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Global

El TTIP que viene: ni globalización ni proteccionismo, acumulación por desposesión

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: Adoración Guamán y Gabriel Moreno

 

 

Marine Le Pen y Donald Trump. LUIS GRAÑENA

Entre las muchas coincidencias que pueden encontrarse en el discurso electoral de Trump y Le Pen se encuentra el rechazo, al menos en el plano formal, de los Tratados de Libre Comercio de nueva generación y en concreto del TTIP y del CETA. Revestidos de una retórica calificada de “proteccionismo”, primero Trump en su campaña y ahora Le Pen han hecho suyo un discurso antitratados que ni parece que vaya a materializarse ni aporta ninguna alternativa en beneficio de las mayorías sociales.

Desde luego, es innegable que la llegada de la Administración Trump ha marcado un punto de inflexión en las relaciones comerciales entre la UE y Estados Unidos. Partiendo de esta afirmación, el interés radica en elucidar si la política comercial de Estados Unidos está dando un giro real o si la tan publicitada ruptura con el modelo anterior es un elemento más del discurso electoral/populista sin que exista un cambio real de modelo. El abandono del proceso de ratificación del Tratado Transpacífico, la paralización de las negociaciones del TTIP, la voluntad de renegociar el NAFTA han sido claros golpes de efecto destinados a mostrar un cambio de ruta del que aún no sabemos cuál es su alcance ni naturaleza exacta.

Lo cierto y verdad es que la contraposición entre “proteccionismo” y “globalización”, que tanto y tan bien explota la extrema derecha a ambos lados del Atlántico, no es una traslación automática de la lucha entre soberanía o democracia frente a neoliberalismo o libre mercado sin frenos. Aunque sea ese el relato del que Trump o Le Pen intentan aprovecharse, la dicotomía en el fondo es falsa, puesto que en ella subyace una similar estrategia de acumulación por desposesión, que se da tanto en el interior de los países que gobiernan o pretenden gobernar como en sus relaciones con el resto de regiones y Estados de la periferia.

La lectura del documento sobre la estrategia comercial de Trump, que se ha filtrado el pasado mes de marzo, nos da buena cuenta de ello. En el mismo se afirma que la nueva política significa un cambio “real” respecto de la sostenida por la Administración anterior (lo que en teoría “venden”), aunque un análisis pormenorizado de las propuestas revela el sostenimiento de una línea que nunca se ha perdido: América para los americanos, sí, pero fundamentalmente para algunos y contra la mayoría.

Según el documento, el objetivo actual de la política comercial de Estados Unidos es la expansión del comercio de manera que éste sea más libre y más abierto para los estadounidenses. Todas las acciones comerciales, continúa el texto, tendrán como objetivo el crecimiento económico y la promoción del empleo en los Estados Unidos y la protección de las empresas, trabajadores, sectores y mercancías de los Estados Unidos frente a los del resto de países. En este sentido, se van a primar los acuerdos bilaterales frente a los regionales y se resistirá frente a los intentos de la OMC de debilitar la postura de Estados Unidos en los diversos tratados multilaterales. En realidad, nada nuevo bajo el sol ni diferente a lo que la gran potencia ha venido realizando en las últimas décadas.

En concreto, Trump se fija los siguientes objetivos: defender y expandir agresivamente la soberanía de Estados Unidos en materia comercial; responder agresivamente a las distorsiones a la libre competencia, incluso si son toleradas por la OMC; sortear las normas de la OMC e impulsar tratados bilaterales que mejorenla apertura de las fronteras de otros países respecto de los productos y servicios estadounidenses; expandir el comercio a nuevos mercados clave y renegociar tratados ya en vigor, en concreto el NAFTA. Es decir, nada que no estuviera, al menos señalado, en la agenda anterior (Obama y Clinton ya apostaron por renegociar el NAFTA), nada que implique un cambio radical (en lugar del TPP se van a negociar tratados bilaterales con cada uno de los países implicados) y nada que no estuviera presente en la negociación del TTIP.

Como se recordará, el 17 de julio de 2013 el Consejo de la Unión Europea aprobó las Directrices de negociación relativas a la Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión, entre la Unión Europea y los Estados Unidos de América, más conocido como TTIP. Este documento, que no se desclasificó hasta el 9 de octubre de 2014, contiene los objetivos y contenidos fundamentales del acuerdo, estableciendo como finalidad primordial el aumento del comercio y la inversión entre la UE y los Estados Unidos. Para ello, el documento enmarca los contenidos del Tratado en tres grandes pilares: el acceso al mercado, las cuestiones reglamentarias y barreras no arancelarias (cooperación reguladora) y la producción de normas comunes de obligado cumplimiento, incluyendo un mecanismo de solución de controversias inversor-Estado (ISDS). Este amplio contenido ha justificado que el TTIP, al igual que el CETA, sea bautizado como un “Tratado de Nueva Generación”, ya que su objetivo principal no es el de eliminar aranceles, sino el de servir de marco jurídico para que el capital transnacional proteja sus intereses frente a la discrecionalidad, soberana, de los Estados. Y aunque tras el cambio en la Administración estadounidense las negociaciones se han paralizado, no se han dado por concluidas; al contrario, parece que ambas potencias están apostando por retomarlas.

Sin duda, una nueva apertura de las mismas vendrá marcada por una notable posición de fuerza de los Estados Unidos que mantendrá las líneas rojas que ya estancaron las negociaciones en el otoño pasado. Cuestiones como la apertura de los mercados de la contratación pública con la derogación o modificación de la Buy American Act o el reconocimiento de las Denominaciones de Origen ya se plantearon como concesiones imposibles por parte de la Administración Obama y en estos momentos se pergeñan como líneas infranqueables, con más agresividad aún. Así las cosas, y con el as en la manga que supondría dar prioridad a un tratado de nueva generación con el Reino Unido antes de negociar con la UE, el Gobierno de Trump puede coger el mando de las negociaciones con una Unión Europea a la que la negociación de estos tratados está provocando fisuras cada vez más amplias.

En esta coyuntura, el objetivo actual de la política comercial de Estados Unidos es la expansión del comercio de manera que éste sea más libre y más abierto para los estadounidenses. Sea como fuere, la Administración Trump se encontrará delante con una UE aún más desunida y débil, con las contradicciones inherentes a su propio proceso de integración abiertas en canal. La primacía de lo económico y del mercado en la configuración misma de la UE, sin la necesaria dimensión social que los atenúe, unida a los últimos ataques neoliberales desde sus instituciones a los derechos y al bienestar de las mayorías sociales del continente, han suscitado un sentimiento de rechazo hacia el proyecto que ha sido, por el momento, canalizado con mayor intensidad por la derecha. La ausencia de mecanismos redistributivos a nivel continental y la consagración jurídica, al mismo tiempo, de la estabilidad presupuestaria como indiscutible camisa de fuerza para las posibilidades de intervención económica de los Estados han provocado que las libertades económicas fundamentales (de movimiento, de capitales, de servicios y bienes…) hayan seguido operando sin diques que las frenen, aumentando la desigualdad y la acumulación de la riqueza a través, y por encima, de los países.

El descontento, por ende, se hará aún mayor si no somos capaces de dar un giro rotundo a la arquitectura misma de la Unión Europea, y la extrema derecha seguirá creciendo si su relato, falso, sigue teniendo un asidero real en Bruselas al que agarrarse. Ellos, Le Pen y Trump, se erigen en los salvadores de la comunidad, de la Nación y de la seguridad, laboral y social, frente a la globalización institucionalizada y al mundo de las frías cifras del establishment de Washington o de las instituciones de Bruselas. Pero ellos también, a la vez, no dejan de defender en el fondo los mismos planteamientos que subyacen a las consecuencias que critican y de las que se aprovechan en el descontento generalizado. Trump seguirá con el libre comercio sin trabas, lo potenciará incluso, y la acumulación de unos pocos y la desigualdad para los muchos aumentará. Lo hará, eso sí, desde un vigorizado discurso nacionalista y neoproteccionista, mientras sus millonarias cuentas no pararán de crecer y sus empresas, cual metáfora de su misma ideología, no cesarán de saltar de un país a otro protegidas por los tratados de nueva generación auspiciados por EEUU.

Le Pen, de ganar, no acabará con la base socioeconómica que alimenta la desigualdad, la injusticia social y el descontento, como tampoco lo hará Macron, por mucho que ahora ambos decidan que criticar el CETA está à la mode. El Brexit, por su parte, no supondrá un renovado impulso para la democracia en el Reino Unido, que, de la mano de May y los tories, ya está comenzando a abrazar de nuevo la posibilidad de aumentar los neoliberales lazos con Estados Unidos y de convertir Londres en un paraíso para estos nuevos tratados que amparan, recordemos, la impunidad total de un capital transnacional dueño y señor de los mecanismos tradicionales de poder.

Frente a la atomización social, el individualismo extremo, el empobrecimiento de amplias capas de la población y el aumento de la desigualdad, el capitalismo neoliberal, precisamente la causa de todos estos factores, parece haber encontrado una vía de escape para seguir conservando la acumulación que alienta: el nacionalismo de los falsos proteccionismos que en el fondo no solo no cambian, sino que profundizan, la acumulación por desposesión que estamos sufriendo. El TTIP que viene tendrá posiblemente otro nombre y otras formas, pero detrás estarán los mismos intereses de siempre al servicio de quienes, desde hace demasiado tiempo ya, vampirizan el futuro de las generaciones presentes y venideras.

Adoración Guamán. Profesora titular de Derecho del Trabajo en la Universitat de València. Gabriel Moreno. Investigador en Derecho Constitucional en la Universitat de València.

Publicado en: Global

Francia: ¿hacia el fin de la historia o postergar su ruptura?

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Iniciativa Debate

 

“Esperan meses de mucho fuego de artificio y marketing político, pero poco de ofrecer respuestas respecto a las brechas que erosionan a pasos agigantados las democracias modernas”, sostiene el autor.

Francia: ¿hacia el fin de la historia o postergar su ruptura?

 

Francia encara la segunda ronda de las elecciones presidenciales con la obligación de decantarse entre dos opciones absolutamente antagónicas, desde luego, pero con la impostura como única norma política. De un lado, como describió Naomi Klein en No Logo sobre la actuación de Barack Obama en Estados Unidos, el intento de Emmanuel Macron por cambiar “la imagen de marca” del país con el único objetivo de resucitar el proyecto neoliberal cuando éste se encuentra plenamente desacreditado. De otro, el poder de las palabras de Marine Le Pen para camuflar una profunda tradición de autoritarismo reaccionario a través de renegar de las connotaciones ultras de su apellido y de las siglas del partido al que representa. La “excepción francesa”, esa manera en la que esta sociedad se diferencia de las dinámicas atlánticas que la rodean, se encuentra tan carcomida por la sedimentación del credo económico a nivel global que solo es consumible por un electorado ávido de nuevos envoltorios.

No ha pasado tanto tiempo desde que, en un intento por renovar el clima cultural en el país, Pierre Bourdieu sostuviera dos años después de los acontecimientos de mayo del 1968 que, en una estructura social dada, tanto la cultura dominada como la dominante deben sus características a la relación que mantienen entre sí. Como lo resumió Jeremy Ahearne, esta era la forma del sociólogo de criticar tanto el populismo como la alternativa oficial, a la que se refirió de forma irónica como “populicultural”: la dialéctica de las clases dominantes para legitimar y reproducir su posición cultivando “el pueblo” en un estado de podredumbre, es decir, “infestado de maleza”. Cabe preguntarse hoy cuáles son las malas hierbas que han crecido en Francia.

En un análisis cristalino del país, Perry Anderson concluyó en El Nuevo Viejo Mundo que “entre las masas, el neoliberalismo à la française no ha cuajado”. Tras una contundente recapitulación de nombres que se inician en 1983, cuando François Mitterrand culminó el giro decisivo del socialismo hacia la lógica de los mercados financieros, Anderson expresaba que el electorado francés ha rechazado consecutivamente todos los gobiernos que ha intentado administrarle dicha medicina. “Siete gobiernos en veinte años, con una duración media de tres años. Todos entregados, con mínimas variaciones, a políticas similares. Ninguno ha sido reelegido”, escribió en 2009. En este sentido, probablemente Emmanuel Macron ataje el desastre a corto plazo, pero el peligro es que no trate de amainar las corrientes de fondo nacionales, regionales y globales que asfixian a los franceses, sino que les imprima mayor fuerza.

Ahondar en la reforma laboral que el año pasado provocó el surgimiento de la Nuit Debout se sumará a los planes líquidos del muy posible futuro presidente de la República, expuestos sobre estas líneas, de crear un espacio digital privatizado bajo el dogma de la innovación dentro del cual los ciudadanos intenten asumir y afrontar los riesgos de la modernidad. Tampoco existe certeza alguna para pensar que hará lo más mínimo por revertir la integración negativa de la Unión Europea o los paquetes de desregulación que comenzaron con el Acta Única —y que se institucionalizaron cual camisa de fuerza económica en Maastricht apretando a la sociedad francesa—.

Por otro lado, Macron ha sido el único candidato que ha apoyado acuerdos de libre comercio como el CETA o el TTIP. Desde Bruselas, en lugar de corregir las negligencias del pasado que tratan de hacer vinculantes estos tratados internacionales, han doblado la apuesta tras el triunfo de Donald Trump: aumentar la retórica contra el populismo al tiempo que presenta la política comercial europea como venerable. A cinco días de la segunda vuelta, el candidato de En Marche! se vio obligado a matizar esta pirotecnia argumental y señalar que “el CETA ha sido diseñado al margen del proceso democrático”. Esperan meses de mucho fuego de artificio y marketing político, pero poco de ofrecer respuestas respecto a las brechas que erosionan a pasos agigantados las democracias modernas.

Sucede también que, a costa de sobrevivir en el presente, Francia ha acabado con los partidos tradicionales y con una de sus últimas mallas de sujeción a la hora de evitar a la extrema derecha en el futuro. Es más: el que fuera ministro de Economía de François Hollande, apoyado por el ala más dura del Partido Socialista francés, ha llamado “cambio” a la extracción desde fuera de todo resquicio de la esencia social de una formación que siempre ha servido de referencia para la socialdemocracia europea. Y una vez el capitalismo se ha desecho de este freno, el rodillo continuará. No sería de extrañar que, durante los próximos años, las élites mediáticas trataran de presentar a Emmanuel Macron con un marco lo suficientemente atractivo para que toda la sociedad francesa proyecte sobre en él sus deseos más profundos de renovación. Al mismo tiempo que hacen lo posible por mantener una zona lo suficientemente oscura para dejar fuera a los más radicales, es decir, a los insumisos apadrinados por Jean-Luc Melénchon. Acabar con “el mayor peligro para los mercados” será el siguiente paso inevitable, la ensoñación de que aún es posible establecer ese Fin de la Historia que predijo Francis Fukuyama.

Lo cierto es que, de tanto señalar que cualquier desafío al poder abriría la puerta a los totalitarismos, estos están al borde de alcanzar la cima del Elíseo. Cuando aquel 21 de abril de 2002 Jean-Marie Le Pen se impuso a Lionel Jospin y accedió por primera vez a la segunda ronda de una elecciones francesas, Jacques Chirac arrasó con una mayoría del 82% en la segunda vuelta. Entonces, el lema fue: “Mejor una República bananera que una Francia fascista”. Hoy la dicotomía es similar, pero la situación muy diferente. Si las estimaciones de las encuestas se cumplen, y así ha sucedido con la primera ronda, la ventaja con la que el enfant terrible se impondrá sobre Marine Le Pen será escasa y no superará los 20 puntos. Incuestionable es también que un millón de personas nuevas hayan votado al Frente Nacional con respecto a 2012.

No obstante, lo más ilustrativo de la deformación del rostro de la sociedad francesa tras décadas de liberalización comienza a entreverse en el estado de la llamada “Francia real”. Recientemente, Le Pen acudió a localidad francesa de Amiens para remontar en su campaña. El corresponsal de El PaísMarc Bassets lo plasmaba así: “Ella irrumpió como la protectora de la gente de la calle ante las fuerzas ciegas de la globalización. Él, como el exabanquero y exministro que carga con la imagen de hombre de la élite, más cómodo en los pasillos del poder que en el barro de los suburbios industriales”. Era un lugar particular, con una fábrica a punto de ser trasladado a Polonia, pero basta para poner de manifiesto que la división política presentada por el establishment, “sociedades abiertas o sociedades cerradas”, es tramposa. Al negar la verdadera conjetura moderna (lo popular y local contra lo global y tecnocrático), taponan una olla a punto de explotar. Mayor presión arroja el hecho de que, cooptar la idea de revolución a las fuerzas progresistas y atribuírsela a Macron, menosprecia el hartazgo contra las dinámicas que recorren las espina dorsal francesa. Lo señaló de forma acertada el editor de Verso David Broker: “Banqueros de inversión para la Revolución, fascistas para la República.”

Las corrientes a nivel mundial no son menos halagüeñas. En un libro publicado en francés en 2013, Costas Lapavitsas, Wolfgang Streeck, Stathis Kouvelakis y otros definieron a la Europa de hoy como “el enlace más débil” del capitalismo global. Diversos factores históricos y políticos contemporáneos lo corroboran. Con la salida del Reino Unido, el club de los veintisiete se encuentra cada vez más indefenso ante el desordenado tablero mundial. Asimismo, entre otros, Macron se enfrentará en Bruselas al reto de continuar con la integración europea en algunas de las áreas más delicadas, como la energía o la tecnologías de la información, para frenar el subdesarrollo en estas materias y la dependencia con EEUU. Cuatro de las cinco compañías que controlarán la mayoría de nuestros datos a través de sistemas de inteligencia artificial se encuentran en Palo Alto, la otra es China. En plena era digital, ni una sola de las 20 empresas más importantes de internet en cuanto a beneficios es europea. También los servicios digitales y financieros, o las telecomunicaciones, son áreas en las que el mercado único deberá completarse, y que además requieren de una política exterior en defensa y seguridad comunitaria. Hasta el momento, también en manos de los norteamericanos, que la lideran a través de la OTAN.

La incapacidad para gestionar el desborde nacionalista y reconstruirse internamente alerta con colocar progresivamente a Europa en el estado de un río cuyas veintisiete corrientes culturales y sociales debieran elegir en cuál de los dos océanos globales desembocan: China, un capitalismo de estado dirigido de manera autoritaria por un partido comunista, o Estados Unidos, donde las fuertes tensiones entre capitalismo y democracia ya son difíciles de disimular en un país gobernado por un magnate megalómano. Atrás parecen quedar los tiempos en los que Jean Monnet, banquero y gran arquitecto francés de la integración comunitaria, representaba a unas élites europeas legítimas con la fe puesta en un futuro en el que los europeos pudieran decidir sus propios asuntos. Pocas esperanzas existen de que el eje franco-alemán resurja cual fénix de sus cenizas en 2017 para redefinir el ideal de este milenio y mover verdaderamente el mundo hacia delante. El problema es que, de no hacerlo, tarde o temprano el Viejo Continente será el primero en pagar las consecuencias.

Ya en su época, los romanos fueron conscientes de que, cuando la República peligraba, el estado de excepción únicamente podía durar un breve tiempo. De lo contrario, las democracias se debilitarían y la puerta quedaría abierta a quienes las desafían. El progreso descontrolado, alabado desde finales del pasado siglo por los epígonos del neoliberalismo, ha colocado el batir de las alas de los demonios del nuevo mundo muy cerca de las capitales de Occidente. El ruido no puede ser más ensordecedor.

Publicado en: Global

La provocación de Estados Unidos en Corea del Norte: un pretexto para la guerra con China

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: James Petras

Introducción

Estados Unidos comenzó a construir su imperio a escala mundial durante la Segunda Guerra Mundial y el periodo posterior a esta. Washington intervino directamente en la guerra civil china (proporcionando armas al ejército de Chiang Kai-shek mientras el Ejército Rojo luchaba contra los japoneses), apoyó la guerra de recolonización de Francia contra el Viet Minh en Indochina e instaló regímenes títere en Corea del Sur, Taiwán y Japón.

Mientras el imperio se edificaba a trompicones, con avances y derrotas, el objetivo estratégico seguía siendo el mismo: prevenir el establecimiento de gobiernos comunistas o nacionalistas laicos independientes e imponer regímenes vasallos compatibles con los intereses de Estados Unidos.

Las armas empleadas fueron guerras y golpes de estado sangrientos (“cambios de régimen”). Los regímenes coloniales europeos derrotados fueron reemplazados e incorporados como aliados subordinados a Estados Unidos.

Para realizar las conquistas imperiales, Washington utilizó siempre que estuvo en su mano a ejércitos de mercenarios entrenados, equipados y dirigidos por ‘asesores’ estadounidenses. Cuando esto no fue suficiente, por lo general si el régimen clientelista y las tropas vasallas se mostraban incapaces de derrotar al ejército del pueblo, las fuerzas armadas de Estados Unidos intervinieron directamente.

Los estrategas imperiales trataban de intervenir y conquistar brutalmente al país elegido. Cuando no conseguían alcanzar su objetivo ‘máximo’, iniciaban una política de asedio para cortar los vínculos de los centros revolucionarios con los movimientos populares de países limítrofes. Si los países lograban resistir la conquista armada, los constructores del imperio imponían sanciones económicas y bloqueos para erosionar la base económica de los gobiernos populares.

Los imperios, como los sabios romanos reconocieron hace tiempo, no se construyen en un día, en semanas o en meses. Se firman a conveniencia convenios y acuerdos temporales que se quiebran cuando ya no resultan útiles porque los diseños imperiales están por encima de todo.

Los imperios fomentan las divisiones internas entre adversarios y los golpes de Estado en países vecinos. Pero, sobre todo, construyen una red mundial de avanzadas militares, agentes clandestinos y alianzas regionales en las fronteras de los gobiernos independientes para recortar las potencias militares emergentes.

Una vez concluidas con éxito las guerras, los centros imperiales dominan la producción y los mercados, los recursos y la mano de obra. Sin embargo, con el tiempo es inevitable que surjan problemas en los regímenes dependientes e independientes. Los rivales y los competidores ganan acceso a los mercados y aumentan su poderío militar. Mientras que algunos estados vasallos sacrificaron su soberanía política-militar para conseguir un desarrollo económico independiente, otros optaron por la independencia política.

Las contradicciones primeras y últimas de la expansión del imperialismo

Las dinámicas inherentes a los estados y sistemas imperiales experimentan contradicciones que replantean y cambian constantemente los contornos del imperio.

Estados Unidos ha dedicado inmensos recursos para mantener su supremacía militar entre los estados vasallos, pero ha experimentado un grave declive en su cuota de mercado mundial, especialmente con el rápido aumento de nuevos productores económicos.

La competencia económica obligó a los centros imperiales a reconfigurar el centro de sus economías: la “renta” (finanzas y especulación) desplazó a los beneficios del comercio y la producción. Las industrias imperiales se trasladaron al extranjero en busca de mano de obra barata. La economía nacional está ahora dominada por las finanzas, los seguros, los bienes inmuebles, las comunicaciones y las industrias militares y de seguridad. Esto ha creado un círculo vicioso: con la erosión de su base productiva, el imperio ha incrementado aún más su dependencia del ejército, del capital financiero y de la importación de bienes de consumo baratos.

Justo después de la Segunda Guerra Mundial, Washington puso a prueba su destreza militar a través de la intervención en terceros países. Debido a la gran resistencia popular y la proximidad de la URSS, y más tarde la República Popular China, la construcción del imperio en el Asia post colonial se contuvo o fracasó militarmente. En Corea, las fuerzas estadounidenses alcanzaron transitoriamente un punto muerto después de matar a millones de personas. En China, su derrota provocó la huida de los “nacionalistas” a la isla de Taiwán. La resistencia popular y el apoyo material de las potencias socialistas obligaron a EE.UU. a retirarse de Indochina. A causa de ello, no tuvo más opción que recurrir a las sanciones económicas para estrangular a los gobiernos revolucionarios.

El crecimiento de la ideología unipolar

Ante el creciente poder de sus competidores económicos en el extranjero y su mayor dependencia de la intervención militar directa, el imperio de EE.UU. aprovechó la desintegración interna de la URSS y el giro de China hacia el “capitalismo de Estado” en las décadas de los ochenta y los noventa. Con la desintegración forzada de Yugoslavia, Estados Unidos se expandió por la región del Báltico, Europa oriental y central y los Balcanes. Los estrategas imperiales anticiparon “un imperio unipolar”, un Estado imperial sin rivales. Los constructores del imperio eran libres para invadir, ocupar y saquear estados independientes en cualquier continente e incluso para bombardear una capital europea, Belgrado, con total impunidad. Se iniciaron múltiples guerras contra señalados adversarios que carecían de aliados globales fuertes.

Países del sur de Asia, Oriente Medio y el Norte de África fueron objeto de destrucción. América del Sur estaba bajo el control de los regímenes neoliberales. La antigua Unión Soviética fue saqueada y desarmada por vasallos del imperio. Rusia estaba gobernada por gánsteres cleptócratas aliados con títeres de Estados Unidos. El papel asignado a China era el de convertirse en un taller de esclavos para producir artículos de consumo baratos para los estadounidenses y generar grandes beneficios para las corporaciones multinacionales y minoristas como Wal-Mart.

A diferencia de lo que ocurrió con el Imperio Romano, la década de los noventa no iba a ser el preludio de un imperio indiscutible de larga duración para Estados Unidos. Los “unipolaristas” se embarcaron en múltiples guerras caras y destructivas de conquista y no fueron capaces de confiar en el crecimiento de las economías industriales emergentes para obtener beneficios; el poder global de EE.UU. se deterioró.

La desaparición de la unipolaridad: El siglo XXI

En los primeros diez años del siglo XXI, la visión de un imperio unipolar indiscutido se vino abajo. La acumulación “primitiva” de China dio paso a una acumulación interna avanzada de la que se beneficiaron el pueblo y el Estado chinos. El poder de China se expandió por el extranjero mediante inversiones, comercio y adquisiciones, desplazando a EE.UU. como principal socio comercial en Asia y mayor importador de materias primas de América Latina y África. China se convirtió en el principal fabricante y exportador de bienes de consumo para América del Norte y la Unión Europea (UE).

La primera década del siglo XXI fue testigo del derrocamiento o la derrota de los estados vasallos de Estados Unidos en América Latina (Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador y Brasil) y de la aparición de regímenes agro-minerales independientes dispuestos a formar alianzas comerciales regionales. Fue un período de aumento de la demanda de sus recursos naturales y materias primas que coincidió con el proceso de desindustrialización de EE.UU., inmerso en costosas guerras desastrosas en Oriente Medio.

En contraste con la creciente independencia de América Latina, la UE incrementó su participación militar en las brutales guerras en el extranjero lideradas por Estados Unidos mediante la ampliación del ‘mandato’ de la OTAN. Bruselas siguió la política sistemática de cercar a Rusia para debilitar su independencia a través de duras sanciones. La expansión hacia el exterior de la UE (financiada gracias a las políticas internas de austeridad) acentúo las divisiones en el seno de la organización, provocando el descontento popular. Reino Unido votó a favor en un referéndum para separarse de la UE.

En los noventa, los desastres internos del régimen vasallo de Estados Unidos en la Rusia de Boris Yeltsin empujaron a los votantes a elegir a un nacionalista, Vladimir Putin. El gobierno del presidente Putin se embarcó en un programa para recuperar la soberanía de Rusia y su posición como potencia mundial, contrarrestar la intervención de EE.UU. en el país y alejar de las fronteras el cerco creado por la OTAN.

Los defensores del imperio unipolar continuaron iniciando múltiples guerras de conquista en Oriente Medio, África del Norte y sur de Asia, con un coste de billones de dólares, que provocaron una pérdida de los mercados globales y de competitividad. A medida que los ejércitos del imperio se expandían por todo el mundo, la economía doméstica (“la República”) se contrajo. Estados Unidos quedó atrapado en la recesión y asediado por el aumento de la pobreza. La política unipolar permitió un crecimiento de la economía global multipolar, al imponer de forma rígida prioridades militares.

El Imperio contraataca: La opción nuclear

La segunda década del siglo XXI marcó el comienzo de la desaparición de la unipolaridad ante la consternación de muchos ‘expertos’ y la negación ciega de sus arquitectos políticos. El advenimiento de una economía mundial multipolar intensificó el impulso desesperado del imperio por restaurar la unipolaridad por medios militares, a cargo de militaristas incapaces de adaptarse o evaluar sus propias políticas.

Bajo el régimen del “primer presidente negro”, Barack Obama, elegido bajo la promesa de refrenar a los militares, los estrategas imperiales intensificaron su belicismo, enfrascándose en siete guerras, nuevas y antiguas. Para los legisladores y los propagandistas de los medios de comunicación de masas de EE.UU. y la UE, fueron guerras imperiales exitosas, que vinieron acompañadas de declaraciones prematuras de victoria en Somalia, Irak y Afganistán. Estos delirios de grandeza llevaron a la nueva administración a poner en marcha nuevas guerras en Ucrania, Libia, Siria y Yemen.

Cuando la nueva ola de guerras y golpes de Estado (de “cambio de régimen”) para volver a imponer la unipolaridad fracasó, se pusieron en marcha políticas belicistas aún mayores que desplazaron a las estrategias económicas para conseguir la dominación mundial. Los

militaristas que dirigen el aparato de Estado permanente, siguieron sacrificando mercados e inversiones con total inmunidad a las desastrosas consecuencias de sus fracasos en la economía nacional.

Breve renacimiento de la unipolaridad en América Latina

Argentina, Brasil, Paraguay y Honduras han sufrido golpes de Estado y los gobiernos progresistas de Bolivia, Venezuela y Ecuador han estado a punto de sufrirlos. Sin embargo, el retroceso a favor del imperio en América Latina no es política ni económicamente sostenible y amenaza con socavar cualquier restauración de la dominación unipolar en la región.

EE.UU.no ha proporcionado ninguna ayuda económica ni ampliado el acceso a los mercados para premiar y apoyar a sus regímenes clientelares recién adquiridos. Su nuevo vasallo en Argentina, Mauricio Macri, transfirió miles de millones de dólares a los banqueros depredadores de Wall Street y entregó a Estados Unidos el acceso a las bases militares y los recursos lucrativos sin recibir por ello flujos recíprocos de capital de inversión. De hecho, las políticas serviles del Presidente Macri han creado mayores niveles de desempleo y han reducido el nivel de vida, creando descontento popular. El “chico nuevo” del imperio unipolar en su feudo Buenos Aires se enfrenta a una defunción temprana.

Del mismo modo, la corrupción generalizada, una profunda depresión económica y los niveles de dos dígitos de desempleo sin precedentes en Brasil amenazan al ilícito régimen vasallo de Michel Temer con la crisis permanente y el aumento de la lucha de clases.

El efímero éxito en Oriente Medio

El poder devastador de los bombardeos aéreo y naval de Estados Unidos y de la OTAN pareció otorgar un breve triunfo a la nueva ola de guerras revanchistas en Oriente Medio y África del Norte. Luego, esa aparente victoria se desvaneció en medio de la destrucción y el caos, inundando Europa con millones de refugiados.

Importantes brotes de resistencia a la invasión estadounidense de Irak y Afganistán precipitaron el retroceso hacia un mundo multipolar. Los insurgentes islamistas obligaron a EE.UU. a refugiarse en sus guarniciones fortificadas y tomaron el control del campo y las ciudades cercadas en Afganistán; en Irak, Siria, Yemen, Somalia y Libia forzaron la huida de los regímenes y mercenarios respaldados por EE.UU..

La pulsión unipolar y el Estado permanente: Reagrupamiento y ataque

Frente a sus fracasos, los defensores del imperio unipolar se reagruparon para poner en marcha una estrategia militar aún más peligrosa: el aumento de su potencia nuclear de “primer ataque” dirigida a China y Rusia.

Orquestada por los políticos designados por el departamento de Estado de Estados Unidos, el gobierno de Ucrania fue sustituido por vasallos de EE.UU. dando lugar a la ruptura de ese país, todavía en marcha. Temerosos de los neofascistas y los rusófobos, los ciudadanos de Crimea aprobaron en referéndum su unión con Rusia. Las mayorías étnicas rusas de la región de Donbass en Ucrania entraron en guerra con Kiev, lo que ha provocado miles de muertos y millones de desplazados que buscan refugio en Rusia. Los imperialistas de Washington financiaron y dirigieron el golpe de Estado de Kiev liderado por cleptócratas y fascistas siendo inmunes, como siempre, a sus consecuencias.

Mientras tanto, EE.UU. está aumentando su número de tropas de combate en Afganistán, Irak y Siria para apuntalar a sus poco fiables aliados y mercenarios.

Lo que es crucial para la comprensión de la ascensión y caída del poder imperial y de las eufóricas declaraciones unipolares de la década de 1990 (especialmente durante el apogeo del reinado sangriento del presidente Clinton), es que los avances militares y políticos no han sido apuntalados en ningún momento por la construcción de economías fuertes.

EE.UU. derrotó y posteriormente ocupó Irak, pero también destruyó sistemáticamente su sociedad civil y su economía, creando un terreno fértil para la limpieza étnica, las oleadas de refugiados y el levantamiento islamista posterior que se extendió por los territorios adyacentes. De hecho, han sido las políticas deliberadas de EE.UU. en Irak y otros lugares las que han creado la crisis de refugiados que agobia Europa.

Durante las dos primeras décadas de este siglo se ha producido una situación similar: las victorias militares han instalado líderes impopulares e ineficaces respaldados por el imperio y sus impulsores dependen cada vez más de la chusma tribal más retrógrada, los extremistas islamistas, los clientes de ultramar y los mercenarios. El ataque deliberado de Estados Unidos a las mismas personas capaces de liderar naciones multiculturales modernas como Irak, Libia, Siria y Ucrania es una caricatura de los notorios ataques de Pol Pot a las clases educadas de Camboya. Por supuesto, EE.UU. perfeccionó sus habilidades especiales para “matar a los profesores de escuela” cuando entrenó y financió a los muyahidines de Afganistán en la década de los ochenta.

El segundo punto débil, lo que llevó al colapso de la ilusión unipolar, ha sido su incapacidad para replantear sus supuestos y reorientar y reequilibrar su paradigma militarista estratégico tras el increíble desorden mundial que crearon.

Estados Unidos se negó rotundamente a trabajar con las élites económicas educadas en los países conquistados y promoverlas. Ello habría requerido mantener intacto el sistema económico de la seguridad social en los países que habían triturado de manera sistemática. Habría supuesto rechazar el paradigma de guerra total, rendición incondicional y ocupación militar pura y dura, con el fin de permitir el desarrollo de aliados económicos viables, en lugar de imponer regímenes vasallos flexibles pero grotescamente corruptos.

El enorme aparato de inteligencia policial-militar profundamente arraigado y fuertemente financiado, que cuenta con muchos millones de personas, ha creado un estado imperial paralelo al régimen civil elegido en EE.UU.

El llamado “Estado profundo” es en realidad un estado gobernado por “unipolaristas”. No es una “entidad sin rostro”: Tiene una identidad de clase, ideológica y económica.

A pesar del grave coste que supone perder una serie de guerras catastróficas y el robo de miles de millones de dólares perpetrado por los regímenes vasallos cleptocráticos, los unipolaristas han permanecido intactos, e incluso aumentado sus esfuerzos para conseguir una conquista o una victoria militar temporal.

Digámoslo abierta y claramente: los unipolaristas se dedican ahora a culpar de sus terribles fracasos militares y políticos a Rusia y China. Esta es la razón por la que buscan, directa e indirectamente, debilitar a los aliados internos y externos de Rusia y China. De hecho, la campaña salvaje para “culpar a los rusos” de la elección del presidente Trump refleja su profunda hostilidad hacia Rusia y su desprecio por los votantes de clase trabajadora y media baja (la “canasta de deplorables”) que eligieron a Trump. La incapacidad de esta élite para reconocer sus propios fracasos y la incapacidad del sistema político para eliminar a estos estrategas desastrosos es una seria amenaza para el futuro del mundo.

La fabricación de pretextos para la guerra mundial

Mientras el Estado unipolarista sufría predecibles derrotas militares y guerras prolongadas al tiempo que una dependencia de inestables regímenes civiles, los ideólogos continúan echando la culpa a Rusia y China por todas sus derrotas militares. Su monomanía se ha transformado en un aumento provocativo de su capacidad nuclear a gran escala en Europa y Asia, lo que aumenta el riesgo de una guerra nuclear al participar en un letal “juego de la gallina”(1).

Los expertos físicos nucleares que editan el boletín de los Científicos Atómicos publicaron una importante descripción de los planes de guerra unipolaristas. Según ellos, “el programa nuclear en marcha ha implementado nuevas tecnologías revolucionarias que aumentarán enormemente la capacidad letal del arsenal nuclear. Estas nuevas tecnologías triplican la potencia letal global de los actuales misiles balísticos de Estados Unidos” . Esto es exactamente lo que un observador objetivo podría esperar de unos Estados Unidos provistos de armas nucleares dispuestos a iniciar una guerra desarmando a China y Rusia siendo los primeros en lanzar un “ataque sorpresa”.

El estado unipolar se ha centrado en varios países como pretexto para lanzar una guerra. El Gobierno de Estados Unidos ha instalado bases de misiles en los países bálticos y Polonia a modo de provocación. Estos regímenes han sido elegidos por su afán de violar las fronteras o el espacio aéreo de Rusia y porque su locura les predispone a aceptar la inevitable respuesta militar y la reacción en cadena en contra de sus propias poblaciones. Otro lugar con enormes bases militares estadounidenses y dispuesto a albergar una expansión de la OTAN es la región de los Balcanes, especialmente las antiguas provincias yugoslavas de Kosovo y Montenegro. Se trata de Estados mafiosos etno-facistas en bancarrota y potenciales polvorines de conflictos provocados por la OTAN, que justificarían un ataque de Estados Unidos. Esto explica por qué los más furibundos militaristas del senado estadounidense han estado presionando para lograr la integración de Kosovo y Montenegro en la OTAN.

Pero es en Siria donde los unipolaristas están creando un pretexto para la guerra nuclear. El senado de Estados Unidos ha enviado más fuerzas especiales a zonas altamente conflictivas para apoyar a sus mercenarios aliados. Esto significa que las tropas estadounidenses se encontrarán (ilegalmente) cara a cara con el avance del ejército sirio, respaldado (legalmente) por la fuerza aérea militar rusa. EE.UU. planea apoderarse de Raqqa en el norte de Siria, controlada por ISIS, para convertirla en base de operaciones con la intención de negar la victoria del gobierno sirio sobre los yihadistas-terroristas. La probabilidad de “incidentes” armados entre EE.UU. y Rusia en Siria es cada vez mayor para satisfacción de los unipolaristas estadounidenses.

EE.UU. ha financiado y apoyado a los combatientes kurdos en su avance por territorio sirio bajo control de los yihadistas-terroristas, especialmente a lo largo de la frontera con Turquía. Esto está provocando un conflicto inevitable entre Turquía y los kurdos apoyados por Estados Unidos.

Otro sitio probable para la expansión de la guerra es Ucrania. Después de tomar el poder en Kiev, los clepto-fascistas lanzaron una guerra y un bloqueo económico contra los ucranianos bilingües de origen ruso de la región de Donbass. Los ataques de la junta de Kiev, las innumerables matanzas de civiles (incluyendo la quema de decenas de manifestantes de habla rusa desarmados en Odessa) y el sabotaje de los envíos de ayuda humanitaria rusos podrían provocar represalias por parte de Rusia y ser el pretexto de una intervención militar de Estados Unidos contra Crimea a través del Mar Negro.

Pero el lugar que cuenta con más probabilidades de convertirse en el inicio de la Tercera Guerra Mundial es la península de Corea. Los unipolaristas y sus aliados en el aparato del Estado han creado sistemáticamente las condiciones para desencadenar una guerra con China usando el pretexto del programa de armas defensivas de Corea del Norte.

El aparato estatal de los unipolaristas ha unido a sus aliados en el Congreso y a los medios de comunicación para crear histeria generalizada. El congreso y la administración del presidente Trump consideran el programa de misiles de Corea del Norte “una amenaza para Estados Unidos” . Esto ha permitido que el estado unipolarista ponga en marcha una estrategia militar ofensiva para contrarrestar esta falsa “ amenaza ”.

La elite ha descartado todas las negociaciones previas y los acuerdos diplomáticos con Corea del Norte con el fin de prepararse para la guerra -en última instancia, en contra de China. Esto se debe a que China es el adversario económico global más dinámico y exitoso al que se enfrenta Estados Unidos para mantener su hegemonía mundial. EE.UU. ha sufrido una derrota económica pacífica, pero humillante, a manos de una potencia emergente de Asia. La economía de China ha crecido tres veces más rápido que la de EE.UU. durante las últimas dos décadas. Y el banco de desarrollo de infraestructuras de China ha atraído a decenas de participantes regionales y europeos después de que el muy publicitado acuerdo comercial de Estados Unidos en Asia, desarrollado por la Administración de Obama, se viniera abajo. En la última década, mientras los sueldos y salarios se han estancado o retrocedido en EE.UU. y la UE, se han triplicado en China.

Si la tendencia continúa, la economía china superará a la de EE.UU. en un futuro cercano y lejano. Eso supondrá que China sustituya inevitablemente a Estados Unidos como potencia económica más dinámica del mundo…. a menos que se produzca un ataque nuclear por parte de EE.UU.. No es de extrañar que China está embarcada en un programa para modernizar sus sistemas de misiles defensivos y su seguridad marítima y fronteriza.

Mientras los unipolaristas se preparan para la “decisión final” de atacar a China, se dedican a instalar sistemáticamente sus misiles nucleares más avanzados en Corea del Sur bajo el absurdo pretexto de contrarrestar al régimen de Pyongyang. Para exacerbar las tensiones, el alto mando de Estados Unidos ha iniciado ataques cibernéticos contra el programa de misiles de Corea del Norte. Ha participado en descomunales maniobras militares con Seúl, lo que provocó que el ejército de Corea del Norte “probara” cuatro de sus misiles balísticos de medio alcance en el Mar de Japón. Washington ha ignorado los esfuerzos del gobierno chino para calmar la situación y persuadir a Corea del Norte de que resistiera las provocaciones de Estados Unidos en sus fronteras e incluso redujera su programa de armas nucleares.

La maquinaria de propaganda de guerra de Estados Unidos afirma que la respuesta nerviosa de Pyongyang a los provocadores ejercicios militares de Washington (apodados “Foal Eagle “) en la frontera de Corea del Norte son una “amenaza” a Corea del Sur y una prueba de la locura de sus líderes . En última instancia, Washington tiene la intención de dirigirse a China. Para ello, ha instalado su Terminal High Altitude Area Defense System (THAAD), un sistema de vigilancia y ataque ofensivo (a pesar de su nombre), diseñado para atacar las principales ciudades de China y complementar el cerco marítimo estadounidense a China y Rusia. Utilizando a Corea del Norte como pretexto, instaló el sistema THAAD en Corea del Sur, cuyo alcance supera los 3.000 kilómetros, lo que le permite llegar a los centros vitales de China en cuestión de minutos. Los misiles dirigidos del THAAD están diseñados específicamente para identificar y destruir el sistema de misiles de defensa de China.

Con la instalación del THADD en Corea del Sur, el extremo oriental de Rusia está ahora rodeado de los misiles ofensivos de los Estados Unidos, lo que complementa su potencia de ataque desde Occidente.

A los estrategas unipolares se les ha unido ahora el gobierno japonés, cada vez más militarista, una circunstancia de lo más alarmante para los coreanos y los chinos dada la historia de brutalidad japonesa en la región. El Ministro de Defensa de Japón ha propuesto dotarse de capacidad para un “ataque preventivo”, una repetición imperial de su invasión y esclavización de Corea y Manchuria. Japón apunta a Corea del Norte, pero a quien amenaza realmente es a China.

Corea del Sur, un régimen profundamente corrupto y ciegamente sumiso, aceptó de inmediato el sistema THADD en su territorio. Washington encontró al dócil Estado profundo de Corea del Sur dispuesto a sacrificar sus cruciales vínculos económicos con Pekín: China es el mayor socio comercial de Corea del Sur. A cambio de servir como plataforma para futuras agresiones de Estados Unidos contra China, Corea del Sur ha sufrido pérdidas en el comercio, las inversiones y el empleo. Incluso si llegara el caso de que un nuevo gobierno de Corea del Sur quisiera revertir esta política, EE.UU. no trasladaría su instalación THAAD. China, por su parte, ha reducido en gran medida sus relaciones económicas y de inversión con algunos de los mayores conglomerados empresariales de Corea del Sur. El turismo, los intercambios culturales y académicos, los acuerdos comerciales y, sobre todo, la mayor parte de las exportaciones industriales de Corea del Sur se enfrentan a importantes pérdidas.

En medio de un gran escándalo político que involucra al presidente de Corea del Sur (que se enfrenta a la destitución y el encarcelamiento), la alianza militar entre EEUU y Japón ha incorporado brutalmente al desafortunado pueblo de Corea del Sur a una escalada militar contra China. Dicho proceso pone en peligro las pacíficas relaciones económicas de Seúl con China. Los surcoreanos son abrumadoramente partidarios de la paz, pero se encuentran en primera línea de una potencial guerra nuclear.

China ha respondido a la amenaza de Washington incrementando enormemente su propia capacidad defensiva en términos de misiles. Los chinos afirman ahora poseer la capacidad de destruir rápidamente las bases THAAD en Corea del Sur, si EE.UU. les obliga a ello. Asimismo, China está reequipando sus fábricas para compensar la pérdida de las importaciones industriales de Corea del Sur.

Conclusión

La ascensión y caída del imperio estadounidense unipolar no ha desplazado al aparato de Estado permanente, que sigue adelante con sus estrategias alucinantes.

Por el contrario, los unipolaristas están acelerando su campaña de conquista militar global apuntando a Rusia y China, a los que acusan insistentemente de ser la causa de sus guerras perdidas y de su declive económico global. Ellos viven en sus delirios de la “edad de oro” de los noventa, cuando George Bush padre podía devastar Irak y Bill Clinton bombardear ciudades yugoslavas con total impunidad.

Atrás han quedado los días en que los unipolaristas podían hacer pedazos la URSS, financiar antiguos regímenes soviéticos separatistas y violentos en Asia y el Cáucaso y organizar elecciones fraudulentas para sus clientes borrachos en Rusia.

Los desastres de la política de Estados Unidos y su decadencia económica interna han dado lugar a rápidos y profundos cambios en las relaciones de poder en las últimas dos décadas, haciendo añicos cualquier ilusión de un “siglo americano” unipolar.

La unipolaridad sigue siendo la ideología del aparato permanente de seguridad del Estado y sus élites en Washington. Ellos creen que la unión del militarismo en el extranjero y el control financiero en casa les permitirá recuperar su “Jardín del Edén” unipolar perdido.

China y Rusia son los nuevos protagonistas esenciales de un mundo multipolar. Las dinámicas de la necesidad y su propio crecimiento económico les han empujado a buscar con éxito estados y mercados alternativos e independientes.

Esta realidad obvia e irreversible ¡ha hecho que los unipolaristas se obsesionen con prepararse para una guerra nuclear mundial! Los pretextos son infinitos y absurdos; los objetivos son claros y globales; los medios militares ofensivos y destructivos están disponibles; pero también lo están las formidables capacidades defensivas y de represalia de China y Rusia.

El Estado unipolarista acaricia el delirio de ganar una guerra nuclear mundial, lo que pone a los estadounidenses en la disyuntiva de resistir o rendirse ante un imperio en decadencia demencialmente peligroso que está dispuesto a iniciar una guerra que traería la destrucción mundial.

Nota del traductor:

(1): El “juego de la gallina” (game of chicken) es una competición en la que dos coches se lanzan uno contra otro; el primero que se desvía de la trayectoria del choque pierde y es humillado por comportarse como un gallina. Se basa en la idea de crear presión psicológica hasta que uno de los participantes se echa atrás y la expresión se aplica como metáfora a una situación en la que dos bandos se enzarzan en una escalada en la que no tienen nada que ganar y en la que sólo el orgullo evita que se echen atrás. Bertrand Russell fue el primero en usarla en relación con la carrera armamentística.

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Rusia cierra el cielo de Siria a los aviones de la coalición liderada por EEUU

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Terc3ra

El enviado especial ruso para Siria ha anunciado que los aviones de combate de la coalición internacional ya no serán autorizados a sobrevolar las zonas de distensión en Siria.

El enviado especial ruso para Siria ha anunciado que los aviones de combate de la coalición internacional ya no serán autorizados a sobrevolar las zonas de distensión en Siria.

El jefe de la delegación rusa para las conversaciones de paz de Astaná, Alexander Lavrentiev, declaró el viernes 6 de mayo que los aviones de combate de la coalición internacional, dirigida por EEUU, no serán autorizados a sobrevolar las zonas de distensión en Siria.

Entrevistado por la agencia de prensa Interfax, Alexander Lavrientiev declaró q ue los participantes en las conversaciones de paz de Astama habían convenido en prohibir a partir del viernes a los aviones de la coalición el sobrevolar estas zonas.

El diplomático ruso anunció que “un cierto número de grupos de oposición armados se han dado cuenta ya de la necesidad del cese el fuego y de poner fin al- conflicto, pero ningún mecanismo dirigido a registrar las violaciones del cese el fuego ha funcionado hasta ahora en Siria”.

Lavrentiev afirmó también que Teherán, Moscú y Ankara iban a poner al corriente al Consejo de Seguridad de la ONU de la firma del acuerdo para la creación de las zonas de distensión y esperaban que este órgano reconociera este acuerdo.

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¿Ayuda Trump a Arabia Saudita a destruir Yemen?

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: RT

Mientras Yemen vive inmerso en una devastadora guerra civil, la Administración Trump impulsa nuevos contratos millonarios de venta de armas con Arabia Saudita, que lanza bombardeos en dicho conflicto.

La creación de nuevos puestos de trabajos en la industria manufacturera para impulsar la economía de EE.UU. fue una de las principales promesas electorales de Donald Trump, y todo parece indicar que el mandatario estadounidense está dispuesto lograr el objetivo.

El Gobierno de EE.UU. está impulsando nuevos contratos de venta de armas a Arabia Saudita valorados en decenas de miles millones de dólares, informa Reuters, que cita fuentes cercanas al proceso de negociaciones.

Estados Unidos ha sido el principal proveedor de la mayoría de las necesidades militares saudíes en los últimos años. Por eso no es de extrañar que la primera gira exterior de Donald Trump como jefe de Estado arrancará este mes con una visita a este país árabe: una clara señal de su intención de reforzar los lazos con su principal aliado en Medio Oriente.

Robert G. Rabil de ‘The National Interest’ indica que con estos contratos millonarios de armas, Trump, en realidad, ayuda a Arabia Saudita a destruir Yemen, que vive inmerso en una devastadora guerra civil.

Emergencia humanitaria en Yemen

                                      
                                      Sunitas y chiitas: ¿Qué es lo que los separa?

Desde 2014 el país es escenario de un conflicto armado entre los chiitas hutíes y las fuerzas leales al presidente Abd Rabbuh Mansur al Hadi, que se vio obligado a abandonar el país. Desde marzo de 2015 una coalición de países árabes liderada por Arabia Saudita interviene militarmente para devolver al poder al presidente Hadi, exiliado en Riad.

Durante estos dos años los aviones saudíes han bombardeado escuelas, hospitales y mercados, manteniendo, además, un duro bloqueo de ayuda humanitaria. Las cifras son estremecedoras: más de 12.000 civiles fallecidos, tres millones y medio de desplazados internos y un 83% de la población yemení en estado de emergencia humanitaria. Sin embargo, la ONU todavía no ha declarado la hambruna en el país.Una mujer muestra una enfermedad epidérmica de niños en un campamento para desplazados por la guerra cerca de Saná, Yemen, el 24 de abril de 2017 Khaled Abdullah Reuters

Un juego de relaciones públicas

En una entrevista con RT, Brian Becker, director de la Coalición ANSWER, organización de protestas en contra de la guerra, afirma que lo que se observa en Yemen es, quizá, “una de las más grandes historias de sufrimiento humano y catástrofes en el mundo en este momento” como consecuencia de la campaña saudí de bombardeos financiada por Estados Unidos.

“Lo que los saudíes están haciendo se ha entendido y etiquetado como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad por la ONU”, asevera el activista, pese a lo que —se lamenta—, EE.UU. aumenta constantemente su financiación militar a Arabia Saudita.

Asimismo, Becker asegura que para mitigar el creciente coro internacional de críticas contra sus crímenes de guerra en Yemen y aplacar a sus partidarios en Washington, Arabia Saudita intenta activar un juego de relaciones públicas: “ofrecen filantropía y caridad”.

Según él, esto es una prueba de que la diplomacia y la caridad en estas circunstancias es “una mentira, una máscara, un camuflaje para ocultar lo que los saudíes en realidad están haciendo a la gente en Yemen“, concluye el director de ANSWER.

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Grecia y los acreedores pactan nuevos recortes para desbloquear otro tramo del rescate

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Grecia

  • El documento pactado incluye un recorte del 18% en las pensiones, lo que afectará a cerca de 900.000 pensionistas que reciben sobre 700 euros de pensión.
  • El acuerdo también recoge reformas energéticas y el aumento de impuestos durante seis meses
 

El ministro de Finanzas griego, Euclid Tsakalotos.

El Gobierno de Grecia y sus acreedores internacionales alcanzaron este martes un acuerdo sobre el paquete de reformas exigidas a Atenas para la entrega de un nuevo tramo del rescate, según señaló el ministro de Finanzas griego, Euclid Tsakalotos, informa Europa Press.

“Hubo fumata blanca. Se han completado las negociaciones en todos los asuntos”, indicó, en referencia al término asociado a las elecciones papales, según informó el diario local To Vima.

Las partes alcanzaron el acuerdo, que será presentado ante el Parlamento antes de la votación del 22 de mayo en el Eurogrupo, tras doce horas de negociaciones.

El documento pactado incluye un recorte del 18% en las pensiones, lo que afectará a cerca de 900.000 pensionistas que reciben sobre 700 euros de pensión.

Asimismo, contempla reformas energéticas y el aumento de impuestos durante cerca de seis meses, debido a las diferencias entre la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) en materia de objetivos fiscales.

Grecia ahora debe legislar las nuevas medidas antes de que los ministros de Finanzas de la Eurozona aprueben el desembolso de los préstamos, que Atenas necesita para devolver 7.500 millones de euros en deuda con vencimiento en julio, tal y como recogió la agencia británica de noticias Reuters.

Como parte de las reformas, Atenas prometió reducir las pensiones en el 2019 y bajar el umbral libre de impuestos en el 2020 para producir ahorros equivalentes al 2% de su Producto Interior Bruto (PIB).

Si Atenas supera sus objetivos, se le permitirá activar un conjunto de medidas que compensen el impacto de la austeridad adicional, entre ellas una rebaja impositiva.

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ELECCIONES EN FRANCIA Macron amplía su ventaja en los sondeos a dos días de la segunda vuelta de las presidenciales

07/05/2017 by Vitalio Deja un comentario

 

Fuente: InfoLibre

 

  • La consulta se llevó a cabo después de un agrio debate televisado entre los dos contendientes el miércoles, en el que los espectadores vieron a Macron como ganador
  • Según otra encuesta realizada por Odoxa, una cuarta parte del electorado francés probablemente se abstendrá en la votación del domingo
 

Macron amplía su ventaja en los sondeos a dos días de la segunda vuelta de las presidenciales

El candidato centrista a la Presidencia de Francia, Emmanuel Macron, ha ampliado este viernes su ventaja en las encuestas para la segunda vuelta de las presidenciales frente a su rival del partido ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, en el último día de la campaña electoral.

Según una encuesta de Elabe para BFM TV y el diario ‘L’Express’, facilitada por Europa Press, Macron recibirá el 62 por ciento de los votos en la segunda vuelta, en comparación con el 38 por ciento de Le Pen, un aumento de tres puntos para el candidato centrista frente al sondeo anterior de Elabe.

Se trata del mejor resultado de Macron en una encuesta de intención de voto realizada por una encuestadora importante desde que otros nueve candidatos fueran eliminados en la primera vuelta del 23 de abril.

La encuesta se llevó a cabo después de un agrio debate televisado entre los dos contendientes el miércoles, en el que los espectadores vieron a Macron como ganador según dos sondeos.

Según otra encuesta realizada por Odoxa, una cuarta parte del electorado francés probablemente se abstendrá en la votación del domingo, muchos de ellos votantes izquierdistas decepcionados después de que sus candidatos no llegaron a la segunda vuelta.

La tasa de abstención proyectada sería la segunda mayor de las elecciones presidenciales 1965, lo que subraya la desilusión de muchos votantes por estos comicios. La tasa de participación para la primera vuelta fue cercana al 78 por ciento, según el Ministerio del Interior.

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Los franceses hunden su propio barco

30/04/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

Estamos siendo testigos de un viraje histórico en Francia, donde el antiguo espectro político vuela en pedazos y está apareciendo una nueva fractura. Abrumados por la intensa propaganda mediática que inunda su país, los franceses han perdido las referencias esenciales y se empeñan en ver líneas rojas que ya ni siquiera existen, a pesar de que los hechos son muy claros y de que ciertas evoluciones son perfectamente previsibles.

 

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Celebración privada en el restaurante parisino La Rotonde. Considerado ya como nuevo presidente de Francia, e incluso felicitado como tal, el aún candidato Emmanuel Macron recibe jefes de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París y personalidades del mundo del espectáculo justo después de anunciarse el resultado de la primera vuelta de la elección presidencial. Aquí aparece conversando con su amigo, el banquero Jacques Attali.

Después de una campaña electoral tremendamente agitada, los franceses eligieron a Emmanuel Macron y Marine Le Pen para disputar la segunda vuelta de la elección presidencial.

En este momento, y es un hecho que está lejos de ser casual, ya casi todos los candidatos ahora eliminados, exceptuando a Jean-Luc Melenchon, han llamado a sus electores a votar por Macron, quien debería por tanto alcanzar fácilmente la victoria.

Los dos grandes partidos históricos que habían gobernado Francia desde los inicios de la Quinta República –el ahora llamado Les Républicains (ex gaullistas) y el Partido Socialista (el antiguo partido de Jean Jaures)– han sido derrotados y una formación de nueva creación –llamada En Marche!– aparece en el escalón más alto de esta primera vuelta para disputar la segunda contra la candidata del Frente Nacional (FN).

¿Hay realmente un candidato del fascismo?

No es la primera vez que se produce en Francia este tipo de situación: de un lado, un partidario de la alianza con el país que parece ser la primera potencia del momento –Estados Unidos– y del otro, un movimiento en busca de la independencia nacional; de un lado, todo el conjunto de la clase dirigente, sin grandes excepciones, y del otro, un partido mucho menos homogéneo, que se compone masivamente de proletarios provenientes, en dos terceras partes, de la derecha mientras que la otra tercera parte proviene de la izquierda.

Todo indica que el futuro presidente de Francia será por tanto Emmanuel Macron, un ex cuadro del banco Rothschild & Cie, que ahora cuenta con el respaldo de todos los patrones de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París.

Sin embargo, a pesar de todo lo que afirman los prejuicios profundamente anclados en las mentes, la principal característica de los partidos fascistas es… el apoyo unánime que reciben de los poderes financieros.

Esa unanimidad del gran capital viene siempre acompañada de una “unidad de la Nación” que borra todas las diferencias. Para ser iguales, tenemos que hacernos idénticos. A eso dio inicio el presidente saliente Francois Hollande, en 2012-2013, con su ley del «Matrimonio para todos». Esa ley fue presentada como algo que establecería la igualdad entre todos los ciudadanos, independientemente de la orientación sexual de cada cual, cuando en realidad planteaba de facto que las parejas homosexuales y las parejas con hijos tienen las mismas necesidades. Pero había otras soluciones más inteligentes. La oposición a esa ley dio lugar a grandes manifestaciones, que desgraciadamente no planteaban ningún tipo de proposiciones y en las que a veces aparecieron consignas homófobas.

De idéntica manera, en respuesta a la matanza perpetrada en los locales del semanario humorístico Charlie-Hebdo se impuso la consigna «Je suis Charlie!» [¡Yo soy Charlie!], y quienes osaban declarar «Yo no soy Charlie» fueron incluso enviados a los tribunales.

Es muy triste comprobar la ausencia de reacción de los franceses ante la unanimidad del gran capital y la manera perentoria en que se les conmina a recurrir a los mismos dispositivos jurídicos, a profesar las mismas convicciones y a repetir los mismos eslóganes. Así que hoy se obstinan en considerar que el actual Frente Nacional es «fascista», sin otro argumento que el ya lejano pasado de esa formación política.

¿Es posible la resistencia ante el candidato del fascismo?

La mayoría de los franceses creen que Emmanuel Macron será un presidente al estilo de Sarkozy o de Hollande, que seguirá la política de sus dos predecesores. Estiman, por consiguiente, que Francia está llamada a seguir decayendo cada vez más y se resignan a aceptar esa maldición creyendo evitar así la amenaza de la extrema derecha.

Muchos recuerdan que, en el momento de su creación, el Frente Nacional reunía en su seno a los perdedores de la Segunda Guerra Mundial y de la política socialista de colonización de Argelia. Se concentran en la presencia en esa organización de unos cuantos personajes que colaboraron con el ocupante nazi, lo cual les impide ver que el Frente Nacional de hoy no tiene absolutamente nada que ver con esos individuos.

Los franceses se obstinan en ver al entonces subteniente Jean Marie Le Pen –el padre de Marine, la hoy candidata a la presidencia– como responsable de los terribles abusos que Francia cometió en Argelia mientras que exoneran de su enorme responsabilidad histórica a los dirigentes socialistas que trazaron la política colonialista de Francia en aquel país del norte de África, principalmente al terrible ministro francés del Interior de aquella época, Francois Mitterrand, quien años más tarde habría de convertirse en presidente de Francia bajo la etiqueta del Partido Socialista.

Nadie recuerda hoy que en 1940 fue un ministro fascista, el general Charles De Gaulle, quien rechazó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Considerado entonces como el sucesor oficial del mariscal Philippe Petain –que incluso era el padrino de su hija–, De Gaulle se lanzó solo en la creación del movimiento de resistencia. Luchando contra su propia educación y sus prejuicios, poco a poco reunió a su alrededor –en contra de su antiguo mentor– a franceses de todos los horizontes y tendencias para defender la República Francesa. En esa lucha adoptó como aliado a Jean Moulin, una personalidad de izquierda que años antes había desviado fondos del ministerio de Marina y contrabandeado armas para ayudar a los republicanos españoles en su lucha contra los fascistas.

Nadie parece recordar hoy que un colega de De Gaulle, Robert Schuman, firmó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Años después, ese mismo Robert Schuman fundó la Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea, una organización supranacional basada en el modelo nazi del «Nuevo Orden Europeo», en aquel entonces dirigida contra la Unión Soviética y actualmente contra Rusia.

El modelo Obama-Clinton

El ex presidente estadounidense Barack Obama ya expresó públicamente su apoyo al candidato Emmanuel Macron, quien a su vez se ha rodeado de un equipo de política exterior que incluye a los principales diplomáticos neoconservadores y no oculta su respaldo a la política exterior del Partido Demócrata estadounidense.

En Estados Unidos, el demócrata Barack Obama presentó su política exterior utilizando una retórica diametralmente opuesta a la de su predecesor, el republicano George Bush. Pero en la práctica, Obama sólo siguió –en todos los aspectos– los pasos de las administraciones de Bush hijo. Al igual que el republicano Bush Jr., el demócrata Obama aplicó el mismo plan de destrucción contra las sociedades del Medio Oriente ampliado, plan que ya ha causado más de 3 millones de muertes. Emmanuel Macron apoya esa política, sólo habrá que esperar un poco para saber si la justifica hablando de «democratización» o de «revolución espontánea».

En Estados Unidos, Hillary Clinton perdió la carrera por la presidencia, pero en Francia Emmanuel Macron tiene las mayores probabilidades de ganar la segunda vuelta y convertirse así en presidente de la República.

Nada demuestra que Marine Le Pen sea capaz de asumir el papel que Charles De Gaulle desempeñó en el pasado, pero sí son seguras 3 cosas:
 Al igual que en 1940, cuando los británicos no tuvieron otra opción que acoger a De Gaulle en Londres, los rusos de hoy apoyarán a la señora Le Pen.
 Al igual que en 1939, cuando fueron pocos los comunistas que –en contra de las orientaciones de su partido– se unieron a la resistencia, hoy son pocos los partidarios de Jean-Luc Melenchon que darán ese paso. Pero hay que recordar que, a partir de la agresión nazi contra la URSS, todo el Partido Comunista respaldó a De Gaulle y sus militantes fueron mayoría en las filas de la resistencia francesa. No cabe duda de que, en los próximos años, Melenchon y la señora Le Pen acabarán en el mismo bando.
 Emmanuel Macron nunca podrá entender a los hombres y mujeres que oponen resistencia a las fuerzas que tratan de imponer su dictado a su patria. Así que no podrá entender tampoco a los pueblos del «Medio Oriente ampliado», que siguen luchan por su verdadera independencia alrededor del Hezbollah libanés, de la República Árabe Siria y de la República Islámica de Irán.

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Corea del Norte lanza otro misil balístico

30/04/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: RT

Según los militares surcoreanos, la prueba no ha tenido éxito ya que el proyectil norcoreano ha explotado varios minutos después de su lanzamiento.

 

Este sábado 29 de abril Corea del Norte ha efectuado el lanzamiento de un misil balístico, según informa Yonhap citando un comunicado difundido por el Estado Mayor Conjunto surcoreano.

“Esta madrugada a las 5:30 hora local Corea del Norte ha lanzado un misil no identificado desde un sitio en la provincia de Pyongan del Sur”, reza el documento. Los militares surcoreanos confirman que la prueba no ha tenido éxito: el misil norcoreano ha explotado en el aire varios minutos después de su lanzamiento.

Por su parte, los militares estadounidenses han asegurado que están informados del acontecimiento. El misil no ha abandonado el territorio norcoreano, ha aseverado el portavoz del Mando del Pacífico de EE.UU., Dave Benham.

La cadena ABC News precisa que el proyectil ha recorrido unos 30-40 kilómetros. Según una fuente militar citada por el canal, se trataría de un misil de combustible líquido conocido como KN-17. Sin embargo, CNN afirma que ese tipo de misil usa combustible sólido. El proyectil estuvo en el aire unos 15 minutos, detalla Fox News.

Por su parte, los analistas surcoreanos no descartan que Pionyang intentara probar un misil del tipo Scud ER, es decir, de alcance extendido; según otra versión, se trató de un proyectil de medio alcance.

“Nos acercamos a un conflicto fronterizo”

La prueba se ha realizado unas horas después de que terminara la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU dedicada a la situación en la península coreana. El viceministro de Exteriores ruso, Guenadi Gatílov, señaló que Corea del Norte “está actuando de manera inapropiada” ignorando las resoluciones del organismo internacional. “Entendemos muy bien los sentimientos de nuestros vecinos cuando un nuevo misil se lanza sin advertencia desde el territorio norcoreano”, aseguró el diplomático ruso.

Por su parte, el secretario de Estado norteamericano, Rex Tellierson, declaró que la amenaza de las acciones hostiles por parte de Pionyang contra Tokio y Seúl es real e instó al Consejo de Seguridad a tomar medidas preventivas. “Con sus acciones Pionyang nos acerca a un conflicto fronterizo“, advirtió.

Su homólogo surcoreano, Yun Byung-se, propuso retirarle a Pionyang el estatus de miembro de la ONU e imponer nuevas sanciones contra el país. “Podríamos tomar medidas enérgicas como impedirle a Corea del Norte abastecerse de petróleo crudo y bloquear el flujo de ingresos en divisas suspendiendo sus ventas de carbón al exterior”, aclaró.

Publicado en: Global

Venezuela: Dirigente de derecha admite desviación vandálica

30/04/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Telesur

“Si ellos pudieran quemar hoy a Venezuela, lo harían”, manifestó Diana D’Agostino en relación al partido de extrema derecha Voluntad Popular (VP).

                                                                                       

Las manifestaciones convocadas por sectores de derecha en Venezuela han derivado en actos anárquicos y vandálicos, reconoció este sábado Diana D’Agostino, esposa del diputado a la Asamblea Nacional (AN) por el partido Acción Democrática (AD), Henry Ramos Allup.

En una conversación telefónica con su padre, Franco, D’Agostino se mostró preocupada por los recientes hechos violentos que se han visto en el país suramericano, donde locales, escuelas y sistemas de transporte han sido dañadas por los opositores.

“No sólo que hemos caído ya en una anarquía, sino que hemos caído ya en el vandalismo. Oye si ven un poste lo tiran pa’ el piso, si tienen que reventar vidrios de un local, lo revientan”, lamentó Diana D’Agostino en su diálogo, difundido en el programa La Hojilla que transmite el canal estatal Venezolana de Televisión.

La esposa del también secretario general de AD criticó la división que existe entre partidos de la autodenominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), especialmente de agrupaciones denunciadas por el Gobierno venezolano por su tendencia ultraderechista, como es el caso de Voluntad Popular (VP).

“En VP tú ves que hay un lado, que es el lado conservador, que están totalmente de acuerdo con el calendario de elecciones regionales, que son (Luis) Florido, (Roberto) Marrero, (Juan) Guaidó, pero entonces está el ala de (Lilian) Tintori, de Freddy Guevara, tú sabes que son los radicales, y que eso es un rollo. Si ellos pudieran quemar hoy a Venezuela, lo harían”, relató.

De esa forma, se refirió a las divergencias dentro de la MUD, representados por el sector de VP que busca convocar unas “elecciones generales” que no están contempladas en la Constitució

“Nosotros hemos sido siempre de la tesis que primero hay que hacer elecciones regionales, que son las vencidas, después las de alcaldes y después las presidenciales”, dijo, en referencia al calendario estipulado por la legislación venezolana.

Igualmente, comentó que hay división en el partido Primero Justicia (PJ) y mencionó que el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, representa el ala radical de esa organización.

“Ya Capriles no tiene nada que perder y ese lo que quiere es incendiar la calle. Él no tiene nada qué perder. Por eso te digo que todo eso está dividido”, sostuvo en alusión a la inhabilitación política de Capriles por 15 años.

Durante las últimas cuatro semanas, tras esas manifestaciones convocadas en algunas zonas de Caracas y estados del país, han sido asesinadas 29 personas y se suman más de 400 heridos.

Publicado en: Global

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Don Juan
Don Juan

Este podcast tiene la intención de reproducir interpretaciones personales de algunos clásicos de la poesía universal. Entiendo, al igual que Octavio Paz, que la poesía es una actividad emocional revolucionaria, un ejercicio espiritual, un medio de liberación interior y una búsqueda de transfiguración. Adonis, Ali Ahmad Said y Octavio paz son mis favoritos. Dos clásicos modernos.

LÍMITES de Adonis (Ali Ahmad Said)
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Este poema, como tantos otros, tiene que ver con los límites de la vida. Es un poema profundo y desconcertante, pero como todos en los poemas de Adonis nunca sabemos a dónde nos lleva sus impresionantes versos, es como no saber en qué puerto este barco llegará anclar.

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