una sensación de horror, indignación y repugnancia como pocas veces experimentó quien escribe estas líneas.[1]

Los adjetivos para calificar ese lúgubre inventario de horrores y atrocidades no alcanzan a transmitir la patológica inhumanidad de lo que allí se cuenta, sólo comparables a las violaciones a los derechos humanos perpetradas en la Argentina por la dictadura cívico-militar, o las que en el marco del Plan Cóndor se consumaron en contra de miles de latinoamericanos en los años de plomo.

El Informe es susceptible de múltiples lecturas, que seguramente animarán un significativo debate. Para comenzar digamos que su sola publicación produce un daño irreparable a la pretensión estadounidense de erigirse como campeón de los derechos humanos, siendo que una agencia del gobierno, con línea directa a la Presidencia, perpetró estas atrocidades a lo largo de varios años con el aval –caso de George W. Bush- o la displicente indiferencia de su sucesor en la Casa Blanca. Obviamente, si ya antes Estados Unidos carecía de autoridad moral para juzgar a terceros países por presuntas violaciones a los derechos humanos, después de la publicación de este Informe lo que debería hacer Barack Obama es pedir perdón a la comunidad internacional (cosa que desde luego no hará, o no lo dejarán hacer, como lo demostró el escándalo de los espionajes), interrumpir definitivamente la publicación de los informes anuales sobre la situación de los derechos humanos y del combate al terrorismo en donde se califica el comportamiento de todos los países del mundo (excepto Estados Unidos, juez infalible que no puede ser enjuiciado) y asegurarse que prácticas tipificadas como torturas por el Informe senatorial no sólo no volverán a ser utilizadas por la CIA o las fuerzas regulares del Pentágono sino tampoco por el número creciente de mercenarios enrolados para defender los intereses del imperio, lo que tampoco tiene demasiadas probabilidades de ocurrir. Precisamente, la idea de nutrir cada vez más a las fuerzas del Pentágono con mercenarios reclutados por sus aliados en el Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Emiratos, Qatar, etcétera) o por compañías especializadas, como Academi (la tenebrosa ex Blackwater) es liberar al gobierno de los Estados Unidos de cualquier responsabilidad por violaciones a los derechos humanos que pudieran cometer estos “contratistas”, como eufemísticamente se los denomina. Al “tercerizar” de este modo sus operaciones militares en el exterior la aplicación de torturas en contra de presuntos, o verdaderos, terroristas se realiza al margen de las estipulaciones de la Convención de Ginebra que establece que los prisioneros de guerra deben tener garantías jurídicas de defensa y ser tratados de modo humanitario. Los mercenarios o “contratistas”, por el contrario, son bandas contratadas por Washington para operaciones especiales, actuando al margen de toda ley. No tienen prisioneros sino “detenidos”, a los cuales pueden mantener bajo su custodia todo el tiempo que consideren necesario, negándoseles el derecho a la defensa y quedando a merced de los maltratos o las torturas que sus captores decidan aplicarles, gozando para ello de total impunidad.

En segundo lugar, el Informe obvia considerar que la tortura fue legalizada por el Presidente George W. Bush. Tal como lo hemos señalado en un estudio publicado en 2009 la tortura como una práctica habitual venía siendo utilizada desde mucho tiempo atrás por la CIA y otras agencias del gobierno federal. En dicho texto decíamos que “a partir de los atentados del 11 de Septiembre y la nueva doctrina estratégica establecida por el presidente George W. Bush al año siguiente (“guerra contra el terrorismo”, “guerra infinita”, etcétera) las torturas a prisioneros, sean éstos supuestos combatientes enemigos o simple sospechosos, se tornaron prácticas habituales en los interrogatorios, así como también los tratos inhumanos o degradantes infligidos a las personas bajo custodia de las tropas estadounidenses. A fin de evitar las consecuencias legales que se desprenden de esta situación Washington adoptó como una de sus políticas el traslado de sus prisioneros a cárceles situadas en países donde la tortura es legal o en los cuales las autoridades no tienen interés alguno en impedirla, sobre todo si se trata de favorecer los planes estadounidenses; o enviarlos a Afganistán, Irak o la propia base norteamericana de Guantánamo, donde se puede interrogar brutalmente a cualquier prisionero sin ningún tipo de monitoreo judicial y sin la presencia de molestos observadores como, por ejemplo, la Cruz Roja Internacional.”[2]

Para estupor de propios y ajenos, aún después de haberse dado a conocer el Informe del Senado el vocero de la Casa Blanca apeló a ridículos eufemismos cuando transmitió el repudio del presidente Obama por sus revelaciones: condenó los “duros y atroces interrogatorios” practicados por la CIA, obviando utilizar el término correcto para definir lo que según la Convención Contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanas o Degradantes es simple y llanamente eso: tortura. En su artículo primero la Convención establece que “Se entenderá por el término ‘tortura’ todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión; de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido; o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimiento que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a estas.” [3]

De acuerdo a esta definición es imposible sostener que prácticas tales como la “rehidratación rectal”, la “hipotermia”, la “alimentación rectal”, colgar a una víctima de una barra, amenazar con violar a su esposa o hijas, la prohibición de dormir o el “submarino” (“waterboarding”, como se la llama en inglés) aplicadas cruelmente por horas y días para interrogar sospechosos de terrorismo no constituyen flagrantes casos de tortura.[4]

No obstante ello, en Marzo de 2008 el presidente Bush vetó una ley del Congreso que prohibía la aplicación del “submarino” a presuntos terroristas, dando cumplimiento a un anuncio previo en el cual advertía que vetaría cualquier pieza legislativa que impusiera limitaciones al uso de la tortura como método válido y legal de interrogación. En respuesta a sus críticos la Casa Blanca dijo que sería absurdo obligar a la CIA a respetar los preceptos establecidos por la legislación internacional porque sus agentes no se enfrentaban a combatientes legales, fuerzas regulares de un estado operando de conformidad con los principios tradicionales sino a terroristas que actúan con total desprecio por cualquier norma ética. De este modo Bush y su pandilla intentaron justificar la violación permanente de los derechos humanos bajo el pretexto del “combate al terrorismo”. No sólo eso: su Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, autorizó explícitamente en Diciembre del 2002 la utilización de por lo menos nueve “técnicas de interrogación” que sólo en virtud de un perverso eufemismo pueden dejar de ser calificadas como torturas. Lo interesante del caso es que Estados Unidos adhirió a la citada Convención (que cuenta con 145 estados partes) en el año 1994 pero se cuidó muy bien de ratificar el Protocolo que le otorga facultades de control al Comité de la Tortura de las Naciones Unidas. En otras palabras, la simple adhesión a la Convención fue una movida demagógica, carente de consecuencias prácticas en la lucha contra la tortura.

El horror que despierta el Informe no debería llevarnos a pensar que allí se encuentra toda la verdad. Si bien destruye el argumento central de la CIA en el sentido de que esas “duras tácticas de interrogación” eran necesarias para prevenir nuevos ataques terroristas contra Estados Unidos, lo cierto es que la estimación de los números de los detenidos y torturados se ubica muy por debajo de lo que permiten inferir otras fuentes documentales. En el Informe, por ejemplo, se dice que “la CIA mantuvo detenidas a 119 personas, 26 de los cuales aprehendidas ilegalmente”. Sin embargo, es sabido que para perpetrar estas violaciones a los derechos humanos Estados Unidos habilitó numerosas cárceles secretas en Polonia, Lituania, Rumania, Afganistán y Tailandia; y contó con la colaboración de países como Egipto, Siria, Libia, Paquistán, Jordania, Marruecos, Gambia, Somalía, Uzbekistán, Etiopía y Djibouti para realizar sus interrogatorios, a la vez que algunas ejemplares “democracias” europeas, como Austria, Alemania, Bélgica, Chipre, Croacia, Dinamarca, España, Finlandia, Irlanda, Italia, Lituania, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumania y Suecia, amén de otros países extraeuropeos, colaboraron en facilitar la entrega y traslado de prisioneros a sabiendas de lo que les aguardaba a esas personas.[5] El número de víctimas supera con creces las 119 del Informe. Téngase presente que según Human RightsFirst, una organización no gubernamental estadounidense, el número total de detenidos que pasaron por la cárcel de Guantánamo desde su inauguración fue de 779 personas.[6] Por otra parte, un informe especial de Naciones Unidas asegura que sólo en Afganistán la CIA detuvo a 700 personas y a 18.000 en Irak, todos bajo la acusación de “terroristas”.[7] Ni hablemos de lo ocurrido en el campo de detención de Abu Ghraib, tema que hemos examinado en detalle en nuestro libro.[8]

Para finalizar, tres conclusiones. Primero, el Informe pone el acento en la inefectividad de las torturas soslayando imprescindibles consideraciones de carácter ético o político. De las veinte conclusiones que se presentan en las primeras páginas del Informe sólo una, la vigésima, expresa alguna preocupación marginal por el tema al lamentarse que las torturas aplicadas por la CIA “dañaron la imagen de los Estados Unidos en el mundo a la vez que ocasionaron significativos costos monetarios y no- monetarios.” [9] No existe ninguna reflexión sobre lo que significa para un país que presume orgullosamente de ser una democracia -o la más importante democracia del mundo, según algunos de sus más entusiastas publicistas- además del “líder del mundo libre” incurrir en prácticas monstruosas que sólo pueden calificarse como propias del terrorismo de estado al estilo del que conociéramos en América Latina y el Caribe en el pasado. La tortura no sólo degrada y destruye la humanidad de quien la sufre; también degrada y destruye al régimen político que ordena ejecutarla, la justifica o la consiente. Por eso es que este nuevo episodio demuestra, por enésima vez, el carácter farsesco de la “democracia norteamericana”. De ahí que la expresión que mejor conviene para retratar su verdadera naturaleza es el de “régimen plutocrático.” Régimen, porque quien manda es un poder de facto, el complejo militar-financiero-industrial que nadie ha elegido y a quien nadie rinde cuentas; y plutocrático, porque el contenido material del régimen es la colusión de gigantescos intereses corporativos que son, como lo anotara Jeffrey Sachs días atrás, quienes invierten centenares de miles de millones de dólares para financiar las campañas y las carreras de los políticos y los lobbies que cabildean en favor de sus intereses y que luego obtienen como compensación a sus esfuerzos beneficios económicos de todo tipo que se miden en billones de dólares. Todo esto, además, justificado por una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos que legalizó los donativos ilimitados que, en su enorme mayoría, pueden beneficiarse del anonimato.[10]

Segundo, el Informe se abstiene de recomendar la persecución legal de los responsables de las monstruosidades perpetradas por la CIA. Ante una descripción que parece inspirada en las más horribles escenas del Infierno de Dante, los autores se abstienen de recomendar al Premio Nobel de la Paz que la justicia tome cartas en el asunto. Pero el pacto de impunidad está consagrado, y ante la inacción de la Casa Blanca los torturadores y sus numerosos cómplices, dentro y fuera de la Administración Bush, han salido a apoyar abiertamente las torturas y acusar a los redactores del Informe de parcialidad ideológica, todo esto en medio de una desaforada exaltación del chauvinismo estadounidense y de una cuidadosa ocultación de las mentiras utilizadas por Bush y su pandilla, desde las referidas a qué fue lo que realmente ocurrió el 11-S, en donde hay más incógnitas que certezas, hasta la acusación a Irak de poseer armas de destrucción masiva. Dado que Obama ha dado a entender que no enjuiciará a los responsables materiales e intelectuales de estos crímenes la conclusión es que no sólo se legaliza la tortura sino que también se la legitima, se la aprueba, tal vez como un “mal necesario” pero se la justifica. Ante ello sería bueno que algún tribunal del extranjero, actuando bajo el principio de la jurisdicción universal en materia de delitos de lesa humanidad, trate de hacer justicia allí donde el régimen norteamericano apaña la impunidad de los criminales y consagra la perversión y la maldad como una virtud.

Tercero y último: la deplorable complicidad de la prensa. Todos sabían que la CIA y otras fuerzas especiales del Pentágono tienen incorporada la tortura de prisioneros como un SOP (“standardoperatingprocedures”, un procedimiento estandardizado de operación en la jerga militar de los servicios norteamericanos), como se ha dicho más arriba. Pero los grandes medios -no tan sólo los pasquines rabiosamente derechistas de la cadena de Rupert Murdoch y muchos otros de su tipo, dentro y fuera de Estados Unidos- conspiraron voluntariamente o no, es irrelevante, para no llamar a la cosa por su nombre y utilizar en cambio toda clase de eufemismos que permitieran edulcorar la noticia y mantener engañada a la población norteamericana. Para el Washington Post, el New York Times y la Agencia Reuters eran métodos de interrogación “brutales”, “duros” o “atroces”, pero no torturas; para la cadena televisiva CBS eran “técnicas extremas de interrogación” y para Candy Crowley, la jefa de la corresponsalía política de la CNN en Washington, eran “torturas, pero según quien las describa”. Para el canal de noticias MSNBC (fusión de Microsoft con la NBC) eran, según MikaBrzezinski, hija del estratego imperial ZbigniewBrzezinski y, por lo visto, fiel discípula de las enseñanzas de su padre, “tácticas de interrogación utilizadas por la CIA”. Esta es la gente que luego es señalada por los políticos y los intelectuales de la derecha para darnos lecciones de democracia y de libertad de prensa en América Latina y el Caribe. Sería bueno tomar nota de su complicidad con estos crímenes y de su absoluta carencia de virtudes morales como para dar lecciones a nadie.

Notas bibliográficas:

[1] El Informe puede consultarse en la siguiente dirección: https://es.scribd.com/doc/249652086/Senate-Torture-Report

[2] Cf. Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El Lado Oscuro del Imperio. La Violación de los Derechos Humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009), pp. 43-44.

[3] Ibid., p. 44.

[4] Sobre el tema de la tortura el libro de Roberto Montoya, La impunidad imperial. Como Estados Unidos legalizó la tortura y “blindó” ante la justicia a sus militares, agentes y mercenarios (Madrid: La esfera de los libros, 2005) es una fuente absolutamente imprescindible por la meticulosidad de su investigación y la sólida fundamentación de los casos examinados. Particularmente instructivo es su análisis de las 35 “técnicas de interrogación”, las cuales, como dicen los miembros de una Comisión ad-hoc convocada por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, podrían tener como resultado “que personal estadounidense involucrado en el uso de esas técnicas pudieran ser objeto de persecución por violación de los derechos humanos en otros países o que pudiera ser entregado a foros internacionales, como la Corte Penal Internacional. Esto tendría un impacto en futuras operaciones o viajes al exterior de ese personal.” Cf. Montoya, op. cit, pp. 130-134. Datos más específicos sobre las “técnicas de interrogación” se encuentran en http://globalsecurity.org/intell/library/policy/army/fm/fm34-52

[5] “¿Qué países colaboraron con el programa de torturas de la CIA”, informe elaborado sobre la base de documentación aportada por la American Civil LibertiesUnion y la Open SocietyJusticeInitiative, y publicado por La Nación (Buenos Aires) el 10 de Diciembre del 2014. Ver http://www.lanacion.com.ar/1751052-que-paises-colaboraron-con-el-programa-de-torturas-de-la-cia

[6] http://www.humanrightsfirst.org/sites/default/files/gtmo-by-the-numbers-2014-11-24.pdf

[7] Cf. “Preliminary Findings on Visit to United States by Special Rapporteur on Human Rights and Counter-terrorism”, May 29, 2007, en El LadoOscuro, op. cit., pp. 55-56.

[8] El lado oscuro, op. cit., pp. 47-48

[9] Informe, op. cit., pg.16.

[10] “Understanding and overcoming America’s plutocracy”, Huffington Post, 6 Noviembre 2014. http://www.huffingtonpost.com/jeffrey-sachs/understanding-and-overcom_b_6113618.html

Publicado en: Global

La ONU revela los vínculos de Israel con los rebeldes sirios

07/12/2014 by Vitalio Deja un comentario

Por: RT

 

 

Los informes de los observadores de la ONU en los Altos del Golán, presentados a 15 miembros del Consejo de Seguridad, detallan contactos regulaes entre oficiales israelíes y figuras de la oposición siria armada en la frontera.

Estos informes, que abarcan los últimos 18 meses, revelan el tipo y alcance de la cooperación entre las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y figuras de la oposición siria en la frontera entre ambos países, escribe ‘Haaretz‘.

Según los reportes de los observadores, en marzo de 2013 Israel comenzó permitiendo que heridos sirios recibieran tratamiento médico en los hospitales de Safed y Nahariya.

En este sentido, en el informe distribuido el 10 de junio los observadores indicaron que habían identificado a soldados de las FDI en el lado israelí entregando dos cajas a los miembros de la oposición militar siria. El último informe, con fecha del primero de diciembre, describió otro encuentro entre soldados de las FDI y miembros de la oposición siria, del que dos representantes de la ONU fueron testigos el 27 de octubre a unos tres kilómetros al este de Moshav Yonatan. Vieron cómo dos soldados israelíes en la frontera permitieron a dos personas entrar en Israel. El informe no precisa si los sirios estaban heridos ni por qué entraron en Israel.

Según el informe, los observadores afirmaron que a unos 300 metros de la posición israelí se establecieron tiendas para unas 70 familias de desertores sirios. En septiembre el Ejército sirio afirmó que este campamento era una base para “terroristas armados” que cruzaban la frontera hacia Israel.

 

Publicado en: Global

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