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Global

La Unesco declara Hebrón patrimonio mundial palestino y provoca la ira de Israel y EE.UU.

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: RT

 

El casco antiguo de esa ciudad se convierte en el tercer sitio Patrimonio de la Humanidad registrado como Palestina por el organismo internacional.

La Unesco ha decidido este viernes incluir al casco histórico de la ciudad cisjordana de Hebrón en su lista de lugares Patrimonio de la Humanidad en Peligro. Lo ha hecho registrándolo como Palestina, lo que ha provocado la indignación de Israel y EE.UU.

En el nuevo lugar protegido por la agencia de Educación, Ciencia y Cultura de la ONU se encuentra el lugar sagrado conocido por los musulmanes como la mezquita de Ibrahim y para los judíos como la Tumba de los Patriarcas. Con esta designación la Unesco evaluará anualmente la situación en el casco histórico de esa ciudad, que está situada en la zona ocupada por Israel.

                                                  

Además, permite la asignación inmediata de ayuda del Fondo del Patrimonio Mundial para garantizar la salvaguardia de los sitios en peligro de extinción, los cuales están reconocidos por la comunidad internacional como de “valor universal excepcional”. La zona vieja de Hebrón se convierte en el tercer sitio de Patrimonio de la Humanidad registrado como Palestina desde que la Unesco la reconoció como Estado en el 2011.

La respuesta de Israel

Por su parte, Tel Aviv ha condenado esta resolución calificándola de “delirante”. “Esta vez decidieron que la Tumba de los Patriarcas en Hebrón es un sitio palestino, lo que quiere decir no judío”, lamentó el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Asimismo el Gobierno de este país ha respondido recortando otro millón de dólares de los fondos que aporta a Naciones Unidas.

Es la cuarta vez en los últimos meses que Israel reduce la financiación al organismo internacional, al que había castigado por resoluciones que afectaban a sus intereses. Hasta diciembre del año pasado Tel Aviv contribuía con 11,7 millones anuales a la ONU, pero tras este último recorte ahora solo aportará 1,7 millones de dólares.

EE.UU. también ha criticado la decisión de la Unesco, tildando su resolución de “trágica” y de “afrenta a la historia”. La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, advirtió que Washington está revisando sus relaciones con esa agencia de Naciones Unidas.

Publicado en: Global

El FBI obtiene permiso judicial para ocultar detalles sobre el 11-S

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: RT

 

Los datos están vinculados a la financiación de los ataques terroristas en Nueva York y Washington.

 

       

Un tribunal estadounidense desestimó la acusación contra el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) de ocultar inapropiadamente información sobre el papel que tuvieron ciudadanos sauditas residentes en Florida en la financiación del 11-S.

Florida Bulldog, una organización de investigaciones periodísticas, ha estado indagando en los lazos existentes entre sauditas afincados en EE.UU. y los secuestradores que dirigieron los aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono en 2001. De los 19 secuestradores implicados, 15 eran sauditas.

La jueza de Florida del Sur Cecilia Altonaga ha dictaminado que el FBI puede mantener en secreto ciertas partes del documento ‘Overview of the 9/11 Investigation’ (Resumen de la investigación del 11-S), informa ‘The Herald Tribune’.

Excepción a la ley

El FBI hizo pública en febrero la versión redactada de las 60 páginas de diapositivas. En mayo Altonaga determinó, por  demanda de Florida Bulldog, que el documento debía ser abierto al público luego que el servicio secreto no lograra aplicar una excepción a la Ley por la Libertad de la Información diseñada para evitar la “revelación de métodos y procedimientos utilizados para investigaciones o enjuiciamientos”.

El FBI pidió que se reconsiderara la decisión argumentando que, aunque el documento no discutía la metodología, podía revelar algunos de los métodos aplicados en la investigación. Por ejemplo, una foto incluida en el documento fue tomada por una cámara de vigilancia y puede revelar el lugar dónde fue instalada.

Altonaga no ha apoyado que se inicie un proceso para evaluar la necesidad de mantener secretos los detalles vinculados a los ataques. “El tribunal no considera necesario revelar más hechos mediante un proceso”, determinó la juez.

“El papel de Arabia Saudita”

El exsenador Bob Graham, quien copresidió la investigación del Congreso sobre el 11-S, se ha pronunciado en apoyo de los esfuerzos de Florida Bulldog, diciendo que el documento del FBI podría incluir información importante sobre el “presunto papel de Arabia Saudita en la financiación de los ataques“.

“El conocimiento de estos hechos podría cambiar la opinión pública y las medidas del Gobierno acerca de la responsabilidad de los sauditas como aliado y sobre si es racional suministrarles armamento por valor de miles de millones de dólares”, comentó.

La decisión jurídica coincide con un informe del centro analítico británico Henry Jackson Society, que colocó a Arabia Saudita en lo más alto de la lista de los países exportadores de extremismo al Reino Unido.

Publicado en: Global

Chomsky teme que se desate una guerra nuclear durante el mandato de Trump

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: Iniciativa Debate

       

 

El lingüista estadounidense Noam Chomsky consideró en una conversación con el filósofo afroamericano George Yancey que, junto al cambio climático, la amenaza de una guerra nuclear como uno de los dos asuntos más importantes de la contemporaneidad, así lo informó ‘The New York Times’.

Chomsky coincidió con el exjefe del Pentágono William Perry, quien estimó en octubre pasado que “el peligro de un desastre real con armas nucleares es mayor que durante la Guerra Fría debido a la amenaza del terrorismo nuclear y a las guerras regionales”.

“Perry tiene razón al estar aterrorizado. Y todos deberíamos estarlo, sobre todo por la persona que tiene el dedo sobre el botón (nuclear) y sus socios surrealistas”, afirmó Chomsky en referencia a Donald Trump.

A su vez explicó que uno de los principales peligros proviene del programa de modernización de las fuerzas nucleares iniciado durante la presidencia anterior, la de Barack Obama.

Chomsky se refirió a una reciente estimación del Boletín de Científicos Atómicos que señala que la capacidad de exterminio total en EE.UU. se ha multiplicado por tres. Esa situación deja una sola opción a los enemigos declarados de Washington: recurrir a un preventivo “ataque sorpresa” para asegurarse una mínima supervivencia.

“Significa que en un momento de crisis, de los cuales hay demasiados, los estrategas militares rusos puedan concluir que sin una razón disuasoria, su única esperanza de supervivencia sea un primer ataque, lo cual significaría el final de todos nosotros”, explicó el filósofo.

Para el lingüista estadounidense, las acciones en Siria y cerca de las fronteras de Rusia son ejemplos de “amenazas de confrontación muy serias” que pueden derivar rápidamente en un conflicto nuclear.

Acción ciudadana

Al igual que como había afirmado en una reciente entrevista con El Espectador, donde manifestó que para él son los ciudadanos comunes quienes pueden “cambiar este nuevo orden mundial y de manera significativa si quieren un futuro decente”, consideró que la “acción ciudadana” que invoca para dar marcha atrás en el programa armamentista de Estados Unidos es el único contrapeso a los crecientes peligros.

“También (la acción ciudadana) puede presionar a Washington para que explore opciones diplomáticas –que están disponibles– en vez de las reacciones casi reflejas del uso de la fuerza y la extorsión en otras áreas, como Corea del Norte e Irán”, consideró.

Para él sin ninguna respuesta del activismo social, hay temor de que el intercambio de ataques nucleares se produzca en un futuro próximo.

Publicado en: Global

Donald Trump ante el «Cuarto Poder»

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: Thierry Meyssan

 

Al arrogarse el título de «Cuarto Poder», la prensa estadounidense se sitúa en un plano de igualdad con los 3 poderes democráticos reconocidos, a pesar de que los medios de prensa no gozan de ningún tipo de legitimidad otorgada por el Pueblo. Tanto en Estados Unidos como en el extranjero, esa prensa está desarrollando una gran campaña contra el presidente Trump, para desacreditarlo y provocar su destitución. Esa campaña comenzó la noche misma de la elección del actual presidente, o sea mucho antes de su llegada a la Casa Blanca, y está teniendo gran eco entre los electores favorables al Partido Demócrata y en los países aliados de Washington, donde la población está convencida de que el actual presidente de Estados Unidos no está en su sano juicio. Pero los electores que votaron por Donald Trump resisten a esa gigantesca campaña mientras que el ahora presidente logra luchar eficazmente contra la pobreza.

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Se mantiene la campaña internacional de prensa para desestabilizar al presidente Trump. La máquina de injuriar que David Brock armó durante la etapa de transición entre la administración saliente de Barack Obama y la de Donald Trump [1] resalta cada vez que puede el carácter apresurado y la frecuente grosería de los tweets presidenciales. La Entente de medios difusión creada por la misteriosa ONG First Draft [2] repite incansablemente que la justicia está investigando presuntos vínculos entre el equipo de campaña del ahora presidente y los tenebrosos complots que se atribuyen al Kremlin.

Un estudio del profesor Thomas E. Patterson, de la Harvard Kennedy School, muestra que la prensa de Estados Unidos, del Reino Unido y de Alemania ya ha citado a Donald Trump el triple de veces que a los anteriores inquilinos de la Casa Blanca y que en los primeros 100 días de su mandato el 80% de los artículos eran claramente desfavorables a él [3].

Durante la campaña del FBI para forzar la renuncia del presidente Nixon [4], la prensa estadounidense se atribuyó el título de «Cuarto Poder», con lo cual implicaba que los propietarios de los medios de difusión tenían más legitimidad que el Pueblo mismo. Lejos de ceder a la presión, Donald Trump, consciente del peligro que representa la alianza entre los medios de difusión y el 98% de altos funcionarios que votaron contra él, declaró «la guerra a la prensa» en su discurso del 22 de enero de 2017, una semana después de su investidura. Por su parte, su consejero especial Steve Bannon declaraba al New York Times que la prensa se ha convertido de hecho en «el nuevo partido de oposición».

Pero lo más interesante es que los electores del actual presidente no le han retirado su confianza.

Recordemos aquí cómo empezó todo. Fue durante el periodo de transición, o sea antes de la investidura de Donald Trump. Una ONG llamada Propaganda or Not? lanzó la idea de que Rusia tenía previsto difundir, durante la campaña electoral estadounidense, una serie de informaciones falsas para torpedear a la candidata demócrata Hillary Clinton y favorecer la elección de Donald Trump. En aquel momento, nosotros subrayamos los vínculos de esa ONG con Madeleine Albright y Zbigniew Brzeziński [5]. La acusación contra Rusia, ampliamente repetida por el Washington Post, incluía una “lista de agentes” del Kremlin, entre los que se hallaba Red Voltaire. Pero nada, absolutamente nada, ha demostrado en ningún momento esta tesis del complot ruso.

Todos han podido comprobar que los argumentos que se esgrimen contra Donald Trump no son solamente los que habitualmente se manejan en la lucha política sino que vienen, evidentemente, del arsenal de la propaganda de guerra [6].

El premio a la mala fe podría otorgársele a la CNN, cuyo tratamiento de ese tema alcanza proporciones francamente obsesivas. CNN se vio incluso obligada a presentar excusas por haber transmitido un reportaje donde acusaba al banquero Anthony Scaramucci, estrechamente vinculado a Trump, de estar indirectamente a sueldo de Moscú. Pero CNN se encontró esta vez con la horma de su zapato porque Scaramucci es lo suficientemente rico como para darse el lujo de llevar a ese canal de televisión ante los tribunales por haberlo difamado con la transmisión de una acusación completamente inventada. Así que CNN tuvo que presentar excusas y los 3 periodistas de su grupo de investigación «dimitieron».
Posteriormente, el Project Veritas, del periodista James O’Keefe publicó 3 secuencias de videos grabados con cámara oculta [7]. En el primero de esos videos se ve a un supervisor de CNN declarar entre risas en un ascensor que las acusaciones de colusión del presidente Trump con Rusia son sólo «estupideces» que se transmiten «para la audiencia». En el segundo video, un presentador estrella de CNN y ex consejero del presidente Obama reconoce que toda esa historia es completamente absurda y en el tercero un productor de CNN declara que Trumo es un enfermo mental y que sus electores son «estúpidos como la mierda» (sic).
En respuesta, el presidente Trump colgó en la red un montaje de imágenes de sus tiempos de responsable de la WWE (la Federación estadounidense de lucha, espectáculo muy popular en Estados Unidos) donde él mismo aparece dándole una paliza a su amigo Vince McMahon –esposo de la secretaria de la administración Trump a cargo de las pequeñas empresas–, cuyo rostro es reemplazado por el logo de CNN. El montaje termina con la presentación de un logo modificado de CNN, sigla que se convierte en Fraud News Network, algo así como “Red de Noticias Fraudulentas”.

Todo este episodio nos muestra que en Estados Unidos, Donald Trump no tiene la exclusividad de la grosería y confirma que CNN –que en sólo 2 meses ha abordado la cuestión de la injerencia rusa más de 1 500 veces– no se dedica al periodismo y se burla de la verdad. Esto ya lo sabíamos desde hace tiempo, por haber seguido su tratamiento de los temas de política internacional, pero ahora se descubre que hace lo mismo en materia de política doméstica.

Aunque resulta mucho menos significativa, una nueva polémica ha surgido entre el presidente y los presentadores del programa matinal de MSNBC Morning Joe, que desde hace meses han venido criticando implacablemente al inquilino de la Casa Blanca. Uno de ellos, Joe Scarborough, es un ex abogado y parlamentario por el Estado de La Florida que aboga contra el derecho al aborto y por la disolución de los ministerios «inútiles», que según él son los de Comercio, Educación, Energía y Vivienda. Su compañera, tanto en sentido recto como en sentido figurado, Mika Brzezinski es una simple lectora de teleprompter que apoyaba a Bernie Sanders. En un tweet, el presidente los insultó identificándolos como «Joe el sicópata» y «Mika, la del bajo coeficiente intelectual». Nadie duda que tales calificativos estén cerca de la realidad, pero formularlos así no tiene más objetivo que herir el amor propio de ambos periodistas. En definitiva, los dos presentadores de Morning Joepublicaron en el Washington Post un texto donde ponen en duda la salud mental del presidente.

Mika Brzezinski es la hija del recientemente fallecido Zbigniew Brzezinski, uno de los personajes que manejan desde la sombra la ONG Propaganda or not? anteriormente mencionada.

La grosería de los tweets presidenciales no es un síntoma de locura. Dwight Eisenhower y sobre todo Richard Nixon fueron mucho más obscenos que Donald Trump y no por ello dejaron de ser grandes presidentes.

Trump no es tampoco un individuo impulsivo. En realidad, sobre cada tema, Donald Trump reacciona de inmediato con tweets agresivos. Después, lanza ideas en todos los sentidos, sin vacilar en contradecirse en diferentes declaraciones, y observa detenidamente las reacciones que estas suscitan. Finalmente, luego de haber llegado a crearse una opinión personal, se reúne con la parte adversa y generalmente llega a un acuerdo con ella.

Donald Trump ciertamente no tiene la buena educación puritana de un Barack Obama o una Hillary Clinton. Es más bien portador de la rudeza del Nuevo Mundo. A lo largo de su campaña electoral se presentó siempre como el hombre capaz de poner fin a las innumerables formas de deshonestidad que esa buena educación permite esconder en Washington. Y finalmente fue a él –no a la señora Clinton– a quien los estadounidenses pusieron en la Casa Blanca.

Por supuesto, cada cual está en su derecho de tomar en serio las declaraciones polémicas del presidente, encontrar que algunas son chocantes e ignorar las que dicen lo contrario. Pero no debe confundirse el estilo de Trump con su política. Al contrario, hay que analizar con precisión sus decisiones y sus consecuencias.

Veamos, por ejemplo, su decreto para impedir que entren a Estados Unidos los extranjeros cuya identidad el Departamento de Estado no tiene posibilidades de verificar.

Se observó que la población de los 7 países a cuyos ciudadanos se limitaba el acceso a Estados Unidos es mayoritariamente musulmana. De inmediato se vinculó ese factor a algunas declaraciones que el presidente había hecho durante su campaña electoral y se completó así el proceso de construcción del mito sobre un Trump racista. Se orquestaron una serie de procedimientos judiciales para obtener la anulación del «decreto islamófobo», hasta que la Corte Suprema confirmó que la medida era legal. Ante ese veredicto, se decidió pasar la página afirmando que la Corte Suprema se había pronunciado sobre una segunda versión del decreto que incluía una serie de concesiones. Y es cierto, sólo que esas concesiones ya figuraban en la primera versión, aunque redactadas de diferente manera.

Al llegar a la Casa Blanca, Donald Trump no privó a los estadounidenses de su seguro social, ni desató la Tercera Guerra Mundial. Lo que ha hecho es, al contrario, abrir numerosos sectores económicos que antes estaban tremendamente cerrados, lo cual favorecía a las grandes transnacionales. Está viéndose, además, un reflujo de los grupos terroristas en Irak, Siria y Líbano y una disminución palpable de la tensión en el conjunto del Medio Oriente ampliado, con excepción de Yemen.

¿Hasta dónde llegará este enfrentamiento entre la Casa Blanca y los medios de difusión, entre Donald Trump y ciertas potencias del dinero?

      

[1] «El “aparato Clinton” para desacreditar a Donald Trump», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 28 de febrero de 2017.

[2] «El nuevo Orden Mediático Mundial», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de marzo de 2017.

[3] «News Coverage of Donald Trump’s First 100 Days», Thomas E. Patterson, Harvard Kennedy School, 18 de mayo de 2017.

[4] Al cabo de 30 años de los hechos finalmente se supo que el misterioso personaje que se hacía llamar «Garganta profunda» y que alimentó con sus revelaciones el escándalo del Watergate era nada más y nada menos que W. Mark Felt, antiguo ayudante de J. Edgard Hoover y número 2 en la jerarquía del FBI.

[5] «La campaña de la OTAN contra la libertad de expresión», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 5 de diciembre de 2016.

[6] «Contra Donald Trump, la propaganda de guerra», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de febrero de de 2017.

[7] «Project Veritas destapa una campaña de mentiras de CNN», Red Voltaire, 2 de julio de 2017.

Publicado en: Global

El G20 pacta luchar contra el proteccionismo pero reconoce el derecho a tomar medidas “legítimas” de defensa comercial

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: InfoLibre

 

  • El documento recoge que EEUU trabajará con otros países para “ayudarles a acceder y usar energías fósiles”, pero deja claro que es una “declaración” del país y no una posición de todos los miembros
  • “Los líderes del resto de miembros del G20 declaran que el Acuerdo de París es irreversible”, completa la declaración de la cumbre

 

El presidente estadounidense, Donald Trump, conversa con la canciller alemana, Angela Merkel.

Los líderes del G20 lograron este sábado cerrar la declaración final de la cumbre de Hamburgo (Alemania), en la que se comprometen a “luchar contra el proteccionismo” pero también contra las prácticas desleales con instrumentos “legítimos” de defensa comercial, tras salvar el último escollo en materia climática que alejaba a Estados Unidos de la mayoría de socios, informa Europa Press.

El documento recoge que Estados Unidos trabajará estrechamente con otros países para “ayudarles a acceder y usar energías fósiles de manera más clara y evidente”, pero deja claro que es una “declaración” del país y no una posición respaldada por el resto de miembros, informaron a Europa Press fuentes de la negociación.

Esta reivindicación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es incompatible con los compromisos del acuerdo internacional sobre clima de París, que el resto se compromete a cumplir y aplicar “plenamente”.

“Los líderes del resto de miembros del G20 declaran que el Acuerdo de París es irreversible“, añade el texto con el que los socios de Estados Unidos censuran su decisión unilateral de romper el pacto.

En cuanto a la política comercial, otro de los asuntos clave que distanciaron a Trump del resto de mandatarios, el consenso fue menos complejo y sigue la línea marcada por el G7 en su última cumbre, cuando declararon su determinación de “luchar contra el proteccionismo”.

“Estoy muy contenta de que haya sido posible subrayar de manera clara que los mercados deben seguir abiertos y se debe luchar contra el proteccionismo y las prácticas de distorsión y discriminatorias”, anunció en una rueda de prensa la canciller alemana y anfitriona de la cumbre, Angela Merkel.

Todos los países están dispuestos a cumplir las normas que marca el sistema de la Organización Mundial e Comercio (OMC), añadió Merkel, sobre una declaración que también abre la puerta a revisar estas normas, para contentar a Washington.

Además, los líderes recuerdan que los países pueden recurrir a los instrumentos de defensa comercial “legítimos” para responder a la competencia desleal.

La canciller reconoció que las negociaciones fueron “difíciles”, pero destacó el logro de consensuar un documento que reconoce las divergencias. “Donde no se puede lograr acuerdo se debe expresar las diferencias y eso ha quedado también reflejado”, declaró Merkel en alusión a la formulación pactada sobre cambio climático.

Lucha contra el tráfico ilegal de personas

La declaración del G20 reconoce también el problema de las mafias organizadas que trafican con personas, sobre todo en el paso irregular de personas en el Mediterráneo, pero sin llegar a pedir sanciones contra los responsables, tal y como pedía la Unión Europea.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, instó el viernes al G20 a apostar por “sanciones” contra quienes trafican con los inmigrantes, en el marco de Naciones Unidas, pero fuentes de la negociación confirmaron que Rusia y China vetaron este punto.

El texto recoge la preocupación por el papel de las mafias, pero “es mucho menos” de lo que aspiraba a lograr la Unión Europea, admitió un alto funcionario.

Publicado en: Global

Putin y Trump anuncian que Rusia y EEUU apoyan un pacto de alto el fuego para el suroeste de Siria

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: InfoLibre

 

  • El portavoz del Gobierno jordano, Mohamed Momami, explicó que el alto el fuego se aplicará a partir del domingo en la “línea de contacto” acordada entre las fuerzas leales al régimen y las milicias rebeldes
  • El objetivo es contribuir a una rebaja “permanente” de las tensiones en la zona y al reparto de ayuda humanitaria, de cara crear un contexto factible para negociar una solución “política y permanente”

Los gobiernos de Estados Unidos y Rusia han acordado un alto el fuego para el suroeste de Siria que ha terminado de fraguarse en la reunión que han mantenido este viernes los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin en la reunión del G20 en Hamburgo, Alemania.

De acuerdo a las informaciones de Europa Press, Trump y Putin se han visto durante dos horas y cuarto, en presencia también de sus respectivos ministros de Exteriores, Rex Tillerson y Sergei Lavrov. Al término del encuentro, los dos últimos han comparecido para dar cuenta de una cita que se ha desarrollado en una “atmósfera constructiva“, en palabras de Lavrov.

Uno de los compromisos más palpables ha sido la aprobación de una tregua que también cuenta con el beneplácito de otros países de la región. Un portavoz del Gobierno jordano, Mohamed Momami, ha explicado que el alto el fuego se aplicará a partir del domingo en la “línea de contacto” acordada entre las fuerzas leales al régimen de Bashar al Assad y las milicias rebeldes, según la agencia de noticias oficial Petra.

El objetivo, ha explicado, es contribuir a una rebaja “permanente” de las tensiones en la zona y al reparto de ayuda humanitaria, de cara también a crear un contexto en el que sea factible negociar una solución “política y permanente” a la guerra iniciada en marzo de 2011.

Desde Hamburgo, Tillerson ha admitido que aún quedan por cerrar detalles relativos a la seguridad, pero ha destacado la importancia del alto al fuego, que confía se haga extensible a otras partes de Siria.

El jefe de la diplomacia estadounidenses ha dicho que tanto su Gobierno como el ruso comparten el deseo de lograr la estabilidad de Siria, lo cual pasará en algún momento por un debate sobre Al Assad. Tillerson sostiene que el dirigente sirio no tiene cabida en el futuro del país.

Publicado en: Global

Merkel se muestra satisfecha por la defensa del clima de 19 miembros del G20 y señala así a EEUU

09/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Fuente: InfoLibre

 

  • Los miembros del grupo rechazan renegociar el Acuerdo de París, como pedía la Administración Trump, al considerar que el histórico acuerdo es “irreversible”
  • La declaración final reconoce la voluntad de Washington de trabajar conjuntamente con otros países “en la utilización de carburantes fósiles más limpios y eficientes”

 

La canciller alemana, Angela Merkel, durante la cumbre del G20 en Hamburgo.

La canciller alemana, Angela Merkel, expresó este sábado su satisfacción tras dos días de arduas negociaciones sobre protección del clima durante la cumbre del G20 en Hamburgo, cuyo comunicado final incluye un aislamiento de Estados Unidos y una defensa del resto a favor del Acuerdo del Clima de Paris, informa Europa Press.

Así, Merkel destacó que 19 países del grupo de los principales países industrializados y emergentes acordara seguir firmes con los objetivos fijados en la capital francesa en diciembre de 2015.

“Ha quedado claro que no ha habido unanimidad. Ahí donde no hay consenso debe quedar también patente en el comunicado el disenso”, indicó en relación al tradicional documento final en donde por un lado se plasmó la posición de Estados Unidos que anunció recientemente su decisíon de salir del acuerdo y por otro lado, se recogió la del resto de participantes en el G20.

En este punto, a pesar del gesto poco habitual del grupo,acostumbrado a acuerdos unánimes, Merkel se mostró feliz por que los otros 19 miembros reconocieran que el Acuerdo del Clima de París es “irreversible”.

En concreto, en el párrafo dedicado a la protección del clima, los 19 corroboran su compromiso de implementar “rápidamente”el Acuerdo de París y “toman nota” de la decisión de Estados Unidos de abandonar este pacto cuyo objetivo es mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C sobre los niveles preindustriales.

El G20 rechazó renegociar el Acuerdo de París, como reclamaba la Administración de Donald Trump, al considerar que el histórico acuerdo es “irreversible”. No obstante, en aras de complacer al presidente estadounidense, los 19 accedieron a incluir en la declaración final una frase en la que reconoce la voluntad de Washington de ayudar y trabajar conjuntamente con otros países “en la utilización de carburantes fósiles más limpios y eficientes”.

Esta formulación generó controversia entre los integrantes del G20, dado que, para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, es necesario poner fin al empleo las energías de origen fósil.

Publicado en: Global

Entrevista a Alain Badiou, filósofo “Debemos sacar nuestro propio balance de las experiencias del pasado”

02/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: Philippe Stroot y Raffaele Morgantini

 

El mundo va mal. La nueva crisis sistémica del capitalismo depredador se ha transformado ahora en una crisis de civilización que nos lleva directamente a darnos contra la pared. Las alternativas progresistas tardan en afirmarse en el tablero político, incapaces como son de engendrar verdaderos movimientos emancipadores. Por lo tanto, ¿cómo hacer frente a una clase dominante organizada, decidida y que dispone de todos los recursos?

Philippe Stroot y Raffaele Morgantini (Investig’Action) han entrevistado al filósofo militante Alain Badiou para que nos esclarezca los nuevos retos globales y los desafíos futuros: la idea del comunismo, la «crisis» de los emigrantes, la izquierda y la derecha, el papel de los medios de comunicación, la democracia…

Pregunta: Profesor Badiou, a los medios les gusta presentarle como El profesor comunista francés, como si se trata de una especie en vías de extinción. ¿En qué punto están las ideas comunistas en Francia y en el mundo en 2017, cien años después de la Revolución de Octubre?

Creo que la hipótesis comunista y la experiencia comunista están en un estado de extrema debilidad en todo el mundo. Y, como es natural, Francia no es una excepción. Y lo están tanto más cuanto que son objeto de confusiones considerables. Por ejemplo, el partido en el poder en China se sigue denominando «Partido Comunista» aunque a todas luces se trata de una potencia capitalista emergente que se dispone a disputar la hegemonía mundial a Estados Unidos. Otro ejemplo de este tipo de paradoja: en Francia tenemos un Partido Comunista que todavía subsiste, el PCF, pero que fuera de su nombre nunca pronuncia la palabra «comunista».

Pagamos el precio, inevitable históricamente, del fracaso de los grandes Estados comunistas. Más concretamente, el fracaso de lo que se puede denominar el «comunismo de Estado», es decir, la hipótesis según la cual el comunismo se puede instalar en una figura cuyo agente político principal (incluso único en la lógica estaliniana) es el Estado. El comunismo de Estado se ha hundido en todo el mundo y, por lo tanto, la hipótesis comunista está por el momento reducida a sí misma, reducida a su estatus de hipótesis política e histórica. A veces afirmo que en virtud del desarrollo de la historia en espiral, como decía Hegel, hemos vuelto a una situación que en cierto modo se parece a los años 1840-1848, cuando la hipótesis comunista debía ser formulada, argumentada y apoyada antes incluso de que se le pudiera pedir ser una gran fuerza política y tener proyectos estratégicos. Ante un escepticismo muy fuerte se debe volver a formular y trabajar todo lo que atañe a la palabra «comunismo». Tenemos que sacar el balance de los fracasos, de las debilidades y de los errores.

Se puede entender que muchas personas, incluso de buena fe, estén tentadas de decir que lo más sencillo sería abandonar cualquier uso, incluso hipotético, de la palabra «comunismo». Pero, simplemente, hoy no veo a qué llevaría el abandonarlo si no es, en definitiva, a unas formas diversas de adhesión al orden establecido. No creo ser ciego o testarudo al afirmarlo. Estoy totalmente dispuesto a aceptar que otra hipótesis pueda tener una virtud emancipatoria superior, pero no la veo. Por consiguiente, he decidido conservar la palabra «comunismo» diciéndome que asumiría su carácter escandaloso, menospreciado y casi infame. A fin de cuentas, ¿no es totalmente natural que nuestros amos, y la opinión dominante que ellos controlan, declare infame aquello que llama a destruir los cimientos de su poder?

P: Acaba de recordar que China ya no era comunista y tampoco Rusia, a pesar de lo cual la hostilidad de Occidente respecto a ellos es peor incluso que durante la Guerra Fría. ¿No demuestra esto que la lucha contra el comunismo disimulaba sobre todo el odio del Imperio y de sus vasallos por cualquier Estado que no se somete a su voluntad?

Creo que, en efecto, detrás del anticomunismo declarado hay viejas rivalidades imperialistas. A mí mismo me sorprende mucho la actitud de los gobiernos franceses, que son particularmente agresivos con una Rusia que ya no es en absoluto comunista. Por consiguiente, estaría bastante tentado de contestar «sí» a su pregunta teniendo en cuenta, sin embargo, que debido a sus orígenes y a su argumentación el anticomunismo ha desempeñado a pesar de todo un papel no desdeñable en este enfrentamiento.

Durante décadas, entre 1917 y, digamos, 1989, hubo un enfrentamiento ideológico planetario que al menos tenía la ventaja de mantener con vida la existencia de dos hipótesis concernientes al futuro de la humanidad: la capitalista imperialista y la comunista internacionalista. Actualmente está absolutamente claro que el argumentario oficial del antagonismo con la Rusia de Putin es la oposición entre «democracia» y «dictadura», en definitiva, entre capitalismo autoritario y capitalismo liberal, y ya no es en absoluto la oposición entre capitalismo y comunismo. Por lo tanto, se ha vuelto a esquemas que ya eran clásicos en el enfrentamiento interimperialista en el siglo XIX. Incluso durante la guerra de 1914 la propaganda antialemana era sobre todo una propaganda según la cual nosotros éramos la República y los alemanes eran Guillermo II, la vieja monarquía, los bárbaros, etc.

Por último, creo que el antagonismo entre capitalismo y comunismo, es decir, la existencia estratégica de dos vías en lo referente al destino de la humanidad, se ha mantenido vivo a pesar de todo durante bastante tiempo, aunque en parte haya estado sobredeterminado por unos enfrentamientos interimperialistas que finalmente han prevalecido. Por lo que se refiere a la situación actual, ya no se puede justificar por medio del anticomunismo. Resulta difícil pretender que Putin es un comunista convencido. Más bien asistimos al retorno de esa antigualla que es la oposición entre, por una parte, los Estados que se pretenden modernos, liberales y democráticos (es decir, las ciudadelas del imperialismo mundial) y, por otro, los países que sin duda están totalmente metidos en el juego capitalista pero que Occidente trata de describir como un tanto bárbaros. Lo que se designa así son los recién llegados al mercado mundial, que preocupan mucho a un Occidente cansado y que teme que su hegemonía mundial se debilite irremediablemente.

Finalmente, el antagonismo hacia la Rusia de Putin y la China de Xi Jing Ping es a fin de cuentas el clásico antagonismo entre quienes están bien situados en la dominación global y quines tratan de conquistar un buen puesto en ella.

Así fue (y no es muy tranquilizador, hay que decirlo) la relación de Francia e Inglaterra con Alemania en el momento de la guerra de 1914. Alemania desempeñaba exactamente el papel de Putin hoy afirmando «quiero mi sitio, quiero mi sitio en vuestros negocios y sobre todo en vuestros negocios coloniales». Y lo que se dijo entonces de los alemanes es exactamente lo que hoy se dice de Putin: horribles, terribles, bárbaros, etc. Hoy la inquietud se apodera de los Estados del viejo Occidente imperial, sobre todo, de los más débiles. Francia forma parte de estos Estados, ya no es una gran figura e Inglaterra tampoco. En dos guerras mundiales y decenas de millones de muertos Estados Unidos les ha robado el papel. Así que estos Estados debilitados están particularmente preocupados porque lo que los recién llegados del mercado mundial y de las operaciones guerreras querrían ocupar es su sito con el fin de prepararse para acabar ocupando el primer puesto. Evidentemente, toda esta cocina neoimperialista está muy lejos, hay que decirlo, de la idea de la que hablábamos al principio, es decir, de la existencia de dos vías estratégicas concernientes al devenir de la humanidad.

P: Los medios de comunicación dominantes equiparan la noción de soberanismo (que resurge con vigor por todas partes, tanto en la izquierda como en la derecha) con el nacionalismo burgués y a la xenofobia. ¿Considera posible construir una soberanía al servicio de los pueblos? ¿La soberanía nacional es compatible con el internacionalismo? Cuba, por ejemplo, ¿no es a la vez el país más solidario del mundo y el más independiente políticamente?

Plantean una pregunta extremadamente interesante y que es objeto de un gran debate actualmente. En todas partes se discute, sobre todo en la extrema derecha y en la extrema izquierda, acerca de una vuelta a la soberanía nacional. ¿Qué quiere decir? En el caso de Francia se trataría de no depender ya ni de la protección militar y nuclear estadounidense ni de la solidez de la economía alemana. Las consignas son claras: salir de la OTAN y salir tanto de la Unión Europea como del euro. No tengo una opinión definida respecto a saber cuáles van a ser, desde ese punto de vista, los caminos de la hipótesis comunista. Sin duda sabemos que cuando esta vuelva a tomar cuerpo y vuelva a ser una política desarrollada lo hará en alguna parte. Una política nueva no se establece de pronto como una fuerza mundial preconstituida. Evidentemente, no se puede excluir que las nuevas orientaciones de la política comunista estén localizadas. ¿Dónde? Dejemos la pregunta abierta.

No obstante, lo que afirmo sin la menor duda es que todo repliegue sobre una soberanía nacional que esté totalmente separada de la hipótesis comunista, e incluso sea hostil a ella, solo haría el juego a unas fuerzas nacionalistas reaccionarias, incluso, fascistoides. Por consiguiente, el punto clave es el siguiente: sí, de acuerdo, existe la posibilidad de una localización transitoria, incluso nacional, de una experiencia de reactivación de las políticas de emancipación, pero a condición expresa de que se inscriba explícitamente en la hipótesis comunista y, por lo tanto, considere que su futuro solo está asegurado mundialmente. Ustedes citan el ejemplo de Cuba. Pero precisamente Cuba ha asumido a su manera la hipótesis comunista y la ha asumido hasta el final. Es incluso el último Estado del mundo que la ha asumido verdaderamente hasta el final. Nos encontramos así ante un caso, precisamente, de un país pequeño en la boca del lobo, en la boca del monstruo, que a pesar de todo ha resistido respecto a su independencia y que sigue haciéndolo, pero que lo ha hecho en el elemento de la hipótesis comunista.

P: Por lo que se refiere a la crisis de los emigrantes, ¿es una falta de solidaridad afirmar que es absolutamente necesario ayudarles a vivir correctamente en sus países en vez de hacerles venir por millones a Europa para reforzar este «proletariado nómada», por retomar su expresión, cuyas condiciones de vida son cada vez más precarias, incluso en los países más ricos?

Es evidente que a largo plazo, estratégicamente, la gran cuestión es la de la posibilidad de una transformación liberadora de los países de origen. En segundo plano de las migraciones de lo que denomino el proletariado nómada, esos millones de personas que erran por el mundo en busca de lugares en los que sobrevivir, evidentemente encontramos el hecho de que un continente entero, África, está sometido a la depredación capitalista más violenta. En última instancia, sin duda la verdadera cuestión que plantean estas emigraciones es la del proceso de emancipación y, por consiguiente, del renacimiento de la hipótesis comunista, en los países concernidos.

Desde ese punto de vista yo esperaba que Sudáfrica podría desempeñar un papel dirigente en revolucionar la situación africana, pero no ha sido el caso. En realidad en Sudáfrica hemos asistido al advenimiento de una burguesía negra que comparte el antiguo poder de los coloniales blancos y abandona a las masas a su pobreza y a su sumisión forzadas.

Así las cosas, otro aspecto de la cuestión es que el capitalismo siempre se ha apoyado en un proletariado nómada. Conocí una época, en las décadas de 1950, 1960 y 1970, en que se hacía venir aviones enteros de obreros de Marruecos y de Argelia. Actualmente probablemente hay en Francia entre 6 y 7 millones, como mínimo, de obreros, de hijos e hijas de obreros, algunos de los cuales hoy se encuentran reducidos al estado de parados por la desindustrialización nacional, de quienes hay que afirmar que, efectivamente, son proletarios y cuyo origen nacional es tal o cual país africano, de Oriente Próximo o asiático…. Estas personas, estas familias, son proletarios, existen y son de aquí.

Por lo tanto, pienso que hay dos aspectos en su pregunta. En primer lugar, hay que apoyar y ayudar a todo aquello que pueda significar emprender un proceso político de emancipación y de liberación en los países dominados. Es tanto más necesario cuanto que las liberaciones nacionales de los años sesenta con frecuencia fueron mistificaciones. En muchos países que han sido colonizados hay gobiernos «nacionales» que en realidad son agentes de tal o cual imperialismo o corruptos que se aprovechan de las rivalidades interimperialistas. En contra de todo ello se tienen que alzar los movimientos progresistas a los que apoyaremos. Por otra parte, también debemos impedir las persecuciones discriminatorias, racistas y de otro tipo respecto a las poblaciones que están aquí, a veces desde hace mucho tiempo, a veces de tercera generación, y que no han hecho sino llevar a cabo a nivel mundial la clásica emigración del campo a la ciudad y del campesinado al proletariado. Hay dos aspectos concernientes a esta cuestión: un aspecto internacionalista y un aspecto nacional o local, y hay que tener en cuenta ambos.

P: Siempre respecto a la cuestión de los emigrantes, hoy en Europa es un reto fundamental para los medios de izquierda y progresistas. En su opinión, ¿en qué medida es importante articular la lucha del «proletariado nómada» instalado en Europa con las luchas sociales de los movimientos de izquierda? ¿Cuáles son, en su opinión, los retos y obstáculos en este tema?

Hay que tener en cuenta que en ciertos aspectos esta cuestión no es tan nueva como parece. Veamos, por ejemplo, la historia del proletariado francés en el siglo XIX. Durante mucho tiempo este proletariado estuvo constituido por lo que se puede denominar «emigrantes nacionales», que venían de Auvernia, de Bretaña o de lo más recóndito de los Pirineos, pero a quienes los habitantes de las grandes ciudades consideraban emigrantes. La mejor prueba es que tenían una cartilla de obrero. Desde esa época ha existido la cuestión de los papeles y de los obreros sin papeles. Si no tenías esa cartilla, la policía te podía enviar de vuelta al campo. No hay que olvidar que esta cuestión fue la motivación directa de la gran insurrección de junio de 1848: la consecuencia del cierre de los Talleres Nacionales, fábricas en las que estas personas trabajaban, fue que hubo que expulsar a todas ellas. Se rebelaron y con la represión del ejército tuvimos una de las mayores masacres obreras en las calles de París.

Las cuestiones políticas son a menudo menos nuevas de lo que se cree. La cuestión de los emigrantes no es sino la ampliación a nivel mundial del problema general de la procedencia de la fuerza de trabajo obrera. Las personas ya no vienen solo de Auvernia o de Bretaña, sino que vienen de África, Oriente Próximo, Asia, Europa central… Huyen así de las mortíferas guerras civiles y tratan de protegerse. La consideración progresista (ni siquiera comunista, sino progresista) supone naturalmente que se integran estas circunstancias, aunque sin abandonar el hecho de que hay en sus países problemas políticos de la mayor importancia y que hay que tratar, estoy de acuerdo con ustedes en este punto. Hay que ser solidario en ambos frentes. Es una máxima en mi opinión fundamental, la vía por la que el proletariado (incluido, e incluso sobre todo, su componente nómada) se constituye como fuerza política en nuestros países. Yo mismo me ocupé mucho de las fábricas en las décadas de 1960 y 1970. Trataba con muchas personas marroquíes, argelinas, malíes, senegalesas, mauritanas… En ese sentido, incluso la creación de núcleos comunistas dentro de las fábricas era a su manera una actividad internacionalista. Y además también hay que mostrarse solidario con estas personas en lo que concierne a las luchas que se llevan a cabo en sus países y en las que podrían participar.

Insisto en el hecho de que el proletariado siempre ha sido nómada en un sentido porque la propaganda trata de presentar todo esto (los refugiados, los viejos jubilados argelinos, los jóvenes parados de origen africano) como un fenómeno completamente nuevo, una invasión del país por parte de personas a las que no se conoce, etc.

Pasé mi infancia en Toulouse, que era una ciudad poblada de proletarios españoles que habían huido en la guerra civil cuando los republicanos vencidos se replegaron en el sur de Francia. Puedo asegurarles que se decía de estos refugiados españoles, en su mayoría cristianos, exactamente lo mismo que se dice hoy de los marroquíes, los sirios o los malíes, en su mayoría musulmanes. Así, por medio de la opinión pública en mi infancia aprendí que los españoles no eran como nosotros, que eran unos bárbaros. Lo que más se aportaba como prueba del hecho de que no estaban verdaderamente civilizados es que no sabían qué era una bañera y que creían que ahí era donde se ponía el carbón. Son historias significativas en lo que respecta al racismo social. Hoy se afirmará de buen grado que la prueba de que los árabes son unos bárbaros es que sus mujeres e hijas llevan un pañuelo en la cabeza. ¿Quizá estas mujeres desconocen qué es una boina o un paraguas?

En realidad, la constitución del proletariado siempre ha sido problemática desde el punto de vista de la estupidez nacionalista, la mentalidad torpe y violenta de las «identidades» que se creen superiores. En la Inglaterra del siglo XIX, otro ejemplo, se adoptaron unas leyes extremadamente feroces respecto a lo que se puede denominar los «emigrantes interiores». Cualquier persona que no pudiera decir de dónde venía, a dónde iba y por qué podía ser colgada por el delito de vagabundeo. Como he mencionado, en nuestro país existía la cartilla del obrero: en cuanto la situación económica lo exigía se devolvía a la gente a su pobre provincia.

Ahora bien, esto es exactamente lo que ocurre en Francia. Desde hace décadas mi país sufre los efectos en el pueblo de una desindustrialización enconada. En una veintena de años, no más, se ha desmantelado el sistema general de las grandes fábricas que rodeaban París. Evidentemente, esto creó un paro generalizado, incluidos los jóvenes. Cuando se tiene a una persona cuyos abuelos fueron obreros aquí y que ha nacido ella misma en Francia, lo mismo que sus padres, ¿se la va a enviar al sur de Marruecos? ¡Es completamente aberrante!

Todas estas viejas cuestiones siguen siendo cuestiones fundamentales del progresismo moderno y, por supuesto, de la reconstrucción de una política comunista.

P: En una entrevista reciente de la periodista Aude Lancelin usted afirmaba en esencia que las promesas incumplidas eran consustanciales a la política. ¿La solución no es el referéndum revocatorio, propuesto por Jean-Luc Mélenchon y ya aplicado en algunos países de América Latina, que permite cuestionar por medio de un referéndum el mandato de los cargos electos que hagan lo contrario de lo que prometieron, como François Hollande, por ejemplo?

Sí, sería interesante. Pero puede que a pesar de todo siga siendo un tanto intraparlamentario, un poco demasiado ligado al sistema electoral dominante. Se trataría solo de una especie de juicio público de las promesas incumplidas. Además, se podría imaginar que estuviera organizado por la oposición. Por ejemplo, sería muy extraño ver a la derecha francesa provocar una votación con el tema «Hollande no ha cumplido sus promesas».

P: Pero, a fin de cuentas, el pueblo es quien decide si es o no el caso…

Sí, pero el pueblo electoral es una noción bastante confusa. Entre el pueblo electoral y el pueblo político hay una diferencia capital: el pueblo electoral también se compone de muchas personas indiferentes o sumisas. Incluso son la mayoría.

Estoy totalmente de acuerdo en llevar a cabo una campaña sobre el hecho de que la promesa incumplida es una figura absolutamente constitutiva de la vida política actual y que si hay quien padece particularmente esta enfermedad, es la izquierda. A lo largo de mi historia personal he tenido contacto de manera casi sistémica con las promesas incumplidas del Partido Socialista. Entré en política cuando tenía 18 años porque a principios de 1956 el Partido Socialista había tomado el poder con la consigna «Paz en Argelia» y tres meses después enviaba allí un contingente, llevaba a cabo ahí la guerra sin piedad, autorizaba la tortura, etc, etc. Aquello empezó así. Hollande pertenece a esta familia.

P: Precisamente, cuando personas como Hollande y Valls se pretenden de izquierda, aunque no lo sean en absoluto, y no digamos ya Macron, que afirma no ser ni de de derecha ni de izquierda, ¿no aparece ahora una nueva división entre los partidarios del Estado y de la propiedad colectiva (la verdadera izquierda), y quienes quieren privatizarlo todo?

Evidentemente es el debate central y la razón por la que, como decía, en cierto modo hemos vuelto a una época arcaica de la existencia de la «izquierda» (si se debe mantener esta manida categoría electoral) puesto que la cuestión del mantenimiento o no de la dictadura de la propiedad privada vuelve a ser absolutamente central. Es un criterio imponente aunque determinante de lo que constituye una orientación nueva, es decir, comunista.

Hay que reconocer que la última existencia formalmente aceptable de la «izquierda» en Francia fue la elección de Miterrand en 1981 porque el programa común que unía a los socialistas con los comunistas «ortodoxos» todavía era un programa muy crítico de la propiedad privada. Contenía unas medidas bastante radicales como, por ejemplo, la casi nacionalización de la totalidad del crédito y de los bancos. Hay que ver en ello el efecto de un último arranque programático del Partido «Comunista» antes de entrar en una prolongada agonía.

Este arranque solo duró dos años, después se acabó. Aquello ocurrió hace cuarenta años. Después nadie en el espacio parlamentario ha propuesto atacar al capital. Recuerdo que el propio Jospin, primer ministro socialista, había respondido en un tono absolutamente altivo cuando unas delegaciones obreras acudieron de la fábrica de Michelin en vías de desindustrialización a pedirle que nacionalizara esta fábrica: «¡De todos modos, no vamos a volver a la producción administrada¡». Había añadido que ni siquiera había que hablar de ello. Por consiguiente, hemos vuelto a la época en la que finalmente esta idea elemental, que estructuró la esperanza comunista durante dos siglos y que consistía en afirmar que la tarea prioritaria era atacar la dictadura del capital y la propiedad privada, está completamente desaparecida del espacio parlamentario desde hace unos cuarenta años. En efecto, cualquier política comunista debe volver a situarla en el centro de las discusiones y de los procesos organizados.

P: Quisiéramos abordar ahora la cuestión de los medios de comunicación. Al tiempo que la prensa occidental, controlada casi toda ella por multimillonarios, denuncia la desinformación que practican todas aquellas personas que piensa de otra manera se dedica a hacer a una propaganda sin precedentes tanto sobre cuestiones internacionales como cuando hay elecciones nacionales, como acabamos de ver en Francia. ¿Qué piensa usted de quienes dicen ahora que los medios son el segundo poder, después de las finanzas pero por delante de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial?

No es falso. Sin embargo, quisiera precisar que entre los medios de comunicación y el poder político hay más una relación de horizontalidad que una relación jerárquica que subordine los políticos a los caciques de la información. En definitiva, es evidente que a pesar de todo los medios siempre están más o menos obligados a designar su clientela política favorita. En Francia, por ejemplo, periódicos como Le Monde y Libération están obligados a mantener un barniz de centro izquierda, en el sentido parlamentario, no necesariamente en el que le damos ustedes y yo. Centro izquierda quiere decir algo que se parece a Macron o en todo caso algo que va de Macron a Hollande pasando por Ségolène Royal. El poder mediático es un poder tanto más determinante cuanto que en Francia, singularmente, el gran capital ha comprado el conjunto de los periódicos de gran tirada, con lo que no podemos espera de ellos sino lo que es favorable al gran capital. Pero en el mismo seno de este gran capital hay divisiones porque el viejo capitalismo más familiar, más provinciano, está vinculado a la derecha tradicional, a la de quienes apoyaban a Fillon y que están muy vinculadas a esta orientación política. En cambio, resulta sorprendente ver que los grandes proveedores de fondos de Macron son más bien personas como Niel, que pertenece al mundo del gran capital informático. Siempre ha habido una proyección política del hecho de que frente a un capital arcaico se despliegue un capital «moderno», cuyos paladines consideran que sería arriesgado para el propio capital fiarse ciegamente de unas tendencias extremadamente de derecha, sobre todo en el plano social, en el plano de la evolución de las costumbres. De modo que el reparto mediático de las opciones políticas y, tras ellas, de los grandes capitalistas, no se refiere en absoluto a las cuestiones generales de la gestión económica, a propósito de las cuales evidentemente están de acuerdo, sino sobre las cuestiones sociales. Es absolutamente evidente que personas como Macron u Hollande no ven inconveniente alguno en que exista el matrimonio homosexual o en que las mujeres sean ministras. Consideran que más vale ir en esta dirección, que eso no supone peligro alguno para la dictadura del capital y que incluso crea una pequeña clientela suplementaria. En mi opinión, es una de las razones de la grave crisis del partido de derecha dominate en Francia. En el fondo Juppé representaba una salida semiliberal, mientras que Fillon dio un golpe de Estado en el seno de la derecha movilizando durante las primarias al personal militante de la manifestación antihomosexual, lo más profundo de la reacción tradicional, del viejo petainismo burgués. Dio un golpe de Estado en el interior del partido republicano y eso provocó la catástrofe general y la necesidad de hacer surgir a Macron como muñeco político «nuevo».

Estoy de acuerdo en que actualmente los medios, el personal político y las finanzas se encuentra todo ello en un sistema de conexiones extremadamente estrecho. Pero creo que también hay capitalistas que consideran importante que la dictadura capitalista pueda presentarse como moderna y no esté demasiado estrechamente ligada a las fuerzas sociales exageradamente conservadoras, católicas, racistas, etc. Por consiguiente, existe un conflicto interno dentro de la derecha entre modernidad y tradición. Macron será elegido como «moderno».

P: La propaganda mediática trata de desacreditar a quien no le gustan utilizando indiscriminadamente términos negativos como «populismo», pero también «dictadura», «totalitarismo» e incluso «terrorismo». ¿No cree usted que actualmente vivimos en un régimen caracterizado por el totalitarismo del dinero, la dictadura de los mercados e incluso el terrorismo de las agencias de calificación contra ciertos Estados?

Sí, por supuesto, creo que todas estas palabras despectivas se podrían volver contra sus autores, sin la menor duda. Por ejemplo, se ve que unos gobiernos socialistas ordenan graves acciones de discriminación policial. Yo mismo, que desde mi más tierna infancia lucho contra los socialdemócratas, me he quedado estupefacto al ver que las funciones de Valls han consistido en explicarnos ¡que un problema muy grave de Francia era el de las personas nómadas de origen rumano! ¡Era inimaginable! Y que diera instrucciones para que se destruyeran los campamentos de estas personas. ¿Era esa la cuestión fundamental del nuevo primer ministro socialista de Francia? Sin duda se puede aplicar a este Valls una de las palabras de ustedes acaban de mencionar y muchas otras. La logomaquia despectiva utilizada por los medios se podría volver perfectamente contra los propios medios y contra quienes son sus servidores. Habría que tratar de hacer que la opinión pública dejara de consenti este tipo de lenguaje y vocabulario. Incluso he criticado el uso desenfrenado de la palabra «atentado» porque en realidad el atentado de los anarquistas rusos contra el zar, por ejemplo, no tiene nada que ver con los asesinatos en masa de unos locos. Creo que la rectitud del lenguaje político, su precisión, es algo que hay que conquistar y salvar.

P: Le hemos oído decir que no vota desde 1968, desengañado por la oleada reaccionaria que siguió a los acontecimientos de mayo. ¿Quiere eso decir que no cree en la posibilidad de un cambio verdadero por medio de las urnas y qué solución alternativa preconiza entonces usted para tratar de cambiar el mundo?

En Francia el parlamentarismo se estableció progresivamente en el siglo XIX y su victoria definitiva data de la Tercera República, es decir, de 1875. Desde esta fecha a día de hoy, ¿qué valor progresista o qué posibilidad de cambio efectivo ha puesto a la orden del día el parlamentarismo? Se basó en la represión de la Comuna de París en 1871. Ahí fue donde los primeros republicanos se afilaron los dientes, por así decirlo, con 30.000 obreros muertos en las calles de París. Después llevó a cabo las expediciones coloniales más feroces de nuestro país y comprometió a Francia en la guerra de 1914, gigantesca masacre donde se adoptó la costumbre de contar los muertos por millones, pero que no sirvió de nada puesto hubo que empezar otra vez veinte años después. Una cámara republicana, elegida regularmente, es la que dio plenos poderes a Pétain. En mi juventud fue una cámara socialista la que emprendió la guerra de Argelia. Se podrían citar muchas otras «hazañas» de este tipo de las que ha sido culpable nuestra famosa República, ya se trate de la Tercera, de la Cuarta o de la Quinta. Por ello no veo interés alguno en estudiar los proyectos de la Sexta República, propuestos por Lordon o Mélenchon.

Finalmente, solo veo en total tres aparentes excepciones en siglo y medio que pudieron hacer creer por un instante que las elecciones eran capaces de otra cosa.

La primera es el Frente Popular en 1936. Su elección suscitó algo de naturaleza muy diferente: la primera gran huelga general de obreros franceses. Hay que señalar que eso no es puramente electoral. Y Blum, primer ministro electo, escribió negro sobre blanco que había recibido esta huelga «como una bofetada», es decir, como algo que, en efecto, no obedecía a las reglas del juego. El Frente Popular suscitó grandes esperanzas, se votaron leyes sociales, pero aquello terminó en 1937, ¡al cabo de un año había acabado! Terminó debido a unas decisiones deplorables, como la de no intervenir en la guerra de España o cosas por el estilo, mientras que Blum anunciaba, exactamente como hará más tarde Mitterrand, que era «la pausa». Y la pausa quería decir el final. Y esta misma cámara, que había votado las reformas de 1936, es la que en 1940 votó otorgar plenos poderes a Pétain. Esta es la primera excepción.

La segunda excepción fue la cámara constituida tras la Liberación, en 1944-45. Entonces tuvimos un gobierno en el que participaban comunistas y una burguesía francesa totalmente desacreditada por haber apoyado a Pétain y la colaboración durante toda la guerra. Una vez más se aprobaron leyes sociales, algunas de las cuales continúan en vigor todavía hoy, aunque se cuestionan e incluso están en vías de ser eliminadas. Se nacionalizaron algunos sectores cuyos patrones habían trabajado con los nazis, pero se empezó a privatizarlos en la década de 1980. Esta experiencia de 1945 acabó en 1947. En esa fecha los comunistas abandonaron el gobierno y se acabaron o se enterraron las reformas.

Por lo que se refiere al tercer episodio, fue la elección de Mitterrand en 1981 con un programa que, como he dicho, comportaba por primera vez varias cosas importantes concernientes a la propiedad de los capitales. Pero apenas dos años después había terminado ese paso anticapitalista. El gobierno Balladur desmanteló totalmente todo el programa de la «izquierda unida». Y que yo sepa, Mitterrand en absoluto vio un posible motivo de dimisión en echar abajo todo lo que había anunciado y empezado a construir. Es más, en adelante no hizo nada en esa dirección, no volvió a nacionalizar nada, ¡a pesar de que todavía permaneció once años en el poder!

Por consiguiente, en primer lugar constato que el régimen electoral francés fue el autor, ya fuera con la izquierda o con derecha en el poder, de una sucesión ininterrumpida de cosas espantosas. Y, en segundo lugar, que en total hubo tres excepciones, que duraron como máximo dos años y cuya herencia se ha aniquilado totalmente. Por lo tanto, no tengo razón alguna para creer que las elecciones puedan proponer algo de positivo a un verdadero militante comunista. No puedo creer que un movimiento electoral pueda encarnar la existencia de otra posibilidad, de otra estrategia. El parlamentarismo no es sino la fórmula política ajustada a la dominación capitalista.

Por consiguiente, vuelvo a mis consideraciones iniciales: en primer lugar hay que formular claramente una hipótesis alternativa y a continuación hay que organizar directamente a la gente en torno a esta. Si en un momento determinado se considera útil entrar en el juego electoral es una cuestión de oportunidad, pero a todas luces solo puede ser una decisión táctica, no puede ser una decisión estratégica. No se puede hacer con la esperanza de que como se ha elegido a unas personas se ha ganado la partida o se puede ganar ahora. Eso va a depender exclusivamente tanto del movimiento de masas y de su nivel de conciencia y de pensamiento como de la fuerza de sus organizaciones. Se puede utilizar la palabra «revolución» si se quiere. En todo caso va a depender de la política colectiva, de la política organizada y de las grandes revueltas obreras y populares, a una escala cada vez mas internacional porque el propio capitalismo es internacional y en ese aspecto vamos con retraso respecto a él. Todavía seguimos muy encerrados en lo nacional. Los grandes capitalistas están cómodos en Shanghai, San Francisco o Buenos Aires, pero nosotros no lo estamos tanto políticamente. Y, en todo caso, creo que hay que acabar con el mito de la democracia electoral, incluido en la opinión pública e incluso sobre todo en ella.

P: En su último artículo usted afirma que uno de los elementos sin el que nunca se pondrá fin a nuestra actual servidumbre frente al sistema capitalista es una organización sólida con vistas a establecer los elementos constitutivos de la vía comunista. Afirma que eso representa un punto vital en la constitución de una alternativa progresista válida a largo plazo. En su opinión, ¿cuál es el elemento central que falta a las organizaciones de la izquierda radical, de los comunistas, para garantizar esta solidez organizativa de base?

Es un problema complicado porque me parece que la mayoría de las organizaciones que mantienen con vida la hipótesis comunista en el mundo lo hacen sin haber establecido completamente el balance de lo hecho en el pasado. Como si en cierto modo ellas garantizaran una continuidad. Esta continuidad puede ser una continuidad estalinista, trotskista, maoísta, pero me parece que lo que falta (y me hago este reproche a mí mismo) es un balance la experiencia comunista del siglo XX que sea un balance progresista, es decir, que no sea el mismo balance que el del enemigo, pero que tampoco sea la idea de que podemos pura y simplemente continuar. Los Estados socialistas del siglo anterior no lograron desplegar completamente la hipótesis comunista y hacerla irreversible históricamente. Nosotros mismos debemos sacar las enseñanzas de este fracaso, reteniendo también lo que estuvo bien hecho, incluso lo que fue notable. Personalmente creo que la Revolución de Octubre fue un acontecimiento sin precedentes en la historia. Es la primera vez que se emprende la construcción de una sociedad que no esté bajo la dictadura de la propiedad privada. ¡No se había emprendido desde el Neolítico! Lo digo en serio, es un proyecto que no había existido desde el Neolítico porque la propiedad privada no es simplemente el capital, la propiedad privada existe desde siempre, desde la aparición de los Estados. Por consiguiente, hay que continuar en ese sentido, extrayendo de lo que ha tenido lugar su carácter creador e innovador. Pero al mismo tiempo es necesario que nos rindamos cuentas a nosotros mismos, y que rindamos cuentas a la gente, de las razones internas del fracaso. Por supuesto, ha habido presión externa, presión capitalista, lo que no impide que todo se haya desmoronado y tenemos que saber por qué. Es necesario que quienes continúan sepan por qué y que, por lo tanto, encuentren sus propias razones para continuar sabiendo qué ocurrió realmente, proponiéndolo y explicándoselo a la gente. Ahora bien, es evidente que todo esto gravita en torno a la cuestión del Estado. Creo que en cierto sentido estas empresas han sido contrarias a la hipótesis general marxista que era la de una decadencia del Estado. Se trataba de empresas violentamente estatales que entendieron la dictadura del proletariado como la dictadura del propio comunismo, lo que no es en absoluto lo mismo. Así pues, creo que debemos tener nuestra propia conciencia histórica.

Sobre ese punto, el segundo episodio sin precedentes en la historia es la Revolución Cultural en China. ¿Por qué? Porque, precisamente, puso a la orden del día la cuestión del comunismo en su difícil relación con la del poder del Estado. Durante años la juventud estudiante y millones de obreros actuaron, pensaron y escribieron en un desorden extremo pero extremadamente movilizador para rectificar el curso de las cosas y animar el devenir comunista. Finalmente fracasaron, pero es imperativamente necesario partir de su experiencia.

Hoy en día lo que domina la opinión pública y, de hecho, una opinión sumisa al tiempo que inquieta, es que ha interiorizado un «balance» del comunismo hecho por quienes siempre han sido enemigos jurados del comunismo. Este supuesto balance se resume en una máxima: «No existe una política comunista, no ha existido y nunca existirá».

Pues bien, ya veremos.

Publicado en: Global

El gran sueño africano

02/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: Ignacio Ramonet
Con la llegada del verano, volvemos a asistir a los repetidos y a veces trágicos asaltos contra las murallas alambradas de Melilla, llevados a cabo –con sofisticadas técnicas y artimañas de asedio medieval– por disciplinadas columnas de jóvenes subsaharianos. En otras zonas (Canarias, la isla italiana de Lampedusa, las costas de Sicilia, de Grecia, de Chipre, de Malta y la isla francesa de Mayotte, cerca de Madagascar), los “invasores” llegan casi siempre a las playas de noche –cuando no zozobran–, en silenciosas embarcaciones, como antaño lo hacían sin duda vikingos, normandos o sarracenos.

En Europa y en otras partes del mundo rico, muchos (entre ellos el presidente estadounidense Donald Trump) tienden a considerar a esos “asaltantes” como agresores, delincuentes y hasta criminales. La extrema derecha europea reclama más mano dura para repeler a los intrusos, menos miramientos, y la adopción urgente de medidas más radicales. Más vigilancia, más policía, más ejército, más expulsiones… Y no siempre se pregunta: ¿por qué causas están dispuestas esas personas a correr tantos riesgos para, en definitiva, poner, por precio vil, al servicio de nuestro confort y nuestro alto nivel de vida, su fuerza de trabajo?

El África Subsahariana es una de las regiones más empobrecidas del planeta.

Con una pobreza extrema que se explica por diversos factores. En primer lugar: la trata de esclavos, crimen y genocidio que vació durante siglos el subcontinente de millones de sus hombres y mujeres más jóvenes, sanos y fornidos, obligando a comunidades enteras a vivir escondidas y aisladas en las profundidades de la jungla, sin contacto alguno con los progresos de la técnica y de la ciencia.

Rememorarse también que África ha sido, hasta hace apenas unos decenios, tierra de colonización. De una colonización impuesta por las potencias europeas a sangre y fuego, a base de guerras, exterminios y deportaciones. Todos los poderes locales que osaron oponerse y resistir a los conquistadores –portugueses, holandeses, británicos, franceses, alemanes, italianos o españoles– fueron aplastados.

En el aspecto económico, las potencias coloniales establecieron, de modo autoritario, una economía fundada en la exportación de materias primas hacia la “metrópoli” y en el consumo obligatorio de productos manufacturados producidos en Europa. De esa manera, África perdió en los dos tableros. Y esa doble explotación, por lo esencial, no se ha modificado.

Por ejemplo, Costa de Marfil, primer productor mundial de cacao (el 40% del volumen mundial) nunca ha podido desarrollar una industria chocolatera exportadora. Lo mismo se puede afirmar de Malí o Níger, dos de los principales productores de algodón, quienes se han hallado en la imposibilidad de montar una verdadera industria textil. Y eso porque, en general, las excesivas tarifas aduaneras impuestas por los países importadores ricos a los eventuales productos elaborados en el Sur arruinan toda posible competencia con los productos fabricados en el Norte.

Los países desarrollados quieren conservar la exclusividad de la transformación de las materias primas, o, en el marco de la globalización liberal, aceptan deslocalizar sus fábricas hacia China o Bangladesh, donde la mano de obra es hábil, dócil y sobre todo barata, pero no están en absoluto dispuestas a invertir en África, ni en desarrollar en este continente un sector industrial importante.

La división internacional del trabajo, efectuada en favor de los intereses de los países del Norte, atribuye a África un papel subalterno, marginal, lo cual impide a este continente entrar en la espiral virtuosa del desarrollo.

Las fabulosas riquezas mineras y forestales del continente africano son vendidas a precios de saldo, para el mayor enriquecimiento de las empresas importadoras y transformadoras del Norte. De ese modo, no se crean empleos ni siquiera en las industrias agroalimentarias, que es el sector básico a partir del cual se puede edificar un verdadero desarrollo agrícola, y más tarde industrial. Por eso también, África es el último continente que aún conoce con regularidad crisis alimentarias y hasta hambrunas.

Esta región del mundo, tan a menudo calificada por los medios dominantes del Norte de “subdesarrollada”, “violenta”, “caótica” e “infernal”, no habría conocido tal inestabilidad política – golpes de Estado militares, insurrecciones, masacres, genocidios, guerras civiles, terrorismo yihadista–, si los países ricos del Norte (empezando por las antiguas potencias coloniales) le hubiesen ofrecido posibilidades de desarrollo reales en lugar de seguir explotándola. La pobreza creciente se ha convertido en causa de desorden político, de corrupción, de nepotismo y de inestabilidad crónica. Y esta misma inestabilidad desalienta a los inversores, tanto locales como internacionales. Con lo cual se cierra el círculo vicioso del laberinto de la pobreza.

Todo esto explica por qué hoy un (o una) joven del sur del Sahara, en plena salud y a menudo con buena formación educativa, no desea seguir viviendo en lo que es el calabozo del mundo. Decenas de miles, en este momento, están marchando hacia los vados que conducen a Europa, con la esperanza de poder vivir, por fin, una vida normal. Y quizá también con la reivindicación inconsciente de que algo les debemos de nuestra riqueza actual.

Esto es solo el comienzo, y no se sabe qué tipo de muros habrá que construir para desalentar el flujo. Porque el Banco Mundial acaba de advertir de que la bomba demográfica ya ha estallado, y que ya hay en los países pobres unos 2.500 millones de jóvenes menores de 22 años que no encuentran trabajo en sus países. Y cuya única perspectiva es correr al asalto de las murallas de Europa…

Para algunos países africanos del Sahel, que están entre los Estados más pobres del mundo, como Malí, Burkina Faso, Níger y Chad, el algodón, “oro blanco”, representa entre un 30% y un 40% del valor de sus exportaciones. Es, por consiguiente, un producto vital del que, en estos Estados, viven directamente tres millones de agricultores e indirectamente más de quince millones de personas… “El algodón está ligado a la historia de África y a la penosa historia de la esclavitud –dice Aminata Traoré, exministra de Cultura de Malí–, pero hoy queremos que nos ayude a liberarnos y no que nos esclavice de nuevo”.

Estos países pobres, en los últimos decenios, han sacrificado otras infraestructuras y han hecho esfuerzos considerables (construcción de embalses, canales de riego) para aumentar las superficies dedicadas al cultivo del algodón. Y hoy se encuentran en una situación dramática porque, a pesar del bajísimo coste de una producción realizada por campesinos pobres, el algodón africano se vende mal a la exportación y resulta más caro que el que producen algunos países ricos como Estados Unidos, que controla el 30% de las exportaciones mundiales de la fibra blanca.

¿Cómo es posible que el algodón producido a precio de oro en Norteamérica resulte más barato que el que se cultiva a coste infrahumano en África? Sencillamente porque Washington vierte a sus productores de algodón unas subvenciones anuales de unos 3.000 millones de dólares… Por eso el algodón estadounidense puede venderse en el mercado internacional a un precio inferior al de su coste y hasta más bajo que el precio del “oro blanco” africano.

Consecuencia: si esas subvenciones se mantienen, se producirá una catástrofe económica de gran envergadura en esos países africanos del Sahel que ya se encuentran entre los menos avanzados del planeta. Millones de agricultores seguirán abandonando el campo para ir a enrolarse en los ejércitos yihadistas que controlan gran parte del Sahel; o irán a hacinarse en los barrios de chabolas de las periferias urbanas desde donde la miseria y el hambre empujarán a los más atrevidos a tratar de emigrar a Europa. A bordo de cayucos hasta Canarias, o atravesando el desierto del Sahara hasta Libia intentando después cruzar a Italia.

Del algodón a la patera solo hay un paso. Y aunque parezca que una cosa no tiene que ver con la otra, los países de la Unión Europea, y entre estos los más expuestos a la entrada de los inmigrantes clandestinos subsaharianos, deberían insistir para que se supriman las subvenciones a las exportaciones agrícolas, y en particular a las del algodón, que solo benefician a unos miles de agricultores norteamericanos mientras arruinan a millones de africanos.

Recordemos que la actividad principal, a escala planetaria, sigue siendo la agricultura. De todos los campesinos del mundo, apenas unos 30 millones disponen de un tractor, 250 millones trabajan con instrumentos de tracción animal y 1.300 millones usan herramientas manuales… Esa es la dramática realidad de la agricultura de hoy.

En junio de 2005, para tratar la situación de África y como coartada en dirección a la opinión pública mundial, los jefes de Estado del G-8 invitaron a los presidentes de Sudáfrica, Argelia, Etiopía, Ghana, Senegal y Tanzania, además de a Kofi Annan, entonces secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La idea de Tony Blair, primer ministro británico en aquel momento y que presidía ese G-8, era reducir la deuda externa de los países intermediarios, después de haber reducido la de trece países pobres de África. También proponía aumentar la ayuda pública al desarrollo (APD) unos 25.000 millones de dólares al año durante un lustro hasta alcanzar el 0,75% del producto nacional bruto (PNB). El presidente estadounidense George W. Bush se opuso a ello bajo el pretexto de que África no sería capaz de absorber tal cantidad de capitales… Sin embargo, la ayuda propuesta por Tony Blair era inferior a lo que estaba costando entonces la guerra de Irak. Otros observadores recordaron que Estados Unidos consintió consagrar, después de la Segunda Guerra Mundial, no el 0,75% de su PNB, sino el 1% durante cuatro años para ayudar a reconstruir Europa con el Plan Marshall…

Si de verdad quisieran ayudar a África, los países ricos tendrían que tomar, con urgencia, cinco sencillas medidas:

— Primera, suprimir definitivamente la deuda externa africana (por cada dólar prestado, África ya ha devuelto 1,3 dólares solo en intereses).

— Segunda, suprimir las subvenciones a las exportaciones agrícolas que inundan, a precios de saldo, los mercados de los países en desarrollo y destruyen la agricultura local.

— Tercera, abrir los mercados agrícolas de Norteamérica, de la Unión Europea y de Japón a los productos africanos.

— Cuarta, aceptar que los países africanos establezcan una política proteccionista en favor de sus producciones locales tanto agrícolas como industriales, sin que el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial los sancione.

— Y quinta, reorientar la investigación farmacéutica para curar las epidemias endémicas de África (cuando hoy, el 90% de la investigación farmacéutica está orientada a mejorar la vida del 10% de la población rica mundial).

Los recursos abundan y existen soluciones para erradicar la pobreza en África y en el resto del planeta; falta voluntad política. ¿Cuándo se acabará de admitir que suprimiendo la pobreza y las injusticias, se suprimen las principales causas del terrorismo en el mundo?

Publicado en: Global

Brasil: “¿Por qué tenemos que morir por una tierra que es nuestra?”

02/07/2017 by Vitalio Deja un comentario

Por: Paolo Moiol Envíe un comentario Imprima el texto de esta página

Indígenas guaraníes kaiowá en no bajan la guardia en su lucha por reconocimiento y demarcación de sus tierras ancestrales.

En el Brasil de los escándalos y los políticos corruptos, la oligarquía terrateniente se ha hecho del poder y está desmantelando el aparato jurídico que había reconocido los derechos de los pueblos indígenas, empezando por el derecho a la tierra. Los incidentes en que se ven implicados los guaraníes kaiowá del estado de Mato Grosso do Sul, en el suroccidente del país, son sólo algunos de muchos ejemplos posibles.

Entre 1915 y 1928 se crearon en Mato Grosso do Sul ocho reservas indígenas que abarcaban un total de 17,975 Ha. La principal —y más problemática— de estas reservas es Dourados, establecida en 1917. Dourados abarca 3,600 Ha, ahora ocupadas por una población de dos etnias (guaraní y terena) con más de 15,000 habitantes.

El área total de estas ocho reservas es mínima en comparación a la de cualquiera de las decenas de haciendas actualmente en venta en dicho estado. Por ejemplo, en una búsqueda rápida por internet se pueden escoger tres al azar y encontramos que sus extensiones son de 22,410, 28,000 y 41,000 Ha, que incluyen las enormes casas de los propietarios, corrales con vacas y caballos, inmensos pastizales o grandes extensiones con monocultivos, caminos y cursos de agua o lagunas.

Según el Programa Pueblos Indígenas de Brasil, del no gubernamental Instituto Socioambiental (ISA), “a partir de 1920, y más intensamente desde 1960, comenzó una colonización sistemática y efectiva de los territorios guaraníes, desatándose un proceso de expropiación metódica de su tierra por parte de los colonos blancos”. Con la creación de reservas indígenas por parte del entonces Servicio de Protección del Indígena (SPI) en Mato Grosso do Sul se extendió la convicción de que las haciendas ocupadas por colonos y reclamadas por los indígenas nunca habían pertenecido a estos últimos, pues la idea era que las tierras de los indígenas eran las reservas.

Mato Grosso do Sul es un ejemplo evidente del proyecto de criminalización de los pueblos indígenas y sus aliados, puesto en marcha en los últimos años por los propietarios, el poder político dominante y los grandes medios de comunicación. Datos de agosto del 2016 del Consejo Indigenista Misionero (CIMI), perteneciente a la Iglesia Católica, indican que además de las reservas, en Mato Grosso do Sul hay 96 tierras indígenas, pero la realidad es que los indígenas viven confinados en las reservas o en pequeñas parcelas de tierra, cuando no al costado de las carreteras. Cansados de esperar a ver realizados sus derechos, muchos grupos han tomado la iniciativa por su cuenta con la denominada “retoma”, la recuperación o reconquista de sus tierras.

Asesinatos y suicidios
Frente a la resistencia y las iniciativas indígenas, han aumentado la violencia y el odio contra ellos. Suman decenas los ataques cometidos por escuadrones paramilitares a sueldo de los latifundistas, con la complicidad de las autoridades. Según el CIMI, en Mato Grosso do Sul fueron asesinados 426 indígenas entre el 2003 y el 2015, 36 sólo en el 2015. Y donde no ha llegado la violencia directa han llegado los suicidios: 752 entre el 2000 y el 2015, 45 tan sólo el 2015.

El CIMI ha experimentado en carne propia lo que significa luchar por los derechos indígenas y contra el sistema que los niega. La Asamblea Legislativa de Mato Grosso del Sul creó en el 2015 una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) para armar acusaciones contra el CIMI, incluyendo sus principales representantes, el presidente Mons. Roque Paloschi y el secretario ejecutivo Cleber César Buzatto.

En las 222 páginas del informe final de la CPI sobre el CIMI, presentado en mayo del 2016, las palabras son fuertes: “Causa indignación, perplejidad y repulsión el hecho de que una entidad ligada a la Iglesia Católica haya causado tanto daño” y que hay indicios muy fuertes de la “participación de CIMI en la incitación a la violencia y la invasión de la propiedad privada” por parte de los indígenas.

Los latifundistas y los políticos no se han detenido allí, sino que han replicado la estrategia en la Cámara de Diputados federal creando una comisión de investigación sobre dos entidades gubernamentales, la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) y el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA), pidiendo el procesamiento judicial de decenas de líderes indígenas y antropólogos que defienden la demarcación de las tierras indígenas.

La ofensiva contra los indígenas por parte del gobierno del presidente Michel Temer parece imparable. El 9 de mayo fue nombrado titular de la FUNAI, el general del Ejército, Franklimberg Ribeiro de Freitas. La Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), que reúne a organizaciones defensoras de los derechos de los pueblos indígenas, ha denunciado una inaceptable militarización del organismo gubernamental con miras a la expansión de las fronteras agrícolas y proyectos empresariales en tierras indígenas. Estas últimas corren el riesgo de ser redimensionadas o eliminadas si se aprueba la Propuesta de Enmienda de la Constitución Nº 215, presentada en el 2012, que prevé transferir al Congreso Nacional la prerrogativa de demarcar las tierras indígenas, transformando un derecho originario en un mero objeto de negociación.

Demarcación sólo en el papel
El maestro de escuela de 50 años de edad Ládio Veron (Ava Taperendi en lengua indígena) es cacique de la comunidad guaraní kaiowá de la tierra indígena Takuara, en el municipio de Juti, que tiene una superficie de 9,700 Ha. Se superpone en parte con algunas fincas agrícolas, en particular con la hacienda Brasília do Sul dedicada principalmente al monocultivo de soja.

Entre el 11 y el 13 de enero del 2003, el hacendado Jacinto Honório da Silva y sus empleados asaltaron Takuara. Al final llegó también un grupo de sicarios que atacaron la comunidad. En la lucha que siguió se vio involucrado el cacique Marcos Veron, de 72 años, quien murió en el hospital a consecuencia de sus heridas. Marcos era el padre de Ládio, quien en la lucha por el derecho a la tierra también ha perdido hermanos y parientes. “¿Por qué tenemos que morir por una tierra que es nuestra?”, se pregunta.

Tras años de reclamos y ocupaciones, hoy Takuara ha superado el largo y complejo proceso de reconocimiento jurídico y es, para todos los efectos, una tierra de propiedad indígena. Sin embargo, aún no ha sido restituida. Por el contrario, los jueces de Mato Grosso do Sul emiten continuamente órdenes de desalojo. “La FUNAI —explica Veron— no tiene la fuerza para proceder con la demarcación de nuestras tierras. Pedimos un cambio. Pedimos tener en ella algunos de nuestros representantes. Tenemos indígenas preparados para esto”.

“En Takuara somos unas 70 familias que ocupan no más de 90 Ha de territorio”, asegura. “Pero tenemos que soportar que cientos de camiones cargados de soja pasen por nuestra aldea”.

El sentimiento prevaleciente hacia los pueblos indígenas es recordado por el misionero Egon Heck: “Es reveladora la afirmación del exgobernador [de Mato Grosso do Sul] André Puccinelli (2007-2014) que ‘es un crimen dar un palmo de tierra productiva a los indígenas’”.

La poderosa Federación de Agricultura y Ganadería del Estado de Mato Grosso do Sul (FAMASUL) es acusada de promover el uso de milicias armadas en contra de comunidades indígenas en el estado.

La opinión dominante entre los grandes productores rurales y los políticos que los representan es que el agronegocio y el desarrollo no pueden detenerse ante las reivindicaciones territoriales de los pueblos indígenas y, menos aún, ante la cosmovisión indígena, considerada un conjunto de conceptos abstractos si no inverosímiles. No importa si los derechos están consagrados en la Constitución de 1988 y si el agronegocio enriquece a una exigua minoría y destruye un bien común como es el medio ambiente natural.

En la presentación del informe anual “Violencia contra los pueblos indígenas en Brasil-Datos del 2015”, publicado el año pasado, Mons. Paloschi escribió: “Denunciamos al Poder Judicial que ha priorizado, en sus fallos, la defensa de la propiedad —no siempre legal, no siempre legítima— en detrimento de los derechos originarios de los pueblos indígenas”

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