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Global

Willy Wimmer: «Los peligros provienen hoy de Estados Unidos»

20/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Por: Willy Wimmer

Ex diputado de la Willy Wimmer CSU (de 1986 a 2009), fue secretario de Estado en el ministerio federal de Defensa de Alemania (de 1988 a 1992) y vicepresidente de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE (de 1994 al 2000).

 

Willy Wimmer, ex vicepresidente de la OSCE y ex secretario de Estado del ministerio de Defensa de Alemania, responde a World Economy sobre las graves tensiones internacionales que caracterizan el momento actual y señala claramente el origen del peligro.

 
                                       
Willy Wimmer, ex vicepresidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

World Economy: Acaba usted de regresar de Rusia. Vamos a preguntarle de manera provocadora, ¿está Putin preparándose para una guerra?

Willy Wimmer: Después de todos los encuentros que tuve en Moscú –y solamente estuve en Moscú– puedo afirmar que la gente tiene allí las mismas preocupaciones que en Alemania. Tuve conocimiento de las declaraciones públicas del presidente de la Federación Rusa y lo único que veo en ellas es un llamado a la moderación y a la razón.

No oí en Moscú nada que vaya en el sentido de la pregunta que usted me hace. Teniendo en cuenta la situación geopolítica actual, podemos comprobar con toda objetividad que actualmente todos los peligros provienen de Estados Unidos. Sólo nos queda la esperanza de que haya algún cambio a raíz del 8 de noviembre [día de las elecciones estadounidenses].

World Economy: Hace 55 años se iniciaba la Crisis del Caribe [1]. Usted acaba de mencionar a Estados Unidos y hoy en día creemos saber lo que sucedió en aquel momento. ¿Estamos hoy ante una situación similar en la que pudiéramos decir que estamos en peligro de que suceda lo peor?

Willy Wimmer: Al analizar los hechos, puede decirse de esa manera. La Crisis del Caribe tenía antecedentes y lo que resultó interesante para mí es haber tenido la oportunidad de escuchar, en el coloquio en el que participé en Moscú, a Valentin Falin, quien fue durante muchos años embajador de la Unión Soviética en Bonn.

En largos encuentros acompañados de reflexiones sobre la historia, el embajador Falin subrayó un elemento que condujo directamente a la crisis de Cuba. En los 1940-1950, hubo planes estadounidenses designados como «Dropshot». Esos planes preveían la destrucción de 30 de las mayores ciudades soviéticas mediante un ataque nuclear de decapitación destinado a neutralizar la Unión Soviética.

Lo que resulta interesante es que fue gracias a las estaciones de escucha del Ejército Rojo instaladas en el pico Brocken, situado en el macizo de Harz, que los soviéticos llegaron a descubrir el contenido de aquellos planes de Estados Unidos. Esos hechos fueron tema de un programa transmitido hace varias semanas por el canal de televisión francés Arte, donde se demostraba que el plan [estadounidense] «Dropshot» fue la verdadera causa de la crisis de Cuba.

Por eso fue apasionante no sólo poder conversar sobre ese tema con Valentín Falin sino también comprobar que se trata de acontecimientos comparables a lo que podemos ver en los planes de la OTAN. La alianza atlántica actúa masivamente contra la Federación Rusa. Para eso ha modificado sus objetivos y ya no es una alianza defensiva, como pudo serlo en tiempos de la guerra fría, sino una fuerza agresiva surgida durante la guerra de los Balcanes.

En ese contexto, la situación alrededor de Rusia es explosiva. Quien contribuye a ello es principalmente el establishment belicista demócrata-republicano de Washington al proponer abiertamente ese tipo de acción contra la Federación Rusa.

World Economy: Abordemos ahora el tema de Siria, otra región donde existen todo tipo de peligros. Supongamos que Rusia ceda y se retire de Siria y que Assad sea destituido. ¿Cómo evolucionaría entonces la situación en la región y en el mundo? ¿Veríamos entonces un escenario similar al de Libia o pasaríamos directamente a la tercera guerra mundial?

Willy Wimmer: Personalmente, no soy dado a ese tipo de elucubraciones ya que lo que está en juego en Siria no se limita a la guerra civil que hoy estamos viendo.

No debemos pasar por alto el hecho que nos hallamos ante dos concepciones diferentes respaldadas por dos grandes potencias, también diferentes. Tenemos, por un lado, el intento de Estados Unidos de imponer –al igual que en Afganistán, en Irak, en Libia, en Mali y otros países– un nuevo orden mundial, con la convicción de que podrá ser capaz de hacerlo. Del otro lado, está la Federación Rusa que tiene, en mi opinión, un doble interés:

Primeramente, por haber actuado durante mucho tiempo a favor de la paz en Europa y en otras regiones, Rusia no desea cooperar con las acciones estadounidenses tendientes a eliminar el derecho internacional existente.

En segundo lugar, hay que resaltar claramente que una victoria de la coalición encabezada por Estados Unidos traería como consecuencia que en Siria, Líbano, Jordania e Irak, se impodrían los elementos armados provenientes del Cáucaso: los chechenos, los inguches, daguestaníes, que –después de las guerras del Cáucaso– se han instalado o tratan de instalarse en esa región [el Medio Oriente].

Sus intereses [de Washington] consisten en reanudar las guerras del Cáucaso contra Moscú. O sea que la Federación Rusa defiende en esta región [el Medio oriente] no sólo a un importante aliado, e incluso el derecho internacional, sino también sus propios intereses nacionales, intereses que está en todo su derecho de tener: la protección de sus propias fronteras. Eso es perfectamente acorde con el derecho internacional y es lo que hace tan complicada la situación en Siria.

World Economy: ¿Podría la elección presidencial en Estados Unidos ayudar a reducir la situación de tensión en el mundo o no traerá cambios?

Willy Wimmer: Esa es la gran interrogante del momento. En el contexto de guerra electoral que hoy existe en Estados Unidos, tendremos que esperar. Se está jugando con nuestros nervios pero se está jugando también con el destino de un gran país que se llama Estados Unidos de América.

Publicado en: Global

Los plenos poderes del Presidente de Estados Unidos

20/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Por: Jean-Claude Paye

Sociólogo. Último libro publicado en español: El Final del Estado de Derecho: La Lucha Antiterrorista: Del Estado de Excepción a la Dictadura, (Argitaletxea Hiru, 2008). Último libro publicado en inglés: Global War on Liberty (Telos Press, 2007).

La función de Presidente de los Estados Unidos ha evolucionado considerablemente desde la elección de George Bush padre. Hasta entonces, el Presidente se encargaba principalmente de nombrar 40 000 altos funcionarios. Hoy en día, el Presidente utiliza el poder ejecutivo sin rendir cuentas a nadie. Al promulgar nuevas leyes, el Presidente tiene la posibilidad de modificarlas en el sentido que mejor le parezca. Además, la «teoría del ejecutivo unificado» cohíbe al Congreso en cuanto a cuestionar las decisiones del «comandante en jefe». El papel del Congreso se limita ahora a votar el presupuesto federal.

 
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Las recientes elecciones estadounidenses, cuyo resultado sorprendió a la mayoría de los observadores, ofrecen una buena ocasión para recordar de qué poderes dispone realmente el Presidente de Estados Unidos. Como consecuencia de esa elección, con resultado contrario a lo que esperaban, numerosos “analistas” –que habían hecho campaña contra Donald Trump– tratan ahora de tranquilizarse afirmando que las prerrogativas del Presidente de Estados Unidos están estrictamente limitadas por la Constitución y que, por ende, este no dispone «todos los poderes» [1]. Esta idea de que en Estados Unidos existe una rigurosa separación de poderes podría basarse en el hecho que, contrariamente a los miembros de la Unión Europea, al Congreso estadounidense goza de gran reconocimiento en el plano formal.

Valorización de la imagen del poder legislativo estadounidense

Al contrario de lo que sucede en los países miembros de la Unión Europea, en Estados Unidos se otorga mucha más importancia a la institución parlamentaria. Por ejemplo, los miembros del Congreso pueden verse directamente asociados a las negociaciones de acuerdos comerciales de alcance internacional. A la inversa, los Parlamentos nacionales europeos y el Parlamento de la Unión Europea sólo intervienen en la fase final de la conclusión de acuerdos como el CETA, intervención que se limita a la ratificación. Por cierto, esta última prerrogativa ni siquiera estaba prevista sino que es un intento de dar alguna legitimidad a un acuerdo que encuentra gran oposición y sólo surge en julio de 2016, o sea al cabo de 4 años de negociación, de un cambio de estatuto de ese acuerdo, que pasa de ser un simple acuerdo comercial a convertirse en un acuerdo mixto [2].

Un ejemplo en el campo de la cooperación en materia penal permite comprender la diferencia entre el Congreso de Estados Unidos y los Parlamentos de los países miembros de la Unión Europea. Los acuerdos de extradición firmados en 2003 entre la Unión Europea y Estados Unidos fueron negociados de forma totalmente autónoma por la Oficina Europea de Policía, sin pedir la opinión del Parlamento Europeo ni la ratificación de los Parlamentos nacionales de los miembros de la Unión. Las negociaciones se desarrollaron de forma totalmente secreta y si la ciudadanía europea pudo finalmente llegar a conocer este texto fue porque hubo que desclasificar parte del documento… para que lo firmara el Congreso de Estados Unidos [3].

Recordemos también que las disposiciones provisionales del Acta Patriótica tienen ritualmente que ser sometidas a renovación, cada 4 años, ante el Congreso de Estados Unidos, aunque esa renovación se reduce a 2 medidas… las otras ya son de carácter permanente.

Devaluación permanente de los parlamentos europeos

Los Estados miembros de la Unión Europea, por el contario, han emprendido un proceso de devaluación sistemática de sus instituciones parlamentarias. Al nivel del proceso legislativo nacional, el gobierno busca constantemente la manera de imponer su voluntad al Parlamento.

En Francia, el ejecutivo puede recurrir al procedimiento acelerado, que le permite reducir el proceso de debate parlamentario imponiendo una sola presentación ante cada Cámara [4].

También en Francia, y de manera aún más radical, el gobierno puede recurrir al artículo 49, acápite 3, de la Constitución para forzar la adopción de una ley sin pasar por el voto del Parlamento [5]. Este procedimiento ha sido utilizado 85 veces desde 1958 y el actual gobierno del primer ministro Manuel Valls ya ha recurrido a él 5 veces.

Estos procedimientos, que permiten a los gobiernos saltarse la aprobación de los Parlamentos o evitar el debate parlamentario, son utilizados sin que el poder legislativo dé la más mínima muestra de resistencia. El objetivo del gobierno no es entonces imponerse a una oposición sino demostrar –no a los parlamentarios, ya aceptados desde hace tiempo como simples comparsas en lo que no pasa de ser un juego tendiente a legitimar decisiones ya tomadas por otros– a los pueblos que, como dijera hace años el propio Boris Yeltsin: «Un buen Parlamento es un Parlamento que vota las leyes y no hace política.»

El objetivo es lograr que los ciudadanos acepten que la estructura del Estado nacional ha dejado de ser un marco de toma de decisiones para convertirse en un marco de ratificación de políticas que emanan de la superpotencia estadounidense y de sus organizaciones internacionales. La exhibición y ritualización de la sumisión de los Parlamentos a las órdenes del Ejecutivo y de las instancias internacionales conforman una imagen a la que los pueblos están invitados a someterse.

Una imagen de poderío adaptada a la estructura imperial

Contrariamente a los Estados del Viejo Continente, la institución parlamentaria estadounidense se halla constantemente bajo las luces de la prensa. Su papel es servir de ícono de la soberanía estadounidense, pero esa imagen se proyecta también, y sobre todo, hacia el exterior.

El objetivo es, en primer lugar, indicar a los Estados subalternos que Estados Unidos es el único Estado en todo el sentido de ese término, que conserva una estructura intacta, garante de un poder soberano fundamental, el poder de la «nación americana», al que los demás países tienen que someterse. Esto explica por qué, contrariamente a lo que sucede en la mayor parte de las naciones europeas, el Congreso de Estados Unidos mantiene un papel formal de institución a cuyo control sería imposible escapar.

La particularidad estadounidense sería entonces resultado del carácter excepcional de sus instituciones, dado el hecho que no estarían formalmente sometidas a las reformas que Estados Unidos viene imponiendo a los demás países, como la liquidación del poder judicial y el debilitamiento de los Parlamentos. Para imponer su mando en el seno de la estructura imperial, Estados Unidos tiene que consolidar la imagen icónica de independencia del Estado estadounidense en relación con las estructuras internacionales que el poder estadounidense ha venido creando e imponiendo.

Esta imagen del Congreso estadounidense como institución parlamentaria omnipresente y formalmente valorizada puede hacer creer a algunos observadores que los poderes del Presidente de Estados Unidos están sometidos a un constante control del Congreso y que están estrictamente limitados por la Constitución. Lo cierto es que el poder del Congreso está ya en sí mismo restringido por la propia Constitución estadounidense, que otorga al Presidente una serie de prerrogativas excepcionales al concederle un derecho de veto sobre los textos provenientes de los parlamentarios.

Los «Signing Statements» presidenciales

Lo más importante es que los actos del poder legislativo estadounidense pueden ser fácilmente minimizados mediante la utilización de los «Signing Statements», que permiten privar a la ley de su carácter vinculante [o sea, de su obligatorio cumplimiento] para el poder ejecutivo. Este tipo de declaración presidencial, que se agrega al acta de promulgación de la ley en cuestión, generalmente modifica substancialmente dicha ley.

Desde los tiempos de Ronald Reagan ha surgido una tradición de constantes declaraciones presidenciales que reinterpretan todo tipo de textos, desde la simple legalidad hasta los textos constitucionales, propuestos a la firma del Presidente. Ese procedimiento autoriza al Presidente de Estados Unidos a emitir reservas sobre el texto sometido a su firma y le permite no aplicar al pie de la letra las leyes que él mismo ha promulgado.

O sea, es el Presidente quien establece las condiciones y el contexto en los que él tendría que aplicar ciertas disposiciones legislativas. Este procedimiento fue ampliamente utilizado por los presidentes George Bush padre, Bill Clinton y George W. Bush.

Pero el presidente Obama no se quedó atrás en ese sentido. Por ejemplo, al inscribir su firma en la National Defense Authorization Act, el 31 de diciembre de 2011, Barack Obama estipuló que su administración:

«interpretará y aplicará las disposiciones que a continuación se describen de forma tal que se preserve la flexibilidad de la que depende nuestra seguridad y que se mantengan los valores en los que se basa este país» [6].

Barack Obama se opuso a obligación legal de detener militarmente a los terroristas extranjeros, lo cual limitaría la «flexibilidad» de la acción del Ejecutivo. En nombre de la «separación de poderes», que él concibe como una estricta independencia de la función ejecutiva ante la institución parlamentaria, Barack Obama defiende la opción administrativa de mantener a los prisioneros, por ejemplo, en las prisiones secretas de la CIA creadas fuera del territorio estadounidense. En este caso, lo que prevalece no es ya el texto de la ley sino la iniciativa presidencial.

Una inversión de la separación de poderes

Mediante ese uso de los «Signing Statements», Barack Obama invierte el principio de la separación de poderes, modo de organización que data del llamado Siglo de las Luces o de la Ilustración. Para el pensador francés Montesquieu, el objetivo es impedir la concentración del poder político en manos de una sola autoridad. Para ello, es necesario que los poderes se equilibren y se limiten mutuamente. Por el contrario, la visión que el presidente estadounidense tiene de la separación de poderes, separa el poder del Estado de manera que evita que el Poder Legislativo pueda ejercer control sobre el Poder Ejecutivo. Para el poder ejecutivo estadounidense se trata de restablecer la supremacía de la decisión en relación con la norma y precisar que el Ejecutivo no está obligado a observar estrictamente las leyes que emanan de la institución legislativa. En ese contexto, la separación de poderes se convierte en ausencia de límites para la acción presidencial.

La utilización de los «Signing Statements» se ha convertido en un elemento fundamental del poder del Presidente de Estados Unidos. Ronald Reagan los utilizó 250 veces durante sus dos mandatos. Bush padre retomó esa práctica en 228 ocasiones. El demócrata Bill Clinton impuso 381 «Signing Statements». George W. Bush prolongó la tradición, aunque de manera un poco más limitada, al firmar 152 comentarios sobre las leyes sometidas a su firma. Las declaraciones firmadas de los presidentes, en relación con los textos legislativos que les son presentados, contienen a la vez comentarios sobre la legalidad o la constitucionalidad de las disposiciones legales así como declaraciones de oposición al contenido de ciertos artículos. El porcentaje de este tipo de objeciones varía según los presidentes. En el caso de George Bush hijo, el 78% de las leyes promulgadas durante sus dos mandatos comportan ese tipo de objeciones.

En cuanto a Barack Obama, luego de haber expresado públicamente su oposición a ese procedimiento en su primera campaña electoral por la presidencia, finalmente la utilizó 38 veces.

Por lo tanto, nada impide que el presidente electo Donald Trump marche sobre los pasos de sus predecesores y recurra a esa práctica que limita el control del Congreso sobre los actos del Presidente. Hacerlo le evitaría verse sometido a ciertas disposiciones de leyes a las que los presidentes anteriores ya impusieron sus comentarios y reservas en el momento de firmarlas. Y también podrá valerse él mismo de ese recurso, imponiendo sus propios «Signing Statements».

Jean-Claude Paye

[1] Mathilde Dangé, «Le président américain n’a pas tous les pouvoirs», Le Monde, 11 de noviembre de 2016.

[2] «CETA, TTIP : la France fait encore volte-face sur la politique commerciale européenne», Aline Robert y Marion Candau, La Tribune, 14 de noviembre de 2016.

[3] «Europe-États-Unis : un rapport impérial », Jean-Claude Paye, Réseau Voltaire, 25 de febrero de 2004.

[4] «À quoi sert la procédure accélérée» [En español, “Para qué sirve el procedimiento acelerado”], Asamblea Nacional de la República Francesa, 18 de noviembre de 2011.

[5] «Qu’est-ce que le 49.3», Benjamin Bruel, Le Monde, 5 de julio de 2016.

[6] «Bush, Obama, le changement dans la continuité», Jean-Claude Paye, Réseau Voltaire, 9 de noviembre de 2012.

Publicado en: Global

Estados Unidos: HRW denuncia que el general elegido por Trump para Seguridad Nacional apoya las torturas

20/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

 

Fuente: InfoLibre

  • En varias ocasiones, Trump ha señalado que permitirá que el personal de Estados Unidos lleve a cabo prácticas como el ‘waterboarding’ (asfixia simulada) y otros tipos de tortura
  • En noviembre de 2015, aseguró que iba a aprobar la asfixia simulada en “un abrir y cerrar de ojos” porque “sólo los estúpidos piensan que no funciona”
                                         

                              El presidente electo de EEUU, Donald Trump. EUROPA PRESS

Human Rights Watch denunció que el teniente general retirado Michael Flynn, al que el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, habría elegido como su asesor de Seguridad nacional, ha apoyado y defendido las torturas de detenidos. Según fuentes del equipo de Trump consultadas por el diario The New York Times, el futuro mandatario ha propuesto al general Flynn para asumir el cargo de asesor para la Seguridad Nacional.

“Michael Flynn ha mostrado un enorme desprecio hacia la Convención de Ginebra y otras leyes que prohíben la tortura. Al ofrecer este cargo a Flynn, el presidente electo Trump está debilitando el compromiso de Estados Unidos sobre las leyes internacionales”, aseguró la directora de HRW en Washington, Sarah Margon.

En varias ocasiones Trump ha señalado que permitirá que el personal de Estados Unidos lleve a cabo prácticas como el waterboarding (asfixia simulada) y otros tipos de tortura. En noviembre de 2015, aseguró que iba a aprobar la asfixia simulada en “un abrir y cerrar de ojos” porque “sólo los estúpidos piensan que no funciona”. “Si no funciona, de todas formas se lo merecen por lo que hayan hecho”, añadió. En febrero de 2016, Trump no dudó en defender la tortura. “No me digáis que no funciona. La tortura funciona, ¿vale, amigos?”, afirmó.

Después de un debate en el que Trump indicó que podría hacer que el Ejército estadounidense rompiera las leyes sobre lastécnicas de interrogatorio, que incluyen la prohibición de la asfixia simulada, su campaña publicó un comunicado en el que decía: “No haré que nuestros militares y otras autoridades violen las leyes”.

De todas formas, Trump más tarde aseguró que hará todo lo posible para cambiar las leyes que prohíben la asfixia simulada y otras técnicas asociadas a la tortura, a pesar de que los Derechos Humanos internacionales prohíben el uso de la tortura bajo ninguna circunstancia.

Flynn se ha negado varias veces a descartar la propuesta de Trump para usar la tortura y otros crímenes de guerra. “Apoyo la idea de que la mejor manera es dejar el mayor número de opciones sobre la mesa hasta el último momento”, aseguró Flynn en mayo.

Flynn no ha aclarado si aceptará o no la propuesta de Trump. El militar retirado respalda, además de la tortura, la propuesta de Trump de prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos como parte de una estrategia más extensa para mantener alejado al enemigo.

 

Publicado en: Global

La derecha francesa elige este domingo a su candidato al Elíseo: duelo entre Juppé y Sarkozy ante un Fillón en alza

20/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: InfoLibre

  • A Sarkozy le surgieron dos potentes enemigos: su propio ex primer ministro Alain Juppé y el fantasma de su propio pasado, reflejado en dos investigaciones judiciales aún por cerrar
  • Fillon sube enteros y algunas encuestas le dan una mínima ventaja de cara a las primarias
                                            

                                 Cartel electoral de Sarkozy. E. P.

Los partidos franceses de centro-derecha se han citado este domingo en unas elecciones primarias que huelen ya a presidenciales. No en vano, todas las encuestas coinciden en señalar que, gane quien gane este particular pulso entre Alain Juppé y Nicolas Sarkozy, tiene ya un pie puesto en la segunda vuelta de mayo de 2017.

Sarkozy abandonó en 2012 el Elíseo, tras una amarga derrota contra el socialista François Hollande, y optó inicialmente por un perfil bajo, alejado de la primera línea política. En agosto de 2014, y tras un tiempo de “reflexión profunda”, anunció su regreso para intentar liderar la Unión por un Movimiento Popular (UMP).

Con la UMP bajo su control y con una popularidad al alza, se lanzó a la tarea de reformular el centro-derecha con la vista puesta de nuevo en la jefatura de Estado. De esta forma, la UMP pasó a llamarse en mayo de 2014 Los Republicanos, según Sarkozy para pasar página de forma definitiva a una marca que en los últimos años había dado más penas que alegrías.

A Sarkozy, sin embargo, le surgieron dos potentes enemigos en su intento por volver a la Presidencia: el ex primer ministro Alain Juppé y el fantasma de su propio pasado, reflejado en dos investigaciones judiciales aún por cerrar. El antiguo presidente, salpicado por distintos escándalos, fue imputado en febrero de este año por la presunta financiación irregular de la campaña de 2012.

Juppé, de 71 años, ha sacado partido de las constantes polémicas en las que se ha visto envuelto Sarkozy sin apenas moverse. El alcalde de Burdeos, que ha sabido venderse como hombre de Estado, se ha posicionado como una figura más moderada que el expresidente y aspira a ganarse el apoyo de todos los franceses que se sientan “decepcionados” con Hollande, ideologías aparte.

Los sondeos, de hecho, sitúan a Juppé no sólo como favorito a las primarias de este domingo, sino también como potencial aglutinador de electores moderados y de centro de cara a las presidenciales de 2017. De esta forma, podría cazar votos más al centro que Sarkozy, aunque también se arriesga a perder terreno en el flanco derecho.

No en vano, la ultraderecha francesa, con Marine Le Pen al frente, ha ganado popularidad en los últimos años y parte con claras opciones de colarse en la segunda vuelta electoral, lo que convertiría los comicios de 2017 en una batalla por ver hasta dónde son capaces de llegar los franceses en su giro a la derecha.

Al debate político se ha sumado en los últimos días, además, el nombre de Donald Trump. Le Pen ve el triunfo del magnate estadounidense como un síntoma de que el cambio es posible también en Francia, mientras que Sarkozy siente reforzado su mensaje y considera que es un reflejo de que la ciudadanía rechaza el “pensamiento único”.

El más beligerante ha sido Juppé, quien considera necesario –”ahora más que nunca”– una “Francia fuerte“, capaz de entenderse con sus aliados europeos y alejada de “la demagogia y el extremismo”. El ex primer ministro ha abogado por la “movilización” y ha negado cualquier paralelismo con Estados Unidos: “No soy Hillary Clinton”.

Los otros candidatos

Junto a Sarkozy y Juppé, también se presentan otros candidatos que hasta estos últimos días parecían abocados a ser meros espectadores de una carrera que se decidirá, según todas las encuestas, en la segunda vuelta del domingo siguiente, 27 de noviembre. Sin embargo, el ex primer ministro François Fillon ha resurgido como tercera vía.

Fillon figura en todos los sondeos con una popularidad creciente que se ha cimentado especialmente a raíz de sus participaciones en los debates, el último de ellos esta misma semana. Aspira a dar la sorpresa y colarse entre Juppé y Sarkozy con un mensaje a favor de la “liberalización intensiva” de la economía gala.

El diputado Bruno le Maire, cuarta opción, lleva la “renovación” por bandera y un “contrato presidencial” de mil páginas que se compromete a aplicar si llega al Elíseo. A finales de 2014 ya perdió las primarias por la presidencia de la desaparecida Unión por un Movimiento Popular (UMP), vencidas por Sarkozy.

Cierran la lista –por orden de popularidad en la mayoría de los sondeos– Jean-François Copé, expresidente de la UMP;Nathalie Kosciusko-Morizet, antigua mano derecha de Sarkozy y única mujer en liza; y Jean-Frédéric Poisson, diputado y líder del Partido Cristiano-Demócrata.

Los candidatos con menos opciones podrían terminar de decantar la balanza si piden el voto en la segunda ronda para alguno de los dos aspirantes supervivientes.

Las reglas

Las primarias están llamadas a “seleccionar el candidato de la derecha y del centro para las elecciones presidenciales” que tendrán lugar en abril y mayo del próximo año, si bien en la práctica son una carrera interna para Los Republicanos.

Más de 10.000 centros de votación estarán habilitados para quienes deseen participar. Las primarias son abiertas y basta sólo con estar inscrito en las listas electorales, si bien antes de depositar el voto será necesario abonar dos euros y firmar una declaración: “Comparto los valores republicanos de la derecha y del centro y me comprometo con la alternancia para lograr la recuperación de Francia”.

La realización de todo el proceso cuesta alrededor de 8 millones de euros y los organizaciones calculan que, a partir de dos millones de participantes, se podrá recuperar toda la inversión. El dinero sobrante irá a parar a las arcas del candidato vencedor, ya confirmado como candidato a la Presidencia.

El resurgir de Fillon

El ex primer ministro de Francia, François Fillon, sigue mientras ganando terreno a sus rivales de cara a la primera vuelta de mañana en las primaria. Por vez primera, Fillon se coloca primero en intención de voto, con un 30 por ciento a su favor, solo un punto por delante de sus dos grandes rivales, Alain Juppé y Nicolas Sarkozy, según la encuesta de Ipsos/Le Monde publicada a última hora del viernes.

Se trata de un virtual empate técnico al entrar Fillon dentro del margen de error de las encuestas, pero un sondeo que demuestra de todos modos el ascenso de Fillon en popularidad. Estas elecciones se antojan extremadamente importantes para el futuro del país. Con los socialistas del presidente, François Hollande, en claro retroceso, el ganador del centro-derecha se verá las caras con la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, por la dirección del país.

La segunda ronda de las primarias conservadoras tendrá lugar el próximo 27 de noviembre. Los socialistas elegirán a su candidato en enero. La votación final de las presidenciales, también en dos rondas, se celebrará los días 23 de abril y 7 de mayo.

 

Publicado en: Global

Movimientos progresistas en EE UU:   Luces en la oscuridad: buenas noticias de las elecciones de Estados Unidos

12/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Diagonal

 

Las votaciones a favor de la subida del salario mínimo en cuatro Estados, la elección de la primera congresista hindú-americana o de la primera representante abiertamente LGTB son algunas buenas noticias de las elecciones en las que Donald Trump se convirtió en el futuro presidente de EE UU.

                             

En Los Ángeles, Nueva York, Chicago, Miami, San Francisco y Washington, la victoria electoral de Donald Trump ha venido seguida de manifestaciones de repulsa al que en enero será el nuevo presidente de Estados Unidos.

Con el lema #Notmypresident (no es mi presidente), miles de personas ocuparon las arterias de las principales ciudades del país. Se trata de ciudades en las que Trump no ha conseguido ganar, ya que el candidato republicano no ha obtenido respaldo en ninguna ciudad de más de un millón de habitantes.

Junto a las movilizaciones, los medios y las fuerzas progresistas estadounidenses han rescatado algunas buenas noticias de las elecciones del pasado martes.

Los Estados de Maine, Colorado, Washington y Arizona aprobaron un aumento de los salarios mínimos. En Maine, los salarios subirán desde los 7,5 dólares la hora hasta doce euros la hora en los próximos tres años. En Washington, se alcanzaré el mínimo de 13,87 dólares la hora en 2020, muy cerca de los simbólicos quince dólares que promueve la campaña Fight For S15. En el caso de Arizona, además, se han estipulado baremos para el pago de horas de baja en multinacionales, medianas y pequeñas empresas.

Además, se han producido victorias parciales de gran importancia simbólica, dando entrada a electos de origen indio o somalí en las instituciones estatales y federales, informa Common Dreams.

De Pramila Jayapal en el estado de Washington a Ilhan Omar en Minnesota o Martin Quezada en Arizona, una serie de candidatos avalados por la campaña de Bernie Sanders Our Revolution y el grupo popular de justicia social People’s Action ganó sus respectivas carreras para el Congreso o las instituciones de sus Estados.

Pramila Jayapal se ha convertido en la primera mujer indio-estadounidense elegida para el Congreso tras vencer a su rival Brady Walkinshaw en el 7º distrito legislativo de Washington. “Jayapal dijo que ese resultado significaba que el séptimo distrito podría ser ‘una luz en la oscuridad’ si Donald Trump saliera triunfante”, dijo el Seattle Times.

“Si nuestros peores temores se realizan, estaremos en la resistencia a partir de mañana”, dijo. “Tendremos que luchar por la justicia social como nunca antes.”

Ilhan Omar, representará a la comunidad somalí de Minnesota.

Ilhan Omar, por su parte, se convirtió en la primer legisladora estatal somalí-americano en ganar un escaño que representa a Minneapolis en la Cámara de Representantes de Minnesota. Minnesota Public Radio informó:

“Aunque su elección no fue una sorpresa en un distrito de tradición demócrata, Omar fue elegida con casi el 80% de los votos. Esto tiene una enorme importancia simbólica en Minnesota, hogar de la población de inmigrantes somalíes más numerosa de la nación. Llegó pocos días después de que el candidato presidencial republicano Donald Trump definiera la inmigración somalí como una amenaza para Minnesota”.

“Minneapolis dijo que ‘no’ esta noche, dijo que no al odio, dijo que no a la narrativa de hacer que los Estados Unidos odien otra vez [en referencia al eslogan de Trump –hagamos Estados Unidos grande otra vez]”, dijo Habon Abdulle, directora ejecutiva de la ONG Mujeres Organizando Mujeres, donde Omar es directora de política. “Minneapolis, y el distrito 60B particularmente, ha dicho que las mujeres musulmanas tienen espacio en el cuerpo gobernante de nuestro Estado. Muchas gracias”.

Martin Quezada, que se impuso a la candidata republicana Crystal Nuttle para representar al Valle Oeste de Phoenix en el Senado estatal, describió su victoria en Twitter como “agridulce” a causa de la victoria de Trump.

Asimismo, por primera vez en la historia, un Estado ha elegido como gobernador, en este caso gobernadora, a una persona abiertamente LGTB. Kate Brown representará a Oregon en la Cámara de Representantes. En Carolina del Norte, la victoria del demócrata Roy Cooper ha vencido, a falta de un último recuento a Pat McCrory, impulsor de una ley LGTBíotica ampliamente contestada.

Asimismo, la victoria en cuatro Estados de las propuestas a favor de la legalización de la marihuana deben tener un efecto inmediato sobre uno de los problemas de discriminación que sufre la población afroamericana: el encarcelamiento masivo por cargos de posesión de cantidades mínimas de esta droga de uso lúdico.

Refiriéndose tanto a los candidatos individuales como a las victorias en varios estados en torno a la implantación de salarios mínimos, los co-directores de People Action LeeAnn Hall y George Goehl dijeron: “Estas victorias son un rechazo a la estrategia de Trump de dividir y conquistar a las personas trabajadoras a través de los discursos de raza, clase y género”.

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Trump y el conflicto global

12/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Por: Isidro López

La victoria de Trump tiene una consecuencia política inmediata, traducible a nuestro contexto político sin demasiado problema: la búsqueda del centro político como base de una victoria electoral, ese adagio politológico que hemos soportado durante años, está muerta y enterrada.

                                 
                                     Protesta contra Trump en Dallas, Texas, en junio de 2016. 

Ha sucedido. Un promotor inmobiliario racista, xenofóbo y machista ha ganado la presidencia de la que, por ahora, sigue siendo la potencia hegemónica del capitalismo global.

Ahora asistimos al llanto y del crujir de dientes de las democracias liberales de medio mundo. “¿Cómo ha podido pasarnos esto? Si estaba todo atado y bien atado”. Lo cierto es que en una comprensión medianamente cabal de la situación actual –que no sólo es Trump, sino también el Reino Unido post Brexit y el giro reactivo de un gran número de países centroeuropeos– dependen las posibilidades de devolver el golpe en una era de profundisima crisis que está marcada por la decadencia a la que ha llevado al capitalismo un modelo financiero que no es capaz de construir nada que no sea su propio beneficio. Una era turbulenta y de la que saldrá otro modelo de mundo, pero que no lleva inscrita en lugar alguno, que no esté sometido al combate político, la marca de un cierre reaccionario inevitable.

Por empezar por las determinaciones estructurales más amplias, Estados Unidos emergió como potencia hegemónica en sustitución de Inglaterra, en buena parte, debido a su tamaño como economía continental. Donde Inglaterra necesitaba de una permanente conquista colonial para expandir su dominio económico, el Estados Unidos de mediados del siglo XIX ya tenia una unidad territorial de tamaño continental bajo un mismo sistema político de Estado-nación.

La Guerra de Secesión fue el último episodio antes de unificar a los Estados Unidos bajo una misma división del trabajo en la que entraban en un mismo modelo la expansión de la economía agrícola, el crecimiento de la manufactura capitalista y el desarrollo de las funciones financieras.

No deja de ser curioso que este último conflicto interno antes del despegue definitivo de los Estados Unidos fuera una batalla entre librecambistas y proteccionistassimilar a la que quiere abrir Trump. Con esta configuración de economía continental, Estados Unidos se aseguraba de que su dominio a nivel global estuviera fundamentado en su superioridad económica y no necesitaba del tipo de dominación colonial permanente de Inglaterra. El nuevo hegemon se podía permitir controlar el mundo a distancia, siempre bajo la amenaza de la intervención militar, pero defender formalmente la expansión de la autodeterminación, la descolonización y la democracia liberal.

La crisis de los años 70 –que fue fundamentalmente una crisis del beneficio industrial a nivel global– y la salida por la vía de la hegemonía de las finanzas que le siguió rompieron esta integración del modelo económico americano.

De la misma manera que la reestructuración liberal de la empresa y del Estado, hecha bajo los principios canónicos de las finanzas, supuso un desmembramiento entre partes rentables y no rentables de lo que habían sido los grandes conglomerados económicos de los años posteriores a la guerra mundial, Estados Unidos iba a sacrificar sus partes agrícolas y manufactureras al nuevo mercado mundial pero por la vía de la hegemonía financiera de Wall Street y otros mercados como los de materias primas de Chicago confiaba, y así lo ha venido logrando, en centralizar en forma de activos financieros y monetarios el beneficio producido en todo el mundo.

El resultado de este movimiento fue que, socialmente, el antiguo país faro del progreso social capitalista se resquebrajó en dos mitades: una situada en las dos costas y en algunos enclaves del sur vinculadas a los mercados financieros y a los sectores que salieron a flote con ellos, fundamentalmente las grandes universidades y el conglomerado de industrias de alto contenido tecnológico y de diseño relacionadas con estas universidades.

Y otra mitad, que cae fuera de este modelo, vinculada a la industria manufacturera y la agricultura de exportación en decadencia sometida a la feroz competencia global que marca una crisis de beneficios en estos sectores que sigue sin ser superada desde los años setenta.

Esta crisis, si acaso, se ha agravado con la entrada de nuevos competidores procedentes de Asia y los antiguos países “en vías de desarrollo” que, no hay que olvidar, crecen bajo la forma de la exportación del propio capital, a crédito, en no pocas ocasiones estadounidense.

Esta fractura estructural de Estados Unidos ha sido tan profunda que, hoy por hoy, ni siquiera puede plantearse una política monetaria que favorezca a ambas partes: si el dólar baja para favorecer las exportaciones, provoca una huida de activos financieros denominados en dólares de sus mercados financieros; y si sube, cosa que ha sido la tónica desde 1973, salvo en el decenio 1985-1995 en que, por la vía de las guerras comerciales, EEUU obligó a Japón y a Alemania a reevaluar sus monedas, se produce un movimiento inverso, la ruina de la manufactura y la agricultura y el florecimiento de los mercados financieros.

La hegemonía del neoliberalismo y las finanzas, además, funciona sobre un mandato inexcusable: el control salarial. En Estados Unidos, los salarios reales llevan estancados desde hace decenios. Si, además, se tiene en cuenta que hay un sector minoritario de superasalariados que sí han visto crecer sus ingresos desde los años 80, se puede entender que las grandes mayorías sociales simplemente han visto cómo su poder adquisitivo descendía mientras el de una minoría no dejaba de crecer.

Este dato suele pasar desapercibido entre los analistas mainstream que, simplemente, se fijan en los niveles de desempleo en Estados Unidos, tradicionalmente bajos, para decretar la buena salud de su economía.

Sin embargo, todo el entramado social de Estados Unidos está pensado para ser unasociedad en crecimiento y en expansión permanente, desde los precios de las universidades hasta la sanidad privada pasando por el precio de la vivienda en las grandes ciudades dependen de una expansión salarial permanente para poder ser viables.

En ausencia de este crecimiento salarial, lo que queda es otra forma de dominio financiero: la deuda. Hasta la explosión en 2007 de este modelo de endeudamiento generalizado, las burbujas financieras y su modelo de consumo a crédito que mantuvo viva la demanda mundial, fueron el último cartucho del capitalismo financiero americano para construir algo remotamente parecido a un orden social capaz de sostener a la famosa clase media americana.

Los años de Obama, y la frustración en terminos materiales que han supuesto, pueden ser vistos como el intento final de la progresía americana para recomponer el orden social sin tocar la hegemonía financiera

Vistos estos años en conjunto, ha sido la derecha norteamericana, y contra todos los pronósticos esperables a priori, quien mejor ha leído políticamente esta brecha. Los años de Obama, y la frustración en términos materiales que han supuesto, pueden ser vistos como el intento final de la progresía americana para recomponer el orden social sin tocar la hegemonía financiera.

Atascado en su proyecto estrella para ampliar la sanidad pública, el Obamacare, y otra vez más dependiente del anémico y financiarizado crecimiento económico que ha traído el Quantitave Easing de la reserva federal americana, y con todos los proyectos iniciales de un keyenesianismo verde de renovación y construcción de infraestructuras de acuerdo con criterios de sostenibilidad ambiental postpuestos sine die, el mandato de Obama, rico en simbolismos y gestos, ha hecho poco por suturar esta brecha.

Dentro de este panorama, Trump ha profundizado algunos elementos, ha descartado otros y ha añadido aún otros más a lo que han sido los elementos centrales de la contrarrevolución neoconservadora americana que de manera tan elocuente describió el periodista Thomas Frank en su ya clásico Qué Pasa con Kansas: cómo los conservadores ganaron el corazón de América (Acuarela, 2004).

Frank describe un estado de opinión, algo parecido a una lucha de clases distorsionada en la que los enemigos del “sano pueblo americano” del medio oeste, esa mitad de Estados Unidos desposeída por el capitalismo financiero de Wall Street, son los beneficiarios progresistas y de alto nivel cultural de este modelo que viven en las grandes ciudades de ambas costas, y, cómo no, los burócratas de Washington que con sus absurdas regulaciones quieren decir a los descendientes de los pioneros y los colonos cómo deben vivir, amén de querer extraerles vía impuestos sus duramente ganados dólares para dárselos a una minoría de vagos no blancos de las grandes ciudades.

Todo un movimiento social como el Tea Party se articuló sobre esta mezcla del discurso de las “dos naciones” de Margaret Thatcher (una nación de honrados trabajadores y otra de parásitos) y de resentimiento provocado por años de superioridad moral de los sectores sociales con un mayor capital simbólico, los liberals, que en el lenguaje político folk americano no son liberales, sino el equivalente de nuestros progres.

Trump ha reavivado, sin duda, esta ola, si bien ha renunciado a los elementos propiamente liberales dentro de ella, y con ellos se ha llevado algunos de los poquísimos factores progresivos de este modelo, y los ha enmarcado dentro de un modelo conservador autoritario.

Por un lado, como también intentaron hacer Occupy Wall Street y Bernie Sanders, ha logrado llevar a su terreno la tradición populista americana, que es una tradición de oposición encarnizada a las finanzas. Un populismo no necesariamente izquierdista, de hecho mayoritariamente no lo ha sido, que opone a la pequeña propiedad endeudada a los grandes intereses financieros y que tuvo su gran momento de emergencia a finales del siglo XIX con la oposición popular a los llamados Robber Barons que lideraban los grandes trust y cárteles monopolistas de la época desde el control de los grandes bancos americanos.

De hecho, al contrario de lo que sucedió en Europa, si la izquierda sindical americana vivió un momento de extraordinaria fuerza en los primeros años del siglo XX fue porque se opuso a este modelo de contestación social y lo sustituyó por un modelo de movilización y polítización de la clase obrera industrial.

Pues bien, la recuperación de esta tradición por parte de Trump le ha hecho ser capaz de superar uno de los límites de los neocons clásicos, la ausencia de crítica al establishment financiero. Si a éste se le opone una candidata que, además de progre, es la favorita de las grandes casas de finanzas americanas, algo que no sucedía con Bernie Sanders, la jugada sólo podía ser favorable a Trump. Aunque esto, por supuesto, tenga poco que ver con las relaciones que establezca Trump con el poder financiero una vez que esté en la Casa Blanca.

Otro aspecto político, quizá el mas decisivo en esta campaña y en las primarias, ha sido la adopción por parte de Trump del discurso proteccionista. Del rechazo de uno de los grandes consensos bipartidistas de Estados Unidos desde finales de los años 60 y, muy especialmente, desde la crisis de 1973 en adelante, el libre comercio internacional.

En un clásico del repliegue nacionalista posterior a las crisis financieras globales, Trump promete una vuelta a la industria nacional y un cierre de las fronteras a la producción manufacturera interna, fundamentalmente asiática, y también a la producción agrícola del tercer mundo.

Este punto, sin duda, es otra forma de enfrentamiento con el poder financiero americano que ha organizado y regulado la forma de las deslocalizaciones y, su contrapartida, de atraer el voto y las simpatías de las antiguas clases obreras industriales que le han dado su apoyo en el antiguo cinturón industrial, el Rustbelt, que va desde los Apalaches a los Grandes Lagos.

La mejor y más conocida ejemplificación de su decadencia es el fantasmagórico aspecto de un Detroit abandonado por la inversión, las clases medias blancas y depredado hasta sus últimos recursos por unas finanzas que dominan a un gobierno local en bancarrota.

Estos Estados, antiguos bastiones democrátas y sindicales (Michigan, Ohio, Pennsylvania) han sido fundamentales para cimentar la victoria de Trump. Sin embargo, esta baza política puede tener las piernas bastante cortas: es muy dudoso que Trump vaya a lanzarse a un programa completo de vuelta al proteccionismo, unas políticas pensadas fundamentalmente para la industria naciente antes que para la recomposición de lo que la deslocalización ha descompuesto, ya que el nivel de conflicto con las finanzas sería demasiado alto para ser asumido. Pero incluso si tal ingeniería social se afrontase, es muy dudoso que en un contexto capitalista caracterizado por la debilidad del beneficio industrial, esta estrategia pudiera dar rendimientos duraderos.

El anverso clásico del proteccionismo es el cierre de fronteras y el control migratorio. Sin duda mezclado, muy a la manera de la nueva derecha reactiva europea, con los tópicos de la guerra contra el terrorismo, especialmente contra los musulmanes, éste ha sido uno de los puntos centrales de la campaña de Trump.

La contrapartida del librecambismo americano siempre ha sido una apertura más o menos relativa del país a la inmigración. Históricamente, desde la caída del modelo librecambista en los años treinta del siglo XX, Estados Unidos ha entendido esta apertura como una especie de forma de redistribución de la riqueza que compensaba en parte el fortísimo desarrollo desigual que generaban sus políticas imperialistas.

Por supuesto, esto sucedía en momentos de altísimos niveles de crecimiento que iban demandando sucesivas oleadas de migrantes que mantenían bajos los niveles salariales menos cualificados. Como ha sucedido en Europa, el cierre reactivo nacionalista es expresión directa de la profundidad de la crisis global, un “no hay para todos” que expresa la incapacidad del capitalismo actual para generar una riqueza que hace sólo cuarenta años se daba por descontada y que se manifiesta en forma de “guerra entre pobres”.

Sin embargo, hay muchos motivos para pensar que en Estados Unidos este cierre reactivo sobre sí mismo va a ser mucho menos efectivo que en los países de la Europa del Este y central. El primero de ellos es de corte político: en Estados Unidos el problema de la fragmentación racial del mercado de trabajo, del uso del origen étnico de la fuerza de trabajo para reducir costes salariales, no es sólo un problema migratorio sino que afecta directamente al estatus político y social de las llamadas minorías hispanas y afroamericanas, perfectamente norteamericanas.

El programa de máximos de Trump no se va a cumplir: no se va a construir un muro en la frontera con Mexico, y menos pagado por México, y no se va a expulsar masivamente a los millones de migrantes irregulares que sostienen la economía norteamericana

En este sentido, Trump tendrá que enfrentarse con la fuerza de un movimiento como Black Lives Matter que hoy por hoy es posiblemente la manifestación de movimiento más fuerte de Estados Unidos. En lo que toca a los aspectos puramente migratorios, podemos estar completamente seguros de que el programa de máximos de Trump no se va a cumplir, no se va a construir un muro en la frontera con Mexico, y menos pagado por México, y no se va a expulsar masivamente a los millones de migrantes irregulares que sostienen la economía norteamericana.

Lo que evidentemente sí va a suceder es que se van a endurecer las condiciones de vida para estos millones de ilegales, su integración social se va a complicar enormemente y sus, de por sí miseros, salarios van a bajar aún más. Si hay un sector social que sí va a sufrir un gobierno de Trump ése es el de los migrantes irregulares, veremos qué formas de lucha y resistencia genera esta situación.

Trump ha rescatado, sobre todo a lo largo de su campaña frente a Hillary Clinton, las famosas guerras culturales, que definieron el enfrentamiento entre neocons y progres a lo largo de los años 90 y de principios de los 2000.

Quizá este momento haya sido su momento de mayor virulencia desde que existe un marco político que invierte los valores de las clases urbanas educadas de las dos costas, para convertirlos en armas políticas contra esos mismos sectores.

En un sentido extraordinariamente perverso pero efectivo, las sucesivas acusaciones de violación de Trump o sus insultos a casi todos los grupos étnicos que viven en Estados Unidos, lejos de pasarle factura, han sido vistos por sus votantes como una manera de vengarse y golpear al feminismo y el multiculturalismo de los “privilegiados” progres urbanos.

La respuesta más o menos automática, de estos sectores calificando de “analfabetos”, “paletos” o, simplemente, “imbéciles” a los votantes de Trump no hace sino reforzar esta dinámica de guerra cultural. “Somos imbéciles, pues aquí tenéis a nuestro imbécil para gobernaros” parece ser la declaración de los sectores relegados que han aupado a Trump a la presidencia.

Las guerras culturales no son, ni mucho menos, un asunto puramente norteamericano. Las hemos visto en pleno funcionamiento durante el referéndum del Brexit y las hemos visto en España, a nivel macro durante los gobiernos de Zapatero, y a un nivel local durante el primer año de gobierno carmenista en Madrid.

Haríamos bien, tanto aquí como en otros contextos, en tomar nota de las vías de escape de esta especie de bucle que convierte las demandas de igualdad económica, de genero y racial en una especie de capricho privilegiado progre. Por supuesto, poner el foco en las condiciones económicas y materiales de las mayorías sociales ayuda a escapar de este marco. Un enfoque que, desde luego, alguien como Hillary Clinton, o más generalmente el mainstream del Partido Democráta es incapaz de hacer creíblemente.

Para las posiciones igualitarias –de clase, de raza y de género– es fundamental desvincular nuestras demandas políticas del marco cultural progre y de sus políticas de gestos para imbricarlas en las luchas materiales

De hecho, poner como candidata a alguien como Hillary Clinton que resume sobre sí todas las miserias del mainstream progre es poco menos que aceptar gustosamente este marco y dar una ventaja casi insalvable a la derecha. De hecho, si en estas elecciones la victoria de Trump se ha cimentado sobre la abstención de sectores en principio contrarios a él, tanto como por el voto de sus sectores favorables, es sin duda, por el escepticismo que genera una figura del establishment como Hillary Clinton. En general, y ésta es muy probablemente la lección de estas elecciones, para las posiciones igualitarias –de clase, de raza y de género– es fundamental desvincular nuestras demandas políticas del marco cultural progre y de sus políticas de gestos para imbricarlas en las luchas materiales.

Como también ha venido sucediendo en otras elecciones recientes, la victoria de Trump muestra a las claras otra crisis: la de la politología mainstream y la de los sondeos demóscopicos. Crisis que no deja de ser, también en Estados Unidos, un reflejo de la profunda crisis de la política representativa.

En un momento de descomposición social y política abierta en medio mundo, las encuestas y los politólogos han demostrado su total incapacidad para leer la situación actual.

Las encuestas demoscópicas muestran imágenes de estados ya superados, fotografías del pasado, de las corrientes sociales de fondo en las sociedades capitalistas occidentales.

Desde luego, un saber orientado a interpretar las preferencias políticas de las clases medias en situaciones de alta estabilidad, fundamentalmente la de los contextos capitalistas de los años del keynesianismo-fordismo de posguerra se resiente necesariamente de la crisis de la clases medias, una crisis que no sólo afecta a las posiciones materiales de los estratos centrales, sino también y de forma más importante en términos políticos, a las representaciones que la clase media tiene sobre sí misma y que la constituyen como tal.

La búsqueda del centro político como base de una victoria electoral, ese adagio politológico que hemos soportado durante años, está muerta y enterrada

Esto tiene una consecuencia política inmediata, traducible a nuestro contexto político sin demasiado problema, la búsqueda del centro político como base de una victoria electoral, ese adagio politológico que hemos soportado durante años, está muerta y enterrada.

Cuanto más extremo y radical sean las posiciones, más posibilidades electorales tiene.

Desde luego, no vale cualquier posición extrema y radical, pero desde una posición demócrata radical este esclarecimiento de nuestras posiciones y demandas se debe hacer por vías organizativas capaces de incorporar líneas estratégicas desde los sectores más activos socialmente y nunca mediante la interpretación de unas encuestas demoscópicas que, ahora mismo, han dejado de ser fiables. Y esto vale tanto para EE UU como para la realidad política española.

Volviendo a Estados Unidos, este país hegemónico en el orden capitalista es la mejor representación del desmoronamiento del orden capitalista global al que estamos asistiendo. Aunque la victoria de Trump sea claramente un giro reaccionario, Estados Unidos es un país en pleno conflicto político.

No sólo tuvo allí lugar, con una enorme repercusión global, el movimiento Occupy Wall Street, que señalaba al corazón del modelo financiero como una máquina de generar desigualdades y sumisión a sus intereses mediante el endeudamiento masivo.

La campaña de primarias de Bernie Sanders, que recogía mucha de la energía política del OWS, estuvo muy cerca de conseguir la nominación a candidato presidencial, y de hecho no lo hizo porque su partido, el demócrata, lo consideró mucho menos “centrista” que Hillary Clinton, con los resultados ya vistos en la madrugada del miércoles.

Por lo demás, Estados Unidos es un país extraordinariamente rico en movimientos sociales autoorganizados que, en no pocas ocasiones, se centran en demandas locales muy concretas con un nivel de pragmatismo y eficacia bastante notable. Que el Partido Demócrata haya sido capaz, veremos si es la última vez, de captar esta dinámica social de contestación y llevarla a su molino de la representación no ha hecho más que acelerar la crisis de la representación en Estados Unidos, pero no ha anulado esta energía política.

Podemos esperar, sin pasarnos de optimistas, que dado el corto recorrido macroeconómico que tendrán las apuestas de Trump y su casi seguro enfrentamiento con los sectores hispanos y afroamericanos, esta conflictividad social volverá a emerger más pronto que tarde.

Estamos en una coyuntura de lucha abierta en medio mundo para definir cómo va a ser el mundo del futuro. Un futuro que ya no va a estar marcado por la fuerza progresista del capital, es decir, el capitalismo, fundamentalmente financiero hoy, no va a ser capaz de organizar nuestras sociedades y orientarlas hacia un horizonte de futuro.

El que esta coyuntura tenga una salida reaccionaria de nuevo dominio oligárquico, cierre de grupos sociales y países sobre sí mismos o una salida que cuestione y supere el orden financiero y lo sustituya por otro de redistribución de la riqueza y derechos a nivel global será el resultado de cómo resulten estas luchas.

En España, tenemos sin duda, la responsabilidad, sobre todo dentro del marco europeo aunque también en términos globales, de haber sido uno de los pocos lugares donde, gracias al 15M, la ola reactiva que ha tomado la delantera política en muchos otros lugares no ha tenido apenas efecto.

Esto, desde luego, está lejos de vacunarnos contra fenómenos de este estilo en el futuro, de la misma manera que en Estados Unidos, Reino Unido o Francia, la delantera de la derecha reactiva y xenofoba se puede revertir, puede suceder aquí.

Desde luego si Podemos, que hoy por hoy es quien ostenta esta responsabilidad, no la asume con radicalidad y ambición, nuestra posición en el conflicto global, y también en nuestra propia batalla interna, se resentirá gravemente.

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Entrevista a Sharon Smith:   “Trump encontrará resistencia conforme vaya desvelando sus políticas reaccionarias”

12/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

 Fuente: Diagonal

 

Entrevistamos a Sharon Smith, activista estadounidense, feminista y dirigente de la Organización Socialista Internacional, sobre Donald Trump, el ‘establishment’ político y los movimientos en Estados Unidos.

                              
Sharon Smith en la Universidad de Atenas.

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Sharon Smith es activista y escritora de varios libros, entre ellos Subterranean Fire: A History of Working-Class Radicalism in the United States y Women and Socialism: Class, Race, and Capital. Vive en Estados Unidos, es feminista y dirigente de la Organización Socialista Internacional (ISO, por sus siglas en inglés). Sus artículos se publican a menudo en las revistas International Socialist Review y Counterpunch. Sharon Smith e ISO apoyaron la candidatura del Green Party, Jill Stein, como la única alternativa radical a los dos grandes partidos. Encontramos a Sharon Smith en Atenas, en el mitin internacional de izquierda anticapitalista que organizó Rproject, y hablamos con ella sobre los acontecimientos en Estados Unidos y los movimientos sociales.

¿Por qué ha ganado Trump las elecciones?

Desgraciadamente, sabíamos que era una posibilidad porque la carrera estaba muy disputada y por el carácter antidemocrático del sistema electoral estadounidense, conocido como Colegio Electoral. Cada uno de los 50 Estados tiene una elección individual, generalmente con un resultado de “el ganador se lo lleva todo”. Esto significa que es posible ganar el voto popular a nivel nacional y a la vez perder las elecciones. Así es que, aunque Hillary Clinton ganó el voto popular, perdió las elecciones con un margen considerable. Ésta es la segunda vez que pasa desde el año 2000, cuando Al Gore ganó el voto popular pero perdió frente a George W. Bush.

No hace falta decir que éste es un giro desastroso de los acontecimientos. Trump prometió eliminar el aborto legal. Es contrario a las regulaciones medioambientales. Es partidario de rebajar los impuestos a las corporaciones. La lista es muy larga, de manera que puede rebajar más los estándares de vida de la clase trabajadora en Estados Unidos. Su abordaje de la política internacional es peligroso, tanto a nivel económico como militar. Además, con los republicanos controlando firmemente tanto el Senado como la Cámara de Representantes, podrá recibir la aprobación para algunas de sus excéntricas iniciativas.

Al mismo tiempo, en los últimos dos días ha habido protestas en todo el país en las que muchos de los jóvenes que apoyaron a Bernie Sanders están ahora expresando su indignación con Trump y expresando solidaridad entre mujeres, musulmanes, inmigrantes mexicanos, LGTB y la clase trabajadora. Sospecho que conforme Trump vaya desvelando sus políticas reaccionarias en los próximos meses, irá encontrando resistencia a ellas y también veremos un deseo creciente de tener nuestro lado de la lucha mejor organizado. El interés en el socialismo que se despertó durante la campaña de Bernie Sanders ha revivido con fuerza en los últimos dos días a la vez que la perspectiva de la presidencia de Trump demuestra la urgencia de construir una alternativa política.

¿Cómo surgió Trump en la escena política?

Trump no apareció de un día para otro. Es el resultado de muchos años de desplazamiento cada vez más a la derecha del Partido Republicano. Pero, aun así, para muchas y muchos de nosotros ha sido un shock y una evolución muy peligrosa.Cuando Trump anunció su candidatura todos reímos. Y de repente inicia su campaña y empieza a concentrar masas. Y en sus actos preelectorales, por ejemplo, el Ku Klux Klan distribuía octavillas políticas pidiendo a los blancos que no votaran a Hillary Clinton porque ella llamaba a los negros a matar a los blancos. Además, había seguidores de Trump armados en el día de las elecciones en los colegios electorales donde votan negros e inmigrantes para “controlar la situación”. En uno de sus actos apareció un activista negro para protestar y él pidió al público que lo golpeara. Cuando lo hicieron ofreció su apoyo económico para los gastos judiciales a los que se enfrentaban por la denuncia que hizo el activista.

Su campaña quedó fuera de control de una manera impensable. Desafortunadamente su discurso violento se demostró atractivo, ya que el clima en Estados Unidos era muy polarizado y porque todos estaban hartos de corrupción y desigualdad. De hecho él aprovecho los miedos de la clase media blanca y de una parte de la clase trabajadora blanca. Es el equivalente de Bernie Sanders, excepto que él había ofrecido una solución de izquierdas a la ira y no una solución de derechas.

¿Estamos también ante un cambio del Partido Republicano hacia una identidad más populista y de ultraderecha?

Estamos frente a algunas contradicciones. Es verdad que el establishment del Partido Republicano estaba bastante sorprendido de que el desplazamiento constante hacia la derecha diera como resultado el fenómeno Trump. Eso condujo a muchos dirigentes republicanos, entre ellos la familia Bush, a apoyar a Hillary Clinton. Pero también hay que tener en cuenta que son muchos los dirigentes que apoyan a Trump. En el liderazgo hay una división que no sabemos qué dará en la época postelectoral. En realidad el populismo no es un fenómeno nuevo en Estados Unidos. Empezó en los ochenta cuando apareció la derecha cristiana, una corriente política que tenía como batalla principal la lucha contra los abortos, la pena de muerte, la bomba de neutrones que eliminaría solamente personas y no edificios, y tenía en su cúpula a personalidades muy extremistas, fundamentalistas cristianos. En la década actual aparece también el Tea Party, menos religioso y más un partido clásico, ultraderechista y populista. Todos esos fenómenos coexisten y la derecha los aprovecha según los desafíos políticos.

¿Cómo es recibido el discurso misógino y sexista de Trump por la sociedad, pero sobre todo por las propias mujeres? Y, por supuesto, su racismo, su discurso xenófobo.

Hubo algo bueno en todo esto. Que su discurso brutal cuando alardeaba de sus acosos sexuales hacia muchas mujeres despertó el miedo de los contrarios a su ideología. Por ejemplo, con las acusaciones de acosos sexuales, mujeres en todo el país que han sido víctimas de la violencia machista han empezado a hablar sobre sus propias experiencias. Es como si fuera un despertar sobre cómo las mujeres son tratadas en la esfera pública y sobre cómo hasta ahora esa violencia contra las mujeres ha sido aceptada en Estados Unidos. Lo mismo ha pasado con el racismo, que era dominante en la campaña electoral de Trump. Eso también ha producido una resistencia y una creciente conciencia sobre el racismo contra los negros, y la violencia policial, por el movimiento Black Lives Matter. Y no podía ser menos, porque tenemos un presidente que en su primer acto preelectoral afirmó que los inmigrantes mexicanos son violadores y traficantes de drogas, y que como presidente prohibiría la presencia de musulmanes en los Estados Unidos. El día de su elección tuvimos manifestaciones de miles de personas en todo el país.

¿Si Trump usa el odio como herramienta política, cuáles son los sentimientos que Hillary provoca?

Hillary provoca asco. Ella forma parte del establishment desde hace tres décadas. Ella y Bill Clinton representan el sector demócrata del neoliberalismo. Durante los mandatos de Clinton y Obama lograron imponer silencio a los movimientos sociales con la amenaza de que siempre hay algo peor: los republicanos. Es por este motivo por lo que no hemos tenido un cambio radical y una alternativa en Estados Unidos durante décadas. Es por eso por lo que necesitamos un tercer partido. En el caso de Hillary y Bill, una pareja corrupta hasta más no poder, que vive en el lujo, han aparecido muchos escándalos. Los correos desaparecidos durante la época en que ella era ministra, y además el origen de los fondos de la Fundación Clinton. Es por eso que su campaña no despertó ninguna inspiración. Además, Clinton es aún más militarista que Obama, que es el presidente de los drones. Porque Obama prefería bombardeos más silenciosos, si me permite usar esa palabra. Más silenciosos al menos a los oídos de los estadounidenses. Pero Clinton no quería esconderlo. En la conferencia de los demócratas perdí la cuenta de cuántos generales tenía a su lado en el escenario. Entonces no provocaba sentimientos fuertes. Era más de lo mismo.

En el caso de Estados Unidos vivimos una contradicción. Ha habido un presidente negro y la candidatura de una mujer a la presidencia. Pero aunque estas identidades escapan de lo habitual, tenemos una política que sigue siendo la de siempre.

Yo creo que hay una identidad que no cambia y es que para ser presidente de Estados Unidos tienes que ser al menos millonario y además tener relaciones con grandes empresas y financieros, es decir, con la burguesía. Es ésta una de las razones por las que Hillary Clinton no ha ilusionado a la gente como candidata femenina. Con Obama era diferente. Para ser honestos, tener un presidente negro en un país que cuenta siglos de esclavitud era chocante. En el caso de las mujeres es diferente. Sí teníamos mujeres en el poder. Madeleine Albright, que en los 90 supervisaba el hambre de 500.000 niños en Iraq, y después Condoleezza Rice, y por supuesto Hillary Clinton, que es más un robot que una persona con un sexo específico o cualquier sexo en general.

¿Y qué pasa con el fenómeno de Sanders o la candidatura alternativa de Jill Stein?

El fenómeno Sanders es fruto de la polarización, igual que Trump. Sanders provocó esperanzas no sólo entre la gente de izquierda, sino también en sectores más amplios de la sociedad. El problema es que Sanders pretendía ser candidato de los demócratas. Debería haber sido natural para la juventud que lo apoyaba votar automáticamente a Jill Stein, la candidata de los Verdes. Pero no fue el caso. Debería haber sido natural porque él dijo que era socialista y porque se oponía al establishment del partido. Pero al final eso no sucedió. En realidad Sanders confundió mucho a sus partidarios. Porque apoyó a Hillary. Fue él quien le dio simbólicamente la confirmación cuando empezó su campaña. Estaba a su lado durante toda la campaña preelectoral. Sí tenemos una radicalización en un sector de la sociedad, pero al final lo que predominó era la lógica del mal menor, el sentimiento de miedo en lugar de la esperanza.

¿Hay alguna noticia de lucha que deba llegar hasta Europa?

Son muchas. Muchísimas. Poco antes hice referencia a Black Lives Matter, también hace poco años teníamos la huelga de los maestros y la Fight for 15 de los trabajadores de los establecimientos de comida rápida. Justo ahora hay una lucha que está durando mucho, es la lucha en Standing Rock. Es una lucha magnífica tanto en participación como en dinámicas. Los indios de América, entre ellos muchas mujeres, y miles de personas, están luchando para que no pase el oleoducto por Dacota del Norte. El Estado está respondiendo de la manera clásica, militarmente, con centenares de detenciones, tratando de eliminar el movimiento. Hasta ahora no lo ha logrado. En general diría que la conciencia de clase ha aumentado drásticamente, pero las huelgas están en niveles históricamente bajos. A pesar de las ideologías, un elemento que falta es la autoestima si consideramos que hemos pasado cuatro décadas de retiradas, capitulaciones y derrotas. Esto es un deber para la izquierda en Estados Unidos: recuperar esta autoestima y las ganas de luchar.

Tú eres autora de un libro y bastantes artículos sobre feminismo y las luchas de las mujeres en Estados Unidos. ¿Qué te han parecido las grandes manifestaciones que ha habido últimamente en Polonia, en Argentina contra la violencia machista y las leyes sexistas? ¿Tienes noticias del Estado Español en este terreno?

Lo de Polonia ha sido fantástico, una lucha verdaderamente masiva. Y además ganaron. Lo que pretendían los gobernantes no era solamente aprobar una ley tan bárbara, sino penalizar a las mujeres. Pero la participación y la indignación han sido increíbles. En Polonia, en Argentina, en Islandia, en España, las mujeres han empezado a hablar. Y están enfadadas. Y hacen que nuestras vidas se convierten en portada en todo el planeta. En Estados Unidos falta un movimiento feminista en este sentido. Tenemos un movimiento de LGBTQ bastante fuerte que ha logrado el derecho al matrimonio, pero no con las mujeres. Quizás ahora con el despertar ideológico que provocó la aparición de Trump cambiarán las cosas. El cambio de conciencia es el preludio de la acción, ¿no? Pero hay algo más que nos ha preocupado y producido mucho debate dentro de los movimientos. En los últimos años en los Estados Unidos, y en general en los países más desarrollados de Occidente, como Inglaterra, Francia etc., han aparecido las llamadas políticas identitarias: la lógica que se enfoca al individuo y la identidad personal. No tenemos tiempo de analizarlo, pero yo quería dar énfasis a otro elemento que falta de estos movimientos, que es la solidaridad y el sentido de unidad. Si Bernie Sanders ha hecho algo es que provocó y creyó en este sentido de unidad entre las capas oprimidas. Por ejemplo, mucha gente está metida en la campaña de Solidaridad Negra con Palestina. Es un ejemplo estupendo. Tenemos un regreso a este sentimiento de que si tocan a una, nos tocan a todas, y ésta sí que es una buena noticia.

Publicado en: Global

Dos mundos separados

12/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

Durante una importante reunión del Consejo de Seguridad de la ONU realizada el 28 de octubre –reunión que la prensa occidental ha preferido no mencionar–, Estados Unidos se negó a aceptar que la ONU coopere con las organizaciones regionales en las que figuren Rusia y, de hecho, China. Al negarse a aceptar toda cooperación con esos países, negándose por consiguiente a aceptarlos como iguales, Washington opta por la división del mundo en dos bandos y pone fin a la globalización económica.

 
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Estados Unidos se negó, el 28 de octubre de 2016, a aceptar que la ONU trabaje con la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), representada en esta imagen por su secretario general, el tayiko Rachid Rashid. ¿Por qué? Porque Rusia es miembro de esa organización regional. La OCS representa más del 40% de la población mundial.

Moscú convocó una reunión especial del Consejo de Seguridad de la ONU, realizada el 28 de octubre de 2016, sobre las posibilidades de cooperación entre la ONU y las organizaciones regionales. Como presidente del Consejo de Seguridad, el embajador Vitali Churkin había invitado a los secretarios generales de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), el ruso Serguei Ivanov; de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), el general ruso Nikolai Bordyucha; y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el tayiko Rashid Alimov.

Los tres secretarios generales expusieron ante el Consejo de Seguridad el trabajo que realizan esas organizaciones: la CEI se ocupa de la cooperación entre los Estados de la antigua Unión Soviética; la OTSC es una alianza militar; y la OCS trabaja a favor de la cooperación regional para estabilizar el Asia Central. Y resaltaron sus aportes a la ONU en la lucha contra el tráfico de droga y contra el terrorismo, dos temas que la retórica internacional señala unánimemente como prioritarios en momentos en que todos saben que son dos males generados y controlados por Estados Unidos.

Todo había comenzado bien y los embajadores de los países miembros del Consejo de Seguridad se felicitaban por aquella bocanada de aire fresco. Pero el clima de la reunión cambió drásticamente con las intervenciones de los embajadores de Ucrania y Estados Unidos. Para evitar que esas tres organizaciones vengan a modificar el actual monopolio de la OTAN y la Unión Europea, los representantes de Ucrania y Estados Unidos acusaron a Rusia de todo tipo de crímenes y denunciaron las tres organizaciones regionales como pantallas del expansionismo ruso. La embajadora de Estados Unidos concluyó que no es por consiguiente posible plantear ningún tipo de cooperación entre la ONU y esas organizaciones, entre las que se encuentra la Organización de Cooperación de Shanghai, lo cual equivale a rechazar también la cooperación con China.

Se reedita así la posición que el mundo ya pudo verse anteriormente durante la conferencia Ginebra 2: en teoría, todos están unidos contra el terrorismo; pero en realidad, Washington no considera el terrorismo como una prioridad y da más importancia a las exigencias de su propio imperialismo. La diferencia es que en esta reunión del Consejo no se trataba de agredir a Siria. Lo que Washington acaba de hacer es asestar una bofetada a Rusia y China.

Así paga el mundo la enorme ambigüedad que rodea la lucha contra el terrorismo desde el año 2001. Y es importante recordar que el terrorismo no es un enemigo sino una forma de lucha a la que recurre el enemigo.

Washington cierra, por lo tanto, la única puerta de salida que se le mantenía abierta. La administración Obama se niega así a reconocer el desarrollo de Rusia, primera potencia militar en materia de guerra convencional, y de China, la primera potencia económica. Se niega a permitir que se modifique la organización unipolar del mundo impuesta a partir de la operación «Tormenta del Desierto», en 1991, y prosigue sus guerras en el Levante y Ucrania solamente para cortar las dos vías de abastecimiento terrestre de China hacia Europa occidental.

Como está consciente de que su posición es insostenible a corto plazo y no desea una guerra mundial, Washington se prepara para dividir el mundo en dos bandos. Pero tampoco quiere un regreso a la guerra fría, donde el mundo era una sola entidad que contaba con dos administraciones. Lo que Washington desea es una nueva estructuración: de un lado, un mundo unipolar gobernado únicamente por Estados Unidos; del otro lado, Estados independientes e insumisos que cooperan entre sí alrededor de Rusia y China; y la menor cantidad posible de contacto entre esos dos mundos. Esta estructuración implica el fin del libre comercio mundial, el fin de la organización del comercio a escala mundial, el fin de la globalización económica y, por consiguiente, un gigantesco retroceso.

Si Washington persistiera en marchar en esa dirección, tendría que acabar retirándose militarmente de Siria y permitiendo el regreso de la paz a ese país –exceptuando la frontera iraquí, donde mantendrá bloqueada la ruta de la seda. Por causa, esta vez, de Estados Unidos, una barrera infranqueable caería sobre el mundo dividiendo la Humanidad tal y como el Muro de Berlín dividió la población de la ciudad que había sido la capital de toda Alemania, separando familias enteras por más de medio siglo. Para los sirios que salieron de su país huyendo de los yihadistas, eso haría muy difícil el regreso a su país y el reencuentro con sus familiares. Para los occidentales, será imposible pasar las vacaciones en Moscú y quizás hasta la compra de ordenadores chinos.

Thierry Meyssan

Fuente
Al-Watan (Siria)

Publicado en: Global

Rusia, China y Arabia Saudita ponen en jaque la hegemonía del dólar

12/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ariel Noyola Rodríguez

Estados Unidos encuentra cada vez más obstáculos para mantener la hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial. Durante los últimos meses, los países emergentes , al igual que Rusia y China, han vendido gran cantidad de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Pero ahora también lo hace Arabia Saudita. Además, para protegerse de las bruscas fluctuaciones del dólar, los bancos centrales de varios países han venido adquiriendo enormes volúmenes de oro para diversificar sus reservas monetarias. En definitiva, la ofensiva global contra el dólar estadounidense está recrudeciéndose a través de la venta masiva de deuda estadounidense y, en paralelo, de compras colosales de metales preciosos.

 
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La supremacía de Washington en el sistema financiero mundial recibió un golpe tremendo el pasado mes de agosto: Rusia, China y Arabia Saudita vendieron bonos del Tesoro de Estados Unidos por valor de 37 900 millones de dólares, de acuerdo con la última actualización de datos oficiales publicada hace unos días [1]. Desde una perspectiva general, las inversiones globales en la deuda del gobierno estadounidense se desplomaron a su nivel más bajo desde julio de 2012. Ya es evidente, el papel del dólar como moneda de reserva mundial nuevamente se ve cuestionado.

Ya en 2010, el almirante Michael Mullen, presidente de los Jefes del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, lanzó la advertencia de que la deuda representaba la principal amenaza para la seguridad nacional [2]. A mi juicio, no es tanto que un alto nivel de endeudamiento público (actualmente por encima de los 19 billones de dólares [3]) sea una piedra en el zapato para la economía estadounidense, sino que más bien para Washington es decisivo garantizar diariamente un enorme flujo de recursos desde el exterior a fin de cubrir sus déficit gemelos (comercial y presupuestario); es decir, para el Departamento del Tesoro es un asunto de vida o muerte vender títulos de la deuda estadounidense a todo el mundo para de esta manera poder financiar los gastos del Estado norteamericano.

Hay que recordar que tras la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, el Banco Popular de China se vio fuertemente presionado por Ben Bernanke, en aquel entonces presidente del Sistema de la Reserva Federal (FED), para que no vendiera sus títulos de la deuda estadounidense. En un primer momento, los chinos aceptaron sostener el dólar. Pero, ya en un segundo momento, el Banco Popular de China se resistió a comprar más bonos del Tesoro de Estados Unidos y, al mismo tiempo, puso en marcha un plan de diversificación de sus reservas monetarias.

Pekín ha venido comprando oro de forma masiva en los años recientes, y lo mismo ha estado haciendo el banco central de Rusia. En el segundo trimestre de 2016, las reservas de oro del Banco Popular de China alcanzaron las 1 823 toneladas frente a las 1 762 toneladas registradas el último trimestre de 2015. La Federación rusa por su parte, incrementó sus reservas de oro en alrededor de 290 toneladas entre diciembre de 2014 y junio de 2016, con lo cual, cerró el segundo trimestre de este año con un acumulado de 1 500 toneladas.

Frente a los brutales bandazos del dólar, es crucial comprar activos más seguros como el oro que, en momentos de gran inestabilidad financiera, actúa como un valor refugio. Por eso la estrategia de Moscú y Pekín de vender bonos del Tesoro de Estados Unidos para luego comprar oro ha sido seguida por muchos países: según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), las reservas de oro de los bancos centrales del mundo alcanzan ya el nivel más alto de los últimos 15 años luego de registrar a principios de octubre un volumen total de casi 33 000 toneladas [4].

La geopolítica también está jugando su parte en la configuración de un nuevo orden financiero mundial. Tras la imposición de sanciones económicas contra el Kremlin, a partir de 2014, la relación con China tomó gran relevancia para los rusos. Desde entonces, ambas potencias han profundizado sus vínculos en todos los ámbitos, desde la economía y las finanzas, hasta la cooperación militar. Además de comprometer el suministro de gas a China para las próximas tres décadas, el presidente Vladímir Putin construyó junto con su homólogo Xi Jinping una poderosa alianza financiera que busca terminar de una vez por todas con la dominación de la divisa estadounidense.

Actualmente, los hidrocarburos que Moscú vende a Pekín ya no se pagan en dólares sino en en yuanes. De este modo, la “moneda del pueblo” (‘renminbi’, en chino) se está abriendo paso poco a poco en el mercado mundial de hidrocarburos a través de los intercambios comerciales entre Rusia y China, los países que, a mi modo de ver, encabezan la construcción de un sistema monetario multipolar.

La gran novedad es que a la carrera por la desdolarización de la economía global se ha sumado Arabia Saudita, país que desde hace varias décadas se había mantenido como un aliado incondicional de la política exterior de Washington. Sorpresivamente, durante los últimos 12 meses Riad se deshizo de más de 19 000 millones de dólares invertidos en bonos del Tesoro de Estados Unidos, convirtiéndose junto con China, en uno de los principales vendedores de deuda estadounidense [5]. Para colmo de males, la furia del Reino Saudita contra la Casa Blanca viene incrementando su intensidad.

Sucede que a finales de septiembre, los congresistas estadounidenses aprobaron la eliminación del veto del presidente Barack Obama que permite a los ciudadanos estadounidenses denunciar a Arabia Saudita ante los tribunales por su presunta participación en los atentados del 11 de septiembre de 2001 [6]. Simultáneamente, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) llegó a un acuerdo histórico con Rusia para disminuir el nivel de producción de crudo y, con ello, promover un incremento de precios [7].

Es llamativo también que, justo por esos días, Pekín haya abierto la negociación directa entre el yuan y el riyal de Arabia Saudita a través del Sistema de Comercio de Divisas Extranjeras de China (CFETS, por sus siglas en inglés) a fin de realizar transacciones entre ambas monedas sin necesidad de pasar antes por el dólar [8]. En consecuencia, es altamente probable que, más temprano que tarde, la empresa petrolera Saudi Aramco acepte pagos en yuanes en lugar de dólares. De concretarse este arreglo, la casa de los Saud estaría apostando de lleno por el petroyuan [9].

Ante nuestros ojos, el mundo está cambiando.

Ariel Noyola Rodríguez

Fuente
Russia Today (Rusia)

[1] «Major Foreign Holders of Treasury Securities», U.S. Department of Treasury, 18 de octubre de 2016.

[2] «Mullen: Debt is top national security threat», CNN, August 27, 2010.

[3] «Federal Debt: Total Public Debt», Federal Reserve Bank of St. Louis, August 26, 2016.

[4] «Quarterly times series on World Official Gold Reserves since 2000», World Gold Council, September 7, 2016.

[5] «U.S. Bond Market’s Biggest Buyers Are Selling Like Never Before», Liz McCormick, Andrea Wong, Wes Goodman, Bloomberg, September 25, 2016.

[6] «Congress approves bill to allow 9/11 families to sue Saudi Arabia», The Guardian, 9 de septiembre de 2016.

[7] «OPEC agrees modest oil output curbs in first deal since 2008», Rania El Gamal, Alex Lawler & Vladimir Soldatkin, Reuters, September 29, 2016.

[8] «China to launch yuan’s direct trading with Saudi riyal, UAE dirham», China Daily, September 24, 2016.

[9] «El petroyuan es la gran apuesta de Rusia y China», por Ariel Noyola Rodríguez, Russia Today (Rusia), Red Voltaire, 19 de mayo de 2016.

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Hezbolá reúne fuerzas en Alepo para gran ofensiva antiterrorista

12/11/2016 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Terc3ra

El movimiento libanés Hezbolá ha movilizado a sus tropas hacia el sur de Alepo, donde pretende lanzar una nueva ola de ofensivas contra los terroristas.

Apoyado por combatientes iraquíes de Harakat al-Noyaba y fuerzas de la guardia republicana siria, el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) ha reunido esta semana a sus tropas en el sur de la septentrional ciudad de Alepo para recuperar la localidad de Jan Touman.

Una fuente castrense siria reveló que Hezbolá liderará la próxima ofensiva para expulsar de la referida estratégica zona a la coalición terrorista Yeish al-Fath, integrada por una veintena de bandas, incluido el Frente Fath al-Sham (el anterior Frente Al-Nusra), ha informado este sábado el portal Al-Masdar News.

Jan Touman se ubica a lo largo de la carretera Damasco-Alepo y su proximidad con la vecina provincia de Idlib la convierte en un objetivo militar de gran importancia para el Ejército sirio y sus aliados.

En las últimas semanas, la ciudad de Alepo y las zonas adyacentes son escenario de encarnizados combates entre el ejercito sirio y los grupos terroristas que iniciaron una gran ofensiva con miras a romper el cerco impuesto por las fuerzas nacinales al este de la ciudad y alterar el balance a su favor.

Sin embargo, los grupos armados no han logrado avances y han perdido terreno ante las tropas gubernamentales. Este sábado, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH), que monitorea el conflicto sirio, ha confirmado la recuperación, por parte del Ejército sirio, del estratégico barrio de Minian, en el oeste alepino.

Con fecha anterior se reportó que el Ejército sirio, con el apoyo de combatientes de Hezbolá y milicias aliadas,expulsó a los terroristas de la localidad de Dahie al-Asad, que limita con Minian. “El Ejército y las milicias liberaron Dahia Al-Asad de los terroristas que posiblemente sembraron de minas algunas casas y calles”, declaró a la agencia rusa RIA Novosti una fuente cercana al movimiento libanés.

Publicado en: Global

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Don Juan

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